RESUMEN: HOBSBAWM – LA ERA DE LAS REVOLUCIONES 1789-1848
1. El mundo. 1780-1790
I. La consecuencia más importante de la doble revolución (francesa, de carácter político, e inglesa, de
carácter industrial, fue el establecimiento del dominio del globo por parte de unos cuantos regímenes
occidentales sin paralelo en la historia. Los viejos imperios y civilizaciones del mundo se
derrumbaban y capitulaban. La India se convirtió en una provincia administrada por procónsules
británicos, los estados islámicos fueron sacudidos por terribles crisis, África quedó abierta a la
conquista directa. Incluso el gran Imperio chino se vio obligado, en 1839-1842, a abrir sus fronteras a
la explotación occidental. En 1848 nada se oponía a la conquista occidental de los territorios. El
progreso de la empresa capitalista occidental sólo era cuestión de tiempo. Pero en el seno de la
sociedad burguesa nace una nueva ideología, contradicción de la doble revolución. La sociedad
comunista que comenzó como un fantasma, recorrió Europa y se apoderó de gran parte de ella tiempo
después. El mundo cambió “demasiado rápido”. Entre 1760 y final de siglos, el viaje entre Glasgow y
Londres se acortó de diez días a 62 horas… aunque esto solo sucedía en zonas contadas. El resto del
globo estaba masivamente incomunicado. Las carretas eran usadas tanto para el transporte de personas
como para el de mercancías (especialmente el correo).
II. El problema agrario era por eso fundamental en el mundo de 1789, y es fácil comprender por qué
los fisiócratas consideraron indiscutible que la tierra, y la renta de la tierra, eran la única fuente de
ingresos. Y que el eje del problema agrario era la relación entre quienes poseen la tierra y quienes la
cultivan, entre los que producen su riqueza y los que la acumulan. Las relaciones de la propiedad se
pueden dividir dependiendo la zona del globo donde estemos.-América: destaca la importación de
minerales y otras extracciones, así como esclavos, mucho más que productos agrarios. En este período
el algodón es más preciado, en detrimento del azúcar. -Al este del Elba, el cultivador típico no era
libre, sino que realmente estaba ahogado en la marea de la servidumbre, creciente casi sin interrupción
desde finales del siglo XV o principios del XVI. La zona de los Balcanes surgió como países
campesinos, pero en ellos no había una propiedad agrícola concentrada. Muchos estaban sometidos a
límites cercanos a la esclavitud o eran criados domésticos. En el ámbito de la producción, eran casi
independientes de Europa, en todo tipo de alimentos y materias primas. En general esto hacía que los
aristócratas explotaran cada vez más su posición económica inalienable y los privilegios de su
nacimiento y condición. Solo unas pocas comarcas habían impulsado el desarrollo agrario dando un
paso adelante hacia una agricultura puramente capitalista, principalmente en Inglaterra. La gran
propiedad estaba muy concentrada, pero el típico cultivador era un comerciante de tipo medio,
granjero-arrendatario que operaba con trabajo alquilado. Una gran cantidad de pequeños propietarios,
habitantes en chozas, embrollaba la situación. Con el cambio, entre 1760-1830, lo que surgió fue una
agricultura de empresarios agrícolas –granjeros- y un gran proletariado agrario. El siglo XVIII no
supuso un estancamiento agrícola. Por el contrario, si bien seguía siendo regional, una gran era de
expansión demográfica, de amento de urbanización, comercio y manufactura, impulsó y hasta exigió
el desarrollo agrario. La segunda mitad del siglo vio el principio del tremendo aumento de población.
III. La clase media de abogados, administradores de grandes fincas, cerveceros, tenderos e incluso el
industrial parecía poco más que un pariente pobre. Era el mercader el verdadero director del desarrollo
(en tanto el señor feudal lo era en Europa oriental). Por eso el sistema más conocido era el putting-out
system, por el cual un mercader compraba todos los productos del artesano o del trabajo no agrícola de
los campesinos para venderlo luego en los grandes mercados; temprano capitalismo industrial.
