N º 869
N º 869
Boletín de historia y antigüedades
Artículos /Articles
La irrupción de la dominación colonial en el altiplano cundiboyacense.
Instituciones de poder español y resistencias indígenas en la segunda mitad del
siglo XVI
Alejandro Bernal Velez
Boletín de historia y antigüedades
Etnohistoria de Beltrán y la capilla de la Virgen de Nuestra Señora de la Canoa
José Manuel Rozo
El mundo del trabajo en los sistemas defensivos de Cartagena de Indias,
1750-1810
Sergio Paolo Solano
El problema de la selección temática en una historia local. El caso de la historia
básica de Bucaramanga
Armando Martínez Garnica
Los procesos de cambio en las estrategias y tácticas en los ejércitos patriotas en la
independencia
Jorge Mauricio Cardona
Historia y arqueología de la Ferrería de Pacho, Cundinamarca
Roberto Lleras
Luzed Moreno
Discursos, conversatorios y conferencias / Speeches, forums and conferences
Vestigios del derecho indiano en la sociedad contemporánea o la postergación de
la modernidad en América
Fernando Mayorga García
La señora del billete de 10.000 pesos. Virginia Gutiérrez de Pineda
Roberto Pineda
Ximena Pachón
Academia Colombiana de Historia
Reseñas de libros / Book reviews
Las Batallas de Boyacá: hombres, mujeres, experiencias de Isidro Vanegas,
Ediciones Plural, 2019
Roger Pita Pico
Volumen CVI, No. 869, julio– diciembre 2019. ISSN 0006-6303
0006 6303
ISSN 0006-6303
Volumen CVI, No 869, julio –diciembre de 2019. ISSN 0006-6303 Academia Colombian a de H istoria
Boletín de Historia y Antigüedades
Órgano de la Academia Colombiana de Historia
Volumen CVI, No. 869, julio – diciembre de 2019
ISSN Impreso: 0006-6303 / digital: 2357-6553
Boletín de Historia
y Antigüedades
Órgano de la Academia Colombiana de Historia
Volumen CVI, No 869, julio – diciembre de 2019
ISSN Impreso: 0006-6303 / digital: 2357-6553
DIRECTOR
Roberto Lleras Pérez
ACADEMIA COLOMBIANA
ASISTENTE EDITORIAL DE HISTORIA
Calle 10 No. 8-95
Ana María Jaimes López Bogotá D.C., Colombia
PBX: (571) 7420848
Bogotá D.C., Colombia
COMITÉ EDITORIAL
Correo electrónico:
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Doctora en Historia, Universidad de los Andes http://www.academiahistoria.org.co
Aristides Ramos Peñuela Capítulo V: De las publicaciones,
Artículo 21, parágrafo b de los estatutos:
Doctor en Historia, Pontificia Universidad Javeriana El contenido de las publicaciones que
Efraín Sánchez Cabra realice la Academia sólo compromete
la responsabilidad de sus autores.
Doctor en Historia, Academia Colombiana de Historia
Impreso en Colombia
COMITÉ CIENTÍFICO INTERNACIONAL noviembre de 2020
Anthony McFarlane Diseño original:
Torre Gráfica Limitada
Doctor en Historia, University of Warwick, UK
Frank Safford Diagramación e impresión:
Xpress Estudio Gráfico y Digital S.A.S.
Doctor en Historia, Northwestern University, USA Xpress Kimpres
Germán Carrera Damas
Doctor en Historia, Universidad Central de Venezuela
Catherine Legrand
Doctora en Historia, McGill University, Canadá
Marco Palacios
Doctor en Historia, El Colegio de México
Esta publicación se ha financiado mediante la
transferencia de recursos del Gobierno Nacional
a la Academia Colombiana de Historia. El Minis-
terio de Educación Nacional no es responsable
de las opiniones aquí expresadas.
Boletín de Historia
y Antigüedades
Volumen CVI, No 869
julio - diciembre de 2019
Contenido
C o nt e nt s
7 Presentación
A r t í c u l o s / Ar t i c l e s
15 La irrupción de la dominación colonial en el altiplano cundi-
boyacense. Instituciones de poder español y resistencias indígenas
en la segunda mitad del siglo XVI
A l e ja n d r o B e r n a l Vé l e z
53 Et n o h i s t o r i a d e B e l t r á n y l a c a p i l l a d e l a Vi r g e n d e Nu e s t r a
Señora de la Canoa
José Manuel Rozo
83 El mundo del trabajo en los sistemas defensivos de Cartagena
de Indias, 1750-1810
S e r g i o Pa o l o S o l a n o
131 El problema de la selección temática en una historia local. El
caso de la historia básica de Bucaramanga
A r m a n d o M a rt í n e z G a r n i c a
149 Los procesos de cambio en las estrategias y tácticas en los
ejércitos patriotas en la independencia
J o r g e M au r i c i o C a r d o n a
175 H i s t o r i a y a r q u e o l o g í a d e l a F e r r e r í a d e Pa c h o, C u n d i n a m a r c a
R o b e rt o L l e r a s
Luzed Moreno
Discursos, conversatorios y conferencias / Speeches,
forums and conferences
2 1 9 Ve s t i g i o s d e l d e r e c h o i n d i a n o e n l a s o c i e d a d c o n t e m p o r á n e a
o la postergación de la modernidad en América
F e r n a n d o M ayo r g a G a r c í a
2 2 7 L a s e ñ o r a d e l b i l l e t e d e $ 1 0 . 0 0 0 p e s o s . Vi r g i n i a G u t i é r r e z d e
Pineda
R o b e rt o P i n e da
X i m e n a Pa c h ó n
Reseñas de libros / Book rev iews
257 L as batallas de B oyacá: hombres, mujeres, experiencias de
Is i d r o Va n e g a s , E d i c i o n e s P l u r a l , 2 0 1 9
R o g e r P i ta P i c o
2 6 3 Vi d a Ac a d é m i c a
Del Boletín
Boletín de historia y antigüedades /Vol. CVI, No 869, Julio - Diciembre de 2019
Pres enta ci ón
Apreciados lectores del Boletín de Historia y Antigüedades, les damos
la bienvenida al número 869 correspondiente al segundo semestre de 2019.
A partir de este número tenemos algunas novedades sobre las que queremos
llamar su atención.
Se ha reconstituido el Comité Editorial cuya composición no había cam-
biado en varios años y que tenía entre sus miembros a algunos que, por diversas
razones, no podían seguir perteneciendo a él. Nuestra intención es que el nuevo
Comité integrado por tres miembros: los académicos Diana Bonnet, Arístides
Ramos y Efraín Sánchez, tome parte muy activa en la definición de las políticas
editoriales de la revista.
Se mantiene sin cambios el Comité Científico Internacional, pero se elimina
el Comité de Árbitros Externos, compuesto íntegramente por miembros de la
Academia y, por tanto, no realmente externos. Esto no significa, por supuesto,
que el Boletín no vaya a recurrir a los árbitros. Seguiremos acudiendo al valioso
concurso de estos académicos y de otros profesionales, dentro y fuera de nuestra
corporación, para la evaluación de los textos que se nos presentan y para otras
sugerencias y aportes que enriquezcan nuestra publicación.
Al lado de la sección que constituye el núcleo del Boletín –Artículos– hemos
abierto una nueva sección denominada Discursos, Conferencias y Conversato-
rios; en ella incluiremos las contribuciones de los académicos que no tienen la
naturaleza ni el formato de artículos académicos. Aquí tienen cabida todos esos
[7 ]
Presentación
textos que constituyen, por ejemplo: piezas de opinión más que de investiga-
ción; transcripciones de intervenciones en sesiones de la Academia que nunca
fueron concebidas bajo la estructura de un texto científico o conversaciones
ilustradas entre miembros que no se ajustan a un formato rígido. La idea detrás
de la creación de esta nueva sección es aprovechar aquellos textos que tienen
interés y valor sin forzar su ajuste a las normas de los artículos. Estos últimos
seguirán siendo, por supuesto, rigurosamente evaluados y editados como se ha
hecho hasta ahora.
Hemos eliminado de la sección Del Boletín, la sub-sección Los autores; la
información biográfica básica de quienes escribieron los artículos, discursos y
reseñas de cada número irá en Nota de Pie en la primera página de cada texto.
El acceso a los datos biográficos, para los lectores interesados, será más fácil y
directo en este lugar.
Los artículos de este número se han organizado en un orden cronológico
aproximado; la diversidad de temas no nos daba otra opción. Abre el Boletín
el artículo de Alejandro Bernal Vélez titulado La irrupción de la dominación
colonial en el altiplano cundiboyacense. Instituciones de poder español y resis-
tencias indígenas en la segunda mitad del siglo XVI. Bernal Vélez es arqueólogo
y etnohistoriador con amplia experiencia en el periodo colonial del altiplano
cundiboyacense; este trabajo procura superar la visión simplista de la conquista
como un proceso violento en el que los indígenas no pasaron de cumplir un papel
pasivo. Bernal explora, con la ayuda de la historia, la arqueología y la antropo-
logía, los procesos de irrupción de los españoles y el rol de sus instituciones en
el mundo del altiplano muisca en donde los personajes e instituciones nativas
reaccionaron, resistieron y se adaptaron en un proceso sumamente complejo
y, en buena parte, desconocido.
El segundo artículo, del arqueólogo José Manuel Rozo, hace un recuento
de la historia, construcción y restauración de una joya de la arquitectura co-
lonial del departamento de Cundinamarca. Etnohistoria de Beltrán y la capilla
de la Virgen de la Canoa relata la fundación del pueblo de indios de Beltrán en
la margen derecha del río Magdalena y la construcción de su iglesia en 1676.
Las excavaciones arqueológicas realizadas allí con motivo de la reconstruc-
ción arquitectónica de este inmueble le permitieron al autor develar las etapas
constructivas, los materiales usados y las técnicas de cimentación y armado
de paredes y techumbres. Hay en este documento evidencias muy interesantes
de la sucesiva intervención de alarifes españoles y constructores indígenas en
distintos momentos.
[8 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Presentación
El profesor Sergio Paolo Solano, catedrático de la Universidad del Norte
de Barranquilla, nos trae otro interesante documento que continua la línea de
trabajos por él publicados sobre la actividad laboral y artesanal en la Cartagena
colonial: El mundo del trabajo en los sistemas defensivos de Cartagena de Indias,
1750-1810. Solano se niega a aceptar una visión superficial de los procesos que
permitían al gobierno colonial construir y mantener las estructuras defensivas
y atender a las necesidades de la organización militar de la ciudad. Haciendo
gala de una metodología, que combina la historia y la economía, el autor logra
penetrar en las complejidades de la demanda y oferta de trabajo, las jerarquías
y niveles de trabajos y precios y sus repercusiones en la estructura social de los
artesanos y en factores como el prestigio y el consumo.
Los grandes trabajos de historia regional o local resultan ser, muchas veces,
escenarios en los que salen a flote problemas y perspectivas metodológicas ines-
peradas. Este fue el caso con un gran esfuerzo que bajo el nombre de Historia
Básica de Bucaramanga enfrentó el académico Armando Martínez Garnica. De
aquí surgió el artículo reflexivo titulado El problema de la selección temática en
una historia local. El caso de la historia básica de Bucaramanga. A través de un
recorrido cronológico por las fuentes que alimentan la historia de la ciudad
capital de Santander, Martínez Garnica va desnudando las virtudes, problemas
y sesgos de las fuentes, desde el establecimiento mismo del poblado hasta la
actualidad. El tema básico, las cosas públicas, surge como un hilo conductor
que da sentido y fuerza a una historia despojada de mitos y tergiversaciones.
Como lo advierte el autor mismo, es mucho lo que se ha escrito sobre la
independencia, sobre las campañas y batallas que llevaron al resultado final de la
república independiente. Pero, para quien escribe Los procesos de cambio en las
estrategias y tácticas en los ejércitos patriotas en la Independencia, capitán Jorge
Mauricio Cardona, miembro correspondiente de la Academia, hay aspectos
importantes que no se han tratado. Y, armado con un conocimiento profundo
de los tratados y los tratadistas militares de los siglos XVIII y XIX, Cardona sale
a probarlo. El autor se asegura que entendamos la diferencia entre estrategia
y táctica y sobre esa base nos explica qué era una muta, una mesnada y cómo
unas y otras operaban en determinados escenarios; por qué Bolívar operó de
cierta forma en sus campañas y de dónde le venía a él esta inclinación. Al final,
nos quedan claros los factores definitivos en el accionar militar y el por qué del
resultado que todos conocemos.
La sección de Artículos se cierra con Historia y arqueología de la Ferrería
de Pacho, Cundinamarca de Roberto Lleras y Luzed Moreno. La segunda side-
rúrgica más antigua de Suramérica tuvo una vida breve y difícil y una agonía
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 7 - 11 [9 ]
Presentación
larga y aún más difícil. Desde cuando se construyó su alto horno en 1837 hasta
que dejó de operar en 1879, se sucedieron los esfuerzos y los problemas; desde
que se cerró la planta, el predio fue desmembrado, los edificios parcialmente
demolidos y extensamente saqueados. La iniciativa de conservar el sitio y su
declaratoria como Bien de Interés Cultural de la Nación, permitió rescatar lo
poco que quedaba y emprender una campaña de excavaciones arqueológicas,
gracias a la cual fue posible sacar a la luz vestigios importantes y reconstruir
la cadena operativa industrial de la Ferrería. Un consuelo póstumo para esta
destrucción absurda.
En la sección de Discursos, Conferencias y Conversatorios tenemos un
contundente discurso del académico Fernando Mayorga cuyo título - Vestigios
del derecho indiano en la sociedad contemporánea o la postergación de la mo-
dernidad en América – despierta mucha inquietud. Mayorga se hace preguntas
claves, dialoga con sus compañeros de sala, se apoya en sus intervenciones y
en sus propias obras para desmenuzar con agudeza y con agilidad la historia
del derecho en Colombia. Sus conclusiones, a pesar de ser formuladas con mo-
deración, son claras, no dejan dudas. No adelanto aquí más, sería tanto como
contar el final de una novela de suspenso.
Una mujer muy especial, conocida y, a la vez desconocida, recibe en
nuestro Boletín un homenaje muy especial. De la mano de una amena conver-
sación entre los antropólogos Roberto Pineda y Ximena Pachón descubrimos,
o redescubrimos, a Virginia Gutiérrez. La señora del billete de $10.000 pesos.
Virginia Gutiérrez de Pineda, es el resultado de un conversatorio realizado en
la Universidad Nacional de Colombia. Pineda y Pachón conocen de primera
mano el tema y cuentan, además, con un acervo impresionante de fotografías,
documentos y testimonios. Aún para quienes conocíamos algo de su brillante
carrera, el diálogo es una revelación: es el retrato de una mujer audaz y profunda
que habló de género, familia, violencia y otros temas de actualidad, hace más
de cincuenta años. Una pionera y un cimiento fundacional de la antropología
social en Colombia.
En la sección de Reseñas de libros el académico Roger Pita nos ofrece
una reseña del libro Las batallas de Boyacá: hombres, mujeres, experiencias del
historiador Isidro Vanegas. Pita anota el enfoque novedoso y original de este
libro publicado por Ediciones Plural en 2019; un buen material de lectura en
este bicentenario de la independencia.
El Boletín conserva su tradicional sección de Vida Académica, en la que se
encuentra el Informe de Labores del Secretario, que corresponde en esta ocasión
al periodo julio-diciembre de 2019. También se encuentran aquí la relación de
[ 10 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Presentación
Acuerdos y Proposiciones, las Proposiciones de Felicitaciones y Duelos y la
relación de Miembros Honorarios, de Número, Correspondientes y Extranjeros.
Además de estimularlos a leer este y los anteriores números del Boletín,
queremos reiterar la invitación, permanentemente abierta, para publicar en
esta revista, el órgano de difusión de la Academia y de la historia en Colombia.
Roberto Lleras
Editor
Noviembre de 2020
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 7 - 11 [ 11 ]
Presentación
Boletín de historia
y antigüedades
Volumen CVI, No. 869
Julio a Diciembre de 2019
Ar tí c u l o s
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 7 - 11 [ 13 ]
Boletín de historia y antigüedades /Vol. CVI, No 869, Julio - Diciembre de 2019
La irrupción de la dominación
colonial en el altiplano
cundiboyacense. Instituciones
de poder español y resistencias
indígenas en la segunda mitad del
siglo XVI
Alejandro Bernal Vélez1
Resumen Sin lugar a dudas, la conquista española debe ser caracte-
rizada como un mosaico de actos violentos. Sin embargo, la historiografía
sobre la misma no puede quedar inscrita en un relato monorcorde y
homógeneo sobre la brutalidad y sevicia de los conquistadores, así como
1
Alejandro Bernal Vélez es Antropólogo de la Universidad de los Andes (1998), Magister en
Historia, Universidad Nacional de Colombia (2007), Doctor en Arqueología, Universidad Na-
cional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (2017). Actualmente se desempeña como
Coordinador del Equipo de Arqueología Campo La Cira-Infantas (Barrancabermeja, Santan-
der). Fue investigador del Grupo de Arqueología del Instituto Colombiano de Antropología e
Historia, y ha sido profesor del programa de Historia de la Universidad Autónoma de Colom-
bia. Su labor investigativa se ha concentrado en la arqueología y la etnohistoria de los andes
nariñenses y del altiplano cundiboyacense. Dentro de sus últimas publicaciones se cuentan:
Los límites septentrionales del imperio Inca y el Qhapaq Ñan vistos desde la arqueología y la his-
toriografía del sur andino de Colombia; El espacio como escenario de confrontación interétnica.
El caso del Altiplano Cundiboyacense (Nuevo Reino de Granada) en el siglo XVI; y en coedición
con Felipe Cárdenas-Arroyo Investigaciones Arqueológicas en Nariño (Colombia). albernalvel@
gmail.com
Cómo citar este artículo
Bernal Vélez, Alejandro. “La irrupción de la dominación colonial
en el altiplano cuntiboyacense. Instituciones de poder español y resistencias indígenas en la
segunda mitad del siglo XVI ”. Boletín de Historia y Antigüedades 106: 869 (2019): 15 -51.
[ 15 ]
Alejandro Bernal Vélez
tampoco en una ingenua y cándida justificación como acción civiliza-
dora. La aplicación de la fuerza física y la violencia es tan solo una de
las expresiones de la invasión europea. La otra faceta de la conquista se
relaciona con los proyectos y utopías personales y colectivas que entraban
en juego, así como las maneras en que las instituciones que permitían
concretar esos sueños y anhelos de conquistadores y pobladores fueron
implantadas sobre las distintas realidades geográficas del Nuevo Mun-
do y la de los pueblos originarios de las Américas. El presente artículo
busca proponer elementos de análisis sobre la irrupción española y las
instituciones coloniales en el Altiplano Cundiboyacense en los primeros
años del mundo colonial por medio de la exploración de algunas fuentes
documentales, así como de datos e ideas aportadas por la historiografía,
la arqueología y la antropología.
Palabras clave: muiscas, conquista, encomiendas, altiplano cun-
diboyacense.
The irruption of colonial rule in the cundiboyacense plateau.
Institutions of Spanish power and indigenous resistance
in the second half of the 16th century
Abstract: Without doubt, the Spanish conquest must be characteri-
zed as a mosaic of violent acts. However, the historiography on it cannot
be circumscribed to a monomorphic and homogeneous account of the
brutality and hideousness of the conquerors, nor as a naive and candid
justification of a civilizing action. The application of physical force and
violence is just one of the expressions of the European invasion. The other
facet of the conquest is related to the personal and collective projects and
utopias that came into play, as well as the way in which the institutions
that made possible the fulfillment of those dreams and longings of con-
querors and settlers were implanted on the different geographical areas
of the New World and that of the original peoples of the Americas. This
article seeks to propose elements of analysis on the Spanish irruption and
colonial institutions in the cundiboyacense plateau in the first years of the
colonial world through the exploration of some documentary sources,
as well as data and ideas contributed by historiography, archaeology and
anthropology.
[ 16 ] Boletín de Historia y Antigüedades
La irrupción de la dominación colonial en el altiplano Cundiboyacense.
Instituciones de poder español y resistencias indígenas en la segunda mitad
del siglo XVI.
Keywords: Muiscas, conquest, encomiendas, Cundiboyacense
plateau.
Un cacique o jeque muisca modelado en el interior de un ofrendatario. ©Roberto Lleras
Introducción 2
La presencia europea en el Altiplano Cundiboyacense se dio en 1537 cuan-
do llegó la primera oleada de grupos ibéricos y se estableció la relación con las
comunidades muiscas. Los primeros años se caracterizaron por situaciones que
oscilaron entre la aceptación silenciosa de los recién llegados en las comunidades
y las contra respuestas, violentas en algunos casos, de los muiscas a los abusos
de los miembros de las huestes hispánicas. Las décadas de 1540 y 1550 muestran
una débil presencia del estado español y una serie de situaciones de hecho, que
le dieron cuerpo y firmeza a la encomienda como la institución que reguló el
conjunto de las relaciones sociales, interétnicas y políticas por el resto del siglo
XVI. Para los muiscas, y especialmente para los caciques y capitanes, estos años
de desorden significaron uno de los momentos más dramáticos de la dominación
2
Buena parte de los argumentos, textos y datos expuestos en el presente artículo fueron desa-
rrollados y presentados en mi tesis para obtener el título de doctor en Arqueología en la Uni-
versidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires en 2017.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 15 - 51 [ 17 ]
Alejandro Bernal Vélez
colonial. Es importante destacar que los muiscas no fueron observadores pasivos
de los hechos de la conquista y de los primeros años de la colonización española.
Uno de los argumentos sobre los que gira el presente artículo es que los indígenas
del Altiplano Cundiboyacense fueron actores protagónicos y activos del drama
que comenzó con la conquista misma. La agencia indígena está presente en las
acciones y hechos de estos primeros años de presencia española, y muchas de sus
decisiones marcaron definitivamente el viraje que tomaría la política colonial en
esta parte de los Andes del norte de Suramérica. Sin duda, el primer encuentro
se debió caracterizar por una situación ambigua que osciló entre el temor y la
curiosidad mutua. Pero una vez superadas estas cuestiones, las comunidades y
sus líderes debieron deliberar sobre la forma como iban a relacionarse con los
invasores y, con los años, aprenderían a sortear las situaciones que implicaba
el andar por los sinuosos caminos de las relaciones interculturales. En otras
palabras, aprenderían a vivir dentro de la encrucijada colonial.
En el siguiente texto se busca cumplir con dos objetivos. En primer lugar,
presentar una posible interpretación sobre el significado que pudo haber teni-
do para indígenas y españoles la conquista en las tierras altas de la Cordillera
Oriental de la actual Colombia. En especial, se busca entender el sentido y las
consecuencias de la violencia española y la respuesta indígena a la misma. El otro
objetivo del artículo es explorar algunas ideas sobre las encomiendas. Durante los
años iniciales de la invasión europea al Altiplano Cundiboyacense, las relaciones
entre las órbitas indígena y española fueron cortas y ocasionales, marcadas por
circunstancias particulares y acontecimientos específicos. El otorgamiento de
encomiendas, en cambio, fue la génesis de conexiones más prolongadas entre
ambos mundos, y que, en últimas, terminarían estructurando las relaciones de
poder del resto de la centuria. Se esperaba que el mundo español se pudiese
mantener con el repartimiento de un grupo de indios a los primeros españoles
como recompensa por la participación en la conquista, y luego con la modali-
dad de las encomiendas como estímulo a una empresa más colonizadora. Este
aspecto determinó que la economía colonial temprana en el altiplano, al igual
que en otros espacios del norte de los Andes, estuviese espacialmente centrada
en la república de indios como lo señaló hace varios años Karen Powers3. Este
hecho convierte a la encomienda en una institución para analizar los cambios y
las transformaciones internas de las comunidades muiscas en las fases iniciales
del período colonial. Además, determinó que las comunidades indígenas que-
daran inmersas en el conflicto entre la administración colonial y los primeros
3
Karen Powers, “La supervivencia cultural en los Andes: Un estudio comparativo de la etno-
génesis en los grupos indígenas del norte y sur de los Andes”, Memoria Americana. Cuadernos
de etnohistoria No. 4 (1995): 85.
[ 18 ] Boletín de Historia y Antigüedades
La irrupción de la dominación colonial en el altiplano Cundiboyacense.
Instituciones de poder español y resistencias indígenas en la segunda mitad
del siglo XVI.
pobladores españoles. Pero también, la encomienda puede ser vista como un
mecanismo inicial de control, vigilancia y agrupamiento de los indios muiscas
del altiplano que buscaban crear un cuerpo disciplinado de trabajadores.
El contexto histórico y cultural del Descubrimiento y
la Conquista del altiplano
El Descubrimiento y Conquista española del Altiplano Cundiboyacense
a finales de la década de 1530 se enmarca en un cambio en la percepción de lo
que era el Nuevo Mundo y lo que significaban sus territorios para la política
imperial de la Corona española. Las expediciones de Hernán Cortés y Francisco
Pizarro hicieron perder el interés por llegar a las especies y la seda de China e
India, y eclipsaron los risibles réditos económicos que habían traído los intentos
colonizadores de los españoles en las islas caribeñas. Con el Descubrimiento
de los deltas de los grandes ríos americanos en las primeras dos décadas del
siglo XVI se finalizó la fase antillana de la conquista, y el interés se concentró
en lo que debía ser y contener el interior continental de América. Para el caso
concreto del noroeste de Suramérica, los españoles que se asentaron en Santa
Marta y Cartagena buscaron acceder por el río Magdalena a las recién descu-
biertas tierras del Perú. Entre las muchas ideas geográficas que se tenían de
América en las primeras décadas del siglo XVI se resalta la que representaba al
Nuevo Mundo como una isla y que el Magdalena, cuyas aguas corren en sentido
sur-norte, podía ser una ruta más o menos fácil para llegar al Océano Pacífico y a
la riqueza de los Incas4. Por cierto, la idea de los nuevos territorios como una isla
tiene cabida en el imaginario medieval que poseían los conquistadores ibéricos
y que configuraba, o al menos anticipaba, lo que debían ser sus habitantes y las
maneras en que debían tratarlos. Las representaciones mentales sobre las islas
manejaban una ambigüedad entre mundos poblados por una monstruosidad
y barbarie posibles de vencer por medio de la conquista y la evangelización, o
un paraíso perdido con posibilidades ilimitadas de goce para aquellos que lo
encontraran y colonizaran5. Ambas ideas estuvieron presentes en la percepción
española sobre la conquista y colonización del altiplano central colombiano y
de las vertientes cordilleranas que lo rodean.
4
Juan Friede, Invasión al país de los Chibchas (Bogotá: Ediciones Tercer Mundo 1966).
5
Ettore Finazzi-Agrò, “En los umbrales de la dialéctica colonial. El indio como frontera en el
siglo XVI”, en Fronteras, etnias y culturas. América Latina, siglos XVI-XX, ed. Chiara Evangelis-
ta (Quito: Ediciones Abya-Yala, 1996), 93-110.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 15 - 51 [ 19 ]
Alejandro Bernal Vélez
Respecto al desconocimiento de la realidad geográfica de las áreas y límites
que se asumían como propios de cada jurisdicción, es necesario señalar que
este hecho repercutió en el otorgamiento de concesiones, mercedes y derechos
para gobernadores, conquistadores y encomenderos que no tenían en cuenta las
proporciones de los territorios, ni la manera como los mismos estaban poblados
por distintas comunidades indígenas. Lo anterior fue, a la larga, un factor más
que se sumó a los conflictos entre los distintos estamentos españoles y entre
éstos y las poblaciones originarias. Es importante recordar que la organización
de expediciones de conquista en el interior suramericano tenía una función
política como reconocimiento o ensanchamiento de los límites de un territorio.
Pero también, la organización de las expediciones buscaba liberarse de una
población de vagos, ociosos y maleantes, y, en general, de una masa de hombres
y mujeres de diversas procedencias y grupos étnicos que contribuían a volver
aún más caótica y precaria la supervivencia en las ciudades españolas recién
fundadas sobre la costa caribe de Suramérica. Muchos españoles se enrolaban
en las expediciones con el único fin de liberar la vida de entre tantas muertes6.
La expedición de conquista del Altiplano Cundiboyacense más importante fue
la de Jiménez de Quezada, quien salió de Santa Marta en abril de 1536 y llegó
en los primeros meses de 1537. Otros dos grupos de conquistadores llegaron
al altiplano poco después como es el caso de Sebastián de Benalcázar y Nicolás
de Federmann. Las acciones y hechos de las rutas y expediciones de Descubri-
miento y Conquista española en los Andes del norte de Suramérica, narrados
en las crónicas del período colonial, hacen parte del repertorio de la historia
oficial colombiana, y han sido tratados por historiadores de diverso cuño in-
telectual. Por tanto, un recuento pormenorizado de estás no será realizado en
este artículo. Sin embargo, se comentarán ciertos aspectos de las expediciones
de conquista por cuanto dan algunas señales del tipo de identidad hispánica
que se dio a lo largo del siglo XVI y permite entender algunas cuestiones del
matiz que adquirió el proyecto colonizador español en el epicentro geográfico
del Nuevo Reino de Granada.
La experiencia de la conquista fue para muchos de sus actores uno de los
puntos que marcó la identidad del mundo español y criollo en el siglo XVI y,
cimentó las redes sociales de la primera oleada de ibéricos que llegaron al alti-
plano. Indudablemente, el tránsito de los españoles que duró cerca de un año
por una región de selvas, ríos y ciénagas tropicales que les era absolutamente
desconocida debió ser difícil. Ténganse en cuenta que se trataba de hombres
6
Fray Pedro Simón, Noticias Historiales de las conquistas de Tierra Firme en las Indias
Occidentales (Bogotá: Banco Popular, 1981/1625) III, 80.
[ 20 ] Boletín de Historia y Antigüedades
La irrupción de la dominación colonial en el altiplano Cundiboyacense.
Instituciones de poder español y resistencias indígenas en la segunda mitad
del siglo XVI.
mediterráneos, algunos de los cuales contaban sólo con algunas temporadas
en las Antillas como su única experiencia en América. El interior de la Tierra
Firme, como es el caso de la región por donde pasaron los hombres de Jiménez
de Quesada, Federmann o Benalcázar tiene unas condiciones de vegetación y
clima diferentes al de las islas del Mar Caribe. Para el siglo XVI, la masa de bos-
que húmedo tropical cubría prácticamente toda la cuenca media y baja del Río
Magdalena. Durante la estación de lluvias los ríos crecen y las ciénagas extienden
sus orillas a puntos donde, a simple vista, parecen masas de agua infinitas, y la
región se convierte en un laberinto de caños, pantanos y lagos. En la Orinoquía
y los Llanos Orientales, áreas por donde pasaron los hombres de Federmann
antes de subir a la cordillera, las aguas convierten a las sabanas tropicales en
extensos esteros que dificultan el tránsito. Adicionalmente, las laderas de los
Andes Septentrionales están cubiertos por densas masas de bosque de montaña
que en muchas ocasiones terminan en escarpadas y pronunciadas laderas que
impiden el paso de grandes contingentes de personas, más aún si van a caballo.
Cabe también mencionar que el desconocimiento de las plantas y animales del
bosque y las sabanas tropicales, y la desconfianza española hacia una natura-
leza que ante sus ojos parecía extraída de los bestiarios y leyendas medievales,
dificultó el aprovisionamiento de víveres. La falta de un entendimiento con los
indios complicó aún más la situación alimenticia. En otras palabras, la carencia
de un conocimiento técnico y práctico de este medio ambiente comprometió
seriamente la supervivencia de las tropas sucumbiendo fácilmente a las enfer-
medades y el hambre. José Ignacio Avellaneda calcula que de los 800 hombres
que salieron de Santa Marta con Jiménez de Quesada llegaron 173, es decir que
solo el 21% sobrevivió el viaje de casi un año. Los mismos datos muestran que
Federmann perdió a casi la mitad de los 300 individuos que salieron de Coro y
Benalcázar arribaría al altiplano con el 75% de su contingente original de cerca
de 200 hombres y algunas pocas mujeres7.
Pero más allá de las cuestiones relacionadas con los padecimientos de la
expedición, hay una cuestión ideológica que vale la pena destacar, por cuanto
cobrará sentido años más adelante en las disputas sobre el control político y
social del mundo neogranadino. La experiencia de la travesía por los distintos
parajes tropicales fijaría en la mentalidad española, y posteriormente en la
criolla, la idea de una gesta heroica que se ajustó muy bien a la legitimación
de reclamos y peticiones ante la Corona sobre aquellas cuestiones a las que los
conquistadores y sus descendientes creían que tenían derecho. Los cronistas
7
José Ignacio Avellaneda, The conquerors of the New Kingdom of Granada (Alburquerque:
University of New Mexico Press, 1995) Tabla 3.1.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 15 - 51 [ 21 ]
Alejandro Bernal Vélez
resaltaron el brío español como forma de manifestar el espíritu triunfador del
conquistador que venció todos los obstáculos naturales y humanos –las víboras,
los caimanes, las plagas, las ciénagas, los ríos caudalosos, los indios guerreros,
las montañas y breñas– y que se supo sobreponer al hambre y la enfermedad.
Tanto las crónicas de Fray Pedro de Aguado y Juan de Castellanos, redactadas
en la segunda mitad del siglo XVI, como la de Fray Pedro Simón, elaborada
a comienzos del siglo XVII, fueron escritas leyendo los relatos de los propios
conquistadores o inclusive escuchando las vivencias de los protagonistas de las
expediciones y, con seguridad, también reprodujeron el ánimo reivindicativo
y probatorio en el que estaban interesados estos personajes8. Esto coincide con
lo que se ha dicho para buena parte de los conquistadores españoles del siglo
XVI, y es la necesidad de demostrar ante la Corona la naturaleza gloriosa de
sus hazañas como un mecanismo de justificación ante el estado y los acreedores
que financiaron sus expediciones, y como legitimación de los derechos a los
que creían ser merecedores por esta participación9.
En algunos de los pleitos sobre tenencia de encomiendas en el Altiplano
Cundiboyacense en la década de 1560, es decir, más de veinte años después de
la llegada de los primeros españoles, se encuentra siempre el recordatorio de la
participación del padre o el esposo en dicha gesta como parte de los recursos
de apelación ante un proceso de despojo del título. Un componente adicional a
estos reclamos era la idea de recompensa económica dado que se planteaba que
la participación en las gestas de Descubrimiento y Conquista había sido hecha
con recursos propios para conseguir armas y caballos, y que las únicas fuentes
de mantenimiento de las familias era el goce de las encomiendas. Algunos de
estos elementos están presentes en casos como el de Florentina de Escobar y Juan
Gallego quienes en 1563 gozaban de los tributos de los indios de Tenjo y Socotá
al occidente de la Sabana de Bogotá. Florentina y Juan eran, respectivamente,
la viuda y el hijo del maestre Juan Gallego, participante en la pacificación del
Nuevo Reino y uno de los primeros cristianos en llegar a la región10. Avellaneda
calculó que la media de edad de los españoles que entraron con las expediciones
de conquista al Nuevo Reino era de 27 años, y que más de la mitad de la tropa
estaba entre los 20 y 30 años (54.3%), y en menor proporción entre los 30 y los
35 años (18.1%)11. Estos cálculos etarios muestran que para 1575 buena parte
8
María Eugenia Hernández, “Fray Pedro Aguado y fray Antonio de Medrano y su visión del
proceso de conquista del Nuevo Reino de Granada”, Revista Republicana 12 (2012): 293-321
9
Matthew Restall, Los siete mitos de la conquista española (Barcelona: Editorial Paidos, 2004),
109.
10
AGN, Sección Colonial, Fondo Encomiendas Leg. 6, doc.18, Tenjo: cargos a encomendera,
fol. 510r.
11
Avellaneda, The conquerors of…, Tabla 3.5
[ 22 ] Boletín de Historia y Antigüedades
La irrupción de la dominación colonial en el altiplano Cundiboyacense.
Instituciones de poder español y resistencias indígenas en la segunda mitad
del siglo XVI.
del núcleo primigenio de conquistadores se encontraba aún vivo y actuando
como un grupo de presión política en los cabildos, los cargos públicos y la Real
Audiencia. Si no estaban vivos, sus descendientes tendrían la edad suficiente para
haber entrado en la arena de la política y el manejo de los negocios familiares.
El nepotismo, las redes clientelares y el matrimonio hacían parte del círculo
del ejercicio del poder en los centros urbanos españoles en los Andes neogra-
nadinos, y para mantenerse en éste se debía tener, aparte de una buena renta
proveniente de las encomiendas, el honor y el prestigio de pertenecer al grupo
de conquistadores. Hay que tener en cuenta que las encomiendas más ricas y
lucrativas de la segunda mitad del siglo XVI se ubicaban en las jurisdicciones
de Santafé y Tunja y pertenecían a los actores de la conquista o a sus directos
descendientes12.
