NATHALIE BLANCAS TELLEZ
PATRIMONIO HISTORICO
DRA. FRAILE ISABEL MARTÍN
Indice
1. Introducción
2. Estado de la cuestión
3. La Real Academia de San Carlos
a. Concepto de Academia
b. Origen de la Real Academia de San Carlos - México
c. Estructura y Curricula académica
4. Contexto histórico - La Academia paralela a la transformación del país
5. Artistas asociados con la Real Academia de San Carlos en el siglo XIX (listados por
orden de aparición)
a. Jeronimo Antonio Gil
b. Manuel Tolsá
c. José Ximeno y Planes
d. Primitivo Miranda
e. Juan Cordero
f. Pedro Patiño Ixtolinque
g. Pelegrín Clavé
h. Don Manuel Vilar
i. James Bagally
j. George August Periam
k. Eugenio Landesio
l. Javier Cavallari
m. Santiago Rebull
n. Salomé Pina
o. Jose Maria Velasco
p. Hermenegildo Bustos
6. Conclusión
7. Referencias
1. Introducción
En el arte mexicano del periodo virreinal, emerge el Neoclasicismo (que después pasará a
convertirse en Realismo), influenciado por la Academia de San Carlos, hacia la cual hemos
dirigido nuestra atención con cautela. Este período no sólo parecía inapropiado, sino también
desconectado de nuestra tradición. Sin embargo, a pesar de nuestra desconfianza hacia lo
autocrático y lo derivado en el arte, hoy en día mostramos un interés especial por las diversas
manifestaciones artísticas y la naturaleza de los períodos de transición. Por lo tanto, nos
preguntamos qué estaba ocurriendo realmente en el ámbito artístico mexicano mientras el país
atravesaba una serie de revoluciones en busca de su independencia política. Al observar
detenidamente a la Real Academia de San Carlos y los artistas relacionados, podemos
comprender este periodo como un informe directo y documentado sobre cómo eran las cosas en
ese entonces; los planes de estudio, los dibujos, los personajes y las finanzas de la institución.
En el siglo XIX, se establecieron academias en todo el continente americano bajo el patrocinio
de los gobiernos. Funcionaban como centros de enseñanza y promoción del gusto artístico, con
una fuerza radicaba en su doctrina absoluta. Se enseñaba al joven artista lo qué era el “Verdadero
Gusto”; se le proporcionaban las reglas que definían la Belleza y las técnicas propias de las
Bellas Artes. Al seguir estas reglas, se le protegía de caer en la vulgaridad y, lo que es más
importante, en el provincialismo. El hecho de que los profesores que llegaban a México no
estuvieran familiarizados con la cultura local no era considerado un obstáculo, ya que poseían un
conocimiento profundo del arte y contaban con la fórmula perfecta para esta actividad sublime e
invariable.
Resulta paradójico que una estética tan rígida pudiera coincidir con un período de revolución,
desde David en Francia hasta Thomas Jefferson en Estados Unidos y Tolsá en México. Además,
es sorprendente que este neoclasicismo autoritario se convirtiera en una forma popular, no solo
por su novedad y nobleza, sino también por su carácter filosófico e internacional.
En esta historia, se manifiestan todos los conflictos filosóficos del período. Los críticos hacen el
descubrimiento revolucionario de que los escultores de la antigua Grecia no buscaban producir
escultura clásica, sino expresar sus convicciones sobre el destino humano. El joven pintor
mexicano, al observar su entorno, se da cuenta de que está inmerso en un mundo donde las
figuras humanas no se ajustan a los cánones clásicos de proporción. Se hace evidente que el traje,
el rostro, la figura y el movimiento de Moctezuma no pueden ser deducidos de las ruinas de
Roma o Egipto, y que estas diferencias son precisamente lo que define al Emperador Azteca. La
vida está llena de significados apenas esbozados, relevantes para este tiempo y lugar, y es
responsabilidad del artista testimoniar lo que ha visto. (Charlot, 1962.)
Es indiscutible que un pintor debe plasmar lo que ve y conoce, y dado que es mexicano, será una
historia mexicana la que representará. Por lo tanto, la lucha se centra en México entre la tradición
clásica y la necesidad de crear un nuevo arte propio, y esta elección se debate en la Academia de
San Carlos en Nueva España entre 1785 y 1915.
