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Mitos

Según el mito de Hesíodo, en un principio solo existía el Caos, de donde surgieron Gea, la Tierra, Erebo, la oscuridad, y Nix, la noche. Gea engendró a Urano, el Cielo, y juntos crearon a los Titanes y otros seres. Más adelante, Prometeo creó a los humanos y les enseñó varias artes para sobrevivir, enfureciendo a Zeus. Este creó a Pandora como venganza, enviándola con una caja que contenía todos los males del mundo.
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Mitos

Según el mito de Hesíodo, en un principio solo existía el Caos, de donde surgieron Gea, la Tierra, Erebo, la oscuridad, y Nix, la noche. Gea engendró a Urano, el Cielo, y juntos crearon a los Titanes y otros seres. Más adelante, Prometeo creó a los humanos y les enseñó varias artes para sobrevivir, enfureciendo a Zeus. Este creó a Pandora como venganza, enviándola con una caja que contenía todos los males del mundo.
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MITOS 1

Cuadernillo de trabajo.
En todas las mitologías existen diferentes tipos de mitos sobre la creación. Hoy queremos
hablaros del de Hesíodo, un poeta de la Antigua Grecia cuya datación está en torno al año
700 a.C.

Según Hesíodo, al principio, antes que nada, sólo existía el Caos. Tras este periodo
indeterminado, emergería Gea, la tierra, directamente de las profundidades del Tártaro.
Del Caos nacería Erebo, la oscuridad, y Nix, la noche, que juntos, engendrarían a Eter, la luz, y
Hemera, el día.

Gracias a la luz del día, Gea cobraría personalidad. No obstante, como no pudo unirse a
Caos, comenzaría en sus inicios a engendrar sola. Así, mientras dormía plácidamente, surgiría
Urano (el cielo estrellado), un ser que la igualaría en extensión con el único fin de cubrirla y
convertirse además en una morada segura y eterna para los dioses.

Gea también engendraría las montañas, lugar en el que se esconderían las Ninfas, además,
estas montañas estarían pobladas de frondosos bosques.

Urano derramo sobre su madre una lluvia fértil, haciendo así que en toda ella surgieran
brotes de hierbas, flores, árboles y con ello, todos los animales y aves. Además, esa lluvia
sería la encargada de crear los ríos y llenar así los huecos de su morfología con lagos y mares.

Yaciendo con su propio hijo, Gea daría a luz a los Titanes, Océano, Ceo, Crío, Hiperión,
Cronos; y Titánidas: Temis, Rea, Tetis, Tea, Mnemosine y Febe. De todos ellos nacerían los
demás dioses y hombres.

Tras esta creación, Gea y Urano quisieron demostrar que estaban por encima de todo y
crearon otros hijos de un aspecto horrible. Estos serían los tres cíclopes primitivos, Arges,
Astéropes y Brontes. Tenían un solo ojo en la frente y representaban el rayo, el trueno y el
relámpago.

La Noche, por sí sola, había engendrado a Tántano, la muerte, a Hipno, el sueño, y a otras
divinidades como Hespérides. Además, también daría a luz a las Moiras, o las Parcas,
defensoras del orden cósmico, y a Némesis, la justicia divina, perseguidora de lo
desmesurado, así como protectora del equilibrio.

Prof. Estefanía Maidana.


Prometeo, encadenado, es liberado del águila que le tortura por una flecha disparada por
Hércules

(Relieve, Museo Capitolino, Roma)

Prometeo
Cielo y tierra habían sido creados; el mar se mecía en sus orillas y en su seno jugueteaban los
peces; en el aire cantaban, aladas, las aves; pululaban en el suelo los animales. Pero faltaba
aún la criatura en cuyo cuerpo pudiera dignamente morar el espíritu y dominar desde allí todo
el mundo terreno. Apareció entonces en la Tierra Prometeo, vástago de la vieja estirpe de los
dioses que Zeus destronara, hijo de Japeto, que lo era de Urano, nacido de la Tierra, dotado de
gran ingenio. Bien sabía éste que en el suelo dormitaba la semilla del Cielo; por eso tomó
arcilla, la humedeció con agua del río, la amasó y modeló con ella un ser a imagen de los
dioses, señores del Mundo. Para animar este amasijo obra de sus manos, pidió a las almas de
todos los animales cualidades, buenas y malas, y las encerró en el pecho del hombre. Entre los
Olímpicos tenía una amiga, Atenea, diosa de la sabiduría, quien, admirada de la obra del hijo
del Titán, infundió en la figura semianimada el espíritu, el hálito divino.

