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Casación sobre pensiones en Colombia

El documento presenta el caso de Julio César Martínez Llorente quien demandó a una Administradora de Fondos de Pensiones por el reconocimiento de una pensión de invalidez y vejez. La primera instancia le reconoció una pensión de vejez, pero la segunda instancia revocó absolviendo a la Administradora, señalando que no cumplía los requisitos luego de haberle devuelto sus saldos.

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Casación sobre pensiones en Colombia

El documento presenta el caso de Julio César Martínez Llorente quien demandó a una Administradora de Fondos de Pensiones por el reconocimiento de una pensión de invalidez y vejez. La primera instancia le reconoció una pensión de vejez, pero la segunda instancia revocó absolviendo a la Administradora, señalando que no cumplía los requisitos luego de haberle devuelto sus saldos.

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CECILIA MARGARITA DURÁN UJUETA

Magistrada ponente

SL334-2024
Radicación n.° 93419
Acta 04

Bogotá, D. C., doce (12) de febrero de dos mil


veinticuatro (2024).

Decide la Sala el recurso de casación interpuesto por


JULIO CÉSAR MARTÍNEZ LLORENTE contra la sentencia
proferida por la Sala Laboral del Tribunal Superior del
Distrito Judicial de Cartagena, el nueve (09) de diciembre de
dos mil veinte (2020), en el proceso que le instauró a la
ADMINISTRADORA DE FONDOS DE PENSIONES Y
CESANTÍAS PROTECCIÓN S. A.

I. ANTECEDENTES

Julio César Martínez Llorente llamó a juicio a la


Administradora de Fondos de Pensiones y Cesantías
Protección S. A., con el fin de que se le condenara al
reconocimiento y pago de las «pensiones de invalidez y vejez»,
descontándole lo sufragado por concepto de devolución de

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saldos, más el reajuste de las mesadas retroactivas


indexadas, los intereses moratorios y las costas procesales.

Fundamentó sus peticiones en que: i) estuvo vinculado


al ISS, entidad en la que cotizó 919.02 semanas; ii) se
trasladó al fondo privado enjuiciado en el mes de mayo de
1996, donde continuó aportando hasta el 25 de septiembre
de 1998; iii) prestó servicios en calidad de servidor público,
para el departamento de Córdoba- Secretaria de Educación
entre el 7 de julio de 1975 y el 30 de abril de 1977; iv) que
fue declarado con pérdida de capacidad laboral en un 57.10
% por la Junta Regional de Invalidez Regional de Bolívar con
fecha de estructuración del 6 de junio de 2001; v) a través de
su guardador provisional solicitó la pensión de invalidez y, la
demandada, mediante Resolución n.° 2001-3586 del 27 de
noviembre de 2001, negó la prestación reclamada,
ordenando la devolución de saldos por valor de $98.598.965;
vi) el 1° de septiembre de 2007 reingresó a laborar,
efectuando aportes hasta el 30 de noviembre del 2011, los
cuales sumados a los períodos ya cotizados resultaba un
acumulado total de 1.351,58 cotizaciones y, vii) el 26 de
noviembre de 2013 cumplió la edad de 60 (f.° 2 al 4, cuaderno
primera instancia).

La parte encausada se opuso a las pretensiones y, en


cuanto a los hechos dilucidó que el peticionario no cumplía
con los requisitos establecidos en el artículo 39 de la Ley 100
de 1993 para acceder a la pensión solicitada; que no era
cotizante activo al momento de sobrevenir su invalidez y que

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no abonó un mínimo de 26 semanas dentro del año


inmediatamente anterior a la estructuración del riesgo.

En su defensa propuso las exceptivas de mérito


denominadas: «inexistencia de la obligación – incumplimiento
de los requisitos para la pensión de invalidez», prescripción,
«inexistencia de régimen de transición para pensión de
invalidez», «devolución de saldos-pago-cumplimiento de la ley»,
«compensación-inexistencia de los recursos para un eventual
reconocimiento de la pensión de invalidez», «inexistencia de
requisitos para pensión de vejez» y la genérica (f.º 60 a 62,
ibidem).

