VISION PANORAMICA DE LA NARRATIVA
COSTARRICENSE
POR
QUINCE DUNCAN
Universidad Nacional, Costa Rica
I. UNA LECTURA HISTORICO-SOCIAL
El presente articulo es resultado de una investigaci6n realizada en
el Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional
(IDELA) 1 y esti estructurado sobre un conjunto de instrumentos te6ricos
y metodol6gicos al que se le ha dado el nombre de ficciologia. Definase
como disciplina que tiene por objeto de estudio el fen6meno de la fic-
ci6n 2, o sea, el estudio de cuanto compete a la producci6n lingiiistica
generalmente aceptada como invenci6n poetica o suceder imaginario 2.
Desde este punto de vista, la ficci6n se considera un sistema de expresi6n
artistica que utiliza la lengua para comunicar una realidad imaginaria
construida dial6cticamente con base en el entorno hist6rico estructural.
La ficci6n, como arte de la palabra, forma parte de un todo correla-
cionado. Tiene, ciertamente, su autonomia relativa con relaci6n a sus
fuentes, pero a la vez se integra a su entorno en un doble sentido: como
expresi6n del sistema ideol6gico de un grupo social y como medio de ese
mismo sistema para darle cohesi6n al pensamiento colectivo.
Como sistema, la ficci6n no es, pues, un simple agregado de elemen-
tos. Es una realidad nueva, potenciada, cualitativamente distinta de aque-
1lo que le dio origen. Se produce con arreglo a un c6digo est6tico pre-
existente en la sociedad (al menos parcialmente). Cada obra de ficci6n
surge entonces de la comunidad, como producto del trabajo de un autor
1Ademas del suscrito, formaron parte del equipo los licenciados Mayela Mora
(filologia), Julian Gonzalez (literatura) y Guillermo Jimenez (historia y estudios
latinoamericanos). El licenciado Duncan es graduado en literatura y en estudios
latinoamericanos.
2 Ariel Bignami, Qud es literatura? (Buenos Aires: Editorial Boedo, 1978).
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inserto en ese ambiente social. Y cada obra de ficci6n, como producto
creado para la circulaci6n social , se integra a la realidad comunal al do-
cumentar e interpretar las experiencias colectivas, estimulando la reflexi6n
sobre ellas y la voluntad de transformar el suceder real.
La ficci6n no es, pues, un elemento tangencial de las sociedades. Surge
de y se vincula con las sociedades de un modo sistemico. Son sus insumos
la experiencia hist6rica colectivamente configurada en relaci6n con la na-
turaleza y factores hist6ricos tales como modo de producci6n, relaciones
sociales al interior de los grupos o en relaci6n con otros grupos, visiones
del mundo generadas en el seno de las colectividades e impacto de esa
experiencia colectiva (del que el autor participa) en la psique del produc-
tor de ficci6n, su propia inserci6n en la estructura productiva, la asunci6n
o rechazo del statu quo.
Una obra de ficci6n plantea siempre una pluralidad de elementos y
una pluralidad de visiones del mundo. La visi6n del autor se articula por
identificaci6n plena, afinidad critica o en oposici6n al orden social, o a
un conjunto de ideas determinado. Mas los procesos de programaci6n
ideol6gica de las sociedades son tales, que logran encontrar expresi6n en
la obra de ficci6n muchas veces, a pesar de cuales sean o hayan sido las
intenciones conscientes del autor. Muestra asi la obra de ficci6n la comn-
plejidad de la realidad social hist6ricamente configurada, realidad que
trasciende incluso la conciencia individual.
Por otra parte, hay que mantener presente a lo largo del articulo que
la ficci6n es considerada como un fen6meno universal. Como forma de
expresi6n de experiencia humana, la ficci6n es un producto de la colecti-
vidad, de donde resulta que su producci6n es una capacidad comtin a to-
dos los grupos humanos y a todas las personas. El autor de renombre tan
s61o es aquel cuya producci6n ficcional es aceptada por la comunidad en
el proceso de circulaci6n social, sea por su contenido o por su forma,
coherente con el modelo y las normas est6ticas de un buen nuimero de
miembros de la comunidad, siempre que, desde luego, tenga acceso a me-
dios eficaces de difusi6n.
Ahora bien, no toda producci6n ficcional alcanza el mismo nivel de
congruencia con las estructuras ideol6gicas y est6ticas de la sociedad ni
todos los autores expresan su mensaje con un grado 6ptimo de eficacia.
La producci6n ficcional surge de la conciencia siguiendo tres pasos 16gi-
cos o niveles de expresi6n. Un primer nivel de asombro que refleja sim-
plemente el impacto del descubrimiento, de la novedad, de relaciones
antes insospechadas. Un segundo nivel reflexivo en que la producci6n fic-
Nestor Garcia Canclini, La produccidn simbdlica (M6xico: Siglo XXI, 1979).
PANORAMICA DE LA NARRATIVA COSTARRICENSE 81
ticia se orienta hacia la bdsqueda de una explicaci6n, realiza un anlisis,
produce una sintesis. Y un tercer nivel de didaxia, en que, frente a la
explicaci6n de lo que es surge la idea de Lo que debe ser y de lo que no
debe ser.
