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Alteraciones de La Conducta en El Anciano: Introducción

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TEMA 4 Alteraciones de la

conducta en el
anciano
Juan Carlos Cobo Domingo

1. INTRODUCCIÓN
Los cambios en la conducta, en nuestra manera de entender el mundo y de entender
a los demás, es la manera de vivir nuestra vejez. Los mayores, en la etapa final del camino
muestran en ocasiones conductas antes impensables o sorprendentes. No nos debe extrañar.
Si existiese la posibilidad de mirar la vida a través de los ojos de un anciano, observaríamos
estupefactos como en el momento de la vida en el que más necesitan el apoyo de los demás,
es precisamente el momento que escogemos para marginarlos, tratarlos como niños, y a veces
como verdaderos estorbos.
Todavía allí, nos daría tiempo a observar la influencia de la cercanía de la muerte en la
mente del mayor. Cuantos ancianos cambiarán su conducta queriéndonos expresar su deseo

La soledad. Una mala compañera.

Tema 4. Alteraciones de la conducta en el anciano 75


de luchar, de revelarse ante ese final anunciado o simplemente anunciando su renuncia a
batallar, incluso deseando pasar al otro lado después de una larga travesía.
Si además la persona mayor se ve asolada por el padecimiento de enfermedades tanto
físicas como mentales, la posibilidad de alterar su comportamiento se dispara, en mayor medida
cuando estas situaciones de enfermedad vienen acompañadas de sufrimiento, desarraigo de
su entorno y cambios tan brutales en ocasiones en sus costumbres y hábitos cotidianos, que
el anciano no sabe dónde mirar para buscar referencias de lo que fue, es y será en un futuro.
Otras veces, el anciano actúa limitando su actividad y expresiones afectivas sobre la base
de su ética o creencias de lo que significa el hecho de ser mayor, adecuando su conducta a los
estereotipos fijados por ellos mismos. En algunos casos, los cambios sobrevienen al encontrarse
el mayor desvalido, sin rumbo y a merced de lo que le ocurra. Estas situaciones en las que el
anciano/a es incapaz de adaptarse a los cambios, unidas a la labilidad emocional, procuran
un cuadro que precipita al anciano en el padecimiento de alteraciones mentales con suma
facilidad.
Pero sin duda, una de las preocupaciones más intensas y con mayor justificación en
ellos, es la posibilidad de encontrarse con aquella compañera, que cuando la buscamos se
convierte en maravillosa amiga y confidente, pero impuesta se torna en el máximo castigo
para el mayor. Nos referimos a la soledad, compañera de camino de no pocos ancianos.

Viviendo feliz.

76 Tema 4. Alteraciones de la conducta en el anciano


La soledad ejerce un efecto imposible de cuantificar en la mente del mayor, afectando
a su capacidad de relación, alterando los sentimientos y emociones ante distintas situaciones
de la vida, y en definitiva alejando al anciano del mundo que le rodea y de su propia realidad,
aflorando sentimientos negativos, conductas inadecuadas y disminuyendo la autoestima de
la persona, incapaz de mirar a su alrededor y encontrar personas cercanas, una mano amiga.

2. TRASTORNO DE LA CONDUCTA SEXUAL EN EL ANCIANO


En la famosa película española titulada “Volver a empezar”, primera ganadora del oscar
para el cine español, que relata la relación amorosa entre un hombre y una mujer, ambos de
edad avanzada, enfrentados a la última etapa de su vida, el protagonista masculino dice en
cierto momento algo parecido a “...la gente cree que los viejos ya no somos capaces de amar,
pero no es cierto...”. En ese amor quedan implícitos los deseos sexuales, parte fundamental del
deseo amoroso. Dicha historia retrata una verdad, el amor y el sexo nacen con las personas y
mueren con ellas.
Con los años las expresiones de la sexualidad cambian, quizás adquieran más experiencia,
y parezcan menos visibles e intensas, pero existen, de eso no hay duda. Sin sexo, una persona
posea la edad que posea no llevará una vida completa, porque la sexualidad en el ser humano
no es sólo un vehículo para disfrutar de la vida, también, quizás su significado esencial, es el
ser puente y cima de comunicación con el compañero o compañera y fuente de sensaciones
inagotable. Una vida sexual sana en el anciano conlleva con toda seguridad una vida más
completa y satisfactoria.

SEXUALIDAD EN ANCIANOS

MITOS EN SEXUALIDAD EN ANCIANOS

1) El sexo no es importante en la edad avanzada.


2) El interés por el sexo es un hecho anormal.
3) Si pérdida del cónyuge disuadir nuevas nupcias.
4) Es aceptable hombre>mujer, pero no al revés.
5) En instituciones es aconsejable separar a hombres y mujeres por sexos, evitando así problemas
de todo tipo.

Un hecho éste contradictorio con mitos sobre la sexualidad en el anciano, que creen
el sexo en el envejecimiento como extinguido y presente sólo en casos excepcionales. En la
tabla 1 podemos observar algunas de las creencias generalizadas sobre este aspecto, todas
ellas errores basados en el desconocimiento de las necesidades del ser humano, en la vejez.

Tema 4. Alteraciones de la conducta en el anciano 77


Desconocen quizás que si el anciano mantiene relaciones sexuales con regularidad es síntoma
de buena salud, y que éstas no tienen por qué ceñirse al coito, pudiendo expandirse en las
demostraciones de afectividad, las caricias, y la complicidad.
Hasta años recientes, la sexualidad en el anciano ha sido casi un tabú, como lo son en
muchos aspectos, el nacimiento de la sexualidad en el niño y el adolescente. Ello ha impedido
otorgarle el estudio profundo que merece este aspecto, aunque en los últimos años se ha
compensado esta desinformación con una variada bibliografía sobre el tema.

2.1. CAMBIOS FÍSICOS EN LA MUJER Y EL HOMBRE.


Desde una perspectiva fisiológica se puede decir que mujeres y hombres sufren ciertos
cambios en su respuesta sexual, pero ello no implica en absoluto la desaparición de la sexualidad,
pues ésta se puede mantener vigorosa en ancianos de edad avanzada. Los ancianos en principio
pueden conservar perfectamente la respuesta sexual en sus tres facetas principales, como son:
deseo, excitación y orgasmo.

