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EXPOSICIÓN
El Real Alcázar de Madrid
ORGANIZA
Comunidad de . Madrid
COLABORAN
Patrimonio Nacional
FUNDACION
REAL ACADEMIA DE BELLAS ARTES DE SAN FERNANDO CARL@S
CALCOGRAFIA NACIONAL AMBERES
PATROCINAN
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EL REAL ALCAZAR DE MADRID
DIRIGIDO POR
FERNANDO CHECA
P ALACIO R EAL
MUSEO DEL P RADO
R EA L ACADEMIA DE B ELLAS ARTES DE SAN FERNANDO
CALCOGRAF!A NACIONAL
FUNDACIO CARLOS DE AMBERES
Septiembre-noviembre 1994
Presidencia
SS. MM. Los Reyes
Vocalías
Excmo. Sr. D. Joaquín Leguina Herrán
Presidente de la Comunidad de Madrid
COMITE CIENTIFICO
Presidente
Joaquín Leguina Herrán
Comisario General
Fernando Checa
Comisarios Adjuntos
José Manuel Barbeito
Rosario Díez del Corral
Jesús Sáenz de Miera
EXPOSICION CATALOGO
12
INDICE
EL EDIFICIO
LUIS CERVERA VERA: Obras en el Alcázar madrileño de Carlos V . .. .. . ... . .. .. .. . .. .. .. .. . ... . .. .. .. .. .. . .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. . ... .. . . 44
VIRGINIA TOVAR MARTIN: El Palacio Real de Madrid en su entorno................................................................. 60
]OSE MANUEL BARBEITO: Velázquez y las obras reales....................................................................................... 80
]OSE Lurs SANCHO: El interior del Alcázar de Madrid durante el reinado de Felipe V....................................... 96
JAVIER PoRTUS PEREZ: El retrato vivo. Fiestas y ceremonias alrededor de un rey y su palacio............................ 112
LAS COLECCIONES
INDICE/ 13
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Filippo Pallota, La fachada y la plaza del Alcázar de Madrid, 1704, grabado, Madrid, Museo Municipal.
14
La colección de pinturas de Felipe JI........................................................................................................... 379
Las colecciones de pintura en el Alcázar de Madrid durante el siglo XVII. Los inventarios de 1636, 1666,
1686y1700 ................................................................................................................................................ 382
Los ámbitos religiosos del Alcázar de Madrid............................................................................................. 388
El Salón de los Espejos ........................................................................................................................ ,....... 391
El Salón Dorado o de Comedias................................................................................................................. 395
La Galería del Cierzo.................................................................................................................................. 399
La Galería del Mediodía ... .. .. .. .. .. .. .. .. ... .. .. .. ...... ... .. ... .... .. .. ... .. .. .. ... .. .... ..... ......... .. ..... .. .. ..... .. ......... .. ......... ..... 400
La Pieza Ochavada..................................................................................................................................... 403
El Apartamento Bajo de Verano y las Bóvedas de Tiziano .......................................................................... 405
La Armería del Alcázar de Madrid.............................................................................................................. 408
Cassiano da! Pozzo y los tapices del Alcázar de Madrid.............................................................................. 416
Piezas de las colecciones artísticas del Alcázar enajenadas a la muerte de Carlos JI. La Sala de las Furias... 419
ROSARIO DIEZ DEL CORRAL: La morada del rey. Los palacios europeos y el Alcázar madrileño......................... 428
]ONATHAN BROWN: «Nos quedamos atónitos ante la cantidad de pinturas ». El coleccionismo regio en el
siglo XVII...................................................................................................................................................... 448
]OSE MANUEL MATILLA RODRIGUEZ: Grabado y propaganda. La imagen de los palacios reales en la Europa
moderna .. .. .. . .. .. .. .. .. .. .... .. .. .. .. . .. .. .. .. ... . .. .. .. .. .. .. .. ....... .. .. .... ... .. .. .. .. . .. .. . ... . ..... .. .. ..... .. .. .. . .. .. .. . .. .. .. . .. .. . ... . .. .. .. .. . .. . 460
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1
I DICE/ 15
FERNANDO CHECA
El Alcázar de Madrid, detalle de dibujo, en el Viaje por España y Portugal de Cosme de Médicis, 1668-1669,
Florencia, Biblioteca Laurenziana.
16
Cuando en 1626 Cassiano da! Pozzo, acompañante en el séquito del cardenal
Barberini, visitó la corte del Rey de España, nos dejó una sorprendente imagen del
palacio, habitado entonces por Felipe IV: «Uscito dal Monasterio [de las Descalzas
Reales] si passo a la calle mayor passando inanzi l'Palazzo di sua Maestá, che visto in
faccia fa bellissima vista e' Architettura all'Italiana all'usanza con finestre grandi
adornare de suoi frontispitij e sono treinta due o 33, et ciascun piano, e richissimo di
pietra, e sopra la porta mira un gran verone, nelle cantonara fa un risalto che esce
dell'ordine e forma como una torretta. Non é finito e continuamente si lavora, ha
bellissima vista di verdure prossima ... del río Manzanares vicino con un superbissimo
ponte come per il largo d'istrade » 1•
La mirada fugaz y en movimiento sobre la fachada del edificio (Dal Pozzo va
montado en una carroza) que sorprende al visitante al aparecer al fondo de la calle,
la observación del estado continuo de obras, la imagen de las verduras y del puente
del Manzanares, no sólo son excelentes ejemplos de una visión barroca del
monumento, sino también todo un símbolo de lo que fue el palacio a lo largo de dos
siglos: una reunión apenas conjuntada de distintas visiones, un continuo juego e
interacción entre permanencias arquitectónicas y novedades que, con frecuencia,
resultaban efímeras, un agregado de fragmentos que, a la postre, vinieron a significar
y simbolizar la peculiar imagen de poderío que de sí iban dejando las sucesivas cortes
de los reyes de España desde Carlos V a Felipe V.
Frente a la imagen a primera vista unitaria y hasta monolítica del Monasterio
de El Escorial, concebido como monumento perpetuo de la dinastía habsbúrgica, la
fascinación de este destruido edificio se ejerció a través de la variedad y perpetuo
mudar arquitectónico y por medio de unas colecciones artísticas verdaderamente
fabulosas. Una fascinación muy pronta a convertirse en rechazo en otros visitantes y
observadores, educados como Cassiano en las maneras de ver del clasicismo 2, pero
sin la flexibilidad y la cultura de este intelectual romano. Incomprensión que, a la
postre, resultó fatal para la obra, que sería demolida sin contemplaciones a principios
del siglo XVIII, tras el desgraciado suceso del incendio de 1734.
La reconstrucción histórica que hoy en día puede hacerse de este edificio ha de
ser, por fuerza, igualmente fragmentaria. Unos pocos dibujos y planos, una maqueta
histórica de la fachada principal del proyecto de Gómez de Mora, y una enorme
abundancia de documentos es lo que nos ha llegado desde un punto de vista
arquitectónico. Carecemos de una imagen de la fachada norte del edificio (donde se
construyó la importante Galería del Cierzo), así como de vistas fiables de su parque,
jardines, picadero, juego de pelota ... , y de la mayor parte de sus interiores. De éstos
apenas conocemos sino trozos que aparecen en el fondo de algunas pinturas: del
Salón de los Espejos a fines del siglo XVII en la serie de retratos, obra de Carreño, de
Carlos II y Mariana de Austria; de la Pieza Ochavada en el retrato de Mariana de
Austria (Londres, National Gallery), y de la sala principal del Cuarto del príncipe
Baltasar Carlos en Las Meninas de Velázquez. También unos pocos dibujos: un
fragmento del Salón de Comedias, varios bocetos, figurativos y arquitectónicos, de
las pinturas del Salón de los Espejos, y el proyecto de Gómez de Mora para el
Oratorio de la Reina.
Perdidas gran parte de sus pinturas queda, sin embargo, una ingente cantidad
18 /FERNANDO CHECA
los bronces, y el cincel en los mármoles los hechos heroicos de sus antepasados, que
lea a todas horas, porque tales estatuas y pinturas son fragmentos de historia siempre
presentes a los ojos »5•
El valor elocuente de estos «fragmentos de historia » siempre estuvo presente en
el sistema decorativo del Real Alcázar de Madrid; lo que varió a lo largo de los años
fue su organización y su sistema expositivo.
Poco sabemos de este último en tiempos de Felipe II, como no sea el de la
importancia de la pintura al fresco con que adornaron el aposento regio, la Torre
Dorada y sus galerías los pintores genoveses bajo el mando de Gaspar Becerra y
Bergamasco (con temas alegóricos y mitológicos), o el enorme valor ya concedido
desde estos momentos a los tapices (desde luego mucho más que a las pinturas), tal
como aparece claro en la descripción de Giovanni Battista Venturino da Fabriano, o
a los tesoros, como resulta de las de Diego de Cuelbis o Hieremias Gundlach 6• Pero
dicha relación de Cuelbis y el inventario levantado en 1600 nos informan ya de la
gran importancia que los retratos dinásticos y las escenas de tipo histórico, centradas
en torno la figura de Carlos V, tenían en la colección de pintura.
El proceso general de la decoración palaciega durante el siglo XVII es, desde el
punto de vista de su significado, el de una progresiva formalización y un mayor
orden semántico, sin que sea posible atisbar, sin embargo, elementos programáticos
en su iconografía. En realidad, el resultado final de la ordenación de los sucesivos
incrementos coleccionísticos es una singular combinación de un mayor refinamiento
en la calidad fundamentalmente artística de las obras de arte y un cuidado por dotar
a las mismas de alusiones de carácter histórico y heroico, todo ello imbricado en la
evolución del gusto artístico del siglo XVII.
Ello es bien claro si observamos el desarrollo decorativo de algunos de los
espacios más representativos del lugar, como sucede, por ejemplo, en la Capilla
principal, el Salón Nuevo o de los Espejos, el Salón de Comedias, el del Mediodía, la
Sala de las Furias o la Galería del Cierzo 7.
El gusto de Felipe II por la pintura flamenca marca un espacio como la Capilla,
presidida por la copia de Coxcie de la Adoración del cordero místico de Van Eyck,
que no fue sustituida hasta 1661 cuando su nieto Felipe IV instaló allí la Caída en el
camino del Calvario de Rafael. Un cambio estético lo suficientemente claro para no
insistir demasiado en él y que se inclinaría hacia las formas más decorativas del
Barroco con las obras pictóricas al fresco introducidas por Lucas Jordán en el
reinado de Carlos II, ya en la segunda mitad del siglo XVII. Pero en la zona de la
capilla y oratorios también reinaba, desde tiempos de Felipe II, un artista de la
categoría de Tiziano; un predominio que no perdería en modo alguno a lo largo del
siglo siguiente, tanto en estos ámbitos como en los profanos. No es exagerado decir
que a lo largo del siglo XVII los dos ejes pictóricos y simbólicos del Alcázar son los
constituidos por dos obras tan importantes como esta Caída en el camino del
Calvario rafaelesca y, desde el punto de vista político, el Carlos V en la batalla de
Mühlberg, que, tras su temporal estancia en el Pardo a lo largo del reinado de
Felipe III (debido a las importantes obras del Alcázar a las que más adelante nos
referiremos), se colgó en el lugar de honor del Salón Nuevo, luego conocido como
Salón de los Espejos. Esta obra polarizó la decoración de este ámbito, el más
20
Tiziano, Carlos V en la batalla de Miihlberg, Madrid, Prado.
21
relevante de la crujía sur, la más importante del edificio, y a él se refieren el resto de
retratos ecuestres de personajes reales que fueron colgando en la sala y de cuyos
cambios se da cuenta en otro lugar.
Tiziano J , a partir de los años treinta del siglo XVII, Rubens, dispuestos por la
sabia mano deVelázquez (en las fundamentales reformas de finales de los cuarenta y
cincuenta) 8, centran la atención estética de un Felipe IV cada vez más deseoso de
reflejar en su colección una determinada imagen de su poderío político, en el que la
importancia de la dinastía es realmente excepcional. Sin esta última idea nunca
podremos entender determinados rasgos del conjunto, desde la relevancia ya señalada
del cuadro de Tiziano, hasta la obsesiva presencia de series de escenas con las batallas
y hechos históricos de Carlos V, sin olvidar que una serie de tapices como la de la
Conquista de Túnez (uno de los hechos heroicos más decisivos del reinado del
Emperador) era continuamente utilizada en fiestas y ceremonias 9• Junto a ello, y
desde este punto de vista, hay que señalar que, sobre todo a lo largo del reinado de
Felipe IV, el tópico de la procedencia clásica del poder de la Casa de Austria se vio
acentuado con la instalación de algunas importantísimas series de pinturas: sobre
todo, la de los «Doce Césares » de Tiziano, que vino a sustituir, junto a varios retratos
de este artista y otras obras de la escuela veneciana, la más arcaica decoración
presente en este espacio a lo largo de los cuarenta primeros años del siglo XVII 10 • Se
reforzaba así la galería de estatuas clásicas del Jardín de los Emperadores, presentes
desde tiempos de Felipe II en las colecciones del edificio.
De igual manera, el gusto por las vistas de ciudades y las galerías de mapas,
extendido por toda Europa durante el siglo XVI y aun a principios del XVII fue
desapareciendo de los lugares más relevantes del Alcázar para relegarse a sus ámbitos
más secundarios. Y aunque el ya citado Saavedra Fajardo todavía recomendaba su
utilización como elementos de la pedagogía del príncipe, «para que entienda lo
prático de la geografía y cosmografía »11 , lo cierto es que este tipo de elementos se
sustituyó por galerías de reyes (como sucedió en el Salón Grande o de Comedias),
incidiendo de esta manera en el tema de lo dinástico, o por espléndidas pinturas
mitológicas y cinegéticas de Rubens y su escuela en la Pieza Ochavada.
Como se estudia en detalle en otro lugar de este catálogo 12, el gusto por la
pintura, que irá en aumento a lo largo del siglo XVII, determinó la desaparición de las
preferencias de un coleccionismo ecléctico, todavía muy presente en el inventario de
Felipe II, e incluso, aunque más mitigadas, en el de 1636.
Es difícil establecer una historia precisa de los cambios decorativos en las
colecciones pictóricas del edificio, que, a grandes rasgos, podríamos resumir de la
siguiente manera. Las primeras descripciones del siglo XVI insisten, sobre todo, en la
importancia de los tapices, los tesoros y la pintura al fresco; sólo a finales de la
centuria Diego de Cuelbis nos ofrece una primera visión panorámica de las pinturas
que colgaban en algunas de las salas, en las que había un claro predominio de las
series de retratos, escenas de batallas, vistas de ciudades, etc., muy al gusto de la
época, al lado de obras de Arcimboldo, el Matrimonio Arnolfini o las Furias de
Tiziano. Pero la mayoría de las pinturas debían de colgar en dependencias anejas
como la Casa del Tesoro.
Fue a partir de la terminación de las obras emprendidas a finales del reinado de
22/FERNANDO CHECA
Felipe III, lo que sucedió hacia 1623, cuando empezaron a colocarse en los nuevos
salones de la crujía sur y el Cuarto Bajo las colecciones reales de pintura de un modo
ordenado, centrándose en el Salón Nuevo y el Aposento de Verano; éstos son los dos
únicos espacios con abundancia de pintura de calidad que describe Cassiano da!
Pozzo en 1626.
Entre esta fecha y 1636 se debió de producir la decoración de la totalidad del
edificio con pinturas, tal como nos lo demuestra el inventario de este año, con un
gusto en el que todavía abundan los elementos arcaicos. Junto a ellos ya aparecen
rasgos novedosos que, sobre todo, lo son en cuanto a la pintura flamenca
contemporánea; quizá no sea ajena a esta «primera » fase decorativa del Real Alcázar
una figura como la de Giovanni Battista Crescenzi, que había llegado a España a
finales del reinado de Felipe III y que desempeñaría un importante papel en tiempos
de su hijo 13 • Será, pues, Felipe IV a partir del final de la década de los cuarenta y en
la de los cincuenta quien, abandonado el Buen Retiro como lugar favorito del Rey
tras la caída de Olivares, y asesorado por Velázquez 14, lo convierta en un
impresionante museo de pintura y escultura, cuya evolución, ya no muy profunda, es
fácil seguir en los inventarios de 1666, 1686 y 1700.
El sistema organizativo de la arquitectura palaciega por medio de galerías, tan
frecuente por otra parte en toda Europa, facilitó su conversión en lugares de
exposición de obras de arte de contenido fundamentalmente decorativo y estético 15 •
Ya hemos hablado de la falta de sentido programático de los «fragmentos de
historia » que colgaban por doquier en el Alcázar de Madrid. Y si los retratos, las
series de reyes y emperadores, y aun las cada vez más arcaicas galerías de vistas y
mapas, todavía son susceptibles de una interpretación de tipo significativo, no hemos
de olvidar que espacios enteros del edificio, sobre todo tras las remodelaciones
velazqueñas, se convirtieron en galerías de pintura y escultura con un sentido
decorativo que no tendía sino a resaltar la magnificencia y el gusto estético de su
posesor.
En muchas ocasiones éste era su único sentido, como sucedía en el ámbito
estrictamente privado del Cuarto Bajo de Verano, y que culminaba en las llamadas
«Bóvedas de Tiziano », situadas en este Cuarto Bajo pero en su lado sur, contiguo al
Jardín de los Emperadores. Allí, tras sucesivos cambios de lugar, encontraron su
acomodo las piezas de pintura mitológica más importantes de la colección regia,
desde las «poesías » y otras obras mitológicas de Tiziano hasta las nuevas y
abundantes adquisiciones de Rubens y su escuela.
De la función eminentemente sensual que este tipo de pintura adquirió en
tiempos del piadoso Felipe IV es buena muestra el hecho de que una obra como el
Adán y Eva de Tiziano pasó a contemplarse más como una pareja de desnudos (y por
eso se instalaron al lado de las obras de la mitología) que como una obra religiosa
(como sucedía todavía en tiempos de Felipe II cuando colgaba en la Sacristía del
Alcázar). Y una similar descontextualización semántica sufrieron obras como Adán y
Eva de Durero, que, regalos de Cristina de Suecia a Felipe IV, se instalaron en estas
mismas bóvedas, al lado por ejemplo de las Tres Gracias de Rubens.
Otras veces, como sucedía en la Galería del Mediodía, el Salón de los Espejos o
la Pieza Ochavada, los retratos de personajes históricos se mezclaban con obras de la
24
Guido Reni, Hipómenes y Atalanta, Madrid, Prado. temática más diversa (casi siempre de grandes maestros), en conjuntos de difícil
lectura programática. Es indudable que la idea de galería palacial a la italiana y, más
específicamente, a la romana, que Velázquez vio en sus viajes, con su peculiar mezcla
de pinturas al fresco, esculturas y lienzos de los mejores artistas colgados de las
paredes sin coordinación temática, está en la base de las ordenaciones de lugares
como los ya mencionados o la Galería del Cierzo, en la zona norte del edificio, en
donde se instalaron obras tan importantes y tan dispares como los Borrachos de
Velázquez o el maravilloso Hipómenes y Atalanta de Guido Reni. Estas ordenaciones
se unían, en ocasiones, como en el refinadísimo Gabinete del Salón de los Espejos, a
un concepto de lo gabinetístico basado en las pinturas de pequeño formato y en unas
pocas y escogidas joyas y alhajas, tal como se refleja en el inventario de 1686.
La tensión entre lo unitario y lo fragmentario, la idea de persistencia y a la vez
de discontinuidad, está presente a lo largo de toda la historia del Real Alcázar de
Madrid. Se trata de un rasgó común a la arquitectura y al sistema decorativo de otros
26/FERNANDO CHECA
un carácter monumental que pronto fue muy bien comprendido por el poder político
como uno de los medios favoritos para su exaltación. Ello fue muy bien visto en los
círculos del emperador Carlos V, sobre todo por una persona de la perspicacia
artística y política de María de Hungría, a cuyo mecenazgo se deben algunas de las
esculturas más importantes de Carlos V y el príncipe Felipe de mediados del
siglo XVI.
Pero en el entorno de los Reyes de España pronto se desarrolló una idea de tipo
que podríamos calificar de antimonumentalista 21 , que se unía a un sentido más bien
oculto y de reserva de la imagen y figura exterior del rey, en que basaban su idea de
majestad. Esta sería una de las razones por las que las esculturas de León Leoni no
fueran usadas de manera inmediata en contextos ampliamente representativos, así
como de que, salvo los encargos puntuales de estatuas ecuestres a Giambologna y
Tacca, la estatuaria monumental no adquiriera en el Madrid del siglo XVII el amplio
desarrollo que tuvo en la Roma papal o en los programas, espectacularmente
decorativos, de Luis XIV en París y, sobre todo, Versalles.
Este discurso, excesivamente habitual en nuestra historiografía, ha de ser sin
embargo matizado en lo que al Alcázar se refiere. Superadas las rigideces
representativas que había impuesto un monarca como Felipe 11, la erección, a
mediados del siglo XVII, de un conjunto como la Pieza Ochavada ha de interpretarse
como una opción de novedad en el ambiente del arte cortesano español.
Aunque inspirada en la famosa tribuna de Buontalenti en los Uffizi de
Florencia, su función no fue sólo expositiva y museográfica, sino también
representativa de las imágenes de algunos de los reyes más importantes de la dinastía
a través de sus bultos. Es este último aspecto el que nos gustaría resaltar, a la vez que
recordar el lugar, contiguo al Salón de los Espejos, que ocupaba en la sucesión de
salas de la crujía sur; y si en éste reinaba, como hemos dicho, la pintura, en la Pieza
Ochavada predominaba la escultura, en un práctico y real parangón de las dos artes
figurativas mayores.
Por otro lado, y éste sería un segundo punto de vista explicativo de la relativa
importancia de la escultura en el ámbito cortesano español, habría que tener en
cuenta un hecho tan importante en la teoría de las artes de la Edad Moderna como es
la discusión entre la primacía de las distintas artes, o paragone. Aunque no es éste el
lugar adecuado para una exposición pormenorizada de la cuestión, sí señalaremos
que una de las ideas sobre las que los escultores sustentaban el primado de su arte
sobre el resto consistía en la mayor posibilidad de perdurabilidad de la idea de la
fama y aun del monumento mismo si éste estaba realizado en bronce o mármol,
materiales más sólidos e imperecederos que los frágiles medios de la pintura.
En un contexto en que, desde ciertos ambientes cortesanos de la época de
Carlos V, prolongados en los sucesivos reinados de la Casa de Austria, se pensaba
que la base de la fama futura había que buscarla más en la justicia y rectitud del
comportamiento militar y político que en la vanidad de la imagen, no es de extrañar
esa menor importancia de la escultura con respecto a la pintura y aun de la
arquitectura.
Recordemos el papel absolutamente secundario que desempeñó la escultura en
la obra considerada monumento de la dinastía por excelencia, el Monasterio de
28
Diego Velázquez, Las Meninas, Madrid, Prado.
29
El Escorial, y cómo en este lugar la presencia retratística del Rey se reducía
prácticamente a los solemnes grupos orantes, en bronce, del altar mayor: esculturas
de simbolismo dinástico y, sobre todo, religioso, pero en absoluto exaltatorias de una
imagen basada en la prepotencia de tipo político. De esta manera, si en El Escorial es
la arquitectura la que ordena los recorridos conceptuales y visuales del espectador, en
el Alcázar de Madrid es sobre todo la pintura la encargada de esta misión. La
arquitectura escurialense, al incluir dentro de sí al resto de las artes, y aun al mismo
personaje que ha patrocinado la obra haciéndole invisible, las excluye, y las convierte
en fragmentos de un discurso más amplio, que no es otro que el de una Antigüedad
cristianizada bajo el signo del clasicismo, reducido a la mínima expresión del
lenguaje. Aquí el texto arquitectónico en su propia rotundidad y solemnidad se hace
abstracto e ininteligible, y bajo él sucumben no sólo el resto de las artes, sino incluso
la propia personalidad de los arquitectos que lo plantearon.
En el Alcázar los problemas son distintos. No estamos ante la «casa eterna » y el
«panteón» de una dinastía, sino ante el lugar desde donde se gobernaba una amplia
monarquía; por ello las exigencias retóricas habían de ser distintas: la presencia del
Rey tenía que hacerse más clara, y la persuasión mucho más explícita.
Si nos preguntáramos en qué lugar de El Escorial está el retrato del Rey, la
respuesta sería difícil. Los bultos broncíneos orantes expresan esa idea ya comentada
de perennidad, pero en absoluto una imagen de poder concreto de tipo militar y
político. En el Alcázar no era tan necesaria esa imagen de eternidad como la de una
efectiva presencia: de ahí las continuas series de retratos de monarcas, o los retratos
ecuestres del Salón de los Espejos, realizados a través del soporte más frágil, pero
mucho más manipulable, de la pintura.
El discurso visual de El Escorial, lejos todavía del bel composto barroco 22 ,
jerarquiza y constriñe las artes bajo el tema de la arquitectura a través de un orden
que se pretende inflexible y de una obsesión por lo enumerativo y lo bien clasificado.
En Madrid, sin embargo, son los valores de lo lujoso y lo magnificente los que se
ensalzan para lograr un seguro impacto sobre los espectadores, tal como testimonian
los abundantes relatos de visitantes y embajadores, abrumados por una ingente
cantidad de pinturas de los mejores maestros. Por eso en el siglo XVII el valor de los
muebles y de las esculturas era sobre todo decorativo y ayudaba eficazmente a los
fines de impacto que se conseguían a través de una imagen de lujo y riqueza
conscientemente buscada.
La espectacularidad perspectiva y el sentido escenográfico de la mise en scene
de los fastos del poder que la monarquía francesa exportó a tantos lugares de Europa
no eran los objetivos formales y representativos de los reyes de España. Ello incidió
no sólo en la ya comentada ausencia de una escultura monumental digna de tal
nombre, sino en la misma relación del edificio del Alcázar de Madrid con la ciudad
de la que había surgido.
Rodeado en parte de jardines, ni el recoleto denominado «de los Emperadores »
en la esquina sudoeste del edificio, ni el más amplio «de la Priora » en su zona norte,
ni el «Parque » que se extendía hacia el oeste bajando hacia el Manzanares, tuvieron
nunca esa idea perspectiva unitaria, apta para la ubicación de fuentes, estatuas o
grutas monumentales que caracterizaban los jardines franceses, que, definidos por
30/FERNANDO CHECA
Le N6tre, pronto se extendieron por toda Europa. Estamos más bien ante espacios
naturalistas de tipo privado, adornados por fuentes, pajareras y otros ornamentos
que a veces servían de escenario a máscaras y representaciones palaciegas 23 •
Y lo mismo podríamos decir de la situación del edificio en el contexto
urbanístico de Madrid, sin calles que enfilaran una amplia perspectiva, ni una plaza
digna de este nombre. Al espacio que precedía la fachada principal siempre se lo
denominó «Plazuela de Palacio » y, además, no adquirió una configuración
arquitectónica definida hasta el reinado de Carlos 11, cuando se levantaron sus
arquerías coronadas por estatuas de emperadores. Es aquí donde tenían lugar las
recepciones, algunas fiestas y entradas triunfales cuyo principal ornato volvía a ser el
de los tablados efímeros 24 y, sobre todo, el de la importantísima presencia de las
series de ta pi ces 25•
Por otro lado, la fachada occidental se levantaba casi al filo de la cornisa que
descendía en rápida pendiente al Manzanares; con ello se favorecía la imagen de
fortaleza del conjunto (y que nunca perdió al permanecer siempre los famosos cubos
medievales a los que ya nos hemos referido), convirtiéndose esta vista, aún más que
las frontales y las de su fachada principal, en la más utilizada en todas las épocas,
desde las representaciones de Wyngaerde en el siglo XVI hasta la que aparece en el
cuadro El pajarero (La cometa) de Houasse, una de las últimas antes del incendio.
También habría que señalar cómo, ni aun a finales del siglo XVII, los arcos de entrada
al recinto de la plaza principal (el de la Armería) y el diseñado por Bartolomé
Hurtado, se enfrentaron con la puerta principal del edificio, huyendo siempre de
visiones simétricas y perspectivas.
Es éste uno de los rasgos fundamentales del Alcázar, cuyo olvido ha hecho
malcomprender y desestimar la relevancia arquitectónica del edificio.
Al igual que en el caso de la ausencia de una verdadera escultura monumental,
de unos jardines perspectivos o de una relación escenográfica con la ciudad, la
arquitectura del edificio ha de verse en el contexto del peculiar uso del clasicismo que
caracteriza a la Corte hispánica; un uso que en ningún momento se trató de
regularizar ni de concebir como lenguaje específico de la magnificencia del poder,
como sí había sucedido en ciertos lugares de Italia o en la Francia de los Borbones,
instrumentalizándolo por medio de una Academia Real.
Fue siempre la llamada «Junta de Obras y Bosques» el organismo de gestión de
las obras, así como los arquitectos y maestros de obras que, desde Luis de Vega y
Covarrubias hasta Ardemans, pasando por Juan Bautista de Toledo, Francisco de
Mora, Juan Gómez de Mora o Del Olmo, los encargados de plantear el edificio en
sus sucesivas ampliaciones o remodelaciones.
De entre ellos, y como han puesto de manifiesto los estudios de Gérard y
Barbeito, los que realmente tuvieron una imagen general del Alcázar y sus
necesidades en dos momentos clave fueron Covarrubias, cuyo plano de ampliación a
dos patios marca la historia definitiva del edificio, y, ya en el siglo XVII, Juan Gómez
de Mora, cuya fachada y ordenación de salas en el Mediodía nos define un nuevo
monumentalismo de signo barroco tanto en su exterior como en los interiores, que
trataba de resolver un problema esencialmente representativo como era el de las salas
de aparato orientadas hacia el sur.
La fachada del Alcázar de _Madrid en tres siglos. Arriba, en el XVI, según Ant9n van 1>
Wyngaerde (Viena, Biblioteca Nacional). En el centro, maqueta de Juan Gómez de
Mora, del XVII (Madrid, Museo Municipal). Abajo, a principios del xvrn, en un dibujo
de F. Pallota (Madrid, Museo Municipal).
32 /FERNANDO CHECA
33
así como por la existencia de una serie de plantas de la obra, fundamentalmente las
levantadas por Juan Gómez de Mora en 1626 y por Ardemans a principios del siglo
XVIII, en las que se especifican las funciones de gran parte de las dependencias
palaciegas. El Real Alcázar de Madrid era, desde este punto de vista, un edificio de
enorme complejidad, pues unía las necesidades de casa privada del Rey (ello es
especialmente claro en el Cuarto Bajo de Verano) 29 con las de la representación
monárquica (muy evidentes en los apartamentos del ala del Mediodía de la planta
principal). A ello habrían de unirse la importancia de las funciones religiosas,
también divididas en públicas (capilla) y privadas (oratorios), las de trabajo y estudio
del Rey (Torre Dorada), fiestas y diversiones (Salón del Sarao, Grande o de las
Comedias) 30 y, naturalmente, gobierno, pues en el edificio también se alojaban los
Consejos a través de los cuales se gobernaba la monarquía. Todo ello dividido en
Cuartos del Rey, de la Reina y de los Príncipes, así como los que, en determinados
momentos, tuvieron otros personajes como el Cardenal Infante, el príncipe Baltasar
Carlos o el Conde-Duque de Olivares 31 •
De esta manera se fue configurando una maraña de dependencias y funciones
muchas veces superpuestas 32 , a menudo difícil de comprender a través del
complicado lenguaje de los documentos y descripciones, que sólo a duras penas
comenzamos hoy a clarificar.
34 /FERNANDO CHECA
Pozzo, 1626, fol. 51. las mismas que más parece producto de concepciones 30 Son muy numerosas las referencias a los pagos de
Véanse las ideas al respecto de otro visitante en el siglo estéticas vanguardistas, que resultantes de una comedias y otras diversiones que tuvieron lugar en el
XVI, las de Venturina da Fabriano, y su oposición a los consideración de la época en que fueron producidas. Alcázar de Madrid a lo largo del siglo XVII. Además de las
palacios renacentistas romanos, en este catálogo, pág. 144. 20
Ello es absolutamente habitual en el Alcázar de señaladas por J. Barbeito en este catálogo a propósito de la
3 Este trabajo no hubiera sido posible sin la existencia de Madrid, así como en el resto de los edificios europeos del representación de Los celos hacen estrellas de Vélez de
otros previos que han tratado con atino y rigor de diversos momento. La diferenciación en el sistema expositivo de las Guevara, reseñaremos las siguientes: en 1617 se paga a
aspectos del edificio: desde el pionero de Justi hasta los obras de arte por escuelas nacionales y regionales o por Julio César Semín por las «apariencias, lienzos y otras
más recientes, entre los que es de justicia destacar: Sánchez artistas individuales, es una característica que se desarrolla cossas que iban en el tallado de madera que se hazia en el
Cantón, 1956-1959; Bottineau, 1956 y 1958, 1962 fundamentalmente en los museos públicos de los siglos XIX salon para la comedia que hacian las meninas de la reina »;
(ed. española 1986); Martín González, 1962; y XX, muy influida por una determinada historiografía en el mismo año a Antonio de Herrera por «cinco
lnventarios .. ., 1975-1985; Gérard, 1984; Rivera, 1984; artística. Los puntos de vista actuales, que tienden a animales ferozes de diferentes formas para unos gigantes
Orso, 1986; Barbeito, 1992(1); León, 1993. valorar las producciones artísticas no tanto en el contexto para la dha. comedia », que se habían de hacer de escultura
Por ello quiero dejar constancia de una serie de ayudas de un «estilo formal», ni en el de la biografía de un artista y pizarra (AGS, CMC, 3.' época, leg. 784). En 1629, pagos
sin las que el proyecto no hubiera podido realizarse: la o el de una «escuela » nacional o regional, sino en a Cosme Loti por unas tarimas y tramoyas en el Salón de
Dra. Elena Santiago (Biblioteca Nacional) y el configuraciones metodológicas más acordes con las Comedias (AGS, CMC, 3.' época, leg. 1450). En 1640,
Dr. Fernando Bouza (Universidad Complutense) han realidades productivas del Antiguo Régimen (y el «arte de pagos a Juan Martín Ferrer, aparejador, por armar y
realizado la selección de los libros; José Manuel Matilla corte» podría ser una de ellas), permiten valoraciones e desarmar tres veces el teatro de la representación en el
(Calcografía Nacional), la de estampas y libros de los ideas expositivas distintas a las de los museos tradicionales. Salón Dorado para que sus majestades vieran las comedias
restantes palacios europeos; Alejandro Massó la de libros e 21
Véanse por ejemplo las palabras de Diego de Villalta al (AGS, CMC, 3.' época, leg. 1461 ). En 1649 se paga a
instrumentos musicales; Fernando Martín nos ayudó en el respecto (Sobre las estatuas antiguas). Alonso Gómez, maestro de cantería, por «dos rabiados
Palacio Real de Madrid. Especialísima mención habría que 22
Lavin, 1980. que hi\O en las dos ventanas ... del segundo zaguan <leste
hacer de la Dra. Trinidad de Antonio, sin cuyos desvelos y 23
Véase al respecto la documentación conservada en Real Alcazar, para la fiesta de la Mascara de la venida de
especial dedicación no hubiera sido posible la sección de la AGS, CMC. 3' época, leg. 1450 y1461. la Reina ... »; lo mismo a Simón López, pintor y dorador,
muestra que se expone en el Museo del Prado. 24
Así, y por poner un solo ejemplo, en 1626 se registran «en el teatro que se hizo de pintado y de dorado ... que se
5 Saavedra Fajardo, 1988, Empresa 2a. pagos a Diego Cubero «para clavar las tablas en el puso en el salan grande para las comedias»; id., en 1648, a
Domínguez Ortiz, 1969, y Unterkircher, 1960. respaldar del altar que se hizo en la dha. plaza de palacio Francisco Alonso, cerrajero, «para las puertas y tramoyas
7
Véase en las páginas 377-424 una consideración detallada donde passo la procession del Santísimo Sacramento del de la fiesta »; lo mismo a Alonso Gómez, cerrajero (AGS,
de estos conjuntos y la evolución de sus colecciones. dia del Corpus», AGS, CMC 3.' época, leg. 1450. Sobre el CMC, 3.' época, leg. 1362). En 1673 a Vélez de Guevara
8 Azcárate, 1960(1) y Brown, 1986. rema de la fiesta del Corpus en Madrid véase el magnífico por la comedia Contra el valor no hay encanto el domingo
Orso, 1986, págs. 135-143. Portús, 1993. de carnestolendas; el mismo año a Juan Bautista Diamante
1
º Checa, en prensa. z; Véase el artículo de J. Portús en este catálogo, págs.
yJuan de Matos por la comedia de Don Quijote, para
11
Saavedra Fajardo, 1988, Empresa 4a. 112-130. representar el martes de carnestolendas; también en 1673 a
12
Véase el artículo de J. Sáenz de Miera, págs. 264-287 26 Prinz, 1985.(2). Es a este respecto muy significativo el
Juan Matos Fragoso por escribir la comedia El ingrato
13
Sobre su figura, véase Spezzaferro, 1985. comienzo de la relación de Venturina da Fabriano: «E agradecido en el Salón de Palacio; en la misma fecha por la
14
Brown, 1986. posto nel fine di Madrid occidente verso Segovia quindi comedia de Los juegos Olímpicos; igualmente a Juan
15 lontana legue 18. La Pianta fu di Ferdinando el Cat. 1482,
Prinz, 1970. Fernández Laredo por una «mutación » en el teatro del
16
Así, la referencia a las distintas bibliotecas existentes a cresciuto di Cario V et poi de Filippo il figlio qual'hora vi Salón Dorado (AGS, CMC, 3.' época, leg. 1362).
lo largo de los siglos en el Real Alcázar; el Salón de los fonda un altro quarto che li dará oltre comodirá, maggior 31
El plano de Gómez de Mora señala al respecto: «Sobre
Espejos con cuadros que colgaron en él en distintas épocas; vaghezze et perfettione al quadro, e in fortezza havendo la el quarto destalcazar al andar de la bibienda en que esran
una muestra de la Armería, ya en el siglo XVII, etc. En riga de tre lati, e a foggia di castello con doi Torrioni da i aposentadas todas las dueñas de onor, damas y meninas,
realidad, es a través de la muestra dedicada a la lati, !'ultimo de quali detto la torre di Filippo ... », fol. 197. las de la camara y las de retrete de las dos cassas de la
arquitectura del palacio como se logra una imagen Sobre el rema del significado político de las fortalezas, Reyna y Reyna de Hungría con rodas sus criadas mayores
diacrónica del edificio, sus salas, dependencias y fachadas, villas y palacios que en el Renacimiento desarrollan esta y menores en que tienen sus aposentos, oratorio, tribunas
a lo largo de dos siglos. tipología cuadrada con torres en las esquinas, véase Von de la capilla sobre las de sus majestades y otras
17 Moos, 1974.
Véanse las referencias fundamentales de Palomino en comodidades que seran en numero de Mujeres de rodas
sus Vidas, único testimonio de cierta amplitud conservado 27
Véanse al respecto Bottineau, 1962 y el artícu lo de J. L. calidades 400 personas, que se goviernan debajo de las dos
al respecto, y los escasos dibujos que presentamos en la Sancho en este catálogo, págs. 96-11 1. camareras mayores y mayordomo de la Reina».
