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Psicogerontología: Envejecimiento y Salud Mental

Este documento trata sobre la psicogerontología clínica. Explica que estudia la intersección entre la psicología, el desarrollo a lo largo de la vida y la neuropsicología en personas mayores. También describe que la vejez y el envejecimiento son procesos multidisciplinarios que deben estudiarse desde perspectivas físicas, socioculturales y psicológicas.

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Psicogerontología: Envejecimiento y Salud Mental

Este documento trata sobre la psicogerontología clínica. Explica que estudia la intersección entre la psicología, el desarrollo a lo largo de la vida y la neuropsicología en personas mayores. También describe que la vejez y el envejecimiento son procesos multidisciplinarios que deben estudiarse desde perspectivas físicas, socioculturales y psicológicas.

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TEMA 1- INTRODUCCIÓN

PARTE I: PSICOGERONTOLOGÍA

1. ¿QUÉ ES LA PSICOGERONTOLOGÍA CLÍNICA?

La psicogerontología (psicología de la vejez) es una subdisciplina de la Psicología que cubre un amplio


espectro de temas en la intersección entre la psicología clínica, psicología del desarrollo a lo largo del ciclo
vital, y la neuropsicología. Además, también se necesitan conocimientos sobre psicología social (apoyo
familiar, seguridad social…), y medicina.

¿Por qué es importante estudiar a las personas mayores? La importancia de estudiar a las personas
mayores podemos identificarla si nos fijamos en las pirámides poblacionales: en el año 2007 vemos que el
mayor número de población se concentra entre los 30-50 años, pero lo que se espera para el año 2050 es
que haya un aumento notable de personas de 60-65 años, y una disminución de personas más jóvenes. Es
decir, es importante estudiar la vejez, porque de aquí a unos años se espera que las personas mayores
ocupen el 25% de la población. Además, no sólo está aumentando la población de personas mayores, sino
que está aumentando la población mayor-mayor (más de 80 años).

Es necesario, en este sentido, aclarar qué es lo que se considera una “persona mayor”. Esto es una tarea
difícil, pues en función de los criterios que tomemos, en los países en los que nos fijemos… la concepción de
lo que es una “persona mayor” cambia. Incluso, si recurrimos a las definiciones aportadas por la RAE,
ninguna concluye nada, todas son ambiguas, y no aportan ninguna referencia sobre qué considerar una
“persona mayor”. Es algo arbitrario.

Lo que sí está claro es que una de las concepciones que se tienen acerca de la vejez es que, con ésta, llega un
declive generalizado que te inhabilita como persona. Esta es una concepción errónea, de la que cada vez se
está tomando más conciencia. Actualmente se está tratando de dejar de luchar contra el envejecer,
cambiándolo por un “abrazo al envejecimiento”, e intentando tomar medidas de “saber envejecer”.

Éste es otro de los objetivos que se pretende alcanzar con los estudios sobre la vejez: conocer mejor cómo
se desarrolla el envejecimiento, para deshacernos de los prejuicios.

¿Qué caracteriza a las personas mayores? Como es algo confuso saber qué caracteriza a las personas
mayores, vamos a recurrir a algunos rangos de edades establecidos, que son:
 Primera infancia: 0-5 años
 Infancia: 6-11 años
 Adolescencia: 12-18 años
 Adultez temprana: 30-45 años
 Mediana edad: 45-60 años
 Mayores: 60- más de 100. Aquí se deberían considerar algunos subgrupos de edad, puesto que no es
lo mismo una persona se 60 años, que una de 80 años:
- Personas de 60-65 años
- Personas de 65-75 años
- Personas de 75-85 años
- Personas de más de 85 años

Esto es algo problemático, primero, porque estas divisiones necesitan ser actualizadas, porque el modo de
vida está cambiando, y actualmente una persona de 60 años resulta dudoso que se pueda considerar

1
“persona mayor”; y segundo, porque no se puede meter en el mismo grupo a personas de un rango de edad
de más de 40 años de amplitud (la categoría “mayores”), pues las personas de 60 años no son para nada
como las personas de 80 años y, por tanto, las teorías que se aplican a las personas de 80 años, no pueden
ser aplicadas a las personas de 60 años.

Para evitar categorizaciones como ésta, debemos tener en cuenta la variabilidad interindividual, así como la
intraindividual (biológica, de función física, y psicológica/cognitiva. Uno puede estar muy bien a nivel
cognitivo, pero no a nivel físico.). Esto es algo que queda bien reflejado en lo que conocemos como la
Metáfora del Abanico.

Lo que representa esta metáfora es


que, en el momento del nacimiento,
las personas presentamos
condiciones que llevan a una mínima
heterogeneidad, pues la biología
juega un papel muy importante,
puesto que aún no nos hemos
expuesto a diferencias ambientales;
sin embargo, a medida que vamos
creciendo, la heterogeneidad va creciendo, porque cada persona va desarrollándose en ambientes y con
experiencias diferentes.

Por tanto, hablar de personas mayores puede ser muy complicado, porque podemos hacer referencia a
personas mayores con patología, personas mayores con un estado de salud normal…

2. VEJEZ Y ENVEJECIMIENTO

La vejez es una etapa de la vida, y el envejecimiento es un proceso que ocurre a lo largo de la vida (desde
que nacemos). Ambos objetos de estudio son multidisciplinares, puesto que el ser humano es una realidad
bio-psico-social, es decir, que debe ser estudiada desde diferentes campos, que abarquen lo cognitivo, lo
físico, lo social y lo emocional.

Para definir la vejez y el envejecimiento, por tanto, debemos aludir a aspectos físicos (salud física y
capacidad cognitiva), a aspectos socioculturales (recursos sociosanitarios, relaciones sociales, situación
financiera y estatus social), y a aspectos psicológicos (estrategias de afrontamiento, conocimiento y
autoeficacia). Las tres dimensiones se relacionan e interaccionan de modo bidireccional, y todas ellas
influyen en el envejecimiento, y cambian con éste.

Como hemos visto antes, no se puede hablar de la vejez de manera generalizada, sino que, al igual que con
los estudios acerca de otras etapas del ciclo vital, en la vejez se deben tener en cuenta cuestiones como el
ambiente en el que se ha desarrollado una persona, sus periodos previos (no es lo mismo tener depresión
por primera vez con 65 años, que haberla tenido con 40, y recaer a los 65), los deseos y necesidades propios
de cada individuo (por ejemplo, no asumiendo que no hay que contarle las cosas más duras a los abuelos.
Quizá necesitan saberlo)…

Algunos desafíos derivados del envejecimiento en la población (porque generan un impacto sobre el
envejecimiento y la salud mental) son:
 El incremento de la longevidad se hace especialmente evidente en los mayores-mayores
 Los terapeutas deberán ser sensibles al proceso de desarrollo, interindividualidad e
intraindividualidad de las personas mayores, es decir, tener en cuenta cómo transcurre el proceso

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de desarrollo básico, pero entendiendo también a las diferencias entre personas, y dentro de una
misma persona. La edad cronológica será menos informativa que la comprensión de las diferentes
experiencias sociales, culturales y tecnológicas entre las cohortes.

 Las terapeutas que trabajen con personas mayores tienen que formarse en la atención a
problemáticas como la demencia y sus cuidados, pues es algo bastante común en este grupo de
edad, y es posible que tengan que enfrentarlo en algún momento.

