TIEMPO DE ADVIENTO
JUEVES DE LA SEGUNDA SEMANA
1.- Is 41, 13-20
1-1. HT/SENTIDO.
El libro de la Consolación (Is 40-55) ha sido elaborado en torno
a tres ejes de reflexión: una apologética del monoteísmo frente
a los falsos dioses extranjeros, una teología de la redención por
el Servidor paciente y una presentación del futuro escatológico
dentro del marco de una tipología del Éxodo. Nuestra lectura
pertenece a este último grupo.
El carácter maravilloso consignado en los vv. 18-19 no debe
sorprendernos: el período del Éxodo ha sido para Israel la era
por excelencia de los milagros; algo así como la vida de Jesús
para el cristiano. Así, el Segundo Isaías se preocupa de
mostrar a sus contemporáneos que el Éxodo es un gesto
permanente de Dios: las prisas de la huida (Is 52. 11-12), la
nube protectora (Is 52. 12b), el paso del mar (Is 43. 16), el
agua que brota de la roca (Is 48. 21), la transformación del
desierto en paraíso (Is 43. 19-21), cruzando por un camino
que no es sólo geográfico, sino también el camino de la alianza
y de la santidad (Is 35. 8).
Estas maravillas operadas en el Éxodo sirven por lo demás,
para proclamar la realidad del Dios único (v.20). A lo largo de
toda su obra el autor está preocupado, en efecto, por una
apologética del moneteísmo frente a los falsos dioses. A los
ojos de la religión dualista de los medos, los elementos del
Bien y del Mal se enfrentan sin que se pueda adivinar el
resultado final de su lucha. A los ojos del monoteísmo judío
:
Dios dirige todas las evoluciones del mundo conforme a su
designio, sin que ninguna otra fuerza pueda oponerse: basta
con conocer a Dios y su plan para comprender la historia del
mundo y saber que camina hacia su felicidad.
La educación del sentido de la historia, que era ya el tema de
la lectura primera del segundo domingo de Adviento (ciclo B),
da aquí un paso más: la historia tiene un sentido porque
Alguien sabe adónde va: un Dios que comunica su
conocimiento a los hombres jalonando su historia de maravillas
marcadas con su huella. Cierto que el hombre moderno tiene la
pretensión de saber adónde va su historia y de conducirla a su
término. El cristiano también lo sabe, y esa es la razón de que
su trabajo y sus compromisos se asemejen tanto al trabajo y a
los compromisos del ateo. Pero su conocimiento viene de un
Dios del que se fía, que jalona su historia con las "maravillas"
de la alianza nueva y del que es un testigo en el mundo.
MAERTENS-FRISQUE
NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA I
MAROVA MADRID 1969.Pág. 95
1-2.
-"No temas gusanito de Yavhé".
Israel en el destierrro ha sido como un gusano pisoteado por
las naciones. Dios le asegura su protección cariñosa: lo lleva de
la mano, "Te agarro de la diestra". Es preciso saborear durante
el día esta maravillosa expresión de amor de Dios. "Yo te llevo
de la mano".
-"Los pobres buscan.." Dichosos los que tienen hambre y sed
de justicia. Fórmula que expresa le espera, el deseo.
-Yo, el señor, les responderé.
1-3.
:
-No temas, Yo te ayudo. No temas, Jacob, débil gusanillo;
Israel, miserable mortal.
Esta es ya una bienaventuranza: la de los pobres. Medito sobre
la debilidad, la pequeñez.
La pequeñez de ese pueblo de deportados, despreciados,
explotados, perdidos en la gran Babilonia pagana. La pequeñez
de María, portadora, sin embargo, del Misterio de Dios. María,
«débil criatura» vivía en una pobre aldea, casi desconocida.
¡No en Roma, la triunfante... No en Atenas, la sabia... Ni en
Babilonia, la soberbia... Ni siquiera en Jerusalén, la santa... Ni
en ninguna de las grandes capitales de la época! Sino en
Nazaret poblado desconocido, en medio de gente humilde y
sencilla.
El verdadero valor no procede de la situación humana sino de
la mirada de Dios. ¿Qué es lo que esto cuestiona mi vida?
-Yo soy el Señor, tu Dios. Te tengo asido por la diestra.
Es preciso saborear, en el silencio, esas declaraciones de
amor... Basta con dejarse llevar por esa imagen: ¡Toma mi
diestra, Señor! ¡Quédate de veras «conmigo»! Escucho...
Escucho esas palabras que me diriges.
¿Qué podría dañarme, en mi pequeñez, si, de verdad, conservo
tu mano en la mía?
-Triturarás los montes...
Y tú te regocijarás en el Señor.
Es una réplica contra los opresores babilonios.
Es, ante todo, el anuncio de un gran gozo después de la pena.
-Los pequeños y los pobres buscan agua... pero no hay nada.
Su lengua se les secó de sed.
:
La boca de Dios lo testifica.
«Los pobres buscan...» Esa fórmula expresa la espera, el
deseo. La imagen es la de «tener sed»... una necesidad
biológica concreta, que no puede satisfacerse con hermosas
palabras.
«Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia.» Pero, que
el término bíblico no nos oculte el verdadero sentido.
¡No es «agua» lo que los pobres de HOY andan buscando!
¿Cuál es su deseo? Ser amados y considerados... ganar
regularmente un salario justo... ir adquiriendo algo más de
responsabilidad, de confort... ser como todo el mundo, no ser
humillados... ser atendidos en las necesidades, con una visita
oportuna... y que los sufrimientos y la mala suerte no sea algo
normal en sus vidas...
Ante esos deseos tan humanos, ante esa «sed», debemos
también, como Dios, testificar «y no hay nada» ¿Es una espera
frustrada, un deseo inútil, la Nada?
-Yo, el Señor, los atenderé... No los abandonaré...
Señor, realiza tu promesa.
Señor, ayúdanos también a atender a los pobres en todo lo que
esté de nuestra parte.
-Abriré en los montes, ríos y fuentes... Convertiré el desierto
en lagunas... Y la tierra árida en hontanar de aguas... Pondré
en el desierto cedros, acacias, mirtos, olivos, cipreses, pinos y
enebros... De modo que todos vean y sepan que la mano del
Señor ha hecho eso. Imágenes de lozanía, de fecundidad y de
abundancia.
En nuestro mundo tan «árido», tan duro... ¡haz que mane el
«agua viva»!
NOEL QUESSON
:
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 3
PRIMERAS LECTURAS PARA ADVIENTO - NAVIDAD
CUARESMA Y TIEMPO PASCUAL
EDIT. CLARET/BARCELONA 1983.Pág. 26 s.
1-3. /Is/41/08-20 D/HISTORIA:
Dios se manifiesta en la historia; la Biblia no es un manual
dogmático con una serie de verdades abstractas, atemporales.
La aparición de Ciro significa la desaparición de las grandes
potencias, que hasta entonces habían tenido el monopolio de la
política mundial.
La teología de la historia contenida en estos versículos nos dice
que, en todo acontecimiento, la iniciativa está en manos de
Dios, el cual interviene en cada momento y en cualquier lugar.
Todo converge para hacer realidad las promesas de la alianza
con el escogido, con el amado, con el siervo. La
«emanuelidad», la presencia de Dios en medio de su pueblo, se
afirma con insistencia y vigor: «No temas, que yo estoy
contigo; no te angusties, que yo soy tu Dios» (v 10). La
exhortación a la confianza se convierte en una bella glosa del
nombre de «Yahvé» en el sentido de «Yo soy el que siempre
está aquí (contigo)». La presencia gramaticalmente destacada
de los pronombres personales «yo-tú» traduce con eficacia el
sentido y la fuerza de esta proximidad. El Segundo Isaías,
teólogo sutil, sabe jugar con los conceptos de potencia de Dios
y debilidad del hombre. El Dios «Santo», es decir, el totalmente
Otro, el Trascendente, se servirá de su trascendencia para
hacer sentir todo el peso de su inmanencia salvadora.
La misma gramática hebrea registra la idea: el "Santo"
(Qadosh) se «modifica» cuando pasa a ser el «Santo de Israel»
(Qed osh), aunque sea en una cosa tan insignificante como la
vocalización. Es la superación de toda teodicea aséptica para
entrar en una teología que acabará afirmando en una
perspectiva joánica que Dios ha plantado la tienda entre los
hombres (Jn 1,14). De ahí que el autor de estos versículos
:
contemple al Santo caminando al lado de Israel, el pueblo
descrito como débil: «No temas, gusanito de Jacob, oruga de
Israel, yo mismo te auxilio, dice el Señor, tu redentor es el
Santo de Israel» (14). Dios se comporta como un goel
(redentor); lo cual significa en la cultura religiosa judía acudir
en ayuda de otro por razones de consanguinidad o por un
pacto. Dios es el goel que realizó un día la gesta del éxodo y
que ahora la va a repetir. El uso del verbo bará, reservado para
describir la acción creadora de Dios, designa en el Segundo
Isaías una acción no menos importante: la salvación,
acontecimiento que va más allá de la esfera puramente
histórica. A partir de aquí, la joven comunidad
neotestamentaria encuentra su conexión con el Antiguo
Testamento y la justificación de su manera de interpretarlo.
F. RAURELL
LA BIBLIA DIA A DIA
Comentario exegético a las lecturas
de la Liturgia de las Horas
Ediciones CRISTIANDAD.MADRID-1981. Pág. 460 s.
2.2.- Mt 11, 11-15
2-1.
El papel del Bautista en la obra redentora de Dios vuelve a
cobrar viva realidad en cada Adviento, "pues la fuerza de Juan
va delante de nosotros cuando nos disponemos a creer en
Cristo" (San Ambrosio , a Lc 1, 17); y podemos añadir, cuando
nos disponemos, llenos de fe, a celebrar en la liturgia la venida
de Cristo. Y cuanto más nos inclinamos ante el juicio de Juan,
tanto más la Iglesia y nuestras almas se asemejan a la figura
espiritual del Precursor; se convierten en heraldos de Cristo. Y
desde el momento en que entra en juicio consigo misma, Cristo
está presente en ella y siente necesidad de anunciar lo que ve.
Se desvanecen las sombras del pecado y de la gravedad del
juicio surge la alegría de sentir a Dios cerca: Deus manifeste
veniet, "Dios viene visiblemente" (Sal 49, 3).
:
Con razón deja la Iglesia que el júbilo de este alegre mensaje
prevalga sobre la seriedad de la predicación de la penitencia.
Pues si Juan también anunció lo que vio, al Dios hecho hombre,
la Iglesia ha visto más todavía que él: la redención del mundo
y la gloria del hombre nuevo. San Juan no pudo hacer más que
vislumbrar este milagro en el bautismo del Jordán, que era,
según sabemos hoy nosotros, una imagen de la muerte y
resurrección del Señor.
En consecuencia, según la palabra del Señor, el menor en el
reino de Dios, que es la Iglesia, "es mayor que Juan el
bautista" (M/11/11). En el mensaje de Adviento de la Iglesia
no reinan ya las tinieblas que reinaron durante tantos miles de
años de irredención, sino que arde jubilosa la luz de una
salvación que viene experimentando hace casi dos mil años.
Deus manifeste veniet, "Dios viene visiblemente", exclama. ¡Lo
llevo dentro de mí; aquí está, míralo! Espera y a la vez anuncia
lo que ya posee.
El volver a celebrar el nuevo año de salud ha de proporcionarle
mayor experiencia y redención.
EMILIANA LÖHR
EL AÑO DEL SEÑOR
EL MISTERIO DE CRISTO EN EL AÑO LITURGICO I
EDIC.GUADARRAMA MADRID 1962.Pág. 39 s.
2-2.
Una de las grandes figuras del Adviento, es Juan Bautista, el
que prepar_ la venida del Mesías. Durante varios días todos los
evangelios nos hablarán de este precursor.
-Jesús declaraba a las multitudes.. "En verdad os digo: entre
los hijos de los hombres no ha habido otro mayor que Juan
Bautista".
La fórmula es solemne en boca de Jesús: "Sí, en verdad os
:
digo." La fórmula bíblica es aún más contundente: "entre los
nacidos de mujer." No se habla pues de un elogio restringido,
como si la comparación sólo se refiriera a los contemporáneos
de Juan. Jesús lo eleva por encima de todos los hombres, a
través de toda la historia.
-Y sin embargo el más pequeño en el reino de los cielos es
mayor que él.
¡He aquí algo casi inverosímil! El menor de los cristianos, el
menor de los bautizados es "mayor" que Juan.
Comienza un nuevo tiempo. Una nueva era para la humanidad.
La venida de Jesús divide la humanidad en dos: antes... y
después...
Uno no se atrevería a decir semejantes cosas, Señor, si no las
hubieras dicho antes Tú mismo. ¡Qué dignidad la nuestra! Juan
Bautista ha sido el hombre "bisagra" que ha hecho dar el gran
giro a la humanidad: ha mostrado a Jesús y ha desaparecido
ante El. Le ha dado todos los discípulos que primero fueron
suyos. Fue el mayor del "Antiguo Testamento"; pero, el más
pequeño del "Nuevo Testamento" es mayor que él.