La experiencia de la conquista sirve también para comprender algunos de
los matices que tomó la empresa colonizadora española en las décadas de 1540
a 1560. Según Juan Friede13, Jiménez de Quesada era conocedor del derecho
español y sabía que fundando ciudades y asentamientos ganaría la legalidad
y legitimidad necesarias para ratificar ante la Corona el éxito de su empresa,
lo que en últimas garantizaría la obtención de algún título para él. Empero,
personajes anafalbetas e iletrados como Benalcázar, habían aprendido con la
experiencia la importancia de las fundaciones como mecanismo de legitimar y
reafirmar derechos. Esto explica, en parte, que Jiménez de Quesada decidiera
fundar Santafé y otras poblaciones solo en el momento que se sintió amenazado
por la proximidad de otros grupos de españoles en la región, razón por la cual
pasaron varios meses entre la entrada inicial al altiplano y los actos protocolarios
de fundación. Sin embargo, la cuestión puede deberse también un sentimiento
español de inseguridad frente a muchas comunidades muiscas que comenzaron
a inquietarse ante la presencia ibérica. Hay evidencias de levantamientos y re-
chazo indígena a la presencia temprana de los conquistadores y, es posible que
las primeras tropas sintieran que las fundaciones solo las podrían hacer una vez
pacificado el territorio. En otras palabras, en la mentalidad de los miembros de
las huestes, el logro de izar el estandarte real y poner el nombre del Rey en el
territorio del altiplano fue el resultado de una pacificación lograda por la guerra.
12
Germán Colmenares, La Provincia de Tunja en el Nuevo Reino de Granada. Ensayo de Histo-
ria Social, 1539-1800 (Bogotá: Tercer Mundo Editores - Universidad del Valle - Banco de la
República, 1997); Jorge Augusto Gamboa, El cacicazgo muisca en los años posteriores a la Con-
quista: del shipkua al cacique colonial. 1537 – 1575 (Bogotá: Instituto Colombiano de Antro-
pología e Historia, 2010); Juan Villamarín, Factores que afectaron la producción agropecuaria
en la Sabana de Bogotá en la época colonial (Tunja: Universidad Pedagógica y Tecnológica de
Colombia, 1975).
13
Friede, Invasión al país, 67.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 15 - 51 [ 23 ]
Alejandro Bernal Vélez
Este mecanismo se adecuaba muy bien a la cultura patriarcal ibérica de
ese momento, ya que un triunfo de carácter militar servía para ratificar la per-
tenencia o la entrada al mundo de la hidalguía. Como los molinos del Quijote,
en la narración conquistadora la contraparte indígena fue vista seguramente
como un enemigo monstruoso al que se le venció mediante una gesta valiente.
No se debe olvidar que la conquista fue hecha por hombres que provenían de
una cultura marcada por la guerra contra un otro culturalmente diferente como
eran los moros. No es extraño que para muchos de sus protagonistas españoles
la penetración hispánica en los territorios amerindios tomara el carácter de
una nueva cruzada contra infieles y paganos14. Los hombres enrolados en las
tropas de conquistadores tenían entonces un sentimiento de permanecer en pie
de guerra ante las comunidades indígenas, las cuales fueron, por consiguiente,
consideradas desde un principio como una amenaza. Esta primera categoriza-
ción hispánica del indio como un enemigo potencial al que había que aniquilar
y pacificar retardaría por unos años el tránsito de la sociedad conquistadora a
la sociedad colonizadora en el Altiplano Cundiboyacense15.
Otras expediciones más tardías se sumaron a los quesadistas, piruleros y
caquecios que fue como se llamaba a quienes llegaron con Jiménez de Quesada,
Benalcázar y Federmann respectivamente. A diferencia de la impronta explora-
toria y encaminada a descubrir nuevos territorios que tuvieron las tres primeras
empresas de conquista que llegaron al altiplano de los muiscas, los objetivos
del arribo de Jerónimo de Lebrón, Montalvo de Lugo y Alonso Luis de Lugo,
estuvieron enfocados a la ratificación de los derechos del gobernador de Santa
Marta sobre los nuevos territorios y a tratar de llevar un orden social y político
más cercano al deseado por las autoridades coloniales. Sin embargo, estas ex-
pediciones tardías, y en especial la de Luis de Lugo, al chocar con los intereses
de los primeros conquistadores, dilataron aún más el proceso de tránsito hacia
una dominación colonial más estable que sirviera a los intereses de la Corona.
14
Eduardo Escallón, “Conquista del Nuevo Reino”, en Gran Enciclopedia de Colombia. Volu-
men 1. Historia. Desde la Prehistoria hasta la Gran Colombia, ed. Jorge Orlando Melo (Bogotá:
Círculo de Lectores, 1991), 85; Robert H. Jackson “Christianity and Colonial Expansion in the
Americas” en Encyclopedia of Western Colonialism since 1450, ed. Benjamín Thomas (Detroit:
Thomson Gale, 2007), 228; Jorge Orlando Melo Historia de Colombia. La dominación española
(Bogotá: Biblioteca Familiar de la Presidencia de la República, 1998), 9.
15
José Ignacio Avellaneda, La expedición de Gonzalo Jiménez de Quesada al mar del sur y la
creación del Nuevo Reino de Granada, (Bogotá: Banco de la República, 1995), 8.
[ 24 ] Boletín de Historia y Antigüedades
La irrupción de la dominación colonial en el altiplano Cundiboyacense.
Instituciones de poder español y resistencias indígenas en la segunda mitad
del siglo XVI.
La Conquista española y los caciques muiscas
Los caciques, al ser la cabeza visible de cada comunidad, fueron quienes
recibieron la presión inicial cuando llegaron los invasores. Al igual que en otros
lugares de Hispanoamérica, los españoles debieron considerar que su escarnio
público imprimiría miedo al resto del grupo indígena16. La idea era esperar que
el sometimiento del líder facilitara la sujeción el resto de la población al control
español. Sin duda, la muerte de muchos de los caciques muiscas en estos años
de la conquista debió tener un efecto traumático en las estructuras políticas y
las formas de autoridad, poder y liderazgo. Uno de estos efectos está relaciona-
do con la celeridad con la que fueron heredados los cacicazgos cuyas cabezas
resultaron muertas en estos años; rapidez que se relaciona con la ausencia de
una debida preparación ritual del sucesor. Es difícil precisar la cantidad de co-
munidades que durante los primeros años de la conquista lograron el traspaso
del cargo de cacique bajo las prescripciones culturalmente aceptadas para cada
comunidad, pero, con independencia de que la sucesión a los cargos de liderazgo
y autoridad se hiciese siguiendo las normas de herencia y transmisión muiscas,
parte de la legitimidad ante sus propias comunidades era incompleta dado que
se realizaban seguramente sin los preparativos rituales que se exigían bajo los
esquemas culturales de los muiscas17.
Igualmente, es importante retener que buena parte del efecto intimidatorio
que tuvo la teatralización de la violencia y el terror se relacionó, seguramente,
con el hecho de que la señal del castigo se marcaba sobre el cuerpo del cacique,
y por tanto, sobre muchos de los principios sagrados con los que era revestida
la corporeidad de los líderes de las comunidades. Los grabados de Théodore
de Bry son una buena representación visual de prácticas españolas como los
azotes, la tortura y la quema de cuerpos, imágenes que por cierto fueron usadas
por Bartolomé de las Casas como correlato gráfico de las denuncias contra el
régimen violento que caracterizó a los primeros años del régimen colonial. John
Robb ha señalado la importancia de los cuerpos, y en especial, de los significados
que para ambos sectores en conflicto tuvo el ejercicio de la violencia sobre la
corporeidad de los individuos. Según este autor, en la mentalidad medieval, el
cuerpo era un espacio físico de batalla y confrontación entre la carne y el alma,
o si se quiere, entre un ente mundano y otro cercano a la divinidad18. Por tanto,
16
Restall, Los siete mitos, 55.
17
Análisis sobre el simbolismo del proceso de preparación de los caciques muiscas, puede
consultarse en: François Correa, El Sol del Poder: simbología y política entre los muiscas del norte
de los Andes (Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, 2004).
18
John Robb, “Meaningless violence and the lived body: the Huron – Jesuit collision of world
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 15 - 51 [ 25 ]
Alejandro Bernal Vélez
la tortura y la aplicación de dolor al cuerpo de los indígenas tenía, por decirlo de
alguna manera, un sentido de redención y liberación del alma de su contenedor
pecaminoso. En sociedades cacicales como los muiscas, la autoridad política tiene
frecuentemente un revestimiento de sacralidad, por lo que vulnerar el cuerpo
del líder debió haber tenido un efecto inmenso sobre el resto de la población.
Pero tal vez, adicional a la aplicación del castigo sobre la carne (azotar, quemar,
flagelar, mutilar, etc.) o los cabellos del cacique (cortar y jalar de los cabellos),
la afrenta a la corporeidad del líder también tiene que ver con la vulneración
agresiva de los objetos que hacían parte del atavío de sus orejas, brazos, pechos
y narices, al igual que los relacionados con la parafernalia de aquellos espacios
de ejercicio del poder cacical que pudieron ser considerados por los muiscas
como entidades vivas que tenían un cuerpo.
Teniendo en cuenta algunas ideas sobre los adornos personales expre-
sadas por trabajos recientes de la Arqueología del Cuerpo19, cabe resaltar que
los ornamentos y adornos usados por una persona, en tanto son parte consti-
tuyente de la cultura material, participan en la distinción del individuo y son
agentes activos en la construcción de identidades sociales. Además, el cuerpo
es un escenario en el que se materializan cuestiones sociopolíticas y culturales,
entre las cuales podemos mencionar aquellas relacionadas con la posición de
liderazgo, prestigio y poder que ostenta quien los usa. En dicho proceso de
representación, el cuerpo es un objeto que interioriza la realidad circundante,
a la vez que permite crear sentidos distintos de la percepción que se tiene de sí
mismo y de los otros. De esta manera, los adornos personales son una forma
de incorporar identidad al cuerpo.
Una de las presiones iniciales sobre los caciques del Altiplano Cundi-
boyacense está relacionada con el oro y los tesoros que hacían parte del botín
de guerra al que se creían merecedores los españoles de las expediciones de
conquista, y que éstos creyeron guardaban los señores de cada lugar. Una rica
y extensa bibliografía arqueológica ha señalado que los muiscas desarrollaron
una industria orfebre bastante conspicua y cuyas características son bien cono-
cidas en la arqueología del norte de Suramérica20. Si bien muchos de los objetos
orders” en Past Bodies: Body-centered Research in Archaeology ed. Dušan Borić y John Robb
(Oxford: Oxford University Press, 2008), 97.
19
Ver en especial: Rosmary Joyce, “Archaeology of the Body”, Annual Review of Anthropology
Vol 34 (2005):142-143; Carolyn White White, “Personal adornment and Interlaced Identities
at the Sherburne Site, Portsmouth, New Hampshire”, Historical Archaeology Vol. 42:2 (2008):
17-18; Carolyn White y Mary Beaudry, “Artifacts and Personal Identity”, en International Han-
dbook of Historical Archaeology, ed. Teresita Majewsky y David Gaimster (New York: Springer,
2009), 212.
20
Ver por ejemplo Roberto Lleras “La orfebrería prehispánica de Colombia”, en Oro de Colom-
[ 26 ] Boletín de Historia y Antigüedades
La irrupción de la dominación colonial en el altiplano Cundiboyacense.
Instituciones de poder español y resistencias indígenas en la segunda mitad
del siglo XVI.
orfebres de los muiscas fueron fabricados en tumbaga, también se hicieron una
cantidad importante de objetos de oro de buena ley que seguramente desperta-
ron la codicia de los ibéricos que llegaron al altiplano. El oro, o al menos cierta
clase de objetos orfebres, tenían en tiempos prehispánicos una relación con el
ejercicio del poder de los caciques21. En este sentido, en la orfebrería muisca, la
fabricación de adornos personales como pectorales, orejeras, narigueras y alfi-
leres para atar la vestimenta estaba destinada a materializar sobre el cuerpo del
líder las características especiales que lo diferenciaban del resto de la población.
Pero también es importante recordar que, posiblemente, los caciques muiscas
prehispánicos no fueron grandes acumuladores de riqueza e hicieron circular
algunos objetos de oro como parte de las relaciones de reciprocidad y redistri-
bución22. Es decir, con aquellos mecanismos que se asocian a una generosidad
institucionalizada que garantizaba la creación y mantenimiento de alianzas, y
la interacción social con otros caciques, y con organizaciones que podían estar
subordinadas como es el caso de las capitanías, y las unidades domésticas. Si se
tiene en cuenta que no hay fuentes de oro en el territorio muisca, la cantidad de
oro que según la Relación del Nuevo Reyno23 obtuvo la expedición de Jiménez
de Quesada (191.294 pesos de oro fino y 37.288 pesos de oro bajo) debió signi-
ficar una considerable perdida de los símbolos que materializaban, no solo el
poder y una parte del cuerpo del cacique, sino también la interacción social y el
establecimiento de las alianzas entre unidades políticas. Es decir, el despojo de
la conquista fue un mecanismo de alteración de las bases de las que dependía
buena parte de la autoridad de los caciques.
De otro lado, la casa o guê de los caciques del altiplano, y otros espacios
relacionados con el poder estaban así mismo decorados con adornos de oro
y gemas. Entre los muiscas, las casas eran consideradas como un ser y había
toda una cadena de significados que unían los conceptos de cuerpo, casa y
autoridad24. Se ha mencionado también como los cercados y los patios al frente
bia. Chamanismo y Orfebrería (Santiago, Museo Chileno de de Arte Precolombino, 2005) 13-
16.
21
En especial ver Correa, El sol del poder; Roberto Pineda, “El laberinto de la identidad: Sím-
bolos de transformación y poder en la orfebrería prehispánica de Colombia”, en Oro de Colom-
bia. Chamanismo y Orfebrería (Santiago, Museo Chileno de Arte Precolombino, 2005), 17-92.
22
Carl H. Langebaek “Dos teorías sobre el poder político entre los muiscas. Un debate a favor
del dialogo”, en Los muiscas en los siglos XVI y XVII: miradas desde la arqueología, la antro-
pología y la historia, ed. Jorge A. Gamboa (Bogotá: Universidad de los Andes, 2008), 64-93.
23
“Relación del Nuevo Reyno: carta y relación para su magestad que escriben los oficiales de
vuestra magestad de la provincia de Santa Marta (1539)”. Transcripción de H. Tovar en Rela-
ciones y Visitas a los Andes. Siglo XVI, Tomo III. Región Centro-Oriental (Bogotá: Colcultura
- Instituto Colombiano de Cultura Hispánica, 1995), 106.
24
Hope H. Henderson, “Alimentando la casa, bailando el asentamiento: explorando la cons-
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 15 - 51 [ 27 ]
Alejandro Bernal Vélez
de la casa cacical eran espacios para la realización de rituales que permitían la
reproducción social25. Por tanto, el despojo violento y forzado de estos objetos
de oro por parte de un ente culturalmente ajeno, al igual que la invasión de
los espacios políticos y rituales que eran los cercados, atentó irreparablemente
contra el liderazgo de los caciques muiscas al suprimir partes importantes de
esa corporeidad y materialidad de la autoridad cacical.
Dos documentos tempranos del Archivo General de la Nación de Bogotá
ponen en evidencia la manera, los objetos, espacios y cuerpos en los que des-
cansaba la sacralidad y el poder de los líderes muiscas vulnerados de forma
violenta. En 1553 el cacique y los capitanes de Chía se quejaban ante la Real
Audiencia que el encomendero Juan Muñoz de Collantes le había arrancado
las orejeras de oro al cacique y, que a otros capitanes les había pegado con un
palo hasta hacerlos sangrar y jalado de los cabellos para que le entregasen el oro
que pedía como tributo. Dentro del proceso contra Muñoz de Collantes está la
acusación de deshacer el cercado y bohío del cacique mandando unos caballos
y metiendo unos cerdos dentro de este. También se acusaba al encomendero de
haber matado a dos xeques (léase jeques o chuques) por haberse negado a entregar
el oro de los santuarios y de los entierros. Estas quejas, además de los abusos de
tipo laboral, hacían que el cacique pidiera ante los oidores de la Audiencia que
“le diese a otro amo [y] que no quería servir al dicho Juan Muñoz”26.
A propósito de los santuarios y entierros, se sabe que a Montalvo de Lugo
se le mencionó en su juicio de residencia el hecho de haber puesto presos a
algunos caciques del altiplano para que éstos le entregaran el oro y las joyas de
los entierros27. El saqueo de los enterramientos indígenas y de otros espacios
destinado a ser santuarios, como las lagunas, debió convertirse en una práctica
más o menos regular entre muchos de los primeros españoles que llegaron al
altiplano, dado que la Corona le pedía a la Real Audiencia de Santafé en 1551
que se prohibiera esta práctica, e incluso que se restituyera a los indios de los
trucción del liderazgo político en las sociedades muiscas”, Los muiscas en los siglos XVI y XVII:
miradas desde la arqueología, la antropología y la historia, ed. Jorge A. Gamboa (Bogotá: Uni-
versidad de los Andes, 2008), 40-63; Hope Henderson y Nicholas Ostler “Organización del
asentamiento muisca y autoridad cacical en Suta, Valle de Leyva, Colombia: Una evaluación
crítica de los conceptos nativos sobre la casa para el estudio de sociedades complejas”, en Eco-
nomía, Prestigio y Poder. Perspectivas desde la arqueología ed. Carlos A. Sánchez (Bogotá: Insti-
tuto Colombiano de Antropología e Historia, 2009), 74-146.
25
Henderson, “Alimentando la casa”, 40-63.
26
A.G.N, Sección Colonia, Fondo Encomiendas, Leg. 6, doc. 17, fols 480-496. Indios de Chía:
malos tratos; A.G.N, Sección Colonia, Fondo Encomiendas, Leg. 10, doc. 5, fols 729-807.
A.G.N, Sección Colonia, Fondo Encomiendas, Leg. 6, doc.17, fols 480-496. Chía: cargos a en-
comendero, delitos cometidos a los indios.
27
Ernesto Restrepo Tirado, “Documentos del Archivo de Indias” Boletín de Historia y Antigüe-
dades, Vol. 26: 295-296 (1939):302.
[ 28 ] Boletín de Historia y Antigüedades
La irrupción de la dominación colonial en el altiplano Cundiboyacense.
Instituciones de poder español y resistencias indígenas en la segunda mitad
del siglo XVI.
bienes que hubieran sido encontrados en estos lugares28. La profanación de las
tumbas por parte de los españoles debió haber tenido dos efectos significativos
para la cultura indígena. Por un lado, se convirtió en una afrenta más contra el
mundo sagrado, ya que los entierros representaban para los muiscas el espacio
de la morada de los ancestros y de los caciques viejos. Por otro, en un mecanismo
que atentaría contra la desterritorialización de las unidades sociales. En últi-
mas, estas acciones llevadas a cabo por los primeros españoles pudieron haber
sido asumidas por los muiscas como un desorden del mundo de abajo, que,
como lo ha explorado François Correa29, es el espacio en donde se lleva a cabo
la reproducción social. No está de más recordar, como lo ha señalado Chantal
Caillavet30, la importancia que tienen en los Andes los muertos y el entierro de
los ancestros dentro de los mecanismos de reafirmación de la pertenencia de una
etnia a un territorio determinado, por lo que la práctica de saquear entierros y
vulnerar santuarios debió tener sus consecuencias en los virajes del sentido de
la identidad indígena en el altiplano.
La respuesta indígena
La reacción inmediata, y de la que se encuentran cierta documentación,
es la resistencia activa y el enfrentamiento directo que se dio con el avance de
las tropas y posterior presencia de los españoles. Por los testimonios españoles
más tempranos que se conocen como es la Relación del Nuevo Reyno de 1539 y el
Epítome de la Conquista del Nuevo Reino de Granada31, escrito presumiblemente
por el mismo Jiménez de Quesada en 1544, se sabe que, una vez entraron los
españoles por los primeros pueblos y vencida cierta curiosidad mutua, los en-
frentamientos comenzaron a presentarse. En concreto, una de estas narraciones
tempranas señala que “no fueron pocas” las ocasiones en las que se levantaron
los indios con “rrenquentros y escaramuzas”, y que para “subjetalos a unos por
bien y a otros por mal” gastaron todo el año 1537 y parte de 153832. Según se lee
en estos documentos, el cacique de Bogotá trató de frenar el avance de los hom-
28
Fuentes documentales para la historia del Nuevo Reino de Granada. Compilada. por J. Friede,
(Bogotá: Banco Popular, 1975-76), I, doc. 50.
29
Correa, El sol del poder.
30
Chantal Caillavet, Etnias del norte: etnohistoria e historia del Ecuador (Quito: Ediciones Ab-
ya-Yala – IFEA – Casa Velásquez, 2000), 398.
31
“Relación del Nuevo Reyno; Epitome de la conquista del Nuevo Reino de Granada (1544?)”
Transcripción de H. Tovar en Relaciones y Visitas a los Andes. Siglo XVI, Tomo III. Región Cen-
tro-Oriental. (Bogotá: Colcultura - Instituto Colombiano de Cultura Hispánica, 1995), 119-
143.
32
Epítome de la conquista, 130.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 15 - 51 [ 29 ]
Alejandro Bernal Vélez
bres de Jiménez de Quesada por la Sabana de Bogotá. Las crónicas posteriores
también comentan este hecho, e incluso mencionan que en una de las batallas
iniciales los indios sacaron la momia de un cacique antiguo a quien llevaban
en andas por el campo de batalla33.
Por lo expresado en las crónicas se sabe que las cuadrillas de españoles hacían
uso indiscriminado de las sementeras indígenas, lo cual seguramente agregaba
motivos de tensión entre los indígenas y los recién llegados. Esto se convirtió,
según los cronistas Aguado34, Castellanos35 y Simón36, en uno de los motivos
por los cuales se levantaron los caciques de Paipa y Duitama en los momentos
de la llegada de Jiménez de Quesada a esa parte del norte del altiplano. En las
crónicas se destaca principalmente la resistencia del señor de Duitama, y en la
documentación más tardía de la segunda mitad del siglo XVI se evidencia que
los indígenas de la región de Paipa se encontraban todavía en estado de guerra
contra los españoles37. También, una vez entregadas las primeras encomiendas,
algunos indios se levantan contra sus amos ibéricos seguramente por los abusos
cometidos en la tributación y las excesivas cargas de trabajo. Este es, por ejem-
plo, el caso del cacique de Tiquisoque en la región de Saboyá, quien terminó
por atacar al encomendero Alonso Gascón y comenzar una revuelta regional
que fue disuelta con el envío de españoles desde Santafé38. En esta ocasión los
caciques ordenaron a sus indios no solamente alzarse en armas, sino dejar de
trabajar y desobedecer al encomendero.
Como parte de los enfrentamientos contra los españoles, los muiscas
usaron varios mecanismos. En la Sabana de Bogotá, la existencia de los hume-
dales, así como áreas pantanosas en el fondo del valle de Duitama y Sogamoso
favorecieron la resistencia indígena a la entrada de las tropas conquistadoras.
Los indios se refugiaban dentro de éstas para neutralizar el efecto de los caba-
llos, los cuales eran inoperantes en los ambientes cenagosos Otro consistió en
impedir las entradas españolas a los pueblos poniendo puyas envenenadas en
los caminos “contra los que entran y van hacia sus pueblos”, como lo describe
33
Fray Pedro de Aguado Historia de Santa Marta y el Nuevo Reino de Granada (Madrid: Esta-
blecimiento Tipográfico de Jaime Ratés, 1916), I, 265. http://www.cervantesvirtual.com/
obra-visor/historia-de-santa-marta-y-el-nuevo-reino-de-granada-tomo-1/html/ (consultada el
04/03/2014); Simón, Noticias Historiales, III, 183.
34
Aguado, Historia de Santa Marta, I, 315.
35
Juan de Castellanos, Elegías de Varones Ilustres de Indias. Obras de Juan de Castellanos Tomo
II, (Caracas: Editorial Parra León Hermanos), 385. http://www.cervantesvirtual.com/obra/
obras-de-juan-castellanos-tomo-ii--0/ (consultada el 13/03/2014).
36
Simón, Noticias Historiales, III, 265.
37
Michael Francis, “The Muisca Indians Under Spanish Rule 1537-1636” (tesis de doctorado,
Universidad de Cambridge, 1997), 58-59.
38
Castellanos, Elegías de Varones Ilustres, II, 417; Simón, Noticias Historiales IV, 37 y ss.
[ 30 ] Boletín de Historia y Antigüedades
La irrupción de la dominación colonial en el altiplano Cundiboyacense.
Instituciones de poder español y resistencias indígenas en la segunda mitad
del siglo XVI.
Aguado39. Otra estrategia era refugiarse en áreas inalcanzables para los espa-
ñoles. En los meses que siguieron a la fundación de Santafé en agosto de 1538,
hay registro del levantamiento de indios de Suta, Tausa y Cucunubá, Simijaca,
Ocavita y Lupachoque. En este caso, la acción indígena fue la huida a las sierras
y la resistencia bélica desde estos lugares. Incluso, como ocurrió en Cucunubá
y Sutatausa, los indios se despeñaron y suicidaron en masa cuando se vieron
rodeados por los ibéricos40. Según la Relación del Nuevo Reyno la táctica era
internarse en “una sierra muy agra a donde no se les puede hazer daño nenguno
sin mucho trabajo de [e]spañoles”41.
Es probable, que dentro de la mentalidad indígena la huida a las sierras
y riscos se relacionara no solo con el hecho de ubicarse en un lugar de difícil
acceso para los españoles e impedir el paso de los caballos; piénsese que en to-
dos esos lugares se encuentran momias, y es común el hallazgo de arte rupestre
en paredes rocosas de los cerros. Se ha expresado que los Muiscas, al igual que
otros grupos chibchas de la Cordillera Oriental, tenían una relación especial
con las montañas, y con algunos elementos de las partes altas como las cuevas,
lugares y puntos del paisaje que se relacionaban con la cosmogonía y la me-
moria colectiva que significa enterrar allí a los caciques antiguos42. Por tanto,
estas acciones nombradas en crónicas y relaciones pueden interpretarse como
la búsqueda de una protección de las deidades y de los muertos, e incluso con
el significado que puede tener el luchar y morir en esos espacios.
Los cronistas contaron el caso del levantamiento de los caciques de la
región Tunja encabezados por Quemichua, el sobrino heredero de Quemuen-
chatocha, quien había sido asesinado meses atrás por Jiménez de Quesada y
sus hombres. Parece que algunos jefes muiscas del norte del altiplano, sabiendo
que los españoles habían salido para una expedición al territorio de los Laches,
organizaron una junta secreta en la que, según un cronista, determinaron que
“cada cacique o principal, en cierto día señalado había con sus sujetos de dar
en la casa de su encomendero, y matarlo y quemarlo dentro”43. Los españoles
terminarían por enterarse de la reunión, y aprovechando un día de mercado y
39
Fray Pedro de Aguado Recopilación historial (Bogotá, Presidencia de la República 1956), I:
349.
40
Aguado, Historia de Santa Marta, I, 398; Castellanos, Elegías de Varones Ilustres, II, 467;
Simón, Noticias Historiales, IV, 117 y ss.
41
Relación del Nuevo Reyno, 1995/1539/:98 .
42
Al respecto, ver Alejandro Bernal y Laura Montoya “El espacio como escenario de confron-
tación interétnica. El caso del Altiplano Cundiboyacense (Nuevo Reino de Granada) en el siglo
XVI”, Memoria Americana. Cuadernos de Etnohistoria Vol 27: 2 (2019): 138-163.
43
Aguado, Historia de Santa Marta, I, 393.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 15 - 51 [ 31 ]
Alejandro Bernal Vélez
de intercambio en que estaban presentes todos los caciques, fueron apresados
y ejecutados públicamente en la plaza de Tunja44.
Según información temprana, el cacique de Guatavita y el heredero del
cacique de Bogotá protagonizaron rebeliones ante la presencia de los primeros
españoles en el altiplano. El levantamiento del cacique de Guatavita es men-
cionado en 1543 en un proceso adelantado contra Hernán Pérez de Quesada
por el uso de la violencia para forzarlo a entregar oro y joyas. Parece que el
cacique sólo le envió comida y, en represalia, el español le quemó la población
y las labranzas, y mató a mucha gente. Por esta razón los indios “se alzaron
y despoblaron su tierra y con ellos el dicho señor de Guatavita, y nunca más
hasta ahora ha parecido, ni han vuelto a sus asientos”45. Por los mismos años
este cacique lideró otro levantamiento, y como respuesta, el alcalde de Santafé,
Martín Pujol, incursionó en el territorio de Guatavita matando 1.500 hombres y
asolando cultivos y viviendas. De nuevo, se indica que la estrategia de respuesta
y resistencia fue la huida a las sierras46.
Tal vez el ejemplo más conocido y nombrado en las crónicas sobre las
reacciones de los caciques a la conquista y sus consecuencias posteriores es
el levantamiento de un indio llamado Sagipa en 1538 o 1539, quien pretendía
suceder al cacique de Bogotá. El ejemplo contiene algunos elementos del tipo de
agencia indígena que se presentaba en estos años. Ante la muerte del cacique de
Bogotá, en un hecho que no es claro, la vacancia del cacicazgo de este territorio
pretendió ser ocupada por un personaje llamado Sagipa –llamado también Sa-
cresasigua o Sacsagipa–. Según la Relación del Nuevo Reyno47, Sagipa trató de
levantar a las comunidades y juntar a otros caciques en contra de la presencia
española. Finalmente, el alzamiento cede ante las presiones de los españoles
y el abandono de la revuelta por parte de algunos de los caciques aliados de
Sagipa, a quienes Jiménez de Quesada amenazó que de no hacerse sus amigos,
“él los mataría [y] haría guerra a ellos y a todos sus deçendientes”48. Además
de la amenaza del conquistador, varios de los caciques desistieron de seguir al
líder rebelde porque, al parecer, carecía de cierta legitimidad para ser cacique
de Bogotá. Según Fray Pedro Simón49 Sagipa, independientemente del carisma y
capacidad de liderazgo en las cosas de la guerra y el gobierno que le permitieron
la adhesión de otros caciques, no tenía la sangre real de Tisquesusa, el cacique
44
Aguado, Historia de Santa Marta I, 391-92; Simón, Noticias Historiales IV, 100.
45
Documentos inéditos para la historia de Colombia. Compilada por J. Friede (Bogotá: Acade-
mia Colombiana de Historia)VII, Doc. 1664, 22.
46
Restrepo Tirado, Documentos del Archivo de Indias, 318.
47
Relación del Nuevo Reyno, 104-105
48
Relación del Nuevo Reyno, 104-105.
49
Simón, Noticias Historiales, III, 277.
[ 32 ] Boletín de Historia y Antigüedades
La irrupción de la dominación colonial en el altiplano Cundiboyacense.
Instituciones de poder español y resistencias indígenas en la segunda mitad
del siglo XVI.
recién muerto de Bogotá. El mismo cronista menciona que dos parientes del
cacique Tisquesusa llamados Caximimpaba y Cucinemagua sintieron que Jimé-
nez de Quesada los podría ayudar a deshacerse de la competencia que tenían
para quedarse con el cacicazgo. No obstante, aunque de forma muy vaga, en
fuentes tempranas y temporalmente más cercanas al acontecimiento, como son
la Relación del Nuevo Reyno50 y el juicio mismo contra Sagipa51 se menciona
que era sobrino del anterior cacique. Además, Fray Pedro de Aguado52 y todas
las fuentes mencionadas anteriormente, dicen que Sagipa no cumplía con una
costumbre del cacicazgo de Bogotá: para ocupar este cargo, antes debía haber
sido cacique del pueblo de Chía. Una vez preso, el mismo Sagipa se vería tentado
por Jiménez de Quesada quien lo intentó persuadir que de hacerse amigo de los
cristianos y entregar un supuesto tesoro que había escondido su tío, “haría que
todos los caciques le obedeciesen.”53
El accionar de este personaje reafirma una de las ideas centrales de este
artículo y que establece como falsa la consideración de los muiscas como su-
jetos pasivos ante el avance y posterior consolidación del poderío español en
el Altiplano Cundiboyacense. Un elemento del caso que llama la atención es la
descripción de Sagipa como un líder con dotes para la guerra. Se sabe que este
cacique aprovecharía la presencia de hombres de guerra españoles para hacer
una incursión bélica contra los panches de la vertiente de la Cordillera Oriental
que mira al Valle del Magdalena, logrando convencer a Jiménez de Quesada
de hacerlo. Las crónicas tempranas sugieren que los cacicazgos muiscas del sur
del Altiplano Cundiboyacense tenían, en tiempos anteriores a la llegada de los
españoles, enfrentamientos con los panches. No es muy clara la existencia de
conflictos prolongados o la función de la guerra entre los muiscas prehispánicos,
pero hay algunos indicios que permitirían pensar que la habilidad en la confron-
tación agresiva entre unidades políticas hacía parte de las cualidades que debían
mostrar los caciques para lograr la legitimidad dentro de su unidad política.
Se ha indicado en la bibliografía arqueológica del Altiplano Cundiboyacense
que algunas piezas orfebres del grupo conocido como tunjos representaban a
guerreros, o en todo caso a personajes –tanto hombres como mujeres– con ele-
mentos de guerra como lanzaderas, e inclusive cabezas trofeo, o en posiciones
de ataque y ferocidad54. Este aspecto de la guerra como un factor de peso en
50
Relación del Nuevo Reyno, 104.
51
Gonzalo Jiménez de Quesada a través de Documentos Históricos. Compilada por J. Friede,
(Bogotá: Academia Colombiana de Historia, 1960) Tomo 1, doc.17, 172.
52
Aguado, Recopilación historial, I, 270.
53
Gonzalo Jiménez de Quesada Tomo 1, doc.17, 172.
54
Ana María Castro, “El género como expresión simbólica. Un estudio iconográfico sobre los
tunjos muiscas”, Boletín del Museo del Oro Núm. 53 (2005): 74-109. http://www.banrep.gov.co/
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 15 - 51 [ 33 ]
Alejandro Bernal Vélez
la definición de las bases del poder y la autoridad cacical se ha descrito para
muchas sociedades de jefatura55, por lo cual no sería raro encontrarlo para los
muiscas, si bien habría que precisar mejor el tipo de conflictos que la guerra
solucionaría, así como la forma en la que esta se presentaba.
No es extraño entonces que Sagipa estuviera pensando en utilizar a los
españoles para vencer a sus enemigos como parte de una estrategia política
para legitimar su posición como aspirante al cacicazgo de Bogotá demostrando
su habilidad, no sólo como guerrero sino como un líder que logra establecer
alianzas. Finalmente Sagipa nunca pudo entregar el famoso tesoro por lo cual
es nuevamente apresado y torturado, y murió privado de la libertad en 1539.
A propósito del uso de la tortura para castigar o intimidar a los caciques, en el
juicio que se le hizo a este cacique se menciona que la aplicación de la tortura
a los indios se podía hacer sin ningún tipo de consideración moral dado que
“como el dicho [Sagipa] es infiel, donde no se requería de tantos miramientos
ni advertencias como a un cristiano […]”56. De lo anterior, se puede inferir
que posiblemente muchos caciques aceptarían su cristianización, así fuera de
una manera puramente nominal y formalizada mediante un bautismo que los
mismos indios seguramente no entendían57, como una estrategia para alivianar
la aplicación de castigos violentos o la muerte misma.
museo/boletin.htm (consultada el 10/07/2010); Roberto Lleras “La geografía del género en las
figuras votivas de la Cordillera Oriental”, Boletín Museo del Oro 47 (2000): 1-21. http://www.
banrepcultural.org/sites/default/files/bmo47lleras.pdf (consultada el 8/08/2005), Pineda, El La-
berinto de la identidad.
55
Ver por ejemplo Robert Carneiro “The Chiefdom: precursor of the state”, en The Transition
to Statehood in New World, ed. Robert Kautz y Grant D. Jones (Cambridge: Cambridge Univer-
sity Press, 1991), 37-79.; Gary Feiman y Jill Neitzel, “To many types: An overview of sedentary
prestate societies in the Americas”, Advances in archaeological method and theory Vol. 7 (1984),
39-79.
56
Documentos inéditos V, doc. 1236, 114-115
57
La conversión al cristianismo de las comunidades indígenas del Altiplano Cundiboyacense
se presentó de una manera formalizada y sistemática solo hasta mediados y finales de la década
de 1560, y de manera mucho más consistente desde el siguiente decenio, cuando comenzó a
darse una presencia permanente de sacerdotes católicos para impartir las doctrinas. Al respec-
to, ver Michael Francis, “’La tierra clama por remedio’: La conquista espiritual del territorio
muisca”, Fronteras de la Historia Vol. 5 (2000): 93-118; Mercedes López, Tiempos para rezar y
tiempos para trabajar: La cristianización de las comunidades muiscas coloniales durante el siglo
XVI (1550-1600), (Bogotá, Instituto Colombiano de Antropología e Historia, 2001).