 El género es una cuestión relevante, puesto que los hombres mueren antes que las mujeres. Las
mujeres probablemente se enfrentarán a más desafíos asociados al envejecimiento (como
enfermedades crónicas, enviudamiento, soledad, demencia, necesidad de uso de recursos,
cuidados…).

 Cada vez hay mayor diversidad cultural, y esto implica que, en un centro de mayores puedes
encontrar una persona mayor procedente de Mongolia, que ha crecido en un ambiente muy
diferente al del resto de personas, y hay que saber gestionar esas diferencias, y cómo cada cultura
influye en el envejecimiento de la persona.

 Los terapeutas necesitarán conocer el envejecimiento normal para detectar variaciones y


potenciales desafíos.

 Mayor comorbilidad de síntomas físicos y psicológicos. Esto quiere decir que, en una misma
persona, se pueden dar múltiples síntomas y enfermedades físicas y psicológicas a la vez.

 Los cambios demográficos pueden afectar al capital social, por ejemplo, la cantidad de apoyo
emocional y práctico disponible para una persona.

Al respecto del “saber envejecer”, hace unos años fue propuesta una lista de 10 consejos para tener buena
salud, que fueron los siguientes:
 No fumar. Si puedes, deja de fumar; si no puedes, fuma menos.
 Sigue una dieta equilibrada, come mucha fruta y verdura.
 Mantente físicamente activo.
 Maneja el estrés mediante, por ejemplo, la conversación de los temas, y dejando tiempo para
relajarse.
 Si bebes alcohol, hazlo con moderación.
 Protégete del sol, y protege a los niños de quemaduras solares.
 Practica sexo seguro.
 Sigue los programas de cribage del cáncer.
 Conduce con seguridad: respeta las señales.
 Aprende las reglas básicas para ofrecer ayuda: abrir una vía aérea, respirar, que haya circulación…

Estos 10 consejos fueron criticados por centrarse mucho en la individualidad de sus propuestas, como si el
buen envejecer fuese algo accesible individualmente. Por ello, y como crítica, se propusieron los 10 consejos
alternativos para tener buena salud:
 No seas pobre. Si lo eres, deja de serlo. Si no puedes, intenta no ser pobre demasiado tiempo.
 No vivas en una zona deprimida y pobre. Si vives en ella, ve a vivir a otro lugar.
 No tengas un trabajo estresante, mal pagado, con trabajo manual.
 No vivas en una vivienda de baja calidad, ni seas un homeless.

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 Sé capaz de tomar vacaciones cada año.
 No seas padre/madre soltero/a.
 Reclama todos los beneficios a los que tienes derecho.
 No vivas cerca de una carretera llena de tráfico, o cerca de una fábrica contaminante.
 Utiliza la educación para mejorar tu situación socioeconómica.

Estos 10 consejos alternativos se propusieron por parte de un equipo de epidemiólogos, para recalcar el
hecho de que el envejecimiento no es solo algo individual, sino que mucha parte de cómo se desarrolle el
envejecimiento tiene que ver con lo social.

3. EL PAPEL DE LA PSICOGERONTOLOGÍA CLÍNICA

“Incuestionablemente, la demanda de psicólogos con una comprensión sustancial del bienestar,


cultura y aspectos clínicos en la edad avanzada se ampliará en los años futuro,s dado que la población mayor
crece y se vuelve más diversa, y dado que las cohortes de personas de mediana edad y jóvenes que son más
receptivos a los servicios psicológicos avanzan hacia la vejez.”

“Entre profesiones, el grupo de trabajadores de la salud mental geriátrica no está adecuadamente


entrenado para responder a las necesidades de la salud física y mental de quien envejece.”

El envejecimiento es un proceso de desarrollo, que está presente de manera multidimensional y


multidireccional (dominios cognitivo, físico, social y emocional). Por tanto, desde el enfoque del Ciclo Vital
se estudia el desarrollo del individuo desde que se concibe a la persona, hasta la muerte, pues esto es
esencial para poder comprender cualquier periodo de la vida (porque siempre debemos tener en cuenta las
etapas anteriores).

Los psicogerontólogos tenemos que tomar conciencia, además, de que las personas son agentes de su
propio desarrollo, y esto aplica también a las personas mayores. Las personas mayores, como el resto de
personas, se conocen a sí mismas mejor de lo que el resto de personas lo hacen, y por esto debemos tener
en cuenta su opinión para tomar decisiones que les atañen.

Por todo esto, y por otras muchas cuestiones, para realizar el trabajo de psicogerontólogo es necesario tener
una formación específica.

4. INTERVENCIÓN CLÍNICA CON PERSONAS MAYORES

La evaluación e intervención psicológica con personas mayores requiere de un entrenamiento distintivo al


requerido en el entrenamiento clínico psicológico general. A este respecto, hay cuatro aspectos que
distinguen la psicogerontología de otras disciplinas de la psicología clínica:

A) La psicogerontología tiene sus raíces en la psicología del desarrollo a lo largo del ciclo vital,
especialmente de la edad adulta y la vejez.
Hay que saber diferenciar cambios asociados al desarrollo (envejecimiento normal, que afecta a todas las
personas por igual), de influencias asociadas a la historia específica del individuo (personal y contextual,
como la pobreza, las guerras…).
Esto nos ayudará a distinguir el envejecimiento normal del patológico (un fallo importante es no establecer
límites entre uno y otro). Entre el envejecimiento normal y el patológico encontramos un continuo, marcado
por esos dos extremos:

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Patológico (cataratas, ACVA, depresión…) → Normal (arrugas, descalcificación, memoria, visión…)

Más allá del envejecimiento normal estaría el Envejecimiento Saludable, centrado en un desarrollo positivo,
óptimo, activo y con éxito.

Por tanto, como vemos, hay tres tipos de envejecimiento:


 Envejecimiento normal: es el patrón más habitual de envejecimiento. Se produce crecimiento hasta
la mediana edad, una estabilización entorno a los 50-60 años, y un modesto declive hasta,
aproximadamente, los 80 años. El grado del declive posterior puede variar en función del nivel
previo de capacidad cognitiva adquirido a lo largo de la vida.

 Envejecimiento patológico: aparece en personas que muestran un deterioro cognitivo leve, pero
superior al normativo, que puede llegar a progresar hasta la demencia; y con enfermedades crónicas
o graves (de nuevo, como la demencia). No se debe normalizar este tipo de envejecimiento, porque
entonces se dejaría de intervenir en muchas patologías.

 Envejecimiento saludable/exitoso: compuesto por un grupo más reducido de personas mayores,


con ventaja genética y/o socioeconómica. Mantienen el desarrollo cognitivo durante la edad adulta
y la vejez, y muestran, en general, un mantenimiento del funcionamiento cognitivo hasta poco antes
de su fallecimiento. Su esperanza de vida activa se aproxima a su esperanza de vida.

La gerontología pasó por épocas en las que se veía la vejez como una enfermedad (gerontología del déficit),
pues partían de un enfoque biomédico reduccionista, centrado en las pérdidas, el declive, la fragilidad, el
deterioro y la dependencia.

En psicología también existen teorías que han intentado explicar los cambios en la vejez, centrándose en los
cambios como “déficits”. Por ejemplo, en la Teoría del Desenganche Progresivo se explica que las personas
mayores van dejando, progresivamente, de tener contactos e interacciones sociales, van dejando de ver a
otras personas, por ejemplo: tu hija te invita a una comida en la que sabes que va a estar una persona que
no te cae muy bien, y tú, a diferencia de lo que habrías hecho siento más joven, decides no ir. Esto es visto,
desde muchas perspectivas, como una pérdida, sin embargo, actualmente se están intentando aportar
explicaciones como que puede que no sea una cuestión de perder contacto social, sino de ser más selectivo
con las relaciones sociales y con las actividades que uno mantiene, a raíz del pasar de los años.

