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Políticas Culturales en Bolivia 2023

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UNIVERSIDAD NACIONAL SIGLO

“XX”
Área: salud

TRABAJO GRUPAL
POLÍTICA
CULTURAL
Docente:
Materia: Politica Economica
Estudiantes: Chuca Pajari Juan Gabriel
Espinoza Villaroel Yessica
Jesus Flores Lisbeth
Jesus Flores Leny Paola
Nuñez Mollo Emerson
Curso: Cuarto Año
Paralelo: “C”
Gestión: 2023
LLALLAGUA -BOLIVIA
ÍNDICE
Introducción.............................................................................................................................3
¿Qué son las Políticas Culturales?.....................................................................................3
Desarrollo...............................................................................................................................4
CULTURA...........................................................................................................................5
INTERCULTURALIDAD...................................................................................................5
DESCOLONIZACION.......................................................................................................5
COYUNTURA NACIONAL...............................................................................................6
LA RESISTENCIA CULTURAL A PESAR DE LA POBREZA...................................7
NIÑEZ, JUVENTUD, INDIGENA Y MAS POBREZA...................................................8
EL RETO............................................................................................................................8
EL PATRIMONIO CULTURAL DE LA NACION...........................................................8
CONCLUSIÓN............................................................................................................................9
Política Cultural
Introducción
¿Qué son las Políticas Culturales?

Las Políticas Culturales son un conjunto de orientaciones y decisiones del Estado


con la participación de organizaciones de la sociedad civil y grupos comunitarios
diseña y ejecuta con la finalidad de facilitar la consecución de objetivos considerados
necesarios o deseables en el ámbito de la cultura en general o respecto de un sector
cultural o disciplina específica.
Una Política Cultural debe materializarse tras un amplio acuerdo entre los beneficiarios
directos, la institucionalidad y los expertos involucrados. Todos ellos participan
activamente durante su proceso de diseño y formulación.
Una Política Cultural considera el desarrollo de ciertos objetivos (cambiar un estado de
las cosas percibido como problemático o insatisfactorio) junto con determinados
instrumentos o medios para su consecución.
Las Políticas Culturales funcionan como cartas de navegación de la acción del Estado
en el campo cultural y patrimonial, permitiendo definir los lineamientos, prioridades y
articular a sus distintos ministerios, servicios y agentes culturales, para lograr que su
abordaje sea integral y efectivo.
Pensar en el desarrollo de individuos y pueblos que sea consecuente con la realidad
cultural específica de los mismos, y que a la vez se desvincule de pretensiones
occidentalizantes o modernizantes que intenten erradicar la diferencia que los
constituye, para asimilarlos o excluirlos de la dinámica hacia el crecimiento, requiere
de una reflexión en torno a los conceptos de desarrollo, globalización, y
mundialización1.
En este texto partimos de la distinción entre globalización y mundialización, para
desvincular los procesos globales de carácter económico y tecnológico, de las
dinámicas culturales mundializadas, con dos fines básicos: el primero, afirmar que los
procesos culturales no siguen las mismas dinámicas globalizantes de otros procesos,
aunque sí se mundialicen, y que, por lo tanto, no se puede hablar de una identidad y
una cultura globales. El segundo fin es afirmar que en el contexto en el que la
globalización genera procesos de desequilibrio, marginación, desigualdad y exclusión,
y en el que la mundialización provoca una mayor interconexión de individuos y
pueblos2, las políticas culturales surgen como una posibilidad real de que el estado–
nación pueda crear, promover, orientar y gestionar estrategias que fortalezcan la
dimensión cultural de la vida individual y colectiva que se desarrolla en su seno, así
como que logre procesos de selección, resistencia y resignificación de elementos
externos o ajenos de carácter "globalizado".
Así, en la primera sección distinguimos globalización de mundialización, tomando en
cuenta que son dos caras de la misma moneda, que se impactan recíprocamente y
que comparten dinámicas y recursos, sobre todo de carácter tecnológico. Aquí
enfatizamos el carácter no natural e inevitable de la globalización, así como la
marginación y exclusión que genera su lógica. En la siguiente sección reflexionamos
acerca del concepto de desarrollo, que surge cargado de un significado occidental,
moderno, excluyente de lo que no entra en un esquema de progreso; asimismo,
apostamos a pensar en un desarrollo que ofrezca a todos los individuos y
comunidades las ventajas de la modernidad, que mejore las condiciones de vida de los
mismos, y que a la vez no comprometa la especificidad cultural de cada grupo
humano.
Más adelante, apoyamos la tesis que niega la generación de una identidad y de una
cultura que sean globales, dando así un peso marginal a los procesos que tienden a
uniformizar culturalmente a la humanidad. A partir de una idea de cultura en tanto
dimensión simbólica de lo social, en la que las formas interiorizadas o subjetivadas son
las que pesan en la producción de sentido, afirmamos la diversidad cultural como un
hecho no alterable, y entonces generamos la base para pensar en la necesidad de
crear proyectos y procesos de desarrollo que se fundamenten en: por un lado, los
procesos de mundialización de la cultura, y por el otro, en políticas culturales que
surjan del estado–nación; pero que, en vez de tender a uniformizar con el fin de
generar una imagen de cohesión nacional, se abran a otras instancias de creación de
ideas y de toma de decisiones, que sean democráticas, plurales y respetuosas de la
diferencia.
De este modo, se establece la necesidad y la pertinencia del estado como instancia
que lejos de verse mermada, disminuida o desplazada por los nuevos actores
globales, puede constituirse en una instancia renovada y sólida 3, cuyas decisiones y
estrategias contribuyan a la conformación de espacios multiculturales, multinacionales,
democráticos, incluyentes; así como consecuentes y complementarios de los
esfuerzos que, desde el panorama de la mundialización, se están gestando para
generar la instauración en todos los países de un nivel mayor de desarrollo humano,
de libertad cultural, así como el asentamiento de las bases para pensar una ética
global.