De conformidad con lo anterior, la ficci6n cumple diversas funciones
sociales. Una funci6n testimonial, como testigo de hechos y fen6menos
naturales, sociales y psiquicos; una funci6n reflexiva que sistematiza e in-
terpreta las ideas de un grupo social frente a fen6menos y hechos natura-
les, hist6ricos y psiquicos. Y finalmente, una funci6n diddctica en que se
puede asumir una postura de identificaci6n plena y acritica con
dando validez universal a un conjunto de valores; se puede alternativa-
o10
dado,
mente mostrar algin grado de afinidad critica, cuestionando ciertos aspec-
tos de lo dado, o bien adoptar una posici6n contestataria que niegue la
fundamentaci6n de lo dado y busque su sustituci6n total.
Pero estas funciones aparecen mediatizadas. La producci6n misma (se-
lecci6n de temas, por ejemplo), asi como la receptividad y la divulgaci6n,
dependen de muchos factores del entorno, lo que Garcia Canclini Ilama
el campo artistico . En la sociedad capitalista ese conjunto de factores
estd integrado por elementos tales como tamafio y capacidad adquisitiva
del mercado, caracteristicas especificas del Estado (democracia, militaris-
mo), niveles de censura, acceso del autor a editoriales, industria produc-
tora, critica literaria y otros. En la sociedad socialista habria que privile-
giar otros aspectos tales como objetivos de planificaci6n del Estado, grado
de identificaci6n del productor con los objetivos socialistas, mayor o me-
nor grado de censura coyuntural, capacidad t6cnica de la industria pro-
ductora y otros.
En las sociedades comunitarias esa mediatizaci6n es muy relativa,
puesto que, al ser toda la producci6n ficticia oral, el autor o el cuenta
cuentos tiene acceso directo al piblico.
Desde luego que la mayor parte de las obras de ficci6n tienden a la
polifuncionalidad, siendo la monofuncionalidad, mas que la regla, una
excepci6n. Y por supuesto que, a pesar de la estructuraci6n mis o menos
rigida del campo artistico, los autores contestatarios siempre logran for-
mas de difusi6n no convencionales que pueden, bajo ciertas circunstan-
cias, facilitar una aceptaci6n muy vasta de su obra a pesar del sistema.
Las anteriores premisas dan lugar a la ficciologia como disciplina. Se
justifica por el caracter especifico de su objeto de estudio: un suceder
4No hay espacio aquf para abundar sobre los hallazgos relativos al campo artis-
tico en Costa Rica. En el estudio se dedica un capitulo a la critica, analizandola
hist6ricamente.
82 QUINCE DUNCAN
imaginario por forma y contenido; autonomia relativa de la ficci6n en
relaci6n con sus fuentes (no es ya ni la sociedad, ni el autor, ni un infor-
me fiel del suceder real). Y se da por sentado que el estudio ficciol6gico
de una obra o de un conjunto de obras ficcionales es la bisqueda de rela-
ciones de coherencia entre el suceder imaginario y su correspondencia
probable con el suceder real. Es la pesquisa de las fuentes de producci6n
presentes en la historia, en los discursos no ficcionales, en las estructuras
sociales. Y con la clara convicci6n de que el autor no es un mero trans-
criptor, el estudio ficciol6gico es tambi6n el andlisis de la funci6n social,
potencial o efectiva que cumplen o pueden cumplir las obras de ficci6n en
un entorno seialado.
El presente estudio de la narrativa costarricense no es una simple cla-
sificaci6n por escuelas o generaciones, un ordenamiento cronol6gico ni
una catalogaci6n. No es tampoco una relaci6n biogrdfica ni critica pura
en un sentido est6tico. Es una interpretaci6n que pesquisa tanto lo expli-
cito en las obras de ficci6n como lo implicito, sean sus posibles implica-
ciones sociohist6ricas.
Se ha descartado por el momento la producci6n ficcional oral y la
que, aun habiendo sido producida por costarricenses, no esta en lengua
castellana. Se trata de un estudio del suceder imaginario, es decir, de fic-
ci6n, en su doble dimensi6n de contenido y forma. Se privilegia a los
autores costarricenses nacidos en el pais y formados en 61, o al menos
totalmente integrados a la problemdtica nacional. Todo lo anterior, en su
configuraci6n hist6rico-social.
II. GENESIS DE LA NARRATIVA COSTARRICENSE
No hay documentos que evidencien la existencia de una ficci6n escrita
en Costa Rica en los periodos precolombino y colonial de su historia. Los
grupos indigenas no parecen haber desarrollado la grafia y los pobladores
coloniales eran de base rural, agraria; aislados, pobres y, por tanto, con
un bajo nivel de desarrollo de ciertas formas de cultura tales como la
literaria.
Inclusive, los costarricenses resistieron la vida urbana, a tal punto
que las autoridades coloniales tuvieron que tomar medidas de coerci6n
para agruparlos, obligando a cada familia a mantener una casa en pobla-
do y a habitarla una parte de la semana. Con esto se logr6 vincularlos a
la Iglesia y al Estado, facilitando su participaci6n en actividades ceremo-
niales y tributarias.
Esta sencilla vida campesina dio origen a una ficcion oral en forma
PANORAMICA DE LA NARRATIVA COSTARRICENSE 83
de leyendas, relatos de viaje, coplas. Pero no produjo una narrativa escri-
ta significativa.
Los primeros afios de vida independiente, a partir de 1821, no produ-
jeron un cambio repentino. Este primer periodo de la historia del Estado
Nacional, denominado por el presente estudio periodo patricial, dio lugar
a algunas cr6nicas dispersas aquf y alli, sin una clara intencionalidad
ficcional.
