391-Texto Del Artículo-973-1-10-20210628
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RESUMEN
La legítima defensa —propia e impropia— es un instituto jurídico
de defensa de bienes jurídicos propios o de terceros, que opera
frente a una agresión ilegítima, actual o inminente, que debe
concurrir con los requisitos que prevé el artículo 20, inciso 3, del
Código Penal vigente. Asimismo, usar el derecho a la legítima
defensa como justificación a veces trae consigo consecuencias
adversas no previsibles, como el daño o la lesión a bienes jurídicos
de terceros, por ejemplo, la muerte o lesión de personas. Entonces,
conlleva asumir la responsabilidad contra el accionante o el accio-
nado, respectivamente. Más aún, ejercer tal derecho debe ser de
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última ratio, no de primera línea. En tal sentido, usarlo implica
ser cuidadoso y responsable en cada circunstancia particular. Por
ejemplo: no es lo mismo ejercer la legítima defensa sin que haya
presencia de personas, que ejercerla en lugares con presencia de
ellas.
Palabras clave: legítima defensa; bienes jurídicos; consecuencias
adversas; causa de justificación.
ABSTRACT
Self-defense -proper and improper- is a legal institute for the
defense of one’s own or third parties’ legal interests, which operates
in the face of a current or imminent unlawful aggression, which
must meet the requirements outlined in article 20, paragraph 3, of
the Criminal Code in force. Also, using the right to self-defense
as a justification sometimes results in unforeseeable adverse
consequences, such as damage or injury to the legal interests
of third parties, for example, death or injury to persons. In this
sense, using it implies being careful and responsible in each
particular circumstance. For example, it is not the same to exercise
self-defense in the presence or absence of the persons involved.
Key words: self-defense; legal interests; adverse consequences;
cause of justification.
Recibido: 15/05/2021 Aceptado: 26/05/2021
1. INTRODUCCIÓN
En principio, la legítima defensa es una institución jurídica de
carácter universal reconocida en muchas legislaciones del mundo.
El Perú no es ajeno a ella. Esta institución está normada en el
artículo 20, inciso 3, del Código Penal vigente. Asimismo, se trata
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de uno de los temas que ha generado mayor debate doctrinario
respecto de su regulación y aplicación normativa a nivel nacional
e internacional. Ahora bien, la legítima defensa está catalogada
como un derecho fundamental regulado en el artículo 2, inciso 3,
de la Constitución Política vigente. Ahí radica el punto de partida
para justificarla ante una eventual amenaza o puesta en peligro
de bienes jurídicos tutelados. Entonces, la regulación normativa
debe cumplirse como lo señala el Código Penal.
La doctrina especializada ha referido que entre los problemas
patentes están los requisitos que deben cumplirse, así como los
bienes defendibles que abarca. Por ello, el mayor debate se ha
centrado en los requisitos exigidos por la norma penal, que suele
presentar figuras alternas como la legítima defensa incompleta, el
exceso a esta, entre otras. Por otro lado, Cerezo (1998) postula que
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propios o de terceros, frente al peligro o la afectación de bienes
tutelados, trae consigo una respuesta negativa de quien hace la
defensa. Esto es básicamente la muerte o lesión de alguna persona
ajena, o algún daño patrimonial producto del «enfrentamiento»
entre el agresor y el agredido.
Lo señalado es una realidad que no debe ser desatendida. Incluso
tendrían que existir lineamientos o protocolos que deberían tomarse
en cuenta para quien invoca la legítima defensa, considerando el
riesgo que genera el uso de este derecho. Es decir, se debe deter-
minar cuál es la respuesta idónea para aquellas personas que por
circunstancia ajena sufriesen algún daño a la integridad personal
o patrimonial. En este escenario, podría sostenerse una respon-
sabilidad compartida. En su defecto, la responsabilidad debe ser
asumida por la persona que realiza la agresión, lo cual se ve en
contadas oportunidades.
En ese sentido, el presente trabajo tiene como objetivo determi-
nar las posibles consecuencias del empleo de la legítima defensa.
Posibles porque caben los escenarios en que no se concreten.
Asimismo, se tocarán tres requisitos indispensables sin los cuales
no podría ser invocada. Vale decir, para una válida configuración
de la legítima defensa deben concurrir los tres requisitos regulados
en la normativa penal: agresión ilegítima, necesidad racional del
medio empleado para impedirla o repelerla, y falta de provocación
suficiente de quien hace la defensa. Finalmente, se dará a cono-
cer la posición sobre esta institución de suma importancia en la
coyuntura social.
