Introducción
En Colombia, hay institutos que apoyan a estas personas en situación de
exclusión social, como el Departamento Administrativo para la Prosperidad Social,
el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, el Instituto Nacional para Ciegos
(INCI), el Instituto Nacional para Sordos (INSOR), la Unidad de Reparación
Integral de Víctimas, el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA), entre otros. El
país cuenta con varios centros para ayudar a estas personas, con el fin de
incentivar el desarrollo y la productividad, encontrando un lugar para aquellos que
tanto lo necesitan.
La inclusión social se preocupa por las personas que se encuentran en situaciones
de carencia y aislamiento social, ayudándoles así a tener una vida digna, sin
miedos ni prejuicios. Esto posibilita que las personas de bajos recursos o en
situación de exclusión social tengan la oportunidad de integrarse plenamente en la
vida social y en las comunidades, permitiendo que opinen y se identifiquen con su
territorio.
Como consecuencia de esta temática expuesta, que se define como problemática
social, ya que impacta a toda una comunidad, desde diferentes miradas se pueden
identificar las distintas maneras de la inclusión social. Esto implica llevar a cabo un
proceso de empoderamiento y posicionamiento laboral en ambientes donde la
persona pueda desarrollarse en igualdad de condiciones.
El respeto y el afecto hacia una persona son muy importantes para construir una
sociedad digna y próspera. Qué mejor acción que poder ayudar a alguien que esté
completamente agradecido con las intenciones positivas que brindemos. El trabajo
mancomunado por parte de todos es fundamental.
Un evidente caso de inclusión social es el de Manuel González, un habitante de la
localidad de Usme que posee un trastorno de crecimiento, lo que lo hace
vulnerable y lo limita en ciertas actividades laborales o cotidianas en su hogar. Él
cuenta que tuvo que recurrir a las ventas informales, específicamente como
tintero.
Las personas del entorno lo acogen de una manera muy agradable, y se nota la
gran solidaridad de las personas. Incentivan el desarrollo indirectamente y es de
gran ayuda para él, ya que puede llevar sustento a sus hijos y su hogar.
También incentiva el crecimiento y las oportunidades que se generan, el trabajo en
conjunto incentiva la economía y el desarrollo. No hay un órgano de control que
ayude especialmente a estas personas que se dedican a esta labor, si hay para
personas que son discapacitadas y que desean trabajar o buscar una manera para
ayudar a la sociedad.
María Aurora Matamoros tiene 77 años. Fue una víctima del desplazamiento y el
conflicto. Habita en la localidad 5.ª de Usme desde hace 7 años. Se le otorgó la
gran oportunidad de poseer una casa en la ciudad de Bogotá, regalada por parte
del Gobierno. Tuvo en dado momento ciertas dificultades, pero logró conseguir
trabajo en un restaurante en el centro de Bogotá. Puede vivir muy tranquilamente
en su hogar junto con su familia gracias a ello. Vive con su esposo, su hija, el
marido de su hija y sus dos nietos.
La unidad de reparación integral de víctimas y el Departamento Administrativo de
Prosperidad Social fueron los que ayudaron a su familia y a muchas más familias.
Brindaron viviendas en localidades como Usme y Ciudad Bolívar.
La familia se integró asertivamente en la comunidad. Es de vital importancia para
el Departamento de Prosperidad Social y para la economía en conjunto que las
personas trabajen y busquen alternativas para mejorar el desarrollo y el nivel de
vida del país.
La hija de Aurora actualmente también estudia en el SENA. Este también es un
evidente caso de desarrollo, ya que esta entidad ofrece y ejecuta formación
profesional para todo tipo de personas, incrementando la actividad productiva y
técnica del país. Estimula notablemente la educación al desarrollo social y
económico del país.
Esta foto fue tomada frente a la casa del Señor Orlando, que está ubicada en el
barrio Guacamayas. Se encuentra con uno de sus hijos, quien siempre lo ha
apoyado durante todo el tiempo que ha pertenecido al campo político.
Es la primera vez en la historia que se ve y se siente que una Administración esté
tan pendiente de las personas con discapacidad en la localidad cuarta de San
Cristóbal.
Él es Orlando Triana González, 63 años de edad. En este momento pertenece a la
Junta Administradora Local de San Cristóbal y fue Edil de esta zona en el periodo
anterior, perteneciendo al partido político Cambio Radical.
Las personas con discapacidad y las organizaciones que los representan han
luchado por el reconocimiento de sus derechos como seres humanos. Pero a nivel
mundial, el concepto de discapacidad ha provocado un cambio en donde se
reconoce a la persona con discapacidad como un ser humano que tiene derechos
humanos e igualdad de oportunidades que los demás en todos los ámbitos de la
vida social.
