Subsidio
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Jornada Mundial de
de
Oración por las Vocaciones
por las
21 de abril de 2024
Comisión de Cultura Vocacional
Presentación
La Comisión de Cultura Vocacional de la CLAR les saluda con ocasión de la Jornada
Mundial de Oración por las Vocaciones 2024. Como grupo de religiosas y religiosos
que acompañan procesos vocacionales, estamos convencidos de que Jesús es una
vocación que encanta. Este será el tema que nos congregará en el seminario de Cultu-
ra Vocacional, que se llevará a cabo del 10 al 13 de octubre de 2024, en Santiago
de Chile.
Junto al bello mensaje del Papa con ocasión de esta jornada, la Comisión quiere ofre-
cer este subsidio, que contiene tres propuestas de trabajo, que se pueden hacer de
manera personal o preferentemente en ambiente comunitario. Cada propuesta
brinda la posibilidad de adentrarnos en el llamado a descubrir la riqueza de nuestra
vocación y darla a conocer y amar, especialmente a los jóvenes.
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Primera
Propuesta
Comunidad religiosa,
espacio de cuidado de la
vocación de todas y todos
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1. Se invita a ver una película que ayude a reflexionar sobre el cuidado y nuestra
vida comunitaria: “De Dioses y de Hombres”
2. Momento de reflexión y oración:
Rezamos juntos y luego repetimos la frase que más nos resuene:
La raíz de
nuestra unidad
(relectura del Salmo 99)
Soy tuya/o.
Hazme caer en la cuenta de que te pertenezco a ti
precisamente porque soy miembro de tu pueblo.
No soy individuo aislado, no tengo derecho a reclamar atención personal,
no me salvo sola.
Es verdad que tú, Señor, me amas con amor personal,
cuidas de mí y diriges mis pasos uno a uno;
pero también es verdad que tu manera de obrar entre nosotros
es a través del grupo que has formado, del pueblo que has escogido.
Te gusta tratar con nosotros como un pastor con su rebaño.
El pastor conoce a cada oveja y cuida personalmente de ella,
con atención especial a la que lo necesita más en cada momento;
pero las lleva juntas en la unidad de su rebaño.
Así haces tú con nosotros, Señor.
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Haz que me sienta parte de tu rebaño, Señor.
Haz que me sienta responsable, sociable, amable,
Hermana/o de mis hermanas y hermanos, y miembro vivo del género humano.
No me permitas pensar ni por un momento que puedo vivir por mi cuenta,
que no necesito a nadie, que las vidas de los demás no tienen nada que ver con la mía...
No permitas que me aísle en orgullo inútil o engañosa autosuficiencia,
que me vuelva solitaria/o, que sea un extraño en mi propia tierra...
Haz que me sienta orgullosa/o de mis hermanas y hermanos,
que aprecie sus cualidades y disfrute con su compañía.
Haz que yo contribuya a la vida de los demás
y permita a los demás contribuir a la mía.
Que sea yo amante de la comunidad
y que se me note en cada gesto y en cada palabra.
Que fragüe con ellas y ellos la unidad común.
Tú eres el Pastor. Tú eres la raíz de nuestra unidad.
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Reflexión/compartir en base a la película
En la película podemos notar el camino de escucha y discernimiento que
hace la comunidad ante una situación compleja. Cada uno va haciendo
su proceso y la comunidad respeta el tiempo de cada uno hasta llegar a
una decisión común. Podemos dejarnos impactar por la actitud del
prior y de los distintos hermanos que se cuidan unos a otros y no se
exigen ni apresuran lo que el otro aún no puede dar.
Rezamos en silencio y luego compartimos en torno a
alguna pregunta que nos ayude:
- ¿Qué pequeños gestos de cuidado cotidiano tenemos en mi comunidad?
- ¿Cómo y cuándo nos adaptamos al ritmo de los que no van tan rápido?
- ¿Qué experiencias puntuales han fortalecido la vivencia del cuidado
en común?
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Terminamos rezando juntos
Padre, hoy quiero pedirte por mis hermanas/os de la comunidad.
Tú las/os conoces personalmente:
conoces su nombre, sus virtudes y sus defectos,
sus alegrías y sus penas, su fortaleza y su debilidad,
sabes toda su historia,
las/os aceptas y los amas como son y los vivificas con tu Espíritu.
Padre, tú las/os amas no porque sean buenos,
sino porque son hijos tuyos,
por eso enséñame a quererlos de verdad,
no por sus palabras o por sus obras, sino por ellos mismos,
descubriendo en cada uno el misterio de tu amor infinito.
Te doy gracias por ellas/os, Padre.
Todos son un regalo para mí, un verdadero sacramento,
signo sensible de la gracia de tu Hijo.