2. Estado de la Cuestión
El estudio sobre la Academia de San Carlos y sus artistas asociados durante el siglo XIX
representa un área significativa de la investigación dentro del campo de la historia del arte
mexicano. En el centro de esta discusión académica se encuentra la obra de Jean Charlot, "El
Arte Mexicano y la Academia de San Carlos, 1785-1915", publicada en 1962. El exhaustivo
examen de Charlot sobre la academia y sus practicantes ofrece conocimientos invaluables sobre
el entorno cultural, social y político de México durante este período transformador.
Este libro sirve como base en el campo debido a la detenida exploración de la Academia de San
Carlos y su evolución a lo largo de 130 años. Al analizar meticulosamente la trayectoria de la
institución desde su establecimiento a fines del siglo XVIII hasta los albores del siglo XX,
Charlot proporciona un relato detallado de cómo la academia se adaptó y reflejó el cambiante
panorama socio-político de México. Desde los años tumultuosos de la independencia hasta los
esfuerzos de modernización del régimen de Porfirio Díaz, Charlot ilustra hábilmente la compleja
interacción entre la producción artística, la dinámica institucional y las fuerzas históricas más
amplias.
Central para el análisis de Charlot está su examen de los artistas asociados con la Academia de
San Carlos y sus contribuciones al arte mexicano. A través de críticas e interpretaciones
contextuales, Charlot ilumina las diversas prácticas artísticas y tendencias estilísticas que
surgieron dentro de los muros de la academia, donde incluso reconoce la desigualdad y el
reconocimiento otorgado a diferentes artistas a lo largo de la historia. Mientras que ciertas
figuras pueden haber gozado de amplio reconocimiento y atención académica, otras pueden
haber permanecido relegadas a los márgenes del discurso histórico del arte, algo que aún se
puede notar en las disparidades en la disponibilidad de información sobre artistas específicos, lo
cual puede estar influenciado por factores como su popularidad entre críticos y el público en
general.
Finalmente, para complementar el análisis sobre la cronología y hechos del siglo XIX, se
recurrió a "La nueva historia mínima de México" como una fuente adicional de información, lo
cual proporcionó un contexto histórico más profundo que enriqueció la comprensión de los
eventos y desarrollos relacionados con la academia y el arte mexicano durante ese período.
3. La Real Academia de San Carlos
Concepto de Academia
El concepto de academias tiene antiguos orígenes, remontándose a la antigüedad clásica en
Grecia. El término "academia" proviene del griego "Akademia", el sitio cerca de Atenas donde
Platón fundó su escuela alrededor del 387 a.C., sirviendo como centro de investigación filosófica
y científica.
Durante el Renacimiento en Europa, las academias experimentaron un resurgimiento,
especialmente en Italia, donde promovieron las artes, la literatura y las ciencias. Este intercambio
intelectual facilitó importantes desarrollos culturales y artísticos.En la Ilustración, las academias
jugaron un papel fundamental en el avance de la razón, la investigación científica y la difusión
del conocimiento. Instituciones como la Royal Society en Inglaterra y la Académie des Sciences
en Francia estuvieron a la vanguardia de la investigación científica y la colaboración.
Durante el siglo XIX, se tiene un período marcado por los esfuerzos de independización política
en América Latina, especialmente en México, hay un ferviente impulso hacia la creación de
instituciones que reflejan y fortalecen la identidad nacional recién adquirida. Este impulso
encontró expresión en el florecimiento de instituciones académicas y culturales, entre las cuales
las academias ocuparon un lugar destacado.
La independencia política trajo consigo una búsqueda intensificada de una nueva identidad, una
identidad arraigada en la historia y la cultura propias de cada nación. En este contexto, las
academias surgieron como centros de excelencia intelectual, destinados a cultivar el
conocimiento, preservar la herencia cultural y fomentar el progreso en diversos campos del
saber.
En México, estas instituciones adquirieron un papel fundamental en la construcción de la
identidad nacional postcolonial. Estas instituciones académicas no solo promovieron la erudición
y el avance intelectual, sino que también se convirtieron en guardianes de la identidad nacional
emergente. A través de su labor, contribuyeron significativamente al desarrollo cultural y
académico de México y América Latina en su conjunto, dejando un legado perdurable en la
historia de la región.
Origen de la Real Academía de San Carlos - México
En agosto de 1781, gracias a la iniciativa de Jerónimo Antonio Gil, Maestro Grabador del Rey de
España, enviado a la colonia en 1778 con la misión de supervisar los estándares artísticos y la
artesanía de fundición de metales de su Casa de Moneda, se estableció una academia de grabado
en el mismo lugar. Este acontecimiento marcó el primer paso hacia la transformación de la
escuela de grabado en una Academia Real.
