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Historia y Tipos de Paisaje Artístico

El documento describe la historia y los diferentes tipos de paisajes artísticos, incluyendo paisajes cósmicos, dominados por el hombre y colonizados por el hombre. También discute la evolución del paisaje como género independiente en la pintura holandesa del siglo XVII.

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Historia y Tipos de Paisaje Artístico

El documento describe la historia y los diferentes tipos de paisajes artísticos, incluyendo paisajes cósmicos, dominados por el hombre y colonizados por el hombre. También discute la evolución del paisaje como género independiente en la pintura holandesa del siglo XVII.

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Paisaje es el nombre del dibujo de lugares que el estudio de la historia del arte da

al género pictórico que representa escenas de la naturaleza, tales como montañas, valles,
árboles, ríos y bosques. Casi siempre se incluye el cielo (que recibe el nombre técnico
de celaje), y las condiciones atmosféricas pueden ser un elemento importante de la
composición. Además del paisaje natural, también se trata, como un género específico,
el paisaje urbano. Tradicionalmente, el arte de paisajes plasma de forma realista algún
paisaje real, pero puede haber otros tipos de paisajes, como los que se inspiran en
los sueños (paisaje onírico, muy usado en el surrealismo).
En la historia de la pintura, el paisaje fue adquiriendo poco a poco cada vez más
relevancia, desde su aparición como fondo de escenas de otros géneros (como la pintura
de historia o el retrato) hasta constituirse como género autónomo en la pintura
holandesa del siglo XVII. También es un motivo esencial para la pintura japonesa.
Dentro de la jerarquía de los géneros, el paisaje ocupaba un lugar muy bajo, superior solo
al bodegón.

Clases de paisaje artísticos[editar]

Eugene von Guerard: Monte Townsed, 1863. La


pintura romántica exalta los paisajes salvajes y a menudo montañosos.

Pieter Brueghel el Viejo, Los cosechadores, 1565:


Paz y agricultura en un paisaje ideal prerromántico, sin terrores sublimes.

Frans Koppelaar, Paisaje cerca de Bolonia, 2001;


paisaje pintado en-plein-air.
Por la manera en que está tratado el tema del paisaje, cabe distinguir tres tipos
fundamentales:

1. El paisaje «cósmico» o «sublime», en el que se presenta la naturaleza de manera


salvaje, inmensos paisajes que no necesariamente representan lugares realmente
existentes, y en los que el hombre se siente perdido. Dentro de esta línea estaría
el «paisaje naturalista» que refleja una naturaleza grandiosa, abundante y salvaje,
en la que aparecen fenómenos atmosféricos como tormentas. Es propio de los
artistas del norte de Europa, especialmente de la pintura de Alemania,
como Durero, Elsheimer o Friedrich.
2. La naturaleza «dominada» por el hombre, como ocurre con el paisaje
flamenco o neerlandés. La presencia del hombre hace que la naturaleza no
parezca amenazadora. Muchas veces acaba siendo un «paisaje topográfico», que
representa necesariamente un lugar preciso e identificable, con una naturaleza
presentada de la manera más humilde. Dentro de esta línea pueden citarse
a Patinir, Pieter Brueghel el Viejo o los maestros holandeses del siglo XVII.
3. La naturaleza «colonizada» por el hombre, lo cual es típico del paisaje italiano.
Aparecen campos cultivados de relieve, colinas, valles y llanuras con casas,
canales, carreteras y otras construcciones humanas; la naturaleza ya no es una
amenaza, sino que el hombre, además, la ha hecho suya. Dentro de este tipo de
paisaje puede hablarse del «paisaje clásico», donde se representa una naturaleza
ideal, grandiosa. La representación no es creíble, sino recompuesta para sublimar
la naturaleza y presentarla perfecta. En este tipo de paisaje suele esconderse una
historia. Es tópica la presencia de elementos de arquitectura romana, combinados
con una montaña o una colina y con un plano de agua. Este tipo de «paisaje
ideal» fue creación de Annibale Carracci, al que siguieron Domenichino y
el francés Poussin. Durante siglos, el paisaje italiano fue el modelo académico
siendo además Italia el país al que acudían los artistas de toda Europa para
formarse.
Desde otro punto de vista, referido al tema que se representa y no tanto a la manera en
que se trata, cabe diferenciar entre:

 Marinas en composiciones que muestran océanos, mares o playas.


