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Tema 3

El documento habla sobre la osteología y las generalidades del esqueleto humano. Describe que el esqueleto proporciona estructura, forma, soporte y protección al cuerpo. También menciona los diferentes tipos de huesos como los largos, cortos, planos e irregulares y sus características. Explica aspectos como la osificación, desarrollo, estructura y composición de los huesos.

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Tema 3

El documento habla sobre la osteología y las generalidades del esqueleto humano. Describe que el esqueleto proporciona estructura, forma, soporte y protección al cuerpo. También menciona los diferentes tipos de huesos como los largos, cortos, planos e irregulares y sus características. Explica aspectos como la osificación, desarrollo, estructura y composición de los huesos.

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TEMA 3. OSTEOLOGÍA.

GENERALIDADES

El esqueleto es el conjunto total organizado de piezas óseas que proporciona al cuerpo humano estructura
multifuncional.

Da forma y soporte postural y dinámico, permitiendo el movimiento.

Es un importantísimo almacén metabólico, funcionando como moderador (o amortiguador) de la concentración e


intercambio de sales de calcio y fosfato a nivel fisiológico.

Proporciona contención y protección a las vísceras y otros órganos ante la presión o golpe del exterior (por ejemplo,
la caja torácica o el cráneo).

Tienen un importante papel hematopoyético al albergar la médula ósea roja donde se originan células madre
precursoras de glóbulos rojos, leucocitos y plaquetas.

Su diseño y propiedades mecánicas lo convierte en un excelente sistema transmisor de fuerzas y vibración.

El esqueleto humano es interno (endoesqueleto), por lo que la forma general del cuerpo humano, concuerda con el
diseño de simetría bilateral de su esqueleto. El esqueleto, en cualquier vertebrado típico consiste en:

 Un eje dividido en segmentos que permite la flexibilidad necesaria para el movimiento: la columna vertebral
o raquis.
 Dos apéndices pares divididos en partes articuladas que permiten locomoción, prensión, etc.: los miembros
superiores e inferiores.
 Un extremo craneal expandido y muy modificado del eje: el cráneo.
 Una serie variable de nódulos osteocartilaginosos que se encuentran en el interior de los tendones y
mejoran la eficacia dinámica: huesos sesamoideos.

Formas y proporciones de los huesos

Cada hueso es resultado de una larga historia de evolución funcional, siendo la determinación de su forma y
estructura consecuencia de:

 Factores genéticos que determinan la forma primaria.


 Factores metabólicos, como la disponibilidad de Ca, P, vit. A, C y E y la actividad glandular (hipófisis, tiroides,
suprarrenales y gónadas).
 Factores mecánicos que dependen de la actividad muscular asociada.

HUESOS LARGOS

Son característicos de los miembros superior e inferior.

Capacitan para acciones dinámicas, por el hecho de funcionar como palancas.

Su estructura presenta una parte central larga en forma de caña (o tubo) llamada diáfisis que contiene la cavidad
medular y dos extremos articulares o epífisis que presentan los centros de osificación.

Ejemplos: fémur, tibia, cúbito, radio de los metacarpianos y metatarsianos, falange pequeña.

HUESOS CORTOS

Se encuentran en carpo (mano) y tarso (pie), donde los elementos son aproximadamente cuboideos, trapezoideos o
cuneiformes.

Están sometidos a presión.


Constan de una corteza delgada de hueso compacto sostenida por una parte interior compuesta por hueso
esponjoso.

HUESOS PLANOS

Comprenden los elementos curvados de la bóveda craneal, en los que una capa interna de hueso trabecular variable
en grosor (diploe), está encerrada entre láminas interna y externa de estructura compacta.

Las escápulas, el esternón y los iliacos también se consideran huesos planos.

HUESOS IRREGULARES

Comprenden cualquier elemento no fácilmente clasificable en los grupos anteriores y presentan formas diferentes y
complejas.