28
muestra. Elías, 1982. 32 La relación de Gómez de Mora dice muy
18 29 Gómez de Mora, en la memoria explicativa de los
Además, y aunque éste sea un tema lo suficientemente expresivamente: «Fuera de la capacidad desta planta tiene
complejo para ser abordado aquí, no hemos de olvidar que planos que levantó en 1626, dice: «Demas de la Rela\ion este alca\ar otros muchos patios que se mandan por dentro
la valoración estética, forma l y autónoma de la obra de que se ha hecho destas dos plantas en que se muestra como de cassa que sale su puerta al \aguan n.52 por debajo del
arte es algo más propio del mundo contemporáneo que del estan aposentados las personas Reales, Consejos y otras aposento del conde de benavente y debajo del passadizo en
período que ahora nos ocupa. cossas ay en el alcazar de N. Sr. aposentos debajo desta que esta el resto de los consejos, offi\ios de las personas
19 planta n.2 que no se ha hecho rela\ion su planta por ser
De ahí el sistema expositivo de diversas de las secciones reales y CO\inas y el offo. de la botica del rey, en que se da
de nuestra muestra (Cfr. por ejemplo, la solución dada en cossa muy menuda. Solo se dira que en la planta de las Recado a diez mil personas. Llega roda esta bibienda y
el Museo del Prado a la alusión al Salón de los Espejos o la bovedas estan acomodadas la mayor parte de los offi~ios sitio de pala\io comprendiendo en si cassa del tesoro asta
Capilla Real). Quizá sería el momento de revisar tocantes a la casa de la Reyna, Infante don Fernando, la esquina en que empieza la fabrica del monasterio de la
determinados tópicos expositivos de los últimos treinta escritorios de secretarios y aposentos del Rey y de la Reyna encarna\ion en largo de 1550 pies de españa•.
años en grandes museos que tienden a individualizar en para pasar los calores del berano». Biblioteca Apostolica
demasía algunas obras de arte, en una autonomización de Vaticana, Barb. Latini 4372.
Felipe II
(1556-1598) Juana
11 11
María Manuela Juan, príncipe
de Portugal de Portugal
11
María Tudor, reina
de Inglaterra
11
Isa bel de Val ois
11-~
Mariana de Austria
1 1
María Teresa Margarita Teresa Carlos II
11 11 (1665-1700)
s XIV Leopoldo I 1
Francia emperador de María Luisa de Orleans
Alemania 11
El Gran Delfín 1
Mariana de Neoburgo
11 -----------~1 ~
1 1
María Cristina de Baviera Felipe V
CASA DE AUSTRIA
(1700-1746)
CASA DE BORBON
i 11
María Luisa de Saboya
1 11 Luis I Felipe Fernando VI
Isabel de Farnesio (1724) Pedro
Felipe 11, por el taller de Tiziano . Isabel de Valois, tercera esposa de Felipe 11, por
Juan Pantoja de la Cruz (copia de Sánchez
Coello).
GALERIA DE RETRATOS / 37
Carlos, hijo de Felipe II y María de Portugal, Felipe ill, por Pedro Antonio Vida!.
por Alonso Sánchez Coello.
Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela, hijas de Felipe TI e Isabel de Valois, Margarita de Austria, esposa de Felipe ll, por Juan Pantoja
por Alonso Sánchez Coell o. de la Cruz.
Mariana de Austria, segunda esposa de Fernando, Cardenal Infante, hermano de Felipe IV,
Felipe IV, por Juan Carreño de Miranda. por Anton van Dyck.
GALERIA DE RETRATOS/39
Baltasar Carlos, hijÓ de Felipe IV e Isabel de Margarita, hija de Felipe IV y Mariana de
Borbón, por Juan Bautista Martínez del' Mazo. Austria, por Diego Velázquez.
Carlos II, por Juan Carreño de Miranda. María Luisa de Orleans, primera esposa de
Carlos II, por José García Hidalgo.
Luí~ 1, hijo de Felipe V y María Luisa de Fernando, futuro Fernando VI, hijo de Felipe V y María Luisa de
Saboya, por Michel-Ange Houasse. Saboya, por Miguel Jacinto Meléndez.
GALERIA DE RETRATOS/41
42
EL EDIFICIO
LUIS CERVERA VERA
,..,
<t J:l D
111 u a a
'" • a A l!I.
" ..
"
• 11
Alonso de Covarrubias, Planta del Alcázar, h. 1536, dibujo, Madrid, Ministerio de Asuntos Exteriores.
44
ESTANCIAS DE CARLOS V EN EL ALCAZAR MADRILEÑO
o !So piés
1 Capilla. B Arqucrias .
Cubo redondo
l. 'Capilla.
2. Sala grande. aID Obra nueva.
3. Antecámara. J\. Paso de la Torre Dorada
4. Aposcnco Real. al Cubo Redondo.
Las anteriores restauraciones y arreglos de las armaduras que cubrían la Capilla Real
se complementaron con otras obras de albañilería, para dejar totalmente remozada, y
con el adecuado servicio para Carlos V, aquella importante pieza del Alcázar
madrileño.
Dos fueron las reformas 65 • Con la primera se levantó de nuevo «un sobrearco
de ladrillo y yeso», más grande que el existente, al que sustituyó, con objeto de «que
la capilla a donde está el altar tenga mexor gra~ia » . Todo él estaría «ochavado »,
provisto de su «yesería» y con sus «pies derechos de buena ordenan~a del Romano »,
análogo «al arco que esta labrado en la capilla de los Reyes, de Toledo ».
MullALLA.
S ies .
1
1
1
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CAeezAs oe V1GJ1..S f~JFO!llADA
1:11 MuRAUA
At!TEPE'O!OS DE MADERA
5 pies-
Detalles constructivos del paso de la Torre Dorada al cubo redondo (dibujos del autor).
54
PASADIZO DE LA TORRE DORADA AL CUBO REDONDO
Louis Meunier, Vista del Patio de la Reina del con su regla~ercha conforme a las del patio "nuevo", y que tengan un pie más de
Alcázar de Madrid, h. 1666, grabado, Madrid, Museo largo que los dicho patio nuevo y más grueso una pulgada, y el capitel en el alto que
Municipal.
le quedare, para que sea tan alto el dicho pilar, con base y capitel, como los que están
hechos en el dicho patio "nuevo" ». Respecto a «las molduras de los capiteles»
ordenaron que fueran <<muy bien hechas a la antigua ».
Con el mismo criterio ordenaron los maestros las condiciones que debían
cumplir las diferentes partes de las arquerías. Dispusieron que «los salmeres y
bolsones de los arcos "habrían" de ser repartidos con el mesmo punto que los del
patio nuevo, salvo que ande ser del grueso conforme a los pilares »; que «las
molduras "serían" de buena ordenan~a » , pero sin «más costa en la labor que los
otros arcos que están hechos en el patio nuevo; que los entablamentos sean
conformes a los del patio, aunque en ellos aya alguna diferen~ia en la moldura », y la
misma « diferen~ia admitían para las ~a patas y len teles ».
Un nuevo motivo ornamental fueron los escudos en que «se an de labrar las
armas ynperiales de su magestad », que situaron en «las embocaduras » de los arcos.
Estos escudos serían «quan grandes pudieren, de manera que las cabe~as de las
águilas suban las coronas dellas devajo el postrer moldurón del entablamento».
La totalidad de las obras se levantaría con «muy buena piedra berroqueña,
granimenuda y de vuen color», y sería <<muy bien labrada y asentada y retundida, y
engrapada en los lugares que fuere menester». Y los maestros terminaban insistiendo
en que los trabajos se deberían realizar «conforme a como está hecho y acabado en el
1 Fecha fijada por Fernández Alvarez, 1966, pág. 73. Tormo y Monzó, 1945.
J s lbidem, pág. 586.
Retrasa y equivoca la fecha de llegada Sandoval, 1625, 4 9
Véase el cuadro que representa Gante en el año 1534, Foronda, 1914, pág. 260. Sandoval, 1625, primera
primera parte, pág. 102; "Y llegó a la playa de conservado en el Museo Bylok. parte, pág. 586, consigna equivocadamente el 28 de
Villaviciosa. Domingo a diez y nueue de Setiembre año 5 Acerca de la ciudad de Bruselas en este tiempo, véase
septiembre en lugar del día 18.
1517», pues el día 19 de septiembre de 1517 fue sábado Guicciardini, 1578, págs. 71-80. · 10
Sandoval, 1625, primera parte, pág. 586.
según Capelli, 1930, pág. 79. 6 11
Foronda, 1914, págs. 246-251. Foronda, 1914, pág. 260.
2 7
Gómez Iglesias, 1962. Sandoval, 1625, primera parte, pág. 543. 12
Sandoval, 1625, primera parte, pág. 579.
conciertos a 14 días del mes de Enero <leste año de 1526, al estudiar a Luis de Vega, ni tampoco al ocuparse de Juan Alvarez de León y Domingo Montes para pintar y
en Madrid»; a continuación transcribe (págs. 613-634) el Alonso de Covarrubias, en Ibidem, I, págs. 182-191. dorar la sala grande del cuarto real del Alcázar de
56
documento. Fernández Alvarez, 1966, pág. 217. lñiguez Almech, 19 52, pág. 62-100. Madrid. » Madrid, 19 de octubre de 1540. (A.H.P.,
57
14 Foronda, 1914, pág. 267. Mexia, 1918, pág. 395.
Se conservan en el Protocolo 71, fol. 397 y ss. del Madrid, Gabriel Fenzández, Prot. 71, fol. 403.)
15 Fernández Alvarez, 1966, pág. 231. Sandoval, 1625, 71
Archivo Histórico de Protocolos de Madrid bajo el «Escritura de obligación otorgada por el entallador
primera parte, págs. 637 y ss. Mexia, 1918, pág. 400. epígrafe Registro de escripturas y pinturas del alcázar de Diego Copín para hacer diez escudos de madera con las
16 Foronda, 1914, pág. 283. Madrid y de otras cosas de obras. armas imperiales para el Alcázar de Madrid. » Madrid, 2
17 Sandoval, 1625, primera parte, pág. 712. 58
Foronda, 1914, pág. 48 8. de noviembre de 1540. (A.H.P., Madrid, Gabriel
18 Ibidem, pág. 724. Foronda, 1914, págs. 290-291. 59
Ibidem, pág. 488. Fernández, Prot. 71, fol. 404.)
60 72
Mexia, 1918, pág. 441. Ibidem, pág. 489. El ducado valía trescientos setenta y cinco
19 Foronda, 1914, pág. 304. 61
«Condiciones para la pintura y dorado de las maravedíes.
°
2 Fernández Alvarez, 1966, pág. 249. armaduras de la capilla del Alcázar de Madrid 7
J «Escritura de obligación otorgada por el entallador
21 Foronda, 1914, págs. 304-306. establecidas por Luis de Vega y Alonso de Covarrubias. » Francisco Hernández para hacer diez escudos de madera
22 Ibidem, págs. 307 y ss. Madrid, octubre de 1540. (A.H.P., Madrid, Gabriel con las armas imperiales para el Alcázar de Madrid.»
23 Ibidem, pág. 313. Fernández, Prot. 71, fol. 397.) Madrid, 3 de noviembre de 1540. (A.H.P., Madrid,
24 Ibidem, págs. 313-315 y ss. 62
«Escritura de obligación otorgada por el entallador Gabriel Fernández, Prot. 71, fol. 406.)
25 Menéndez Pida!, 1966, pág. XLVI. Diego Copín para hacer diez escudos de madera con las 74
«Condiciones para la yesería de la sala y antecámara
26 Fernández Alvarez, 1966, pág. 250. Mexia, 1918, armas imperiales para el Alcázar de Madrid.» Madrid, 2 de del aposento real en el Alcázar de Madrid. » Madrid,
pág. 491. noviembre de 1540. (A.H.P., Madrid, Gabriel Fernández, noviembre de 1540. (A.H.P., Madrid, Gabriel Fernández,
27 Foronda, 1914, págs. 327 y ss.
Prot. 71, fol. 404) y «Escritura de obligación otorgada por Prot. 71, fol. 408.)
28 Fernández Alvarez, 1966, pág. 217.
el entallador Francisco Hernández para hacer diez escudos 75
«Escritura de obligación otorgada por los oficiales de
29 Ibidem, pág. 411.
de madera con las armas imperiales para el Alcázar de yesería Alonso Gómez y Fernán Sánchez de Estrada para
JO Sandoval, 1606, fol. 29. Foronda, 1914, pág. 337. Madrid», Madrid, 3 de noviembre de 1540. (A.H.P., hacer la yesería de la sala y antecámara del aposento real
Mexia, 1918, págs. 520 y ss. Madrid, Gabriel Fernández, Prot. 71, fol. 406.) en el Alcázar de Madrid. » Madrid, 7 de noviembre de
6J «Escritura de obligación otorgada por el pintor
JI Foronda, 1914, págs. 388 y ss. 1540. (A.H.P., Madrid, Gabriel Fernández, Prot. 71 , fol.
J2 Ibidem, págs. 388-401. García de Ampuero para pintar y dorar las armaduras de 408v.)
JJ Sandoval, 1606, fol. 99. la capilla del Alcázar de Madrid. » Madrid, 19 de octubre 76
Véase el Documento reseñado en la nota 74.
J4 Foronda, 1914, págs. 401 y ss. Sandoval, 1606, fol. de 1540. (A.H.P., Madrid, Gabriel Fernández, Prot. 71 , n La Torre dorada, objeto de las obras que reseñamos,
107. fol. 397v.) estaba situada en el ángulo noroeste del Alcázar,
64
J 5 Foronda, 1914, págs. 460 y ss. «Escritura de fianza otorgada por el pintor Alonso de mientras que la torre dorada de Felipe II se encontraba en
6
J Sandoval, 1606, fol. 192. Foronda, 1914, pág. 466. Salamanca mancomunadamente con el entallador el ángulo sudoeste. Sobre la torre decorada por Gaspar
37
Foronda, 1914, págs. 466-467. Francisco Hernández a favor de García de Ampuero.» Becerra, véase Cervera Vera, 1954, págs. 34 y 52.
J 8 Ibidem, págs. 469-470. Madrid, 19 de octubre de 1540. (A.H.P., Madrid, 78
«Condiciones para la obra del paso de la Torre
J9 Ibidem, págs. 470-476 y ss. Gabriel Fernández, Prot. 71, fol. 399.) Dorada al Cubo Redondo del Alcázar de Madrid. »
4
° Fernández Alvarez, 1966, pág. 543. 65
«Conclusiones para la albañilería de la capilla del Madrid, noviembre de 1540. (A.H.P., Madrid, Gabriel
41
Sobre la intervención de Luis de Vega nada consignan Alcázar de Madrid. » Madrid, noviembre de 1540. Fenzández, Prot. 71 , fol. 413.)
79
al citar este palacio: Quadrado, 1861, pág. 158; (A.H.P., Madrid, Gabriel Fernández, Prot. 71, fol. 410.) Recordamos que el pie castellano era equivalente a
Quadrado, 1885, pág. 231; Martí y Monsó, 1898-1901; 66 «Escritura de obligación otorgada por el oficial de 0,27856 metros.
80
Lampérez y Romea, 1922, pág. 424. Camón Aznar, yesería Critóbal de Toledo para ejecutar la albañilería de «Escritura de obligación otorgada al maestre Antonio
1945, pág. 307, al describir el palacio, no menciona a la capilla del Alcázar de Madrid. » Madrid, 7 de para la obra del paso de la Torre Dorada al Cubo
Luis de Vega. noviembre de 1540. (A.H.P., Madrid, Gabriel Fernández, Redondo del Alcázar de Madrid. » Madrid, 7 de
u Descripción de este palacio en García Chico, 1950, Prot. 71, fol. 4lOv.) noviembre de 1540. (A.H.P., Madrid, Gabriel Fernández,
pág. 87. 67
«Condiciones para la pintura y dorado de las Prot. 71 , fol. 414.)
4 81
J Ponz, 1783, XII, pág. 150. armaduras de la cuadra real en el Alcázar de Madrid «Condiciones para ejecutar la arquería del patio
44
Véase la transcripción de estas condiciones en García establecidas por Luis de Vega y Alonso de Covarrubias. » grande del Alcázar de Madrid firmadas por Luis de Vega
Chico, 1950, pág. 94. Madrid, octubre de 1540. (A.H.P., Madrid, Gabriel y Alonso de Covarrubias. » Madrid, noviembre de 1540.
45
Ibidem, pág. 95. Fernández, Prot. 71, fol. 400.) (A.H.P., Madrid, Gabriel Ferná11dez, Prot. 71, fol. 416.)
46 68 «Escritura de obligación otorgada por el pintor Diego 82
«Escritura de obligación otorgada por los canteros
lbidem, pág. 95.
47
Llaguno, 1829, II, pág. 3 de Villarreal para pintar y dorar las armaduras de la Juan de Perea, Martín de !barra y Pedro de Alviz para
48 ejecutar la arquería del patio grande del Alcázar de
Ibidem, I, págs. 304-305. cuadra real en el Alcázar de Madrid. » Madrid, octubre
49
Cervera Vera, 1978, pág. 150. de 1540. (A.H.P., Madrid, Gabriel Fernández, Prot. 71, Madrid. » Madrid, 7 de noviembre de 1540. (A.H.P.,
50
Llaguno, 1829, 11, págs. 3-9. fol. 400v.) Madrid, Gabriel Ferná11dez, Prot. 71 , fol. 147v.)
51 69 «Condiciones para la pintura y dorado de las 83 «Escritura de fianza otorgada por el platero Jerónimo
Cervera Vera, 1978, pág. 143.
52 de Rosales y por Pedro de Orduña a favor de Juan de
Llaguno, 1829, !, pág. 183. armaduras de la sala grande del cuarto real del Alcázar
5 de Madrid establecidas por Luis de Vega y Alonso de Perea, Martín de !barra y Alviz. » Madrid, 7 de
J Ibidem, pág. 186.
54 noviembre de 1540. (A.H.P., Madrid, Gabriel Femández,
Véase sobre su vida y obras Llaguno, 1829, !, págs. Covarrubias. » Madrid, octubre de 1540. (A.H.P.,
182-191, y García Rey, 1927 y 1929. Madrid, Gabriel Fernández, Prot. 71 , fol. 402.) Prot. 71, fol. 420.)
EL PALACIO REAL
DE MADRID EN SU ENTORNO
Gaspar de Witt, Plano de Madrid, 1622-1623, detalle, grabado, Madrid, Museo Municipal.
60
El contorno urbano de un edificio tiene un valor explícito, pues viene a ser un
componente de su irradiación visual, de su proyección perspectiva, por lo que en
ningún caso pasa a considerarse corno un simple terreno neutral. El espacio
circundante al Palacio Real de los Austrias en Madrid es parte sin duda contendiente
del propio edificio, ya que cumple por una parte la función de crear un ámbito para
mostrar su magnitud, desde una mirada amplia en perspectiva, y'a la par también se
manifiesta corno factor de subordinación funcional, por el carácter servicial que se le
otorgan a determinados edificios colindantes. Se «considera » también el entorno, por
congregar un núcleo edificatorio unilateral, de configuración propia, que alberga una
población ciudadana implicada muy directamente en las exigencias administrativas,
políticas o protocolarias del propio Palacio Real. La configuración de los alrededores
de la residencia real, al igual que la problemática de su estabilización y de su
dinámica, a partir de 1561, y por razones de su naturaleza ceremonial, defensiva,
social, etc., vino a estar determinada por una mezcolanza de aspectos contradictorios
en donde se pueden medir, a pocos pasos, lo popular y lo aristocrático, la corpulencia
del Palacio y la humildad de un retazo de la villa, la trivialidad y el refinamiento, y
una extraña mezcla de provincianismo y cosmopolitismo. Aquel entorno entró a
formar parte de una dinámica que se atiene a diversos criterios de apreciación. Fue
sensible a la inevitable diversificación de sus componentes, a nivel social, físico,
político o funcional.
El marqués Pierre de Villars, embajador a fines del siglo XVll en la Corte de
España, dijo del Alcázar de los Austrias: «Su fachada es de orden dórico, de una
piedra de aspecto como el asperón; dos pabellones de ladrillo la terminan a derecha y
a izquierda; los otros tres lados de este Palacio no tienen ni forma ni relaciones entre
sí, y todos ellos están compuestos por una cantidad de pequeños edificios de ladrillos
y adobes; debajo del Palacio, el terreno que va inclinándose hasta el Manzanares está
cerrado por muros, en una situación admirable para terrazas y cascadas; pero está
inculto, sin bosque, sin jardín, sin fuentes. Delante del Palacio hay una Plaza grande,
que Valenzuela, durante su favor, hizo regular por dos muros de pequeños arcos,
1lenos de adornos, con que la cerró a derecha e izquierda » 1•
Como es evidente por la descripción, a fines del siglo XVII el símbolo
arquitectónico decisivo del lugar, el P~lacio Real, no había alcanzado la coherencia
formal apetecida a los ojos de los forasteros. Tan sólo parece destacar corno polo de
atracción la fachada principal meridional, hecho que pudo estar estimulado por los
rituales de la Corte, corno corresponde a la necesidad y determinación de un espacio
escénico y perspectivo, como lugar destinado a la «exhibición » del triunfo
·monárquico. Plaza y Palacio se configuran de manera conjunta para resaltar la
presencia hegemónica del Rey. Fachada y Plaza se convertirán, en los actos
ceremoniales, en telón de fondo de un núcleo urbano privilegiado.
A muy corta distancia de la Plaza Real asoma la ciudad, ofreciéndonos en cada
esquina su particular articulación. Nos impone su tiránica servidumbre al recodo, al
quiebro, a la línea curva, al núcleo urbano de pasos estrechos, de tránsito dificultoso.
A los edificios no les queda más remedio que acoplarse a los caminos naturales, que
tuercen y vuelven a torcer. Se encuentra en este ámbito «la cuna » humilde de la
capital, con su fisonomía particular, en donde se renuncia a las elegancias de un estilo
Anton van Wyngaerde, Vista de Madrid, detalle, irregular y contribuyó muy decisivamente a prefigurar la llamada calle del Arco y la
h. 1560, Viena, Biblioteca Nacional. plazuela de Santa María. Este comprimido espacio también se sintió interferido con
el bloque en el que se situó la vivienda del duque de Alburquerque, compartiendo el
solar con otra vecina propiedad perteneciente a la Cofradía del Corpus Crhisti,
adscrita a la parroquia de la Almudena 11• En el mismo ámbito la presión del espacio
también se acentúa por otros inmuebles que pertenecen al Rey. No obstante, la
vivienda de Francisco Fernández de la Cueva, Virrey de Nueva España y marqués de
Cuéllar, disfrutó de mejor paisaje, ya que por lindar con el Postigo de Santa Ana
pudo disfrutar de las vistas que se ofrecían a través de la pequeña explanada de la
Cuesta de la Vega. Su costado norte estuvo orientado a la Plaza Real.
Ascendiendo desde San Gil a la colina donde se asientan las viejas parroquias de
San Juan y Santiago y el convento de religiosas franciscanas de Santa Clara,
tropezamos con el caserón del marqués de Bozmediano, formado por la anexión de
tres viviendas que fueron del mayorazgo de los Herrera 12 • De contorno apuntado, en
la manzana hallamos a otra ilustre vecina, la duquesa del Arco, que adquirió también
la propiedad de don Melchor de Herrera, a quien pertenecía en 1589 13 • El bloque de
los Bozmediano competía en sus angulosos perfiles con la manzana vecina 432, donde
tuvo una propiedad el marqués de Nules, tras fusionar las viviendas que habían
pertenecido a don Luis Bravo de Acuña y a don Luis Alvarez de Toledo. Este obtuvo la
depuración de sus censos en febrero de 1589 14• No fue tampoco vivienda unifamiliar,
ya que compartía la superficie de dicho inmueble el licenciado don Juan Escudero 15•
LA PROPUESTA ECLESIASTICA
Se puede decir en términos generales que no la hubo. Los viejos hospitales fueron
desapareciendo en los aledaños del Palacio Real. Muy pocos recuerdos se dedican ya
en aquella época a San Lázaro, a la Misericordia, a Santa Ana, etcétera. Fueron
derribados, y sustituidos en algunos casos para espacios con destino a otros usos. La
zona carece de organismos públicos destacables. Y no resulta tampoco muy alentador
que permanecieran adyacentes al Palacio Real las fuentes y los lavaderos públicos de
los Caños del Peral. Un extenso expediente de obra trae a nuestro conocimiento el
interés que despertaba tal lavadero público y sus fuentes. A lo largo del siglo XVII el
Ayuntamiento vigila con insistencia su limpieza, su modernización y su fortaleza,
restaurando sus pilas y techando el organismo para mejor comodidad de los
ciudadanos 55 • Pero no deja de extrañar el mantenimiento de una lavandería pública,
junto a la Plaza Real y el ceremonial cortesano.
En los expedientes de obra de aquel entorno se recogen algunos datos que nos
hablan del derribo de tiendas, posiblemente de abastecimiento cotidiano, al igual que
hay también noticias sueltas de los puestos de venta por todo aquel lugar de los
buhoneros. Sólo en época más tardía surgirá en el barrio el Teatro de los Caños del
Peral, y cercano a él la sede pública de la Inquisición.
Al referirnos a la intervención de carácter público, podríamos también prestar
alguna consideración al espacio urbano colectivo. Pero es evidente que tampoco
podríamos enunciar nada relevante. El hecho más destacable consideramos que fue la
apertura de la calle de San Juan uniendo la Plaza Real con la Plaza de la Villa.
Podríamos incluso destacar el ensanche de la Plaza de Balnadú con el derribo de
algunas viviendas o la reforma de los Caños del Peral, para la que hubo una propuesta
de Juan Bautista de Toledo 56 • Se llevó a cabo una muy limitada intervención en la calle
de San Salvador 57 , una propuesta de cierre de la Puerta de la Vega, el derribo del Arco
de Santa María 58 , o ese hecho tan puntual de pedir una licencia por parte del tesorero
Alonso Gutiérrez para alinear la fachada de su vivienda 59 • La obra más destacable de
la capital fue sin duda la construcción de la calle Nueva, y la Puerta y Puente de
Segovia. Pero estas obras exceden del escenario propuesto.
A lo largo de este extenso recorrido muy escasos edificios nos presentan una
característica «emergente » sobre el resto de la capital. El lugar se convirtió en un
foco atractivo por la imbricación de sus gentes, de sus edificios o de sus calles en el
Palacio Real. Paseando por aquellas callejuelas no percibimos si nos encontramos
ante la vivienda de un grande de España, ante la de un burgués o ante la de un simple
;·\
ciudadano. Vivió en el sector una población heterogénea que se entremezcla
cotidianamente en los espacios fragmentarios y angostos de las manzanas. La
vivienda del noble roza la del burgués o la del simple comerciante, letrado,
administrativo o artesano. En el conjunto tan sólo hemos hallado diez viviendas
unifamiliares. Fueron las más interesantes las de Uceda, las de Esquilache, la del
duque del Parque, las del conde de Fuente el Sol y dos del duque de Arcos que
ocuparon las manzanas 180 y 186. Sin embargo, apellidos nobles como Malpica,
Bornos, Balbases, Noblejas, Alburquerque, Bozmediano, Auñón, Lemus, Oñate,
Villena, San Juan, etc., alinearon su vivienda junto a la de otros ciudadanos de
distinto rango social.
No hubo campaña alguna programada para reconstruir el sector. Son sin
embargo muchas las intervenciones que «puntualmente» se llevan a cabo, tanto a nivel
Planta baja de la casa del Príncipe de Esquilache, urbano como arquitectónico. Sobre ampliación o reparo de viviendas hay numerosos
Madrid, Archivo General de Palacio.
datos. En 1589, un extenso expediente de obra nos especifica los reparos de la casa de
don Bernardo Ramírez de Bargas junto a San Nicolás 60 • Francisco de Bargas Luján, en
1598, solicitaba una licencia para aderezar su vivienda junto a los Caños 61 • En la
Costanilla de los Angeles se propone una reforma en la casa de don Antonio de
Pedrosa en 1623 62 • Juan Gómez de Mora moderniza la fachada y refuerza los muros
de la casa de doña Isabel Félix de Aragón, junto a la iglesia de San Juan 63 • También
por traza del mismo arquitecto renueva su vivienda don Juan de Garnica en la calle de
los Tintes, y don Gerónimo de Rosales junto a Santa María 64 • En 1648, se solicita
licencia en la casa que fue de Juan de Herrera en la plazuela de Palacio 65 y en 1654
don Juan Mansels pide autorización al Ayuntamiento para restaurar una casa «al fin
de la calle de Panaderos que llaman Buenavista, frente a la casa del Tesoro»66 • Por la
misma cuestión la solicita también doña Mariana Arnedo, frente a la iglesia de
Sacramento, otra por Juan Bilbao frente a San Martín, por Juan de Presa frente al
Tesoro y por Juan Gómez de Arraitia junto a la Puerta de Guadalajara 67 •
Otro tipo de intervenciones afecta a las propias iglesias 68 , o a los pasadizos que
se restauran o se construyen de nuevo rememorando el pasado musulmán del sector,
como el de Valleserrato, duque de Alburquerque, marqués de la Laguna, Bozmediano
o el más extenso que une el Palacio con la iglesia de la Encarnación 69 • Al final del
siglo XVII, Pedro Caro Idrogo y Agustín de Astorga realizaron obras de nueva
distribución en unas casas de la calle de Santiago 70 •
Fue destacada la remodelación interna de la casa del duque de Lemus junto a
San Juan 71, y la de Antonio de Hoyos y Rojas en su vivienda de la calle de Espejo 72 •
Pero las intervenciones en general son de parcheo, sin que podamos haber intuido la
voluntad de aplicar un planteamiento nuevo para una transformación del barrio.
Hemos puesto de relieve algunas de las características del contorno urbano del
Palacio de los Austrias en su orientación meridional y oriental. El sector norte y
occidental, como realidad física, es independiente, ya que se implica directamente en
la propia morfología del edificio real, pasando a ser componentes de su propia
intimidad.
80
Sabemos que la carrera cortesana de Velázquez llevó al pintor a verse más de una vez
implicado en el mundo de las obras reales. Ca bría preguntarse si tras ello se escondía
un deseo de extender sus inquietudes artísticas a otros campos -concretamente a la
práctica de la arquitectura- como ap untaron ya sus primeros biógrafos, o si por el
contrario esta dispersión venía forza da por un entendimiento abusivo de sus
obligaciones al servicio del Rey que a la postre sólo significaban una pérdida de
tiempo, distrayendo a Velázquez de su dedicación exclusiva hacia la pintura. Hoy, un
mejor conocimiento del Alcázar madrileño, el edificio donde se llevan a cabo las
obras encomendadas al pintor, y el hecho de que poco a poco vaya apareciendo
nueva documentación sobre ellas, permite que podamos ir precisando estas
cuestiones 1•
Tras un largo paréntesis en el que el grueso de la actividad constructiva de la
Corte se había centrado en las obras del Buen Retiro, a partir del año 1639 el interés
de Felipe IV pareció volver a dirigirse hacia el Alcázar. Ordenó una operación general
de remozamiento de sus interiores que afectó a la práctica totalidad de los aposentos
reales. El viejo palacio iba a conocer una actividad frenética en los próximos años:
chapados de mármoles, dorado de las armaduras de techos, pinturas al fresco en
paredes y bóvedas, encargo de nuevos lienzos para la decoración de las estancias,
reposición de solados, construcción de bufetes y otras piezas de mobiliario, así como
un sinfín de tra bajos menores de vidriería, carpintería y ensamblaje. Dentro de esa
renovación de los interiores del Alcázar hay que situar las obras de consolidación de
las arquerías de los patios, donde por primera vez encontramos citado el nombre de
Velázquez.
En el verano de 1641 se había decidido arreglar el solado de los corredores,
colocando nuevas losas de granito enmarcadas por piedras de Tamajón. Pero no
tardaría en hacerse presente la necesidad de obras de mucha mayor envergadura, si se
querían atajar los desplomes que ponían en grave riesgo su estabilidad. El Rey,
alterando los cauces administrativos usuales que hubieran pasado por el
superintendente, a la sazón el conde de Orgaz, o por el maestro mayor, ocupación
que por entonces suplía Carbone!, responsabilizó directamente de los trabajos al
conde de Castrillo, el poderoso cuüado de Olivares. Este había quedado como
principal consejero de la Reina gobernadora mientras Felipe IV marchaba a la
jornada de Aragón y, en su calidad de presidente de los consejos de Hacienda y de
Indias, puede que pareciera la persona más indicada para proveer los medios que
garantizaran una rápida ejecución de los trabajos.
Castrillo a su vez ordenó que se ocuparan de la obra Diego Velázquez y Juan de
Alvear, el veedor del Retiro, au nque su papel debió quedar reducido a la mera
supervisión administrativa dada la complejidad técnica de los trabajos. Efectivamente
las escrituras de obligación, fechadas en Madrid a lo largo del mes de julio de 1642,
remiten a unas condiciones firmadas por Bartolomé de Legassa, el veedor de las
obras del Alcázar y a unas trazas de Pedro de la Peña que desde dos años antes era
aparejador del Retiro 2• La solución propuesta por estos oficiales requería colocar una
serie de tirantes de hierro que ataran los lienzos de las arquerías a los muros,
rigidizando además las cuatro capillas de los rincones con bóvedas de arista. Una vez
bien retacado y asegurado el piso, se volvería a colocar el solado, montando los
El mismo día en que Malpica escribía estas líneas era necesario convocar una
junta de maestros para dilucidar cómo construir la pared que separaba en el piso
principal, la habitación de la sobreescalera de «la pi e~a nueba que sea de hacer» la
futura Pieza Ochavada. Las opiniones cruzadas de los distintos pareceres no
permiten avanzar algo en la disposición de la traza: la esca lera que arrancaba en el
zaguanillo apoyaba sus tiros por tres lados en los muros que conformaban la caja
pero ésta no quedaba cerrada, pues en el cuarto lado, la esca lera e u tentaba obre
pilastras, seguramente cuatro, duplicadas en las dos planta de u de arrollo. El
Corrección de los desplomes de la pared del Salón de Comedias (dibujo del autor).
