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391-Texto Del Artículo-973-1-10-20210628

Este artículo analiza las posibles consecuencias adversas del uso de la legítima defensa propia e impropia como causa de justificación, como daños a bienes jurídicos de terceros. También discute los tres requisitos que deben cumplirse para que la legítima defensa sea válida: agresión ilegítima, necesidad del medio empleado, y falta de provocación. El objetivo es determinar las consecuencias del empleo de la legítima defensa y lineamientos para quien la invoca.

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391-Texto Del Artículo-973-1-10-20210628

Este artículo analiza las posibles consecuencias adversas del uso de la legítima defensa propia e impropia como causa de justificación, como daños a bienes jurídicos de terceros. También discute los tres requisitos que deben cumplirse para que la legítima defensa sea válida: agresión ilegítima, necesidad del medio empleado, y falta de provocación. El objetivo es determinar las consecuencias del empleo de la legítima defensa y lineamientos para quien la invoca.

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Revista Oficial del Poder Judicial


ÓRGANO DE INVESTIGACIÓN DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA DE LA REPÚBLICA DEL PERÚ

Vol. 13, n.o 15, enero-junio, 2021, 103-125


ISSN versión impresa: 1997-6682
ISSN versión online: 2663-9130
DOI: 10.35292/ropj.v13i15.391

Consecuencias adversas a la legítima


defensa propia e impropia como causa
de justificación
The adverse consequences of perfect and
imperfect self-defense as a cause of justification

Epifanio López Cantoral


Universidad Nacional Mayor de San Marcos
(Lima, Perú)
Contacto: [Link]@[Link]
[Link]

RESUMEN
La legítima defensa —propia e impropia— es un instituto jurídico
de defensa de bienes jurídicos propios o de terceros, que opera
frente a una agresión ilegítima, actual o inminente, que debe
concurrir con los requisitos que prevé el artículo 20, inciso 3, del
Código Penal vigente. Asimismo, usar el derecho a la legítima
defensa como justificación a veces trae consigo consecuencias
adversas no previsibles, como el daño o la lesión a bienes jurídicos
de terceros, por ejemplo, la muerte o lesión de personas. Entonces,
conlleva asumir la responsabilidad contra el accionante o el accio-
nado, respectivamente. Más aún, ejercer tal derecho debe ser de

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e impropia como causa de justificación.
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última ratio, no de primera línea. En tal sentido, usarlo implica
ser cuidadoso y responsable en cada circunstancia particular. Por
ejemplo: no es lo mismo ejercer la legítima defensa sin que haya
presencia de personas, que ejercerla en lugares con presencia de
ellas.
Palabras clave: legítima defensa; bienes jurídicos; consecuencias
adversas; causa de justificación.

ABSTRACT
Self-defense -proper and improper- is a legal institute for the
defense of one’s own or third parties’ legal interests, which operates
in the face of a current or imminent unlawful aggression, which
must meet the requirements outlined in article 20, paragraph 3, of
the Criminal Code in force. Also, using the right to self-defense
as a justification sometimes results in unforeseeable adverse
consequences, such as damage or injury to the legal interests
of third parties, for example, death or injury to persons. In this
sense, using it implies being careful and responsible in each
particular circumstance. For example, it is not the same to exercise
self-defense in the presence or absence of the persons involved.
Key words: self-defense; legal interests; adverse consequences;
cause of justification.
Recibido: 15/05/2021 Aceptado: 26/05/2021

1. INTRODUCCIÓN
En principio, la legítima defensa es una institución jurídica de
carácter universal reconocida en muchas legislaciones del mundo.
El Perú no es ajeno a ella. Esta institución está normada en el
artículo 20, inciso 3, del Código Penal vigente. Asimismo, se trata

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e impropia como causa de justificación.
Revista Oficial del Poder Judicial, 13(15), 103-125
de uno de los temas que ha generado mayor debate doctrinario
respecto de su regulación y aplicación normativa a nivel nacional
e internacional. Ahora bien, la legítima defensa está catalogada
como un derecho fundamental regulado en el artículo 2, inciso 3,
de la Constitución Política vigente. Ahí radica el punto de partida
para justificarla ante una eventual amenaza o puesta en peligro
de bienes jurídicos tutelados. Entonces, la regulación normativa
debe cumplirse como lo señala el Código Penal.
La doctrina especializada ha referido que entre los problemas
patentes están los requisitos que deben cumplirse, así como los
bienes defendibles que abarca. Por ello, el mayor debate se ha
centrado en los requisitos exigidos por la norma penal, que suele
presentar figuras alternas como la legítima defensa incompleta, el
exceso a esta, entre otras. Por otro lado, Cerezo (1998) postula que

el derecho a la legítima defensa lleva implícito un precepto permi-


sivo que interfiere en las normas de carácter general, dando lugar
—en el caso más habitual— a que una conducta prohibida, que
menoscaba un interés tutelado por el derecho, no sea desaprobada
por el ordenamiento jurídico y, en consecuencia, resulte lícita por
exclusión de su antijuricidad (p. 189).

