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Querida Amiga

La carta cuenta la historia de Jane Dolores, quien desea asesinar a su madre para heredar su fortuna. Sin embargo, sus intentos de envenenamiento y otros métodos han fallado debido a los avances médicos que ha recibido su madre. Jane Dolores es ahora acusada de intento de homicidio y será congelada hasta la muerte natural de su madre.
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Querida Amiga

La carta cuenta la historia de Jane Dolores, quien desea asesinar a su madre para heredar su fortuna. Sin embargo, sus intentos de envenenamiento y otros métodos han fallado debido a los avances médicos que ha recibido su madre. Jane Dolores es ahora acusada de intento de homicidio y será congelada hasta la muerte natural de su madre.
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QUERIDA AMIGA

Manuel Lino*

Querida amiga:

Te parecerá extraño recibir una carta manuscrita a estas alturas del siglo XXI,
que ya casi se nos acaba. Pero lo que te tengo que contar no es algo que pueda
confiarle a las fibras ópticas.
Voy a asesinar a mi madre.
Decidirme no fue fácil. Créeme. Pero no tengo otro remedio.
No te asustes, tu amiga no se ha convertido en un monstruo. Sigo siendo la
misma.
Creo.
O tal vez te escribo para que tú, que me conoces de toda la vida, aunque no
nos hayamos visto últimamente, me digas si estoy loca o si tengo algo de razón.
Ay amiga, mi vida ha sido un infierno por culpa de esa… pinche perra. Tú
sabes que yo no digo esas cosas, pero eso es lo que es: una perra en celo, una
hermosa perra en celo… Porque ¿puedes creer que, a su edad, mi mamá está más
guapa y sexy que yo?
Me conoces, sabes que la belleza física, la línea y ese tipo de cosas me
interesan como a cualquier mujer, pero no me obsesionan. Ella, en cambio… Tú
la viste por última vez hace como 15 años (más o menos ¿no? Sigo siendo pésima
con las fechas); entonces ya se había arreglado las chichis y dado un estirón en la
cara.
Eso fue sólo el principio, después se hizo un cambio de piel. Es un
procedimiento nuevo. Toman unas células tuyas, unos fibroblastos o algo así, las
manipulan genéticamente para que sean células de piel, luego te las injertan y
van reemplazando tu vieja dermis. En menos de un año quedas ahora sí que como
Dios te trajo al mundo, sin manchas ni arrugas, vaya, hasta hueles mejor.
Cuesta una fortuna, pero ¡¿de qué preocuparse?! ¡Mi papá paga! Le cumple
todos sus caprichos. También le hizo una renovación de las células de los huesos.
¿Tú sabías que los huesos tenían células? Pues yo me enteré apenas y ahora sé
que con lo que cuestan unas cien de ellas te compras el Mercedes Benz que
levita y que mi papá también le compró a la pinche perra.
Mi madre no sólo se ve más joven que yo, una buena parte de ella
realmente es más joven que yo. Pero creo que tantas anestesias la han dejado más
insensible de lo que ya era. No se da cuenta de que mi papá le da todo y no se
gasta nada en sí mismo. Claro, el viejo está feliz de que lo vean con una (que
parece) veinteañera, la luce por todos lados. Ella se ve contenta, con esa enorme
sonrisa suya que es falsa por partida doble: porque está hecha de puros dientes
postizos (de esos que tienen unos catalizadores de superficie que eliminan restos
de comida y dan buen aliento) y porque ella no está contenta ni conforme con lo
que tiene, quiere más. No le parece suficiente que papá haya vendido la casa de
Cancún y el departamento en Nueva York para pagar su nuevo aspecto.
En fin, amiga, para qué hago bilis. ¿No crees que mejor la mato antes de
que mi herencia se convierta en una octogenaria digna del Playboy?
Tu amiga que te quiere… (comprenderás que no ponga mi nombre).
P.D. Me refería a mi herencia y a la de Licha. Siempre me olvido de
Licha, como es tan calladita. ¿Puedes creer que le estén haciendo esto, con su
problema?
Que ni crean que le voy a pagar la institución con mi dinero; le tienen que
dejar su parte: Aunque sea más chica. En realidad ella no necesita mucho.

