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CARRERA: ESCRIBANÍA TEOLOGÍA II

Nombre y Apellido: Rocio Valentina Gareca Gurrieri

DOCENTE: PROF. JOHANNA J. ORDOÑEZ FECHA DE PRESENTACIÓN:

TRABAJO PRÁCTICO I

1. Leer el texto encomendado sobre el Vademecum del Pacto Educativo Global.

[Link]

2. Selecciona uno de los siete compromisos del P.E.G.


3. Realiza una paper sobre la lectura realizada del documento relacionando a lo
aprendido en tu carrera como futuros profesionales. Teniendo en cuenta los
puntos claves seleccionados en la consigna anterior.

Condiciones de presentación del trabajo


Formato:
 2 hojas (la caratula no cuenta)
 Tipo de letra: Time New Roman 12
 Interlineado: 1,5
 Alineación: justificada
 Configuración de la página: márgenes superior e inferior de 2,5 cm y márgenes
izquierda y derecha de 3 cm.
 Numeración de páginas
 Formato PDF
Observaciones:
• El trabajo debe realizarse de manera individual.
• En caso de que haya trabajos prácticos iguales o similares ambos serán
desaprobados. Independientemente de quién haya subido primero su trabajo.

Página 1|4
Colocando a las Personas
en el Centro: Impacto en la
Formación Profesional en
Escribanía

Apellido y nombre: Gareca Gurrieri Rocio Valentina

Año: 2024

Carrera: Escribanía

DNI: 45172271

Profesora: Johanna Ordoñez

Página 2|4
Resumen

El Vademécum del Pacto Educativo Global (PEG) es una guía integral que busca
transformar la educación para poner a la persona en el centro del proceso educativo. En
este paper, analizaremos cómo esto influye en nuestra formación como futuros
profesionales en escribanía, y cómo podemos aplicarlo en nuestra práctica profesional.

Introducción

El propósito de este estudio es como colocando las personas en el centro, afecta la


formación profesional en escribanía. Se plantea un enfoque en que la persona puede
mejorar significativamente la calidad de la formación, al promover y fomentar valores
éticos que son esenciales para el ejercicio de la profesión.

El Enfoque Humanista del Vademécum del PEG

El Vademécum del PEG promueve un enfoque humanista de la educación, que reconoce


la dignidad, singularidad y potencial de cada individuo. Destaca la importancia de una
educación que no solo se centra en el desarrollo académico, sino también en el
desarrollo personal, social, ético y emocional.

El Papa Francisco subraya la necesidad de escuchar transmitir y construir

Relación con la Formación en Escribanía

Como futuros profesionales, trabajaremos directamente con personas, ayudándolas a


proteger sus derechos legales y resolver conflictos jurídicos. Por lo tanto, es importante
entender, respetar la individualidad y autonomía de cada cliente tratar a cada persona
con respeto y empatía, independientemente de su situación legal o social.

La colocación de la persona en el centro también implica desarrollar habilidades de


comunicación, es esencial para establecer una relación de confianza con los clientes y
comprender sus necesidades y preocupaciones.

Los futuros escribanos deben aprender a escuchar y, expresarse de manera clara y


comprender las emociones y perspectivas de los demás.

También promueve la resolución de problemas y la búsqueda de soluciones que


satisfagan la necesidad individual de cada persona. Este enfoque se traduce en la
búsqueda de soluciones legales que respeten los derechos y la dignidad de los clientes.

Página 3|4
Deben aprender a analizar situaciones legales complejas y encontrar soluciones que
protejan los intereses de sus clientes de manera justa.

Implicaciones para la Práctica Profesional en Escribanía

En nuestro trabajo como escribanos, debemos ser conscientes del impacto que nuestras
acciones pueden tener en la vida de las personas y actuar con responsabilidad y empatía
en todo momento. Además, debemos esforzarnos por construir relaciones de confianza
con nuestros clientes, basadas en el respeto mutuo y la transparencia.

Tambien tenemos que promover la colaboración entre escribanos y otros profesionales


del derecho, así como trabajar en equipo con los clientes para abordar sus necesidades
legales de manera efectiva.

Reflexiones Personales

Desde mi perspectiva como futuro escribano, me lleva a reflexionar sobre mi papel


como profesional en la sociedad. Reconozco que seré un defensor de los derechos de las
personas, y que mi capacidad para comprender y responder a las necesidades
individuales de mis clientes será importante para mi éxito como profesional.

Conclusiones

En conclusión, el paper destaca que, al poner a las personas en el centro del proceso
educativo, se pueden mejorar significativamente tanto la calidad de la formación como
la práctica profesional.

Bibliografía

• Pacto Educativo Global. Vademécum.

• [Link]
sdeCoro

• [Link]
propuesta-desde-el-humanismo-solidario/

• [Link]
centro-malena-wais/?originalSubdomain=es

• chrome-
extension://efaidnbmnnnibpcajpcglclefindmkaj/[Link]
-content/uploads/2015/10/[Link]

Página 4|4
1
2

UNIVERSIDAD CATÓLICA DE SALTA

VICERRECTORADO DE FORMACIÓN

DEPARTAMENTO DE TEOLOGÍA
3

ÍNDICE

UNIDAD I: BERNARD SESBOÜÉ: CREER .............................................................................................................. 11


Introducción ................................................................................................................................................................ 11

UNIDAD II: EL MISTERIO DE CRISTO EN EL NUEVO TESTAMENTO ................................................................. 67


1.- Introducción ........................................................................................................................................................... 67
2.- Los misterios de la vida de Cristo ......................................................................................................................... 67
3.- Nociones preliminares ........................................................................................................................................... 72
4.- Cristología en Pablo .............................................................................................................................................. 74
5.- Cristología en los Evangelios sinópticos ............................................................................................................... 77
6.- Cristología en las Epístolas Católicas ................................................................................................................... 94
7.- Cristología en la Carta a los Hebreos ................................................................................................................... 99
8.- Cristología en el Evangelio de Juan .................................................................................................................... 102
9.- Cristología en el Apocalipsis ............................................................................................................................... 111
10.- Conclusión ......................................................................................................................................................... 115

UNIDAD III: BREVE CRISTOLOGÍA SISTEMÁTICA .............................................................................................. 117


1.- Introducción ......................................................................................................................................................... 117
2.- El misterio de la Encarnación .............................................................................................................................. 117
3.- Unión hipostática: diversas interpretaciones, antiguas y modernas. Visión comprensiva. ................................. 119
4.- El misterio Pascual: Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús ........................................................................... 120
5.- Conclusión ........................................................................................................................................................... 128

UNIDAD IV: CREO EN EL ESPÍRITU SANTO QUE VIVE EN LA IGLESIA .......................................................... 130
1.- Introducción ......................................................................................................................................................... 130
2.- Importancia de la Pneumatología ........................................................................................................................ 131
3.- El Espíritu Santo en la Sagrada Escritura ........................................................................................................... 132
4.- Hacia una formulación de la fe en el Espíritu Santo ........................................................................................... 145
5.- “Creo en el Espíritu Santo” .................................................................................................................................. 147
6.- El Espíritu Santo y la Iglesia ................................................................................................................................ 153
7.- El Espíritu Santo en la vida del cristiano ............................................................................................................. 158
8.- Conclusión ........................................................................................................................................................... 164

UNIDAD V: INTRODUCCIÓN AL MISTERIO DE LA IGLESIA .............................................................................. 166


1.- Introducción ......................................................................................................................................................... 166
2.- Origen y finalidad de la Iglesia ............................................................................................................................ 166
3.- Naturaleza de la Iglesia ....................................................................................................................................... 169
4.- La Iglesia visible, sociedad jerárquicamente estructurada .................................................................................. 178
5.- María y la Iglesia ................................................................................................................................................. 183
6.- Conclusión ........................................................................................................................................................... 185

UNIDAD VI: LOS SACRAMENTOS DE LA IGLESIA ............................................................................................. 186


1.- Introducción ......................................................................................................................................................... 186
2.- El Hombre Sacramento de Dios .......................................................................................................................... 187
3.- Cristo Sacramento original del Padre .................................................................................................................. 188
4.- La Iglesia sacramento universal de salvación ..................................................................................................... 190
5.- Los Sacramentos Cristianos ............................................................................................................................... 191
6.- Caracteristicas generales de los siete Sacramentos .......................................................................................... 192
7.- Los sacramentos de iniciación cristiana .............................................................................................................. 194
8.- Los sacramentos de sanación ............................................................................................................................. 207
9.- Los sacramentos al servicio de la comunidad ..................................................................................................... 212
10.- Conclusión ......................................................................................................................................................... 218
6

REFERENCIAS DE ÍCONOS

Actividad en el Foro.

Actividad de Reflexión no obligatoria.

Actividad Grupal.

Actividad Individual.

Actividad Obligatoria. Debe ser enviada para su evaluación.

Atención.

Audio

Bibliografía. Lecturas Complementarias.

Glosario.

Página web - Internet.

Sugerencia.

Video.
7

FUNDAMENTACIÓN
En el marco de la identidad institucional como Universidad Católica1 y del Estatuto propio2 de la Univer-
sidad Católica de Salta, las asignaturas de formación integral3, se constituyen como un espacio de re-
flexión4 que pretende desarrollar un soporte científico filosófico-teológico5, a fin de proveer a los
alumnos de las herramientas necesarias de percepción, conceptualización, reflexión, elaboración, desa-
rrollo y producción de un pensamiento con lenguaje específico, crítico6, profundo, dinámico y creativo7
en su ciencia y en su profesión sustentado en actitud reflexiva filosófico-teológica.

Teniendo en cuenta que “nuestra fidelidad al Evangelio nos exige proclamar en todos los areópagos
públicos y privados del mundo de hoy, y desde todas las instancias de la vida y misión de la Iglesia, la
verdad sobre el ser humano y la dignidad de toda persona humana”8.

El trayecto educativo de las asignaturas de formación integral, asume una concepción integral de la per-
sona y condición humana como así también el actual acento en las dimensiones de interdisciplinarie-
dad, multiperspectividad, transdisciplinariedad, transversalidad del conocimiento; y las herramientas que
ofrece el abordaje desde la perspectiva del pensamiento complejo y de las inteligencias múltiples, a lo
cual se suma el aporte actual de la reflexión desde la perspectiva de la inteligencia espiritual, esto es,
desde el concepto de sentido y significado9 como ámbito integrador, global y holístico de la existencia
humana.

Inteligencia espiritual que en nuestra particular propuesta educativa se expresa en las coordenadas
que nos ofrece el horizonte del descubrimiento, valoración y reconocimiento de la “experiencia religio-
sa” en general y del paradigma específico que ofrece la fe cristiana. Todo ello permite generar una
especial sensibilidad para reconocer los horizontes de una “razón ampliada”10 y la “dimensión sa-
piencial”11 de la verdad descubierta y vivida; aspirando a la configuración de un tipo humano que sinte-
tice en una sabiduría cultivada el aporte a la sociedad y a la cultura donde se inserta.

Actitud sapiencial que se nutre de una atención despierta a la dinámica social y cultural imperante;
dónde el núcleo sabio de la conciencia humana se activa en la confrontación con la realidad, y de

1 Ex Corde Ecclesiae:
[Link]
ecclesiae_sp.html
cfr. C.E.A., Presencia de la Iglesia en la Universidad y en la Cultura Universitaria, 1996
cfr. Zabalsa Miguel A., La enseñanza universitaria, el escenario y sus protagonistas, narcea, Madrid, 2007
2 Estatuto: [Link]
3 Artículo 20° del Estatuto, en el orden de la integración del saber, no solo como ilustración cultural o saber complementario,
sino como saber esencial y constituyente de la mente y el corazón del graduado en nuestra Universidad.
LECTURA COMPLEMENTARIA 1: La formación integral y sus dimensiones.
4 Espacio activo, no enciclopédico. Encarnado en la ciencia específica, partiendo de ella como realidad interpelante y regre-

sando a ella con reflexión enriquecida; y no concebido como extrapolación sintética de formación profesionalmente filosófi-
ca o teológica.
5 Con precisión conceptual y terminológica; con método y actividad según las áreas mencionadas; buscando la propuesta

integradora al comienzo, durante y proyectando una síntesis posterior.


6 LECTURA 3: Pensamiento crítico.
7 LECTURA 4: Pensamiento creativo: 4.1 Pensamiento creativo, 4.2 Habilidades críticas y creativas.
8 D.A. 390
Cfr Compendio de la Doctrina Social N° 16
9 cfr. Giussani Luigi, El sentido Religioso, Edic. Encuentro, 1987
cfr. López Quintás Alfonso, la cultura y el sentido de la vida, ppc, 1993
cfr. Giussani L., El rostro del hombre, Edic. Encuentro, 1996
cfr. Frankl Víctor E., El hombre en busca del sentido último, el análisis existencial y la conciencia espiritual del ser humano,
Paidós, 8° reimpr., 2013
10 Decreto de Reforma de los Estudios eclesiásticos de Filosofía:

[Link]
filosofia_sp.html
11 Decreto de Reforma de los Estudios eclesiásticos de Filosofía:

[Link]
filosofia_sp.html
8

modo especial a las realidades que exigen soluciones urgentes en referencia a la dignidad humana, a
las condiciones adversas que condicionan el futuro de las personas y de las sociedades y la imperiosa
atención que nos solicitan los dinámicos procesos humanos políticos-sociales-económicos-ecológicos
en los que nos encontramos inmersos12.

En nuestra identidad institucional la razón humana se concibe ampliada con la afirmación y las conse-
cuencias inferidas del paradigma “Jesús, el Cristo” como configuración de un humanismo cristianono
solo teorizado sino tematizado y experimentado en el camino de la tradición de la Iglesia Católica
específicamente.

Este espacio se encuentra articulado tanto con los fundamentos y objetivos del Plan de Estudios de las
Carreras, como integrado con sus respectivos actores, los docentes de las materias específicas en bús-
queda de un auténtico diálogo fe y razón, fe y cultura, evangelio y vida.

También se encuentran secuenciados los contenidos en un desarrollo progresivo con el resto de los
espacios curriculares de reflexión filosófica, teológica, doctrina social de la Iglesia y ética; constituyendo
un bloque formativo, que se sostiene en una opción por un eje esencialmente epistemológico, antro-
pológico y praxis integradora, con una orientación clara a la producción de aportes sociales y cultura-
les significativos.

El aspecto práctico se propone desde una antropología filosófica-teológica liberadora13 que expresa de
modo claro la más profunda identidad humana en acción en el contexto social; y el asumir la configura-
ción vital que entiende y asume la Comunidad como ámbito de desarrollo integral, donde la libertad hu-
mana se despliega en contemplación del rostro del otro y la conciencia de su dignidad y el destino co-
mún que nos une a todos como Humanidad.

Con ello se pretende que la intervención profesional del graduado de la Ucasal tenga posibilidad de un
accionar profesional entendido como intervención en su ámbito, libre de toda inclinación a la imposición,
cuidadosa en la orientación y dirección, y decididamente signada por la impronta del acompañamiento
transformador de la vida humana; de modo especial inspirada en la intervención salvadora y liberado-
ra de Dios en la Historia humana: la KÉNOSIS o encarnación como método y lenguaje verdadero.

12 cfr. Juan Pablo II, Discurso a los participantes en el Congreso Mundial sobre la Pastoral de los Derecho Humanos, Roma
1998.
cfr Compendio de la Doctrina Social N° 16.
cfr. Declaración Crisis económica, opción por los pobres y cuidado de la creación. Por un desarrollo humano, integral y
solidario, emitida por los miembros del departamento justicia y solidaridad del CELAM, febrero 2010.
cfr. A.A.V.V., Ciencias, Filosofía y Teología, en búsqueda de una cosmovisión, 2004.
cfr. Motto, Andrés Román M., Creer en Dios, ¿invención, costumbre o convicción?, S. Pablo, 2009.
cfr. Peacocke Arthur, Los caminos de la ciencia hacia Dios, sal terrae, 2008.
13 “Conocerán la verdad y la verdad los hará libres” Evangelio de San Juan 8,32

cfr. Ratzinger, ser cristiano en la era neopagana, Edic. Encuentro, 1994


cfr. Ladaria Luis F., Introducción a la Antropología Teológica, verbo divino, 1998
9

PRÓLOGO
Estimado alumno, queremos, desde la Universidad Católica de Salta -Ucasal- y de modo específico
desde el Vicerrectorado de Formación en su Escuela de Formación Fundamental en la Identidad
Institucional, darte la bienvenida a éste camino que, desde ahora, realizaremos juntos. Así lo expre-
samos y representamos en el logo (ver en la tapa del MÓDULO) de nuestra página web:
[Link], la que te invitamos a visitar.

Acompañados por nuestros Profesores de las Asignaturas de Formación, años tras años ahondaremos
juntos el misterio de la vida humana, de la dignidad del hombre, de la complejidad de la sociedad, de la
riqueza de la cultura; también, el misterio de una vida útil, verdadera y realmente comprometida.

Aprovechando a pleno las posibilidades que se presentarán de aquí en adelante; en primer lugar, el
hermoso tiempo de estudiantes, de la vida en la Comunidad Universitaria, del aprender a ser y vivir para
los demás y con los demás. Luego, de las oportunidades que se abrirán habiendo realizado una forma-
ción profesional seria, adquiriendo ciencia y conciencia; no sólo para ser exitosos profesionalmente,
sino para ser protagonistas de una historia humana donde se verifique la superación de la desigualda-
des, la victoria sobre las frustraciones de la sociedad en general y sobretodo donde podamos colaborar
para el pleno desarrollo humano de todas las personas.

Las Materias de Formación, como la que presentamos hoy a la cual denominamos: TEOLOGÍA, serán
un espacio de encuentro, de aprendizaje, de expresión, de reflexión, de participación, de proposición de
ideas, proyectos y de acción auténticamente universitarias; que partiendo del ámbito de estudio y de
profesión elegido, ayudados por las herramientas que nos acerque la TEOLOGÍA podamos crecer, ma-
durar y ejercer un pensamiento vivo, crítico, dinámico, creativo e innovador y audaz.

La Vida universitaria se nutre de espíritus inquietos, de hombres y mujeres sensibles, de personas so-
cialmente abiertas, de humanidad grande que superan cada día la estrechez mental, la cerrazón del
corazón, todo tipo de prejuicio y de barreras, que se van liberando poco a poco de todo aquello que es-
tanca, que achica la mente y el corazón. Esto es lo que representa el logo del ICARO de Matisse (ver en
la tapa del MÓDULO de Filosofía) que hemos asumido como identificación de las energías humanas
que brotan del corazón y que conviven cada día en esta casa de estudios.14

Nuestra Vida universitaria se nutre, también, del aporte de la larga experiencia de las Universidades
Católicas en general y en particular de nuestros 50 años como Institución Católica de Educación Supe-
rior en Salta.

La participación en la Vida universitaria tiene un comienzo, pero no termina nunca, pues a cada paso
que el profesional graduado en nuestra Institución da le acompaña la maduración en el misterio de la
Vida Humana que ha realizado desde el comienzo, es decir de la Sabiduría que lo constituye en lo pro-
fundo y que sustenta la Ciencia y la Profesión que con excelencia desarrolla.

Les reiteramos, sean Bienvenidos, esta es su casa, estos son sus espacios, y juntos los compartiremos
para siempre y por un mundo verdaderamente nuevo y auténticamente humano, como Dios lo pensó y
creó y por el cual envió a su Hijo Jesucristo, derramando el Espíritu Santo para una humanidad nueva.

Comenzamos nuestro caminar

Queremos comenzar nuestro caminar juntos proponiéndote a modo de preparación un breve ejercicio
de reflexión sobre la condición humana en general y que nos ayudará a bucear en nuestra propia condi-
ción personal, te proponemos que este link para leer las cartas que preparadas para jóvenes universita-
rios como vos han sido redactadas; y de modo especial, el segundo link que nos hará reflexionar mu-

14 Así se llama también el Salón ofrecido a los estudiantes al lado de la Confitería en el Campus de la Universidad en Casta-
ñares, Salta.
10

cho, con gusto y juntos. Sería bueno que pudieras leer todas las cartas, de a poco, una por una, de a
ratos quizás, ahí vamos…….

- Cartas a un espíritu inquieto (un texto que todo joven universitario debiera leer):
[Link]

- El hombre como pregunta:


[Link]
e=397&idage=2031&vap=0
11

UNIDAD I:
BERNARD SESBOÜÉ: CREER
¿Eres tú el que ha de venir,
o tenemos que esperar a otro?
(Mt ll,3)

INTRODUCCIÓN
Este libro es una invitación. Este término lo sitúa en un clima de libertad mutua y
de gratuidad entre el autor y el lector. El primero no desea imponerle nada al se-
gundo, ni exhortarlo a lo que quiera que sea El segundo, por su parte, no esta obli-
gado a nada Es invitado simplemente a entrar en un dialogo de hombre a hombre y
a recorrer un camino en relación con cuestiones de hombres

Una invitación tiene por objeto proponer un bien o un acontecimiento deseable Si


yo lo invito a cenar, usted me contestara “si” o “no” dependiendo de su deseo Una
invitación va dirigida siempre al deseo Espero, con estas paginas, llegar hasta sus
deseos mas profundos y auténticos, como una invitación no es una obligación, no
insistiré en los problemas de la ley moral o de la ley religiosa, no porque no existan,
sino porque no es eso lo que hay que considerar en primer lugar es sobre esta ba-
se sobre la que yo quisiera hacerle desear creer O, como dice Pascal en sus Pen-
sees a propósito de la religión cristiana, “hacer desear que fuera verdadera” Des-
pertar o reavivar el deseo en esta longitud de onda nos situaremos

Este libro es también una invitación a creer No tratara pues solo de la fe quiere
abordar la cuestión del acto de creer La fe puede presentarse en forma de un con-
tenido bien estructurado de “verdades” El acto de creer supera infinitamente este
conjunto de determinaciones Es un acto de libertad personal, que ningún otro pue-
de realizar en nuestro lugar Un acto que requiere ciertas condiciones para poder
llevarse a cabo Un acto que ha de superar numerosos obstáculos en nosotros y
fuera de nosotros. Por eso estas páginas se dedicaran preferentemente a las difi-
cultades que hay hoy para creer y a las innumerables objeciones que cierran el ca-
mino de la fe como vallas.

Pero todo creer reclama un mínimo de saber. No ha de sorprender pues el ca-


rácter voluminoso de esta obra, que pretende presentar información honrada y al
día sobre un gran número de cuestiones. Evidentemente no tengo respuestas para
todo. Es este un libro sobre la fe escrito de buena fe.

No se trata, por tanto, ni de un catecismo ni de un curso de teología. De estas


obras existen ya muchas y de gran calidad. No considero por consiguiente una
obligación tratar todos los temas de la fe cristiana. Mi intención aquí es otra. Allí
donde tantos libros proponen contenidos, yo quisiera presentar ante todo un itinera-
rio. Lo importante no es decirlo todo, sino expresar aquello de lo que se habla de
acuerdo con un orden y un dinamismo elocuentes para el lector.

Este libro que hablará del cristianismo pretende pues dirigirse al hombre en
cuanto hombre. La experiencia humana de todos y cada uno será en cierto modo
su punto de partida. Un evangelio que no se dirigiera a la experiencia humana más
profunda no interesaría a nadie. Una respuesta que no se corresponde con ninguna
pregunta, no es una respuesta: es un propósito vano. Es necesario que lo que se
anuncia afecte de manera vital a lo más profundo de la conciencia humana.
12

Porque la cuestión del sentido de nuestra existencia concierne a la totalidad de la


persona humana y no sólo a su esfera religiosa. Hoy las cuestiones últimas y el pro-
blema de Dios mismo se entrelazan con lo más cotidiano de nuestra vida, aunque
sólo fuera en la forma de la frustración y la carencia. Los diferentes sectores de la
existencia humana están vinculados entre sí.

Los destinatarios

Este libro va dirigido a todos, es decir, a los cristianos y a los que no lo son. Unos
y otros, por lo demás, están inmersos en el clima del mismo mundo occidental, que
un sociólogo contemporáneo ha podido caracterizar como “la era del vacío”15. Este
clima nos afecta a todos en mayor o menor medida.

Si nuestra sociedad, en efecto, está comprometida en un gran proceso de per-


sonalización, lo que es un bien, al mismo tiempo promueve un individualismo nunca
antes conocido Por lo mismo, los hilos que tejen una sociedad activa y portadora de
valores y de sentido para la existencia se están diluyendo en una especie de apatía
o indiferencia Los referentes sociales, morales y religiosos se difuminan cada vez
más El orden de los fines reconocidos desaparece Cada uno busca su felicidad de
acuerdo con sus propios principios.

El individuo se encuentra entonces frente a si mismo en una especie de desierto


en el que nada tiene ya sentido Vive la prueba de la soledad y ve como se le impo-
ne una forma nueva de narcisismo, que la vida económica con la publicidad, la vida
artística con la canción, la no-vela y el teatro, la vida mediática con sus innumera-
bles expresiones, la misma vida política, no dejan de alimentar y fomentar Todo
trata de seducirnos de la manera mas elemental y mas inmediata En este “nihilis-
mo” pasivo, la cuestión misma del sentido de nuestra existencia se encuentra obtu-
rada “Vivir sin ideal, sin un fin trascendente, se ha hecho posible”16. No se plantean
ya las cuestiones ultimas, como las de lo verdadero y lo falso, el bien y el mal, sino
que la gente se limita a resolver los problemas de la vida diana lo mejor o lo menos
mal posible Todo esto se vive por lo general sin drama, con tranquilidad y naturali-
dad Pero no por ello se es “feliz”.

Por supuesto, este estado de nuestra sociedad deja en una inmensa frustración
contra la cual muchos reaccionan, a riesgo de parecer héroes a los ojos de los de-
más. La necesidad de encontrar sentido a la existencia sigue estando ahí, aun
cuando trate de negarse La forma religiosa de esta búsqueda de sentido se mani-
fiesta en el gusto por las espiritualidades orientales o en el compromiso sectario.

Sin duda muchos de nuestros contemporáneos tienen una especie de alergia


espontánea al cristianismo, en particular en su forma católica, por la sencilla razón
de que el catolicismo ha sido la religión dominante en Francia desde sus orígenes
Ha sido ella la que ha moldeado nuestra cultura, nuestro sentido espiritual y moral,
en definitiva, nuestros valores Ha sido ella la que ha ejercido autoridad sobre las
costumbres y los comportamientos. De ahí la necesidad de liberarse de ella y de
buscar en otra parte, como si el cristianismo no tuviera ya nada que decirnos hoy.

Este libro va dirigido pues a los que no se sienten hoy de ningún modo vincula-
dos al cristianismo Hombres y mujeres de buena voluntad sin duda -al menos así es
como cada uno de nosotros ha de considerar a pnon a su prójimo-, pero que han

15 G LIPOVETSKY Lere du vide Essais sur l individuahsme contempormn Galh mard París 1983 (trad
esp La era del vacio ensayos sobre el individualismo contempoianeo Anagrama Barcelona 1998")
Me inspiro en este autor en las reflexiones que siguen.
16 Ib 57.
13

perdido toda familiaridad con la fe cristiana desde hace varias generaciones. Para
algunos esto se remonta a la Revolución francesa y a la evolución del siglo XIX,
para otros a la crisis del laicismo y del anticlericalismo de comienzos del siglo XX,
para otros en fin es mas reciente. Sus padres habían perdido ya la fe o, incómodos
con el cristianismo, dejaron a sus hijos “libres”.

La generación de los jóvenes adultos ha entrado pues espontáneamente en el


mundo de valores que transmite nuestra sociedad. Para algunos la cuestión de Dios
ni siquiera parece ya plantearse. Tratan de dar sentido a su vida en el marco de su
familia, de su profesión, de su tiempo libre, de sus compromisos políticos o socia-
les, humanitarios o culturales. Respetan incluso las reglas de una ética que ellos
mismos se han modelado. Pero, saturados como están por tantas cosas “penúlti-
mas”, consideran que ya tienen bastante trabajo con hacer frente lo mejor posible a
estas complejas realidades No se plantean cuestiones “ultimas” como el sentido de
la vida humana, la vida después de la vida terrena, etc. Y a veces se sienten supe-
rados por ellas O bien, la gravedad del problema del mal, cuyos azotes no han de-
jado de manifestarse de un extremo al otro del siglo XX, les parece un obstáculo
insuperable en todo pensamiento sobre Dios Hoy, por lo demás se percibe una evo-
lución en este comportamiento Ya que la cuestión del “sentido” de la vida es de las
que brotan sin cesar y reclaman de una manera u otra solución Tal es la razón del
éxito de ciertas “sectas”, o de movimientos que proponen una religión cósmica bas-
tante difuminada e invitan a un nuevo estilo de vida.

Esta obra va dirigida también, evidentemente, a los cristianos entre ellos existe
toda una gama de situaciones muy diferentes

Hay por supuesto cristianos convencidos, pero que necesitan madurar, aclarar,
hacer consciente, en una palabra, “reapropiarse” el sentido y el contenido de su fe
Desean asimismo encontrar la justificación de su actitud de creyentes, ante su pro-
pia razón y ante las objeciones que suelen escuchar Nunca acaba uno de “acceder”
a la fe Cada uno ha de ser capaz de rehacer su propio itinerario, de volver a los
fundamentos, con el fin de lograr una fe serena que no se aver-guence de si misma
El consejo de la primera Carta de Pedro va dirigido a nosotros Estad “dispuestos
siempre a contestar a todo el que os pida razón de vuestra esperanza” (IPe 3,15-
16) Retomando unas afortunadas palabras del teólogo alemán Karl Rahner17, la
cuestión se formula con frecuencia así para muchos ¿es posible hoy creer “con
toda probidad intelectual” y vivir una fe “intelectualmente honesta”?

Pienso también en los cristianos algo “cansados” de creer Han recibido una edu-
cación cristiana Fueron sm duda durante mucho tiempo “practicantes” Y luego, un
día, el evangelio se les cayo de las manos Hoy se plantean cada vez más cuestio-
nes, principalmente sobre la Iglesia, sus limites, sus carencias humanas, su ima-
gen, que les parece esclerótica y perteneciente definitivamente al pasado Esta Igle-
sia es para ellos con frecuencia un obstáculo rechazan a veces las formas de la
liturgia, incluso las que el Vaticano II ha restaurado Son espontáneamente reticen-
tes, por no decir a veces francamente hostiles, a las enseñanzas del Papa, en par-
ticular en materia de moral ¿”Creer” conlleva realmente todo eso? Son sensibles
también al “mercado común” de las religiones En definitiva, ¿dónde esta la verdad y
que es la verdad?

Más profundamente aun, se preguntan quien es Jesús, se interrogan sobre su


persona, que la fe cristiana proclama Cristo y Señor. ¿Qué sentido tiene afirmar que
un hombre, de nuestra raza humana, es Hijo de Dios y Dios? Se plantean además

17 Se hablará a menudo de este teólogo en estas páginas.


14

tantas cuestiones acerca de la historia de este hombre: ¿Puede creerse que nacie-
ra de una virgen? ¿Qué se sabe realmente de su vida? ¿Por qué motivos fue cruci-
ficado? ¿Acaso no pesan numerosas sospechas sobre lo que cuentan los evange-
lios de él y de sus milagros18? ¿Qué se sabe verdaderamente del hombre Jesús? Y
por otro lado, lo que se sabe de él ¿es compatible con lo que la fe cristiana ha cons-
truido alrededor de su nombre, atribuyéndole un gran número de títulos divinos?
Por no hablar, en fin, del problema de Dios mismo, que se ha hecho inconcebible
ante los horrores del siglo XX.

Está también toda la masa de jóvenes que parece dar “la impresión de una sali-
da de la religión”19. Salida pacífica por lo demás, sin crisis aparente. Entre ellos,
algunos han roto, de hecho o por decisión, con la memoria cristiana y creyente de
nuestro país y de nuestra cultura. Otros han crecido en esta situación de ruptura
con la herencia cristiana, de la que a veces ignoran hasta los rudimentos. La Iglesia
les parece una nebulosa sin fronteras. Su esperanza se confronta cada vez más
rápidamente con las crueldades de la vida y tratan, a veces desesperadamente, de
dar un sentido a su vida. El destinatario de toda afirmación sobre la fe es hoy, en
fin, “el hombre que sufre” (W. Kasper).

No olvido tampoco a todos los que “vuelven a empezar”. Eran cristianos sin de-
masiada convicción; un día abandonaron la práctica religiosa y se fueron alejando
de la fe. Luego, se produjo un acontecimiento en su vida, una dura prueba a veces,
que les hizo dejar sus incertidumbres y reanudar el camino de la fe.

Un testimonio

El acto de creer es siempre resultado de un compromiso de nuestra libertad Ca-


da uno solo puede hablar de la fe a los otros desde el fondo de su propio acto de
creer No tengo por tanto intención de enseñar la fe como se puede enseñar geogra-
fía o matemáticas, aun cuando, como veremos, en los especialistas de estas disci-
plinas puede estar presente también cierta forma de pasión o de fe y marcar fuer-
temente su enseñanza por la constatación de su convicción. Yo quisiera ofrecer el
testimonio personal de mi propia fe diciendo, esto es lo que me hace feliz, esto es
lo que me hace vivir. Yo quisiera poder decir, con la discreción que se impone, lo
que los primeros discípulos de Jesús se susurraban unos a otros. “¡Hemos encon-
trado al mesías!” (Jn 1,41). Este término de “mesias”, por cierto, sigue estando muy
presente en nuestra cultura, en virtud del gran número de personas que pretenden
serlo y de una especie de expectativa mesiamca que no deja de cernirse sobre
nuestra generación.

Un niño de siete u ocho años pedía ser bautizado. A sus padres, que le interro-
gaban sobre los motivos de su decisión, temiendo que se tratara de un entusiasmo
pasajero, les contesto. “Quiero bautizarme porque quiero ser feliz”. Respuesta sor-
prendente quizá, pero respuesta justa y verdadera. El creer aquí propuesto quiere
ser una invitación a la felicidad.

El testimonio que trato de dar es pues el de una experiencia que se dirige a otras
experiencias. Yo lo he vivido, ¿os dice a vosotros algo? ¿Puede la fe hacerse “con-
tagiosa”, como lo era en los primeros siglos, en los que el “boca a boca” fue el gran

18 Los programas de telvisión titulados “Corpus Chnsti”, emitidos en Francia durante las semanas
santas de 1997 y 1998, han subrayado holgadamente todas las dudas que las autoridades científi-
cas sobre la cuestión, por lo demás pertenecientes a religiones diversas, podían plantear al res-
pecto.
19 Cf Y LAMBERT, Lesjeunes el le chnstmnisme le grand defi, Le Debat, mayo-agosto de 1993, Galh-
mard, 63.
15

factor de difusión del evangelio por toda la cuenca mediterránea7 El legado del em-
perador Trajano, Plinio el Joven, hablaba del cristianismo como de un “contagio”.
Pero para el evidentemente se trataba de una enfermedad.

La invitación y el testimonio serán los dos resortes de la pedagogía aquí pro-


puesta Darán el mayor espacio posible a la narración y los relatos, por la sencilla
razón de que el contenido de la fe cristiana se presenta como un gran relato narra-
do relatos bíblicos del Antiguo y del Nuevo Testamento, relatos de la vida de la
Iglesia a lo largo de las épocas, relatos a los que se une el relato mismo del narra-
dor, cuyo mayor deseo es que aquellos puedan salirle al paso al lector en su propio
relato íntimo.

La arquitectura del libro

Hemos elegido como hilo conductor de estos capítulos el texto del credo de los
apóstoles. Es el credo más simple y más familiar, que quizá haya quien todavía lo
recuerde de memoria, el que la Iglesia de todos los tiempos ha pedido profesar a
los que iban a recibir el bautismo. En su misma brevedad, dice lo esencial. Es mu-
cho más que un catálogo de verdades: es un breve relato, una historia, que nos
anuncia a la vez el designio de Dios para el hombre y la respuesta del hombre a
este designio a través del acto de creer. Además, este relato constituye un corto
resumen del mensaje que se encuentra expresado con todo detalle en el gran libro
de las Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento, en el que la Iglesia reconoce
el testimonio escrito de la palabra de Dios.

Tenemos ahí una referencia de base que permitirá tomar en consideración al su-
jeto humano mismo confrontado con la opción de la fe. Es conocida esta reflexión
de origen inglés: “Para enseñarle latín a John, no basta conocer el latín, hay que
conocer también a John”. Al hombre de hoy, no basta hablarle de Dios o de Cristo,
hay que hablarle primero de él mismo. Es necesario ponerse a escucharle.

Cuatro grandes partes estructuran este libro. La primera se dedicará al comenta-


rio del “Creo”. ¿Quién es el yo humano que cree? ¿Qué es el acto de creer? Las
otras tres seguirán el orden de los tres “artículos” del credo, es decir, sus tres par-
tes, articuladas cada una en torno a uno de los nombres divinos que han interveni-
do en la historia de nuestro mundo. Esos tres nombres son los del Dios “trinitario”,
el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo que vive en la Iglesia.

Se propone de este modo un itinerario, que parte del hombre que se plantea la
cuestión de Dios, para luego irse adentrando progresivamente en los puntos clave
de la fe cristiana. Pero periódicamente nos encontraremos con una dificultad.

Como todo se sostiene en esta fe, será necesario evocar o suponer adquiridos
ciertos puntos cuyo tratamiento pedagógico vendrá mas tarde

Quiero dar las gracias a quienes me han ayudado en la redacción del texto dos
hogares cercanos que aceptaron leer la primera redacción en su conjunto y me
transmitieron sus reacciones, criticas y sugerencias, Andre Paul, de la editorial
Desclee, que ha puesto toda su pericia a mi disposición, y mis compañeros jesuitas
que han revisado esta obra Todos han contribuido en gran medida a su estado final
y por ello les expreso todo mi agradecimiento
16

PRIMERA PARTE: EN EL UMBRAL: “CREO”

Preámbulo

“Creo” es la primera palabra del credo cristiano. Algunos lectores quizá no se


consideren en modo alguno en condiciones de pronunciarla, como Charles Péguy
en otro tiempo no era capaz de decir “Padre nuestro”. Pero el uso de esta fórmula
tiene simplemente por objetivo invitar a reflexionar sobre la significación de esta
palabra, o palabras: “yo creo”. ¿Quién es este “yo” humano que aparece de este
modo en escena? Se pasa demasiado deprisa, olvidando que es menester intere-
sarse en primer lugar por él, es decir, por el pequeño John de la historia que hemos
contado anteriormente- De hecho, ¿quién es John? Es decir, ¿quién soy yo? (c. 1).

A continuación, hay que tener claro lo que es el acto de creer, considerado en pri-
mer lugar desde el punto de vista del hombre. ¿Creer es algo legítimo y justificable?
¿No está nuestro mundo cultural haciéndonos pasar de la fe al saber? ¿Cuál es el
carácter propio del “creer en Dios” con relación a cualquier otro acto de fe? (c. 2).

Desde el momento en que se habla de la fe, en fin, se utilizan palabras, nos ser-
vimos de un lenguaje. Este lenguaje es considerado a menudo cerrado, codificado,
secreto (“esotérico”) para el hombre de hoy. ¿Por qué no se puede prescindir de un
cierto código de lenguaje para hablar de las cosas de la fe? (c. 3).

Estos son los tres temas que se abordarán en esta primera parte titulada En el
umbral. No estamos todavía en la casa de la fe, nos detenemos en los preámbulos.
Con frecuencia el guía de un museo hace un gran discurso a los visitantes antes de
entrar, con riesgo de poner a prueba su paciencia. Pero lo que oyen debe ayudarles
a comprender el interés del museo. ¿Vale la pena en efecto entrar en él? Conviene
hacer esta pausa antes de ir más allá, no por el placer de pisar los escalones del
palacio antes de visitarlo, sino porque conviene estar “en claro” con uno mismo para
seguir avanzando.

CAPÍTULO 1: ¿Qué es el hombre? ¿Quién soy yo?

Partir del hombre y de los hombres

Es costumbre, cuando se abordan cuestiones de fe y de religión, hablar inmedia-


tamente de Dios, probar su existencia, etc. Hoy ya no podemos seguir así, porque
la palabra “Dios” no es evidente por sí misma. Estamos todos penetrados por una
mentalidad ambiente que supone un ateísmo práctico. Ciertos ateísmos pretenden
justificarse por medio de la razón o de una ideología; pero en muchos casos, se
trata de una actitud concreta que se reduce a esto: “De Dios no puedo decir nada,
no puedo saber nada, se discute sobre su existencia desde hace siglos; hay perso-
nas muy inteligentes que han creído en él y que siguen creyendo; y hay otras, no
menos inteligentes, que no creen. ¿Cómo puedo yo, que no tengo su inteligencia,
meterme a juez de ellos? De todas formas, si Dios existe, ¿puede interesarse por el
mundo, por nosotros, por mí? Si Dios existe, ¿cómo puede tolerar la inmensidad del
mal y del sufrimiento que se abate sobre la humanidad? ¿Sería acaso un Dios "ne-
roniano", al estilo del emperador Nerón, del que se dice que prendió fuego a Roma
y miraba fascinado, desde el observatorio de su palacio, cómo ardía la ciudad?”.

La respuesta será entonces, bien un rechazo formal y decidido, bien una confe-
sión de ignorancia que no busca ir más allá. Esta confesión de ignorancia se llama
“agnosticismo”, y puede encontrarse en personalidades eminentes que tienen el
sentido de la dimensión espiritual del hombre. Por no poner más que un ejemplo,
17

André Malraux, marcado interiormente por la cuestión religiosa, capaz de comentar


el Evangelio de san Juan de manera maravillosa, se confesaba agnóstico, es decir,
incapaz de pronunciarse acerca de la existencia o inexistencia de Dios.

Por respeto al nombre de Dios, no lo pronunciemos demasiado deprisa. Sobre


todo, no lo manchemos. Preguntémonos mas bien por nosotros mismos Es en no-
sotros donde tenemos que buscar la huella de Dios Si no la encontráramos en no-
sotros, nada nos permitiría hablar de el.

El ser humano es un sujeto personal

Tenemos que entrar pues en un análisis un poco más preciso del “fenómeno” pa-
radójico y del curioso animal que somos20. En lo que sigue, el lector es invitado a no
contentarse con leer, sino a volverse a la experiencia corriente que tiene de sí mis-
mo y verificar, por comparación, si lo que se le propone corresponde o no con esa
experiencia.

Nosotros pertenecemos al mundo físico y biológico del universo es una evidencia


Estamos hechos de los mismos átomos que todos los demás seres, del mismo tipo
de componentes biológicos y de células que todos los demás animales.

Sin embargo, nos diferenciamos de ellos por la conciencia de nuestra propia


existencia, de nuestro YO, por nuestras posibilidades de razonamiento, por nuestra
capacidad para proyectarnos hacia el futuro, y por otros muchos aspectos Por otra
parte, los animales pueden sentir que van a morir, pero no piensan en la muerte en
cuanto tal Nosotros en cambio sabemos “desde siempre” que tenemos que morir, y
eso lo cambia todo. Porque la muerte nos plantea la cuestión de nuestro destino y
del sentido de nuestra vida “El hombre no es mas que una caña -escribe Blaise
Pascal-, la mas débil de la naturaleza, pero una caña pensante”21. Esa caña pen-
sante es también un “monstruo de inquietud” No solo pensamos, sino que nos sen-
timos también responsables de nosotros mismos y angustiados por el tremendo
problema de acertar en nuestra vida.

Somos también los únicos que podemos construir un lenguaje elaborado y “abs-
tracto” a partir de las cosas que vemos y oímos, dejemos de lado aquí las investi-
gaciones, muy interesantes por lo demás, sobre el lenguaje de las abejas o de otros
animales, ya que no se trata de la misma cosa22.

Podemos, en fin, actuar sobre la naturaleza para transformarla Colectivamente,


somos portadores de un progreso científico y técnico cuyo ritmo se acelera siglo
tras siglo Sabemos también que este progreso puede conducirnos tanto a lo peor
como a lo mejor23 Ocurre lo mismo en el terreno político nuestras sociedades están

20 Quisiera traducir aquí en términos lo mas claros posible lo que el teolo go alemán Karl Rahner
(1904 1984) ha llamado “la experiencia trascendental” del hombre es decir la experiencia que cada
uno de nosotros tenemos de un dinamismo interior de una “trascendencia” que nos traspasa y su-
pera sien pre Cf su libro Curso fundamental sobre la fe Herder Barcelona 19894.
21 B PASCAL Pensees 200 (Lafuma) o 347 (Brunschvicg).
22 No es una afirmación gratuita puesto que existe en este punto un consenso muy amplio en los
medios científicos Haría falta todo un libro para explicar estas cosas y no es el objetivo de este.
23 Hoy la angustia ecológica anida en todos nosotros El hombre se enfrenta a su responsabilidad y a
su libertad en el uso de los descubrimientos y de la naturaleza Pero, ¿no nos olvidamos de que en
los países llamados desarrolla dos estamos en presencia de una naturaleza casi completamente
domesticada y “humanizada” por muchos milenios de trabajo humano 7 Basta ir a ciertos lugares de
África o Asia para tomar contacto con la naturaleza llamada “virgen” Su carácter salvaje causa a
veces miedo Pero hoy estamos descubriendo que los mejores progresos científicos y técnicos
chocan con la limitación de los recursos naturales, reservándonos para un próximo futuro decisio-
nes difíciles.
18

organizadas para establecer los derechos y los deberes de todos, y mantener la


paz y la justicia Pero pueden fracasar en la realización del “bien común” o dejarse
arrastrar tanto a la anarquía como a los excesos de diferentes formas de dictadura

Nuestra conciencia psicológica va acompañada de una conciencia moral, vincu-


lada al sentido de la responsabilidad Porque tenemos el sentido del bien y del mal
En definitiva, pensamos, conocemos, entramos en relación con nuestros semejan-
tes y pretendemos controlar el desenvolvimiento de nuestra existencia Cada uno de
nosotros es un sujeto “personal”, del mismo modo que es “sujeto de derechos” ante
la ley, y reaccionamos enérgicamente cuando se violan los derechos de una perso-
na humana

Escuchar las objeciones

A esta rápida descripción se le pueden hacer, y se le han hecho, múltiples obje-


ciones iQue pretensión la del hombre de autoproclamarse obra maestra del mundo,
superior a todos los demás seres' ¿No esta refutada hoy esta superioridad, cuando
se desarrollan tantas ciencias, las “ciencias humanas” como se llaman, que tratan
de dar cuenta de la manera más objetiva posible de la realidad del hombre. La bio-
logía y la ciencia del cerebro describen de manera cada vez más detallada los
vínculos entre la circulación de las corrientes eléctricas de nuestra corteza cerebral
y las funciones del pensamiento, la afectividad, la decisión, la acción, etc ¿Que
queda con todo esto de una acción libre? Todos conocemos el psicoanálisis, que
no es solo un método de curación, sino también una disciplina teórica que pretende
dar cuenta del ser humano Antes que el, por lo demás, otras formas de psicología
habían hecho ya el inventario de todos los determinismos que pesan sobre el indi-
viduo humano y habían cuestionado incluso su libertad Igualmente, la sociología,
cuyos métodos progresan rápidamente, describe todos los determinismos vincula-
dos a la vida en sociedad La historia pone de manifiesto también buen número de
mecanismos subyacentes a los comportamientos humanos La economía, en fin,
lugar de tantos intercambios entre los hombres, obedece a leyes ineludibles

En resumen ¿En qué queda el hombre considerado hasta aquí como una perso-
na libre? ¿Sigue existiendo como tal ¿No queda mas bien reducido a una maquina
compleja? Si el mensaje de la muerte de Dios estaba en boca de muchos hace unos
treinta años, pronto lo ha seguido el de la “muerte del hombre” Pero, ¿acaso no hay
una correlación entre estas dos “muertes” en el clima de nuestra cultura7 El hombre
no es más que una “estructura” particular en el conjunto de las estructuras de todo
orden que componen el mundo Nada mas Es decir, es una cosa entre otras, some-
tida al azar general y sin ninguna significación particular

Estamos rodeados, en efecto, por todas partes por una multitud de ciencias que
nos dicen que en muchas circunstancias no somos más que marionetas movidas
por unos hilos que se nos escapan. La ciencia hoy es capaz de descomponernos,
de separar todas nuestras piezas lo mismo que se desmonta un motor. Puede tam-
bién reconstruirnos desde diversas perspectivas, y no faltan quienes lo hacen.
Pues, aunque el punto de partida científico es parcial, la intención interpretativa es
global.

Por supuesto, estas diversas ciencias son perfectamente legítimas, cada una en
su terreno, y nos enseñan mucho sobre nosotros mismos. Patinan sin embargo
cuando pretenden decirlo todo sobre el hombre. Porque hay un punto que ignoran
sistemáticamente, en cierto modo por hipótesis: el sujeto cog-noscente que se de-
dica a la investigación en cada disciplina y que lleva a cabo estas descomposicio-
nes y recomposiciones. Desde el momento en que el investigador mismo se consi-
19

dera producto de sus análisis, se olvida de sí mismo, olvida la estructura de su pro-


pia conciencia, que lo empuja a investigar sin cesar pero que no entra nunca en el
contenido de su investigación. Porque él es también quien tiene conciencia de estar
allí y de plantearse la cuestión del porqué ha hecho eso y del sentido exacto de sus
hallazgos. Lejos de estar encerrado en sus resultados, se encuentra siempre más
allá de ellos y no deja de interrogarse en ningún momento sobre sí mismo.

Eso es ser una PERSONA. Una experiencia irreductible que no puede sofocarse,
que continuamente brota de nuevo. Pero es también una experiencia a cuyo lado
podemos pasar casi sin darnos cuenta. Porque estamos hasta tal punto polarizados
hacia el exterior que no logramos volvernos sobre nosotros mismos. Por eso con-
viene seguir avanzando un poco en la descripción de esta experiencia.

Diálogo interior y subjetividad

He aquí sin duda una trivialidad: vivimos en una presencia ante nosotros mismos
que pasa por un diálogo interior en el que nos desdoblamos. ¿Quién no se ha reído
alguna vez de las personas que hablan solas y en voz alta por la calle, diciéndose
“tú” a sí mismas? Pero no hacen sino olvidarse un poco, expresando en voz alta el
diálogo interior que cada uno de nosotros mantenemos en voz baja con nosotros
mismos.

Eso es lo que se llama tener conciencia de si Salvo durante el sueño, el aturdi-


miento o la somnolencia, nunca dejamos de seguir el movimiento de nuestras aso-
ciaciones de ideas, en el que siempre nos desdoblamos en alguien que habla y
alguien a quien se habla Ese desdoblamiento -que no tiene nada que ver con el
desdoblamiento de la personalidad- es un fenómeno enormemente interesante Ex-
presa un ir y venir entre nosotros y nosotros mismos Por un lado, hay un surgimien-
to ininterrumpido de pensamientos y cuestiones, por otro, hay frases que se forman
y engendran un discurso dirigido a aquel que es su origen Es imposible reducir esta
dualidad Es fundante de nuestra conciencia humana A eso es a lo que llamamos
una subjetividad personal.

Dos polos en nosotros

Puede considerarse pues nuestro mundo mental como una elipse con dos polos
hay en nosotros un polo subjetivo y otro objetivo El polo objetivo es muy fácil de
definir pasa en efecto por las palabras y frases que nos dirigimos a nosotros mis-
mos y que dirigimos a los demás, que escribimos también Es importante, por otra
parte, notar que usamos con nosotros mismos el mismo lenguaje que utilizamos
con los otros En cierto modo, yo soy otro para mi mismo.

El polo subjetivo es mucho mas difícil de captar y de definir, simplemente porque


no podemos mirarlo cara a cara Actúa siempre por detrás de nosotros, proyectán-
donos hacia adelante Nos ocurre a este respecto como al ojo con su propia retina
La retina le permite a mi ojo ver el exterior, pero yo no puedo, directamente, ver mi
propia retina, porque mi ojo no puede volverse sobre si mismo Igualmente, tampoco
puedo verme la espalda sin un espejo Si me vuelvo para verme-la, mi cuerpo se
vuelve conmigo y no consigo nada no tengo ojos detrás de la cabeza.

No obstante, el polo subjetivo esta siempre ahí, anida en mi y me acompaña, in-


cluso cuando estoy como fuera de mi mismo, apasionado por lo que hago o por lo
que veo Pero, dado que es imposible captarlo directamente, veamos unos ejemplos
20

El del niño que juega en su parque. Está tranquilo, su atención está como embe-
bida por los juguetes que le han dado. Sabe también que su madre está allí, a su
lado. Supongamos que su madre sale de la habitación sin decirle nada; él se da
cuenta enseguida y manifiesta con llanto su descontento. Había por tanto en él una
curiosa conciencia, latente o implícita -¡casi inconsciente!- que le aseguraba que su
madre estaba allí y que todo iba bien.

Otro ejemplo: cuando trabajo, estoy ocupado por el objeto de mi trabajo y no


pienso en absoluto en mí. Sin embargo, en ningún momento dejo de ser consciente
de que soy yo quien está en este momento aquí trabajando, por ejemplo tecleando
en el ordenador, ya se trate de cuadrar unas cifras, de buscar la solución a un pro-
blema de matemáticas o de escribir un artículo24.

He aquí pruebas, “experimentales” podría decirse, de esa tensión entre los dos
polos de nosotros mismos. El primero, el subjetivo, es infinitamente más fuerte y
profundo que el segundo, porque es el motor. Rara vez se siente satisfecho de lo
que ha realizado el otro polo. Lo supera y lo empuja hacia delante sin cesar. Es el
que hace que a toda respuesta siga una nueva pregunta.

¿Hay que hablar de “conciencia” en relación con este polo? Su originalidad estriba
precisamente en estar a caballo entre lo consciente y lo inconsciente. Es como un
iceberg, cuya parte sumergida es mucho más importante que la parte emergente.

Se puede hablar aquí de conciencia de concomitancia, es decir, que al mismo


tiempo que estoy pensando o actuando, algo me acompaña en este pensamiento y
en esta acción. Este polo emerge efectivamente en nosotros periódicamente, pero
no podríamos expresar toda su riqueza. Es el lugar de nuestros deseos, de nues-
tras pasiones, de nuestras creaciones artísticas o profesionales, de nuestras deci-
siones, en definitiva, del compromiso de nuestra libertad.

Pero este polo nunca vive enteramente solo, porque continuamente esta en in-
tercambio con el polo del lenguaje y con el exterior por medio de nuestras relacio-
nes y nuestros actos. Es la dualidad de estos polos la que nos permite reflexionar,
del mismo modo que un espejo refleja, o “reflexiona”, nuestra imagen Toda “refle-
xión” supone este movimiento de ida y vuelta entre ambos polos, el subjetivo y el
objetivo.

24 Pongamos todavía otro ejemplo de la manifestación de este polo subjetivo (podría decirse origina-
rio, puesto que es el origen de todos nuestros estados de conciencia) y de este desdoblamiento del
yo Supongamos un novio que esta escribiendo a su novia Quiere expresarle los sentimientos pro-
fundos que ella le inspira Pero esos sentimientos son muy difíciles de expresar Al cabo de algunas
frases, el joven siente la tentación de romper la carta pensando no es esto lo que yo quería decir,
lo que he escrito es ridículo, ¿qué va a pensar de mi 7 Quizá intente hacerse poeta no, es peor aún
Algo en el le advierte de la distancia que hay entre sus sentimientos y la expresión de los mismos
Ocurre lo mismo con el pintor decepcionado con su cuadro, con el científico insatisfecho con su
experimento, con el escritor descontento con el comienzo de su novela La conciencia de la inade-
cuación entre la realización y la intención pone de manifiesto la existencia en nosotros de ese polo
indefinible, que se nos escapa y que al mismo tiempo nos sirve de medida para juzgar lo que ha-
cemos.
21

Un polo abierto al infinito

Lo que ocurre en el corazón de ese polo misterioso de nuestra conciencia -ya lo


hemos presentido- es que esta habitado por un deseo, nunca satisfecho, de ir mas
alia, de poseer mas, de querer ser mas Se habla mucho hoy de la “calidad de vida”
Nuestro deseo profundo es evidentemente vivir, vivir lo mejor posible, es decir, no
solo en el bienestar material, sino mas aun en la riqueza cultural del arte, en todas
sus formas, de la literatura y del ocio Y todo esto se quedaría en nada si no pudié-
ramos vivir en armonía afectiva, en el amor que se prodigan esposo y esposa, en el
amor de los hijos ¿No es eso acaso lo que da valor a nuestros domingos y días
libres.

Un tiempo de descanso, en el que uno se toma tiempo para vivir, para saborear
el presente con la familia y los amigos Nuestro deseo es también poder vivir “siem-
pre” asi, y experimentamos como una limitación los signos de la edad que avanza,
de la siguiente generación que nos empuja y nos recuerda que todo tiene un fin.

Este deseo contiene un dinamismo que nos hace aspirar siempre a mas Nunca
estamos satisfechos de lo que tenemos, siempre quisiéramos tener algo mas, en
relación con la vivienda, con el salario, con los estudios, con el tiempo libre, y tam-
bién con la afectividad.

Tomemos como ejemplo una parábola muy simple Uno de los sueños del ado-
lescente es poder motorizarse Empezara encontrando en algún lugar una vieja mo-
tocicleta, que algún compañero le regala o que compra por poco dinero, y que ade-
centará lo mejor que pueda Luego, un día, con ocasión de algún cumpleaños o de
algún título que haya conseguido, sus padres le regalaran una motocicleta nueva.
Luego empezará a mirar de reojo motos de gran cilindrada. Convertido ya en todo
un mozo, pero todavía sin dinero, quiere a toda costa conseguir un coche Comprara
entonces, a bajo precio una vez más, un viejo coche de ocasión en el que pondrá
en práctica sus mejores habilidades Su deseo de autonomía en los desplazamien-
tos, de realizar el gesto adulto de la conducción, se verá satisfecho durante muy
poco tiempo, porque pronto sentirá vergüenza de desplazarse en una tartana de
otra época. Desde el momento en que empiece a tener algunos recursos, ahorrará
para tener por fin un coche nuevo. Lo comprará pequeño, lo justo, sin accesorios ni
equipamientos opcionales. Pero a medida que su carrera vaya avanzando su coche
irá teniendo mayor cilindrada y un mejor equipamiento. El movimiento no se deten-
drá nunca Se aficionará luego a los salones del automóvil, soñará con nuevos mo-
delos, etc. Ejemplo muy exterior, se dirá, pero en cuyo fondo late un deseo infinita-
mente más radical.

En esta dinámica, distingamos bien lo que corresponde a la necesidad y lo que co-


rresponde al deseo Al principio hay sin duda una necesidad real del adolescente, la
de poder desplazarse fácilmente, quizá sólo para ir al instituto Pero interviene algo
más, que supera infinitamente la simple necesidad. Porque la satisfacción de la ne-
cesidad no resuelve la cuestión del deseo. Si no el proceso se detendría una vez
satisfecha la necesidad de desplazarse cómodamente. Queda claro que hay algo
distinto también en este movimiento del siempre más el deseo de una cierta calidad
de vida (rapidez, confort, reputación, etc.) y el deseo de felicidad. Este deseo puede
parecer en un primer momento cuantitativo, pero en realidad es cualitativo.

El mismo movimiento está presente en todos nuestros actos y con frecuencia por
causas más nobles las del explorador, el alpinista o el marinero nunca satisfechos
con las aventuras ya vividas, la del director de empresa que quiere ampliar cada
vez más su negocio, la del investigador científico que quiere descifrar cada vez más
22

la realidad, para cuidar, curar o dominar la naturaleza, la del pensador y el filósofo


también, nunca satisfecho con sus hallazgos y planteándose siempre nuevos pro-
blemas.

¿Qué significa esta pequeña parábola sin fin? En un terreno muy práctico y exte-
rior, expresa el carácter infinito del deseo que anida en nosotros Todos nosotros
somos seres de deseos, no solo del deseo de tener más, sino también del de ser
más Realizar nuestros deseos, y ahondar en el deseo fundamental que anida en
nosotros, nos hace crecer en la felicidad Es el deseo de vivir, de conocer y de amar
el que nos empuja hacia el porvenir y nos hace plantearnos incesantemente nuevas
cuestiones

Plantearse cuestiones

Eso es lo propio del hombre Son los “porqués” ingenuos, pero a menudo muy pro-
fundos, del niño en su edad “metafísica” Son las cuestiones del adolescente que se
rebela contra el orden establecido en su familia y en la sociedad y sueña con reha-
cer el mundo Son las cuestiones del adulto, hombre o mujer, que, llegado a una cier-
ta edad, se vuelve hacia su pasado y se pregunta cual es el sentido de su vida.

Porque el hombre nunca se detiene en una respuesta Se aprecia muy bien en las
tertulias de las conferencias El orador puede hablar del tema con la mayor compe-
tencia y con la máxima claridad, el auditorio siempre tendrá preguntas que hacer
para ir más allá. Hasta tal punto que se ha podido definir al hombre como el que se
hace preguntas, y más preguntas y, finalmente, preguntas sobre las preguntas ¿Por
qué estoy yo aquí en este momento haciéndome tantas preguntas.

¿Deseo infinito o deseo del infinito, del absoluto?

Estamos inmersos pues en una paradoja Somos finitos y estamos rodeados de


limites por todas partes límites de nuestro nacimiento, de nuestro ambiente familiar,
de nuestro país y de nuestro tiempo, de nuestras dotes y capacidades, de la dura-
ción de nuestra existencia Y sin embargo hay en nosotros un deseo infinito La
prueba es que sufrimos por nuestra finitud y por nuestra incapacidad para superar
los limites.

¿Se puede fundar sobre este deseo infinito, objeto de nuestra experiencia, la
afirmación de la existencia en nosotros del deseo de lo infinito y lo absoluto. Hay
evidentemente una separación entre ambas cosas lo uno no es lo otro.

Señalemos en primer lugar que hay dos tipos de infinitos Por una parte, lo indefi-
nido, es decir, lo que no tiene fin, como la serie de los números, que no se detiene
nunca Pero este indefinido es el mal infinito, un itinerario que pierde todo sentido
porque no conduce a nada No puede por tanto satisfacernos El otro infinito, que es
efectivamente objeto de nuestro deseo, está siempre polarizado, lo queramos o no,
por la idea de absoluto Pero sé que hay muchas maneras de concebir este absolu-
to, y que no hay que precipitarse bautizándolo con el nombre de Dios.

La coherencia del deseo infinito exige que se trate del deseo del Infinito o del
Absoluto Un deseo simplemente indefinido acabaría por no tener sentido Pero, ¿se
puede deducir la realidad de esta simple coherencia. Veremos que no es posible
sin un acto de libertad.
23

Ya Pascal dijo en una de esas fórmulas para las que era tan genial “El hombre
supera al hombre, el hombre supera infinitamente al hombre”25. Si, el hombre su-
pera al hombre lleva en si más que un hombre.

Una experiencia ineludible

Esta experiencia se nos impone de manera necesaria Estamos hechos así “por
constitución”, me atrevería a decir Estamos construidos de este modo y no esta en
nuestra mano cambiar este dato originario Podemos rebelarnos diciendo que no lo
hemos pedido He conocido a una joven que no podía aceptar este tipo de imposi-
ción. Podemos intentarlo todo por ignorar nuestra situación constitutiva, limitándo-
nos a realizar nuestras tareas cotidianas. Podemos llamar a nuestra casa “Villa con
esto me basta”. Podemos ser escépticos e incluso decir que todo eso no es más
que ilusión y que no tiene ningún sentido. Todas esas hipótesis son evidentemente
posibles. Sin embargo, nuestra situación en el mundo sigue siendo una especie de
“figura obligatoria”, que permanece como una interpelación dirigida a nuestra liber-
tad. A nosotros nos corresponde darle sentido.

Libertad y responsabilidad

En el punto al que hemos llegado en nuestro itinerario vemos emerger la realidad


de nuestra libertad y su corolario: la responsabilidad. La filosofía debate hasta el
infinito acerca de la libertad del hombre, y ciertas posturas científicas tienden a ne-
garla. Hemos visto ya cómo muchas ciencias tratan de descomponer al hombre y
de reducirlo a puro objeto. Hay que constatar sin embargo que la vida personal y
social es imposible si no se presupone que el hombre es un ser libre. ¿Cómo serían
posibles todos los contratos que unen a los hombres entre sí, si no estuvieran fun-
dados en un acuerdo verdaderamente libre? ¿Para qué el ejercicio de la justicia si
los delincuentes están todos predeterminados al delito o al crimen? Todos nosotros
reivindicamos nuestra propia libertad como el bien más preciado. No admitimos la
coerción sino en los terrenos en los que el respeto a la libertad de los otros pone
freno a nuestra propia libertad. Se habla así de “libertad política”. “Libertad” es la
primera palabra del lema de la República francesa: “Libertad, igualdad, fraternidad”.
Se habla también de “libertad religiosa”, es decir, de la ausencia de cualquier coer-
ción, positiva o negativa, en la materia.

Pero, ¿somos libres en el sentido filosófico o psicoanalítico del término? ¿No es


nuestra libertad una mera ilusión de nuestra subjetividad, determinada de hecho por
todo un conjunto de factores desconocidos para nosotros? Hay algunas filosofías
que lo afirman, aunque la mayor parte respetan este santuario que constituye a la
persona humana. Porque la libertad no es una cosa que se pueda identificar con el
escalpelo de nuestros análisis objetivos La libertad habita en nosotros No podemos
aislarla y decir “|Ahí esta'“, como tampoco podemos ver nuestra retina Nuestra liber-
tad es original, o mejor originaria, o no es nada.

Estamos aquí en el núcleo mismo del problema del hombre, es lo que hace de
nosotros un cierto enigma para nosotros mismos En definitiva, el reconocimiento de
nuestra propia libertad es en si mismo un acto libre No podemos ser libres sin tener
en cuenta la postura que tomemos respecto de nuestra propia libertad Podemos
negarla, pero lo haremos libremente.

Reconozcamos en nosotros, por lo demás, dos niveles de libertad Esta en primer


lugar lo que se conoce como el libre albedrío, es decir, la facultad de elegir esto o lo

25 B PASCAL, Pensees 131 (Lafuma) o 434 (Brunschvicg).


24

otro, que empleamos lucidamente en nuestras decisiones cotidianas, pequeñas o


grandes Pero a partir de estas decisiones sucesivas se va estableciendo una línea
general de conducta que da a nuestra vida su orientación original Progresivamente,
a partir de la elección de esto o aquello, acabamos eligiéndonos a nosotros mismos
Se trata entonces de un nivel muy superior de libertad Esta consiste en hacernos
progresivamente a nosotros mismos, en moldearnos, en decidir acerca de nosotros
para lo bueno o para lo malo Por supuesto, estos dos niveles no son independien-
tes el uno del otro Nuestras decisiones concretas se inscriben en la línea de nues-
tra existencia, en un eje general que traza una orientación general Es lo que se lla-
ma la “opción fundamental” de una vida Por supuesto, tal opción no es irreversible,
y podemos cambiar de orientación así como cambiar el sentido que queremos darle
a nuestra vida.

Por eso se puede decir que, en cierto modo, a partir de determinada edad, todo
hombre es responsable de su rostro Porque este ha registrado la serie de nuestras
decisiones y nos muestra ante el espejo una recapitulación de lo que hemos queri-
do ser.

Nuestra libertad se encuentra así a caballo en cierto modo entre los dos polos de
la elipse de la que he hablado Por un lado, todos los días tomamos decisiones con-
cretas y muy conscientes, lo mismo que hablamos y actuamos, por otro, en el polo
subjetivo, que no podemos considerar directamente, opera una cierta opción que
nunca conocemos enteramente, que se nos escapa “por detrás” en cierto modo.

Si somos libres, somos igualmente responsables y, en primer lugar, responsables


de nosotros mismos. La vida se nos da como un gran proyecto aún sin determinar.
La vida de cada uno de nosotros es una página en blanco que tenemos que escri-
bir. Todos queremos que nuestra vida sea un “éxito”; no tenemos más que una
preocupación: la de desperdiciar nuestra vida en una serie de fracasos, la de que
sea inútil para nosotros y para los demás. Toda vida humana está expuesta al ries-
go de lo peor y de lo mejor. Raymond Aron, al término de sus Memorias26, cuando
hace el balance global de su existencia, dice: “Me acuerdo de una expresión que
utilizaba a veces cuando tenía veinte años, en conversaciones con compañeros y
conmigo mismo: "Salvarse laicamente". Con o sin Dios, nadie sabe, al final de su
vida, si se ha salvado o se ha perdido”. Pensamiento profundo que expresa toman-
do un término del vocabulario religioso: “salvarse”. Con o sin Dios, en efecto, todo
hombre se enfrenta a este deseo, que es una exigencia: salvarse.

Una experiencia “fundamental”

Esta experiencia es fundamental en varios sentidos. Hemos visto que ninguno de


nosotros puede escapar a ella. Más radicalmente aún, esta experiencia es irreduc-
tible a cualquier otra. No puede deducirse de ninguna otra cosa. Se puede descom-
poner la cuestión del hombre “en tantas parcelas como sea posible”, como decía
Descartes. Puede recomponerse luego según las diferentes ciencias humanas que
se interrogan legítimamente sobre él. Pero nunca se podrá dar cuenta del hecho
primordial de que yo estoy ahí haciendo esas operaciones científicas o técnicas y
de que me interrogo sobre la razón de todo lo que existe. El jefe de empresa se
pregunta algunos días qué sentido puede tener el avance productivo que está vi-
viendo en una situación de dura competencia. El sentido definitivo de su actividad
ha de buscarse fuera de ella misma. Un filósofo dijo hace poco que el estudio de la
termodinámica no calienta. Estamos en un caso análogo.

26 R. ARON, Mémoires, Julliard, París 1983, 751 (trad. esp., Memorias, Alianza, Madrid 1985).
25

Una respuesta necesaria: sí o no

Estamos aquí en un terreno particularmente desconcertante, porque no cabe


operar en él por medio de un saber que pudiera dominarlo. Es nuestra misma situa-
ción la que es misteriosa. Nosotros no podemos reaccionar ante ella sino por un
acto de libertad. O bien estimamos que nuestra vida tiene un sentido. Juzgamos
que debe desembocar en algo ese gran dinamismo interior que para nosotros no
tiene ni principio ni fin. Porque no vemos ni de dónde viene ni adonde va, puesto
que se origina como por detrás de nosotros y apunta más allá de nosotros. Como
anhelamos encontrar y dar un sentido a nuestra vida, le otorgaremos entonces
nuestra confianza.

O bien le negamos todo sentido último a nuestra existencia, considerando que el


deseo que anida en nosotros es una pura ilusión y que nos basta “cultivar nuestro
jardín”, como decía el Cándido de Voltaire. Tratamos entonces de crear algunos
pequeños islotes de sentido en el marco de la existencia que se nos impone, sa-
biendo desesperadamente que más allá de lo que depende de nosotros nada tiene
sentido.

Pero, de alguna manera, todos nosotros somos “instados” a tomar partido. Sartre
decía a este respecto que estamos “condenados” a ser libres. Pero tal elección no
se toma necesariamente por medio de una respuesta lúcida y puntual, claramente
expresada en un momento del tiempo. La respuesta la damos a lo largo de toda
nuestra vida, a través del entramado de nuestras actividades y nuestras relaciones,
por medio de nuestra manera de vivir. Puede darse una contradicción “existencial”
en la misma persona, que por un lado profesa el sinsentido absoluto de todo y por
otro lado actúa en función de valores que representan para ella un absoluto.

Un lector que tuviera la intención de responder NO a la cuestión del sentido de


nuestra experiencia, podría tener la tentación de dejar este libro. Porque no puedo
ocultar que la continuación de esta obra se apoyará en la opción del SÍ. Pero ese
mismo lector, ¿está seguro de su opción y no respeta de manera absoluta cierto
número de valores, considerándolos por encima de él? En cualquier caso, inmedia-
tamente verá si las páginas que siguen le conciernen o no.

¿Por qué esta distancia entre la experiencia explícita y consciente de nosotros


mismos y ese juego oscuro de lo implícito que nos habita secretamente, que no
sentimos pero que, sin embargo, ejerce sobre nosotros una influencia decisiva?
Porque nuestra libertad está a caballo entre lo inconsciente y lo consciente, y pue-
de por consiguiente haber contradicción entre la opción de fondo y la opción decla-
rada.

La opción por el sentido

Todo lo que se acaba de decir puede parecer muy filosófico y no tener relación
con una invitación a creer. ¿No me estaré yendo demasiado lejos? En realidad este
análisis supone una apuesta capital. Yo soy de los que consideran, como Karl
Rahner, teólogo cuyo pensamiento resumo aquí, que la nada no puede fundar nada
y que, por consiguiente, esta experiencia de superación que anida en nosotros no
puede estar fundada en la nada. Tal es mi primer acto de fe.

Tomo pues deliberadamente la opción por el sentido. ¿Es arbitraria una elección
de este tipo? No se trata de jugar aquí a doble o mitad, ni de proponer de nuevo la
26

apuesta de Pascal27. Lo hago porque considero esta elección fundada en la razón,


y la hipótesis del absurdo total de la existencia de este mundo y de nosotros mis-
mos me parece impensable. Lo hago porque no puedo vivir en contradicción radical
con el fundamento sobre el que estoy construido y que, quiera o no, moldea todos
mis deseos y mi deseo fundamental. Sólo considerando la aventura humana a lo
largo de las épocas, se ven tantos signos de su sentido que no se puede desespe-
rar de ella.

Los signos de sentido son mas fuertes que los signos de sin-sentido, a pesar de
ser estos inmensos Nuestra historia esta hecha sin duda de guerras, de genocidios
y de violencias de todo tipo Pero esta hecha también de gestos de amor y de gene-
rosidad admirables Por ejemplo, el testimonio dado por los monjes de Tibhinne es
mas fuerte que todas las matanzas argelinas Esta opción, ciertamente fundada en
la razón, manifiesta mas aun su verdad por la fecundidad de sus consecuencias Ha
sido la de las figuras mas egregias de la humanidad.

La opción del si no se reduce pues a su dimensión racional Es una opción de to-


da mi existencia, de toda la historia que viva hasta mi muerte Frente a la misteriosa
cuestión de mi origen -”¿donde estaba cuando todavía no había nacido?”, dicen los
niños-, frente a la dramática cuestión de la muerte, frente a la cuestión de los valo-
res en mi vida (L De-latour), opto de todo corazón por que el amor y el sentido del
mundo tengan la última palabra.

Pero se también que no puedo probar tal opción en el sentido filosófico o científi-
co del término, como tampoco podrá probar la suya quien elija la contraria Unos y
otros estamos “condenados” a elegir ¿Por qué 7 ¿Se tratara acaso de una debilidad
congénita de estas cuestiones, que se dejan generosamente a juicio de cada uno
(“Si eso es lo que piensas “) porque no hay certidumbre en la materia. Tal es sin
duda la opinión corriente.

Pero la cosa no es tan segura ¿Acaso no estamos aquí simplemente en otro or-
den, mucho mas profundo que el del simple conocimiento. Si el ámbito más funda-
mental de lo humano es objeto de un acto de libertad, ¿no será porque en caso
contrario no seriamos ya hombres, sino hormigas inteligentes y laboriosas? Nuestra
existencia no tendría ya ningún misterio todo entraría dentro del buen orden de los
ordenadores Por lo demás, en toda ciencia hay fundamentos que no se pueden
probar porque constituyen aquello por lo que se probara todo lo que sigue La prue-
ba se hace entonces a posteriori, por la fecundidad misma de los fundamentos.

Estamos aquí en presencia de un dato “fundamental”, que no podemos controlar


Podemos siempre negarlo Pero ese dato fundamental no puede reducirse a ningún
otro, y nos constituye. Podemos contradecirlo con actos y con palabras, pero en-
tonces estamos basando nuestra vida en una grave contradicción. Porque tal op-
ción se sitúa precisamente en un punto que supera el orden de los conocimientos
ciertos, dado que es ella la que los funda.

Pongamos una vez más un ejemplo: el joven que va a firmar un contrato laboral
importante, capaz de condicionar quizá su vida, debe haber reflexionado antes;
debe tener buenas razones para firmar: un conocimiento suficiente de la corres-
pondencia entre sus deseos y su capacidad, por un lado, y el trabajo exigido, por
otro; la conciencia de los riesgos que corre y de las limitaciones que se impone por
ello. Si se compromete, es porque, a fin de cuentas, considera la cosa provechosa
para él. Aunque no tiene una prueba cierta. Corre el riesgo. Sin embargo, si se nie-
27 Quien decía en síntesis no arriesgo nada optando por Dios y la vida eterna si existen, he seguido
la opción adecuada, si no existen, en nada salgo perjudicado
27

ga a comprometerse porque no está completamente seguro de su futuro, se está


negando a sí mismo una experiencia humana fundamental, la de la decisión de su
libertad.

El momento de nombrar a Dios

Si aceptamos reconocerle un sentido a esta experiencia y, por consiguiente, dar-


le un sentido, podemos decir entonces que nuestra mísera existencia está en con-
tacto con un “misterio absoluto” que nos supera radicalmente, pero que palpamos
de manera no menos misteriosa. Nuestro polo originario encierra la cuestión de
Dios, es decir, la idea de Dios, pero es todavía una idea que se ignora. Rahner ha-
bla a este respecto de un “saber anónimo de Dios”.

Henri de Lubac lo ha analizado bien al hablar de nuestra “constitución inestable”,


que hace del hombre una criatura “a la vez más grande y más pequeña que ella
misma”. “De ahí esa especie de dislocación, esa misteriosa claudicación, que no es
sólo la del pecado, sino ante todo y más radicalmente la de una criatura hecha de la
nada, que, extrañamente, toca a Dios”28.

Pero la cuestión puede volver a planteársenos de nuevo esa misteriosa idea de


Dios que innegablemente anida en nosotros, ¿no puede deducirse de otra cosa, por
ejemplo de no ser mas que la proyección de un sueño o de cualquier otro meca-
nismo de raíces sobradamente humanas. El mismo padre De Lubac formula clara-
mente la cuestión “¿Es Moisés quien tiene razón?, ¿es Jenofanes? ¿Ha hecho Dios
al hombre a su imagen, o no es más bien el hombre el que ha hecho a Dios a la
suya? Todo parece darle la razón a Jenofanes y, sin embargo, es Moisés quien dice
la verdad”29.

¿Por qué es Moisés quien dice la verdad? Porque no se puede asignar ninguna
génesis o “genealogía” a la idea de Dios en nosotros Esta no puede deducirse de
ninguna otra cosa, como tampoco podía deducirse la experiencia que hemos anali-
zado Todo esto va junto Henri de Lubac lo dice en términos iluminadores “El hom-
bre, se dice por ejemplo, ha divinizado el cielo De acuerdo Pero, ¿de dónde ha to-
mado la idea de lo divino para aplicarla precisamente al cielo ¿Por qué ese movi-
miento espontáneo de nuestra especie, observable en todas partes ¿Por qué esa
empresa de divinización, ya sea del cielo o de cualquier otra cosa La misma pala-
bra "dios", se dice también, no significa más que "el cielo luminoso del día" De
acuerdo también Pero, ¿por qué precisamente ese "cielo luminoso del día" se ha
convertido para los hombres en un dios? Muchos no ven ni siquiera donde está
aquí la cuestión”30.

Lo queramos o no, late en nosotros la cuestión del absoluto, o del misterio abso-
luto de nuestra existencia Esta cuestión ha tomado en la historia de la humanidad el
nombre de Dios Por eso esta palabra misteriosa, que de alguna manera nos viene
dada y está presente en todas nuestras lenguas, tiene sentido, y un sentido inago-
table La cuestión de Dios no nos viene del exterior, porque si tal fuera el caso no
podría interesarnos mucho tiempo. El filósofo Hegel dijo a comienzos del siglo XIX
“El absoluto esta junto a nosotros desde el principio”.

28 H. DE LUBAC, Le mystere du surnaturel, DDB, París 1965, 149 (trad. esp., Misterio de lo sobrenatural,
Encuentro, Madrid 1991).
29 ID Sur les chemms de Dieu Cerf París 1983 11 (trad esp Por los caminos de Dios Encuentro Ma-
drid 1993).
30 Ib 19 20.
28

El mismo ateísmo da testimonio de esta cuestión, a la que quiere responder ne-


gativamente El ateo (etimológicamente, “sin Dios”) es el que está obligado a hablar
de Dios para negarlo. Lo que supone que este nombre tiene todavía algún sentido
para él Es incluso digno de notar el que la denominación de “ateo” no haya sido
sustituida todavía por otra que no mencione el nombre de Dios Entre los más ateos
sigue estando presente aun la cuestión de Dios.

Esta toma de conciencia es la matriz originaria de todas las pruebas posibles de


la existencia de Dios. Esas pruebas no son más que razonamientos que tratan de
traducir o de explicar de una manera u otra esta experiencia. Por lo demás, no pue-
de ser de otro modo. Nuestros razonamientos nunca podrán atrapar a Dios como
una mariposa en una red Por eso es inútil exponer aquí ese tipo de pruebas. Noso-
tros hemos ido al fundamento.

Recojamos para terminar las palabras, llenas a un tiempo de angustia y confianza,


con las que san Agustín da comienzo a sus celebres Confesiones “Nos creaste, Se-
ñor, para ti y nuestro corazón andará siempre inquieto mientras no descanse en ti”31.

Esta experiencia es universal

¿Estamos ya aquí en una reflexión propiamente cristiana Si y no. Si, porque la in-
terpretación de nuestra experiencia fundamental la hemos hecho aquí con un espíri-
tu cristiano y con términos procedentes del cristianismo. No, porque el deseo de
absoluto que hemos descrito vale para todos los hombres, cualquiera que sea su
cultura. Las otras expresiones religiosas están fundadas sobre la misma experien-
cia, aun cuando la expliciten con una idea de Dios totalmente distinta, por ejemplo
un Dios no personal, como en ciertas religiones orientales Sena por tanto un abuso
“acaparar” de manera exclusiva en el sentido de la fe cristiana la experiencia descri-
ta. Lo que sigue mostrara solo cómo la fe cristiana interpreta este deseo y que sen-
tido le da Pero, remontándonos por esta comente que es la fe, nos hemos encon-
trado con la dimensión religiosa del hombre.32

CAPITULO 2: ¿Que es creer

“¿Que es creer La fe, veo más o menos de que se trata, pero el acto de creer es
para mi bastante más oscuro” Tal era la cuestión que me planteaba un día un sa-
cerdote Creer no es algo evidente para nadie, y menos aún en la cultura del mundo
actual, en la que todos los creyentes viven una fe “expuesta”, y en la que los no
creyentes se encuentran a menudo lejos de estar en claro, no solo respecto de la
fe, sino incluso respecto de la actitud que permite creer Todos tienen que interro-
garse pues sobre el verdadero sentido del acto de creer, en lugar de vivir en una
rutina que no se hace preguntas Por eso conviene interrogarse sobre lo que signifi-
ca este acto y sobre lo que puede justificarlo.

Creer y lo saber

Creer se opone a saber Esta es una forma original de relación con un objeto de
conocimiento Se sabe “a ciencia cierta”, como se dice El objeto de la creencia se
muestra menos seguro, pertenece al orden de la “convicción intima”, como para los
miembros de un jurado Pero entonces creer deja lugar todavía a la duda Toda
nuestra ideología contemporánea confía en el saber, sobre todo en las ciencias, y

31 SAN AGUSTÍN, Confesiones I, 1 1, San Pablo, Madrid 1998.


32 El análisis propuesto se ha dirigido ante todo individuo, pero es claro que vale igualmente para las
sociedades humanas Asimismo podría haberse hecho partiendo de la dinámica de nuestra acción
como hiciera ya Maurice Blondeí a finales del siglo XIX.
29

se muestra reservada en lo tocante a la creencia, considerada inferior Esta perte-


nece al orden de la convicción personal, es decir, de lo que no se discute, pero
tampoco puede compartirse.

Esta visión de las cosas se queda muy en la superficie De hecho, el “creer” es


algo cotidiano en nuestra vida y no podemos prescindir de el En primer lugar, nues-
tros mismos conocimientos son fruto de la recepción del saber de los demás Todo
lo que el niño o el adolescente aprende en la escuela, lo admite y lo cree sobre la
base de la ciencia de sus maestros No esta en absoluto en condiciones de realizar
personalmente todas las verificaciones, indagaciones o experiencias científicas que
le permitirían llegar a los mismos resultados Quizás un día, en la disciplina especifi-
ca que haya elegido, estará en condiciones de comprobar en detalle lo que hasta
entonces ha creído por la palabra de sus antiguos profesores Ocurre lo mismo con
las noticias que leemos en los periódicos, así como en nuestras relaciones cotidia-
nas, en las que las noticias se difunden de boca en boca Sin duda hay que ser críti-
cos en todos estos casos El periodista puede haber transformado subrepticiamente
la verdad o haber inflado una noticia a partir de cero Sabemos que los medios de
comunicación no dudan a veces en recurrir a la manipulación de la opinión Sabe-
mos también el grado de confianza que podemos tener con tal o cual persona de
nuestro entorno, que aporta su “coeficiente” de exageración en la transmisión de las
noticias Tenemos pues que ser prudentes y, en algunos casos, desconfiados.

Queda sin embargo este dato elemental no podemos vivir sin creer en lo que di-
cen los demás Esta confianza es la base de la sociedad, y por eso la mentira es
algo tan grave en la vida social La franqueza es la primera forma de la honradez.

Vayamos todavía más lejos aun a riesgo de sorprender a más de un lector, hay
que decir que la misma investigación científica supone una cierta dosis de creencia
¿Que es una hipótesis sino la creencia de que tal ley puede dar cuenta de los fe-
nómenos analizados?. El investigador elabora entonces un experimento para verifi-
car su hipótesis, si el experimento fracasa, no por ello deja de ser instructivo signifi-
ca que la hipótesis no era buena, o enteramente buena, pero que quizás valga la
misma hipótesis corregida o revisada. En resumen: esta interpretación “credencial”,
provisional sin duda, es el motor de la investigación. Esta depende de una lógica de
la investigación, que no es la misma que la lógica de la demostración.

Esta dosis de creencia o de convicción sigue teniendo peso incluso a nivel de los
resultados Escuchemos a título de anécdota la experiencia del célebre matemático
alemán Georg Cantor (1845-1918). Este había descubierto un teorema matemático
contrario a todo lo que había tenido hasta entonces por verosímil. Y se lo envió a su
amigo y colega Dedekind, precisando: “Lo que acabo de comunicarle es para mí tan
inesperado, tan nuevo, que no lograré, por así decir, una cierta tranquilidad de espí-
ritu hasta que haya recibido, mi honorable amigo, su juicio acerca de su exactitud.
Mientras no haya recibido su aprobación, no puedo sino decir: Lo veo, pero no lo
creo”33.

Notemos esa curiosa relación entre ver y creer. Cantor ve el teorema: lo sabe,
conoce su verdad, y sin embargo no consigue creerlo. Para creerlo espera a que
sea “admitido” por un colega matemático, que representa para él a la sociedad de
los matemáticos, cuya aprobación espera. En su correspondencia, Cantor y Dede-
kind se refieren incluso a los “artículos de fe de la teoría de las multiplicidades”34.

33 Citado por M DE CERTEAU, tinstitution du croire, RSR 71 (1983) 64-65, que remite a su vez a J.
CAVAILLÉS, Phüosophíe mathématique, Hermann, París 1962,210-217.
34 Ib, 65.
30

Dedekind contesta: su teorema es “exacto”, pero “pone en cuestión los artículos


de fe admitidos hasta el presente”35. Parece increíble en virtud de sus consecuen-
cias. Dedekind aconseja pues a su amigo “no emprender públicamente polémicas”
al respecto. “En resumen, es sin duda exacto, observa M. de Certeau, pero no es
oportuno, remitiendo este último término, no a una cuestión de verdad, sino a la
defensa de las convenciones comunes que fundan las operaciones específicas del
grupo. Sus convicciones y su orientación de pensamiento le prohiben aceptarlo”36.
Más tarde, el teorema se convertirá en una evidencia comúnmente aceptada en
matemáticas.

Fe y saber se combinan aquí en una relación enteramente original. Son dos ins-
tancias diferentes, pero no necesariamente opuestas. Esto es tanto más sorpren-
dente cuanto que estamos aquí en el terreno de la ciencia más exacta que hay; no
una ciencia humana, ni siquiera una ciencia física, sino la ciencia en la que el rigor
del razonamiento ha de ser total Esto quiere decir que incluso los matemáticos se
apoyan en ciertas opciones del orden de la creencia

Todo esto nos recuerda simplemente que creer no es una actitud exclusivamente
religiosa, sino una realidad humana absolutamente general, y que la oposición en-
tre creer y saber no es simple El creer invade nuestras informaciones cotidianas
Esta presente incluso en la investigación científica Por lo demás, ¿no se dice de un
sabio dedicado en cuerpo y alma a la investigación “Esta enteramente consagrado,
cree ciegamente en lo que hace”?

Creer en los otros

Hemos permanecido hasta aquí en el terreno de la objetividad de las cosas Pero


hay un terreno totalmente distinto en el que el creer se nos impone el de las rela-
ciones humanas No podemos vivir en sociedad sin confiar, es decir, sin un mínimo
de fe en los otros No se puede amar o tener amistad sin creer en el otro El SI con-
yugal que se dicen dos novios es resultado de su amor mutuo Pero ese amor se
apoya sobre una fe mutua, una fe que concede “crédito” al otro y cuenta con su
fidelidad en el porvenir El matrimonio es un ejemplo notable de la solidaridad entre
la fe, la esperanza y el amor

El vinculo entre la fe, la esperanza y el amor vale para todos los demás tipos de
compromisos No puedo consagrarme a una causa humanitaria, por ejemplo, sin
sentir amor por los que son victimas de violencias o injusticias, sin tener además fe
y esperanza en que mi acción, concertada con la de los otros y sin duda en el mar-
co de una asociación, puede contribuir por lo menos a atenuar el problema, si no
logra resolverlo Tocamos aquí el meollo mismo de la condición humana Una vez
mas, no podemos amar sin apelar a una forma de fe que ningún saber puede su-
plantar.

Quienesquiera que seamos, todos tenemos cierto sentido del bien y del mal Que
ese sentido sea justo o erróneo, rigorista o laxo, no nos interesa por el momento
Ninguno de nosotros podemos vivir sin un mínimo de valores, ya sean provisionales
o no, ya cambien o no a lo largo de la existencia Hay cosas que me deshonrarían
ante mis propios ojos si las hiciera Aunque a veces sea débil y atente contra ciertos
valores, mi juicio al respecto sigue siendo claro Se de este modo que no debo men-
tir No se trata aquí de la pequeña mentira de un niño que quiere evitar que lo casti-
guen, sino, por ejemplo, en el campo profesional, de la sutil manipulación de un
informe con el fin de sacar provecho Notemos que nuestra vida social y publica se
35
Ib
36
Ib
31

apoya sobre un cierto número de valores que constituyen objeto de consenso, “Li-
bertad, igualdad, fraternidad”, por ejemplo, es un lema que recoge ya tres valores.

Por definición, un valor no es una cosa Es una especie de utopía sobre la mane-
ra como debemos vivir Un hombre desprovisto de todo valor, ¿seguiría siendo un
hombre Ahora bien, todo valor al que uno se obliga se convierte en objeto de un
acto de fe El dominio del saber permanece aquí inoperante El hombre es mucho
mas que una suma de conocimientos Es quien los discierne, los juzga y les da un
sentido Pero desde el momento en que se habla de sentido, de dirección, de inten-
ción, estamos en el orden del creer.

De todo lo que se ha dicho se desprende una conclusión el acto de creer es un


acto esencial de la condición humana, un acto noble y auténticamente humano, y
no un acto vergonzoso Interviene en nuestra vida independientemente del creer
propiamente religioso. Querer prescindir de el no solo sería una contradicción exis-
tencial, sino en cierto modo una pérdida de sustancia con respecto a lo que somos.

Una nueva paradoja

La relación del creer y del saber en nuestra vida nos lleva a discernir una nueva
paradoja de nuestra existencia Estamos condenados a tomar decisiones, aun
cuando nuestro saber sobre su alcance sea muy incompleto. Negarse a decidir es
ya una manera de decidirse, la más negativa, puesto que nos impide hacer la expe-
riencia positiva de un compromiso y de sus beneficios. Ya se trate de la elección de
una profesión, de una opción de vida, de un compromiso personal al servicio de
alguna causa, de la decisión de contraer matrimonio, estamos condenados a deci-
dirnos más allá de lo que sabemos. Siempre hay razones a favor y en contra. Pero
somos nosotros quienes las ponemos en uno u otro platillo de la balanza, y noso-
tros también quienes decidimos si la balanza se inclina de un lado u otro. Esto con-
tradice nuestra búsqueda de seguridad y certidumbre acerca del futuro. Quizá esa
sea la razón de que hoy se esté produciendo un retroceso ante la perspectiva de un
compromiso de por vida como el del matrimonio. Pero la verdad es que no pode-
mos salir de esta situación, como no podemos librarnos de nuestra sombra.

