LA INTENCIÓN
Durante el trayecto por la escuela normal, el futuro maestro experimenta una serie
de situaciones vivenciales que lo preparan para su vida laboral, el proceso de prácticas
profesionales, lo sitúa en un contexto real, mismo donde, deberá utilizar estratégicamente
los recursos y herramientas que ha obtenido en la institución y mediante toda su vida
escolar para mejorar su propia practica y actuar con la intención de transformarla
positivamente. Al día de hoy se exige tanto a la educación que la tarea del docente ha sido
menospreciada por la sociedad a tal grado que se le ha atribuido la culpa de todo lo fallido
en el sistema educativo, erróneamente se piensa que el profesor del siglo XXI es el culpable
del fracaso educativo que ha existido en el país desde hace décadas.
Ahora bien, en el Plan de Estudios 2011 de Educación Básica fundamenta el gran
reto que se enfrenta hoy en cuanto a la posibilidad de educar con éxito, al citar que no
existe una fórmula secreta para solucionar los problemas que existen, por lo que:
Educar en y para el siglo XXI, representa un desafío mayor para los sistemas
educativos nacionales en el mundo. Si bien existen experiencias exitosas, no hay
fórmulas infalibles que conduzcan a todos, con la misma certeza, por caminos de
éxito ya trazados y, cuando los hay, no son permanentes. (SEP, 2011 p. 9)
Lo anterior da muestra para resaltar la importante labor del maestro, como
herramienta de solución mediante la trasformación y mejora de su propia práctica en las
aulas. La educación formal, nace en las aulas, ahí vive y de ahí se proyecta a la sociedad, es
en el salón de clase donde el alumno se interesa por hacer funcional su educación o por
fracasarla limitándola a rutina y obligación. De aquí que es importante rescatar que el
docente no es el culpable único del fracaso educativo, pero si es una de las partes
fundamentales para reparar las piezas rotas en la escuela; no puede cambiar la situación
económica de un alumno, pero si puede mediante la vocación y la profesionalización
ayudar a este alumno a adquirir conocimientos útiles mediante prácticas educativas
auténticas para progresar.
Cecilia Fierro, habla del concepto de práctica docente como aquello que les da caída
al maestro y al alumno en su papel de sujetos que intervienen e interactúan en el proceso
educativo y no solo como producto o insumos del mismo. Como sujetos que participan en
el proceso los maestros no solo son los responsables de llevarlo a cabo, sino que también
son artífices del mismo, en cita habla que la práctica docente es:
[…] una praxis social, objetiva e intencional, en la que intervienen los significados,
las percepciones y las acciones de los agentes implicados en el proceso- maestros,
alumnos, autoridades educativas y padres de familia-, así como aspectos políticos-
institucionales, normativos y administrativos que según el proyecto educativo de
cada país, delimitan la función del maestro. (Cecilia Fierro, 1999. p.21)
Como puede apreciarse, la función del docente es sumamente compleja y requiere
de procesos de formación para comprender y realizarla de manera eficiente y lograr así el
compromiso institucional que recae sobre el profesor. El trabajo del maestro va más allá de
estar en un salón de clase, implica mucho más que una reunión con padres de familia, el
quehacer del maestro no puede ser reducido a un mero trabajo de oficio, más bien, exige
compromiso, preparación, actualización, de aquí la importancia de hablar sobre la práctica
profesional, entendida según el documento del trayecto de práctica profesional:
orientaciones para su desarrollo, del Plan de estudios, para la formación de maestros de la
licenciatura de educación primaria 2012 como:
[…] El conjunto de acciones, estrategias e intenciones que un sujeto pone en juego para
intervenir y transformar su realidad. En tanto acción, la práctica se concreta en contextos
específicos los cuales brindan la posibilidad de lograr nuevos aprendizajes, de ahí que se
reconozca el sentido formativo que ésta tiene en el proceso de formación. (SEP, 2012. p.3)
Por lo anterior, se deduce que la diferencia más significativa entre práctica docente
y práctica profesional es el tiempo en que esta se ve aplicada y la condición profesional del
sujeto que la aplica, es decir, la práctica profesional viene ser de mayor peso para el
maestro en formación, mientas la práctica docente es exclusiva del maestro en servicio. Ser
profesional significa permanecer actualizado sobre la profesión, va más allá del
conocimiento, habla del trabajo vinculado entre teoría y práctica, y el dominio profundo de
los factores teóricos, normativos y curriculares que intervienen en el trabajo. Un profesional
es aquel que conoce su práctica, la reflexiona, la transforma y la mejora mediante el análisis
de las situaciones vividas.
Existen varios factores que intervienen en el desarrollo de la práctica profesional, en
este caso, los más importantes son la formación por competencias y el cumplimiento del
perfil de egreso que marca el Plan de estudios 2012, dichos factores, dan cuenta de la
formación precisa del alumno normalista, mismo que en primera instancia deberá aprender
a valorar su práctica, vivirla, transformarla y enriquecerla con los elementos que la
institución brinda y la oportunidad de las experiencias en los contextos de aula.
En el momento en que el alumno normalista valora su práctica, entonces puede
transformarla y apostar por la calidad sobre la misma. Es importante mejorar dicha práctica,
ya que como se mencionaba en un principio, depende de su calidad el resultado de trabajo
que se obtendrá con los alumnos, esto con la intención de mejorar la tarea educativa,
partiendo de un sistema que exige innovación y mejora continua, el maestro es tomado
como el centro de actuación sobre el alumno que funge como el centro de los procesos de
aprendizaje. Es necesario transformar lo que se hace en las aulas para atender a las
exigencias de la sociedad que avanza e innova.
La transformación educativa implica a todo agente educativo, y exige
primordialmente gestión sobre lo que ocurre dentro de las escuelas, el maestro en
formación está inmerso en esta transformación desde el punto en que trabaja en las aulas, al
innovar con estrategias de enseñanza que potencialicen los procesos de aprendizaje de los
alumnos, atendiendo a las exigencias del currículo, cumpliendo con los aspectos
normativos y legales que exige la educación nacional y tratando de atender a las
necesidades del contexto. El docente en formación es el vínculo perfecto entre la teoría y la
práctica, herramienta que puede utilizar favorablemente para mejorar la educación.
El mayor compromiso que se asume como estudiante normalista sobre la propia
práctica y la acción reflexiva, se resume precisamente en la intención de mejorar los
procesos de enseñanza en el aula y entender a la práctica docente desde la aplicación de
estrategias que atiendan las necesidades y problemáticas del aula, en trabajo conjunto con
docentes, directivos, alumnos y padres de familia principalmente. Se tiene un fuerte
compromiso sobre la preparación inicial y la capacidad para poner en juego las
competencias y habilidades adquiridas durante los años de formación.
En lo particular, el trabajo que se ha desarrollado en el aula, hasta el momento es el
resultado de las experiencias anteriores vividas, el conocimiento adquirido en los cursos de
la escuela Normal, las vivencias compartidas por otros docentes, durante cada semestre la
práctica mejora, después de su análisis y reflexión, al día de hoy, se desea una práctica
innovadora, que potencialice al máximo el nivel de aprendizaje en el aula con los alumnos,
pero que además, por medio del mismo desarrolle en el auxiliar normalista la capacidad
profesional para estar frente a grupo cumpliendo con los rasgos del perfil de egreso que
describe el plan de estudios 2012, mediante una formación basada en competencias y que
atienda al sistema educativo actual.