 Paisajes fluviales composiciones con ríos o riachuelos.
 Paisajes naturales representan parajes de ambientes tales como bosques, selvas,
desiertos, arboledas y otros estados del territorio sin la presencia del ser humano.
 Paisajes costumbristas son aquellos que simbolizan costumbres y tradiciones de
lugares específicos como por ejemplo los paisajes típicos de pueblos colombianos que
se representan en la pintura popular.
 Paisajes estelares o paisajes nublados son representaciones de nubes, formaciones
del clima y condiciones atmosféricas.
 Paisajes lunares muestran paisajes de la visión de la luna en la tierra.
 Paisajes urbanos muestra ciudades.
 Hardscape o paisajes duros, en el que lo que se representa son zonas como calles
pavimentadas y grandes complejos de negocios o industrias.
 Paisaje aéreo o etéreo, mostrando la superficie terrestre vista desde arriba,
especialmente desde aeroplanos o naves espaciales. Cuando el punto de vista es muy
pronunciado hacia abajo, no se aprecia el cielo. Este género puede combinarse con
otros, como en el arte etéreo nublado de Georgia O'Keeffe, el paisaje etéreo lunar
de Nancy Graves o el paisaje etéreo urbano de Yvone Jacquette.
 Paisaje onírico, en composiciones parecidas a los paisajes (generalmente surrealistas
o abstractos) que buscan expresar la visión psicoanalítica de la mente como un
espacio tridimensional.

Historia[editar]
Antigüedad[editar]
En los tiempos de las más antiguas pinturas chinas a Tijeras si la tradición de paisajes
«puros», en los que la diminuta figura humana simplemente invita al observador a
participar en la experiencia.
Del Antiguo Egipto se conservan algunas representaciones de paisajes esquemáticos en
las tumbas de los nobles, grabadas en relieve durante el Imperio Antiguo y pintadas al
fresco en el Imperio Nuevo; suelen enmarcar escenas de caza o ceremonias rituales.
En Pompeya y Herculano se han preservado frescos romanos de cuartos decorados con
paisajes del siglo I a. C. En la antigüedad grecorromana, el paisaje se pinta como fondo o
entorno para contextualizar una escena principal.
Edad Media[editar]