Sin embargo, durante estos primeros aios (1821-1838) se dieron pa-
sos importantes, que luego repercutieron directamente sobre el desarrollo
cultural del pais. Desde el punto de vista econ6mico, el comercio se activ6,
ya sin las restricciones coloniales. El esquema sigui6 siendo de una pro-
ducci6n de unos cuantos productos para el mercado internacional y la
produccion a nivel de subsistencia de bienes de consumo local. Los crio-
Ilos, terratenientes de origen espaiol nacidos en Costa Rica, sustituyeron
a los peninsulares en el control del Estado. La oligarquia de Cartago, la
capital colonial, ejerce una fuerte influencia en el gobierno. Se desarrolla
la clase media baja, compuesta por chacreros (pequefios propietarios de
tierra), y una poblaci6n servil, conformada por blancos pobres, mestizos,
negros e indigenas.
Desde el punto de vista cultural, el panorama sigui6 siendo gris. Sin
embargo, hay una mayor cantidad de familias que envian sus hijos a estu-
diar fuera del pais, a Le6n de Nicaragua y a Guatemala.
La ficci6n escrita, la literatura costarricense, nace en el periodo si-
guiente, en el de la Reptiblica Liberal. En efecto, a partir del medio siglo,
Costa Rica se convierte en exportador de cafe. Esta actividad dio pie a un
proceso de modernizaci6n sin precedentes. Se democratiz6, en los prime-
ros aios, la propiedad, al entregar el Estado tierras para el cultivo del
cafe, y se consolida San Jose como capital politica y financiera. Se inicia
una importaci6n masiva de productos industriales europeos, se funda la
banca privada; en fin, el pais se vincul6 orgdnicamente con el mercado
capitalista internacional.
Desde el punto de vista de la estructura social hay una reorganizaci6n
de clases y sectores. Una oligarquia progresista toma el poder a partir de
1838 y se inicia un proceso de subordinaci6n efectiva del productor di-
recto rural por parte de la oligarquia y una combinaci6n funcional de la
gran propiedad con la mediana y con los minifundios, de modo que estos
Vltimos, conservando su condici6n de propietarios, se identificaron como
«cafetaleros> y, por ende, vincularon sus intereses con los del gran pro-
pietario, pero a la vez, al no poder mantenerse con el producto de sus
fincas, tuvieron que destinar una buena parte del afio a trabajar en las
grandes fincas cafetaleras vecinas. De esta forma la oligarquia cafetalera
,84 QUINCE DUNCAN
logr6 evitar grandes conflictos por la tierra, a la vez que controlaba a
estos productores directos mediante el empleo por temporadas, y adminis-
tr6 toda la actividad de procesamiento y exportaci6n del caf6, todo el
comercio importador, las fuentes de financiaci6n y el poder politico.
Desde el punto de vista cultural surgen grandes transformaciones. Los
primeros estudiantes han ido a Europa en forma numdricamente signifi-
cativa y han regresado. Se ha abierto la Universidad de Santo Tomas en
San Jose, se han fundado escuelas normales, colegios de secundaria, es-
cuelas, un Teatro Nacional, y se ha dictado la Ley de Educaci6n Comfn,
en virtud de la cual, para la ddcada de los noventa, la educaci6n en Costa
Rica era ya obligatoria y costeada por el Estado. Y es a este periodo libe-
ral al que corresponden las primeras dos grandes corrientes de la narra-
tiva costarricense: la aristocratica y la nacionalista.
Corriente aristocrdtica (1860-1935)
Manuel Argiello Mora inicia en 1860 su carrera literaria, publicando
dos <<novelas>>:Las dos gemelas del mojdn, <<un
drama en el presidio de
San Luis>>, y Un hombre honrado. A dstas seguirian otras, siendo la mds
notoria La trinchera, novela publicada en 1899. Temiticamente, la obra
de Argiello Mora se caracteriza por su relaci6n de costumbres, sucesos
hist6ricos y anecd6ticos, sin definici6n clara entre cr6nica hist6rica y
ficci6n.
La ficci6n costarricense, en lo que a narrativa se refiere, comienza su
proceso de consolidaci6n y autonomia a partir de una colecci6n de cuen-
tos de Ricardo Fernandez Guardia: La hojarasca, que sale a la luz pdblica
en 1894, y en seguida surgen los grandes nombres de esta corriente: Ma-
nuel Gonzalez Zeled6n (Mag6n), Carlos Gagini, Joaquin Garcia Monge
y otros.
Desde el punto de vista temdtico, se privilegian las intrigas amorosas
Los problemas de alcoba, el abuso sexual de las campesinas por parte de
los grandes sefiores de la clase dominante y sus hijos; el problema de los
trepadores sociales, que se esfuerzan por entrar en la oligarquia; el honor,
la traici6n, la defensa del rango familiar, la preservaci6n de statu quo, la
sumisi6n femenina.
Los narradores de la corriente aristocratica por lo general son omnis-
cientes 5, pero los hay testigos-suprascientes. Continua la confusi6n entre
5 Oscar Tacca, Las voces de la novela (Madrid: Gredos, 1973). Se utiliza el es-
quema de Tacca con alguna variante. Se distinguen cuatro grados en la conciencia
de los narradores: el infrasciente, nivel de conciencia inferior a la de los demds
PANORAMICA DE LA NARRATIVA COSTARRICENSE 85
autor y narrador, al punto de que muchos personajes se dirigen a los
autores por sus nonmbes, apareciendo asi el autor-personaje.
