E n el lobby de uno de los mejores hoteles que podría haberse construido
en Cartagena de indias, uno de sus fundadores o más preciso decir inversor se
encontraba sentado leyendo una típica revista sobre famosos.
– Vaya que se toman su tiempo – exclama mientras pasa página tras
página de la revista. – Verán el rostro molesto de Yolanda sino se apuran –
Advirtió al aire mientras miraba su rolex.
El sonido de dos voces se hizo notar en aquel lujoso lobby, parecía como si
discutieran, Adrián deja la revista en una pequeña mesa que se encontraba
frente a él, posteriormente se levanta y con sus manos intenta desaparecer
cualquier arruga en su smoking victoriano blanco.
– Oigan Tourtereaux – les habla para llamar su atención. – Vamos tarde,
así que no tengan una discusión de enamorados, por favor – Advirtió a sus
amigos que emanaban en su vestuario una sinergia de elegancia pasada.
– Oh venga ya – le contesto la única mujer presente.
– Son las 6:30 P.M – le manifiesta el joven moreno mientras señala su
reloj – la reunión es a las 7:30 P.M., No sé ustedes, pero, yo no tengo
planeado en lo personal, estar en la cena escuchando los regaños de Yolanda o
María.
– En eso tienes razón mi amigo – le concede Miguel mientras camina
directo a la recepción en búsqueda de las llaves del vehículo que los
trasportara a la dicha reunión sin embargo su mujer parece tener otros planes
al sujetar con firmeza uno de sus brazos evitando que avanzara – ¿Ahora qué?
– pregunto para después suspirar.
– Nada de carros, sino puedo conducir mi moto aquí mucho menos tú
podrás conducir nada tampoco – le sentencio – tampoco con tu problema con
los trasportes públicos tomaremos algún vehículo público.
– ¿Ni un taxi? – pregunto preocupado el descendiente de franceses, la
joven mujer inmediatamente sentencia un no – sin ofender mon ami pero a
veces te odio.
– No es su culpa, simplemente nació con esa maldición – responde
riendo Rebecca – a todo esto, el centro histórico está muy cerca de aquí, si
caminamos rápido llegaremos a tiempo.
– Nadie te reta sin pagar el precio, se me olvido – razona cansado
mientras toma la mano de su prometida – bueno vamos o no llegaremos,
después de todo me encantan los atardeceres – suelta a su prometida para
proseguir su camino directo a las puertas del establecimiento dejando a tras a
la encantadora mujer de sus sueños y su mejor amigo.
– ¿Qué planeas femme manipulatrice? – le pregunta sin rodeos a la
fémina.
– Nada en particular – le responde mientras empieza a seguir a su
prometido – solo quiero solucionar una vez por todas este asunto, así que
camina Маленькая пятая модель.
Los tres jóvenes caminaban con la calma de un transeúnte común por las
calles de la zona más adinerada de toda esa ciudad, su andar tranquilo
reflejaba la amistad y confianza que compartían, pero de aquel trio uno sumido
en sus pensamientos.
– Cuatro años han pasado desde que partí de estas tierras y aun así
todo ante mis ojos sigue igual – Pensó Miguel, aunque no quería demostrarlo
su mirada lo traicionaba, sus ojos cafés bajo aquellas gafas medicadas
reflejaban nostalgia y a medida que avanzaban sus acompañantes notaron un
poco de melancolía manifestada en una lágrima fugas que caía por su ojo
derecho.
– ¿Saben a qué me recuerda esto? – pregunto el descendiente de
francés, captando la atención de sus acompañantes que esperaban la
respuesta. – No van a intentar adivinar, ¿verdad?
– No – respondió la pareja al unísono.
– Esta bien… de todas maneras les voy a decir.
– Lo sabemos – Respondieron una vez más al mismo tiempo.
– ¡Dejen de hacer eso! – Grito molesto el moreno. – bueno, la verdad es
que esto me recordó cuando nos conocimos.