Mientras que Revilla (2015) anota:

la antijuricidad, entendida como la propiedad de una conducta


de ser contraria al derecho, es enervada por la legítima defensa;
por ello, aunque sea la sede penal su ámbito por antonomasia,
el ejercicio del derecho constitucional a la legítima defensa debe
excluir la antijuricidad de la conducta en el ordenamiento jurídico
en su conjunto (p. 351).

Además de lo señalado, una de las consecuencias que ha gene-


rado la legítima defensa es la adversidad al derecho invocado. Es
decir, usar dicha institución para salvaguardar derechos e intereses

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e impropia como causa de justificación.
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propios o de terceros, frente al peligro o la afectación de bienes
tutelados, trae consigo una respuesta negativa de quien hace la
defensa. Esto es básicamente la muerte o lesión de alguna persona
ajena, o algún daño patrimonial producto del «enfrentamiento»
entre el agresor y el agredido.
Lo señalado es una realidad que no debe ser desatendida. Incluso
tendrían que existir lineamientos o protocolos que deberían tomarse
en cuenta para quien invoca la legítima defensa, considerando el
riesgo que genera el uso de este derecho. Es decir, se debe deter-
minar cuál es la respuesta idónea para aquellas personas que por
circunstancia ajena sufriesen algún daño a la integridad personal
o patrimonial. En este escenario, podría sostenerse una respon-
sabilidad compartida. En su defecto, la responsabilidad debe ser
asumida por la persona que realiza la agresión, lo cual se ve en
contadas oportunidades.
En ese sentido, el presente trabajo tiene como objetivo determi-
nar las posibles consecuencias del empleo de la legítima defensa.
Posibles porque caben los escenarios en que no se concreten.
Asimismo, se tocarán tres requisitos indispensables sin los cuales
no podría ser invocada. Vale decir, para una válida configuración
de la legítima defensa deben concurrir los tres requisitos regulados
en la normativa penal: agresión ilegítima, necesidad racional del
medio empleado para impedirla o repelerla, y falta de provocación
suficiente de quien hace la defensa. Finalmente, se dará a cono-
cer la posición sobre esta institución de suma importancia en la
coyuntura social.

2. LA LEGÍTIMA DEFENSA
Conviene recordar algunos conceptos de la legítima defensa:
«repulsa de la agresión ilegítima, actual o inminente, por el atacado
o tercera persona, contra el agresor, sin traspasar la necesidad de la

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defensa y dentro de la racional proporción de los medios emplea-
dos para impedirla o repelerla» (Jiménez de Asúa, 1939, p. 556) y
«defensa necesaria para rechazar una agresión actual o inminente e
injusta, mediante un acto que lesiona bienes jurídicos del agresor»
(Cuello, citado por Zambrano, 2006, p. 261).
Resulta claro que la legítima defensa es una causa de justificación
atribuida a quien hace la defensa de bienes jurídicos propios o
de terceros frente a una agresión injustificada, lo que conlleva a
ejercitar la acción defensiva para salvaguardar los derechos o los
intereses correspondientes. Además, la legítima defensa opera en
salvaguarda de derechos comunitarios o sociales. Asimismo, es un
derecho defensivo que asiste a toda persona que se encuentra frente
a una agresión ilegítima, actual o inminente, proveniente del que
obra o de un tercero, dado que es susceptible de lesionar bienes
jurídicos tutelados. Dicha agresión se justifica si no fue provocada
por quien ejerce la acción defensiva. Además, la legítima defensa
es una autoprotección jurídico penal y una reacción necesaria
frente a un peligro inminente que se puede manifestar directa e
indirectamente:

Así pues, la defensa cumple no solo una función de protección


de bienes jurídicos, sino también, al afirmar y hacer prevalecer el
Derecho frente al injusto agresor, si es preciso con una tremenda
dureza, una importante función de prevención general: de intimi-
dación frente a delincuentes y de prevalecimiento del orden jurí-
dico, creando seguridad de los ciudadanos en el mismo. Es más,
por su contundencia, que incluso puede llegar a la muerte del
agresor, y por no ser una eventual reacción a posteriori, sino algo
que hace fracasar la agresión en el momento decisivo, la legítima
defensa puede ser, sobre todo si se emplea con frecuencia, un
medio intimidatorio tanto o más eficaz que la pena (Luzón, 2006,
p. 526).