El creer religioso

Sigue siendo verdad que la forma más visible del creer es el creer religioso. Este
se presenta hoy en las mejores y en las peores formas. Si las “instituciones del
creer” que son las grandes confesiones cristianas parecen estar perdiendo empu-
je37, se constata en cambio el desarrollo de las sectas. Algunas son aberrantes por
las creencias que proponen, a veces incluso inmorales, cuando acaparan ávida-
mente (aunque disimulándolo con hábiles técnicas) los bienes de los fieles; peor
aún, cuando abusan sexualmente de ellos o los empujan al suicidio colectivo. Son
un triste ejemplo de la fragilidad humana, siempre vulnerable a la perversión del
creer degradado en credulidad y a las manipulaciones despersonalizadoras. La
“vuelta salvaje de lo religioso” corre el riesgo de hacernos retroceder peligrosamente.

Sería injusto sin embargo juzgar el creer religioso partiendo de la credulidad, o


de otras perversiones como la intolerancia A lo largo de la historia de la humanidad,
el creer religioso ha obtenido numerosos títulos de nobleza Por no poner más que
un ejemplo reciente, ¿no ha sido él el que ha motivado el compromiso de la madre
Teresa con los más necesitados. Es menester pues analizarlo en sí mismo y en sus
mejores manifestaciones.
37 Cí B. SESBOÜÉ, N'ayez pas peur!, DDB, París 1996, 22-53 (trad. esp., ¡No tengáis miedo!: los ministe-
rios en la Iglesia hoy, Sal Terrae, Santander 1998).
32

La génesis de la fe religiosa

Hagamos un poquito de historia y tratemos de establecer la génesis de la fe reli-


giosa. El ejemplo que tomaremos será el de la fe judía, que conducirá a la fe cris-
tiana. El mismo análisis será válido sin duda para el origen de otras religiones, no
pretendemos que la tradición judeocristiana tenga el monopolio de la fe religiosa Sin
embargo, este es algo más que un ejemplo, porque en cierta medida la fe es algo
específico del judeocns-tianismo Toda actitud religiosa no supone necesariamente
la fe Algunos llegan incluso a oponer, exageradamente por lo demás, religión y fe.
Lo hacen en virtud de una concepción peyorativa de la religión, entendida como la
pretensión del hombre de domesticar en provecho propio el ámbito de lo sagrado.

En opinión del gran especialista de historia de las religiones G. Van der Leeuw, la
fe religiosa, es decir, la confianza total del hombre en un Dios con el que se ha encon-
trado personalmente, nació entre los antiguos hebreos. “En este pequeño pueblo,
perdido en un rincón -escribe-, se produce un hecho inmenso, el nacimiento de la
fe”38. El primer gran testigo de esta fe en la tradición bíblica es la figura de Abrahán,
que “creyó al Señor y el Señor le consideró como un hombre justo” (Gen 15,6) ¿De
qué se trata?39.

La cuestión de la fe en el Antiguo Testamento no gravita en torno a la de la exis-


tencia de Dios, que en cierto modo era ociosa en la época. Podía por lo demás ser
muy ambigua, siendo representado (s) el dios o los dioses en forma de poderes
mas o menos personificados, que dominaban al hombre. Los riesgos de magia e
idolatría eran grandes. Cuando los poderes eran múltiples, siempre dejaban en la
angustia de haberse olvidado de apaciguar a alguno.

El cambio de actitud operado por Abrahán consistió en aceptar una relación de


tipo personal con un Dios que no podía sino ser único Esta relación comenzó con la
confianza depositada en la palabra, esa llamada que había escuchado Abrahán
creyó con todo su ser en la promesa que había recibido de Dios de hacer de el un
gran pueblo Pero para eso, tenía que dejar su país, su familia, la casa de su padre
(Gen 12,1-2), y partir hacia lo desconocido Su fe se desarrollo luego en una historia
de alianza interpersonal, que vino a avalar fielmente la confianza inicial.

La verdadera cuestión de la fe invierte los términos no se trata de creer que Dios


existe, sino de creer que el hombre existe para Dios Dicho de otro modo ¿se interesa
Dios por el hombre ¿Puede intervenir Dios en la historia de los hombres para su bien
Desde Abrahán, la fe ha respondido SI Tal fue la experiencia fundamental que dio
origen a la tradición espiritual judía y en la que se injerto la tradición cristiana.

El vocabulario hebreo con el que se expresa esta experiencia no tiene todavía


nada de técnico, pero traduce sus actitudes fundamentales poner la fuerza en Dios,
encontrar en el apoyo en medio de las contradicciones de la vida, estar a resguardo
con el, apoyarse en el como en algo sólido Dios es la solidez del hombre es el tema
de Dios “roca de Israel” (Sal 61,4) Dios dice así al hombre “Si no creéis, no podréis
subsistir” (Is 7,9) Esa fue la actitud de Abrahán, que se apoyo en Dios y se adhirió a
su designio hecho realidad en la historia Jesús volverá sobre el tema al final del
sermón del monte, al contar las parábolas de la casa edificada sobre roca y de la

38 G VAN DER LEEUW , La religión dans son essence el ses mamfestations, Payot, París 1970, 620
39 Soy consciente de que hablando asi de la Biblia y describiendo los diferentes aspectos de la fe,
doy por supuestos muchos datos que seguirán siendo problemáticos para ciertos lectores ¿Puede
Dios intervenir en nuestra historia' ¿Que significa la afirmación de que Dios habla al hombre' ¿De
que dialogo se puede tratar entre Dios y el hombre' Estos puntos se presentaran mas tarde a nues-
tra consideración Por el momento, se trata de una descripción de lo que envuelve la actitud de fe
33

casa edificada sobre arena (Mt 7,24-27) Concretamente, apoyarse en Dios es con-
fiar en el respondiendo a sus expectativas

Pero la fe evoca igualmente la fidelidad Esta fidelidad es ante todo y sobre todo
la de Dios, siempre fiel a sus promesas Dios es el Dios de Abrahán, de Isaac y de
Jacob, el Dios de los padres de Israel Los primeros credos de la tradición bíblica
son credos “históricos”, es decir, credos que enumeran como una letanía las “mara-
villas” que Dios ha realizado por su pueblo en el pasado Con el tiempo, esta lista se
va alargando sin cesar Pero esta fidelidad exige otra fidelidad, la del pueblo ante el
que Dios se ha manifestado así.

El pasado es el garante del porvenir la fe de Israel se hace entonces confianza


en Dios, espera y esperanza En el futuro la fidelidad divina será la misma que en el
pasado, porque “no abandonas, Señor, a quien te busca” (Sal 9,11)

La fe es por tanto una relación fuerte entre Dios y su pueblo Se inscribe en una
alianza Esta alianza es paradójica al principio es unilateral, puesto que es Dios
quien lo hace todo, por medio de la misteriosa “elección” de este pequeño pueblo,
aunque con vistas a la salvación universal Pero luego se hace bilateral, porque no
se puede mantener sin un dialogo constante en el que el pueblo de Dios responde
a su Señor otorgándole su fe y viviendo según la Ley La fe es siempre una res-
puesta a una iniciativa de alianza.

Ocurre lo mismo en el Nuevo Testamento, en el que los términos creer (300 ve-
ces) y fe (250 veces) se hacen omnipresentes y adquieren un sentido técnico Los
evangelios son los libros de la fe en Jesús.

Esta fe asocia dos elementos un creer en y un creer que Comienza en efecto por
el encuentro con una persona, la de Jesús de Nazaret, y conlleva el momento de la
decisión de comprometerse con. el Creer en es un acto interpersonal por el que el
discípulo se da a Jesús, se pone a su disposición y pone en el toda su confianza
“Te seguiré dondequiera que vayas” ¿Es legitimo un acto así cuando va dirigido a
un hombre Tenemos en la memoria tantos ejemplos de juramentos abusivos de
fidelidad que fueron exigidos por jefes de Estado, o que aun lo son por ciertos gu-
rús, que no nos faltan razones para mostrarnos desconfiados Digamos, para abre-
viar, que lo que Jesús pide a los suyos es en efecto lo que solo Dios tiene derecho
a pedir Solo será legitimo por tanto si Jesús es el verdadero y definitivo enviado de
Dios (tendremos que volver largamente sobre este punto40). A través de la media-
ción de su humanidad, lo que Jesús pide es un acto de fe en Dios.

Pero esta decisión comporta igualmente un creer que, es decir, la dimensión de


una verdad relativa a la persona de Jesús. Para creer en Jesús, hay que creer tam-
bién lo que dice Jesús y creer que es quien pretende ser. Esta dimensión se hace
particularmente patente en el Evangelio de Juan, en el que el término “creer” tiene a
menudo el sentido de “tener por verdadero”, mientras que en Mateo, Marcos y Lu-
cas, expresa más bien el compromiso de poner la confianza en una persona. La fe
cristiana tiene pues un contenido, que se concentrará en la persona de Jesús, que
vivió, murió y resucito de entre los muertos, y precisara su relación con Dios.

Más tarde san Agustín colocará en una línea ascendente los tres aspectos de la
fe cristiana: creer que hay Dios, que Dios existe, primer presupuesto de toda fe;
creer a Dios, es decir, creer en su palabra; y finalmente, creer en Dios, es decir,
creer en el sentido bíblico y evangélico entregarse a Dios y confiarle el sentido de

40 Cfr infra, p 171-201.


34

nuestra vida, contar con él que es nuestra roca, poner en él nuestro destino en un
movimiento de respuesta a la alianza que el nos ofrece Esa es la razón de que la
alianza entre Dios y su pueblo se describa en la Biblia con la parábola del matrimo-
nio. Hay por tanto muchos grados en el acto de creer. Solo el último corresponde
enteramente a la fe cristiana.

Creer es entrar en un diálogo

Cuando el fiel cristiano dice Creo en Dios, expresa pues la respuesta de su fe a


la triple iniciativa de Dios en su favor, la del Padre creador que esta en el origen de
todo, la del Hijo que ha venido a vivir en nuestra carne, morir por causa nuestra y
resucitar, y la del Espíritu Santo que se ha dado a la Iglesia. Así se ha reflejado y
sigue reflejándose en la celebración del bautismo o en la renovación de las prome-
sas del bautismo durante la vigilia pascual. El credo es entonces un diálogo con tres
preguntas y tres respuestas:

- ¿Crees en Dios Padre...?


- Sí, creo.
- ¿Crees en Jesucristo, su único Hijo...?
- Sí, creo.
- ¿Crees en el Espíritu Santo...?
- Sí, creo.

Este diálogo expresa muy bien quién ha tenido “la primera palabra” en esta
alianza. Sí, “la primera palabra”, porque si la fe es una respuesta, supone que Dios
ha hablado primero. Sin duda, la idea de que Dios hable al hombre no es evidente
por sí misma. Se trata de la difícil cuestión de la revelación, sobre la que volvere-
mos en un próximo capítulo41. Retengamos por el momento que la fe cristiana se
inscribe en una alianza, desproporcionada y sin embargo bilateral, en la que Dios lo
ha hecho todo por su Hijo Jesús, y que nos permite hacerlo todo en justa corres-
pondencia. Dios se ha interesado por el hombre; sobre este fundamento, el hombre
puede otorgarle su fe.

Los “ojos” de la fe

Esta expresión procede de un teólogo jesuita de comienzos del siglo XX, Pierre
Rousselot, muerto prematuramente en el frente durante la I Guerra mundial, en
1915. Trataba él de analizar la psicología de la fe y de justificarla, no sólo ante la
razón, sino también ante el funcionamiento concreto de nuestro conocimiento. Tra-
taba de dar cuenta del modo en que el mismo acto de fe se combina con las razo-
nes para creer, pero sin reducirse nunca a ellas. Porque el acto de fe supera siem-
pre en compromiso y en contenido a las razones que se tienen para creer, y a los
indicios o señales que nos mueven a creer42.

Rousselot pone la comparación de dos policías que trabajan en la investigación


de un mismo crimen. Ambos disponen de las mismas pistas. Sobre la base de estas
pistas, uno descubre la identidad del criminal. El otro no descubre nada. ¿Qué es lo
que los distingue? Una facultad de síntesis y de intuición que permite al primero
41 Cfinfra, p 171-201
42 Su tesis era la siguiente: la fe da “ojos” para creer, es decir, que da una luz para mostrar que hay
que creer En un mismo acto concreto percibo, por una parte, que tal cosa es creíble, y por otra, la
confieso como verdadera Este acto es un paso, un transito Este punto, por lo demás, es lo que ha-
ce tan difi cil todo diálogo entre el creyente y el no creyente. El filósofo Maurice Blondel (1861-
1949) decía ya, por su parte, que hay que “distinguir el uso de la razón antes y el uso de la razón
después del acto de fe” (M. BLONDEL, Lettre sur l'Apologítique, PUF, París 1956, 20 [trad. esp., Car-
ta sobre apologética, Univ. Deusto, Bilbao 1991]).
35

relacionar los indicios entre sí y establecer una cadena coherente que conduce a la
convicción de que fulano es el culpable. El segundo carece de esta facultad y no
avanza.

Ocurre lo mismo con el razonamiento del científico, que practica una especie de
“círculo” entre la hipótesis y la conclusión: “El indicio es realmente causa del asen-
timiento que se da a la conclusión, y es sin embargo la conclusión que se percibe la
que aclara el indicio”43 y le da sentido. Se trata en efecto de un círculo, puesto que
el indicio da lugar a la convicción y, sin embargo, es la convicción la que da sentido
al indicio. Pero no es un círculo “vicioso”. Por lo demás, todo el desarrollo contem-
poráneo de la reflexión sobre el conocimiento humano, considerado no desde el
punto de vista de su configuración lógica, sino desde el punto de vista de su géne-
sis concreta, ha venido a confirmar esta observación de Rousselot44.

Ocurre también así, analógicamente, con el acto de fe. Pero, ¿qué es lo que jue-
ga aquí el papel de la intuición sintética que concluye más allá de los indicios y pro-
clama: “¡Eureka, lo encontré!”? Una disposición interior, hecha de inteligencia y de
libertad y en la que la doctrina cristiana ve también un don de Dios, lo que se llama
en el lenguaje clásico la gracia.

He aquí un ejemplo característico que me viene de una breve experiencia como


capellán de prisión. Un preso, alojado en la enfermería, me pide que vaya a verlo y
me dice: “Tengo 78 años y me quedan todavía tres años de prisión. No sé además
si viviré para cumplirlos. He hecho tales cosas en mi vida que siempre me he dicho:
si Dios existe, no puede perdonarme. Pero el otro día me enteré de que la religiosa
que atiende la enfermería lleva aquí, como prisionera voluntaria en cierto modo,
más de quince años. Esto no es simplemente humano. Esto quiere decir que Dios
existe y que puede perdonarme”. Este anciano pedía el bautismo.

Se dirá que hay una distancia enorme entre el indicio externo y la conclusión sa-
cada. Estamos en el caso de la fe del “sencillo”, donde la dimensión intelectual es
limitada. Pero, ¿no es precisamente lo importante el que la fe sea accesible a to-
dos, tanto a los más humildes como a los más sabios? El elitismo de una fe reser-
vada a los “doctos” sería intolerable. Por detrás de esta apertura a la fe, habían
sucedido cosas muy graves. Este hombre había caído en una especie de desespe-
ración respecto de sí mismo y no podía escapar de su objeción: de todas maneras,
aunque Dios exista, para mí todo está perdido. Todo giraba en torno a este punto.
Sin embargo, a través de la entrega de esta religiosa, a la que considera heroica,
ve la respuesta a su principal objeción: Dios se interesa por mí, yo existo para él,
por tanto puede perdonarme. No veamos aquí adhesión alguna a todo el contenido
de la fe cristiana, que él ignoraba sin duda en gran medida, sino una experiencia
concreta que lo libera de su obstáculo fundamental y lo abre a un Dios que puede
perdonarlo.

Certeza y libertad de la fe

Según la enseñanza de la Iglesia, la fe es al mismo tiempo cierta y libre. Parece,


sin embargo, que hubiera una contradicción entre ambas cosas. Por una parte,
cuanto más cierta es una realidad menos libre parece ser. ¿Soy acaso libre de ne-
gar que 2 y 2 son 4 (¡por lo menos en geometría euclidiana!)? Por otra parte, cuanto

43 E ROUSSELOT, Lesyeux de lafoi, RSR 1 (1910) 255.


44 La analogía científica es la analogía de la “inducción”. Hoy se llama a este círculo el “círculo her-
menéutico”, es decir, el círculo del descubrimiento o de la interpretación, en el que funciona una
circularidad recíproca de esclarecimiento entre el punto de partida y el punto de llegada.
36

más es proclamada la fe como libre más incierta parece. Lo más común es en este
terreno que “cada uno siga su idea”. ¿Cómo salir de aquí?

Las malas soluciones consisten en subrayar un elemento en detrimento del otro.


Se dirá, por ejemplo: “Creed primero ciegamente, luego veréis”. Se trata de una
línea voluntarista, que no corresponde con el movimiento profundo de nuestra expe-
riencia. Por otro lado se dirá: “Ved claro primero, comprended y, luego, creed”; es la
línea intelectualista.

Para salir de aquí, hay que volver al famoso círculo mencionado y mantener jun-
tas las dos posiciones. Porque existe aquí una reciprocidad entre la certeza y la
libertad. Cuanto más me comprometo en la fe, más veo con una luz que me da cer-
teza. Cuanto más discierno la verdad, más quiero creer.

Supongamos que tengo que tomar una decisión. Vacilo ante dos posibilidades
profesionales. Cada una tiene sus ventajas y sus inconvenientes. He sopesado
unas y otros. En un momento dado, sin embargo, me parece que la balanza se in-
clina más hacia un lado. Me siento pues dispuesto a tomar partido por ello, porque
creo que es lo mejor. Cuanto más me comprometo en esta decisión, más fuertes se
muestran las razones que me han llevado a tomarla. Al final consideraré que esta
opción se impone con evidencia. Pero este proceso puede conducir al resultado
contrario. Cuanto más me comprometo en la decisión, mayor es el número de in-
convenientes que surgen sin que los hubiera previsto, mayor es mi malestar y mi
temor a haber elegido un mal camino. Entonces rechazaré decididamente esta so-
lución y me decidiré por la otra.

Estamos pues en un caso en el que el compromiso libre ayuda a aclarar la ver-


dad. Esto puede parecer paradójico. Sin embargo, es así. Siempre nos topamos
con la reciprocidad entre lo subjetivo y lo objetivo.

Nuestra actitud de amor o de odio juega un papel importante en nuestra libertad.


Si estoy encerrado en mis ideas, en mi resentimiento, en mis querellas pasadas
con tal o cual persona, no veré las cosas de manera adecuada cuando tenga que
tomar una decisión. Porque en cierto modo estaré ciego. En cambio, si hay en mí
una actitud de apertura, de simpatía, de sentido de la justicia, en definitiva de algu-
na forma de amor, veré mejor lo que debo hacer. Aquí una vez más el amor da
unos ojos nuevos.

La conversión de Charles de Foucauld

El ejemplo de la conversión de Charles de Foucauld esta sin duda un poco pasa-


do, pero la pureza de la figura de este testigo de la fe cristiana en el mundo musul-
mán marcó profundamente los primeros decenios del siglo XX. Su conversión se ins-
cribe en un largo itinerario que incluye su encuentro en el confesionario con el abate
Huvehn45 en la iglesia de Saint-Au-gustin en 1886. Charles recibió una educación
cristiana, pero perdió la fe y se dejó llevar por una vida de desenfreno. Poco a poco
se fue decepcionando de esta forma de vivir. Va produciéndose en él una madura-
ción espiritual Trata de encontrar de nuevo la “virtud”, pero de una forma todavía pa-
gana Rechaza el cristianismo, que le parece una locura completamente irracional.
Pero siente un gran afecto por su prima, Mane de Bondy, quien lo conduce a la idea

45 Henn Huvehn (1838-1910), antiguo alumno de la Escuela Normal Superior, permaneció volunta-
riamente como vicario en Saint-Augustin hasta su muerte, enseñando historia de la Iglesia, predi-
cando y confesando Fue uno de los grandes maestros espirituales del siglo XIX, conoció a Víctor
Duruy y a Lit-tre, y ejerció su influencia en hombres como F von Hugel, Blondel, Laberthon-niere y
Bremond Siguió siendo hasta su muerte acompañante y guia espiritual de Charles de Foucauld
37

de que “quizá esta religión no sea absurda”. Acude entonces con frecuencia a la igle-
sia de Saint-Augustin para hacer esta “extraña oración” “Dios mío, si existís, haced
que os conozca”. Busca entonces un “padre espiritual” y con este fin se presenta al
confesionario del abate Huvehn. Este cura venía siendo testigo silencioso de sus
pasos. Charles le dice que no viene a confesarse porque no tiene fe, pero que le gus-
taría que lo iluminara acerca de Dios y la religión. Apenas entablado el diálogo, el
abate le dice. “Póngase de rodillas y confiésese”. Charles obedece y el abate lo envía
a comulgar inmediatamente después. El incidente debe ser bien interpretado. Hu-
vehn, hombre de gran discernimiento, no cayó en la actitud voluntansta anteriormente
criticada Comprendió cuál era la búsqueda de aquel joven poseído por una vacilación
fundamental no tengo fe, pero quisiera que me hablaran de Dios No puedo seguir
viviendo en presencia de mi vida corrompida sin buscar el perdón. El confesor no
hace sino ayudar a Charles a cristalizar en él el camino emprendido. No ha hecho de
la fe un requisito de la confesión. Será en la experiencia del beneficio de esta donde
podrá aparecer la luz de la fe. Y es lo que ocurre: “Desde el momento en que creí
que había un Dios, comprendí que no podía hacer otra cosa sino vivir para él”. Eso
no significa que Charles aceptara de golpe toda la doctrina cristiana: “Yo, que tanto
había dudado, no lo creí todo en un día”. La labor interior prosigue lentamente. El
“rayo” de la confesión es la culminación de un largo proceso46. La continuación lo
llevará, en una búsqueda insaciable de Dios, de la trapa de Notre-Dame des Neiges
a Nazaret, y luego del Sahara a Tamanrasset.

La libertad religiosa

Esta libertad profunda del acto de fe funda lo que el Vaticano II ha llamado la “li-
bertad religiosa”47. Este terreno es tan íntimo, tan profundo, que no puede ser obje-
to de ningún tipo de coerción, entendida esta en dos sentidos: a nadie se le puede
obligar a actuar en contra de su conciencia y, por consiguiente, a practicar un culto
religioso contrario a ella; y a nadie se le puede tampoco impedir que actúe en con-
formidad con su conciencia y su religión dentro de ciertos límites. Estos límites son
simplemente los del bien común, la moralidad y la paz pública, y los del respeto
debido a las otras confesiones religiosas. El Vaticano II, después de fuertes deba-
tes, consideró que esta toma de posición tiene su fundamento en la dignidad de la
conciencia humana y sus derechos, y no en la verdad objetiva que el catolicismo
reivindica para su fe. La apologética católica había dicho durante mucho tiempo
que sólo la verdad tiene derechos, no el error. Sobre la base de este principio, el
catolicismo reivindicaba la libertad de culto para él, pero no para las otras confesio-
nes y religiones. Hoy reivindica esta libertad para toda persona humana, cualquiera
que sea su religión o su no religión.

¿Hay que ver en esto una aceptación del relativismo, según el cual todas las re-
ligiones vienen a ser equivalentes? No, sino el respeto a la dignidad de la concien-
cia humana, sus derechos y sus deberes. Esta dignidad otorga un derecho inalie-
nable a la libertad religiosa, sea cual sea la manera en que cada uno usa de este
derecho, ya sea eligiendo una religión determinada, ya sea rechazando toda reli-
gión o profesando el ateísmo.

46 Cf el relato de J. F Six, Vie de Charles de Foucauld, Seuil, París 1962, Livre de Vie 33-34, p. 31-33
(trad. esp, Vida de Carlos de Foucauld, Taurus, Madrid 1966), Itinerario espiritual de Carlos de Fou-
cauld, Herder, Barcelona 19884.
47 CONCILIO VATICANO II, Decreto Digmtatis humanae (DH) sobre la libertad religiosa.
38

La fe, don de Dios

Vayamos hasta el final de nuestros interrogantes. ¿Por qué la relación del hom-
bre con Dios pasa por la fe, es decir, por una realidad tan misteriosa que es sus-
ceptible de sospechas, en lugar de desplegarse en la claridad y la seguridad de la
evidencia? En realidad, al plantear esta cuestión no se sabe bien lo que se pregun-
ta. Se supone que el hombre es capaz de atrapar a Dios en la red de sus conoci-
mientos, de conocerlo tan bien como se puede conocer a un hombre, en una pala-
bra, de dominarlo o, incluso, domesticarlo (como en ciertas formas de superstición).

Ahora bien, esto no es posible, simplemente porque Dios es Dios, y el hombre es


hombre. Como decía oportunamente Agustín: “Si lo entiendes, no es Dios”. Hay en
nuestro deseo de conocer a Dios un peligro de idolatría, de construir a un Dios a
nuestro alcance. El Dios vivo está siempre infinitamente más allá de todo lo que
podamos pensar de él. Por eso nos sorprende y desconcierta. Creer sólo puede ser
un don de Dios, porque sólo Dios puede hablarnos de Dios. Ya Pascal lo dijo: “Dios
habla bien de Dios”.

Esto es perfectamente coherente con la experiencia de la superación infinita del


hombre por sí mismo, descrita en el capítulo anterior. Hemos visto en efecto que el
surgimiento de la idea de Dios y por tanto de la cuestión de Dios tiene lugar en esta
zona íntima de nosotros mismos que no dominamos. Tampoco podemos dominar a
Dios.

El acto de creer es, por consiguiente, fruto de una experiencia religiosa entera-
mente original El creyente lo interpreta como un don gratuito ofrecido por Dios, un
don que lo supera y del que no puede dar cuenta exacta, pero un don que acepta
con toda su libertad Es en este acto en el que se encuentra “justificado”, como en
otro tiempo Abrahán, es decir, perdonado, reconciliado, “devuelto a la gracia”, aco-
gido en la vida de Dios.48

Fe ¿ofrecida a todos o a unos pocos?

No veamos en lo que se ha dicho sobre el acto de creer la afirmación de una si-


tuación de inferioridad radical en el no creyente que no “ve” La analogía de los dos
policías o de los dos científicos, de los cuales uno encuentra y el otro no, puede
parecer muy desfavorable a este Estas paginas pueden muy bien haber mostrado a
este “no creyente” todo lo que hay de fe subyacente en su existencia, así como to-
do lo que hay de no fe en el creyente a pesar de su profesión oficial Recordemos
que la opción declarada puede no dar cuenta verdaderamente de la opción real.

Este discurso sobre el creer no puede sino interpelarnos a cada uno de nosotros,
sea cual sea el lugar en que nos coloquemos en el tablero del creer Es conocida la
colección de hbntos titulados Ce queje crois (“Lo que yo creo”) Han sido escritos
por numerosas personas, cristianos y no cristianos, creyentes y no creyentes Cada
autor, sin embargo, trata de situarse en el ámbito del creer, es decir, del sentido
que quiere darle a su vida, de los valores que respeta y, a veces, de la forma de
absoluto que se impone a su conciencia.

Se le puede dar también la vuelta a la objeción si la fe es un don gratuito de Dios,


entonces hay unos a quienes se les da y otros a quienes no se les da Lo cual es
otra forma de injusticia ¿Quién no ha oído esta reflexión, a menudo dolo-rosa “Creo
que mi disposición de fondo es buena, pero no consigo creer”?

48 Cf. Infra p 560-562


39

Pero don gratuito no significa don ofrecido solo a unos pocos. Un don no es me-
nos gratuito porque sea ofrecido a todos. Como en nuestro caso. Pero muchos fac-
tores derivados de mi historia y de mis experiencias personales, de mi familia, de mi
ambiente social, pueden impedirme en cierta medida escuchar el ofrecimiento de
Dios. La cuestión decisiva está en saber si yo estoy seriamente abierto a la bús-
queda de la verdad. Porque el ofrecimiento de Dios se dirige a nuestra libertad y se
inscribe en nuestra historia. El acto de creer puede comportar momentos decisivos,
pero, como todo diálogo, nos afecta a lo largo del tiempo. Tiene sus altibajos. Con-
tinuamente hay que reanudarlo y mantenerlo. La gran oración de Newman (1801-
1890) consistía en pedir “no pecar nunca contra la verdad”. Por otro lado, toda res-
puesta de fe está condicionada por la realidad religiosa del país en el que se vive.

Fe y violencia

Hay algo más grave en la cultura del mundo contemporáneo. Estamos tan afec-
tados por el hecho de los integrismos religiosos de todo tipo, musulmanes, judíos e
incluso cristianos, que estamos tentados a considerar toda religión como un factor
de violencia. Hoy el creer religioso es acusado de mantener, si no de avivar, la vio-
lencia entre los pueblos. Somos testigos de demasiados casos en los que conflictos
irrestañables a lo largo de generaciones mantienen como símbolo, o etiqueta, la
apelación a pertenencias religiosas: Irlanda del Norte, Yugoslavia, Argelia. En los
casos extremos, se llega a la pretensión de matar en nombre de Dios o para darle
gloria.

La acusación es gravísima y ha de ser tomada muy en serio por todos los cre-
yentes. Es un caso en el que podría aplicarse el proverbio latino Corruptio optimi
pessima, “La corrupción del mejor es lo peor”. Se trata aquí de una perversión del
sentido de lo sagrado. Lo sagrado es una expresión del absoluto en nuestras vidas.
Es un ámbito en el que sólo caben el respeto y la adoración. Es entonces tentador
identificarse uno mismo con lo sagrado, convertirlo en motivo de una “guerra santa”
y oponer la propia religión, como la única justa, a todas las demás. Es entonces
cuando lo sagrado se convierte en fuente de violencia. Fue lo que ocurrió con las
guerras de religión en la Europa de los siglos XVI y XVII. Es lo que sigue ocurriendo
hoy con las tendencias extremas del islamismo. Esto evidentemente es injustificable
y contradice la esencia de todo mensaje religioso que, si se pretende verdadero, no
puede sino enseñar el amor, el perdón y la reconciliación.

La primera respuesta a la objeción es pues reconocer, con espíritu de arrepen-


timiento, los actos de violencia, de crueldad, de injusticia, etc., cometidos por mi
religión, por mi confesión cristiana. La Iglesia católica, por su parte, ha pronunciado
desde el Vaticano II palabras alentadoras en este sentido. Por este camino está
creciendo y crecerá aún más en el futuro.

La segunda respuesta consiste en reconocer que la violencia religiosa es expre-


sión del pecado del hombre, que se manifiesta en violencias análogas por otras
muchas razones. Si una religión pretende justificar la violencia en nombre de su
propio mensaje, hay que decir entonces muy claramente que ese mensaje, o la
parte de ese mensaje que contiene dicha invitación a la violencia, no puede en nin-
gún caso provenir de Dios.

Razones para no creer

He tratado de mostrar las razones para creer; pero, ¿no hay igualmente “razones
para no creer”? André Compte-Sponville, reconocido como “próximo a la tradición
cristiana y muy manifiestamente marcado por los evangelios”, enumera tres razo-
40

nes en un artículo de revista49. Mi primera reacción es pensar, con él por lo demás,


que hay bastantes más de tres.

Su primera razón es la de la inmensidad del mal. Es sin duda la más radical y se-
rá menester volver sobre ella en los capítulos siguientes50. La segunda es la medio-
cridad del conjunto de los hombres, “más bien ridículos que malos”. La tercera, más
sorprendente pero más grave, es que la fe en Dios y la religión corresponden de-
masiado “exactamente con nuestros más fuertes deseos, que son no morir y ser
amados. Es una razón para desconfiar una creencia que corresponde tan bien a
nuestros deseos, cabe muy bien suponer que ha sido inventada para eso, para sa-
tisfacernos, para consolarnos Es la definición de la ilusión”.

¿No he caído yo mismo en esta trampa al subrayar tan fuertemente el deseo


fundamental que anida en el movimiento de nuestra conciencia, y situando allí el
origen de nuestra noción de Dios ¿No nos topamos aquí con la famosa formula de
Renán “El deseo crea generalmente su objeto”? Esta fue la gran objeción del siglo
XIX, en particular con Feuerbach y Marx, y luego con Freud La respuesta dada por
nosotros era que la nada no funda nada y que, por tanto, no puede fundar esta di-
námica abierta al infinito de Dios ¿Es suficiente para convencerse ¿No se trata de
un razonamiento sobradamente abstracto? Reconozcamos en cualquier caso que
esta concordancia profunda entre nuestro deseo y lo que propone la fe cristiana es
inquietante e invita a la reflexión. Esta fe posee por tanto una racionalidad. Por otro
lado, el padre De Lubac ha mostrado que nada puede explicar el origen de tales
deseos y del deseo de Dios. Tanto el no creyente como el creyente se topan con el
mismo misterio.

Esa es la razón de que haya dicho igualmente que hay aquí una opción libre que
es menester tomar Espíritus egregios han tomado una decisión en un sentido o en
otro Es sorprendente que la cuestión mas radical de la verdad dependa de este
modo de una opción Pero hemos visto ya la vinculación existente entre verdad y
libertad, y la significación de este nexo para que el hombre siga siendo hombre y no
se convierta en una hormiga laboriosa Esto debe ayudarnos a reconsiderar la cues-
tión de la verdad de cara a la existencia humana.

Breve balance

Ninguna reflexión, ninguna “demostración”, puede conferir a otro la fe No espero


por tanto que ningún lector no creyente entregue sus armas diciendo me ha con-
vencido Lo que he querido mostrar ha sido ante todo que el acto de creer es un
acto humano, con todos sus derechos de ciudadanía Se adecua a nuestra condi-
ción humana, que no nos permite escapar a la necesidad de creer en casi todos los
terrenos.

He tratado a continuación de describir lo mejor que he podido el acto religioso de


creer, tal como se expresa en la tradición judeocristiana, con el fin de mostrar su
complejidad, pero también su riqueza y, para decirlo todo, su misterio. Este acto,
enteramente justificable por lo que a la razón se refiere, es una experiencia humana
fundamental y fruto de un encuentro, hecho de gracia y de libertad. Todo no está
dicho, por supuesto, y en las páginas que siguen nos esforzaremos por aclarar tan-
to la significación como el contenido de la fe.

49 A. COMPTE-SPONVILLE, ¡mpact médecm hebdo, 264 (enero 1995) 114. "Cfinfra, p 203-252
50 Cfr. Infra p. 203-252
41

CAPITULO 3: ¿Qué lenguaje usar para las cosas de la fe?

“¿Por qué empleáis los sacerdotes y los teólogos un lenguaje tan difícil y abs-
tracto para hablar de las cosas de la fe, con palabras que no se encuentran en un
diccionario corriente? Se trata de un verdadero "dialecto cananeo", cuando no de
una jerga insoportable. ¿Por qué no se puede hablar de esas cosas importantes en
un lenguaje sencillo, claro y tan transparente como sea posible?”.

No es excesivo dedicar todo un capítulo a responder a esta grave objeción, que


constituye para muchos un obstáculo insuperable en sus intentos de lectura de
obras religiosas. Afecta a un punto a la vez difícil y capital de nuestra experiencia
humana: el del lenguaje.

No basta en efecto con que los sacerdotes y los teólogos se den golpes de pe-
cho reconociendo que usan a menudo una jerigonza perfectamente inútil. Esta res-
puesta sería demasiado fácil. La cuestión es infinitamente más radical. Esta peque-
ña historia, colocada por el padre Henri de Lubac como prólogo de uno de sus li-
bros, nos introduce de lleno en el meollo del problema: “En el patio de recreo, a la
salida de la capilla, un niño se burlaba del sermón que acababa de soportar. ¡Pobre
sermón, como tantos otros! Queriendo decir algo de Dios, el predicador había abre-
vado a su joven auditorio con un raudal, mezcla de fórmulas abstractas y devotas,
produciendo en aquellos cuyo espíritu no estaba adormecido el efecto más ridículo.
El encargado de ellos, que era un hombre de Dios, llamó al burlón y, en lugar de
reñirle, le preguntó amablemente: "¿Ha pensado usted alguna vez que no hay nada
más difícil que hablar de ese tema?". El niño no era tonto. Reflexionó, y este inci-
dente fue para el como la primera toma de conciencia del doble misterio del hombre
y de Dios”51.

El niño en cuestión, que “no era tonto”, era evidentemente el joven Henri de
Lubac La reflexión de su tutor le abre un abismo de reflexión ¿Como el hombre,
siendo finito, puede hablar de un Dios infinito ¿Que supone eso en el hombre ¿Que
lenguaje emplear.

Porque el lenguaje es un misterio en el que todos estamos inmersos y que a to-


dos nos precede Hemos aprendido a hablar en las rodillas de nuestra madre, res-
pondiendo primero a sus sonrisas y articulando luego nuestras primeras palabras
Con esas palabras nos hemos abierto al mundo y hemos entrado en comunicación
con los otros Hemos tomado conciencia de que ese lenguaje es eficaz para comu-
nicarnos, para actuar sobre el mundo, y de que constituye el origen de todos nues-
tros conocimientos Sin embargo, son muchos los interrogantes que siguen plante-
ándose sobre su origen (¿quien lo ha inventado), su naturaleza y su relación con la
realidad Tiene profundidades y usos múltiples A la luz de estas diversas facetas del
lenguaje, tenemos que reflexionar sobre el lenguaje de la fe.

Este capítulo se articulara en tres tiempos. Se propondrá en primer lugar una re-
flexión sobre las diferentes formas de lenguaje, con el fin de poder situar la dificul-
tad del lenguaje propiamente religioso Luego se analizara mas en detalle el lenguaje
bíblico, que es un ejemplo típico de lenguaje religioso Este recorrido no tiene por
objetivo presentar ya los contenidos, sino “descodificar” las diferentes maneras de
hablar de ellos Se abordara finalmente la tensión entre la particularidad inevitable
de todo lenguaje religioso y su vocación a lo universal, con los delicados problemas
de traducción, de interpretación y de “inculturación” que plantea Este capítulo pue-

51 H DE LUBAC Sur les chemms de Dieu, Cerf, París 1983 9 (trad esp, Por los caminos de Dios En-
cuentro, Madrid 1993).
42

de parecer un desvió de nuestro itinerario Es más bien una parada necesaria para
abrir una cerradura que nos llevara a la comprensión de lo que sigue

I.- LENGUAJE Y LENGUAJES

Lenguaje corriente y lenguaje técnico

Cada disciplina, cada técnica, cada oficio desarrolla un lenguaje propio que in-
cluye numerosas palabras familiares para los especialistas, pero completamente
desconocidas para el “gran público”. Por ejemplo, en un barco no hay ninguna
“cuerda”, sino chicotes, escotas, drizas, obenques y otros muchos tipos de cordaje,
por no hablar de otros términos técnicos de la navegación.

Todo estudiante aprende a familiarizarse con el lenguaje restringido de la disci-


plina que estudia. Toda ciencia desarrolla un vocabulario propio simplemente por-
que necesita palabras para designar los objetos que descubre o los conceptos cla-
ve que la hacen avanzar. Pero el lenguaje corriente no puede bastar para todo. Só-
lo para rellenar la declaración de la renta se requiere conocer el sentido de todo un
vocabulario jurídico.

Es así como la exposición de la fe cristiana comprende cierto número de térmi-


nos técnicos que es difícil evitar. Yo he procurado eludirlos lo más posible en esta
obra. Pero no siempre es factible. Así pues, cuando alguno me parezca verdadera-
mente necesario, lo explicaré tan claramente como me sea posible la primera vez
que lo use o lo pondré en el léxico que se encuentra al final de la obra.

El lenguaje de las relaciones humanas

No hay que creer que el lenguaje científico sea la cumbre de todo lenguaje posi-
ble. Aunque es ineludible por la calidad y precisión de sus términos, que hacen po-
sibles análisis de lo contrario inaccesibles, permanece completamente mudo a la
hora de hablar de las relaciones humanas y de todo lo que gira en torno a los sen-
timientos (amor, odio, celos, etc). Nuestra vida sería verdaderamente demasiado
triste si no dispusiéramos más que del lenguaje de la técnica y de la ciencia. Hay
todo un registro distinto en el lenguaje: el de nuestras relaciones.

Pensemos en el lenguaje del amor y de la afectividad en general. Se sirve de pa-


labras en la mayoría de los casos muy simples, se deja llevar incluso por fórmulas
que parecerían ridiculas sacadas del contexto de sinceridad existente entre los que
conversan. Como los sentimientos son generalmente difíciles de expresar, el len-
guaje amoroso toma a menudo desvíos, usa comparaciones, realiza transposicio-
nes. No tiene sentido si se lo toma al pie de la letra, puesto que su sentido es meta-
fórico. Cuando una madre le dice a su hijo que lo quiere tanto que se lo comería,
este evidentemente no tiene nada que temer: él recibe estas palabras como expre-
sión de un afecto que no puede sino producir el mejor de los efectos.

Asimismo, ¿cómo hablar del sabor particular de un vino? Los catadores nos di-
rán que tal vino es franco, robusto, aterciopelado, carnoso. Estamos en el terreno
de las imágenes, porque un vaso de vino no tiene, propiamente, ninguno de estos
atributos. Esa es la razón también de que la crítica de las obras artísticas, musica-
les o pictóricas utilice a menudo imágenes para traducir el sentimiento del oyente o
del espectador.
43

El lenguaje de la poesía

Esto nos introduce en el lenguaje de la poesía. Es propio del poeta darle una ca-
lidad particular al lenguaje de la afectividad y de las relaciones evocando, por medio
de un sutil juego de palabras, un sentimiento particular o tratando de esbozar un
cuadro imaginario. Tiene que escoger palabras dentro del campo del lenguaje
usual, por su musicalidad y por la carga afectiva de que son portadoras, trasladarlas
por analogía a otros terrenos y crear así una imagen Estas palabras simbolizan de
manera mas o menos adecuada un mundo inaccesible al lenguaje ordinario o “tri-
vial” La poesía quiere de este modo acceder a lo bello Solo ella puede expresar
sentimientos o impresiones que hay en nosotros pero que no sabemos decir

La poesía se sirve de las imágenes de manera privilegiada. Tiene incluso dere-


cho a retorcer el lenguaje ordinario en figuras de estilo que transforman el uso de
las palabras. Pero una imagen debe seguir su propia coherencia. Si no, cae en lo
ridículo. El parlamentario que dijo en una ocasión: “El carro del Estado navega so-
bre un volcán”, mereció sin duda las guasas por la incoherencia de sus imágenes.
Un carro no navega, y si lo hiciera, sería por el mar, y no sobre un volcán.

Todo esto muestra que existen ámbitos de la experiencia humana a los que no
se puede acceder con términos completamente adecuados. Se realiza entonces
una transposición de términos pertenecientes a otros ámbitos. En literatura, esto se
conoce como “metáfora”.

Cuanto más se entra en el terreno de la interioridad, de la afectividad, del arte y


de las relaciones humanas, es decir, de realidades que no son directamente repre-
sentables, más se abandona el lenguaje inmediato que nos permite designar las
cosas. Cuanto más entramos en el terreno del sentido profundo de nuestra existen-
cia, más nos topamos con esta dificultad. Lo que el lenguaje trivial no puede enton-
ces decir, hay que manifestarlo por medio de la convergencia de expresiones ana-
lógicas. Cada una de ellas por sí sola es inadecuada, pero todas juntas orientan
hacia un punto de fuga que corresponde a nuestra intención.

II.- EL LENGUAJE DE LA FE: UN CASO ÚNICO

Fijémonos ahora en el lenguaje, o más bien, los lenguajes que la Biblia utiliza pa-
ra hablarnos de Dios y de sus relaciones con los hombres. Estamos aquí, no en el
terreno de la ciencia o de la técnica, sino en el de las relaciones del hombre con
Dios. Se entiende entonces por qué el lenguaje religioso se sirve a menudo de la
poesía, a la que con tanta frecuencia se recurre en la Biblia. Pensemos por ejemplo
en los numerosos salmos. Asimismo, el profeta Isaías, nacido hacia el 765 a.C. y
que ejerció su ministerio en tiempos de los reyes Ozías, Ajaz y Ezequías 52, es reco-
nocido como uno de los grandes poetas de la humanidad por el esplendor de su
estilo, su uso de asonancias y metáforas y la novedad de sus imágenes.

Pero el lenguaje de la fe sale de los límites de la poesía y presenta un caso ente-


ramente particular, único en su género. Nuestro lenguaje, en efecto, se ha ido for-
mando progresivamente, desde el origen de los tiempos, a partir de nuestra expe-
riencia del mundo, y del mundo finito. Fue necesario nombrar los objetos, mantener
relaciones con los otros, y luego dar cuerpo a las ideas.

52 “El virgen, vivaz y bello hoy ¿vas a lastimarnos con un aleteo ebrio este lago duro olvidado que
mantine bajo la escarcha el transparente glaciar de vuelos que no han huido? (Primre cuarteto de
un soneto de S. Mallarmé, titulado El Cisne ( Oeuvers completes 1, Poésies, Flamario, París
1983,308).
44

Todos nosotros sabemos lo que es un árbol o un bosque. Sabemos lo que quiere


decir la virtud de la fidelidad, o el defecto de la glotonería. En tales casos, la palabra
expresa la cosa, sin mas, pero también sin menos Pero, ¿que ocurre cuando se
trata de hablar de lo que supera radicalmente nuestra experiencia sensible, de lo
que pertenece al orden de lo infinito, y en particular de Dios.

¿Como hablar del Absoluto divino?

Cuando queremos expresar las cosas ultimas, es decir, las que se refieren a
nuestra relación con lo absoluto -cualquiera que sea-, carecemos de representacio-
nes claras Nuestro lenguaje se empobrece, le falta aire, como a un avión que vuela
demasiado alto, porque esta hecho para hablar de realidades finitas Nos vemos
entonces forzados al silencio, u obligados a decir cosas aproximadas, o bien lleva-
dos a adoptar un lenguaje poético y a usar imágenes y metáforas Tenemos en defi-
nitiva que crear un código nuevo de lenguaje, que nos hará pasar de la afirmación a
la negación, y luego al “paso al limite”.

Cuando digo, por ejemplo “Dios es justo”, pretendo afirmar de el una cualidad
fundamental, la idea de un Dios injusto es contradictoria o perversa Tengo razón
pues al decir que Dios es justo Pero tengo enseguida que corregir mi afirmación,
porque no tengo experiencia mas que de hombres y mujeres justos sin duda, pero
cuya justicia sigue siendo muy limitada Ahora bien, Dios, la justicia absoluta, no
puede tener limites Esa es la razón de que Jesús, a propósito del atributo similar de
la bondad, le dice al joven rico “¿Por que me llamas bueno El único bueno es Dios”
(Me 10,18).

Estoy pues obligado a corregir enseguida mi formula y decir Dios no es justo de


la misma manera que fulana de tal es justa, sino que es justo en un sentido entera-
mente distinto, que a fin de cuentas tiene poco que ver con las justicias humanas
Pero no puedo detenerme aquí Porque tengo que decir en cualquier caso algo posi-
tivo Tengo que realizar un paso al limite diciendo Dios es justo de manera absoluta,
el es la justicia misma, es decir, que es justo infinitamente mas allá de toda justicia
humana, con una justicia de la que no tengo idea ni representación.

La justicia humana no es mas que una pálida imagen de la justicia divina Utilizo
por tanto la palabra justicia porque no tengo otra y ese término evoca para mí algo
real. Podría decir: Dios es “superjusto”, o “absolutamente súper-justo”, pero correría
el riesgo de devaluar el lenguaje. Uso entonces, en primer lugar, una afirmación, y
luego una negación, para acabar finalmente diciendo algo que está más allá del sí y
del no, más allá de toda justicia creada53.

Lenguaje y verdad

La dificultad planteada por el lenguaje nos conduce al problema de la verdad. No


basta con que un lenguaje sea sincero. Es necesario que sea verdadero, es decir,
que la realidad a la que se refiere corresponda con lo que se dice. Sin duda, esta
realidad superará siempre la ambición del lenguaje. Por esa razón nuestros lengua-
jes son sólo parcialmente verdaderos, porque no pueden encerrar en sus palabras
la totalidad de lo real. Se contentan con aproximarse a ella de manera más o me-
nos adecuada.

Descubrimos también que la verdad no es en conjunto unívoca, como si no hu-


biera nada entre lo verdadero y lo falso. Muchas de las cosas que sabemos o deci-
53 La teología llama a este procedimiento la triple vía de la afirmación, la negación y la “eminencia”,
asociando la afirmación y la negación para tender hacia el infinito.
45

mos contienen elementos de verdad, sin dejar por ello de estar mezclados con el
error. Asimismo, existen diferentes niveles de verdad. La experiencia sensible nos
muestra que el sol gira alrededor de la tierra. Esto es verdad en un primer nivel.

Hay que pasar a otro nivel de reflexión y de conocimiento para descubrir que la
tierra gira alrededor del sol. En la historia han sido necesarios siglos de observación
para pasar de uno a otro. La geometría euclidiana sigue siendo verdadera, aun
cuando sus postulados sean superados en otras concepciones del espacio y del
tiempo.

Hay en fin alvéolos diferentes de verdad: la verdad científica es uno de ellos; la


verdad poética es otro. Una afirmación puede ser perfectamente verdadera en un
ámbito y no en otro.

La verdad religiosa constituye un alvéolo original de verdad. Siempre se expresa


de manera más o menos torpe. Por eso su expresión tiene siempre necesidad de
perfeccionarse y afinarse. Pero un lenguaje muy ingenuo puede tener un contenido
que no lo es en absoluto.

Las “intervenciones” de Dios en el mundo

Hablar de Dios, al que no vemos y del que no tenemos ninguna representación,


simplemente porque él es el Totalmente Otro, es ya muy difícil. Pero, ¿cómo hablar
de las intervenciones de Dios en nuestro mundo? Porque tal es el primer objeto de
toda religión que pretenda apoyarse en una revelación54. ¿Cómo hablar del en-
cuentro entre el Absoluto y la realidad concreta de lo que se desarrolla en nuestro
espacio y nuestro tiempo (es decir, la contingencia empírica de nuestro mundo)?
¿Cómo “hacer hablar” a Dios?55. ¿Cómo hablar de la creación y del fin de los tiem-
pos? ¿Cómo hablar de esta afirmación paradójica de la fe cristiana: el Hijo de Dios
se ha hecho hombre?56.

Observemos inmediatamente que estas cuestiones se refieren a dos casos sen-


siblemente diferentes. El caso del principio del mundo y del final de los tiempos,
respecto de los cuales, por hipótesis, no disponemos de ninguna información “histó-
rica”; y el caso de las intervenciones de Dios en el corazón de la historia, que nos
han sido transmitidas por “testigos”, en particular la vida, la muerte y la resurrección
de Jesús.

El caso del comienzo

Cuando se trata del comienzo del mundo, estamos ante un caso extremo. Por
hipótesis, no podía haber ningún testigo dela creación del mundo, antes de la crea-
ción del hombre Nadie piensa tampoco que el primer hombre creado dispusiera ya
de la escritura para dar cuenta de estos acontecimientos primigenios El lenguaje y
la escritura se desarrollaron mucho después Solo con el transcurso del tiempo los
hombres se plantearon la cuestión del comienzo del mundo, lo que es por lo demás
signo del dinamismo que los mueve a ir hasta el final en todas las cuestiones Se
trataba por tanto para ellos de hablar de un acontecimiento del que no había ningún
testigo ni ninguna tradición histórica.

54 Sobre la revelación, cf infra, pp 171-201.


55 ¿Tiene sentido decir que Dios habla al hombre? Sobre esta cuestión, Cf infra, pp 172-178.
56 No me refiero aquí al fondo del problema de la “encarnación”, que se planteará más adelante, sino
simplemente al problema del len guaje planteado al respecto.
46

El conjunto de las religiones antiguas de Oriente Medio atribuía espontáneamen-


te el comienzo del mundo a un poder superior y trascendente Para hablar de el, no
tenían mas que una solución proponer un cuento o un relato que, sirviéndose por
supuesto de los datos de observación del cosmos de que disponían, no pretendía
tener valor científico o histórico en el sentido moderno de estos términos Pero
transmitía una serie de enseñanzas de naturaleza religiosa sobre este origen A ta-
les cuentos o relatos se les suele llamar, en el lenguaje de la ciencia de las religio-
nes, mitos.

Este termino es ambiguo, porque en nuestra cultura conlleva un aspecto peyora-


tivo El mito es algo que se inventa, que no tiene consistencia, que no tiene nada
que ver con la realidad -se habla asi de un “mitomano”-, en definitiva, pura ficción
Este juicio global es injusto, porque aunque el mito no pretenda en modo alguno
ofrecer una fotografía de la realidad empírica, tiene su propia verdad

Por ejemplo, las fábulas de La Fontame no pretenden contar historias verdade-


ras, tanto mas cuanto que suelen hacer hablar a los animales Por eso son mitos, en
el sentido etimológico del termino, puesto que se denominaban mythos las fábulas
de Esopo, el predecesor griego de La Fontaine Pero la fábula pretende ofrecer una
enseñanza sobre un aspecto del comportamiento de los hombres y advertir sobre lo
justo y lo injusto Empieza -o termina- con una moraleja “La razón del mas fuerte es
siempre la mejor, como enseguida vamos a mostrar” Así comienza la celebre fábula
del lobo y el cordero Y la del cuervo y el zorro termina así “Sabed que todo adulador
vive a expensas de quien lo escucha”.

Hay pues una verdad de la fábula o del mito, pero esta verdad pertenece al or-
den de la enseñanza moral y social. Un relato imaginario puede ser también porta-
dor de una verdad religiosa. Porque en los relatos del comienzo pasamos de la mo-
ral a la religión. El término de mito ha venido así a designar los relatos concernien-
tes a “la historia de los hechos de los seres sobrenaturales”, según Mircea Eliade,
gran especialista de la ciencia de las religiones. Se trata de una historia sagrada,
que da cuenta del origen de las cosas y es portadora de un sentido global del mun-
do que el creyente rememora por medio de celebraciones y ritos. En este marco es
en el que hay que interrogar los relatos bíblicos del comienzo.

La naturaleza de los relatos bíblicos del comienzo

¿Son “mitos” de este orden los relatos de la creación y de la caída que hay en la
Biblia? Fundamentalmente sí: recogen la intervención libre de Dios en el comienzo
absoluto del mundo, con un acto de creación; son reveladores de un “proyecto” de
Dios para este mundo. Dan así un sentido a la vida de los hombres. Evidentemente,
no son relatos históricos en el sentido propio del término, ya que pretenden contar
lo que ningún espectador pudo ver. Por otra parte, el modelado del hombre con
barro, la presencia de dos árboles y de cuatro ríos, la serpiente tentadora, son ras-
gos míticos presentes en los relatos mesopotámicos. El relato bíblico está marcado
claramente por el contexto religioso de la época en que se elaboró. Por tanto, no
hay que buscar nada en estos relatos desde el punto de vista de la historia de los
acontecimientos. Pero sí, y mucho, respecto de su significación. Se habla a propó-
sito de ellos de un “género literario” original.

El mito tiene como carácter general el inscribirse en un tiempo convencional, que


no tiene nada que ver con el tiempo cósmico real. Es el tiempo del “Érase una
vez...”, de nuestros cuentos de niños. Eso es lo que ocurre en el Génesis. Igual-
mente, el tiempo de la creación está vinculado a un lugar, el “paraíso”, del que el
hombre y la mujer serán expulsados tras la caída. En nombre incluso de la solidari-
47

dad espacio-temporal, se puede decir que si el tiempo es mítico, el lugar lo es tam-


bién.

Dicho esto, que es esencial, hay que advertir también que los “mitos bíblicos”
tienen caracteres muy particulares que marcan su originalidad y los destacan en
parte del marco general de los mitos antiguos. Así, pasan sin darse cuenta del
tiempo convencional a nuestro tiempo concreto, y no dejan de estar vinculados a la
ciencia de su tiempo.

El tiempo originario convencional continuará, en efecto, después de los relatos


del comienzo sin ninguna indicación de discontinuidad. Los once primeros capítulos
del Génesis cuentan la historia de los inicios de la humanidad situándola en un
tiempo convencional, pero sin señalar ningún corte cuando el curso del tiempo llega
finalmente hasta los tiempos del redactor. Adán y Eva tienen hijos, la tierra se pue-
bla, etc. Estos relatos, sin duda, están impregnados de rasgos míticos (el diluvio, la
torre de Babel). Pero conducen progresivamente a la historia, a la de Abrahán y los
patriarcas, y luego a la de la constitución del pueblo elegido con Moisés. No hay
ruptura de la continuidad desde el Génesis hasta los libros de los Reyes de Israel y
de Judá, claramente situados en la historia.

El relato del Génesis tenía igualmente en su tiempo una pretensión que podría-
mos llamar “proto-científica”. Porque hoy se sostiene que la redacción de este relato
estuvo influida por el sistema cosmológico babilonio, fruto de una cultura “que dis-
ponía de medios de observación elaborados, especialmente de los astros, y resol-
vía operaciones matemáticas de tercer grado”57. Génesis 1-3 en particular mencio-
na los diferentes elementos del mundo tal como se presentaban; el texto tenía la
función de dar cuenta de las razones y de las causas explicando por qué el mundo
es lo que es, y está compuesto de la manera que lo está, habitado por los hombres
tal como son. Es lo que se llama una explicación “etiológica” (de la palabra griega
aitia, que significa “causa”).

El relato bíblico de los orígenes, tal como era leído, llenó en efecto la laguna
científica de la humanidad hasta los tiempos modernos. Mientras no se supo nada
científicamente acerca de los orígenes, se consideró sin más que estos relatos te-
nían un alcance empírico, es decir, que las cosas que contaban habían ocurrido tal
como se contaban. Esta actitud era tan espontánea que ni siquiera se cuestiona-
ba58.

Un especialista en estas cuestiones, Pierre Gibert, concluye que los relatos bíbli-
cos de los orígenes son relatos mixtos, míticos por cierto número de rasgos, pero
también relatos que tienen la pretensión de dar sentido al comienzo de una historia
unificada que llega hasta nuestros días. En este sentido, son portadores ya de una
primera desmitización (o desmitologiza-ción), por usar el término difundido por el
exégeta y teólogo luterano Rudolf Bultmann (1884-1976). Expresan ya el paso del
mito, o del cuento, a la historia.

Los relatos del comienzo no deberían pues ser ya problema, ni para el no cre-
yente ni para el creyente. El primero puede apreciarlos y juzgarlos en función de su
57 P GIBERT, Bible, mythes et réats de commencement, Seuil, París 1986, 64.
58 Cuando el discurso científico empezó a enunciar algunas conclusiones sobre el comienzo del
mundo, no podía sino entrar en conflicto con la mentalidad pseudo-científica que consideraba los
relatos bíblicos como de primer grado. La Iglesia católica se dejó atrapar durante demasiado tiem-
po en esta trampa. Mantenía, con razón, la enseñanza religiosa de estos relatos, pero pensaba
que su realidad empírica era necesaria para la salvaguardia de esta enseñanza. De este modo, dio
lugar a toda una serie de interpretaciones que se llamaron “concordistas” porque querían armoni-
zar los datos de la ciencia nueva con las enseñanzas bíblicas.
48

intención y de su género literario. El segundo queda liberado de todo malestar y


angustia ante la aparente contradicción entre ciencia y fe. Puede asimismo estar
seguro de que está en consonancia con la postura de la Iglesia.

Por ejemplo, se decía que los seis días de la creación podían corresponder a las
eras geológicas de la formación de nuestro planeta. Se trataba evidentemente de
un camino que no conducía a ninguna parte. El farmacéutico Homais, de la novela
de Flaubert Madame Bovary, podía burlarse de la historia de Jonás, que estuvo tres
días en el vientre de la ballena: ignoraba simplemente que el libro de Jonás es un
cuento, como también, por ejemplo, el libro de Job. Pero en esta época, sin duda,
no había nadie para contarlo. Hoy, a excepción de raras confesiones protestantes,
este punto está bien claro. Por parte católica, la encíclica de Pío XII de 1943 (Divino
afilante Spiritu) liberó a los historiadores y a los exégetas reconociendo la realidad y
el valor de los diferentes géneros literarios.

¿Mitos científicos?

Recurrir a los relatos es un procedimiento tan profundamente arraigado en el es-


píritu del hombre, que los investigadores científicos especialistas en el comienzo
del mundo exponen los resultados de sus investigaciones en forma de un argumen-
to que tiene todo el carácter de una historia y que a veces hace incluso alusión a
los textos bíblicos. El físico Steven Weinberg, premio Nobel en 1979, cuenta en su
libro Los tres primeros minutos del universo59 “Al comienzo, hubo una explosión. No
una explosión como las que se pueden ver en la tierra, que parten de un centro
determinado y se extienden englobando un volumen cada vez mayor del aire cir-
cundante, sino una explosión que tuvo lugar en todas partes simultáneamente,
ocupando todo el espacio desde el principio, cada partícula huyendo de todas las
demás (...).

Después de una centésima de segundo aproximadamente, el momento más an-


tiguo del que podemos hablar con una cierta segundad, la temperatura del universo
se elevaba a cerca de cien mil millones de grados Celsius (...).

El universo en fin estaba lleno de luz (...)”60.

¿Cómo no pensar en el comienzo del Génesis, es decir, en el comienzo de toda


la Biblia: “Al principio Dios creó el cielo y la tierra” (Gen 1,1)? El científico trata aquí
de reconstruir el acontecimiento primordial. A partir de ahí, inicia inevitablemente un
relato temporal, evocado por la “centésima de segundo aproximadamente”. Ahora
bien, este “relato” está fundado en el aprovechamiento de datos matemáticos y as-
tronómicos no representables. Si el autor actúa así, es porque es un hombre situa-
do en el tiempo y no puede actuar de otro modo desde el momento en que preten-
de responder a cuestiones que se plantea como hombre Pero está haciendo lo
mismo que el redactor del Génesis. Por eso se ha podido hablar a este respecto de
“mitos científicos” del comienzo. No se trata evidente mente de criticar la competen-
cia científica de Weinberg, aunque sin duda otras teorías más recientes han llevado
a precisar o corregir algunas de sus afirmaciones. No se trata tampoco de hacer un
concordismo barato sobre la base de esta coincidencia entre el Génesis y Wein-
berg. Lo que interesa subrayar es la necesidad ineludible del hombre de pasar por
el relato. Y hasta el investigador más especializado se plantea siempre la cuestión
del valor y la pertinencia de sus resultados de cara a la realidad. Es perfectamente
consciente de que pasa por representaciones para expresar lo inexpresable. “Es la

59 S W EINBERG, Les trois premieres minutes de l'umvers, Seuil, París 1978 (trad esp , Los tres prime-
ros minutos del universo, Alianza, Madrid 199412), citado por P GIBERT, o c , 58.
60 P GIBERT, O C , 58-59.
49

cuestión del parentesco entre el espíritu mítico y el espíritu científico la que hay que
plantear aquí, a riesgo de chocar una vez más con los científicos”61.

El fin de los tiempos

Lo dicho del comienzo vale también para el fin. A la hora de hablar del fin, no
disponemos, como es evidente, de ninguna representación. El fin de los tiempos no
está ahí, y los científicos discuten para saber si el tiempo puede y debe tener un fin.
Hablando en términos humanos, la Biblia propone argumentos algo convencionales
y que tienen una dimensión mítica. Pero, al igual que con el principio, articula estos
argumentos al final de la historia humana y del mundo. No los sitúa en un más allá,
sino en nuestro aquí espacio-temporal. Se trata del “punto omega” de la historia,
momento en el que Dios interviene con todo su poder para transformar nuestro
mundo en otro mundo de bienaventuranza y de paz. Estos argumentos y escenifi-
caciones son muy difíciles de entender para nosotros, ya que tienen una dimensión
apocalíptica y describen una serie de calamidades que se abaten sobre la humani-
dad, con un juicio al final. Es pues necesaria mucha agudeza para “descodificar-
los”62.

El Absoluto interviniendo en la historia las teofanías

Pero la Biblia nos describe también la intervención de Dios en el tiempo de la his-


toria Ya en el Antiguo Testamento, Dios interviene a menudo en favor de su pueblo
por medio de palabras y obras Pero, ¿como transmitir palabras atribuidas a Dios
Por supuesto, se trata siempre de palabras humanas, comprensibles para los hom-
bres Hay por tanto códigos de lenguaje que indican que tales o cuales palabras son
atribuidas a Dios El mas frecuente es el de la teofanía (es decir, la manifestación de
Dios).

Hay una serie de rasgos que caracterizan la teofanía como lenguaje Están toma-
dos del mundo de representaciones de la época de los redactores y tienen por obje-
tivo evocar al mismo tiempo la trascendencia de Dios respecto de la naturaleza, de
la que es señor, como un organista que sabe extraer del órgano los acordes
deseados, y su proximidad al hombre, al que hace su interlocutor.

En las teofanías hay truenos y tormentas, o por el contrario el murmullo de una


brisa suave, una nube que cubre un lugar o un santuario, un estremecimiento de la
naturaleza, la presencia de ángeles, la aparición de Dios en fin, sea en forma de
una voz solo, sea en forma de una figura humana misteriosa, mas o menos revesti-
da de gloria La teofanía mas importante del Antiguo Testamento es evidentemente
la del Sinaí, en la cual Moisés recibe las tablas de la Ley En ella se muestra que la
trascendencia absoluta de Dios no es incompatible con el encuentro y el verdadero
dialogo con los hombres.

El Nuevo Testamento tiene también sus teofanías. Los ángeles en el cielo anun-
cian el nacimiento de Jesús de manera gloriosa La voz de Dios resuena en el mo-
mento del bautismo de Jesús, autentificando su misión delante de los hombres La
misma voz se deja oír también en el momento de la transfiguración, con el signo de
la nube El temblor de tierra que acompaña a la muerte de Jesús en Mateo es un
signo de tipo teofánico.

61 Ib , 64.
62 “Sobre esta decodificación” , cf infra, pp 607-609 y 613-615.
50

La teofanía de la resurrección de Jesús

El signo teofánico esencial relativo a Jesús se da al término de su existencia por


la resurrección63, signo de su victoria definitiva sobre la muerte y confirmación por
Dios de la autenticidad de su misión. Con la resurrección de Jesús estamos, en
efecto, en el cruce mismo de lo trascendente divino con nuestra realidad espacio-
temporal humana. Observemos en primer lugar que la resurrección de Jesús en sí
misma no es objeto de ninguna descripción ni de ningún relato. Es objeto sólo de
una afirmación, desprovista de todo término técnico. Las dos palabras de las que se
sirve el Nuevo Testamento para referirse a ella son metáforas: las de despertarse y
levantarse, es decir, ponerse de pie. En nuestro mundo imaginario, el sueño es
considerado como hermano de la muerte. En él en efecto estamos tumbados y no
nos comunicamos con los otros. El despertar es pues un retorno a la vida, de la que
vuelven todos los signos. Ocurre lo mismo con el hecho de ponerse de pie, de
abandonar la posición tumbada, después de una enfermedad, y de reanudar las
actividades. No hay nada más difícil que encontrar un lenguaje que no sea dema-
siado inadecuado para expresar una realidad que no se ha producido más que una
vez a lo largo de la historia.

Los signos teofánicos de la resurrección son en cierto modo colaterales: presen-


cia de ángeles en el sepulcro vacío anunciando a las mujeres el mensaje, luego
apariciones de Jesús a sus discípulos en formas que subrayan la trascendencia de
su nueva condición con respecto al espacio y al tiempo. Su ascensión es la teofanía
final del ciclo de las apariciones.

Estos signos y manifestaciones de Jesús vivo después de la crucifixión, transmi-


tidos por testigos, tienen una importancia capital para hacernos comprender no sólo
lo que ocurre, sino también el sentido de este acontecimiento único. El caso no es
comparable con el del comienzo y el fin de los tiempos. Nos encontramos en el cur-
so de la historia y hay ciertas referencias históricas accesibles. Sin embargo, la na-
turaleza misma de la resurrección se nos escapa, ya que se presenta como un pa-
so de nuestro mundo al mundo de Dios Esta es la paradoja- tenemos que hablar de
ella con los recursos de nuestro lenguaje, pero somos incapaces de definirla. Po-
demos decir lo que no es, pero no podemos decir positivamente lo que es Eviden-
temente, el problema del lenguaje no es la dificultad mayor que plantea la resurrec-
ción a nuestra fe Pero es inseparable de ella.

El Absoluto presente en el corazón de la historia Jesús

Con Jesús estamos en presencia de un mas allá de la teofanía, o de una teofa-


nía excepcional, que dura la vida entera de un hombre, porque Jesús proclama - “El
que me ha visto a mi, ha visto al Padre” (Jn 14,9) Se nos anuncia en efecto que
Dios mismo en la persona de su Hijo se ha hecho hombre, y que este hombre, Je-
sús, ha compartido en todo y por todo, sin restricciones, la condición humana. Se
trata de una afirmación totalmente paradójica, teniendo en cuenta lo que significan
los términos “Dios” y “hombre” Aquí el modo de revelación de Dios pasa por un su-
jeto humano.

Contemplando la conducta y escuchando la palabra de Jesús, descubriendo la


excepcional concordancia entre una y otra, se nos invita a reconocer la acción y la
palabra de Dios mismo Tal es la pedagogía de la encarnación, sobre la que habre-
mos de volver con detenimiento Se entiende que sea sin duda la realidad más difícil
de admitir de todo el cristianismo. Si la menciono aquí es sólo para mostrar hasta
63 Solo nos ocupamos aquí de la resurrección por lo que respecta al lenguaje, volveremos a ocupar-
nos de ella en cuanto tal en el capitulo14, infra pp 349-379.
51

dónde llega el deseo de Dios de comunicarse con nosotros por medio de un len-
guaje auténticamente humano.

Lo específico de esta manifestación de Dios está en apelar relativamente poco a


los signos divinos. No obstante, era inevitable que algunos signos propiamente divi-
nos se ofrecieran como confirmación por parte de Dios de la autenticidad de la mi-
sión de su enviado. Pero vienen como complemento de la revelación de Jesús, rea-
lizada según el lenguaje de la existencia humana Ya nos hemos encontrado con
ellos, en particular el signo capital de la resurrección

III.- LENGUAJE RELIGIOSO Y LENGUAJE UNIVERSAL

He evocado aquí el difícil problema de un lenguaje humano y limitado que, no


obstante, tiene que hablar del Absoluto, de lo Ilimitado, en definitiva, de Dios y de
sus intervenciones en la historia. Pero he dejado de lado otro problema, menos te-
rrible aparentemente y sin embargo muy complejo el de la diversidad de las cultu-
ras y la universalidad del lenguaje religioso. Todo lenguaje es inevitablemente par-
ticular, se inscribe en el tiempo y el espacio de una historia y de una cultura, a pe-
sar de lo cual el lenguaje religioso que habla de Dios pretende dirigirse a todos.
Tiene una pretensión universal y, en principio, debe ser comprensible para todos.

El lenguaje, vehículo de una comunicación universal

Este punto es hoy objeto de múltiples debates Algunos llegan a decir incluso que
las culturas son hasta tal punto herméticas unas respecto de otras, que ciertos con-
ceptos elaborados por unas son totalmente incomprensibles para otras Tal afirma-
ción equivaldría a decir que en la tierra hay dos o mas categorías de hombres, que,
en definitiva, son tan diferentes que no pueden comunicarse entre si acerca de lo
esencial, es decir, sobre el sentido de su vida Esta idea es rechazada por el hecho
de que, a pesar de las profundas diferencias culturales, todos nos comunicamos
sobre la faz del planeta, aun cuando no hablemos la misma lengua Las culturas se
comunican entre si y, hasta cierto punto, pueden llegar a mezclarse. Los campos de
la política, la economía y la ciencia son un ejemplo palpable de la capacidad de
todos los hombres para comunicarse sin fronteras. En todo el mundo nos servimos
de los mismos ordenadores y a través de ellos nos comunicamos.

Por lo que respecta a la cultura, todo es traducible de manera más o menos labo-
riosa, y así vemos como muchos japoneses o chinos se convierten en especialistas
en literaturas o artes europeas. La investigación filosófica puede también comuni-
carse de una cultura a otra. No se ve entonces por que, en el terreno religioso, ten-
ga que haber fronteras infranqueables, dado que la condición humana es la misma
para todos. Si algún día llegan a aparecer extraterrestres, el único verdadero pro-
blema será saber si podemos comunicarnos con ellos. Si es así, podremos decir
que son verdaderamente hombres, aunque tengan una antena en la nariz.

Culturas particulares y alcance universal

Una vez asentado esto, es menester reconocer el peso de la diversidad de las


culturas, de la cual la multiplicidad lingüística es un aspecto esencial. La sintaxis
varía de unas lenguas a otras. El uso de los tiempos gramaticales remite a concep-
ciones diferentes del tiempo. La fijación de la realidad por medio de las palabras no
siempre se corresponde. El juego de los sinónimos y de los homónimos, “delfín*
puede designar tanto al hijo del rey como a un mamífero marino) es diferente, lo que
hace que los juegos de palabras sean directamente intraducibles. Una lengua dis-
pondrá de un término preciso para designar una idea que faltara totalmente en otra.
52

En ingles, por ejemplo, hay una misma palabra para decir “consejo” y “concilio”:
councü; sólo el contexto disipa la ambigüedad O bien la misma idea se expresa por
medio de contrarios.

Por ejemplo, los alemanes, en lo tocante a los transformadores eléctricos, usan


la advertencia Lebensgefahr (“peligro de vida”), es decir, peligro para la vida, donde
nosotros dinamos “peligro de muerte”. El lenguaje es aparentemente contrario y, sin
embargo, la idea es la misma. Asimismo, el funcionamiento de los artículos es pro-
pio en cada lengua, habiendo algunas en las que ni siquiera existen los artículos.
Se podrían multiplicar las observaciones de este tipo. Las lenguas humanas se han
ido constituyendo con una infinidad de particularidades. Pero siempre mantienen un
alcance universal, es decir, que lo que yo digo hoy aquí ha de poder ser entendido
siempre y en todas partes.

De esto no se sigue, sin embargo, que la manera que tengo de decirlo, las pala-
bras de las que me sirvo, sean verdaderamente capaces de transmitir mi idea
siempre y en todas partes El problema de la “traducción”, no sólo de la traducción
de una lengua a otra, sino también de la transposición cultural de un universo de
significación a otro, resulta por tanto esencial.

La transmisión de la fe: el lenguaje de la Biblia

Ocurre exactamente así en lo que concierne al lenguaje religioso y la transmisión


de la fe. Todo movimiento religioso parte de un lugar y un tiempo, y se encuentra
condicionado por su lenguaje original. La Biblia usa el lenguaje de los pueblos anti-
guos de la cuenca mediterránea. Es expresión de un mundo cultural muy concreto:
el de los antiguos hebreos. De ahí nuestra dificultad para entender ciertos términos,
ciertas ideas y representaciones, ciertas maneras de hablar también. Este es el
origen de las dificultades de interpretación de los textos bíblicos. Es manifiesto que
no nos encontramos en el mismo nivel. Esto explica que, para desentrañar el senti-
do de los textos, los intérpretes (los “exégetas”) hayan tenido que desarrollar un
trabajo gigantesco, tanto dentro como fuera de la Iglesia. Esto se refiere al Antiguo
y al Nuevo Testamento. ¡Cuántos textos evangélicos o pasajes de las cartas de
Pablo parecen oscuros en una primera lectura! Esa es la razón de que la lectura
bíblica en las iglesias vaya normalmente acompañada por un comentario, cuya fina-
lidad es explicar el sentido del pasaje. El comentario traduce el texto en términos
actuales.

Esto no facilita las cosas. Pero, ¿cómo hacer si no? El “profeta”, es decir, el que
cree deber comunicar a sus hermanos una experiencia de Dios, no puede escapar
a esta ley. Jesús tampoco escapa a ella: habla en la lengua y según el lenguaje de
sus contemporáneos. Hasta cierto punto tenemos que atenernos a las palabras que
él empleó, porque toda traducción corre el riesgo de dejar escapar parte del senti-
do. Las traducciones son absolutamente necesarias; pero deben ser continuamente
confrontadas con el original.

Hemos visto que el lenguaje religioso reposaba sobre una transposición del len-
guaje de nuestra existencia corriente y finita. Esto concierne evidentemente a la
Biblia. Pero esta efectúa otra transposición: retoma los términos clave del lenguaje
religioso de su tiempo, pero en muchos casos inyecta en estas palabras un sentido
nuevo en virtud de la originalidad propia de la revelación judía y cristiana. La reve-
lación de Dios, como se ha dicho, no puede expresarse sino en términos humanos,
pero no encuentra ya hechas las palabras necesarias.
53

Por eso adopta las palabras clásicas pero modifica, yo diría que “convierte”, su
sentido. La Biblia habla de sacrificio; pero el término es objeto de una verdadera
conversión y de una espiritualización que lo purifica de connotaciones inaceptables,
en particular cuando se afirma que la muerte de Jesús fue un “sacrificio”16. El grave
peligro está aquí en tomar las palabras, no ya en su sentido bíblico, sino en el de los
arquetipos no convertidos que se encuentran en nuestra mentalidad.

Entre los textos bíblicos y nuestra mentalidad actual sigue habiendo una gran
distancia cultural. Todavía tenemos que reconocer que Jerusalén y Atenas son los
orígenes de la cultura que hemos heredado. Muy distinto es lo que ocurre con un
indio, un chino o un japonés, por no poner más que ejemplos asiáticos. El problema
de la “traducción” del mensaje cristiano a sus usos se hace entonces infinitamente
más complejo.

Lenguaje de la Biblia y lenguaje de la Iglesia

Pero al lado del lenguaje de la Biblia está el de la Iglesia. Ambos lenguajes distan
mucho de ser idénticos. En realidad, el lenguaje de la Iglesia es fruto de una prime-
ra traducción de las lenguas hebrea y semita a la lengua griega y, más tarde, latina.
Es sabido que la gran expansión del cristianismo tuvo lugar en el mundo mediterrá-
neo, griego y latino. Es algo que se observa ya desde la redacción del Nuevo Tes-
tamento, que se hizo en griego y no en hebreo; en él vemos rasgos de la cultura
griega que se introducen en un pensamiento de tipo judío. Con el tiempo, los paga-
nos convertidos al cristianismo serán infinitamente más numerosos que los cristia-
nos procedentes del judaísmo. Y espontáneamente tratarán de “traducir” a su cultu-
ra y a su lengua las grandes afirmaciones de la fe cristiana.

Este movimiento cristalizara a lo largo de los siglos IV y V con la reunión de los


primeros grandes concilios El problema será entonces encontrar los términos grie-
gos capaces de “traducir” exactamente la afirmación bíblica de que Jesús es Señor
e “Hijo de Dios” Porque toda traducción es una interpretación, y había vanas tra-
ducciones en pugna La afirmación cristiana de la encarnación planteaba dificulta-
des a la razón filosófica griega Al hacerla entrar en los esquemas griegos, había
vanas maneras de entenderla64.

Es lo que ocurría con la interpretación de la fe Pero una vez mas, tampoco había
aquí un termino hecho que permitiera expresar con exactitud la afirmación cristiana
Solo a través de un largo combate en torno al lenguaje se fueron elaborando pro-
gresivamente los términos necesarios, siendo luego confirmados por la autoridad
de los concilios El empleo de tales términos conllevaba inevitablemente el rechazo
de otras interpretaciones que suponían una grave merma en la significación de las
palabras originales Estos combates, que no siempre fueron ejemplares, porque los
hombres siguen siendo siempre hombres, adquieren todo su sentido cuando se ve
como a través de ellos se iba imponiendo una justa interpretación de la fe cristiana.

64 Pongamos un ejemplo de un terreno completamente diferente la famosa resolución 242 de la ONU


afirma que el Estado de Israel ha de poder gozar de “fronteras justas y reconocidas” El texto redac-
tado en ingles, no contiene ningún articulo, ni indefinido ni definido Por lo que son posibles dos in-
terpretaciones la de los palestinos, que consideran que estas fronteras han de establecerse por
medio de negociaciones y la de los israelíes para los que las fronteras ya establecidas no deben
cuestionarse y constituyen “las” fronteras justas ¿Cual era el sentido que los redactores querían
dar a la resolución7 Es un punto continuamente discutido He aquí como la falta de un simple articu-
lo puede dar lugar a un grave contencioso político prolongado durante décadas Basilio de Cesárea
decía ya en el siglo IV que las palabras mas pequeñas del lenguaje pueden tener las consecuen-
cias mas graves.
54

En cierto modo las grandes declaraciones conciliares son un “es decir” con rela-
ción a las afirmaciones bíblicas Cuando uno dice “es decir” en el curso de una con-
versación, no pretende afirmar nada nuevo, sino retomar la misma idea expresán-
dola con otras palabras, o sea, “traduciéndola” para hacerla mas clara Las primeras
declaraciones conciliares revelan la intención de poner en correspondencia la afir-
mación bíblica o evangélica con las expresiones tomadas del lenguaje griego, y
luego latino, para decir lo mismo.

El problema de la inculturación

Este paso a la cultura griega fue el primer acto de lo que hoy se llama la incultu-
ración La inculturación es el lento proceso por el que una nueva cultura hace suyo y
se apropia el mensaje cristiano, expresándolo con sus propias palabras, viviéndolo
en el contexto de sus propias costumbres, creando una liturgia adaptada a su tem-
peramento y a sus tradiciones artísticas, etc. Esta inculturación, por lo demás, no
puede realizarse sin una cierta forma de “conversión” que le permita abrirse a los
datos nuevos del cristianismo El lenguaje elaborado por la Iglesia de los primeros
siglos fue la primera inculturación del mensaje cristiano, en el mundo griego primero
y luego en el mundo latino, quizás la única verdaderamente lograda.

Aquí esta sin duda la fuente del malestar actual en relación con el lenguaje de la
fe A lo largo de las distintas épocas, y sobre todo desde los tiempos modernos, el
esfuerzo de actualización y de modernización del lenguaje cristiano ha sido insufi-
ciente No ha seguido suficientemente la evolución de la civilización Las palabras de
las que este se sirve se han visto marginadas, perdiendo su conexión real con el
lenguaje corriente, que se desarrollaba en otras direcciones Insensiblemente, las
cosas de la fe se han ido haciendo extrañas a nuestro mundo, porque se han apar-
tado de su lenguaje, si bien este a veces se remite al lenguaje religioso a propósito
de realidades profanas, para bien o para mal.

A un libro pretendidamente fundamental en un campo se le llamara “la biblia de “


A una disposición de apertura espiritual se la llamara actitud “ecuménica” La pala-
bra “dogma” evocara un a priori ideológico cuya discusión es inadmisible para sus
partidarios Una disputa teórica y sin interés, empeñada en partir un pelo por la mi-
tad y que parece sin sentido, será tachada de disquisición “teológica”. Pero todas
estas expresiones apenas contienen ya nada del sentido cristiano de estos térmi-
nos.

El caso es aún más delicado en virtud de las consecuencias de los dos grandes
movimientos misioneros del mundo cristiano en los siglos XVI y XIX. Se exportó
espontáneamente el modelo cultural occidental y su vocabulario a regiones en las
que se trataba de implantar la fe y de edificar de nuevo la Iglesia. La cuestión de la
apertura cultural se planteó ciertamente en algunos lugares, por ejemplo en el siglo
XVII con la cuestión de saber si ciertos ritos, en particular funerarios, practicados
por los chinos o los hindúes eran o no compatibles con el cristianismo.

En la mayoría de los casos se resolvió de manera demasiado negativa. Esa es la


razón de que la Iglesia se enfrente hoy, en un ámbito mundial, en los países de
vieja civilización cristiana, y más aún en las Iglesias de los antiguos países de mi-
sión, con tremendos problemas de inculturación que afectan a las afirmaciones más
fundamentales de la fe.
55

“CREO EN DIOS PADRE”

Preámbulo

Abordemos ahora el primer “artículo” del credo y entremos en lo que es el objeto


de la fe del creyente. Este objeto es propuesto como una buena noticia para el hom-
bre. Se le anuncia que ese Dios por el que no puede dejar de preguntarse, no sólo
existe, sino que además y sobre todo se interesa por él. Es un Dios para el hombre.
El hombre existe por Dios, como el niño existe por sus padres. No es un rival, como
suspicazmente tiende a pensar nuestra cultura. Uno de los grandes resortes del
ateísmo contemporáneo se inscribe en un esquema de rivalidad: “No hay lugar para
dos. O Dios o el hombre. Si Dios existe, el hombre no es nada. Si Dios no existe,
entonces soy libre. Si el hombre existe de verdad y libremente, entonces no hay lu-
gar para Dios”.

Muy al contrario, la fe cristiana nos presenta a un Dios “filántropo”, es decir, a un


Dios que ha creado al hombre por amor dentro de un designio muy concreto, “para
tener a alguien a quien comunicar sus bienes” (Ireneo). Un Dios que ha creado al
hombre para poder comunicarse personalmente con él. Porque desea “hacer alian-
za” y relacionarse con el hombre en una fidelidad que él mismo compara con un
matrimonio por amor. Esta comunicación pasa por la palabra y la acción de Dios en
la historia, fruto de su iniciativa. Nuestro credo se presenta como una respuesta a
esta iniciativa.

Estas afirmaciones, que algún lector podrá encontrar piadosas, idealistas y abs-
tractas, suscitan inmediatamente un gran número de objeciones. El terreno parece
particularmente minado. En cada uno de los capítulos de esta segunda parte empe-
zaremos por enumerar los principales obstáculos a la fe cristiana, antes de exponer
lo que esta dice.

No volveremos sobre las pruebas de la existencia de Dios porque lo esencial a


este respecto ya se ha dicho y el verdadero problema, en definitiva, se encuentra
en otra parte, como ya anteriormente presentimos. La primera cuestión que nos
plantearemos será la relativa a la imagen que nos hacemos de Dios y a la imagen
que él nos revela de sí. Dios se presenta a nosotros como un padre, y no como el
presidente de un tribunal, ni como un Dios vengativo, que no deja de prohibir y san-
cionar, en definitiva, como un Dios violento y que da miedo. ¿Cómo convertir una
imagen degradada de Dios, que quizá esté profundamente arraigada en nosotros,
tanto si somos creyentes como si no? (ce. 4 y 5).

Dios se presentará a continuación como creador; tal es, por lo demás, el orden
que sigue el credo. La Biblia nos dice que Dios creó el universo entero y que vio
que “era muy bueno”. Aquí puede haber cuestiones científicas que presenten obs-
táculos a la cuestión religiosa. Conviene poner un poco de claridad en el asunto y
discernir lo que corresponde a la ciencia y lo que pertenece a la fe (c. 6). La refle-
xión anterior relativa al lenguaje sobre los comienzos nos ha adentrado ya por este
camino.

Otra cuestión es la de saber si Dios puede hablarle al hombre, dialogar con él e


intervenir en su historia. ¿Qué sentido puede tener tal afirmación sabiendo que uno
no encuentra a Dios como a un amigo por la calle y que la experiencia de Dios pasa
por otros canales? Usando los términos cristianos clásicos, diríamos que es la reve-
lación la que está en cuestión. ¿Puede Dios revelar al hombre algo de su propio
misterio? (c. 7).
56

Pero, ¿cómo creer que todo eso pueda ser verdad, que el mundo pueda ser
“bueno”, ante la inmensidad del mal en el mundo? El problema del mal es sin duda
el obstáculo más grave de toda fe en Dios. Esta objeción ha adquirido recientemen-
te una fuerza excepcional ante los horrores del siglo XX: guerras mundiales, geno-
cidios “diversos”, si se puede utilizar expresión tan trivial para una realidad tan trá-
gica. ¿Dónde está Dios en todo esto? Si Dios existe, ¿cómo puede permitir tales
cosas? ¿Acaso es un eterno Nerón? Un tema difundido hoy es el de “pensar a Dios
después de Auschwitz” -Auschwitz como símbolo de todos los horrores- (ce. 8 y 9).

CAPÍTULO 4: Dios y sus imágenes en nuestro tiempo

Muchos de nuestros contemporáneos no se encuentran cómodos con Dios. So-


mos los herederos del gran movimiento hacia el ateísmo que ha recorrido los tiem-
pos modernos. Hoy el ateísmo no es ya virulento, como pudo serlo a comienzos del
siglo XX, ni siquiera triunfante, como a mediados del mismo. Pero sigue estando
ahí, en formas más modestas, y se transforma en olvido y en ausencia. Creyentes o
no, todos estamos impregnados en alguna medida de agnosticismo. Algunos han
tomado partido de una forma en apariencia sosegada; pero en otros Dios sigue
presente como un fondo de inquietud.

Se prolonga así un contencioso permanente entre Dios y los hombres. La Biblia


nos dice que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza. Voltaire contesta: “El
hombre se lo ha devuelto bien”. La humorada encierra una buena parte de verdad.
Nuestras imágenes de Dios no son inocentes. Espontáneamente nos hacemos de
Dios una imagen caricaturesca que, por contraste, nos permita rechazarla.

Tratemos de analizar estos fenómenos de rechazo, de ausencia o de proyección


(en este capítulo) antes de abrirnos al Dios que la revelación cristiana nos propone,
que es un Dios auténticamente padre (c. 5). Pero este mismo término es ya objeto de
contienda debido a las distintas “imágenes de padre” presentes en nuestra cultura.

I.- MODERNIDAD Y POSMODERNIDAD

¿Qué es la “modernidad”? Es un cierto clima que se ha instaurado en la cultura


europea desde la segunda mitad del siglo XVII. Se caracteriza por un cambio en los
espíritus que modifica el modo que tiene el hombre de comprenderse dentro del
mundo y ante Dios. El hombre reivindica desde entonces su autonomía. La filosofía
se emancipa de la teología, primero con Descartes (1596-1650), luego, de manera
más radical, con la filosofía Ilustrada en el siglo XVIII. El hombre se siente desde
entonces “mayor” delante de Dios. Hace la experiencia de esta autonomía a través
de una serie de descubrimientos científicos y técnicos, con los que toma conciencia
de su eficiencia y de su dominio sobre la naturaleza. En relación con esta, se siente
liberado de todo temor religioso o mágico. El movimiento se acelera a lo largo del
siglo XIX, para alcanzar en el XX una velocidad vertiginosa. Se produce así una
verdadera “revolución industrial” que transforma profundamente el estado de la so-
ciedad tradicional. La autonomía se traduce entonces en individualismo.

La reivindicación de autonomía se hace también política. Los pueblos reclaman


libertad e instauran regímenes democráticos. Fue la época de las grandes ideolo-
gías filosóficas, luego políticas, que prometían un futuro resplandeciente. La mo-
dernidad se había hecho triunfante. Ante los progresos inauditos de la ciencia y de
la técnica, y también ante los desarrollos de la reflexión racional, se podía vislum-
brar un porvenir radiante. El “cientifismo” anunciaba que el hombre podría resolver
todos sus problemas gracias a la ciencia y a la técnica. Pero las transformaciones
de la vida social encontraban al mismo tiempo en las conciencias la resistencia de
57

los comportamientos tradicionales. Se quería y se rechazaba el cambio simultá-


neamente.

Este gran movimiento es también el del avance de la secularización. La cuestión


de Dios se hace cada vez más problemática. Se observa ya en el siglo XVII una
primera manifestación cultural de ateísmo con los “libertinos”. Este ateísmo se
desarrollará en los siglos sucesivos, con el tema de “la muer te de Dios” y el surgi-
miento de numerosos conflictos entre la razón y la fe La religión acabará siendo
considerada como una actitud humana todavía infantil y, por tanto, superada.

El siglo XX nació bajo el signo de la modernidad. Pero ha conocido dos guerras


mundiales. Nuestras sociedades toman conciencia de que son impotentes ante la
violencia que anida en ellas, violencia siempre presente en ciertos conflictos heredi-
tarios. Hemos asistido al gran declive de las ideologías políticas y a la caída de los
regímenes comunistas. La ciencia ha mostrado que, por sí sola, no puede resolver
todos los problemas del ser humano. Los hombres se sienten atemorizados ante su
incapacidad para orientar hacia el bien común unos intercambios económicos cada
vez más mundializados. El crecimiento de la riqueza económica va acompañado
por el aumento del paro y por disparidades cada vez mayores entre los países ricos
y los países pobres. Se plantea la pregunta de si “el futuro tiene todavía porvenir”.