¿Puede decirse esto de "mí"? ¡Cómo debería yo respetar mi
dignidad de bautizado, lleno de la gracia de Dios! Esto vale
para todos los bautizados. ¿Qué conclusión debería yo sacar?
-Desde el tiempo de Juan Bautista hasta el presente, el reino
de los cielos se alcanza con violencia, y son los violentos, los
que se esfuerzan por conquistarlo.
Misteriosa palabra que prueba, por lo menos una cosa: que el
Reino de Dios no se instaura fácilmente. Resistencias muy
fuertes se oponen a que Dios reine verdaderamente.
¿Se trata solamente de Satán que quiere detener el trabajo
mesiánico de Cristo? -El relato de la tentación sería una
:
prueba-. ¿Se trata también de los Zelotes, quienes, en tiempo
de Jesús, querían imponer el Reino de Dios por las armas y por
la violencia? Siendo así que Jesús se presenta como el mesías
de los pobres, que rehúsa valerse de la fuerza.
De todos modos, lo cierto es que las potencias del mal están
activas hasta el final de los tiempos. Y que Juan Bautista ha
invitado a sus discípulos al combate, dándoles ejemplo de una
vida dura y asceta. No se construye el Reino en la facilidad, la
molicie, o el dejar-hacer.
Señor, despiértanos de nuestras indolencias.
El tiempo de Adviento es un tiempo de vigilancia y de esfuerzo.
¿Qué evoca en mí la palabra "ascesis"? ¿Sobre qué punto de mi
vida el Señor me pide que me haga violencia? Antes de
buscarla, en prácticas excepcionales ¿no debo primero
descubrir la "ascesis" que está ahí, presente en mi vida, y que
tan a menudo rehúso? El combate para "amar mejor".
El combate para "rezar mejor". El combate para "servir mejor y
comprometerme más".
NOEL QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 1
EVANG. DE ADVIENTO A PENTECOSTÉS
EDIT. CLARET/BARCELONA 1984.Pág. 26 s.
2-3.
A partir de hoy, y hasta el día 17, el hilo conductor de las
lecturas lo llevará el evangelio de cada día, con la figura de
Juan Bautista, el precursor del Mesías. Mientras que las
lecturas del A.T. nos Irán completando el cuadro de los pasajes
evangélicos.
Si Isaías había sido hasta ahora quien nos ayudaba a
alegrarnos con la gracia del Adviento, como admirable profeta
:
de la esperanza, ahora es el Bautista quien, tanto en los
domingos como entre semana, nos anuncia que se acaba el
A.T. y el tiempo de los profetas, que con Jesús de Nazaret
empiezan los tiempos definitivos. Más tarde será María de
Nazaret quien nos presente a su Hijo, el Mesías enviado por
Dios.
1. Dios asegura de nuevo que estará cerca de su pueblo, con
un lenguaje lleno de ternura: «yo, el Señor, tu Dios, te cojo de
la mano y te digo: no temas, yo mismo te auxilio», «y tú te
alegrarás con el Señor». Las imágenes que usa el profeta para
dibujar esta salvación mesiánica están llenas de poesía y de
futuro. Dará de beber a los sedientos, responderá a todo el que
le invoque, hará surgir ríos en terrenos áridos, transformará el
desierto llenándolo de árboles de toda especie. Es, de nuevo, la
escenografía paradisíaca: la vuelta a la felicidad inicial
estropeada por el pecado del hombre.
En la página que leemos hoy es a todo el pueblo de Israel a
quien se dirige Dios diciéndole que le convertirá en trillo
aguzado, o sea, en instrumento eficaz de preparación a los
tiempos mesiánicos, roturando y preparando el terreno para la
salvación. Dios cuida de su pueblo y a su vez éste es llamado a
ser instrumento de salvación para los demás.
2. Ese Dios volcado hacia su pueblo decidió, al cumplirse la
plenitud de los tiempos, enviar a su Hijo al mundo. Y quiso
también que su venida estuviera preparada por un precursor,
Juan Bautista.
Hemos escuchado cómo Jesús alaba a Juan. Dice de él que es
el profeta a quien se había anunciado cuando se decía que
Elías volvería. Ya ha venido, aunque algunos no le quieran
reconocer. Y es el más grande de los nacidos de mujer.
El Bautista es el último de los profetas del A.T., el que
establece el puente a los tiempos nuevos, los definitivos. Por
eso dice también Jesús que «el más pequeño en el Reino de los
:
cielos es más grande que él»: ahora que viene el Profeta
verdadero, todos los demás quedan relativizados; ahora que se
congrega el nuevo Pueblo en torno al Mesías, ha llegado a la
plenitud el pueblo primero, la primera alianza.
Aprovecha Jesús para decir que su Reino supone esfuerzo, que
hace violencia. Sólo los esforzados se apoderan de él. Es un
orden nuevo de cosas exigente y radical. El Bautista ya anunció
que el hacha estaba dispuesta para cortar el árbol. El Reino es
gracia y es alternativa: salvación y juicio a la vez.
Él, el Bautista, hombre recio donde los haya, fue de los que
recibieron con entereza este Reino. Supo mantenerse en su
lugar, humilde: «conviene que yo mengüe y que él crezca»,
porque no era él el Salvador, sino el que le preparaba el
camino. Vivió en la austeridad y predicó sin recortes el
mensaje de conversión. Fue la voz que clama en el desierto
para preparar la venida del Mesías. Además, encaminó a sus
discípulos hacia Jesús, el nuevo y definitivo Maestro: «éste es
el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo».
3. a) Juan el Bautista nos invita a un Adviento activo, exigente.
Celebrar la venida de Dios, en la próxima Navidad, no es sólo
cosa de sentimiento y de poesía. La gracia del Adviento, de la
Navidad y de la Epifanía pide disponibilidad plena, apertura a la
vida que Dios nos quiere comunicar. Supone, como predicaba
Isaías y repetía el Precursor, preparar caminos, allanar,
rellenar, enderezar, compartir con los demás lo que tenemos,
hacer penitencia, o sea, cambiar de mentalidad.
Si Navidad no nos cuesta ningún esfuerzo, será seguramente
porque no hemos profundizado en su significado sacramental.
El don de Dios es siempre a la vez tarea y compromiso. Es
palabra de consuelo y de conversión.
b) En la Plegaria Eucarística IV del Misal se alaba a Dios por
cómo ha tratado siempre a los débiles y pecadores: «cuando
:
por desobediencia perdió tu amistad, no le abandonaste al
poder de la muerte, sino que, compadecido, tendiste la mano a
todos, para que te encuentre el que te busca». Como decía
Isaías de Yahvé y su pueblo Israel, «yo te cojo de la mano y te
digo: no temas».
En el Adviento se deberían encontrar esas dos manos: la
nuestra que se eleva hacia Dios pidiendo salvación, y la de
Dios, que nos ofrece mucho más de lo que podemos imaginar.
No es tanto que Dios salga al encuentro de nuestra mano
suplicante, sino nosotros los que nos damos cuenta con gozo
de la mano tendida por Dios hacia nosotros. Adviento es antes
gracia de Dios que esfuerzo nuestro. Aunque ambos se
encuentran en el misterio que celebramos. Ojalá todos, como
prometía Isaías, «veamos y conozcamos, reflexionemos y
aprendamos de una vez, que la mano del Señor lo ha hecho»
J. ALDAZABAL
ENSÉÑAME TUS CAMINOS 1
Adviento y Navidad día tras día
Barcelona 1995 . Págs. 42-45
2-4.
Is 41,13-20. Nada hay que temer cuando estamos con el Señor
Salmo 144,1.9-13b: El Señor es bueno y cariñoso con todas
sus criaturas
Mt 11,11-15: Juan Bautista el último profeta del Antiguo
Testamento.
En un mundo convulsionado, en el que los ricos son cada vez
más ricos, mientras los pobres buscan el sustento y no lo
encuentran, las palabras del profeta en el oráculo que trae la
liturgia de hoy nos dan un rayo de esperanza. Al ser humano
desesperado, que se siente como un gusanito según las
palabras del profeta, el Dios Salvador le dice que nada hay que
temer porque él mismo vendrá en su auxilio. América Latina
:
vive en una situación difícil como el paso por el desierto de los
israelitas, pero ese desierto se convertirá en lugar habitable, en
un paraíso si los hombres y mujeres aprendemos a reconocer a
Dios en medio de nosotros.
Jesús de Nazaret viene al mundo para ayudarnos a encontrar a
Dios en medio de nuestra historia A su contemporáneos, Juan
Bautista debió abrirles el camino, preparar la comprensión de
su mensaje; como todo profeta -y así lo consideraba el pueblo-
fue incomprendido; no contemporizó con los poderosos, vivió
retirado de los lujos de la ciudad, y luchó siempre contra la
violencia y a pesar de esto, o tal vez por esto, fue criticado.
Pero Jesús lo alaba y lo reconoce como el más grande entre
todos los que lo han precedido; sin embargo, cualquiera de los
más pequeños (los discípulos: 10,42) en el Reino es mayor que
Juan.
Juan anunció la proximidad del Reino, pero aunque sacó a
muchos de la institución del judaísmo, pertenece al tiempo del
Antiguo Testamento. El nacimiento de Jesús da inicio a una
nueva era, la del Reino de Dios. Los que participan del Reino
gozan de una realidad de la que Juan no ha podido participar.
SERVICIO BIBLICO LATINOAMERICANO
2-5.
Is 41, 13-20: No temas yo soy tu guía
Mt 11, 11-15: El más pequeño del Reino es más grande que
cualquier profeta.
Juan Bautista es presentado como el nuevo Elías. Como se
recordará en el libro de los Reyes aparece la grande y
misteriosa figura de Elías. Según las tradiciones bíblicas la
aparición de Elías precedería la irrupción del tiempo mesiánico.
El profeta que se elevó al cielo en un carro de fuego (2 Re 2, 1-
18) volvería para consumar las promesas del rey definitivo.
:
Jesús toma esa figura mítica y la transforma mediante una
novedosa interpretación: el espíritu de Elías está en todos los
profetas que lo sucedieron, especialmente en Juan.
Pero, a partir de Juan las cosas cambian. Antes, la pureza ritual
y el rigor legal eran el camino de salvación. De ahora en
adelante, el camino de salvación es el camino trazado por
Jesús. Por eso dice: "Con Juan Bautista han terminado los
tiempos de la Ley de los profetas". Jesús de Nazaret inaugura
un nuevo tiempo, que es definitivo para la salvación. A eso se
debe que Jesús haya presentado a Juan Bautista como el
nuevo Elías: todo lo que había antes del Bautista es antiguo;
todo que empieza con Jesús es nuevo y definitivo.
Hoy, nos enfrentamos a un mundo sin esperanza. La dinámica
industrial y tecnológica conducen al mundo a la catástrofe. Los
políticos de las grandes naciones no terminan de ponerse de
acuerdo en las estrategias para salvar la tierra. Cada día es
más notoria la escasez de alimento en los países más pobres.
Ante este panorama desolador es oportuno que nos
preguntemos ¿cuál es nuestra visión de futuro? ¿Y qué
estamos haciendo para transformar la realidad de muerte en
realidad de vida?
SERVICIO BIBLICO LATINOAMERICANO
2-6
Is 41,13-20: Yo, Dios de Israel, no los abandonaré. Yo, Yavé,
los escucharé.
Mt 11,11-15: El Reino de Dios se alcanza a la fuerza, y
solamente los esforzados entran en él.
El texto de Isaías nuevamente nos invita a la esperanza en un
mundo re-creado por Dios. Desde las necesidades de los
pobres, la acción de Dios cubrirá estas necesidades. Es decir,
Dios recreará el mundo a partir de lo que los pobres necesiten
:
y esperen. Dios les devolverá a los pobres aquello que le fue
quitado: el agua, la tierra, la libertad, el trabajo digno. La
recreación es, entonces, para el pobre que todo lo ha perdido.
Esta esperanza puede hacernos concebir una acción que
solamente depende de Dios.
Es cierto que está fuera de discusión cualquier intento de
redención voluntarista, en el que el ser humano participa
únicamente desde su voluntad.
El texto del evangelio viene a completar esta visión. El Reino
de Dios, ese tiempo y estado de recreación ya presente en la
historia, no ha cambiado la situación de los pobres.
El mundo pareciera que sigue igual (o peor...).
Es que en esta nueva creación los "esforzados", "los violentos",
los luchadores, harán que el Reino haga fuerza para su
manifestación.
De esta manera evitamos cualquier interpretación de pasividad
del hombre y la mujer ante la responsabilidad del Reino.
Por otra parte, esta idea nos lleva a pensar que la acción por el
Reino genera violencia, rupturas, propias del hecho de querer
crear algo nuevo. Toda creación es un acto de violencia sobre
lo viejo o sobre la materia que deja lugar a lo nuevo.
