Procrastinación Universitaria
Procrastinación Universitaria
Schulmeyer
Procrastinación académica en
estudiantes universitarios
Academic procrastination in university
students
Marion K. Schulmeyer
Boliviana Doctora en Psicología por la Universidad Pontificia de Comillas, Madrid. Actual Decana
de la Facultad de Humanidades, Comunicación y Artes de la Universidad Privada de Santa Cruz
de la Sierra. [email protected]
Resumen
Se estudió la procrastinación académica en 319 estudiantes de la Universidad Privada de
Santa Cruz de la Sierra. Se utilizó la Escala de Evaluación de Procrastinación para Estudiantes
[Procrastination Assessment Scale−Student (PASS)] para medir el nivel de procrastinación
y describir las razones por las cuales procrastinaron. Los resultados mostraron que los
estudiantes tienen un nivel medio de procrastinación, que no existen diferencias en el nivel
general de procrastinación entre facultades, sexos y rendimiento académico. Las razones por
las que más procrastinan los estudiantes son la ansiedad por la evaluación y la tendencia a
sentirse abrumados por no administrar bien sus tiempos. También se encontró que algunos
de los motivos por los que hombres y mujeres procrastinan son diferentes.
Palabras-Clave: Procrastinación, rendimiento académico, universitarios.
Abstract
Academic procrastination was studied in 319 students from the Private University of Santa
Cruz de la Sierra. The Procrastination Assessment Scale−Student (PASS) was used to
measure the level of procrastination and describe the reasons why students procrastinate.
The results showed that students have an average level of procrastination, that there are
no differences in the general level of procrastination between faculties, sexes and academic
performance. The reasons students procrastinate the most, are assessment anxiety, and the
tendency to feel overwhelmed for not managing their time well. Some of the reasons why
men and women procrastinate were also found to be different.
Keywords: Academic performance, procrastination, university students.
La procrastinación se puede entender como el comportamiento que lleva a retrasar una tarea,
realizando en su lugar, otra menos importante (Steel, 2007). Estudios de hace más de 30 años
han comprobado que la procrastinación, también llamada dilación, es un comportamiento que
está presente en la mayor parte de las personas. Esto es importante porque la procrastinación
llega a afectar distintos ámbitos de la vida, como el ámbito laboral (Nguyen, Steel, & Ferrari,
2013; Steel, Johnson, Jeanneret, Scherbaum, & Hoffman, 2010), el de la salud (Sirois, 2007;
Sirois, Melia-Gordon, & Pychyl, 2003; Tice, & Baumeister, 1997) y el académico (Knaus, 1997
en Steel, 2007; Sirois, 2007; Solomon & Rothblum, 1984; Steel, 2007).
Si bien la procrastinación se convirtió en un tema de investigación popular en la década
de los 70, Ferrari, Johnson, y McCown, (1995) mencionan que autores como Sigmund
Freud y sus seguidores analizaron aspectos relacionados a la procrastinación, pero no como
“procrastinación” propiamente dicha. Estos autores hablaron sobre evitación de tareas,
ansiedad, y cómo éstos son síntomas que da el inconsciente para advertir al ego sobre lo
dañinas que son estas tareas, por lo cual procrastinan.
Luego de estas publicaciones, autores como Ellis y Knaus (en Ferrari et al., 1995)
empezaron a estudiar la procrastinación desde sus propias teorías. Sus estudios dieron paso
a los numerosos artículos científicos publicados después de 30 años como los de Solomon
y Rothblum (1984), Lay (1986), Ferrari (1989) y muchos otros, que abordan el tema de
distintas maneras.
Al principio, estos investigadores, se centraron en medir el nivel de procrastinación
y estudiar las razones por las cuales las personas retrasaban tareas y si estos niveles se
relacionaban con otros factores como depresión y ansiedad (Ferrari, Parker, & Ware, 1992).
Sin embargo, en estudios más recientes, encontraron características demográficas que
diferencian a una persona que procrastina de otra que no lo hace, entre estas se encuentran
el sexo, la edad, el nivel socioeconómico, el estado civil, el nivel de educación, el número de
hijos y la zona de residencia.
En general, los estudios encuentran que la mayoría de las personas que procrastinan son
los jóvenes y jóvenes adultos varones (Carranza & Ramírez, 2013; Day, Mensink & O'Sullivan,
2000; Steel & Ferrari 2013).
