SENECTUD.
Ponente: Alan Freddy Carrasco Dávila.
Área temática: Tercera edad.
Correo electrónico:
[email protected]Escuela: Patagonia School.
Ciudad: San Carlos de Bariloche.
Provincia: Río Negro.
República Argentina.
Índice de contenidos.
1.- Introducción.
1.1.- Pérdidas físicas sufridas por el anciano.
1.2.- Pérdidas sociales.
1.3.- Pérdidas psicológicas.
1.4.- La senectud una enfermedad.
2.- Cambios sociales en la conducta del senecto.
2.1.- Cuando se llega a los 80 años.
2.2.- Comportamientos depresivos del senecto.
2.3.- Consecuencias psicológicas del senecto con su familia.
2.4.- Relaciones sociales del senecto.
2.5.- Cambios en las relaciones sociales.
3.- Repercusiones psicológicas, sociales y económicas de la senectud.
3.1.- Consecuencias del aumento proporcional de la población senecta.
3.2.- Cambios emocionales en la senectud.
4.- Aspectos sociales.
4.1.- El senecto y el medio familiar.
4.2.- El senecto y la jubilación.
4.3.- El senecto y la salud.
5.- Maltrato a las personas de la tercera edad.
5.1.- Introducción.
5.2.- Tipos de maltrato.
5.3.- Maltrato institucional.
5.4.- Maltrato dentro de la familia.
6.- Conclusión.
7.- Bibliografía.
Resumen.
Esta ponencia tiene como objetivo dar a conocer el porqué de los distintos
comportamientos y las distintas conductas que adquiere el adulto mayor (persona
con más de sesenta años de edad) dentro de la sociedad. El envejecimiento de la
población es uno de los fenómenos demográficos más importantes de inicios de
siglo, pues traerá profundas modificaciones en las estructuras sociales,
económicas y culturales de los países de la región. Estas transformaciones ya son
experimentadas por el mundo desarrollado y, si bien Latinoamérica tiene la ventaja
de aprender de sus experiencias, algunas circunstancias nos diferencian de estos
países, tanto en lo que atañe al proceso de envejecimiento como a la estructura
social y económica que enfrentará las consecuencias de este proceso. La vejez
trae transformaciones personales, de las condiciones físicas, de la independencia
económica y funcional, la modificación de roles dentro de la familia, la
participación en el mercado laboral, el uso del tiempo libre, el auto percepción y la
percepción que los demás tienen del adulto mayor.
Palabras Clave.
Envejecimiento. Pérdidas fisiológicas. Pérdidas sociales. Pérdidas psicológicas.
Conducta. Depresión. Familia. Jubilación. Salud. Maltratos.
Contenido.
1.- Introducción.
A lo largo de su existencia los seres humanos presentamos diferentes etapas
definidos por el desarrollo de la persona.
La infancia es la primera, en la cual se da el primer contacto con el mundo y la
sociedad, en donde las personas le dan enseñanzas básicas para una formación
personal.
Durante la adolescencia, el individuo se identifica con inquietud y rebeldía, ante las
reglas establecidas en su afán de cambiar el mundo a su manera, mientras su
cuerpo se identifica y madura con su sexualidad.
Durante la juventud, se desarrolla su personalidad, al término de esta etapa se
alcanzan logros de estabilidad social y personal.
Durante la madurez, que es la siguiente etapa, el ser humano, se inicia a vivir con
las bases del pasado, una familia y paz precisas.
Durante la tercera edad, la última etapa del ser humano, el individuo empieza a
sufrir los estragos físicos de su edad, comenzando por perder agilidades, caída de
cabello, es decir, se ven mermadas gran parte de sus habilidades físicas e
intelectuales.
Cuando la persona envejece sus sentidos: vista, oído, olfato, gusto, y tacto,
tienden a disminuir. La atención del anciano requiere de mayores conocimientos y
también de varias habilidades por parte de los que les atienden como el
gericulturista, gerontólogo, enfermeras, etc.
El mundo del anciano está muy relacionado al proceso de pérdidas, la cual
impacta y ocasiona al adulto mayor un estado de crisis (depresión)
En la etapa adulta las pérdidas se compensan a través de nuevas adquisiciones
ya sean materiales o sociales, las cuales en la vejez no es posible compensar.
1.1.- Pérdidas físicas sufridas por el anciano.
Éstas perdidas son relacionadas con el proceso fisiológico del envejecimiento, es
decir debemos hacer conciencia de ellas durante los cambios que sufre el anciano
sano o enfermo.
Entre las pérdidas físicas están:
La pérdida o disminución en la capacidad del funcionamiento en general.
La pérdida o disminución en la movilidad.
La pérdida o disminución en el estado de salud.
La perdida o disminución en la capacidad sexual.
Dichas pérdidas o disminuciones en el estado fisiológico del anciano tiene como
consideraciones generales:
a) La dificultad siempre existe en aislar cambios normales del proceso del
envejecimiento.
b) La interrelación que existe entre los aspectos físicos y psicológicos del
envejecimiento.
c) El envejecer, afecta a todos los sistemas de la persona en diferentes puntos
que estos varían.
d) Las personas no envejecen con un patrón definido, envejecer es un
proceso individual, nadie envejece al mismo paso.
e) Las necesidades básicas de las personas no cambian de una edad a otra.
Con frecuencia los adultos mayores experimentan una reducción de la movilidad y
deben depender de otras para desplazarse.
1.2.- Pérdidas sociales.
Se refiere a la perdida del empleo, a eventos continuos y progresivos a través del
ciclo de la vida, entre ellas están:
Pérdida del trabajo por la jubilación, por ello hay:
Pérdida de status.
Pérdida de amigos.
Pérdida de ingresos económicos.
Pérdida de roles (amigos, compañeros, rol laboral, etc.).
Pérdida del cónyuge por muerte.
Pérdida de posesiones.
Los problemas que llevan dichas pérdidas son: soledad, aislamiento, depresión,
limitaciones de tipo económico lo cual general genera frustraciones y sensación de
malestar.
1.3.- Pérdidas psicológicas.
Estas pérdidas se sufren a consecuencia de efectos sumativos que sobre las
personas genera todas las pérdidas ya mencionadas, entre ellas tenemos:
Pérdida o disminución de autoestima.
Pérdida o cambio en él continuó Independencia - Interdependencia -
Dependencia.
Pérdida o disminución en la sensación de bienestar con uno mismo.
Pérdida en el manejo decisiones o control sobre su vida.
Pérdida o disminución en la capacidad mental.
Entre los problemas que comúnmente generan muchas perdidas tenemos:
depresión, comportamiento autodestructivo, reacciones paranóides, cuadros
hipocondríacos, síndrome orgánicos cerebrales, insomnio, ansiedad, etc.
Partiendo de que la atención del anciano a largo plazo por estar este limitado; la
máxima utilización de las capacidades físicas, psicológicas y sociales, existen: el
apoyo a la persona, familiares y amigos hacia un proceso de buena suerte.
Por último tenemos que recordar que hay que valorar el nivel de educación formal,
así como el nivel cultural que tenga la persona, partiendo de ello, considerar el
vocabulario a utilizar, así como la velocidad con que se imparte esta información,
recordando que el anciano requiere más tiempo para percibir, transmitir y
responder la información recibida.
1.4.- La senectud una enfermedad.
¿Cuáles son las características psicológicas propias del anciano?.
En este momento el anciano no debe deprimirse, ni sentirse mal por lo que hizo o
dejó de hacer, al contrario, debe aceptar la existencia tal y como la vivió, por que
no hay otra oportunidad o posibilidad de reconstruir aquello que pasó. La otra
tarea es aceptar el ciclo de la vida de toda persona tiene un fin. Se tiene que
aceptar, no con alegría por que nadie acepta con gusto la idea de la propia
muerte, pero sí en el mejor de los casos, con cierta tranquilidad, con la convención
de que si valió la pena vivir.
Una persona deprimida siente que su existencia fue un fracaso, tiene muchos
remordimientos con respecto a su pasado y a un sentimiento de culpa muy grande
ante la perspectiva de la muerte.
2.- Cambios sociales en la conducta del senecto.
