Andrés Felipe Laverde Álvarez
Darío Hoyos
Antropología
Centro de Estudio S.S.P
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LA MUERTE Y LA FILOSOFÍA. LA TEMPORALIDAD Y LA VIDA
De este modo, la perspectiva adoptada otorga a la temática de la muerte el
carácter de un problema filosófico de primer orden, puesto que lejos de
conducirnos a una angustiosa conciencia de nuestro ser mortal, nos abre a un
horizonte ético radical. Tomando como referencia el pensamiento occidental
antiguo, los griegos establecían una clasificación para considerar algo o alguien
mortal. Por lo tanto, no es mortal quien muere sino quien está seguro de que va a
morir. Los auténticos vivientes somos entonces los seres humanos porque
sabemos que dejaremos de vivir y en eso reside el significado de la vida. Algunos
dicen que los dioses son inmortales o eternos, pero no se dice que están vivos.
Actualmente se han encontrado ciertos errores en dichos planteamientos (pues
algunos animales evitan la muerte o mejor dicho el morir, y eso deja libre muchas
posibilidades para plantearse ideas acerca de que si temen a la muerte, si saben
que dejaran de vivir o no), pero el enunciado de que “no es mortal quien muere
sino quien está seguro de que va a morir” realmente refleja la preocupación por el
tema de la muerte desde tiempos muy lejanos.
Resulta natural que se halle presente en cada ciencia que investiga a la naturaleza
humana. De este modo, veremos que la muerte atañe a disciplinas afines y muy
diferentes entre sí. En la muerte acaba la conciencia del hombre, diluyéndose en
lo desconocido. La muerte es, en parte, metafísica, es el punto cero de nuestro
mundo, es el momento que no podemos aprehender. En la antigüedad, los
muertos son los que tenían la vida, preceptores, consejeros y guías de lo vivos.
Vivo o muerto, el hombre sirve y servirá a la vida. No sabiendo suficientemente
acerca de lo que hay en el Hades, tampoco creo saber. Sé en cambio, que es
malo y vergonzoso obrar injustamente y desobedecer al mejor, tanto si es un Dios
como un hombre (Sócrates). La concepción platónica contiene un trasfondo
escatológico explícito que permite hablar de un destino del alma después de la
muerte.
La conciencia por la cual no quiere la muerte, la niega, y se espanta de esta, es
como la muerte se presenta como su límite, es hasta ahí donde esta pueda llegar.
Mientras la muerte quiere seguir conociendo, quiere seguir sabiendo, la voluntad
de saber se opone a la muerte, porque es esta la interrupción del saber, del seguir
conociendo. La muerte, entonces, le permite a la vida continuar, realizarse una y
otra vez, nacer infinitamente. La muerte es indispensable para que la vida siga, la
muerte de los individuos es asegurar la permanencia de la especie. Sin la muerte
de los individuos la vida de este planeta ya estuviera agotada, no habría recursos
con los cuales subsistiera la especie. La muerte asegura la vida. Esto significa que
la muerte es la posibilidad de vida a los que están por llegar. La muerte es un
trauma irreparable, que sin embargo, no destruye la voluntad de vivir, la
conciencia se niega a concebir su propia abolición, su propia destrucción, rechaza
contundentemente su muerte. Toda conciencia nunca envejece, no se encuentra
al borde de la muerte física, no existe para ella, se mantiene en un estado de
transformación, en un constante encuentro, como un eterno permanecer. Mientras
la conciencia adquiere su mayor progreso y sus más radicales transformaciones,
el cuerpo humano se halla en una etapa de decadencia celular. Así es como, en
las sociedades primitivas, mientras más se envejece más se acerca a la muerte, a
los antepasados, quienes otorgan poder y sabiduría. En este sentido, esta visión
de la muerte nos abre adecuadamente a las posibilidades de la vida, las hace
aparecer verdaderamente como tales y las pone en posesión del hombre.