RESPUESTA SEXUAL EN EL ENVEJECIMIENTO


MUJER HOMBRE
- Disminución del enrojecimiento sexual - Disminución débil de la erubescencia
ligado a la vasoconstricción. cutánea.
- Disminución de la contracción del - Erección más tiempo sin eyaculación.
esfínter rectal ligado al orgasmo.
- Disminución de la lubricación vaginal - Mayor de 50 años se dobla en el tiempo
y de las contracciones de la vagina y en lograr erección completa.
útero en el orgasmo.
- Sensibilidad del clítoris se mantiene - Disminuye la fuerza de eyaculación y la
igual de elevada que de joven. cantidad.
- No existe límite de edad para la - Aumento de tiempo de latencia para
actividad sexual. una nueva erección tras la eyaculación.

2.1.1. Cambios fisiológicos en la sexualidad femenina.


Toda mujer atraviesa un periodo unos pocos años antes de entrar en la vejez denominado
menopausia, caracterizado por una reducción de la producción hormonal (estrógenos). Pero
este acontecimiento no implica la desaparición para el resto de su vida del deseo sexual, siendo
cierto que mujeres en etapas posteriores a la menopausia, manifiestan un interés disminuido
por el sexo, explicando este cambio el hecho de mantener relaciones dolorosas por falta de
lubricación. En otros casos, la eliminación de la sexualidad de sus vidas responde a las creencias
que limitan o eliminan la posibilidad de la mujer mayor en mantener contactos sexuales, sobre
la base de razones de moralidad y “buen gusto”.

78 Tema 4. Alteraciones de la conducta en el anciano


Como decíamos, físicamente no existe justificación ante ausencia de enfermedad para
la pérdida del deseo sexual observada en mayores, y ello porque los estrógenos no determinan
la potencia sexual, que depende de otras hormonas (testosterona) secretadas por las glándulas
suprarrenales.
En la mujer podemos observar otras alteraciones posmenopáusicas en la función del
órgano sexual, generalmente no incapacitantes para la vida sexual, como son:
- Reducción de la lubricación vaginal, lo cual reseca la vagina, seguido de una
pérdida de elasticidad y consiguiente dolor en los actos coitales.
- Disminución de la coloración de los labios menores antes del orgasmo.
- Menor capacidad para la contracción del esfínter rectal, ligadas al orgasmo.
- Disminución del enrojecimiento sexual o erubescencia, a causa de la tensión
sexual, con una consecuente vasoconstricción.
Todo lo anterior puede provocar dolor en la mujer durante las relaciones sexuales, e
incluso impedirlas. Aunque si se mantiene la normalidad en las relaciones sexuales, el orgasmo
femenino suele mantenerse en buena disposición hasta edad prolongada, a menos que
intervengan causas limitadoras, generalmente enfermedades, no siempre de forma directa,
encontrándonos con preocupaciones referidas a enfermedad que alteran la respuesta sexual
de la persona. Cuando la enfermedad perjudica la sexualidad de la mujer, lo suele hacer por
afectación directa de los órganos genitales o bien por la perturbación que supone el dolor,
acompañante habitual de multitud de patologías.
Una mujer mayor con buena salud sexual conserva el periodo refractario del orgasmo,
es decir, el intervalo interpuesto entre un orgasmo y otro. Normalmente este intervalo suele
ser de escasísima duración en la mujer, incluso en bastantes ancianas. La sensibilidad del
clítoris se conserva prácticamente igual a la juventud. Muchas mujeres utilizan como excusa la
menopausia para detener y reprimir unas relaciones sexuales que no les agradan en absoluto.
Habría que achacar dicha impotencia a otras causas, probablemente psicológicas y ambientales
a menudo origen de las respuestas deficitarias en el ámbito sexual.

2.1.2. Cambios fisiológicos en la sexualidad masculina.
En el envejecimiento, incluso antes a partir de los cincuenta, el hombre puede percibir
un conjunto de cambios físicos más notables que dificulten su funcionamiento sexual. Entre
ellos podemos destacar:

Tema 4. Alteraciones de la conducta en el anciano 79


- Con el paso de los años aumenta la lentitud de la erección.
- Puede aparecer caída de la erección durante el coito o acto sexual.
- Disminuye ligeramente la erubescencia cutánea.
- La cantidad de semen durante la eyaculación se reduce.
- El tiempo necesario para una nueva erección tras la eyaculación (período
refractario), aumenta inexorablemente con los años. Algunos ancianos pueden
necesitar horas para tener una nueva erección, y en otros casos pueden esperar
días, semanas o quizás meses.
La lentitud de la erección, la incapacidad para provocar más de una erección durante
un encuentro sexual, eyacular menos semen y otros problemas pueden acomplejar al hombre
conforme este envejece. Estas disfunciones pueden ser esporádicas y no afectar de forma
implacable al hombre, permitiéndole disfrutar de una feliz sexualidad. No son extraños los
casos de hombres con una potencia sexual envidiable durante el envejecimiento.
El gran enemigo de la sexualidad masculina durante la madurez y principios de la vejez,
se halla en su propia estima, pues si observa un declive en sus cualidades sexuales puede
angustiarse desproporcionadamente, temeroso de caer en la impotencia. Y es precisamente
por ese camino por el que se llega a una impotencia psicológica severa, no tratable con la
famosa píldora de la sexualidad, la viagra. Entonces debe acudir a un especialista para resolver
su incapacidad.
Las demandas sexuales de sus compañeras, que probablemente conservan casi toda su
capacidad de excitación y orgasmo, pueden abrumar a algunos hombres con ciertas dificultades
sexuales. Por ello, la ayuda de la mujer mediante el entendimiento, la paciencia y la sinceridad,
se convierte en básica para no agravar la angustia del compañero.

