Elementos de la Responsabilidad Civil
Elementos de la Responsabilidad Civil
En primer lugar, es importante aclarar que los presupuestos o elementos constitutivos de la responsabilidad civil pueden ser
identificados como aquellas condiciones de existencia necesarias y suficientes para configurar el nacimiento de la obligación de reparar.
También se ha dicho que los presupuestos de la responsabilidad por daños son “los elementos que integran el supuesto fáctico
condicionante de consecuencias jurídicas con motivo de la producción de perjuicios" (Zavala de González, 1999, p.75).
En efecto, para que se configure la responsabilidad civil, existen ciertos presupuestos que deben estar presentes. Ellos son: el daño, la
relación de causalidad, el factor de atribución (objetivo o subjetivo) y la antijuridicidad. Comenzamos este tema con el estudio del primer
presupuesto o elemento de la responsabilidad civil: el daño.
Situación problemática
El daño
Daño moral
Referencias
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LECCIÓN 1 de 6
Situación problemática
Tal como venimos trabajando en las lecturas anteriores, para el análisis de este presupuesto comenzaremos con el
planteo de una situación problemática real.
El caso: el Sr. Marcelo Tapia fue damnificado en un accidente de tránsito ocurrido el 2 de abril de 2019 a las 12:50h
en la intersección de Av. 9 de Julio y Av. Juan B. Justo de esta ciudad, mientras realizaba sus tareas laborales como
cartero –pues es empleado del Correo Argentino–. Mientras se desplazaba en una bicicleta de su propiedad, fue
embestido en la parte trasera por el vehículo propiedad de y conducido por Gabriel Quevedo. En el caso no ha
mediado afectación de ingresos al Sr. Tapia, quien percibió su salario de manera normal. Tampoco se afectaron
posibilidades de ascenso, ni ningún otro rubro que permita concluir respecto a la afectación de ingresos.
Sin embargo, luego del accidente y como consecuencia de este siniestro, el Sr. Tapia padece una patología que
afecta su rodilla izquierda y que, según el médico legista, implica una incapacidad del 20%. Esto también afectó el
espíritu y la forma de sentir de la víctima, quien padece de estrés postraumático.
Ante ello podemos preguntarnos: ¿debe ser resarcido el Sr. Tapia? ¿Por daño material o por daño moral? En el caso
del daño material, ¿sería a título de pérdida de chance –con la consecuente reducción del monto indemnizatorio
resultante de la aplicación de la fórmula Marshall y relegando a la esfera extra patrimonial la repercusión disvaliosa
en actividades provechosas no rentadas–; o bien, por el contrario, a título de lucro cesante amplio –comprensivo no
sólo de la proyección patrimonial dañosa en el ámbito laboral, sino también de una multiplicidad de ventajas con
significación pecuniaria, no estrictamente productivas–? En caso de resarcir daño moral, ¿cómo debe valorarse?
¿Cómo debe cuantificarse? El presente caso es una adaptación del precedente dictado por el Tribunal Superior de
Justicia de Córdoba en autos “Ceballos, Lucas Ramón c/ Rubiano Silvana del Valle Ordinario Recurso de Casación”1.
[1] T. S. J. de Córdoba, “Ceballos, Lucas Ramón c/ Rubiano Silvana del Valle – ordinario- recurso de Casación”. Expte. 580842, sentencia n° 154
(27/11/2018).
El daño
La definición de daño es de fundamental importancia en esta materia; de su definición dependerán los límites
cualitativos y cuantitativos del derecho del damnificado y de la obligación de resarcir del sindicado como
responsable.
En este sentido, la doctrina señala que uno de los grandes vacíos que presentaba el Código Civil de Vélez era una
definición de daño resarcible. Dice Calvo Costa (2015) que, si bien el Código de Vélez marcaba la necesidad de que
se causara un daño para que existiera un acto ilícito punible (artículo 10672), no se lo definía, limitándose el
codificador a señalar cuándo habría un perjuicio reparable y qué comprendería la indemnización (artículos 1068 y
10693).
[2] Art. 1067, Ley 340. (1871). Código Civil de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de: [Link]
[3] Arts. 1068 y 2069, Ley 340. (1871). Código Civil de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de: [Link]
El Código Civil y Comercial de la Nación (en adelante CCC) suple tal omisión y brinda, en el artículo 1737, el concepto
de daño resarcible: "hay daño cuando se lesiona un derecho o un interés no reprobado por el ordenamiento jurídico,
[4] Art. 1737, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de [Link]
“La claridad del concepto hace que el mismo se transforme en un norte a seguir o piedra angular del sistema, en el
eje en derredor del cual gira todo el sistema resarcitorio” (Calvo Costa, 2015, p. 83).
Esta definición es propia del contexto actual del derecho de daños, ya que en él encontraremos las razones de la
misma. En efecto, tal como trabajamos en las unidades anteriores, la responsabilidad civil busca repartir justa y
equitativamente los daños mediante el reconocimiento del alterum non laedere como norma primaria y cláusula
general del sistema con jerarquía constitucional. Este es el camino que fue emprendido por la Corte, plasmado en el
nuevo Código Civil y Comercial y que se puede advertir en la consagración de un concepto material y objetivo de la
antijuridicidad (Calvo Costa, 2015), como el que se observa en el artículo 1717: "Cualquier acción u omisión que
[5] Art. 1717, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de [Link]
Es elogiable que el nuevo ordenamiento jurídico haya destinado una sección entera al tratamiento del daño
resarcible (Sección 4ta. del Libro Tercero, Título V, Capítulo I). Además, en líneas generales, ha logrado plasmar en el
concepto de daño todas estas tendencias modernas a las que hemos hecho referencia precedentemente y que se
condicen con la razón de ser del actual derecho de daños (Calvo Costa, 2015).
Es de destacar que, en la definición de daño resarcible, el derecho o el interés lesionados deben tener por objeto a la
persona, el patrimonio, o un derecho de incidencia colectiva. Lamentablemente, el CCC no posee una sección
destinada a los daños y a los derechos de incidencia colectiva, puesto que ha sido suprimida en última instancia por
el Poder Ejecutivo Nacional, pese a que había sido introducida en la Sección 5ª del Capítulo 1 del Título V por el
Proyecto originario redactado por la Comisión de Reformas. En ella se hacía mención a la legitimación para obrar en
tales supuestos, a los daños a derechos individuales homogéneos, a los presupuestos de admisibilidad y a los
[6] Sección 5a (2012) Anteproyecto de Código Civil y Comercial de la Nación. Comisión Reformadora. Recuperado de [Link]
A modo de conclusión, podemos decir que de conformidad con la definición de daño que nos brinda el CCC, se
contemplan en el nuevo ordenamiento jurídico los daños individuales tradicionales (patrimonial o moral –ahora
denominado "daño que provoca consecuencias no patrimoniales”–), se incorporan los daños colectivos cuando se
lesionan derechos de incidencia colectiva (pese a la supresión mencionada precedentemente) y se elimina la
distinción entre daños de origen contractual o extracontractual, aunque subsisten algunas diferencias entre ambas
órbitas de responsabilidad.
Para comenzar con este ítem, debemos recordar la situación problemática inicial, donde el hecho dañoso no ha
mediado afectación de ingresos al Sr. Tapia, quien percibió su salario de manera normal. Tampoco se afectaron sus
posibilidades de ascenso, ni ningún otro rubro que permita concluir respecto a una afectación de ingresos.
Sin embargo, luego del accidente y como consecuencia de este siniestro, el Sr. Tapia padece una patología que
afecta su rodilla izquierda que, según el médico legista, implica una incapacidad del 20%.
