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A QUIENES ENTREGAN SU
VIDA POR LA LUCHA DE LA
LIBERTAD Y LOS VALORES QUE
TIENE LA POLICÍA NACIONAL DEL
PERÚ
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ÍNDICE
CARÁTULA 1
DEDICATORIA 2
ÍNDICE 3
INTRODUCCIÓN 4
ÉTICA Y CRISIS DE VALORES 5
LA ÉTICA 5
LOS VALORES 7
LA CRISIS 8
CRISIS DE VALORES 10
CONCLUSIONES 16
BIBLIOGRAFÍA 17
ANEXOS 18
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INTRODUCCIÓN
Para poder entender ciertas situaciones o parte de la perdida de
valores tenemos que saber que toda la culpa lo tiene la falta o perdida de
la ética y de la moral. La ética que la definimos como la disciplina
filosófica que estudia el comportamiento moral del ser humano; y también
la moral que algunos dicen que es lo mismo que la ética pero no lo es; se
define como el conjunto de normas que tienen como propósito regular la
conducta del ser humano en sociedad en el cual el hombre aspira a
realizar el valor de lo bueno.
Ya entendida las definiciones de ambas ramas estas se pueden
proyectar de forma resumida. Tenemos un gran problema de perdida de
valores en nuestra sociedad. A la llegada de la edad postmoderna hemos
perdido nuestra modo de vivir, no parece promover la vida feliz sino una
vida cómoda aunque carezca de sentido. Somos llevados en el curso de
la vida; nos limitamos a buscar el mejor acomodo para no ser triturado por
la maquina social.
En la crisis de valores hay diferentes formas de desvalorizarlas;
tales como la abstracción, la enajenación y la deshumanización. En cada
una de ellas hay diferentes formas o ejemplos de hablar sobre ellas
Aunque nos enseñen que la honestidad es un comportamiento ideal
deseable (y todos lo aceptamos como algo cierto), la interpretación y el
sentido que le damos en la práctica suele variar de una persona a otra.
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ÉTICA Y CRISIS DE VALORES
LA ÉTICA
Los conceptos de la ética a lo largo de la historia, más que solo un
conocimiento de tipo abstracto, en realidad son derivados intelectuales,
de comportamientos humanos con juicios morales implícitos en esa
acción, es decir con criterios de bien. Y esto tiene como basamento que
no podemos formular juicios, ni elaborar razonamientos, sino tomamos de
la realidad material, –captada por los sentidos externos- el contenido de
nuestro pensamiento.
La ética vive de las costumbres. Es, en su sentido etimológico más
profundo y anterior, ethos una palabra griega que significa más que la
palabra castellana costumbre, acción intencional habitual. Esta, a su vez
deriva de algo precedente y asentado en la vida misma, la noción de
población (etnos).
Es consideración de los fines por los que se actúa, y reflexión
crítica, con disposición al cambio, sobre los medios a usar en cada
momento. Es decir, comparación entre costumbres y tradiciones de vida,
que se establecen en la vida cotidiana de esa agrupación humana, y el
acto realizado, o de la intención revisada intelectualmente. Pero la ética
no solo es actividad racional, también intervienen los sentimientos en esa
acción. Así comenta Scheler: “Sentir es un acontecer con sentido y por
ello susceptible de ser satisfecho o insatisfecho (p.33)”1.
Según un autor contemporáneo –Stoner2- en su libro de
Administración, el término ética se entiende como “el estudio de la forma
en que nuestras decisiones afectan a los demás”. Ciertamente una acción
con responsabilidad, viene normalmente de seguir conscientemente, con
advertencia, una tradición o de imitar la conducta de un modelo que es
confiable para nosotros. Muy excepcionalmente proviene de una decisión
1 Scheler, Max (2003) Gramática de los sentimientos. Editorial Crítica. Barcelona
2 Stoner, Freeman y Gilbert (1996) Administración. Pearson educación. México
5
silogística del conocimiento. Del consecuente “obligado” de unos
antecedentes rectamente construidos. Casi siempre viene de “copiar
conductas vistas en la casa familiar o en el ambiente de la calle o barrio
en que vive.