Desarrollo
En diciembre de 2005 se inicia la Revolución Cultural y hasta la fecha el país vivió una
serie de eventos políticos, económicos y sociales que han manifestado cambios
evidentes en las relaciones sociales del país.
Considero que uno de los aspectos que evidentemente se modificó es la visión que se
tiene de nosotros mismos. De una sociedad habitualmente excluyente, indolente y
racista, los procesos políticos democráticos han demostrado la presencia efectiva de
los pueblos y naciones originarias, primero con el 54% de la población votante que le
dio al primer Presidente indígena de un país compuesto mayoritariamente por
quechuas, aymaras y chiquitanos, además de otras 33 etnias, y que ha seguido
creciendo en porcentaje en los siguientes actos de consulta nacional.
Es en este 60% de población originaria que el inmenso patrimonio cultural que ostenta
el país se manifiesta en su multiplicidad étnica, que conserva en sus hábitos y
costumbres milenarias una singular relación con el contexto natural y social, que
reclama legítimamente un mayor protagonismo en el desarrollo económico, político y
social del país.
Uno de los principales hitos que se propone el gobierno está centrado en la
revalorización de las expresiones culturales y artísticas de los ciudadanos indígenas,
al tiempo que se incorporaban en los circuitos de producción y consumo artístico y
turístico global, otorgando una oportunidad de desarrollo económico a las
comunidades propietarias de aquel patrimonio, fomentando la elevación de los niveles
de autoestima social, desarrollando estrategias de formación y difusión de la gestión
artística y cultural de los protagonistas.
Esta revalorización del patrimonio cultural -tangible e inmaterial-, contiene al mismo
tiempo el potencial de estimular la unidad plurinacional a partir de las distintas
expresiones culturales. Para alcanzar este propósito es necesaria una estrategia que
fomente la admiración mutua de las distintas manifestaciones culturales, exquisitas por
definición, sobreponiéndose al menosprecio, la discriminación y otros aspectos
contrarios a la valorización y el respeto.
Estos antecedentes sugieren que el gobierno de Evo Morales deba ser, por definición,
el de la Revolución Cultural en el sentido de revertir las hasta ahora tradicionales
formas de relacionamiento social y la valorización de los patrones culturales originarios
e indígenas desplazados a la marginalidad por los sectores dominantes del poder
tradicional.