Así nacieron los primeros hombres, y no tardaron en multiplicarse y llenar la Tierra. Durante
largo tiempo, sin embargo, no supieron cómo servirse de sus nobles miembros y de la divina
chispa que recibieran. Miraban en vano, sin ver; oían sin oír. Vagaban como fantasmas, sin
poder ayudarse de lo creado. Desconocían el arte de excavar las piedras y trabajarlas, de cocer
ladrillos con barro, con los troncos caídos del bosque tallar maderos, y con todas estas cosas
construirse viviendas. Pululaban bajo el suelo, en cavernas donde jamás penetraba el sol,
como inquietas hormigas. No conocían las señales seguras anunciadoras del invierno, de la
primavera con sus flores, del verano con su riqueza de frutos. Cuanto hacían era sin plan ni
concierto.

Y he aquí que en Prometeo se despertó el interés por sus criaturas. Les enseñó a observar la
salida y la puesta de los astros, las inició en el arte de contar, en el de la escritura; les enseñó a
reducir a los animales al yugo y a utilizarlos como compañeros de trabajo; acostumbró los
corceles a la brida y al carro, inventó barcas y velas para navegar. Se preocupó igualmente de
los demás aspectos de la vida de los humanos. Antes no sabían éstos emplear remedios en sus
enfermedades, desconocían los ungüentos que mitigan el dolor y no practicaban para cada

Prof. Estefanía Maidana.


dolencia una dieta apropiada; por falta de medicinas, los pacientes sucumbían
miserablemente. Por eso, Prometeo les enseñó a mezclar medicamentos con que combatir
toda suerte de enfermedades. Les enseñó luego el arte de la predicción, revelándoles los
significados de señales y sueños, del vuelo de las aves y de los auspicios. Además, les hizo
dirigir la mirada al interior de la tierra y descubrir así los minerales metálicos: el hierro, la plata
y el oro. En una palabra, les inició en todos los regalos y las artes de la existencia.

No hacía mucho que reinaba en el Cielo, junto con sus hijos, Zeus, que había destronado a su
padre Cronos y a la antigua raza de dioses de la que también descendía Prometeo.

Y he aquí que los nuevos dioses fijaron su atención en el linaje de hombres que acababa de
nacer. Le exigieron les rindiera homenaje, a cambio de la protección que pensaban
dispensarle. Se celebró en Mekone (Sición), Grecia, una asamblea de mortales e inmortales, y
en ella se estipularon los derechos y deberes de los hombres. Como abogado de sus humanas
criaturas se presentó en la asamblea Prometeo, con objeto de velar para que los dioses no
impusiesen excesivas cargas a los mortales en pago de la protección otorgada. Pero su listeza
incitó al hijo de los Titanes a engañar a los dioses. En nombre de sus criaturas sacrificó un gran
toro, del cual los Olímpicos debían escoger la parte que desearan. Una vez despedazado, había
hecho dos montones con el cuerpo del animal propiciatorio: de un lado puso la carne y las
entrañas, con abundante grasa, atado todo ello en la piel del animal, y puso el estómago
encima; del otro lado colocó los huesos mondos, envueltos hábilmente en el sebo de la
víctima. Y este montón era el más voluminoso. Pero Zeus, el padre de los dioses, el
omnisciente, vio el engaño y dijo: «Hijo de Japeto, rey ilustre, buen amigo, ¡qué desiguales has
hecho las partes!». Creyó entonces Prometeo haberle engañado y, sonriendo para sus
adentros, dijo: «Ilustre Zeus, el más grande de los dioses eternos, escoge la parte que el
corazón en tu pecho te aconseje». Zeus sintió la indignación en su alma, pero cogió adrede con
ambas manos el blanco sebo y, habiéndolo apretado y viendo los pelados huesos, simuló que
hasta aquel momento no se daba cuenta de la superchería e, irritado, exclamó: «¡Bien veo,
amigo Japetónida, que no has olvidado todavía el arte del fraude!»