Uno de los aspectos de la vida que se ve afectado por la procrastinación o dilación de tareas
es el académico, principalmente en las escuelas secundarias y en la universidad (Solomon &
Rothblum, 1984). Se estudia tanto esta área de la procrastinación porque las estadísticas
indican que el grupo de personas más propenso a procrastinar son los jóvenes y jóvenes
adultos (Chan, 2011; Das, 2016; Kim, Fernández, & Terrier, 2017; Mohammadi, Tahriri, &
Hassaskhah, 2015; Steel & Klingsieck, 2016). Por esto nació un interés en poder medir la
procrastinación y así ayudar a los estudiantes en su vida académica. Knaus, (1997 en Steel,
2007) y Özer, Demir, y Ferrari (2009) encontraron que entre el 80 y el 95 por ciento de los
estudiantes de universidad procrastinan, o al menos la mitad de ellos lo hacen ocasionalmente.
Según Solomon y Rothblum (1984) y Steel (2007) casi el 50% procrastina consistentemente
y de manera problemática.
El interés por estudiar la procrastinación académica nació en la época de los 70 cuando
terapeutas conductuales decidieron mejorar el desempeño académico de aquellos
estudiantes universitarios que tenían un bajo rendimiento. Los terapeutas estudiaron a estos
alumnos y encontraron altos niveles de procrastinación, malos hábitos de estudio, y un bajo
establecimiento de metas. Luego surgió una ola de estrategias para reducir la procrastinación
y aumentar el rendimiento académico, la mayoría de estas fueron estrategias conductuales
(Rothblum, 1990). Actualmente se han realizado numerosos estudios sobre la procrastinación
académica y la motivación (Steel, & König, 2006), los factores de la personalidad (Steel,
2007) y las diferencias individuales (Fritzsche, Young, & Hickson, 2003; Gustavson, &
Miyake, 2017).
Existen numerosos artículos que han querido investigar sobre si el desempeño académico
es en realidad afectado por la procrastinación (Jackson, Weiss, Lundquist & Hooper;
2003 en Kim & Seo, 2015; Özer, Demir & Ferrari, 2009; Solomon & Rothblum, 1984; Tice
& Baumeister, 1997). Entre ellos hay estudios que han encontrado una relación entre las
notas de los estudiantes y su nivel de procrastinación (Beswick, Rothblum, & Mann, 1988,
Onwuegbuzie, 2000). Sin embargo, hay otros que han demostrado la falta de una relación
fuerte o directa entre la procrastinación y el desempeño académico (Balkis, 2013, Kim & Seo,
2015, Solomon & Rothblum, 1984,).
Una vez que el tema de la procrastinación empezó a ganar popularidad y crear
cuestionamientos en los investigadores, se empezaron a crear escalas para medirla, las más
conocidas son la Escala General de Procrastinación [General Procrastination Scale (GPS)]
de Lay (1986), la Escala de Evaluación de Procrastinación para Estudiantes [Procrastination
Assessment Scale−Student (PASS)] de Solomon y Rothblum (1984), la Escala de
Procrastinación de Tuckman (1991), la Escala de Procrastinación Irracional [Irrational
Procrastination Scale (IPS)] de Steel (2010), y la Escala de Procrastinación Pura [Pure
Procrastination Scale(PPS)] también de Steel (2010).
El PASS de Solomon y Rothblum es uno de los instrumentos más empleados para medir la
procrastinación académica (Kim & Seo, 2015) ya que es una escala con buenas propiedades
psicométricas. En su investigación, Kim y Seo (2015) exploraron el nivel de procrastinación
como la frecuencia de conductas dilatorias y también las razones por las que los participantes
procrastinaban, comparándolos con la nota final de la clase que pasaban. Ellas encontraron
que un 46% de los participantes casi siempre procrastinaban al hacer un ensayo, 28% lo hacía
casi siempre al estudiar para exámenes y un 30% lo hacían con tareas semanales de lectura.
Para crear el instrumento PASS, Solomon y Rothblum (1984) tomaron en cuenta 14
razones por las que los estudiantes procrastinan: la ansiedad por ser evaluados, la baja
Método
Esta fue una investigación cuantitativa, transversal y descriptiva−comparativa (Hernández,
Fernández y Baptista, 2014).
