REPUBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
UNIVERSIDAD POLITECNICA TERRITORIAL DE PORTUGESA
“JUAN DE JESUS MONTLLA”
PROGRAMA NACIONAL DE FORMACION AGROALIMENTARIA
LA UNIVERSIDAD VENEZOLANA
LENGUAGE Y COMUNICACIÓN LIBERAL PARTICIPANTE:
PROF: GEVER A RATTIA Z
MARIA DE JESUS ACOSTA CI.
N°:11851329
SECCION 001P
INTRODUCCION
una vez rebasado el exclusivo ámbito de la educación escolar, nos
enfrentamos al problema del poder, de los conflictos de clase, del control del orden
social en que está inmersa la universidad y al papel político ideológico que esta
juega en la sociedad
El presente ensayo expresa un ejercicio investigativo que tiene como
propósito esencial explorar críticamente un aspecto de la realidad para
aproximarse a un fenómeno social particular como lo es la universidad estatal
venezolana como institución compleja. Se trata de una evaluación crítica de
investigaciones previas relativas a dicha institución para un contexto geográfico en
particular. Busca contribuir al estado del conocimiento de este objeto de estudio al
identificar relaciones, contradicciones o inconsistencias, así como proponer
posibles soluciones. Tema de altísima importancia social en los países
latinoamericanos, la institución universitaria y aspectos de la manera como se han
conducido estas instituciones incluyen nudos críticos de interés. Un problema de
investigación evidenciado ha sido la escasez de referencias integradoras y
comprensivas recientes acerca de la institución universitaria en Venezuela. El
presente trabajo tuvo como objetivo central reunir, analizar e integrar críticamente
aspectos salientes del devenir de la universidad venezolana reciente. Mediante
fuentes relevantes se abordaron rasgos y fenómenos destacables en las
instituciones universitarias de dicho país, con énfasis en la conducción que ellas
han tenido tanto contemporáneamente como hoy en día. Se evidenció que la
universidad venezolana ha mantenido en general un desarrollo histórico típico de
la universidad crítica latinoamericana, similarmente a sus pares de la región. No
obstante, las universidades de este país se caracterizan actualmente por atravesar
tiempos de muy serias e inéditas dificultades.
LA UNIVERSIDAD VENEZOLANA.
En el devenir de la educación nacional, la universidad venezolana se inició
a partir de un seminario religioso en la primera mitad del siglo XVIII, con la Real y
Pontificia Universidad de Caracas. Esta universidad sería Alma Mater de las
demás instituciones del país, fundadas a partir de la segunda mitad del siglo XIX.
Según Villarroel (1990), tras sus inicios en 1721 la importancia científica de la
universidad de Caracas era nula, con poca o ninguna repercusión en el desarrollo
del país. Ella gozaba de la misma autonomía de la universidad española antes de
la invasión napoleónica que impondría el modelo francés. En 1827 Simón Bolívar
le restauró la autonomía a la universidad, pero en lo organizativo y administrativo
la institución continuó, tal vez en mayor grado, como napoleónica. En los siglos
XIX y XX la universidad, ya republicana, de manera similar a las restantes de
Latinoamérica, toma el rol principal de certificadora o tituladora de doctores,
principalmente abogados. Al igual que el resto, era una institución que no
investigaba, pues la poca investigación que en el país se hacía era por cuenta de
personalidades, algunas de la cuales impartían clases en la universidad (Villarroel,
1990). La primera asignatura específicamente de investigación en toda la
Universidad Central y en Venezuela se creó en la Facultad de Medicina, en 1925
(Blanco, 2007).
Tras el primer cuarto del siglo XX, circularon en Venezuela las ideas del
Movimiento o Reforma de Córdoba, en buena parte a través de la denominada
Generación de 1928 en Caracas. Así comenzó el tradicional enfrentamiento entre
el Estado y la universidad (Acevedo Tarazona y Correa Lugos, 2018; Tunnermann,
1983; Villarroel, 1990) lo cual ha signado buena parte del carácter de la institución
universitaria venezolana contemporánea. En ese ambiente, más tarde los estudios
de postgrado en el Alma Mater de este país se inauguraron en 1941 en el área de
Medicina, con la especialización de médicos higienistas, seguida por psiquiatría,
venereología, tisiología, puericultura y pediatría, para reforzar la misión de la
universidad de fomentar la ciencia en sus aspectos de investigación y aplicación
(Bifano, 2009). En 1975 apareció el primer Catálogo General de Cursos de
Postgrado y el Reglamento de Estudios para Graduados en dicha universidad.