– ¿Eso crees? – pregunto la joven deportista extrema.
– Yo no noto el parecido a esa situación mi amigo – expuso el joven
escritor.
– Chicos recuerden bien, nuestra amistad floreció al caminar esas frías
calles rusas.
– Aun no noto como puedes relacionarlo – menciono Miguel. – Las calles
de Rusia son más hermosa.
– Creo que tienes razón – concordó el joven Adrián mientras tocaba su
barbilla pues era una de sus tantas manías involuntarias cuando pensaba, sus
ideas usadas para dar luz su afirmación parecían fugarse de su cabeza como
un ratón al cual descubrieron en una cocina y así hasta su mente dudo de su
anterior observación dando paso al nacimiento de un malestar pero su
retorcida mente no admitía la derrota y como folclóricamente se dice, se le
prendió el bombillo, una macabra broma se engendró pues por su ego prefería
caer con alguien que caer solo. – Cierto Mon ami, es muy diferente.
– Te lo dije.
– Es imposible que sea igual después de todo en aquel entonces cuando
nos topamos con Rebecca estábamos buscando un burdel y ahora vamos es a
un restaurante, gracias por aclararme eso.
Rebecca con una fuerte mirada iba a preguntar a su prometido sobre tales
palabras pronunciadas del joven modelo, pero aquel joven caballero llamado
Miguel ya había empezado a correr como alma que se la lleva el diablo pues
sino lo hacía eso mismo le ocurriría. Rebecca sonríe tenebrosamente mientras
un tic hacia acto de presencia en su rostro.
– Deberías correr también.
El joven francés no lo pensó dos veces, la joven mujer solo conto hasta diez y
empezó a perseguirlos. Una caminata de por lo menos una hora casi dos se
redujo drásticamente a de treinta minutos, los jóvenes perseguidos tuvieron
que realizar maniobras para poder llegar al centro histórico de la ciudad sin ser
antes atrapados pues sabían que en ese lugar tan concurrido por lo menos
Rebecca no haría algo tan brutal gracias a los testigos. Tomaron un poco de
aire, pero el grito de la mujer cual no mostraba rastro de cansancio los hizo
querer correr… bueno eso era la intención, pero sus cuerpos no daban más. La
mujer se detuvo de golpe y con el mismo impulso pego una patada en el rostro
al francés e inmediatamente un golpe al estómago de su esposo.
– Bien, ahora que estoy calmada podemos dirigirnos al restaurante – sin
prestarle atención a su alrededor entabla una caminata elegante y tranquila. –
¿Se quedarán allí?
– Dame un minuto cariño – solicita el pobre escritor en su intento de
recuperar el oxígeno expulsado por el golpe. – Además no creo que Adrián
pueda levantarse después de semejante patada.
– Bueno si no quería ser golpeado no debió hacer esa broma. – Miguel
lanza una mirada que solo transmite su confusión. – Eso fue por correr, no por
lo que dijo ese idiota – explica Rebecca sin muestra de arrepentimiento o
molestia alguna. – Ahora andando.
Los quejidos del ascendiente de franceses dan el consentimiento necesario
para proseguir su caminata. Adrián tomo su mandíbula con la mano derecha
mientras veía a sus acompañantes caminar. Les tomo una hora lograr hallar el
lugar, ninguno podía ubicarse en aquellas calles bañadas de historia, ni
siquiera los dos que crecieron en esa ciudad, contemplando eso y el hecho que
Miguel se negaba a preguntar por direcciones con el miedo de ser reconocidos
se les dio más ardua la tarea hasta que lograron escuchar a dos personas que
se dirigían al mismo lugar. Miguel miro con aires de nostalgia aquel lujoso
lugar, quien diría que una vieja casa abandonada se volvería uno de los
restaurantes más visitados de aquella ciudad turística. Al entrar pueden
apreciar a un joven de cabellera algo alborotada vestido al más puro estilo
mayordomo del siglo xx sujetando una tablilla negra.