Muchos individuos de edad avanzada experimentan cambios notables de
conducta, lo que dificulta las cosas, para ellos mismos y para aquellos que tienen
que cuidarlos o con quienes viven. Su habilidad para acomodarse a las
alteraciones que se producen es muy debilitado.
La tristeza por la muerte de un ser querido, el cambio de casa al tener que
ingresar a un hospital puede causar infelicidad o temores. La sordera o la pérdida
de la visión contribuye a que los ancianos se sientan más solos y abandonados, y
se refugien en sí mismos.
Muchas personas que viven solas, son invadidas por la tristeza y se sienten
incapaces de encontrar la menor satisfacción en la vida. Desajustes tales como la
artritis o alguna enfermedad cardiaca, pueden empeorar el estado de cosas y dar
como resultado un total aislamiento mental o físico, en muchas ocasiones. Los
ancianitos se sienten cada vez más incapaces de valorarse por si mismos y más
solos, tienen la sensación (incluso los que tienen familiares atentos y cariñosos)
de que nadie se ocupa de ellos, gradualmente se apartan de la vida y su
aislamiento se hace cada vez mayor.
2.1.- Cuando se llega a los 80 años.
Este es el testimonio de Malcolm Cowley (1898-1989), destacado escritor
estadounidense quien, a sus 80 años, decidió hacer algunas reflexiones sobre los
cambios que se han presentado en él.
Es cierto que se ha escrito sobre la senectud, pero pocas veces desde el punto de
vista de un anciano.
No basta con tener amplios conocimientos literarios y basarse en estadísticas y
reportes médicos o económicos; hace falta saber qué es lo que se siente
convertirse en una persona de edad avanzada. Es cierto compañeros participantes
del Primer Congreso Virtual de Psicología Social, para saber lo que siente a
determinada edad o los síntomas de alguna enfermedad, se tienen que vivir, no
hago menos las brillantes investigaciones de los científicos que han traído mejor
calidad de vida y salud a las personas, pero basándonos en análisis o autopsias
es imposible saber con exactitud los síntomas, o en ocasiones debido a la
ignorancia o vergüenza no se dice al médico, todo los malestares sentidos.
El cumpleaños número 80 es un buen momento para pensar en el futuro, no en el
pasado. Las expectativas de la vida se reducen y la entrada a ese nuevo ámbito
de la existencia constituye una experiencia nueva que debe ser aprovechada al
máximo.
El nuevo octogenario se siente más fuerte que nunca cuando está sentado en una
confortable silla, medita, sueña, recuerda. No quiere que los demás lo
interrumpen, le parece que la vejez es un “traje” del que los otros se apropian; la
verdad, la esencia del ser, no tiene edad. En un momento se levantará para
caminar por el bosque, pasear con sus amigos, nietos ó llevando una caña de
pescar, si es en primavera y vive cerca de un río o lago..
Entonces, sus huesos crujen al ponerse de pie, se encorva para mantener el
equilibrio, y se da cuenta de que no hará nada o solamente un mensaje: “estas
viejo”.
En su nuevo papel, el senecto encontrará la tensión de nuevas experiencias, por
las que recibe nuevas compensaciones (no muy ampliamente conocidas) y
posiblemente obtendrá nuevas virtudes, entre las que sobresale la obstinada
negativa de rendirse frente al tiempo.
La sociedad a envejecido a los ojos de los demás y lentamente llega a compartir
su juicio.
Mi cabello esta más encanecido, debió haber sido en 1974 cuando un joven se
levantó y me ofreció el asiento de autobús de la avenida Madison. Ese mensaje
amable y también desolador.
¿Acaso no puedo estar de pie?. Pensé, al tiempo que le daba las gracias y
rechazaba el asiento. Pero lo mismo sucedió en dos ocasiones durante el año
siguiente, y la segunda vez agradecido al ofrecimiento, aunque con la sensación
de disminuir ante mí mismo.
Pero hay también placeres del cuerpo, o de la mente que disfruta una gran
cantidad de personas mayores.
Estos placeres incluyen cosas que la gente joven encuentra difícil de apreciar. Uno
de ellos es simplemente sentarse quieto como una serpiente sobre una piedra
bajo el sol, con un delicioso sentimiento de indolencia, difícil de conseguir en la
juventud. Una hoja se agita una nube se mueve en el horizonte. En tales
momentos, al anciano, completamente relajado, se convierte en parte de la
naturaleza, una parte viviente con sangre corriendo por sus venas. El futuro no
existe, piensa, si es que está pensando, que la vida para los jóvenes es una
batalla cuerpo a cuerpo, en la que ahora él no tiene nada que ganar o perder.
Para algunos, envejecer es una razón para darse por vencido, abandonar toda
esperanza y continuar únicamente existiendo en la tediosa espera del cercano
final.
No tengo derecho de culpar a aquellos que se rinden, ya que no me es posible
ponerme en su lugar. Frecuentemente, ellos se ven impedidos por razones de
peso, físicas y morales. No sufren solamente a causa de varias dolencias, si no
también por el dolor de sentir que no tiene nada más por hacer dentro de la
comunidad, sus familiares y vecinos no les piden consejos, ni los escuchan
cuando hablan, ni les solicitan si se requiere ayuda. Yo comprendo sus problemas,
pero los hombres y mujeres que envidio son aquellos que aceptan la vejez como
una serie de retos.
Para esta clase de personas, cada una nueva adolescencia es un enemigo al cual
se debe engañar con astucia, es un obstáculo a vencer como fuerza de voluntad.
Disfrutan cada pequeña victoria sobre sí mismos y veces obtienen un éxito mayor.
Poeta o ama de casa, hombre de negocios o maestros, cada persona de edad
avanzada necesita un proyecto de trabajo, si quiere mantenerse viva.
No obstante los ancianos constituyen la gran fuente de labor no utilizada dentro de
la sociedad que los considera únicamente como consumidores no como
productores.
No quiero expresar quejas de la suerte de las personas mayores. Como grupo,
forman una memoria de desventajas, pero algunos son mucho más afortunados
que otros. Aunque van en el mismo barco, con boletos hacia el mismo destino, no
disfrutan del mismo "confort" durante el viaje.
Envejecer con dignidad y coraje no es una tarea fácil, no hace falta leer para
aprender que al llegar a los 80 años los horizontes comienzan a estrecharse.
Muchos de los viejos amigos han desaparecido y es difícil encontrar nuevos.
Entretener a los visitantes o ir de visita llega ser problemático. Poco a poco las
personas de edad avanzada se encierren en si mismas, se mantienen ocupados
únicamente por lo que pasa en su imaginación.
Para ellos, este aislamiento en una ocupación apropiada en periodo de vida. Es
todavía su obligación compartir efectos y contribuir con el mundo tanto como sea
posible, pero también tiene la tarea de encontrar y reunir las piezas de su
personalidad.
Aquellos que han llevado una vida rica en acontecimientos, son recompensados
con gratos recuerdos. Los que han amado tienen mayor posibilidades de ser
amados.
La vejez es una búsqueda fascinante por sí misma, y poseer una identidad propia
de la misma manera que el artista posee su obra.
2.2.- Comportamientos depresivos del senecto.
La falta de atención y la iniciativa, el miedo al futuro y la ansiedad por las cosas
más mínimas en lo que se refiere al orden y limpieza, combinadas con insomnio
caracterizado por despertarse muy temprano por las mañanas puede indicarnos la
depresión.
El temor a la reparación de pasados errores, estos supuestos generalmente hacen
que tenga conflictos, en muchos ancianos que sufren de depresión y llegan a
pensar en la muerte como una liberación de sus desgracias y de sus problemas.
Es común encontrarse con algunos que piensen, que los demás tratan de hacer lo
posible por mantenerlos en la inmovilidad, sino todo lo contrarío, que se acusan a
sí mismos de la miseria y el desorden en que viven, es muy difícil vivir con una
persona que sufre depresión. Uno trata de ayudarle, pero todos los esfuerzos
resultan inútiles, y no dan algún avance. No quiere que se les dé ánimos y están
convencidos de la imposibilidad de que haya alguien que los comprenda;
prácticamente lo mejor que puede hacerse en conseguir que se encuentren lo más
cómodos posibles y hacer que se sienten más animados por parte de la familia,
dando le ánimos y haciéndolos participar en la conversación general.