92
Demolición de la Torre del Sumiller y construcción de la Pieza Ochavada (dibujo del autor).
93
La sala de Las Meninas y la arquería ante las Bóvedas de Tiziano (dibujo del autor).
94
Sobre la actividad de Velázquez en las obras reales, Ynfante Cardenal que aora estan los libros del Sr. Conde acabada para finales de septiembre. En el mismo
ver el artículo pionero de Antonio Bonet Correa (Bonet de Olibares» . AGP, SA, leg. 712 bis. expediente está la escritura para la albañ ilería y yesería
Correa, 1960) y las precisiones documemales de José 13 La escritura de obligación del conjunto de la obra en de la escalera, según condiciones dadas el 21 de agosto de
María de Azcárate, en Azcárate, 1960 (1). AGP, caja 9402, expte. l. Sobre la futura Pieza 1546 por Gómez de Mora y Pedro de la Peña.
2
La escritura de los trabajos de cantería lleva fecha del Ochavada se dice lo siguiente: «Es condición que la pie~a 23
Documentación dispersa, básicamente en la caja 9395
9 de julio y la del suministro de hierro, de 11 de julio. en que esta la messa de los trucos despues de estar y en los legajos 710 y 712 bis.
24
Las condiciones, donde se describe min uciosamente el ro~adas sus paredes conforme fuere menester se a de 13 de septiembre de 1646. El marqués de Malpica al
alcance de los trabajos, están firmadas el 5 de abril. AGP, componer dexando jaharradas blanquedas y chapadas Rey. AGP, SA, leg. 710.
25
caja 9394, exptes. 3 y 14. sus paredes hechando los suelos de madera de prestado AGP, caja 9395. Duplicado de la documentación
3 La estimación de Pedro de la Peña y Velázquez en de fo rma que quede lo mexor que se pudiere para que Su publicada por Azcárate sobre los fondos de Simancas.
AGP, SA, leg. 710. En el mismo legajo se encuentra el Magd. Dios le guarde pueda serbirsse desta Pie~a en el 26
AGP, CR, t. XIV, fols. 147v, 148y148v.
tanteo realizado por Gómez de Mora para los corredores interque se hace la nueba como esta tra~ado » . 21 Palomino, 1986.
14 28
del Cierzo y del Mediodía, que alcanzaba los 15.385 rs. 4 de mayo de 1646. El marq ués de Malpica al Rey. BPR, Fas 2 (242) 10. Este dibujo, cuya localización
En cuanto a las libranzas a Sormano y Zumbigo son en AGP, SA, leg. 712 bis. Afortunadamente se conserva muy era hasta hace poco incierta carece de fecha y firma, pero
total doce, que van desde la primera del 2 de agosto de completa (un total de 34 cartas) la correspondencia entre ha sido convincentemente atri buido a Gómez de Mora en
1642 hasta la última del 24 de septiembre de 1644. Se el superintendente y Felipe IV durante el tiempo que el base a las anotaciones manuscritas. Sin embargo, las
encuentran en AGP, caja 9394, expte. 14. monarca permaneció fuera de la Corte. A través de ella características caligráficas de José de ViLiarreal resultan en
4
La escritura de obligación en AGP, caja 9394, expte. puede seguirse con mucho detalle todo el proceso la práctica muy difíciles de distinguir de las de su maestro.
14 y un duplicado de la misma en caja 9395, expte. 7. La constructivo de la obra de la escalera. Juntos trabajaron muchos años y como se ha visto a
15
reparación del desplome exigió tam bién demoler la 28 de abril de 1646: Se pregona la obra de puertas y propósito de las trazas de la escalera, con frecuencia es
maraña de alcobas, gabinetes y otras dependencias de las ventanas «conforme a las condi~iones y tra~a dadas por complicado separar la labor del arquitecto de la de su
damas de Palacio levantadas en el piso situado sobre la Juan Gomez de Mora » y «a la puerta de la casa del dicho discípulo. En cualquier caso no conocemos, entre la
armadura, dándole instrucciones a Jusepe Nieto, el maestro mayor». 19 de junio de 1646: Remare de los documentación del Alcázar, ninguna obra de Gómez de
apose ntador de la Reina, para que procediese a su balaustres de la escalera en Pedro de la Sota. 20 de junio Mora que pueda ponerse en relación con este dibujo.
29
desalojo. Más documentación sobre estas obras en AGP, de 1646: Escritura de obligación de Francisco Gamarra 9 de diciembre de 1651. Libranza a Juan García de
SA, leg. 710. para el suministro de la madera, según la memoria Barruelos «por el emplomado que a hecho en el rejado
5 El Rey al marqués de Malpica. «Al Conde de firmada por Gómez de Mora. 16 de junio de 1646: que cubre el aposento que sea hecho nuebo en las
Castrillo (como a quien en otras ocasiones he mandado Adjudicación del suministro de piedra de cantería a bobedas que caen al jardin de los emperadores ». AGP,
que asista a algunas obras de palacio) embio orden para Cristóbal de Aguilera, memoria de Gómez de Mora y caja 9397, expte. 2. La tasación de Carbone! alcanza un
que juntandose con vos y haziendo reconocer por los Carbone!. AGP, SA, legs. 710 y 712 bis, caja 9395. total de casi 300.000 rs. pagados a través de seis
16
maestros que os pareciere si la obra que se haze en el «Las aguilas a visto Diego Velazquez y me rremito a libranzas, la primera del 7 de septiembre de 1651 y la
Salon padece algun defecto o imperfeccion (como se me su informe si bien Pedro de la Sora esta en tenellas última, el mismo día de la tasación. AGP, caja 9398,
ha referido) se trate de enmendarlo luego y disponerlo en puestas y los <lemas cogollos para quando V. Magd. expte. 3.
30
forma conveniente eligiendo el medio que mas asegure la venga.». AGP, SA, leg. 712 bis. Las águilas y cogollos 5 de enero de 1652: El avance dado por Villarreal
fabrica. Tendreislo entendido para que assi se execute y eran los adornos, vaciados de bronce, para los marcos de para este trabajo era de 2.000 rs., aunque el 1Ode
me avisareis de lo que se hiziese. ». AGP, SA, los espejos del salón principal de Palacio, que Sora hacía febrero se libraron 1000 rs. «para acabar de rematar las
leg. 712 bis. bajo la supervisión de Velázquez. peanas ». AGP, caja 9398, expte. 3.
6 17 31
AGP, SA, leg. 712 bis. Respecto al Hermano Bautista AGP, SA, leg. 712 bis. 26 de enero de 1652: Libranza a Alonso Carbone!
18
y a Pedro de la Torre, pueden seguirse los aspectos más Su nombramiento el 31 de diciembre de 1645, por «por la ocupación que a tenido en aver ydo a dicha
importantes de su carrera en Tova r Martín, 1975. fallecimiento de Bias Carbone!, el sobrino del apa rejador ciudad de Toledo a ver unas estatuas para el jardin de Su
7 Magd.» 15 de abril de 1652: Libranza al maestro
15 de septiembre de 1645. El marqués de Malpica al mayor, que lo detemara con anterioridad. AGP, CR, t.
Rey. Respuesta al margen del monarca. AGP, SA, leg. XIV, fol. 121. Antonio Gómez «por 8 dias que se ocupo en yr a Toledo
19
712 bis. AGP, SA, leg. 712 bis. por unas estatuas que trujo a palacio ... que fueron quatro
8 20 figuras las dos de bronce y las otras dos de marmol ».
AGP, SA, leg. 710. 17, 23 y 29 de julio de 1646. Carbone! quería ganar
9 espacio para el desarrollo de la escalera rozando el muro AGP, caja 9398, expre. 3.
14 de marzo de 1645. El marqués de Malpica al Rey.
32
Respuesta al margen del monarca. Este documento ha que separaba su caja del Salón de las Comedias, Bottineau, 1956, págs. 421y452; 1958, 1, págs. 30 y
sido frecuentemente citado por los estudiosos reduciendo a tres, sus cuatro pies. Los oficiales 61; 1958, 2, págs. 175y179;1958, 3, págs. 289 y 326;
velazqueños. Véase Cruzada Villaamil, 1885, pág. 150. madrileños fueron contrarios a esta solución por los 1958, 4, págs. 450 y 483.
33
El ejemplar por mí consultado en AGP, SA, leg. 712 bis. graves riesgos estructurales que entrañaba. AGP, SA, leg. Este ofrecía además de los adornos de estatuas otros
10 712 bis. entretenimientos. En una nómina del 12 de octubre de
13 de marzo de 1645. Juan Gómez de Mora al
21 1652 se paga «el blanqueo de los nichos del jardín de los
marqués de Malpica. AGP, SA, leg. 712 bis. AGP, SA, leg. 712 bis.
11 22 Emperadores y algunos reparos de la sala de las Burlas
Bottineau, 1986 (2), págs. 302-303. AGP, SA, leg. 710 y 712 bis. La escritura para la
12
6 de marzo de 1637. Certificación de Francisco cubrición de la pieza nueva y caja de escalera en AGP, que sale al dicho jardín», AGP, caja 9398, expte. 3.
34 El marqués de Malpica al veedor de las obras reales.
Villanueva, pagador de las obras del Alcázar, sobre las caja 9402, expte. l. Una nota de Gómez de Mora al
rejas para las ventanas «del quarto donde posaba el sr. margen del documento señala que la obra debía estar AGP, caja 9397, expte. 1-B.
Teodoro Ardemans, Planta del A lcázar de Madrid, detalle, 1705, París, Biblioteca Nacional.
96
Pese a las circunstancias de la Guerra de Sucesión, los quince primeros años del
reinado de Felipe V supusieron una transformación casi completa de las habitaciones
reales en el Alcázar de Madrid, de tal manera que tan sólo el Salón de los Espejos, el
Ochavado y los aposentos de la Torre Dorada subsistieron en su estado precedente,
adquiriendo nueva disposición y aspecto todo el resto de las habitaciones de cierta
relevancia en la planta principal del Palacio. Factores básicos de los cambios
operados en los espacios y en la decoración de la residencia regia fueron, por una
parte, las ideas de la Corte de Francia acerca de lo que debía ser la representación de
la majestad real, y por otra la vida privada que de hecho llevaban Felipe de Borbón y
María Luisa Gabriela de Saboya, muy unidos entre sí, muy dependiente él de ella y
ambos de la omnipotente Camarera Mayor escogida por Luis XIV, la princesa de los
Ursinos. La arrolladora personalidad de esta seüora lo dirigía todo, también, cómo
no, los cambios en el Real Palacio, ejecutados conforme a sus directrices por el
Maestro Mayor de las Obras Reales, Teodoro Ardemans, cuyo papel como arquitecto
director de todos estos trabajos no debe considerarse menoscabado por el hecho de
obedecer a sugerencias superiores. En una fase ya avanzada de la transformación del
Alcázar, el arquitecto Robert de Cotte desde París, y su discípulo René Carlier en
Madrid, estuvieron encargados de llevar a cabo nuevas decoraciones al gusto francés.
En suma, las obras que confieren al Alcázar su nueva imagen borbónica se prolongan
aproximadamente hasta 1718, cuando la iniciativa de crear La Granja desvía la
atención y el dinero hacia ese nuevo Real Sitio. Hasta que no se acaba lo más esencial
de los trabajos en San Ildefonso y no vuelve la Corte del «Lustro Real » en Andalucía,
en vísperas del incendio que pone punto final a toda esta historia, apenas hubo en el
Alcázar obra alguna digna de mención 1•
Seguir la historia de tan radical «cambio de imagen» no es difícil, dado que los
fundamentales estudios de Bottineau 2, Barbeito 3 y en especial el de Blasco 4, además
de otros más puntuales 5, ofrecen las claves para su perfecta comprensión 6• No faltan
tampoco los testimonios gráficos contemporáneos, entre los que destacan el plano de
la totalidad del palacio dibujado por Ardemans en 1705 7; el trazado por el mismo
maestro hacia 1709 seüalando las reformas proyectadas y en curso 8; el plano, cortes
y explicaciones que Antoine du Verger llevó a cabo en 1711 9, y, por último, los
dibujos de René Carlier y del estudio de Robert de Cotte 10 •
Es frecuente oír que los nuevos reyes habrían encontrado el Palacio de Madrid
un «viejo caserón » oscuro, incómodo y triste; pero, al margen de que el edificio,
evidentemente, había tenido una historia constructiva complicada y que estaba
alhajado a la española, más bien creo que conviene plantear las cosas como una
diferencia tanto de gusto como de criterios de uso del espacio entre una y otra
dinastía. Como muy bien hace notar Barbeito, las estancias habilitadas para
Felipe V y María Gabriela en el Cuarto de la Reina sí que eran sombrías y pequeñas
en comparación con las que ocupaba Carlos II hacia el ángulo suroeste,
principalmente la Torre Dorada y la Galería de Mediodía, que eran muy amplias,
alegres y luminosas. Estas habitaciones, que eran sólo accesibles a los
gentileshombres de cámara y los grandes, tan influyentes en la vida política de aquel
reinado, constituían sólo una parte del Cuarto del Rey, aquella destinada a su
existencia usual, «donde el rey asiste de ordinario », mientras que en el ángulo
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Teodoro Ardemans, Planta del Alcázar de Madrid, detalle, 1705, París, Biblioteca Nacional.
101
LAS OBRAS A LA FRANCESA (1712-1716) Y SU ESTELA EN EL ALCAZAR
HASTA 1734
El efecto final de todas estas obras aparece reflejado en la planta y las secciones
levantadas por Du Verger en 1711 15, que marcan el comienzo del predominio de los
artistas franceses en el Alcázar. No fue sin embargo Du Verger, que marcha a Lisboa en
1712, quien desempeñará el papel fundamental en ellas, sino Carlier, que había llegado
a principios de ese año, como es bien sabido, con destino a las obras del Buen Retiro,
donde había de servir a su maestro De Cotte como instrumento a pie de obra 16•
Un papel semejante es el que le corresponderá en el Alcázar, donde la princesa
de los Ursinos pretendía ornamentar casi todas las nuevas salas con boiseries,
chimeneas y otros elementos ornamentales fijos diseñados por De Cotte, realizados
en París durante los años 1712-1713 y que habían de ser montados en el Alcázar por
Carlier, encargado de tomar todas las medidas pertinentes 17, incluidas las de los
suelos para el entarimado de las salas, idea surgida en 1713 18• El alcance de la
operación se refleja en el «plano del parquet» levantado por Carlier en aquel año:
«Toutes les pie ces marquées doivent etre parquetées en observant les portes ... », dice
en su margen una anotación del arquitecto destinado en España a recibir las órdenes
de la Princesa de los Ursinos, y las piezas marcadas eran todas las de la enfilada
Robert de Cotte, Alzado norte de la Cámara del Rey, interior del Mediodía, el nuevo ochavo que daba paso al tocador, éste, todos los
París, Biblioteca Nacional.
gabinetes de los reyes, los oratorios y el Salón Grande. El plano ilustra, además,
algunas nuevas modificaciones estructurales deseadas por los soberanos,
especialmente en la Pieza de las Furias y su entorno inmediato 19•
Según muestran los dibujos que han llegado hasta nosotros conservados en la
Biblioteca Nacional de París 20, De Cotte ideó para el Alcázar un conjunto decorativo
a la moda, elegante aunque no innovador, abundando en las tendencias marcadas por
realizaciones parisinas recientes para Madame de Berry o Madame d'Antin, como
señalan las notas en los propios dibujos y ha destacado Bottineau, quien ha señalado
asimismo el parentesco con las habitaciones del Rey Sol en el Trianon 21 .
Aunque la boiserie no llegase a montarse por las circunstancias del cambio de
soberana, la magnitud de semejante aparato ornamental y su propio carácter
«normal», homologado con la práctica decorativa cortesana francesa en aquellos
años, confieren al encargo una importancia que trasciende su propio fracaso; fracaso
relativo, por otra parte, pues como veremos la influencia del gusto cristalizado en los
dibujos de De Cotte se prolonga durante los decenios siguientes en la propia práctica
de Carlier en el Alcázar y en La Granja.
De Cotte recibió el encargo en 1712, realizó -junto con sus numerosos
ayudantes- los diseños en 1713, y supervisó su ejecución durante esos dos años y el
de 1714 22 • Los documentos también conservados en la misma sede parisina permiten
reconstruir bien el proceso, en el que sin embargo restan aspectos pocos claros 23 :
parece que un primer encargo formulado en 1712, y limitado tal vez a la Cámara de
la Reina y a la Pieza de las_Furias, fue ampliado a finales de aquel año o ya en 1713,
cuando Carlier redactó una memoria conteniendo los «aumentos» que habían de
Robert de Cotte, Alzado norte de la Pieza del llevarse a cabo respecto a lo ya encargado para la decoración, añadidos que están
Himeneo, París, Biblioteca Nacional. incluidos todos tanto en los dibujos como en las cuentas: Carlier «dicta » a De Cotte
charme en fait pressentement pour deux perites pieces de en este Sitio en poder de D. Domingo Mª Sani, y otro en San Ildefonso son uno negro de extraordinaria calidad e
madame la princesse il est obligé de la faire de noyer ... » el del conserje del Retiro, sin destino alguno, que es algo indudable procedencia oriental, compañero de los que
(Marce!, 1908, 702). La realización de los empanelados reducida ésta pero que puede servir en la pieza de retrete. integran la decoración del dormitorio regio, y otros rojos
para esas dos salitas corrió a cargo de Pedro Ducharme y Que también hay otras dos, uno sumamente rico, que de manufactura europea -madrileña, según mi colega
compañía, sin más intervención por parte de Ardemans está colocado en la pieza inmediata al dormitorio antiguo Soledad García- , que formaban parte del gabinete de la
que la administrativa. Cfr. Bottineau 1986, (2) pág. 305. y sirvió muchos años a S.M. que hoy no tiene espejo, reina o «salón de los espejos», cuya decoración fue
50 Marce!, 1908, 709: Carta de Carlier a De Cotte, sin porque el que estaba sentado en él sirvió en la chimenea dirigida por Procaccini, desmontado a consecuencia del
fecha . que hubo el incendio la jornada pasada, que hay otro que incendio de 1918.
51
Blasco, que ha dedicado brillantes y documentadas puede ser útil para ella en el cuarto bajo de los espejos. Y 58 Blasco Esquivias, 1994.
el otro adorno, que es de piedra de Espejón muy bueno. 59 Cfr. los juicios del arquitecto José de Arredondo, en
páginas al Salón de Grandes y ha hecho en ellas
consideraciones muy juiciosas sobre el sentido del También dice D. Santiago Bonavia, que el señor marqués Sancho, 1987 y Sancho, 1991.
interior francés y el español (Blasco, 1992, 606), valora de Scoti le mandó ejecutar unos diseños de chimeneas 60 Este proyecto ha sido analizado por Bottineau y,
muy positivamente el Salón de Grandes, lo cual es justo como el que sirvieron SS.MM. mandarle encargase últimamente, por Matilde Verdú en sus tesis doctoral. El
dentro de una perspectiva española y dentro de la carrera hiciesen dos en París, y ocho espejos: todo lo cual pongo padre CebaUos, aunque alabándolo, ha señalado algunas
de Ardemans, que es su objeto de estudio; pero entiendo en noticia de V.E. a fin de que sirva trasladarla a la RI. deficiencias de su distribución interna, en Rodríguez
que los proyectos de De Cotte, pese a no ser sino lo que inteligencia de SS.MM. para que se dignen determinar lo Gutiérrez de Ceballos, 1994. Sobre las dimensiones
se podía esperar de la Corte de Francia para un tal que sea más de su agrado ... » (C.ª 13.563, 16-2-1743 totales - y el consiguiente engarce urbanístico,
encargo de la de España - y precisamente por esta Galiano a Villarias). En marzo se resolvió «Que se imposible- y la firma de Ribera, cfr. mi nota en Sancho,
razón-, no deben menospreciarse. pongan de los cuatro adornos que se dice subsisten, los 1992 (2). Blasco (art. cir. ), que critica con razón y gracia
52 Sobre estos trabajos dirigidos por Carlier en la Pieza que se necesitaren como sean de las medidas a Losada, respeta sin embargo a Ribera, cuando la
de las Furias, Cfr. Bottineau, op. cit., ed. 1992, págs. correspondientes» (C.' 13.561, 18-3-1743, minuta de la distribución de éste es mucho menos sensata que la de
397-398. carta de Galiano a Villarias de 16-2-1743; corresponde al aquél, )' cuando la forma general del edificio, cruciforme,
53 La intención de adornar la Pieza de las Furias con plano 1.021). Por último, el citado adorno de chimenea es igual en ambos, inspirados tal vez en la misma fuente.
elementos de China posiblemente sea anterior y pueda de la herencia del Delfín llegó a San Ildefonso en mayo A mi entender, allá se van el uno con el otro, aunque
datarse hacia 1712-1713, si entendemos que la anotación (C.' 13.561, 28-5-1743). Cfr. Bottineau, op. cit., ed. Ribera tiene a su favor la elegancia caligráfica de sus
manuscrita «cheminée du Cabinet de la China» en una de 1992, pág. 554, nota 74. ornamentos dibujados y el no haber escrito frases tan
55
las chimeneas de la «serie 991» se refiere a esta sala, pues Cfr. Filippo Juvarra, 1994, donde tuve lugar para imprudentes y pretenciosas como Losada.
EL RETRATO VIVO
Fiestas y ceremonias alrededor de un rey y su palacio
112
La tarde del domingo 9 de mayo de 1621 la población de Madrid se concentró a lo
largo de las calles que unen el convento de San Jerónimo el Real y el Alcázar para ver
«entrar » a Felipe IV. Su padre había muerto hacía más de un mes, y durante ese
tiempo la Corte no sólo había podido asistir a varias y solemnes honras fúnebres en
su honor, sino que tuvo ocasión de presenciar el levantamiento de pendones por el
nuevo Rey en las principales plazas de la población, y de comentar la voluntad de
renovación con que se iniciaba el recién inaugurado reinado. No se trataba, pues, de
celebrar la llegada de un monarca al que era su lugar de residencia habitual, sino que
se pretendía señalar simbólicamente el tácito compromiso que existía entre el Rey y
la ciudad que acogía a su Corte, lo que se subrayaba mediante la construcción de un
arco ficticio levantado en San Jerónimo para remarcar la idea de «entrada » clásica. A
la vez, era una manera de presentar al monarca en sociedad e iniciar un sostenido
diálogo entre poder y población que va a ser el tema de reflexión de las páginas que
siguen 1• En ellas vamos a estudiar las razones que llevaron al Alcázar y a su principal
habitante a convertirse en puntos de referencia destacados de la cultura festiva
madrileña; y a mostrar cómo la relación que se estableció entre un palacio, un rey y
una población puede servir para compendiar algunas de las características
fundamentales de la sociedad del momento. Pero antes de referirnos concretamente a
estos temas, es necesario hacer algunas puntualizaciones sobre la naturaleza de la
expresión festiva y ceremonial en el Barroco español.
Aunque Felipe IV ha sido uno de nuestros reyes que más se han señalado por su
amor a las fiestas 2, no debemos atribuir a su iniciativa y a sus particulares
inclinaciones la manera en que apareció por vez primera ante los ojos de los
madrileños en su condición de Rey; pues en realidad no se conocía otra. La fiesta y la
ceremonia han sido durante la Edad Moderna el lenguaje del poder, la única forma a
través de la cual la jerarquía ha sabido manifestarse, como se ha señalado en estudios
sobradamente conocidos de Strong, Jacquot o Maravall, quienes han subrayado
sobre todo la función instrumental de este tipo de manifestaciones. Sin embargo, para
entender el significado de las formas de representación festiva y ceremonial no basta,
como hasta ahora se ha hecho, con inscribirlas en una dialéctica de intereses sociales,
que aunque es muy cómoda por su condición de fórmula sencilla y de aplicación
universal, no resuelve todos los problemas que plantea el estudio del tema en la
España del siglo xvu. o es suficiente decir que la fiesta, como otras manifestaciones
de cultura masiva, era ante todo un recurso que utilizaba el poder de forma más o
menos consciente para atraerse a la población hacia sus intereses. Hay que probar
otros caminos, singularmente aquellos que traten el problema desde la perspectiva de
la época, y no desde la de los intereses actuales. En concreto, es indispensable
reconstruir la naturaleza de la percepción del espacio y de los objetos del hombre
barroco. Camino inseguro, laborioso, carente de un método de acercamiento definido
y contrastado, pero que puede proporcionar una aproximación novedosa al
conocimiento del mundo ceremonial y del estatus del objeto artístico.
En este sentido, la fiesta puede considerarse a la vez objeto e instrumento de
estudio, pues se trata de un campo que por su propia naturaleza y por las
características de la documentación que nos ha legado, propicia acercamientos que
también pueden servir para el conocimiento de otras expresiones culturales.
EL RETRATO VIV0 / 11 3
Aunque no es ésta la ocasión más apropiada para tratar con detalle de la
naturaleza de la percepción barroca, sí puede ser útil señalar algunas de sus
características más sobresalientes, que tienen una relación indudable con la
organización festiva y ceremonial. Las distintas épocas y las diferentes culturas
poseen una visión del espacio singular y característica, que es necesario conocer si
queremos estudiar ciertas manifestaciones expresivas. Está claro, por ejemplo, que la
definición del paisaje como «un estado de ánimo », tan habitual en el siglo pasado,
aunque válida en la actualidad, no puede sostenerse en relación con la mayoría de las
mentalidades del Antiguo Régimen. El hombre del Barroco español, si hemos de creer
en sus propios testimonios y en su manera de organización territorial, percibía su
entorno como un elemento hostil que debía convertir en un espacio útil,
jerarquizado, ordenado y simbólico para no sentirse ajeno a él. Frente a la proyección
sentimental que hoy es tan frecuente, primaba una proyección que podríamos llamar
«social», que obligaba a ordenar y racionalizar el espacio, convirtiéndolo no tanto en
representación de la personalidad individual como en espejo y marco de la
mentalidad y organización colectivas. Los ejemplos que lo prueban no escasean. Caro
Baroja, en un magnífico y poco manejado estudio, ha demostrado cómo el campo
alavés ha sido modelado por este tipo de intereses 3; y las fiestas tradicionales que
todavía perviven en nuestro país, con su minuciosísimo ritmo territorial y temporal,
muestran con creces que la expresión espacial medida y ordenada no debe explicarse
exclusivamente en términos superestructurales, sino que obedece a una íntima
necesidad de las conciencias de épocas pasadas. El teatro también nos permite
sospechar hasta qué punto el hombre del siglo XVII necesitaba otorgar un significado
preciso relacionado con conceptos morales y nociones sociales a las referencias
espaciales de su entorno; y de ello es una prueba sobresaliente El alcalde de Zalamea,
tan brillantemente analizada en este aspecto por Varey 4•
También es buen ejemplo de esto la organización de los ámbitos palaciegos,
como el Alcázar de Madrid, cuyo espacio se hallaba minuciosamente
compartimentado y abundaba en usos y referencias muy variados y concretos 5• En
este caso, al igual que ocurría en ciertas fiestas públicas, estas divisiones y
referencias cumplían una función primordial de «reconocimiento »: el Rey -a la
vez señor y esclavo de unos ámbitos de uso y contenido minuciosamente
codificados-, por medio del significado que el medido protocolo daba tanto a este
espacio como a su propia vida y a sus relaciones con los demás, y mediante las
abundantes alusiones iconográficas que jalonaban las paredes, se reconocía
exactamente como monarca y llegaba a confundir su personalidad individual con
su identidad institucional. Y al igual que en palacio ocurría en muchos otros
lugares, como demuestra la organización espacial de los interiores religiosos y el
preciso ritmo litúrgico 6•
En las fiestas institucionales hay una actuación sobre el espacio y el tiempo tan
codificada al menos como en estos lugares; y constituyen las ocasiones en las que se
hace más evidente la aspiración barroca a ordenar, medir y controlar el entorno.
Parece como si el español del siglo XV!l estuviera afectado por una suerte de obsesión
que le obligaba a clasificar el mundo, la sociedad y la moral para no perder su
personalidad colectiva. En este sentido, métodos de análisis moral tan importantes
EL RETRATO VIV0/115
Juan Bautista Maino, Recuperación de Bahía en hecho milagroso se produce por un contacto físico entre el retrato y una herida,
Brasil, Madrid, Prado. como le ocurrió a una señora que padecía gravemente del estómago y sanó al colocar
junto a su vientre una estampa con la efigie de Fray Pablo de Santa María 9•
Uno de los muchos casos que demuestran la dimensión sustitutoria del retrato
áulico es muy conocido por todos, pues se expresa a través de una destacable comedia
de Lope de Vega y un magnífico lienzo de Maíno. Este nos presenta a los holandeses
sometidos en Bahía rindiendo tributo a un tapiz en el que figura Felipe IV siendo
coronado de laurel. La obra de teatro es más explícita sobre el auténtico alcance de la
escena, pues en ella aparece don Fadrique de Toledo preguntando al retrato si desea
perdonar a los vencidos, a lo que parece responder que sí 10• Indudablemente nadie
esperaba que un retrato pudiera hablar, pero en esta escena no debemos ver sólo una
EL RETRATO VIV0/127
Francisco de Herrera el Mozo, decorado para la comedia Los celos hacen estrellas, de Juan Vélez de Guevara, 1672, dibujo, Florencia, Uffizi
(arriba), y acuarelas, Viena, Biblioteca Nacional (abajo).
128
de bastant~ importancia en la historia del teatro español, derivada no sólo de su
condición de pionera en un género, sino también del gran desarrollo que adquiría en
ella la escenografía, que fue dirigida por Cosme Lotti, recién llegado de Italia.
El palacio contaba con un espacio específico para las representaciones teatrales:
el llamado Salón de Comedias, que a lo largo de la historia constructiva del Alcázar
sufrió varias modificaciones 35 • De su aspecto en los años treinta nos ha quedado una
rápida descripción de Carducho: «Al otro lado, y delante de las ventanas de las
bóvedas y quarto de Verano, se ha dispuesto de tablados un portátil teatro para hazer
comedias de máquinas, como las que estos días se han hecho, adonde Cosme Loti ha
logrado con pasmo general sus admirables y inauditas transformaciones (... )Una
comedia hizo en Palacio, adonde se veía un mar con tal movimiento y propriedad,
que los que la miravan, salían mareados, como se vio en mas de una señora de las
que se hallaron en aquella fiesta »36 • El interés de esta cita radica no sólo en su
utilidad para reconstruir el aspecto de la sala, sino también en que implícitamente
alude a uno de los caracteres definitorios de la comedia palaciega: su complejidad
iconográfica, que convirtió a este tipo de espectáculos en verdaderos motores para el
desarrollo de la escenografía en los corrales de comedias. De hecho, no puede
explicarse satisfactoriamente la presencia en España de Lotti y Bianco -decisivos
para la introducción en el país de los usos y técnicas escenográficos italianos- sin
tener en cuenta la demanda palaciega.
Del tipo de escenografía característica de las comedias cortesanas nos han
quedado varios preciosos testimonios gráficos. Entre ellos figuran unos dibujos que
muestran el desarrollo de la representación de la comedia de Juan Vélez de Guevara
Los celos hacen estrellas, que se enviaron a la Corte austríaca para que tuviera
noticia de la fiesta teatral celebrada el 22 de diciembre de 1672. Entre ellos figura
uno en el que se vislumbra un sector del Salón de Comedias o Salón Dorado, llamado
así por el color que cubre el complejo artesonado 37• Las paredes de este espacio se
encontraban cubiertas principalmente por tapicerías y por una de esas series retratos
que tan abundantes eran en los palacios de la época. Con todo ello no se hacía más
que crear un espacio repleto de referencias iconográficas, que aunque podía admitir
ciertos niveles de lectura autónoma, nunca podrá ser entendido en toda su
complejidad si para interpretarlo no tenemos en cuenta (como un elemento al menos
tan importante como la iconografía) el riguroso protocolo que se seguía en las
representaciones dramáticas cortesanas y la historia que se transmitía desde el
escenario. En este sentido, no es ninguna casualidad que todas las grandes comedias
cortesanas que conocemos tengan por tema algún relato extraído de la mitología
clásica, que se había convertido en uno de los principales lenguajes a través de los
cuales los príncipes de la Edad Moderna gustaban reconocerse. Y es que, a la hora de
estudiar cualquier espacio significativo de la España de la Edad Moderna - y sobre
todo si se trata de un palacio real-, no debemos olvidar que junto al lenguaje
arquitectónico e iconográfico convive una expresión ceremonial y protocolaria que
frecuentemente condiciona su historia constructiva, y siempre lo dota de un
significado preciso que es imprescindible reconstruir.
estas páginas un inventario de las tipologías festivas quería encomendarle su alma. Tomóla en las manos, y de Octubre. S. l., s. i., s. a. (1623 ). En Simón Díaz, 1982,
relacionadas con Felipe IV y el Alcázar. púsola sobre el estómago, donde sentía grandíssima fatiga, pág. 264.
Incluido en Caro Baraja, 1989. 24 Relación de lo sucedido en esta Corte, sobre la venida
J y dezían los médicos que aquellas ansias eran de una
Varey, 1984. apostema que tenía por la parte de adentro del estómago y del Príncipe de Inglaterra: desde 16 de Mar~o de 623
Sobre este aspecto es de gran interés Orso, 1986. que moriría quando aquella apostema rebenrase. Mas hasta la Pasqua de Resurrección. Valencia, Miguel
6 Son numerosos los testimonios sobre la rigidez desde el punto, y ora que se puso la imagen comen~ó a Sorolla, 1623. En Simón Díaz, 1982, págs. 208-209.
25
protocolaria de la Corte española. Antaine de Brunei, sentir mejoría; y la apostema se rebentó por la parte de Remón, 1985, págs.148-149.
26
que estuvo de viaje por España, escribe: «No hay adentro, y los landres se resolvieron, y consumieron, Cartas .. ., 1862-1864, t. I, pág. 59.
príncipe que viva como el rey de España; todos sus actos quedando la enferma con entera salud de todos sus males.» 27 La entrada dio lugar a algunas relaciones
y todas sus ocupaciones son siempre los mismos y Moreno, 1609, fols. 123r-124r. contemporáneas y a varios artículos recientes, como los
10
caminan de un paso tan igual, que día por día sabe lo que Brown y Elliorr, 1981, págs. 195-198. de Varey o Carmen Sáenz de Miera. Entre los estudios
11
hará roda su vida. Se diría que hay alguna ley que le Gállegó, 1972, págs. 259 y ss.; para un estudio recientes figura Chaves, 1992.
28
obliga a no aparrarse jamás de lo que está acostumbrado. reciente sobre el retrato real véase Serrera, 1990. Una prueba de la estampa se conserva en el Museo
12
De ese modo las semanas, los meses, los años y todas las Sobre la identidad entre la imagen retratada y la Municipal de Madrid. Véase, entre otros, lmmagini .. .,
partes del día no aportan cambio alguno al tren de su actitud ceremonial nos informa Gil González Dávila en 1991, núm. 16.
29
vida y no le hacen ver nada nuevo; porque al levantarse, su Teatro de las grandezas de la Villa de Madrid: «Recibe Lope de Vega, 1622, s.p.
según el día que es, sabe qué asuntos debe tratar o qué la primera vez, en pie, con el collar del Tusón, armado a Jo Alvar Gómez de Castro: El recebimiento que la
placeres gustar (... ) Va acompañado de tanta gravedad, un bufete, a los embajadores ordinarios y a los Universidad de Alcalá hizo a los Reyes. Alcalá, 1560.
que obra y se mueve con el aire de una estarna animada ». presidentes y consejeros». Citamos por Deleito, 1935, Citamos por Simón Díaz, 1964, t. !, pág. l.
