PARTE 4
¿Cómo se convierte la predicación,
naturalmente, en un medio para
el milagro de la adoración?
La exultación expositíua y el uso de
todos nuestros poderes naturales
Exultación expositiva
Amar a las personas con una mente
clara y una lógica válida
La auténtica adoración y la predicación que Dios usa para sustentarla son
experiencias sobrenaturales. Adorar es ver, saborear y manifestar la belleza
suprema y el valor del Dios trino. Predicar es un acto de esa adoración. Sin
embargo, los seres humanos no pueden ver, saborear ni manifestar a este
Dios como su tesoro supremo sin la obra sobrenatural del Espíritu Santo.
Él es el único que revela su gloria (2 Co. 4:6), el que alumbra los ojos del
corazón (Ef. 1:18, LBLA), el que abre el entendimiento entenebrecido (Lc.
24:45) y concede vislumbrar la gloria de Cristo que el “hombre natural” no
puede percibir (Mt. 16:17).
Esto es lo que vimos en la Parte 2. En respuesta a la pregunta acerca
de cómo el acto humano de la predicación puede despertar la adoración,
siendo que la adoración es una obra de Dios, respondimos que el predica-
dor reconoce su incapacidad, ora para pedir el poder divino, confía en las
promesas divinas para la intervención sobrenatural, lleva a cabo el acto
humano de predicar y luego da gracias a Dios. Esto, como dijimos, es una
gran paradoja: que si bien los objetivos de la predicación y la experiencia
de la adoración son sobrenaturales, la predicación es el acto de un simple
mortal. La predicación no solo es la obra del Espíritu Santo sino también el
esfuerzo real de la voluntad y la razón humanas.
El uso óptimo de nuestros poderes naturales
El enfoque de la Parte 4, que abarca este capítulo y el siguiente, no es el
poder sobrenatural de Dios sino el uso de todos nuestros poderes naturales.
128 ¿Cómo se convierte la predicación, naturalmente, en un medio... .9
¿Cómo se intersectan lo sobrenatural y lo natural en el acto de la predi-
cación? Haré énfasis en el hecho de que Dios desea que los predicadores
usen al máximo sus poderes naturales en la predicación, si bien el objetivo
es despertar y sustentar la adoración que únicamente es posible en el poder
sobrenatural del Espíritu Santo.
Cuando hablo de poderes naturales, me refiero a todo aquello de lo que el
predicador y las personas son capaces, sencillamente en virtud de ser humanos,
de haber recibido una educación básica y de haber tenido experiencias de vida
normales.1 Por ejemplo, el predicador y la congregación tienen la habilidad
natural de oír y de hablar. Pueden identificar la existencia de palabras, frases
y oraciones (aun si desconocen los términos frase u oración). Pueden deducir
la intención de un orador o escritor a partir de lo que ha dicho o escrito. De lo
contrario, las personas comunes no se comunicarían. Pueden captar relacio-
nes entre las diferentes partes de lo que escuchan. Pueden observar conexiones
entre lo que aprenden y otras cosas que ya saben. Pueden recordar cosas que
han descubierto. Pueden dormir, alimentarse y hacer el ejercicio necesario (o
tomar café) con el fin de mantener alerta sus capacidades mentales y el vigor
físico. Y pueden buscar la ayuda de otras personas (en libros o en persona),
entre muchas otras. A esto me refiero con poderes naturales.
La gracia sobrenatural no sustituye los medios de la gracia
Dios revela de forma sobrenatural su gloria a los corazones de su pueblo
no obviando sus poderes naturales sino usándolos como vías para el descu-
brimiento sobrenatural. Cuando Jesús dijo: “nadie conoce al Hijo, sino el
Padre, ni al Padre conoce alguno, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar”
(Mt. 1 1:27), no se refirió a que las personas no pudieran usar su capacidad
natural para mirarlo y oírlo. El milagro de ver a Jesús como el Hijo de Dios
que suple todas las necesidades fue un milagro que ocurrió por intermedio
del acto natural de oír y de ver a Jesús. La visión sobrenatural ocurrió
mediante el uso de los poderes naturales. La gracia sobrenatural no susti-
tuye los medios de la gracia.
1. Soy consciente de que millones de personas en el mundo no tienen acceso a la educación-
Muchas no han sido alfabetizadas. Sería necesario hacer ajustes cuando se hace la exultación expO'
sitiva en esos contextos. Pero aun en ese medio es posible hacer la exposición de las Escrituras. Si"
embargo, en este capítulo estoy dando por hecho que existe un nivel básico de facultades mentales
y de alfabetismo. Un pastor debe procurar ser consciente de las personas con incapacidad mental
en su congregación y qué clase de ajustes podría hacer para ayudarles. Creo que no debemos apre'
surarnos en suponer que los niños pequeños y las personas con discapacidad intelectual no puedfin
beneficiarse de la exultación expositiva.
Exultacz'ón expositiva 129
Lo mismo sucede con la predicación. En Lucas 24:45, cuando Jesus “les
/
abrió el entendimiento para entender las Escrituras”, no se refería a que este
milagro sucediera aparte de su conocimiento natural de las Escrituras. El
entendimiento sobrenatural ocurrió por medio del uso de los poderes natu-
rales de leer y de oír. Como dijo Pablo en Efesios 3:4: “leyendo lo cual podéis
entender cua’l sea mi conocimiento en el misterio de Cristo” (Ef. 3:4). Esa fue
una percepción sobrenatural. Sucedió gracias a la iluminación divina de los
ojos del corazón (Ef. 1:18, LBLA). Pero vino por medio de la lectura natural.
El esfuerzo humano de la mente, de la voluntad y del cuerpo que inter-
viene enla predicación no es contrario a los propósitos de Dios para producir
efectos sobrenaturales. Por consiguiente, mi llamado en este capítulo es a
que los predicadores inviertan todo su esfuerzo en pensar,2 explicar, argu-
mentar e ilustrar con todos sus poderes naturales para expresar la intención
de los escritores bíblicos de manera clara y convincente. Esto lograremos
siendo conscientes de que solo la gracia sobrenatural de Dios producirá los
efectos deseados que son ver, saborear y manifestar la gloria de Dios.
El pensamiento humano y la iluminación divina no son alternativas
excluyentes
La buena predicación y la buena escucha involucran un buen razonamiento.
El apóstol Pablo deja claro que el esfuerzo del pensamiento humano y el don
de la iluminación divina no son alternativas que se excluyen. Son comple-
mentarias y deben ir juntas. Él explica a Timoteo: “Considera lo que digo,
y el Señor te dé entendimiento en todo” (2 Ti. 2:7). Nosotros hacemos el
esfuerzo de pensar. Dios nos da entendimiento. Ambos simultáneamente.
No es lo uno o lo otro.3
Algunos predicadores se desvían del camino a un lado o al otro de este
versículo. Algunos hacen hincapié en la primera parte: “Considera lo que
digo”. Resaltan el papel indispensable de la razón y del pensamiento y
entonces minimizan la obra sobrenatural de Dios que da la capacidad a la
mente de ver y de abrazar la gloria de la verdad. Otros subrayan la segunda
mitad del versículo: “el Señor te dé entendimiento en todo”. Resaltan la
2. He intentado demostrar la naturaleza y las bases bíblicas, así como la finalidad del pensa-
miento humano al servicio de Cristo en John Piper, Piense: La vida intelectual y el amor de Dios
(Carol Stream, IL: Tyndale Español, 2011).
3. El análisis del esfuerzo humano y el don divino se expone en mayor detalle en John Piper, La
lectura sobrenatural de la Biblia: Ver y saborear la gloria de Dios en las Escrituras (Grand Rapids,
MI: Editorial Portavoz, 2018). He usado algunas ideas que se encuentran allí (véase pp. 24035.).
130 ¿Cómo se convierte la predicación, naturalmente, en un medio... .9
inutilidad de la razón. Entonces su predicación tiende a caer en la manipu-
lación emocional o el misticismo.
El don divino fundamenta el esfuerzo humano
Sin embargo, Pablo no plantea ninguna dicotomía entre la meditación dili-
gente y la iluminación sobrenatural. Para Pablo no se trata de lo uno o lo
otro, sino de ambas simultáneamente. “Considera lo que digo, pues el Señor
te dará entendimiento en todo (LBLA)”. Observe allí la palabra “pues”,
Significa que el designio de Dios para el predicador, conforme se prepara
y predica, es que el don del entendimiento sea el fundamento de nuestro
esfuerzo que se logra pensando. Su don sobrenatural no sustituye nuestro
pensamiento natural, sino que lo alienta y lo sustenta. “Piensa en esto que
digo, porque el Señor te lo hará comprender todo (DHH)”. Esto es cierto
para el predicador cuando predica y para la congregación que busca enten-
der lo que él dice.
Pablo no dice: “Dios te da entendimiento, así que no desperdicies tu
tiempo pensando en las Escrituras”. Él no nos anima a sustituir la oración
y la fe por el pensamiento, sino ma’s bien a saturar nuestro pensamiento de
oración y de fe. Benjamin Warfield, el gran teólogo de principios del siglo
veinte dijo: “A veces oímos decir que diez minutos de rodillas nos darán
un conocimiento de Dios más profundo, verdadero y eficaz que diez horas
entre los libros. ‘¡Vaya! es la reacción que merece, ‘¿... más que diez horas
entre los libros, de rodillas?’”.4
Por otro lado, Pablo tampoco dice: “Piensa bien en lo que digo porque
todo depende de tus facultades racionales y Dios no ilumina la mente”. No.
Él establece de manera categórica el don de Dios de la iluminación como el
fundamento de nuestra meditación. Él señala el don de Dios de la luz como
la razón por la cual debemos esforzamos por librarnos de las tinieblas de
la falta de entendimiento. “Piensa en esto que digo, porque el Señor te lo
hará comprender todo (DHH)”.
Pensar para ser un pueblo maduro y pensante
Así pues, los predicadores deben cultivar en ellos mismos y en su congrega‘
ción el hábito de pensar con rigor acerca de la Escritura. La predicación de
un pastor debe caracterizarse por la lucidez de pensamiento, y con el tiempo
4. Benjamin Warfield, “The Religious Life of Theological Students”, en The Princeton Theo'
logy, ed. Mark Noll (Grand Rapids, MI: Baker, 1983), p. 263.
l!