Otra teoría del campo de la psicología que trata de dar explicaciones acerca de la vejez, partiendo de una
visión de “la vejez como déficit” es la Teoría del Envejecimiento Cognitivo, que habla de pérdidas en
habilidades como la velocidad de procesamiento, la memoria… pero, como vemos, siempre desde la pérdida.

Efectivamente, hay pérdidas generalizadas, pero la variabilidad es grande:

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Algunos ejemplos concretos de pérdidas que es habitual encontrar es, por ejemplo:
 Disminución de inteligencia fluida que, por otra parte, comienza sobre los 30 años. No es algo
propio de los ancianos únicamente. Esto es porque la disminución se considera desde el momento
más álgido que uno ha alcanzado, por tanto, si una persona se encuentre en 120, y baja a 80, su Gf
ha disminuido; sin embargo, aunque haya disminuido, puede no ser algo disfuncional. Hay personas
mayores cuya Gf disminuye y, aun así, se encuentran por encima de la media de los jóvenes.

 Aspectos de inteligencia cristalizada (como la comprensión verbal). Aunque vaya bajando esta
capacidad, es a partir de los 80 años cuando se encuentran afectaciones significativas. En cualquier
caso, es importante tener en cuenta el efecto cohorte (si tiene o no estudios, qué nivel de
estudios…). Sin embargo, es mayor el número de capacidades de inteligencia cristalizada que se
mantienen estables con el paso del tiempo, o que incluso aumentan.

 También se ha observado que, al principio de empezar a aparecer el declive, si nos sometemos a


entrenamiento cognitivo, las pérdidas que se producen son menores (aunque ya empiece a haber
patología), llegando a no producirse ninguna pérdida, o incluso puede que se produzcan ganancias.
Es por esto que es importante mantenerse activo.

En relación con estas consideraciones encontramos la visión del Envejecimiento Saludable que, al contrario
que en el caso anterior, hace énfasis en las fortalezas. Es un nuevo enfoque de envejecimiento positivo
(énfasis en la capacidad y el crecimiento). Lo que se intenta, adoptando esta perspectiva, es favorecer:
 La capacidad para mejorar funciones físicas (entrenamiento)
 Capacidad de aprendizaje/plasticidad cognitiva
 Ganancias y logros a nivel psicológico: sabiduría, resiliencia…
 Mantenimiento de competencias
 Gran nivel de productividad y rendimiento
**Es importante ajustar estas actividades a las preferencias de cada quien, pues no podemos plantear las
mismas actividades para todas las personas mayores, porque muchas se desengancharán por no gustarles.

Esta perspectiva del Envejecimiento Saludable ha sido desarrollada ampliamente por Rowe y Kahn, quienes
señalan que, favoreciendo las capacidades ya mencionadas, lo que se consigue es disminuir la probabilidad
de padecer enfermedades, o invalidez; aumentar el funcionamiento físico y cognitivo; y llegar a un
compromiso activo con la vida.

Eso sí, es importante ser cautos y no obligar a las personas mayores a hacer cosas por encima de sus
capacidades, sino centrar los esfuerzos en las actividades que les reporten beneficios, por placer, y por
capacidades.

El fomento de un Envejecimiento Saludable, con el que disminuye la aparición de las pérdidas, tiene como
objetivo alargar la vida; sin embargo, es importante que esos años añadidos puedan ser vividos con calidad,
y es aquí cuando entra, ya no sólo el Envejecimiento Saludable, sino el Envejecimiento Activo, pues una de
las críticas que se hace al modelo de Envejecimiento Saludable es que se centra mucho en lo físico y lo
intelectual, olvidándose del bienestar psicológico (no es tan importante hacer deporte cuando somos
ancianos, como realizar actividades que incentiven nuestra felicidad).

Si tratamos de establecer las diferencias entre las etapas, podríamos decir que, desde el nacimiento hasta la
edad adulta se produce un crecimiento en prácticamente todos los sistemas comportamentales, como parte
inherente del periodo del desarrollo.

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¿Qué sucede en la edad adulta y la vejez? ¿continuamos desarrollándonos? ¿nos estancamos? ¿perdemos?
En la edad adulta el individuo sigue desarrollándose, y perfeccionando sus repertorios comportamentales. Es
común el pensamiento de que, en la vejez, se produce un declive y un deterioro.

Entre otras razones esto sucede porque algunos psicólogos han asumido un modelo biomédico, por el que
se asume que, pasado un periodo de crecimiento, todos nuestros sistemas biológicos pierden eficiencia; sin
embargo, ¿pasa lo mismo con los sistemas comportamentales? Lo que muestran los estudios de
personalidad es que los cambios que suceden no son sustanciales, suceden de manera progresiva y,
además, no son demasiado notables.

Hablando de factores psicológicos, en general, existen factores psicológicos que experimentan ganancias, y
otros que experimentan pérdidas, pero estas pérdidas van apareciendo desde que somos pequeños.
Mientras que hay funciones cognitivas que declinan tempranamente, otras aptitudes cognitivas (como la
amplitud del vocabulario) no lo hacen hasta una edad muy avanzada (a partir de los 70 años). Incluso otras
funciones socioafectivas, como el balance entre el afecto positivo y negativo, se articulan mucho mejor en
la vejez.

Otros factores psicológicos, como el neuroticismo, se modifican muy poco a lo largo de la vida adulta y la
vejez. En definitiva, existe crecimiento y declive a lo largo de toda la vida.

B) La psicogerontología requiere de conocimiento y de habilidades.


Se requiere de conocimientos y habilidades relevantes para reconocer las psicopatologías que ocurren en la
vejez, incluyendo las más prevalentes (por ejemplo, demencias), y aquellas que tienen diferentes
presentaciones, etiologías o implicaciones de tratamiento en los mayores (por ejemplo, depresión).

Una de las habilidades que, hoy en día, resulta esencial en psicogerontología es la de saber indagar en las
emociones que sienten, pues quizá a las personas mayores les cuesta poner la etiqueta de su estado
emocional, porque las generaciones anteriores han sido educadas en menor grado en el reconocimiento de
las emociones (es decir, esto es un efecto de cohorte, no es algo propio de la vejez expresamente).

También conviene tener conocimientos acerca de lo que es habitual que las personas mayores
experimenten en su día a día, pues hay elementos en esta etapa de la vida que en la vida cotidiana son
distintas de las de otras etapas de la vida (por ejemplo, el fallecimiento de personas cercanas).

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C) La psicogerontología requiere conocer la presencia habitual de condiciones médicas crónicas en las
personas mayores
Hay que conocer las interacciones de los síntomas físicos y psicológicos, y los efectos psicológicos de las
medicaciones para problemas físicos.

Un dato llamativo a este respecto es, por ejemplo, que las caídas de personas mayores incrementan la
mortalidad, pues la persona mayor asume su rol de “inútil”, de “sentenciada”, y empieza a disminuir su
preocupación por mantenerse activo porque, además, suelen tomar miedo a volver a realizar alguna
actividad y caerse de nuevo. Lo mismo sucede con la soledad, ésta incrementa la mortalidad, por cuestiones
parecidas.