Al parecer de los parámetros del caso, el Sr. Tapia padece una incapacidad (lesión) pero ella no tendría
repercusiones patrimoniales, ¿o sí?
Para saber cómo interpretar esta situación conviene, en primera medida, establecer que una cosa es el daño-lesión
y otra distinta es el daño-consecuencia.
El codificador del CCC distingue entre daño e indemnización, según se advierte en los artículos 1737 y 1738. Dicen
las normas citadas:
Artículo 1737.- Concepto de daño. Hay daño cuando se lesiona un derecho o un interés no reprobado
por el ordenamiento jurídico, que tenga por objeto la persona, el patrimonio, o un derecho de incidencia
colectiva.
[7] Arts. 1737 y 1738, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de
[Link]
Esta distinción, según explica la Comisión Redactora en los fundamentos del anteproyecto, se asienta en los
siguientes criterios: el daño causa una lesión a un derecho o a un interés que no sea contrario al ordenamiento.
Cuando ese derecho o interés es individual, recae sobre la persona o el patrimonio y esto significa que los derechos
tienen un objeto, como se señala en el título preliminar. También están incluidos los de incidencia colectiva.
Pero además esta lesión puede generar una indemnización patrimonial conforme los rubros señalados en el citado
artículo 1738.
Esta caracterización hace que se distinga entre la definición del “daño-lesión” y el “daño consecuencia”, en tanto no
todo daño es indemnizable y solo existe la indemnización que tenga como antecedente un daño resarcible, lo que
aporta más claridad en la redacción. La responsabilidad es uno de los instrumentos de protección de los
mencionados derechos. Una de sus funciones es la reposición al estado anterior al hecho generador o la
indemnización. Por lo tanto, la indemnización es una consecuencia de la lesión. En síntesis, hay daño cuando se
causa una lesión a un derecho o a un interés que no sea contrario al ordenamiento, que comprende: a) el interés
individual del legitimado sobre su persona o su patrimonio; b) el interés respecto de los derechos de incidencia
colectiva.
La indemnización comprende la pérdida o disminución del patrimonio de la víctima, el lucro cesante en el beneficio
económico esperado de acuerdo a la probabilidad objetiva de su obtención y la pérdida de chances. Incluye
especialmente las consecuencias de la violación de los derechos personalísimos de la víctima, de su integridad
personal, su salud psicofísica, sus afecciones espirituales legítimas, y las que resulten de la interferencia en su
proyecto de vida.
En este caso, el Sr. Tapia podrá tener una lesión en su derecho o una incapacidad (daño-lesión), pero para que esa
lesión sea indemnizable debe necesariamente tener consecuencias (daño-consecuencia) patrimoniales o extra
patrimoniales.
Para ampliar el tema puede verse el trabajo elaborado por los Dres. Ossola y Azar en la Revista Jurídica La
Ley (AR/DOC/1843/2019).
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El daño, para que sea susceptible de resarcimiento, debe cumplir con ciertos requisitos que ya se encontraban
presentes antes de la reforma.
En efecto, en cuanto a los requisitos del daño, el Código Civil y Comercial, en su artículo 1739, dispone que "Para la
procedencia de la indemnización debe existir un perjuicio directo o indirecto, actual o futuro, cierto y subsistente"8.
La doctrina aclara que, para que el daño sea resarcible, debe ser cierto, personal y subsistente. Ello también lo
refleja el texto del artículo 1739 del Código Civil y Comercial.
[8] Art. 1739, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de [Link]
El daño es cierto cuando puede constatarse su existencia en forma cualitativa, aun cuando no pueda determinarse
su magnitud con precisión. Este requisito tiene relación con la consecuencia que genera la acción lesiva y con la
índole del interés lesionado. Un daño cierto es lo opuesto a un daño eventual o hipotético, que no es apto para
generar resarcimiento.
Solo la persona que sufre el perjuicio patrimonial o moral de modo directo o indirecto se encuentra en posición de
demandar la reparación. El daño personal puede ser directo o indirecto. Es directo cuando el titular del interés
afectado es la víctima del ilícito, mientras que es indirecto cuando el perjuicio propio alegado por el acto es
consecuencia de una afectación a bienes patrimoniales o extrapatrimoniales de otra persona. Un ejemplo de daño
directo sería el caso de que una persona reclame el resarcimiento por una lesión psicofísica que él mismo
experimentó; sería, en cambio, daño indirecto el caso de que una persona demandara por el daño propio a raíz de la
muerte de su hija.
Este requisito exige que la lesión recaiga sobre un interés propio (ya sea patrimonial o moral); es decir, solamente
podrá reclamar la reparación la persona que ha sufrido el perjuicio. Ello, sin embargo, no es óbice para destacar que
el daño –aun si es personal– puede ser a su vez directo o indirecto, tal como vimos en el párrafo anterior. Por otro
lado, el daño es indirecto cuando el perjuicio propio invocado por la demandante deriva de una lesión a bienes
patrimoniales o extrapatrimoniales de un tercero; aquí, el daño se produce de manera refleja o "de rebote". Esto
sucede, por ejemplo, en el supuesto de un homicidio en el cual la viuda y los hijos del muerto –damnificados
indirectos– pueden reclamar iure proprio la reparación del perjuicio material y moral derivado de la muerte de un
tercero (víctima).
Es de hacer notar que, en sus requisitos de reparabilidad del daño, el CCC refiere que "para la procedencia de la
indemnización debe existir un perjuicio directo o indirecto, actual o futuro, cierto y subsistente"9, aunque omite hacer
referencia al recaudo de la personalidad.
[9] Art. 1739, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de [Link]
La omisión no se justifica dado que, para que exista legitimación, es necesario que se lesione un interés propio del
reclamante y dicha exigencia no solo se encuentra presente en los casos de daño directo (esto es, cuando el titular
del interés lesionado es la víctima del acto ilícito), sino también cuando se trata de un daño indirecto (o sea, cuando
el interés lesionado se aposenta en bienes jurídicos ajenos, v. g., supuesto de homicidio). Lo mismo cuando se
reclama indemnización por afectación de bienes de goce colectivo, pues ello supone necesariamente la lesión a un
interés personal.
Para que el daño sea resarcible, este deberá provenir de la afectación a un interés no ilegítimo del damnificado.
Antes de la vigencia del CCC y a la luz del Código de Vélez, este tópico ha generado diversas posturas, como se ve
en el siguiente cuadro, que fue extraído del anterior SAM. Al referirse a cuestiones dogmáticas es útil trabajarlo.
Esta doctrina requiere, para la configuración del daño Esta doctrina, más flexible, considera que es
resarcible, la lesión a un interés jurídicamente suficiente, para la configuración del daño resarcible,
protegido o a un derecho subjetivo. que el hecho dañoso lesione un interés no ilegítimo.
-Premisa: evitar que existan excesivos damnificados Consideramos que esta es la postura que guarda
a raíz de un hecho dañoso. mayor armonía con la letra y el espíritu de nuestro
sistema jurídico, además de los principios modernos
-Dicen sustentar esta postura: del derecho de daños. Existen muchos ejemplos que
ilustran la importancia de esta visión. Entre ellos, el
1. Respectodel daño patrimonial, en el artículo caso del menor huérfano que es cuidado, sostenido,
1068, como limitación al artículo 1079 del CC.
alimentado y educado por un pariente. Ante la muerte
2. Respecto del daño moral, ponen énfasis en el del mismo, motivo de un hecho ilícito del cual es
artículo 1078 del CC, y su limitación en materia
de legitimados activos.