Es quizá lo que más influye en la estructura de poder de un gerente
o de un líder. Es lo que sostiene profundamente la obediencia a un
mandato. Constituye el componte del liderazgo que se llama comúnmente
“autoridad moral”. Esto incluye -por supuesto- a una madre o un padre de
familia, a un maestro o un profesor. Es lo llamado comúnmente “poder”.
Hay un matiz en este punto que llama la atención y que viene referido por
José A. Marina: “El poder, usando sus mecanismos puede producir
obediencia, pero si tiene autoridad, producirá además, respeto”3. Es la
referencia individual a esas personas que tienen el cuidado de la
comunidad. La autoridad moral es la base de la confianza que se tiene
para actuar de la misma forma o repetir los conceptos oídos o
escuchados a esa persona.
Aproximándonos a una definición más concreta, decimos que
cuando una persona tiene un comportamiento ético, expresamos
implícitamente que dominó sus impulsos, y educó sus tendencias para
realizar esa acción. Esas tendencias e impulsos, que con una frecuencia
significativa, suelen ser hacia el mal, y esa actitud que en la cosmología
cristiana se define como un componente inevitable de la naturaleza de
todos los seres humanos, decimos que es consecuencia del pecado de
origen, con el cual nacemos.
Podríamos concluir en esta parte, que la ética es de los mayores
esfuerzos que han hechos los seres humanos por conseguir un mundo
mejor del que tenemos. Es en ese plano, el del esfuerzo por conductas
mejores, donde conseguimos la paz social.
3 Marina, José Antonio (2008) “La Pasión del Poder” Anagrama ediciones. Barcelona
6
LOS VALORES
Definir el término valor es un poco difícil, puesto que no es algo de
conocimiento inmediato por los sentidos externos, ni por el intelecto.
Requiere un esfuerzo discursivo, apoyado en juicios y observación de
modelos que nos puedan dar un norte en su consideración. De esta
manera no acercamos a distinguir el ser, lo que está en el fondo del sujeto
y el valer, que es una adjetivación del ser.
Quizá un ejemplo, nos permita aproximarnos un poco al concepto
de valor. En este punto debemos añadir la palabra valoración. El orden en
los elementos de una casa es un valor, la idea de orden en esa casa es
una valoración. Es decir, nos gusta (vía emocional) el orden de esa casa,
el valor; pero pensamos que podría mejorar ese orden si arreglamos un
elemento de ella (vía discursiva) la valoración de ella. Comenta a
propósito de este punto un autor contemporáneo: “Confundir la valoración
con el valor es como confundir la percepción con el objeto percibido
(p.28)”.4
Es decir, el ser es lo sustantivo en la relación de conocimiento y el
valor es una adjetivación, un tipo de categoría por la cual se juzga
polarmente un objeto. Es decir, se puede emitir un juicio sobre si algo es
más alto, bello, justo y sus contrarios, bajo, feo, injusto. Esa polaridad es
lo que permite, en base al conocimiento, emitir ese juicio.
Desde una perspectiva histórica, el inicio del pensamiento sobre lo
que después derivó en la axiología, que es la parte de la filosofía que
estudia valores, es la consideración platónica de lo que llamó
trascendentes del ser, y los fijó en cuatro, que son la unidad del ser, la
verdad, el bien y la belleza. Esta doctrina de “lo común a todos los entes”
en Platón5, es igual a la Aristotélica en la definición de “los atributos del
ser”6, que es diferente de las categorías. Esos atributos establecen la
diferencia entre los seres. Vine una pregunta necesaria para seguir
4 Frondizi, Rizieri (2007) ¿Qué son los valores? FCE México.
5 Platón. Dialogo El Sofista. 254d. Ediciones Aguilar
6 Aristóteles. Metafísica 1004b. Ediciones Aguilar
7
reflexionando. ¿Hay una jerarquía de los valores? Obviamente, es de
constatación cotidiana que escogemos o elegimos algunas actitudes o
incluso objetos antes que otros. ¿Qué determina una elección sobre otra?
Muchas veces depende del contexto, o de la formación cultural de la
persona. Sin embargo, podríamos aceptar que aquellos que pueden ser
más duraderos, se escogen a otros que sean más efímeros. Por ejemplo,
se concreta en una norma o reglamento aquello que nos parece
permanente, el acto por el cual se respeta la persona humana, podríamos
decir entonces que lo duradero es un primer criterio para la jerarquía. Un
segundo punto sería la profundidad de la acción valorativa, es decir, que
un valor debe estar asentado no en una moda pasajera, sino en lo
profundo del ser.
