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La Negación a Sí Mismo en la Oración

Este capítulo trata sobre la negación a uno mismo, que es un camino esencial para seguir a Jesús. La negación a uno mismo incluye dedicar tiempo a la oración y espera en Dios, aunque el cuerpo pida descanso. Esto trae poder de Dios para sanar a los enfermos y ganar almas.
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La Negación a Sí Mismo en la Oración

Este capítulo trata sobre la negación a uno mismo, que es un camino esencial para seguir a Jesús. La negación a uno mismo incluye dedicar tiempo a la oración y espera en Dios, aunque el cuerpo pida descanso. Esto trae poder de Dios para sanar a los enfermos y ganar almas.
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Capítulo 6

El negarse a sí mismo

A. A. ALLEN

Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame (Lucas 9: 23).

El camino que Jesús tomó es un camino de negación a sí mismo. Tú estás le- yendo este libro porque tú
deseas “ir en pos de Él”, ¡Entonces, niégate a ti mismo! Una vez alguien dijo, “Ningún hombre ha hablado
como este hombre”.

¡Me gustaría añadir, que ¡pocos hombres han vivido como este hombre! Y muy pocos han aprendido a
negarse a sí mismos.

Mientras leemos en la escritura acerca de Jesús, “Levantándose muy de ma- ñana, siendo aún muy
oscuro, salió a un lugar desierto, y allí oraba” (Marcos

1:35). Cuántos de los que quisieran hacer las obras que Él hizo, encuentran muy poco o nada de tiempo
para orar. Que pocos pueden soportar la soledad. Es cierto que ellos pueden a menudo orar muy lindo
entre una multitud, o cuando otros estén escuchando. Pero pasar horas a solas en la noche, orando en lo
se- creto, no le trae gloria al Yo.

Él Yo preferiría buscar un lado más confortable en la cama y regresar a dormir. El Yo dice, “necesito
descansar”. Cuando preguntan quién orará una hora por la noche o temprano en la mañana, el Yo sonríe
y levanta su mano. El Yo se rego- cija que otros lo han visto tomando esta hora de sacrificio, y de la
buena impre- sión que tendrán de él sus vecinos. Pero cuando la hora de oración llega, el Yo apagará la
alarma y se volverá a dormir.

El Yo dice, “para qué orar cuando no siento nada de todas maneras”. Pero Jesús dijo: niéguese a sí
mismo. Esto es sacrificio- real sacrificio a Dios. Y Dios honra el sacrificio.

En una de mis primeras campañas, en el sur de Missouri, una buena cantidad de personas había estado
asistiendo, pero ni un alma respondió a los llamados del altar. Mi esposa y yo decidimos que esto tenía
que ser cambiado y acorda- mos orar toda la noche para que almas fueran salvadas en la campaña.

Ya estábamos cansados en nuestros cuerpos, pues la hora era tarde y el servi- cio había sido difícil.
Pronto el cansancio empezó a vencernos, y quedarnos despiertos parecía casi imposible.
Ocasionalmente teníamos que despertarnos

el uno al otro. No había gritería ni emoción – nada que nos mantuviera despier- tos excepto la revelación
de Dios que nos había entregado esta responsabilidad por las almas perdidas en esta pequeña
comunidad, y teníamos que verlas sal- vas.

Y le habíamos prometido a Dios que oraríamos hasta que tuviéramos la seguri- dad que sucedería.
Mientras que el sol salía sobre el horizonte del Este, sabía- mos que habíamos cumplido con nuestra
parte y que algo iba a pasar en el pró- ximo servicio. ¡No podíamos casi esperar por la hora del servicio!
Y esa noche, la victoria llegó. Uno por uno respondió al llamado al altar, hasta que dieci- nueve almas
encontraron la salvación, dando voces de alabanzas a Dios, en una pequeña casa-escuela, bajo el
ministerio de un predicador que sólo había es- tado predicando por tres semanas.
Mientras regresábamos a casa regocijándonos después de este servicio, sabía- mos que Dios nos había
enseñado una lección importante – paga negarse a sí mismo el descanso que uno cree que le pertenece.
Paga orar hasta prevalecer, sea que el yo esté estimulado a orar por buenos sentimientos o no lo esté.

El yo dice, “ora si lo sientes hacer”. Negación a sí mismo dice, “ora de todas maneras”. Hay momentos en
que la oración es un deleite – cuando es un tiempo de refrigerio al alma cansada. Pero hay momentos
en que la oración es enfrentarse al enemigo cara a cara en el campo de batalla, para quitarle de sus
garras por la fuerza las cosas que Dios ha prometido que son legalmente nues- tras, pero que Satanás
impedirá que tengamos, si él lo puede hacer, tomándolo por la fuerza de nuestro adversario, el diablo.

Hay ocasiones en que debemos luchar en la oración, como lo hizo Jacob cuando

gritó: “No te dejaré, si no me bendices” (Génesis 32: 26).

Hay veces que la respuesta se tarda en llegar y debemos esperar paciente- mente como Daniel, quien
esperó tres semanas enteras (Daniel 10: 2). Hay tiempos en que la lucha dejará el cuerpo desgastado y
los nervios sobrecarga- dos, como en el caso de Elías cuando oró que bajase el fuego y la lluvia (1 Reyes

18, y 19: 4). Es en tiempos como estos que la oración es auto-negación, pero

paga.

Sólo la persona que cree en el poder de la oración se negará a sí mismo no im- portando lo que su
cuerpo le demanda, para poder orar. Pero Dios promete, “Y todo lo que pidieres en oración, creyendo, lo
recibiréis (Mateo 21:22). La ora- ción verdadera – oración determinante, y que prevalece-–es el
tomacorriente de poder más importante en la tierra.