Resolvió Zeus vengarse de Prometeo por su engaño, y negó a los mortales el último don que
necesitaban para alcanzar la plena civilización: el fuego. Más, también aquí supo
componérselas el astuto hijo de Japeto. Cogiendo el largo tallo del jugoso hinojo gigante, se
acercó con él al carro del Sol que pasaba y prendió fuego a la planta. Provisto de aquella
antorcha bajó a la Tierra y pronto la primera hoguera flameó hacia el Cielo. Fue el Tonante
quien más se sintió dolido en el fondo del alma, cuando divisó a lo lejos el resplandor del fuego
elevándose de entre los hombres. Inmediatamente, y para reemplazar el uso del fuego, que no
podía ya arrebatar a los mortales, ideó para ellos un nuevo mal: Hefesto, dios del fuego,
famoso por sus habilidades, formaría la estatua de una hermosa doncella. La propia Atenea
que, celosa de Prometeo, se había trocado en su enemiga, echó sobre la imagen una vestidura
blanca y reluciente, le aplicó sobre el rostro un velo que la virgen mantenía separado con las
manos, la coronó de frescas flores y la ciñó el talle con un cinturón de oro, artística obra que
Hefesto ofrendara también a su padre, adornada maravillosamente con policromas figuras de
animales. Hermes, el mensajero de los dioses, otorgaría el habla a la bella imagen, y Afrodita le
daría todo su encanto amoroso. De este modo Zeus, bajo la apariencia de un bien, había
creado un engañoso mal, al que llamó Pandora, es decir, la omnidotada; pues cada uno de los

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Inmortales había conferido a la doncella algún nefasto obsequio para los hombres. Condujo
entonces a la virgen a la Tierra, donde los mortales vagaban mezclados con los dioses, y unos y
otros se pasmaron ante la figura incomparable. Pero ella se dirigió hacia Epimeteo, el ingenio
hermano de Prometeo (1), llevándole el regalo de Zeus. En vano aquél había advertido a su
hermano que nunca aceptase un obsequio venido del olímpico Zeus, para no ocasionar con
ello un daño a los hombres; debía rechazarlo inmediatamente. Epimeteo se olvidó de aquellas
palabras, acogió gozoso a la hermosa doncella y no se dio cuenta del mal hasta que ya lo tuvo.
Pues hasta entonces las familias de los hombres, aconsejadas por su hermano, habían vivido
libres del mal, no sujetos a un trabajo gravoso, exentos de la torturante enfermedad. Pero la
mujer llevaba en las manos su regalo, una gran caja provista de una tapadera. Apenas llegada
junto a Epimeteo abrió la tapa y en seguida volaron del recipiente innumerables males que se
desparramaron por la Tierra con la velocidad del rayo. Oculto en el fondo de la caja había un
único bien: la esperanza; pero, siguiendo el consejo del padre de los dioses, Pandora dejó caer
la cubierta antes de que aquélla pudiera echar a volar, encerrándola para siempre en el arca.
Entretanto, la desgracia llenaba, bajo todas las formas, tierra, mar y aire. Las enfermedades se
deslizaban día y noche por entre los humanos, solapadas y silenciosas, pues Zeus no les había
dado la voz. Un tropel de fiebres sitiaba la Tierra, y la muerte, antes remisa en sorprender a los
hombres, precipitó su paso.

Después, Zeus dirigió su venganza contra Prometeo. Entregó al culpable a Hefesto y sus
criados, Cratos y Bia (la coerción y la violencia), quienes hubieron de arrastrarle a las soledades
de Escitia, y allí, sobre un espantoso precipicio, encadenarle con cadenas indestructibles al
muro de roca del Cáucaso. Hefesto cumplió con desgano el mandato de su padre, pues amaba
en el hijo de los Titanes al consanguíneo descendiente de su abuelo Urano, a un vástago de los
dioses de tan alta alcurnia como Zeus. Con palabras llenas de piedad y bajo los improperios de
sus brutales servidores, mandó a estos a que efectuaran el cruel trabajo.

