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Carisma Vicenciano y su Visión Eclesial

El documento describe la visión de Iglesia de San Vicente de Paúl, incluyendo su énfasis en la Iglesia como Pueblo de Dios, su misión de evangelizar a los pobres, y su visión de la autoridad eclesiástica como un servicio. También discute cómo las intuiciones de Vicente anticiparon la eclesiología moderna y cómo él cambió el rostro de la Iglesia de su tiempo.
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Carisma Vicenciano y su Visión Eclesial

El documento describe la visión de Iglesia de San Vicente de Paúl, incluyendo su énfasis en la Iglesia como Pueblo de Dios, su misión de evangelizar a los pobres, y su visión de la autoridad eclesiástica como un servicio. También discute cómo las intuiciones de Vicente anticiparon la eclesiología moderna y cómo él cambió el rostro de la Iglesia de su tiempo.
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VINCENTIANA 4-2006 - SPAGNOLO September 27, 2006 − 2ª BOZZA

Vincentiana, Julio-Agosto 2006

El carisma vicenciano
en la Iglesia

1. CARISMA DE SAN VICENTE Y VISIÓN DE IGLESIA


Desde sus orígenes en la Iglesia se han conjugado la unidad y un
sano pluralismo a la hora de concretar ciertos aspectos de su vida y
organización, manteniendo la unidad en lo fundamental y cierta
libertad en lo accidental. A lo largo de la historia han ido surgiendo
distintos tipos de comunidades y distintas “familias espirituales” que
han intentado vivir en fidelidad al Evangelio acentuando ciertos
aspectos, lo que les da cierta identidad carismática dentro de la
Iglesia.
Para la “Familia Vicenciana” es importante conocer cómo vivió y
entendió su “ser Iglesia” San Vicente, pues su experiencia puede ilu-
minar nuestro lugar en el Pueblo de Dios que peregrina en la histo-
ria. La Iglesia fue para él, junto con el Evangelio y los pobres, uno de
los grandes ejes de su crecimiento en la fe. En los pobres, sacramento
de Cristo, él descubrió su vocación y misión, el Evangelio le iluminó
y comprometió y la Iglesia fue el marco donde acoge su vocación y
realiza su misión.

1.1 Experiencia eclesial de Vicente de Paúl


No descubrimos en Vicente una imagen única y estática, sino
que su concepción de la Iglesia va a ir evolucionando y madurando a
lo largo de su vida, marcada sobre todo por una serie de experiencias
que van purificando y completando el auténtico rostro de la Iglesia y
su misión en ella. El joven Vicente se encuentra con una Iglesia que
contempla como sociedad jerarquizada y clerical, en la que él aspira
a “hacer carrera”. Pero Dios le irá hablando a través de distintas expe-
riencias, que le harán purificar su visión de la Iglesia de Jesús, una
Iglesia que descubre como Pueblo de Dios (experiencia de Clichy),
evangelizadora de los pobres (Gannes-Folleville), “buena samaritana”
para los excluidos (Chatillón), guiada por el Espíritu (Montmirail-
Marchais), universal y misionera (Madagascar).
Para poder valorar las aportaciones de Vicente a la concepción
de la Iglesia de su tiempo es necesario situarlo y confrontarlo con el
contexto eclesial en el que vive y reflexiona sobre la Iglesia. Como
hombre del post-concilio de Trento está influenciado por la imagen
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206 La Familia Vicenciana

de Iglesia que de él brota. Aunque este Concilio no profundizó en el


tema eclesial, su programa de reformas tiene por base una determi-
nada eclesiología subyacente, la visión de la Iglesia como “sociedad
perfecta”, con estas características: dimensión societaria, estructura
jerárquica, indiferencia e incluso hostilidad frente al mundo, carácter
apologético y anti protestante.
La Iglesia que experimenta Vicente de Paúl es una comunidad
encarnada en la historia, peregrina, pecadora, dividida, interdepen-
diente del estado, con unos pastores a veces incompetentes e indig-
nos, con unas comunidades religiosas necesitadas de reforma y un
pueblo cristiano abandonado y que precisa una profunda evange-
lización.