En algunas personas de edad avanzada se presentan dificultades en la memoria
sobre todo en la relación de acontecimientos ocurridos recientemente, mientras
que el suceso ocurrido tiempo atrás, sigue siendo excelente.
Un fallecimiento que tenga como consecuencia la necesidad de trasladarlos a
casa de otro familiar, puede causarle una alteración muy grave de la estabilidad
mental. La capacidad de aprender nuevas cosas les afecta y se consigue muy
poco en este sentido, aún cuando se les dedique mucho tiempo. Les resulta
imposible un estado de concentración, aunque sea breve.
En los senectos, este tipo de situación es como la famosa bola de nieve, hasta
que cada actitud que requiere concentración o esfuerzo mental es dejada a un
lado, hasta que la vida acabe por prolongarse dentro de una rutina cada vez
mayor. Cuando la memoria se deteriora, el insomnio puede convertirse en un
problema: el senecto se levanta a media noche como sí fuera la hora del
desayuno. Es común entre las personas de edad, mostrar perdida del sentido de
la dignidad, les lleva a dejar de preocuparse por cambiarse de ropa y en términos
generales, puede apreciarse en ellos una falta de higiene.
Es muy común que los ancianos desarrollen una tendencia poco natural a la
posesión de algunas cosas, como por ejemplo, un bolso o una pipa, como lavarse
las manos o peinarse, incluso un gesto tradicional como retorcer la esquina de la
sabana.
Otros creen que los demás se apoderan de sus propiedades o que otro se pone su
ropa.
El senecto es un individuo que necesita afecto y cuidados, un sujeto frágil que
debe dejar la soledad y la marginación a la que, sin quererlo les conduce la
sociedad moderna.
Los comportamientos depresivos del anciano son frecuentes y no-solo
comprenden las formas de conducta o maníaco depresivas, sino también, las
depresiones seniles que se acompañan de involución cerebral y se conocen con él
termino de depresión involutiva, ésta de trata de un verdadero proceso mental
irreversible, pero tanto en estas formas como en otras, intervienen muchos
factores psicológicos comunes de la edad involutiva, que va desde la perdida del
papel de jefe de familia y cambios sociales, hasta la crisis de jubilación y
aislamiento progresivo con perdida de la propia dignidad.
Los comportamientos depresivos del anciano dominan la sintomatología (dificultad
del pensamiento, baja del ánimo), aparecen ideas delirantes de tipo
hipocondríaco, de alguna: pobreza, culpa, persecución, manifestaciones de
irritabilidad y excitación psicomotriz.
Los ancianos tienden con frecuencia al agotamiento orgánico por perdida de
apetito y rechazos de alimentos, con toda una serie de trastornos, desde la
sensación de peso, estreñimiento, hasta la cabeza pesada.
La persona de tercera edad se sienten preocupada, al pensar que los malestares
descritos, deben ser para los demás y no, problemas de ellos.
2.3.- Consecuencias psicológicas del senecto con su familia.
A consecuencia del incremento en la esperanza de vida, existe un número mayor
de senectos en edad de ser pensionados, por lo tanto no productivos y con
ingresos a veces insuficientes.
Esto explica el derrumbe psicológico del comportamiento del anciano que se
observa con mucha frecuencia en los jubilados que pierden interés por la vida y
también por su posición económica y social. En las familias del pasado, el anciano
vivía en el núcleo familiar, con varias generaciones, era respetado y atendido por
sus hijos y nietos, también realizaban pequeñas labores domésticas; por lo
contrario, en la sociedad moderna, el anciano se encuentra aislado y marginado.
Tenemos una comparación del tipo de familias, la del pasado y la moderna, con
las que el anciano convive y convivía: Familia pasada, núcleo familiar único, con
todas las generaciones y el anciano en la cima de la pirámide.
Asistencia a los ancianos de las familias.
Respeto a los ancianos y a su experiencia.
Empleo de los ancianos en labores domésticas.
Familia moderna
Fragmentación del núcleo familiar.
Aislamiento de los ancianos; no son tolerados por los jóvenes
(incompatibilidad, hábitos, etc.).
Dificultades económicas sociales y psicológicas del anciano aislado y
marginado.
Este hecho contribuye a la tendencia de los hijos a formar grupos familiares
autosuficientes con fragmentación del núcleo familiar y en población rural, la
inclinación de tipo de vida urbana; pero sobre todo la incompatibilidad de
caracteres y las costumbres diferentes por las que se ha creado él termino
molesto de “anciano” para definir este estado. Otros factores más explican así
mismo porque en la actualidad son mayores las necesidades de asistencia al
anciano, no solo son médicas, sino también psicológicos, sociales y económicos.
2.4.- Relaciones sociales del senecto.
El proceso de envejecimiento tiene lugar en el contexto social. Sí bien las
limitaciones sociales y personales de los últimos años podrían limitar o modificar el
comportamiento social, también presentan nuevas oportunidades y experiencias
sociales, gratificantes para las personas de edad.
El comportamiento social al igual que la juventud, se ve influido por dos factores
importantes, las características personales del individuo y apoyos sociales
disponibles.
Los abuelos son muy útiles en la sociedad, dan amor, apoyo sin perder y pedir
mucho a cambio, dan consejos y también mucha sabiduría a los jóvenes, lo cual
beneficia tanto a quien da como al que recibe. Muchas personas sienten la
necesidad de dejar algo cuando mueren, también sienten la obligación de dejar los
conocimientos adquiridos a lo largo de su vida, aconsejan y guían a los jóvenes,
proceso que con frecuencia se denomina “hacerse viejo".
Ser abuelo es una manera de satisfacer estas necesidades y mantenerse en
contacto con las nuevas generaciones.
Las amistades son especialmente importantes en estos años. Las relaciones
familiares con frecuencia remarcan la dependencia y la atención, los amigos son
fuente alegría, tener una persona a la cual le cuente todos sus anhelos,
preocupaciones, sueños e ilusiones, etc.
De ésta manera los ancianos pueden enfrentar los retos normales de la edad
adulta con menos problemas.
2.5.- Cambios en las relaciones sociales.
La perdida del empleo y del ingreso regular, supone un cambio serio para el
hombre senecto, que se ve precipitado por el deseo de rapidez importante en
nuestro actual sistema industrial.
La senectud crea generalmente un problema económico, pocos son los
asalariados que pueden sostener una familia y ahorrar al mismo tiempo dinero que
garantice su propio mantenimiento en la ancianidad, problemas como el anterior,
deben ser debatidos y analizados para obtener soluciones o alternativas.
Con demasiada frecuencia los hijos, ya adultos tienen bastantes dificultades con
mantener a su propia familia, como para poder cuidar de sus padres ancianos.
3.- Repercusiones psicológicas, sociales y económicas de la senectud.
La degeneración física y los múltiples trastornos orgánicos constituyen uno de los
principales focos de ansiedad para el senecto.
Dicha ansiedad puede verse incrementada por la suma de otros factores, cercanía
del final de la vida, termino de la actividad laboral con la edad de la jubilación y
consiguiente desocupación económica, como consecuencias de la reducción de
los ingresos recibidos por él individúo al pasar a cobrar la pensión, en
comparación a lo que recibía cuando se hallaba activo laboralmente.
3.1.- Consecuencias del aumento proporcional de la población senecta.
Bajo el signo de nuestro actual sistema industrial, en la que se retiran de actividad
laboral a los 65 años, los que han superado esta edad y se han quedado sin
empleo y a menudo sin medios de subsistencia, se convierten en una carga para
los adultos que trabajan.
La proporción creciente de ancianos y la comparatividad decreciente de menores,
supondrá un cambio en el panorama de atenciones destinadas a unos y otros.
Un contingente grande de ancianos en la población puede afectar los negocios, la
política y a la opinión pública.
3.2.- Cambios emocionales en la senectud.