Y así hubo de permanecer Prometeo suspendido de la desolada peña, de pie, insomne, sin
nunca poder doblar la cansada rodilla. «Exhalarás muchas inútiles quejas y suspiros —le díjo
Hefesto—, pues la voluntad de Zeus es inexorable, y todos aquellos que llevan poco tiempo
disfrutando de un poder usurpado son duros de corazón (2)». En realidad, el tormento del
cautivo debía durar eternamente, o por lo menos treinta mil años. Aunque suspirando y
quejándose a voces, aunque llamando, como testigos de su dolor, a los vientos y a los ríos, a
las fuentes y a las olas del mar, a la madre Tierra y a los astros del Zodíaco que todo lo ven, su.
ánimo no se doblegó. «Debe soportar la decisión del Destino —dijo— todo aquel que sabe
comprender la fuerza invencible ce la necesidad». Tampoco se dejó mover por las amenazas
de Zeus a descifrar la oscura profecía de que un nuevo lazo matrimonial (3) depararía al
soberano de los dioses la perdición y la caída. Zeus cumplió su palabra: envió al prisionero un
águila que, huésped diario, se nutría de su hígado, el cual, consumido, se regeneraba
constantemente. Aquel tormento no habría de cesar hasta que se presentase un redentor que,
aceptando voluntariamente la muerte, se aviniese en cierto modo a reemplazarle.

Finalmente llegó para el infeliz el día de la liberación. Después de haber permanecido por
espacio de siglos suspendido de la roca y sufriendo torturas espantosas, acertó a pasar
Hércules camino de las Hespérides y en busca de sus manzanas. Al ver colgando en el Cáucaso
al nieto de los dioses y con la esperanza de poder aprovecharse de su buen consejo, se apiadó

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de su destino al ver cómo el águila, posada sobre las rodillas de Prometeo, devoraba el hígado
del infeliz. Dejando entonces la maza y la piel de león, tendió su arco y disparó la flecha,
ahuyentando al ave cruel de la entraña del atormentado. Acto seguido desató sus ligaduras y
se alejó con el redimido. No obstante, para que se cumpliese la condición del rey de los dioses,
puso en su lugar al centauro Quirón, quien se declaró presto a morir en aquel sitio, pues que
antes era inmortal. Mas para que no quedase incumplida la sentencia de Zeus, que condenaba
a Prometeo a permanecer desterrado en la roca durante un tiempo mucho más prolongado,
tuvo éste que llevar en adelante un anillo de hierro en pie que, se encontraba una piedrecita
arrancada de las peñas del Cáucaso. De este modo, Zeus pudo jactarse de continuar teniendo a
su enemigo cautivo a la montaña.

PANDORA

Cuenta la mitología griega: En un principio todo era Caos, hasta que los dioses decidieron
dar a cada cosa existente su lugar en la tierra, también decidieron crear a los animales y entre
ellos a uno que fuera superior: el hombre; esta tarea fue encomendada a Prometeo y su
hermano Epimeteo – pertenecientes a una raza de Titanes que habitaron la tierra mucho antes
de la creación del hombre-, para ello, Prometeo tomó agua y barro para moldear al hombre a
imagen y semejanza de los dioses.

Cuando Prometeo quiso proveer al hombre de dones especiales para hacerlo superior al
resto de los animales, se dio cuenta que Epimeteo ya los había agotado todos en la creación de
los animales, así que Prometeo subió al Olimpo y ayudado por Atenea robó las semillas de
Helios (el Sol) y se las regaló a los hombres. Con el fuego como regalo, los hombres fueron
capaces no sólo de alimentarse, sino también de elaborar armas para cazar animales, de
fabricar herramientas para trabajar la tierra, de calentarse y de vivir una mejor vida. Cuando
Zeus (rey de los dioses del Olimpo) se dio cuenta del robó, montó en cólera y decidió castigar a
los Titanes por haber regalado el fuego y a los hombres por haber aceptado el regalo.

De esta manera ordenó a todos los dioses crear a la mujer primera mujer en la tierra y que
cada uno de ellos la llenara de virtudes: Hefesto, dios del fuego, la moldeó; Atenea, diosa de la
sabiduría, le regaló un cinturón de perlas, un vestido hermoso color púrpura y otras piedras
preciosas; Afrodita, le dio la belleza; Apolo, dios de la luz y la verdad, le dio la música; Hermes,
dios de las fronteras y los viajeros, le dio el don de la seducción, un carácter voluble y la

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manipulación; los collares le fueron entregados por Las Gracias y la Persuasión, las Horas
coronaron su cabeza con flores.

