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Espíritu Santo y Comunidad Cristiana

El documento habla sobre el Espíritu Santo y su acción de cultivar la comunidad otorgando dones y carismas para que todos los bautizados sean servidores impulsados por el Espíritu Santo.

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EL ESPIRITU SANTO

Y
LA COMUNIDAD
Canto: Espíritu Santo Ven.

Objetivo: Comprender la acción del Espíritu


Santo que cultiva a la comunidad otorgándole
dones y carismas, para asumir que, en cuanto
bautizados, todos somos servidores,
impulsados por el Espíritu Santo.

Oración Inicial: Padre de Amor, tu nos has


llamado a la unión con tu Hijo y nos has pedido
que demos fruto en nuestro testimonio del
Evangelio. Por la gracia de tu Espíritu, haznos
capaces de amarnos los unos a los otros y de
permanecer en la unidad para que nuestra
alegría sea completa.
Hecho de Vida: Las campanas del Templo

El templo había estado sobre una isla, dos millas mar adentro. Tenía un millar de
grandes y pequeñas campanas labradas por los mejores artesanos del mundo. Cuando
soplaba el viento o arreciaba la tormenta, todas las campanas del templo repicaban el
mismo sonido, produciendo una sinfonía que arrebataba a cuantos la escuchaban.
Pero, al cabo de los siglos, la isla se había hundido en el mar y con ella, el templo y
sus campanas. Una antigua tradición afirmaba que las campanas seguían repicando sin
cesar y que cualquiera que escuchara atentamente podría oírlas. Movido por esta
tradición, un joven recorrió miles de millas, decidido a escuchar aquellas campanas.
Estuvo sentado durante días en la orilla, frente al lugar en el que en otro tiempo se
había alzado el templo, y escuchó con toda atención. Pero lo único que oía era el
ruido de las olas al romper contra la orilla. Hizo todos los esfuerzos posibles por alejar
de sí el ruido de las 2 olas, al objeto de poder oír las campanas. Pero todo fue en
vano; el ruido del mar parecía inundar el universo. Persistió en su empeño durante
semanas.
Cuando le invadió el desaliento, tuvo ocasión de escuchar a los sabios de la aldea,
que hablaban con unción de la leyenda de las campanas del templo y de quienes
las habían oído y certificaban lo fundado de la leyenda. Su corazón ardía en llamas
al escuchar aquellas palabras… para retornar al desaliento cuando, tras nuevas
semanas de esfuerzo, no obtuvo ningún resultado. Por fin decidió desistir de su
intento. Tal vez él no estaba destinado a ser uno de aquellos seres afortunados a
quienes lesera dado oír las campanas. O tal vez no fuera cierta la leyenda.
Regresaría a su casa y reconocería su fracaso. Era su último día en el lugar y
decidió acudir una última vez a su observatorio, para decir adios al mar, al cielo, al
viento y a los cocoteros. Se sentó en la arena, contemplando el cielo y escuchando
el sonido del mar. Aquel día no opuso resistencia a dicho sonido, sino que, parel
contrario, se entregó a él y descubrió que la voz de las olas era un sonido
realmente dulce y agradable. Pronto quedó tan admirado en aquel sonido que
apenas era consciente de sí mismo. Tan profundo era el silencio que producía en
su corazón…¡Y en medio de aquel silencio lo oyó! El sonar de una campanilla,
seguido por el de otra, y otra, y otra… Y en seguida todas y cada una de las mil
campanas del templo repicaban en una gloriosa armonía, y su corazón se vio
transportado de asombro y alegría.
Reflexión: Muchas veces se confunde los
Dones en este caso el de la sabiduría con el
conocimiento de cosas, con el saber. Todos
tenemos experiencias de conocer a personas
sabias que no han realizado grandes estudios.
Muchas veces recibimos regalos que no
utilizamos, que dejamos olvidados en algún
rincón de la casa. Esto mismo nos puede pasar
con los dones del Espíritu Santo. Para hacerlos
crecer dentro de nosotros, para hacerlos
germinar y que no queden como semillas, es
necesario una acción de parte del hombre.
Cuando nos unimos y trabajamos juntos en
comunidad el cuerpo crece, se expande, y
continua el trabajo que Jesús hizo cuando El
estaba en la tierra.
La luz de la palabra: Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en un
mismo lugar. Y de repente sobrevino del cielo un ruido, como de viento que irrumpe
impetuosamente, y llenó toda la casa en la que se hallaban. Entonces se les aparecieron
unas lenguas como de fuego, que se dividían y se posaron sobre cada uno de ellos.
Quedaron todos llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas,
según el Espíritu les hacía expresarse (Hch 1,1-4).Vivir según el Espíritu Santo es vivir
de fe, de esperanza, de caridad; dejar que Dios tome posesión de nosotros y cambie de
raíz nuestros corazones, para hacerlos a su medida. Una vida cristiana madura, honda y
recia, es algo que no se improvisa, porque es el fruto del crecimiento en nosotros de la
gracia de Dios. En los Hechos de los Apóstoles, se describe la situación de la primitiva
comunidad cristiana con una frase breve, pero llena de sentido: perseveraban todos en
las instrucciones de los Apóstoles, en la comunicación de la fracción del pan y en la
oración (Hch 2,42) (...)
Dinámica: Haremos equipos y en una hoja cada uno de los asistentes
escribiremos los dones o carismas que reconozcamos tener y que podamos
poner al servicio de la comunidad.

Conclusión: La venida solemne del Espíritu en el día de Pentecostés no fue


un suceso aislado. Apenas hay una página de los Hechos de los Apóstoles en
la que no se nos hable de El y de la acción por la que guía, dirige y anima la
vida y las obras de la primitiva comunidad cristiana: El es quien inspira la
predicación de San Pedro (Cfr. Hch 4,8), quien confirma en su fe a los
discípulos(Cfr. Hch 4,31), quien sella con su presencia la llamada dirigida a los
gentiles (Cfr. Hch 10,44-47), quien envía a Saulo y a Bernabé hacia tierras
lejanas para abrir nuevos caminos a la enseñanza de Jesús (Cfr. Hch 13,2-4).
En una palabra, su presencia y su actuación lo dominan todo. Esa realidad
profunda que nos da a conocer el texto de la Escritura Santa, no es un
recuerdo del pasado, una edad de oro de la Iglesia que quedó atrás en la
historia. Es, por encima de las miserias y de los pecados de cada uno de
nosotros, la realidad también de la Iglesia de hoy y de la Iglesia de todos los
tiempos. Yo rogaré al Padre –anunció el Señor a sus discípulos– y os dará otro
Consolador para que esté con vosotros eternamente (Jn 14,16). Jesús ha
mantenido sus promesas: ha resucitado, ha subido a los cielos y, en unión con
el Eterno Padre, nos envía el Espíritu Santo para que nos santifique y nos dé
la vida. Pongámonos atentos para saber escuchar la voz del ESPIRITU
SANTO
Canto: El Espíritu de Dios está en este lugar.

Oración final: Espíritu Santo, fuego vivificador


y aliento suave, ven y permanece en nosotros.
Renueva en nosotros la pasión por la unidad,
para que podamos vivir conscientes del vínculo
que nos une a ti ,que todos los que nos hemos
entregado a Cristo en el Bautismo nos unamos y
demos testimonio de la Esperanza que nos
sostiene. Amen.

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