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e impropia como causa de justificación.
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Ahora bien, los alcances de la legítima defensa se basan en una
agresión ilegítima, una racionalidad del medio empleado para
ejercer la defensa y la falta de provocación suficiente de quien hace
la defensa. Para la doctrina mayoritaria, se trata del inicio de una
reacción legítima, la misma que es una fuerza material para repeler
una agresión ilegítima que atente nuestra integridad o la de terce-
ros, o si se quiere decir, contra cualquier bien jurídico tutelado.
Finalmente, es preciso señalar que existe un consenso a nivel
de la doctrina penal, que estima que todos los bienes jurídicos son
defendibles: la vida, la libertad y la integridad personal propia o
de un tercero. Además, se considera la protección al patrimonio,
el domicilio, la morada, etc. También son bienes defendibles la
colectividad o la comunidad, respectivamente. En efecto, es pasible
emplear la legítima defensa en pro de salvaguardar los derechos
e intereses personales o de terceros.

3. LA CAUSA DE JUSTIFICACIÓN
En sentido lato, las causas de justificación son aquellas que exclu-
yen la antijuricidad o ilicitud de la conducta típica, es decir, se
trata de una conducta sujeta a derecho. Se traduce en una situación
objetiva y subjetiva de quien se defiende. Entre ellas tenemos a la
legítima defensa, el estado de necesidad justificante y el consenti-
miento. Ahora bien, Villegas (2014) señala que

las causas de justificación operan como estructuras de descargo


de la imputación, pues la conducta desplegada en esos supuestos
concretos abarcados por las causas de justificación, se la considera
conforme a derecho, es decir, no se habría creado un riesgo
prohibido susceptible de sanción penal, sino que se trataría de
un riesgo permisible (pero solo en esas especiales circunstancias)
(p. 74).

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e impropia como causa de justificación.
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Mientras que Muñoz y García (2010) consideran que

las causas de justificación tienen elementos objetivos y subjetivos.


Para justificar una acción típica no basta con que se dé objetiva-
mente la situación justificante, sino que es preciso, además, que el
autor conozca esa situación e, incluso, cuando así se exija, que
tenga las tendencias subjetivas especiales que exige la ley para
justificar su acción (pp. 312-313).

En efecto, en la causa de justificación se activa una respuesta jurí-


dico penal de autoprotección frente a conductas externas desapro-
badas por la ley penal. Dicha respuesta debe estar vinculada al
conflicto entre la posible afectación de algún bien jurídico y la
tutela de este, pero con la aprobación de los requisitos exigidos
por el artículo 20, inciso 3, del Código Penal. Si no fuese el caso, o
faltase algún requisito, recae en el artículo 21 del Código Penal,
como responsabilidad atenuada.

4. REQUISITOS DE LA LEGÍTIMA DEFENSA


Los requisitos legales están previstos en el artículo 20, inciso 3, del
Código Penal vigente, el cual señala:

El que obra en defensa de bienes jurídicos propios o de terceros,


siempre que concurran las circunstancias siguientes:
a. Agresión ilegítima;
b. Necesidad racional del medio empleado para impedirla o repe-
lerla. Se excluye para la valoración de este requisito el criterio de
proporcionalidad de medios, considerándose en su lugar, entre
otras circunstancias, la intensidad y peligrosidad de la agresión, la
forma de proceder del agresor y los medios de que se disponga para
la defensa;
c. Falta de provocación suficiente de quien hace la defensa (Poder
Ejecutivo, 1991).

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e impropia como causa de justificación.
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Entonces, es de suma importancia discernir lo antes señalado, en
razón del cumplimiento estricto de los requisitos previstos. Sin la
concurrencia de estos, no sería posible invocar la legítima defensa.

4.1. La «agresión ilegítima»


4.1.1. Concepto
Por agresión se entiende:

cualquier ataque a bienes jurídicos o derechos cuyo titular sea


una persona [...] la agresión tiene que suponer un peligro serio
e inminente de lesión del bien jurídico de que se trate. No basta
con una lejana percepción del peligro por parte de la víctima; el
peligro debe ser real, serio y grave (en el sentido de que puede
menoscabar el bien jurídico) (Berdugo, Arroyo, García, Ferré y
Serrano, 1999, p. 227).