Estos tres artículos son citados conforme la responsable un tercero, parece lógico admitir que el
designación en el régimen del Código Civil derogado. daño del menor debe ser resarcible.
Actualmente la norma refiere a un “derecho” o un “interés no reprobado por el ordenamiento jurídico” (conforme el
citado artículo 173710), tomando un criterio sostenido por la Corte Suprema de Justicia de la Nación: “el concepto
jurídico de daño, abarca la protección de todo interés no reprobado por el ordenamiento jurídico” (Picasso 2015, p.
475). Según esta tesis alcanza un interés simple sin necesidad de que se trate de un derecho subjetivo; basta con
que el interés sea lícito. El actual CCC protege el interés en tanto sea afectado. El autor afirma que este argumento
permite al conviviente reclamar daño moral, pues si bien no tiene un interés legítimo (como el de los herederos)
tiene un interés licito afectado por el fallecimiento de su compañero (Picasso, 2015).
[10] Art. 1737, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de [Link]
Sobre el concepto de interés no reprobado por el ordenamiento jurídico puede verse el trabajo del Dr. Martin Juárez
Ferrer publicado en la Revista Jurídica La Ley (AR/DOC/3150/2016)
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El daño debe subsistir al momento de sentenciar. Por lo tanto, si el daño ha sido indemnizado con anterioridad al
dictado de la sentencia (sea por pago o por cualquiera de los modos extintivos de las obligaciones), la pretensión de
reparación no corresponde.
Este requisito exige que el daño debe subsistir al tiempo del resarcimiento; es decir, cuando se menciona la
subsistencia del daño, se hace referencia a que el mismo no debe haber sido aún resarcido, por lo cual –si bien se
trata de un perjuicio pasado en los hechos– aún permanece jurídicamente en la víctima del perjuicio. Sin embargo,
para algunos autores, la subsistencia como requisito del daño resarcible se presta a confusiones, puesto que ella no
es otra cosa que el efecto jurídico del daño y no un presupuesto de este último. No debemos soslayar que el
requisito de la subsistencia del daño exige que el perjuicio no haya sido reparado por el obligado a resarcir y que ella
está referida al momento de la reclamación.
Prueba
La prueba del daño patrimonial y de su cuantía pesa sobre quien alega su existencia. Rige al respecto la amplitud en
los medios probatorios. Se debe probar la cuantía y la calidad del mismo. Respeto de la prueba del daño moral,
remitimos a lo que analizaremos más abajo.
Para que exista responsabilidad civil es necesaria la causación de un daño por regla, ya que el mismo constituye un
presupuesto básico para su configuración. Esta idea está vinculada a la función resarcitoria del derecho de daños.
En efecto, la amenaza de daño puede tener consecuencias jurídicas en relación a la función preventiva establecida
por el nuevo Código, especialmente en cuestiones de derecho ambiental, tal como veremos en la unidad 10. Solo
diremos aquí que la idea preventiva engloba tanto la evitación de daños no justificados como la de su agravamiento.
Asimismo, implica la toma de medidas necesarias, conforme a un criterio de razonabilidad y en consonancia con el
principio de buena fe, para evitar que el mismo ocurra o para disminuir su magnitud y consecuencias.
Conforme pudimos ver en los puntos que anteceden, el artículo 1716 establece el deber de reparar ante: i) la
[11] Art. 1716, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de [Link]
Esto implica que, cualquiera sea el origen de la infracción, se debe reparar; con lo cual se unifican las
responsabilidades aquiliana y obligacional en sus presupuestos y efectos generales. En este sentido, la obligación
de resarcir surge por violación de la palabra empeñada o al violar el deber genérico de no dañar. Solo debemos tener
cuidado de distinguir lo siguiente: al incumplirse una obligación, ello no siempre da lugar a la reparación, sino solo
cuando existe daño para el acreedor. En este caso existen dos obligaciones: la preexistente y la indemnización
nacida por el incumplimiento. Este distingo se mantiene aun cuando el régimen se haya unificado.
De todos modos, es bueno recalcar que la reparación, sea de fuente contractual o aquiliana, debe supeditarse a las
consecuencias causales resarcibles a las que aluden los artículos 1726 y 1727 del CCC, a cuya lectura remitimos.
Por otro lado, subsisten algunas particularidades normativas entre ambos regímenes. Es pertinente citar aquí el
artículo 1725: “Valoración de la conducta. Cuanto mayor sea el deber de obrar con prudencia y pleno conocimiento
de las cosas, mayor es la diligencia exigible al agente y la valoración de la previsibilidad de las consecuencias12”.
[12] Art. 1725, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de [Link]
Para valorar la conducta no se toma en cuenta la condición especial o facultad intelectual de una persona
determinada, a no ser en los contratos que suponen una confianza especial entre las partes. En estos casos, se
estima el grado de responsabilidad por la condición especial de la gente.
La norma claramente alude a la “previsibilidad de las consecuencias” consideradas por las partes al contratar, pues
luego alude a las “condiciones particulares de las partes”, o a la “especial confianza entre las partes”. Es evidente
que la norma refiere expresamente a la idea de un antecedente contractual.
Otra norma que permite distinguir los ámbitos es el artículo 1728 del CCC de la Nación, en cuanto establece que en
los contratos se responde por las consecuencias que las partes previeron o pudieron haber previsto al momento de
su celebración13. Esta primera norma es clara, pues limita su aplicación al ámbito contractual.
[13] Art. 1728, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de [Link]
Al profundizar la diferencia, la norma alude al dolo del deudor. En este caso, la responsabilidad se fija al tomar en
cuenta estas consecuencias también al momento del incumplimiento.
LECCIÓN 3 de 6
Tal como habíamos visto en la situación problemática inicial, el daño experimentado por una persona puede ser de
naturaleza patrimonial o extrapatrimonial, también llamado moral. El daño resarcible, como estudiamos antes, no es
la lesión a un derecho de naturaleza patrimonial o extrapatrimonial ni a un interés de esa índole, sino el detrimento
de valores económicos o patrimoniales (daño patrimonial) o una minoración en la subjetividad de la persona de
existencia visible (daño extrapatrimonial o moral).
Tal como expresábamos supra, un mismo hecho dañoso –como puede ser la mutilación de ambas piernas en un
joven con motivo de un accidente laboral– va a generar daño patrimonial consistente en el daño emergente (gastos
hospitalarios, prótesis, atención médica, etcétera), el lucro cesante (el salario que deje de percibir), y el daño moral,
consistente en la minoración subjetiva sufrida, el detrimento en su forma de sentir y pensar.
Respecto de las otras clasificaciones de daño (daño emergente y lucro cesante, compensatorio y moratorio,
intrínseco y extrínseco, común y propio, directo e indirecto, previsible e imprevisible, y actual y futuro) puedes
estudiarlas en la bibliografía obligatoria Pizarro y Vallespinos (2014) a partir de la página 99.