2.2. FACTORES DEBILITANTES EN EL COMPORTAMIENTO SEXUAL DEL


ANCIANO.
Cada persona desarrolla de forma particular su sexualidad. En la vejez pueden interferir
varios factores externos que apaguen el deseo sexual. La pérdida de apetito sexual en el
anciano, y en general en cualquier persona, resta uno de los estímulos básicos para alcanzar
la felicidad personal. En el envejecimiento en verdad no suele producirse una merma física
tal que imposibilite las relaciones sexuales, sino una ocultación o represión de la misma
originado por diferentes causas. Los impedimentos psicológicos son a menudo por encima
de los fisiológicos, los culpables de una sexualidad insatisfecha.

80 Tema 4. Alteraciones de la conducta en el anciano


FACTORES DEBILITADORES DE LA RESPUESTA SEXUAL

- Monotonía en relaciones sexuales repetitivas.


- Fatiga psicológica y física.
- Abuso de comida y alcohol.
- Preocupaciones de orden socioeconómico (estrés).
- Enfermedades físicas y/o psicológicas.
- Temor al fracaso sexual relacionado con edad.
- Autoinhibición por prejuicios propios y de otros.

Los factores sociales afectan en gran manera la expresión de la sexualidad del anciano.
Muchas personas, quizás sus propios hijos, pueden criticar actitudes vitales en el anciano,
sobre todo en el referido al contexto, pretextando que a tales edades se ha de tener una cierta
compostura y mesura para mantener la respetabilidad y porque acaso se accidenten. Quizás
se confunda compostura y mesura, maquillando conductas de desaprobación, asociando
sexualidad en mayores con vicio favoreciendo la represión de una sana vitalidad tan beneficiosa
para la salud y para la calidad de vida en general.
Quizás la sexualidad más traumática en la vejez se encuentre en los viudos, especialmente
en las mujeres, y en menor grado los separados, a quien ciertas personas, quizás sus propios
familiares impiden o critican una nueva relación con otra persona. También pueden determinar
un descenso del apetito sexual las preocupaciones y las penurias económicas. El consumo
excesivo de alcohol y tabaco, puede contribuir a empeorar la respuesta sexual. Ciertos
medicamentos pueden inhibir el deseo sexual del mayor o alterar las sensaciones normales
consecuentes al acto sexual.
Las enfermedades pueden obstaculizar severamente la práctica sexual del anciano,
bien por su propio efecto sobre el organismo o por causar temor en el enfermo a agravar la
enfermedad. Puede ocurrir que la práctica sexual mejore la salud del enfermo. Pero cuando surja
la duda el anciano debe consultar al médico, aspecto este en la práctica altamente improbable
por el pudor tan común en nuestros mayores a la hora de referir preguntas de esta índole.

2.3. POR UNA SEXUALIDAD FELIZ EN LA VEJEZ.


El sexo en la persona responde a una de sus más íntimas libertades, que debe ser en todo
momento respetada. El ser humano porta su sexualidad hasta la vejez, ésta no se ha creado
sólo para los más jóvenes. Por ello no debe reprenderse al anciano que se preocupe de cuidar

Tema 4. Alteraciones de la conducta en el anciano 81


su aspecto. La persona mayor, cualquiera que sea su edad, tiene tanto derecho como otra a
buscar un compañero o compañera con quien compartir su vida.
Los ancianos con una pareja estable, disponen del mayor acicate para desarrollar una
vida sexual regular, que evite los sobresaltos. Para mantener un buen nivel de actividad sexual
en la pareja, ambos componentes deben cuidar su salud en lo posible y compartir el gozo
sexual. A veces la convivencia en una relación se basa en la aceptación del mismo concepto
sobre la finalidad de la sexualidad.

3. TRASTORNOS DE LA CONDUCTA DEBIDOS AL PROCESO DE


DUELO
La vejez sea quizás una época más frágil en la vida de la persona para aceptar la pérdida
de un ser querido. El anciano puede sufrir la desaparición sucesiva de amigos de juventud, lo
cual lo va aislando más del mundo nuevo que le rodea. El golpe más duro se produce cuando
fallece el cónyuge. Un verdadero trauma para el que se queda. De pronto la muerte se ha
presentado y ha roto una unión de años. La persona mayor siente casi que sólo es la mitad
de sí misma. Le falta su otra mitad. Acostumbrarse a vivir sin su pareja le provocará un gran
dolor y a veces deseos intensos de morir para estar cerca de su compañera/o.
El ilustre premio Nóbel Severo Ochoa, tras la muerte de su mujer sufrió una tremenda
crisis, anhelando sin descanso el momento de reunirse con su pareja, lo que independientemente
de enfermedades y padecimientos, precipitó con seguridad una muerte que de otra manera,
quien sabe, quizás no se hubiera producido con tanta premura.
El proceso de duelo ha de entenderse como una respuesta cultural, consciente o
inconsciente ante la pérdida de un ser querido. El duelo consiste en aceptar la desaparición de
esa persona y rehacer de nuevo la vida, es en definitiva el sufrimiento por la pérdida, en este
caso de un ser querido. Pero entremedias surge la tristeza y el aislamiento. Aceptar el hecho,
exigirá dolor y un periodo indeterminado para recuperar el ánimo, cada persona necesita
su tiempo. Superado el dolor, necesitará retomar la vida y sus posibilidades, pero desde una
actitud distinta, pues desde ese momento en cierta forma debe empezar a hacer sólo o con
otra persona cosas que antes compartía con el desaparecido.
Pero esta aceptación y el dolor asociado a ella, se desarrolla de forma particular en
cada persona. Por ejemplo, las circunstancias de la muerte (si fue en un lento proceso o
repentinamente), la herencia cultural y religiosas del sujeto, la fortaleza frente a situaciones
dolorosas, su estabilidad mental, la ayuda que reciba de sus allegados, o su estatus económico
y social determinan la respuesta ante la pérdida.

82 Tema 4. Alteraciones de la conducta en el anciano


En ciertas culturas la muerte se concibe con la entrada en una vida mejor, lo que
amortigua la inquietud de sus familiares. Los rituales y ceremonias funerarias poseen un
alto valor simbólico y tranquilizador para el afectado, pues con ello se convence de que el
desaparecido va preparado al otro mundo. En fin, cada persona, cada cultura buscan dar
significación y consuelo frente a la muerte.
Dado la gran energía física y emocional quemadas en el proceso de duelo, el anciano
con un mayor estado de fragilidad, puede necesitar más ayuda para remontar su situación.