[ 34 ] Boletín de Historia y Antigüedades
La irrupción de la dominación colonial en el altiplano Cundiboyacense.
Instituciones de poder español y resistencias indígenas en la segunda mitad
del siglo XVI.
Las encomiendas
La encomienda fue una institución colonial definida básicamente como un
grupo de indígenas que se le entregaba a un español para que éste, por medio
del trabajo y el tributo de los indígenas, pudiera sobrevivir. En la mayoría de los
casos del altiplano se trató de una recompensa por la participación en la empresa
de la conquista. Desde un comienzo se esperó que con la concentración de la
población indígena en un territorio fijo y su entrega al cuidado de un español se
facilitara la vigilancia, el control de sus movimientos, las labores de conversión al
cristianismo y la recolección tributaria. A diferencia de las acciones ocasionales
de los conquistadores en cada valle y localidad, la institución de la encomienda
estableció una relación más duradera, aunque no siempre de manera estable,
entre cada uno de los cacicazgos muiscas y el mundo hispánico. No obstante,
las relaciones establecidas por medio de esta institución implicaron que un
elemento culturalmente extraño se inmiscuyera de manera más directa en el
funcionamiento interno mismo de las comunidades indígenas58. En el altipla-
no, al igual que en otros lugares de Hispanoamérica, la base para entregar las
encomiendas fueron las unidades políticas indígenas que, para el caso de los
muiscas, fueron los cacicazgos, o al menos lo que los españoles entendieron
por cacicazgos muiscas. Son precisamente estos aspectos los que convierten a
la encomienda en la institución colonial por excelencia, desde la que se pueden
observar las relaciones de poder y los cambios en la identidad indígena en el
Altiplano Cundiboyacense en los años iniciales de la dominación española.
Como institución, la encomienda puede abordarse desde varias perspectivas.
Reacia inicialmente a asumir directamente los costos de la conquista y coloni-
zación de los territorios descubiertos en América, la corona española delegó en
un principio a personas particulares la empresa de la conquista. Entre las retri-
buciones que la Corona les daba a los principales miembros de las expediciones,
además de títulos, estaba la posesión de repartimientos y encomiendas. Este
sistema privado permitió la rápida ocupación de un vasto territorio que quedó a
nombre de los soberanos españoles con una risible inversión por parte de éstos59.
Desde su implantación en América por los Reyes Católicos, en el amanecer del
siglo XVI, y pese a todas las mutaciones que sufriría a lo largo de la centuria,
las encomiendas fueron pensadas simultáneamente, tanto como una forma
58
Hermes Tovar, “La ruta de la sal y de las esmeraldas. Un camino hacia los Andes”, Relaciones
y visitas a los Andes. S. XVI. Tomo III. Región Centro-Oriental (Bogotá: Colcultura – Instituto
Colombiano de Cultura Hispánica, 1995), 12-103.
59
Caroline Williams, “Conquests and Colonization”, en Encyclopedia of Western Colonialism
since 1450, ed. Benjamin Thomas (Detroit: Thomson Gale, 2007),276-77.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 15 - 51 [ 35 ]
Alejandro Bernal Vélez
de aprovechamiento económico de las comunidades indígenas para beneficio
de los antiguos conquistadores, sus familias, y la corona, como un dispositivo
de control y vigilancia de la población. Además, para la corona española era
importante que los conquistadores, y posteriormente los pobladores, fueran
la milicia que respondiera ante amenazas y ataques que pusieran en riesgo sus
intereses en ultramar60. Es por eso que la encomienda tiene un componente
militar, que aparte de repeler a fuerzas extranjeras o a conquistadores rebeldes,
como serían los casos de Gonzalo Pizarro o Lope de Aguirre, actuaría frente a
una posible amenaza de los mismos indígenas.
En los primeros años del período hispánico, en especial la década de 1540,
los españoles vivían atemorizados ante posibles sublevaciones indígenas en el
altiplano. Como parte de un pliego de derechos que los primeros pobladores
españoles le reclamaban a la corona en 1546, se encuentra que de no asegurarles
el gozo económico de una encomienda, el Nuevo Reino se quedaría sin españoles
y entonces no habría quien defendiese al reino ante un eventual levantamiento
indígena como cada día parece. En esta petición los encomenderos neograna-
dinos indicaban que, si los indios se levantaran en armas y no existieran los
repartimientos, ningún soldado español se iría a remediar el hecho, ya que no
habría sustento ni forma de costear las “[…] cosas necesarias para la guerra”,
y que para pacificarlos la Corona tendría que invertir “[…] más costa en dos
meses que el provecho que los indios diesen en diez años […]”. De otro lado,
argumentaban que la institución servía para el control de la población indígena
debido a que sin las encomiendas los indios “[…] se quedaban en su rebelión y
alzamiento, se alzarían y rebelarían contra el servicio de Su Majestad, y podría
ser que la tierra se despoblase”61.
El sentimiento de amenaza de un alzamiento se encuentra incluso en
situaciones tan curiosas como la existencia de perros en las comunidades indí-
genas. Dada la cantidad de caninos que se habían reproducido desde la llegada
de los españoles, cada indio por pobre que sea tiene su perro, decía Jiménez de
Quesada en las Indicaciones para el buen gobierno, quien observaba además que:
[…] si biniese tiempo que un cacique se alçase y se subtraxese de la obediencia
de V[uestra] M[agestad] sera muy dificil de yllo a allanar y apaciguar por que
tienen como por guardas suyos a los perros de manera que de muy lexos son
sentidos los españoles y se ban luego los yndios a los montes; y allende desto si la
tierra toda se alçase hera muy mayor el yncombeniente por tener como amparo
suyo los dichos perros […] de manera que tambien arremeteran y arremeten
60
Gunter Kahle, “La encomienda como institución militar en la América hispánica colonial”,
Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura Núm.9 (1979): 5-16.
61
Documentos inéditos, VIII, Doc. 1833, 151.
[ 36 ] Boletín de Historia y Antigüedades
La irrupción de la dominación colonial en el altiplano Cundiboyacense.
Instituciones de poder español y resistencias indígenas en la segunda mitad
del siglo XVI.
a un español e ayudan al yndio contra el cristiano de manera que hay muchos
yncombenientes dexalles tener los dichos perros […]62.
Sobre el tema del castigo, a mediados de la década de 1540, los encomen-
deros del Nuevo Reino eran conscientes que no podían excederse en los malos
tratamientos hacia los indios ya que esto les podría acarrear el despojo de la
encomienda, pero señalaban que dejar de castigar a los indios o ser penalizados
por hacerlo podía tener una consecuencia negativa ya que:
[…]si al español que mata a un indio o le hiere o da un bofetón o le dice
palabras injuriosas le hubieren de castigar como Su Majestad manda, en pocos
días no habrá españoles en las indias […], y recomendaban en cambio “[…]
que el castigo de los que en esto ecedieren, sea moderado y livianamente, y cosas
livianas se disimulen por los inconvenientes dichos63.
Como instrumento de control de la población indígena, la encomienda
terminaría por convertirse en un instrumento que restringió la movilidad de
las personas de las capitanías fijando a los indios a un territorio específico. Con
esto se truncó uno de los mecanismos de integración social y cultural de los
muiscas. Las capitanías muiscas eran unidades familiares exogámicas que tenían
un patrón virilocal de residencia que establecían las parejas recién casadas, y
la vuelta a la residencia de la familia materna de la mujer y sus hijos, si ésta
enviudaba. En principio, una vez que los indígenas cumplieran con las demoras
y los tributos quedaban libres de moverse. Sin embargo, esto se trató de impedir
a toda costa ya que estos movimientos de población estaban en contravía con
los intereses tributarios de los encomenderos y la Real Hacienda, y de los deseos
evangelizadores del clero64.
En un largo pleito que se dio entre Ibcaseva y Pachatoque, caciques de los
pueblos de Chaine y Cómbita respectivamente, se aprecia cómo la encomienda
fijó a los indios en un solo sitio y alteró los cambios de residencia que tenían
prescritos los muiscas para los recién casados y las viudas. La disputa era por unos
indígenas que los dos caciques reclamaban como sus sujetos. Ambos caciques
apelarían tanto al uso y la costumbre indígena, como a las determinaciones de las
autoridades coloniales sobre la permanencia de los indígenas a un cacicazgo, y
por tanto a una encomienda determinada65. Esto sucedió entre 1569 y 1577 en los
años meridianos de la llamada edad de oro de los encomenderos neogranadinos,
62
“Indicaciones para el buen gobierno (1549), Elaboradas por Gonzalo Jiménez de Quesada”,
Transcripción de E. Otero D’Costa, Boletín de Historia y Antigüedades Vol. 14:162(1923): 354.
63
Documentos inéditos, Doc. 1889, 252-53.
64
Juan Friede, “De la encomienda indiana a la propiedad territorial y su influencia sobre el
mestizaje”, Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura Núm. 4 (1969): 46.
65
A.G.N. Sección Colonia, Fondo Encomiendas, Leg 2, Doc. 6, fols 463-508. Indios de Cómbita
y Chaine: pléito por emigración de indios.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 15 - 51 [ 37 ]
Alejandro Bernal Vélez
y cuando ya habían transcurrido varios años desde la conquista. Sin embargo,
por la edad de los indios en disputa, tres mujeres llamadas Ruchugai, Usagai y
Futugai y tres varones nombrados como Unbasiche, Neasira y Tebsucha, el tema
se ubica en los años que rodean a la llegada de los españoles en 1537. El cacique
de Chaine alegaba que estas personas eran suyas porque sus madres habían
nacido ahí y que la permanencia de éstos en su pueblo se lo había ratificado
tanto el Licenciado Tomás López en la visita de 1558, como posteriormente el
oidor Juan López de Cepeda. Apelaba a que era en su territorio donde los in-
dios en disputa tenían sus bohíos y labranzas. Por su parte, el otro cacique llevó
testigos para que declararan que si se pasaban a Cómbita era porque ahí vivían
sus parientes. Para reducir la movilidad, tanto el cacique de Chaine como las
autoridades coloniales tuvieron que apelar al uso de la violencia para hacer que
estos indios e indias se quedaran en el pueblo de Ibcaseva. Las declaraciones de
algunos testigos indios y españoles permiten inferir que los encomenderos a
los que se subordinó a ambos caciques ejercían presión, y que parte del interés
de las partes en conflicto era asegurar una fuente de trabajo con que cubrir las
demandas fiscales que pesaban sobre la población de los cacicazgos coloniales.
La encomienda del siglo XVI en el Nuevo Reino de Granada se puede
entender también como la opción económica adoptada por los españoles para
generar riqueza, o al menos un sustento, y la institución desde la que se podía
demostrar una posición de honor y prestigio. Es decir, que para el sector español
de la sociedad colonial el goce del tributo y el trabajo de un grupo de indígenas
era parte consustancial de las relaciones de poder y el foco sobre el cual giraron
buena parte de las tensiones políticas del siglo XVI66. La mano de obra indígena,
y no la posesión española de tierra, fue el valor supremo de la economía y la
política del altiplano en los primeros años del período colonial, entre muchas
razones, porque la tierra sin indios que supieran trabajarla no tenía mucho valor
y, además, porque al menos en el plano jurídico, el otorgamiento de un título
de encomienda no daba propiedad sobre la tierra.
La conocida fórmula de un cacique y sus sujetos para un conquistador fue
un factor de conflicto en la sociedad colonial temprana en el Nuevo Reino de
Granada ya que, de todas formas, el número de cacicazgos muiscas en 1537 se
encontraba por debajo del número de interesados en poseerlas. Esto obligó a
subdividir cacicazgos y, en especial, los más grandes de tipo regional que queda-
66
Al respecto ver Heraclio Bonilla, “La producción de la renta en la esfera de la encomienda.
Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura Núm. 31 (2004):45-73; Germán Colme-
nares, Historia económica y social de Colombia – I. 1537-1719 (Bogotá: Tercer Mundo Editores
– Universidad del Valle – Banco de la República – Conciencias, 1997; Friede, De la encomienda
andina; Villamarín, Factores que afectaron.
[ 38 ] Boletín de Historia y Antigüedades
La irrupción de la dominación colonial en el altiplano Cundiboyacense.
Instituciones de poder español y resistencias indígenas en la segunda mitad
del siglo XVI.
ron reducidos a un conjunto desarticulado de unidades políticas locales. En los
casos de cacicazgos más simples –del tipo liderado por un pshipqua –, la división
se hizo con las capitanías y muchos de los tybas o capitanes prehispánicos se
convertirían en caciques coloniales. Esta es una de las razones que subyace detrás
de muchos pleitos de las décadas meridianas del siglo XVI entre las figuras de
autoridad y de liderazgo indígena. En las fragmentaciones sociopolíticas de las
unidades indígenas del período hispánico temprano los conflictos de origen
precolombino entre caciques, o entre capitanes y caciques, se hicieron evidentes
y tomaron una dinámica de afrontar y solucionar los problemas entre las partes
que oscilaron entre las formas tradicionales muiscas y los recursos legales e
informales introducidos por los españoles. Buena parte de los pleitos de caci-
ques y capitanes muiscas del período colonial temprano que se han estudiado67
sugieren que los impases entre las formas de autoridad indígena se produjeron
por la amalgama entre un conjunto más o menos horizontal y heterárquico de
relaciones de poder de raigambre prehispánico con otro vertical y jerárquico
característico de la sociedad ibérica de la época de la conquista.
Otro aspecto clave que contribuyó enormemente a la fragmentación política
y social de los cacicazgos muiscas en el siglo XVI fue la inestabilidad política de
las primeras tres o cuatro décadas de presencia hispánica en el Nuevo Reino de
Granada. Las primeras formas de autoridad española en el altiplano debían afrontar
el hecho de tener que satisfacer las demandas y presiones del entramado de un
poder local, representado por los miembros de las expediciones y sus familias,
es decir por la élite encomendera. Esta dinámica implicaba el otorgamiento de
nuevos títulos de encomiendas efectuados sucesivamente mediante el despojo
del título a antiguos conquistadores o dividiendo las ya establecidas. Durante
estos años no existió ninguna garantía jurídica, ni institución de administración
colonial alguna con la suficiente legalidad para garantizar una seguridad en la
posesión del título. Ante esta situación, el sentimiento de muchos antiguos con-
quistadores o sus descendientes de la transitoriedad del goce de las encomiendas
tuvo funestas consecuencias para los indígenas del altiplano ya que se tradujo
en una frenética necesidad de aprovechar al máximo el trabajo y los recursos
de cada comunidad indígena en el menor tiempo posible.
Para algunos españoles de la época era evidente que las constantes divisiones
de los cacicazgos para ser entregados como encomiendas iban en contravía de
sus propios intereses, así como de la idea misma de protección de los indígenas
67
Alejandro Bernal, “Relaciones entre caciques y encomenderos al inicio del período colonial:
El caso de la encomienda de Guatavita”, en Los muiscas en los siglos XVI y XVII: miradas desde
la arqueología, la antropología y la historia ed. Jorge. A. Gamboa (Bogotá: Universidad de los
Andes, 2008),140-168; Gamboa, El cacicazgo muisca.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 15 - 51 [ 39 ]
Alejandro Bernal Vélez
que promulgaba la corona ya que “[…] cuanto mayor es el repartimiento tanto
menos los naturales son molestados y fatigados en servicios y otras cosas por
las personas que los tienen […]”68. Además los cambios en la titularidad de éstas
era muy perniciosa a los indios, como observaba el mismo Jiménez de Quesada.
Este último anotaba que al desmembrar las unidades políticas “[…] el cacique
bee que parte de su yndios no lo sirven si no que sirbe al que solia ser su capitán,
de tal manera se escandaliza el y sus súbditos […] y se alçan allende desto los
unos y los otros se alborotan e huyen e desamparan su tierra viendo que en un
repartimiento e lugar entran diversos españoles […]”69.
Los intentos de institucionalización del poder colonial
y las visitas a la tierra como instrumentos de control
En 1542, el Concejo y las cortes de Carlos V determinaron una legislación
que le puso cortapisas al uso indiscriminado de los recursos humanos y materiales
de las comunidades indígenas del Nuevo Mundo por parte de los encomenderos.
En el caso de los territorios españoles de la esquina noroccidental de Suramérica,
el conocimiento de esta normatividad, nombradas como las Nuevas Leyes, fue
promulgada en Cartagena en marzo de 1544 y de inmediato causó revuelo en
todas las ciudades del Nuevo Reino de Granada. Los encomenderos consideraron
que dicha reglamentación era lesiva a sus intereses70. Sin embargo, más allá de
si la legislación emitida desde la Península Ibérica estaba interesada en mutar
formalmente la posición de los indígenas americanos de esclavos a vasallos,
el ánimo de las Nuevas Leyes se concentraba en regular el acceso y control de
la mano de obra indígena para el beneficio del imperio. La promulgación de
esta legislación coincidía además con la intención de los soberanos españoles
de imponer una mayor presencia institucional del estado que pudiera velar, al
menos en el papel y el deseo, por los intereses de la Corona71.
Vale la pena recordar que el sistema privado con que los monarcas españoles
emprendieron la conquista permitió, en el corto plazo, la apropiación de un ex-
tenso territorio a nombre de la Corona de una forma relativamente económica72.
68
Documentos inéditos, VIII, Doc. 1889.
69
Indicaciones para el buen gobierno, 359.
70
Germán Colmenares, La Provincia de Tunja en el Nuevo Reino de Granada. Ensayo de Histo-
ria Social. 1539-1800 (Bogotá: Tercer Mundo Editores – Universidad del Valle – Banco de la
República, 1997), 119.
71
Eduardo Sánchez Conca, “Institucionalización de la conquista”, en Historia de Colombia, vol.
4 (Bogotá: Editorial Salvat, 1988), 440.
72
Williams, Conquest and colonization, 276-277.
[ 40 ] Boletín de Historia y Antigüedades
La irrupción de la dominación colonial en el altiplano Cundiboyacense.
Instituciones de poder español y resistencias indígenas en la segunda mitad
del siglo XVI.
Sin embargo, implicó que, en el largo plazo, el poder político y, el control social y
productivo de los territorios, quedaran en manos de agentes particulares locales
en detrimento de una presencia efectiva de los representantes del rey. Esto rele-
garía en muchos casos al estado español y la administración colonial al papel de
balbuceantes espectadores, y determinó que los funcionarios coloniales españoles
aprenderían a convivir en la práctica con las soluciones de tipo informal que los
actores locales creaban para resolver los problemas de la vida colonial73. En el
caso del Nuevo Reino de Granada74, la aplicación de la normatividad contenida
en las Nuevas Leyes fue comisionada a Miguel Díaz de Armendáriz. Cuando este
funcionario llegó a Santafé encontró que las cosas estaban a “[…] dos dedos de
resbalar en los inconvenientes del Perú […]”75 recordando los acontecimientos
protagonizados por Gonzalo Pizarro en los Andes Centrales. El miedo a que la
revuelta de los antiguos conquistadores del Perú fuera replicada por el poderoso
grupo de los encomenderos neogranadinos determinaron una aplicación tími-
da de la legislación y, de esta manera, el predomino encomendero se prolongó
prácticamente hasta la alborada del siglo XVII76.
Los encomenderos, buena parte de ellos vecinos de centros urbanos como
Vélez, Tunja y Santafé en donde controlaban los cabildos y los principales cargos
públicos, le reclamaron a Díaz de Armendáriz que de darle cumplimiento a la
Nuevas Leyes, el reino terminaría por despoblarse77. Aparte de exponer asun-
tos como el inconveniente de prohibir el uso de indios como cargueros ante la
insuficiencia de caballos y bestias, peleaban por cuestiones relacionadas con
una mayor seguridad jurídica sobre la tenencia de las encomiendas, y sobre el
monto y tipo de tributación que se les podía exigir a los indígenas. Como la
73
Marcello Carmagnani, El otro occidente. América Latina desde la invasión europea hasta la
globalización (México: Colegio de México – Fondo de Cultura Económica, 2011); John Elliott
“España y América en los siglos XVI y XVII”, en Historia de América Latina, Vol. 2. América
Latina Colonial. Europa y América en los siglos XVI, XVII, XVIII. ed. Leslie Bethell. (Barcelo-
na: Cambridge University Press – Editorial Crítica, 1998), 3-44; Brian R. Hamnett, “Poder cen-
tral y realidad provincial: una relación fundamental de origen colonial”, en Historia de América
Latina Vol. I. La época colonial, ed. Brian Connaughton (México: UNAM, 2000), 259-306.
74
Para el contexto neogranadino ver: Diana Bonnett, “Entre el interés personal y el estableci-
miento colonial. Factores de confrontación y de conflicto en el Nuevo Reino de Granada entre
1538 y 1570” Historia Crítica, Edición especial (2009):52-67; Diana Bonnett “La implantación
del orden colonial en el Nuevo Reino de Granada” Revista Istor 37 (2009): 3-19.
75
Documentos inéditos, VIII. Doc. 1797, 62.
76
Colmenares, La provincia de Tunja; Colmenares, Historia Económica y social; María Ángeles
Eugenio, Tributo y trabajo del indio en Nueva Granada (de Jiménez de Quesada a Sande) (Sevi-
lla: Escuela de Estudios Americanos, 1977); Tovar, “La encomienda y la economía colonial”, en
Para una historia de la América III. Los Nudos, ed. Marcello Carmagnani, Cecilia. Hernández, y
Ruggeiro Romano (México, Fondo de Cultura Económica – Colegio de México, 1999), 98-139.
77
Documentos inéditos VIII, Doc. 1889, 246.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 15 - 51 [ 41 ]
Alejandro Bernal Vélez
legislación contemplaba que se cobrara como tributo lo que antes de la llegada
de los españoles exigían los caciques, los encomenderos se excusaban en que
no sabían cuáles eran esos tributos antiguos para poder cobrar las demoras
con moderación. Además, alegaban que no había mucho oro en el altiplano, y
que, al menos en el papel, no se podía exigir la prestación de trabajo físico o en
servicios personales y, en consecuencia, solicitaban que se pudieran cobrar los
impuestos en especie78.
Al transcurrir una década desde el arribo de los primeros conquistadores,
la Corona y el estado español no lograban crear la situación para hacer valer sus
intereses en el territorio del Nuevo Reino de Granada. Después del revuelo que
causó la promulgación de las Nuevas Leyes, de las amenazas de despoblamiento
o insurrección de los mismos encomenderos, y de una serie de acusaciones
sobre las actuaciones de Miguel Díaz de Armendáriz, a este no le quedó otra
que reconocer en 1547, que a pesar de haber anunciado y pregonado una legis-
lación que emanaba de la conciencia cristiana y humana del soberano, con los
encomenderos no se podía hacer otra cosa que tenerlos contentos y alegres. Por lo
tanto, sobreseyó su aplicación por un lapso de dos años79, tiempo que coincidió
con la fundación en el Nuevo Reino de Granada de una institución formal y
duradera que intentaría regular las relaciones de todos los sectores constituyentes
de la sociedad colonial temprana: indios, españoles y administración colonial.
La creación de las Reales Audiencias en América formó parte del programa
de fortalecimiento del poder y autoridad del rey en América durante el siglo
XVI80. En sus inicios, únicamente se encargaron de la administración de justicia,
pero con el tiempo las audiencias terminarían por atender otros asuntos, en
particular de las relaciones interétnicas entre los encomenderos españoles y los
indígenas, al velar por la protección de éstos81. Para el caso concreto del Nuevo
78
Al respecto, es interesante el hecho que en las siguientes décadas la costumbre de pedir
tributación en mantas se volviera una realidad legal (ver Bonilla, La producción de la renta,
48). Esta exigencia determinó la entrega de artículos que salían desde el corazón mismo de
las comunidades y, por tanto, su producción y entrega como tributo al mundo colonial fue un
factor más que contribuyó a alterar las relaciones entre las unidades domésticas, los caciques
y los capitanes. En el contexto prehispánico del Altiplano Cundiboyacense, la producción y
circulación de mantas de algodón tenían un importante rol en la economía política de los caci-
cazgos, el prestigio, y la identidad social tanto de individuos como de grupos sociales (ver Ana
María Boada, “La producción de textiles de algodón en la política económica de los cacicazgos
muiscas de los Andes colombianos”, en Economía, Prestigio y Poder. Perspectivas desde la Ar-
queología, ed. Carlos A. Sánchez, (Bogotá: Instituto Colombiano de Antropología e Historia),
272-313.)
79
Documentos inéditos, VIII, Doc. 1889, 276.
80
Donato Gómez-Díaz, “Government, colonial, in Spanish America”, en Encyclopedia of Wes-
tern colonialism since 1450, ed. Benjamin Thomas (Detroit: Thomson Gale, 2007), 530.
81
Fernando García Mayorga, La Audiencia de Santafé en los siglos XVI y XVII, (Bogotá: Insti-
[ 42 ] Boletín de Historia y Antigüedades
La irrupción de la dominación colonial en el altiplano Cundiboyacense.
Instituciones de poder español y resistencias indígenas en la segunda mitad
del siglo XVI.
Reino de Granada, en 1550 se instauró una Real Audiencia en Santafé. Si bien
se creó un ambiente político e institucional más estable, las redes clientelares, la
intriga y las acusaciones mutuas de los funcionarios públicos, determinaron un
mayor fortalecimiento de la encomienda, con el fin de que el peso de este sector
de la sociedad colonial mantuviera inclinada a su favor la balanza del poder82.
Uno de los mecanismos de control y vigilancia que llegaron con la Real
Audiencia fueron las visitas a la tierra. Éstas eran realizadas por los oidores
con el fin, no sólo de contabilizar la población indígena de cada encomienda y
establecer su potencial tributario, sino también de informarse por testimonios
dados por los mismos indígenas de las acciones, maltratos y comportamiento de
los curas doctrineros, de los encomenderos e incluso de los mismos caciques83.
En opinión del historiador Julián Ruiz Rivera84 los objetivos de las visitas se
cumplieron parcialmente por varias circunstancias.
Por un lado, estaban las vinculaciones sociales y políticas de los oidores
con miembros de la élite santafereña o tunjana, es decir de los dos epicentros
políticos y sociales de los encomenderos. Esto impidió muchas veces la impar-
cialidad de la visita o la libertad de actuación de los oidores. Incluso, en casos
en los que el encomendero examinado era pariente o amigo, no se realizaba o se
retardaba la visita. Por otra parte, la carencia de un número suficiente de oidores
y la realidad geográfica del Nuevo Reino hacía que, a la larga, los encargados
dentro de la Real Audiencia de hacer cumplir con las legislaciones para la pro-
tección de los indios llegaran tarde o simplemente no llegaran. Y, por último, la
actitud misma de los examinados. La mayor cantidad de información sobre el
trato que los encomenderos le daban a los indios la proporcionaban los curas
doctrineros y las autoridades indígenas –caciques y capitanes– quienes podían
ser, según Ruiz Rivera, influenciables más fácilmente por el encomendero. No
está demás recordar que, en las décadas iniciales de la dominación hispánica
en el altiplano, buena parte de la financiación del sistema de evangelización
recayó sobre los encomenderos y, por tanto, el mantenimiento de los frailes
dependía igualmente del titular de la encomienda. Respecto a las autoridades
indígenas, su posición de intermediarios entre el mundo español e indígena,
si bien significó la conservación de algunos de sus privilegios tradicionales,
también los ubicó peligrosamente cerca de los intereses de los encomenderos85.
tuto Colombiano de Cultura Hispánica, 1991), 143.
82
Tovar, La encomienda y la economía, 111.
83
García Mayorga, La Audiencia de Santafé, 144.
84
Julián Ruiz Rivera, Encomienda y mita en la Nueva Granada en el Siglo XVII (Sevilla: Escuela
de Estudios Hispanoamericanos, 1975), 13-24.
85
Un ejemplo de este tipo de situaciones se encuentra en el caso de Guatavita. Ver al respecto
Bernal, Relaciones entre caciques y encomenderos.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 15 - 51 [ 43 ]
Alejandro Bernal Vélez
Igualmente, el común de la población indígena sentía que el encomendero
tomaría represalias ante las quejas cuando la visita terminara, por lo que era
reticente a participar en los testimonios. El licenciado Luis Enríquez, oidor de
la Real Audiencia, efectuó una serie de visitas a comienzos del siglo XVII y les
relataba a sus superiores que los encomenderos de Tunja “[…] hacen entender
a los indios que ellos son los amos y que han de durar, que el corregidor, oidor o
presidente mañana se muda, y así la mayor obediencia es al encomendero […]”86.
Todas estas circunstancias son ejemplo de aquello que la filosofía foucaultiana
llama la microfísica del poder.
Pero independiente de si las visitas a la tierra tuvieron éxito como herra-
mienta de control contra los encomenderos, los procedimientos y objetivos del
conteo e inspección a los pueblos indígenas del altiplano, y la asignación de la
tasa tributaria que se desprendía de éstos, fueron un poderoso instrumento que
transformó a hombres y mujeres, infantes, adultos y ancianos del mundo rural
del altiplano en piezas que debían fijarse a un espacio específico, la labranza,
–y posteriormente a la mina cuando se introdujo la mita minera en la Nueva
Granada–, y a una temporalidad secular marcada por la jornada laboral y el pago
de un salario. Esta cosificación de los muiscas y su nominalización como indios,
es, como lo recuerda Martha Zambrano87, su transformación como fuerza de
trabajo en unidades medibles y equiparables con otros objetos valiosos como las
mantas, el oro y las esmeraldas. En este sentido, y siguiendo a la misma autora,
las visitas a la tierra se pueden considerar como una tecnología de poder en la
medida que la contabilidad que se establecía como resultado de la visita a cada
comunidad y pueblo del altiplano fue pensada como un mecanismo alterno y
complementario al uso de la fuerza física para lograr crear un cuerpo discipli-
nado de trabajadores88.
Conclusiones
La exploración y conquista del interior continental del norte de Suramérica
en las tres primeras décadas del siglo XVI se explica por tres factores. En primer
lugar, la cabeza de cada una de las gobernaciones que componían la Tierra Fir-
me quería fijar los límites en el interior de una tierra ignota. También hay que
recordar que uno de los fines de la exploración era la fundación de ciudades,
86
Testimonio citado por Ruiz Rivera, Encomienda y mita, 40-41.
87
Martha Zambrano, Trabajadores, villanos y amantes. Encuentros entre indígenas y españoles
en la ciudad letrada. Santafé de Bogotá (1550-1650) (Bogotá: Instituto Colombiano de Antro-
pología e Historia, 2008),40.
88
Zambrano, Trabajadores, villanos y amantes, 74.
[ 44 ] Boletín de Historia y Antigüedades
La irrupción de la dominación colonial en el altiplano Cundiboyacense.
Instituciones de poder español y resistencias indígenas en la segunda mitad
del siglo XVI.
con lo cual se legitimaba la posesión de un gobernador sobre las tierras recién
descubiertas. Un segundo factor está relacionado con crisis demográficas en
las ciudades de la costa caribeña de Suramérica como era el caso de las recién
fundadas Santa Marta y Cartagena. Mediante la organización de expediciones
se lograba ocupar y deshacerse de una población de vagos dedicados al hurto y
el pillaje de las poblaciones indígenas vecinas. Tercero, el deseo de encontrar en
el interior del continente un mundo utópico de riquezas. Estos mitos de ricos
reinos estaban arraigados en el imaginario medieval que tenían los conquista-
dores, pero también fueron alimentados por las noticias de los descubrimientos
de los estados mesoamericanos y andinos.
Para el caso concreto de este artículo, la expedición más importante y que
inicia la dominación colonial en el Altiplano Cundiboyacense se adentró en el
territorio del extremo norte de Suramérica siguiendo el curso del río Magdalena.
La escasa o nula experiencia de las huestes conquistadoras por un paraje tropical
sin duda alguna dificultó el viaje, pero también creó entre estos hombres la con-
ciencia de haber logrado una hazaña heroica que debía ser recompensada por
la Corona española. Esta mentalidad la conservó la sociedad española y criolla
que se creó durante la segunda mitad del siglo XVI y que continuó exigiendo
recompensas por los logros de sus antepasados. La satisfacción de estos derechos
de los pobladores españoles fue parte de la estrategia con la cual los Habsburgos
cimentaron las bases de su presencia imperial en América.
Aunque suene como una obviedad decir que la conquista española sig-
nificó una transformación radical de las vidas de los indígenas del Altiplano
Cundiboyacense, es importante mencionar que una de las claves que marcaron
el compás de dichas transformaciones tiene que ver con la erosión del poder
cacical de los tiempos prehispánicos y la secularización de la autoridad y el lide-
razgo comunitario. Al ser las cabezas de cada comunidad, los caciques muiscas
sufrieron buena parte de la presión inicial de los conquistadores y la teatrali-
zación del terror se hizo sobre el cuerpo del cacique y en los espacios cacicales
con el fin de atemorizar al resto de la población. También porque las ansias de
riqueza y tesoros de los conquistadores despojaron a los caciques de aquellos
símbolos que materializaban su poder y liderazgo dentro de la comunidad.
Además, los saqueos de los entierros no sólo contribuyeron a la desacralización
del espacio, sino que alteraron la relación que establecían los muiscas con su
territorio, alterando los equilibrios establecidos entre los mundos de arriba y
abajo, es decir entre los ámbitos de las gentes y los ancestros. Sin embargo, los
caciques muiscas no fueron espectadores pasivos de la conquista. En no pocas
ocasiones, los líderes de las comunidades del altiplano se enfrentaron directa-
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 15 - 51 [ 45 ]
Alejandro Bernal Vélez
mente al avance y presencia de las huestes españolas, en otras organizaron la
huida colectiva a lugares donde los españoles no podían entrar fácilmente, y
en algunas oportunidades intentaron establecer algún tipo de relación con los
españoles en la que pudiesen sacar algún tipo de provecho.
Mediante la asignación de encomiendas, los ibéricos se apropiaron de una
mano de obra para ser usada en su propio beneficio. Para esto se hizo despliegue
de la fuerza y de la construcción simbólica de un enemigo potencial cuya suble-
vación estaría siempre latente y que justificó el uso de la brutalidad, el castigo y
la vigilancia por parte de los encomenderos. Y así mismo, la creación de la Real
Audiencia en Santafé y la implantación de toda la retórica legal y jurídica del
derecho español, si bien sirvieron para fortalecer la presencia de la Corona en
esta parte de los Andes septentrionales, fueron instrumentos con los cuales la
administración colonial reguló la vida de los muiscas y reforzó un sentido de
la hegemonía, la dominación y el poder que le era útil para el mantenimiento
de sus intereses en esta región del Nuevo Mundo.
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Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 15 - 51 [ 51 ]
Boletín de historia y antigüedades /Vol. CVI, No 869, Julio - Diciembre de 2019
Etnohistoria de Beltrán y la capilla
de la Virgen de Nuestra Señora de
la Canoa
José Manuel Rozo Sandoval1
Resumen
El objetivo de este trabajo es hacer una recopilación del estableci-
miento y creación del pueblo de indios de Beltrán, hoy día en jurisdicción
del Departamento de Cundinamarca. En el marco de la plaza se cons-
truyó la Iglesia de Nuestra Señora de La Canoa; haremos referencia al
modelo de construcción indígena y el posterior aprovechamiento de esa
estructura para la edificación colonial que persiste hasta nuestros días y
que fue restaurada hace poco tiempo por el IDECUT2. La aproximación
al conocimiento de Beltrán pasa por el trabajo de investigación en el
Archivo General de la Nación, archivos de la Arquidiócesis de Ibagué y
parroquiales, el seguimiento al proceso de restauración de la capilla en
1
Bogotá, Antropólogo Universidad Nacional, especializado en arqueología y doctor en Ar-
queología Prehistórica, con Maestría en Arqueología para la Arquitectura, Sapienza, U. di
Roma, colaboraciones con el arqueólogo Alberto Casella, en Italia, con el arqueólogo subacuá-
tico y profesor de la U. de Texas Juan Pinedo Reyes, en España.
2
Instituto Departamental de Cultura y Turismo de Cundinamarca.
Cómo citar este artículo
Rozo Sandoval, José Manuel. “Etnohistoria de Beltrán y la capilla de la Virgen de Nuestra
Señora de la Canoa”. Boletín de Historia y Antigüedades 106: 869 (2019): 53-81
[ 53 ]
José Manuel Rozo Sandoval
su componente arqueológico, del cual se obtuvieron muchos datos de
campo útiles para la puesta en escena de esta reconstrucción etnohistó-
rica y datos de primera mano de la edificación ejecutada por el alarife
español de la obra.
Palabras clave: Pueblo de indios de Beltrán, Capilla de Nuestra
Señora de la Canoa, arquitectura colonial.
