Poder Judicial de la Nación
Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial
Sala B
En Buenos Aires, a los 5 días del mes de noviembre de dos mil
veintiuno, reunidas las señoras juezas de Cámara en Acuerdo, fueron traídos para
conocer los autos seguidos por “BALBI, MARIA LUCIA contra
[Link] S.R.L. sobre ORDINARIO” (Expte. 2810/2018), en los que
al practicarse la desinsaculación que ordena el artículo 268 del Código Procesal
Civil y Comercial de la Nación, resultó que debían votar en el siguiente orden:
Vocalías nro. 5, nro. 6 y nro. 4. La señora Jueza de Cámara Dra. María Lilia
Gómez Alonso de Díaz de Cordero no interviene en la presente por hallarse en uso
de licencia (art. 109 RJN).
Estudiados los autos la Cámara planteó la siguiente cuestión a
resolver:
¿Es arreglada a derecho la sentencia apelada?
La señora Jueza de Cámara Dra. María Guadalupe Vásquez dijo:
I. La sentencia apelada
La señora Jueza de Primera Instancia rechazó la demanda
promovida por María Lucía Balbi contra ASATEJ SRL (en adelante “Almundo”)
(37/59 del registro digital), en los términos del artículo 53 de la Ley de Defensa del
Consumidor (Ley 24.240), a fin de obtener el cumplimiento efectivo de lo
publicado en tres avisos de la demandada o, en su defecto, el pago de la suma de
Fecha de firma: 05/11/2021
Firmado por: MATILDE BALLERINI, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: ADRIANA E. MILOVICH, PROSECRETARIA DE CAMARA
Firmado por: MARIA GUADALUPE VASQUEZ, JUEZA DE CAMARA
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$999.075 (pesos novecientos noventa y nueve mil setenta y cinco) —o lo que más
o menos resulte de la prueba a producirse—, con más actualización, daños y
perjuicios, multas, intereses y costas (fs. 209).
La magistrada relató que, según los dichos de la actora en su
demanda, las actuaciones tuvieron origen en tres hechos:
(i) El 27 de noviembre de 2017, mientras la actora navegaba en su
cuenta de Facebook, recibió un anuncio publicitario que decía: “¡Volá Almundo
con CyberMonday ¡SÓLO POR HOY! El pasaje que querías para Londres está por
sólo $ 17.686”. El anuncio no especificaba fechas, horarios, aerolíneas, stock ni
otras condiciones, como la clase del pasaje, por lo que la actora entendió que podía
elegir “el pasaje que quiera” a Londres por $ 17.686. La accionante se sintió
atraída por la oferta puesto que tenía un casamiento en esa ciudad el 20 de julio de
2018 al que pensaba ir con su pareja. Con la intención de comprar los pasajes, hizo
“click” en la publicidad, y fue redirigida al sitio web [Link], donde
al seleccionar los pasajes para dos personas, el precio ascendía a la suma de $
595.387, es decir, $ 297.693,5 por persona. Agregó que se vio obligada a cambiar
el pasaje “que quería” por uno en la clase más económica, pero el precio de los dos
pasajes ascendía a $62.178, es decir, $31.089 cada uno, duplicando el precio
inicialmente publicitado.
(ii) El 1 de diciembre de 2017, nuevamente mientras navegaba en
su cuenta personal de Facebook, encontró una publicidad con la leyenda: “¡SÓLO
POR HOY! El pasaje que querías para Miami está por sólo $ 2.318. Atrapá esta
oferta y aprovechá la mejor financiación para tus vacaciones en serio. ¡Animate!”,
sin especificar fechas, horarios, aerolíneas, stock ni otras condiciones. Con la
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Firmado por: ADRIANA E. MILOVICH, PROSECRETARIA DE CAMARA
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intención de comprar dos pasajes, la actora hizo “click” en la publicidad, y fue
redirigida al sitio web [Link], y allí se sorprendió al enterarse que
la partida del vuelo era desde la ciudad de Nueva York, lo cual no tenía sentido
para una persona que vive en Buenos Aires.
(iii) El 2 de diciembre de 2017, en idéntica situación a los casos
anteriores, la actora recibió un anuncio publicitario de la misma agencia, que
ofrecía un viaje a Barcelona por la suma de $3.873,38, con la leyenda: “¡SÓLO
POR HOY! El pasaje que querías para Barcelona está solo $3.873,38. Atrapá esta
oferta y aprovechá la mejor financiación para tus vacaciones en serio ¡Animate!”,
sin referir fechas, horarios, aerolíneas, stock ni clases. Con la intención de comprar
dos pasajes, ingresó, haciendo “click” en la publicidad, al sitio web de la
demandada, y allí se sorprendió al enterarse que la partida del vuelo era desde la
ciudad de Roma, lo cual consideró “ridículo” para alguien que vive en Buenos
Aires.
La magistrada concluyó que la pretensión de la actora consiste en
que se declare que esas publicidades vulneran los artículos 7 y 8 de la Ley 24.240 y
el artículo 9 de la Ley de Lealtad Comercial (Ley 22.802) puesto que tuvieron la
intención de engañar a los consumidores, y, en consecuencia, se condene a la
demandada a reparar los daños ocasionados ―directo y moral― y daños punitivos.
En ese marco, la jueza consideró que la actora no probó la
existencia de un obrar antijurídico de la demanda. En particular, señaló que los
hechos invocados en la demanda solo tienen sustento en la prueba documental
acompañada —capturas de pantalla de los vuelos ofrecidos por la demandada,
búsquedas de pasajes y la invitación a un casamiento— que fue desconocida por la
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demandada. Tuvo en cuenta que la pericia informática señaló que no pudo acceder
a los enlaces indicados por la actora puesto que las reservas consultadas son de
fechas pasadas, aun cuando el sitio [Link] tiene un certificado de
autenticidad y los enlaces acompañados provienen del dominio referido.
Además, apuntó que la perito explicó, al expedirse sobre los
puntos propuestos por la demandada, que el usuario, mediante sus hábitos de
navegación, deja una huella digital ―que se registra en las denominadas cookies
almacenadas en el navegador utilizado― cuyo contenido es analizado para
posteriores recomendaciones, ofertas o noticias de interés. Agregó que la experta
sostuvo que los usuarios se encuentran expuestos a la entrega de anuncios que
muestran productos sobre los cuales ha leído o buscado recientemente. Afirmó que
esa práctica publicitaria es corroborada por las declaraciones testimoniales de
Eduardo Pocai de Almeida ―gerente de marketing de la demandada ― y de
Natalia Estefanía Abate.
Concluyó que las pruebas producidas son insuficientes para tener
por acreditada la conducta endilgada a la demandada, aun teniendo en cuenta las
cargas probatorias dinámicas previstas en el artículo 53 de la Ley 24.240. Agregó
que la actora no demostró haberse comunicado con la demandada, por lo que no
demostró haber sido víctima de un trato indigno.
Para más, juzgó que la demandada no incumplió su deber de
informar ni realizó publicidades engañosas. En este último aspecto, precisó que no
se acreditó la intención de la demandada de producir en la actora una falsa creencia
e inclinarla hacia una elección perjudicial. Finalmente, aseveró que tampoco fue
acreditada la existencia de un daño que genere un deber de indemnizar.
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Por ello, resolvió rechazar la demanda e imponer a la actora
vencida en los términos del artículo 68 del Código Procesal en lo Civil y
Comercial de la Nación.
II. El recurso
La actora interpuso recurso de apelación contra esa sentencia (fs.