– ¿Nombres? – Menciona calmadamente.
– Si, no lo creo – replico amenazante Miguel.
– Disculpa a mi paranoico amigo – intento disculparse por la actitud de
su amigo. – Veras tenemos una reunión aquí. – El joven solo mira al trio de
una manera rara para él, aunque vistieran elegante les resultaban
sospechosos, apretó un poco su tablilla e intento llamar la atención de un
hombre fornido quien caminaba de tras de él. Adrián nota sus intenciones. –
Mon ami, por favor, podrías llamar al gerente. – El chico le tomó por sorpresa
esa petición y con un movimiento de cabeza se retira momentáneamente. –
Esa actitud puede atraer problemas.
– ¿Cuál actitud? – Respondió tranquilamente el joven escritor.
– Sé que quieres evitar que tus pocos fans sepan de tu presencia por lo
menos fueras intentado con alguno de tus nombres falsos.
– Primero, son muchos fans, soy un escritor reconocido – refuto molesto
a la observación de su amigo. – Segundo, no sé qué nombre esperan recibir
para dejarnos pasar. Adrián no lo había pensado, en eso su amigo tenía razón.
– Y tercero, jamás se pregunta por nombres, se debe preguntar es por
reservaciones.
– Calma Hades, el chico es principiante de seguro – intento relajar
Rebecca a su prometido.
– ¿En serio usaran esos sobre nombres aquí? – Pregunto exhausto el
descendiente de francés. – Pudiste decir ese nombre por lo menos.
– Adrián esto no es México, U.S.A o Rusia, esto es Colombia, aunque
pocas personas aquí me conocen y la verdad no tengo ganas de alertar a esas
personas de mi presencia en el país.
– Solo digo que fueras dicho algún nombre falso por lo menos, digo no
creo que ninguno espere verte de esta manera.
Miguel solo aparta la mirada, sabía muy bien a que se refería. De repente el
recepcionista vuelve acompañado de un hombre que a simple vista se puede
jurar no superaba los treinta años, vestía un traje formal digno de un gerente
prestigioso establecimiento, se notaba algo nervioso.
– Buenas señores y señorita, soy José Martínez Días – saludo a cada uno
con un sobresaltado apretón de manos. – Lamento las molestias, pero el
muchacho es nuevo, por favor entren.
El trio lo siguió mientras dejaban al joven en su puesto, Miguel antes de dejar
atrás al chico saco de su bolsillo un billete de cien dólares posteriormente se lo
entrego al chico mientras se disculpaba por su actitud admitiendo que se
encontraba algo nervioso y estresado, el joven acepta su disculpa con una
sonrisa y le devuelve e intenta regresarle el billete, pero el escritor ya se había
alejado. Rebecca se percata de todo lo anterior y espera a su amado.
– Eres tan dulce amor – después de lo dicho le proporciona un fugaz
beso en los labios. Miguel queda aturdido por unos minutos ocasionando la risa
de su novia. – Vamos, nos dejan atrás – agarra el brazo de su amado y
empiezan a correr.
Corrieron llegando a las profundidades de aquel restaurante, en su carrera por
alcanzar a Adrián que ya había llegado junto al gerente a la mesa Rebecca
noto que existía una pequeña zona en el restaurante atendido por un barman,
parecía un bar y pensó en visitarlo con su hombre después de la reunión. Al
llegar el sonido de un golpe asusta a todos, una dama de elegante vestir había
golpeado con la palma abierta aquel mueble en muestra de su disgusto.
– ¿Saben qué hora es? – dijo dirigiéndose al grupo de tres.
– Disculpa, pero nos perdimos – se defendió la otra mujer presente. –
Tus direcciones no son muy buenas.
Un resoplido por parte de aquella mujer dio acto de presencia. Prosiguió a
indicarles de mala gana que se sentaran, el grupo de cuatro tomaron asiento.
– Veo que conocieron ya al gerente del restaurante central.