Posteriormente, este proceso se formalizó ante el Virrey Martín de Mayorga por parte de Don
Fernando José Mangino, quien estaba a cargo de la Casa de Moneda y era superior directo de
Gil. La escuela de grabado fue reconfigurada para convertirse en una Escuela de Bellas Artes, o
Escuela Provisional, la cual operó dentro de la Casa de Moneda. En 1783, Carlos III, Rey de
España, emitió la Cédula Real que autorizaba la creación de la Real Academia de San Carlos.
El 4 de noviembre de 1785 se llevó a cabo la ceremonia de inauguración de cursos y se abrió
oficialmente la Real Academia de San Carlos, inicialmente ubicada en el edificio de la Real Casa
de Moneda. Sin embargo, debido a la necesidad de un espacio más adecuado para los estudiantes
y a que la ubicación original resultaba incómoda para las actividades de la Casa de Moneda, se
inició la búsqueda de un edificio adecuado para reubicar la academia. Finalmente, en 1791, la
academia encontró su ubicación definitiva en el Hospital del Amor de Dios.
Estructura y Curricula académica
El Rey Carlos III desempeñó un papel fundamental en el establecimiento y organización de la
Real Academia de San Carlos de Nueva España, dejando su huella a través de los Estatutos que
promulgó para regular su funcionamiento. Estos Estatutos, compuestos por 30 artículos,
delinearon meticulosamente los reglamentos que regirían la academia, desde la estructura de las
clases hasta los beneficios y privilegios otorgados a sus alumnos.
En los Estatutos, se establecieron normativas detalladas sobre la admisión de estudiantes, los
requisitos para graduarse, y las responsabilidades de los profesores. Se definieron los objetivos
educativos de la academia, que incluían el fomento del arte y la formación de artistas capacitados
para contribuir al desarrollo cultural y estético de la sociedad colonial. Además, se delinearon las
disposiciones sobre la organización interna de la academia, incluyendo la elección de
autoridades, la programación de clases y actividades, y la administración de los recursos
académicos. Se establecieron protocolos para la evaluación del progreso de los estudiantes y se
detallaron los procedimientos para la concesión de premios y reconocimientos.
Los Estatutos también contemplaban los derechos y deberes de los alumnos, así como los
beneficios y privilegios que se les otorgaban como miembros de la academia. Esto podía incluir
acceso a materiales y recursos educativos, asistencia a conferencias y eventos culturales, y
oportunidades de participación en exposiciones y concursos artísticos.
En relación a Jerónimo Antonio Gil, ciertos académicos destacan cómo mantenía a algunos
estudiantes previos a la creación de la academia en una especie de servidumbre virtual. Se
menciona (Charlot, 1962.): "Les hace operar la prensa [tirar el tórcalo], tarea que es propia
solo para obreros. Sometidos a esta labor, pierden tanto su destreza como su salud. Les obliga a
imprimir ediciones de cualquier obra que él realice, en beneficio propio, mientras que los
estudiantes solo tienen el trabajo, sin recibir ningún beneficio".
En su papel como director de la Academia a partir de 1783, Gil no solo se encargaba de la
enseñanza del grabado, sino que también supervisaba la instrucción en escultura, pintura y
arquitectura. En su posición, demostró ser un supervisor riguroso y tenía el poder para ejercer
presión sobre su facultad. Como lo expresó el Rey (Charlot, 1962.): "El puesto de Director
General se concede por tres años; la única excepción a esta regla es para el actual Don
Jerónimo Antonio Gil, debido a su mérito especial, por ser el pionero y por su papel en la
fundación de la Academia. Es mi deseo que ocupe este cargo de por vida, una gracia que nunca
será otorgada a otro".