Así lo ha hecho Don Orlando, estar pendiente de la comunidad que vive en la
Zona Cuarta, pero sobre todo brindar ayuda a todas las personas que lo
necesitan. Él dice que la discapacidad que tiene lo motiva a luchar cada día por
sus ideales y ser un ejemplo de vida. Esto es un motivo para sobresalir a nivel
personal, social, laboral, etc.
La foto de la señora Ana fue tomada realizando su oficio como empleada
doméstica en la cocina de una de las casas que la contrata. Ella no cuenta con un
empleo fijo ni con un salario mensual. La señora Ana cuenta que normalmente es
discriminada por su color de piel y por esta razón no cuenta con un empleo
seguro. Trabaja tres veces en la semana en diferentes casas, no tiene un salario
fijo, pero lo que gana le alcanza para pagar sus gastos y sacar adelante a sus
hijos.
Ana Cristina Ayala, de 45 años de edad, tiene dos hijos, un niño de 12 años y una
niña de 9 años. Ella es una señora afroamericana y se dedica a trabajar como
empleada doméstica en diferentes casas en la ciudad de Bogotá, específicamente
en el barrio Policarpa, localidad Antonio Nariño.
Por diferentes decisiones tomadas en el transcurso de su vida y por difíciles
situaciones, él hace parte de un sin número de habitantes de la calle. No se
comunica con su familia hace mucho tiempo, no porque él no quiera, sino porque
ellos le han dado la espalda. Igual que el Estado, no le ha brindado la oportunidad
de pertenecer a un centro de desintoxicación, ya que no cuenta con los recursos
económicos para costear estos lugares, sin importar su escasez.
'Todo un personaje' es la descripción que recibe Fabio por los miembros de la
comunidad de la localidad de Kennedy que lo han acogido y lo consideran como
un miembro más. Desde hace más de 10 años, divaga exactamente por el barrio
El Amparo. Inofensivo, noble y con mucho estilo son las características que lo
destacan. Es agradecido con el hogar que ha construido entre cartones y latas al
lado de su perro, llamado Zoly.
Su madre, principalmente, es la que ha sobrellevado esta lucha diaria, con las
diferentes entidades encargadas para que su hijo reciba los tratamientos y
terapias a tiempo. Para nadie es un secreto que las administradoras de salud son
nefastas. Gracias a lo anterior se ha evidenciado una mejora en él, no como ella
espera, pero sí muy notoria.
Difícil y gratificante es ver sonreír a Gabriel, hacer lo inimaginable por hacer que
sus ojos grandes y verdes centren su mirada en la cámara para captar las mejores
tomas de su carita.
Él, con tan solo 3 años de vida, padece el síndrome de autismo, pero sin importar
esto no deja día a día de alegrar a todos los miembros de su familia y de las
personas que lo rodean. Aunque su discapacidad lo limita a ser amoroso y
afectivo, no ha dejado de recibir amor por doquier.
Esta fundación les ayuda a los niños de escasos recursos, mediante diferentes
actividades, a ser creativos, a tener empoderamiento y a mostrarles nuevas
oportunidades. Por falta de oportunidades en la sociedad, a las familias de estos
pequeños no les ha sido fácil darles una vida digna, afectando el desarrollo mental
y desempeño académico en los niños.
Camila, Yurany y Lina, de entre 10 y 12 años, plasman mediante un dibujo hecho
en plastilina el significado de autonomía en la Fundación para Niños de Escasos
Recursos.
Esta imagen concluye y evidencia lo mucho que debemos trabajar unidos para
sacar adelante una comunidad, dando ejemplo desde casa con pequeñas
acciones de humildad en nuestro corazón e inclusión a las personas más
necesitadas, apoyando, si es posible, estas fundaciones incluyentes que cambian
vidas e impactan a una comunidad entera.
Camila, Yurany y Lina, de entre 10 y 12 años, plasman mediante un dibujo hecho
en plastilina el significado de autonomía en la Fundación para Niños de Escasos
Recursos.
Esta fundación les ayuda a los niños de escasos recursos, mediante diferentes
actividades, a ser creativos, a tener empoderamiento y a mostrarles nuevas
oportunidades. Por falta de oportunidades en la sociedad, a las familias de estos
pequeños no les ha sido fácil darles una vida digna, afectando el desarrollo mental
y desempeño académico en los niños.
Esta imagen concluye y evidencia lo mucho que debemos trabajar unidos para
sacar adelante una comunidad, dando ejemplo desde casa con pequeñas
acciones de humildad en nuestro corazón e inclusión a las personas más
necesitadas, apoyando, si es posible, estas fundaciones incluyentes que cambian
vidas e impactan a una comunidad entera.