Esta sociedad, heredera de la anterior, ha pasado al régimen del consumo de


masas. Se la llama “posindustnal” porque su centro de gravedad no está ya en la
creación de grandes polos de producción, sino en el sector “terciario”, es decir el de
los servicios, los medios de comunicación y de información, la sanidad, la cultura y
el ocio, que se convierten a su vez en un “producto” comercial. Es la sociedad de la
informática. Asistimos a una transformación prodigiosa de la naturaleza y de la cir-
culación del saber. El individualismo ha sido promovido al rango de ideal y va
acompañado por una liberación inaudita de las costumbres. Pero, paradójicamente,
da lugar a una masificación de los comportamientos, cada vez más condicionados
por la opinión. Es conocida la expresión del ensayista canadiense McLuhan a pro-
pósito de los medios de comunicación: “El mensaje es el masaje”. Al mismo tiempo,
la movilidad de las poblaciones, determinada por las exigencias económicas, pro-
voca efectos desestructurantes sobre las conciencias.

El término, poco elegante y harto difícil de definir, de “pos-modernidad” trata de


englobar estas características. Expresa a la vez una continuidad y una ruptura con
la modernidad La posmodernidad no es ya triunfalista, sino más bien “desencanta-
da”, pesimista y cansada. Está dominada por la pérdida de las referencias, ya diag-
nosticada en la introducción de esta obra. El hombre ya no se exalta, sino que, por
detrás de un comportamiento distendido (cool), se busca angustiosamente.

Para muchos la cuestión de Dios no es ya objeto de debate o conflicto. Cae por


su propio peso. Algunos insisten en el “retorno de lo religioso”; pero, además de
que numéricamente sigue siendo algo poco importante, en la mayoría de los casos
es algo ambiguo y a veces “salvaje”.

Modernidad y posmodernidad son ante todo hechos que es menester tomar co-
mo tales antes de juzgarlos. Los elementos positivos y negativos están en ellas muy
entremezclados. Se podría comparar esta situación con una larga y difícil crisis de
adolescencia, que no llega a su fin. Una crisis, incluso de crecimiento, por definición
es algo difícil de pasar. Sería desastroso lamentarse por el pasado. La solución no
está detrás de nosotros, sino delante, en la aplicación de todas las energías dispo-
nibles. La cuestión de Dios adquiere una nueva dimensión en virtud de las cuestio-
nes procedentes de la modernidad y de la posmodernidad; al mismo tiempo es más
58

exigente y está más agudizada. La desaparición de Dios en nuestro mundo no es


fatal.

II.- DEL RECHAZO A LA AUSENCIA

Ilustremos lo que acabamos de exponer de manera muy general examinando un


cierto número de tomas de posición de estas dos épocas en torno al problema de
Dios.

El tiempo de la muerte de Dios

El ateísmo contemporáneo es en parte una reacción contra el “deísmo” de los si-


glos XVII y XVIII, que relegaba al Dios de una religión natural y sin dogmas al rango
de gran relojero de un mundo del que se despreocupaba De un Dios asi, el hombre
no puede tener sino deseos de librarse

El tema de la muerte de Dios esta presente en los tiempos modernos desde que
el poeta alemán Jean Paul, en un texto celebre, evocara como una pesadilla el
anuncio de que “no hay Dios” puesto en boca del mismo Cristo Este ultimo cuenta
que, después de su muerte en la cruz, se elevo por encima de los soles y descen-
dió hasta los últimos limites de los abismos, que no descubrió mas que el vacio y
que todos los hombres están desde entonces “huérfanos”65

El tema recorrió el siglo XIX, primero con Ludwig Feuer-bach (1804-1872) y Karl
Marx (1818-1883) Para Feuerbach, Dios no es mas que la proyección del hombre
“La conciencia de Dios es la conciencia que el hombre tiene de si, el conocimiento
de Dios es el conocimiento que el hombre tiene de si”66, dicho de otro modo es el
hombre quien ha creado a Dios a su imagen Marx adopta en lo esencial la misma
tesis “Es el hombre el que hace la religión, no la religión la que hace al hombre”67.

Fnednch Nietzsche (1844-1900) se interna por un camino distinto, pero paralelo


En La gaya ciencia pone en escena a un demente que, con una linterna en la mano
a plena luz del día, recorre el mercado gritando “(Busco a Dios” Y luego explica
“¿Donde esta Dios ( ) ¡Voy a decíroslo ¡Lo hemos matado!, ¡Vosotros y yoTodos
nosotros somos sus asesinos1 Pero, ¿como lo hemos hecho ¿Como hemos podido
vaciar el mar ¿Quien nos ha dado la esponja para borrar el horizonte entero ¿Como
hemos hecho para desencadenar esta Tierra de su Sol ¿Hacia donde gira ahora ( )
¿No vamos errantes como a través de una nada infinita ¿No sentimos el aliento del
vacío ¿No hace mas frío ¿No es siempre de noche, y cada vez mas de noche ¿No
es necesario encender las linternas desde por la mañana ¿No se oye todavía el
ruido de los sepultureros que han enterrado a Dios ¿No huele todavía la putrefac-
ción divina ¡También los dioses se pudren ! i Dios ha muerto! ¡Dios sigue muerto' Y
somos nosotros quienes lo hemos matado”.

El profeta demente acaba entonces su proclamación dramática diciendo: “Llego


demasiado pronto (...), mi hora no ha llegado todavía. Este formidable aconteci-
miento está aun en marcha y viaja; no ha llegado todavía a oídos de los hombres ().

Se dice también que ese mismo día el demente entró en diferentes iglesias y en-
tonó su Réquiem aeternam Deo. Echado fuera y exigiéndole explicaciones, no ce-
65 El texto de Jean Paul (Richter) fue traducido por Mme de Stael en su libro De l'Allemagne II, Flamma-
non, s/f, 71.
66
L FEUERBACH, Lessence du chnstiamsme, Maspero, París 1973, 129-130 (trad esp , La esencia de
cristianismo, Trotta, Madrid 1995).
67
MARX, Contnbutwn á la critique de la philosophíe du droit de Hegel, Au-bier, París 1971, 51.
59

saba de repetir: "¿Para qué sirven estas iglesias, si no son más que fosas y tumbas
de Dios?"68.

A esta muerte de Dios en el mundo de los hombres Nietz-sche opondrá la profe-


cía del “superhombre”, “el sentido de la tierra”, capaz de reemplazar a Dios.

Lo propio de estos ateísmos procedentes del siglo XIX es el presentarse como


humanismos Es lo que antes subrayaba justamente H. de Lubac en su libro Le
árame de l'humanisme athée69. El autor revela en él la intención del ateísmo mas
reflexivo y consciente, la de proponer un verdadero humanismo. Mientras que la
religión aplasta al hombre, el ateísmo pretende servir y elevar al hombre. El huma-
nismo ateo es el de la reivindicación de la autonomía del hombre, ya adulto y sin
necesidad de ningún tutor divino.

Estas diferentes formas de ateísmo se han transmitido al siglo XX, acompañadas


por otra forma, la de Sigmund Freud (1856-1939), el inventor del psicoanálisis. Este
relacionó la actitud religiosa con la neurosis obsesiva. La horda primitiva que consti-
tuía la humanidad original habría matado al “padre arcaico”, al que estaba sometida
y que garantizaba en ella el orden social. Fue el desenlace primitivo del complejo
de Edipo. Este crimen habría destruido la organización del grupo, que se habría
reestructurado según un modelo fraterno Pero la consecuencia es una angustia que
impregna la vida en su conjunto, y en particular el ejercicio de la sexualidad Esa es
la razón de ciertos cultos de expiación de este crimen primitivo Sacrificios periódi-
cos apaciguan la angustia y permiten dominar el miedo, sin reconciliar verdadera-
mente con este padre ya divinizado Freud verifica este funcionamiento en el ju-
daismo y en el cristianismo. Estamos en presencia de un mito científico del mal ori-
ginario y de la génesis de la religión La teoría de Freud fue mal recibida por los es-
pecialistas, pero ha contribuido a difundir una idea de la religión como proyección
de las contradicciones internas del psiquismo humano.

A mediados del siglo XX, después de la II Guerra mundial, surgió un pensamien-


to deliberadamente ateo con el movimiento del “existencialismo”, en particular con
los filósofos Albert Camus y Jean Paul Sartre. Es sintomático el que Sartre titulara
una célebre conferencia en la Sorhona üexistentiaiisme est un humamsme70 Al
mismo tiempo, el ateísmo doctrinario y político se imponía a una gran parte del
mundo integrada en el “bloque comunista” 1990).

Por su parte, un grupo notable del mundo científico profesaba y enseñaba un


ateísmo sereno. La escuela del “estructu-rahsmo” presuponía asimismo un ateísmo
metodológico En los años setenta Claude Levi-Strauss decía resumiendo en la te-
levisión: “Una de dos: o bien el hombre está en la significación, o bien la significa-
ción está en el hombre. En el primer caso, la interpretación es religiosa; en el se-
gundo, todo se resuelve en el interior de la estructura humana”.

Fue en esta escuela donde se proclamo por primera vez la “muerte del hombre”,
como consecuencia lógica de la “muerte de Dios”. Con otras palabras, el hombre
pierde su carácter absoluto de persona, como unidad de sentido en sí misma, para
quedar reducido al conjunto de estructuras que descubre en su vida personal y so-
cial o que es capaz de hacer realidad.

68
F NIETZSCHE, Le gai savoir, en Oeuvres phüosophiques completes V, Galhmard, París 1967, 137-
138 (trad esp, El Gay saber, Espasa-Calpe, Madrid 1987).
69
Spes, París 1944 (trad esp, El drama del humanismo ateo, Encuentro, Madrid.
70
Conferencia publicada luego por Nagel, París 1946 (trad. Esp., El existen-aalismo es un humanis-
mo, Edhasa, Barcelona 1992).
60

La idea de la muerte de Dios fue retomada en la segunda mitad del siglo XX por
ciertos teólogos cristianos, sobre todo de origen norteamericano, en formas sor-
prendentes que se podrían incluso caricaturizar así: “Primer artículo del credo: Dios
no existe; segundo artículo: Jesucristo es su Hijo”. Es decir, que conviene mantener
todos los valores del cristianismo encarnados en Jesús, sin pretender que estos
supongan la existencia de Dios.

¿Cuántos de estos profetas de la muerte de Dios percibieron que estaban “secu-


larizando”, invirtiendo su sentido, un tema originariamente cristiano? Porque si se
admite que Jesús es el Hijo de Dios, hay que decir entonces que Dios murió en la
cruz. En el siglo VI importantes debates teológicos giraron en torno a la cuestión:
¿se puede llegar a decir que “una de las personas de la Trinidad fue crucificada en
la carne y murió”? El mismo Lutero abordó este tema teológico en su célebre “teo-
logía de la cruz”. ¿Quién piensa hoy que el anuncio de la muerte cultural de Dios en
nuestro mundo occidental está retomando los mismos términos de san Pablo cuan-
do habla del “escándalo y la locura” de la cruz? (ICor 1,23).

El tiempo de la ausencia

El ateísmo “posmoderno” es ciertamente heredero de este movimiento de ideas,


pero es inmensamente más pacífico. No es ya militante; ya nadie lucha “contra”
Dios. Dios no está ya ahí; simplemente está ausente. Si está en algún lugar, será
en otra parte, y basta. Ha permanecido durante demasiado tiempo ausente y mudo
ante los interrogantes de los hombres; por lo que estos han decidido simplemente
prescindir de él. Dios es “inútil”. Él mismo se ha exiliado. Los hombres han optado
por su propio camino y actúan “sin”.

Un gran teólogo protestante alemán, Dietrich Bonhóffer, víctima de la barbarie


hitleriana en 1945 en Berlín y gran testigo de la resistencia espiritual al nazismo, se
topó en la prisión con esta ausencia de Dios y describió la nueva situación del cris-
tiano. El hombre, habiéndose hecho “mayor” (expresión que viene de Kant), puede
muy bien prescindir ya de Dios. Dios no es ya el “tapaagujeros” de las debilidades y
desfallecimientos del hombre, ni tampoco de las lagunas de su saber “La religión es
una piel que va encogiendo en el baño de la ciencia” (A Dumas71).

Dios parece una hipótesis superflua, cada vez mas alejada de las diferentes es-
feras de la vida humana Bonhoffer lucha contra todo intento de hacer que el hombre
adulto vuelva al estadio de su infancia o pubertad, es decir, a la minoría de edad (P
Ricoeur), para hacerle sentir de nuevo la necesidad de Dios Por el contrario, dice
“Yo quisiera hablar de Dios, no en los limites, sino en el centro, no en la debilidad,
sino en la fuerza, no a propósito de la muerte y de la culpa, sino de la vida y de la
bondad del hombre”72.

En definitiva, Bonhoffer quema que el cristianismo fuera objeto de una fe, y no de


una “religión”, en el sentido que el da a esta palabra Insistirá por tanto en la presen-
cia de Dios en la realidad del mundo, y no en la hipótesis metafísica de la existencia
de Dios A Dios lo encontramos en el anonadamiento de Jesús en la cruz “El Dios
que esta con nosotros es el que nos abandona” (Me 15,34).

El Dios que nos deja vivir en el mundo, sin la hipótesis de trabajo Dios, es aquel
ante quien estamos continuamente. Delante de Dios y con Dios, vivimos sin Dios
71
A DUMAS, Une theologie de la réahté Dietnch Bonhoffer, Labor et Fides, Ginebra 1968, 202 (tradesp ,
Una teología de la realidad Dietnch Bonhoffer, DDB Bilbao 1971)
72 D BONHOFFER Résistance et soumission Labor et Fides Ginebra 1973, 290 (trad esp , Resistencia y

sumisión, Sigúeme, Salamanca 1983).


61

Dios se deja desalojar del mundo y clavar en la cruz”73 Dios es impotente y débil en
el mundo, y solo asi esta con nosotros y nos ayuda.

Estas ideas paradójicas, que han sido en alguna medida retomadas después,
tienen el interés de mostrarnos hasta que punto este gran cristiano había asimilado,
en la prueba por la que pasaba, las coordenadas contemporáneas de la cuestión de
Dios Nos invitan igualmente a abordar el problema de Dios, no en función de una
“utilidad”, sino en un clima de gratuidad.

La preocupación por el ateísmo invadió los ambientes cristianos en los años


1960-1980 Se tomaba entonces mayor conciencia en Francia de la presencia de un
ateísmo de masas, convertido en un hecho de civilización, que impregna toda la
vida pública de la sociedad y que todo el mundo, en mayor o menor medida, respi-
ra. Los cristianos entablaron entonces numerosos diálogos con los “ateos”, que
parecían fascinarlos, en particular por los valores morales de los que a menudo
eran testigos. Había además en los cristianos una cierta mala conciencia: ¿acaso el
ateísmo no es en parte responsabilidad de los cristianos? Se veía también en el
ateísmo una posibilidad de purificar el sentido de Dios. El ateísmo, por su parte, se
mostraba muy respetuoso con la persona del “hombre Jesús” y proponía una autén-
tica moral sin Dios. Este ateísmo se presenta a sí mismo como una “fe” en el hom-
bre, como testimonia el título de una obra que tuvo su hora de celebridad, La foi
d'un incroyant, de Francis Jeanson74.

En este mismo contexto, la constitución pastoral del Vaticano II Gaudium et spes


sobre La Iglesia en el mundo actual (GS 19-21) consagra varios párrafos al análisis
del ateísmo. Constata la existencia en el mundo de un ateísmo de masas y de un
“nuevo humanismo”; y trata de describir las diversas manifestaciones de un fenó-
meno muy complejo. Se pregunta acerca de la responsabilidad de los creyentes al
respecto. Concede un lugar importante al ateísmo marxista, que por entonces es-
taba en fase de expansión. Exhorta también a un diálogo sincero entre creyentes y
ateos y a la mutua colaboración de cara al servicio del mundo. No faltaron ateos
que subrayaron entonces este nuevo tono por parte de la Iglesia al hablar de ellos:
no se trata ya del anatema, sino del diálogo (R. Garaudy).

III.- IMÁGENES SINIESTRAS DE DIOS

A este fuerte movimiento cultural que ha desarrollado en nuestra sociedad el te-


ma del ateísmo se ha añadido la expresión de un resentimiento crítico respecto de
una serie de representaciones de Dios, consideradas inadmisibles y de las que se
acusa al cristianismo de haberse hecho portador. No se puede pasar por alto esta
acusación, cuyo alcance es gravísimo, aun cuando no haya de considerarse la mo-
tivación principal del ateísmo moderno. No es, en efecto, a una caricatura de Dios a
lo que este se opone, sino justamente a la idea misma de Dios.

Un Dios “perverso”

La expresión “Dios perverso” es de reciente lanzamiento. Quizá habría que decir


con más precisión un “Dios pervertido”. Con las mejores intenciones del mundo, se
puede “construir al revés” (M. Bellet) una imagen de Dios escandalosa. La expre-
sión recapitula así toda una serie de percepciones, sentimientos y rechazos ante las
representaciones corrientes de Dios. Es conocida la famosa queja de Gide., que
marcó profundamente la primera mitad del siglo XX:

73 Ib, 366-367.
74
Seuil, París 1963.
62

“Mandamientos de Dios, habéis lastimado mi alma. Mandamientos de Dios,


¿sois diez, o veinte? ¿Hasta dónde estrecharéis vuestros límites? ¿Enseña-
réis que hay todavía más cosas prohibidas? ¿Promesas de nuevos castigos
contra la sed de todo lo que he encontrado bello en U tierra? Mandamientos
de Dios, habéis enfermado mi alma”75.

El Dios con el que se ha quedado Gide es ante todo y sobre todo un Dios que
prohibe. Un Dios sádico en cierto modo, que pone en la creación una inmensa can-
tidad de cosas a disposición de nuestro deseo y que, al mismo tiempo, pone entre
ellas y nosotros el muro de la prohibición. Es un Dios provocador, que empuja en
cierto modo a los hombres a la falta, para luego poder castigarlos mejor.

Es un Dios que, al amparo de su trascendencia divina, se ofrece a la humanidad


en espectáculo- Lo puede todo (es “todopoderoso”); lo sabe todo, nos mira sin ce-
sar, sin que nos demos cuenta, como un voyeur que se complace en contemplar lo
que nunca experimentará. Sabemos el malestar que provocan hoy los sistemas de
vigilancia por vídeo en las empresas y en los almacenes. Me miran y me vigilan en
todo lo que hago, sin que yo me dé cuenta, para poder cogerme in fraganti. Del
mismo modo penetra Dios en mi intimidad en todo momento. No dispongo frente a
él de ningún jardín secreto, de ninguna intimidad, de ninguna libertad. Sería seme-
jante a un policía cuidadosamente escondido en un lugar de la carretera particular-
mente tentador para el exceso de velocidad y que te comunica el resultado del ra-
dar con una sonrisa de satisfacción.

Porque ese Dios que prohibe es ante todo un Dios que castiga. ¡Ay de quien no
vaya por donde hay que ir! Constantemente lanza contra nosotros la amenaza del
castigo eterno. Culpabiliza a los hombres desde el principio. Se complace en hacer-
los vivir a su alcance en un constante temor. Delante de éJ nadie puede pretender
hacerse pasar por inocente. Se dice que es el juez supremo, pero es también testi-
go de cargo y fiscal. Su justicia es una máquina secreta ordenada a los castigos
temporales y eternos.

Reconozcamos que esta imagen de un Dios severo y justiciero, de un Dios sin


corazón que castiga, anida aún en muchas conciencias. Ha estado demasiado pre-
sente en las catcquesis del siglo XIX y de comienzos del siglo XX, en el curso de la
dramática desviación de lo que se ha llamado la “pastoral del terror”. Habría que
preguntarle sobre este punto al hombre de la calle, como suele decirse. Evocando
con humor esta imagen rígida de Dios en su infancia y los cambios producidos en la
Iglesia después del Vaticano II, un anciano lleno de perspicacia me decía: “Si he
entendido bien, Dios más bien se ha hecho bonachón al envejecer”.

Dentro de esta serie de acusaciones del hombre contra Dios, ¿cómo no nombrar
el problema del mal? ¿Cómo puede dejar Dios a la humanidad presa de tantos ho-
rrores y atrocidades? ¿No será Dios el autor de nuestros males? La cuestión es tan
grave que le dedicaremos un capítulo especial76.

Un Dios violento

En esta lógica perversa, Dios aparece también como un Dios violento ¿Como
negarlo ante los innumerables relatos del Antiguo Testamento Un hombre mayor,
excelente cristiano, que se reprochaba no haber leído nunca el Antiguo Testamen-
to, se puso a hojearlo Un día me dijo “Lo he dejado, no puedo seguir leyendo histo-

75A. GIDE, Les nourntures terrestres, Nouvelle Revue Frangaise, París 1924, 125 (trad esp., Los alimentos
terrenales, Alianza, Madrid 1984).
76 Cf infra, c 7, pp. 171-201.
63

rias atroces, en las que Dios masacra alegremente a sus enemigos Todo eso plan-
tea demasiadas objeciones a mi fe” Esta claro que no tenia la clave de lectura que
le hubiera permitido entender las cosas.

Pero esa reacción, que es frecuente, se entiende fue el origen de la herejía de


Mar-cion, un cristiano de comienzos del siglo II, que llego a la conclusión de que el
Dios malvado del Antiguo Testamento no era el mismo Dios que el Dios Padre y
bondadoso de Jesucristo A pesar de esto, la Iglesia cristiana de los primeros tiem-
pos nunca quiso abandonar las Escrituras antiguas y siempre las considero como
suyas Sera menester explicarlo77

Pero, hoy mismo, ¿no sigue siendo Dios violento ¿Se tiene en cuenta el escán-
dalo de las dos guerras mundiales del siglo XX, cuyos ejércitos eran mayontaria-
mente cristianos, católicos, protestantes u ortodoxos, y estuvieron matándose entre
si durante años, convencido cada uno de los beligerantes de que Dios estaba de su
lado Y, ¿que decir de tantos conflictos mas recientes en los que se invocan motivos
religiosos ¿Que decir también de los múltiples integnsmos religiosos que justifican
la violencia en nombre del mismo Dios y corren el nesgo de hacer que toda forma
de religión se asimile a la intolerancia absoluta.

Nos topamos aquí con la acusación de violencia lanzada hoy contra toda religión
La misma idea de un Dios único, ¿no esta hecha para engendrar la violencia Con-
fiere en efecto a tradiciones humanas contingentes un valor absoluto, hasta el pun-
to de separarse, de perseguirse a veces y de asesinarse en nombre de Dios Esto
ha sido cierto a lo largo de la historia y lo sigue siendo en la actualidad Se habla de
buena gana de los mártires cristianos, pero se olvida con frecuencia que muchos de
esos mártires fueron ejecutados por verdugos en nombre de la religión, incluso del
cristianismo.

En cualquier caso, ¿no es Dios intrínsecamente violento, dado que nos hace vivir
bajo la coacción y la amenaza El es el único que es verdaderamente libre, los hom-
bres no pueden existir más que como esclavos suyos. Así es como la conciencia de
los tiempos modernos ha llegado a modelar esta imagen de un Dios rival del hom-
bre, un Dios siempre adversario que lo quiere todo para si y no deja nada para los
demás.

¿Por qué estas imágenes de Dios?

¿No es esto demasiado pesimista? Evidentemente, no solo hay esto en nuestras


representaciones comunes de Dios He querido sólo expresar lo que, con razón o
sin ella, da lugar al sentimiento difuso o firmemente expresado de muchos de nues-
tros contemporáneos.

Estas imágenes de Dios proceden de tiempos inmemoriales. En la medida en


que el hombre se manifiesta religioso, desde que es verdaderamente hombre, en
esa misma medida las ideas espontáneas que se crea de Dios son en parte pro-
yecciones de lo que el mismo es, como si de tests de Rors-chach se tratara. Es
conocido el método de estos tests, que llevan el nombre del psiquiatra que los in-
ventó. Se hace una mancha de tinta en un papel, que se dobla por la mitad con el
fin de extender la tinta de manera simétrica a ambos lados del papel.

Luego se le pide al paciente que diga lo que esas manchas evocan para él. Este
las interpreta en función de su inconsciente, proyectando en ellas imágenes o sen-

77
Cf infra pp 114 117.
64

timientos que se ocultan en lo profundo de su alma. Lo mismo ocurre con la idea de


Dios. El hombre tiene siempre la tentación de moldearlo a su imagen. Es la parte de
verdad que hay en la humorada de Voltaire: “El hombre se lo ha devuelto bien”. La
idea que el hombre se hace de Dios esta siempre marcada por el pecado. Como él
es egoísta, mentiroso y violento, se representa a un Dios con estos mismos senti-
mientos. Algunas religiones primitivas transmitían incluso la idea de un dios Moloch,
que exigía sacrificios humanos.

Pero entonces, ¿por qué tales imágenes siguen apareciendo en la catequesis y


en la predicación cristiana, cuando la revelación bíblica fue realizando progresiva-
mente una revolución completa de la idea de Dios? Son los avatares de una lucha
constante entre los arquetipos humanos, parcialmente pervertidos en relación con
Dios, y los datos de la revelación cristiana. Ocurre periódicamente que estos arque-
tipos marcados por el pecado se imponen a la novedad cristiana.

Así, el cristianismo de los tiempos modernos se ha dejado influenciar en parte


por la concepción deísta, la del gran relojero del mundo. De otro modo y en otro
ámbito, el de la salvación de los hombres y la redención, este ha presentado tam-
bién la imagen de un Dios vengador y justiciero, tan preocupado por que el hombre
le haga justicia que condenó a su mismo Hijo con una muerte cruenta antes que
consentir en perdonar78. Ahora bien, esto no es bíblico ni pertenece a la tradición
antigua de la fe.

IV.- A PESAR DE TODO, LA PALABRA “DIOS” ESTÁ SIEMPRE AHÍ

Lo que es notable en esta evolución de las ideas es que no ha podido suprimir la


palabra misma “Dios”. Mientras haya ateos habrá paradójicamente quienes testi-
monien que la cuestión de Dios anida en lo más profundo de ellos mismos. Negar a
Dios es también una manera de confesar que su idea sigue siendo ineludible para
el ser humano. Es confesar que uno se ha planteado la cuestión, que ha tenido que
planteársela, y que ha tomado la decisión de darle una respuesta negativa. Tal pro-
fesión de no-fe va acompañada generalmente por lo demás por una gran fe en el
hombre y en los valores que este es capaz de crear, por una esperanza en el futuro
de la humanidad y por un compromiso con las grandes causas humanitarias. Por-
que creer en el hombre es siempre creer en alguien, es tambien apropiarse el gran
movimiento que nos traspasa y nos dirige hacia un absoluto.

Es muy difícil de hecho “desembarazarse” de ese “fantasma” divino. Los mismos


que han proclamado de la manera más definitiva la muerte de Dios acaban recono-
ciendo que no termina de morir y que su cadáver todavía se mueve.

Pero la tentación más peligrosa sería la del olvido total del nombre mismo de
Dios. No pensemos aquí en el agnosticismo modesto de los que consideran en
conciencia que no pueden decidirse a favor o en contra de la existencia de Dios.
Pensemos más bien en un indiferentismo en el que la misma palabra “Dios” dejara
de existir. En una profunda meditación sobre la palabra “Dios”, K. Rahner se expre-
sa del siguiente modo: “Existe la palabra "Dios". Esto por sí solo es ya digno de
meditación (...).

Existe la palabra Dios (...). Incluso para el ateo, incluso para el que afirma que
Dios está muerto, existe (...) Dios como el declarado muerto, cuyo fantasma es ne-
cesario ahuyentar, como aquel cuyo retorno se teme. Sólo cuando ya no existiera la
palabra misma, es decir, cuando ni siquiera hubiera de plantearse la pregunta acer-

78
Cf infra, c 13, pp. 338-342.
65

ca de ella, sólo entonces tendríamos quietud en este punto. Pero esta palabra está
todavía ahí, tiene presente”.

La palabra por tanto sigue estando ahí y tenemos que dar cuenta de ella. Pero la
cuestión se plantea para el futuro: “¿Tiene también futuro? Ya Marx pensó que in-
cluso el ateísmo llegaría a desaparecer, o sea, que la palabra misma "Dios" -usada
en tono ya afirmativo ya negativo- dejaría de existir (...). ¿Seguiremos diciendo
"Dios", como creyentes o como incrédulos, afirmando, negando o dudando, en una
incitación recíproca? (...). El creyente sólo ve dos alternativas posibles: o bien la
palabra desaparecerá sin huellas ni remanente, o bien permanecerá como una pre-
gunta para todos, de una u otra manera”.

No hay pues más que dos respuestas a la cuestión del futuro de la palabra
“Dios”. No se trata de hacer pronósticos sobre una u otra posibilidad, sino de exa-
minar el alcance de la segunda: “Pensemos estas dos posibilidades.

La palabra "Dios" acabará por desaparecer, sin huellas ni remanente, sin que
pueda verse una laguna que ha quedado como resto, sin que sea suplantada por
otra palabra que nos interpela de la misma manera (...). ¿Qué sucede entonces si
se toma en serio esta hipótesis del futuro? (...). El hombre se olvidaría totalmente
de sí mismo (...) en su mundo y su existencia (...). No notaría que él ya sólo piensa
preguntas, pero no la pregunta por el preguntar en general (...).

El nombre habría olvidado el todo y su fundamento, y habría olvidado a la vez -si


es que así puede decirse- que él ha olvidado. ¿Qué sería entonces? Sólo podemos
decir: dejaría de ser un hombre. Habría realizado una evolución regresiva para vol-
ver a ser un animal hábil (...). Propiamente el hombre sólo existe como hombre
cuando dice "Dios", por lo menos como pregunta, por lo menos como pregunta que
niega y es negada”15.

Este planteamiento es de una rara lucidez. Porque el olvido total de la palabra


“Dios” en la humanidad contradiría de manera definitiva lo que ha constituido el
rasgo común de todos los seres humanos desde que el hombre es hombre. Este no
sería ya el ser que se plantea todas las preguntas, la pregunta de la pregunta y la
pregunta que él mismo es. Sería otra cosa. Rahner habla de un “animal hábil”, ca-
paz sin duda de organizar un mundo social y técnico, pero que no sería más que un
inmenso hormiguero en el que ningún individuo se interrogaría ya sobre el sentido
de su existencia. No hay por tanto que sorprenderse de que algunos profetas de la
muerte de Dios hayan llegado a la conclusión de que está cerca la muerte del hom-
bre. En este punto cada uno se ve remitido a sí mismo y a la opción fundamental
que ha tomado. Nadie puede escapar a su propio debate con Dios.

Pero, ¿qué pasa con el Dios de Jesús?

Para decirlo en pocas palabras, la diferencia radical entre la revelación judeocris-


tiana y la imagen de Dios en otras religiones estriba en esto: Dios en ella se hace
cercano al hombre; se vuelve hacia él con un amor providente; se compromete con
él, arriesgándose; entra en nuestra historia. Este Dios no sólo responde a los de-
seos más profundos del hombre, sino que los sobrepasa infinitamente (cf Ef 3,20).

No se trata, por supuesto, de subestimar las imágenes de Dios presentes en


otras religiones. Estas son un testimonio de la búsqueda de Dios por parte del
hombre, mientras que el judeocristianismo es testimonio de la búsqueda del hombre
por parte de Dios. Sin duda Dios busca al hombre a través de la labor de las otras
religiones, y no se excluye el que también en ellas se pueda revelar, aun cuando
66

esta revelación sea parcial y pueda presentarse de manera ambigua, por estar
mezclada con errores y desviaciones.

Pero aunque las otras religiones dan buena cuenta del esfuerzo del hombre en
su impulso hacia Dios, no proponen estas la “filantropía” de Dios que busca al hom-
bre. Este es quizá el punto clave del diálogo que, dentro del respeto mutuo, el cris-
tianismo debe mantener con las otras religiones.
67

UNIDAD II:
EL MISTERIO DE CRISTO EN
EL NUEVO TESTAMENTO

1.- INTRODUCCIÓN

En esta unidad, central de nuestro programa, corresponde abordar la Cristología


desde la misma fuente bíblica.79 En primer lugar, presentaremos una breve
introducción a los misterios esenciales de la vida de Cristo que todo estudiante de
cristología debe saber.80

En segundo término, trataremos algunas nociones introductorias como son el


kerigma, los ambientes vitales en los que fue madurando la reflexión sobre los
misterios de Cristo, la aclaración de por qué si Cristo fue uno sólo, puede hablarse de
tantas cristologías.

Finalmente, recorreremos la elaboración cristológica en los distintos y variados


escritos que forman el canon del Nuevo Testamento, antecedidas de algunas noticias
del libro y la estructura del libro en cuestión.

2.- LOS MISTERIOS DE LA VIDA DE CRISTO

Respecto a la vida de Cristo, el Nuevo Testamento nos habla de los misterios de


la Encarnación e Infancia (1.1), de la Vida Pública (1.2) y de la Pascua (1.3); mien-
tras que de los misterios de su Vida Oculta no nos dice mucho.

Toda la vida de Cristo es acontecimiento de revelación: lo que es visible en la vi-


da terrena de Jesús conduce a su Misterio invisible, sobre todo al Misterio de su
filiación divina: “quien me ve a mí ve al Padre” (Jn 14,9). Asimismo, aunque la sal-
vación nos viene plenamente con la Cruz y la Resurrección, la vida entera de Cristo
es Misterio de salvación, porque todo lo que Jesús ha hecho, dicho y sufrido tenía
como fin salvar al hombre caído y restablecerlo en su vocación de hijo de Dios (cfr.
Cat.I.C. 512-521).

En esta ocasión, sólo daremos algunas pistas de la vida de Jesús81, con sus
respectivas citas bíblicas (invitándolos a leerlas), esperando sirvan como breve in-
troducción de lo que sabemos, dada toda su riqueza, siempre serán Misterios in-
sondables e inagotables.82

79 Por las limitaciones que impone nuestro curso, no podemos ocuparnos aquí de los esbozos del miste-
rio de Cristo en el Antiguo Testamento, para lo cual remitimos a H. CAZELLES, El Mesías de la Bi-
blia. Cristología del Antiguo Testamento, Ed. Herder, Barcelona 1981.
80 Cada estudiante puede ampliar los contenidos del Catecismo, con la amplia bibliografía sugerida
en el programa. Especialmente, a partir de A. ESPEZEL, Jesucristo. Vida y Pascua del Salvador,
13-105 y O. GONZÁLEZ DE CARDEDAL, Cristología, B.A.C., Madrid 2001, 35-173.
81 El resumen fue tomado, en su gran mayoría, del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica,
(promulgado por Benedicto XVI en el 2005), [Link], Buenos Aires 2005.
82 Aparte de los tantos tratados de Cristología en los que obviamente pueden profundizarse cada uno
de los Misterios de la vida de Cristo (entre los que sugerimos J. M. CASCIARO, Estudios sobre
cristología del Nuevo Testamento, Pamplona 1982; R. LATOURELLE, A Jesús el Cristo por los
Evangelios: historia y hermenéutica, Ed. Sígueme, Salamanca 19862; C. I. GONZÁLEZ, El es
nuestra salvación: cristología y soteriología, CELAM, Santa Fé de Bogotá 19913; O. CULLMANN,
Cristología del Nuevo Testamento, Colección Teológica 32, Ed. Sígueme, Salamanca 1998; R. E.
BROWN, Introducción a la cristología del Nuevo Testamento, Biblioteca de Estudios Bíblicos 97,
68

2.1.- Misterios de la infancia de Jesús


Dios ha preparado la venida de su Hijo mediante la Antigua Alianza, hasta Juan
el Bautista, que es el último y el mayor de los Profetas (cfr. Mt 3,3; 11,13; Lc 1,76;
7,26; Hch 1,22; 13,24).

En el nacimiento de Jesús, la gloria del cielo se manifiesta en la debilidad de un


niño (cfr. Lc 2,6-20); la circuncisión es signo de su pertenencia al pueblo hebreo y
prefiguración de nuestro Bautismo (cfr. Lc 2,21; Gal 4,4; Col 2,11-13); la Epifanía es
la manifestación del Rey-Mesías de Israel a todos los pueblos (cfr. Mt 2,1-12); du-
rante la presentación en el Templo, en Simeón y Ana se concentra toda la expecta-
ción de Israel, que viene al encuentro de su Salvador (Lc 2,22-39); la huida a Egipto
y la matanza de los inocentes anuncian que toda la vida de Cristo estará bajo el
signo de la persecución (cfr. Mt 2,13-18); su retorno de Egipto (cfr. Mt 2,15) recuer-
da el Éxodo (cfr. Os 11,1) y presenta a Jesús como el nuevo Moisés: Él es el ver-
dadero y definitivo liberador.

Durante la vida oculta en Nazaret, Jesús permanece en el silencio de una exis-


tencia ordinaria. De esta manera, nos llama a entrar en comunión con Él en la san-
tidad de la vida cotidiana, hecha de oración, sencillez, trabajo y amor familiar. La
sumisión a María y a José, su padre legal, es imagen de la obediencia filial de Je-
sús al Padre. María y José, con su fe, acogen el misterio de Jesús, aunque no
siempre lo comprendan. De todo este período se nos dice que Jesús estaba “some-
tido” a sus padres y que “progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios
y los hombres” (Lc 2, 51-52).

El único suceso que rompe el silencio de los Evangelios sobre los años ocultos de
Jesús es el hallazgo de Jesús en el Templo (ver Lc 2,41-52). Jesús deja entrever el
misterio de su consagración total a una misión derivada de su filiación divina: “¿No
sabíais que me debo a los asuntos de mi Padre?” María y José “no comprendieron”
estas palabras, pero las acogieron en la fe, y María “conservaba cuidadosamente
todas las cosas en su corazón”, a lo largo de todos los años en que Jesús permane-
ció oculto en el silencio de una vida ordinaria. Leer Cat.I.C. 525-534.

2.2.- Misterios de la vida pública de Jesús


Jesús recibe de Juan el bautismo de conversión (Mt 21,32; Lc 3,3) para inau-
gurar su vida pública (cfr. Lc 3,23) y anticipar el “Bautismo” de su Muerte (cfr. Mc
10, 38; Lc 12, 50); y aunque no había en Él pecado alguno, Jesús, “el Cordero de
Dios que quita el pecado del mundo” (Jn 1, 29), acepta ser contado entre los peca-
dores (ver Mt 3,7; Lc 3,10-14). El Padre lo proclama su “Hijo predilecto” (Mt 3, 17), y
el Espíritu viene a posarse sobre Él. El bautismo de Jesús es la prefiguración de
nuestro bautismo.

Las tentaciones de Jesús en el desierto recapitulan la de Adán en el paraíso y


las de Israel en el desierto. Satanás tienta a Jesús en su obediencia a la misión que
el Padre le ha confiado. Cristo, nuevo Adán, resiste, y su victoria anuncia la de su
Pasión, en la que su amor filial dará suprema prueba de obediencia. La Iglesia se
une particularmente a este Misterio en el tiempo litúrgico de la Cuaresma. Cfr. Mc
1,12-13; Lc 4,13.

Ed. Sígueme, Salamanca 2001; F. OCÁRIZ - L. F. MATEO-SECO - J. A. RIESTRA, El misterio de


Jesucristo, Pamplona 20042), el Catecismo les dedica 170 Artículos: cfr. Cat.I.C. 512-682.
69

Jesús invita a todos los hombres a entrar en el Reino de Dios; aún el peor de
los pecadores (Mc 2,17; 1Tim 1,15) es llamado a convertirse (Mc 1,15) y aceptar la
infinita misericordia del Padre (Lc 15,11-32. El Reino pertenece, ya aquí en la tierra,
a quienes lo acogen con corazón humilde (Mt 5,3; 11,25; Lc 4,18; 7,22). A ellos les
son revelados los misterios del Reino de Dios. Jesús acompaña su palabra con
signos y milagros (cfr. Hch 2,22) para atestiguar que el Reino está presente en Él,
el Mesías (cfr. Lc 7,18-23). Si bien cura a algunas personas, Él no ha venido para
abolir todos los males de esta tierra (cfr. Lc 12,13-14; Jn 18,36), sino ante todo para
liberarnos de la esclavitud del pecado (Jn 8,34-36). La expulsión de los demonios
anuncia que su Cruz se alzará victoriosa sobre “el príncipe de este mundo” (Mt
12,26-28; Lc 8,26-39; Jn 12,31).

Jesús elige a los Doce, futuros testigos de su Resurrección, y los hace partíci-
pes de su misión y de su autoridad para enseñar, absolver los pecados, edificar y
gobernar la Iglesia (cfr. Mc 3,13-19; Lc 9,2). En este colegio, Pedro recibe “las lla-
ves del Reino” (Mt 16,19) y ocupa el primer puesto (cfr. Mc 3,16; 9,2; Lc 24,34; 1Co
15,5), con la misión de custodiar la fe en su integridad y de confirmar en ella a sus
hermanos (cfr. Jn 21,15-17).

En la transfiguración de Jesús (cfr. Mt 17,1-8; 2Pe 1,16-18) aparece ante todo


la Trinidad: “el Padre en la voz, el Hijo en el hombre, el Espíritu en la nube lumino-
sa” (Sto. TOMÁS DE AQUINO). Al evocar, junto a Moisés y Elías, su “partida” (Lc
9,31), Jesús muestra que su gloria pasa a través de la cruz, y otorga un anticipo de
su resurrección y de su gloriosa venida, “que transfigurará este miserable cuerpo
nuestro en un cuerpo glorioso como el suyo” (Flp 3,21). “En el monte te transfigu-
raste, Cristo Dios, y tus discípulos contemplaron tu gloria, en cuanto podían com-
prenderla. Así, cuando te viesen crucificado entenderían que padecías libremente y
anunciarían al mundo que tú eres en verdad el resplandor del Padre” (Liturgia bi-
zantina).

En el tiempo establecido, Jesús decide subir a Jerusalén para sufrir su Pasión,


morir y resucitar. Como Rey-Mesías que manifiesta la venida del Reino, entra en la
ciudad montado sobre un asno (cfr. Za 9,9); y es acogido por los pequeños, cuya
aclamación es recogida por el Sanctus de la Misa: “¡Bendito el que viene en nombre
del Señor! ¡Hosanna!” (es decir ¡sálvanos! o ¡danos la salvación!) (cfr. Mt 21,9ss).
Con la celebración de esta entrada en Jerusalén la liturgia de la Iglesia da inicio
cada año a la Semana Santa. Leer Cat.I.C. 535-570.

2.3.- El misterio Pascual


El Misterio Pascual de Jesús, que comprende su Pasión, Muerte, Resurrección y
Glorificación, está en el centro de la fe cristiana, porque el designio salvador de
Dios se ha cumplido de una vez por todas con la muerte redentora de su Hijo, Je-
sucristo.

Algunos jefes de Israel acusaron a Jesús de actuar contra la Ley, contra el Tem-
plo de Jerusalén y, particularmente, contra la fe en el Dios único, porque se procla-
maba Hijo de Dios. Por ello lo entregaron a Pilato para que lo condenase a muerte
(cfr. Mt 20,19; Mc 3,6; 8,31). Sin embargo, Jesús no abolió la Ley dada por Dios a
Moisés en el Sinaí, sino que la perfeccionó, dándole su interpretación definitiva (cfr.
Mt 5,33-34). Él es el Legislador divino que ejecuta íntegramente esta Ley. Aún más,
es el siervo fiel que, con su muerte expiatoria, ofrece el único sacrificio capaz de re-
dimir todas “las transgresiones cometidas por los hombres contra la Primera Alianza”
(Hb 9,15). Jesús también fue acusado de hostilidad hacia al Templo.
70

Sin embargo, lo veneró como “la casa de su Padre” (Jn 2,16), y allí impartió gran
parte de sus enseñanzas (cfr. Jn 18,20). Pero predijo la destrucción del Templo, en
relación con su propia muerte, y se presentó a sí mismo como la morada definitiva
de Dios en medio de los hombres (cfr. Mt 12,6; Jn 2,21). Y por último, Jesús nunca
contradijo la fe en un Dios único, ni siquiera cuando cumplía la obra divina por exce-
lencia, que realizaba las promesas mesiánicas y lo revelaba como igual a Dios: el
perdón de los pecados (cfr. Mt 9,13; Mc 2,7; Lc 15,1-2; Jn 5,18; 10,33; 17,6.26). La
exigencia de Jesús de creer en Él y convertirse permite entender la trágica incom-
prensión del Sanedrín, que juzgó que Jesús merecía la muerte como blasfemo (cfr.
Mt 26,64-66; Mc 3,6).

La Pasión y Muerte de Jesús no puede ser imputada indistintamente al conjun-


to de los judíos que vivían entonces, ni a los restantes judíos venidos después. To-
do pecador, o sea todo hombre, es realmente causa e instrumento de los sufrimien-
tos del Redentor; y aún más gravemente son culpables aquellos que más frecuen-
temente caen en pecado y se deleitan en los vicios, sobre todo si son cristianos (cfr.
Hb 6,6). Al fin de reconciliar consigo a todos los hombres, destinados a la muerte a
causa del pecado, Dios tomó la amorosa iniciativa de enviar a su Hijo para que se
entregara a la muerte por los pecadores (cfr. Rom 5,8; 1Jn 4,10). Anunciada ya en
el Antiguo Testamento, particularmente como sacrificio del Siervo doliente (cfr. Is
53,7-12; Jr 11,19), la muerte de Jesús tuvo lugar según las Escrituras (1Cor 15,3).

Toda la vida de Cristo es una oblación libre al Padre para dar cumplimiento a su de-
signio de salvación. Él da “su vida como rescate por muchos” (Mt 20,28; Mc 10, 45), y
así reconcilia a toda la humanidad con Dios. Su sufrimiento y su muerte manifiestan
cómo su humanidad fue el instrumento libre y perfecto del Amor divino, que quiere la
salvación de todos los hombres. En efecto, aceptó libremente su pasión y su muerte
por amor a su Padre y a los hombres que el Padre quiere salvar: “Nadie me quita la
vida; yo la doy voluntariamente” (Jn 10,18). De aquí la soberana libertad del Hijo de
Dios cuando él mismo se encamina hacia la muerte (cfr. Mt 26, 53; Jn 18, 4-6).

En la Última Cena con los Apóstoles, la víspera de su pasión, Jesús anticipa, es


decir, significa y realiza anticipadamente la oblación libre de sí mismo: “Esto es mi
Cuerpo que será entregado por ustedes”, “ésta es mi sangre que será derramada...”
(Lc 22,19-20). De este modo, Jesús instituye, al mismo tiempo, la Eucaristía como
“memorial” (1Co 11,25) de su sacrificio, y a sus Apóstoles como sacerdotes de la
nueva Alianza.

En el huerto de Getsemaní (cfr. Mt 26,42; Lc 22,20), a pesar del horror que su-
ponía la muerte para la humanidad absolutamente santa (cfr. Hb 4,15) de Aquél que
es “el autor de la vida” (Hch 3,15), la voluntad humana del Hijo de Dios se adhiere a
la voluntad del Padre (cfr. Mt 26,42); para salvarnos acepta soportar nuestros peca-
dos en su cuerpo, “haciéndose obediente hasta la muerte” (Flp 2,8).

Los efectos del sacrificio de la Cruz: Jesús ofreció libremente su vida en sacrifi-
cio expiatorio, es decir, reparó nuestras culpas con la plena obediencia de su amor
hasta la muerte (cfr. Rom 5,19). Este amor hasta el extremo (cfr. Jn 13,1) del Hijo
de Dios reconcilia a la humanidad entera con el Padre (cfr. Mt 26,28; 2Cor 5,19). El
sacrificio pascual de Cristo rescata, por tanto, a los hombres de modo único, perfec-
to y definitivo (cfr. 1Tim 2,5; Heb 10,10), y les abre a la comunión con Dios.

Al llamar a sus discípulos a tomar su cruz y seguirle (cfr. Mt 16,24), Jesús quiere
asociar a su sacrificio redentor a aquellos mismos que son sus primeros beneficia-
rios. Cristo sufrió una verdadera muerte (cfr. Hch 3,15; Ap 1,18; Heb 2,9), y verda-
71

deramente fue sepultado (cfr. Jn 19,42). Pero la virtud divina preservó su cuerpo de
la corrupción (Hch 2,26-27).

"Jesús bajó a las regiones inferiores de la tierra. Este que bajó es el mismo
que subió" (Ef 4,9-10). Los “infiernos” -distintos del “infierno” de la condenación-
constituían el estado de todos aquellos, justos e injustos, que habían muerto antes
de Cristo (cfr. Flp 2,10; Hch 2,24; 1Pe 4,6). Jesús tomó en los infiernos a los justos
que aguardaban a su Redentor para poder acceder finalmente a la visión de Dios
(cfr. Jn 5,25). Después de haber vencido, mediante su propia muerte, a la muerte y
al diablo “que tenía el poder de la muerte” (Heb 2,14), Jesús liberó a los justos, que
esperaban al Redentor, y les abrió las puertas del Cielo (cfr. Ap 1,18).

La Resurrección de Jesús es la verdad culminante de nuestra fe en Cristo, y


representa, con la Cruz, lo esencial del Misterio pascual (cfr. 1Cor 15,3-4). Además
del signo del sepulcro vacío (Lc 24,5-6; Jn 20,5-7.13), la Resurrección de Jesús es
atestiguada por las mujeres, las primeras que encontraron a Jesús resucitado (cfr.
Mt 28,9-10; Jn 20,11-18) y lo anunciaron a los Apóstoles (cfr. Lc 24,9-10). Jesús
después “se apareció a Cefas (Pedro) y luego a los Doce, más tarde se apareció a
más de quinientos hermanos a la vez” (1Cor 15,5-6), y aún a otros. Los Apóstoles
no pudieron inventar la Resurrección, puesto que les parecía imposible: en efecto,
Jesús les echó en cara su incredulidad (Mc 16,14).

La Resurrección de Cristo es un acontecimiento trascendente porque, además


de ser un evento histórico, verificado y atestiguado mediante signos y testimonios
(cfr. Lc 24,39; Jn 20,27), transciende y sobrepasa la historia como misterio de la fe
(cfr. Jn 20,14-17; 21,4.7; 1Cor 15,35-50), en cuanto implica la entrada de la huma-
nidad de Cristo en la gloria de Dios. Por este motivo, Cristo resucitado no se mani-
festó al mundo, sino a sus discípulos, haciendo de ellos sus testigos ante el pueblo.

La Resurrección de Cristo no es un retorno a la vida terrena. Su cuerpo resucitado


es el mismo que fue crucificado, y lleva las huellas de su pasión (cfr. Lc 24,40; Jn
20,20.27), pero ahora participa ya de la vida divina, con las propiedades de un cuerpo
glorioso. Por esta razón Jesús resucitado es soberanamente libre de aparecer a sus
discípulos donde quiere y cuando quiere (cfr. Mt 28,9.16-17; Lc 24,15.36; Jn
20,14.19.26; 21,4) y bajo diversas apariencias (cfr. Mc 16, 12; Jn 20, 14-15).

La Resurrección de Cristo es una obra trascendente de Dios (cfr. Rm 6,4; 2Cor


13,4; Flp 3,10; Ef 1,19-22; Hb 7,16). Las tres Personas divinas actúan conjuntamen-
te, según lo que es propio de cada una: el Padre manifiesta su poder (cfr. Hch
2,24), el Hijo “recobra la vida, porque la ha dado libremente” (Jn 10,17. Ver además
Mc 8,31; 9,9-31; 10,34), reuniendo su alma y su cuerpo, que el Espíritu Santo vivifi-
ca y glorifica (cfr. Rom 6,4).

La Resurrección de Cristo es la culminación de la Encarnación. Es una prueba


de la divinidad de Cristo, confirma cuanto hizo y enseñó y realiza todas las prome-
sas divinas en nuestro favor. Además, el Resucitado, vencedor del pecado y de la
muerte, es el principio de nuestra justificación (cfr. Rom 4,25) y de nuestra resu-
rrección (cfr. 1Cor 15,14): ya desde ahora nos procura la gracia de la adopción filial,
que es real participación de su vida de Hijo unigénito; más tarde, al final de los
tiempos, Él resucitará nuestro cuerpo (cfr. 1Cor 15,20-22; 2Cor 5,15; Col 3,1-3).

La Ascensión: cuarenta días después de haberse mostrado a los Apóstoles bajo


los rasgos de una humanidad ordinaria (Hch 10,41), que velaban su gloria de Resu-
citado (cfr. Mc 16,12; Lc 24,15; Jn 20,14-15; 21,4), Cristo subió a los cielos y se
sentó a la derecha del Padre (Mc 16,19; Hch 2,33; 7,56). Desde entonces el Señor
72

reina con su humanidad en la gloria eterna de Hijo de Dios (cfr. Lc 24,31; Jn


20,19.26), intercede incesantemente ante el Padre en favor nuestro (cfr. Heb 7,25;
9,11.24), nos envía su Espíritu y nos da la esperanza de llegar un día junto a Él, al
lugar que nos tiene preparado.

Como Señor del cosmos y de la historia (cfr. Ef 4,10; 1Cor 15,24.27-28), Cabeza
de su Iglesia (cfr. Ef 1,22), Cristo glorificado permanece misteriosamente en la
tierra, donde su Reino está ya presente, como germen y comienzo, en la Iglesia. Un
día volverá en gloria, pero no sabemos el momento. Por esto, vivimos vigilantes,
pidiendo: “¡Ven, Señor Jesús!” (Ap 22, 20).

Después del último estremecimiento cósmico de este mundo que pasa, la venida
gloriosa de Cristo acontecerá con el triunfo definitivo de Dios en la Parusía y con el
Juicio final. Así se consumará el Reino de Dios. Cristo juzgará a los vivos y a los
muertos con el poder que ha obtenido como Redentor del mundo (cfr. Jn 5,22.27;
Mt 25,31; Hch 10,42; 17,31; 2Tim 4,1), venido para salvar a los hombres (cfr. Jn
3,17; 5,26). Los secretos de los corazones serán desvelados, así como la conducta
de cada uno con Dios y el prójimo. Todo hombre será colmado de vida o condena-
do para la eternidad, según sus obras (cfr. 1Cor 3,12-15). Así se realizará “la pleni-
tud de Cristo” (Ef 4,13), en la que “Dios será todo en todos” (1Cor 15,28). Leer
Cat.I.C. 571-682.

3.- NOCIONES PRELIMINARES


Los escritos del Nuevo Testamento, de los cuales recibimos estos misterios de la
vida de Jesucristo, son el fruto del anuncio, las enseñanzas, las celebraciones y la
vida de fe de las primeras comunidades cristianas. Ellas, después de “ver” y “oír” a
Cristo, sea por contacto físico o por tradición oral, encarnaron su modo de ser y de
vivir hasta ponerlo por escrito.

Por ello, en el trasfondo de los textos del Nuevo Testamento, bien puede entrever-
se la vida, con sus aciertos y conflictos, como los ambientes de las comunidades que
los han originado. Así, empezando por el primer anuncio o Kerigma (2.1), el misterio
de Cristo se fue explicitando en distintos Ambientes vitales (2.2) de aquella comunidad
(como la liturgia, la catequesis y la actividad misionera), hasta ponerse posterior y de-
finitivamente por escrito. Todo esto llevó varios años, supuso varios contextos, e impli-
có varios autores.83

3.1.- El kerigma

El término kerigma “evoca el anuncio solemne que hace el heraldo después de una
estruendosa victoria, la repentina constatación y rápida difusión de un acontecimiento,
el fuerte grito con que se hace pública y oficial una noticia”.84

Después de Pentecostés, Pedro, presentándose con los Once a los judíos y a los
habitantes de toda la tierra, levantó su voz y les dijo:

“...a Jesús de Nazaret, el varón que Dios acreditó entre ustedes realizando
por su intermedio los milagros, prodigios y señales que todos conocen; a ese
hombre que había sido entregado conforme al plan y a la previsión de Dios,
ustedes lo hicieron morir, crucificándolo por medio de los infieles. Pero Dios lo

83 Como ejemplo, véase el proceso de la Formación de los Evangelios, desarrollado en el Ex Cursus


de esta unidad. Algo parecido sucedió con el resto de los escritos del Nuevo Testamento.
84 B. MARCONCINI, Los sinópticos. Formación, redacción, teología, Ed. San Pablo, Madrid 1998, 46-47.
73

resucitó, librándolo de las angustias de la muerte, porque no era posible que ella
tuviera dominio sobre él... A éste Jesús Dios lo resucitó, y todos nosotros so-
mos testigos. Exaltado por el poder de Dios, Él recibió del Padre el Espíritu
Santo prometido, y lo ha comunicado como ustedes ven y oyen... Sepa, pues,
todo el pueblo de Israel, que a éste Jesús a quien ustedes crucificaron, Dios
lo ha hecho Señor y Mesías” (Hch 2,22-24.32-36).

El centro del kerigma es el Misterio Pascual: el hombre y su pecado mataron al


autor de la vida, pero Dios lo resucitó.

3.2.- Tres ambientes vitales


Jesús no escribió ningún libro del Nuevo Testamento; pero anunció y vivió con un
estilo propio. Luego de su nacimiento, de su vida pública, de su muerte y resurrección,
en Pentecostés los apóstoles recibieron la fuerza del Espíritu Santo para comprender
y transmitir esta novedad que habían visto y oído de Cristo. Comenzó, entonces, la
actuación y predicación de quienes habían sido “testigos” de cuanto Jesús había
actuado y predicado.

Pero mientras los apóstoles predicaban y se iban creando comunidades cristianas


en las distintas partes donde ellos iban, también fueron apareciendo algunos escritos.
Las primeras en aparecer fueron las Cartas de Pablo, como asimismo las palabras del
Señor que contenían las celebraciones litúrgicas, los textos que fundamentaban las
predicaciones y las catequesis (para cristianos provenientes del judaísmo como del
paganismo), las verdades que consolidaban las polémicas contra los adversarios, etc.

De todo esto, en el seno de aquella comunidad cristiana primitiva, surgen los tres
"ambientes" fundamentales que, privilegiadamente vieron nacer los textos que hoy
tenemos en el Nuevo Testamento: el ambiente litúrgico de la fracción del pan y de
la oración de alabanza a Dios (cfr. Hech 2,42.46-47); el ambiente catequético de la
instrucción de los Apóstoles (cfr. Hech 2,42) y el ambiente misionero de la
expansión y posterior consolidación de la Iglesia (cfr. Hech 13,13-43; 14,1-7). Es
decir, todo el material elaborado y recogido de estos tres ambientes, pronto fue
organizado y conservado en colecciones escritas que luego formaron nuestro actual
Nuevo Testamento.

3.2.1.- Liturgia

La liturgia era el ámbito propio donde se proclamaba la Palabra de Dios, se partía el


pan, al mismo tiempo que se repetían las palabras de Jesús dichas, sobre todo, en la
Última Cena. Se oraba, se conferían los sacramentos, se cantaba y aclamaba al Señor.

De esta práctica cultual fueron surgiendo narraciones cultuales de la Cena del Se-
ñor (cfr. Mt 26,26-29; Mc 14,22-25; Lc 22,14-20; 1Cor 10,16; 11,23-26), ritos de bau-
tismo (cfr. 1Cor 6,11; Rom 6,3; Gal 3,27), práctica y ritos de imposición de manos
(Hech 6,6; 8,17-18; 13,3; 19,6), himnos (Ef 5,14; 1Tim 3,16; 1Pe 1,3-5; 2,22-25; 3,18-
22; 5,5-9; Ap 1,4-6; 5,9-14; 11,17-18; 19,1-7), doxologías y aclamaciones (Rom 16,27;
1Cor 16,22; 2Cor 13,13; Gal 1,5; 6,18; Heb 13,20-22; Ap 7,10.12; 16,5-7; 22,17.20).

3.2.2.- Catequesis

La catequesis era la tarea de instruir a los iniciados en la fe, sobre todo, en la Sa-
grada Escritura, sea en lo concerniente a la vida del Señor como a sus enseñanzas.
Este ambiente dio origen a la formación de colecciones llamadas "dichos" de Jesús,
74

como a las aplicaciones morales de las enseñanzas del Maestro referidas a la vida de
familia, social y a la convivencia en la comunidad cristiana.

Generalmente, el método de enseñanza consistía en partir de un texto bíblico del


Antiguo Testamento e interpretarlo a la luz de los acontecimientos de la vida de Jesús
(cfr. Lc 4,17-21; Hech 8,26-40). En cambio, para la aplicación moral, se empezaba
directamente con un dicho, un gesto o una enseñanza de Jesús (cfr. Gal 5,1-6; 1Pe
2,11-12; 2,13-3-22; 4,12-19). Todo esto se hacía con la convicción de estar guiados
por el Espíritu Santo, quien asistía a la comunidad para la plena comprensión de las
Escrituras.

3.2.3.- Misión

La misión se llevó a cabo en un doble frente: el judío y el pagano. En el campo


judío, sobre todo se producían las discusiones entorno al mesianismo de Jesús de
Nazareth y a la aplicación de la Ley, lo que llevaba a la comunidad cristiana a agudizar
su apologética, buscando en la Escritura los fundamentos de su fe. Mientras que en el
ámbito pagano, siendo menos áspera la defensa de la fe, se hacía hincapié en los
relatos de los milagros y gestos de Jesús.

Cristologías

Años Años Años Años Años Años Años Años


100 90 80 70 60 50 40 30

Evangelio Cartas Tradiciones


Evangelio según Evangelio Vida
de Juan y Paulinas orales
Mateos y Lucas según Marcos pública
Apocal (Tes  en (ver 1Cor
de Jesús
Epístolas Católicas y Carta a los Hebreos el 51) 11,23)

Por eso comenzaremos con la cristología en Pablo (3.2), luego la de los Sinópti-
cos, según fueron escritos: primero Marcos (4.1), después Mateo (4.2) y por último
Lucas (4.3); para terminar con los escritos de Juan: Evangelio (7.2) y Apocalipsis
(8.2), no sin antes presentar la originalidad de Cristo en las Cartas Católicas (5) y
sobre todo en la Carta a los Hebreos (6.2).

4.- CRISTOLOGÍA EN PABLO


A diferencia de los evangelistas, Pablo no escribe una obra en la que exponga el
estado final de su pensamiento; redacta unas Cartas, a medida que las circunstancias
lo requieren, y es allí donde se observa la evolución de su descubrimiento de Cristo.
Quizás el secreto de su cristología pueda estar resumido en pocas palabras: “Mi vida
es Cristo”, o, dicho de otro modo: “Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí”
(Gal 2,20).

4.2.- Jesucristo en Pablo

San Pablo no se propone la elaboración de una cristología sistemática. Su con-


cepción del misterio de Cristo la fue presentando en el diálogo pastoral con las co-
munidades cristianas, en la profundización o precisión de algunas aclaraciones doc-
trinales, o bien, en la motivación a la praxis cristiana. De ahí, la rica concepción
paulina del misterio pascual, de la moral cristiana entendida como "vida en Cristo",
y de su teología de la Iglesia como "cuerpo místico de Cristo". No podemos dete-
nernos en todos estos aspectos; veamos someramente sólo algunos datos.
75

Sin duda alguna, la clave de interpretación de todo el mensaje cristiano, siempre


es el misterio pascual. Acorde a esta verdad, Pablo es el que más acoge, desarrolla
y profundiza el kerigma primitivo: 1Cor 15,3-8 es su texto clásico. Esta será la sín-
tesis que luego desarrollarán los sinópticos.85

Enraizados fuertemente en el evento pascual y sus consecuencias para la fe


cristiana, cada título cristológico paulino, refiere a Jesucristo con un matiz específi-
co. Quizás por esto, Pablo nunca menciona los títulos del “Jesús terreno” proceden-
tes de los Evangelios, tales como “Maestro”, “Rabbí”, “Profeta”, “Hijo de David”,
“Hijo de Hombre”. Otro detalle distintivo entre Pablo y los Evangelios, es el modo de
concebir la resurrección. Fuera del kerigma primitivo, en general, para Pablo, Dios
es el “Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos” (Rom 8,11), y por lo tanto,
Jesús es “Aquel que fue resucitado de entre los muertos” (Rom 7,4).

Los modos de hablar de Jesús más importantes utilizados por Pablo, son los si-
guientes86:

- Hijo de Dios: aparece 17 veces. Este título ligado a la entronización celestial de


Jesús, mediante la resurrección (cfr. Rom 1,4; Hech 13,32-33). Sin alcanzar to-
davía el desarrollo que adquiere en Juan (cfr. Jn 5,18; 19,7), sin embargo, en al-
gunos pasajes, sobre todo en las fórmulas de misión, parecería acercarse a la
concepción que el Evangelista tiene de la preexistencia del Hijo en el Padre (cfr.
Rom 8,3; Gal 4,4). Lo claro es que “san Pablo no utiliza el título "Hijo" para refe-
rirse a la condición divina de Jesucristo (para eso recurre al título “Señor”), sino
para destacar de una manera especial la unión entre el Padre y el Hijo (Rom
8,32; Col 1,13).
- Cristo: el más recurrente, aparece 379 veces (mientras el nombre Jesús, 213
veces). Para Pablo es como el nombre propio del Señor resucitado (cfr.1Tes
4,14). Este título refleja la dimensión social que el mesianismo adquirió en el
judaísmo tardío, donde poco a poco, se fue fusionando la figura personal del
mesías con la idea de reino mesiánico (cfr. 1Cor 12,12ss; Rom 12,4-5). En Pa-
blo, dice lo mismo que Hijo de Dios, o sea el Mesías glorificado a la derecha del
Padre, pero agrega la referencia a la comunidad.
- Señor: usado en 240 oportunidades, sirve al Apóstol para indicar la divinidad
de Jesús. En algunos pasajes designa directamente a Dios (1Cor 2,16; 3,20;
10,26; 14,21); pero en otros -en los que el título se refiere al Dios del Antiguo
Testamento-, Pablo lo aplica a Jesús, para decir que Jesús es digno de la mis-
ma adoración que Yahvé (Rom 10,9.12, cfr. Jl 3,5). Como se trata de una pro-
fesión de fe en la divinidad de Jesús, san Pablo afirma que para realizarla se
necesita la asistencia del Espíritu Santo (1Cor 12,3). En cuanto al uso de la ex-
presión litúrgica Maranatha: ¡Ven, Señor! (1Cor 16,22; cfr. Ap 22,20), permite
descubrir que Pablo ha tomado este título de la comunidad judeo-cristiana an-
terior a él (cfr. Flp 2,11, cfr Is 45,23).
- Salvador: debido a la distinción paulina entre justificación y salvación (cfr. Rom
5,9-10; 8,23-24; 10,10), las únicas veces que Pablo usa este título -con valor
escatológico- es en Ef 5,23 y Flp 3,20-21.
- Otros títulos cristológicos, más raros pero muy significativos porque acuñados
por el mismo Pablo, son “Último Adán” (1Cor 15,22.45; Rom 5, 12-21);
“Espíritu Vivificante” (1Cor 15,45; se excluye 2Cor 3,17); “Sabiduría de Dios”
(1Cor 1,24.30; Col 2,3); “Imagen de Dios” (2Cor 4,4; Col 1,15); “Primogénito”

85 Uno de los autores que más ha estudiado este texto, es J. CABA, Resucitó Cristo, mi esperanza.
Estudio exegético, B.A.C. 475, Madrid 1986, 84-116.
86 Cfr. RIVAS, San Pablo, 121; PENNA, Un cristianismo posible, 63-80 y, sobre todo, SÁNCHEZ BOSCH,
Escritos paulinos, 142-154.
76

(Rom 8,29; Col 1,15.18; sinónimo de “Primicia”: 1Cor 15,20-23); “Cabeza” (Ef
1,22; Col 2,19); “Esposo” (Ef 5,25).

Aparte de estos títulos cristológicos, entre los núcleos sobresalientes de la cris-


tología paulina, se cuentan los siguientes:

- La clave de la teología paulina, está en el hecho de que Dios quiso salvar al


mundo no por medio de la sabiduría sino por la locura del evangelio (cfr. 1Cor
1,21ss, Rom 1,16; 2Cor 4,4). El término euangelion se encuentra muy desarrolla-
do en Pablo: usa esta palabra 48 veces en las cartas. Normalmente, significa el
contenido de su mensaje. Era su manera de expresar el significado del aconteci-
miento cristológico para la historia. Para Pablo, el euangelion era: 1) Apocalíptico:
revela el misterio de Cristo, la realidad del eschaton. 2) Dinámico, el poder de
Dios como fuerza salvífica. 3) Kerigmático, transmisión de lo que Pablo recibió. 4)
Normativo para la vida cristiana. 5) Contiene promesas en la línea del Antiguo
Testamento. 6) Universal, tanto para judíos como para griegos.
- La doctrina de la cruz (1Cor 1,18) pone a Cristo en el centro de la soteriología y
todo lo demás tiende a orientarse hacia esta cristología soteriológica o “concer-
niente a la salvación”. Es decir, la cristología paulina es funcional. No quiso expli-
car lo que Cristo es en sí, sino en cuanto crucificado; el significado de Cristo para
los hombres. Por eso hace esa aserción extraordinaria a los Corintios. 1Cor 2,2:
“Pues no quise saber entre ustedes sino a Jesucristo, y éste crucificado”. Pablo
reconocía que la predicación de la Cruz “era un escándalo para los judíos y nece-
dad para los gentiles” (1Cor 1,23). Pero estaba convencido que en la Cruz se en-
contraba la potencia y la sabiduría de Dios (1Cor 1, 17-18). Pablo es el que toma
más clara conciencia de los fallos de la Ley: la justicia que viene de la Ley y de
todo lo que nosotros hacemos, no existe; somos salvados por gracia, por la adhe-
sión incondicional a Cristo por la fe y el bautismo. Y a lo largo de sus cartas a los
corintios, a los filipenses, a los gálatas, a los romanos, muestra lo que es, en con-
creto, la vida cotidiana con Cristo, en Cristo y lo que significa ser salvados por la
cruz de Cristo. Pues Pablo une la muerte y resurrección de Cristo en el hecho
salvífico (Rom 4,25). Su resurrección no es solamente el resultado de su pasión y
muerte, sino que fundamentalmente es la causa de nuestra redención.
- Los efectos del evento Cristo: Al hablar de la obra que Cristo realizó, Pablo ha-
bla por medio de imágenes. 1) Justificación, gracias al evento pascual de Cristo,
el pecador viene a ser inocente frente a Dios. 2) Salvación, Jesús rescata de la
maldad por medio de la cruz. 3) Reconciliación, Dios reconcilia los pecadores por
propia iniciativa. 4) Expiación, Cristo en un acto de amor gratuito borra el pecado
por su muerte. 5) Redención, la muerte de Cristo era un rescate o liberación. 6)
Libertad, nos hizo ciudadanos libres. 7) Santificación, los hombres son dedicados
de nuevo a Dios. 8) Transformación, Dios a través de Cristo ilumina la vida huma-
na. 9) Nueva creación, Cristo ha creado de nuevo la humanidad. 10) Glorificación,
nos da una parte de la gloria que tiene con el Padre.
- La divinidad de Jesús: si bien en Rom 9,5: “Y los Patriarcas; de los cuales tam-
bién procede Cristo según la carne, el cual está por encima de todas las cosas,
Dios sea bendito por los siglos, Amen” Pablo pareciera considerar a Jesús como
el más perfecto de los hombres (y no lo llama Dios), no significa que no haya
afirmado en otros textos también su divinidad. La afirmación de que Jesús es
Dios, en sintonía con Joel 3,5, la vemos, por ejemplo, en Rom 10,9-13 (“Pues
todo el que invoque el nombre del Señor se salvará”). Pablo jamás hubiera in-
vocado en la oración a Jesús si no lo hubiera considerado Dios. En Rom 4,10-
11 y Flp 2,5-11, citando a Is 45,23 Pablo llama “Señor” a Cristo, ante quien toda
rodilla se debe doblar, como se lo hacía ante Yahvé. Para ser coherente con el
monoteísmo de su pueblo, no llama Dios a Jesús, pero sí lo considera persona
divina. En 1Cor 8,4-6 después de tratar el tema de comer carne sacrificada a
77

los ídolos, termina diciendo “... y un sólo Señor Jesucristo, por quien son todas
las cosas y por el cual somos nosotros”. Frente a la creencia de los paganos
que son “muchos dioses y muchos señores”, afirma el monoteísmo de los cris-
tianos. Rom 11,33-36 termina con esta doxología: “... porque de él, por él, y pa-
ra él provienen todas la cosas. ¡A él la gloria por los siglos! Amén”. Pablo dice
la misma cosa de Jesús y de Dios Padre.
- La humanidad de Jesús: el bello himno de Flp 2,5-11 fue muy significativo para
los primeros cristianos, no sólo por celebrar la gran exaltación de Cristo, sino
también por reconocer en la humillación el camino hacia la exaltación. Pablo
considera a Jesús verdaderamente hombre. Lo subraya frecuentemente al hacer
referencia a la cruz, a pesar de que esto pudiera ser un obstáculo para la fe de
los judíos. Pero el apóstol estaba convencido de que en ello estaba el poder de
la salvación. Por ello “el Padre nos lo entregó”, palabras muy recurrentes en Pa-
blo, que muestran este estado de debilidad de Jesús. “El que no perdonó ni a su
propio Hijo, antes bien, lo entregó por todos nosotros” (Rom 8,32). Será el Siervo
sufriente de Dios. Será precisamente por esta muerte en cruz que las promesas
de bendición hechas a Abraham llegarán hasta nosotros, convertidas en la pro-
mesa de Espíritu Santo. Pablo identifica a Jesús con el pecado, a fin que pueda
ser uno con nosotros, uno de nosotros para que nosotros lleguemos a ser lo que
El: la rectitud de Dios. Esta comprensión de Jesús nos lleva a amar a Dios y a
amar al prójimo con sus mismos sentimientos (Fil 1,27-2,5). Incluso, a imitación
de Cristo que se hizo hombre, nos invita a amar a los pecadores: “con nadie ten-
gáis otra deuda que la del mutuo amor...” (Rm 13,8-10).
- Cristo es fuente de gracia personal: Dios viene al hombre en Cristo de una
manera que prende íntimamente, desata, abre, libera, transforma y recrea: co-
mo gracia. En Damasco, Pablo es desatado del yugo de tener que obrar por sí
mismo. Entonces experimenta lo que posteriormente dirá: “Ya no vivo yo, sino
que Cristo vive en mí” (Gal 2,20) y “Todo lo puedo en Aquel que me conforta”
(Flp 4,13). Por Cristo viene la gracia de Dios. Ella es la que obra. Pero al obrar-
lo todo (ilumina la inteligencia, desata el interior, endereza la voluntad, eleva y
da alas al ser), el hombre es lo que propiamente tiene que ser. Así, surge la
conciencia de una inmensa libertad, proveniente del Espíritu. El Cristo que sur-
ge de las cartas paulinas, es más “potencia operante”, “energía creadora”, “luz
esplendente”, “vida que se da” que figura a la que se mira o rostro al que se
puede contemplar y acompañar por los caminos de Galilea o Jerusalén como
privilegiadamente lo tenían los evangelistas.87
- El Señor del mundo y de la historia: la reflexión de Pablo a lo largo de los
cuatro años de cárcel, la meditación de las Escrituras, sobre todo de los textos
sapienciales y la crisis de Colosas, lo llevaron a reconocer el verdadero lugar
de Cristo frente al universo. No es solamente el Salvador de su comunidad; es
el Señor de la historia, la imagen del Dios invisible, primogénito de toda creatu-
ra, el creador del universo en el que Dios quiso reunirlo todo, es el Señor para
la gloria del Padre.88

5.- CRISTOLOGÍA EN LOS EVANGELIOS SINÓPTICOS


Sin duda alguna, “los Evangelios son el corazón de toda las Escrituras” (Cat.I.C
125). Ellos contienen la “Buena Noticia de Jesucristo, Hijo de Dios” (Mc 1,1), las tradi-
ciones de lo que Jesús dijo e hizo durante su vida terrena. De ahí que el estudio de la
cristología en los Sinópticos, junto con la presentación que hace el evangelista san
Juan, constituye el núcleo fundamental de esta Unidad.

87 Cfr. R. GUARDINI, La imagen de Jesús en el Nuevo Testamento, Ed. Lumen, Buenos Aires 1992,
20-32.
88 Cfr. CHARPENTIER, Para leer el Nuevo Testamento, 71.
78

Sin embargo, a pesar de ser los textos más populares del Nuevo Testamento, en-
cierran una complejidad y dificultad mucho mayor que muchos otros textos del Nuevo
Testamento. Estos son los dos motivos fundamentales (su capilar importancia y alta
complejidad), por los que creímos necesario adjuntar, como breve Ex Cursus (aunque
con abundante Bibliografía), ciertas cuestiones pertinentes al mundo de los Evange-
lios, que exceden la temática cristológica que estamos tratando, pero explican algunas
de sus numerosas problemáticas.

Así como Pablo con Damasco, los evangelistas también tuvieron un antes y un
después de la percepción de los misterios de la vida de Cristo. La experiencia pascual
y la venida del Espíritu Santo, al transformar profundamente a los discípulos y su rela-
ción con Jesús, igualmente transformaron las tradiciones sobre Jesús y la manera de
transmitirlas.

Tanto fue así, que M. KÄHLER acuñó una frase que ha tenido mucho éxito: “Los
evangelios son el relato de la pasión con una larga introducción”. Desde el punto de
vista cuantitativo es exagerada. Pero, desde el punto de vista de la trama que organi-
za la narración evangélica en su conjunto, el misterio pascual es su clave interpretativa
teológica: descubren en la vida y muerte de Jesús la actuación de Dios y el cumpli-
miento del Antiguo Testamento, partiendo de la fe en Cristo resucitado. Cada evange-
lista, a su manera, fusionó el pasado de Jesús y el presente del Señor resucitado.89

5.1.- Marcos
El Evangelio según San Marcos parece ser, según las opiniones más difundidas,
el más antiguo de los que actualmente poseemos. Al ser escrito alrededor del año
70 (antes de la redacción de Mateo y Lucas), su presentación de los misterios de
Jesús sería la de la comunidad más primitiva y esto explicaría por qué es el más
breve de todos.

En cuanto al lugar de composición, los datos internos (por el uso de latinismos,


alusión a derecho y horario romano: Mc 10,12; 13,35; explica las monedas hebreas
con su equivalencia romana: Mc 12,42; presenta un romano como el primero que
descubre la identidad de Jesús: 15,39; etc.) sugieren un lugar fuera de Palestina, en
contexto cultural-administrativo romano.90

Los destinatarios de su obra son predominantemente étnico-cristianos: necesitan


que se les expliquen costumbres judías y palabras arameas. La Iglesia local parece
ser comunión de comunidades domésticas, algo organizadas, que se reúnen en
una casa (como la que elegía Jesús para retirarse con sus discípulos e instruirlos)
para celebrar el culto y tener la catequesis.91

El arte literario de Marcos, un cristiano helenista posiblemente judío, es bastante


pobre. Al leer su Evangelio se percibe que escribe el griego semitizante con cierta
dificultad. No construye largos períodos sino solamente frases yuxtapuestas. Inclu-
so se descubren errores gramaticales. Usa un lenguaje muy sencillo y a veces has-

89 Cfr. R. AGUIRRE MONASTERIO, “Introducción a los Evangelios Sinópticos”, 20-47, en R. AGUI-


RRE MONASTERIO - A. RODRÍGUEZ CARMONA, Evangelios sinópticos y Hechos de los Apósto-
les, Ed. Verbo Divino, Estella (Navarra) 1992.
90 Cfr. A. RODRÍGUEZ CARMONA, “Evangelio según San Marcos”, 20-47, en R. AGUIRRE MO-
NASTERIO - A. RODRÍGUEZ CARMONA, Evangelios sinópticos y Hechos de los Apóstoles. Apar-
te de este autor, otros que se han especializado en el estudio de Marcos son: J. M. GONZALEZ-
RUIZ, Evangelio según san Marcos, Ed. Verbo Divino, Estella (Navarra) 1989; J. MATEOS - F.
CAMACHO, Marcos. Texto y comentario, Ed. El Almendro, Granada 1994; J. GNILKA, El evangelio
según san Marcos, 2 Vol, Biblioteca de Estudios Bíblicos 55, Ed. Sígueme, Salamanca 19994; etc.
91 Cfr.A. RODRÍGUEZ CARMONA, “La Iglesia en Marcos”, Estudios Eclesiásticos 63 (1988) 130-133.
79

ta vulgar o poco elegante. Evita los discursos (contrariamente a Mateo), pero se


extiende en las narraciones de algunos hechos con gran vivacidad y lujo de detalles
lo que las hace curiosas y simpáticas.

5.1.2.- Jesucristo en Marcos

Habiendo captado el plan de Marcos, el cual se deja entrever a través de la dis-


posición del material y de los recursos literarios empleados para tal fin, conviene
hacer un recorrido del contenido desplegado en las dos partes de la obra.92

PRIMERA PARTE: Jesús, el Mesías

En la primera parte Jesús hace gran cantidad de milagros y exorcismos, provo-


cando la admiración y la adhesión de la multitud. Admiración y adhesión que poco a
poco se van enfriando dando lugar a la incomprensión y a la oposición. Un dato que
llama la atención es que, inmediatamente después de hacer los milagros -en la ma-
yoría de los casos-, Jesús manda guardar secreto sobre lo sucedido. Hay un explí-
cito deseo de que no haya publicidad (ver, por ejemplo, Mc 5,43: después de la
resurrección de la hija del Jefe de la sinagoga).

Dentro del Prólogo, la 1º escena con que se abre el evangelio es la predicación


de Juan Bautista. Marcos conserva solamente la mención de la dignidad de Jesús
(1,7-8) que luego es confirmada por la voz del cielo en la 2º escena: del bautismo
(1,9-11). La voz del profeta Juan y la voz de Dios coinciden en decirnos quién es
Jesús.

Para cerrar la trilogía, la 3º escena del Prólogo es el relato de las tentaciones


de Jesús en el desierto. Esta narración de Mc es mucho más reducida que la que
encontramos en los otros Evangelios (Mt y Lc. En Jn no existe el relato de las ten-
taciones). En Mc se reduce a dos versículos. Omite la mención del ayuno y no des-
cribe en detalle las tentaciones (no nos dice cómo fue el diálogo con Satanás, cuá-
les fueron las tentaciones, ni qué sucedió). Omitiendo todo esto, solamente nos dice
que: “...permaneció en el desierto cuarenta días, tentado por Satanás. Estaba entre
los animales del campo y los ángeles le servían” (1,13).

Un personaje que está solo entre los animales, acompañado por los ángeles y
tentado por Satanás, responde a la imagen de Adán según las narraciones popula-
res muy en boga en los tiempos en que se escribía el Nuevo Testamento. Si Mt,
escribiendo para judíos, habló de las tentaciones de Jesús relacionándolas con las
tentaciones que sufrió el pueblo de Israel en el desierto, Mc, por su parte, escri-
biendo para cristianos venidos del paganismo, prefiere relacionar las tentaciones de
Jesús con las de Adán, el primer tentado de la humanidad. Jesús, como el primer
hombre, también padece tentaciones; pero las vence. Luego, continúa su misión.

Cuando Jesús comienza a predicar (“anunciar”) que la llegada del Reino de Dios
necesita conversión y fe, la reacción de los primeros oyentes es de asombro. “Todos
quedaban asombrados por su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autori-
dad y no como los escribas” (1,22). Ante el relato de la primera predicación de Jesús y
del primer milagro (1,23-28: la curación de un endemoniado), Mc muestra dos ambien-
tes: un ambiente humano, en el que todos tienen un gran interrogante: ¿De dónde le
viene esta autoridad que hasta los demonios le obedecen? Y el otro ambiente, el de los
demonios. La multitud no alcanza a comprender. Los demonios gritan: “Yo sé quién
eres tu: el Santo de Dios”. Jesús les manda callar. Lo mismo sucede en el relato que

92 Cfr. L. RIVAS, ¿Qué es un Evangelio?, Ed. Claretiana, Buenos Aires 2001, 61-68.
80

viene inmediatamente después, el de la curación de la suegra de Pedro: No dejaba


hablar a los demonios porque le conocían (1,34). La autoridad que manifiesta delante
de la gente queda bien justificada: por su manera de enseñar y porque aún los mismos
demonios son expulsados y obligados a callar. No sucede así en la escena de la cura-
ción del paralítico (2,1-12), en que la autoridad de Jesús fue discutida por los escribas.
Jesús dice que le perdona los pecados, y es acusado de blasfemador porque el único
que tiene autoridad para perdonar los pecados es Dios. Se repite entonces el primer
interrogante ante la presencia de Jesús: ¿Quién es este...? (2,7)

Luego sigue una serie de actos (“el hacer de Jesús”) que provocan incidentes y
otros interrogantes: Jesús come con los pecadores, no ayuna, no observa el des-
canso obligatorio del sábado, arranca las espigas y cura al hombre de la mano pa-
ralítica (2,15-3,6). Por un lado, está violando la ley pero, por el otro, está haciendo
el bien, realiza milagros. Parecieran cosas antagónicas. Esto hace que la gente se
pregunte: ¿Por qué hace esto? Jesús nunca da respuestas; los interrogantes si-
guen creciendo.

Y a medida que Mc nos va presentando a Jesús, va agregando detalles que re-


velan su aspecto humano: mira con ira, apenado (3,5); pregunta (5,30-32;
9,16.21.33); se admira (6,6); gime (8,12); se indigna (10,14); abraza a los niños
(10,16); mira con cariño (10,21); tiene hambre (11,12); etc. Estos datos, hacen apa-
recer a Jesús como un hombre semejante a cualquier otro, pero, a su vez, aunque
crea interrogantes en la multitud, hace cosas extraordinarias.

Los que presencian los hechos y las palabras de Jesús, al principio, se entu-
siasman; pero poco a poco no sólo la van perdiendo sino que además van crecien-
do en agresividad, hasta terminar con la confabulación que intenta matar al Señor.
Incluso los apóstoles participan de este clima de incredulidad y de agresividad con-
tra Jesús. Presencian un milagro y se confabulan para matarlo (3,6).

Sus parientes salen a buscarlo porque piensan que está fuera de sí (3,21); los
escribas dicen que está poseído por un demonio (3,22); los discípulos le reprochan
su accionar (4,38) y no tienen fe (4,40; 6,52; 8,17-21); la gente se le burla y tampo-
co cree (5,40; 6,5-6); los “que lo conocen” se escandalizan de Él (6,3). Así, en me-
dio de una hostilidad creciente de quienes lo rodean, Jesús va quedando comple-
tamente sólo. Mc, al describir el ministerio de Jesús de esta manera, está haciendo
ver a los lectores de Roma que la situación que ellos viven ya fue vivida anterior-
mente por el mismo Jesús.

El “enviar de Jesús”. A pesar de la poca fe del entorno, Jesús llama a los Doce
(luego hace los mismo con los apóstoles y los discípulos) y comienza a enviarlos
“de dos en dos” (ver Mc 6,7 a 8,30). Dándoles poder sobre los espíritus inmundos,
los manda por todoas las ciudades a que prediquen y curen enfermos. Les da todas
las órdenes y recomendaciones para que sean ellos mimos, los que extiendan el
ministerio del Maestro, tanto en lo que Él había anunciado como hecho.

La primera parte del evangelio termina cuando Jesús reúne a sus discípulos para
hacerles una pregunta: “¿Quién dicen los hombres que soy yo?” (8,27). Los discípu-
los le responden: “unos dicen que es Juan el Bautista, otros, que Elías; otros, que
uno de los Profetas” (8,28). Y cuando les pregunta a ellos, “Y ustedes, ¿Quién di-
cen que soy yo?, sólo uno da la respuesta correcta. Pedro tomó la palabra y dijo:
“Tu eres el Mesías “Entonces Jesús le mandó enérgicamente que no hablaran a
nadie acerca de Él (8,29- 30).
81

Marcos da por terminada esta primera parte de su evangelio cuando Pedro confie-
sa el primer título dado a Jesús en el Prólogo: “Jesús es el Mesías” (1,1 y 8,29). La
pregunta acerca de Jesús que se había formulado en los capítulos precedentes ha
encontrado una respuesta. Pero Jesús manda callar acerca de este título, porque el
concepto popular que se tiene del Mesías no es coincidente con el de Jesús. En la
opinión de la gente, el Mesías era un rey glorioso. Jesús tendrá que instruir a sus
discípulos de que Él es Mesías, pero de otra forma. De esto trata la segunda parte.

SEGUNDA PARTE: Jesús, el Hijo de Dios

La segunda parte empieza diciendo que “Jesús comenzó a enseñarles que el Hi-
jo del hombre debía sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sa-
cerdotes y los escribas, ser matado y resucitar a los tres días” (8,31). “Y de esto
hablaba abiertamente” (8,32): sobre este aspecto ya no hay secreto. Se entra de
lleno en un nuevo tema: la necesidad del sufrimiento. Esto explica el porqué del
secreto acerca del Mesías. Jesús no es un Mesías glorioso, sino sufriente. Una vez
que los discípulos llegaron a comprender que Él era el Mesías, entonces les explica
de qué forma lo sería: el camino será el del dolor, el sufrimiento y la muerte.

Triple anuncio de la Pasión (Mc 8,31-33; 9,30-32 y 10,32-34). El primer inci-


dente que se produce cuando Jesús anuncia abiertamente el camino de la Pasión
es la intervención de Pedro; pero ahora, que reprende a Jesús. Escena ciertamente
escandalosa: Pedro se siente con autoridad como para tomar apate al Maestro y
reprenderlo (8,32). Pero Jesús, a su vez, reprende a Pedro con palabras muy du-
ras: “¡Quítate de mi vista, Satanás, porque tus pensamientos no son los de Dios
sino los de los hombres!” (8,33). Queda de manifiesto lo que Pedro entendía por
Mesías (uno que no debía sufrir); y por eso, el reproche de Jesús.

Esto da ocasión para que Jesús, llamando a la gente y a los discípulos, les diga:
“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y síga-
me...” (8,34-38). Es una invitación a seguir a Jesús, generalizada; para seguirlo hay
que cargar con la cruz. ¿Y dónde termina este camino? La respuesta se encuentra
en la escena siguiente: Jesús se retira con algunos de sus discípulos y se transfigu-
ra. La voz del Padre proclama: “¡Este es mi Hijo amado, escuchadle!” (9,7). El ca-
mino de la cruz de Jesús tiene su término en la gloria del Padre; de la misma mane-
ra, los hombres que siguen a Jesús por ese camino llegarán a la gloria con Él.

Después de esta primera enseñanza de Jesús sobre su Pasión y la proclama-


ción del Padre, en Mc ya no hay más mandatos de guardar secreto. Ahora se habla
y se actúa abiertamente. Jesús comienza su caminata hacia Jerusalén, y por el
camino les recordará que Él va hacia Jerusalén para padecer (9,30-32; 10,32-34).
Pero a pesar de que en estos momentos Jesús habla y actúa abiertamente, sus
discípulos siguen sin comprender y temen preguntarle (9,32).

Y al triple anuncio de la Pasión, también siguen tres reacciones. Después del


primer anuncio (8,31), como ya dijimos, Pedro se opone a que Jesús tenga que
sufrir (8,32). Después del segundo anuncio (9,31), los discípulos se desentienden y
comienzan a discutir sobre quién de ellos es el más importante (9,33-34). Después
del tercer anuncio (10,33-34), Santiago y Juan piden el privilegio de sentarse a la
derecha y a la izquierda de Jesús en el reino (10,35-37); con la indignación de los
otros diez.

Juicio sobre Jerusalén (11,1-13,37). Tanto los relatos que preparan la Pasión
como los de la misma Pasión, Mc va a ir como acumulando signos contradictorios
que, de una forma muy dolorosa, muestran todo lo que sucede en el proceso. Jesús
82

llega a Jerusalén y entra solemnemente aclamado por la multitud (11,1-10). Se es-


peraba que Jesús fuera a casa del gobernador o a tomar el poder; sin embargo, lo
único que hace es entrar al Templo, mirar a su alrededor y volver a salir (11,11).

Pasión y muerte (14,1-15,39). El relato de la Pasión, sin ninguna sentencia pre-


via, comienza con la referencia de que los sumos sacerdotes y los escribas buscan
a Jesús para matarlo (14,1-2). En contraposición, una mujer derrama un perfume
muy caro sobre la cabeza de Jesús durante una cena, mientras los presentes pro-
testan (14,3-9). Esta escena termina de una forma muy dolorosa: “Entonces Judas
Iscariote, uno de los Doce, fue donde los sumos sacerdotes para entregárselo. Al
oírlo ellos se alegraron y prometieron darle dinero” (14,10-11). En los otros Evange-
lios, Judas aparece entregando a Jesús a cambio de dinero; en Mc lo entrega en
forma totalmente gratuita. Si hay una promesa de dinero es una vez que él ha dicho
que lo entregará, pero no como una condición para entregarlo. Mc pone de relieve
la maldad del acto de Judas: no entrega a Jesús por avaricia sino como reacción a
la escena de la mujer y el perfume.