El currículo de la Academia seguía el modelo establecido por las academias europeas, donde el
dibujo se consideraba la base fundamental de todas las artes plásticas. Los estudiantes
comenzaban su formación copiando modelos bidimensionales, grabados o dibujos originales
proporcionados por sus profesores con ese propósito específico. Todos aquellos que se
presentaban en el aula donde se impartían los conceptos básicos eran admitidos, ya fuera con la
intención de especializarse en una de las tres artes principales, como el grabado, o simplemente
para perfeccionar sus habilidades en el dibujo con vistas a otras ocupaciones. Durante las
reuniones mensuales de la junta, se presentaban los dibujos de los estudiantes que habían
progresado lo suficiente y deseaban avanzar de clase, o aquellos que eran considerados dignos de
pasar a un nivel superior. Estos dibujos eran evaluados por los profesores pertinentes, y
basándose en una pluralidad de votos, se decidía si el estudiante debía avanzar a la clase donde
se estudiaban moldes de yeso. En la clase de modelo, se admitían aquellos estudiantes que
habían seguido un curso paralelo al requerido para la admisión en dicha clase, habiendo sido
declarados aptos por la junta para avanzar.
4. Contexto histórico
Como suele ocurrir en México, lo que podría considerarse un conflicto secundario en cuestiones
de gusto, en realidad está en el corazón de la historia nacional. El cambio en la Academia fue
impulsado por las grandes corrientes políticas y sociológicas de la época; las mismas fuerzas que
la destruyeron también revelan la falacia de un arte que las ignoraba.
Durante sus primeros años, desde su fundación en 1785 hasta el cambio de siglo, la Academia de
San Carlos en México emergió como un faro cultural en el horizonte de las artes visuales del
país. Establecida como un centro educativo de renombre, la academia se convirtió en un lugar de
talento y creatividad, ofreciendo programas formativos en pintura, escultura y arquitectura. Su
influencia se extendió más allá de las fronteras nacionales, conectándose con instituciones
europeas y enriqueciendo su colección con obras de arte de renombrados maestros.
A continuación vemos el siglo XIX, que se caracterizó por un persistente cambio político y
social, a pesar de los esfuerzos iniciales por sofocar las rebeliones. En los primeros 10 años de la
década se denota a Manuel Tolsá, nombrado director en 1803, y bajo su liderazgo, implementó
reformas significativas para mejorar la calidad de la educación artística. Introdujo nuevos
métodos de enseñanza y promovió el estudio de la anatomía y la escultura clásica, lo que elevó el
nivel de habilidad técnica de los estudiantes.
Además de su trabajo como director, Tolsá también contribuyó a la decoración y
embellecimiento del edificio de la Academia de San Carlos. Diseñó la fachada del edificio, que
se convirtió en un ejemplo destacado del estilo neoclásico en la arquitectura mexicana.
La élite colonial, presa de la cautela ante la inestabilidad, permanecía en un estado de
aprehensión, mientras figuras como Miguel Hidalgo fomentaban la conciencia racial entre las
poblaciones indígenas, abogando por sus derechos frente a la dominación colonial. La transición
hacia un México independiente en septiembre de 1821 marcó un hito significativo, aunque
plagado de incertidumbres. La Academia, reflejando el nuevo estatus independiente de la nación,
reafirmó con entusiasmo su lealtad al Estado, desechando las referencias coloniales y tomando el
nombre de Academia Nacional de las Tres Bellas Artes de San Carlos en México. Sin embargo,
la rebelión Mexicana sumió a la Academia a cerrar sus puertas durante tres años (los cuales no
son especificados) para después resurgir como La Escuela Nacional de Bellas Artes, incorporada
a la Universidad de México.
Las ambiciones del Presidente Agustín de Iturbide por instaurar un gobierno imperial no le
permitieron ejercer preocupaciones por las instituciones culturales, lo que llevó al cierre de la
Academia antes de terminar 1822.
La institución se encontraba en un creciente abandono, hasta que un triunvirato de generales, en
medio de la transición de México hacia una república y con Agustín en exilio, otorgó apoyo
financiero para su renacimiento en 1824, a lo cual el director José Ximeno y Planes demostró
gratitud, un año después este fallece, y es Pedro Patiño Ixtolinque quien toma el lugar como su
sucesor, hasta su muerte en 1835, y con Don Ignacio Sanchez de Tagle (Presidente de la Junta
Directiva) tomando su lugar.
Este período de dificultad económica, etiquetado como los "momentos oscuros" en la historia de
la academia, se extendió hasta mediados del siglo, sin embargo, también fue un tiempo que
permitió cierta libertad artística en el país, sentando las bases para un movimiento artístico
nacional. El año 1840 trajo consigo un momento significativo que reveló el estado deteriorado de
la Academia en medio de disputas legales sobre el pago del alquiler, entre otras deudas.