Dame la mirada y el corazón
de Jesús para contemplarlos
y amarlos hasta el extremo,
porque yo quiero ser para cada uno
sacramento vivo de la presencia de Jesús.
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Segunda
Propuesta
Comunidad eclesial,
espacio sinodal que genera
Cultura vocacional
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Iniciamos este espacio de reflexión escuchando el siguiente canto, que
nos invita a buscar caminos como comunidad eclesial, elige una frase
que haga eco en tu corazón.
Himno
Busquemos camino,
Sínodo de la Sinodalidad
(Chile)
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Somos parte de la historia,
que entre lágrima y desvelos
quiere transformar la herida
y tejer un nuevo día, codo a codo contigo.
La verdad y lo vivido
no es en vano y se hace signo
de justicia y pueblo unido,
dignidad a grito vivo,
sin miedo construimos.
Ven, busquemos camino
(ven, seamos la fuerza)
que conduzca la vida
(que renueve la Iglesia)
enfrentemos los miedos
(compartamos los sueños)
con amor y servicio
(construyamos lo nuevo).
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Como un nuevo sol que sale,
descubriendo un Chile vivo,
late fuerte la esperanza,
anima todo y da sentido,
pueblo, ¡Dios va contigo!
Ven, busquemos camino
(ven, seamos la fuerza)
que conduzca la vida
(que renueve la Iglesia)
enfrentemos los miedos
(compartamos los sueños)
con amor y servicio
(construyamos lo nuevo).
Ven, busquemos camino,
ven, seamos la fuerza
de justicia y pueblo unido,
sin miedo construimos.
Expresamos la frase que nos hizo eco en el corazón, se invita a alguno a
expresar una oración que le surja a partir de la frase.
Nos dejamos iluminar por la siguiente reflexión.
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Reflexión: Sinodalidad, cultura vocacional
y los movimientos del alba1.
El anhelo de una Iglesia construida desde el espíritu de la sinodalidad
requiere una base profunda que sólo desde una perspectiva como la que
nos ofrece la cultura vocacional, puede proponer un camino que produz-
ca verdaderos frutos antes que desilusiones. Los Movimientos del Alba
son un itinerario de formación permanente que proféticamente nos
ofrecen la posibilidad de avanzar hacia ese llamado que la Iglesia nos
está pidiendo.
El tema sinodal ha sido una de las intuiciones proféticas más incisivas del
papa Francisco. Podemos visualizar el recorrido de su pontificado. Inició
con el tema de la nueva evangelización, en Evangelii Gaudium, pasando
inmediatamente a enfoques muy específicos que los signos de los tiem-
pos le han urgido: las familias, los jóvenes y la ecología; y, finalmente, ate-
rriza en la necesidad de profundizar en la vocación a una Iglesia sinodal,
que no se entiende tanto como una madre y maestra, sino, más bien, que
se siente llamada a ser discípula y compañera de camino.
La sinodalidad es, por lo tanto, la mejor lectura profética de la vocación
de la Iglesia que podemos ofrecer al mundo de hoy. Pero el camino sino-
dal no es en sí mismo un garante de fidelidad a nuestro llamado, y, por el
contrario, sin una sana hermenéutica vocacional, podría llegar a con-
vertirse en un discurso que inconscientemente busca más la coronación
de los ideales particulares, o incluso, una búsqueda de la autopreserva-
ción de la institución, sin que prime el sueño al que nos invita el papa
Francisco de “una opción misionera capaz de transformarlo todo, para
que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura
eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del
mundo actual”2.
1Texto adaptado de Gutiérrez Zuñiga, R. (2023). Sinodalidad, cultura vocacional y
los movimientos del alba. Revista CLAR, 2023/2, 51-56.
2 Evangelii Gaudium, 27.
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El camino sinodal propuesto por el papa Francisco no solo es una gran-
diosa oportunidad que nos empuja hacia el futuro de una Iglesia más
encarnada en la realidad y más eficiente en su misión de anunciar el
Reino de Dios al mundo; sino que, en primer lugar, y sobre todo, nos
obliga a volver a nuestra raíz vocacional como una condición sine qua
non llegarán hasta nosotros las luces del alba que trae consigo el gran
anuncio del Evangelio de la vocación.
Es como si los movimientos del alba nos hicieran sentir una sinfonía, que
tiene el ritmo de una esperanza de la cual destella un itinerario discipu-
lar para cualquier comunidad de vida Consagrada y eclesial que se
sienta retada por la profecía de la sinodalidad, porque allí descubre su
enorme necesidad de volver a la raíz de su llamado en una cultura voca-
cional que transforma su mente, su corazón y sus manos, para ser capaz
de responder a la voz del eterno Llamante que nos está hablando como
consagradas/os en las distintas realidades de nuestros países latinoame-
ricanos y caribeños.