Citamos por Díez Borque (comp.), 1990, pág. 153. Falta pág. 156. J I Monforte y Herrera, 1622, fols. 70v-73r.
un estudio profundo del mundo protocolario de la Corte 1l Sobre el tema hemos tratado en Portús, 1993, en el Ji Chaves, 1991.
española, aunque quien se decidiera a hacerlo cuenta con que están basados los párrafos siguientes. JJ Para esta y otras comedias palaciegas véase Shergold
14
abu ndanrísimo material. Entre los estudios parciales Becerra, s.a., pág. 5. y Varey, 1982.
15 34
contamos con Rodríguez Villa, 1913, Valgoma, 1958, o Cartas .. ., 1862-1864, t. 1, pág. 63. Whitaker, 1984.
los de Varey dedicados al ceremonial del Alcázar (por 16 González Amezúa, 1941-1943, t. IV, pág. 123. 35
La historia constructiva y las transformaciones de este
17
ejemplo, Varey, 1973). Juan Antonio de la Peña: Discurso de la jornada que espacio han sido detalladamente descritas en Barbeito,
7
Sobre el tema, y el de la poesía dedicada a retratos en hizo a los Reynos de españa ... Francisco Barberino 1992, (1), págs. 129-130.
general, son útiles Beamud, 1985, y Bergmann, 1979. Cardenal... Con relación de las ceremonias con que se 36 Carducho, 1979, págs. 428-430.
8 Pellicer y Tovar, 1790, págs. 116-117. 7
eligen los legados en Roma; entrada que hiz en esta corte; J Vélez de Guevara, 1970.
El Alcázar medieval
El Alcázar de Carlos V
Los nuevos aposentos reales: la decoración
Arquitectura y decoración en el Alcázar de Felipe II
El Alcázar de Felipe III. La fachada de Francisco de Mora
El Alcázar de Juan Gómez de Mora
El entorno del palacio
El Jardín de la Priora
Arquitectura y decoración en los reinados de Felipe IV y Carlos II
El reinado de Carlos II y la terminación del Alcázar
Francisco de Herrera el Mozo y la comedia Los celos hacen estrellas
Anton van Wyngaerde, Vista de Madrid, h. 1560, Viena, Biblioteca Nacional.
EL ALCAZAR MEDIEVAL
La situación de Madrid en las estribaciones de la sierra que separa am- ruada la escalera que daba acceso a la planta noble, donde se encon-
bas Castillas, en el camino principal que llevaba a Toledo y Andalu- traba la Sala Rica, en el costado norte del patio de armas. Se realizó
cía, la convirtieron en un lugar importante desde el punto de vista de- ocupando la sala contigua situada al este y con una longitud de apro-
fensivo. Ya en el siglo IX el emir cordobés Mohamed I construyó allí ximadamente 22,5 m. Gran parte de su riqueza le venía dada por el
un castillo que fue, en definitiva, el origen del burgo que paulatina- magnífico artesonado de par y nudillo con faldones y pintado de blan-
mente creció en sus alrededores 1• co, oro y carmín. Sus muros estaban recubiertos de yeserías y tapi-
El castillo iba unido al sistema de fortificaciones que rodeaba ces. Hacia el oeste se hallaban las habitaciones privadas del monar-
la ciudad y formaba parte de la propia muralla. Su colocación en los ca. A continuación de la sala dorada se encontraba una antecámara,
altos que dominan la ribera del Manzanares, muy próximo al gran también recubierta de un rico artesonado y con yeserías en sus mu-
desnivel, lo convirtieron en un bastión defendido naturalmente por ros 5. En el ángulo noroeste se alzaba una torre (llamada en la centu-
el flanco oeste. La muralla con cuatro torres se fundía con el edificio ria siguiente Torre Dorada I) 6 y, ya en la crujía sur, estaría la Cáma-
en este costado y se convertirá en una de las vistas más frecuentes del ra Privada y la llamada Chimenea de Alcobas . En las reformas
edificio hasta que en el siglo XVII se construya la nueva fachada prin- emprendidas por Covarrubias y Vega en el siglo siguiente se mantu-
cipal. Justamente este aspecto del flanco occidental del Alcázar le con- vo parte de esta decoración, aunque fue dorada de nuevo y decorada
fiere prácticamente durante toda su existencia el carácter de fortale- con las armas imperiales. Con bastante seguridad se puede afirmar que
za. Los dibujos de Wyngaerde acentúan esta visión del Alcázar como fueron éstas las habitaciones ocupadas por Francisco I durante su
baluarte defensivo concebido en relación con las murallas. cautiverio después de la derrota de Pavía. Es de gran importancia re-
Enrique III realizó obras con voluntad de adecuarlo a su fun- saltar cómo desde que tenemos noticias documenta les las salas pri-
ción de palacio y para ello levantó algunas torres, según nos cuenta vadas de los monarcas se encontraban en la fachada oeste y su acce-
León Pinelo 2• El edificio constaba de una importante torre del homenaje so se hacía desde la crujía norte. Este recorrido perduró en las reformas
en el sudeste dominando el patio de armas, situado aproximadamente de Covarrubias y Vega, y la colocación de la capilla en ese lugar per-
donde más tarde se construyera el Patio del Rey. Pero será su hijo y maneció durante toda la larga vida del Alcázar.
sucesor, Juan II, el monarca responsable del acondicionamiento del El Alcázar madrileño se había convertido en el siglo XV, junto
antiguo castillo en una residencia adecuada al nuevo gusto del con el Alcázar de Segovia, en la residencia real más importante de
siglo XV, basado fundamentalmente en una idea de lujo y esplendor 3• Castilla; habiendo surgido ambas como fortalezas, fueron remodela-
Para ello realizó importantes obras construyendo una nueva capilla das en gran parte a lo largo de ese siglo. Las largas permanencias de
y una importante sala llamada la Sala Rica. Se utilizaron sobre todo Enrique IV denotan su especial predilección por él i . Los Reyes Ca-
artesonados y yeserías mudéjares para lograr este fin. La capilla, si- tólicos lo habitaron repetidas veces, pero nada sabemos de las pe-
tuada en el lado este del recinto, era de gran tamaño (19,5 m x 7,8 queñas reformas que llevaron a cabo 8.
m) y se encontraba dividida en dos zonas por un arco toral. El pres- El Alcázar medieval desempeñó por lo tanto un papel funda-
biterio, de planta cuadrada, estaba cubierto por un riquísimo arteso- mental en el palacio de la nueva dinastía austríaca; su pasado como
nado dorado con forma de cúpula sobre trompas y recubierto de mo- fortaleza permanecería indisolublemente unido a su nueva función
cárabes. La nave de la capilla se cubría con un artesonado de tirantes de palacio.
de par y nudillo también con mocárabes dorados, senos azules o ber-
mejos y rosetas blancas o carmesíes 4• Al norte de la capilla estaba si- R. D. C.
de Paredes. AGS Estado, Corona de Castilla, leg. 1, fol. 8, citado en Gérard, 1984. ca~ares de Madrid». AGS Casa y Sitios Reales, leg. 3, fol. 221. Reproducido en Do-
4
Gérard, 19 83. mínguez Casas, 1993, pág. 384. Este mismo autor nos da detalles de los gastos que siem-
Esta sala fue restaurada por Enrique IV después del terremoto de 1466. pre originaban las estancias de los monarcas en algunas de las residencias regias para
6 Según Gérard debe su nombre a que sus muros estuvieron recubiertos de planchas
acondicionarlos más cómodamente. Ibidem, pág. 324.
de madera dorada.
Con la llegada de la nueva dinastía el Alcázar madrileño se convirtió finitiva con el nombramiento de Luis de Vega y Alonso Covarrubias
en una de las residencias reales más importantes de toda la Penínsu- como maestros reales, encargándose de las transformaciones necesa-
la. Durante todo el siglo XVI fue junto con el Alcázar toledano uno rias en los alcázares de Toledo, Sevilla y Madrid. Al mismo tiempo se
de los lugares más frecuentados por los monarcas, en detrimento del reorganizaron desde el punto de vista administrativo las obras rea-
de Segovia. les 3. Con dicho encargo ambos maestros se comprometían a ocu-
Desde el comienzo de su reinado, el joven Carlos I se preocupó parse durante seis meses al año de las obras concernientes a las resi-
de su palacio, ya que muy poco tiempo después de desembarcar or- dencias reales, pudiendo dedicarse el resto del tiempo a otras actividades.
denó librar cierta cantidad de dinero para realizar unas reparacio- En el caso de Covarrubias, maestro mayor de la catedral de Toledo y
nes 1• Se trataba de mantener el edificio adecuado para sus regios fi- del ayuntamiento de la misma ciudad, el nombramiento le facilitó
nes, como así sucedió muy poco tiempo después cuando el propio la realización allí de una ingente labor arquitectónica 4• En el caso de
Emperador se alojó en él en 1524. Unos meses después el Alcázar se Luis de Vega su obra se mueve más en los ambientes cortesanos, sin-
convirtió en residencia del rey francés Francisco I, hecho prisionero gularmente en torno a su gran protector don Francisco de los Cobos
en la batalla de Pavía. Con tal motivo el Emperador residió varias ve- y a la construcción del palacio de El Pardo.
ces en Madrid. La obras en el Alcázar habían comenzado un año antes y con
A pesar de las numerosas casas reales que existían en la Penín- ellas se trataba fundamentalmente de modernizar el viejo palacio de
sula, se planteaba un problema importante a la hora de alojar la Cor- los Trastámara adecuándolo a las nuevas necesidades. Es enorme-
te imperial y buscar un lugar donde pudieran reunirse los distintos con- mente importante subrayar cómo desde el primer momento se plan-
sejos. En la Corte del joven Emperador los cargos cortesanos eran teó no un nuevo palacio, sino una remodelación del antiguo. Hay por
numerosos, y la etiqueta borgoñona hacía cada vez más complicada lo tanto una gran valoración del edificio medieval, que en ningún mo-
la vida diaria del soberano, rodeado de muchos nobles que desem- mento se pensó en borrar sino todo lo contrario; las espaciosas ha-
peñaban múltiples funciones no solamente desde el punto de vista de bitaciones de aparato se conservaron, y lo mismo sucedió con la ca-
la administración del Estado, sino también en torno a la figura del mo- pilla. Los grandes artesonados mudéjares, todos recubiertos de oro,
narca. fueron repintados 5. Tenemos ya desde el principio una de las carac-
La voluntad regia de construir un nuevo palacio en la emblemática terísticas del edificio a lo largo de toda su historia: a pesar de haber
ciudad de Granada no venía a resolver este problema. Su propia ubi- ido obviamente cambiando, el respeto por lo anterior fue siempre
cación lejos de Castilla, convertida cada vez más en el centro políti- muy grande.
co de la Península, indica que su construcción tiene mucho más que Ello explica también que se eligiera a estos arquitectos como
ver con el valor simbólico de construir un nuevo palacio digno del nue- responsables de las obras. Covarrubias ocupaba el puesto de máxi-
vo Emperador, que con la solución del problema más real de dotar al ma responsabilidad de la diócesis toledana, la más importante desde
monarca de un edificio donde poder alojarse. El mismo hecho de que el punto de vista económico y político del reino, y, por lo tanto, era
jamás llegara a terminarse señala cómo su proyecto corresponde a uno de los maestros más representativos de la arquitectura del mo-
una problemática muy concreta y producida en un momento tam- mento. La razón de su elección es muy distinta a la de Pedro Ma-
bién singular 2• chuca para el palacio de Granada, porque lo que se espera de ellos es
El problema concerniente a las residencias regias se hace pa- también diferente.
tente con la voluntad del Emperador de querer organizar varias de las El principal problema con el que se encontró la Corte del Em-
más importantes de una manera conjunta. Dentro del diseño de un perador fue la falta de espacio para la cantidad de personas que acom-
Estado moderno era lógico que las «casas » del Rey fueran tratadas pañaban al monarca, y por lo tanto lo que se planteó rápidamente fue
de una manera global. Tal decisión se llevó a cabo de una manera de- agrandar el palacio medieval. Nos ha quedado un testimonio de gran
valor para poder conocer el proyecto: el plano en pergamino de Co- ces por Covarrubias con diversas modalidades, como en un primer pro-
varrubias de la primera planta de Alcázar 6• yecto para el Hospital Tavera de hacia 1541. En el convento de San
Las obras comenzaron por regularizar el patio ya existente, de- Miguel de los Reyes también proyectó una planta que responde a las
nominado a partir de entonces el Patio del Rey. Las obras consistie- mismas preocupaciones, con la iglesia situada entre los dos patios y
ron en trazar unas nuevas galerías. La de la planta inferior constaría la escalera detrás poniendo en comunicación los dos espacios abier-
de arcos de medio punto reposando sobre columnas con sus respec- tos 8• La relación entre estos dos proyectos es muy estrecha y pone de
tivos capiteles. El piso superior sería arquitrabado, con dinteles apo- manifiesto el interés de Covarrubias por la articulación de una es-
yados sobre zapatas. El patio estaba directamente relacionado con la tructura compuesta por dos patios, una escalera y la iglesia.
obra arquitectónica de Covarrubias, especialmente con el patio del pa- Desde el principio de su maestría al frente de las obras del Al-
lacio arzobispal de Alcalá de Henares, con una distribución de hue- cázar, Covarrubias se planteó así la duplicación del patio. La idea es
cos muy parecida 7• común a muchos de los grandes palacios europeos que se encuentran
Indisolublemente unida al patio, Covarrubias planteó una es- conformados en torno a un patio.y cuyo crecimiento se produce con
calera en la crujía este, al norte de la iglesia de los Trastámara. Por la creación de otro. De esta forma, el Alcázar crecía de una manera
su estructura, el arquitecto estaba claramente presuponiendo la exis- articulada y mucho mas cómoda para organizar la casa real. El nom-
tencia de dos patios, ya que constaba de cinco tiros. Tenemos por lo bre del segundo patio nos indica claramente su principal función: el
tanto un complejo formado por dos patios con una escalera en una Patio de la Reina. Efectivamente, las habitaciones de la Reina ocu-
crujía situada en el medio. Esta tipología fue utilizada repetidas ve- parían siempre este lado del edificio. En el Alcázar los monarcas siem-
136/EL EDIFICIO
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pre ocuparon el mismo piso, y las habitaciones reales, a partir de Fe- de dos espacios bastante diferenciados: el presbiterio y la nave sepa-
lipe II, estuvieron situadas en la zona sur. Desde el punto de vista ce- rados por un gran arco toral. Ambos espacios estaban cubiertos por
remonial, la escalera jugaba un papel de gran importancia, ya que distintas «armaduras », y lo primero que se contrató en la capilla fue
era lugar de paso obligado para acceder al piso principal y era el pri- justamente su dorado y pintura 9• Los artesonados eran de una enor-
mer tramo del largo trayecto que debían realizar las visitas importantes me riqueza; el del presbiterio cupuliforme estaba formado por raci-
para poder acceder al soberano. Se comprende por lo tanto el gran mos de mocárabes y cuatro trompas en las esquinas. La diversidad de
desarrollo con el que la dotó Covarrubias. Su función no era solamente colores empleados -oro, bermellón, azul, blanco- convertía este
poner en comunicación ambos patios y poder acceder a la planta su- espacio en un lugar fantástico. Se introdujeron algunos elementos
perior, sino también y sobre todo iniciar el trayecto con la solemni- nuevos, como el alicer que corría alrededor de toda la iglesia con las
dad necesaria para, a través de un tortuoso camino lleno de hitos, re- armas imperiales. Las nuevas formas renacentistas no tienen reparo
correr el camino que llevaría a las habitaciones del monarca. Cumplía en introducirse 10, el arco toral que separaba los dos espacios fue ele-
por lo tanto una función muy destacada en todas las ceremonias pa- vado al máximo y se le dotó de un perfil ochavado. A los pies de la
laciegas y junto con la portada se convirtió en un elemento esencial nave se realizaron importantes cambios. Se comunicó la capilla con
desde el punto de vista arquitectónico. la Sala de la Emperatriz para lograr un espacio mayor, necesario en
La capilla, que ocupaba el mismo lugar que en el Alcázar me- las ceremonias en las que el número de cortesanos no cabía en la ca-
dieval, sufrió también importantes reformas que aunque no cambia- pilla, por medio de una reja 11 • Se construyeron dos tribunas, una des-
ron su aspecto general sí introdujeron cambios. Su planta constaba tinada a la familia real y la otra para los músicos. Las reliquias co-
1 El 11 de agosto de 1518, encontrándose en Zaragoza, Carlos V expidió una cédula fueron contratadas por el pintor García de Ampuero. AHP Madrid. Gabriel Fernández,
a Francisco de Vargas, tesorero real y alcaide del Alcázar de Madrid, para que pagase Prot. 71, fols . 397 y 397v. Reproducido en Cervera, 1979( 1), págs. 93-97.
10
1.200 ducados de oro repartidos en tres años a Luis de Mondragón para los reparos ne- Los pies derechos sobre los que descansa el arco se especifica que deben ser «a la ro-
cesarios en el palacio madrileño. En el libro de cuentas de gastos de las obras, con la fir- mana ».
ma de Maestre Antonio, maestro mayor de las obras del Alcázar, aparecen los pagos de 11
Esta disposición existía en el castillo de Gante y en el palacio de Coudenberg, en
jornales a diversos maestros y oficiales por su trabajo en «labrar y pintar ~ i e rta s salas», Bruselas, ambos familiares para el Emperador. Gérard, 1983, pág. 276.
12
sin que se nos den más detalles.Tras los problemas de la revuelta comunera en 1523 con- Ello provocó grandes quejas que llevaron a Felipe Ua llevar a cabo otras reformas.
tinuaron los pagos para « aderes~ar e reparar» el edificio. Para más detalles véase Do- Gérard, 1983.
mínguez Casas, 1993, pág. 326. 13
Se realizaron obras en dos grandes salas abovedadas iluminadas por unos tragaluces
2
Sobre todo lo concerniente al palacio de Carlos V en Granada, véase Rosenthal, y que ocupaban las dos crujías, norte y occidental. También se arreglaron siete habi-
1985. taciones colocando un nuevo solado, azulejos, rehaciendo las ventanas ... Gérard, 1984,
3 Se establece que tres personas sean las encargadas de llevar a cabo las obras
pág. 51.
14
reales: el veedor, el maestro mayo r y el pagador. Esta organización se ordenaba en En las habitaciones de este ala se colocó un nuevo solado de ladrillo, zócalos de
una cédula dada el 3 de abril de 1537. AGP CR, t. !, fol. 139v. Citada en Barbei- azulejos, y Cristóbal de Toledo realiza una importante labor de yesería. Gérard, 1984,
to, 1992 (1). La organización definitiva data del tiempo de Felipe II con la creación pág. 51.
de la Junta de Obras y Bosques. 15
Para acomodarlas se dividió la última planta de este ala en pequeñas estancias y se
4
Sobre la obra de Alonso de Covarrubias, véanse Marías, 1983-1986, y Díez del Co- construyó por Juan Francés una escalera de tramos rectos en el ángulo sudoeste que co-
rral, 1987. municaba con el patio. Gérard, 1984, pág. 52.
5 Se conservan los documentos con las condiciones de Luis de Vega y Alonso de Co- 16
C. y SR, leg. 247-1, f. 3; Contaduría Mayor de Cuentas. l.' época, leg. 522. Citado
varru bias para la pintura y el dorado de «las armaduras» de la capilla, la cuadra real, y en Gérard, 1984, pág. 162. La primera etapa de las obras acaba en 1539.
la sala grande del cuarto real. Cervera, 1979 (1). 17
Los toledanos Alonso Gómez y Fernán Sánchez de Estrada realizan las yeserías de la
6 El pergamino se conserva en el Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores. La gra-
sala y antecámara.
fía es con toda seguridad de Covarrubias si lo comparamos con otros planos de este au- 18
Ambos maestros dan las condiciones para las armaduras de «la cuadra real y la sa-
tor como el del hospital Tavera. la grande del cuarto real». AHPM Gabriel Fernández, Prot. 71, fol s. 402-405, reprodu-
7
Gómez Moreno, s.a.; Chueca, 1953, pág. 31, y Tormo, s.a. cidos en Cervera, 1979 (1).
8
Sobre el proyecto para el monasterio de San Miguel de los Angeles, véanse Sigüen- 19
AHPM Gabriel Fernández, Prot. 71 , fol. 408. Reproducido en Cervera, 1979 (1),
za, 1909, t. Il, págs 131 y ss.; Wilkinson, 1977, págs. 164-167, y Marías, 1983-1986, t. pág. 121.
IV, págs. 259-260. 20
Se corona con una cruz con tres bolas de cobre dorado. AGS, Contaduría Mayor de
9
Las condiciones fueron dadas por Covarrubias y Luis de Vega en octubre de 1540 y Cuentas, l.ª época, leg. 522.
138/EL EDIFICIO
LOS NUEVOS APOSENTOS REALES
LA DECORACION
Las obras realizadas durante el gobierno de Carlos V con Covarru- de las Furias (por colocarse en ella las .Furias de Tiziano), y las dos
bias y Luis de Vega se dirigieron por un lado a ampliar el antiguo pa- torres, del Homenaje y del Bastimento, se adecuaron también con-
lacio y por otro, a adecuar las habitaciones ya existentes. Estudiada virtiéndolas en pequeñas salas. Estos aposentos, que se pensaron, co-
la ampliación a través del plano de Covarrubias nos detendremos mo su propio nombre indica, para la Emperatriz Isabel, debido a su
ahora a analizar cuáles fueron los nuevos aposentos y las partes nue- temprana muerte tuvieron una función muy distinta tomando un ca-
vas llevadas a cabo. rácter mucho más público.
Para poder ampliar el Alcázar los maestros se encontraron con Conviene destacar cómo en el Alcázar español se pensaron las
bastantes problemas que explicarían la tardanza en comenzar el Pa- habitaciones reales en la misma planta, estando adosadas las habita-
tio de la Reina, ya que debían derribar la antigua muralla que ocu- ciones de la Reina a las del Rey y teniendo ambas unas habitaciones
paba ese lugar 1• Luis de Vega se encargó de llevar a cabo toda la ope- de aparato junto con otras más privadas. En otros palacios europeos,
ración de demolición entre los años 1547 y 1554 2• como el Louvre de esta época, las habitaciones reales se encontraban
Al carecer de documentación gráfica precisa sobre el trazado de distribuidas en varias plantas.
las antiguas murallas en la zona más próxima al palacio no podemos La llamada Sala de la Emperatriz, lo mismo que la sala de la épo-
saber con exactitud hasta qué punto fueron determinantes para la ca de los Trastámara, estaba cubierta por un fastuoso artesonado do-
configuración del palacio, pero sí es totalmente cierto que elementos rado que se puede ver en el dibujo de Herrera el Mozo, cuando la sa-
de ella perduraron en el Alcázar. En la fachada oeste se conservaron la se había convertido en Salón de Comedias. Las diversas habitaciones
los tres torreones y la torre de la esquina noroeste, y en el plano de que ocupaban la crujía de la fachada tenían una gran altura y las que
Ardemans, en la zona norte junto al futuro juego je pelota, se ve un daban hacia el patio se iluminaban por la zona superior por encima
gran paredón que discurre de este a oeste y que muy posiblemente ten- del tejado del patio 6• La proximidad a la capilla, con la que comuni-
ga también que ver con ella 3. ca por una reja, va a convertir esta sala en un elemento de gran im-
Para lograr la idea de unidad que Covarrubias quiso plasmar en portancia en todas las fiestas religiosas en las que el Rey debe atra-
la ampliación del Alcázar, en el Patio de la Reina se siguió el modelo vesarla para acceder a las tribunas recién construidas. Esta disposición
del patio anterior. Debido a que ambos eran de tamaño distinto (el era conocida por el Emperador, ya que el palacio de Coudenberg en
de la Reina no es exactamente cuadrado, ya que tiene 27,4 x 28,8 m) Bruselas tenía una muy parecida 7•
tuvo que modificar algunos elementos 4• Juan de Vergara fue el can- Los aposentos de la Emperatriz constaban también de un mi-
tero que se hizo cargo de la construcción de las tres pandas. El gra- rador en el ángulo sudoeste 8 que se reformó enteramente en 1542, sus-
bado realizado por Meunier en el siglo XVII es la mejor descripción tituyendo las antiguas columnas y colocando grandes ventanas y vi-
del Patio de la Reina que ha llegado hasta nosotros. drieras. Posteriormente Felipe II mandaría construir en este mismo lugar
En torno a este patio se van a desarrollar los nuevos aposentos. la Torre Dorada II.
A la izquierda ya hemos visto cómo se reformó la capilla y se cons- Este conjunto de salas, que desempeñó durante toda la vida del
truyó la escalera con un espléndido artesonado 5• Alcázar un papel de primer orden, estaban decoradas siguiendo muy
En la zona sur de este patio, en el piso principal, se establecie- de cerca las salas del lado norte. Un gran zócalo de azulejos toleda-
ron los aposentos de la Emperatriz, compuestos por diversas habita- nos corría por sus muros, el suelo estaba enlosado con barro también
ciones. Al sur del Patio del Rey se construyó la llamada Sala de la Em- toledano y sus muros al desnudo estaban pensados para colgar las ri-
peratriz ocupando toda la fachada antigua hasta la Torre del Bastimento. cas tapicerías flamencas de la colección real. Los tapices son el elemento
Era la sala más importante de todo el conjunto como denotan sus indispensable para entender los espacios interiores del Alcázar Im-
grandiosas dimensiones (46 m de largo). Al este de esta sala se halla- perial.
ba otra de dimensiones mucho más pequeñas, llamada posteriormente En el muro norte se construyeron las habitaciones destinadas al
140/EL EDIFICIO
el pasado medieval, en este caso las dos torres, impone unas condi- instaló no sólo en la última planta de la zona occidental, sino tam-
ciones. La estancia tiene unas dimensiones desmesuradas que le vie- bién en las habitaciones de la galería del cuarto de San Gil en la fa-
nen dadas por esta situación 18 . chada oriental.
A la izquierda del zaguán, con entrada independiente desde el El Alcázar de Covarrubias y Vega pretendía por lo tanto dar apo-
Patio del Rey, se hallaban las salas reservadas al Consejo, el órgano sento a los distintos miembros de la Corte y a los órganos de gobier-
de gobierno. Constaban de una sala primera donde se situaba la guar- no, aunque no de una manera definitiva. Cuando se proyectó el Al-
dia y que servía de paso a la sala principal, que comunicaba también cázar de Covarrubias y Vega faltaban todavía bastantes años para
con el zaguán, y unas habitaciones más pequeñas para las secreta- que se pensase en Madrid como sede definitiva de la monarquía his-
rías. Posteriormente, con la Corte ya establecida de una manera per- pánica. Las necesidades eran por lo tanto más pequeñas, y Covarru-
manente en tiempos de Felipe II, el Consejo se trasladó a la antecá- bias podía situar todo dentro de los muros del edificio. Más tarde, con
mara del Rey para facilitar el acceso de éste. Felipe II, al necesitar mayor espacio no sólo para vivienda de la Cor-
La planta baja y los sótanos estaban fundamentalmente dedi- te sino también para los diversos órganos de gobierno, el palacio se
cados a servicios; así, en torno al Patio de la Reina se instalaron las quedó pequeño y el Alcázar comenzó a crecer paulatinamente, alar-
despensas, y en los lados sur y este las cocinas. El estar muy alejadas gando sus tentáculos por los alrededores.
de las habitaciones reales llevará consigo grandes problemas. En el Pa-
tio del Rey los entresuelos servían de guardarropa real. La Corte se R. D. C.
1 Barbeito, 1992 (1), pág. 12. Gérard situó la antigua muralla coincidiendo práctica- ya de vuelta de Inglaterra el Rey. Sobre la correspondencia entre Gaspar de Vega y el
mente con el perímetro del Alcázar ya ampliado. Gérard, 1983, pág. 29. Rey: AGS Casas y Sirios Reales, leg. 267, y leg. 248; lñiguez Almech, 1952, págs. 165 y
2
Gérard, 1984, pág. 29. ss., y Rivera, 1984, pág. 199.
3 Barbeito, 1992 (1), pág. 13. El autor estudia también detenidamente la topografía 12 En Francia el sistema de galería adquirió un gran desarrollo, destacando especialmente
del lugar y su relación con el propio edificio. la de Fontainebleau, mandada construir por Francisco l. En Inglaterra se convierte en
4
Hace más altos y anchos los fustes de las columnas y reduce las bases. Las condiciones un elemento fundamental de la arquitectura isabelina, especialmente en la obra de R. Smith-
para la arquería dadas por Covarrubias y Vega en noviembre oe 1540 en AHPM Ga- son. Sobre este rema, véanse Summerson, 1989; Girouard, 1983, y Thurley, 1993.
13 Son obra de Diego Fernández de Sevilla y Nicolás Gutiérrez de Toledo.
briel Fernández, Prot. 71, fol. 416. Reproducido en Cervera, 1979 (1 ), págs. 141-143.
14
; El 2 de abril de 1540 Covarrubias y Vega contrataron con Yuste de Vega y Cristó- Desconocemos el nombre del único maestro que cobra la cantidad de 689 .000 mrs.
bal de Nieva la construcción de un magnífico artesonado que, según Gérard, debía guar- por realizar todos los artesonados. AGS Contaduría Mayor de Cuentas, l.' época, leg.
dar gran relación con el de la sobreescalera del palacio arzobispal de Alcalá de Henares, 1192. AGS Casas y Sitios Reales, leg. 248, fols. 53, 59 y 70. Citados en Gérard, 1983,
obra de Covarrubias. Con cuatro trompas en las esquinas, tiene en la cima plana unos pág. 163.
artesones octogonales decorados con florones y claves colgantes. El arrocabe está deco- i; Gérard, 1983, pág. 62.
16 En el piso superior figuraba un gran escudo real y a ambos lados una galería de tres
rado con armas, escudos y medallones, y los diversos peinazos están decorados con mol-
duras "ªlo romano». Dos años después la obra se daba por concluida, y los carpinte- ventanas con arcos de piedra sobre pilares del mismo material. A ambos lados de la
ros cobraron 258.750 mrs. AHPM Gabriel Fernández, Prot. 72, 1541. AGS, Contaduría puerta propiamente dicha había una pareja de columnas "ªlo romano», y en los dos pi-
Mayor de Cuentas, l.' época, leg. 522. Citado en Gérard, 1984, págs. 57-58. sos superiores se habían superpuesto otras más delgadas. Con una clara intencionalidad
6 Conviene recordar cómo las habitaciones de la zona oeste tenían una altura mucho de integrar las dos torres que flanqueaban la porrada, se añadieron en los rincones inte-
menor, ya que en la planta superior se hallaban los aposentos de las damas de la Corre. riores de estas otras columnas, una solución que guarda bastante relación con la facha-
7 da principal del Alcázar toledano. Martín González, 1962; Gérard, 1983, págs. 28-29,
En este palacio Carlos V había ordenado la construcción de la capilla a continuación
de la sala de Felipe el Bueno. Santenoy, 1934, pág. 30. y Estella, 1980.
8 Barbeito ha situado el mirador en el extremo oeste de la fachada principal, fren- 17 Chueca ha querido relacionarla con la porrada occidental del palacio de Granada
te a la opinión de otros autores, que lo situaban en el cubo sudoeste. Barbeito, 1992 por el empleo de columnas pareadas y superpuestas. Esta tipología de fachada aparece
(1), pág. 16. también en el colegio de los Irlandeses de Salamanca, construido por Silóe en 1529, y
9 El propio infante don Juan, hijo de los Reyes Católicos, tenía su propia casa, que nos en el colegio de Fonseca en Santiago de Compostela. Con ambos edificios tuvo bastante
describe Fernández de Oviedo. relación el arquitecto real por ser fundaciones del arzobispo Fonseca, que ocupó la dió-
1
° Frente a la gran sala de los Trastámara, de doble altura, en esta zona se decide cesis toledana durante estos años. La fachada de la universidad de Alcalá de Henares
que cada sala tenga solamente una. Así, en 1541 Covarrubias encarga a Maestre An- tiene también esta misma tipología y, por estar dividida en tres plantas, se asemeja más
tonio y a Pedro Ramírez construir tres salas, cada una a un nivel distinto. Gérard, 1984, a la del Alcázar madrileño. Al ser una construcción civil, la fachada de Alcalá termina
pág. 61. también en una galería de arcos, tema muy usado en la arquitectura doméstica de es-
11
Es interesante notar que desde 1556 aparece en la correspondencia cruzada entre el tos años. Covarrubias lo utilizó en la fachada del hospital Tavera y en el Alcázar tole-
Rey y Gaspar de Vega la noticia de que Felipe quiere construir una galería en el corre- dano.
18 Tiene cerca de 27 m de largo por casi 10 de ancho.
dor del Cierzo. Por diversas vicisitudes no se realizará hasta finales del año 1563, estando
El traslado de la Corte a Madrid en la primavera de 1561 supuso la sus pies hasta el Manzanares, sino la Casa del Campo, la sierra ma-
consolidación definitiva de la importancia del Alcázar como sede per- drileña y, en los días despejados, el Monasterio de El Escorial.
manente de la misma y principal residencia del monarca. No es de ex- Como decimos, el exterior del aposento regio apenas cambió;
trañar por lo tanto que Felipe 11 emprendiera en él una serie de im- pero sí se levantaron entre el último de los cubos hacia el norte y la
portantes mejoras que se centraron en un primer momento (es decir, llamada Torre Dorada I o de Francia (noroeste) unos corredores que
los años sesenta) en la construcción y decoración de su cuarto par- les servirían de unión. Apenas observables en las vistas de Wyngaer-
ticular, en el levantamiento de una nueva torre donde instalaría su des- de, su traza se ha conservado en Simancas y ha sido estudiada en de-
pacho y en el mejoramiento del Cuarto de la Reina y otras obras de talle por todos los que se han ocupado de esta fase constructiva del
serv1c1os. edificio 2• Con aspecto de fachada y anotaciones autógrafas de Feli-
El Rey Prudente instaló su cuarto en la crujía oeste del edificio, pe 11, y atribuida a Juan Bautista de Toledo, su importancia reside no
la más antigua del mismo, respetando en esencia su arquitectura ex- sólo en el hecho de tratarse de una parte del edificio, sino también en
terior (se conservaron los cubos medievales que siempre observamos, su sentido compositivo desde el punto de vista arquitectónico. Se tra-
con su característica presencia, en todas las imágenes del Alcázar has- ta de la organización clasicista de un fragmento de edificio por me-
ta su incendio y se utilizaron sus espacios internos), pero sometiendo dio de arcos de medio punto de orden rústico en el cuerpo inferior, y
su interior a una serie de reformas decorativas de gran amplitud. vanos adintelados en los cuerpos superiores, una idea hasta el momento
Como se ha señalado 1, el motivo esencial de elegir la zona más no muy frecuente en la España del Renacimiento. La traza del enlo-
antigua del edificio como residencia real tiene su más razonable jus- sado de estos corredorcillos, tambien atribuible a Juan Bautista de
tificación en el interés filipino por las bellas vistas y su pasión por los Toledo, incide, a través de su geometrismo, en el carácter italiani-
jardines y la naturaleza: desde allí, así como desde la Torre Dorada zante de las reformas introducidas por este arquitecto en el Alcázar
(sudoeste), el Rey podía observar no sólo el parque que se extendía a madrileño.
142/EL EDIFICIO
La reforma interior de este cuarto corrió a cargo, desde un pun-
to de vista pictórico y decorativo, del equipo de Gaspar Becerra y
Juan Bautista Castello, el Bergamasco, que introdujeron el lenguaje
figurativo y ornamental del manierismo romano y genovés de los años
centrales del siglo XVI. Al primero de ellos se pueden atribuir una se-
rie de dibujos con figuras mitológicas que habitualmente se han re-
lacionado con estas decoraciones (aunque no hay prueba documen-
tal de ello), y a los trabajos de todos ellos otro, conservado en Simancas,
con motivos decorativos de estucos, cartelas y esculturas que enillar-
can espacios en blanco, presumiblemente para allí instalar la pintura
al fresco de manera similar a como vemos hoy en una torre del pala-
cio de El Pardo.