1.2 Visión de Iglesia en San Vicente de Paúl


A raíz de esta situación eclesial y en respuesta a estas urgencias
Vicente descubre e intenta llevar a la práctica una nueva imagen de
Iglesia, más evangélica, que tiene entre otras notas:
− Carácter “misterioso” de la Iglesia, que no se puede reducir
a su aspecto más visible y social. La Iglesia es una obra
divina que tiene su origen en la Trinidad. Es una obra del
Padre, continuadora de la misión de Cristo, evangelizador
de los pobres, guiada por el Espíritu Santo.
− Relación estrecha entre Iglesia y Reino. La Iglesia tiene
como misión establecer el Reino y extenderlo por todo el
mundo, un Reino en el que los privilegiados son los po-
bres y que, aunque comienza en este mundo, no tiene aquí
su plenitud.
− Centralidad de la categoría de pueblo, del “pobre pueblo”,
en función del cual ha de estar la jerarquía y toda la vida
eclesial.
− Insistencia en el tema de la evangelización “de palabra y de
obra” como la misión fundamental de la Iglesia y su ele-
mento estructurante.
− Lugar central de los pobres en el “cuerpo de Cristo”, po-
niendo las bases para una reflexión sobre la “Iglesia de los
pobres”. El espíritu de caridad y misericordia ha de ser
una nota del Pueblo de Dios, si quiere ser fiel a Dios y
creíble para los hombres.
− Visión evangélica del papel de la autoridad en la Iglesia,
contemplando la figura del Papa, los Obispos y demás
ministros desde su vocación de servicio más que desde las
categorías del poder.
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El carisma vicenciano en la Iglesia 207

− Renovación de la vida religiosa y apertura a nuevos cauces


de consagración a Dios, desde el interior del mundo y una
opción por el servicio a los pobres.
− Redescubrimiento del lugar de los laicos en la vida de la
Iglesia, partiendo de una espiritualidad bautismal, la lla-
mada universal a la santidad y su participación en la vida
apostólica, especialmente en el campo de la caridad y
evangelización.
− Reincorporación de la mujer a la vida de la Iglesia y a sus
trabajos apostólicos, a través de asociaciones laicales fe-
meninas.
Algunas de estas intuiciones, a veces más aplicadas y vividas que
teorizadas, han hecho que Vicente de Paúl sea considerado como
“uno de los arquitectos de la Iglesia moderna”. Y dado que estas apor-
taciones han sido asumidas y enriquecidas por la praxis y reflexión
eclesial posterior, puede ser considerado como un auténtico “profeta
de la eclesiología actual”. Con razón en la oración fúnebre a la muerte
de San Vicente su amigo, Mons. Maupas de Tours, afirmaba: “Ha
cambiado casi totalmente el rostro de la Iglesia”.

2. MODELO DE IGLESIA DESDE EL CARISMA VICENCIANO:


LA IGLESIA DE LOS UN POBRES Y PARA LOS POBRES
En los años posteriores al Concilio Vaticano II se multiplican las
tomas de posiciones eclesiológicas. Permanece el modelo preconciliar
— institucional y societario — pero se va asumiendo la propuesta de
Iglesia-comunión hecha por la Lumen Gentium o la propuesta de la
Gaudium et Spes de una Iglesia abierta y servidora del mundo.
Pero pronto se va vislumbrando un nuevo modelo, en un mundo
dividido entre los pueblos desarrollados y los que están en vías de
desarrollo, cada vez más pobres: la Iglesia de los pobres. Este modelo
surge especialmente en el mundo de la pobreza a partir de ciertos
documentos como la Encíclica Populorum Progressio de Pablo VI, o
las conclusiones de la Conferencia del Episcopado Latinoamericano
en Medellín y Puebla, así como de la reflexión desde la “Teología de la
Liberación”.
A la luz de la Gaudium et Spes, este modelo presenta una Iglesia
que quiere comprometerse en el servicio a la humanidad, pero con-
cretamente de esta humanidad real que divide a los hombres a nivel
mundial, generando “ricos cada vez más ricos y pobres cada vez más
pobres”. Ante esta cruda realidad la Iglesia no debe permanecer indi-
ferente sino dar soluciones desde el Evangelio, haciendo una clara
“opción por los pobres”, poniéndose de parte de los perdedores,
excluidos y marginados, convirtiéndose en Iglesia al servicio de la
“no humanidad”.
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208 La Familia Vicenciana