– Si, gracias por administrar mi proyecto mon señor – dijo Adrián con
una alegre sonrisa. – Veo que todo va bien.
– Por supuesto señor Rafael, ahora está un poco vacío a pesar de ser fin
de semana, pero más tarde llegara más gente – explica nervioso el señor
gerente. – La gente de por aquí disfruta la música en vivo por eso espera la
noche, dicen que es mejor festejar desde tarde.
– Me alegra escuchar eso.
– Oye María, ¿qué tal va todo en tu fracción? – Pregunto tranquilo
Miguel.
– Sabes muy bien que nuestra fracción siempre va bien siempre que tú
quieras que vaya bien – sonríe aquella mujer quien hace un momento estaba a
punto de volcar la mesa con un golpe. – Supongo que pronto tendrás mi
siguiente guion. – Miguel saca de los bolsillos ocultos de su gabardina una
pequeña memoria USB, la deposita en la mesa y con un pequeño golpe la
arroja directo a las manos de aquella quien responde al nombre de María. –
Bien, hare que mi gente proceda a programar el comienzo del entrenamiento.
– ¿No te interesa saber de qué va?
– ¿Debería esperar alguna sorpresa?, Señor de la melancolía romántica
– respondió sarcásticamente. Miguel solo niega con una entristecida sonrisa. –
Sé que tus obras románticas son muy bien vendidas, pero si vemos tu historial
teatral, bueno…. Digamos que las tragedias son las que más atraen y sencillas
de poder realizar. – La atención de María ahora se fijó en la otra mujer
presente en la mesa. – Por cierto, Rebecca, buena idea sobre esos zapatos
deportivos, la mayoría de los deportistas lo están comprando – alago con suma
alegría. No hubo respuesta por parte de Rebecca. – ¿Sucede algo?
– No es nada – alego tranquila, pero eso no basto para su novio, esta lo
nota e intenta cambiar el tema. – Vez te lo dije, si hacíamos zapatos los cuales
funcionaran tanto fuera como dentro del deporte nos iría muy bien – dijo con
suma arrogancia. – Por cierto, escuche que nuestro equipo español está en las
finales.
– Estas en lo correcto – esta afirmación alegro muchísimo a los
presentes. – Es bueno saber que estas pendientes a tu división, deportista.
– Bueno digamos que es bueno ver a la gente cumplir sus sueños –
menciono alegre el descendiente de franceses. – Por cierto, María, quiero
preguntarte algo. – esta solo hace un gesto con su mano como indicando que
disparara un arma. – ¿Cuánto tiempo nos quedaremos en Colombia?
– Yo hasta hoy, debo viajar para entregar el nuevo guion y empezar el
proyecto en Brookwey, ustedes indefinidamente – respondió tranquilamente.
Los tres jóvenes se sorprendieron. – ¿Pasa algo malo?
– ¡¿Me estas jodiendo o qué?! – Miguel fue el primero en responder. –
¡Sabes muy bien que si pasa algo! – después de eso se levanta de la mesa
frenético y se va seguido de su prometida quien iba muy preocupada por el
estado de su novio.
– Pensábamos que tendríamos unas vacaciones, ya sabes ser los
mayores inversionista y dueños de Kiond Revolución S.A. es muy agotador –
prosiguió Adrián. – Pensábamos hacer un tour los tres, comenzando en la bella
Francia.
– Lo siento, pero nuestros profesionales han visto que, aunque es cierto
la buena administración de la empresa por nuestra parte aun así no prestamos
atención a las centrales latinoamericanas, específicamente Colombia –
argumento María tranquilamente mientras se levantaba para partir del lugar. –
Pueden tomar los fines de semana para descansar, festivos e incluso días de la
semana pero deben quedarse aquí, miren el lado bueno solo deben atender las
centrales y todas están en Cartagena – Con un beso burlón abandona la mesa
y se marcha.
En la mesa solo quedaba un joven colombo francés furioso junto a un callado
gerente, Adrián golpeo la mesa con frenética ira rápidamente se calma y con
una voz calmada le solicita al gerente la carta de vinos.