Exultación expositiz/a 131
debe llevar a su congregación a cultivar el hábito de sopesar el significado
de la Escritura. Cuando Pablo, como pastor, instó a Timoteo a pensar acerca
de la enseñanza apostólica (2 Ti. 2:7), no quiso decir que las personas no
tuvieran que hacerlo, como si el trabajo del pastor consistiera en pensar por
todos los demás. Pablo dijo a toda la iglesia: “no seáis niños en el modo de
pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar”
(1 Co. 14:20).
Un pueblo con facultades de pensamiento maduro acerca de la verdad
bíblica constituye una de las metas del ministerio pastoral. Pablo dijo en
Efesios 4:12-14 que los pastores deberían proponerse
...capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edifica-
ción del cuerpo de Cristo; hasta que todos lleguemos a la unidad de
la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios, a la condición de un
hombre maduro, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para
que ya no seamos niños, sacudidos por las olas y llevados de aquí para
allá por todo viento de doctrina, por la astucia de los hombres, por las
artimañas engañosas del error (LBLA).
En otras palabras, una de las señales del pensamiento inmaduro es la ines-
tabilidad. Son las personas que son llevadas “de aquí para allá” por vientos
de doctrina. ¿Por qué? Porque no han sido formadas para madurar en su
modo de pensar. De modo que el predicador en su preparación y en su
predicación, y la congregación en su meditación y escucha, deben pensar
cuidadosamente. Sus mentes deben permanecer activas y vigilantes para
detectar errores en el razonamiento y para exultar frente a la presentación
clara, coherente, irrefutable y lógica de la verdad.
El pensamiento correcto realmente importa
Al hacer un llamamiento al pensamiento claro, riguroso y convincente
en la predicación, soy consciente de que voy contra la corriente cultural
que minimiza el pensamiento y el razonamiento en favor de espectáculos
visuales y auditivos, un ambiente musical y persuasión emotiva que logran
impresionar. Por todo el mundo, la “lógica en llamas”, que es la definición
de Martyn Lloyd-Jones de la predicación, ha sido reemplazada con llamas
o chispas carentes de lógica. Muchos predicadores consagran muy poco
esfuerzo a la difícil tarea de examinar a fondo el lenguaje de un pasaje de las
Escrituras para descubrir cómo opera realmente en aquello que comunica.
132 ¿Cómo se convierte la predicación, naturalmente, en un medio... .9
Asimismo, existe un descuido similar del esfuerzo mental para crear
un mensaje que muestre a las personas, con una lógica convincente y una
vehemencia genuina, lo que el texto quiere decir y cómo se aplica a sus
Vidas. Este menosprecio por el esfuerzo racional hace parte del aire cultural
que respiramos. Lo hemos respirado durante muchas décadas. Y no nos ha
hecho ningún bien.
Luz de una novela contemporánea
Daniel Taylor, antiguo profesor de inglés en Bethel Universtiy, escri-
bió una novela que saca a la luz la tragedia de esta atmósfera enrarecida
que hemos estado respirando y que elude la verdad. Death comes for the
Deconstructíonist es un encuentro entre Richard Pratt, profesor avant-garde
de inglés posmoderno, Daniel Abrahamson, intelectual judío de vieja guardia
y Verity Jackson, una académica afrodescendiente amante de las historias?
Para Pratt, el razonamiento y la verdad son anticuados, son jugadas de
poder de la clase dirigente que oprimen el alma. Las palabras son juguetes,
títeres en los juegos de lenguaje de la universidad liberada. Para Abrahamson
(con una viva memoria de las distorsiones nazis de la verdad) y Jackson
(quien sabe que la verdad es a veces el único aliado del pobre), las palabras
y la forma como se emplean son un asunto de vida o muerte.
John Mote, el fallido estudiante de posgrado convertido en detective y
“héroe” de la historia, tenía sus propias razones para deplorar la influencia
de Richard Pratt. Pratt lo había “liberado” del “valor santo y de la razón
santa”. Y junto con ellos había desaparecido “el mundo estable y conoci-
ble”. Y a falta de estabilidad, la mente de Mote estaba en caída hacia la
destrucción. “He llegado a los límites de la mente donde el pensamiento
desciende al azar, el azar al vacío y el vacío al olvido”.6 En otras palabras,
cuando el apóstol Pablo dice: “considera lo que digo”, hay más en juego de
lo que parece en un principio.
Amar a las personas significa usar una lógica clara y convincente
Un razonamiento correcto, una lógica clara, el uso va'lido de la razón y un
manejo respetuoso y sincero de las palabras son absolutamente fundamen-
tales para amar a las personas. Son una ventana indispensable a la verdad,
5. Daniel Taylor, Death Comes for the Deconstructíonist (Eugene, OR: Wipf 8C Stock, 2015)-
Mi reseña completa del libro puede encontrarse en http://www.desiringgod.org/articles/who-killed
—postmodemism.
6. Ibíd.
Exultacíón expositiva 133
una defensa contra los abusos totalitarios del poder, un amigo del pobre y
una roca estable en las arenas movedizas del azar, el vacío y el olvido. La
predicación que no se esfuerza mentalmente por examinar el pensamiento
de losescritores bíblicos y por comunicarlo a través de un mensaje claro que
es lógicamente coherente y de urgencia existencial, constituye una deshonra
para esos autores, devalúa la inspiración de la Escritura y no logra facultar a
los santos para que disciernan los engaños de la falsa doctrina. Es realmente
importante llevar a las personas a pensar correctamente.
La Biblia, que es la base para toda predicación, es un libro. Y los libros
¡deben ser leídos para ser entendidos. Y leer bien significa pensar bien.7 No
hay atajos. Leer con el objetivo de entender al máximo constituye un gran
esfuerzo mental. Por lo tanto, la tarea del predicador supone un arduo trabajo
de pensamiento semana tras semana, año tras año. Podemos hacerlo bien o
mal. Yo ruego a los predicadores que abracen esta tarea y que la hagan bien.
La vehemencia de Pablo por las declaraciones claras y abiertas de la verdad
Pablo estaba comprometido seriamente con un tipo de comunicación
transparente, claro, comprensible y libre de artificios, engaños y confusión.
Escuche la clase de comunicador que era Pablo:
Porque nuestra exhortación no procedió de error ni de impureZa, nz' fue
por engaño, sino que según fuimos aprobados por Dios para que se nos
confiase el evangelio, así hablamos; no como para agradar a los hombres,
sino a Dios, que prueba nuestros corazones. Porque nunca usamos de
palabras lz'sonjeras, como sabéis, nz" encubrimos avaricia; Dios es testigo;
ni buscamos gloria de los hombres; ni de vosotros, ni de otros, aunque
podíamos seros carga como apóstoles de Cristo (1 Ts. 2:3-6).
Pues no somos como muchos, que medran falsificando la palabra de
Dios, sino que con sinceridad, como de parte de Dios, y delante de Dios,
hablamos en Cristo (2 Co. 2:17).
Antes bien renuncíamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astu-
cia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por la manifestación de la
verdad recomendándonos a toda conciencia humana delante de Dios
(2 C0. 4:2).
7. Escribí un capítulo acerca de esto titulado “La lectura como pensamiento”, en Piper, Piense,
pp. 21-40.
134 ¿Cómo se convierte la predicación, naturalmente, en un medio... .9
Es un compromiso vehemente con la verdad, la claridad y la transparencia,
y por comunicarse de manera comprensible. Él se compromete absoluta.
mente a ser libre de pretextos, lisonjas y avaricia, de agradar a los hombres,
de astucia y adulteración. Y todo esto bajo juramento, delante de Dios,y
delante de todos los hombres. El discurso cristiano no es un lenguaje en
código secreto. Es abierto, público, comprensible, comunicable. El predica-
dor cristiano no tiene nada qué ocultar. El diablo se ocupa de la función de
ocultar. El predicador revela. El diablo oscurece. El predicador esclarece. El
diablo embota la mente y el corazón. El predicador resplandece y arde. De
nada se avergüenza en su mensaje. Y esto tiene todo que ver con lógica y
un razonamiento correcto.
La lógica es universal, no parroquial
El predicador somete su pensamiento abiertamente al examen de la lógica.
Predica con la convicción de que sus frases deben ser coherentes. No pue-
den ser contradictorias. Él se humilla bajo las exigencias de la coherencia
lógica porque cree que la lógica no es parroquial sino universal. Tiene su
origen en el modo de ser de Dios y en la forma como Él hizo el mundo. No
es invención de la filosofía occidental. No es una particularidad cultural de
las sociedades que piensan de forma linear. La Biblia misma, y Jesús espe-
cialmente, demuestran que la llamada lógica aristote’lica no es exclusiva del
pensamiento griego ni occidental.
El uso selectivo de la lógica por parte de los fariseos
Considere por ejemplo Mateo 16:1-4. Este pasaje es una de las razones por
las cuales no me impresionaban aquellas distinciones.
Vinieron los fariseos y los saduceos para tentarle, y le pidieron que
les mostrase señal del Cielo. Mas e'l respondiendo, les dijo: Cuando
anochece, decís: Buen tiempo; porque el cielo tiene arreboles. Y por la
mañana: Hoy habrá tempestad; porque tiene arreboles el Cielo nublado.
¡I-Iipo’critas! que sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡mas las señales de
los tiempos no podéis! La generación mala y adúltera demanda señal;
pero señal no le sera’ dada, sino la señal del profeta Jonás. Y dejándolos,
se fue.
¿Qué dice Jesús a estos fariseos y saduceos? En el versículo 2, El dilo"
_ . . 3,
“Cuando anochece, dec13: Buen tiempo; porque el Cielo tiene arrebolCS '
Exultacíón expositiva 135
¿Qué quiere decir? Quiere decir que estos fariseos y saduceos hebreos (no
occidentales) están pensando en silogismos denominados aristote’licos.
Premisa 1: El cielo con arreboles en la noche predice buen tiempo.
Premisa 2: Esta noche el cielo tiene arreboles.
Conclusión: Por lo tanto, habrá buen tiempo.
Esta es lógica sustancial, denominada aristote’lica. Jesús respondió a este uso
de una observación exacta y de un buen razonamiento diciendo: “sabéis dis-
tinguir el aspecto del cielo” (v. 3b). En otras palabras, que ellos saben cómo
usar sus ojos y sus mentes para sacar conclusiones correctas cuando se trata
del mundo natural. Él aprueba el uso que hacen de la observación empírica
y de la reflexión racional. De hecho, es precisamente esta aprobación lo que
hace válida y poderosa la desaprobación subsiguiente.