2.1 Características de la “Iglesia de los pobres”


Algunas de las características del rostro de esta Iglesia de los
pobres son:
− Tiene su centro en el mundo de los pobres y desde ellos
contempla y discierne la realidad. Los pobres no son
“parte” dentro de ella, sino el centro de su totalidad.
− Es una Iglesia “profética”, que sabe discernir en lo que
sucede en el mundo actual, los signos de la presencia de
Dios y también la presencia del “misterio del mal” que
actúa contra los planes de Dios. Por ello, además de anun-
ciar la voluntad de Dios sobre el mundo, tiene que denun-
ciar los pecados y estructuras pecaminosas que se oponen
a estos proyectos de Dios.
− Es una Iglesia continuadora en la historia de la opción de
Jesús de Nazaret por los pobres y marginados.
− Es una Iglesia que interpreta su misión salvadora como
una “liberación integral” de todas las esclavitudes, de todo
el hombre y de todos los hombres. Una Iglesia que ade-
más de anunciar la Buena Noticia intenta que se convierta
en una “buena realidad”, mediante la liberación de los
oprimidos.
− Es una Iglesia que en su servicio al Reino de Dios subraya
la perspectiva evangélica de la prioridad de los pobres en
este Reino prometido, pues ellos son los destinatarios pri-
vilegiados del Reino.
− Es una Iglesia en la que las relaciones entre sus miembros
se basan en la igualdad y el servicio fraterno, y en la que
los pobres son los principales protagonistas. Una Iglesia
que no sólo es para los pobres, sino que está con los
pobres y preferentemente de los pobres.

2.2 Vicente de Paúl inspirador de la “Iglesia de los pobres”


Este modelo de Iglesia tiene muchos puntos de contacto con la
experiencia eclesial de San Vicente, quien podría considerarse un
precursor o profeta de esta visión de la Iglesia centrada en los
pobres. Los pobres enseñan a Vicente de Paúl a entender la Iglesia y
su misión. Su contacto con ellos le lleva a contemplar a la comuni-
dad eclesial con unos ojos nuevos y a comprometerse en su reforma
para darle un nuevo rostro más evangélico por su cercanía y servicio
a los pobres. Veamos algunas convicciones de San Vicente en rela-
ción con este modelo eclesiológico:
− Los pobres son personas concretas (no una categoría o
idea) que viven en una situación de miseria, explotación,
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El carisma vicenciano en la Iglesia 209

marginación e injusticia. Pero además, a la luz de la fe,


aparecen ante él como “mediación viviente de Cristo”,
“sacramentos” de aquel que “quiso ser pobre y nos es repre-
sentado en los pobres”. Ellos son los predilectos de Dios y
entre ellos está la “verdadera religión”. Esta visión “mística”
de los pobres fundamenta su comprensión de la Iglesia,
que ha de ser comprendida y organizada en función del
pobre. Redescubre así a la Iglesia de su tiempo un aspecto
que había abandonado: la opción por los pobres, “los
miembros más preciosos del cuerpo de Cristo”.
− Los pobres son los destinatarios preferentes de la misión
de Cristo y de su Iglesia. Vicente contempla a Jesucristo
ante todo como el “evangelizador de los pobres”. “Él mismo
quiso nacer pobre, recibir en su compañía a los pobres, ser-
vir a los pobres, ponerse en el lugar de los pobres...”. Desde
esta visión cristológica descubre que la Iglesia, como ima-
gen de Cristo en el mundo y continuadora de su misión,
ha de revestirse de las actitudes del Maestro y presentarse
pobre y sierva de los pobres.
− “Dios comenzó la Iglesia por unos pobres”. Volviendo la
vista a los orígenes, San Vicente descubre que Jesús “al
instituir la Iglesia quiso escoger a unos pobres hombres,
ignorantes y pecadores, para fundarla y plantarla en toda la
tierra”. Dios sigue eligiendo a “pobres gentes” para conti-
nuar su obra en la Iglesia.
− “La Iglesia de Jesucristo es la ciudad de los pobres. En el
Reino de Jesucristo la preeminencia pertenece a los pobres,
que son los primogénitos de su Iglesia y sus verdaderos
hijos. En el mundo, los pobres dependen de los ricos, y pare-
cen haber nacido sólo para servirlos; en la Santa Iglesia, por
el contrario, no son admitidos los ricos sino con la condi-
ción de servir a los pobres” (J.B. BOSSUET, Sermón sobre la
eminente dignidad de los pobres en la Iglesia).
La Iglesia es para los pobres: opción preferencial por los pobres.
Es una de las grandes preocupaciones de San Vicente en su vida:
devolver a los clérigos y laicos a la solidaridad y al servicio a los
pobres como exigencia de su propia fe. Ve la necesidad de que la
Iglesia se convierta al mundo de los pobres para ser auténtica imagen
de Jesucristo. Devolver los pobres a la Iglesia y la Iglesia a los pobres,
así se puede resumir su obra.
La Iglesia de los pobres ha de ser la Iglesia de la misericordia. La
Iglesia se realiza y se hace creíble por la misericordia, que ha de ser
una de las “notas” de la verdadera Iglesia de Dios.
Partiendo de estas convicciones de San Vicente, que dieron sen-
tido a su vida y motivaciones a sus obras, la “familia vicenciana” no
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210 La Familia Vicenciana