Paisaje de Giotto: Detalle de la «Huida a Egipto» de


la capilla de los Scrovegni en Padua, (h. 1304), pintura al fresco.
Durante toda la Edad Media cristiana y el Renacimiento, el paisaje se concibe como una
obra divina y su representación hace referencia a su Creador. En la pintura occidental, la
representación realista del paisaje comenzó dentro de las obras religiosas del siglo XIII.
Hasta entonces, las representaciones de la naturaleza en el arte pictórico había sido
arquetípica: líneas onduladas para el agua o festones para las nubes. Fue Giotto el
primero que, abandonando los precedentes modelos bizantinos, sustituyó el fondo dorado
de las imágenes sagradas por escenarios de la realidad. Aunque autores
como Boccaccio alabaron su realismo de Giotto,1 lo cierto es que no dejaban de ser
muchas veces representaciones simples: un árbol representaba un bosque, una roca una
montaña. Poco a poco, a lo largo de la Baja Edad Media, esos fragmentos de naturaleza
que aparecían en las escenas sagradas o míticas fue ampliándose, pero su carácter
secundario lo revela el hecho de que muchas veces se dejaba a ayudantes, como ocurre
en La Anunciación florentina de Fra Angélico. Dentro del estilo italo-gótico, Ambrogio
Lorenzetti superó la representación topográfica para crear auténticos paisajes dentro de
sus alegorías del Buen y del Mal Gobierno en el Palacio Comunal de Siena, al estudiar las
horas del día y las estaciones. La pintura gótico-flamenca se caracteriza por su «realismo
en los detalles», conseguido en gran medida gracias a la nueva técnica de la pintura al
óleo; entre los aspectos a los que se prestó más atención y realismo estuvo el paisaje,
tanto natural como urbano. Cabe citar, a este respecto, el plano del fondo de la Virgen del
Canciller Rolin, auténtico paisaje en el que se detalla un jardín, más allá de él un río y a los
lados una ciudad contemporánea del pintor.
Renacimiento[editar]
«Paisaje panorámico» propio de la Escuela del Danubio: La batalla de Alejandro en
Issos de Albrecht Altdorfer, h. 1528, óleo sobre tabla, 158,4 x 120,3 cm, Alte
Pinakothek, Múnich.
El paisaje adquirió autonomía iconográfica en el siglo XVI. En su forma realista, se debe
sobre todo al arte flamenco y alemán, como por ejemplo, Alberto Durero, que dejó
numerosas acuarelas de paisajes. En su forma idealizada de inspiración clásica, es algo
que debe atribuirse a Italia, siendo El Perugino, maestro de Rafael, uno de los más
destacados elaboradores de vastos espacios en los que se situaban los personajes, con
una fuerte acentuación del paisaje. En Venecia, con su luz cambiante sobre las aguas,
aunque el paisaje siguió siendo fondo de obras y no su motivo principal, se esmeraron por
lograr realismo reflejando vistas de la laguna, sus calles y monumentos, así como la «tierra
firme», y de los fenómenos atmosféricos como ocurre con la tormenta que ya desde el
siglo XVI da nombre al cuadro más conocido de Giorgione.
En esta época, el paisaje sirvió para expresar las utopías urbanas y políticas emergentes.
A menudo «percibido» a través del marco de las ventanas en los cuadros que
representaban escenas interiores, fue consiguiendo un papel cada vez más importante,
hasta ocupar toda la superficie de la tela. Paralelamente, los personajes de las escenas
religiosas en exterior fueron «encogiendo» hasta no estar más que simbolizados por los
elementos del paisaje (por ejemplo Jesús de Nazaret por una montaña). Pero en síntesis,
el paisaje seguía siendo solo parte de un cuadro de historia o de un retrato.
En Flandes, la primera representación del paisaje independiente fue la de Joachim Patinir,
cuyas composiciones religiosas o mitológicas están totalmente dominadas por la
representación realista de la naturaleza, hasta el punto de que la escena es mero
«pretexto» para representar un «paisaje panorámico» o «geográfico», desde un punto de
composición de "horizonte alto" (como si el pintor estuviera situado en lo alto de una
montaña). En la generación siguiente, en algunas obras de género de Pieter Brueghel el
Viejo la figura humana queda reducida a la insignificancia, siendo lo importante el paisaje
representado, igualmente panorámico y desde un punto de vista elevado, como ocurre por
ejemplo en El invierno del ciclo de estaciones del año. Ha de mencionarse también
la Escuela del Danubio o «danubiana», en la que autores como Albrecht Altdorfer o Lucas
Cranach el Joven siguen pintando el tipo de «paisaje panorámico», con amplias
extensiones de terreno percibidas a vista de pájaro.
En la pintura española no abunda el paisaje, limitándose a representaciones de
interés topográfico o botánico. Pero sí cabe mencionar un paisaje «puro» que atrajo
grandemente la atención, siglos después, de surrealistas y expresionistas: la Vista de
Toledo que pintó El Greco al final de su vida. Los monumentos aparecen con cierto detalle,
pero rodeados por un campo resuelto a través de manchas de color verde, lo mismo que el
cielo son manchas de azul y todo ello bañado por una luz tormentosa.
Barroco[editar]
A principios de siglo, en la época del tenebrismo, el paisaje seguía siendo poco cultivado.
Solamente el alemán Adam Elsheimer destaca por tratar las historias, generalmente
sagradas, como auténticos paisajes en los que muchas veces realiza espectaculares
estudios sobre los efectos atmosféricos, la luz o los estudios de amanecer y anochecer.
Rubens: Paisaje con arco iris, h. 1637, óleo sobre tabla,