Los protagonistas son siempre de clase alta. Personajes arquetipicos,
en algunos casos transitivos , jamis los relatos pierden la perspectiva
ejemplarizante. Los personajes campesinos y los trabajadores urbanos s6lo
aparecen de manera marginal y en funci6n de la oligarquia, y en todo
caso siernpre como objetos de accion y jamds como sujetos gestores de la
historia.
Es muy notorio en la corriente aristocrAitica el mito de la dicotomia
civilizaci6n-barbarie como explicaci6n de la dinamica hist6rica. El mundo
aparece jerarquizado entre pueblos civilizados y pueblos barbaros, con su
polo positivo en Paris, Londres y su polo negativo en el campo y entre
los sectores pobres de Costa Rica. Es por tal raz6n que una gran cantidad
de los personajes de esta corriente ficcional viven con un sentimiento de
desarraigo con relaci6n a su pais y, por tanto, con la consciencia es-
cindida.
La corriente aristocrdtica es positivista y, por ende, no se ocupa de los
factores causales de los hechos y fen6menos. Pero fomenta un modelo de
desarroilo eurocentrista. El roce con los pueblos civilizados, la emulaci6n
de las formas de vida europeas, el lenguaje referencial que ubica rmuchos
cuentos y relatos diversos en Paris, Madrid, Sevilla, Oriente. Las aspira-
ciones aristocratizantes Ilevan a escribir sobre reyes y principes. Se insiste
en ponderar la conveniencia de la tutoria de la oligarguia de San Jos6
sobre los otros grupos sociales del pais. Se enfatiza la necesidad de orden
y progreso como signos de civilizaci6n.
Los resultados o desenlaces de estos relatos son salidas felices, o al
menos convenientes, para los personajes de la clase alta, siempre que no
se salgan de las normas defendidas, pero trigicas o de resignaci6n para
los demos sectores sociales .
personajes; el equiesciente, nivel de conciencia similar al de los demis personajes.
Superior a iste hay dos grados nds: el suprasciente, que sabe mas que todos, pero
no lo sabe todo, y el omnisciente, que todo lo sabe.
6 Distinguimos dos estados: el personaje intransitivo, el que a lo largo de la his-
toria no se modifica o incluso bajo la apariencia de cambio sigue siendo en esencia
el mismo. El personaje transitivo es el que modifica su conducta por evoluci6n o
por mutaci6n a lo largo del relato.
' Obras representativas de la corriente aristocrdtica son: La trinchera, de Ma-
nuel Argilello Mora, publicada en 1899; La hojarasca, de 1894, colecci6n de cuentos
de Ricardo Fernandez Guardia; la novela El primo, de Jenaro Cardona Pefia, publi-
cada en 1905, y Cuentos de mi tia Panchita, de Carmen Lyra, publicado en 1922.
86 QUINCE DUNCAN
La corriente nacionalista (1899-1937)
Simultaneamente se desarrolla, en el periodo liberal, la corriente na-
cionalista. Es una corriente de denuncia, de juicio tico sobre algunos
grupos oligarquicos. Se exalta lo
aut6ctono, pero sin perder la perspec-
tiva eurocentrista. Se critica y condena el imperialismo, pero el orden
econdmico se ha de mantener inalterable. En otras palabras: se trata de
un caso tipico de afinidad critica, que sefiala con argumentos moralistas
los defectos del sistema con afdn correctivo. Entre estos males, el lujo
excesivo, el entreguismo al extranjero, la corrupci6n politica, la ausencia
de congruencia entre valores aristocrdticos y conducta individual o co-
lectiva.
Los narradores son omniscientes, muy dados al detallismo en la des-
cripci6n fisica de los personajes, su edad, su biografia, su conducta tipica,
los cambios en su comportamiento, los estados animicos. En una palabra:
son narradores muy discursivos.
Los personajes son variados. A la par de los de clase alta, surgen los
campesinos y la clase media como protagonistas y el personaje extranjero
como elemento amenazante: el imperialista. En su mayoria, los personajes
son tipicos '.
La narrativa nacionalista realiza una critica al mito de superioridad
racial anglosajona. En algunos autores es muy notorio el mito del paraiso
perdido, como un pasado mitico, un mundo coherente que se ha perdido
y que contrasta con un presente incoherente. Pero hay otros autores que
cuestionan ese pasado.
Se nota tambidn en estos narradores un sentido de desencanto con los
sectores populares. Junto con un proceso de mitificaci6n del paisaje hay
una desmitificaci6n del campesino. Los resultados son de derrota, aunque
hay anuncios de tiempos mejores: raza nueva, cultura nueva, crisis por
resolver.
Algunos personajes evaden su responsabilidad emigrando a Europa
(cansados de lo
que interpretan como barbarie local); otros, para su ruina,
se entregan a los intereses extranjeros. Pero tambidn hay quienes empren-
den una lucha patri6tica por resistir toda forma de dominaci6n y por el
desarrollo de la Repiblica a imagen y semejanza de Europa.
8 Definese como «tipicos aquellos personajes que forman parte de un grupo,
sin distinguirse de 61 por virtudes o defectos particulares. Es, como si dij6ramos, la
«gente normal>, los <<comunes y corrientes>. Otros dos grupos son los atipicos, que
son casos inicos, raros, que no se presentan como modelos a emular, y los arqueti-
pos, sean los modelos ideales a emular o aquellos personajes que sintetizan en si
todos los defectos o virtudes de una generaci6n o de un pueblo.