Art. 1738. La indemnización comprende la pérdida o disminución del patrimonio de la víctima, el lucro
cesante en el beneficio económico esperado de acuerdo a la probabilidad objetiva de su obtención y la
pérdida de chances. Incluye especialmente las consecuencias de la violación de los derechos
personalísimos de la víctima, de su integridad personal, su salud psicofísica, sus afecciones espirituales
[14] Art. 1738, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de
[Link]
Por su parte, el artículo 1741 se refiere a la indemnización de las consecuencias no patrimoniales y expresa:
Está legitimado para reclamar la indemnización de las consecuencias no patrimoniales el damnificado
directo. Si del hecho resulta su muerte o sufre gran discapacidad también tienen legitimación a título
personal, según las circunstancias, los ascendientes, los descendientes, el cónyuge y quienes convivían
con aquél recibiendo trato familiar ostensible. La acción solo se transmite a los sucesores universales
del legitimado si es interpuesta por este. El monto de la indemnización debe fijarse ponderando las
[15] Art. 1741, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de
[Link]
Analicemos el primer artículo. Cuando el artículo 1738, en su primera parte, se refiere a la indemnización del daño
patrimonial, está referido a la pérdida o disminución del patrimonio de la víctima, al lucro cesante y a la pérdida de
chances. Debemos aclarar que la introducción legislativa de la indemnización por la frustración de chances (perdida
de chance) reviste el carácter de novedad en el ordenamiento jurídico, ya que, si bien era admitida por la doctrina y
la jurisprudencia, no había sido objeto de ninguna norma en el Código Civil de Vélez.
En cambio, cuando la norma citada se refiere a los daños que tengan por objeto a la persona, es decir, a las
consecuencias de la violación de los derechos personalísimos de la víctima, de su integridad personal, su salud
psicofísica, sus afecciones espirituales legítimas y las que resultan de la interferencia en su proyecto de vida,
estimamos que puede derivarse de la lesión a ellas, tanto el daño patrimonial como el extrapatrimonial (Calvo
Costa, 2015). No podemos olvidar que la integridad psicofísica, la salud, el proyecto de vida, etcétera, son
simplemente bienes jurídicos. Nuestro derecho ya no acepta un concepto de daño que consista en la lesión a bienes
jurídicos, puesto que –como vimos– dicha acepción ha sido ampliamente superada. Y la salud, al igual que la
estética, el proyecto de vida, la vida de relación, etcétera, representan bienes de carácter personalísimo que
resultan ser asientos de derechos subjetivos, pero que no pueden ni deben ser resarcidos autónomamente y per se.
Un daño será tal –en sentido jurídico– en la medida que, sin estar justificado, afecte algún interés y, además,
provoque consecuencias; caso contrario, nos encontraremos ante menoscabos, pero no frente a un verdadero daño
en sentido jurídico (Calvo Costa, 2015). En tal sentido, un daño será patrimonial o no patrimonial (moral), según sea
la índole del interés lesionado. Por ello, cuando nos referimos al daño a la salud, debemos determinar si este solo
afecta un interés extrapatrimonial de quien lo padece o si, por el contrario, también afecta un interés de carácter
patrimonial (v. g., gastos de medicamentos, atención médica, tratamientos de rehabilitación, lucro cesante). Tal
catalogación del daño a la salud no implica, en absoluto, dejar fuera de la órbita de reparación a los perjuicios que se
ocasionen contra ella y mucho menos a todas aquellas nuevas manifestaciones del daño a la persona, como ser el
daño sexual, el daño al proyecto de vida, el daño a la intimidad, el daño a la vida de relación, el daño estético,
etcétera.
Finalmente, estimamos que, cuando el CCC se refiere al daño con consecuencias no patrimoniales, hace referencia
al daño que provoca la lesión a intereses espirituales de un sujeto. Esto produce en la persona consecuencias
espirituales dañosas que se traducen en un modo de estar diferente al que se encontraba con anterioridad al hecho
lesivo, afectándola en sus capacidades de entender, de querer y de sentir. En este cuerpo legal también se ha
ampliado la legitimación para reclamar el daño extrapatrimonial (así lo dispone el artículo 174116).
[16] Art. 1741, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de [Link]
Corresponde hacer una referencia a las distintas clases de rubros que componen el daño material o patrimonial
resarcible.
Podemos decir que lo que se computa al indemnizarse la disminución sufrida por la víctima es: a) el lesivo
desequilibrio espiritual que la invalidez supone (daño moral), que trataremos en otro apartado; b) las erogaciones
que demanda la pérdida o deterioro en la víctima (daño emergente) y c) las ganancias dejadas de percibir o
afectación de las aptitudes productivas de la persona (lucro cesante y pérdida de chance).
presume, puesto que resultan razonables en función de la índole de las lesiones o la incapacidad (artículo 174617 del
CCC). Es decir que se admite el pago de los gastos aun cuando su cuantificación no se encuentre específicamente
acreditada. Se reconoce aquí que lo fundamental es que la índole e importancia de los gastos guarden razonable
vinculación con la clase de lesiones producidas por el hecho; es decir, que exista la debida relación causal. Esto es
una presunción que admite prueba en contrario.
[17] Art. 1746, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de [Link]
En cuanto al lucro cesante se configura con la pérdida del enriquecimiento patrimonial razonablemente esperado,
entendido como una frustración de ventajas, utilidades o ganancias. Por ejemplo, en relación al daño a las personas,
el Código entiende que corresponde su indemnización cuando se trate de una disminución en la “aptitud laborativa o
productiva”, o bien en casos en que haya “incapacidad vital”. La incapacidad “laborativa” es entendida como aquella
en la que se computan “las potencialidades productivas del sujeto, es decir la dimensión económica o material de su
existencia” (Zavala de González, 1999, p. 295), o sea cuando el sujeto deje de percibir efectivamente una ganancia o
la posibilidad de un beneficio económico. Pero, además de esta incapacidad laborativa, el Código entiende que
corresponde resarcimiento, aunque el damnificado mantenga una tarea remunerada. Esto quiere decir que se
admite la llamada incapacidad “vital o amplia”, que se proyecta a las restantes actividades o facetas de la existencia
de la persona. Es decir, la incapacidad apreciable patrimonialmente no es solo la directamente productiva, sino que
también debe apreciarse –aunque sea de manera mediata– el valor material de la vida humana y de su plenitud.
En la situación problemática inicial, planteábamos la hipótesis de daño a las personas, y si era posible indemnizar
aun cuando no existiera merma económica en la víctima. La respuesta tentativa que viene desplegando la
jurisprudencia es afirmativa en ese sentido, pero obedece directamente a las circunstancias particulares del
supuesto sometido a juzgamiento y a las condiciones personales del damnificado que se aleguen y prueben en
cada caso, conforme la distinta índole y gravedad de las lesiones sufridas. Incide aquí el principio de
individualización del daño, según el cual la medida de la indemnización debe evaluarse en cada caso en concreto, de
acuerdo con las consecuencias que el hecho ilícito ha significado para el afectado, según su especial situación
personal. No es posible establecer pautas objetivas y abstractas y, menos aún, fijar indemnizaciones tarifadas con
arreglo al tipo de lesión irrogada. Por el contrario, es necesario atender a las especiales consecuencias que la
víctima ha experimentado en función de su individualidad
Daño inmediato y daño mediato; daño actual y daño futuro; daño previsto e
imprevisto, previsible; daño cierto y daño eventual
Daño inmediato y daño mediato; daño actual y daño futuro; daño previsto e imprevisto, previsible; daño cierto y daño
eventual
Actual y futuro
–
Daño actual o presente es el ya ocurrido al tiempo en que se dicta la sentencia. Son los perjuicios presentes o los que haya sufrido
la víctima; por ejemplo, los gastos médicos.
El daño futuro es el que todavía no ha sucedido y puede o no suceder; su futuro es incierto. Más allá de que sea futuro, hay un alto
grado de probabilidad de que suceda. Por ejemplo, la disminución de alguna ganancia derivada de la incapacidad sufrida, como
las sesiones de fisioterapia que deberá abonar la víctima para recuperarse de la lesión.