Los cambios de comportamiento de los senectos deben aceptarse como
inevitables, pero es difícil determinar en que medida son consecuencia de
deterioro neurológico, porque obedecen al cambio de situación social, psicológica
y fisiológica. La perdida de facultades físicas que quizá obligue a aceptar el
cuidado de otros, el fin de la vida laboral, el aislamiento, la pérdida de contacto
social que da el trabajo, la viudez y la muerte de los amigos, minan la autoestima
de los ancianos, ocasionado depresión.
Hay senectos que mantienen vivo el interés por muchas cosas y que disponen de
más dinero que en ninguna otra época de su vida, pero, en muchos casos, lo
normal es la falta de dinero, la soledad, la incapacidad física y la falta de estímulos
mentales.
La rapidez con la que cambia la sociedad contemporánea, la desorientación del
anciano y la forma de vida actual no contribuyen a mejorar su situación; el
resultado es apatía, pérdida de interés, resentimiento y estancamiento mental, que
con frecuencia se explican atribuyéndolos a senilidad inevitable.
En el lado positivo, a la jubilación temprana, la mejor atención médica, el aumento
de las pensiones y la mejora de las viviendas, puede hacer de la vejez una época
de oportunidades y experiencias nuevas.
4.- Aspectos sociales.
La gerontología humana estudia el proceso de envejecimiento y la vejez o tercera
edad, vistos bajo el prisma sociológico, lleva a consideraciones cuyo centro de
interés es el hombre y su relación con los demás.
La biogerontología estudia lo que el hombre es como ente biológico, en tanto que
la gerontosociología mira lo que efectúa el hombre y como lo hace, como ser
social y aprende en la convivencia con sus semejantes.
Una sociedad humana es el resultante de intrincadas relaciones de factores que el
hombre adquiere del ambiente biofísico y de cultura.
4.1.- El senecto y el medio familiar.
Cuando dos o más personas están unidas por lazos consanguíneos o por vínculos
legales, como el matrimonio o la adopción, interactúan y cada una cumplen su
papel, forman parte de una familia: la nuclear, constituida por padres e hijos, y la
ampliada, que además de los elementos de la nuclear incluyen a los abuelos y a
un número variado de parientes. Al respecto, surgen varias reflexiones: es posible
encontrar familias nucleares donde el hijo menor tiene 65 años, y puede estar al
cuidado de los dos o de uno de sus padres, pero más bien de la madre, debido a
la mayor esperanza de vida de la mujer.
Todo ser humano encuentra en las familias posibilidades de crecer, realizarse y
ser feliz, dependiendo esto de que tan dispuesto esté cada cual a ser una fuerza
positiva en la consecuencia del bienestar de quiénes están comprometidos en la
diaria convivencia, en donde no basta con soportarse mutuamente, sino que es
necesario desempeñar el papel que a cada uno corresponde, aceptando que
nadie es más importante que otro integrante de la familia.
4.2.- El senecto y la jubilación.
Cuando el ser humano envejece, ve con recelo que se acerca el momento de
retirarse de los centros laborales, de las actividades que le producían dinero y las
satisfacciones que éste origina, analiza los beneficios que le trajo el desempeño
de su labor.
También es posible que para otras personas, la jubilación represente el miedo de
liberarse de las actividades en las que a sido un objeto, una parte más del
proceso de producción, situación que a minado su alegría por realizar una
actividad útil para la humanidad.
En el empleo, el hombre encuentra uno de los lazos de unión más frecuentes
entre él y un grupo social. Gracias al empleo cumple papeles de status
considerados valiosos: es una persona sana, fuerte y capaz para el desempeño de
sus labores, por algo lo admitieron.
Forma parte de la población económicamente activa, es importante por que
participa en la económica nacional, por el empleo, obteniendo los medios para
proporcionar bienestar a su familia.
4.3.- El senecto y la salud.
Con mucha frecuencia él termino anciano se usa como un termino de enfermedad,
por dos razones que aunque diferentes pueden desarrollarse juntas, por una parte,
el anciano que está sano se siente enfermo y por otra, actúa haciendo el papel de
enfermo. Los rasgos salientes de la situación del paciente y un inmediato
asociado, especialmente los miembros de la familia.
La mayor parte de las personas de la tercera edad (entre 60 y 90 años) tienen
hijos, los cuales en su mayoría no brindan apoyo económico y emocional a sus
progenitores, esto es una de las causas por las cuales los ancianos se sienten
solos y abandonados y al mismo tiempo carecen de relación con otras personas.
Los ancianos de hoy en día están muy solos, no se les respeta, al contrario, se les
maltrata, no se toman en cuenta sus ideas, las cuales son experiencias que sirven
como consejo y orientación a los jóvenes, no se les da el valor que se merecen.
Se les rechaza al no tomárseles en cuenta sus ideas o creatividad, se les rechaza
pensando que ya no sirve de nada tenerlos a un lado o estarlos atendiendo.
Todos estos factores hacen que el anciano se le considere como una persona
discriminada e incapaz, de hacer cualquier cosa. El se siente solo, triste,
amargado y piensa, que ya no le es útil a la sociedad. En ocasiones se inventa
alguna enfermedad para llamar la atención de su familia o de las personas que lo
rodean, pero es un caso inútil, porque al darse cuenta su familia y amigos de lo
contrario lo consideran como "loco".
Su cuerpo no tiene la misma energía de antes y eso lo hace menos participante,
uno de los factores depresivos del anciano es el no poder hacer los cosas que
antes hacía muy bien y con relativa facilidad.
Según la psicología, el anciano es una persona muy sensible y que su trato debe
de ser muy especial, es por ello, que existen consecuencias psicológicas del
anciano por el mal trato que recibe de su familia, ya que en este núcleo es donde
él pasa el mayor tiempo de su vida.
La jubilación sí influye en el comportamiento del anciano, ya que si éste se siente
cansado por la carga de trabajar, desea estar jubilado y de otra forma, sí su
cuerpo le responde prefiere seguir trabajando.
En algunos casos el anciano entra en un estado de depresión por la perdida de
actividades sociales y se siente relajado y olvidado.
La vejez no es ninguna enfermedad, sino otra etapa de la vida, así como se es
niño, también se llega a la senectud.
Los cambios en las relaciones sociales del senecto se deben a que sus sentidos
no le responden el 100%, porque su cuerpo está convirtiéndose en sedentario o
por causa de enfermedad.
Si el anciano pertenece a un grupo (club social o deportivo) su relación será
sociable, pero sí se mantuvo alejado de participar en dicho grupo su relación será
muy solitaria y permanecerá aislado.
5.- Maltrato a las personas de la tercera edad.
5.1.- Introducción.
Es un problema importante hoy en día, la inexistencia de las definiciones exactas
sobre el concepto y límites del abuso y abandono en las personas mayores, de la
verdadera incidencia del problema y del grado del mismo. El resolver todo esto es
uno de los principales objetivos que debían ocupar a todo profesional de las
Ciencias Sociales, debido a la falta de medidas que palien o resuelvan el dilema.
Lo primordial es la existencia un consenso en la definición entre los profesionales
que tratan con los adultos mayores y que no se dé, como en la actualidad, la
coexistencia de diferentes significados atribuidos a este tema. Así, mientras que el
aparato policial y judicial se entiende por MALOS TRATOS “ las infracciones
previstas en el código penal”. Los profesionales de los servicios socio-sanitarios
tienen una visión más amplia También los responsables de los servicios de ayuda
y cuidados en el domicilio, los directores de las residencias y centros de larga
estancia tienen otra concepción especialmente dirigida a preservar los derechos
de los residentes.
La ausencia de consenso en la definición del fenómeno hace imposible poner en
práctica medidas válidas y fiables sobre un plan psicométrico en referencia a los
malos tratos y a la negligencia.
Respecto a este problema de diagnóstico todos los investigadores se basan en
tres elementos para aproximarse más o menos a este concepto:
Definiciones connotativas: Tienden a precisar el sentido completo de los
malos tratos en el domicilio de los ancianos. Así como las consecuencias de estos
hechos en la víctima.
Definiciones estructurales: Nombran las diferentes formas y criterios
utilizados para evaluar los malos tratos. Los sentimientos múltiples que provocan.
La principal utilización es la de motivar una comunicación eficaz entre los diversos
grupos de profesionales y de defensa
Definiciones descriptivas: Citan simplemente el ejemplo de los malos tratos.