El relato de la Última Cena (14,22-25) encuadra la institución de la Eucaristía


con dos escenas referentes a los discípulos: el anuncio de la traición de Judas
(14,17-21) y el anuncio de las negaciones de Pedro (14,26-31). El interés de Mc por
oponer los gestos contradictorios queda muy de manifiesto: primero la actitud de la
mujer con el perfume, precedida por la referencia a la actitud de los sumos sacerdo-
tes y los escribas y seguida por la de Judas. Luego la última cena: la institución de
la Eucaristía precedida por el anuncio de Judas y seguida por el anuncio de Pedro.

Después de la cena Jesús va al huerto de Getsemaní (14,32-42) donde inte-


rrumpirá por tres veces su oración para buscar la compañía de sus discípulos que
siempre están dormidos. Mientras ellos duermen, otro de los Doce viene con los
enemigos para tomar preso a Jesús (14,43), y la señal para la traición es un beso
(14,44-45). Esa sucesión de signos contrapuestos culmina con las palabras que diri-
ge Jesús a los que vienen a detenerlo: vienen a buscarme con palos y espadas como
si fuera un ladrón, cuando he estado enseñando en el Templo y no me detuvieron
(14,49-50). La escena en el huerto termina cuando un joven que seguía a Jesús es-
capa desnudo ya que iba envuelto solamente en una sábana, y al ser detenido aban-
donó la sábana y huyó (14,51).

Muchos han pensado que este joven es el mismo Marcos. Pero conviene atender
a que así como el relato del proceso y la ejecución de Jesús (que se inicia aquí) co-
mienza con un joven que huye desnudo, el mismo relato finaliza con otro joven vesti-
do con una túnica resplandeciente que está sentado y anuncia la resurrección del
Señor (16,5-6). El huir desnudo es signo de vergüenza y humillación. En cambio el
estar sentado con un vestido resplandeciente es signo de triunfo y de gloria. Tene-
mos dos figuras simétricas que encuadran todo el relato de la Pasión. Por un lado la
humillación y por el otro la gloria. Si el joven en cuestión es Mc o no, pasa a segundo
plano.

Al ser llevado al Tribunal, nos encontramos con la gran paradoja de todo el


evangelio de Mc. Como ya se ha dicho, ante los que preguntaban "¿Quién es és-
te?", Jesús nunca dió una respuesta que justificara sus palabras y sus hechos. Aho-
ra que está ante el Tribunal, cuando se trata de encontrar algún testimonio valedero
para culparle, Él mismo es quien da la respuesta y es el testimonio que sirve para
condenarlo a la cruz: “¿Eres tu el Mesías, el Hijo del Bendito (Dios)?” (14,61). Y la
respuesta de Jesús fue: “Sí, lo soy” (14,62). Esta respuesta de Jesús que se pro-
clama Mesías e Hijo de Dios tiene también su contraparte: el sumo sacerdote dice
83

que ha blasfemado, todos lo condenan a muerte, algunos lo escupen o lo golpean


(14,63-65), y su discípulo lo niega (14,66-72).

La paradoja continúa con el juicio ante Pilato: todos lo acusan y Jesús no res-
ponde. Solamente habla una vez y es para decir a Pilato: “Tu lo dices” (15,2) cuan-
do aquel le preguntaba si era el rey de los judíos. Es una expresión ambigua que
deja la responsabilidad de la respuesta sobre el mismo que pregunta, ya que rey de
los judíos tenía diverso significado si lo decía Pilato o si lo decía Jesús. Para el pri-
mero era un revolucionario, en cambio, para Jesús era el título del Mesías.

Inmediatamente viene la escena de Barrabás (15,6-15): “Pilato les preguntó:


“¿Queréis que os suelte al Rey de los judíos?”... La gente gritaba: “¡Crucifícale!”“.
Esta narración de Marcos tiene algo de tremendo: aquella gente no era de la que se
interesaba por Jesús sino los partidarios de Barrabás. A esta gente Pilato le da la
responsabilidad de decidir a quién querían liberar y a quién crucificar. Barrabás era
un sedicioso acusado por homicidio y la gente lo elige incitados por los sacerdotes.
Jesús, entonces, es entregado a muerte (15,15)

Al final de la escena del juicio ante Pilato hay una escena de burlas por parte de
los soldados romanos (15,16-20), así como hubo otra escena de burlas al final del
juicio por parte de los judíos (14,65): judíos y paganos se burlan de Jesús. Las bur-
las se van a continuar al pie de la cruz (15,29-32).

La muerte de Jesús está narrada de una manera muy simple: “Jesús, lanzando
un fuerte grito, expiró” (15,37). Jesús muere como cualquier hombre torturado, sin
ningún fenómeno extraordinario como los que describe Mateo (Mt 27,51-53).

Pero el Centurión que estaba frente a Él, al verlo expirar de esa manera, dijo:
“Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”. Llegamos a la segunda confesión:
el Centurión romano confiesa el 2º título que Mc aplicaba a Jesús en su Prólogo
(1,1: “Jesús, el Mesías, el Hijo de Dios”) y al final de la 1º Parte (ver 8,29). El centu-
rión hace esta confesión solamente porque vio como había expirado; es decir sin
necesidad de ningún signo extraordinario; mientras que los sumos sacerdotes ha-
bían dicho: “Que baje de la cruz para que veamos y creamos” (15,32). Los que exi-
gían signos extraordinarios para creer, se quedaron sin creer mientras el que no
exigía, creyó.

El Epílogo (15,40-16,8) comienza con el relato del encuentro de la tumba vacía


que es muy sobrio. Las piadosas mujeres van con perfumes para embalsamar el
cuerpo del Señor. No se manifiesta en ellas ningún indicio de que esperaran la re-
surrección, porque llevan los perfumes para perpetuar un cadáver. E cambio, ellas
reciben el mensaje de la resurrección; pero en vez de alegrarse, se llenan de temor.
Siguen las contradicciones. Al final, Mc sin relatar las apariciones del Señor Resuci-
tado (solamente las enuncia): deja el mensaje de ir por todo el mundo a evangeli-
zar. El que crea se salvará.

5.2.- Mateo
No hay duda, de que de los tres sinópticos Mt se presenta como el más semítico.
Y no solo por el mayor recurso a la Escritura, en particular las llamadas “citas de
cumplimiento”, sino por toda una serie de características y procedimientos estilísti-
84

cos (inclusiones, paralelismos, quiasmos, etc.), que han hecho pensar en una au-
tentica escuela mateana-semítica.93

El Judaísmo con el que polemiza Mateo, refleja los rasgos legalistas posteriores
al año 70 (fecha en que fue destruido el Templo de Jerusalén). El texto de Mt 22,7
no puede sino explicarse como referencia a este hecho. Por lo tanto hay que datar
el Evangelio, con la mayoría de los autores, poco después del año 80. Sobre su
lugar de composición, se sigue discutiendo, aunque priorizan su procedente desde
Antioquía.94

5.2.2.- Jesucristo en Mateo

En este caso, para aproximarnos a la cristología de Mateo, lo haremos a partir


de algunos de los títulos Cristológicos atribuidos a Jesús de Nazareth.

[Link].- Hijo de David e hijo de Abraham

La perspectiva fundamental de la Cristología mateana está introducida desde el


primer versículo; allí Jesús es declarado Mesías con estas palabras: “Cristo, hijo de
David, hijo de Abraham”. Jesús realiza la gran expectativa mesiánica cumpliendo
las promesas que Dios hizo al rey David y antes, todavía, al padre Abraham.

A través de esta doble filiación ya podemos entrever una tensión entre particula-
rismo y universalismo. En cuanto hijo de Abraham, Jesús es el cumplimiento de
aquella promesa de bendición que alcanza a todas las familias / naciones de la tie-
rra (ver Gn 12,3; 18,18; 22,18; 26,4; 28,14). En cuanto hijo de David, Jesús es el
ungido del Señor, el rey ideal anunciado por el profeta Natán (ver 2Sam 7,12-16) y
que Salomón había realizado sólo parcialmente. Como David, él será originario de
Belén y pastoreará a Israel con la fuerza del Señor (véase el oráculo de Miq 5,1-4
citado en Mt 2,6). Saludar a Jesús como “Hijo de David” es, por tanto, reconocerlo
heredero y portador de las promesas hechas a la casa de David.

Sin embargo, Mateo nunca utilizará este título en términos “triunfalísticos” ni bajo
el horizonte de un mesianismo político (como aquel que esperaba gran parte del
judaísmo contemporáneo). Al contrario, parece insistir en unir el título “hijo de Da-
vid” con la solidaridad de Jesús hacia los pobres, los enfermos y los necesitados
(ver, por ejemplo, Mt 9,27, donde los ciegos gritan este título a los largo de toda la
calle hasta que llegan a la casa donde ha entrado Jesús).

La misión de Jesús a Israel (particularismo) está fuertemente subrayada en Ma-


teo; tal es así que este evangelista es el único que relata un dicho de Jesús (¡cruz
de los exegetas!) en el cual aparece su conciencia de ser enviado solamente “a las

93 Cfr. K. STENDHAL, The School of St. Matthew and its Use of the Old Testament, Ed. Gleerup,
Lund 19692. Este autor sostiene que Mt proviene de una escuela de escribas. Detrás de su técnica
de composición se entrevén costumbres y tradiciones del ambiente judaico y en particular de la es-
cuela midráshica.
94 Cfr. R. AGUIRRE MONASTERIO, “Evangelio según San Mateo”, 190-275, en R. AGUIRRE MONAS-
TERIO - A. RODRÍGUEZ CARMONA, Evangelios sinópticos y Hechos de los Apóstoles. Otros estu-
dios específicos de Mateo: W. TRILLING, El Evangelio según San Mateo, Ed. Herder, Barcelona
1980; P. BONNARD, El Evangelio según San Mateo, Ed. Cristiandad, Madrid 19832; S. GUIJARRO
OPORTO, Evangelio segun San Mateo, Ed. Sígueme, Salamanca 1989; M. QUESNEL, Jesucristo
según san Mateo: Síntesis teológica, Ed. Verbo Divino, Estella (Navarra) 1993; P. LE POITTEVIN –
E. CHARPENTIER, El evangelio según San Mateo, Cuadernos Bíblicos 2, Ed. Verbo Divino, Estella
(Navara) 1994; L. ULRICH, El Evangelio según San Mateo, 4 vol., Ed. Sígueme, Salamanca 1993-
2005. Específicamente para su cristología: G. HERAS OLIVER, Jesús según san Mateo: Análisis na-
rrativo del primer evangelio, Colección Teológica 105, Ed. EUNSA, Pamplona 2001.
85

ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mt 15,24). Este dicho también está referido
en Mt 10,6 en el contexto del discurso misionero.

[Link].- Hijo de Dios

Como el título “Hijo de David” (que en Mt aparece 9 veces), de honda raíz judaica,
es ambiguo, el evangelista, para expresar el misterio íntimo de la persona de Jesús,
recurre al título “Hijo de Dios”.

Jesús es el Hijo de David y el Hijo de Abraham, en quien se verifican las promesas


mesiánicas y de bendición universal, pero sobre todo es el Hijo de Dios (Mt 2,15) que
cumple el destino de Israel y fue proclamado por el Padre como su Hijo (Mt 3,17). A
diferencia de Mc 15,39, el título no se reserva para el final, sino que aparece ya insi-
nuado desde la concepción virginal por la fuerza del Espíritu (1,20-22). Es proclamado
por los discípulos (14,33) y por Pedro (16,16). Incluso en la Pasión, estando en la cruz,
es tentado tres veces por ser Hijo de Dios (27,39-43). Mientras los paganos, también
contemplándolo en la cruz, lo reconocen como Hijo de Dios (27,54). Finalmente, en la
conclusión del evangelio, vuelve a aparecer en toda su majestad como el Hijo de Dios
(28,16-20).

A esta presentación mateana de Jesús, puede sumarse el dato literario de la in-


sistencia del primer evangelista (más que los otros sinópticos), sobre la condición
de Dios como Padre. También Mt es el que más usa el posesivo “mi” Padre para
dirigirse a Dios (Mc ninguna vez; Lc 4 veces y Mt 18 veces: 7,21; 10,32-33; 11,27;
12,50; 15,13; 16,17; 18,[Link]; 20,23; 25,34.41; 26,[Link]).

[Link].- Señor

Otra característica de Mt es la frecuencia con que Jesús es designado como


“Señor” por distintas personas. Con este título, se dirigen a él para interpelarlo tanto
sus discípulos (Mt 8,21.25; 14,28.30; 16,22; 17,4 26,22) como la gente que se acer-
ca a pedirle un favor (8,2.6.8; 9,28; 15,22.25.27; 20,30.31). Sin embargo, debe no-
tarse que este título nunca es puesto en boca de sus adversarios.

Parecería, por lo tanto, que aún siendo una designación honorífica o respetuosa de
su persona, Mateo usa el título refiriéndose a Jesús resucitado, como Señor presente y
actuante en su Iglesia. Con toda probabilidad Mt al usar este apelativo dado por los
LXX a Dios, sugería a su comunidad la equiparación de Jesús con Dios Padre.

[Link].- Emmanuel: “Dios con nosotros”

Con este título, Mateo, valiéndose de una inclusión (recurso literario), abraza to-
do el evangelio (Mt 1,23 y 28,20). Para el evangelista, en Jesús se realiza la pre-
sencia de Dios en medio de su pueblo y, consecuentemente, este nuevo pueblo de
Dios se caracteriza por su relación con Jesús, incluso más allá de su presencia te-
rrestre.

Si hay que entender Mt 18,20 a la luz del dicho rabínico “si dos están juntos ocu-
pados en las palabras de la Ley, la Shekina (la gloria de Dios) habita entre ellos”
(Aboth 3,2), las implicaciones cristológicas son enormes, porque Jesús toma el
puesto de la Shekina.

Mateo “nos ha ido llevando para que leamos el Antiguo Testamento, pues nos ha
ido mostrado el cumplimiento de todas las profecías en Jesús. El Reino tan ansiado ya
está entre nosotros y podemos verlo aparecer humildemente en esta comunidad que
86

preside Pedro y que se llama Iglesia. Todavía tiene muchas debilidades, está mezclado
con gérmenes de mal; pero al final el Señor hará su purificación y el Reino llegará a su
plenitud. Mientras tanto debemos estar siempre vigilantes (Mt 2,42-44) y como nos
enseña Mateo, rezar siempre: “¡Que venga tu Reino, Señor!”“ (Mt 6,10).95

5.3.- Lucas
La unidad de ambas obras, el Evangelio y los Hechos de los Apóstoles, manifes-
tada en la unidad de lengua, estilo y teología, constituye el conjunto literario cuanti-
tativamente más importante y complejo de todo el Nuevo Testamento.96

Se trata de un bloque de 37.778 palabras (las cartas paulinas suman un total de


32.303 palabras), de las cuales 19.404 corresponden al Evangelio y 18.374 pala-
bras a los Hechos. El conjunto representa la empresa literaria más ambiciosa del
cristianismo primitivo, que por primera vez intenta auto-comprenderse en el marco
de la Historia de la Salvación.

La mayoría de los exégetas sitúan la doble obra en el decenio 80-90, primero el


Evangelio y después Hechos que, según el prólogo inicial (Lc 1,4) está destinado a
creyentes que ya hayan recibido una formación en la fe. La obra deja entrever la exis-
tencia de “Iglesias” (personas creyentes en Jesús), cuya mayoría parece ser de cris-
tianos griegos. Muy posiblemente se trata de una comunidad de origen paulino. Sus
destinatarios se situarían en Grecia-Macedonia-Asia Menor.97

5.3.2.- Jesucristo en el Evangelio de Lucas

No trataremos aquí de sistematizar la amplia y rica cristología lucana; simple-


mente tomaremos de modo paradigmático un episodio típicamente lucano y, a partir
de los títulos y de los rasgos de Jesús que emanan del relato, presentaremos algo
del apasionante misterio de Cristo en Lucas. Se trata del texto de Lc 24,13-35.

A pesar de este limitado propósito, antes de abordar el texto, conviene mencio-


nar las 4 fases en la cuales se desarrolla la cristología lucana. Ellas son importantes
para entender el origen y alcance de todos los títulos aplicados a Jesús. Dichas
fases son: 1) desde su concepción virginal hasta el bautismo; 2) desde el bautismo
hasta la ascensión; 3) desde la ascensión hasta la parusía; 4) la parusía98.

95 Cfr. RIVAS, Qué es un Evangelio?, 53.


96 Partimos de la consideración unitaria de la obra lucana. Para una visión de la situación actual de
tal problemática puede consultarse J. VERHEYDEN, “The Unity Luke-Acts. What Are We Up To?”,
en J. VERHEYDEN (ed.), The Unity of Luke-Acts, Leuven 1999, 3-56. Allí el especialista partiendo
de los trabajos de Cadbury y Conzelman, a los que considera “piedras angulares” y luego de revi-
sar estudios efectuados en las últimas décadas, concluye: “El Evangelio es la introducción a He-
chos y la base sobre la cual Hechos es construido, pero también que el Evangelio, en un sentido,
necesita Hechos y llama por la continuación en la cual su mensaje es realizado en el mundo. Con-
secuentemente, Lucas y Hechos juntos constituyen una obra”.
97 Ver A. RODRÍGUEZ CARMONA, “La obra de Lucas”, 276-388, en R. AGUIRRE MONASTERIO -
A. RODRÍGUEZ CARMONA, Evangelios sinópticos y Hechos de los Apóstoles. Aparte de este au-
tor, otros clásicos especialistas en el estudio de Lucass son: J. A. FITZMYER, El evangelio según
Lucas: traducción y comentario, 3 vols., Ed. Cristiandad, Madrid 1986-87; J. ERNST, Il Vangelo
secondo Luca, 2 vol., Ed. Morcelliana, Brescia 19902; G. C. BOTTINI, Introduzione all’opera di
Luca. Aspetti teologici, Ed. Franciscan Printing Press, Jerusalem 1992; A. STÖGER, El Evangelio
según San Lucas, Ed. Herder, Madrid 19934; A. GEORGE, El evangelio según San Lucas, Cua-
dernos Bíblicos 3, Ed. Verbo divino, Estella (Navarra) 1994; F. BOVON, El Evangelio según San
Lucas, Ed. Sígueme, Salamanca 20042.
98 Cfr. FITZMYER, El Evangelio según S. Lucas, I, 330 y BOTTINI, Introduzione all’opera di Luca, 78.
87

Entrando en el relato elegido: "los discípulos de Emaús", cuyo objetivo principal


es el de “reconocer” al Señor resucitado a través de las Escrituras y la fracción del
Pan, podremos apreciar cómo Lucas va llevando al lector progresivamente por un
camino cristológico que encuentra su meta en este reconocimiento que luego se
convertirá en “encuentro”. Tal encuentro vivencial, en seguida, es confirmado por la
comunidad y luego anunciado como una experiencia personal para vivir en la histo-
ria cotidiana.

En definitiva, para estudiar la cristología de Lucas, lo haremos a partir de este


texto “típico” que nos trazan los pasos del evangelista respecto a esta creciente
revelación de Jesús que, partiendo de ser un simple “forastero” termina siendo re-
conocido como el “Señor”. Veamos algo de cada título cristológico.

[Link].- Jesús, “un PEREGRINO” (Lc 24,15-18)

Más allá de la cuestión del género literario usado por Lucas, es decir de la anag-
nórisis99 que permite esconder un personaje divino en el ropaje de una persona
común, lo cierto es que el evangelista es consciente de que el lector conoce “quien”
es el caminante que se acerca a los dos discípulos, mientras éstos lo ignoran. De
esta manera, Jesús hace su aparición en escena como “un peregrino” más, incluso,
siguiendo el juego de esta fina ironía lucana, aparece como el “único forastero que
no conoce los hechos acaecidos en Jerusalén” (Lc 24,18).

Sin embargo, detrás de este recurso literario, se deja ver un tema que invade la
teología lucana: el de la peregrinación y del camino. En el caso concreto del episodio
de Emaús, la presentación de Jesús como “peregrino” no es un recurso estilístico, o
una imagen añadida a las pluriformes maneras de presentarse que asume después
de la resurrección (el jardinero, un pescador Jn 20,15; 21,5ss.), sino más bien, una
imagen en perfecta coherencia con la presentación que Lucas hace de Jesús en su
evangelio. En este cuarto evangelio, Jesús es “el peregrino” enviado por Dios en la
historia de los hombres, a quienes les sale al encuentro en sus necesidades concre-
tas (cfr. Lc 4,42-44; 5,12; 6,1.12.17; 7,1.11; 8,1; 9,51; 13,33).

Este perfil, por lo tanto, no es al acaso sino plenamente consecuente con la teo-
logía lucana. Si la “salvación” entra en la historia y hace “camino” en ella constitu-
yendo “una historia de la salvación”, lógicamente el portador de la salvación debe
ser “un peregrino” en la historia.100 Más aún, en el episodio de Emaús se remarca
una vez más la pedagogía de Dios en Cristo, quien toma la iniciativa de salir al en-
cuentro de sus compañeros de camino en la situación concreta, en la cual ellos se
hallan. En efecto, la tristeza y desazón son tales, que tan condicionados y enfras-
cados en esta problemática, son incapaces de ver y reconocer a su Señor.

[Link].- Jesús, “el Nazareno, un varón, PROFETA poderoso... “ (Lc 24,19)

La fina ironía lucana101, permite que los discípulos expliquen a Jesús peregrino,
la visión e imagen que ellos se habían formado acerca de él mismo. Esto dio pie
para conocer lo que ha sido definida como “una cristología arcaica”, es decir, un
reflejo de la visión que, los discípulos y la gente, tenían de Jesús durante la etapa
de su ministerio público. En esta imagen que tendrían de Jesús durante su vida
terrena, el primer título que sobresale es el de Profeta. Esta identificación no es sólo

99 En un poema dramático, es el reconocimiento de una persona cuya identidad se ignora.


100 Cfr. ERNST, Il Vangelo secondo Luca, I, 26.
101 Cfr. R. C. TANNEHILL, Luke, Nashville 1996, 352; J. NOLLAND, Luke 18:35-24,53, Dallas-Texas
1993, 1202.
88

una elaboración lucana, sino un dato de la tradición: parece que esta imagen de
Jesús es la que más corresponde a la realidad histórica que le habrían atribuido.

En efecto, la designación de Jesús como Profeta aparece también en los otros


evangelistas (ver Mc 6,4.15; 8,28; 11,13; Mt 21,11.19.46; 23,37-39; Jn 4,19; 6,14;
7,40; 9,17). Sin embargo, en Lucas adquiere rasgos peculiares. Mientras Mt y Jn pre-
sentan la vida de Jesús en parangón con Moisés (ver Jn 6,14.32ss; 7,40)102, Lc lo
presenta, no sólo como el que da cumplimiento a las promesas del Dt 18,15 (ver
Hech 3,22; 7,37), sino incluso, llevando la tipología hasta parangonarla con Elías,
como el profeta arrebatado por Dios a los cielos de quien se esperaba su regreso.103

Sintéticamente, esta es la presentación de Jesús como profeta que hace Lucas:

1.- En el nacimiento, Jesús ya es presentado bajo rasgos proféticos (ver Lc


1,35.41-45.67-79; 2,29-35).
2.- En Lc 7,16.39; 9,19 se apela a la imagen del profeta para entender el ministe-
rio de Jesús; en Lc 9,8 es equiparado a los profetas del Antiguo Testamento.
Pero en Lc 7,16 Jesús no es sólo un profeta sino “un gran profeta”; más aún,
es áquel que realiza las profecías (Lc 10.24).
3.- Debe admitirse que, salvo la alusión de Lc 13,33-34, en ningún evangelista
Jesús se define a sí mismo como profeta (cfr. Lc 4,24).
4.- Jesús es verdaderamente el profeta escatológico anunciado por Moisés en
Dt 18,15-18 (ver Lc 24,19; Hech 3,22; 7,37)104 ya sea asemejado a éste, en
consonancia con las expectativas de algunos ambientes judíos (como se de-
ja ver en Mateo y Juan), o bien, como Elías, según las expectativas de otros,
al tiempo de Jesús.105
5.- Jesús es el nuevo Elías. Este es un rasgo típicamente lucano, que refleja la
expectativa de una facción del judaísmo palestinense al tiempo de Jesús.
Pues a diferencia de los otros evangelistas, dónde el parangón se establece
entre Elías y Juan el Bautista (Mc 9,9-13; 15,35; Mt 3,4; 11,12-14; 17,10-13;
Jn 1,21.25), Lucas refleja dicha expectativa pero puesta en Jesús (Lc
9,8.19). De esta manera, en Lc, Jesús define su misión universal en referen-
cia a la misión de Elías (Lc 4,25-27). El milagro de Naín se lee en referencia
al milagro de Zarepta (Lc 7,11-16; 1 Re 17,17-24). Como Elías que había
hecho descender fuego para reivindicar el honor de Dios (1 Re 18.37-38;
2Re 1,9-14; Eclo 48,1.3; cfr. Lc 9,54), Jesús trae el fuego del Espíritu (Lc
12,49)106. Al igual que Elías en el desierto, Jesús es confortado por un ángel
en el Monte de los Olivos (Lc 22, 49, cfr 1 Re 19,5.7). Como Elías raptado al
cielo “deja su espíritu a Eliseo” (2Re 2,1-15), Jesús deja su espíritu a los
discípulos.107
6.- Consecuentemente con el Espíritu profético que actúa en Jesús de Nazaret,
Lucas entiende que el Espíritu derramado en toda la Iglesia es preeminen-
temente “espíritu de profecía” (Lc 2,17-18.38; 4,31; 6,10; 10,21; 16,6-7). Es-
to explica porque en la Iglesia naciente el ministerio profético del Antiguo
Testamento continua, en algunos casos, igual que en aquel: ver Agabo
(Hech 11, 27-30; 21,10-14 cfr. Is 20,2-6; Ez 4-5; Jer 13,1-11); Judas y Silas
(Hech 15,32) y otros (Hech 21,9; 16,6-7; 20,23; 21,4).

102 Cfr. G. FRIEDRICH, GLNT, XI, 567-652.


103 Cfr. J. NAVONE, Themes of St. Luke, Roma 1970, 132-140 y G. W. H. LAMPE, “The Lucan
Portrait of Christ”, NTS 2 (1955-1956) 168-169.
104 Cfr. B. P. ROBINSON, “The Place of the Emmaus Story in Luke-Acts”, NTS 30 (1984) 482 y FITZ-
MYER, El Evangelio según San Lucas, I, 358.
105 Cfr. FITZMYER, El Evangelio según San Lucas, I, 360-361.
106 Cfr. B. RIGAUX, Testimonianza del Vangelo di Luca, Padova 1973, 327-328.
107 Cfr. BOTTINI, Introduzione all’opera di Luca, 89-93; FITZMYER, El Evangelio según San Lucas, I,
359-361.
89

Todo esto lleva a concluir que con la tradicional imagen de Jesús profeta (Lc
7,16.39; 9,8.19; 24,19), Lucas no sólo evoca la doble experiencia profética de Elías
y Eliseo, con la que se presenta cómo será su ministerio (Lc 4,24-27); sino que so-
bre todo, presenta el ministerio público, donde él experimenta el primer rechazo por
parte de los suyos. Inclusive, Lc descubre la identidad de Jesús como profeta para
hablar de su destino de pasión y de muerte (cfr. Lc 4,24; 6,22-23; 11,47-51; 13,31-
35; Hech 7,52).108

De este modo, con el título dado en Lc 24,19, Jesús es el profeta poderoso en


obras y palabras que ha sido acreditado por Dios delante de todo el pueblo de Is-
rael (cfr. Hch 7,22; 10). El título resulta entonces, tanto la expresión que sintetiza su
ministerio público, como la visión pre-pascual que se ha tenido de él.109

[Link].- “El que iba a librar a Israel” (Lc 24,21): el SALVADOR

Aunque presentado en la medida de las expectativas mesiánicas del judaísmo


del tiempo de Jesús, la esperanza que revelan los discípulos (v.25), no es rechaza-
da por Jesús. Se trataba de corregirla y mejorarla con una visión más amplia y
completa sobre todo acerca del tipo de liberación que traería el Salvador.110

Cabe decir desde el principio que, si bien en el pasaje de Emaús Jesús no es


llamado explícitamente con el título de “salvador” (sotér), sin embargo la alusión a la
realidad de la salvación es evidente. Por ello es que esta nota distintiva de la cristo-
logía lucana, merece un párrafo aparte.111 Salvo en Jn 4,42, en ningún otro evange-
lio, se le aplica a Jesús este título. “Salvador”, sólo se encuentra en Lc 2,11 y luego
es retomado en Hech 5,31; 13,23.34. Es innegable, pues, que Lc vincula íntima-
mente la cristología con la soteriología. En Lc, todo apunta a mostrar el impacto de
Jesús de Nazaret en la historia de la humanidad necesitada de salvación, sea a
través de su vida y su obra como de su muerte, resurrección, ascensión y exalta-
ción.112

Dado el contexto, parecería que este título también presente en Flp 3,20, proviene
tanto del trasfondo veterotestamentario (Juec 3,9.15; 1Sam 10,19; Is 45,15.21) o sea
del hebreo mashiah traducido al griego por sotér (Sab 16,7; 1 Mac 4,30; Eclo 51,1)
como de las influencias del mundo grecorromano, dónde era ampliamente usado
ligado al concepto de salud.113 Ahora bien, la presentación de la obra de Cristo en
lenguaje de “salvación”, como sucede con el título de “Salvador”, ya estaba presente
en la tradición pre-lucana (ver Mc 5,34; 15,31; 2Cor 7,10; Rom 1,16; 10,10; 13,11).
Por lo tanto, el léxico sobre la “salvación”, proveniente del lenguaje del Antiguo Tes-
tamento (Ex 14,13; 15,2), ahora, se ve enriquecido por la acepción de salud que

108 Cfr. TANNEHILL, Luke, 356.


109 Cabe acotar, que aún perteneciendo a los títulos que tienen toda la probabilidad de ser históricos,
es decir realmente utilizado por la gente en la etapa del ministerio público de Jesús, sin embargo
algunos se preguntan: ¿por qué no se extendió esta imagen o este titulo a la par de los otros? A lo
que parece responder la hipótesis de que tal vez para no prestarse a confusión con los fenómenos
proféticos de los primeros tiempos del cristianismo, o quizá para no quedar demasiado ligados al
judaísmo. Esto se ve claro en Pablo, donde jamás es presentado Jesús como profeta. Frente a es-
ta realidad del profetismo protocristiano y judío, para presentar la singularidad y dignidad de Jesús,
parece que resultaba mejor usar otros títulos, tales como Kirios, Hijo del Hombre, Hijo de Dios; cfr.
FRIEDRICH, GLNT, XI, 615-616.
110 Cfr. TANNEHILL, Luke, 354.
111 Cfr. NAVONE, Themes of St. Luke, 141-150.
112 No podemos detenernos aquí en el estudio del vocabulario lucano referido a la “salvación” y las
implicancias fundamentales de ésta en la teología lucana. Cfr. BOTTINI, Introduzione all’opera di
Luca, 97-113; RIGAUX, Testimonianza del Vangelo di Luca, 337-342 y FITZMYER, El Evangelio
según San Lucas, I, 368 y 373-375.
113 Cfr. FITZMYER, El Evangelio según San Lucas, I, 342-344.
90

aporta el mundo grecorromano a quienes Lucas parece dirigirse con la intención de


subrayarles, de un modo particular, esta nueva realidad salvífica que se hace presen-
te con Jesucristo (ver Hech 4, 8-12).

En definitiva, desde esta connotación de liberación de algún mal físico, pasando


por la liberación de un mal interior como es el pecado, se llega a la noción de la
salvación no sólo para Israel (Hech 13,23) sino para toda la humanidad. Lucas pre-
senta, entonces, a Jesús no sólo como el salvador de Israel sino de todos los hom-
bres. Esta es la línea de perspectiva universalista que caracteriza toda su obra (cfr.
Lc 2,32; 3, 6.38: la genealogía comparada con Mt 1,1-17).

[Link].- El CRISTO sufriente (Lc 24,26)

Como claramente ha escrito FITZMYER: “no cabe duda que Christos, aunque no
sea el título más frecuente atribuido en los escritos lucanos, es el más importante.
Ya se lo decía el propio Jesús resucitado a los dos discípulos que iban camino de
Emaús: “No era verdad que el Mesías tenía que padecer todo eso para entrar en su
gloria?” (Lc 24,26). Por otra parte, Lucas es el único autor neotestamentario que
subraya la importancia del título cuando nos informa del nombre por el que se co-
nocía a los seguidores de Jesús: los “cristianos” (Hech 11,26; 26,28)”.114

Veamos entonces, el origen del título y los matices lucanos en el uso del mismo,
ya que no sólo es un título ampliamente usado en el Nuevo Testamento, al punto de
transformarse en el nombre propio de Jesús (identificado como “Jesucristo”), sino
que además, como acabamos de afirmar, se ha constituido en un eje de su Cristo-
logía.

En Lucas el título aparece 12 veces en el evangelio (Lc 2,11. 26;3,15; 4,41; 9,20;
20,41; 22,67; 23,2; 23,35.39; 24,26.46) y 25 en Hechos de los Apóstoles (Hech
2,31.36.38; 3,6.18.20; 4,10; 5,42; 8,5.12; 9,22.34; 10,36.48; 11,17; 15,26; 16,18;
17,3; 18,5; 18,28; 24,24; 26,23). A veces lo usa como título, y en otros casos como
nombre propio: JesucristoÅ

El título Cristo tiene su origen en el judaísmo palestinense, pues se trata de la


traducción griega de los LXX del título hebreo mashiah (“Mesías, Ungido”, ver 1Sam
24,7), el cual era aplicado a personajes que se consideraban representantes de
Dios. Así de este modo, se encuentra el título en el Antiguo Testamento aplicado a
veces al rey, otras al sacerdote, e inclusive al profeta. Aún más, durante el período
del judaísmo tardío, el titulo comienza a adquirir expectativas de esperanzas para el
pueblo, sean políticas como apocalípticas. De tal manera que Jesús se encuentra
con esta expectativa mesiánica que evocaba la instauración de una era como la
davídica, en la que inclusive, en algunos sectores del pueblo, se mezclaban rasgos
sacerdotales.

Por lo tanto, es lícito pensar que Lucas utiliza el título de Cristo, tal como fue
usado en la etapa del ministerio público (Mc 8,30-31; 14,62)115, pues él lo ha repro-
ducido en pasajes que pertenecen a la tradición e incluso con la característica de la
resistencia de Jesús al título, debido a las connotaciones políticas que dicha deno-
minación comportaba para sus contemporáneos (ver Lc 9,20-22; 22,67-68). Pero
debe decirse, no obstante, que luego de aquello que podría llamarse fidelidad a la
fuente y a la vez purificación del contenido del título, Lucas refleja un nuevo conte-
nido del título.

114 FITZMYER, El Evangelio según San Lucas, I, 331-332.


115 Cfr. RIGAUX, Testimonianza del Vangelo di Luca, 365-366.
91

A partir de la Resurrección (Hech 2,32.36), y ahora sí, desde esta perspectiva


nueva que explica el nuevo mesianismo, el título es retroproyectado a la infancia
(Lc 2,11) e inclusive es posible encontrarlo en un pasaje exclusivo de Lucas que
habla del "Mesías retenido en el cielo que debe venir en el tiempo de la consuma-
ción" (Hech 3,19-21). Esto permite ver que el título es aplicado a Jesús, inclusive en
la fase de la parusía. En definitiva, podemos concluir que Lucas utiliza el título Cris-
to en las cuatro fases de la existencia de Jesús.

En el pasaje de Emaús también recibe otra nota lucana específica: aquella rela-
cionada con la “necesidad” del sufrimiento. En efecto, este rasgo así como Lucas lo
propone, e incluso apelando al testimonio de las Escrituras (Lc 24,27.46), no estaba
presente en el uso del título Mesías del Antiuo Testamento, ni en el judaísmo de la
época de Jesús116, ni siquiera en los otros escritos neotestamentarios. Mc 8,29-31
habla explícitamente de Jesús como Mesías, pero cuando se hace referencia al
sufrimiento que debe afrontar, al instante se usa el título de “Hijo del hombre”.

En conclusión, parecería que Lucas ha partido de las fuentes ligadas a la realeza


que reflejan la tradición más antigua del título, ha pasado por las expectativas me-
siánicos políticas que tenían los contemporáneos de Jesús, hasta arribar a esta alta
concepción del Cristo reflejada en el c. 24 ([Link] 24,26.46-47. En Lc 24,7: todavía
habla del “Hijo del hombre”), donde se afirma claramente la “necesidad” del sufri-
miento del Mesías para entrar en la gloria.117

[Link].- Jesús “les explicó... las Escrituras” (Lc 24,27.32): MAESTRO y exegeta

Si bien en el pasaje no se menciona el título de “Maestro” como suele hacer el


evangelista en otros pasajes, sea a través del conocido didáskale (Lc 7,40; 9,38;
10,25; 11,45; 12,13; 18,18; 19,39) o sea a través del término exclusivamente lucano:
epistáta (Lc 5,5; 8,24.45; 9,33.49; 17,13)118, es innegable el rol autoritativo y exegéti-
co que Lucas atribuye a Jesús a partir del v.27. Este título revela la relación tanto de
cercanía afectuosa como de respeto y autoridad entre Jesús y sus discípulos.

Jesús, sin más, comienza reprochando a los discípulos la negligencia y cerrazón


para entender la “totalidad” del mensaje de las Escrituras, y luego, seguramente
con paciencia y maestría (lo cual se puede colegir de los efectos), les va abriendo
progresivamente la mente y el corazón a la comprensión de las Escrituras en lo que
se refería a Él mismo. El desenlace es el corazón ardiente (v.32).

Esta catequesis a partir de la “hermenéutica cristológica” de los textos bíblicos,


no se trata de “la prueba de las Escrituras” correspondiente a un método apologéti-
co que intenta extraer de algunos pasajes bíblicos la veracidad del mensaje, sino de
un modo totalmente nuevo de leer las Escrituras. Jesús exegeta, maestro por exce-
lencia, es el cumplimiento de las promesas, y por lo mismo la plenitud de la revela-
ción contenida en las Escrituras. Más aún, ahora aparece como la clave para en-
tenderlas en la totalidad de su mensaje, sobre todo en aquello más difícil de captar
del plan de Dios, o sea, de una salvación que se abre camino a través del sufri-
miento, o mejor dicho, a pesar de éste.

116 En el judaísmo la conexión del sufrimiento con el Mesías se realiza en la época posterior a Cristo,
identificando el Mesías con el Siervo de Is 42,1; 43,10; 49,6; 52,13-53,12; cfr. FITZMYER, El
Evangelio según San Lucas, I, 337.357.
117 Cfr. FITZMYER, El Evangelio según San Lucas, I, 331-337.356-357.
118 Cfr. RIGAUX, Testimonianza del Vangelo di Luca, 357-360.
92

[Link].- “Quédate con nosotros... y se quedó” (Lc 24,28-31): Jesús HUÉSPED

La otra imagen que está situada al centro de la última escena del episodio es la
de Jesús que se convierte en huésped de los discípulos. Esta imagen, en la estruc-
tura del relato, a la vez que constituye un complemento paralelo de la inmediata-
mente descrita de Jesús como “Catequista” o “Exegeta”, es la continuidad que con-
trasta con la imagen inicial de Jesús como Peregrino (v.17). En efecto, mientras en
éste v.17 la iniciativa había partido de Jesús que se hizo peregrino, aquí, en el v. 29
la iniciativa surgió de los discípulos119, quienes mediante su insistencia convierten al
peregrino en Huésped.

Sin embargo, curiosamente, el Huésped pronto toma el rol del Anfitrión o Padre
de familia, pues tomando el pan, lo parte y se los da a los discípulos (v.30). 120 Se
sabe que en Lucas, el tema de “las comidas” es una realidad muy presente en toda
la obra, y esto no sólo como descripciones de las múltiples actividades llevadas a
cabo por Jesús, sino como elaboraciones teológicas, literariamente desarrolladas
con mucho cuidado (cfr. Lc 5,27-39; 7,36-50; 11,37-54; 14,1-24;15,1-2; 19,1-10;
22,14-38; 24,36-52).121

Por lo tanto, la imagen de Jesús como Huésped que comparte la comida con sus
discípulos, prolonga, en la fase de su existencia como Resucitado, un gesto que fue
característico, distintivo y revelador durante la fase de su existencia terrena; al pun-
to de transformarse en un signo elocuente para ser reconocido.122

En definitiva, parece apropiado traer a colación, las palabras de R. AGUIRRE que


opina: “la expresión “partir el pan” es característica de Jesús y de la comunidad
cristiana (Hech 22,42.46; 20,7.11; Lc 9,16; 22,19; 24,30). Se insiste en que los dis-
cípulos reconocen a Jesús en el partir el pan (vv.31 y 35). Evidentemente, con sus
gestos en la mesa Jesús ha asumido un papel que resulta familiar a los discípulos
que han convivido con él. La repetición de las cuatro acciones (se pone a la mesa,
toma el pan, lo bendice y se lo da) recuerda la multiplicación de los panes y la últi-
ma cena; pero, ante todo, quiere indicar una práctica habitual de Jesús cuando co-
mía con sus discípulos.

Por eso lo reconocen. La comida de Emaús, descrita como “partir el pan”, resta-
blece los vínculos con Jesús, rotos por la muerte, prolonga las comidas con él, tan
características, y anticipa las comidas de los creyentes en Hechos. Por otra parte,
la presencia de Cristo resucitado en Emaús sugiere que estas comidas de hecho
son algo más que una mera reunión de los creyentes: incluyen la comunión con el
Señor resucitado”.123

119 Cfr. X. LÉON-DUFOUR, Resurrección de Jesús y mensaje pascual, Salamanca 1974, 229.
120 Cfr. ROBINSON, “The Place of the Emmaus Story in Luke-Acts”, 486.
121 Cfr. R. AGUIRRE, La mesa compartida. Estudios del Nuevo Testamento desde las ciencias socia-
les, Santander 1994, 58-133. Se trata de un interesante estudio que partiendo de la clasificación en
tres tipos de comidas: 1) con pecadores y publicanos; 2) con fariseos; 3) con los discípulos; me-
diante el aporte de la “antropología cultural”, profundiza las costumbres culturales de la época. Es-
to le permite al autor arribar a importantes conclusiones sobre las implicancias teológicas y litera-
rias de “las comidas” en la obra lucana.
122 También NAVONE, Themes of St. Luke, 27-29, afirma el carácter revelatorio del Mesías que tienen
particularmente la comida de los cinco mil (Lc 9,10-17) y la última cena (Lc 22,19) con “la fracción
del pan”. Pues, para la primitiva comunidad cristiana estos “banquetes” estaban relacionados por
los tres rasgos mesiánicos que ellos revelan: las obras del Mesías; la esperanza y promesa de
continuación de la amistad; y la presencia del Mesías en su tiempo.
123 AGUIRRE, o.c., 97.
93

[Link].- “El SEÑOR ha resucitado y se ha aparecido...” (Lc 24,34)

Con la realidad de la gloria, se entra en el campo propio del título Kirios: “Señor”.
Un rápido análisis estadístico hace ver el abundante uso lucano del título Kirios,
pues aparece aplicado a Jesús 40 veces en el evangelio y 20 veces en los Hechos
de los Apóstoles.

Ahora bien, cuál es el origen de este título de amplio uso lucano y neotestamenta-
rio? Sobre esta cuestión se ha discutido bastante. Están los que sostienen su origen en
el cristianismo proveniente del judaísmo palestinense (el cual parte de la denominación
hecha al único Dios del Antiguo Testamento) como aquellos que sostienen que tal de-
nominación pertenece al cristianismo proveniente del mundo gentil, que lógicamente,
en el contacto con el politeísmo de entonces, que llamaba a los dioses “señores”, por
contraste los cristianos hablaban de un sólo Señor (ver 1Cor 8,6).

Sin entrar en los detalles de esta interesante discusión sobre la génesis del títu-
lo, se puede decir de manera general que Lucas retoma y da continuidad al título
que la primitiva comunidad cristiana, a su vez en consonancia con el judaísmo tar-
dío que daba el nombre de Señor a Dios, comenzó a dar el título de Kyrios a Jesús
(1 Cor 12,3; Rom 10,9) a partir del evento de la resurrección (Hech 2,36). Entonces
sí, con este nuevo modo de entender el “señorío”, Lucas lo aplica a Jesús retropro-
yectándolo en las otras fases de su vida. De esta manera, aparece en la etapa del
ministerio público (Lc 5,8.12; 6,46; 7,6.13.19; 9,54.59.61; 10,1.39.41; 11,39; 12,42a;
13,15; 17,5.6; 19,8a.31.34; 22,61); e inclusive, llega a aplicarlo en la primera fase
de la existencia de Jesús (ver Lc 1,38.43; 2,11).124

Finalmente cabe acotar, que con el extendido uso del título Kyrios que incide pa-
ra cambiar el título de la antigua fórmula kerigmática de 1Cor 15,3 (en que curiosa-
mente aparece Cristo y no Kyrios como en el relato lucano de Emaús) viene apare-
jada la particularidad lucana que entiende y propone la resurrección en términos de
vida. Por éste motivo, es aconsejable insistir en que en el caso de la perícopa de
Emaús, no se trata sólo del uso de un título difundido en el tiempo de Lucas, sino
que además lleva esta nueva connotación acentuada en el v. 23 de Jesús como él
que vive (ver además Lc 24,5 y Hech 1,3; 25,19). Incluso más. El título Kyrios, uni-
do a la fórmula “ha resucitado y se ha aparecido a Simón” (Lc 24,34) acentúa los
rasgos eclesiales que estarían presentes en la tradición lucana del término.

En efecto, el título de Señor que, en el tercer evangelio, como dijimos, tiene re-
sonancia eclesial, se puede afirmar que es por excelencia el título del resucitado (Lc
24, 3.34; Hech 2,36). Apareciendo no por casualidad al final del relato, que es como
el capítulo puente con la segunda parte de la obra dedicada a la iglesia (Hechos de
los Apóstoles), y sin duda originado en el culto, el título anunciado por la comuni-
dad: el Señor ha resucitado, se refiere entonces al Señor de la Iglesia.125

[Link].- En síntesis

Intentando una recapitulación de lo expuesto acerca del camino cristológico tra-


zado por Lucas en la perícopa de “los discípulos de Emaús” (Lc 24), recordemos
que el punto de partida había sido una presencia física cercana del PEREGRINO,
pero en aquel momento, difícil de captar (v.15). Luego nos encontramos con la de-
nominada “cristología arcaica” (vv.19-21), o sea, con aquel reflejo de las expectati-
vas puestas en el varón PROFETA de Nazaret (Lc 7,16.39; 9,8.19), quien a través de

124 Cfr. FITZMYER, El Evangelio según San Lucas, I, 337-342; RIGAUX, Testimonianza del Vangelo
di Luca, 360-365.
125 Cfr. E. RASCO, La teología de Lucas: origen, desarrollo, orientaciones, Roma 1976, 130-131.
94

obras y palabras había encendido las esperanzas mesiánicas del pueblo, buen co-
nocedor de las promesas de Dt 18,15.

Los eventos que se habían precipitado en Jerusalén, dónde las autoridades res-
ponsables de Israel habían crucificado al varón justo, fueron tan fuertes que, no
obstante el testimonio de las mujeres e inclusive su visión de los ángeles, no habían
alcanzado para generar la fe y para encender nuevamente la esperanza fallida.

El v.34 con el testimonio de la comunidad, revela una cristología en el camino de


la plenitud, pues como pudo verse allí, Lucas refleja una de las primeras fórmulas
kerigmática que presenta de una manera activa el rol de Jesús en su propia resu-
rrección. Se trata entonces no ya del profeta poderoso en obras y palabras, sino del
Señor.

En el centro de todo el relato, Jesús es presentado como el viviente (v.23) de


una manera tal por Lucas que no deja lugar a equívocos. Pues manteniendo la ter-
minología tradicional, también usada por los otros evangelistas, añade la visión de
la resurrección como una nueva vida.

La clave de la interpretación de los eventos fatídicos que han puesto en crisis to-
tal a los discípulos respecto a la fe y esperanza depositadas en el profeta poderoso
en obras y palabras, se encuentra en las Escrituras.

Jesús es el cumplimiento de las Escrituras, y a la vez es su mejor intérprete. Pa-


ra alcanzar este conocimiento se hace necesario dejarse enseñar por el Señor,
quien continúa esta tarea de catequesis en su Iglesia, mediante la enseñanza de
los primeros testigos, quienes revestidos de la “potencia de los alto” (Lc 24,49), es
decir del Espíritu, comenzando por Jerusalén, testifican la buena nueva hasta los
confines de la tierra (Hech 1,8-9). Los Hechos de los Apóstoles demuestran esta
coherencia magnifica en la concepción lucana de la salvación universal que aconte-
ce en la historia.

El relato de Emaús, entonces, es un mensaje profundo de cómo el Señor vive y,


ahora, puede ser encontrado en lo cotidiano126, a través de las Escrituras y la frac-
ción del pan. Esto, lejos de ser una evasión de la historia, al contrario, es la realidad
diaria, personal y comunitaria, de Quien sale al encuentro de sus discípulos, en
cualquier situación que ellos se encuentren.

6.- CRISTOLOGÍA EN LAS EPÍSTOLAS CATÓLICAS


Brindamos ahora una aproximación a la cristología de las cartas Católicas, es decir,
de los escritos neotestamentarios que nos han llegado con los nombres de carta de
Santiago, Primera y Segunda carta de Pedro, Primera, Segunda y Tercera carta de
Juan y carta de Judas.

La denominación de Cartas Católicas fue atribuida por el antiguo historiador


Eusebio en su Historia Eclesiástica a las siete cartas que no entran en el Corpus
Paulino tradicional. En el año 360, el Concilio de Laodicea (en su canon 59), ya las
llamaba así. La razón de este nombre es que no están dirigidas a algunos
destinatarios particulares, excepto 2 y 3 de Juan cuyos destinatarios son
expresamente nombrados, sino a toda la Iglesia.

126 Cfr. J. RADERMAKERS - P. BOSSUYT, Lettura pastorale del Vangelo di Luca, Ed. Dehoniane,
Bologna 1983, 476.
95

6.1.- Jesucristo en la Carta de Santiago127


La Carta de Santiago es uno de los escritos más sorprendentes y singulares del
Nuevo Testamento. Aparentemente, carece de casi todo lo que se puede conside-
rar como distintivo de la fe y práctica cristianas, por lo que algunos han sugerido
que originariamente no era un documento cristiano, sino un texto judío interpolado
para introducido en el uso cristiano.

En cuanto a su Cristología, sorprende que el nombre de Jesús sólo aparezca en


dos ocasiones (1,1; 2,1) y que en ningún momento se mencione su muerte y resu-
rrección. Lo que sí aparece en 6 oportunidades, es la designación Kyrios (1,1; 2,1;
5,[Link]; quizás también en 4,15), un título que Santiago aplica también a Dios y
que permite elucidar la cristología propia del autor.128

En 2,1 el nombre Señor recibe el calificativo de la gloria, reflejando así una ex-
presión arcaica de la teología judeocristiana. Obsérvese que en Lc 24,26, donde
también aparece esta expresión, se refiere a la situación que Cristo tiene ahora
para la comunidad como Exaltado a la derecha de Dios, con lo cual hay una alusión
implícita a la Resurrección. El vocablo gloria es típico de la cristología de Jn, que lo
utiliza para expresar la unión indisoluble entre la Cruz y la Elevación del Hijo; en la
tradición sinóptica se le relaciona con el retorno del Hijo del hombre al fin de los
tiempos (cfr. Mt 16,27; 19,28; 24,34; 25,31; Mc 8,38 10,37; 13,26), lo cual confirma-
ría que en Sant 2,1 el autor quiere situar a la comunidad ante el Señor, Juez de la
comunidad. De hecho, en 5,7-8, el título Señor está en relación con la espera de la
Parusía, momento en el que aparecerá como Juez (5,9). Y si ha de traducirse 1,1
como “Jesucristo Dios y Señor”, pues de hecho tiene la misma construcción que
1,27 y 3,9, entonces tendríamos aquí, al igual de lo que ocurre en Jn 20,29, una de
las confesiones cristológicas más impresionantes del Nuevo Testamento.129

6.2.- Jesucristo en las Cartas de Pedro


Si la 1Pe es un escrito práctico, con una preponderancia clara de las exhortacio-
nes y que apela al kerigma cristológico sólo como base de los fragmentos parenéti-
cos (exhortativos o de amonestación), la segunda carta es un escrito mucho más
doctrinal, con un fuerte acento en la rectitud de la doctrina y con una parénesis cla-
ramente subordinada a los fragmentos didácticos.130

Además de esta diversidad fundamental, hay múltiples diferencias entre los dos
escritos. El clima de opresión y persecución que caracteriza 1Pe no está para nada
presente en 2 Pe que más bien está interesada en discutir los alcances doctrinales
como de los debidos comportamientos de los que integran la comunidad cristiana.

La cristología sucinta, pero claramente kerigmática de 1Pe ha dado paso a una


cristología mucho más formal y doctrinal: Jesucristo es objeto de conocimiento y de
aceptación, no el modelo que hay que imitar a base de seguir sus huellas. Ya no se
habla de la manifestación de Jesucristo (apocalipsis), se discute acerca de su
advenimiento (parousía).

127 Cfr. X. ALEGRE, “La carta de Santiago”, en J.O. TUÑI – X. ALEGRE, Escritos joánicos y Cartas cató-
licas, Introducción al Estudio de la Biblia 8, Ed. Verbo Divino, Estella (Navarra) 20004, 291-325.
128 Cfr. F. VOUGA, Una Teología del Nuevo Testamento, Ed. Verbo Divino, Estella (Navarra) 2003, 31.
129 Cfr. ALEGRE, “La carta de Santiago”, 309-310.
130 Cfr. J. O. TUÑI, “La Primera y la Segunda Carta de Pedro”, en J.O. TUÑI – X. ALEGRE, Escritos joáni-
cos y Cartas católicas, Introducción al Estudio de la Biblia 8, Ed. Verbo Divino, Estella (Navarra)
20004, 327-370.
96

No resulta difícil reproducir las líneas fundamentales de la cristología de 1Pe.


Jesucristo, aunque predestinado desde la fundación del mundo, no se manifestó
plenamente sino hasta estos últimos tiempos (1,20). El Espíritu de Cristo estaba en
los profetas, prediciendo los sufrimientos que le estaban reservados y la gloria que
había de seguir (1,11). Cristo sufrió y murió en su condición humana, pero fue
vivificado en el Espíritu (3,18b).

Los efectos salvíficos de la muerte y resurrección de Cristo no están limitados


por el espacio y el tiempo. Después de la resurrección, la proclamación de la Buena
Nueva alcanzó a todos las esferas de la realidad; los ángeles caídos fueron parte
de su audiencia (3,19), pero también los muertos (4,6). Jesucristo se halla en la
gloria y está sentado a la derecha de Dios (3,18). Gloria quiere decir aquí victoria.

El hecho de que Dios haya resucitado a Jesucristo y le haya conferido gloria


(1,21) quiere decir que podemos tener acceso a él (2,4) y, por tanto, que podemos
entrar en la esfera de la luz maravillosa (2,9), de la verdad (1,22) y de la nueva vida
(1,23: “renacer” ). Pero la gloria de Cristo todavía se ha de manifestar con plenitud
(4,13; 5,1; cfr. 1,5.7.13). Más aún, una herencia nos espera en el cielo (1,4) y una
herencia que nada puede destruir o mancillar (1,4). Esta manifestación plena nos
conducirá a un gozo sin fin (1,6; cfr. 4,13). No es difícil reconocer aquí los trazos
más característicos de lo que se puede llamar “la cristología tradicional del Nuevo
Testamento”.131

De cualquier manera, hay que constatar que los elementos fundamentales están
ahí y que ni faltan aspectos importantes ni tampoco parece que se haya hecho
ningún desarrollo original. Sin embargo, hay un acento muy claro y fuerte en la
cristología de este escrito, que debemos profundizar un poco más y es el de los
“sufrimientos de Jesús”.

La expresión “sufrimientos de Cristo” (1,11; 4,13; 5,1) tiende a ser interpretada a


la luz de la teología paulina. Pero ni es una expresión especialmente acuñada por
Pablo (sólo aparece en 2Cor 1,5), ni podemos asumir sin más que haya de
interpretarse a la luz de la teología paulina. Más aún, el vocablo “sufrir” sólo
aparece cinco veces en los escritos paulinos, mientras que 1 Pe lo utiliza en 13
textos (o en 12 si se opta por otra lectura de 3,18). La cifra se hace más
significativa, si tenemos en cuenta que el resto del Nuevo Testamento sólo tiene 29
textos con el verbo “sufrir”. Por tanto, una tercera parte se halla en 1Pe, lo cual es
bastante significativo.

Entre los textos de 1Pe, hay por lo menos 4 textos en que “sufrir” hace referencia
al sufrimiento de Jesús: 2,21; 2,22; (3,18); 4,1a y 4,1b. Más todavía, los
sufrimientos de Jesús son la base de las exhortaciones a los seguidores de Jesús
para que soporten el sufrimiento. Precisamente por esto se explicita cuál fue la acti-
tud de Jesús ante el sufrimiento injusto (2,21-25), a fin de que el seguidor de Jesús
pueda revestirse de la misma actitud (4,1), cuando sea perseguido injustamente por
el hecho de ser cristiano (4,15-16).

Esta sucinta referencia a un aspecto importante de 1Pe nos ha puesto en


contacto con un matiz que resulta especialmente intenso y, hasta cierto punto,
original. Porque 1Pe, aun sumándose a otros documentos del Nuevo Testamento
que se inspiran en la vida terrena de Jesús, sin embargo ha apelado de forma
especialmente incisiva al sufrimiento de Jesús como fundamento de la exhortación

131 J. H. D. KELLY, The Epistles of Peter and Jude, Ed. Baker Book House, Londres 1981, 25 ha dicho
que la cristología de 1Pe no es objeto de un desarrollo explícito u original, sino que da por su-
puesta la cristología del Nuevo Testamento.
97

a los cristianos. Por ello este punto constituye el verdadero centro literario y
teológico de la carta.

En 2,22-23, en forma de himno cristológico, la obra salvífica de Jesús se


transcribe mediante la figura del "siervo" doliente e inocente de la tradición de
Isaías. Mientras que la imagen de Jesús, "el cordero puro sin mancilla", recuerda la
tradición joanea (1Pe 1,19), la de la "piedra" fundamental rechazada por los
hombres, pero escogida y convertida en "piedra viva y preciosa" por la iniciativa de
Dios, remite a la tradición sinóptica y paulina (1Pe 2,4).

Respecto a la 2Pe, ni su teología ni su cristología presentan datos explícitos


importantes. Jesucristo es presentado como el “Señor y Salvador” (1,11; 2,20;
3,2.18) o simplemente como “Señor” (1,[Link]). Es posible que el término Kyrios
(Señor) tenga un sentido de confesión fuerte, ya que en la presentación del escrito
es sustituido por “Dios”: “Jesucristo, nuestro Dios y salvador” (1,1). El resto de 2Pe
no proporciona datos relevantes en este sentido.

6.3.- Jesucristo en las cartas de Juan


Las llamadas Cartas de Juan son escritos neotestamentarios relacionados con el
Evangelio de Juan. La crítica ha ido descubriendo una íntima relación entre Juan y
las Cartas, sobre todo 1Jn y 2 Jn que son documentos en continuidad con la tradi-
ción joánica, aunque es más que probable que 1 y 2 Jn se hayan escrito cuando el
Evangelio de Juan aún no había alcanzado su forma definitiva, sin que ello obste a
que el núcleo fundamental de Juan sea anterior a las cartas.132

La cristología joánica que constituye el núcleo de la obra joánica fue madurando


poco a poco. Debemos tener presente que lo que provocó la oposición de la sina-
goga fue la afirmación cristológica que confiesa que Jesús es Dios encarnado. En el
momento que se escriben estas cartas esta etapa ya ha pasado. En ellas no se
percibe eco alguno de polémica con la sinagoga, que marca uno de los puntos álgi-
dos de la presentación que de Jesús hace el Evangelio de Juan.

La confesión de Jesús que presenta Jn acentúa de tal forma los trazos celestia-
les de Jesús, que tiene el peligro de convertir la figura del Mesías-Hijo de Dios
(20,31; cfr. 11,27) en un ser angélico, un enviado celestial que no habría asumido
verdaderamente la realidad humana: un Dios que se pasea por la tierra, que apa-
renta ser hombre, pero que en realidad no lo es: “camina sobre las aguas; tiene sed
pero no bebe; le llevan alimento pero no come; tiene un conocimiento del hombre
que sobrepasa lo humano; discute con los hombres, pero sus palabras vienen de
una distancia infinita, surgen de las profundidades del mundo celestial”.133

Esta última podría ser la interpretación de los secesionistas: la salvación ha ve-


nido mediante un enviado de parte de Dios. Le ha bastado con aparecer para dar a
conocer el camino de salvación. La mentalidad secesionista podría relacionarse con
la doctrina del docetismo, quizás como exageración de la cristología del IV Evange-
lio. El Jesús de Jn tiene ciertos rasgos irreales: desciende de junto al Padre y luego
regresa a la gloria que era la suya antes de la creación del mundo. Es capaz de leer
los corazones y conocer el futuro, supera la angustia de Getsemaní, se enfrenta

132 Cfr. P. LE FORT, “Las cartas de Juan”, en Escritos de Juan y carta a los Hebreos, ILB 10, Ed.
Cristiandad, Madrid 1985, 159-216; J. O. TUÑÍ, “Las cartas de Juan”, en J.O. TUÑI – X. ALEGRE, Es-
critos joánicos y Cartas católicas, Introducción al Estudio de la Biblia 8, Ed. Verbo Divino, Estella
(Navarra) 20004, 173-212.
133 Cfr. E. KÄSEMANN, El Testamento de Jesús: El lugar histórico del Evangelio de Juan, Ed. Sígue-
me, Salamanca 1983, 78.
98

con los jueces y se encamina a la muerte como triunfador, sin asustarse del sufri-
miento.

Según la doctrina del docetismo (apariencia) el Hijo no necesitó unirse efectiva-


mente a un cuerpo humano, sino solamente figurar que se unía a él, a fin que pu-
diera ser visto y oído. Jesús tiene únicamente la apariencia de la naturaleza física
humana. Cerinto (mencionado por IRENEO en Ad. Haer. I, 26,1) enseñaba que Je-
sús había nacido de José y María y que al final había pasado por la muerte y la
resurrección. Pero Cristo es un ser distinto, sin necesidad de nacimiento ni de
muerte, había descendido de Dios y se había unido a Jesús en el Bautismo. Así
Dios predicó e hizo milagros en la tierra, pero poco antes de la pasión, Cristo se
separó de su compañero provisional con el fin de permanecer impasible. Probable-
mente el docetismo llevaba a sus últimas consecuencias el contraste entre el Jesús
histórico y el Cristo resucitado que ya aparece en la predicación cristiana primitiva
(cfr. Rom 1,2-4 y Hch 2,36).

La reacción cristiana reafirma la realidad de la encarnación del Hijo en Jesús de


Nazaret, a pesar de las reticencias del pensamiento griego al respecto (cfr. 1Cor
1,22-25; Gal 4,4; 2Cor 5,16). La escuela joánica también reaccionará en la misma
línea: Jn 4,6 (Jesús está cansado), 11,35 (llora), 19,28 (tiene sed). El autor de 1Jn
responde subrayando los trazos que marcan la realidad terrena de Jesús, su condi-
ción humana, su apariencia palpable.

El vocablo Jesús aparece 12 veces en 1Jn, de ellas 8 en combinación con Cristo


(Khristós). La preponderancia del nombre sobre el título es clara. En algunas oca-
siones se refiere a Jesús como Aquél, lo que muestra la familiaridad extraordinaria
del autor con la figura de Jesús: 2,26; 3,3.5.16. Hay otros títulos y apelativos que
subrayan su papel o su función: el Hijo (6 veces), el Hijo de Dios (7 veces), el Hijo
del Padre (1 vez), su Hijo (9 veces).

- El carácter mesiánico del hombre Jesús. Las confesiones de fe de 1-2Jn tie-


nen siempre como sujeto a Jesús: “quien es el embustero, sino aquel que niega
que Jesús es el Mesías” (2,22); “el que confiesa que Jesús es el hijo de Dios...”
(4,15); “quien cree que Jesús es el Mesías...” (5,1); “quién vence al mundo,
sino el que cree que Jesús es el hijo de Dios” (5,5). Las primeras confesiones
cristianas subrayaban el predicado de la homología: Jesús es el Mesías, Jesús
es el Hijo de Dios. Jesús era más cercano, más conocido. La sorpresa era que
aquél Jesús a quien muchos habían visto como hombre era el Mesías espera-
do, el hijo del Altísimo. En cambio, en 1Jn el acento se ha desplazado del pre-
dicado al sujeto. Lo muestran las aclaraciones a las confesiones: “todo espíritu
que confiesa a Jesucristo venido en la carne, es Dios” (4,2); “El, Jesucristo, ha
venido por el agua y la sangre, no solamente en el agua, sino en el agua y la
sangre” (5,6); “porque muchos embaucadores han salido al mundo, los que no
confiesan a Jesucristo venido en la carne” (2Jn 7).
- El carácter salvífico de la muerte de Jesús. Es la sangre de Jesús la que nos
salva (cf. 1,7; 5,6.6.8); Jesús es víctima de propiciación por nuestros pecados (cf.
2,2; 4,10); Jesús es el que ha dado la vida por nosotros (cf. 3,16) y nuestros pe-
cados son perdonados a través de su nombre (cf. 2,12; cf. 3,23; 5,13), porque él
ha venido para destruir las obras del diablo (cf. 3,8).
Hay una fórmula característica de 1Jn: “desde el comienzo” que siempre se
aplica a Jesús (cfr. 1,1; 2,13.14); referida al comienzo de la manifestación de
Jesús (cfr. 3,5.8.11) o al comienzo de escuchar las palabras de Jesús, al inicio
de la predicación evangélica en la comunidad (cf. 2,24; 3,11; 2Jn 6; cf. Jn 2,11
y 15,27). La expresión, por tanto parece, subrayar que el objeto del anuncio
cristiano es la manifestación visible y palpable de Jesús: su manifestación en la
99

sarx (carne) condición efímera y caduca; en una palabra, la vida de Jesús (es
decir, ¡el evangelio!).
El conjunto ofrece una concentración cristológica por lo menos comparable con
la que encontramos en Jn. Se trata de una cristología aparentemente más pri-
mitiva que la de Jn; sin embargo, la doctrina de 1Jn se contrapone a una inter-
pretación de la tradición joánica que niega el carácter salvífico de la vida y de la
muerte de Jesús. El autor trata de recordar que todos los datos cristológicos ya
estaban en la tradición joánica primitiva. Mientras que Jn subraya la vertiente
divina de la confesión cristológica (sin olvidar la vertiente humana), la 1Jn es un
intento de defender la realidad terrena de Jesús frente a un grupo que, al sub-
rayar la divinidad de Jesús, se olvidaba de su realidad humana.
La 3 Jn se trata del escrito más breve del Nuevo Testamento (tiene un total de
220 palabras) y es una verdadera carta dirigida a un tal Gayo por parte del
presbítero. El estudio de 3 Jn la pone en relación con 1-2Jn, lo que no quiere
decir que tengan las tres un mismo autor, sino que pertenecen al mismo grupo
o comunidad y es sensiblemente de la misma época. El problema que plantea
la carta no es doctrinal, sino disciplinar: deja entrever un problema de autori-
dad. 3 Jn nos aporta datos interesantes referentes al conocimiento de las co-
munidades joánicas: que el cristianismo fue, al comienzo, un fenómeno funda-
mentalmente urbano; que en ellas hay personas revestidas de cierta autoridad;
Diotrefes, Gayo, Demetrio son nombres grecorromanos lo que nos hace pensar
en una consistente presencia paganocristiana; tuvieron misioneros itinerantes
que se dedicaron a visitar y seguir las diversas comunidades. En cuanto a su
cristología no se ven datos relevantes.

6.4.- Jesucristo en la Carta de Judas

Se conoce con este título un breve escrito que ha sido correctamente calificado
de “hoja volante antiherética”.134 El autor se limita a exponer una situación difícil,
creada por la intromisión de unos pocos subversivos en la comunidad, y centra su
escrito en denunciar errores.

Como prácticamente todo el texto de la carta de Judas ha sido utilizado por 2 Pe


(de los 25 versículos de Judas, excepto 6, quedan sin paralelo en 2 Pe), sobre todo
en lo teológico-cristológico, no tiene grandes diferencias. Sí las tiene, por ejemplo, a
nivel literario y en algunos puntos doctrinales (sobre la actuación y doctrina de los
“intrusos”, la respuesta del autor y la utilización de los apócrifos del Antiguo
Testamento).

7.- CRISTOLOGÍA EN LA CARTA A LOS HEBREOS


La "carta a los Hebreos", salvo 13,22-25, no pertenece al género epistolar, sino
al homilético. Es como un sermón. En 13,22, el mismo autor la define como
“palabra de exhortación” (lógos tes parakléseos), con lo cual se considera una
homilía sinagogal, es decir, la exhortación que sigue a la lectura de las Escrituras.
Incluso “es el único ejemplo que tenemos en el Nuevo Testamento de un sermón
conservado íntegramente”.135

134 Cfr. J. O. TUÑÍ, “Carta de Judas”, en J.O. TUÑI – X. ALEGRE, Escritos joánicos y Cartas católicas,
Introducción al Estudio de la Biblia 8, Ed. Verbo Divino, Estella (Navarra) 20004, 371-379.
135 A. VANHOYE, El mensaje de la carta a los hebreos, Cuadernos Bíblicos 19, Ed. Verbo Divino,
Estella (Navarra) 19978, 7. También estudia esta carta: J. SÁNCHEZ BOSCH, Escritos paulinos,
Introducción al estudio de la Biblia 7, Ed. Verbo Divino, Estella (Navarra) 1999, 467-508.
100

Desde los primeros tiempos de la Iglesia ha existido variedad de opiniones respec-


to a la autoría de la carta a los Hebreos.136 “El uso de la lengua griega y el estilo lite-
rario evidencian que se trata de un cristiano alejandrino profundamente instruido en el
Antiguo Testamento, que conoce a través de la versión LXX. Su pensamiento evi-
dencia una fuerte influencia de FILÓN DE ALEJANDRÍA”.137

“Tampoco se conoce fecha en que fue compuesto este sermón sacerdotal ni los
lugares en que fue pronunciado, ni a los que se envió. Son muy variadas las opinio-
nes en este sentido. Parece probable una fecha algo anterior al año 70, en que fue
tomada la ciudad de Jerusalén y quedó destruido el templo. En efecto, el autor des-
cribe la liturgia del templo como todavía actual (10,1-3.11), aunque afirma que está
destinada a desaparecer (9,10)”.138

7.2.- Jesucristo en la Carta a los Hebreos


Antes de abordar la cristología presentada por el autor de la Carta a los Hebreos,
conviene dar algunos datos sobre la identidad, características y función del sacer-
docio en el Antiguo Testamento, para luego comparar con el sacerdocio de Jesu-
cristo, que tan originalmente encontramos en esta Carta.

El sacerdocio en el Antiguo Testamento, se ocupaba de diversas funciones y


servicios: los sacrificios rituales (Lev 1-9; 16), el control sanitario (Lev 13-14), las
atribuciones jurídicas (Num 5,11-31), la enseñanza de las decisiones divinas (Deut
31,9.26; 33,9-10) y las bendiciones en nombre de Dios (Num 6,22-27; Eclo 45,15).

En definitiva, la tarea principal de la institución sacerdotal era una responsabili-


dad social: la de ocuparse de las relaciones entre los hombres y Dios. Para llevar a
cabo esta misión de mediador entre Dios y los hombres, el sacerdote tenía la obli-
gación de consagrarse mediante los ritos de separación. El ser humano siempre
debe tener clara conciencia de su pequeñez y fragilidad frente al tres veces Santo
(cfr. Is 6,5; Ex 20,18-19).

Esta consagración se describe con detalles en Ex 29; Lev 9. Allí se habla de ba-
ños rituales para purificarse de los contactos profanos, de una unción que lo im-
pregnaba de santidad, de unas vestiduras especiales que expresan su pertenencia
al mundo sagrado como de los sacrificios típicos de consagración. La "santidad"
conferida por estos ritos debía ser guardada cuidadosamente, a fin de no regresar
al mundo profano (Lev 21). El sistema cultual antiguo, entonces, basaba su eficacia
en las separaciones rituales, al punto de castigar con la muerte algunas transgre-
siones al mismo (ver Num 1,51; 3,10.38; Hech 21,27-31).

Jesús no pertenecía a una familia de sumos sacerdotes, ni siquiera a la tribu de


Leví. En la serie ascendente de separaciones rituales, Jesús se encontraba en el
escalón más bajo, el del pueblo. Tampoco pretendió ejercer ninguna de las funcio-
nes de los sacerdotes judíos. Su actividad se situó, más bien, en la línea de la tradi-
ción profética. Continuando la denuncia de Oseas (Os 6,6), dió prioridad a la mise-
ricordia sobre los sacrificios (Mt 9,13; 12,7), y así terminó instaurando un dinamismo
136 Tertuliano, perteneciente a la tradición latina, la atribuía a Bernabé. Eusebio de Cesarea en su
Historia Eclesiástica (VI, 14,4; 25,11-14), refleja la opinión de algunos escritores de la tradición
griega, entre ellos, la de Clemente de Alejandría que siguiendo a Panteno, piensa que el autor es
Pablo, y su traducción al griego es obra de Lucas. Orígenes, aún conociendo esta opinión, afirma-
ba que "sólo Dios sabe quien es el autor". Del análisis del texto de la carta surge con claridad que
el autor no puede ser San Pablo, como lo advertía Orígenes.
137 L. H. RIVAS, “La cristología de la carta a los Hebreos. Jesucristo, único Salvador del mundo, ayer,
hoy y siempre (cfr. Heb 13,8)”, Revista Bíblica Argentina 1-2 (2003), 82.
138 VANHOYE, El mensaje de la carta a los hebreos, 9.
101

de santificación basado no en las separaciones rituales sino en la reconciliación y


en la comunión.

Su ministerio tomó una dirección contraria a la del sacerdocio antiguo; incluso su


muerte no tuvo lugar en el templo, ni tuvo nada que ver con una ceremonia litúrgica,
sino todo lo contrario: fue la ejecución de un condenado. Apartado del pueblo de
Dios, el condenado era una persona maldita y fuente de maldición (Num 15,30; Dt
21,23; Gal 3,13). Estas consideraciones alejaban históricamente a Jesús del sacer-
docio.

Sin embargo, no podemos soslayar la importancia de la institución sacerdotal en


el Antiguo Testamento (cfr. Ex 25-31; 35-40; Lev 1-10; 16-17; 21-24; Num 3-4; 8;
15-19; Eclo 50,1-4; 1Mac 1-2; 4,36-59) como en tiempos de Jesús. El sumo sacer-
dote era la autoridad suprema de la nación: presidía las asambleas del sanedrín
que los romanos reconocían como poder local. Por lo tanto, a la luz de la problemá-
tica del "cumplimiento de las Escrituras", la catequesis de la primitiva comunidad y
la predicación apostólica, no se podía dejar de plantear el tema.

Existían elementos que reflexionaban sobre el culto, pero sobre el nuevo modo
cultual: alianza en la sangre de Cristo (cfr. Mt 26,28; Mc 14,24; Lc 22,20; 1Cor
11,25), evocando con ello un sacrificio de alianza; la inmolación de Cristo, nuestra
pascua (1Cor 5,7), que lo presentaba como una víctima ofrecida en sacrificio; el
amor y la entrega de Cristo por nosotros en ofrenda y sacrificio agradable a Dios (Ef
5,2). Pero el tratamiento que hace el autor de la carta a los Hebreos es totalmente
novedoso.

Las dos características principales con que aparece revestido el sacerdocio de


Cristo, entonces, son: misericordioso (v.17b; cfr. 4,14-5,10) y fiel (v.17c; cfr. 3,1-6),
que se ocupa de las cosas de Dios (v.17d; cfr. 5,1; Rom 15,17) y purifica de los
pecados (v.17d). Resumiendo, Heb 3,2-6 nos dice que Jesús es “fiel” a Dios Padre
como Moisés fue fiel en toda la casa de Dios. Pero Jesús tiene más gloria, porque
él mismo ha construido la casa y además porque, en la casa de Dios, Cristo es Hijo.
Esta casa somos nosotros, es decir la Iglesia, si somos valientes y nos gloriamos
en la esperanza. El peligro está en que los cristianos no mantengan la fidelidad de
Jesús.

Más adelante, se califica a Cristo como “Sumo sacerdote misericordioso” (Heb 4,14-
5,10). Este texto se compone de dos fragmentos complementarios: cómo la misericor-
dia de Cristo nos conecta con la de Dios (4,14-16) y cómo Cristo “aprendió” a ser mise-
ricordioso (5,1-10). Cristo nos introduce en el Santo de los Santos y es acreditado co-
mo “compasivo”, llevó su semejanza en todo a nosotros hasta la tentación, aunque no
hasta el pecado (v.15). Luego, se define el sacerdocio del Antiguo Testamento (5,1-4) y
se aplica la definición a Cristo (5,5-10). Su origen común con los hombres débiles,
evidenciado por la expiación que tiene que ofrecer por sí mismo, lo hace más
compasivo. Cristo no buscó (v.5), fue llamado como todo sacerdote. Por otro lado, sus
clamores en Getsemaní son signo de debilidad (v.7); y el terminar bebiendo el cáliz de
la Pasión, atestigua que no fue complacido en aquel pedido: así aprendió a doblegar su
voluntad (v.8; cfr. Mt 26,39.42). Por su muerte, Cristo pasa a ser causa de salvación
para los que le obedecen como él obedeció (v.9).139

139 Cfr. SÁNCHEZ BOSCH, Escritos paulinos, 476-479.


102

8.- CRISTOLOGÍA EN EL EVANGELIO DE JUAN


Simbolizado con el Águila por su ojo penetrante, por su capacidad de volar en al-
turas inconmensurables y de sostener la luz del sol, el Evangelio de Juan fue consi-
derado el Evangelio místico, de la contemplación o visión de Dios. CLEMENTE DE
ALEJANDRÍA lo llamaba el “evangelio espiritual” (euangélion pneumatikón) respecto a
los “evangelios corporales” que eran los sinópticos, “no porque Juan invitara a una
evasión de la historia con toda su densidad, ya que de hecho es el evangelio que
acusa de manera más intensa los problemas que la comunidad afrontó en su tiem-
po, sino porque era capaz de entrar en las profundidades del misterio de Jesucristo
y nos lo comunicaba con una lengua nueva y clara”.140

En palabras de LEÓN MORRIS, el Evangelio de Juan es como “un charco en el


que un niño puede jugar y un elefante puede nadar”.141

Entre sus técnicas literarias, una de las más típicas, es el simbolismo. Por medio
del símbolo, Juan remite al misterio. Parte de la experiencia sensible y manda al
más allá. A diferencia del signo, el símbolo (etimológicamente, lo que une) no evoca
una realidad del mismo orden (como el signo del humo remite al fuego), sino una
realidad de orden diverso: el agua, la vid, el grano de trigo... remiten al misterio de
la persona, de la vida y de la misión de Jesús. También el don de la salvación y de
la vida divina está representado con imágenes plásticas y elocuentes, por eso Juan
habla del “pan de la vida”, del “agua viva”, de la “luz de la vida” para indicar la sal-
vación divina operada por Cristo. Reconocer y comprender este simbolismo nos
ayuda a leer a Juan con “mirada contemplativa” para no perder la hondura de signi-
ficado y para interpretar correctamente su cronología y yuxtaposición de aconteci-
mientos.

Los estudios científicos de este último tiempo, postula la idea de que, sea por su
contenido o escrito como por dos documentos provenientes de Egipto pareciera que
terminó de escribirse alrededor del año 130.142 En cuanto al lugar de composición
del Evangelio de Juan, desde los primeros tiempos y también en base al testimonio
de san Ireneo, se ha señalado Éfeso.143 Allí, en Asia Menor, estaría desterrado
Juan, que parece escribir en ambiente griego judeocristiano para cristianos conver-
tidos del judaísmo y para convertidos del paganismo.144

8.2.- Jesucristo en Juan


Dentro de esta estructura general del Evangelio, hay quienes lo dividen a partir
de los títulos cristológicos, tan presentes en todos y cada uno de los capítulos.145 Y

140 EQUIPO BÍBLICO CLARETIANO, “Mirarán al que traspasaron”. Evangelio de Juan, Ed. Claretiana,
Buenos Aires 2006, 22.
141 L. MORRIS, The Gospel According to John: The English Text with Introduction, Exposition and
Notes, Ed. B. Eerdmans Publishing, Grand Rapids 1995, 7.
142 En el 1935, en un oasis de Egipto fue descubierto el famoso papiro P52 (que contenía el capítulo
18,31-38 y en el reverso los vv.37-38). Pertenece a una fecha en torno al año 125 d.C. El segundo
documento son tres fragmentos de papiro: Egerton2, también provenientes de Egipto (con Jn 3,2;
5,39.45; 9,29; 10,25.31; 7,30; 10,39). Cfr. L. RIVAS, El Evangelio de Juan. Introducción. Teología.
Comentario, Ed. San Benito, Buenos Aires 2005, 43ss.
143 A cerca de los otros posibles lugares de composición del Evangelio (Alejandría, Antioquía, Siria,
hacia el lago de Tiberíades, etc.), cfr. R. BROWN, El evangelio según Juan, I, Ed. Cristiandad, Ma-
drid 20002, 131-133.
144 Para profundizar en este punto, cfr. RIVAS, El Evangelio de Juan, 13-17 con abundante bibliografía.
145 Cfr. J. M. MARTÍN-MORENO, Personajes del Cuarto Evangelio, Ed. Desclée de Brouwer, Madrid
2001, 379, propone 35 títulos cristológicos (algunos de ellos son comunes a otros escritos del
Nuevo Testamento, otros son elaboraciones juánicas en la línea de lo que se ha dado en llamar
una cristología alta o desde arriba, que subraya la preexistencia de Cristo y su divinidad).
103

así como Mateo presenta a Jesús como el Mesías Soberano, Marcos como el hu-
milde pero poderoso Siervo de Dios, y Lucas como el Hijo del Hombre, Juan, en
cambio, muestra a Jesús como el Hijo de Dios. Su rica variedad de ilustraciones
ponen énfasis en su divinidad. Veamos algunas:

Capítulo 1: El Hijo de Dios (1-14)


Capítulo 2: El Hijo del Hombre, el Cristo social, invitado a una boda (1-11)
Capítulo 3: El Divino Maestro que instruye a un maestro de Israel (2-21)
Capítulo 4: El Salvador (7-29).
Capítulo 5: El Médico divino, cura al paralítico de la piscina (1-9).
Capítulo 6: El Pan de Vida (32-58)
Capítulo 7: El Agua Vida que da vida (37)
Capítulo 8: El Defensor de los débiles, protege a la mujer adúltera (3-11)
Capítulo 9: La Luz del Mundo, hace ver a un ciego (1-39)
Capítulo 10: El Buen Pastor, da la vida por sus ovejas (1-16)
Capítulo 11: El Señor de la vida, vence la muerte y resucita a Lázaro (1-44)
Capítulo 12: El Rey (12-15)
Capítulo 13: El Siervo lava los pies de los discípulos (1-10)
Capítulo 14: El Consolador, consuela a los discípulos acongojados (1-3)
Capítulo 15: La Vid verdadera, fuente de todo fruto espiritual (1-16)
Capítulo 16: El Dador del Espíritu Santo, promete enviar al Paráclito (1-15)
Capítulo 17: El Gran Intercesor, ora por la iglesia (1-26)
Capítulo 18: El siervo Sufriente, toma la copa del sufrimiento (1-11)
Capítulo 19: El Salvador Crucificado y Vencedor es levantado en alto (16-19)
Capítulo 20: El Señor de la Muerte, venciéndola, resucita (1-31)
Capítulo 21: El Misericordioso perdona al penitente arrepentido (1-17)

8.2.1.- Juan y los Sinópticos

Sin dudas, la pregunta cristológica es capital en todos los Evangelios; pero en el


Evangelio de Juan, la centralidad de la persona de Jesús, reviste una indiscutible y
hasta quizás mayor relevancia. Esta concentración cristológica más densa en este
Evangelio puede deberse a, por lo menos, los siguientes aspectos:146

- La ausencia de otro tema central en el Evangelio de Juan, como en los Si-


nópticos lo es la preocupación por el tema del Reino. En las presentaciones Si-
nópticas el tema del “Reino” está descrito ampliamente: el hecho de que Jesús
predica el Reino, lo ilustra con parábolas, interpreta sus mismos gestos como
signos de la irrupción del Reino y exhorta a los hombres a entrar en él, lo cons-
tituye en un tema central. El enraizamiento del mensaje del Reino en la vida de
Jesús convierte, paradójicamente, estas obras en menos cristológicas.
- Jesús se predica así mismo. En Jn, la ausencia de la tematización del Reino
y, en cambio, la concentración de toda la predicación de Jesús en su misma
persona, le da al Evangelio un énfasis cristológico de primer orden. En Jn el
predicador (Jesús) pasa a ser predicado por sí mismo.
- Jesús utiliza la fórmula “Yo soy”. Primero, para indicar la identidad de su
persona con los diversos símbolos e imágenes veterotestamentarias que apun-
tan a la época mesiánica como época de la plenitud. Pero además, con claras
connotaciones de estar apropiándose del nombre divino (cfr. ítems 8.2.5).
- El interés por la persona de Jesús. La cristología de Jn presenta un interés y
una profundización notable en la identidad de Jesús, y esto, por lo menos, en
una doble dirección. El interés por la persona de Jesús es lo que mueve a sus
interlocutores a acercarse a él: tanto los discípulos del Bautista (1,37-42), como
146 Cfr. J. TUÑÍ, “Evangelio según san Juan”, en J.O. TUÑI – X. ALEGRE, Escritos joánicos y cartas
católicas, Introducción al Estudio de la Biblia 8, Ed. Verbo Divino, Estella (Navarra) 20004, 83-86.
104

Nicodemo (3,1-2), los galileos (4,45), los samaritanos (4,40-42), los mismos ju-
díos (8,25.53), hasta los griegos (12,20-22) y los romanos (19,9). Fundamen-
talmente quieren saber de dónde es, cuál es su origen (ver 1,38; 7,27-28; 8,14;
9,29-30; 19,9; etc.). Esta pregunta, es entonces, una pregunta por su identidad
última. Hay fragmentos del Evangelio de Juan que lo debate largamente (ver
5,19-47; 6,41-48; 7,14-25; 8,48-58; 9,16-34; etc.). El carácter explícito de esta
pregunta, a diferencia de los Sinópticos, constituye un trazo fundamental de la
cristología joánica.
- La mayor recurrencia del nombre Jesús. Jn usa el nombre de Jesús de una
forma parecida al uso que se da en la carta a los Hebreos y con una frecuencia
mucho mayor que los demás Evangelios: Mt 150 veces, Mc 81, Lc 89 y Jn 237.
Se trata de un indicio significativo.

8.2.2.- La comprensión de la Encarnación

Uno de los textos fundamentales para entender la cristología en Jn es el de Jn


3,13-21 y 3,31-36. Estos pasajes describen la relación entre la teología y la cristolo-
gía cuyo resumen podemos encontrarlo en Jn 3,16: “Porque de tal manera amó
Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él no
muera, sino que tenga vida eterna”. Esta acción del Padre que da a su hijo o que
envía a su Hijo, por ejemplo usando la fórmula “el Padre me envió” (la fórmula se
repite muchas veces: 4,34; 6,38.39.44; 7,[Link]; 8,[Link]; 9,4;
12,44.45.49; 13,20; 14,24.26; 15,21; 16,5), con la misión de dar vida o de salvar al
mundo, se repite muchas veces a lo largo de todo el Evangelio (cfr. Jn 3,17.31;
7,33-35; 8,14.21; 13,1; 14,4; 17,5.11.13). Sirve para expresar la raíz teológica de su
mensaje cristológico. Y este movimiento descendente-ascendente, como señala
LONA147, puede ser expresado con una imagen espacial en forma de semi-eclipse o
de “U”: “Nadie ha subido al cielo sino el que descendió del cielo, el Hijo del Hombre
que está en el cielo” (3,13).

Jn 3,16 CIELO Jn 17,11


El Hijo viene El Hijo vuelve
del Padre Jn al Padre
3,13
3 31

Jn 5,36: la obra salvífica del Hijo


TIERRA

Dicho en otros términos sería: “Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros,
y vimos su gloria…” (Jn 1,14). Esto, a diferencia del pensamiento gnóstico cristiano
(para quien nunca pudo darse una “encarnación” auténtica), no relativiza el valor
real de la encarnación.

147 Cfr. H. LONA, El Evangelio de Juan, El relato. El ambiente. Las enseñanzas, Ed. Claretiana, Bue-
nos Aires 20042, 85-86.
105

A la luz de la Pascua
ENCARNACIÓN GLORIFICACIÓN

Jn 1,14
“Y el Logos se hizo ...y hemos contemplado
carne y habitó entre nosotros... su gloria

La Encarnación no es ocultamiento sino epifanía de Su gloria

Ahora bien, esta comprensión tan particular de la cristología de Juan, en el Nue-


vo Testamento, no tiene paralelos. Ciertamente, la Encarnación no es entendida
como humillación o ananodamiento tal como lo cita Pablo en su Himno de Flp 2,6-
11 (cristología paulina). Para Juan, la encarnación no es ocultamiento de la condi-
ción divina, sino manifestación, epifanía de la gloria de la que el Redentor nunca se
despoja.

Inmediatamente después del más “discreto” de todos los signos (la transforma-
ción de casi 600 lts de agua en vino de excelente calidad: Jn 2,1-11 sólo conocido
por los servidores), está escrito: “Así manifestó su gloria”. Además, los repetidos
intentos de apresar a Jesús nunca se cumplen. Su condenación no depende de sus
enemigos, sino de que llegue la “hora” de volver al Padre (cfr. 18,6ss).

La clave para la comprensión de la encarnación está en la perspectiva desde la


que Juan mira el hecho cristológico, es decir, la experiencia de la resurrección. Así
como la “elevación” o “exaltación” une la muerte en la cruz con la glorificación, la luz
de la Pascua ilumina desde el principio toda realidad histórica incluso la del Logos
encarnado.148 En el Evangelio de Juan la encarnación no es sólo un descenso co-
mo en Flp 2,6-11 a la realidad humana. En Jn no es posible contemplar la realidad
humana de Jesús sin percibir al mismo tiempo los destellos de su gloria.

Con una imagen espacio-temporal el evangelista mira hacia atrás para contar la
historia de Jesús: desde el “presente” de esa historia ya obra la realidad posterior y
definitiva de su glorificación. Ésta es su hermenéutica cristológica, su clave de lec-
tura, y desde ella se entiende su comprensión de la encarnación.

8.2.3.- La teología de la cruz

Una comparación con la teología de la cruz paulina (1Cor 1,18-25) nos permite
ver el ángulo propio de la visión joánica.

Para Pablo la cruz es un desafío al hombre religioso. Mientras el judío busca


signos de la victoria del Mesías sobre las fuerzas del mal, el griego busca un siste-
ma de sabiduría que convenza su razón. Contra estas expectativas, el mensaje de
la cruz es, para los primeros un “escándalo”, la ocasión propicia para rechazarlo y
por ella para caer, (este es el verdadero sentido del término “escándalo”: la piedra
que es ocasión de tropiezo y caída, cfr- Mt 16,23; 18,7; Rom 11,9; 14,13; Gal 5,11;
Ap 2,14) y para los segundos, el mensaje suena a “necedad” (la salvación de Dios
por medio de un crucificado no tiene nada de razonable).