En definitiva, no se trata de un Reino que se presente como
por acto de magia, ni que se exprese débilmente. Desde la
acción de Dios, desde su compromiso desde los pobres, desde
la fuerza por hacer presente la Vida sobre la muerte, el Reino
se mostrará violento, recreando lo viejo hacia lo nuevo.
Latinoamérica, bajo el amparo de Guadalupe, aún sigue
haciendo presión para lograr esto nuevo que está naciendo en
su seno. Esta presión ha llevado a muchos hermanos y
hermanas de nuestro continente a dar su vida en este
:
nacimiento. Por lo tanto celebramos en este día un nacimiento
que se va "haciendo" en la historia, desde la violencia de esta
gestación hacia un Continente nuevo, de justicia, de paz y
fraternidad.
SERVICIO BIBLICO LATINOAMERICANO
2-7. CLARETIANOS 2002
Hoy no podemos hacer otra cosa que sentarnos a escuchar:
"No temas, ya vengo yo en tu ayuda", dice el Señor, por boca
del profeta Isaías. Este Dios-Ternura, que tan bien nos conoce,
insiste una y otra vez en la confianza: está junto a nosotros.
Todos los seres humanos somos pobres e indigentes en busca
de la Luz. Isaías lo dice bien: "los pobres y los indigentes
buscan agua y no la hay; su lengua está reseca de sed". Tal
vez el progreso, la técnica, el confort en que vivimos, pueda
silenciar durante un tiempo esas preguntas radicales y
perturbadoras sobre el sentido último de la vida. Pero, más
pronto o más tarde, llega para cada uno el momento en que
encontrar una respuesta es lo único que importa. Por eso hoy
quiero invitaros a escuchar: "Yo, el Señor, les responderé. Yo,
el Dios de Israel, no les abandonaré... Para que vean y
conozcan, reflexionen y aprendan de una vez, que la mano del
Señor lo ha hecho..." Que esta Palabra fructifique en cada uno
como una semilla de paz y de esperanza: Dios es, y nos ama.
Decíamos ayer que el camino de la Fe pasa por el
agradecimiento. El Salmo que rezamos hoy insiste en ello
apremiándonos a cantar con todas las fibras de nuestro ser la
bondad de Dios: "El Señor es bueno con todos, es cariñoso con
todas sus criaturas./ Que todas tus criaturas te den gracias,
Señor. Que te bendigan tus fieles." Un buen ejercicio para hoy
será tomar conciencia de esa bondad de Dios en nuestra
existencia concreta, la de cada uno, y, dándole gracias, pedirle
que nos ayude a descubrir a qué nos compromete tanto Amor.
:
El Evangelio, sin conexión aparente con el texto de la primera
lectura, nos recuerda que, para "detectar" la presencia de lo
divino en nuestra vida, hay que saber mirar. Juan, el más
grande nacido de mujer, según la expresión de Jesús, estaba
muy lejos del arquetipo de los poderosos de su tiempo y
muchos no lo reconocieron. Con unas palabras un tanto
enigmáticas, Jesús completa su sentencia: "El es Elías, el que
tenía que venir, con tal que queráis admitirlo". Para encontrar a
Dios, para acogerlo tal como El es, para comprender del todo el
sentido de esta Navidad que se acerca, tenemos que romper
nuestros esquemas y contemplar con ojos nuevos la realidad
que nos rodea. Sin duda nos sorprenderá descubrir tantas
semillas de bondad, tantos rastros de Dios en la rutina de
nuestro quehacer cotidiano.
Vuestra hermana en la fe,
Olga Elisa Molina (
[email protected])
2-8. 2001
COMENTARIO 1
Con introducción solemne (“Os aseguro”), establece una
contraposición: afirma la excelencia de Juan sobre todos los
personajes históricos que lo habían precedido, pero, al mismo
tiempo, afirma que el más pequeño en el reino de Dios (alusión
a los discípulos, a los que en 10,42 ha calificado de
“pequeños”) es más grande que él. Marca así Jesús la
diferencia entre la época del AT y la que comienza con él. Juan
estaba a la puerta del reino de Dios como anunciador de su
cercanía (3,2), pero la distancia entre el reino y los hombres
sólo puede ser salvada por la adhesión a Jesús.
Por decirlo así, Juan ve ya la tierra prometida, pero no puede
entrar en ella. Con su bautismo ha sacado a la gente de la
institución judía hasta la orilla del Jordán (3,5s), pero el paso
:
del Jordán para entrar en la tierra está reservado a Jesús,
nuevo Josué. Los que participan del reino gozan de una
realidad de la que Juan no ha podido participar (11).
Para entender los vv. 12-13 téngase en cuenta lo siguiente.
«Se usa la violencia» (12): el gr. biastes, «violento» (en el
mismo versículo), tiene siempre sentido peyorativo; el verbo
de la misma raíz (biazetai) denota la acción de esos violentos
(«usar la violencia», lit. «es tratado con violencia»).
«Arrebatar» significa «quitar de en medio con la fuerza». El
sentido del pasaje es el siguiente: mientras el reinado de Dios
era sólo una promesa (v. 13: «eran/ fueron profecía»), todos
estaban a favor; pero en cuanto llega la realidad y exige la
enmienda (3,2; 4,17), es decir, la cesación de la injusticia (cf.,
por ej., Is 1,16s), los círculos de poder se ponen en contra y
usan la violencia contra él. De hecho, Juan, anunciador del
reino (3,2), está ya en la cárcel (11,2) y crece la oposición a
Jesús (9,3.11.14.34; 10,25); pronto se decidirá su muerte
(12,14). Finalmente, da Jesús el rasgo definitivo de Juan (14).
En la doctrina de los letrados se afirmaba que Elías había de
preceder al Mesías para restaurarlo todo (17,11). Jesús afirma
que es Juan quien encarna la figura de Elías. Lo propone como
algo que deberían admitir sus oyentes («aceptadlo si
queréis»). Jesús no intenta demostrar esta afirmación:
aceptarla supone un cambio de mentalidad, pues Juan/Elías, en
lugar de haberse presentado como una figura de autoridad,
está en la cárcel, perseguido. Por eso, esta verdad no puede
ser admitida más que por los que han renunciado a esperar un
reino de Dios que se impone desde el cielo de modo prodigioso
(14). Es precisamente por la dificultad de aceptar esto para los
que están imbuidos de la ideología mesiánica tradicional, por lo
que Jesús añade la advertencia: «Quien tenga oídos, que escu-
che» (15).
COMENTARIO 2
:
El breve pasaje del evangelio de Mateo que hoy hemos
escuchado, nos trae a la memoria a una de las figuras
emblemáticas de estos días de Adviento: Juan Bautista, de
quien Jesús hace el mayor de los elogios: dice que no ha
nacido de mujer nadie más grande que él. Pero
inmediatamente añade que el más pequeño en el Reino de los
Cielos es mayor que Juan Bautista. Es que para los
evangelistas el tiempo del Antiguo Testamento ha terminado al
llegar Jesús. Ahora estamos en un tiempo nuevo, el de la
oferta de la salvación de Dios a todos los seres humanos sin
discriminación alguna. El tiempo de la llamada universal a
congregarnos en la casa del Padre. De Juan dice Jesús que él
era Elías, un antiguo profeta del siglo IX a.C. de quien se
cuenta en el libro 2º de los Reyes (2,1-18) que fue arrebatado
al cielo en un carro de fuego. Los judíos interpretaban ese
relato de una manera muy curiosa: decían que Elías sería
enviado por Dios, desde el cielo, como un profeta de los
últimos tiempos, para llamar a su pueblo a la conversión y
prepararlo para recibir dignamente a su Mesías. Pues bien,
para Jesús, eso se ha cumplido en Juan Bautista, él es Elías
que precede al Mesías, que lo señala entre los hombres.
Alegrémonos pues ante la próxima celebración de la Navidad,
porque en ella se cumplen las promesas antiguas, porque Dios
nos ha llamado a la existencia en el tiempo nuevo de Jesús, de
su palabra de salvación y de misericordia. Porque el Señor
nacido hace ya veinte siglos en la humildad de un pesebre,
volverá un día en su gloria y con él viviremos en un mudo
renovado, de justicia y de paz.
1. J. Mateos-F. Camacho, El evangelio de Mateo. Lectura
comentada, Ediciones Cristiandad, Madrid
2. Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana
de Latinoamérica)
:
2-9. 2003 SERVICIO BÍBLICO LATINOAMERICANO
Is 41, 13-20: No temas gusanito de Jacob, yo mismo te auxilio
Salmo responsorial: 144, 1.9.13: El Señor es cariñoso con
todas sus criaturas
Mt 11, 11-15: No ha nacido de mujer nadie más grande que
Juan Bautista
La primera lectura está tomada de lo que se ha llamado en
Isaías “el libro de la consolación”, esto es, los capítulos 40 a
50. En estos capítulos se habla de tres temas fundamentales:
la afirmación, frente a los falsos dioses extranjeros, de un solo
Dios, el anuncio de la redención del pueblo por un siervo
paciente, y la presentación de un futuro más promisorio que la
triste realidad presente de Israel. A esto último se refiere
nuestro texto de hoy, cuyo mensaje inspira la confianza del
pueblo en Dios, ya que la historia tiene algún sentido porque
existe Alguien que sabe a dónde va. ¿Quién conduce mi
historia personal? ¿Y nuestra historia universal?
En el evangelio de Mt, Jesús hace una apología de Juan
Bautista. Él es grande porque ve llegar y puede señalar la
realización de las profecías antiguas y del dinamismo de la ley.
En Juan se cumple la aseveración hecha por este evangelio: “El
Reino de los cielos sufre violencia y los violentos lo arrebatan”.
El Reino sólo lo conquistan los esforzados, aquellos que como
Juan dan testimonio con su propia vida.
El Reino de Dios se conquista con el esfuerzo propio; no se nos
da de arriba, ni llegan a él los comodones o tibios, sino los que
con generoso corazón se hacen violencia a sí mismos,
contrariando los instintos y pasiones que o se pliegan a las
exigencias del amor.
Jesús exige una actitud de exigencia a todo aquel que quiera
comprometerse con su Reino: “El que no está conmigo, está
contra Mí y el que no recoge conmigo, desparrama” (Lc 11,23).
Y con certeza podríamos decir que, el que no se comprometa
:
con absoluta entrega, queda por fuera del Reino. Esta
afirmación queda aclarada con aquella otra que nos trae el
mismo evangelio de Mt: “Entrad por la puerta angosta; porque
ancha es la puerta y amplia la calle que llevan a la perdición, y
muchos entran por ellas. ¡Qué angosta es la puerta y qué
estrecho el callejón que llevan a la Vida! Y pocos dan con ellos”
(Mt 7,13-14).
Los violentos que arrebatan el cielo no son precisamente los
que hacen violencia a los demás; por el contrario, según la
afirmación de Jesús: “Todos los que empuñan espada, a
espada perecerán” (Mt 26,52).El Reino es de los que se hacen
violencia a sí mismos, yendo contra sus propias inclinaciones
perversas.
2-10.
El Reino de los Cielos exige esfuerzo
Fuente: Catholic.net
Autor: P. Cipriano Sánchez
Cuando uno ve que la vida de una persona, de un amigo o de
alguien muy querido está siendo un desierto, está siendo
estéril, podría pensar que de alguna forma Dios lo ha
abandonado. Sin embargo, cuando se presentan esta clase de
situaciones, uno tendría que pensar en las palabras del Profeta
Isaías: "Yo, el Señor, les daré una respuesta".
¿Cuál es la respuesta que nos da el Señor? Él nos invita a
trabajar, a esforzarnos, a no quedarnos con la impresión de
haber cumplido porque le puse un poquito de esfuerzo, a no
creer que yo ya puse mi parte y que ahora les toca a los demás
poner la suya. No debemos pensar que como lo hemos
intentado una, dos, tres veces, ya hemos cumplido. No se trata
de intentar, se trata de realizar. Y de realizar el testimonio
cristiano, la presencia de Jesucristo en nuestra vida.
:
Quienes son tibios, quienes se quedan en la mediocridad,
quienes no son capaces de resistir el esfuerzo constante, el
desgaste tremendo que supone el predicar, anunciar y ser
testigo en una sociedad indiferente, la mayoría de las veces, a
la Palabra de Dios, nunca lograrán conquistar el Reino de los
Cielos, de ningún modo alcanzarán la riqueza que Dios nos
puede dar.
La respuesta que el Señor da es su ayuda, su presencia cerca
de nosotros. Pero, requiere por nuestra parte, un trabajo de
acompañamiento a la Palabra de Dios por medio de la
respuesta de nuestra libertad y de nuestra voluntad.
"Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los
cielos exige esfuerzo, y los esforzados lo conquistarán". Cristo
se convierte para nosotros en el trofeo que tenemos que
conquistar. El Reino de Cristo se convierte para nosotros en la
misión con la que tenemos que batallar todos los días.