210). La expresión de agravios se incorporó digitalmente al sistema informático a
fojas 267/298 y sus fundamentos fueron respondidos por la demandada a fojas
315/329. La Fiscal General dictaminó a fojas 332/345.
En primer lugar, la recurrente sostuvo que la jueza le exigió
recaudos no previstos en las normas aplicables, en particular, haber realizado
alguna reserva o compra, o haber contactado a la demandada. Afirmó que la
sentenciante confunde el concepto de oferta y de publicidad, y precisó que esta
última no requiere la aceptación del consumidor, tal como surge de los artículos
1101 y 1103 del Código Civil y Comercial de la Nación; de los artículos 8 y 9 de la
Ley de Defensa del Consumidor y del artículo 9 de la Ley de Lealtad Comercial.
Consideró que es el proveedor quien tiene que probar que las publicidades no
fueron engañosas.
En segundo lugar, señaló que la jueza a quo valoró erradamente la
prueba producida, y le impuso cargas probatorias imposibles de cumplir.
Por un lado, sostuvo que omitió valorar adecuadamente las
publicidades acompañadas; en particular, no ponderó sus leyendas ni el contexto de
“Cybermonday”. Alegó que tampoco analizó si la información proporcionada era
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cierta, clara, detallada, adecuada, veraz y oportuna en los términos de las normas
aplicables.
Por otro lado, afirmó que la pericia informática tuvo por auténticos
los links acompañados. Agregó que no se encuentra acreditado que la demandada
haya publicitado a partir de los hábitos de navegación de la actora, y menos aún,
que ello haya sido consentido. Alegó que esa práctica comercial es violatoria de la
Ley de Protección de Datos Personales (Ley 25.326).
En tercer lugar, manifestó que la sentencia tergiversó su pretensión
central que consiste en que las publicidades de la demandada son engañosas, lo
que, afirma, no fue analizado debidamente. Apuntó que la responsabilidad por
publicidad ilícita no requiere que el oferente haya tenido intención de engañar.
Explicó que esos requisitos no surgen del artículo 1101 del Código Civil y
Comercial de la Nación que prohíbe los anuncios que induzcan o que puedan
inducir a error. En sentido similar, sostuvo que el artículo 1102 del Código Civil y
Comercial de la Nación tampoco requiere la existencia de un daño. Además,
manifestó que el daño consistió en que no pudo obtener los pasajes deseados y
promocionados. Afirmó que la sentencia se apartó del ordenamiento especial que
protege al consumidor y, en especial, del principio in dubio pro consumidor.
Finalmente, se remitió a lo expuesto en la demanda con relación al
daño moral y al daño punitivo. Agregó que la demandada actuó con dolo ya que
omitió información en las publicidades para llamar la atención del consumidor y
lograr la mayor cantidad de tráfico en su sitio web. Se agravió de la imposición de
las costas, y explicó que el artículo 53 de la Ley 24.240 la exime de su pago.
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III. La contestación
La demandada contestó agravios a fs. 315/329.
De modo preliminar, sostuvo que el recurso de apelación de la
actora revela una mera discrepancia con la sentencia de primera instancia, por lo
que la presentación de la actora no constituye un agravio.
Por un lado, explicó que la sentencia se encuentra debidamente
fundada, en cuanto la jueza a quo sustentó su decisión en la prueba producida en el
expediente y en la Constitución Nacional, el Código Civil y Comercial de la
Nación y el Código Procesal Civil y Comercial de la Nación.
Consideró que la sentenciante no agregó requisitos a las normas
aplicables, sino que sostuvo solamente que la actora no demostró el trato indigno
propiciado, ya que nunca hubo una comunicación entre las partes para realizar la
compra.
Por otro lado, alegó que la jueza valoró la prueba producida sin
arbitrariedad puesto que en el caso la accionante no probó la autenticidad de los
banners. Señaló que el principio rector de la responsabilidad civil en el
ordenamiento jurídico argentino es el deber de acreditar el daño, en los términos
del artículo 1716 del Código Civil y Comercial de la Nación, lo que no fue
demostrado por la actora en el caso.
Finalmente, sostiene que no procede el daño moral y el daño
punitivo. Por último, considera que el beneficio de justicia gratuita garantizado en
el artículo 53 de la Ley 24.240 no implica la eximición del pago de las costas del
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proceso, por lo que solicita el rechazo del recurso de apelación y la confirmación
de la sentencia de primera instancia, con costas a la actora.
IV. La Decisión
En el recurso bajo examen, la cuestión controvertida consiste en
determinar si las condiciones publicitadas en los anuncios que dieron origen a estas
actuaciones fueron cumplidas por la demandada, y si contienen indicaciones falsas
o que induzcan a error a los consumidores. En su caso, se discute si ello se
encuentra prohibido por la Ley de Defensa del Consumidor, el Código Civil y
Comercial de la Nación y la Ley de Lealtad Comercial, y si genera un deber de
indemnizar los daños reclamados por la Sra. Balbi.
La causa gira en relación a tres publicidades digitales que habría
recibido la actora en su cuenta personal de Facebook. Concretamente: 1) la
publicidad del 27 de noviembre de 2017 que ofertaba un pasaje hacia la ciudad de
Londres; 2) la publicación del 1 de diciembre de 2017 relativa a un vuelo hacia la
ciudad de Miami; y 3) la oferta del 2 de diciembre de 2017 de un ticket aéreo con
destino a la ciudad de Barcelona.
(i) La autenticidad de las publicidades
En mi entender, debe tenerse por acreditada la autenticidad de las
publicaciones digitales aportadas por la parte actora, a pesar de la negativa
plasmada por la demandada en su contestación de demanda.
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En el moderno derecho procesal ya no existen reglas absolutas en
materia probatoria, en tanto predomina el principio de la “carga probatoria
dinámica”, el cual coloca en cabeza de la parte que se encuentre en mejores
condiciones para su producción; no hay preceptos rígidos sino la búsqueda de la
solución justa según la circunstancia del caso concreto (conf. Peyrano, Jorge
Chiappini, Julio, “Lineamentos de las cargas probatorias dinámicas”, ED, 107
1005; Peyrano, Jorge; “Doctrina de las cargas probatorias dinámicas”, LL, 1991B,
1034).
Además, no existe controversia en orden a que es aplicable en el
sub lite el ordenamiento protectorio del consumidor puesto que la actora, al recibir
publicidades donde la demandada ofrece sus productos, demostró estar expuesta a
una práctica comercial (art. 1096, CCCN) y debe ser considerada una consumidora
potencial (arts. 7 y 8, Ley 24.240).
En este marco, el artículo 53 de la ley 24.240 impone a los
proveedores la carga de aportar al proceso todos los elementos de prueba que obren
en su poder, en orden a las características del bien o servicio, prestando la
colaboración necesaria para el esclarecimiento de la cuestión debatida en juicio
(CNCom., esta Sala, “De Luca, José E. c/ Banco Itaú Argentina S.A. s/
sumarísimo” del 18.12.2018, entre tantos otros).
En consecuencia, en el caso, la demandada no podía limitarse a
efectuar una negativa de las publicidades, puesto que estaba en mejores
condiciones de probar su autenticidad o falsedad, y la legislación vigente le
atribuye un rol activo en la producción de las pruebas que se encuentren dentro de
su alcance y que ayuden a esclarecer los extremos controvertidos.