puede olvidar este rostro de la Iglesia: una Iglesia pobre y servidora


de los pobres, una Iglesia “misericordia” que se hace “buena samari-
tana” de los excluidos en un mundo injusto. Es el rostro de Iglesia
que está llamada a dar la “familia vicenciana”, para ser fiel al carisma
vicenciano, para construir la Iglesia con estilo propio y dar credibili-
dad a la Iglesia de Jesucristo, que ha de ser ante todo la Iglesia de
los pobres.

3. EL CARISMA DE SAN VICENTE EN LA IGLESIA


Muchos seguidores de Jesucristo consideran a San Vicente de
Paúl su “padre espiritual”, como inspirador y guía de su presencia y
acción en la Iglesia y en el mundo. La vida, doctrina y carisma de
Vicente, a pesar de la distancia temporal, siguen inspirando su estilo
de ser cristiano.
Varias comunidades religiosas, Sociedades de Vida Apostólica y
Asociaciones de laicos, ya creadas directamente por él o inspiradas
en su espíritu, tienen a San Vicente como su “padre”, por lo que se
ha convertido en un “patriarca” de la Iglesia, un “padre de muchas
gentes”.
Este hecho nos hace conscientes de que formamos parte de una
familia dentro de la Iglesia, la “familia vicenciana”, con unas raíces
comunes. Esta familia es “pluriforme” pues el Espíritu en diversas
épocas y circunstancias ha inspirado distintos instrumentos e in-
stituciones, para dar respuesta a las llamadas de Dios en favor de
los pobres desde el mismo carisma vicenciano. Aunque en sentido
amplio componen la Familia Vicenciana más de 268 instituciones, en
cuanto que han adoptado aspectos característicos del carisma vicen-
ciano, en sentido restringido al hablar de esta Familia nos referimos
a un grupo concreto de asociaciones eclesiales: Congregación de la
Misión, Compañía de las Hijas de la Caridad, Asociación Internacio-
nal de Caridades, Sociedad de San Vicente de Paúl, Asociación de la
Medalla Milagrosa, Juventud Mariana Vicenciana, Misioneros Segla-
res Vicencianos, Religiosos de San Vicente de Paúl.
Esta pluralidad de la familia vicenciana implica para sus miem-
bros la tarea de conocer lo “común”, lo que les une, lo que crea
comunión y nos permite formarnos, trabajar y celebrar juntos. Por
otra parte se hace necesario conocer lo que es propio de cada asocia-
ción vicenciana, su identidad en la Iglesia, para respetar y apreciar su
autonomía.
Pero en cuanto que todos estamos en la Iglesia y trabajamos
desde ella en la misma misión, la unión y colaboración en la familia
será un medio para que nuestro apostolado de la caridad sea más
eficaz: “Contra las pobrezas, actuar juntos”. Garantizar la continuidad
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El carisma vicenciano en la Iglesia 211

de la misión que Dios confió a San Vicente desde el mundo de los


pobres — y no tanto la supervivencia de cada asociación — ha de ser
un gran reto para nuestra “familia”. Las pobrezas nos siguen interpe-
lando para que actuemos juntos.