Estos programas fueron más bien producto de la iniciativa personal de profesores
con formación de cuarto nivel en universidades de Europa y Estados Unidos,
quienes asumieron el compromiso de desarrollar sus disciplinas a imagen del
modelo que conocieron durante sus estudios en el extranjero. Una de las
características de la comunidad universitaria venezolana ha sido la de no querer
ser evaluada, ello debido posiblemente a que el ejercicio evaluativo se percibe con
un carácter punitivo y fiscalizador que pudiera atentar contra una libertad o
autonomía de cátedra no siempre bien entendidas (Bifano, 2009).
Con relación a una función principalmente política, a partir de la segunda
década del siglo XX el movimiento estudiantil venezolano condujo a la universidad
a ser un centro de lucha política y social en el país, matriz del movimiento político
contemporáneo, con cuestionamiento del subdesarrollo y la dependencia, con
planteamientos a favor de una sociedad más desarrollada y moderna. Unas tres
décadas más tarde, en el ambiente de la Revolución Cubana de 1959, la
universidad se comprometía más con los movimientos políticos y los propósitos de
transformación social, a los cuales se incorporaron estudiantes y profesores.
Luego, a partir de comienzos de los 1970, la derrota y pacificación de los grupos
insurreccionales procastristas coincidieron y se relacionaron con una universidad
que tendía a asumir el concepto de autonomía en gran medida formal, como
soberanía casi exclusivamente territorial. El Estado venezolano creó entonces un
grupo de universidades no autónomas (experimentales) y también otras
tecnocráticas (Universidad de Oriente, Universidad Simón Bolívar) ideadas para
promover mayor colaboración con el Estado, así como para colocar un contrapeso
frente a las universidades autónomas, casi siempre opositoras radicales. Así, las
etapas históricas aquí descritas evidencian tres tendencias centrales en el
comportamiento tradicional de la universidad venezolana. Primero, poca o ninguna
participación en los proyectos de desarrollo nacional. Segundo, oposición o
diferenciación respecto de las políticas del Estado. Tercero, aislamiento del Estado
y de la sociedad (Villarroel, 1990).
Con referencia a la función de investigación en la universidad venezolana,
la institución pareció conservar la separación de la universidad francesa entre
docencia e investigación, con dificultad para institucionalizar esta función hasta
después de la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez en enero de 1958. A partir
de entonces se introdujo explícitamente la investigación en la Ley de
Universidades y se crearon los Consejos de Desarrollo de cada institución (Bifano,
2008), organismos muy importantes que han solido ser el casi único apoyo
financiero de los proyectos científicos y humanísticos, así como sus actividades
relacionadas, dentro de las altas casas del saber. A partir de 1958 la casi totalidad
de la investigación que se ha realizado en el país, aparte del estatal Instituto
Venezolano de Investigaciones Científicas, se ha venido llevando a cabo en las
universidades estatales autónomas. Así, hasta bien entrada la década de los 1980
se reportó un crecimiento en tal función (Villarroel, 1990) lo cual ha contrastado
con su notable decaimiento en tiempos recientes (Aguado-López y Becerril-
García, 2016; Ramírez y Salcedo, 2016; Van Noorden, 2014). Pero según
Villarroel (1990) la investigación que tradicionalmente han realizado las
universidades venezolanas no ha tenido mayor incidencia sobre el desarrollo
socioeconómico del país. Esto probablemente debido a que se ha tratado de una
investigación mayormente académica, intramuros, exenta de pragmatismo social,
en un contexto en que los factores de poder del país frecuentemente han
concebido a las universidades como centros de despilfarro de recursos públicos,
cuando no refugio de [Link], la labor investigativa universitaria del
país rara vez se ha insertado en proyectos nacionales. Los problemas de
investigación abordados poco frecuentemente han nacido de necesidades
sociales, sino más bien de preocupaciones intelectuales, personales de los
profesores. Incluso la Ley de Universidades misma ha planteado colaborar en la
orientación y esclarecimiento de los problemas nacionales (Ley de Universidades,
1970), como especie de oráculos, pero que casi nunca han sido consultadas, hoy
en día mucho menos. Por lo tanto, la investigación universitaria venezolana ha
solido carecer de efectividad científica, se producen investigaciones, se publican
textos, pero se genera muy poco conocimiento. Así, se ha tenido una función de
investigación mitificada, esotérica, ineficaz. Además, paradójicamente, la función
de investigación no es atendida adecuadamente dentro de la institución
universitaria, pues, aunque su importancia se deduce de aspectos como la
evaluación académica de los profesores, de su valor para las contrataciones y en
los privilegios asociados a la condición de investigador, por otra parte, se le tiene
como prescindible con respecto a la función de docencia.
