ACTIVIDADES PLAN LECTOR SEGUNDO PERIODO GRADO 8
Actividad #1 Rúbrica
Entrega 8 al 12 de abril
Académico
Social
Personal
Autoevaluación
Definitiva
El cuadro debe ser presentado en toda la extensión de la hoja del cuaderno, no dejar espacios sin
colorear y dibujar dentro del cuadro la respuesta a la siguiente pregunta. ¿Cuál es tu mayor
cualidad?
Actividad #2
Entrega 22 al 26 de abril
Cada pregunta debe contestarse con tus propias ideas y tener una extensión de 70 palabras
Texto: LA NOCHE DE LOS FEOS
• ¿Se puede saber la inteligencia de alguien por su risa?
• ¿La belleza existe o se aprende lo que es bello?
• ¿Podemos sentirnos desgraciados y felices al tiempo?
LA NOCHE DE LOS FEOS
Mario Benedetti
Grado 8°
Ambos somos feos. Ni siquiera vulgarmente feos. Ella tiene un pómulo hundido. Desde los ocho años, cuando
le hicieron la operación. Mi asquerosa marca junto a la boca viene de una quemadura feroz, ocurrida a
comienzos de mi adolescencia.
Tampoco puede decirse que tengamos ojos tiernos, esa suerte de faros de justificación por los que a veces los
horribles consiguen arrimarse a la belleza. No, de ningún modo. Tanto los de ella como los míos son ojos de
resentimiento, que sólo reflejan la poca o ninguna resignación con que enfrentamos nuestro infortunio. Quizá
eso nos haya unido. Tal vez unido no sea la palabra más apropiada. Me refiero al odio implacable que cada
uno de nosotros siente por su propio rostro.
Nos conocimos a la entrada del cine, haciendo cola para ver en la pantalla a dos hermosos cualesquiera. Allí
fue donde por primera vez nos examinamos sin simpatía pero con oscura solidaridad; allí fue donde
registramos, ya desde la primera ojeada, nuestras respectivas soledades. En la cola todos estaban de a dos,
pero además eran auténticas parejas: esposos, novios, amantes, abuelitos, vaya uno a saber. Todos -de la
mano o del brazo- tenían a alguien. Sólo ella y yo teníamos las manos sueltas y crispadas.
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Nos miramos las respectivas fealdades con detenimiento, con insolencia, sin curiosidad. Recorrí la hendidura
de su pómulo con la garantía de desparpajo que me otorgaba mi mejilla encogida. Ella no se sonrojó. Me gustó
que fuera dura, que devolviera mi inspección con una ojeada minuciosa a la zona lisa, brillante, sin barba, de
mi vieja quemadura.
Por fin entramos. Nos sentamos en filas distintas, pero contiguas. Ella no podía mirarme, pero yo, aun en la
penumbra, podía distinguir su nuca de pelos rubios, su oreja fresca bien formada. Era la oreja de su lado
normal.
Durante una hora y cuarenta minutos admiramos las respectivas bellezas del rudo héroe y la suave heroína.
Por lo menos yo he sido siempre capaz de admirar lo lindo. Mi animadversión la reservo para mi rostro y a
veces para Dios. También para el rostro de otros feos, de otros espantajos. Quizá debería sentir piedad, pero
no puedo. La verdad es que son algo así como espejos. A veces me pregunto qué suerte habría corrido el mito
si Narciso hubiera tenido un pómulo hundido, o el ácido le hubiera quemado la mejilla, o le faltara media
nariz, o tuviera una costura en la frente.
La esperé a la salida. Caminé unos metros junto a ella, y luego le hablé. Cuando se detuvo y me miró, tuve la
impresión de que vacilaba. La invité a que charláramos un rato en un café o una confitería. De pronto aceptó.
La confitería estaba llena, pero en ese momento se desocupó una mesa. A medida que pasábamos entre la
gente, quedaban a nuestras espaldas las señas, los gestos de asombro. Mis antenas están particularmente
adiestradas para captar esa curiosidad enfermiza, ese inconsciente sadismo de los que tienen un rostro
corriente, milagrosamente simétrico. Pero esta vez ni siquiera era necesaria mi adiestrada intuición, ya que
mis oídos alcanzaban para registrar murmullos, tosecitas, falsas carrasperas. Un rostro horrible y aislado tiene
evidentemente su interés; pero dos fealdades juntas constituyen en sí mismas un espectáculos mayor, poco
menos que coordinado; algo que se debe mirar en compañía, junto a uno (o una) de esos bien parecidos con
quienes merece compartirse el mundo.