El creyente, ya sea judío o griego, es el que por la fuerza de la fe descubre que


en el signo de la debilidad del crucificado se esconde la fuerza de Dios, y que en la
148 La encarnación no se relativiza, ni mucho menos hay una valoración negativa del mundo y de la
materia como en los gnósticos. Cfr. LONA., El Evangelio de Juan, 88.
106

aparente necedad se revela su sabiduría. Para Pablo, el anuncio de la cruz, ante


todo es una confrontación. Sólo el que está dispuesto a enfrentarse con este men-
saje, reconociendo que se contradicen sus inclinaciones naturales, puede abrirse a
la fe. La aceptación del mensaje no es el resultado de una decisión tomada a partir
de lo que la razón descubre como lógico y conveniente, sino el fruto de la acción de
la gracia. Esto no significa que el mensaje de la cruz es absurdo sino que su “senti-
do” sólo se descubre si se acepta la “lógica” de la fe.

En el Evangelio de Juan el mensaje de la cruz también es un desafío, pero con


características diferentes a Pablo. El oyente no se enfrenta con realidades que van
claramente en contra de sus tendencias naturales, sino con una sola realidad lumi-
nosa que no deja casi tinieblas en el hecho brutal de la cruz. El dolor y la negativi-
dad no se niegan ni se banalizan, sino que se transfiguran al ser alcanzados por la
luz pascual. El mensaje sigue siendo un desafío porque nada de su contenido es
obvio. El hombre podría siempre replegarse en su percepción limitada de la reali-
dad, donde la tiniebla no es alcanzada por la luz, ni la muerte por la vida. Pero para
aceptar la teología de la cruz del Evangelio de Juan el oyente debe adoptar también
su misma óptica. Para que las cosas puedan verse de un modo diferente, es nece-
saria la acción de la gracia.

8.2.4.- El Logos preexistente

Todos los textos que de alguna manera hablan del “envío” del Hijo a la tierra
(Encarnación), presuponen otro concepto clave para la cristología, el de la “preexis-
tencia”. Sólo el que ya existe “antes” puede venir al mundo “desde arriba”. Y esto es
lo que Jn nos dice desde su Prólogo: “En el principio era el Logos, y el Logos esta-
ba junto a Dios” (1,1).

La palabra griega logos, que generalmente se traduce como “palabra” o “verbo”,


no debe reducirse sólo a estos conceptos. Más que una traducción, hay toda una
tradición que subyace a esta expresión. Porque en el ambiente cultural del judaís-
mo helenista (desde donde hay que entender el 4to Evangelio) logos no significaba
simplemente “palabra”. Al provenir del concepto alejandrino (en especial de Filón) -
que a su vez se inspira en categorías filosóficas del platonismo medio y del estoi-
cismo- “logos” abarcaba una amplia polivalencia semántica. Implicaba “palabra”
pero también “razón” o “argumento”, es decir, conceptos capaces de reproducir la
riqueza de significados encerrada en la “Palabra de Dios” o Biblia. Debía ser capaz
de transmitir un objeto de conocimiento, pero también capaz de obrar en los cora-
zones de los hombres y en las realidades creadas.

A medida que Dios emite su palabra “Y Dios dijo...”, nace la realidad. La palabra
es, por lo tanto, la fuerza mediadora que permite guardar la distancia necesaria
entre Dios y su creación, pero que, al mismo tiempo, deja que esta creación siga
siendo la creación de Dios y no la obra de una entidad creadora ajena o alejada al
misterio de Dios. Los textos que hablan de la acción de Cristo preexistente como
mediador de la creación (cfr. Col 1,15-18; Heb 1,2ss; Jn 1,1-3) son ejemplos de
aplicación cristológica del concepto alejandrino de Logos.

Lo que en el judaísmo era una imagen de la fuerza creadora de Dios de la que


se hablaba como si fuera una persona, en el cristianismo designa a la persona
misma de Jesucristo en la totalidad de su misterio. Logos, entonces, no es simple-
mente “palabra”, es un verdadero título cristológico. Al asumir esta categoría del
judaísmo alejandrino, el autor no tiene ningún interés especulativo. La afirmación de
la preexistencia quiere expresar la relevancia de la persona de Jesucristo y su im-
107

portancia salvífica. El mismo que anduvo por los caminos de Galilea, el crucificado
y resucitado, es el que desde siempre perteneció al misterio de Dios.

El término Logos pone también de relieve otro elemento importante de la cristo-


logía joánica: la eminente función de revelador del Padre. Porque él descansa en el
seno del Padre, puede “hacer la exégesis” de Dios. Este es el sentido literal de Jn
1,18: “A Dios nadie lo ha visto jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Pa-
dre, él lo ha dado a conocer”. Jesús, como Logos encarnado, revela el misterio de
Dios con su palabra, que es al mismo tiempo la palabra misma de Dios. “Yo les he
dado tu palabra” (17,14) resume la acción reveladora de Jesús.

8.2.5.- Los “Yo soy” Joánicos

Dado que el uso de esta fórmula es característico de la cristología joánica, lo


desarrollaremos brevemente. Las expresiones simbólicas, cuyo sujeto es siempre
Jesús, son todas imágenes salvíficas. Es decir, con la forma lingüística “Yo soy…”,
Jesús se presenta como el agente de la salvación de Dios.149

- “Yo soy” en sentido absoluto (cfr. Jn 8,24.28.58 y 13,19): recuerda la revela-


ción del nombre de Dios a Moisés de Ex 3,14. Según SCHNACKENBURG150, Dios
no parece querer manifestar su ser sino su constancia y lealtad. Para RIVAS,
“es el nombre con que YHWH se hace presente en medio de su pueblo para
ofrecerle la salvación”151. Para RATZINGER “Yo soy” no hace referencia a un
concepto filosófico sino que apunta a revelar “un Dios personal que en cuanto
personal se relaciona con los hombres, por esto era el Dios de los padres
Abraham, Isaac y Jacob. Manifiesta la elección y separación de Israel. No es
un Dios local sino un Dios de personas y estará allí donde está el hombre y
donde el hombre se deja hallar por él”.152 Jesús, al apropiarse del texto de
Éxodo, está presentando como salvador de su pueblo. Pero además, alude a
las declaraciones divinas de Isaías: “Así dice Yahvé, tu Dios…no temas…, por-
que yo soy Yahvé, tu Dios” (Is 43,1). De este modo los “yo soy” joánicos con-
centran en la persona de Jesús todas las promesas divinas, todas las esperan-
zas mesiánicas, y sobre todo, el don de la vida que vemos constantemente
asociada a los “Yo soy”: el pan de vida, la luz de vida…la resurrección y la vida.
- “Yo soy Mesías” (Jn 4,25-26): el Mesías, en sentido literal, significa ungido153.
El judaísmo conocía una serie de figuras que se esperaba aparecieran en el
tiempo de la intervención definitiva de Yahvé a favor de Israel; pero el término
Mesías se reservaba para un concepto delimitado con precisión: el rey ungido
de la dinastía davídica que establecería en el mundo el reino definitivo de Yah-
vé154.
- “Yo soy Pan” (6,35-51)155: En la primera parte del discurso, como en la segun-
da, se comienza con la designación de Jesús como “pan de vida” (6,35.38) y se
acaba con la promesa de la vida eterna concedida al que cree (6,47) o al que
come este pan (6,58). Jesús invita a la multitud a trabajar no por el alimento pe-
recedero, “sino por el que permanece hasta la vida eterna”. La multitud pide sig-
nos para creer en Jesús, ya que en el desierto tuvieron que creer en Moisés que

149 Cfr. LONA, El Evangelio de Juan, 39.


150 R. SCHNACKENBURG, El Evangelio según San Juan, II, Ed. Herder, Barcelona 1982, 298.
151 RIVAS, El Evangelio de Juan, 86.
152 J. RATZINGER, Introducción al cristianismo, Ed. Sígueme, Salamanca 2005, 103.
153 En arameo Mesiha, en hebreo Masiah, en griego Cristo.
154 Cfr. R. E. BROWN - J. A. FITZMYER - R. E. MURPHY (eds.), Nuevo comentario bíblico San Jeró-
nimo, Ed. Verbo Divino, Estella (Navarra) 2004-2005, 546-547.
155 Cfr. X. LEON-DUFOUR, Lectura del Evangelio de Juan, II, Ed. Sígueme, Salamanca 20012, 102-
157 y A. JAUBERT, El evangelio según san Juan, Cuadernos Bíblicos 17, Ed. Verbo Divino, Estella
(Navarra) 1987, 45-51.
108

les ofrecía signos: “nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice
la escritura: “les dio de comer el pan bajado del cielo” (6,31). Y esta referencia al
Sal 78,24: “hizo llover para ello el maná para comer y les dio un pan del cielo”, no
es la única en el Antiguo Testamento. Hay otros varios pasajes que aluden a es-
te “Pan bajado del cielo”. Así, por ejemplo, (Ex 16,4.15; Neh 9,15; Sab 16,20). En
definitiva, Jesús les hace ver que no es Moisés quien les da el “Pan del cielo”,
sino que es Dios el que da ese alimento para la “vida del mundo”. Porque Jesús
se presenta como la realización del maná, en su persona se muestra la figura del
maná escatológico. Jesús se da como “el verdadero Pan” (6,32), como el verda-
dero alimento (6,55), el pan anunciado en la Escritura.
- “Yo soy Luz” (8,12): la metáfora de la luz debe ser vista como derivada de las
figuras de la fiesta de los Tabernáculos. Es de notar que aquí el uso de la luz
está relacionada con la vida, como en el prólogo (cfr. Jn 1,[Link]). Señala el
carácter personal de la verdadera luz. Jesús se proclama luz del mundo, del
mismo modo que en Jn 7,37-38 se proclamó fuente de agua viva. Estas dos
afirmaciones parecen haber tomado pie de las ceremonias que se celebraban
durante la fiesta de los Tabernáculos en la que agua y luz, no sólo aparecían
en los mismos pasajes bíblicos, sino que además contenían un fuerte trasfondo
veterotestamentario156. así, por ejemplo, el relato de las peregrinaciones por el
desierto, que proporciona las imágenes relacionadas con el agua que brotó de
la peña, también trae la imagen de la columna de fuego que guiaba a los israe-
litas a través de la oscuridad de la noche (Ex 13,21). En la escena que describe
el Evangelio está Jesús en este atrio de las mujeres y se proclama luz no sólo
de Jerusalén, sino de todo el mundo. El sentido de la imagen de la luz utilizado
por Jesús es ser símbolo de revelación y salvación.
- “Yo soy el que da testimonio de mi mismo” (8,18): a pesar de que para los
fariseos el “auto testimonio” carece de validez jurídica (ver Nm 5,30; Dt 5,20;
19,18; Sal 27,12; 35,11; Prov 6,19; Dan 13,34-41; entre otros)157, Jesús argu-
menta a su favor. Para ello recurre a la misma Ley de los judíos: la que alude al
principio jurídico del testimonio de dos testigos. Hace referencia explícita a Nm
35,30 y con ello quiere demostrar que no hay contradicción entre lo qué el
mismo plantea y lo que dice la Ley. Los dos testigos necesarios serían en este
caso el mismo Jesús y el Padre que lo ha enviado. Pero este principio experi-
menta una transformación en el modo en que lo presenta Juan. La transforma-
ción radica en el hecho de que en el caso de la ley Judía los testigos operan de
forma externa a los acontecimientos que son narrados por el que está involu-
crado; mientras que en el caso que aquí se plantea no hay lugar para el testi-
monio externo puesto que Jesús y su Padre tienen una misma identidad, pero a
su vez son distintos. Por eso el testimonio es válido.158
- “Yo soy de arriba” (8,23): Esta expresión corrobora la diferencia esencial en-
tre el revelador y el mundo, haciendo hincapié precisamente en el origen dife-
rente. Jesús el revelador de Dios pertenece por completo a la esfera divina, a la
que tiene acceso la fe, mientras que la incredulidad queda excluida de la mis-
ma sin poder superar su origen de abajo. La inteligencia de la revelación está
cerrada a la incredulidad.159 Jesús es el que procede de arriba y ha venido al

156 Entre las ceremonias de la fiesta de los Tabernáculos en tiempos de Jesús se incluía el rito de
encender la primera noche (y posiblemente también en las restantes) cuatro candelabros de oro en
el atrio de las mujeres en el Templo de Jerusalén. Cada uno de ellos tenía, según Mishnah Sukkah
5,2-4, cuatro cazoletas de oro en lo alto, a las que se llegaba mediante una escalera. En las cazo-
letas había mechas flotantes hechas con restos de los calzones y fajas de los sacerdotes; cuando
se encendían los candelabros, se cuenta que toda Jerusalén reflejaba la luz que ardía en la “Casa
de sacar el agua” (la zona del atrio de las mujeres por la que pasaba la procesión que traía el jarro
de oro lleno de agua).
157 Cfr. X. LÉON-DUFOUR, Vocabulario de Teología Bíblica, Ed. Herder, Barcelona 1993, 886.
158 Cfr. J. BLANK, El Evangelio según San Juan, I, Ed Herder, Barcelona 1980, 146.
159 Cfr. BLANK, El Evangelio según San Juan, 151.
109

mundo para dar a los hombres la posibilidad de nacer de lo alto, elevándolos


de este modo de la esfera de las cosas inferiores hasta el plano de Dios.
- “Yo soy Puerta” (10,7.9): según BLANK ““puerta” puede significar, “el acceso al
mundo celeste. Según esta representación, el mundo terreno y el celeste son
dos campos diferentes e incomunicados entre sí, aunque la puerta puede hacer
posible la comunicación entre ellos. Desde este punto de vista, el aserto “Yo
soy la puerta” puede interpretarse: En mi propia persona yo soy la conexión en-
tre el reino humano terreno y el reino divino. Pero puede también significar: Yo
soy el acceso a la salvación, a la vida eterna. Ambos significados no tienen por
qué excluirse. En nuestro pasaje es evidente que el acento principal recae so-
bre la significación segunda. La afirmación: “Yo soy la puerta”, quiere decir que
Jesús en persona es el paso a la salvación, y de hecho el único acceso, toda
vez que él es el acceso a Dios”. Además, la puerta es el elemento que protege,
que separa y hace sentir seguros. Jesús, en este sentido, también es en Quien
el creyente y su comunidad encuentra protección y seguridad. Sería como de-
cir: “Jesús es nuestra defensa”160 (cfr. Sal 91,2.9).
- “Yo soy el buen Pastor” (10,11-14): en el Antiguo Testamento, uno de los tex-
tos característicos en que se describe el pastoreo del Señor es Ez 34,10ss. Allí
Dios se define a si mismo como Pastor: Él es el Buen Pastor de su Pueblo que
cuida y vela por sus ovejas, las libras de los lugares oscuros, las alimenta y las
hace reposar, las cura, las corrige y encamina, etc. Jesús asume esta significa-
ción. El adjetivo “bueno” indica la calidad de una cosa o de una persona, que
responde plenamente a su función (se encuentra utilizado en expresiones co-
mo: "buena tierra": Mc 4,20; un "árbol bueno" que da "frutos buenos": Mt
7,17ss; el "vino bueno": Jn 2,10; las "obras buenas": Jn 10,32; etc.). En el
evangelio de Juan, “bueno” siempre se refiere a Jesús (o a su misión): es un
adjetivo que califica lo que Jesús y su obra representan objetivamente para los
hombres: los bienes que le aporta. En este caso, el adjetivo "bueno" resalta
plenamente la obra salvífica realizada por el Pastor mesiánico. Y Jesús es el
Buen Pastor porque "dispone"161 de su vida en favor de sus ovejas e instaura
con ellas relaciones nuevas de conocimiento mutuo en el amor. La idea que
Juan quiere subrayar es la de que Jesús "disponía" de su vida con absoluta li-
bertad, integrando en su existencia el enfrentamiento con la muerte y, una vez
llegado el momento, deja su vida para tomarla de nuevo según el poder y el
mandato recibido del Padre (cfr. Jn 10,17-18). El buen pastor dispone de la vi-
da “en favor de las ovejas" o "para provecho de". La expresión no significa "en
lugar de", es decir, no implica la idea de sustitución. La perspectiva del texto
joánico no es la del perdón de los pecados, sino la del "conocimiento" entre las
ovejas y el Pastor. El pastor salva a las ovejas de una situación global de oscu-
ridad y de distanciamiento, más que de una simple culpa moral. Aquí las ovejas
representan a los creyentes que han sido llamados por Jesús a la fe, librándo-
los de las tinieblas. Jesús es el auténtico pastor porque vive y muere al servicio
de las ovejas, da la vida por ellas y las conoce individualmente con un conoci-
miento amoroso.
- “Yo soy la Resurrección y la Vida” (11,25): la secuencia donde se encuentra
esta frase es la que ha comenzado con el llamado de Marta y María para que
Jesús intervenga ante la situación de precaria salud de su hermano Lázaro. De
ésta manera el evangelista va preparando la escena para un signo mesiánico
que marcará un hito importante: la decisión por parte de los sumos sacerdotes
para ser ejecutado. El yo soy de Jesús será dicho luego de que Marta haga una

160 BLANK, El Evangelio según San Juan, 237.


161 Jn 10,11b normalmente es traducido: "El buen pastor da la vida por las ovejas". Una traducción
más cercana al texto griego original sería: "el Buen Pastor ‘dispone’ de su vida en favor de sus
ovejas" (11b). Traducimos como "disponer de" el verbo griego que literalmente significa "poner",
"colocar", "disponer de algo" que aparece en el capítulo 10 en los vv.[Link].
110

primera profesión de fe. Pero las palabras de Jesús no se pueden entender


como una simple respuesta a la esperanza que ella ha manifestado, ni tampoco
como anuncio de la inmediata resurrección de su hermano. En el contexto ha-
bía que mencionar la resurrección, y desde luego en primer término; pero la
“vida” constituye el nexo necesario para la sentencia inmediata que vale para
todo los creyentes y les abre el sentido de la gran señal. Por lo que hace al
contenido mismo, desde luego que la “vida” contribuye exclusivamente a acla-
rar lo que ya se ha dicho con la “resurrección”. Tras la autodefinición del Reve-
lador como la Resurrección y la Vida siguen dos hemistiquios ingeniosamente
montados que presentan la exigencia y la promesa para los oyentes. Su grada-
ción va desde lo restrictivo a lo ascendente bajo el doble sentido de “morir” y
“vivir”. Todo adquiere un eco misterioso: “quien cree en mi, aunque muera, vivi-
rá; y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre”.162 La fe, de alguna
manera, es anticipo de la vida eterna.
- “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (14,6): por el contexto se deduce
que el acento cae sobre “Yo soy el camino”. De por si, “el camino” resulta una
metáfora extraña aplicada a una persona, pero su sentido se esclarece al agre-
gar que en esa persona se alcanzan la verdad y la vida. Casi podría sonar co-
mo una razón o fundamento, pero es más bien una explicación aclarativa: “Yo
soy el camino; es decir, la verdad y la vida”, para cuantos deseen alcanzar esa
meta. Porque Jesús revela la verdad que lleva a la vida. A quien en su existen-
cia acoge con fe y realiza esa verdad, le comunica vida verdadera. Él, a todo
aquel que cree en él, lo conduce hasta la meta de su existencia: “hasta el Pa-
dre”; así se convierte en el Camino. La expresión de Jesús: “Yo soy el camino,
la verdad y la vida”, se sitúa en la despedida de Jesús a sus discípulos en la úl-
tima cena. Es “la hora de pasar de este mundo al Padre” (17,1). Jesús es el
que viene del Padre y va hacia el Padre, que es la meta del hombre. Cristo es
el camino, que nos conduce y nos comunica la verdadera vida: el Padre; cono-
cerlo a él es conocerlo al Padre. Jesús en su recorrido, Él quiere llevarnos nue-
vamente al Padre. Es más, la formula adquiere mayor fuerza con el v.6b: “So-
lamente por mí se puede llegar al Padre”. Jesús es, entonces, él único camino
de acceso a la meta.
- “Yo soy la Vid verdadera” (15,1): La vid evoca una figura colectiva en el Anti-
guo Testamento. La viña y la vid representan al Pueblo de Israel, la porción de
Dios, el pueblo elegido (Is 5,1-7; Ez 15,1-6; 19,10-14; Sal 80,8-16). Jesús se
está ubicando como centro de la comunidad cristiana y como canal de comuni-
cación con el Padre. Al ser la Vid, Jesús se presenta como la porción elegida
del Padre, la vid querida por el Padre: la que da frutos. Juan le estaría dando
un giro a la imagen: el sujeto ya no sería una atribución colectiva (deja de ser el
pueblo) sino Jesús mismo. Él asume en sí mismo la figura colectiva de la vid y
así funda en su persona un Nuevo Israel: la nueva comunidad cristiana; Él ocu-
pa el lugar del Antiguo Israel. De la concentración cristológica, luego se amplia-
rá a la eclesiología (tratado sobre la Iglesia), con la relación particular que hay
entre la Vid y los sarmientos. Según los términos en que se plantea el discurso,
nos encontramos con una triple representación: El Padre, dueño y Señor de la
viña, asume el papel del Viñador. Jesús, representado por la Vid Verdadera,
representa a la iglesia comunidad de salvación. Los Sarmientos, que no se di-
ferencian de la vid sino que son uno sólo con ella y dependen de la unión con
ésta para poder dar fruto o no, son los creyentes. Lo importante, entonces, no
es ser judío o cristiano, sino estar unido por la fe y el amor, es decir, la incorpo-
ración y pertenencia a la Vid, a Jesús. Sin embargo, Jesús no es sólo el tronco
de la Vid sino la Vid en su totalidad, en Él está congregada toda la comunidad,

162 R. SCHNACKENBURG, El Evangelio según San Juan, III, 408-409.


111

la totalidad de la Vid. Esto determina la vinculación profunda que hay entre Je-
sús y la comunidad de salvación.
- “Yo soy Rey” (18,37)163: durante el ministerio público de Jesús, éste no cede
nunca al entusiasmo mesiánico de las multitudes, demasiado mezclado con
elementos humanos y con esperanzas temporales, sin embargo, sin oponerse
al acto de fe mesiánica de Natanael (Jn 1,49), orienta sus miradas hacia la pa-
rusía del Hijo del hombre. Cuando después de la multiplicación de los panes
las multitudes quieren tomarlo para hacerlo rey, desaparece (6,15). Pero una
vez se presta a una manifestación pública de su realeza, es en su entrada
triunfal a Jerusalén (Mt 21,5 cfr. Zac 9,9). Allí se deja aclamar rey de Israel (Lc
19,38; Jn 12,13). Jesús es auténticamente rey, así lo reconoce ante Pilato, pero
precede su afirmación de correcciones al concepto de reino y rey. A la hora de
hablar del tipo de rey que es Jesús, entran en conflicto las distintas categorías
con que consideraban dicho reinado. Por un lado, el Mesías-Rey (Lc 23,2) es-
perado por el pueblo judío, en tanto libertador político o, por el otro, el Rey cru-
cificado, desnudo y sufriente, que libremente se entrega por la salvación de sus
‘súbditos’. Éstas diferentes percepciones se hallan por detrás de éste primer
diálogo entre el procurador romano y Jesús. Su reinado no es de este mundo,
sólo puede ser reconocido por la fe. Luego, por orden del procurador, Jesús es
entregado a los soldados para que sea azotado. Ellos trenzan una corona con
zarzas, se la ponen sobre la cabeza, le colocan un manto de púrpura –insignias
reales–, y lo saludan, entre bofetadas, como rey de los judíos. A través de esta
cruel burla se desvela la gran oculta realidad: ese judío que está por morir es
verdaderamente el Rey Mesías, el rey que esperó Israel. De esta manera ab-
surda y paradójica Jesús está siendo proclamado rey: “He aquí al rey de los ju-
díos” (19,13), pero esta aclamación tiene una única respuesta: “¡Crucifícalo!”.
En la Cruz, es sin duda el momento cúspide: desde allí el rey se sienta en su
trono y comienza a reinar. En lo alto, se escribe en tres idiomas (para que to-
dos lo puedan leer y los judíos no pueden borrarlo): “Jesús el Nazareno, rey de
los judíos”. Jesús que había predicho el inicio de su reinado a partir de la cruz
(3,14; 8,28; 12,32), ha llegado finalmente a su “hora”, a su momento de gloria.
En la cruz, Jesús es el Rey Mesías entronizado. En la cruz, ha terminado defi-
nitivamente la obra que le encargara el Padre y terminará diciendo: “Todo está
cumplido”.

9.- CRISTOLOGÍA EN EL APOCALIPSIS


Normalmente, en nuestro lenguaje común, hemos identificado “apocalíptico” con
“desastre cósmico que supone el fin del mundo”. Así, las agonías y preocupaciones
del mundo occidental parecen encontrar en las imágenes y en el humus conceptual
de la apocalíptica un medio apropiado de expresión. Se trata de una sintonía intere-
sante, pero que no pueden hacernos olvidar las distancias existentes entre la visión
apocalíptica del mundo bíblico164 y la visión apocalíptica del actual mundo occidental.

163 Cfr. F. DE LA CALLE – J. PIKAZA, Teología de los evangelios de Jesús, Ed. sígueme, Salamanca
19773, 463-468; M. DE TUYA, Biblia Comentada, II, B.A.C., Madrid 1964, 1281-1288; X. LEÓN-
DUFOUR, “Rey”, Vocabulario de Teología Bíblica, 792-798.
164 Por escatología entendemos la esperanza en una acción futura y definitiva de Dios a favor de su
pueblo. Contiene tres elementos fundamentales: 1) la convicción de que Dios ha actuado en el pa-
sado a favor de su pueblo; 2) la constatación de que Israel no va respondiendo adecuadamente, a
lo largo de la historia, a esta acción liberadora de Dios, es decir, conciencia de pecado; 3) la con-
vicción de que Dios actuará de forma definitiva, de forma que ya no habrá lugar para la infidelidad
del pueblo. Para profundizar en el Apocalipsis, entre otros autores, pueden verse: X. ALEGRE, “El
Apocalipsis de Juan”, en M. E. BOISMARD, “El Apocalipsis de Juan”, en A. GEORGE – P. GRE-
LOT (eds.), Introducción crítica al Nuevo Testamento II, Barcelona 1983, 127-166; J. M. GONZÁ-
LEZ RUIZ, Apocalipsis de Juan. El libro del testimonio cristiano, Ed. Cristiandad, Madrid 1987; U.
VANNI, L’Apocalisse: ermeneutica, esegesi, teologia, Supplementi alla Rivista Biblica 17, Ed.
112

El mundo apocalíptico antiguo es un mundo sacralizado mientras que el moderno es


secularizado, aunque no faltan apocalípticos de corte religioso fundamentalista.

La literatura apocalíptica consiste, más bien, en una literatura de revelación, que


se hace por medio de un agente divino. El nombre de apocalíptica está tomado del
libro canónico del Nuevo Testamento: Apocalipsis de Juan, uno de los libros más
leídos y comentados del Nuevo Testamento desde su origen, sobre todo en las
iglesias antigua y medieval, tal como queda reflejado en el arte románico y en el
bizantino.

El término “Apocalipsis” proviene del griego y significa “revelación”. Aunque el


tiempo de la composición de Ap sigue siendo una cuestión abierta, la mayoría de
comentaristas se inclina por considerar el reinado de DOMICIANO (hacia el 95 d.C.)
como el momento más lógico de su composición. Las comunidades destinatarias de
Ap viven momentos difíciles de tensiones religiosas internas y de tribulaciones ex-
ternas, incluso llegando a la persecución cruenta, en algún caso. Como primeros
destinatarios el autor tiene en mente a las siete Iglesias de Asia Menor. La cercanía
geográfica entre las comunidades mencionadas en capítulos 2-3 y los detalles es-
pecíficos llevan a pensar que el autor tiene en mente comunidades reales e históri-
cas; aunque el hecho de que sean siete representa un número simbólico con el que
el autor quiere extender su mensaje a la totalidad de la comunidad eclesial de la
época.

9.2.- Jesucristo en el Apocalipsis

En 1,1 el Apocalipsis se presenta como revelación de Jesucristo, es decir, como


revelación que comunica a Jesucristo, y como revelación sobre Jesucristo. De ahí
que la figura de Jesús aparece como el hilo conductor que enlaza todas las imáge-
nes del Ap.

El libro subraya la relación única entre Jesús y Dios: éste es el Padre de Jesús, el
que está sentado en el trono de Dios (3,21) y a él se le aplican los títulos que en Ap
se atribuyen también a Dios. Y el primer título que se le asigna a Dios es el que es,
que era y que ha de venir (1,4; cfr. 1,8; 4,8; 11,17; y 16,5 donde “el que va a venir” no
se menciona, pues se considera que ya ha venido con Jesús). Detrás de esta expre-
sión está la revelación del nombre de Dios según Ex 3,14. Este título va acompañado
de otros dos que Ap reserva sólo para Dios: Kyrios y Pantocratôr (11,17; 15,3; 16,7;
19,6; 21,22; cfr. 4,8; 16,14; 19,15). Es denominado también el que vive por los siglos
(10,6; 15,7; cfr. 4,9). La trascendencia de Dios también se destaca en la expresión el
primero y el último (22,13; cfr. Is 41,4), completada por yo soy el alfa y la omega (1,8;
21,6; 22,13) y yo soy el comienzo y el final (21,6; 22,13).

El Apocalipsis, pues, quiere transmitir la convicción acerca de la divinidad de Cris-


to. El posee rasgos trascendentes (1,13b-15) y como Dios, es omnipotente y omnis-
ciente (5,6), recibe la adoración de los cuatro seres vivientes y de los veinticuatro
ancianos (5,8.14, comparar con 19,10 y 22,9).

El autor señala la superioridad de Jesús sobre la creación, al llamarlo el principio


de las criaturas (3,14). Por su muerte y exaltación (2,8), Jesús es el Cordero (el
término se repite 28 veces) degollado que se mantiene en pie (1,5.6; 5,1.14; 11,15).
Comporta la connotación de poder con la imagen de los cuernos (5,6) que son las
señales de la omnipotencia y de la omnisciencia divinas.

Dehoniane, Bologna 1988; J. P. CHARLIER, Comprender el Apocalipsis, 2 vols., Bilbao 1993; J. O.


TUÑI – X. ALEGRE, Escritos joánicos y cartas católicas, Introducción al Estudio de la Biblia 8, Es-
tella (Navarra) 20004, 213-287.
113

Además, Jesús es la clave de interpretación de toda la historia. Sólo él es digno


de abrir el libro sellado y de recibir todo poder y honor (5,1.9.12-14). Ap mantiene la
tensión escatológica, “todavía no” se ha realizado la victoria definitiva sobre el mal,
cuyas fuerzas serán aniquiladas cuando regrese como guerrero victorioso (19,11s)
y como juez (19,15). En el tiempo presente, Jesús es quien dirige su palabra a las
iglesias (2-3), es más, él es la Palabra de Dios (19,13).

A Jesús se le aplica el título de Cristo, no sólo como nombre propio (1,1.2.5),


sino también como título mesiánico (11,15; 12,10; 20,4.6. Cfr. Sal 2,2), donde por
momentos, indica de manera más específica al Cristo que, asociado a Dios
Padre, toma posesión del Reino. El título se emplea en conexión con los de Señor
y Dios como con la repetición del verbo reinar. Una serie de títulos intentan especi-
ficar este señorío de Cristo y su relación con Dios: el testigo fiel (1,5; 2,13; 3,14), el
Primogénito de entre los muertos (1,5), el Amén (3,14), el Hijo de Dios (2,18), el
Pastor (7,17), Rey de reyes y Señor de señores (19,16). Participa del poder de Dios
y posee las llaves de la muerte y del abismo (1,18). La visión inicial de 1,12-20 ca-
racteriza a Jesús con los rasgos del Hijo del Hombre de Dan 7,13-14 mientras la
visión final, lo caracteriza como el Esposo (21,2) para el que la Esposa / Iglesia se
ha engalanado. Por amor a su Iglesia, Jesús la ha limpiado de los pecados (1,5;
5,9; 14,3-4), constituyendo así un pueblo real y sacerdotal (1,6; 5,10; 20,6 como en
Ex 19,6).

Expliquemos algunos de estos títulos165:

- El Cordero de Dios resucitado: Cristo es presentado como el Cordero con las


marcas del sufrimiento. Es el nuevo Cordero Pascual. El autor hace suyo un
tema sacado del Éxodo y del Deutero-Isaías, y nos presenta a Cristo como el
cordero pascual redentor, muerto (5,6.12), glorificado (5,6) que venciendo,
sube al trono de Dios (6,1.16; 7,9-11.15.17, etc.). Con Él se inicia el nuevo y
definitivo Éxodo; y como antiguamente, el Cordero rescata la humanidad entera
para hacer de ella un "reino de sacerdotes para Dios" (5,10). Jesús está de pie,
resucitado, en el mismo lugar en el cual Dios tiene su morada. Él es el centro
del mundo creado y de la humanidad, que cantan un cántico nuevo: "Tú eres
digno de tomar el libro y de romper los sellos, porque has sido inmolado, y por
medio de tu Sangre, has rescatado para Dios a hombres de todas las familias,
lenguas, pueblos y naciones. Tú has hecho de ellos un reino sacerdotal para
nuestro Dios, y ellos reinarán sobre la tierra" (5,9-10).
- Jesús: aparece 9 veces (1,9 bis; 12,17; 14,12; 17,6; 19,10bis; 20,4;
22,16). La frecuencia indica una atención especial al Jesús histórico. Jesús
Cristo (1,1.2.5; 22,21).
- Señor (11,8; 14,13; 17,14; 19,16; 22,20.21): el título tiene a veces una
acentuación litúrgica (22,20). Normalmente indica la energía irresistible de
Cristo aplicada contra las fuerzas hostiles. (17,14; 19,16): Él es el "Rey
de reyes y Señor de Señores”.
- El Príncipe de los reyes de la tierra: este título es el que tiene mayor al-
cance político en un contexto de hostilidad y persecución. Indica la supre-
macía de Cristo sobre todas las fuerzas agresivas y violentas a Dios, or-
ganizadas históricamente y llamadas "reyes de la tierra" (1,5; 6,15;
17,2.28; 18,3.9; 19,9; 21,24). La Bestia y los reyes serán vencidos por el
Cordero, que es Señor de los señores y Rey de los reyes.
- Semejante al Hijo del Hombre (1,12; 14,14): a pesar de que sustancial-
mente coincide con un título cristológico muy difundido en los evangelios,

165 Tomados de A. MARENGO, El Apocalipsis: el relato, el ambiente, las enseñanzas, Ed. Claretiana,
Buenos Aires 2005, 60-63. Específicamente de la Cristología, se ocupa F. CONTRERAS MOLINA, El
Señor de la vida. Lectura cristológica del Apocalipsis, Ed. Sígueme, Salamanca 1991.
114

no parece derivar de ellos, sino más directamente del libro de Daniel (cfr.
Dn 7,13). Se utiliza en un contexto de glorificación y de juicio, en el que
algunas características propias de Dios en el Antiguo Testamento son
transferidas a Cristo.
- El Verbo de Dios (19,13): es una característica de Cristo, que le es otor-
gada con gran solemnidad literaria; indica su realidad trascendente, en la
perspectiva del prólogo del cuarto evangelio, pero vista en un contexto
dinámico de la conclusión de la Historia de la Salvación.
- El Hijo de Dios (2,18): Cristo es llamado Hijo de Dios en el sentido más
pleno de la palabra, así como Dios es llamado Padre de Cristo.
- El Verdadero o Veraz (3,7; 6,10; 19,11): cualifica al máximo el testimonio
de Cristo. Título que está junto con el que proclama la santidad y, por tan-
to, pertenencia especialísima de Cristo a la esfera propia de Dios (3,7).
Es interesante ver este título en el conjunto de 19,11-13: "Luego vi el cie-
lo abierto y apareció un caballo blanco. Su Jinete se llama Fiel y Veraz; él
juzga y combate con justicia. Sus ojos son como una llama ardiente, y su
cabeza está cubierta de numerosas diademas. Lleva escrito un nombre
que solamente él conoce y está vestido con un manto teñido de sangre.
Su nombre es: la Palabra de Dios". Verdadero es aquel que es la verda-
dera palabra de Dios, que es totalmente veraz por el sacrificio de la cruz
(manto teñido de sangre). Él es la realización de las promesas de Dios.
Por eso encontramos que el Apocalipsis va a denominar a Jesús como el
Testigo Fiel (cfr. 1,5; 3,14; 19,11), el Amén (3,14; 1,7).
- El Viviente: en el Antiguo Testamento es un título frecuentemente dado a
Dios (cfr. Sal 42,3: “Tengo sed de Dios, del Dios Vivo: ¿cuándo entraré a
ver el rostro de Dios?”). En 1,18 se atribuye a Cristo resucitado.
- El Primogénito entre los muertos (1,5): manifiesta no sólo la resurrec-
ción de Cristo sino también la esperanza a la cual todos son llamados. Él
es el primero de muchos hermanos que nacerán para una vida nueva.
- El Primero y el Último, Alfa y Omega: dichos de Dios (1,8; 21,6) son tí-
tulos transferidos a Cristo (22,13) que manifiestan que el Apocalipsis tie-
ne conciencia de una cierta identidad entre el Padre y el Hijo.
- El León de la tribu de Judá (5,5): será la respuesta que trae la consola-
ción a todos, el Mesías profetizado en Gn 49,9. El león de Judá es capaz
de abrir el libro de la historia; el Mesías del linaje de David: "el que tiene
la llave de David" (3,7); "Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella es-
plendorosa y matutina" (22,16).

Por tanto, la liturgia no sólo canta al Dios tres veces santo (cfr. 4,8) sino que ala-
ba la victoria de Jesús. Las comunidades cantan, a pesar de la persecución, de la
oscuridad del camino, que Cristo, el Cordero, comenzó a reinar junto al Padre.

En el Cristo presentado así se resalta su función sacerdotal. Sacerdote vestido


de "una túnica talar" (1,13) aparece en íntima conexión con las Iglesias. En los
mensajes que envía a las Iglesias es descrito por medio de un atributo con que apa-
rece en la visión inaugural. En efecto, tiene en su mano las siete estrellas y camina
entre los siete candeleros sobre los que puede decretar la separación de la comu-
nidad cultual, participa de las dificultades de la comunidad de Esmirna, tiene la es-
pada del Juicio de su palabra, posee la firmeza y el poder necesarios para fortale-
cer a los de Tiatira y quebrantar a sus adversarios, ofrece una salida para las difi-
cultades de Filadelfia y recrimina desde su testimonio la tibieza de Laodicea.

El conozco con que se inician todos los mensajes es propio de Alguien que está
presente en el momento en que cada Iglesia participa en la vida litúrgica. Pero ésta
no se reduce al ámbito cultual sino que engloba todo el acontecer diario de las Igle-
115

sias desde donde brota. Retornando las causas judiciales que aparecen en el Anti-
guo Testamento se recriminan las conductas que no se conforman al nombre cris-
tiano, y se coloca junto a ellas palabras de aliento y esperanza para los que man-
tienen la fidelidad a ese nombre. El culto se entiende así como culminación de una
vida vivida en la paciencia necesaria para un auténtico servicio a Cristo.

En un culto así concebido se pone de relieve el rol de toda la comunidad cristia-


na. La dimensión comunitaria está siempre presente en esta acción litúrgica. De ahí
nace la necesidad de leer y meditar este escrito en la reunión de la comunidad. So-
lamente en la comunidad, con la presencia de sus miembros vivos, se puede des-
entrañar el sentido de los símbolos.

Pero el culto comunitario tiene su origen y debe mantener siempre una estrecha
conexión con el Único Mediador Sacerdotal. La victoria de éste sobre los poderes
demoníacos imperiales posibilita que la comunidad pueda participar de los atributos
cultuales -columna en el santuario de Dios- y regio -sentarse en el trono con Cristo
y el Padre- de Jesús.

Por medio de esta participación en los poderes de Jesús, la comunidad es con-


ducida a la Vida Plena expresada en una multiplicidad de imágenes: comer el árbol
de la vida que está en el Paraíso de Dios, no sufrir daño en la muerte segunda, re-
cibir "una piedra blanca y, grabado en la piedra, un nombre nuevo" y "el Lucero del
alba", y no borrar su nombre del Libro de la Vida.

De este modo, por medio de la liturgia terrestre la comunidad que en ella partici-
pa se une con el cielo. Su testimonio activo y la paciencia en la persecución en-
cuentran un fiel eco en el Templo del cielo (11,15-18; 12,10-12; 15,3-4; 16,5-7; 19,1-
7). La liturgia es, pues, fuente de comunión entre la trascendencia del cielo, la
Iglesia celeste, que no contempla despreocupada la suerte de sus hermanos, y el
testimonio de la Iglesia que lucha en la tierra dando heroico testimonio de su fe en
Cristo.

10.- CONCLUSIÓN
En términos generales, el recorrido cristológico del Nuevo Testamento podría-
mos sintetizarlo a partir de dos tendencias: una que destaca la referencia a la vida
histórica de Jesús (los Evangelios) y la otra que vive presente sobre todo al Señor
crucificado y resucitado (Pablo y en alguna medida Juan). Las dos se integran mu-
tuamente, aunque en medida distinta, en todos los escritos neotestamentarios, que
anuncian a Jesús de Nazaret confesado con el título de Cristo, o bien de Logos,
Señor, Rey de los reyes, etc.

“Jesucristo es el mismo ayer y hoy, y lo será por siempre” (Heb 13,8). Él está só-
lidamente situado en la historia humana y constituye el punto decisivo entre el “an-
tes” y el “después de Cristo”. Pero esta división, mucho más que una cuestión histó-
rica, es también el paradigma de toda experiencia auténtica y profunda de Cristo.
Como les pasó a los Apóstoles, quien “toque, oíga, vea, sienta” a Cristo, ahora des-
de la fe, no puede quedar igual que antes. Cristo marca un antes y un después.
Cristo impregna por completo la historia humana, como no menos la historia perso-
nal de quien se deje interpelar por aquella pregunta inocente: “Y ustedes ¿quién
dicen que soy yo?” (Mt 16,15; Mc 8,29; Lc 9,20), que dirigió a los Doce, pero que
sólo en Pedro tuvo una respuesta. La Sagrada Escritura no sólo responde la pre-
gunta desde muchas perspectivas, como lo vimos a partir de las cristologías en los
distintos autores, también vuelve, una y otra vez, a formularla al corazón de cada
creyente.
116

Ahora bien, al finalizar esta reconstrucción de la imagen de Cristo como aparece


en los textos del Nuevo Testamento, la experiencia religiosa y espiritual cristiana
tiene algunos rasgos característicos y específicos. Como concluye FABRIS, “Ante
todo hay que destacar un hecho de evidencia inmediata: en el centro de la vida de
la comunidad cristiana, como razón y fundamento del modo de pensar, de valorar y
de elegir, y de las mismas relaciones entre los bautizados, está la relación personal
y vital con Jesús, acogido e invocado como Cristo y Señor. En segundo lugar... las
fórmulas cristológicas, los modelos o esquemas religiosos y culturales, los títulos o
símbolos en que se expresa la fe de las primeras comunidades cristianas, nacieron
y maduraron dentro del cauce de la gran tradición bíblica. Pero el lugar generador
de esta fe es el mismo Jesús con su acción o palabra histórica, con la autoridad y la
fuerza religiosa de su persona, que se hacen verdad en su autodonación suprema,
la muerte de cruz”.166

Al igual que cualquier otro personaje del pasado, es imposible llegar a Jesús, re-
conocido y proclamado como el Cristo en la primera comunidad cristiana, más que
a partir de las fuentes o documentos que hablen de Él, de su personalidad, de su
mensaje, de su acción, de su misión, de sus gustos, de sus expectativas... pero, por
no ser un “personaje cualquiera”, su Persona supera todo lo que de Él se pueda
decir o escribir. Nunca podremos ser exhaustivos del misterio de este hombre-Dios.
Pero lo importante, no es sólo conocerlo, y fundamentalmente a partir de las fuen-
tes bíblicas que sin duda son las más genuinas, sino sobre todo, prestarle personal
adhesión: poder dar esa respuesta, como lo hizo Pedro, que Cristo espera de cada
cristiano.

166 R. FABRIS, “Jesucristo”, en P. ROSSANO – G. RAVASI – A. GUIRLANDA, Nuevo Diccionario de


Teología Bíblica, Ed. Paulinas, Madrid 19902, 891-892.
117

UNIDAD III:
BREVE CRISTOLOGÍA SISTEMÁTICA

1.- INTRODUCCIÓN
“Los conocimientos que hemos adquirido nos permiten afrontar los demás
enunciados cristológicos fundamentales. En el curso de la historia de la fe cristiana se
han desarrollado dos líneas que se han ido separando cada vez más: la teología de la
encarnación, que nació del pensamiento griego y que se impuso en la tradición
católica de Oriente y Occidente, y la teología de la cruz, que irrumpió vigorosamente
con los reformadores a partir de las afirmaciones de Pablo y de las primeras formas de
la fe cristiana.”167

Con la afirmación precedente, J. RATZINGER recordaba los caminos de la


cristología, por lo cual, una vez que nos hemos introducido en el misterio de Cristo, y
lo hemos buceado en el Nuevo Testamento y en la Patrística, conviene sistematizar,
aunque sea de manera sintética estos grandes temas de la cristología: la encarnación
o unión hipostática, y el misterio pascual.

2.- EL MISTERIO DE LA ENCARNACIÓN


“La teología de la encarnación habla del ser y gira en torno al hecho de que un
hombre es Dios y de que, por eso, Dios es hombre; todo esto, que tan inaudito, es
para ella también lo decisivo en todos los aspectos. Ante este acontecimiento, ante la
unidad del hombre con Dios, ante el hecho de la encarnación de Dios palidecen todos
los demás hechos singulares, que frente a aquel son irremediablemente secundarios.
La unión de Dios y del hombre es lo verdaderamente decisivo, lo salvador, el
verdadero futuro del hombre donde deben converger todas las líneas.”168

Siguiendo esa magistral enseñanza de nuestro actual Papa, que resume la


contemplación maravillada de la Iglesia de tan gran misterio, expresada a lo largo de
siglos de pensamiento teológico, miremos la encarnación en el designio y la obra de la
Santísima Trinidad.

2.1.- La Encarnación como evento trinitario


La preexistencia, la eternidad y la inmutabilidad de Dios, datos fundamentalmente
bíblicos (cfr. Mal 3,6; Jn 1,2; 8,58; 13,19; St 1,17) más que filosóficos, tocan la
caducidad y la mutabilidad del tiempo en el misterio de la encarnación, y a partir de
este evento nos será posible conocer por la revelación del Hijo, en el Espíritu, la
intimidad de Dios.

Por esa distinción teológica entre “Trinidad inmanente” y “Trinidad económica”, es


decir, la distinción que describe a la Trinidad en sí misma, en su intimidad, y a la
Trinidad en su obrar hacia el mundo y el hombre, podemos afirmar que la Encarnación
del Hijo es obra de toda la Trinidad: del Padre que envía al Hijo, del Hijo que se hace
hombre, y del Espíritu Santo que obra en María para que esto sea posible (cfr. Cat.I.C.
258-260).

167 RATZINGER, Introducción al cristianismo, 192.


168 RATZINGER, Introducción al cristianismo, 192.
118

2.2.- La iniciativa del Padre en la Encarnación


La iniciativa del Padre se inscribe dentro del dinamismo íntimo del misterio de la
Trinidad. Las “misiones” divinas que manifiestan el orden de las personas divinas y
constituyen como una prolongación “hacia fuera” (ad extra) de la vida de la
intratrinitaria nos enseñan que el Padre, llegada la plenitud de los tiempos envió a su
propio Hijo para redimirnos y hacernos hijos adoptivos suyos (cfr. Gal 4,4-5).

2.3.- La Encarnación como acto del Hijo

En el intento de explicar la Encarnación como acto del Hijo, SANTO TOMÁS DE


AQUINO (1224-1274), se ve desafiado por dos cosas: entender el por qué y el cómo de
la encarnación. Es precisamente lo que hará TOMÁS y de forma magistral.

Estudia el por qué explorando los motivos de conveniencia; observa que sólo
pueden argumentarse motivos de conveniencia, no de necesidad, porque
absolutamente hablando: “Dios habría podido redimirnos con su omnipotencia en
muchas otras maneras” (S. Theol., III, q. 1, a. 2.). Las razones de conveniencias
aducidas por STO. TOMÁS son muchas pero la más importante es la reparación del
pecado, una reparación querida por la justicia divina y que el hombre no estaba en
grado de cumplir. Según el teólogo esta razón debe considerarse como primera y más
importante porque está claramente atestiguada por la Escritura. STO. TOMÁS no
excluye, en hipótesis, que hubiera podido encarnarse en la eventualidad que el
hombre no hubiera pecado. Afirma: “Hay dos opiniones en este propósito. Algunos
dicen que el Hijo de Dios se hubiera encarnado también si el hombre no hubiera
pecado. Otros, en cambio, afirman lo contrario. Parece que esta última opinión se
deba preferir. Las cosas dependen de la voluntad de Dios, por encima de todo
aquello que es debido a las criaturas, no pueden ser notadas sino a través de la
Escritura, en la cual la voluntad divina se manifiesta. Por tanto, así como en la
Sagrada Escritura el motivo de la encarnación es considerado en relación al pecado
del primer hombre (incarnationis ratio ex peccato primi hominis), es más oportuno
decir (convenientius dicitur) que la obra de la encarnación ha sido dispuesta por Dios
como remedio del pecado, de modo que, no existiendo el pecado, no se hubiera dado
la encarnación. La potencia de Dios, no puede ser delimitada en estos términos: Dios,
de hecho habría podido encarnarse aunque no hubiera existido el pecado” (S. Theol.,
III, q. 1, a. 3.).

Una vez explicado el por qué, STO. TOMÁS pasa a explicitar el cómo de la
encarnación. Comienza por considerar y criticar puntualmente las herejías de los
primeros tiempos de la Iglesia respeto de la relación entre el Verbo y la carne; entre la
segunda persona de la Trinidad y la humanidad asumida en el seno de María virgen.

Fiel a la definición del Concilio de Calcedonia (451), STO. TOMÁS explica el misterio
de Cristo con los términos de: única persona (la del Verbo) y dos naturalezas íntegras
e inconfusas, sustancialmente unidas (la naturaleza divina y la naturaleza humana). La
encarnación, que la llama “milagro de todos los milagros” (miraculum omnium
miraculorum), comporta para Cristo un estado de perfección singularísimo: no sólo
porque la naturaleza está exenta de toda mancha de pecado, sino también y sobre
todo, porque aquella ha recibido la máxima de las gracias de la unión hipostática con
la divinidad (cfr. III Sent. d. 3. q. 2 a. 2).

2.4.- La cooperación del Espíritu Santo en la Encarnación


Es el Espíritu, quien en la “plenitud de los tiempos” (cfr. Gal 4,4) obra para que
se realice la autocomunicación de Dios con la humanización del Hijo de Dios en el
119

seno de la Virgen María (cfr. Lc 1,35). Es decir que el inicio biológico de Jesús se
lleva a cabo por “obra del Espíritu Santo”.

En la carta encíclica del Papa Juan Pablo II sobre el Espíritu Santo en la vida de la
Iglesia y del mundo del año 1986, el Papa afirmaba: “La obra del Espíritu “que da la
vida” alcanza su culmen en el misterio de la encarnación. No es posible dar la vida,
que está en Dios de modo pleno, si no es haciendo de ella la vida de un Hombre,
como lo es Cristo en su humanidad personalizada por el Verbo en la unión hipostática.
Y, al mismo tiempo, con el misterio de la encarnación se abre de un modo nuevo la
fuente de esta vida divina en la historia de la humanidad: el Espíritu Santo. El Verbo,
“primogénito de toda la creación”, es el “primogénito entre muchos hermanos”, y así
llega a ser también la cabeza del cuerpo que es la Iglesia -que nacerá en la cruz y
será revelada el día de Pentecostés-, y en la Iglesia, la cabeza de la humanidad: de
los hombres de toda nación, raza, región y cultura, lengua y continente, que han sido
llamados a la salvación. “La Palabra se hizo carne; (aquella Palabra en la que) estaba
la vida, y la vida era la Luz de los hombres... A todos lo que la recibieron les dio poder
de hacerse hijos de Dios”. Pero todo esto se realizó y sigue realizándose
incesantemente “por obra del Espíritu Santo”.” (Dominum et vivificantem, 52).

3.- UNIÓN HIPOSTÁTICA: DIVERSAS INTERPRETACIONES,


ANTIGUAS Y MODERNAS. VISIÓN COMPRENSIVA.
Tal como expresa O. GONZÁLEZ DE CARDEDAL, la cuestión esencial para los
tratados de Trinidad y cristología es explicar la íntima relación entre Jesús de Nazareth
y las tres personas divinas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. De manera clara el teólogo
expresa: “el hombre Jesús concebido por la acción del Espíritu de las entrañas de
María, descendiente de David, según la carne, que vivió en una relación filial con Dios
expresada en el término 'abba' y fue constituido Hijo de Dios en poder según el
Espíritu en la resurreccion (Rom 1,3-4), es “su Hijo” (Rom 1,3), el Verbo que estaba
con él creando el mundo, Dios como él (Jn 1,1.3).

Ese hombre es el Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad, de cuya


plenitud todos hemos recibido gracia sobre gracia (Jn 1,14.16). Ese hombre es visto
en relación y equiparación dinámicas (conocimiento, amor, juicio) con el Padre y el
Espíritu. Este hecho hace surgir la pregunta por su identidad como sujeto en relación
con los otros dos sujetos: Padre y Espíritu; y la consiguiente cuestión de la persona,
decisiva en Trinidad y cristología.”169 Esta pregunta crucial provocó la reflexión y la
discusión teológica desde los primeros tiempos.

La definición de BOECIO es clave para entender esta explicación del misterio. En


efecto, él define a la persona como “sustancia individual de naturaleza racional”, es
decir que se sirve de tres conceptos fundamentales: “substancia”, “individualidad” y
“racionalidad”.

SANTO TOMÁS DE AQUINO, retomando la noción de BOECIO, la completa con la de


subsistencia en Cristo, distinguiendo en él un sujeto de ejecución y de atribución
(persona) y una única existencia (esse). Por lo tanto, la unión de la naturaleza humana
con la divina no es accidental sino personal.170

“En la segunda mitad del siglo XX han aparecido nuevos intentos de interpretación
de la unión hipostática, partiendo de la reflexión sobre la existencia espiritual del
hombre, mostrando su abertura al Absoluto; su trascendimiento hacia el otro como el

169 GONZÁLEZ DE CARDEDAL, Cristología, 443.


170 Cfr. GONZÁLEZ DE CARDEDAL, Cristología, 446-447.
120

lugar de sus verdad y realización; la misión como la verdad de la persona; el prójimo


como el que nos está encargado y en cuya alteridad se funda y realiza nuestra
autonomía; para concluir que todo esto tiene su realización máxima en Cristo... Aquí
hay que situar los esfuerzos hechos desde la reflexión filosófica por B.W ELTE; F.
MALMBERG Y K. RAHNER, precedidos en su día por M. DE TAILLE. Junto a ellos están las
intuiciones que, prolongando a BARTH y la tradición patrística, han aportado en una
línea BALTHASAR, RATZINGER, KASPER, HÜNERMANN; y en otra los protestantes
PANNENBERG, MOLTMANN; JÜNGEL.”171

En definitiva, después de la definición del Concilio de Calcedonia (451), que


expresa el misterio de la unión de las dos naturalezas de Cristo en una sola persona,
la divina, el intento es avanzar en la comprensión del misterio a partir de esta fórmula,
que después de siglos de debate, condensa el misterio de este modo:

“Siguiendo, pues a los Santos Padres, enseñamos unánimemente que hay que
confesar a un solo y mismo Hijo y Señor nuestro Jesucristo: perfecto en la divinidad y
perfecto en la humanidad; verdaderamente Dios y verdaderamente hombre
compuesto de alma racional y cuerpo; consubstancial con el Padre según la divinidad
y consubstancial con nosotros según la humanidad, "en todo semejante a nosotros,
excepto en el pecado" (Heb 4,15); nacido del Padre antes de todos los siglos según la
divinidad; y por nosotros y por nuestra salvación, nacido en los últimos tiempos de la
Virgen María, la Madre de Dios, según la humanidad.

Se ha de reconocer a un solo y mismo Cristo Señor, Hijo único en dos naturalezas;


sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación. La diferencia de naturalezas de
ningún modo queda suprimida por su unión, sino que quedan a salvo las propiedades
de cada una de las naturalezas y confluyen en un solo sujeto y en una sola persona
(DS 301-302).” (Cat.I.C. 467).

Concluyamos este apartado con la visión reasuntiva sobre la fórmula calcedo-


niana por parte de SESBOÜÉ quien escribe: “esta definición llegará tal cual hasta noso-
tros como una referencia fundamental de todo discurso sobre Jesucristo. Es sin duda
la más célebre de toda la historia, aunque tardó cien años de imponerse y fue comple-
tada por el trabajo de otros dos concilios (Constantinopla II y III). En la actualidad es
objeto de un amplísimo consenso ecuménico entre los cristianos. Pero también se han
hecho patentes sus limitaciones y la inconveniencia de su lenguaje abstracto, dema-
siado intemporal.”172

4.- EL MISTERIO PASCUAL:


PASIÓN, MUERTE Y RESURRECCIÓN DE JESÚS
“El Misterio pascual de la Cruz y de la Resurrección de Cristo está en el centro
de la Buena Nueva que los apóstoles, y la Iglesia a continuación de ellos, deben
anunciar al mundo. El designio salvador de Dios se ha cumplido de “una vez por
todas” (Heb 9,26) por la muerte redentora de su Hijo Jesucristo.” (Cat.I.C. 571).

“Por lo tanto, la fe puede escrutar las circunstancias de la muerte de Jesús, que


han sido transmitida fielmente por los evangelios (cf. DV 19) e iluminadas por otras
fuentes históricas, a fin de comprender mejor el sentido de la Redención.” (cfr.
Cat.I.C. 573).

171 GONZÁLEZ DE CARDEDAL, Cristología, 447-448.


172 SESBOÜÉ, Creer, 433.
121

En efecto, la visión histórico-salvífica del evangelista Lucas muestra las fases del
camino de Jesús: sus obras del Reino y su predicación, su camino hacia Jerusalén.
En Lc 9,51, se afirma que “cuando se cumplían los días de su ascensión, Él, con
determinación, endureció su rostro para ir a Jerusalén”, es decir, su firme de deci-
sión de afrontar los sufrimientos que allí le aguardaban para así llegar a la resurrec-
ción, ascensión y elevación a la derecha del Padre, y desde allí su acompañamien-
to de la Iglesia (como cabeza, diría Pablo: Ef 1,22-23), por medio del Espíritu Santo
que debe descender en todas las naciones y pueblos. Todo esto hasta que llegue el
fin de la historia, y él regrese como consumador y juez de toda la creación.

En Lucas, el paso del Jesús terreno al Cristo elevado a los cielos es el objetivo
final de su exposición evangélica (cfr. Lc 24,46-48) y el comienzo del libro de los
Hechos (cfr. Hch 1,4-8). Este paso tiene lugar en la ascensión (cfr. Lc 24,51; Hch
1,9-11) que muestra a su modo la continuidad de la vida de Jesús y la diferencia-
ción de su actividad salvífica, ahora desde su señorío a la derecha del padre por
medio del Espíritu santificador.

Como puede apreciarse en numerosos pasajes de la Escrituras, el fin del camino


de Jesús es contemplado unitariamente como camino de cruz y resurrección (cfr.
Mc 8,31; Lc 5,35; Hech 2,22-24; Hb 9,14-24).

Por tratarse del misterio central por el cual se lleva a cabo la redención de los
hombres, aún cuando en la segunda unidad de nuestro módulo el tema ya fue tra-
tado, sin embargo, realizaremos un breve recorrido por los pasos que desembocan
en la muerte-resurrección de Jesús.

4.1.- La entrada en Jerusalén y la purificación del Templo

Tanto la entrada triunfal en Jerusalén, como la purificación del Templo, mediante


la expulsión de los mercaderes, fueron acciones mesiánicas simbólicas que van a
presentar a Jesús a los ojos del pueblo como el Mesías de Israel.

El recibimiento del pueblo en Jerusalén (cfr. Mc 11,1-11; Mt 21,1-11; Lc 19,28-


40; Jn 12,12-19) es una recepción mesiánica. Esta acción de Jesús significa una
aguda crítica indirecta al modo del culto usual del Templo en ese momento (no al
culto como tal). Provoca la inmediata discusión sobre su autoridad para realizar
semejante acción (Mc 11,27-33), pues desafía la autoridad de la casta sacerdotal
saducea que tiene a su cargo al administración del Templo.

“La profecía sobre el Templo (Mc 14,58; cf. Jn 2,19) junto a la expulsión de los
vendedores del Templo, constituyen dichos y acciones que son interpretadas me-
siánicamente y culminan el creciente desentendimiento de Jesús con los sumos
sacerdotes y los escribas, brindando la ocasión para su acusación, proceso ante el
Sanedrín como blasfemo (Mc 14,61b-64) y luego ante Pilatos como sedicioso por
proclamarse Mesías atentando así contra el poder y orden romanos.”173

4.2.- La última cena


Ante todo, debe tenerse bien presente que los textos que relatan la última cena
no son crónicas, sino relatos provenientes del ambiente litúrgico (cfr. Mt 26,26-29;
Mc 14,22-25; Lc 22,14-20; 1 Co 11,23-27; Jn 13,1-15)

173 ESPEZEL, Jesucristo, 77-78.


122

Es indudable el clima pascual de la Cena: “El primer día de los ácimos, cuando
se sacrificaba el cordero pascual...” (Mc 14,12.14; Mt 26,17.19); “He deseado ar-
dientemente comer esta Pascua con ustedes antes de mi Pasión” (Lc 22,15) relatan
los evangelios sinópticos. Sin embargo Juan en el relato de la Pasión dice: “ellos no
entraron en la residencia para no contaminarse y poder celebrar la cena de pascua”
(Jn 18,28); “para evitar que el sábado se quedaran los cuerpos en la cruz, porque
aquel sábado era un día muy solemne” (Jn 19,31).

También está enmarcada en el molde de una comida de despedida, una “comida


testamentaria “(cfr. Gen 49; Deut 33,1-29; Hch 20,17-38; Jn 13-17).

La alusión a la Alianza está presente en los cuatro pasajes de la institución de la


eucaristía (cfr. Ex 24; Jer 31,31-34; Hb 8,6; 9,15; 12,18-24), lo mismo que el valor
salvífico y expiatorio de la muerte (cfr. Is 53,12), fruto de una entrega libre y volunta-
ria (cfr. Jn 10,18; 13,1).

Los gestos tienen un sabor profético, además de la invitación (sacramental) a re-


petirlos en su memoria. Jesús vive su muerte en forma anticipada, y les regala su
muerte. Los encuentros con el Resucitado -con sus comidas- iluminarán retrospec-
tivamente el sentido que Jesús daba a los gestos de la cena. Las palabras hablan
de una muerte sacrificial expiatoria -cuerpo entregado, sangre derramada por una
multitud (cfr. Mt 26,28; Mc 14,24) y una alianza, concluida en “mi sangre presente
en esta copa” (1 Co 11,25; Lc 22,19).

4.3.- Gethsemaní

Es importante advertir la centralidad de esta escena de comienzo de la pasión


(cfr. Mc 14, 33-36; Lc 22, 43-44). Todo se juega aquí entre Jesús y su Padre. El
contenido central de la escena es la oración al Abbá: “aparta de mí este cáliz, pero
no sea lo que yo quiero, sino lo que quieras tú” (Mc 14,36). Todo esto acompañado
de pavor, angustia, una tristeza de muerte y, en el evangelio de Lucas hasta sudar
sangre (cfr. Cat.I.C. 612).

La imagen de la copa o cáliz es decisiva (cfr. Mc 10, 38). En el Antiguo Testa-


mento el cáliz expresa la ira de Dios que juzga a personas individuales o pueblos
(cfr. Is 51,17; Jer 25,15; 49,12; Ez 23,31-34; Sal 75,9; Hb 2,16). Jesús experimenta
el juicio del pecado que de algún modo está asumido en sí mismo al representarnos
a todos los hombres como pecadores.

El dolor y la angustia hasta sudar sangre es la expresión humana de la experien-


cia singularísima que Jesús hace en Gethsemaní. Experiencia del pecado ante la
mirada del Padre, desde la inocencia de su ser filial, y por consiguiente de su exis-
tencia sin pecado: “probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado” (Hb
4,15).

“La tradición dogmática descubrirá (Concilio de Constantinopla III, año 681, Con-
cilio de Letrán, año 649), gracias a la labor de SAN MÁXIMO EL CONFESOR, el sí hu-
mano de Jesús (su voluntad propiamente humana) a la voluntad salvífica del Padre.
El hecho de que nuestra salvación fue querida también humanamente por una Per-
sona divina. Este sí -humano y divino- al Padre, que constituye una explicitación del
contenido de las dos naturalezas definido en Calcedonia, abre el desarrollo de los
sucesos de la pasión.”174

174 ESPEZEL, Jesucristo, 82.


123

4.4.- La entrega y el proceso


Después que Jesús es tomado prisionero en Gethsemaní, es llevado ante el Sa-
nedrín, donde se desarrolla una primera parte del proceso. Después de interrogarlo
el Sumo Sacerdote sobre la controvertida frase de Jesús refiriéndose a la recons-
trucción del templo (cfr. Mc 14,58; Jn 2,19; cfr. 2 Sam 7,13, con su clara resonancia
mesiánica) le hace la pregunta crucial: si es el Cristo (El Mesías, el Hijo del Bendito:
Mc 14,61). Ante la respuesta de Jesús: “Si yo soy, y veran al Hijo del hombre sen-
tado a la derecha del Padre y venir entre las nubes del cielo” (Mc 14,62, cfr. Sal
110,1), el Sumo Sacerdote rasgándose las vestiduras considera que es reo de
muerte (cfr. Mc 14,62-64). Conviene notar que los evangelistas Mateo y Lucas van
más lejos en la pregunta, pues en dichos evangelios el Sumo Sacerdote pregunta si
es el “Hijo de Dios” (cfr. Mt 26,63; Lc 22,70)

La acusación en Marcos y Mateo es de blasfemia, la cual viene entendida en el


triple sentido de su pretensión mesiánica: su pretensión de ser el Hijo del hombre y
el juez escatológico, y su pretensión de ser, finalmente el Hijo de Dios.

“La pretensión de ser el juez escatológico-Hijo del hombre significaba mostrarse


ante el Sanedrín como el verdadero juez sobre quienes allí lo estaban juzgando.
Este desacato ante el juez era castigable con la muerte, según Deuteronomio 17,2.
La discusión de fondo versaba sobre quién representaba realmente al Dios de Is-
rael y poseía en verdad el espíritu de Dios. Para el Sanedrín Jesús es blasfemo
porque su pretensión mesiánica, divina y escatológica es falsa. Por ello debe ser
eliminado, y como además, en el frágil equilibrio de supervivencia de los saduceos
en el Sanedrín bajo el poder romano, la pretensión mesiánica de Jesús era peligro-
sa, debía ser entregado a los romanos para condenarlo a muerte. Por otra parte, el
Sanedrín ya no condenaba a muerte, carecía de “jus gladii”.

Vista por los romanos su pretensión mesiánica constituía un delito que chocaba
con el orden romano: según la lex Julia de Majestate (Digesta 48, 4, 1; 48, 4,11) el
pretender ser rey era un delito digno de muerte como causa de rebelión. Los sadu-
ceos acusan entonces de sedición a Jesús ante el procurador romano.”175

Por lo tanto, confluyen en la condena de Jesús, una causa religiosa y una causa
política. La inscripción en la cruz de Cristo como “rey de los judíos”, es todo una
ironía.

4.5.- Cruz y muerte


“La muerte de Cristo es a la vez el sacrificio pascual que lleva a cabo la reden-
ción definitiva de los hombres (cfr. 1 Cor 5,7; Jn 8,34-36) por medio del “cordero
que quita el pecado del mundo” (Jn 1,29; cfr. 1 Pe 1,19) y el sacrificio de la Nueva
Alianza (cfr. 1 Cor 11,25) que devuelve al hombre a la comunión con Dios ( cfr. Ex
24,8) reconciliándose con El por “la sangre derramada por muchos para la remisión
de los pecados” (Mt 26,28; cfr. Lev 16,15-16).” (cfr. Cat.I.C. 613).

Jesús después de ser cruelmente flagelado y coronado de espinas por los sol-
dados romanos, finalmente es llevado al Monte Calvario para ser ajusticiado a la
hora tercia (Mc 15,25) con dos ladrones.176

175 ESPEZEL, Jesucristo, 85-86.


176 Cfr. SESBOÜÉ, Creer, 311-348.
124

El tema de la oscuridad que se cierne sobre la tierra se ubica en la tradición pro-


fético-apocalíptica en la cual la oscuridad presagia el final y el juicio (cfr. Mt 27,46;
Mc 15,33-34; cfr. Am 8,9). Por su parte el grito angustiado de Jesús en la cruz ex-
presa tanto el abandono, como la confianza filial en el Padre, tal como deja entrever
todo el contexto de oración suplicante y confiada del Salmo 2, al cual los evangelis-
tas citan expresamente.

“Hay aquí un sufrimiento libremente asumido por el Hijo en su relación al Padre


en el lugar de los pecadores. Jesús es el Cordero que quita los pecados del mundo
(Jn 1,29). El tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades (Mt 8,1.6-
17; Is 53,4). A quién no conoció pecado, el Padre lo ha hecho pecado y maldito (en
nuestro lugar) para que seamos justicia de Dios en él (2 Cor 5,21; Gal 3,13). Ha
sido contado entre los pecadores. Ha sido "probado en todo igual que nosotros,
excepto en el pecado" (Heb 4,15).”177

Pero no es solamente el sufrimiento solidario, y el carácter de muerte heroica lo


que hace eficaz este cruento sacrifico para la salvación, sino la condición divina del
Hijo de Dios, lo que hace apto a este sacrificio redentor por toda la humanidad (cfr.
Cat.I.C. 616-617).

4.6.- Jesucristo fue sepultado


Todos los evangelistas insisten en el hecho de la sepultura (cfr. Mt 27,57-66; Mc
15,42-47; Lc 23,50-56; Jn 19,38-42). Se trata pues, no solamente de un dato cultu-
ral, es decir, de referir como eran las costumbres funerarias judías, sino que esto
tiene gran importancia teológica en relación al misterio de la muerte misma, y luego
al significado histórico de la tumba vacía como prueba de la resurrección.

““Por la gracia de Dios, gustó la muerte para bien de todos” (Heb 2,9). En su de-
signio de salvación, Dios dispuso que su Hijo no solamente “muriese por nuestros
pecados” (1 Cor 15,3), sino también que "gustase la muerte", es decir, que conocie-
ra el estado de muerte, el estado de separación entre su alma y su cuerpo, durante
el tiempo comprendido entre el momento en que El expiró en la Cruz y el momento
en que resucitó. Este estado de Cristo muerto es el misterio del sepulcro y del des-
censo a los infiernos. Es el misterio del Sábado Santo en el que Cristo depositado
en la tumba (cfr. Jn 19,42) manifiesta el gran reposo sabático de Dios (cfr. Heb 4,4-
9) después de realizar (cfr. Jn 19,30) la salvación de los hombres, que establece en
la paz al universo entero (cfr. Col 1,18-20).” (Cat.I.C. 624).

4.7.- Cristo descendió a los infiernos


La afirmación bíblica de que Jesús resucitó de entre los muertos (Hch 3,15; Rom
8,11; 1 Co 15,20), supone que el Señor “conoció la muerte como todos los hombres
y se reunió con ellos en la morada de los muertos”, y es precisamente este lugar
llamado como sheol o infierno en el lenguaje bíblico (cfr. Hch 2,24; Flp 2,10; Ef 4,9;
Ap 1,1,18; cfr. Cat.I.C. 632-633).

Este descenso es resultado de su muerte. Es el momento final de la kenosis o


abajamiento de Jesús. Es desde allí que el Padre va a resucitar a Jesús: (Sal 16,8-
11; Hch 2,24-32).

““Hasta a los muertos ha sido anunciada la Buena Nueva...” (1 Pe 4,6). El descen-


so a los infiernos es el pleno cumplimiento del anuncio evangélico de la salvación. Es

177 ESPEZEL, Jesucristo, 91.


125

la última fase de la misión mesiánica de Jesús, fase condensada en el tiempo, pero


inmensamente amplia en su significado real de extensión de la obra redentora a to-
dos los hombres de todos los tiempos y de todos los lugares porque todos los que se
salvan se hacen partícipes de la Redención.” (Cat.I.C. 634)

“El descenso de Jesús al scheol o infierno cambia el rostro de la muerte, en


cuanto con su resurrección el scheol queda abierto para siempre al Padre, justa-
mente en Cristo resucitado que abre y funda en sí mismo lo que llamamos cielo. La
antigua morada de los muertos ha sido transformada por la presencia y el paso de
Cristo por ella. Paso que culmina con la resurrección-ascensión al Padre. A partir
de la resurrección el hades o scheol queda abierto a Dios en Cristo resucitado.”178

4.8.- Al tercer día resucitó de entre los muertos


Como escribía un teólogo, la resurrección es “la cuna teológica de la fe en Cris-
to”, puesto que es la proclamación de la elevación y glorificación de Jesús sentado
a la derecha del Padre (cfr. Mc 14,62; Hch 1,3), y por tal motivo recibe la misma
adoración y gloria del Padre celestial.179

La resurrección respuesta última de Dios al misterio del mal, el pecado y la


muerte, merece una mirada atenta, ya que ella constituye la novedad cristiana (cfr.
1 Co 15).180

4.8.1.- Los encuentros con el Resucitado


El más antiguo testimonio de encuentro con el Resucitado es el narrado en 1 Co
15,3-8, que transmite el kerygma recibido y escrito verosímilmente a mediados de la
década del 50, relatando hechos ocurridos más de veinte años antes. Este testimo-
nio resume las distintas apariciones del resucitado con la comunidad cristiana.

En los evangelios sinópticos los relatos de la aparición tienen una estructura co-
mún. Un primer encuentro de Jesús con una o varias mujeres, con un primer anuncio
de uno o dos ángeles, que se da a continuación del descubrimiento de la tumba vacía
en un lugar próximo. Jesús les confía la misión de advertir y convocar a los discípu-
los, quienes por su parte no les creen (cfr. Mt 28,1-10; Mc 16,1-11; Jn 20,1-18). Un
segundo encuentro tiene lugar algún tiempo después, esta vez al grupo de los once
ya reunidos, en Galilea (Mateo) o Jerusalén (Lc 24,49). Este encuentro tiene un ca-
rácter fundacional y decisivo: Jesús se hace reconocer, da instrucciones, envía a la
misión, les da sus poderes (Mateo y Marcos), promete (Lucas) o les da el Espíritu
Santo (Juan), se despide, y en Marcos es elevado ya al cielo ante sus ojos (cfr. Mt
28,16-20; Mc 16,14-19; Lc 23,36-49; Jn 20,19-33).

Lucas agrega en encuentro de Emaús (cfr. Lc 24,13-35), donde aparece también


la mención de un encuentro con Simón Pedro (cfr. Lc 24,34). También, en el evan-
gelio de Juan se agrega un epílogo que contiene una aparición de Jesús a algunos
de sus apóstoles en el mar de Galilea (cfr. Jn 21,1-23).

Acerca del descubrimiento de la tumba vacía y de la consiguiente aparición del


ángel a las mujeres, se observa que los tres evangelios sinópticos (cfr. Mt 28,1-10;
Mc 16,1-8; Lc 24,1-12) tienen en común: el dato de la premura de las mujeres para
ir temprano a la tumba a fin de terminar de ungir el cuerpo de Jesús; el descubri-
178 ESPEZEL, Jesucristo, 93; cfr. Cat.I.C. 635.
179 Cfr. SESBOÜÉ, Creer, 403-404.
180 Cfr. SESBOÜÉ, Creer, 349-379.
126

miento de la tumba vacía; el anuncio del ángel de la resurrección del Señor y el


consecuente mandato de anunciarlo a los apóstoles.

No obstante estas semejanzas, puede apreciarse que Lucas reporta notables


omisiones y significativos cambios, que a riesgo de ser superficiales, apenas son
mencionados, a fin de percibir en ellos los matices introducidos por la particular
teología de Lucas.

Se trata pues la notable omisión lucana de la aparición de Jesús a las mujeres


narrada en Mt 28,9-10; el temor de aquellas, es de tenor distinto, tanto es cierto que
no viene advertido por el mensajero (cfr. Mt 28,5; Mc 16,6), sino más bien se trata
de un temor casi cultual (cfr. Lc 24,5); la considerable omisión del envío del ángel a
las mujeres con el mensaje de la cita en Galilea (cfr. Mt 28,7; Mc 16,7); la mención
no de uno (cfr. Mt 28,5; Mc16,5), sino dos hombres con vestiduras resplandecientes
(cfr. Lc 24,4), más adelante mencionados como ángeles (cfr. Lc 24,23). Y por su-
puesto, los dos cambios más significativos puestos en las palabras de los mensaje-
ros, es decir, tanto la pregunta crucial “¿Por qué buscáis entre los muertos al que
vive?” (Lc 24,5), como el apelo al recuerdo de las palabras de Jesús: “Recordad
cómo os habló cuando aún estaba en Galilea, diciendo que el Hijo del hombre debe
ser entregado en manos de hombres pecadores y ser crucificado y resucitar al ter-
cer día” (Lc 24,6-7).

En relación con el relato de la aparición a los once y a sus compañeros (cfr. Mt


28,16-20; Mc 16,14-18; Lc 24,36-53; Jn 20,19-29), los cuatro evangelistas, a pesar
de su teología particular, revelan algunos elementos en común: Jesús aparece de
manera inesperada, misteriosa a la asamblea de los Apóstoles; Él les provee prue-
bas de la realidad corporal de su resurrección; finalmente, venciendo la incredulidad
de ellos, les confía la misión de ser testigos de lo que han visto y oído.

En cuanto a las diferencias que ponen en evidencia los acentos teológicos de


cada evangelista, señalando solo algunas, puede observarse que en Lucas tanto
esta escena, como la sucesiva de la ascensión (cfr. Lc 24,50-53), están ambienta-
das en Jerusalén y no en Galilea (cfr. Mt 28,16-20). Se puede apreciar, además,
que sólo Lucas insiste en el rol de la Escritura y su consiguiente interpretación cris-
tológica para comprender la necesidad de la pasión antes de la resurrección al ter-
cer día (cfr. Lc 24,44-46). Finalmente, a diferencia de Juan, el Espíritu viene presen-
tado como una Promesa del Padre que se debe esperar en la ciudad (cfr. Lc 24,49),
mientras que en aquél, es un don que Jesús infunde en el mismo día de pascua
(cfr. Jn 20,22).

En los distintos relatos pueden notarse como los testigos del Resucitado subra-
yan su presencia (cfr. Hch 10,40-42). Los testigos se encuentran con Cristo que se
muestra a sí mismo presente y viviente, pero también, de algún modo, de paso e
inasible (cfr. Jn 20,17). Jesús aparece como el que se despide (cfr. Lc 24,23; Jn
20,14-16). (Cat.I.C. 641-644).

“Los encuentros con el Resucitado suscitan la conversión de los discípulos y


apóstoles. Una conversión que conlleva un cambio total de sus vidas, conversión
provocada por un subyugamiento, un sentirse traspasado por la presencia y la mi-
rada de Aquel con quien se encuentran. Conversión que no impide el miedo (Lc
16,8; Lc 24,37; Mt 28,8), las dudas no impide el miedo (Lc 24,38) y finalmente el
asombro y la alegría (Lc 24,41).”181

181 ESPEZEL, Jesucristo, 97.


127

4.8.2.- Jesús es el viviente: Historia y meta-historia

Jesús vive ahora para siempre en virtud de la resurrección. Jesús ha pasado al


Padre (cfr. Jn 16,28), es decir, ha pasado a una vida escatológica, incorruptible,
definitiva. El Señor, por haber experimentado la consumación del tiempo, vive para
siempre en la vida escatológica definitiva, ya no muere más. Por lo tanto, lo que la
esperanza judía, expresada en la apocalíptica, esperaba para el fin de los tiempos,
ya ha acontecido en él, ya se ha adelantado en él. El proceso salvífico de la resu-
rrección final ha comenzado en Jesús, el primogénito de entre los muertos (cfr. 1
Cor 15,20; Col 1,18).

“Podemos hablar de dos vertientes de la resurrección de Jesús. La vertiente me-


ta-histórica expresa que el Resucitado supera y trasciende para siempre la historia,
en cuanto vive ya en la vida escatológica definitiva de Dios. Pero, al mismo tiempo,
es preciso subrayar la vertiente histórica de la resurrección (PANNENBERG), a saber,
que el Resucitado ha "tocado" la historia, el eón antiguo, principalmente en cada
encuentro con los testigos, y a su modo también en el efecto del sepulcro vacío (Mc
16,2ss; Mt 28,1ss.; Lc 24,3; Jn 20,19), que constituyen un signo en si importante a
ser completado en su significación con las apariciones personales del Resucita-
do.”182

El último libro de la Biblia consumando la expectativa de toda la apocalíptica ex-


presa: “No temas, soy yo, el primero y el último, el viviente, estuve muerto, pero
ahora estoy vivo por los siglos de los siglos y tengo las llaves de las muertes y del
Hades” (Ap 1,17-18).

4.8.3.- El Padre resucitó a Jesús

El teología bíblica expresa que la Resurrección es obra del poder de Dios Padre,
en la fuerza del Espíritu Santo (cfr. Rom 8,11; 1 Ped 3,18), quien culmina su acción
creadora resucitando a Jesús de entre los muertos (cfr. Hch 2,24; 3,15; 4,10; 5,30;
10,40; Rom 8, 11; 2 Co 4,14; Ef 1,19-20; Col 2,12).

“La resurrección de Jesús constituye el centro de la acción salvífica de Dios, quien


culmina, su acción creadora resucitando al Hijo. Es importante contemplar la resurrec-
ción en continuidad con la acción creadora de Dios, si se quiere como re-creación, co-
mo acabamiento o plenitud de la creación (Rom 4,17). Además Jesús resucita como
primicias (1 Cor 15,23), como primogénito de entre los muertos (Col 1,18). Todos han
de revivir en Cristo en su segunda venida, cuando sean sometidas todas las cosas y él
se someta al Padre para que Dios sea todo en todo (1 Cor 15,28).

La resurrección conlleva la glorificación, justificación y entronización de Cristo


ante el mundo... Vista en una perspectiva cultual-sacrificial, como la de la Carta a
los Hebreos, la resurrección constituye la respuesta, la aceptación paterna de la
oblación sacrificial de amor de Jesús (Heb 9,11), quien a su vez se ha ofrecido li-
bremente al Padre (Jn 10, 17) por nosotros.”183

4.8.4.- El Resucitado y el Espíritu Santo: contenido soteriológico de la re-


surrección

En los escritos paulinos se insiste en la manifestación del poder de Dios en Cristo


por la acción del Espíritu Santo, después de su resurrección de entre los muertos. En

182 ESPEZEL, Jesucristo, 95.


183 ESPEZEL, Jesucristo, 100.
128

efecto, el Espíritu ha vivificado la humanidad muerta de Jesús y la ha llamado al es-


tado glorioso de Señor (Cat.I.C. 648-650).

“No sólo Jesús es resucitado en la fuerza del Espíritu Santo (Rom 8,11), sino
que como Resucitado es el último Adán, espíritu que da vida (1 Cor 15,45). Pablo
se refiere a ello en 2 Cor 3,17 llegando a firmar que "el Señor es el Espíritu", lo cual
no debe ser interpretado como una identificación personal, sino como expresión de
una estrechísima relación entre ambas personas, lo cual no significa que el Jesús
terreno se encuentra ya ungido por el Espíritu, y obra en su fuerza (cf. Mc 1,9-13;
Lc 4,14; Hech 10,38)...

El Espíritu es el fruto de la obra redentora y la "fuerza de su redención". La libe-


ración y donación del Espíritu a la Iglesia es el término o finalidad de acción reden-
tora de Cristo, en medio de la divinización del cristiano y en su misión trinitaria, el
vínculo que permite al creyente, por medio de la fe y los sacramentos, hacer suya la
salvación y redención obrada por Cristo. Se trata del don del Espíritu Santo santifi-
cador que en su misión trinitaria obra la gracia en el cristiano...

La resurrección es entonces el nombre cristiano de la inmortalidad del hombre. Es


el hombre entero -en su alma y en cuerpo- que ha de revivir transformado en su resu-
rrección, y esta transformación obrada por Dios y con miras a la consumación del
hombre en Dios ha de llevar consigo también la renovación de la creación, del cos-
mos entero donde el hombre ahora vive (Rom 8, 19-23).”184

5.- CONCLUSIÓN

De manera sintética, quizá demasiado, hemos abordado los temas ya tratados


ampliamente en su desarrollo histórico, tanto en la Biblia como en el desarrollo de la
formulación del dogma en los primeros siglos.

Tendiendo un arco entre dos insondables misterios: la encarnación y la


resurrección, hemos intentado profundizar en la actuar del Dios Uno y Trino en la
historia de los hombres, mediante el envío del Hijo, segunda persona de la Santísima
Trinidad y Salvador de la humanidad.

La llegada de la Palabra eterna de Dios “en la plenitud de los tiempos” para


compartir la condición humana y desde ella salvarnos, para hacernos partícipes de la
vida divina, más allá de la incuestionable razón salvífica, deja abierta la pregunta, si
hubiese acontecido la encarnación si el hombre no hubiese pecado. Sin entrar, por
cierto, en ese dilema que ocupo mucho tiempo de los teólogos del Medioevo, hemos
preferido extasiarnos frente al maravilloso intercambio de humanidad y divinidad que
acontece en la persona del Verbo eterno, y que ahora contemplamos como Jesús de
Nazareth.

No menos portentoso que el misterio de la Encarnación, es ciertamente la


Resurrección de uno de nuestra naturaleza mortal. En efecto, el misterio de la
Resurrección aunque es un paso en la lógica divina, que no puede dejar en el reino de
los muertos a su Hijo amado, sin embargo es para nosotros un hecho admirable que
nos abre a un horizonte nuevo, meta histórico, y respuesta apropiada a la sed de
infinito que late en cada ser humano a pesa de su condición mortal.

184 ESPEZEL, Jesucristo, 101-103.


129

Se trata de misterios, por ello simplemente hemos deseado aproximarnos con


respeto y veneración para profundizar racionalmente en Jesús, Verbo hecho carne,
Hijo de Dios Resucitado, Señor de la historia y Salvador de la humanidad.
Pacto
Educativo
Global
Vademecum | ESPAÑOL
Índice

¿Qué es el Pacto Educativo Global? ____________________________________________________ 3


Mensaje del Santo Padre Francisco
para el lanzamiento del Pacto Educativo Global ________________________________ 4
Saludos ________________________________________________________________________________________________ 6
Introducción ________________________________________________________________________________________ 7
7 compromisos para el Pacto Educativo Global _______________________________ 8
1. Poner a la persona en el centro _____________________________________________10
2. Escuchar a las jóvenes generaciones _____________________________________ 11
3. Promover a la mujer _______________________________________________________________ 12
4. Responsabilizar a la familia ____________________________________________________ 13
5. Abrirse a la acogida ________________________________________________________________14
6. Renovar la economía y la política __________________________________________ 15
7. Cuidar la casa común _____________________________________________________________16
Campos temáticos de investigación ________________________________________________ 17
1. La dignidad y los derechos humanos _____________________________________18
2. La fraternidad y la cooperación _____________________________________________ 19
3. Tecnología y ecología integral ________________________________________________ 19
4. Paz y ciudadanía ____________________________________________________________________ 20
5. Culturas y religiones _______________________________________________________________21
Universidad coordinadora _________________________________________________________21
Hacer red... ________________________________________________________________________________________ 22
Anexo 1 | Videomensaje del Santo Padre Francisco
sobre el Pacto Educativo Global (15-10-2020) __________________________________ 23
Anexo 2 | Instrumentum laboris ______________________________________________________ 26
¿Qué es el Pacto
Educativo Global?
El Papa Francisco lanzó el 12 de septiembre de 2019
«la invitación para dialogar sobre el modo en el que
estamos construyendo el futuro del planeta y sobre
la necesidad de invertir los talentos de todos, porque
cada cambio requiere un camino educativo que haga
madurar una nueva solidaridad universal y una
sociedad más acogedora».
Por este motivo ha promovido la iniciativa
de un Pacto Educativo Global «para reavivar
el compromiso por y con las jóvenes generaciones,
renovando la pasión por una educación más abierta
e incluyente, capaz de la escucha paciente, del diálogo
constructivo y de la mutua comprensión».
Se trata de «unir los esfuerzos por una alianza
educativa amplia para formar personas maduras,
capaces de superar fragmentaciones y contraposiciones
y reconstruir el tejido de las relaciones por una
humanidad más fraterna».

Vademecum | Pacto educativo global 3


Mensaje del Santo Padre Francisco
para el lanzamiento del Pacto Educativo Global

Queridos hermanos y hermanas:


En la Encíclica Laudato si’ invité a todos a colaborar en el cuidado de nuestra
casa común, afrontando juntos los desafíos que nos interpelan. Después de
algunos años, renuevo la invitación para dialogar sobre el modo en que estamos
construyendo el futuro del planeta y sobre la necesidad de invertir los talentos
de todos, porque cada cambio requiere un camino educativo que haga madurar
una nueva solidaridad universal y una sociedad más acogedora.

Por este motivo deseo promover un evento mundial para el día 14 de mayo
de 2020, que tendrá como tema: “Reconstruir el pacto educativo global”;
un encuentro para reavivar el compromiso por y con las jóvenes generaciones,
renovando la pasión por una educación más abierta e incluyente, capaz de la
escucha paciente, del diálogo constructivo y de la mutua comprensión. Hoy más
que nunca, es necesario unir los esfuerzos por una alianza educativa amplia para
formar personas maduras, capaces de superar fragmentaciones y contraposiciones
y reconstruir el tejido de las relaciones por una humanidad más fraterna.

El mundo contemporáneo está en continua transformación y se encuentra


atravesado por múltiples crisis. Vivimos un cambio de época: una metamorfosis
no sólo cultural sino también antropológica que genera nuevos lenguajes
y descarta, sin discernimiento, los paradigmas que la historia nos ha dado.
La educación afronta la llamada rapidación, que encarcela la existencia en
el vórtice de la velocidad tecnológica y digital, cambiando continuamente
los puntos de referencia. En este contexto, la identidad misma pierde consistencia
y la estructura psicológica se desintegra ante una mutación incesante que
«contrasta la natural lentitud de la evolución biológica» (Carta enc. Laudato si’, 18).

