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El Mar

Un grupo de seres marinos liderados por sirenas deciden abandonar el mar e ir a la tierra firme, pero se encuentran con un ciego llamado Proteo que les advierte que no están preparados para el viaje y que deberían volver.

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Un grupo de seres marinos liderados por sirenas deciden abandonar el mar e ir a la tierra firme, pero se encuentran con un ciego llamado Proteo que les advierte que no están preparados para el viaje y que deberían volver.

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el mar

mi abuelo, que fue marino en vida, me contó cuando yo era niño, una
historia sobre los habitantes del mar. recuerdo que aquel era un día de lluvia.
lo recuerdo como si fuera ahora mismo. era una historia de esas que solían
contar los marinos cuando pasaban la tarde bebiendo en las tabernas. casi
siempre eran historias ficticias que, sin embargo, muchos de ellos creían como
ciertas. las habían oído de labios de otros marinos en los distintos puertos en
los que atracaban. cuando mi abuelo me contaba aquellas historias, me hacía
percibir una sensación que, aunque me esfuerce, seguro no lograré transmitir
cuando la cuente. quizá sea porque yo no soy marino. era como estar sentado a
la orilla del mismo mar. la historia que me contó aquel día, decía más o menos
así:

la calma de las profundidades, había sido testigo silenciosa durante


siglos de la intranquilidad que estaba emergiendo entre algunos de los
habitantes del mar. grupúsculos de seres inconformistas se habían estado
formado en las aguas menos profundas, aparentemente ocultos entre la
ignorancia de su dios, el único habitante de los oscuros fondos abisales. decían
estar cansados de la monotonía de aquel entorno y del esfuerzo que tenían que
hacer para sobrevivir y viajar de un lado a otro de las aguas.

fueron las sirenas, las que con el tiempo fueron haciéndose dueñas de la
desidia y las voluntades incontroladas de aquellos acabados personajes. estas
tenían un gran poder de persuasión y enseguida tomaron las riendas de varios
grupos descontrolados, organizándolos y adquiriendo el suficiente potencial
como para atreverse a romper los límites del lugar que creían era su prisión.
sólo habían necesitado inventar unos nuevos valores sin valor para atraer y
dominar a aquellos infelices seres.

llegó el momento en que decidieron marchar por fin, más allá del
líquido elemento salado. vagaron durante días y días a través de las aguas
hasta llegar, finalmente, al que parecía su límite.

una inmensa playa de arena muy fina y blanca, se extendía ahora justo
delante de ellos. ya creían haberlo conseguido... y sin embargo allí estaba él,
solitario entre todos los olvidados, detenido en aquel límite como una
diminuta mancha de tinta negra sobre un inmaculado papel. nadie que hubiera
sabido realmente quién era, se habría atrevido a hacerle un reproche o
comentario, a pesar de que en los últimos tiempos había sido
premeditadamente desprestigiado por aquellos falsos profetas, mitad pez,
mitad mujer.

se extrañaron, en un principio, de encontrar a alguien en ese lugar. pero


a esas alturas del éxodo, poco les importaba ya qué o quién hubiese en su
camino. en esa situación eran capaces de subestimar a cualquiera. su objetivo
estaba tras aquel ser, y estaban dispuestos a alcanzarlo a cualquier precio.
quizá fuera el último elemento que les separaba de la tierra prometida.

de cualquier forma, allí estaba. apartado, pero en su camino. no les


quedaba más remedio para continuar, que detenerse para hablar con aquella
figura. él, había adoptado esta vez la apariencia de un anciano vagabundo y
medio ciego. comportándose como tal, consiguió pasar desapercibido ante sus
inferiores. esto fue lo que sucedió entonces:

SIRENA
- ¿necesita usted ayuda, buen hombre?

CIEGO
- no, muchas gracias, gentil dama. soy errante vagabundo perdido en estos
parajes. ¿no sabréis por casualidad dónde nos encontramos ahora?

OTRA SIRENA
- estamos justamente en el límite entre la tierra y el mar, anciano. nosotros
somos habitantes del mar y vamos hacia tierra firme.