No todo fue malo, mientras la academia pasaba por un momento de silencio, en el fondo
nacieron y crecieron los primeros artistas nativos de México, como lo son Primitivo Miranda y
Juan Cordero, insinuando el surgimiento de una identidad nacional en el arte. En contraste, un
decreto en 1843 del General Antonio López de Santa Anna buscaba levantar el estado de la
academia una vez más, con el respaldo de fondos de la Lotería Nacional. Sin embargo, esto
propició la demanda y la llegada de nuevos directores extranjeros; Pelegrín Clavé (director
general), Don Manuel Vilar (director de escultura), James Bagally (grabado en hueco), George
August Periam (grabado), Eugenio Landesio (pintura paisajista) y Javier Cavallari (arquitectura),
lo cual ayudó aún más a las influencias coloniales, frustrando las aspiraciones de los artistas
mexicanos.
Del otro lado de los artistas se encontraba el profesor Miguel Mata (quien había sido estudiante
de la misma academia), expresando arduamente el descontento con el desprecio hacia los
mexicanos en la comunidad artística. Asi mismo tras su "perpetuo" exilio, Santa Anna había
“regresado” a través de una carta donde demostró su interés por el cambio de directores en la
Academia a favor de que Juan Cordero tome el lugar de Pelegrín Clavé tan pronto como su
contrato terminara. Todo lo que faltaba era la aprobación oficial, pero el nuevo presidente
interino, el General Juan Álvarez trató de ejercer buen juicio y ordenó que la dirección se ganara
por mérito
Los trastornos políticos en la década de 1860 que son una característica esperada de la política
mexicana aumentaron en violencia y se aceleraron. A finales de 1860, después de la derrota en el
campo de batalla de los conservadores bajo Miramón, y Juárez inauguró reformas a escala
nacional como la Ley de Nacionalización de Bienes Eclesiásticos (también llamada Ley Juárez),
y no tardó en prestar atención a la escuela, pues resentía el tono extranjero que también existía en
la facultad, por ello nombró como director general al mexicano Santiago Rebull.
Una vez más, la facultad y los estudiantes se vieron obligados a enfrentar el desafío de prestar
juramento, esta vez bajo el régimen respaldado por los franceses. La obediencia política
adicional parecía ser la opción más sensata. En esta ocasión, la antigua Real Academia aceptó sin
protestar el cambio de su nombre actual de Academia Nacional a Academia Imperial.
En 1863 ocurren grandes cambios, Clavé deja la academia y deja a Salomé Pina a cargo de la
dirección de pintura, y Santiago Rebull, (que previamente había sido seleccionado por Juárez
como director general de la escuela por razones nacionalistas) sintió el deber político de
renunciar a su cargo tras la caída de este mismo, aunque encontró igual favorabilidad bajo el
reinado de Maximiliano, en 1864. En este relato sobre el surgimiento del arte nacional mexicano,
resulta irónico que a Maximiliano se le reconociera como alguien que contribuyó
significativamente a su desarrollo, pues mostraba una clara preferencia por las costumbres y
logros mexicanos, al ser un europeo culto, apenas se dejaba impresionar por los maestros
extranjeros cuya reputación en México se basaba principalmente en su formación europea. Para
1867, los imperialistas evacuaron la capital y los liberales volvieron a tomar el poder. La
Academia Imperial fue restaurada por decreto del presidente Juárez, a Escuela Nacional de
Bellas Artes.
Durante el periodo que abarca desde 1868 hasta 1876, la Academia de San Carlos en México
perseveró como una institución comprometida con la formación artística, enfrentando una serie
de desafíos y transformaciones tanto en el ámbito político como administrativo, que marcaron su
trayectoria.
Surge el realismo como corriente artística, tuvo una notable presencia en México, especialmente
en la Academia de San Carlos durante el siglo XIX. Esta corriente se caracterizaba por su
enfoque en representar la realidad de manera fiel y objetiva, buscando capturar la vida cotidiana,
los paisajes y las personas con gran detalle y precisión, aunque a diferencia de otros países
influenciados por esta corriente, en México no se limitó a un período específico, sino que
evolucionó y se adaptó a lo largo del tiempo, reflejando los cambios sociales, políticos y
culturales del país en diferentes momentos históricos.
En la Academia de San Carlos, el realismo se manifestó principalmente en la enseñanza de la
pintura y la escultura. Los profesores y estudiantes de la academia se dedicaron a estudiar y
representar la anatomía humana, los paisajes urbanos y rurales, así como los eventos históricos y
sociales de la época. Los artistas realistas de la Academia de San Carlos se esforzaron por
capturar la esencia de la vida mexicana, mostrando tanto la belleza como las injusticias de la
sociedad de su tiempo. Algunos de los artistas destacados son José Maria Velasco y
Hermenegildo Bustos.