Qué fácil es —y lo vemos con frecuencia— empezar a hacer
buenas obras. ¡Qué fácil es comenzar apostolados, qué fácil es
empezar trabajos, qué fácil es hacer que otros se acerquen a
Jesucristo... , pero qué difícil es terminar, qué difícil llegar
hasta el final! Todos podemos sentirnos ilusionados con una
medalla en el pecho porque emprendimos y porque
comenzamos. Pero, ¿lo acabaste? Más aún, ¿terminaste con
toda la grandeza que esa semilla de Dios tenía que producir
por medio de tu trabajo?
Recordemos que no solamente es obra nuestra, es Dios quien
nos da la mano. Pero, para que las obras del Señor den frutos,
nuestra libertad tiene que estar dispuesta a colaborar con Él.
Los grandes proyectos de vida cristiana no van a depender
mucho de si nosotros hicimos, organizamos, lo manejamos,
subimos o bajamos, sino sobre todo, van a depender de si en
nuestro interior —a veces desértico, a veces un yermo—,
:
hemos permitido a Dios actuar. Y actuar con toda la potencia,
con toda la fuerza y con toda la fecundidad espiritual que Él
quiere para cada uno de nosotros.
"Adviertan y entiendan, de una vez por todas, que es la mano
del Señor la que hace esto, que es el Señor de Israel quien lo
crea". No somos nosotros quienes lo hacemos; es la mano del
Señor quien lo hace. A nosotros nos toca corresponder con
generosidad. Esforcémonos, pongamos lo mejor de nosotros,
pero sobre todo, abramos el corazón a la misericordia de Dios
que viene para que nuestra existencia sea una vida cada vez
más llena de la luz que el Señor quiere darnos, que el Señor
viene a traer a nuestro corazón para consolarlo, para
fortalecerlo, para hacerlo fecundo, para transformarlo y,
transformado, hacerlo transformante del mundo que nos rodea.
No creo que nosotros estemos llamados a misiones sobre
humanas, sin embargo, no permitamos que nuestra pequeña y
corta visión impida la grandeza de la manifestación del Señor
en cada una de nuestras vidas, pues sólo así podremos vivir en
la Iglesia un verdadero compromiso cristiano, seguros de que
el Dios de Israel no nos abandonará.
2-11.
Reflexión
Verdaderamente el Reino exige esfuerzo… ser cristiano y hacer
que la vida cristiana sea una realidad no es algo que sucede
por arte de magia, sino que exige de la cooperación de cada
uno de nosotros. Es necesario por ello estar convencidos de
que verdaderamente vale la pena ser cristiano. Si no estamos
completamente convencidos de que la vida en el Reino, que la
vida cristiana es la mejor opción y oportunidad que tiene el
hombre para ser feliz y alcanzar la plenitud y su realización,
será muy difícil que el Reino se haga una realidad. ¿Estás
:
convencido de que ser cristiano vale la pena? De esta
respuesta depende el esfuerzo que harás, no solo en adviento,
sino toda tu vida para vivir de acuerdo al evangelio y permitir
que la vida en el Espíritu sea una realidad en ti.
Pbro. Ernesto María Caro
2-12. 2003
La misión de ser precursor
Fuente: Catholic.net
Autor: P. Cipriano Sánchez
Mateo 11,11-15
En aquel tiempo dijo Jesús a la gente: «Les aseguro que no ha
surgido entre los hombres nadie mayor que Juan el Bautista;
sin embargo, el más pequeño en el Reino de los cielos es
mayor que él. Desde que apareció Juan el Bautista hasta
ahora, el Reino de los cielos sufre violencia, y los violentos
pretenden apoderarse de él. Pues todos los profetas y la ley
anunciaron esto hasta que vino Juan. Y es que, lo acepten o
no, él es Elías, el que tenía que venir. El que tenga oídos, que
oiga».
Reflexión
Juan Bautista aparece en el Evangelio como la figura del
hombre que precede a Cristo. Y no cabe duda que la misión de
Juan Bautista, la misión de preparar el camino del Redentor, la
misión de precursor se encaja en su vida como algo que él
tiene que vivir, que tiene que aceptar.
La vocación de Juan Bautista no se da simplemente por el
hecho de que Dios llama a su vida; también se da, se cuaja, se
:
fecunda, se madura porque, con su libertad, Juan Bautista
acepta esta misión. Ya su padre Zacarías había hablado de su
misión cuando Juan es llevado a circuncidar. Zacarías dice que
ese niño “será llamado Profeta del Altísimo porque irá delante
del Señor a preparar sus caminos, para anunciar a su pueblo la
salvación mediante el perdón de los pecados”.
Esta es la misión del precursor, ser el hombre que va delante
del Señor, que prepara sus caminos y que anuncia el gran don
que es el perdón de los pecados. Lo que hace grande a Juan es
que la misión que Dios le propone, él la lleva a cabo. Y el hecho
de que sea el precursor, de alguna manera, se convierte para
Juan Bautista no sólo en un motivo de gloria para él, sino que
también se convierte en el modo en el que él llega a nuestras
vidas.
También en cada uno de nosotros se realiza una misión
semejante. En cierto sentido, cada uno de nosotros es un
precursor, es un hombre o una mujer que va delante en el
camino de la Redención. Todos estamos llamados, al igual que
Juan Bautista, a realizar, a llevar a cabo nuestra misión.
¿Hasta qué punto valoramos la misión que se nos encomienda?
¿Sabemos apreciar el don que hemos recibido? Un don que,
como dirá Zacarías, no es otra cosa sino “el Sol que nace de lo
alto para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de
muerte y para guiar nuestros pasos por el camino de la paz”.
Ese es el don que recibimos, el don que Cristo viene a traer.
Pero, el don que Cristo viene a traer, lo trae a través de otras
personas, a través de precursores. ¿Yo valoro el don de Cristo,
el don que yo puedo dar a mis hermanos? ¿Me doy cuenta de
la inmensa riqueza que supone para mi vida, pero también la
inmensa riqueza que supone para los demás? Cuántos hombres
—como dirá también Zacarías— viven en manos de sus
enemigos y en manos de todos los que los aborrecen. Cuántos
:
hombres y mujeres son atacados, denigrados, humillados,
hundidos, manipulados.
Y sin embargo, la misericordia de Dios tiene que llegar a sus
vidas. Pero ¿cómo va a llegar si no hay nadie que lo proclame,
si no hay nadie que vaya delante del Señor para preparar sus
caminos y anunciar a su pueblo la salvación? ¿Cuántos
corazones no podrán encontrarse con Cristo en esta Navidad?
En estos días en que nos estamos preparando de una forma
más intensa para el Nacimiento de Nuestro Señor, tendríamos
que preguntarnos ¿cuántos corazones, por mi omisión, por mi
falta de delicadeza, por mi falta de preocupación, quedarán sin
encontrarse con Dios? ¿Cuántos corazones en las familias,
cuántos corazones en el ambiente, cuántos corazones en el
ámbito laboral y social no van a saber que Cristo nace para
ellos y por ellos? ¿No va a haber nadie que se los enseñe, no
va a haber nadie que les predique el camino de la Salvación?
¿Podremos ser tan egoístas como para cerrar el conocimiento
de la salvación a los demás? Nuestro corazón no puede pensar
tanto en sí mismo como para olvidarse del don que tiene para
dárselo a otro. Es una tarea que tenemos que hacer; pero no la
podemos hacer si no valoramos primero el don que podemos
tener en nuestras manos, si no somos nosotros los que
acogemos, los que recibimos el don de Dios. Un don que tiene
que vivirse, que tiene que manifestarse, de una manera muy
especial, a través de nuestro testimonio de vida; un don que
no es tanto la teoría y consejos que podemos decir a los
demás, sino sobre todo, lo que nosotros estamos haciendo con
nuestra vida.
¡De qué poco nos serviría decir que valoramos mucho el don de
Cristo que viene en esta Navidad si no lo transmitiéramos, si
no lo diéramos a los demás! ¡De qué poco serviría que
dijéramos que queremos ser estos profetas del Altísimo que
:
van delante del Señor para preparar sus caminos, si nuestra
vida no se transforma, si nuestra vida no recibe esa visita de
Dios, si nuestra vida no quiere ser recibida por Cristo nuestro
Señor! No se puede, es imposible. Antes que redimir a otros,
hay que redimir mi corazón, hay que cambiar mis actitudes,
hay que cambiar mi comportamiento. Tengo que ser el primer
redimido. Tengo que redimir mi corazón, tengo que cambiar
mis actitudes, tengo que ser el primero que acepta a Cristo
como el que me salva de mis pecados, como el que me salva
de mis fragilidades.
Jesús en el Evangelio dice: “El que tenga oídos para oír, que
oiga”, que es una forma hebrea de decir que quien esté
dispuesto, quien quiera, que escuche mi palabra. Pero hay una
cosa muy clara, ninguno de nosotros entrará en el camino de la
paz que Zacarías profetiza cuando ve a su hijo, si no somos
capaces de oír lo que Dios nos pide, el cambio concreto que
Dios pide a cada uno.
2-13. DOMINICOS 2003
No temas, hijo, quédate a mi lado
Señor, hazme escuchar hoy, con devoción, palabras de tu
boca.
Enciende en mi alma intensa luz de fe y da fuerza a mi
esperanza.
Agarra mi mano y condúceme por la senda ardiente de la
verdad.
Cambia mi corazón y hazme sensible a tu ternura y a la
ternura de todos los hijos de tu amor.
No permitas que mis pensamientos vaguen lejos de ti y
demasiado cerca de mí mismo y de mis intereses.
Carga mis ojos con ansias de ver reinando en el mundo la
justicia y la paz, el trabajo y la honradez, la verdad y el amor.
Hunde mi interioridad en el misterio de tu vida en mí, y haz
:
que salga de ella con manos colmadas de generosidad para con
los demás.
Teje en torno a mí una trama hermosa de caridad, solicitud,
oración, hospitalidad, amistad, esperanza.
La luz de la Palabra de Dios
Isaías 41, 13-20:
“Yo, el señor tu Dios, te agarro de la diestra y te digo: “no
temas, yo mismo te auxilio”. No temas, gusanito de Jacob,
oruga de Israel, yo mismo te auxilio... Tu redentor es el Santo
de Israel.
Mira, te convierto en trillo aguzado, nuevo, dentado. Trillarás
los montes y los triturarás; harás paja las colinas; los
aventarás, y el viento los arrebatará... Hoy los pobres e
indigentes buscan agua y no la hay, y su lengua está reseca de
sed. Pero Yo, el Señor, les responderé. Yo, el Dios de Israel no
les abandonaré. Alumbraré ríos en cumbres peladas, y en
medio de las vaguadas, manantiales...”
Evangelio según san Mateo 11, 11-15:
“Un día dijo Jesús a la gente {que estaba inquieta}: os aseguro
que no ha nacido de mujer un {profeta} más grande que Juan
el Bautista; pero {os añado} que el más pequeño de los
incorporados al Reino de los cielos es más grande que
él”.Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de
los cielos sufre violencia y los esforzados se apoderan de él.
Hasta Juan, todos los profetas y la ley eran profecía. Juan, si
estáis dispuestos a recibirlo, es él Elías que había de venir.
Quien tenga oídos que escuche”.
:
Reflexión para este día
Somos pequeños, gusanitos, pero acariciados por Dios
¡Qué belleza poética! ¡Qué caricias de Dios a sus hijos! Si el
texto de Isaías no fuera inspirado por Dios, diríamos que se
excede en delicadeza y ternura. Porque, si ése es nuestro Dios,
¿cómo vamos a sentir hambre de cualquier otro dios mezquino
y maltrecho?
Los místicos encontrarán hoy en las palabras de Isaías la
ardiente caricia del corazón del Padre. No es para menos.
Nosotros situémonos primero en la historia de los pueblos de
Oriente, en el ciclo de sus imperios, conquistas, con destierros
de judíos..., por el año 539 antes de Cristo, fecha en que
apareció un rey de Persia llamado Ciro el Grande. El empuje
de sus guerreros era tal que Babilonia se le rindió; y él, rey,
señor del mundo, tuvo el acierto y bondad de autorizar y
apoyar muy pronto el retorno y libertad de los judíos
desterrados, dándoles opción a restaurar el templo de
Jerusalén y el judaísmo. De ese modo, un mundo nuevo se
abrió para Israel.
El segundo Isaías profeta se siente conmovido por la gracia del
Señor que transforma la vida del pueblo elegido que no puede
menos de irrumpir en expresiones poéticas: eres, soy, gusanito
oprimido que sale de la crisálida y emprende una esplendorosa
vida nueva, por obra de Yhavé, mi/tu creador.
Esta referencia a un acontecimiento histórico la ha de tomar el
hombre espiritual, el místico, para irrumpir en palabras de
gratitud, en lindezas de amor, en canto de gloria a su Dios y
Dios nuestro.