Él dice en el versículo 3C: “¡mas las señales de los tiempos no podéis!”.
Y cuando Él dice: “no podéis”, no quiere decir que carezcan de la capa-
cidad sensorial y racional para hacer lo que corresponde. Él simplemente
les demostró que, en efecto, las tienen, y que pueden percibir como corres-
ponde. Son muy ha'biles para hacer observaciones exactas y reflexiones
lógicas cuando se trata de entenderse con este mundo. Saben salvar su pro-
pio pellejo.
De ese modo, Jesús usó un punto común de lógica coherente para sacar
a la luz la hipocresía de los fariseos y los saduceos. No obstante, Él condena
el uso selectivo de esta lógica que se sirve bien de ella con fines de seguridad
marítima, en tanto que la ignora por completo para discernir la verdad
espiritual.
El buen uso de “por lo tanto”
Por lo anterior, yo no acepto la idea que declara la lógica válida como algo
parroquial, occidental o culturalmente relativo. Jesús la dio por hecho y la
elogió. Y lo hace a lo largo de los Evangelios. La lógica válida, aquella que
Jesús elogió y esperaba, sirve perfectamente para comprender el significado
de la Escritura, para esclarecerla y hacerla convincente en la predicación.
Cuando hablo de “lógica válida”, o podría usarse la frase “razonamiento
lógico”, me refiero por ejemplo a la forma de pensar que nos capacita para
ver cómo funciona la expresión por lo tanto en el argumento bíblico, o en
cualquier otro. El razonamiento lógico nos guarda de usarla de manera equi-
vocada. Por ejemplo, cuando la lógica o el razonamiento lógico funciona
136 ¿Cómo se convierte la predicación, naturalmente, en un medio... .9
bien, usted no hace comentarios como: odos los perros tienen cuatro
“T
patas. Este caballo tiene cuatro patas. Por lo tanto, este caballo es un perro”.
Si usted oyera esto, diría: “No, esa conclusión no es verdadera”. Y la razón
por la cual no es cierta es porque la conclusión no sigue de manera lógica
las premisas que la preceden. “Todos los perros tienen cuatro patas” no sig-
nifica que solamente los perros tienen cuatro patas. Por lo tanto, un caballo
puede tener cuatro patas y no ser un perro. Las premisas no llevan a concluir
que un caballo es un perro. En la Biblia, las cosas eternas pueden depender
de entender bien un por lo tanto.
¡Qué maravillosa revolución se produciría en gran parte de la predica-
ción si los predicadores estuvieran tan comprometidos como Jesús y como
Pablo para jamás usar silogismos inválidos ni premisas falsas! Sería maravi-
lloso que los predicadores estuvieran tan comprometidos a prepararse con
seriedad, a usar premisas verdaderas y una lógica válida, que nunca dijeran,
por ejemplo, cosas como: “La Biblia dice que somos justificados por la fe
sin las obras. Por lo tanto, sabemos que la obediencia a los mandamientos
de Cristo no son necesarios para la salvación final”. ¿Cuál es el problema
con esa afirmación? Al margen de que la conclusión (que viene después del
“por lo tanto”) sea verdadera, definitivamente no es válida. El por lo tanto
es inválido. Está mal utilizado. La conclusión no parte de la premisa de
manera lógica.
La razón es que en la premisa, el término “justificados” no es idéntico a
la expresión “salvación final” que aparece en la conclusión. De modo que
no se puede inferir de manera Válida a partir de una justificación “sin las
obras” que la salvación final no requiere “obediencia a los mandamientos
de Cristo”. Eso es un pensamiento descuidado y un razonamiento defec-
tuoso. Y es perjudicial para el pueblo de Dios. Revela falta de amor. La
predicación debería evitar semejante uso descuidado del don glorioso de la
mente humana.
La gente común quiere ser tratada como capaz de razonar
Tal vez piense que estoy exagerando la reivindicación de la coherencia
lógica en los sermones, porque la mayoría de las personas comunes nada
saben de todo este discurso acerca de la lógica y tampoco les interesa saber.
Eso es cierto. No les interesa. Pero eso carece de relevancia por dos razones.
Una es que el predicador debe rendirle cuentas ante todo a Jesús, no a las
personas. “Como de parte de Dios, y delante de Dios, hablamos en CristO”
(2 Co. 2:17). Y hemos visto que Jesús no aprueba que se use correctamente
Exultación exposz'tz'va 137
la lógica cuando se trata únicamente de las condiciones climáticas, mientras
que se pasa por alto cuando se trata de asuntos de importancia infinita.
La otra razón por la cual es irrelevante que la mayoría de las personas
desconozca el lenguaje de la lógica (y no quieran conocerlo, y yo agregaría
que no necesitan conocerlo), es porque sin importar que lo conozcan o no,
están programadas por Dios en su humanidad para pensar de manera lógica
bajo condiciones óptimas. Y con el tiempo, llegan a apreciar (aun sin saber
por qué) la fuerza, la solidez, la confiabilidad y el poder de los sermones que
son lógicamente coherentes y convincentes.
Asimismo, sienten incomodidad cuando algo está mal en algún patrón
de predicación en el cual los puntos no parten lógicamente de premisas
verdaderas. Las personas no necesitan conocer el lenguaje de las premisas,
la lógica, la validez, la coherencia y la no contradicción. Saben de manera
intuitiva que algo no puede ser y no ser al mismo tiempo en el mismo sen-
tido. Y saben que un caballo no es un perro. Pueden detectar silogismos
inválidos aun cuando no pueden catalogarlos como tales.
El amor intuitivo de la lógica
No hace falta tomar un curso de lógica ni saber que la lógica existe para
apreciar los beneficios de la lógica y Vivir conforme a ella diariamente.
Supongamos que la policía dice (premisa #1): “Un joven de cabello castaño,
vestido con una chaqueta roja, robó ayer a una mujer en la avenida Franklin
a las siete”. Y suponga que su vecino dice a la policía (premisa #2) que su
hijo, cuyo cabello es castaño, vestía una chaqueta roja ayer cuando lo vio
en la avenida Franklin. Y suponga que el oficial de policía dice (conclusión):
“Por lo tanto, su hijo debe ser el ladrón”.
No hace falta tener un diploma en lógica formal para complacerse en el
evidente error (lógico) del policía. No, esa conclusión no se desprende de
las premisas. Es estrictamente inva'lida. Y por supuesto, no hace falta que
conozca ninguno de estos términos técnicos para alegrarse por esa concien-
cia. Su mente está programada, bajo condiciones óptimas, para detectar
la falacia. Hay otras personas que tienen chaquetas rojas. Mi hijo siempre
camina por la avenida Franklin. Pero sobre todo, ¡mi hijo estaba conmigo
anoche a las siete!
La predicación involucra necesariamente el pensamiento. Ideas y obser-
vaciones son incorporadas a un mensaje. Son coherentes o incoherentes.
Congruentes o incongruentes. Lógicas o ilógicas. El pensamiento está bien
formulado o es deficiente. Ningún predicador puede afirmar que está exento
138 ¿' Cómo se convierte la predicación, naturalmente, en un medio... .9
de pensar. Y mi llamado es a que prediquemos con coherencia lógica, clara
y convincente, que ninguna de nuestras premisas sea falsa y que ninguna de
nuestras inferencias sean inva'lidas.
Lo que exige la humildad y la autoridad de las Escrituras
La humildad frente a la verdad de la Escritura y la autoridad de Cristo exige
esta clase de sumisión a la coherencia lógica. Si usted abusa de la lógica,
¿sobre qué espera que su congregación base su acuerdo? Usted no puede res-
ponder “la Escritura”, a menos que esté comprometido a dar explicaciones
lógicamente coherentes y a que sus conclusiones en efecto se fundamenten
en la Escritura. La Escritura solo tendrá autoridad en su predicación si usted
hace un uso válido de ella.
Si usted saca inferencias inválidas de la Escritura, no va a importar
cuánto insista en proclamar que cree en la infalibilidad bíblica. No va a
ayudar a su congregación a basar sus vidas en la Escritura. Por el contrario,
espera que ellos basen su vida en sus inferencias erróneas de la Escritura.
En cambio, si nos humillamos y nos sometemos a las exigencias de la
coherencia lógica, vamos a estar en compañía de los mejores. Si nuestras
exposiciones están libres de incongruencias,8 y si presentamos premisas
claras y argumentos válidos para todas nuestras afirmaciones, seguiremos
el ejemplo de Jesús, quien se mostró incisivo frente a las estrategias de ter-
giversación de la verdad que usaban los fariseos. Y seguiremos el ejemplo
de Pablo, quien no solo argumentó y persuadió afirmando que Jesús es el
8. Una incongruencia (o en latín non sequitur, “no se deriva”) se refiere a una conclusión que
no se deriva de las premisas o la evidencia presentadas. El tipo de incongruencias más claras son
estrictamente lógicas, como: “Todos los caballos tienen cuatro patas. Fido tiene cuatro patas. Por
lo tanto, Fido es un caballo”. Sin embargo, existen otras, y son innumerables, las cuales constituyen
una amenaza para el liderazgo y la predicación humilde, y las hay desde lógicas hasta teológicas:
“Este año la Navidad es un domingo. Por lo tanto, no tiene sentido tener un culto matinal”. 0:
“Dios controla todo el comportamiento humano, de modo que los seres humanos no son responsa-
bles”. O: “Los seres humanos son responsables; por lo tanto, Dios no puede ejercer control alguno
sobre el comportamiento humano”. O: “Dios es bondadoso en todo lo que hace; por lo tanto, nO
es un Dios de ira”. O: “La salvación es por gracia, de modo que no puede haber juicio conforme a
las obras”. O: “Las Escrituras permitieron la poligamia; por lo tanto, debe permitirse en la iglesia
actual”. O: “Dios promete suplir todas nuestras necesidades; por lo tanto, un creyente nunca sufrirá
hambre”. O: “A los cristianos se les ordena regocijarse siempre; por lo tanto, es pecado sentir tris-
teza por las almas perdidas”. O: “Dios es misericordioso; por lo tanto, El no pudo haberme quitado
a mi hijo”. O: “Jesús mandó volver la otra mejilla; por tanto, está mal dar palmadas a los niños”. 0-”
“Piper hace mucho énfasis en la coherencia lógica; por lo tanto, debemos pensar en la predicación
como un asunto de la mente únicamente”. Etcétera. Ninguna de estas inferencias siguen la lógica-
Todas son incongruencias, o non sequiturs. ¡Qué bendición es para una congregación cuando un
predicador adopta en humildad la consigna liberadora de “no a las incongruencias”!