2. LA LEGÍTIMA DEFENSA
Conviene recordar algunos conceptos de la legítima defensa:
«repulsa de la agresión ilegítima, actual o inminente, por el atacado
o tercera persona, contra el agresor, sin traspasar la necesidad de la
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defensa y dentro de la racional proporción de los medios emplea-
dos para impedirla o repelerla» (Jiménez de Asúa, 1939, p. 556) y
«defensa necesaria para rechazar una agresión actual o inminente e
injusta, mediante un acto que lesiona bienes jurídicos del agresor»
(Cuello, citado por Zambrano, 2006, p. 261).
Resulta claro que la legítima defensa es una causa de justificación
atribuida a quien hace la defensa de bienes jurídicos propios o
de terceros frente a una agresión injustificada, lo que conlleva a
ejercitar la acción defensiva para salvaguardar los derechos o los
intereses correspondientes. Además, la legítima defensa opera en
salvaguarda de derechos comunitarios o sociales. Asimismo, es un
derecho defensivo que asiste a toda persona que se encuentra frente
a una agresión ilegítima, actual o inminente, proveniente del que
obra o de un tercero, dado que es susceptible de lesionar bienes
jurídicos tutelados. Dicha agresión se justifica si no fue provocada
por quien ejerce la acción defensiva. Además, la legítima defensa
es una autoprotección jurídico penal y una reacción necesaria
frente a un peligro inminente que se puede manifestar directa e
indirectamente:
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Ahora bien, los alcances de la legítima defensa se basan en una
agresión ilegítima, una racionalidad del medio empleado para
ejercer la defensa y la falta de provocación suficiente de quien hace
la defensa. Para la doctrina mayoritaria, se trata del inicio de una
reacción legítima, la misma que es una fuerza material para repeler
una agresión ilegítima que atente nuestra integridad o la de terce-
ros, o si se quiere decir, contra cualquier bien jurídico tutelado.
Finalmente, es preciso señalar que existe un consenso a nivel
de la doctrina penal, que estima que todos los bienes jurídicos son
defendibles: la vida, la libertad y la integridad personal propia o
de un tercero. Además, se considera la protección al patrimonio,
el domicilio, la morada, etc. También son bienes defendibles la
colectividad o la comunidad, respectivamente. En efecto, es pasible
emplear la legítima defensa en pro de salvaguardar los derechos
e intereses personales o de terceros.
3. LA CAUSA DE JUSTIFICACIÓN
En sentido lato, las causas de justificación son aquellas que exclu-
yen la antijuricidad o ilicitud de la conducta típica, es decir, se
trata de una conducta sujeta a derecho. Se traduce en una situación
objetiva y subjetiva de quien se defiende. Entre ellas tenemos a la
legítima defensa, el estado de necesidad justificante y el consenti-
miento. Ahora bien, Villegas (2014) señala que
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Mientras que Muñoz y García (2010) consideran que
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Entonces, es de suma importancia discernir lo antes señalado, en
razón del cumplimiento estricto de los requisitos previstos. Sin la
concurrencia de estos, no sería posible invocar la legítima defensa.
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(omisiones impropias). Esa posición de garantía puede ser de carác-
ter organizativo o institucional. Ejemplos de agresiones omisivas
serían el dueño que no detiene el ataque de su perro (competencia
por organización) o la madre que no alimenta al recién nacido
(competencia institucional) (p. 616).
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2. Actualidad de la agresión. Como bien señala Cuello (1976),
«ha de ser actual e inminente. Antes que el peligro aparezca no
es necesaria la defensa, cuando ha cesado es superflua. Basta que
la agresión esté próxima a realizarse» (p. 357) y como plantea
Bramont-Arias:
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la doctrina dominante, la agresión no solo se refiere a los bienes
jurídicos protegidos, sino también a cualquier interés jurídica-
mente protegido. En este escenario, no es posible admitir la legí-
tima defensa contra legítima defensa. La conducta de quien hace
la defensa está sujeta a derecho y está invocada por una causa de
justificación.
4. Realidad de la agresión. Se presenta una existencia real y no
imaginaria. Es decir, la agresión debe ser objetiva y creíble, y debe
amenazar algún bien jurídico tutelado. A contrario sensu, estamos
ante una legítima defensa putativa, lo que representa suposiciones
o meras conjeturas de su real afectación.