II. SENTENCIA DE PRIMERA INSTANCIA

El Juzgado Octavo Laboral del Circuito de Cartagena


por medio de sentencia del 31 de enero de 2019 (f.° 126 CD,
sentencia, ibidem) resolvió:

PRIMERO: DECLARAR no probadas las excepciones de fondo de


INEXISTENCIA DE LA OBLIGACIÓN, INEXISTENCIA DE
REQUISITOS PARA LA PENSIÓN DE VEJEZ Y GENÉRICA y
declarar parcialmente probada la excepción de PRESCRIPCIÓN,
[i]nterpuestas por la demandada ADMINISTRADORA DE FONDO
DE PENSIONES Y CESANTÍAS PROTECCIÓN S.A, dadas las
consideraciones expuestas en la sentencia.

SEGUNDO: DECLARAR extinguida la pensión de invalidez previo


las consideraciones de la sentencia.

TERCERO: CONDENAR a la ADMINISTRADORA DE FONDOS


DE PENSIONES Y CESANTÍAS PROTECCIÓN S.A, al
reconocimiento y pago de una pensión de vejez a favor del actor
JULIO MARTÍNEZ LLORENTE a partir del 26 de noviembre del
2015 en la suma de un salario mínimo legal mensual vigente y
en razón de trece (13) mesadas, conforme a lo expuesto en la
parte motiva del presente proveído.

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CUARTO: CONDENAR a la ADMINISTRADORA DE FONDOS DE


PENSIONES Y CESANTÍAS PROTECCIÓN S.A, a cancelar por
concepto de retroactivo pensional, a favor del actor JULIO
MARTÍNEZ LLORENTE, la suma de $30.289.238, dadas las
razones expuestas en la parte motiva de esta sentencia.

QUINTO: CONDENAR a la demandada ADMINISTRADORA DE


FONDOS DE PENSIONES Y CESANTÍAS PROTECCIÓN S.A., al
reconocimiento y pago de los intereses moratorios contemplados
en el artículo 141 de la Ley 100 de 1993, a partir del 09 de mayo
de 2017, hasta que se verifique el pago, conforme lo expuesto en
la parte motiva de este proveído.

SEXTO: AUTORIZAR a la demandada a descontar de las sumas


aquí impuestas, las sumas entregadas por concepto de
devolución de saldos, de conformidad con la parte motiva de este
proveído.

SEPTIMO: CONDENAR en costas a la parte vencida en este


proceso.

Sea de advertir que, si bien en la resolutiva se indicó


concederle al censor la pensión de vejez, de un análisis
integral del proveído se extrae que el sentir de la decisión fue
reconocerle la prestación de garantía mínima.

Esto, en tanto tuvo que el actor cotizó en su vida laboral


un total de 1.314 semanas, por lo que concluyó que, si bien
no contaba en su cuenta de ahorros individual con el valor
suficiente para capitalizar su asignación, sí cumplía con los
requisitos para serle reconocida la garantía mínima de vejez,
de acuerdo con el artículo 65 de la Ley 100 de 1993, es decir,
tenía un acumulado superior a las 1.150 y cumplió los 62
años el 26 de noviembre del año 2015.

III. SENTENCIA DE SEGUNDA INSTANCIA

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La Sala Laboral del Tribunal Superior del Distrito


Judicial de Cartagena al conocer del recurso de apelación
interpuesto por las partes, profirió decisión el 9 de diciembre
de 2020 (f.°12 al 20 del cuaderno del Tribunal), por la cual
revocó la del a quo y, en su lugar, absolvió a Protección S. A.
de las petitorias.

Indicó que, en el sublite, según lo dispuesto en el


artículo 39 de la Ley 100 de 1993, el demandante tenía
derecho al estudio y aplicación de la norma anterior en virtud
del principio de la condición más beneficiosa y, por tanto,
debió reconocérsele la pensión de invalidez por enfermedad
común, ya que había cotizado 300 semanas en cualquier
tiempo anteriores a la vigencia del estatuto de pensiones el
1° de abril de 1994.

Pese a lo anterior, sostuvo que dicha asignación se


extinguió en la medida que para el año 2007, el libelista
reinició su vida laboral por haber superado la invalidez y se
configuró la prescripción del retroactivo que se hubiera
causado, pues había transcurrido el término trienal para
reclamarlo.

Luego, advirtió que, de conformidad con el artículo 64


de la Ley 100 de 1993, en el régimen de ahorro individual con
solidaridad es indispensable que el afiliado hubiera
acumulado el capital necesario para financiar la prestación
de vejez. No obstante, resaltó que, ante la imposibilidad de
algunos cotizantes para alcanzar el caudal exigido, previó la
garantía mínima de la que trata el artículo 65 ibidem.