LA CRISIS
La definición de crisis es compleja, en el sentido de que es un
producto de la racionalidad del ser humano que tiene o posee un hábito
intelectual, que se puede llamar ciencia, una búsqueda sistemática de la
verdad. Estas crisis se presentan cuando hay variaciones en los
supuestos valores anteriores, y en realidad no son sino modas pasajeras
o efímeras ante una situación o una persona que influye en la población.
La raíz de estos desvíos, puede estar en la confusión de conceptos.
Comenta Scheler: “Aquello a lo que se dirigen estas intenciones no es un
valor o un máximo valor, sino objetos valiosos y en la medida que son
valiosos. No amo un valor, sino siempre algo que es valioso”7
En los temas que nos atañen, reflexionamos sobre la acción o el
hecho, desechar las definitivamente perversas y plantearse, mejorar las
que se tienen. Esto requiere de un instrumento intelectual adecuado, y
mejor aun, educado por la inteligencia compartida. Es decir, el criterio
para comentar con acierto. Comenta un autor contemporáneo: “La palabra
criterio despierta en nosotros un eco sentimental contradictorio. Se
7 Scheler, Max. Ob. Cit. P. 45
8
entiende que los hombres de criterio son solemnes, vetustos, prudentes y
convencionales. En cambio, los críticos pueden ser inconformistas,
innovadores y posmodernos. Al parecer, hemos conseguido hacer crítica
sin criterios, lo que es gran maravilla. Esta paradoja es inexistente, por
supuesto, ya que de hecho utilizamos continuamente criterios, es decir
patrones que nos permiten identificar, seleccionar y evaluar las cosas. La
palabra procede del griego krino, que significa separar. Crisis es una
decisión que unas veces tiene carácter dramático y otras no”8.
Todo esto nos lleva a una serie de supuestos necesarios para
conseguir un mínimo de acuerdo en estas cuestiones. Requerimos un
criterio de pensamiento y éste no es innato, quiere decir que es formado
en algún sitio o en algún ámbito de vida personal o comunitario.
La falta de racionalidad es posiblemente de las causa más
frecuentes en el surgimiento de crisis. Comenta un autor contemporáneo
sobre esto: “¿Qué es eso de "Obrar racionalmente"? En principio, significa
saber deliberar bien antes de tomar una decisión con el propósito de
realizar la elección más adecuada y actuar en conformidad con lo que
hayamos elegido. La elección no debe ser arbitraria ni dejarse al azar.
Quien no reflexiona antes de actuar y no mide las consecuencias de sus
acciones se expone a cometer errores, a hacerse daño o hacerle daño a
los demás; quien no calibra qué es lo más conveniente hacer en
determinadas circunstancias, o actúa en contra de sus convicciones
personales o en contra de una decisión que él mismo reflexivamente ha
tomado, se puede decir que no obra racionalmente. Y cuando no se obra
racionalmente surge, entonces, el caos y el desorden. Obrar
racionalmente significa, pues, obrar conforme con la lógica interna que
tienen las cosas y los acontecimientos, percibidas por el pensamiento
reflexivo.”9 Por supuesto que en la base de cualquier crisis, de valores o
de comportamiento o de respetabilidad, hay una red de argumentaciones
8 Marina, José Antonio (2001). Ética para Náufragos. Anagrama
9 Valderrama, José.(2008) Ob. Cit. P. 3
9
y de supuestos intelectuales, que soportan una manera de ver y una
manera de actuar que producen esas crisis. En este momento, podemos
hablar de crisis de ineducabilidad como se plantea en las propuestas de
Arendt o Lipoiesky. Quiere decir, que en la base de estos desaciertos hay
un problema de relativismo, escondido en la palabra pensamiento crítico,
el cual desfasa cualquier intento de orden, conceptual o real y que lleva
indefectiblemente la anarquía. Comenta sobre esto un autor reciente. “Lo
grave hoy, no es la existencia de doctrinas, sino la pretensión sistemática
de declararlas inexistentes, lo cual lleva a desactivar la capacidad critica y
a declarar inútil cualquier esfuerzo reflexivo serio. Apenas queda espacio
que no sea, el puramente instrumental. Las grandes energías humanas
no se orientan a la comprensión, sino al logro de una rápida
adaptabilidad. En este contexto, autoritario y profundamente conservador
en su apariencia de moderno y vanguardista, resulta fácil acusar de
inoportuno o descaminado cualquier intento sostenido de reflexión
crítica.”10
CRISIS DE VALORES
Todo lo que existe, cualquier realidad tangible, se conoce como un
bien o valor físico, el cual tiene aptitud para satisfacer una aspiración o
necesidad humana. Es decir, los valores físicos son cosas, valores
materiales que hacen referencia a bienes y servicios que ponderamos
para vivir con bienestar.