3.1. FASES DEL DUELO.


Las etapas que describimos, jerarquizadas por Margarita Kubler Ross a continuación
sólo poseen un valor orientativo. Aún cuando la mayoría de aquellos que perdieron a alguien
querido atraviesan por estos periodos, no todos los sufren en el mismo orden ni durante el
mismo tiempo. Las características individuales y la cultura heredada, particularizan cada caso.
• Fase 1: negación. El periodo inmediato a la pérdida de un ser querido golpea al
individuo, le conmociona y desorienta, creando una sensación extraña de incomprensión y
rechazo ante lo sucedido, poniendo en duda la credibilidad del suceso. Si la muerte aparece
inesperadamente la desorientación aumenta. Aún cuando se conocía el desenlace desde tiempo
atrás, la constatación de lo esperado aturde. En esas primeras horas e incluso durante varios
días la persona puede mostrarse aislada, incapaz de comunicar sus sentimientos. Ver el cuerpo
del fallecido o asistir al entierro puede despertar a la persona a la realidad del hecho.
Quizás algunos no puedan soportar el dolor provocado por tales acontecimientos y
rehúsen el presenciarlos. Estas actitudes de rehuir en todo momento la muerte del ser querido
puede persistir, y dificultar en el futuro la aceptación y el restablecimiento.
• Fase 2: ira. Normalmente, al poco tiempo se desvanece el aturdimiento y surge en
su lugar una profunda inquietud y ansiedad por no tener presente a la persona querida y
por la evidencia de que la pérdida se ha producido, aún no pudiendo totalmente concebir la
pérdida de la persona. Aparece el anhelo de buscar y recobrar a la persona desaparecida, pero
el fracaso sólo consigue frustrar más aún su deseo, apareciendo conductas agresivas, centradas
en el entorno y personas más cercanas. En este estado, no tendrá la suficiente paciencia para
dedicarse a una actividad para distraerse y sublimar la agresividad en actividades inofensivas.
Probablemente aparezca insomnio en las noches, y si consigue dormir puede sufrir frecuentes
pesadillas que le atormentan.

Tema 4. Alteraciones de la conducta en el anciano 83


Todos estas circunstancias pueden alimentar la ira en el individuo por la pérdida, y
arrastrado por este sentimiento buscará responsabilizar a alguien, médicos, familiares o amigos.
Buscar una explicación y culpar a los demás responde a esa búsqueda. Incluso puede llegar a
culparse a sí mismo, pues según siente no hizo lo suficiente antes de la muerte para evitarla.
Quizás le remuerda la conciencia por sentir alivio si el desaparecido sufría una enfermedad
especialmente dolorosa. En realidad no hay nada anormal en esta sensación pues suele aparecer
en todas las personas como una respuesta natural tras el largo sufrimiento de un ser amado.
• Fase 3: regateo. Al poco tiempo, los intervalos de desasosiego alternan con periodos
de tristeza, apareciendo una conducta curiosa, el mayor es posible que intente “cambiar” el curso
de los acontecimientos, ofreciendo para ello recompensas y transformaciones a nivel personal
en el regateo que se establece, normalmente con un ente superior, Dios. El sujeto se aísla y se
muestra a menudo silencioso, tan pronto como se enfurece. La alternancia imprevisible de su
ánimo confunde a los allegados. Pero no deben preocuparse excesivamente, estas reacciones
forman parte de la recuperación del afectado.
• Fase 4: depresión. La tristeza se estabiliza, y la agitación empieza desaparecer,
mostrando signos evidentes de la toma de conciencia de la situación y de que volver atrás
resulta del todo imposible. Cualquier motivo puede provocar su llanto. Marcadamente amigos,
objetos, lugares, fotografías vinculadas a la persona fallecida. En esta época quizás le convenga
apartarse de aquellos que no comprenden o comparten su dolor. Aún no se debe forzar al
“doliente” el intento por retomar hábitos y costumbres normales en su vida.
En su aparente apatía, llena de tristeza, recuerda a la persona ida, las desgracias y alegrías
vividas a su lado. Esto significa que se encuentra cerca de aceptar en toda su dimensión la
realidad de la muerte de su ser querido.
• Fase 5: aceptación. Conforme avancen los días el dolor se irá mitigando, en proporción
inversa al aumento de la aceptación de la pérdida en un sentido amplio. La tristeza se aplaca, y
el ánimo empieza a estar dispuesto a pensar en otros temas. Empieza a preocuparse del futuro.
Pero lo cierto es que la pérdida de un ser querido no la compensa nada, sólo se puede superar,
pero no olvidarla.
Reaparece lentamente la capacidad de distraerse, reírse y otras sensaciones olvidadas.
Ha logrado aceptar la pérdida y puede reintegrarse a la vida. Pero aún con ello, mucho tiempo
después puede sentir deseos de hablar con el desaparecido como si aún existiera, o compartir
experiencias de la vida diaria. Una conducta frecuente en nuestros ancianos, y a veces también
en personas jóvenes, es la inhibición total en lo referente a nuevos contactos y relaciones
personales.