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En concreto, “Almundo” estaba en mejores condiciones para
demostrar los términos exactos en los cuales las distintas publicidades o banners
fueron anunciados. Ella es quien los organiza y contrata a las distintas empresas
digitales para que los difundan. De hecho, en la contestación de la demanda, aclara
que “…antes de mostrarse en Facebook o Instagram, los anuncios se revisan para
garantizar que cumplen nuestras políticas de publicidad…”. En este sentido,
hubiera resultado relativamente sencillo para la demandada aportar las
publicidades que se efectuaron sobre sus productos en los días denunciados por la
accionante, o, eventualmente, indicar que no se realizaron anuncios en esas fechas.
Además, los hechos deben ser ponderados en el contexto de la
publicidad digital. A diferencia de los anuncios gráficos, la publicidad digital
presenta indudables dificultades probatorias para los consumidores, quienes se ven
constantemente expuestos a numerosas ofertas y publicidades mientras navegan en
internet. Como es de público conocimiento, estas solo se hacen visibles por escasos
períodos de tiempo y constantemente son renovadas, sin dejar un rastro visible para
el destinatario de la oferta. Estas particularidades propias de la realidad moderna
imponen una flexibilización de las cargas probatorias. Una posición
extremadamente rigurosa sobre este aspecto podría tornar en una prueba diabólica
para los consumidores.
Para más, en el caso, la consumidora no se limitó a acompañar las
capturas de pantalla de las publicidades, sino que ofreció prueba pericial para
acreditar su autenticidad. La experta en informática señaló que no pudo ingresar a
las direcciones de los distintos banners por haberse expirado su vigencia. Sin
embargo, aclaró que por el certificado de autenticidad que posee la página de
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internet de la encartada “…se verificó la autenticidad de los enlaces anexados a la
demanda y correspondientes a [Link]…” (ver pto. 6 ―conclusiones ―
del dictamen pericial).
En ese marco, entiendo que se encuentra acreditada la autenticidad
de las publicidades que dieron origen a estas actuaciones.
(ii) La publicidad y los derechos de los oferentes y los
consumidores
De modo previo a analizar específicamente los anuncios
publicitarios que dieron origen a estas actuaciones, estimo útil realizar algunas
consideraciones sobre la relevancia de la publicidad en la actual sociedad de
consumo de bienes y servicios, y los derechos constitucionales que se encuentran
en juego en su regulación. Esas cuestiones guiarán la interpretación de las
cuestiones fácticas y jurídicas debatidas en el presente caso.
En efecto, la publicidad puede ser entendida como “toda forma de
comunicación realizada por una persona física o jurídica, pública o privada en el
marco de una actividad comercial, industrial, artesanal o profesional con el fin de
promover de forma directa o indirecta la contratación de bienes o servicios” (Pérez
Bustamante, Laura, “Derecho Social de Consumo”, 2da. Edición actualizada, págs.
695, ed. La Ley, Bs. As., 2014; además, ver Ley General de Publicidad 34/1988 de
España). El mensaje publicitario se compone generalmente de dos elementos: uno
objetivo, constituido por la información concreta sobre el bien o servicio; y otro
subjetivo, identificado con la creatividad y aquello que “decora” la presentación
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del bien con independencia de sus características propias (Pérez Bustamante,
Laura, ob. cit., p. 696). Ambos elementos buscan persuadir al consumidor sobre la
conveniencia de la adquisición.
Los efectos de la publicidad son potenciados por los medios
masivos de comunicación y, en la actualidad, por los medios digitales, que
posibilitan formas aún más efectivas como la publicidad dirigida y predictiva, y
otras estrategias del marketing en línea, como el retargeting. Estas nuevas
realidades definen las características de los vínculos de consumo.
Desde el punto de vista del oferente, la publicidad es un medio
para captar clientela y promover sus bienes y servicios, en ejercicio de la libertad
de expresión (arts. 14 y 32, Constitución Nacional) y los derechos a trabajar y
ejercer toda industria lícita (art. 14, Constitución Nacional).
Desde la perspectiva del consumidor, la publicidad es el medio de
acceso a la información sobre la existencia y características de los bienes y
servicios ofrecidos en el mercado. Además, el poder de persuasión de la publicidad
influye, e incluso determina, las decisiones de consumo. El artículo 42 de la
Constitución Nacional establece que los consumidores y usuarios de bienes y
servicios tienen derecho, en la relación de consumo, a la protección de su salud,
seguridad e intereses económicos; a una información adecuada y veraz; a la
libertad de elección, y a condiciones de trato equitativo y digno (Fallos: 338:1344
y 340:172). La Corte Suprema advirtió que la reforma constitucional reconoció las
hondas desigualdades inmanentes al mercado y al consumo en atención a la
asimetría real en que se encuentra la persona que acude al mercado en aras de
satisfacer sus necesidades humanas (Fallos: 339:1077).
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En cuanto interesa al presente caso, la publicidad pone en juego
dos aspectos esenciales de esos derechos fundamentales de los consumidores.
Por un lado, el derecho a la información porque los datos provistos
voluntariamente por los oferentes a través de la publicidad deben ser adecuados y
veraces. En el caso de la publicidad engañosa, el oferente, lejos de compensar la
situación de asimetría informativa en las que se encuentran los consumidores y los
sujetos expuestos a las prácticas comerciales, se aprovecha de ese estado de
vulnerabilidad.
Por otro lado, la libertad de elección de los consumidores. Ese
derecho está vinculado con el derecho a la autonomía personal protegido desde
antaño por nuestra Constitución Nacional (art. 19, Constitución Nacional; Fallos:
332:1963; 335:799 y 338:556). Los constituyentes de la última reforma
entendieron que, en el marco de la sociedad de consumo, esa norma no es
suficiente para garantizar la autonomía en las decisiones vinculadas al consumo,
sino que se requiere una protección reforzada, lo que llevó a incluir expresamente a
libertad de elección en el artículo 42 de la Constitución Nacional.
Cuando los oferentes atraen a los consumidores a sus bienes y
servicios mediante engaños, ello implica una interferencia en la autonomía
vinculada a las decisiones de consumo, que, además, pueden tener transcendencia
en otros aspectos fundamentales de la vida personal. Esta interferencia se ve
agravada en las nuevas modalidades de consumo a través de medios digitales y de
la publicidad digital, donde los consumidores no solo pierden capacidad de
decisión a raíz de la velocidad de las ofertas y las contrataciones, sino también
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porque desconocen las características básicas de esas nuevas formas de contratar y
publicitar.
En ese marco interpretativo, paso a analizar los anuncios que
dieron origen a estos actuados.
(iii) Publicidad del 27 de noviembre de 2017
En la publicación en cuestión se observa: “¡Volá Almundo con
CyberMonday! ¡SOLO POR HOY!…El pasaje que querías para Londres está por
sólo $17.686.”. Luego, en un recuadro en la parte inferior se lee: “Londres desde
$17.686 Ver oferta”.
En relación a esta publicidad, la accionante denunció que, atraída
por el precio informado en el banner, decidió ingresar a la página web de la
demandada y que pese a las búsquedas que realizó no logró encontrar una opción
que coincida con el precio ofertado.
A mi modo de ver, y tal como paso a explicar, esa publicidad
genera responsabilidad en la demandada ya sea por el incumplimiento de las
precisiones ―el precio― ofrecidas en la publicidad, o bien por el carácter
engañoso del anuncio.
En primer término, cabe tener en cuenta que los artículos 7 y 8 de
la Ley 24.240 y el artículo 1103 del Código Civil y Comercial de la Nación prevén
que las precisiones formuladas en la publicidad obligan al oferente y, en
consecuencia, el consumidor potencial tiene derecho a exigir su cumplimiento.
