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Kathryn Kuhlman - El Toque Del Maestro

El documento presenta una biografía de Kathryn Kuhlman, una predicadora estadounidense del siglo XX conocida por sus reuniones de sanidad divina. Detalla su conversión cristiana a los 14 años y su ministerio itinerante inicial, para luego describir el desarrollo de su ministerio televisivo y sus reuniones multitudinarias. Falleció en 1976 a los 77 años tras una vida entregada a la proclamación del evangelio y al poder sanador de Jesucristo.
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Kathryn Kuhlman - El Toque Del Maestro

El documento presenta una biografía de Kathryn Kuhlman, una predicadora estadounidense del siglo XX conocida por sus reuniones de sanidad divina. Detalla su conversión cristiana a los 14 años y su ministerio itinerante inicial, para luego describir el desarrollo de su ministerio televisivo y sus reuniones multitudinarias. Falleció en 1976 a los 77 años tras una vida entregada a la proclamación del evangelio y al poder sanador de Jesucristo.
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©2009 Editorial Peniel

Ninguna parte de esta publicación puede


ser reproducida en ninguna forma sin el
permiso escrito de Editorial Peniel.

Las citas bíblicas fueron tomadas de la


Santa Biblia, Nueva Versión
Internacional, a menos que se indique
lo contrario.
© Sociedad Bíblica Internacional.

Editorial PEniEl
Boedo 25
Buenos Aires, C1206AAA
Argentina
Tel. 54-11 4981-6178 / 6034
e-mail: [email protected] Diseño de cubierta e interior:
www.peniel.com Arte Peniel • [email protected]

Publicado originalmente con el título:


Healing Words
by Creation House
Orlando, Florida, EE.UU.

Kuhlman Kathryn
El toque del Maestro MM. - 1a ed. - Buenos Aires : Peniel, 2009.
112 p. ; 11x17 cm.
Traducido por: Ester Barrera
ISBN 10: 987-557-254-3
ISBN 13: 978-987-557-254-6

Impreso en Colombia / Printed in Colombia


CONTENIDO

Prefacio . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7
Introducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9
Fe es más que creer . . . . . . . . . . . . 13
Seguridad . . . . . . . . . . . . 17
El padre pródigo . . . . . . . . . . . . 21
La niña de sus ojos . . . . . . . . . . . . 25
La misericordia de Dios . . . . . . . . . . . . 29
Ámalo y haz su voluntad . . . . . . . . . . . . 31
En amor, sigue a Cristo . . . . . . . . . . . . 35
El Espíritu Santo intercede por ti . . . 37
Cuando vea a Jesús . . . . . . . . . . . . 39
El toque del Maestro . . . . . . . . . 41
Alábalo . . . . . . . . . . . . 45
El Espíritu Santo da de sí mismo . . . . . . . . 47
Que Él crezca y que yo mengüe . . . . . . . 51
Tu llamado . . . . . . . . . . . . 53
Dios suplirá mi necesidad . . . . . . . . . . . . 57
Por amor a mi Maestro . . . . . . . . . . . . 61
El costo de ser un discípulo . . . . . . . . . 63
Sin culpa ante sus ojos . . . . . . . . . . . . 67
Bajo sus alas . . . . . . . . . . . . 71
El bautismo del Espíritu Santo . . . . . . . . 73
Hambre por más del Espíritu Santo . . . . . . 77
La última hora . . . . . . . . . . . . 81
No entristezcáis al Espíritu . . . . . . . . . . 85
Sin nada, entrégate a ti mismo . . . . . . . . 89
¿Qué harás con la cruz? . . . . . . . . . . . . 91
Mi oración . . . . . . . . . . . . 93
Mayores obras que estas . . . . . . . . . . . 95
A solas, pero nunca solitario . . . . . . . . . . 97
El poder de Dios . . . . . . . . . . . . 99
Milagros . . . . . . . . . . . . 101
Fe y sanidad . . . . . . . . . . . . 103
Epílogo . . . . . . . . . . . . 105
Acerca de Kathryn Kuhlman . . . . . . 110
PREFACIO

¿M e han estado esperando?