84 Tema 4. Alteraciones de la conducta en el anciano


3.2. DUELO PATOLÓGICO.
Se entiende por duelo patológico cuando un sujeto ha sufrido la pérdida de un ser
querido y se muestra incapaz de restablecer la normalidad física y mental que poseía antes de
dicha muerte. Estos casos presentan las siguientes características:
- No hay signo de reacción afectiva en las primeras semanas.
- Actúa con normalidad, como si la pérdida no hubiese tenido lugar.
- Comenta planes futuros en los que interviene la persona desaparecida.
- Rechaza el contacto con personas cercanas que intenten orientarla y ayudarla
a aceptar la realidad.
- Aparecen sentimientos desproporcionados de culpa.
- El duelo se alarga más de año y medio o dos años.
- Se niega pertinazmente a aceptar la pérdida y por ello mantiene todo
exactamente igual a cuando la persona vivía (ropa, habitación, comidas que le
gustaban, etc.).
- Presenta alteraciones bruscas de conducta.
- Sufre diversos problemas psicológicos: insomnio, fobias, ansiedad, depresión,
alucinaciones del ser desaparecido.
Las actitudes sospechosas las ejemplifican los estados de aquellos que parecen no estar
afectados por ningún tipo de duelo. Quizás se deba a su fortaleza interior para superar estos
trances. Pero también caben muchas posibilidades de que sean incapaces de expresar su dolor,
mostrando a la larga extraños comportamientos o depresiones originados en el triste suceso
que ha tratado de evitar.
La desaparición provoca en algunos un periodo de desorientación más prolongado de
lo normal. Son corrientes los casos de personas que convierten su vida en una ceremonia en
recuerdo continuo del fallecido, con tintes obsesivos. La tristeza puede llegar a embargar a
otros de tal modo, que pierdan el apetito y el deseo de iniciar cualquier actividad. Para este
último, en situación extrema con anorexia, se hace ineludible la intervención del médico.
Otros afectados por la pérdida de un ser querido, pueden superar rápidamente el
fallecimiento debido a sus compromisos laborales, a la constante ayuda de sus amigos y
familiares o por otras causas que le impiden pensar demasiado en ello.

3.3. MEDIDAS PARA FACILITAR EL DUELO.


Después de la muerte de un ser amado, generalmente transcurre un tiempo para
que el afectado asuma la pérdida, como un tiempo necesario para desarrollar un duelo

Tema 4. Alteraciones de la conducta en el anciano 85


normal. Sobre todo, nadie debe acelerar la superación de la muerte. Cada persona requiere
su tiempo. Superar falsamente el duelo puede acarrear graves secuelas en el futuro.
La actuación de familiares y amigos debe encaminarse a la prestación de todo el
apoyo y ayuda necesario durante ese periodo tan doloroso. Resulta saludable para una
persona en proceso de duelo, expresar sus sentimientos y tristezas a una persona cercana.
Cuando habla sobre ello o llora, cosa que hará a menudo, la presencia del familiar y amigo
en cierta forma ayuda a compartir la pena, mostrándole que no está sola en su aflicción. La
sutileza de los allegados en estos casos se agradece, pero no deben intentar borrar de sus
conversaciones el nombre de la persona desaparecida, pues el doliente puede interpretarlo
como olvido y desinterés; entonces crece la sensación de soledad.
Por otra parte, en los días señalados (cumpleaños del muerto, día de la boda si era su
cónyuge, etc), el encontrarse rodeados por los íntimos mitigará el dolor de tan importantes
recuerdos. En los ancianos viudos la pérdida se hace insustituible, pues además muchos deben
vivir desde ese momento en soledad y habrá multitud de actividades de las que se encargaba
el fallecido (cocinar, hacer la compra). Prestar ayuda para realizar estas tareas aliviará algo al
afectado.
Existe una ayuda especializada para afrontar con fortaleza estos desgraciados sucesos.
Suelen plantearse como sesiones orientativas dirigidas a:
- Prestar un apoyo constante. A explicar las características de un proceso normal
de duelo.
- Ayudarle a conocer las particularidades de su caso.
- Facilitar al afectado el comprender los sentimientos surgidos por la muerte del
ser querido y a expresarlos (como son el desamparo, la tristeza, la ira, la rabia,
la culpa, la ansiedad).
- Ayudarles a descubrir los problemas que sufre para superar la pérdida, tarea
complicada por el distorsionamiento intenso de la capacidad para pensar y
meditar que se da en el duelo.
- Intentar que el afectado empiece a contemplar el vivir sin el desaparecido,
superando su recuerdo y reiniciando su vida, con la búsqueda de nuevas metas
y relaciones.
- Fortalecer su ánimo cuando debe enfrentare a momentos especiales relacionados
con el fallecido como cumpleaños y aniversarios.
- Si se considera difícil las circunstancias del afectado se le debe recomendar un
especialista que le ayude a recuperar una vida normal.

86 Tema 4. Alteraciones de la conducta en el anciano


4. ANSIEDAD
La ansiedad se define como un trastorno psicológico en el que el individuo padece un
temor injustificado y desproporcionado respecto a un objeto, persona o situación. Se denomina
a veces como nerviosismo, tensión, preocupación.
La ansiedad o miedo irracional en principio, y sin rasgos patológicos, participa en
la vida cotidiana de la persona. Mediante un estado aceptable de ansiedad el individuo se
prepara ante una situación que sabe difícil o que estima con peligro, preparando la respuesta.
En niveles adecuados sirve como impulso para enfrentarse a momentos complicados, y es
un medio muy útil para lograr una conducta adaptativa del individuo a su entorno y para su
propia conservación.
Pero cuando un sujeto muestra un estado de alerta desmesurado respecto al estímulo
que lo provoca, sí se puede considerar la ansiedad como un problema. Ante una gran ansiedad
las respuestas adaptativas del afectado se bloquean. Estas dificultades afectarán a su vida diaria
en la que hechos sencillos se convertirán en grandes retos, aumentando más la intensidad de
su respuesta de alerta.
En casos profundos el individuo puede ir perdiendo la capacidad de relacionarse y de
realizar su trabajo. La ansiedad no tratada normalmente, tiende a crecer y a incapacitar al
individuo para una vida normal. En estos casos, la labor de un especialista resulta imprescindible
en la solución y control de la ansiedad.
Como consecuencia de estados de ansiedad, el individuo no razona adecuadamente y
sufre temores irracionales, a menudo como si fuera a sobrevenir un hecho trágico y de grandes
dimensiones, característica esta, presente en las crisis de ansiedad, además de la sensación
subjetiva de muerte inminente, palpitaciones desaforadas, incapacidad en controlar la situación,
estado de alerta máximo, etc. Por ejemplo, puede convertir algo pequeño y pacífico en algo muy
grande y ofensivo. Un rasgo frecuente en personas afectadas por la ansiedad son las fobias,
rechazo y miedo a cualquier cosa que el sujeto asocie por diferentes caminos a un peligro. Una
fobia puede tener un referente real en el pasado para justificar relativamente tal aversión. Si
alguien le muerde un perro de niño, puede asustarse si ve después alguno y crear un rechazo
sistemático de cualquier perro, pues asocia el perro al mordisco y al dolor.
Pero en el aspecto de causas de ansiedad, casi nunca se hallan orígenes tan claros al
problema. La ansiedad favorece la inseguridad del individuo ante multitud de situaciones que
no se imagina capaz de afrontar. La pérdida del autocontrol es una de las mayores obsesiones de
una persona con una fuerte ansiedad, y el esfuerzo por impedirlo crea más tensión y ansiedad,
favoreciendo la pérdida de control, por lo tanto se establece un círculo vicioso con tendencia
a evolucionar en intensidad y malignidad. La ansiedad puede abocar a una honda sensación
de aislamiento y de soledad.