Mientras tanto en la barra del bar interno del restaurante un joven escritor se
sentaba cabizbajo con los puños cerrados reposando en el mueble de mármol
acompañado de su también molesta pero preocupada amada.
– Indefinidamente, indefinidamente – se repetía sin alzar la cabeza,
cada vez que lo repetía apretaba más sus puños. De repente su desenfrenada
furia fue apaciguada por un par de bien tonificados brazos que lo atraparon
desde atrás en uno de los más cálidos abrazos que el joven jamás sintió. – Lo
siento, odio que veas esta parte de mí – dijo aun sin levantar la mirada.
– Tranquilo, ya verás cómo nos dan consentimiento para irnos hacer el
tour – decía mientras recargaba su cabeza en la espalda inclinada de su
amado. – Por el momento tomemos algo – Rebecca con un movimiento de su
mano sin deshacer el abrazo llamo la atención del barman quien prontamente
respondió a su solicitud. – Por favor, dos tragos medianos de vodka con tequila
– aquel hombre sorprendido solo asintió y prosiguió a buscar las botellas junto
a los vasos para servir el trago, prontamente dejo los vasos y se fue atender a
otros comensales. – Sé que tu regla es beber solo en momentos importantes
pero por favor cúmplele a tu futura esposa este deseo – se apartó del joven
escritor y tomo ambos vasos.
Miguel solo soltó un largo suspiro, se irguió, tomo el vaso de la mano de
Rebecca y junto a su mujer con un solo movimiento de codo se tomó todo el
líquido del vaso.
– Bueno eso ayudo un poco – dijo más tranquilo. – Bien hora de irse –
decía mientras se levantaba pero Adrián tenía otros planes – ¿Qué traes allí? –
pregunto curioso por la botella y vasos que cargaba su amigo quien prosiguió a
sentarse también en la barra.
– Una botella de vino rojo – respondió tranquilo mientras la destapaba.
– Pedí algo para comer – menciono alegre al servir el líquido de la botella en
los tres vasos. – Sé que deben estar molesto, yo también lo estoy pero eso no
significa que no podamos sacarle provecho a esto.
– Yo solo quiero irme de aquí – después de esas palabras la mirada de
Miguel volvió a tornarse lúgubre.
– Amor por favor, es tu padrino de bodas y padrino de tus futuros hijos,
es tu deber acompañarlo – argumento Rebecca mientras entrelazaba sus
dedos en los largos y oscuros cabellos de su amado. – Además tengo hambre –
esto último lo dijo firmemente mientras sentaba a su novio en contra de su
voluntad, llamo de nuevo al barman, este hizo un gesto de ya tomaría su
solicitud pero debido al ajetreo por la llegada de más clientes le pidió unos con
un gesto le pido unos minutos, la joven dama asintió y se sentó. – Debes
relajarte.
– ¡Estoy relajado! – Replico exaltado, noto que había llamado la atención
del barman y del resto cliente, respiro profundamente y soltó un gran suspiro.
– Lo siento, es solo…. No me siento cómodo aquí – volvió a agachar la cabeza
mientras inclinaba su cuerpo.
– Lo entiendo – fue lo único que dijo su amigo. – Pero como dije mon
ami, alguna vez deberás enfrentar tu pasado.
– Lo sé – expresó tranquilamente, Rebecca acaricia el sedoso cabello de
su amado mientras este empieza a moverse como un gato consentido. Al
percatarse de sus acciones se detiene de golpe ocasionado la risa de sus
acompañantes. – Bueno… ¿Que pediste para comer? – pregunta con aun algo
de rubor.
– Hamburguesas – dijo tranquilamente.
– Esto es un restaurante cinco estrellas y me dices que pediste
hamburguesas, vaya estafa de chef – comentó Rebecca, nota que al fin el
barman está desocupado y vuelve a llamarlo, este prontamente acude al
llamado de su deber – Si puedes traer una botella de Vodka y una de Tequila
por favor.