Fecha de firma: 05/11/2021
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En efecto, el artículo 7 dispone que “la oferta dirigida a
consumidores potenciales indeterminados, obliga a quien la emite durante el
tiempo en que se realice, debiendo contener la fecha precisa de comienzo y de
finalización, así como también sus modalidades, condiciones o limitaciones. La
revocación de la oferta hecha pública es eficaz una vez que haya sido difundida por
medios similares a los empleados para hacerla conocer.”
Luego, el artículo 8 establece que “las precisiones formuladas en
la publicidad o en anuncios, prospectos, circulares u otros medios de difusión se
tienen por incluidas en el contrato con el consumidor y obligan al oferente”
(además, ver art. 19, Ley 24.240). En sentido concordante, el artículo 1103 del
Código Civil y Comercial de la Nación estipula que “las precisiones formuladas en
la publicidad o en anuncios, prospectos, circulares u otros medios de difusión se
tienen por incluidas en el contrato con el consumidor y obligan al oferente.”
En el mercado de consumo de bienes y servicios, las ofertas son,
en general, dirigidas a los potenciales consumidores a través de publicidades. Ello
explica que las citadas normas hayan dejado atrás el régimen del antiguo artículo
1148 del Código Civil de la Nación y del artículo 454 del Código de Comercio de
la Nación para ampliar la protección de los consumidores. En la actualidad, la
publicidad es el principal medio de información precontractual y, por ello, las
normas de protección al consumidor tutelan jurídicamente las expectativas
económicamente razonables generadas por la publicidad (Kemelmajer de Carlucci,
Aída R., “Publicidad y consumidores”, en Revista de Derecho Privado y
Comunitario, Nº5, Consumidores, Ed. Rubinzal Culzoni, p. 142).
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Esas expectativas influyen en la adopción de decisiones de
consumo. La citada autora explica que el fundamento de la actual protección no
reside en el contrato promovido y celebrado sino en la confianza negocial y
obligacional generada por medio de las declaraciones publicitarias (Kemelmajer de
Carlucci, Aída R., ob. cit., p. 144). También se ha dicho que “las precisiones del
oferente realizadas a través de los mecanismos de información al consumidor y la
publicidad comercial, son vinculantes para el empresario por la generación de
confianza que implican, y por ser generalmente el medio que da origen a las
relaciones jurídicas entre anunciante y consumidor o usuario” (CNCAF, Sala II,
“Asist. Med. S. A. c. Secretaría de Comercio e Inversiones”, del 7.10.1999).
A través de esas normas, no solo se protege las expectativas
razonablemente creadas por los oferentes, sino que se propicia la confianza y
buena fe en las relaciones de consumo, que se ven defraudadas cuando los
oferentes intentan captar clientela a partir de la publicidad de bienes y servicios
inexistentes. La doctrina ha explicado que el régimen busca evitar la práctica
frecuente de atraer clientes mediante ofertas engañosas. El mecanismo es el
siguiente: un consumidor se acerca al local motivado por un precio bajo o bien
considerado muy conveniente y una vez allí se entera del supuesto error de la
publicación. Es frecuente que el consumidor, en esa oportunidad, observe los
productos del local y termine adquiriendo el producto original a un precio mayor, o
bien un producto distinto al publicitado. En definitiva, el objetivo comercial de
vender se cumplió, pero el mecanismo por el cual el consumidor fue atraído
configura una práctica comercial reñida con la buena fe (Pérez Bustamante, Laura,
ob. cit., págs. 707 y sgtes. y sus citas).
Fecha de firma: 05/11/2021
Firmado por: MATILDE BALLERINI, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: ADRIANA E. MILOVICH, PROSECRETARIA DE CAMARA
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En suma, los artículos 7 y 8 de la Ley 24.240 y el artículo 1103 del
Código Civil y Comercial de la Nación no solo reconocen el derecho del
consumidor a exigir al proveedor el cumplimiento de las condiciones publicitadas
en marco de la ejecución de un contrato de consumo; sino también estipulan el
derecho de los potenciales consumidores a exigir la celebración del contrato de
acuerdo con las condiciones expresadas en la publicidad (art. 10 bis, Ley 24.240).
En el presente caso, a través de la publicidad en cuestión,
Almundo ofreció a consumidores potenciales indeterminados ―entre ellos, la
señora Balbi― un bien suficientemente identificado ―pasaje aéreo con destino a
Londres― a un precio ―$17.686―.
Si bien las condiciones concretas del pasaje, como afirma la propia
actora, no resultaban del banner, y el precio ofrecido era “desde $17.686”, lo cierto
es que la publicidad generó en la señora Balbi la expectativa razonable de que la
demandada ofrecía algún pasaje a esa ciudad a ese precio. Las precisiones
contenidas en la publicidad son vinculantes para la demandada en los términos de
los citados artículos 7 y 8 y 1103. El precio de $17.686 configura una precisión, y,
además, es un elemento objetivo de la publicidad, que el oferente podía elegir
informarlo o no, pero si lo hizo, debe hacerlo en forma adecuada y veraz (art. 42,
Constitución Nacional, art. 4, Ley 24.240 y art. 1100, CCCN).
A partir de esa expectativa creada por el anuncio, la actora hizo
“click” en la publicidad en busca del producto ofrecido, y fue dirigida al sitio web
de la demandada, pero no logró acceder a aquel; por el contrario, tal como surge de
la prueba documental que acompañó, los vuelos encontrados para ese destino
tenían al menos el doble de precio.
Fecha de firma: 05/11/2021
Firmado por: MATILDE BALLERINI, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: ADRIANA E. MILOVICH, PROSECRETARIA DE CAMARA
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En este sentido, y en línea con lo ya expuesto en el apartado (i), es
importante considerar las cargas probatorias con relación a la existencia del
producto ofrecido. Para quien creó, organizó y utilizó la publicación es
relativamente sencillo acreditar que existían los servicios o productos ofrecidos.
No se le puede imponer a la actora demostrar la inexistencia de pasajes al precio
ofertado puesto que sería como imponerle la carga de un hecho negativo, de
imposible o extremadamente dificultoso cumplimiento. Por el contrario, la
demandada, profesional e indudablemente especializada en la materia, sólo tenía
que probar que efectivamente el día 27 de noviembre de 2017 existían opciones de
vuelos hacia la ciudad de Londres por el precio indicado. Sin embargo, no ofreció
ninguna prueba en este sentido. Es más, aun dando por cierta la versión de la
demandada, esto es, que el vuelo habría sido para viajar ese día, es decir, para el
27.11.2017, tampoco acreditó ni ofreció alguna prueba para demostrar la existencia
de tickets aéreos hacia ese destino por el precio publicitado.
La conducta de la demandada debe ser ponderada teniendo en
cuenta el importante grado de profesionalización que ha alcanzado la publicidad,
en general, y la desarrollada por la demandada, en particular (ver declaraciones
testimoniales de los Sres. Pocai de Almeida y Abate). Esta incuestionable
especialización y superioridad técnica me persuade a juzgar con mayor rigurosidad
su accionar. Su conducta no puede apreciarse con los parámetros aplicables a un
neófito, sino que debe ajustarse a un estándar de responsabilidad agravada (esta
Sala, “Giacchino, Jorge c/ Machine & Man”, del 23.11.1995, “Molinari, Antonio
Felipe c/ Tarraubella Cia. Financiera S.A.”, del 24.11.1999, Doctrina Societaria,
Ed. Errepar, T. XI, p. 905; entre tantos otros).
Fecha de firma: 05/11/2021
Firmado por: MATILDE BALLERINI, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: ADRIANA E. MILOVICH, PROSECRETARIA DE CAMARA
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En ese marco, entiendo que la actora logró acreditar el
incumplimiento de las precisiones publicitadas por Almundo a través del anuncio
del 27.11.2017 en violación a lo dispuesto por los artículos 7 y 8 de la Ley 24.240
y el artículo 1103 del Código Civil y Comercial de la Nación.