En síntesis, para esta categoría corresponde analizar los requisitos del daño resarcible que vimos con anterioridad: el requisito de
ser ciertos, para atribuir al daño la calidad de indemnizable, aun cuando estos daños ya hayan ocurrido al momento de dictarse la
sentencia o no. Lo importante es que no se trate de daños hipotéticos.
Es daño mediato el que resulta solamente de la conexión de un hecho con un acontecimiento distinto.
Dicho de otro modo, el daño inmediato resulta del curso natural y ordinario de las cosas; el daño mediato resulta de la conexión de
un hecho con un acontecimiento distinto.
Previsible e imprevisible
–
El daño previsible es aquel que podía preverse al emplear la debida atención y conocimiento de la cosa. Por el contrario, es
imprevisible cuando no ha podido ser previsto. Los daños previstos son los que el autor del acto ha considerado posibles al
contraer la obligación o ejecutar el acto. Daños imprevistos son los que no han sido considerados en los casos expuestos. Se
analiza la actuación concreta del sujeto. Esta relación tiene que ver con el análisis previo a la causación del daño.
El daño al interés positivo puede traducirse como el interés que el contratante tiene en la ejecución de un contrato;
interés que, en el caso de inejecución de este, debe ser satisfecho indemnizándose el daño emergente y el lucro
cesante. El daño al interés negativo está relacionado con el interés que se tiene en la no conclusión del contrato.
Comprende la indemnización de este todo lo que el damnificado tendría si no se hubiera concertado el contrato nulo
y que pueda abarcar también el daño emergente y el lucro cesante. En otras palabras, el daño al interés negativo es
aquel que se compone por todos los daños sufridos por el acreedor a causa de haber confiado en la vigencia de un
contrato que no se concretó, que se extinguió o que resultó inválido.
Para tratar el punto, cabe realizar la distinción entre prestación originaria incumplida y el perjuicio derivado del
incumplimiento.
Una posición doctrinaria sostiene que, en caso de incumplimiento de la obligación primitiva (que asumiera el deudor
en el contrato), esta se convierte en dinero y es independiente de los otros daños que forman parte de una acción de
responsabilidad. El incumplimiento de la primera obligación da lugar o nacimiento a una nueva obligación.
Otra postura sostiene que tanto la primera acción (que reclama cumplimiento por equivalente) como la segunda
(que reclama los otros daños derivados) obedecen a una ilicitud única; pero la ejecución de los daños obedece a una
nueva obligación que no surge de la modificación del objeto, sino de la conducta del deudor.
El CCC establece como regla la unificación de ambas esferas (como veremos más adelante) en el artículo 1747 y
una regla especial para el cumplimiento de la prestación comprometida mediante un contrato, conforme el artículo
1082:
Reparación del daño. La reparación del daño, cuando procede, queda sujeta a estas disposiciones:
1. el
daño debe ser reparado en los casos y con los alcances establecidos en este Capítulo, en el Título
V de este Libro, y en las disposiciones especiales para cada contrato;
2. la
reparación incluye el reembolso total o parcial, según corresponda, de los gastos generados por la
celebración del contrato y de los tributos que lo hayan gravado;
3. de haberse pactado la cláusula penal, se aplica con los alcances establecidos en los artículos 790 y
siguientes18
[18] Art. 1082, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de
[Link]
Acumulabilidad del daño moratorio. El resarcimiento del daño moratorio es acumulable al del daño
compensatorio o al valor de la prestación y, en su caso, a la cláusula penal compensatoria, sin perjuicio
de la facultad morigeradora del juez cuando esa acumulación resulte abusiva.
El texto aclara expresamente que el daño moratorio es acumulable al daño compensatorio y a la cláusula penal
compensatoria.
Incluye supuestos de origen contractual o extracontractual, con el distingo entre la prestación originaria incumplida
(que se indemniza por equivalente) y los demás daños causados por el incumplimiento.
La norma esclarece lo atinente a la acumulación y superposición de indemnizaciones y marca como limite la cuantía
que configura el aprovechamiento abusivo del deudor.
El daño directo e indirecto puede ser visto desde dos aserciones. La primera tiene que ver con los daños
patrimoniales padecidos directamente en el patrimonio de la víctima y el indirecto es aquel que afecta bienes
jurídicos extra patrimoniales vinculados con el derecho a la personalidad (artículo 174019). Ambos daños (directo e
indirecto) pueden generar daños patrimoniales o extra patrimoniales. En su segunda aserción, los daños directos
son los que sufre la víctima del ilícito y los indirectos, los que reclama una persona distinta de la víctima por derecho
propio derivado de aquel (por ejemplo, la viuda que reclama el daño moral causado por la muerte del esposo o
conviviente). El artículo 1739 del CCC de la Nación reconoce la existencia del daño directo y del indirecto.
[19] Art. 1740, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de [Link]
Dice la norma:
Requisitos. Para la procedencia de la indemnización debe existir un perjuicio directo o indirecto, actual o
futuro, cierto y subsistente. La pérdida de chance es indemnizable en la medida en que su contingencia
sea razonable y guarde una adecuada relación de causalidad con el hecho generador20.
[20] Art. 1739, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de
[Link]
LECCIÓN 4 de 6
Daño moral
Definición
Respecto de la reparabilidad del daño moral, encontramos distintas doctrinas que, a la vez, formulan distinciones
dentro de la misma teoría. Para que quede claro, vamos a exponer esto gráficamente.
Postulado
Tesis de la pena o sanción ejemplar Tesis del “resarcimiento” del daño moral
Postulado
Postulado
acuerdo con la índole del hecho generador de la responsabilidad y circunstancias del caso”21. Dicho artículo fue
introducido para todos aquellos casos de reparación por incumplimiento contractual –obligacional–. Es decir que, en
este supuesto, cabe la preexistencia de una convención entre partes y de ella deviene el nacimiento de obligación
concreta, cualquiera sea su naturaleza.
[21] Art. 552, Ley 340. (1871). Código Civil de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de: [Link]
Por otra parte, para abarcar la totalidad de los casos no comprendidos en el supuesto anterior y que sean violatorios
del deber jurídico preponderante en la materia de “no dañar a otro”, vemos que existía el artículo 1078 del derogado
Código Civil: “La obligación de resarcir el daño causado por los actos ilícitos comprende, además de la
indemnización de perdidas e intereses, la reparación del agravio moral ocasionado a la víctima”22. Este artículo
había sido estipulado para los casos en los que la obligación nueva de indemnizar era proveniente de hechos donde
el dolo o la culpa fueran el factor esencial.
[22] Art. 1078, Ley 340. (1871). Código Civil de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de:
[Link]
incidencia colectiva, sino también la lesión a un “interés no reprobado por el ordenamiento jurídico”23.
[23] Art. 1737, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de [Link]
Por otro lado, la indemnización comprende tanto el menoscabo patrimonial como el extrapatrimonial.
[24] Art. 1738, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de
[Link]
Como ya se dijo, para el CCC de la Nación habrá daño extrapatrimonial cuando se afecte un derecho subjetivo de tal
naturaleza que tenga "proyección moral", o toda vez que se lesione un interés extrapatrimonial susceptible de
reparación, comprendiendo los derechos individuales e incluso los derechos de incidencia colectiva.