Tema 4. Alteraciones de la conducta en el anciano 87


Las consecuencias somáticas (reflejo corporal) de la ansiedad surgen como taquicardias,
palpitaciones, sudoración, sequedad en la boca, nudos en el estómago, náusea, sensación de
debilidad y desazón en el cuerpo, temblores en piernas y manos, pinchazos en distintas zonas.
En el anciano, la ansiedad suele estimular la aparición de hipocondria.
Descubrir el origen de la ansiedad no suele ser una tarea fácil en multitud de ocasiones,
pues la ansiedad puede presentarse como síntoma en todos los trastornos psiquiátricos. Por
ejemplo, ocurre a menudo con la depresión. El síndrome de ansiedad también puede provenir
de una enfermedad orgánica, o propiciada por el consumo de ciertas drogas o medicamentos.
Las especiales circunstancias del anciano, su tendencia a enfermar, a disminuir su
capacidad física, a su discriminación social, una maltrecha economía, su ingreso en una
institución, pérdida del cónyuge, hacen de la ansiedad un suceso nada raro.

4.1. TRATAMIENTO DE LA ANSIEDAD.


Cuando se descubre el problema lo adecuado es dirigir al afectado a un psicólogo. Éste
profesional deberá, como primer paso, hallar el origen inconsciente que provoca la actitud de
hiperalerta en el paciente. Después intentará:
- Favorecer que expulse al exterior sus pensamientos y sentimientos sobre la
ansiedad.
- Procurar el autoconocimiento del afectado, para que reconozca las situaciones
más proclives a la aparición de la ansiedad, y qué impulsos psíquicos y físicos le
preceden.
- Estudiar cómo afronta los conflictos interiores, pensamientos surgidos con la
ansiedad, y cómo puede mejorar su respuesta ante estas situaciones.
- Ayudarle a detectar los pensamientos negativos anticipados, que desencadenan
con celeridad la ansiedad.
- Ayudar al enfermo a meditar sobre sus problemas. La meditación facilitará su
sosiego.
- Disminuir las consecuencias somáticas de la ansiedad. Para ello buscará fórmulas
apropiadas para la tranquilización del sujeto. Las técnicas de relajación facilitarán
al paciente el control de sus constantes, la ruptura y anticipación a los comienzos
de la ansiedad, evitando situaciones de hiperactividad.

88 Tema 4. Alteraciones de la conducta en el anciano


- La hipnosis puede ser adecuada como medio de relajación en determinadas
personas y apoyo en la terapia psicológica del mayor.
- Administración de fármacos ansiolíticos y otros tipos de fármacos en el
tratamiento de las consecuencias de la ansiedad (hipnóticos, tranquilizantes,
calmantes incluso placebos en casos muy localizados y bajo estricta prescripción
médica).
- Los medicamentos deben ser un complemento de la psicoterapia y no una
solución exclusiva. El uso de estas sustancias requiere precaución por el peligro
de ingerir grandes dosis y porque un consumo dilatado puede crear tolerancia
y adicción.
Cuando se trata o cuida a un paciente con ansiedad la persona encargada debe tomar
una serie de prevenciones, como son:
- Cuidar a una persona con ansiedad resulta un trabajo arduo, pues suele ser muy
exigente con el cuidador, y nunca se muestra satisfecho con su labor.
- Esta actitud puede llegar a cansar al cuidador, provocándole asimismo una
creciente ansiedad. Por ello debe vigilar sus propias reacciones cuando trate a
personas tan difíciles de contentar.
- No discutir con el afectado por la ansiedad y querer imponerle lo exagerado
de sus temores respecto a su salud u otras preocupaciones que le angustien.
Recuerda que el paciente ansioso las siente como reales.
- Sería erróneo exigir un comportamiento más equilibrado a estos pacientes. Esto
tan solo favorecería su inseguridad, su fragilidad y un aumento de la ansiedad
y de las reacciones de hostilidad hacia el cuidador.
- Agradecen más una actitud solidaria pero no exigente, donde el otro simplemente
se limite a darle compañía sin juzgarlo.
- No trate al enfermo de forma infantil, al intentar serenarle por medio de frases
optimistas y demasiado simples, del tipo “no pasa nada, ya verás como se te
pasa” o “a mí me pasó lo mismo y luego me preguntaba por qué me asusté tanto
por nada”.
- En muchas ocasiones el cuidador puede adquirir del paciente su tristeza, y sus
sentimientos de frustración. El paciente puede juzgar entonces a su cuidador
como demasiado débil e ineficaz para su labor de apoyo, que incluso puede
empeorar sus problemas, iniciando pruebas y actividades para poner a prueba
al cuidador.