En segundo término, puesto que la demandada no alegó ni acreditó
la existencia de algún pasaje a Londres al precio publicitado, puede afirmarse no
solo que no cumplió las condiciones anunciadas, sino que también, tal como
manifiesta la actora, atrajo consumidores potenciales a partir de un engaño sobre el
valor del pasaje aéreo a Londres. Ello genera responsabilidad en la demandada en
los términos de los artículos 1101 del Código Civil y Comercial de la Nación y 9
de la Ley de Lealtad Comercial, tal como desarrollo en el punto siguiente al tratar
los restantes avisos publicitarios.
(iv) Publicidades del 1 y 2 de diciembre de 2017
En términos similares, en ambas ofertas se observa el siguiente
texto: “¡SOLO POR HOY! El pasaje que querías para Miami está por sólo 2318 $.
Atrapá esta oferta y aprovechá la mejor financiación para tus vacaciones en
serio…” (la que ofrecía como destino a Barcelona indicaba un valor de $3873,38).
A diferencia de lo acontecido en el supuesto del apartado
precedente, aquí la accionante no desconoció la existencia de los vuelos de acuerdo
con los precios promocionados, sino que sencillamente cuestionó que la publicidad
efectuada por “Almundo” resultaba engañosa en la medida que omitió incluir
información esencial: el aeropuerto de partida.
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La publicidad engañosa se encuentra prohibida por los artículos
1101 del Código Civil y Comercial de la Nación y del artículo 9 de la Ley de
Lealtad Comercial.
Por un lado, el artículo 1101 prohíbe toda publicidad que “a)
contenga indicaciones falsas o de tal naturaleza que induzcan o puedan inducir a
error al consumidor, cuando recaigan sobre elementos esenciales del producto o
servicio; b) efectúe comparaciones de bienes o servicios cuando sean de naturaleza
tal que conduzcan a error al consumidor; c) sea abusiva, discriminatoria o induzca
al consumidor a comportarse de forma perjudicial o peligrosa para su salud o
seguridad.” En consonancia con ello, el artículo 1102 otorga a los consumidores
una acción de cese de la publicidad ilícita, pudiendo solicitar también la
publicación de anuncios rectificatorios y de la sentencia condenatoria.
Por su parte, la ley de Lealtad Comercial, vigente al tiempo de los
hechos, en su artículo 9 dispone que “queda prohibida la realización de cualquier
clase de presentación, de publicidad o propaganda que mediante inexactitudes u
ocultamientos pueda inducir a error, engaño o confusión respecto de las
características o propiedades, naturaleza, origen, calidad, pureza, mezcla, cantidad,
uso, precio, condiciones de comercialización o técnicas de producción de bienes
muebles, inmuebles o servicios”.
En consonancia con lo expuesto en el apartado (ii), el fundamento
de estas prohibiciones es la protección del derecho de los consumidores a obtener
información adecuada y veraz sobre los bienes y servicios, y a adoptar elecciones
libres en materia de consumo. No hay libertad en la decisión de consumo que fue
producto del error, engaño o confusión inducida por una publicidad. En ese
Fecha de firma: 05/11/2021
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supuesto, hay un ejercicio ilegítimo por parte de los oferentes de sus derechos a la
libertad de expresión y a trabajar y ejercer toda industria lícita puesto que buscan
captar clientela a partir de la vulneración de los derechos de los consumidores.
En la misma línea, el derecho comparado prohíbe la publicidad
engañosa. Así, en el marco de la Unión Europea, la directiva 84/450 dispone en su
artículo 2 que es engañosa “toda publicidad que, de una manera cualquiera,
incluida su presentación, induce a error o puede inducir a error a las personas a las
que se dirige o afecta y que, debido a su carácter engañoso, puede afectar su
comportamiento económico o que, por estas razones, perjudica o es capaz de
perjudicar a un competidor” (además, art. 3. Directiva 2006/114/CE y arts. 6 y 7,
Directiva 2005/29/CE del Parlamento Europeo; art. 3, Ley General de Publicidad
34/1988 de España y art. 5, Ley de Competencia Desleal 3/1991 de ese país; art. 2,
res. 45/2006, Grupo Mercado Común, Mercosur y art. 3, inc. 1.4, Ley 1480/2011
de Colombia).
Por su parte, el Código de Defensa del Consumidor de Brasil
establece que “es engañosa cualquier modalidad de información o comunicación de
carácter publicitario, total o parcialmente falsa, lo que incluye la omisión, capaz de
inducir en error al consumidor respecto de la naturaleza, características, cualidades,
cantidades, propiedades, origen, precio o cualquier otro dato sobre productos o
servicios” (art. 37 ap. 1°).
El elemento definitorio de la publicidad engañosa es su aptitud
objetiva para producir en el consumidor una idea equivocada del producto o del
servicio que se le ofrece. El daño al derecho de los consumidores a adoptar
decisiones libres e informadas es tan grave que los legisladores no solo prohibieron
Fecha de firma: 05/11/2021
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las publicidades que induzcan a error sino también las “que puedan inducir a
error”, cuando recaigan sobre elementos esenciales del producto o servicios (art.
1101, CCCN).
La doctrina ha dicho que “para considerar engañosa la publicidad
es suficiente con la potencialidad de la inducción a error, no es necesario, por lo
tanto, que un error se haya efectivamente padecido. La influencia del engaño en las
decisiones económicas del consumidor no ha de traducirse en una incidencia real,
reflejada en la concreta adquisición del bien o la demanda del servicio al que se
refiera la publicidad engañosa y que, de no mediar engaño, no habría sido
adquirido o demandado, al menos en las mismas condiciones” (Ondarçuhu, José
Ignacio, “Publicidad Engañosa”, Ed. Astrea, 2021, ps. 135/136).
Además, se ha dicho que la publicidad es engañosa, más allá de la
intención del emisor, cuando es objetivamente idónea para producir en el
consumidor una falsa creencia, inducirlo a un dato equivocado (error), e inclinarlo
a una elección económicamente perjudicial para él (PicassoVázquez Ferreira,
“Ley de Defensa del Consumidor”, T° 1. p. 107, ed. La Ley, Bs. As., 2009).
Finalmente, el comportamiento económico susceptible de engaño
debe interpretarse en sentido amplio, encontrándose incluida la etapa previa de
búsqueda de información necesaria para adoptar la decisión de compra por parte
del consumidor (Ondarçuhu, José Ignacio, ob. cit., ps. 138 y 179). De este modo,
en el marco de una acción resarcitoria, y a fin de tener por acreditada la existencia
de un daño en los términos del artículo 1716 del Código Civil y Comercial de la
Nación, se debe ponderar si el engaño afectó el comportamiento económico del
destinatario de la publicidad, y este comprende no solo las decisiones de compra
Fecha de firma: 05/11/2021
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sino también el proceso previo de formación de preferencias, así como las
decisiones del destinatario sobre el ejercicio y cumplimiento de los derechos
emanados del contrato.
En el presente caso, las publicidades cuestionadas, a raíz de sus
leyendas y de la modalidad de su presentación y a partir de omisiones deliberadas,
generaron la expectativa razonable en la consumidora de que ofrecían a un precio
muy conveniente un pasaje desde nuestro país hasta Miami y Barcelona,
respectivamente.