¡Ciertamente, sí!
El mundo entero estaba esperando para escuchar a
la llameante pelirroja de Concordia, Missouri, Estados
Unidos. En su lista de espera había estrellas de cine,
pre- sidentes y aún reyes.
Kathryn Kuhlman con su voz estridente, lenta ora-
toria y sermones sencillos se transformó en un nombre
familiar para millones en los medios de comunicación.
El Dr. C. M. Ward, un amigo de mucho tiempo,
pre- dijo que en el final de los años cincuenta dos
cambios significativos estaban por suceder en la iglesia.
Primero, iba a haber un explosivo énfasis en la
enseñanza de la Bi- blia. Segundo, era el tiempo de la
historia para que una poderosa personalidad femenina
emergiera con un mi- nisterio de lo milagroso.
En el momento que oí lo que el Dr. Ward predijo,
tuve el sentir que esta dama divinamente diseñada que
surgiría no sería otra que la señorita Kathryn Kuhlman.
Durante una visita de Kathryn a mi casa, la invite a
ministrar en California del Sur, pero ella estaba en du-
das. Tenía que tener una clara confirmación de que era
la voluntad de Dios y el tiempo justo del Señor. Quería
primero orar. Finalmente, después de tres días, le dijo a
mi esposa que ahora sentía la libertad de agregar a Cali-
fornia del Sur en su ministerio.
Pronto se abrió una puerta en la cadena de
televisión CBS. Miles de personas se agolpaban en
cada reunión. Solo la eternidad sabrá y habrá registrado
el número de los que fueron milagrosamente sanados y
nacidos de nuevo en su ministerio que recorrió el globo
terráqueo.
Al leer estas páginas, recuerde que está estudiando
enseñanzas atesoradas, cuidadosamente documentadas
de una mujer singular, rendida al Espíritu Santo como
ninguna de su época.

Dr. Ralph Wilkerson


INTRODUCCIÓN

C uando era una niña de 14 años, Kathryn Kuhlman


comenzó su decisiva relación con Jesucristo en
una pequeña iglesia Metodista en Concordia, Missouri.
En las páginas que siguen leerá de su conversión y su
primera experiencia con el bautismo del Espíritu Santo.
Kathryn salió de la escuela secundaria a los 17 años
para viajar con su hermana y su cuñado, Myrtle, y Eve-
rett Parrott, en una gira evangelística con una carpa, en
el verano de 1924.
Los Parrott prepararon a Kathryn en las materias bá-
sicas del ministerio: evangelismo, predicación, sanidad
por fe y el Pentecostalismo. Luego de un breve entrena-
miento en una Escuela Bíblica, ella y su hermana Helen
comenzaron a evangelizar y predicar en varias ciudades
de los Estados Unidos. Luego, en 1933, se establecieron
en Denver y comenzaron a tener grandes reuniones en
el Tabernáculo de Avivamiento de esa ciudad.
En 1938 se casó con el evangelista itinerante Bu-
rroughd Allen Waltrip, dejó el Tabernáculo y se
estable- ció en un equipo evangelístico en la ciudad de
Mason,
10 EL T OQUE D EL M AESTR O

Iowa. El ministerio allí, sin embargo, sufrió un tiempo


fi- nanciero muy difícil, y decayó.
El matrimonio fue un periodo muy doloroso en la
vi- da de Kathryn, desde 1938 hasta su disolución en
1964. Pero luego de ese tiempo su ministerio sería
renovado y experimentaría un nuevo crecimiento.
En 1946 Kathryn comenzó a tener una serie de en-
cuentro en el noroeste de Pennsylvania, en el Taberná-
culo Franklin Gospel. De allí se movió a una pista de
patinaje transformada en el Templo de la Fe.
También comenzó a tener reuniones en el Carnegie
Hall de la ciudad de Pittsburg, y dijo que permanecería
allí hasta que el trabajo estuviera realizado. En 1950 se
mudó a Pittsburg donde estableció su ministerio, y
estu- vo en ese lugar por el resto de su vida.
Las multitudes que asistían a sus servicios en ese
lu- gar eran tan numerosas, que en el año 1967 comenzó
los servicios de milagros de viernes por la noche en la
Pri- mera Iglesia Presbiteriana. También condujo
servicios en las ciudades de los alrededores, pero no se
aventuró en ese tiempo a ir a otras ciudades más
grandes.
En 1965, el pastor Ralph Wilkerson, que pastoreaba
en Melodyland, en Anahein, California, la persuadió a
conducir una reunión en su iglesia.
Esto abrió la puerta para reuniones exitosas no sola-
mente en esa ciudad sino en incontables otras grandes
I NTR O DUC CIÓN 11

metrópolis a través del país. También, durante esa


época comenzó el ministerio televisivo “Yo creo en los
milagros”, por la cadena CBS.
Al comenzar los años setenta, Kathryn fue invitada
varias veces en el campo de la Universidad de Oral Ro-
berts para hablar en la capilla, en los servicios de gra-
duación.
Al finalizar 1975 los doctores de Kathryn determi-
naron que necesitaba operarse del corazón; luchó física-
mente hasta el 20 de febrero de 1976. Cerró los ojos en
esta fecha, para encontrarse con Aquel que amaba
entra- ñablemente: Jesús.
Primeramente, yo oí de Kathryn Kuhlman de dos
fuentes: mi madre, que asistía a sus servicios en Pitts-
burg, y Benny Hinn, que la menciona frecuentemente
en su ministerio de cruzadas. Puede decirse que Benny
ha sido profundamente influenciado por ella. Mientras
que el ministerio publicó un cierto número de libros
acerca de Kathryn Kuhlman y los relatos de sanidades
que resultaron de sus reuniones, existen escasos
recursos que comparten sus palabras y vivencias de lo
que ella pensaba y creía de la sanidad, la fe y su
relación con su único amor, Jesucristo.
La apariencia de Kathryn en sus reuniones de sani-
dad era dramática e intensamente personal. Ella pagó el
precio del ministerio entregándose a sí misma totalmen-
12 EL T OQUE D EL M AESTR O

te a la proclamación del evangelio y al poder sanador


de Jesucristo. Las palabras que habló fueron más allá
de predicación y enseñanza: ministraron el bienestar y
la sanidad a los que se abrieron a sí mismos al poder del
Es- píritu Santo. Como su vasija, Kathryn instalaba la
espe- ranza de Dios y sus promesas de sanidad en los
que estaban deseosos de ser alcanzados por el toque
sanador del Maestro.
Es mi oración que sus palabras instalen la misma es-
peranza en usted.
He editado sus palabras de modo que usted pueda
recibir el impacto completo de lo que Dios habló a tra-
vés de ella. Amplificamos sus dichos hablados durante
décadas en su ministerio. Lea cada Escritura tanto como
las palabras de Kathryn y sus oraciones, como recurso
de fe para su sanidad.
Deseo agradecer al Dr. Ralph Wilkerson y todos los
que hicieron posible hacer de este proyecto una reali-
dad. Pero, por sobre todo, agradezco a mi primer amor,
Jesucristo, por utilizar a Kathryn Kuhlman para tocar mi
vida y la de cientos de otros con su toque sanador.

Larry Keefauver, D. Min.


Editor
FE ES MÁS QUE CREER

N uestras emociones y deseos frecuentemente son to-


mados por fe, y es muy fácil echarle la culpa a Dios
cuando no hay resultados de algo que ha sido puramen-
te de la mente y no del corazón.
Una de las cosas más difíciles en el mundo es darse
cuenta que la fe puede ser recibida únicamente cuando
es impartida al corazón humano por Dios mismo, no
puede ser fabricada. No importa cuánto nutramos y cul-
tivemos el espíritu que el mundo interpreta como fe,
nunca crecerá al tipo de fe que
fue provista por Jesús.
Cuando hablamos de ww t uw
nuestra salvación, es un asunto
¡CUANDO JESÚS HABLA
de fe y nuevamente Él nos da
NO HAY LUCHA!
la fe para crecer. “Mas a cuantos
lo recibieron, a los que creen en su
nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios” (Juan 1:12).
Es el mismo Espíritu Santo que convence al pecador
de su pecado, y se ocupa de que le sea dada suficiente
convicción para convencerlo de su salvación. Pero nin-
14 EL T OQUE D EL M AESTR O

gún hombre posee aquella fe. Le es dada por el mismo


que nos da la fe para nuestra sanidad física: ¡el autor y
consumador de nuestra fe, Cristo Jesús!
Con cuánta frecuencia en un servicio de milagros he
visto gente consciente, luchando, forzándose, deman-
dando a Dios que les dé la sanidad para sus cuerpos, y
con todo, no había respuesta.
¡Podemos creer en la sani-
ww t uw dad! Podemos creer en nuestro

HAY CREENCIA EN LA
Señor y su poder para sanar.
Pero solamente Jesús puede
FE, PERO ES MÁS QUE
hacer el trabajo que nos lleva-
CREENCIA.
rá a las cumbres de las monta-
ñas de la victoria.
Hemos hecho de la fe un
producto de nuestra mente finita, cuando todos los
otros dones del Espíritu se los atribuimos a Dios.
Para mucha gente, sin embargo, la fe todavía es la
propia habilidad para sacarse las dudas y la falta de fe, a
través de un proceso de continuas afirmaciones. Hay
una creencia en la fe, pero la fe es más que creencia.
Fe es un don. Jesús es nuestra fe, y es el dador de to-
do don perfecto; es el autor y consumador de nuestra fe.
La fe activa es creer sin cuestionar, confiar y
depen- der de Dios con toda confianza. La fe puede
hacerse tan real como cualquiera de nuestros sentidos.
FE ES MÁS QUE CREER 15

Cuando recibimos su fe también recibimos entendi-


miento. Cada cosa que Dios tiene para sus hijos Él la
co- loca al alcance de la fe. Cuando Jesús habla no
hay lucha, y las olas de duda, ansiedad y preocupación
desa- parecen todas, y una calma gloriosa y maravillosa
entra en el corazón y la mente del que ha recibido lo
que so- lamente Dios puede dar.
El único ruido será el de la alabanza y adoración,
desde los labios de uno que ha sido sano, en ese
momen- to, por el toque sanador del Gran Médico.

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