Esta tiene la ventaja de poder constituir encuestas para la investigación del tema.
También elaboran listas sobre el comportamiento de la persona abusiva.
Sí la mayor parte de las definiciones encierran la idea del maltrato al anciano
como:
“Una conducta destructiva contra una persona mayor, que ocurre en el contexto de
una relación que denota confianza y reviste suficiente intensidad para producir
efectos nocivos de carácter físico, psicológico, social y/o financiero, que provocan
innecesario sufrimiento, lesión, dolor pérdida y/o disminución de los derechos
humanos y disminución de la calidad de vida para la persona mayor “
Independientemente de la gran confusión que rodea a las definiciones y a los
términos, existe cierto acuerdo sobre los tipos de abandono y maltrato a los
ancianos. Así, el Consejo de Europa ha adoptado una definición, la cual encierra
todas las informaciones de carácter general y que han podido ser verificadas por
distintas organizaciones y profesionales, llegando a definir EL MALTRATO EN
LOS ANCIANOS como:
“Todo acto u omisión cometida contra una persona mayor, en el cuadro de la vida
familiar o institucional y que atente contra su Vida, la seguridad económica, la
integridad física, su libertad o comprometa gravemente el desarrollo de su
personalidad.”
Junto a esta definición existe una clasificación internacional de los malos tratos
que puede recibir este sector de la población en los diferentes ámbitos de su vida
social.
5.2.- Tipos de maltrato.
Maltrato económico.
La persona mayor no sólo es miembro de la familia, sino también de la sociedad,
es decir, un ciudadano con una historia productiva, creador de riqueza social y, por
lo tanto, con plenos derechos para exigir que la sociedad, a través del Estado, le
devuelva parte de su contribución social en forma de pensiones y jubilaciones
suficientes, viviendas adecuadas y servicios sociales que le garanticen una vida
digna, autónoma y libre.
Por una mera cuestión cronológica los senectos son a veces desapoderados de la
administración de sus bienes, por sus parientes más jóvenes, instaurando una
tutela que ninguna norma prevé. Están impedidos de solicitar y/o ser avales de un
crédito, basados en normas escritas o no, en establecimientos bancarios.
Respecto del usufructo vitalicio, usufructuar significa que alguien disfrute de algo
sin implicar una pérdida o despojo para el anciano. Señalamos la gravedad que
puede llegar a significar la venta o el disponer por parte de miembros de la familia
de la vivienda u otros bienes del adulto mayor, sin consultarlo. Esta situación de
decidir por él y no con él, produce un deterioro grave en su “Calidad de Vida”, e
incuestionablemente se convierte en abuso y maltrato, ya que se trata de un
comportamiento intencional.
Por ultimo una de las manifestaciones más crueles del maltrato económico son los
haberes jubilatorios tan escasos, que impiden a los mayores llevar una vida
independiente y digna.
Violencia estructural.
En la configuración arquitectónica de la mayoría de las casas donde viven adultos
mayores, no se tiene previsto la adaptación, ni la seguridad que posibilite la
autonomía de vida.
Asimismo, ante el creciente desplazamiento poblacional de las áreas rurales a las
altamente urbanizadas, es imprescindible adaptar las ciudades para que sus
ancianos puedan acceder sin impedimentos donde necesiten concurrir.
Los planificadores urbanos y los decididores políticos no pueden dejar de tener en
cuenta que un porcentaje elevado de habitantes son adultos mayores; sin
embargo los semáforos no están regulados tomando en cuenta esta problemática,
y a diario, podemos observar el pánico de nuestros senectos cuando deben cruzar
alguna avenida. Otro grave problema son los medios de transporte colectivo, que
no sólo presentan la dificultad del ascenso y descenso, sino los agravios de que
son objeto por estas dificultades, y al igual que en edificios, mercados,
consultorios médicos, clínicas, oficinas, que estando ubicadas en pisos superiores
no poseen ascensores, constituyendo verdaderas barreras arquitectónicas que
dificultan su movilidad, también puertas giratorias, desniveles, etc., incluyendo el
hacinamiento en la vivienda familiar o institucional.
No tomar conciencia de estas realidades, implica generar situaciones que
devienen, al limitar su campo social, en otra forma de maltrato.
Maltrato físico.
Si bien las escasas estadísticas no reflejan la realidad en su totalidad, se
manifiesta en forma de golpes y todo tipo de maltrato corporal. Estas situaciones
se incrementan cuando las víctimas son:
Personas obesas,
Que permanecen mucho tiempo en cama (incluye falta de habilidad para
asearlo),
Enfermedades crónicas incapacitantes de origen físico o mental,
Hipoacúsicas o con algún otro tipo de discapacidad,
Incontinentes.
Generando a veces en el cuidador, abuso y maltrato.
Otras formas son:
Situaciones de abandono,
Desnutrición,
Descuido de la salud, que se puede expresar como submedicación o sobre
medicación, malas condiciones de habitabilidad, medio ambiente de riesgo, cuyos
indicadores son, falta de luz, ventilación defectuosa, inexistencia de servicios
higiénicos sanitarios, calefacción, confinándolo en lugares sanitariamente
inadmisibles.
Familias en las cuales a través de las distintas generaciones, la violencia
corporal es aceptada como práctica cultural que no se cuestiona y tal vez fue
considerada siempre como la forma normal de las interacciones personales y de la
resolución de conflictos.
Maltrato psicológico.
Cuando los Mayores se convierten en dependientes económicos, físicos y
emocionales de sus hijos, muchas veces se invierten los roles, él tener que dejar
el rol de adulto independiente para ocupar el rol de adulto dependiente, los coloca
en una situación de riesgo. Si se trata de una familia con características violentas,
el anciano es víctima de las mismas conductas autoritarias y humillantes que
reciben los niños. Por otro lado, como todo ser considerado "débil", puede
convertirse en el "chivo expiatorio" de todas las tensiones y conflictos de la familia.
A veces la violencia es el medio de comunicación para "controlar" y "manejar" a la
persona senecta. El no escuchar o prestar poca atención a la necesidad de
comunicarse por parte del adulto mayor, lleva a una disminución de la interacción
social.
Se manifiesta también en forma de insultos, agravios que de una u otra manera,
subestiman al senecto. Pero cualquiera sea la causa del maltrato psicológico,
sabemos que puede generar en él problemas tan serios como depresión y
aislamiento, llegando en algunos casos extremos hasta el suicidio.
Maltrato sexual.
Si como venimos exponiendo, "ponerle voz al silencio", con relación a la violencia
y el maltrato en sus diversas manifestaciones, resulta aun costoso para una
sociedad que muchas veces se comporta como sí "aquí no-pasa nada", es de
imaginar cuanto más difícil se torna cuando se debe abordar la problemática de
abuso sexual, porque aun hoy en día todo lo relacionado con sexualidad y
genitalidad sigue teñido por tabúes y prejuicios.
Las ancianas, por lo general no denuncian este tipo de maltrato por tratarse de
personas de edad, ellas mismas tienen internalizados muchos prejuicios que
arrastran desde su niñez y se puede ejemplificar así:
Mito: Sólo las jóvenes atractivas y provocativas son violadas.
Realidad: Todas las mujeres pueden ser víctimas de un asalto sexual.
La Sociedad exige que se adecuen sus conductas al "rol" o "imagen social" que se
tiene de los mayores, sin importar lo que las personas quieren ser, y así sufren los
"tabúes sociales" más que la carga de los años. Incluimos la desvalorización de la
persona abusada como sujeto de derecho a ejercer su sexualidad.
El mito del "viejo verde" o el de la inexistencia de todo apetito sexual, contrasta
con la realidad que habla de "una actividad y un interés sexual tan propios de la
vejez como de cualquier otra etapa de la vida".
Este tipo de violencia se agrava significativamente para aquellos casos en que los
senectos están institucionalizados. Prejuiciosamente se impide el ejercicio
adecuado de la sexualidad por carencia de espacios privados y falta de intimidad,
prohibiciones para salir en pareja, enamorarse, mantener relaciones, volver a
casarse, etc.