D) La psicogerontología requiere conocer los contextos ambientales en los que los mayores habitan
Por último, se necesita conocer los diferentes contextos ambientales en los que los mayores suelen pasar
más tiempo, y con los que suelen interactuar, incluyendo la familia, las residencias, los contextos sanitarios
y los sistemas comunitarios que atienden a los mayores.

**Conclusión: estos cuatro puntos nos ayudan a adaptar la psicoterapia a las personas mayores. Hay un modelo
transteórico que es una guía para dar psicoterapia a mayores independientemente de qué tipo de terapia suelas dar
(Gestalt, psicodinámica…). Esto es, no se necesita ninguna estrategia psicoterapéutica nueva, simplemente destaca
la necesidad de conceptualizar y entender las influencias específicas que la edad y el contexto tienen en las
personas. Éste se centra en el entorno sociocultural debido a la cohorte y los desafíos habituales de la vejez, en los
que se incluyen procesos madurativos.

5. IMPLICACIONES DEL PROCESO DE DESARROLLO A LO LARGO DEL CICLO VITAL PARA LA


INTERVENCIÓN PSICOLÓGICA

Es importante, no sólo tener estos conocimientos y habilidades, sino también saber cómo adaptar los
programas terapéuticos a las personas mayores. Es por esto que, en la actualidad, se han elaborado
modelos teóricos específicos para adaptar la psicoterapia a las especificidades asociadas al envejecimiento.

Esto es así porque, además de cuestiones relativas a procesos del desarrollo, son necesarias adaptaciones a
la psicoterapia que tengan en cuenta el entorno socio-cultural de las personas, su pertenencia a una
cohorte y desafíos habituales en la vejez (pérdida de seres queridos, pedir ayuda para realizar actividades,
adaptación a la jubilación…); así como que tengan en cuenta la interacción entre todas estas cuestiones.
**Otra serie de desafíos de la vejez tienen que ver con la presencia de enfermedades crónicas, las pérdidas y el
duelo, y las responsabilidades relacionadas con el cuidado de otras personas.

Tener en cuenta el proceso de desarrollo a la hora de aplicar terapias permitirá que queden reflejados los
cambios cognitivos y emocionales asociados al envejecimiento, que tiene que ver más con procesos
madurativos, que con déficits.

También permite tomar conciencia de que la fragilidad y la discapacidad no son algo que sea inevitable en
la vejez, sino que puede evitarse.

Un ejemplo de modelo teórico que busca la adaptación de los procesos psicoterapéuticos, incluyendo una
perspectiva del ciclo vital es el CALTAP (Teoría Contextual del Ciclo Vital Adulto para adaptar la Psicoterapia).

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TEORÍA CONTEXTUAL DEL CICLO VITAL ADULTO PARA ADAPTAR LA PSICOTERAPIA
Es un modelo transteórico, válido para diferentes enfoques
terapéuticos. Proporciona información sobre mecanismos que
podrían proteger el deterioro cognitivo, y fortalecer el bienestar
emocional.

En este modelo no se hace referencia a una necesidad de nuevas


estrategias psicoterapéuticas, sino que lo que hace es destacar
la necesidad de conceptualizar y entender las influencias
específicas que la edad y el contexto tienen en las personas.
Por tanto, este modelo pone énfasis en la influencia de la
cohorte, de la cultura, y del contexto en que una persona
envejece.

Cohorte
Personas nacidas en un intervalo temporal de 7 a 10 años pertenecen a la misma cohorte. Dependiendo de
la cohorte a la que uno pertenezca, se habrá enfrentado a diferentes contextos sociohistóricos y culturales,
lo que influirá de una u otra forma en habilidades funcionales, características de personalidad, así como
actitudes, creencias, y conducta, que se mantendrán relativamente estables a lo largo de la vida.

Los estilos de personalidad a la hora de enfrentarse a los problemas de las personas no se deben
exclusivamente a la persona, sino al contexto ambiental asociado a su cohorte. Es posible que las
experiencias y el contexto socio-histórico sean poco familiares para el terapeuta, por lo que éste deberá
empaparse de su historia, para comprender su forma de entender la vida y de actuar.

En este orden de cosas, también puede ser necesario ajustar el lenguaje y hábitos de la persona, que
pueden ser muy diferentes a los del terapeuta (por ejemplo, el trato de “usted” o de “tú”. En cualquier caso,
lo ideal es preguntar primero).

Derivado de estas diferencias entre el paciente y el terapeuta, especialmente cuando son fruto de la edad,
podemos aprovechar nuestro desconocimiento como terapeutas para hacer un uso constructivo de la
ignorancia del terapeuta, que pueda facilitar la creación del rapport (contar historias), consiguiendo así una
mayor apertura por parte de la persona mayor.

Algunas temáticas en las que pueden ser más evidentes las diferencias asociadas a la cohorte pueden tener
que ver con, por ejemplo, diferencias a la hora de entender las relaciones de pareja, el sexo, los roles de
género, patrones de consumo, forma de relacionarse socialmente… Pueden ser especialmente importantes
las diferencias entre generaciones en la forma de entender la salud mental, y la atención psicológica (por
ejemplo, es habitual que las personas mayores lo vean como algo vergonzoso, relativo al valor de la
autosuficiencia…).

Cultura
Personas de la misma cohorte pueden presentar concepciones diferentes en función de la cultura en la que
han crecido.

Los valores y las creencias de las personas mayores sin duda influyen sobre sus conductas de búsqueda de
ayuda, forma de actuar ante la terapia, y otras conductas en su entorno social y familiar (por ejemplo,
obligación familiar).

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Contexto
El contexto es lo más cercano, lo que está más en interacción con la persona. La forma de actuar variará
significativamente en función de si las personas se encuentran en un entorno comunitario, o en entornos
residenciales o institucionales (por ejemplo, una residencia para personas mayores).

Lo mismo se puede decir del contexto interpersonal, en el que encontramos una gran variedad, desde los
contextos familiares (y estilos de interacción entre familias), hasta los sociales (muy variables también en
función de si son entornos rurales o urbanos, variabilidad en la riqueza…).

Resulta de extrema importancia, por tanto, valorar el grado en el que las personas que conforman un
contexto tienen internalizados estereotipos negativos hacia el envejecimiento, pues esto puede estar muy
relacionado con el contexto económico, cultural, educativo… de las personas.

Alguien que se encuentre en un contexto que fomente el desarrollo de estereotipos negativo hacia la vejez,
tendrá más autoestereotipos negativos, y eso hace que sea más probable que la persona esté triste o
deprimida, derivando en que muestre conductas más reticentes, o de rechazo, hacia la actividad física,
social, hábitos de salud…

En cuanto a los procesos de maduración, la ciencia ha ido avanzando y modificando las teorías iniciales que
ofrecían un modelo de envejecimiento centrado en la pérdida-déficit. Hay suficiente evidencia que muestra
una visión optimista, y que incluso sugiere que existen estilos de envejecimiento exitoso y mecanismos que
compensan las pérdidas (incluso cognitivas y emocionales).

6. MODELOS CONCEPTUALES EN PSICOGERONTOLOGÍA

¿Qué factores moldean nuestra trayectoria de envejecimiento en relación con la salud mental? La salud
mental en la vejez es el resultado de una transacción multiplicativa entre factores biológicos, psicológicos y
socioculturales a lo largo de todo el ciclo vital. La forma de entender esto es a través de dos modelos
teóricos.