En torno a la legitimación, la restricción impuesta en el Código de Vélez en el artículo 107825 implicaba una arbitraria
discriminación en cuanto a la reparación de los perjuicios extrapatrimoniales. Se admitía la reparación del
denominado "daño moral" solo para el damnificado directo y, en caso de su fallecimiento, se la concedía solo a los
herederos forzosos y se excluía a quienes experimentaban un perjuicio a raíz del hecho y lo padecían por vía refleja.
[25] Art. 1067, Ley 340. (1871). Código Civil de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de: [Link]
En este sentido, en el artículo 174126 del CCC de la Nación queda claramente establecida una ampliación en la
legitimación para reclamar la reparación de las consecuencias no patrimoniales, lo que marca una clara diferencia
con el sistema anterior. Señala, en primer lugar, al damnificado directo (víctima del daño) como regla en cuanto hace
a la legitimación, pero incluye, en caso de muerte o padecimiento de una grave discapacidad (según las
circunstancias y a título personal), a los ascendientes, descendientes, cónyuge y quienes convivían y recibían trato
familiar ostensible.
[26] Art. 1741, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de [Link]
Si ampliamos la explicación, respecto de la reforma del CCC y
la legitimación para reclamar daño moral, en primer lugar
podemos decir que es solo directa (únicamente la víctima) y
excepcionalmente será indirecta (artículo 1741 del CCC).
Se efectuaron dos modificaciones relevantes en torno a la legitimación indirecta, que puede analizarse en dos
aristas.
[27] Una palabra es vaga en la medida en que hay casos (reales) en los que su aplicabilidad es dudosa. En términos lógicos, no se
puede decidir sobre la base de los datos preexistentes y solo puede resolverse a partir de una decisión lingüística adicional.
[28] Ocurre cuando podemos delimitar los casos claramente incluidos y excluidos en un caso (núcleo de certeza), pero entre
ambas esferas se mantendrá también una zona de penumbra donde es dudoso si resulta o no predicable. Todas las expresiones
lingüísticas, al menos las del lenguaje natural, presentan algún grado de indeterminación. A esto es a lo que se hace referencia
cuando se habla de la “textura abierta” del lenguaje.
2 En caso de que la víctima subsista. Si bien, por regla, en este caso la legitimación está limitada al
damnificado directo, la novedad es que se admite la posibilidad de reclamo no solo ante el deceso de
la víctima, sino también ante el sufrimiento de una “gran discapacidad”. Este término podría resultar
problemático por su textura abierta y dependerá de la valoración del caso concreto. Puede concluirse
que, básicamente, lo que deberá ser materia de juicio es la mayor o menor dependencia que la
víctima tendrá respecto de los sujetos indemnizables.
Desde hace tiempo, la doctrina, la jurisprudencia y destacados encuentros jurídicos plantean la necesidad de una
apertura de la legitimación para ejercer la pretensión resarcitoria, lo que fue recogido por el nuevo ordenamiento
civil y comercial.
En efecto, el artículo 107829 del Código Civil derogado, en materia de legitimación activa del daño no patrimonial,
conducía a soluciones inequitativas que el ordenamiento jurídico no debe convalidar. Así, por ejemplo, en el Código
derogado, los convivientes no tenían legitimación para reclamar daño moral en caso de fallecimiento, lo que
conduce a situaciones injustas.
[29] Art. 1078, Ley 340 (1871). Código Civil de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de: [Link]
El CCC, en su artículo 174130, pone punto final a las diferentes interpretaciones que se formulan en el ámbito
doctrinario y jurisprudencial, no solo en cuanto al término "herederos forzosos", sino también respecto de la
posibilidad de aplicar el artículo 1079 del actual código en determinados casos particulares. Se ha sostenido –y con
adecuada razón– que no es justo excluir el resarcimiento del daño no patrimonial a quienes no revisten la calidad de
herederos forzosos.
[30] Art. 1741, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de [Link]
En relación con el monto indemnizatorio, este es claro y concreto; el artículo 174131 afirma que debe establecerse
según las satisfacciones sustitutivas y compensatorias. Esto resulta problemático por la misma razón expuesta
más arriba: la textura abierta del lenguaje. El juez debe fundamentar de manera adecuada y conforme a la ley para
el supuesto en que no considere las mencionadas satisfacciones.
El monto no debe guardar una correspondencia o relación de proporción con la entidad del daño patrimonial, pero el
magistrado, al tiempo de sentenciar, debe valuar una acentuada apreciación de las circunstancias del caso que
puedan procurar las sumas que se otorguen por este daño.
Se discute en la doctrina la existencia del daño moral colectivo. El mismo tendría aplicación en cuestiones de daño
ambiental o de cualquier otra lesión a intereses supraindividuales o difusos.
En el daño moral colectivo, el afectado no es una persona física o jurídica en su esfera individual, sino un grupo o
categoría que colectivamente es dañada. Asimismo, la causa de dicha afectación es global y ataca derechos o
intereses de significancia vital (v. g., paz, tranquilidad anímica, libertad individual, integridad física, honor, etcétera).
De acuerdo a Galdós (2012), el daño moral colectivo consiste en el atropello de intereses extrapatrimoniales
plurales de un estamento o categoría de personas, cuya vinculación puede ser subjetiva u objetiva. En el primer
supuesto, el daño se dispersa entre varios sujetos y recae en un interés común, compartido y relevante, con aptitud
para unir a quienes se encuentren en similar situación fáctica. En el segundo caso, el factor que unifica es de
carácter objetivo y de incidencia colectiva, ya que la lesión es a bienes colectivos o públicos, no susceptibles de
apropiación o uso individual y exclusivo.
En un artículo publicado en la revista jurídica La Ley, el profesor Lorenzetti (1996) indica que se trata de la
preservación del bien colectivo, no solo como afectación de la “esfera social del individuo” (p. 1058), sino del “bien
colectivo” (p. 1058) como un elemento del mecanismo social y grupal. En tal sentido, ante la afectación del bien de
naturaleza colectiva, el daño moral se constituye por la lesión al bien en sí mismo –más allá de los efectos
patrimoniales que pudiera tener– y con fundamento colectivo. En otras palabras, por daño moral colectivo puede
entenderse aquella minoración en la tranquilidad anímica, espiritual o en su integridad que sufre la comunidad en su
totalidad y que es equivalente a una lesión a intereses colectivos no patrimoniales.
Respecto al daño moral ambiental, sabemos que el ambiente es un bien de carácter común y colectivo. La lesión al
mismo es susceptible de generar una condena indemnizatoria por daño moral colectivo, sumado a la recomposición
del daño ambiental, tal como lo veremos en la unidad correspondiente. Es importante tomar en cuenta que existe un
interés legítimo general en satisfacer necesidades humanas colectivas, no simplemente en relación a los recursos
naturales, sino también en orden a proteger las sensaciones psicológicas, estéticas y estados de ánimo en función
de la belleza del paisaje, la calma del entorno y el equilibrio natural de la convivencia social; todo cuanto está
[32] Art. 43, Ley 24430 (1994). Constitución de la Nación Argentina. Honorable Congreso de la Nación Argentina. Recuperado de
[Link]
La cuestión de los daños producidos en el ámbito laboral está regulada por un régimen especial tarifado que, en
principio, cubriría todos los daños del trabajador, sin posibilidad de solicitar un monto mayor. Sin embargo, existen
muchas aristas que analizar, dada la producción doctrinal y jurisprudencial que este tema ha suscitado.
La prueba del daño moral también origina ciertas controversias doctrinales. Una primera postura considera que la
prueba del daño moral difiere en caso de que el mismo provenga de un ilícito (responsabilidad extracontractual) o de
un incumplimiento obligacional (responsabilidad contractual u obligacional). De acuerdo con esta tesitura, en el
primer caso el daño moral se presumiría, mientras que, en el segundo, la presunción no operaría, ya que es la prueba
contundente un requisito ineludible. Con la unificación del régimen, el problema queda superado.