– Okey señorita – dijo mientras apuntaba la solicitud en un papel. – Bien
pronto mi compañero vendrá a relevarme así que él será quien traiga las
botellas de nuestro mejor vodka y tequila – justo antes de retirarse Miguel lo
llama. – Dígame señor – Miguel busco en el bolsillo del pantalón y le entrego
un billete de exuberante cantidad argumentando que era su propina, el joven
con suma alegría acepto el billete y se marchó.
– ¿Con cuántos de esos cargas? – Pregunto intrigada Rebecca.
– Tranquila, todo esto lo paga Adrián – su mencionado amigo escupe el
reciente sorbo de vino que había introducido a su boca y mira a Miguel con una
mirada asesina. – Calma, calma, obvio que esto lo pago yo, traje la tarjeta de
ocio – dijo riendo por la reacción de su amigo.
– Esta bien, yo pago, soy tu padrino de bodas después de todo.
– Calma, tu paga la comida yo lo que pidió Rebecca, sabes que entre
nosotros no hay problemas con el dinero – refuto el joven escritor.
– Aun no supero que hayas pedido hamburguesas en un restaurante
cinco estrellas – volvió a recalcar su opinión la joven enamorada del escritor.
– Son hamburguesas Adrián. – La mirada de Rebecca cambio de una de
decepción a la de una niña pobre que recibía su primer regalo de navidad. – Ah
esa es la mirada que debías poner, femme manipulatrice.
– Pues ahora las cosas cambian – respondió aun con la expresión de
sorpresa en su rostro. – Se me olvidaba que este era tu restaurante. – El
estómago de los tres empezó a sonar.
– Espero que lleguen pronto las bebidas y la comida – comento Miguel
mientras reposaba su cabeza en el mostrador.
Por suerte para ellos el relevo llego con el pedido tanto de Rebecca como el de
Adrián, el sonido tanto de las botellas como de los platos tocando el mostrador
animo a Miguel para levantar la cabeza y agradecerle al joven, pero cuando
sus ojos chocaron con el trabajador que tenía frente suyo, su expresión cambio
drásticamente, la mirada tranquila del escritor cambio de un momento a de
sorpresa, luego miedo, luego tristeza y después a furia en tan solo unos
segundos por parte del trabajador era una de suma sorpresa pero eso no
impidió que fuera el primero en hablar.
– ¿Miguel? – El joven escritor mantenía la mirada de odio mientras
Adrián como Rebecca miraba la escena.
– ¿Se conocen? – Pregunto Rebecca.
– Se podría decir que si – respondió el visionario de la escritura con
cierto aire de odio y tristeza. – Tenias razón Rafael, tarde o temprano debía
enfrentar mi pasado – Adrián solo toma otra copa de vino.
– ¿Tu pasado? ¿Quién es él? – Pregunto algo preocupada Rebecca pero
su novio no pudo contestar solo empezó a gruñir como si una bestia viera a su
enemigo natural, eso lanzo a los cielos la preocupación de la joven deportista,
nunca había visto al escritor tan alterado como para soltar esos gruñidos. -
¿Quién eres? ¿Por qué mi prometido tiene esas ganas de matarte? ¡Dime!
– Y-yo… – respondió el barman con dificultad aun procesaba lo dicho
por la atleta. – Soy Cristian Arjona Quintero
– ¿Has dicho Quintero? – De repente Rebecca sintió que ese apellido lo
había escuchado antes, en tan solo unos segundos su mente empezó a
comportarse como una computadora en búsqueda de algún archivo en su
memoria relacionado a ese apellido y lo logro. – Oh no – fue lo único que
alcanzo a decir.
– Tiempo sin escuchar ese apellido – la voz tranquila de Adrián se hizo
presente. – Vamos Miguel, cálmate – toco el hombro del mencionado en un
intento de bajar su furia. – No es esta la manera en que debes saludar a tu
hermano mayor.