Es imprescindible que la sociedad y la familia tengan una actitud franca, abierta,
de aceptación de la sexualidad como un elemento importante en la vida del ser
humano, que pueda contribuir al bienestar, a la dicha, a la felicidad de los
ancianos, al desarrollo positivo de la personalidad, una actitud libre de prejuicios y
tabúes, libre de censura y reservas.
Violación de derechos.
Todos los adultos tienen derechos inalienables protegidos por las leyes de sus
respectivos países. Estos derechos incluyen la libertad a no ser sometido a
trabajos duros, la libertad de reunión, de prensa, de religión, el derecho a un
adecuado tratamiento médico, el derecho a no ser declarado incompetente sin un
proceso legal justo, el derecho al voto, el derecho a ser tratado con cortesía,
dignidad y respeto. La violación de estos derechos puede incluir no permitir la
visita de amigos, leer el correo personal, asistir a la iglesia, coaccionarle para que
emita el voto en un determinado sentido contrario a la ideología del senecto, etc.
La mayoría de los casos de abandono y abuso en los ancianos incluye alguna
violación de sus derechos.
Violencia medicamentosa.
También podemos considerar como maltrato la inadecuada medicación en un
sentido u otro, a través de la administración de neurolépticos u otros
medicamentos con el fin de conseguir que la persona mayor esté siempre
tranquila. Este tipo de maltrato se suele presentar con mayor frecuencia en las
instituciones, aunque también se puede observar dentro del propio domicilio
familiar.
En el otro sentido podemos considerar como maltrato la no-administración de
medicamentos correctamente recetada por cualquier facultativo y que
conscientemente no se le es administrada a la persona anciana.
Negligencia.
Por último, otra forma de violencia que sistemáticamente se le proporciona a los
senectos, es la negligencia en un sentido activo o pasivo.
Entre la negligencia activa como violencia hacia la persona senecta, podemos
considerar la privación voluntaria de libertad. Al senecto se le fuerza para que se
quede en la cama o sentado en una silla. También podemos considerar como
maltrato el privar a la persona mayor de comida, bebida o higiene.
En cuanto a la negligencia pasiva, es uno de los maltratos más comunes que
sufren las senectos, en estos casos nos estamos refiriendo al olvido, es decir
cuando al anciano no se le tiene en cuenta para nada, se le confina en él ultimo
rincón del hábitat familiar o institucional y se olvida llamarle para comer, aseo,
hablar, relacionarse, etc.
5.3.- Maltrato institucional.
Maltrato residencial.
En la actualidad, las residencias (asilos) son consideradas ventajosas y la gente
mayor suele ser forzada a ingresar en las instituciones demasiado pronto, por
cuyo motivo se siente abandonada, estafada y, a menudo, maltratada, sin que
nadie se halla molestado en preguntarles ¿qué es lo que ellos quieren?, lo cual
constituye una violación de sus derechos. Muchos son victimas de chantaje moral
para obtener su consentimiento.
Por otro lado hay falta de investigación sistematizada sobre los malos tratos que
se producen en las instituciones. Entre estos, la mayoría sufre graves daños
físicos y mentales, y a muchos se les priva de sus derechos.
Entre las formas más frecuentes de maltrato destacamos la agresión verbal,
seguida de la negación por parte de las residencias de unos niveles básicos de
intimidad a sus usuarios.
Las actitudes negativas hacia los ancianos pueden resultar más patentes en los
servicios asistenciales de larga estancia. Se han agrupado las denuncias mas
frecuentes sobre abusos del personal de las instituciones en cuatro categorías:
Infantilización: Tratar al paciente como si fuera un niño irresponsable en el
que no se puede confiar.
Despersonalización: Proporcionar servicios de acuerdo con unos criterios
generales que desatienden las necesidades particulares del paciente.
Deshumanización: Ya no solo ignorar al senecto, sino despojarlo de su
intimidad y de su capacidad para asumir responsabilidades en su propia vida.
Victimización: Ataques a la integridad física y moral de los senectos
mediante amenazas, intimidación y agresiones verbales, robo, chantaje o castigos
corporales
Maltrato en el sistema sanitario.
Durante el proceso individual e inevitable de envejecer, se van produciendo una
serie de modificaciones morfológicas y funcionales que unidas a un mayor riesgo
de padecer enfermedades crónicas e invalidantes, hacen que a pesar de la gran
capacidad de adaptación de las personas que se encuentran en este grupo de
edad, en ocasiones las limitaciones en su auto-cuidado serán tan importantes que
pasen de una situación de independencia a una de dependencia de familiares,
servicios sociales y/o sanitarios.
Todo lo expuesto nos lleva a pensar en la vejez como una etapa de desarrollo
humano donde los factores de riesgo de padecer maltrato aumenta al mismo
tiempo que la edad.
Entre las teorías mas conocidas que intentan explicar los mecanismos que
desatan el maltrato a los ancianos se encuentran:
Las que enfatizan su vulnerabilidad y dependencia de otros para conseguir
su bienestar.
Las que le dan gran importancia a las actitudes sociales negativas hacia
este grupo de edad.
Las adscriben el fenómeno a la dinámica familiar (niño maltratado que
maltrata a sus padres).
Las que están centradas en las características del maltratante (problemas
psicopatológicos, abusador, negligente, incapaz de establecer relaciones afectivas
con los senectos).
Por último, el resentimiento y frustración hacia los ancianos dependientes
largo tiempo, ocasiona una gran tensión en el proveedor de cuidados.
Cada una de ellas, o la asociación de varias, son generadoras de la mayoría de
los abusos a los senectos.
Los ámbitos donde estos mecanismos destacan pueden ser de lo más variado, el
seno familiar, comunidades de vecinos, transporte, oficinas gubernamentales,
empresas de distintos productos que emplean agresivas técnicas de venta,
residencias privadas o publicas, servicios sociales o sanitarios.
En diversos rincones del orbe, se llevan algunos años escuchando hablar de la
necesaria reorientación de los servicios sanitarios, no se puede seguir
manteniendo solamente servicios tecnológicos excesivamente caros, dedicados
básicamente al diagnóstico y tratamiento de las enfermedades.
La centralización de la asistencia en hospitales de vanguardia para patología
aguda, carece de sentido, cuando una parte importante de una población, lo que
requiere es cuidados enfocados a la prevención de secuelas y rehabilitación de las
enfermedades crónicas que padecen.
El problema evidentemente no se soluciona manteniendo la situación actual en los
grandes hospitales y derivando los pacientes crónicos en su mayoría senectos a
los hospitales concertados de tercera categoría, donde los cuidados que se
ofertan son muchas veces por una u otra razón de baja calidad.
También es necesario tener en cuenta, que en estructuras centradas en él
diagnostico y la curación, ante la cronificación de la enfermedad o la muerte, la
respuesta puede ser la frustración, y esta suele acabar de una forma u otra en
maltrato.
Si a todos, independientemente de nuestra edad, nos afecta un prolongado
tratamiento o el ingreso en una institución sanitaria, por el cambio de hábitos,
alimentación, entorno hostil, la falta de información, y, sobretodo la eliminación del
contacto afectivo, que crea un alto grado de ansiedad, la situación se agrava
cuando el paciente es un senecto.
A la ansiedad podemos añadir el miedo, el aislamiento que frecuentemente sufren
senectos hospitalizados, y la desorientación, problema que puede conducirlos a
situaciones de demencia transitoria de mayor o menor duración, pero que siempre
lleva unido un gran sufrimiento.
5.4.- Maltrato dentro de la familia.
Los senectos presentan patologías múltiples como problemas motores, psíquicos
y de orientación. Debido a esto, necesitan ayuda en sus actividades diarias,
circunstancia que puede llevar a un estado de dependencia. Esta situación puede
hacer que sus familias los consideren como una carga y limiten la atención y
servicios a un mínimo. Es contra estos antecedentes que se debe considerar el
tema del maltrato de senectos.
El maltrato de senectos se puede manifestar como ya hemos visto de diversas
maneras, como físico, psicológico, financiero y/o material, maltrato médico o auto
abandono. Las diferencias en la definición de maltrato de senectos presentan
dificultades al comparar las causas y naturaleza del problema. Se proponen
algunas hipótesis preliminares sobre la etiología del maltrato de senectos,
incluidas: la dependencia de otros para prestar servicios, falta de lazos familiares
estrechos, violencia familiar, falta de recursos económicos, psicopatología de la
persona que maltrata, falta de apoyo comunitario y factores institucionales, como
bajas remuneraciones y malas condiciones de trabajo que contribuyen a actitudes
pesimistas de las personas a cargo, lo que trae como resultado el abandono de los
senectos.