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Encontró probada parcialmente la excepción de


inexistencia de requisitos para la asignación por vejez,
cimentado en que:

[…] el demandante no tenía el capital suficiente para financiar su


pensión en los términos del artículo 64 de la [L]ey 100 de 1993,
pues su capital no ascendía a los cien millones de pesos, y,
además, le había sido devuelto los saldos o dicho capital, por lo
que la opción de aspirar a la pensión está marcada por la garantía
de la pensión mínima, para lo cual necesitaba acreditar al menos
1.150 semana[s], [que] actualmente tuviera si no le hubieran sido
devueltos los saldos, y que fue la razón por la cual el juez
reconoció la prestación.

La anterior interpretación sin embargo va en contravía de la


jurisprudencia actual frente a la posibilidad de sumar tiempos
que se han cotizado después de recibir indemnización sustitutiva
de pensión, o para el caso, devolución de saldos.

En efecto, no [era] viable incluir las semanas pagadas con


posterioridad al reconocimiento de la indemnización sustitutiva
de la pensión de vejez, o para el caso, devolución de saldos, por
cuanto la Sala de Casación Laboral de CSJ, en reiteradas
decisiones, ha indicado que la indemnización sustitutiva es una
prestación previsional, cuya recepción impide reclamar
judicialmente que se dilucide si lo que procedía era ese
reconocimiento o, en su lugar, la prestación vitalicia de vejez,
salvo en aquellos eventos en que se ha completado la densidad
de cotizaciones para el momento en el que se hizo la solicitud de
reconocimiento; no así cuando se pretende que se declare la
existencia del derecho a la pensión de vejez, sumándole las
incluidas en la indemnización sustitutiva y las cotizadas después
de haberse solicitado y recibido esta última prestación. (f.°13
al18, sentencia, del cuaderno de segunda instancia).

Para soportar sus argumentos, citó las sentencias del


CSJ SL, 20 nov de 2007, rad. 30123, CSJ SL, 7 jul de 2009,
rad. 35896, CSJ SL, 24 de mayo de 2011, rad. 39504 y la
CSJ SL, 24 abril de 2012, rad. 37902.

IV. RECURSO DE CASACIÓN

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Interpuesto por el Julio César Martínez Llorente,


concedido por el Tribunal y admitido por la Corte, se procede
a resolver.

V. ALCANCE DE LA IMPUGNACIÓN

Pretende que se case la providencia rebatida, para que,


en sede de instancia, confirme las condenas impuestas por
el juez de primer grado a través de los numerales 3°, 4° y 5°
de su veredicto y condene en costas al opositor (f.° 4,
demanda de casación, cuaderno digital de la Corte).

Con tal propósito formula un cargo, por la causal


primera de casación, el cual fue objeto de réplica por parte
de Protección S. A. y se procede a estudiar.

VI. CARGO ÚNICO

Acusa la sentencia de transgredir por vía indirecta y en


la modalidad de aplicación indebida los artículos «2°, 3°, 4°,
59 y 65 de la Ley 100 de 1993 en relación con los artículos 48
y 53 de la Constitución Política como consecuencia del error de
hecho originado en la falta de apreciación de una prueba» (f.°
4, cuaderno de casación).

Establece como errores de hecho, los siguientes:

1. No dar por demostrado, estándolo, que el señor JULIO


C[É]SAR MARTÍNEZ LLORENTE prestó servicios en calidad de
servidor público, para el Departamento de Córdoba - secretaria
de Educación entre el día 07 de Julio de 1.975 y el día 30 de abril,

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de 1.977, esto es, por un espacio de un (1) año nueve (9) meses
y veintitrés (23) días, que arrojan un total de 94 semanas.

2. Dar por establecido, no estándolo, que el actor había cotizado


para el año 2001, un total de 1.066.

3. Dar por establecido, no estándolo, que el actor no había


alcanzado 1.150 semanas al momento de solicitar su devolución
de saldos.

4. No dar por demostrado, estándolo, que el señor JULIO


C[É]SAR MARTÍNEZ LLORENTE cotizó 1.160 semanas antes de
solicitar su devolución de saldos a la demandada (f.° 5, de la
demanda del cuaderno de la Corte).