Por otro lado, los valores morales son diversas formas de emplear
dichos valores físicos, ya sea de forma positiva o negativa; son valores
simbólicos y, por lo tanto, emanan del deseo del ser, de las posibilidades
o potencialidades inherentes al ser humano. Son los valores que
expresan la esencia del hombre, a la vez que la van transformando y
enriqueciendo históricamente con las grandes creaciones de la cultura, la
civilización, la humanización; son en concreto, valores de la libertad, paz,
10 García, Pedro Rafael (2008) Ética y Democracia. [Link]
10
igualdad, justicia, amor, racionalidad, entre otros. Pero ¿por qué el
hombre se enfrenta hoy a una crisis de valores? ¿Constituye éste un
problema social y ético? Al estar los valores dentro de uno mismo, cada
persona posee diversos valores y puntos de vista sobre la realidad. Al
diferir los valores de una a los de otra, surgen fricciones que pueden
convertirse en problemas de índole tanto social como ética, repercutiendo
en los diferentes ámbitos de la sociedad: económico, político, social y
cultural.
Por lo tanto, al llevar a cabo esta reflexión, trataré desde mi
perspectiva de profesionista y Maestra en Administración, de identificar en
qué consiste este problema social, de qué manera influye y repercute
tanto en el hombre mismo como en la sociedad y, al final, las
implicaciones éticas que puede llegar a tener para el hombre dentro del
contexto laboral en el que se desenvuelve.
Para empezar, considero que el tema de los valores es de vital
importancia, ya que es algo que está siempre dentro de nosotros mismos
y determina en gran medida nuestra forma de actuar y de ser.
Hace algunos años, cuando estaba estudiando la licenciatura, leí
en un libro una frase que se me quedó muy grabada en la mente: “En la
actualidad, la importancia del problema de los valores es innegable; la
crisis del hombre actual es una crisis de valores que requiere un examen
crítico, a fondo, de su naturaleza, sentido, fundamento y jerarquía”.
Este enunciado ilustra con gran claridad que vivimos en una
sociedad que se enfrenta a una crisis de valores, una sociedad donde lo
más importante es tener y donde se promueven las necesidades del
consumismo, dejando a un lado el valor del ser.
En la actualidad, en nuestro país se manifiestan gran cantidad de
síntomas debido a la tensión social que existe; uno de estos síntomas es
precisamente que el hombre se conforma con tener garantizadas la
supervivencia y la seguridad, pero ¿dónde quedan los valores? Resulta
importante decir que la visión que cada ser humano se forma de la
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realidad inicia en la infancia y está influenciada por factores físicos, así
que va cambiando. La visión de cada persona es única; sin embargo, los
orígenes de esa perspectiva son los mismos, está integrada por los
componentes: yo, los demás, la vida, el mundo físico y Dios.
A través del tiempo, la persona se cuestiona sobre esta visión y su
jerarquía de valores, de esta manera podemos ver que aunque ésta sea
negativa, muchas veces la persona decide no cambiarla, porque es un
mecanismo de seguridad. Y es precisamente esto lo que está
pasándonos en nuestros días, sabemos que estamos mal y que nos
enfrentamos a una época en la que se ponderan cosas que en realidad no
son importantes, pero cambiar este paradigma de la realidad y nuestra
escala de valores implicaría un enorme riesgo.