PANORAMICA DE LA NARRATIVA COSTARRICENSE 87
Los nacionalistas estructuran su obra siguiendo, en terminos genera-
les, dos modelos: una situaci6n idilica inicial, un elemento de ruptura
que da lugar a una sociedad en conflicto y a un heroe problematizado.
En este caso, el resultado se presenta como soluci6n negativa por la des-
trucci6n fisica del h6roe, como conflicto a resolver con un final insinuado,
o bien como evasi6n mediante la emigraci6n. El otro modelo parte de una
situaci6n inicial conflictiva y pasa por una acentuaci6n del conflicto que
leva a una movilizaci6n triunfalista, a un nuevo orden, conflicto por re-
solver o, nuevamente aqui, evasi6n mediante migraci6n 9.
III. PERIODO REFORMISTA
Las dos guerras mundiales, al afectar la estructura de exportaci6n del
pais (perdida del mercado alemin, por ejemplo), redujo considerablemen-
te la capacidad econ6mica del Estado. La depresi6n de finales de los afios
veinte y primer lustro de los treinta empobreci6 a la sociedad costarri-
cense, dando un duro golpe incluso a conceptos muy arraigados en el pais,
como <alternabilidad en el poder , <<igualdad>> y <<democracia>>.
La oligarquia cafetalera mantiene su dominio, pero la clase media ha-
bia comenzado un acelerado ensanchamiento y otros sectores sociales se
organizan para lograr ciertas reivindicaciones. Ya desde finales del si-
glo xIx y sobre todo a principios del xx se notan grandes disconformida-
des en el seno de la familia costarricense. Se logra mediante huelga na-
cional la jornada de ocho horas de trabajo; se desarrolla en los afios
veinte un fuerte movimiento populista encabezado por un miembro de la
oligarquia, el general Volio, cuyo partido, si bien no logr6 alcanzar el
poder, mont6 una plataforma politica que luego iban a adoptar tanto el
Partido Comunista (fundado en 1931) como otros movimientos de carc-
ter reformista.
Los afios cuarenta encuentran, pues, al pais en crisis. El arzobispo de
San Jose, monsefior Sanabria, clamaba por reformas estructurales que
favorecieran a los pobres. Se organizan, por parte de los trabajadores,
varias huelgas, siendo la mas significativa la de las plantaciones banane-
ras en 1934. El presidente Rafael Angel Calder6n Guardia lanza entonces
un vasto programa de reformas apoyado por el arzobispo de San Jose
y el Partido Comunista, reformas que dan lugar a la organizaci6n de la
Universidad de Costa Rica, el C6digo de Trabajo, el Seguro Social, gre-
SEjemplos de obras de la corriente nacionalista son: de Joaquin Garcia Monge,
El Moto, 1900; de Carlos Gagini, La caida del dguila, 1920, y El crimen de Alberto
Lobo, de Gonzalo Chac6n Trejos, 1928.
88 QUINCE DUNCAN
mios culturales y laborales y otros. Estos cambios acentuaron el conflicto,
dando lugar a una divisi6n profunda en el seno de la sociedad costarri-
cense, que ilev6 el pais a una guerra civil en 1948. Pero aun cuando los
protagonistas de estos cambios perdieron la guerra, las reformas sociales
se mantuvieron y consolidaron, sentando las bases de la actual demo-
cracia.
A este periodo corresponden tambien dos corrientes de la narrativa:
la corriente reformista y la naturalista.
Corriente refo'rmista
Las obras mss importantes de esta corriente son novelas de tesis poli-
tica. Surge a partir de 1939 con la publicaci6n de Juan Varela, de Adolfo
Herrera Garcia, y se cierra en 1973 coi Murimocos, Federico, de Joa-
quin Gutidrrez.
Tematicamente hay una notoria pireocupaci6n por los conflictos rela-
cionados con la posesi6n de la tierra y sus consecuencias; la presi6n o in-
fluencia de compafifas extiranjeras; la corrupci6n politico-administrativa;
la pobreza; el conflicto ciudad-campo como opci6n de vida posible para
el costarricense; el endeudamiento campesino y su consiguiente ruina.
Los narradores son omniscientes, suprascientes y equiescientes. Se pre-
fiere un estilo modular en que un relato se encadena a otros para ir pire-
sentando diferentes aspectos del problema. La linea principal cie narra-
ci6n sufre de frecuentes interrupciones, para dar paso a anicdotas o
relatos secundarios que contribuyen a ampliar la visi6n del problema.
Las jerarquias de clase existentes en la sociedad costarricense son some-
tidas a juicio critico. Y superando a su antecedente, la corriente naciona-
lista, los reformistas plantean soluciones. Los mensajes estdn claramente
dirigidos por el narrador a un receptor definido que es victima real o po-
tencial de la situaci6n denunciada en cada caso.