Muestra
Se hizo un muestreo por oportunidad (Hernández et al., 2014), se levantó información de
353 estudiantes de la Universidad Privada de Santa Cruz de la Sierra (UPSA). Se eliminó
34 pruebas por estar incompletas y la muestra final fue de 319 estudiantes de todas las
facultades, 132 varones (41%), 164 mujeres (51%) y 23 (7%) que dejaron “sexo” en blanco)
con un rango de edad de 17 a 41 años (M = 21,08 años, DT = 2,27). Se buscó estudiantes
de 2do. semestre en adelante porque los de 1er. semestre todavía no tenían un Índice de
Aprovechamiento Académico (IAA) registrado en el sistema.
Instrumentos
Se utilizó la Escala de Evaluación de Procrastinación para estudiantes [Procrastination
Assessment Scale−Student (PASS)] de Laura J. Solomon y Esther D. Rothblum (1984). Para
poder realizar la aplicación del PASS, se tradujo la escala del inglés al español con autorización
de las autoras, se hizo analizar por expertos bilingües y se realizó una prueba piloto con
estudiantes.
El PASS es un instrumento de 44 ítems diseñado para medir la frecuencia de antecedentes
cognitivos-conductuales de la procrastinación. Fue desarrollado con tres objetivos: para
estudiar la prevalencia de la procrastinación académica, las razones para procrastinar en
el ámbito académico, y para comparar los resultados del PASS con índices conductuales de
procrastinación y otros constructos relacionados.
El PASS está dividido en dos partes. La primera parte mide la frecuencia de la procrastinación
en seis áreas académicas: tareas, estudio, asignaturas semanales, tareas académicas
administrativas, tareas de asistencia y actividades escolares en general (esta parte se traduce
luego al nivel de procrastinación). La segunda parte evalúa las razones para procrastinar, es
decir, a los participantes se les pidió pensar en una situación en la que retrasaron hacer un
trabajo final de una materia y evaluar si se sentían identificados con las razones presentadas
para retrasar tareas. Se calculó el alfa de Cronbach de la escala de 44 ítems tuvo una buena
consistencia interna (α=0,89).
El segundo instrumento que se utilizó fue un cuestionario corto de datos básicos del
participante. Éste se presentó al principio de la primera página del cuestionario y los datos
que se les pidió fueron edad, sexo, y número de registro en la universidad. El resto de los datos
(IAA y facultad de pertenencia) fueron obtenidos a través de la Universidad.
Procedimiento
Para asegurar el acceso a las notas de los estudiantes se redujo la población a sólo los
estudiantes de la UPSA. Se contactó con las autoras de la escala y se les pidió su escala,
así como instrucciones sobre cómo aplicar, corregir e interpretar los resultados. Una vez
obtenida la escala se tradujo del inglés al español. Se obtuvo un consentimiento informado
verbal de los estudiantes que decidieron participar dentro de las horas de clase. Los alumnos
no tuvieron un límite de tiempo para completarla, pero no tardaban más de 10 minutos en
responderla.
Para obtener el IAA sin comprometer la identidad de los estudiantes, se les pidió que llenen
la escala con solo su edad, sexo y número de registro otorgado por la Universidad, indicando
que sus respuestas no serían entregadas a nadie más que a los investigadores. Se pasó una
lista con los números de registro a la Universidad, que los devolvió con los datos de facultad
e IAA de cada participante.
Resultados
Para identificar los niveles de procrastinación de los estudiantes, se siguió el procedimiento
que Solomon y Rothblum emplearon en su investigación. Se calculó el nivel de procrastinación
sumando los ítems 1, 2, 4, 5, 7, 8, 10, 11, 13, 14, 16 y 17 ya que estos ítems miden la frecuencia
con la que procrastinan los participantes. Los 12 ítems sumados con la puntuación máxima
de 5 dan un total de 60 puntos, es decir, 60 es el máximo nivel de procrastinación y el 12 es
el mínimo nivel. Para poder clasificar e interpretar mejor el nivel de procrastinación se asignó
cuatro categorías de nivel de procrastinación: Nivel bajo (12 a 24 puntos), Nivel Medio bajo
(25 a 36 puntos), Medio alto (37 a 48 puntos), Nivel alto (49 a 60 puntos).