Autores como Erich Fromm señalan la gravedad de la crisis de
identidad que existe en la sociedad moderna, la cual está orientada al
tener, es decir, interesada en las cosas más que en las personas. Fromm
señala que la modernidad, considerada a partir de la época industrial,
propagó la “producción ilimitada, libertad absoluta y felicidad sin
restricciones”; sin embargo, estos rasgos engendrados por el sistema
económico enferman al individuo y a la sociedad, lo cual se manifiesta en
el individualismo y el consumismo.
Cada vez es más notable la tendencia general de la sociedad hacia
el consumismo, las personas valen de acuerdo con lo que tienen sin
importar cómo lo hayan conseguido. Es muy claro que vivimos en una
sociedad demasiado egoísta y no nos damos cuenta o, más bien, no
queremos darnos cuenta de la cantidad de personas que viven en
extrema pobreza en nuestro país y en muchos otros lugares del mundo,
tampoco de la falta de solidaridad y de justicia social entre los seres
humanos. Esto a la vez fomenta el individualismo, ya que cada persona
se preocupa sólo por sí mismo y por tener cada vez más que los demás.
Otro aspecto importante dentro de esta crisis de valores es el
predominio de la actividad cerebral y el poco desarrollo de las emociones;
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lo cual se fomenta día con día por la enorme cantidad de información con
la que se cuenta hoy a través de los medios de comunicación, la
tecnología e Internet. No quiero decir con esto que la información sea algo
negativo, como tampoco lo son los avances tecnológicos; pero creo que
muchas veces no nos tomamos el tiempo necesario para reflexionar
acerca de todo lo que vemos y escuchamos cada día, pues la cantidad de
datos a la que estamos expuestos es demasiado grande y el ritmo de vida
–sobre todo de las grandes ciudades– es muy cambiante y demandante.
De hecho, la crisis de valores que vivimos en nuestros días se
manifiesta en todos los aspectos de la vida humana: en el modo de
hablar, de relacionarse con los demás, en la forma en que se quiere
acumular todo, ya sean posesiones materiales, información o hasta gente,
y también en el ambiente laboral. Sin embargo, el ser humano entre más
tiene, más vacío se siente, ya que el consumismo exagerado lo aleja de
los valores y principios que son la base de su existencia.
En uno de mis libros favoritos que se titula El Hombre en busca de
sentido, su autor, Viktor Frankl atribuye este vacío existencial a la doble
pérdida que el hombre ha tenido; por un lado, de algunos de los instintos
animales básicos que le daban seguridad y por otro, de sus tradiciones.
“Carece, pues de un instinto que le diga lo que ha de hacer, y no tiene ya
tradiciones que le indiquen lo que debe hacer; en ocasiones no sabe ni
siquiera lo que le gustaría hacer. En su lugar, desea hacer lo que otras
personas hacen (conformismo) o hace lo que otras personas quieren que
haga (totalitarismo)".
Al enfocar este problema social al ambiente de trabajo, es
importante decir que lo que se percibe es el fomento de la competencia
más que del desarrollo personal, escandalosos fraudes que han hecho
desaparecer a empresas completas, políticas injustas e inseguras para
los empleados, discriminación por diversos factores (sexo, raza, religión e
incluso, estado de salud), falta de honestidad y respeto en todos los
niveles, poco conocimiento y difusión del código de conducta o ética, o
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bien absoluta falta del mismo en la organización, poco o nulo compromiso
con el medio ambiente y la sociedad, lagunas en la legislación que se
prestan a tomar decisiones que benefician a pocos y perjudican a
muchos; en fin, la lista es enorme. Y pocas veces nos tomamos el tiempo
de reflexionar y preguntarnos qué tan éticas son todas estas acciones y
comportamientos, incluso al interior de nuestras propias organizaciones y
en el contexto de la industria a la que pertenecen.
Asimismo, las relaciones interpersonales entre miembros de una
organización son por lo general superficiales, es decir, no implican ningún
tipo de compromiso. Esto no significa que tengamos que procurar
relaciones significativas con todas aquellas personas con las que
convivimos en la empresa, pero si es necesario comprender que por muy
individualista que un hombre pueda llegar a ser, para lograr la
autorrealización es imprescindible la forma en que se relaciona con los
demás. Pero si los valores de cada persona son tan diferentes entre sí,
¿cómo relacionarnos con los demás?
Esto es exactamente lo que en mi opinión causa el problema
social, ya que al faltar una ética de valores en los seres humanos, cada
vez nos es más difícil relacionarnos con otras personas, siendo que la
relación con los demás es lo que le da sentido a la vida del hombre.