PERSPECTIVA DEL CICLO VITAL (BALTES Y BALTES, 1990)


Este modelo plantea que, desde la psicogerontología, no podemos olvidar el hecho de que los individuos han
pasado por toda una trayectoria vital.
Aquí de lo que se habla es de la interacción
que se produce entre los factores psicológicos
de la persona (acciones, metas y objetivos,
disposiciones personales…), los procesos
biológicos maduracionales del envejecimiento
(genética y epigenética, nutrición y salud…), y
los factores socioculturales que rodean a la
persona (aprendizaje y socialización,
oportunidades de acceso a recursos, modelos
sociales, “agenda vital”…).
Dentro de los factores psicológico inherentes a
la persona, habría que incluir la historia de vida, y la edad, así como sus trayectorias a lo largo del ciclo vital.

Dentro de esta perspectiva se habla de una serie de factores de riesgo a los que tenemos que ir
adaptándonos, como son:
 Vulnerabilidad biológica (problemas de salud)

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 Disminución de capacidad de reserva
 Pérdidas de salud y de función física (funcionalidad)

Las limitaciones que encontramos en la vejez se centran principalmente en recursos y oportunidades. Su


agenda vital sufre una disminución, pues actualmente sabemos qué se espera de personas adultas y
adolescentes, pero no sabemos qué se espera de las personas mayores, y eso les inhabilita.

El gran desafío, en este sentido, es hacer de la persona un agente activo, capaz de autorregularse, de seguir
teniendo un autoconcepto, unas metas y valores, que al final derivan en acciones que favorecen las
estrategias de afrontamiento y de regulación. Para facilitar el afrontamiento de la vejez, por tanto, los
ancianos deben poder tener una agenda vital.

La encrucijada de la edad avanzada viene de esa vulnerabilidad biológica, de los problemas de salud, del
vacío normativo y de roles (no tienen agenda vital), y la limitación de escenarios y oportunidad de recursos.
La forma de atajar estas cuestiones puede empezar por tratar de hacer que las personas mayores:
 Se mantengan en el curso de la vida y las relaciones humanas
 Encontrar factores que les hagan comprometerse con roles, metas y objetivos que para ellos tengan
significado
 Que realicen acciones comprometidas con sus objetivos, que suplan su percepción de control

Esto es difícil, porque las personas mayores han pasado por muchos cambios y puntos de inflexión, como
puede ser la pérdida de amigos, cambios de rol, la jubilación, cambios en la estructura familiar, pérdida de la
pareja, enfermedades… Y es por esto que una de las medidas que debemos tomar es la de facilitar su
adaptación (resiliencia), ayudándoles a encontrar un equilibrio entre las pérdidas y las ganancias, así como
marcando metas que se ajusten de manera flexible para facilitar la aceptación de la vejez, y la acomodación
a ésta.

MODELO DE SELECCIÓN, OPTIMIZACIÓN Y COMPENSACIÓN (SOC) (BALTES Y BALTES, 1990)


En este modelo se habla de que las personas son agentes activos en su desarrollo, es decir, juegan un papel
fundamental en la selección y el moldeamiento de sus ambientes, que terminarán afectando a los
repertorios básicos de conducta de las personas. Tomando esto en cuenta, en este modelo se explica que,
para envejecer con éxito o alcanzar de forma satisfactoria metas personales significativas se siguen tres
procesos: selección, optimización y compensación.

Selección
La selección se refiere al proceso de especialización de competencias conductuales, que permiten al
individuo continuar desarrollándose a lo largo de la vida. Implica una reducción, ya que restringe la vida de
las personas, limitando el número de competencias o áreas de funcionamiento. Sin embargo, esta limitación
supone también adaptación, ya que, al reducirse las demandas a las que ha de atender el individuo, se hace
más fácil el manejo de las competencias seleccionadas.

Optimización
Así, es esperable que las personas aprovechen las oportunidades ambientales o biológicas a lo largo de su
ciclo vital, para actuar enriqueciendo y aumentando su capacidad de reserva, de forma que todo ello les
permita maximizar (en cantidad y calidad) el curso de sus vidas.

En el proceso de optimización, el individuo se mueve en la dirección de procurar el mejor funcionamiento


posible en un número concreto de áreas de la vida.

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Compensación
La compensación implica utilizar elementos de la conducta (por ejemplo, ayudas externas de memoria), de
la cognición (por ejemplo, estrategias mnemotécnicas), o derivados de la tecnología (por ejemplo, ayudas
protésicas) para compensar las limitaciones o las pérdidas que se vayan produciendo a lo largo del ciclo vital.

La compensación es un proceso natural que empleamos todas las personas en el curso de la vida, y que en la
vejez se encuentra especialmente desarrollado, debido a la ventaja que supone la acumulación de
experiencia y conocimientos de este grupo de edad.

Baltes y Baltes ponen un ejemplo, tomando a un pianista para ilustrar estos fenómenos.

TEORÍA DE LA SELECTIVIDAD SOCIOEMOCIONAL (CARSTENSEN Y COLS., 1993-1994)


Esta teoría surge desde la Paradoja del Bienestar en la Vejez, que refleja el hecho de que la sociedad asume
que las personas mayores, a causa de sus limitaciones, están peor emocionalmente que las personas
jóvenes; y, sin embargo, los datos muestran que las personas mayores realmente presentan un mayor
bienestar psicológico que las personas jóvenes.

Esto es a causa de la complejidad emocional, especialmente en personas con nivel socioeconómico alto,
parece sufrir un cambio hacia una mejor regulación de las emociones con el paso del tiempo, e incluso un
cambio hacia un fenómeno que ha sido llamado “efecto de positividad” (las personas mayores informan de
emociones más positivas que otros grupos de edad).
**Una posible explicación a esto es que las personas mayores seleccionan mejor las actividades que realizar en su día
a día, para sentirse más felices (pues toman conciencia de que “no tienen demasiado tiempo”). Esto, como vemos, se
basa en los procesos de selección y compensación.

A medida que las personas se acercan al final de su vida, toman conciencia de la limitación temporal, y se
produce un desplazamiento del interés desde metas relacionadas con el logro, y la adquisición de
conocimiento o información, más típicas de la juventud y adultez temprana, hacia metas orientadas a la
obtención de significado, la satisfacción con la propia vida, y la optimización de las relaciones emocionales
más importantes.

Éste es precisamente el planteamiento del que parte la Teoría de la Selectividad Socioemocional, en la que
se explica que las personas mayores equilibran su malestar psicológico (asociado, normalmente, al declive
físico y cognitivo) a través de la regulación de su entorno social y sus emociones. Las metas relacionadas
con la regulación emocional ocupan un lugar preferente en la jerarquía emocional de las personas mayores.

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MODELO DE REGULACIÓN EMOCIONAL DE GROSS (2001)
Gross explica que las personas podemos decidir la situación en la que nos vamos a encontrar (podemos
quedarnos en casa, podemos ir al cine, salir de fiesta…).

Según este modelo, en el proceso de generación de emociones hay cuatro componentes: la situación
(relevante para el sujeto), procesos atencionales, pensamientos acerca de lo percibido, y la respuesta
emocional. Las personas podemos intervenir en estos componentes, para cambiar la respuesta emocional,
llegando así a la regulación emocional (podemos reevaluar la situación, podemos modificar dónde fijamos la
atención, y podemos cambiar la situación, llegando a una respuesta emocional diferente).

PARTE II: CONOCIMIENTOS NECESARIOS PARA EL TRABAJO CON PERSONAS MAYORES

1. POLIFARMACIA

Actualmente, las personas mayores (como el resto de la población) recurren en gran medida a los fármacos
como solución rápida a sus problemas. Es por esto que, en este contexto, tiene sentido entender en qué
consiste la polimedicación/polifarmacia, esto es, el consumo de más fármacos de los que están justificados
clínicamente.