Ethnohistory of Beltran and the chapel of the Virgin of
Our Lady of the Canoe
Abstract
The objective of this work is to compile the data concerning the
establishment and creation of the Pueblo de Indios of Beltrán, today in
the jurisdiction of the department of Cundinamarca. The Church of
Nuestra Señora de La Canoa was built in the central square; we will refer
to the indigenous model of construction and the subsequent use of that
structure for the colonial construction that remains to this day and was
restored a short time ago by IDECUT. The knowledge of Beltrán was
approached through research work in the Archivo General de la Nación,
parish archives and the archaeological monitoring of the restoration
process of the chapel that rendered important field information for the
ethnohistoric reconstruction; first hand field data of the building executed
by the Spanish builder of the work was also obtained.
Keywords: Indigenous Beltrán Village, Chapel of Our Lady of the
Canoe, colonial architecture.
[ 54 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Etnohistoria de Beltran y la capilla de la
Virgen de Nuestra Señora de la Canoa
Figura 1
Vista del pueblo de Ambalema desde la otra orilla del Magdalena, en la zona de Beltrán. Hoy en día es el ca-
serío de Gramalotal, antes parte de la Mesa de Herveo, Provincia de Mariquita. Acuarela de la Comisión Corográfica
1850-1859. Biblioteca Nacional de Colombia.
Introducción
En las proximidades del río Magdalena, sobre su margen derecha, en
frente de la población de Ambalema, se había erigido el pueblo de indios de
Beltrán. El territorio donde se encuentra extendido hoy día el municipio de
Beltrán perteneció en el pasado, a la llegada de los españoles, a la etnia Panche;
belicosos guerreros que opusieron resistencia a sus vecinos los muiscas y a los
españoles y en algún tiempo los tuvieron al margen de su territorio. El grupo
de esta etnia, que estuvo asentado en los actuales límites del municipio, fue el
de los Colonbayma. No siempre el pueblo de indios estuvo ubicado en la misma
zona. Al inicio de la Encomienda estuvo al otro lado del río, dentro de los límites
de la población de Ambalema, pero nunca en términos de su casco urbano.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 53 - 81 [ 55 ]
José Manuel Rozo Sandoval
Los pueblos de indios, como Beltrán, también se denominaban cabeceras
de doctrina o reducciones indígenas; fueron creados durante la evangelización
española del Nuevo Mundo, a mediados del siglo XVI y fueron institucionalizados
según la Real Cédula de 1548. Aparte de servir para el proceso evangelizador,
tenían como principal objetivo organizar los tributos de una manera eficiente y
poner a los indígenas un trabajo acorde con las necesidades de los conquistadores.
De la iglesia de Nuestra Señora de La Canoa hay muchas versiones con res-
pecto a la fecha de su construcción, pero los datos históricos del Archivo General
de la Nación, junto con los datos aportados en el trabajo de campo (elementos
arqueológicos), nos ofrecen la evidencia de la verdadera fecha de su edificación;
en el trabajo de campo y el seguimiento arqueológico, nos pusimos en la tarea
de encontrar el proceso arquitectónico en sus orígenes, encontrándonos con la
obra inicial que pudieron conocer los primeros cronistas.
Los cronistas hablan de dos iglesias en la jurisdicción de Ambalema, pero
no describen el concepto arquitectónico; en realidad es una con la obra ya
construida -la de la ciudad española de Ambalema- y la otra, en ese momento
correspondía a una estructura en madera, que cumplía con los requisitos para
poder realizar los oficios religiosos. En la otra iglesia, la de Beltrán, la estructura
se hizo con árboles cortados con ciertas características de altura y grosor que
se utilizaron simplemente despojándolos de su corteza externa y utilizándolos
como columnas estructurales para armar la nave de un cuerpo de la que se
compondría la capilla.
Los datos estructurales y del diseño arquitectónico se desglosarán a lo largo
del presente artículo. Las características y concepto estilístico en general nos
permitirán hacer una comparación con los estilos arquitectónicos y procesos de
construcción definidos para otras zonas de Latinoamérica y se podrá ver en qué
tipo de clasificación encajaría la capilla, en la historia arquitectónica propuesta
en trabajos de tesis doctorales de universidades europeas para el Nuevo Mundo.
La perspectiva arqueológica sobre la actividad de los arquitectos tuvo su
auge en el viejo mundo a mediados del siglo XIX, y apareció en el momento en
que la arqueología estaba sentando las bases para crear una ciencia que pasaría
de técnica a disciplina necesaria en todos los campos en que se vincule la pre-
servación monumental o del patrimonio cultural relacionado con el pasado.
En el presente disponemos de toda una ciencia auxiliar con conceptos técnicos
muy pertinentes. Un ejemplo es la matriz de Harris, aplicable eficientemente en
este tipo de trabajos, donde se busca extraer el proceso cronológico construc-
tivo de una obra antigua como un Bien de Interés Cultural que, para el caso de
[ 56 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Etnohistoria de Beltran y la capilla de la
Virgen de Nuestra Señora de la Canoa
Beltrán, fue aplicado en la parte correspondiente el trabajo de desmantelado de
la estructura, para entender el desarrollo de la construcción.
El origen del “pueblo de indios” de Beltrán
Figura 2
Ubicación de la iglesia de Nuestra Señora de la Canoa, en el marco de la plaza principal. Plano elaborado por
el equipo de teledetección Fundación Kolymboi_pcs.
Figura 3
Ubicación del Pueblo de indios de Beltrán y su extensión geográfica Beltrán, Gramalotal, Paquiló, en compa-
ración con el poblado español (Ambalema).
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 53 - 81 [ 57 ]
José Manuel Rozo Sandoval
El sistema para emprender la colonización, por parte de los españoles, fue
esencialmente urbano, en forma de un tablero de ajedrez; las fundaciones de
sus poblados tenían un orden definido que se iba extendiendo y replicando a
través de todo el nuevo mundo y las nuevas regiones conquistadas (Canarias,
África, Asia, etc.). La distribución se iniciaba con la demarcación de una plaza
principal, alrededor de la cual se asentaban las instituciones políticas y ecle-
siásticas. El palacio de gobierno, la iglesia, otros edificios públicos y la cárcel
eran las edificaciones principales alrededor de las cuales se disponían el resto
de domicilios, así como las casas de sus pobladores y artesanos, que se ubicarían
en función de su necesidad e importancia.
En la Figura 3 (mapa) se observa el poblado español de Ambalema, un
núcleo urbano bien definido y en frente el pueblo de Indios de Beltrán con tres
áreas de dispersión concretas: 1) el poblado de Beltrán, donde se construyó la
iglesia; 2) frente de Ambalema, en el cruce sobre el río, un caserío, hoy corre-
gimiento de Gramalotal, a unos 3,9 Km del casco urbano de Beltrán; y, 3) un
poco más distante, a unos 15,9 km aproximadamente la estación de policía de
Paquiló. La característica de estas pequeñas áreas urbanas, seguramente con-
centraciones en función de alguna hacienda principal (Gramalotal, Paquiló y
Beltrán), contrasta con el núcleo urbano definido de Ambalema.
Aún se puede observar una estructura de manejo espacial diversa, entre la
dispersión del pueblo de indios y la ordenación urbana de la ciudad o poblado
español del que dependía en un principio: Ambalema. Las condiciones ecoló-
gicas y ambientales en ese momento de la fundación del pueblo tuvieron que
ser diferentes a las actuales, con un bosque seco tropical dominante, grandes
especies de árboles que creaban una capa protectora de sombra y hacían el
clima menos agresivo.
Actualmente, la zona de Beltrán presenta un ecosistema característico de
bosque ripario, con el predominio de un bosque seco reducido a fragmentos
muy pequeños. Las zonas de ladera y mayor pendiente presentan un mosai-
co continuo de bosque seco (b.s.T.), un bioma de matorrales subxerofiticos,
importantes áreas de vegetación secundaria en recuperación o transición a
parcialidades del paisaje. De acuerdo con el mapa de cobertura vegetal3, el área
está dominada en un 50% por: bosque fragmentado arbustal caducifolio (o
matorral subxerofítico), bosque abierto caducifolio, vegetación secundaria o en
transición, áreas con vegetación herbácea y/o arbustiva, y bosque de galería y
ripario. Las coberturas productivas corresponden a un 40% del paisaje; pastos
limpios, pastos enmalezados, cereales, mosaico de pastos y cultivos.
3
Instituto Humboldt, 2012.
[ 58 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Etnohistoria de Beltran y la capilla de la
Virgen de Nuestra Señora de la Canoa
Muy seguramente para la época de la Colonia (época de la construcción de
la iglesia), en este bosque seco tropical se alternaba la presencia de especies como
el granadillo, el sapán y el abarco en los bosques cercanos, de donde tomaron
las maderas los indígenas que colaboraron en la construcción de esa primera
capilla en madera, tal como se puede observar en las fotos del trabajo de campo4.
El primer indicio que se tiene de la región es hacia 1539, cuando el enco-
mendero don Gaspar Maldonado realiza una travesía sobre las márgenes del río
Grande de la Magdalena al mando de 150 hombres y menciona el asentamiento
habitado por los Panche. Luego ya en tiempos cercanos a la construcción espa-
ñola de la iglesia se dice, en un primer documento, que en 1670 se encuentra
ubicado sobre la margen izquierda del río Magdalena, que hacía parte de la
extensión territorial de la ciudad de Ambalema, pues era un pueblo de indios
adscrito a la misma. Para ese momento, su encomendero era don Francisco
Félix Beltrán. Ese mismo año el poblado es trasladado a la margen derecha
del río y toma como nombre el apellido de su encomendero. Fue trasladado al
poco tiempo a su actual sitio y se construyó la primera iglesia, con el concepto
de la construcción indígena, que en su inicio era una nave de un sólo cuerpo
con su estructura en madera. La estructura fue descubierta en el trabajo de la
restauración y refuerzo estructural. La información de campo (un adobe con
la inscripción) nos confirma que es en el año de 1676 cuando se construye la
iglesia tal como se conoce hoy día.
Los cambios ocurridos en las instancias políticas del país, hicieron que
más adelante una Ordenanza, la No. 5 de 1853, la elevara al grado de distrito
municipal, ligándolo al Municipio de Mariquita hasta el año 1857, cuando pasó
a ser parte de la provincia de Bogotá y hoy en día parte del Departamento de
Cundinamarca.
4
José Manuel Rozo, Prospección, monitoreo y salvamento arqueológico de la Iglesia de Nuestra
Señora de la Canoa, municipio de Beltrán, Departamento de Cundinamarca. Informe Final. Bo-
gotá: ICANH, 2017.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 53 - 81 [ 59 ]
José Manuel Rozo Sandoval
Figura 4
Fachada de la Iglesia de Nuestra Señora de la Canoa, una vez restaurada, acuarela.
Los resultados de la investigación de archivo
Mediante la búsqueda e investigación de archivo se querían consultar
documentos de la época de la fundación o creación del Pueblo de Indios de
Beltrán, o sea del siglo XVII. No en todos los lugares se logró obtener docu-
mentos de esta época. A continuación, se muestran algunos de los facsímiles
de los documentos más antiguos en cada lugar.
Se consultaron archivos parroquiales que estaban geográficamente rela-
cionados con el pueblo de Beltrán como Ambalema y el de la Arquidiócesis de
Ibagué, por ser la cabecera en jerarquía eclesiástica. Lamentablemente, no fue
posible consultar los de Beltrán, que se encuentran en la población de Cam-
bao, por la oposición del encargado eclesiástico. Se consultó con mayor éxito
el Archivo General de la Nación (A.G.N.), de donde se tomaron los datos más
relevantes que se expondrán a continuación.
[ 60 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Etnohistoria de Beltran y la capilla de la
Virgen de Nuestra Señora de la Canoa
En el archivo de Ambalema, gracias a la colaboración del padre Esteban
Mazo, se logró consultar el material disponible, tuvimos acceso a los libros del
archivo parroquial, pero lamentablemente, no hay documentos de la época.
Hay un archivo de fábrica de iglesias en el que se consignan todas las labores de
reparaciones y arreglos efectuados en el templo. Los documentos más revelado-
res son de finales del siglo XIX, que no nos sirven para averiguar la antigüedad
del poblado de Beltrán (Siglo XVII). El documento más antiguo encontrado
fue el siguiente:
Figura 5
La Secretaria Arzobispal emite un Acta de impedimento para un matrimonio 1891. Despacho parroquial de
Ambalema - Tolima.
En el archivo de la Arquidiócesis de Ibagué tenemos que agradecer al
Arzobispo por su amabilidad para que se consultara el material disponible;
allí se pueden buscar los materiales correspondientes a diferentes poblaciones.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 53 - 81 [ 61 ]
José Manuel Rozo Sandoval
Figura 6
Libro de Bautismos de 1837. Foto trabajo de campo Arquidiócesis de Ibagué.
Resultados AGN, Archivo General de la Nación
Resultó fundamental la revisión que se hizo en el Archivo General de la
Nación, de donde se tomaron los datos que permitieron conocer la realidad
sobre Beltrán
Historia de Beltrán
Se recopila de la visita de Lesmes de Espinosa en 1627 en la ciudad de
Tocaima (que había sido recién trasladada); de ahí resultó la fundación de los
primeros pueblos de indios en la tierra de los Panche, a uno y otro lado del río
de la Magdalena, uno de los cuales es Ambalema (el que estaría en frente, pa-
sando el río, con el paso del tiempo se convertiría en Beltrán, que inicialmente
era registrado como caserío de indios de Colonbayma). Aparecen Ambalema de
Tomás Bocanegra, Ríoseco de Tomás Bocanegra, Ambalema de la Real Corona,
Ambalema de Jacinto de Prado, Colonbayma de Francisco del Campo, Guataquí
de Juan Ortega, Paima de Juan Ortega, Venadillo de Gerónimo Tafur y los indios
de Juan Jaramillo de Andrada.
No hay una referencia etnohistórica exacta que nos defina qué grupo fue
el que habitó el pueblo por donde se hacía el cruce del río Magdalena para lle-
gar a Ambalema, que era la finalización de un camino antiguo de los Panches,
“…que por este lado pasando por San Juan y Bituima llegaba hasta Síquima y
Anolaima, de ahí a unirse con el de Facatativá a Villeta, que seguía Manóa y
[ 62 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Etnohistoria de Beltran y la capilla de la
Virgen de Nuestra Señora de la Canoa
por el de los chibchas hacían su comercio con aquellos…”5. Al parecer entre lo
que es hoy día Beltrán y Ríoseco (San Juan de Ríoseco) estaban asentados los
Colonbayma, más tarde habría un caserío que era conocido con este nombre,
dentro de la nación Panche.
Figura 7
Facsímil del encabezado del primer folio de la visita. AGN.
El 19 de octubre de 1670 llega a Ambalema el Visitador (también Oidor)
Mateo Ibáñez de Rivera, quien venía de Guataquí, río abajo en canoa. Era acom-
pañado por el escribano Joseph de Bustamante (probablemente catalán). En el
acta de la diligencia figuran los pueblos o agregados de indios de Ambalema de
Tomas Bocanegra, su principal encomendero y Ambalema del capitán Francisco
Félix Beltrán de Caycedo.
Figura 8
Firma del escribano Joseph de Bustamante, seguramente de origen catalán. AGN.
5
Visitas, Lesmes de Espinosa.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 53 - 81 [ 63 ]
José Manuel Rozo Sandoval
Figura 9
Aunque en el folio está la fecha de mil seiscientos setenta y seis, en el encabezado dice; mil seiscientos setenta.
AGN.
Se nombra el sitio de Colonbayma, del que se dice que “…pasaron hacia
la dirección de los indios de los pueblos de Ambalemita de Colonbayma y la
Puerta encomendados en el señor contador Domingo Suarez de Labandeira…”
(seguramente gallego, por su apellido). Luego visitaron la iglesia de la que era
cura interino Pedro Díaz de Guana por ausencia del titular Juan Berdugo Coello,
quien al siguiente día hizo la descripción de los indios de Ambalema de Beltrán
de Caycedo, cuyo principal era don Gerónimo y entre otros Lorenzo Guaque,
Luis Namaco y Bartolo Licama6.
El orden geográfico y la disposición territorial era en ese momento –la
cabecera territorial– el poblado español de Ambalema y la disposición de dos
encomiendas, dos pueblos de indios que son hacia los que se dirige la visita,
Ambalema de Bocanegra y, el que centra nuestra atención: Ambalema de Beltrán.
La transcripción de los tres primeros renglones dice “Información y pesquisa
jesuita de la visita efectuada hacienda de los pueblos de Ambalema de Bocanegra
y Ambalema de Beltrán…”7 En el encabezado se aclara que existen dos pueblos
de indios (encomiendas) diferentes entre sí y que la visita se realizó en 1670.
6
A.G.N., Sección Colonia, Fondo Miscelánea. T. VI, fl. 204/213.
7
A.G.N., Sección Colonia, Fondo Miscelánea. T. VI, fl. 204/213
[ 64 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Etnohistoria de Beltran y la capilla de la
Virgen de Nuestra Señora de la Canoa
Figura 10
Miscelánea Colonia tomo VI, folio 218 verso. AGN.
En la investigación secreta, “…el día 21 (de Octubre), el cura Díaz (Pedro Díaz),
declaró que conoce el pueblo (de indios) de Ambalema de Tomás Bocanegra y el
pueblo (de indios) de Ambalema de Francisco Félix Beltrán de Caycedo; que el
cura propietario es Don Juan Berdugo, del dicho pueblo y del de Ambalema de
Beltrán y que asiste todo el año por su persona y sustitutos en dichos pueblos y
que este es colado por el patronazgo real y que hay iglesias en ambos dos pueblos
capaces y decentes con todos los ornamentos necesarios para la celebración del
culto diario…”
También hacen declaración Don Domingo Gobernador de Ambalema de
Bocanegra y Tomás Chinapa, alcalde (fl, 218, Hay una serie de enunciaciones,
en el numeral 2o)8.
Como era costumbre en la época, el visitador hizo cargos a unos y otros
encomenderos por el incumplimiento de las Leyes de Indias. Beltrán de Caycedo
fue sancionado con dos días de salario de visita; …por que los indios no están
sujetos ni arreglados, sino que algunos están en diferentes partes en sus rozas
y no los ha recogido para doctrinarlos…”9
8
(AGN), Bogotá-Colombia Sección Colonia, Fondo Miscelánea, t. VI, folio 218 verso.
9
(AGN), Bogotá-Colombia Sección Colonia, Fondo Miscelánea, t. VI, folio 223.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 53 - 81 [ 65 ]
José Manuel Rozo Sandoval
Como se podría deducir, resulta que, en 1670, a la luz de las afirmaciones
del padre Pedro Díaz, los indios de Beltrán residen en una zona diferente de
Ambalema, pues él habla de “…y…que hay iglesias en ambos a dos pueblos
capaces y decentes con todos los ornamentos necesarios…”10. Es decir, estaban
en capacidad de poder realizar cada uno por aparte su culto y oficio religiosos,
aunque no menciona las condiciones de la estructura física. Es de suponer que
ya estaba la estructura de madera con su techo de palmicha a dos aguas, como
mínimo, de la Iglesia de Beltrán. Como se referirá en el capítulo del reconoci-
miento de arqueología en vertical, el alarife dejó un testigo (ver foto del adobe,
capítulo “Arqueología en vertical” del Informe de Excavación), con la fecha de
construcción de la estructura en adobe y ladrillo del año 1676 (figura 20).
Ya para el momento de la visita (octubre de 1670) el pueblo había sido
trasladado al margen derecho del río Magdalena, pero su nombre aborigen que
es relacionado con la etnia y seguramente el de un caserío (cercano), que estaba
en esta área, fue el de Colonbayma. En ese momento ya sólo existe el poblado
denominado Beltrán, en relación con el encomendero que era el titular de los
indígenas a su cargo. De todas maneras, al estar poblados en Ambalema, se les
denominaba indios de Ambalema de Beltrán, por ser este su encomendero, así
como otros fueron llamados indios de Ambalema de Bocanegra por la misma
razón.
Estos documentos en el A.G.N. están ubicados en; Miscelánea, Sección
Colonia. 39, 6 D. 7 Fecha inicial; 1670. Unidad Documental. Archivo General de
la Nación. Título: Visita a Ambalema; disposición poblaciones, empadronamiento.
Con estos datos históricos del Archivo Nacional, queda desvirtuada la afirma-
ción propuesta en las monografías de la Contraloría, en las que se propone que
el nombre del pueblo fue dado por el Dominico Fray Luis Beltrán, catequista
de los indios del Bajo Magdalena por los años de 1562 a 1569, en compañía de
Fray Luis Vero con quien vino al Nuevo Mundo. Además, este Dominico (Fray
Luis Beltrán), no estuvo en el Alto Magdalena; ya que cuando iba por el río al
llegar a la población de Nare (Magdalena Medio) en 1569, recibió la orden de su
inmediato regreso a la madre patria, muriendo al poco tiempo el 9 de octubre
de 1581. Era oriundo de Valencia, había nacido el 1º de enero de 1526, sería
beatificado por Paulo V el 29 de julio de 1603 y canonizado por Clemente X el
12 de octubre de 1671.
10
(AGN), Bogotá-Colombia Sección Colonia, Fondo Miscelánea, t. VI, folio 218 verso.
[ 66 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Etnohistoria de Beltran y la capilla de la
Virgen de Nuestra Señora de la Canoa
La capilla de Nuestra Señora de La Canoa, proceso de
construcción
Figura 11
Esquema del proceso de construcción, en el que se iba rellenando el piso alrededor de un metro por encima
del nivel de la plaza, para lograr el nivel de los escalones hacia la entrada principal. Esto con el fin de que la iglesia
sobresaliera del nivel inicial.
El proceso de construcción se inició con el nivelado del piso por encima
de la altura de la plaza; se hizo en arena de río rica en feldespatos. Es posible
que la hayan traído desde las orillas del río Magdalena, ya que lo tenían cerca.
La figura anterior ilustra el nivel superior de la entrada la iglesia con respecto
al nivel de la plaza.
Figura 12
(SUP) Se observa en el muro sur la conformación de una estructura de madera sencilla, en el muro norte
(INF) Hay un refuerzo estructural de columnas en adobe montadas en sistema soga, tizón alternado en cada hilera
de la misma columna. Fue realizado posteriormente, en el momento de la intervención arquitectónica seguramente
española, del alarife que dejó el rastro de la fecha (1676).
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José Manuel Rozo Sandoval
Una vez se logró el nivel de la entrada a la iglesia por encima de un metro,
se dio inicio a la fase de la disposición de los troncos que dan forma a la nave
de un sólo cuerpo. Se disponen alrededor de 18 troncos por la cara sur e igual
número por la cara norte y seis por c/u de las caras Este y Oeste; a los troncos
utilizados se les arrancó la corteza exterior y ahí se inició una limpieza muy
rápida para ser utilizados como columnas en el soporte estructural.
Figura 13
Forma que muy seguramente tendría la capilla de Nuestra Señora de la Canoa en su primera fase. Una cons-
trucción de una sóla nave de forma rectangular con su estructura en columnas de madera. El techo en palmicha a dos
aguas, construcción indígena. Dibujo.
Una vez se dipusieron las columnas, se amarraron con varas que hacían las
veces de vigas, pero cuyo fin era únicamente sujetar la estructura para soportar
el peso de los parales laterales que se sobreponían a manera de una cercha;
también eran de madera, más livianos y resistentes, permitían servir de apoyo
para poner el techo que regularmente era de paja o palmicha.
El techo debía ser alto, con una ventilación que permitía mitigar el calor
que se produce en la plaza central de una población donde no hay muchas
corrientes de aire, ya que se está distante unos seiscientos metros del malecón
que trae la frescura del río; es probable que las paredes laterales de los cuatro
costados fueran abiertas para permitir una mejor ventilación.
Las vigas, que hicieron parte del conjunto arquitectónico inicial, serían varas
entrelazadas sobre las columnas, como la foto que se anexa de una hacienda del
llano (Fig. 14, Derecha); sobre éstas descansarían los parales laterales que iban
[ 68 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Etnohistoria de Beltran y la capilla de la
Virgen de Nuestra Señora de la Canoa
desde el cruce del techo a dos aguas hasta la caída sobre las columnas. El cierre
del techo sería realizado por un puente pequeño en el que se proponen uno o
dos parales y un tronco más pequeño en el centro; lo más probable es que así
luciría la iglesia en su primera fase de construcción, un conjunto de una sóla
nave con techo a dos aguas, aireado por los cuatro costados.
Figura 14
(IZQ) La madera con que se hicieron las vigas soleras y las columnas sobre el muro fue granadillo o guayacán
trébol (esplatymiscium pinnatum). Fotos del trabajo de campo. (DER) Forma en que se haría la parte central, donde
se une el techo a dos aguas y la cobertura en palmicha, fase 1 de construcción, o indígena. Foto Hacienda del Llano.
En la segunda fase de construcción, en el proceso de la edificación espa-
ñola se aprovecharon muchos elementos de la obra anterior, principalmente las
columnas que fueron cortadas en granadillo o guayacán trébol (identificación
realizada por un ingeniero forestal); se cortaron los adobes de manera semicir-
cular, alrededor de cada columna, para ir cubriendo por hiladas y que vayan
empatando con la misma disposición al avance en vertical. El muro norte (figura
12, derecha) fue reforzado con columnas de adobe, que son intercaladas.
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José Manuel Rozo Sandoval
Figura 15
Sistema de caja y espiga para el ensamble, elaborado sobre el final de las columnas y la caja en la viga solera.
El sistema empleado para ensamblar el armazón entre las columnas y la
viga solera fue el de caja y espiga; se tallaron todas las partes del extremo de
las columnas y se fue armando de tal manera que encajaran perfectamente; así
amarraron toda la estructura para darle una estabilidad homogénea al cuerpo
de la nave, luego un clavo de considerable tamaño termina de ajustar la viga
y la columna. Ya en la parte central, la estructura que soportaría el techo está
conformada por pies de amigos que van por el centro de la nave, en dos hileras
de a ocho c/u. La base iba inicialmente en tierra, sin embargo, para la reforma
estructural moderna se acomodaron sobre una base de concreto, cemento y hierro.
Figura 16
Gráfica de la ménsula, el pie de amigo, la viga solera y su ensamble, en el conjunto de la obra. La ménsula
tiene como fin soportar el peso del pie de amigo y las cargas, como en este caso a tope. Gráfica basada en foto de
trabajo de campo.
[ 70 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Etnohistoria de Beltran y la capilla de la
Virgen de Nuestra Señora de la Canoa
El sistema de pies de amigos central está conformado por dos hileras, cada
una de ocho estructuras en las que se ensambla correctamente, sobre los pies
de amigo la ménsula que a su vez recibe el peso de una viga solera de menor
tamaño que la exterior, recibe el peso de un tirante que compensa el soporte
del peso del techo.
Figura 17
(SUP) Detalle de la fachada en planos. (CEN) La disposición de los elementos del coro, vista interior de la
parte correspondiente a la misma fachada en proceso de restauración. (INF) Vista de la zona del altar, intervenida
en el siglo XX y alterada completamente en su estructura original, con aglomerados se trató de conservar la forma
original del altar.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 53 - 81 [ 71 ]
José Manuel Rozo Sandoval
La estructura interior iba toda tejida por el sistema de ménsulas y pies
de amigo, como el caso de la parte central del coro que lleva seis tirantes que
descansan sobre un sistema de viga en dirección sur - norte, a su vez apoyada la
viga sobre las ménsulas que reciben el peso. La escalera estaba destruida, pero
por información documental se pudo conocer que iba en forma de L. Del altar
tristemente se trató de conservar su forma, pero la intervención poco exitosa
llevada a cabo a mediados del siglo XX destruyó la forma original que posible-
mente estaría en mal estado. La intervención fue realizada por algún maestro
carpintero de obra, sin conocimientos de restauración: se utilizaron materiales
no adecuados como aglomerados que acaban con el concepto estético y arqui-
tectónico del modelo colonial del altar de la capilla.
Figura 18
Según los análisis específicos de identificación de maderas, los pies de amigo fueron elaborados en madera de
sapan (Clathrotropis brunnea Amshoff); las vigas solera, de la estructura central, en abarco de río (Cariniana pyrfor-
mis, Lecythidaceae). Dibujo del autor, a partir del plano fase de diseño.
Dentro de la capilla, la disposición de los elementos de madera que con-
formaban la estructura nos permite reconocer (según los análisis específicos
sobre las muestras, tomados del Diario de Campo) que en la capilla se utilizaron,
especies variadas como: sapan (pies de amigos), abarco de río (vigas soleras, es-
tructura central), guayacán trébol (columnas perímetro de la iglesia), los tirantes
fueron elaborados en granadillo o guayacán trébol. En los muros exteriores se
utilizó adobe, para las cuatro paredes de la nave, exceptuando la fachada donde
se manejó ladrillo cocido. En la cimentación también se utilizó ladrillo cocido
y sobre él se pusieron los adobes o ladrillos crudos.
[ 72 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Etnohistoria de Beltran y la capilla de la
Virgen de Nuestra Señora de la Canoa
Figura 19
Al levantar el suelo inicial se encontró debajo el suelo original de la capilla que había sido adherido con argamasa, y
arena pero que ya ha perdido su efecto aglutinante y se podía levantar con la herramienta de trabajo.
A lo largo del trabajo de reconocimiento del suelo se pudo evidenciar que
el suelo fue restaurado e intervenido con materiales modernos. De este trabajo
quedó una cobertura general que fue retirada en el proceso de la restauración;
debajo de este suelo se encontraban los adoquines iniciales de la construcción
de la capilla, que presentaban rasgos particulares que los diferenciaban de la
obra de restauración, como era la intervención con materiales modernos y una
vez llegados al horizonte inicial, la facilidad al extraer los elementos originales,
pues ya la argamasa ha perdido su poder de adhesión.
Los datos más relevantes en la reconstrucción de la
Iglesia
En principio, la restauración de la iglesia fue realizada con el objetivo de
efectuar un refuerzo estructural y una rehabilitación en la que se preservaran las
características de esta capilla de un pueblo de indios. En ese orden, el seguimiento
arqueológico nos permitió conocer: el primer sistema de construcción indígena,
que sirvió de base para la segunda fase de construcción; la intervención española
realizada por el alarife que dirigió la obra, así como el sistema de ensamblado
del conjunto arquitectónico de columnas, vigas, vigas soleras, ménsulas, etc.,
todos los elementos estructurales necesarios para armar el conjunto y lograr la
reconstrucción de la capilla.
En ese orden tenemos que mencionar que el conjunto de la primera es-
tructura se pudo evidenciar en los elementos dibujados en campo y en las fotos
registradas. En segundo lugar, el ladrillo con la inscripción de la fecha (Fig. 20),
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 53 - 81 [ 73 ]
José Manuel Rozo Sandoval
fue fundamental para poder conocer la fecha real del año en que se construyó
la capilla.
Figura 20
Foto del ladrillo de adobe que presenta la inscripción del año en que se hizo la iglesia (1676), actualmente en
poder del ICANH.
El ladrillo crudo o adobe en el que se plasmó la fecha de construcción de
la iglesia, fue encontrado en el muro sur en cercanías de la pared de la fachada,
distante un metro de la unión con el muro de la fachada y una altura aproximada
de 60 cm. Es un dato que podría servir de referencia a futuros trabajos de res-
tauración de una capilla colonial, pues los alarifes andaluces que las construían
solían dejar un adobe con la fecha de establecimiento de la capilla.
Existen dos momentos bien definidos, en que hubo un proceso de cons-
trucción en la obra de la iglesia, referenciados por: una primera capa de piso en
tableta de adoquín que es reciente (el uso de aglutinante como cemento así lo
indica) y un piso original que presenta un reborde pintado en rojo, justo debajo
de este con la separación de mortero y cemento.
A partir de estos hechos evidentes se plantea que la capilla tuvo como mí-
nimo dos procesos ciertos de intervención que están dados con una diferencia
en el tiempo: uno en la construcción original española y otro proceso de inter-
vención de mediados del siglo XX en el que se utilizaron elementos actuales
de construcción como cemento, ventanería metálica, ladrillos convencionales,
entre otros.
[ 74 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Etnohistoria de Beltran y la capilla de la
Virgen de Nuestra Señora de la Canoa
Figura 21
(IZQ) Puerta lateral Detalle (CEN) Ventana lateral, para dar luz a la nave del templo. (DER) Espaldar del
altar donde se ubicaba la sacristía. Fotos trabajo de campo.
La forma de construcción de la carpintería de madera nos pone sobre el
sistema de bastimento sencillo de marcos y bastidores con tablas cerrando el
perímetro, como el caso de las puertas y un sistema de marcos intercalados con
travesaños para las ventanas. Detrás del altar se hizo un corredor de menos de dos
metros que sirvió de sacristía y área para labores de funcionamiento del oficio.
Figura 22
(IZQ) Los clavos eran el sistema de aseguramiento de las vigas y la estructura en general. Se utilizó el siste-
ma de ensamble a media caja en madera, con refuerzo por clavos. La madera se cortaba para que empatara, se talla-
ban cajas (cajas con ensamble), en el extremo de la pieza, que hacía que entraran a presión, luego eran reforzadas y
aseguradas entre ellas por los clavos. (DER) Los clavos utilizados eran de diversos tamaños, acorde a la extensión de
cada zona y grosor de la madera.
El sistema de encaje de las vigas, vigas soleras y tirantes era ajustado por
medio del aseguramiento con un ensamble de media caja que iba reforzado por
clavos de gran tamaño que aseguraban la estabilidad de la estructura.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 53 - 81 [ 75 ]
José Manuel Rozo Sandoval
Conclusiones y comentarios finales
Figura 23
Facsímil ampliado de la fecha en que fue realizada la visita, primero y segundo renglón del manuscrito: “En
el pueblo de Ambalema de Bocanegra a veinte de octubre de mil seiscientos setenta años del señor Licenciado don
Matheo”
Este documento es de 1670 y nos muestra la fecha real en que se hizo la
visita, y todos los datos obtenidos coinciden con la instalación de un pueblo
de indios en la margen derecha del río Magdalena y sobre todo nos aclara el
dato físico de la cronología del adobe dejado allí por el alarife español en el
que se puede ver la inscripción con la fecha del levantamiento de la iglesia con
materiales como ladrillo crudo adobe, argamasa y su diseño arquitectónico tal
como es conocida la Iglesia de Nuestra Señora de la Canoa.
Figura 24
Ubicación de la Iglesia de Nuestra Señora de la Canoa, con respecto al río Magdalena, en el marco de la
plaza principal de Beltrán, Cundinamarca. Imagen aérea equipo de teledetección Fundación Kolymboi_pcs.
[ 76 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Etnohistoria de Beltran y la capilla de la
Virgen de Nuestra Señora de la Canoa
Figura 25
Ubicación de la Iglesia de Ambalema en el marco de la plaza central, con respecto al río Magdalena. La
fachada está orientada hacia la calle, por la que llegan los transeúntes que vienen del Puerto. Imagen aérea equipo de
teledetección Fundación Kolymboi_pcs.
Estos mapas aéreos tienen como fin comprender que la ubicación de las
iglesias en la Colonia no tenía una orientación definida con respecto a la plaza
principal, sino, en función de la vía principal de acceso. En el caso de las pobla-
ciones de Ambalema y Beltrán la vía principal era el río Magdalena, la arteria
por donde venían las mercancías y hasta donde salían los productos que se iban
a exportar o vender a otras provincias.
Según la visita realizada en el año 1670 a la región de Ambalema por parte
del Visitador y Oidor don Mateo Ibáñez de Rivera, consignada en el A.G.N, aparte
de la ciudad española, en ese año ya existían los dos poblados, el de Ambalema
de Bocanegra y el del encomendero Francisco Félix Beltrán de Caycedo (que
más adelante seria conocido como Beltrán). También según el testimonio del
cura Pedro Díaz, existían los dos pueblos, cada uno con su respectiva iglesia
dotada con los elementos para poder oficiar el culto religioso. Ateniéndonos
a las fases constructivas de los templos antiguos, como los de los Jesuitas, el
templo en ese momento está definido por una arquitectura de un esqueleto en
madera, como efectivamente se registra en la fase de monitoreo y seguimiento
de la obra. Perduraría en esas condiciones hasta el momento de su construcción,
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 53 - 81 [ 77 ]
José Manuel Rozo Sandoval
que según el indicador del alarife o maestro que dirigió la obra y fue alojado
en el muro sur en un adobe, con la inscripción del año de su edificación 1676.
El diseño estructural de la Iglesia de Beltrán está relacionado o se puede
incluir como un proceso transitorio entre la primera y la segunda fase, pues
presenta elementos de las dos fases, de la clasificación de los modelos de cons-
trucción de templos jesuitas, debido a sus características y concordancia con
los elementos descritos en el trabajo de Rodríguez Trujillo11.