Tema 4. Alteraciones de la conducta en el anciano 89


5. AGITACIÓN
Podemos describir la agitación en el anciano como un estado continuado de inquietud,
excitación o comportamientos reiterativos y desmedidos, fuera del control de la persona mayor,
hechos que además no parecen tener un objetivo determinado. La agitación se caracteriza
principalmente por un considerable aumento de la actividad.
Las manifestaciones más frecuentes en una persona agitada son movimientos repetitivos,
mover cosas, actitudes repentinas como las siguientes:
- Gemidos, llantos.
- Movimientos bruscos de los brazos.
- Hace ruidos sin ninguna finalidad detectable.
- Deambulación con pasos rápidos.
- Pregunta repetidamente sobre el mismo tema.
- Intentos para fugarse de su hogar.
- Mueve los muebles, y los coloca en otro lugar.
- Frotarse las manos.
- Se rasca o araña la piel constantemente.
- Se balancea con frecuencia.
Cuando la persona se agita de forma repentina pueden aparecer otros síntomas como
confusión, taquicardia, palpitaciones y otros.
La agitación puede originarse por el padecimiento de determinadas enfermedades o
por diferentes trastornos mentales. El padecimiento de casos agudos de infección o reacciones
alérgicas, pueden estimular los estados de agitación. Se pueden observar con frecuencia estos
fenómenos en enfermedades crónicas como hipertiroidismo, los trastornos cerebrovasculares,
crisis de ansiedad, etc. La demencia en su etapa inicial o media, como la enfermedad de
Alzheimer, cuando la persona es consciente de su progresiva merma de facultades, puede dañar
su estima y tornarlo agresivo, derivando a veces en una especie de rebelión contra el proceso
y contra él mismo al no reconocerse en su estado actual.
En todas las alteraciones (fracturas, enfermedades) que restringen los movimientos, la
persona puede mostrarse frustrada por su falta de independencia, y por ello se agita. Puede
sumarse como causas de agitación, la ansiedad, los sentimientos de inseguridad y confusión,
una sobreestimulación motivada por ejemplo por un exceso de ruidos. Los cambios bruscos
del entorno también pueden conducir a estados agitados. En algunas ocasiones la agitación es
un medio para demandar la atención de los demás en personas aburridas, sin nada que hacer,
deprimidas, quizás también porque no le dedican el suficiente tiempo los que le rodean. A

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veces la administración de ciertos fármacos puede provocar la agitación, ya que la acción de
los medicamentos está alterada en el organismo anciano, facilitando la aparición de reacciones
adversas a fármacos, en algunos casos vitales en la supervivencia del mayor.

5.1. MEDIDAS ADECUADAS PARA ACTUAR EN CASO DE AGITACIÓN.


Cuando se conoce la causa médica que origina la agitación, una terapia apropiada sobre
la causa remediará el problema. Aunque no siempre es así, especialmente en enfermedades
irreversibles como el Alzheimer. La presencia de agitación en el paciente, exige a su cuidador
un comportamiento característico, basado en las siguientes medidas:
- Aceptar la agitación de la persona como un efecto de la enfermedad.
- Acercarse al sujeto con serenidad y ánimo conciliador. Hay que escucharle.
Nuestras respuestas deben ser sinceras. Proporcionarle seguridad.
- Si se discute con el paciente empeoraremos su estado de agitación.
- Hablarle con calma. El afectado no debe percibir en el cuidador signos de disgusto
o nerviosismo.
- Obviar los insultos, frases hirientes y otras agresiones verbales proferidas por
el paciente, ya que no contienen en la mayoría de los casos, un fundamento y
animadversión hacia el cuidador.
- Crear a su alrededor un ambiente tranquilo, evitando todo aquello que puede
sobreestimularle (televisión, radio). Una música suave ayudará a su sosiego.
- Preservar la rutina de cada día favorecerá su tranquilidad. Cuantos menos
cambios en personas encargadas del cuidado, horarios y actividades mejor.
- Enfocar su excesiva actividad hacia ocupaciones alternativas, que le entretengan
y gratifiquen, a la misma vez que liberen tensión sin riesgo de accidente.
- El ejercicio físico es una excelente opción para encauzar su actividad, amén de
un excelente medio de relajación.
- Practicar alguna técnica relajante con el paciente (por ejemplo masajes). Pueden
servir también aparatos como cintas de relajación.
- Reducir sus movimientos. Para ello se puede presionar ligeramente la pierna,
brazo o allí donde se manifieste la agitación, pidiéndole con cordialidad que se
tranquilice. Conforme ceda en su movimiento agitado, le dejaremos de presionar
gradualmente.
- Si su agitación sobrepasa lo aceptable, para evitar su propio daño y para preservar
la seguridad del cuidador, éste último debe pedir la ayuda de otras dos o tres
personas para inmovilizar al paciente en condiciones de seguridad y eficacia.

Tema 4. Alteraciones de la conducta en el anciano 91


6. AGRESIVIDAD
Se produce una conducta agresiva cuando la persona ataca física o verbalmente a
otros individuos o a sí misma. El origen de tales comportamientos es múltiple. Suele surgir por
sentimientos de incapacidad o frustración, en situaciones depresivas o por un cambio brusco del
entorno habitual de la persona. También la agresividad puede ir asociada a delirios, alucinaciones,
demencias, etc. Los fármacos pueden estimular la aparición de casos agresivos.
En los ancianos depender para las tareas de la vida diaria, sobre todo las más sencillas
e íntimas, de un cuidador o familiar, les provoca una sensación frustrante de impotencia e
indefensión. De ahí pueden pasar al insulto o ataque a su cuidador, que él juzga un enemigo de
su propia autonomía e invasor de su intimidad. Los impedimentos físicos pueden igualmente
incapacitar a la persona y con ello frustrarla, pasando posteriormente a un comportamiento
agresivo. La pérdida de importancia social de la persona mayor, la muerte de amigos y personas
queridas puede acumularse negativamente en el interior del anciano, y conducirlo a respuesta
agresiva hacia el exterior.