Exultacz'ón exposz'tiva 139
Cristo (Hch. 17:2; 18:4, 19; 20.'8.-9, 26; 24:25; 26:28), sino que escribió
sus propias cartas dando por hecho que nosotros emplearíamos un pensa-
miento claro y lógico para interpretar sus argumentos.9
Cómo lo natural favorece lo sobrenatural
Después de todo este énfasis en la predicación como pensamiento y en la
importancia de predicar con una lógica coherente, puede que se pregunte
qué tiene que ver todo esto con el efecto sobrenatural de la predicación
por el cual oramos. ¿De que” manera el acto de pensar produce la experien-
cia sobrenatural de la adoración auténtica que consiste en ver, saborear y
demostrar la belleza y el valor de Dios? Dejare' que el apóstol Pablo revele
la respuesta.
En Romanos 5 :3-5 , Pablo ha abogado porque los cristianos se regocijen
en el sufrimiento. Su argumento (¡y observe que se trata de un argumento
lógico!) es el siguiente: “nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que
la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, espe-
ranza; y la esperanza no avergüenza”.
Luego vienen dos argumentos por los cuales la esperanza no avergüenza.
La relación entre estos dos argumentos acarrea implicaciones extraordina-
rias para la predicación y la forma como tanto los medios naturales como el
pensamiento racional y la observación histórica, se convierten en vías para
las experiencias sobrenaturales de la belleza y el valor de Dios.
Cuando hablo de medios naturales, incluyo no solamente la argumenta-
ción lógica, sino también la observación histórica. El principio que subyace
a la manera como Dios se sirve de los medios naturales para favorecer la
experiencia natural es el mismo tanto en el caso de la lógica como de la
historia. En el argumento de Pablo acerca de por que' la esperanza no nos
avergüenza, la intersección entre lo natural y lo sobrenatural se encuentra
entre la observación histórica y la obra del Espíritu Santo que nos da un
sentido sobrenatural del amor de Dios.
La esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado
en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado. Porque
Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos
(Ro. 5.-5-6).
9. Mis ideas acerca de cómo indagar el argumento de un texto bíblico se desarrollan en los
capítulos 25-27 de La lectura sobrenatural de la Biblia, pp. 351-90.
140 ¿Cómo se convierte la predicación, naturalmente, en un medio... .9
La experiencia sobrenatural del amor de Dios
El primer argumento de Pablo acerca de por que” la esperanza no avergüenza
es porque el Espíritu Santo está presente en nosotros (“que nos fue dado”),
y su obra en nosotros consiste en ayudarnos a experimentar cuán real es el
amor de Dios. No se trata de un simple dato que aprendemos de la Biblia.
Es una experiencia real que tenemos en el presente. “El amor de Dios ha
sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo”. Es algo que
sucede realmente en nuestros corazones. Es saborear con los sentidos y con
toda certeza el amor de Dios por nosotros, porque Dios Espíritu Santo está
en nosotros dándonos esa prueba del amor de Dios.
De modo que la primera forma como Pablo nos muestra por qué nues-
tra esperanza no avergüenza consiste en afirmar que Dios nos concede una
experiencia sobrenatural real para confirmar nuestra esperanza. Es sobre-
natural porque es dada mediante el Espíritu Santo, quien es sobrenatural.
Esto es lo que buscamos con nuestra predicación: experiencias reales y
sobrenaturales, radicalmente transformadoras e inspiradoras de la belleza
y el valor de Dios, las cuales incluyen su amor por nosotros. Nuestra pre-
dicación no se propone únicamente transmitir información, o limitarse a
persuadir acerca de doctrinas espirituales, o simplemente despertar emo-
ciones acerca de Dios. Nuestro objetivo es lograr una experiencia genuina
de Dios mismo, movida por el Espíritu. En este caso, Pablo lo denomina
el derramamiento del amor de Dios en nuestros corazones por medio del
Espíritu Santo (Ro. 5:5).
El fundamento natural para la experiencia sobrenatural
Sin embargo, en Romanos 5:6, Pablo pasa a señalar algo que tiene enormes
implicaciones para la predicación. Él presenta un fundamento, o base, para
la experiencia sobrenatural. Y es un fundamento natural. Un fundamento
histórico. Podemos ver el fundamento en el vocablo porque (griego gar)
que empieza en el versículo 6. “Porque el amor de Dios ha sido derramado
en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado. Porque...”-
Lo que impresiona del fundamento es que es una declaración de un hecho
histórico, junto con una interpretación teológica del hecho. “El amor de
Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que
nos fue dado. Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió
por los impíos” (Ro. 5 :5-6). “Cristo... murió” es un hecho histórico. “Por
los impíos” es una interpretación teológica del hecho.
Exultación expositiva 141
¿Cómo se relacionan aquí lo natural y lo sobrenatural? Por un lado, hay
una experiencia sobrenatural del amor de Dios dada por el Espíritu Santo
en el corazón y, por el otro, la declaración del fundamento, o la base, de esta
experiencia del amor de Dios en la historia (“Cristo murió”) y en la teolo-
gía (“por los impíos”). La experiencia es sobrenatural (dada por el Espíritu
Santo). El fundamento es natural (un hecho histórico y una declaración
teológica con la cual incluso el diablo estaría de acuerdo).
Así es como se relacionan: lo que significa ser amado por Dios es reve-
lado por la observación histórica y teológica “Cristo murió por los impíos”.
El Espíritu Santo no revela esta información al corazón. La Biblia y el predi-
cador la brindan a la mente. No es la función del Espíritu Santo describirle
a usted el amor de Dios. Ese es el trabajo que Dios ha asignado a la historia,
a la Escritura y a la predicación.
Nuestra congregación aprende la naturaleza y el contenido del amor de
Dios a partir de la manera como el amor se manifestó en la historia en Jesu-
cristo. Entonces el Espíritu Santo toma la verdad natural, la cual proclama
el predicador con la exultación expositiva, y obra a través de ella un milagro
sobrenatural. Él hace que sus corazones vean el amor de Dios como sobrena-
turalmente hermoso, y que lo perciban como sumamente precioso. Él produce
en nosotros la experiencia real y sentida que describe el versículo 5: “el amor
de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo”.
La unión de lo natural y lo sobrenatural en la predicación
Tanto el hecho natural de la historia con su interpretación y la obra sobrena-
tural del Espíritu Santo son esenciales. Si decimos que tenemos experiencias
del amor de Dios sin fundamentos sólidos en la historia y en su significado
revelado por Dios, nos volvemos fanáticos, sectarios y demasiado emocio-
nales. Si decimos que entendemos los hechos de la historia y su significado
teológico, pero no experimentamos el amor de Dios que derrama el Espí-
ritu Santo en nuestros corazones, nos volvemos improductivos, incapaces y
demasiado intelectuales. l
El papel que desempeña la predicación en este proceso es el de portavoz
de la verdad histórica y teológica de que “Cristo murió por los impíos”. En
nuestra exposición decimos todas las cosas maravillosas acerca de la muerte
de Cristo que el pasaje y la realidad subyacente nos comunican. Y exultamos
por ella con tanto gozo como el Espíritu nos permita gustar. Esa es nuestra
predicación: exaltación expositiva.
142 ¿Cómo se convierte la predicación, naturalmente, en un medio... .3
Sin embargo, nuestro objetivo es aquello que solo el Espíritu Santo puede
lograr: la experiencia sobrenatural del amor de Dios en los corazones de
nuestros oyentes. Buscamos que ellos vean, saboreen y manifiesten la belleza
y el valor de este amor. La gloria de la predicación radica en que, a pesar
de que somos incapaces de hacer que esto suceda en nuestras fuerzas, dado
que es la obra del Espíritu Santo, no escatimamos en esclarecer de todas las
formas la belleza y el valor de los hechos históricos y las interpretaciones
teológicas. Pregonar esa belleza y ese valor es nuestra labor. Es una labor
indispensable y gloriosa.
Encienda el fósforo
El enfoque de este capítulo ha sido el uso pleno de nuestras facultades
humanas en la predicación. El objetivo de dicha predicación no es menos
sobrenatural de lo que se planteó en los capítulos 6 y 7, donde el enfoque fue
el poder del Espíritu Santo. Aquí la premisa ha sido: la gracia sobrenatural
no sustituye los medios de la gracia.
Más específicamente, el énfasis ha sido la importancia de pensar bien
en nuestra predicación. Mi llamado ha sido a que prediquemos con una
coherencia clara, lógica y convincente, que ninguna de nuestras premisas sea
falsa y que ninguna de nuestras inferencias sea inválida. Trate’ de mostrar
que este es un acto de amor, humildad y sumisión a la verdad y a la auto-
ridad de la Escritura. .Es destructivo para las personas cuando el lenguaje
es manipulado. No someternos a la lógica de los textos bíblicos nos lleva a
exaltarnos a nosotros mismos y a destronar a Dios.
Trate' de mostrar con Romanos 5 :5 -6 cómo Dios hace que el uso natural
de nuestros poderes facilite sus propósitos sobrenaturales. La experiencia
sobrenatural de gustar del amor de Dios en nuestros corazones es posible
gracias al uso que hace Pablo del hecho histórico natural de la muerte de
Cristo, y a la declaración teológica de que Cristo lo hizo por los impíos.
La predicación hace uso óptimo de sus poderes naturales para esclarecer la
historia y su significado teológico. Con esta leña dispuesta, Dios enciende
el fósforo y por medio de su Espíritu inflama los corazones de su pueblo.
En el'capítulo siguiente pasamos del enfoque en el pensamiento correcto
y la clarificación histórica, a la composición del sermón como tal y 61
esfuerzo por elegir palabras que esperamos sean eficaces para el logro de
los propósitos sobrenaturales. ¿Es esto legítimo? ¿Existe tal cosa como la
elocuencia espiritual cristiana en la predicación?