4 Vademecum | Pacto educativo global


Sin embargo, cada cambio necesita un camino disponibles para encontrar el tiempo para
educativo que involucre a todos. Para ello se la escucha, el diálogo y la reflexión, y capaces
requiere construir una “aldea de la educación” de construir un tejido de relaciones con las
donde se comparta en la diversidad el compromiso familias, entre las generaciones y con las diversas
por generar una red de relaciones humanas y expresiones de la sociedad civil, de modo que
abiertas. Un proverbio africano dice que “para se componga un nuevo humanismo.
educar a un niño se necesita una aldea entera”. Otro paso es la valentía de formar personas
Por lo tanto, debemos construir esta aldea como disponibles que se pongan al servicio de la
condición para educar. El terreno debe estar comunidad. El servicio es un pilar de la cultura
saneado de la discriminación con la introducción del encuentro: «Significa inclinarse hacia quien tiene
de la fraternidad, como sostuve en el Documento necesidad y tenderle la mano, sin cálculos, sin temor,
que firmé con el Gran Imán de Al-Azhar, con ternura y comprensión, como Jesús se inclinó a
en Abu Dabi, el pasado 4 de febrero. lavar los pies a los apóstoles. Servir significa trabajar
En una aldea así es más fácil encontrar al lado de los más necesitados, establecer con ellos
la convergencia global para una educación ante todo relaciones humanas, de cercanía, vínculos
que sea portadora de una alianza entre todos de solidaridad». En el servicio experimentamos que
los componentes de la persona: entre el estudio y hay más alegría en dar que en recibir (cf. Hch 20,35).
la vida; entre las generaciones; entre los docentes, En esta perspectiva, todas las instituciones deben
los estudiantes, las familias y la sociedad civil con interpelarse sobre la finalidad y los métodos con que
sus expresiones intelectuales, científicas, artísticas, desarrollan la propia misión formativa.
deportivas, políticas, económicas y solidarias. Por esto, deseo encontrar en Roma a todos vosotros
Una alianza entre los habitantes de la Tierra y la que, de diversos modos, trabajáis en el campo de la
“casa común”, a la que debemos cuidado y respeto. educación en los diferentes niveles disciplinares
Una alianza que suscite paz, justicia y acogida y de la investigación. Os invito a promover juntos
entre todos los pueblos de la familia humana, y a impulsar, a través de un pacto educativo común,
como también de diálogo entre las religiones. aquellas dinámicas que dan sentido a la historia
Para alcanzar estos objetivos globales, el camino y la transforman de modo positivo. Junto a vosotros,
común de la “aldea de la educación” debe llevar apelo a las personalidades públicas que a nivel
a dar pasos importantes. En primer lugar, tener mundial ocupan cargos de responsabilidad y se
la valentía de colocar a la persona en el centro. preocupan por el futuro de las nuevas generaciones.
Para esto se requiere firmar un pacto que anime Confío en que aceptarán mi invitación. Apelo
los procesos educativos formales e informales, también a vosotros, jóvenes, para que participéis
que no pueden ignorar que todo en el mundo está en el encuentro y para que sintáis la responsabilidad
íntimamente conectado y que se necesita encontrar de construir un mundo mejor. […] Una serie de
– a partir de una sana antropología – otros modos seminarios temáticos, en diferentes instituciones,
de entender la economía, la política, el crecimiento acompañarán la preparación del evento.
y el progreso. En un itinerario de ecología integral, Busquemos juntos las soluciones, iniciemos procesos
se debe poner en el centro el valor propio de cada de transformación sin miedo y miremos hacia el futuro
criatura, en relación con las personas y con la con esperanza. Invito a cada uno a ser protagonista
realidad que las circunda, y se propone un estilo de esta alianza, asumiendo un compromiso
de vida que rechace la cultura del descarte. personal y comunitario para cultivar juntos
Otro paso es la valentía de invertir las mejores el sueño de un humanismo solidario, que responda
energías con creatividad y responsabilidad. La a las esperanzas del hombre y al diseño de Dios.
acción propositiva y confiada abre la educación Os espero y desde ahora os saludo y bendigo.
hacia una planificación a largo plazo, que no se
detenga en lo estático de las condiciones. De este
modo tendremos personas abiertas, responsables,
Vaticano, 12 de septiembre de 2019

Vademecum | Pacto educativo global 5


Saludos
por Su Eminencia el Cardenal Giuseppe Versaldi
PREFECTO DE LA CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA

Queridos formadores:
Es urgente la necesidad de humanizar la educación, poniendo
al centro la persona y creando las condiciones necesarias para el
desarrollo integral. Dando a los niños y a los jóvenes la adecuada
autonomía y el protagonismo necesario, será posible que cada
uno crezca interiormente, en medio de una comunidad viva,
interdependiente y fraterna. Compartiendo un destino común,
serà posible leer la complejidad de la realidad a través de las
lentes de un nuevo pacto educativo, que nos llevará a redescubrir
la belleza del humanismo inspirado en el Evangelio.

En un contexto de dificultad y polarización, los adultos debemos


dar un paso atrás, decir menos y escuchar más las necesidades
de los niños para permitir que sus talentos individuales
se manifiesten y florezcan libremente.

Aquí se sitúa el verdadero significado de la inclusión, que


«es parte integrante del mensaje salvífico cristiano»
(Papa Francisco, Discurso a los participantes en la Asamblea
Plenaria de la Congregación para la Educación Católica,
20 de febrero de 2020). Educar es mucho más que enseñar.
En un proceso tan delicado como articulado, es posible
construir proyectos compartidos de cambio para transformar
concretamente los contextos reales. Démosles confianza,
sin miedo... ¡Nos sorprenderán!

+ Giuseppe Versaldi

6 Vademecum | Pacto educativo global


Introducción
de Su Excelencia Mons. Vincenzo Zani
SECRETARIO DE LA CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA

Este vademécum es una guía preparada para la aplicación del Pacto Educativo
y se dirige sobre todo a los educadores que tienen la misión de acompañar a los
niños y jóvenes, a través de itinerarios formativos escolares y extraescolares,
formales e informales, en la construcción de la casa común.

El Papa Francisco insiste desde hace tiempo en la necesidad de invertir


los talentos de todos para hacer madurar una nueva solidaridad universal
y una sociedad más acogedora. Con sus numerosos mensajes, y especialmente
el lanzado el 15 de octubre de 2020, renovó la invitación a establecer un pacto
educativo que permita una convergencia global para una educación que sepa
ser portadora de una alianza entre todos los componentes de la persona:
entre el estudio y la vida; entre las generaciones; entre los profesores,
los estudiantes, las familias y la sociedad civil con sus expresiones intelectuales,
científicas, artísticas, deportivas, políticas, empresariales y solidarias en apoyo
de las jóvenes generaciones.

Ante la “catástrofe educativa”, provocada por la pandemia, que ha incrementado


una brecha educativa ya alarmante, no bastan las recetas simplistas, sino que
es necesario creer en el poder transformador de la educación. Educar es apostar
y dar al presente la esperanza que rompe los determinismos y los fatalismos;
educar es siempre un acto de esperanza que invita a la coparticipación y a la
transformación de la lógica de la indiferencia en una cultura del encuentro
y la inclusió[Link] educación debe ayudarnos a construir un futuro que ya
no esté marcado por la división, por el empobrecimiento de las facultades
de pensamiento y de imaginación, sino basado en la escucha, el diálogo
y la mutua comprensión.

El vademécum retoma los siete objetivos indicados por el Papa Francisco, cada
uno de los cuales puede convertirse en un itinerario educativo a desarrollar a
través de las etapas de la reflexión, de la elaboración de proyectos que respondan
a los distintos desafíos locales y de su concreta realización. Pueden nacer
historias y experiencias personales y comunitarias que puedan inspirar a otros
a compartirlas y así emprender un proceso de cambio, inspirado en la cultura
del cuidado, en la ecología integral, en la construcción de la fraternidad y la paz.

Las experiencias podrán ser recogidas por las Comisiones de las Conferencias
Episcopales y enviadas también a la Universidad LUMSA ([Link]@[Link]).
Hay que tener confianza e invertir en las potencialidades de los jóvenes para que
se les ayude a mirar hacia adelante juntos y con valentía.

+ Angelo Vincenzo Zani

Vademecum | Pacto educativo global 7


7 compromisos
para el Pacto Educativo Global

El Papa Francisco, en su videomensaje del 15-10-2020


(véase anexo n.1), desea una nueva temporada
de compromiso educativo que implique a todos los
componentes de la sociedad. Por ello, invita a las familias,
las comunidades, las escuelas, las universidades, las
instituciones, las religiones, los gobernantes, los hombres
y las mujeres de la cultura, la ciencia, el deporte, los artistas,
los operadores de los medios de comunicación y toda
la humanidad a firmar un pacto educativo
comprometiéndose personalmente con estas siete vías:

8 Vademecum | Pacto educativo global


1 Poner a la persona en el centro
Contra la cultura del descarte, poner en el centro de todo
proceso educativo a la persona, para hacer emerger su
especificidad y su capacidad de estar en relación con los demás.

2 Escuchar a las jóvenes generaciones


Escuchar la voz de los niños, adolescentes y jóvenes
para construir juntos un futuro de justicia y de paz,
una vida digna de toda persona.

3 Promover a la mujer
Favorecer la plena participación de las niñas y las jóvenes
en la educación.

4 Responsabilizar a la familia
Ver en la familia al primer e indispensable
sujeto educador.

5 Abrirse a la acogida
Educar y educarnos en la acogida, abriéndonos a los más
vulnerables y marginados.

6 Renovar la economía y la política


Estudiar nuevas formas de entender la economía, la política,
el desarrollo y el progreso, al servicio del hombre y de toda
la familia humana en la perspectiva de una ecología integral.

7 Cuidar la casa común


Custodiar y cultivar nuestra casa común, protegiendo sus
recursos, adoptando estilos de vida más sobrios y apostando
por las energías renovables y respetuosas del medio ambiente.

Vademecum | Pacto educativo global 9


1 Poner a la persona en el centro
Contra la cultura del descarte, poner en el centro de todo proceso educativo
a la persona, para hacer emerger su especificidad y su capacidad de estar
en relación con los demás.

Para reflexionar
El primer objetivo pone de relieve la necesidad de poner en la base de toda
acción educativa un sólido fundamento antropológico, una sana y precisa visión
de la persona. El Papa Francisco afirma que todo cambio necesita un camino
educativo para reconstruir el tejido de las relaciones, hacer madurar una nueva
solidaridad universal y dar vida a una sociedad más acogedora. Por esto,
es necesario dar forma a un nuevo humanismo, para el cual es necesario superar
la metamorfosis cultural y antropológica de la sociedad actual.
Esto permite de dar consistencia a la identidad de cada persona, cuidando todas
sus dimensiones, consolidando su estructura psicológica, evitando así que se
fragmenten y desintegren frente a un cambio incesante y rápido.

Valores
1. Respeto y valorización de la identidad de cada
persona, sin discriminación de sexo, edad, raza,
religión, ideología, condición social u otra.
2. Educación a una formación integral que valorice
todas las dimensiones de lo humano.
3. Defensa de los derechos universales e inalienables
de cada persona.

Consejos para los educadores


Crear las condiciones para que todos los miembros de la propria
institución/organización tengan acceso y conozcan la Carta de los Derechos
Humanos Universales.
Garantizar la igualdad de oportunidades para los miembros de su
institución/organización, sin discriminación de sexo, edad, raza, religión,
ideología y condición social.
Cuidar a cada miembro de la propia institución/organización, con especial
atención a los más frágiles, ofreciendo una formación integral que valorice
todas las dimensiones de la persona, incluida la espiritual.

10 Vademecum | Pacto educativo global


2 Escuchar a las jóvenes
generaciones
Escuchar la voz de los niños, adolescentes y jóvenes para construir juntos
un futuro de justicia y de paz, una vida digna de toda persona.

Para reflexionar
Este objetivo rellama la atención sobre la necesidad de adoptar un paradigma
pedagógico basado en la escucha y el diálogo atento y respetuoso de las jóvenes
generaciones. El Papa utiliza tres verbos: escuchar, transmitir, construir juntos.
Es necesario empezar siempre por escuchar a la persona, acogiendo sus preguntas,
sus necesidades, sus heridas, sus pobrezas, descubriendo sus talentos,
conociendo sus sueños, sus ideales, etc. Antes de “instruere” es necesario
“e-ducere”, sacar a la luz, hacer salir, poner de relieve, preparar el terreno bueno,
predisponiéndolo ad acoger la semilla del conocimiento. Pero, escribe el Papa,
esto se hace transmitiendo y compartiendo los valores, es decir, la vida, el estilo
de la existencia; sólo en un segundo tiempo se comunican los conocimientos,
que permiten comprender y apreciar los valores. Además, el proceso es como
una construcción, una edificación que se hace “juntos”, y esto pone en resalto
el valor de la relación y de la comunidad en la que se crece juntos.

Valores
1. Escuchar a los niños, adolescentes y jóvenes para
situarlos en el centro de la acción educativa, con
una especial atención a los que tienen necesidades
educativas especiales (“no son los alumnos los que
tienen que adaptarse a la escuela, sino la escuela
la que tiene que adaptarse a los alumnos”).
2. Todo niño, adolescente y joven tiene derecho
al máximo respeto y a una educación de calidad.
3. Construcción de un entorno educativo participativo
que involucre la mente, las manos y el corazón (“para
educar a un niño se necesita una aldea entera”).

Consejos para los educadores


Promover el protagonismo de los estudiantes y jóvenes y su acceso
a la educación.
Garantizar la participación de los representantes de los estudiantes en los
órganos colegiados consultivos y deliberativos de su institución/organización.
Crear comunidades educativas acogedoras especialmente atentas a los
estudiantes con necesidades educativas especiales.
Deplorar toda forma de falta de respeto y explotación de los menores.

Vademecum | Pacto educativo global 11


3 Promover a la mujer
Favorecer la plena participación de las niñas y las jóvenes en la educación.

Para reflexionar
Se preste especial atención al tema de las niñas que se ven marginadas
por la educación y la sociedad. Se trata de una elección prioritaria y estratégica.
El Papa Francisco escribe en la Encíclica “Fratelli Tutti” (n. 23): «la organización
de las sociedades en todo el mundo todavía está lejos de reflejar con claridad
que las mujeres tienen exactamente la misma dignidad e idénticos derechos
que los varones. Se afirma algo con las palabras, pero las decisiones
y la realidad gritan otro mensaje. Es un hecho que «doblemente pobres
son las mujeres que sufren situaciones de exclusión, maltrato y violencia,
porque frecuentemente se encuentran con menores posibilidades
de defender sus derechos».

Valores
1. Reconocimiento de los mismos derechos,
dignidad e igualdad entre el hombre y la mujer.
2. Mayor participación de las niñas y jóvenes
en la educación, mediante políticas concretas
de inclusión.
3. Justa inclusión de las mujeres en los órganos
de decisión colegiados.

Consejos para los educadores


Garantizar, en la medida de lo posible, una presencia igualitaria de hombres
y mujeres en su institución/organización.
Promover políticas en favor de la participación de las jóvenes en la educación.
Ser atentos a la presencia de un número equitativo de mujeres
en los puestos de dirección, en el cuerpo docente y en los órganos
colegiados de su institución/organización.
Condenar todas las formas de discriminación y violencia contra las mujeres.

12 Vademecum | Pacto educativo global


4 Responsabilizar a la familia
Ver en la familia al primer e indispensable sujeto educador.

Para reflexionar
Otro objetivo es la familia, que es el primer e indispensable sujeto educador.
Es la célula fundamental de la sociedad y, como tal, debe poder cumplir
su misión de fuente de relaciones generadoras y constitutivas de la persona
a la que deben contribuir todos los demás sujetos.
La Gravissimum Educationis afirma que los padres son los primeros y principales
educadores de los hijos y «que, cuando falta, difícilmente puede suplirse»
esa función educativa. Ella, «es, por tanto, la primera escuela de las virtudes
sociales, de las que todas las sociedades necesitan. Sobre todo, en la familia
cristiana... es necesario que los hijos aprendan desde sus primeros años
a conocer la fe recibida en el bautismo. En ella sientan la primera experiencia
de una sana sociedad humana y de la Iglesia» (n. 3).

Valores
1. Prioridad de la familia en la educación de los hijos.
2. Participación de los representantes de los padres
en los órganos colegiados de decisión.
3. Incremento de las políticas en favor de las
familias, especialmente de las más desfavorecidas
socioeconómicamente.

Consejos para los educadores


Implicar siempre a las familias en las actividades educativas
de su institución/ organización.
Garantizar la presencia de los representantes de los padres en los órganos
consultivos y deliberativos de su institución/organización.
Construir pactos educativos comunitarios entre las escuelas y las familias,
para responder a las necesidades del territorio.
Fomentar caminos de formación y autoeducación de los padres.

Vademecum | Pacto educativo global 13


5 Abrirse a la acogida
Educar y educarnos en la acogida, abriéndonos a los más vulnerables
y marginados.

Para reflexionar
En un mundo globalizado, aún no se ha alcanzado una igualdad generalizada,
sino que se han acentuado muchas formas de desequilibrios sociales,
económicos y culturales. Junto a los ciudadanos que obtienen los medios
adecuados para su desarrollo personal y familiar, son muchísimos
los «no ciudadanos», los «ciudadanos a medias» o los «sobrantes urbanos»,
los excluidos (cf. Evangelii Gaudium, n. 74). Una sociedad es sana cuando
sabe acoger a los más vulnerables, cuando se interesa por los excluidos
para que sean ciudadanos de pleno derecho.
Por ello, el pacto educativo debe aspirar a acoger a los últimos, a una cultura
de la inclusión, a cultivar en todos la atención a las periferias sociales y
existenciales y a curar las heridas más profundas de la persona y de la sociedad.

Valores
1. Educación para la apertura y el encuentro con el otro.
2. Acogida e integración de personas vulnerables
y marginadas mediante políticas de inclusión.
3. Superación de la cultura del descarte mediante
proyectos de inclusión.

Consejos para los educadores


Promover programas de sensibilización en una perspectiva intercultural
e interreligiosa.
Acoger en la propia institución/organización a estudiantes y personas
de otros países (internacionalización).
Promover programas de cooperación internacional para la construcción
de un mundo más fraterno y acogedor.

14 Vademecum | Pacto educativo global


6 Renovar la economía y la política
Estudiar nuevas formas de entender la economía, la política, el desarrollo
y el progreso, al servicio del hombre y de toda la familia humana
en la perspectiva de una ecología integral.

Para reflexionar
Este objetivo resume muchos aspectos. La economía, la política, el crecimiento
y el progreso son aspectos que forman parte de una forma de vida,
de la cultura del pueblo en la que la educación debe aspirar a formar hombres
y mujeres capaces de ser protagonistas del bien común. Para poder hacer esto
es indispensable difundir una cultura del encuentro, en la que se busquen
siempre puntos de contacto, se tiendan puentes, se proyecte algo que incluya
a todos (cf. Fratelli Tutti n. 216). Esto implica educar a la capacidad de reconocer
el derecho de los otros a ser ellos mismos y poder ser diferentes. Dentro de este
estilo de vida de valores y culturas debe estar presente y activo un “pacto social”,
gracias al cual todos están dispuestos de ceder algo por el bien común (cf. n. 221).
Por ello, la educación debe ayudar a vivir el valor del respeto, debe enseñar “ el
amor capaz de asumir toda diferencia, la prioridad de la dignidad de todo ser
humano sobre cualesquiera fuesen sus ideas, sentimientos, prácticas” (n. 191).

Valores
1. Renovación de la idea de economía, política,
crecimiento y progreso en la perspectiva
de la inclusión.
2. Desarrollo sostenible y compromiso
con la construcción del bien común mediante
un “pacto social”.
3. Inversión de las mejores energías en una
educación al servicio de la comunidad.

Consejos para los educadores


Fomentar el estudio y la investigación sobre economía, política, crecimiento
y progreso con ideas innovadoras e integradoras en su propia institución/
organización, revisando los currículos y los planes de estudio.
Proponer una educación integral al servicio de los valores de la participación,
la democracia, la política, la justicia, la igualdad, la fraternidad y la paz.
Reorientar los proyectos educativos de la propia institución/organización a
favor de la formación de personas dispuestas a ponerse al servicio
de la comunidad.

Vademecum | Pacto educativo global 15


7 Cuidar la casa común
Custodiar y cultivar nuestra casa común, protegiendo sus recursos,
adoptando estilos de vida más sobrios y apostando por las energías renovables
y respetuosas del medio ambiente.

Para reflexionar
El último objetivo indicado por el Papa Francisco se refiere claramente
a la encíclica Laudato si’, en la que se destaca la dimensión global de la crisis
actual. No se trata solamente de una crisis “ambiental”, o una crisis económica,
financiera, política, social: es una crisis sin adjetivos, porque es una crisis interior,
que se proyecta hacia el exterior en todas las dimensiones del ser humano,
en la relación con los demás, con la sociedad, con las cosas, con el medio ambiente.
La cuestión que está en juego es, entonces, de orden existencial y se refiere
a la posición que el hombre se asigna a sí mismo en la realidad, al modo en que
percibe su existencia en el mundo. Por esto el Pontífice, ya en el primer mensaje
de lanzamiento del pacto educativo (12-09-2019), había renovado la invitación al
diálogo sobre cómo estamos construyendo la casa común y el futuro del planeta.
La respuesta está en la necesidad de invertir los talentos de todos, porque todo
cambio necesita un camino educativo para hacer madurar una nueva solidaridad
universal y una sociedad más acogedora.

Valores
1. Educazione al rispetto e cura della casa comune
e a stili di vita più sobri e rispettosi dell’ambiente
2. Investimento nelle energie rinnovabili
3. Salvaguardia e diffusione di spazi verdi
nel proprio territorio e nei propri centri educativi.

Consejos para los educadores


Fomentar actividades en la propia organización que defiendan
el medio ambiente.
Desarrollar el cuidado de la casa común y afinar la capacidad de conducir
el corazón a la belleza ante las maravillas de la creación.
Facilitar la conversión a energías renovables para el sustento energético
de su institución/organización.
Crear espacios verdes en sus centros educativos en proporción al número
de miembros de su institución/organización.

16 Vademecum | Pacto educativo global


Campos temáticos de investigación
Hacia una idea de universidad...

El Papa Francisco a lo largo de su pontificado se ha reunido muchas


veces con el mundo universitario, especialmente con el mundo católico.
La Constitución Apostólica Ex corde Ecclesiae, recuerda que la Universidad
Católica nació del corazón de la Iglesia y se remonta históricamente
al origen mismo de la universidad como institución.
En la construcción de la Aldea Educativa Global, se pide a las universidades
que realicen trabajos de investigación científica en las cinco áreas temáticas
que constituyen los pilares de la idea de universidad del Papa Francisco.
Estas son las áreas temáticas y las universidades de referencia
a las que podrán unirse otras universidades para delinear las iniciativas,
los itinerarios de investigación común y hacer converger
las proprias aportaciones.

1. La dignidad y los derechos humanos


UNIVERSIDAD DE REFERENCIA | University of Notre Dame (USA)

2. La fraternidad y la cooperación
UNIVERSIDAD DE REFERENCIA | Università Cattolica del Sacro Cuore (Italia)

3. Tecnología y ecología integral


UNIVERSIDAD DE REFERENCIA | Pontificia Universidad Javeriana (Colombia)

4. Paz y ciudadanía
UNIVERSIDAD DE REFERENCIA | Pontificia Università Lateranense

5. Culturas y religiones
UNIVERSIDAD DE REFERENCIA | Pontificia Universidad Santo Tomás de Manila

Vademecum | Pacto educativo global 17


1. La dignidad y los derechos humanos
UNIVERSIDAD DE REFERENCIA | University Of Notre Dame (Usa)

La misión de la Universidad es aquella


de defender la dignidad y los derechos
de la persona humana
En la definición de la identidad y misión de la Universidad Católica, el Papa Juan Pablo II,
en la Ex corde Ecclesiae, indica el objetivo de tutelar y hacer emerger la dignidad humana:
«La Universidad Católica, en cuanto Universidad, es una comunidad académica, que,
de modo riguroso y crítico, contribuye a la tutela y desarrollo de la dignidad humana
y de la herencia cultural mediante la investigación, la enseñanza y los diversos servicios
ofrecidos a las comunidades locales, nacionales e internacionales» (Ex Corde Ecclesiae 12).
También el Papa Francisco destaca la misión de la universidad de promover una vida
humana plena y auténtica. A la delegación de la “University of Notre Dame” con motivo
de la inauguración de su centro universitario en Roma, el Pontífice le recuerda
la dimensión de “discipulado misionero” de las universidades católicas” que,
por su propia naturaleza, se empeñan en mostrar la armonía entre la fe y la razón
y a poner en evidencia la importancia del mensaje cristiano para una vida humana
vivida en plenitud y autenticidad”.
Así también a los estudiantes y académicos de la Universidad de Bolonia (1-10-2017),
el Papa Francisco les recuerda la misión de la universidad de defender los derechos
de las personas, especialmente de los más débiles: «La Universidad fue fundada aquí
para el estudio del derecho, para la búsqueda de lo que defiende a las personas, regula
la vida en común y protege de la lógica del más fuerte, de la violencia y la arbitrariedad.
Es un reto actual: afirmar los derechos de las personas y los pueblos, de los más débiles,
de los descartados y de la creación, nuestra casa común».
La encíclica Fratelli Tutti, compendio de la doctrina social del Papa Francisco, defiende
«la igualdad de derechos fundada en la misma dignidad humana» (n. 22). «Las diferencias
de color, religión, capacidades, lugar de nacimiento, lugar de residencia y tantas
otras no pueden anteponerse o utilizarse para justificar los privilegios de
unos sobre los derechos de todos» (n. 118). Resuena en particular el
llamamiento al respeto de los derechos de los emigrantes (n. 40),
de los más débiles, de la mujer porque «es inaceptable que
alguien tenga menos derechos por ser mujer» (n. 121).
La defensa del respeto de los derechos sigue siendo
válida el papel de las Naciones Unidas cuya Carta
«es un punto de referencia obligatorio de justicia
y un cauce de paz» (n. 257). Por lo tanto,
es necesario evitar que esta Organización
sea deslegitimizada» (n. 173).

18 Vademecum | Pacto educativo global


2. La fraternidad y la cooperación
UNIVERSIDAD DE REFERENCIA | Università Cattolica del Sacro Cuore (Italia)

La Universidad como lugar de construcción


de la fraternidad entre los pueblos,
del diálogo y de la solidaridad
En su encuentro con el mundo de la cultura (22-09-2013) el Papa Francisco habla
de la «Universidad como lugar en el que se elabora la cultura de la proximidad,
[...] cultura de la cercanía. [...] La Universidad es el lugar privilegiado en el que se
promueve, se enseña, se vive esta cultura del diálogo, que no nivela indiscriminadamente
diferencias y pluralismos – uno de los riesgos de la globalización es éste –, ni tampoco
los lleva al extremo haciéndoles ser motivo de enfrentamiento, sino que abre a la
confrontación constructiva. Esto significa comprender y valorar las riquezas del otro,
considerándolo no con indiferencia o con temor, sino como factor de crecimiento. [...]
La Universidad como lugar de formación a la solidaridad. [...] Solidaridad por lo tanto
como modo de hacer la historia, como ámbito vital en el que los conflictos, las tensiones,
también los opuestos alcanzan una armonía que genera vida».
«¡Todo está relacionado con todo, todo está creado para ser un icono vivo de Dios
que es Trinidad de Amor! Hoy, por tanto, es una tarea prioritaria educar a los hombres
para que vivan este pacto, más aún, para que sean pacto vivo en todas estas dimensiones:
para abrir los caminos del futuro a una nueva civilización que abrace en la fraternidad
universal a la humanidad y al cosmos. Esta vocación a la fraternidad, este vivir en
fraternidad hoy es indispensable, no se puede caminar sin ella».

3. Tecnología y ecología integral


UNIVERSIDAD DE REFERENCIA | Pontificia Universidad Javeriana (Colombia)

La tecnologia a servizio del bene comune


e dell’ambiente
A la delegación de la “Tel Aviv University” (23-10-2017) el Papa Francisco dise que
«la universidad está llamada a educar a una cultura de la sabiduría, capaz de armonizar
el enfoque técnico y científico con el humanista, con la convicción de que la búsqueda
de la verdad y la bondad es, en última instancia, única»
En el encuentro con el mundo de la escuela y de la universidad (7-7-2015) el Pontífice
afirmó: «La creación, es un don para ser compartido. Es el espacio que Dios nos da,
para construir con nosotros, para construir un nosotros. El mundo, la historia, el tiempo
es el lugar donde vamos construyendo ese nosotros con Dios, el nosotros con los
demás, el nosotros con la tierra... En el relato del Génesis, junto a la palabra cultivar,
inmediatamente dice otra: cuidar. Una se explica a partir de la otra. Una va de mano
de la otra. No cultiva quien no cuida y no cuida quien no cultiva».

Vademecum | Pacto educativo global 19


Y retomando la Laudato si’, el Papa Francisco afirma que «existe una relación entre nuestra
vida y la de nuestra madre la tierra. Entre nuestra existencia y el don que Dios nos dio.
“El ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos, y no podemos afrontar
adecuadamente la degradación humana y social si no prestamos atención a las causas que
tiene que ver con la degradación humana y social”».
En la Sophia University en Tokio (26-11-2019), retomando la Laudato si’, el Papa Francisco
sostiene que la preocupación por la protección de la tierra, nuestra casa común, «puede
amalgamarse con la promoción de una nueva episteme capaz de ampliar y cuestionar todo
intento reduccionista de parte del paradigma tecnocrático (cf. nn. 106-114). No perdamos
de vista que “la auténtica humanidad, que invita a una nueva síntesis, parece habitar en
medio de la civilización tecnológica, casi imperceptiblemente, como la niebla que se filtra
bajo la puerta cerrada. ¿Será una promesa permanente, a pesar de todo, brotando como
una empecinada resistencia de lo auténtico?” (ibíd., 112)». Ed insta a la misma universidad
a poner los grandes avances tecnológicos «al servicio de una educación más humana,
más justa y ecológicamente responsable». El Papa Francisco ha entregado a la humanidad
el pensamiento de la Iglesia sobre la ecología y la defensa del ambiente en la encíclica
Laudato si’ con el fin de « de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo
sostenible e integral» (n. 13).

4. Paz y ciudadanía
UNIVERSIDAD DE REFERENCIA | Pontificia Università Lateranense

No una universidad neutral, sino aliada


favor de la paz
El Papa Francisco en su encuentro con los estudiantes y el mundo académico
(Bolonia 1-10-2017) recuerda la valiente decisión de Benedicto XV de ir contra las
“razones de la guerra” definiendo la guerra como una “masacre inútil”.
Partiendo del principio de “repudiar la guerra”, invita a “emprender caminos de no
violencia y caminos de justicia, que favorezcan la paz”. Porque ante la paz no podemos
ser indiferentes ni neutrales. [...] ¡No neutrales, sino partidarios de la paz!».
Y hablando de Europa dice: «Sueño una Europa “universitaria y madre” que, conocedora
de su cultura, infunda esperanza a sus hijos y sea instrumento de paz para el mundo».
En su discurso a la Pontificia Universidad Lateranense, el Pontífice afirma que «La paz, la
dignidad humana, la inclusión y la participación ponen de relieve la necesidad de un pacto
educativo amplio y capaz de transmitir no sólo el conocimiento de contenidos técnicos,
sino también, y sobre todo, una sabiduría humana y espiritual, hecha de justicia, rectitud,
comportamientos virtuosos y capaz de ser realizados en la práctica. [...] Frente a la falta
de paz, no basta con invocar que no haya guerra, proclamar derechos o incluso utilizar
la autoridad en sus diversas formas. Es necesario, sobre todo, ponerse en tela de juicio y
recuperar la capacidad de estar entre las personas, de dialogar con ellas y de comprender
sus necesidades, quizás con nuestra debilidad, que es la forma más auténtica de que nos
escuchen cuando hablamos de paz». Y concluye, recordando al Cardenal Jean-Louis Tauran
que «nos hizo comprender que no basta con detenerse en lo que nos acerca, sino que
es necesario explorar nuevas posibilidades para que las diferentes tradiciones religiosas
puedan transmitir, además de un mensaje de paz, la paz como mensaje».

20 Vademecum | Pacto educativo global


5. Culturas y religiones
UNIVERSIDAD DE REFERENCIA | Pontificia Universidad Santo Tomás de Manila

La universidad como lugar de confrontación


interreligiosa e intercultural
El Papa Francisco en su Discurso a la Universidad de Roma Tre (17-02-2017) dice que
«la Universidad también puede ser el lugar donde se elabora la cultura del encuentro
y de la acogida de las personas de diferentes tradiciones culturales y religiosas.
[...] Una cultura se consolida en la apertura y en la confrontación con otras culturas,
siempre que tenga una conciencia clara y madura de sus principios y valores.
Por tanto, animo a los profesores y a los estudiantes a que vivan la Universidad como
un ambiente de diálogo auténtico, que no homologa la diversidad ni tampoco la exaspera,
sino que abre a una confrontación constructiva. Estamos llamados a comprender
y apreciar los valores del otro, superando las tentaciones de la indiferencia y del temor.
Nunca tengáis miedo del encuentro, del diálogo, de la confrontación».
A los participantes en un encuentro organizado por el Pontificio Instituto de Estudios
Árabes e Islámicos (24-01-2015) el Santo Padre les dijo que «La cultura y la educación
no son en absoluto secundarias en un verdadero proceso de acercamiento al otro
que respete en cada persona “su vida, su integridad física, su dignidad y los derechos
que de ella derivan, su reputación, su propiedad, su identidad étnica y cultural,
sus ideas y sus decisiones políticas”».
El capítulo VIII de la encíclica Fratelli Tutti está dedicado a las religiones al servicio
de la fraternidad en el mundo. «Las distintas religiones, a partir de la valoración
de cada persona humana como criatura llamada a ser hijo o hija de Dios, ofrecen
un aporte valioso para la construcción de la fraternidad y para la defensa de la justicia
en la sociedad» (n. 271). Por tanto, tienen derecho a ocupar un lugar adecuado en
el debate público: «No puede admitirse que en el debate público sólo tengan voz
los poderosos y los científicos. Debe haber un lugar para la reflexión que procede
de un trasfondo religioso que recoge siglos de experiencia y de sabiduría (n. 275)».

Universidad coordinadora
Universidad LUMSA
La Universidad LUMSA, en conexión con el Comité
para el Pacto Educativo Global, desempeñará el papel
de coordinadora de las cinco universidades encargadas,
haciendo un seguimiento de los proyectos e iniciativas
que paulatinamente planificarán con las universidades
asociadas. Los resultados de esta investigación serán recogidos, publicados y puestos
a disposición en el sitio web [Link] de la Congregación
para la Educación Católica.

Vademecum | Pacto educativo global 21


Hacer red...

El llamado a unir esfuerzos en una amplia alianza educativa ha iniciado


un camino orientado por 7 compromisos y 5 áreas de investigación
para formar personas maduras, capaces de superar fragmentaciones
y oposiciones y construir el tejido de relaciones para una humanidad
más fraterna.
El camino ofrece la oportunidad de dar vida a proyectos educativos
innovadores y creativos que potencien las culturas locales, construyan
puentes intergeneracionales y se ocupen de las periferias ambientales
y existenciales.
Para ayudar este camino se nos invita a compartir los proyectos
y sus logros a través de las redes de comunicación y cooperación.

... para compartir las experiencias


Las experiencias hechas y los resultados obtenidos pueden ser
compartidos en red con otros institutos/organizaciones y enviados
a la Comisión para el Pacto Educativo Global de la propia Conferencia
Episcopal y a la Universidad LUMSA: [Link]@[Link]

Un logotipo para el Pacto...


Los colores: el verde recuerda la naturaleza, el crecimiento,
la renovación y también la esperanza, la posibilidad de “sembrar”
sueños proféticos. El azul recuerda nuestra dimensión espiritual,
y también lo que nos gustaría contribuir a conseguir: la Paz. El oro,
representa la luz, lo sagrado, porque todo pacto, toda alianza por
el bien común, por el bien de la humanidad, tiene algo de sagrado.
Las formas: El mundo abrazado con cuidado por una figura
humana que quiere protegerlo y cuidarlo. La línea del círculo
simboliza ese macrocosmos que es Dios, principio y fin de todo.

Para más información sobre el Global Compact on Education

[Link] | info@[Link]

22 Vademecum | Pacto educativo global


ANEXO 1

Videomensaje del Santo Padre Francisco


sobre el Pacto Educativo Global (15-10-2020)

Queridos hermanos y hermanas:

Cuando los invité a iniciar este camino de preparación, participación y pla-


nificación de un pacto educativo global, no imaginábamos la situación en la que se
desarrollaría: el Covid ha acelerado y amplificado muchas de las urgencias y emer-
gencias que habíamos constatado, y ha manifestado muchas otras. A las dificultades
sanitarias se sumaron después las económicas y sociales. Los sistemas educativos de
todo el mundo han sufrido la pandemia tanto a nivel escolar como académico.
En todas partes se ha intentado activar una respuesta rápida a través de pla-
taformas educativas informatizadas, que han mostrado no sólo una marcada dispari-
dad en las oportunidades educativas y tecnológicas, sino también, debido al confina-
miento y muchas otras deficiencias existentes, muchos niños y adolescentes se han
quedado atrás en el proceso natural de desarrollo pedagógico. Según algunos datos
recientes de organismos internacionales, se habla de una “catástrofe educativa” – es
un poco fuerte, pero se habla de una “catástrofe educativa” –, ante los aproximada-
mente diez millones de niños que podrían verse obligados a abandonar la escuela a
causa de la crisis económica generada por el coronavirus, aumentando una brecha
educativa ya alarmante – con más de 250 millones de niños en edad escolar excluidos
de cualquier actividad educativa–.
Ante esta dramática realidad, sabemos que las medidas sanitarias necesa-
rias serán insuficientes si no van acompañadas de un nuevo modelo cultural. Esta
situación ha hecho incrementar la conciencia de que se debe realizar un cambio en el
modelo de desarrollo. Para que respete y proteja la dignidad de la persona humana,
debe partir de las oportunidades que la interdependencia mundial ofrece a la comu-
nidad y a los pueblos, cuidando nuestra casa común y protegiendo la paz. La crisis
que atravesamos es una crisis global, que no se puede reducir ni limitar a un único
ámbito o sector. Es general. El Covid ha hecho posible reconocer de forma global que
lo que está en crisis es nuestro modo de entender la realidad y de relacionarnos.
En este contexto, vemos que no son suficientes las recetas simplistas o los
vanos optimismos. Conocemos el poder transformador de la educación: educar es
apostar y dar al presente la esperanza que rompe los determinismos y fatalismos con
los que el egoísmo de los fuertes, el conformismo de los débiles y la ideología de los
utópicos quieren imponerse tantas veces como el único camino posible.
Educar es siempre un acto de esperanza que invita a la coparticipación y a
la transformación de la lógica estéril y paralizante de la indiferencia en otra lógica
distinta, capaz de acoger nuestra pertenencia común. Si los espacios educativos hoy
se ajustan a la lógica de la sustitución y de la repetición; y son incapaces de generar
y mostrar nuevos horizontes, en los que la hospitalidad, la solidaridad intergenera-
cional y el valor de la trascendencia construyan una nueva cultura, ¿no estaremos
faltando a la cita con este momento histórico?

Vademecum | Pacto educativo global 23


También somos conscientes de que un camino de vida necesita una esperanza basada en la
solidaridad, y que cualquier cambio requiere un itinerario educativo, para construir nuevos paradig-
mas capaces de responder a los desafíos y emergencias del mundo contemporáneo, para comprender
y encontrar soluciones a las exigencias de cada generación y hacer florecer la humanidad de hoy y de
mañana.
Creemos que la educación es una de las formas más efectivas de humanizar el mundo y la his-
toria. La educación es ante todo una cuestión de amor y responsabilidad que se transmite en el tiempo
de generación en generación.
Por tanto, la educación se propone como el antídoto natural de la cultura individualista, que a
veces degenera en un verdadero culto al yo y en la primacía de la indiferencia. Nuestro futuro no puede
ser la división, el empobrecimiento de las facultades de pensamiento e imaginación, de escucha, de
diálogo y de comprensión mutua. Nuestro futuro no puede ser este.
Hoy es necesario un nuevo periodo de compromiso educativo, que involucre a todos los com-
ponentes de la sociedad. Escuchemos el grito de las nuevas generaciones, que manifiesta la necesidad
y, al mismo tiempo, la oportunidad estimulante de un renovado camino educativo, que no mire para
otro lado, favoreciendo graves injusticias sociales, violaciones de derechos, grandes pobrezas y exclu-
siones humanas.
Se trata de un itinerario integral, en el que se salga al encuentro de aquellas situaciones de so-
ledad y desconfianza hacia el futuro que generan depresión, adicciones, agresiones, odio verbal, fenó-
menos de intimidación y acoso entre los jóvenes. Un camino compartido, en el que no se permanezca
indiferentes ante el flagelo de la violencia y el maltrato de menores, el fenómeno de las niñas esposas
y de los niños soldados, la tragedia de los menores vendidos y esclavizados. A esto se suma el dolor por
el “sufrimiento” de nuestro planeta, provocado por una explotación sin inteligencia y sin corazón, que
ha generado una grave crisis medioambiental y climática.
En la historia hay momentos en los que es necesario tomar decisiones fundamentales, que no
sólo dan una impronta a nuestra forma de vida, sino sobre todo una determinada posición ante posi-
bles escenarios futuros. En la actual situación de crisis sanitaria – llena de desánimo y desconcierto –,
consideramos que es el momento de firmar un pacto educativo global para y con las generaciones más
jóvenes, que involucre en la formación de personas maduras a las familias, comunidades, escuelas y
universidades, instituciones, religiones, gobernantes, a toda la humanidad.
Hoy se requiere la parresia necesaria para ir más allá de visiones extrínsecas de los procesos
educativos, para superar las excesivas simplificaciones aplanadas sobre la utilidad, sobre el resultado
– estandarizado –, sobre la funcionalidad y la burocracia que confunden educación con instrucción y
terminan destruyendo nuestras culturas; más bien se nos pide que busquemos una cultura integral,
participativa y multifacética. Necesitamos valentía para generar procesos que asuman consciente-
mente la fragmentación existente y los contrastes que de hecho llevamos con nosotros; la audacia para
recrear el tejido de las relaciones a favor de una humanidad capaz de hablar el lenguaje de la fraterni-
dad. El valor de nuestras prácticas educativas no se medirá simplemente por haber superado pruebas
estandarizadas, sino por la capacidad de incidir en el corazón de una sociedad y dar nacimiento a una
nueva cultura. Un mundo diferente es posible y requiere que aprendamos a construirlo, y esto involu-
cra a toda nuestra humanidad, tanto personal como comunitaria.
Hacemos un llamamiento de manera particular a los hombres y las mujeres de cultura, de
ciencia y de deporte, a los artistas, a los operadores de los medios de comunicación, en todas partes del
mundo, para que ellos también firmen este pacto y, con su testimonio y su trabajo, se hagan promo-
tores de los valores del cuidado, la paz, la justicia, la bondad, la belleza, la acogida del otro y la frater-
nidad. «No tenemos que esperar todo de los que nos gobiernan, sería infantil. Gozamos de un espacio
de corresponsabilidad capaz de iniciar y generar nuevos procesos y transformaciones. Seamos parte
activa en la rehabilitación y el auxilio de las sociedades heridas. Hoy estamos ante la gran oportunidad

24 Vademecum | Pacto educativo global


de manifestar nuestra esencia fraterna, de ser otros buenos samaritanos que carguen sobre sí el dolor
de los fracasos, en vez de acentuar odios y resentimientos» (Carta enc. Fratelli tutti, 77). Un proceso
plural y multifacético capaz de involucrarnos a todos en respuestas significativas, donde la diversidad
y los enfoques se puedan armonizar en la búsqueda del bien común. Capacidad para crear una armonía:
esto es lo que necesitamos hoy.
Por estos motivos nos comprometemos personal y conjuntamente a:
Primero: Poner en el centro de todo proceso educativo formal e informal a la persona, su
valor, su dignidad, para hacer sobresalir su propia especificidad, su belleza, su singularidad y,
al mismo tiempo, su capacidad de relacionarse con los demás y con la realidad que la rodea,
rechazando esos estilos de vida que favorecen la difusión de la cultura del descarte.
Segundo: Escuchar la voz de los niños, adolescentes y jóvenes a quienes transmitimos valores
y conocimientos, para construir juntos un futuro de justicia y de paz, una vida digna para cada
persona.
Tercero: Fomentar la plena participación de las niñas y de las jóvenes en la educación.
Cuarto: Tener a la familia como primera e indispensable educadora.
Quinto: Educar y educarnos para acoger, abriéndonos a los más vulnerables y marginados.
Sexto: Comprometernos a estudiar para encontrar otras formas de entender la economía, la
política, el crecimiento y el progreso, para que estén verdaderamente al servicio del hombre y
de toda la familia humana en la perspectiva de una ecología integral.
Séptimo: Salvaguardar y cultivar nuestra casa común, protegiéndola de la explotación de sus
recursos, adoptando estilos de vida más sobrios y buscando el aprovechamiento integral de las
energías renovables y respetuosas del entorno humano y natural, siguiendo los principios de
subsidiariedad y solidaridad y de la economía circular.
Queridos hermanos y hermanas: En definitiva, queremos comprometernos con valentía para
dar vida, en nuestros países de origen, a un proyecto educativo, invirtiendo nuestras mejores energías
e iniciando procesos creativos y transformadores en colaboración con la sociedad civil. En este proce-
so, un punto de referencia es la doctrina social que, inspirada en las enseñanzas de la Revelación y el
humanismo cristiano, se ofrece como base sólida y fuente viva para encontrar los caminos a seguir en
la actual situación de emergencia.
Tal inversión formativa, basada en una red de relaciones humanas y abiertas, debe garantizar
el acceso de todos a una educación de calidad, a la altura de la dignidad de la persona humana y de su
vocación a la fraternidad. Es hora de mirar hacia adelante con valentía y esperanza. Que nos sostenga,
por tanto, la convicción de que en la educación se encuentra la semilla de la esperanza: una esperanza
de paz y de justicia. Una esperanza de belleza, de bondad; una esperanza de armonía social.
Recordemos, hermanos y hermanas, que las grandes transformaciones no se construyen en
el escritorio. Hay una “arquitectura” de la paz en la que intervienen las diversas instituciones y per-
sonas de una sociedad, cada una según su propia competencia, pero sin excluir a nadie (cf. ibíd., 231).
Así tenemos que seguir: todos juntos, cada uno como es, pero siempre mirando juntos hacia adelante,
hacia esta construcción de una civilización de la armonía, de la unidad, donde no haya lugar para esta
virulenta pandemia de la cultura del descarte. Gracias.

Vademecum | Pacto educativo global 25


ALLEGATO 2

Instrumentum Laboris

Índice
I. El proyecto _______________________________________________________________________________________________________ 26
1. Introducción __________________________________________________________________________________________________ 26
2. El pacto: la apertura al otro como fundamento ________________________________________________ 27
3. La fraternidad originaria ________________________________________________________________________________ 28

II. El contexto _______________________________________________________________________________________________________ 28


1. Ruptura de la solidaridad intergeneracional_____________________________________________________ 28
2. Tiempos educativos y tiempos tecnológicos_____________________________________________________ 29
3. «E-ducar» la pregunta_____________________________________________________________________________________ 30
4. Reconstruir la identidad__________________________________________________________________________________ 30
5. Crisis ambiental como crisis relacional_____________________________________________________________ 30

III. La visión __________________________________________________________________________________________________________ 31


1. Unidad en la diferencia: un nuevo modo de pensar__________________________________________ 31
2. La relación en el centro___________________________________________________________________________________ 32
3. El mundo puede cambiar________________________________________________________________________________ 32

IV. La misión _______________________________________________________________________________________________________ 33


1. Educación y sociedad______________________________________________________________________________________ 33
2. El mañana exige lo mejor de hoy_____________________________________________________________________ 34
3. Educar para servir, educar es servir_________________________________________________________________ 34

Núcleos temáticos generativos para ulteriores reflexiones ______________________________ 35

I. El proyecto

1. Introducción

Con el Mensaje para el lanzamiento del Pacto Educativo del 12 de septiembre


de 2019, Papa Francisco convocó a los representantes de la tierra a Roma para firmar
un compromiso común, finalizado a construir el pacto educativo global. Esta inicia-
tiva no es una idea nueva ni repentina, sino la traducción concreta de una visión y de
un pensamiento expresados con frecuencia en sus discursos. Además, esta propuesta
está en línea con su Magisterio, que encontramos claramente formulado en la ex-
hortación apostólica Evangelii gaudium y en la encíclica Laudato si’, que se inspiran
en las orientaciones del Concilio y del Postconcilio. En el primer documento, el Papa
invitó a toda la Iglesia a tener una actitud “en salida” misionera, como estilo para
adoptar en cada actividad que se realice. Esta invitación la dirigió a todo el pueblo
de Dios para poner en práctica un anuncio abierto «a todos, en todos los lugares, en
todas las ocasiones, sin demoras, sin asco y sin miedo»: un anuncio que «no puede
excluir a nadie» (EG 23). La Iglesia en salida es una comunidad que toma iniciativa
(“primerear”), que sabe incidir en todos los procesos de la vida personal y social.

26 Vademecum | Pacto educativo global


Y en esta perspectiva – escribe el Papa después de haber analizado los problemas del mundo y de la cul-
tura actual – «sentimos el desafío de descubrir y transmitir la ‘mística’ de vivir juntos, de mezclarnos, de
encontrarnos, de tomarnos de los brazos, de apoyarnos, de participar de esa marea algo caótica que puede
convertirse en una verdadera experiencia de fraternidad, en una caravana solidaria» (EG 87). En esta invita-
ción a cuidar la fragilidad de las personas y del mundo en el que vivimos – una invitación que no concierne
realmente sólo a los cristianos, sino a todos los hombres y mujeres de la tierra – la educación y la formación
se convierten en prioridades, porque ayudan a ser protagonistas directos y co-constructores del bien común
y de la paz. En la encíclica Laudato si’, Papa Francisco recuerda que «La educación será ineficaz y sus esfuer-
zos serán estériles si no procura también difundir un nuevo paradigma acerca del ser humano, la vida, la
sociedad y la relación con la naturaleza» (n. 215). Nunca antes – en un contexto desgarrado por los contrastes
sociales y carente de una visión común – había sido tan urgente la necesidad de un cambio de marcha que
– a través de una educación integral e inclusiva, capaz de una escucha paciente y un diálogo constructivo –
haga prevalecer la unidad sobre el conflicto. En este sentido es conveniente, dice el Papa, que se inicien
procesos de intercambio y de transformación con todas las iniciativas necesarias para permitir que las ge-
neraciones futuras construyan un futuro de esperanza y paz. En base a estos dos importantes documentos,
Papa Francisco quiere recordar con el acontecimiento del 14 de mayo de 2020, centrado en la necesidad de re-
construir el pacto educativo global, es la idea que «todo cambio, como el de época que estamos viviendo, pide
un camino educativo, la constitución de una aldea de la educación que cree una red de relaciones humanas
y abiertas. Dicha aldea debe poner a la persona en el centro, favorecer la creatividad y la responsabilidad para
unos proyectos de larga duración y formar personas disponibles para ponerse al servicio de la comunidad. Por
tanto, es necesario un concepto de educación que abrace la amplia gama de experiencias de vida y de procesos
de aprendizaje y que consienta a los jóvenes desarrollar su personalidad de manera individual y colectiva. La
educación no termina en las aulas de las escuelas o de las universidades, sino que se afirma principalmente
respetando y reforzando el derecho primario de la familia a educar, y el derecho de las Iglesias y de los entes
sociales a sostener y colaborar con las familias en la educación de los hijos» (Discurso a los miembros del cuerpo
diplomático acreditado ante La Santa Sede con motivo de las felicitaciones del año nuevo, 9 de enero de 2020).

2. El pacto: la apertura al otro como fundamento

El Santo Padre propone a través de este Mensaje comprometernos en un pacto educativo global. No
propone una acción educativa, tampoco invita a desarrollar un programa, sino que se concentra en un pacto o,
como él precisa – en una alianza educativa. La elección de las palabras revela mucho el estilo con el cual el Papa
nos invita a afrontar esta tarea: para hacer un pacto, de hecho, se necesitan dos o más personas diferentes que
decidan comprometerse en una causa común. Existe un pacto cuando, manteniendo las diferencias recíprocas,
se decide utilizar las propias fuerzas al servicio del mismo proyecto. Existe un pacto cuando reconocemos al
otro, diferente de nosotros, no como una amenaza a nuestra identidad, sino como un compañero de viaje, para
«descubrir en él el esplendor de la imagen de Dios» (Exhortación apostólica postsinodal Christus vivit, 35). El
término alianza, además, en la tradición judeo-cristiana se refiere al vínculo de amor establecido entre Dios
y su pueblo. Amor que en Jesús ha derribado el muro entre los pueblos, restableciendo la paz (cf. Ef 2,14-15).
Sobre esta base, el Papa invita a buscar compañeros de viaje en el camino de la educación más que proponer
programas para implementar; invita a establecer una alianza entre todos que de valor a la unicidad de cada
uno a través de un compromiso continuo de formación. Respetar la diversidad, podríamos decir, es por lo tanto
la primera condición previa del pacto educativo. Un pacto global para la educación sólo puede traducirse, prin-
cipalmente, en el reconocimiento de la indispensabilidad de cada contribución para afrontar la emergencia
educativa que vivimos desde hace algunos decenios, como ya había reconocido el mismo Benedicto XVI en la
Carta a la Diócesis y a la ciudad de Roma sobre la urgente tarea educativa del 21 de enero de 2008. Sus consi-
deraciones siguen siendo actuales: «Todos nos preocupamos por el bien de las personas que amamos, en parti-
cular por nuestros niños, adolescentes y jóvenes. En efecto, sabemos que de ellos depende el futuro de nuestra
ciudad. Por lo tanto, no podemos no dar el máximo por la formación de las nuevas generaciones, por su capa-
cidad de orientarse en la vida y de discernir el bien del mal, y por su salud, no sólo física sino también moral.

Vademecum | Pacto educativo global 27


Ahora bien, educar jamás ha sido fácil, y hoy parece cada vez más difícil. Lo saben bien los padres de familia,
los profesores, los sacerdotes y todos los que tienen responsabilidades educativas directas. Por eso, se habla
de una gran “emergencia educativa”, confirmada por los fracasos en los que muy a menudo terminan nuestros
esfuerzos por formar personas sólidas, capaces de colaborar con los demás y de dar un sentido a su vida».

3. La fraternidad originaria

La fraternidad es la categoría cultural que funda y guía paradigmáticamente el pontificado de Fran-


cisco. Introducirla en los procesos educativos, como sugiere en su Mensaje, significa reconocerla como un
dato antropológico de base, a partir del cual injertar todas las “gramáticas” principales y positivas de la rela-
ción: el encuentro, la solidaridad, la misericordia, la generosidad, pero también el diálogo, la confrontación
y, más en general, las diversas formas de reciprocidad. Originalmente, la vida humana es un hecho recibido
que no tiene su origen en nosotros mismos. Al contrario, la vida trasciende a cada hombre y mujer, y por lo
tanto no es algo auto-producido, sino dado por otra cosa. Para los creyentes, como ha subrayado la reciente
Declaración Conjunta – Sobre la fraternidad humana – de Abu Dhabi, se trata de un reconocimiento como
hijos de un solo Padre y, por lo tanto, hermanos llamados a la recíproca benevolencia y a la custodia fraterna
(cf. Gn 4,9). Sin embargo, como Papa Francisco quiso subrayar desde el inicio de su magisterio, la vocación a
la custodia fraterna recíproca «no sólo nos atañe a nosotros, los cristianos, sino que tiene una dimensión que
antecede y que es simplemente humana, corresponde a todos» (Santa Misa del inicio del ministerio petrino,
19 de marzo de 2013). Toda la humanidad, al recibir la vida, se descubre unida en el vínculo de la fraterni-
dad, que se manifiesta, por lo tanto, como el principio que expresa la realidad estructural del ser humano
(cf. Laudato si’, n. 220). Podemos elegir a nuestros amigos o a algunos de nuestros compañeros, pero no po-
demos elegir a nuestros hermanos o hermanas, porque no somos los autores de su existencia. Por lo tanto,
cuanto más se realiza la fraternidad no expresa – en primer lugar – un deber moral, sino más bien la identi-
dad objetiva del género humano y de toda la creación. La actual cultura del descarte, en profundidad, provie-
ne precisamente del rechazo de la fraternidad como elemento constitutivo de la humanidad: «Muchas cosas
tienen que reorientar su rumbo, pero ante todo la humanidad necesita cambiar. Hace falta la conciencia de un
origen común, de una pertenencia mutua y de un futuro compartido por todos» (Laudato si’, n. 202). Es preci-
samente en esta dirección, de hecho, que Papa Francisco preparó también su primer Mensaje para la Jornada
Mundial de la Paz (1 de enero de 2014), no por casualidad con el título Fraternidad, fundamento y camino de
la paz. Hoy en día, en la perspectiva de la construcción de una aldea global de la educación, este principio
recibe un renovado impulso, convirtiéndose en cierto sentido en el verdadero punto de llegada de todo pro-
ceso educativo exitoso. Es precisamente la voluntad de ponerse al servicio de la fraternidad que consagra la
plena realización de la humanidad que es común a todos. En efecto, fuimos creados no sólo para vivir “con
los demás”, sino también para vivir “al servicio de los demás”, en una reciprocidad salvadora y enriquecedora.

II. El contexto

1. Ruptura de la solidaridad intergeneracional

Al presentar el evento del 14 de mayo de 2020 al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede,
Papa Francisco indicó cuál es la herida más grave que el contexto sociocultural actual provoca en el com-
promiso educativo: «Educar exige entrar en un diálogo leal con los jóvenes. Ante todo, ellos son quienes nos
interpelan sobre la urgencia de esa solidaridad intergeneracional, que desgraciadamente ha desaparecido en
los últimos años. En efecto, hay una tendencia en muchas partes del mundo a encerrarse en sí mismos, a pro-
teger los derechos y los privilegios adquiridos, a concebir el mundo dentro de un horizonte limitado que trata
con indiferencia a los ancianos y, sobre todo, que no ofrece más espacio a la vida naciente. El envejecimiento
general de una parte de la población mundial, especialmente en Occidente, es la triste y emblemática repre-
sentación de todo esto» (Discurso a los miembros del cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede con

28 Vademecum | Pacto educativo global


motivo de las felicitaciones del año nuevo, 9 de enero de 2020). Las raíces últimas de esta tendencia al aisla-
miento y al encerrarse se encuentran, según Papa Francisco, en una profunda transformación antropológica,
de la cual habló detalladamente en el discurso a los participantes de la Asamblea General de los miembros de
la Academia Pontificia para la Vida en octubre de 2017. Afirmó: «La criatura humana parece encontrarse hoy
en un pasaje especial de su historia [...]. El rasgo emblemático de este pasaje puede reconocerse en síntesis
en la rápida difusión de una cultura obsesivamente centrada en la soberanía del hombre – como especie e
individuo – con respecto a la realidad. Hay quienes incluso hablan de egolatría, es decir, de una verdadera
adoración del ego, en cuyas aras se sacrifica todo, incluyendo los afectos más queridos. Esta perspectiva no
es inofensiva: dibuja un sujeto que se mira constantemente en el espejo, hasta que llega a ser incapaz de
volver sus ojos a los demás y al mundo». Lógicamente es este tipo de egolatría que genera esas fracturas que
influyen fuertemente en la acción educativa en todos los niveles. Hablamos aquí de la fractura entre gene-
raciones, de la fractura entre diferentes pueblos y culturas, de la fractura entre parte de la población rica y
parte de la población pobre – la primera cada vez más rica y la segunda cada vez más pobre – de la factura
entre hombres y mujeres, de la factura entre economía y ética, de la factura entre la humanidad y el planeta
tierra. La educación que necesitamos hoy debe, por lo tanto, poder afrontar esta nueva “idolatría del yo” y
encontrar las palabras adecuadas para devolver a todos la originalidad y la belleza de la vocación humana en
relación con el otro y su destino. “Juntos” es la palabra que salva todo y cumple todo.

2. Tiempos educativos y tiempos tecnológicos

En la encíclica Caritas in veritate, Benedicto XVI evidencia que «La sociedad cada vez más globalizada
nos hace más cercanos, pero no más hermanos» (n. 19). Actualmente, una de las declinaciones fundamentales
de la globalización está representada por el desarrollo de las tecnologías y, en particular, con un impacto tal
vez más incisivo en el campo pedagógico, aquellas relacionadas con la vida online y con las redes sociales. El
uso y la gestión de estos mundos digitales plantean enormes desafíos a la tarea educativa. Como se subraya en
la Laudato si’, si bien la educación requiere un movimiento constante de crecimiento y, por lo tanto, de cam-
bio, «la velocidad que las acciones humanas le imponen hoy contrasta con la natural lentitud de la evolución
biológica» (n. 18). Las nuevas generaciones, en una forma hasta ahora desconocida, se ven obligadas a vivir
con esta contradicción, porque los tiempos de aprendizaje y, más profundamente, los de madurez están muy
alejados de los tiempos de Internet. Con frecuencia, consecuentemente, esto conlleva a un fuerte sentimiento
de frustración, de pobreza de estima y de conciencia de sí mismo: ¿por qué, aunque clicando puedo obtener
aquello que deseo, no logro – con la misma rapidez – convertirme en una persona adulta, que logre tomar
decisiones importantes y de responsabilidad? Internet y las redes sociales están de esta manera alterando ra-
dicalmente tanto las relaciones entre los seres humanos como los deseos y la misma formación de la identidad
de los individuos, afectando a diferentes capacidades humanas, como la memoria, la creatividad o la capaci-
dad de concentración e introspección. No queremos seguramente negar el hecho que la web ofrece grandes
oportunidades para la construcción del mañana, pero tampoco debemos subestimar su no-neutralidad, y
por lo tanto considerar sus límites intrínsecos y posibilidades: la tecnología «de hecho suele ser incapaz de
ver el misterio de las múltiples relaciones que existen entre las cosas, y por eso a veces resuelve un problema
creando otros» (Laudato si’, n. 20). Contextualmente filtrando todo tipo de realidad, el mundo virtual – por
un lado – se siente accesible a todos los rincones del planeta, mientras que – por el otro – tiende a contribuir
a la «“globalización de la indiferencia”, que poco a poco nos “habitúa” al sufrimiento del otro, cerrándonos en
nosotros mismos» (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 1 de enero de 2014). Ante el gran potencial y
los grandes riesgos que hoy en día representa Internet, no es suficiente una actitud de denuncia constante ni
de total absolución. Es necesario lo que Papa Francisco nunca deja de solicitar: es necesario el discernimiento.
Aún más, se necesitan personas para transferir esta actitud a las nuevas generaciones. La educación necesaria
hoy es una educación que no sólo no tiene miedo de la complejidad de la realidad, sino que se esfuerza por
capacitar a todos aquellos a quienes se dirige para que puedan vivir esta complejidad y a “humanizarla”, con
la conciencia que cualquier instrumento depende siempre de la intencionalidad de quienes lo utilizan.

Vademecum | Pacto educativo global 29


3. «E-ducar» la pregunta

La «desintegración psicológica», debida en particular a la mencionada penetración de las nuevas


tecnologías, es indicada por el Papa en su Mensaje para el lanzamiento del Pacto Educativo como una de las
problemáticas educativas más urgentes. La atención, en particular de los niños y de los jóvenes, hoy está
constantemente atraída por estímulos rápidos y múltiples, que hacen difícil aprender a vivir el silencio. El
tiempo y el espacio necesarios para que los jóvenes se familiaricen con sus deseos y sus miedos están cada
vez más llenos de interacciones continuas y atractivas, que seducen y tienden a colmar cada momento de la
jornada. Interacciones, además, que alimentan la racionalidad calculadora, instrumental, tecnicista (la del
cómo), y no la racionalidad que responde al sentido profundo de las cosas y de la vida (aquella del por qué).
En la gran riqueza de estímulos se experimenta – por así decirlo – una profunda pobreza de interioridad, una
creciente dificultad para detenerse, reflexionar, escuchar y escucharse. La diversidad y la velocidad de los
estímulos digitales a menudo «suele llevar a perder el sentido de la totalidad, de las relaciones que existen
entre las cosas, del horizonte amplio, que se vuelve irrelevante» (Laudato si’, n. 110). En relación a cuánto fue
sugerido por distintos líderes religiosos a Papa Francisco, es necesario entonces concentrase hoy en educar
las preguntas de los jóvenes, prioritarias al dar respuestas: se trata de dedicar tiempo y espacio al desarrollo
de las grandes cuestiones y de los grandes deseos que habitan en el corazón de las nuevas generaciones, que
desde una relación serena con ellos mismos puedan conducirlos a la búsqueda de lo trascendente. En el Docu-
mento sobre la Fraternidad Humana por la Paz Mundial y la Convivencia Común se recuerda, sobre este tema,
«la importancia de reavivar el sentido religioso y la necesidad de reanimarlo en los corazones de las nuevas
generaciones» (p. 4). Para el creyente se trata de despertar en los jóvenes, en los momentos oportunos, el de-
seo de entrar en la propia interioridad para conocer y amar a Dios; para el no creyente animar una inquietud
estimulante sobre el sentido de las cosas y de la propia existencia.

4. Reconstruir la identidad

La cuestión de la fragmentación de la identidad o la dificultad de construir una visión unificada del


yo, es fuertemente subrayada por psicólogos y educadores, que encuentran en particular en las nuevas genera-
ciones una presencia creciente de sufrimiento vinculado justamente a este problema. Las indicaciones dadas
por Papa Francisco en la Laudato si’ sobre la cultura del descarte ofrecen un indicio útil para profundizar esta
temática; se lee, en efecto, que «a la cultura del descarte, que afecta tanto a los seres humanos excluidos como
a las cosas» (n. 22). Entre las personas más afectadas por la cultura del descarte están los ancianos y los niños:
en la lógica del consumo los primeros son descartados porque ya no son más productivos y los segundos porque
todavía no son productivos. Sin embargo, una sociedad que deja de lado a los ancianos es una sociedad que se
niega de confrontarse con su pasado, con su memoria y sus raíces: «Los viejos son la sabiduría. Y que los viejos
aprendan a hablar con los jóvenes y los jóvenes aprendan a hablar con los ancianos. Ellos, los ancianos, tienen la
sabiduría de un pueblo». (Discurso del Santo Padre a los fieles de Pietralcina, 17 de marzo de 2018). Por otra par-
te, descartar la infancia muestra, en cambio, una pobreza de esperanza, de visión y de futuro, ya que los niños
«traen su modo de ver la realidad, con una mirada confiada y pura» (Audiencia General, 18 de marzo de 2015).
Como un presente es pobre sin pasado y sin futuro, así también una identidad personal sin los demás está vacía,
porque no tiene memoria ni perspectiva. Por eso, empobrecido de alma y sin esperanza, el hombre contempo-
ráneo enfrenta inseguridad e inestabilidad. Por lo tanto, es necesario formar personas que sepan reconstruir
los vínculos interrumpidos con la memoria y con la esperanza en el futuro, jóvenes que, conociendo sus raíces
y abiertos a lo nuevo que llegará, sepan reconstruir una identidad presente más serena.

5. Crisis ambiental como crisis relacional

La búsqueda de una renovación del compromiso educativo con la interioridad y la identidad, siempre
más provocadas por el mundo globalizado y digital, exige que no se rompa el vínculo con el más amplio ho-
rizonte social, cultural y ambiental en el que se inserta. El ser humano y la naturaleza deben ser pensados en
su interdependencia, porque «el ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos, y no podremos

30 Vademecum | Pacto educativo global


afrontar adecuadamente la degradación ambiental si no prestamos atención a causas que tienen que ver con
la degradación humana y social» (Laudato si’, n. 48). La carencia de cuidado de la interioridad se refleja en
la carencia de cuidado de la exterioridad, y viceversa: «el descuido en el empeño de cultivar y mantener una
relación adecuada con el prójimo, hacia el cual tengo el deber del cuidado y de la custodia, destruye mi rela-
ción interior conmigo mismo, con los demás, con Dios y con la tierra» (Laudato si’, n. 70). Pero esto sucede «si
ya no hablamos el lenguaje de la fraternidad y de la belleza en nuestra relación con el mundo» (Laudato si’,
n. 11). De aquí surge naturalmente la necesidad de una educación ecológica integral. El desafío ambiental se
refiere esencialmente a un desafío relacional más radical, donde está en juego el futuro de las generaciones y
del propio planeta. Considerar la cuestión ambiental como intrínsecamente relacional «esto nos impide -dice
Laudato si’- entender la naturaleza como algo separado de nosotros o como un mero marco de nuestra vida.
Estamos incluidos en ella, somos parte de ella y estamos interpenetrados» (n. 139). También aquí, antes de
moral, la cuestión es ontológica y antropológica: «no habrá una nueva relación con la naturaleza sin un nuevo
ser humano. No hay ecología sin una adecuada antropología» (Laudato si’, n. 118). Por lo tanto, la ecología
integral a la que se refiere el Papa no debe comprendida individualísticamente, como una especie de ecolo-
gismo romántico y moral de la belleza desencantada de la naturaleza, sino que brota de la plena conciencia
que «todo está conectado», «todo está en relación» como se lo reitera con frecuencia en la Laudato si’ (cf. nn.
70, 92, 117, 120, 138, 142). Por lo tanto, sólo en el horizonte de esta reciprocidad entre interioridad y exte-
rioridad, identidad y alteridad, el yo y la alteridad, es posible redescubrir – como dice Papa Francisco – que
«entonces hay mística en una hoja, en un camino, en el rocío, en el rostro del pobre. El ideal no es sólo pasar
de lo exterior a lo interior para descubrir la acción de Dios en el alma, sino también llegar a encontrarlo en
todas las cosas» (Laudato si’, n. 233) y, de este modo, custodiarlas en un renovado y consciente estilo de vida.

III. La visión

1. Unidad en la diferencia: un nuevo modo de pensar

En el origen de las actuales fragmentaciones y oposiciones, que a menudo conducen a diversas for-
mas de conflicto, se encuentra el miedo a la diversidad (cfr. también el reciente Mensaje para la Jornada Mun-
dial de la Paz, 1 de enero de 2020). Reconstruir el tejido de la unidad y del encuentro, por lo tanto, solicita
al pensamiento que dé un salto hacia adelante y cambie radicalmente su lógica habitual. Si la diversidad y
la diferencia se siguen considerandos hostiles a la unidad, entonces, la guerra estará siempre en la puerta,
lista para manifestarse con toda su carga destructiva. El primer principio indispensable para la construcción
de un nuevo humanismo es, por lo tanto, educar a un nuevo modo de pensar, que sepa mantener juntas la
unidad y la diversidad, la igualdad y la libertad, la identidad y la alteridad. Por eso, como escribe la Evangelii
gaudium, para que florezca la flor de un nuevo estilo educativo «es necesario llegar allí donde se gestan los
nuevos relatos y paradigmas» (n. 74). En pocas palabras, se trata de comprender que la diversidad no sólo no
es un obstáculo para la unidad, no sólo no la desestabiliza, sino que – al contrario – le es indispensable, es
su horizonte de posibilidades: la unidad y la diferencia no se excluyen, sino que se necesitan. De lo contrario,
nos encontraríamos ante una unidad asfixiante, que elimina la alteridad, haciendo imposible la existencia
del otro, pero también de sí misma; o experimentaríamos un desorden caótico, donde las identidades indivi-
duales son recíprocamente indiferentes, haciendo imposible cualquier encuentro. Por lo tanto, es necesario
ejercer ese pensamiento que articula la unidad en la distinción y que considera la diferencia como una ben-
dición para la propia identidad y no como un gran impedimento para la auto-realización. La tarea educativa
debe intervenir, antes que nada, a este nivel, porque – como recordó Papa Francisco durante su visita a la
Universidad de Roma Tre – «las guerras comienzan dentro de nosotros cuando no sabemos abrirnos a los
demás, cuando no logramos hablar con los demás», cuando – en otras palabras – la alteridad se considera un
obstáculo para la afirmación de la identidad. En la práctica educativa, el nuevo pensamiento inaugura, en
consecuencia, un ejercicio dialógico en todos los ámbitos, que libremente hace partícipe a todo aquel que de-

Vademecum | Pacto educativo global 31


see trabajar por una auténtica cultura del encuentro, del enriquecimiento recíproco y de la escucha fraterna:
«También en las disputas, que constituyen un aspecto ineludible de la vida, es necesario recordar que somos
hermanos y, por eso mismo, educar y educarse en no considerar al prójimo un enemigo o un adversario al
que eliminar» (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 1 de enero de 2014), porque «si cuando el cora-
zón está auténticamente abierto a una comunión universal, nada ni nadie está excluido de esa fraternidad»
(Laudato si’, n. 92). En este sentido, el rol del diálogo entre las religiones es de crucial importancia, ya que
«es una condición necesaria para la paz en el mundo, y por lo tanto es un deber para los cristianos, así como
para otras comunidades religiosas» (Evangelii gaudium, n. 250). Es precisamente en la práctica dialógica que,
de hecho, «aprendemos a aceptar a los otros en su modo diferente de ser, de pensar y de expresarse. De esta
forma, podremos asumir juntos el deber de servir a la justicia y la paz, que deberá convertirse en un criterio
básico de todo intercambio. Un diálogo en el que se busquen la paz social y la justicia es en sí mismo, más
allá de lo meramente pragmático, un compromiso ético que crea nuevas condiciones sociales» (ibíd.). A la
luz de estas consideraciones, no podemos dejar de señalar que este pensamiento del diálogo y de la paz debe
iluminar y guiar siempre más a aquellos que los ciudadanos han elegido para la gestión político-económica
de la sociedad civil. Nunca hay una verdadera acción política fuera de un pensamiento y de una práctica del
diálogo y de la paz.

2. La relación en el centro

Entre los valores indispensables para reconstruir un pacto educativo, parece importante detenerse en
el valor de la relación educativa. Con las palabras de Papa Francisco podemos, de hecho, reiterar que «si bien
por un lado no debemos olvidar que los jóvenes esperan la palabra y el ejemplo de los adultos, al mismo tiempo
hemos de tener presente que ellos tienen mucho que ofrecer con su entusiasmo, con su compromiso y con su
sed de verdad, a través de la que nos recuerdan constantemente que la esperanza no es una utopía y la paz es
un bien siempre posible. Lo hemos visto en el modo con el que muchos jóvenes se están comprometiendo para
sensibilizar a los líderes políticos sobre la cuestión del cambio climático. El cuidado de nuestra casa común debe
ser una preocupación de todos y no el objeto de una contraposición ideológica entre las diferentes visiones de la
realidad, ni mucho menos entre las generaciones» (Discurso a los miembros del cuerpo diplomático acreditado
ante la Santa Sede con motivo de las felicitaciones del año nuevo, 9 de enero de 2020). Como lo confirma la ex-
periencia escolar, una educación fructífera no depende fundamentalmente ni de la preparación del profesor ni
de las competencias de los alumnos; depende más bien de la calidad de la relación que se establece entre ellos.
Muchos estudiosos de la educación han subrayado que no es el profesor quien educa al alumno en una trans-
misión unidireccional, ni tampoco es el alumno quien construye por sí mismo su conocimiento, es más bien la
relación entre ellos que educa a ambos en un intercambio dialógico que los presupone y al mismo tiempo los
supera. Este es, justamente, el sentido de poner en el centro a la persona que es relación. Esto implica también
hacerse cargo concretamente de las situaciones reales en las que se encuentran muchos niños y niñas en el
mundo de hoy. De hecho, no podemos ignorar que el discurso sobre la centralidad de la persona en cada proceso
educativo corre el riesgo de volverse sumamente abstracto si no estamos dispuestos a abrir los ojos a la situa-
ción real de pobreza, sufrimiento, explotación, negación de posibilidades, en la que se encuentra gran parte de
la infancia del mundo y sobre todo si uno no está dispuesto a hacer algo. Como lo expresa Papa Francisco, es
necesario actuar siempre conectados con la cabeza, el corazón y justamente las manos.

3. El mundo puede cambiar

Otro principio fundamental que hay que poner nuevamente en el centro de la agenda educativa es
aquel por cual se afirma que el mundo puede cambiar. Sin este principio, el deseo humano, especialmente el de
los más jóvenes, se ve privado de la esperanza y de la energía necesarias para trascender, para dirigirse hacia
el otro. Esta cuestión fue bien identificada en la Caritas in veritate de Benedicto XVI. De hecho, «a veces se per-
ciben actitudes fatalistas ante la globalización, como si las dinámicas que la producen procedieran de fuerzas
anónimas e impersonales o de estructuras independientes de la voluntad humana» (Caritas in veritate, n. 42). En
realidad, no es así, por ello los acontecimientos culturales, históricos y económicos que se producen a nuestro

32 Vademecum | Pacto educativo global


alrededor, por muy grandes que sean, no deben ser leídos como hechos indiscutibles, determinados por leyes
absolutas. Este es el mensaje que Papa Francisco quiso dar a los mismos jóvenes cuando, el 13 de enero de 2017,
en ocasión de la publicación del Documento preparatorio del Sínodo sobre los jóvenes, les envió una carta. Uno
de los pasajes más conmovedores de esa carta es el siguiente: «En Cracovia, durante la apertura de la última
Jornada Mundial de la Juventud, les pregunté varias veces: “Las cosas, ¿se pueden cambiar?”. Y ustedes excla-
maron juntos a gran voz “sí”. Esa es una respuesta que nace de un corazón joven que no soporta la injusticia y
no puede doblegarse a la cultura del descarte, ni ceder ante la globalización de la indiferencia. ¡Escuchen ese
grito que viene de lo más íntimo!». Hoy, esta última invitación se dirige a todos aquellos que tienen responsa-
bilidades políticas, administrativas, religiosas y educativas: es el momento de escuchar el grito que surge del
profundo del corazón de nuestros jóvenes. Es un grito de paz, un grito de justicia, un grito de fraternidad, un
grito de indignación, un grito de responsabilidad y de compromiso para cambia con respecto a todos los fru-
tos perversos generados por la actual cultura del descarte. Y es precisamente en la fuerza de este grito de los
jóvenes -que encuentra cada vez más espacio en las numerosas manifestaciones que ellos dan vida- que todos,
especialmente los que se dedican a la educación, deben encontrar la fuerza para alimentar esa revolución de la
ternura que salvará nuestro mundo demasiado herido. Emerge con toda su fuerza, por lo tanto, la exigencia de
estimular la fascinación por el sano riesgo y de despertar la inquietud por la realidad. Atreverse a tal inquietud
es arriesgarse a salir de sí mismo que implica «correr el riesgo – como leemos en la Evangelii gaudium – del en-
cuentro con el rostro del otro, con su presencia física que interpela, con su dolor y sus reclamos, con su alegría
que contagia en un constante cuerpo a cuerpo» (n. 88). Sólo de esta manera el deseo recupera el impulso y se
convierte en protagonista de su propia existencia, educándose en estilos de vida conscientes y responsables.
Precisamente utilizando bien el propio espacio de libertad se contribuye al crecimiento personal y comunita-
rio: «no hay que pensar que esos esfuerzos no van a cambiar el mundo. Esas acciones derraman un bien en la
sociedad que siempre producen frutos más allá de lo que se pueda constatar, porque provocan en el seno de esta
tierra un bien que siempre tiende a difundirse, a veces invisiblemente» (Laudato si’, n. 212).

IV. La misión

1. Educación y sociedad

En su Mensaje para el lanzamiento del Pacto Educativo – como ya se ha mencionado al principio –


Papa Francisco subraya con fuerza la urgencia de construir una “aldea de la educación”, en donde comprome-
ternos para crear una red de relaciones humanas y abiertas. Añadió también que tal empresa no será posible
sin la activación, por parte de todos, de un triple coraje: en primer lugar, el coraje de poner a la persona en
el centro; en segundo lugar, el coraje de invertir las mejores energías con creatividad y responsabilidad; en
tercer y último lugar, el coraje de formar personas dispuestas a ponerse al servicio de la comunidad. Espe-
cificando el primer punto, es decir el coraje de poner en el centro a la persona, Papa Francisco se expresa
así: «Para esto se requiere firmar un pacto que anime los procesos educativos formales e informales, que no
pueden ignorar que todo en el mundo está íntimamente conectado y que se necesita encontrar – a partir de
una sana antropología – otros modos de entender la economía, la política, el crecimiento y el progreso. En un
itinerario de ecología integral, se debe poner en el centro el valor propio de cada criatura, en relación con las
personas y con la realidad que la circunda, y se propone un estilo de vida que rechace la cultura del descarte»
(Mensaje para el lanzamiento del Pacto Educativo). Se comprende bien en este punto el vínculo profundo
que existe entre la encíclica Laudato si’ y la iniciativa del Pacto Educativo. Se trata de tomar conciencia con
coraje, que la crisis ambiental y relacional que estamos viviendo puede ser afrontada dedicando atención a
la educación de quienes mañana estarán llamados a custodiar la casa común. La educación, «llamada a crear
una “ciudadanía ecológica”» (Laudato si’, n. 211), puede convertirse en un instrumento eficaz para construir,
en una perspectiva a largo plazo, una sociedad más acogedora y atenta al cuidado de los demás y de la crea-
ción. Es decir, el compromiso educativo no sólo se dirige a los beneficiarios directos, niños y jóvenes, sino que
es un servicio a la sociedad en su conjunto que al educar se renueva. Además, la atención educativa puede

Vademecum | Pacto educativo global 33


representar un importante punto de encuentro para reconstruir una trama de relaciones entre las diferentes
instituciones y realidades sociales: para educar a un niño es necesario que dialoguen en función de un objeti-
vo común la familia, la escuela, las religiones, las asociaciones y la sociedad civil en general. Partiendo de la
urgencia formativa, por lo tanto, es posible contrastar la «silenciosa ruptura de los lazos de integración y de
comunión social» (Laudato si’, n. 46). Podríamos decir que la educación puede ser comprendida nuevamente
como un camino de formación de las generaciones más jóvenes y, al mismo tiempo, como una posibilidad de
revisión y de renovación de toda una sociedad que, en el esfuerzo de transmitir lo mejor de sí misma a los más
jóvenes, discierne su propio comportamiento y eventualmente lo mejora.

2. El mañana exige lo mejor de hoy

Según Papa Francisco, el segundo paso audaz hacia un nuevo pacto formativo consiste en tener la
fuerza, como comunidad (eclesial, social, asociativa, política), para ofrecer a la educación las mejores ener-
gías disponibles. Es evidente que se trata de una decisión audaz porque cada decisión implica favorecer un
aspecto para poner otro en segundo plano. ¿Cuántas realidades en la actualidad ponen lo mejor que tienen al
servicio de los jóvenes? Si se piensa en la mayoría de las sociedades actuales, se puede ver claramente cómo
las fuerzas más creativas y proactivas se ponen al servicio de la producción y del mercado. Los mejores jóve-
nes graduados y las mentes más brillantes suelen trabajar en grandes empresas orientadas a las ganancias,
no tanto a la búsqueda del bien común. Al mismo tiempo, el consumismo imperante requiere la ausencia, o
sólo la débil presencia, de personas formadas, con pensamiento crítico y un empuje relacional. La ideología
consumista, de hecho, se alimenta del individualismo y de la incompetencia en la autogestión, porque es
fuera de la comunidad donde somos más frágiles y es en la incapacidad de la sobriedad que respondemos con
docilidad a los estímulos propagandísticos. Se necesita, entonces, el coraje de hacer un verdadero cambio
radical de dirección: la inversión – dada la situación presentada – es urgente, porque sólo a través de la edu-
cación podemos esperar de manera realista un cambio positivo en la planificación a largo plazo. Lo que será
tiene que tener lo mejor de lo que hay ahora. Quien vendrá tiene derecho a tener lo mejor de quien está hoy.

3. Educar para servir, educar es servir.

El tercer acto de coraje requerido por Papa Francisco es formar personas dispuestas a ponerse al servi-
cio de la comunidad. Tal indicación, en verdad, pone en luz justamente un elemento verdaderamente decisivo
en cada gesto educativo: ningún educador logra el pleno éxito de su acción educativa si no se compromete a
formar y a configurar, en aquellos que le han sido confiados, una plena y verdadera responsabilidad al servicio
de los demás, de todos los demás, de toda la comunidad humana, comenzando por los que presentan una mayor
situación de fatiga y de desafío. El verdadero servicio de la educación es la educación al servicio. Por otra parte,
la investigación educativa también reconoce siempre con mayor claridad la dimensión central del servicio a los
demás y a la comunidad como instrumento y como fin de la propia educación; pensemos, por ejemplo, en el gran
desarrollo de la didáctica de Service Learning. Este tipo de investigación está mostrando cómo el servicio puede
ser no sólo una actividad educativa entre otras (la importancia del voluntariado en la formación de los jóvenes
es bien reconocida), sino más radicalmente cómo puede convertirse en el método fundamental a través del cual
todos los conocimientos y habilidades pueden ser transmitidos y adquiridos. Podemos señalar este proceso
como un desarrollo desde una educación al servicio hacia una educación como servicio, según la cual el prójimo
es tanto la vía como la meta del camino de la educación. Dejemos, finalmente, una última palabra de reflexión
a Hannah Arendt, que supo indicar de manera eficaz y sintética lo que está en juego en cada gesto educativo.
Estas son sus palabras iluminadoras: «La educación es el momento que decide si amamos lo suficiente al mundo
como para responsabilizarnos de él y salvarlo de la ruina, lo cual es inevitable sin renovación, sin la llegada de
nuevos seres, de jóvenes. En la educación se decide también si amamos tanto a nuestros hijos al punto de no
excluirlos de nuestro mundo, dejándolos a merced de sí mismos, al punto de no quitarles su oportunidad de
emprender algo nuevo, algo impredecible para nosotros, y los preparamos para la tarea de renovar un mundo
que será común a todos».» (Tra passato e futuro, Garzanti, Torino 1999 [orig. 1961], 255).

34 Vademecum | Pacto educativo global


Núcleos temáticos generativos
para ulteriores reflexiones

“Mística” de la convivencia
Aldea de la Educación
Fraternidad y paz
Egolatría
Recursos positivos en Internet
Educación al silencio
Cultura del descarte
Pensamiento de unidad
Inquietud de la investigación
Revolución de la ternura
Ciudadanía Ecológica
Para más información sobre el
Global Compact on Education

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Comisión 2 Prof. Romero Sonia Comisión 3 Prof. Peralta Silvia Comisión 4 Prof. Rodriguez Gustavo

Comisión 5 Prof. Fleckestein Raúl Comisión 6 Prof. Ajaya Lucio Comisión 7 Prof. Nina Matias

Comisión 8 Prof. Climent Osvaldo Comisión 9 Prof Gallardo Cristian Comisión 10 Ramirez Claudio

Comisión 11 Prof. Cravero Pablo- Villa María Comisión 12 Prof. Hassen Guido Examen Final

Comenzado el viernes, 29 de abril de 2022, 10:15


Estado Finalizado
Finalizado en viernes, 29 de abril de 2022, 10:36
Tiempo 21 minutos 10 segundos
empleado

Pregunta 1
Finalizado

Puntúa como 5,00

Según las opiniones más difundidas, ¿cuál es el evangelio más antiguo de los que actualmente poseemos?

Seleccione una:
a. Mateo

b. Marcos

c. Lucas

d. Juan

Pregunta 2
Finalizado

Puntúa como 5,00

¿Porque es importante la encarnación?

Seleccione una:
a. Porque por medio de ella fuimos rescatados del pecado.

b. Porque a través de este evento podemos conocer la intimidad de Dios.

c. Porque por medio de ella el Verbo tomo solo la apariencia de un hombre para mostrarnos como es Dios.

d. Todas las anteriores son correctas.

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Pregunta 3
Finalizado

Puntúa como 5,00

El Misterio Pascual de Jesús abarca los siguientes Misterios de su vida:

Seleccione una:
a. Pasión, Muerte, Resurrección, Ascensión (Glorificación), Venida del Espíritu Santo.

b. Pasión, Muerte y Resurrección.

c. Nacimiento, Milagros y Resurrección.

d. Nacimiento, Resurrección y Segunda Venida gloriosa.

Pregunta 4
Finalizado

Puntúa como 5,00

¿Qué es lo esencial del misterio pascual de Cristo?

Seleccione una:
a. La institución de la Eucaristía, que gracias a ella hacemos memorial de este misterio.

b. La muerte de Cristo en el calvario.

c. La Resurrección de Cristo.

d. El sacrificio de expiación.

Pregunta 5
Finalizado

Puntúa como 5,00

El título cristológico Señor (Kyrios) es solamente una mención de respeto u honorífica.

Seleccione una:
Verdadero

Falso

Pregunta 6
Finalizado

Puntúa como 5,00

¿Cómo llama Santo Tomas a la encarnación?

Seleccione una:
a. Misterio inagotable e inalcanzable.

b. Milagro de los milagros.

c. Misterio de los misterios.

d. Signo culmen de todos los signos.

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Pregunta 7
Finalizado

Puntúa como 5,00

¿Quién tomó la iniciativa de la encarnación?

Seleccione una:
a. El Padre

b. El Hijo

c. El Espíritu Santo

d. La Santísima Trinidad

Pregunta 8
Finalizado

Puntúa como 5,00

En el Concilio de Calcedonia (451), se aceptó la unión hipostática que expresa el misterio de la unión de las dos naturalezas
(divina y humana) de Cristo en una sola persona, la divina. Esta definición permite comprender que:

Seleccione una:
a. Siguiendo a los Santos Padres que, hay que confesar a un solo y mismo Hijo y Señor nuestro Jesucristo, “perfecto en la
divinidad y perfecto en la humanidad; verdaderamente Dios y verdaderamente hombre compuesto de alma racional y
cuerpo; consubstancial con el Padre según la divinidad y consubstancial con nosotros según la humanidad, "en todo
semejante a nosotros, excepto en el pecado" (Heb 4,15); nacido del Padre antes de todos los siglos según la divinidad;
y por nosotros y por nuestra salvación, nacido en los últimos tiempos de la Virgen María, la Madre de Dios, según la
humanidad.”

b. Jesús, hijo de Dios es a la vez, hijo de María. Hombre como cualquier hombre y Dios por ser hijo de Dios. El misterio de la
Encarnación, explicita que la naturaleza de Jesús es divina y humana, que se fusionan en una sola, gracias a la obra del
Espíritu Santo.

c. Siguiendo a los Santos Padres que, hay que confesar a un solo y mismo Hijo y Señor nuestro Señor Jesucristo, “perfecto
en la divinidad pero no perfecto en la humanidad; verdaderamente Dios y hombre común compuesto de un alma
divina y cuerpo; consubstancial con el Padre según la divinidad y similar a nosotros según la humanidad, "en todo
semejante a nosotros, excepto en el pecado" (Heb 4,15), nacido del Padre por nosotros y por nuestra salvación, y a la
vez nacido en los últimos tiempos de la Virgen María, la Madre de Dios.”

Pregunta 9
Finalizado

Puntúa como 5,00

Lo característico del Evangelio de Juan es el simbolismo:

a. Remite al misterio.

b. Evoca una realidad del mismo orden.

c. Parte de la experiencia material y remite al presente.

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Pregunta 10
Finalizado

Puntúa como 5,00

¿Qué concilio definió la unión de las dos naturalezas de Cristo en una sola persona?

Seleccione una:
a. El Concilio de Florencia.

b. El Concilio Vaticano I.

c. El Concilio de Constantinopla.

d. El Concilio de Calcedonia.

Pregunta 11
Finalizado

Puntúa como 5,00

La tradición dogmática descubre en la oración de Jesús al Padre, en el huerto de Getsemaní: “aparta de mí este cáliz, pero no
sea lo que yo quiero, sino lo que quieras tú”…

Seleccione una:
a. …el sí humano de Jesús (su voluntad propiamente humana) a la voluntad salvífica del Padre.

b. …el sí de Jesús como Dios, que se inmola para la redención humana.

c. …la opción de Jesús, a pesar que como Dios no era necesario ya que no puede morir siendo Dios.

Pregunta 12
Finalizado

Puntúa como 5,00

¿Si no hubiese existido el pecado, para Santo Tomas, se hubiese encarnado el Verbo?

Seleccione una:
a. Si, independientemente del pecado el Verbo se hubiese encarnado.

b. Si, ya que estaba pensado en la eternidad del Padre enviar a su hijo.

c. No, es conveniente afirmar que fue dispuesto por Dios como remedio del pecado.

d. Ninguna de las anteriores es correcta.

Pregunta 13
Finalizado

Puntúa como 5,00

La definición de BOECIO es clave para entender esta explicación del misterio de la Encarnación

Seleccione una:
Verdadero

Falso

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Pregunta 14
Finalizado

Puntúa como 5,00

Con que acontecimiento se inaugura la vida pública de Jesús.

Seleccione una:
a. Con el Bautismo.

b. Con el milagro de las bodas de Caná.

c. Con la resurrección de su amigo Lázaro.

d. Con su aparición resucitado a Pedro.

Pregunta 15
Finalizado

Puntúa como 5,00

¿Cómo presenta a Cristo el evangelio de Marcos?

Seleccione una:
a. Como un hombre enviado por Dios.

b.

Como hombre que fue adoptado por Dios Padre.

c. Como mesías y como hijo de Dios.

Pregunta 16
Finalizado

Puntúa como 5,00

La definición del Concilio de Calcedonia (451), que expresa el misterio de la unión de las dos naturalezas de Cristo en una sola
persona, la divina.

Seleccione una:
Verdadero

Falso

Pregunta 17
Finalizado

Puntúa como 5,00

La muerte de Cristo es a la vez el sacrificio pascual que lleva a cabo la redención definitiva de los hombres. Gracias a la
definición de la unión hipostática, se comprende que:

Seleccione una:
a. …por la condición divina del Hijo de Dios, este sacrificio es apto redentor por toda la humanidad.

b. …sólo por el sufrimiento solidario, y el carácter de muerte heroica lo que hace eficaz este cruento sacrificio para la
salvación.

c. …que Dios no puede morir en la cruz, por esto, lo que muere es sólo una parte de la humanidad de Jesús.

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Pregunta 18
Finalizado

Puntúa como 5,00

Las tentaciones de Jesús son la prueba de qué aspecto de la relación del Hijo con Dios Padre:

Seleccione una:
a. Su entrega por obligación y anulación de la libertad.

b. Jesús no tenía conciencia de lo que estaba pasando.

c. Su obediencia filial.

d. Jesús puede ser tentado porque también pecó.