CULTURA
Por cultura corresponde entender todas las expresiones y manifestaciones de la
sociedad y de sus individuos. La cultura es todo lo que somos. En ello cabe nuestro
idioma, nuestras costumbres, la dieta que tenemos, las formas que elegimos para
celebrar y también de manifestar nuestras tristezas. La cultura es lo que tejemos y las
melodías que componemos, escuchamos y bailamos, los objetos que creamos en
nuestra cotidianidad y aquello que expresa nuestra ritualidad.
La cultura también es la manera de representar nuestro contexto a través de las
diferentes expresiones artísticas que la humanidad ha desarrollado, pero también
aquellas otras que dan cuenta de las diferentes formas de vivir y morir. La cultura es la
relación de las sociedades con la naturaleza y el entorno, es la manera en la que los
seres humanos han convivido con sus pares y aquella que les ha permitido dominar y
hasta ser dominados. La cultura expresa lo que somos y en ese sentido es también la
comunicación y el discurso.
En el contexto político, la cultura es fundamentalmente un instrumento de transmisión
y reproducción de la ideología. La cultura agrupa a los que piensan de manera similar
y, por eso, las estrategias que sean utilizadas en ese sentido estarán dirigidas a
fortalecer las asociaciones, pero también se constituye en una herramienta de
disuasión efectiva en tanto que persuade antes de imponer.

INTERCULTURALIDAD
Entendemos a la interculturalidad como una construcción socio-cultural que establece
espacios de interrelación y desarrollo de nuevas formas organizativas, a partir de la
valoración, el potenciamiento y la promoción del patrimonio natural, material e
inmaterial de las culturas, expresado en la vida cotidiana, en los conocimientos, los
saberes, la espiritualidad y la cosmovisión, que construyen las identidades con respeto
a la diferencia.
DESCOLONIZACION
Entendemos a la descolonización como un proceso político-cultural de deconstrucción
estructural del
Estado colonial, que busca eliminar las prácticas racistas y discriminatorias a partir del
reconocimiento e incorporación de los valores y principios de las culturas originarias y
de los construidos en el proceso histórico, conformando un conjunto de identidades
auto valoradas que se reconocen como diversas desde sus espacios territoriales en el
ideal de construir un Estado Plurinacional para vivir bien.

COYUNTURA NACIONAL
Una lectura del proceso actual que culmina con la nueva Constitución Política del
Estado, que va a definir a Bolivia como un Estado Plurinacional. Este proceso nos da
cuenta de una insurrección democrática de los pueblos y naciones originarias,
mayoritarias poblaciones en el país, que encuentran en su vinculación cultural,
fuertemente destacadas por sus coincidencias étnicas, las que definen la elección del
primer presidente indígena de la historia boliviana y su continuidad en el proceso de
cambio a largo plazo.
La determinación del pueblo boliviano, expresada democráticamente, se constituyó
también en un compromiso con la comunidad internacional solidaria genéricamente
con los pueblos indígenas.
La Presidencia de Evo Morales es una señal al mundo entero que advertía que había
llegado el momento en el que ser indígena debía ser la condición más importante para
que el Estado Plurinacional de Bolivia invierta las relaciones coloniales. “Hermanos
indígenas, por fin somos Presidentes”, había dicho Evo Morales en el masivo acto de
posesión en la ciudad de La Paz el 22 de enero de 2006.
Esta condición marcaba el orden de prioridades para el gobierno nacional.
Definitivamente la prioridad debían ser los sectores más empobrecidos, junto con ello
estaba claro que era necesario modificar los procesos de representación democrática,
reconocer los derechos adquiridos por unos y por otros en este largo trajinar de la
historia que se encontraba con una nueva esquina y cargaba sobre sí la resistencia
cultural de quinientos años.
El mandato rebasaba los límites de Bolivia y abarcaba a todo territorio en el mundo
donde los indígenas permanecían con vida, Evo Morales es la esperanza de
53.000.000 de habitantes en el mundo.
Si bien esta base de legitimidad del gobierno de Evo Morales será constante porque
está basada en las poblaciones indígenas y los movimientos sociales, al interior del
país no es poca la proporción de ciudadanos no indígenas pero progresistas y
comprometidos con el proceso de cambio, así como una gran población sin una
posición política definida que del mismo modo apoyan la transformación democrática y
cultural del Estado Plurinacional boliviano.
Aunque también existen sectores conservadores y reaccionarios que han desarrollado
acciones violentas, la Revolución Democrática aún constituye un reto mayor para el
presidente Evo Morales, aproximar los extremos en los de la construcción de un país
con tolerancia y respeto mutuos se constituye en una obligación estructural, es decir,
la transformación cultural del conjunto del país en un proceso democrático pacífico.
Desde la conquista de América la discriminación ha tenido el rostro indígena. Lo que
se impuso desde el plano conquistador fue una dominación ideológica basada en la
sustitución de la forma de gobierno, la introducción de la religión católica como oficial y
la sumisión a la explotación económica a partir de la implementación de nuevos
modelos de producción o extracción de materias primas que beneficiaban
directamente a los reinos conquistadores.
La Colonia es, por lo tanto, el resultado de aquella estrategia. Quienes se
sobrepusieron a las poblaciones indígenas continuaron imponiendo el proceso político,
ideológico y económico que trajo consigo el descubrimiento.
Étnicamente también se constató una génesis de raza, la mestiza, importante por su
rol intermedio entre los pueblos originarios y los pueblos conquistadores. En los cholos
se concentró el sincretismo producto del choque cultural que significó la conquista de
América.
En el período Republicano las relaciones no fueron mejores, evidentemente cerca de
cuatro siglos habían significado una muy fuerte alienación y aunque las Repúblicas
cambiaron el modelo Monárquico por el Presidencial, los roles y las estrategias no
fueron distintas. Los pueblos originarios seguirían en la base de la pirámide y
sustentarían los patrones de dominación política, ideológica y económica de las
colonias.
De manera pertinaz, las poblaciones originarias conservaban casi en la intimidad sus
patrones ancestrales, sus mecanismos de elección de autoridades, sus creencias y
rituales, a partir de una concepción específica del entorno y la distribución de los
recursos de manera equitativa entre las comunidades a las que pertenecían.