La descripción tardía de Carducho nos refleja en cierta mane-
ra estos ambientes: «Mas bolbiendo a nuestras Pinturas, muchas tie-
ne Palacio y muy buenas, y de grande estimacion, como son las que
al fresco pinto Becerra, que al paso de la Sala de las Audiencias a la
Galeria de Poniente adornada de estuques, y grutescos; y consecuti-
vamente otra quadra del mismo de los quatro elementos, y luego otra
antes de la galeria; que esta y la quadra pintaron Romulo Chinchi-
nato y Patricio Caxesi con estudioso y diligente trabajo. Otros dos cu-
bos ai en la misma galeria pintados bizarramente al fresco de mano
del Bergamasco. El primero (entrando desde la quadra donde come
su Magestad) es su forma un medio circulo con ventana al Parque,
esta pintado al fresco por el famoso Bezerra. En lo alto de la bóveda
están pintadas las Artes Liberales, y en sus paredes varios grutescos,
y subientes en lo baxo a la redonda del, estan puestos estantes de ma-
dera de nogal tallados de medio relieve, y dorados sus perfiles, en que
estan las trazas, y papeles tocantes al oficio de Trazador... » 3• Preci-
samente conservamos un dibujo del interior de este cubo de las tra-
zas, con anotaciones autógrafas de Felipe II, que nos indica las reformas
llevadas a cabo en su interior.
Menos expresiva con respecto a las pinturas, pero más cercana
a la época de la construcción, es la narración del legado pontificio Gio-
vanni Battista Venturino (de 1571), quien destaca sobre todo la im-
portancia de los tapices y la relevancia de las vistas sobre la natura-
leza como los elementos esenciales del Cuarto Nuevo.
Tras describir su entrada en el patio y escalera, Venturino con-
tinúa de la manera siguiente: «... et indi passando su la destra, s'entra
in una sala grande nuda, et poi in tre camere orna ti di panni ordina-
rij di Fiandra [nos hallamos todavía en la crujía norte], e de queste
nelle Camere Reali [las reformadas en sus pinturas al fresco por Fe-
lipe II] che sono sei per !'inverno, con soffitti dorati, fregi intorno di
vaghe storie dipinte, pavimenti testacei a quadratti, come tali sono i
Juan Bautista de Toledo, El cubillo de las trazas con anotaciones
bassi de li muri, intorno sino ali altezza di uno braccio, vestiti di pan-
autógrafas de Felipe II, dibujo, Archivo General de Simancas. ni sotilissimi di fiandra, di seta, et d'oro, in varie foggi, con richissi-
144/EL EDIFICIO
La Torre Dorada en la Vista de Madrid de Anton van Wyngaerde, h. 1569, Viena, Biblioteca Nacional.
145
Gaspar Becerra, Ceres y Diana (izquierda) y Neptuno(?) (derecha), dibujos, Biblioteca del Monasterio de El Escorial.
146
que describe el inventario de 1600 11 que se encontraban, sobre todo, ginales o copias de Arcimboldo, que se describen con detalle; estamos
en la Casa del Tesoro y Pieza de la Contaduría. en la Sala de las Furias, pues Cuelbis describe las cuatro pinturas de
En una «Sala primera larga a mano derecha » se instalaron vis- Tiziano a las que califica de «Tormenta virgiliana ».
tas de algunos de los palacios del Rey como Aranjuez o El Pardo, el Por arriba en la «Salle chiqua », a mano derecha, «Una imagen
de Bruselas, calificado de «magnífico», vistas de ciudades como Dor- donde un mo~o y don~ella juntan las manos como se prometiessen del
drecht, Amsterdam, Gante, Malinas y Lisboa, el retrato de Cabezón, futuro casamiento», con una inscripción: es el Matrimonio Arnolfini
«musico flamenco y ciego pintado con el instrumento Orgel» y tres de Van Eyck. Asu lado, una Cacería de Carlos V en el castillo de Tor-
pájaros disecados. Junto a ello aparecía una galería de retratos con gau de Lucas Cranach, que es llamado «Lucas Maler» (una pintura
Felipe II, el príncipe don Carlos, don Sebastián de Portugal, el Car- que tambienes descrita por Gundlach en esta sala, que sitúa «versus
denal Infante, el Landgrave de Hesse y varios reyes de Portugal. Por meridiam» 12 ), y una serie de retratos de infantes.
bajo de esta galería colgaban imágenes con tipos populares de Navarra Por fin, en la sala «donde estuvo ordinariamente el Rey don Fe-
y Pamplona, varios retratos más de damas venecianas y diversos per- lippe segundo siendo ya viejo y muy enfermo», al lado de varios mue-
sonajes (Mendoza, Pedro Melendas, Alfonso XI, Fernando de Hun- bles ricos, describe una serie de hombres ilustres (Aristóteles, Cicerón,
gría), una imagen de la batalla de Alcázarquivir, otra de Siracusa en Cardenales y Obispos, Frailes, Atila, Muley Hazen, Scanderberg, Cris-
Sicilia y una tabla con diversas antiguedades. También por la parte tóbal Colon y Fernando Magallanes).
baja, y a mano derecha, una serie con las batallas de Carlos V. Poco a poco, los alrededores del Alcázar fueron adquiriendo un
En una segunda sala más estrecha había imágenes de la batalla aspecto naturalista con abundantes parques y jardines en la zona de
de San Quintín, una vista de esta misma ciudad, otra de Chatelet, el norte y poniente 13 (que no debieron de ser vistos por Venturina, y que
retrato del duque de Saboya, marido de Catalina Micaela, hija de Fe- tampoco fueron descritos por Cuelbis ni Gundlach). Y, enfrente, al otro
lipe II, y los de sus siete hijos, y varios retratos reales más. lado del río, Felipe II adquirió a la familia Vargas la Casa del Cam-
En la que denomina Sala Grande (futuro Salón de Comedias) po, el verdadero y enorme jardín y lugar de caza del Alcázar.
aparecían vistas de ciudades, la entrada del ejército de Felipe II en Es precisamente debido a la importancia de la Casa del Cam-
Portugal y, otra vez, las batallas de Carlos V. Y a mano derecha una po a lo que se debe una idea ya tardía para unir el parque con la pri-
imagen de una isla de China, una tabla con diferentes géneros de pá- mera; proyecto de gran envergadura, trazado por Patricio Cajés,
jaros y los retratos de los habitantes de esta isla. ]!!nto a ellos, los re- cuyos dibujos conservamos, y que nos muestra la asimilación por
tratos de Coquo y Puicierna (?),posiblemente obras de Arcimboldo, parte del artista del lenguaje arquitectónico viñolesco, cosa lógica
junto a la imagen del Triunfo de Carlos V en Roma. en quien había traducido al español el tratado de Giacomo Baroz-
En la cuarta sala, cercana al Salón Grande, y junto a la venta- zi da Vignola 14 .
na de la mano derecha, había «Ocho muy artificiosas invenciones y
pinturas, los quatro elementos y los tiempos del año», también ori- F. Ch.
1 Rivera, 1984, pág. 212. ras» que el dicho maestre Antonio), Pedro de Policena, Francisco Laso y otros (que do-
2 raran el estuco). Todos ellos, se dice más adelante, vinieron de Génova, por orden del
Desde el pionero artículo de Martín González, 1962 hasta los recientes estudios de
Gérard, 1984; Rivera, 1984, y Barbeito, 1992 (1). Bergamasco.
10
3
Carducho, 1989, fols. 153 y 153v. «Le stanze turre in universale sono picciole, basse, di male Architettura, et al mio giu-
4
Venturina, 1571, Biblioteca Apostolica Vaticana, Cod. Urb. Lar., 1697. dizio non vi enella buona, come per il contrario ne i Palazzi di Roma non vi e'alcun cat-
5 tiva, e perció a questi si deve la prima et ultima laude», Biblioteca Aposrolica Vaticana,
Rivera, 1984, págs. 221-222.
6 Urb. Lar., 1697.
«... la quale [capilla] tutto che bella, ben dipinta, ben ornara e con baldacchino di bro-
11
cato d'oro non ha peró cosa di notabile ». Domínguez Ortiz, 1969; el manuscrito se conserva en la British Libra ry de Londres
7 Hard., 3822. Agradezco a Elena Santiago el préstamo de microfilm del mismo.
Checa, 1986, y Morán y Checa, 1985 (1).
8 12 Unterkircher, 1960.
AGS, CSR, 247, fol. 22.
9 1l Barbeito, 1992 (1), págs. 69-83.
Por ejemplo, Rivas, estuquero, Antonio de Fresia y Lázaro (cosas de estuco de la pie-
14 Casa Valdés, 1981, y Morán y Checa, 1985 (1 ).
za de en medio), Miguel Martínez (más instruido en «hazer figuras cartones y masca-
148
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Patricio Cajés, Proyecto de unión del parque del Alcázar con la Casa de Campo, dibujo, Biblioteca del Palacio Real.
149
EL ALCAZAR DE FELIPE III
LA FACHADA DE FRANCISCO DE MORA
Al poco tiempo de subir al trono, Felipe III decidió llevar la capitali- visiona! 7. En 1609 Francisco de Mora dio las condiciones para la fa-
dad de la nación a Valladolid, lo que tuvo graves repercusiones para chada. Para su realización se decidió dividir la obra en dos partes, una
la villa de Madrid y especialmente para el Alcázar 1• Después de la se- que comprendiese la zona inferior hasta la cornisa sobre la que se
rie de reformas emprendidas por el Emperador y Felipe II, el palacio asentaba el piso principal con los entresuelos y las bóvedas, y otra que
se había dotado de todas las dependencias necesarias para la vida de comprendiese la zona superior. Esta división, que obedecía a criterios
la Corte, y para su mantenimiento era necesario un gasto continuo. administrativos como señaló Barbeito, tendrá consecuencias muy im-
El traslado de la Corte a Valladolid trajo consigo unos años de aban- portantes desde el punto de vista estético. A la obra, de una gran en-
dono del antiguo palacio, que se hace patente en los.diversos memo- vergadura, concurrieron múltiples maestros 8, quedándose con la ad-
riales de los oficiales quejándose de las goteras, debidas a que no se judicación un equipo formado por Gaspar Ordóñez, Miguel del Valle
retejaba desde hacía cuatro años 2• Las quejas de los responsables del y Pedro Rodríguez Majano.
Alcázar continuaron hasta 1606, cuando el Rey decidió volver a Ma- La actuación de Francisco de Mora en la fachada va encaminada
drid. La crisis económica será una de las causas de ello. a lograr una imagen de unidad que la construcción de la Torre Do-
El retorno del Rey trajo consigo una cantidad importante de di- rada por Felipe II había roto totalmente. Para ello propuso construir
nero para la acomodación regia 3. Por otra parte, la villa de Madrid, que una torre igual a la anterior en el ángulo sudeste, con el mismo cha-
salía muy beneficiada con la vuelta de la Corte, se declaró dispuesta a pitel y número de ventanas. En un plano retranqueado se desarrolla-
participar económicamente en las obras que se realizaron en el Alcázar ba en el piso principal una larga galería hasta llegar a la portada, pa-
y concretamente se ofreció a sufragar la remodelación del «cuarto de sando por delante de las dos torres centrales, cuya gran masa sobresalía
la reina »4 por un importe que ascendía a 250.000 ducados 5• por encima. El corredor se convertía, así, en el elemento horizontal
El aposento de la Reina no había sufrido ninguna remodela- principal que servía para contrarrestar los elementos verticales, acen-
ción desde su construcción por Covarrubias y Luis de Vega. A pesar tuados por la fuerte presencia de las torres. Su importancia se vio
de contar con unas habitaciones bastante más amplias que las co- acrecentada por la sombra que producía. En el piso bajo Mora plan-
rrespondientes al «cuarto del Rey», presentaba problemas en la fa- teó una galería hasta la puerta de acceso al aposento de la Reina. Hay
chada meridional, ya que las obras realizadas bajo Felipe II en sus apo- por lo tanto una gradación de tres planos que llevan desde las torres
sentos, con la creación de la galería y los arcos inferiores, habían roto laterales situadas en el plano más avanzado, hasta la portada situa-
la idea de unidad. La fachada principal del palacio presentaba, por da en una posición retranqueada.
lo tanto, una grave disparidad entre la zon-a del Rey y la de la con- La obra de albañilería avanzó muy rápidamente, y a finales de
sorte que repercutía de una manera negativa en la propia imagen que 1609 debía estar prácticamente terminado el piso de las bóvedas. Las
el Alcázar ofrecía a la ciudad. El maestro de las obras reales, Fran- dificultades se vieron acrecentadas con la muerte de Mazuecos ese
cisco de Mora, propuso en primer lugar una intervención en la fachada mismo año de 1609. Al año siguiente moría Francisco de Mora de-
encaminada a lograr una mayor simetría. De hecho su propuesta con- jando un vacío difícil de llenar. Después de algunos titubeos fue nom-
sistió básicamente en repetir la actuación de la zona occidental. La com- brado para sucederle su sobrino Juan Gómez de Mora, muy joven to-
posición unitaria de la fachada exigió al arquitecto que sacrificase su davía pero su principal discípulo.
originalidad en aras de una mayor armonía. Ocupado Mora en otras No conservamos testimonios gráficos de la intervención de Mo-
obras reales como El Pardo, su aparejador Pedro de Mazuecos será ra en el Alcázar salvo la planta de ordenación de solares en la plaza
quien lleve en un primer momento el peso de la obra 6• de Balnadú, que quizás se deba a su mano.
Comenzaron los trabajos derribando el antiguo pasadizo que co-
municaba con las cocinas y los oficios y sustituyéndolo por otro pro- R. D. C.
150/ EL EDIFICIO
Muerto Felipe II en septiembre de 1598, al poco tiempo de ser reconocido como rey singular merced, le ofrecio a Su Magestad lab rar un quarto en el Alcazar Real y Palacio
Felipe III decidió el cambio de capitalidad, que se llevó a efecto en 1601. Todos los au- donde pudiese estar con mas decencia, y comodidad la Reyna nuestra Señora para que
tores han llamado la atención sobre los graves problemas que tuvo para Madrid la mar- se hizieron tra~as en la forma que avia de ser por Francisco de Mora. »
5 Gérard, 1978 (2), pág. 239.
cha de la Corte a Valladolid. González Dávila, 1623, pág. 53.
2 « ... tornan a dar quenta [los oficiales del Alcázar] a V.S. como toda la Casa Rreal es- 6 Francisco de Mora estaba ocupado durante estos años en el palacio de El Pardo, que
ta llena de goteras porque a guarro años que no se reteja y tiene necesidad por las gote- había sufrido un incendio en 1604. Llama la atención el escaso interés que parece de-
ras y la canal de piedra por donde salen las aguas esta rompido el plomo por muchas mostrar este arquitecto en un primer momento por las obras de la fachada del Alcázar.
partes ... La Cassa de Oficios y portales tiene necesidad de rretexarse por las muchas go- Mazuecos es quien aparece dando las condiciones para abrir los cimientos. La no com-
teras que tiene ... » AGP Sección Administrativa, leg. 710. El memorial está realizado parecencia de Mora causó preocupación en la junta encargada de velar por el desarro-
el 5 de mayo de 1601. Reproducido en Barbeito, 1992 (1), pág. 86. llo de las obras. Esta estaba formada también por representantes del Ayuntamiento, co-
3 El Rey concedió una asignación de 44.000 ducados anuales sobre la Casa de la Mo- mo órgano responsable económicamente, y estaba presidida por el superintendente don
neda de Segovia. Barbeito, 1992 (1), pág. 86. Alvaro Benavides, Gérard, 1978 (2), pág. 240.
7
4
Así lo declara Juan Gómez de Mora en su memorial. B.N. Sección Porcones, ASA, 4-344-6. Citado en Barbeito, 1992 (1), pág. 89. Sobre el tema de los pasadi-
leg. 583. Reproducido en Tovar, 1986 (1), pág. 42. « ... aviendo la Catolica y Real Ma- zos, véase Tovar, 1986 (2).
gestad del Señor Rey don Felipe tercero que esta en gloria, determinado de bolber la 8 Barbeiro, 1992 (1), pág. 90, da la lista de todos los maestros que concurrieron, es-
Corte ed la Ciudad de Valladolid a la Imperial villa de Madrid, en remuneración de tan tudiando sus distintas ofertas. Gérard, 1978 (2), pág. 243, y Tovar, 1973.
LA FACHADA les, la portada se levantaba por encima del escudo central y solamente
faltaban por terminar las dos torres centrales, que debían levantarse
Muerto Francisco de Mora en 1610, el nombramiento de maestro dos plantas por encima de la fachada. El grabado realizado con mo-
mayor de las obras del Alcázar recayó en su sobrino Juan Gómez tivo de esta regia visita nos muestra el estado de la fachada, con la
de Mora 1, quien se había formado junto con su tío. Las obras de la Torre del Sumiller revestida de cantería y con una imponente grúa
fachada continuaron, pero poco tiempo después Gómez de Mora in- preparada para colocar el chapitel, mientras que la Torre del Basti-
trodujo algunos cambios importantes, al querer construir un apo- mento estaba muy atrasada, sin sobresalir prácticamente de la altura
sento para las damas de la reina en la planta alta. Ello obligaba a de la fachada. La torre situada en el ángulo sudeste, llamada Torre
cerrar el corredor del piso principal y cambiar las columnas por pi- Nueva de la Reina, se hallaba cubierta por un tejadillo provisional.
lastras debido «a su mayor fortaleza, hermosura, correspondencia Se conservan las trazas para la cubierta de la Torre del Sumiller de Pe-
y perpetuidad »2• Cambiaba por lo tanto radicalmente la organiza- dro de Pedrosa y Gerónimo Fernández Hurtado de 1629, en las que
ción de la fachada, que ahora se articulaba mediante un muro con se muestra una cubierta a dos aguas. Sobre esa armadura se coloca-
pilastras superpuestas en sus dos pisos principales. Las torres cen- ría un tejadillo de tabla y teja, que se terminó en 1629 5•
trales se rematarían con unos chapiteles muy parecidos a los de las La construcción de la fachada y problemas en su cargo como
torres extremas. El aspecto exterior que presentaría el proyecto de aposentador trajeron enormes dificultades a Gómez de Mora. A pe-
Gómez de Mora era muy parecido al del plano de De Witt 3. En sar de su defensa respecto a las denuncias presentadas contra él 6, en
1617 estaban prácticamente terminadas las obras, faltando sólo los 1636 se vio alejado de las obras del Alcázar 7• Hasta la caída en des-
cuerpos altos de las torres centrales. Pero el plano de la fachada se gracia del Conde-Duque no volvió a recuperar su cargo (1643) 8•
veía grandemente alterado por el lienzo comprendido entre las to- En 1630 se decidió demoler la Torre del Sumiller, lo cual supo-
rres centrales, que se encontraba rehundido. Gómez de Mora tomó nía un cambio muy grande sobre la fachada de Gómez de Mora que
entonces la decisión de adelantarlo, dando lugar a un nuevo salón había optado por el mantenimiento de las torres medievales. Diver-
de grandes dimensiones entre las galerías del Rey y de la Reina. Se- sas causas apuntan a Crescenci, superintendente, como responsable
rá el denominado Salón Nuevo o Salón de los Espejos. La creación de esta idea. Por un lado Mora estaba entonces en una situación bas-
de la nueva portada cumplía, por lo tanto, un doble propósito se- tante delicada, y por otra la propuesta era contraria a su idea de fa-
gún el arquitecto 4: por un lado se dotaba al palacio de una entra- chada, que se basaba en cuatro grandes torres 9•
da digna y por otro se conseguía mayor comodidad en un doble as- La imagen del Alcázar, tras la demolición de la torre, aparece
pecto. En la planta baja, con la construcción de un zaguán, se representada en la maqueta del Museo Municipal.
facilitaba enormemente la salida de las personas regias y, para ello,
se construyó una escalera que comunicaba directamente con él des-
de la planta principal, y en ésta la construcción del Salón Nuevo fa- EL PLANO DE GOMEZ DE MORA
cilitaba la comunicación entre los aposentos del Rey y de la Reina,
que antes tenían que atravesar el Salón de Comedias para ir a sus En 1626, Gómez de Mora realizó una extensa memoria en la que ha-
habitaciones. cía relación de las diversas «casas» del monarca, acompañada de al-
Con la construcción de esta fachada Gómez de Mora sentaba gunas plantas de los principales edificios. Muy posiblemente se le re-
las bases necesarias para dotar al palacio de unas nuevas salas que se galó al cardenal Barberini con motivo de su visita a Madrid para
convirtieron en las más representativas del Alcázar de Felipe IV. La bautizar a la infanta María Eugenia, hija de Felipe 10 •
obra estaba muy avanzada en 1621, año del fallecimiento de Feli- El álbum contiene dos plantas del Alcázar madrileño acompa-
pe my, dos años después, con motivo de la venida del Príncipe de Ga- ñadas de una minuciosa descripción de las funciones de las diversas
152/ EL EDIFICIO
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Juan Gómez de Mora, Planta baja del Alcázar, dibujo, 1626, Vaticano, Biblioteca Apostolica Vaticana.
estancias. A través de las anotaciones se observa cómo el aposento, prisionero Francisco 1, en el ángulo noroeste del palacio, el Rey guar-
o cuarto, del Rey no había sufrido importantes variaciones desde la daba su biblioteca.
época de Felipe II. Se seguía ascendiendo por la escalera de Covarru- La Reina vivía en el ángulo sudeste del cuadrilátero, tras el Sa-
bias para después atravesar las salas Trastámara y llegar al Cuarto del lón Nuevo. El dormitorio se encuentraba situado en la antigua Torre
Rey 11 • Sobresale la Galería Dorada, de gran longitud, con los dos cu- de la Reina, y una larga galería se extendía por la fachada sur 13 • Lo
billos del Alcázar medieval, de los cuales el que consta con el núme- mismo que el monarca, la Reina tenía su propio oratorio, del que se
ro 18 se dedicaba a guardar las trazas de todas las casas reales 12 • El guarda un interesante dibujo. Se hizo bajo la dirección de Gómez de
Rey tenía su despacho en la Torre Dorada, que sigue destacando por Mora, y el dibujo, que muestra una sección longitudinal, nos pone de
sus vistas. El propio Gómez de Mora así lo expresa: «Es pie~a entre- manifiesto la importancia en el Alcázar barroco de la pintura al fres-
tenida y de las mejores bistas de la Cassa que miran al jardin y par- co 14.
que y se be la Cassa del Campo y río desde un corredor ». A esta ha- Los infantes vivían en la fachada oriental y en la Torre Bahona,
bitación se abría el oratorio del monarca. En la torre donde estuvo situada en el ángulo noreste 15• Las habitaciones comunicaban direc-
Juan Gómez de Mora, Planta principal del Alcázar, dibujo, 1626, V,aticano, Biblioteca Apostólica Vaticana.
tamente con las de la Reina por medio de un pasadizo que corría por Duque, el Aposento de Verano con salida al Jardín de la Priora; con
la fachada. ello toda esta zona de Palacio cobraba una nueva importancia. Com-
En el Alcázar vivían diversos miembros de la familia real que prendía dos plantas, y por eso se le denomina Cuarto y Cuarto Bajo
por su rango tenían su propia «casa »; así, en la relación de Gómez de Verano.
de Mora se señalan los aposentos del infante don Fernando 16 y de la En la fachada sur del palacio entre la Torre Dorada y la tapia
reina de Hungría 17, y las personalidades que ocupaban importantes del Jardín de los Emperadores Gómez de Mora proyectó una arque-
cargos cerca del Rey. El Conde-Duque de Olivares tenía sus aposen- ría de cinco vanos. Estas estancias que daban al Jardín de los Empe-
tos en la fachada norte 18, y la marquesa de Liche, la duquesa de Gan- radores y que tanta importancia habían tenido con Felipe II servían
día, la condesa de Lemus y la condesa de Olivares, como ayas de la ahora de guardajoyas y guardarropa del Cardenal Infante. Poste-
Infanta o camareras de la Reina o de la reina de Hungría, tenían tam- riormente fueron remodeladas y acogieron algunas de las pinturas de
bién sus respectivas habitaciones. desnudos más bellas del Alcázar, y se les conoció con el nombre de
Para paliar el calor del verano madrileño los monarcas acondi- «Bóvedas de Ticiano ».
cionaron en la zona norte del palacio, bajo las estancias del Conde- Pero las habitaciones o aposentos destinados a alojar a perso-
154/EL EDIFICIO
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Alzado del Salón de los Espejos, 1636 (dibujo de J. M. Barbeito). do trazado con una gran regularidad con tres balcones a la fachada
principal y tres puertas en la pared de enfrente que daban paso al Sa-
najes importantes cambiaban de función dependiendo de las necesi- lón de Comedias (la antigua Sala de la Reina en el Alcázar del siglo
dades del momento, y de esta manera las habitaciones de la reina de XVI, que en el plano de Gómez de Mora aparece con el núm. 23), con
Hungría fueron acondicionadas para acoger al Consejo de Castilla 19 . dos chimeneas entremedias. En los lados más pequeños de la habita-
Otros tres Consejos, el de Estado, el Real y el de Aragón, estaban si- ción la distribución de los huecos era exactamente la misma, con una
tuados en la zona norte 20 • gran puerta central, flanqueada por otras dos más pequeñas. La al-
El proyecto de Gómez de Mora para el palacio era de una gran tura, lo mismo que en la Sala de Comedias y la de las Furias, era do-
amplitud y por ello se preocupó también de llevar a cabo la cons- ble, con lo cual los balcones que la fachada obligaba a situar enlazo-
trucción de diversos elementos absolutamente necesarios para su fun- na alta de la habitación se convirtieron en ventanas. El balcón central
cionamiento. En esta zona norte, en lo que había sido el Jardín del de la sala, por su situación en el centro de la fachada, cobró una gran
Cierzo, que ahora se hallaba cerrado por diversas construcciones 21 , importancia, ya que era, según nos cuenta el propio Gómez de Mo-
se edificaron unas «necesarias» 22 que posteriormente se unirían con ra, el lugar donde se asomaban los Reyes «y de aquí ben los Reyes las
el propio Alcázar, tal como nos muestra un dibujo de Carbone! rea- fiestas y procesiones que passan por la pla~a de pala~io » 25 . Con mo-
lizado en 1634 23• Se produjeron continuos problemas a causa de las tivo del bautizo del príncipe Baltasar Carlos, el balcón cobró una es-
humedades y sus correspondientes reparaciones. Con ello hay que pecial relevancia, ya que se construyó una escalera de madera que
poner en relación unas trazas de Gómez de Mora que representan la descendía desde él hasta la plaza para que pasara la comitiva real 26 .
planta y alzado de las necesarias 24 • El Salón jugó un destacado papel en las recepciones de perso-
Pero la construcción de la nueva fachada sur llevó consigo una najes importantes por el Rey desde 1638, año en que recibió allí a Fran-
serie de transformaciones de suma importancia en toda la zona. Ya cisco I de Este, duque de Módena, y al Almirante de Castilla, don
vimos cómo el adelantamiento del lienzo de muro comprendido en- Juan Alonso Enríquez de Cabrera, a su vuelta triunfante del sitio de
tre las torres centrales llevó a la construcción de una nueva sala en el Fuenterrabía 27• Las distintas descripciones que se conservan de las re-
piso principal del palacio (núm. 26 en el plano de Gómez de Mora), cepciones reales nos muestran la «majestad » del Monarca, de pie,
llamado el Salón Nuevo o Salón de los Espejos. El salón rápidamen- apoyado en uno de los bufetes que decoraban la sala, vestido muy so-
te pasó a desempeñar un papel muy importante. Su interior había si- briamente 28 • En algunas ocasiones el monarca se situaba debajo de
teatrales; por otro era el lugar donde comían en público los_Reyes. Pe- suelos se construyó una escalera para comunicar directamente con el
ro también jugaba un importante papel en algunas de las ceremonias pequeño zaguán que había surgido tras la construcción de la nueva
de Palacio, como los juramentos de los príncipes herederos 29 o incluso fachada, facilitando enormemente la comunicación vertical en esta
en los funerales reales, ya que allí se exponían los cadáveres regios an- crujía 35• La obra se llevó a cabo entre 1646 y 1648 36 , siendo por lo
tes de ser trasladados a El Escorial 30• tanto posterior al plano de Gómez de Mora.
El Salón de Comedias sufrió importantes cambios en estos años. Siendo este arquitecto el responsable de la demolición del inte-
En 1622 ya se habían abierto cinco nuevas ventanas en el muro nor- rior de la torre y la construcción de la escalera, se le ha asignado a
te 31 y otras cinco fingidas. Ello conllevó el llenar los espacios vacíos Velázquez una labor importante en la Pieza Ochavada. Su labor ha
entre las ventanas con pinturas, para lo cual se encargó una serie de sido interpretada de distinta manera 37 • La planta, como su propio
Reyes de España 32 • Se encargó una nueva decoración con zócalos, nombre indica, se componía de un cuadrado con las esquinas acha-
jambas y dinteles de mármol, se volvió a dorar el gran artesonado, se flanadas. En cada uno de estos chaflanes se abría una puerta decora-
soló y se arreglaron las vidrieras 33 . La imagen del Salón en estos años da con jaspe en dintel y jambas, con frontón curvo coronado por un
ha llegado a nosotros en el dibujo de Francisco Herrera el Mozo que busto. A ambos lados de las puertas se hallaban sendos nichos para
muestra la representación de la comedia Los celos hacen estrellas 34• albergar esculturas 38 • En el cuadro de Mazo que representa a la rei-
En él se observa el artesonado, de factura muy complicada, las ven- na Mariana de Austria se pueden observar al fondo algunos de los ele-
tanas con la serie de cuadros de los reyes y las ricas tapicerías que ocul- mentos de la Sala. Los muros estaban articulados por medio de gran-
taban sus muros. Si la arquitectura del Salón de los Espejos está pen- des pilastras corintias pareadas que soportaban un pesado
sada para ser completada con cuadros, el Salón de Comedias sigue entablamento. La cúpula se hallaba dividida en ocho gajos por me-
concebido para ser recubierto de tapices, lo mismo que sucedía en el dio de fajas. Los lienzos de pared que quedaban libres para colgar cua-
siglo XVl. dros se hallaban a su vez divididos en diversos recuadros, como se pue-
La creación de la Pieza Ochavada fue una de las empresas ar- de ver en la sección de Du Verger.
tísticas más importantes en el Alcázar de Felipe IV. Se construyó en Frente al salón contiguo, muy desnudo arquitectónicamente, la
el interior de la Torre del Homenaje o del Sumiller, que Crescenci ha- Pieza Ochavada destaca por su mayor riqueza compositiva desde es-
bía ordenado tirar en su parte exterior. Con el acondicionamiento del te punto de vista. Si en el Salón de los Espejos la pintura desempeña
espacio donde estaba la torre se dotó a la planta principal de un nue- el papel preponderante, en ésta la escultura con los nichos diseñados
vo espacio delante del Salón de los Espejos, y en la planta de entre- para cobijarlas adquiere un gran protagonismo, y es precisamente
156/EL EDIFICIO
aquí donde la importancia de Velázquez cobra una singular impor- la Galería del Rey, que había nacido también con la nueva fachada.
tancia tras su segundo viaje a Italia, de donde trajo numerosas esta- En el plano de Gómez de Mora aparece como una de las habitacio-
tuas para adornar el palacio, entre las que se hallan tres que se situarán nes privadas más importantes del monarca: «galería principal donde
aquí reemplazando otras anteriores 39 • el rey asiste de ordinario »41 • Con la muerte de Felipe III se abando-
La Pieza Ochavada se convierte además en un elemento funda- nó el proyecto de decorar este espacio con frescos de Carducho y Ca-
mental dentro del largo recorrido que debían realizar los personajes jés y se recurrió a cuadros entre los que se contaban numerosos re-
que acudían a ser recibidos por el Rey en grandes ceremonias. Ya vi- tratos, ya que a veces era designada como la Galería de Retratos. Al
mos cómo tras la construcción del Salón de los Espejos éste se con- construir la Pieza Ochavada la Galería adquirió una condición de pie-
vierte en el lugar donde el Rey recibe, pero el acceso para llegar se se- za esencial dentro del recorrido, perdiendo este carácter privado.
guía realizando desde la Pieza Oscura a través del Salón Dorado o Sala Con la construcción de las salas de la crujía sur Gómez de Mora
de Comedias, haciendo por lo tanto varios quiebros. Con la cons- dio un cambio total al Alcázar madrileño: no solamente lo dotó de una
trucción de la Pieza Ochavada el acceso se hacía también por la Pie- nueva fachada, sino que además introdujo grandes cambios en su fun-
za Oscura, pero a través de la Galería del Rey, desde donde con las cionamiento interno con la construcción de los aposentos de verano de
puertas puestas en enfilada se llegaba al Salón de los Espejos; al fon- los monarcas y la nueva disposición del aposento de la Reina. Y, lo que
do de éste se situaba el monarca, que salía por la puerta lateral que es todavía más importante, con la construcción de las salas de la cru-
comunicaba con la Sala de las Furias, su dormitorio. En.1649, recién jía sur creó el espacio barroco adecuado para que con sus muros cu-
terminada la Pieza Ochavada, en la recepción del embajador del Gran biertos de pinturas y esculturas mostrara toda la majestad de Felipe IV.
Turco se describe ya este nuevo itinerario 40 •
En el nuevo recorrido otra pieza cobraba singular importancia, R. D. C.
1 Para una extensa biografía artística de Juan Gómez de Mora, véase Tovar, 1983, págs. picacia por el Conde-Duque. Para el estudio de la denuncia véanse Tovar, 1983, págs.
67-216. 136-13 7, y Tovar, 1986 (1), págs. 25-26.
2
Tovar, 1983, pág. 471. Para un estudio pormenorizado de los cambios introducidos 8
Durante los años en que se mantuvo apartado de las obras del Alcáza r, Gómez de
en la fachada y el papel de fra y Al berto de la Madre de Dios, véanse Jbidem y Barbeito, Mora siguió tra bajando en otras obras reales.
9
1992 (1), págs. 93-107. Sobre Crescenci véanse Marón González, 1959; Idem, 1960; Jdem, 1981; Taylor, 1979:
3 El grabado de De Witt se equivoca únicamente al representar el muro entre las dos
Tovar, 1981 (2), y Barbeito, 1992 (1), págs. 158-159.
10
torres centrales en el mismo plano que éstas. Simón Díaz, 1980 (1). Ello puede ser la causa de que el original se conserve en la Bi·
4
«El derribarse el portico antiguo fue en beneficio de tan suntuoso edificio, y mayor blioteca del Vaticano.
11
ornato suyo, porque segun las reglas de Architectura no le puede aver, quando en la El Cuarto del Rey se componía de antecámara (6), amecamarilla de Embajadores (7)
obra las quadras y salas interiores son galantes, y las entradas humildes, y no decentes, y cámara (8), donde hay «una cama de respeuto (sic) y desde allí adentro no passan nin-
resulto en mejor habitacion de su Magestad, y uso mas a proposito del que tenia por aver- gun jenero de cavalleros, fuera de los de la Cámara, Grandes y Mayordomos del Rey.»
se hecho en lo alto una gran pie\a, y con la roza que se hizo de la pared gruessa que avia La habitación 9 es donde come el Rey y da audiencia a los embajadores y se hace n lm
antigua, se dio ensanche a los aposentos Reales, la qua! sirve de trasquarto a la casa, y juramentos de los Virrreyes y Capitanes Generales. En la sala 11 cena corrientemente el
es la trabazon de los guanos de sus Magesrades Rey y Reina, y que en dias de fiestas pu- Rey y en la 12 duerme algunas noches y recibe a los presidentes de los Consejos y lm
blicas era muy desacomodada, y de poca autoridad la vivienda por no tener los Reyes viernes al presidente del Consejo de Castilla. Los números se corresponden con los del
por donde pasar, sino es por la sala grande, y oy pasan por esta pie\a. Y si la utilidad plano de Gómez de Mora. Hay una transcripción íntegra del texto en Tovar, 1986 (1),
de los Criados se di ze comodidad del Pri ncipe,lo fue no pequeña el primer zaguan que págs. 381-386.
12
se hizo debaxo <leste salan, con que los coches pueden entra r por una puerta, y salir por «Aposento en que están todas las tra\aS de las Cassas Reales, para las obras, y rela-
otra, en dias de entradas publicas, en que de ordinario avia gran confusion y alboroto, ciones de los caminos tocantes a los Rey (entre líneas: nos) Despaiia que están a cargc
y otras vezes los Grandes y Seiiores, lloviendo salian a tomar sus coches por el impedi- del Tra\ador mayor del Rey y maestro de sus obras », Tovar, 1986 (1), pág. 381.
