Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo
Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades
Teoría administrativa
2.2 Funciones sustantiva y adjetiva de la empresa
Ensayo: Economía de la empresa: La empresa
Docente: Juan Rosales Núñez
Alumno: Edrei Adriel Juárez Enciso
Ciclo: Febrero - Junio 2024
La noción del empresario ha evolucionado a lo largo de la historia, desde su
conceptualización inicial como un aventurero hasta ser reconocido como el motor
de la innovación y el progreso económico. Autores como Cantillón, Smith, Marshall
y Schumpeter han aportado diferentes perspectivas sobre este concepto
fundamental en la economía moderna. Desde el riesgo asumido por el empresario
hasta su papel como coordinador de recursos y agente de cambio, su relevancia
en la creación y gestión de empresas es innegable. En este ensayo, exploraremos
la relación entre economía, empresa y empresario, examinando su evolución
histórica, su relación esencial y su impacto en la administración eficiente de
recursos para alcanzar resultados óptimos. A través del análisis de estas ideas,
buscamos comprender mejor el papel crucial que desempeña el empresario en la
dinámica económica y social.
La evolución histórica de la empresa refleja la transformación de las estructuras
económicas y sociales a lo largo de los siglos. Desde sus raíces en la empresa
primitiva, predominantemente agraria y familiar, hasta la complejidad de la
empresa flexible en la era contemporánea, el concepto de empresa ha
experimentado cambios significativos.
En el período de la empresa primitiva, hasta el siglo XV, observamos una
economía principalmente agraria, donde las empresas eran de base familiar y
orientadas al autoempleo. Estas operaban a pequeña escala y sus mercados eran
locales debido a las limitaciones del sistema de transporte.
Con el surgimiento de la empresa comercial en los siglos XVI al XVIII, se inicia un
proceso de desvinculación de la base familiar y una mayor participación de la
burguesía urbana en la actividad empresarial. La mejora en los transportes y la
apertura de rutas comerciales ampliaron los mercados, facilitando el crecimiento
de las empresas. Este período también vio la separación gradual entre la
propiedad y la gestión de las empresas, así como la aparición de la figura del
socio capitalista.
La era de la empresa capitalista, que abarca desde el siglo XIX hasta finales del
siglo XX, se caracteriza por un gran desarrollo en los transportes, comunicaciones
y tecnologías productivas. Surgieron las grandes corporaciones, que se
expandieron mediante adquisiciones y fusiones, y adoptaron estructuras más
complejas con directivos profesionales. Se observa un aumento en la producción y
la eficiencia, así como la formación de mercados oligopolísticos.
Actualmente, nos encontramos en la era de la empresa flexible, impulsada por la
revolución tecnológica iniciada en los años 80. Tanto las PYME como las grandes
corporaciones buscan adaptarse a un mercado global en constante cambio,
adoptando procesos de desintegración vertical para mejorar su agilidad y
flexibilidad.
Es importante considerar otros aspectos como la actividad económica, la forma
jurídica, la dimensión, la titularidad del capital y el alcance geográfico de los
mercados a los que atienden las empresas, ya que estos factores influyen en su
estructura, funcionamiento y alcance.
Es importante comprender el funcionamiento de las empresas, es crucial analizar
los criterios utilizados para clasificarlas y entender su objetivo fundamental: la
creación de valor. Estos criterios incluyen la actividad económica, la forma jurídica,
la dimensión, la titularidad del capital y el ámbito geográfico de los mercados que
atienden.
En cuanto a la actividad económica, las empresas se clasifican en tres sectores:
primario, secundario y terciario. El sector primario crea valor al obtener recursos
de la naturaleza, como la agricultura, la ganadería y la minería. El sector
secundario transforma unos bienes en otros, como las empresas constructoras y
textiles. Mientras tanto, el sector terciario crea valor al ofrecer servicios, como
bancos, dentistas y médicos.
La forma jurídica de una empresa puede ser individual o sociedades mercantiles.
En una empresa individual, la persona física y la empresa son la misma entidad y
no tienen personalidad jurídica propia. Por otro lado, las sociedades mercantiles
tienen personalidad jurídica propia y pueden ser de un único propietario o de
varios.
La dimensión de una empresa se determina mediante diferentes criterios, como el
número de trabajadores, los beneficios o las ventas. Las empresas se clasifican
como PYME (microempresas, pequeñas y medianas) o gran empresa,
dependiendo de su tamaño.
La titularidad del capital puede ser pública, privada o mixta, dependiendo de si el
capital es exclusivo del sector público, del sector privado o una combinación de
ambos.
Por último, el ámbito geográfico de los mercados que atiende una empresa puede
ser local, regional, nacional o multinacional, lo que influye en su alcance y su
operación.
En cuanto al objetivo de la empresa, tradicionalmente se consideraba que era
lograr el máximo beneficio. Sin embargo, esta visión ha evolucionado hacia la
creación de valor para el cliente. Esta filosofía implica orientar la empresa hacia la
satisfacción de los clientes, lo que conlleva a maximizar el beneficio como una
consecuencia de crear valor para el cliente.