LA RESISTENCIA CULTURAL A PESAR DE LA POBREZA


El fenómeno de resistencia cultural es la característica de los pueblos originarios, su
concepción y paciencia son los factores que determinan la unidad de sus miembros en
todos los estratos sociales, territoriales y económicos en los que se encuentren.
Sorprendentemente, el inicio del siglo XXI devela que la población boliviana se declare
así misma mayoritariamente indígena.
Según el Censo Nacional de Población y Vivienda de 2001, de los 8.274.325
ciudadanos y ciudadanas, la población autoidentificada como indígena está constituida
por 4.915.245 habitantes, el 59,40% del total. Como se advierte, cinco de los nueve
departamentos del país tienen una mayoritaria presencia poblacional indígena; cuatro
presentan una proporción menor, lo que nos lleva a concluir que existe una relación
directa entre la población indígena a nivel departamental y la representación política.
De esta representación se interpreta la tensión oriente – occidente, cuyos
antecedentes se remiten a momentos en los que la administración pública estaba
concentrada efectivamente en la región occidental del país. Hoy esa posición es
cuando menos innecesaria para el concepto, pero sigue siendo útil en la consigna:
autonomía significa raza.
Lamentablemente raza también significa pobreza o riqueza, según sea el caso. El 86%
de la población indígena de Bolivia es pobre. Las diferencias sociales hacen que el
10% más rico de los bolivianos consuma 22 veces más que el 10% más pobre y cerca
de dos tercios de la población indígena sea parte del 50% más pobre de la población.
Estos datos sin embargo contradicen el aporte de los pueblos indígenas a la actividad
productiva del país. La tasa de participación laboral está compuesta por 81% de
población indígena y 64% de la población no indígena.
Los indígenas son 3% menos propensos a estar desempleados que los no indígenas
(4% comparado con 7%), aunque un tercio de los indígenas empleados no reciben
remuneración por su trabajo, comparado con un 13% de la población no indígena del
país. Es mucho más preocupante constatar que la mayor proporción del trabajo sin
pago es realizada por mujeres.