Esto no podría ser de otra manera, pues la etiología del daño no debería tener incidencia en la cuestión probatoria.
En ambas órbitas, el daño moral actúa de igual manera y debe ser valorado y tratado de igual manera.
No puede ser tratado de diferente modo el peatón que se ve lesionado por el ómnibus que lo atropella, que tendría
origen ilícito, que el pasajero que sufre el daño dentro del ómnibus, que tendría basamento en el contrato de
transporte. Si ambas víctimas sufren daños que puedan compararse fácticamente, nada indica que el tratamiento
deba ser diferenciado. No parece lógico.
Dada la dificultad de producir una prueba directa sobre el perjuicio padecido (que es interno y que no implica
necesariamente lágrimas o una exteriorización estereotipada) se considera que la prueba es indirecta y que surge
de los indicios y las presunciones hominis; y se tiene en cuenta el evento dañoso y las características del caso. De
tal modo puede determinarse la existencia del daño moral, la magnitud o, en su caso, la inexistencia del mismo.
En cuanto a la carga de la prueba del daño moral, en el nuevo Código –conforme al artículo 174433– se impone que
todo daño deba ser acreditado por quien lo invoca, excepto imputación, presunción legal o notoriedad (son ejemplo
de esta presunción los gastos médicos del artículo 1746 del CCC).
[33] Art. 1744, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de [Link]
Con base en ello, la carga probatoria del daño moral recae invariablemente sobre el actor, quien deberá acreditarlo
mediante demostración activa cuando se afecte un bien de naturaleza patrimonial. Opuestamente, cuando la
afectación recaiga en un bien de entidad extrapatrimonial (artículo 1740, segundo supuesto del CCC de la Nación),
estará asistido por una presunción hominis, que deberá ser desvirtuada por el accionado si pretende contrarrestar la
pretensión ejercida.
El daño moral no es susceptible de prueba directa, sino que resulta acreditado a partir de presunciones.
Partiendo del hecho conocido y acreditado el siniestro y sus circunstancias - se deriva el padecimiento
de daño moral de la víctima, aunque tal presunción no alcanza al quantum por lo que corresponde
analizar el pretendido por la parte accionante, ponderando las concretas modificaciones disvaliosas de
[34] C. Apel. Civ. y Com. Córdoba, 7ma nominación, “Zalazar, Marcos c/ Campos, Ramona Elvira y otro - Ordinario - Daños y perj. -
Accidentes de tránsito”. Expte. 915155/36, sentencia n° 18 (22/3/2016).
Valoración y cuantificación del daño moral
Para lograr arribar a la determinación de la entidad del daño moral, se debe tener en cuenta la gravedad objetiva del
daño sufrido por la víctima. Esto se logra al considerar la modificación disvaliosa del espíritu en el desenvolvimiento
de sus capacidades de sentir, querer y entender; y de su estado anímico. Todos estos elementos deben ser
ponderados prudencialmente por el magistrado.
Para graficar lo complejo de la tarea relacionada con la cuantificación del daño moral, se trabajan casos
problemáticos citados por la jurisprudencia.
Evaluar el daño moral significa medir el sufrimiento humano. Esto no sólo es imposible de hacer en
términos cuantitativamente exactos, sino que es una operación no susceptible de ser fijada en
términos de validez general o explicada racionalmente. Cada juez pone en juego su personal
sensibilidad para cuantificar la reparación, la cantidad de dinero necesaria para servir de compensación
al daño. Es la que sugiere caso por caso su particular apreciación y comprensión del dolor ajeno.
...La estimación del quantum del daño moral no se rige sólo por parámetros objetivos, sino -
esencialmente- por razones de equidad y prudencia, y por lo tanto no es razonable exigir a los
juzgadores que viertan motivos objetivos para justificar su personal sensibilidad. No obstante, puede
ser materia de análisis sólo cuando la condena apareciera como notoriamente injustificada [destacado
añadido]35.
[35] T. S .J. de Córdoba, Sala Civil y Comercial, “Zarate, Ricardo c/ Alonzo, Jerónimo y otro- Ordinario- Daños y perj.- Accidentes de
En relación a la cuantificación del daño moral la tarea es ardua, pues la propia jurisprudencia señala lo dificultoso del
camino. Así por ejemplo se dijo que:
“En lo concerniente al quantum resarcitorio por daño moral otorgado a la víctima, el Tribunal Superior de
Justicia "aconseja como una buena metodología, en una materia de indiscutida imprevisibilidad,
colocar el monto indemnizatorio del daño moral en una valoración de contexto con otras
indemnizaciones más o menos de tenor parecido y que hayan sido dictadas por los tribunales de la
misma instancia al interviniente" (Cfr. TSJ, Sala Civil y Comercial, Sent. 44 del 20/06/06, en autos
"López Quirós c/ Citibank). No obstante, sin ánimo de apartamiento a dicha pauta jurisprudencial, esa
orientación, además de resultar incongruente con las facultades discrecionales con las que cuenta el
juzgador para cuantificar el resarcimiento por daño moral, va a contramano con los últimos
pronunciamientos de la Corte Suprema de la Nación tendientes a evitar la fijación de limitaciones que,
en definitiva, implican alterar los derechos reconocidos por la Constitución Nacional [Negritas
añadidas]36.
[36] C. Apel. Civ. y Com. Córdoba, 7ma. nominación, “Zalazar, Marcos c/ Campos, Ramona Elvira y otro - Ordinario - Daños y perj. -
Accidentes de tránsito”. Expte. 915155/36, sentencia n° 18 (22/3/2016).
Con la entrada en vigencia del Código Civil y Comercial nuestra jurisprudencia viene señalando lo siguiente:
A fin de determinar la cuantificación del daño moral y habiendo entrado en vigencia del nuevo Código
Civil y Comercial de la Nación, el cual denomina al daño moral “consecuencias no patrimoniales”,
corresponde tomar en cuenta el nuevo parámetro para la cuantificación de la indemnización fijado en el
art. 1741 in fine. Dicha norma resulta de aplicación debido a que la cuantificación del daño debe
efectuarse según la ley vigente en el momento en que la sentencia determina su medida o extensión.
La indemnización le implica al actor la posibilidad adquirir bienes o servicios que le ayude a compensar
la desmejoría padecida en el aspecto espiritual, sustentado en la razonabilidad del monto establecido
[37] C. Apel. Civ. y Com. Córdoba, 8va. nominación, “Cañete, Abel Nicolás c/ Radiodifusora del Centro S.A. - ordinario - daños y
perjuicios - otras formas de responsabilidad extracontractual”. Expte. 2438870/36, sentencia n°3 (23/2/2017).
Al iniciar la lectura planteamos una situación problemática donde el damnificado, en un accidente de tránsito,
padece una lesión corporal pero no ha mediado afectación de ingresos en la relación laboral.
Tampoco se afectaron posibilidades de ascenso, mejoras de las condiciones, ni ningún otro rubro que permita
concluir respecto a la una afectación de ingresos o posibilidades de mejorar su condición en el mercado laboral.
Sin embargo, luego del accidente y como consecuencia de este siniestro, padece una patología que afecta su rodilla
izquierda y, según el médico legista, implica una incapacidad del 20%. Esto también afectó el espíritu y la forma de
sentir de la víctima, quien padece de estrés postraumático.