Ejemplos: vértebras y huesos de la cara

Algunos de ellos presentan cavidades llenas de aire (huesos neumáticos) como el esfenoides o el frontal, que
presentan senos.

Aspectos generales de los huesos

Los distintos huesos varían no sólo en su forma primaria o básica, sino también en los pequeños detalles de
morfología superficial que se definen en su mayor parte durante las etapas de desarrollo.

Se deben utilizar una serie de términos comunes que definen características presentes en la mayor parte de los
huesos y que generalmente suponen la misma significación funcional, donde quiera que se encuentren, por ejemplo:

 Los huesos presentan superficies articulares en los puntos donde se articulan con los huesos vecinos. Si estas
superficies son pequeñas se denominan facetas o carillas articulares, y si son mayores se denominan de
acuerdo a su forma.
 Las superficies articulares están recubiertas de cartílago articular escasamente vascularizado.
 Los tendones se fijan a los huesos sobre superficies que pueden estar ligeramente elevadas y redondeadas
(tubérculos) o deprimidas (fosas).
 Las depresiones relativamente largas se denominan surcos.
 Las prominencias o salientes considerables se denominan apófisis, si son largos y afilados se denominan
espinas y si son redondeadas y muy localizadas se denominan tubérculos.
 Un agujero en un hueso es un foramen.
Estructura del hueso maduro

El hueso es un tejido vivo y dinámico que está en continua remodelación como respuesta a factores físicos y
hormonales.

La matriz orgánica representa el 30-40% y su principal componente es el colágeno de tipo I. El contenido acuoso de
matriz del hueso aduro es de aproximadamente el 20%.

La parte inorgánica está compuesta por sales minerales que suponen el 60-70% del peso seco. Fundamentalmente
hidroxiapatita (calcio y fosfato) y en menor medida Mg, cloruros y fluoruros.
El colágeno tipo I se forma a basa de la unión de fibrillas de protocolágeno compuestas por unos 1000 aminoácidos
dispuestos en tres cadenas unidas por enlaces de H y enlaces intermoleculares cruzados (cross-links) dejando
pequeños huecos que permiten la rigidez y resistencia al hueso.

Si analizamos la microestructura del hueso observamos que la unidad básica estructural es la osteona (o sistema de
Havers).

Cada osteona se compone de láminas concéntricas de matriz colágeno mineralizada que delimitan un canal central
que contiene un paquete neurovascular.

Estas osteonas se agrupan y ordenan formando láminas que dejan entre ellas pequeños espacios (o canales)
conectados unos a otros y con el canal central que contienen las células óseas u osteocitos.

Estos canales permiten el transporte de iones para la mineralización del hueso y la nutrición de las osteonas.

Atendiendo a su aspecto macroscópico, el hueso suele clasificarse en hueso compacto y hueso esponjoso.

La diferencia real entre ambos tipos de hueso no está en su composición microscópica, que es la misma. Sino en la
cantidad relativa de mineralización de las osteonas y el espacio que queda entre ellas.

Tejido óseo compacto

Es denso y de consistencia parecida al marfil. Está rodeando al tejido óseo esponjoso y a su vez está recubierto por el
periostio. El periostio es una membrana de tejido conectivo, fibrosa y resistente, que cubre los huesos por su
superficie externa (excepto en lugares de inserción de ligamentos, tendones, y superficies articulares). Contiene
vasos sanguíneos y nervios que nutren y dan sensibilidad al hueso.

Tejido óseo esponjoso (o trabecular)

Conformado por una malla de trabéculas que le dan un aspecto poroso. Se compone de sistemas fragmentados de
láminas. Está limitado por el endostio, que es una membrana relacionada con la formación y reabsorción ósea.
Ambos tipos de hueso difieren en su densidad y porosidad que dependen del grado de organización y nivel de
mineralización de la matriz de colágeno.