MULTITUD
- habitar el mar es demasiado incómodo, nos exige demasiados esfuerzos.
esperamos encontrar mejor vida en tierra.

CIEGO
- ¡ah! tierra firme. he oído hablar de ella. si vais allí, creo que todavía os
queda bastante camino por recorrer. y no es precisamente un camino fácil.

SIRENA
- ¡no hemos llegado hasta aquí para echar ahora marcha atrás!

MULTITUD
- ¡cierto es!
CIEGO
- a veces es mejor retroceder, que escoger el camino equivocado.

SIRENA
- ¡sólo este es el camino correcto a donde vamos!

MULTITUD
- ¡es cierto!

CIEGO
- ¿estáis seguros de que conocéis las riquezas de las profundidades del mar
antes de emprender camino a otro lado?. ¿habéis preparado bien el viaje,
tomando los enseres necesarios de vuestro mundo?. ¿acaso podéis imaginar
siquiera, lo que allí, en vuestra ansiada tierra, os espera?. es más,
¿pretendéis explorar, para conocer primero, este mismo lugar donde decís
nos encontramos?. no seré yo quien diga que este no es el camino correcto.
simplemente, os aconsejo que no vayáis. al menos no por ahora. no estáis
preparados para sobrevivir allí donde decís que vais, y mucho menos para
llegar. conoced primero a fondo el lugar de donde venís.

MULTITUD
- ¡qué sabrá este pobre desgraciado, si ni siquiera ve la luz del día!. ¡allá
mismo, al fondo, parece que se ve tierra firme!

CIEGO
- puede que yo no perciba con total claridad la luz de esta playa, pero
vosotros, con la facultad de la vista intacta, estáis más ciegos que yo. puede
que la ceguera parcial sea una virtud en este lugar. no hagáis caso de todo
lo que veis aquí con vuestros ojos. todavía no están acostumbrados a tanta
luz. allí, en las profundidades, la luz no hace tanto daño. aquí, sólo veis
algo que no sabéis lo que es. sólo lleváis dudas con vosotros. para alcanzar
lo que buscáis, primero deberéis pasar sobre estas arenas movedizas en las
que os encontráis, pero vuestra carga es demasiado pesada para superarlas.

MULTITUD
- entonces, ¿cómo es que tú has podido venir de tierra firme?. ¿acaso
pretendes decir que no tienes dudas?

CIEGO
- ¿quién ha dicho que yo venga de aquel lugar?. ni siquiera sé con certeza
que exista. sólo os digo que no llegareis muy lejos con lo que portáis.
deshaced el camino andado antes de que sea tarde.

SIRENAS
- ¡no escuchemos más a este viejo loco y sigamos adelante!

MULTITUD
- si. ¡adelante, vayamos a nuestro nuevo hogar!

CIEGO
- decidid vosotros mismos, pero quien avisa, no es traidor.

mi abuelo decía que algunos marinos contaban que entonces, el cielo se


cerró de repente y se formó una gran tormenta. terribles olas gigantescas se
levantaron desde el mar y golpearon con violencia a los fugitivos, que fueron
arrastrados de nuevo a las aguas de donde venían. sólo aquel ciego
permaneció inmutable en la playa como si nada hubiese sucedido. aquel ciego
–decían- era proteo, que no quiso permitir la insolencia de los habitantes del
mar.

sin embargo, también me dijo que otros marineros contaban una versión
menos apocalíptica del final de aquella historia:

los fugitivos, desoyendo los consejos de aquel ciego, siguieron su


camino tal y como he contado. pero, como bien les había advertido el ciego,
no llegaron a conocer siquiera una parte de aquella orilla del mar. perecieron
todos deshidratados incluso antes de poder ver algún rastro de aquello que
tanto anhelaban. aquella carga que portaban, les hizo avanzar demasiado
despacio por aquel interminable límite.

me consta que un respetado sabio dijo una vez algo parecido a esto: me
siento como un niño jugando en la playa ante el inmenso océano del saber.
puede que fuera esto lo que quiso enseñarme aquella tarde de lluvia mi abuelo,
pero bajo el punto de vista de aquellos que tienen como hogar la mar.

ipvshrrñuffhcuvdlruvud,
el prisionero 23337

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