MARÍA, ESPERANZA NUESTRA
Tú eres, María, nuestra esperanza, porque has conocido todos los sufrimientos de
nuestra pobre humanidad. Has reconocido la estrechez de la pobreza en Belén,
las amenazas de la persecución y la huida al destierro, la inquietud de la
peregrinación a Jerusalén, la angustia de la noche el Jueves Santo, los tormentos
del camino del Calvario, la soledad al pie de la cruz. Tú eres nuestra esperanza,
porque en todas las circunstancias supiste corresponder completamente a la
voluntad del Señor. Tú eres nuestra esperanza, porque el mismo Jesús nos confió
a ti en la hora de la cruz, porque tú eres verdaderamente nuestra madre. Te
pedimos que cuides de todos tus hijos como cuidaste a Jesús Niño. Confiamos en
ti como un niño confía en su madre, llévanos hasta tu Hijo Jesús: ayúdanos a
seguirle hasta el fin para que nuestra esperanza no sea defraudada. Amén.
ORACIÓN DE JUAN PABLO II
¡Oh Virgen Inmaculada, Madre del verdadero Dios y Madre de la Iglesia! Tú, que
desde este lugar manifiestas tu clemencia y tu compasión a todos los que solicitan
tu amparo; escucha la oración que con filial confianza te dirigimos, y preséntala
ante tu Hijo Jesús, único Redentor nuestro. Madre de Misericordia, Maestra del
sacrificio escondido y silencioso, a ti, que sales al encuentro de nosotros, los
pecadores, te consagramos en este día todo nuestro ser y todo nuestro amor. Te
consagramos también nuestra vida, nuestros trabajos, nuestras alegrías, nuestras
enfermedades y nuestros dolores. Da la paz, la justicia y prosperidad a nuestros
pueblos; ya que todo lo que tenemos y somos lo ponemos bajo tu cuidado, Señora
y Madre nuestra. Queremos ser totalmente tuyos y recorrer contigo el camino de
una plena fidelidad a Jesucristo en su Iglesia: no nos suelte de tu mano amorosa.
Contempla esta in
mensa mies, e intercede para que el Señor infunda hambre de santidad en todo el
pueblo de Dios, y otorgue abundantes vocaciones sacerdotales y religiosos,
fuertes en la fe y celosos dispensadores de los misterios de Dios. Concede a
nuestros hogares la gracia de amar y respetar la vida que comienza, con el mismo
amor con el que concebiste en tu seno la vida del Hijo de Dios. Virgen Santa
María, Madre del Amor Hermoso, protege a nuestras familias, para que estén
siempre muy unidas, y bendice la educación de nuestros hijos. Esperanza nuestra,
míranos con compasión, enséñanos a ir continuamente a Jesús y, si caemos,
ayúdanos a levantarnos, a volver a Él, mediante la confesión de nuestras culpas y
pecados en el sacramento de la penitencia, que trae sosiego al alma. Te
suplicamos que nos concedas un amor muy grande a todos los santos
sacramentos que son como las huellas que tu Hijo nos dejó en la tierra. Así, María
Santísima, con la paz de Dios en la conciencia, con nuestros corazones libres de
mal y de odios, podremos llevar a todos la verdadera alegría y la verdadera paz
que vienen de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo. Amén.
ORACIÓN DE CONFIANZA A LA VIRGEN MARÍA DEL DIVINO AMOR
Papa Francisco
Oh, María, tú resplandeces siempre en nuestro camino como signo de salvación y
esperanza. Nosotros nos encomendamos a ti, salud de los enfermos, que ante la
Cruz fuiste asociada al dolor de Jesús manteniendo firme tu fe. Tú, Salvación del
pueblo, sabes lo que necesitamos y estamos seguros de que proveerás para que,
como en Caná de Galilea, pueda regresar la alegría y la fiesta después de este
momento de prueba. Ayúdanos, Madre del Divino Amor, a conformarnos a la
voluntad del Padre y a hacer lo que nos dirá Jesús, que ha tomado sobre sí
nuestros sufrimientos. Y ha tomado sobre sí nuestros dolores para llevarnos, a
través de la Cruz, al gozo de la Resurrección. Amén. Bajo tu protección nos
acogemos, santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en
nuestras necesidades; antes bien, líbranos siempre de todo peligro, oh, Virgen
gloriosa y bendita. Amén.
SOY TODO TUYO MARIA
San Juan Pablo II
Virgen María, Madre mía, me consagro a ti y confío en tus manos, toda mi
existencia. Acepta mi pasado con todo lo que fue, acepta mi presente con todo lo
que es, acepta mi futuro con todo lo que será. Con esta total consagración te
confío cuanto tengo y cuanto soy, todo lo que he recibido de Dios. Te confío mi
inteligencia, mi voluntad, mi corazón. Deposito en tus manos mi libertad; mis
ansias y mis temores; mis esperanzas y mis deseos; mis tristezas y mis alegrías.
Custodia mi vida y todos mis actos para que le sea más fiel al Señor y con tu
ayuda alcance la salvación. Te confío ¡Oh María! Mi cuerpo y mis sentidos Para
que se conserven puro Y me ayuden en el ejercicio de las virtudes. Te confío mi
alma para que Tú la preserves del mal. Hazme partícipe de una santidad Igual a la
tuya: Hazme conforme a Cristo, Ideal de mi vida. Te confío mi entusiasmo Y el
ardor de mi juventud, para que Tú me ayudes a no envejecer en la fe. Te confío mi
capacidad y deseo de amar, enséñame y ayúdame a amar como Tú has amado y
como Jesús quiere que se ame. Te confío mi incertidumbres y angustias, para que
en tu corazón yo encuentre seguridad, sostén y luz, en cada instante de mi vida.
Con esta consagración me comprometo a imitar tu vida. Acepto las renuncias y
sacrificios que esta elección comporta, Y te prometo, con la gracia de Dios Y con
tu ayuda, ser fiel al compromiso asumido. Oh María, soberana de mi vida y de mi
conducta Dispón de mí y de todo lo que me pertenece, Para que camine siempre
junto al Señor. Bajo tu mirada de Madre. ¡Oh María! Soy todo tuyo y todo lo que
poseo te pertenece ahora y siempre. Amén.