“Para que no se haga vana la cruz”
Los peligros de la elocuencia cristiana
En la Parte 4 voy a enfocarme en el uso que hace el predicador de sus
poderes naturales en su esfuerzo por responder a la pregunta: ¿Cómo se
convierte la predicación en un medio para el milagro de la adoración? En
el capítulo anterior sostuve que el pensamiento correcto, la lógica clara y el
uso Válido de la razón en la predicación son esenciales para amar como es
debido a las personas y para honrar humildemente la autoridad de la Escri-
tura. En este capítulo, paso de los poderes naturales de pensar a los poderes
naturales de escribir y hablar. ¿Debemos usar nuestros poderes naturales de
elegir las palabras con el propósito de hacerlas lo más convincentes posible?
¿Deberíamos tratar de ser elocuentes?
“No con sabiduría de palabras”
¿Debería hablarse siquiera de elocuencia en la predicación cristiana? La
pregunta es urgente en primer lugar porque el apóstol Pablo, bajo la ins-
piración del Espíritu Santo, dijo en 1 Corintios 1:17: “Pues Cristo no me
envió a bautizar, sino a predicar el evangelio, no con palabras elocuentes,
para que no se haga vana la cruz de Cristo” (LBLA). Cristo envió a Pablo a
predicar, no con elocuencia, para que la cruz de Cristo no se haga vana. De
ahí que se trate de un asunto urgente.
Aunque citemos otras traducciones como la Nueva Versión Internacio-
nal (“sin discursos de sabiduría humana”), la Nueva Traducción Viviente
(“no con palabras ingeniosas”) o la Reina-Valera 1960 (“no con sabiduría
de palabras”), el problema persiste. Hay una forma de predicar, una forma
144 ¿Cómo se convierte la predicación, naturalmente, en un medio... .9
de elocuencia, de inteligencia o de sabiduría humana, que anula la cruz.
Deberíamos temer anular la cruz. Es indispensable que sepamos qué es esta
elocuencia, inteligencia o sabiduría de palabras, y evitarla.
Veamos una declaración similar de Pablo en 1 Corintios 2:1: “Cuando
fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia
de palabras o de sabiduría”. Dice la Nueva Versión Internacional: “no lo
hice con gran elocuencia y sabiduria”. Y la Biblia de las Américas: “no fui
con superioridad de palabra o de sabiduría”.
Estos pasajes son inquietantes para los predicadores. La mayoría pro-
curamos escoger palabras y decirlas de tal modo que se logre el máximo
efecto en los oyentes. ¿Deberíamos hacerlo? ¿Deberíamos escoger palabras
o expresiones, o formas de comunicarlas con miras a maximizar su efecto
para impartir Vida, aplacar el orgullo, exaltar a Dios, magnificar a Cristo,
intensificar el gozo, despertar el amor, movilizar las misiones y avanzar la
justicia? Cuando lo hago, ¿usurpo el papel de la cruz y del Espíritu? ¿Se
refiere Pablo a que buscar ese efecto en otros por medio de la selección cui-
dadosa, la organización y la transmisión de las palabras estorban el poder
de Cristo y le restan importancia a la gloria de la cruz?
¿Es la Biblia elocuente?
Algo que complica esta pregunta es el hecho de que la mayoría de los eru-
ditos bíblicos a lo largo de la historia coinciden en afirmar que la Biblia
tiene muchos pasajes elocuentes. Por ejemplo, Juan Calvino dijo: “Preste-
mos atención al estilo de Isaías, que no solo es puro y elegante, sino que
también está adornado con arte elevado del cual podemos aprender que la
elocuencia puede ser útil cuando se pone al servicio de la fe”.1
De manera similar, el poeta John Donne dijo: “El Espíritu Santo se
deleita Él mismo escribiendo las Escrituras, no solo con propiedad, sino
con finura, armonía y melodía del lenguaje, con eminencia de metáfora y
otras figuras, las cuales pueden producir un mayor efecto en los lectores”.2
En otras palabras, la Biblia contiene lenguaje elocuente, y parte del efecto
que produce en los lectores se debe, en cierta forma, a esa elocuencia.
1. Benjamin B. Warfield, “Calvin and the Bible”, from Selected Shorter Writings of Benl'am'."
B. Warfield, vol. 1, ed. John E. Meeter (Phillipsburg, NJ: Presbyterian 8C Reformed, 1970). Original
de The Presbyterian, 30 de junio de 1909, pp 7-8.
2. John Donne, The Sermons of john Donne, ed. George R. Potter y Evelyn M. SimpSOn
(Berkeley, CA: University of California Press, 1953-1962), 6:55.
“Para que no se haga vana la cruz” 145
¿Una elocuencia guiada por el Espíritu?
Considere lo que dice Martín Lutero acerca de Gálatas 4:6: “El Espíritu
intercede por nosotros no con multitud de palabras o largas oraciones, sino
solo con un gemido... un gimoteo y un gemido sutil, como ‘¡ah, Padre!’...
Por esto esta pequeña palabra ‘Padre’... transmite toda la elocuencia de
Demóstenes, de Cicerón y de los más elocuentes oradores que el mundo
haya conocido jamás”? Martín Lutero afirma, pues, que el Espíritu Santo
mismo nos guía en ocasiones a una cierta elocuencia, incluso en la oración.
Si estas observaciones de Calvino, Lutero y Donne son correctas, ¿qué
quiso decir Pablo cuando declaró que había renunciado a la elocuencia por
causa de la cruz? ¿Hay algo que pasaron por alto Calvino, Lutero y Donne?
La elocuencia de George Whitefield
Otra manera de abordar el problema es comparar lo que se ha dicho acerca
de dos gigantes del primer gran avivamiento, George Whitefield y Jonathan
Edwards. Estos dos predicadores coincidían profundamente en lo teológico
y divergían radicalmente en su manera de predicar.
En la primavera de 1740, George Whitefield se encontraba en Filadelfia
predicando al aire libre a miles de personas. Benjamín Franklin asistió a la
mayoría de aquellos sermones. Franklin, que no creía en lo que Whitefield
predicaba, comentó lo siguiente acerca de estos pulidos sermones:
Su forma de hablar... estaba tan adornada por la frecuente repetición
que cada acento, cada énfasis, cada modulación de la voz, era tan per-
fectamente expresada y pertinente, que sin estar interesado en el tema
resultaba inevitable no ser atraído por el discurso: un placer comparable
al que se experimenta con una excelente obra musical.4
He aquí una predicación tan elocuente que resulta agradable a pesar de
que el oyente no crea nada de lo que dice. Eso debería hacer temblar a un
predicador. La elocuencia de Whitefield fue grata para Benjamin Franklin,
a quien no le interesaba en absoluto lo que Whitefield trató de expresar. A
Franklin le agradó la elocuencia de Whitefield, pero rechazó a su Salvador.
¿Hizo Whitefield vana la cruz?
3. Martin Luther, A Commentary on St. Paul’s Epistle to the Galatians (Westwood, N]: Revell,
1953), pp. 369-70.
4. Harry Stout, The Divine Dramatist (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1991), p. 104; cursivas
añadidas.
146 ¿Cómo se convierte la predicación, naturalmente, en un medio... .9
La elocuencia en nuestros días
A pesar de lo anterior, hay que tener cuidado. Algunos predicadores jóve-
nes pueden leer esto y pensar que este asunto no los aqueja porque no les
interesa la clase de elocuencia de Whitefield. Han abandonado la oratoria
del mismo modo que han abandonado el traje y la corbata. Tenga cuidado.
No es tan sencillo. Hay un tipo de “elocuencia” que no consiste en la fluidez
tradicional de palabras sino en la de vestimenta, de jerga, de inteligencia, de
informalidad y de apariencia de naturalidad que puede despertar en nues-
tros días la misma fascinación que produjo en su tiempo la elocuencia de
Whitefield. A la gente le encanta esta “elocuencia” despreocupada contem-
poránea, aunque no tengan interés alguno en las verdades que el predicador
trata de comunicar. En otras palabras, ninguno de nosotros se libra de la
urgencia de esta pregunta. Todos necesitamos una respuesta.
La elocuencia de Jonathan Edwards
Jonathan Edwards, contemporáneo y amigo de Whitefield, era muy dife-
rente. Edwards no fue elogiado por su gran elocuencia. Sin embargo, tenía
otra clase de elocuencia. Un testigo presencial respondió la pregunta acerca
de si Edwards era un predicador elocuente:
Si se refiere a la elocuencia conforme suele entenderse en el contexto de
nuestras Ciudades, él no parecía tenerla. No usaba variaciones afectadas
de la voz. Ni acentos. Difícilmente gesticulaba o se movía. No intentaba
gratificar con la elegancia de su estilo ni con la belleza de sus imágenes,
ni fascinar la imaginación. Pero si se refiere a la elocuencia como la
capacidad de presentar una verdad importante delante de una audiencia
con argumentos de peso y tal intensidad vehemente que el alma entera
del orador está inmersa en su concepción y transmisión, al punto de
cautivar de principio a fin la solemne atención de todos los oyentes y
dejar en ellos una huella imborrable, el señor Edwards fue el hombre
más elocuente que he escuchado jamás}
En cualquier caso, Whitefield, el orador vehemente, o Edwards, el orador
inmóvil y lógico, la pregunta persiste: ¿Hicieron vana estas formas de elo—
cuencia la cruz de Cristo? ¿Siguieron ellos el ejemplo de Pablo cuando dilo
5. Jonathan Edwards, The Works ofjonathan Edwards, 2 vols. (Edinburgh: Banner of Truth
Trust, 1974), 1.-cxc.
“Para que no se haga vana la cruz” 147
que él predicaba el evangelio “no con sabiduría de palabras, para que no se
haga vana la cruz de Cristo”?
La inquietante declaración de Denney
James Denney (1856-1917), teólogo y predicador escocés, hizo una decla-
ración que me inquieta como predicador. Ya sea que hablemos acerca de la
más intelectual elocuencia de la oratoria o de la poco intelectual, despreo-
cupada y ligera elocuencia de la anti-oratoria, la declaración de Denney va
al grano. Él dijo: “Ningún hombre puede dar la impresión de ser inteligente
y que Cristo es poderoso para salvar”.6 Esta ha sido una de las frases más
influyentes que he leído acerca de cómo predicar. ¿Significa esto que todo
oficio o arte en la escritura o en el discurso exalta al yo y empaña la verdad
de que Cristo es poderoso para salvar?