Hay una riqueza simb6lica en esta narrativa. Por un lado, el mito del
paraiso perdido alcanza su rnmaximo desarrollo. Se afiora el pasado, aunque
sin legar a sostener que todo pasado fue mejor. Este mito es constante
en las obras de Garcia Herrera y Dobles y puede esquematizarse asi:
Pasado Caida Peregrinaje Redencidn
Tiempo idilico Expansi6n de la gran Lucha La soluci6n propues-
Igualdad propiedad agraria Hostilidad natu- ta promnete el re-
Demnocracia Violaci6n del c6digo ral y (sobre establecimiento de
Fraternidad que debe normar todo) social la concordia y la
Convivencia la relaci6n tierra- justicia social me-
hombre (equili diante lucha
brio)
PANORAMICA DE LA NARRATIVA COSTARRICENSE 89
El auge mundial de ciertos estereotipos racistas encuentran eco en
esta corriente, con notables excepciones, como la de Fabian Dobles. El in-
dio se presenta como un ser de pasado glorioso y un presente de deca-
dencia total. El negro como ser de pasado y presente primitivo. Ambos
grupos se asocian con caracteristicas fisicas simiescas, atribuyendose a la
filiaci6n racial determinadas conductas tipicas y diferencias cualitativas
en el nivel de inteligencia y en lo emocional.
No obstante, la corriente reformista es una de las mejores conformadas
en la historia de la narrativa costarricense. Por primera vez hay un anli-
sis de los factores causales. H-ay dos tendencias: una agrarista, que defien-
de la pequefia propiedad rural corno modelo ideal de desarrollo, y cuyos
exponentes mas representativos son Herrera Garcia y Dobles, y una se-
gunda tendencia, obrerista, que postula una alianza anti-imperialista entre
proletariado y sectores oligarquicos <<progresistas>>,
cuyos mnejores voceros
son Carlos Luis Fallas, en los afios cuarenta, y Joaquin Gutierrez has-
ta 1973 10
Uno de los mniritos mas extraordinarios de la tendencia agrarista es
la actualizaci6n de mitos y leyendas de Costa Rica y su incorporaci6n
como parte integral de la dinrnica ficcional escrita del pais.
Corriente naturalista
Durante el espacio de vida de la corriente reformista nace, tiene su
auge y muere la corriente naturalista. En 1942 aparece la obra que marca
su inicio como corriente: Pedro Arnez, de Jose Marin Cafias, y Ilega a
su fin como tal, en 1947, con Cuentos de angustias y paisajes, de Carlos
Salazar Herrera. La corriente naturalista aporta a la narrativa costarri-
cense una gran riqueza simb6lica.
La clasificaci6n naturalista se atiene al hecho de que estas obras pri-
vilegian la naturaleza, geografica y geneticamente considerada, como ges-
tora de la conducta individual y social de los personajes.
Ternticamente, la corriente naturalista se ocupa de la relaci6n entre
hombre y naturaleza, sefialando la inutilidad de toda forma de rebeli6n,
puesto que el orden social, en tiltima instancia, esta definido por el orden
natural. A resultas de lo anterior, la felicidad consiste en adecuar los
10 Son una buena nmuestra de esta corriente reformista las siguientes novelas: de
Adolfo Herrera Garcia, Juan Varela, 1939; de Carlos Luis Fallas, Mamita Yunai,
1940; Ese que llaman pueblo y El sitio de las abras, de Fabian Dobles, publicadas
en 1942 y 1950, respectivamente; Puerto Limn, de Joaquin Gutierrez, 1950, y de
Luisa Gonzalez, A ras del suelo, 1970.
90 QUINCE DUNCAN
deseos a estas leyes inconmutables. Tal falta de comprensi6n de esta ley
explica, en buena medida, la crisis de valores de la civilizaci6n occidental
(no olvidar el trauma de las guerras y de la depresi6n).
Los narradores son omniscientes y suprascientes y, con una sola ex-
cepci6n, tienen clara su funci6n. Los personajes son variados: los hay
arquetipicos y atipicos. Suelen, por tanto, ser intransitivos, heroicos y bien
definidos.
Pero la mayor contribuci6n es su riqueza simb6lica. En efecto, echa
mano a una gran cantidad de simbolos tales como los ndmeros cabalisti-
cos, las fechas especiales como, por ejemplo, el 10 de marzo, dia en que
la Repdblica espafiola aboli6 la ensefianza de la religi6n en las escuelas,
hecho que se considera en la novela Pedro Arndez como simbolo de deca-
dencia. Tambi6n son importantes los nombres tales como Pedro, Cristina
e Ignacio. Fabian Dobles, algunas de cuyas obras se inscriben en esta
corriente, insiste en el rescate de la tradici6n popular costarricense: ange-
les y barriletes, pisuicas y duendecillos, Iloronas y santos.
El mito de la predestinaci6n colectiva esta presente en autores como
Jos6 Maria Cafias y Edelmira Gonzalez. Hay papeles socialmente defini-
dos asignados a la mujer, a los trabajadores, a cada grupo social. Es una
jerarquia universal, natural, que debe ser aceptada sin cuestionar. En
Gonzalez esa predestinaci6n incluso toma un matiz racista al diferenciar
entre los hombres (europeos) y los centauros, los mestizos y mulatos de
la pampa guanacasteca.
Los narradores de esta corriente naturalista transitan con la conciencia
escindida: siempre los conceptos civilizaci6n-barbarie, ciudad-campo, mo-
dernidad-tradici6n, Europa-America, var6n-hembra, naturaleza-sociedad,
dicotomizados con criterios jerrquicos las mas de las veces.
Con la sola excepci6n de Fabian Dobles, el sexismo es muy fuerte en
esta corriente. Igual observaci6n hay que hacer sobre el eurocentrismo.
Se opta por la ciudad, por la modernidad, por el var6n, por la naturaleza.
Este ultimo aspecto es el dominante. La naturaleza, siempre omnipre-
sente, aplasta al individuo. Define toda su vida. La angustia viene del
hecho de que el hombre se aparta de la ley natural. Se impone, por tanto,
una actualizaci6n del pasado por medio de la evocaci6n y redefinici6n
de simbolos.