13 Acontinuación se hallan las nuevas habitaciones que se construyeron jumo a la nue-
mento dicho, el qua! cesso mediante esta nueva obra. » Por Juan Gomez de Afora, Trafa-
dor y Maestro Mayor de las obras de su Magestad, co11 el Se1ior Fiscal de los Consejos va fac hada: una sala en la torre nueva, en la que están sus «escritorios» (50), el orato-
Real, de Hazie11da y Junta de Obras y Bosques. Sobre la acusacion, y cargos que se le rio (51) y la galería del Cierzo mirando hacia el norte y dando sobre el jardín de la rei-
han puesto acerca de las obras del Palacio, y Alcazar Real de la Villa de Madrid. Facsí- na. La comunicación vertical de esta zona se hacía mediante una escalera simada entre
mil en Tovar, 1983, págs. 477-478. la galería del Cierzo y la torre nueva que comunicaba con la planta superior donde ha-
; Barbeito, 1992 (1), pág. 105. bitaban las damas de la Corte y la inferior con salida al jardín.
6 14
Se conserva su alegato de defensa, publicado en Tovar, 1983, págs. 466-485. Se han suscitado dudas sobre si el dibujo se refiere al oratorio de Isabel de Barbón o
7
Barbeito llama la atención sobre las estrechas relaciones existentes entre Gómez de de Margarita de Austria. Gérard, 1983; Tovar, 1986 (1 ), pág. 176, y Barbeito, 1992 (1),
Mora y el duque de Lerma, lo que hizo con toda seguridad que fuera visto con toda sus- pág. 138.
158/EL EDIFICIO
EL ENTORNO DEL PALACIO
r
pesor (2,80 y 8,40 m) 2• Sólo llegó a construirse una parte pequeña, ,,,,.;,¡.-!-
1
Es posible que existiera un paredón con anterioridad al de Gómez de Mora, ya que 5 El primero de estos visitantes fue «el cardenal Alessand rino». La relación más deta-
aparece representado en el plano de De Witt hacia 1622. Barbeito, 1992 (1), pág. 108. llada la dio Cassiano dal Pozzo en el viaje del cardenal Barberini en 1626. Iñiguez Al-
2 mech, 1960.
El muro tenía en alternancia bastiones en su zona exterior y contrafuertes en el lado
6 Iñiguez Almech identificó el fo ndo de Las Hilanderas con la capilla de la Casa del
que mira hacia la plaza, siguiendo el estilo de las fortificaciones del momento. Gómez
de Mora..., 1986, pág. 177. Tesoro. Este era el lugar que servía de taller a los pintores desde el siglo XVI. lñiguez Al-
3 mech, 1960.
En el dibujo la zona construida está acotada por las letras A y B. Las obras comen-
7
zaron en 1626 y poco tiempo después fueron interrumpidas. Tovar, 1983, pág. 241.
4 8 Sobre el tema de los pasadizos, véase Tovar, 1986 (2).
En ella residieron Juan Bautista de Toledo y Becerra entre otros. lñiguez Alrnech, 1960.
La fachada norte del palacio cobró durante el reinado de Felipe IV una gran extensión de terreno discurriendo por detrás de la Casa de
gran importancia por estar situados en ella los aposentos del Conde- Oficios, las cocinas nuevas y la Casa del Tesoro. Allí se pensó colo-
Duque y habilitarse en la zona baja las habitaciones de verano de los car la estatua ecuestre de Felipe III, aunque finalmente se optó por ha-
monarcas. Los terrenos que habían sido adquiridos por Felipe II y cerlo en los jardines de la Casa de Campo, tal como nos muestra el
que recibieron el nombre de Jardín de la Priora se convirtieron en el cuadro que representa esta zona.
.
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1 Gómez de Mora fue el encargado de realizar las diversas obras de regularización del mensiones, el Rey quiso ampliarla inmediatamente después de su construcción, sin que
terreno con la construcción de un paredón y un puente sobre el arroyo de Lega nitos. AV esto pudiera llevarse a cabo. AGP SA, leg. 710. Documentación reproducida en Barbei-
ASA, I-1 60-41. Documentación citada en Barbeito, 1992(1), págs. 113-116. to, 1992(1), págs.117-118.
2 3
De 1622 data la primera referencia de la voluntad real de construir esta plaza, que Se trataba de una estancia de aproximadamente 3,5 m de ancho por casi 11 de lar-
urgía enormemente, ya que en marzo de 1623 debía llegar a la Corte el Príncipe de Ga- go que tenía una columnata desde donde se contemplaban los juegos. En la planta infe-
les para permanecer en ella varios meses, y las habitaciones acondicionadas para reci- rior se abrían dos puertas que comunicaban con los toriles.
birle se hallaban en la fachada norte muy cerca de la nueva plaza. A pesar de sus di-
160/EL EDIFICIO
ARQUITECTURA Y DECORACION EN
LOS REINADOS DE FELIPE IV Y CARLOS II
Aunque muchos de los espacios arquitectónicos del Alcázar alarga- dores y por pintar 215 azulejos en la antecámara y escalera; labores
ron las decoraciones de tradición mudéjar y los aportes manieristas puramente artesanales a las que habría que agregar, en este mismo año,
que se habían realizado en el reinado de Felipe II, el siglo XVII con- la pintura del retrato del Papa, que se habría de poner en el aposen-
templó importantes campañas decorativas que supusieron avances to del legado Francesco Barberini en la Casa del Tesoro, el retrato de
decisivos hacia la barroquización de sus interiores. éste y el de cinco de los reyes de Portugal, «que se han de poner en el
Son muy abundantes las noticias acerca de estas decoraciones, pasadizo de la Encarnación ». En la misma fecha pintó Semín el pa-
muchas veces meros reparos o repintes de lo ya hecho con anteriori- sadizo que se hizo con motivo del bautismo de la Infanta, así como
dad; desde este punto de vista destaca la figura del genovés Julio Cé- los balaustres y los pies derechos fingidos de piedra berroqueña. En
sar Semín, documentada en las cuentas del edificio a lo largo de la pri- 1627 doró las bolas y remates de cruz en la obra del picadero, pintó
mera mitad del siglo XVII. Ya en 1617 se le paga por la pintura al los cielos rasos de los aposentos de la Infanta en la Torre Bahona, y
temple de «quatro ventanas fingidas con sus vidrieras en el salon pa- dio de verde montaña las puertas de las arcas de agua de los arroyos
ra dalle luz» 1• Los destajos de 1626 son especialmente expresivos a de Amaniel y Navachescas. En 1628 pintó con grutescos el techo y
este respecto, pues relacionan diversos pagos a este artífice por dorar cornisa del oratorio de su Alteza, el de la princesa María, ya falleci-
los pasamanos de la escalera que bajaba desde la Galería del Cierzo da, «y los aposentos de las piezas que se han de pintar en lien~o y dio
a las nuevas bóvedas, cuya traza había dado Juan Gómez de Mora, de hierro negro y mate los peda~os de rodapié de las dichas piezas que
por dar de color madera a las dos piezas del retrete y techo de la es- tiene pintados fingidos de azulejos »2•
calera, por pintar de colorado los chapados de ladrillo de los come- Este mismo año el pintor Angelo Nardi recibió diversas canti-
Colonna y Mitelli, Proyecto decorativo, finales del decenio de 1650, Atribuido a Colonna y Mitelli, Proyecto decorativo, finales del
Madrid, Biblioteca Nacional. decenio de 1650, Madrid, Biblioteca Nacional.
162/EL EDIFICIO
A este mismo autor debemos varias noticias más de las decora- Arredondo continuó la obra en un «gabinetillo de los del Cuarto de
ciones al fresco realizadas en Palacio durante los reinados de Felipe IV la Reina y en la Galería del Cierzo» rn. Por fin, Lucas Jordán terminó
y Carlos II. Francisco Camilo pintó en la Galería del Poniente más de la barroquización del palacio no sólo a través de sus muchas pintu-
catorce metamorfosis de Ovidio 7; Francisco Rizi, sobre lo ya mencio- ras al óleo, sino con la sustitución del viejo artesonado mudéjar de la
nado, decoró el techo de la Galería de las Damas con una obra «muy capilla con una bóveda al fresco en donde ejecutó la historia de Sa-
llena de erudición y letras humanas», hecha junto a Carreño y Man- lomón «repartida en diferentes casos», continuándola, ya con pintu-
tuano, que ya se había blanqueado en tiempos de Palomino 8; Claudio ras, en los óleos que realizó de cornisa abajo 11 •
Coello comenzó la pintura de la Galería del Cierzo del Cuarto de la
Reina en 1686, con el tema de la fábula de Psiquis y Cupido 9; Isidro ]. S.M.
7
1 AGS, CMC 3.' ép., leg. 784. Ibídem, pág. 233.
8
Ibidem, leg. 1450. Ibídem, págs. 277-278.
9
3 Ibidem. Jbidem, pág. 320
10
4 Bonet, 1960. Véase también Justi, 1953, págs. 595-604. Ibidem, pág. 345.
5 11
Palomino, 1986, pág. 184. Ibidem, pág. 363.
6 Ibidem, pág. 185.
Cuando Felipe IV murió en septiembre de 1665, la principal resi- La situación financiera de la Corona española distaba de ser
dencia de los reyes de España no se había terminado, si bien estaba boyante; de hecho, la maltrecha economía regia no sólo era una ame-
estructuralmente definida. Las iniciativas siguientes pudieron, por naza para las nuevas tareas, sino una fuente de dificultades para la
tanto, atacar la finalización de su fachada y la configuración del en- adecuada conservación de lo realizado. Estas preocupaciones apare-
torno de la misma, el cual se enriqueció con elementos nuevos tramados cen en las comunicaciones entre la Reina y el marqués de Malpica,
en torno a otros del siglo XVI, como la Armería, y ya no sufriría mu- superintendente de las obras, quien por una parte temía que la carencia
taciones de importancia hasta el incendio de 1734. Sin embargo, tam- de fondos acabase convenida en materia para acusarle de falta de ce-
poco faltaron, hasta 1700, empeños constructivos en el interior del lo y por otra asistía impotente, a lo largo de 1667, a la degradación
edificio, de los cuales bien puede destacarse la reforma de la capilla progresiva del pasaje que llevaba al monasterio de la Encarnación
que, al aparejar la elevación de una cúpula hasta entonces inexisten- desde el Alcázar, a una acelerada descomposición de diversas estan-
te, hizo ganar a ese pequeño espacio en prestancia y suntuosidad al cias de éste vinculadas al servicio palaciego, como el oficio de la ca-
tiempo que dotaba al Alcázar de un componente inédito y de esa apa- va de Su Majestad, llegado a un estado de deterioro que lo había vuel-
riencia quizá más acabada que muestra uno de los grabados de Pa- to indecoroso, y poco después a la ruina completa de ciertos elementos
llota. indispensables para el uso diario, como un «orno que avía en la co-
La circunstancia de que el futuro Carlos II contase cuatro años zina de bocas que sea caydo », cuya orden de reconstrucción daba
de edad a la muerte de su padre no debía comprometer la marcha de Mariana de Austria en la primavera de 1668. Aunque con altibajos,
las obras. La preocupación del monarca difunto por ellas le había he- la debilidad pecuniaria llegó hasta el fin del siglo, y se encuentra tan-
cho disponer en su testamento una cláusula en virtud de la cual su con- to en la actitud de José del Olmo, que para reformar la Capilla im-
trol había de ser competencia de una junta de gobierno constituida puso el cobro previo de sus trabajos en el Casón del Buen Retiro, co-
ad hoc, en tanto el poder ejecutivo recaía en la Reina viuda. Maria- mo en el hecho de que a falta de mejor medio se le retribuyese en
na de Austria se apresuró a ampliar con cometidos institucionales el especie y recibiera sus 236.100 reales de vellón en joyas y ganados per-
importante papel que junto a ella venía desempeñando su confesor y tenecientes al Rey 2•
consejero personal, y así, el polémico Nithard, de la orden de San Ig- No menos influyentes que la debilidad financiera fueron los
nacio, fue integrado entre quienes componían la Junta de Obras y avatares políticos, entremezclados con ella y marcados durante unos
Bosques por medio de un nombramiento fechado el día 12 de octu- trece años por las pugnas en que se fueron envolviendo Mariana de
bre de 1665, cuando todavía no había transcurrido un mes desde la Austria, el padre Nithard-que hubo de abandonar España en 1669-,
muerte del Rey Planeta. Juan José de Austria -el ambicioso bastardo de Felipe IV muerto en
En esos momentos, el lienzo sur estaba como lo refleja el gra- 1679- y el «duende de palacio», Fernando Valenzuela, desapareci-
bado de Meunier, realizado aproximadamente un año más tarde. Jo- do de la escena española después de su caída a principios de 1677. El
sé Manuel Barbeito ha llamado la atención sobre el alto grado de remate de la fachada, según manifiestan los pagos de diciembre de 1674
exactitud de esa representación al compararla con la de Texeira, bas- y enero de 1675 al carpintero Bartolomé de Sarabia por el armazón
tante menos rigurosa y de una década anterior 1. La demolición de la del chapitel de la Torre de la Reina, sólo se acometió en pleno ascen-
Torre del Sumiller había permitido dotar a su parte oeste, coronada so de Valenzuela, que en febrero de 1575 era nombrado superinten-
por un balaustre, de una presencia homogénea, pero la subsistencia dente de las obras «en la conformidad que lo había sido el Marqués
en la oriental de los restos de la Torre del Bastimento y de una cubierta de Malpica ». El emplazamiento de cubiertas de plomo y empizarra-
provisional sobre la inacabada Torre de la Reina, así como la falta del dos, así como las labores de dorado de las bolas y veleta, realizadas
remate de la portada central, seguían constituyendo otras tantas irre- por Clemente de Avila, dan cuenta de su paulatina terminación. Esas
gularidades pendientes de solución. tareas y el derribo de los restos de la Torre del Bastimento, impres-
164/EL EDIFICIO
Juan Carreño de Miranda, Mariana de Austria, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
165
cindible para regularizar el cuerpo oriental, debieron de ejecutarse
bajo la dirección de José del Olmo. A falta de una confirmación do-
cumental detallada, así lo hacen pensar los cuantiosos pagos realiza-
dos a su nombre 3.
En la portada del Alcázar había de sustanciarse una controver-
sia, desde luego no meramente ornamental, en torno al monumento
ecuestre de Felipe IV fundido por Pietro Tacca, que se había traslada-
do a ella desde su asentamiento en el Buen Retiro. Como remate del
;
palacio y sin dejar de cumplir un cometido estético, proclamaba la le-
altad de la Reina y de Fernando Valenzuela al monarca extinto con-
tra las pretensiones políticas de don Juan José. Cuando en 1677 pudo
éste imponer sus condiciones, se decidió apear la estatua y devolverla
a su viejo emplazamiento. Barbeito ha resaltado cómo, pese al escep-
ticismo de un Antonio Ponz, el episodio es rigurosamente cierto y sus
huellas pueden rastrearse en el Archivo de Palacio, donde queda cum-
plida cuenta de la manera disimulada en que se procedió para bajar el
bronce y de las dificultades vencidas bajo la dirección de Bartolomé
Zumbigo. A modo de remate alternativo se había proyectado uno ar-
quitectónico, al que aludía, como solución definitiva, el secretario Je-
rónimo de Eguía el 2 de abril en una carta al Condestable de Castilla,
sustituto del caído Valenzuela en las funciones de superintendente. La
urgencia por erigirlo, patente en otros mensajes, obedecía al deseo de
que el joven Rey, que volvía de Zaragoza el 12 de junio, no hallase la
cuestión sin resolver y sí viese la fachada terminada. • '-.J 'l-' l !t., .. = ... !f..,
Pero además, Valenzuela había puesto en ejecución las nuevas
cocheras y la Galería del Parque, cuya escasa consistencia material men-
cionaría Gaspar de Legasa al Condestable de Castilla ilustrando la in- Bartolomé Hurtado, Proyecto del portal de acceso a la plaza de
Palacio, 1679, dibujo, Madrid, Archivo de Palacio.
conveniencia de exigir demasiada rapidez en la terminación del fron-
tón de la portada. Tales iniciativas retomaron una dirección planteada
tiempo atrás, aunque soslayaron la costosa ambición regularizadora Bajo la dirección de éste, el proyecto de Gaspar de la Peña sufrió
del proyecto de Gómez de Mora para el límite oeste de la plaza. Así ampliaciones y una mutación formal considerable, propiciadas por los
pues, el resultado fue, en planta, el acotado de una extensión trape- nuevos criterios de los representantes de la villa y sustanciadas en la cons-
zoidea, cuyas alas este y oeste convergían. En esta última, la galería trucción de «treze cocheras y el murallón que termina el patio de ellas
enlazaba los bajos de la Torre Dorada con el extremo donde se alza- y el patio y la galería con 44 arcos que corresponden a la de enfrente
ban las caballerizas; exigió la desaparición del Jardín de los Empera- con su cubierto de plomo, antepechos, pedestales, pirámides, abitación
dores y el derribo de las viejas cocheras, mientras a la otra parte la del Maestro de Coches y Casa de Guarda Coches, que nada de esto es-
ejecución de las nuevas se constituiría en el generador del cierre de la ta va en la postura de Gaspar de la Peña». La cara externa de lo ejecu-
plaza por el oriente, logrado al conectar lo construido con la Torre tado en la zona del sudeste no era precisamente regular; pero sí la re-
de la Reina por medio de arquerías. Sin embargo, no se puede afir- sultante interior de la plaza del Alcázar, cuyo acceso desde el sur se
mar que la concepción del proyecto fuese unitaria, y más parece el re- había dotado de un arco que enlazaba el edificio de las caballerizas y
sultado final de una serie de impulsos sucesivos. Para las cocheras se la armería con las nuevas construcciones y cerraba el conjunto bajo
escogieron las trazas de Gaspar de la Peña, realizadas en función de una cubierta empizarrada. Para decorar la parte alta de las dos gale-
los desniveles cercanos a su emplazamiento y atentas a la «corres- rías, rematadas con tejas, se emplearon, siguiendo una tendencia casi
pondencia con la obra de enfrente», y su construcción se encomendó recurrente 4, bustos de emperadores entre otros elementos. A los pro-
en noviembre de 1675 a José del Olmo. cedentes del destruido jardín de Felipe II debieron de añadirse los lle-
166/EL EDIFICIO
gados más tarde desde Nápoles; todos hubieron de ser parte de las 219 Los esfuerzos de adecuación de los diversos recintos conforme
estaturas en mármol entregadas a José del Olmo 5• se producían nuevas necesidades dieron lugar a la reforma del Cuar-
La premura con que se actuó y los defectos de consolidación de to de la Reina, preparado para acoger a María Luisa de Orleans en
los terrenos afectaron a estos trabajos; y si las cocheras crearon pro- 1679, igual que antes habían originado el acondicionamiento del
blemas en tiempos de Felipe V, en el mismo año de 1677 Olmo la- Cuarto del Príncipe para aposento de Juan José de Austria, que apa-
mentaba la quebrazón de la Galería del Parque, que había dañado las rejó el desplazamiento del taller de Carreño a la bóveda del Tigre, si-
bóvedas y hacía necesario un mejor sistema de asentamiento del mu- tuada en los sótanos de la Torre Dorada junto a las Bóvedas de Ti-
ro principal; la endeblez de lo obrado no dejó de manifestarse repe- ziano. La búsqueda del amejoramiento de la calidad de vida en el
tidas veces; en 1687, a la caída de una parte de la galería sucedió la Alcázar madrileño llevó a la disposición sistemática de vidrieras en
sugerencia de Carlos II de convertir la zona superior de la misma en sus vanos, en conexión con la cual hay que situar la construcción, en
un paso aterrazado que pudiese conducir hasta la Armería, mientras 1678, de «un horno y otras dependencias » en las que había de tra-
se pensaba en el cierre de sus partes bajas para disponer allí reductos bajar un fabricante de vidrio llegado desde Bruselas, y a la realización
almacenísticos y de nuevas viviendas de criados. La Galería del Par- de desagües y otros dispositivos higiénicos de los cuales quedan no-
que llegó a cubrirse con un terrado, pero es dudoso que sucediera ticias de José del Olmo del año 1694, referidas al «baño en que se ba-
otro tanto con la de la parte de San Gil 6, cuyos arcos quedaron ade- ñaba la Reina » 9.
más expeditos, en contra de lo ocurrido con los de la Galería del Par- Sin embargo, el asunto dominante junto a los retoques y refor-
que. En cualquier caso, las obras de acondicionamiento se alargaron mas habitacionales parece haber sido el de la conservación del edifi-
a lo largo de todo 1700, y no fue antes de su terminación cuando el cio, que requirió de enérgicas intervenciones en los corredores de los
derredor del Alcázar cobró esas formas que el grabado de Pallota de patios, prácticamente arruinados en la primavera de 1693, y con an-
1704 permite contemplar. terioridad había obligado, en la galería del Cierzo de la Reina y el pa-
En cuanto a las transformaciones internas, deben mencionarse so a su Oratorio, a desmontar los suelos y armaduras que estaban so-
las llevadas a cabo en diversas habitaciones palaciegas y la de la ca- bre esas dependencias, muy deteriorados a causa de la humedad debida
pilla, que aparecen salpicadas de referencias a obras de mantenimiento al pésimo estado de los tejados, que obligaba a cambiar unos made-
cuyo origen, con harta frecuencia, no era otro que el veloz deterioro rámenes completamente corrompidos.
del edificio. Incluso en la zona más representativa de éste, las filtra- La debilidad de muchas partes del Alcázar se pone también de
ciones de agua habían constituido una amenaza durante el anterior manifiesto en la Capilla. En 1680, el retablo estaba a punto de des-
reinado. El marqués de Malpica advertía en 1659 del peligro que re- plomarse y el coro amenazaba ruina, obligando a las consiguientes in-
presentaban para el Salón de los Espejos unas cocinas situadas sobre tervenciones, de las cuales la primera se acometió con dinero proce-
él, y ya fuera a causa de ellas o por la degradación de los tejados, en dente de los fondos de gastos secretos. La mayor de las tareas
1682 se desprendían, «con conocida ruina de otras cosas », fragmen- emprendidas en ese espacio fue la eliminación de la vieja estructura
tos de las techumbres decoradas por Colonna y Mitelli 7• Precisamente artesonada que culminaba el testero, quizá el único recuerdo de la or-
la importancia de esta zona hace menos comprensible lo ocurrido en namentación del Alcázar en sus orígenes, que se sustituyó por una cú-
la Pieza Ochavada dos años después de la muerte de Felipe IV. Entonces pula alzada sobre camones, más tarde decorada por Lucas Jordán y
se decidió y llevó a término la eliminación de las esculturas y el cie- cuya financiación corrió a expensas del Patriarca de las Indias, títu-
rre de los nichos que las albergaban, pero más tarde se optó por de- lo que ostentaba el capellán palaciego. Este acordó la ejecución de la
volverle el aspecto original, tanto en las formas de sus paredes como «media naranja » con José del Olmo, que, para poderla emplazar, tu-
en la ornamentación, y ése era: el que presentaba cuando se realizó el vo que ganar espacio a costa del tránsito que conectaba los patios y
inventario de 1686. José Manuel Barbeito ha señalado la dificultad estaba situado entre el límite exterior del presbiterio y la escalera prin-
de comprender, por la falta de planos y dibujos, las obras llevadas a cipal. Las reformas afectaron al Salón de Comedias, aunque no de una
cabo en diversas partes del Cuarto del Rey, como las que cambiaron forma estructural. En su interior se dispuso una especie de pasaje de
las piezas de la Torre del Rey de Francia, así llamada desde su habi- madera que nunca perdió su carácter «no arquitectónico » y daba ac-
tación por el retenido Francisco I, o dispusieron, en conexión con ceso al Rey hasta la tribuna de la capilla desde sus aposentos, y ello
ella, una serie de terrados; lo mismo sucede en el caso del Cuarto Ba- aparejó la lógica reducción del espacio disponible, sin que significa-
jo de Verano, cuyos arreglos, al parecer de envergadura, no es posi- se una pérdida de la importancia de los actos y funciones que allí te-
ble definir ni calibrar por completo 8• nían lugar.
168
Juan Carreño de Miranda, Carlos JI como Gran Maestre de la Orden del Toisón de Oro, Rohrau (Austria),
Colección Harrach.
169
A lo largo de los años de la minoría y reinado del último de los nismos que se le pagaron al relojero Francisco Filipin "por los movi-
Austrias se fueron desarrollando nuevas formas estéticas que no de- mientos que hi~o para los tableros, vidrios y puertas de dicho Ca-
jaron de manifestarse en los cambios y dotación del Alcázar. Si la món" » 10• Sólo en 1691 fue posible terminarlo e instalarlo en el refe-
construcción del relicario principal bajo la Capilla había significado rido lugar de destino por las habituales dificultades financieras.
años atrás un planteamiento renovador que afectó a la apariencia y El azote de éstas y los consabidos problemas de conservación
decoración de ésta, otro tanto sucedió cuando al calor de las obras afectaron también a los tapiales, a los cubos de la muralla del oeste,
de la cúpula se destinó a ella un retablo de pórfido cuyo asentamien- al Picadero o al Juego de Pelota, rehechos y deteriorados con rapidez
to sólo quedaría rematado en tiempos del primer Borbón. Un gusto en más de una oportunidad hasta que se optó (a veces ya en el siglo
parejo por las nuevas formas pone de relieve una compleja pieza de siguiente) por verdaderas reformas y consolidaciones, ya que con fre-
José de Churriguera, el llamado «Camón Dorado de Su Majestad », cuencia sus males no sólo se debían a la endeblez de los materiales,
que comenzó a construirse en 1689. Barbeito lo ha descrito como sino a problemas de cimentación o de falta de compactación de los
«una gran estructura de madera, tallada y dorada, que se había de co- terrenos que los sustentaban. Esto aparte, el Alcázar sufriría notables
locar en la Pieza de las Furias, albergando en su interior dos alcobas cambios con el acceso al trono español de una nueva dinastía, no só-
que habían de servir de "Dormitorio y Real Cámara de S.M.". Todo lo en lo concerniente a su disposición interior, sino en el uso de sus
ello adornado con cuatro puertas talladas de decoración vegetal, ven- zonas aledañas.
tanas, vidrios y cincuenta y cuatro tableros pintados de flores ... y cu-
yo carácter barroco alcanza toda su expresión (en) las pesas y meca- ].S.M.
1
Barbeito, 1992 (1), págs. 177 y 178. 6 Barbeito, 1992 (1), pág. 191.
Tovar, 1984. 7
Barbeito, 1992 (1), pág. 193.
3 8
Barbeito, 1992 (1), pág. 178. Barbeito, 1992 (1), pág. 193.
4
Hay noticias de una serie de obras en tiempos de Felipe ill que dan cuenra de su uso 9
Barbeito, 1992 (1 ), pág. 195.
para ornar el lugar donde el monarca accedía a su carruaje. AGS, CM, leg. 784. 10
Barbeito, 1992 (1), pág. 196.
; Barbeito, 1992 (1), pág. 185.
170/ EL EDIFICIO
FRANCISCO DE HERRERA EL MOZO
Y LA COMEDIA
LOS CELOS HACEN ESTRELLAS
La Biblioteca Nacional de Viena conserva un magnífico álbum con la te, aunque no se especifico en el papel referido, con cuya inteligencia
comedia Los celos hacen estrellas, escrita por don Juan Vélez de Gue- mandara Vm. prevenir y labrar la madera que fuere menester para uno
vara y representada en 1672, ante los reyes, en el Alcázar. Acompa- y otro, con la mayor brevedad que sea posible».
ñan al texto los dibujos de los decorados realizados por Francisco de En realidad el armazón que se levantaba en el Salón de las Co-
Herrera el Mozo. Unos dibujos que tienen el interés añadido de ser, medias debía ser el mismo «teatro dorado » construido en 1648. Ba-
uno de ellos, la única imagen conocida del interior del Salón de Co- jo la dirección de Carbone!, y siguiendo seguramente sus trazas, fue
medias o Salón de Saraos, el lugar donde se celebraban las diversio- ensamblado por Alonso Gómez, pintado por Francisco Rizi y Pedro
nes cortesanas dentro del viejo palacio. Núñez, y dorado por Simón López. Este teatro se guardaba en el Pa-
Cerrado el obligado paréntesis abierto a la muerte de Felipe IV, tio de la Tapicería, en un aposento bajo de la Torre de Francia, has-
aquella temporada de teatro se preparó en el Alcázar con especial cui- ta que en 1653 esta pieza se tomó para Secretaría de Estado de Ve-
dado. Para empezar, el 20 de septiembre de 1672 dio orden el duque rano, construyéndose para el teatro un cobertizo junto a la munición
del Infantado de que se alquilara una casa para que en ella pudieran del Alcázar.
reunirse los actores y ensayar las comedias. La casa era propiedad de En las décadas de los 50 y 60, casi anualmente se conservan pa-
doña María de la Paz y Tineo, y estaba en la calle de Santa María, de gos de subir, montar y volver a bajar el Teatro de las Comedias, el úl-
la parroquia de San Sebastián, en pleno barrio de representantes, co- timo de ellos en 1664, cuando se instaló para las tradicionales fun-
mo no podía ser menos. Se alquiló por seis meses, desde el 22 de sep- ciones de Carnestolendas, representadas el 23 y el 26 de febrero. Nada
tiembre al 22 de marzo, y a los pocos días de tomar posesión de la hace suponer que no fuera este mismo teatro el que ahora volviera a
misma las cuentas del pagador registran una sustanciosa libranza armarse. De manera que los pagos realizados a Herrera el 14 de sep-
«para el gasto de comprar sillas, bancos, esteras, bufetes y braseros· tiembre y el 21 y 26 de octubre (20.000 rs. en total), «por lo que se
para la casa en que se han de hacer los ensayos de la comedia de pa- ajusto la obra del teatro pintado», deben entenderse por la realiza-
lacio»1• ción de tramoyas y mutaciones. Las libranzas nos informan además
No había tiempo que perder, pues la primera representación es- de los nombres de los pintores que, a las órdenes de Herrera, se ocu-
taba fijada para el día 6 de noviembre, en que se cumplían los años paron de llevar adelante el trabajo: Cosme Loti, Antonio de los Re-
del Rey. Así que el duque de Pastrana dio orden para despachar de yes, Francisco Pérez, Leonardo Alegre y otros. Para completar el am-
inmediato un correo a Toledo «por la compañia d[e] Escamilla para biente de la sala, se trajeron al Alcázar cuatro grandes arañas, dos de
que representasen la comedia de los años del rey nro. sr. ». La com- la casa del conde de Baños y otras dos de la vecina iglesia de Santa
pañía estaba ya en Madrid el 11 de octubre, fecha en que se le hacen María, que hubo que blanquear porque estaban en bastante mal es-
buenos a Antonio de Escamilla 2.000 rs. correspondientes al impor- tado. Puede sorprender esta penuria, pero se trata de una situación
te del carruaje en el que se desplazaron a la Corte. que se mantuvo hasta bien entrado el reinado de Felipe V: cada vez
Mientras, en Palacio se ponía en marcha el montaje del teatro que se quería iluminar el Alcázar había que acudir a las arañas de pres-
y la confección de las tramoyas. El 26 de septiembre el duque del In- tado 2•
fantado a don Gaspar de Legasa, veedor de las obras reales: «Para el Mientras, en la casa alquilada para ello, continuaban los ensa-
teatro que esta pintando don Francisco de Herrera en la conformidad yos. Por casualidad nos han llegado los nombres de dos de los co-
·on las calidades que contiene su papel firmado que di a Vm .... es mediantes, Ana la Toledana y Bernardo López, a los que se les paga-
. <:rer hacer la tarima y bancos del ancho y largo que dijere don ron en cuenta aparte 400 y 150 rs. por haberse olvidado incluirlos en
1 c ... 1
..:tsco y parezca combeniente y tambien prevenir las almas o vi- la memoria con los demás. También sabemos que «los quatro vesti-
~&s y <lemas madera que sea menester para la fortificacion y seguri- dos de brocato que se dieron a las personas que representaron a Apo-
dad de todas las mutaciones y tramoyas, por no tocarle a el esta par- lo el Amor y dos Pastores en la comedia de los años del rey nro. sr. se
1 Libranza de 4 de octubre de 1672. Toda la documentación citada es de AGP, Cajas 4 Pagos el 4 y 9 de febrero de 1673.
9406, expte. 13 y 9407, exptes. 1 y 2. 5
Pagos por «harmar el tablado y teatro dorado en la pie~a de las audiencias para ajus-
2
En 1708, Ardemans dio un diseño para que se construyeran cuatro grandes arañas, tarlo para los años del rey nro. sr. ».
pero, a pesar de eso, en 1712 el Rey no poseía más que seis propias, siendo el resto de 6
Pagos por «mudar los bastidores de la pie~a adonde estaban a otra para que en ella
las que había en Palacio prestadas. La situación se remedió en parte con la llegada de la diera la comida a los pobres el rrey nro. sr. el día de Jueves Santo».
7
herencia del Delfín, en la que figuraban 8 arañas de bronce dorado y 25 candeleros de Pagos a partir del 19 de marzo de 1673.
pared. 8 Nómina del 20 al 27 de febrero de 1673. Pagos de «enquadernar las quatro come-
3
El 26 de noviembre de 1672 dio orden el duque del Infantado a Gaspar de Legasa dias que se ymbiaron a Alemania».
para que se dispusiera de inmediato su libranza. 9
Libranza del 9 de noviembre de 1673.
172/EL EDIFICIO
Francisco de Herrera el Mozo, Decorado para la comedia Los celos hacen estrellas, de Juan Vélez de Guevara, acuarela, Viena, Biblioteca
Nacional.
173
LAS COLECCIONES
e
)
1)
ALFONSO E. PÉREZ SÁNCHEZ
LA PINTURA EN EL ALCAZAR
176
Ocasional residencia real desde el siglo XIV, y sede permanente de la Monarquía
Hispánica desde que Felipe II decidió en 1561 hacer de Madrid la capital de su vasto
imperio, el Alcázar madrileño fue receptáculo de buena parte de los tesoros artísticos
acumulados por la Corona española, hasta que su destrucción, en el incendio
de 1734, llevó consigo la pérdida de buena parte de éstos.
Nada sabemos de la decoración medieval de sus estancias. Sólo a partir de la
extensa remodelación renacentista ordenada por el emperador Carlos I en 1536,
comenzamos a tener testimonios precisos de su decoración y contenido 1 y, sobre
todo, con Felipe II, disponemos ya de ciertas descripciones e inventarios, que
permiten, a la vez que conocer los gustos y preferencias del monarca, formar idea,
siquiera fragmentaria, de cuantas obras artísticas y especialmente pinturas, se
guardaban allí. El gusto del monarca ha sido ampliamente estudiado 2 y los
inventarios de sus bienes se dieron a conocer por entero en 1956-1959 3• Es bien
sabido que el monarca se volcó en el alhajamiento de El Escorial, y que allí envió
buena parte de sus tesoros. Pero en el Alcázar, que seguía siendo residencia real y
sede de la administración de la monarquía, se mantuvo un conjunto importante que
subraya bien las preferencias del Rey y los distintos caminos por los que hacía crecer
su colección.
El contenido del Alcázar lo conocemos por el inventario que Pantoja de la Cruz
redactó en 1600, dos años después de la muerte del Rey_ Prudente. Un resumen,
redactado por Pedro de Madraza 4 expresa así el carácter y distribución de las 357
pinturas entonces inventariadas:
«44 Pinturas de devoción, entre cuadros y retablos
4 Retratos de iluminación
93 Pinturas colgadas en el Guardajoyas, casi todas retratos
26 Pinturas colgadas en la Contaduría, muchas de ellas retratos
66 Pinturas colgadas en la Casa del Tesoro, retratos la mayor parte
21 Retratos que tenía en su poder, prestados, la emperatriz viuda Doña María
10 Pinturas de devoción que estaban en el Guardajoyas y de las que no se
halló cargo, entre ellas algunos retablos
25 Retratos y otras pinturas de devoción que asimismo se hallaron en el
Guardajoyas, y de que tampoco pareció cargo alguno
68 Pinturas «acrecentadas » que no estaban cargadas, es decir, pinturas
adquiridas posteriormente al último inventario de cargo, muchas de ellas de vistas
topográficas, denominadas descripciones ».
Como puede verse, lo más abundante eran sin duda los retratos, con amplísima
representación del mundo flamenco, con Antonio Moro a la cabeza, y del italiano,
donde reinaba, sin discusión, Tiziano.