5. Bienes defendibles. Puede ser cualquier bien jurídicamente pro-
tegido. Por ejemplo, la vida, la integridad, la libertad, etc. También
derechos patrimoniales propios o de terceros, como la morada, el
domicilio y, finalmente, el honor de las personas.
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4.2. Necesidad racional del medio empleado para impedir o
repeler la agresión
En principio, este requisito está previsto en el artículo 20, inciso
3, literal b, del Código Penal vigente. Presentado correctamente
el primer requisito de la norma, sigue el análisis del presente para
una válida configuración de la legítima defensa. Entonces, la
«necesidad racional del medio empleado» no debe entenderse
como proporcionalidad de medios (revólver contra revólver, sable
contra sable, puño contra puño, etc.), sino que hace alusión al
propio medio necesario para frenar o evitar la agresión ilegítima.
Este requisito ha sido un tema controvertido en la doctrina domi-
nante y ha llevado a interpretaciones disparejas y poco coheren-
tes. Dada la última reforma penal, estaría resuelta la problemática
respecto del segundo inciso.
Como señala Roxin (1997):
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Ahora bien, lo racional «hace suficiente una necesidad aproxi-
mada, no estricta para cualquier persona de las características del
autor colocada en su situación en el momento de defenderse (con-
sideración ex ante)» (Mir, 2008, p. 436). Asimismo, el término
«racional» debe entenderse como razonable, un aproximado entre
el ataque y la defensa, lo cual no implica un cálculo aritmético.
Además, la racionalidad del medio empleado no puede someterse
al principio de «proporción equitativa».
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4.2.4. Forma de proceder del agresor
Viene a ser el modo o la forma de accionar de la conducta en
menoscabo de los bienes jurídicos protegidos, que puede variar la
forma acorde a cada circunstancia. Esta representa en el agredido
una agresión inminente, actual y real y, desde luego, se efectúa una
reacción lógica en defensa de bienes y derechos propios o de
terceros.
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[...]
Necesidad racional del medio empleado para impedirla o repelerla
(Congreso Nacional de Chile, 1874).
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Asimismo, si la agresión producida genera una suerte de arre-
pentimiento del agresor frente al agredido, este puede conside-
rar su aceptación o no, producido el primero desaparece en cierta
medida el tercer requisito, dado que se aceptaría como agresión
legítima.
Considero pertinente que cuando se trata de agresiones verbales
pasivas y mutuas, podría cumplirse el tercer requisito, ello cuando
sobrepase los límites permisibles entre el agresor y el agredido,
por ejemplo: si una mujer con justa razón reclama pasivamente
a un hombre sobre el incumplimiento de una pensión alimen-
ticia o alguna deuda pendiente, y este actúa con una conducta
agresora al emplear palabras soeces, empujones, etc., que supe-
ren una real dimensión de agresividad verbal, física o psicoló-
gica, la primera está en todo el derecho de reaccionar en defensa
de su integridad moral, psicológica o física, dando así lugar a un
puñete, un manotazo, una patada, etc. En tal escenario, se produce
una falta de provocación suficiente del que hace la defensa.
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4.3.2. Provocación intencional
Se excluye una conducta intencional, deliberada o premeditada de
quien inicia la provocación para darse una reacción agresiva del
provocado, no se puede poner pretextos o motivos injustificados
que hagan permisible su reacción inmediata. Por ejemplo, si una
persona busca razones o motivos para ser agredido y considerar
que existe una agresión ilegítima, una provocación intencional,
etc., pierde toda posibilidad de invocar una legítima defensa. Es
decir, no será viable emplear la legítima defensa cuando medie
una agresión injustificada, para luego ser considerada agresión
ilegítima.
Artículo 20
Están exentos de responsabilidad criminal:
[...]
4.° El que obre en defensa de la persona o derechos propios o
ajenos, siempre que concurran los requisitos siguientes:
[...]
Tercero. Falta de provocación suficiente por parte del defensor
(Ley Orgánica 10/1995).
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5. CONSECUENCIAS ADVERSAS PROPIAS
En principio, si la legítima defensa es ejercida en cumplimiento de
los tres requisitos que exige el Código Penal vigente, estaríamos
ante una causa de justificación acorde a derecho; por tanto, quien
hace la defensa está exento de responsabilidad penal. Si por alguna
circunstancia no se cumpliese algún requisito legal, estaríamos ante
una figura de legítima defensa incompleta o imperfecta. En estos
supuestos, habrá una responsabilidad penal atenuada, según la
cual se fijará una pena por el mínimo legal, lo que corresponde
determinar al órgano jurisdiccional.