Una encuesta nacional de salud realizada en 2012 mostraba que los adultos mayores consumen, en
promedio, 4,27 fármacos por persona y, aproximadamente entre el 8%-12% de ellos están
inapropiadamente indicados, pues la mayor parte de estas personas no cuentan con un médico de
referencia para coordinar las diferentes prescripciones.

La polimedicación tiene como añadido que se asocia a numerosos efectos adversos y síndromes geriátricos
como la inestabilidad y las caídas, la fragilidad, el delirium y el deterioro cognitivo; y presenta mayor
comorbilidad y mortalidad.

2. DESAFÍOS EN LA EVALUACIÓN DE LAS EMOCIONES EN PERSONAS MAYORES

El hablar de emociones con las personas mayores puede ser todo un reto, pues suelen presentar dificultades
como:
 Dificultad para nombrar las emociones, pues su conciencia y vocabulario emocional son limitados,
por efecto cohorte.
 Dificultad para la introspección psicológica, por el mismo motivo.
 No percepción de problemas, pues al tener un desarrollo gradual, se habitúan a su presencia (“es
que la vida es así”), por ejemplo, con los síntomas de la depresión.
 Supresión emocional, es un mecanismo muy común entre los mayores. De esta manera evitan sus
pensamientos acerca de los problemas que les inquietan, acerca de sus deseos, de sus sentimientos
o de sus experiencias.
 Creencias y normas morales/religiosas: “no debo quejarme”. Esto es algo que, como la mayor parte
de estos desafíos, aparece por efecto de la cohorte, por la educación que han recibido.
 Reacción frente al edadismo, y la amenaza de la independencia, porque quieren preservar su
imagen de competencia y capacidad.
 Soledad: difícil evaluación por el estigma asociado a la soledad (consideran que la familia debería
estar, y estar solo implica que tu familia te ha dejado solo).

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Por todo esto es importante que a la hora de evaluar a una persona mayor se lleve a cabo una observación
multimodal, es decir, que se observe lo que dice, cómo lo dice, sus posturas, conductas…. Todo ello, para
intentar identificar y comprender las emociones “leyendo entre líneas”.

3. PÉRDIDAS Y TRANSICIONES: INTERRUPTORES DE PROCESOS DISFUNCIONALES

Las transiciones en la vejez suelen relacionarse con pérdidas y, ante esto, es conveniente que la persona
despliegue estrategias de afrontamiento, que pueden ser de colores muy diferentes, para poder asumir
todos los cambios que suceden. En este sentido, el contexto que rodea a la persona puede influir en que
ésta tienda a afrontar estos cambios y pérdidas de una manera más positiva, o negativa.

El afrontamiento se debe centrar en muchos temas, que son los que sufren cambios. En la vejez los más
habituales son:
 Soledad no deseada
 Salud mental
 Funcionamiento cognitivo
 Bienestar psicológico
 Capacidad funcional
 Salud física

Todas estas cuestiones pueden aparecer por múltiples razones, y tiene sentido que aparezcan en la vejez,
porque se relaciona con eventos que van llegando cuando las personas nos hacemos mayores. Algunas de
las razones conocidas de estas pérdidas de la vejez son:
 Nido vacío
 Jubilación
 Pérdidas afectivas (por ejemplo, viudedad)
 Cambios de residencia
 Enfermedades y problemas agudos de salud con limitación en capacidad funcional (propias o de
otros)
 Ingreso en residencias
 Divorcios o separaciones
 Conflictos familiares o con amistades

Cuando una persona se enfrenta a una situación potencialmente estresante, se pueden realizar dos tipos de
evaluaciones: i) ¿esta situación supone un estresor para mí?; ii) si la respuesta a la pregunta anterior es “sí”,
nos preguntamos, ¿tengo recursos suficientes para afrontarlo? Si tenemos capacidades de afrontamiento,
entonces los resultados negativos de esa situación estresora serán menos negativos.

Las estrategias y capacidades de afrontamiento dependen de muchas cuestiones:


 Género, nivel educativo y estado civil
 Salud física y capacidad funcional
 Historia y experiencia de vida
 Personalidad, resiliencia, habilidades sociales y conversacionales
 Formas de pensar (cognición social)
 Valores personales, motivaciones
 Recursos (económicos, usos de las TIC…)
 Factores familiares (hijos, cercanía)
 Comunicación y apoyo

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 Factores sociales (amigos, red social de apoyo)
 Entorno físico (por ejemplo: hogar, recursos económicos, rural/urbano…)
 Contexto amplio: cultura, capital social, estereotipos sobre la vejez, escenarios de oportunidad de
acción…

Si buscamos en la RAE la definición de “transición”, encontramos lo siguiente: “acción y efecto de pasar de


un modo de ser o estar, a otro distinto”. Las transiciones son leyes universales y humanas, todo cambia
constantemente (“nadie se baña dos veces en el mismo río”). Si esto es así, entonces, ¿por qué nos cuestan
tanto? Nos cuestan mucho por diversas razones. Las transiciones afectan a:
 Nuestra identidad, autoconcepto y autoestima
 A nuestros roles
 A nuestras rutinas
 A nuestro bienestar

Además, también cuesta aceptarlo por implican:


 Saltar de lo conocido a la incertidumbre
 Salir de nuestra zona de confort
 Sentir miedo y vértigo ante lo nuevo
 Reajustar los valores y metas
 Pérdida de algo… ¿también ganancia? Toda pérdida también puede implicar alguna ganancia,
dependiendo del afrontamiento de la persona.

JUBILACIÓN
Para muchas personas, la jubilación es el comienzo oficial de la vejez, y con ello llegan todos los efectos
negativos (según consideran las personas) de ello. Lo que las personas suelen percibir como negativo de esto
es:
 Pérdida de escenarios de relación social y de elementos estructurantes de la vida (horarios,
actividades…).
 Pérdida del rol productivo, de trabajador remunerado, sobrevalorado en nuestras sociedades
occidentales capitalistas que, además, se asocia a refuerzos sociales (integración social, relaciones
con los compañeros…), económicos (nómina a final de mes) y psicológicos (autoestima, satisfacción
con uno mismo).
 Contexto sociocultual: sociedad orientada a la productividad y el consumo. Es difícil encontrar
sustitutos a la altura una vez nos jubilamos.

Sin embargo, esta experiencia varía mucho entre personas, en función, por ejemplo, de si era esperada
(prejubilación), si era deseada o no, y las circunstancias que la acompañan: reconocimiento, respecto,
agradecimiento, despedidas (con frecuencia difíciles), personalidad y recursos personales (fortalezas), apoyo
social y familiar, recursos económicos…

NIDO VACÍO
El nido vacío es la sensación que aparece cuando los hijos se van de casa. Es habitual que aparezca un
cuadro de ansiedad, tristeza (depresión), soledad y vacío.

Esto es especialmente prevalente en mujeres, quienes han brindado mucha importancia y centralidad al rol
de madre (a veces casi únicamente a esto) y, además, en muchos casos coincide con la etapa de menopausia
o cambios hormonales propios de la edad avanzada.

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Una posible ganancia de esto es la oportunidad para desarrollar nuevos roles y crecer. Se produce una
“liberación” de “obligaciones”, y así tienen más tiempo y recursos liberados. Otra posible ganancia, en
función de las circunstancias de cada persona, es la interacción con el área/valor de las relaciones de pareja
(ahora se tiene la oportunidad de cultivar habilidades de comunicación y conversación en pareja).