Para soportar su dicho, afirma que el Tribunal incurrió


en la falta de apreciación del certificado laboral expedido por
la gobernación de Córdoba – Secretaría de Educación (f.°13,
cuaderno primera instancia), lo que transgrede lo
preceptuado en artículo 65 de la Ley 100 de 1993,
comoquiera que de tal probanza se extrae que prestó sus
servicios en calidad de servidor público por espacio de 1 año,
9 meses y 23 días, equivalente a 94 semanas de cotizaciones,
que añadidas a las 1.066 acreditadas mediante las historias
laborales de Colpensiones y del fondo amonestado sumaban
1.160. Por lo tanto, aduce ser merecedor de la garantía de
pensión mínima de vejez contenida en la proposición jurídica
antedicha.

Agrega, que el sentenciador apreció erróneamente la


contestación de la demanda (f.° 69 al 76, cuaderno de
primera instancia) en la que Protección S. A. aceptó «los
hechos referentes a las cotizaciones efectuadas y a los
tiempos públicos servidos» (f.° 6, cuaderno de la Corte).

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VII. RÉPLICA

La entidad convocada al litigio considera que el cargo


no debe prosperar, por cuanto no se cuestiona la valoración
de la prueba en que se basó el Tribunal para deducir que el
implorante no tenía 1.150 semanas de cotización cuando
reclamó la devolución de saldos. Añade, que lo que pretende
el impugnante no es admisible, puesto que, al tratarse de
tiempos trabajados en entidades del sector público, para que
esos tiempos sumen a su cuenta es necesario que «se emita,
redima y pague el correspondiente bono pensional» (f.° 2,
escrito oposición del cuaderno de la Corte).

Más tarde esgrimió con sustento en el artículo 9° del


Decreto 832 de 1996, modificado por el apartado 2° del
Decreto 142 de 2006, que el censor no cumple con los
requisitos mínimos para la acreencia de la pensión de vejez,
pues no basta con acreditar las exigencias de edad y de
densidad de cotizaciones, sino también «que se obtenga el
reconocimiento de la garantía por parte del Ministerio
Hacienda» (f.° 4, escrito oposición del cuaderno de la corte),
que en el presente caso no se encuentra probado.

VIII. CONSIDERACIONES

Sea lo primero aclarar al opositor que el reconocimiento


de la garantía por parte del Ministerio de Hacienda no es un
requisito legal para acceder a esta prestación de vejez, como
pretende hacerlo ver, ya que el legislador contempló como
elementos para causar dicho derecho las semanas y la edad,

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en el RPMPD o el capital acumulado cuando se trata del


RAIS.

Al respecto en sentencia CSJ SL2512-2021, se dijo:

Nadie discute que, en Colombia, con la entrada en vigor del


estatuto pensional en el año 1994, el legislador creó la
coexistencia de dos regímenes pensionales (Prima Media con
Prestación Definida- RPM- y Ahorro Individual con Solidaridad-
RAIS) excluyentes y de estirpe diferente, lo que, sin hesitación
ninguna, conlleva a que el acceso a los servicios y prestaciones,
entre otros, estriben en el régimen escogido por el afiliado.

En esa dirección, en el RPM, la pensión de vejez dependerá del


cumplimiento de las condiciones de edad y tiempo de servicios o
cotizaciones (artículo 33 Ley 100 de1993), sin tener relevancia
cuánto dinero aportó el afiliado; mientras que, en el RAIS, en
primera medida el reconocimiento si obedecerá al capital
acumulado en la cuenta de ahorro individual. Nótese que, a voces
del artículo 64 de la Ley 100 de 1993, es requisito esencial para
acceder a la prestación, tratándose de la contingencia de vejez,
que el afiliado posea en su Cuenta de Ahorro Individual -CAI- un
capital que efectivamente le permita obtener una pensión
mensual superior al 110% del salario mínimo legal mensual
vigente, palmario está, en armonía con lo dispuesto en el artículo
35 del mismo estatuto, concerniente a la pensión mínima.