Y «la agresión, [...] la amenaza de lesión, mediante una acción


humana de intereses vitales jurídicamente protegidos» (Welzel,
1956, p. 91).
Por lo tanto, el punto de partida es la conducta humana. Si
esta no existiese, no sería posible admitir la legítima defensa. Por
ejemplo, la agresión de animales como el perro, a contrario sensu,
procede cuando aquel es instruido o azuzado por el dueño. Tampoco
sería admitida la agresión en casos de fuerza física irresistible,
inconciencia o acto reflejo, lo que conllevaría a un estado de
necesidad. Asimismo, no es posible la legítima defensa —agresión—
si se trata de tentativa inidónea, como cuando alguien no saca el
arma con la intención de azuzar al médico o enfermo, sino para
disparar al cadáver que acaba de fallecer.
Según García (2019):

no hay impedimento para que la agresión se realice también


mediante una omisión, siempre que esta sea penalmente rele-
vante por existir una posición de garantía atribuida al omitente

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(omisiones impropias). Esa posición de garantía puede ser de carác-
ter organizativo o institucional. Ejemplos de agresiones omisivas
serían el dueño que no detiene el ataque de su perro (competencia
por organización) o la madre que no alimenta al recién nacido
(competencia institucional) (p. 616).

En la doctrina dominante, se discute la situación de los menores


de edad, epilépticos, locos, ebrios, sonámbulos o de quienes actúan
por error, entre otros casos, dada la particularidad de su accionar
humano. Sin embargo, cabe la posibilidad de ejercer la legítima
defensa contra ello. En ese contexto, se descarta la posibilidad de
agresión en aquellas conductas antisociales, éticas o morales que pro-
vengan de gestos o señales del cuerpo humano. Asimismo, «no hay
agresión» en agresiones justificadas, como las que se producen en
riñas, entre animales, en agravios verbales mutuos, entre otros casos.
Entonces, la agresión debe consistir en un comportamiento
humano que lesione o ponga en peligro bienes jurídicos tutelados
propios o de terceros. Dicha agresión debe ser actual, ilegítima
y real, lo que implica violencia o amenaza. Además, la agresión
debe ser objetiva y no subjetiva. Para Villegas (2014), «en la
agresión ilegítima se contempla únicamente la presencia de una
acción humana antijurídica. No se requiere que dicha conducta se
subsuma dentro de un tipo penal, en tanto la legítima defensa
actúa contra cualquier interés jurídicamente protegido» (p. 76).

4.1.2. Características de la «agresión ilegítima»


Encontramos cinco características:
1. La agresión siempre como acto humano. Reiterando supra, la
agresión debe ser una conducta humana, sea imputable o no. Esto
descarta la agresión de animales, cosas, etc. Entonces, el accionar
de una persona se da con pleno conocimiento y voluntad —o con la
ausencia de ellos— de afectar o vulnerar bienes jurídicos tutelados
propios o de terceros.

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2. Actualidad de la agresión. Como bien señala Cuello (1976),
«ha de ser actual e inminente. Antes que el peligro aparezca no
es necesaria la defensa, cuando ha cesado es superflua. Basta que
la agresión esté próxima a realizarse» (p. 357) y como plantea
Bramont-Arias:

no puede haber legítima defensa después de haber terminado


la respectiva agresión, de lo contrario estaríamos situándonos
ante un abuso de derecho, que podrían afrontarse en venganza
o justicia por mano propia. Asimismo, el ataque deberá de ser
inminente cuando la resolución del agresor sea irrevocable
respecto al inicio del ataque; no podría llamarse inminente
aquella acción jurídicamente imposible, así pues, una persona
no podría agredir a otra con un mazo de plástico para piñata
(no existiría agresión si esta es una tentativa inidónea) (Pérez,
pp. 99-100).

El término «actual» alude al tiempo presente, mientras que


«inminente» es una situación que amenaza con suceder de manera
inmediata. Dado que representa una situación de peligro, se legitima
la conducta. Asimismo, la acción defensiva puede subsistir en tanto
permanezca la agresión. Si esta concluye, no se puede generar una
nueva agresión ni accionar la legítima defensa.
3. Ilegitimidad de la agresión. Sobre esta, Mir (2008) propone que

equivale a agresión antijurídica. Ello significa que no basta que


sea típica, pero también que no es preciso que sea personalmente
imputable a su autor: cabe también legítima defensa frente a la
agresión antijurídica de un inimputable o de quien actúa bajo
una causa de exculpación (p. 438).

Con la antijuricidad de la agresión, el agredido no puede sopor-


tar jurídicamente una acción no autorizada, es decir, no es posible
soportar la agresión ilegítima. Asimismo, para esta última es inelu-
dible que exista un bien jurídico amenazado. Como bien señala

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la doctrina dominante, la agresión no solo se refiere a los bienes
jurídicos protegidos, sino también a cualquier interés jurídica-
mente protegido. En este escenario, no es posible admitir la legí-
tima defensa contra legítima defensa. La conducta de quien hace
la defensa está sujeta a derecho y está invocada por una causa de
justificación.
4. Realidad de la agresión. Se presenta una existencia real y no
imaginaria. Es decir, la agresión debe ser objetiva y creíble, y debe
amenazar algún bien jurídico tutelado. A contrario sensu, estamos
ante una legítima defensa putativa, lo que representa suposiciones
o meras conjeturas de su real afectación.
5. Bienes defendibles. Puede ser cualquier bien jurídicamente pro-
tegido. Por ejemplo, la vida, la integridad, la libertad, etc. También
derechos patrimoniales propios o de terceros, como la morada, el
domicilio y, finalmente, el honor de las personas.