La presidencia de Sebastián Lerdo de Tejada, extendida desde 1872 hasta 1876, se distinguió por
una serie de reformas educativas en México, que incluyeron a la Academia de Bellas Artes.
Durante su mandato, Lerdo de Tejada impulsó políticas laicas en la educación, con el propósito
de separar las instituciones educativas del dominio eclesiástico y promover la enseñanza secular.
En este contexto, la Academia experimentó cambios notables, aunque mantuvo su adhesión a los
cánones neoclásicos impuestos por sus predecesores, reflejando la influencia de las academias
europeas en su enfoque artístico y currículo. Sin embargo, la promoción del laicismo por parte
del gobierno de Lerdo de Tejada propició un ambiente de mayor autonomía e independencia en
la academia, distanciándola de la tutela religiosa que había caracterizado su funcionamiento
previo.
A pesar de estos avances, la Academia enfrentó algunos desafíos económicos que no son
especificados, pero que se comenta obstaculizaron el crecimiento y la mejora de sus
instalaciones, lo cual repercutió directamente en la calidad de la educación artística que ofrecía.
Aun así, Lerdo de Tejada es reconocido por implementar reformas destinadas a fortalecer la
infraestructura educativa del país, incluyendo a la academia, con el propósito de modernizarla y
fomentar el desarrollo cultural de México.
La presidencia subsiguiente de Porfirio Díaz a partir de 1876 vio poco progreso en la promoción
del nacionalismo en el arte, con un continuo fanatismo de las influencias europeas. El director de
la academia en ese entonces, Lascurain, siguió la preferencia de Díaz, destacando los desafíos
persistentes de fomentar una identidad artística mexicana distintiva.
El último movimiento artístico que surgió con fuerza en México dentro del siglo XIX (aunque se
concretó a principios del XX) fue el caricaturismo. Aunque en un principio no fue tan
prominente en la Academia de San Carlos, el caricaturismo ganó popularidad como una forma de
expresión artística y política fuera de los círculos académicos tradicionales.
El caricaturismo se destacó por su capacidad para satirizar y criticar a figuras públicas, eventos
políticos y sociales a través de dibujos humorísticos y exagerados. Los caricaturistas utilizaron su
arte para comentar sobre la política, la cultura y las injusticias sociales de la época,
convirtiéndose en una poderosa herramienta de crítica social y política. Aunque algunos
caricaturistas recibieron formación académica en la Academia de San Carlos, muchos otros
surgieron de manera autodidacta o a través de talleres y publicaciones satíricas. Sus obras se
difundían ampliamente a través de periódicos, revistas y folletos, alcanzando a un público
diverso y contribuyendo a la formación de la opinión pública.
5. Artistas asociados con la Real Academia de San Carlos
Jeronimo Antonio Gil (1743-1819): maestro grabador español y el grabador real
enviado por la Corona española a México. Desempeñó un papel crucial en el
establecimiento de la Real Academia de San Carlos en la Nueva España (actual
México) en 1785. Como director de la academia, supervisó la enseñanza del grabado
y otras disciplinas artísticas, sentando las bases para su crecimiento y éxito. Su legado
perdura como parte integral de la historia del arte en México.
Figura 1. Jerónimo Antonio Gil: Dibujo de modelo realizado para sus estudiantes. 1794. (Fotografía de Lola Alvarez Bravo.)
Manuel Tolsá: (1757-1816) escultor y arquitecto español conocido por su
influencia en la arquitectura y el arte mexicano durante el periodo colonial. Llegó
a México en 1790 y dejó una marca indeleble en la Ciudad de México. Además
fue director de la Academia de San Carlos, donde promovió el neoclasicismo y
formó a una nueva generación de artistas mexicanos. Su legado perdura en la
arquitectura y el arte mexicanos como uno de los grandes maestros del periodo
colonial.
Figura 2. Manuel Tolsá: Maqueta del palacio de minería. 1797. (Google Arts)
Rafael Ximeno y Planes (1757-1807) fue un destacado pintor español que
desempeñó un papel crucial en la Academia de San Carlos en México, donde fue
enviado por la Corona española en 1783 como director de pintura. Su estilo artístico
combinaba técnicas neoclásicas y barrocas, promoviendo la enseñanza académica
rigurosa y contribuyendo significativamente al desarrollo del arte neoclásico en
México, dejando un legado perdurable en el panorama artístico del país.