El siglo XVIII debió toda su fuerza de desarrollo al progreso de la producción y el comercio, y al
racionalismo económico y científico, que se creía asociado a ellos de manera inevitable. Las logias
masónicas, donde no existía una diferencia de clases propagaron las ideas inglesas bajo un tupido velo
francés: la igualdad y la libertad (después la fraternidad) fueron la bandera de su revolución. El
objetivo principal de los ilustrados no fue el capitalismo, sino, a través del humanismo y las ideas
racionalistas-progresistas, la libertad de todos los ciudadanos. Las monarquías absolutas del
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despotismo ilustrado encendieron la llama de la revolución intelectual y luego de la revolución
práctica.
IV. Los reyes que se llamaron “ilustrados” lo hicieron movidos menos por un interés en las ideas
generales que para la sociedad suponía la “ilustración” o la “planificación”, que por las ventajas
prácticas que la adopción de tales métodos suponía para el aumento de sus ingresos y bienestar. La
monarquía absoluta pertenecía a la feudalidad, que estaba dispuesta a utilizar todos los recursos
posibles para reforzar su autoridad y sus rentas dentro de sus fronteras. Las únicas liberaciones del
campesinado, anteriores a 1789, fueron en pequeños países como Dinamarca y Saboya, a pesar de que
todos los grandes ministros tenían en su mente, como única solución, la abolición de la servidumbre.
Las colonias rompieron el hielo, en este caso Irlanda y Estados Unidos, por vía pacífica o
revolucionaria.
El enfrentamiento entre Francia e Inglaterra significó la confrontación de dos sistemas políticos
antagónicos. Los ingleses no sólo vencieron más o menos decisivamente en todas esas guerras excepto
en una, sino que soportaron el esfuerzo de su organización, sostenimiento y consecuencias con relativa
facilidad. La doble revolución iba a hacer irresistible la expansión europea, aunque también iba a
proporcionar al mundo no europeo las condiciones y el equipo para lanzarse al contraataque.
2. La Revolución Industrial
I. Si bien este acontecimiento da sus primeros pasos a principios del siglo XVIII, no será hasta 1830
cuando la literatura de Balzac y los manifiestos de Engels y Marx se hagan cargo del proletario y la
clase trabajadora hija del capitalismo. La Revolución Industrial supone que un día entre 1780-1790, y
por primera vez en la historia humana, se liberó de sus cadenas al poder productivo de las sociedades
humanas, que desde entonces se hicieron capaces de una constante, rápida y hasta el presente ilimitada
multiplicación de hombres, bienes y servicios. Esto es lo que ahora se denomina técnicamente por los
economistas take-off, el crecimiento autosostenido. Ninguna sociedad anterior había sido capaz de
romper los muros de una estructura en la que el hambre y la muerte se imponían periódicamente.
Preguntar cuándo se completó es absurdo, pues su esencia era que, en adelante, nuevos cambios
revolucionarios constituyeran su norma. Y así sigue siendo.
Que el estallido se diera en Inglaterra no quiere decir que fuese superior científica y técnicamente
hablando. En las ciencias naturales Francia era, con mucho, el baluarte de Europa. Las lecturas de los
economistas ingleses eran tanto Adam Smith como Dupont, Quenay Turgot, Lavoisier y los italianos.
La educación palmaria no estaba en Oxford o Cambridge, sino en Escocia, de donde surgieron los
genios de esta revolución, como Watt, Telford, McAdam, James Mill. Hasta que Lancaster impusiera
sus medidas, la educación inglesa no despegó. Además, los inventos de estos no requerían más
conocimiento que el que se tenía a principio de siglo (excepto en química), y su aplicación fue muy
posterior (unos 40 años).
Las condiciones legales eran la gran ventaja. Un puñado de terratenientes de mentalidad comercial
monopolizaba casi la tierra, que era cultivada por arrendatarios que a su vez empleaban a gentes sin
tierras o propietarios de pequeñísimas parcelas. La agricultura estaba preparada para cumplir sus
cuatro funciones fundamentales en una era de industrialización:
Aumentar la producción y la productividad para alimentar a una población no agraria
Proporcionar mano de obra para las ciudades en crecimiento.
Suministrar un mecanismo para la acumulación de capital utilizable por los sectores más
modernos de la economía
así como la creación de excedente para exportar material e importar capital.