54%
37%
6%
3%
Los resultados se distribuyeron con una media de 35,07 y una desviación típica de 7,01. En
la Figura 1 se observa la distribución en base a las categorías mencionadas. En ella, se ve
que la mayor parte de los estudiantes se encuentran en los rangos intermedios, presentando
más de la mitad de los participantes un nivel de procrastinación medio bajo. No se encontró
diferencias significativas en el nivel de procrastinación entre hombres y mujeres [MM =
34,49; MV = 35,70; t(294)=1,59; p=0,11], ni entre estudiantes de las distintas facultades de
la Universidad [F(4, 314) = 1,6; p=0,17].
63%
58%
51%
48%
45% 45%
42%
37%
31% 29% 29%
24%
21% 20%
18% 17%
10% 13%
Tareas semanales Hacer trabajo Estudiar para Actividades escolares Tareas Tareas de
lectura práctico examen en general administrativas asistencia/reunión
62%
58%
48% 49%
38% 39%
36%
31% 31% 32% 31%
25% 27%
20% 21% 23%
15% 15%
En la figura 3, se observa que algo más de un tercio de los estudiantes consideran como un
problema procrastinar en las tareas semanales de lectura y estudiar para exámenes. Casi la
mitad de los estudiantes consideran que a veces es problemático procrastinar cuando deben
hacer un trabajo práctico o actividades escolares. Pero más de la mitad consideran que no es
un problema procrastinar en tareas académicas administrativas ni de asistencia.
54% 53%
10%
En la figura 4 se observan los cinco motivos por los que los estudiantes procrastinan con
más frecuencia. Sobresale la ansiedad ante el ser evaluados en sus tareas o trabajos y el
sentirse abrumados por su mala administración del tiempo. Estos motivos son seguidos por
el perfeccionismo y la pereza.
67%
57%
23% 25%
21% 21% 20% 20%
8%
En la figura 5 se observa los cinco motivos por los que menos procrastinan los estudiantes,
aunque por lo general, al menos al 20% de ellos, estos motivos sí les afectan. Se destaca que
más de la mitad los estudiantes consideran que nunca procrastinan por la necesidad de tomar
riesgos o por el miedo al éxito.
Para ver si varones y mujeres procrastinaban por motivaciones diferentes, se los comparó
y se encontró diferencias significativas en ocho motivos. Los varones puntuaron más en
miedo al éxito [MM=1,95, MV=2,19; t(294)=2,15; p=0,033], presión social [MM=2,82,
MV=3,14 ; t(294)=2,79; p=0,006.], pereza [MM=3,24, MV=3,47; t(294)=2,04; p=0,043] y
toma de riesgos [MM=2,29, MV=2,58 ; t(294) = 2,09; p = 0,038]. Las mujeres puntuaron
más en la ansiedad por ser evaluadas [MM=3,64, MV=3,14; t(294)=-3,96; p<0,001], falta
de asertividad [MM=2,84, MV=2,58 ; t(294)=-2,48; p=0,014], perfeccionismo [MM=3,38,
MV=3,13; t(294)=-2,06; p=0,041] y miedo a fracasar [MM = 15,18, MV= 13,92; t(272)=
-2,74; p=0,006].
Discusión
En este estudio se buscó describir el grado de procrastinación de los estudiantes, los motivos
que influyen en la procrastinación académica, y la relación entre aprovechamiento académico
y procrastinación.
Los resultados sobre la frecuencia de procrastinación mostraron que la mayoría de los
participantes tienen al menos un nivel de procrastinación medio-bajo, sólo el 6% estaba entre
los estudiantes con un bajo nivel de procrastinación. Estos resultados pueden ser comparados
con los de Solomon y Rothblum (1984) y Özer et al. (2009) que encontraron que entre el
80 y el 95% de los estudiantes de universidad procrastinan, o al menos la mitad de ellos lo
hacen ocasionalmente.