En estas misiones, de acuerdo con los procesos de consolidación que se iban
dando al interior de la institución, se dieron tres fases de construcción (solo se
citan la fase uno y dos que son con las que más se encontraron coincidencias):
Primera fase: fueron construcciones precarias, erigidas después de las pri-
meras cabañas improvisadas, las sedes de las reducciones eran todavía inestables
y no definidas, a causa de las equivocadas elecciones iníciales y de las correrías de
las tribus no pacificadas. Un ejemplo de esto fue San Ignacio Guazú, la primera
reducción que se fundó, trasladada por primera vez en 1609, por segunda vez
el 1627 no lejos y nuevamente cambiada de lugar en 1667, cuando se asentó en
la que fue luego su sede definitiva.
…Los materiales de construcción utilizados para los primeros edificios fueron
troncos de árbol y encañado con barro, a veces ladrillos crudos (adobes para el
medio nacional), raras veces se utilizaban piedras. Los techos de los edificios
estaban cubiertos por paja, rudimentarios saledizos, también recubiertos de paja,
circundaban las distintas construcciones...12
Segunda fase: se empezó a adoptar un aspecto urbanístico más definido.
Este hecho se debió a que las reducciones comenzaron a concentrarse territorial-
mente y a adoptar un aspecto urbanístico más definido. Las precarias estructuras
edilicias, comenzaron a ser sustituidas por construcciones permanentes. Los
techos de los edificios fueron cubiertos de tejas, las paredes pasaron de la tierra
y del barro al ladrillo y los bloques de piedra.
La iglesia de San Luis, podría ser otro ejemplo de este período. Buschiazzo13
clasifica su fachada como de período intermedio, al anteponerse a la existente
de barro, una fachada de piedra, cubierta con el pórtico inicial. “Otro dato in-
11
Vladimir W. Rodríguez Trujillo, “Arquitectura de Madera en las misiones Jesuitas de Chi-
quitos Bolivia del siglo XVII y sus orígenes Prehispánicos y Europeos” (tesis de grado Univer-
sidad Politécnica de Barcelona, 2010).
12
Rodríguez, “Arquitectura de Madera en las misiones”. 165.
13
Mario Buschiazzo. et al. La arquitectura de las misiones de Paraguay, Moxos y Chiquitos
(1956): 696
[ 78 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Etnohistoria de Beltran y la capilla de la
Virgen de Nuestra Señora de la Canoa
teresante sobre este templo es la existencia de columnas salomónicas torneadas,
con grandes zapatas haciendo las veces de capitel. ...”14
Este modelo de construcción es muy semejante al encontrado en la ca-
pilla de Beltrán, coincide en la mayoría de los conceptos estructurales. Como
se puede apreciar en la foto, y en el levantamiento de la iglesia (Fig. 26 IZQ y
DER), conserva un patrón estructural similar al encontrado en la iglesia eje de
este trabajo;
Figura 26
(IZQ) Iglesia destechada Amaral. 1994, Primera Fase. (DER) Levantamiento, plano de la iglesia Tomado de
Rodríguez Trujillo W. 2010.
14
Rodríguez, “Arquitectura de Madera en las misiones”.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 53 - 81 [ 79 ]
José Manuel Rozo Sandoval
El concepto arquitectónico de la Iglesia de Beltrán, que se enmarcaría
dentro de esa primera y segunda fase de Rodríguez T, es el siguiente;
Consta de una sola nave y planta, presenta elementos importantes como lo serían,
la espadaña, su acceso delimitado por un arco de medio punto, un coro alto sobre
la entrada principal. Presbiterio y sacristía a continuación del muro testero, la nave
cuenta con diez y seis pies de amigo en madera de granadillo, con su sistema de
ménsulas que sirven de traslape al amarre sobre las vigas soleras, que dividen el
espacio entre y a la vez son el soporte de la estructura de la cubierta y del coro
alto en madera. La espadaña al igual que los muros pañetados se presentan en
color blanco, los dos cuerpos y tres vanos con arco de medio punto soportan cada
uno una campana15.
El sistema estructural está compuesto por muros de carga construidos en
adoquín crudo prensado (adobe), con sus pañetes inicialmente en barro, fibra
vegetal y cal. Los cabezales de los muros asumen la carga de una viga solera
sobre la que se apoya la cubierta. Con respecto al sistema estructural del muro,
hay que mencionar que en el muro norte se instalaron una serie de columnas
en ladrillo cocido que ayudaban en el soporte y resistencia de la estructura en
general, mientras que en el muro sur no se encontraron.
Los muros norte y sur presentan cada uno cuatro contrafuertes en ladri-
llo cocido. No existe un amarre estructural con los muros, por tal motivo se
encuentran separados, se ve en las uniones la presencia de cemento (obra que
se realizaría a mediados del siglo XX) con el fin de sellar las separaciones. El
sistema de cubierta es a dos aguas, su estructura es en madera rolliza (que son
modernas, en eucalipto industrial), reemplazadas en uno de los anteriores in-
tentos de restauración, con un sistema de cerchas simples para la conformación
de la nave y a su vez apoyada sobre los pies de amigo; está compuesta de pares,
tirantes y pendolones para soportar la esterilla de guadua a la vista que recibe
la teja de barro”16.
15
Descripción del autor, tomado del diario de campo. 63.
16
Descripción del autor, tomado del diario de campo.
[ 80 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Etnohistoria de Beltran y la capilla de la
Virgen de Nuestra Señora de la Canoa
Bibliografía
Buschiazzo M. et al. La arquitectura de las misiones de Paraguay, Moxos y Chiquitos. 1956.
Instituto Humboldt. (2012). Mapa de cobertura vegetal Tolima y Cundinamarca.
González-M., R. Isaacs, P., García, H. y Pizano, C. Memoria técnica para la verificación
en campo del mapa de bosque seco tropical en Colombia escala 1:100.000. Bogotá:
Instituto de Investigaciones de Recursos Biológicos “Alexander von Humboldt”
– Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, 2014.
Rodríguez Trujillo, W. Vladimir. “Arquitectura de Madera en las misiones Jesuitas de
Chiquitos Bolivia del siglo XVII y sus orígenes Prehispánicos y Europeos.” Tesis
de grado Universidad Politécnica de Barcelona 2010.
Rozo Sandoval, José Manuel. Prospección, monitoreo y salvamento arqueológico de la
“Iglesia de Nuestra Señora de la Canoa”, municipio de Beltrán, Departamento de
Cundinamarca. Informe Final. ICANH, 2017.
Documentos de archivo
Archivo General de la Nación (AGN), Bogotá-Colombia Sección Colonia, Fondo
Miscelánea, Vol. 39, Leg. 6 D. 7 Fecha inicial; 1670. Título: Visita a Ambalema;
disposición poblaciones, empadronamiento.
Archivo General de la Nación (AGN), Bogotá-Colombia Sección Colonia, Fondo Mis-
celánea, t. VI, folio 218 verso.
Archivo General de la Nación (AGN), Bogotá-Colombia Sección Colonia, Fondo Mis-
celánea, Tomo VI, Folio 218 recto.
Arquidiócesis de Ibagué, Colombia, Libro de Bautismos de 1837.
Despacho parroquial Ambalema Tolima, Libro de actas de bautismos, 1892.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 53 - 81 [ 81 ]
Boletín de historia y antigüedades /Vol. CVI, No 869, Julio - Diciembre de 2019
Trabajadores, salarios y precios en
Cartagena de Indias, 1750-1810.
Una aproximación al estudio del
mundo laboral de la plaza fuerte 1
Sergio Paolo Solano D2
Resumen:
Este artículo estudia la demanda de trabajadores por parte de los
sistemas de defensa, los salarios y el costo de vida, en Cartagena de In-
dias entre 1750 y 1810. El propósito es mostrar las características de un
mundo laboral que estaba más allá del taller artesanal y de las formas de
organización laboral que sobrepasaban a estos talleres, con sus jerarquías
de salarios que originaban estratificaciones entre los trabajadores, y cómo
1
Este artículo recoge y mejora varias ideas que ha desarrollado en otras publicaciones Sergio
Paolo Solano, “Trabajadores, jornales, carestía y crisis política en Cartagena de Indias, 1750-
1810”. Historia, 51, II, (2018): 549-588; “Gasto fiscal e inversiones en mano de obra libre en
Hispanoamérica. El caso de Cartagena de Indias (1750-1810)”. Anuario de Historia Regional y
de las Fronteras, 24, 2, (2019): 195-232; “El costo social de la república: los trabajadores de los
sistemas defensivos de Cartagena de Indias, 1750-1850”. Historia y Memoria, 18, (2019): 243-
287. Es resultado de la línea de investigación en historia económica y social desarrollada en el
Laboratorio de Investigación Histórica en Estudios Coloniales de la Universidad de Cartagena.
2
Doctor en Humanidades-línea Historia, Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa,
Ciudad de México. Profesor titular, Programa de Historia, Facultad de Ciencias Humanas, Uni-
versidad de Cartagena. Orcid: 0000-0003-1180-8163. Contacto: [email protected]
Cómo citar este artículo
Solano D., Sergio Paolo. “Trabajadores, salarios y precios en Cartagena de Indias,
1750-1810. Una aproximación al estudio del mundo laboral de la plaza fuerte”. Boletín de
Historia y Antigüedades 106: 869 (2019): 83-129
[ 83 ]
Sergio Paolo Solano D
los niveles salariales fueron afectados por diversas condiciones del abasto
de la ciudad, que se materializaban en los precios.
Palabras claves: sistemas de defensa, organización laboral, salarios,
Cartagena de Indias, siglo XVIII.
Workers, wages and prices in Cartagena de Indias, 1750-
1810. An approach to the study of the working world of
the Plaza Fuerte
Abstract: This article studies the demand for workers by defense
systems, wages and cost of living, in Cartagena de Indias between 1750
and 1810. The purpose is to show the characteristics of a world of work
that was beyond the artisanal workshop and the forms of labor organiza-
tion that surpassed them, with their hierarchies of wages that originated
stratification among workers, and how wage levels were affected by various
conditions of the city’s energy, which became real in prices.
Key words: defense systems, labor organization, wages, Cartagena
de Indias, eighteenth century.
Presentación
Con el propósito de analizar algunos aspectos que intervenían en el nivel
de vida de las gentes del común de Cartagena de Indias durante los años trans-
curridos entre 1750 y 1810, en este artículo se estudian los salarios de los traba-
jadores libres, los precios de los alimentos y, lo que algunos sectores pensaban
sobre los salarios, los precios y la carestía. Por razones de espacio no se incluye
el análisis del abasto, de las políticas de control de precios, costos de vestimentas
y viviendas y el análisis de la dieta, temas que en los últimos decenios se han
incluido de forma muy convincente en los estudios sobre los niveles de vida
de cualquier población. En efecto, varios modelos de la historia económica han
tomado las relaciones entre jornales y precios para determinar los niveles de vida
de los diversos sectores de la sociedad3. En los últimos años, con el propósito
de realizar ejercicios comparativos entre los habitantes de diversas partes del
3
Lyman Johnson y Enrique Tandeter (comps.), Economías coloniales. Precios y salarios en
América Latina, siglo XVIII (Buenos Aires: FCE, 1992).
[ 84 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Trabajadores, salarios y precios en Cartagena de Indias, 1750-1810.
Una aproximación al estudio del mundo laboral de la plaza fuerte
mundo, se han incrementado las variables que intervienen en ese tema. Toman-
do como universo de análisis a los trabajadores de la construcción, se presta
atención a los ingresos de la unidad familiar –teniendo en cuenta que varían
las proporciones de esta y el número de aportantes- y estos se han relacionado
con la cantidad de canastas de alimentos que podían comprar con los ingresos
anuales para determinar un nivel mínimo de subsistencia. El cálculo anual se
debe al calendario laboral y a que el trabajo preindustrial era intermitente. Como
el propósito de estos ejercicios es hacer comparaciones y conocer los momentos
en que algunas partes del mundo despegaron en crecimiento económico, se ha
establecido que el posible nivel de bienestar, que se mueve por encima o por
debajo del cálculo del grado mínimo de subsistencia, se puede establecer con
base en la dieta alimenticia (clases de alimentos y la cantidad de calorías consu-
mida por persona)4. Podrían agregarse otras variables como son las estrategias
familiares de subsistencia, el acceso a recursos de uso público y las formas de
vida comunitaria que permitían practicar la ayuda mutua5.
4
Robert Allen, “The great divergence in European wages and prices from the Middle Ages to
the First World War”. Explorations in Economic History, 38, 4, (2001): 411-447; Robert Allen,
Tommy Murphy & Eric Schneider, “The colonial origins of the divergence in the Americas: A
labor market approach”. The Journal of Economic History, 72, 4, (2012): 863-894; Leticia Arroyo,
Elwyn Davies & Luiten van Zanden, “Between conquest and independence: Real wages and
demographic change in Spanish America, 1530-1820”. Explorations in Economic History, 49,
2, (2012): 149-166; Rafael Dobado y Héctor García. “El bienestar económico y biológico en la
América borbónica: una comparación internacional de salarios y estaturas”, en Jorge Gelman,
Enrique Llopis y Carlos Marichal (coords.), Iberoamérica y España antes de la independencia,
1700-1820. Crecimiento, reformas y crisis (México: Instituto Mora/Conacyt/Colmex, 2014),
481-523; Amílkar Challú & Aurora Gómez-Galvarriato, “Mexico’s real wages in the age of
the Great Divergence, 1730-1930”. Revista de Historia Económica/Journal of Iberian and Latin
American Economic History, 33, 1, (2015): 83-122; Manuel Llorca-Jaña & Juan Navarrete, “The
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colonial period, 1788-1808”. Investigaciones de Historia Económica/Economic History Research,
11, 2, (2015): 80-90; Andrés Calderón, Mirando a Nueva España en otros espejos. Cuatros ensa-
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Enriqueta Quiroz, Economía, obras públicas y trabajadores urbanos Ciudad de México: 1687-
1907 (México: Instituto Mora, 2016); Cecilia Restrepo, La alimentación en la vida cotidiana del
Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario 1653-1773 1776-1900 (Bogotá: Ministerio de
Cultura, 2012).
5
Enrique Llopis, “España, la ‘revolución de los modernistas’ y el legado del Antiguo Régi-
men”, en Enrique Llopis (coord.), El legado económico del Antiguo Régimen en España. Bar-
celona: Crítica, 2004, 11-76.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 83 - 129 [ 85 ]
Sergio Paolo Solano D
Sobre Colombia contamos con algunos avances sobre jornales, precios,
abastos de ciudades, alimentación de sus habitantes, estados de salud y circulación
monetaria6, sin embargo la situación de los estudios y las exploraciones de las
fuentes de archivos aún sigue siendo deficiente para aventurarse a ejercicios deta-
llados sobre la dieta como el realizado por Enriqueta Quiroz y Andrés Calderón
para Ciudad de México7. Linda Newson y Susie Minchin, con base en los libros
de contabilidad de un traficante negrero de los años de 1620, han reconstruido
la dieta de los esclavos bozales que llegaban a Cartagena provenientes de las
costas de África, a los que se sometían a unos cortos meses a la recuperación,
para luego ser trasladados a otros confines de Hispanoamérica8. Alexander
O’Byrne9 analizó algunos problemas del abasto de esta ciudad contrastando las
condiciones benignas del suelo de la provincia de Cartagena y los intereses de
los comerciantes en solicitar la apertura a las importaciones extranjeras que,
según su interpretación, los llevó a no prestarle atención a la agricultura.
Se han escogido los salarios de algunos sectores homogéneos de trabajadores
como eran la gente de la mar, los de maestranza de artillería, de las fortifica-
ciones y del apostadero de la marina. También fueron seleccionados precios de
artículos de consumo regular entre la población y entre soldados y marineros
que recibían provisiones de alimentos. El análisis fue desarrollado combinan-
6
Hermes Tovar, “Algunos aspectos de la sociedad rural en Colombia (siglos XVIII-XlX)”, en
Historia económica de Colombia: un debate en marcha. Bogotá: Instituto de Estudios Colom-
bianos-Banco Popular, 1979, 91-122; Grandes empresas agrícolas y ganaderas (Bogotá: CIEC,
1980); “El salario de los trabajadores rurales en la Nueva Granada durante el siglo XVIII”.
Jahrbuch für Geschichte Lateinamerikas, 24, 1987: 353-375; René de la Pedraja, “Cambios en
el nivel de vida de las clases trabajadoras de la Nueva Granada a finales del siglo XVIII”, en
Ensayos sobre historia económica colombiana (Bogotá: Fedesarrollo, 1980), 73-98; Adriana Al-
zate, “Militares, marineros y pobres enfermos. Contribución a la historia del hospital San Juan
de Dios de Cartagena de Indias (siglo XVIII)”. Asclepio. LX, 1, (2008): 203-236; “Comer en el
hospital colonial: apuntes sobre la alimentación en tres hospitales neogranadinos a finales del
siglo XVIII”. Historia Crítica, 46, (2012): 18-42; Gregorio Saldarriaga, Alimentación e identida-
des en el Nuevo Reino de Granada, siglos XVI-XVII (Bogotá: Universidad del Rosario, 2011);
Roberto Ojeda, “Abastecimento de Santafé antes da independencia. A propósito de la tienda de
Llorente”. Tabula Rasa, 8, (2008): 147-175; Milena Ortiz, Abastecimiento alimentario en San-
tafé colonial (Bogotá: tesis carrera de historia-Universidad Javeriana, 2009); James Torres, “El
comportamiento de los precios en una economía preindustrial: Popayán, virreinato de Nueva
Granada, 1706-1819”. Cuadernos de Economía, 34, 66, (2015): 629-680.
7
Enriqueta Quiroz, Entre el lujo y la subsistencia: mercado, abastecimiento y precios de la carne
en la ciudad de México, 1750-1812 (México: tesis doctoral Colmex, 2005); A. Calderón, Miran-
do a Nueva España en otros espejos, 127-226.
8
Linda Newson y Susie Minchin, “Cargazones de negros en Cartagena de Indias en el siglo
XVII: nutrición, salud y mortalidad”, en Haroldo Calvo y Adolfo Meisel (eds.), Cartagena de
Indias en el siglo XVII (Cartagena: Banco de la República, 2007), 207-243.
9
Alexander O’Byrne. “El desabastecimiento de géneros agrícolas en la Provincia de Cartage-
na de Indias a fines del período colonial”. Historia Crítica, 50, (2013): 59-79
[ 86 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Trabajadores, salarios y precios en Cartagena de Indias, 1750-1810.
Una aproximación al estudio del mundo laboral de la plaza fuerte
do cuantificaciones sobre salarios y precios, con análisis cualitativos sobre la
dieta común, las políticas de abasto de la ciudad y las situaciones naturales y
económicas que lo favorecían u obstaculizaban, y sus incidencias en el costo de
alimentos, vestidos y viviendas. La información de archivos y la historiografía
analizada permiten proponer tres ideas centrales:
1) Durante la segunda mitad del siglo XVIII, sectores de trabajadores
calificados alcanzaron cierta estabilidad en sus colocaciones y mejoraron sus
salarios, mientras que los jornales de los no calificados no siguieron los ritmos
de incrementos de los de aquellos. El calendario laboral de la época más los
enganches laborales circunstanciales de la mano de obra no calificada, además
de ahondar los desniveles en los salarios, produjeron contrastes en los niveles
de vida de los operarios.
2) El calendario de la ciudad vivió años de abastecimiento normales y años
de escasez, en especial desde los años de 1780 en adelante cuando afrontó serias
dificultades para abastecer de alimentos a la población. La escasa productividad
del hinterland inmediato a la ciudad, periodos de intensas lluvias o de sequías,
las especulaciones de intermediarios y acaparadores, el surgimiento de nuevas
áreas que demandaban alimentos, la búsqueda de mercados más rentables por
medio del contrabando y el surgimiento de una nueva mentalidad que empe-
zaba a reclamar que los precios se liberaran al libre juego del mercado, fueron
factores que se combinaron en diversos grados y con distintas intensidades
para afectar el abasto de alimentos y sus precios. Las políticas para garantizar
el aprovisionamiento de la ciudad en tiempos de escasez y de control de precios
fallaron, tanto por la interposición de los intereses de los comerciantes-especu-
ladores, como porque las relaciones de las autoridades y élites con los sectores
subordinados cambiaron, transitando de normas basadas en criterios del bien
común a las fundadas en la libertad del mercado. A esto se sumó la situación
inflacionaria que vivió la Nueva Granada.
3) Por las anteriores razones durante el tránsito entre los siglos XVIII y
XIX las mejoras salariales logradas por los trabajadores calificados se vieron
sometidas a la continua amenaza de la pérdida de su poder adquisitivo debido
a las sucesivas alzas de los precios de los productos de primera necesidad, lo
que fue mucho más grave para los trabajadores no calificados.
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Sergio Paolo Solano D
El periodo seleccionado (1750-1810) fueron años de agudización de las
guerras entre España y otras potencias imperiales en el mar Caribe. En conse-
cuencia, la corona invirtió muchos recursos en construir y reparar los sistemas
de defensa de la plaza fuerte y de su bahía interior, lo que a su vez redundó en
una mayor demanda de mano de obra, el incremento de la población estaciona-
ria debido al aumento de la tropa y la llegada de compañías peninsulares, a los
matriculados de la mar y a trabajadores que venían de las comarcas aledañas.
24 de los 60 años que comprende el periodo estudiado, es decir el 40%, fueron
de guerras con Inglaterra: 1761-1763, 1778-1783, 1796-1802 y 1804-1808; y
con Francia: 1792-1794). Por tanto, fue un periodo de preparativos y de mo-
vilización de recursos materiales y humanos para posibles confrontaciones.
Igual sucedía cuando se temía el fracaso de las negociaciones que se entabla-
ban con otras potencias, como sucedió en 1792 cuando la Corona de España
negociaba infructuosamente con el gobierno de Francia un posible pacto. La
nueva dimensión de los conflictos interimperiales europeos obligó a cambiar
la geoestrategia política y militar de la Corona española en el Mar Caribe con
la reforma militar de 1769. En adelante, y en el caso de Cartagena, el área que
tenía bajo su jurisdicción marítima y militar estuvo formada tanto por la plaza
fuerte, como por amplio territorio que iba desde la península de la Guajira
hacia barlovento, llegando hasta el Darién. Es decir, en 1786 Cartagena era el
corazón de la defensa militar de una larga franja del litoral Caribe que hoy día
forma parte de Colombia y Panamá.
Para analizar el mundo de los trabajadores de ese periodo se ha utilizado
información de varios fondos del Archivo General de la Nación de Colombia
(AGN), del Archivo General de Simancas (España), del Archivo General de
Indias (España) y del Archivo General de la Marina (Álvaro Bazán) de España.
Numerosos listados de trabajadores en los que se registraron sus nombres, sus
oficios, las jornadas laboradas y los jornales devengados por semanas y por
meses, como también de reconocimientos de raciones a los esclavos del rey
y a los desterrados condenados a trabajos forzosos en Cartagena, constituyen
la materia prima de mi análisis. La mayoría de esa información reposa en los
fondos Guerra y Marina, Milicias y Marina, Miscelánea y Virreyes del AGN.
Sobre las trabajadoras de la Real Fábrica de Cigarros (1778-1808) han sido
útiles los informes de los funcionarios que estuvieron al frente de esta entidad,
los que reposan en el fondo Administración de Tabacos del AGN, y los que
contienen datos útiles para promediar los jornales percibidos por concepto de
producción semanal de atados de cigarros. Para lo relativo al aprovisionamiento
de productos alimenticios, se empleó la información contenida en los fondos
[ 88 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Trabajadores, salarios y precios en Cartagena de Indias, 1750-1810.
Una aproximación al estudio del mundo laboral de la plaza fuerte
Abastos, Aduanas, Alcabalas, Cabildos, Lazaretos, Miscelánea, Policía, Milicias y
Marina, Virreyes, Guerra y Marina del AGN. Los precios fueron extraídos de las
compras hechas por el apostadero de la marina para proveer las tripulaciones de
los barcos, y las realizadas por los hospitales de San Juan de Dios y el Lazareto
de Caño Loro, ambos de Cartagena. Se trataba de precios por compras al por
mayor y, como ya ha indicado la historiografía sobre precios, no necesariamente
los valores de compra de grandes volúmenes se correspondían de forma auto-
mática con los precios al por menor. Las dietas se tomaron de informes sobre
raciones de marineros, soldados y enfermos de los mencionados hospitales. Los
resultados obtenidos permitieron cruzar los jornales con las expectativas de
consumo en el nivel de los alimentos y con los gastos para determinar el nivel
de vida de los trabajadores en la esfera primaria del sustento diario, la vivienda
y el vestido. Y por último es preciso señalar que la inexistencia de los archivos
locales de Cartagena de Indias impide conocer algunos aspectos importantes
sobre el nivel de vida de las gentes del común.
1. Trabajadores, ritmos de trabajo, jornales, capacita-
ción laboral y necesidades de las defensas
Durante la segunda mitad del siglo XVIII los sistemas defensivos (forti-
ficaciones, apostadero de la marina y artillería) de Cartagena de Indias cons-
tituyeron la principal fuente de trabajo de una amplia franja de sus habitantes.
Una importante proporción de los dineros que invirtió la Corona en su cons-
trucción y mantenimiento se destinó al pago de la mano de obra contratada
para reparar y construir fuertes, baluartes, murallas y depósitos, como también
para reparar y mantener la artillería, la pequeña flota de guardacostas y otros
barcos de la marina real que arribaban al puerto, para el pago de la marinería
y de las raciones diarias que se entregaban a esclavos del rey y presos forzados
destinados a trabajar en las fortificaciones. A esto se agrega que entre 1778 y
1805 funcionó la Real Fábrica de Cigarros de Cartagena, que empleaba a casi
200 mujeres (ver tabla 1).
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 83 - 129 [ 89 ]
[ 90 ]
Fortificaciones
1807
1770 1782-1783 1792 1793 1796-1797 1801-1802
1808
Trabaja- Trabaja- Esclavos Trabaja- Trabaja- Trabaja- Escla- Trabaja- Trabaja-
Esclavos Pre- Esclavos Pre- Esclavos
dores dores del rey Presos dores Presos dores dores vos dores Presos dores
del rey sos del rey sos del rey
libres libres libres libres libres del rey libres libres
Sergio Paolo Solano D
524 171 364 410 57 50 136 67 56 417 387 50 146 130 7 212 215
Apostadero de la marina
Marinería
1763 1769 1778 1785 1789 1808 1809
327 631 342 184 1216 505 468
Trabajadores del Apostadero de la Marina
1778 1782-1783 1786 1787 1792 1798 1809
Cartagena 1763-1808
97 115 250 167 146 117 635
Artillería
1782 1788 1789 1792 1796 1804 1808
62 45 22 37 46 37 36
Trabajadoras Real Fábrica de Cigarros
1779 1785 1798 1804
115 192 209 221
Tabla 1: Trabajadores en sistemas defensivos y Real Fábrica de Cigarros,
Boletín de Historia y Antigüedades
Trabajadores, salarios y precios en Cartagena de Indias, 1750-1810.
Una aproximación al estudio del mundo laboral de la plaza fuerte
Fuentes tabla página anterior: elaboración del autor a partir de: Archivo General de Indias (AGI),
Sección Estado, leg.54, exp.4, fs.1r.-4v.; Sección Mapas y Planos, leg.217; AGN, SC, Miscelánea,
t.120, doc.6, fs.21r.-30v.; AGN, SC, Milicias y Marina (MM), t.3, doc.58, fs.801r.-821v., y doc.59,
fs.822r.-860v.; t.5, doc.7, fs.129r.-133v.; t.8, doc.34, fs.606r.-610v.; AGN, SAA I-16, Guerra y Marina
(GM), leg.23, carpeta 6, fs.235r.-248r., 266r.-268r., 286r., 323r.; leg.24, carpeta 8, fs.150r.-171v.;
leg.28, carpeta 1, fs.54r.-57v.; leg.42, carpeta 9, fs.468r.-493v.; leg.44, carpeta 3, fs.108r.-110v.;
leg.46, carpeta 2, fs.211r., 215r., 227r., 230r.; leg.52, carpeta 4, f.637r.; leg.56, carpeta 2, fs.676r.-
776r.; leg.59, carpeta 1, fs.675r.-791v.; leg.72, carpeta 3, fs.477r.-480r; leg.85, carpeta 1, fs.15r.-16v.;
leg.90, carpeta 1, fs.4r., 7r., 8r.; leg.100, carpeta 2, fs.288r.-290v., y 460r.-469r.; Archivo General
de Simancas, Sección Secretaría de Estado y Despacho de Guerra (AGS, SEDG), leg.7236, exp.9;
leg.7239, exp.20; leg.7240, exps.21 y 41; Muriel Vanegas Beltrán, Sergio Paolo Solano y Johan Torres,
“Real Fábrica de Cigarros de Cartagena de Indias, 1778-1805” (2020). (artículo en evaluación).
Cada frente de la defensa tenía sus especificidades laborales determinadas
por la capacitación de la mano de obra, las técnicas y los materiales utilizados,
el número de trabajadores ocupados y los salarios pagados. Aunque todas las
obras de la defensa requirieron de trabajadores capacitados, en el apostadero de
la marina y en la maestranza de la artillería fue más alta la proporción de estos
dada las características de las labores que ahí se realizaban. Las actividades en
el apostadero giraban en torno a los carpinteros de ribera y calafates, y en las
de la artillería descansaban sobre los herreros, fundidores y carpinteros de lo
blanco. Y aunque las fortificaciones demandaban de trabajadores calificados,
en especial albañiles y carpinteros de lo blanco, una gran proporción de sus
operarios tenían baja calificación. En estas también estaban los esclavos del rey
y los presos condenados a trabajos forzados.
En términos generales los trabajadores de las defensas se clasificaban en
empleados y operarios. Las funciones de los primeros eran establecidas por las
distintas ordenanzas reales que regían a esos sistemas, sus ingresos eran defi-
nidos como sueldos, y administraban los materiales empleados y la mano de
obra. Los segundos eran los trabajadores manuales organizados y jerarquizados
de acuerdo con sus capacitaciones, los frentes en los que laboraran, las fases de
los trabajos en las obras, los cargos que desempeñaran y la disponibilidad de
presupuestos. Bajo la dirección de los ingenieros en las fortificaciones estaban
sobrestantes, interventores, capataces, algunos maestros mayores (albañilería,
carpintería de lo blanco y de ribera, calafates, herrería, herramenteros, canteros,
talladores), oficiales, carreteros, peones en cada oficio, cuidadores de las bestias
de cargas, vigilantes, esclavos del rey, presos condenados a trabajos forzosos y
en pocas ocasiones soldados profesionales10.
10
Ordenanza de Su Majestad para el servicio del cuerpo de ingenieros en guarnición y campaña,
tomo cuarto (Madrid: Oficina de Antonio Marín, 1768), 67-138.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 83 - 129 [ 91 ]
Sergio Paolo Solano D
También estaban los patronos y remeros de las pequeñas embarcaciones
que transportaban materiales, armas y pertrechos y al personal que trabajaba
en las distintas obras. Estas unidades de transporte requerían constantes repara-
ciones por lo que cada frente de trabajo poseía sus propios carpinteros de ribera
y calafates y periódicamente se contrataban veleros para reparar los velámenes.
El grueso de los trabajadores se empleaba en faenas rudas, como transportar
materiales pesados, mover carretas, cavar la tierra para los cimientos de las
construcciones, extraer piedras de las canteras, desmontar malezas y árboles
en alrededores de las fortalezas, mover embarcaciones, manejar cabrias, aten-
der a las bestias de carga. En algunos listados se les registraron como trabajos
varios11. Las actividades dependían de si era construcción de nuevos fuertes y
lienzos de murallas o de si solo eran reparaciones o reformas. Y ambas fases a
su vez estaban en función de si eran labores iniciales o de si estaban en la etapa
final. El empleo de canteros y albañiles y la intensificación de los trabajos en las
ladrilleras y en los hornos de cal era significativo en la primera fase de la obra,
para luego darle paso a los carpinteros y herreros.
En el apostadero de la marina los trabajos eran constantes y las refacciones
de embarcaciones dependían de sus dimensiones, del deterioro sufrido por
los cascos, arboladuras y velámenes. Estas actividades demandaron el mayor
número de trabajadores con altas capacitaciones que se encargaban de dar per-
manentes calafateos, cambios de trinquetes y vergas, pintura, construcción de
fogones, cambios de faroles y de cordeles, y remiendos de velámenes. De igual
forma, requirieron de la presencia de guardalmacenes, contramaestres, y de
maestranzas organizadas por oficios (carpinteros de ribera, calafates y veleros),
a los que se sumaban faroleros, aserradores, pintores, con sus maestros mayores
de oficios y peones12.
11
Archivo General de la Nación-Colombia (AGN), Sección Archivos Anexos (SAA)-I, Guerra
y Marina (GM), leg.24, carpeta 8, f.150r.
12
Ordenanzas de Su Majestad para el gobierno militar, político y económico de su armada naval
(Madrid: Imp. de Juan Zúñiga, 1748); Ordenanza de Su Majestad para el mejor método de con-
servación de los pertrechos de los bajeles de la Real Armada y el mando militar de los arsenales
de la marina (Madrid: Imp. de Pedro Marín, 1772); Ordenanza de S. M. para el servicio de su
cuerpo de ingenieros de marina en los departamentos, y a bordo de los navíos de guerra. Año de
1772 (Madrid: Oficina de Pedro Marín, 1772), 62-96; Ordenanza de S M para el Gobierno Mili-
tar y Económico de sus Reales Arsenales de Marina (Madrid: Imp. de Pedro Marín, 1776), 380-
409; Ordenanzas generales de la armada naval, tomo II (Madrid: Imp. de la viuda de Joachín
Ibarra, 1793), 291-340; Ordenanza de S M para el gobierno económico de la Real Hacienda de
Marina (Madrid: Imp. Real, 1799); Ordenanza dividida en catorce reglamentos que S M manda
observar en el Real Cuerpo de Artillería para sus diferentes ramos de tropa, cuentas y razón y
fábricas, tomo I (Madrid: Imp. Real, 1802), 343-348; AGN, SC, MM, t.84, doc.76, fs.466r.-480r.
[ 92 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Trabajadores, salarios y precios en Cartagena de Indias, 1750-1810.
Una aproximación al estudio del mundo laboral de la plaza fuerte
En la maestranza de artillería se construían cureñas para los cañones,
avantrenes y carricoches para transportarlos, fabricación de barriles y de otros
implementos, los que demandaban trabajos de herrería, fundición y carpintería.
Esta maestranza estaba organizada de acuerdo con el modelo español: direc-
tor de maestranza, guardalmacén, sobrestantes, maestro mayor de montajes,
maestro armero, sargentos de obreros, cabos de obreros, maestros de fraguas y
peones13. Y los talleres de armería del Regimiento Fijo reparaban fusiles, espa-
das, cuchillos y machetes.
En la base de cada labor estaban los peones que se ocupaban en diferentes
funciones. En algunos como la carpintería de lo blanco y la herrería se laboraba
con base en maestros y oficiales, y en ciertas ocasiones se mencionan a los apren-
dices, también llamados mozos, término que se empleaba como sinónimo de
peones. En otros, como la albañilería, además de los anteriores, se necesitaban
de gruesas cantidades de peones. Y en otros, como la carpintería de ribera y la
calafatería que laboraban en los barcos y con materiales de grandes proporcio-
nes (maderas pesadas utilizando cabrias), los peones podían estar presentes de
acuerdo con las necesidades.
Durante el periodo estudiado variaron las cantidades de dineros de la
Corona destinadas al pago de mano de obra en total de los gastos hechos en
las defensas14. Como era típico en las sociedades preindustriales, predominaba
el trabajo basado en la pericia y en la fuerza muscular humana y animal, y el
componente tecnológico era bajo cuando lo comparamos con las sociedades
del capitalismo fabril moderno. Esto implicaba destinar gruesas sumas para la
contratación de mano de obra. En los trabajos de fortificaciones se distinguían
las grandes obras (construcción de fuertes y baterías y de largos tramos de mu-
ralla o de la escollera de Bocagrande), de los trabajos menores de reparaciones y
mantenimientos. En 1782, con una inversión total que ascendió a 99.000 pesos
en los trabajos del cierre de Bocagrande y en las canteras de Albornoz y Caño
Loro que proveían de piedras, los jornales alcanzaron el 50% de esa suma15. De
los 130.000 pesos invertidos en 1785, 117.400 pesos se gastaron en los trabajos
del cierre de Bocagrande y en las 3 canteras (Albornoz, Caño Loro y Tesca),
y el monto anual en jornales constituyó el 53% del total16. En el segundo se-
mestre de 1791, cuando ya las finanzas empezaban a mostrar agotamiento y
13
Ordenanza dividida en catorce reglamentos, 1802, t.II, 199-240; Reglamento 1° y 2° del Real
Cuerpo de Artillería para los dominios de Indias y Canarias (Madrid: Imp. Real, 1808), 86-94;
AGN, SC, MM, t.31, doc.150, fs.963r.-972r.; AGN, SC, Virreyes, t.8, doc.4, ff.63r.-64r.