En cuanto a lo que propone el replicante frente a la


necesidad de surtirse previamente el reconocimiento y pago
del bono pensional para la causación de la prestación, debe
aclararse que no es admisible. En efecto, la pensión se causa
cuando se cumplen todos los requisitos exigidos para acceder
a ella, aun cuando no se hubiere efectuado el
reconocimiento, es decir, nace como derecho, con el lleno de
las condiciones establecidas para su venero, sin que, la
omisión en el trámite del bono pensional, que es obligación
de la administradora de pensiones, no del afiliado pueda
obstaculizar su causación, se insiste, más aún en situaciones
como la del sub lite donde está en juego el derecho

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fundamental de la seguridad social del actor, consagrado en


el artículo 48 de la Carta Política.

En relación a ello, la sentencia CSJ SL3691-2021,


aseveró que:

[…] las demoras en el acceso a las prestaciones pensionales


repercuten en la postergación de contingencias de personas que
requieren con prontitud la protección del sistema, como ocurre
precisamente en los casos en que se exige una pensión de
invalidez, y ello presupone por sí mismo una situación de
vulnerabilidad. De ahí que, si en esta gestión existen infracciones
por parte de los entes administradores de pensiones, es
impensable que las consecuencias negativas que de ellas deriven
puedan trasladarse a los afiliados, y menos cuando las mismas
no les son atribuibles.

Lo expuesto es aplicable a la relación sostenida entre


las entidades administradoras de fondos de pensiones y los
empleadores, en tanto, aquellos inconvenientes deben ser
resueltos sin afectar el derecho de los trabajadores a percibir
normal y puntualmente las mesadas pensionales, durante el
tiempo que se demoren las autoridades competentes para
dirimir la controversia.

Ahora bien, la censura encauza el ataque por la senda


fáctica, en el que se tiene que, de conformidad con lo
regulado en el artículo 7° de la Ley 16 de 1969, modificatorio
del 23 de la Ley 16 de 1968, para que se configure el error de
hecho:

[E]s indispensable que venga acompañado de las razones que lo


demuestran, que su existencia aparezca notoria, protuberante y
manifiesta y, además, como lo ha dicho de vieja data la Corte,
que provenga de manera evidente de alguno de los tres tipos de
pruebas calificadas, esto es, del documento auténtico, de la

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confesión judicial o de la inspección judicial.

El embate por la vía de los hechos, le impone al censor la carga


de acreditar, de manera razonada, la concreta equivocación en
que incurrió la colegiatura en el análisis y valoración de los
medios de convicción, y su incidencia en la decisión impugnada,
que lo llevó a dar por probado lo que no está demostrado, y a
negarle evidencia a lo que sí lo está; yerros que surgen a raíz de
la equivocada valoración o de la falta de apreciación de la prueba
calificada.

Para que se configure el error de hecho, no es cualquier hipotética


equivocación del Tribunal la que puede dar al traste o quebrantar
su decisión, sino aquella que, revista la entidad de palmaria, que
surja a primera vista, por ser notoria, protuberante y manifiesta;
características que no son, en voces de la decisión CSJ SL, 2 en.
2000, rad. 12679: «creación o invento jurisprudencial sino un
nítido mandato legal inexcusable que exige que el recurrente
demuestre el yerro de “modo manifiesto”. Así lo determina
claramente el artículo 60 del decreto 528 de 1964» (CSJ SL144-
2023).

Así las cosas, el problema jurídico que debe abordar la


Sala se orienta a determinar si incurrió el juez plural en error
al no estudiar el certificado que acredita el tiempo que el
actor sirvió al departamento de Córdoba (f.° 13, cuaderno
primera instancia), así como al valorar indebidamente la
contestación de la demanda (f.°57 a 66, ibidem), lo que
conllevó a no contabilizar estos periodos para el
reconocimiento de la prestación por vejez solicitada o en su
lugar, la pensión de garantía mínima.

Pese a la vía por la que se dirigió el cargo, no fue objeto


de reproche y se encuentran incólumes los siguientes
hechos: i) Julio César Martínez Llorente nació el 26 de
noviembre de 1953 (f.°9 ibidem); ii) cotizó 919.02 semanas al
entonces Instituto de Seguros Sociales entre enero de 1975 a
la misma calenda pero del año 1994; iii) que al momento de
concedérsele la devolución de saldos tenía un total

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acumulado de 1.066 semanas cotizadas, de las cuales 117


fueron cotizadas en la AFP demandada (f.°17 a 19,
Resolución n.° 2001-3586); iv) que se reincorporó al mercado
laboral, cotizando entre el 2007 y 2011 un total de 217.14
semanas.