Los finales son, en su mayoria, pr6dicas de resignaci6n, con la salve-
dad nuevamente de que siempre hay alguna esperanza en Dobles.
Esta visi6n del mundo responde bien a los intereses de la oligarquia
cafetalera. En medio de la crisis politica y econ6mica mencionada, los sec-
tores que detentaban el poder encontraban peligrosa toda manifestaci6n
o intento de cambio. Una ideologia jerrquica, una visi6n del mundo que
PANORAMICA DE LA NARRATIVA COSTARRICENSE 91
destaca la rebeli6n como initil, calza en ese estado de cosas con coheren-
cia total. De hecho, las obras naturalistas han sido aprovechadas profu-
samente en el sistema escolar .
IV. PERIODO TRANSFORMISTA
Pasada la guerra civil de 1948, se diversifica el agro y la industria
mediante programas estimulados por el Estado. Hay un aumento gradual
de la dependencia externa, al intensificarse las relaciones econ6micas de
Costa Rica con los demas paises del area a travis del Mercado Comiin
Centroamericano y el establecimiento en el pais de una cantidad de sucur-
sales de compafifas transnacionales dedicadas a la industria y a ciertos
servicios.
Surge, por tanto, un proceso de sustituci6n de importaciones que im-
pulsa el nacimiento de nuevos sectores sociales: los industriales, una am-
pliaci6n de la clase obrera, una burocracia estatal gigante.
La oligarqua cafetalera logr6 sobrevivir la guerra civil, pero ha tenido
que compartir su poder con los sectores industriales, medios y gerentes
de compafifas extranjeras.
La clase media se ensancha, reclamando una mayor participaci6n en
las decisiones politicas y econ6micas del pais. El sector popular sufre los
vaivenes de la nueva organizaci6n econ6mica: proletarizaci6n de los pro-
ductores artesanales, periodos ciclicos de relativa bonanza y depresi6n.
Gradualmente se acentia la intervenci6n estatal como respuesta a la
creciente degradaci6n de las condiciones del intercambio. El Estado, bus-
cando <<transformar>> a tiempo para evitar una convulsi6n social que de-
mande un cambio total, se convierte en el principal empleador, abriendo
fuentes de empleo a veces burocraticas con tal de absorber la mano de
obra sobrante. Hay un inusitado crecimiento de la poblaci6n al mejorar
las condiciones generales de vida. Y hasta finales de los aios sesenta se
reprime con mucha eficacia el movimiento sindical, no permitiendo su
desarrollo en las empresas.
Las condiciones del juego politico han cambiado. Se trata ahora de
un Estado empresario, de un proteccionismo econ6mico, de una banca
estatizada, de nuevas agrupaciones politicas. Se realizan cambios preven-
n' Representativas de la corriente naturalista son las siguientes novelas: Pedro
Arnciez, de Jos6 Marin Cajias, publicada en 1942; Una burbuja en el limbo, de Fa-
bian Dobles, publicada en 1946; de Edelmira Gonzalez, Alma Ilanera, 1946, y la
colecci6n de cuentos de Carlos Salazar Herrera Cuentos de angustias y paisajes,
1947.
92 QUINCE DUNCAN
tivos y se logra mantener el sistema democrdtico sin una represi6n gene-
ralizada o violenta.
Hay una promoci6n cultural sin precedentes en la historia del pais. Se
fundan entes como la Editorial Costa Rica y la Asociaci6n de Autores.
Se fortalece la Universidad de Costa Rica y se crean otros como la Uni-
versidad Nacional, el Instituto Tecnol6gico y colegios universitarios. Se
organizan tambi6n opciones superiores no universitarias, como el Insti-
tuto Nacional de Aprendizaje. Se crea el Ministerio de Cultura, Juventud
y Deportes, que logra, a su vez, crear y consolidar instituciones tales como
la Orquesta Sinf6nica Nacional, companiias de danzas y de teatro y grupos
de promotores en las comunidades.
Sin embargo, durante la d6cada de los setenta el Estado transformista
entr6 en crisis. Abundaron las denuncias de corrupci6n y los estudios se-
fialaban el inminente agotamiento del modelo de sustituci6n de importa-
ciones. La crisis energ6tica, la baja violenta de los precios de los produc-
tos de exportaci6n en el mercado internacional y el alza igualmente
violenta en los precios de los productos que el pais importa; el alza insos-
pechada en los intereses de los creditos en las instituciones financieras
transnacionales y multinacionales, y los errores internos producto de una
mentalidad consumista fomentada por afios, precipit6 al pais en un estado
de animo negativo, bien captado y expresado por los intelectuales.
Al periodo transformista corresponden tambien dos corrientes ficcio-
nales: la testimonial y la existencialista.
La corriente testimonial
En 1952, pasada ya la guerra civil del 48 y los primeros afios de repre-
si6n cruda contra los sectores perdedores, Carlos Luis Fallas, el iniciador
de la corriente testimonial, publica Marcos Ramirez.
La corriente testimonial se caracteriza por el asombro de los narrado-
res ante situaciones insospechadas, la denuncia pura y simple sin mayor
andlisis, la autocensura, la omisi6n sobre todo de los factores causales de
los problemas sociales que denuncia, su tendencia a lo anecd6tico, nostil-
gica a veces, y por su renuncia a la riqueza simb6lica de las dos corrientes
anteriores.
