MATERNAJE
Oiberman, Alicia
Universidad de Buenos Aires (UBA)
CIIPME-CONICET
Paolini, Cynthia I.
CIIPME-CONICET
Universidad de Palermo (UP)
Proceso de la maternidad y maternaje: fundamentación teórica
Madre proviene del latin Mater y, según el diccionario de la Real Academia Española,
significa hembra que ha parido, hembra respecto de su hijo o hijos. Sin embargo, en el
ser humano, el fenómeno de la maternidad excede el hecho biológico y tiene un
significado, no solamente a nivel social y cultural sino, de manera importante en el nivel
psicológico. La maternidad y paternidad son crisis vitales y evolutivas, que conllevan
un cambio psíquico en la mujer y en el hombre que van a ser padres. La forma en que
madres y padres atravesarán esta crisis depende de una multiplicidad de factores.
Históricamente se ha producido un pasaje desde el concepto de maternidad impuesta a
la maternidad elegida. La contracepción, surgida a partir de los años '70, le ha dado a la
mujer la posibilidad de poder postergar su maternidad, así como también decidir no
quedar embarazada. Sin embargo, en nuestras sociedades actuales, el tener un bebé
revela a la vez una elección y una imposición social y biológica. Numerosas presiones
implícitas determinan a la mayoría de las parejas a reproducirse con el sentimiento de
haber procedido a una libre elección. Esta presión normativa tendría por principal
efector a la generación precedente, sin embargo no parecería estar ligada a cuestiones
religiosas, pero no obstante podría ser otra fuente independiente de incitación o de
exigencia a procrear.
Diversos autores han descrito la existencia de procesos psicológicos presentes en la
madre que afectan los cuidados que brinda a su hijo recién nacido.
Therese Benedek (1983) plantea que la maternidad no es secundaria, ni un sustituto del
pene que falta, ni es impuesta por el hombre a la mujer al servicio de la especie, sino
que es la manifestación del instinto de supervivencia del niño, este instinto, que todo lo
impregna, es el organizador primario de la pulsión sexual de la mujer, y por ello
también de su personalidad.
Los atributos específicos de la femineidad se originan, entonces, en esa cualidad
inherente a la psique de la mujer que es manifestación y resultado de la organización
central de las tendencias receptivas y retentivas del impulso reproductor, el cual se
convierte en la fuente de la "cualidad maternal" (motherliness).
Afirma Benedeck,
Ya sea que la mujer goce plenamente su embarazo o sea ambivalente hacia su
maternidad, la tarea integrativa del embarazo y la maternidad- en lo biológico, en lo
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psicológico y en la vida real- es mucho mayor que cualquiera que haya emprendido
jamás una mujer. (Anthony y Benedek, 1983, p.148)
Erikson es quien conceptualiza la Parentalidad, equivalente a la maternidad -como un
estadio del ciclo vital. Erikson (1959) afirma. "Es en el segundo trimestre, cuando el
feto da sus primeras señales de vida, es para muchas mujeres una etapa de satisfacción y
deleite" (Erikson, 1959, p.222). Erikson la llama "la relevancia del interior productivo,
un sentimiento de potencia vital interior" (Erikson, 1959, p.222). Confirma este autor
"que en la experiencia femenina hay un espacio interno en el centro de la desesperación
y a la vez en el centro mismo del cumplimiento potencial (Erikson, 1959, p.222).
La mayoría de los autores, utilizan la palabra parentalidad para referirse a este concepto
de maternidad y maternaje. El termino Parentalidad es una palabra utilizada desde hace
algunos años por los profesionales de la temprana infancia. Surge a partir de que Paul
Claude Racamier (especialista en psicosis puerperales) reagrupo los términos
"maternalidad" y "parentalidad" bajo esta apelación. Para Lebovici una definición de la
parentalidad es: "como el producto de la paternidad y el fruto de la parentalizacion de
los padres" (Solis-Ponton, 2004). Sin embargo, este término no expresa en su totalidad
la singularidad del aspecto femenino del concepto de maternaje. Recuperar este
concepto permite profundizar en los sentimientos que surgen en la mujer durante el
proceso de embarazo, parto y puerperio.
Sabemos que algunas mujeres vivencian el feto de manera ambivalente fluctuando entre
la bienaventuranza y el resentimiento contra el intruso.