¿Es la elocuencia un fin en sí misma?
En 2008, Dennis Donoghue, profesor de inglés y letras de la Universidad
de Nueva York, publicó On Eloquence. Su aserción es probablemente una
expresión moderna de la clase de cuestiones que Pablo estaba tratando en
Corinto. Él asevera que la elocuencia es un estilo que sorprende y conmueve,
que es un fin en sí mismo. Él dice, por ejemplo:
Un discurso o un ensayo pueden ser elocuentes, pero si lo son, la elo-
cuencia es secundaria frente a su propósito. La elocuencia, a diferencia
de la retórica, no tiene objetivo: es un juego de palabras o de otros
medios expresivos... El atributo principal de la elocuencia es su gra-
tuidad.7
La elocuencia no cumple un propósito ni una finalidad en la acción... En
la retórica, se intenta persuadir a alguien a hacer algo. En la elocuencia,
se descubren con deleite los recursos expresivos de los medios de los que
se dispone.8
El coincide con E.M. Cioran en que esta noción de elocuencia sin propósito
empezó hace dos mil años con los sofistas, contemporáneos de Pablo:
6. Citado en John Stott, Between Two Worlds: The Art of Preacbing in the Twentíetb Century
(Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1982), 325.
7. Denis Donoghue, On Eloquence (New Haven, CT: Yale University Press, 2008), p. 3.
8. Ibíd., p. 148.
148 ¿Cómo se convierte la predicación, naturalmente, en un medio... 9.
Los sofistas fueron los primeros en ocuparse en la meditación sobre las
palabras, su valor, su idoneidad y su función en el razonamiento: [los
sofistas] dieron el paso decisivo hacia el descubrimiento del estilo, con-
cebido como un objetivo en sí mismo, corno un fin intrínseco.9
Según Donoghue, la elocuencia es un estilo de discurso o de escritura que es
intrínsecamente agradable sin hacer referencia alguna a otros objetivos. No
tiene propósito. Es injustificado. Eso es lo que la hace elocuente. Si tuviera
un objetivo, sería retórica y estaría al servicio de alguna causa o ideología.
Donoghue dice que la Biblia, y Jesús en particular, ponen considerables
obstáculos al modo de ver la elocuencia como un lenguaje carente de pro-
pósito, gratuito y ameno.10 Por el contrario, un crítico cristiano señaló con
entusiasmo cómo el parecer de Donoghue arroja luz sobre la manera como
Dios prodiga el mundo con una elocuencia redundante y gratuita:
¿Es realmente difícil defender la elocuencia en términos cristianos? ¿Qué
podría ser más elocuente, más felizmente innecesario, que la creación
misma? Todos esos escarabajos, esas criaturas del océano que están fuera
de nuestra vista, esas galaxias sin fin, todas innecesarias. Shakespeare era
innecesario. Mi nuevo nieto Gus es innecesario.11
No estoy de acuerdo. Esto desdice demasiado del carácter deliberado de
Dios. ¿Creó Dios a ese niño Gus, a Shakespeare, las galaxias y las miles de
especies de plantas y animales que todavía tenemos por descubrir de manera
caprichosa o deliberada? Si lo hizo deliberadamente, no son fortuitos. Y no
son superfluos. Todo lo que no es Dios cumple un propósito más elevado
que sí mismo.
Sin la profundidad necesaria
El problema con Donoghue y su crítico es que no han profundizado lo sufi-
ciente en las implicaciones de la elocuencia a la luz de la existencia de un
Dios que gobierna todas las cosas y que hace todas las cosas con un propó-
sito, precisamente el propósito de magnificar la gloria de su Hijo. “Todo ha
9. Ibíd., p. 136; cursivas añadidas.
10. “El rechazo más contundente a la elocuencia del cual tengo conocimiento es el de Cristo:
‘Aléjate de mí, Satanás’”. Ibíd., p. 143.
11. John Wilson, “Stranger in a Strange Land: On Eloquence”, consultado el 29 de septiembre
de 2008; www.christianitytoday.com/bc/2008/OO1/9.9.html.
“Para que no se haga vana la cruz” 149
sido creado por medio de él y para él” (Col. 1:16). Las galaxias y los nietos
no son fortuitos ni innecesarios. Fueron creados para la gloria de Jesucristo.
Incluso las galaxias que aún .no hemos visto servirán para magnificar la
grandeza de Cristo. Desde la perspectiva de Dios nada es innecesario.
¿Cómo debemos sopesar todos estos testimonios dispares de las vir-
tudes de la elocuencia a la luz de la declaración de Pablo en 1 Corintios
1:17? Allí dice: “Pues Cristo no me envió a bautizar, sino a predicar el
evangelio, no con palabras elocuentes, para que no se haga vana la cruz
de Cristo” (LBLA). ¿Y que” de 1 Corintios 2:1: “Cuando fui a vosotros para
anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de
sabiduría ”?
La elocuencia y los sofistas
Existe un nexo interesante entre la referencia de Donoghue a los sofistas y
el contexto de las palabras de Pablo a los corintios. Donoghue enmarca su
idea de elocuencia en el contexto de los sofistas. Ellos fueron los primeros en
tratar el estilo “como una meta en sí misma, como una finalidad intrínseca”.
Uno de los libros más convincentes que expone las palabras de Pablo acerca
de la elocuencia en 1 Corintios es Philo ana' Paul among the Sophists [Filón
y Pablo entre los sofistas], de Bruce Winter. El argumento de Winter es que
son precisamente los sofistas y su idea de elocuencia el telón de fondo de
la afirmación de Pablo acerca de su propio discurso y de cómo ministró e'l
en Corinto.12
Veamos si las palabras de Pablo en 1 Corintios nos dan suficientes pistas
para mostrar qué clase de elocuencia rechaza e'l y cuál no solamente no
rechaza sino que utiliza.13
Observe primero en 1 Corintios 1:10-12 que los creyentes corintios
formaban divisiones tomando partido por sus maestros predilectos, y hay
suficiente evidencia para suponer que las divisiones tenían que ver con la
clase de elocuencia que empleaban los maestros. Dice en el versículo 12:
12. “El sabio, el de cuna ilustre y el poderoso encarnaban la clase de la cual provenían los
sofistas y que más tarde éstos ayudaron a perpetuar mediante un sistema educativo elitista que
enfatizaba el arte de la retórica. Dado que el gran pecado del movimiento sofista era su vanagloria. ..
Pablo levantó la prohibición de Jeremías contra el hecho de vanagloriarse por la sabiduría, la posi-
ción social y el logro de un texto de primer orden en esta crítica del movimiento sofista corintio”.
Bruce Winter, Phílo and Paul among the Sophists: Alexandrian and Corintbian Responses to a
julio-Claudían Movement, 2a ed. (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 2002), pp. 253-54.
13. Por ejemplo, 1 Corintios 1:25 es elocuente por el valor de impresión intencional al referirse
afirmativamente a “la necedad de Dios” y a “la debilidad de Dios”.
150 ¿Cómo se convierte la predicación, naturalmente, en un medio... .9
“Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de
Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo”.
Sabemos a partir de 2 Corintios 10:10 que los adversarios de Pablo
se burlaban de e'l por su falta de elocuencia. Ellos decían: “Porque a la
verdad, dicen, las cartas son duras y fuertes; mas la presencia corporal
débil, y la palabra menospreciable [ho logos exoutloenemenos]”. Y sabemos
que Apolos, uno de los favoritos en Corinto, era elocuente, porque Hechos
10:24 dice: “Llegó entonces a Éfeso un judío llamado Apolos, natural de
Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras”. El hechode que
él fuera oriundo de Alejandría es significativo. Filón trabajó en Alejandría,
y nos dice cuán notables eran allí los sofistas por entrenar a las personas
en la elocuencia.14
Oposición contra los sofistas
De acuerdo con al menos seis fuentes, sabemos que los sofistas estaban
presentes también en Corinto.“ Ellos valoraban sobremanera el estilo y la
forma como evidencia de educación, poder y sabiduría. Muy posiblemente
habían influido sobre algunas personas en la iglesia para que admiraran su
tipo de elocuencia y lo buscaran en los maestros cristianos. Apolos proba-
blemente se convirtió en una celebridad para ellos porque era muy hábil
con las palabras. Bruce Winter dice: “Pablo adopta deliberadamente una
postura anti-sofista y con ello defiende su actividad de plantar iglesias en
Corinto en contra de las convenciones, las percepciones y las categorías
sofistas”.16
La manera como Pablo se opone a la elocuencia de los sofistas busca
demostrar que esta hace vana la cruz. ¿Por qué? ¿Por que' esta concepción
de elocuencia hace vana la cruz?
Primera de Corintios 1:18 lo explica en parte: “Porque la palabra de
la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a
nosotros, es poder de Dios”. La razón por la cual la cruz no encaja con la
elocuencia de los sofistas es que para ellos es locura; es decir, la cruz es tan
destructiva para el orgullo humano que aquellos que buscan la alabanza
14. “Hay... cuarenta y dos referencias a ‘sofista’ (sofistas) en Filón, además de cincuenta y dos
referencias a cognados y numerosos comentarios sobre el movimiento sofista”. Winter, Philo ¿md
Paul, 7. “No puede haber duda... de que los sofistas y sus estudiantes eran notables en Corintoll
que desempeñaban un papel importante en la vida de la ciudad”. Ibíd., p. 140.
15. Winter presenta seis fuentes de lo que sabemos del movimiento sofista en Corinto. Winter,
Philo and Paul, pp. 7-9.
16. Ibíd., p. 141.
“Para que no se haga vana la cruz” 151
humana por medio de “una elocuencia retóricamente elaborada”17 y de “un
sistema educativo elitista”18 solo podrían verla como locura. La cruz es el
lugar donde nuestro pecado es exhibido en toda su fealdad y donde la gra-
tuita gracia de Dios brilla en su máximo esplendor. Estas dos realidades dejan
claro que no merecemos nada. Por consiguiente, la cruz socava el orgullo y
exalta a Cristo, no a nosotros, y esto la convertía en locura para los sofistas.
Esto queda confirmado en el versículo 20: “¿Dónde está el sabio? ¿Dónde
está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglOP”. El disputador es el
hombre que es tan hábil con su lengua que puede tornar cualquier bando y
ganar la discusión. Es locuaz y sagaz, verbalmente ágil. La verdad y la sus-
tancia carecen de importancia; lo único que importa es la maniobra retórica.
Al final del versículo 20, Pablo dice: “¿No ha enloquecido Dios la sabiduría
del mundo?”. La sabiduría en cuestión no es una cosmovisión profunda que
se opone al cristianismo, sino el sofisma de emplear el lenguaje para ganar
debates y para mostrarse uno mismo como inteligente, elocuente y poderoso.
La elocuencia que Pablo rechaza no es tanto una convención de lenguaje
en particular, sino la explotación del lenguaje para exaltarse a sí mismo
y menospreciar o desconocer al Señor crucificado. Observe de nuevo el
contraste en 1 Corintios 2:1-2: “Así que, hermanos, cuando fui a vosotros
para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o
de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a
Jesucristo, y a éste crucificado”. El punto que Pablo quiere señalar es este:
“Cada vez que me encuentro con escribas y disputadores que reafirman su
ego con enfrentamientos de lenguaje y dejan a un lado la cruz, yo voy a
destacarla y a exhibirla completamente. Rehusaré enredarme en sus juegos
de lenguaje”.
Un criterio doble
Observe un detalle más en este contexto, el cual revela el criterio doble para
distinguir entre la buena y la mala elocuencia. En 1 Corintios 1226-29, Pablo
desarma el idilio de los sofistas con la vanagloria.19
Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según
la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del
mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo
17. Ibíd., p. 144n16.
18. Ibíd., p. 253.
19. “El gran pecado del movimiento sofista fue su vanagloria”. Ibíd.
152 ¿Cómo se convierte la predicación, naturalmente, en un medio... .9
escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menos-
preciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que
nadie se jacte en su presencia.
Primera cara: la humillación voluntaria del yo. Lo que Dios ha dispuesto
tanto en la cruz como en la elección es que “nadie se jacte en su presencia”.
Esta es la primera cara de nuestro criterio para distinguir entre la buena y
la mala elocuencia: ¿Incentiva la vanagloria? ¿Procede del ego y busca la
exaltación por medio de un discurso ingenioso? Si es así, Pablo la rechaza.
Luego prosigue en los versículos 30-31:
Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por
Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como
está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor.
Segunda cara: la exaltación de Cristo. En segundo lugar, Dios ha dis-
puesto no solo en la cruz y en la elección, sino también en la gracia soberana
de la regeneración (V. 30, “por Él estáis vosotros en Cristo”), que toda gloria
consista en gloriarse en el Señor Jesús, quien fue crucificado y resucitado.
“El que se gloria, gloríese en el Señor” (V. 31).
Por lo tanto, la segunda cara de nuestro doble criterio para distinguir
entre la elocuencia buena y la mala es: ¿'Exalta a Cristo, especialmente al
Cristo crucificado?
Esta es mi interpretación de las dos denuncias de Pablo contra la elo-
cuencia. En 1 Corintios 1:17, él dice: “...no con palabras elocuentes, para
que no se haga vana la cruz de Cristo” (LBLA)”. Y en 1 Corintios 221-2 dice:
“no ...con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber
entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado”. El punto
de ambos pasajes es este: el uso de las palabras que se fundamenta en el
orgullo y exalta al yo para mostrar la sabiduría humana es incompatible
con buscar la Vida y la gloria en la cruz de Cristo. Permita entonces que su
uso de las palabras se rija por este doble criterio: la humillación voluntaria
del yo y la exaltación de Cristo.
Si aplicamos estos dos criterios a nuestros esfuerzos por conmover con
nuestra terminología, nuestras expresiones y nuestra transmisión de pala'
bras, es decir, si les damos prelación frente a nuestra tentativa de elocuencia,
seremos guardados del uso incorrecto de la elocuencia que tanto rechazó
Pablo. Ahora veo más claramente lo que se esconde tras el pronunciamiento
1.!
“Para que no se haga vana la cruz” 153
de James Denney, que son precisamente estos dos criterios: “Ningún hombre
puede dar la impresión de ser inteligente y que Cristo es poderoso para sal-
var”.20 La exaltación de sí mismo y la exaltación de Cristo son incompatibles.
La Biblia es elocuente
Cuando repasamos a Calvino, a Lutero y a John Donne, que afirman que la
Biblia abunda en elocuencia, concluyo que tenían razón. La Biblia abunda
en toda clase de recursos literarios para acentuar el efecto del lenguaje:
acrósticos, aliteraciones, analogías, antropomorfismos, asonancias, caden-
cias, quiasmos, consonancias, diálogos, hipe’rbolas, ironías, metáforas,
métrica, onomatopeyas, paradojas, paralelismos, repetición, ritmo, sa'tiras,
símiles. Todos estos están allí presentes, y más.
Y a mi parecer, Dios nos invita a participar de esta creatividad en la
elocuencia. Él nos atrae con palabras como:
El hombre se alegra con la respuesta de su boca;
Y la palabra a su tiempo, ¡cuán buena es! (Pr. 15:23).
Manzana de oro con figuras de plata
Es la palabra dicha como conviene (Pr. 25:11).
Las piernas del cojo penden inútiles;
Así es el proverbio en la boca del necio (Pr. 26:7).
Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el
nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él
(Col. 3:17).
Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que
sepáis cómo debéis responder a cada uno (Col. 4:6).
En otras palabras, piensen bien sus palabras: que sean idóneas, oportunas,
acertadas, justas y apropiadas. Y úsenlas para honrar el nombre del Señor
Jesús.
¿Qué importancia tiene esto?
Quiero abordar una última pregunta. Si nos es permitido procurar la elo-
cuencia (un poderoso efecto verbal) y en efecto se nos invita a hacerlo; si
20. Citado en Stott, Between Two Worlds, p. 325.
154 ¿Cómo se convierte la predicación, naturalmente, en un medio... 9.
la Biblia es un libro que abunda en elocuencia y si somos guiados en nues-
tra búsqueda de este efecto mediante el doble criterio de la humillación
voluntaria del yo y la exaltación de Cristo, ¿qué esperaríamos de nuestra
predicación en caso de que lo logra'ramos? Dado que solo el Espíritu Santo
puede llevar a cabo el milagro del nuevo nacimiento y resucitar a los que
están muertos espiritualmente, y dado que puede hacerlo ya sea con testigos
comunes y corrientes o con testigos elocuentes del evangelio, ¿qué impor-
tancia tiene que nos esforcemos por alcanzar alguna medida de elocuencia
o un efecto mayor por medio del lenguaje?
Cinco expectativas en la elocuencia cristiana
He aquí una lista preliminar de cinco expectativas que podemos aplicar,
conscientes de que, en cualquier momento, Dios puede intervenir y usar
nuestra predicación como instrumento de salvación, con o sin elocuencia.
Cualquier domingo, Dios puede tomar el mensaje que peor nos pareció y
convertirlo en instrumento para un milagro. Si es así, ¿para qué preocuparsJe
por optimizar el efecto de nuestro lenguaje?
1. Mantener el interés
Escoger un lenguaje estéticamente agradable, artístico, sorprendente 0
provocativo (es decir, elocuente) puede ayudar a mantener a las personas
despiertas y concentradas porque les parece interesante, original o grato por
motivos que ellas no pueden expresar. Cuando los discípulos se quedaron
dormidos en Getsemaní, Jesús dijo: “el espíritu a la verdad está dispuesto,
pero la carne es débil” (Mt. 26:41). Tenemos que ayudar a las personas en
su debilidad.
Aunque no es conversión, convicción ni santificación, sí es un medio
importante para lograr esos fines. Las personas adormecidas o distraídas
no oyen la Palabra, y la fe viene por el oír, y por el oír la Palabra. Por lo
tanto, la elocuencia es como una noche de sueño restaurador. No salvará su
alma, pero podría mantenerlo despierto para oír la Palabra, la cual sí puede
salvar su alma. De modo que el estilo de un predicador puede mantenerlo
interesado y despierto con ese mismo fin.
2. Despertar simpatía
Un lenguaje estéticamente agradable, artístico, sorprendente o provocativo
puede acercar una mente antagonista para alentar una mayor simpatía Con
el orador. Si el lenguaje es lo bastante interesante y original, pueden vencerSe
“Para que no se haga vana la cruz” 155
obstáculos como el aburrimiento, el enojo, el resentimiento y la sospecha,
los cuales pueden ser reemplazados por respeto, disposición, interés y con-
centración. No es lo mismo que conversión, convicción o santificación, pero
tampoco alejan a la persona como sucede con el aburrimiento. De hecho,
pueden acercar a una persona a la luz, tal como dijo Jesús: “No estás lejos
del reino de Dios” (Mr. 12:34).
Por ejemplo, retomemos lo que sucedió con George Whitefield y Ben-
jamin Franklin. La elocuencia de Whitefield asombro” a Franklin. Él no
pensó que Whitefield fuera un farsante. Lo admiraba. Llegó a ser uno de
los amigos más cercanos de Whitefield. Harry Stout, biógrafo de Whitefield,
escribe: “Franklin se dio licencia para indagar el tema de la religiosidad
personal con Whitefield como no lo hacía con nadie más, considerando a
Whitefield un oyente en el que podía confiar si estaba en desacuerdo”.21 Por
consiguiente, Whitefield pudo hablar con Franklin acerca de Cristo como
nadie más podía hacerlo. Él defendió su correspondencia con Franklin, que
estaba impregnada de Cristo, con una sonrisa: “Debo tener algo de Cristo
en todas mis cartas”.22 Quién sabe cuán cerca estuvo Whitefield de ganar a
Franklin para la fe, todo lo cual fue posible gracias a que la elocuencia y la
autenticidad de Whitefield vencieron, al menos en parte, la indiferencia de
Franklin hacia el avivamiento.
En una ocasión, C.S. Lewis escribió una carta a un niño que le había
pedido consejo acerca de cómo escribir bien.23 La respuesta de Lewis es tan
relevante respecto a cómo la predicación se granjea la simpatía en la escu-
cha, que voy a incluir aquí sus cinco sugerencias:
1. Trata siempre de usar el lenguaje de tal manera que quede totalmente
claro lo que quieres decir, y asegúrate de que tu frase no pueda sig-
nificar ninguna otra cosa.
2. Prefiere siempre la palabra simple y directa a la larga y vaga. No
hagas promesas, sino cúmplelas.
3. Nunca uses sustantivos abstractos cuando bastaría con los concretos.
Si quieres decir “murió más gente”, no digas “aumentó la mortali-
dad”.
21. Stout, The Divine Dramatíst, p. 228.
22. Ibíd.
23. C. S. Lewis, Letters to Children, carta fechada el 26 de junio de 1956, párrafos 3-7, p. 64,
citado en Wayne Martindale y Jerry Root, The Quotable Lewis (Wheaton, IL: Tyndale, 1989),
p. 623.
156 ¿Cómo se convierte la predicación, naturalmente, en un medio... .9
4. Cuando escribas, no uses adjetivos que se limiten a decirnos qué
quieres tú que sintamos respecto a lo que describes. Es decir, en vez de
contarnos que algo fue “aterrador”, descríbelo de tal modo que nos
aterre. No digas que fue “encantador”; haznos decir “¡qué encanta-
dor!” cuando hayamos leído tu descripción. Mira, usar todas esas
palabras (horroroso, maravilloso, abominable, exquisito) es como
decir a tus lectores “por favor, ha'ganme mi trabajo”.
5. No uses palabras desmesuradas para el tema. No digas “infinita-
mente” cuando quieres decir “muy”; de lo contrario, no te quedarán
palabras cuando quieras relatar algo realmente infinito.24
Creo que estos consejos para escribir son perfectamente aplicables a la
predicación.
3. Estimular la sensibilidad
Un lenguaje original, sorprendente y estéticamente agradable puede tener un
efecto estimulante en la mente y en el corazón de una persona que si bien
dista de ser una experiencia de regeneración, sigue siendo importante como
el despertar de la sensibilidad emocional e intelectual a cosas ma's serias y
hermosas. Si un giro poético de una frase puede llevar a las personas a notar
la magnificencia del sol, puede que un segundo paso los lleve a ver que los
cielos cuentan la gloria de Dios (Sal. 19:1), y más adelante que confiesen a
Cristo como el gran Sol de justicia (Mal. 4:2).
¿No es por esto que David, el gran poeta de Israel, dijo primero “los
cielos cuentan la gloria de Dios” (Sal. 19:1) y luego, de manera más poética,
“en ellos puso taberna’culo para el sol; y éste, como esposo que sale de su
ta’lamo, se alegra cual gigante para correr el camino” (vv. 4-5 )? ¿Para qué
comparar el sol de la mañana con un novio y un atleta? Para despertar la
mente adormecida a la belleza alegre de la aurora, con la esperanza de que
ese despertar abra los ojos espirituales para comprender que todo en la
naturaleza revela la gloria de Dios.
4. Comunicar un mensaje memorable
Hay ciertos tipos de elocuencia como la cadencia, el paralelismo, la métrica,
la rima, la asonancia y la consonancia, que no solo pueden cautivar y despeï‘
tar el corazón, sino aumentar dicho efecto haciendo el discurso memorable,
24. Ibíd., pp. 623-24.
“Para que no se haga vana la cruz” 157
es decir, que sea fácil de recordar o memorizar. En 2008 presenté una versión
de este capítulo en la conferencia nacional de Desiring God.” El título de la
conferencia fue “The Power Of Words And The Wonder Of God” [El poder
de las palabras y la maravilla de Dios]. Soy muy selectivo en lo concerniente
al uso de la cadencia, la consonancia y la asonancia en los títulos. Trabaje” en
este título de la misma manera que trabajo en un poema. Quería que fuera
grato y memorable. Observe algunos aspectos que tuve en consideración:
0 Primero, hay una cadencia o métrica intencional que me parece
agradable. Se denomina yámbica (The POWer of WORDS and the
WONder of GOD ).
0 Segundo, hay consonancia o aliteración entre las palabras que
empiezan por “W”: Words y Wonder. Compa’rese con The Power
of Language and the Wonder of God o The Power of Words and the
Majesty of God [El poder del lenguaje y la maravilla de Dios o El
poder de las palabras y la majestad de Dios]. Mis oídos me indican
que ninguna de estas funciona. Tanto la cadencia como la aliteración
se pierden.
0 Tercero, hay asonancía. En seis de las nueve palabras el sonido
dominante es el de la letra “O”: power, of, words, wonder, of, God.
Compare el contraste con: The Strength of Language and the Marvel
of Deíty [La fuerza del lenguaje y la maravilla de la Deidad]. Son
excelentes ideas, pero carecen de fuerza en el lenguaje.
0 Por último, creo que la yuxtaposición de las palabras “Words”,
“Wonder” y “God” es original, atractiva y provocativa.
Todo esto ayuda a que las personas recuerden el título. No que sea memo-
rable por lo desagradable, como se recuerda por ejemplo la tragedia del
11 de septiembre de 2001, sino porque es estéticamente agradable. El año
siguiente, el título de la conferencia fue “Con Calvino en el teatro de Dios”,
un endecasílabo ya'mbico, de modo que no se le puede añadir “Juan” al
nombre de Calvino, porque eso arruinaría la métrica. Si le parece que esto
25. Esa conferencia fue publicada en español primero como “¿Existe la elocuencia cristiana?
Palabras claras y la maravilla de la cruz”, en El poder de las palabras y la maravilla de Dios, eds.
John Piper y Justin Taylor (Buenos Aires: Peniel, 2009), 91-110. Este capítulo es una versión adap-
tada de esa alocución.
158 ¿Cómo se convierte la predicación, naturalmente, en un medio... 9.
es quisquilloso, le sugiero que reconsidere. No es el aspecto más importante
en la asignación de un título ni en la predicación, pero si usted puede escoger
entre algo que cautiva el oído y algo soso, ¿por qué no cautivar?
Supongo que el propósito mnemotécnico de poner títulos con la idea de
expresar las cosas de una manera gratamente memorable es la razón por la
cual algunas partes de la Biblia están escritas en acrósticos. Por ejemplo, el
Salmo 119 está compuesto por veintidós estrofas de ocho versículos cada
una; cada estrofa comienza con una letra diferente del alfabeto hebreo y
todos los ocho versículos de cada estrofa comienzan con esa letra. Eso no
es fortuito sino intencional, artístico, elocuente.
5. Incrementar el poder
El esfuerzo por elaborar un lenguaje hermoso y llamativo hace posible que
la belleza de la elocuencia funcione conjuntamente con la belleza de la
verdad e incremente el poder de sus palabras. Cuando tenemos cuidado
de crear un modo estético de hablar o de escribir acerca de algo hermoso,
la elocuencia, que es la belleza de la forma, refleja y enaltece la belleza del
tema, y con ello ensalza la verdad.
El método y el tema se vuelven uno, y la suma de ambos se convierte
en un testimonio de la verdad y de la belleza del mensaje. Si la gloria de
Cristo es nuestro tema permanente y supremo, y si Él creó todas las cosas
y sustenta todas las cosas, armonizar la belleza de la forma con la belleza
de la verdad es la manera más completa de honrarlo en la elaboración de
nuestra predicación.
Otra manera de pensar acerca de esta unidad de la verdad y de la forma
es la siguiente: si una persona ve y se deleita en la belleza del lenguaje que
usted emplea, pero aún no ve la belleza del Señor Jesús, usted le ha dado a
la persona no solo un testimonio de la belleza de Cristo sino una invitación.
Usted ha dicho: “es parecido esto, solo que mejor. La belleza de mis palabras
es la sombra. Cristo, quien creó y sustenta y quien en su misericordia acepta
la belleza imperfecta, Él es la sustancia. Vue'lvase a Él. Acuda a Él”. Por
supuesto, estoy dando por sentado que su objetivo sincero y en oración es
que su lenguaje no lo exalte a usted sino a Cristo. Ese motivo importa para
Dios. Y las personas van a discernir lo que está detrás de su uso del lenguaje.
La elocuencia por amor de su nombre
Sí, la predicación cristiana puede ser elocuente. No es el factor decisivo CII
la salvación ni en la santificación. Dios lo es. Pero la fe viene por el oír, y el
“Para que no se haga vana la cruz” 159
oír la Palabra. La palabra en la Biblia es totalmente elocuente, las palabras
están dispuestas de tal manera que producen un efecto poderoso. Y Dios nos
invita a crear nuestras propias frases elocuentes por amor de su nombre, no
por nosotros. Y en el misterio de su gracia soberana, Él se glorificará en los
corazones de otros a pesar de, y a veces gracias a, las palabras que hemos
escogido. De ese modo, Él nos guardará humildes y recibirá toda la gloria.
Elija palabras convincentes
El enfoque de la Parte 4 ha sido el uso de los poderes naturales del pre-
dicador en aras de la meta sobrenatural de la predicación: la adoración
auténtica y sincera en la totalidad de la vida, para siempre. En el capítulo 8,
argumenté que el pensamiento claro, la lógica, el uso correcto de la razón y
el manejo respetuoso y honesto de las palabras son cruciales para predicar
fielmente y amar a las personas. En este capítulo, sostuve que la renuncia
de Pablo a las “palabras elocuentes” en 1 Corintios 1:17 no excluye el uso
que hace el predicador de sus poderes naturales para escoger palabras según
considere que ayudarán a cautivar la atención, esclarecer la verdad y reflejar
la belleza (o la horrible pecaminosidad) de la realidad en el pasaje.
Al combinar las Partes 3 y 4, la imagen que obtenemos es que los pro-
pósitos de la predicación son sobrenaturales. Nuestro esfuerzo y nuestra
oración buscan el milagro en los corazones de las personas a fin de que
abandonen los “deleites temporales” del pecado y sean llenas de satisfacción
en todo lo que Dios es para ellas en Jesús. Con ese fin, buscamos predicar en
el poder del Espíritu Santo (Parte 3). Debemos experimentar el milagro que
esperamos ver en nuestra congregación. La predicación busca la adoración
y es adoración. Paradójicamente, buscamos la misma meta sobrenatural de
la adoración empleando nuestros poderes naturales de pensamiento y de
lenguaje, siempre dependiendo del Espíritu Santo (Parte 4).
La cuestión a la que nos dirigimos ahora en la Parte 5 es: ¿Cómo se
manifiesta en realidad nuestra confianza en el Espíritu Santo y nuestro uso
del pensamiento y del lenguaje en el acto de la predicación? La respuesta es
que se manifiesta en la atención rigurosa al texto del pasaje bíblico en aras
de una penetración radical en la realidad. De esto nos ocuparemos ahora.