La investigación es el rubro que primero y más se recorta dentro de las ya
eternas crisis presupuestarias de las instituciones (Villarroel, 1990), crisis
fuertemente agravada en la actualidad (García Larralde, 2011; Koudeir, 2019).
Hoy en día, ya casi terminada la segunda década del siglo XXI, la investigación
como función que de manera particular y especial atañe a las cátedras
universitarias como células fundamentales, se encuentra en la práctica tenida
como voluntaria, si acaso no abandonada.
En cuanto a la finalidad principal que en la práctica ha tenido la universidad
venezolana, ella ha sido y continúa siendo eminentemente profesionista, no de
investigación. Ha sido formadora de profesionales, y en ese sentido ha cumplido
bien su función principal, aunque no sea para la producción sino para la
certificación y confirmación de roles profesionales para la sociedad, con un
profesional que no crea ni transforma, sino que mantiene y conserva (Albornoz,
2006). De modo que en Venezuela la universidad para el cambio y la
transformación social, de influencias positivistas de finales del siglo XIX, y de la
Reforma de Córdoba de buena parte del siglo XX, parece haberse quedado en el
plano de las proclamas y las declaraciones, como un centro de poder simbólico,
frecuentemente articulado al campo de la lucha de clases y de la contradicción
ideológica (Villarroel, 1990). Esta universidad ha tenido rasgos de liberal hasta
1958 y luego gradualmente populista hasta llegar al siglo XXI, con la denominada
Revolución Bolivariana, etapa en la cual ha sido, en el mejor de los casos, dejada
a su suerte y otras veces atacada (Albornoz, 2006; Calatrava, 2016), donde es
difícil afirmar qué tipo de universidad se tiene hoy en día, probablemente una
institución bastante más que populista. La universidad venezolana de marcado
acento liberal se mantuvo aproximadamente hasta hace unas seis décadas,
cuando adquirió mayor democratización, con masificación estudiantil y búsqueda
de justicia social. A fines de los 1960, tras el fenómeno de la Renovación
Universitaria, la institución asumió un carácter más populista, con formación
“crítica”. Ya para la década de los 1980 y comienzos de los 1990 a la universidad
venezolana se le trató de enrumbar por la vía de un modelo más tecnocrático,
aunque en las universidades autónomas tendió a prevalecer el modelo populista
(Albornoz, 1999; Parra-Sandoval, 2008; Villarroel, 1990). Tras la llegada de la era
del chavismo en febrero de 1999, la vieja oposición entre universidad y Estado se
ha reasumido, aunque de manera diferente. Es ahora la universidad autónoma la
que defiende la democracia liberal ante un Estado que pretende imponer el
denominado socialismo del siglo XXI a la educación y a la sociedad venezolana
(Calatrava, 2016; Ramírez, 2011; Ramírez y Salcedo, 2016).
En Venezuela los esfuerzos por promover el acceso a la educación superior
no son nuevos. Han sido continuos desde mediados de los 1950. Como ejemplo a
la mano, el porcentaje del liderazgo nacional con título universitario aumentó en
este país desde un 9% en 1961 a 45 % en 1985. Igualmente, la matrícula pasó de
unos 20 mil estudiantes universitarios en 1960 a 500.000 en 1988. Para 1990 el
cuerpo de instituciones de educación superior de Venezuela era de 28
universidades nacionales autónomas, 12 nacionales experimentales, 12 privadas y
63 instituciones no universitarias. Las universidades nacionales autónomas son las
más antiguas, más prestigiosas y más grandes instituciones de educación superior
del país, grupo que incluye a la Universidad Central de Venezuela, fundada en
1721, la Universidad de Los Andes, fundada en 1810, la Universidad del Zulia, en
1891 y la Universidad de Carabobo, en 1892. Estas universidades poseen, aunque
cada vez menos, autonomía organizacional, académica, administrativa y
financiera. Son regidas de manera corporativa en más de treinta diferentes niveles
jerárquicos, con una estructura académica organizada en torno a facultades. Las
universidades experimentales son instituciones creadas por el Ejecutivo Nacional
a partir de los 1970 con la finalidad de, entre otras, experimentar con distintos
enfoques académicos y administrativos en la educación superior. Estas
instituciones poseen autonomía, pero sus autoridades son designadas por el
Ministro de Educación Superior.