El hueso compacto exterior conforma la diáfisis o capa cortical de los huesos, que presenta forma cilíndrica en los
huesos largos y otras formas en los huesos cortos. El espesor de la cortical de hueso compacto varía en función de
cada hueso: función, posición y forma. El espacio que confina la cortical de hueso compacto define la cavidad
medular, que comunica libremente con los espacios intertrabeculares de los extremos ensanchados del hueso, muy
vascularizados y llenos de medula ósea roja (hematopoyética) o amarilla (adiposa) en función de la región del hueso
y edad.

La médula ósea roja: ocupa el tejido esponjoso de los huesos planos, las vértebras, pelvis y costillas. Tiene una
función hematropoyética. Contiene las células madre que originan los tres tipos de células sanguíneas (leucocitos,
hematíes y plaquetas). La médula ósea roja es predominante en los recién nacidos, a partir de los 25 años comienza
el reemplazo de médula ósea roja por médula ósea amarilla.

La médula ósea amarilla: en los adultos se sitúa en el interior de los huesos largos, y es una fuente de reserva
energética. En un adulto joven la relación médula roja y médula ósea amarilla es de 50/50, respectivamente.

La médula ósea puede trasplantarse, ya que puede extraerse de un hueso de donante vivo (generalmente del
esternón o de la cadera) mediante punción + aspiración y transfundirse al sistema circulatorio del recepto si existe
compatibilidad del sistema HLA (antígenos Leucocitarios Humanos) entre donante y receptor.

Las células madre transfundidas anidarán en la médula ósea de los huesos del receptor. Es lo que se llama trasplante
de médula ósea.
Osificación y desarrollo de los huesos

Los huesos del esqueleto humano son preformados en cartílago que se va convirtiendo gradualmente en tejido óseo
mediante un proceso de osificación. La osificación supone la mineralización del tejido cartilaginoso a partir de ciertos
puntos constantes o núcleos de osificación ricamente vascularizados.

En el proceso participan 4 tipos de células: osteoprogenitoras, osteoblastos, osteocitos y osteoclastos.

Las células osteoprogenitoras: proliferan en núcleos de osificación y se condensan en torno a una red capilar
rodeadas de una fina malla de fibras de colágeno. Son células no especializadas derivadas del mesénquima (tejido
del que derivan todos los tejidos conjuntivos). A partir de ellas se generan los osteoblastos y los osteocitos.

Estas células se mantienen en contacto entre sí mediante cortas prolongaciones laterales y en presencia de la
contracción iónica adecuada pueden diferenciarse a osteoblastos.

Osteoblastos: son células que forman el tejido óseo pero que han perdido la capacidad de dividirse por mitosis.
Segregan colágeno y otros materiales utilizados para la construcción del hueso. Se encuentran en las superficies
óseas y a medida que segregan los materiales de la matriz ósea, esta los va envolviendo, convirtiéndolos en
osteocitos.

Osteocitos: son células óseas maduras derivadas de los osteoblastos que constituyen la mayor parte del tejido óseo.
Al igual que los osteoblastos han perdido la capacidad de dividirse. Los osteocitos no segregan materiales de la
matriz ósea y su función es la mantener las actividades celulares del tejido óseo como el intercambio de nutrientes y
productos de desecho.

Osteoclastos: son células de gran tamaño que se asientan sobre la superficie del hueso y proceden a la destrucción
de la matriz ósea (resorción ósea), mostrando muchas propiedades de los macrófagos. Los osteoclastos se adhieren
a la superficie del hueso mediante unos receptores especializados. El proceso de resorción se inicia cuando el
osteoclasto excreta enzimas capaces de producir un microambiente ácido que degrada la matriz.

Osificación intramembranosa o mesenquimática

Consiste en la mineralización directa de unos puntos constantes denominados núcleos de osificación, ricamente
vascularizados. Ocurre principalmente en los huesos planos, maxilar inferior y clavícula.