4.1.3. Legislación comparada


Según el Código Penal argentino:

ARTÍCULO 34.- No son punibles:


[...]
6o. El que obrare en defensa propia o de sus derechos, siempre que
concurrieren las siguientes circunstancias:
a) Agresión ilegítima (Congreso de la Nación Argentina, 1984).

Mientras que de acuerdo con el Código Penal colombiano:

Artículo 32. Ausencia de responsabilidad. No habrá lugar a


responsabilidad penal cuando:
[…]
6. Se obre por la necesidad de defender un derecho propio o ajeno
contra injusta agresión actual o inminente, siempre que la defensa
sea proporcionada a la agresión (Congreso de la República de
Colombia, 2000).

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4.2. Necesidad racional del medio empleado para impedir o
repeler la agresión
En principio, este requisito está previsto en el artículo 20, inciso
3, literal b, del Código Penal vigente. Presentado correctamente
el primer requisito de la norma, sigue el análisis del presente para
una válida configuración de la legítima defensa. Entonces, la
«necesidad racional del medio empleado» no debe entenderse
como proporcionalidad de medios (revólver contra revólver, sable
contra sable, puño contra puño, etc.), sino que hace alusión al
propio medio necesario para frenar o evitar la agresión ilegítima.
Este requisito ha sido un tema controvertido en la doctrina domi-
nante y ha llevado a interpretaciones disparejas y poco coheren-
tes. Dada la última reforma penal, estaría resuelta la problemática
respecto del segundo inciso.
Como señala Roxin (1997):

el defensor debe elegir, de entre varias clases de defensa posibles,


aquella que cause el mínimo daño al agresor. Pero para ello no
tiene por qué aceptar la posibilidad de daños en su propiedad o
de lesiones en su propio cuerpo, sino que está legitimado para
emplear como medios defensivos los medios objetivamente efica-
ces que permitan esperar con seguridad la eliminación del peligro
(p. 628).

Básicamente, la necesidad racional del medio empleado debe


estar en función de cada circunstancia en particular. Sostengo que
no es tan fulminante saber y emplear que la conducta agresiva sea
repelida con un medio menos lesivo. Por ejemplo, si una persona
robusta se enfrenta a una persona delgada, vencerá el primero. En
ese escenario, si el segundo tiene a su alcance un cuchillo, debe
emplearlo sin más remedio. Así también sucede cuando se utilizan
armas de fuego y armas blancas.

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Ahora bien, lo racional «hace suficiente una necesidad aproxi-
mada, no estricta para cualquier persona de las características del
autor colocada en su situación en el momento de defenderse (con-
sideración ex ante)» (Mir, 2008, p. 436). Asimismo, el término
«racional» debe entenderse como razonable, un aproximado entre
el ataque y la defensa, lo cual no implica un cálculo aritmético.
Además, la racionalidad del medio empleado no puede someterse
al principio de «proporción equitativa».

4.2.1. Exclusión del criterio de proporcionalidad de medios


Como ya dijimos antes, en principio, la proporcionalidad de
medios estaba referida a la igualdad de medios empleados, es
decir, quien hace la defensa debe emplear el medio igual al medio
empleado por el agresor. Entonces, la actual regulación normativa
ha sido modificada en cuanto a la proporcionalidad de medios,
considerando en su lugar otros criterios. Entonces, en buena
cuenta, ha sido un avance significativo para proteger los derechos
e intereses del agredido y, por supuesto, de terceros.

4.2.2. Intensidad de la agresión


Debemos entender por «intensidad» al grado de fuerza con que
se manifiesta el agresor, es decir, representa una magnitud física,
anímica o una cualidad especial de agresividad. Lo que conlleva a
ejercer la legítima defensa en pro de salvaguardar los derechos e
intereses propios o de terceros.

4.2.3. Peligrosidad de la agresión


Implica que el accionar del agente o agresor pueda causar o generar
daños, riesgo o amenaza a la integridad corporal de la víctima, así
como a la esfera patrimonial. En suma, también se da para cualquier
bien jurídico tutelado por la norma vigente.