4. CONCIENCIA DE FAMILA: ESPIRITUALIDAD VICENCIANA


Partiendo de la espiritualidad como “el proceso de seguimiento de
Cristo, bajo el impulso del Espíritu y la guía de la Iglesia”, se puede
decir que cada cristiano ha de tener su propia espiritualidad. En el
interior de la única espiritualidad cristiana puede haber diversas
espiritualidades, que no son esencialmente diferentes, pues se trata
siempre de seguir a Jesús, pero difieren en la modalidad histórica de
seguirlo y en los valores de su mensaje que se privilegian.
Cuando un grupo de personas, normalmente siguiendo a un
maestro, asumen los mismos rasgos y valores de Cristo, decimos que
viven la misma espiritualidad. Así se puede hablar de la espirituali-
dad de la “Familia vicenciana”, en cuanto que bebemos de aquella
especial vivencia de Cristo que tuvo San Vicente y que hoy sigue ins-
pirando a sus seguidores. La misma espiritualidad puede vivirse en
los diversos estados de vida y en diferentes tiempos y lugares, con
ligeras diferencias. Esta conciencia de vivir el mismo “espíritu” es lo
que crea en la Iglesia conciencia de “familia”. Lo esencial del carisma
vicenciano es seguir a Cristo, evangelizador y servidor de los pobres,
desde cualquier estado de vida o condición, hombre o mujer, clérigo
o laico, adulto o joven, católico o no, casado o célibe.
Intentando recoger algunos de esos rasgos de la espiritualidad
vicenciana que crea en todos los que nos inspiramos en San Vicente
una conciencia de familia podemos destacar:
− Espiritualidad teocéntrica: “Estar entregado a Dios”
El vicenciano está anclado en Dios. Su vocación primera es
entregarse a El. Vive una relación privilegiada con la Trinidad,
principio y modelo de su dinámica espiritual. Todo lo hace por
agradar a Dios y “hace siempre y en todas cosas la voluntad de
Dios haciendo lo que el Hijo de Dios mismo vino a hacer en la
tierra...”.
− Espiritualidad cristocéntrica: “Vivir para Cristo”
El vicenciano tiene a Cristo como “regla de su vida”, “la vida de su
vida”, “la única pretensión de su corazón”. El es “el verdadero
modelo y ese gran cuadro en el que tenemos que configurar todos
nuestros actos”. Y al mirarse en Cristo lo contempla como el
“adorador y misionero del Padre y servidor de su designio de amor”
que hace suyas las palabras proféticas: “Me ha enviado para dar
la Buena Noticia a los pobres” (Lc. 4,18). “Nuestra vocación es
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212 La Familia Vicenciana

una continuación de la de Jesucristo... Dar a conocer a Dios a los


pobres, anunciarles a Jesucristo, decirles que está cerca el reino de
los cielos y que ese reino es para los pobres”.
− Espiritualidad carismática
Los miembros de la Familia vicenciana, dentro de su diversidad,
reconocen en San Vicente y su forma de vivir el “espíritu de Jesu-
cristo” su principal fuente de inspiración. Su forma de escuchar
a Dios, de leer el Evangelio, de seguir a Cristo, ha sido tan
extraordinaria que sigue siendo modelo y fuente de inspiración
para muchas personas y organizaciones que trabajan en el cam-
po de la evangelización y promoción de justicia y caridad.
− Espiritualidad eclesial: en la Iglesia y como Iglesia
El vicenciano vive su vocación y misión en la Iglesia y como Igle-
sia. Ciudadanos del Pueblo de Dios, miembros del Cuerpo de
Cristo y piedras vivas del templo del Espíritu, nos sentimos una
fuerza dinámica dentro de la Iglesia, valorando la vida fraterna y
el trabajo en equipo. Vive atento a la Doctrina Social de la Igle-
sia, para conocer críticamente la realidad del mundo y tener cri-
terios y principios de acción para su labor social y caritativa.
− Espiritualidad de la acción: “Toda nuestra obra está en la
acción”
El vicenciano es consciente de que la caridad no es tarea de la
inteligencia ni sólo del afecto, sino que se manifiesta sobre todo
en la acción. El amor a Dios se expresa con obras y de verdad:
“Amemos a Dios, hermanos, pero que sea a costa de nuestros bra-
zos, que sea con el sudor de nuestra frente”.
Contemplativo en la acción, el vicenciano se inserta en el mundo,
especialmente en el de la pobreza, para descubrir las necesidades
de aquellos que “dando la vuelta a la medalla” contempla como
hermanos e imágenes de Cristo.
La familia vicenciana, más que un grupo de reformadores socia-
les, movidos por corrientes sociológicas o políticas, es una comu-
nidad de cristianos que creen en la fuerza del amor afectivo y
efectivo, que se sienten urgidos por la caridad de Cristo.
− Espiritualidad del servicio encarnado y solidario: servir al
hombre integral
El vicenciano vive un encuentro personal con los pobres, a la luz
del testimonio de San Vicente, que ve en ellos “su peso y su
dolor”, “sus señores y maestros”, “signos de la presencia de Dios” y
“sacramentos” de Cristo doliente.
Desde esta “mística” del pobre realiza el servicio corporal y espi-
ritual a los más débiles y excluidos, descubriendo en ellos su
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VINCENTIANA 4-2006 - SPAGNOLO September 27, 2006 − 2ª BOZZA