14
Solano, “Gasto fiscal e inversiones”, 195-232.
15
AGN, SAA-I, GM, leg.24, carpeta 8, fs.149r.-518r.
16
AGN, SAA-I, GM, leg.34, carpeta 5, fs.73r.-446r., 624r.-672r.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 83 - 129 [ 93 ]
Sergio Paolo Solano D
se establecieron restricciones, las inversiones en el pago de un promedio de 39
trabajadores libres empleados en la construcción de la muralla de Santa Clara y
en la cantera de Caño Loro se restringieron de forma significativa a un 21,5%17.
Del presupuesto gastado en el primer semestre de 1797, el 66,1% correspondió
al pago de jornales. A esto hay que agregar que en las labores de extracción de
arenas del Canal de Bocachica y del foso del fuerte de San Fernando, adscritas a
los presupuestos de las fortificaciones, se invirtieron 5.450 pesos, destinándose
el 58,7% a los jornales de un promedio de 46 operarios18.
En los trabajos de reparaciones y otras obras menores los gastos en jornales
también eran altos. En el primer semestre de 1782, dentro de las labores en las
fortificaciones de la plaza y en las situadas en la bahía, la mano de obra repre-
sentó el 61,7% del total invertido (4.759 pesos)19. Tres años después, en 1785,
de la suma total de 130.000 pesos, 12.600 se emplearon en las reparaciones en
la plaza y los exteriores (en la Muralla Real del Mar del Norte, batería de San
Sebastián del Pastelillo, puentes del revellín de la Media Luna, Casa Real de la
Aduana, Castillo de San Felipe, almacenes de la plaza y del Bosque, tendales de
las murallas, composición del muelle y limpieza del foso del baluarte de Santo
Domingo, carenas de embarcaciones menores que atendían las necesidades de
las fortificaciones, transporte de materiales y trabajadores y la repartición de
agua). De esa suma el 73,3% correspondió a jornales20. En el segundo semestre
de 1787, de 8.568 pesos que se utilizaron en reparaciones en la plaza y sus alre-
dedores, el 70,7% se destinó a jornales21.
Cercanas a esas inversiones en mano de obra se encuentran los presu-
puestos calculados o ejecutados en otras construcciones y reparaciones de
edificaciones. Por ejemplo, en 1755 se tasó en un 29% el costo de los jornales
en la construcción de un tendal con sus respectivas fraguas para la herrería y
los dispositivos de fundición para las necesidades de las fortificaciones22. En
1792 las cuentas por concepto de las reparaciones del cuartel de la artillería
arrojaron que el 39,7% del importe total de la obra se invirtió en el pago de
jornales23. Entre 1792 y 1794, los salarios cancelados en la construcción del
Cuartel del Fijo (excluyendo a los aserradores empleados en la extracción de
maderas a la altura de la parroquia de San Estanislao y el costo del terreno),
17
AGN, SAA-I, GM, leg.59, carpeta 1, fs.564r.-718v.
18
AGN, SAA-I, GM, leg.72, carpeta 3, fs.432r.-585r.; AGN, SC, Miscelánea, t.115, doc.11,
fs.226r.-v.
19
AGN, SAA-I, GM, leg.24, carpeta 8, fs.526r.-616v.
20
AGN, SAA-I, GM, leg.34, carpeta 5, fs.73r.-446r., 624r.-672r.
21
AGN, SAA-I, GM, leg.45, carpeta 9, fs.705r.-782r.
22
AGN, SC, MM, t.81, doc.74, fs.558r.-559r.
23
AGN, SC, MM, t.65, doc.38, fs.257r.-258r.
[ 94 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Trabajadores, salarios y precios en Cartagena de Indias, 1750-1810.
Una aproximación al estudio del mundo laboral de la plaza fuerte
representó el 29% del costo total de la edificación24. Entre 1793 y 1794 en la
construcción de las 24 Bóvedas de la muralla de Santa Catalina destinadas para
alojar tropas, la suma de los jornales ascendió al 46% del total de la inversión25.
En 1798, en la reparación de la Casa de la Aduana el pago a los trabajadores se
calculó en el 28,6% de la cantidad requerida26. y en un nuevo cálculo realizado
en 1799 ascendió a 30,5%27. En 1802 en los trabajos de reparación del claustro
de La Merced los jornales representaron el 35% de lo invertido28. Entre 1778 y
1805 del total de gastos de la Real Fábrica de Cigarros en promedio lo salarios
representaron el 33% de lo invertido en esa factoría29.
A lo largo de cada año los trabajos en las defensas tenían sus ritmos acordes
con el calendario laboral y con una diversidad de factores que marcaban las ac-
tividades de cada frente. El calendario de los días laborales se fue modificando
en detrimento de los días festivos. Para finales del siglo XVII había 123 días
festivos (69 en total más los 54 domingos, el 34% de los días del año)30, pero
en 1689 Gil de Cabrera y Dávalos, presidente de la Nueva Granada, expidió un
decreto con el fin de que solo se celebraran los días de fiestas señalados por la
iglesia y consagrados en la Nueva Recopilación de las Leyes de Indias de 1681,
reduciéndolos a 43 días de fiestas religiosas fijas y 6 móviles, para un total de
49, los que sumado a los 54 domingos daba un total de 103 días no laborables
(28,2% del total del año)31. Finalizando la siguiente centuria se habían reducido
a 82 días (28 fiestas religiosas más los 54 domingos), los que coincidían con los
282-284 días al año trabajados por algunos pintores de la Expedición Botánica
durante el periodo comprendido entre 1787 y 181032.
En los ritmos de trabajo también intervinieron las cambiantes condiciones
climáticas. Entre diciembre y abril los fuertes oleajes producidos por los vientos
alisios del nordeste-suroeste afectaron y hasta detuvieron los trabajos en las
fortificaciones que daban hacia la mar, como sucedió en varias ocasiones con
la construcción de la escollera submarina para el cierre de Bocagrande y la mu-
ralla de la Marina comprendida entre los baluartes de Santa Catalina y el de la
24
AGN, SC, MM, t.21, doc.55, fs.488r.-491r.
25
AGN, SC, MM, t.65, doc.86, f.519r.
26
AGN, SC, Aduanas, t.21, doc.9, fs.294r.-299r.; t.10, doc.11, fs.509v.-511r.
27
AGN, SC, Aduanas, t.21, doc.19, fs.334r.-336r.
28
AGN, SC, Real Audiencia-Bolívar, t.1, doc.22, fs.763r.-v.
29
Vanegas B., Solano y Torres, “La Real Fábrica de Cigarros de Cartagena”.
30
AGN, SC, Historia Eclesiástica, t.2, doc.56, fs.972r.-978v.; AGN, SC, Tributos, t.18, doc.28,
fs.851v., 854r.-v.
31
AGN, SC, Historia Eclesiástica, t.2, doc.56, fs.978r.-980v.
32
Ver jornadas de trabajo y salarios de la Expedición Botánica en: AGN, SAA-I, Asuntos Im-
portantes, leg.2, doc.9, fs.714r.-797r., 804r.; leg.2, doc.12, fs.922v-970v.; leg.2, doc.15, fs.1065v.,
1069r.-v.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 83 - 129 [ 95 ]
Sergio Paolo Solano D
Cruz33. Daños en los implementos también afectaron las labores, como sucedió
a finales de 1776 cuando la escasez de materiales y los daños en los martinetes
y en las embarcaciones que transportaban las grandes rocas afectaron las obras
de la escollera submarina de Bocagrande. En ese año también incidió los con-
troles presupuestales establecidos (entrega por parte de las cajas reales de solo
$8.000 pesos cada mes), y el aumento de los precios en los productos de primera
necesidad debido a la escasez de maíz, lo que ahuyentó a los trabajadores y di-
ficultó alimentar a las bestias que se utilizaban en los trabajos de las canteras34.
Pero, como contrapartida, los periodos de intensas lluvias o de fuertes vientos
favorecían las labores de reparación de barcos en el apostadero de la marina, al
sufrir daños en sus estructuras, arboladuras y velámenes.
Dependiendo de la disponibilidad de recursos y de las necesidades de
contar con defensas, cuya construcción y mantenimiento eran estimuladas
durante las coyunturas de preparativos para las guerras, los trabajos se intensi-
ficaban o disminuían. En las fortificaciones la jornada laboral podía extenderse
de lunes a sábado. Durante los años de 1750, cuando se construían los fuertes
de San Fernando y San José de Bocachica y Castillo Grande en Bocagrande, se
trabajaban 26 días al mes. En 1751 el ingeniero director de las reales obras de
fortificaciones recibió la orden de que se trabajara “[…] sin reservación de los
festivos días se construyen para las fábricas y fortificaciones de S M, que así en
el Castillo Grande como en el de Bocachica se trabaja […]”35. En otras ocasiones
las faenas iban de domingo a domingo, como sucedió en 1787, año de intensas
labores36. Y nuevamente en 1797 se trabajó en los 30 días de cada mes37. Una
declaratoria de guerra con otro imperio podía desatar un ritmo febril en las
labores para la defensa de la ciudad.
No obstante, en otras oportunidades la intensidad del trabajo podía redu-
cirse, demandando pocos trabajadores y laborando pocos días de la semana.
1791 fue un año de dificultades económicas para las fortificaciones debido a las
medidas asumidas por el virrey José de Ezpeleta quien, en el marco de la crisis
fiscal del imperio, redujo los aportes para las fortificaciones de 5.000 a 2.500
33
AGI, Mapas y Plano-Panamá, 122; AGS, SDEG, leg.7237, exp.55.; AGN, SC, MM, t.63,
doc.24, fs.106r.-107v.
34
AGN, SC, MM, t.63, doc.24, fs.106r.-107v.
35
AGN, SAA-I, GM, leg.6, carpeta 2, f.21r.
36
AGN, SAA-I, GM, leg.42, carpeta 9, fs.475r., 476v., 482v.-486v.; 492v.-493r.; 737r., 746v.,
833r.-835r., 837r.-839r., 841r.-v., 843r.-848v., 849r.-850r., 851r., 853r., 855r., 857r.; leg.43, car-
peta única, fs.138r., 140r.-v., 142r., 144r., 146r., 148r., 150r.-v., 152r.-157v., 262r.-263v., 264r.-v.,
272v., 271r., 272r., 365v., 367v., 372r., 433r.- 434r., 444r.-445r., 509v., 511v., 517r., 579v., 585r.-v.,
587v., 673v., 675v., 673v., 675v., 681r., 833r., 835v., 840r.-v., 1130r.
37
AGN SAA-I, GM, leg.72, carpeta 3, fs.437r.-441v.
[ 96 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Trabajadores, salarios y precios en Cartagena de Indias, 1750-1810.
Una aproximación al estudio del mundo laboral de la plaza fuerte
pesos mensuales38. En nueve meses de ese año apenas se invirtieron 18.892 pesos
en levantar la muralla de Santa Clara y en los trabajos en la cantera de Caño
Loro que la aprovisionaba de piedras, trabajando un promedio de 40 operarios
por mes, al lado de 70 esclavos del rey y de 130 presos forzados39. Pero en 1797,
año de preparativos por la guerra con los ingleses, en el primer semestre las
inversiones aumentaron alcanzando los 25.219 pesos/mes, con un promedio
mensual de 329 trabajadores que laboraron en reparaciones de las baterías de
San Andrés, San Pablo, San José de Bocachica, foso de la Media Luna, cocinas
de la plaza de armas de Santa Catalina, cuidado de las bestias de carga, embar-
caciones para transportar materiales y personal, cantera de Caño Loro y en la
batería de Palo Alto, a la altura de la Boquilla, al norte de la ciudad40.
Los salarios de los trabajadores que laboraban para las instituciones militares
se establecían de formas distintas a los pactados con los particulares. Con estos,
los jornales se ajustaban en función de la capacitación, de la naturaleza de las
labores, de la valoración que hacía de su trabajo, del peso de las costumbres y de
las negociaciones, no exentas de conflictos, entre las partes. Para los maestros
la negociación estaba en una escala que iba entre los 16 y los 8 reales. Un peso
de plata (8 reales) era el rasero mínimo para un maestro. Y para sus oficiales
y aprendices los jornales se establecían de acuerdo con lo que se reconocía en
el momento para cada oficio y habilidad. En las instituciones encargadas de la
defensa militar el nombramiento de los empleados y la contratación de traba-
jadores eran atribuciones de los ingenieros41.
Los salarios se establecieron mediante tres formas. El gobernador de la
plaza, que a la vez hacía de comandante militar de la misma, podía establecerlos
y también decretar gratificaciones para algunos trabajadores, previa consulta
con los oficiales de las reales cajas para determinar la disponibilidad de recursos.
Y luego, las decisiones del comandante requerían de la aprobación del virrey.
Este también podía establecer los jornales y de hecho fue la autoridad que más
lo hizo. Para finales de los años estudiados en el presente artículo, la corona
intentó reglamentar y unificar los jornales de los trabajadores de las defensas
de todo el imperio emitiendo reglamentos y ordenanzas con ese fin.
38
“Relación del estado del Nuevo Reino de Granada, que hace el Excelentísimo Señor José de
Ezpeleta a su sucesor el Excelentísimo señor don Pedro de Mendinueta año de 1796”, en Eduar-
do Posada y Pedro Ibáñez (comps.), Relaciones de mando presentados por los gobernantes del
Nuevo Reino de Granada (Bogotá: Imp. Nacional, 1910), 394-395.
39
AGN, SAA-I, GM, leg.59, carpeta 1, fs.109r.-168r., 306r.-360v., 564r.-718r.
40
AGN, SAA-I, GM, leg.72, carpeta 3, fs.432r.-585r. Entre 1792 y 1797 se extrajeron 77.622
varas cúbicas de sedimentos del Canal de Bocachica. AGN, SC, Miscelánea, t.115, doc.11,
fs.226r.-v.
41
Ordenanza, 1768, 67-99.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 83 - 129 [ 97 ]
Sergio Paolo Solano D
Asimismo, las urgentes necesidades de la defensa y un buen presupuesto
llevaron a conceder, en algunos casos, atribuciones a las autoridades para esta-
blecer los salarios, como aconteció en 1751 cuando para los trabajos del cierre
de Bocagrande y las fortificaciones de Bocachica (ambos canales de acceso a la
bahía de Cartagena), el rey otorgó atribuciones al ingeniero director y goberna-
dor de la ciudad y su provincia, para que dispusiera de todo lo necesario para
adelantar los trabajos, permitiéndole, sin tener en cuenta disposiciones oficiales
anteriores, nombrar y remover el personal, contratar trabajadores y decidir
sobre jornales42. De todas maneras, las decisiones sobre posibles aumentos las
tomaban los virreyes como se ve en las solicitudes que les dirigían los empleados
oficiales de distintas poblaciones neogranadinas43.
La diversidad de jornales dificulta procesarlos en un cuadro general. Por
eso la información ha sido organizada por frentes laborales con el propósito
de observar la tendencia de los salarios durante los años estudiados. La ventaja
de hacerlo de esta manera es que permite referirse a grupos uniformes de tra-
bajadores. La tabla 2 (fortificaciones) se elaboró con base en algunos informes
semestrales rendidos por los ingenieros directores de las fortificaciones, en
los que las cifras se presentaron de forma agregadas por oficios y/o jornales
devengados44.
Las tablas 3, 4, 5 y 6 son resultado de datos parciales de los listados semanales
de pagos de jornales, que se especifican los oficios, días trabajados y jornales
devengados en las fortificaciones y el apostadero de la marina. En cada oficio
había un jornal máximo y uno mínimo con sus escalas intermedias de acuerdo
las categorías de maestros, oficiales, aprendices y peones, jerarquías establecidas
por disposiciones reales y las costumbres, habilidades, edades y por las pecu-
liaridades de los trabajos que se realizaban. Ejercitantes de un mismo oficio y
con igual grado de capacitación (por ejemplo, maestros calafates y carpinteros
de ribera) ganaban jornales diferentes de acuerdo al frente en que se ocupaban.
42
AGN, SC, Competencias-Bolívar y Panamá, t.2, doc.18, fs.609r.-v.
43
Ver solicitudes de aumentos de sueldos en: AGN, SC, Virreyes, t.16, doc.6, fs.11r.-13r.; AGN,
SAA-I, Historia, leg.24, doc.85, fs.594r.-607v.; AGN, SC, Alcabalas, t.4, doc.34, fs.844r.-860v.;
AGN, SC, Miscelánea, t.102, doc.8, fs.184r.-192r.; t.59, doc.10, fs.89r.-90r.; AGN, SC, Diez-
mos, t.1, doc.36, fs.1003r.-1007v.; AGN, SC, Aduanas, t.10, doc.9, fs.279r.-284v.; t.21, doc.13,
fs.162r.-189r.; AGN, SC, MM, t18, doc.139, fs.939r.-940v.
44
. AGN, SC, MM, t.132, doc.39, f.481r.
[ 98 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Trabajadores, salarios y precios en Cartagena de Indias, 1750-1810.
Una aproximación al estudio del mundo laboral de la plaza fuerte
Tabla 2: Jornales (reales) trabajadores de las fortificaciones, 1751-1808
1770
Ocupaciones 1751 1763 1778 1782 1783 1785 1787 1790
1771
Sobrestantes 4a6 4a9 8 a 10 4 a 16 8 a 16 4 a 16
Capataces 3a4 3a4
Carpinteros
5 a 16 9 a 12 3 a 12
de ribera
Calafates 6 a 12 4 a 15 3 a 12
Carpinteros
4 4a8 2½ a 9
lo blanco
Albañiles 5 a 16 3½ a 9 8
Herreros 3½ a 5 6 a 11 5 a 11 10
Canteros 3 a 2½
Patronos de
7a8 4a8 4a8 4a8
embarcaciones
Remeros 3 a 3½ 3½
Carreteros 3a2
Peones 1½ a 3 4a5 3a4 3 a 3½
Peones 4 3 a 3½ 2 a 2½
Peones 1½ a 2 3 3 2 a 2½ 3 2½
Peones 2 a 2½ 2½
Peones 1½
Artesanos 3½ a 4 4a8 10 a 16 16
Herramenteros
3
y guardias
Peones de
1½ a 2
herreros
Armeros 6a9
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Sergio Paolo Solano D
Ocupaciones 1792 1793 1796 1797 1801 1802 1804 1807 1808
Sobrestantes 8 a 16 8 a 16 8 a 16 6 a 12 8 a 16 8 a 16 5a9 8
Capataces 4a6 4a6 4a7 4a6 4a6 5a9
Carpinteros
3 a 12 4 a 12 3 a 12 3 a 12 3 a 12 10 a 12
de ribera
Calafates 4 a 11 3 a 11 11 a 12 11 10 a 12
Carpinteros
4a9 5a9 5a9 5a8
lo blanco
Albañiles 5 a 10 4a8 6a8 6a8 4 a 10 3a8
Herreros 6 a 10 5 a 10 5 a 10 6 a 10 5a8
Canteros 6a9 3a4 3a4 3a7 3½ a 8
Patronos de
4a8 4a8 4a8 4a8 4a8 4a8 5a8
embarcaciones
Remeros 3½
Carreteros 4a5 3 3a4 3½
Peones 3½ 3 3 3 3a4 3a4 3 3 3
1½ a
Peones 3 2 a 2½ 3½ 3a4
2½
Peones 2½ 2½
Peones 2 2
Peones 1½ 1½ 1½
Artesanos 4 a 12 8 a 16 4 a 12 7 a 10
Herramenteros
3 a 3½ 3 a 3½ 3a4
y guardias
Peones de
2½ a 3 2a3 2a3 2a3
herreros
Armeros 8a3 1½ a 4
Fuentes: elaboración del autor a partir de: AGN, SAA-I, GM, leg.6, carpeta 2, fs.14v., 17r., 43r.,
44r., 45r., 46r.; leg.24, carpeta 8, fs.155r.-156r.; 321r.-326r., 329r., 527r.-528v., leg.26, carpeta 6,
fs.604r.-614v.; leg.34, carpeta 5, fs.73r.-80v.; leg.56, carpeta 2, fs.676r.-776r.; leg.59, carpeta 1, fs.1r.-
110r.; leg.72, carpeta 3, fs.432r.-458v.; leg.74, carpeta 6, fs.563r.-592r.; leg.85, carpeta 1, fs.15r.-47v.;
leg.85, carpeta 1, fs.1r.-16v.; leg.90, carpeta 2, fs.144r.-v.; leg.100, carpeta 3, fs.458r.-459r.; AGN,
SC, Miscelánea, t.120, doc.6, f.26r.; t.115, doc.11, f.230r.; AGN, SC, MM, t.8, doc.34, f.607r.; t.5,
doc.7, f.132r.; AGN, SC, Virreyes, t.12, doc.7, f.145r; AGS, SEDG, leg.7240, exp.31; t.7239, exp.20
[100 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Trabajadores, salarios y precios en Cartagena de Indias, 1750-1810.
Una aproximación al estudio del mundo laboral de la plaza fuerte
Tabla 3: Jornales (reales) trabajadores apostadero de la marina, 1778-1809
1778 1780 1781 1783 1785 1786 1787 1788 1789 1792 1805
Carpinteros
de 3 a 13 4 a 12 4 a 12 2 a 16 2 a 13 2 a 13 2 a 13 2 a 13 2 a 12 3 a 12
ribera
Calafates 2 a 14 3a7 4 a 12 2 a 12 3 a 13 3 a 13 3 a 13 3 a 13 3 a 12 3 a 12
Farolero 8 7 7 6 12 6 4 a 13 6 3
Albañiles 3a8 8 6a8 3a8 4a8 4a8 4a8 4a8
Veleros 2a4 4 4 4 3 a 15 6 4a6 2a4
Toneleros 6 6 a 16 6 a 12 4 a 12 2a8 8
Sastres 8 8 8 3a4 4 8
Cocinero de
2 2 2 4 4 3 3
brea
Guardias 2 2
Patrones de
4a8 4 4a8 5
botes
Fuentes: elaboración del autor a partir de: AGN, SAA-I, GM, leg.16, carpeta 5, fs.35r.-40r.; leg.79,
carpeta única, fs.407r.; leg.22, carpeta única, fs.241r.-246v.; leg.29, carpeta única, fs.633r.-639v.,
831r.; leg.32, carpeta única, fs.304r.-311v.; leg.42, carpeta 9, fs.468r.-493v.; leg.43, carpeta única,
fs.156r.-v., 433v.; leg.44, carpeta 7, fs.783r.-v.; leg.48, carpeta 11, fs.890r., 898r.-902v.; leg.56,
carpeta 2, fs.676r.-766r.; leg.92, carpeta 1, fs.670r.-v., 677r., 759r.
Tabla 4: Jornales (reales) gente de la mar, 1770-1809
1770 1788
Ocupaciones 1780 1782 1783 1787 1799 1802 1808 1809
1771 1789
Capitán 11 13,3 13,3
Piloto 6,7 6,6
Contramaestre 7,8 4,8 5,0
Guardián
4,6 4,0 4,0
condestable
Despensero 3,2 3,2 3,2
Artilleros 3,0 2 2,2 2,2 2,4
Marineros 1,9 1,8 2,0 1,4 3½ 3½ 2,0 2,0 2,0 2,0
Grumetes 1,1 1,2 0,8 1,3 1,3 1,2
Pajes 1,0 0,8 1,0
Fuentes: elaboración del autor a partir de: AGN SC, SAA-I, GM, leg.27, carpeta única, fs.829r.-
830v.; leg.22, carpeta única, fs.426r.-436v.; leg.29, carpeta única, fs.834r.-845v.; leg.79, carpeta
única, fs.425r.-521r.; AGN, SC, Virreyes, t.6, doc.27, f.1229v; Archivo General de la Marina “Ál-
varo Bazán”, Secretaría de Estado y Despacho de la Marina, Sección Expediciones, Sub-Sección
Expediciones a Indias (AGM-AB, SEDM, SE, SUBS-EI), Varios Asuntos, caja 31, doc.105; AGN,
SC, MM, t.47, doc.31, fs.481r. Nota: el jornal de los tripulantes era aparte de la alimentación que
se les daba cuando estaban embarcados.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 83 - 129 [101 ]
[102 ]
1775 1783 1791 1792 1797 1799 1800 1801 1802
Guardalmacén 11 11 11 11 11 11 11
Ayudante guardalmacén 6,6 8 8 8 8 8 8 8
Maestro armero 11 11 11 11 11 11 11 11 15
Maestro mayor de montaje 11 11 11 11 11 11 11 11 15
Sargento de obreros 8 8 8 8 8 8 8 8 4,3
Sergio Paolo Solano D
Cabo de obrero de herreros 9 12 12 12 12 12 12 4
Obrero de boca de fragua 8 8 8 8 8 8 8 8 3,3
Obrero 2° de boca de fragua 7,5 7,5 7,5 7,5 7,5 3,3
Obrero armero 7,5 7,5 7,5 6 3,3
Obrero de maestranza de artillería
6 6 6 6 6 6 6 6 3,3
(carpintero y tonelero)
Fuentes: elaboración del autor a partir de: AGN, SC, MM, t.31, doc.150, fs.970r.-972r.; t.70, doc.196, f.989r.; t.5, doc.7, fs.129r.-133v.; t.3,
Cartagena, 1775-1802
doc.59, fs.854r.-v.; AGN, SAA-I, GM, leg.21, carpeta 3, fs.251r.-258r.; leg.58, carpeta 7, fs.622r., 664r.; leg.65, carpeta 5, fs.93r.-v.; leg.82,
carpeta 7, f.290r.; leg.84, carpeta 1, fs.36r.-40r.; leg.90, carpeta 1, fs.4r., 41r., 63r.; AGN, SC, Virreyes, t.8, doc.4, f.64r.; t.1, doc.9, f.544v.;
Ordenanza, 1802, t.I, 34-38.
Tabla 5: Jornales (reales) trabajadores de planta maestranza artillería
Boletín de Historia y Antigüedades
Trabajadores, salarios y precios en Cartagena de Indias, 1750-1810.
Una aproximación al estudio del mundo laboral de la plaza fuerte
Por ejemplo, en el caso de las maestranzas del apostadero de la marina,
en especial con los carpinteros de ribera y los calafates, los jornales variaban
de acuerdo con si formaban parte de las tripulaciones (por ordenanza real todo
barco debía tener dos trabajadores de esos oficios) o si trabajaban en tierra fir-
me. Estos ganaban más que aquellos, pero los embarcados tenían garantizadas
la alimentación y el alojamiento, al igual que los marineros. Los salarios de
patronos y remeros de las pequeñas y medianas embarcaciones que tenían las
fortificaciones, el apostadero y la artillería también tenían distintos salarios. El
apostadero y fortificaciones requerían de pequeñas y medianas embarcaciones
para transportar a los trabajadores, implementos y materias primas, y por esto
contaban con patrones de embarcaciones y remeros, y carpinteros de ribera y
calafates para las debidas reparaciones.
Los jornales de los carpinteros de ribera y calafates de las fortificaciones
y de la artillería eran más bajos que de los que trabajaban para el apostadero
de la marina. Aquellos componían embarcaciones pequeñas (excepto las be-
tas, embarcaciones que hacían trabajos de dragado en el canal de Bocachica),
y los del apostadero grandes barcos. De igual forma, los jornales de albañiles
y carpinteros de lo blanco contratados por el apostadero para ciertos trabajos
(instalaciones del arsenal y sus almacenes, tinglados para los trabajos, cocinas
de los barcos) eran inferiores de los ganados por los que laboraban para las
fortificaciones, pues estas, en lo esencial, eran las obras de construcción en la
que alarifes y carpinteros eran fundamentales. Y de igual forma, en estas, los
herreros que reparaban y amolaban herramientas45 ganaban salarios menores
de los que trabajaban para la artillería, frente de defensa en la que los trabajos
recaían sobre metales (herreros y fundidores) y dispositivos metálicos (armeros
y cerrajeros), o en los que los metales desempeñaban, al lado de la madera, una
función de primer orden (cureñas para montar cañones, avantrenes y carrico-
ches para transportarlos).
Los datos reunidos en las tablas 2, 3, 4 y 5 indican que entre 1751 y 1809
hubo fluctuaciones en el comportamiento de los salarios nominales de los
operarios calificados como los sobrestantes y maestros artesanos, incluyendo
en estos a los herreros, calafates, carpinteros de ribera, carpinteros de lo blanco,
veleros, faroleros, motoneros y toneleros. Entre 1751 y 1770 se estabilizaron. De
1775 a 1787 hubo una tendencia al alza. Luego siguió otra estabilización hasta
45
En 1755 se construyeron las instalaciones para las fraguas de herrería, las que fueron sepa-
radas de los talleres de carpintería de las fortificaciones. AGN, SC, MM, t.81, doc.74, fs.549r.-
560r. En 1797 en las fortificaciones trabajaban 7 herreros: el maestro devengaba 9 reales; 4
oficiales ganaban 4 reales, y un mozo ganaba 1½ reales. AGN, SAA-I, GM, leg.72, carpeta 3,
f.533r.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 83 - 129 [103 ]
Sergio Paolo Solano D
finales del primer decenio del siglo XIX. Los mejores salarios los ganaban los
maestros mayores46 de los distintos oficios que se empleaban en las obras. Los
maestros mayores (albañilería, carpintería de lo blanco, calafatería, carpintería
de ribera, montaje de artillería) vivieron años de estabilización y de crecimiento
de sus jornales. En 1751 los maestros mayores de carpinteros de ribera y de
calafates devengaban un jornal de 14 reales. El maestro mayor de albañiles de
las fortificaciones ganaba 13 reales47. Para 1782 sus jornales ascendían a los 16
reales48. En 1789 el virrey José Ezpeleta procedió a rebajar el jornal del maestro
mayor de carpinteros de ribera de fortificaciones (de 16 a 13¾ reales), debido
a que se había “limitado el trabajo y el situado de este ramo”. El criterio para la
rebaja es que eran empleos temporales que se creaban cuando había obras49.
Luego seguían otros maestros, pero a los que solo se les reconocía la condición
de oficiales, los que a su vez tenían una escala salarial de acuerdo con las ha-
bilidades, las edades y la experiencia. Así, en 1755, el ingeniero director de las
reales obras de fortificaciones justificaba las diferencias de salarios entre los
oficiales de la siguiente forma:
5°. A ocho reales los oficiales de carpintero, albañil, cantero y otros. 6° A cuatro y
medio los reales los medio oficiales de las mismas clases. 7° Se pagan a cuatro, a
cinco, a seis y a siete reales según sus habilidades y aplicación otros artesanos de
esta clase […] Nota. Que algunos de los oficiales canteros, albañiles y carpinteros
existentes en reales obras de Bocachica y en las destacadas de esta plaza que ma-
nifestaron habilidad, aprovechamiento y celo a favor de las obras mismas se les
ha acumulado accidentalmente a dos y tres reales diarios en los que se trabaja por
providencia, solo accidental para estimular a los demás cuyo aumento cesará cuando
se trabaje en esta plaza y no hubiere mayor necesidad de dichos artesanos […]50.
En el apostadero de la marina los carpinteros de ribera y calafates recibían
los más altos jornales al garantizar que los barcos tuvieran condiciones acepta-
bles para navegar, y sus trabajos, en especial el de los carpinteros, requerían del
dominio de ciertas pericias técnicas y laborar en condiciones llenas de dificul-
tades. Algo parecido sucedía con los calafates. Si tomamos los 8 reales (un peso)
como línea de diferenciación entre los ingresos de los trabajadores, carpinteros
de ribera y los calafates ganaban entre 13 y 8 reales, seguidos por oficiales que
46
Sobre las maestrías mayores ver: AGN, SC, MM, t.22, doc.2, fs.53r.-67v.; t.142, doc.64,
fs.688r.-694v.; t.31, doc.149, fs.961r.-967v.; t.22, doc.2, fs.53r.-56v. t.142, doc.64, fs.688r.-694v.;
AGN, SC, Miscelánea, t.22, doc.10, fs.486r.-498r.
47
AGN, SAA-I, GM, leg.6, carpeta 2, fs.14v., 17r., 43r., 44r., 45r., 46r.
48
AGN, SAA-I, GM, leg.24, carpeta 8, fs.152r.-475r.; leg.26, carpeta 6, fs.590r.-598v.
49
AGS, SEDG, leg.7238, exp.18, f.12v.
50
AGN, SC, Mejoras Materiales, t.7, doc.24, fs.311v.-312v.
[104 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Trabajadores, salarios y precios en Cartagena de Indias, 1750-1810.
Una aproximación al estudio del mundo laboral de la plaza fuerte
percibían entre 5 y 7 reales, y luego por los peones que devengaban entre 4 y 2
reales. Carpinteros de ribera y calafates trabajaban de forma continua. En 1792 los
carpinteros hicieron el 49,3% del total de las jornadas trabajadas, y los calafates
el 29,7%. Es decir, estos dos oficios laboraron el 79% del total de las jornadas51.
Por tanto, altos jornales y continuas labores determinaban mayores ingresos con
relación a otros trabajadores. En 1787, con jornales comprendidos entre los 13
y 8 reales (estableciendo como rasero mínimo el jornal que duplicaba al de un
peón con cierta especialización), carpinteros de ribera y calafates se ganaron el
83,3% del total del presupuesto invertido en mano de obra52.
El grupo de trabajadores especializados de la maestranza de la artillería
(maestros de montaje de artillería, armeros, sargentos y cabos de obreros, bocas
de fraguas), también disfrutaban de salarios altos gracias a sus pericias en el
arreglo de las armas y en el manejo de los distintos materiales de difícil trata-
miento (hierro, acero, bronce, cobre, plomo, maderas) utilizados en la habilitación
de los cañones y armas53. Disponían de talleres dotados con los implementos
de fundición, herrería, armería, carpintería y tonelería, los almacenes que les
proporcionaban los materiales y herramientas necesarias para los trabajos54.
Algunos trabajadores, por tener salarios asignados en otros frentes, podían
recibir gratificaciones cuando prestaban sus servicios en otras obras. Por ejem-
plo, antes de que la artillería se desglosara del batallón Fijo, el maestro mayor
de montaje, herrero consumado cuyo trabajo de planta era para el batallón, en
muchas ocasiones prestaba servicios a las fortificaciones y recibía una gratifi-
cación mensual. Entre 1775 y 1801 los trabajadores de planta de la maestranza
de la artillería también tuvieron estabilidad en sus jornales reglamentados por
ordenanza real. Pero en 1802, exceptuados a los maestros armero y mayor de
montaje que recibieron aumento (de 11 a 15 reales/día), el resto de los operarios
padecieron una baja significativa debido a los ajustes fiscales55.
51
AGN, SAA-I, GM, leg.43, carpeta 1, fs.137r.-156v., 263r.-279v., 364r.-372v., 430r.-437v.,
508r.-517v., 579r.-588r., 672r.-681v., 832r.-841r., 1125r.-1130v.; leg.42, carpeta 9, fs.432r.-436v.,
474r.-494r.
52
AGN, SAA-I, GM, leg.42, carpeta 9, fs.475r.-476v., 482v.-486v., 492v.-493r., 737r., 746v.,
833r.-835r.-857r.; AGN, SAA-I, GM, leg.43, carpeta única, fs.138r.-1130r.
53
AGN, SAA-I, GM, leg.65, carpeta 5, fs.72r.-103r.
54
AGN, SC, MM, t.8, doc.17, fs.212r.-230v.; t.8, doc.19, fs.252r.-275r.; t.8, doc.30, fs.525r.-
532v.; t.8, doc.17, fs.212r.-231r.; t.67, doc.167, fs.1065r.-1076r.; t.72, doc.179, fs.844r.-845r.;
t.87, doc.36, fs.206r.-217r.; t.14, doc.10, fs.44r.-50r.; t.43, doc.45, fs.794r.-853r.; t.29, doc.22,
fs.614r.-621r.; t.5, doc.31, fs.345r.-388r.; t.5, doc.2, fs.35r.-50r.; t.5, doc.48, fs.553r.-570v.; t.65,
doc.160, fs.880r.-899r.; t.66, doc.111, fs.746r.-786r., 1083r.-1088v.; t.26, doc.11, fs.145r.-147r.,
171r.-183v.; t.43, doc.15, fs.528r.-565r.; t.20, doc.4, fs.76r.-84v.; AGN, SC, Miscelánea, t.134,
doc.28, fs.280r.-303r.; AGN, SC, Virreyes, t.8, doc.4, fs.63r.-102v.
55
Ordenanza, 1802, 34-38; también ver tomo II, 199-218. AGN, SAA-I, GM, leg.90, carpeta 1,
fs.4r., 41r., 63r.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 83 - 129 [105 ]
Sergio Paolo Solano D
Hubo cargos de empleados, como el de sobrestante mayor y apuntador
de las reales obras de fortificaciones, cuyos jornales padecieron fluctuaciones.