Como ejemplo, Lewis (1950) describe este sentimiento con la siguiente expresión:
Oh Dios, la furia negra que cae sobre mi a veces, en especial por las noches, ¡la
desfachatez, la impudicia de esta criatura que plácidamente toma el alimento de mi
cuerpo sin haber sido siquiera invitada " (Lewis, 1950, p.222).
La maternalidad representa un paso importante en el desarrollo humano, más allá del
nivel de maduración genital. Implica una pugna entre identificación y diferenciación en
relación con los padres o con la imagen de los padres inserta en el ideal del yo, pero
ambos conceptos implican que por debajo de las apariencias se ocultan conflictos más
profundos.
La cualidad maternal es una función del aparato psíquico humano que, por evolución, se
ha desarrollado hasta volverse capaz de modificar patrones pulsionales, sobre todo por
medio de la integración de huellas mnémicas en organizaciones de la personalidad y
funciones yoicas. Esto da razón de las diferencias en cualidad maternal entre mujeres
que pertenecen a la misma civilización o grupo social, o aun dentro de la misma familia
(Anthony y Benedek, 1983). Otros autores como Jessner, Weigert y Foy (1970),
plantean que no hay camino de retorno cuando se está por ser madre.
Hay también un sentimiento siniestro, un vago reconocimiento de que la satisfacción
perfecta de este anhelo podría significar la muerte del individuo. Freud ha interpretado
esta nostalgia como el anhelo familiar, aunque siniestro de retornar al vientre materno,
de reunirse con la Madre Tierra.
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Es decir según los autores mencionados, decidirse a ser progenitor, desencadena, sobre
todo en la mujer una nostalgia, por revivir en la unión con el futuro hijo, una inversión
de la simbiosis original que, como hijo o hija tenía con su madre. La alegría ante la
perspectiva de la maternidad encubre angustias inconscientes.
Por su parte para Helene Deutsch (1977), la maternidad es una cualidad inherente al
carácter femenino, aún en la mujer que nunca ha dado a luz un hijo.
La maternidad provee una oportunidad para desarrollar esta cualidad femenina, incluso
en mujeres que previamente habían escapado hacia una fingida masculinidad por el
temor de ser más vulnerables como mujeres.
Laplanche y Pontalis (1971) en el Diccionario de psicoanálisis plantea que la
maternalización es una técnica de psicoterapia de la psicosis, especialmente de la
esquizofrenia, que tiende a establecer, entre el terapeuta y el paciente, de un modo tanto
simbólico como real, una relación análoga a la que existía entre una buena madre y su
hijo.
Para Freud, en relación al concepto de amor maternal, escribe que la madre adquiere
una importancia única, inalterable y permanente, y deviene, para los dos sexos, el objeto
del primero y más importante de todos los amores, prototipo de todas las relaciones
amorosas ulteriores (Freud, 1967). Él consideraba el amor de una madre como el único
sentimiento en el mundo que no es ambivalente.
Sin embargo contra el optimismo freudiano, Winnicott (1947) demuestra la
ambivalencia del sentimiento maternal, principalmente en los primeros meses de la vida
del niño, la madre siente que su bebé la requiere a cada instante, la distrae de su vida
sexual, no la tiene en cuenta como una persona diferente sino como una extensión de él
mismo. La corriente agresiva que todo esto genera en la madre, es natural, pero aún
cuando estos sentimientos aparezcan como los más evidentes, no son en general, los
más fuertes.
Racamier afirma:
En fin, este resentimiento de fondo, puede resonar más fuerte cuando la madre es, para
su bebé, la persona que siente, no sin razón, el gran poder de vida o muerte sobre el
otro. (Racamier, 1984, p.45).
Winnicott (1947) propone la hipótesis de que la madre odia al bebé antes de que él
pueda odiarla, y antes de que él pueda saber de que su madre pueda odiarlo. Por otra
parte, también Winnicott (1956) conceptualiza la capacidad empática de la madre para
entender y responder oportunamente a las necesidades del bebé como " Preocupación
Materna Primaria". >Esta condición psicológica de la madre, caracterizada por un
estado de sensibilidad extrema, le permite identificarse plenamente con las necesidades
del bebé y así poder satisfacerlas. Para ello, la mujer debe estar sana, lo que supone no
sólo su estado psíquico sino también incluye el ambiente social y familiar. Este estado
psicológico materno se complementa con la situación de dependencia absoluta del bebé,
siendo los cuidados pacientes y continuos de la madre los que permiten que el
desarrollo se inicie sin que se comprometa la unidad ¨cuerpo-mente¨ del bebé.