En este proceso, algunas de las células mesenquimatosas que forman las membranas de tijo conjuntivo son
transformadas osteoblastos constituyen un centro de osificación alrededor del cual se va formando hueso.

Se pueden distinguir los siguientes pasos:


 Las células mesenquimatosas se agrupan en el centro de osificación y se transforman primero en células
osteoprogenitoras y luego en osteoblastos.
 Los osteoblastos segregan matriz ósea y fibrillas de colágeno hasta que quedan rodeados por completo.
 Una vez rodeados por completo por matriz ósea, los osteoblastos se transforman en osteocitos formando
lagunas y canalículos entre ellos.
 El depósito de calcio y de sales minerales endurece la matriz ósea al cabo de unos días y las trabéculas óseas
se unen en una estructura en forma de malla dando lugar al hueso esponjoso.
 La lámina central de hueso esponjoso se recubre por cada uno de sus lados por placas de tejido óseo
compacto.
 Una vez formado, el hueso plano crece de tamaño mediante la adición de más hueso por sus bordes.

Osificación Endocondral (o intracartilaginosa)

La mayor parte de los huesos del hombre son precedidos por un molde de cartílago hialino que va siendo
reemplazado paulatinamente por hueso.

La osificación endocondral es esencial en la formación y crecimiento longitudinal de huesos largos, concretamente el


esqueleto apendicular, axial.

A partir de la 5 o 6 semanas de gestación el modelo cartilaginoso del hueso largo está completamente formado.

El modelo cartilaginoso desarrolla un periostio y, en el centro se desarrolla un collar, en el que los osteoblastos
depositan hueso. Poco después de la aparición del collar óseo, el cartílago comienza a calcificarse formándose un
centro de osificación primario al penetrar un vaso en el centro de la diáfisis. Simultáneamente a la osificación
endocondral que avanza desde la diáfisis hacia las epífisis se forma la cavidad medular y el hueso crece
longitudinalmente. Cuando los vasos penetran en las epífisis, se forma un centro de osificación secundario, a partir
del cual el proceso de osificación es similar al producido en el centro primario. Estos centros de osificación
secundarios suelen aparecer en el momento del nacimiento, con la diferencia de que se forma hueso esponjoso y no
se desarrolla una cavidad medular. En los extremos de las epífisis queda una porción remanente de cartílago
constituyendo el cartílago articular y entre las epífisis y la diáfisis se mantiene la placa epifisaria (también
cartilaginosa) a partir de la cual el hueso irá creciendo durante el desarrollo del niño hasta desaparecer en la edad
adulta. Dependiendo del topo de hueso presentará uno o dos cartílagos de crecimiento en la epífisis (metáfisis).

El pico de masa ósea se produce en la 3ª década de la vida y que está muy relacionado con la actividad física
realizada durante el crecimiento.

Propiedades mecánicas del hueso

Existe un enorme parecido funcional entre los huesos y las palancas, columnas, arcos vigas y puntales diseñados por
el hombre, hasta el punto de que los avances del conocimiento en las propiedades mecánicas del hueso han
contribuido a las mejoras de diseño en multitud de materiales y estructuras artificiales.

Ya en 1638 Galileo entendió el significado de la trabecualción ósea corroborando que los cilindros huecos son, en
proporción a su peso mucho más resistentes que los macizos.

En 1892 Wolff publicó la ley de transformación del hueso que describe la relación entre forma y función, es decir, el
hueso adapta su forma a las demandas mecánicas que recibe. Este proceso de adaptación a las nuevas cargas se
denomina Mecanotransducción.

El hueso muestra unas excelentes propiedades de carga y rotura por tracción.

Las epífisis de los huesos largos reciben fuerzas compresivas y tensiones que difunden por el hueso subcondral
subyacente y en la red de hueso esponjoso que absorbe y dirigen las fuerzas hacia el eje mayor del hueso cortical
diafisario.
La teoría de la trayectoria o mecanostática es el modelo más satisfactorio para explicar las capacidades de carga del
hueso. Básicamente dice que la estructura trabecular coincide con las líneas de tensión.