Luego de la lectura podemos responder algunos de los
interrogantes iniciales.
La primera pregunta que nos hicimos es si debe ser resarcido el Sr. Tapia. La respuesta es afirmativa en tanto y en
cuanto se pruebe la existencia del daño y los demás presupuestos de la responsabilidad civil.
El segundo interrogante es en concepto de qué tipo de daño debe ser indemnizado, dado que no existió merma
económica derivada del mercado laboral.
En cuanto al daño resarcible, hemos podido estudiar en la lectura que existen en esta clasificación dos tipos de
daños: el patrimonial y el extrapatrimonial. El primero implica una lesión con consecuencias patrimoniales, mientras
que el segundo implica una lesión al espíritu con consecuencias no patrimoniales.
En el caso del daño material, puede ser a título de pérdida de chance, con la consecuente reducción del monto
indemnizatorio resultante de la aplicación de la fórmula Marshall, relegando a la esfera extra patrimonial la
repercusión disvaliosa en actividades provechosas no rentadas; o bien, por el contrario; a título de lucro cesante
amplio, comprensivo no sólo de la proyección patrimonial dañosa en el ámbito laboral, sino también de una
multiplicidad de ventajas con significación pecuniaria, no estrictamente productivas.
En la lectura hemos aprendido que debe distinguirse entre el daño como lesión de uno o más derechos (daño-lesión)
y el daño en tanto consecuencia dañosa en un patrimonio o una esfera espiritual (daño-consecuencia). Debemos
conjugar el artículo 1737 que establece un concepto de daño, expresamente cuando dice “se lesiona”38; aparece la
idea de daño-lesión, en cuanto implica un detrimento del derecho o el interés. Ahora bien, esa lesión será
indemnización en cuanto tenga consecuencias, tal como señala el artículo 173839 del CCC, en cuanto comprende
los diferentes supuestos de daño material o moral. De tal modo que el daño-lesión equivale al conjunto de todos los
menoscabos o detrimentos que ha padecido una persona a partir del hecho dañoso. Pero solo una parte de ese
daño material o físico resulta jurídicamente relevante, puesto que el derecho únicamente reconoce carácter
resarcible a un segmento de él, que en el nuevo ordenamiento está demarcado por los artículos 1726, 1727 y 1728
del CCC. El daño resarcible, es decir, el daño enfocado desde el punto de vista jurídico, es definido por el artículo
[38] Art. 1737, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de [Link]
[39] Art. 1738, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de [Link]
[40] Art. 1737, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de [Link]
En el caso práctico, el señor Tapia no experimentó pérdida alguna que pueda traducirse en un daño patrimonial,
pues su salario no fue disminuido, no perdió posibilidades de ascenso, y tampoco se alega la imposibilidad de
acceder al mercado laboral. De allí que sea complicado conectar el daño-lesión con una consecuencia patrimonial
indemnizable relacionada con una limitación laboral, pues no hay una pérdida efectiva ni una ganancia frustrada.
Sin embargo, hemos estudiado que el artículo 174641 del CCC regula que, en caso de lesiones o incapacidad
permanente física o psíquica, total o parcial, la indemnización debe ser evaluada mediante la determinación de un
capital, de tal modo que sus rentas cubran la disminución de la aptitud del damnificado para realizar actividades
productivas o económicamente valorables, y que se agote al término del plazo en que razonablemente pudo
continuar realizando tales actividades. La norma estatuye que se tendrá en cuenta, como elemento para el cálculo
de la indemnización aplicando la fórmula, a las actividades productivas o económicamente valorables. Pero, según
el paradigma de la reparación integral, ya no es posible equiparar la situación laboral a la productiva, pues la
incapacidad permanente, en cualquier grado que sea, cercena las posibilidades o aptitudes que una persona tiene
para la realización de sus actividades cotidianas, que son susceptibles de una valoración económica en concepto de
chance.
[41] Art. 1746, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de [Link]
La incapacidad apreciable patrimonialmente no es solo la directamente productiva, sino que también debe
ponderarse su incidencia disvaliosa en los diferentes ámbitos en los cuales la persona se desenvuelve. Si bien el
Señor Tapia no sufrió la reducción del sueldo, ni haber perdido las posibilidades de ascenso o de realizar horas
extras en virtud de las lesiones sufridas, existen secuelas incapacitantes que pueden afectar su posibilidad de
desarrollar actividades extralaborales propias de la vida cotidiana. Esto, calificado como “incapacidad vital”, permite
indemnizar a la víctima por pérdida de chance derivada de la incapacidad resultante del accidente en cuestión.
Lo anteriormente expuesto también permite indicar lo complejo de su cuantificación, e incluso existen diversas
teorías al respecto, pero el Código Civil y Comercial expresa en el artículo 1741 que:
[43] Art. 1741, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de
[Link]
Sin olvidar que la cuantificación del daño moral constituye una de las tareas más difíciles, el Código entiende que lo
más adecuado es utilizar un modelo donde aparezca una fuente que permita trocar el sufrimiento por alegría o
placer y producir nuevamente la armonización perdida; encontrar un sucedáneo al estado negativo del sujeto que
prevalezca y se vuelva estable en situación de dominación respecto de la estructura en que interactúa; hallar
causas externas que produzcan placeres y alegrías que logren compensar los padecimientos sufridos: remedios
para la tristeza y el dolor (el descanso, las distracciones, las diversiones, los juegos, escuchar buena música, los
placeres de la gastronomía, etcétera). Todo ello se ve reflejado en los principios consagrados en el artículo 174144 in
fine del nuevo Código Civil y Comercial de la Nación.
Referencias
C. Apel. Civ. y Com. Córdoba, 7ma. nominación, “Zalazar, Marcos c/ Campos, Ramona Elvira y otro - Ordinario -
Daños y perj. - Accidentes de tránsito”. Expte. 915155/36, sentencia n° 18 (22/3/2016).
C. Apel. Civ. y Com. Córdoba, 8va. nominación, “Cañete, Abel Nicolás c/ Radiodifusora del Centro S.A. - ordinario -
daños y perjuicios - otras formas de responsabilidad extracontractual”. Expte. 2438870/36, sentencia n°3
(23/2/2017).
Calvo Costa, C. (2015). Daño resarcible. Su concepción a la luz del Código Civil y Comercial. En Revista de
responsabilidad civil y seguros. Año 17 (4), pp. 81-94.
Ley 340. (1871). Código Civil de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de: [Link]
Ley 24430. (1994). Constitución de la Nación Argentina. Honorable Congreso de la Nación Argentina. Recuperado
de [Link]
Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de
[Link]
Lorenzetti R. L. (1996). Responsabilidad colectiva, grupos y bienes colectivos. En La Ley. 1996 (D) 1058.
Picasso, S. (2015). Código Civil y Comercial de la Nación Comentado. Tomo VIII. Buenos Aires, Argentina: Rubinzal
Culzoni.
Pizarro, R. D. y Vallespinos, C. G. (2014). Compendio de derecho de daños. Buenos Aires, Argentina: Hammurabi.
T. S. J. de Córdoba, “Ceballos, Lucas Ramón c/ Rubiano Silvana del Valle – ordinario- recurso de Casación”. Expte.
580842, sentencia n° 154 (27/11/2018).
T. S .J. de Córdoba, Sala Civil y Comercial, “Zarate, Ricardo c/ Alonzo, Jerónimo y otro- Ordinario- Daños y perj.-
Accidentes de tránsito- Recurso de casación". Expte. 866822/36. Sentencia n° 3 (10/2/2015).
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