2-14. CLARETIANOS 2003
:
Podemos estar muy informados de lo que pasa cada día, pero
no saber a ciencia cierta qué está pasando. Para esto es
necesario tener “sentido de la historia”. ¡Era ésta una cualidad
de Jesús! Tenía un fuerte sentido de la historia. Sabía catalogar
el tiempo y lo que estaba pasando. Una buena lección para
nosotros, a veces, tan despistados. Escuchemos el Evangelio
de Mt 11.
El texto que acabamos de escuchar es uno de los más difíciles
de interpretar del Evangelio. Lo llaman los expertos “cruz
interpretum”. Intentaré exponer lo que –después de conocer
varias interpretaciones- me sugiere, nos puede sugerir.
Jesús divide la historia en tres partes. La primera es la etapa
de los profetas y la Ley en Israel. En ese tiempo muchos han
pretendido imponer su imperio, en contra del Reino de Dios, Ha
sido el tiempo de la violencia: gente violenta ha querido
arrebatarle a Dios su reinado. Sin embargo, no lo consiguieron.
Quien instaura el Reinado de Dios es Jesús y sus discípulos,
hasta los más pequeños, forman parte de él. En el punto
intermedio hay una figura Juan Bautista. Es como un nuevo
Elías que defiende los derechos de Dios, los derechos de Jesús,
hijo de Dios. Jesús lo define como “el más grande nacido de
mujer”. Juan no ha querido arrebatar violentamente el Reino,
sino que ha preparado el camino para que Jesús lo instaure. Al
mismo tiempo, Jesús dice, que el más pequeño en el Reino es
mayor que Juan. Juan preparó el camino del Señor, pero a él
no le fue concedido, recorrer ese Camino.
Tener sentido de la historia, de nuestra propia historia, saber lo
que nos está ocurriendo, en qué parte del camino nos
encontramos, es importante. Tener una vida con sentido, con la
lógica de Dios, es muy importante. Ese es el misterio revelado
a los pequeños, a los que queremos formar parte de la
Comunidad del Reino.
Las tentaciones de suplantar el Reino de Dios, hacia los
pequeños, y suplantarlo con un Reino de violencia es muy
:
fuerte. No hemos de ceder a la tentación. Juan fue el único que
hizo viable la llegada del Reino, el que preparó el Camino. Dios
mismo es quien implanta su Reino. Nosotros hemos de ser
únicamente humildes precursores.
Hay mucha violencia en nuestro mundo. El Reino de Dios se
instaura allí donde no hay violencia, ni siquiera violencia
religiosa. La puerta del Reino es pequeña, y solo los humildes y
pequeños entrar en el. Si no os hacéis como niños… .
José Cristo Rey García Paredes
(
[email protected])
2-15. 3003. LECTURAS: IS 41, 13-20; SAL 144; MT 11, 11-15
Is. 41, 13-20; El Señor nunca olvida sus promesas. Él sale al
encuentro de sus siervos, de los que confían en Él y le viven
fieles para reanimarlos en tiempos difíciles. ¿Acaso puede
temer aquel a quien el Señor tiene asido por la diestra y de
quien escucha estas consoladoras palabras: Yo soy el que te
ayuda; tu Redentor es el Dios de Israel? Él puede hacer que
florezcan nuestros desiertos y que en nuestras arideces broten
ríos y fuentes de agua viva. Por eso, levantemos el corazón,
pues Dios se ha hecho Dios-con-nosotros; Él va en camino con
nosotros pues ha hecho suya nuestra naturaleza humana para
que también nosotros hagamos nuestra su divinidad. ¿Hay algo
más esperanzador para nosotros, pobres pecadores? Dios ha
tenido compasión de nosotros; dejémonos encontrar y salvar
por Él. Permanezcamos fieles a su amor; hagamos la prueba y
veremos cuán bueno es el Señor, pues a pesar de que seamos
como un gusanillo u oruguita, el Señor se ha puesto de nuestra
parte y se ha levantado en contra de nuestro enemigo para
redimirnos, para hacernos partícipes de su victoria sobre el
pecado y la muerte. Reconocer nuestra pequeñez, y sabernos
amados por Dios, y dejarnos amar por Él será lo único que le
dará seguridad a nuestro caminar, desde esta vida, hacia la
:
posesión de los bienes definitivos.
Sal. 144 Bendigamos y alabemos al Señor, nuestro Dios y
Padre, pues Él siempre se manifiesta bondadoso para con
nosotros. Él jamás nos ha abandonado; podrá una madre
olvidarse del fruto de sus entrañas, pero Dios jamás se olvidará
de nosotros. Por eso, no sólo con los labios, sino con toda
nuestra vida, entretejida de amor y de fidelidad a Él,
bendigamos su santo Nombre, pues ha hecho grandes
maravillas en favor nuestro. Pero nosotros no podemos
quedarnos sólo en la alabanza al Señor; si en verdad vivimos
unidos a Él por el amor, lo hemos de dar a conocer a todas las
naciones. El Señor viene a cada uno de nosotros para
convertirnos en signos de su amor salvador para todos los
pueblos; ojalá y cumplamos con fidelidad amorosa esa misión
que se nos ha confiado.
Mt. 11, 11-15. La Ley y los Profetas llegan hasta Juan. Él es el
más grande de entre los personajes del Antiguo Testamento,
pues Dios le dio la misión de presentar al Cordero de Dios, en
quien se cumplen las promesas divinas de salvación. Sin
embargo el más pequeño entre los hombres de fe en Cristo
supera en grandeza al Bautista, pues no sólo ha visto, sino que
ha unido su vida al mismo Hijo de Dios. El Reino de Dios
irrumpe en nosotros con toda su fuerza salvadora, y, a pesar
de la violencia de que es objeto a causa de las persecuciones,
los que poseemos la Fuerza del Espíritu de Dios, que habita en
nosotros y nos hace firmes en el testimonio de nuestra fe,
lograremos que ese Reino llegue finalmente a su plenitud en
todos los hombres. Así el Reino de Dios no será la obra del
hombre, sino la obra de Dios en el hombre convertido por el
Señor en portador de la salvación, con la valentía del Espíritu
de Dios, que hará que nunca claudiquemos del compromiso
que el Señor nos ha confiado: Hacer que su Evangelio llegue a
todas las criaturas.
:
El Señor nos ha convocado a esta Eucaristía; y nosotros hemos
respondido a su llamado. Él nos ha unido a sí mismo
comunicándonos su Vida y su Espíritu. No importa que en
nuestro pasado hayamos sido, tal vez, unos malvados. Dios
nos contempla como un Padre lleno de misericordia y quiere
tomarnos de la mano con gran ternura para ayudarnos a
caminar en el bien. Dios, efectivamente, quiere que todos los
hombres se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad. Su
Hijo hecho uno de nosotros, ha entregado su propia vida para
que nuestra existencia se convierta en una continua alabanza
del Nombre del Señor. Por eso, los que hemos sido rescatados
por la Sangre de Cristo, ya no debemos vivir para nosotros
mismos, sino para Aquel que por nosotros murió y resucitó.
Nuestra vocación mira a convertirnos en un signo del amor de
Dios para los demás. Y no importa que parezcamos poca cosa;
ante Dios, sus hijos, por muy humildes que parezcan ante los
ojos del mundo, tienen la misma dignidad de su Hijo amado.
Por eso, vivamos, efectivamente, como hijos amados de Dios,
no sólo por nuestras oraciones, sino por llevar una vida
intachable. No podemos despreciarnos a nosotros mismos. No
podemos decir que poco o nada valemos a causa de nuestras
miserias y fragilidades. Nosotros valemos la sangre de Cristo;
ese es nuestro valor ante el Padre Dios. Ante la figura de
Cristo, entregado por nosotros, entendemos nuestra dignidad
propia y la dignidad de los demás. El hombre, desde Cristo,
tiene una nueva lectura de su propia naturaleza. Ojalá y
también, desde Cristo, aprendamos a no despreciar a nadie,
sino a trabajar por el bien de todos. Quien pase la vida
persiguiendo o despreciando a su prójimo a causa de su raza,
de su color, de su cultura, no puede poner la mano sobre la
Biblia para manifestarse como hijo de Dios, pues el ser hijo de
Dios se manifiesta haciendo vida esa Palabra de Dios que nos
impulsa a amarnos como hermanos, con el mismo valor que
todos tenemos a los ojos de Aquel a quien todos, con el mismo
derecho de hijos, le invocamos como Padre nuestro.
:
Que Dios nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen
María, nuestra Madre, la gracia de ser portadores de Cristo y
de su Reino en nosotros, anunciándolo no sólo con los labios,
sino con toda nuestra vida convertida en un testimonio de
amor fraterno. Entonces el Señor, que se acerca a nosotros,
nos encontrará fraternalmente unidos y dispuestos a participar
eternamente de su Reino eterno que ha hecho, ya desde ahora,
su morada en nosotros. Amén.
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2-16. LO QUE HAY QUE OÍR.
“El que tenga oídos que oiga”. Así acaba el Evangelio de hoy.
Estamos en el ecuador del Adviento, dentro de trece días
celebraremos la Navidad. Llevamos doce preparando la venida
de Cristo, así que escuchemos: “No temas, gusanito de Jacob,
oruga de Israel”. ¡Lo que hay que oír!. Gusanito. Oruga.
Definición de gusano: “Nombre vulgar de las larvas
vermiformes de muchos insectos, como algunas moscas y
coleópteros, y las orugas de los lepidópteros”…”Nombre común
que se aplica a animales metazoos, invertebrados, de vida libre
o parásitos, de cuerpo blando, segmentado o no y ápodo”
(Diccionario de la lengua española). Así nos llama “El Señor, tu
Dios”. Desde luego si me lo llama otro podría haber más que
palabras. Más de uno se ha batido por menos. Pero hemos
decidido escuchar y escucharemos.
“Desde los días de Juan, el Bautista, hasta ahora se hace
violencia contra el reino de Dios y gente violenta quiere
arrebatárselo”. Mira a tu alrededor. Cuánta violencia hay aún
hoy contra Cristo y contra la Iglesia. Cuántas informaciones
sesgadas. Cuántos ataques contra la persona, templo del
Espíritu Santo. Cuántos ataques a la vida de indefensos,
nacidos o no. Cuánta “kultura” que degrada la capacidad de
:
conocer y conocerse del hombre. Cuántos portavoces del mal
que se apropian indebidamente del apellido modernidad.
Ante todo eso, algunos pensarán en una gran campaña de
marketing, un buen lavado de cara, un lifting del Evangelio y
de la Iglesia, en definitiva, una ofensiva en lucha declarada
contra los enemigos de Dios y su Iglesia. ¡Somos más y
mejores! ¡Al abordaje!. Seamos como las imágenes de
Santiago matamoros que, espada en mano, cortemos las
cabezas de los infieles. Aireemos la porquería de los demás y
hundámoslos en su miseria. Tenemos poder: Usémoslo.
Esto pensarán los que tienen una visión terrena de la Iglesia
(igual que sus enemigos en el fondo). Cuando nos vengan esos
pensamientos, escuchemos al Señor, nuestro Dios, que nos
dice: “¡Só ápodo!. (gusano a fin de cuentas) Que no te has
enterado de nada, tu fuerza está acostado en un pesebre,
colgado en una cruz. El “mayor de los nacidos de mujer” viste
una piel de camello y come langostas (de las que saltan). Yo
soy “lento a la cólera y rico en piedad”. ¿Quién eres tu para
ponerte en mi lugar?. Pero “no temas. Tu redentor es el Santo
de Israel. Yo mismo te auxilio para que vean y conozcan,
reflexionen y aprendan de una vez, que la mano del Señor lo
ha hecho, que el Santo de Israel lo ha creado. No temas,
gusanito de Israel”
Ante tantos ataques a la fe te puedes sentir muy pequeño, una
oruga; pero una oruga de Dios. Mira la humillación de María,
de Cristo, de los santos y descubrirás la grandeza de Dios. El
que tenga oídos que oiga.
ARCHIMADRID
2-17. SERVICIO BÍBLICO LATINOAMERICANO 2004
Is 41,13-20: Yo vengo en tu ayuda, dice el Señor
Sal 144,1.9.13: Ya está cerca la salvación, y la gloria habitará
:
en nuestra tierra
Mt 11,11-15: No ha aparecido otro más grande que Juan el
Bautista
Continuamos dentro del llamado “libro de la consolación de
Israel”; a través de imágenes cargadas de ternura y de
familiaridad el profeta alienta al pueblo, especialmente a
aquellos que a pesar de la dificultad han sido capaces de
sostenerse: los llama “gusano de Jacob”, “pequeña oruga”,
“resto”. A ese insignificante pueblo que ha soportado los
extremos de la tiranía, Dios le promete su ayuda, lo toma de la
mano y lo anima. “No tengas miedo”. Una expresión que
aparece muchísimas veces en la Biblia, especialmente en el
Antiguo Testamento (’al tirá). Voz de confianza y de promesa
de compañía. El pueblo sólo podrá temer cuando se separe de
su Dios; ahí le sobrevienen todas las desgracias, pues no es
sólo el alejarse de Dios, sino rechazar su plan de justicia y de
fraternidad. Mientras se mantenga asido de la mano de su
creador, aunque vengan males, no hay que temer porque ahí
está su Señor.
