Dr.
Fabián Andrés Ramos Castañeda
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Tema 6
La profesión de la fe cristiana
Teología I
Dr. Fabián Andrés Ramos Castañeda
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ÍNDICE
CONTENIDOS
❖ ¿ Qué cosa es fe?
❖ ¿Qué es creer?: malentendidos de la fe.
❖ La fe del creyente cristiano. Sus características.
❖ Fe “profesada, celebrada y vivida”
❖ El símbolo de la fe: el Credo de la Iglesia. Origen.
❖ El Credo: expresión de fe.
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¿Qué cosa es fe?
• Cuando nos hacemos esta pregunta, solemos contestar: creer lo que no se ve... Pues NO!
166 La fe es un acto personal: la respuesta libre del hombre a la iniciativa de Dios que se revela.
i Pero la fe no es un acto aislado. Nadie puede creer solo, como nadie puede vivir solo. Nadie se
ha dado la fe a sí mismo, como nadie se ha dado la vida a sí mismo. El creyente ha recibido la fe
de otro, debe transmitirla a otro. Nuestro amor a Jesús y a los hombres nos impulsa a hablar a
otros de nuestra fe. Cada creyente es como un eslabón en la gran cadena de los creyentes. Yo no
puedo creer sin ser sostenido por la fe de los otros, y por mi fe yo contribuyo a sostener la fe de
los otros.
• Cuando profesamos nuestra fe, comenzamos diciendo: "Creo" o "Creemos". Antes de
exponer la fe de la Iglesia tal como es confesada en el Credo, celebrada en la Liturgia, vivida en la
práctica de los Mandamientos y en la oración, nos preguntamos qué significa "creer".
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¿Qué es creer?: malentendidos de la fe
a)“CREER EN DIOS ES CREAR A DIOS”. Es la afirmación citada de Unamuno.
Según este planteamiento, el Dios de la fe religiosa no es más que una IDEA,
producto de la conciencia del hombre, a la que no responde una realidad
existente fuera de su imaginación.
También conecta con la teoría de Freud, la fe en Dios es una ilusión patológica sin porvenir,
una neurosis colectiva.
b) “CREER EN DIOS ES DAR UN SENTIDO A LA VIDA”. También en este caso la explicación de la
fe se reduce a una interpretación exclusivamente subjetiva. Lo cierto es que tener “un sentido de
la vida” no implica de por sí tener fe en Dios; fe y sentido de la vida no se contraponen, desde
luego, pero tampoco se identifican.
c) LA FE EN DIOS NO ES MAS QUE UN SISTEMA DE CREENCIAS. Muchos conciben la fe
exclusivamente como adhesión a unas “verdades” y practicas religiosas, aceptadas en cuanto
forman parte de la cultura establecida en la sociedad (el llamado “catolicismo sociológico”),
pero sin base en una opción personal por el seguimiento de Jesucristo y la vida de fe en la
comunidad cristiana. Se afirma creer en Dios, aunque se vive como si Dios no existiera. 5
d) “CREER ES COMPROMETERSE”. Esta visión de la fe obtuvo gran divulgación al
final de la década de los sesenta en ciertos grupos de cristianos. Es una interpretación
correcta en el sentido de “también comprometerse”; insuficiente en el sentido
“exclusivamente comprometerse”, en cuanto que en este caso la fe quedaría reducida a una
praxis ética o política para la transformación de la sociedad.
e) “CREER EN DIOS NO ES MÁS QUE CONFIAR EN DIOS”. Es verdad, fundamentada en las enseñanzas
bíblicas, que la confianza es un constitutivo esencial de la fe cristiana. El malentendido surge
cuando la fe se reduce exclusivamente a confianza. Y es lo que propuso Lutero al interpretar la
fe cristiana como mera confianza en Dios misericordioso que cubre nuestro pecado con los
méritos de Cristo en la Cruz.
De este modo de entender la fe queda excluido el aspecto de asentimiento a las
verdades reveladas por Dios y propuestas por la Iglesia.
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La fe del creyente cristiano
Para explicarnos los que significa creer
el catecismo nos propone tres puntos de
referencia:
• El hombre al encuentro de Dios: la religiosidad;
• Dios al encuentro del hombre: la Revelación;
• La respuesta del hombre a Dios: la fe.
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Creo- Creemos
Cuando profesamos nuestra fe, comenzamos diciendo: "Creo" o "Creemos". La fe es la
respuesta del hombre a Dios que se revela y se entrega a él, dando al mismo tiempo una luz
sobreabundante al hombre que busca el sentido último de su vida. (Nº 26).
Por su revelación, «Dios invisible habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor y
mora con ellos para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía» (DV 2). La
respuesta adecuada a esta invitación es la fe” (Catecismo, n 142)
Para el cristiano la fe es la respuesta libre y confiada a Dios, que se revela a través de su
Palabra, hecha carne en Jesús de Nazaret
Creer es aceptar el evangelio de la salvación de Dios, proclamado y realizado en Jesucristo.
Es posible creer, porque Dios primero se ha manifestado al ser humano y porque el Espíritu
de Dios ilumina la inteligencia y el corazón, capacitando a la persona para ofrecer una
respuesta que brota de la libertad y que compromete toda la vida.
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Esta fe no puede quedarse encerrada en el corazón (Jn 12,42ss), sino que se debe manifestar
en una confesión pública ante Dios, y ante los hombres.
Confesar la fe equivale a dar testimonio de ella. El cristiano, que ha descubierto el "tesoro
escondido", o la "perla preciosa", corre, entusiasmado, a comunicar esta Buena Noticia a
quienes nos rodean.
La confesión de Fe es una consecuencia lógica
de la profunda alegría que el creyente ha
experimentado al encontrarse con Jesucristo.
Pero es, además, una urgencia de responder a
la llamada del Señor: "A quien me confiese delante
de los hombres, yo también lo confesaré delante
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de mi Padre" (Mt10,32).
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CREO - LA OBEDIENCIA DE LA FE
144 Obedecer (ob-audire) en la fe es someterse libremente a la palabra escuchada, porque su
verdad está garantizada por Dios, la Verdad misma. De esta obediencia, Abraham es el modelo
que nos propone la Sagrada Escritura. La Virgen María es la realización más perfecta de la
misma.
Abraham, «padre de todos los creyentes»
145 La carta a los Hebreos, en el gran elogio de la fe de los antepasados, insiste
particularmente en la fe de Abraham: «Por la fe, Abraham obedeció y salió para el lugar que
había de recibir en herencia, y salió sin saber a dónde iba» (Hb 11,8; cf. Gn 12,1-4). Por la fe,
vivió como extranjero, peregrino en la Tierra prometida (cf. Gn 23,4). Por la fe, a Sara se le
otorgó el concebir al hijo de la promesa. Por la fe, finalmente, Abraham ofreció a su hijo único
en sacrificio (cf. Hb 11,17).
146 Abraham realiza así la definición de la fe dada por la carta a los Hebreos:
«La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven» (Hb 11,1).
«Creyó Abraham en Dios y le fue reputado como justicia» (Rm 4,3; cf. Gn 15,6). Y por eso, fortalecido
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por su fe , Abrahamfue hecho «padre de todos los creyentes» (Rm 4,11.18; cf. Gn 15, 5).
María: «Dichosa la que ha creído»
148 La Virgen María realiza de la manera más perfecta la obediencia de la fe. En la fe, María
acogió el anuncio y la promesa que le traía el ángel Gabriel, creyendo que «nada es imposible para
Dios» (Lc 1,37; cf. Gn 18,14) y dando su asentimiento: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí
según tu palabra» (Lc 1,38). Isabel la saludó: «¡Dichosa la que ha creído que se cumplirían las cosas
que le fueron dichas de parte del Señor!» (Lc 1,45). Por esta fe todas las generaciones la
proclamarán bienaventurada (cf. Lc 1,48).
149 Durante toda su vida, y hasta su última prueba (cf. Lc 2,35), cuando Jesús, su hijo, murió en la
cruz, su fe no vaciló. María no cesó de creer en el «cumplimiento» de la palabra de Dios. Por todo
ello, la Iglesia venera en María la realización más pura de la fe.
"Yo sé en quién tengo puesta mi fe"(2 Tm 1,12)
El cristiano pone su fe en Dios: Padre, Hijo, Espíritu Santo.
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Creer solo en Dios
150 La fe es ante todo una adhesión personal del hombre a Dios; es al mismo tiempo e
inseparablemente el asentimiento libre a toda la verdad que Dios ha revelado. En cuanto adhesión
personal a Dios y asentimiento a la verdad que Él ha revelado, la fe cristiana difiere de la fe en una
persona humana. Es justo y Bueno confiarse a Dios y creer absolutamente lo que Él dice. Sería
vano y errado poner una fe semejante en una criatura. (cf. Jr 17,5-6; Sal 40,5; 146,3-4).
Creer en Jesucristo, el Hijo de Dios
151 Para el cristiano, creer en Dios es inseparablemente creer en Aquel que él ha enviado, «su Hijo
amado», en quien ha puesto toda su complacencia(Mc 1,11). Dios nos ha dicho que les
escuchemos (cf. Mc 9,7). El Señor mismo dice a sus discípulos: «Creed en Dios,creed también en
mí» (Jn 14,1). Podemos creer en Jesucristo porque es Dios, el Verbo hecho carne: «A Dios nadie le ha
visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado» (Jn 1,18). Porque «ha visto
al Padre» (Jn 6,46), él es único en conocerlo y en poderlo revelar (cf. Mt 11,27).
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Creer en el Espíritu Santo
152 No se puede creer en Jesucristo sin tener parte en
su Espíritu. Es el Espíritu Santo quien revela a los
hombres quién es Jesús. Porque “nadie puede decir:
“Jesús es el Señor” sino bajo la acción del
Espíritu Santo» (1 Co 12,3).
«El Espíritu todo lo sondea, hasta las profundidades
de Dios[...]
Nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de
Dios» (1 Co 2,10-11).
Sólo Dios conoce a Dios enteramente. Nosotros
creemos en el Espíritu Santo porque es Dios.
La Iglesia no cesa de confesar su fe en un solo Dios,
Padre, Hijo y Espíritu Santo.
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LAS CARACTERISTICAS DE LA FE
La fe cristiana es siempre la fe eclesial
153 La fe es una gracia, es un don de Dios, pues sin su gracia el hombre no puede dar la
respuesta de la fe.“Para dar esta respuesta de la fe es necesaria la gracia de Dios, que se
adelanta y nos ayuda, junto con el auxilio interior del Espíritu Santo, que mueve el
corazón, lo dirige a Dios, abre los ojos del espíritu y concede a todos gusto en aceptar y
creer la verdad (DV 5).
Es un acto personal, y por eso decimos creo, pero no aislado, pues está sostenido por la
fe de los otros, la comunidad creyente, y por eso decimos creemos, de manera que
quien dice “yo creo”, dice “yo me adhiero a lo que nosotros creemos”.
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166 “La fe es un acto personal: la respuesta libre del hombre a la iniciativa de Dios que se revela.
Pero la fe no es un acto aislado. Nadie puede creer solo, como nadie puede vivir solo. Nadie se ha
dado la fe a sí mismo, como nadie se ha dado la vida a sí mismo. El creyente ha recibido la fe de
otro, debe transmitirla a otro. Nuestro amor a Jesús y a los hombres nos impulsa a hablar a otros de
nuestra fe. Cada creyente es como un eslabón en la gran cadena de los creyentes. Yo no puedo creer
sin ser sostenido por la fe de los otros, y por mi fe yo contribuyo a sostener la fe de los otros.”
154 La fe es un acto humano no es un acto contrario a la inteligencia y a la libertad del hombre,
pues creer en otro es habitual en nuestras relaciones con los demás… Por ello, es todavía menos
contrario a nuestra dignidad "presentar por la fe la sumisión plena de nuestra inteligencia y de
nuestra voluntad al Dios que revela" (Cc. Vaticano I: DS 3008) y entrar así en comunion íntima con
Él.
155 “En la fe, la inteligencia y la voluntad humanas cooperan con la gracia divina: "Creer es un acto
del entendimiento que asiente a la verdad divina por imperio de la voluntad movida por Dios
mediante la gracia" (S. Tomás de A., s.th. 2-2, 2,9; cf. Cc. Vaticano I: DS 3010).
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156 Es un acto motivado, no por la evidencia de las verdades creídas, sino por la autoridad
de Dios que revela y que no puede engañarse ni engañarnos.
157 La fe es cierta, más que ningún conocimiento humano fundado en la razón, pues se
funda en la Palabra de Dios, que no puede mentir, aunque el creyente experimente la
oscuridad y las dificultades de creer.
158 La fe es progresiva en cuanto a la comprensión cada vez más perfecta de las verdades
que se creen.
159 La fe no se contrapone a la ciencia, pues la luz
de la fe y la luz de la razón proceden de Dios.
El conflicto puede surgir solamente en la aplicación
de los descubrimientos científicos, cuando ésa
contradice a la Ley de Dios.
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La fe es libre, no se puede imponer por coacción. “El hombre, al creer, debe responder
voluntariamente a Dios; nadie debe estar obligado contra su voluntad a abrazar la fe.
“Ciertamente, Dios llama a los hombres a servirle en espíritu y en verdad. Por ello,
quedan vinculados por su conciencia, pero no coaccionados... esto se hizo patente, sobre
todo, en Cristo Jesús” (DH 11) En efecto, Cristo invitó a la fe y a la conversión, el no forzó
jamás a nadie. “Dio testimonio de la verdad, pero no quiso imponerla por la fuerza a los
que le contradecían. Pues su reino... crece con el amor con el que Cristo, exaltado en la
cruz, atrae a los hombres hacia Él”.
Es necesaria para la salvación, ha de conservarse mediante un esfuerzo
perseverante y mediante ella anticipamos el gozo de la vida eterna. (nº 162, 163)
1253 “La fe tiene necesidad de la comunidad de creyentes. Sólo en la fe de la Iglesia
puede creer cada uno de los fieles”.
1124 “La fe de la Iglesia es anterior a la fe del fiel, el cual es invitado a adherirse a ella”.
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CREEMOS
167 “Creo” ( Símbolo de los Apóstoles”: Es la fe
de la Iglesia profesada personalmente por cada
creyente, principalmente en su bautismo,
“Creemos” ( Símbolo de Nicea- Constantinopla,
en el original griego):
Es la fe de la Iglesia confesada por los obispos
reunidos en Concilio o, más generalmente, por la
asamblea litúrgica de los creyentes.
"Creo", es también la Iglesia, nuestra Madre, que
responde a Dios por su fe y que nos enseña a decir:
"creo", "creemos".
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"Mira, Señor, la fe de tu Iglesia"
168 La Iglesia es la primera que cree, y así conduce, alimenta y sostiene mi fe. La Iglesia es la
primera que, en todas partes, confiesa al Señor (Te per orbem terrarum sancta confitetur Ecclesia,
—A Ti te confiesa la Santa Iglesia por toda la tierra— cantamos en el himno Te Deum), y con ella y
en ella somos impulsados y llevados a confesar también: "creo", "creemos". Por medio de la
Iglesia recibimos la fe y la vida nueva en Cristo por el bautismo. En el Ritual Romano, el ministro
del bautismo pregunta al catecúmeno:
"¿Qué pides a la Iglesia de Dios?" Y la respuesta es: "La fe". "¿Qué te da la fe?" "La vida eterna".
169 La salvación viene solo de Dios; pero puesto que recibimos la vida de la fe a través de la Iglesia,
ésta es nuestra madre: "Creemos en la Iglesia como la madre de nuestro nuevo nacimiento, y no en
la Iglesia como si ella fuese el autor de nuestra salvación" (Fausto de Riez, De Spiritu Sancto,1,2:
CSEL21,104). Porque es nuestra madre, es también la educadora de nuestra fe.
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Fe “profesada, celebrada y vivida”
El Papa emérito Benedicto XVI pone de relieve que la fe cristiana no es un puro sentimiento
que podría aislarnos de los demás y del mundo; antes al contrario, es el único camino para
encontrar y comunicar la vida verdadera y bella.
1) La fe Profesada
Mirando al Catecismo de la Iglesia Católica, descubrimos el sentido de la fe, no solo como el
conjunto de verdades doctrinales que hay que aprender y retener en la memoria, sino como
la riqueza de una fe que se profesa y proclama, se celebra a través de los misterioso
cristianos, se vive a través de las actitudes cristianas ante el mundo y se ora, adquiriendo un
sentido contemplativo de la fe (cf. DGC122) de gran espiritualidad para iluminar la vida
cristiana en su integralidad.
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2) La fe celebrada
La fe no se reduce a un cúmulo de doctrina que puede dar la apariencia de algo frío, la fe se
celebra, la hacemos vida a través de la liturgia cristiana en donde celebramos los sacramentos,
entre los cuales tiene un valor de primer orden la Eucaristía, especialmente la dominical, que,
de hecho, es considerada un momento de encuentro de la comunidad ahí presente.
3) La fe vivida en la moral cristiana
La vida en el Espíritu Santo realiza la vocación del hombre. Está hecha de caridad divina y
solidaridad humana. Es concedida gratuitamente como una salvación(CEC1699). Con
estos enunciados del Catecismo de la Iglesia Católica para describir el contenido de esta
dimensión, nos damos cuenta de la importancia que ella tiene como camino en el
seguimiento de Jesús y la conexión directa de esas expresiones de la fe con el testimonio
cristiano, pues vivir estos valores en la sociedad y en la propia comunidad es lo que
convierte al discípulo en verdadero testigo de la fe.
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5.3. Los Símbolos de la fe.
“Desde su origen, la Iglesia apostólica expresó y transmitió su propia fe en fórmulas breves y
normativas para todos (cf. Rm 10,9; 1 Co 15,3- 5; etc.). Pero muy pronto, la Iglesia quiso
también recoger lo esencial de su fe en resúmenes orgánicos y articulados destinados sobre
todo a los candidatos al bautismo” (Catecismo, n 186)
Los símbolos de la fe, también llamados “profesiones de fe” o “Credos”, son fórmulas
articuladas con las que la Iglesia, desde sus orígenes, ha expresado sintéticamente la
propia fe, y la ha transmitido con un lenguaje común y normativo para todos los fieles.
(cfr. Catecismo, n 187)
El "símbolo de la fe" es un signo de identificación y de comunión entre los creyentes.[…] “El
"símbolo de la fe" es la recopilación de las principales verdades de la fe. De ahí el hecho de
que sirva de punto de referencia primero y fundamental de la catequesis”.
(Catecismo, n 187)
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Las fórmulas del Credo son un resumen de las principales verdades de la fe de la Iglesia.
Pero no se trata de conocimiento abstracto, sino de la experiencia del misterio de Dios
revelado en la creación del cielo y de la tierra, manifestado en la salvación histórica de
Jesucristo y comunicado -actualizado e interiorizado- por el Espíritu Santo en la Iglesia.
En el acto de fe, el creyente no se adhiere con su inteligencia a una fórmula conceptual, sino
que se adhiere con toda su persona a la realidad misma de lo creído. Sólo así el Credo es
confessio fidei, manifestación del propio ser cristiano ante sí mismo y ante los demás, y
reconocimiento agradecido ante Dios por esa fe. Se trata de «entrar en ese yo del Credo y
transformar el yo esquemático de la fórmula en carne y hueso del yo personal»
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El símbolo de la fe: El Credo de la Iglesia
La palabra “símbolo”, se usa para designar cualquier realidad tomada como figura representative
de un concepto, por ejemplo la bandera es símbolo de la patria, el color negro simboliza la muerte, ...
Etimológicamente, Símbolo (del griego sumbalein, juntar, unir, encontrarse, cuyo sustantivo sun
sunbwlon, significa señal, distintivo y también garantía.) es lo que une y crea la comunión; es justo
lo contrario de diablo (del griego diabalein, separar, dividir) que es el que separa y rompe la
comunión.
Su significado conceptual más antiguo proviene de usos jurídicos previos a la escritura: dos o más
partes de un objeto, moneda, sello, sortija, etc., se repartían entre varias personas, siendo la
coincidencia de aquellas partes, la “señal” o garantía de su reconocimiento como mensajeros o
huéspedes.
Con este significado fue usado el vocablo “símbolo” desde el siglo III por los padres de la Iglesia
para designar específicamente al Credo, en cuanto signo de la fe cristiana, signo de
identificación y de communion entre los creyentes.
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Al Credo se le ha llamado SIMBOLO DE LOS APÓSTOLES porque es la «contraseña» de los que
nos llamamos cristianos, pertenecientes a la Iglesia Católica, que viene directamente de los
Apóstoles. Cuando profesamos el Credo estamos presentando nuestro «símbolo», «la
identificación», «contraseña» de una Iglesia netamente apostólica. El Credo, síntesis,
compendio de la fe cristiana, la más lograda fusión de las verdades que caracterizan la fe de la
Iglesia, es la espina dorsal del cristiano. Y, como Símbolo de la fe, el Credo permite al Cristiano
sentirse miembro de la comunidad creyente. Sirve de señal y de unidad de los cristianos.
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ORIGEN DEL SIMBOLO
Los Credos, como símbolos de la fe cristiana, son documentos de la Iglesia, anteriores incluso al
mismo Nuevo Testamento. En sus breves fórmulas, procedentes de contextos litúrgicos,
catequéticos o misionales recogen la síntesis de la fe. Son, pues, expresión de la vida de la
comunidad, antes incluso de la formulación escrita de sus artículos.
Israel expresó su fe en Credos históricos (Dt 6,20-24; 26,5 9; Jos 24,2- 13) y sálmicos
(Sal 78; 105; 136...), confesando entre las naciones y ante todas las gentes al Dios que ha creado
el cielo y la tierra, libró a su Pueblo de Egipto y lo condujo a la Tierra prometida. Esta confesión de
fe en el Dios uno, y único digno de ser amado con toda la mente, con todo el corazón y con todas
las fuerzas, es la oración del Shemá, recitado por la mañana y por la tarde.
Jesús, fiel israelita, proclamó esa misma confesión de fe en el único Dios (Mc 12,28-29p;
Mt 6,24; Jn 17,3), pero revelándonos que el Señor del cielo y de la tierra es el Padre (Mt 11,25p).
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El Nuevo Testamento recoge ciertas fórmulas breves que parecen expresar la fe en Jesús en
forma de aclamaciones: Jesús es el Señor (1 Cor 12,3); incluso más explícitamente:
«Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de
entre los muertos, te salvarás» (Rm 10,9).
Así Pedro -y con él los doce añadirán, por revelación del Padre, la confesión de fe en «Jesús como
Mesías e Hijo de Dios vivo» (Mt 16,16), o Juan: «Si uno confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, Dios
está en él y él en Dios» (1Jn 4,15).
La comunidad cristiana hará suya esta profesión
de fe, completándola con la confesión de fe en
el Espíritu Santo, que ha recibido y experimentado
en su mismo nacer como Iglesia y en la mision
de su vida.
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El Credo: expresión de la fe
El Credo es la expresión de nuestra fe, pero, sobre todo, la proclamación jubilosa de que
Dios ha tomado la iniciativa de llamarnos por nuestro nombre, salir a nuestro encuentro
y darnos a conocer las maravillas realizadas por nosotros desde la creación del mundo, hasta
su vuelta definitiva al final de los tiempos, cuando toda sea luz. El Credo es confesado en
primera persona del singular, CREO. Pero esta primera persona del singular presupone una
comunidad, como atestiguan las expresiones«nuestro Señor», «santa Iglesia católica»,
«comunión de los santos». El cristiano, en su profesión de fe, no confiesa su propia fe o sus
ideas, sino la fe de la Iglesia.
El Credo, que hoy recitamos en la Iglesia está en sintonía con los dos venerados Símbolos de
la Iglesia antigua: el Símbolo de los Concilios de Nicea y Constantinopla y el Símbolo
Apostólico. En él resuena la palabra viva de la Escritura en el eco o testimonio de la Tradición
viviente de la Iglesia.
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Símbolo de Credo de Nicea-
Concilio de Nicea
los Apóstoles Constantinopla
Creo en un solo Dios, Padre, Creemos en un solo Dios, Padre
Creo en Dios, Padre,
Todopoderoso, creador de todas las Todopoderoso, creador del cielo y de la
Todopoderoso,
cosas, visibles e invisibles. tierra, de todo lo visible y lo
Creador del cielo y de la tierra.
invisible.
Y en un solo Señor Jesucristo, el Hijo
de Dios, engendrado por el Padre, Creo en un solo Señor, Jesucristo,
Creo en Jesucristo, su unigénito, o sea, de la sustancia del Hijo único de Dios, nacido del Padre
único Hijo, Nuestro Señor. Padre, Dios de Dios, luz de luz, Dios antes de todos los siglos: Dios de
verdadero de Dios Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de
verdadero, engendrado, no creado,
Dios verdadero, engendrado, no creado,
consustancial con el Padre, por quien de la misma naturaleza del Padre, por
todo fue hecho, en el cielo y en la quién todo fue hecho
tierra, que por nosotros los hombres
y por nuestra salvación bajó y que por nosotros, los hombres, y por
nuestra salvación bajó del Cielo,
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que fue concebido por obra y Se encarnó, se hizo hombre. y por obra del Espíritu Santo se
gracia del Espíritu Santo, nació encarnó de María, la Virgen, y
de santa María Virgen, se hizo hombre;
padeció bajo el poder de Poncio y por nuestra causa fue
padeció
Pilato, fue crucificado, muerto y crucificado en tiempos de
sepultado, descendió a los Poncio Pilato; padeció y fue
infiernos, sepultado,
y resucitó al tercer día, según
al tercer día resucitó de entre
y resucitó al tercer día, subió a los las escrituras y subió al Cielo, y está
los Muertos, subió a los cielos y
cielos, volverá a juzgar a los vivos sentado a la derecha del Padre;
está sentado a la derecha de
y a los muertos. y de nuevo vendrá con gloria para
Dios Padre, todopoderoso:
juzgar a vivos y Muertos y su reino
Desde allí ha de venir a juzgar a
no tendrá fin.
vivos y a Muertos.
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Creemos en el Espíritu Santo,
Señor y dador de vida, que
Creo en el Espíritu Santo, Y en el Espíritu Santo. procede del Padre y del Hijo,
que Padre y del Hijo, que con el
Padre y el Hijo recibe una
misma adoración y gloria, y que
habló por los profetas.
La santa Iglesia católica, Creemos en la Iglesia, que es una,
la comunión de los santos, santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo Bautismo
Para el perdón de los pecados.
el perdón de los pecado, Esperamos la resurrección de los
la resurrección de la carne muertos y la vida del mundo
y la vida eterna. futuro.
Amén
Amén.
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