Las pinturas de carácter religioso, habían sido depositadas en gran parte en El
Escorial, aunque, como es lógico se conservasen en Madrid las que constituían el
imprescindible alhajamiento de la Capilla, con número considerable de retablos y
oratorios, casi siempre de manufactura flamenca, como parecía exigir la peculiar
devoción del soberano. La copia que Miguel Coxien realizó del famoso políptico de
la Adoración del Cordero Místico de Van Eyck de la catedral de Gante, presidió
muchos años la Real Capilla, y en la Sacristía se colgaba otro gran políptico, hoy
LA PI ITURA EN EL ALCAZAR/ 1 79
La presencia de Rubens, supuso un cierto enriquecimiento de la colección real
con las obras que el gran pintor traía como regalo para el Duque y que, dañadas en el
viaje, fueron restauradas por Rubens. El pintor ironiza una vez más al decir que los
lienzos «han adquirido cierto carácter de antigüedad (gracias a los retoques) por el
hecho mismo de la avería. Se han tomado y aceptado como originales (al menos por
la generalidad) sin que haya habido duda por su parte ni instancia alguna por la
nuestra para hacérselo creer así. El rey, la reina, muchos gentiles hombres y algunos
pintores los han admirado ». Esos lienzos, copias por mano de Pietro Facchetti de los
cartones de Rafael hechos para los mosaicos de la Capilla Chigi en Santa María de la
Pace, de Roma, pasaron a la colección Real y han llegado hasta nuestros días 11 .
Rubens, aprovechó además su estancia en Madrid, para copiar atentamente obras de
Tiziano que se encontraban en la colección real, en lienzos que llevó consigo a su
regreso. Algunas de ellas pasaron después al Alcázar, al ser adquiridas, a su muerte,
por el rey Felipe IV.
La subida al trono de éste, en 1621, había de transformar por entero el Alcázar
que, a lo largo de su reinado, iba a convertirse en el más fabuloso Museo
imaginable 12 •
El amor a las artes del joven monarca iba pronto a ser proverbial, y hubo de
mantenerse fiel a él a lo largo de toda su vida y en las más diversas circunstancias,
recurriendo a toda clase de recursos para enriquecer la colección, desde la compra, al
regalo forzado o sugerido. Por supuesto que muchas de sus adquisiciones se
destinaron al Buen Retiro, la Torre de la Parada, o El Escorial, pero otras muchas, se
quedaron en el Alcázar.
Los lienzos adquiridos en la almoneda de los bienes de Rubens, de 1640, con
la insistente presión del Gobernador de los Países Bajos, el cardenal infante Don
Fernando, hermano del Rey, quedan en gran parte en el Alcázar. Así, el Juicio
Final, las Tres Gracias y el Jardín del Amor, y las copias de Tiziano hechas en
1628 por el propio Rubens, el Prendimiento de Van Dyck o el pequeño cuadrito
de Elsheimer con la Fábula de Ceres y Stelio pasaron a enriquecer, con otras
muchas piezas importantes, la ya espléndida presencia del arte flamenco en el
Alcázar 13.
De lo adquirido por mediación de Don Luis de Haro, en 1649, en la venta de la
colección del decapitado Rey Carlos I de Inglaterra por orden de Cromwell, también
se incorporaron algunas piezas al Alcázar, aunque las de asunto religioso pasaron al
Escorial. Si en el Monasterio se guardaron el Lavatorio de Tintoretto, La Perla de
Rafael, La Virgen con el Niño, un Santo y un ángel de Andrea del Sarta y las Bodas
de Canaá y el Cristo y el Centurión de Veronés, entre otras, en el Alcázar
permanecieron el Autorretrato de Durero, la Alocución del Marqués del Vasto, la
Venus recreándose con la música y el Carlos V con un perro, todos de Tiziano, el
Tránsito de la Virgen de Mantegna y bastantes más.
Como es sabido, el segundo viaje de Velázquez a Italia, en 1649-1651, tuvo
como objetivo la compra de obras de arte para completar la decoración del renovado
Alcázar 14 • A su gestión se deben la serie de pequeños lienzos de asuntos bíblicos de
Tintoretto, procedentes de un techo, que hoy guarda el Prado, el estupendo Venus y
Adonis de Veronés, y la venida de Mitelli y Colonna, que, como decoradores al
184
Diego Velázquez, Paisaje de la Villa Médicis, Madrid, Prado.
185
Mosiu Brun [Le Brun] 1 Rafael de Urbino 7
Pablo Veronés 29 Rubens 62
Parmesano 6 Sebastiano del Piornbo 1
Polidoro 2 Tiziano 76
Pedro de Cortona 2 Tintoretto 43
Padmo el Viejo [Palma el Viejo?] 1 Teatino [Seghers] 4
Pablo Bril 1 Tempesta 2
Porquechin U. C. Procaccini] 2 Vincencio Carducho 1
Pomaranche 2 Xpobal Garcia [Salmerón] 1
Puchino [Poussin?] 1
,
Copias de Alberto Durero 4 Copias de Guido Boloñes .)
Son ciento y veinte pinturas copias de los originales de los autores referidos.
Más pinturas de diferentes escuelas conocidas hechas de excelente manera
Son todas mil y quinientas y cuarenta y siete pinturas, las mismas que contiene
por menor la relación siguiente de ellas. Número, especialmente en las originales,
LA PINTURA EN EL ALCAZAR/187
por la ciudad a Don Rodrigo Calderón, entró en la colección real a la caída del
duque de Lerma y sus amigos, al subir al trono Felipe IV. Años más tarde, en ocasión
de su segundo viaje, en 1628-1629, Rubens retomaría el lienzo, «modernizándolo »
con espectaculares añadidos, que le confieren un ímpetu barroco del que carecía su
primitiva composición.
La segunda visita de Rubens que hubo de tener, seguramente, una importancia
capital en el desarrollo espiritual y creador de Velázquez, hizo también que el Rey se
interesase fuertemente por el arte del gran maestro que vino a ser uno de sus más
admirados artistas. La adquisición de obras suyas y de su círculo y los encargos a su
taller se multiplican a partir de este momento y los salones del Alcázar acogen hasta
62 lienzos suyos, según el inventario de 1686, más los 26 de Snyders, tan ligado al
maestro, y los 19 de Van Dyck.
El gran Salón Nuevo, construido por Gómez de Mora junto a la fachada
principal, y redecorado por Velázquez, hasta hacer de él el famosísimo y solemne
Salón de los Espejos, acogió ocho grandes cuadros traídos por Rubens en 1628 20 , y
José de Ribera, El martirio de San Felipe, Madrid, allí se instaló también el retrato ecuestre del joven monarca pintado durante su
Prado. estancia madrileña, y una serie de lienzos enviados desde Amberes a su regreso, junto
a obras significativas de Tiziano, el Carlos V en Mühlberg, las Furias (Sísifo, Ticio), y
el Felipe JI ofreciendo al cielo al Infante Don Fernando de Tiziano, la ya citada
Expulsión de los Moriscos de Velázquez, dos lienzos de Historia Clásica de V.
Carducho (Escipión) y de Cajés (Briseida ), y otras de artistas italianos (Reni,
Procaccini).
En la renovación emprendida por Velázquez en la década de los cincuenta se
decoró al fresco y al temple la bóveda por obra de Agostino Mitelli y Micael Angelo
Colonna, con la extensa colaboración de Carreño y de Rizi, pero las obras de Rubens
continuaron siempre en el lugar de honor y el inventario de 1700 todavía las describe
en el mismo lugar.
Desgraciadamente, buena parte de las obras del Salón de los Espejos
desaparecieron en el incendio de 1734.
Otro conjunto importante de obras flamencas es el de Jan Brueghel de Velours,
de quien se conservan 38, obras casi todas ellas de tamaño menor y muchas sobre
cobre, con mitologías, escenas bíblicas, flores, paisajes y escenas de género. Es posible
que bajo el solo nombre de Brueghel, se designen a varios de los artistas de esta
familia, pues algunas de las descripciones parecen corresponder mejor a Peter
Brueghel el Joven, o a Jan Brueghel II.
Menos abundantes eran en el Alcázar las pinturas italianas de artistas
contemporáneos. Como es sabido, los encargos de Italia se destinaron en buena parte
al Buen Retiro 21 a partir de 1634. Pero algunas obras significativas del mundo
seiscentista romano-boloñés, hallaron su lugar en los muros del Alcázar. Once lienzos
de Mario Nuzzi, sin duda floreros, cuatro de Aníbal Carracci, uno de Borgiani, doce
de Guido Reni, dos de Guercino, dos de Procaccini, y otros tantos de Pietro de
Cortona, el de Gentileschi, ya recordado, y otros muchos de autores no recogidos en
el inventario, dan idea de cómo también se interesaba el monarca en obras
italianas 22 • Sorprende la escasa presencia de napolitanos - sólo tres obras, de
José de Ribera, Lucha de mujeres, Madrid, Prado. Máximo Stanzione- pero la crecida representación (36 lienzos) de Ribera, español
189
de nacimiento, y napolitano de elección, compensa sobradamente la falta de otros
artistas partenopeos, bien representados en el Retiro. Muchas de las obras del gran
valenciano, hoy en el Prado, del Alcázar proceden (San Sebastián, Martirio de San
Felipe, San José y el Niño, San Cristóbal, Ixión, Ticio, Bendición de ]acob, Lucha de
mujeres) y otras muchas desaparecieron en el incendio, del que se salvaron también
unos fragmentos del gran lienzo de la Visita de Dionisos, hoy en el Prado.
Significativo, por lo que ha de suponer como conocimiento previo a su venida a
España, es la presencia, ya en 1686, de seis lienzos de Luca Giordano, que se
aumentarán de modo estrepitoso en el inventario de 1700. Llegado a Madrid
en 1692, Giordano va a ser el último gran artista italiano al servicio de la Corona
Luca Giordano, Viaje de]acob a Canaán, Madrid, española durante el siglo XVII, anunciando en cierto modo lo que en el siglo siguiente
Prado. y al servicio de los Borbones, harán Giaquinto y Tiépolo.
Más sorprendente aún, es la relativa ausencia de artistas españoles. Aparte
Velázquez, y los viejos retratistas de Corte, como Sánchez Coello (12 lienzos),
Pantoja de la Cruz (16) y Bartolomé González (4 telas), son muy pocos los nombres
presentes y todos ellos de artistas que habían trabajado directamente para la Corte,
pero sus obras más importantes se hallaban en el Retiro o en las fundaciones
piadosas. Así Alonso Cano (3), Rizi (2), Herrera el Mozo (1), Jusepe Leonardo (1),
Carreño (6), Carducho (1) y el desconocido Matías de Acevedo, al parecer reputado
paisajista, del que había dos lienzos.
Pero aunque no consten en el índice alfabético del Inventario tenemos noticias
documentales de la intervención de artistas españoles en la decoración del Alcázar,
especialmente en algunas zonas muy específicas. El Salón Dorado o de las Comedias,
que conocemos por unos dibujos de Herrera el Mozo 23, fue decorado en 1639 con
una serie de cuadros de reyes de Castilla, emparejados y sentados, situada en el friso
alto, inmediatamente debajo de la rica armadura mudéjar dorada que daba nombre a
la sala.
En esa curiosa decoración para la que había dado un modelo Vicente
Carducho, trabajan Alonso Cano, Antonio Arias, Félix Castello, Jusepe Leonardo,
Diego Polo, Francisco Fernández, Pedro Núñez, Francisco Camilo y Francisco Rizi 24 •
Cuando años más tarde se fragmentó el salón para instalar en una de sus secciones el
Dormitorio real, se descolgaron algunos de estos lienzos y seguramente se olvidó su
paternidad. Pero el hecho de que hayan llegado a nosotros dos de Cano y uno de
Arias asegura que allí se conservaron.
Otras obras de Castello, de Angelo Nardi y de algunos otros pintores que
trabajan en el reinado de Felipe IV, hubo también de haber en Palacio aunque no
haya de ellos mención expresa en los inventarios. Sí sabemos que algunos de ellos
decoran al temple dependencias, como la Capilla, en la que trabajaban Castello y
Leonardo en 1641, o el Relicario, en el que Angelo Nardi terminaba en 1648 la
pintura dejada sin acabar por el malogrado Leonardo. Y de Camilo sabemos, por
Palomino, que pintó en la bóveda del Cuarto de la Reina, en 1646, unos temas
mitológicos que merecieron el comentario irónico de Felipe IV, afirmando que
«Júpiter parecía Cristo Nuestro Señor y Juno la Virgen Santísima ».
Los lienzos de Martínez del Mazo, del que se recuentan hasta 12 cuadros, eran
retratos, al modo velazqueño, y paisajes, en los que fue especialista. Hubo, además,
LA PINTURA E EL ALCAZAR/191
comodidad a su palacio, que a los ojos franceses resultaba enormemente inhóspito,
tuvieron consecuencias en la disposición de las colecciones.
Curiosamente, los lienzos de Luca Giordano, mantenían su prestigio y en
diversas fechas se trajeron al Alcázar obras suyas desde la Zarzuela, o nuevamente
adquiridas -confiscadas, en este caso- como las que se incautan al marqués de San
Pablo, partidario del Archiduque 28 • Pero los muchos lienzos de Murillo comprados
en Sevilla por la Reina Isabel de Farnesio se instalan en La Granja y no parece que
llegasen al Alcázar, al igual que doce cuadros de Giordano, comprados también en
Sevilla, que se dispusieron también en San Ildefonso. Es curioso que, en ocasión de la
instalación de estos lienzos, se diga expresamente que la reina «no quiere poner
quadros de cosas sagradas sino de otras historias »29 •
El incendio del Alcázar, en la Navidad de 1734, supuso un gravísimo daño a las
colecciones que el palacio albergaba. Partes sustanciales de lo allí reunido fueron
consumidas por el fuego, y lo que pudo salvarse lo fue con muchos daños. Los
lienzos se arrancaron de su emplazamiento, cortándolos con cuchillos en muchos
casos, al no poder descolgarlos. Se arrojaron por las ventanas y fueron recogidos no
siempre en las mejores condiciones, trasladándolos a diversos locales próximos,
especialmente al convento de San Gil, la Armería Real -que se salvó del fuego-, las
casas del Arzobispo de Toledo, y las del marqués de Bedmar.
Tras la confusión de los primeros momentos, se hizo, el 28 de diciembre, un
. cuidadoso inventario de las pinturas salvadas («liberadas», dice textualmente el
documento) por orden del Mayordomo Mayor de su majestad, marqués de Villena,
con asistencia de Jean Ranc, Alonso Miguel de Thobar y Pedro de Peralta, pintores
de cámara, Pedro de Calabria, «pintor de su Magestad», y Francisco de Ortega,
ayudante de trazador mayor, «quienes han declarado las medidas de cada una, la
historia que significan y la mano de quien es». Gracias a este inventario es posible
calibrar la importancia de las pérdidas.
A la muerte de Felipe V, en 1746, se realiza un inventario muy minucioso, que
permite saber la aportacion de Felipe V a las colecciones del Alcázar, pues se precisa
cuidadosamente en él lo que eran las pinturas «antiguas», es decir, heredadas de la
colección de los Austrias, y las «nuevas», aumentadas en el reinado del primer
Borbón.
Los lienzos salvados del incendio se habían agrupado en las Casas Arzobispales.
Allí había 913 pinturas de las cuales 675 eran «antiguas» y 238, «nuevas». Se indica
además que en dos ocasiones se habían entregado, para su traslado al Buen Retiro,
lienzos antiguos: a Bartolomé Rusca se habían entregado 68 pinturas y a Santiago
Bonavia otras 295, todas con ese destino.
El resumen numérico.permite saber con seguridad el caudal de pinturas
perdidas en el incendio, y las incorporadas a la colección en tiempos de Felipe V.
Como el inventario de Carlos II daba 1.575 pinturas, y, ahora, la suma de las
«antiguas», entre las conservadas en las Casas Episcopales y las trasladadas al Retiro
son 1.038, las obras desaparecidas son 538, y las «aumentadas », 238.
De lo destruido, es mucho lo que parece conocerse con precisión a través del
detenido cotejo de los inventarios precedentes, y por un memorial presentado por
Ranc, donde -de modo ciertamente ambiguo, y queriendo quitar importancia al
LA PINTURA E EL ALCAZAR/193
hallaban en el Dormitorio Real) y algunas de Giordano, entre ellas el gran retrato
ecuestre de Carlos 11, hecho para completar la heroica serie de los Austrias, iniciada
con el Carlos I de Tiziano, así como de otros maestros como Carducho y Cajés, entre
los españoles, y de infinidad de artistas menores, y una considerable cantidad de
obras anónimas según los inventarios, pero entre las cuales habría, sin duda, piezas
significativas.
De las pinturas incorporadas por Felipe V, «entradas y fabricadas en su
reinado », no es fácil deducir nada respecto al gusto o criterios que condicionaron el
enriquecimiento. Se encuentran entre ellos, algunos nombres ilustres (Rubens,
Tiziano, Ribera, Tintoretto, Van Dyck, Giordano, como hemos visto), aunque no
parece que se trate de obras fundamentales, así como bastantes copias de esos
mismos maestros, y es de suponer, que, de acuerdo con lo comentado más arriba, el
número de pinturas religiosas descendió considerablemente respecto al casi obsesivo
gusto piadoso de los Austrias.
Como es lógico, lo que más abunda son obras de los artistas al servicio de la
Corte, Jean Ranc en primer lugar, con abundantes retratos de la familia real, en
buena parte conservados en el Prado; bastantes obras francesas, de Gobert por
ejemplo, entre los contemporáneos, y de Philippe de Champaigne (Retrato de Luis
XIII) entre los antiguos. Por supuesto que otras muchas obras francesas, testimonio
de la vinculación familiar, se recogen como anónimas, aunque entre ellas han de
hallarse algunas de autor conocido, hoy en el Prado.
De los españoles se destacan, descritos con precisión, los lienzos de los cuatro
elementos (Fuego y Aire, de Palomino, Agua de Ezquerra y Tierra del italiano N.
Vaccaro), así como algunos de Tovar, y, sorprendentemente, un Florero de Gabriel de
la Corte.
Y una obra excepcional se incorporó a la colección real en esos primeros años
del reinado de Felipe V: las Hilanderas de Velázquez, que llegó, procedente de la
colección del duque de Medinaceli, en fechas próximas a 1711 30 •
Es significativo del cambio de orientación que la vida española --o mejor, la
cortesana- sufre con el cambio de dinastía, el que aparezcan con cierta frecuencia en
el inventario, retratos con atributos mitológicos («una madona convertida en Diana »,
«un niño convertido en Cupido, con una paloma en la mano », «una infanta niña
convertida en Venus, que vá en un carro y tiene dos palomitas», «una madama
francesa convertida en Flora »), que eran impensables en el mundo austríaco.
Abundan también los floreros, paisajes, y los lienzos de bodegón o de
«bamboches », así como algunos lienzos de batallas, entre los que se destaca la
Batalla de A/mansa, que aunque no conste en el inventario su autor, ha de ser la de
Ventura Ligli, que el Prado tiene depositada en Valencia, y que era un testimonio de
valor fundamentalmente político.
Los lienzos que enriquecían el Alcázar y sobrevivieron al incendio, sufrieron
luego más variadas incidencias. Muchos de ellos, como se ha visto, pasaron al Retiro,
o a otros palacios, pero la mayor parte continuó almacenada en las Casas
Arzobispales, en muy precarias condiciones, hasta que la terminación del Palacio
Nuevo, fue exigiendo cuadros para tapizar sus paredes. Hubo entonces que acometer
restauraciones extensas que aún hoy pueden advertirse sin dificultad. Muchos
1 Gérard, 1984. Exposición Conmemorativa del IV Centenario del 21 Brown y Elliott, 1981.
Nacimiento de Rubens, Museo Nacional de Escultura, 22 Gérard, 1982.
Checa, 1992.
3 Sánchez Cantón, 1956 -1959. núms. 29-36. 23 Uno, conservado en los Uffizi, lo dio a conocer
12
4 Madrazo, 1884, págs. 53 y ss. Sobre la decoración del Alcázar, y el sentido que se Angulo en 1928 (Angulo lñiguez, 1928). Otro, que forma
5 Morá n, 1981. quiso dar a cada uno de sus principales conjuntos, véase parte de las ilustraciones de la comedia de Juan Vélez de
6 Sobre los Carducho, véase Angulo y Pérez Sánchez, Orso, 1986. Guevara Los celos hacen estrellas, representada en el
13
1969. Volk, 1980, y Volk, 1981. Salón en 1672, en ocasión del cumpleaños de doña
7 Es muy curiosa la noticia que transmite Soprani, el 14
Harris, 1960. Mariana, y que se guarda en la Biblioteca Nacional de
biógrafo de los artistas genoveses, según la cual Luciano 15
Pita Andrade, 1960, págs. 403-404. Viena, lo publicaron J. E. Varey y N. D. Shergold, al
16 editar la comedia, en 1970. La documentación referida a
Borzone (1590-1616) pintó para Felipe Ill, por encargo La noticia la publicó Rodríguez Villa, 1886.
17 la decoración de la comedia la dio a conocer Orso, 1982.
del marqués de Santa Cruz, un «retrato » del Sacro El inventario de 1686 ha sido publicado críticamente,
24
Catino, la copa de vidrio verde creída el Cáliz de la c_gn abundantes notas, por Bottineau, 1956 y 1958. Caturla, 1947.
18 25
Véase Pérez Sánchez, 1986.
Cena, corroborando su amor a coleccionar reliquias El inventario de 1700 se ha publicado, en
26
insignes o sus verdaderos retratos. Pérez Sánchez, 1965, transcripción literal, sin notas ni índices, por Fernández Beroqui, 1933.
27
pág. 525. Bayton, Inventarios .. ., 1975. Para el Alcázar en tiempos borbónicos véase
8 Pérez Sánchez, 1965. 19
Véase, en este mismo catálogo, el texto de José María Bottineau, 1986.
9 28
Cruzada Villaamil, 1874, pág. 80. Ruiz Manero, y el de Manuela Mena Marqués en Bottineau, 1986, pág. 300.
1
° Cruzada Villaamil, 1874, pág. 72. Rafael.. ., 1985, págs. 11-28. 29
Bottineau, 1986, pág. 654, nota 50.
11 20 Véase la nota 13. 30
Se expusieron en Valladolid en 1977, en la Lleó Cañal, 1985.
196
Excedería los límites de este trabajo, además de resultar prácticamente imposible,
hacer una relación de todas las pinturas italianas del siglo XVI que decoraron los
muros del Alcázar a través de los siglos. Sin embargo, lo que sí resulta factible es
tratar de ofrecer una idea del aprecio y consideración de que siempre gozaron dichas
pinturas en la Corte.
Tanto Carlos V como su hermana María de Hungría encargaron varias obras a
Tiziano, dando inicio de esta manera a la tradición, que seguirán los sucesivos
monarcas españoles, de coleccionar pinturas de Italia. Sin duda son los pintores
venecianos los que gozaron de la preferencia de nuestros reyes, aunque también se
valoraron y adquirieron obras de otros maestros. Desgraciadamente, contamos con
pocos testimonios que nos hablen de la decoración del Alcázar en tiempos de Felipe IL
En 1571 Venturino, secretario del cardenal legado Alessandrino, visita el palacio
madrileño, y los únicos cuadros que menciona son los «Cuatro Condenados », de .
Tiziano, también conocidos como las «Cuatro Furias», que entonces decoraban el
dormitorio del Rey: cuatro representaciones de los castigos impuestos a cuatro
grandes malhechores: Ticio, a quien, por haber violado a Latona, un buitre devoraba
el hígado; Tántalo, que traicionó secretos del Olimpo, por lo que se le castigó a
intentar en vano alcanzar alimento y bebida; el pérfido Sísifo, que debía acarrear
sobre sus hombros una pesada roca, e Ixión, quien intentó seducir a Juno, por lo que
daba vueltas por toda la eternidad sobre una rueda. Afortunadamente, se siguen
conservando las representaciones de Sísifo y Ticio, ambas en el Prado (Prado,
núms. 426 y 427), y un grabado de Sanuto que reproduce la composición del pérfido
Tántalo 1• La contemplación de tan extraordinario conjunto debió de impresionar
mucho a Venturino, quien demostrando sensibilidad y fino instinto para las artes
escribió: «Viéronse cuatro cuadros en la pared pintados por Tiziano, fallecido poco
tiempo antes: Prometeo [debe de referirse a Tántalo], Sísifo, Ticio e Ixión, con sus
sempiternas penas Infernales, mostrando iguales figuras del Juicio de Miguel Angel en
la Capilla Papal, y como pareciéronme excelsamente hermosas, me consuelan bastante
al encontrarlas conformes al perpetuo girar de mi adversa fortuna y la inquietud de mi
ánimo y de mi estado » 2•
En 1599, ya muerto Felipe II, Cuelbis visita el palacio madrileño. En el
dormitorio del Rey cita las Cuatro Furias -aunque confunde a Sísifo con Atlas y a
Ixión con Icaro- y ocho bustos fantásticos formados por animales, plantas y objetos
inanimados que representaban las Cuatro Estaciones y los Cuatro Elementos.
Acertadamente piensa Orso que debían de ser versiones de las series que Arcimboldo
realizó para el emperador Maximiliano II en 1569, y que posiblemente se las habría
regalado a nuestro Rey el mismo Maximiliano II o su sucesor, Rodolfo II. La Real
Academia de San Fernando conserva de este pintor una magnífica representación de la
Primavera, que según Orso pudiera haber formado parte de la serie madrileña de las
Cuatro Estaciones 3.
El mismo Cuelbis en la «sala primera larga a la derecha », que Gérard indentifica
con la sala del Rey4, cita «una cortesana enamorada de Venecia » y el retrato de «una
hija del Gran Turco Solimán»5• Esta última pintura es muy posible que se tratara del
supuesto retrato de Rosa, favorita de Solimán el Magnífico, del que habla Vasari en la
vida de Tiziano y que muy probablemente haya que identificar con un pequeño
200
Tiziano, Venus y Adonis, Madrid, Prado.
201
Monasterio de El Escorial, se pensó en invitarle a venir a España, si Zuccaro no lo
hacía 26 . Además, según Soprani, un príncipe Doria envió obras suyas a Felipe II 27.
Asimismo, desde los tiempos de su fundador se encontraban en El Escorial la
Anunciación de Pablo Veronés y el Nacimiento de Cristo de Tintoretto, cuadros que
todavía conserva el Monasterio y que en un princip_io se pensaron para el retablo de la
Capilla Mayor 28 • Todas estas referencias parecen probar que Felipe II no era
insensible al arte de estos pintores, por lo que, repetimos, resulta curioso que no haya
sido posible localizar en el siglo XVI pinturas suyas en el Alcázar.
Frente a la escasa información que ofrece el inventario realizado a la muerte de
Felipe II -en el que en muy pocas ocasiones se dice el nombre del pintor que realizó
las obras reseñadas-, los inventarios conservados de los reinados de Felipe IV y
Carlos II resultan muy ricos en detalles. Gracias a ellos se puede saber el lugar en
donde se encontraban las pinturas, sus medidas, el nombre de los pintores a los que se
atribuían ... Incluso en algunos casos son tan minuciosos en sus descripciones que
permiten identificar sin ningún género de dudas la obra a la que se refieren.
En el siglo XVII, de los pintores italianos del siglo XVI sigue siendo Tiziano el
pintor más y mejor representado en el Alcázar. Así como continúa siendo un misterio
el lugar en donde Felipe II guardaba las famosas «poesías» que para él realizara el
genial veneciano, en este siglo se conoce incluso su localización exacta dentro del
recinto palaciego. La pasión que manifestó Felipe II por Tiziano también la
experimentó su nieto, Felipe IV, en cuyo reinado el Alcázar vio aumentado el número
de obras magistrales de su pincel. Si pensamos en los lugares en donde se encontraban
la mayor parte de sus pinturas, nos daremos cuenta de que había obras suyas tanto en
habitaciones con un marcado carácter público y representativo como en otras que
podríamos considerar más reservadas para el uso y goce del monarca.
A partir de 1638, el Salón Nuevo o Salón de los Espejos sirvió de escenario a
recepciones extraordinarias. Así, el 23 de septiembre de dicho año recibiría el Rey
entre sus muros a Francisco I, tercer duque de Mantua; en el mismo año, se acogió a
don Juan Alfonso Enríquez de Cabrera, Almirante de Castilla, a su vuelta triunfal tras
haber roto el asedio de Fuenterrabía por los franceses; en 1649, Hamete Aga
Mustafarac, embajador del Gran Turco, presentó sus respetos al Rey... Como dice
Orso 29 , la mayor parte de las pinturas allí reunidas -sobre todo a partir de 1659,
año en que puede considerarse su decoración como definitiva, aunque se introduzcan
cambios en los reinados de Carlos II y Felipe V- se ajustan a un programa que trata
de mostrar los ideales y virtudes de la monarquía española, especialmente su papel de
defensora de la fe. Pues bien, en este Salón que tan amplia repercusión e importancia
tuvo para la vida pública del Alcázar figuraron seis cuadros de Tiziano. Cassiano dal
Pozzo los verá ya en 1626 30, y allí permanecerán durante todo el siglo XVII. Dos de
ellos -Carlos V en la batalla de Mühlberg (Prado, núm. 410) y el Retrato alegórico
de Felipe JI (Prado, núm. 431)- son piezas muy significativas dentro del programa,
pues muestran al fundador de la dinastía y a su hijo triunfando de enemigos de la fe
católica. En cuanto a los otro cuatro -las «Cuatro Furias »- pudieran simbolizar,
como piensa Orso, los castigos que los enemigos de la religión católica sufrirían en el
infierno.
En la descripción de las habitaciones del Alcázar que realizó Gómez de Mora en
213
caso de la Salomé recibiendo la cabeza del Bautista (Prado, núm. 243) de Bernardino
Luini -hermosa composición en la que Salomé adopta una postura semejante a la de la
perdida «Leda» de Leonardo-, que se cita, como obra de Da Vinci, en 1666 en la
«Alcoba de la galeria del mediodía»99 • En el mismo año, es muy posible que se
encontrara en la «Galería del mediodía» la copia de la Gioconda que se sigue
conservando en el Prado (núm. 504) y que en los antiguos inventarios siempre ha
figurado como obra de Leonardo; copia ésta que se caracteriza por su fidelidad al modelo
-salvo en que se ha sustituido el fondo de paisaje por un fondo neutro- y que
posiblemente sea de mano flamenca 100 • Entre las obras que decoraban la «pieza en donde
murio su mag. [Felipe IV] » figuraba, siempre como obra de Leonardo, una «Virgen con
el Niño» (núm. 83 del inventario del Alcázar de 1666) que muy probablemente
corresponde a la copia de la «Virgen de los Husos» que hoy en día es propiedad del
duque de Wellington (Londres) 101 • Asimismo, en la «Pieza de la Torre: quarto alto» se
cita una pintura «... de dos niños y un cordero ... de mano de Leonardo Abinze» (núm.
538 del inventario del Alcázar de 1666), que todo hace suponer que se trate del gracioso
y delicado cuadro de Bernardino Luini: El niño Jesús, San ]uanito y un cordero que se
conserva actualmente en la National Gallery of Canada (Ottawa) 102 .
Los dos más célebres pintores de la escuela de Parma, Correggio y Parrnigianino, se
encontraban muy bien representados en el Alcázar en el siglo xvn. Del primero nos
consta por el inventario de 1666 que se encontraban en el «Pasillo del mediodia » la
exquisita Virgen del canastillo (hoy en la National Gallery de Londres), una de sus más
tiernas y risueñas composiciones, y su Oración en el Huerto (hoy en el Wellington
Museum de Londres), de la que Vasari escribió estas hermosas palabras: «y en la misma
ciudad [se refiere a Reggio Ernilia] un cuadro de un pie de grande; la cosa más singular y
bella que puede verse de él, de figuras pequeñas, en el cual hay un Cristo en el huerto:
pintura simulada de noche, donde el Angel que se le aparece ilumina a Cristo con la luz
de su esplendor; es tan parecido a la verdad que no cabe imaginar que se pueda expresar
mejor. Allí al pie del monte, en un llano, se ve a tres Apóstoles que duermen; sobre los
cuales da sombra el monte, donde Cristo ora, que da tal fuerza a esas figuras que no es
posible; y más allá en un país lejano, semejando la aurora, y se ve venir por uno de los
lados a algunos soldados con Judas: y en su pequeñez esta historia es de tan buena
intención que ni con paciencia ni con estudio se halla parangón con esta obra »103 . De
Parmigianino sabemos, también por el inventario de 1666, que la « Pie~a inmediata de la
Aurora » contaba con el magnífico y elegantísimo Pedro María Rossi, o Roscio, Conde de
San Segundo (Prado, núm. 279), uno de los más logrados de su autor, así como con el de
su esposa e hijos: Camilla Gonzaga, Condesa de San Segundo, y sus hijos (Prado, núm.
280) que, a mi parecer justamente, parte de la crítica no lo considera de nuestro pintor.
Ambas obras las adquirió para Felipe IV el conde de Peñaranda de la colección Serra 104•
Es muy posible que en 1686 se encontrara en la «Cámara del Rey nro señor donde se
Arma el Camón» la Sagrada Familia con un ángel (Prado, núm. 283 ), sinuosa y compleja
composición de un marcado gusto manierista, que perteneció a Pompeo Leoni 105 •
Esta breve exposición -que no incluye ni todos los pintores, ni mucho menos
todas las pinturas italianas del siglo XVI que adornaron el Alcázar madrileño- espero que
ayude a imaginar el peso que tuvo dicha escuela y centuria en la decoración del Palacio
que conoció su máximo esplendor durante la dinastía de los Austrias.
216
Tiziano, Dolorosa, Madrid, Prado.
21 7
58 Inventario de 1636: «Tres li en~os al olio, con en la pie~a de las furias de donde se trujo a esta ». Por lo 73 En el inventario de 1666: «700- vara y media de
molduras doradas y negras, que con ellas tienen a ocho que respecta a la atribución de esta pintura ver ]acopo largo vara y quarta de alto (104,5 x 125,25 cm] del
pies de largo poco mas o menos [unos 222, 4 cm], que Bassano .. ., 1992, págs. 108-110 (recoge bibliografía Juicio de Paris de mano Paulo Verones 400 dus ». Se cita
los <lió el duque de Medina a su magd., que el vno es precedente). en el mismo lugar y con la misma atribución en el
64
quando Xpo echó del Templo a los tratantes judios, en Pérez Sánchez, 1965, pág. 551, indica que fue regalo inventario de 1686 (Bottineau, 1956 t. LX, núm. 3, pág.
que ai vno de ellos bestido con ropa uerde, aforrado en del mencionado duque, y expone las dudas que suscita su 323, quien cita su presencia en el inventario de 1666) y
pellejos, que está recojiendo el dinero que tiene sobre vna atribución a Leandro Bassano que figura en el Catálogo en el de 1700 con el número 495 (Inventarios .. ., 1975,
mesa cubierto con vna alfombra y al otro lado vn templo del Prado. vol. 1, pág. 67). Pienso que corresponde al cuadro del
65 Número 61 del inventario de 1666, Pérez Sánchez, Juicio de Paris (L. 1,19 x 1,35) que se conserva en
con siete gradas y en lo alto vn dosel con sus cortinas
donde estan diferentes figuras en pié y en la postrera 1965, pág. 550, indica que figura en los inventarios de depósito en el Museo de Pontevedra (ver Prado.. ., 1990,
grada vn pobre sentado: el otro, es la historia del Rico 1686 y 1700, así como que se salvó del incendio. La pág. 497, núm. de inventario 481,en donde se cita, a mi
avariento y junto al pedestal de vna coluna, San Lázaro considera obra de Leandro Bassano. juicio acertadamente, como copia de Veronés). En la
66
sentado con vna calabaza colgada de la cinta y dos perros Ovidio, 1980, pág. 51. Ellen Clarke Bertrand Library, Bucknell University de
67
manchados que le están lamiendo la pierna izquierda y al Se cita en el inventario del Alcázar de 1686 Lewisburg (Pensilvania), existe un cuadro del mismo
otro lado vna muger que tiene diferentes cosas de (Bottineau, 1956 y 1958, t. LX, núm. 1, pág. 43). En el asunto cuya composición es prácticamente idéntica a la
volateria sobre vna mesa uerde y en ella vn plato y vn Prado figura como obra de Leandro Bassano. Pérez del nuestro (por lo que respecta a esta obra, ver Pignatti,
cuchillo y vn gato sobre vn banq uillo esta mirando a vn Sánchez, 1965, pág. 552, la considera obra de taller y 1976, vol. 1, pág. 188).