Nos sentamos, pedimos dos helados, y ella tuvo coraje (eso también me gustó) para sacar del bolso su espejito
y arreglarse el pelo. Su lindo pelo.
“¿Qué está pensando?”, pregunté.
Ella guardó el espejo y sonrió. El pozo de la mejilla cambió de forma.
“Un lugar común”, dijo. “Tal para cual”.
Hablamos largamente. A la hora y media hubo que pedir dos cafés para justificar la prolongada permanencia.
De pronto me di cuenta de que tanto ella como yo estábamos hablando con una franqueza tan hiriente que
amenazaba traspasar la sinceridad y convertirse en un casi equivalente de la hipocresía. Decidí tirarme a
fondo.
“Usted se siente excluida del mundo, ¿verdad?”
“Sí”, dijo, todavía mirándome.
“Usted admira a los hermosos, a los normales. Usted quisiera tener un rostro tan equilibrado como esa
muchachita que está a su derecha, a pesar de que usted es inteligente, y ella, a juzgar por su risa,
irremisiblemente estúpida.”
“Sí.”
Por primera vez no pudo sostener mi mirada.
“Yo también quisiera eso. Pero hay una posibilidad, ¿sabe?, de que usted y yo lleguemos a algo.”
“¿Algo cómo qué?”
“Como querernos, caramba. O simplemente congeniar. Llámele como quiera, pero hay una posibilidad.”
Ella frunció el ceño. No quería concebir esperanzas.
“Prométame no tomarme como un chiflado.”
“Prometo.”
“La posibilidad es meternos en la noche. En la noche íntegra. En lo oscuro total. ¿Me entiende?”
“No.”
“¡Tiene que entenderme! Lo oscuro total. Donde usted no me vea, donde yo no la vea. Su cuerpo es lindo,
¿no lo sabía?”
Se sonrojó, y la hendidura de la mejilla se volvió súbitamente escarlata.
“Vivo solo, en un apartamento, y queda cerca.”
Levantó la cabeza y ahora sí me miró preguntándome, averiguando sobre mí, tratando desesperadamente de
llegar a un diagnóstico.
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“Vamos”, dijo.
No sólo apagué la luz sino que además corrí la doble cortina. A mi lado ella respiraba. Y no era una respiración
afanosa. No quiso que la ayudara a desvestirse.
Yo no veía nada, nada. Pero igual pude darme cuenta de que ahora estaba inmóvil, a la espera. Estiré
cautelosamente una mano, hasta hallar su pecho. Mi tacto me transmitió una versión estimulante, poderosa.
Así vi su vientre, su sexo. Sus manos también me vieron.
En ese instante comprendí que debía arrancarme (y arrancarla) de aquella mentira que yo mismo había
fabricado. O intentado fabricar. Fue como un relámpago. No éramos eso. No éramos eso.
Tuve que recurrir a todas mis reservas de coraje, pero lo hice. Mi mano ascendió lentamente hasta su rostro,
encontró el surco de horror, y empezó una lenta, convincente y convencida caricia. En realidad mis dedos (al
principio un poco tembloroso, luego progresivamente sereno) pasaron muchas veces sobre sus lágrimas.
Entonces, cuando yo menos lo esperaba, su mano también llegó a mi cara, y pasó y repasó el costurón y el
pellejo liso, esa isla sin barba de mi marca siniestra.
Lloramos hasta el alba. Desgraciados, felices. Luego me levanté y descorrí la cortina doble.
Actividad #3
Entrega 6 al 10 de mayo
Cada pregunta debe contestarse con tus propias ideas y tener una extensión de 70 palabras
Texto: LAS MOSCAS
• ¿Qué es lo que anticipan las moscas?
• ¿Qué otro animal, insecto o planta asociamos con la proximidad de la muerte y por qué?
• ¿El protagonista muere al final?
LAS MOSCAS
Horacio Quiroga
Grado 8°
Al rozar el monte, los hombres tumbaron el año anterior este árbol, cuyo tronco yace en toda su extensión
aplastado contra el suelo. Mientras sus compañeros han perdido gran parte de la corteza en el incendio del
rozado, aquél conserva la suya casi intacta. Apenas si a todo lo largo una franja carbonizada habla muy claro
de la acción del fuego.