Pregunta 19
Finalizado

Puntúa como 5,00

Las tentaciones de Jesús, ¿en dónde las podemos ubicar?

Seleccione una:
a. Según el evangelio de Juan, fue tentado toda su vida.

b. Según el Evangelio de Marcos, fue tentado en su misterio pascual.

c. Según los evangelios sinópticos, fue tentado en su vida pública.

d. Todas son correctas.

Pregunta 20
Finalizado

Puntúa como 5,00

La entrada triunfal en Jerusalén es la única acción mesiánica simbólica que presenta a Jesús a los ojos del pueblo como el
Mesías de Israel.

Seleccione una:
Verdadero

Falso

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TEOLOGIA II

1) El ámbito de la catequesis incluye:


a. La tarea de instruir a los iniciados en la fe. (3.2.2. modulo)
b. Compartir la enseñanzas transmitidas en la Sagrada Escritura, sea en la concerniente a
la vida del señor como a sus enseñanzas.
c. La misión se llevo a cabo en un doble frente: el judío y el pagano.
d. Todo esto se hacía con la convicción de estar guiados por el espíritu santo.
e. El ámbito propio donde se proclamaba la palabra de dios.

2) Según las opiniones más difundidas ¿Cuál es el evangelio mas antiguo de los que
actualmente poseemos?
a. Mateo
b. Marcos
c. Lucas
d. Juan

3) Dios padre….
a. Se encarna
b. Tiene la iniciativa de la Encarnación.
c. Coopera en la Encarnación.

4) ¿Si no hubiese existido el pecado, para Santo Tomas, se hubiese encarnado el Verbo?
a. Si, independientemente del pecado el Verbo se hubiese encarnado
b. Si, ya que estaba pensando en la eternidad del padre enviar a su hijo
c. No, es conveniente afirmar que fue dispuesto por Dios como remedio del pecado (2.3
Modulo)
d. Ninguna de las anteriores es correcta

5) ¿Quién tomo la iniciativa de la encarnación?


a. El padre
b. El hijo
c. El espíritu santo
d. La santísima trinidad.

6) ¿De qué habla la teología de la encarnación?


a. Habla principalmente de que un hombre es dios y por eso dios es hombre.
b. Habla principalmente del nacimiento de Jesús en la persona de María.
c. Habla principalmente de que el amor de Dios por los hombres, a fin de que vino a este
mundo. VERRR!!!
d. Habla principalmente de estudio del nacimiento de Cristo en relación exclusiva a María
y José.

7) ¿Cómo llama Santo Tomas a la encarnación?


a. Misterio inagotable e inalcanzable.
b. Milagro de los milagros
c. Misterio de los misterios
d. Signo culmen de todos los signos.
8) Los misterios de la infancia de Jesús son:
a. El nacimiento de Jesús y su hallazgo en el Templo.
b. Su vida oculta en Nazaret y el hallazgo en el templo.
c. El nacimiento, la vida oculta y el hallazgo en el Templo.

9) La definición dogmática que afirma que “se ha de reconocer a un solo y mismo Cristo
Señor, Hijo único en dos naturalezas; sin confusión, sin cambio, sin división, sin
separación. La diferencia de naturalezas de ningún modo queda suprimida por su
Unión, sino que quedan a salvo las propiedades de cada una de las naturalezas y
confluyen en un solo sujeto y en una sola persona”. Pertenece a:
a. Concilio de Calcedonia (451)
b. Encíclica Mystici Corporis Christi (1943)
c. Exhortacion apostólica Verbum Domini (2010)

10) El título de Jesús como “Cordero de Dios”, significa que Él es:


a. Una imagen querida por Israel, pero que no tiene significación de importancia en los
contemporáneos de Jesús.
b. El nuevo y definitivo éxodo, el cordero rescata a la humanidad entera para hacer de
ella un “reino de sacerdotes para Dios”.
c. Un título pero que no designa un obrar en Jesús.

11) La tradición dogmática descubre en la oración de Jesús al Padre, en el huerto de


Getsemaní: “aparta de mí este cáliz, pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieras
tú”… (LA REPETI EN LA PREGUNTA 46)

a. …el sí humano de Jesús (su voluntad propiamente humana) a la voluntad salvífica del
Padre.

b. …el sí de Jesús como Dios, que se inmola para la redención humana.

c. …la opción de Jesús, a pesar que como Dios no era necesario ya que no puede morir
siendo Dios.

12) La teología de la encarnación habla del ser y gira en torno al hecho inaudito de que
un hombre es Dios y de que Dios es hombre.

a. Verdadero

b. Falso

13) La resurrección es la novedad cristiana porque:

a. No ocurrió en realidad, sino que es una adición posterior en los Evangelios. Los autores
cristianos agregaron estos relatos para no dejar inconclusa la historia de Jesús.

b. Aunque no responde al problema del mal y la muerte, los Evangelistas tratan de


responder de acuerdo a sus conocimientos filosóficos y teológicos.

c. Es la respuesta última de Dios al misterio del mal, el pecado y la muerte


14) El título cristológico Señor (Kyrios) es solamente una mención de respeto u
honorífica.

a. Verdadero

b. Falso

15) El Concilio de Calcedonia (453) afirma: Seleccione una:

a. la persona humana de Cristo.

b. la unión de las naturalezas en una persona.

c. la unidad de lo divino y lo humano concurren a la constitución de una única persona

16) La liturgia era el ámbito propio donde se proclamaba la Palabra de Dios, se partía el pan,
al mismo tiempo que se repetían las palabras de Jesús dichas, sobre todo, en la Última Cena.

a. Verdadero

[Link]

17). Los escritos del Nuevo Testamento, de los cuales recibimos estos misterios de la vida de
Jesucristo, son el fruto del anuncio, las enseñanzas, las celebraciones y la vida de fe de las
primeras comunidades cristianas Seleccione una:

a. Verdadero

b. Falso

18) Las tentaciones de Jesús, ¿en dónde las podemos ubicar? Seleccione una:

a. Según el evangelio de Juan, fue tentado toda su vida.

b. Según el Evangelio de Marcos, fue tentado en su misterio pascual.

c. Según los evangelios sinópticos, fue tentado en su vida pública.

d. Todas son correctas

19) En el Concilio de Calcedonia (451), se aceptó la unión hipostática que expresa el misterio
de la unión de las dos naturalezas (divina y humana) de Cristo en una sola persona, la divina.
Esta definición permite comprender que: Seleccione una:

a. Siguiendo a los Santos Padres que, hay que confesar a un solo y mismo Hijo y Señor nuestro
Jesucristo, “perfecto en la divinidad y perfecto en la humanidad; verdaderamente Dios y
verdaderamente hombre compuesto de alma racional y cuerpo; consubstancial con el Padre
según la divinidad y consubstancial con nosotros según la humanidad, "en todo semejante a
nosotros, excepto en el pecado" (Heb 4,15); nacido del Padre antes de todos los siglos según la
divinidad; y por nosotros y por nuestra salvación, nacido en los últimos tiempos de la Virgen
María, la Madre de Dios, según la humanidad.”

b. Jesús, hijo de Dios es a la vez, hijo de María. Hombre como cualquier hombre y Dios por ser
hijo de Dios. El misterio de la Encarnación, explicita que la naturaleza de Jesús es divina y
humana, que se fusionan en una sola, gracias a la obra del Espíritu Santo.
c. Siguiendo a los Santos Padres que, hay que confesar a un solo y mismo Hijo y Señor nuestro
Señor Jesucristo, “perfecto en la divinidad pero no perfecto en la humanidad; verdaderamente
Dios y hombre común compuesto de un alma divina y cuerpo; consubstancial con el Padre
según la divinidad y similar a nosotros según la humanidad, "en todo semejante a nosotros,
excepto en el pecado" (Heb 4,15), nacido del Padre por nosotros y por nuestra salvación, y a la
vez nacido en los últimos tiempos de la Virgen María, la Madre de Dios.”

20) Santo Tomás explica el misterio de Cristo con los términos de dos personas y una
naturaleza. Seleccione una:

a. Verdadero

b. Falso

21) Dios Hijo...

a. se encarna.

b. coopera en la Encarnación.

c. tiene la iniciativa de la Encarnación

22) Lo característico del Evangelio de Juan es el simbolismo:

a. Remite al misterio.

b. Evoca una realidad del mismo orden.

c. Parte de la experiencia material y remite al presente

23) La Carta de Santiago es:

a. Uno de os escritos más sorprendentes y singulares del Nuevo Testamento.

b. Un escrito práctico que apela al kerigma cristológico.

c. Un escrito neo-testamentario relacionado con el Evangelio de Juan.

24) Para Santo Tomás es conveniente decir que la obra de la encarnación ha sido dispuesta
por Dios como remedio del pecado, de modo que, no existiendo el pecado, no se hubiera
dado la encarnación.

a. Verdadero

b. Falso

25) De acuerdo al teólogo Olegario GONZÁLEZ DE CARDEDAL “el hombre Jesús concebido por
la acción del Espíritu de las entrañas de María, descendiente de David, según la carne, que
vivió en una relación filial con Dios expresada en el término 'abba' y fue constituido Hijo de
Dios en poder según el Espíritu en la resurrección (Rom 1,3-4), es “su Hijo” (Rom 1,3), el
Verbo que estaba con él creando el mundo, Dios como él (Jn 1,1.3)”.

a. Con esta explicación teológica, se condensa lo esencial de la Teología de la Revelación. Así,


interpretando la Sagrada Escritura, el teólogo González de Cardedal, nos introduce al misterio
de la Revelación.
b. Con esta afirmación, el teólogo González de Cardedal nos introduce a la cuestión esencial en
los tratados de Trinidad y Cristología: explicar la íntima relación entre Jesús de Nazaret y las
tres personas divinas, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

c. Con esta afirmación, el teólogo González de Cardedal, nos introduce a la cuestión esencial
de la Pneumatología, esto es, la importancia de la obra del Espíritu Santo en el misterio de la
Encarnación.

26) Con que acontecimiento se inaugura la vida pública de Jesús.

a. Con el Bautismo.

b. Con el milagro de las bodas de Caná.

c. Con la resurrección de su amigo Lázaro.

d. Con su aparición resucitado a Pedro.

27) ¿En qué consiste “la iniciativa del Padre” en la Encarnación?

a. Se inscribe dentro del dinamismo íntimo del misterio de Trinidad. Consiste en el ascenso del
hombre gracias a la ayuda de Jesús, quien enseña al hombre a llegar al hombre a ser Dios.

b. “La iniciativa del Padre” consiste en el deseo de Dios que el hombre, a través de la
enseñanza del Espíritu Santo, funde una Iglesia y acoja la Buena Nueva pregonada por Jesús, su
Hijo.

c. Se inscribe dentro del dinamismo íntimo del misterio de la Trinidad. Consiste una
prolongación “hacia afuera” de la vida trinitaria. Por ello, el Padre envía a su Hijo para
redimirnos y hacernos hijos adoptivos.

28) ¿Cuáles son los tres ambientes vitales?

a. Catequesis, la Iglesia y el apostolado.

b. Culto, adoración y ofertorio.

c. Liturgia, catequesis y misión.

d. Ninguna de las anteriores es correcta.

29) El Misterio Pascual de Jesús abarca los siguientes Misterios de su vida:

a. Pasión, Muerte, Resurrección, Ascensión (Glorificación), Venida del Espíritu Santo.

b. Pasión, Muerte, Resurrección Y glorificación.

c. Nacimiento, Milagros y Resurrección

30) La entrada triunfal en Jerusalén es la única acción mesiánica simbólica que presenta a
Jesús a los ojos del pueblo como el Mesías de Israel.

a. Verdadero

b. Falso

31) La encarnación, ¿obra de qué persona divina es?

a. Exclusivamente del el Hijo.


b. Exclusivamente del Padre.

c. Estrictamente del Espíritu Santo.

d. Estrictamente de la Trinidad.

32) ¿Cómo presenta a Cristo el evangelio de Marcos?

a. Como un hombre enviado por Dios.

b. Como hombre que fue adoptado por Dios Padre.

c. Como mesías y como hijo de Dios.

33) El término kerigma significa alegre mensaje.

a. Verdadero

b. Falso

34) La misión era el ámbito propio donde se proclamaba la Palabra de Dios, se partía el pan,
se oraba, se conferían los sacramentos, se cantaba y aclamaba al Señor.

a. Verdadero

b. Falso

35) La resurrección es:

a. Es un proceso similar al de la reencarnación. La segunda venida de Jesús sería en modo de


reencarnación trinitaria. Por ello, se espera ansiosamente la llegada.

b. Es el nombre cristiano de la inmortalidad del hombre. Es el hombre entero que ha de revivir


transformado en su resurrección, y esta transformación obrada por Dios y con miras a la
consumación del hombre en Dios ha de llevar consigo también la renovación de la creación,
del cosmos entero donde el hombre ahora vive.

c. Es el nombre cristiano de la inmortalidad del hombre. El alma del hombre revivirá en su


resurrección y esta transformación obrada por Dios y se encarnará en otro cuerpo al fin de los
tiempos junto con el cosmos entero.

36) ¿Debido a quien se lleva a cabo el inicio biológico de Jesús?

a. Al Espíritu Santo.

b. A María.

c. A José.

d. A todos juntos.

37) Según los Evangelios de Marcos y Mateo, la acusación de blasfemia se comprende en..

a. …la triple pretensión mesiánica, la de ser el Hijo del Hombre, el juez escatológico y
finalmente, el Hijo de Dios.

b. …la triple pretensión mesiánica de ser el Hijo del hombre, el rey instaurador del Reino de los
cielos y finalmente, el Mesías político esperado.
c. …únicamente por la pretensión de ser Hijo de Dios.

38) ¿Cuál es el centro del kerygma?

a. El misterio pascual.

b. Los milagros de Jesús a lo largo de su vida.

c. El reino de los cielos al cual todos estamos llamados a vivir.

d. Todas las anteriores son correctas.

39) Para SANTO TOMÁS DE AQUINO, la unión de la naturaleza humana con la divina en
Jesucristo es accidental y personal.

a. Verdadero

b. Falso

40) La definición de BOECIO es clave para entender esta explicación del misterio de la
Encarnación

a. Verdadero

b. Falso

41) En el Libro del Apocalipsis a Jesús se le asigna el título de Cordero de Dios que significa:

a. Jesús tiene la supremacía sobre todas las fuerzas del mal.

b. Jesús ha sido inmolado y por medio de su sangre ha rescatado a las naciones.

c. Jesús tiene una realidad trascendente

42) Las tentaciones de Jesús son la prueba de qué aspecto de la relación del Hijo con Dios
Padre:

a. Su entrega por obligación y anulación de la libertad.

b. Jesús no tenía conciencia de lo que estaba pasando.

c. Su obediencia filial.

d. Jesús puede ser tentado porque también pecó.

43) La definición del Concilio de Calcedonia (451), que expresa el misterio de la unión de las
dos naturalezas de Cristo en una sola persona, la divina.

a. Verdadero

b. Falso

44) Quizás el secreto de la Cristología de Pablo pueda estar resumido en pocas palabras:
Seleccione una: (LA PUSE REPETIDA EN LA PREGUNTA 53)

a. “Mi vida es Cristo” (Gál 2,20)

b. “Toda la Escritura está inspirada por Dios” (2 Tim 16)

c. “Cristo fue justificado en el Espíritu y elevado a la Gloria” (1Tim 16)


45) El Misterio pascual de la Cruz y de la Resurrección de Cristo… Seleccione una:

a. …es una parte vital pero no esencial de la Buena Nueva que los apóstoles, y la Iglesia a
continuación de ellos. El mensaje de los apóstoles nos acerca al designio salvador de Dios se ha
cumplirá de “una vez por todas” (Heb 9,26) en la parusía.

b. …está en el centro de la Buena Nueva que los apóstoles, y la Iglesia a continuación de ellos,
deben anunciar al mundo. El designio salvador de Dios se ha cumplido de “una vez por todas”
(Heb. 9,26) por la muerte redentora de su Hijo Jesucristo.”

c. …está en el centro de la Historia del Antiguo Testamento. El designio salvador de Dios se ha


cumplido de “una vez por todas” (Heb. 9,26) desde la Creación hasta la Encarnación.

46) La tradición dogmática descubre en la oración de Jesús al Padre, en el huerto de


Getsemaní: “aparta de mí este cáliz, pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieras tú”…
Seleccione una:

a. …el sí humano de Jesús (su voluntad propiamente humana) a la voluntad salvífica del Padre.

b. …el sí de Jesús como Dios, que se inmola para la redención humana.

c. …la opción de Jesús, a pesar que como Dios no era necesario ya que no puede morir siendo
Dios.

47) ¿Qué parte de la vida de Cristo es ministerio de salvación?

a. Su pasión.

b. Su resurrección.

c. Su ascensión a los cielos, donde reina con el Padre.

d. Toda su vida.

48) Santo Tomás sostiene que “Dios habría podido redimirnos con su omnipotencia en
muchas otras maneras” (S. Theol., III, q. 1, a. 2.). Esto significa que…

a. …Santo Tomás no excluye que hubiera podido encarnarse en la eventualidad que el hombre
no hubiera pecado. Dios, por su omnipotencia, habría podido encarnarse, aunque no hubiera
existido el pecado. Aunque la Sagrada Escritura indique que Dios se hizo hombre para la
redención del hombre, la encarnación podría haberse realizado de acuerdo al beneplácito del
Verbo, sin ayuda de Dios Padre ni del Espíritu Santo.

b. …. Santo Tomás excluye que hubiera podido encarnarse en la eventualidad que el hombre
no hubiera pecado. La voluntad de Dios, notada en la Sagrada Escritura, está supeditada
necesariamente a remediar el pecado del hombre.

c. …Santo Tomás no excluye, en hipótesis, que hubiera podido encarnarse en la eventualidad


que el hombre no hubiera pecado. Dios, de hecho, habría podido encarnarse, aunque no
hubiera existido el pecado. Por eso, es más oportuno decir que la obra de la encarnación ha
sido dispuesta por Dios como remedio del pecado.

49) ¿Porque es importante la encarnación? Seleccione una:

a. Porque por medio de ella fuimos rescatados del pecado.


b. Porque a través de este evento podemos conocer la intimidad de Dios.

c. Porque por medio de ella el Verbo tomo solo la apariencia de un hombre para mostrarnos
como es Dios.

d. Todas las anteriores son correctas.

50) ¿Qué concilio definió la unión de las dos naturalezas de Cristo en una sola persona?
Seleccione una:

a. El Concilio de Florencia.

b. El Concilio Vaticano I.

c. El Concilio de Constantinopla.

d. El Concilio de Calcedonia.

51) ¿Cuantas naturalezas hay en la persona de Cristo? Seleccione una:

a. Una.

b. Dos.

c. Tres.

d. Ninguna, es Dios, no hay naturaleza en El.

52) ¿Porque la Resurrección de Cristo es un acontecimiento trascendente? Seleccione una:

a. Porque es un evento histórico, atestiguado verificado mediante signos y testimonios.

b. Porque trasciende y sobrepasa la historia como misterio de fe.

c. Porque implica la entrada de la humanidad de Cristo en la gloria de Dios.

d. Todas son correctas.

53) Quizás el secreto de la Cristología de Pablo pueda estar resumido en pocas palabras:
Seleccione una:

a. “Mi vida es Cristo” (Gál 2,20)

b. “Toda la Escritura está inspirada por Dios” (2 Tim 16)

c. “Cristo fue justificado en el Espíritu y elevado a la Gloria” (1Tim 16)

54) ¿Cuál fue la obra del Espíritu Santo en el misterio de la Encarnación? Seleccione una:

a. De acuerdo a San Pablo, en la “plenitud de los tiempos” el Espíritu Santo obra para que se
realice la autocomunicación de Dios con la humanización del Hijo de Dios en el seno de la
Virgen María. La obra del Espíritu “que da la vida” alcanza su culmen en el misterio de la
encarnación. El Verbo Eterno se hace carne por obra del Espíritu Santo.

b. El Espíritu Santo, de acuerdo a la Sagrada Escritura, obra en el misterio de la vida de Jesús,


quien, en el Bautismo en el Jordán, reconoce y toma conciencia de su filiación divina (Mt. 3,
17).
c. De acuerdo a San Pablo, en la “plenitud de los tiempos”, el Espíritu Santo, Señor y Dador de
Vida empieza a existir cuando el Verbo Eterno se hace carne, en el seno de María. Por eso, en
la Sagrada Escritura no se hace mención alguna del Espíritu Santo. El misterio de la
Encarnación origina la Tercera Persona de la Trinidad.

55) ¿Qué comprende el misterio pascual de Cristo? Seleccione una:

a. Su nacimiento, vida pública, y los misterios de su pasión.

b. Su pasión, muerte, resurrección y glorificación.

c. Su pasión, resurrección y ascensión a los cielos. d. Su muerte, resurrección y ascensión a los


cielos.

56) Para Santo Tomas de Aquino, ¿cuál es la razón de conveniencia de la encarnación


primera y más importante? Seleccione una:

a. Que Dios pueda conocer a la humanidad para que ella llegue a Él.

b. La reparación del pecado.

c. Mostrar al género humano que Él es Hijo de Dios.

d. Dar cumplimiento a las profecías del Antiguo Testamento.

57) La muerte de Cristo es a la vez el sacrificio pascual que lleva a cabo la redención
definitiva de los hombres. Gracias a la definición de la unión hipostática, se comprende que:
Seleccione una:

a. …por la condición divina del Hijo de Dios, este sacrificio es apto redentor por toda la
humanidad.

b. …sólo por el sufrimiento solidario, y el carácter de muerte heroica lo que hace eficaz este
cruento sacrificio para la salvación.

c. …que Dios no puede morir en la cruz, por esto, lo que muere es sólo una parte de la
humanidad de Jesús.

58) Dios Espíritu Santo... Seleccione una:

a. se Encarna.

b. coopera en la Encarnación.

c. tiene la inicitativa de la Encarnación.

59) La Carta a los Hebreos:

a. Pertenece al género epistolar.

b. Pertenece al género homilético.

c. Pertenece al género sapiencial.

60) Se admiten tres ámbitos en el seno de la comunidad cristiana primitiva: liturgia,


catequesis y misión. Seleccione una:

a. Verdadero
b. Falso

61) [Link]ÁLEZ DE CARDEDAL, la cuestión esencial para los tratados de Trinidad y


cristología es explicar la íntima relación entre Jesús de Nazareth y las tres personas divinas.
Seleccione una:

a. Verdadero

b. Falso

62) En su intento por explicar la Encarnación como acto del Hijo, SANTO TOMÁS DE
AQUINO…

Seleccione una:

a. …afirma que la causa de la Encarnación, por necesidad, fue la reparación del pecado
querida por la justicia divina y que el hombre no estaba en grado de cumplir.
b. …afirma que existen diversas causas de la Encarnación por conveniencia, pero la más
importante fue la reparación del pecado querida por la justicia divina y que el hombre no
estaba en grado de cumplir.
c. …afirma que la causa de la Encarnación, basado en las Escrituras, y sobre todo en el
Evangelio, esta cimentada en el pedido de Jesús en el seno de la vida Trinitaria, para poder
realizar los designios divinos.

63) En el trasfondo de los textos del Nuevo Testamento bien puede entreverse la vida, con
sus aciertos y conflictos, como los ambientes y las comunidades que los han originado.

a. Verdadero.

b. Falso
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Primer Parcial - 28 DE Abril Revisión del intento

Teología II (Universidad Católica de Salta)

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Encuentros Sincrónicos Trabajos Prácticos/Actividades Exámenes Parciales/ Recuperatorio Examen Final Tema 10

Comenzado el viernes, 28 de abril de 2023, 21:07


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Finalizado en viernes, 28 de abril de 2023, 21:55
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Pregunta 1
Finalizado

Puntúa como 2,50

En el Concilio de Calcedonia (451), se aceptó la unión hipostática que expresa el misterio de la unión de las dos naturalezas
(divina y humana) de Cristo en una sola persona, la divina. Esta definición permite comprender que:

Seleccione una:
a. Siguiendo a los Santos Padres que, hay que confesar a un solo y mismo Hijo y Señor nuestro Jesucristo, “perfecto en la
divinidad y perfecto en la humanidad; verdaderamente Dios y verdaderamente hombre compuesto de alma racional y
cuerpo; consubstancial con el Padre según la divinidad y consubstancial con nosotros según la humanidad, "en todo
semejante a nosotros, excepto en el pecado" (Heb 4,15); nacido del Padre antes de todos los siglos según la divinidad; y
por nosotros y por nuestra salvación, nacido en los últimos tiempos de la Virgen María, la Madre de Dios, según la
humanidad.”

b. Jesús, hijo de Dios es a la vez, hijo de María. Hombre como cualquier hombre y Dios por ser hijo de Dios. El misterio de la
Encarnación, explicita que la naturaleza de Jesús es divina y humana, que se fusionan en una sola, gracias a la obra del
Espíritu Santo.

c. Siguiendo a los Santos Padres que, hay que confesar a un solo y mismo Hijo y Señor nuestro Señor Jesucristo, “perfecto
en la divinidad pero no perfecto en la humanidad; verdaderamente Dios y hombre común compuesto de un alma
divina y cuerpo; consubstancial con el Padre según la divinidad y similar a nosotros según la humanidad, "en todo
semejante a nosotros, excepto en el pecado" (Heb 4,15), nacido del Padre por nosotros y por nuestra salvación, y a la
vez nacido en los últimos tiempos de la Virgen María, la Madre de Dios.”

Pregunta 2
Finalizado

Puntúa como 2,50

Dios Hijo...

Seleccione una:
a. se encarna.

b. coopera en la Encarnación.

c. tiene la iniciativa de la Encarnación

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Pregunta 3
Finalizado

Puntúa como 2,50

El Concilio de Calcedonia (453) afirma:

Seleccione una:
a. la persona humana de Cristo.

b. la unión de las naturalezas en una persona.

c. la unidad de lo divino y lo humano concurren a la constitución de una única persona

Pregunta 4
Finalizado

Puntúa como 2,50

Para Santo Tomas de Aquino, ¿cuál es la razón de conveniencia de la encarnación primera y más importante?

Seleccione una:
a. Que Dios pueda conocer a la humanidad para que ella llegue a Él.

b. La reparación del pecado.

c. Mostrar al género humano que Él es Hijo de Dios.

d. Dar cumplimiento a las profecías del Antiguo Testamento.

Pregunta 5
Finalizado

Puntúa como 2,50

El título cristológico “Hijo único de Dios” proclama el papel de mediador único y definitivo de Jesucristo, subrayando su doble
relación con el mundo histórico humano y con Dios.

Seleccione una:
Verdadero

Falso

Pregunta 6
Finalizado

Puntúa como 2,50

La resurrección es la novedad cristiana porque:

Seleccione una:
a. No ocurrió en realidad, sino que es una adición posterior en los Evangelios. Los autores cristianos agregaron estos relatos
para no dejar inconclusa la historia de Jesús.

b. Aunque no responde al problema del mal y la muerte, los Evangelistas tratan de responder de acuerdo a sus
conocimientos filosóficos y teológicos.

c. Es la respuesta última de Dios al misterio del mal, el pecado y la muerte.

[Link] 2/12
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Pregunta 7
Finalizado

Puntúa como 2,50

Quizás el secreto de la Cristología de Pablo pueda estar resumido en pocas palabras:

Seleccione una:
a. “Mi vida es Cristo” (Gál 2,20)

b. “Toda la Escritura está inspirada por Dios” (2 Tim 16)

c. “Cristo fue justificado en el Espíritu y elevado a la Gloria” (1Tim 16)

Pregunta 8
Finalizado

Puntúa como 2,50

Según las opiniones más difundidas, ¿cuál es el evangelio más antiguo de los que actualmente poseemos?

Seleccione una:
a. Mateo

b. Marcos

c. Lucas

d. Juan

Pregunta 9
Finalizado

Puntúa como 2,50

Con que acontecimiento se inaugura la vida pública de Jesús.

Seleccione una:
a. Con el Bautismo.

b. Con el milagro de las bodas de Caná.

c. Con la resurrección de su amigo Lázaro.

d. Con su aparición resucitado a Pedro.

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28/4/23, 21:58 PRIMER PARCIAL - 28 DE ABRIL: Revisión del intento

Pregunta 10
Finalizado

Puntúa como 2,50

Las tentaciones de Jesús, ¿en dónde las podemos ubicar?

Seleccione una:
a. Según el evangelio de Juan, fue tentado toda su vida.

b. Según el Evangelio de Marcos, fue tentado en su misterio pascual.

c. Según los evangelios sinópticos, fue tentado en su vida pública.

d. Todas son correctas.

Pregunta 11
Finalizado

Puntúa como 2,50

Los misterios de la infancia de Jesús son:

Seleccione una:
a. El nacimiento de Jesús y su hallazgo en el Templo.

b. Su vida oculta en Nazaret y el hallazgo en el Templo.

c. El nacimiento, la vida oculta y el hallazgo en el Templo.

Pregunta 12
Finalizado

Puntúa como 2,50

Para Santo Tomás es conveniente decir que la obra de la encarnación ha sido dispuesta por Dios como remedio del pecado,
de modo que, no existiendo el pecado, no se hubiera dado la encarnación.

Seleccione una:
Verdadero

Falso

Pregunta 13
Finalizado

Puntúa como 2,50

¿Porque es importante la encarnación?

Seleccione una:
a. Porque por medio de ella fuimos rescatados del pecado.

b. Porque a través de este evento podemos conocer la intimidad de Dios.

c. Porque por medio de ella el Verbo tomo solo la apariencia de un hombre para mostrarnos como es Dios.

d. Todas las anteriores son correctas.

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Pregunta 14
Finalizado

Puntúa como 2,50

La entrada triunfal en Jerusalén es la única acción mesiánica simbólica que presenta a Jesús a los ojos del pueblo como el
Mesías de Israel.

Seleccione una:
Verdadero

Falso

Pregunta 15
Finalizado

Puntúa como 2,50

El ámbito de la catequesis incluye

a. la tarea de instruir a los iniciados en la fe

b. Compartir la enseñanzas trasmitidas en la Sagrada Escritura, sea en lo concerniente a la vida del Señor como a sus
enseñanzas

c. la misión se llevó a cabo en un doble frente: el judío y el pagano.

d. Todo esto se hacía con la convicción de estar guiados por el Espíritu Santo

e. el ámbito propio donde se proclamaba la Palabra de Dios

Pregunta 16
Finalizado

Puntúa como 2,50

El término kerigma significa alegre mensaje.

Seleccione una:
Verdadero

Falso

Pregunta 17
Finalizado

Puntúa como 2,50

Lo característico del Evangelio de Juan es el simbolismo:

a. Remite al misterio.

b. Evoca una realidad del mismo orden.

c. Parte de la experiencia material y remite al presente.

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Pregunta 18
Finalizado

Puntúa como 2,50

¿De qué habla la teología de la encarnación?

Seleccione una:
a. Habla principalmente de que un hombre es Dios y por eso Dios es hombre.

b. Habla principalmente del nacimiento de Jesús en la persona de María.

c. Habla principalmente de que el amor de Dios por los hombres, a fin de que vino a este mundo.

d. Habla principalmente del estudio del nacimiento de Cristo en relación exclusiva a María y José.

Pregunta 19
Finalizado

Puntúa como 2,50

El Misterio Pascual de Jesús abarca los siguientes Misterios de su vida:

Seleccione una:
a. Pasión, Muerte, Resurrección, Ascensión (Glorificación), Venida del Espíritu Santo.

b. Pasión, Muerte, Resurrección Y glorificación.

c. Nacimiento, Milagros y Resurrección.

Pregunta 20
Finalizado

Puntúa como 2,50

Se admiten tres ámbitos en el seno de la comunidad cristiana primitiva: liturgia, catequesis y misión

Seleccione una:
Verdadero

Falso

Pregunta 21
Finalizado

Puntúa como 2,50

¿En qué consiste “la iniciativa del Padre” en la Encarnación?

Seleccione una:
a. Se inscribe dentro del dinamismo íntimo del misterio de Trinidad. Consiste en el ascenso del hombre gracias a la ayuda
de Jesús, quien enseña al hombre a llegar al hombre a ser Dios.

b. “La iniciativa del Padre” consiste en el deseo de Dios que el hombre, a través de la enseñanza del Espíritu Santo, funde
una Iglesia y acoja la Buena Nueva pregonada por Jesús, su Hijo.

c. Se inscribe dentro del dinamismo íntimo del misterio de la Trinidad. Consiste una prolongación “hacia afuera” de la vida
trinitaria. Por ello, el Padre envía a su Hijo para redimirnos y hacernos hijos adoptivos.

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Pregunta 22
Finalizado

Puntúa como 2,50

El título de Jesús como “Cordero de Dios”, significa que Él es:

Seleccione una:
a. Una imagen querida por Israel, pero que no tiene significación de importancia en los contemporáneos de Jesús.

b. El nuevo y definitivo Éxodo. el Cordero rescata la humanidad entera para hacer de ella un "reino de sacerdotes para
Dios".

c. Un título pero que no designa un obrar en Jesús.

Pregunta 23
Finalizado

Puntúa como 2,50

¿Cuantas naturalezas hay en la persona de Cristo?

Seleccione una:
a. Una.

b. Dos.

c. Tres.

d. Ninguna, es Dios, no hay naturaleza en El.

Pregunta 24
Finalizado

Puntúa como 2,50

¿Cuál fue la obra del Espíritu Santo en el misterio de la Encarnación?

Seleccione una:
a. De acuerdo a San Pablo, en la “plenitud de los tiempos” el Espíritu Santo obra para que se realice la autocomunicación
de Dios con la humanización del Hijo de Dios en el seno de la Virgen María. La obra del Espíritu “que da la vida” alcanza
su culmen en el misterio de la encarnación. El Verbo Eterno se hace carne por obra del Espíritu Santo.

b. El Espíritu Santo, de acuerdo a la Sagrada Escritura, obra en el misterio de la vida de Jesús, quien, en el Bautismo en el
Jordán, reconoce y toma conciencia de su filiación divina (Mt. 3, 17).

c. De acuerdo a San Pablo, en la “plenitud de los tiempos”, el Espíritu Santo, Señor y Dador de Vida empieza a existir
cuando el Verbo Eterno se hace carne, en el seno de María. Por eso, en la Sagrada Escritura no se hace mención
alguna del Espíritu Santo. El misterio de la Encarnación origina la Tercera Persona de la Trinidad.

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28/4/23, 21:58 PRIMER PARCIAL - 28 DE ABRIL: Revisión del intento

Pregunta 25
Finalizado

Puntúa como 2,50

¿Qué comprende el misterio pascual de Cristo?

Seleccione una:
a. Su nacimiento, vida pública, y los misterios de su pasión.

b. Su pasión, muerte, resurrección y glorificación.

c. Su pasión, resurrección y ascensión a los cielos.

d. Su muerte, resurrección y ascensión a los cielos.

Pregunta 26
Finalizado

Puntúa como 2,50

Los principales relatos sobre la vida, obras y palabras de Jesús, los encontramos en los textos que llamamos “Vida de Jesús” o
“Biografía de Jesús”.

Seleccione una:
Verdadero

Falso

Pregunta 27
Finalizado

Puntúa como 2,50

La teología de la encarnación habla del ser y gira en torno al hecho inaudito de que un hombre es Dios y de que Dios es
hombre.

Seleccione una:
Verdadero

Falso

[Link] 8/12
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28/4/23, 21:58 PRIMER PARCIAL - 28 DE ABRIL: Revisión del intento

Pregunta 28
Finalizado

Puntúa como 2,50

La expresión “Yo soy la vid verdadera” de la Cristología de Juan. Expresa lo siguiente:

Seleccione una:
a. Anulación de la categoría del Antiguo Testamento, esto es el Pueblo de Israel como Viña del Señor. No hay más vid que
Jesús.

b. Comprensión cristológica y una concepción acabada del vínculo que existe entre Jesús y el nuevo pueblo de Dios, es
decir la comunidad de sus seguidores.

c. Es una analogía de carácter ilustrativo. No tiene intención alguna de mostrar otros aspectos. Al contrario se han
inventado interpretaciones en clave de unidad y fraternidad de la comunidad de cristianos.

d. Una comprensión solamente cristológica sin más.

Pregunta 29
Finalizado

Puntúa como 2,50

La definición de BOECIO es clave para entender esta explicación del misterio de la Encarnación

Seleccione una:
Verdadero

Falso

Pregunta 30
Finalizado

Puntúa como 2,50

¿Porque la Resurrección de Cristo es un acontecimiento trascendente?

Seleccione una:
a. Porque es un evento histórico, atestiguado verificado mediante signos y testimonios.

b. Porque trasciende y sobrepasa la historia como misterio de fe.

c. Porque implica la entrada de la humanidad de Cristo en la gloria de Dios.

d. Todas son correctas.

Pregunta 31
Finalizado

Puntúa como 2,50

Para SANTO TOMÁS DE AQUINO, la unión de la naturaleza humana con la divina en Jesucristo es accidental y personal.

Seleccione una:
Verdadero

Falso

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28/4/23, 21:58 PRIMER PARCIAL - 28 DE ABRIL: Revisión del intento

Pregunta 32
Finalizado

Puntúa como 2,50

El título cristológico Señor (Kyrios) es solamente una mención de respeto u honorífica.

Seleccione una:
Verdadero

Falso

Pregunta 33
Finalizado

Puntúa como 2,50

[Link]ÁLEZ DE CARDEDAL, la cuestión esencial para los tratados de Trinidad y cristología es explicar la íntima relación entre
Jesús de Nazareth y las tres personas divinas.

Seleccione una:
Verdadero

Falso

Pregunta 34
Finalizado

Puntúa como 2,50

¿Si no hubiese existido el pecado, para Santo Tomas, se hubiese encarnado el Verbo?

Seleccione una:
a. Si, independientemente del pecado el Verbo se hubiese encarnado.

b. Si, ya que estaba pensado en la eternidad del Padre enviar a su hijo.

c. No, es conveniente afirmar que fue dispuesto por Dios como remedio del pecado.

d. Ninguna de las anteriores es correcta.

Pregunta 35
Finalizado

Puntúa como 2,50

¿Qué concilio definió la unión de las dos naturalezas de Cristo en una sola persona?

Seleccione una:
a. El Concilio de Florencia.

b. El Concilio Vaticano I.

c. El Concilio de Constantinopla.

d. El Concilio de Calcedonia.

[Link] 10/12
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28/4/23, 21:58 PRIMER PARCIAL - 28 DE ABRIL: Revisión del intento

Pregunta 36
Finalizado

Puntúa como 2,50

Santo Tomás explica el misterio de Cristo con los términos de dos personas y una naturaleza.

Seleccione una:
Verdadero

Falso

Pregunta 37
Finalizado

Puntúa como 2,50

Dios Padre....

Seleccione una:
a. se encarna.

b. tiene la iniciativa de la Encarnación.

c. coopera en la Encarnación.

Pregunta 38
Finalizado

Puntúa como 2,50

La pretensión mesiánica de Jesús que se descubre en los Evangelios, constituía un delito contra el orden del Imperio Romano.
Este delito era:

Seleccione una:
a. El pretender ser rey era un delito digno de muerte como causa de rebelión. Los saduceos, miembros de la comunidad
judía, acusan de sedición a Jesús ante el procurador romano.

b. El pretender ser rey era un delito pero el Imperio Romano, estableció un respeto por las tradiciones judías. Por eso el
delito que cometió Jesús es no haber respetado la norma impuesta en la Digesta por los romanos.

c. El pretender ser Mesías era un delito contra el Imperio Romano, porque era una afrenta contra la divinidad del
Emperador Romano.

Pregunta 39
Finalizado

Puntúa como 2,50

¿Qué es lo esencial del misterio pascual de Cristo?

Seleccione una:
a. La institución de la Eucaristía, que gracias a ella hacemos memorial de este misterio.

b. La muerte de Cristo en el calvario.

c. La Resurrección de Cristo.

d. El sacrificio de expiación.

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Pregunta 40
Finalizado

Puntúa como 2,50

La encarnación, ¿obra de qué persona divina es?

Seleccione una:
a. Exclusivamente del el Hijo.

b. Exclusivamente del Padre.

c. Estrictamente del Espíritu Santo.

d. Estrictamente de la Trinidad.

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Estado Finalizado
Finalizado en viernes, 28 de abril de 2023, 21:55
Tiempo 47 minutos 47 segundos
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Pregunta 1
Finalizado

Puntúa como 2,50

En el Concilio de Calcedonia (451), se aceptó la unión hipostática que expresa el misterio de la unión de las dos naturalezas
(divina y humana) de Cristo en una sola persona, la divina. Esta definición permite comprender que:

Seleccione una:
a. Siguiendo a los Santos Padres que, hay que confesar a un solo y mismo Hijo y Señor nuestro Jesucristo, “perfecto en la
divinidad y perfecto en la humanidad; verdaderamente Dios y verdaderamente hombre compuesto de alma racional y
cuerpo; consubstancial con el Padre según la divinidad y consubstancial con nosotros según la humanidad, "en todo
semejante a nosotros, excepto en el pecado" (Heb 4,15); nacido del Padre antes de todos los siglos según la divinidad; y
por nosotros y por nuestra salvación, nacido en los últimos tiempos de la Virgen María, la Madre de Dios, según la
humanidad.”

b. Jesús, hijo de Dios es a la vez, hijo de María. Hombre como cualquier hombre y Dios por ser hijo de Dios. El misterio de la
Encarnación, explicita que la naturaleza de Jesús es divina y humana, que se fusionan en una sola, gracias a la obra del
Espíritu Santo.

c. Siguiendo a los Santos Padres que, hay que confesar a un solo y mismo Hijo y Señor nuestro Señor Jesucristo, “perfecto
en la divinidad pero no perfecto en la humanidad; verdaderamente Dios y hombre común compuesto de un alma
divina y cuerpo; consubstancial con el Padre según la divinidad y similar a nosotros según la humanidad, "en todo
semejante a nosotros, excepto en el pecado" (Heb 4,15), nacido del Padre por nosotros y por nuestra salvación, y a la
vez nacido en los últimos tiempos de la Virgen María, la Madre de Dios.”

Pregunta 2
Finalizado

Puntúa como 2,50

Dios Hijo...

Seleccione una:
a. se encarna.

b. coopera en la Encarnación.

c. tiene la iniciativa de la Encarnación

[Link] 1/12
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28/4/23, 21:58 PRIMER PARCIAL - 28 DE ABRIL: Revisión del intento

Pregunta 3
Finalizado

Puntúa como 2,50

El Concilio de Calcedonia (453) afirma:

Seleccione una:
a. la persona humana de Cristo.

b. la unión de las naturalezas en una persona.

c. la unidad de lo divino y lo humano concurren a la constitución de una única persona

Pregunta 4
Finalizado

Puntúa como 2,50

Para Santo Tomas de Aquino, ¿cuál es la razón de conveniencia de la encarnación primera y más importante?

Seleccione una:
a. Que Dios pueda conocer a la humanidad para que ella llegue a Él.

b. La reparación del pecado.

c. Mostrar al género humano que Él es Hijo de Dios.

d. Dar cumplimiento a las profecías del Antiguo Testamento.

Pregunta 5
Finalizado

Puntúa como 2,50

El título cristológico “Hijo único de Dios” proclama el papel de mediador único y definitivo de Jesucristo, subrayando su doble
relación con el mundo histórico humano y con Dios.

Seleccione una:
Verdadero

Falso

Pregunta 6
Finalizado

Puntúa como 2,50

La resurrección es la novedad cristiana porque:

Seleccione una:
a. No ocurrió en realidad, sino que es una adición posterior en los Evangelios. Los autores cristianos agregaron estos relatos
para no dejar inconclusa la historia de Jesús.

b. Aunque no responde al problema del mal y la muerte, los Evangelistas tratan de responder de acuerdo a sus
conocimientos filosóficos y teológicos.

c. Es la respuesta última de Dios al misterio del mal, el pecado y la muerte.

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28/4/23, 21:58 PRIMER PARCIAL - 28 DE ABRIL: Revisión del intento

Pregunta 7
Finalizado

Puntúa como 2,50

Quizás el secreto de la Cristología de Pablo pueda estar resumido en pocas palabras:

Seleccione una:
a. “Mi vida es Cristo” (Gál 2,20)

b. “Toda la Escritura está inspirada por Dios” (2 Tim 16)

c. “Cristo fue justificado en el Espíritu y elevado a la Gloria” (1Tim 16)

Pregunta 8
Finalizado

Puntúa como 2,50

Según las opiniones más difundidas, ¿cuál es el evangelio más antiguo de los que actualmente poseemos?

Seleccione una:
a. Mateo

b. Marcos

c. Lucas

d. Juan

Pregunta 9
Finalizado

Puntúa como 2,50

Con que acontecimiento se inaugura la vida pública de Jesús.

Seleccione una:
a. Con el Bautismo.

b. Con el milagro de las bodas de Caná.

c. Con la resurrección de su amigo Lázaro.

d. Con su aparición resucitado a Pedro.

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28/4/23, 21:58 PRIMER PARCIAL - 28 DE ABRIL: Revisión del intento

Pregunta 10
Finalizado

Puntúa como 2,50

Las tentaciones de Jesús, ¿en dónde las podemos ubicar?

Seleccione una:
a. Según el evangelio de Juan, fue tentado toda su vida.

b. Según el Evangelio de Marcos, fue tentado en su misterio pascual.

c. Según los evangelios sinópticos, fue tentado en su vida pública.

d. Todas son correctas.

Pregunta 11
Finalizado

Puntúa como 2,50

Los misterios de la infancia de Jesús son:

Seleccione una:
a. El nacimiento de Jesús y su hallazgo en el Templo.

b. Su vida oculta en Nazaret y el hallazgo en el Templo.

c. El nacimiento, la vida oculta y el hallazgo en el Templo.

Pregunta 12
Finalizado

Puntúa como 2,50

Para Santo Tomás es conveniente decir que la obra de la encarnación ha sido dispuesta por Dios como remedio del pecado,
de modo que, no existiendo el pecado, no se hubiera dado la encarnación.

Seleccione una:
Verdadero

Falso

Pregunta 13
Finalizado

Puntúa como 2,50

¿Porque es importante la encarnación?

Seleccione una:
a. Porque por medio de ella fuimos rescatados del pecado.

b. Porque a través de este evento podemos conocer la intimidad de Dios.

c. Porque por medio de ella el Verbo tomo solo la apariencia de un hombre para mostrarnos como es Dios.

d. Todas las anteriores son correctas.

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Pregunta 14
Finalizado

Puntúa como 2,50

La entrada triunfal en Jerusalén es la única acción mesiánica simbólica que presenta a Jesús a los ojos del pueblo como el
Mesías de Israel.

Seleccione una:
Verdadero

Falso

Pregunta 15
Finalizado

Puntúa como 2,50

El ámbito de la catequesis incluye

a. la tarea de instruir a los iniciados en la fe

b. Compartir la enseñanzas trasmitidas en la Sagrada Escritura, sea en lo concerniente a la vida del Señor como a sus
enseñanzas

c. la misión se llevó a cabo en un doble frente: el judío y el pagano.

d. Todo esto se hacía con la convicción de estar guiados por el Espíritu Santo

e. el ámbito propio donde se proclamaba la Palabra de Dios

Pregunta 16
Finalizado

Puntúa como 2,50

El término kerigma significa alegre mensaje.

Seleccione una:
Verdadero

Falso

Pregunta 17
Finalizado

Puntúa como 2,50

Lo característico del Evangelio de Juan es el simbolismo:

a. Remite al misterio.

b. Evoca una realidad del mismo orden.

c. Parte de la experiencia material y remite al presente.

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Pregunta 18
Finalizado

Puntúa como 2,50

¿De qué habla la teología de la encarnación?

Seleccione una:
a. Habla principalmente de que un hombre es Dios y por eso Dios es hombre.

b. Habla principalmente del nacimiento de Jesús en la persona de María.

c. Habla principalmente de que el amor de Dios por los hombres, a fin de que vino a este mundo.

d. Habla principalmente del estudio del nacimiento de Cristo en relación exclusiva a María y José.

Pregunta 19
Finalizado

Puntúa como 2,50

El Misterio Pascual de Jesús abarca los siguientes Misterios de su vida:

Seleccione una:
a. Pasión, Muerte, Resurrección, Ascensión (Glorificación), Venida del Espíritu Santo.

b. Pasión, Muerte, Resurrección Y glorificación.

c. Nacimiento, Milagros y Resurrección.

Pregunta 20
Finalizado

Puntúa como 2,50

Se admiten tres ámbitos en el seno de la comunidad cristiana primitiva: liturgia, catequesis y misión

Seleccione una:
Verdadero

Falso

Pregunta 21
Finalizado

Puntúa como 2,50

¿En qué consiste “la iniciativa del Padre” en la Encarnación?

Seleccione una:
a. Se inscribe dentro del dinamismo íntimo del misterio de Trinidad. Consiste en el ascenso del hombre gracias a la ayuda
de Jesús, quien enseña al hombre a llegar al hombre a ser Dios.

b. “La iniciativa del Padre” consiste en el deseo de Dios que el hombre, a través de la enseñanza del Espíritu Santo, funde
una Iglesia y acoja la Buena Nueva pregonada por Jesús, su Hijo.

c. Se inscribe dentro del dinamismo íntimo del misterio de la Trinidad. Consiste una prolongación “hacia afuera” de la vida
trinitaria. Por ello, el Padre envía a su Hijo para redimirnos y hacernos hijos adoptivos.

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Pregunta 22
Finalizado

Puntúa como 2,50

El título de Jesús como “Cordero de Dios”, significa que Él es:

Seleccione una:
a. Una imagen querida por Israel, pero que no tiene significación de importancia en los contemporáneos de Jesús.

b. El nuevo y definitivo Éxodo. el Cordero rescata la humanidad entera para hacer de ella un "reino de sacerdotes para
Dios".

c. Un título pero que no designa un obrar en Jesús.

Pregunta 23
Finalizado

Puntúa como 2,50

¿Cuantas naturalezas hay en la persona de Cristo?

Seleccione una:
a. Una.

b. Dos.

c. Tres.

d. Ninguna, es Dios, no hay naturaleza en El.

Pregunta 24
Finalizado

Puntúa como 2,50

¿Cuál fue la obra del Espíritu Santo en el misterio de la Encarnación?

Seleccione una:
a. De acuerdo a San Pablo, en la “plenitud de los tiempos” el Espíritu Santo obra para que se realice la autocomunicación
de Dios con la humanización del Hijo de Dios en el seno de la Virgen María. La obra del Espíritu “que da la vida” alcanza
su culmen en el misterio de la encarnación. El Verbo Eterno se hace carne por obra del Espíritu Santo.

b. El Espíritu Santo, de acuerdo a la Sagrada Escritura, obra en el misterio de la vida de Jesús, quien, en el Bautismo en el
Jordán, reconoce y toma conciencia de su filiación divina (Mt. 3, 17).

c. De acuerdo a San Pablo, en la “plenitud de los tiempos”, el Espíritu Santo, Señor y Dador de Vida empieza a existir
cuando el Verbo Eterno se hace carne, en el seno de María. Por eso, en la Sagrada Escritura no se hace mención
alguna del Espíritu Santo. El misterio de la Encarnación origina la Tercera Persona de la Trinidad.

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Pregunta 25
Finalizado

Puntúa como 2,50

¿Qué comprende el misterio pascual de Cristo?

Seleccione una:
a. Su nacimiento, vida pública, y los misterios de su pasión.

b. Su pasión, muerte, resurrección y glorificación.

c. Su pasión, resurrección y ascensión a los cielos.

d. Su muerte, resurrección y ascensión a los cielos.

Pregunta 26
Finalizado

Puntúa como 2,50

Los principales relatos sobre la vida, obras y palabras de Jesús, los encontramos en los textos que llamamos “Vida de Jesús” o
“Biografía de Jesús”.

Seleccione una:
Verdadero

Falso

Pregunta 27
Finalizado

Puntúa como 2,50

La teología de la encarnación habla del ser y gira en torno al hecho inaudito de que un hombre es Dios y de que Dios es
hombre.

Seleccione una:
Verdadero

Falso

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28/4/23, 21:58 PRIMER PARCIAL - 28 DE ABRIL: Revisión del intento

Pregunta 28
Finalizado

Puntúa como 2,50

La expresión “Yo soy la vid verdadera” de la Cristología de Juan. Expresa lo siguiente:

Seleccione una:
a. Anulación de la categoría del Antiguo Testamento, esto es el Pueblo de Israel como Viña del Señor. No hay más vid que
Jesús.

b. Comprensión cristológica y una concepción acabada del vínculo que existe entre Jesús y el nuevo pueblo de Dios, es
decir la comunidad de sus seguidores.

c. Es una analogía de carácter ilustrativo. No tiene intención alguna de mostrar otros aspectos. Al contrario se han
inventado interpretaciones en clave de unidad y fraternidad de la comunidad de cristianos.

d. Una comprensión solamente cristológica sin más.

Pregunta 29
Finalizado

Puntúa como 2,50

La definición de BOECIO es clave para entender esta explicación del misterio de la Encarnación

Seleccione una:
Verdadero

Falso

Pregunta 30
Finalizado

Puntúa como 2,50

¿Porque la Resurrección de Cristo es un acontecimiento trascendente?

Seleccione una:
a. Porque es un evento histórico, atestiguado verificado mediante signos y testimonios.

b. Porque trasciende y sobrepasa la historia como misterio de fe.

c. Porque implica la entrada de la humanidad de Cristo en la gloria de Dios.

d. Todas son correctas.

Pregunta 31
Finalizado

Puntúa como 2,50

Para SANTO TOMÁS DE AQUINO, la unión de la naturaleza humana con la divina en Jesucristo es accidental y personal.

Seleccione una:
Verdadero

Falso

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Pregunta 32
Finalizado

Puntúa como 2,50

El título cristológico Señor (Kyrios) es solamente una mención de respeto u honorífica.

Seleccione una:
Verdadero

Falso

Pregunta 33
Finalizado

Puntúa como 2,50

[Link]ÁLEZ DE CARDEDAL, la cuestión esencial para los tratados de Trinidad y cristología es explicar la íntima relación entre
Jesús de Nazareth y las tres personas divinas.

Seleccione una:
Verdadero

Falso

Pregunta 34
Finalizado

Puntúa como 2,50

¿Si no hubiese existido el pecado, para Santo Tomas, se hubiese encarnado el Verbo?

Seleccione una:
a. Si, independientemente del pecado el Verbo se hubiese encarnado.

b. Si, ya que estaba pensado en la eternidad del Padre enviar a su hijo.

c. No, es conveniente afirmar que fue dispuesto por Dios como remedio del pecado.

d. Ninguna de las anteriores es correcta.

Pregunta 35
Finalizado

Puntúa como 2,50

¿Qué concilio definió la unión de las dos naturalezas de Cristo en una sola persona?

Seleccione una:
a. El Concilio de Florencia.

b. El Concilio Vaticano I.

c. El Concilio de Constantinopla.

d. El Concilio de Calcedonia.

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Pregunta 36
Finalizado

Puntúa como 2,50

Santo Tomás explica el misterio de Cristo con los términos de dos personas y una naturaleza.

Seleccione una:
Verdadero

Falso

Pregunta 37
Finalizado

Puntúa como 2,50

Dios Padre....

Seleccione una:
a. se encarna.

b. tiene la iniciativa de la Encarnación.

c. coopera en la Encarnación.

Pregunta 38
Finalizado

Puntúa como 2,50

La pretensión mesiánica de Jesús que se descubre en los Evangelios, constituía un delito contra el orden del Imperio Romano.
Este delito era:

Seleccione una:
a. El pretender ser rey era un delito digno de muerte como causa de rebelión. Los saduceos, miembros de la comunidad
judía, acusan de sedición a Jesús ante el procurador romano.

b. El pretender ser rey era un delito pero el Imperio Romano, estableció un respeto por las tradiciones judías. Por eso el
delito que cometió Jesús es no haber respetado la norma impuesta en la Digesta por los romanos.

c. El pretender ser Mesías era un delito contra el Imperio Romano, porque era una afrenta contra la divinidad del
Emperador Romano.

Pregunta 39
Finalizado

Puntúa como 2,50

¿Qué es lo esencial del misterio pascual de Cristo?

Seleccione una:
a. La institución de la Eucaristía, que gracias a ella hacemos memorial de este misterio.

b. La muerte de Cristo en el calvario.

c. La Resurrección de Cristo.

d. El sacrificio de expiación.

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Pregunta 40
Finalizado

Puntúa como 2,50

La encarnación, ¿obra de qué persona divina es?

Seleccione una:
a. Exclusivamente del el Hijo.

b. Exclusivamente del Padre.

c. Estrictamente del Espíritu Santo.

d. Estrictamente de la Trinidad.

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Preguntero Teologia 2 Revisado

Teología II (Universidad Católica de Salta)

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PREGUNTERO TEOLOGÍA II REVISADO

1) EL CONCILIO VATICANO 2 ENSEÑA: POR EL NOMBRE DE LAICOS SE ENTIENDE QUI TODOS


LOS FIELES CRISTIANOS, A EXCEPCION DE LOS MIEMBROS QUE HAN RECIBIDO UN ORDEN
SAGRADO, Y LOS QUE ESTAN EN ESTADO RELIGIOSO RECONOCIDO POR LA IGLESIA, ES
DECIR, LOS FIELES CRISTIANOS QUE POR ESTAR INCORPORADOS A CRISTO MEDIANTE EL
BAUTISMO CONSTITUIDOS EN EL PUEBLO DE DIOS Y HECHOS PARTICIPES…
2) LA TRADICION Y EN ESPECIAL LA ESCOLASTICA, FUERON DELIMITANDO EL NÚMERO DE LOS
“DONES DEL ESPIRITU SANTO A: SIETE DONES DE ACUERDO A LS. 11,2-4. ESTOOS DONES
SON: DON DE CONSEJO, DON DE SABIDURIA, DON DE ENTENDIMIENTO, DON DE PIEDAD,
DON DE FORTALEZA, DONDE CIENCIA, DON DE TEMOR DE DIOS.
3) ¿Qué ES EL BAUTISMO? EL INGRESO A LA VIDA NUEVA EN CRISTO Y A LA IGLESIA.
4) ¿Qué SIGNIFICA QUE EL BAUTISMO OTORGA PARTICIPACION EN EL SACERDOCIO DE
CRISTO?
Esto es, el derecho y la obligación de continuar la misión salvadora y sacerdotal del Redentor.
Por el carácter el cristiano es mediador entre Dios y los hombres: eleva hasta Dios las cosas del
mundo y da a los hombres las cosas de Dios. Esta participación es doble:
Así lo resume el Decreto sobre el apostolado de los seglares. AC 2: “la vocación cristiana es,
por su misma naturaleza, vocación al apostolado”. Ver también, LG 31 y 33.
El Bautismo, por lo tanto: posibilita la santificación de las realidades temporales con el
ejercicio del apostolado, y faculta para recibir los demás sacramentos.
El Bautismo es absolutamente necesario para salvarse, de acuerdo a las palabras del Señor: "El
que creyere y se bautizare, se salvará" (Mc. 16,16). El Concilio de Trento definió: "Si alguno
dijere que el bautismo es libre, es decir, no necesario para la salvación, sea anatema" (Dz.
861). "El bautismo, puerta de los sacramentos, cuya recepción de hecho o al menos de deseo
es necesaria para salvarse..." (cfr. C.I.C 849).
Enseña el Magisterio de la Iglesia que “Es capaz de recibir el bautismo todo ser humano no
bautizado, y sólo él” (cfr. C.I.C 864), sea adulto o niño.
5) PARA CELEBRAR EL MATRIMONIO, ¿ES NECESARIA LA LIBERTAD?
El matrimonio no fue instituido ni establecido por obra de los hombres, sino por obra de Dios;
que fue protegido, confirmado y elevado no con leyes de los hombres, sino del Autor mismo
de la naturaleza, Dios, y del Restaurador de la misma naturaleza, Cristo Señor; le-yes, por
tanto, que no pueden estar sujetas al arbitrio de los hombres, ni siquiera al acuerdo contrario
de los mismos cónyuges (PÍO XI, Encíclica. Casti connubii, 31-XII-1930: Dz. 2225).
Los protagonistas de la alianza matrimonial son un hombre y una mujer bautizados, libres
para contraer matrimonio y que expresan libremente su consentimiento. ‘Ser libre’ quiere
decir:
- no obrar por coacción;
- no estar impedido por una ley natural o eclesiástica (cfr. Cat.I.C 1625).
La asistencia del sacerdote tiene la categoría de un testigo calificado, y es im-prescindible por
exigirlo así el Derecho de la Iglesia (cfr. Cat.I.C 1108).

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6) ¿Quiénes SON LOS EXÉGELAS? PERSONAS QUE SE DEDICAN A INTERPRETAR LOS TEXTOS DE
LA BIBLIA, DEBIDO A QUE EL LENGUAJE QUE UTILIZA REQUIERE UNA EXPLICACION
7) ¿Por qué JESUCRISTO ES SACRAMENTO ORIGINAL? PORQUE EN SU HUMANIDAD ES
ACCESO UNICO A LOS HOMBRES A LA SALVACION
8) ¿PARA QUE EXISTE LA IGLESIA?
LA IGLESIA HA SIDO QUERIDA POR DIOS PARA LA SALVACIÓN DE LOS HOMBRES, DE CADA UNO
DE LOS HOMBRES. “NACIDA DEL AMOR DEL PADRE ETERNO, FUNDADA EN EL TIEMPO POR
CRISTO REDENTOR, REUNIDA EN EL ESPÍRITU SANTO, LA IGLESIA TIENE UNA FINALIDAD
ESCATOLÓGICA Y DE SALVACIÓN, QUE SÓLO EN EL SIGLO FUTURO PODRÁ ALCANZAR
PLENAMENTE” (GS 40). TODO EN LA IGLESIA SE DIRIGE A ESE FIN.
Confesamos en el Credo que Jesucristo bajó del cielo “por nosotros los hombres y por nuestra
salvación”. Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre, es el único redentor del hombre: “en ningún
otro hay salvación” (cfr. Hech 4,12). Y Él se sirve de la Igle-sia como instrumento de la
redención universal.
La Iglesia no se entiende sin Cristo, que la fundó para perpetuar en la historia su misión. La
Iglesia es, por eso, “sacramento universal de salvación” (LG 48), es de-cir, signo eficaz y real de
la acción redentora de Cristo entre todos los hombres has-ta el final de los siglos. La Iglesia
salva, en definitiva, en cuanto que es portadora en plenitud de los poderes y medios de
santificación con que Cristo la dotó.
El fin salvífico de la Iglesia se caracteriza por ser sobrenatural, inalterable, perpetuo y
universal.250
- SOBRENATURAL: conseguir la salvación está por encima de las fuerzas del hombre, al que
sólo con la ayuda de la gracia divina le es posible alcanzarla. La salvación sólo puede provenir
de Dios. Aunque el deseo de salvación anida en el corazón del hombre junto al de una felicidad
imperecedera, ambos en realidad no deben confundirse ni equipararse entre sí. El hombre
tiene la posibilidad de col-mar sus anhelos de bienaventuranza eterna, saciándolos de un
modo insospe-chado, infinito, divino.
- INALTERABLE: cambiar el fin de la Iglesia sería pervertirla y desnaturalizarla, pe-ro esa
posibilidad escapa al poder del hombre y Dios no muda sus planes eternos. Nada se entiende
de la Iglesia si no se considera la necesidad que tiene el hom-bre de ser salvado, más allá del
tiempo y del espacio.
- PERPETUO: durará hasta la consumación de los siglos, lo que sabemos por la promesa que
Cristo hizo a la Iglesia de permanecer siempre con ella: … “Y yo es-taré siempre con ustedes
hasta el fin del mundo” (Mt 28,20).
- UNIVERSAL: en la Iglesia, Dios ofrece la salvación a todos los hombres, sin que ninguno esté
de antemano excluido de alcanzarla: “Entonces les dijo: Vayan por todo el mundo, anuncien la
Buena Noticia a toda la creación” (Mc 16,15).
9) LAS IMÁGENES DE DIOS SON RESULTADO DE PROYECCIONES DEL HOMBRE. VERDADERO.
PORQUE EL HOMBRE SIEMPRE TIENDE A MOLDEARLO A SU PARECER
10) CRISTO INSTITUYÓ UNA ESCRITURA JERÁRQUUICA Y MINISTRIAL DE LA IGLESIA, FORMADA
POR LOS APOSTOLES Y SUS SUCESORES

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ESTRUCTURA QUE NO DERIVA DE UNA ANTERIOR COMUNIDAD YA CONSTITUIDA, SINO


QUE FUE CREADA DIRECTAMENTE POR ÉL. LOS APÓSTOLES FUERON, A LA VEZ, LAS
SEMILLAS DEL NUEVO ISRAEL Y EL ORIGEN DE LA SAGRADA JERARQUÍA. DICHA
ESTRUCTURA PERTENECE, POR CONSIGUIENTE, A LA NATURALEZA MISMA DE LA IGLESIA,
SEGÚN EL DESIGNIO DIVINO REALIZADO POR JESÚS. SEGÚN ESTE MISMO DESIGNIO, ESA
ESTRUCTURA DESEMPEÑA UN PAPEL ESENCIAL EN TODO EL DESARROLLO DE LA
COMUNIDAD CRISTIANA, DESDE EL DÍA DE PENTECOSTÉS HASTA EL FIN DE LOS TIEMPOS,
CUANDO EN LA JERUSALÉN CELESTIAL TODOS LOS ELEGIDOS PARTICIPEN PLENAMENTE DE
LA “VIDA NUEVA POR TODA LA ETERNIDAD”.

11) SI CRISTO ES EL SACRAMENTO ORIGINAL, ENTONCES AFIRMAMOS: QUE EL ORIGEN DE


TODO SACRAMENTO ES CRISTO. TODOS LOS SACRAMENTOS PROVIENEN DE JESUS, PUES EL
LOS HA INSTITUIDO Y TAMBIEN….
12) ¿EXISTE UNA COMBIINACION ENTRE FE Y SABER? HAY COMBINACION, PERO SOLO HASTA
EL PUNTO EN EL QUE EL SABER NO PUEDE EXPLICAR LA FE
13) EL TERMINO “MYSTERION” Y SU EQUIVALENTE “SACRAMENTUM” DESIGNANEN EL
LENGUAJE TEOLOGICO DE LA IGLESIA. LOS RITOS CRISTIANOS
14) ¿ESTA DIOS MAS ALLA DE LO QUE PODEMOS PENSAR? SI, POR ESO NUNCA
TERMINAREMOS DE ENTENDERLO
15) ¿EN QUE SENTIDO EL SACRAMENTO ES EFICAZ? CADA SACRAMENTO COMUNICA O
CONFIERE LA GRACIA DE DIOS A QUIEN LO RECIBE, SIEMPRE QUE NO PONGA OBSTACULO,
ES DECIR QUE TENGA INTENCION DE RECIBIR EL SACRAMENTO. SIGNIFICA QUE TIENE FE.
16) DESDE EL PUNTO DE VISTA BIBLICO “MYSTERION” O SACRAMENTOS SON: SON SIGNOS Y
PRODIGIOS QUE REALIZAN LA VOLUNTAD DIVINA PARA QUE TODOS LOS HOMBRES SE
SALVEN POR MEDIO DE LA IGLESIA. ACTUALIZANDO EL SIGNO Y PRODIGIO FUNDAMENTAL:
CRISTO EN SU ENCARNACION, MUERTE Y RESURRECCION.
17) CRISTO, SACRAMENTO “POR LA CALIDAD DE SUS OBRAS” SIGNIFICA: DAN LA SALVACIÓN.
18) LA IGLESIA ES “SANTA” PORQUE: TODAS SON VERDADERAS
La presencia del Espíritu Santo en la Iglesia hace que ella, aunque esté marcada por el pecado
de sus miembros, se preserve de la defección. En efecto la santidad no sólo substituye al
pecado, sino que lo supera. También en este sentido se puede decir con san Pablo que donde
abunda el pecado, sobreabunda la gracia (cfr. Rom 5,20). La santidad de la Iglesia es la
expresión de su unidad con Cristo en un mis-mo Espíritu. El Espíritu de Cristo, presente en la
Iglesia, su Cuerpo, libera a la Igle-sia del espíritu del mundo. El Espíritu suscita en la Iglesia y en
cada uno de sus miembros la santidad, uniéndolos a Cristo crucificado y resucitado. Es la
santidad que no viene de nosotros, de las obras de la carne, sino del Padre, que en su Hijo nos
hace partícipes de su santidad, infundiéndonos su Espíritu.
El Concilio puso de relieve la estrecha relación que existe en la Iglesia entre el don del Espíritu
Santo y la vocación y aspiración de los fieles a la santidad: “Pues Cris-to, el Hijo de Dios, que
con el Padre y el Espíritu Santo es proclamado “el único santo”, amó a la Iglesia como a su
esposa, entregándose a sí mismo por ella para santificarla (Ef 5,25-26), la unió a sí como su
propio cuerpo y la enriqueció con el don del Espíritu Santo para gloria de Dios. Por ello, en la

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Iglesia, todos están llama-dos a la santidad. Esta santidad de la Iglesia se manifiesta y sin cesar
debe mani-festarse en los frutos de la gracia que el Espíritu Santo produce en los fieles. Se
expresa multiformemente en cada uno de los que, con edificación de los demás, se acercan a
la perfección de la caridad en su propio género de vida” (LG 39).
La Iglesia se nutre de dos mesas: la Palabra y la Eucaristía (cfr. DV 21; SC 48; PO 18; PC 6). Pero,
según san JERÓNIMO, “para que se dé fruto de santidad en la ac-tualización en nuestras vidas
del misterio de Cristo en la Palabra y en la Eucaristía, es preciso invocar al Espíritu Santo”
(Mich 1,10-15). Porque la Iglesia es santa, a sus miembros se les llama “santos” (Rom 12,13;
1Cor 1,2; 6,12; 14,33; Flp 1,1; 4,21-22; Col 1,1.4; Ef 4,12; Hch 9,13.32.41; 26,10.18; Ap 13,7),
“sacerdocio santo, nación santa” (1Pe 2, 5-9), “templo santo” (Ef 2, 21). Santo Tomás, en su
comentario del Credo, explica: “La Iglesia de Cristo es santa. El tem-plo de Dios es santo y este
templo son ustedes (1Cor 3, 17). De ahí la expresión “santa Iglesia”.
Los fieles de esta santa asamblea son hechos santos por cuatro títulos.
- En primer lugar, así como una Iglesia es lavada materialmente en su consagra-ción, los fieles
son lavados con la sangre de Cristo: “El que nos ama y que nos lavó nuestros pecados con su
sangre” (Ap 1,5). “Jesús para santificar al pueblo por su propia sangre...” (Heb 13,12).
- En segundo lugar, por una unción: de la misma manera que la Iglesia recibe una unción, los
fieles son ungidos para ser consagrados por una unción espiritual; de otro modo no serían
cristianos, porque Cristo significa ungido. Esta unción es la gracia del Espíritu Santo: “Dios es
quien nos da la unción” (2Cor 1,21); “Habéis si-do santificados en el nombre del Señor
Jesucristo y por el Espíritu de nuestro Dios” (1Cor 6,11).
- En tercer lugar, por la inhabitación de la Trinidad; porque allí donde Dios habita, es lugar
santo: “verdaderamente, este lugar es santo”; “a tu casa conviene la san-tidad” (Sal 92,5).
- En cuarto lugar, porque Dios es invocado: “Tú estás entre nosotros, Señor, y tu nombre ha
sido invocado sobre nosotros” (Jr 14,9). Es preciso, pues, vigilar para que, así santificados, no
mancillemos, por el pecado, nuestra alma que es el tem-plo de Dios. El Apóstol dice: “Al que
destruya el templo de Dios, Dios lo destruirá a él” (Credo in Deum, art. IX).235
19) ¿PARA QUE EXISTE LA IGLESIA? Repetida Pregunta 8
20) LA EXPERIENCIA RELIGIOSA Y ESPERITUAL CRISTIANA TIENE ALGUNOS RASGOS
CARACTERISTICOS Y ESPECIFICOS. ESTOS SON:
“Ante todo hay que destacar un hecho de evidencia inmediata: en el centro de la vida de la
comunidad cristiana, como razón y fundamento del modo de pensar, de valorar y de elegir, y
de las mismas relaciones entre los bautizados, está la relación personal y vital con Jesús,
acogido e invocado como Cristo y Señor. En segundo lugar... las fórmulas cristológicas, los
modelos o esquemas religiosos y culturales, los títulos o símbolos en que se expresa la fe de
las primeras comunidades cristianas, nacieron y maduraron dentro del cauce de la gran
tradición bíblica. Pero el lugar generador de esta fe es el mismo Jesús con su acción o palabra
histórica, con la autoridad y la fuerza religiosa de su persona, que se hacen verdad en su
autodonación suprema, la muerte de cruz”.166
Al igual que cualquier otro personaje del pasado, es imposible llegar a Jesús, re-conocido y
proclamado como el Cristo en la primera comunidad cristiana, más que a partir de las fuentes
o documentos que hablen de Él, de su personalidad, de su mensaje, de su acción, de su misión,

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de sus gustos, de sus expectativas... pero, por no ser un “personaje cualquiera”, su Persona
supera todo lo que de Él se pueda decir o escribir. Nunca podremos ser exhaustivos del
misterio de este hombre-Dios. Pero lo importante, no es sólo conocerlo, y fundamentalmente
a partir de las fuentes bíblicas que sin duda son las más genuinas, sino sobre todo, prestarle
personal adhesión: poder dar esa respuesta, como lo hizo Pedro, que Cristo espera de cada
cristiano.
21) ¿ES EL BAUTISMO ABSOLUTAMENTE NECESARIO PARA SALVARSE?
SI, El Bautismo es absolutamente necesario para salvarse, de acuerdo a las palabras del Señor:
"El que creyere y se bautizare, se salvará" (Mc. 16,16). El Concilio de Trento definió: "Si alguno
dijere que el bautismo es libre, es decir, no necesario para la salvación, sea anatema" (Dz.
861). "El bautismo, puerta de los sacramentos, cuya recepción de hecho o al menos de deseo
es necesaria para salvarse..." (cfr. C.I.C 849).
Enseña el Magisterio de la Iglesia que “Es capaz de recibir el bautismo todo ser humano no
bautizado, y sólo él” (cfr. C.I.C 864), sea adulto o niño.
22) EN HECHOS DE LOS APOSTOLES LA ACCION DEL ESPIRITU, EN LA VIDA DE LA COMUNIDAD
SE MANIFIESTA POR MEDIO DE LOS MOMENTOS FUNDAMENTALES DE LA FRATERNIDAD
CRISTIANA.
23) LA IGLESIA ES CATOLICA PORQUE ESTÁ FUNDADA SOBRE LOS APÓSTOLES, Y ESTO EN UN
TRIPLE SENTIDO:
- Fue y permanece edificada sobre “el fundamento de los apóstoles” (cfr. Hch 21, 14; Ef 2,20;),
testigos escogidos y enviados en misión por el mismo Cristo (cfr. Mt 28,16-20; Hch 1,8; 1 Cor
9,1; 15,7-8; Gal 1,l).
- Guarda y transmite, con la ayuda del Espíritu Santo que habita en ella, la ense-ñanza (cfr. Hch
2,42), el buen depósito, las sanas palabras oídas a los apóstoles (cfr. 2 Tm 1,13-14).
- Sigue siendo enseñada, santificada y dirigida por los apóstoles hasta la vuelta de Cristo
gracias a aquellos que les suceden en su ministerio pastoral: el colegio de los obispos, “a los
que asisten los presbíteros juntamente con el sucesor de Pedro y Sumo Pastor de la Iglesia”
(AG 5): “Porque no abandonas nunca a tu rebaño, sino que, por medio de los santos pastores,
los proteges y conservas, y quieres que tenga siempre por guía la palabra de aquellos mismos
pastores a quienes tu Hijo dio la misión de anunciar el Evangelio” (Misal Romano, Prefacio de
los após-toles).
Jesús es el enviado del Padre. Desde el comienzo de su ministerio, “llamó a los que él quiso, y
vinieron donde él. Instituyó Doce para que estuvieran con él y para enviar-los a predicar” (Mc
3,13-14). Desde entonces, serán sus “enviados” (es lo que signifi-ca la palabra griega
apostoloi). En ellos continúa su propia misión: “Como el Padre me envió, también yo os envío”
(Jn 20,21). Por tanto, su ministerio es la continuación de la misión de Cristo, El mismo dice a
los Doce: “El que los recibe a ustedes, me recibe a mi, y el que me recibe a mí, recibe al que
me envió” (Mt 10,40; Lc 10,16).
Jesús los asocia a su misión recibida del Padre: como “el Hijo no puede hacer nada por su
cuenta” (cfr. Jn 5,19.30), sino que todo lo recibe del Padre que le ha enviado, así, aquellos a
quienes Jesús envía no pueden hacer nada sin Él (cfr. Jn 15,5) de quien reciben el encargo de la
misión y el poder para cumplirla. Los apóstoles de Cristo saben por tanto que están calificados

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por Dios como “ministros de una nueva alianza” (2 Co 3,6), “ministros de Dios” (2 Co 6,4),
“embajadores de Cristo” (2 Co 5,20), “servidores de Cristo y administradores de los misterios
de Dios” (1 Co 4,1).
En el encargo dado a los apóstoles hay un aspecto intransmisible: ser los testigos elegidos de la
Resurrección del Señor y los fundamentos de la Iglesia. Pero hay también un aspecto
permanente de su misión. Cristo les ha prometido permanecer con ellos hasta el fin de los
tiempos (cfr. Mt 28,20). “Esta misión divina confiada por Cristo a los apóstoles tiene que durar
hasta el fin del mundo, pues el Evangelio que tienen que transmitir es el principio de toda la
vida de la Iglesia. Por eso los apósto-les se preocuparon de instituir sucesores” (LG 20).
La Iglesia es una, santa, católica y apostólica en su identidad profunda y última, porque en ella
existe ya y será consumado al fin de los tiempos “el Reino de los cielos”, “el Reino de Dios” (Ap
19,6), que ha venido en la persona de Cristo y que crece misteriosamente en el corazón de los
que le son incorporados hasta su plena manifestación escatológica. Entonces todos los
hombres rescatados por él, hechos en él “santos e inmaculados en presencia de Dios en el
Amor” (Ef 1,4), serán reuni-dos como el único Pueblo de Dios, “la Esposa del Cordero” (Ap
21,9), “la Ciudad Santa que baja del Cielo junto a Dios y tiene la gloria de Dios” (Ap 21,10-11); y
“la muralla de la ciudad se asienta sobre doce piedras, que llevan los nombres de los doce
apóstoles del Cordero” (Ap 21,14).
24) LA IGLESIA ES “UNA” PORQUE:
-Puesto que el apóstol Pedro para evitar las disputas decidió reunir todas las Iglesias en una.
-La Iglesia es una a pesar de haber muchas iglesias debido a que tienen un gobierno común.
-Es una debido a que por que su Fundador, le dio pleno poder de unificar políticamente y
religiosamente su apóstol Pedro.
TODAS SON FALSAS
25) EL SUJETO DEL SACRAMENTO DE LA EUCARISTIA ES:
El sujeto de la recepción de la Eucaristía es todo bautizado es sujeto capaz de recibir
válidamente la Eucaristía, aunque se trate de un niño (Concilio de Trento. Cfr DZ 893). Para la
recepción lícita o fructuosa se requiere: el estado de gracia, y la intención recta, buscando la
unión con Dios y no por otras razones.
26) CREER RELIGIOSAMENTE NO ES ENTRAR EN DIALOGO
27) ¿PUEDE HABLARSE DE LA VIDA COMO UN PROYECTO SIN TERMINAR? SI, SOMOS LIBRES Y
CAPACES DE CAMBIAR NUESTRO DESTINO
28) TRES IMÁGENES DE LAS TANTAS QUE LA SAGRADA ESCRITURA, NOS PRESENTA: ESTAS
IMÁGENES SON EL CUERPO MISTICO DE CRISTO, PUEBLO DE DIOS Y TEMPLO DEL ESPIRITU
SANTO.
29) ENTRE LOS VARIOS SIMBOLOS QUE SOBRE TODO LA SAGRADA ESCRITURA NOS OFRECE
COMO REPRESENTANCIONES DEL ESPIRITU SANTO, ESTA: 1 VIENTO: SIMBOLO DEL
ESPIRITU QUE CONDUCE Y MUEVE A LOS HOMBRES. CONDUCE A JESUS AL DESIERTO, LO
DEVUELVE A GALILEA, LO ENVIA A LA MISION DE LA QUE BROTA LA IGLESIA.
30) ¿Cuál ES LA DEFINICION DE LOS SIETE SACRAMENTOS? SIGNOS SENSIBLES Y EFICACES
INSTITUIDOS POR JESUS, ADMINISTRADOS POR LA IGLESIA Y QUE CAUSAN LA GRACIA.

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31) ¿Cuál DE LOS SIGUIENTES TEXTOS ES UNO DE LOS TEXTOS FUNDAMENTALES DE LA


PNEUMATOLOGIA PAULINA? ROM. 8,9-16.

32) ¿Qué SIGNIFICA UNA OPINION DE SENTIDO? UNA CUESTION HUMANA FUNDAMENTAL.
SE LA PUEDE ACEPTAR O NEGAR. PERO NO DEJA DE ESTAR ALLI.
33) ¿Qué ES LA INCULTURACION? LA INCULTURACION ES EL LENTO PROCESO POR EL QUE
UNA NUEVA CULTURA HACE SUYO Y SE APROPIA DEL MENSAJE CRISTIANO….
34) CRISTO, SACRAMENTO “POR SU SER” SIGNIFICA. POR SU MISMA VERDAD ONTOLOGICA,
POR SU PRESENCIA ENTRE LOS HOMBRES COMO HIJO DE DIOS “Y EL VERBO SE HIZO
CARNE”….
35) EL CONCEPTO LIBERTAD RELIGIOSA NO EXISTE EN EL CATOLICISMO. FALSO. EL CONCILIO
VATICANO II HABLA DEL AMBITO DE LA CONCIENCIA HUMANA Y LA DIGNIDAD….
36) LA LOCUCION LATINA FILIOQUE, HACE ALUSION A LA DISCUSIÓN TEOLGICA SOBRE: SI EL
ESPIRITU SANTO PROCEDE DEL PADRE Y DEL HIJO. POSTERIORES DECLARACIONES SOLO
INTRODUJERON, ESTE AÑADIDO QUE HA SIDO FUENTE DE DISCORDACIA ENTRE LA
CRISTIANIDAD ORIENTAL Y LA ACCIDENTAL.
37) EL CONCILIO VATICANO II RECONCE TRES IMÁGENES DE LAS TANTAS QUE LA SAGRADA
ESCRITURA NOS PRESENTA: CUERPO MISTICO DE CRISTO, PUEBLO DE DIOS Y TEMPLO DEL
ESPIRITU SANTO.
38) SEGÚN SANTO TOMAS DE AQUINO, LOS TRES NOMBRES MAS PROPIOS Y
REPRESENTATIVOS DE LA TERCERA PERSONA DE LA SANTISIMA TRINIDAD SON. ESPIRITU
SANTO, AMOR Y DON. RESPECTO AL NOMBRE “AMOR” : ES ESENCIALMENTE COMUN A
LAS PERSONAS DE LA SANTISIMA TRINIDAD. PERO CONVIENE PERSONALMENTE SOLO A
LA TERCERA PERSONA DE LA SANTISIMA TRINIDAD, EL ESPIRITU SANTO.
1) El cristiano, por su libertad, es llamado a ser co-creador o colaborador en la acción de Dios en la historia. Esto
significa que…
a. La Providencia divina acontece “en” y “por” las acciones particulares de las crea-turas, pues, Dios actúa en la historia a
través de ellos como mero instrumentos, pues Dios se apodera de ellos para actuar, anulando su voluntad, haciéndose
una con la de Dios.
b. Las creaturas gozan de verdadera autonomía. Esta autonomía creatural se expresa del modo más elevado en
convertirse en instrumentos dependientes de la acción de Dios en nosotros, abandonos sólo a su Providencia y dejando
de ser autónomos.
AMBAS SON FALSAS.

2) El Génesis en el capítulo 1, versículo 1, inicia diciendo "En el principio, Dios creó el cielo y la tierra". Estas primeras
palabras de la Escritura afirman que:
ÉL SOLO ES CREADOR.
3) La locución latina filioque, hace alusión a la discusión teológica sobre:
SI EL ESPÍRITU SANTO PROCEDE DEL PADRE Y DEL HIJO. POSTERIORES DECLARACIONES SOLO INTRODUJERON, ESTE
AÑADIDO QUE HA SIDO FUENTE DE DISCORDIA ENTRE LA CRISTIANDAD ORIENTAL Y LA OCCIDENTAL
4) En Hechos de los apóstoles, la acción del Espíritu en la vida de la comunidad se manifiesta por medio de los
momentos fundamentales de la fraternidad cristiana:
PERSEVERANCIA EN LA ESCUCHA DE LA PALABRA, LA COMUNIÓN DE FE Y DE LOS BIENES, LA FRACCIÓN DEL PAN Y EN LA
ORACIÓN.
5) La “New Age” presenta nuevas formas de religiosidad, caracterizada por:

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BUSCA REENCANTAR ESTE MUNDO DESENCANTADO, A TRAVÉS DE LAS RELIGIONES ORIENTALES, CONCEBIDAS COMO
MÁS “NATURALES” Y EN CUYO RESULTADO SINCRÉTICO TODO ESTÁ PERMITIDO, TODO ES LIGHT Y COOL.
6) Únicamente en la pneumatología joánica, el Espíritu Santo es llamado.
Paráclito. MARCADA Y TOMADA COMOINCORRECTA
Espíritu de Vida.
Espíritu Santo.
SOLAMENTE EN EL EVANGELIO DE JUAN, EL ESPÍRITU SANTO ES LLAMADO “PARÁCLITO”. TEXTUAL DEL MÓDULO
7) Sobre el creer en los valores…
A. LOS VALORES SON OBJETO DE FE.
B. AUNQUE SE ATAQUE UN VALOR Y NO SE HALLE SU EXISTENCIA NO DEJAMOS DE CREER EN EL MISMO.
C. TODAS SON CORRECTAS.

8) ¿Cuál es el contenido de la fe cristiana?


LA PERSONA DE JESÚS QUE VIVIÓ, MURIÓ Y RESUCITÓ DE ENTRE LOS MUERTOS.

9) Según Van Der Leeuw la génesis de la fe religiosa comienza…


EN UN PUEBLO PERDIDO DE HOMBRES ANTIGUOS HEBREOS.
10) Creer es una actitud…
a. Exclusivamente religiosa.
b. O experiencia humana, absolutamente general.
creer no es una actitud exclusivamente religiosa, sino una realidad humana absolutamente general, y que la oposición
entre creer y saber no es simple El creer invade nuestras informaciones cotidianas Esta presente incluso en la
investigación científica Por lo demás, ¿no se dice de un sabio dedicado en cuerpo y alma a la investigación “Esta
enteramente consagrado, cree ciegamente en lo que hace”?

11) En América Latina también se recibe el fenómeno de la pos-modernidad. Encontramos diversos elementos que
muestran esa recepción:
LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN.
12) Según el Nuevo Testamento ¿Qué es el Reino de Dios?
A. EL REINO DE DIOS ES UNA REALIDAD DINÁMICA, ES DIOS MISMO QUE ENTRA EN EL MUNDO Y ACTÚA EN ÉL.
B. PARA JESÚS, EL REINO DE DIOS ES UNA REALIDAD YA PRESENTE EN EL MUNDO, QUE DESPUNTA A TRAVÉS DE SUS
OBRAS Y DE SU PREDICACIÓN.
C. AMBAS OPCIONES SON VERDADERAS.

13) ¿Cuándo la historia humana se convierte en “historia de salvación”?


SIEMBRE, PUES, DIOS Y LOS HOMBRES CAMINAN JUNTOS HACIENDO HISTORIA.
14) ¿El hombre puede acceder a Dios?
SÍ. A TRAVÉS DE LA VÍA COSMOLÓGICA Y LA VÍA ANTROPOLÓGICA.
15) El Catecismo de la Iglesia Católica en su n°. 290-292 sostiene que:
LA CREACIÓN ES OBRA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD.
16) Que Dios sea nombrado a partir de las creaturas, significa:
QUE SE PUEDE HABLAR SOBRE ÉL, AUNQUE TRASCIENDE EL HOMBRE.
17) La tradición y en especial la escolástica, fueron delimitando el número de los “dones del Espíritu Santo” a:
SIETE DONES DE ACUERDO A IS. 11,2-4. ESTOS DONES SON: DON DE CONSEJO, DON DE SABIDURÍA. DON DE
ENTENDIMIENTO, DON DE PIEDAD, DON DE FORTALEZA, DON DE CIENCIA, DON DE TEMOR DE DIOS.
18) Según santo TOMÁS DE AQUINO, los tres nombres más propios y representativos de la tercera persona de la
Santísima Trinidad son. “Espíritu Santo”, “Amor” y “Don”. Respecto al nombre “Amor”:
…ES ESENCIALMENTE, COMÚN A LAS PERSONAS DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD. PERO CONVIENE PERSONALMENTE SÓLO A
LA TERCERA PERSONA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD, EL ESPÍRITU SANTO.

19) ¿Cuál es el primer presupuesto de toda fe?:


CREER QUE HAY DIOS.
20) En los Sinópticos, el Espíritu Santo aparece de una manera bastante destacada, sobre todo, en tres momentos:

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a. …en el momento de la Creación, en el Bautismo de Jesús y después de su Muerte y Resurrección.


b. …en el momento de la concepción de Jesús, en el Bautismo de Jesús y en la entrada triunfal en Jerúsalen.
AMBAS OPCIONES SON INCORRECTAS.
21) El Génesis nos presenta dos relatos de la creación. El texto de Gn, 1,1-2,4 y el de Gn 2,4-3. La razón de la existencia
de estos dos relatas se debe a que:
a. …proceden de distintas fuentes literarias o tradiciones: la tradición sacerdotal “P” datada en el exilio o post-exilio y la
tradición Elohísta “J” de finales de la monarquía. NO ES
b. …proceden de distintas fuentes literarias o tradiciones: la tradición sacerdotal “S” y la tradición Yavista “J” de finales
de la monarquía.
C. AMBAS SON FALSAS.
22) ¿Puede hablarse de Dios en el contexto actual?
SÍ. PORQUE LA PREGUNTA SOBRE EL ABSOLUTO NOS VIENE DESDE ADENTRO.
23) El creer…
ES ALGO COTIDIANO EN NUESTRAS VIDAS.
24) ¿Qué Concilio, fue uno de los primeros en aclarar los atributos del Espíritu Santo?
CONSTANTINOPLA.
25) La unión tan íntima o “inhabitación” del Espíritu en el cristiano, a nosotros, sólo trae beneficios. Según Jn 3,5-6.34,
esta inhabitación:
NOS HACE HIJOS: EL EVANGELIO DE JUAN NOS AFIRMA QUE EL ESPÍRITU SE DA SIN MEDIDA Y NOS HACE NACER DE
NUEVO, O DE LO ALTO, ES DECIR, DE DIOS. EL ESPÍRITU ES LA NUEVA INSTANCIA DE VIDA QUE SE OFRECE COMO
ANTÍTESIS DE LA MUERTE A LA QUE LLEVA EL PECADO.
26) La cuarta vía de conocimiento de Dios, en la doctrina Tomista, se refiere a:
GRADO DE PERFECCIÓN DE LOS SERES.
27) La providencia Divina es o son:
…LAS DISPOSICIONES POR LAS QUE DIOS CONDUCE LA OBRA DE SU CREACIÓN HACIA ESTA PERFECCIÓN (CATIC 300).
28) En el momento del Bautismo de Jesús, Dios declara su paternidad: "Este es mi Hijo amado, escuchadle" (Lc. 9, 35).
Esto indica que:
EN SU REVELACIÓN DEFINITIVA POR MEDIO DE JESÚS, DIOS PADRE NO ROMPE LA ESTRUCTURA FUNDAMENTAL DE LA
HISTORIA VETEROTESTAMENTARIA, AL CONTRARIO, LA LLEVA A SU PLENITUD.
29) El hombre puede hablar de Dios. Esto quiere decir:
NO AGOTA LA ESENCIA DE DIOS, SIEMPRE SE QUEDA CORTO.
30) ¿Cuáles son los tres aspectos de la fe cristiana según San Agustín?
1) CREER QUE HAY DIOS; 2) CREER EN DIOS; 3) CREER A DIOS.
31) Entre los varios símbolos que sobre todo la Sagrada Escritura nos ofrece como representaciones del Espíritu Santo,
está:
C. VIENTO: SÍMBOLO DEL ESPÍRITU QUE CONDUCE Y MUEVE A LOS HOMBRES. CONDUCE A JESÚS AL DESIERTO (MT 4,1;
MC 1,12); LO DEVUELVE A GALILEA (LC 4,14); LO ENVÍA A LA MISIÓN DE LA QUE BROTA LA IGLESIA (HCH 13,4).