Pero Pandora fue, también, un arma contra el hombre, pues Zeus quería acabar con él a
causa de la desobediencia del titán Prometeo. Así, esta mujer será la encargada de llevar la
perdición al hombre, y así se lo hace saber Zeus a Hefesto, el más habilidoso del Olimpo, a fin
de que la creara bella, perfecta, en casi todo similar al hombre, pero dotada de capacidad para
retrasarle en el trabajo y hacerle olvidar hasta sus pensamientos... Como último regalo, Zeus le
entrega a Pandora una caja que no deberá abrir bajo ningún concepto. En ella, sin la mujer
saberlo, están encerrados todos los males que destruyen a la raza humana: la enfermedad, la
venganza, la ira, el mal del mundo. Y entrega a Pandora como esposa a Epimeteo -llamado "el
que reflexiona tarde"-, hermano de Prometeo; este, deslumbrado por la belleza de la mujer,
acepta sin dudar el regalo, desoyendo los sabios consejos de su hermano: no aceptar ningún
presente que venga de Zeus, por si acaso... Movida por la curiosidad, con el tiempo Pandora no
pudo resistirlo y abrió la caja que Zeus le había regalado.

Y en un momento todos los males se repartieron por el mundo, sin poder ser contenidos
por las sensuales manos de la mujer... Asustada, Pandora cerró la tapa justo cuando el último
objeto de la caja iba a salir: la esperanza. Posteriormente, arrepentida y viendo lo que su
acción había provocado en la Humanidad, se dedicó a ir ofreciendo a los hombres, uno a uno,
la posibilidad de contar con la esperanza, pues ella la tenía -esta vez sí-, bien guardada.

Hércules

Hijo de Zeus y de Alcmena, esposa de Anfitrión, fue concebido en una triple noche, sin que por
ello se alterase el orden de los tiempos, ya que las noches siguientes fueron más cortas.

Se dice que el día de su nacimiento resonó el trueno en Tebas con furioso estrépito, y otros
muchos presagios anunciaron la gloria del hijo del dueño y señor del Olimpo. Alcmena dio a luz
dos mellizos, Heracles e Ificles. Anfitrión deseando saber cuál de los dos era su hijo, envió dos
serpientes que se aproximaron a la cuna de los mellizos. El terror se apoderó de Ificles, quien

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quiso huir, pero Heracles despedazó a las serpientes y mostró ya entonces, que era digno hijo de
Zeus.

Por otro lado, Hera, movida por los celos, resolvió eliminar al recién nacido enviando contra él
a dos terribles dragones para que le despedazasen. El niño, sin el menor espanto, los trituró e
hizo pedazos.

Palas logró que se apaciguara la cólera de Hera hasta el extremo de que la reina de los dioses
consintió en darle de mamar de su pecho al hijo de Almena. Se cuenta que Heracles,
abandonando el pecho, dejó caer algunas gotas de leche que se derramaron sobre el cielo,
formándose de esta singular manera la vía láctea o camino de Santiago.

Los maestros más hábiles se encargaron de la educación de Heracles, Autólico le enseñó la


lucha y la conducción de carros; Eurito, rey de Elia, el manejo del arco: Eumolpo, el canto; Cástor
y Pólux, la gimnasia; Elio, le enseñaba a tocar la lira y el centauro Quirón, la astronomía y
medicina.

Su desarrollo físico fue extraordinario y su fuerza portentosa. Heracles era un gran bebedor, y
su jarro era tan enorme que se necesitaba la fuerza de dos hombres para levantarlo.

Ya mozo, Heracles se retiró a un lugar apartado para pensar a que género de vida se habría de
dedicar. En esta oportunidad se le aparecieron dos mujeres de elevada estatura, una de las
cuales, la Virtud, era hermosa, tenía un rostro majestuoso y lleno de dignidad, el pudor en sus
ojos, la modestia grabada en sus facciones y vestía de blanco. La otra llamada, Afeminación o
Voluptuosidad, de líneas onduladas y color rosado, miradas encendidas y llamativo vestido,
manifestaba claramente sus inclinaciones.

Cada una de las dos procuró ganarlo para sí con promesas, decidiéndose Heracles por la
Virtud. Abrazó así el héroe por su propia voluntad un género de vida duro y trabajoso.