Esto era el invierno pasado. Han transcurrido cuatro meses. En medio del rozado perdido por la sequía, el
árbol tronchado yace siempre en un páramo de cenizas. Sentado contra el tronco, el dorso apoyado en él,
me hallo también inmóvil. En algún punto de la espalda tengo la columna vertebral rota. He caído allí
mismo, después de tropezar sin suerte contra un raigón. Tal como he caído, permanezco sentado -
quebrado, mejor dicho- contra el árbol.
Desde hace un instante siento un zumbido fijo -el zumbido de la lesión medular- que lo inunda todo, y en el
que mi aliento parece defluirse. No puedo ya mover las manos, y apenas si uno que otro dedo alcanza a
remover la ceniza.
Clarísima y capital, adquiero desde este instante mismo la certidumbre de que a ras del suelo mi vida está
aguardando la instantaneidad de unos segundos para extinguirse de una vez.
Esta es la verdad. Como ella, jamás se ha presentado a mi mente una más rotunda. Todas las otras flotan,
danzan en una como reverberación lejanísima de otro yo, en un pasado que tampoco me pertenece. La
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única percepción de mi existir, pero flagrante como un gran golpe asestado en silencio, es que de aquí a un
instante voy a morir.
¿Pero cuándo? ¿Qué segundos y qué instantes son éstos en que esta exasperada conciencia de vivir todavía
dejará paso a un sosegado cadáver?
Nadie se acerca en este rozado: ningún pique de monte lleva hasta él desde propiedad alguna. Para el
hombre allí sentado, como para el tronco que lo sostiene, las lluvias se sucederán mojando corteza y ropa, y
los soles secarán líquenes y cabellos, hasta que el monte rebrote y unifique árboles y potasa, huesos y cuero
de calzado.
¡Y nada, nada en la serenidad del ambiente que denuncie y grite tal acontecimiento! Antes bien, a través de
los troncos y negros gajos del rozado, desde aquí o allá, sea cual fuere el punto de observación, cualquiera
puede contemplar con perfecta nitidez al hombre cuya vida está a punto de detenerse sobre la ceniza,
atraída como un péndulo por ingente gravedad: tan pequeño es el lugar que ocupa en el rozado y tan clara
su situación: se muere.
Esta es la verdad. Mas para la oscura animalidad resistente, para el latir y el alentar amenazados de muerte,
¿qué vale ella ante la bárbara inquietud del instante preciso en que este resistir de la vida y esta tremenda
tortura psicológica estallarán como un cohete, dejando por todo residuo un ex hombre con el rostro fijo
para siempre adelante?
El zumbido aumenta cada vez más. Ciérnese ahora sobre mis ojos un velo de densa tiniebla en que se
destacan rombos verdes. Y en seguida veo la puerta amurallada de un zoco marroquí, por una de cuyas
hojas sale a escape una tropilla de potros blancos, mientras por la otra entra corriendo una teoría de
hombres decapitados.
Quiero cerrar los ojos, y no lo consigo ya. Veo ahora un cuartito de hospital, donde cuatro médicos amigos
se empeñan en convencerme de que no voy a morir. Yo los observo en silencio, y ellos se echan a reír, pues
siguen mi pensamiento.
-Entonces -dice uno de aquéllos -no le queda más prueba de convicción que la jaulita de moscas. Yo tengo
una.
-¿Moscas?…
-Sí -responde-, moscas verdes de rastreo. Usted no ignora que las moscas verdes olfatean la descomposición
de la carne mucho antes de producirse la defunción del sujeto. Vivo aún el paciente, ellas acuden, seguras
de su presa. Vuelan sobre ella sin prisa mas sin perderla de vista, pues ya han olido su muerte. Es el medio
más eficaz de pronóstico que se conozca. Por eso yo tengo algunas de olfato afinadísimo por la selección,
que alquilo a precio módico. Donde ellas entran, presa segura. Puedo colocarlas en el corredor cuando usted
quede solo, y abrir la puerta de la jaulita que, dicho sea de paso, es un pequeño ataúd. A usted no le queda
más tarea que atisbar el ojo de la cerradura. Si una mosca entra y la oye usted zumbar, esté seguro de que
las otras hallarán también el camino hasta usted. Las alquilo a precio módico.
¿Hospital…? Súbitamente el cuartito blanqueado, el botiquín, los médicos y su risa se desvanecen en un
zumbido…
Y bruscamente, también, se hace en mí la revelación. ¡Las moscas!