La Primera Iglesia oró por diez días y después vino el milagro de Pentecostés. Moisés pasó cuarenta días
en una montaña hablando con Dios, y su cara brilló

tanto que se tuvo que ponerse un velo.

Müller oró, y pudo asegurar un millón de dólares para hacer posible el cuidado de 2.000 huérfanos.
Jesús subió a la montaña a orar y regresó a echar fuera demonios que sólo sa- len con oración y ayuno
(Marcos 9: 29). No le dijo al padre que sufría, “Este gé- nero no sale, sino con oración y ayuno. Espera
mientras voy a y ayunar y orar”.

¡Él ya había ayunado y orado!

La negación a sí mismo, ayuno y oración, era parte de su vida diaria. Era su es- tilo de vida. Él oraba
primero, y cuando la necesidad llegaba, ya Él había preva- lecido en oración, y estaba listo para suplir la
necesidad. Cuántos creen que se están negando a sí mismos, cuando su auto-negación sólo tiene
propósitos egoístas, para que su voz sea oída en lo alto (Isaias 58:3-7).

Es mejor que diga la gente, “Ese hombre tiene el poder de Dios. Cuando él ora, los enfermos son
sanados, los cojos caminan, los mudos hablan, y los ciegos ven”, a que digan, “Ese hombre es un hombre
piadoso, Ayuna tres días a la se- mana, Acaba de completar un ayuno de veintiún días y ahora está en el
día dé- cimo de su ayuno de cuarenta días”. Alguna gente buena ha sido engañada y han perdido el
tiempo y el sacrificio, que no le hizo bien a nadie porque se enorgullecieron e hicieron su ayuno con un
espíritu jactancioso.

Es la función de Satanás dañar todo lo que tratamos de hacer para Dios. Sea- mos vigilantes en este
asunto, porque si no, Satanás hará inútil, una de nues- tras armas más efectivas, el arma de la auto-
negación por medio del ayuno. El

verdadero ayuno es un asunto de darle el primer lugar a Dios sobre todas las demandas de la vida del yo.
Entra en lo más profundo de tu vida personal.

Pablo recomendaba que aunque el marido y su esposa deben considerar su cuerpo como la propiedad
personal del otro, y estar sujetos el uno al otro, bus- cando agradarse el uno al otro en toda forma
posible, es sabio que el esposo cristiano y su esposa separen por mutuo acuerdo un tiempo cuando se
pone a un lado la gratificación personal, para que Dio sea primero, que se pueda ocu- par todos sus
pensamientos, o que ambos juntos se den al ayuno y la oración. Dios no condena al matrimonio ni la
relación legal entre un marido y su esposa. Pero aun esto, que es legalmente propio, como la comida,
debe ser puesto a un lado por un tiempo para la búsqueda de Dios, con grandes beneficios.
Entre más cerca caminemos con Dios, mayor será el poder que tendremos en nuestras vidas. Esta
cercanía sólo se puede adquirir de una forma – “Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros” (Santiago
4:8).

La negación a sí mismo a veces te separará de la compañía que más tú disfru- tas. Sin duda que son
gente buena y su amistad es agradable. Pero si tú quieres el poder de Dios, debes tener comunión con
Él. La comunión con el pueblo de Dios es maravillosa y necesaria para todo cristiano, especialmente para
aque- llos que son jóvenes en el Señor. Pero hay otra comunión que es aún más nece- saria. “Nuestra
comunión verdaderamente es con el Padre, y con su hijo Jesu- cristo” (1Juan 1:3).

Aquellos que tienen poder de Dios, y están trayendo liberación a los enfermos y afligidos, y ganando
almas para Cristo, están pasando más tiempo a solas con Dios antes de pasar tiempo con otros. Estas
cosas no pueden ser hechas en un momento. El poder es el resultado de esperar en el Señor.

Al Yo le gustaría afanarse. Pero el Yo debe ser negado una vez más. El Pente- costés llegó después de diez
días de esperar en el Señor. La visión de los Últi- mos Días de Daniel llegó después de 23 días de espera.
Como Moisés había aprendido a esperar en el Señor y a conocer su método así como su voluntad,
esperó cuarenta años en exilio antes de estar listo para hacer la obra de libera- ción que Dios quería que
Él hiciera.

Guarda silencio ante Jehová y espera en Él (Salmo 37:7). Esperar es casi un arte perdido. Todo se hace a
la ligera. Con muchas cosas sólo se requiere oprimir un botón, pero no hay un botón para oprimir – no
hay una fórmula mágica- no hay un “camino real” - para el poder de Dios. El hombre que ha esperado en
Dios ordena que los demonios se aparten, y el atormentado es liberado. Pero el hombre que no tiene
tiempo para “perder” en esperar, habla las mismas pala- bras y parece hacer las mismas cosas, pero
nada pasa.

Esperar en Dios no es tiempo perdido, aunque a veces te parezca a ti (y a otros) que no estás logrando
nada. Esperar en Dios incluye ayuno, oración, y simple- mente esperar.

Cuando oramos, hablamos con Dios. Pero cuando has orado hasta que parece no haber más palabras
que decir, entonces necesitas esperar por una res- puesta.
Deja que Dios te hable. El Yo es persistente e impaciente, siempre clamando por acción, atención o
gratificación. El Yo sólo piensa en las cosas de este mundo, en las cosas de la carne. Pero “Si alguno
quiere venir en pos de mí, NIÉGUESE A SÍ MISMO (Lucas 9:23).

¿Vendrás en pos de Él? ¿Harás las obras que Él hizo? Entonces espera en Su presencia y deja que Él hable
a tu alma sobre las cosas del Yo que no han sido negadas. Deja que su vida de auto-negación sea tu
ejemplo, y estarás bien en el camino para participar de Su poder para hacer milagros.

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