El carisma vicenciano en la Iglesia 213

“porción” y manifestando la “parcialidad de Dios”, que manifiesta


predilección por los más pequeños.
Reconociendo la dignidad del pobre, digno de todo respeto, el
vicenciano se sitúa cerca del pobre y lo acompaña con amor,
delicadeza, respeto... intentando remediar sus necesidades pun-
tuales, pero sin dejar de encontrar soluciones más globales desde
un análisis de las causas de la pobreza y la búsqueda de promo-
ción y cambio de estructuras. Asistencia, promoción y compro-
miso por la justicia van unidas en su misión.
− Espiritualidad liberadora
El vicenciano ha experimentado que el Evangelio es fuerza libe-
radora para todos y preferentemente para aquellos que visita el
sufrimiento o la injusticia. Por ello para hacer vida el evangelio
se compromete en la promoción de la persona, de todo el hom-
bre y de todos los hombres.
En la actividad caritativa valora la organización, pues contra las
pobrezas hay que trabajar juntos, ya que la pluralidad de for-
mas y rostros de la pobreza exigen una respuesta múltiple y
coordinada.
− Espiritualidad misionera, abierta a la universalidad desde la
inculturación
La familia vicenciana es consciente de su realidad plural e inter-
cultural y además se siente convocada a la misión universal de la
Iglesia, que no se cierra en unas determinadas fronteras de lugar
o cultura, sino que está abierta a la presencia mundial de la
pobreza y a la respuesta global a los problemas del mundo.
− Espiritualidad mariana comprometida
El vicenciano concede un lugar destacado en su experiencia espi-
ritual a María, descubriendo en ella la “madre”, modelo e inter-
cesora, sobre todo a partir del mensaje de las apariciones de la
Virgen a Santa Catalina y del regalo de la Medalla “milagrosa”.
Ella nos invita a vivir en la escucha de la Palabra, a contemplar
a Dios en la vida y a Jesucristo en los pobres, a servir como ella,
desde la opción por los pequeños.
− Espiritualidad testimonial, vital
La espiritualidad vicenciana se concreta en un estilo, en un
talante de persona y de cristiano, que está marcado por la prác-
tica de algunas virtudes o valores más específicos. Vicente era
consciente de la debilidad humana, por lo que dará a los su-
yos una serie de consejos y puntos de referencia, que ayudarán
a hacer vida el espíritu propio y serán signos identificativos
de la identidad del vicenciano. Entre estas “virtudes de estado”,
NOMELAV: Vincentiana 4−2006 PAG: 10 SESS: 5 USCITA: Fri May 25 [Link] 2007 SUM: 0D047871
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VINCENTIANA 4-2006 - SPAGNOLO September 27, 2006 − 2ª BOZZA

214 La Familia Vicenciana

insistirá en la sencillez, humildad y caridad (para las Hijas de la


Caridad y miembros de las Cofradías), a las que añadirá la man-
sedumbre, mortificación y celo (para los Misioneros). Las Confe-
rencias de Ozanam tienen la alegría, cordialidad y justicia como
virtudes preferidas; los miembros de JMV subrayan el espíritu de
colaboración, la sensibilidad ante las pobrezas, cumplimiento de
la voluntad de Dios y transparencia.

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