Hay otro elemento que surge aquí en las consolaciones de
Isaías y es la figura del redentor, el go’el. Recordemos que en
la estructura social había surgido el go’el como el pariente más
próximo, llamado en principio el “vengador de sangre” (cf. Nm
35,19), también tenía como deber propio rescatar a su
pariente cuando era encarcelado por deudas, o defender a la
viuda (cf. Rt 2,20). Aquí en Isaías, el goelazgo es referido ya
directamente a Dios, entendiéndolo como el único que podrá
rescatar y libertar al resto de Israel. El deutero Isaías los usará
de nuevo en Is 43,14; 44,6.24; 47,4; 48,17; 59,20. Ya en el
Nuevo Testamento se aplicará a Jesús como la encarnación del
redentor enviado por Dios.
Nuestro mundo necesita volver a confiar en alguien que sea
capaz de asumir la causa de la justicia. No se crea que es
anacrónico volver a pensar en poner los ojos en ese Dos
:
rescatador, defensor del débil y del oprimido que nos anuncia
Isaías. Todo lo contrario, la mayor parte de la humanidad hoy
está necesitada, clama a gritos un liberador, alguien que asuma
su causa y la defienda, así como el pueblo vive y siente la
promesa de su liberación.
Si nos fijamos bien, ese resto al que Dios promete rescatar, en
cierto sentido también tiene que asumir una responsabilidad:
actuar como instrumento de Dios; y para ello, el pueblo debe
adquirir una conciencia nueva, no se trata de ser autómatas, se
trata de poner el empeño y la voluntad en la propuesta de
Dios, eso es ya el camino para que Dios actúe. Sólo así
podemos entender cómo Dios hará de su pueblo un “trillo”, un
instrumento con el cual Dios llevará adelante su proyecto.
Ahí está la gran tarea para los evangelizadores de hoy: lograr
que el pueblo se concientice, que abra cada vez más sus ojos a
la realidad y que se lance a la aventura de ponerse al servicio
del proyecto de Dios. En esa tarea se formaron los profetas y
con esa conciencia se sintieron instrumentos de Dios.
En el evangelio, Jesús realiza un elogio muy positivo de Juan el
Bautista. A propósito de la embajada de Juan que desde la
cárcel manda interrogar a Jesús. Jesús reconoce a Juan como
profeta, y como el más grande de todos. Es más, para Jesús la
figura de Juan es como la encarnación de Elías. Recordemos
que una de las expectativas del pueblo judío era el regreso de
Elías. Según la interpretación judía Dios enviaría a Elías como
profeta de los últimos tiempos para preparar el pueblo a la
venida del Mesías. Pero, ¿por qué a Elías?: un motivo podría
ser el recuerdo del profeta celoso por el monoteísmo puro en
Israel, alguien que enfrentó los cultos baálicos y según 2Re
2,1-18 los derrotó; otro motivo de la expectativa de su regreso
podría ser la narración fantástica de su desaparición: según la
tradición, un carro de fuego lo arrebató. Elías es uno de los
pocos profetas que escapan de la muerte violenta, por tanto,
estando “en cuerpo y alma” delante de Dios, tendría como
misión anteceder la venida del Mesías.
:
Pero bien, el papel de Juan sabemos que fue de precursor,
“allanar los caminos del Señor”, preparar al pueblo y, además,
Juan lo señaló “he ahí el Cordero de Dios...”
Pero notamos que Jesús pasa del elogio de Juan a la aclaración
de algo muy importante: pueden haber otros más grandes que
Juan: esos serán lo que se hagan pequeños para servir al
reino. En el reino no hay rangos ni jerarquías, pero hay un
criterio, hacerse pequeño para poder servir al pequeño, al débil
y al marginado. Quien viva eso, será más grande que el mismo
Juan Bautista. Es probable que el mundo de hoy tan
preocupado por el brillo personal, la fama y la excelencia no
entienda que para hacerse grande hay que hacerse pequeño.
2-18. Fray Nelson Jueves 9 de Diciembre de 2004
Temas de las lecturas: Yo soy tu redentor, el Dios de Israel *
No ha habido ninguno más grande que Juan el Bautista .
1. La grandeza del Bautista
1.1 Llama nuestra atención que Jesús haga un elogio de
alguien. No es algo frecuente en los Evangelios. Y no es poco lo
que dice: "nadie mayor...".
1.2 Ahora bien, la traducción incluida en esta página dice: "no
ha surgido entre los hombres nadie mayor que Juan el
Bautista", pero está más cercano al texto original este otro
modo: "entre los nacidos de mujer no se ha levantado nadie
mayor que Juan el Bautista". En efecto, la expresión "nacidos
de mujer" equivale materialmente hablando a "los hombres, los
seres humanos", pero tiene también una connotación que no
debemos perder: "lo que puede dar una mujer a este mundo;
lo que la carne y la sangre pueden dar a esta tierra; lo que
puede lograr el ser humano desde sus propias fuerzas".
1.3 Y el sentido del texto sería: "lo más grande que puede
:
esperarse del ser humano, por sus propias fuerzas, es la
inmensa honestidad y la carga de verdad que brilla en Juan, el
Bautista". Eso explica lo que sigue: "sin embargo, el más
pequeño en el Reino de los cielos es mayor que él". Juan es el
gran "nacido de mujer, nacido de la carne y la sangre"; en
cambio, lo que nace para el Reino, no nace de la carne y la
sangre (cf. Jn 1,13). Se anuncia aquí el misterio del nuevo
nacimiento, que sólo se hace posible por la gracia de Cristo, y
que es imposible por el sólo arrepentimiento y la conciencia de
la indigencia humana.
2. El Reino de Dios sufre violencia
2.1 No hay acuerdo entre los estudiosos sobre el sentido de los
versículos que siguen en el evangelio de hoy. El Reino de los
Cielos "sufre violencia". No tengamos temor de entrar un poco
e la cuestión del texto, pues para ello se ofrecen estas
reflexiones por escrito, dando tiempo a todos a leer y
comprender a su propio ritmo.
2.2 El verbo difícil aquí es "biazetai", que puede estar en voz
pasiva o en voz media, es decir, reflexiva. En el primer caso, el
sentido sería que la gente violenta se vuelve en contra del
Reino o trata de apoderarse del Reino de Dios, cosa que tiene
sentido. En el segundo caso, el sentido sería que el Reino "se
da, experimenta" violencia, es decir, tiene que abrirse paso con
su propio poder y venciendo a los poderes de este mundo. Esto
segundo también es una enseñanza que podemos aprovechar.
2.3 Ahora bien, Jesús da unos límites a ese verbo. Dice: "desde
que apareció Juan el Bautista hasta ahora". Si el sentido fuera
que el Reino se abre paso sólo como a la fuerza, no se ve por
qué ese límite temporal. Probablemente el sentido de la
expresión de Cristo es: "en los términos de la predicación y la
vida de Juan sólo es posible entrar al Reino de Dios por un acto
de rompimiento, una especie de violencia". Y en efecto, la vida
misma del Bautista fue eso: un acto de ruptura, como violenta
:
protesta contra toda la mentira del pueblo y sus dirigentes. Si
uno mira a Juan y pretende entrar al Reino de Dios basándose
sólo en las palabrasy el ejemplo de Juan sólo puede sacar una
conclusión: "tengo que romper con todo para ser fiel a Dios".
Esta forma de "violencia" es la única posibilidad que queda
abierta si miramos la santidad desmesurada de este asceta
gigantesco, el Bautista, que, sin embargo, tuvo discípulos.
2.4 Esta entrada "violenta" era lo único que había "hasta
ahora". En efecto, con la llegada de Cristo hay una nueva
lógica, una nueva posibilidad de ingreso y posesión del Reino, a
través de la fe, la gracia, la efusión del Espíritu Santo y las
obras nuevas que de allí nacen. ¡Bendito Dios!
2-19.
Comentario: Rev. D. Ignasi Fabregat i Torrents (Terrassa-
Barcelona, España)
«El Reino de los Cielos sufre violencia y los violentos lo
arrebatan»
Hoy, el Evangelio nos habla de san Juan Bautista, el Precursor
del Mesías, aquél que ha venido a preparar los caminos del
Señor. También a nosotros nos acompañará desde hoy hasta el
día dieciséis, día en el que acaba la primera parte del Adviento.
Juan es un hombre firme, que sabe lo que cuestan las cosas,
es consciente de que hay que luchar para mejorar y para ser
santo, y por eso Jesús exclama: «Desde los días de Juan el
Bautista hasta ahora, el Reino de los Cielos sufre violencia, y
los violentos lo arrebatan» (Mt 11,12). Los “violentos” son los
que se hacen violencia a sí mismos: ¿Me esfuerzo para creerme
que el Señor me ama? ¿Me sacrifico para ser “pequeño”? ¿Me
esfuerzo para ser consciente y vivir como un hijo del Padre?
:
Santa Teresita de Lisieux se refiere también a estas palabras
de Jesús diciendo algo que nos puede ayudar en nuestra
conversación personal e íntima con Jesús: «Eres tú, ¡oh
Pobreza!, mi primer sacrificio, te acompañaré hasta que me
muera. Sé que el atleta, una vez en el estadio, de desprende
de todo para correr. ¡Saboread, mundanos, vuestra angustia y
pena, y los frutos amargos de vuestra vanidad; yo, feliz,
obtendré de la pobreza las palmas del triunfo». Y yo, ¿por qué
me quejo enseguida cuando noto que me falta alguna cosa que
considero necesaria? ¡Ojalá que en todos los aspectos de mi
vida lo viera todo tan claro como la Doctora!
De un modo enigmático Jesús nos dice también hoy: «Juan es
Elías (...). El que tenga oídos que oiga» (Mt 11,14-15). ¿Qué
quiere decir? Quiere aclararnos que Juan era verdaderamente
su precursor, el que llevó a término la misma misión que Elías,
conforme a la creencia que existía en aquel entonces de que el
profeta Elías tenía que volver antes que el Mesías.
2-20. El Reino de los Cielos exige esfuerzo
Fuente: Catholic.net
Autor: P. Cipriano Sánchez
Cuando uno ve que la vida de una persona, de un amigo o de
alguien muy querido está siendo un desierto, está siendo
estéril, podría pensar que de alguna forma Dios lo ha
abandonado. Sin embargo, cuando se presentan esta clase de
situaciones, uno tendría que pensar en las palabras del Profeta
Isaías: "Yo, el Señor, les daré una respuesta".
¿Cuál es la respuesta que nos da el Señor? Él nos invita a
trabajar, a esforzarnos, a no quedarnos con la impresión de
haber cumplido porque le puse un poquito de esfuerzo, a no
creer que yo ya puse mi parte y que ahora les toca a los demás
poner la suya. No debemos pensar que como lo hemos
:
intentado una, dos, tres veces, ya hemos cumplido. No se trata
de intentar, se trata de realizar. Y de realizar el testimonio
cristiano, la presencia de Jesucristo en nuestra vida.
Quienes son tibios, quienes se quedan en la mediocridad,
quienes no son capaces de resistir el esfuerzo constante, el
desgaste tremendo que supone el predicar, anunciar y ser
testigo en una sociedad indiferente, la mayoría de las veces, a
la Palabra de Dios, nunca lograrán conquistar el Reino de los
Cielos, de ningún modo alcanzarán la riqueza que Dios nos
puede dar.
La respuesta que el Señor da es su ayuda, su presencia cerca
de nosotros. Pero, requiere por nuestra parte, un trabajo de
acompañamiento a la Palabra de Dios por medio de la
respuesta de nuestra libertad y de nuestra voluntad.
"Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los
cielos exige esfuerzo, y los esforzados lo conquistarán". Cristo
se convierte para nosotros en el trofeo que tenemos que
conquistar. El Reino de Cristo se convierte para nosotros en la
misión con la que tenemos que batallar todos los días.
Qué fácil es —y lo vemos con frecuencia— empezar a hacer
buenas obras. ¡Qué fácil es comenzar apostolados, qué fácil es
empezar trabajos, qué fácil es hacer que otros se acerquen a
Jesucristo... , pero qué difícil es terminar, qué difícil llegar
hasta el final! Todos podemos sentirnos ilusionados con una
medalla en el pecho porque emprendimos y porque
comenzamos. Pero, ¿lo acabaste? Más aún, ¿terminaste con
toda la grandeza que esa semilla de Dios tenía que producir
por medio de tu trabajo?
Recordemos que no solamente es obra nuestra, es Dios quien
nos da la mano. Pero, para que las obras del Señor den frutos,
nuestra libertad tiene que estar dispuesta a colaborar con Él.