NIÑEZ, JUVENTUD, INDIGENA Y MAS POBREZA


Los niños, niñas y jóvenes entre 10 y 24 años representan 2.680.500 habitantes de
nuestro país el 32,3% del total de población. Un tercio de la población que merece sin
duda los incentivos consecuentes con sus derechos humanos.
Entre las tristes contradicciones que heredamos se tiene que los años de escolaridad
de la población indígena alcanzan los 5,9; mientras que la población no indígena
alcanza los 9,6 años.
El analfabetismo estaba particularmente concentrado entre la población indígena
femenina y afectaba a una de cada cuatro mujeres mayores de 35 años. Sobre este
aspecto trabajó exitosamente el programa de alfabetización “Yo, si puedo” como uno
de los componentes de la cooperación de la República de Cuba, que continúa con el
programa de post-alfabetización “Yo si puedo seguir”.
La necesidad de generar recursos económicos para las familias requiere de los
menores de edad la aportación laboral. Este problema se manifiesta efectivamente en
la población indígena entre 9 y 11 años que en un 31% trabaja, lo que sumado al
también lamentable 8% de los niños no indígenas que trabajan, suman un 39% de
trabajadores menores de edad.
Está claro que los adolescentes indígenas entre 12 y 18 años entran a la fuerza laboral
en mayor proporción y sobrepasan varias veces las tasas de entrada de la población
no indígena a la fuerza laboral.

EL RETO
El reto más importante es modificar las estructuras de pensamiento de la sociedad
boliviana, motivando un profundo sentido de respeto, expresado a través de la equidad
en la aplicación de las políticas públicas.
Quienes tienen ventaja comparativa respecto de los pueblos indígenas deben conocer
esta realidad y, sobre todo, las virtudes de los pueblos originarios expresadas a través
de sus manifestaciones artísticas y culturales. A su vez, los pueblos indígenas deben
mejorar su autoestima a través de la manifestación expresa de sus cualidades
culturales, pero además, generar procesos de desarrollo productivo, empleo e
ingresos producto de las manifestaciones y el turismo cultural que puede
efectivamente constituirse en una plataforma de desarrollo económico.

EL PATRIMONIO CULTURAL DE LA NACION


Sin duda el principal Patrimonio Cultural que ostenta Bolivia es su gente. La diversidad
explícita que tienen sus poblaciones, desde los principales centros urbanos y capitales
hasta las poblaciones y comunidades más modestas, tienen en sus habitantes
manifestaciones de diversidad cultural y preservación de los usos y costumbres que
conviven con expresiones modernas.
Este proceso de valorización de las culturas originarias surge en las poblaciones
mestizas que operaron como un puente hacia las comunidades más alejadas de los
centros urbanos. Desde los usos rituales a lo largo del año, pasando por las
festividades y el rescate de los bailes y ritmos realizados en talleres, universidades y
colegios y proyectados con mucho éxito en el contexto de la industria cultural, llegando
al uso efectivo de la medicina tradicional, vistiendo las telas y colores de las
comunidades originarias, rescatando a los artistas más destacados, proyectando el
arte indígena hacia los mercados de consumo del mundo occidental, son expresiones
que componen los más importantes referentes de la penetración cultural del patrimonio
inmaterial originario en la sociedad boliviana.
Lo importante es que este proceso de penetración es pacífico y pasó de ser
“socialmente tolerado” a constituirse en un auténtico patrimonio de las colectividades
urbanas. Su desprecio es condenado porque expresa una manifiesta expresión de
racismo.
Se debería fortalecer efectivamente este proceso porque además de ser necesario
para mantener los vínculos de unidad nacional, puede constituirse en una herramienta
política y económica de transformación.
Política porque mientras sea un instrumento ideológico puede actuar en función de los
principios establecidos por el gobierno. Económica porque los servicios culturales
pueden constituir efectivamente una fuente de ingresos lo suficientemente significativa
para el Estado nacional y sus productores.
Pero Bolivia también es un escenario en el que el patrimonio tangible de los pueblos
originarios se muestra imponente y suficiente. Se considera la existencia de
aproximadamente 35.000 sitios arqueológicos; destacan, por ejemplo, los de los llanos
y amazonía beniana que constituyen 20.000 sitios que además no son los más
reconocidos en el contexto internacional.
Sin duda los de Tiwanacu, Samaipata, Sajama, Incallajta constituyen una mínima pero
significativa expresión de este patrimonio originario. Es llamativo constatar que en
muchos de estos sitios las labores arqueológicas pueden constituir una importante
fuente de empleo y de ingresos.
El ejemplo más destacado es Tiwanacu, que genera por concepto de entradas al sitio
arqueológico cerca de 4.000.000 de bolivianos, además de ser beneficiaria de
importantes aportes de la cooperación internacional y la empresa privada.
Sin embargo, este sitio carece de la infraestructura suficiente para albergar el potencial
turístico que generan atractivos adicionales como el Lago Titicaca y el vecino Machu
Picchu. Mejorar la administración de este tipo de patrimonios culturales promoverá
cuando menos una puesta en valor del patrimonio originario.