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4.2.4. Forma de proceder del agresor
Viene a ser el modo o la forma de accionar de la conducta en
menoscabo de los bienes jurídicos protegidos, que puede variar la
forma acorde a cada circunstancia. Esta representa en el agredido
una agresión inminente, actual y real y, desde luego, se efectúa una
reacción lógica en defensa de bienes y derechos propios o de
terceros.

4.2.5. Disponibilidad de medios para la defensa


Implica que el agredido o víctima disponga en su entorno de
cualquier medio, y que está listo para ser utilizado contra el agresor
en defensa de los bienes jurídicos tutelados. Es válido cualquier
medio disponible, y que no existan otros medios alternos para la
defensa, por ejemplo: desde el uso de una piedra hasta el uso de
un arma de fuego.

4.2.6. Legislación comparada


De acuerdo con el Código Penal argentino:

Artículo 34.- No son punibles


[...]
6. El que obrare en defensa propia o de sus derechos, siempre que
concurrieren las siguientes circunstancias:
[...]
b) Necesidad racional del medio empleado para impedirla o
repelerla (Congreso de la Nación Argentina, 1984).

Mientras que para el Código Penal chileno:

Art. 10. Están exentos de responsabilidad criminal:


[...]
4°. El que obra en defensa de su persona o derechos, siempre que
concurran las circunstancias siguientes:

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[...]
Necesidad racional del medio empleado para impedirla o repelerla
(Congreso Nacional de Chile, 1874).

4.3. Falta de provocación suficiente de quien hace la defensa


El tercer requisito está previsto en el artículo 20, inciso 3, literal c,
del Código Penal vigente. Entonces, cumplidos los primeros requi-
sitos de la norma, ello nos lleva al análisis del presente, por consi-
guiente, constituye legítima defensa como tal.

La provocación puede consistir tanto en una conducta voluntaria


como imprudente de quien pretende luego ejercer la acción defen-
siva. No puede restringirse a una provocación dolosa, pues se
estaría recortando de forma injustificada la protección de los
bienes jurídicos fundamentales, por quien es provocado ilegí-
timamente. La acción no es preciso que esté dirigida al fin de
desencadenar la respuesta agresora (Peña, 2011, p. 683).

Este requisito implica el castigo de una acción de defensa racional


y necesaria frente a una agresión ilegítima. Es decir, el agredido
que se defiende no de haber provocado la agresión al agresor. Bien
podría darse el caso de una agresión grave e intencional (provo-
cación suficiente e insuficiente), en esta última, de sobrepasar los
límites permisibles, podría incluso ocurrir una «contraagresión»,
en la cual perfectamente podría darse la legítima defensa.
Claro está, nadie tiene derecho a agredir, tampoco hay derecho
a sobrepasar los límites permisibles en una agresión intencional
o insuficiente. Como señalé anteriormente al tocar el tema de la
«agresión ilegítima», no hay agresión, vale decir, en agresiones
justificadas, en agresiones en riña, en agresiones mutuas, etc., pero
si estas sobrepasan los límites, sí cabe la agresión ilegítima y por
tanto hay legítima defensa.

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Asimismo, si la agresión producida genera una suerte de arre-
pentimiento del agresor frente al agredido, este puede conside-
rar su aceptación o no, producido el primero desaparece en cierta
medida el tercer requisito, dado que se aceptaría como agresión
legítima.
Considero pertinente que cuando se trata de agresiones verbales
pasivas y mutuas, podría cumplirse el tercer requisito, ello cuando
sobrepase los límites permisibles entre el agresor y el agredido,
por ejemplo: si una mujer con justa razón reclama pasivamente
a un hombre sobre el incumplimiento de una pensión alimen-
ticia o alguna deuda pendiente, y este actúa con una conducta
agresora al emplear palabras soeces, empujones, etc., que supe-
ren una real dimensión de agresividad verbal, física o psicoló-
gica, la primera está en todo el derecho de reaccionar en defensa
de su integridad moral, psicológica o física, dando así lugar a un
puñete, un manotazo, una patada, etc. En tal escenario, se produce
una falta de provocación suficiente del que hace la defensa.

4.3.1. Provocación suficiente


La provocación suficiente implicaría lo bastante grave como para
provocar una reacción agresiva, ello supone quitar o despojar al
agresor-provocador del derecho a una acción defensiva. Es decir,
en dicha agresión debe ser objetivamente pronosticable un ataque
o amenaza. Entonces, conlleva a descalificar conductas leves,
insignificantes, burlas, chistes, etc., en estos casos no es aceptable
ejercer la legítima defensa. Señala Peña Cabrera (2011) que quedan
fuera de este marco las reacciones explosivas de quien recibe
una ofensa verbal y ejecuta una conducta violenta, v. gr., quien
ante los piropos que recaen sobre su pareja, reacciona disparando
un arma de fuego, por lo que el provocador no está obligado a
soportar dicha reacción agresiva, al estar amparado por la legítima
defensa.