94 × 123 cm, Alte Pinakothek, Múnich.. Jacob Ruysdael: El


molino de Wijk bij Duurstede.
El flamenco Rubens pintó al final de su vida algunos cuadros que se cuentan entre la
pintura paisajista europea más importante.
Fue en el Barroco cuando la pintura de paisajes se estableció definitivamente como
un género en Europa, con el desarrollo del coleccionismo, como una distracción para la
actividad humana. Es un fenómeno propio del norte de Europa que se atribuye, en gran
medida, a la reforma protestante y el desarrollo del capitalismo en los Países Bajos.
La nobleza y el clero, hasta entonces los principales clientes de los pintores, perdieron
relevancia, siendo sustituidos por la burguesía comerciante. Las preferencias de esta no
iban hacia las complejas pinturas de historia, con temas de la Antigüedad clásica,
la mitología o la Historia Sagrada, ni hacia complejas alegorías, sino que preferían temas
sencillos y cotidianos, por lo que alcanzaron independencia géneros hasta entonces
secundarios como el bodegón, el paisaje o la escena de género. Se produjo tal
especialización que cada pintor se dedicaba a un tipo de paisaje específico. Así había
pintores que tomaban como tema los «países bajos», esto es, los terrenos que quedaban
bajo el nivel del mar, con sus canales, pólders y molinos de viento; destacaron en este
tipo van Goyen, Jacob Ruysdael y Meindert Hobbema. Hendrick Avercamp se especializó
en estampas invernales, con estanques helados y patinadores.
Otros se especializaron en pintar animales. Por ejemplo, Paulus Potter suele pintar vacas
dentro del paisaje de las llanuras y los pastos holandeses. Hubo quien se especializó
en marinas, diferenciándose entre quienes retrataban los barcos en las tranquilas aguas
de los puertos (Jan van de Cappelle, Willem van de Velde, el Joven) y los que preferían
vistas del mar agitado por los vientos y las olas.
Hubo quien cultivó el paisaje urbano, las perspectivas de las ciudades holandesa, con sus
casas de ladrillos y las agujas de las iglesias en el horizonte, como Gerrit
Berckheyde o Carel Fabritius. Aunque Vermeer se dedicó sobre todo a la escena de
género, pintó el paisaje urbano más conocido de la época; su Vista de Delft fue
considerada por Marcel Proust como «el cuadro más bello del mundo», e inmortalizó esta
pintura en su obra En busca del tiempo perdido.2
Vermeer: Vista de Delft, hacia 1660-
61, óleo sobre lienzo, 98,5 x 117,5 cm, Mauritshuis, La Haya.
Finalmente, se desarrolló un subgénero exclusivamente holandés como el cuadro de
arquitectura que representaba el interior de las iglesias; en esta última línea
destacaron Saenredam y De Witte. La gran especialización de los pintores holandeses no
impedía que, en ocasiones, se combinasen los diversos temas artísticos, y así Fabritius
pintó una vista de Delft, con un tenderete de vendedor de instrumentos musicales en
primer plano, combinando así el paisaje urbano con el bodegón.
Mientras que en el Norte de Europa se desarrollaba con esa amplitud todo tipo de paisajes
puros, en el sur seguía precisándose una anécdota religiosa, mítica o histórica como
pretexto para pintar paisajes. Se trataba del paisaje llamado «clásico», «clasicista» o
«heroico», de carácter idílico, que no se correspondían con ninguno concreto que existiera
realmente, sino construidos a partir de elementos diversos (árboles, ruinas, arquitecturas,
montañas...). El título del cuadro y los pequeños personajes perdidos en la naturaleza dan
la clave de la historia representada en lo que a simple vista parece solo un paisaje. Este
tipo fue creado por el clasicismo romano-boloñés, y en concreto por el más destacado de
sus pintores, Annibale Carracci, en cuya Huida a Egipto los personajes sagrados tienen
menos importancia que el paisaje que les rodea.