PÉRDIDA DE SALUD Y/O CAPACIDAD FUNCIONAL


Cuando las personas nos hacemos mayores empiezan a aparecer con mayor probabilidad enfermedades
crónicas, o problemas de salud física que afectan a la capacidad funcional propia, o de la pareja o algún
familiar cercano (lo que desemboca en el rol de cuidador).

Esto implica dolor, preocupación, limitación de las actividades que antes se podían llevar a cabo, pérdida de
la percepción de control (y con ello, de la percepción de autoeficacia)… Todo esto puede llevar a que la
persona sea dependiente, es decir, que necesite pedir ayuda a otras personas, y esto normalmente es un
desafío, porque las personas tienen miedo y muestran resistencia a saberse dependientes.

VIUDEDAD
Esto tiene un especial impacto sobre la salud psicológica y física, lo que supone un mayor riesgo de
mortalidad (“efecto viudedad”), ideación/intención suicida, y depresión (15%-30%) en los 5 meses
posteriores.

Esto puede producirse por cuestiones como la interdependencia o el funcionamiento “en pareja”, y porque
les hace tomar conciencia de su propia muerte. Además, como añadido, en muchos casos conlleva soledad
física (vivir solo) y, en la peor de las situaciones, aislamiento social, porque la persona no tenga otras
personas cercanas.

PARTE III: ESTEREOTIPOS Y AUTOESTEREOTIPOS EDADISTAS

1. LOS ESTEREOTIPOS (EDADISMO)

Los estereotipos consisten en una visión exagerada de unas pocas características, generalizadas a toda la
población perteneciente a un grupo concreto. En muchas ocasiones los empleamos como heurísticos para
afrontar la realidad, y pueden estar basados en nuestra experiencia directa o en lo que recibimos del
entorno. En su mayoría, los estereotipos son inventados, o tienen poca/nula base real, sin embargo, se
valoran como razonables, dado que se interpretan aquellas tendencias de algunos comportamientos como
confirmatorios de la verdad.

Por todo esto, los estereotipos son la puerta de entrada para la estigmatización, al etiquetado, y a la
conducta discriminatoria respecto a las personas, en este caso, mayores.

Como se puede intuir, los estereotipos suelen tener consecuencias negativas:


 Generalmente son negativos, las características positivas se omiten, o no se hacen explícitas
 No facilitan el cambio de conducta, ni la observación de la variabilidad

El estereotipo más generalizado hacia las personas mayores es el edadismo, que llevan al mantenimiento de
estereotipos o actitudes prejuiciosas hacia una persona, por el hecho de ser mayor.

Los estereotipos están formados por tres componentes: cognitivo (estereotipo), conductual y emocional
(prejuicios).

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 Cognitivo: representación cognitiva, en base a las creencias, sobre un grupo (apariencia, conducta,
habilidades…) → Es propiamente el estereotipo
 Emocional: aspectos valorativos y afectivos, conscientes o inconscientes, hacia otros grupos → Sería
lo que constituye los prejuicios
 Conducta → Sería la parte de discriminación

Incluso aunque se rechacen estos estereotipos, una persona puede tener internalizadas representaciones
estereotipadas, y que aparezcan de forma implícita.

Medición del estereotipo edadista


Estos estereotipos pueden medirse haciendo uso de cuestionarios, en este caso, sobre edadismo, sin
embargo, las personas solemos responder en base a la deseabilidad social. Es por esto que también
podemos medirlo de forma implícita, por ejemplo, a través de tareas situacionales (se plantean situaciones
sujeto de dilema, y se analiza cómo responden); y también a través de tareas de asociación implícita.

En estas tareas de asociación implícita, se pone primero una imagen de una persona mayor, o joven, y la
persona tiene que pulsar la “i” si es joven, y la “e” si es mayor; en segundo lugar, hacen lo mismo, pero con
“positivo” en vez de joven, y “negativo” en vez de mayor (y como estímulo no se pone la foto de una persona,
sino otro estímulo). En último lugar, se mezclan ambas: se pone una imagen de una persona (joven o mayor),
y debe seleccionar la “i” (joven/positivo), “e” (mayor/negativo).

Analizando los TR, vemos que las personas con estereotipos edadistas implícitos, tardan más en responder
cuando la opción es “persona mayor/positivo”, y “persona joven/negativo”; que cuando pone “persona
joven/positivo”, y “persona mayor/negativo”.

Esto lo que nos dice es que, aun sin ser conscientes de ello, lo que encontramos es que los estereotipos
guían nuestra atención, nuestra memoria y, por lo tanto, nuestra conducta.

El proceso de generalización
Los estereotipos se crean a través de un proceso de generalización, en el que las poblaciones que se
encuentran en el espectro más alejado de la normalidad son las que resultan más salientes. Esos casos más
salientes son los que se generalizan al resto de la población.
Ejemplo: aunque la literatura señala que durante la vejez la salud no se deteriora brusca, ni
dramáticamente, tres cuartos de la población considera que a los 65 años se produce un declive
severo de la salud física y/o mental.

Algunos estereotipos acerca de las personas mayores son:


 Las personas mayores son dependientes
 Las personas mayores están deprimidas
 Las personas mayores están aisladas socialmente
 Las personas mayores son difíciles de tratar
 Las personas mayores no son productivas
 Las personas mayores no tienen interés, ni son capaces de aprender cosas nuevas

Estas generalizaciones están presentes, tanto en personas mayores, como en personas jóvenes, y esto hace
que la persona desarrolle un autoestereotipo (y empieza a comportarse en base a él), y los jóvenes tratan a
la persona mayor también en base al estereotipo.

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En el caso de los autoestereotipos, esto tiene un efecto de profecía autocumplida, que hace que algunos
mayores tienden a comportarse de acuerdo a la visión que la sociedad tiene de ellos. Esto se puede
manifestar de múltiples formas: condescendencia, discriminación laboral, estigma referente a la sexualidad
o al ocio, la falta de representación en instituciones o vida comunitaria…

Por otra parte, en relación con el estereotipo de las personas jóvenes, muchas veces esto se manifiesta en
forma de benevolencia, es decir, ayudando a la persona mayor, llegando incluso a no dejarlo tomar sus
propias decisiones. Si la persona mayor se toma esto como un refuerzo (cuando me comporto de forma
dependiente, obtengo atención), entonces empezará a comportarse de esa manera: estamos reforzando la
dependencia. A raíz de esto, muchas veces es cuando empieza el declive de esa persona. Es por esto que lo
ideal es reforzar la independencia de la persona mayor, y no su dependencia.

Sin embargo, la mayoría de los especialistas no ven pruebas de que el envejecimiento sea necesariamente
problemático, si se considera en su conjunto. La vejez, en sí, se convierte más en un problema “socialmente
construido”. Por ejemplo, andar más despacio no tiene por qué ser un problema, a no ser que el ritmo de
vida esté adaptado a los jóvenes.

Formación de los estereotipos edadistas


La Teoría de la Incorporación del Estereotipo trata de responder a la pregunta de cómo se forman los
estereotipos, explicando que, con el paso del tiempo, la exposición a estereotipos negativos (en este caso,
hacia los mayores) lleva a la internalización de éstos.