Preguntas para compartir a la luz de la reflexión:
- ¿Qué significa para ti ser discípula/o y compañero de camino en la
Iglesia? ¿Cómo esta imagen desafía y enriquece tu comprensión de la
comunidad cristiana?
- ¿Cómo puedes contribuir al sueño de una Iglesia que anuncie el Evan-
gelio de la vocación?
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Terminemos nuestro encuentro pidiéndole a María, Madre de la Iglesia,
que siga caminando con nosotras/os.
Oración: María Madre de la Iglesia
Sigue abriéndole caminos al Espíritu, y entre nosotros, actualiza la
unidad. No permitas que ninguna diferencia mengüe el amor. Avívanos
la pasión por tu Hijo, y que nuestro vientre se ensanche, como el tuyo, al
contacto con la carencia. Sigue tendiendo puentes y susurrándonos sin-
fonías sinodales. Amplía la mesa y convídanos diariamente a una fiesta,
en la que el vino alcance para todos, a nadie se le niegue la Palabra, y en
la que todos se sientan partícipes y enviados. Danos tu bendición, y que
no nos falte tu caricia, capaz de sanar heridas y reconstruir nuestras
más profundas ruinas. Amén.
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Tercera
Propuesta
Escuchar y acompañar a
las Nuevas Generaciones,
para redescubrir a Jesús
como vocación que encanta
Escuchando a las NN.GG. que compartieron en el Congreso de Vida Consa-
grada en Colombia recogimos algunas de sus resonancias, para que en un
ambiente de oración hagamos eco de las mismas:
Lo que Encanta de la VC:
• Escuchar a los otros.
• La formación como proceso sabio, en libertad y discipulado (donde se sintoniza:
El Espíritu, la comunidad y la persona).
• Espacios y personas de confianza que nos permiten “ser como somos”.
• Existen personas que se hacen autoridad porque son coherentes…
• Encontrar personas de deseo de Dios…
• Cuando encuentras hermanas y hermanos que viven en libertad.
• El trato amable, la calidez y el ambiente fraternal.
• La entrega y el servicio en gratuidad.
• La VC mayor que impulsa los cambios (aun cuando muchos jóvenes quieren
volver al pasado).
• La VC centinela, profética, mística que impregna la sociedad con sus opciones.
• La VC que es consuelo, esperanza, aliento, dedicación a los más necesitados.
• La dedicación a los niños, se hacen espacio donde son queridos, donde son escu-
chados.
Lo que desencanta de la VC:
• La formación como una serie de pruebas a superar (si eres apta o no)… como
para ver la resistencia de las personas. No siempre vivido por las hermanas pro-
fesas.
• Cuando te encuentras personas que viven doble vida a nivel afectivo-sexual: eso
daña.
• Cuando ahoga la rigidez institucional, la falta de flexibilidad.
• La interculturalidad mal vivida es fuente de sufrimiento.
• La resistencia al cambio.
• La desigualdad en las experiencias de pobreza.
• La deshumanización: el priorizar las estructuras por sobre las personas.
• Muchos de los jóvenes que se fueron en pandemia sintieron que la Vida Religiosa
se quedó “sin vida”.
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• Suelen estar muy preocupados, “atados de responsabilidades pesa-
das”.
• Tantos problemas psiquiátricos entre los religiosos.
• Bendecir el oro… y no siempre al hermano.
• Quedarnos en zonas confortables.
• El imaginario de santidad que no se alcanza (como una mezcla de
moralidad/rigidez/barrera).
• Aquellos modos que marcan distancia y hacen sentir a las personas
que “no están a la altura”.
• Muchas veces se “mata la originalidad de la persona”.
En este segundo momento las/os invitamos a leer y dejarnos iluminar por
algunos artículos de la Exhortación Apostólica del papa Francisco Chris-
tus Vivit a los jóvenes y a todo el Pueblo de Dios.
112. Ante todo quiero decirle a cada uno la primera verdad: “Dios te
ama”. Si ya lo escuchaste no importa, te lo quiero recordar: Dios te ama.
Nunca lo dudes, más allá de lo que te suceda en la vida. En cualquier cir-
cunstancia, eres infinitamente amado.
116. Es un amor «que no aplasta, es un amor que no margina, que no se
calla, un amor que no humilla ni avasalla. Es el amor del Señor, un amor
de todos los días, discreto y respetuoso, amor de libertad y para la liber-
tad, amor que cura y que levanta. Es el amor del Señor que sabe más de
levantadas que de caídas, de reconciliación que de prohibición, de dar
nueva oportunidad que de condenar, de futuro que de pasado».