Muchas veces los ancianos, por vergüenza o para proteger a otros, encubren la
situación de la que son objeto. Se produce un sentimiento contradictorio en el
senecto, de afecto, rechazo y dependencia emocional ante quien ejerce violencia
hacia él.
La observación sensible, la escucha atenta y la actitud receptiva es algunos de los
recursos con que se cuentan para identificar a un senecto maltratado.
Tanto la violencia social (necesidades básicas insatisfechas) como la violencia
familiar, con sus dificultades y costos (pues los senectos deben denunciar a sus
propios hijos o familiares de los cuales en general dependen afectiva y/o
económicamente) son aspectos que se tienen que tener en claro al abordar esta
problemática especifica.
La violencia familiar es un proceso cíclico y se desarrolla en tres fases:
1º) FASE:
Denominada de “acumulación de tensiones”, provoca la sumatoria de incidentes
que van incrementándose en intensidad y hostilidad. Predominan las agresiones
verbales acompañadas o no por golpes menores. La violencia se desata por
causas distintas a los motivos intrascendentes que la provocan; no tienen que ver
con la actitud de la víctima. Una vez iniciado el proceso es difícil que se detenga.
2º) FASE:
Denominada “episodio agudo”, circunstancia en la que se genera una situación
que varía en grado de gravedad desde la destrucción de objetos, golpes, abuso
sexual hasta el eventual homicidio o suicidio. Las circunstancias son gran nivel de
inestabilidad, impredictibilidad, destructividad y de corta duración.
En esta fase a veces se pide ayuda y/o abandona el hogar; a veces opta por
recluirse aun más porque sus lesiones son visibles.
3º) FASE:
Denominada “luna de miel” en la que se produce el arrepentimiento, a veces
inmediato junto con la promesa de que nunca más volverá a ocurrir. La actitud de
la persona maltratada suele ser sentirse culpable de haber provocado la situación,
dudar de las situaciones tomadas, volver al hogar y/o abandonar los tratamientos
psicológicos.
Cabe advertir que ciertos mitos sociales muy arraigados en la sociedad son
perjudiciales, sobre todo los referentes a considerar a la violencia familiar como
asociada a clases sociales bajas, alcoholismo o drogadicción, falta de trabajo o
como algo innato al ser humano, debido a que de ésta manera se plantea una
situación rígida e irreversible, y que no es tal. Ya que si bien puede ser factor
coadyuvante, no significa que la generen.
El fenómeno de maltrato de senectos es cada vez más reconocido por
establecimientos médicos y organismos sociales, porque es un grave problema
social, con raíces que son culturales y psicológicas, no importa el nivel económico
o educativo de quien lo ejerce o lo padece. El maltrato vulnera los derechos
fundamentales de las personas, por eso es un problema de todos, y es la sociedad
en su conjunto, quien puede y debe cumplir un papel importante en todo esto.
6.- Conclusión.
La mayor parte de las personas de la tercera edad, son más discriminados y
amargados mientras más edad tienen. También nos percatamos de que los
ancianos mejores atendidos son los que tienen mayores recursos económicos, es
por eso la buena atención por parte de sus familiares y la sociedad.
Concluyendo, mientras más edad y mal atendido esta el anciano, este se sentirá
menos apto para incluirse dentro de la sociedad a la que una vez permaneció y
sirvió en sus actividades laborales.
La senectud se perfila como objetivo científico social cuando determinados grupos
de edad empiezan a plantear ciertos problemas sociales. Al igual que otras áreas
de interés sociológico, el interés por la senectud nacen de la mano del
planteamiento de un problema social. Sin embargo, en el caso específico de la
vejez, la asociación entre fenómeno social y problema social como única
posibilidad sigue vigente hasta nuestros días haciendo que se pierdan "ricas
perspectivas analíticas que permitan comprenderlo y explicarlo como el fenómeno
social de envergadura que realmente es" (Pérez Ortiz, 1996). De ahí que esta
ponencia se haya acercado a la senectud enfocándola como un fenómeno social
más, dentro de los muchos existentes y posibles, y que puede ser científica y
empíricamente aprehendido. Lo anterior sin pasar por alto el gran impacto, los
enormes desafíos y la larga lista de problemas que el envejecimiento supone para
nuestras sociedades y para los individuos que las componen. Por el contrario, se
trató de identificar y caracterizar algunos factores que hacen que un fenómeno
natural dentro del ciclo de vida sea experimentado como una amenaza o fuente de
inseguridad y riesgo para algunas personas, hogares y comunidades.
El envejecimiento de la población y el individual son dos caras de una misma
moneda y comparten la siguiente paradoja: las personas quieren y pueden vivir
más años pero la senectud no es una condición precisamente anhelada por la
mayoría de las personas. En el plano colectivo, reducir la mortalidad, la fecundidad
y aumentar la esperanza de vida son logros asociados a un mayor desarrollo
económico y social, pero su efecto combinado genera resultados no siempre
positivos derivados del envejecimiento de la población. El envejecimiento
individual y el demográfico tienen en común que sus efectos tenderán a ser más
positivos (traducidos en incremento en el bienestar de los individuos y mayor
desarrollo en las sociedades) en la medida en que exista mayor conocimiento
sobre cómo son actualmente los senectos y qué significa exactamente ser viejo en
nuestra sociedad. (Pérez Ortiz, 1996). Sólo en esa medida las personas y las
sociedades podrán tomar medidas y desarrollar cursos de acción adecuados,
pertinentes y oportunos para lograr “una sociedad para todas las edades”, donde
los principios de equidad y trato justo pasen de ser una premisa bien intencionada
para convertirse en una realidad.
En los últimos decenios, el envejecimiento se ha configurado como una etapa que
la mayor parte de los latinoamericanos atravesará. Esta situación implica
importantes transformaciones en el ámbito personal, referidas a condiciones
físicas, a la situación de independencia económica y funcional, la modificación de
roles al interior de la familia, la participación en el mercado laboral, el uso del
tiempo libre, la percepción que tenemos de nosotros mismos, la que los demás
tienen de nosotros, etc.
La tendencia al aumento del peso de la población más envejecida (75 y más
años), la preponderancia femenina y la urbanización de la población adulta mayor,
junto con un patrón de desarrollo económico que desvaloriza los sistemas
tradicionales y solidarios de cuidado familiar y comunitario y que transforma la
salud en un bien de consumo, son aspectos que no conforman un escenario muy
alentador para las personas senectas. Sin embargo, ellos no tienen la
“exclusividad” de encontrarse en una condición desmedrada, niños, jóvenes y
mujeres también son afectados –quizá con mayor intensidad – por situaciones de
desigualdad y pobreza.
En el caso del bienestar económico, su dimensión objetiva se referirá a las
necesidades y recursos económicos, mientras que su dimensión subjetiva haría
referencia a la situación económica “tal y cómo es percibida por los agentes
implicados”, en este caso, las personas mayores (Pérez Ortiz, 1996). Esta
bidimensionalidad implícita en el concepto de calidad de vida se extiende a todos
los ámbitos de la vida de las personas mayores, como la salud, el apoyo social, la
calidad ambiental, etc.
Si bien objetivamente la situación de pobreza no es tan apremiante como en otros
grupos, es posible que cuando las personas mayores experimentan pobreza su
grado de bienestar sea cualitativamente inferior al de los demás (Bazo, 1990).
Ambos aspectos –el objetivo y el subjetivo– deben ser considerados con igual
atención en todas las dimensiones de vida de los senectos (personales y socio
ambientales), especialmente al momento generar políticas y programas dirigidos a
mejorar el bienestar de las personas mayores y la equidad intergeneracional.