En efecto, el anuncio, recibido por una persona que se encontraba
en la Ciudad de Buenos Aires, afirma “el pasaje que querías para Miami está por
sólo 2318 $”. Esa leyenda está inserta en una presentación que sugiere la existencia
de una gran oportunidad para la consumidora. Así, el anuncio refiere “SOLO POR
HOY!” y “atrapá esta oferta”, así como usa el “emoji” de grito, conocido en las
redes sociales y utilizado, en general, para transmitir conmoción, asombro,
incredulidad e intensa emoción. Finalmente, la publicación omite informar el lugar
de origen del vuelo ofrecido y no expresa ninguna advertencia a la consumidora
sobre sus límites y condiciones; por el contrario, sugiere, al menos, cierta amplitud
al afirmar “el pasaje que querías”.
De este modo, el anuncio tiene una aptitud objetiva para producir
en la consumidora, que, reitero, se encontraba en la Ciudad de Buenos Aires, una
idea equivocada del producto ofrecido, esto es, un pasaje Buenos Aires–Miami o
Buenos Aires–Barcelona, pero no un aéreo Nueva York–Miami o Roma–
Barcelona. Si bien la publicación refiere “ver oferta”, ello es insuficiente para
advertir a la consumidora que el producto en realidad ofrecido es distinto del
Fecha de firma: 05/11/2021
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publicitado. Esa referencia pudo hacer pensar a la consumidora que ciertas
condiciones del pasaje Buenos Aires–Miami o Buenos Aires–Barcelona ―por
ejemplo, las fechas, los horarios, las conexiones, etc. ― serían completadas
entrando al sitio web de la demandada, pero nunca modificadas al punto tal de
ofrecer un producto distinto.
En el caso, Almundo logró obtener la atención de la señora Balbi a
partir de un engaño sobre una condición esencial del producto, esto es, el punto de
partida de los vuelos. A partir de esa creencia errónea, la potencial consumidora
ingresó al sitio de compras de la demandada. Del mismo modo, en el caso del
vuelo publicitado a Londres, la demandada logró captar su atención a partir de un
hecho falso —el precio—.
Aun cuando la señora Balbi haya advertido el error sobre las
condiciones esenciales de los productos al ingresar a la página de la demandada y
haya decidido no comprarlos, los anuncios publicitarios de la demandada lograron
su cometido a partir de un engaño, puesto que la señora Balbi organizó su
comportamiento económico a partir de ese hecho, ingresando al sitio de compras y
buscando la oferta con ánimo de comprar los bienes publicitados. Esto es, el
engaño incidió en la formación de sus preferencias de consumo, por lo que cabe
tener por acreditado un daño resarcible.
En esta línea, y con relación a los actos de engaño en los que
puede incurrir un banner, la doctrina precisó que “puede inferirse que repercute en
el comportamiento económico del consumidor la publicidad que incide en el
proceso de búsqueda de información, determinando que, en virtud de engaños, el
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consumidor o usuario acceda al sitio web al que el banner se remite” (Ondarçuhu,
José Ignacio, ob. cit., p. 179).
Por lo demás, en el presente caso, una de las defensas esgrimidas
por la demandada se vincula con las prácticas modernas de marketing, esto es, la
publicidad realizada sobre la base de la huella digital del consumidor, o bien sobre
las preferencias de quienes navegan en internet que son guardadas por las cookies
(ver contestaciones de la ingeniera en informática a los puntos de pericia
solicitados por la demandada). Más concretamente, la demandada refiere que la
señora Balbi debió haber buscado en el pasado vuelos desde los puntos ofrecidos
en las publicidades cuestionadas, esto es, Nueva York y Roma. En su entender, ello
impidió que la consumidora se viera sorprendida por esas publicidades, o bien que
hubiera podido errar en relación con ese aspecto de los productos ofrecidos.
Esa defensa no prospera en el presente caso. Por un lado, la
demandada no acreditó ni intentó probar que efectivamente la accionante hubiera
buscado en el pasado pasajes desde los puntos de partida ofrecidos en los anuncios
cuestionados. Por otro, tampoco demostró que la consumidora hubiera consentido,
de forma informada, el uso de sus preferencias de navegación. Menos aún, probó
que la consumidora conociera esa modalidad de publicidad, lo que habría
impedido, en el entender de la demandada, que la publicidad tenga una aptitud
objetiva de inducir a error a la señora Balbi sobre las características centrales del
producto. En este punto, las referencias genéricas a los estudios universitarios de la
actora y a su empleo actual no logran conmover las conclusiones expuestas.
En efecto, tal como apunté en el apartado (ii), en el marco del
comercio digital, la capacidad de la publicidad para persuadir a los consumidores y
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determinar sus decisiones de consumo se ve incrementada por nuevas estrategias
de marketing. Las características básicas de estas nuevas modalidades de
marketing son, en general, desconocidas por los consumidores promedios, lo que
incrementa su poder de penetración en la autonomía de la voluntad de los
consumidores. En el caso, no se encuentra en debate la existencia y el eventual
incumplimiento de un deber de informar sobre estos aspectos del vínculo
comercial; sin embargo, la defensa de la proveedora no puede estar fundada en una
práctica publicitaria que no acreditó que fuera conocida y comprendida por la
accionante.
En suma, las publicidades cuestionadas son contrarias a los
artículos 1103 del Código Civil y Comercial de la Nación y 9 de la Ley de Lealtad
Comercial, lo que genera un deber de indemnizar los daños, sobre la base del
artículo 1716 del Código Civil y Comercial de la Nación, en consonancia con las
previsiones del artículo 1102 y del artículo 10 bis de la Ley de Defensa del
Consumidor. Establecida la responsabilidad de la demandada, resta analizar los
rubros indemnizatorios.
V. Los daños
1. En primer lugar, la actora reclamó “el cumplimiento de lo
prometido en las publicidades o, en su defecto, el dinero correspondiente al costo
de los pasajes para poder adquirirlos” por su cuenta, menos lo que debería abonar
si la publicidad se cumpliera.
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Con respecto al anuncio del 27 de noviembre de 2017,
corresponde, en atención a la pretensión de la actora y en los términos de los
artículos 7, 8 y 10 bis de la Ley 24.240, los artículos 1101, 1102, 1103 y 1716 del
Código Civil y Comercial de la Nación y el artículo 9 de la Ley 22.802, condenar a
la demandada a entregar productos equivalentes a los publicitados (art. 10 bis, incs.
a y b, Ley 24.240), por lo que se le ordena a Almundo la entrega, previo pago del
precio publicitado, de dos pasajes para el tramo Buenos Aires–Londres, en clase
económica, con no más de dos escalas y menos de 6 horas por escala, en cualquier
momento del año.
Del mismo modo, con respecto a las publicaciones del 1 de
diciembre de 2017 y del 2 de diciembre de 2017, considero que la forma de reparar
el daño causado a las expectativas razonables generadas por los anuncios
engañosos es, en este caso concreto, condenar a la demandada a entregar productos
equivalentes a los publicitados (arg. art. 10 bis, incs. a y b, Ley 24.240; arts. 1101,
1102, 1103, 1716 y 1737, ss. y cc., CCCN y art. 9, Ley 22.802). Por ello,
corresponde ordenar a la demandada a entregar, previo pago de los precios
anunciados, dos pasajes para el tramo Buenos Aires – Miami, en clase económica,
en cualquier momento del año y dos pasajes para el tramo Buenos Aires –
Barcelona, en clase económica, en cualquier momento del año, con no más de dos
escalas y menos de 6 horas por escala.
2. Por otro lado, la actora peticionó una reparación por daño moral
por el monto de $30.000, o lo que surja de la prueba producida en autos.