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En consecuencia, la función del cuidado materno en estas épocas tempranas será
especialmente el sostenimiento. La falla ambiental, entendiendo como ambiente a la
madre y a los intercambios que provee, provocará la conformación de una experiencia
de vulnerabilidad máxima, afectando así el desarrollo biopsicológico del recién nacido.
Bion (1962) hace referencia a la "Reverie Materna" como la capacidad de la madre para
aceptar, alojar y transformar las angustias y los estados altamente desestructurantes del
bebé, recibiendo sin pánico lo que él transmite en una atmósfera de urgencia y
catástrofe, actuando como modulador del dolor en su respuesta transformadora. Pero si
la madre fracasa en esta tarea, el lactante, desde su vulnerabilidad deberá ser quien haga
frente a esos estados.
Racamier plantea que la maternalización es el conjunto de procesos psicoafectivos que
se desarrollan e integran en la mujer en ocasión de su maternidad, y que, por lo tanto es
un fenómeno psicobiológico. Es necesario tomar en cuenta las siguientes nociones:
- El amor maternal es ambivalente. En efecto, el amor maternal no es, de ninguna
manera puro e ideal, un sentimiento simple y sin conflicto como siempre aparece
representado en el imaginario colectivo. Por el contrario, es un sentimiento ambivalente,
complejo y ambiguo, donde se mezclan estrechamente el amor y la agresividad, el
investimento y el reconocimiento del otro y la confusión con él (Racamier, 1984).
- La maternidad es una fase del desarrollo psicoafectivo de la mujer: los procesos que se
desarrollan en esta etapa, encuentran su sentido en las relaciones conscientes e
inconscientes de la madre con su niño. A su vez, estas relaciones se basan en las que
ella tuvo con sus propios padres. La realidad corporal del bebé hace emerger la historia
de la misma como hija.
Parece evidente que el proceso de maternalización se desarrolla al producirse la primera
maternidad. Pero a veces no sucede de ese modo, pues no porque haya una maternidad
habrá necesariamente un proceso de maternalización, este último puede quedar diferido
o escamoteado por los mecanismos de defensa de la mujer.
La maternidad, como fenómeno psicobiológico, y como crisis evolutiva, reactiva
conflictos del pasado y potencia las problemáticas presentes, sobre todo las relacionadas
con los vínculos con los otros.
Así como el niño se desarrolla de etapa en etapa, su madre también debe pasar por una
serie de fases del desarrollo. Cada una de estas etapas, confronta a la madre con nuevos
desafíos que debe superar, valiéndose de sus propios recursos internos y externos.
La Maternidad representa, entonces una crisis evolutiva que afecta a todo el grupo
familiar. La madre atraviesa esa crisis en función de:
Su historia personal, la estructura de su personalidad, su situación presente, conyugal,
familiar y social, las características del temperamento del bebe y la ubicación de ese
niño en el encadenamiento histórico de su familia.
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En el sentido Eriksoniano, el maternaje representa en la madre una crisis de identidad y
de la personalidad en el sentido amplio. Comparándola con la adolescencia se
encuentran varios puntos comunes con ella:
- Una transformación corporal y hormonal.
- Un cambio de status social.
- Importantes fluctuaciones pulsionales.
- Reactivación de conflictos infantiles, en particular aquellos que se relacionan con las
primeras etapas.
- La disolución y reconstrucción de identificaciones precoces, en particular, la
identificación con la propia madre.
- Una transformación de la imagen corporal en dos tiempos: primero al producisrse el
embarazo, y luego, después del nacimiento del bebé.
- Una transformación del sentimiento de identidad personal.
- Los sistemas defensivos que anteriormente estaban organizados, están a veces
fragmentados o violentamente reforzados.
Al igual que en la adolescencia, el estado de crisis confiere a las situaciones reales una
pregnancia reforzada: tanto el Yo es más sensible a las realidades externas como es más
flotante en su intimidad. Determinados sucesos que, en otro momento pasarían sin
otorgarles mayor relevancia, en esta situación cobran un sentido inusitado.
Las etapas de la evolución del bebé se reflejan en la realidad psíquica de la madre.