6.1. MEDIDAS ACERTADAS PARA CONTROLAR LOS COMPORTAMIENTOS


AGRESIVOS.
Cuando se presenta una conducta agresiva en el individuo lo indicado es acudir al médico.
Éste determinará si hay enfermedades u otros motivos que justifiquen su comportamiento.
Muchos de los familiares de estos pacientes intentan como primera opción para solucionar el
problema el uso de fármacos. Es un error. Los medicamentos deben prescribirlos el médico, y
además se recurre a ellos después de intentar otras vías de tratamiento. Posibilidades de gran
utilidad para el cuidador o familiar que convive con la persona de conducta agresiva, son las
recomendaciones que exponemos a continuación:
- Favorecer en lo posible la autonomía del afectado, sobre todo en tareas diarias de
especial intimidad para la persona. Contribuirá a reforzar su confianza, evitando
su frustración y los sentimientos de minusvalía.
- No realizar cambios bruscos en el entorno habitual de la persona. El
mantenimiento de su rutina es vital en estos casos.
- Facilitar actividades a la persona para que se distraiga y concentre. Con ello
mantiene su energía dirigida hacia algo constructivo.
- Dirigir a la persona hacia una conducta amable, mediante recompensas si logra
controlar su agresividad.
- La mejor medida ante un acto agresivo o palabra ofensiva es conservar la calma,
no tomar en cuenta su conducta. Si le devolvemos agresividad como respuesta,

92 Tema 4. Alteraciones de la conducta en el anciano


podemos exacerbar su agresividad. Funciona mejor las palabras serenas y
cordiales, eso sí, manteniendo un tono firme y decidido, no autoritario.
- En momentos de agresividad, hay que acercarse al enfermo con tranquilidad
explicando por qué actuamos de esa forma, con preguntas sobre el porqué de
sus acciones. Debe percibir en todo momento nuestra solidaridad con su estado.
Debemos intentar que olvide su furia proporcionándole alguna distracción.
- Si se ha de utilizar alguna técnica para apagar su agresividad, lo mejor es
sujetarle los brazos sin presionar demasiado y esperar con paciencia hasta que
llegue el sosiego. En casos de extrema agresividad, mantenerse lejos del alcance
manteniendo contacto visual con el anciano agresivo.
- Reaccionar ante su agresividad aceleradamente, con gritos, con un tono alarmado
y amenazante, reduciendo con brusquedad su agresividad, sólo conseguirá
aumentar su furor y retrasar el fin del suceso agresivo.

7. DELIRIO
El delirio se define como una alteración mental, caracterizado por una interpretación
errónea de la realidad circundante, desorientación espacio-temporal, ver u oír cosas
inexistentes, falsas creencias (sospechas) e ideas fantásticas. Los productos del delirio no
pueden argumentarse lógicamente. Además los sujetos delirantes expresan una supresión
total o parcial de las referencias socioculturales del individuo, así como pérdida del sentido
de la dignidad personal (le pueden sobrevenir ideas de culpa sin ninguna base). Muchos
productos del delirio se fundamentan en datos fieles a la realidad, produciéndose la
distorsión en la forma de interpretar y analizar los hechos.
Debemos especificar que la utilización de los términos “delirante” o “alucinación” en
muchas ocasiones resulta incorrecta, pues los emparentan directamente con locura, lo cual
no responde a la realidad.
En el anciano se encuentra un porcentaje de casos de delirio muy superior a otros grupos
de edad. El delirio suele sobrevenir por daños cerebrales, casos muy desarrollados de demencia,
fiebres altas, deterioro de los sentidos (vista, oído), depresiones profundas, por intoxicación de
ciertos medicamentos o como parte de ciertos trastornos mentales (esquizofrenia, paranoia).
Factores externos como un cambio de residencia, o el aislamiento social, pueden predisponer
al delirio en ciertos ancianos.

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7.1. ACTUACIÓN EN CASOS DE DELIRIO O ALUCINACIÓN.
Al surgir los primeros episodios de delirio, el paciente debe ser observado por un médico.
Después se buscará las causas médicas si no se preveían antes (por ejemplo en un proceso de
demencia). Por precaución, si el anciano toma una medicación vital, se le reducen o anulan
los fármacos no esenciales. Puede ser imprescindible en estados de fuerte agitación o psicosis
la administración de fármacos.
El cuidado de un paciente con delirio o alucinaciones, requiere una educación de
la familia para aprender a calmar los estados delirantes. Sea la familia o el cuidador quien
se encargue del paciente, puede seguir algunas de estas acciones cuando surja el delirio o
alucinación:
- Crear un entorno en el que sienta seguro, con iluminación adecuada a la hora
del día, evitando factores sobreestimulantes como ruidos y contraste de luces.
- Reorientar a menudo al paciente sobre el día, la hora y el lugar donde se
encuentra.
- En algunos pacientes puede resultar muy beneficioso el uso de audífonos, lentes
o apoyo sensorial en general.
- Rodearle de objetos queridos por el paciente y alentar la presencia de familiares
y amigos para crear a su alrededor un ambiente más agradable y conocido.
- Estas personas agradecerán el ser escuchadas. Deben apreciar que se les respeta
y tiene en cuenta.
- Cuando se presenten ideas delirantes o alucinaciones, el cuidador debe conservar
la serenidad. Es muy importante presentarse para que el afectado reconozca a
la persona como alguien conocido en quien puede confiar.
- Para apaciguar su estado delirante, el cuidador debe acercarse lentamente,
sentarse junto al paciente y prestarle atención hablándole con voz calmada,
incluso se le debe tocar con cariño en actitud protectora. Si detectamos algunos
gestos o actitudes molestas para el paciente, las evitaremos (risas, voz demasiado
baja, frases triviales), debemos adaptarnos a su personalidad.
- No rebatir sus consideraciones delirantes o alucinaciones despectivamente. Se
le debe explicar lo equivocado de sus percepciones pacíficamente, con paciencia
y mostrándole confianza en su juicio.
- Puede ser muy útil para superar la situación llevarlo a otra habitación diferente
a donde ha sucedido el episodio delirante, o buscar una distracción en la cual
se concentre, olvidando sus ideas.

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- Nunca le beneficiará al paciente que el cuidador se muestre de acuerdo con
sus delirios o alucinaciones. En todo caso, si no observamos excesos o peligro
alguno en ellos para la integridad del afectado, podemos dejarlo pasar hasta
que desaparezcan.
- La persona puede padecer un delirio en un lugar público junto al cuidador. Éste
no debe avergonzarse, sino discretamente explicar a las personas presentes el
problema del paciente. La inhibición del cuidador en estas circunstancias puede
contribuir a una situación de miedo en las personas de alrededor, lo cual podría
agravar el estado del afectado.

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