Los senectos desarrollan un grado de actividad social determinada básicamente
por tres factores: las condiciones de salud, la situación económica y el apoyo
social. Por lo tanto, no es la edad lo que conduce a desvinculación social, sino
que, cuando ésta ocurre, se debe a otras circunstancias asociadas, como la mala
salud, la pérdida de amistades o la reducción de ingresos. La senectud posee su
propia especificidad la que, desde el punto de vista fisiológico, es dada por el
hecho de implicar un conjunto de cambios físicos y psicológicos propios, que se
desarrollan en forma más acelerada que en otras etapas y tratarse de la última
etapa del ciclo de vida.
7.- Bibliografía.
ARGÜELLO, Omar. Crisis, sociedad y tercera edad, Políticas de Atención Integral
a la Tercera Edad en América Latina, Naciones Unidas, Santiago de Chile. 1995.
BAZO, María Teresa. La sociedad anciana, Centro de Investigaciones
Sociológicas (CIS), Editorial Siglo XXI, Madrid. 1990.
BELSKY, J.K. Psicología del envejecimiento Teoría, investigaciones e
intervenciones. Masson S.A., Barcelona. 1996.
BIANCHI, Henri. Envejecer o los destinos del apego. En La cuestión del
envejecimiento. Perspectivas psicoanalíticas, Bianchi H. y otros.. Biblioteca Nueva,
Madrid. 1992.
BURY, Mike. Envejecimiento, género y teoría sociológica, Relación entre género y
envejecimiento, Narcea Ediciones. Madrid, 1996.
CARRASCO DÁVILA, Alan F. Envejecimiento. Primer Encuentro Virtual
Internacional sobre: Las Reformas de la Seguridad Social. Que se celebró del 9 al
28 de enero. Organizado por el Grupo EUMED.NET de la Universidad de Málaga,
España. 2006.
CARREÑO G., Dolly. Salud y malestar en las mujeres en edad madura y vejez:
Paradigmas, paradojas e interrogantes, Universidad de Buenos Aires, Buenos
Aires. 1989.
CEPAL. Panorama Social de América Latina: 1999-2000, Santiago de Chile,
agosto 2000.
CHACKIEL, Juan. El envejecimiento de la población latinoamericana ¿hacia una
relación de dependencia favorable?, Encuentro latinoamericano y caribeño sobre
las personas de edad”, CEPAL, Santiago de Chile. 1999.
FASSIO, Adriana y GOLPE, Laura Irene. Población de edad y organizaciones de
la sociedad civil, Revista de la Escuela de Economía y Negocios, Año 1, n ° 3,
diciembre 1999.
FENNELL, G., PHILLIPSON, C. Y EVERS, H. The sociology of Old Age,
Philadelphia, Open University Press. 1989.
FERNÁNDEZ BALLESTEROS. Calidad de vida en la vejez. Intervención
Psicosocial, Vol. II N° 5, Madrid. 1993.
GARCÍA P., M.C.; TOUS R., J. Mª. Motivación y vejez. Jerarquía de necesidades y
nivel
de aspiración de los ancianos internos en una residencia. Fundación LA CAIXA.
Barcelona. 1992.
GUMUCIO, Juan S. Seguridad económica del Adulto Mayor. Ponencia presentada
en el seminario “Pensando Estrategias para el Adulto Mayor del siglo XXI”, junio
2000.
GUTIÉRREZ ROBLEDO, Luis M. Concepción holística del envejecimiento, La
Atención de los Ancianos: un desafío para los años noventa. OPS-OMS,
Washington D.C. 1994.
HAYFLICK, L.; BARCIA, D.; MIQUEL, J. Aspectos actuales del envejecimiento
normal y patológico. Editorial ELA. Madrid. 1990.
HOLGADO, M.; DE LUIS. J. Mª.; MACÍAS, J.F. Teorías sobre el envejecimiento.
Revista Española de Geriatría. Gerontol. 29 (2): 84-92. 1994
INGRISCH, Doris. Adaptación y resistencia de las mujeres a medida que
envejecen, Arber y Ginn: Relación entre género y Envejecimiento, Narcea
Ediciones, Madrid. 1996.
KALISH, R. La vejez. Perspectivas sobre el desarrollo humano. Editorial Pirámide.
Madrid. 1983.
KOROVSKY, Edgardo. Relación entre abuelos y nietos, panel en el Congreso de
Psiquiatría de Niños y Adolescentes Punta del Este, noviembre. 1993.
KOROVSKY, E., KARP, D.M. Psicogerontología. Psicosomática. Psicoanalítica de
la vejez. Editorial Roca Viva. Montevideo Uruguay. 1998.
MÁRQUEZ, Marlene. El adulto mayor: un nuevo actor social. Ponencia presentada
en el Seminario sociedad civil: aportes al desarrollo de las personas mayores,
Santiago de Chile. Septiembre 1999.
MARTÍNEZ DE LA PERA, Alberto. La vida afectiva y social en una nueva
residencia para personas mayores. Elexpuru Hnos. Bilbao. 1980.
MARTÍNEZ FORNÉS, F. Envejecer en el año 2000. Editorial Popular/Inserso.
Madrid. 1991.
MINOIS, Georges. Historia de la vejez, Narcea, Madrid. 1987.
MORAGAS, M.R. Gerontología Social. Envejecimiento y calidad de vida. Herder.
Barcelona. 1995.
OFICINA NACIONAL DE ESTADÍSTICA. El Envejecimiento en Cuba. Centros de
Estudio de Población y desarrollo. Cuba. 2002.
OPS. Hacia el bienestar de los ancianos. Washington, DC (Publicación Científica
n.492) 1985.
OPS/OMS. Evaluación de la situación y adopción de políticas para la atención de
la población de edad avanzada, en Salud para todos en el año 2000: plan de
acción para la instrumentación de las estrategias regionales. Washington D.C.
1982.
PÉREZ ORTIZ, Lourdes. Las necesidades de las personas mayores. Vejez,
economía y sociedad. INSERSO. Madrid, España. 1997.
PIZARRO, Roberto. Vulnerabilidad social en América Latina y el Caribe, CELADE,
LC/DEM/R. 298, Santiago DE CHILE. 1999.
QUINTERO, Gema. Calidad de vida y envejecimiento. En Prieto Ramos O, Vega
E. Temas de Gerontología. Ciudad de la Habana: Editorial Científico Técnica;
p.28-32. 1999.
QUINTERO, Gema y GONZÁLEZ, U. Calidad de vida, contexto socioeconómico y
salud en personas de edad avanzada, Gerontología y Salud: Perspectivas
Actuales, José Buendía (ed), Madrid. 1997.
RODRÍGUEZ, Pilar. Investigación-Acción participativa como estímulo a la
participación de las personas mayores, Voluntariado y Personas Mayores,
IMSERSO, Madrid. 1995.
ROLLA, Edgardo H. Senescencia. Ensayos psicoanalíticos sobre la tercera edad.
Editorial Galerna. Buenos Aires. 1991.
SALVAREZZA, Leopoldo. Psicogeriatría. Teoría y clínica. Editorial Paidos. Buenos
Aires. 1991.
SÁNCHEZ HIDALGO, Efraín y LIDIA A. Psicología de la vejez. Río Piedras:
Editorial de la Universidad de Puerto Rico. 1989.
SAN MARTÍN, Hernán. Envejecimiento individual y de la población: la
investigación científica en el envejecimiento humano, Gerontología y Salud:
perspectivas actuales. José Buendía (ed.), Madrid. 1997.
TAPIA, Jorge. Los ancianos y las políticas de servicios en América Latina y el
Caribe, La Atención de los Ancianos: un desafío para los años noventa.
OPS/OMS, Washington. 1994.
VIMORT, Jean Y OTROS. Nuevos aspectos sociológicos de la tercera edad. Texto
de ponencias y comunicaciones. IV Jornadas Interdisciplinares. La ancianidad
nueva etapa creadora. Ámbito de Investigación y Difusión “María Corral”.
Barcelona. Barcelona. 1984.
VIZCAÍNO, J. La ancianidad en el año 2000. Fundación Caixa de Pensions. Col.
Gerontología y Sociedad. Nº 4. Barcelona. 1987
YANGUAS Javier, LETURIA J., LETURIA M., URIARTE, A. Intervención
Psicosocial en Gerontología. Caritas, Madrid, España. 1998.