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e impropia como causa de justificación.
Revista Oficial del Poder Judicial, 13(15), 103-125
4.3.2. Provocación intencional
Se excluye una conducta intencional, deliberada o premeditada de
quien inicia la provocación para darse una reacción agresiva del
provocado, no se puede poner pretextos o motivos injustificados
que hagan permisible su reacción inmediata. Por ejemplo, si una
persona busca razones o motivos para ser agredido y considerar
que existe una agresión ilegítima, una provocación intencional,
etc., pierde toda posibilidad de invocar una legítima defensa. Es
decir, no será viable emplear la legítima defensa cuando medie
una agresión injustificada, para luego ser considerada agresión
ilegítima.

4.3.3. Legislación comparada


Para el Código Penal español:

Artículo 20
Están exentos de responsabilidad criminal:
[...]
4.° El que obre en defensa de la persona o derechos propios o
ajenos, siempre que concurran los requisitos siguientes:
[...]
Tercero. Falta de provocación suficiente por parte del defensor
(Ley Orgánica 10/1995).

De acuerdo con el Código Penal ecuatoriano:

Artículo 33.- Legítima defensa.


Existe legítima defensa cuando la persona actúa en defensa de
cualquier derecho, propio o ajeno, siempre y cuando concurran los
siguientes requisitos:
[…]
3. Falta de provocación suficiente por parte de quien actúa en
defensa del derecho.

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e impropia como causa de justificación.
Revista Oficial del Poder Judicial, 13(15), 103-125
5. CONSECUENCIAS ADVERSAS PROPIAS
En principio, si la legítima defensa es ejercida en cumplimiento de
los tres requisitos que exige el Código Penal vigente, estaríamos
ante una causa de justificación acorde a derecho; por tanto, quien
hace la defensa está exento de responsabilidad penal. Si por alguna
circunstancia no se cumpliese algún requisito legal, estaríamos ante
una figura de legítima defensa incompleta o imperfecta. En estos
supuestos, habrá una responsabilidad penal atenuada, según la
cual se fijará una pena por el mínimo legal, lo que corresponde
determinar al órgano jurisdiccional.
Asimismo, activar la legítima defensa como derecho fundamen-
tal, implica ser muy cuidadoso ante una agresión ilegítima de un
tercero, debido a que a veces el agredido o víctima termina siendo
más perjudicado, por ejemplo: podría fallecer o tener algún daño
corporal en el ejercicio de su derecho legítimo.
Por ende, estar ante un peligro actual e inminente, nos faculta a
ejercer la legítima defensa en salvaguarda de los bienes y derechos.
En tal escenario, se deben medir las posibles consecuencias adver-
sas que conlleva, por ejemplo: si solo está en riesgo la integridad
de quien hace la defensa o, también, de terceras personas, dado
que se ha visto ocasiones en que el perjudicado es un tercero, y
no el agredido. Por ello, surge la pregunta: ¿quién se hace res-
ponsable por las consecuencias ajenas al ejercicio de la legítima
defensa? Como respuesta a ello se considera viable ejercer en
contra del agredido, ahora bien, si por alguna circunstancia se
imposibilita al agresor, deberá asumir el agredido.

6. CONSECUENCIAS ADVERSAS IMPROPIAS


Este apartado es muy controvertido para quien apoya al tercero
con la legítima defensa, debemos ser muy cuidadosos o cautelosos

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e impropia como causa de justificación.
Revista Oficial del Poder Judicial, 13(15), 103-125
para calificar los tres requisitos de la legítima defensa. Así, ante
una posible o aparente pelea entre parejas o amigos, no se puede
suponer o antelar que existe un peligro de algún bien jurídico de
la víctima, cuando en realidad tal vez es un juego, una broma,
etc. En tal escenario, no se podría invocar la legítima defensa de
terceros.
Asimismo, surge una de las interrogantes: ¿cuándo es apropiado
actuar en legítima defensa de terceros? Al respecto, no ha sido
desarrollado por la doctrina penal, existe escasa fuente biblio-
gráfica, entonces, considero y reiterando supra, quien apoya a un
tercero con la legítima defensa debe ser muy cuidadoso y no caer
en exceso de la legítima defensa o legítima defensa putativa. Lo
que implicaría tener responsabilidad penal por el hecho.