Los estereotipos se originan en la infancia, y son reforzados durante la edad adulta. Éstos pueden operar
fuera de la conciencia (de manera inconsciente) lo que lleva a que las actitudes negativas implícitas hacia la
edad sean incluso más negativas que las explícitas. En último lugar, en la vejez, los estereotipos se
convierten en autoestereotipos hacia el envejecimiento.

De hecho, si encontramos a un mayor que haya tenido un envejecimiento muy exitoso, lo categorizamos
como la excepción al estereotipo internalizado.

Esto deriva en una paradoja, y es que, a diferencia de otros estereotipos, como el racismo o el machismo (los
cuales hacen referencia a grupos que son distintos a quien presenta el estereotipo), el edadismo es un
boomerang, pues algún día todos seremos mayores.

La forma en la que el estereotipo se convierte en autoestereotipo es al llegar una edad en la que la persona
mayor “se siente mayor”:

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Manifestaciones del edadismo
Una de las manifestaciones más comunes del edadismo es el patrón de habla o elderspeak. Esto consiste en
un patrón de habla similar al maternés (o habla para bebés), pero empleado hacia personas mayores, o
cuando se habla de ellos. De manera directa hacia ellos, encontramos:
 Uso de apelativos cercanos: cariño, cielo…
 Uso de apodos cercanos: Pedrito, Carmencita…
 Uso de un tono alterado: más bajo, más pausado o muy alto
 Alteración de las palabras: uso de palabras “sencillas”, o elongar la duración de las mismas

Y de manera indirecta, cuando hablamos de ellos con otras personas, encontramos:


 Uso de clichés peyorativos, como “son como niños”, “viejo verde” o “es la segunda infancia”.
 Halagos condescendientes, como “qué majos son”, “qué gracia me hacen” o “qué listo es el jodío
para la edad que tiene”.

Incluso en profesiones “de ayuda” en contextos de salud (psicología, medicina, enfermería…) encontramos
que los profesionales están prejuiciados hacia las personas mayores, como el resto de personas, pues las
personas mayores son frecuentemente vistas por los médicos como depresivas, seniles, intratables o
rígidas.

Edadismo en contextos de salud


Estos estereotipos se expanden a contextos, y no sólo a personas (por ejemplo, las profesiones geriátricas
se consideran de menor estatus que las no geriátricas).

Además, se realizan menos screenings (pruebas para comprobar si hay presencia de alguna enfermedad) de
algunas enfermedades (como el cáncer de mama) que en personas jóvenes, aun siendo mayor la prevalencia
en personas mayores, y por esta razón no se tiene tanto conocimiento de los tratamientos necesarios, pues
esto varía en función de la edad (por ejemplo, el tiempo de espera para el tratamiento debe ser mayor en
función de la edad –por ejemplo, con un ictus-). Sumado a esto, se recoge en los datos que a las personas
mayores tiende a dársele medicación como repuesta a una enfermedad, frente al tratamiento
recomendado para jóvenes, es decir, reciben antes un tratamiento farmacológico, que un tratamiento eficaz
(como puede ser una cirugía).

Otros eventos que encontramos en estos contextos de salud en el trato hacia las personas mayores son:
 Se incluye menos a los mayores en los procesos de decisión médica
 Las personas mayores participan en menos ensayos clínicos
 El personal médico tiende a implicarse menos, con un menor respeto y paciencia, y a ser menos
optimistas con pacientes mayores
 El personal de enfermería (atención directa) realiza conversaciones más cortas, más superficiales y
más orientadas a la tarea, implicándose menos (y con más habla patrón) con las personas mayores
que con las personas jóvenes
 Menos uso del humor y menor recuerdo de nombres
 Mayor refuerzo de comportamientos dependientes, e ignorancia de los comportamientos
independientes
 Aumento de aproximaciones que favorecen la dependencia en contextos hospitalarios (por ejemplo,
el pañal)

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Edadismo en contextos de salud mental
La falta de conocimiento y formación, tanto en personas mayores, como en profesionales sobre el proceso
de envejecimiento, contribuye a realizar atribuciones sesgadas, por ejemplo, atribuyendo síntomas
(irritabilidad, falta de concentración…) al proceso de envejecimiento (“son síntomas naturales y esperables).
De esta manera, los pronósticos para las personas mayores se valoran por los profesionales como peores
que para los jóvenes.

Consecuencias de los autoestereotipos edadistas


Las consecuencias de todo esto son:
 Mayor probabilidad de atribuir problemas de salud, su causa y su solución a un locus de control
externo (medicación).
 Los autoestereotipos generan que se empleen menos estilos de vida saludables, y así, que se
retrase la recuperación de ciertas patologías.
 Los autoestereotipos hacia el envejecimiento influyen sobre el rendimiento cognitivo mismo, de
manera consciente e inconsciente.

MODELO DE LITTLE
Este modelo se ha planteado como forma de explicar las consecuencias del exceso de cuidado (por asunción
de un exceso de discapacidad por parte de la persona mayor). Según este modelo, parte de la aparición y
mantenimiento de los autoestereotipos se explica por la interacción y expectativas entre la persona
cuidadora y la persona que recibe los cuidados.
Lo que aquí se explica es que hay un cuidador,
que tiene expectativas negativas sobre las
capacidades de la persona a la que cuida,
desplegando así comportamientos
sobreprotectores. Esto hace que la persona
que recibe los cuidados vea sus oportunidades
disminuidas y, así, por cumplimiento del
autoestereotipo, disminuyen también sus
capacidades. Esto cumple, no sólo con la
internalización del estereotipo, sino también
con las expectativas que tenía la persona
cuidadora, reforzando, finalmente, las expectativas negativas de ésta. Por tanto, la incapacidad no viene
dada únicamente por el padecimiento de una enfermedad, sino también por las expectativas de incapacidad
sobre la persona.

ESTEREOTIPO EN CINE Y EN TELEVISIÓN


Estos estereotipos, además, no han ganado tanta fuerza y se han internalizado tanto sin tener una razón de
ser, sino que, entre otras causas, esto ha pasado porque han sido muy extendidos en la publicidad (obsesión
por el antiaging, y por mantenerse “joven y guapa”), y en el cine y televisión, donde se nos ha enseñado
que:
 La mala siempre tiene aspecto de vieja y enferma
 Con tal de mantenerse joven es lícito hacer locuras
 Que la vida de un anciano es monótona

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¿CÓMO INTERVENIMOS SOBRE LOS ESTEREOTIPOS?
Algunas de las medidas que se proponen para poder intervenir sobre los estereotipos son:
 Incluir múltiples segmentos y cohortes de la sociedad
 Implementar campañas educativas, especialmente en los medios de comunicación
 Generar oportunidades para vínculos intergeneracionales (por ejemplo, a través de tareas y
actividades)
 Reacondicionar espacios adecuándonos a las necesidades de las personas mayores
 Ampliar la formación en gerontología del personal sanitario pues, según los datos, entre los
médicos de emergencias, sólo un 25% informa tener entrenamiento en abuso a personas mayores,
frente al 63% de entrenamiento en violencia de pareja, y el 87% en abuso infantil.
 Poner énfasis en las fortalezas durante la vejez, no sólo observar las debilidades

El contenido de la formación que debería recibir el personal de contextos de salud debería centrarse en:
 Poner énfasis en las fortalezas durante la vejez, no sólo observar las debilidades
 Sopesar recursos internos y externos, y contraponer las limitaciones
 Informar y tratar de evitar el edadismo positivo (benevolente/infantilizante)
 Tratar directamente estigmas asociados a la edad, como el autoedadismo y la doble estigmatización
(edadismo + patologías mentales)

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