En 1720 se nombró a uno con un sueldo anual de 700 pesos, para un jornal
diario de 15¾ reales56. Para 1751 el salario de ese funcionario había bajado a 7
reales57, y luego, a partir de 1770, empezó a subir hasta alcanzar los 24 reales/
día (ver tabla 2). En 1789 el virrey José Ezpeleta le rebajó (de 24 a 16 reales), y
también a un sobrestante de cantera (de 4¾ a 3¾ reales) debido a que se había
“limitado el trabajo y el situado de este ramo”. El criterio para la rebaja es que
eran empleos temporales que se creaban cuando había obras58. Pero en términos
generales y por encima de estas desmejoras, la tendencia registrada en esa tabla
(2) es de mejoría y estabilización de sus jornales. Otros sobrestantes disfruta-
ron de aumentos de jornales, pero a costa de la intensificación de las labores
encomendadas. En 1784 José de la Terga presentó una solicitud de aumento de
sueldo acompañada de una detallada relación sobre el tiempo que llevaba tra-
bajando y los servicios que había prestado. Se le nombró en 1772 para llevar las
cuentas de gastos en las obras del cierre de Bocagrande. Empezó con un jornal
de 8 reales. El buen desempeño y la cantidad de trabajo realizado (cuentas y
relaciones detalladas de los trabajadores, jornadas trabajadas por semanas, y
pagos de jornales) le granjeó que dos años después se aumentase su jornal a 10
reales. En 1776 fue designado sobrestante interventor de la Real Hacienda en
las obras de Bocagrande ganando 16 reales y, poco después para sus funciones
se extendiesen a todas las reales obras de fortificaciones. En vista de la cantidad
de trabajo que realizaba con motivos de las obras provisionales emprendidas
debido a la guerra con Inglaterra (1778-1783), en 1780 se aumentó su jornal
a 24 reales. Terminada la guerra temió que se le removiese del cargo o que se
le rebajara el salario; pero sabemos que aún en 1785 lo mantenía. Solicitó se
le nombrase ministro interventor subdelegado de la real hacienda59. Mantuvo
en cargo hasta finales de 1787, cuando una restructuración de las funciones de
dirección y de control de los trabajos en las fortificaciones se le rebajó el sueldo60,
y en 1791 ganaba 16 reales61.
En las fortificaciones, apostadero y artillería se contrataban trabajadores
especializados para que realizaran algunos trabajos y se les pagaba por producción.
Aunque las fortificaciones, por ejemplo, en los trabajos de la escollera de Boca-
56
AGN, SC, Miscelánea, leg.74, doc.47, fs.467r.-v.
57
AGN, SAA-I, GM, leg.7, carpeta 17, fs.418r.-520r.
58
AGS, SEDG, leg.7238, exp.18, f.12v.
59
AGN, SC, MM, t.88, doc.131, fs.775r.-779v.
60
AGN, SC, SAA-I, GM, leg.45, carpeta 9, fs.787r.-793r.
61
AGN, SC, SAA-I, GM, leg.59, carpeta 1, f.626r.
[106 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Trabajadores, salarios y precios en Cartagena de Indias, 1750-1810.
Una aproximación al estudio del mundo laboral de la plaza fuerte
grande, contaba con sus talleres, herreros, carpinteros de lo blanco y de ribera y
calafates, estos no daban abasto y tenían que contratar a otros trabajadores para
que realizaran ciertas obras, con los que se pactaba el pago por la producción
realizada62. Trabajadores a destajo, como los aserradores de maderas, también
sufrieron el cambio de las formas de pago por los trabajos realizados. En 1741
ganaban 7 y 14 reales/día. Luego pasaron a trabajar a destajo, a ½ real por la vara
de madera aserrada. Para ganar los anteriores jornales debían aserrar entre 14
y 28 varas (11,2 y 22,4 metros lineales de madera)63. Para 1797 se les pagaba a 3
cuartillos (un real equivalía a 4 cuartillos) la vara64. Tanto para las fortificacio-
nes como para el apostadero de la marina el trabajo de los herreros se valoraba
por el peso en libra de los metales trabajados, los que eran entregados por los
almacenes. Ese valor se mantuvo estable durante el resto de ese siglo, aún en los
años cuando se había pasado al sistema de los contratos de asentistas65. En otras
ocasiones los herreros ganaban por obras realizadas, en especial cuando tenían
que fabricar herramientas (sierras, machetes, tornillos para limpiar fusiles). En
1808, en medio de los preparativos para la guerra contra los franceses que habían
invadido la península Ibérica, se vincularon en la maestranza de la artillería,
entre mayo y octubre, a 10 armeros, 10 herreros, 12 carpinteros de lo blanco y
23 peones para poner en buen estado la artillería, arreglar los fusiles y trabajos
varios. El gasto total en esa mano de obra eventual ascendió a 2.450 pesos, el
50% de lo que se invertía al año en los trabajadores de planta66.
En algunas cifras de las anteriores tablas que parecen indicar caídas, más
bien expresan singularidades de los trabajos realizados o que, al estar agrupa-
dos los jornales por oficios, no es posible apreciar la diversidad de los jornales
entre las cifras extremas. Esa forma de presentar los datos por parte de los
ingenieros militares, que obedecía a la inevitable necesidad de evitar tantas
cifras particulares, produce la impresión de disminución de algunos salarios
nominales que puede que no se corresponda con la realidad. Ahora bien, las
tablas también muestran variaciones en los jornales de los oficios, tanto en un
mismo frente de las defensas, como entre estos. Es posible que luego de la esta-
bilización de los jornales en el Apostadero a partir de 1787 en adelante, la leve
caída que sufrieron durante el primer decenio del XIX se debiera a la pérdida
62
AGN, SAA-I, GM, leg.24, carpeta 8, f.190v.; leg.34, carpeta 5, f.346v.
63
AGN, SAA-I, GM, leg.2, carpeta 20, f.604r.
64
AGN, SAA-I, GM, leg.72, carpeta 3, f.449v.
65
Sergio Paolo Solano, “Pedro Romero, el artesano: trabajo, raza y diferenciación social en
Cartagena de Indias a finales del dominio colonial”. Historia Crítica, 61, (2016): 151-170; AGN,
SAA-I, GM, leg.2, carpeta 20, fs.600r., 727r., 729r.-731r.
66
AGN, SC, SAA-I, GM, leg.100, carpeta 2, fs.286r.-328v.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 83 - 129 [107 ]
Sergio Paolo Solano D
de autonomía financiera de este cuerpo militar y a los controles que la Corona
estableció entre 1793 y 179967.
Por debajo de los trabajadores especializados existía un numeroso sector
de peones o jornaleros que no estaban adscritos a oficios específicos, desem-
peñándose en distintas labores de acuerdo con las necesidades de las obras68.
Sus salarios variaban de acuerdo con los frentes en los que laboraran, y de la
oferta de mano de obra. Así, en 1755, cuando se pusieron en marcha las obras
de las baterías de San José y fuerte de San Fernando de Bocachica, el cierre de
Bocagrande mediante una escollera submarina y el fuerte de San Sebastián
del Pastelillo, en medio de una escasez de trabajadores que obligó a enganchar
personal en varios puntos de la geografía neogranadina69, el ingeniero director
de las reales obras de fortificaciones de Cartagena, aprovechando el generoso
flujo del presupuesto, justificaba las diferencias de salarios entre los peones de
la siguiente forma:
1° Se paga a 3½ reales el jornal del peón de alguna fuerza, agilidad y aplicación.
2° A tres reales los que tienen algo que suplir en castigo para que se apliquen ellos
y los demás, siendo los de esta clase los de mediano cuerpo y correspondiente
servicio. 3° A dos y medio reales los muchachones y algunos viejos que no pueden
hacer tanto como los más robustos de arriba. 4° De a dos reales los muchachos
de cosa de 15 años y aptos para el trabajo70.
Según informe del gobernador Diego Tabares, en mayo de ese año se contaba
con 604 trabajadores entre esclavos, presos y voluntarios; un mes más tarde esa
cantidad subió a 841y a finales de julio la cifra llegó a los 1.243 trabajadores71.
Y los jornales de los trabajadores rasos, que en 1751 habían estado entre los 3
y los 3½ reales72, en 1755 alcanzaron hasta los 4 reales73, valor que se mantuvo
el año siguiente cuando el 72% del total de los jornaleros empleados (en ese
año eran 674) ganaban 4 reales74. Años después los jornales de los peones ba-
67
Ordenanzas, 1793; Ordenanzas, 1799, 4-5; José Serrano, “La evolución del control financiero
de la armada española, 1700-1820: una síntesis interpretativa”. Revista de Historia Naval, 31,
121, (2013): 7-36
68
AGN, SAA- I, GM, leg.24, carpeta 8, f.150r.
69
En 1750 Ignacio Sala, ingeniero y gobernador de Cartagena y su provincia, informaba a
Madrid que había dificultades para continuar con los trabajos del cierre de Bocagrande debido,
entre otros factores, a la falta de operarios. AGN, SC, Competencias-Bolívar y Panamá, t.2,
doc.18, fs.609r.-v.
70
AGN, SC, Mejoras Materiales, t.7, doc.24, fs.311v.-312v.
71
AGN, SC, Mejoras Materiales, t.7, doc.24, f.305r.
72
AGN, SAA-I, GM, leg.2, carpeta 20, fs.23r.-116v.
73
AGN, SC, Mejoras Materiales, t.7, doc.24, fs.305r.-308r.
74
AGN, SAA-I, GM, leg.7, carpeta 17, fs.418r.-520r.
[108 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Trabajadores, salarios y precios en Cartagena de Indias, 1750-1810.
Una aproximación al estudio del mundo laboral de la plaza fuerte
jaron y se estabilizaron entre los 2 y 3 reales (ver tabla 2), pero predominando
los que devengaban los 3 reales por días. A veces se presentaban variaciones
alcanzando algunos peones a ganar hasta 4 reales, lo que al parecer dependía
de la naturaleza de la obra que se iba adelantar. Los trabajos del cierre de Boca-
grande implicaba trabajar en condiciones difíciles, muchas veces sumergidos
debajo del agua, por lo que los peones podían recibir un jornal de 4 reales75,
como sucedió en 1756, cuando ganaban 4 reales y recibían una ración diaria
de aguardiente. Aún a los esclavos del rey que trabajaban debajo del agua en la
construcción de los cimientos de las fortificaciones, como también en el cierre
de Bocagrande, colocando cajones rellenos de mampostería y/o de piedras, se
les reconocía, además de la ración diaria de 1½ reales, otro ½ real, y se les daba
una provisión de aguardiente76.
Pero la tendencia fue a que se uniformaban los jornales entre 3 y 4 reales,
aunque en algunas ocasiones se pueden encontrar listas de trabajadores a los
que se les cancelaban 2 reales por día. Es posible que, siguiendo las conclusiones
a que han llegado algunas investigaciones sobre trabajadores en obras públicas
en Ciudad de México y Montevideo, que el jornal de 1½ reales se le reconociera
a los “mozos”, es decir, jóvenes que laboraban en calidad de aprendices77.
Los informes parciales del administrador de la Real Fábrica de Cigarros
indican que entre 1779 y 1785, y en los años de 1792, 1796, 1798 y 1799 alrede-
dor del 33,3% de lo gastado por años se destinaba al pago de los jornales de las
trabajadoras. Estas empezaron laborando por producción, recibiendo un cuartillo
por libra labrada en 1779. Luego, desde 1782, por la rentabilidad mostrada por
la fábrica, se les reconoció 7 cuartillos por libra, valor que se mantuvo hasta
1808. En 1798 el promedio de la producción semanal por trabajadora fue entre
12 y 10 libras y de cada libra se elaboraban 128 cigarros, labrándose un prome-
dio diario de 2 libras (256 cigarros) para unos jornales diarios por producción
que estuvieron alrededor de los 14 cuartillos, es decir entre 3 y los 3,5 reales78.
En la escala más baja de los ingresos estaban las personas cuyos jornales
diarios estaban en el nivel del real y medio, suma que a lo largo de todo el siglo
XVIII se tuvo como el gasto mínimo diario de una persona adulta de condición
humilde. Ese era el valor de la ración diaria de los esclavos y presos forzados, de
los esclavos particulares, de los soldados cuando se desplazaban a otras zonas,
de los marinos cuando los barcos estaban atracados, de los matriculados de
75
AGN, SAA-I, GM, leg.24, carpeta 8, f.150r.
76
AGN, SAA-I, GM, leg.6, carpeta 2, f.76v.
77
Quiroz, Economía, obras públicas, 187-201; Moraes y Thul, “Los salarios reales y el nivel de
vida”, 185-213.
78
Vanegas B., Solano y Torres, “La Real Fábrica de Cigarros de Cartagena”.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 83 - 129 [109 ]
Sergio Paolo Solano D
la mar cuando eran enviados desde sus poblaciones hacia Cartagena y de los
enfermos recluidos en el Hospital de San Lázaro79. Sin embargo, el grueso de los
peones tuvo retribuciones por encima de esa suma. Y es posible que, siguiendo
las conclusiones a que han llegado algunas investigaciones sobre trabajadores
en obras públicas en Ciudad de México y Montevideo80, ese real y medio se le
reconociera a los mozos, es decir, jóvenes que laboraban en calidad de aprendices,
como lo indicó en 1755 el ingeniero de las fortificaciones81.
2. Precios de los alimentos
El crecimiento de la demanda debido al aumento de la población, de la tropa
y de la marinería, se convirtió en estímulo para que negociantes y especuladores
participaran en el abasto de la ciudad. Empresarios de la ciudad intensificaron
sus inversiones en las sabanas centrales de la provincia de Cartagena, en el área
comprendida entre el pie de monte de la Sierra Nevada de Santa Marta y el
margen oriental del río Magdalena, y en el bajo curso del río Sinú, negociando
en tierras y ganadería, y estableciendo redes de acopio y de transporte de la
producción agropecuaria. En el suministro de provisiones también intervenían
comerciantes y personajes notables como José María García de Toledo, Agustín
Núñez Nieto, Andrés Gómez Mármol, Agustín García, Hilario de la Espriella,
José María del Real, Román Macaya, Manuel José Canabal, Juan de Dios Amador,
Pedro Tomás de Villanueva, Nicolás del Villar Coronado, Ignacio de Narváez y
la Torre, Santiago González contratista de alimentos del apostadero de la marina
y alcalde de la ciudad82, y otros83.
Entre la producción, el abasto y el consumo, existieron mediaciones de
negociantes que se encargaban de comprar a los productores y de enviar los
alimentos hasta su destino final. Al parecer la producción agrícola estuvo me-
diada por los comerciantes que adelantaban algún dinero a los labriegos para
79
AGN, SAA-I, Historia, leg.3, doc.9, fs.36r.-37r.; AGN, SC, Censos Varios Departamentos
(CVD), t.1, doc.3, f.818r.; AGN SAA-I, GM, leg.45, carpeta 2, f.28v.; leg.43, carpeta 1, fs.441r.,
70r.; AGN, SC, Lazaretos, t.1, doc.25, fs.691r.-698r.; AGN, SC, Miscelánea, t.125, doc.9, f.85r.
80
Quiroz, Economía, obras públicas, 187-201; Moraes y Thul, “Los salarios reales y el nivel de
vida”, 185-213.
81
AGN, SC, Mejoras Materiales, t.7, doc.24, fs.311v.-312v.
82
Sobre la condición de asentista de víveres de la marina de Santiago González, ver: AGM-AB,
SEDM, SE, SUBS-EI, fondo Asuntos Particulares. Caja 43, doc.067; fondo Cartagena de Indias.
Caja 36, doc.116.
83
Tovar, Grandes empresas, 41-56, 93-137; María T. Ripoll, La élite en Cartagena y su tránsito
a la república. Revolución política sin renovación social (Bogotá: Universidad de los Andes,
2006); Vladimir Daza, Los marqueses de Santa Coa. Una historia económica del Caribe colom-
biano 1750-1810 (Bogotá: ICANH, 2009), 188-200.
[110 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Trabajadores, salarios y precios en Cartagena de Indias, 1750-1810.
Una aproximación al estudio del mundo laboral de la plaza fuerte
que recogida las cosechas se las vendieran a un precio previamente estipulado. Al
menos así lo afirmó en 1778 un cosechero del sitio de San Pedro de Pinchirroy
(actual municipio de Chimá), quien al embargársele todos los bienes, incluida
la roza que tenía sembrada en maíz por motivo de acusársele de estar produ-
ciendo aguardiente de forma clandestina, dijo que entre los bienes embargados
había “[…] una roza de maíz que tenía sembrada, para cuyo fomento le había
suministrado don Francisco Antonio Malvido, vecino y mercader de Cartagena
varios pesos […]”84. Fue habitual esta forma de intermediar entre los produc-
tores y los consumidores, pues años más tarde, en 1796, entre las disposiciones
emitidas en un bando de policía con el propósito de frenar la especulación y la
carestía, señalaba que no era permitido “[…] que ninguna persona de cualquier
estado, calidad o condición que sea pueda comprar o atravesar [acaparar] por
mayor para revender los mantenimientos que vienen con destino al abasto de
esta plaza […]”85. Y en 1808, el gobernador Blas de Soria lamentaba porque la
escasez de alimentos se debía a, “[…] la codicia de los que en ese partido [Lorica]
compran a los pobres cosecheros a menos precios sus granos, distribuyendo
después su remesa tal manera, que siempre esté la plaza para que no baje del
excesivo precio a que se han propuesto venderlo”86.
Pero las medidas estaban encaminadas a evitar el acaparamiento que
afectaba el aprovisionamiento de los hogares, más no estaban dirigidas en
contra de los llamados tratantes, intermediarios entre las zonas de producción
y de consumo. El engorde de los cerdos y sus traslados a Cartagena lo hacían
intermediarios, como se puede observar por el pago de alcabalas por el ramo
de carnicería quienes introducían piaras de dos y más decenas de cerdos87. Los
intermediarios también estuvieron presentes en el envío de productos agrícolas
a la plaza fuerte, pues había que desplazarse por las poblaciones, reunir la pro-
ducción, transportarla hasta Lorica, Mompox, Tolú y San Bernardo del Viento,
y luego enviarla a Cartagena. El pago del impuesto de alcabalas en el muelle del
Camellón del Puente, en Cartagena, sitio de arribo de las embarcaciones con
los abastos, solo indica lo que pagaban los patrones que traían los productos.
Solo a comienzos del siglo XIX se mostró algún interés por saber sobre los
productores y quienes los enviaban88, y los listados de las embarcaciones de ví-
84
AGN, SC, Miscelánea, t.74, doc.87, f.921r.
85
AGN, SC, Abastos, t.2, doc.21, f.434v.
86
AGN, SC, Abastos, t.9, doc.11, f.575v.
87
AGN, SAA-III, Alcabalas, leg.82, Cartagena. Receptoría. Libro común de cargo y data, 1803.
88
AGN, SC, Abastos, t.2, doc.12, fs.160r.-208v.; doc.21, fs.434r.-466v.; t.13, doc.29, fs.986r.-
1019v. Los notables de las poblaciones productoras los podemos ver en el listado de ganaderos
elaborado por Antonio de Arévalo en 1766 en AGI, Santa Fe, 944, fs.1r.-3v. En los listados de
1780 de las milicias de esas poblaciones en los que los notables aparecen como oficiales. AGN,
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 83 - 129 [111 ]
Sergio Paolo Solano D
veres convoyadas desde Lorica hasta Cartagena dan algunas pistas, pero fueron
medidas tardías89. En algunos años del decenio de 1810 se instruyó al teniente
de gobernador y corregidor de naturales del partido de Lorica, encargado de
garantizar el flujo de víveres para Cartagena, para que censara a los cosecheros
y les estableciera cuotas mensuales90.
Luego, en la ciudad también intervenían otros intermediarios, en especial
en el abasto de carnes que se hacía por llamadas y por turnos en las que los
oferentes proponían los precios de sus ganados, procedimientos que estaban
bajo la supervisión del mayordomo de la carnicería, el mayordomo del corral de
cerdos y los dos regidores nombrados cada dos meses por el Cabildo para que
desempeñaran las funciones de diputados de abastos. En esta fase del abasto los
llamados asedores (sic), encargados por los propietarios de ganados para que
los cuidaran mientras se sacrificaban y para que pujaran por un mejor precio
para la venta, podían entrar en arreglos con los mayordomos de la carnicería y
del corral de cerdos, ya fuera para retrasar el sacrificio de los competidores, o
para acordar precios mediante la creación de escasez ficticia91. Después seguían
los tablajeros de la casa de carnicería y los revendones.
Luego de la expulsión y expropiación de los Jesuitas (1767) las haciendas
de su propiedad situadas en los alrededores de la ciudad (Comisario, Barahona
y Hato la Ceiba) entraron en decadencia y aún en 1790 no se habían vendido,
estaban en ruinas y la ciudad dejó de recibir algunas provisiones que antes
producían92. Además de las fluctuaciones del abasto determinadas por meses
de buenas cosechas y de fácil transporte que abarataban los precios de los ali-
mentos, y otros de escasez, la oferta de productos alimenticios no mantuvo un
crecimiento a la par de la demanda de la población y del incremento de la tropa
acantonada en la ciudad, de la marinería, y tampoco para satisfacer la demanda
de otras áreas neogranadinas93. Un censo eclesiástico realizado en 1751 conta-
bilizó 7.856 almas de confesión, incluyendo a los esclavos más no al batallón de
SC, MM, t.14, doc.26, fs.169r.-174v.; t.17, doc.49, fs.263r.-308v.; t.21, doc.33, fs.373r.-376r.; en
el listado de 1795 de los ganaderos de Mompox y de las Sabanas que tenían que aportar dinero
para limpieza de armas de milicias. AGN, SC, Miscelánea, t.117, doc.52, fs.708r.-718v. Sobre las
embarcaciones procedentes de Lorica que llegaban a Cartagena entre 1803 y 1804 ver: AGN,
SAA-III, Alcabalas, leg.82, Cartagena. Receptoría. Libro común de cargo y data, 1803.
89
AGN, SC, Abastos, t.13, doc.29, fs.986r.-1019r.; t.2, doc.12, fs.160r.-208r.
90
AGN, SC, Abastos, t.9, doc.11, fs.575r.-v.
91
AGN, SC, Policía, t.7, doc.27, fs.692r.-750v.
92
AGN, SC, Temporalidades, t.7, doc.2, fs.192r.-199v.
93
Adolfo Meisel, “Reformas borbónicas y presión fiscal, 1761-1800”, en Adolfo Meisel y María
Ramírez (eds.), La economía colonial de la Nueva Granada (Bogotá: FCE/Banco de la Repúbli-
ca, 2015), 282.
[112 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Trabajadores, salarios y precios en Cartagena de Indias, 1750-1810.
Una aproximación al estudio del mundo laboral de la plaza fuerte
pie Fijo94. En 1772, el obispo Diego de Peredo señaló que en la ciudad habían
14.299 personas, incluyendo el batallón Fijo y los esclavos95. Según el resumen
del censo de 1778, Cartagena y las vice-parroquias de su bahía interior y de ex-
tramuros contenían 16.391 habitantes96. En 1784 eran 16.953. Cuando recorrió
la costa Caribe neogranadina (1792-1804) el geógrafo Joaquín Francisco Fidalgo
indicó que Cartagena tenía una población de 15.887 personas, incluyendo a los
esclavos97. Para 1805 el ingeniero Manuel de Anguiano calculaba en 17.000 el
número de habitantes, incluyendo los de extramuros, pero sin incluir al ejército
que para ese entonces estaba compuesto por 1.300 militares98.
A esa población hay que sumarle las tropas, marinería y milicias traídas de
los pueblos de los alrededores y acantonadas en la plaza debido a las continuas
guerras con Inglaterra y Francia. Los casi 10 años de guerra entre 1790 y 1800
que cortaron las importaciones desde España y obligaron a concentrar tropas
milicianas en la plaza fuerte, la que fue traída de los campos circundantes,
originaron escasez y carestía99. Esa población flotante, que en algunos casos
podía terminar radicada en la ciudad, tenía sus efectos sobre la oferta de pro-
ductos alimenticios. Los barcos mercantes que arribaban al puerto se proveían
de alimentos en la ciudad. La escuadra guardacostas, cuyo despegue podemos
situar a comienzos de los años de 1770 demandó provisión de alimentos para
los matriculados de la mar provenientes de las poblaciones relacionadas con los
cuerpos de aguas fluviales y marítimo, los que consumían harinas para panes
y bizcochos, carnes en tasajo y arroz. En noviembre de 1785, el gobernador de
la provincia solicitaba al encargado en Lorica el envío de provisiones a la plaza
fuerte el rápido acopio y remisión de alimentos debido a que la llegada del re-
gimiento de la Princesa y de varios barcos habían desabastecido a la ciudad100.
94
AGI, Santa Fe, leg.1023.
95
Diego de Peredo, “Noticia historial de la provincia de Cartagena de Indias año 1772”. Anua-
rio Colombiano de Historia Social y de la Cultura, 6-7, 1972: 132.
96
AGN, Sección Mapas y Planos, Mapoteca 7, ref.:1353, f.21r.
97
Joaquín F. Fidalgo, Derrotero y cartografía de la Expedición Fidalgo por el Caribe neograna-
dino (1792-1801) (Bogotá: El Áncora Eds., 2012), 118.
98
Manuel de Anguiano, “Descripción histórica de la provincia de Cartagena de Indias” (1805),
f.IIv, en Servicio Geográfico del Ejército (España), Depósito de la Guerra, Archivo de Planos,
Estante J, Tabla 5, Cartera 2ª, Sección a, No. 7; María Aguilera y Adolfo Meisel, Tres siglos de
historia demográfica de Cartagena de Indias (Cartagena: Banco de la República, 2009), 11-16.
99
Ver las declaraciones dadas por las autoridades ordinarias y eclesiásticas de la ciudad sobre
la carestía y escasez durante esos años en AGN, SC, Curas y Obispos, t.52, doc.125, fs.557r.-
571v., 573r.-574r. En 1780 el regimiento fijo contaba, entre oficialidad y soldados 1.012 perso-
nas. AGN, SC, Historia Civil, t.7-bis, doc.15, f.298v.
100
AGN, SC, Mejoras Materiales, t.20, doc.8, fs.830r.-v.; AGN, SC, MM, t.86, doc.2, fs.9r.-13r.;
doc.35, fs.247r.-251r.; t.41, doc.64, fs.964r.-978r.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 83 - 129 [113 ]
Sergio Paolo Solano D
Desde el siglo XVII Cartagena también proveía de alimentos a Portobelo101.
En 1797 el gobernador de Cartagena optó por impedir el envío de abastos a
aquella ciudad alegando el desabastecimiento de la plaza fuerte102. A comienzos
de 1805 se rumoraba en la ciudad que la escasez de carnes de res se debía a que
desde Lorica se enviaron a Portobelo 700 arrobas de carnes saladas103. Y los víveres
para las expediciones militares y las colonizaciones de la Guajira (1770-1776) y
del Darién (1780-1794) también salían desde las zonas que abastecían a aquella
plaza104. A finales del decenio de 1760 Cartagena empezó a enviar a Riohacha
parte de su abasto, causando escasez y carestía. Pese a que 1769 fue una año de
escasez de víveres, Cartagena envió 200 fanegas a Riohacha para alimentar a
quienes resistían el levantamiento armado de los indios Wayuu105. Al siguiente
año las declaraciones de comerciantes, jerarquía eclesiástica, oficialidad militar
y de las autoridades ordinarias de la ciudad coincidían, palabras más, palabras
menos, en que era “[…] notorio la carestía de los víveres, mercaderías y otros
frutos que en ocasiones padece esta plaza, por ser está donde se proveen las
tropas, escuadras y navíos mercantes, y haber continuas sacas de bastimentos
para las ciudades de Portobelo y Riohacha, y otras partes […]”106. Los envíos de
granos a Riohacha continuaron107 estimulados porque en 1773 se exoneró de
pago de impuestos a los alimentos transportado por embarcaciones que salían
con destino a la península de la Guajira108. En 1776 el comandante militar de
Riohacha respondía al gobernador de Cartagena que, en aquella ciudad, ade-
más de los efectos extranjeros, los habitantes consumieron al mes 400 arrobas
de harinas, 200 fanegas de maíz, y si faltaban las harinas el consumo de maíz
subía a las 300 fanegas. También decía que buena parte de este maíz se traía de
Cartagena109.
A esto se agregaron los inicios de los intentos de colonización del Darién,
trasladando a muchas familias a las poblaciones y fuertes que se crearon, a las
que se les proporcionaba las raciones de alimentos sacados de las poblaciones
de la provincia que abastecían a la plaza fuerte. En el fondo Estadísticas de la
101
AGN, SC, Aduanas-Cartas, t.4, doc.206, fs.868-880.
102
AGN, SC, Abastos, t.9, doc.19, fs.961r.-981v.
103
AGN, SC, Cabildos, t.2, doc.18, f.651v.
104
Acerca de los alimentos que se empezaron a acopiar en el área de Lorica para enviarlos a
Riohacha en 1785 y al Darién en 1787 ver: AGN, SC, Mejoras Materiales, t.20, doc.8, fs.776r.-
778r., 797r., 806r.-v., 822r.; AGN, SC, MM, t.135, doc.85, fs.609r.-618r., 677r.-679r.
105
AGN, SC, Miscelánea, t.101, doc.10, f.172r.; AGN, SC, Aduanas-Cartas, t.2, doc.177, fs.623-
627.
106
AGN, SC, Cabildos, t.10, doc.2, fs.528r.-541r.
107
AGI, Panamá, Cartas y Expedientes de Cabildos Seculares, Portobelo, t.32, exp.33.
108
AGN, SC, Aduanas-Cartas, t.4, doc.206, fs.868-880.
109
AGN, SC, Aduanas-Cartas, t.2, doc.107, f.359.
[114 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Trabajadores, salarios y precios en Cartagena de Indias, 1750-1810.
Una aproximación al estudio del mundo laboral de la plaza fuerte
Sección Colonia del AGN de Colombia reposan listados de los víveres que se
enviaban desde Cartagena para las raciones de esos colonizadores. A partir de
esta documentación se sabe que en 1784 a cada colono del Darién se le daba la
ración diaria establecida por el reglamento de la marina: 18 onzas de bizcocho
o galleta, 8 onzas de carne de res o 6 de cerdo, 2 onzas de arroz, y que se había
ordenado enviar a esa zona 20.000 raciones cada mes, es decir, 667 raciones
por día110. Para dar una idea sobre las cantidades de alimentos extraídas para
esa zona las cifras serían: 22.511 libras de bizcochos/mes (270.132 libras/año),
10.005 libras de carnes de res/mes (120.060 libras/año), 2.501 libras de arroz/
mes (30.012 libras/año).
Esa situación de abastecimiento límite podía agravarse si se presentaban
condiciones naturales adversas como sequías, intensas lluvias e inundaciones,
plagas, epidemias y por dificultades en el transporte, como también por la
intervención de algunos factores sociales. Un año normal con sus periodos
de sequía y de lluvias facilitaba buenas cosechas, y un estado aceptable de
los caminos para el trasvase y transporte del ganado. Esto supone que en
términos generales en momentos de buenas cosechas y de generoso flujo de
productos hacia Cartagena se facilitaba el acceso a los alimentos, y los precios
se establecían en niveles aceptables. Y todo lo contrario sucedía en los años de
intensas lluvias o de persistentes sequías. Aún en el transcurso del año podían
presentarse fluctuaciones en el abasto determinadas por fenómenos climáticos
locales en las zonas de producción. Y ello incidía en las variaciones de precios
de los alimentos. Algunos datos parciales permiten relacionar las condiciones
de producción, el abasto y los precios de los alimentos en Cartagena111. Por
ejemplo, los años 1768-1769 fueron de sequía en toda la provincia y se perdieron
algunas cosechas, en especial de maíz, disparándose los precios de los víveres112.
El ganado también se vio afectado, y, en consecuencia, el abasto de carnes de
la ciudad113. Entre 1761-1763, 1768-1769 y 1770-1772 el precio de la arroba de
carne fresca pasó de 4 a 7 y luego bajó a 6 reales la arroba114. Esto se cruzó con
los conflictos entre los ganaderos en torno a los turnos, cuotas y privilegios que
110
AGN, SC, Caciques e Indios, t.1, doc.2, f.6v.
111
Una reciente investigación sobre los efectos de las fluctuaciones climáticas sobre los agricul-
tores y ganaderos de las Sabanas de Santa Fe de Bogotá, muestra la importancia de tener en
cuenta ese factor como un elemento indispensable al momento de explicar lo que sucedía con
el abasto y el costo de vida. Katherine Mora, “Los agricultores y ganaderos de la Sabana de Bo-
gotá frente a las fluctuaciones climáticas del siglo XVIII”. Fronteras de la Historia, 20, 1, (2015):
14-42.
112
AGN, SC, Miscelánea, t.101, doc.10, f.172r.
113
AGN, SC, Miscelánea, t.103, doc.9, fs.175r., 183r.
114
AGN, SC, Miscelánea, t.103, doc.9, f.176r.; AGN, SC, Abastos, t.13, doc.7, fs.374r.-v.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 83 - 129 [115 ]
Sergio Paolo Solano D
les correspondían, lo que también podía dejar su impronta en el precios de las
carnes115. En 1789 el Cabildo de la ciudad informaba al virrey que muchas veces
había que enviar chasquis “[…] en solicitud de ganados […] cuando no hay para
el abasto y manutención del público porque los criadores de esta provincia no
han ocurrido hacer posturas de sus hatos, ya porque no los tienen en sazón, o
porque la creciente del río Magdalena no les permite conducirlos, en cuyo caso
se ocurre a las inmediaciones de la ciudad y sabanas de Tolú a traerlo […]”116.
Lo que era una situación intermitente se convirtió en el pan de cada día
durante el último decenio del siglo XVIII y el primero del XIX, cuando los
problemas más sobresalientes que enfrentaban los habitantes de Cartagena en
materia de alimentos era el recurrente déficit de productos de primera nece-
sidad, la especulación de los acaparadores, el alto costo de vida, la ausencia de
eficaces controles de precios, y la frecuente actitud de las autoridades centrales
del virreinato de no permitir el comercio con extranjeros para proveer a la
plaza de artículos de primera necesidad (carnes, harinas, arroz y maíz)117. En
1801 la ciudad afrontó escasez de carnes debido a tres razones. 1) Porque los
hacendados de la provincia de Santa Marta habían dejado de enviar ganado a
Cartagena, al preferir exportarlos vía contrabando por las costas de la Guajira.
Y también se sacaban hacia Ocaña118. 2) El Cabildo de Santa Marta estableció
cuotas de abasto a los ganaderos de Cartagena que tenían hatos en las tierras
de aquella provincia, dificultando el trasvase para la plaza fuerte y originando
un conflicto de jurisdicciones119. Y, 3) por una epidemia que asoló a los hatos
ganaderos de las sabanas de Tolú y del bajo curso del río Sinú, produciendo
una alta mortandad de novillos120. Al incrementarse el precio de la carne a tal
magnitud que muchas familias dejaban de comprarla, los abastecedores prefe-
rían no hacer grandes posturas para evitar que la escasa demanda deprimiera
los precios. Y como alternativa buscaban otros mercados. Las autoridades es-
tablecían un 10% de cuota de saca a los pequeños y medianos criadores de las
inmediaciones de la ciudad, pero esa era mucha presión sobre las existencias
de hatos no tan grandes. 1806 fue año de muchas dificultades para el abasto
pues las intensas lluvias dañaron las siembras y se recogieron cosechas pobres.
Sus efectos se hicieron sentir durante el primer semestre del año siguiente. En
115
AGN, SC, Abastos, t.13, doc.7, fs.181r.-513v.
116
AGN, SC, Impuestos Varios, t.11, doc.11, fs.481r.-v.
117
Todo indica que fue una situación que vivieron muchas poblaciones de Hispanoamérica
durante ese tránsito finisecular. Para ciudad de Panamá ver: Alfredo Castillero, Biografía de
una manzana histórica (Panamá: Editora Novo Art, S.A., 2015), 57-61.
118
AGN, SC, Alcabalas, t.13, doc.15, fs.117r.-133v.; AGN, SC, Abastos, t.12, doc.22, f.637r.
119
AGN, SC, Abastos, t.13, doc.13, fs.561r.-572v.
120
AGN, SC, Abastos, t.12, doc.22, f.639v.
[116 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Trabajadores, salarios y precios en Cartagena de Indias, 1750-1810.
Una aproximación al estudio del mundo laboral de la plaza fuerte
febrero de 1807 Anastasio Zejudo, gobernador de Cartagena, escribía al virrey
sobre las necesidades de abastecimiento de la plaza para que se permitiese in-
troducir comestibles desde el extranjero:
Las muchas crecientes e inundaciones que han causado en esta provincia de mi
cargo, las tempranas y abundantes lluvias del año pasado han arruinado la mayor
parte de las cosechas, y perdido un número considerable de ganado, de que resulta
la mayor escasez y carestía en todos los víveres de primera necesidad tanto para el
mantenimiento de los habitantes que hay en las muchas poblaciones de su distrito,
como para el numeroso vecindario y guarnición de esta plaza121.