Los grandes proyectos de vida cristiana no van a depender
:
mucho de si nosotros hicimos, organizamos, lo manejamos,
subimos o bajamos, sino sobre todo, van a depender de si en
nuestro interior —a veces desértico, a veces un yermo—,
hemos permitido a Dios actuar. Y actuar con toda la potencia,
con toda la fuerza y con toda la fecundidad espiritual que Él
quiere para cada uno de nosotros.
"Adviertan y entiendan, de una vez por todas, que es la mano
del Señor la que hace esto, que es el Señor de Israel quien lo
crea". No somos nosotros quienes lo hacemos; es la mano del
Señor quien lo hace. A nosotros nos toca corresponder con
generosidad. Esforcémonos, pongamos lo mejor de nosotros,
pero sobre todo, abramos el corazón a la misericordia de Dios
que viene para que nuestra existencia sea una vida cada vez
más llena de la luz que el Señor quiere darnos, que el Señor
viene a traer a nuestro corazón para consolarlo, para
fortalecerlo, para hacerlo fecundo, para transformarlo y,
transformado, hacerlo transformante del mundo que nos rodea.
No creo que nosotros estemos llamados a misiones sobre
humanas, sin embargo, no permitamos que nuestra pequeña y
corta visión impida la grandeza de la manifestación del Señor
en cada una de nuestras vidas, pues sólo así podremos vivir en
la Iglesia un verdadero compromiso cristiano, seguros de que
el Dios de Israel no nos abandonará.
Isaías: 41, 13-20
San Mateo: 11, 11-15
2-21. 2ª Semana de Adviento. Jueves
En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de
mujer nadie mayor que Juan el Bautista. Pero el más pequeño
en el Reino de los Cielos es mayor que él. Desde los días de
Juan hasta ahora, el Reino de los Cielos padece violencia, y los
esforzados lo conquistan. Porque todos los Profetas y la Ley
:
profetizaron hasta Juan. Y si queréis comprenderlo, él es Elías,
el que ha de venir. El que tenga oídos, que oiga. (Mt 11, 11-
15)
I. Juan el Bautista es Elías, el Profeta que había de venir, según
estaba escrito, para prepararte el camino. Con él se acaba el
Antiguo Testamento.
Juan es el más grande de esta etapa, el más fiel a Dios, el más
unido a Ti. No ha surgido entre los nacidos de mujer nadie
mayor que Juan el Bautista.
Pero empieza una nueva era, la del Reino de los Cielos, que
Juan anuncia como próxima. Es la era de la Gracia: el Nuevo
Testamento, sellado con tu propia sangre, Jesús. ¿Cómo nos
unirá a Ti la Gracia que recibimos en los sacramentos, para que
puedas decir: pero el más pequeño en el Reino de los Cielos es
mayor que Juan? Ni siquiera Juan el Bautista con todas sus
virtudes, con todo su sacrificio, con todas las profecías que
hizo, se puede comparar al último de los cristianos en estado
de gracia: porque, con el Bautismo, somos hechos hijos de
Dios.
La gracia es una participación en la vida de Dios. Nos introduce
en la intimidad de la vida trinitaria: por el Bautismo el cristiano
participa de la gracia de Cristo, Cabeza de su Cuerpo. Como
«hijo adoptivo» puede ahora llamar «Padre» a Dios, en unión
con el Hijo único. Recibe la vida del Espíritu que le infunde la
caridad y que forma la Iglesia [28].
Jesús, a veces no me doy cuenta de lo importante que es estar
en gracia, sin pecado mortal. No me doy cuenta de que
entonces te tengo dentro de mí, junto con el Padre y el Espíritu
Santo: Dios dentro de mí, dentro de mi casa. Por eso no doy
tampoco importancia al pecado, que me da la «libertad» de
echarte de mi alma, como a un intruso.
:
Jesús, que no te expulse de mi alma nunca, nunca. Y para
conseguirlo, me he de acostumbrar a poner la lucha lejos de
las caídas graves, en cosas pequeñas: en el cumplimiento fiel
del plan de vida, en hacer pequeñas mortificaciones, en
estudiar o trabajar las horas previstas, en tener detalles de
servicio con los demás.
II. Algunos se comportan, a lo largo de su vida, como si el
Señor hubiera hablado de entregamiento y de conducta recta
sólo a los que no les costase -¡no existen!-, o a quienes no
necesitaran luchar.
Se olvidan de que, para todos, Jesús ha dicho: el Reino de los
Cielos se arrebata con violencia, con la pelea santa de cada
instante [29].
El Reino de los Cielos, que es vivir con Dios, se alcanza con
lucha: los esforzados lo conquistan. Vivir contigo, Jesús,
cumpliendo tu voluntad, sirviéndote y amándote, no es una
fantasía sentimental -sentimentaloide- en la que nada cuesta y
todo va rodado. ¡Hay que luchar! Tú mismo me has dicho: Si
alguno quiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz y
sígame [30]. He de luchar contra mí mismo: contra mi propia
voluntad, si es contraria a la tuya; contra comodidades y
gustos personales.
Jesús, a veces me desanimo porque me cuesta seguirte. Y
entonces pienso: «esto no es para mí»; «yo es que soy así; en
cambio, a ése otro sí que le va: lo hace todo bien». ¿Es que no
le cuesta a «ése otro»? Lo que ocurre es que soy un comodón,
y no quiero luchar lo que debería. Espabílame, Jesús. No dejes
que caiga en la tibieza -la lucha a medias- porque la tibieza
atonta, y si no la combato, cada vez me costará más luchar.
El que tenga oídos, que oiga. No me sugieres: «si te resulta
fácil ... »; sino que me das tu gracia, me tocas por dentro y me
:
dices: «tú que tienes formación, sígueme más de cerca».
Jesús, aunque me cueste, quiero seguirte. Si te sigo de verdad,
me enamoraré más y más de Ti, y me costará menos luchar.
Pero siempre tendré que luchar, porque sólo los esforzados te
conquistan.
[28] Catecismo, 1997.
[29] Surco, 130.
[30] Mt 16, 24.
Comentario realizado por Pablo Cardona.
Fuente: Una Cita con Dios, Tomo Adviento y Navidad, EUNSA
2-22. Reflexión:
Is. 41, 13-20. Después de que el pueblo de Israel se había
multiplicado como las estrellas del cielo, y como las arenas de
las playas, ahora, en el destierro se ha reducido a un resto fiel,
pues muchos, ya establecidos en esas tierras extrañas, se han
olvidado de Dios dedicándose a sus negocios. Y el Señor
contempla a los suyos como a un gusano indefenso, temeroso
de que alguien lo pise y ahí termine todo. Pero, puesto que son
el resto que aún le pertenece al Señor, Él le habla con amor y
ternura diciéndole: ¡no temas, pues yo estoy contigo; estoy de
tu parte! Más aún soy tu Redentor (go' el), es decir, el que sale
en tu defensa para liberarte de tus enemigos, incluso a costa
de la entrega de mi propia vida. Y Dios ha cumplido esta
Palabra que nos ha dirigido, pues por medio de su propio Hijo,
hecho uno de nosotros, nos libró del pecado y de la muerte,
dando su vida por nosotros. Y ahora, a la Iglesia, le ha
confiado el perdón de los pecados, no sólo en la administración
del sacramento de la Reconciliación, sino también en la entrega
de la propia vida, para que los demás tengan vida. El Señor
nos quiere cercanos a los demás, especialmente a los pobres y
desprotegidos, para remediar sus males. Procuremos, pues,
continuar con la obra redentora que Cristo confió a su iglesia.
:
Sal. 145 (144). El Señor nos ha trasladado de la muerte a la
vida. Esa es la obra salvadora que Él ha realizado a favor
nuestro, mediante su Misterio Pascual. Por eso, a partir de
haber sido amados y perdonados por Dios, hemos de iniciar
una nueva vida, cuyo comportamiento sea una continua
alabanza y bendición de su Santo Nombre. Pero no sólo nos
hemos de conformar con alabar al Señor de un modo personal.
A partir de haber experimentado el amor de Dios, hemos de
anunciar su Nombre a los demás, de tal forma que, viendo
nuestras buenas obras, también ellos retornen al Señor y lo
glorifiquen con una vida intachable. Así estaremos
contribuyendo para que el Reino de Dios se vaya construyendo,
ya desde ahora, entre nosotros. Si queremos, no sólo hablar de
Cristo, sino ser sus testigos, seamos los primeros en vivir como
fieles discípulos suyos, escuchando su Palabra y poniéndola en
práctica.
Mt. 11, 1-15. Qué gran dicha la de Juan el Bautista de ser el
precursor del Mesías, de presentarlo ante la humanidad como
el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Todos los
profetas anunciaban al Señor, Juan lo señaló entre los
hombres. Esa es la importancia del papel del Bautista, en el
que culmina el camino de la antigua humanidad hacía Cristo,
cumplimiento de las promesas divinas. Ahora nosotros somos
los beneficiarios de la Redención. Reconocemos que somos
polvo y ceniza; que somos pecadores; que somos como
gusanos, que sólo se arrastran por el suelo. Pero si confiamos
en el Señor, nuestro Redentor, Él nos elevara mucho muy por
encima incluso de los mismos ángeles, pues seremos hechos
hijos de Dios. Sólo se nos pide la apertura al Don de Dios y
permanecer fieles al Señor, unidos a Él íntimamente, como el
sarmiento permanece unido al tronco de la vid; por eso, si en
verdad queremos ser hijos de Dios y colaborar para que el
Reino de Dios se vaya afianzando entre nosotros, dejemos que
el espíritu de Dios conduzca nuestra vida; y así, aunque
:
seamos los más insignificantes, seremos dignos del Reino de
Dios, pues Él nos ama, y quiere salvar a los que le
permanezcamos fieles hasta el final.
Nuestra vida debe ser un continuo caminar hacia la posesión
de los bienes definitivos. Sin embargo, sabemos que
constantemente estamos expuestos a una diversidad de
tentaciones, que quisieran apartarnos del camino del bien.
Nuestra propia concupiscencia nos inclina más al mal que al
bien; y, como nos recuerda san Juan de la Cruz: "aunque el
camino es llano y suave para los hombres de buena voluntad:
el que camina caminará poco y con trabajo si no tiene buenos
pies y ánimo y porfía animoso en eso mismo." Y para esto no
bastan nuestros débiles y frágiles esfuerzos y decisiones; es
necesario dejarse amar por Dios, dejarse acoger por Él y dejar
que su Vida se ha nuestra vida; entonces será distinto, pues Él
llevará a cabo su obra de salvación en nosotros, pequeños y
humillados, pero totalmente confiados en Él. Y esta nuestra
confianza en Él; y esta nuestra entrega a Él; y el que Él nos
reciba y haga suyos, tomándonos bajo su cuidado, llega a su
plenitud en nosotros al participar de la Eucaristía.
Permanezcamos en su amor para que esté siempre no sólo con
nosotros, sino en nosotros y pueda, así, guiar nuestros pasos
por el camino del bien, conforme a su voluntad santísima.
No temas. Ojalá y nosotros, como Iglesia, realmente
cumplamos con la Misión que el Señor nos ha confiado de
convertirnos en un signo del amor salvadora y protector de
Dios para los desvalidos. Hay muchos clamores de libertad en
el mundo, pues muchos han quedado esclavizados por los
poderosos, de los que dependen apenas para sobrevivir;
víctimas de la injusticia, son comprados por un par de
sandalias y se les trata como a bestias de trabajo, o como a un
engranaje más de la maquinaria de producción; así,
conculcados sus derechos fundamentales, viven desprotegidos
de su dignidad y faltos de esperanza. Muchos han huido de esa
:
vida indigna y se han refugiado en la violencia, para reclamar
sus derechos. Muchos, queriendo olvidar su realidad injusta, se
han refugiado en la droga, en el alcohol, o en el desenfreno
hueco de felicidad. En el fondo late una esperanza, casi
apagada, ansiando una libertad que no alcanza a llegar.
¿Dónde está la Iglesia, portadora de libertad? Ojalá y no nos
refugiemos en una vida pietista e intimista. Ojalá y no seamos
los primeros en ser los causantes del mal de nuestros
hermanos. Ojalá y no nos convirtamos en unos mercaderes del
Evangelio. El Señor nos quiere como testigos de su amor, de su
misericordia, de su liberación, de su alegría y de su paz.
¿Realmente somos un signo creíble de Jesucristo, Salvadora y
Redentor en el mundo? Ojalá y no nos llenemos de orgullo,
sino que nos hagamos pobres con los pobres, pequeños con los
pequeños, para caminar, junto con ellos, a impulsos del Espíritu
Santo, hacia una vida más fraterna, más digna y más en paz,
hasta lograr nuestra plena liberación y salvación en la
eternidad.
Roguémosle al Señor que nos conceda, por intercesión de la
Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de
esforzarnos continuamente en conquistar el Reino de Dios para
que, ya desde ahora, se vaya haciendo realidad entre nosotros.
Amén.
Homiliacatolica.com
2-23.