El dinero no solo hablaba, sino que gobernaba. Pero hay zonas que, aunque en 1850 producían mucho
más que en 1750 no habían disfrutado del salto cualitativo de Manchester o Birmingham. Empresarios
e inversores cruzaron sus actividades. Había algo que alzaba a Gran Bretaña sobre el resto de
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naciones, que además tras las guerras napoleónicas quedaron sometidas: la industria algodonera y la
expansión colonial.
II. Los esclavos y el algodón fueron en paralelo. Liverpool, Bristol y Glasgow crecieron al amparo de
este tráfico de mercancías. La Revolución industrial puede considerarse, salvo en unos cuantos años
iníciales, hacia 1780-1790, como el triunfo del mercado exterior sobre el interior: en 1814 Inglaterra
exportaba cuatro yardas de tela de algodón por cada tres consumidas en ella; en 1850, trece por cada
ocho. Las guerras napoleónicas cerraron Europa a este comercio, algo que volvió a reanudarse en
1820. Pero en las colonias, la industria británica había establecido un monopolio a causa de la guerra,
las revoluciones de otros países y su propio gobierno imperial. Inglaterra dominó financieramente al
continente sudamericano. India se convirtió en la (forzada) clientela de Lancashire. El comercio del
opio, por su parte, lanzó los intercambios con China desde 1820-1830. Los suministros ultramarinos
de lana ganaron en importancia a partir de 1870.
La gran industria del algodón se llevó por delante el trabajo manufacturero, de gran antigüedad.
Muchos se rebelaron ante la pérdida de sus puestos de trabajo cuando y la industria no los necesitaba
para nada. Comenzaba la tiranía de las máquinas.
III. La industria como tal tiene su nacimiento en base al algodón. El textil es posterior y el vapor no se
usaba mucho fuera de la minería. Con ella arrastró a otros sectores; por eso influyó en el progreso
económico de Gran Bretaña. Se pasó de importar 11 millones de libras de algodón bruto en 1780 a 588
millones en 1850 (su producción suponía casi el 50% del total). La pequeña crisis entre 1830-1840
sacudió levemente el mercado del algodón y tambaleó toda la economía británica: queremos con esto
mostrar lo importante que era el algodón para su estabilidad.
La desviación de las rentas hacia el arrendatario supuso levantamientos cartistas y otros en 1848
contra las máquinas, vistas como la raíz de los problemas. No solo proletariado, sino granjeros fueron
los protagonistas. Por eso los pequeños burgueses y los obreros se unieron a los radicales ingleses,
republicanos franceses o jacksonianos norteamericanos, dependiendo la localización.
A los capitalistas solo les preocupaba el cómputo de sus ganancias; mientras tanto les daba igual las
acciones proletarias. Los tres fallos del sistema fueron: el ciclo comercial de alza-baja, la tendencia de
la ganancia a declinar y la disminución de las oportunidades de inversiones provechosas. Inicialmente
la industria del algodón tenía muchas ventajas. Su mecanización aumentó mucho la productividad de
los trabajadores, muy mal pagados en todo caso, y en gran parte mujeres y niños. La inflación que
suponía la diferencia entre el coste de la materia prima y el beneficio que suponía la venta de la
manufactura, quedó neutralizada (e incluso en descenso) en 1815.
En los momentos de crisis que había, se ajustaba el presupuesto reduciendo los salarios de los
trabajadores: se podía comprimir directamente los jornales, sustituir los caros obreros expertos por
mecánicos más baratos o introducir máquinas en el lugar de un grupo. La medida más racional era
introducir maquinaria. Entre 1800-1820 hubo 39 patentes nuevas, 51 entre 1820-1830, 86 en 1830-
1840 y 156 en 1840-1850. Si bien la industria se estabilizó tecnológicamente en 1830, no sería hasta la
segunda mitad del siglo cuando la producción tuviera un aumento revolucionario.