La lactancia le va a permitir a la mujer seguir unida al bebe en cierta forma. Pero, el
destete posterior, va a significarle una ruptura, al igual que el inicio de la locomoción,
puesto que el niño ya puede desplazarse por sus propios medios del cuerpo materno.
Se observa que los logros evolutivos del bebe que lo llevan a una mayor independencia,
tienen su correlato en la psiquis materna.
En cuanto al vínculo, Spitz (1965) postula que son las experiencias afectivas que se
hallan en el primer año de vida las que actúan como un tractor roturador en los
desarrollos posteriores, el establecimiento del precursor del objeto libidinal inicia el
proceso de relacionabilidad con las cosas.
De ello se desprende la importancia del establecimiento temprano de un vínculo
afectivo saludable entre una madre y su hijo, puesto que impactará positivamente en el
desarrollo del niño. Monique Bydlowski fue una de las primeras psicoanalistas que
realizo aportes teóricos de la mujer embarazada. Ella trabajó directamente en la
maternidad con una presencia sistemática. Trabajó junto a obstetras y contribuyó a la
comprensión de los orígenes de la vida de todo ser humano, aportando dos conceptos
originales: la transparencia psíquica del embarazo y la deuda de vida para comprender
la maternidad y su desarrollo psicoafectivo. Escribe:
...el don de la vida, a la vez promesa de inmortalidad y de muerte, induce que una deuda
circula de madre a hija… esta deuda de existencia, deuda simbólica que el niño viene a
encarnar remite al hecho confirmado por la observación clínica en la crianza
especialmente del primer hijo, una mujer cumple su deber de gratitud con su propia
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madre. A menudo observamos que las mujeres dan por un tiempo a su primer hijo para
ser criado por su madre. (Bydlowski, 2010, p. 163).
La deuda de vida: la aptitud para transformarse en madre, según Bydlowski implica el
reconocimiento de gratitud hacia quien inicialmente le otorgó la vida a esa mujer. La
deuda de vida o deber de gratitud es un tema de la literatura poética o folklórica que se
encuentra en forma metafórica de la sombra o del doble narcisismo.
Dice la autora que en el poema de von Hofmannsthal, Die Frau ohne Schatten (La mujer
sin sombra), la cuestión de la sombra está directamente ligada a la fecundidad y a la
filiación femenina. La heroína no posee sombra y no puede engendrar. Ella comprende
que poseer una sombra significa poder transmitir la vida porque es proyectando mas allá
de ella su propia sombra, que se puede entregar a la tierra su deuda de existencia. La
sombra es así una metáfora poética del niño deseado proyectado más allá del sí mismo,
promesa de pasaje de un cuerpo ya sin posibilidades de engendrar a un cuerpo fértil que
contiene el niño por nacer.
Esta deuda de vida, deuda simbólica que la sombra viene a representar y que el niño
viene a encarnar, es confirmada por la observación clínica, a través de relatos donde la
mujer expresa su deber de gratitud hacia su propia madre que la trajo al mundo.
A menudo las mujeres cerca del alumbramiento buscan tener al niño cerca de donde
residen sus propias madres.
Bydlowski considera desde el punto de vista psicológico, que inversamente abortar es a
menudo matar a la madre en el interior de ellas mismas. Y en nombre de un odio
maternal declarado, necesario para poder instalar el sentimiento de gratitud que hace
falta reconocer. De esa forma el aborto puede ser el precio de la sangre a tirar para
poder convertirse ella misma en mujer.
Otro concepto aportado por la misma autora que permite enriquecer y comprender el
sentido del maternaje es el concepto de transparencia psíquica.
Al igual que otros autores ya mencionados, plantea que el acceso a la maternidad
acarrea una crisis vital, que actualiza vivencias infantiles y se acompaña de conflictos
infantiles. Esta reminiscencia de afectos sin contenido representativo consciente están
en un primer plano y son fácilmente movilizables en el sujeto con buena salud psíquica.