Reflexión
Verdaderamente el Reino exige esfuerzo… ser cristiano y hacer
que la vida cristiana sea una realidad no es algo que sucede
por arte de magia, sino que exige de la cooperación de cada
uno de nosotros. Es necesario por ello estar convencidos de
que verdaderamente vale la pena ser cristiano. Si no estamos
:
completamente convencidos de que la vida en el Reino, que la
vida cristiana es la mejor opción y oportunidad que tiene el
hombre para ser feliz y alcanzar la plenitud y su realización,
será muy difícil que el Reino se haga una realidad. ¿Estás
convencido de que ser cristiano vale la pena? De esta
respuesta depende el esfuerzo que harás, no sólo en adviento,
sino toda tu vida para vivir conforme al evangelio y permitir
que la vida en el Espíritu sea una realidad en ti.
Que pases un día lleno del amor de Dios.
Como María, todo por Jesús y para Jesús
Pbro. Ernesto María Caro
2-24. 09 de Diciembre
217. Comenzar de nuevo
I. El Reino de Dios padece violencia, y quienes se esfuerzan lo
conquistan (Mateo 11, 12). Padece violencia la Iglesia por
parte de los poderes del mal, y padece violencia el alma de
cada hombre, inclinada al mal como consecuencia del pecado
original. Será necesario luchar hasta el final de nuestros días
para seguir al Señor en esta vida y contemplarle eternamente
en el Cielo. La vida del cristiano no es compatible con el
aburguesamiento, la comodidad y la tibieza. El Adviento es un
tiempo propicio para que examinemos cómo luchamos contra
las propias pasiones, los defectos, el pecado, el mal carácter.
Esta lucha que nos pide el Señor a lo largo de nuestra vida,
muchas veces se concretará en fortaleza para cumplir
delicadamente nuestros actos de piedad con el Señor, sin
abandonarlos por cualquier cosa, o por el estado de ánimo; se
concretará en el modo de vivir la caridad, en hacer un
apostolado eficaz a nuestro alrededor. El Señor está a nuestro
lado y ha puesto un Ángel Custodio que nos ayudará en la
:
lucha, si acudimos a él.
II. En nuestro andar hacia el Señor no siempre venceremos,
tendremos muchas derrotas; unas de escaso relieve; otras
tendrán importancia, pero el desagravio y la contrición nos
acercarán más a Dios. Y comenzaremos de nuevo sin
pesimismo –fruto de la soberbia-, con paciencia y humildad,
pidiendo más ayuda al Señor. Nuestro amor a Dios se
manifiesta no tanto en los éxitos que creemos haber
alcanzado, sino en la capacidad de comenzar de nuevo, de
renovar la lucha interior. Pidamos hoy a la Virgen la gracia de
no abandonarla jamás y la humildad de recomenzar siempre.
III. No comenzamos de nuevo por un empeño personal, como
si tratáramos de afirmar que nosotros podemos sacar adelante
las cosas. Nosotros no podemos nada. Precisamente, cuando
nos sentimos débiles, la fuerza de Cristo habita en nosotros (2
Corintios 11-12). ¡Y es una fuerza poderosa! El fundamento de
nuestra esperanza está en que el Señor desea que
recomencemos de nuevo cada vez que hemos tenido un
fracaso, quizá aparente, en nuestra vida interior o en nuestro
apostolado. “Detesta con todas tus fuerzas la ofensa que has
hecho a Dios y, con valor y confianza en su misericordia,
prosigue el camino de la virtud que habías abandonado” (SAN
FRANCISCO DE SALES, Introducción a la vida devota).
Tenemos una Madre y un Ángel custodio que nos ayudan.
Fuente: Colección "Hablar con Dios" por Francisco Fernández
Carvajal, Ediciones Palabra. Resumido por Tere Correa de
Valdés Chabre
2-25. CLARETIANOS 2004
Queridos amigos y amigas:
1. Espíritu Santo, concédeme el don del temor de Dios para
:
que acoja la Palabra con valor.
2. Isaías 41,13-20: Yo el Señor tu Dios te agarro por la mano y
te digo: No temas, yo mismo te auxilio. Tu Redentor es el
Santo de Israel. Te convierto en trillo aguzado... y tú te
alegrarás con el Señor. Los pobres y los indigentes buscan
agua... Yo, el Dios de Israel no les abandonaré... Transformaré
el desierto en estanque y el yermo en fuentes de agua,...
alumbraré ríos en cumbres peladas... para que vean y
conozcan, reflexionen y aprendan de una vez, que la mano del
Señor lo ha hecho, que el Santo de Israel lo ha creado.
Mateo 11,11-15: No ha nacido de mujer uno más grande que
Juan el Bautista, aunque el más pequeño en el Reino de los
Cielos es más grande que él. El Reino de Dios hace fuerza y los
esforzados se apoderan de él. El que tenga oídos que escuche.
3. Toma mi mano, Señor, agárrame fuerte, pues estoy perdido
y sin fuerzas para afrontar el camino. Un mar de dudas me
inquieta y a cada paso me topo con la cruda realidad: Soy
menos de lo que soñé. ¡Cuánto me cuesta aceptar este
momento, esta verdad de mi ser! Y Tú me dices: "No temas,
yo mismo te auxilio y me estrecho a ti porque soy tu Redentor.
Lo que ahora ves sin mordiente, lo verás como trillo aguzado
para proclamar mi Palabra... y tú te alegrarás con el Señor".
¿Es posible, Señor, que puedas transformar este desierto en
estanque y este yermo que no da fruto en fuente de agua viva?
¿Es posible que puedas alumbrar un río en este monte pelado y
sin futuro? ¿Crees que dentro de un tiempo podré acudir a Ti
como quien está alegre por encontrar el camino de llevar tu
Palabra a mis hermanos? ¿Crees que yo seré causa de
salvación para que vean y conozcan, reflexionen y aprendan de
una vez, que la mano del Señor es quien modela este
universo?
Bendito seas Señor porque me has hecho nacer en tu Reino, el
más pequeño. Bendito y alabado seas, Señor, porque tu Reino
hace fuerza en mi interior para nacer un hombre nuevo. Dame
:
las condiciones apropiadas para esforzarme por tu Reino, para
que sea posible el milagro de romper fronteras. Cuando el
mensaje esté claro, dame valor para asumirlo aunque cree en
mí rechazo o ira, pero que no tire la toalla al apostar por tu
Reino en estos días. Quiero entrar en tu Reino, siendo sólo Tú
quien te ocupes de mí. No me abandones, Dios mío.
Vuestro hermano en la fe:
Miguel A. Niño de la Fuente, cmf.
[email protected] 26.
Fuente: Fundación GRATIS DATE
Autor: P. Manuel Garrido Bonaño, O.S.B.
El canto de entrada lo hacemos con el Salmo 118,151-
152: «Tú, Señor, estás cerca y todos tus mandatos son
estables; hace tiempo comprendí tus preceptos, porque Tú
existes desde siempre». El programa de nuestra vida nos lo
presenta la antífona para la comunión: «Llevemos ahora una
vida sobria, honrada y religiosa, aguardando la dicha que
esperamos: la aparición gloriosa del gran Dios» (Tit 2,12-13).
La oración colecta (Gelasiano) pide al Señor que despierte
nuestros corazones y que los mueva a preparar los caminos de
su Hijo, para que cuando venga podamos servirte con una
conciencia pura.
–Isaías 41,13-20: Yo soy tu Redentor, el Santo de Israel.
Los judíos en el destierro han sido como un gusano pisoteado
por las naciones. Pero Yavé lo defiende, lo lleva en la mano.
Hace de Él un instrumento de purificación para los enemigos de
Dios: trillo que tritura, bieldo que aventa. Yavé es su libertador.
Él mismo será fuente para su pueblo sediento. El mundo
reconocerá el poder de Dios.
:
Esto se ha visto en los tiempos mesiánicos. El Señor libera
al hombre del hambre, de la miseria, de la esclavitud, de la
ignorancia y de las enfermedades, es uno de los anhelos de la
humanidad. El hombre incrédulo piensa que todo está en sus
manos, pero se equivoca, porque el egoísmo es el mayor
enemigo de los males de este mundo. El hombre egoísta solo
piensa en su propio bienestar. Solo Dios y los que lo aman
pueden ser la salvación del mundo en todos los tiempos. Dios
es nuestro libertador, porque solo en Él se halla la solución de
los problemas humanos. Solo Él puede suscitar en los hombres
sentimientos humanitarios. De todos modos la raíz de todos los
males es el pecado y solo Dios puede perdonarlo.
Juan el Bautista envió una embajada a Jesús para ver si Él
era el Mesías. Jesús da la respuesta: «Los ciegos ven, los
paralíticos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen,
los muertos resucitan, la alegre noticia es anunciada a los
pobres» Nosotros somos los ciegos, los paralíticos, los
leprosos, los muertos. Cristo ha venido y nos ha curado, nos ha
resucitado a la vida de la gracia. No tenemos necesidad de más
Mesías ni de mesianismos. Cristo ha venido y con Él la
salvación de todo el mundo, un nuevo orden social que mitiga
y suprime la miseria humana.
–El Salmo 144 canta con gozo esta verdad: «El Señor es
clemente y misericordioso, lento a la ira y rico en piedad. Te
ensalzaré, Dios mío, mi Rey, bendecir tu nombre por siempre
jamás. El Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus
criaturas. Por eso queremos que todas las criaturas le den
gracias, lo bendigan sus fieles, proclamen la gloria de su
reinado, que hablen de sus hazañas, explicando sus hazañas a
los hombres, la gloria y majestad de su reinado, porque su
reinado es un reinado perpetuo y su gobierno va de edad en
edad». «De su plenitud todos hemos recibido, gracia por
gracia» (Jn 1,12. 16) «Sabemos que hemos sido
transplantados de la muerte a la vida» (1 Jn 3, 14). «Vivamos,
pues, la novedad de esta vida» (Rom 6,4), como verdaderos
:
hijos de Dios, participando de su naturaleza divina.
–Mateo 11,11-15: Ninguno más grande que Juan el
Bautista. El Antiguo Testamento tuvo la misión de preparar la
venida del Mesías. El último profeta fue el Bautista, que lo
señaló con el dedo. Jesús de Nazaret es el que inaugura la
nueva era. Con Él hemos sido hechos hijos adoptivos de Dios y
coherederos de su gloria. Pero, hemos de luchar, ser
comprometidos con entera radicalidad con lo que exige esa
nueva vida. Así lo expresa San León Magno:
«¿Cómo podrá tener parte en la paz divina aquél a quien
agrada lo que desagrada a Dios y el que desea encontrar su
placer en cosas que sabe ofenden a Dios? No es ésta la
disposición de los hijos de Dios, ni la nobleza recibida con su
adopción... Grande es el misterio encerrado en este beneficio,
que Dios llame al hombre hijo y el hombre llame a Dios Padre.
Estos títulos hacen comprender y conocer a quien se eleva a tal
altura de amor... Nuestro Señor Jesucristo, al nacer
verdaderamente hombre, sin dejar de ser verdaderamente
Dios, ha realizado en sí mismo el origen de una nueva criatura,
y en el modo de su nacimiento ha dado a la humanidad un
principio espiritual.
«¿Qué inteligencia podrá comprender tan gran misterio,
qué lengua narrar una gracia tan grande? La injusticia se
vuelve inocencia; la vejez, juventud; los extraños toman parte
en la adopción; y las gentes venidas de otros lugares entran en
posesión de la herencia. Desde este momento, los impíos se
convierten en justos; los avaros, en bienechores; los
incontinentes, en castos; los hombres terrestres, en hombres
celestes (cf. 1 Cor 15, 49), ¿De dónde viene un cambio tan
grande sino del poder del Altísimo? El Hijo de Dios ha venido a
destruir las obras del diablo. Él se ha incorporado a nosotros y
a nosotros nos ha incorporado a Él, de modo que el descenso
de Dios al mundo de los hombres fue una elevación del hombre
hasta el mundo de Dios» (Homilía 7ª sobre la Natividad del
:
Señor, 3 y 7)
La fe cristiana es un don de Dios, pero ella exige del
hombre una entrega, una elección. Los valores auténticamente
humanos pueden preparar al cristianismo, pero éste exige un
salto más allá de la humanidad. Quiere una decisión tomada
delante de Cristo, aceptándolo como modelo que transforma
radicalmente la experiencia humana. Reducir la religión
cristiana a los límites de lo razonable, de lo «honesto» en el
sentido únicamente humano, es una tentación a la que se
recurre con frecuencia. Esto no significa que para ser buenos
cristianos no se tenga que ser ante todo razonables y
honestos. Pero vivamos con Cristo una vida nueva.
Continuemos en nosotros la misma vida de Cristo. Seamos
todos un nuevo Cristo viviente. El verdadero cristiano es un
sarmiento unido a la Vid que es Cristo. Si nosotros no ponemos
obstáculos, la vida de Cristo es nuestra vida. Nos preparamos
para la Navidad en que se ha de consumar nuestra plena unión
con Cristo
: