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Este tema aborda los fundamentos de los dispositivos de almacenamiento
electroquímicos. En primer lugar, se describen los tres dispositivos electroquímicos que
permiten almacenar energía o transformar energía química en eléctrica. Posteriormente,
nos concentraremos en las baterías secundarias (o recargables). Describiremos las
características y aplicaciones de la principales químicas (tipos de baterías).
Finalmente, se explicaran las funciones de los circuitos de acondicionamiento de
baterías.
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Los dispositivos electroquímicos están formados por un electrolito (substancia que contiene
iones libres) donde se insertan dos electrodos (metales que realizan contacto eléctrico). Existe
tanto un transporte de iones (en el electrolito) como de electrones (en los electrodos y conexión
externa). Los dispositivos electroquímicos son tres: baterías, celdas de combustible y
condensadores electroquímicos (o super/ultracondensadores).
En las baterías y celdas de combustible se produce una reacción química entre el electrolito y los
electrodos (reacciones de reducción/oxidación) que produce una transferencia de cargas
eléctricas en los electrodos y consecuentemente, una diferencia de potencial. Se transforma
energía química en eléctrica.
Las baterías son sistemas cerrados, en el sentido que el material activo que produce las
reacciones redox forma parte de los electrodos y el electrolito. Por lo tanto, el almacenamiento y
la conversión de energía se producen en el mismo compartimento. A medida que se proporciona
corriente eléctrica a una carga externa, la reacción química progresa desgastando los electrodos
y el electrolito. La batería se agota debido a este desgaste.
En cambio, las celdas de combustible son sistemas abiertos, en el sentido de que el material
activo procede del exterior. Los electrodos y el electrolito sirven respectivamente como
catalizador (facilitan la reacción) o como medio de transporte de iones, pero no intervienen en la
reacción y, por tanto, no se desgastan. En este caso, el almacenamiento y la conversión de
energía no se producen en el mismo compartimento.
A diferencia de las baterías y las celdas de combustible, los supercondensadores no transforman
energía química en eléctrica. Los iones del electrolito, bajo la influencia de un campo externo, se
acumulan en las dos interfaces electrodo/electrolito formando una doble capa eléctrica. Se
consiguen así condensadores de capacidad muy elevada (puede ser hasta de cientos de Faradios)
que almacenan la energía en forma de campo eléctrico.
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La pila de Daniel constituye un ejemplo que ilustra como se transforma energía química
en eléctrica. El electrolito está formado por dos disoluciones diferentes separadas por
una membrana. Por un lado, tenemos sulfato de zinc que en solución acuosa se
descompone en cationes de zinc y aniones de sulfato. Por otro lado, se utiliza sulfato de
cobre que se descompone en cationes de cobre y aniones de sulfato. Cada una de estas
disoluciones existe un equilibrio entre la densidad de cationes y aniones. La membrana
mantiene este equilibrio permitiendo el paso de aniones de sulfato de un lado hacia el
otro.
En cada uno de estos electrolitos se inserta un electrodo con el que se produce la
reacción química. El electrodo de zinc reacciona (oxidación) con el electrolito
transfiriendo cationes de zinc a cambio de quedarse cargado con electrones (dos
electrones por catión de zinc). En cambio, el electrodo de cobre capta cationes de cobre
de su electrolito a cambio de electrones (reducción), aumentado la masa del electrodo.
Si se conecta un circuito entre ambos electrodos que permita la circulación del
electrones desde el electrodo de zinc hacia el de cobre, se produce una paso de
corriente y evolucionan ambas reacciones químicas. Con el tiempo, tanto el electrodo de
zinc como los cationes de cobre se van desgastando, lo que comporta un límite de la
energía que la pila puede proporcionar.
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El proceso de transformación de energía química a eléctrica puede ser reversible en
algunos tipos de baterías, produciéndose la reacción química en sentido contrario. En
un sentido se produce la carga y en sentido contrario la descarga. Dicho tipo de baterías
se conocen como secundarias o recargables.
En las baterías primarias, la eficiencia energética durante el proceso de carga es muy
malo, transformándose gran parte de la energía en calor. Este tipo de baterías son
ensambladas en estado de carga y se utilizan en descarga hasta que se agotan.
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Las celdas de combustible obtienen energía eléctrica a partir de materia activa procedente del exterior.
Los electrodos y el electrolito que forman la celda no intervienen en la reacción y por tanto, no se
degradan. Esta transparencia muestra un ejemplo de una celda de combustible cuya materia activa es el
oxigeno (se obtiene directamente del aire que envuelve la celda) y el hidrógeno procedente de un
deposito.
Las moléculas de hidrogeno liberan electrones transformándose en cationes de hidrógeno que mediante
el electrolito alcanzan el otro electrodo. En el otro electrodo, los cationes de hidrogeno reaccionan con las
moléculas de oxigeno formando agua. En esta última reacción se necesitan los electrones liberados al
formar los cationes de hidrogeno.
Un ejemplo de aplicación son los vehículos eléctricos de pila de combustible de hidrógeno, los cuales son
una alternativa a los vehículos eléctricos de baterías, donde se recurre a la energía almacenada por el
hidrógeno. Este hidrógeno se almacena en un depósito (o tanque) y gracias a la pila de combustible se
obtiene energía eléctrica para hacer funcionar el motor eléctrico que moverá las ruedas. La pila de
combustible (también llamada célula o celda de combustible) recibe hidrógeno y aire (para aprovechar el
oxígeno de este), y mediante un proceso electroquímico genera energía eléctrica, agua (que se evacúa en
forma de vapor) y algo de nitrógeno. Estas emisiones no son contaminantes y por eso se habla de vehículo
de cero emisiones locales. El rendimiento es de entre el 50% y el 60%. La pila de combustible es pesada y
muy costosa (se emplea platino o paladio para recubrir las placas de los electrodos). En ocasiones el
vehículo puede llevar también una batería (normalmente de iones de litio) para acumulación de
electricidad (pero más pequeña que si fuera un vehículo eléctrico “puro”). El hidrógeno no es un recurso
natural. Se puede obtener del agua, por electrólisis, consumiendo electricidad. Sin embargo, en la
actualidad, la mayor parte del hidrógeno (el 96%) se obtiene a partir de gas natural, carbón o petróleo.
Lo más habitual es obtenerlo mediante reformado de gas natural con vapor de agua. En su obtención se
consume energía y se emite CO₂ y otros gases contaminantes. Es más, el balance energético es
ligeramente negativo, se consume más energía que la que luego nos devuelve el hidrógeno. El hidrógeno
es complicado de almacenar, tiene una densidad muy baja (unas 13 veces inferior a la del aire) y a
temperatura ambiente ocupa muchísimo volumen. Para almacenarlo se recurre a comprimirlo a muy altas
presiones (de entre 350 a 700 bares). Como es muy volátil tiende a escaparse por las juntas del depósito y
tuberías. También se puede almacernar en estado líquido. Para licuar el hidrógeno hay que enfriarlo hasta
-253 C, esto consume aproximadamente el 30% – 40% de la energía que nos aportará ese hidrógeno.
Además habrá que consumir otro 3% más cada día para mantenerlo frío. Aunque líquido el hidrógeno
ocupa menos volumen, los depósitos siguen siendo grandes debido al aislamiento térmico que deben
tener.
Para más información y ejemplos de aplicación se puede consultar el enlace: [Link]
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Los supercondensadores son condensadores de muy alta capacidad. Al no producirse
ninguna reacción química durante su funcionamiento, prácticamente no se degradan y
tienen una vida útil muy larga.
Un condensador está formado por dos electrodos separados por un dieléctrico que
actúa como aislante eléctrico. La capacidad depende del área de los electrodos y del
espesor del dieléctrico. Cuanto mayor sea el área y menor el espesor, mayor será la
capacidad. Utilizando esta estructura se construyen los condensadores convencionales
cuyo nombre depende del dieléctrico utilizado. La capacidad de estos dispositivos puede
variar desde picofaradios hasta milifaradios. En cambio, la capacidad puede alcanzar
hasta centenas de Faradios en un supercondensador. ¿Cómo se consiguen estos valores
tan grandes?
El supercondensador utiliza una estructura formada por dos electrodos y un electrolito
que no reaccionan entre ellos. Cuando se aplica una diferencia de potencial entre los
electrodos, se produce un campo eléctrico en el dieléctrico. Este campo arrastra los
cationes y aniones del dieléctrico hacia los dos electrodos. Como no se produce
reacción química, no existe un transferencia de carga de estos iones hacia los electrodos.
Los cationes y aniones se acumulan sobre la superficie de los electrodos formando dos
condensadores con un dieléctrico equivalente de espesor igual al tamaño de estas
moléculas (unos pocos angstroms). Por tanto, se comporta como dos condensadores en
serie de capacidad muy elevada ya que el espesor del dieléctrico equivalente es muy
pequeño.
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Los dispositivos de almacenamiento se pueden comparar utilizando el diagrama de
Ragone, donde se compara su densidad de potencia versus su densidad de energía, que
se definen como:
- Densidad de energía volumétrica/gravimétrica: cantidad de energía por unidad de
volumen/peso
-Densidad de potencia volumétrica/gravimétricas: cantidad de potencia que es capaz de
suministrar por unidad de volumen/peso
Como se ve, las supercapacidades presentan una densidad de potencia mayor. Por el
contrario, las celdas de combustible presentan la mayor densidad de energía. A veces, se
utilizan sistemas híbridos compuestos por diferentes tipos de almacenamiento para
conseguir densidades altas de energía y de potencia.
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A pesar que existen otros dispositivos de almacenamiento de energía, como los
supercondensadores, nos concentraremos en analizar únicamente las características de
la baterías secundarias por ser estos dispositivos los más utilizados.
Idealmente, una batería constituye una fuente cuya tensión debería ser constante. No
obstante, la tensión que suministra depende de las condiciones de funcionamiento. Así
por ejemplo, si la descargamos mediante una fuente de corriente constante observamos
que se reduce su tensión a medida que pasa el tiempo y se descarga. En el caso de
carga, mediante una fuente de corriente en sentido contrario, se observaría que la
tensión iría aumentando. Estas dos curvas se conocen como la curva de descarga y de
carga de la batería.
La tensión nominal de la batería no es más que un valor aproximado de la tensión en la
curva de descarga.
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Otro de los parámetros que define la batería es su capacidad. La capacidad indica cuanta
carga puede almacenar y está determinada por la cantidad de materia activa en contacto
con los electrodos. Se mide en Ah e indica la corriente necesaria para descargar la
batería durante una hora.
En esta gráfica podemos observar la curva de descarga de una batería de 1800 mAh.
Cada una de las curvas corresponde a una corriente de descarga diferente, indicadas
como 1C, 2C y 3C. Estos valores indican que la corriente de descarga es de 1 vez, 2 veces
o 3 veces la corriente de 1800 mA.
Nótese que la descarga dura aproximadamente 1 hora para una descarga a 1C, media
hora para 2C y 20 minutos para 3C. Es decir, el tiempo de descarga es aproximadamente
inversamente proporcional a la corriente de descarga.
El tiempo de descarga se mide hasta que la tensión disminuye a una tensión de corte
determinada, en el ejemplo 0,9 V. La capacidad se calcula como la corriente de descarga
multiplicada por el tiempo de descarga. Debido a la resistencia interna, que provoca
caídas de tensión mayores para mayores corrientes de descarga, la capacidad de la
baterías disminuye ligeramente al aumentar la corriente de descarga. La capacidad de
1800 mAh se define pues para una determinada corriente de descarga especificada por
el fabricante.
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La esperanza de vida de una batería se indica por el número de ciclos de vida. Los ciclos
de vida son el número de veces que puede cargarse y descargarse hasta que su
capacidad se reduce a un 80% de la inicial.
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Aunque una batería no esté conectada a una carga, su carga va disminuyendo en el
tiempo. Este fenómeno se conoce como autodescarga y se indica por el porcentaje de
reducción de carga durante un mes respecto a su capacidad nominal.
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Los ciclos de descarga de una batería no tienen porque ser completos hasta alcanzar su
capacidad total. Se conoce como profundidad de descarga al porcentaje de descarga
máxima que sufre la batería en relación a su capacidad.
Los ciclos de vida de algunas baterías dependen de la profundidad de descarga con la
que se está utilizando. Esta gráfica muestra como la capacidad de la batería disminuye
rápidamente con el número de ciclos al aumentar la profundidad de descarga. El
ejemplo es de una batería de ácido-plomo.
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Al igual que la profundidad de descarga, existen unos límites de funcionamiento para los
que se reduce la esperanza de vida si son sobrepasados.
En el proceso de descarga se definen una corriente máxima y una tensión mínima de
descarga. Por otra parte, se define una corriente máxima y una tensión máxima en la
carga.
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Las baterías se clasifican por las materias activas que intervienen en las reacciones
químicas producidas durante su funcionamiento. Entre los tipos más comunes, se
distinguen: la baterías de ácido-plomo, las de Ni-Cd, las de NiMH y las de Litio (por
ejemplo, Litio-Ion o Litio-polímero).
Las baterías de ácido-plomo fueron las primeras baterías secundarias, descubiertas en
1859. Aunque existen diferentes tipos de baterías de ácido-plomo según cuál sea su
aplicación, se caracterizan por ser grandes y pesadas, alta autodescarga y un número de
ciclos de vida reducido. Un ejemplo de estas baterías lo encontramos en los coches que
las utilizan en el encendido del motor.
Posteriormente se han descubierto nuevas tecnologías encaminadas a reducir el tamaño
y el peso, reducir la autodescarga y aumentar la esperanza de vida. Las modernas
baterías de Litio-Ion tienen un tamaño que puede llegar hasta unas 8 veces más
pequeño y 20 veces más ligero que las baterías de ácido-plomo. La velocidad de
autodescarga puede ser hasta del 5% y la esperanza de vida hasta de 1000 ciclos.
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Las baterías no únicamente se diferencian por su química sino que también intervienen
otros parámetros, como por ejemplo la geometría de los electrodos y del electrolito, que
depende de la aplicación para la que se han diseñado.
En la transparencia se muestran tres tipos de aplicaciones con demandas hacia las
baterías bien diferenciadas: arranque de motores, tracción y estacionarias.
Las baterías utilizadas durante el arranque de motores deben ser diseñadas para
soportar grandes corrientes en breves periodos de tiempo. Utilizan electrodos que
ofrecen una gran superficie de contacto con el electrolito para soportar estos picos de
corriente.
Las baterías de tracción utilizadas en vehículos eléctricos están diseñadas para soportar
grandes profundidades de descarga con una esperanza de vida larga. Utilizan antimonio
en su electrolito para poder ser utilizadas con grandes profundidades de descarga.
Las baterías estacionarias permanecen en estado de carga durante largos periodos de
tiempo cargándose desde la red o otra fuente de energía. Se utilizan como fuente de
energía alternativa cuando hay una caída de esta fuente de energía. A pesar que tiene
un número pequeño de ciclos de vida para profundas ciclos de descarga, se utilizan en
sistemas de autónomos de alimentación solar.
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Las baterías secundarias están conectada a una fuente de energía y a la carga a partir de
circuitos de acondicionamiento que permiten su carga y descarga de forma adecuada.
Entre estos circuitos podemos distinguir los circuitos de carga, los circuitos de seguridad
y los circuitos de supervisión.
Los circuitos de carga se encargan de cargar la batería a partir de la fuente energía según
las recomendaciones del fabricante. Básicamente, existen tres formas de carga: a
corriente constante (CC), a tensión constante (CV), y a corriente constante seguido por
tensión constante (CCCV). La forma adoptada para una batería depende de su química.
Los circuitos de seguridad aseguran que no se sobrepasen los límites de carga y descarga
de la batería para evitar su deterioro.
Los circuitos de supervisión indican que carga útil dispone y cual es su esperanza de vida
en cualquier instante de funcionamiento.
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Normalmente, los circuitos de carga se eligen o diseñan para que el tiempo de carga de
la batería sea el mínimo posible. Este tiempo está limitado por la corriente máxima de
carga. El fin del proceso viene determinado, en algunos tipos de baterías, por una
tensión máxima de carga. A partir de esta tensión la carga debe finalizar o continuar con
una corriente de sostenimiento, que puede compensar la propia autodescarga de la
batería.
Las baterías pueden cargarse individualmente o en grupo cuando están asociadas en
serie o paralelo. Debe prestarse especial cuidado cuando se cargan en grupos debido a
las disimetrías entre ellas. Una puede estar totalmente cargada o su corriente de carga
puede superar el máximo permitido al mismo tiempo que el resto no llegan a esos
límites.
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Tal y como hemos explicado anteriormente, existen tres formas de cargar las baterías en
función de cual sea su química.
Las baterías de NiCd y NiMH se cargan a corriente constante (valor inferior a la corriente
máxima de carga recomendada por el fabricante) hasta detectar que se ha completado
la carga (por tensión y/o temperatura; en algunos casos por temporización).
Las baterías de ácido-plomo pueden cargarse a tensión constante. La corriente
disminuye a medida que se completa la carga. La carga se termina cuando la corriente
disminuye de un cierto umbral (por ejemplo 2-3 % de la corriente inicial). A partir de
entonces puede dejarse una corriente de mantenimiento a una tensión de carga menor
(flotating voltage) que compense las pérdidas por autodescarga.
Las baterías de Li-ion y también las de acido-plomo pueden cargarse a corriente
constante hasta que la tensión llega a cierto límite. En ese instante se cargan a tensión
constante y la corriente comienza a disminuir. Lo dicho para las de carga a tensión
constante también aplica aquí.
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Durante el proceso de carga es importante detectar con seguridad cuando se ha acabado
la carga. Una sobrecarga implica que gran parte de la energía de la fuente se transforma
en calor en la batería. Puede ocasionar un envejecimiento prematuro de la batería, un
incendio o inclusión una explosión de gases. En situación de sobrecarga las reacciones
químicas pueden cambiar y significar la generación de gases explosivos como el
hidrógeno.
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Las técnicas para detectar cuando finaliza la carga también dependen del tipo de
química. En las baterías de Ni-Cd y Ni-MH se produce un máximo en la tensión y un
incremento repentino de la temperatura cuando se alcanza la plena carga. Puede
utilizarse un doble sistema de detección por seguridad. Uno basado en la tensión de la
batería y el otro en su temperatura. En el ejemplo, para las baterías de Ni-Cd, la carga
finaliza cuando se detecta un incremento de temperatura de 10 C y/o una bajada de
tensión de 45 mV.
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Algunas tecnologías pueden cargarse a una tensión o corriente de mantenimiento segura
indefinidamente. No es necesario utilizar un circuito de detección porque esos niveles
de tensión o corriente no son suficientemente altos para entrar en sobrecarga.
Esta forma de carga simplifica el diseño del cargador y evita la autodescarga de la
batería. No obstante, implica periodos de carga muy largos.
Esta transparencia muestra una esquema simple que limitaría la tensión de carga a una
tensión de sostenimiento segura. Un diodo Zener en paralelo con la batería limitaría su
tensión de carga a la tensión Zener.
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Al igual que la sobrecarga, la sobredescarga ocasiona el envejecimiento prematura de la
batería o incluso su destrucción. También debe prestarse especial cuidado cuando se
descargan un grupo de baterías conectadas en serie. Una de ellas puede estar en
situación de sobredescarga cuando el resto permanecen con carga.
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El límite de descarga viene determinado por un nivel de tensión mínimo en la batería.
Básicamente el circuito de protección a sobredescargas estaría formado por un
comparador que abriría un interruptor cuando la tensión baja por debajo de ese límite.
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Los circuitos de supervisión evalúan el estado de carga y de salud de la batería. El estado
de carga es la cantidad de carga disponible en la batería respecto a su capacidad
máxima.
Depende de muchos factores como el flujo de carga que entra o sale de la batería, la
temperatura, el envejecimiento y su química.
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El estado de salud es la relación entre la capacidad máxima de almacenamiento y su
capacidad nominal. Indica el estado de degradación de la batería. Es decir, el porcentaje
de su capacidad de almacenamiento disponible.
También depende de mucho factores como la temperatura, la profundidad de descarga,
como han sido los procesos de carga y descarga, así como del número de ciclos.
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Existen varias técnicas para determinar el estado de carga y de salud. Entre ellas, la más
extendida por su simplicidad es el contador de carga. Consiste en determinar la carga
disponible a partir de contar el flujo de carga hacia o desde la batería.
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