32) ¿Qué significa que la teología cristiana no es una teología deísta?


A. QUÉ EL DIOS CRISTIANO NO ES UN DIOS QUE CREA EL MUNDO, Y LO ABANDONA A SU TOTAL AUTONOMÍA, SIN
INTERVENIR EN NADA; QUE LO CREA, Y LO ABANDONA A SU SUERTE.
B. QUE EL DIOS CRISTIANO NO ES UN DIOS QUE EXIGE QUE TODO LO HAGA EL HOMBRE, DE MODO QUE TENEMOS QUE
ACTUAR Y VIVIR “COMO SI DIOS NO EXISTIESE”.
C. AMBAS SON CORRECTAS.

33) Si decimos que Dios existe y actúa en el mundo, creándolo y conduciéndolo:


RESULTA IGUALMENTE RAZONABLE CREER QUE SE HA REVELADO.
34) ¿Podemos hablar de una capacidad de Dios en el hombre?
SÍ. PORQUE DIOS PUSO ESE DESEO EN EL CORAZÓN DEL HOMBRE.
35) Abraham fue una figura central en el Antiguo Testamento y quien, en varios libros de la Biblia, es reconocido como
el amigo de Dios. Los siguientes pasajes bíblicos lo confirman:
a. Gn. 33,11; 2 Cro 20,7; St 2,23. NO ES
b. Is. 41,8; 2 Cro 20,7; St 2,23.

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c. Is. 41,8; 2 Cro 20,7; St 2,29.

36) ¿Cuál de las siguientes es una frase que con razón sostenía Santo Tomas?
LE CORRESPONDE A LA FE CREER EN ALGO Y CREER EN ALGUIEN.
37) ¿Quién es el primer testigo de la fe en la tradición bíblica?:
ABRAHAM.
38) La vía cosmológica para conocer a Dios, significa:
SE PARTE DE LAS COSAS CREADAS PARA ELEVARSE A DIOS.
39) El CatIC en su número 314, se afirma que:
a. ...QUE DIOS ES EL SEÑOR DEL MUNDO Y DE LA HISTORIA. PERO LOS CAMINOS DE SU PROVIDENCIA NOS SON CON
FRECUENCIA DESCONOCIDOS. SÓLO AL FINAL, CUANDO TENGA FIN NUESTRO CONOCIMIENTO PARCIAL, CUANDO
VEAMOS A DIOS "CARA A CARA" (1 CO 13, 12), NOS SERÁN PLENAMENTE CONOCIDOS LOS CAMINOS POR LOS CUALES,
INCLUSO A TRAVÉS DE LOS DRAMAS DEL MAL Y DEL PECADO, DIOS HABRÁ CONDUCIDO SU CREACIÓN HASTA EL REPOSO
DE ESE SABBAT (CF GN 2, 2) DEFINITIVO, EN VISTA DEL CUAL CREÓ EL CIELO Y LA TIERRA.
b. …la providencia divina es una verdad inseparable de la fe en Dios Creador: Dios actúa en las obras de sus criaturas.
Esta verdad, lejos de disminuir la dignidad de la criatura, la realza. Sacada de la nada por el poder, la sabiduría y la
bondad de Dios, no puede nada si está separada de su origen, porque "sin el Creador la criatura se diluye" (GS 36, 3);
menos aún puede ella alcanzar su fin último sin la ayuda de la gracia (cf Mt 19, 26; Jn 15, 5; Flp 4, 13).
c. …Jesús pide un abandono filial en la providencia del Padre celestial que cuida de las más pequeñas necesidades de
sus hijos: "No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿qué vamos a comer? ¿qué vamos a beber? [...] Ya sabe vuestro
Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán
por añadidura" (Mt 6, 31-33; cf Mt 10, 29-31).NO ES

40) ¿Cuál de los siguientes textos es uno de los textos fundamentales de la pneumatología paulina?
ROM. 8,9-16.

PREGUNTERO TEOLOGIA II

María es modelo de la Iglesia porque: Seleccione una:


a. La Iglesia cuando camina con María ve en ella su mejor modelo, modelo de virginidad y
fidelidad a Dios.
b. María es miembro de la Iglesia, hermana nuestra en la fe, y al mismo tiempo, nuestra madre.
c. María no puede dejar de amar con amor maternal a los que están hermanados con su Hijo por
la gracia. Retroalimentación Respuesta correcta

El Jesús de Lucas es: Seleccione una:


a. El Mesías
b. El Jesús Huésped
c. El Hijo de Dios
Retroalimentación Respuesta correcta

La Carta de Santiago es: Seleccione una:


a. Uno de os escritos más sorprendentes y singulares del Nuevo Testamento.
b. Un escrito práctico que apela al kerigma cristológico.
c. Un escrito neo-testamentario relacionado con el Evangelio de Juan. Retroalimentación
Respuesta correcta

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Quizás el secreto de la Cristología de Pablo pueda estar resumido en pocas palabras:


Seleccione una:
a. “Mi vida es Cristo” (Gál 2,20)
b. “Toda la Escritura está inspirada por Dios” (2 Tim 16)
c. “Cristo fue justificado en el Espíritu y elevado a la Gloria” (1Tim 16) Retroalimentación
Respuesta correcta

Lucas muestra a Jesús como: Seleccione una:


a. El humilde pero poderoso siervo de Dios.
b. El Mesías soberano.
c. El Hijo del Hombre.
Retroalimentación Respuesta correcta

La Iglesia ha sido querida por Dios para: Seleccione una:


a. La salvación de todos los hombres.
b. La salvación de algunos de los hombres.
c. La salvación de todos y de cada uno de los hombres.
Retroalimentación Respuesta correcta

En el AT el Espíritu Santo es considerado una fuerza creadora y vital porque: Seleccione


una:
a. Está asociado a la profecía.
b. Está asociado a la renovación escatológica.
c. Se refiere a una cualidad animadora del Espíritu.
Retroalimentación Respuesta correcta

Los misterios de la infancia de Jesús son: Seleccione una:


a. El nacimiento de Jesús y su hallazgo en el Templo.
b. Su vida oculta en Nazaret y el hallazgo en el Templo.
c. El nacimiento, la vida oculta y el hallazgo en el Templo.
Retroalimentación Respuesta correcta

El sacramento del Bautismo es: Seleccione una:


a. El ingreso a la vida nueva en Cristo y a la Iglesia.
b. El sacramento en el cual Jesucristo se encuentra presente con su cuerpo, sangre, alma y
divinidad.
c. El sacramento por el cual se produce una adhesión más perfecta a la Iglesia.
Retroalimentación Respuesta correcta

En el sacramento de la Reconciliación, los actos del penitente son: Seleccione una:


a. La contrición y la satisfacción.
b. La confesión de los pecados.
c. La contrición, la confesión de los pecados y la satisfacción.

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Retroalimentación Respuesta correcta

El Misterio Pascual de Jesús comprende: Seleccione una:


a. Su Pasión y glorificación.
b. Su muerte y resurrección.
c. Su Pasión, muerte, resurrección y glorificación.
Retroalimentación Respuesta correcta

La Iglesia reconoce como dogma de fe que los sacramentos son siete en el Concilio:
Seleccione una:
a. Vaticano I.
b. Trento.
c. Vaticano II.

Los siete sacramentos son: Seleccione una:


a. Signos sensibles que causan la gracia.
b. Son signos eficaces instituidos por Jesús.
c. Son signos administrados por la Iglesia.
d. Todos los anteriores.

En el Libro del Apocalipsis a Jesús se le asigna el título de Cordero de Dios que significa:
Seleccione una:
a. Jesús tiene la supremacía sobre todas las fuerzas del mal.
b. Jesús ha sido inmolado y por medio de su sangre ha rescatado a las naciones.
c. Jesús tiene una realidad trascendente.
Retroalimentación Respuesta correcta

Las imágenes de la Iglesia son: Seleccione una:


a. Cuerpo Místico de Cristo, Pueblo de Dios, y Templo del Espíritu Santo.
b. Templo del Espíritu Santo y Pueblo de Dios.
c. Cuerpo Místico de Cristo y Templo del Espíritu Santo

En el Evangelio según San Juan “Yo soy Pan” significa: Seleccione una:
a. Que Jesús es el Pan de Vida.
b. Que Jesús es el Ungido.
c. Que Jesús da testimonio de sí mismo.
Retroalimentación Respuesta correcta

La Carta a los Hebreos: Seleccione una:


a. Pertenece al género epistolar.

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b. Pertenece al género homilético.


c. Pertenece al género sapiencial.
Retroalimentación Respuesta correcta

El sacramento de la Unción de los Enfermos: Seleccione una:


a. Imprime carácter.
b. Los ministros ordinarios del sacramento son los sacerdotes.
c. Perdona directamente los pecados mortales.
Retroalimentación Respuesta correcta

La jerarquía de la Iglesia está conformada por: Seleccione una:


a. El Papa y los Obispos.
b. Los presbíteros y los diáconos.
c. Los laicos y los hermanos de vida consagrada.
d. Todos los anteriores.
Retroalimentación Respuesta correcta

El fin salvífico de la Iglesia se caracteriza por ser: Seleccione una:


a. Sobrenatural e inalterable.
b. Universal y perpetuo.
c. Sobrenatural, inalterable, perpetuo y universal.
Retroalimentación Respuesta correcta

¿De qué habla la teología de la encarnación?


Seleccione una:
a. Habla principalmente de que un hombre es Dios y por eso Dios es hombre.
b. Habla principalmente del nacimiento de Jesús en la persona de María.
c. Habla principalmente de que el amor de Dios por los hombres, a fin de que vino a este
mundo.
d. Habla principalmente del estudio del nacimiento de Cristo en relación exclusiva a María y
José.

¿Porque es importante la encarnación?


Seleccione una:
a. Porque por medio de ella fuimos rescatados del pecado.
b. Porque a través de este evento podemos conocer la intimidad de Dios.
c. Porque por medio de ella el Verbo tomo solo la apariencia de un hombre para mostrarnos
como es Dios.
d. Todas las anteriores son correctas.

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Pregunta 3
La encarnación, ¿obra de qué persona divina es?
Seleccione una:
a. Exclusivamente del el Hijo.
b. Exclusivamente del Padre.
c. Estrictamente del Espíritu Santo.
d. Estrictamente de la Trinidad.

Pregunta 4
¿Quién tomó la iniciativa de la encarnación?
Seleccione una:
a. El Padre
b. El Hijo
c. El Espíritu Santo
d. La Santísima Trinidad

Pregunta 5
Para Santo Tomas de Aquino, ¿cuál es la razón de conveniencia de la encarnación
primera y más importante?
Seleccione una:
a. Que Dios pueda conocer a la humanidad para que ella llegue a Él.
b. La reparación del pecado.
c. Mostrar al género humano que Él es Hijo de Dios.
d. Dar cumplimiento a las profecías del Antiguo Testamento.

Pregunta 6
¿Si no hubiese existido el pecado, para Santo Tomas, se hubiese encarnado el Verbo?
Seleccione una:
a. Si, independientemente del pecado el Verbo se hubiese encarnado.
b. Si, ya que estaba pensado en la eternidad del Padre enviar a su hijo.
c. No, es conveniente afirmar que fue dispuesto por Dios como remedio del pecado.
d. Ninguna de las anteriores es correcta.

Pregunta 7
¿Cuantas naturalezas hay en la persona de Cristo?
Seleccione una:
a. Una.
b. Dos.
c. Tres.
d. Ninguna, es Dios, no hay naturaleza en El.

Pregunta 8
¿Cómo llama Santo Tomas a la encarnación?

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Seleccione una:
a. Misterio inagotable e inalcanzable.
b. Milagro de los milagros.
c. Misterio de los misterios.
d. Signo culmen de todos los signos.

Pregunta 9
¿Debido a quien se lleva a cabo el inicio biológico de Jesús?
Seleccione una:
a. Al Espíritu Santo.
b. A María.
c. A José.
d. A todos juntos.

Pregunta 10
¿Qué concilio definió la unión de las dos naturalezas de Cristo en una sola persona?
Seleccione una:
a. El Concilio de Florencia.
b. El Concilio Vaticano I.
c. El Concilio de Constantinopla.
d. El Concilio de Calcedonia.

Pregunta 11
¿Cuál sería la importancia de la Pneumatología?
Seleccione una:
a. Su importancia radica en que hemos llegado a la era del Espíritu, ya que la era del Padre se
dio en el Antiguo Testamento y la del Hijo en el Nuevo Testamento.
b. Su importancia está en que el Espíritu despertó entre las religiones el fenómeno pentecostal.
c. Su importancia radica en que todas las disciplinas teológicas son atravesadas por la
presencia del Espíritu, sin la cual perderían su vitalidad y riqueza.

Pregunta 12
¿Qué refleja el libro de los Hechos de los Apóstoles sobre el Espíritu Santo?
Seleccione una:
a. La formación religiosa judía
b. Una comunidad carismática.
c. La sociedad romana.

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Pregunta 13
¿Cuáles son las características por la cual el Espíritu habilita a la comunidad a ser
testimonio?
Seleccione una:
a. El éxtasis y la meditación.
b. La libertad y la sabiduría.
c. La gracia y la oración.

Pregunta 14
¿Cuál es el contexto donde se desarrolla la pneumatología paulina?
Seleccione una:
a. En la predicación del misterio pascual de la muerte y resurrección del Señor.
b. En la profesión de fe de la comunidad cristiana.
c. En los avances teológicos de las comunidades.

Pregunta 15
¿Las comunidades paulinas (aquellas que recibieron las cartas de Pablo) cómo entendían
al Espíritu?
Seleccione una:
a. Como una realidad inmanente que trascendía los sentimientos humanos.
b. Como una realidad estática que se manifestaba a través de las virtudes teologales.
c. Como una realidad viva, presente en ellas a través del inquieto dinamismo de los dones
espirituales.

Pregunta 16
¿Para Juan cuándo comienza el tiempo del Espíritu?
Seleccione una:
a. En el momento de la muerte de Jesús
b. En la predicación de los apóstoles.
c. En pentecostés.

Pregunta 17
¿Cómo nos presenta el dato bíblico al Espíritu?
Seleccione una:
a. Como fuerza activa que da vida, sustenta, guía y gobierna todas las cosas; pero al
mismo tiempo el Espíritu no se confunde con un sustrato corporal cósmico.
b. Como la vitalidad o juventud de la Iglesia que siempre busca establecer los dogmas de fe.
c. Como una fuerza que establece el dominio de Dios sobre los hombres.

Pregunta 18
¿Qué significa la palabra paráclito?
Seleccione una:
a. Abogado.

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b. Maestro.
c. Reclutador.

Pregunta 19
¿Cómo es considerado el Espíritu Santo en la pneumatología griega?
Seleccione una:
a. Como principio personal de divinización de la criatura.
b. Como luz que ilumina la Palabra para que el creyente actúe conforme a la voluntad de Dios.
c. Como el señor que rescata a los que están lejos de la Iglesia.

Pregunta 20
¿A qué se resiste la pneumatología latina?
Seleccione una:
a. A un planteamiento de la explicación de la Trinidad.
b. A una valoración excesiva del Espíritu.
c. A entender al Espíritu como fuerza transformadora.

Pregunta 1
La infalibilidad del romano Pontífice significa que sus expresiones nunca yerran en caso
de explicar:
Seleccione una:
a. Cuestiones de fe y moral
b. Cuestiones de política
c. Cuestiones históricas vinculadas a la iglesia

Pregunta 2
Podemos incluir como imágenes de la iglesia varios conceptos. Uno entre ellos sería:
Seleccione una:
a. Templo del espíritu Santo
b. Asamblea estatal básica de la humanidad
c. Pueblo del libro

Pregunta 3
El inicio de la realización histórica de la iglesia la encontramos:
Seleccione una:
a. En Abraham
b. En moisés
c. En los profetas del antiguo testamento

Pregunta 4

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En la iglesia los obispos son sucesores de los apóstoles y tienen fundamentalmente estas
funciones y:
Seleccione una:
a. Enseñar, santificar y gobernar
b. Enseñar, dirigir la caridad, dictar leyes
c. Organizar los aspectos organizativos de la iglesia

Pregunta 5
La iglesia es Santa Porque:
Seleccione una:
a. Cristo, el solo Santo, la armó como a su esposa
b. Posee una gran unidad
c. Los miembros que la componen son Santos

Pregunta 6
En el origen de la jerarquía de la iglesia se encuentra un mandato divino a los apóstoles:
Seleccione una:
a. El mandamiento del amor
b. Ser testigos de la vida, muerte y resurrección de Jesús
c. Ser difusores del culto a la Virgen María
Pregunta 7
Indicar cuál de estas expresiones es verdadera:
Seleccione una:
a. La iglesia visible mantiene un orden jerárquico democrático
b. La iglesia es una sociedad organizada con criterios humanos
c. La organización de la iglesia depende estrictamente de su misión

Pregunta 8
Los consejos evangélicos buscados como perfección de la caridad es la tarea que compete a
los:
Seleccione una:
a. Religiosos
b. Laicos
c. Obispos

Pregunta 9
La misión principal que de compete a los laicos consiste en:
Seleccione una:
a. Iluminar y ordenar los asuntos temporales según el evangelio
b. Trabajar comprometidamente en grupos parroquiales
c. Obedecer a los pastores

Pregunta 10
La iglesia de Jesucristo puede entenderse como:

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Seleccione una:
a. El ministerio de comunión nacido en la Trinidad para incorporar a los hombres
b. La iniciativa humana por superar los límites de la vida
c. Una fraternidad social de personas afines

Pregunta 11
La palabra iglesia proviene de:
Seleccione una:
a. Un Origen desconocido
b. El término ekklesia
c. Antiguo término sánscrito

Pregunta 12
La virgen María reciben una singular veneración en la iglesia en virtud de:
Seleccione una:
a. Ser miembro de ella
b. Ser su miembro más insigne por su perfección
c. Por prefigurar grandes figuras del antiguo testamento

Pregunta 13
La finalidad de la iglesia, según el querer de Dios, consiste en:
Seleccione una:
a. La salvación del género humano
b. El sostenimiento de obras de caridad
c. El mantenimiento del espíritu filantrópico en la historia humana

Pregunta 14
Como miembros de la Iglesia están llamados a la santidad:
Seleccione una:
a. Todos
b. Los pastores
c. Los laicos
d. Los religiosos

Pregunta 15
Los presbíteros en la Iglesia prolongan la misión de Jesús bajo estos aspectos:
Seleccione una:
a. Sacerdotes, profetas y pastores
b. Sacerdotes
c. Administradores parroquiales

Pregunta 16
La iglesia es católica porque:
Seleccione una:

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a. Porque para sido enviada por Cristo o en misión para todos los hombres
b. En estar conformada por los apóstoles
c. Es un grupo selecto de creyentes

Pregunta 17
El Sumo pontífice tiene la autoridad máxima en la Iglesia. Eso significa:
Seleccione una:
a. Potestad ejecutiva
b. Potestad legislativa y judicial
c. Potestad legislativa, ejecutiva y judicial

Pregunta 18
La finalidad santificar de la iglesia se caracteriza por una de estas cualidades:
Seleccione una:
a. Sobre naturalidad
b. Filantropía
c. Organicidad
Pregunta 19
Se entiende por laico:
Seleccione una:
a. Para todos los fieles cristianos que incorporados a Cristo o por el bautismo se asemejan
al edil que
es sacerdote, profeta y rey
b. A los miembros de los grupos parroquiales
c. A los que se comprometen con la edificación de un mundo mejor

Pregunta 20
¿Quién es el fundador de la iglesia?
Seleccione una:
a. El espíritu Santo
b. San Pablo
c. Jesucristo

María es modelo de la Iglesia porque:


Seleccione una:
a. La Iglesia cuando camina con María ve en ella su mejor modelo, modelo de virginidad y
fidelidad a Dios.
b. María es miembro de la Iglesia, hermana nuestra en la fe, y al mismo tiempo, nuestra madre.
c. María no puede dejar de amar con amor maternal a los que están hermanados con su Hijo por
la
gracia.

La Iglesia ha sido querida por Dios para:


Seleccione una:

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a. La salvación de todos los hombres.


b. La salvación de algunos de los hombres.
c. La salvación de todos y de cada uno de los hombres.

El fin salvífico de la Iglesia se caracteriza por ser:


Seleccione una:
a. Sobrenatural e inalterable.
b. Universal y perpetuo.
c. Sobrenatural, inalterable, perpetuo y universal.

Las imágenes de la Iglesia son:


Seleccione una:
a. Cuerpo Místico de Cristo, Pueblo de Dios, y Templo del Espíritu Santo.
b. Templo del Espíritu Santo y Pueblo de Dios.
c. Cuerpo Místico de Cristo y Templo del Espíritu Santo.

La Carta de Santiago es:


Seleccione una:
a. Uno de os escritos más sorprendentes y singulares del Nuevo Testamento.
b. Un escrito práctico que apela al kerigma cristológico.
c. Un escrito neo-testamentario relacionado con el Evangelio de Juan.

Quizás el secreto de la Cristología de Pablo pueda estar resumido en pocas palabras:


Seleccione una:
a. “Mi vida es Cristo” (Gál 2,20)
b. “Toda la Escritura está inspirada por Dios” (2 Tim 16)
c. “Cristo fue justificado en el Espíritu y elevado a la Gloria” (1Tim 16)

En el sacramento de la Reconciliación, los actos del penitente son:


Seleccione una:
a. La contrición y la satisfacción.
b. La confesión de los pecados.
c. La contrición, la confesión de los pecados y la satisfacción.

La Carta a los Hebreos:


Seleccione una:
a. Pertenece al género epistolar.
b. Pertenece al género homilético.
c. Pertenece al género sapiencial.

En el Libro del Apocalipsis a Jesús se le asigna el título de Cordero de Dios que significa:
Seleccione una:
a. Jesús tiene la supremacía sobre todas las fuerzas del mal.
b. Jesús ha sido inmolado y por medio de su sangre ha rescatado a las naciones.

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c. Jesús tiene una realidad trascendente.

El Misterio Pascual de Jesús comprende:


Seleccione una:
a. Su Pasión y glorificación.
b. Su muerte y resurrección.
c. Su Pasión, muerte, resurrección y glorificación.

Lucas muestra a Jesús como:


Seleccione una:
a. El humilde pero poderoso siervo de Dios.
b. El Mesías soberano.
c. El Hijo del Hombre.

En el AT el Espíritu Santo es considerado una fuerza creadora y vital porque:


Seleccione una:
a. Está asociado a la profecía.
b. Está asociado a la renovación escatológica.
c. Se refiere a una cualidad animadora del Espíritu.

El sacramento del Bautismo es:


Seleccione una:
a. El ingreso a la vida nueva en Cristo y a la Iglesia.
b. El sacramento en el cual Jesucristo se encuentra presente con su cuerpo, sangre, alma y
divinidad.
c. El sacramento por el cual se produce una adhesión más perfecta a la Iglesia.

En el Evangelio según San Juan “Yo soy Pan” significa:


Seleccione una:
a. Que Jesús es el Pan de Vida.
b. Que Jesús es el Ungido.
c. Que Jesús da testimonio de sí mismo.

Los siete sacramentos son:


Seleccione una:
a. Signos sensibles que causan la gracia.
b. Son signos eficaces instituidos por Jesús.
c. Son signos administrados por la Iglesia.
d. Todos los anteriores.

Los misterios de la infancia de Jesús son:


Seleccione una:
a. El nacimiento de Jesús y su hallazgo en el Templo.

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b. Su vida oculta en Nazaret y el hallazgo en el Templo.


c. El nacimiento, la vida oculta y el hallazgo en el Templo.

El Jesús de Lucas es:


Seleccione una:
a. El Mesías
b. El Jesús Huésped
c. El Hijo de Dios

La Iglesia reconoce como dogma de fe que los sacramentos son siete en el Concilio:
Seleccione una:
a. Vaticano I.
b. Trento.
c. Vaticano II.

La jerarquía de la Iglesia está conformada por:


Seleccione una:
a. El Papa y los Obispos.
b. Los presbíteros y los diáconos.
c. Los laicos y los hermanos de vida consagrada.
d. Todos los anteriores.

El sacramento de la Unción de los Enfermos:


Seleccione una:
a. Imprime carácter.
b. Los ministros ordinarios del sacramento son los sacerdotes.
c. Perdona directamente los pecados mortales.

¿En qué consiste “la iniciativa del Padre” en la Encarnación?


Seleccione una:
a. Se inscribe dentro del dinamismo íntimo del misterio de Trinidad. Consiste en el ascenso del
hombre gracias a la
ayuda de Jesús, quien enseña al hombre a llegar al hombre a ser Dios.
b. “La iniciativa del Padre” consiste en el deseo de Dios que el hombre, a través de la enseñanza
del Espíritu
Santo, funde una Iglesia y acoja la Buena Nueva pregonada por Jesús, su Hijo.
c. Se inscribe dentro del dinamismo íntimo del misterio de la Trinidad. Consiste una
prolongación “hacia afuera” de la vida trinitaria. Por ello, el Padre envía a su Hijo para
redimirnos y hacernos hijos adoptivos.

¿Cuál fue la obra del Espíritu Santo en el misterio de la Encarnación?


Seleccione una:
a. De acuerdo a San Pablo, en la “plenitud de los tiempos” el Espíritu Santo obra para que
se realice la autocomunicación de Dios con la humanización del Hijo de Dios en el seno de

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la Virgen María. La obra del Espíritu “que da la vida” alcanza su culmen en el misterio de
la encarnación. El Verbo Eterno se hace carne por obra del Espíritu Santo.
b. El Espíritu Santo, de acuerdo a la Sagrada Escritura, obra en el misterio de la vida de Jesús,
quien, en el Bautismo en el Jordán, reconoce y toma conciencia de su filiación divina (Mt. 3,
17).
c. De acuerdo a San Pablo, en la “plenitud de los tiempos”, el Espíritu Santo, Señor y Dador de
Vida empieza a existir cuando el Verbo Eterno se hace carne, en el seno de María. Por eso, en la
Sagrada Escritura no se hace mención alguna del Espíritu Santo. El misterio de la Encarnación
origina la Tercera Persona de la Trinidad.

En su intento por explicar la Encarnación como acto del Hijo, SANTO TOMÁS DE
AQUINO…
Seleccione una:
a. …explicita el cómo de la encarnación. Fiel a la definición del Concilio de Calcedonia
(451), asume el misterio de Cristo con los términos de: única persona (la del Verbo) y dos
naturalezas íntegras e inconfusas, sustancialmente unidas (la naturaleza divina y la
naturaleza humana).
b. …explicita el cómo de la encarnación. Fiel a la definición del Concilio de Calcedonia (451),
asume el misterio de Cristo con los términos de: dos naturalezas íntegras e inconfusas,
sustancialmente unidas: la naturaleza divina yla naturaleza humana. No existe persona en Jesús.
c. …explicita el cómo de la encarnación. Fiel a la definición del Concilio de Calcedonia (451),
asume el misterio de Cristo con los términos de: dos personas (la del Verbo y la de Jesús) y dos
naturalezas íntegras e inconfusas, sustancialmente unidas (la naturaleza divina y la naturaleza
humana).

La preexistencia, la eternidad y la inmutabilidad de Dios:


Seleccione una:
…datos fundamentalmente bíblicos más que filosóficos, tocan la caducidad y la
mutabilidad del tiempo en el misterio de la encarnación, y a partir de este evento nos será
posible conocer por la revelación del Hijo, en el Espíritu, la intimidad de Dios.

La tradición dogmática descubre en la oración de Jesús al Padre, en el huerto de


Getsemaní: “aparta de mí este cáliz, pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieras
tú”…
Seleccione una:
…el sí humano de Jesús (su voluntad propiamente humana) a la voluntad salvífica del
Padre.

El Concilio Vaticano II habla de la obra del Espíritu Santo en la vida de la Iglesia. ¿En
qué sentido se refiere el Concilio sobre esta acción?
b. El Concilio Vaticano II habla del nacimiento de la Iglesia el día de Pentecostés. La “era
de la Iglesia” empezó con la “venida”, es decir, con la bajada del Espíritu Santo sobre los

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apóstoles reunidos en el Cenáculo de Jerusalén junto con María, la Madre del Señor. El
Espíritu Santo habita en la Iglesia, como el “alma” que transforma a la comunidad en
“Templo santo de Dios” y la asimila continuamente a sí por medio de su don específico
que es la caridad.

La teología está superando un cierto “imperialismo cristológico” dedicando más espacio al


estudio de la pneumatología.
Seleccione una:
a. Esto quiere decir que, la teología y la vida eclesial se muestran hoy particularmente
sensibles a la reflexión sobre el Espíritu Santo. Se ha constituido de este modo un sector
mejor definido de la teología, es decir, la pneumatología como sector específico.

¿Cuáles son los tres nombres propios de la tercera persona divina?


Seleccione una:
a. Según Santo Tomás de Aquino, los tres nombres más propios y representativos de la
tercera persona de la Santísima Trinidad son. “Espíritu Santo”, “Amor” y “Don”.

El Misterio pascual de la Cruz y de la Resurrección de Cristo…


Seleccione una:
b. …está en el centro de la Buena Nueva que los apóstoles, y la Iglesia a continuación de
ellos, deben anunciar al mundo. El designio salvador de Dios se ha cumplido de “una vez
por todas” (Heb. 9,26) por la muerte redentora de su Hijo Jesucristo.”

Todos los evangelistas insisten en el hecho de la sepultura porque:


Seleccione una:
a. …tiene gran importancia teológica en relación al misterio de la muerte misma, y luego
al significado histórico de la tumba vacía como prueba de la resurrección.

El Espíritu Santo es llamado también Espíritu Paráclito, Espíritu Creador, Espíritu de


Cristo, Espíritu de Verdad, Virtud del Altísimo, Dedo de Dios, Maestro interior, Huésped
del alma. Estos son nombres que…
a. la Sagrada Escritura, la tradición cristiana y la liturgia de la Iglesia apropia al
Espíritu Santo. Son “apelativos” o “nombres apropiados” que se emplean por su
gran semejanza a los caracteres propios del Espíritu Santo.
La muerte de Cristo es a la vez el sacrificio pascual que lleva a cabo la redención
definitiva de los hombres. Gracias a la definición de la unión hipostática, se comprende
que:
Seleccione una:
b. a. …por la condición divina del Hijo de Dios, este sacrificio es apto redentor por
toda la humanidad.

Santo Tomás sostiene que “Dios habría podido redimirnos con su omnipotencia en
muchas otras maneras” (S. Theol., III, q. 1, a. 2.). Esto significa que…

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c. c. …Santo Tomás no excluye, en hipótesis, que hubiera podido encarnarse en la


eventualidad que el hombre no hubiera pecado. Dios, de hecho, habría podido
encarnarse, aunque no hubiera existido el pecado. Por eso, es más oportuno decir
que la obra de la encarnación ha sido dispuesta por Dios como remedio del pecado.

La novedad Pneumatológica del Nuevo Testamento, principalmente, se funda en:


b. …la relación original entre el Espíritu y Jesucristo: está unido a su nacimiento,
vinculado con su vida terrena (sobre todo como objeto de enseñanza) y constituye su
dotación original de resucitado.
Creer en el Espíritu Santo es profesar que:
Seleccione una:
a. Él es una de las Personas de la Santísima Trinidad, consubstancial (de la misma
naturaleza) al Padre y al Hijo y que “con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y
gloria” (Símbolo de Nicea- Constantinopla). El coopera con el Padre y el Hijo desde el
comienzo y hasta la consumación en el plan de salvación que Dios ha proyectado para la
humanidad. En los "últimos tiempos", inaugurados con la Encarnación del Hijo, el
Espíritu se revela como Persona que lleva a plenitud la salvación en la Iglesia.

El Espíritu Santo, es Espíritu de Vida, nos vivifica, nos hace hijos, nos unge, nos santifica,
nos “deifica”, nos enseña a rezar, nos hace verdaderamente libres, nos regala dones y
frutos. ¿Qué quiere decir que nos deifica?
b. la “deificación” es la acción del Espíritu Santo. La unión con Cristo y, por Él, con el
Padre, en lo que consiste nuestra divinización, es obra de la inhabitación del Espíritu
Santo en nosotros. San Gregorio de Nisa y San Atanasio, afirman la divinización del
cristiano por la unión de las Personas divinas con él. Sólo se llega a Dios llevado por Dios
mismo.
En el Concilio de Calcedonia (451), se aceptó la unión hipostática que expresa el misterio
de la unión de las dos naturalezas (divina y humana) de Cristo en una sola persona, la
divina. Esta definición permite comprender que:
Seleccione una:
a. Siguiendo a los Santos Padres que, hay que confesar a un solo y mismo Hijo y Señor
nuestro Jesucristo, “perfecto en la divinidad y perfecto en la humanidad; verdaderamente
Dios y verdaderamente hombre compuesto de alma racional y cuerpo; consubstancial con
el Padre según la divinidad y consubstancial con nosotros según la humanidad, "en todo
semejante a nosotros, excepto en el pecado" (Heb 4,15); nacido del Padre antes de todos
los siglos según la divinidad; y por nosotros y por nuestra salvación, nacido en los últimos
tiempos de la Virgen María, la Madre de Dios, según la humanidad.”

La pretensión mesiánica de Jesús que se descubre en los Evangelios, constituía un delito


contra el orden del Imperio Romano. Este delito era:
Seleccione una:
a. El pretender ser rey era un delito digno de muerte como causa de rebelión. Los
saduceos, miembros de la comunidad judía, acusan de sedición a Jesús ante el procurador
romano.

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El Espíritu Santo habita en la Iglesia, no como un huésped que queda, de todas formas,
extraño, sino como el “alma” que transforma a la comunidad en “Templo santo de Dios”.
Como alma, el Espíritu Santo:
c. …hace “una” a la Iglesia, la hace “católica”, mantiene su “apostolicidad” y es principio
de la “santidad” de la Iglesia.

La pretensión mesiánica de Jesús que se descubre en los Evangelios, constituía un delito


contra el orden del Imperio Romano. Este delito era:
Seleccione una:
a. El pretender ser rey era un delito digno de muerte como causa de rebelión. Los
saduceos, miembros de la comunidad judía, acusan de sedición a Jesús ante el procurador
romano.
b. El pretender ser rey era un delito pero el Imperio Romano, estableció un respeto por las
tradiciones judías. Por eso el delito que cometió Jesús es no haber respetado la norma impuesta
en la Digesta por los romanos.
c. El pretender ser Mesías era un delito contra el Imperio Romano, porque era una afrenta
contra la divinidad del Emperador Romano.
La novedad Pneumatológica del Nuevo Testamento, principalmente, se funda en:
Seleccione una:
a. …la relación original entre el Espíritu y la Iglesia: está unido al nacimiento de la Iglesia
Universal.
b. …la relación original entre el Espíritu y Jesucristo: está unido a su nacimiento,
vinculado con su vida terrena (sobre todo como objeto de enseñanza) y constituye su
dotación original de resucitado.
c. …la relación original entre el Espíritu Santo y los apóstoles.

¿Cuál fue la obra del Espíritu Santo en el misterio de la Encarnación?


Seleccione una:
a. De acuerdo a San Pablo, en la “plenitud de los tiempos” el Espíritu Santo obra para que
se realice la autocomunicación de Dios con la humanización del Hijo de Dios en el seno de
la Virgen María. La obra del Espíritu “que da la vida” alcanza su culmen en el misterio de
la encarnación. El Verbo Eterno se hace carne por obra del Espíritu Santo.
b. El Espíritu Santo, de acuerdo a la Sagrada Escritura, obra en el misterio de la vida de Jesús,
quien, en el Bautismo en el Jordán, reconoce y toma conciencia de su filiación divina (Mt. 3,
17).
c. De acuerdo a San Pablo, en la “plenitud de los tiempos”, el Espíritu Santo, Señor y Dador de
Vida empieza a existir cuando el Verbo Eterno se hace carne, en el seno de María. Por eso, en la
Sagrada Escritura no se hace mención alguna del Espíritu Santo. El misterio de la Encarnación
origina la Tercera Persona de la Trinidad.
El Espíritu Santo, es Espíritu de Vida, nos vivifica, nos hace hijos, nos unge, nos santifica,
nos “deifica”, nos enseña a rezar, nos hace verdaderamente libres, nos regala dones y
frutos. ¿Qué quiere decir que nos deifica?
Seleccione una:

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a. la “deificación” es la acción del Espíritu Santo, como nos dicen San Gregorio de Nisa y San
Atanasio. Los Santos Padres afirman que nuestra divinización consiste en hacernos dioses y
vivir libremente. El camino que comienza con la ayuda del Espíritu Santo y finaliza en la
deificación sin Él.
b. la “deificación” es la acción del Espíritu Santo. La unión con Cristo y, por Él, con el
Padre, en lo que consiste nuestra divinización, es obra de la inhabitación del Espíritu
Santo en nosotros. San Gregorio de Nisa y San Atanasio, afirman la divinización del
cristiano por la unión de las Personas divinas con él. Sólo se llegaa Dios llevado por Dios
mismo.
c. la “deificación” es la acción del Espíritu Santo. Los Santos Padres afirman que nuestra
divinización consiste en hacernos parecidos a dioses. Parecido porque, de acuerdo a San
Gregorio y San Atanasio, el primer pecado del hombre, según el Génesis, fue desear ser como
dioses.
Santo Tomás sostiene que “Dios habría podido redimirnos con su omnipotencia en
muchas otras maneras” (S. Theol., III, q. 1, a. 2.). Esto significa que…
Seleccione una:
a. …Santo Tomás no excluye que hubiera podido encarnarse en la eventualidad que el hombre
no hubiera pecado. Dios, por su omnipotencia, habría podido encarnarse, aunque no hubiera
existido el pecado. Aunque la Sagrada Escritura indique que Dios se hizo hombre para la
redención del hombre, la encarnación podría haberse realizado de acuerdo al beneplácito del
Verbo, sin ayuda de Dios Padre ni del Espíritu Santo.
b. …. Santo Tomás excluye que hubiera podido encarnarse en la eventualidad que el hombre no
hubiera pecado. La voluntad de Dios, notada en la Sagrada Escritura, está supeditada
necesariamente a remediar el pecado del hombre.
c. …Santo Tomás no excluye, en hipótesis, que hubiera podido encarnarse en la
eventualidad que el hombre no hubiera pecado. Dios, de hecho, habría podido encarnarse,
aunque no hubiera existido el pecado. Por eso, es más oportuno decir que la obra de la
encarnación ha sido dispuesta por Dios como remedio del pecado.

Todos los evangelistas insisten en el hecho de la sepultura porque:


Seleccione una:
a. …tiene gran importancia teológica en relación al misterio de la muerte misma, y luego
al significado histórico de la tumba vacía como prueba de la resurrección.
b. … tiene gran importancia cultural, puesto que refiere como eran las costumbres funerarias
judías y sirve como dato histórico para demostrar la veracidad de los relatos de los Evangelios.
c. …debido a que tanto Marcos, Lucas, Mateo y Juan no querían equivocarse al escribir los
Evangelios por ello, unificaron criterios y escribieron lo mismo.

Creer en el Espíritu Santo es profesar que:


Seleccione una:
a. Él es una de las Personas de la Santísima Trinidad, consubstancial (de la misma
naturaleza) al Padre y al Hijo y que “con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y
gloria” (Símbolo de Nicea-Constantinopla). El coopera con el Padre y el Hijo desde el

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comienzo y hasta la consumación en el plan de salvación que Dios ha proyectado para la


humanidad. En los "últimos tiempos", inaugurados con la Encarnación del Hijo, el
Espíritu se revela como Persona que lleva a plenitud la salvación en la Iglesia.

En el Concilio de Calcedonia (451), se aceptó la unión hipostática que expresa el misterio


de la unión de las dos naturalezas (divina y humana) de Cristo en una sola persona, la
divina. Esta definición permite comprender que:
Seleccione una:
a. Siguiendo a los Santos Padres que, hay que confesar a un solo y mismo Hijo y Señor
nuestro Jesucristo, “perfecto en la divinidad y perfecto en la humanidad; verdaderamente
Dios y verdaderamente hombre compuesto de alma racional y cuerpo; consubstancial con
el Padre según la divinidad y consubstancial con nosotros según la humanidad, "en todo
semejante a nosotros, excepto en el pecado" (Heb 4,15); nacido del Padre antes de todos
los siglos según la divinidad; y por nosotros y por nuestra salvación, nacido en los últimos
tiempos de la Virgen María, la Madre de Dios, según la humanidad.”

¿Cuáles son los tres nombres propios de la tercera persona divina?


Seleccione una:
a. Según Santo Tomás de Aquino, los tres nombres más propios y representativos de la
tercera persona de la Santísima Trinidad son. “Espíritu Santo”, “Amor” y “Don”.
b. Según los Padres de la Iglesia, los tres nombres más propios de la tercera persona de la
Santísima Trinidad son: “Espíritu Santo”, “Señor y Dador de vida” y “Liberador”.
c. Según Santo Tomás de Aquino, los tres nombres más propios y representativos de la tercera
persona de la Santísima Trinidad son. “Espíritu Santo”, “Espíritu de Yahveh” y “Espíritu
mesiánico de sabiduría”.

La muerte de Cristo es a la vez el sacrificio pascual que lleva a cabo la redención


definitiva de los hombres. Gracias a la definición de la unión hipostática, se comprende
que:
Seleccione una:
a. …por la condición divina del Hijo de Dios, este sacrificio es apto redentor por toda la
humanidad.
b. …sólo por el sufrimiento solidario, y el carácter de muerte heroica lo que hace eficaz este
cruento
sacrificio para la salvación.
c. …que Dios no puede morir en la cruz, por esto, lo que muere es sólo una parte de la
humanidad de
Jesús.
El Misterio pascual de la Cruz y de la Resurrección de Cristo…
Seleccione una:
a. …es una parte vital pero no esencial de la Buena Nueva que los apóstoles, y la Iglesia a
continuación de ellos. El mensaje de los apóstoles nos acerca al designio salvador de Dios se ha
cumplirá de “una vez por todas” (Heb 9,26) en la parusía.

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b. …está en el centro de la Buena Nueva que los apóstoles, y la Iglesia a continuación de


ellos, deben anunciar al mundo. El designio salvador de Dios se ha cumplido de “una vez
por todas” (Heb. 9,26) por la muerte redentora de su Hijo Jesucristo.”
c. …está en el centro de la Historia del Antiguo Testamento. El designio salvador de Dios se ha
cumplido de “una vez por todas” (Heb. 9,26) desde la Creación hasta la Encarnación.

La tradición dogmática descubre en la oración de Jesús al Padre, en el huerto de


Getsemaní: “aparta de mí este cáliz, pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieras
tú”…
Seleccione una:
a. …el sí humano de Jesús (su voluntad propiamente humana) a la voluntad salvífica del
Padre.
b. …el sí de Jesús como Dios, que se inmola para la redención humana.
c. …la opción de Jesús, a pesar que como Dios no era necesario ya que no puede morir siendo
Dios.

¿En qué consiste “la iniciativa del Padre” en la Encarnación?


Seleccione una:
c. Se inscribe dentro del dinamismo íntimo del misterio de la Trinidad. Consiste una
prolongación “hacia afuera” de la vida trinitaria. Por ello, el Padre envía a su Hijo para
redimirnos y hacernos hijos adoptivos.

El Espíritu Santo es llamado también Espíritu Paráclito, Espíritu Creador, Espíritu de


Cristo, Espíritu de Verdad, Virtud del Altísimo, Dedo de Dios, Maestro interior, Huésped
del alma. Estos son nombres que…
Seleccione una:
a. la Sagrada Escritura, la tradición cristiana y la liturgia de la Iglesia empleaba comúnmente
para hablar de la Trinidad.
b. la Sagrada Escritura, la tradición cristiana y la liturgia de la Iglesia apropia al Espíritu
Santo. Son “apelativos” o “nombres apropiados” que se emplean por su gran semejanza a
los caracteres propios del Espíritu Santo.
c. Que representan y son propios del Espíritu Santo. De acuerdo a la Sagrada Escritura, la
tradición cristiana y la liturgia de la Iglesia, estos nombres son intercambiables e históricamente
los más usados y que deben usarse para hablar de la Tercera Persona de la Santísima Trinidad.

El Espíritu Santo habita en la Iglesia, no como un huésped que queda, de todas formas,
extraño, sino como el “alma” que transforma a la comunidad en “Templo santo de Dios”.
Como alma, el Espíritu Santo:
c. …hace “una” a la Iglesia, la hace “católica”, mantiene su “apostolicidad” y es principio
de la “santidad” de la Iglesia.

La preexistencia, la eternidad y la inmutabilidad de Dios:

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Seleccione una:
a. …datos fundamentalmente bíblicos más que filosóficos, tocan la caducidad y la
mutabilidad del tiempo en el misterio de la encarnación, y a partir de este evento nos será
posible conocer por la revelación del Hijo, en el Espíritu, la intimidad de Dios.
b. …datos fundamentalmente bíblicos, tocan la caducidad y la mutabilidad del tiempo en el
misterio de la encarnación, y a partir de este evento nos será posible conocer por la revelación
de María, la intimidad de Dios.
c. …datos fundamentalmente y puramente filosóficos, tocan la caducidad y la mutabilidad del
tiempo en el misterio de la encarnación, y a partir de este evento nos será posible conocer por la
revelación del Hijo, en el Espíritu, la intimidad de Dios.

En su intento por explicar la Encarnación como acto del Hijo, SANTO TOMÁS DE
AQUINO…
Seleccione una:
a. …explicita el cómo de la encarnación. Fiel a la definición del Concilio de Calcedonia
(451), asume el misterio de Cristo con los términos de: única persona (la del Verbo) y dos
naturalezas íntegras e inconfusas, sustancialmente unidas (la naturaleza divina y la
naturaleza humana).

La teología está superando un cierto “imperialismo cristológico” dedicando más espacio al


estudio de la pneumatología.
Seleccione una:
a. Esto quiere decir que, la teología y la vida eclesial se muestran hoy particularmente
sensibles a la reflexión sobre el Espíritu Santo. Se ha constituido de este modo un sector
mejor definido de la teología, es decir, la pneumatología como sector específico.

El Concilio Vaticano II habla de la obra del Espíritu Santo en la vida de la Iglesia. ¿En
qué sentido se refiere el Concilio sobre esta acción?
Seleccione una:
El Concilio Vaticano II habla del nacimiento de la Iglesia el día de Pentecostés. La “era de
la Iglesia” empezó con la “venida”, es decir, con la bajada del Espíritu Santo sobre los
apóstoles reunidos en el Cenáculo de Jerusalén junto con María, la Madre del Señor. El
Espíritu Santo habita en la Iglesia, como el “alma” que transforma a la comunidad en
“Templo santo de Dios” y la asimila continuamente a sí por medio de su don específico
que es la caridad.

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Primer Parcial - 28 DE Abril Revisión del intento

Teología II (Universidad Católica de Salta)

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28/4/23, 21:58 PRIMER PARCIAL - 28 DE ABRIL: Revisión del intento

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Encuentros Sincrónicos Trabajos Prácticos/Actividades Exámenes Parciales/ Recuperatorio Examen Final Tema 10

Comenzado el viernes, 28 de abril de 2023, 21:07


Estado Finalizado
Finalizado en viernes, 28 de abril de 2023, 21:55
Tiempo 47 minutos 47 segundos
empleado
Comentario - APROBADO

Pregunta 1
Finalizado

Puntúa como 2,50

En el Concilio de Calcedonia (451), se aceptó la unión hipostática que expresa el misterio de la unión de las dos naturalezas
(divina y humana) de Cristo en una sola persona, la divina. Esta definición permite comprender que:

Seleccione una:
a. Siguiendo a los Santos Padres que, hay que confesar a un solo y mismo Hijo y Señor nuestro Jesucristo, “perfecto en la
divinidad y perfecto en la humanidad; verdaderamente Dios y verdaderamente hombre compuesto de alma racional y
cuerpo; consubstancial con el Padre según la divinidad y consubstancial con nosotros según la humanidad, "en todo
semejante a nosotros, excepto en el pecado" (Heb 4,15); nacido del Padre antes de todos los siglos según la divinidad; y
por nosotros y por nuestra salvación, nacido en los últimos tiempos de la Virgen María, la Madre de Dios, según la
humanidad.”

b. Jesús, hijo de Dios es a la vez, hijo de María. Hombre como cualquier hombre y Dios por ser hijo de Dios. El misterio de la
Encarnación, explicita que la naturaleza de Jesús es divina y humana, que se fusionan en una sola, gracias a la obra del
Espíritu Santo.

c. Siguiendo a los Santos Padres que, hay que confesar a un solo y mismo Hijo y Señor nuestro Señor Jesucristo, “perfecto
en la divinidad pero no perfecto en la humanidad; verdaderamente Dios y hombre común compuesto de un alma
divina y cuerpo; consubstancial con el Padre según la divinidad y similar a nosotros según la humanidad, "en todo
semejante a nosotros, excepto en el pecado" (Heb 4,15), nacido del Padre por nosotros y por nuestra salvación, y a la
vez nacido en los últimos tiempos de la Virgen María, la Madre de Dios.”

Pregunta 2
Finalizado

Puntúa como 2,50

Dios Hijo...

Seleccione una:
a. se encarna.

b. coopera en la Encarnación.

c. tiene la iniciativa de la Encarnación

[Link] 1/12
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28/4/23, 21:58 PRIMER PARCIAL - 28 DE ABRIL: Revisión del intento

Pregunta 3
Finalizado

Puntúa como 2,50

El Concilio de Calcedonia (453) afirma:

Seleccione una:
a. la persona humana de Cristo.

b. la unión de las naturalezas en una persona.

c. la unidad de lo divino y lo humano concurren a la constitución de una única persona

Pregunta 4
Finalizado

Puntúa como 2,50

Para Santo Tomas de Aquino, ¿cuál es la razón de conveniencia de la encarnación primera y más importante?

Seleccione una:
a. Que Dios pueda conocer a la humanidad para que ella llegue a Él.

b. La reparación del pecado.

c. Mostrar al género humano que Él es Hijo de Dios.

d. Dar cumplimiento a las profecías del Antiguo Testamento.

Pregunta 5
Finalizado

Puntúa como 2,50

El título cristológico “Hijo único de Dios” proclama el papel de mediador único y definitivo de Jesucristo, subrayando su doble
relación con el mundo histórico humano y con Dios.

Seleccione una:
Verdadero

Falso

Pregunta 6
Finalizado

Puntúa como 2,50

La resurrección es la novedad cristiana porque:

Seleccione una:
a. No ocurrió en realidad, sino que es una adición posterior en los Evangelios. Los autores cristianos agregaron estos relatos
para no dejar inconclusa la historia de Jesús.

b. Aunque no responde al problema del mal y la muerte, los Evangelistas tratan de responder de acuerdo a sus
conocimientos filosóficos y teológicos.

c. Es la respuesta última de Dios al misterio del mal, el pecado y la muerte.

[Link] 2/12
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28/4/23, 21:58 PRIMER PARCIAL - 28 DE ABRIL: Revisión del intento

Pregunta 7
Finalizado

Puntúa como 2,50

Quizás el secreto de la Cristología de Pablo pueda estar resumido en pocas palabras:

Seleccione una:
a. “Mi vida es Cristo” (Gál 2,20)

b. “Toda la Escritura está inspirada por Dios” (2 Tim 16)

c. “Cristo fue justificado en el Espíritu y elevado a la Gloria” (1Tim 16)

Pregunta 8
Finalizado

Puntúa como 2,50

Según las opiniones más difundidas, ¿cuál es el evangelio más antiguo de los que actualmente poseemos?

Seleccione una:
a. Mateo

b. Marcos

c. Lucas

d. Juan

Pregunta 9
Finalizado

Puntúa como 2,50

Con que acontecimiento se inaugura la vida pública de Jesús.

Seleccione una:
a. Con el Bautismo.

b. Con el milagro de las bodas de Caná.

c. Con la resurrección de su amigo Lázaro.

d. Con su aparición resucitado a Pedro.

[Link] 3/12
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28/4/23, 21:58 PRIMER PARCIAL - 28 DE ABRIL: Revisión del intento

Pregunta 10
Finalizado

Puntúa como 2,50

Las tentaciones de Jesús, ¿en dónde las podemos ubicar?

Seleccione una:
a. Según el evangelio de Juan, fue tentado toda su vida.

b. Según el Evangelio de Marcos, fue tentado en su misterio pascual.

c. Según los evangelios sinópticos, fue tentado en su vida pública.

d. Todas son correctas.

Pregunta 11
Finalizado

Puntúa como 2,50

Los misterios de la infancia de Jesús son:

Seleccione una:
a. El nacimiento de Jesús y su hallazgo en el Templo.

b. Su vida oculta en Nazaret y el hallazgo en el Templo.

c. El nacimiento, la vida oculta y el hallazgo en el Templo.

Pregunta 12
Finalizado

Puntúa como 2,50

Para Santo Tomás es conveniente decir que la obra de la encarnación ha sido dispuesta por Dios como remedio del pecado,
de modo que, no existiendo el pecado, no se hubiera dado la encarnación.

Seleccione una:
Verdadero

Falso

Pregunta 13
Finalizado

Puntúa como 2,50

¿Porque es importante la encarnación?

Seleccione una:
a. Porque por medio de ella fuimos rescatados del pecado.

b. Porque a través de este evento podemos conocer la intimidad de Dios.

c. Porque por medio de ella el Verbo tomo solo la apariencia de un hombre para mostrarnos como es Dios.

d. Todas las anteriores son correctas.

[Link] 4/12
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28/4/23, 21:58 PRIMER PARCIAL - 28 DE ABRIL: Revisión del intento

Pregunta 14
Finalizado

Puntúa como 2,50

La entrada triunfal en Jerusalén es la única acción mesiánica simbólica que presenta a Jesús a los ojos del pueblo como el
Mesías de Israel.

Seleccione una:
Verdadero

Falso

Pregunta 15
Finalizado

Puntúa como 2,50

El ámbito de la catequesis incluye

a. la tarea de instruir a los iniciados en la fe

b. Compartir la enseñanzas trasmitidas en la Sagrada Escritura, sea en lo concerniente a la vida del Señor como a sus
enseñanzas

c. la misión se llevó a cabo en un doble frente: el judío y el pagano.

d. Todo esto se hacía con la convicción de estar guiados por el Espíritu Santo

e. el ámbito propio donde se proclamaba la Palabra de Dios

Pregunta 16
Finalizado

Puntúa como 2,50

El término kerigma significa alegre mensaje.

Seleccione una:
Verdadero

Falso

Pregunta 17
Finalizado

Puntúa como 2,50

Lo característico del Evangelio de Juan es el simbolismo:

a. Remite al misterio.

b. Evoca una realidad del mismo orden.

c. Parte de la experiencia material y remite al presente.

[Link] 5/12
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28/4/23, 21:58 PRIMER PARCIAL - 28 DE ABRIL: Revisión del intento

Pregunta 18
Finalizado

Puntúa como 2,50

¿De qué habla la teología de la encarnación?

Seleccione una:
a. Habla principalmente de que un hombre es Dios y por eso Dios es hombre.

b. Habla principalmente del nacimiento de Jesús en la persona de María.

c. Habla principalmente de que el amor de Dios por los hombres, a fin de que vino a este mundo.

d. Habla principalmente del estudio del nacimiento de Cristo en relación exclusiva a María y José.

Pregunta 19
Finalizado

Puntúa como 2,50

El Misterio Pascual de Jesús abarca los siguientes Misterios de su vida:

Seleccione una:
a. Pasión, Muerte, Resurrección, Ascensión (Glorificación), Venida del Espíritu Santo.

b. Pasión, Muerte, Resurrección Y glorificación.

c. Nacimiento, Milagros y Resurrección.

Pregunta 20
Finalizado

Puntúa como 2,50

Se admiten tres ámbitos en el seno de la comunidad cristiana primitiva: liturgia, catequesis y misión

Seleccione una:
Verdadero

Falso

Pregunta 21
Finalizado

Puntúa como 2,50

¿En qué consiste “la iniciativa del Padre” en la Encarnación?

Seleccione una:
a. Se inscribe dentro del dinamismo íntimo del misterio de Trinidad. Consiste en el ascenso del hombre gracias a la ayuda
de Jesús, quien enseña al hombre a llegar al hombre a ser Dios.

b. “La iniciativa del Padre” consiste en el deseo de Dios que el hombre, a través de la enseñanza del Espíritu Santo, funde
una Iglesia y acoja la Buena Nueva pregonada por Jesús, su Hijo.

c. Se inscribe dentro del dinamismo íntimo del misterio de la Trinidad. Consiste una prolongación “hacia afuera” de la vida
trinitaria. Por ello, el Padre envía a su Hijo para redimirnos y hacernos hijos adoptivos.

[Link] 6/12
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Pregunta 22
Finalizado

Puntúa como 2,50

El título de Jesús como “Cordero de Dios”, significa que Él es:

Seleccione una:
a. Una imagen querida por Israel, pero que no tiene significación de importancia en los contemporáneos de Jesús.

b. El nuevo y definitivo Éxodo. el Cordero rescata la humanidad entera para hacer de ella un "reino de sacerdotes para
Dios".

c. Un título pero que no designa un obrar en Jesús.

Pregunta 23
Finalizado

Puntúa como 2,50

¿Cuantas naturalezas hay en la persona de Cristo?

Seleccione una:
a. Una.

b. Dos.

c. Tres.

d. Ninguna, es Dios, no hay naturaleza en El.

Pregunta 24
Finalizado

Puntúa como 2,50

¿Cuál fue la obra del Espíritu Santo en el misterio de la Encarnación?

Seleccione una:
a. De acuerdo a San Pablo, en la “plenitud de los tiempos” el Espíritu Santo obra para que se realice la autocomunicación
de Dios con la humanización del Hijo de Dios en el seno de la Virgen María. La obra del Espíritu “que da la vida” alcanza
su culmen en el misterio de la encarnación. El Verbo Eterno se hace carne por obra del Espíritu Santo.

b. El Espíritu Santo, de acuerdo a la Sagrada Escritura, obra en el misterio de la vida de Jesús, quien, en el Bautismo en el
Jordán, reconoce y toma conciencia de su filiación divina (Mt. 3, 17).

c. De acuerdo a San Pablo, en la “plenitud de los tiempos”, el Espíritu Santo, Señor y Dador de Vida empieza a existir
cuando el Verbo Eterno se hace carne, en el seno de María. Por eso, en la Sagrada Escritura no se hace mención
alguna del Espíritu Santo. El misterio de la Encarnación origina la Tercera Persona de la Trinidad.

[Link] 7/12
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Pregunta 25
Finalizado

Puntúa como 2,50

¿Qué comprende el misterio pascual de Cristo?

Seleccione una:
a. Su nacimiento, vida pública, y los misterios de su pasión.

b. Su pasión, muerte, resurrección y glorificación.

c. Su pasión, resurrección y ascensión a los cielos.

d. Su muerte, resurrección y ascensión a los cielos.

Pregunta 26
Finalizado

Puntúa como 2,50

Los principales relatos sobre la vida, obras y palabras de Jesús, los encontramos en los textos que llamamos “Vida de Jesús” o
“Biografía de Jesús”.

Seleccione una:
Verdadero

Falso

Pregunta 27
Finalizado

Puntúa como 2,50

La teología de la encarnación habla del ser y gira en torno al hecho inaudito de que un hombre es Dios y de que Dios es
hombre.

Seleccione una:
Verdadero

Falso

[Link] 8/12
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28/4/23, 21:58 PRIMER PARCIAL - 28 DE ABRIL: Revisión del intento

Pregunta 28
Finalizado

Puntúa como 2,50

La expresión “Yo soy la vid verdadera” de la Cristología de Juan. Expresa lo siguiente:

Seleccione una:
a. Anulación de la categoría del Antiguo Testamento, esto es el Pueblo de Israel como Viña del Señor. No hay más vid que
Jesús.

b. Comprensión cristológica y una concepción acabada del vínculo que existe entre Jesús y el nuevo pueblo de Dios, es
decir la comunidad de sus seguidores.

c. Es una analogía de carácter ilustrativo. No tiene intención alguna de mostrar otros aspectos. Al contrario se han
inventado interpretaciones en clave de unidad y fraternidad de la comunidad de cristianos.

d. Una comprensión solamente cristológica sin más.

Pregunta 29
Finalizado

Puntúa como 2,50

La definición de BOECIO es clave para entender esta explicación del misterio de la Encarnación

Seleccione una:
Verdadero

Falso

Pregunta 30
Finalizado

Puntúa como 2,50

¿Porque la Resurrección de Cristo es un acontecimiento trascendente?

Seleccione una:
a. Porque es un evento histórico, atestiguado verificado mediante signos y testimonios.

b. Porque trasciende y sobrepasa la historia como misterio de fe.

c. Porque implica la entrada de la humanidad de Cristo en la gloria de Dios.

d. Todas son correctas.

Pregunta 31
Finalizado

Puntúa como 2,50

Para SANTO TOMÁS DE AQUINO, la unión de la naturaleza humana con la divina en Jesucristo es accidental y personal.

Seleccione una:
Verdadero

Falso

[Link] 9/12
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Pregunta 32
Finalizado

Puntúa como 2,50

El título cristológico Señor (Kyrios) es solamente una mención de respeto u honorífica.

Seleccione una:
Verdadero

Falso

Pregunta 33
Finalizado

Puntúa como 2,50

[Link]ÁLEZ DE CARDEDAL, la cuestión esencial para los tratados de Trinidad y cristología es explicar la íntima relación entre
Jesús de Nazareth y las tres personas divinas.

Seleccione una:
Verdadero

Falso

Pregunta 34
Finalizado

Puntúa como 2,50

¿Si no hubiese existido el pecado, para Santo Tomas, se hubiese encarnado el Verbo?

Seleccione una:
a. Si, independientemente del pecado el Verbo se hubiese encarnado.

b. Si, ya que estaba pensado en la eternidad del Padre enviar a su hijo.

c. No, es conveniente afirmar que fue dispuesto por Dios como remedio del pecado.

d. Ninguna de las anteriores es correcta.

Pregunta 35
Finalizado

Puntúa como 2,50

¿Qué concilio definió la unión de las dos naturalezas de Cristo en una sola persona?

Seleccione una:
a. El Concilio de Florencia.

b. El Concilio Vaticano I.

c. El Concilio de Constantinopla.

d. El Concilio de Calcedonia.

[Link] 10/12
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Pregunta 36
Finalizado

Puntúa como 2,50

Santo Tomás explica el misterio de Cristo con los términos de dos personas y una naturaleza.

Seleccione una:
Verdadero

Falso

Pregunta 37
Finalizado

Puntúa como 2,50

Dios Padre....

Seleccione una:
a. se encarna.

b. tiene la iniciativa de la Encarnación.

c. coopera en la Encarnación.

Pregunta 38
Finalizado

Puntúa como 2,50

La pretensión mesiánica de Jesús que se descubre en los Evangelios, constituía un delito contra el orden del Imperio Romano.
Este delito era:

Seleccione una:
a. El pretender ser rey era un delito digno de muerte como causa de rebelión. Los saduceos, miembros de la comunidad
judía, acusan de sedición a Jesús ante el procurador romano.

b. El pretender ser rey era un delito pero el Imperio Romano, estableció un respeto por las tradiciones judías. Por eso el
delito que cometió Jesús es no haber respetado la norma impuesta en la Digesta por los romanos.

c. El pretender ser Mesías era un delito contra el Imperio Romano, porque era una afrenta contra la divinidad del
Emperador Romano.

Pregunta 39
Finalizado

Puntúa como 2,50

¿Qué es lo esencial del misterio pascual de Cristo?

Seleccione una:
a. La institución de la Eucaristía, que gracias a ella hacemos memorial de este misterio.

b. La muerte de Cristo en el calvario.

c. La Resurrección de Cristo.

d. El sacrificio de expiación.

[Link] 11/12
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Pregunta 40
Finalizado

Puntúa como 2,50

La encarnación, ¿obra de qué persona divina es?

Seleccione una:
a. Exclusivamente del el Hijo.

b. Exclusivamente del Padre.

c. Estrictamente del Espíritu Santo.

d. Estrictamente de la Trinidad.

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¿Por qué teología?

Teología en escribanía ustedes tienen la posibilidad muchas veces de acompañar, el lumen, diferentes realidades,
de estas personas que vienen con diferentes situaciones de vida. Ustedes como escribanos, les va a tocar,
encontrarse con historias de vidas, de personas que quizás han fallecido, están dejando sus bienes, de personas
que probablemente bueno están en una situación terminada y quieren dejar acomodados sus bienes. Entonces,
ustedes van a hacer el reflejo de esas personas que quizás ya no esté y para un montón de otras cosas más, que
este es un simple ejemplo

Y en la cuestión religiosa, son mediadores de la verdad.

Hay muchas personas que, por decirse líderes religiosos, quizás aprovechan esta oportunidad para apropiarse de
bienes o inclusive de personas. Ustedes como escribanos sean también prudentes a la hora de ejecutar estos
trántiles. Y el hecho de conocer quizás una de las religiones como la religión católica les permite tener elementos
para detectar ciertas normalidades en cuestiones religiosas y también en las cuestiones profesionales.

Esto simplemente es a modo de ejemplo de una de las tantísimas cosas con las que ustedes se van a encontrar
dentro del ámbito profesional y la teología no solamente le va a dar estas herramientas sino también un montón
de otras las cuales si ustedes se aspropian

Unidad 2 el Ministerio de Cristo en el nuevo Testamento.

Esto va a encontrar ustedes en la página 67 del Modo de Estudio,

Vamos a ver que el material se divide en varios elementos, pero hay dos cuestiones acá que les quiero remarcar
que están en el índice como para que ustedes tengan una visión general de la Unidad.

La primera tiene que ver con la introducción que hace referencia de que se trata el Ministerio de Cristo, como se
desarrollen el nuevo Testamento y las nociones preliminares, que cosas tenemos que tener en cuenta en
referencia a eso.

En la página 72 en adelante,ustedes van a tener las diferentes perspectivas cristológicas en los libros del nuevo
Testamento.

Comienza con Pablo, alguien se anima a decir por qué Pablo está primero aquí en este índice, Vería por qué él sí,
lo que hablas acerca de la vida de Cristo, de acuerdo al cronograma que tenemos en el módulo, que fueron las
cartas Paulinas,son las primeras que se escribieron entre el 50 y 60 después de Cristo.

Fueron las primeras cartas que se escribieron sobre Cristo. Primero que escribió sobre Cristo.

El primero que escribe acerca sobre la vida de Cristo es Pablo, por medio de las cartas, las cuales se dirigía a las
diferentes comunidades. Entonces ustedes van a ver que en el módulo comienza con Pablo.

Luego va en relación a los textos donde hace referencia propiamente a la vida de Cristo, que son los de evangelios
sinópticos. Los evangelios sinópticos son los libros que comprenden es marco, mateos y lucas. ¿Vean? Juan no
está en ese conjunto de libro porque Juan tiene también su criptología específica y además tiene su propio
lenguaje, lo cual lo hace completamente diferente.

Esto nos permite también tener una visión especial sobre Cristo, que Juan tiene una mirada diferente acerca de
lo que tuvieron las comunidades de Mateo, Marcos y lucas.

También tenemos las epítoles cantólicas, epístolas, son cartas de pedro, de juzas, de los diferentes
apóstoles,también tenemos a los hebreos y el apocalífesis, sí. Son textos en los cuales ustedes pueden ir a hacer
referencias exactamente o los son cartas universales.

Y por último tenemos una conclusión.


Tener en cuenta los primeros puntos desde la página 77 hasta la 73, teniendo en cuenta las nociones
preliminares.

Cuando vemos el misterio de Cristo en el nuevo testamento nosotros hacemos referencia a cuestiones
instructores o el carisma que es el carisma es el primer anuncio sobre la vida de Cristo aquí ellos que no conocen
sobre Cristo y esto va madurando lo largo del tiempo, va acrecentando el conocimiento en las diferentes
comunidades y también va evolucionando esa elaboración de los conceptos de Cristo en las diferentes
comunidades no hay lo mismo como hablan la hace referencia a Cristo en Mateo como hace referencia de Cristo
Marcos, ni mucho menos hablar de Juan Juan tiene una manera de personalizar a Jesús como como el mismo es
Cristo es no es decir Juan quizás lo plasma a Cristo como una persona que habla con elimento filosóficos y los
textos también hablan en griego, tienen palabras en griego y hace referencia a elementos como la mayebucano
como la ilunía entonces está bueno que ustedes tengan como esas visiones tomándolo que aprendieron de
filosofía a ver dónde encontramos esas herramientas o esos elementos de los evangelios por eso ustedes
previamente tienen filosofía antes de ingresar la tecnología porque la sociedad es una herramienta que hace que
nosotros después podamos hacer tecnología, ¿Vean?

En lo misterio de la vida de Cristo cuando nosotros preguntamos por ejemplo los exámenes están divididos en por
ejemplo el misterio de la infancia de Jesús es uno del misterio de la vida pública de Jesús y el misterio Pazcual es
decir son tres nada más, el misterio de la infancia, una pública profeta y el misterio de Pazcual, es decir Juan
Simmel, si yo había leído que se desde los tres misterios que parece la infancia, la vida pública y del Pazcual pero
es como que de la habla del nacimiento de Jesús y de la infancia de Jesús, de la vida de Jesús habla de la vida
pública de Jesús que es a partir de los 30 años para hasta la crucifixión y entre medio como que si bien hay
nociones de que Jesús por ahí a los 12 años había ido al templo, le había dicho que estaba preparando la casa del
señor y todo eso, la casa del padre dice bien pero es como que entre medio, entre el nacimiento y la vida pública
de Jesús es como que hay prácticamente poco y nada de Jesús.

Sí, así Juan, bueno eso precisamente no estás relatado en los textos bíblicos porque se considera que los textos
seleccionados para la conformación del cano bíblico que seguramente lo viieron el año pasado, son textos
elegidos en los cuales ayuda al lector, en este caso, a a presentar su conocimiento sobre la cría y vida de Cristo es
decir que de los 13 años, hasta los 30 y pico de año, los relatos que ahí son muy pocos no se pudieron verificar tal
vez o por alguna razón no están, ¿no? y por qué no están, porque tal vez no son tan relevantes a plan de
salvación.

Entonces ¿por qué necesita, por ejemplo, la infancia, porque es decir, mostrar la parte humana de Cristo, es decir,
que nació como nosotros, pues un niño que tuvo necesidades, que necesitó el cuidado de otros, también pueden
pagar, sí Juan.

Era un niño que jugaba, que estaba con su papá, con su mamá, que tenía una casa, un hogar,sería un humano
como no como cualquiera nosotros, sino vivía como cualquiera de [Link], Jesús necesito que
alguien lo baño, que lo cambie, que lo atienda, que le ayude, enseñale a leer, enseñale a trabajar.

Bueno, hay unos textos que se llaman libros apócrifos, que son, a ver, apócrifos no quiero decir que están
previdos, que no están al acceso a las personas, son rollo, ¿no?

Yo les saben si lo vieron en primer año, los textos se los encuentran en muchos de eso, en cuevas, en basijas de
barro, ¿no?

Y brase la naturaleza y demás, que han sido conservados, son rollo de cueros, son papiros, que fueron escrito con
tinta vegetal. Y muchos de esos papiros también hablan sobre la vida de ese Jesús joven. Y fue la tan de que fue
un joven servicial, un joven que siempre estaba dependiente de su mamá, porque fue cuando en que su papá era
mayor, era cuando él nace y nuevemente José primero y quien queda es María, ¿no?

Este joven, los ajesus, aprende el oficio de su padre y era reconocido en Azaret por su oficio de carpintero, ¿no?
Esto hace que como que llevaba una vida ordinar, es decir, una vida común, ¿no?

Por eso acarice la vida oculta en Azaret, que es supermaneste en silencio, en una existencia ordinaria, como
Vallana acá, y de esta manera no llama entrar en comunión con él en la santidad, en la vida, o sea, ¿por qué no
están estos textos precisamente en la vida?

Porque Jesús con el de silencio también nos invita a hacer santidad en lo que nosotros hacemos día a día, en la
oración, en la sencille, en el trabajo, en la disposición a nuestra familia, en demostrar efectos hacia nuestra
familia, esta sumisión, no es una sumisión como hoy nosotros les conocemos, sino quiere decir que estaba a la
merse de María y de José, como su papá lega donde él respondía una obediencia, ¿no? Es decir, tu padre, tu
madre, te orientan, te guían y él respetaba esas orientaciones, no es que por ser hijo de Dios tomaba ciertas
atribuciones y se mandaba sobre, no, no, él respetaba y se abordan familiars, ¿no? Y bueno, a lo largo de los años,
él va creciendo en sabiduría también biologicamente, y sobre todo en la gracia de Dios. Y eso a él lo lleva ya en un
momento a convertirse en un joven de 33 años, 30 años, en la cual comienza ese misterio de la vida pública. Mis
terios acá en la Biblia no quiere decir algo desconocido, sino que es una revelación que por medio de la
disposición, desde que el lector en la sala de escritura va a develaje, es decir, va a conocer, le va a permitir tener
otra visión sobre Jesucristo. Y acá hay elementos que están en de grita y en la cual ustedes van a empezar a
reconocer. Cuando hablamos misterio de la vida pública de Jesus la misión de la expansión, entonces tenemos el
nacimiento y acá por lo general en los parciales que se pregunta, en la entero de la infancia de Jesus,

¿cuál es el hecho o cuáles son los hechos más relevantes en esa etapa? Y bueno, mira, que nada en el nacimiento,
o sea, hablar de que Jesús nace, cómo nace, y tenemos el relato de la anunciación que es en el libro de Lucas,
capítulos dos, ¿no? Bueno, recusir a los textos, ustedes van a ver que todo esto tienen citas bíblicas, bueno,
recusas, una de esas citas bíblicas para que ustedespuedan comprender qué está diciendo, por ejemplo, todo este
paso, ¿no? Y bueno, después está la vida pública en nazaret, y Jesus ha hallado en el templo, el más importante
de punto sería el nacimiento de Jesús y comprender qué quiere decir, de cómo Dios prepara la vería de su hijo y
esa casa este, y no cayan a este, en este caso sería el anuncio del ángel a maría, ¿sí? La anunciación del relato y la
anunciación, si ustedes ven en la viglia, hay algunas que tienen el título, bueno, es bueno decir, la anunciación.

Bueno, después el punto siguiente, los mitores de la vida pública de Jesús, queremos el autismo, las tentaciones
de Jesús en el desierto, y esto acá vemos la humanidad de Jesús, ¿no?

Y es decir, hasta el mismo Jesús, este Satanás intenta seducir, ¿no? Y Jesús no se deja llorar, sino que, ¿cómo
bien? El cumpe, esa evidencia, el padre, bautismo de conversión,

Jesús no necesitaba bautismo, pero sin embargo, él hace como un cordero que busca hacerse hombres, ¿no? Y
recibe este bautismo como un signo, inaugural de la vida pública, o sea, un signo inaugural de su evangelización,
¿sí? ¿Por qué? Porque el bautismo hoy en día nosotros conocemos como un sacramento que vos repecar original,
¿y Jesús no tuvo? O pecar original, porque nace de María, que María es elegida desde antes que naciera.

María también nace sin plocado original, por eso es que el 8 de diciembre se celebra o se conmemora la immacula
a concepción, y la gente entiende, ¿no? Pero si ahí lo concebe, en acceso un no me da los meses para que llegue a
diciembre el 25, o sea, no, es habla de la concepción de María, no la de Jesús, ¿sí? ¿Juan tenía un consulta?

No justamente eso iba a decir que la vida pública de Jesús comienza con el bautismo del que él se bautiza los 30
años, aproximadamente, de ahí es como que arranca la vida pública de Jesús. Exactamente, sí, es como sí, lo
imaginaba, es un signo de anuncio a todo lo que va a venir después. Las tentaciones, bueno, en el reino de Dios,
donde él invita a todos a participar de ese reino, el ligero de los 12 apóstoles, la transcuración, es decir, él se
muestra con un cuerpo glorioso frente a los apóstoles, y los reconocen, como hijo de Dios, con diferentes signos,
y símbolo que Jesús le hace ver a los apóstoles, que él verdaderamente era el hijo de Dios. Y bueno, después,
esto, de subir a Filus Allen para sufrir la pasión. Y esto, obviamente, o aquí se inaugura el misterio pascual.

El misterio pascual, si bien acá está en Egrita, cruzaron a Jesús, comienza con la pasión,
si, donde allí, bueno, está toda esa acusación, está esa búsqueda, donde ahí lo coloca en preso a Jesús, está la
muerte, la acáxería pasión muerte y resurrección, después todo estos elementos que están en el medio son los
que sucede precisamente en la pasión, lo que es la última cena, lo que sucede en el cuarto de G.S. Maní, lo que
hace referencia que Jesús bajó de las regiones inferiores de la tierra para resucitar, tiene todo este exterior como
un trasfondo teológico de la resurrección.

Data de color, frente a, perdón acá me ha olvidado, la ascensión, sí, la ascensión.

Entonces, en el misterio pascual comprende la pasión muerte, resurrección y ascensión de Jesús, a los cielos.

O sea, son cuatro elementos que comprenden el misterio pascual, cuando la profe llaman el fregón, que me le
examen.

Me mencionaron los elementos del misterio pascual, tienen que mencionar esos cuatro, pasión muerte,
resurrección y ascensión, ¿sí?

En otros textos van a encontrar, por ejemplo, 20 costes, no sé, glorificación, etcétera, y realmente nosotros
vamos a ir por esto, porque es lo que está, por ejemplo, orientado en el Cantecímale Iglesia Católico, que es otra
bibliografía que seguramente la anunzada de la energía 1, y además porque allí se centra realmente todo el
misterio pascual. Les decía, como dato de color, estamos hoy es diario, mañana, por ejemplo, después de la tarde
se comenzan a celebrar en las misas la entrada triunfa de Jesús a Jerusalén en otras palabras, el domingo que
llamamos, ¿sí?

Y con eso da inicio a la semana lícrica más importante del católicismo, el tricánismo católico en la cual se se
conmemora todos los justos elementos que les fui mencionando en estas hojas de la unidad 2.

Si alguna es católico o alguna por curiosidad y demás, le agrega a las celebraciones y yo le diría que van a allá
porque en estas celebraciones de las semanas antas está contenido todo el misterio de la vida del Cristo.

Entonces prestar atención a los signos, a los símbolos, a los gestos, a las lecturas que se proclaman.

Entonces ahí le vamos a llevar a usted como a poder visualizar un poco, ¿qué significa todas estas cosas que
ustedes la ven en dos o tres hojas?

Sería el misterio Pascual, en verse, comenzaría con Jesús J. Jerusalén, que sería el domingo de Ramos y culminaría
con el domingo de Pascual, sería el misterio.

Era celestríturgica en las celebraciones y turgicas, sí, pero cuando hablamos de la turgica, la pasión, claro, sí, sí, así
es.

Y en la pasión sí, hay mención del entrada de Jesús Jerusalén y demás, pero son como los detalles.

O sea, primero tengo que entender cuáles son las partes.

Inclusive ustedes pueden leer este módulo, apartecite el módulo y después ir a la celebración y van a empezar a
comprender qué significa todo esto, ¿no?

Un poco también, o sea, por curiosidad, decía, bueno, ver, si yo no soy católico, me pueda ayudar a comprender y
entender algunas cuestiones que están acá marcados, ¿sí?

Bueno, punto o siguiente, las nociones preliminares, bueno, ahora sí. En las cuales son puntos para que ustedes
puedan analizar el querisma y los tres ambientes vitales, el querisma, como dijimos anteriormente, es el primer
anuncio y dónde está ese anuncio, dónde sucede todo esto y vente costés cuando, pero presentándose a los 11, a
los judíos y a los habitantes de la tierra, levantó su voz y dijo, a Jesús de Nazare, el marón que Dios has leído entre
usted realizando por su intermedio de las miláderas, prodíjios y señales que todos conocen a ese hombre que
había sido entregado con forma plan de la previsión de Dios, ustedes lo hicieron morir, crucificándolo por medio
de los infieles,
pero Dios los resurgito, librándolos de las angústias de la muerte, porque no era posible que ella tuviera dominio
sobre él.

Y así, se senta el querisma, ese anuncio en el misterio pasqual, es decir, que cuando hablamos de Irina, hacemos
referencias de misterio pasqual, llamamos dando una cuenta, hace donde está orientado esto, ¿no?

Y estos tejambientes vitales, en donde vamos a desarrollar ese querisma, es en la liturgia, en la Catequesis y en la
misión, la liturgia, todos los elementos, componen y cómo se programaba la palabra de Dios, la Catequesis, de
cómo se destruía a esas personas que inicia su fe y sobre todo en las fábrias fiicturas, cual eran los elementos y en
la misión.

Bien, y luego comienza con la Christuos G. Y Anca tiene un cuadro para sintetizar lo que decía hace rato en la
compañera, en la cantidad de tiempo, en la cuestión cronológica, cómo están escrito esos textos y que ustedes
pueden ir tomando referencias cada uno.

Y a partir de esto, tienen las diferentes criptologías que eso ya lo dejo para que ustedes puedan desarrollarnos,
leerlos y profundizar.

UNIDAD 3

PRIMERA PARTE LA PROFESIÓN DE LA FE

PRIMERA SECCIÓN

«CREO»-«CREEMOS»

CAPÍTULO SEGUNDO

DIOS AL ENCUENTRO DEL HOMBRE

50 Mediante la razón natural, el hombre puede conocer a Dios con certeza a partir de sus obras. Pero existe otro
orden de conocimiento que el hombre no puede de ningún modo alcanzar por sus propias fuerzas, el de la
Revelación divina (cf. Concilio Vaticano I: DS 3015). Por una decisión enteramente libre, Dios se revela y se da al
hombre. Lo hace revelando su misterio, su designio benevolente que estableció desde la eternidad en Cristo en
favor de todos los hombres. Revela plenamente su designio enviando a su Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo, y
al Espíritu Santo.

ARTÍCULO 1

LA REVELACIÓN DE DIOS

I Dios revela su designio amoroso

51 "Dispuso Dios en su sabiduría revelarse a sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad, mediante el cual
los hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen
consortes de la naturaleza divina" (DV 2).

52 Dios, que "habita una luz inaccesible" (1 Tm 6,16) quiere comunicar su propia vida divina a los hombres
libremente creados por él, para hacer de ellos, en su Hijo único, hijos adoptivos (cf. Ef 1,4-5). Al revelarse a sí
mismo, Dios quiere hacer a los hombres capaces de responderle, de conocerle y de amarle más allá de lo que
ellos serían capaces por sus propias fuerzas.

53 El designio divino de la revelación se realiza a la vez "mediante acciones y palabras", íntimamente ligadas entre
sí y que se esclarecen mutuamente (DV 2). Este designio comporta una "pedagogía divina" particular: Dios se
comunica gradualmente al hombre, lo prepara por etapas para acoger la Revelación sobrenatural que hace de sí
mismo y que culminará en la Persona y la misión del Verbo encarnado, Jesucristo.
San Ireneo de Lyon habla en varias ocasiones de esta pedagogía divina bajo la imagen de un mutuo
acostumbrarse entre Dios y el hombre: "El Verbo de Dios [...] ha habitado en el hombre y se ha hecho Hijo del
hombre para acostumbrar al hombre a comprender a Dios y para acostumbrar a Dios a habitar en el hombre,
según la voluntad del Padre" (Adversus haereses, 3,20,2; cf. por ejemplo, Ibid., 3, 17,1; Ibíd., 4,12,4; Ibíd.,4, 21,3).

II Las etapas de la revelación

Desde el origen, Dios se da a conocer

54 "Dios, creándolo todo y conservándolo por su Verbo, da a los hombres testimonio perenne de sí en las cosas
creadas, y, queriendo abrir el camino de la salvación sobrenatural, se manifestó, además, personalmente a
nuestros primeros padres ya desde el principio" (DV 3). Los invitó a una comunión íntima con Ël revistiéndolos de
una gracia y de una justicia resplandecientes.

55 Esta revelación no fue interrumpida por el pecado de nuestros primeros padres. Dios, en efecto, "después de
su caída [...] alentó en ellos la esperanza de la salvación con la promesa de la redención, y tuvo incesante cuidado
del género humano, para dar la vida eterna a todos los que buscan la salvación con la perseverancia en las buenas
obras" (DV 3).

«Cuando por desobediencia perdió tu amistad, no lo abandonaste al poder de la muerte [...] Reiteraste, además,
tu alianza a los hombres (Plegaria eucarística IV: Misal Romano).

La alianza con Noé

56 Una vez rota la unidad del género humano por el pecado, Dios decide desde el comienzo salvar a la humanidad
a través de una serie de etapas. La alianza con Noé después del diluvio (cf. Gn 9,9) expresa el principio de la
Economía divina con las "naciones", es decir con los hombres agrupados "según sus países, cada uno según su
lengua, y según sus clanes" (Gn 10,5; cf. Gn 10,20-31).

57 Este orden a la vez cósmico, social y religioso de la pluralidad de las naciones (cf. Hch 17,26-27), está destinado
a limitar el orgullo de una humanidad caída que, unánime en su perversidad (cf. Sb 10,5), quisiera hacer por sí
misma su unidad a la manera de Babel (cf. Gn 11,4-6). Pero, a causa del pecado (cf. Rm 1,18-25), el politeísmo, así
como la idolatría de la nación y de su jefe, son una amenaza constante de vuelta al paganismo para esta
economía aún no definitiva.

58 La alianza con Noé permanece en vigor mientras dura el tiempo de las naciones (cf. Lc 21,24), hasta la
proclamación universal del Evangelio. La Biblia venera algunas grandes figuras de las "naciones", como "Abel el
justo", el rey-sacerdote Melquisedec (cf. Gn 14,18), figura de Cristo (cf. Hb 7,3), o los justos "Noé, Daniel y Job"
(Ez 14,14). De esta manera, la Escritura expresa qué altura de santidad pueden alcanzar los que viven según la
alianza de Noé en la espera de que Cristo "reúna en uno a todos los hijos de Dios dispersos" (Jn 11,52).

Dios elige a Abraham

59 Para reunir a la humanidad dispersa, Dios elige a Abram llamándolo "fuera de su tierra, de su patria y de su
casa" (Gn 12,1), para hacer de él "Abraham", es decir, "el padre de una multitud de naciones" (Gn 17,5): "En ti
serán benditas todas las naciones de la tierra" (Gn 12,3; cf. Ga 3,8).

60 El pueblo nacido de Abraham será el depositario de la promesa hecha a los patriarcas, el pueblo de la elección
(cf. Rm 11,28), llamado a preparar la reunión un día de todos los hijos de Dios en la unidad de la Iglesia (cf. Jn
11,52; 10,16); ese pueblo será la raíz en la que serán injertados los paganos hechos creyentes (cf. Rm 11,17-
18.24).

61 Los patriarcas, los profetas y otros personajes del Antiguo Testamento han sido y serán siempre venerados
como santos en todas las tradiciones litúrgicas de la Iglesia.
Dios forma a su pueblo Israel

62 Después de la etapa de los patriarcas, Dios constituyó a Israel como su pueblo salvándolo de la esclavitud de
Egipto. Estableció con él la alianza del Sinaí y le dio por medio de Moisés su Ley, para que lo reconociese y le
sirviera como al único Dios vivo y verdadero, Padre providente y juez justo, y para que esperase al Salvador
prometido (cf. DV 3).

63 Israel es el pueblo sacerdotal de Dios (cf. Ex 19, 6), "sobre el que es invocado el nombre del Señor" (Dt 28, 10).
Es el pueblo de aquellos "a quienes Dios habló primero" (Viernes Santo, Pasión y Muerte del Señor, Oración
universal VI, Misal Romano), el pueblo de los "hermanos mayores" en la fe de Abraham (cf. Discurso en la
sinagoga ante la comunidad hebrea de Roma, 13 abril 1986).

64 Por los profetas, Dios forma a su pueblo en la esperanza de la salvación, en la espera de una Alianza nueva y
eterna destinada a todos los hombres (cf. Is 2,2-4), y que será grabada en los corazones (cf. Jr 31,31-34; Hb
10,16). Los profetas anuncian una redención radical del pueblo de Dios, la purificación de todas sus infidelidades
(cf. Ez 36), una salvación que incluirá a todas las naciones (cf. Is 49,5-6; 53,11). Serán sobre todo los pobres y los
humildes del Señor (cf. So 2,3) quienes mantendrán esta esperanza. Las mujeres santas como Sara, Rebeca,
Raquel, Miriam, Débora, Ana, Judit y Ester conservaron viva la esperanza de la salvación de Israel. De ellas la
figura más pura es María (cf. Lc 1,38).

III Cristo Jesús, «mediador y plenitud de toda la Revelación» (DV 2)

Dios ha dicho todo en su Verbo

65 "Muchas veces y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros padres por medio de los profetas; en
estos últimos tiempos nos ha hablado por su Hijo" (Hb 1,1-2). Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre, es la Palabra
única, perfecta e insuperable del Padre. En Él lo dice todo, no habrá otra palabra más que ésta. San Juan de la
Cruz, después de otros muchos, lo expresa de manera luminosa, comentando Hb 1,1-2:

«Porque en darnos, como nos dio a su Hijo, que es una Palabra suya, que no tiene otra, todo nos lo habló junto y
de una vez en esta sola Palabra [...]; porque lo que hablaba antes en partes a los profetas ya lo ha hablado todo
en Él, dándonos al Todo, que es su Hijo. Por lo cual, el que ahora quisiese preguntar a Dios, o querer alguna visión
o revelación, no sólo haría una necedad, sino haría agravio a Dios, no poniendo los ojos totalmente en Cristo, sin
querer otra alguna cosa o novedad (San Juan de la Cruz, Subida del monte Carmelo 2,22,3-5: Biblioteca Mística
Carmelitana, v. 11 (Burgos 1929), p. 184.).

No habrá otra revelación

66 "La economía cristiana, como alianza nueva y definitiva, nunca pasará; ni hay que esperar otra revelación
pública antes de la gloriosa manifestación de nuestro Señor Jesucristo" (DV 4). Sin embargo, aunque la Revelación
esté acabada, no está completamente explicitada; corresponderá a la fe cristiana comprender gradualmente todo
su contenido en el transcurso de los siglos.

67 A lo largo de los siglos ha habido revelaciones llamadas "privadas", algunas de las cuales han sido reconocidas
por la autoridad de la Iglesia. Estas, sin embargo, no pertenecen al depósito de la fe. Su función no es la de
"mejorar" o "completar" la Revelación definitiva de Cristo, sino la de ayudar a vivirla más plenamente en una
cierta época de la historia. Guiado por el Magisterio de la Iglesia, el sentir de los fieles (sensus fidelium) sabe
discernir y acoger lo que en estas revelaciones constituye una llamada auténtica de Cristo o de sus santos a la
Iglesia.

La fe cristiana no puede aceptar "revelaciones" que pretenden superar o corregir la Revelación de la que Cristo es
la plenitud. Es el caso de ciertas religiones no cristianas y también de ciertas sectas recientes que se fundan en
semejantes "revelaciones".
Resumen

68 Por amor, Dios se ha revelado y se ha entregado al hombre. De este modo da una respuesta definitiva y
sobreabundante a las cuestiones que el hombre se plantea sobre el sentido y la finalidad de su vida.

69 Dios se ha revelado al hombre comunicándole gradualmente su propio Misterio mediante obras y palabras.

70 Más allá del testimonio que Dios da de sí mismo en las cosas creadas, se manifestó a nuestros primeros
padres. Les habló y, después de la caída, les prometió la salvación (cf. Gn 3,15), y les ofreció su alianza.

71 Dios selló con Noé una alianza eterna entre Él y todos los seres vivientes (cf. Gn 9,16). Esta alianza durará tanto
como dure el mundo.

72 Dios eligió a Abraham y selló una alianza con él y su descendencia. De él formó a su pueblo, al que reveló su ley
por medio de Moisés. Lo preparó por los profetas para acoger la salvación destinada a toda la humanidad.

73 Dios se ha revelado plenamente enviando a su propio Hijo, en quien ha establecido su alianza para siempre. El
Hijo es la Palabra definitiva del Padre, de manera que no habrá ya otra Revelación después de Él.

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