Figura 3. Retrato de Jerónimo Antonio Gil por Rafael Ximeno y Planes (Museo Nacional de Arte, Ciudad de México).
Primitivo Miranda: (1822 - 1897) escultor y pintor
mexicano, el primero de una generación del nuevo país
emergiendo como uno de los maestros y ejemplares.
Siguiendo los pasos de su hermano mayor, quien había
viajado a la capital para estudiar escultura en la
Academia bajo la tutela de Don Francisco Terrazas,
Primitivo se unió a él en 1834 en su taller en la Calle de
Cordovanes.
La influencia del fideicomisario de la Academia, Don Honorato Riano, lo orientó hacia la pintura, llevándolo a las
clases de dibujo y al taller de pintura de Mata. En 1841, gracias a una suscripción de colegas artistas como
Terrazas y Mata, Miranda fue enviado a Roma para estudiar bajo la dirección de Silvagni en la Academia de San
Lucas. Allí, pronto destacó y una de sus pinturas recibió el primer premio en la exposición anual de la academia
italiana.
A su regreso a México en 1848, encontró un panorama cambiado. La academia reorganizada no tenía lugar para él,
lo que lo llevó a abrir su propio taller. A pesar de un éxito indiferente, produjo obras notables como "Virgen de la
Medalla", "Virgen de la Soledad y Dos Ángeles", y "San Rafael con Tobías". Sin embargo, fue principalmente
conocido por sus ilustraciones románticas de episodios históricos nacionales.
Figura 4. Primitivo Miranda: Semana santa en Cuautitlán, 1858. (Mexicana).
Juan Cordero: (1822 - 1884) pintor mexicano conocido por su talento y sus
logros en el campo de las artes visuales. Fue el siguiente en destacar
después de Primitivo Miranda entre los primeros artistas mexicanos de esa
generación, sin embargo, ambos experimentaron envidia y rechazo por
parte de la academia una vez que alcanzaron el éxito.
Aunque comenzó su carrera como vendedor ambulante, Cordero demostró
un talento excepcional para el arte y pronto se convirtió en discípulo del
renombrado pintor José María Velasco. También estudió bajo la tutela de
otros maestros destacados, como Félix Parra y Santiago Rebull.
Uno de los hitos más significativos en la carrera de Cordero fue su viaje a
Roma, donde continuó su formación artística y participó en concursos y
exposiciones internacionales. En 1845, obtuvo el segundo lugar en un prestigioso concurso de pintura patrocinado
por la Academia Italiana de San Lucas, lo que marcó el inicio de su reconocimiento como artista talentoso.
A su regreso a México, Cordero continuó desarrollando su estilo distintivo, que se caracterizaba por su habilidad
para capturar la emoción y la profundidad en sus obras. Sus pinturas, que abarcan una variedad de temas, desde
retratos hasta escenas históricas y religiosas, reflejan su compromiso con la excelencia artística y su pasión por la
expresión creativa.
Figura 5. Juan Cordero: Portrait of Doña Dolores Tosta de Santa Anna, 1855. (Mexicana).
Pedro Patiño Ixtolinque: escultor mexicano que vivió en el siglo XIX. Nació en
México, aunque las fechas exactas de su vida no están disponibles actualmente.
Patiño Ixtolinque se destacó por su contribución al arte escultórico en un México
donde el indigenismo siempre había estado vinculado con el nacionalismo. La
técnica de Platino, a diferencia de su estética, todavía mostraba cierta conciencia de
la tradición prehispánica, del valor poco clásico pero cierto de las estatuas
mantenidas cerca de la forma original.
Figura 6. Pedro Patiño Ixtolinque: America, ca. 1825 (Google Arts).
Pelegrin Clavé: (1811 - 1880) pintor de Barcelona. Conocido por su
contribución al arte en México después de llegar en 1843, se convirtió
en la máxima autoridad en el gusto artístico. Buscaba erradicar lo que
consideraba como la vulgaridad en la pintura mexicana, influenciado
por las teorías de los Nazarenos y desdeñoso del arte renacentista. A
pesar de las convulsiones políticas entre 1860 y 1867.
Figura 7. Pelegrin Clavé: Retrato de una dama, 1849. (Google Arts).