Fecha de firma: 05/11/2021
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Cabe recordar que el daño moral ha sido caracterizado por esta
Sala como la lesión a uno o varios intereses inherentes a la personalidad de un
sujeto de derecho e incide en la capacidad de sentir, de querer o de pensar. Es todo
dolor o sufrimiento producido por una lesión a los sentimientos más íntimos de las
personas y que merecen una protección legal en tanto se les reconoce un valor
principalísimo en la existencia y desarrollo del individuo y de la sociedad
(CNCom., “Vega, Fabricio N. c. Expreso Caraza SAC s/ sumario”, 20.03.2007,
entre otros).
Sabido es que la reparación del daño moral derivado de la
responsabilidad contractual queda librada al arbitrio judicial, quien libremente
apreciará su procedencia. Sin embargo, se debe proceder con estrictez y es a cargo
de quien lo reclama su prueba concreta. Pero además de probar la existencia del
agravio, debe demostrarse, en lo posible, su cuantía o, cuando menos, las pautas de
valoración que permitan al Juzgador proceder a la determinación (CNCom, esta
Sala, “Bargalló, Federico y otro c/ Gol Linhas Aéreas SA s/ordinario”,
28.09.2020).
De otra manera la indemnización podría configurar una
confiscación o enriquecimiento sin causa a favor del reclamante (CNCom., esta
Sala, “Laborde de Ognian, Ethel B. c. Universal Assistance SA”, 9.02.2010 y sus
citas).
En la presente, la actora se limitó a invocar que padeció
sentimientos desagradables, pero no ofreció ni produjo ninguna prueba tendiente a
la demostración de la existencia del daño moral reclamado y de su extensión. En
Fecha de firma: 05/11/2021
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estas condiciones particulares, considero que no corresponde la procedencia de este
rubro indemnizatorio.
3. Por último, la actora solicitó la aplicación de la multa civil por
daño punitivo, la cual estimó en $250.000 o lo que más o menos resulte de las
pruebas en el expediente. Sustentó la necesidad de aplicar una multa de este tipo en
la culpa grave que demostró la demandada en su desinterés por los clientes, además
de considerar necesario poner un límite a los abusos de las empresas como la
demandada que se aprovechan de los pocos casos que efectivamente llegan a
juicio.
El daño punitivo se encuentra receptado en nuestro ordenamiento
jurídico en el artículo 52 bis de la Ley de Defensa del Consumidor. El daño
punitivo se erige en nuestro ordenamiento jurídico como una herramienta tuitiva
para el consumidor (art. 42, Constitución Nacional) en el marco del derecho de
daños.
Cabe señalar que el daño punitivo regulado por esa norma
constituye una multa civil que, en el marco de una relación de consumo, puede ser
aplicada por el juez a un proveedor de bienes o servicios, y a instancia y beneficio
del damnificado. Se trata de una suma de dinero que excede la reparación del daño
sufrido y cuya función es sancionar conductas graves y con impacto social que
lesionan los derechos de los consumidores.
Al mismo tiempo, esa multa civil posee una función preventiva
toda vez que genera incentivos económicos suficientes en el infractor para, por un
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lado, disuadirlo de incurrir en conductas perjudiciales similares y, por el otro,
desalentar su incumplimiento eficiente de normas (cf. Diario de Sesiones de la
Cámara de Diputados de la Nación, 18° Sesión Ordinaria, Dictamen de las
Comisiones de Defensa del Consumidor, de Comercio y de Justicia, Fundamentos,
párr. 15, 9 de agosto de 2006). En este último aspecto, procura que para el
proveedor no resulte más conveniente, en términos económicos, reparar que evitar
el daño. Finalmente, el daño punitivo busca que el impacto de ese efecto disuasivo
se extienda a otros agentes de modo tal que se abstengan de incurrir en la conducta
socialmente no deseada.
La sanción pecuniaria en el daño punitivo está estrechamente
asociada a la idea de prevención de ciertos daños, y también a la punición y al
pleno desmantelamiento de los efectos de ilícitos que, por su gravedad o por sus
consecuencias, requieren algo más que la mera indemnización resarcitoria de los
perjuicios causados (CNCom, esta Sala, “Acuña Miguel Ángel c/ Banco de Galicia
y Buenos Aires S.A. s/ sumarísimo” del 28.06.2016; Stiglitz, Rubén S. y Pizarro,
Ramón D., “Reformas a la ley de defensa del consumidor”, LL, 2009B, p. 949).
En sentido similar, la jurisprudencia de la Suprema Corte de los
Estados Unidos, país que ha desarrollado una extendida práctica de condenas por
daños punitivos, ha puntualizado que la imposición de esos daños tiene por
finalidad la sanción y la disuasión (cf. doct. Corte Suprema de los Estados Unidos,
“Pacific Mutual Life Insurance Company v. Haslip”, 499 U.S. 1 (1991), 4 de
marzo de 1991; “BMW of North America, Inc. v. Ira Gore, Jr.”, 517 U.S. 559
(1996), 20 de mayo de 1996; “State Farm Mutual Automobile Insurance Co. v.
Campbell, et al”, 538 U.S. 408, 7 de abril de 2003).
Fecha de firma: 05/11/2021
Firmado por: MATILDE BALLERINI, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: ADRIANA E. MILOVICH, PROSECRETARIA DE CAMARA
Firmado por: MARIA GUADALUPE VASQUEZ, JUEZA DE CAMARA
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Tanto en el derecho comparado como en la doctrina nacional se
destacó que esta sanción sólo procede en casos de particular gravedad, calificados
por: a) dolo o culpa grave del sancionado; b) obtención de enriquecimiento
indebidos derivados del ilícito; o c) en casos excepcionales, por un abuso de
posición de poder, particularmente cuando evidencia menosprecio grave por
derechos individuales o de incidencia colectiva (CNCom, esta Sala, “Spadavecchia
María Cristina c/ Agroindustrias Cartellone S.A. s/ ordinario”, 19.11.2015)
No todo incumplimiento puede dar lugar a la fijación de daños
punitivos. Se trata de casos de particular gravedad, que denotan, por parte del
dañador, una gran indiferencia o menosprecio por los derechos ajenos, priorizando
netamente aspectos económicos. Lo que se busca con esta figura es castigar la
conducta desaprensiva que ha tenido el dañador respecto de los derechos de
terceros.
En el presente caso, entiendo que se encuentran reunidos los
presupuestos para la aplicación de daños punitivos.
En primer lugar, cabe destacar la gravedad de los hechos que
dieron lugar a estas actuaciones. La gravedad no solo está vinculada con la
naturaleza y relevancia de los derechos afectados, esto es, el derecho de los
consumidores a obtener información adecuada y veraz y a la libertad en las
elecciones, sino en el carácter generalizado e indeterminado de los sujetos
afectados. La cantidad de anuncios que dieron origen a estas actuaciones demuestra
que no se trató de un acto aislado, sino de una política publicitaria extendida de la
demandada. Además, es dable pensar que no solo la señora Balbi resultó engañada
por productos ofertados a precios muy convenientes que, luego, no eran tales, sino
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que innumerables consumidores fueron captados por la demandada a través de esas
publicidades engañosas. Incluso, la captación de clientela a partir de engaños
distorsiona el funcionamiento del mercado y los intereses de los competidores.
De este modo, los hechos controvertidos en el sub lite tuvieron un
impacto colectivo, que trasciende la reparación de los daños acreditados por la
actora en esta causa.