Esta transparencia psíquica es un aspecto del funcionamiento mental durante el
embarazo. Consiste en el establecimiento de una relación transferencial entre el
terapeuta y la paciente, donde hay un acceso al preconciente, se observa asociaciones
libres mas ricas y espontaneas, especialmente alrededor de la infancia y de las
relaciones con imagos parentales con una cierta forma de inhibición. Este
funcionamiento permite mejor comprender el interés de las psicoterapias en ese periodo
pues consiste en una verdadera aceleración del proceso terapéutico. En efecto, durante
el embarazo se transforma la vida mental, su conflictualidad, su dinámica. Además está
comprobado que las modificaciones hormonales que aparecen con una temporalidad
específica modifican el comportamiento maternal especialmente la socialización y la
cognición. La mujer que está embarazada, como lo ha demostrado la literatura
científica, sufre una serie de regresiones y de evoluciones que la conducen a
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identificarse con su propia madre, madre todo poderosa de los primeros años de cuidado
y de identificaciones con el bebé que ella misma ha sido. Este mecanismo es calificado
como regresivo y la particularidad del fenómeno del embarazo consiste en que está
puesta en tensión la identidad, que incluye importantes modificaciones corporales en
poco tiempo, solo nueve meses. Eso también conlleva a una modificación de los
mecanismos de defensa y de los investimentos. Este fenómeno de identificaciones con
su propia madre, como al niño que ella misma a ha sido, puede ser fácilmente trabajado
durante el proceso de transferencia con un terapeuta.
Pues ella, en esos momentos está dispuesta a ser cuidada, a acudir a la ayuda de una
persona que la sostenga emocionalmente, y que la ayude en sus cuidados y comprenda
sus necesidades en tanto madre.
Dayan, Andro y Dugant (2014) afirman que el reaseguro narcisista asociado al estado de
embarazo favorece el levantamiento parcial de la represión y permite un abordaje más
fácil de la conflictualidad interna y de los puntos de fijación.
Sin embargo, no siempre el concepto de transparencia psíquica es operable fácilmente.
Existen casos de mujeres embarazadas donde podemos asistir a mecanismos que tienden
a alejar las representaciones desfavorables y aparecen en el lugar de la transparencia
psíquica, otros mecanismos: el clivaje, la denegación, el pensamiento operatorio y a
menudo las psicosis funcionales. Aclara que los motivos de tal anticipación pueden ser
diversos: puede ser lo social, lo físico o sin fundamento real, que la representación de
transformarse en madre sea intolerable para ella o demasiado conflictivo, o que la
estima de sí misma sea insuficiente para sostener el proceso de la maternidad.
También, que los mecanismos de defensa ordinarios sean insuficientes para hacerse
cargo de la perdida de control sobre su cuerpo o de las transformaciones del estatus
social. Entonces la transparencia psíquica es reemplazada por una "gran opacidad que
seduce y fascina todo lo alrededor". (Dayan et al., 2014, p. 45).
En resumen, la maternidad implica para la mujer atravesar una sucesión de diversos
procesos: la pubertad, la fecundación, el embarazo, el parto, la lactancia, la crianza, la
educación y la separación. Sabemos que la mujer que entra a esta aventura nunca esta
sola: desarrolla su experiencia individual dentro de una comunidad. Sin embargo
transformarse en madre es un viaje interior que realiza una mujer. Se va realizando
etapa por etapa y podemos decir con certeza que es un secreto infantil.
Las mujeres al ser madres inician el viaje de la maternidad. ¿Por qué utilizar la palabra
viaje? Porque una madre no nace, se hace:
"…es un largo camino, que reencuentra un tesoro dejado de lado en la infancia pero
construido durante la infancia. La madre es un secreto de infancia…es un asunto del
inconsciente" (Delassus, 1998, p.31).
Por ello, es necesario diferenciar la maternidad del maternaje, siendo este último el
proceso psicoafectivo que puede o no acontecer en la mujer cuando tiene a su bebé.
Y son los psicólogos perinatales quienes en el siglo XXI permitieron la inclusión de la
palabra en el embarazo, parto y puerperio.
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La psicología perinatal recupera un espacio perdido: el de la palabra en el momento del
nacimiento. La palabra inaugurada por el nombre de una mujer y de un niño. Por el
nombre que entrega en el compromiso solidario del encuentro intimo con un hombre
que da el apellido.
La psicología perinatal intenta devolver la identidad en el acto de parir, fortaleciendo un
espacio simbólico al acto de nacimiento, acto solemne y a todos los que rodean en la
actualidad tal acontecimiento, incluyendo el saber médico, e introduciendo la palabra ya
no mágica de antaño, sino la que es capaz de elaborar la psicología actual para dar
respuesta a una necesidad ancestral: la de toda mujer de sentirse escuchada, respetada
acompañada y sostenida ante la llegada de un bebe en el inicio de la vida de su hijo.
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