74
mono: el otro es del Diluvio, en que está en lo cerca vna señala que en Detroit existe un original de ]acopo. Inventario de 1666: «42- y debaxo del dho. hay otra
muger que quiere tapar a vn niño que está en carnes y 68 Palomino, 1986, pág. 173. Por lo que respecta a su pintura de 3 guarras de alto y media vara de ancho de la
junto a ella vna cesta con asa y dos pollos y mas arras vn presencia en la Galería del Mediodía en los inventarios historia de Moisen quando le sacaron del rio con su
hombre que por vna escalera sube a vn niño en vna cuna del Alcázar de 1666, 1686 y 1700, ver Bottineau, 1956 y marco negro 5500 rs». Se cita en el inventario de 1686
y al otro lado vn viejo abrazado con vn lio de ropa 1958, t. LX, núm. 2, pág. 156. (Bottineau, 1956 y 1958, t. LX, núm. 3, pág. 300) y en el
69 de 1700 con el número 308 (Inventarios .. ., 1975, vol. 1,
metido en el agua y otras varias figuras ahogadas y otras Lorente Junquera, 1968, págs. 235-238, identifica, a
vivas: son de mano de Basán». De El rico Epulón y el mi parecer correctamente, este cuadro con la «fábula de pág. 48).
pobre Lázaro (Prado, núm. 29), atribuido en el Catálogo Aurea» que como de Pablo Veronés se cita en la Galería 75 Entre las pinturas compradas por don Alonso de
del Prado a Leandro Bassano, se sabía su procedencia del Mediodía (por lo que respecta a su presencia en los Cárdenas en Inglaterra para don Luis de Méndez de
(ver Pérez Sánchez, 1965, pág. 551, quien expresa dudas inventarios de 1666, 1686 y 1700, ver Bottineau, 1956 y Haro (documento de 1 de junio de 1654) figuran dos
sobre su atribución a Leandro y recoge opinión de 1958, t. LX, núm. 2, pág. 153). cuadros de Pablo Veronés, va lorados en 400 escudos,
Arslan). Sin embargo, de La expulsión de los mercaderes 70 Bottineau; 1956 y 1958, t. LX, núm. 2, págs. 157 y uno de Hércules y otro de la Virtud y el Vicio, «con tres
del templo (Prado, núm. 27), que en el Catálogo del 156, cita la presencia de estas pinturas en los inventarios figuras en cada uno» de una vara y una sexta por una
Prado se atribuye a ]acopo, no me consta que se de 1666, 1686 y 1700. Con posterioridad a esta fecha no vara y dos tercias (97,5 x 139,1 cm). Burke, quien
conoCiera. he encontrado referencia de las mismas en los inventarios publica este documento, dice que fueron comprados por
59 Número 121 del inventario de 1666 del Alcázar de reales, por lo que pienso que es posible que perecieran en don Luis para regalárselos a Felipe IV e identifica el de
Madrid. Pérez Sánchez, 1965, pág. 551, indica su el incendio de 1734. la Virtud y el Vicio con el cuadro núm . 499 del Prado
71 Se cita en dicho lugar en los inventarios de 1666 y (Burke, 1984, vol. II, pág. 166, y vol. 1, pág. 119). Por
presencia en los inventarios de 1686 y 1700, así como las
dudas que suscita su atribución a Leandro Bassano que 1686 (ver Bottineau, 1956 y 1958, t. LX, núm . 3, pág. mi parte pienso que el cuadro de Hércules puede
figura en el Catálogo del Prado. 317); por lo que respecta a las distintas opiniones sobre identificarse con el núm. 501, pues pudo confundirse a
60
Pérez Sánchez, 1965, págs. 548-549, estudia este su autografía, ver Pignatti, 1976, vol. I, págs. 151-152. Caín, que sostiene una especie de maza con su mano
72
cuadro y señala su presencia en los inventarios reales. Inventario de 1666: «698 -vara y media de alto vara derecha, con el héroe clásico. Por lo que respecta a la
61
Ya figuraba en el inventario del Alcázar de 1636 en la y quarta de ancho (125,25 x 104,5 cm] de Adonis y presencia de estas pinturas en los inventarios de 1666
« Pie~a nueua del guarro bajo delante del dormitorio de Venus de mano de Paulo Verones en 600 dus. de plata ». y 1686 ver Bottineau, 1956 y 1958, t. LX, núm. 2,
su magd. que mira al Cier~o » . Número 120 del Se cita, siempre atribuido a Pablo Veronés, en el mismo págs. 164-165.
76
inventario de 1666. Se vuelve a citar en el mismo lugar en lugar en el inventario de 1686 (Bottineau, 1956 y 1958, Herrero García, 1943, págs. 87-88; en págs. 87-91 se
el inventario de 1686 (Bottineau, 1956 y 1958, t. LX, t. LX, núm. 3, pág. 322, quien cita su presencia en el publican varias cartas relativas a este asunto. En cuanto a
núm. 3, pág. 293) y en el de 1700 con el número 251 inventario de 1666) y en el de 1700 con el número 493 su presencia en el inventario de 1686 ver Bottineau, 1956
(Inventarios .. ., 1975, vol. I, pág. 42). (Inventarios .. ., 1975, vol. I, pág. 67). Aparece en el y 1958, t. LX, núm. 1, pág. 43.
62 77
Números 123 a 129 del inventario del Alcázar de inventario de las pinturas salvadas del incendio. Pienso Palomino, 1986, pág. 164.
78
1666. Se mencionan en el mismo lugar en el inventario de que corresponde al cuadro de Venus y Adonis (L. 1,58 x Por lo que respecta a la presencia de esta pintura en
1686 (Bottineau, 1956 y 1958, t. LX, núm. 3, pág. 294) 1,17) que se conserva en depósito en la Casa-Museo los inventarios de 1666 y 1686 ver Bottineau, 1956 y
y en el de 1700 con el núm. 254 (Inventarios .. ., 1975, Colón de las Palmas de Gran Canaria (ver Prado .. ., 1958, t. LX, núm. 2, pág. 169. Por lo que se refiere a su
vol. I, pág. 42). 1990, pág. 621, núm. de inventario: 5.204, en donde se historia posterior ver Wagner, 1983, vol. II, págs. 467-
63
Inventario del Alcázar de 1636: «Vn li e n ~o al olio, de cita como anónimo italiano) y que reproduce con ligeras 468, quien no cree que sea obra de Velázquez, pero
tres baras de largo poco mas o menos [unos 250,5 cm], variaciones la composición del cuadro del mismo asunto recoge las opiniones de Norris (1932) que sí piensa que
con la moldura que es dorada y negra; es de mano del de Pablo Veronés que se encuentra en el sea obra del sevillano y de Pérez Sánchez (1964), que
Basán y está algo maltratada y es la historia de Moisen y Kunsthistorisches Museum de Viena (para información opina que posiblemente lo sea.
79
Arón en el desierto y en lo cerca se ve caer agua de vna sobre esta obra ver Le siecle .. ., 1993, pág. 551). Con Palomino, 1986, pág. 173.
peña y vna muger que está veviendo y otra que tiene las todas las reservas a que me obliga el hecho de conocerlo 10
Se citan en el inventario de 1686 (Bottineau, 1956 y
manos puestas en vna herrada y la otra hincada de sólo a través de una fotografía, me da la impresión de 1958, t. LX, núm. 3, pág. 325). Es posible que se
rodillas, uestida de amarillo, que tiene con las dos manos que el cuadro conservado en Las Palmas debe ser obra encontraran allí desde mucho antes, pues el inventario de
vna escudilla, vn niño a las ancas -esta pintura estaba del taller de Pablo Veronés. 1666 no se conserva completo y se interrumpe sin acabar
siempre como una «fábula de Venus », en los inventarios mismo lugar (Bottineau, 1956 y 1958, t. LX, núm. 3, de Dios que vale y está apreciada en 30.000 ducados»
de 1686 (Bottineau, 1956 y 1958, t. LX, núm. 2, pág. pág. 300, e Inventarios ... , 1975, vol. 1, pág. 48). (Barrionuevo, 1968, t. 1, pág. 258) que el conde de
88 Si se desea amplia información sobre esta pintura, ver Casrrillo regaló al Rey en marzo de 1656. Pérez Sánchez,
176) y de 1700 (Inventarios ... , 1975, vol. 1, pág. 37). En
el inventario de las pinturas que se libraron del incendio Vannugli, 1989, págs. 76-79. 1965, pág. 64, ya supuso que se trataba de una pintura
89 Inventario del Alcázar de 1666: «529- 2 varas y
(1734) figura: «420- Otro de tres varas y guarra de de Rafael.
media de alto y 2 de largo de Marce y Apolo de Padmo el 99 Bottineau, 1956 y 1958, t. LX, núm. 2, pág. 160.
largo y dos y guarra de alto [188 x 271,5 cm] sin marco
viejo en 150 dus. de plata ». Se vuelve a mencionar en el 100
de Lucrecia copia del Tintoreto ». Figura, como original Ruiz Manero, 1992, págs. 34-36.
mismo lugar en los inventarios de 1686 y de 1700, en 101
de Tintoretto, con el número 170 en el inventario del Ruiz Manero, 1992, págs. 23-24.
102
Palacio Nuevo de Madrid de 1772. Por lo que respecta a éste con el número 124 (Bottineau, 1956 y 1958, t. LX, Ruiz Manero, 1992, núm. 9, págs. 66-67.
103
las disparidades en cuanto a su atribución, ver Palluchini núm. 2, pág. 165, e Inventarios ... , 1975, vol. 1, pág. 30). Gould, 1976, págs. 219-222 y 212-213, hace un
y Rossi, 1982, t. 1, pág. 24 7. En la Memoria de Ranc sobre los cuadros perdidos o apurado estudio de estas dos pinturas, señalando su
85 Bottineau, 1956 y 1958, t. LX, núm. 1, pág. 43. salvados en el incendio del Alcázar de Madrid se dice: presencia en los antiguos inventarios españoles. El texto
86 En el inventario del Alcázar de 1666 se menciona: «Presque tous les tableaux qui étoient dans les pieces de Vasari se ha copiado de Gould.
104
«300- 3 varas de largo 2 de ancho [167 x 250,5 cm] de obscures ont été perdus, ... » (Cf. Bottineau, 1986, pág. Para un ap urado estudio de estas pinturas ver
mano de Tintorero la Madalena ungiendo los pie a 694). Vannugli, 1989, págs. 83-90.
Cristo. 250 dus de plata - [2 notas antiguas: tachada: J 90 Se cita, con el número 348, en el inventario de 1700 105
Bottineau, (1956 y 1958, t. LX, núm. 1, pág. 53),
No es sino la cena con los apostoles - Noesta aqui este (Inventarios ... , 1975, vol. 1, pág. 52). Por lo que respecta identifica esta pintura con la siguiente del inventario de
quadro porqe se llevo al Escurial con otros». En la a las atribuciones que se han propuesto, véase Rylands, 1686: «Dos quadros en tabla casi iguales, ..., y el otro con
«Relación de las pinturas y otros adornos que ay de 1992, pág. 287. Nra Señora, el Niño y San Joseph de mano del Parmesano
menos en los guarros Rs. del Rey Nro. Sr. del Alcázar y 91
Pgr lo que respecta a su mención en los inventarios de de ~erca de ados varas de alto con Marcos de euano y
Palacio de Madrid este año de 1666» [sic por 1686], en 1666 (núm. 631), 1686y1700 (núm. 117), ver adornos de follajes de tallas Dorados». Gracias a Finaldi,
la «Pieza que cae debajo de la del despacho de verano» Bottineau, 1956 y 1958, t. LX, núm. 2, pág. 163. 1994, pág. 112, se sabe que fue de Pompeo Leoni.
220
La primera de las pinturas «de deboción» consignadas en el Inventario de los bienes
de Felipe II presidía la Capilla del Alcázar de Madrid. Era la copia del Políptico de
San Bavón que había encargado a Coxcie ante la imposibilidad de disponer del
extraordinario original gantés - todo lo contrario de lo ocurrido con el
Descendimiento de Van der Weyden obtenido en Lovaina, cuyo destino sería El
Escorial-. La tercera pintura inventariada, un regalo de «Francisco \;apara, conde
de Varajas », se describe como «un retablo ... al hólio, antiguo ... buena pintura ... de
Flandes » y estaba en la sacristía. Había sido pintada por Jan Provost, y sus restos
- un San Zacarías y una grisalla con la imagen de San Bernardino y una Santa
Emerenciana- son parte hoy de los fondos de los Museos del Prado y del Louvre. La
cuarta pintura, tasada como las otras por Pantoja de la Cruz, era un «retablo en
tabla, de dos puertas, que cada puerta tiene nuebe quadros de pintura, de pincel al
ollio ... y encima de estas dos tablas hay otras dos pequeñas en dos quadros de
pintura ... ; todos los dhos. quadros están guarnecidos de plata; todo dorado y por las
molduras sembradas ojas sobrepuestas, y toda la clavación dorada; y en el pedestal,
una guarnición de plata abierta de unos seraphines y hojas con tres escudos de las
armas de Borgoña y madama Margarita; y en los otros tres, tres flores de plata ... Esto
sirve con el oratorio de camino». Esta serie de pequeñas escenas preciosamente
engastadas, cuyos temas se desglosan en el documento a que nos referimos, eran lo
conservado en Madrid del maravilloso Políptico de Isabel de Castilla, obra de Juan
de Flandes y de Michel Sittow. Otra pintura -la quinta inventariada- «con la figura
de Dios Padre y un coro de ángeles; y por lo baxo, unos paysaxes de pincel al ollio »,
había sido tomada «en la cassa de don Phelippe de Guevara » e incorporada de esa
forma a las colecciones del Rey Prudente, que contaban con un número muy crecido
de trabajos de la misma procedencia y también de factura nórdica.
La lectura del inventario permite, desde sus primeras páginas, comprobar cómo
piezas originales de gran calidad coexistían con copias, algunas de autores
importantes, según era común en la época, y conocer los modos en que se iban
obteniendo para los fondos regios a través de las herencias, los encargos, los regalos y
las compras en almonedas; el interés del heredero de Carlos V por tales obras no era
un fenómeno nuevo ni desusado, aunque su posición singular le permitiese
manifestarlo por medio de una capacidad de acumulación difícilmente igualable. En
realidad, el acendrado gusto de Felipe II por la pintura flamenca, reforzado como
sabemos a lo largo de sus dos estadías en los Países Bajos, prolongaba el de sus
ancestros (al obvio y más potente de la rama de Borgoña se unía el nada desdeñable
de Isabel de Castilla) y hubo de empezar a forjarse en los días de su primera juventud
para extenderse por igual a lo religioso y a lo profano.
En 1530 moría Margarita de Austria y llegaban a Carlos V algunas de las
piezas del Políptico de la Reina Católica que la Regente había adquirido en 1505 por
medio de su tesorero, Diego Flores. El Emperador, consciente de su valor y belleza,
quiso regalarlas a María de Portugal, «sa bien aymée compagnie», y por medio de
Domingo de la Cuadra, entonces «machier» de la Emperatriz, las hizo llegar a
España. La madre de Felipe II murió en 1536 y al cabo pasaron a poder de éste. Las
que se conservan manifiestan todavía de qué forma la mirada de los pintores
flamencos se hizo presente en cada una - y también su pasmosa ejecución- .
225
Antonio Moro, que, al servicio de María de Hungría y del cardenal Granvela, pronto
fue requerido para realizar algunos de los más importantes de la Casa Real española.
Sus obras, junto a las de Tiziano, no sólo adornarq.n la galería de retratos de El
Pardo, sino que aparecen inventariadas en el Alcázar madrileño al final del reinado
de Felipe II. Allí se mencionan algunas de sus más importantes pinturas, como las que
muestran a Felipe II con armadura o las de Maximiliano II y la Emperatriz María en
su época de regentes en España.
Desde mediados de los años cuarenta del siglo XVI, las prolongadas estancias de
Carlos V en Bruselas, los viajes de final de la década y de los años cincuenta del joven
príncipe Felipe y la gobernación en los Países Bajos de la culta María de Hungría,
coleccionista y protectora de los artistas, son los factores clave de la introducción de
los gustos flamenquizantes renovados en la Corte española. Felipe II, ya rey,
adquiriría gran parte de la colección de obras de arte de la viuda de Luis Jagellon,
entre las que abundaban las de pintores flamencos. Algunas de ellas irían destinadas
al Alcázar madrileño y otras se dispersarían por las restantes casas del Rey. Pero lo
fundamental al respecto es, al margen de la ubicación de cada pieza, la consolidación
de un gusto por los artistas del norte que encontraría pronto su confirmación en los
encargos ya comentados a Coxcie o en los retratos de Antonio Moro, base
indispensable para comprender la posterior evolución de la escuela española de
retratos que culminaría en el siglo XVII con Velázquez y Carreña.
La muerte de Felipe II no supuso un cambio esencial en la orientación
geográfica de los gustos artísticos de la Corte española. El doble eje flamenco-italianc
que se había planteado desde los tiempos de Carlos V continuó siendo operante; sólo
hubo que adaptarlo a la nueva situación artística con la que se estaba configurando
la Europa del Barroco, y en la que la escuela de Flandes, con las personalidades
capitales de Rubens y Van Dyck a la cabeza, desempeñaba un papel esencial. Poco a
poco, sin embargo, el gusto por lo maravilloso y extraordinario que tan bien
ejemplificaban las tablas de El Bosco fue sustituyéndose por la versión que del
venecianismo pictoricista y colorista hicieron Rubens y su escuela.
Desde el punto de vista de la Monarquía Hispánica un ámbito geográfico come
los Países Bajos constituía no sólo uno de sus más problemáticos dominios, sino
también un lugar que era fuente inagotable de aprovisionamiento de obras de los
autores citados -y de muchos más- que servirían para decorar los palacios y
monasterios de la Corona. Personajes como los archiduques Isabel Clara Eugenia y
Alberto, el Cardenal Infante o el marqués de Leganés fueron activos mecenas y
coleccionistas de artistas como Brueghel de Velours, Rubens o Van Dyck, que pronto
se constituirían en referencias inexcusables en el sistema decorativo del Alcázar de
Madrid.
No debemos olvidar por otra parte que el más importante de los pintores de la
escuela, Pedro Pablo Rubens, viajó dos veces a España y que la segunda de estas
estancias, iniciada en septiembre de 1628, y terminada nueve meses después, tuvo
consecuencias decisivas no sólo para el ornato del palacio madrileño, sino para la
misma carrera de Velázquez 6• Sin embargo, de su primera visita en 1603, conocemos
su desfavorable opinión acerca de los pintores españoles del reinado de Felipe 111; en
una famosa carta, el pintor, refiriéndose al entonces todopoderoso duque de Lerma,
228
Jan Brueghel de Velours, El oído, Madrid, Prado.
229
cumplieron un importantísimo papel. Además de la última de las pinturas
mencionadas, Felipe IV adquirió en la almoneda del artista obras como El jardín del
amor, una de las más importantes pinturas del maestro, que significativamente
dispuso en su dormitorio de verano, o los violentos Ninfas y Sátiros y Diana y sus
ninfas sorprendidas por faunos. Esta última se instaló, ya en 1636, en el cenador de
verano junto a varios bodegones de Snayers, una boda flamenca, o las Alegorías de
los sentidos de Brueghel, entre otras muchas más, constituyendo uno de los
principales conjuntos de obras flamencas del Alcázar; se trata de las 25 pinturas que,
traídas de Flandes para la reina Isabel de Borbón, se colgaron en un principio en la
Torre Nueva o de la Reina, y Felipe IV las ordenó trasladar a esta planta baja del
Cuarto de Verano 16 •
Ya hemos señalado cómo la función principal de las pinturas rubensianas
instaladas en el Alcázar fue la decorativa. Un papel que cumplían a la perfección las
obras de tipo alegórico y mitológico, y que cubrían todos los posibles aspectos que la
imagen de la Antigüedad ofrecía a la cultura del Barroco: desde el amable y sensual
con las Tres Gracias o el Juicio de Paris, manifiestos de lo que Rubens podía entender
como belleza ideal aplicado al cuerpo humano, hasta una visión salvaje del mundo
antiguo como escenario de violencia y contradicciones, como en el áspero y
desgarrador Ninfas y sátiros, uno de los mejores rubens de la colección real; con ello
Pedro Pablo Rubens, Las tres Gracias, Madrid, Prado.
no se hacía sino seguir la tradición ya iniciada por Felipe II al encargar obras a
Tiziano en el siglo XVI. Se trata de una idea del mundo antiguo y del contemporáneo
d·esde el punto de vista del amor (El jardín del amor, otra vez las Tres Gracias) como
signo de reconciliación, pero también del deseo pasional, en una contradicción muy
propia del Barroco.
Algunas mitologías, como Diana y Calisto, se instalaron en la Galería del
Cierzo, junto a obras de Velázquez o Guido Reni, mientras que escenas de género
como la Danza de aldeanos lo fueron en el comedor de verano. Y aunque la mayor
parte de las obras religiosas de Rubens y Van Dyck se colocaron en El Escorial, no
debemos olvidar que en el Alcázar pendían pinturas tan importantes como la
Inmaculada Concepción, que fue del marqués de Leganés, o la enorme Adoración de
los Magos, comprada en la almoneda de don Rodrigo Calderón en 1623, siendo
ampliada por Rubens en su segunda visita a España, cuando ya estaba en posesión de
Felipe IV, y que se colgó en el comedor del Cuarto Bajo.
Estos datos hablan expresivamente del gusto del Rey por Rubens, sin duda, y
junto a Tiziano, su pintor favorito. Si el inventario de 1636 todavía nos documenta la
existencia de muchas obras de El Bosco en las estancias del palacio (especialmente en
un lugar como la Galería del Cierzo), algunas de Antonio Moro o el Paso de la
Laguna Estigia, de Patinir, instalado en la sala de lectura de Felipe IV en el Cuarto de
Verano, en los posteriores van desapareciendo los vestigios de la pintura flamenca del
siglo XVI para incorporar pintura contemporánea de esta escuela. Sin embargo, en
este primer inventario completo del edificio, son ya muy numerosas las pinturas
flamencas a la manera barroca: ya hemos mencionado las de Rubens que colgaban
del Salón Nuevo, a las que se podían añadir el retrato del Cardenal Infante de Van
Dyck, y otra, anónima, de la «Batalla de Nordlingen», traída por este personaje. Sin
olvidar que, por ejemplo, en el Salón Dorado o de Comedias se ubicaron a principios
231
Pedro Pablo Rubens, Diana y sus ninfas sorprendidas del siglo XVII la serie de las Fiestas del Ommeganck, formada por ocho lienzos al
por faunos, Madrid, Prado. óleo, obra de Alsloot, que habían sido encargados por los archiduques Isabel y
Alberto, retratados por Rubens en sendas tablas, que colgaban en 1633 de la Galería
del Mediodía, junto a varios paisajes, también de procedencia flamenca; el inventari
nos habla también de pinturas de Paul Bril, Brueghel, y de muchas otras de autores
anommos.
Merece la pena detenerse un momento en las obras de Brueghel
fundamentalmente en su célebre serie de Los sentidos, que colgaban del cenador de
verano, y que contienen algunas de las más expresivas imágenes del coleccionismo
barroco. Si en La vista, una imagen pintada de los Archiduques preside un gabinete
de antigüedades, instrumentos científicos y pinturas, en El oído se nos presentan los
relojes e instrumentos musicales, y en El tacto las armas. Todo ello con
representaciones del palacio de Coudenberg y de su parque y jardín (El olfato), o de
otros palacios flamencos como en El gusto, un auténtico bodegón flamenco, en una
evocación pictórica del ambiente de la Corte de Flandes y su gusto por el arte desde
el punto de vista de la sensualidad. Estamos ante una recreación del coleccionismo
ecléctico del manierismo que, ya en el siglo XVII, se ha desplazado del mundo «real »
de las cámaras de maravillas al ficticio de la representación pictórica, en donde
todavía tienen su lugar los animales de procedencia exótica, las plantas y los aparato·
científicos, junto a las obras de arte como antigüedades y pinturas, muchas de las
cuales a su vez remiten al mundo de paraísos perdidos y escenas cortesanas o
religiosas cuyos «argumentos » no dejan de ser excusas para nuevas indagaciones
sobre la naturaleza y su fascinante representación pictórica 17•
El gusto de Felipe IV por las pinturas de Rubens fue captado inmediatamente
por algunos de sus más cercanos colaboradores. Es el caso de don Diego Messía,
marqués de Leganés, quien regaló al Rey no sólo algún cuadro de Tiziano, sino obras
Pedro Pablo Rubens, Sansón y el león, Madrid,
Colección particular. tan significativas como la mencionada Inmaculada Concepción o el Acto de devoción
233
de Rodolfo I de Habsburgo, que el Rey situó en el Cuarto de Verano 18, así como el .
magnífico retrato del Cardenal Infante don Fernando, obra de Van Dyck. Además de
las obras encargadas directamente al artista 19, Felipe IV, a través de Felipe de Rojas,
guardajoyas del Cardenal Infante, compró en la almoneda del pintor 32 cuadros, de
los que 14 eran del propio artista; algunos, como las Tres Gracias o Nin(as y sátiros,
ya los hemos mencionado. Otros, como la Huida a Egipto o La cena de Emaús, se
destinaron a El Escorial, mientras que el magnífico San Jorge y el dragón colgó del
palacete de El Pardo. En este lote, además de algunas de las copias de Tiziano
realizadas por Rubens en Madrid (el Adán y Eva, el Rapto de Europa), entraron
obras de pintores italianos (Tiziano, Mantegna) y de otros flamencos como Van Dyck
-es el caso del Prendimiento y la Coronación de espinas, o el Ceres en casa de
Hécuba de Adam Elsheimer, que fue instalado en el Alcázar 20 •
El triunfo de Rubens y los flamencos se produce, sin embargo, con las
remodelaciones de la colección en los años cincuenta, y encuentra su mejor expresión
en las instalaciones en la Sala Ochavada, desgraciadamente perdidas, y en lugares
como el refinado Gabinete del Salón de los Espejos, donde encontraron lugar
pinturas de pequeño formato de Brueghel y Rubens, junto a algún Tiziano y la
magnífica copia de la Gioconda, conservada en el Prado.
Adam Elsheimer, Ceres en casa de Hécuba, Madrid,
Prado.
De esta manera, y a través de la mente ordenadora de Velázquez (responsable
de esta última remodelación), las sucesivas adquisiciones de pintura flamenca durante
más de medio siglo y el exquisito gusto de Felipe IV, el Alcázar de Madrid se
cónvirtió en una de las mayores galerías de pintura existentes en Europa.
1 Reyes y Mecenas .. ., 1992, págs. 354 y 355. 8 Vosters 1990, pág. 41. Alva, el de Cobos, un Dux Veneciano, y otros munchos
9 cuadros fuera de los que el Rey tiene; copió el retrato del
Citado en Checa, 1992, págs. 98 y 99. Véase Volk, 1980.
Sánchez Cantón (ed .), 1956-1959, pág 249. 10 Una versión del mismo, de autor desconocido, se Felipe fl entero y armado». Sobre este aspecto de Rubens
~ lbide111, pág. 28. conserva en la Galería de los Uffizi. Ver Ligo, 1970. véanse fundamentalmente Müller-Hosftede, 1967; Held,
lbidem, pág. 24. 11 Inventario 1636, fol. 15. Con respecto a los retratos 1982, y Vosters, 1990.
6 14
Pacheco nos informa así de esta visita: «... de donde pintados por Rubens en Madrid, Pacheco dice lo Véase la ficha sobre el Salón de los Espejos en este
se originó su venida a Madrid, por orden de su Alteza la siguiente: «Primeramente, retrató a los Reyes e Infantes catálogo, págs. 391-394, con la evolución cronológica
Se1iora Infanta do1ia Isabel, de quien (como se ha dicho) de medios cuerpos, para llevar a Flandes; hizo de Su completa.
es muy estimado, la cual le envió a llamar, y le despachó Majestad cinco retratos, y entre ellos uno a caballo con i; Véase ficha al respecto, págs. 405-407.
por la posta desde la corte de Bruselas a la de Espa1ia, otras figuras, muy va liente. Retrató a la Señora Infanta 16 Sobre el papel de Rubens en la decoración de este
donde llegó por el mes de agosto de 1628. Traxo a la de las Descalzas de mas de medio cuerpo, i hizo de ella cuarto del Alcázar, véase Volk, 1981.
Majestad de nuestro católico Rey Fi li po fV ocho cuadros copias ... » Pacheco, ed. 1989, pág. 197. 17 Sobre este tema en el Alcázar véase el artículo de
de diferentes cosas y tama1ios, que están colocados en el 12 Sobre esra almoneda, Denucé, 1932. Jesús Sáenz de Miera, págs. 264-287.
Salón Nuevo, entre otras pinturas famosas. En los nueve 13 Pacheco, 1990, págs. 199-201, dice al respecto: 18 Cfr. Volk, 1981; Brown, 1986.
19
meses que asistió en Madrid ... pintó muchas cosas ...», «copió todas las cosas de Ticiano que tiene el Rey, que Y que, según Brown, 1986, pág. 189, pueden
Pacheco, ed. 1990, págs. 195-202. Véanse también las son los dos ba1ios, la Europa, el Adonis y Venus, la contabilizarse al menos en número de 82 sólo entre 1636
noticias de Palom ino, ed. 1986, págs. 118-123. Ven us y Cupido, el Adam y Eva y otras cosas; y de y 1640.
- Ruelens-Rooses, l, págs. 146-148. retratos, el de Lansgrave, el del Duque de Saxonia, el de 20 Muller, 1989.
236
El estudio de las colecciones reales de pintura en España, iniciado hace largo tiempo,
aunque de modo superficial, merced a los breves pero enjundiosos y apasionados análisis
de Madrazo 1, no fue sino una continuacion de los relatos de viajeros y curiosos de los
siglos XVII y XVIJJ 2, conscientes todo ellos de las enormes riquezas artísticas que
atesoraban las portentosas mansiones dependientes de la Corona 3• En nuestra época, con
métodos distintos a los empleados por el prestigioso historiador, se ha pretendido no
solamente identificar, sino conocer, en la medida de lo posible, el paradero de las obras
que compusieron antaño aquellos grandiosos conjuntos 4• Los Inventarios Reales, en su
mayoría inéditos 5, proporcionan datos del máximo interés y, sirviéndose de ellos,
distintos investigadores han conseguido precisar el origen, la importancia y la localización
actual de bastantes piezas 6. A esos grandes listados, de variable grado de precisión, se
unen a veces otros menores, relativos a ventas o compras de pinturas, envíos de éstas de
un lugar a otro o redecoración de las estancias de un determinado palacio 7.
La indagación, estructurada sobre el estudio de todos esos tipos de documentos,
diferentes pero complementarios, facilita muchas veces el hallazgo, o cuando menos,
la constatación de la existencia de obras artísticas perdidas por diferentes causas 8 y
ayuda a descubrir el contenido de las colecciones, valorar su incalculable importancia
artística, observar el gusto de sus propietarios y distinguir los criterios y la
sensibilidad estética de quienes las reunieron 9•
Al precisar expresamente el peculiar lapso de tiempo que se corresponde con
Felipe V (1700-1746), durante cuyo reinado el vetusto Alcázar madrileño pereció
entre las llamas, desapareciendo incluso sus ruinas después, para dejar espacio al
Palacio Real, levantado sobre el mismo lugar, son muchas las dificultades que hay
que afrontar ya que el último de los inventarios del edificio data de 1700 y se ignora
_ en qué medida pudo transformarse el contenido del mismo durante las casi tres
décadas y media posteriores. La llegada de una dinastía extranjera, el cambio de
inclinaciones que ello pudo conllevar, la metamorfosis del interés estético al filo del
tránsito de una centuria a la siguiente y todo género de circunstancias condicionaron
la composición de las colecciones regias; sin embargo la tarea de averiguar con cierto
grado de exactitud la configuración de las series pictóricas obliga a poner en juego
todos los factores posibles, ordenando los elementos de que se dispone en la
actualidad según el estado de conocimientos dispersos que ofrecen las publicaciones
aparecidas a lo largo de los últimos cuarenta años 10 •
La última fase del proceso histórico desempeñado por el Alcázar de Madrid
comenzó el 16 de noviembre de 1700 cuando el Rey de Francia, Luis XIV, en el
transcurso de una solemne ceremonia acontecida dentro de los muros del palacio de
Versalles, reconoció a su nieto el duque de Anjou como Rey de España, con el
nombre de Felipe V. Desde aquel momento, hasta la fatídica «Nochebuena » de
diciembre de 1734, la Casa de Borbón, encarnada en la persona del nuevo monarca,
sus dos esposas y los diversos hijos habidos de ambos matrimonios, así corno la
numerosa corte que les rodeaba, hizo vivir un periodo muy especial al venerable y
suntuoso edificio. Desaparecido el último representante de la Casa de Austria
española al fallecer Carlos II, muchas de las costumbres inveteradas y las tradiciones
acuñadas por espacio de dos siglos entre sus muros quedaron periclitadas y fueron
diluyéndose progresivamente 11 •
238/JUANJ.LUNA
Las pinturas aparecen indicadas anteponiéndoles el lugar de procedencia y añadiendo
después, a veces, su nueva situación en las dependencias a las que se les destinaba. Se
advierte que un número reducido de ellas fueron llevadas al Alcázar desde otras
partes.
Muchas referencias son imprecisas debido a la aproximación de las medidas y
las equivocaciones en la descripción, a lo que se une el hecho claro, y bien
constatado, de lo mucho que se destruyó en 1734, por lo que en numerosos casos, en
los que no cabe una identificación exacta, se pretendió acercar los datos del presente
inventario a obras conocidas, aun a sabiendas de que bastantes habían desaparecido.
Como por otra parte los errores aludidos afectan también a las atribuciones,
considerando que las valoraciones, siendo aproximativas, no intentan afirmar
taxativamente hechos ciertos, hubimos de estimar que podían ser válidas en sí a título
orientativo, y con esta reserva se expresaron.
De todos modos, aunque tales datos fuesen reveladores fueron muchos los
acontecimientos que sucedieron desde entonces hasta la destrucción de la regia
residencia. Es probable que cuando las tropas del archiduque Carlos se acercaron a
Madrid y saquearon la Torre de la Parada, en 1710, las pinturas más importantes y
objetos valiosos de allí se depositasen previamente en el Alcázar para evitar su
pérdida; ello permitiría salvarse a muchas obras de Velázquez y de los maestros
flamencos que habían contribuido a la vasta y fastuosa decoración de tan singular
real sitio. Análoga situación debieron vivir el Pardo y otros puntos algo alejados de
Madrid y en posible ruta de aquellos cuerpos de ejército.
A partir de aquí, por tanto, se entra definitivamente en el terreno de las
hipótesis. Sin embargo, considerando las tradiciones habituales del Alcázar y el
_ probable deseo de que todo continuase como había sido hasta entonces, a fin de
parecerse lo más posible a sus antecesores en el trono, Felipe V desarrollaría un
cuidadoso conservadurismo en materia de mantenimiento de las colecciones y respeto
a su pasado. Además, el conjunto de los salones oficiales debía ser tan imponente por
la concentración de obras maestras, de consolidado renombre, que alterar su
presentación, cuando todavía parecía pronto para cambios sustanciales, semejaba
fuera de lógica. Tal tesis se apoya en el hecho cierto de que al levantar acta de todo lo
perdido en 1734, se advierte que muchísimas obras se encontraban en el lugar en que
estaban en 1700, según consta en los inventarios de ese año, al morir Carlos II.
Como resultado, es conveniente pensar que las transformaciones debieron hacerse en
lo concerniente a habitaciones privadas, tal y como el aludido inventario del
«quarto » de la reina María Luisa Gabriela permite pensar.
Tanto en las áreas privadas del Rey, como en las de sus esposas se debieron
colocar, en principio, ciertos lienzos, llegados de Francia y de Italia, alusivos a las
familias Barbón, Sabaya y Farnesio, a modo de evocación para sus vástagos
respectivos, en los tronos que ocuparon en su momento en España.
En el primer caso están los cuadros de Rigaud, De Troy, Santerre, Largillierre,
Belle, Gobert y otros autores más, retratistas todos ellos de la Corte de Versalles y la
ciudad de París. No obstante, tal galería de antepasados, si se llegó a formar, no
debió mantenerse intacta mucho tiempo, puesto que la construcción y posterior
decoración de La Granja de San Ildefonso 15 impuso la necesidad de alhajar sus