En segundo lugar, se encuentra comprobado que los
incumplimientos de las condiciones publicitadas y, más aún, los engaños en los
anuncios cuestionados no fueron el resultado de un error de la demandada, sino de
una conducta intencional y deliberada. Al menos, se encuentra acreditada una
conducta desaprensiva en relación con las expectativas que se formaban los
consumidores a partir de las publicidades realizadas.
Por último, las trabas existentes en el acceso a la justicia, sumado
al costo en términos de tiempo, tornan poco probable que los consumidores
reclamen en este tipo de situaciones, lo cual conlleva que para los proveedores que
tienen este comportamiento sea más ventajoso en términos de costo – beneficio
mantener ese comportamiento antijurídico que hacer lo correcto. En este sentido,
considero que resulta necesaria la aplicación de una multa por daños punitivos,
para poder modificar esta ecuación económica que estimula el comportamiento
ilícito aquí reprochado.
Por todo lo expuesto, y teniendo en cuenta la pretensión de la
actora, establezco la multa por daños punitivos en $250.000 a la fecha de este
pronunciamiento.
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VI. No se advierte que medien aquí circunstancias excepcionales
que permitan soslayar el criterio objetivo de la derrota (art. 68 CPCC). En
consecuencia, las costas deberán imponerse en ambas instancias a la demandada en
su condición de sustancialmente vencida.
VII. Como consecuencia de lo expuesto propongo a mis
distinguidas colegas: i) admitir el recurso de la parte actora ii) revocar la sentencia
dictada el 21.10.2020 y, en consecuencia, iii) hacer lugar a la demanda promovida
por la Sra. María Lucía Balbi contra [Link] SRL, ex Asatej SRL en los
términos expuestos, con costas de ambas instancias a la demandada.
Así voto.
La Sra. Jueza de Cámara Dra. Matilde E. Ballerini dijo:
Comparto la solución arribada por mi distinguida colega
preopinante.
En adición a los sólidos argumentos esgrimidos en su ponencia,
tan sólo deseo añadir como elemento coadyuvante que el ordenamiento particular
de las agencias de viajes también refiere a la propaganda.
En efecto, el artículo 8 de la Ley 18.829, establece que: “Las
personas a que se refiere el Artículo 1º de la presente Ley están obligadas a
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respetar los contratos, las tarifas convenidas y a ser veraces en la propaganda que
realicen a fin de promover sus actividades, debiendo el material de dicha
propaganda reflejar exactamente, sin dar lugar a confusión, el tipo de servicio
ofrecido” (el destacado es propio).
Como se expresó en el voto que antecede al presente y comparto,
las diversas publicidades analizadas en esta causa lejos se encontraron de cumplir
con dicho objetivo.
Mediante distintos ardides se procuró tentar a los potenciales
consumidores a ingresar a su sitio de ventas, infringiendo así la conducta esperada
por una profesional especialista en la materia.
En el caso del vuelo hacia la ciudad de Londres siquiera se
acreditó que existiera el servicio allí prometido al precio ofertado, lo cual me
releva de formular cualquier otra consideración al respecto.
En las restantes, la omisión consciente de un dato esencial fue lo
que a mi criterio culminó por comprometer su responsabilidad.
Sabido es que la publicidad tiene como objetivo informar sobre la
existencia y características de un producto o servicio con intención de venderlo. De
esta manera, se vincula la comunicación del mensaje publicitario con el deber de
información, y el incumplimiento de éste, con el supuesto de publicidad engañosa.
Ante la contradicción del contenido del mensaje con la verdad, se vulneran las
expectativas razonables del consumidor.
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La publicidad engañosa constituye una deformación de la
publicidad comercial que presenta el producto a vender o el servicio a prestar y que
tiene por objeto obtener la adhesión de la clientela mediante un mensaje inexacto o
tramposo.
Ésta se presenta a veces bajo maquillajes muy sutiles, ya en forma
positiva, a través de lo que la publicidad "dice" explícitamente o "sugiere" a través
de imágenes; y otras en forma omisiva, por todo lo que aquélla deliberadamente
silencia, especialmente cuando se trata de aspectos relevantes que, de buena fe,
deberían ser difundidos para una cabal información del potencial consumidor o
usuario.
Estimo que esto último es lo que aconteció en este caso, en el cual
la actitud silente de la defendida estaba referida a datos esenciales del servicio
ofrecido, al punto de crear una imagen falsa.
Pues bajo el pretexto de un precio atractivo, promueve que los
destinatarios de ese mensaje publicitario, como mínimo ingresen a su página de
internet en busca del mismo, para luego comprobar como aquí sucedió que lo
ofertado realmente era una cosa distinta a lo esperado. Sin embargo, el objetivo de
la empresa se cumplió, puesto que los potenciales consumidores al menos
accedieron a su página web y, aunque quizás desistieron de ese producto
originariamente ofrecido por no resultarles útil, tal vez culminaron contratando otra
cosa distinta.
De hecho, aunque es correcto lo que afirma la demandada en
punto a que probablemente exista un sinnúmero de personas que buscan
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diariamente pasajes entre los destinos aquí ofertados, tampoco tengo dudas que, si
en las publicidades analizadas se hubiera identificado que los vuelos partían de
ciudades y hasta países diferentes de aquél donde habitan y se encuentran los
receptores de esas ofertas, probablemente la cantidad de gente que se vea atraído
por ella y decidan ingresar a su página de internet para interiorizarse sobre la
misma o adquirirla se vería significativamente reducida.
Véase que, en estos supuestos que estamos ahora analizando, el
engaño se termina de configurar precisamente por omitir indicar el aeropuerto de
partida. Pues lo que vuelve atractiva la publicidad, es el hecho que uno presume
frente a la falta de toda aclaración en contrario que son tickets aéreos desde
nuestro país hacia esos destinos y es por ello que el potencial consumidor se ve
atraído a intentar “aprovechar” o “atrapar” esa promoción. Quizás, siquiera fueran
precios convenientes para los verdaderos tramos que componían esa oferta (New
YorkMiami y RomaBarcelona).
Como sea el caso, según mi entender, omitir en este supuesto
informar con precisión un elemento esencial de la oferta que se realizaba resultó
suficientemente apta para producir un engaño en el consumidor y ello también
comprometió la responsabilidad de la aquí encartada.
Por las consideraciones brevemente desarrolladas ut supra, así
como por los argumentos que en forma coincidente se expresaron en el voto que
antecede, expreso mi adhesión a la solución allí propuesta.
He concluido.
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Con lo que se terminó este Acuerdo que firmaron las señoras
Jueces de Cámara.
Oportunamente, incorpórese la foliatura correspondiente al Libro
de Acuerdos Comercial Sala B, al momento de agregar esta sentencia digital en
soporte papel.
ADRIANA MILOVICH
PROSECRETARIA DE CAMARA
Buenos Aires, 5 de noviembre de 2021.
Y VISTOS:
Por los fundamentos de acuerdo que precede, se resuelve: i)
admitir el recurso de la parte actora ii) revocar la sentencia dictada el 21.10.2020 y,
en consecuencia, iii) hacer lugar a la demanda promovida por la Sra. María Lucía
Balbi contra [Link] SRL, ex Asatej SRL en los términos expuestos, con
costas de ambas instancias a la demandada.
Fecha de firma: 05/11/2021
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Regístrese y notifíquese por Secretaría, conforme Acordadas N°
31/11 y 38/13 CSJN y devuélvase. Cúmplase con la publicación a la Dirección de
Comunicación Pública de la CSJN, según lo dispuesto en el art. 4 de la Acordada
N° 15/13 CSJN.
M. GUADALUPE VÁSQUEZ
MATILDE E. BALLERINI
Fecha de firma: 05/11/2021
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