No se encontró diferencias en la frecuencia con que procrastinan varones y mujeres. Este
resultado se asemeja al de Solomon y Rothblum (1984) y Ferrari, (2000), y se contrasta
con otros estudios como los de Day, et al., (2008), Steel y Ferrari, (2013) y Chan (2011), ya
que ellos encontraron que sí existían diferencias entre ambos sexos: los hombres tendían a
procrastinar más. Por esto, se puede decir que no hay un consenso entre quién procrastina
más o menos. Se puede asumir que esto es así por tres razones: a) Las muestras de población
en los estudios son diferentes en tanto unas procrastinan más o menos que las otras, b) el
uso de escalas distintas para medir la procrastinación pudo haber afectado la relación entre
sexo y nivel de procrastinación haciendo que difiera entre los estudios, y c) cómo el PASS
calcula el nivel de procrastinación a partir de la frecuencia informada y no observada del
participante, puede que los participantes hayan informado menor frecuencia de retraso de
tareas por miedo a ser juzgados o evaluados negativamente.
El resultado de la frecuencia de procrastinación de cada tarea académica indicó que los
participantes procrastinaron más al hacer tareas, estudiar y avanzar en sus lecturas y que
nunca o casi nunca procrastinaban en tareas académicas administrativas, de asistencia o de
reuniones. Finalmente, casi la mitad de los participantes indicó procrastinar a veces en sus
actividades escolares en general.
Se puede decir entonces que los estudiantes consideran que procrastinan más en cualquier
actividad escolar asignada dentro de clases como son las tareas y lecturas, y procrastinan
mucho menos cuando son tareas administrativas o que requieran relación directa con
autoridades. Comparando esto con los estudios de Solomon y Rothblum (1984) y Özer et
al. (2009) se puede asumir que estas tres actividades escolares son las más importantes para
los estudiantes, ya que sus niveles de procrastinación son más altos, y los otros ítems como
tareas de asistencia y tareas académicas administrativas son menos importantes pero más
fáciles de hacer.
Los resultados mostraron que los participantes consideraron que es más problemático
procrastinar en las tareas semanales de lectura que en las otras tareas académicas.
Coherentemente con los resultados anteriores, más de la mitad de los participantes
consideraron que nunca es un problema procrastinar en tareas académicas administrativas ni
de asistencia. Finalmente, casi la mitad de los participantes consideraron que procrastinar en
actividades escolares, en general, a veces era problemático para ellos.
Conclusiones
Luego de haber analizado, descrito y comparado los resultados obtenidos, se pudo llegar a las
siguientes conclusiones. Prácticamente todos los estudiantes procrastinan en alguna medida,
pero en general, presentan un nivel de procrastinación media, resultado que difiere de otros
estudios que muestran altos niveles de procrastinación en sus muestras. No se encontró
diferencias en el nivel de procrastinación de los y las estudiantes ni entre estudiantes de
distintas áreas de formación.
Las tareas en las que procrastinan casi siempre son las tareas académicas que implican
realizar trabajos, hacer lecturas y estudiar para exámenes, que son las que afectan
directamente al desempeño académico.
Los estudiantes procrastinan más por ansiedad ante el ser evaluados y por sentirse
abrumados por su mala administración del tiempo. Estos motivos son seguidos por el
perfeccionismo y la pereza. Se destaca que más de la mitad los estudiantes consideran que
nunca procrastinan por la necesidad de tomar riesgos o por el miedo al éxito. También,
dependen poco de lo que digan o hagan los demás sobre las tareas académicas, no tienen
miedo a tener éxito y confian en sus habilidades para hacer bien sus trabajos. Asimismo,
existen algunas diferencias entre los y las estudiantes.
Finalmente, con el tipo de medidas que se tomaron en cuenta (frecuencia de procrastinación
en el PASS e IAA general, de estudiantes de distintos semestres y facultades), no se encontró
una relación alta entre nivel de procrastinación y aprovechamiento académico.
Se puede concluir que la procrastinación no discrimina a nadie, no importa qué se estudia,
si se tiene buenas notas o si se es hombre o mujer. Como se dijo al principio, la procrastinación
afecta a todas las personas en distintos ámbitos, sin embargo, como se pudo ver en los
resultados de ésta y otras investigaciones mencionadas, ésta no necesariamente limita a las
personas en su desempeño, aunque sí se puede coincidir en que las personas reconocen que
es un problema en mayor o menor medida. De esta manera, se espera que los resultados
obtenidos sean de ayuda para poder profundizar en su estudio e intervención.
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