CONCLUSION
Se puede concluir que la revisión de la literatura más reciente acerca del
tópico abordado avala la teoría que sostiene que la universidad estatal
venezolana, en el marco de la universidad tradicional latinoamericana, ha sido una
institución fundamentalmente profesionista, mayormente volcada hacia la docencia
y en la cual la investigación es, la mayor parte de las veces, marginal. También,
que es una institución altamente dependiente, pero a la vez enfrentada con el
Estado y los sucesivos gobiernos. Adicionalmente, es una universidad que ha
sufrido y sufre de serias fallas en su gestión interna, las universidades
venezolanas no son torres de marfil aisladas, sino que han estado y están
integradas a lo cotidiano de las actividades políticas y sociales. Este país no
solamente ingresó tarde al fenómeno universitario de Hispanoamérica, sino que su
entrada al siglo XX fue también tardía y en el siglo XXI al parecer se halla
igualmente demorada. A partir de la caída de la dictadura del general Marcos
Pérez Jiménez en 1958 se remozaron las instituciones universitarias y luego de
1970 las principales universidades estatales autónomas mostraban su mayor
vigor, con postgrados de investigación científica, humanística y tecnológica. En
esa década las universidades venezolanas se masificaron, creció el ingreso de
estudiantes, pero sin el necesario complemento de profesores investigadores, y
aumentó la burocracia en la administración universitaria, lo cual es hasta hoy un
serio problema. Se agudizaron los inconvenientes derivados de la intromisión del
partidismo político en los asuntos académicos, sin que se hayan aplicado medidas
correctivas, sobre todo en las instituciones directamente dependientes del
gobierno. Las ideas de reforma presentadas por, entre otros, connotados
académicos venezolanos como Ernesto Mayz Vallenilla y Francisco De Venanzi
en los 1980 se quedaron en debates y propuestas.
En la década de los 1990 hubo avances y mejoras, tales como el incentivo y
reconocimiento por parte del Estado a los investigadores por medio del Sistema de
Promoción al Investigador, además de proyectos con relación a políticas públicas,
por parte del sector público y el privado. En esa década, de tímidos acercamientos
hacia el modelo de la universidad pragmática del capitalismo avanzado, las
universidades obtuvieron mayor apoyo financiero para la investigación, se
consolidaron numerosos postgrados y se crearon otros, acreditados por el
Consejo Nacional de Universidades. La primera creación y aplicación de internet
fue en una universidad estatal autónoma y tuvo lugar la participación de estas
instituciones en ámbitos como la industria petrolera y el sector de la salud. Los
logros de esa década permearon hasta los primeros años del siglo XXI cuando,
tras la llegada al poder de la denominada Revolución Bolivariana en 1999, el
estado de cosas comenzó a cambiar, se dio inicio a un importante programa de
acreditación de la calidad de las instituciones (Proyecto Alma Mater) pero a los
pocos años fue suspendido y hoy en día ya no existe. En los últimos diez años
aproximadamente la educación universitaria venezolana tal como se le conoció a
finales del siglo XX lo que ha hecho es retroceder, declive que es parte del
desplome del sistema nacional de transmisión y generación de conocimientos, de
ciencia, tecnología e innovación del país. En consecuencia, salir de la dirección de
contravía que actualmente se lleva en el ámbito de la educación superior
venezolana parece una necesidad impostergable. Pero tal cambio tiene que ver
con un asunto político de envergadura sobre el cual no tiene control la universidad.
Referencias
Acevedo Tarazona, A. & Correa Lugos, A. (2018). Un siglo del Manifiesto
Liminar: Acción política y rebeldía en defensa de la universidad colombiana.
Historia de la Educación Latinoamericana. 20 (30), 53-66.
Aguado-López, E. & Becerril García, A. (2016). Producción científica
venezolana: Apuntes sobre su pérdida de liderazgo en Latinoamérica. Revista
Venezolana de Gerencia. 21 (73), 11-29. Disponible en
[Link] Acceso el 26 de julio de 2019
Aguirre Lora, M.E. (1997). Presentación a la edición en español. En:
Bonvecchio, C. El mito de la universidad. Séptima edición. México, D.F.: Siglo
Veintiuno.
Albornoz, O. (1999). Del fraude a la estafa. La educación en Venezuela.
Caracas: Facultad de Ciencias Económicas y Sociales. Universidad Central de
Venezuela.
Bifano, C. (2009). Investigación, postgrado y docencia de pregrado: eje
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Compromiso Académico y Social. (pp.159-195). Caracas: Vicerrectorado
Académico y Centro de Estudios de América. Universidad Central de Venezuela.
Blanco, C.E. (2007). Discurso y conocimiento en la investigación educativa.
Caracas: Vicerrectorado Académico y Consejo de Desarrollo Científico y
Humanístico. Universidad Central de Venezuela.
Calatrava, C. (2016). La máscara rota. Análisis de la intervención del
gobierno de Hugo Chávez en el sistema educativo venezolano. Caracas:
Universidad Católica Andrés Bello.
Cárdenas, A. (2004). El concepto de universidad. Origen y evolución.
Mérida, Venezuela: Universidad de Los Andes.