Los temas son variados, generalmente centrados en la denuncia de
injusticias que afectan al campesino, a las capas bajas citadinas, a la clase
oligarquica en ruinas, asi como a la clase media ascendente. Son relatos
de aventuras en su mayoria, con la introducci6n de nuevos temas: el tema
del presidio, el tema del negro de la costa caribefia del pas, el tema del
judio, los problemas del niio, la cuesti6n de la mediocracia.
PANORAMICA DE LA NARRATIVA COSTARRICENSE 93.
Los narradores son monof6nicos, omniscientes y, en algunos casos,
equiscientes. Los personajes son variados: transitivos, intransitivos, ti-
picos.
La riqueza simb6lica es escasa. La visi6n del mundo estd cargada de
cierto patetismo: se busca conmover al receptor. Escasamente se cumplen
las funciones testimonial y reflexiva y la funci6n diddctica estd practica-
mente ausente. Las circunstancias hacen al hombre. Se utiliza la ironia,
el humor. La ambientaci6n es tanto campesina como urbana.
En resumen, se trata de la descripci6n de una sociedad en trinsito,
plagada por injusticia social y fatalidad. No se analizan los factores causa-
les. No hay una propuesta coherente de soluci6n: evidentemente, en la
sociedad no habia un proyecto concreto de cambio social 12
La corriente existencialista
Carmen Naranjo, con su novela Los perros no ladraron, publicada en
1966, inicia la corriente existencialista. Revela esta corriente un marcado
desencanto, una desesperaci6n bien congruente con la percepci6n de un
sector social, de que el modelo transformista se estaba agotando. Las sefia-
les de corrupci6n, de entreguismo al extranjero, de crisis de valores, tie-
nen cabida en ella. En t6rminos generales, esta corriente no presenta
salidas a los problemas que denuncia y analiza, y cuando las hay, no pa-
san de ser insinuaciones, como la risa final en La paz del pueblo, de
Quince Duncan, o la frase <<ambos sabemos que habri un nuevo amane-
cer>> de El sermon de to cotidiano, de Julieta Pinto.
La corriente existencialista examina las relaciones de cada individuo
con la sociedad global. Discute el resultado posterior del proyecto politico
impuesto a raiz de la guerra civil del 48. Se palpa un sentido de cansan-
cio, de angustia, de desencanto con la corrupci6n. Se analiza la naturaleza
injusta de las estructuras sociales, la decadencia de los valores oligarqui-
cos, de los ideales de la clase media y la entronizaci6n de la sociedad de
consumo. Destacan las referencias a la burocracia, a su deshumanizaci6n,
al caracter limitante e impositivo de las relaciones interpersonales, los
problemas de identidad y el erotismo.
Los narradores existencialistas son polif6nicos, omniscientes. Recogen
y desarrollan los aportes que la gran novelista costarricense Yolanda
12 Ejemplos de la corriente testimonial son: Marcos Ramirez y Mi Madrina, de
Carlos Luis Fallas, publicadas en 1952 y 1954, respectivamente; de Fernando Duran
Ayanegui, Dos reales y otros cuentos, 1961; de Jos6 Le6n Sanchez, <<Una guitarra
para Jos6 de Jestis>, en A la izquierda del Sol, 1972; Aqui y ahora, de Alberto Ca-
fias, 1965, y de Abel Pacheco, Mds abajo de la piel, 1972.
94 QUINCE DUNCAN
Oreamuno hizo a la narrativa nacional en su novela La ruta de su eva-
si6n, novela publicada en 1949 y que, dicho sea de paso, por sus carac-
teristicas no es ubicable en ninguna de las corrientes detectadas. Estos
aportes formales y temiticos, ignorados por los narradores testimoniales,
renacen en la corriente existencialista.
Las circunstancias son las verdaderas protagonistas de estas obras. Los
personajes son victimas que se aprovechan y se acomodan, adoptan posi-
ciones cinicas o son psicol6gicamente liquidados. Son personajes con poca
voluntad, con graves problemas de identidad, h6roes problemiticos, Ilenos
de frustraciones, la mayoria tipicos. Pricticamente, en la narrativa exis-
tencialista no hay heroes atipicos y, por cierto, muy pocos arquetipos.
Se incorporan elementos de la sociedad de consumo y de los medios
de difusi6n masiva. Se echa mano a lo onirico. La critica al status es
constante, pues la sociedad se percibe como un monstruo que aplasta al
individuo. Las cosas cambian para no cambiar. No hay una salida real:
la insinuaci6n predomina sobre el aserto explicito. El tiempo no es crono-
16gico, el espacio psicol6gico es la ambientaci6n mas frecuente, la cotidia-
neidad se presenta como problema 13.
A partir del Gobierno de Carazo (1978-1982) hay evidencias de un
nuevo periodo en la historia costarricense. Hay una suerte de neolibera-
lismo en la economia y la politica. Sin duda, este cambio va a encontrar
en el futuro resonancias en el campo literario. Pero esto tendra que ser
objeto de otro estudio en el futuro.
13 Ilustran esta corriente la novela Asi en la vida como en la muerte, de Gerar-
do Cesar Hurtado, 1975; La rebelidn pocomia y otros relatos, de Quince Duncan,
1976; El sermon de lo cotidiano, de Julieta Pinto, 1977; Noche en vela, de Rima de
Vallbona, 1968, y Diario de una multitud, de Carmen Naranjo.