7. TOMA DE POSTURA GENERAL


Primero, si bien es cierto que todos tenemos el derecho a la legítima
defensa en pro de salvaguardar bienes jurídicos propios o de
terceros, también implica un riesgo adverso al ejercicio de tal
derecho. Ello en razón a lo expuesto anteriormente.
Segundo, de existir algún riesgo adverso como una muerte indi-
recta de terceros o algún daño, lesión, etc., este debe ser asumido
por la persona que ejerce la legítima defensa; porque si el agresor
fallece, no habría contra quién efectuar alguna suerte de reparación
civil, más aún, sabiendo que en el mundo del hampa los delin-
cuentes no cuentan con recursos o familiares cercanos. También
debe ser asumido por el agresor, si por alguna circunstancia viviese
ante el enfrentamiento defensivo.
Tercero, en dicha situación se está dejando indefensas a las
víctimas que han sufrido alguna lesión o daño en su integridad
personal o patrimonial. En estos casos se presenta algún gasto
médico, funerario u otros.

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e impropia como causa de justificación.
Revista Oficial del Poder Judicial, 13(15), 103-125
Cuarto, cuando se emplea la legítima defensa surgen tres cues-
tiones a saber: a) puede producirse algún resultado adverso para
quien hace la defensa y para el agresor, como lesiones, entre otros;
b) pueden ser perjudicadas ambas partes, el agresor y la víctima;
c) puede no presentarse algún daño o lesión en ambas partes,
agresor y víctima, o resultar algún daño a una tercera persona.

8. JURISPRUDENCIA NACIONAL
Sirva como ejemplo de los requisitos de la legítima defensa, la
siguiente cita:

Primer presupuesto: agresión ilegítima. Se trata de un comporta-


miento dirigido a lesionar o poner en peligro un bien legalmente
protegido, donde el adjetivo ilegítimo es utilizado en el texto legal
para calificar a la agresión de ilícito e injusto, contrario al orden
jurídico. De tal forma que la agresión debe ser inminente, actual o
presente.
[...]
Segundo presupuesto: necesidad racional del medio empleado
para impedirla repelerla. Se trata —señala la Corte— de una
apreciación de valor con referencia a la justicia y la equidad. La
racionalidad de la defensa se determina apreciando la proporcio-
nalidad entre el peligro propio a la agresión y la acción de defen-
derse; es decir, entre las condiciones, instrumentos y riesgos de la
agresión y los propios del comportamiento defensivo.
[...]
Tercer presupuesto: falta de provocación suficiente de quien
hace la defensa. Se trata de una actitud especial de quien se
defiende, esto es, de poner cuidado en comportarse de manera tal
que no origine, de parte de cualquier persona, una reacción contra
él. La apreciación del carácter suficiente de la provocación debe
hacerse mediante un juicio objetivo de valor, no puede depender,
por ejemplo, de la extremada susceptibilidad o irritabilidad del
sujeto en cuestión (Corte Suprema de Justicia de la República,
2018, f. j. 8).

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9. CONCLUSIONES
La legítima defensa constituye un derecho fundamental de las
personas, que goza de protección constitucional y legal, y se
encuentra regulada en el artículo 2, inciso 23, de la Constitución
Política vigente. Asimismo, está normada en el artículo 20, inciso
3, del Código Penal vigente, bajo la nomenclatura de eximentes de
responsabilidad penal.
La agresión ilegítima opera como primer requisito de la legítima
defensa frente a la vulneración de bienes jurídicos propios o de
terceros. La conducta del agraviado está amparada a derecho.
Solo es posible accionar la conducta defensiva cuando medie una
circunstancia de ilegitimidad, real, actual o inminente.
La defensa necesaria es entendida como una defensa adecuada
para frenar la agresión ilegítima del agresor. Es decir, entre los
múltiples medios o formas de repeler la agresión, el agredido debe
elegir la menos lesiva para proteger los bienes jurídicos tutelados.
Ello en salvaguarda de los derechos e intereses personales.
La falta de provocación es una conducta desplegada por el
agresor, que conlleva a una conducta previsible del agredido. Es
decir, quien hace la defensa no debe actuar y provocar al agresor.
Asimismo, la provocación es una acción u omisión anterior a la
agresión ilegítima.
Del mismo modo, si por alguna circunstancia en el ejercicio
de la legítima defensa, se presentan hechos ajenos no predecibles,
como el daño, la lesión o la muerte de alguna persona, ello debe ser
asumido por el agresor, y eventualmente por el agredido, de esta
manera no se deja desamparadas a posibles víctimas ajenas. La
finalidad de esto es básicamente resarcir los daños y perjuicios
ocasionados.

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e impropia como causa de justificación.
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Finalmente, para validar la configuración y el cumplimiento
de los requisitos de la legítima defensa debe concurrir obligato-
riamente lo señalado en el artículo 20, inciso 3, del Código Penal
vigente. Caso contrario, estamos frente a la figura de la legítima
defensa incompleta o exceso de esta.

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