La ley de Wolff justifica el ritmo o intensidad del proceso de modelado y remodelado óseo, afirmando que las
respuestas adaptativas del hueso dependen de la magnitud, la frecuencia y distribución de los ciclos de carga.

Existen varios estudios que sugieren una relación directa entre actividad física y mineralización ósea. Especialmente
interesante en niños menores de 14 años que realizan actividades de impacto con autocargas.

Un mayor contenido mineral óseo se asocia con huesos más resistentes y modificaciones estructurales que podrían
perdurar a lo largo de la vida, aunque el tema de la duración de los beneficios obtenidos no está del todo claro.

Los trabajos concluyen que cuanto más tiempo se prolongue la rutina de actividad mayor incremento de la masa y
densidad ósea, especialmente en la etapa prepuberal donde el desarrollo se ve favorecido por factores hormonales
(11-14 años).

La pérdida de mineralización y densidad ósea se produce con e envejecimiento a partir de los 40 años aprox.

Las mujeres pierden el 35% del hueso cortical y el 50% de hueso trabecular con el envejecimiento (los hombres 1/3
menos), por lo que una estrategia de salud podría ser acumular el máximo nivel de masa ósea en la fase sensible
(prepubertad) para llegar al envejecimiento con la mayor reserva posible.

Factores que afectan al desarrollo de masa ósea

Durante el desarrollo la resistencia a la rotura del hueso depende de varios factores entre los que destacan los
genéticos, nutricionales, hormonales y el ejercicio físico. El ejercicio físico es uno de los factores preventivos de
pérdida de masa ósea más importantes.

En general, se puede afirmar que la inactividad física predispone a la pérdida de masa ósea, mientras que el ejercicio
protege de esa pérdida. También es necesario considerar, que un exceso de ejercicio puede tener el efecto opuesto.

Actividades que requieren picos de fuerza intermitentes (golpear, salar, correr) parecen ser las más adecuadas por el
desarrollo y crecimiento del hueso.

El contenido mineral ósea en la posición media del fémur en corredoras es mayor que en mujeres piragüistas,
bailarinas o sedentarias.

Actividades como la natación donde no se producen estos picos de fuerza y el efecto de la gravedad está
amortiguado por la flotación no contribuyen al aumento de la masa ósea.

La respuesta esquelética al ejercicio es específica a la zona corporal estimulada, más estrés, más respuesta.

Los tenistas tienen un 30% más de masa ósea en el brazo dominante, mientras que los culturistas y halterófilos
muestran incrementos entre el 20-35% de la masa ósea en la región lumbar.

Se podría argumentar, que la mejor forma de prevenir la osteoporosis es maximizar la densidad de masa ósea
durante las tres primeras décadas de la vida, aprovechando el papel estimulador del ejercicio de manera que ese
incrementen puede ser empleado como crédito en la etapa de declive.

Hasta un 60% del crecimiento óseo tiene lugar durante la adolescencia, por lo que la práctica deportiva en esas
edades es de gran importancia desde el punto de vista del acúmulo de masa ósea.

Declive del hueso

El declive del hueso comienza en el momento en el que deja de crecer. Hasta los 40 años los procesos anabólicos
predominan sobre los catabólicos. El primer motivo de pérdida de resistencia ósea es el catabolismo del calcio, la
osteoporosis afecta al módulo de elasticidad del hueso y aumenta su deformación bajo presión constante, pudiendo
producirse microfracturas por permanecer en la misma postura varias horas. Otro hallazgo característico es la
artrosis, que modifica la biomecánica del cartílago articular aunque en esencia, la base microscópica son estas
microfracturas por aumento de presiones que generan una reducción de la resistencia. Tanto osteoporosis como
artrosis contribuyen a la disminución de la resistencia por disminución del número de osteonas y pérdida de unión
en la configuración de las trabéculas. Parece ser que la pérdida de unión entre osteonas es el paso inicial, a la
pérdida de trabéculas que desencadena la evidente pérdida de masa ósea. Este fenómeno puede aparecer en
individuos relativamente jóvenes y permanecer silente debido a la capacidad del hueso para redistribuir las
presiones sobre trabéculas indemnes.