Los valores no sólo son una cuestión personal, sino que repercuten
en todos los ámbitos de la sociedad. Ésta es la razón por la que una crisis
de valores a nivel personal se refleja en la sociedad en su conjunto y se
constituye en un problema social, del cual se deriva una serie de acciones
y conductas poco éticas que vemos día a día en nuestro entorno, tanto en
la política, la economía y por supuesto, en las organizaciones, tanto
públicas como privadas.
Al ser éste un problema social de gran importancia en nuestro país
como en cualquier parte del mundo; desde mi perspectiva considero muy
importante y necesario sugerir que se impartan en todas las
organizaciones cursos de capacitación integral, con el objeto de que los
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trabajadores no sólo reciban un entrenamiento técnico, sino también una
capacitación enfocada a los valores humanos, lo cual puede fomentar el
desarrollo de la persona dentro del lugar donde presta sus servicios,
además de lograr la congruencia en su manera de pensar y de actuar
dentro de la empresa.
Estoy convencida de que al tratar en una empresa a los miembros
que trabajan en ella como seres humanos más que como simples objetos
o máquinas, las personas logran niveles más altos de satisfacción laboral,
lo cual también se ve reflejado en la productividad y resultados
económicos de la compañía.
Para terminar, creo conveniente comentar que desde mi punto de
vista, la problemática que ha originado esta crisis de valores tiene su
origen en la infancia, ya que es en esta etapa cuando se forjan muchos de
los valores que dirigirán la vida de una persona, y es por esto que resulta
de vital importancia que los niños reciban en sus familias y en las
escuelas una educación integral, centrada en la persona como ser único e
irrepetible. De esta manera, al pasar los años y convertirse en adultas,
esas personas serán capaces de desarrollar un pensamiento ético y
tendrán una visión diferente de la vida misma, de esta manera podrá
comenzarse a darse un cambio importante tanto en nuestro país como a
nivel global.
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CONCLUSIONES
En las organizaciones existe la tendencia a dar por sentado que
todos sus integrantes conocen el significado de un valor, pero su
definición general no es suficiente para que todos respondamos de
la misma manera frente a situaciones con características
particulares.
Por ejemplo, hay un consenso generalizado sobre los beneficios de
trabajar en equipo. Es un valor implícito en la naturaleza de una
organización. Sin embargo, al mismo tiempo, es uno de los
comportamientos sobre el que existe más polémica.
El trabajo en equipo no es algo que sucede automáticamente por el
hecho de estar todos en un mismo lugar. Poner en práctica de
manera armoniosa este valor requiere de un esfuerzo y un coraje
individual muy especial. Por tal razón, los grandes equipos trabajan
y entrenan mucho para llegar a ser así.
El sentimiento de “crisis de valores” nos aborda cuando con
frecuencia vemos a los integrantes de nuestro equipo no poner en
práctica los principios organizacionales que se supone conocen, o
exhiben comportamientos contrarios a los mismos.
Al sentir que no remamos en la misma dirección se produce mucha
tensión en la organización o comunidad. Es lógico que así sea,
porque todo nos cuesta más: ponernos de acuerdo, actuar de
manera coordinada y lograr los objetivos que nos lpanteamos.
Se ha vuelto un lugar común dentro de las empresas hablar de
valores como la excelencia, el liderazgo o la innovación. Pero en la
mayoría de los casos son sólo palabras o intenciones generales.
Los miembros de esas organizaciones no cuentan con suficiente
orientación para comprender lo que esos conceptos significan
frente a sus retos cotidianos.
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BIBLIOGRAFÍA
GONZÁLEZ, Ana María. El Enfoque centrado en la persona,
Editorial Trillas, México 1991, pág.145.
FROMM, Erich. Tener o ser. Fondo de Cultura Económica, México
1976, pág. 21
FRANKL, Viktor E. El Hombre en busca de sentido. Editorial
Herder, Barcelona 1994, pág. 105
GONZÁLEZ, Juliana. Los Valores humanos en México, Siglo XXI
editores, México 1997.
Apuntes del curso “Empresa y Sociedad”, Profesor Giulio Chiesa.
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ANEXOS
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