Son ellas las que zumban. Desde que he caído han acudido sin demora. Amodorradas en el monte por el
ámbito de fuego, las moscas han tenido, no sé cómo, conocimiento de una presa segura en la vecindad. Han
olido ya la próxima descomposición del hombre sentado, por caracteres inapreciables para nosotros, tal vez
en la exhalación a través de la carne de la médula espinal cortada. Han acudido sin demora y revolotean sin
prisa, midiendo con los ojos las proporciones del nido que la suerte acaba de deparar a sus huevos.
El médico tenía razón. No puede ser su oficio más lucrativo.
Mas he aquí que esta ansia desesperada de resistir se aplaca y cede el paso a una beata imponderabilidad.
No me siento ya un punto fijo en la tierra, arraigado a ella por gravísima tortura. Siento que fluye de mí
como la vida misma, la ligereza del vaho ambiente, la luz del sol, la fecundidad de la hora. Libre del espacio y
el tiempo, puedo ir aquí, allá, a este árbol, a aquella liana. Puedo ver, lejanísimo ya, como un recuerdo de
remoto existir, puedo todavía ver, al pie de un tronco, un muñeco de ojos sin parpadeo, un espantapájaros
de mirar vidrioso y piernas rígidas. Del seno de esta expansión, que el sol dilata desmenuzando mi
conciencia en un billón de partículas, puedo alzarme y volar, volar…
Y vuelo, y me poso con mis compañeras sobre el tronco caído, a los rayos del sol que prestan su fuego a
nuestra obra de renovación vital.
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Actividad #4
Entrega 20 al 24 de mayo
Cada pregunta debe contestarse con tus propias ideas y tener una extensión de 70 palabras
Texto: DEAR DIARY
• ¿Somos capaces de juzgarnos a nosotros mismos?
• ¿Debemos basar nuestra felicidad en lo que nos hacen sentir otras personas?
• ¿La desgracia es razón suficiente para lastimarnos a nosotros mismos?
EIGTH GRADE
Dear Diary
Shelby Buttacavoli
January 3rd, 2017
Dear Diary,
My therapist told me it might help me to start writing down my thoughts every now and
then. I’m not entirely sure how writing down stupid words on a piece of paper will help me
at all, but who am I to judge? She’s the professional after all. I’m not sure how to even
write in a diary. It all seems so childish, but if it gets my mom and therapist off my back for
a while then I will do just about anything. So diary, I guess I’ll start off by saying why I’m
in therapy. They say it’s because I’m depressed, but I don’t think it’s true. I feel like
depression is when people feel sad or angry for a long period of time. I feel nothing. I’m
not sad or mad. I’m not happy either. I feel nothing; I am nothing.
January 6th, 2017
Dear Diary,
I saw my mom crying again. I know she wishes I were someone else. She wishes she had a
normal kid. The kid who is always smiling, going to sports games, and having sleepovers
with friends. It’s moments like these when I wish I could be that for her. I wish I could feel
happy. I even wish I could feel sad, because at least then I would feel something. I just feel
empty. I’ll try to be better for my mom, but I don’t think I can.
January 15th, 2017
Dear Diary,
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I made a new friend. He said he liked my shirt, so I told him I liked his shoes. We started
talking about school and how we can’t wait to graduate one day. He was nice to me and he
even made me smile a few times. I was shocked. I couldn’t remember the last time I had a
genuine smile. It’s been a while. I hope we stay friends.
January 22nd, 2017
Dear Diary,
It was a great day. Jake came over to my house and we studied. My mom was shocked
when I asked if a friend could come over. I could practically see the light that came into her
eyes. I realized how much I longed for that look. I want her to be proud of me. I never want
to see her cry again. Studying was always boring to me, but with Jake, I don’t think
anything could be boring with him.
February 10th, 2017
Dear Diary,
I have to tell you a secret. I think I am in love. Okay, I know I’ve only known him for not
even a month, but I swear I am in love with him. He makes me feel light and warm, like
one of those cinnamon apple candles my mom always puts out during the holidays. I used
to feel like I’d always be swallowed up by darkness and emptiness, but when Jake is
around, he lights everything up and he makes me feel full. I don’t want to tell him how I
feel because I don’t want to lose him, even if it’s just as a friend.