Alteración metabolismo del calcio  pérdida de elasticidad ósea  microfracturas  alteración osteonas 
alteración trabecular.

Artrosis  alteración de la dinámica del cartílago  microfracturas  alteración osteonas  alteración trabecular.

Tejidos conectivos esqueléticos: cartílago

Los tejidos conectivos (o conjuntivos) comparten un origen común a partir del mesénquima embrionario. Su función
primordial es el sostén e integración sistémica del organismo, participando en la cohesión o separación de los
diferentes elementos tisulares que componen los órganos y sistemas. También se convierte en un medio logístico a
través del cual se distribuyen las estructuras vasculonerviosas. Los tejidos conjuntivos se dividen en dos grupos:
tejidos conjuntivos Especializados y No especializados.

Los tejidos conectivos especializados se diferencian de los tejidos conectivos generales (que son blandos y flexibles)
en que su matriz está solidificada. El cartílago junto con el hueso, forma parte de los tejidos conectivos (o
conjuntivos) esqueléticos (especializados). La piel, los tendones o los ligamentos son otros tipos de tejidos conectivos
generales (más o menos densos) que se componen de células incluidas en una matriz intercelular atravesada por
fibras.

El cartílago hialino, con sus distintas variedades, persiste durante la vida adulta en las superficies articulares de las
articulaciones sinoviales (articular), entre las vértebras y algunas zonas de contacto óseas (fibrocartílago), en las
paredes del tórax (costal), laringe, tráquea, bronquios, nariz y orejas (elástico).

Las propiedades más representativas del car]lago como tejido son:

 Un nivel metabólico y vascularización bajos.


 Una capacidad de crecimiento continuo y frecuentemente rápido.
 Rigidez y elevada resistencia a la tracción y a las fuerzas de compresión y cizallamiento manteniendo cierta
elasticidad.
 En las zonas articulares muestran una configuración lisa, pulida y resistente al desgaste, lubrificadas por
líquido sinovial (µe=0,01-0,02 y µC = 0.0025).

El cartílago hialino articular

Cubre las superficies y carillas articulares de las articulaciones sinoviales, proporcionando una superficie lisa y
resistente al desgaste que varía en espesores de 1 a 7 mm. Está bañado por líquido sinovial que permite
movimientos casi exentos de rozamiento. Su elasticidad junto con la de las estructuras periarticulares amortiguan el
efecto de los traumatismos y proporcionan cierta flexibilidad. La estructura del cartílago está diseñada para resistir
grandes fuerzas compresivas con cambios rápidos de momento generados por las acciones musculares (su desgaste
con la edad artrosis)

La célula que sintetiza y mantiene la matriz extracelular del cartílago es el condrocito, a través de la producción de
sus principales compuestos: colágeno y proteoglicanos (que proporcionan resistencia a la tracción en las 3D y a la
compresión). Los condrocitos son la célula madura que conforma solo el 5% del tejido cartilaginoso, pero son
esenciales para el mantenimiento de la matriz extracelular que comprende el 95% de este tejido. El cartílago es un
tejido aneural, por lo que no genera dolor y su nutrición se produce por difusión de nutrientes desde el líquido
sinovial y los vasos de la membrana y de la cavidad medular hacia los condrocitos mediante unos canales. El cartílago
articular muestra una variación zonal en su estructura que se mantiene durante toda la vida, a pesar de que el
proceso de crecimiento se detiene en la madurez. Con la edad, la matriz de muchos de los cartílagos del cuerpo se
calcifica y pierde sus propiedades mecánicas  artrosis

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