122. Jóvenes amados por el Señor, ¡cuánto valen ustedes si han sido redi-
midos por la sangre preciosa de Cristo! Jóvenes queridos, ustedes «¡no
tienen precio! ¡No son piezas de subasta! Por favor, no se dejen comprar,
no se dejen seducir, no se dejen esclavizar por las colonizaciones ideológi-
cas que nos meten ideas en la cabeza y al final nos volvemos esclavos,
dependientes, fracasados en la vida. Ustedes no tienen precio: deben
repetirlo siempre: no estoy en una subasta, no tengo precio. ¡Soy libre,
soy libre! Enamórense de esta libertad, que es la que ofrece Jesús».
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124. Pero hay una tercera verdad, que es inseparable de la anterior: ¡Él
vive! Hay que volver a recordarlo con frecuencia, porque corremos el
riesgo de tomar a Jesucristo sólo como un buen ejemplo del pasado,
como un recuerdo, como alguien que nos salvó hace dos mil años. Eso no
nos serviría de nada, nos dejaría iguales, eso no nos liberaría. El que nos
llena con su gracia, el que nos libera, el que nos transforma, el que nos
sana y nos consuela es alguien que vive. Es Cristo resucitado, lleno de
vitalidad sobrenatural, vestido de infinita luz. Por eso decía san Pablo:
«Si Cristo no resucitó vana es la fe de ustedes» (1 Co 15,17).
206. La pastoral juvenil sólo puede ser sinodal, es decir, conformando un
“caminar juntos” que implica una «valorización de los carismas que el
Espíritu concede según la vocación y el rol de cada uno de los miembros
[de la Iglesia], mediante un dinamismo de corresponsabilidad […]. Ani-
mados por este espíritu, podremos encaminarnos hacia una Iglesia par-
ticipativa y corresponsable, capaz de valorizar la riqueza de la variedad
que la compone, que acoja con gratitud el aporte de los fieles laicos,
incluyendo a jóvenes y mujeres, la contribución de la vida consagrada
masculina y femenina, la de los grupos, asociaciones y movimientos. No
hay que excluir a nadie, ni dejar que nadie se autoexcluya».
289. El regalo de la vocación será sin duda un regalo exigente. Los regalos
de Dios son interactivos y para gozarlos hay que poner mucho en juego,
hay que arriesgar. Pero no será la exigencia de un deber impuesto por
otro desde afuera, sino algo que te estimulará a crecer y a optar para
que ese regalo madure y se convierta en don para los demás. Cuando el
Señor suscita una vocación no sólo piensa en lo que eres sino en todo lo
que junto a Él y a los demás podrás llegar a ser.
En un tercer momento las/os invitamos a compartir las resonancias que
estos dos textos suscitan a partir del encanto y desencanto de los jóvenes
y el texto del papa Francisco; para ello nos pueden ayudar las siguientes
preguntas:
- ¿Qué nos resuena dentro?
- ¿Qué llamadas percibes para tu vida y tu comunidad?
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Podremos terminar con un espacio para el compartir fraterno y cerrar
con un momento orante a la luz de la canción, que servirá como Himno
oficial para el Seminario Latinoamericano sobre Cultura vocacional
“Jesús: vocación que encanta”.
Felices
Pablo Coloma
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Felices, felices aquellos, los de puro corazón
los que en cada mañana te sonríen con pasión
y te dicen mirándote con gozo
tenga usted un día hermoso
más amable, más dichoso.
Felices los de limpio mirar
que no saben de envidias, los de nunca condenar,
los que nunca te cargan de tristeza
ni te enrostran tu pobreza,
que conocen tu belleza.
Felices los que nunca descansan en la lucha por la paz,
una paz verdadera de justicia y libertad,
los que entregan su vida sin medida
por un mundo sin heridas,
sean felices cada día.
Felices los que buscan verdad,
los que luchan por dar a cada hombre dignidad,
los que al miedo salvaje dan derrota,
dan su sangre gota a gota
y en la tierra son semilla que brota.
Felices los que dicen hermano con nobleza sin doblez,
los que saben que el barro se ha pegado a nuestros pies,
que conocen la pena más profunda,
la alegría donde abunda
y la entrega más fecunda.
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Felices los que olvidan tu error
y te saben distinto y te abrazan sin rencor
porque ven que tu corazón palpita,
que en tu alma siempre habita
algún sueño que se agita.
Felices los que saben sufrir junto a tu lado en el dolor
y te dan una mano que te aprieta con calor,
los que nunca se ríen de tu llanto
porque sólo un nuevo canto
es su alegría y su encanto.
Felices los de gran corazón
que comparten la vida regalando un nuevo don
y te dan de su pan
y te dan de beber
y a su mesa te sientan
y te llaman hermano.
Felices,
los de puro corazón
los que te abrazan sin rencor
Felices
los que dan lucha por la paz
junto a tu lado en el dolor
Felices
los que buscan la verdad
y te regalan nuevo don
Felices,
que dan al hombre dignidad.
Felices.
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