CONCLUSIÓN

Canclini define las políticas culturales como "el conjunto de intervenciones


realizadas por el Estado, las instituciones civiles y los grupos comunitarios
organizados a fin de orientar el desarrollo simbólico, satisfacer las necesidades
culturales de la población y obtener consenso para un tipo de orden o de
transformación social".

La homogeneidad cultural (predominan el idioma español y la religión católica),


efectivamente, los avances tecnológicos y científicos, propios de esta
modernidad globalizada, pueden muy bien ser utilizados a favor del
fortalecimiento de estados, grupos, colectivos e individuos, en la medida en que
dichos avances puedan ser accesibles a todos y cada uno de los individuos, sin
que por ello se comprometa el derecho a la libertad cultural. Un desarrollo
dentro de los parámetros de la cultura, ya que, como bien afirma Lourdes
Arizpe, el desarrollo se inscribe en la cultura, y no al revés. El desarrollo
humano debe entenderse como desarrollo cultural, en cultura; y por cultura
entenderemos la compleja trama que une innovaciones y tradiciones, saberes y
ciencias, técnicas y tecnologías provenientes de experiencias diferentes. El reto
es, entonces, en un contexto de mundialización cultural y de globalización
económica y tecnológica, lograr que las políticas culturales de los estados–
nación logren genuinos proyectos de desarrollo humano, inscritos en una
dimensión cultural, que den cuenta de la diversidad, pero que también logren el
igual acceso a todos los ciudadanos a los bienes y servicios que las ciencias y
las tecnologías occidentales han logrado, y que la globalización ha puesto en
circulación, pero de manera excluyente.

Dos problemáticas surgen aquí: la primera, luchar en contra de posiciones


puristas que, justificados en la idea de que no hay que alterar el orden de las
culturas tradicionales, buscan que se queden como están, generalmente en
situaciones de pobreza y marginación, y por consiguiente, discriminación. La
segunda se refiere a la necesidad de concientizar más y más a organismos
internacionales que, en los casos de estados–nación en situación de pobreza,
inestabilidad, marginación, caos, que no puedan construir políticas culturales
sensatas y fuertes porque su atención está puesta en otros rubros, dichos
organismos ayuden desde fuera a consolidar poco a poco una mirada distinta
de sí mismos, un trabajo por la valoración y el desarrollo de la propia identidad,
así como el esfuerzo encaminado a lograr niveles cada vez más altos de
desarrollo humano.

Quizás volver la mirada a los estados para preservar la diversidad cultural es


más urgente y más viable, en corto plazo, que tratar de redireccionar la
globalización. Romper con el acceso desigual, promovido y sostenido por las
políticas estatales, presionadas a su vez por la globalización, mediante el
fortalecimiento de políticas culturales humanistas, democráticas, promotoras de
la expresión de la diversidad. Paralelo al fortalecimiento de políticas culturales
humanizadoras, a nivel estatal es necesario impulsar una ética para el futuro
(no en el futuro) que, en palabras de Jerôme Bindé: " no sólo trabaje para la
preservación de medio ambiente, sino para diluir las disparidades entre el norte
y el sur, el crecimiento demográfico y las amenazas a la democracia, así como
preservar a las generaciones futuras de la fiebre de la inmediatez". La
globalización se caracteriza por la inmediatez y emergencia surgidas de que en
nuestro mundo moderno no hay tiempo para la reflexión, para el análisis o la
prevención, y de que la democracia del mercado genera la aspiración a la
gratificación inmediata. La emergencia se convierte en negación activa de la
utopía. Y todas las instancias, desde local hasta lo mundial, requieren ser
orientadas para reinventar nuestro mundo, empezando por lo local y lo
regional.

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