Una vez puntualizado lo anterior. se pasan a estudiar


los medios de convicción atacados:

a) En cuanto al certificado de tiempos de servicios


obrante a folio 13 del expediente de primera instancia,
denota la Sala que, tal como lo manifiesta el actor, no fue
objeto de pronunciamiento por parte del fallador rebatido y
aquél constata que el demandante laboró con la secretaría de
educación de Córdoba por un lapso de 1 año, 9 meses y 23
días.

b) También se adjudica la revisión errónea de la


contestación de la demanda, sobre la que previamente ha de
decirse que, no es prueba hábil en casación, sino la confesión
en ella contenida y, eventualmente, puede generar un error
de hecho con el carácter de manifiesto, cuando se ignora o
tergiversa ostensiblemente el contenido de esta pieza
procesal por el juzgador (CSJ SL, 5 ago. 1996, rad. 8616,
reiterada entre otras, en las CSL SL22386-2004 y CSJ
SL2052-2014); escenario inicial que acaeció en el presente
evento, como se pasa a ver.

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En efecto, verificada la demanda, específicamente el 3°


apartado fáctico (f.°2° del cuaderno del juzgado), se tiene que
se expresó lo siguiente:

Mi poderdante prestó servicios en calidad de servidor publicó,


para el [d]epartamento de Córdoba- Secretar[í]a de Educación
entre el día 07 de julio de 1.975 y el día 30 de abril de 1.977, esto
es, por espacio de un (1) año nueve (9) meses y veintitrés días, lo
que igualmente equivale a 94 semanas de cotización.

Por su parte, la accionada al contestar a ese hecho (f.°59


ibidem), expresó: «Es cierto. Los documentos así lo acreditan».

De lo anterior se desprende la aceptación por la


accionada en cuanto al conocimiento del tiempo laborado y
la existencia del medio de convicción que lo acredita;
aspectos que el juez de alzada soslayó absolutamente.

Los yerros advertidos son trascendentes, porque de


haberse apreciado cabalmente el contenido de la declaración
de la parte pasiva, así como si se hubiera valorado el
certificado mencionado, el operador judicial plural habría
tenido en cuenta los periodos que el afiliado laboró en la
gobernación de Córdoba para determinar si cumplía con los
requisitos legales para acceder a una pensión de vejez o en
su defecto, a la de garantía mínima. Incluso, la apreciación
de tales elementos probatorios habría llevado a estimar la
situación de redención del bono pensional, pues es un
aspecto que necesariamente repercute en las prestaciones
económicas a reconocer al accionante.

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Conforme a lo anterior, el cargo es próspero únicamente


en cuanto a la contabilización de semanas para el
reconocimiento de la prestación por vejez o de la pensión de
garantía mínima.

Sin costas en el recurso extraordinario.

En sede de instancia, previo a resolver, se solicitarán


pruebas de oficio, con las siguientes precisiones:

Esta Corporación ha sostenido que de conformidad con


el artículo 54 del CPTSS, el operador judicial cuenta con la
facultad de ordenar «la práctica de todas aquellas que a su
juicio sean indispensables para el completo esclarecimiento de
los hechos controvertidos» y solicitar «las demás pruebas que
considere [el tribunal] necesarias para resolver la apelación o
la consulta» como se previó en el canon 83 de la misma
normatividad.

Frente a esta última potestad del fallador de segunda


instancia, esta Corte expuso en sentencia CSJ SL3451-2018,
recordada en CSJ SL2613-2021, que:

Frente a la mencionada facultad, que últimamente se concibe


como un deber (CSJ SL9766-2016), esta sala de la Corte ha
señalado insistentemente que con la audiencia de juzgamiento
concluye cualquier posibilidad probatoria que pudieran
desplegar las partes o desarrollar el Tribunal en su actividad
oficiosa, «…salvo cuando al enfrentar la decisión de fondo, éste
encuentre falencias e insuficiencias probatorias que le impidan
llegar a la verdad real, pues entonces podrá regresar a la etapa
procesal que le permita completar el conjunto probatorio con el cual
pueda dictar la sentencia correspondiente.» (CSJ SL, 9 nov. 1999,
rad. 12536).