March 3rd, 2017
Dear Diary,
JAKE AND I ARE DATING! I REPEAT, JAKE AND I ARE DATING! I know I haven’t
updated in a couple of weeks, but I just wanted to take a moment and just feel all these new
feelings. I can’t stop thinking about it. We went to the movies and he held my hand the
entire time. I never knew I could feel these emotions. The nothingness that I felt seems like
a lifetime ago. I’m beginning to think Jake is magical. My mom likes him at least and I can
tell a weight has been lifted off of her shoulders from seeing me happy.
March 9th, 2017
Dear Diary,
I’m kind of angry. I went to my therapist and I was so excited to tell her about Jake. I
wanted to see the same light that I saw in my mom’s eyes when I told her. I thought she
would be happy that I am finally happy. I mean isn’t that what my mom is paying her for?
To make me feel something? To make me normal? She said and I quote, “I am happy that
you are feeling good, but you can’t base your happiness off of anyone or anything else
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because what happens when that thing or person is taken away from you?” I mean why
would she even say that to me? She’s supposed to be happy for me regardless. Jake makes
me happy and that’s all I am going to care about from now on. I am going to tell my mom
that I don’t need to go to therapy anymore. I probably won’t write in this stupid book
anymore either.
June 13th, 2017
Dear Diary,
I don’t know what is happening. Jake has been an amazing boyfriend, but there’s something
wrong with me. I’m starting to feel how I used to. I know I haven’t written in so long, but I
don’t know where else to go. I don’t think anyone would understand. I thought I was
normal, but there’s something wrong with me again. I’m starting to feel empty, but how can
that be when I love Jake? I want someone to talk to, but my therapist will probably tell me
to leave Jake, and I can’t do that. I won’t.
June 27th, 2017
Dear Diary,
I can tell Jake is getting upset with me. I haven’t wanted to do anything for two weeks. He
wanted me to go to a party with him, but I don’t know how to tell him that I can’t do it. I
couldn’t tell him that it feels like I am drowning and can’t seem to get back up to the
surface. Jake, being the guy he is, doesn’t go to the party. He sits next to me and holds my
hand. He asked me what’s wrong and I used the same excuse that I always do, “Nothing.
I’m just tired.” How can I fix this? Why can’t I just feel happy again?
July 10th, 2017
Dear Diary,
The emptiness has taken over again fully. Jake broke up with me. I feel like I can’t breathe.
I can’t eat. My mom cries again and I feel nothing. I guess Jake finally had enough with my
mood swings. He stood in front of me, his eyes no longer holding any light or warmth, and
he tells me that I drag him down. I suppose I deserve it. I do drag everyone down, even
myself. I didn’t even cry when he broke up with me. Is that normal? I don’t think it is,
because in movies, a character always cries when their heart is ripped in half. What is
wrong with me?
July 13th, 2017
Dear Diary,
I’ve been forced back into therapy again. My mom is worried. I thought my therapist would
tell me that she told me so, but she welcomed me back with open arms. We talked about the
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breakup and what lead up to it. I told her I don’t want to feel this way anymore and she tells
me that it takes time. I told her I want to be normal and she told me that I am normal, that
people with depression have bad thoughts, but it has nothing to do with the person. I don't
know if I believe it.
November 6th, 2017
Dear Diary,
I haven't wrote in here because I had to go somewhere for a while. I did something really
bad. I shouldn’t be here right now. I shouldn’t be allowed to write in this stupid book
because I should be dead. I hurt myself, but I think I broke my mom forever. She is scared
to talk to me, scared to say the wrong thing. I don’t know how to tell her that it’s not her
fault. I’m starting to think it’s not anyone’s fault, not even mine.
January 1st, 2018
Dear Diary,
Ever since the attempt a couple of months ago, I have been seeing my therapist more and
taking new medications. I have been doing better and I’ve been learning a lot. I understand
why Jake ended things. I understand what my therapist was trying to tell me all those
months ago. I tried to use Jake to fill the parts of me that felt empty. It felt good, at least for
a little while. Depression isn’t like a cut on your skin. You can’t slap a band aid on it and
wait for it to heal. You can’t use a person or an item to fill the holes that depression has left
in you. I’ve realized that I couldn’t love Jake the way he deserved because I didn’t love
myself the way I deserved. I’m working towards loving myself now, even in the bad
moments. I know now that depression isn’t a straight line. There will be zigs and zags, but I
know now that I’m not alone in it. I have people all around who go through the same thing
and I have people who love me. There was never anything wrong with me. I will get
depressed sometimes. I will feel empty sometimes. I will get sad sometimes, and I think
that is okay.