La creación de valor para el cliente se ha convertido en un enfoque crucial en la
gestión empresarial moderna. Según Porter, la cadena de valor introduce la idea
de que las actividades de aprovisionamiento, producción y distribución no solo
implican costos, sino que también agregan valor al producto final. La gestión de
relaciones de calidad con proveedores fiables es fundamental para el éxito
empresarial en este enfoque orientado al cliente.
Un aspecto fundamental en la gestión empresarial contemporánea es el enfoque
de los grupos de interés, propuesto por Freeman en 1984. Este enfoque sostiene
que las empresas deben gestionarse en beneficio de todos los grupos e individuos
que interactúan con ellas, conocidos como grupos de interés o partes interesadas.
Estos grupos pueden dividirse en internos y externos. Entre los internos se
encuentran los propietarios del capital, cuyo objetivo es aumentar el valor de la
empresa y obtener la máxima rentabilidad del capital aportado; los directivos, que
buscan sus ingresos, influencia o aumentar prestigio; y los trabajadores, cuyos
objetivos incluyen aumentar sus ingresos, promocionar y crecer en la empresa, así
como participar en la toma de decisiones.
Por otro lado, los grupos externos incluyen a los clientes, que buscan una
adecuada relación calidad-precio y un comportamiento adecuado por parte de la
empresa; los proveedores, que buscan aumentar sus ingresos y crear valor para la
empresa; los acreedores, que tienen derechos de cobro sobre la empresa y
desean que este cree valor para satisfacer estas deudas; el gobierno, que controla
que la empresa no supere los límites legales y se beneficia de los impuestos que
paga; y la sociedad en general, para la cual la empresa crea riqueza.
Además, la localización y la dimensión empresarial son decisiones cruciales que
las empresas deben tomar conjuntamente. En la localización industrial, suele ser
prioritario minimizar los costes de fabricación, mientras que en la localización
comercial, la facilidad de acceso al cliente suele ser determinante. Para tomar
estas decisiones, las empresas deben prever la demanda prevista, incluyendo el
número y tipo de clientes, así como su ubicación.
Los factores que determinan la localización incluyen facilitar la producción,
favorecer las ventas, minimizar costes, garantizar la cercanía y acceso a
mercados y proveedores, disponer de mano de obra cualificada, contar con
infraestructuras de transporte y comunicaciones adecuadas, y cumplir con la
legislación medioambiental.
La gestión empresarial moderna implica considerar cuidadosamente los intereses
de todos los grupos de interés, así como tomar decisiones estratégicas sobre la
localización y dimensión de la empresa, teniendo en cuenta una variedad de
factores internos y externos. Esto permite a las empresas adaptarse de manera
eficiente a su entorno y maximizar su contribución a la sociedad.
Un aspecto fundamental en la gestión empresarial contemporánea es el enfoque
de los grupos de interés, propuesto por Freeman en 1984. Este enfoque sostiene
que las empresas deben gestionarse en beneficio de todos los grupos e individuos
que interactúan con ellas, conocidos como grupos de interés o partes interesadas.
Estos grupos pueden dividirse en internos y externos. Entre los internos se
encuentran los propietarios del capital, cuyo objetivo es aumentar el valor de la
empresa y obtener la máxima rentabilidad del capital aportado; los directivos, que
buscan sus ingresos, influencia o aumentar prestigio; y los trabajadores, cuyos
objetivos incluyen aumentar sus ingresos, promocionar y crecer en la empresa, así
como participar en la toma de decisiones.
Por otro lado, los grupos externos incluyen a los clientes, que buscan una
adecuada relación calidad-precio y un comportamiento adecuado por parte de la
empresa; los proveedores, que buscan aumentar sus ingresos y crear valor para la
empresa; los acreedores, que tienen derechos de cobro sobre la empresa y
desean que este cree valor para satisfacer estas deudas; el gobierno, que controla
que la empresa no supere los límites legales y se beneficia de los impuestos que
paga; y la sociedad en general, para la cual la empresa crea riqueza.
Además, la localización y la dimensión empresarial son decisiones cruciales que
las empresas deben tomar conjuntamente. En la localización industrial, suele ser
prioritario minimizar los costes de fabricación, mientras que en la localización
comercial, la facilidad de acceso al cliente suele ser determinante. Para tomar
estas decisiones, las empresas deben prever la demanda prevista, incluyendo el
número y tipo de clientes, así como su ubicación.
Los factores que determinan la localización incluyen facilitar la producción,
favorecer las ventas, minimizar costes, garantizar la cercanía y acceso a
mercados y proveedores, disponer de mano de obra cualificada, contar con
infraestructuras de transporte y comunicaciones adecuadas, y cumplir con la
legislación medioambiental.
La gestión empresarial moderna implica considerar cuidadosamente los intereses
de todos los grupos de interés, así como tomar decisiones estratégicas sobre la
localización y dimensión de la empresa, teniendo en cuenta una variedad de
factores internos y externos. Esto permite a las empresas adaptarse de manera
eficiente a su entorno y maximizar su contribución a la sociedad.
Bibliografía
Alfaro, J. & Pina, M. (2020) Empresa y administración. Mc Graw Hill