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También ha adoctrinado esta Corporación, con especial ahínco,


que tratándose de derechos de especial relevancia social, como
los que se debaten en los juicios de trabajo y seguridad social, el
juez no puede adoptar una posición en extremo pasiva y
dispositiva en materia probatoria, de manera que debe realizar
todas las diligencias que estén a su alcance para preservar los
derechos fundamentales de trabajadores y afiliados a la
seguridad social y evitar decisiones inhibitorias, vacuas o
excesivamente formalistas. Ha sostenido, en esa dirección, que
por la especial naturaleza del derecho laboral, «…con mejor razón
cuando en su ámbito se despliega la seguridad social, obliga al
juez a actuar para superar las deficiencias probatorias o de
gestión judicial, cuando se sospecha que de ellas pende, como en
el sublite, una irreparable decisión de privar de protección a quien
realmente se le debía otorgar.» (CSJ SL, 15 abr. 2008, rad. 30434)

En virtud de lo anterior, comoquiera que se encuentra


en juego un derecho fundamental como es la seguridad
social, el juez debe «tener iniciativa en la averiguación de la
verdad real, para lo cual debe procurar, de oficio, acopiar los
elementos de juicio idóneos que le permitan eliminar las dudas
fundadas que tenga en torno a los supuestos fácticos del
proceso, esclarecer espacios oscuros del pleito y constatar la
veracidad de los hechos sometidos a su consideración» (CSJ
SL9766-2016) y garantizar la protección del derecho
sustancial.

Para tal fin, se dispondrá que por secretaría de la Sala


se oficie a la Administradora de Fondos de Pensiones y
Cesantías Protección S. A. para que, dentro de los quince
días siguientes al recibo de la comunicación respectiva,
informe y certifique:

i) El saldo actual de la cuenta de ahorro individual


pensional del demandante, incluyendo los rendimientos
financieros y los aportes voluntarios.

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ii) Si adelantó algún trámite para obtener la redención


del bono pensional por el tiempo público laborado por el
demandante. En caso afirmativo, deberá allegar los soportes
correspondientes e informar qué periodos fueron imputados
y los salarios bajos los cuales se reportó dicho tiempo de
servicios.

Cuando se allegue la información requerida, por


secretaría se correrá traslado de ella a la accionante por el
término de tres días hábiles y, una vez ello ocurra, el
expediente pasará al despacho para lo pertinente.

IX. DECISIÓN

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia,


Sala de Casación Laboral, administrando justicia en nombre
de la República y por autoridad de la ley, CASA la sentencia
dictada el nueve (9) de diciembre de dos mil veinte (2020) por
la Sala Laboral del Tribunal Superior del Distrito Judicial de
Cartagena - Bolívar, dentro del proceso ordinario laboral
seguido por JULIO CÉSAR MARTÍNEZ LLORENTE contra la
ADMINISTRADORA DE FONDOS DE PENSIONES Y
CESANTÍAS PROTECCIÓN S. A.

Costas como se dijo en la parte considerativa.

Previo a proferir la decisión de instancia, para mejor


proveer, se dispone que por secretaría de la Sala se oficie a
la Administradora de Fondos de Pensiones y Cesantías
Protección S. A. para que, dentro de los quince días

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Radicación n.°93419

siguientes al recibo de la comunicación respectiva, informe y


certifique lo siguiente:

i) El saldo actual de la cuenta de ahorro individual


pensional del demandante, incluyendo los rendimientos
financieros, los aportes voluntarios y el bono pensional, si
hubiere lugar a este.

ii) Si adelantó algún trámite para obtener la redención


del bono pensional por el tiempo público laborado por el
demandante. En caso afirmativo, deberá allegar los soportes
correspondientes e informar qué periodos fueron imputados
y los salarios bajos los cuales se reportó dicho tiempo de
servicios.

Cuando se allegue la información requerida, por


secretaría se correrá traslado de ella a la accionante por el
término de tres días hábiles y, una vez vencido, el expediente
pasará al despacho para lo pertinente.

Notifíquese, publíquese, cúmplase

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Firmado electrónicamente por:

SANTANDER RAFAEL BRITO CUADRADO

CECILIA MARGARITA DURÁN UJUETA

CARLOS ARTURO GUARÍN JURADO

Este documento fue generado con firma electrónica y cuenta con plena validez jurídica, conforme a lo dispuesto en artículo
103 del Código General del Proceso y el artículo 7 de la ley 527 de 1999

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