Asimismo, activar la legítima defensa como derecho fundamen-
tal, implica ser muy cuidadoso ante una agresión ilegítima de un
tercero, debido a que a veces el agredido o víctima termina siendo
más perjudicado, por ejemplo: podría fallecer o tener algún daño
corporal en el ejercicio de su derecho legítimo.
Por ende, estar ante un peligro actual e inminente, nos faculta a
ejercer la legítima defensa en salvaguarda de los bienes y derechos.
En tal escenario, se deben medir las posibles consecuencias adver-
sas que conlleva, por ejemplo: si solo está en riesgo la integridad
de quien hace la defensa o, también, de terceras personas, dado
que se ha visto ocasiones en que el perjudicado es un tercero, y
no el agredido. Por ello, surge la pregunta: ¿quién se hace res-
ponsable por las consecuencias ajenas al ejercicio de la legítima
defensa? Como respuesta a ello se considera viable ejercer en
contra del agredido, ahora bien, si por alguna circunstancia se
imposibilita al agresor, deberá asumir el agredido.
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para calificar los tres requisitos de la legítima defensa. Así, ante
una posible o aparente pelea entre parejas o amigos, no se puede
suponer o antelar que existe un peligro de algún bien jurídico de
la víctima, cuando en realidad tal vez es un juego, una broma,
etc. En tal escenario, no se podría invocar la legítima defensa de
terceros.
Asimismo, surge una de las interrogantes: ¿cuándo es apropiado
actuar en legítima defensa de terceros? Al respecto, no ha sido
desarrollado por la doctrina penal, existe escasa fuente biblio-
gráfica, entonces, considero y reiterando supra, quien apoya a un
tercero con la legítima defensa debe ser muy cuidadoso y no caer
en exceso de la legítima defensa o legítima defensa putativa. Lo
que implicaría tener responsabilidad penal por el hecho.
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Cuarto, cuando se emplea la legítima defensa surgen tres cues-
tiones a saber: a) puede producirse algún resultado adverso para
quien hace la defensa y para el agresor, como lesiones, entre otros;
b) pueden ser perjudicadas ambas partes, el agresor y la víctima;
c) puede no presentarse algún daño o lesión en ambas partes,
agresor y víctima, o resultar algún daño a una tercera persona.
8. JURISPRUDENCIA NACIONAL
Sirva como ejemplo de los requisitos de la legítima defensa, la
siguiente cita:
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9. CONCLUSIONES
La legítima defensa constituye un derecho fundamental de las
personas, que goza de protección constitucional y legal, y se
encuentra regulada en el artículo 2, inciso 23, de la Constitución
Política vigente. Asimismo, está normada en el artículo 20, inciso
3, del Código Penal vigente, bajo la nomenclatura de eximentes de
responsabilidad penal.
La agresión ilegítima opera como primer requisito de la legítima
defensa frente a la vulneración de bienes jurídicos propios o de
terceros. La conducta del agraviado está amparada a derecho.
Solo es posible accionar la conducta defensiva cuando medie una
circunstancia de ilegitimidad, real, actual o inminente.
La defensa necesaria es entendida como una defensa adecuada
para frenar la agresión ilegítima del agresor. Es decir, entre los
múltiples medios o formas de repeler la agresión, el agredido debe
elegir la menos lesiva para proteger los bienes jurídicos tutelados.
Ello en salvaguarda de los derechos e intereses personales.
La falta de provocación es una conducta desplegada por el
agresor, que conlleva a una conducta previsible del agredido. Es
decir, quien hace la defensa no debe actuar y provocar al agresor.
Asimismo, la provocación es una acción u omisión anterior a la
agresión ilegítima.
Del mismo modo, si por alguna circunstancia en el ejercicio
de la legítima defensa, se presentan hechos ajenos no predecibles,
como el daño, la lesión o la muerte de alguna persona, ello debe ser
asumido por el agresor, y eventualmente por el agredido, de esta
manera no se deja desamparadas a posibles víctimas ajenas. La
finalidad de esto es básicamente resarcir los daños y perjuicios
ocasionados.
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Finalmente, para validar la configuración y el cumplimiento
de los requisitos de la legítima defensa debe concurrir obligato-
riamente lo señalado en el artículo 20, inciso 3, del Código Penal
vigente. Caso contrario, estamos frente a la figura de la legítima
defensa incompleta o exceso de esta.
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