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Revista acto & forma

Volumen 6 - Nº 14 - Viña del Mar, diciembre de 2022


[Link]
e[ad] PUCV
Escuela de Arquitectura y Diseño
ISSN 0719-7543
acto & forma
Revista de la Escuela de Arquitectura y Diseño PUCV
issn 0719-7543

dirección
Equipo acto&forma

edición general
Catalina Porzio de Angelis

comité editorial
Ursula Exss Cid
Óscar Andrade Castro
Emanuela di Felice
Juan Carlos Jeldes Pontio

corrección de estilo
Carlos Decap

asistente de contenidos
Catalina González Pérez

diseño
Taller de Ediciones e[ad]

portada
Aula Neumática (sala Globo), 1984.
©Archivo Histórico José Vial Armstrong

actoyforma@[Link]
Revista acto & forma
Volumen 7 - Nº 14 - Viña del Mar, diciembre de 2022
e[ad] PUCV
Escuela de Arquitectura y Diseño
ISSN 0719-7543
70 años, 70 recuerdos 5

Editorial

Una tarde de julio nos reunimos como siempre con la imposibilidad del recuerdo abre lugares
en la oficina del taller de ediciones para discutir inesperados. Por eso aceptamos la veracidad de
el nuevo número de esta revista, y de a poco se cada relato sin echar mano de la práctica policial
fue colando la posibilidad de suspender la línea que es la corroboración de datos. Puede pasar que
editorial que veníamos desarrollando para sumarnos el lector de estas páginas detecte imprecisiones,
a la celebración de los 70 años de fundación de no importa; no son relevantes ante la generosidad
la Escuela. De pronto surgió una idea que nos de quienes se aventuraron a escudriñar en sus
entusiasmó a pesar de parecernos ambiciosa, por el propias vivencias para devolvernos una imagen
tiempo que teníamos para llevarla a cabo: convocar hecha de invocaciones que reverberan como los
tantos testimonios como años se celebraban. círculos concéntricos que dibuja una piedra cuando
Con este punto de partida extendimos una impacta en el agua.
invitación lo más abierta posible, pensando que «la Se me ocurre que una escuela de arquitectura
escuela» no se define tan solo por sus profesores y y diseño como la nuestra tiene algo de pequeña
estudiantes, sino que obedece a un organismo más ciudad, y en este sentido la reflexión que hace
complejo, atravesado por cientos de experiencias poco leí de Pamuk sobre Estambul resulta muy
igual de válidas. Abandonar esa rigidez de pensarla luminosa: «Lo que hace especial a una ciudad no
en dos bloques, nos hizo considerar que un cuerpo son solo su topografía ni las apariencias concretas
vivo es afectado y modificado por todo aquello que de edificios y personas, la mayor parte de las veces
lo roza y todo aquello que lo mira, incitándonos creadas a partir de casualidades, sino los recuerdos
a incluir voces que la transitaron desde distintos que ha ido reuniendo la gente que, como yo, ha
ángulos y por períodos de diversa envergadura. vivido cincuenta años en las mismas calles, las
El ejercicio de particularizar la memoria, letras, los colores, las imágenes y la consistencia
desmenuzándola en pequeños fragmentos, tiene de las casualidades ocultas o expresas, que es lo
su contracara: por describir una ola corremos que mantiene todo unido».
el riesgo de perder de vista la marea. Si bien las Esta definición hace verosímil el palimpsesto
formas de contar una misma historia son infinitas del que somos parte: aunque ignoremos tantos
según los hilos de la trama que se elija seguir, hechos ocurridos en la densidad de siete décadas,
decidimos tomar el camino de lo múltiple que es perfectamente plausible que los de acá y los
desencadena el espacio colectivo. En un campo de allá nos hayamos podido encontrar en alguno
de la misma extensión para todos y con la única de los patios de esta escuela con una marraqueta
regla de ceñirse a un año determinado, dejamos entre las manos.
en libertad la elección de cada uno para desarrollar
un campo de relaciones personales. Catalina Porzio de Angelis
La memoria es siempre un asunto brumoso
que cada vez que elaboramos corregimos, aco-
modamos, y en buenas cuentas ficcionamos:
no mintiendo, sino creando una realidad. Lidiar
70 años, 70 recuerdos 7

Proyecto fuera de catálogo

E
l Arzobispado de Santiago, a través del urbanísticas que nos ayudaron a construir un
profesor Alberto Cruz, encomendó el estudio lenguaje afín: «puertas», «centros», «subcentros»...
de la situación de los territorios parroquiales Luego se trató de precisar la «distancia máxima»
en esa ciudad. Un encargo de urbanismo que entre la parroquia y los fieles más alejados para
de manera inusual fue desarrollado por cuatro considerar un sentido de pertenencia, y así determi-
estudiantes de Arquitectura en etapa de titulación: nar nuevas ubicaciones de territorios parroquiales
Ricardo Soffia, Alberto Maturana, José Antonio y la extensión de sus límites.
Prado y yo. Cada uno se responsabilizó de una Esto concluyó en cuatro proposiciones
zona, y a mí me tocó el sector poniente, que diferentes presentadas en un mismo formato:
abarcaba desde avenida Matucana hasta Maipú. planos hechos a mano con tinta china y línea
Como viñamarino, me las arreglé viajando en peluda sobre papel diamante, que lejos del dibujo
motoneta y alojando en la casa de unos tíos, en técnico, parecían obras de 30 x 50 centímetros
un semestre muy intenso, en el que recorrimos aproximados. Enrollados en pequeños tubos,
Santiago entero para llevar a cabo este proyecto. los planos los entregamos de rodillas, directo a
Recuerdo que Maturana, a cargo de la zona norte, las manos del cardenal Silva Henríquez, en una
coincidió con la famosa «creación» de la población ceremonia de mucha emoción que para nosotros
La Bandera, la primera toma de terrenos tal como resultó inolvidable.
se entienden hasta hoy en Chile. La decisión poco habitual de entregar originales
Visitamos las parroquias existentes para apreciar sin dejar una copia, hizo que los documentos
la extensión respecto a la distancia con su límite producidos en ese período de 1960 nunca llegaran
territorial. En mi caso, la observación que abrió de vuelta a la biblioteca de la Escuela para ser
camino fue la idea de lo que llamé «la continuidad de catalogados junto a tantos otros proyectos que sí
la discontinuidad», algo que interesó a Alberto. Esta han sido conservados en sus 70 años de existencia.
se refería a una espacialidad de barrio consistente Por eso esta breve memoria es un modo de darle
en fachadas continuas a borde de las veredas, lugar, una oportunidad para dejar constancia de
con altura uniforme, sin espacios separadores, aquella experiencia.
con ladrillos a la vista y un orden prevaleciente:
puerta al centro y ventanas a ambos lados. El Sergio Acevedo Bonzi
grado de desarrollo estilístico iba desde diseños
profesionales hasta elementos sencillos como una
puerta central de madera a nivel de fachada, pero
siempre bajo un orden reconocible. Muy diferente
a los conjuntos actuales, con sus casas separadas
y de diseño repetitivo, que equivaldría a decir «la
continuidad de la continuidad».
Además del método de observación en terreno,
sumamos la lectura de las últimas publicaciones
8 acto&forma 14

La librería errante

U
n día de 1987, Bruno Barla, quien solía para los estudiantes. Esto significó que nuestros
frecuentar la librería en la que trabajaba horarios se adaptaran a sus necesidades, en que
con mi cuñado en la calle Quillota, nos fue en períodos de entrega abrimos incluso sábados y
a pedir una fotocopiadora para la Escuela. Ante la domingos. Colaborar en su proceso de trabajo nos
necesidad que nos planteaba, decidimos que yo ha vuelto cercanos y ellos reconocen ese apoyo.
me haría cargo y me trasladaría con la máquina Para una ceremonia de entrega de título en la Casa
—además de unos papeles y unos lápices— a Central, una alumna me agradeció directamente
probar suerte en ese lugar. en su discurso de despedida. Eso es emocionante.
Al comienzo nos instalamos en el subterráneo Hay un objeto que de alguna manera hila
de la biblioteca y atendíamos a través de una esta trayectoria de la librería: los cuadernos. De
pequeña ventana que daba al Patio de la Escultura; nuevo Jaime Reyes me pide que fabrique unos
parecía la boletería de un estadio, aunque en ese cuadernos que hacían para los alumnos (tapas
tiempo había pocos alumnos, no más de cien. negras, papel ahuesado), y sin saber mucho del
Una vez que la biblioteca requirió del espacio, oficio, empecé doblando hojas que después se las
nos mandaron a uno de los talleres que estaban pasaba a Adolfo para que las pegara. Esta práctica
medio abandonados bajo la antigua sala de primer de a poco la fui dominando hasta encargarme
año. Esta etapa no prosperó y mi cuñado decidió del proceso completo, llegando a implementar la
cerrar el negocio. encuadernación al hilo que yo misma hacía con la
A mediados de los noventa, Jaime Reyes y otros máquina de coser que tenía en la casa para arreglar
profesores ayudantes impulsaron la Sociedad la ropa de los niños. Así surgió una variante artesanal
de los Nombres, una iniciativa amparada por la de los famosos Moleskine, que fueron tomando
Dirección para hacer de la fotocopiadora una formatos y colores muy diversos. Hasta que un
librería de verdad. Cuando la sociedad se disolvió, día, Chicano me sugiere que les pusiera nombre
Jaime me buscó para ofrecerme la venta de este y los llame ElsaBook. Así quedaron bautizados, y
negocio que habían equipado. La oferta era tan la alumna Nicole Ruiz hizo el logo.
noble a mi favor que la acepté y decidí volver a Cuando la pandemia nos obligó a suspenderlo
intentar con lo que quedaba en el local. todo y a cerrar la librería, el 2021, desde mi casa
Por segunda vez, un cambio en la infraestructura hallé la forma de hacerme un lugar en las redes
—la construcción del nuevo edificio para primer sociales y poner los cuadernos en circulación para
año— nos llevó a reinstalarnos al fondo del estrecho los alumnos de la Escuela, que aunque vivían en
pasillo que conecta las dos casas de la Escuela. Al internet, no abandonaron el uso de los cuadernos.
poco andar, la estrechez de esa pieza nos obligó De esa manera el vínculo con ellos se mantuvo
a gestionar otra mudanza, la última: al otro lado vigente.
del pasillo en la antigua sala del palto. Ahí nos
quedamos y empezamos a diversificar los servicios Elsa Ampuero León
y los productos. Incorporamos, por ejemplo, el
ploteo de láminas, una herramienta fundamental
70 años, 70 recuerdos 9

El orden de los libros

E
n 1975, ingresé a trabajar a la Casa Central revista a partir de ciertos rasgos, sin acordarse de
y tres años más tarde me asignaron la los títulos, y yo casi siempre encontraba lo que
biblioteca de la Escuela. Y entre las cosas buscaba. Así me pasó con muchos más. Pienso que
que más me llamaron la atención, estaban las al modernizar las bibliotecas se perdió el encanto
carpetas de título de años anteriores a esa fecha, de compartir. A mí, como bibliotecario, los alumnos
por su enorme tamaño: podían llegar a medir siempre me contaban sus alegrías y sus penas.
un metro por un metro con diez centímetros de En este breve recorrido me parece muy im-
espesor. Algunas tenían tapas de madera y otras portante mencionar a la señora Alejandra Pérez,
de metal o plástico. Las más antiguas se guardaban una erudita, pieza fundamental en los inicios
enrolladas en mangas plásticas depositadas en el de la biblioteca. Estoy seguro de que muchos la
subterráneo de la biblioteca, y las más pequeñas, deben recordar.
en cambio, ordenadas en cajones. El problema se
producía cuando alguien pedía una de las carpetas Guillermo Arancibia Coloma
grandes, porque era muy difícil mover esas moles
y sacarlas del subterráneo, al que se accedía por
el patio de la escultura, pues no existía la escalera
directa.
Los espacios de estudio eran muy pequeños. Una
zona importante estaba ocupada por la estantería,
que no era de libre acceso para los alumnos como
pasa hoy. Para ubicar la existencia de un libro se debía
consultar el kárdex, donde estaban organizados
por título, autor y materia, pero no podía haber
más de dos estudiantes que buscaran a la vez.
Así que era muy frecuente que yo los orientara
y les facilitara la tarea. Este sistema hacía que la
atención fuera más personalizada, dando tiempo
de interactuar y sostener conversaciones muy
amenas con profesores y alumnos. Pasaban muchas
cosas en ese espacio y aprendíamos mutuamente.
En 1980, recuerdo a unos alumnos que di-
bujaban a partir de unos libros cuando llegó el
profesor Claudio Girola y se acercó para decirles
que el croquis debía hacerse del natural, nunca
copiado de los libros. También recuerdo a Miguel
Eyquem, un gran maestro, quien siempre recurría a
mí para que le ubicara libros o artículos de alguna
10 acto&forma 14

Estallido

E
ntré a la Escuela en 1992, y como a muchos Caleta Portales. Al día siguiente de la tormenta,
otros de mi generación, me llamó profun- corro las cortinas de mi pieza y me encuentro con
damente la atención y me marcó la relación una imagen inconmensurable que parecía venirse
propuesta entre arquitectura, diseño y poesía. Sobre encima: dos barcos de 150 metros de largo varados
todo esta última, para mí era un misterio. Venía de en la playa. Uno de ellos, recuerdo, se llamaba Río
un lugar donde todo era concreto, las cosas son Rapel, y durante meses fue una atracción turística,
o no son; donde el equívoco y la duda no tienen muy fotografiada.
cabida porque vacilar se toma por debilidad. Cuando llegamos a la Escuela esa mañana, vimos
Llegué a Valparaíso a comienzos de ese año que el Globo estaba roto y pegado contra las paredes
poco antes de que empezara el invierno. La clase de la casa, como si hubiera sido implosionado. El
fundamental de la carrera (en primer año era viento lo había destruido. Solo quedaron de pie
solo Arquitectura) se llamaba Taller de Amereida las puertas giratorias, paradas absurdamente en
y se daba en una sala inflable ubicada en la parte su lugar. Ahí descubrimos que el espacio donde
posterior de la casa. El Aula Neumática, como se se levantaba la sala era un patio con piso de tierra.
llamaba, o Globo, como le decían, en realidad no Tiempo después la sala se reinventó con la
existía. Cada vez que se necesitaba, se encendían los incorporación de unas vigas, dejando de ser un
motores para llenarla de aire a presión y entonces espacio inflado, y con ese cambio se perdió la
su lomo aparecía por sobre los tejados de la casa. sensación singular de cruzar ese umbral para entrar
La sala tenía dos entradas: una daba al esce- en el mundo raro que se producía dentro. Eso no
nario y la otra hacia la parte de atrás. Éramos muy se pudo recrear. Desapareció el único lugar de la
cuidadosos al momento de elegir la puerta para no Escuela donde sentíamos esa comunidad absoluta
vernos expuestos a la posibilidad de caer en medio que nos involucraba a todos por igual.
del escenario junto a Godo o Alberto. De uno en
uno cruzábamos por unas puertas giratorias negras Marcelo Araya Aravena
hechas de cholguán. Aún recuerdo con mucha
claridad el sonido que producía el roce cuando se
atravesaba el umbral. Ahora que lo pienso, era como
un parto al revés: pasar de la luz para sumergirse en
esa atmósfera intrauterina, siempre densa. Adentro
esperaban los profesores sentados en primera fila,
rodeando a Godo y a Alberto, los que dictaban la
clase. Toda la Escuela se reunía en esa ocasión y a
veces incluso se sumaban auxiliares y secretarias.
Ese año las lluvias comenzaron a caer muy
temprano. Para mí todo era novedad: el mar, la
tormenta, los barcos flotando frente a mi ventana.
Vivía en una casa en el cerro Esperanza, sobre la
70 años, 70 recuerdos 11

Una clase de anatomía

H
uinay, 29 de octubre de 1994. Aproxi- del animal. El cuerpo estaba unido por el esternón,
madamente a las cinco de la tarde se pero al abrirse se vio el colorido volumen interior:
suspendieron las faenas de la embarcación. las tripas. La carne y la piel eran la cáscara del
Estábamos avisados para el espectáculo de esa cuerpo y los órganos internos quizá el ochenta por
semana: el sacrificio de una vaca que según decían ciento del volumen del animal. Pato pesó la paleta
no podía mantener a su cría. para determinar el peso en carne total: el animal
Se escuchaba a lo lejos un motor, la res era dio 150 kilos. A continuación, vacían el interior
traída en un bote que cruzaba las tranquilas aguas y surgieron colores increíblemente regulares y
del fiordo Comau y era ubicada cerca de la playa, brillantes: azules, rosados, celestes, verdes, amarillos,
atándola a un poste, su patíbulo. Los espectadores, naranjas. Con esta abertura llegaron tres mujeres
colonos y estudiantes de diseño, se esparcieron que se habían mantenido al margen con unas
en círculos concéntricos alrededor del animal. palanganas de plástico, para faenar las tripas
El animal fue acuchillado, pero los verdugos no mientras los hombres continuaban con las zonas
apuntaron bien, pues emanaba sangre pulverizada, de la carne. Ellas sabían hacer muy bien su trabajo,
señal clara de que la estocada no había llegado seleccionaron las panas y nombran todas las
al corazón, sino a algún punto de la tráquea. Los partes. Comentaron que la vaca tenía una cría de
verdugos se retiraron un paso y la agonía duraba cinco meses, y buscaron hasta que descubrieron
unos minutos en silencio interrumpidos solo por el la bolsa embrionaria. Pato le hizo un tajo burdo,
jadeo del animal. Las reses de un corral se acercaron, salió un líquido y luego las mujeres descubrieron
en masa alertadas. Por lo desprolijo del trabajo el la cría, que la sacaron y extendieron. De la madre
animal aún se movía y tras una tercera estocada ya casi no había rastro. En cambio la cría estaba
emanó un chorro de sangre a presión por la herida, ahí, brillante, perfecta y nonata.
la nariz y hocico. Su último gesto fue extender la Con ello el espectáculo declina, la gente
lengua. Una vez muerta comenzaron las faenas comenzó a irse en silencio, y algunos fueron a
del descuartizamiento. Transcurrió el primer acto. ver nacer un novillo. Matanza y nacimiento en
El segundo acto comenzó después de una una misma tarde. En el lugar quedó solo el animal
pausa, un descanso para los verdugos que ahora fragmentado, irreconocible. Finalmente se pesaron
eran los descuartizadores: despellejan una mitad algunas partes, las mujeres lavaron las guatitas en
de la res, cortes del cuero a nivel de las patas y el mar, algunos perros bebieron de los charcos
con destreza la desollan en alrededor de diez de sangre que quedaban en los pastos y una vez
minutos. En los mirones existió un cambio en sus terminada la faena se retiraron con sus amos.
líneas concéntricas: horrorizados se acercaron a
ver una clase de anatomía. El volumen de la res Gaspar Arenas Acuña
aún se conservaba, pero sus colores de a poco
constituyeron un acto visual.
Segunda pausa y Pato, el verdugo, trajo unas
maltas y nos convidó. Lo que siguió era la partición
12 acto&forma 14

Un aula para todos

A
fines de 1983, Godo y Alberto Cruz de la barra del baño y estirándola por medio de
(probablemente también participa el un balde que era llenado gradualmente con agua
matemático Alberto Vial) se reunieron y hasta que se rompía. Así arrojó una resistencia
discutieron sobre la necesidad de un nuevo y radical suficiente.
plan de estudios para la Escuela. En los primeros Profesores y estudiantes trabajamos sin parar
días de marzo de 1984, y en la primera reunión recolectando fondos; juntando el polietileno de
de profesores, Godo y Alberto nos explicaron 020, las engrapadoras, corchetes, tijeras, etcétera;
el sorprendente plan, completamente inédito, los dos compresores (extractores de aire de cocina);
distinto a cualquier cosa hecha con anterioridad: consiguiendo la explanada frente a las graderías
el Taller incluiría todos los ramos teóricos, cada del Sporting para trazar, coser y cortar las piezas. Al
curso llevaría a cabo una Travesía anual al Mar séptimo día toda la escuela estaba en el Sporting
Interior de América y habría un curso de Música trazando, cortando, cosiendo (10.000 corchetes).
de las Matemáticas que sería común para alumnos El día 15 el globo estuvo listo. Se instaló en
y profesores. el patio anclado por medio de bolsas de arena
El entusiasmo fue colectivo —un efecto natural del mismo polietileno. Al día siguiente se infló.
cuando hablaba Godo—, todos nos embarcamos. Las puertas eran un problema, ya que no debían
Sin embargo, apareció un escollo: ¿dónde se haría dejar que el aire escapara; por ellas pasarían 400
el curso de Matemáticas al que debía asistir la personas. Se resolvió in situ recurriendo a la teoría:
escuela entera (400 personas)? Se barajaron con simples tajos porque las tracciones sobre la
algunas opciones: ¿el gimnasio de la universidad?: membrana eran en un solo sentido. Se cerraban
no estaba disponible. ¿Arrendar una gran sala?: solos.
no había fondos. El aire interior se calentaba demasiado, en-
Con total inseguridad levanto la mano y explico tonces David Jolly y Patricio Cáraves propusieron
una alternativa un tanto teórica: un aula neumática, y ejecutaron superficies de pintura reflejante sobre
un gran globo de polietileno corriente unido el polietileno. El clima mejoró.
con grapas de oficina (corchetes). Hubo muchas Las primeras clases de Música de las Matemáticas
miradas escépticas. Yo había experimentado en las impartió Alberto Vial. Días después, Alberto
volúmenes pequeños de treinta metros cúbicos Cruz dio un discurso inaugural en el globo con
y necesitábamos uno de dos mil metros cúbicos. la presencia del rector. Las matemáticas tenían
También yo estaba escéptico. Alberto me dice: un lugar.
—Quedas a cargo, estúdialo.
Partí de inmediato entre angustiado y en- Juan Ignacio Baixas Figueras
tusiasmado. En dos días hice unos planos de la
«sastrería» del globo que me recordaron a los
moldes del Burda Moden de mi madre. Además,
calculé las tensiones de la membrana y la resistencia
de las costuras colgando una tira del polietileno
70 años, 70 recuerdos 13

De Venecia a Valparaíso

L
levaba menos de un mes viviendo en Chile, 1954, y de la Escuela Naval de 1956. Con Isabel
cuando unos profesores de la IUAV de Venecia, Margarita, he sostenido fantásticas conversaciones
mi universidad de origen, fueron invitados sobre el Curso del Espacio y su aporte ha sido
a conocer la Ciudad Abierta y me contactaron crucial para entender esa noción en la Escuela.
para que les ayudara con la traducción al español A partir de marzo de 2022, las vueltas de la vida
durante su visita. me abrieron de nuevo las puertas de la Escuela, esta
Llegamos a la Ciudad Abierta por la parte baja vez como profesora. Tengo la suerte de enseñar a un
de los terrenos y conocimos el Taller de Obra. numeroso taller de primer año junto a Rodrigo, Mia,
Después, continuando con el paseo en la parte alta, Belén y Francisca, y cada miércoles —como antes
recorrimos el cementerio y la obra escultórica de tuve mi ritual con Adolfo— comparto momentos
Claudio Girola, desperdigada en distintos puntos con mis compañeros docentes en la Sala de Música
del terreno. De inmediato me enamoré del lugar. de la Ciudad Abierta, la misma que me acogió por
Recuerdo sobre todo la atmósfera de ese día: primera vez un frío y lejano día de agosto en el 2015.
estaba nublado, llovía con frío, pero incluso esa
pátina grisácea en el aire, me permitió admirar el Anna Braghini
océano con una perspectiva nueva, sosegada. Esa
fue mi primera aproximación a la Escuela.
En 2017, empecé mis estudios de doctorado
en la PUC y durante cinco años me dediqué a
investigar la noción de espacio en el Instituto de
Arquitectura de Valparaíso, concentrándome sobre
todo en los años de fundación y en los cambios
propuestos en la malla curricular de aquella época.
Una investigación ardua que me llevó incontables
veces a instalarme días enteros en el archivo de
originales de la Escuela, en Recreo, entonces al
cuidado de Adolfo Espinoza, de gran generosidad, y
con quien compartí muchos almuerzos los miércoles
en el casino llevado por Mario, donde probé mi
primera cazuela.
Durante este tiempo tuve la suerte de entrevistar
a profesores fundamentales de la Escuela. A través
de largas conversaciones con Miguel Eyquem y
Pancho Méndez pude conocer mejor los primeros
años de actividad del Instituto de Arquitectura, las
maneras en la que se organizaba, y discutir sobre
los proyectos de la Urbanización de Achupallas de
14 acto&forma 14

Capitán

M
i padre, Mario Cabrera, fue el primer parado a unos metros de distancia esperando que
supervisor que tuvo la Escuela en una alguno de nosotros lo socorriera y le ayudara a
época en que todavía no había guardias pasar. Un día, mi papá le sugirió que para revertir
contratados. Por esta razón, en 1967, nos trasla- la situación sobornara al perro con una golosina,
damos como familia a una casa colindante cedida a lo que Ferrer accedió con «la técnica del Súper
por la universidad, para realizar esta función de 8». Gracias a este sistema —imitado por muchos
cuidado, priorizando la supervisión del recinto otros— logró «aguacharlo», y desde entonces, cada
durante las noches y los fines de semana, cuando vez que el perro lo veía, salía disparado a recibir
las actividades académicas se interrumpían. su premio moviendo la cola. El problema es que
Así, mi infancia y mi adolescencia transcurrieron la relación entre el profesor y el perro se volvió un
en los patios de Matta 12, compartiendo con los poco viciosa: si este, que se paseaba libremente
viejos profesores y generaciones de alumnos que por todo el recinto, lo veía sentado en la cafetería
me vieron crecer. a la hora de once, después de su clase, iba y se le
En esos años nos hicimos de un perro hermoso, instalaba al lado, y no se despegaba de sus piernas
con rasgos de pastor alemán, que mucha gente hasta recibir algo de comida.
conoció: se llamaba Capitán. El perrito solo aprendió Otro accidente con Capitán lo tuvo Manuel
las artes de la vigilancia orientado por las horas de Casanueva cuando era estudiante: un día quiso
clases; es decir, de ocho de la mañana a ocho de entregar su trabajo fuera de tiempo y como nadie
la noche. Capitán era un perro común y corriente, le abría la puerta, no encontró nada mejor que
pero fuera de ese horario se convertía en un perro treparse, sin contemplar que a esa hora el perro
guardián. Incluso después de un robo importante ya andaba en su rol de guardián. Cuando estaba
que hubo en la Escuela, que llevó a contratar a punto de llegar al hall de entrada de la casa, se
vigilancia nocturna, el perro se sumó a las rondas percata de que Capitán iba directo hacia él hecho
guiando a los guardias en sus recorridos. La confianza una bala, y sin pensarlo dos veces salió despavorido
en el conocimiento e intuición del perro en ese de vuelta a la calle. Nunca se pudo explicar cómo
aspecto era total, pero también hubo algunos hizo para saltar de una zancada el portón completo.
chascarros protagonizados por alguna que otra Capitán nació y murió en la escuela, y fue
víctima de este animalito. enterrado en la quebrada a los pies del taller de
Recuerdo el caso de Mario Ferrer, profesor del Ricardo Lang.
Instituto de Arte, que en 1979 impartía un taller
de cine para el cual se debía trasladar desde el Mario Cabrera López
Instituto —que entonces se encontraba en la esquina
de Amunátegui con Latorre— a las dependencias de
la Escuela, y al parecer en algún momento el perro
le hizo una «desconocida», generándole temor y
desconfianza. Cada vez que venía a hacer su curso,
desde nuestra casa notábamos que se quedaba
70 años, 70 recuerdos 15

Ocio versus ocio creativo

C
omo de costumbre, ese viernes en la tarde Cada vez que doy el paso sobre el peldaño
de 1973 teníamos clase de Presentación de de piedra de la puerta de Matta 12, recuerdo el
la Arquitectura con Alberto, quien además distingo entre el ocio y el ocio creativo.
era nuestro profesor de taller. Corriendo alcancé
a llegar a la hora. Desde el zaguán se oía un cierto Patricio Cáraves Silva
aire de risas, que provenían de nuestra sala, y me
uní al aire festivo reinante. De pronto alguien
advirtió que llevábamos casi una hora en plan
de espera. Otro propuso hacer una lista, firmarla
y dejarla en secretaría con la Bertita e irnos. Nada
costó ponernos de acuerdo.
Saliendo, ante la puerta de fierro de Matta 12,
nos encontramos cara a cara con Alberto. «¿Para
dónde van?». Con solo un gesto nos vimos sentados
en la sala 25 y en total silencio. Entró, cerró la puerta,
y con la tiza ante el pizarrón dibujó y escribió. Lo
pobló de observaciones de plazas miradores.
¿En qué estaba usted? ¿Y usted? Y así a cada
uno le fue preguntando. Éramos menos de diez
alumnos. ¿Qué hicieron en mi ausencia? Ustedes
saben que estaba trabajando aquí en la casa de
Matta 50. Ante tal silencio, recorría de un extremo
a otro la sala, haciendo gestos y hablando para sí.
Se detuvo: «Durante la crisis de 1929, en Chile,
las oficinas de arquitectos no tenían trabajo. Los
arquitectos jugaban al ajedrez o a las cartas. Nadie
estudiaba ni dibujaba proyectos, ni pensaban planes
para la ciudad. Ustedes están en lo mismo. Nada
hemos cambiado, siendo que hemos fundado
esta Escuela de Arquitectura oyendo a la poesía,
para formar profesionales junto con señalar el
camino del oficio de arquitecto, que se abre a
la vocación de servicio, que leyendo el destino
genera obras que regala a la ciudad. Sabe del bien
común. Permanece en la obra porque ama lo que
hace. Se ocupa del ocio creativo porque cultiva la
observación, vive el presente».
16 acto&forma 14

Desde el océano

A
unque cursé algunos talleres de partir de ese momento, estuve diez meses jugando
Arquitectura, en forma paralela desarrollé con las olas para ver qué es lo que ellas me dirían.
los talleres de Diseño Industrial. La Así, fui quien por primera vez incursionó en el
Escuela desde un inicio fue toda una fascinación: concepto de «maritorio», lo habité, me metí al mar
participar en la construcción de la maqueta del y en medio de estas tremendas rompientes —que
proyecto Avenida del Mar, escuchar a mis maestros al principio dan miedo—, logré comprender lo
arquitectos, poetas, escultores, diseñadores, que me decían las olas de cómo tenía que ser mi
donde la poesía se fundía con el hacer, produjo embarcación, alcanzando el islote rodeado de
en mí «el encantamiento». rocas siniestras.
En 1970, se realizó la fundación de la Ciudad Después de haber construido tres prototipos
Abierta en las dunas de Ritoque, limitando con el a escala real, el resultado fue una embarcación
océano Pacífico. Sabiendo mis profesores que yo monocasco a remo para cruzar las rompientes, y ya
contaba con una embarcación, me pidieron que fuera de ellas se separaba en dos para transformarse
hiciera el sondaje del estero y del brazo norte de en catamarán. En el medio surgía una vela que se
la Ciudad Abierta; fue así que pasé dos semanas asemejaba a la aleta dorsal de un pez vela. Con
acampando y haciendo sondajes a bordo de mi ella, en 1971, realicé una travesía desde la Ciudad
bote, siendo el primer estudiante en habitar los Abierta hasta el Club de Yates frente a la casa de
terrenos en la más absoluta soledad, pasando las la Escuela en Recreo. Durante la travesía tuve un
noches en compañía de las constelaciones. Me fuerte viento sur que me obligó a ceñir y tomar
alimentaba con lo que pescaba en el estero y en altura, internándome en el océano, lejos de la costa.
la playa, además de machas, almejas que había En la Escuela ocupé tres salas para exponer mi
en abundancia. bitácora extendida en torno a las paredes, los dos
El día en que se me encargó el proyecto de prototipos antes realizados, maquetas, ensayo de
título, estaba cerca del iglú de Boris Ivelic, en el materiales, y una máquina y las herramientas que
primer taller de herramientas de la Ciudad Abierta, diseñé para conformar a partir de un bloque de
cuando llegó Godofredo Iommi, me tomó del brazo poliestireno expandido la última embarcación,
y me pidió que lo acompañara. Nos fuimos por las fondeada en una de las boyas del club deportivo.
dunas y llegamos hasta Punta de Piedra, donde Hoy, a mis largos años, me he dedicado al diseño
están las rompientes. Llevaba consigo un ejemplar orientado a habitar las «extensiones oceánicas».
de la Divina comedia, que abrió en el Canto XXXIII
del Paraíso: «Un punto solo me causa más letargo Juan Ciorba Vinz
que veinticinco siglos idos de la empresa que
movió a Neptuno a admirar la sombra de Argos».
Tal como expresan esos versos, Neptuno se
admira al ver la proyección de la sombra del primer
barco que construyó el ser humano. Iommi no
necesitó decir nada más; visualicé el encargo. A
70 años, 70 recuerdos 17

Capital poética

T
rabajar en el Museo de Bellas Artes de que me ha tocado experimentar, y a pesar de su
Santiago, con la libertad de moverse entre tamaño, seguía teniendo esa dimensión agreste,
sala y sala, era hasta entonces lo más privada y silenciosa con la que sigo relacionando
metropolitano que yo había experimentado. El mi experiencia de estudio en Valparaíso.
2002, en el marco de la exposición de celebración En Santiago, en el primer museo de artes de
de los 50 años de la escuela, nos convocaron a Latinoamérica, la sensación era otra. Había pasado
participar en las faenas de montaje. Teníamos de una provincia a otra y la escala de estos espacios
que recibir los croquis que habían enviado los me intimidaban. A su vez la libertad de entrar a
exalumnos y ubicarlos en un soporte de alambre rincones desconocidos, almorzar en la escalera
tensado. Allí, sentada en el piso de la sala Matta, que lleva a la sala Matta y descansar acostada bajo
pensaba en todas las personas que habían enviado esta enorme bóveda vidriada me emocionaba.
un croquis: algo nos vinculaba, ¿habrá sido su Mi experiencia en la Escuela siempre tuvo esa
experiencia tan radical como la mía? dualidad: una sensación de estar en el margen de
Un año antes, el 2001, yo había llegado desde algo y simultáneamente en el centro. Pertenecer a
Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, para estudiar algo muy pequeño y a la vez muy grande.
Arquitectura. No tenía grandes referencias de
la escuela a la que iba, solo sabía que tenía una Olivia Coutand Talarico
orientación particular y artística. Eso me gustaba.
En la primera clase de Amereida me enteré de que
mi lugar natal era la capital poética de América.
No lo podía creer. Me parecía un sinsentido no
haber sabido algo tan relevante. Era algo que se
mencionaba constantemente, lo que reforzaba
mi ignorancia. Con el pasar de los días comencé
a sentirme como una rareza: yo venía de la capital
poética de América, asunto que parecía ser central
en este lugar.
Ese año había muerto Godofredo Iommi y se
hizo un acto poético masivo en la Ciudad Abierta.
Nuevamente surgía Santa Cruz de la Sierra en boca
de los fundadores de la Escuela. Hablaban del viaje
de 1965 y yo –un poco imprecisa en las fechas– no
podía dejar de pensar en que probablemente
el Che Guevara estaba escondido en la selva de
manera simultánea, y en las dificultades que debe
haber significado explicar la travesía a los militares
bolivianos. Ese acto poético es el más grande
18 acto&forma 14

Desapegos

C
uando estaba en la Escuela de Arquitectura,
una buena mañana se apareció en el Patio
de la Palmera (hoy, de la Araucaria) el poeta
Godofredo Iommi, con una malla roja y un chaleco
grueso y blanco, invitándonos a bajar al mar.
Todos lo seguimos, y ya en la orilla, en el
roquerío, en un acto poético nos instó a despren-
dernos de algo querido y ofrendarlo al océano
Pacífico. Nosotros, que frisábamos entre los 17
y los 24 años, estupefactos, empezamos uno
a uno, en silencio, a arrojar relojes, lapiceras,
libros, cinturones. Cuenta la leyenda que uno
de nosotros al considerar que no tenía nada de
valor, se tiró al agua…
Ese día de 1965, conocí, conocimos, el desapego.
«¡Oh desapegos que uno mismo ignora!». Si mal
no recuerdo era el día de San Francisco. De ahí en
adelante patrono de la Escuela, y quien nos trajo
el magnífico regalo de la humildad, la gratuidad
y la hermandad.

Carlos Covarrubias Fernández


70 años, 70 recuerdos 19

Temporal

H acía una semana que llovía sin pausa. El


profesor de taller me había pedido que lo
acompañara el martes siguiente a la Ciudad
Abierta para trabajar con el escultor Claudio Girola.
Siempre había querido conocer ese lugar. Cuando
Durante esa jornada de trabajo, Lang me invitó
a almorzar, a tomar once y a comer, y de noche me
llevó de vuelta a Concón.
Desde ese día de tormenta en 1987, algo de mí
permaneció anclado a esa mesa que me recibió.
estaba en la escuela, el paseo de fin de año solía
hacerse en Horcón o en Quintero, y en esos recorridos, Arturo Chicano Jiménez
desde la ventana del bus, veía pasar las casas raras
que se levantaban sobre las dunas, preguntándome
por lo que ahí se escondía, fantaseando con todo
tipo de posibilidades.
Cuando fui a Ritoque no había dejado de llover.
Salí temprano para tener tiempo de tomar las micros
que me llevaran hasta allá. Mi madre me preparó
una colación sencilla: dos sándwiches y un par de
manzanas. Me preguntó a qué hora volvía, pero
no supe responderle. Le di toda la información
necesaria porque en mi casa no había teléfono y
me parecía que en Ritoque tampoco.
Cuando llegué a la rotonda de Concón disminuía
la lluvia, pero se veía que el río había crecido. Los
autos y buses no se atrevían a pasar porque el
río amenazaba con salirse de su cauce. A lo lejos
distinguí gente que venía de a pie. Le pregunté a
los que cruzaron que cómo lo hicieron y me dicen
que podía hacerlo si usaba los cercos.
Crucé descalzo, con las zapatillas en mi mochila
junto a los cuadernos en una bolsa de plástico.
El agua turbia del río desbordado atravesaba el
camino, pero pegado a los cercos era posible
avanzar. Caminé casi cuarenta minutos hacia el
norte hasta que distinguí ese extraño esqueleto
que son las Torres de Agua: había llegado.
En la entrada, sorprendido de verme, estaba
Ricardo Lang, mi profesor:
—¡Viniste! Entonces vamos a trabajar.
20 acto&forma 14

América abierta

S
e podría decir que soy la última en llegar bien abiertos. Ser «malandro» al fin y al cabo es
a esta escuela. Si bien fui alumna de saber no solo sentir el peligro, sino aprovechar
intercambio, recién en 2022 pasé a ese sentimiento para ser capaz de cruzar lugares
formar parte del grupo en calidad de profesora. nuevos, dejarse llevar por las cosas. El «malandro»
Las primeras vivencias que atesoro tienen que es aquel que ama el ocio, no le gusta trabajar,
ver con las personas. Comprendí, por ejemplo, la pero sabe ganarse la vida. Aquella astucia para
importancia de oírse: un modo de participar que relacionarse con las personas lo hace un hábil
está presente en los actos, en las travesías, en ganador. Y entregarse al ocio es tener el tiempo
las clases, pero sobre todo en la comunidad. Una para filosofar sobre la vida y sus enredos, para
muestra de ello son los almuerzos en la Ciudad observar y planear los pasos con habilidad.
Abierta, donde profesores, alumnos y amigos Para el oficio de diseñador, arquitecto y urbanista
comparten la comida con la proximidad de una no es suficiente el conocimiento teórico y práctico,
familia. porque la experiencia de la calle, del andar y perderse,
Dentro de tantas errancias y encuentros, un resulta fundamental. Es lo que cada año la Travesía
recuerdo inolvidable lo sitúo durante la travesía a nos proporciona. Eso es mantenerse abierto: no
Río de Janeiro el 2006: llegamos a Río de madrugada dejar que el miedo prevalezca y convencernos
y estando aún en el aeropuerto, el profesor Jorge de que siempre hay algo nuevo que aprender, y
Ferrada —mientras se acomodaba sobre su mochila nuestro oficio también consiste en esa búsqueda
para dormir en el piso a la espera del amanecer—, continua.
nos dio una lección preparativa sobre seguridad. A Podría concluir diciendo que el «malandraje»
su decisión de permanecer en el aeropuerto sumó que viví en la Escuela, me ha dado una nueva
un breve discurso sobre los peligros de la ciudad visión y aproximación a la condición humana, que
carioca y el modo en que cada uno a partir de ese sabemos es poética.
momento era responsable de sus movimientos: Recordando el aprendizaje de esta Travesía a
«Si alguien les roba no vayan a la policía a pedir través de los años sigo, como canta Cassia Eller, «a
ayuda, porque les van a quitar lo último que les pedir a Dios, un poco de malandragem, pues soy
queda», nos alertó. una niña y no conozco la verdad, soy poeta y no
A pesar de las recomendaciones, yo, ingenua aprendí a amar».
alumna de intercambio, paseando por las silenciosas De esa travesía a Río, conservo una enseñanza
calles un domingo fui asaltada por primera vez y una «reliquia» de papel plastificado (el pequeño
en mi vida, y la advertencia de evitar a la policía distintivo con los datos personales diseñado para
resonó en mi cabeza como un reproche: «¡Te lo el viaje), que me permite guardar una gran aventura
dije!». No supe escuchar. en el hueco de la mano.
A partir de entonces me abrí a la aventura de
lo desconocido, al «malandraje» (en portugués Emanuela di Felice
malandragem, pillería) de la vida sin miedo a
deambular, manteniendo siempre los sentidos
70 años, 70 recuerdos 21

Pensar es obrar

C
iertos alumnos de Arquitectura, al cabo observación se dibujara en pequeños croquis,
de dos años de estudio en la Pontificia para después reflexionar y apreciar lo que decían,
Universidad Católica de Santiago, a cargo del asombrándonos con sus propias líneas, potencias
maestro Alberto Cruz Covarrubias y sus ayudantes y advertencias, «orígenes» y «destinos»; vale
arquitectos Miguel Eyquem, José Vial, Arturo Baeza decir, instancias útiles para realizar proyectos
y Fabio Cruz, estimaron que esta cátedra rendía arquitectónicos de estudiantes.
pleitesía al Beaux-Arts de París y era afín a una forma Pasaron años desde aquel tiempo. Leí a los
retrógrada y comparsa con el mercadeo artístico primeros pensadores griegos, a Dante Alighieri, a
de la época, sin observar y realizar en esos estudios los humanistas italianos, a los poetas ingleses y
atención o amor al acontecer arquitectónico de franceses. Estudié a Kierkergaard, a Nietszche, a
la vida ciudadana. Y con el sentimiento de que la Heidegger, a Beaufret, a Fédier. Referente a Martin
arquitectura antes de todo formalismo es vida, Heidegger, siempre me pregunté por qué la pintura
abandonaron esos estudios fastidiosos comparables de Vincent van Gogh —esa de los zapatos de
a un kindergarten académico. En aquel año, Alberto labriego— lo motivaban tanto. Entonces me incliné
Cruz y sus pares arquitectos fueron llamados por la a presumir que invisible en cada objeto que nos
Rectoría Jesuita de la Pontificia Universidad Católica rodea el ser está latente. Esto era filosofía, es decir:
de Valparaíso para incorporarse a su cátedra de «Pensar es obrar».
estudios arquitectónicos, fundando el Instituto En 1955, mi amigo Eduardo Mena reflexionaba
de Arquitectura y Urbanismo, dando paso a una sobre la obra arquitectónica. Un día entró a mi
nueva concepción en las obras de los arquitectos. habitación del pensionado jesuita donde vivíamos.
Tales alumnos fueron: Elías Gidi, Eduardo Mena, Yo estaba pintando colores y figuras sobre una
Jaime Márquez, Ricardo Dorado. Más tarde se tela. Me dijo: «Hoy descubrí lo que es el ser, tú
unieron Germán Bannen, Juan Purcell, Jorge Sánchez lo estás realizando». Yo solo intuí que era algo
y Jorge Gómez. Aquellos estudiantes tuvieron que muy importante para él y para nosotros. Era una
enfrentar que el cimiento que sostiene la «piedra observación profunda. ¿Estaría preguntándose
angular» de la arquitectura es la «real observación». por el «prodigio» de ser?
Tras muchos naufragios, cayeron en la cuenta Hoy pienso que el «mundo» humano es mundo
de que en dicha observación de la vida de la ciudad, porque en él reside y «obra» el ser. En términos
los maestros no proponían, sino encarnaban en corrientes, habitamos rodeados por el ser. La «obra»
cada uno la singular propiedad de habitar los es «ser» y «obramos», y en consecuencia ese
anhelos íntimos de la gente, las «carencias» con «obrar» asiste nuestra vida.
que ellas tenían que lidiar día a día, y a su vez el
modo cómo la realidad urbana respondía ante Ricardo Dorado Rainnerie
dicho requerimiento. El problema de «encarnar»
algo en uno requiere de un esfuerzo. Por ello, para
apuntalar este «encarnar» la vida de la ciudad en
la vida de un alumno, fue preciso exigir que toda
22 acto&forma 14

El taller de los iguales

E
n 1969, un amigo de mi padre que trabajaba en el curso impartido por Grace y Compañía,
en la Universidad Católica, me sugirió que proveedores de la primera y única máquina
postulara ahí porque le parecía una buena que tuvimos en la Escuela: una Multilith Offset
alternativa para encauzar mis ganas de aprender. Modelo 1850, la que fuimos complementando
Después de intentarlo tres años seguidos, recibí con ayuda de colaboradores externos (como
un telegrama diciendo que me presentara en fotomecánica).
la Oficina de Personal a una hora determinada. Se armó un equipo multidisciplinario, con
Quedé contratado. nosotros en la imprenta, Alejandro Garretón en
Llevaba apenas una semana en la Casa Central grabado, José Balcells en escultura, y sus ayudantes
cuando me llamó Hernán del Valle, director de académicas que iban cambiando según los semes-
personal, para ofrecerme una oportunidad un poco tres: Soledad Canobra, Sylvia Arriagada, la Mono
excepcional, porque consideraba que yo podía Aspillaga. Nos juntábamos todos los martes a tomar
solucionarle un problema que tenía con sus queridos el té y a rendir las cuentas de la semana, a lo que se
y «locos» amigos de la Escuela de Arquitectura: la sumaba Godofredo Iommi. Siempre terminábamos
gente que mandaba para allá no duraba más de un hablando de cine, de música o de fútbol —de esto
día en su cargo. Partí como electricista a trabajar con último, Godo y Claudio eran fanáticos y rivales. Se
el profesor ayudante Bruno Barla, que junto a Claudio armó un espacio para la investigación gráfica, para
Girola, jefe de Extensión, montaba exposiciones. Yo realizar las tesis de los alumnos y para trabajar
iluminaba, pero también hacía todas las tareas que con Ediciones Universitarias.
fueran necesarias. Un día se apareció Pino Sánchez, Ese taller fue muy enriquecedor porque en él
el más temido, encargado de la casa, a decirme: se discutían los aspectos técnicos para beneficiar
«Parece que nos vamos a entender». el proyecto general, sin tratar de sacar dividendos
Entre las muchas labores que realizaba, cada vez propios. Si teníamos que hacer originales, los
que me quedaba un rato libre subía a la imprenta hacíamos entre todos, una pega lenta, impulsada
—en manos de Pedro Bosagna y su ayudante, por el maestro que fue Claudio Girola, quien decía:
personal de Salesianos. Ellos empezaron a pedirme «Aquí no hay jefe de nada, todos bailamos al
pequeñas colaboraciones y así me picó el bichito compás de la misma música». Fue el que le dio
de la gráfica. En 1975, se disolvió la sociedad con ese carácter colectivo y transversal al taller, y en
Salesianos, la imprenta quedó sin personal y Pepe particular me ayudó a descubrir virtudes que yo
Vial y Fabio Cruz, directores de la Escuela, que habían no había explorado. Y un hecho que recuerdo con
notado mi interés, me invitaron a conformar un mucho cariño, es que al margen de mis obligaciones
nuevo equipo responsable con Héctor Olivares, oficiales, me invitó a participar de la creación de
diseñador recién egresado, donde yo llevaría la esculturas para Travesía, un oficio que según él iba a
parte técnica y él la administrativa. Un grupo de complementar mi desarrollo profesional. Así dividía
gente joven dirigido por Claudio Girola. mi tiempo entre la imprenta y el taller de escultura
A través de un amigo que dirigía la imprenta en el Cerro Castillo, donde los almuerzos que
en la Universidad Santa María, pude inscribirme compartimos me siguen pareciendo memorables.

Adolfo Espinoza Bernal


70 años, 70 recuerdos 23

Camino a Iruya

E
n el 2004, el primer y segundo año de en nuestras manos la decisión de seguir adelante
Diseño Gráfico viajaron con destino a Iruya, cambiando los buses por dos pequeñas micros
un pueblo recóndito que cuelga en las locales, que apenas pasaban por las vertiginosas
montañas del altiplano argentino. Recuerdo dos quebradas de la montaña en dirección al pueblo.
momentos que nos marcaron a los que estuvimos Esta alternativa, además de riesgosa, implicaba
ahí como estudiantes: al tercer día de travesía, en reducir nuestro equipaje a una mochila por cada
el punto más alto de la ruta, a 4.800 metros de tres personas, con lo indispensable para cubrir
altura, próximos a cruzar la frontera norte del país las necesidades de aseo personal y de los días
en dirección a Argentina, en pleno atardecer —a la de obra. (Quien haya participado de una travesía
hora en que las sombras alcanzan su punto más sabe de sobra que el equipaje de salida es de
largo y el cielo se ve naranjo en su totalidad—, nos gran precisión y austeridad: todo está contado,
detuvimos para hacer un acto poético liderado por medido e inventariado. En esa oportunidad debimos
el poeta Manuel Sanfuentes, quien nos encargó redoblar el esfuerzo en pos de alcanzar nuestro
buscar una piedra para conformar entre todos verdadero destino).
un círculo con ellas. Cada uno recorrió, observó Mucho del entusiasmo que nos impulsó a
y seleccionó entre las múltiples posibilidades seguir a pesar de las dificultades técnicas se lo
que nos entregaba la árida parada. La mía, más debemos a la energía que puso Marcelo en el
grande que mi mano, se dividió de modo casi modo de invitarnos, haciéndonos partícipes de
perfecto en dos colores: gris y naranja (como el un desafío mayor del que nadie se pudo restar. Si
cielo). José Balcells, llevado por el entusiasmo, nos mal no recuerdo, hasta aplaudimos después de
ayudó a distribuirlas agachándose y levantándose sus palabras en esa cena.
repetidas veces, sin considerar la altura a la que nos
encontrábamos: el inevitable impacto que esta Katherine Exss Cid
tendría en nuestra respiración y fatiga corporal,
dejando más de un cuerpo abandonado a la puna
(incluido el de nuestro animado escultor).
Un día después, ya instalados en Humahuaca,
nuestros profesores descubrieron que de ninguna
manera llegaríamos a destino según lo planificado:
el par de buses en el que viajábamos desde Chile,
de improviso resultaron demasiado anchos para la
ruta que debíamos atravesar. Entre los estudiantes
se rumoreaba con incertidumbre y preocupación
la imposibilidad de terminar el viaje, hasta que a la
hora de comida el profesor Marcelo Araya se levantó
y en tono de brindis nos explicó que si bien así
como íbamos era imposible llegar a Iruya, estaba
24 acto&forma 14

El jardín de Pino

C
aminábamos por la vega, buscando el trazado y las instrucciones, incluso los inconvenien-
lugar para lo que sería el aula Amereida, en tes; nos dejaba en un lugar distinto a la pura mano
honor a los 50 años del Diseño en la Escuela de obra. Cosa que asumimos con cierta sospecha.
(iniciativa que se vio frustrada por la irrupción Mi primera impresión fue que plantar chépica
de la pandemia). En el trayecto, y a propósito de en la arena era tan escurridizo como hacer castillos
nada, Patricio Cáraves exclama: «¡Qué belleza!», en el aire, pero para mi sorpresa empezaba a
levantando la vista y recorriendo de punta a punta aceptar con naturalidad las tareas inatrapables
el jardín de la extensión. Traté de seguir su mirada que nos encargaban clase a clase. A diferencia de
sin saber bien adónde poner el foco. La suya es las anteriores, con esta tarea tenía a mi favor una
una mirada perspicaz, que parece capturar en experiencia infantil exitosa: había plantado chépica
un instante los fantasmas de todos los artificios en un suelo arcilloso, diferente a la arena, pero igual
que mediaron en el desafío de la construcción, de adverso para la supervivencia vegetal, y la había
e hicieron de esta obra un verdadero jardín. El visto crecer lentamente hasta colmar el diminuto
tractor había cortado hacía pocas horas el pasto patio, que ante mis ojos de niña era enorme.
y el verde brillante de cada brizna se mezclaba Un profesor —que no era el nuestro—, molesto
con el aroma inconfundible de la poda. Entonces por la desprolijidad del trabajo que habíamos
este recuerdo viene de golpe: realizado, se paseaba iracundo entre los cuadrantes
Ese día del 2001, llegamos a la Ciudad Abierta pidiendo explicaciones de todo tipo y exigiendo la
muy temprano en la mañana, porque allí tendríamos presencia de los adultos responsables a cargo del
una clase seguida de una jornada de trabajo. tropel de jovencitos que profanaban su tesoro verde.
Vimos buena parte de la explanada de la vega El gesto de su furia resultaba contradictoriamente
trazada en cuadrantes con estacas simples y de la mayor consideración hacia los sacos de
pitas tensadas, mientras un profesor del taller esquejes tiernos, desmenuzados de las matas que
nos daba una instrucción breve seguida de una se habían recogido en las orillas del Aconcagua con
lección menos breve. excavadoras para ese jardín. La furia nos mostró
La instrucción era elemental: debíamos ubi- de una manera poco convencional, pero muy
carnos en parejas o tríos dentro de un cuadrante efectiva, la seriedad del jardín como proyecto.
asignado con un saco de sustrato y otro lleno de Que el arquitecto tuviera además un apodo como
esquejes de chépica, y cada 15 centímetros cavar «Pino», confirmaba su autoridad en materia de la
con las manos en la arena y vaciar un puñado grande arquitectura de la extensión.
de sustrato, para enganchar ahí lo mejor posible
un par de brotes. Ya había pasto en algunas zonas Ursula Exss Cid
y nuestra tarea era cubrir las áreas desiertas entre
los parches verdes.
La lección era más general y consistía en valorar
el registro como herramienta de autoaprendizaje.
Registrar de manera sistemática todo lo hecho, el
70 años, 70 recuerdos 25

Todo acontece al alba

L
a Phalène de 2017 comenzó un soleado a ella un cuaderno en blanco y sobre su cuerpo
día de abril con un acto poético realizado unas flores que le habíamos regalado esa mañana.
en el Templo de las Musas, a un costado Lentamente se levantó, caminó entre nosotros
de la Acrópolis, cuando un grupo de profesores y que estábamos dispuestos en círculo y susurró
miembros de la Ciudad Abierta fuimos a montar en nuestros oídos una especie de guturaciones,
la primera de las dos exposiciones con las que dejando una estela de sonidos. Terminado el acto,
participamos en la Documenta 14, que tuvo dos le contamos que pensábamos partir ese mismo día
sedes: Atenas y Kassel. a Delfos para hacer una Phalène fuera del contexto
En vez de proyectar un diseño, optamos por que de Atenas, y nos dijo: «Si van a Delfos, vayan de
el contenido de esa exposición se fuera elaborando madrugada, al alba, puesto que es ahí cuando se
y construyendo durante nuestra estadía, mediante manifiesta el dios del lugar». Y nos contó que en
una serie de actos poéticos y Phalènes que le irían ese trayecto y al amanecer se había encontrado con
dando forma. Habíamos realizado un acto cerca del una serpiente en el camino que le había parecido
Estadio Olímpico, dentro del espacio expositivo, y una manifestación incuestionable del oráculo.
pensando en una ocasión más especial, invitamos En plena madrugada, sin desayunar, partimos
a Cecilia Vicuña, al curador Dieter Roelstraete y hacia las puertas del oráculo, pero lo hallamos
a Vivian Suter, artista suiza radicada en la selva completamente cerrado. Todavía no amanecía. Me
guatemalteca. A ellos se sumaban amigos griegos, senté a meditar en un lugar semejante a una fuente
jóvenes, y entre nosotros Herbert Spencer, Manuel de agua seca, muy cansado. Cuando desperté todos
Sanfuentes, Marcelo Araya, Nicolás Ibaceta, Agustina se habían ido. Avancé por la orilla del camino hasta
Fernández, un grupo aproximado de diez personas. hallarme con una puerta abierta que me llevó al
El acto comenzó con lo que llamamos el Tholos de Atenea Pronaia. Me acerqué y lo rodeé:
«Oráculo digital», un sistema diseñado por Herbert estaba todo muy silencioso y no había nadie para
a través del celular y basado en un conjunto de echarme o cobrarme alguna entrada. Me quedé
palabras tomadas de un acto anterior, celebrado dibujando el Tholos por bastante tiempo. Todavía
en Valparaíso con los alumnos de la Escuela. Este no salía el sol y la serenidad del lugar me llevó a
juego consistía en tocar la pantalla del teléfono meditar otra vez. Permanecí unos minutos en ese
para hacer que las palabras empezaran a rotar y estado cuando de pronto escucho una palabra que
detenerlas con un segundo tacto, quedando cuatro se repite tres veces en mi interior: Anaximandro,
conceptos seleccionados al azar, únicos para cada Anaximandro, Anaximandro. Quedé perplejo. Ante
participante. Mientras tanto, Floro, provisto de un la insistencia abro los ojos y en el mismo instante
pincel grueso y un pocillo con tinta diluida, nos el Tholos comienza a iluminarse por dentro con
hacía dibujar libremente en unas páginas pequeñas. el primer rayo del día. La breve belleza de ese
Dentro de este acto, Cecilia Vicuña realizó su momento se vio interrumpida por la llegada de
propio acto poético, al modo como ella hace las buses atestados de turistas hablando, gritando,
cosas: oracular, pitonisa, medio en trance. Acuclillada sacando fotos. Cecilia tenía razón: en Delfos todo
en el suelo adoptó una forma fetal, colocando frente acontece al alba.

Andrés Garcés Alzamora


26 acto&forma 14

El primer diseñador

C
uando era estudiante de arquitectura, me conejillo de Indias, porque fueron muchas las
di cuenta de que Alberto, Godo y Claudio, investigaciones y composiciones previas del
nuestros maestros, estaban abocados a la diseño tipográfico, los dibujos para los grabados,
carrera de diseño, y yo quería estar en clases con la diagramación, impresión y encuadernación. Se
los dioses del Olimpo, cuando por alguna razón, imprimieron 25 ejemplares, que incluían un casete
Zeus, que era Alberto, bajó del Olimpo y me habló. con las composiciones.
Alberto nunca nos hablaba, no daba clases, iba Creo que ese proyecto fue el más «mediático»
dando charlas en las que explicaba su pensamiento. que hubo hasta entonces en la Escuela, y fue la
Entonces, bien serio, me dice: «¡Garfias!, vamos al única vez que mi familia estuvo ahí. Saqué una
Patio de la palmera a conversar». Mientras todos nota distinguida, aplausos (casi la medalla de
mis compañeros, pegados a la ventana, miraban Zeus) y, cuando íbamos en el auto de vuelta a la
la escena pensando que me iban a echar. casa, mi papá dijo:
—¡Tú te cambias a diseño! Eres la persona que —¡Estoy tan orgulloso de mi hijo arquitecto!
necesitamos. —¡Pero, papá, soy diseñador!
—Pero, Alberto, si a mí me costó mucho —Sí, estas nuevas especialidades de arquitectura
convencer a mi papá de estudiar arquitectura: no las conocía…
¡yo iba a ser abogado! Y me quedé callado.
En 1977, me titulé de diseñador gráfico con el
proyecto «19 poemas de amor a Dido», de Giuseppe Hernán Garfias Arze
Ungaretti, teniendo como profesores guías a Claudio
Girola y Godofredo Iommi. El libro de autor era una
caja negra que contenía 19 cuadernillos donde
cada uno llevaba el poema en español e italiano, un
grabado y la partitura de cada poema compuesta
por Alejandro Guarello para un quinteto de cuerdas.
La ceremonia se realizó en una gran sala con
ventanal que mira al Patio de la Palmera y al océano
Pacífico. Estaban invitados los profesores, los
estudiantes y mi familia. El acto comenzó con la
lectura del primer poema de Ungaretti recitado
en italiano por Godo, vestido de toga blanca,
con sus medias rojas apretadas, como bufón del
Renacimiento, seguido por el quinteto de cuerdas
que tocaba la primera parte dirigida por Guarello. Y
así sucesivamente hasta terminar con el poema 19.
Para Girola y Iommi, este fue el primer proyecto
dirigido en conjunto, teniéndome a mí como
70 años, 70 recuerdos 27

De la palabra a la acción

L
a primera semana de marzo de 1982, al viaje de otra envergadura, mucho más discreto,
llegar a inicios de clases a la Escuela, nos a partir de la oportunidad de embarcarnos en la
encontramos con el anuncio de una reunión Goleta Darwin, que regularmente hacía el viaje entre
general extraordinaria con todos los profesores Valparaíso y el archipiélago de Juan Fernández; sin
instalados en la sala de primer año. Los estudiantes embargo, las facilidades ofrecidas por el armador
comparecieron paulatinamente, intrigados por el se limitaban al cupo de tres o cuatro personas. En
motivo de la convocatoria, hasta quedar en silencio consecuencia, a fines de mayo nos embarcamos
general cuando Godo se puso de pie y tomó la los tres titulantes del taller: Ivo Consolini, Hernán
palabra. No recuerdo los detalles del argumento, Valdés y yo, más José Prieto, arquitecto recién
aunque el sentido de lo dicho cobró una relevancia titulado que se incorporó de forma voluntaria.
que ahora podemos reconocer: comunicar que El registro de ese viaje constó de bitácoras,
había llegado el momento de realizar un viaje que dibujos y filmaciones en 8 mm (contábamos con
involucrara a toda la Escuela para adentrarse en el tres rollos de tres minutos cada uno, que nos
Pacífico, haciendo phalènes en el mar. permitieron grabar nueve minutos de película que
A casi veinte años de la primera travesía, este se revelaron en Buenos Aires). Filmamos el mar,
planteamiento nos dejó tan desconcertados como las olas, los movimientos del barco reflejados en
extasiados, pensando en lo que significaba formar la cabina del piloto. A partir de ese material, Godo
parte de una reedición de lo que hasta entonces y Claudio se entusiasmaron con la posibilidad de
conocíamos como el poema «Amereida» —basado hacer un segundo viaje, esta vez a la región de
en un viaje— y las correspondencias entre el mar Copiapó. Claudio consiguió una cámara de video
interior de América y el océano Pacífico expuestas con Antonio Vicente y la indicación de Godo fue
en los fundamentos de la Escuela. Sin saberlo a que en vez de filmar el paisaje, hiciéramos tres
ciencia cierta asistíamos a un cambio radical: un tipos de tomas: hacia el horizonte, en noventa
planteamiento poético que no contenía ninguna grados contra el suelo y en noventa grados hacia
indicación sobre la forma de hacerlo realidad. el cielo. Al grupo inicial se incorporaron Francisca
Ese momento de abertura y aventura dentro Mujica, Mario Miranda y Teresa Montero, con quien
del régimen habitual de los talleres, coincidió hicimos actos en las montañas y en la costa y
con el inicio de mi etapa de titulación, a cargo de muchos dibujos, condiciones sumamente abiertas
Claudio Girola y Godofredo Iommi. De modo que para un taller de titulación en esa época.
lo planteado pasó con toda naturalidad a ser el El gran anuncio que hizo Godo para toda la
tema a desarrollar en mi proyecto de título. Desde Escuela, decantó para nosotros en esos dos viajes,
ahí, y en paralelo a los diferentes talleres en curso cuya realización y posterior edición nos tomó
ese año, tanteamos las condiciones de factibilidad dos años de experimentación y exploración, y
para realizar un viaje en barco para este grupo fue contemporáneo al tiempo en que la Escuela
inmenso de estudiantes y profesores. entera se dio a hallar la forma de responder al
Transcurridos unos dos meses de incesante ímpetu poético a través de las múltiples travesías
búsqueda, se consideró la posibilidad de hacer un iniciadas en 1984.

Alejandro Garretón Correa


28 acto&forma 14

Memorias

E
n el segundo año, en 2007, todo partía
con un cortado en la cafetería atendida
por la Sandra, el Papo y la Vivi, siempre
apurados, aunque con tiempo para cada uno de
nosotros. «¡Lo de siempre, a mi cuenta!», decíamos.
(Obvio que había una cuenta, si vivíamos en la
Escuela). Cigarro y café en mano nos topábamos
con Garretón, que por cierto también tenía su café
y su cigarro, probablemente el segundo o el tercero
de la mañana, porque llegaba temprano a su taller.
Subíamos al segundo piso cargando unas
carpetas gigantescas, destruidos después de haber
pasado de largo y con las manos llenas de tinta
escribiendo quién sabe qué con plumilla en una
mesa de luz. Por las noches, cuando nos juntábamos
en la casa de la Javi a trabajar, a veces alguien decía
algo y nos reíamos, no siempre de lo dicho, sino
más bien una risa nerviosa que se nos escapaba
involuntaria ante una labor que a las tres de la
mañana todavía parecía infinita.
Las horas de correcciones se extendían en ese
taller, al principio sin entender del todo cuál era el
punto. Tanta precisión, tanto detalle, tanto oficio...
Pero al pasar los meses comenzabas a verlo. A veces
miraba las láminas y parecía imposible que lo que
estaba frente a mí lo hubiera hecho yo.

Sandra Gatica Morales


70 años, 70 recuerdos 29

Aprendiendo a fundamentar

R
ecuerdo un taller —el tercero que tuve corrección de los proyectos, Alberto me preguntó
en la Escuela— de Alberto Cruz, cuya por qué eran treinta casas y no cuarenta, o cualquier
particularidad fue salir a dibujar los cerros otro número. En ese momento no lo tenía tan
en grupo, algo que era muy poco frecuente. Es claro, pero recordé una de mis observaciones
probable que esta fuera una medida de autocuidado que decía: «El mirar común entre ciertas cotas
ante el nivel de hacinamiento que existía en las donde se tenía presencia del cerro Aconcagua
viviendas que recorríamos en un sector del cerro en lo lejano». Con esa respuesta se constituyó el
Cárcel, muy estremecedor. Encontrabas muchos aprendizaje de fundamentar una obra.
hombres desempleados, a veces alcoholizados, En esa ocasión, también nos había pedido un
y niños que no asistían al colegio. Una familia curso del espacio (este trabajo de los cubos lo he
de hasta cinco personas podía vivir en una sola tenido siempre presente al momento de concebir
pieza, con el baño en una caseta exterior. Todas una forma en el espacio) que diera cuenta del
las instalaciones eran precarias; lavaban la loza y proyecto. El mío era un volumen conformado
la ropa afuera, donde también se veían pilas de por varios cubos unidos de 10 x 10 centímetros,
objetos y mucho desorden. Eran lugares aislados dejando espacios vacíos. No se sustentaba del
de la ciudad, con poca movilización pública, y todo. Alberto lo recorrió por todos lados y me
algunos pobladores nos reprochaban que fuéramos preguntó si yo lo consideraba aceptable o lo haría
a dibujar su pobreza. Si bien aprendíamos, no era de nuevo. Respondí que estaba bien y que no lo
una tarea fácil de realizar. haría de nuevo. Dicho eso, agregó algo que en ese
En 1961, el taller lo conformábamos alrededor momento no comprendí, aunque más tarde me
de sesenta alumnos, entre los cuales las mujeres hizo sentido: mi respuesta debió ser «sí, lo haría
no alcanzábamos a sumar la sexta parte del total; de nuevo».
de hecho, solo dos nos recibimos de arquitectas.
Mi proyecto fue un conjunto de viviendas Oriana Gómez Meier
agrupadas en semicírculo, con una plazoleta
central comunitaria. Cada unidad tenía cinco casas
pequeñas de un piso, más una mínima mansarda.
Un reducido antejardín las conectaba con el espacio
común. Los semicírculos se repetían subiendo el
cerro entre determinadas cotas. En ese taller nos
hacían poner las medidas en los croquis, y cuando
dibujé el sector desde donde se veía el Aconcagua,
la medida que obtuve contenía el número de casas
con patio que propuse. Más arriba o más abajo de
esas cotas, la referencia visual se modificaba. Lo
mismo pasaba con el ángulo que formaba la curva
del terreno hacia los lados. El día de la entrega y
30 acto&forma 14

Hijo del rigor

C
uando cursaba algún taller de Diseño la comunión en la celebración. Ver su propuesta
Industrial el 2016, recuerdo una especie nos hizo comprender la profundidad con que se
de gran molino que Ricardo Lang construía pueden tomar los encargos: la capacidad de ver
en la Escuela: primero en su sala, junto a la cocina; más allá de lo que se tiene, más allá de lo que se
luego, cuando empezó a tomar su tamaño definitivo pide. Tal como el Quijote, para quien el deseo
con todos sus elementos, se trasladó al Patio de la iba siempre un paso más adelante de lo posible,
Escultura. Era una torre pensada para la VI Bienal nunca pierde el impulso ni la dirección hacia el
de Diseño, que replicada por veinte unidades, ideal que persigue.
buscaba servir dos mil copas a la vez para inaugurar
la muestra. Doyma Henríquez Atlagic
Ricardo se encontraba levantando este molino
junto a sus titulantes de aquel tiempo —una especie
de tribu de Sanchos—, interviniendo y alborotando
el Patio de la Escultura, que se veía atestado de
madera, botellas de vino vacías y copas plásticas.
Al pasar por ahí era inevitable sentir curiosidad por
ese artefacto, y Ricardo siempre estaba dispuesto
a explicar en detalle de qué se trataba el asunto:
hablaba de hallazgos y nuevas soluciones, de la
sutileza con la que debía inclinarse la botella y la
búsqueda de la precisión con la que llegaba el vino
a la copa desde esa canaleta. Todo este sistema
para lograr un gran brindis al unísono, sin que la
complejidad de la obra se revelara en el gesto. Es
decir, en ellos parecía operar un toque de magia.
Con mis compañeros de taller, asombrados por
la hazaña a la que se aventuraba, empezamos a
llamarlo «Hijo del rigor». ¿Quién más podría tener la
sensibilidad para entender la importancia de hacer
un brindis con dos mil copas al mismo tiempo?
Para aquella ocasión, la Bienal tenía como
tema central la emergencia. Ahí uno se encontraba
con un diseño orientado a resolver situaciones
catastróficas, jamás para atender experiencias
celebrativas. Lang tomó la emergencia como
algo que debe ser simultáneo, inmediato y mul-
titudinario, dotándola con el aspecto positivo de
70 años, 70 recuerdos 31

Esos raros formatos nuevos

A
penas entré a trabajar a la escuela en el de humildad. Esto que nos pasaba se parecía mucho
2019, me enamoré de muchos aspectos a un show de televisión, en el que improvisábamos
de su historia, de lugares y personas. Muy juntos un nuevo y raro formato, tratando por todos
rápido se transformó en un ambiente apasionante los medios de no acartonarnos y continuar siendo
donde podía colaborar en comunicar y extender lo nosotros. Solo que ya no éramos los mismos.
que ahí se realizaba, que estaba impregnado de lo En las ganas por salir un poco de las pantallas
que nos acostumbramos a llamar «presencialidad». que nos desgastaron tanto y seguir permaneciendo
En ese contexto, a todos los percibía muy seguros, cerca, junto al equipo de Extensión, liderado por
con desplante, dueños de una trayectoria sólida, a Marcelo Araya, donde estaban Isidora Correa,
prueba de tropiezos. Hasta que el estallido social Eloísa Pizzagalli y Catalina Rosas, nos propusimos
empezó a correr esos velos, descubriendo nuestros conectar desde la voz para acompañarnos en esos
aspectos más profundos. Por primera vez vi una tiempos domésticos residuales. Fue así como nació
horizontalidad real, que nos situaba de igual a igual el podcast de entrevistas Polifonías.
ante la incertidumbre, la conmoción y la reflexión. En pleno encierro, la humanidad afloró desde
En esa serie de remezones, el 2020 llegó a frac- nuevas grietas, y con ello las ganas de construir
turar todo lo que era esencial en la vida de escuela: una escuela que mirara menos al pasado y más
la pizarra y la tiza, las celebraciones, las travesías, al presente.
las conversaciones espontáneas y enriquecedoras
después de alguna charla. Lo que concebíamos de María José Iglesias Sepúlveda
manera colectiva y de cuerpo presente, ya no estaba
más. Pasamos de una intensa convivencia a esos
incómodos y privativos rectángulos individuales,
que a duras penas lográbamos administrar desde
nuestros hogares, en una mezcla de resignación,
tristeza y hastío, con atisbos de optimismo ante
la oportunidad de pensar diferente. Buscábamos
respuestas y ensayamos alternativas más o menos
afortunadas.
Entre los incontables eventos que organizamos
en línea, de pronto y sin querer me transformé
en «la mujer tras bambalinas», asistiendo en
primer plano los momentos previos a «salir al aire»,
donde aparecían los aspectos más frágiles de la
academia consagrada. Quién hubiera pensado que
allí existían también la vergüenza, la inseguridad y
las torpezas, además de la aparición inesperada de
«grandes conductores», con una importante cuota
32 acto&forma 14

Un paseo por el jardín

U
na mañana de 1957 —yo tenía, por aquel términos luminosos y —recelando
entonces, 11 años—, caminábamos por de invidïosa bárbara arboleda
el Jardin des Tuileries y el día despejado interposición, cuando
otorgaba al paseo la gracia del desvío. De improviso de vientos no conjuración alguna—
mi padre me dijo: «Sigue caminando» y se detuvo.
De un bolsillo sacó lápiz y papel. Poco a poco me fui El oído de mi padre desvela un esplendor en
alejando. Durante ese par de minutos había escrito esas dos palabras. Percibe un destello. Poco a poco,
algunos versos. Así el espacio cobijaba una breve a lo largo de los años, «interposición, cuando» se
soledad. Y tal vez su poesía lleve consigo el rigor convierte en horizonte de un ritmo sin rima que
distraído de aquella mañana. Ese trazo invisible no sea ruptura de un cristal en medio del lenguaje.
sin espejo ni figura. El esplendor del pensamiento Abro uno de sus libros y leo en voz alta:
inventa un intervalo. La ocasión de un juego. Cercanía
y lejanía. Recogimiento sin orilla. Inicio del poema si la que canta
y corazón de cada página. Componer, combinar en el rescoldo
una distancia consigo misma. Sin omitir aquello cuida
que dispersa lo posible y lo convierte en sintaxis. vuestra precisión audaz
Y tantas veces conversamos. Ignorando esa hasta el llanto
terraza sin pertenencia donde las palabras, de que no recuerda al borde
paso por las sílabas, se ajustan al acorde del propio del boscaje azul
canto. Contemplando a ciegas la alegría del hallazgo. difundido en los placeres
Pliegue y despliegue. Todo recogido en tiniebla. de ambas rodillas
Todo esparcido en lo visible. Ni lo uno ni lo otro. En y mis…
la evidencia del secreto. Y a viva voz, prescindiendo
del remanso de una tradición. Pienso en la imagen Los puntos suspensivos no sesgan el sentido.
intacta, sin asidero. Mi padre discutía conmigo al Cuidan la delicada intimidad de los vocablos
respecto. Ambos, a media tarde, actores de una cuyo acorde tiembla, se recoge y abre a su propio
obra ya lejana. En juego los vocablos. Infinito desenlace. Y permanece un «boscaje azul». Aquella
matiz de su linde. Y a mayor abundamiento, de lejanía estremece la memoria.
su deslinde. Ambos contemplando un abismo.
De pronto, silencio. El recuerdo repentino de un Godofredo Iommi Amunátegui
verso de Góngora traba su voz. Acusa sus rasgos. Al
borde, lágrimas hiladas al canto, apenas audibles:
«interposición, cuando».
Volvamos a la «Soledad primera»:

Rayos —les dice— ya que no de Leda


trémulos hijos, sed de mi fortuna
70 años, 70 recuerdos 33

El año de la Reforma

E
l 15 de junio de 1967, aproximadamente a y pidió hablar. El presidente de la Federación le
las diez de la mañana, el entonces director negó la palabra, aduciendo que por reglamento
de la Escuela, José Vial, leyó con total los estudiantes tenían el derecho a sesionar con
solemnidad el «Manifiesto del 15 de Junio», frente autonomía de los profesores y autoridades de la
a una asamblea de profesores y alumnos citada en universidad. Godo exclamó: «Negarle la palabra a
forma urgente y extraordinaria. En ella se proclamó: un poeta, es ajusticiarlo en vida», y de inmediato
«Frente al colmo de la antiuniversidad que hoy la asamblea reaccionó coreando «¡que hable!, ¡que
nos ofrece y coacciona, los profesores, maestros y hable!». Tomó la palabra y explicó los alcances
alumnos de esta Facultad de Arquitectura, decidimos del movimiento, llamando a los estudiantes a
jugarnos por entero, con la conciencia serena permanecer unidos con los profesores reformistas:
y cierta, de que nada es más justo, equitativo y «Son ustedes los alumnos quienes perciben el sístole
hermoso que asumir el riesgo que la vocación nos y diástole de lo que les entrega la universidad, y son
impone [...] levantamos nuestra denuncia y damos libres de compromisos e intereses con terceros. A
el paso irrevocable para exigir la reorganización ustedes se les cree, juntos profesores y alumnos
entera de la Universidad en todos sus aspectos». podremos ganar este movimiento, pues ya lo
Profesores y alumnos adhirieron al llamado tenemos ganado espiritualmente».
y desde ese momento se tomaron la Escuela, Como consecuencia de la Reforma nació la
permaneciendo en ella las 24 horas, durante 83 Ciudad Abierta; primero a través del «Voto al
días: viviendo, estudiando y trabajando en el logro Senado», donde se presentaron sus principios (el
del objetivo planteado. Senado no pudo pronunciarse, ya que implicaba un
Ese año marcó un período de inflexión, ya que cambio de vida). Godo pensó algo más radical que
el movimiento trajo cambios radicales. El llamado una reforma: percibió que los días de permanencia
de la Escuela se extendió a todas las facultades en la Escuela habían generado un cambio interno
y escuelas de la universidad, y posteriormente entre profesores y alumnos, y en 1968 propuso
a todas las universidades del país. En mayo de la bottega, a la manera del Renacimiento en la
1968, en París, la juventud convocó también a un relación de maestro y discípulo, construyendo
cambio radical, que afectaba a toda la sociedad. una obra para aprender el oficio y ganarse la vida,
Godofredo Iommi redactó el manifiesto la noche trabajando y estudiando.
anterior, un manifiesto poético, un movimiento En 1970, invitó a fundar la Ciudad Abierta
concitado de manera poética. Godo, iluminado como reclamo de Amereida para dar cabida a la
por su oficio, era asimismo un estratega que supo posibilidad del habitar poéticamente: Godofredo
guiar a la Escuela en los difíciles episodios de esa Iommi Marini, poeta de utopías, supo hacerlas
lucha. Su primera acción fue llamar al Vaticano e realidad, integrando la Escuela, la Ciudad Abierta,
informarles de la realidad que experimentaba la las Travesías y Amereida.
Universidad y de los pasos que daba la Escuela.
Enseguida concurrió a la primera asamblea de Boris Ivelic Kusanovic
alumnos convocada por la Federación de Estudiantes
34 acto&forma 14

Lienzo de overoles

E
ntre los recuerdos del 2011, aún conservo el se escribirían en los años sucesivos a partir de esa
overol azul. Después de once años sigue en experiencia.
mi clóset, conmigo, al otro lado del mundo, Ese año, que parece tan lejano, vuelve a la luz
donde decidí vivir. de este 2022, junto a tantas otras fechas que han
Una tarde, en medio del caos y la incertidumbre sido atravesadas por la misma costura: el 2006,
desencadenada por la enorme movilización que los pingüinos, el 2019. Hoy busco mi overol entre
se vivía en Chile, los estudiantes de entonces, en la ropa revuelta, esperando ansiosa nuevos hitos
medio del paro, nos reunimos en la sala de primer que sigan escribiendo la historia de la que fui
año de Arquitectura para hacernos cargo de nuestro parte el 2011.
tiempo. Y en un acto de común acuerdo pusimos
nuestros overoles juntos en el piso, a modo de Caterina Forno Ríos
lienzo, y mediante esténciles pintamos sobre la
tela con spray blanco la palabra «Conmuévete»,
rodeada de estorninos. Ese fue nuestro lema.
Los estorninos —nuestras «pájaras salvajes»—
son aves que vuelan juntas, sincronizadas en un
solo organismo, que se comunican en pleno vuelo
para hacerse versátiles e inmunes. Asimismo, el
2011 fue un tiempo para moverse y conmoverse,
para unirse e involucrarse en el movimiento social.
En medio de tanta agitación escuchábamos
con insistencia a las autoridades de gobierno y de
nuestros profesores, decir que el año se perdía fuera
de las salas de clases, del currículum, de los límites
de la educación formal. Para mí, por el contrario,
estuvo cargado de aprendizajes. Vestidos de overol,
con las antiparras puestas, entre lacrimógenas,
sincronizados y versátiles, aprendimos tanto de
nosotros mismos, nuestros valores y puntos de
vista, como de nuestra disciplina. Comprendimos
el rol del diseño en la sociedad y la importancia de
colaborar, discutir y mantener activa una mirada
informada.
Conmovidos e inmersos en el presente, atentos,
marchábamos como una bandada por las calles de
Valparaíso sin saber qué era lo que construíamos.
Ignorábamos aún quién escuchaba o qué capítulos
70 años, 70 recuerdos 35

Dos obras y dos experiencias

L
a primera vez que estuve en la Ciudad Abierta como si fueran a caerse, que le dan un aspecto
fue en el 2012, en una actividad grupal que de cueva al lugar. Almorzar en el casino hacía
todos los años se hacía en el curso de Wren que esos días fueran incomparables. Estar ahí
Strabucchi, profesor del doctorado en Arquitectura me hacía feliz. Y sin saberlo, ya presentía que iba
y Estudios Urbanos de la Universidad Católica de a vivirlos más adelante.
Santiago. Esa vez nos recibió Miguel Eyquem e
hicimos un recorrido que duró todo el día: partimos Igor Fracalossi
en la parte baja de los terrenos y después arriba,
donde aún en compañía de Miguel nos instalamos
a un costado del cementerio, al aire libre, a comer
unos sándwiches.
Después de ese almuerzo tuvimos la suerte de
conocer por dentro la Hospedería de la Puntilla, y
fuimos recibidos por José Ballcels y Quena Aguirre,
los dueños de casa. Cuando entré me sentí como
en otro mundo. José estaba a mi lado, me acuerdo
que era alto. Lo miré y con total desparpajo le dije:
«Aquí yo podría vivir». Se rio y guardó silencio. De
inmediato sentí que había dicho una barbaridad.
Sin embargo, el posible desatino no empañó una
experiencia única: el carácter experimental de estas
obras que estaba conociendo, sintonizaba con una
búsqueda personal que hasta entonces no había
tenido la oportunidad de presenciar en directo.
Ese mismo año visité por primera vez la Escuela
para ver los planos originales de la Casa en Jean
Mermoz, tema que investigaba en el doctorado. En
el archivo, donde estos documentos se conservan,
me recibió Adolfo Espinoza. Trabajamos durante
toda la mañana y a las dos de la tarde, como era
su costumbre, bajamos a almorzar en la cafetería.
Volví cuatro o cinco veces más a lo largo
del 2012 y del 2013. Siempre iba sabiendo que
almorzaría en la cafetería atendido por Mario,
quien me haría un café cortado perfecto ante
esa vista quebrada que se abre al océano Pacífico,
con esas vigas que no dejan ver cómo se tocan,
36 acto&forma 14

Primera Phalène

A
comienzos de 1970, como alumnos de
primer año, estábamos sorprendidos al ver
la belleza y la ventana de posibilidades que
abrían los caligramas de Apollinaire. La dimensión
poética apareció de inmediato en nuestra formación
como arquitectos a través del Taller de América,
impartido una vez a la semana para toda la Escuela
por Alberto, Godo, Claudio y algunas veces se
sumaba Pancho Méndez.
A la segunda o tercera semana de clases, Godo
nos contó el hallazgo poético que logró con la
invención de la Phalène, donde la poesía llega
a la vida y al acontecer: palabra poética y lugar.
Luego suspende la lección y nos invita a realizar
uno de estos actos a la orilla del mar: 120 jóvenes,
sorprendidos por el cambio del curso de la clase,
bajamos en completa confianza a la playa de Recreo.
Había entre nosotros gran expectación antes de
que comenzara el acto porque no sabíamos a qué
íbamos, y en medio del asombro general Godo
se sacó los pantalones y quedó con collants rojas,
ceñidas al cuerpo, convirtiendo la playa en una
escena, y en un despliegue de gran teatralidad,
recita en francés los versos de «El desdichado», de
Nerval: «Je suis le Ténébreux,- le Veuf, - l’Inconsolé…».
La preocupación que teníamos se disipó a
medida que el acto ocurría, y terminó en un tono
de celebración por haber participado en un hecho
inaugural, donde asistir era construir. Después de
esta primera Phalène, realizamos varias otras en la
ciudad con la intervención de los transeúntes. Con
este acto iniciamos la aventura de oír la palabra
poética desde el oficio de la arquitectura.

David Jolly Monge


70 años, 70 recuerdos 37

Peripecias

M
i ingreso a la Escuela coincidió con la en sus respectivos hidrómetros sobre los tableros
gran fiesta conmemorativa de los 20 eran las primeras indicaciones de estas medidas. El
años y una exposición presentada en tablero no era un mueble, sino un lugar en donde
el Museo Nacional de Bellas Artes. se sellaba a mano toda definición creativa: no
Al año siguiente estudiamos diseminados por exagero al decir que allí estaba todo. Hoy equivale
ciudades a las que la red ferroviaria nos permitía a portar un notebook. Y los productos Rotting a
acceder entre Valparaíso y Santiago. El ferrocarril poseer la marca Apple.
fue la vía de evacuación ante los alborotados En 1974, el Curso del Tacto fue un hecho
acontecimientos políticos y sociales que vivía el país. significativo. No solo nos permitía salir a recorrer la
Los sucesos se desenvolvieron de una aterradora ciudad, sino a trepar por las quebradas de Valparaíso
e inesperada manera: golpe de Estado en Chile. en busca de datos de algún tornero o una carpintería
Nos fuimos acostumbrando al «reclutamiento» que tuviese la paciencia para escuchar nuestros
ante los prolongados toques de queda. Los estudios petitorios. (Sana envidia a los apoltronados gráficos
y proyectos se realizaban en la Universidad, en agrupados en sus tableros, que en el segundo piso
pensiones o en la propia casa. Si bien portábamos accedían al taller fotográfico, al set, a la imprenta
un carnet que nos autorizaba a dibujar en la ciudad, offset. La factibilidad de sus obras tenían una
poca validez tenía ese documento si la mirada se distancia más corta). Los materiales tenían aromas,
desviaba de su eje hacia un recinto militar o un densidad, textura, viscosidad, fibras, se componía
retén de carabineros. Circular por las calles como con ellos hilvanando conceptos como la trans-
campo de estudio nos hacía sospechosos. mutabilidad, la plegabilidad, la automatización…
Las largas jornadas de trabajo —incluidas las Eran años de una escuela en plenitud, con todos
extensas noches— eran matizadas por estimulantes sus referentes fundadores y jóvenes entusiastas
y cariñosos saludos de ánimo entregados por esa discípulos. Y no quisiera dejar de nombrar a los que
única radio de trasnoche que nos alentaba por sostuvieron el diseño en sus inicios: Fabio Cruz,
medio de saludos con nombres y apellidos. Era Boris Ivelic, Juan Baixas, Juan Ciorba y Fernando
una ingeniosa manera de mantenernos unidos a Antequera. ¡Ya vendrán otros horribles trabajadores!
pesar del aislamiento que nos había sido impuesto.
Los que nos iniciamos en Diseño de Objetos Ricardo Lang Viacava
desde temprano percibimos el rigor. Las exposi-
ciones finales en período de examen con láminas
de gran formato dibujadas y escritas a mano, los
modelos y los prototipos, todo se veía como un
logro inalcanzable. Aun así, ese futuro apabullante
nos causaba admiración y entusiasmo.
El milímetro fue una medida «holgada» y
no tardamos mucho en hablar de décimas de
milímetros. Las lapiceras rapidograf ordenadas
38 acto&forma 14

Amanecer en Cerro Cenicero

U
na noche de octubre de 1986, el brillo y subimos por una pared de roca desmembrada,
de la luna llena resplandecía como un al borde de un acantilado abrupto con forma de
relámpago sobre la nieve acumulada en las cráter que se curvaba en el fondo hasta llegar a
faldas del cordón del Cerro Cenicero, en los llanos una laguna. Después de cuatro horas de escalada,
de Curimahuida, a 3.100 metros de altura, el punto azotados por el viento, llegamos a una diminuta
geográfico donde la cordillera de los Andes está terraza donde apenas había espacio para colocar
más próxima al océano Pacífico. Hacía una semana nuestros sacos y cobijarnos de las ráfagas de aire
que —después de dos días de dura caminata desde frío. Nos encajamos en un pequeño hueco metidos
Valle Hermoso— 46 alumnos junto a 5 profesores, en los sacos de dormir, y con estos dentro de las
habíamos instalado un campamento aledaño a mochilas para proteger un poco los pies a modo
un refugio de arrieros denominado Victorio: una de vivac. Finalmente, nos apuntalamos con algunas
madriguera de piedra y barro, sin ventanas ni piedras y disfrutamos del aguardiente y del queso.
orientación que, como decía Fabio Cruz, era fruto No recuerdo si dormí o imaginé que dormía. Al salir
de la supervivencia. Durante esa semana, con el el sol, nuestra recompensa fue contemplar la sublime
campamento desplegado, trabajamos arduamente sombra que señalaba a lo lejos el campamento
en la construcción de la obra de travesía en una suave y la obra en un vacío inconmensurable. Hicimos
meseta aledaña: un atrio, conformado por un muro unos dibujos y bajamos usando nuestras mochilas
segmentado de 70 metros de largo que remataba en como trineos para deslizarnos por un planchón de
dos estancias a cielo abierto, construido —bajo un nieve. El vértigo de la bajada impidió visualizar la
sol despiadado— con las piedras del lugar a modo irrazonable y peligrosa decisión que habíamos
de pircas, y su traslado podía significar una tarde tomado, desviándonos dos o tres kilómetros del
entera de trabajo colectivo. Aquella noche me tocó camino de regreso. Después de casi 14 horas,
cocinar con Del Pino y Monteverde: preparamos logramos regresar al campamento. Algunos
unas pizzas a la piedra. Fue una cena fantástica, una compañeros habían cubierto nuestra ausencia
celebración impensada para un momento así. En —pues nos tocaba hacer el desayuno— y otros,
medio de la efervescencia, en un acto inconsulto preocupados con toda razón, salieron en nuestra
y subversivo, con Del Pino decidimos ir a ver el búsqueda, pero nos cruzamos sin encontrarnos.
amanecer a una de las cimas altas del cordón, a Esta reflexión diacrónica, que se edifica en
unos seis kilómetros del campamento. Metimos el presente, es quizá una donación espiritual de
nuestros sacos en unas viejas mochilas con armazón aquellas primeras travesías, en las cuales para
de aluminio, tomamos un trozo de queso de la enfrentar lo «absolutamente moderno», era
bodega y sacamos una botella de aguardiente de necesario poner «el cuerpo en juego».
nuestra carpa, el bar del campamento como la había
tildado Fabio. Durante dos horas caminamos sobre Claudio Leiva Araos
una explanada de nieve: tuvimos que sacarnos los
gorros para escuchar nuestro andar y no pisar en
falso. Avanzamos por el dorso de una larga ladera
70 años, 70 recuerdos 39

Escuela San Enrique

D
espués de superar el famoso plan común Estos recuerdos vividos en San Enrique confi-
de primer año, instalados en nuestra guran lo que para mí fue la experiencia de Escuela,
primera casa en Valparaíso, en la calle que se extendió más allá de las aulas, del estudio,
San Enrique, con Guido y Rodrigo decidimos de aquella fiesta y del período universitario. Ese
inaugurar esta nueva etapa con una fiesta para año conocí a muchos de mis mejores amigos y
toda la escuela. La preparación del evento resultó descubrí mi pasión por el arte y el oficio.
casi sin planificarlo, y ese día fueron llegando
equipos de amplificación y lo necesario para Pedro Lomboy Castillo
hacer un festejo inolvidable.
La concurrencia resultó tan masiva que recuerdo
haber visto no solo la casa repleta, sino que toda la
cuadra de esquina a esquina, y haber compartido
con compañeros desde primer año a titulación.
Había varios DJ, cada uno con un estilo diferente
de música buscando encender el ambiente. Sin
embargo, al final la fiesta terminó súbitamente por
«ruidos molestos» como era de esperarse, pero esa
noche quedó para siempre en nuestra memoria.
Ahí fue donde conocimos a Nico «Bigotes»,
compañero de aulas y vecino, que trabajaba en su
proyecto de título a un par de casas de la nuestra,
y aunque apenas cursábamos segundo año de
Arquitectura, nos invitó a colaborar. Así, en 1997,
pasamos largas veladas después de clases ayudando
en la maqueta que era una propuesta para todo el
eje de avenida Francia, una intervención a escala
urbanística que a mí me volaba la cabeza. Tan
interesante como la propuesta era la técnica aplicada
al proyecto que no solo contaba con materiales
sorprendentes como placas de aluminio, cemento
dental y un aerógrafo, sino que también era asistido
por un computador con un pionero Autocad14.
El grupo humano que desinteresadamente
se juntaba en las noches a trabajar en esa tarea
completaba la fórmula, extendiendo el taller a
estos espacios domésticos donde se combinaba
vida, trabajo y estudio.
40 acto&forma 14

Cazando mariposas

E
ntre innumerables conversaciones sostenidas otros, logramos coordinar artículos, proyectos,
en la deshabitada casa de calle Latorre, alguna que otra postulación, y sobre todo mantener
llegábamos a la conclusión de que nuestra conversaciones que dieron forma a más de un
práctica como coordinadores de investigación se escrito en el tiempo. Esas eran nuestras «redes»
acercaba más a la etnografía: de a poco ensayábamos para atrapar la creatividad que se escurría en
un método que nos permitiera entender la conceptos como «el vacío», «la expansión», «el
observación y tantas palabras nuevas —o que elogio» y en formas inhabituales de la poesía;
era necesario volver a definir—, los actos y todo el aunque más que una cacería, eran momentos de
sentido simbólico de la Escuela que al comienzo diálogo y cocreación.
se nos presentaba en estado brumoso. Tardamos El 18 de enero de 2019, habiendo cerrado la
varios años en concebir una visión más amplia de difusión del proyecto Fondart de Ricardo Lang, se
cómo se daban la creación y la investigación en hizo una reunión final para hablar de cosas generales
ese contexto. y de pronto, sin aviso previo, David Luza dedicó
Así nos transformamos en intérpretes de unas palabras de despedida para Adriana que
una cultura singular para traducirla a un lenguaje partía a Brasil a hacer sus estudios de doctorado.
de investigación y comunicación académica, El reconocimiento, muy emotivo, por tratarse
estableciendo diversos códigos al modo de un del último momento vivido colectivamente, se
experimentado etnometodólogo, que reserva coronó con un almuerzo en el Patio de la Palmera.
con cautela sus anotaciones de campo. «Vamos a Una mesa diseñada en la que compartimos y
cazar mariposas», era la señal que acordamos para brindamos el cierre de una etapa donde aprendimos
impulsarnos a salir de la oficina hacia la casa de a transitar entre dos planetas que de lejos parecían
calle Matta, en busca de pistas que nos permitieran enfrentados: investigación y creación.
llevar adelante nuestra tarea. Nos hicimos conocidos
como la dupla Adriana & Félix, una fórmula que Adriana Marín y Félix González
medio en broma, hacía de nuestros nombres una
especie de marca.
Entre pasillos y escaleras, intentábamos pillar
a las resbaladizas «mariposas» (profesores de
Arquitectura y Diseño), mientras se entretejían
silenciosas redes. No era fácil transportar dimen-
siones de un mundo a otro, considerando que el
trabajo en la Escuela se conduce por sus propias
leyes, impregnadas de rigor, pero con mucha soltura
creativa, y persuadirlos de encauzar ese desarrollo
artístico a resultados pragmáticos, a veces áridos,
podía sonar poco atractivo. Algunos, demasiado
etéreos, resultaron imposibles de convencer. Con
70 años, 70 recuerdos 41

Interdisciplina con Alberto Cruz

E
n aquel tiempo, la Escuela destinaba las evidente, y de pronto concluyó. Bajó del escaño,
mañanas de un semestre al estudio de me pasó la tiza, y mientras me levantaba tratando
Matemáticas. Los profesores arquitectos de mantener una idea clara de lo que había dicho,
asistían a los ramos de esta asignatura según sus Godo, que estaba a mi lado, me entregó un papel
talleres. Los jueves a mediodía había una clase de media página escrito por ambas caras con
general para toda la Escuela en el Globo, el aula comentarios y fórmulas matemáticas, y me señala:
más grande de entonces. Todos los profesores «Habla de esto también».
nos sentábamos en la primera fila de esa sala y Este relato no se trata de mi supervivencia (de
tras la clase, los matemáticos nos juntábamos hecho, seguimos un largo trecho trabajando de
con Alberto Cruz, Miguel Eyquem, Isabel Margarita esa manera). Lo verdaderamente interesante es
Reyes y algún otro de la Escuela para planear la que muestra cómo era trabajar con Alberto (con
próxima lección. La reunión era variada, siempre Godo nos veíamos menos) para un externo a la
interesante y muy exigente; nos íbamos contentos, Escuela. Él decía con toda honradez que no sabía
agradecidos… y exhaustos. Matemáticas, pero nunca pude estar de acuerdo
En las clases globales, mientras el resto se con su apreciación.
acomodaba, Alberto dividía con tiza la pizarra en dos En una época anterior, nos reuníamos semanal-
mitades (de unos cinco metros cada una) y escribía mente Alberto, Isabel Margarita y yo, para hablar
«Matemáticas» a la izquierda y «Arquitectura» de nuestra materia. Cuando era mi turno, Alberto
a la derecha, y se paseaba entre ambas mitades hacía unos trazos misteriosos —nunca una palabra
hasta que de pronto se detenía diciendo «¡ya!», y o un número— en su cuaderno, usando cuatro o
de inmediato la audiencia se aquietaba y guardaba cinco lápices de pasta de diferentes colores; él no
silencio. A continuación, los matemáticos —y en hacía muchos comentarios y yo no estaba muy
ocasiones algunos alumnos— reseñábamos el seguro de que me escuchara. Sin embargo, un día
avance semanal en nuestro lado, resumiéndolo en que preparábamos la clase del Globo, en 1995,
bajo una perspectiva homogénea, a lo que luego mientras yo hablaba me interrumpió: «Pero tú la
Alberto hacía un comentario arquitectónico ad otra vez me dijiste otra cosa». Tenía razón, yo me
hoc. Con el tiempo, me encargaba yo de la pizarra acordaba (había una pequeña y sutil diferencia):
matemática y Alberto la comentaba. aquella otra vez había ocurrido dos años antes.
Ese día, tras el «¡ya!», me levanté a hacer la Una vez fue al Instituto de Matemáticas a decir
exposición, pero Alberto me detuvo y dijo: «Voy a que los estudiantes de Arquitectura y Diseño debían
hablar yo primero, tú después comentas». Me senté saber para qué servía derivar, y para qué servía
entonces a escuchar su disertación arquitectónica, integrar, sin saber derivar ni integrar. Entonces
procurando identificar los puntos acerca de los pareció escandaloso; hoy muchos entendidos le
cuales habíamos hablado la semana anterior, pero darían la razón. Fue un adelantado.
como era natural, él los había tomado y llevado en
distintas direcciones, a otras alturas. Yo intentaba Arturo Mena Lorca
adivinar hacia dónde se dirigía, pero no parecía
42 acto&forma 14

Tabla de mareas

E
l 10 de noviembre del 2014 llegamos a entre estudiantes y profesores de Arquitectura
Paildad, un caserío engañoso de Chiloé. y Diseño. Seguro ellos sí nos vieron.
La imponente torre de la iglesia que se En la orilla del fiordo todo tenía que ver con el
anunciaba desde el camino era una de las pocas barro: los botes, las vacas, hasta nosotros estábamos
construcciones del lugar junto a una escuela primaria empantanados. ¿Por qué? ¡La marea! Para un visitante
y un cementerio coloreado por flores plásticas y la marea de la que hablan es algo complicado de
cintos decorativos, pero no había ninguna casa. calcular y más aún de entender.
La travesía era en lo que llaman el Chiloé El último día, en esa orilla y junto a la comunidad,
profundo, o sea, en el territorio interior de la isla nos contaban que la noche anterior esa marea se
que en teoría está lejos del progreso y del turismo. había llevado a uno de ellos. Así la celebración en
Solo en teoría, porque a unos cien metros de Paildad torno al fuego, el curanto y la obra que habíamos
se yerguía un moderno lodge, que tenía salida realizado como grupo de travesía, fue también
directa al estero. Además, el camino de ripio, que una despedida al difunto.
superaba los 40 kilómetros y nos permitía ir desde
Chonchi a Paildad, era el eje motor de una masiva Álvaro Mercado Jara
proliferación de parcelas de agrado y salmoneras.
Por último, ocurrió un hecho demasiado curioso
para un lugar tan minúsculo y remoto como este:
nos encontramos con un viejo conocido, Jaime
Márquez, exprofesor de Física que decidió vivir
aquí escapando de la ciudad. Pero, ¿estábamos
realmente en Chiloé profundo?
A pesar de estas conexiones, en Paildad
estuvimos casi solos, no vimos turistas ni recintos
industriales, ni el famoso camino. Nadie vive
allí. Las pocas personas que llegaban a diario
al caserío desde distintos puntos del fiordo
lo hacían en botes, que a primera hora de la
mañana atracaban provistos de un puñado de
niños que iban a la escuela y al mediodía, y en
un segundo turno, transportaban señoras que
se reunían en la sede social o iban a misa. Los
chilotes nos decían que los niños que asistían a
la escuelita eran quince, pero no pudimos contar
más de diez. Es probable que esos cuerpos
pequeños se perdieran en la masa que éramos
nosotros, los extranjeros: sobre cien personas
70 años, 70 recuerdos 43

Experiencias y arquitecturas

D
espués de más de cinco cursos visitando la noticia de la pérdida de cinco hermanos que
la Escuela, no podía imaginar que el estaban en Marruecos. Entonces afirmó: «Ahora
2018 me depararía la vivencia de tantas puedo decir con seguridad que tengo cinco frailes
experiencias inolvidables y el encuentro con menores». Para él, en ese instante cobró sentido
arquitecturas que jamás saldrían del corazón. el proyecto franciscano, con sus sueños y sus
Ese año era el último para mí como investigador esfuerzos por alcanzarlos.
posdoctoral, gracias a un proyecto Fondecyt que Recuerdo, y literalmente vuelvo a pasar por
habían tutelado dos buenos amigos: la profesora el corazón, la imagen de una escuela activa, llena
Ximena Urbina y el profesor Mauricio Puentes. de ideas dibujadas, escritas o contadas. Recuerdo
Ambos se emplearon a fondo para conseguir esa el 2018 como un año de cantina, de sobremesas
beca, que me dio la oportunidad de adentrarme extensas y extensivas en temas y personas, de
en las arquitecturas imposibles de los acantilados trabajo en el archivo como un lugar de encuentro
de Valparaíso. En los años anteriores ya había con las arquitecturas que custodia, y de proyectos
descubierto una escuela sin límites y a una gran surgidos a partir de un tiempo compartido. Por
familia detrás de ella, pero este curso sería sin ello, recordar este año y los vividos en la Escuela
lugar a dudas diferente. son un ejercicio agradecido.
A mi llegada en junio, la Escuela estaba inserta
en la actividad cotidiana del curso académico, con Pablo Millán Millán
diversidad de proyectos, como el comienzo de la
estructura del nuevo edificio o la construcción de
una «caja negra» que ejecutaba Miguel Eyquem.
Mi actividad investigadora avanzaba tranquila, con
el Pacífico como telón de fondo y siendo fiel a la
cita de los miércoles en el Taller de Amereida. Pero
esta calma acabaría con brusquedad por el hecho
que personalmente más me marcó aquel año: la
pérdida del profesor Mauricio Puentes Riffo. Nos
habíamos visto el verano anterior en Sevilla y en
Sevilla quedaría escrito nuestro último encuentro.
A partir de este acontecimiento todo encajó
de otra manera. Deambular por la Ciudad Abierta
tendría a partir de ahí una nueva dimensión, como
un lugar de encuentro y despedida. Hay un pasaje de
la vida de San Francisco que me vino con insistencia
a la cabeza desde ese día en relación a aquel
lugar. El Poverello de Asís iba de camino a Roma
con algunos de sus compañeros cuando recibió
44 acto&forma 14

Aparecer desde lo invisible

Diseño y diagramación: Claudio Girola I., Teresa Montero muy limitado de caracteres en metal que hubo que
Composición IBM: J. Berta Muñoz M. combinar y deshacer para componer cada página
Impresión: Héctor Olivares G., Adolfo Espinoza B. sucesivamente. No recuerdo cuántos ejemplares
Taller de Investigaciones Gráficas de la Escuela de se hicieron, y supongo que no más de veinte.
Arquitectura UCV, Agosto 1981. Años más tarde, en mayo de 2001, cuando

L
se hizo el homenaje a Godo en la Ciudad Abierta,
os datos anteriores son una transcripción a partir de esta experiencia de creación propuse
literal del colofón que cierra el Tratado de obsequiar a los asistentes un grabado que retomara
la Santa Hermandad Orquídea, una de las el concepto «lo discreto dentro de lo continuo»
ediciones que conservo de mi paso por el Taller (algo que Godo dijo sobre su poesía para referirse
de Investigaciones Gráficas. Este libro de poemas, al uso de los blancos). El grabado en cuño deja
hasta entonces inéditos, fue muy significativo para aparecer un fragmento de dibujo en tinta, y al
Godo. El texto está dedicado a sus amigos poetas y frente el texto caligrafiado de Godo: «(El poema
compañeros de travesía: Efraín Bo, Gerardo Mello es apenas una nota de un texto indescifrable).
Mourao, Juan Raúl Young, Napoleón Lopes Filho, Con afecto, Godo».
Abdias do Nascimento y Francisco Coelho. No recuerdo dónde encontramos este pequeño
En 1981, en el segundo piso de la casa de manuscrito que hace referencia al modo cómo
calle Matta, trabajábamos varios en el Taller de aparece el poema en esta edición. Los grabados
Investigaciones Gráficas. Bertita tipeaba los textos se imprimieron en mil ejemplares, entre mi taller
en la flamante IBM, Adolfo y Héctor imprimían, y y el taller de grabado de la Escuela a cargo de
Claudio Girola junto a Godo hacían que surgieran Alejandro Garretón.
las publicaciones. Yo estaba titulada y trabajaba Reflexionando acerca de todo esto, me doy
con ellos en el Taller de Diseño Gráfico y en las cuenta de que ese aparecer desde lo invisible
ediciones. ha sustentado mi trabajo a lo largo de cuarenta
El Tratado… se pensó como las notas que años. Ese tiempo de trabajo común con Claudio y
emergen desde un texto ilegible, la parte visible Godo, en esa pequeña oficina, es lo más fecundo
de un texto mayor. Se discutía en la mesa de que me ha sucedido.
la sala, con pequeñas maquetas de papel, con
ligereza y buen humor. El hecho de que haya una Teresa Montero Bellalta
H tachada en la portada es parte de esas pruebas
y mi error de ortografía dejado por Godo como
parte del juego. El título, la portadilla y los textos
interiores se mandaron a imprimir en serigrafía,
después de caligrafiar en transparencia y pegar los
textos tipeados por Bertita. El texto en cuño seco
se imprimió en un rodón de pruebas que estaba
en la imprenta, que yo compuse con un número
70 años, 70 recuerdos 45

Que nada cambie para que se produzca el cambio

U
nos veinte estudiantes de arquitectura frente a alguien y le dijo: «Y tú, ¿qué quieres hacer?».
que cursábamos el Taller de Título dirigido No recuerdo con precisión la respuesta, pero pudo
por Alberto Cruz, solíamos reunirnos en ser «una casa» o «un parque», algo que calzara
una sala ubicada en el estrecho pasillo exterior con nuestra idea de lo que debía ser un proyecto
que conducía hasta la antigua sala de primer año. de este tipo. «Muy bien, haz una lámina sobre
Nuestro trabajo se desenvolvía a partir de una eso». Esta respuesta inesperada —que me pareció
reflexión ofrecida por Alberto sobre distintos superangustiante por insistir en lo que veníamos
asuntos que traía al taller. En ocasiones llegaba a la haciendo— contenía la lección.
sala y se ponía a escribir en silencio en unas pizarras Aunque mantuvimos la misma rutina, cargada
que cubrían uno de los muros para luego, con el de preguntas e hipótesis, empezamos a sentir que
mismo sigilo, retirarse. Otras veces, al modo de una de a poco nos íbamos apropiando de algo que se
clase, nos hablaba sobre un tema que podía estar volvía cada vez más personal y profundo, porque
relacionado con el avance de nuestros trabajos. desencadenar esas propuestas conceptuales exigía
Lo que cada uno desarrollaba era personal y tenía aún más rigor. De algún modo nos parecía estar
un carácter esencialmente reflexivo, vinculado haciendo un aporte teórico a la arquitectura. Eso
a estas exposiciones. A partir de observaciones nos reconfortaba y valía el esfuerzo.
basadas en sus conceptos, debíamos escribir a El resultado fue un conjunto de carpetas
diario al menos una lámina en papel diamante, con individuales que daban cuenta de distintas teorías
tinta y a mano alzada, calcando textos tipeados a sobre el espacio del habitar, sobre la ciudad y el
máquina e insertando los croquis correspondientes. territorio, presentadas a la manera en que nos
Era una diagramación libre dentro de un formato habíamos formado: mediante escritos y dibujos que
establecido: un cuarto de pliego de papel hilado. podían entenderse en perfecta unidad. Recuerdo
Después de varios meses entregados a esta que nos leíamos unos a otros con el mayor interés.
rutina, durante 1978 el grupo empezó a inquietarse Fue un gran final.
y a sostener conversaciones sobre la incertidumbre
que este método nos despertaba. No sabíamos Patricio Morgado Uribe
hacia dónde íbamos y echábamos de menos la
posibilidad de abordar un proyecto de título tal
como lo habíamos visto hacer en años anteriores.
Aunque cada uno contaba con una gran cantidad
de escritos en láminas que eran hermosas, hechas
con gran oficio, no lográbamos comprender su
propósito. Teníamos ganas de rebelarnos, de que las
cosas cambiaran. Entonces nos armamos de valor
y uno de nosotros hizo de vocero para plantearle
a Alberto la inquietud general. Mientras escuchaba
no dejaba de pasearse, hasta que al fin se detuvo
46 acto&forma 14

Cortejo barroco

D
urante muchos años, como coordinador Ese día estábamos con Manuel desde temprano
del curso de Cultura del Cuerpo, me en la cancha organizando los detalles del juego
tocó trabajar con el arquitecto Manuel cuando de pronto escuchamos unas sirenas de
Casanueva en la invención y producción de los coches policiales y al instante aparecieron dos
famosos torneos. Recuerdo uno en particular, que furgones de carabineros. Me adelanté a la situación
me interesa de manera especial por el impacto como interlocutor para evitar un posible conflicto.
que tuvo en la época en que se hizo: el «Cortejo Como hijo de un oficial de carabineros, conocía los
barroco» —que después fue renombrado por grados y el modo de tratar con ellos. La entrada
Manuel como «Giro y realce de triple cortejo sobre del teniente fue bastante ruda, no entendía lo que
volutas»—, realizado por la Escuela en 1975, en pasaba y menos por qué los jóvenes portaban
una cancha de tierra que pertenecía a la refinería banderolas rojas. Le conté que se trataba de una
de azúcar de Viña del Mar (Crav), ubicada en la actividad académica y lo invité a que a las diez de
calle 7 Norte, en una zona central de la ciudad. la mañana volviera a presenciar el acto. Me miró
El juego se basaba en el equilibrio y la sincronía desconfiado, pero aceptó mi oferta. A las diez en
de caminar sobre zancos, un desafío bastante punto estaba de vuelta escoltado por los mismos
complicado, porque aquellos medían dos metros radiopatrullas y se instaló en la gradería en calidad
cuarenta de altura y elevaban el cuerpo unos sesenta de espectador, y para nuestra sorpresa terminó
centímetros arriba del suelo. Los aparatos tenían encantado con el espectáculo.
una especie de marco hecho de tela con los colores Siempre que paso por esa zona donde ahora
primarios: azul, rojo y amarillo, y en la superficie hay un supermercado, me acuerdo de ese día y,
de la cancha se trazaron unos dibujos con tiza en por supuesto, de Manuel, y de todas las aventuras
forma de espiral por donde los jugadores debían que compartimos en torno a los torneos. Éramos
transitar siguiendo las curvas, sin salirse de la línea bien antagónicos: él era muy osado y yo velaba
ni caerse. Todo era acompañado de una banda con por la seguridad de los alumnos, y esas diferencias
bombo que marcaba el ritmo. fueron siempre mediadas por Fabio Cruz.
Era un evento raro que a simple vista, dado
el contexto político que se vivía en Chile, podía Carlos Navarrete Anguita
tomarse fácilmente por una provocación o al
menos considerarse una actividad sospechosa.
El torneo estaba fijado para un miércoles a
las diez de la mañana, pero a eso de las nueve
empezaron a llegar los participantes con sus
zancos y telas de colores. Era complicado trasladar
esos implementos por el tamaño que tenían. La
mayoría de los estudiantes circularon por las
calles llevándolos al hombro, porque no cabían
en las micros y eran pocos los que contaban con
un medio de transporte propio.
70 años, 70 recuerdos 47

Lo isolado

S
i retorno al 2009, se me aparece el suelo se vuelve rocoso y la predominancia de arena
concepto de «lo isolado», tomado del constituye su borde.
poema «De noche perpendicular», de Con una densidad de cuerpos habitamos el lado
Manuel Sanfuentes, que dio nombre a la primera oeste de la isla, su sector más alejado y despoblado,
obra colectiva que construimos durante el primer cerrado en sí mismo para dar espacio a la obra,
trimestre del taller de cuarto año de Arquitectura, nombrada también como Pabellón Isolado. A
dirigido por Isabel Margarita Reyes, Erick Caro y diferencia del pabellón de Ciudad Abierta, cuya
Cristóbal Hughes: el Pabellón Isolado, a un costado geometría y forma estuvo regida por una relación
de la Plaza de las Torres del Agua en la Ciudad directa y de arraigo con el suelo, la arena y unas vigas
Abierta —ambas construcciones, el pabellón y las de fundación existentes, este segundo pabellón
torres, inexistentes en la actualidad. buscaba elevarse del suelo para ir al encuentro
Esta palabra fue resonante en el devenir del de la contemplación del horizonte en plenitud
taller, en su sentido de lo aislado, apartado, a solas; y de forma simultánea, para percibir la altitud
del francés isolé y este del latín insulatus: aislado presente en la morfología del lugar. Esto le trajo
en una isla (de ínsula). La condición propia de lo una dimensión de continentalidad a la bahía, en
aislado es lo que nos señaló el punto de partida donde todo es amplitud.
de la travesía de ese año, donde junto al taller de Nueve años después, me topé con una persona
primer año de diseño nos dirigimos a la Isla Mocha, vinculada a mi infancia, originaria de Isla Mocha,
constituyendo un gran cuerpo que se trasladó en que había viajado durante el verano de ese año
bus desde la Escuela a Tirúa, y luego en una serie a la isla, y me contó que el Pabellón Isolado se
de viajes en aviones livianos desde el aeródromo mantenía en pie, abierto a la extensión del mar
de Tirúa hasta el de la isla, distante a 36 kilómetros Pacífico.
del continente. Dado el riesgo que implica cruzar
de un punto al otro, los pilotos del Club Aéreo Paula Olmedo Latoja
de Angol calculan un triángulo imaginario con el
vértice superior en la mitad del recorrido desde
donde es posible tomar la decisión de volver al
punto de origen o llegada en caso de producirse
alguna falla.
El piloto a cargo de nuestro transporte, violando
la ley que se habían impuesto, volaba a ras de mar
para ahorrar combustible, haciendo de cada viaje
una experiencia alarmante. Desde aquel vuelo, la
isla se nos presentó como un frondoso espesor
de bosque concentrado en el interior —donde se
ubica la Laguna Hermosa, el punto más retirado—,
que se va desvaneciendo hacia la orilla donde el
48 acto&forma 14

De Picasso a Paillaco

E
n 1991, llegué a la Escuela sin saber muy bien y me preguntó cómo era Paillaco, y le respondí
porqué: no sabía dibujar y mis intereses en que las casas allá tenían forma de lluvia. ¿Cómo es
esa época eran muy variados, ya que quería eso de «con forma de lluvia»? Para recibir la lluvia
ser muchas cosas. En esos años para poder entrar constante, contesté. En ese momento no sabía
había que pasar por un examen bastante singular: explicarlo, pero me vi pasando de un tema a otro
aparte del puntaje correspondiente a la Prueba de con toda soltura, desde el moho que se forma en
Aptitud Académica, era necesario dar un examen la madera, a las calles sin pavimentar. Volví a pasar
de dibujo que se tomaba en verano, en un liceo de la prueba y quedé en la Escuela con el puntaje
Valparaíso, cerca de la Casa Central. Dos semanas mínimo, fui casi el último alumno de la lista.
antes del evento me preparé con una profesora Después eso de no entender se volvió una
de artes plásticas para aprender a tirar algunas constante; la sensación de estar siempre en el limbo.
líneas que no fueran garabatos. De hecho, en la primera clase que tuve con Claudio
El día del examen, la presión consistía en que Girola en el Taller de América (su labio leporino
de los casi 900 postulantes que se presentaron, aumentaba la dificultad de entendimiento), se
solo 300 pasarían a la etapa siguiente. Ahí estaba convirtió en un gran misterio para mí, el cual se
yo, y me parecía estar rodeado de gente que dilucidó poco a poco a medida que me acostumbré
dibujaba de manera extraordinaria, aplicando a su voz. Esas clases eran memorables, que Claudio
distintas técnicas, haciendo ver todavía más feos preparaba con sumo cuidado, con hojas escritas
mis pobres dibujos, que parecían hechos por un a máquina y ordenadas en unas carpetas muy
cabro chico. Pensé que no habría forma de quedar elegantes, que nos entregaba como pauta. Creo
seleccionado, pero entonces alguien nos dijo que que todavía las conservo en algún lado.
teníamos que «ver más allá de lo que estábamos Luego de casi 25 años que egresé de la Escuela,
dibujando», y se me ocurrió anotar al margen de ese «no entender» permanece intacto como
la hoja algo que relacionaba el dibujo a otra cosa, perplejidad o asombro ante el mundo. Y como un
y lo entregué sin ninguna esperanza. Cuando fui desafío que va desde el «no saber» al «saber», sin
a ver la lista de seleccionados —con el pasaje ser este un propósito en sí mismo. Casi un método,
para volver a mi casa en el sur en el bolsillo—, donde la poesía encuentra tierra fértil en el proceso
mi nombre aparecía en la nómina: ¡no lo podía que se aborda desde cada oficio.
creer! Y los tipos que dibujaban extraordinario
no habían quedado... Pedro Palma Casanova
Al día siguiente me tocó pasar por la segunda
y no menos intimidante parte de la prueba: la
entrevista personal ante una comisión formada por
Sylvia Arriagada, Manuel Casanueva y Alberto Cruz.
Estaba muy nervioso. Me preguntaron si conocía
algún arquitecto y les dije que no, a ningún artista,
con suerte a Picasso. Entonces Alberto dio un giro
70 años, 70 recuerdos 49

Primer croquis

E
lijo el año 1958 cuando ingresé a la carrera Y lo maravilloso era como de toda esa nebulosa
de Arquitectura porque fue un momento se visibilizaban alternativas, una idea central, un
importante de apertura hacia un proceso proyecto —un edificio escalonado donde el
creativo que se manifestó en mi interior. departamento con desniveles era algo así como
La Escuela en esos días era un mundo aparte una plaza en el interior—, fue lo mío. «Se crea una
dentro de las diferentes facultades de la Universidad nueva manera de vivir», se dijo cuando se lo evaluó.
Católica. Así se la veía, se hablaba de sus profesores,
de las rarezas de algunos alumnos, de anécdotas Nevenka Paravic Raic
diversas y también se cuestionaba su enseñanza,
la que tenía detractores y defensores. Las primeras
tareas eran salidas a la ciudad a recoger todo tipo
de imágenes a través de croquis, y estos eran
muchísimos con las observaciones que surgieran
del momento.
Recuerdo el primer croquis (o «la página en
blanco» del escritor), sentada en la ladera de
un cerro: resultaba agobiante que un dibujo al
que no estaba habituada fuera la forma ante lo
desconocido, llegaba incluso a pensar que cometí
un error en la carrera elegida.
Y de un primer dibujo, luego volví a hacer
el segundo, y seguí haciéndolos a medida que
iba surgiendo una comunicación con el lugar: la
calle y yo éramos el exterior, algo se abría con una
cierta plasticidad con la que se podía trabajar, una
relación estrecha con el entorno donde surgían
percepciones e ideas.
Si pudiera decirse se «habita» metafísicamente,
¿se podría hablar de inspiración o de musas? Son
reflexiones que vienen a la mente cuando se trata
de mostrar esta forma de mirar lo que nos rodea
con otros ojos. Y algo así habrá ocurrido con cada
uno de los que comenzábamos a enfrentar esta
experiencia de ver, y lo importante que es traer
la ciudad de tan diferentes maneras a los talleres
y envolverse de una «atmósfera», de un ámbito
de trabajo, donde uno está al tanto de la obra de
los demás.
50 acto&forma 14

Un taller improbable

N
o es usual que los pizarrones sean puertas. la Mary. Pocas personas poseen un entendimiento
Como metáfora podemos decir que son tan sutil y profundo de las cosas. Había una intensa
puertas al aprendizaje y que intervenir ese levedad en su trabajo, una búsqueda más allá de
espacio es una manera de invitar a otros a nuevos lo aparente y superfluo.
modos de ver y relacionar, pero, ¿literalmente una Desde mi paso por la Escuela y con más fuerza
puerta? No, no es usual. luego de esa experiencia, mi práctica artística y
El pizarrón de la sala que correspondía al taller profesional ha estado ligada al grabado, al papel,
de segundo año de Diseño, era eso: una puerta. a las páginas y a los libros. Me interesa diseñar y
Desde el borde izquierdo se deslizaba hacia un lado, crear libros que sean como ese pizarrón: puertas
dejando al descubierto un mundo improbable: inesperadas de descubrimiento y exploración.
un taller de grabado. Eso tampoco es usual. Las
escuelas de diseño no suelen tener talleres de Javiera Pinto Canales
grabado. De alguna manera el actual diseño de la
página se ha querido desvincular de esas técnicas
gráficas y procesos análogos que generaron sus
primeros diseños.
En ese taller, junto a Alejandro Garretón, nos
conectamos con esas páginas primigenias y el
lenguaje gráfico para intervenirlas. Ese sitio que
parecería secreto y que, por cierto, muchos desco-
nocían, fue un intenso lugar de trabajo y creación en
el 2003. Fue el espacio que albergó el proceso de
titulación de Mary Carmen Jaramillo y mío. Ambas
trabajamos con el libro Seis propuestas para el próximo
milenio, de Italo Calvino. Cada una, a partir de uno
de sus capítulos, buscamos la forma de llevar un
valor de la literatura a la página: hacer de un rasgo
del discurso narrativo la base del discurso gráfico.
Pasamos horas ahí dentro puliendo placas de cobre
hasta ver en ellas el reflejo de nuestras pestañas;
probando con barnices, cera de abeja y tiempos
en el ácido. El grabado en metal es una técnica
apasionante y Alejandro nos abrió la posibilidad
de experimentarla. No fue un aprendizaje con
fórmulas o procesos cerrados, sino un ir a tientas
hacia un descubrimiento de mucha riqueza y
libertad. También fue una revelación trabajar con
70 años, 70 recuerdos 51

Travesía hacia Las Lástimas

E
stábamos en primer año y se planeaba nos gritaban: «¡Agárrense del pelo!», y algunos no
nuestra primera travesía. Nos hablaban de entendíamos a qué se referían. Entonces sentíamos
un lugar en la cordillera, hacia el interior de que los caballos y las yeguas saltaban de una
Linares, llamado Las Lástimas, un nombre cargado roca a otra, y nuestra reacción espontánea ante
de algo que sonaba poco promisorio. Para llegar se la sorpresa era soltar la montura y aferrarse con
necesitaban varios medios de transporte, pero el toda la fuerza a los pelos del animal.
gran desafío era al final: subir la montaña cabalgando Al fondo del cajón, el río Achibueno nace de
durante ocho horas. Esa parte de la aventura nos una cascada que cae por una roca de 800 metros
llenaba de incertidumbre, ya que la mayoría de de altura: ese es el famoso paso de Las Lástimas
nosotros no tenía más experiencia que la de haber por el que se sube a los campos de veranadas.
paseado por la playa arriba de un caballo arrendado. Nosotros llegamos a la parte baja y nos instalamos
Con un par de potrillos que había en la Ciudad en unos prados verdes debajo de los robles. Nuestra
Abierta se hizo una especie de entrenamiento estadía, sin ningún tipo de conexión, estaba pro-
preliminar para los que tenían más miedo. gramada para dos semanas, pero en la mitad los
Entre profesores y alumnos sumábamos profesores inventaron una ida de Marcelo Araya
alrededor de cien personas, por lo que había que a comprar a la ciudad: tres días, uno de bajada,
conseguir nada menos que cien caballos y cien otro de compras y uno de subida. Le encargamos
monturas. El trayecto de Viña a Linares lo hicimos todas las porquerías que se nos cruzaron por la
en un bus arrendado; el de la Alameda de Linares mente, cualquier cosa que recordara la alegría de
a Los Canelos, en una micro de campo; y desde la civilización: rolls, papas fritas, confort, lápices y
ese punto del camino —que es solo para 4 x 4 o muchos y variados bebestibles, tesoros preciados
medios menores— caminamos cinco kilómetros que después compartimos sobre el tronco de un
hasta el refugio de Las Mulas, donde pasamos la árbol caído.
primera noche. Mientras avanzábamos veíamos La bajada fue más distendida, porque después
acercarse a los arrieros con sus caballos y mulas de quince días nos sentíamos conocedores del
que venían de distintos cajones cordilleranos. Fue lugar. A pesar de las carencias y las dificultades,
una noche de sopaipillas y pebre. esa del 2008 fue lejos la mejor travesía que me
Recuerdo a la mañana siguiente lo impresionante tocó vivir en la Escuela.
que fue ver el ejército de caballos que llenaban la
explanada frente al hotel. Partimos en grupos de Eloísa Pizzagalli Andreani
diez. Este modo de andar determinó la forma de
nuestro equipaje: bolsos pequeños en sacos de
harina para acomodarlos en las sesenta mulas que
nos acompañaban llevando la carga. Cruzamos
ríos, mojándonos los talones y a veces incluso el
agua nos llegaba hasta las rodillas. Subimos las
rocas guiados por arrieros, que de vez en cuando
52 acto&forma 14

Barandas y abismos

U
n año antes de convertirme en estu- Esa fantasía no prosperó hasta dos años después,
diante de Arquitectura que aspiraba a cuando expusimos una serie de afiches sobre la
ser diseñadora, fui a conocer la escuela, y obra de Godo publicada en los ochenta por el Taller
recorrí esa casa con la ansiedad de quien proyecta de Investigaciones Gráficas. Libros con portadas en
en los espacios desconocidos un posible futuro, extremo sobrias que apenas contaban con un rasgo
tratando de orientarme en los detalles para en tipográfico que debíamos estrujar para conseguir
caso de ser aceptada, volver con cierto desplante. una propuesta atractiva. Y Alberto fue invitado a
En eso estaba cuando advertí una falla alarmante esa exposición. Una vez que se presentó en la sala
que echó por tierra mi entusiasmo: faltaban las me di cuenta de que no era la única intranquila:
barandas. La imagen de la terraza precipitada con el esfuerzo por hacernos invisible era colectivo.
atrevimiento sobre la avenida España y hacia el Observó los afiches un rato y luego paseó la mirada
mar, para alguien como yo, imponía un desafío de un lado a otro, mientras la masa seguía ese gesto
mayor de autocontrol. Quien sufre de vértigo sabe con la expectación de un ruletero. En ese caso,
que enfrentado a la altura el cuerpo desobedece: sus ojos se detuvieron en los míos para hacerme
flaquea haciéndose de lana o se rebela atraído por interlocutora de la única pregunta que lanzó. Tal
el abismo. Esta pesadilla de las formas ausentes, como supuse, no entendí lo que me dijo y me vi
además de irrumpir en el patio, se repetía en torno balbuceando alguna cosa con nerviosismo, pero
a las escaleras (más tarde fui testigo de dos caídas lo increíble es que no le importó, porque tomó
por distracción a la fosa del casino). cualquiera de mis palabras y la transformó en una
Cuando en 1998 entré a primer año, para mi respuesta correcta, precisa, liberándome de un
sorpresa aparecieron instaladas las barandas excesivo respeto a lo que no se entiende como
en la terraza, aunque se trataba de un modelo si en ello se arriesgara la inteligencia.
bastante singular y no menos inquietante que Roto el trauma, multipliqué las posibilidades,
su falta: segmentos diagonales que se sucedían los saludos y los caminos.
dibujando una especie de zigzag en el aire, cuya
altura permitía el paso de un niño pequeño. (No me Catalina Porzio de Angelis
costaba nada imaginar hileras de guaguas gateando
hacia el desfiladero). El horror a despeñarme en
un momento de descuido me llevó a caminar
con el cuerpo pegado a los muros de la casa,
eligiendo los caminos interiores, en particular el
pasillo rojo, siempre bien encerado, al que daban
las salas más intimidantes: la de profesores y la
(salita) de Alberto Cruz. Toparme con Alberto
implicaba otro tipo de vértigo: un mareo asociado
a la vergüenza, al pavor de quedar en blanco si
él me hablaba.
70 años, 70 recuerdos 53

Arista de una exposición

L
a primera exposición de arte concreto que
se realizó en Chile, en 1952, fue gestionada,
diseñada y montada por la Escuela de
Arquitectura en el Hotel Miramar de Viña del
Mar. Entre los artistas que expusieron, estaban
Claudio Girola, Alfredo Hlito, Ennio Iommi y Tomás
Maldonado.
Yo era alumno en ese tiempo y me tocó hacer
unas pequeñas piezas para unas lámparas diseñadas
por Fabio Cruz, quien tenía un papel importante
porque era el más «maestro» del grupo de pro-
fesores. Nada era comprado, salvo los materiales,
y todo fue construido especialmente para esa
ocasión. Las lámparas eran unos tubos de cobre, con
pantallas negras de cartón y ampolletas reflectoras,
colocadas sobre unos paneles perimetrales donde
estaban las pinturas. En el centro se exponían las
esculturas sobre sus pedestales en un gran espacio
abierto hacia la playa de Caleta Abarca y el mar.
La exposición se anunciaba con un letrero blanco,
luminoso y grande —como los de Buenos Aires—,
colocado en la entrada.
Estas piececitas de conexión, para sostener las
lámparas y las pantallas en los ángulos precisos
que se necesitaban para iluminar los paneles con
las pinturas, las fabriqué en un taller que tenía en
la casa de mi papá en la calle San José, frente al
castillo, en Recreo. Un taller bien equipado, con
torno, taladro y las herramientas necesarias para
hacer estos trabajos, porque todo fue diseñado
para darle forma a la luz de la exposición. Esa vez, la
forma de la luz se construyó con lámparas hechas
con tubos de cobre industrial, cinta de acero para
embalaje, cartón negro, ampolletas reflectantes,
soquetes y alambre eléctrico.
La exposición mostró una belleza nueva.

Juan Purcell Fricke


54 acto&forma 14

El alba perpetua del origen

E
l sábado 20 de mayo de 1989, en las arenas estuvo presente en aquel acto de bienvenida.
de la Ciudad Abierta, todos los alumnos Me contó que había estado hablando con varios,
de la Escuela fuimos recibidos por los con muchos, y que había llegado el momento de
profesores en el Acto de la Demora. Eran ellos volver a la Ciudad Abierta, en principio a responder
quienes habían organizado y producido el evento después de tres décadas una pregunta que el poeta
que duró todo el día. En unas empinadas dunas iban les había susurrado durante aquel acto. Vinieron
y venían transpirando para servirnos el almuerzo decenas de exalumnos, compañeros, amigos,
mientras el poeta Carlos Covarrubias oficiaba cada actuales estudiantes; también Carlos Covarrubias
momento vestido con diferentes trajes de colores y otros profesores de entonces, y nos juntamos
y metales, cuyos destellos se entremezclaban con durante toda una jornada en una magnífica fiesta
el sonido permanente de su voz. En un momento, a bordo de la Stultifera Navis. Recién ahí caí en la
emprendimos en fila por el camino hacia la parte cuenta de que todos estábamos transidos por el
alta de los terrenos, distanciados unos de otros por mismo secreto. Al cabo no respondimos nada,
algunos metros. Justo antes de comenzar la subida sino que en verdad volvimos a oír y oír una vez
estaba el poeta bajo su llamativo traje de cintas. más lo que el poeta había repetido al oído de cada
No se veía su rostro; era una especie rara de árbol uno ese lejano sábado de mayo: ¿cuál es el alba
parlante y multicolor al que debíamos acercarnos, perpetua de tu origen?
de uno en uno, para que nos susurrara unas palabras
al oído. A medida que subíamos tuve la certeza de Jaime Reyes Gil
haber recibido un mensaje único y personal, que
por lo demás marcó mi propio devenir en la poesía.
Lo que me dijo el poeta fue una pregunta que
aunque en ese momento me pareció ininteligible,
se me quedó grabada a fuego. Desde entonces he
vuelto a ella e incluso yo mismo la he preguntado
en distintos actos a los participantes, especialmente
en las travesías; en nuestros viajes americanos a
veces la hemos inscrito en las obras. Aprendí que
viene de la Carta del errante, de Godofredo Iommi,
aunque allí se enuncia en otro tono, no como
interrogante. Siempre pensé que solo yo tenía
mi memoria abrazada por esas palabras. Creía
que sus alcances eran horizontes exclusivos, que
en suerte se me habían abierto para iluminar las
sendas y rutas de la vida.
Treinta años más tarde recibí el llamado de
un querido amigo arquitecto que al igual que yo
70 años, 70 recuerdos 55

Un atisbo

E
n junio de 1972, como ayudante del taller forma o en lo que está mal; por el contrario, es ver
de primer año a cargo de Alberto Cruz, con algo que pueda fructificar: un «atisbo». La obra de
un compañero que como yo realizaba esta arquitectura —le oí decir alguna vez— es «la que
tarea por primera vez, nos hallábamos corrigiendo contiene todas las obras, logradas o no. Así, una
los proyectos iniciales de nuestros estudiantes: se anticipa a las otras. Y esta última avanza sobre
una feria en Valparaíso. Alberto había salido a las anteriores». Es evidente que aquí no habla de
una reunión. las formas que corresponden a casos particulares,
Entre los dos mirábamos uno de estos proyectos sino al acto de habitar que pide forma: vislumbrar
sin encontrar nada significativo ni relevante, pero lo favorable en lo desfavorable.
dudando de reprobarlo. Estuvimos mucho rato
revisando sus láminas, su carpeta, su maqueta, Isabel Margarita Reyes Nettle
y aunque cumplía con todos los requerimientos
de la entrega, no veíamos aquello que hiciera de
esta feria un caso singular, alguna correspondencia
entre el lugar y la observación, o alguna nota que
diera luces sobre la forma en la maqueta.
Cuando llegó Alberto se lo expusimos. Echó una
mirada rápida, tanto a las láminas como a la maqueta,
y de golpe nos dijo: «Ha puesto una belleza».
Sorprendidos volvimos a mirar y, ciertamente, en
un lugar significativo de la feria, ubicada en una
explanada vacía de Playa Ancha, había colocado, al
centro de ella, con mucha dedicación, un puesto
de flores. Alberto anotó en mi cuaderno: «La feria
se ubica en un lugar de desembocadura y produce
ruidos, colores, niveles, viveza, pero rudo. Por eso
flores en el centro de ella, a un solo nivel. Hay
atisbo de estelas y calzadas».
Este puesto se distinguía de los demás —que
eran todos repetidos— por su distancia con ellos.
Entonces comprendimos que ese gesto contenía
en potencia algo que con el paso de los años de
estudio podía volverse significativo: reunía en lo
recorrible de una feria un lugar para detenerse y,
por algunos instantes, estar.
Alberto nos dio una lección: corregir no significa
fijarse en lo que no está logrado, en lo que no tiene
56 acto&forma 14

Una inmensa superficie

S
é perfectamente qué pasó ese año, no cara mientras pasábamos por chuveiras iluminadas
necesito ningún recordatorio: fue cuando por una sola ampolleta en medio de la carretera.
murió mi papá. También fue el último año De día atravesamos un desierto que en el mapa
del siglo y cuando entré al plan común en la Escuela. era una inmensa superficie amarilla. Recuerdo mi
En 1999, hubo un terremoto que mató a 1.900 caligrafía temblorosa sobre la página del cuaderno
personas, una avalancha destruyó una aldea entera luchando contra los saltos en el camino y los
y se desató un macrovirus que atacó internet en colores cambiantes del cielo al atardecer. Tuve
todo el mundo. Pero no recuerdo nada de eso. que aprender a incorporar el movimiento a mis
Recuerdo la bondad en la mirada de David Jolly, dibujos. Llegamos temprano a Canudos, una aldea
por esa época director de la Escuela, cuando fui a que, según nos dijeron, había muerto dos veces: la
hablar con él una semana después del funeral de primera vez cuando un ejército en 1897 la convirtió
mi papá. Me dijo que podía tomarme mi tiempo en polvo y la segunda, tras renacer de sus cenizas,
en volver a clases, pero yo insistí en retomar de cuando un pantano la ahogó por completo.
inmediato y él suspiró. Me negaba a vivir el duelo. No sé si las personas podemos morir dos veces,
Esa semana durante el taller de Amereida, el poeta pero tal como la historia de ese pueblo siento
Jaime Reyes exclamó que el suicidio era un acto de que mi propia biografía se escribe así, una sobre
cobardía y los pocos compañeros que sabían sobre otra. Todavía guardo la bitácora que hice de ese
mi papá, bajaron la mirada. Esa frase y el silencio viaje. Hay preguntas sin responder sobre las cosas
que le sucedió quedaron resonando dentro mío. que terminan —¿qué es una ruina?— y también
Los meses del otoño y del invierno se ex- la descripción de un atardecer sobre el Polígono
tendieron difusamente en mi memoria. Sé que das Secas, donde Antônio Conselheiro tuvo sus
cumplí con los encargos de taller, que asistí a profecías mesiánicas. La madrugada está descrita
clases y que aprendí. Sé también que hice amigos como la irrupción del día en la noche con una
porque hay fotos. Estamos bajo el sol en el Patio llamarada. Pienso que lo que nombraba ahí era
de la Palmera, participando en un acto poético en mi propio dolor.
las dunas, dibujando en un mirador de Valparaíso. Esa mañana en Canudos, mientras descargá-
Mi recuerdo se vuelve nítido durante la primavera bamos el equipaje, el muchacho que viajaba a mi
cuando, a bordo de cuatro buses, viajamos a Brasil lado se envolvió la cabeza con un pañuelo y se
para la travesía de ese año, que yo sentí como algo llevó la mochila a los hombros. Dijo que detrás de
inaugural entre todos esos finales. unas lomas de arena íbamos a encontrar las ruinas
La caravana se abría paso de noche por las de Canudos y nos internamos por el desierto. Lo
rutas entre Vassa Barris y Muriaé. Mientras los hicimos sin saber que lo que quedaba del pueblo
demás compañeros dormían, yo abandonaba mi estaba ahí mismo. Entre nosotros.
asiento y avanzaba a oscuras por el pasillo hacia
el baño. Me encerraba ahí a fumar y me asomaba Ariel Richards Echeverría
por la ventana para sentir el viento. A veces las
ramas de los árboles de la selva me azotaban la
70 años, 70 recuerdos 57

Conversación inconclusa

Q Querida Catalina,
Discúlpame por mi demora. Mi
memoria es muy distraída; me pierdo en
las fechas. Pero podríamos conversar cuando nos
encontremos en Viña o Santiago. Lo que recuerdo
es una conversación con Godo cuando salí del
Colegio Patmos. Yo ya tenía un curso en Arquitectura
y recuerdo que leía a Aristóteles con alumnos de
primer año (el curso de Jimmy Chadwick). Godo me
dijo que fuera el secretario general del Instituto de
Arte que se formó con los «viejos» de la Escuela:
Virgilio, Leo, y músicos (Carlos Poblete, Roberto
Escobar), un dramaturgo y un escultor. La idea
era que el Instituto no tuviera alumnos. Cuando
vino el Golpe, el Instituto quedó en el aire y los
viejos volvieron a la Escuela. Virgilio es el autor
de la autonomía del Instituto. Institucionalmente,
dependíamos del decano de Arquitectura, Juan
Purcell, pero tuvimos alumnos propios. Después
no cambiaron las estructuras, pero el Instituto fue
realmente autónomo. Yo mantuve un contacto
fuerte con los viejos, pero particularmente con Godo.
Después no recuerdo bien cuándo salí del Instituto.
Cuando «conquistamos» la independencia, el rector
Bernardo Donoso me reincorporó porque yo daba
señales de cristianismo… Cuando di una conferencia
en la casa de Neruda sobre T.S. Eliot, al salir le dije a
un periodista alguna impertinencia; el rector Puga
me dijo que la ciudad estaba escandalizada y yo
presenté mi renuncia.
Fundé el Patmos en 1956-1957. Salí, creo,
en 1967. Godo y Cía. llegaron el 62-63. Sus hijos
fueron todos mis alumnos. Nos hicimos amigos
desde el comienzo. Participé muy activamente
en la reforma de la UCV. Nuestra amistad atravesó
varias diferencias. De todo eso podemos hablar.
Un abrazo,

Ernesto Rodríguez Serra (1930-2022)


58 acto&forma 14

Creación del Instituto de Arte

T
ras el triunfo del proceso, realizado con Para la elaboración de las actividades propias
muchas marchas y debates universitarios, del recién creado Instituto, sus fundadores idearon
la reforma que prevaleció tuvo diferentes una regla general: todos los integrantes contratados
maneras y mayor o menor fortuna. La Universidad debían ser artistas. Esto significó el montaje de
Católica de Valparaíso, la primera que pudo diversos talleres guiados por sus profesores en
implementar las nuevas modalidades, impuso los que se ponía en acción la construcción común
entre sus principales acciones la creación de de una obra de arte en cada uno de ellos. Con el
institutos, que originalmente se debían dedicar tiempo, sucedió que algunas veces la totalidad de
a la libre investigación universitaria y la enseñanza, los talleres colaboraran con sus especificidades
y escuelas, que serían las que llevarían a cabo la al montaje, que se presentaba en público, de una
docencia propia de las carreras que se impartían. gran obra común.
Había otras líneas importantes de reforma que se El Instituto se organizó en secciones: poesía,
realizaban; por ejemplo, la creación de enseñanza en teatro, escultura, música, cine, arquitectura, pintura.
un programa de créditos libres, con la posibilidad de Recuerdo la primera actividad en poesía. Se trataba
que todos los alumnos de la Universidad pudieran de hacer presente en los alumnos inscritos, que
acceder a conocimientos que les interesaran dentro en ese inicio eran numerosos, la experiencia
de la oferta de cursos propuestos por los diversos interiorizada del surrealismo. Para eso hubo que
institutos en sus respectivas especialidades. Fue unirse al taller de pintura, dirigido por Francisco
esta instancia la que hizo posible la creación del Méndez, recién vuelto de Francia. Godofredo
Instituto de Arte. Iommi hablaba y hacía que los alumnos ejercitaran
Este no nacía como producto de una situación juegos, textos, experimentos propios del quehacer
inmediata, sino que tuvo como antecedente el poético surrealista, mientras que Méndez realizaba,
Instituto de Arquitectura, armado sin un recono- siempre con la tarea propia de sus alumnos, una
cimiento formal de la Universidad, por algunos enorme y larga banda dibujada en papel de una
de los principales profesores de la Escuela. Su obra de teatro creada por Leonora Carrington:
biblioteca, gran parte de sus ideas y visiones y Una camisa de dormir de franela. La banda, de una
sus profesores más afines a la tarea pasaron a dimensión considerable, se desenrollaba y enrollaba
constituir, tras cambiar de nombre, una de las en una suerte de carretes en sus extremos, y los
primeras instancias creadas por la Reforma, y que dibujos eran acompañados de los parlamentos y
se puso en marcha a partir de 1968. coros, realizados por los alumnos, a medida que se
Godofredo Iommi, Alberto Cruz y Claudio presentaban. Tanto la obra de teatro en dibujos como
Girola, entre otros, pensaron la materia y el rol la serie asombrosa de experimentos surrealistas
que debía tener la nueva institución con ideas hechos desde la sección poesía constituyeron
que habían desarrollado con anterioridad, como un inicio espectacular. Por aquel entonces yo era
el Seminario del Ámbito, actividad artística y ayudante de esa sección, y ese comienzo sentó
poética que comprometía a todos sus alumnos bases para otras actividades ulteriores que fueron
y que llevaba bellamente Claudio Girola con el realmente extraordinarias. Pero eso ya es una
concurso de ellos. escritura más larga.

Virgilio Rodríguez Severín


70 años, 70 recuerdos 59

Talismán

E
n 1963, un día muy importante en los
primeros años de nuestra estadía en la
Escuela de Arquitectura, recibimos una
noticia poética que marcó para siempre nuestra
formación: «El don equivoca la esperanza».
Lentamente esta frase penetró en mí y en
muchos de nosotros como un talismán con el que
podíamos enfrentarlo todo: la vida, el trabajo y el
estudio. Cada vez resonaba con más fuerza y la
descubríamos agazapada en cada recodo de una
época turbulenta que nos tocó vivir.
Yo nunca me he acostumbrado a ella, sino que
surge como una sorprendente mirada, siempre
nueva, que señala los acontecimientos de la vida,
abriendo caminos inimaginados por los que poder
transitar.
Así, cada uno de nosotros, hemos sido vivos
depositarios de esa herencia que hemos sabido
asumir o no.

Patricia Rubio Lacalle


60 acto&forma 14

Cada vez puede ser otra

T
iempos de Escuela, en 1976, lo recuerdo se vio reflejado en las actitudes y posturas que
trabajando en el proyecto de título, en el adoptábamos y en cómo nos las arreglábamos para
Instituto de Arte. Casona antigua, varias relacionar el papel con el instrumento: pinceles,
gradas de acceso al primer nivel, entrada ancha y lápices, plumillas.
grande. El taller de titulación estaba en el segundo La sala parecía un derrame de esculturas
piso, al que se accedía por una escalera de madera humanas. Todos nos repartíamos en diferentes
de las que anuncian la llegada con sus crujidos. posiciones, inventando los modos de vérselas
Horario: mañanas completas y tardes. con la página o el pliego. Algunos tomaban una
Mi profesor guía era Alberto Cruz. Aparecía mayor distancia de la mano respecto a la hoja,
siempre a distintas horas, sin tiempo, con su infal- añadiendo un palo de maqueta al pincel para
table cuaderno lleno de dibujos que retocaba con alargar su trazo. Otros, recostados sobre el tablero
los pinceles y colores que tenía sobre el tablero, con el papel en el suelo, se colgaban, sin soporte,
mientras se conversaba de avances y correcciones. como escribiendo en el aire.
Así como Alberto redibujaba su cuaderno, Esta clase consistió en abrirle posibilidades al
intervenía mi trabajo con uno o varios de sus trazos. modo habitual de escribir y nos enseñó que en el
Las imágenes siempre llamaban otras imágenes, campo de la gráfica, cada vez puede ser otra vez.
haciendo del diseño algo que abría posibilidades:
un campo de relaciones entre grafías y textos, la Ana María Ruz Abello
construcción del blanco de la página.
Estas impresiones generales me hicieron
recordar con mayor nitidez una clase que nos
dio Godo en la sala de Diseño Gráfico, un espacio
alargado en el segundo piso de la casa de calle
Matta, cuando estábamos en segundo año. El
taller se armó con los tableros de cada uno, y
por lo tanto había mucha diversidad. El suelo,
hecho por el carpintero de la escuela, que tenía
un pequeño taller en el patio de la sala Tronquoy,
era de pino, y los asientos de tablas con listones
para levantar los pies.
Godo solía realizar extensas lecturas que
nosotros apuntábamos a modo de dictado, pero
esa vez nos puso en una encrucijada inaudita: había
que «escribir no escribiendo», con la condición de
que además el texto quedara registrado.
El desafío se nos presentó primero en la
interpretación del «no escribir». Asunto que
70 años, 70 recuerdos 61

Ein Lichtspiel

C
aminé muchas veces desde el cerro Castillo entre Marsella y Atenas celebrando el IV Congreso
a la Escuela en Recreo, porque vivía con mis Internacional de Arquitectura Moderna, del cual
abuelos en la calle Libertad con República. se desprendió la «Carta de Atenas», manifiesto
Esa tarde, como tantas otras, bajé por Álamos hacia que tuvo un gran impacto en las definiciones de
el Reloj de Flores, después pasé Caleta Abarca y la arquitectura moderna; por consiguiente, me
seguí por Avenida España hasta cruzar la pasarela imagino, en aquellos arquitectos jóvenes que luego
que lleva a Diego Portales. Creo que ya se hacía vendrían a Valparaíso a formar la nueva Escuela.
de noche, subí por Amunátegui y bajé por Matta El arte de Moholy-Nagy es más concreto que
con cierta candidez ceremonial, en el Patio de la moderno, aunque siguió a la arquitectura con una
Palmera retozaban gozosas las almas jóvenes del mirada comprometida con su quehacer. Claudio
ser universitario, velis nolis («quieras o no»). también era concreto, múltiple con los significados
Era el día del Seminario del Ámbito y Claudio y un férreo promotor de la transgresión en las
Girola expondría el trabajo del artista húngaro artes. Nos podría haber mostrado otros trabajos
László Moholy-Nagy, junto a algunas de sus obras del húngaro, pero eligió esa obra de 1930, Ein
audiovisuales. No recuerdo bien si algún sonido Lichtspiel Schwarz-Weiss-Grau, que sesenta años más
acompañaba la proyección, no importaba. Había tarde, en 1990, logró ruborizarme: había pasado
luces y sombras de objetos que no podía reconocer, tanto tiempo y yo era solo un joven aprendiz que
y formas fragmentadas y arbitrarias animaban el no había visto nada. Desde entonces tuve algo.
tiempo en un movimiento fotoplástico que dejó
mi retina grabada con una imagen desplazada Manuel Sanfuentes Vio
de cualquier representación: ahí no había nada
representado. Hasta la abstracción más radical
me pareció naturaleza muerta al lado de esta
determinación sobre el objeto, que resultaba
todavía más natural en su modo de aparecer y
desenvolverse; había ahí una abertura. Hasta hoy
recuerdo atónito esas imágenes que invadían con
inocencia mi mirada sin heridas: había sido tocado.
Después de muchos años asistí a la exposición
El arte de la luz, de Moholy-Nagy en el Círculo de
Bellas Artes de Madrid. Junto a sus obras plásticas
se presentaban también algunas de sus películas y,
entre ellas, el corto que habíamos visto por primera
vez aquella tarde, Juego de luces negro, blanco, gris: el
efecto en mí no había cambiado. Pude ver además el
registro que realizó en el Congreso de Arquitectos, de
1933, filmado a bordo del Patris II, durante el viaje
62 acto&forma 14

Belleza pura

E
n Lisboa, por consejo de unos amigos clave para el resto del viaje. Su gruesa y única ceja
madrileños, el 2000 fui a conocer la barbería le enmarcaba el rostro en un rasgo que parecía
donde se atendía Fernando Pessoa. Allí coincidir con su carácter adusto. Cristobão se
había una postal publicitaria que anunciaba una tomó muy en serio su rol de guía, llevándonos
exposición en la casa museo del poeta, dedicada con destreza a todos los lugares que se nos ocurría
a conmemorar los 500 años del descubrimiento visitar, barriendo de un plumazo con nuestros
de Brasil. Llevado por estos pequeños detalles planes pretenciosos sobre la ruta, mientras la
casuales, partí a ver la muestra, que entre muchas aspereza de su carácter se suavizaba a medida
cosas me enseñó que Brasil fue descubierto en un que nos conocíamos.
lugar del estado actual de Bahía llamado Monte Fue en Porto Seguro, el lugar más cercano
Pascoal, por la fecha en que se hizo el hallazgo, a Monte Pascoal al que pudimos llegar, donde
cerca de Pascua. terminamos levantando la obra. Algo parecido le
Ese año, en la Escuela daba clases de taller con ocurrió a los primeros portugueses que arribaron
Marcelo Araya, con quien además conformábamos el hasta ese lugar: la imposibilidad de alcanzar Monte
Grupo Ruta, entre cuyas labores estaba la de definir Pascoal hizo que se desviaran hacia el norte,
el lugar de travesía. Así que de inmediato le mandé desembarcando en Porto Seguro, y a ese auxilio
desde Portugal una carta a Marcelo contándole que se debe su nombre.
me parecía haber resuelto el destino de nuestro Cuando terminamos la obra, Cristobão, que
viaje. Decidimos ir a monte Pascoal. había seguido fascinado el proceso de punta a
Sin embargo, cuando fuimos nunca llegamos punta, se quedó mirándola en silencio durante unos
a Monte Pascoal porque se nos ocurrió tomar el minutos y luego de esa pausa, en una especie de
camino largo, por el desierto hacia Paso Jama, suspiro, con la cadencia propia de su idioma, dijo
y en medio de la cordillera de los Andes el bus dos palabras que fueron el remate más perfecto
se fundió. Si bien viajábamos en cuatro buses, que se podía esperar: beleza pura.
el nuestro, el que se fundió, iba primero por ser
responsable de señalar el trayecto. Para no darnos Rodrigo Saavedra Venegas
por vencidos y volver frustrados con la travesía
a medias, amarramos el bus averiado a uno de
los que aún funcionaban y seguimos adelante,
bajando la cordillera con mucha adversidad. En esas
condiciones atravesamos Argentina hasta Brasil,
donde por fin encontramos un taller y pudimos
contactar un servicio que nos permitiera reemplazar
el bus malo.
Entonces apareció Cristóbal, o más bien Cris-
tobao —como le escuchamos decir arrastrando el
sonido de las dos últimas vocales—, un personaje
70 años, 70 recuerdos 63

La luz de la deriva

A
unque permanentemente estemos ojos citadinos, acostumbrados a las pantallas y a los
pensando en el destino de una travesía, el destellos fluorescentes, no alcanzaban a distinguir
viaje del 2013 partió sin tener un destino las formas en medio de la negrura. Después de
en vista, y esa fue su particularidad. Salimos de andar varios metros a ciegas —o quizá pocos, ya que
Valparaíso desconociendo adónde íbamos, pero nuestros pasos eran temerosos y desconfiados—,
preparados para mucho movimiento, lo que empezamos a pronunciar nuestros nombres en
implicó viajar con «poco» equipaje: llevamos voz alta para confirmar que seguíamos juntos. De
fondos para cocinar, anafes y herramientas, un repente, entre las palabras se fue colando un ruido
par de chuzos y varias palas. leve, sonidos de movimientos y murmullos ajenos
Intuyendo que podíamos llegar a Bolivia, a los nuestros que parecían venir de más adelante
compramos pasajes hasta Calama (ciudad en la y se intensificaban a medida que avanzábamos.
que nuestra estadía fue fugaz, ya que la conocida Comenzamos a imaginar todo tipo de amenazas: el
capital de la gran minería sabe lo que vale). Tomamos ataque de animales salvajes o bandidos al acecho.
un bus que pasado Ollagüe nos dejó en el borde de A pesar del miedo, que aumentaba en la misma
la frontera esperando a otro bus que nos recogería relación que el murmullo, seguimos caminando
en un par de minutos que se transformaron en con una fingida valentía, avalada por el hecho de
horas. Después de hacer tiempo junto a los bultos estar en grupo. Justo cuando estábamos a punto
y a un par de personas en una planicie extensa y de alcanzar la fuente de nuestro terror, entregados
solitaria en medio de la cordillera, los ojos se nos a la peor de las posibilidades, miles de luciérnagas
perdían expectantes buscando un indicio, una aparecieron centelleando a nuestro alrededor,
nube de polvo que señalara la inminencia llegada iluminando el camino y exponiendo nuestras
del bus local. Finalmente arribó, y ascendiendo y caras de asombro.
descendiendo entre cerros, nos llevó a otra localidad. Nuestro asombro fue tanto por las luciérnagas
Así pasamos por varios buses de distintos colores como por descubrir —gracias a su luz— que el
y tamaños, por diferentes paradas y terminales, murmullo no era peligroso: venía de unas personas
encontrándonos con diversas gentes y costumbres cuyas siluetas parecían fundirse perfectamente
hasta llegar a Tarabuco, un pueblito cerca de Sucre. con la tierra, recostadas en una concavidad que se
La gente de Tarabuco nos señaló la posibilidad formaba entre el cerro y el camino. Comiendo en
de hacer una obra en Collacamaní, un caserío a seis la penumbra y conversando entre susurros, estas
kilómetros del pueblo que contaba con un club y personas vestidas de negro se mimetizaban con la
un centro vecinal. Distraídos por el entusiasmo de topología del lugar y con su paz. Ellas, a diferencia
hallar el destino de esta travesía, nos dispusimos de nosotros, pertenecían a allí.
demasiado rápido a seguir en movimiento para Collacamaní tampoco fue el destino final ni el
llegar caminando al poblado al final de la tarde, sitio de la obra, pero sí fue el lugar del asombro
sin prever la necesidad de llevar agua, comida o y de la aventura.
alguna linterna. Se hizo de noche y quedamos a
oscuras en la mitad del camino, donde nuestros Daniela Salgado Cofré
64 acto&forma 14

Un momento de lo sublime

L
a travesía de 2010 fue a Puerto Sánchez, un Este fugaz instante de cavilación colectiva
pequeño poblado minero establecido a fines —cuando el paisaje contuvo el aliento para entre-
de los años cuarenta junto a la ribera norte garnos un presente de sublime esplendor— duró
del lago General Carrera, en la Región de Aysén, hasta que una suave brisa, rizando apenas el agua,
donde se explotaba zinc y cobre hasta la década diluyó lentamente todo vestigio de aquel inefable
del ochenta. El poblado presenta una estructura de espejismo.
calles esbozadas sobre una suave pendiente que Me parece que el tiempo de las travesías se
se abre perpendicular al borde del lago, dándole construye en esencia a partir de estos momentos
una característica ventosa, recibiendo brisas frías de asombro, ocio y contemplación, que exigen de
y persistentes provenientes del sur. manera indefectible un cierto estado de abertura
Este territorio lo habíamos visitado 16 años y sensibilidad con el territorio para reconocerlo y
antes durante otra travesía, en la que ejecutamos padecerlo bajo sus propias leyes y posibilidades —tal
diversas obras significativas para el pueblo; entre como nos dijo Ignacio Balcells: «Me vine a Aysén
ellas, una escultura de José Balcells, consistente en para poner mi cuerpo en vilo»—, dando pleno
pasamanos de madera que sostenían mediante sentido a estas experiencias de viaje y permanencia
leves conexiones, unos enormes bloques de mármol a través de las obras colectivas.
tomados de los alrededores, cuyas formas irregulares
se vinculaban con el espacio, sugiriendo la idea Edison Segura Arias
de movimiento.
Esta segunda vez realizamos la reconstrucción
de dicha escultura. Un día cualquiera, la naturaleza
prístina se hizo patente por medio de un silencio
predominante y la ausencia de viento. Una pausa sutil
y sorpresiva que a todos nos descolocó, renunciando
a las actividades y herramientas para contemplar el
entorno en absoluto sosiego, tratando de percibir
lo que expresaba. De manera espontánea, cada uno
de los grupos de trabajo se dirigió hasta el borde del
lago bajo un hipnótico llamado, y fue en ese límite
de la tierra donde se nos manifestó por primera vez
el dios del lugar, a través de la quietud superficial
del lago, capaz de atrapar en su nítido reflejo las
islas flotantes de mármol y las orillas opuestas. El
azul profundo del cielo, quebrado por los perfiles
de blancas nubes, el arriba y el abajo en absoluta
simetría a partir de la horizontalidad del agua,
generaban una magnificación rasante del paisaje.
70 años, 70 recuerdos 65

Un taller comunitario

C
on Miguel Eyquem tuve un taller, corres- En la época de este taller, 1966, se había
pondiente a la cuarta o quinta etapa, antes inaugurado el paseo entre el Muelle Vergara y
de que en la Escuela empezaran a pensar el Sanatorio Marítimo San Juan de Dios, frente a
el proyecto de la Avenida del Mar. En ese tiempo, 14 Norte, un área recién recuperada que en mi
todos arrastrábamos el temor a Pepe Vial, por lo adolescencia recorrí muchas veces; existían las
estricto que era. Solo se podía entrar a su taller locomotoras a vapor en un terreno tapizado de
llevando cien croquis como tarea de la semana: escoria de carbón y restos de azúcar, por el uso
así de categórico, no aceptaba ni uno menos. industrial que se le daba. Allí se descargaban
De esa experiencia pasamos a Miguel, que venía los sacos azucareros que a bordo del ferrocarril
llegando de Francia con ese cuerpo aerodinámico, cruzaban toda la ciudad hasta la refinería Crav. En
flaquito como era, montaba una moto BMW en la ese contexto encontré unos archivos en la Escuela
que hacía un tiempo récord entre Santiago y Viña: con un estudio fascinante sobre el comportamiento
una hora, ¡y se venía por las cuestas! de los vientos mirados a través del humo, que quizá
El primer día de clases, de inmediato nos dijo: pertenecían al proyecto de la Escuela Naval. Ese
«Este es un taller comunitario. La única exigencia material me llevó a pensar mi propio proyecto de
es que nadie puede entrar si no trae un croquis de taller que consistía en un muro de contención en
tarea». Entonces pasamos de cien croquis a uno el borde de la ciudad, entre 8 y 15 Norte, donde
solo, y no lo podíamos creer. Como la costumbre en instalaba un sistema con efecto Venturi para
la Escuela era fundamentar los proyectos con las acelerar el aire que venía de la playa haciéndolo
observaciones tomadas de los croquis (y sabemos chocar con el viento del paseo, generando una
lo que cuesta dar con una observación), estos eran sombra de viento. El proyecto pretendía recuperar
un material muy preciado para los alumnos, que este tramo costero para los peatones que podían
solían jactarse de las observaciones que habían caminarlo con la presencia constante del mar y del
hecho. En ese contexto, Miguel además nos aclaró: viento sudoeste. Ahora que lo pienso, un proyecto
«Como este es un taller comunitario, cualquiera de muy en la línea de Miguel Eyquem.
los que están aquí puede hacer su proyecto basado
en las observaciones que dispone el taller». Era el Leonardo Tomasello Puga
mundo al revés. Estábamos tan acostumbrados a
trabajar con nuestras propias observaciones que
no sé si alguien se habrá atrevido a usar la de otro
compañero, porque parecía algo muy descarado.
Recuerdo un detalle —no menos revolucionario
que las ideas que proponía Miguel para el desarrollo
del curso—, y es que todos los croquis que hice
durante ese año los realicé con plumilla y tinta
roja, una cosa muy rara. Un color completamente
inhabitual.
66 acto&forma 14

Desagravio al moái

M
e vine de Roma, donde había terminado sonriente de su bella mujer, Ximena Amunátegui,
mis estudios, llegando en barco a Buenos antes esposa y musa del poeta Vicente Huidobro.
Aires en 1954 durante una posguerra con Cuando Iommi me invitó a una de sus confe-
bastantes restricciones. Allí tomé contacto con varios rencias ante toda la Escuela reunida, con sorpresa
artistas de la vanguardia argentina, conociendo entre vi que la dictaba completamente en italiano. A la
otros a Godofredo Iommi ítalo-argentino, quien hora del café, el poeta me dijo: «No te preocupes
era profesor en Chile junto al arquitecto Alberto de conocer todavía poco el idioma español, son
Cruz en la Escuela de Arquitectura de la Universidad los alumnos los que tienen que adaptarse, ya que
Católica de Valparaíso, dando ellos una renovada este método los fuerza a investigar y desarrollar la
visión y método a la enseñanza de la arquitectura. creatividad». Así me incorporé con alegría a esta
Iommi me pidió que apenas llegara a Chile tomara Facultad donde se valoraba la poesía y la creatividad
contacto con la Escuela. Yo venía a trabajar en una para el diseño arquitectónico.
empresa italiana en Limache, pero rápidamente me En 2004, fui nombrado Profesor Emérito
di cuenta de que tenía poco interés en los negocios. de la Universidad Católica de Valparaíso y
Mi formación en la Universidad de Roma había sido cuando la Universidad me homenajeó al cumplir
dada por los mejores profesores, destacándose 90 años, vimos que había sido fundada el mismo día,
el afamado teórico Leonello Venturi y el gran y mes y año con solo unas pocas horas de diferencia,
conocido arquitecto Bruno Zevi, del cual había creándose entre ambos un lazo mágico e inolvidable.
sido su ayudante. Por lo tanto, me fue imposible
pensar en un futuro que no estuviera por entero Romolo Trebbi del Trevigiano
ligado a la Arquitectura y al Arte.
El contacto con Iommi lo tomé recién dos
meses después, cuando llamó para invitarme a
almorzar y participar en un «acto de desagravio
al moái». El pequeño diccionario de bolsillo que
llevaba siempre conmigo, no incorporaba esos
dos términos: desagravio ni moái.
Nos reunimos un grupo numeroso de profe-
sores, alumnos y autoridades locales, delante de
la escultura instalada al pie del Cerro Castillo, en
la costanera frente al mar, y por primera vez pude
apreciar una obra pascuense. El moái había sido
pintado y ultrajado por desconocidos.
Después de un fogoso discurso del poeta, fui
invitado con un reducido grupo a su casa, toda
blanca, sencilla, minimalista. Allí noté la fascinación
que despertaba en todos la aparición silenciosa y
70 años, 70 recuerdos 67

Años de cambio

L
os alumnos y profesores de la UCV estábamos de las tareas y preguntaba a cada uno algo acerca
en un año muy importante, ya que había de su presentación, y le daba una nueva tarea.
que decidir si nos íbamos de la Escuela Llegó a mi lámina, que estaba en blanco. Respira
de Valparaíso o nos incorporábamos a la recién profundamente y pregunta luego de unos segundos
llegada desde Santiago. (que para mí fueron siglos): «¿De quién es esta
El taller arquitectónico en sus distintos niveles lámina?». «¡Mía!». «Ah… ¿y cómo piensa seguir?». Le
proponía la ejecución, en un mediodía o una jornada respondo con mucho énfasis: «¡No pienso seguir!».
de trabajo, de un ejercicio en que se planteaba un Otros segundos de espera y me dice con calma,
preproyecto que debía realizar cada alumno en como si no hubiera oído mi respuesta: «Entonces,
ese tiempo, el que era corregido por el profesor vas a hacer tal cosa…». Lo que me dijo a continuación
de acuerdo a su experiencia —viajes a Europa y se convirtió en una clase magistral para todos, ya
lecturas de los arquitectos de renombre como Le que con esas palabras «se nos abrieron los oídos».
Corbusier, Ludwing Mies van der Rohe, Frank Lloyd El asunto al cual me había opuesto yo y otros
Wright, Oscar Niemeyer. Al final del correspondiente durante ya dos años —por no abrirnos a entender
taller se ejecutaba un «proyecto», el que consistía tozudamente el nuevo lenguaje—, tales como la
en una única proposición igual para todos los observación versus la función, el fundamento
alumnos de un respectivo taller, e iban siendo como parte esencial a una obra, y otros asuntos
más complejos, exigentes y evaluados según el propios de una real postura creativa, después
nivel cursado. Solo cuando llegaba al proyecto de esta corrección fue como que se nos hubiera
de título, el alumno presentaba una proposición a abierto el entendimiento. A partir de ese momento
partir de un concepto propio. Se trataba de trabajar empezamos a descubrir lo que se nos quería
con lo que estaba en boga en esos tiempos: «la proponer como camino hacia la Arquitectura
forma sigue a la función», según los maestros como «obra de arte» y no mera solución a la falta
europeos. Luego el ejercicio del taller consistía de viviendas.
en encontrar la mejor forma espacial posible
para conformar espacios habitables, interiores Justo Uribe Olmedo
y exteriores. Era la época del funcionalismo. Por
otra parte, los nuevos materiales de construcción
como el hormigón armado permitían nuevas
formas, y su cálculo estructural era un elemento
en constante desarrollo. La pintura, la música, la
religión establecían un diálogo permanente con
el espacio arquitectónico habitable.
En 1952, todos los alumnos del taller presentes
estaban muy atentos a lo que dijera Alberto,
cuyo lenguaje para los de la anterior Escuela nos
resultaba casi ininteligible. Revisaba las láminas
68 acto&forma 14

Cabo Froward y la grandeza

E
l año del terremoto de 1985, durante el arpas eólicas, que zumbaron con el fuerte viento
primer semestre, Francisco Méndez, nuestro de la cumbre. Esa cumbre era la culminación de
profesor, nos hizo observar las grietas en la un vía crucis que databa de 1913. La primera cruz
ciudad y llevarlas al Taller de Diseño Gráfico. Croquis hecha de rieles yacía doblada en la cima, junto
y dibujos dieron cuenta de una fuerza telúrica a otra de hormigón que la reemplazó en 1944.
incontenible. Quiebres, desniveles y derrumbes se Terminadas nuestras obras se decidió como
convirtieron en rasgaduras de colores fulgurantes acto final levantar una cruz de madera. El izamiento
de papel volantín y trazos impresos en bellas de esa frágil cruz, de no más de cinco metros de
serigrafías. Tras esas experiencias, Pancho nos altura, se transformó en una imagen imborrable
habló de Immanuel Kant, la estética de lo sublime en medio de ese paisaje agreste. La diáfana luz
y su propia vivencia en la primera Travesía a Cabo de media tarde, el blanco absoluto del brillo de
Froward: la intensidad que se padece cuando las aguas magallánicas, dibujó la silueta de un
la naturaleza lo desborda a uno. No era fácil navío que hacía sonar su sirena al mismo tiempo
comprender, pero las grietas de ese terremoto que lanzaba bengalas saludando a aquellos que
fueron el primer indicio. estábamos en la cima del Cabo Froward. El signo, el
Más tarde, ya en la travesía, el cruce de la territorio, la mirada. Una vez más la grandeza, esa
cordillera nos dio una dimensión del territorio de la que habló Pancho Méndez, quedó impresa
americano, una cicatriz atávica en la piel llana de la en nuestros recuerdos de travesía.
pampa que se interrumpía cada vez que nuestros
buses paraban, y Pancho nos pedía que hiciéramos Miguel Valderrama Vargas
un signo, un «hecho plástico» evocando las antiguas
Phalènes. Las llamaba Xenias, y hechas de cañas y
papel de color quedaban a un lado de la carretera,
frágiles a merced del viento que las desintegraba tan
pronto lográbamos alzarlas. Cada día de ese viaje
hasta llegar a Punta Arenas nos vimos enfrentados
a la grandeza del suelo y del cielo.
La recalada en Froward no fue menos sobreco-
gedora. El desembarco desde la barcaza Rancagua
se retrasó por una ventisca y hubo que esperar
algunas horas para bajar a tierra con los materiales,
el campamento y nuestra propia carga humana.
Tras días de faena, subiendo y bajando del
cabo, habíamos construido un nuevo signo con
láminas de metal dorado y esmaltado con colores
que colgamos de la pared del acantilado. El taller
de Arquitectura fundó unas terrazas e instaló las
70 años, 70 recuerdos 69

Lo distante en lo próximo

D
espués de una experiencia de estudio de seis Hasta que en base a lo que más o menos has
meses en la Pontificia Universidad Católica, observado, se te arma una posibilidad —que no
estuve cinco años fuera haciendo otras se arma si resuelves en la cabeza un proyecto de
cosas. Volví a estudiar en la PUC durante dos años, antemano.
pero la manera en que se estudiaba arquitectura en En Valparaíso, aprendí a relacionarme con
esa escuela, a través de las revistas y de un modo la contemplación en el espacio de la ciudad y
demasiado formal, me resultó insoportable, una en el tener un horizonte abierto; por ejemplo, si
mala experiencia. Entonces suspendí un tiempo eres un trabajador manual, y tienes frente a ti un
y volví a intentarlo como a los 24 años. Esta vez horizonte en vez de una pared o una ventana,
partí a Valparaíso a hablar con Godo, con quien tienes frente a ti algo muy grande que hace que
pasé dos días conversando antes de entrar a la lo que haces adquiera mucho más valor y vuelva
Escuela. Godo fue mi puerta de acceso. (Y Pablo la ciudad mucho más soportable. Esta condición
Langlois fue mi compañero de trayectoria desde enriquece la convivencia de actos. Yo veía a una
aquellos años y para toda la vida). lavandera trabajando frente al mar y pensaba lo
En ese tiempo, el grupo lo conformaban jóvenes que sería estar haciendo ese mismo trabajo en
un poco mayores que yo —Alberto no tenía más algún lugar de Santiago, sin esa grandeza, sin ese
de 34 años—, y todos estaban en un proceso de espacio regalado. En Santiago, tenemos todos
investigación general sobre las relaciones entre la esos cerros que son bien amenazantes, pero que
arquitectura, el arte y la poesía llevado como una según la luz también pueden ser extraordinarios.
incógnita, no como una certeza. Ese era el espíritu Un día me subí al techo de una casa y descubrí
de aquel momento. que estaba en un lugar de árboles, una especie de
Lo primero que te enseña la Escuela es a parque en altura gracias a los enormes y antiguos
reconocer tu propia ignorancia, a no pretender jardines que me rodeaban. Entonces pensé que
saber las cosas, a aprehenderlas tal como vienen lo que son los patios —donde la gente está feliz
de afuera y con eso que te rodea construir una y riega sus plantitas o hace un asado— estaba en
experiencia. En el fondo te enseñan a vivir. Ese es la altura, lejos de las panderetas. ¿Cómo conectar
el asunto clave. la vida de la casa a un espacio más grande que
Al final de la carrera, Alberto me decía: «Hay reconocía su lugar geográfico? De ahí surgió una
que tener un perfil de la propia estatura». Eso posibilidad que tomé para mi proyecto de título
significa reconocer tus limitaciones y posibilidades: en 1959 y que marcó para siempre una dirección
con lo que cuentas —que no es mucho, pero es en mi modo de trabajar: buscar lo distante en lo
tuyo— llegar a tener un punto de vista frente a próximo fue siempre un ordenador. Todo esto en
la vida, es decir, frente a la arquitectura. Sin eso, el fondo es solo un intento. De eso se trata.
no hay nada.
El no saber qué hacer ante los encargos —que Cristián Valdés Eguiguren
al principio eran una pesadilla—, equivale a estar
desnudo frente a una situación siempre nueva.
70 acto&forma 14

Primer año de la década inicial

I
ngresé a la Escuela de Arquitectura y Urbanismo muchos). Además de la construcción de la maqueta,
—como se denominaba en esa época— y cursé había que hacer una tarea con las observaciones
el primer año en 1956. El programa de ese recogidas a través del trabajo realizado, que incluía
curso se componía del Taller, a cargo de José Vial, la localización de la obra en Valparaíso. Yo ubiqué
que comprendía Proyecto y Curso del Espacio, y el Pabellón Suizo, que había escogido, en el sector
de los ramos teóricos: Ciencias, Alberto Vial; Artes, universitario de Playa Ancha hacia Las Torpederas,
Godofredo Iommi; Historia, Jorge Siles; Historia del enfrentando al mar.
Arte, Romolo Trebbi. Los tres primeros se referían En forma paralela a las tareas del programa
exclusivamente a materias del siglo XX, con un dentro de ese año, recuerdo mi primer contacto
marcado acento en la modernidad. Se trataba de con las obras de Alberto Cruz que habían sido
dar a conocer a los recién llegados del colegio el publicadas hacía poco tiempo: los proyectos
pensamiento moderno sobre las ciencias, las artes de la Capilla Los Pajaritos y la Urbanización de
y la historia, citando a sus máximos exponentes. Achupallas. Dichos proyectos, con su forma y
El trabajo de taller era muy exigente y fue muy fundamento, generaron en mí una gran impresión
difícil de abordar para esa generación, teniendo y atracción, aun cuando en esa época no estaba
en consideración que de 70 alumnos iniciales, al preparado para alcanzar su real comprensión.
final de año solo pasaron 14 a la etapa siguiente: Solo muchos años más tarde he logrado avanzar
7 repitentes del año anterior y 7 nuevos. en el reconocimiento del alcance que estas obras
Lo más difícil para mí en un comienzo fueron tienen como lección magistral de arquitectura y
los trabajos de Curso del Espacio y en cambio urbanismo, las que considero constituyen parte
el proyecto absorbía casi toda mi atención. Mi importante del enorme legado de la Escuela y en
primer proyecto —por supuesto que guiado por particular de Alberto Cruz.
el profesor— fue una escalera que subía desde
la avenida España al cerro Placeres, junto a la Óscar Valenzuela Gálvez
Universidad Santa María. Estaba compuesta de
tres tramos de gradas dirigidos contra el cerro y
tres tramos con rampas de suave pendiente en
favor de la cota y paralelos al mar. Los tramos con
gradas estaban cubiertos y las rampas abiertas,
por lo que se generaba un ritmo de subida (gradas
y rampas) y un ritmo de luz (espacios cerrados y
espacios abiertos).
En la segunda etapa hubo una tarea importante
que recuerdo: la construcción de maquetas de
las obras de Le Corbusier, cuyo objetivo, pienso,
era ponernos en contacto con el patrimonio
arquitectónico (a esa altura desconocido para
70 años, 70 recuerdos 71

Una clase medieval

H
e estado ligada a la Escuela de Arquitectura o «en las matrices el producto no siempre es
y Diseño por más de tres décadas, primero conmutativo», descolocando y entusiasmando por
como ayudante y luego como profesora igual a estudiantes que volvían a pensar hechos
de diversas asignaturas: Fundamentos de las matemáticos que daban por zanjados. Asimismo
Matemáticas, de la malla antigua, y Geometría surgían miles de interrogantes para las que no
del Espacio y Espacio Geométrico, de la nueva. era fácil dar una respuesta, incitando la más bella
Es por esto que la mayoría de los profesores que discusión: ¿por qué todo número real multiplicado
hoy enseñan Arquitectura y Diseño en la Escuela por cero es cero? ¿Cuándo se puede elevar al
han sido parte de los miles de estudiantes que cuadrado? ¿Por qué entre dos números racionales
he tenido en ella. hay infinitos racionales e infinitos irracionales? ¿Qué
Una de las características de la malla antigua relación existe entre un número y su cuadrado?
era que todos, profesores de diferentes asignaturas La clase duró mucho más de lo acostumbrado
y estudiantes, se encontraban en la sesión de los y mantuvo a la enorme audiencia —de casi 120
jueves llamada Música de las Matemáticas, liderada personas— concentrada, admirando la belleza de
por Alberto Cruz, que cada semana preparábamos las matemáticas inserta en las diversas expresiones
en conjunto entre matemáticos y un grupo de artísticas y científicas. Fue una clase inolvidable.
arquitectos y poetas, entre los cuales estaba Godo- Para Alberto, un estudiante que ingresaba a
fredo Iommi —que por cierto sabía mucho de esta la Escuela debía aprender matemáticas con el
materia. En una de esas reuniones, en 1988, Godo asombro de un niño: no a través de la repetición
me dijo que le gustaría que los alumnos de primer infinita de ejercicios, como se estilaba en el colegio,
año vivieran la experiencia de tener una sesión tal sino admirándola y reflexionando en torno a ella.
como se hacían en las universidades medievales,
donde maestros y estudiantes sostenían grandes Patricia Vásquez Saldías
debates para producir conocimiento.
Llegado el día, él mismo se ocupó de transformar
la sala —ubicada en el segundo piso de una vieja
casona colindante a Matta 12— y acomodó a
los estudiantes en un círculo antes de empezar,
surgiendo, con una rapidez inusitada, conceptos,
propiedades y situaciones matemáticas ligadas
a la música y a la astronomía. Durante la clase,
que era un hervidero de voces e ideas, aparecían
principios tan disruptivos como: «No siempre 2
por 2 es 4, ya que el resultado depende del cuerpo
en el que se está trabajando» o «en las geometrías
no euclidianas la suma de los ángulos interiores
de un triángulo es diferente de 180 grados»,
72 acto&forma 14

Dibujar el sonido

E
l recuerdo es brumoso: escucho la voz de
Alejando Garretón hablando de «ritmo»,
acompañado de imágenes nebulosas de
tinta china muy negra sobre papel muy blanco.
Estaba en tercero, luego de haber cursado un
año con José Balcells, quien se empeñaba en
considerarnos el peor curso de su vida. Los encargos
empezaban a tomar un carácter más complejo y
ese año, codificábamos gráficamente el sonido.
A pesar de lo raro que parecían estas solicitudes
de Alejandro, resultaban maravillosas maneras
de abrirnos la cabeza, el oído, la mano, el trazo,
haciéndonos explorar un campo más amplio de
sensibilidades.
De 1996, la única imagen que vuelve a mí es
que llevada por esta misión, me veo trastabillando
por los irregulares adoquines del cerro Concepción,
rumbo a la Escuela de Música, en busca de sonidos,
llevando lo necesario: un frasquito de tinta china,
la croquera y plumas. Cuando digo plumas, en
este caso me refiero a las mismísimas plumas de
pájaro, que había recogido en Ritoque y recortado
cuidadosamente en diagonales, procurando diversos
grosores para generar trazos nobles, decidores y
elocuentes, que hablaran del ritmo.
Entré entonces a la casa de la callecita Pilcomayo,
rastreando los sonidos que me pedían dibujar, y
este es mi recuerdo más nítido: mientras atravesaba
un pasillo luminoso, a lo lejos escuchaba voces y
cantos, mezclados en una atmósfera general, hasta
que una voz angelical lo cubrió todo. Su fuerza fue
tremenda, y temí darme vuelta para ver de dónde
provenía. De pronto, el portador de esa voz me
adelantó en el pasillo y vi que provenía de un ser
humano que se veía bastante común, solo que era
dueño de una voz sublime. Ahora, ¿cómo hacer de
esa experiencia con el sonido un croquis?

Carolina Vignola Ríos


70 años, 70 recuerdos 73

Ese punto limítrofe

N
osotros no nos movemos de aquí!», fue La operación fue rápida. Mientras saltábamos al
el grito que lanzó un audaz compañero interior preguntábamos: «¿Qué pasa?, ¿seguimos?».
escondido tras el tumulto que formamos «¡Sí!», decían unos. «¡No!» decían otros. Un minicaos
al bajarnos del bus. Intentábamos comprender se generó en el interior.
el motivo por el cual Pino Sánchez daba la orden Gritamos de alegría cuando nos vimos cruzando
de retornar, dejando inconcluso el viaje a Santa el puente, esta vez, con bus y todo. Santa Cruz ya
Cruz de la Sierra en ese punto limítrofe. no era un mito. Pasado ese límite era una realidad.
Estábamos entre Argentina y Bolivia, a metros Solo nos quedaba cruzar la selva que nos trajo
del puente que une las ciudades de La Quiaca otros impedimentos, pero eso lo contaré en diez
y Villazón. Para entrar a Bolivia necesitábamos años más.
visas y permiso para los buses, vaya uno a saber Recuerdo que por esa arenga temimos por
cuál, que nuestros choferes habían pasado por nuestro compañero. Reprobar era el mínimo riesgo
alto. Era 1993. al que se había expuesto, por lo que hicimos todo
Nuestra desilusión era nada al lado de la lo posible para que nunca, nunca se supiera quién
ira de Pino, y aun cuando ese grito desafiante era el dueño de esa voz.
podría haber significado el término de una carrera Valiente compañero, gracias a ti, llegamos a
profesional, la energía desatada permitió a un par Santa Cruz o al menos así lo recuerdo.
de estudiantes conectarse con alguien de por ahí,
que conocía al de por allá, que podría hacer que Michèle Wilkomirsky Uribe
pasáramos por acá.
Recuerdo a Pino arremangarse la camisa bajo el
implacable calor y desaparecer entre la gente o quizá
subirse al bus. Tal vez acompañó al compañero de
los contactos de alto rango en Chile a hacer varias
llamadas de teléfono. Lo cierto es que no lo vi más.
Juan Purcell, mientras tanto, mantenía su
habitual calma. «No te enojes, Pinito», le decía
confiando en que las conexiones telefónicas darían
buen resultado.
Mientras las llamadas de teléfono iban y
venían, un grupo de nosotros nos dedicamos a
cruzar el puente, como si con ese acto repetido
una y otra vez los guardias de la Aduana lograran
apiadarse de este grupo y nos permitieran pasar
así sin más.
«Todos al bus», gritó alguien de nosotros.
Corrimos sin saber si era para cruzar o volver.
74 acto&forma 14

Acto interior

E
ntré a la Escuela en 1964. Venía de la importancia de este encargo bajo mi punto de vista
Universidad Católica de Santiago, donde estaba en que recoger estas tres perspectivas (lo
cursé tres años de Arquitectura, atraída por cercano, lo medio y lo distante) era una experiencia
la figura de Alberto Cruz, a quien había escuchado transferible a la vida en general, en cómo se deben
hablar en una clase de Lógica impartida por Alberto mirar los acontecimientos que nos ocurren.
Vial. Esta inquietud que me despertaron sus palabras, Ese año, de manera muy excepcional, el taller
me llevó a buscarlo en Viña del Mar, donde vivía. lo hizo Alberto para toda la Escuela. No creo que
Me dijeron que si estaba interesada en hablar con este privilegio se haya vuelto a repetir nunca más.
él, fuera directo a su casa en el Cerro Castillo y lo Salir a la ciudad, encontrarse con ella en directo
siguiera en el trayecto que hacía todos los días y no tener que estudiarla a través de libros o
caminando a la Escuela. A pesar de lo extravagante revistas como solía hacerse en otras escuelas,
que me pareció el consejo, decidí escucharlo y a los fue un descubrimiento muy importante. Nuestro
pocos días desde la micro lo reconocí caminando campo de estudio era Valparaíso. Ahí vimos lo que
por el borde de la avenida España, y sin pensarlo era habitar la ciudad: observarla y vivirla. Dibujarla,
dos veces me bajé para interceptarlo. Era un señor conversar con su gente, aprender a decir algo a
alto, joven, pero con el pelo prematuramente través de los croquis, fue un desafío maravilloso.
encanecido. «¿Es usted Alberto Cruz? Soy estudiante
de Arquitectura en Santiago y quiero venir a esta Ana Paz Yanes Moya
escuela, pero no sé qué tengo que hacer para poder
entrar». Conversamos un rato y me dijo: «Mire, usted
no tiene que hacer nada, usted ha hecho un acto
interior. Simplemente, venga. Traiga sus papeles
en marzo y se los entrega a la secretaria». Eso fue
todo. El papelerío, las notas, toda la burocracia
que yo creía indispensable para un caso como
el mío, pasaba a segundo lugar en un acto de
plena confianza entre dos desconocidos. Quedé
impactada.
Al año siguiente, con un grupo de estudiantes
que al igual que yo había solicitado este cambio,
me presenté con mis papeles, y a fines de marzo
(nuestra llegada a Viña se retrasó por diversos
motivos involuntarios) tuvimos la primera tarea
de taller (algo que nuestros nuevos compañeros
ya habían abordado), que constaba de tres partes:
dibujar una gota de agua, dibujar la roca oceánica
y dibujar una vista panorámica de Valparaíso. La
70 años, 70 recuerdos 75

La primera Travesía

E
l de 1984 fue el año en que se inauguraron perdiendo su Eros fundacional. Por eso decidió
las «travesías por América» como parte de que aprendiéramos matemáticas puras a través
las actividades curriculares de la Escuela. de algoritmos, ya que estas —decía— eran el
Un poco antes, Godofredo Iommi había instaurado lenguaje de la abstracción y del arte. Y más radical
las matemáticas y el ejercicio de aprenderse cinco aún, incorporó las travesías a la malla curricular.
poemas de memoria para ser recitados junto al Por diversas razones suspendí un par de veces
examen de taller. Recitar de manera correcta no mis estudios de arquitectura, lo que me permitió
era una cosa superficial o anecdótica, y muy por participar de esta primera Travesía a San Andrés, en
el contrario, era una tarea seria y de mucho rigor: las montañas de Copiapó, muy cerca de Argentina,
no saberse bien el poema era motivo suficiente donde fuimos como titulantes a cargo de los
para reprobar. alumnos de primer año. Los de arquitectura armamos
Tuve el privilegio de ser muy cercana a Godofredo una plaza con piedra liparita donde se recitó «La
Iommi. Él fue un padre espiritual, un maestro, una tierra baldía», de T.S. Eliot, y los de diseño hicieron
persona clave en mi formación como arquitecta. un trazo territorial en la pendiente del cerro, en
De hecho, gracias a que él me relató su visión base a planchas de cobre y bronce que reflejaran
de Amereida y la necesidad de crear ciudades la luz del atardecer para signar el nacimiento de la
propiamente americanas, hizo que me decidiera primera gota de agua del río Paraná. Recorrimos este
a ser arquitecta y no diseñadora, que había sido río desde Rosario hasta Buenos Aires y escribimos
mi idea al entrar a la Escuela en 1978. un texto-relato orientado por Alberto Cruz, que
Conocí a Godo unos meses después de iniciar luego se convertiría en nuestro proyecto de título.
mis estudios, comiendo el clásico pan batido con En cualquier escuela tradicional, este texto-re-
queso en el casino de la señora Lela. De inmediato lato habría sido inaceptable como tesis de pregrado
empezó una amistad de discípula-maestro, en la por desmarcarse del estándar convencional. Para
que sostuvimos largas conversaciones mientras mí, esa posibilidad ha sido la esencia espiritual de
caminábamos desde la Escuela en Recreo hasta mi quehacer arquitectónico.
la calle Valparaíso. Pienso que tal vez vio en mí
esa fidelidad a Amereida, a la obra como original, Cazú Zegers García
a fundar una cultura americana y al hacer poético
que ha caracterizado mi oficio. Fue en estas con-
versaciones, donde yo le contaba mi experiencia
como alumna —la única mujer durante muchos
talleres y la dificultad que esto significaba— y él
inventaba actos poéticos para dar «voz» a las
mujeres —argumentando que los hombres chilenos
tenían voz de pito, por lo que no podían recitar
poesía—, que Godo me transmitía su preocupación
por ver cómo la Escuela se volvía profesionalizante,
76 acto&forma 14

La seña de Oteiza

C
ada vez que recuerdo el taller del 2003, imágenes del libro que nos sirvió como guía me
celebro que lo hecho no quedara recluido habían escondido: el material, el peso, el brillo,
en su intimidad, ni el estudio en ensayo, ni su real envergadura. En fin, fue una coincidencia
la construcción en un modelo a escala. La entrega fabulosa, que por momentos me hizo olvidar la
final de esa etapa se transformó en el montaje de importancia y la riqueza de la colección permanente,
una exposición de reproducciones de esculturas por lo que dándole espacio a la curiosidad recorrí
de la serie «Estudios del vacío», de Jorge Oteiza, sala tras sala, dejando que las obras me llevaran de
construidas a tamaño real por alumnos de primer una a la otra. En eso, apareció Picasso: bosquejos,
año de Diseño, la primera generación de ingreso dibujos, escenas y relatos que me mantuvieron en
directo a la carrera. un trance que en mi recuerdo duró kilómetros. Hasta
La exposición fue una verdadera celebración. que de pronto, entre los intentos por dibujar en
La experiencia y el resultado del trabajo individual mi bitácora de viaje algunas piezas de la colección,
y colectivo salió a la ciudad, tal como sucedería en el reojo me advertió que algo importante venía y
las travesías de los siguientes cuatro años. Con un que lo vería gracias a que Oteiza me invitó a entrar
brindis al atardecer en el muelle Barón se inauguró al museo. Después de un magnífico peregrinaje
la muestra que cerraba esa etapa, aunque para mí, por las salas y solo a un giro de la mirada lo vi: el
Oteiza no terminaría ahí. Guernica, desbordante de expresión, habitando un
Dos años después, el 2005, transitando desde gran espacio que súbitamente me envolvió y llenó
el segundo al tercer año de diseño de objetos en de una indescriptible emoción que permanece
la Escuela, tuve la oportunidad de realizar un viaje hasta ahora.
en el que pasé unos días por Madrid. Caminando
por primera vez por las veredas de la Ronda de Laura Zahr Viñuela
Atocha, sin buscar algo en particular, tropecé de
nuevo con Oteiza, esta vez en la fachada del Museo
Reina Sofía, que ese febrero anunciaba la muestra
Oteiza: mito y modernidad, aviso acompañado de
imágenes de la colección de estudios del vacío, los
mismos que dos años antes habíamos analizado,
construido y mostrado en Valparaíso. No dudé un
segundo en entrar.
Al interior del museo me encontré con todas
las esculturas que en Chile, a partir de una simple
reproducción fotográfica, cada uno de los novatos
del 2003 tuvimos que interpretar y construir a
pulso. Así hice un paseo lleno de emoción entre lo
que veía y el recuerdo de lo hecho. Rodeando cada
obra se me revelaban los secretos que las pequeñas
1995 Interdisciplina con Alberto Cruz
Índice 39
40 2014 Tabla de mareas
41 2018 Experiencias vividas y arquitecturas
recordadas
5 1960 Proyecto fuera de catálogo 42 1981 Aparecer desde lo invisible
6 2021 La librería errante 43 1978 Que nada cambie para que se
7 1980 El orden de los libros produzca el cambio
8 1992 Estallido 44 1975 Cortejo barroco
9 1994 Una clase de anatomía 45 2009 Lo isolado
10 1983 Un aula para todos 46 1991 De Picasso a Paillaco
11 2015 De Venecia a Valparaíso 47 1968 Primer croquis
12 1979 Capitán 48 2003 Un taller improbable
13 1973 Ocio versus ocio creativo 49 2008 Travesía hacia Las Lástimas
14 1971 Desde el océano 50 1998 Barandas y abismos
15 2002 Capital poética 51 1952 Arista de una exposición
16 1965 Desapegos 52 1989 El alba perpetua del origen
17 1987 Temporal 53 1972 Un atisbo
18 2006 América abierta 54 1999 Una inmensa superficie
19 1952 Pensar es obrar 55 1962 Conversación inconclusa
20 1969 El taller de los iguales 56 1968 Creación del Instituto de Arte
21 2004 Camino a Iruya 57 1963 Talismán
22 2001 El jardín de Pino 58 1976 Cada vez puede ser otra
23 2017 Todo acontece al alba 59 1990 Ein Lichtspiel
24 1977 El primer diseñador 60 2000 Belleza pura
25 1982 De la palabra a la acción 61 2013 La luz de la deriva
26 2007 Memorias 62 2010 Un momento de lo sublime
27 1961 Aprendiendo a fundamentar 63 1954 Desagravio al moái
28 2016 Hijo del rigor 64 1966 Un taller comunitario
29 2020 Esos raros formatos nuevos 65 1952 Años de cambio
30 1957 Un paseo por el jardín 66 1985 Cabo Froward y la grandeza
31 1961 El año de la Reforma 67 1959 Lo distante en lo próximo
32 2011 Lienzo de overoles 68 1956 Primer año de la década inicial
33 2012 Dos obras y dos experiencias 69 1998 Una clase medieval
34 1970 Primera Phalène 70 1996 Dibujar el sonido
35 1974 Peripecias 71 1993 Ese punto limítrofe
36 1986 Amanecer en Cerro Cenicero 72 1964 Acto interior
37 1997 Escuela San Enrique 73 1984 La primera Travesía
38 2019 Cazando mariposas 74 2005 La seña de Oteiza
colofón

Esta edición especial de la revista acto & forma fue


impresa en los talleres de Salesianos Impresores.
En el interior se utilizó la fuente Libertad, en sus
distintas variantes, sobre papel Bond ahuesado de 60
gramos. La portada fue impresa en Bond de 106 gramos.
Edición de 500 ejemplares.
Se terminó de imprimir en marzo de 2023.

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