«Paisaje heroico»: La Primavera, también conocido


como Adán y Eva en el Paraíso terrenal, de Nicolas Poussin, 1660-64, óleo sobre lienzo, 117
x 160 cm, Museo del Louvre, París..
Esta línea siguieron los dos grandes paisajistas franceses, formados en Italia: Nicolas
Poussin y Claudio Lorena. Lorena es considerado un paisajista moderno debido a que
observó atentamente la naturaleza e hizo estudios al aire libre sobre la luz a las diferentes
horas del día, las sombras sobre los edificios, los reflejos en el agua. Sin embargo, aunque
realizó algunos paisajes puros, la inmensa mayoría de su obra sigue teniendo como tema
una historia religiosa o mitológica y para ello incluye figuras humanas, a veces ejecutadas
por mano de otros pintores. Tuvo enorme influencia en la pintura romántica e incluso en
el impresionismo.
Siglo XVIII[editar]
En el siglo XVIII cultivaron este género artistas italianos como Canaletto. Se especializó en
el subgénero de las vedute, perspectivas urbanas que los viajeros extranjeros del Grand
Tour veían en sus viajes a Italia y que luego se llevaban como recuerdo a sus países de
origen. Canaletto visitó Inglaterra y allí recibió encargos de pintar, en el mismo estilo, los
paisajes ingleses. Su sobrino Bellotto siguió la misma línea, pero consiguió imprimir a su
obra un estilo propio.
El resto de la pintura dieciochesca carece de originalidad en cuanto al tratamiento del
paisaje. Thomas Gainsborough, en cuadros como El abrevadero (1777) se inspira en los
paisajistas holandeses del siglo anterior. En España, fueron paisajistas Miguel Ángel
Houasse y Luis Paret y Alcázar, cultivador del «paisaje con figuras» como sus Vistas de
puertos del norte de España.
En Francia surgió el género de las fêtes galantes, escenas cortesanas ambientadas en
paisajes bucólicos, un género iniciado por Jean-Antoine Watteau.
Siglo XIX[editar]

John Constable: La bahía de Weymouth, h. 1816.


«Todo conduce necesariamente al paisaje», dijo el pintor alemán Runge, frase que se
puede aplicar a todo el siglo XIX. En Europa, como se dio cuenta John Ruskin,3 y expuso
sir Kenneth Clark, la pintura de paisaje fue la gran creación artística del siglo XIX, con el
resultado de que en el siguiente período la gente era «capaz de asumir que la apreciación
de la belleza natural y la pintura de paisajes es una parte normal y permanente de nuestra
actividad espiritual».4 En el análisis de Clark, las formas europeas subyacentes para
convertir la complejidad del paisaje en una idea fueron cuatro aproximaciones
fundamentales: por la aceptación de símbolos descriptivos, por la curiosidad sobre los
hechos de la naturaleza, por la creación de fantasías para aliviar sueños de profundas
raíces en la naturaleza y por la creencia en una Edad de oro, de armonía y orden, que
podría ser recuperada.

Caspar David Friedrich: Las tres edades, h. 1835.


En la época romántica, el paisaje se convierte en actor o productor de emociones y de
experiencias subjetivas. Lo pintoresco y lo sublime aparecen entonces como dos modos
de ver el paisaje. Las primeras guías turísticas de la Historia recogen estos puntos de vista
para fabricar un recuerdo popular sobre los sitios y sus paisajes. Abrió el camino el
inglés John Constable, que se dedicó a pintar los paisajes de la Inglaterra rural, no
afectados por la Revolución industrial, incluyendo aquellos lugares que le eran conocidos
desde la infancia, como el Valle de Dedham. Lo hizo con una técnica de descomposición
del color en pequeños trazos que lo hace precursor del impresionismo; realizó estudios

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