No existencia y existencia son uno y lo mismo en su origen, sólo se separan
cuando se vuelven manifiestos1.
1 Lao Tse, Tao Te King (Traducción de Juan Fernández Oviedo), Editorial Andrómeda, Madrid, 1989,
pág. 29.
Es muy probable que cuando termine de leer este libro tenga las mismas
sensaciones que nosotros al escribirlo. Una de ellas es la de sentirnos
integrados al universo. Este pequeño, pero trascendental descubrimiento se
irá fortaleciendo a través de estas páginas y nos daremos cuenta de que "no
hay efecto sin causa" y que todo está tejido en la red de la "sincronicidad", tal
como veremos en el Capítulo 9 de este libro.
Entramos en un plano donde tomamos conciencia de las manifestaciones de la
materia en el campo de lo manifiesto y a su vez, de que no todo es sustancia
pues las sensaciones, pensamientos y emociones se generan desde lo in-
manifiesto. De hecho, interactuamos con ellos cotidianamente, muchas veces
sin darnos cuenta de que el deseo y la voluntad hacen que se transformen en
acciones concretas, pasando de un plano a otro y posibilitando concreciones
en nuestra vida. De ahí que tendamos a visualizar el universo como en dos
manifestaciones separadas, si bien en realidad son complementarias en tanto
constituyen vertientes de una sola expresión: la distribución de la información
de cada una de las variables de las partes, concurrirá a los diferentes cuerpos,
según la luz que éstos requieran. Podemos decir entonces, que asistimos,
como en una melodía, a una sola canción, con diferentes tonos musicales a los
que llamaremos vibraciones. Éstas podrán ser alteradas, aumentadas,
disminuidas o transmutadas, pero no negadas como integrantes de una
sustancia única, a la cual Werner Heisemberg, Premio Nobel de Física, se ha
referido en los siguientes términos:
Tal como los antiguos griegos habían esperado, hemos descubierto que en
realidad hay una sola sustancia fundamental desde la cual está constituido
todo lo real. Si hemos de dar un nombre a esa sustancia fundamental, hoy sólo
podríamos llamarla energía. Pero esta sustancia fundamental, la energía, puede
existir en diferentes formas.
Por lo tanto, los componentes de esta sustancia que nosotros "veremos", serán
luz e información. En otras palabras, presenciaremos la manifestación
energética del cosmos, de la misma manera que al inflar un globo vemos la
forma que éste tiene, 4
aun cuando una parte de nosotros quiera creer que el aire contenido dentro
del globo tiene esa forma. Esto subsistirá en nosotros por algún tiempo, pues
nos llega como información humana basada en creencias.
En un primer momento, la humanidad asistió al mundo de lo sobrenatural y
al mundo de la fe, como algo imposible de explicar pero que parecía ser así. En
los primeros tiempos, el Sol, la Luna, los astros celestes y las distintas
manifestaciones de la naturaleza, conmovieron a ese ser humano y éste le dio
la categoría de dioses. Más adelante, esos dioses tendrían ingerencia en su
destino o suerte, en sus cosechas, en su vida diaria. Luego, necesitó de la
figura patriarcal para poder ordenar su cosmovisión y Dios creó la figura del
Padre; un Padre de gran autoridad, severo, justo, implacable; frente a él, sus
adoradores, que no eran más que la figura del hijo obediente y temeroso,
quien con sus buenas acciones busca ser recompensado y reconocido como
hijo de la casa. El tercer elemento que aparece es el Spiritus, como nexo entre
ambos extremos. Con él, surge el mensaje Crístico del amor.
Esta concepción, en su esencia, no es errónea. Pero sí en la forma en que el
hombre hizo uso y muchas veces abuso, como mensajero de la palabra de
Dios. Estamos hablando del mundo de lo sobrenatural, del mundo de la Fe,
donde para asistir a él se necesita de un acto de creencia.
El otro mundo quedó integrado por aquéllos que no aceptaban esas reglas y
decidieron someter esas mismas leyes a un juicio de comprobación. Al igual
que sus antecesores, dictaron preceptos inflexibles y redujeron el universo a lo
que las ciencias podrían demostrar como materialidad. "Sólo existía aquello
que se podía pesar, tocar y medir". Respecto de todo lo demás, directamente
negaron su existencia.
Así nace el racionalismo científico, el cual -y éste es su aspecto positivo- hace
avanzar a la humanidad en el descubrimiento de mucha tecnología y posibilita
el nacimiento de la era industrial.
Sin embargo, el horizonte será tan estrecho que terminará asfixiando a sus
seguidores, porque un enorme universo, naciente y cambiante no podrá pasar
por su tamiz, tornándose entonces inexplicable.
Serán los mismos investigadores de laboratorio los encargados de levantar este
muro que separa ambos mundos. Pero rápidamente lo demolerán al
comprobar que es factible crear partículas orgánicas a partir de otras
inorgánicas, al desarrollar una tecnología de luz por medio de la fibra óptica,
los facsímiles, la telefonía celular, las computadoras, los televisores digitales y
todos los elementos cotidianos de los cuales disponemos en nuestro hogar
hoy.
A esta humanidad le corresponde tomar lo mejor de cada una de ellas y
agregar la propia impronta, que será la vivencia de todas las manifestaciones
que se dan en nuestra vida. No se trata de buscar respuestas en un Dios en
los lejanos cielos, lo cual sólo traerá más abandono y falta de comunicación
con él; ni de intentar calcular o medir distancias inconmensurables, que
también angustian nuestra efímera existencia. Por el contrario, se trata de
mirar hacia adentro y dejar que se expanda nuestra conciencia. El hecho de
pretender lograr respuestas externas a cuestiones que hacen a nuestro
interior, sólo se traduce en sufrimiento. De esta manera, sólo seremos
vagabundos buscando luz durante toda una noche, sin saber que ésta sólo
estaba en nuestra casa. 5
En síntesis, a través de este libro lograremos tener una apertura de
conciencia. "Aquél que mire fijo, verá un solo lugar. Aquél que mire en todas
direcciones tendrá una visión global del paisaje en donde habita". En cambio,
quien tenga un martillo en su mano creerá que todo problema es un clavo al
que hay que pegarle, cuando en realidad, sería mucho mejor disponer de una
caja de herramientas. Nuestra conciencia procede de esta misma manera.
Estos elementos en los cuales trabajaremos a lo largo de los capítulos siguientes, ayudarán a que
trascendamos los límites de nuestras creencias parciales, las cuales influyen en la comprensión
de las situaciones por las que atravesamos. Procuraremos ampliarlas para crear una cosmovisión
propia, en sintonía con el universo, respetuosa y abarcadora de todas las visiones parciales,
interactuando con ellas y permitiendo que éstas crezcan y se conecten. Así estaremos dando
comienzo a una visión global, necesaria para elevar nuestro estado vibracional y acompañar
toda la evolución de este momento en el universo.