En cuanto recibí la carta de Juana Pains, como le decíamos en la escuela a


Jane Dolores, se me ocurrió el plan. Era la oportunidad que estaba
esperando desde que me diagnosticaron diabetes tipo IIIA (fui uno de los
primeros casos del mundo). Ni ella ni nadie debían de enterarse. Decirle
que su idea era una locura sólo la alejaría de mí y seguiría con sus
estúpidos planes, así que le mandé un d-mail muy discreto, como si no
hubiera recibido su carta, diciéndole con sencillez que la extrañaba y
tenía ganas de verla. Después me puse la base de maquillaje borra-rasgos
(su venta es ilegal, ya lo sé, soy abogada, pero ayudar a las modelos en
apuros tiene sus ventajas) y fui a la Hacienda del Samaritano. Jane
Dolores me citó unos días después en el Café Lanterna.
Llegué temprano. Me senté en una mesa para dos al centro del
establecimiento y ordené un café capuchino Alerta, con grano
extracafeínico de Brasil y leche alactósida, papaínica y destriptofanizada,
lo endulcé con sugarina. ¡Costaba 250 pesólares! Pero era una delicia.
Cuando Jane Dolores llegó, me saludó con un largo y fuerte abrazo.
–Gracias que me contestaste, gracias que viniste. Gracias –repetía.
Empezamos a charlar un tanto cautelosas. Hablamos de bobadas y
recuerdos; al poco tiempo parecía que seguíamos en la prepa. Le conté de
mi ex marido y de cómo tras el divorcio lo había dejado sólo con lo que
traía puesto. Entonces Jane Dolores se puso seria y me dijo:
–Ay, amiga, por eso te escribí, siempre fuiste la más práctica de
todas nosotras… Y además eres abogada. Necesito que me aconsejes;
estoy desesperada, amiga, ya llevo varios intentos de matarla.
–¿Varios? –dije un poco, pero genuinamente, escandalizada.
–Comencé con un veneno supuestamente buenísimo –explicó–. Se
lo tenía que dar poco a poco y, al cabo de un par de semanas, paf, le daría
un ataque fulminante al corazón. Le fui con un cuento a mi papá, le dije
que estaba destrozada por una relación amorosa y que necesitaba pasar
una temporada en su casa. El viejo estaba feliz de ayudarme. Nos vemos
poco y siempre acabamos peleados. Me las arreglé para darle veneno a la
bruja cada día durante casi dos meses hasta que, tonta de mí, recordé que
el corazón de la muy cerda es de acero inoxidable y silicón. Ya lo sabía,
pero no lo relacioné con el veneno… No le estaba haciendo ni cosquillas.
–Pero, Jane…
–Ya ni me digas. Sí, soy muy bruta. Después intenté con cianuro
de potasio. No había posibilidad de error porque el cianuro interrumpe la
cadena respiratoria dentro de las mismísimas mitocondrias y, ésas, hasta
donde sé, aún no se pueden reemplazar. Ay, te juro que con esta historia
me he vuelto súper ducha en biología. Y yo que creía que lo que te
enseñan en la prepa nunca sirve para nada.
–Sí, qué vueltas da la…
–Lo que no sabía es que cuando te trasplantan un hígado, como a
mi perra madre, te dan un órgano genómicamente mejorado, al que
añaden funciones como elaborar antídotos contra venos comunes.
–Jane Dolores…
–¿Te imaginas mi desesperación? –comenzó a llorar como para
ejemplificar su estado de ánimo–. Una noche llegué al grado de bajar a la
cocina por un cuchillo. Subí a su cuarto. Apenas me estaba acercando a la
puerta cuando gritó fuertísimo: ¿Quién anda ahí? La puta que me parió,
como se estaba quedando sorda se puso un oído ultrasensible. No hay
manera de matarla, ya no es un ser humano, es un… cyborg.
–Jane Dolores: si la matas, y tu papá se entera, te deshereda.
Jane Dolores no era muy lista, la idea no se le había ocurrido o,
como ella dice, no la había relacionado. Soltó el llanto de tal manera que
el mesero automático trajo con discreción un café Sedoso (genéticamente
descafeinado y adicionado con un liberador de endorfinas) y un cigarrillo
de marihuana. Yo otro Alerta y traté de calmarla.
Querida Maricarmen:

Recibes un manuscrito porque papel, una pluma y una Biblia es lo único que me
permiten tener en este lugar. Antes de ti, ya me lo advirtieron, leerán esta carta
algunos expertos que tratarán de averiguar si te estoy mandando un mensaje
secreto con instrucciones de matar a mi madre.
Te cuento, amiga, porque, total, ellos ya lo saben todo.
Cuando estabas tratando de convencerme de no matar a mi madre (ojo,
peritos: ella aunque no me creyó del todo, trató de evitarlo) me dijiste que si mi
padre se enteraba me iba a desheredar. Creo que sí soy un monstruo, porque me
hizo pensar en cómo podía matarla sin intervenir directamente (peritos: no quiero
decir que Maricarmen me haya sugerido nada). Pensé en ponerme de acuerdo con
el mecánico cuántico para que descompusiera de alguna manera el Mercedes
levitáptero para que fallara a una buena altura o en una curva.
Pero no sabes qué carrazo es, medio lástima descomponerlo. Entonces me
arreglé con un anestesiólogo (al principio lo llamaba Mi Bello Durmiente) que
estaría en la operación en que le trasplantarían un intestino joven a mi mami (el
suyo ya sólo digería material alimenticio genéticamente inocuo). Traté de
sobornarlo pero ¿cómo iba a saber los sueldos que tienen esos mal nacidos? El
doctorete me denunció: sólo con la operación de mi madre iba a ganar tres veces
más dinero del que le ofrecí… la verdad me vi un poco coda.
Ahora, por avara, estoy en este lugar (no sabes qué pocilga, amiga)
acusada de intento de homicidio.
Pero al final las cosas salieron bien. Te explico: los sicólogos han
descubierto que cuando quieres matar a alguien en especial no representas un
peligro para el resto de la sociedad; así que me van a congelar hasta que se muera
mi madre, cosa que sucederá, independientemente de trasplantes, renovaciones y
cirugías reconstructivas, cuando ella tenga unos ciento diez o ciento veinte años
máximo.
Entonces me descongelarán y podré seguir con mi vida normal.
Y ¡sin madre!
Aunque seré pobre. Hablé con papá y está furioso. Me desheredó. Todo, lo
que quede, será para Licha, para pagarle a sus enfermeras, porque no veo en qué
más se pueda gastar en ella el dinero.
Tu amiga que te quiere: Jane Dolores.
P.D. Lamento que no vayas a estar allí cuando me descongelen.
Jane Dolores no tenía idea de cuánto mejor estaban saliendo las cosas de
como las había planeado. Cuando terminé de leer la carta me puse otra
vez la base de maquillaje borra-rasgos y salí veloz como un fotón a la
Hacienda del Samaritano, en donde vivía Licha. Como la había visitado
bastante (a espaldas de Jane Dolores) desde que recibí la primera carta
manuscrita, tenía toda la confianza de la pobre retardada. Hablé con ella
durante varias horas. Fue un poco desesperante porque era incapaz de
fijar la vista y, como movía la cabeza sin parar, era difícil saber si
entendía lo que le estaba diciendo. Pero la convencí de hacer lo que tenía
que hacer. Después, fui a hablar con el mecánico cuántico del dichoso
Mercedes levitador. También lo convencí.

Estimada Lic. María del Carmen Gómez Mendoza:

Aún cuando no tengo el placer de conocerla, me he tomado la


libertad de escribirle acerca de un asunto que, estoy seguro, le
interesa. Es sobre su amiga Jane Dolores Del Rizo Winston,
quien le envió una misiva desde el Centro Femenil de
Readaptación Social y Remodelación Individual (Ceferesori)
de Tepepan. Usted está al corriente del Delito del que fue
Acusada la Susodicha, que en Neotérminos Legales es
“Intento Artero de Homicidio con Alevosía y Ventaja”, en
este caso contra su propia progenitora, Mary Jane Winston de
Del Rizo. Así mismo, usted tiene conocimiento de que la
citada Jane Dolores Del Rizo Winston fue encontrada
culpable y de que su cuerpo se encuentra en lo que se conoce
como Animación Suspendida por Congelación. Sin embargo,
Jane Dolores Del Rizo Winston desconocía la pena
Correspondiente a su Crimen, misma que no le fue dada a
conocer por Motivos de Elemental Humanidad, pero que
ahora procederé a explicarle a Usted.
Jane Dolores Del Rizo Winston fue condenada a
Permanecer en Animación Suspendida por Congelación y a
que Sus Órganos Sean Donados a Personas que lo Necesiten o
Deseen. Esta Condena es por Tiempo Indefinido, hasta que no
tenga Más Órganos por Donar o que la Venta de los
Remanentes no alcanzara para cubrir el Costo del
Congelamiento, en cuyo caso se le Descongelará y el Cuerpo
Fallecerá por Falta de Funcionalidad.
Dada la amistad que las unía, un lazo tan fuerte que, con
excepción de su padre, fue usted la única persona con la que
Jane Dolores Del Rizo Winston se comunicó desde que fue
Privada de su Libertad, es usted un Candidato Primario Social
para recibir Órganos de la Interfecta. La mayor parte de sus
Familiares Consanguíneos, es decir, los Candidatos Primarios
Naturales, la señora Mary Jane Winston de Del Rizo, madre
de la Condenada, y el señor Jaime Arturo del Rizo García,
padre de la Susodicha, como usted probablemente sabe,
fallecieron en un Trágico Accidente Automovilístico a bordo
de un automóvil de la marca Mercedes placas 5567 MMLG.
No así la joven Mary Alicia Del Rizo Winston, alias “Licha”,
quien hizo una Solicitud Fuera de lo Usual, misma que está
En Estudio.
Permítame que le recomiende que no deje pasar esta
oportunidad, máxime cuando la Congelada se encuentra en
Óptimas Condiciones ya que entró, cosa poco común, muy
contenta al Proceso de Congelamiento y se ha descubierto que
eso favorece ala Conservación.
Sin más por el momento, queda de usted:

Hugo Adalberto Jiménez Sáenz, Juez del Distrito.


(Fecha y rúbrica al calce)

La carta del Juez me dio risa. Le contesté por d-mail explicándole que me
reservaran todo el cuerpo y que, en consideración a la amistad que me
unía con Jane Dolores y en mi carácter de abogada, había decidido apoyar
a Mary Alicia del Rizo en su “Solicitud Fuera de lo Usual”. Y así lo hice.
Han pasado seis meses. Licha y yo ganamos: ella obtuvo el órgano
de Jane Dolores que le recomendé que pidiera y toda su herencia. Yo me
quedé con el resto de “La Congelada”, para lo que se pudiera ofrecer.
Es domingo, un día espléndido, lleno de sol, y tocan a la puerta. Por
el visor distingo a Licha, así que digo “Voy en un momento” y me
desplazo con dificultad hasta la puerta. Abro. Nos miramos fijamente.
Estoy tratando de ver si está contenta con la nueva situación. Es difícil,
mueve la cabeza y el cuerpo sin parar, más o menos como hacía antes.
–Me dijeron que ibas a tener estos espasmos hasta que se
restablecieran bien las conexiones nerviosas –le expliqué y, después de
una pausa, agregué:
–…¿Cómo estás… Juana Pains?
Nos reímos como locas, nos abrazamos con torpeza; ella,
temblorosa y espasmódica, yo, bastante tensa.
–¿Sabes que soy tu albacea? –le digo cuando nos calmamos–,
porque legalmente sigues siendo Licha, aunque con un nuevo órgano
dentro del cráneo.
Jane Dolores ladea la cabeza con un movimiento descontrolado y
un feo rictus en la cara que, sé, no se debe al restablecimiento de las
conexiones nerviosas.

*
Periodista y cuentista (Ciudad de México, 1965). En 2002 ganó el XXXI Concurso
Latinoamericano de Cuento Edmundo Valadés. Desde 1989 es colaborador del periódico El
Economista y, desde 2003 a la fecha, es editor de la sección La Plaza.
“Querida amiga” está incluido en “Números para contar”, obra con la que mereció el
Premio Nacional de Cuento Cuidad Ecatepec 2008.

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