LA LECHERA.
En una pequeña granja vivía una joven con su familia. La muchacha siempre
estaba trabajando y ayudando a sus ancianos padres.
Una mañana, cuando acababa de ordeñar a la única vaca que tenían, se dirigió
con su cántaro de leche hacia el pueblo, para vender la que había conseguido
sacar.
Con el cántaro en la cabeza ,se puso en marcha hacia el mercado. Por el
camino, la joven comenzó a imaginar lo que podría hacer con el dinero que iban
a darle por toda aquella leche.
– Con el dinero que me den por la leche fresca, voy a comprar una docena de
huevos. Con los huevos criaré pollitos y los alimentaré con grano fino para que
crezcan sanos y fuertes.
Después, los cambiaré por un cerdito. Lo cuidaré y alimentaré tan bien, que
pronto se hará un gran cerdo. Entonces, lo venderé y compraré una ternera, que
pastará libre por el prado y pronto me dará una gran cantidad de leche. Tendré
tanta, que podré venderla y ganar un montón de dinero…Con el dinero…
La lechera estaba tan inmersa en sus pensamientos, que no se dio cuenta de
que había una enorme piedra en el camino y, casi cuando llegaba al pueblo,
tropezó, rompiéndose el cántaro y derramándose toda la leche que quería
vender.
¡Pobre muchacha! ¡Cómo se lamentaba!
– Tantos sueños e ilusiones que había puesto en vender la leche y, por no estar
atenta al camino, ahora todo se había perdido. – Lloraba la lechera.
De vuelta a su hogar, con los ojos rojos de tanto llorar, la muchacha pensó –
Esto me ha pasado por querer demasiadas cosas y ahora me he quedado sin
nada que vender. De ahora en adelante iré pasito a pasito.