James Bagally: George August Eugenio Landesio: (1810 - Javier Cavallari:
Manuel Vilar: (1812
director de Periam: director 1879) director de pintura (1809 - 1896)
- 1860) escultor de
grabado en de grabado a paisajista a partir de la director de
Barcelona del estilo
hueco a partir de partir de la década de 1840. arquitectura a partir
romántico. Tomó el
la década de década de 1840. de la década de
puesto de director de
1840. 1840.
escultura a partir de
la década de 1840.
Figura 8. Manuel Vilar: Figura 9. Eugenio Landesio: Patio de la
Francisco Manuel Sánchez Hacienda de Santa María Regla, 1857.
de Tagle, n.d. (Memorica). (Google Arts).
Miguel Mata y Reyes: (1814 - 1876) pintor Mexicano, se inscribió en la
Academia en 1830. Recibió una de sus primeras becas internas, para la cual
realizó trabajos varios y enseñó como profesor asistente, ascendiendo a
profesor titular en 1837, aparentemente sin un aumento salarial
correspondiente. Cuando la academía reabrió después de los tres años
mencionados anteriormente, fue uno de los que regresaron. Los
admiradores adolescentes de Mata solían pedirle que corrigiera en secreto
los dibujos que hacían bajo la supervisión de otros profesores
Figura 10. Miguel Mata y Reyes: Autorretrato, n.d. (Mexicania).
Santiago Rebull: (1829 - 1902) pintor mexicano, reconocido por su
habilidad en retratos y escenas históricas, estudió en la Academia de San
Carlos y perfeccionó su técnica en Europa. Fue elegido como director de la
academia en 1867 por Benito Juarez. Su legado perdura como contribución
destacada al arte mexicano del siglo XIX.
Figura 11. Santiago Rebulls: La muerte de Abel, 1851. (Google Arts).
Salomé Pina: (1820 - 1909) pintor mexicano, fue discípulo de Pelegrín Clavé,
después de la partida de Clavé de México en 1868, dejó a Pina como su
sucesor en la dirección de pintura en la academia donde enseñaba.
Figura 9. Salome Pina: Agar e Ismael, despedidos de la casa de Abraham, se dirigen al desierto, 1852. (Mexicania).
José María Velasco: (1840-1912) pintor paisajista
mexicano. Reconocido por su habilidad para capturar la
belleza natural de México, destacó por su precisión y
atención al detalle. Su legado perdura como una
celebración de la riqueza natural y artística de su país.
Figura 12. José María Velasco: Vuelta al Río, 1875. (Google Arts).
Hermenegildo Bustos: (1832-1907) pintor mexicano del siglo,
conocido por sus retratos y escenas costumbristas. Especializado en
capturar la vida cotidiana y la diversidad cultural, su obra refleja una
sensibilidad única y una técnica refinada. Aunque luchó contra la
pobreza y el anonimato, su legado perdura como uno de los pintores
más importantes de su tiempo en México.
Figura 13. Hermenegildo Bustos: Bodegón con frutas (con escorpión y rana), 1874. (Google Arts).
6. Conclusión
La Real Academia de San Carlos representó un punto crucial en la historia del arte mexicano
durante el siglo XIX, reflejando tanto las influencias europeas como las aspiraciones de una
identidad nacional emergente. Desde su establecimiento bajo el patrocinio real hasta su
evolución a lo largo de los turbulentos años de la independencia y la Revolución Mexicana, la
academia fue testigo de transformaciones significativas en el ámbito político, social y cultural de
México.
A lo largo de su historia, la academia enfrentó desafíos y tensiones internas, incluyendo
conflictos entre la tradición europea y la búsqueda de una expresión artística genuinamente
mexicana. Estos conflictos se reflejaron en la estructura y el enfoque educativo de la academia,
así como en su relación con los movimientos políticos y sociales del momento. A pesar de estos
desafíos, la Academia de San Carlos desempeñó un papel crucial en la formación de artistas y en
la promoción de las artes en México. A través de su compromiso con la enseñanza de las bellas
artes y su influencia en la escena cultural mexicana, la academia dejó un legado perdurable en la
historia del arte del país.
En última instancia, la Academia de San Carlos fue más que una institución educativa; fue un
reflejo de las aspiraciones y los conflictos de una nación en busca de su identidad. Su historia es
un testimonio de la compleja interacción entre el arte, la política y la sociedad en el México del
siglo XIX, y su legado continúa resonando en el arte mexicano contemporáneo.
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