IV. El problema de las producciones masivas es que necesitan un buen mercado de consumo. La
industria militar, tras Waterloo, entró en decadencia y la de productos primarios no era excesivamente
grande. Nunca falló, sin embargo, la industria del carbón: 10 millones de toneladas (90% de
producción mundial) frente a 1 millón de los franceses) en 1800. El ferrocarril es el hijo de las minas
del norte de Inglaterra: una gran producción requería una excelente movilización de producto.
El ferrocarril constituía el triunfo del hombre mediante la técnica. Que requiriese de una gran
inversión en hierro, acero, carbón y maquinaria pesada, de trabajo e inversión de capital, supuso que el
ferrocarril impulsó, como ningún otro invento, el desarrollo de la segunda industrialización. Carbón y
acero triplicaron su producción. La sociedad inglesa invertía sus riquezas y obtenía beneficios, la
aristocracia y la sociedad feudal se lanzó a malgastar una gran parte de sus rentas en actividades
improductivas. Esa fue la diferencia.
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Cuando el capital acumulado fue tanto que no lo pudo absorber el propio país, se decidió invertir en el
extranjero, especialmente desde la década de 1820. Pero solían ser empresas fracasadas porque no se
cumplían las expectativas: o terminaban por cobrar menos interés o el pago de este se retrasaba unos
40 años (como el caso de los griegos).
V. El factor más crucial que hubo de movilizarse y desplegarse fue el trabajo, pues una economía
industrial significa menos población agrícola, más urbana y un aumento general de la población, luego
también se necesita mayor suministro de alimentos: una revolución agrícola. Para eso se hubo de
terminar con los comunales medievales y las caducas actitudes comerciales del feudalismo. En 1846
se abolieron las Corn laws que retrasaban la entrada del capitalismo en el campo.
Para que la industrialización urbana triunfara, había que hacer dos cosas: mecanizar el campo para
liberar a muchos campesinos de su actividad tradicional y tentarlos a la industria y, después, formarlos
para que estuviesen capacitados en sus puestos. En un principio, se contrataron mayoritariamente
niños y mujeres (que resultaban más rentables).
Si bien sus ciudades pronto se contaminaron y llenaron de niebla (recordad Oliver Twist!), los ingleses
supieron utilizar muy bien sus recursos. A la altura de 1780 su consumo de algodón era dos veces el de
los [Link] y cuatro el de Francia; producía más de la mitad de lingotes de hierro del mundo; recibía
dividendos de todas sus inversiones por el mundo. Gran Bretaña era el taller del mundo.
3. La revolución francesa
I. En las dos primeras citas que pone Hobsbawm, se da a entender que esta revolución es
algo implacable, propia de la ilustración y que pondrá en “su lugar” a todos aquellos que hagan
gobernado hasta entonces. El siglo XVIII fue uno que marco el fin o inicio de este a los
regímenes antiguos, tanto en lo económico como político. Para algunos historiadores existe una era
de revoluciones democráticas, que parte oficialmente con la Independencia de los [Link]., siendo la
Revolución francesa una más, pero la más relevante y con mayor alcance.
En este sentido, la crisis del antiguo régimen no fue solo francés, incluso hasta 1917 con la revolución
rusa, tenemos algo de este estilo. Lo que sí, la francesa fue especial, llevo a movilizar un numero
nunca antes visto de masas en la región estatal más populosa del mundo. Por consecuencia, el punto de
inflexión que recalca que la Revolución francesa es la más importante fue su calidad ecuménica, es
decir que transgredió a todo el mundo, movilizó ejércitos en todo el orbe bajo su alero, sus ideas y
fundamentos fueron igualmente traspasados a todos los lugares posibles, fue una bandera de lucha de
corte mundial.
La revolución norteamericana fundó una clara estructura constitucional que muchos países tomarían
después, pero Francia motivó más tarde otras revoluciones, como la de América latina, le dio
significado a la palabra “patria y libertad”, además de influir en los ideales socialistas y comunistas.
Francia fue un arduo competidor de Inglaterra, pero el antiguo régimen era muy fuerte, el cual chocó
de lleno con nuevos intereses de grupos sociales ascendentes. Por ejemplo, Turgot, primer
ministro de Luis XVI intento instaurar políticas más sociales que en otras épocas, el rey que fue un
“déspota ilustrado”, las aceptó, pero estas caían lentamente. La tradición pesaba más que los nuevos
aires, por lo cual todas estas medidas eran rápidamente rechazadas por la aristocracia,
generando malestar en sectores más desfavorecidos, los cuales se iban acumulando. Así la reacción
feudal, según el autor fue la gota que rebalsó el vaso.
Bajo el punto anterior, la nobleza que era un 3% de una población de 23 millones gozaba de grandes y
austeros beneficios, en comparación a otras clases sociales, no pagaban impuestos, entre otros
puntos. Los cargos políticos, que idealmente estaban destinados a la clase media, fueron ocupados
todos por los nobles, dejando sin espacio alguno a los otros mencionados. El cargo de feudalista,
irritaba a clases medias y campesinos, pues con estos de intentaba retribuir a la nobleza cosas antigás,
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como sus derechos, pasando a llevar a clase media y campesinos. En esta línea, aunque la mayor parte
de las tierras eran del tercer estado, eran tierras pobres, con gente pobre, que no podía pagar
impuestos, diezmos, etc., generando más y más descontento.
Además de todo lo anterior, tenemos un constante aumento de una crisis económica en la casa real, la
cual terminó por fundarse una vez concluida la Independencia estadounidense, recordando que esta se
gestó gracias al apoyo económico de Francia que ya venía con problemas económicos, es decir, según
Hobsbawm, “la revolución norteamericana puede considerarse la causa directa de la francesa”
Esto pone en énfasis lo que dice que el gasto excesivo de la corona causo la quiebra, si bien esto
es verídico, el 50% de la deuda provenía de la guerra. Ante lo anterior, los nobles en conjunto de los
parlamentos convocaron a los estados generales, con la idea de retomar el poder del estado, como
en la época feudal, lo cual resulto al revés, pues subestimaron al tercer estado e ignoraron a la
crisis económica de la corona.
Hobsbawm deja en claro que la revolución no fue creada por algún tipo de partido político o algo por
el estilo, fue un consenso de ideas (creadas por filósofos como Rousseau, Voltaire o Montesquieu)
entre un grupo social coherente que dio forma al movimiento. Este grupo fue la Burguesía. El
régimen que se quería instalar da vista en las Declaraciones de derechos del hombre y del
ciudadano de 1789, el cual en su artículo primero es tajante: Todos los hombres nacen y viven libres e
iguales bajo las leyes. Además, la propiedad privada era un derecho sagrado, inalienable e
inviolable. Se sepulta el autoritarismo, pues todos los hombres pueden participar en la formación de
leyes, de forma directa o con representantes. De acá radica que los soberanos son el pueblo, quienes
envían representantes, los cuales son elegidos. En este sentido, “el rey ya no sería Luis, por la gracia
de Dios, rey de Francia y de Navarra, sino Luis, por la gracia de Dios y la Ley Constitucional del
Estado, rey de los Franceses”.
Una vez establecidos lo Estado generales para la crisis, el tercer estado se movió, e incluso considero a
campesinos como participantes de esta. Según Hobsbawm, el absolutismo terminó cuando
Mirabeau, ex noble le dijo al rey: “Señor, sois extraño en esta Asamblea u no tenéis derecho a hablar
en ella”. De esta forma, el tercer estado logró triunfar ante los clásicos “monarcas”, pues tenía el
apoyo de los burgueses y el campesinado. Pues esto se agitó más con una mala cosecha que hizo una
crisis, porque los precios de semillas se dispararon, la gente estaba enloquecida, la gente de
las ciudades compraba pan al doble de su valor, y un largo etcétera que causo más y más
molestia, teniendo en cuenta que los reyes no hacían nada para solucionarlo. Con un ánimo
vociferante, este cumulo de personas tomó la bastilla, prisión que identificaba el poderío del
rey, pues eran presos reales lo que estaban ahí. Las revoluciones comienzan destronando los iconos
ya establecidos y este fue el caso. El 14 de Julio de 1789 sucede esto, y arranca la
revolución francesa en todo su esplendor. La revolución se expandió a todas las ciudades y al campo
en Francia (hablar para contraargumentar la Guerra de la Bandee). De esta forma, comenzaron a caer
todo el establecimiento de corte feudal en el país. Una vez comenzada, era cuestión de tiempo
para más y más revoluciones, y todas tendrían este espíritu, el de un grupo de personas, molestas
por X razones se movilicen e intenten destronar a la contrarrevolución.
II Entre 1789-91, la burguesía moderada intento poco a poco modificar el status quo del país
lombardo. Se crearon instituciones que respaldaban a los grupos anteriormente desfavorecidos,
entre otros puntos esenciales. Se emancipó a los judíos, se cercaron los terrenos, se apoyó al naciente
proletariado y campesinado, además se empezó en el año cero, un nuevo comienzo. La constitución
de 1791 instauró una monarquía constitucional, centrada para defender los derechos de los ciudadanos
y el no abuso democrático. La corona, aunque “acepto”, no podía quedarse así, pues “soñaba con una
cruzada de los regios parientes, para expulsar a la chusma de gobernantes comuneros y restaurar el
ungido de Dios, al cristianísimo rey de Francia, en su puesto legítimo”. En este sentido, el rey en una
idea sin mucho ingenio, abandona el país, posiblemente para buscar refuerzos en las monarquías
extranjeras aún existentes. Fue capturado el junio de 1791, perdiendo aún más legitimidad, pues el
“rey que abandona su pueblo, pierde la legitimidad sobre este”, logrando de forma concreta la
instauración del republicanismo.
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Aun con estos aires de grandeza, no existía una estabilidad política, pues los valores seguían muy
altos, y se crearon varios malestares. Esto conllevaría a la segunda revolución (Jacobina del año II), y
más tarde el ascenso de Napoleón Bonaparte.
En un inicio, se enfrentaron dos fuerzas: la extrema derecha y la izquierda moderada, además de los
ideales de otras coronas que querían ayudar al rey Luis XVI, pues más que querer ayudar, querían
espantar cualquier idea revolucionaria en sus propios reinos. Pues tenían razón, en los pueblos
comenzó a expandirse un “germen” de liberación, pues todos querían ahora ser libres, y pasar de la
tiranía a la democracia. La “liberación” de Francia haría que el camino de la historia cambiará para
siempre. Así, como era obvio, comenzó a expandirse más y más el sentimiento de querer desarrollar
una guerra, de gran calibre. Incluso los economistas la motivaban, pues veían en ella una forma de
sacar más dinero. Robespierre no quería la guerra.
Así, en abril de 1792 se comenzó, en septiembre la monarquía ya había sido derrotada, se instauro la
república, y con el añoramiento de la nueva era se reinició el calendario en el año 1. Motivada por el
grupo radical de los Girondinos (radicales al exterior y moderados al interior).
Esta victoria, según Hobsbawm, era altamente ineficaz, pues “la guerra oscilaba entre la victoria total
de la revolución mundial y la derrota total que significaba la contrarrevolución. Y su ejército, eran tan
ineficaz como inseguro”. Bajo esta idea, la joven republica descubrió e invento la guerra total, que
consiste en la total movilización de los recursos de una nación mediante el reclutamiento en masa.
Este método de guerra no se vería bien hasta nuestros días, siquiera distingue entre población militar y
civil, lo que sí, los primeros intentos certeros de la guerra total, se dieron con Robespierre y la época
del terror (1792-94). Los sans-culottes (Izquierda) se hacían más y más fuertes, por sus tendencias
radicales y enfrentadas con el clasismo, por esto tomaron la avanzada y gobernaron bajo el alero de
Robespierre, entre los años señalados.
III El colectivo general, cuando piensa en la revolución, piensa básicamente en 1789, La revolución
jacobina del año 2, Robespierre, Danton, Marat, la Guillotina, etc. Pero nombres de algunos
moderados como Mirabeau o Lafayette parece que se esfumaron, excepto para los historiadores. Pues
los girondinos son recordados sólo como un grupo.
