EL MÉTODO DEVOCIONAL
Los diversos métodos estudiados nos ayudan mucho para comprender el material
bíblico, pero tenemos que ir más allá del conocimiento bíblico, hasta llegar al cultivo
de una actitud devocional hacia la Palabra inspirada, para que su mensaje verdadero
quede grabado en nuestro corazón, y así tenga influencia en nuestra vida. Tenemos
que proceder de la letra al Espíritu.
El método devocional es el que personaliza el estudio bíblico. La palabra “devoción”
quiere decir: 1. amor hacia Dios (y a su Palabra) Jesús dijo: “Amarás al Señor tu
Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente” (Mt.22:37) 2.
Reverencia. 3. Sinceridad. 4. Quietud.
El método devocional permite mucha flexibilidad, y puede ser aplicado a una sola
palabra, a una frase, a un versículo, a un capítulo o a un libro entero de la Biblia. Sin
embargo, el plan es básicamente el mismo. El siguiente método ha sido muy
efectivo en la vida de muchos creyentes. Su desarrollo incluye tres pasos:
1. Hacer una paráfrasis personal del texto (escribir el texto en su propio lenguaje, o
en lenguaje ordinario) Después de escoger la porción bíblica que se usará en el
estudio devocional, se comienza a leer una o dos veces, con una actitud devocional.
Con papel y lápiz, el estudiante la redacta en sus propias palabras, tratando de darle
claridad y lucidez en el uso del lenguaje contemporáneo. Cada palabra importante se
cambia por una palabra sinónima que comprenda el estudiante. Un buen diccionario
de la lengua o un diccionario de palabras sinónimas sería un valioso auxiliar. La
paráfrasis no tiene que ajustarse rígidamente al texto, palabra por palabra, porque a
veces se podrá usar una frase en lugar de una sola palabra, o viceversa. Como
resultado de este esfuerzo, la Palabra de Dios debe hablarle personalmente al
estudiante, en su propio lenguaje.
2. Pensar en sus problemas personales. A medida que el significado personalizado de
la porción seleccionada penetra en la vida del estudiante, y él aplica esa Palabra a su
propia vida, ésta le va revelando sus necesidades, debilidades y complejos. La
persona se identifica con la porción bíblica, interiorizando su significado para su
problema en particular, y así hace que la Biblia viva en su propia experiencia. Para
recibir ayuda de la Palabra y del Espíritu de Dios, tenemos que ser específicos. No
debemos ver el problema de otra persona, sino el nuestro propio a la luz reveladora
de la Santa Palabra de Dios. Tenemos que estar dispuestos a desnudar lo más íntimo
de nuestra alma en la presencia de Dios, y con su ayuda cristalizar nuestro problema
en forma particular, a medida que su Palabra habla a nuestro corazón. Es
indispensable que seamos absolutamente sinceros, porque Dios ve el corazón y nos
conoce. Él comprende nuestra necesidad y nuestro problema. Somos nosotros los
que tenemos que comprendernos, y en este estudio devocional podremos llegar a
conocernos a nosotros mismos. Este paso del método devocional queda completo
cuando el estudiante escribe su problema en un papel, y observa con atención.
3. Tomar decisiones personales. No basta con definir el problema, tenemos que
tomar una decisión clara la respecto. La pregunta “¿Qué voy a hacer con mi
problema?”, tiene que ser contestada. Una vez que se toma la decisión y se detalla
concretamente, el Espíritu Santo quien “nos ayuda en nuestra debilidad”, está presto
para ayudarnos. Un tiempo de oración sincera y ferviente debe finalizar este tercer
paso del estudio devocional.
Tomado de Biblia de Estudio Ampliada, pp. 1267-1268. Por el Reverendo M. David Grams, M.A.