Cuando Heracles creció, Hera vertió en su copa un veneno que lo enloqueció y esta locura hizo
que Heracles matara a su mujer y a sus propios hijos confundiéndolos con enemigos. Como
castigo fue enviado con el primo de Hera, Euristeo, para servirle por 12 años. Euristeo,
estimulado por Hera, siempre vengativa, le encomendó las empresas más duras y difíciles, las
cuales se llamaron los doce trabajos de Heracles. Estas fueron: El león de Nemea, la hidra de
Lerna, el jabalí de Erimanto, las aves de Stinfálidas, la cierva de Artemisa, el toro de Creta, los
establos de Augías, robar los caballos de Diomedes, robar las manzanas de las Hespérides,
arrebatar el cinturón de Hipólita, dar muerte al monstruo Gerión, y arrastrar a Cerbero fuera de
los infiernos.

De todos ellos salió victorioso el héroe y son otros muchos los que asimismo se le atribuyen,
pues casi todas las ciudades de Grecia se vanagloriaban de haber sido teatro de algún hecho
maravilloso de Heracles. Exterminó a los centauros, mató a Busilis, Anteo, Hipocoón,
Laomedonte, Caco y a otros muchos tiranos; libró a Hesione del monstruo que iba a devorarla, y
a Prometeo del águila que le comía el hígado, separó los dos montes llamados más tarde
columnas de Heracles, etc.

El odio del centauro Neso, unido a los celos de Deyanira, fueron la causa de la muerte del
héroe. Sabedora esta princesa de los nuevos amores de su esposo, le envió una túnica teñida
con la sangre del centauro, creyendo que con ello impediría que amara a otras mujeres. Pero

Prof. Estefanía Maidana.


apenas se la puso el veneno del que estaba impregnada hizo sentir su funesto efecto, y
penetrando a través de la piel, llegó en un momento hasta los huesos. En vano procuró
arrancarla de sus espaldas; la túnica fatal estaba tan pegada a la piel que sus pedazos
arrastraban tiras de carne.

Las más espantosas imprecaciones contra la perfidia de su esposa brotaron de los labios del
héroe, y comprendiendo que se acercaba su última hora, constituyó una pira en el monte Oeta,
extendió sobre ella su piel de león, y echándose encima mandó a Flictetes que prendiera fuego y
cuidase sus cenizas.

En el mismo instante en que comenzó a arder la pira, se dice que cayó un rayo sobre ella para
purificar lo que pudiera quedar de mortal en Heracles. Zeus lo subió al Olimpo y lo colocó entre
los semidioses.

Dioses, sus nombres y atribuciones:

Prof. Estefanía Maidana.


Guía de estudio.

Mito de Prometeo:

1. Leer el mito de Prometeo.

2. Explicar con tus palabras la creación del primer hombre.

3. Esta creación ¿tiene alguna semejanza con la que se explica en la Biblia? Explícalo.

4. ¿Qué diferencia presentaba Prometeo en relación a los otros hombres y mujeres


luego de la creación de estos?

5. A través de una historieta, expresa los diferentes fraudes de Prometeo así como los
castigos impuestos por Zeus en contra de estos.

6. ¿Qué sucede con Prometeo al final de la historia?

Mito de Pandora:

1. Leer la historia de Pandora.

2. Explicar la creación de Pandora, la primera mujer.

3. ¿Cuál era el objetivo de Zeus con esa creación?

4. ¿Qué le entrega Zeus a Pandora? ¿Qué hizo ella con el regalo?

5. ¿Cómo termina la historia?

6. ¿Con qué mujer de la Biblia podemos asociar a Pandora? ¿Por qué?

Mito de Heracles (Hércules):

1. Leer el mito de Heracles.

2. Resumir la historia en tres párrafos.

3. Explicar el nacimiento de Heracles.

4. ¿Qué características singulares se podían apreciar en el pequeño?

5. ¿Qué hizo Heracles en complicidad con Euristeo cuando creció?

6. ¿Cómo le fue a Heracles con los trabajos que le encomendaron Hera y su primo?

Prof. Estefanía Maidana.


Datos bibliográficos:
 El mito de Prometeo. Recuperado de [Link]
griega/prometeo/ . Consultado en 25 de sep. de 19.

 Pérez Matías, Andrea. Lunes, 17 de septiembre de 2012. Mitología griega. Pandora.


Recuperado de: [Link]
[Link] Consultado en 08 de mayo de 2018.

 Teogonía de Hesíodo. Recuperado de


[Link] Consultado en 29 de
marzo de 2022.

Prof. Estefanía Maidana.

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