Siempre se pintó a los Jacobinos como el periodo del terror, pero para el autor no es así. El recalca que
cuando en 1793, los jacobinos, con Robespierre a la cabeza, tomaron el poder, estaba la caga. 14
meses más tarde, ya no existían invasores, la republica gozaba de estabilidad, Francia comenzó a
expandirse militarmente con rotundo éxito (el cual duraría 20 años), se estabilizó la economía, entre
otros factores. Sin lugar a dudas, a pesar del “terror”, fue una época de bonanza. Los jacobinos, sabían
que sin un régimen fuerte, la revolución iba a caer, por eso era el “terror o nada”. Finalmente fue nada,
pero por la caída de Robespierre, ahí todo cayó.
El modus operandi de los Jacobinos se basó en: la movilización de masas, el terror antes los traidores
y el control total de la economía. Los jacobinos instauraron una nueva constitución, muy radical, pero
que tenía bastantes puntos positivos, sobre todo, bastante democráticos. En este sentido, “se ofrecía al
pueblo el sufragio universal, el derecho a insurrección, trabajo y alimento, y la declaración oficial de
que el bien común era la finalidad del gobierno y de que los derechos del pueblo no serían meramente
asequibles, sino operantes”. Además, abolieron el feudalismo, la esclavitud (incluso en sus
colonias), en el ámbito económico avanzaron brutalmente, incluso el proletariado se notaba satisfecho.
No hay ni que mencionar que los Jacobinos eran de izquierda, eso ya es deducible. Su
figura, Robespierre, sin cargo alguno, fue un hombre que caía mal, pero que basaba la
revolución en el IDEAL jacobino, su legitimidad eran las masas, así se mantuvo en el poder,
ellas eran el terror. Cuando perdió las masas, él cayó. Incluso llegando a ser guillotinado.
IV Una vez finalizado el régimen Jacobino, comienza el denominado periodo de las revoluciones
(1794-1799), en donde los nuevos dirigentes, de todos los que hubo, tuvieron serios problemas
para encontrar la estabilidad que alcanzó el periodo del “terror”. Pues desde esta época, denominada
como el Directorio, sucedieron muchos regímenes. Consulado (1799.1804), Imperio (hasta el
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1814), monarquía restaurada (hasta 1830), monarquía constitucional (hasta el 48) y al republica e
imperio hasta casi los 80. Provocó inestabilidad, y sobre todo intentar mantener un régimen que no
vuelva al de Robespierre o el antiguo. Este problema comenzó, como es esperable, con el
Directorio. Pues, a diferencia del régimen Jacobino, no tenía una mano fuerte. Conocidos como el
gobierno civil, el cual gobernó con suma pacificad, encontró el descontrol con Napoleón y su ejército,
el cual según Hobsbawm es el hijo del régimen jacobino.
La milicia en Napoleón, denota que en Francia se necesitaba una especie de gobierno fuerte para
controlar las masas. Su ejército conquistó Europa, con pocos recursos y de manera rápida , pues
tuvo que hacerlo. Pero, ¿por qué el ejército era tan importante? Según palabras de Hobsbawm “el
ejército fue una carrera como otra cualquiera de las muchas que la revolución burguesa había abierto
al talento, y quienes consiguieron éxito en ella tenían un vivo interés en la estabilidad interna, como el
resto de los burgueses. Esto es lo que convirtió al ejército, (…) en un pilar fundamental del gobierno”.
Es decir, la profesionalización del ejército.
Siguiendo el punto anterior, el mejor ejemplo es Napoleón. Pues fue un militar de carrera, ya en el
periodo jacobino, gracias a sus dotes, ascendió a general (pues el mérito era relevante), lucho y se
convirtió en Primer Cónsul, más tarde, Cónsul Vitalicio y finalmente Emperador. Alcanzo la
estabilidad, Francia tenía un código civil y un banco nacional (signo de unificación Burguesa). El
personaje alcanzó tal fama, que se habla verbalmente de un mito napoleónico. Pues los grandes
hombres de la historia, comenzaron siendo reyes (Carlo Magno, Julio Cesar, etc.), pero el gracias al
mérito, llegó donde llegó. Se transformó en un ideal, en un hombre a seguir. “Napoleón sólo destruyó
una cosa: la revolución jacobina, el sueño de igualdad, libertad, fraternidad y de la majestuosa
ascensión del pueblo para sacudir el yugo de la opresión)”.