Las dos cosechas del segundo semestre de 1807 fueron abundantes en el
Sinú y en las sabanas centrales de la provincia de Cartagena, hasta el punto de
alcanzar para abastecer a la ciudad durante el primer semestre del siguiente año.
Sin embargo, durante el segundo semestre de 1808 en la plaza escasearon los
productos de primera necesidad122. Este año empezó con lluvias torrenciales,
impidiendo las habituales quemas de malezas y rastrojos del mes de marzo.
Buena parte del terreno sembrado se inundó y se recogieron pobres cantidades
de granos123. José María del Real, hacendado de Cartagena que tenía sus tierras y
ganados por los lados de los Montes de María había sembrado con la expectativa
de cosechar 300 fanegas de maíz (28.200 libras), pero solo alcanzó a recoger 100
(9.400 libras)124. Con mucha incertidumbre los cosecheros realizaron la segunda
siembra en octubre de ese año, pero las lluvias no amainaron, y los ríos Magdalena,
Sinú y San Jorge se desbordaron e inundaron muchos terrenos de siembras y de
pastoreo, y se ahogaron muchas reses125. Según el teniente del gobernador que
residía en Lorica, en ese año, en el partido homónimo (parroquias de Lorica,
San Antero, Chimá, San Bernardo, San Pelayo, San Jerónimo de Montería, San
Carlos, Ciénaga de Oro, Momil y Purísima), se esperaba que 228 fanegas y 4
almudes que habían sembrado 455 cosecheros, produjeran 18.276 fanegas del
grano (1.718.000 libras). No obstante, la producción estuvo muy por debajo, sin
que se puedan precisar cifras126. Y luego, el año de 1809 fue de sequía. En agosto
de ese año el hacendado Andrés Gómez Mármol decía que de cinco a seis años
atrás “[…] se experimenta en esta provincia una alteración la más notable en
las lluvias, pues llueve en verano cuando se deben hacer y quemar las rozas, de
121
AGN, SC, Aduanas, t.5, doc.18, f.988r.
122
AGN, SC, Abastos, t.2, doc.1, f.4v.
123
AGN, SC, Abastos, t.9, doc.11, fs.580v.-588v.
124
AGN, SC, Abastos, t.9, doc.11, f.588r.
125
AGN, SAA-I, Historia, t.4, doc.30, fs.425r.-451v.
126
AGN, SC, Abastos, t.9, doc.11, fs.597r.-605v.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 83 - 129 [117 ]
Sergio Paolo Solano D
cuyas resultas o no se hacen o no se queman, o queman tan mal que es necesario
abandonarlas, por no entrar en las costosas operaciones de amontonar, y en
el invierno faltan de modo que si se llega a sembrar no se coge fruto […]”127.
Otros factores que también incidieron de forma negativa en el abasteci-
miento de Cartagena fue el agotamiento y la lenta recuperación de los stocks de
ganados en las inmediaciones de las poblaciones, las exportaciones de ganado en
pie para otras poblaciones y provincias, y para el exterior por vía de contrabando,
a las especulaciones de los intermediarios y abastecedores y a las presiones de
los abastecedores para lograr aumentos en los precios. En la tabla 6, elaborada
con la información de algunos libros del pago del impuesto de alcabalas y de
sisa, contiene cifras de cerdos y reses que se sacrificaron durante algunos años
en la ciudad y las cantidades de libras de carnes que proporcionaron. Al cruzar
esta información con la de los precios contenidos en la tabla 7, salta a la vista la
manera en que la oferta incidía en los precios de los productos.
Tabla 6: Cerdos y reses sacrificados para el abasto Cartagena de Indias,
1742-1809
Total Libras Total Libras
de carne d e c a r n e Total de Promedios
Años Cerdos Reses
(75 libras/ (300 libras/ animales animales
cerdo)* res)*
1742 3.627 272.025 201 60.300 3.828
1744 2.654 199.050 598 179.400 3.252
1761-1763 18.017 5.405.100 18.017 6.000
Agosto/1764
3.876 290.700 2.753 825.900 6.639 6.639
a julio/1765
1768-1769 8.310 2.493.000 8.310 4.155
1770-1772 11.987 3.596.100 11.987 4.000
1792** 6.680 501.050 4.467 1.054.725 11.147
1794 1.957 146.775 3.387 1.016.100 5.344
Enero
2.071 155.325 2.535 760.500
a septiembre 1795
Octubre/1802
2.609 195.675 2.323 696.900 4.932 4.932
a septiembre/1803
Octubre/1803
2.231 167.325 2.108 632.400 4.339 4.339
a septiembre/1804
127
AGN, SC, Abastos, t.10, doc.7, fs.80r.-v.
[118 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Trabajadores, salarios y precios en Cartagena de Indias, 1750-1810.
Una aproximación al estudio del mundo laboral de la plaza fuerte
Octubre/1804
1.387 104.025 2.189 656.700 3.576 3.576
a septiembre/1805
octubre/1808
1.435 107.625 201 60.300 1.636 1.636
a septiembre/1809
Fuentes: elaboración del autor a partir de: AGN, SAA-III, Reales Cajas, t.68, Cartagena, Libro de
cargos de la Real Caja, 1742-1747, fs.151r.-v; AGN, SAA-III, Real Hacienda, t.13, Libro diario
de carga de géneros, Cartagena, 1745-1748, fs.22v.-23r.; t.16, Cartagena. Libro real, común y
general de cargos, 1792, fs.210r.-226v.; AGN, SC, Abastos, t.13, doc.7, fs.374r.-v.; AGN, SAA-III,
Aduanas, t.6, Cartagena. Libro real, común y general de aduana 1794; t.7, Cartagena. Libro real,
común y general de aduana y alcabalas 1795; AGN, SAA-III, Alcabalas, t.75, Cartagena libro de
cargo de Alcabalas, 1764-1765; t.83, Cartagena. Receptoría. Libro común de cargo y data 1802-
1803; t.85, Cartagena. Receptoría. Libro común de cargo y data 1804; t.86, Cartagena. Receptoría.
Libro común de cargo y data 1804-1805; t.98, Cartagena. Libro Real, común y general de cargo
y data de la cuenta general 1809; AGI, Santa Fe, 944, f.1r. * Cálculos realizados en 1766 por el
ingeniero Antonio de Arévalo. ** Según recaudo mensual de sisa por consumo de arrobas de
carnes de reses y cerdos en 1792.
Luego de una tendencia estable en los precios durante buena parte del
periodo que aquí se estudia y solo modificados por la oferta y las especulacio-
nes, para los años finales del XVIII se empezaron variar en detrimento de los
consumidores. En la tabla 7, que contiene datos discontinuos sobre las compras
de víveres para proveer a las tripulaciones de los barcos guardacostas, de compra
de maíz para las bestias de carga utilizadas en las fortificaciones, del Hospital
Militar de San Carlos y del leprosorio de San Lázaro de Cartagena, están re-
gistradas las variaciones de precios de algunos artículos de primera necesidad
durante varios años de la segunda mitad de ese siglo y comienzos del siguiente.
Es una información que por encontrarse dispersa en la documentación difi-
culta procesar datos sobre las variaciones de los precios durante los meses de
un mismo año. Sin embargo, por encima de las variaciones momentáneas, se
pueden ver tendencias.
Las cifras de la tabla 7 indican que entre 1761 y antes de 1783 existió una
estabilidad de los precios de los alimentos, para luego iniciar un paulatino
proceso alcista que se aceleró desde 1797 en adelante. Se trató de una situación
generalizada en la Nueva Granada, llevando a que en 1784 la Corona exigiera
de los gobernadores provinciales el envío de informes semestrales sobre las
producciones, las cosechas y los estados del clima, en especial de las lluvias128.
El caso de la carne, maíz y arroz fueron los que más concentraron la atención de
AGN, SC, MM, t.130, doc.73, fs.297r.-298r.; AGN, SC, Miscelánea, t.143, doc.41, f.427r.;
128
doc.60, f.495r.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 83 - 129 [119 ]
Sergio Paolo Solano D
las autoridades. La periódica escasez y carestía de esta proteína había llevado a
que desde finales del decenio de 1770 el Cabildo de Cartagena aboliera el sistema
de contrata para su surtido. La nueva política de abastecimiento implicó comi-
sionar a cierto número de hacendados de la provincia para que se encargaran
de establecer cuotas entre los propietarios de ganados con destino al mercado
de la ciudad129. Desde finales del XVIII se disparó el precio de este alimento.
En 1801 pasó de 8 a 12 reales la arroba, es decir, un aumento del 50%130. Para
afrontar esta calamidad y para suplir el aprovisionamiento de novillos de esas
zonas, en ese año, José Munive Mozo, teniente del gobernador de la provincia
de Cartagena, presentó un detallado inventario sobre los pequeños y medianos
criadores de las poblaciones situadas en las inmediaciones del Canal del Dique.
Y se solicitó a las autoridades de villas y parroquias adelantar censos parecidos131.
129
AGN, SC, Abastos, t.6, doc.11, fs.587r.-638v.
130
AGN, SC, Policía, t.3, doc.85, fs.978r.-982v.; AGN, SC, Abastos, t.12, doc.22, f.639v.; t.13,
doc.13, f.563r.
131
AGN, SC, Abastos, t.12, doc.22, fs.632r.-636v.
[120 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Alimentos 1746 1755 1759 1761 1770 1781 1783 1787 1788 1791 1794 1795 1797 1798 1803 1804 1805 1808 1809
Carne de res
arroba 9 8 8 8 8 8 8 9 8 4 8 7 7 18 24 15 24
fresca
Carne seca de
arroba 24 24 8 16 12 20 16 8 12 30 15 26 28 32
res
To c i n o d e
arroba 24 24 10 14 6 40 20 18
cerdo
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 83 - 129
Carne de cer-
arroba 24 19 8 12 24
do
Maíz fanega 24 10 15 18 24 16 16 16 18 18 12 16 18 18 36
en Cartagena, 1746-1809
Arroz botija 5 5 5 13 25 13 24 10 12 10 12 9 16 8,5 30 32
Manteca de botijue-
8 22 24 18 24 12 16 26 14 24 40
cerdo la
Gallina unidad 4 4 3 6 1,2 3 3 4 3
Pollo unidad 0,3 1
Una aproximación al estudio del mundo laboral de la plaza fuerte
Trabajadores, salarios y precios en Cartagena de Indias, 1750-1810.
Tabla 7: Precios (en reales de plata) artículos de primera necesidad
[121 ]
[122 ]
Alimentos 1746 1755 1759 1761 1770 1781 1783 1787 1788 1791 1794 1795 1797 1798 1803 1804 1805 1808 1809
Queso arroba 12 32 24
Azúcar arroba 16 12 16 32
Miel botija 18 18 32 12 18
Huevos unidades 3x1 8x1
Vísceras de unidad 14 4 14
res
Bagre arroba 20 24 24
Garbanzos arroba 50
Sergio Paolo Solano D
Sal fanega 12 16 24 24 32
Plátanos ciento 5 6 7 6
Aceite de botija 30 24 19 9 24 40 72 17
cocina
Aguardiente limeta 2 5 5
Harina trigo carga* 128 200 200 112 120 160 144 240
Leña pila 4 2 4 6,2 6
Cazabe adorote 16
Fuentes: elaboración del autor a partir de AGI, Cabildos Seculares, Santa Fe, t.64, exp.40; AGN, SC, Abastos, t.14, doc.23, f.826r.; t.12, doc.22, f.639v.; t.2,
doc.21, fs.447r.-v.; t.2, doc.1, fs.1r.-30v.; t.2, doc.4, fs.55r.-59v.; t.9, doc.11, fs.570r.-635v.; t.9, doc.17, fs.819r.-902v., 877r.-894v.; t.10, doc.7, fs.79v, 80v.,
81r., 101v.-102r.; AGN, SC, Hospitales-Cementerios, t.6, doc.22, fs.475r.-v., 578r., 589r.; AGN, SC, Virreyes, t.6, doc.27, f.1234r.; t.16, doc.126, fs.864r.-
870v.; t.16, doc.113, fs.814r.-820v.; t.16, doc.127, fs.872r.-877r.; t.16, doc.109, fs.767r.-777v.; t.16, doc.111, fs.798r.-800r.; t.16, doc.122, fs.850r.-854r.; AGN
SAA-I, GM, leg.22, carpeta única, fs.107r., 459v.; leg.28, carpeta 1, fs.595r. y v.; leg.43, carpeta 1, fs.13r.-15r.; AGN, SC, Policía, t.7, doc.27, f.694r.; t.3,
doc.85, fs.978r.-982r.; AGN, SC, Alcabalas, t.5, doc.7, fs.785r.-v.; AGN, SC, Colegios, t.2, doc.31, f.874r.; AGN, SC, Cabildos, t.2, doc.18, fs.647r.-675v.;
AGN, SC, Miscelánea, t.7, doc.46, fs.626r.-635v.; AGN, SC, Historia Civil, t.13, doc.7, f.318r.; t.22, doc.20, fs.707r.-713r.; AGN, SC, MM, t.31, doc.138,
fs.880r.-887v.; AGN, SC, Hospitales-Cementerios, t.7, doc.27, fs.996r.-1023r. NOTAS: 1755: valores dados por los administradores del Hospital de San
Lázaro. 1787: corresponde a compras hechas por el apostadero de la marina. 1794: atañe a Mompox. 1788: Información Hospital San Juan de Dios. 1803
y 1804 corresponde a Lorica. 1805 concierne a las compras hechas por el Hospital de San Carlos de Cartagena. * 1 barril de harina contenía 7,5 arrobas
Boletín de Historia y Antigüedades
AGN, SC, Aduanas, t.1, doc.11, fs.257r.-v. Una botija de granos equivalía a 32 libras. Un peso de plata equivalía a 8 reales, y un real equivalía a 4 cuartillos.
Trabajadores, salarios y precios en Cartagena de Indias, 1750-1810.
Una aproximación al estudio del mundo laboral de la plaza fuerte
Por eso, desde comienzos de 1808 el Cabildo de Cartagena volvió a so-
licitar a las autoridades del virreinato se permitiera traer alimentos desde las
excolonias inglesas debido a la escasez de alimentos por los efectos de fuertes
sequías o de inclementes lluvias:
[…] los frecuentes trastornos de las estaciones, que es lo que puntualmente está
sucediendo en esta misma actualidad en que habiendo apuntado apenas en estas
costas la entrada del invierno se ha constituido en su lugar un vigoroso verano
por informes generales de todos los cosecheros, ofrece el más miserable éxito en
las labranzas, no pudiendo en tales circunstancias desatenderse el Cabildo de los
lamentos del público sobre males de tanta entidad […]132.
Conclusiones
En este artículo se han descrito el conjunto de factores a tener en cuenta
para estudiar las condiciones materiales de vida de la población de Cartagena
de Indias: los salarios y precios de artículos de primera necesidad, los productos
más comunes de la alimentación de las familias, las zonas y vías de abastos de
la ciudad, las políticas asumidas por las autoridades para garantizar el abasto
y las dificultades afrontadas, las políticas para evitar el acaparamiento y para
controlar los precios. También se presentaron algunos elementos acerca de la
dieta alimenticia y las estrategias familiares de subsistencia (cocina), al igual
que se expuso el boceto de un panorama inicial sobre gastos en vestidos y en
vivienda. Y, por último, se esbozaron algunas ideas sobre las representaciones
colectivas en torno al salario justo y los precios.
El análisis de ese conjunto de factores indica que entre 1750 y finales del
decenio de 1780 algunas franjas de trabajadores/as se estabilizaron en sus co-
locaciones laborales y mejoraron sus ingresos, y, probablemente, sus niveles de
vida. El sector más numeroso de los trabajadores manuales estaba ligado a las
obras de los sistemas de defensa y en la Real Fábrica de Cigarros, haciendo de
Cartagena una sociedad en la que un buen segmento de sus habitantes deven-
gaba el sustento de los jornales que ganaban laborando para las instituciones
de la Corona. Quienes trabajaban por producción como los aserradores de
maderas para el apostadero de la marina y las trabajadoras de la Real Fábrica
de Cigarros también mejoraron sus ingresos gracias a la continua demanda de
productos ligados a sus trabajos. Otros trabajadores como los artesanos en sus
talleres lo hacían contratando trabajos para otras personas y para las institu-
132
AGN, SC, Abastos, t.10, doc.7, fs.76v.-77r.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 83 - 129 [123 ]
Sergio Paolo Solano D
ciones, mientras que otros sacaban provecho de los circuitos mercantiles que
eran estimulados por las necesidades de la defensa de la ciudad y por el poder
adquisitivo logrado por sus habitantes.
Esta situación de carestía determinó que en Cartagena de Indias se pagaran
los jornales más altos de todo el Nuevo Reino de Granada, hecho reconocido
por quienes viajaban al interior andino y hasta por las autoridades centrales
del virreinato. La información analizada corrobora la idea de que el abasto de
la ciudad fue un problema constante a lo largo de su historia colonial, que por
las dificultades productivas de su hinterland inmediato y la escasa rentabilidad
de la producción de granos (maíz, arroz y frijoles) y bastimentos frente a la
producción de caña de azúcar, los alimentos de primera necesidad provenían
de áreas lejanas. Cuando durante la segunda mitad del siglo XVIII empezó a
crecer la población de la ciudad y otras áreas del Caribe neogranadino deman-
daron alimentos (Darién, La Guajira, Portobelo), como también por la salida
de estos por vía del contrabando, Cartagena afrontó graves problemas, los que
en determinados años se acentuaron por condiciones climáticas adversas en las
áreas de producción. A esto se agregó el interés de intermediarios comerciales
que acaparaban y especulaban con los productos de primera necesidad, llevando
a las autoridades de la ciudad a aplicar, hasta cierto punto en vano, políticas de
control de abastos y de precios. Las continuas disputas entre el interés privado
y las políticas de las autoridades en torno al abasto de la ciudad empezaron a
inclinarse a favor del primero, afectando a todos los sectores sociales.
Aunque entre 1750 y finales del decenio de 1780 hubo una concordancia
entre el incremento de los jornales en algunos oficios calificados, y aún de los
peones, y la estabilidad de los precios de productos de primera necesidad, los
años de 1790 y 1800 fueron de escasez y carestía, lo que tuvo un efecto negativo
sobre los ingresos de los trabajadores. Las dificultades del abasto, la escasez
estacional, el acaparamiento y la especulación, las debilidades e ineficacia de las
políticas de control de precios y de protección del consumidor, fueron factores
que se aunaban de distintas maneras y con diferentes intensidades, afectando a
la población de más bajos ingresos. Para la segunda mitad de la década de 1800,
la crisis fiscal del imperio manifestada desde los años de 1790 y profundizada
durante la crisis de la Corona de 1808 en adelante, afectó a todos los trabajadores.
La no afluencia del situado para los sistemas de defensa, se aunaron con la carestía
y terminaron por afectar la demanda de mano de obra. Aunque es un tema que
ha pasado desapercibido por los especialistas que estudian los años de las crisis
y de la independencia, no cabe la menor duda de que esta situación debió ser
[124 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Trabajadores, salarios y precios en Cartagena de Indias, 1750-1810.
Una aproximación al estudio del mundo laboral de la plaza fuerte
un factor de primer orden en el descontento entre la población trabajadora de
Cartagena. Sin embargo, este debe ser tema de otro estudio.
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Trabajadores, salarios y precios en Cartagena de Indias, 1750-1810.
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Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 83 - 129 [129 ]
Boletín de historia y antigüedades /Vol. CVI, No 869, Julio - Diciembre de 2019
El problema de la selección
temática en una historia local:
el caso de la historia básica de
Bucaramanga.
Armando Martínez Garnica1
Resumen
El 22 de diciembre del año 2022 estará Bucaramanga conmemoran-
do 400 años del acto de poblamiento en traza urbana congregada, junto
a la quebrada Bucaramanga. Desde entonces, su historia ha sido una
sucesión de distintos entes político-administrativos hasta convertirse en
el corazón de un área metropolitana. Este artículo es el anuncio del libro
conmemorativo que, bajo el título de Historia básica de Bucaramanga,
aparecerá en el año 2021 bajo el sello editorial de la Universidad Industrial
de Santander. Relata el modo como se seleccionó el tema básico de esta
historia, las cosas públicas, y las estrategias para advertir los anacronismos
que amenazan una historia de larga duración.
1
Armando Martínez Garnica, Bucaramanga (1950). Historiador profesional con título pos-
doctoral en Historia. Profesor emérito de la Universidad Industrial de Santander, donde traba-
jó 25 años. Ha publicado 32 libros y más de un centenar de artículos sobre diversos aspectos de
la historia de Colombia y de Santander. Dirige la Revista de Santander. Entre 2016 y 2019 fue
el director del Archivo General de la Nación. Su último libro se titula Historia de la Primera
República de Colombia: “Decid Colombia, y Colombia será”, 2019. [email protected]
Cómo citar este artículo
Martínez Garnica, Armando. “El problema de la selección temática en una historia local:
el caso de la historia básica de Bucaramanga”. Boletín de Historia y Antigüedades
106: 869 (2019): 131-147
[131 ]
Armando Martínez Garnica
Palabras clave Bucaramanga, historia local, historiografía.
The problem of thematic selection in local history: the case
of the basic history of Bucaramanga
Abstract
On December 22, 2022, Bucaramanga will be commemorating 400
years of the act of settlement in a congregated urban layout, next to the
Bucaramanga stream. Since then, its history has been a succession of
different political-administrative entities until it became the heart of a
metropolitan area. This paper announces the commemorative book that,
under the title of Basic History of Bucaramanga, will appear in 2021 under
the editorial seal of the Universidad Industrial de Santander. It recounts
the way in which the basic theme of this history was selected, the public
things, and the strategies to warn of the anachronisms that threaten the
long duration history.
Keywords Bucaramanga, local history, historiography.
[132 ] Boletín de Historia y Antigüedades
El problema de la selección temática en una historia local: el caso de la
historia básica de Bucaramanga.
Figura 1
Capilla Nuestra Señora de los Dolores. Bucaramanga.
El 22 de diciembre de 2022 Bucaramanga estará conmemorando el cuarto
centenario de su poblamiento. Durante estos siglos, se han sucedido en este
sitio variados entes político-administrativos: pueblo de indios, parroquia de
San Laureano, villa de San Laureano, cabecera de cantón, ciudad capital de un
estado federal, cabecera del departamento de Soto, municipio, cabecera de la
provincia de Soto y del departamento de Santander, núcleo principal de un área
metropolitana. Exponer una historia de este poblamiento humano de cuatro
siglos enfrenta dos problemas básicos: el de la investigación sobre lo que sucedió
en este lugar y el de la exposición de lo significativo como historia.
La acción de investigar la historia de esta sociedad local es un problema
resuelto desde las indicaciones metodológicas de Leopoldo Ranke2: reunir las
2
En el prólogo a su Historia de los pueblos latinos y germánicos (1824), Leopold von Ranke
estableció que una exposición de cómo ocurrieron verosímilmente las cosas tenía que partir
de las mejores fuentes disponibles, especialmente de relatos de testigos presenciales de los
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 131 - 147 [133 ]
Armando Martínez Garnica
mejores fuentes disponibles y examinarlas críticamente, poner notas a pie de
página para indicar de cual fuente se ha tomado la información, esquivar los
anacronismos, escribir en tiempo pasado o participio pasado. Una vez realizada
la investigación, hay que exponer rigurosamente las cosas tal como sucedieron
en una trayectoria histórica y no lógica, por muy condicionados y carentes
de belleza que hayan sido los acontecimientos. Todo depende, entonces, de la
necesaria selección que debe hacer el historiador.
Esta selección es una necesidad y siempre tendrá algo de arbitrario, pues se
trata de destacar, en ese mar tormentoso que es la historia de una sociedad, que
comienza en el pasado más remoto y fluye hacia el más distante futuro, solo una
serie de oleadas, tal como un pintor de marinas apenas selecciona unas cuantas
olas para su cuadro. Esta selección del historiador está regida por un criterio
personal para determinar qué es lo que vale la pena comunicar a los lectores,
qué es lo que su época considera digno de ser remarcado de una época anterior3.
La elección temática para abordar la historia de Bucaramanga comenzó
con la adopción del concepto de res pública. En tanto sociedad localizada en
un lugar específico —un cono de deyección coluvio aluvial—, todo comenzó
como una república de indios, resultado del cumplimiento de un auto proferido
por un oidor de la Real Audiencia en 1622. Cuando esta peculiar república del
orden estamental de la Monarquía Hispana fue extinguida, vino desde el primer
día del año 1779 una república de españoles, mandada por alcaldes pedáneos,
hasta que la revolución política que comenzó en 1810 permitió la formación
de la villa de San Laureano, una república autónoma parcialmente, pues se puso
bajo la autoridad de la Junta de Gobierno de la provincia de Pamplona. En lo
que siguió de los dos siglos siguientes, la elección historiográfica se dirigió a la
cosa pública, dado que Bucaramanga es un ente colectivo de naturaleza políti-
co-administrativa.
Las representaciones historiográficas anteriores
La representación historiográfica sobre el fenómeno del poblamiento
del sitio de Bucaramanga solo comenzó en 1896 con don José Joaquín García
(Agosto 19, 1849—Diciembre 14, 1919), cuando éste dedicó al gobernador
sucesos historiados, indicando al pie de cada página la fuente de la que se hubiere tomado
información, pero sobre todo examinando con rigor crítico todas las fuentes reunidas. La ley
suprema de un historiador era la exposición rigurosa de los sucesos, por muy condicionados y
carentes de belleza que fueren.
3
Jacob Burckhardt, Juicios sobre la historia y los historiadores (Madrid: Katz, Liberty Fund,
2011), 166.
[134 ] Boletín de Historia y Antigüedades
El problema de la selección temática en una historia local: el caso de la
historia básica de Bucaramanga.
Antonio Roldán y a dos hijos ilustres de la ciudad —Aurelio Mutis y Facundo
Mutis Durán— sus Crónicas de Bucaramanga4. Para entonces ya nadie recordaba
que Bucaramanga había nombrado, entre los siglos XVII y XVIII, a un pueblo
de indios mineros congregados por un oidor de la Real Audiencia, y dotado de
tierras de resguardo. García solo oyó decir que en los tiempos de la conquista
española habían existido unos cuantos ranchos de la tribu indígena de los laches,
cuya insignificancia ni siquiera había despertado el afán conquistador de las
huestes de soldados españoles que por allí transitaron.
Por ello, en su representación histórica habían sido los vecinos acomodados
de Girón quienes, en su afán de temperar con sus familias los fines de semana,
fueron edificando en la meseta casas de techo de paja para disfrutar de mejores
fuentes de agua y un clima más fresco. Como en ninguno de los archivos de la
villa decimonónica encontró el expediente de erección de la primera parroquia,
correspondiente al tiempo en que el pueblo de indios ya había sido demolido
por orden de un fiscal de la Real Audiencia, supuso que la posición irregular y
la ninguna delineación que existía entre las distintas habitaciones del poblado
que lo vio nacer indicaban que el poblamiento se debía a colonos de Girón. Por
ello sus crónicas de Bucaramanga solo se extendieron desde los recuerdos que
pudo recoger en su familia, y desde la erección de la parroquia de San Laureano
hasta el año de 1895.
Sin embargo, en la entrega 100 del Boletín de Historia y Antigüedades vino
don Enrique Otero D'Costa a sorprender a todos con una nueva representación
de la Fundación de Bucaramanga5. Gracias a sus lecturas de los expedientes del
fondo Poblaciones de la sección colonial del Archivo Histórico Nacional, que
entonces funcionaba en el tercer piso del edificio nacional de Santo Domingo,
encontró el auto dado en Pamplona —el 4 de noviembre de 1622— por el oidor
Juan de Villabona para ordenar la congregación de las cuadrillas de indios —
que lavaban arenas auríferas en el río del Oro— en una nueva población que
fue levantada en el sitio de Bucaramanga. ¿Se habría cumplido esta orden?, se
preguntó este paciente historiador de la Academia Colombiana de Historia. Sus
lecturas en el fondo Tierras del mismo archivo le dio la respuesta: en el tomo
42 halló un expediente de un pleito por linderos, librado entre el cabildo de la
ciudad de Girón y los indios del pueblo de Bucaramanga, y en él reposaba la
certificación del cumplimiento dado a la orden del oidor en visita de la tierra.
Pese a ser solo una certificación de una diligencia ordenada por un juez visita-
4
José Joaquín [Arturo] García, Crónicas de Bucaramanga [1787-1895], (Bogotá: Imprenta y
Librería de Medardo Rivas, 1896)
5
Enrique Otero D'Costa, “Fundación de Bucaramanga” Boletín de Historia y Antigüedades
No. 100 (enero de 1914): 204-210.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 131 - 147 [135 ]
Armando Martínez Garnica
dor, ese folio fue interpretado por este investigador como la fe de bautismo de
su lugar nativo, la legitimación de su nacimiento como una de las más antiguas
ciudades de Colombia. Pese a la crítica que podemos hacer a su interpretación
de las fuentes que tuvo a su alcance, pues convirtió un “pueblo de indios con-
gregados” en una “ciudad hispana antigua”, a la que posteriormente le diseñaría
un escudo de armas con el lema Montani semper liberi, su trabajo de tres años de
archivo le permitió ofrecer a sus lectores una extensa representación histórica
sobre los orígenes del poblamiento del sitio de Bucaramanga bajo el título de
Cronicón solariego6.
Figura 2
Capilla de las nieves, Girón Santander. S. XVIII.
La reedición de esta obra por la Cámara de Comercio de Bucaramanga,
en 1972, consolidó la perspectiva del origen del poblamiento de Bucaramanga
en un pueblo de congregación de indios, una república de indios del ordena-
miento segregado del Estado monárquico español en las Indias, que coexiste
con una interpretación que lo convertía en república de españoles, cuyos actores
principales vinieron a ser el minero Andrés Páez de Sotomayor, el presbítero
Miguel de Trujillo y los indios mineros. Un conjunto de tres figuras de bronce
6
Enrique Otero D'Costa, Cronicón solariego (1ra ed. Manizales: Imprenta Departamental,
1922. 2da ed. Bucaramanga: Cámara de Comercio de Bucaramanga, 1972).
[136 ] Boletín de Historia y Antigüedades
El problema de la selección temática en una historia local: el caso de la
historia básica de Bucaramanga.
que yace olvidado en la esquina occidental de la fachada del edificio de la Al-
caldía de Bucaramanga, contratado a una artista por el alcalde Alfonso Gómez
Gómez, da fe de esa interpretación. Su negativa a prolongar la escritura de su
historia más allá del año 1630, en dos tomos más que ofreció —dado el cambio
de sus ocupaciones cotidianas—, dejó sin resolver el tema de la demolición del
pueblo de indios original por orden de otro visitador de la segunda mitad del
siglo XVIII, dando paso al nuevo poblamiento parroquial en traza ortogonal,
cuya huella sobrevive hasta nuestros días.
La demolición del pueblo de indios de Bucaramanga, el retorno de las tie-
rras resguardadas al patrimonio real y su posterior remate entre los vecinos que
habían arrendado estancias a los indios —e introducido mejoras materiales—,
pudo haber arrojado otra fe de bautismo de Bucaramanga si hubiera aparecido
en el archivo de la Arquidiócesis de Santafé, destruido durante el Bogotazo, el
expediente completo de erección de la parroquia de Nuestra Señora de Chiquin-
quirá y San Laureano, los dos patrones tradicionales que hoy se han olvidado.
La continuidad del tránsito de la república de indios (1622-1778) a la república
de españoles (1779-1810) fue la jurisdicción del real de minas del río de Oro y
Bucaramanga, ejercida por un alcalde mayor de minas que era proveído por la
Audiencia. Como el cabildo de Pamplona había impuesto su jurisdicción hasta
el río del Oro, gracias a pleitos que entabló contra los cabildos de las ciudades
de Vélez y San Juan Girón, las cuadrillas de indios que recorrían los ríos del
Oro, Suratá y Lebrija, así como las rancherías de las quebradas que recorrían
la meseta de Bucaramanga, fueron parte de la jurisdicción de esa ciudad. Pero
cuando se erigió la parroquia de Bucaramanga pasó la jurisdicción del cabildo
de San Juan Girón, no sin pleitos, que eligió los alcaldes pedáneos hasta 1810.
La eclosión juntera del segundo semestre de 1810 en casi todas las provin-
cias de la Real Audiencia de Santafé trajo consigo la espontánea declaratoria de
villa para la parroquia de Bucaramanga, una decisión espuria de sus vecinos que
solo duró hasta la restauración monárquica que se impuso tras el desastre del
páramo de Cachirí, en febrero de 1816. El capitán Elías Sevilla pudo así describir
a su paso por la parroquia de Bucaramanga, camino de Santafé con el Ejército
Expedicionario de Tierra Firme, la buena disposición de los obedientes parro-
quianos. Un mes después de la batalla de Boyacá, los bumangueses volvieron a
autoproclamarse villa de San Laureano, dándose sus propios alcaldes ordinarios
y oficiales de cabildo, hasta que la vecina villa de San Carlos de Piedecuesta,
que sí había obtenido título de villa por despacho de la Regencia de España,
demandó con éxito la elección de los funcionarios del cabildo en 1823. Y fue
así como, desde julio de 1823, volvió Bucaramanga a la condición de parroquia,
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 131 - 147 [137 ]
Armando Martínez Garnica
ahora en la jurisdicción del cabildo de la villa de San Carlos de Piedecuesta,
con lo cual don Francisco Ordóñez y don José Antonio Serrano se resignaron
a despachar en la condición subalterna de alcaldes pedáneos.
Sería la primera ley de ordenamiento territorial de Colombia, aprobada
por la Legislatura colombiana de 1824, la que al fin permitió a los bumangue-
ses declarar villa a su poblado, conforme a derecho. Ya como villa y cabecera
del cantón de su nombre, disputó a Girón y a Piedecuesta la sede del colegio
provincial, finalmente establecido en Girón con fondos de sus cosecheros de
tabacos. Entre 1820 y 1850, Bucaramanga era solo unum inter pares, con Gi-
rón y Piedecuesta. Por ello fue que todas estas tres poblaciones se dieron sus
respectivas constituciones municipales, cuando la Carta política de 1853 las
autorizó para ello.
Las crónicas de Bucaramanga fueron proseguidas, para el período 1900-
1945, por don Ernesto Valderrama Benítez (1895 — Junio 16,1961), en la
tercera parte (Sinopsis de la tierra en el siglo XX) de su libro titulado Real de
Minas de Bucaramanga7. Consultando tanto el Archivo del Concejo de Buca-
ramanga como el Archivo Departamental, así como su conocimiento personal
de los acontecimientos y lugares, este cronista ofreció una colección de noti-
cias seleccionadas sobre el acontecer local de las instituciones y sobre la oferta
paulatina de los servicios públicos y bienes manufacturados. Antes de él, don
José Fulgencio Gutiérrez había cubierto las crónicas de Bucaramanga para el
período 1895-1941, publicadas en 1941 como parte de un libro conmemorativo
de los Quintos Juegos Olímpicos Nacionales que se realizaron en esta ciudad8.
Agregó pequeñas biografías de los bumangueses notables de todos los tiempos,
un aporte sustancial para el conocimiento de este tema.
Más o menos para este mismo período llevó sus Diarios don Bartolomé
Rugeles López (1860—1938), quien dio noticias de los sucesos locales y de su
propia vida familiar entre los años 1899 y 1938. Gracias a Aída Martínez Ca-
rreño pudimos acceder a ellos9. Se trata de una crónica íntima del municipio
que incluye noticias políticas y sociales, comenzando con la guerra de los Mil
Días, los precios del dólar y de las mercancías en el mercado, sobre todo café y
sombreros, y de movimientos empresariales. Llevó el registro de matrimonios
7
Ernesto Valderrama Benítez, Real de Minas de Bucaramanga, (Bucaramanga: Imprenta del
Departamento, 1947).
8
José Fulgencio Gutiérrez, “Historia de Bucaramanga”, en El libro olímpico de Bucaramanga,
ed. Carlos Albarracín Tavera, (Bucaramanga: editorial, 1941), 25-62.
9
Bartolomé Rugeles López, Diarios de un comerciante bumangués, 1899-1938, (Bucaraman-
ga: Academia Colombiana de Historia, Universidad Autónoma de Bucaramanga, Cámara de
Comercio de Bucaramanga, 2005). Transcripción y edición de Aída Martínez Carreño, la ver-
sión original contenía un 30% más de información en tres tomos.
[138 ] Boletín de Historia y Antigüedades
El problema de la selección temática en una historia local: el caso de la
historia básica de Bucaramanga.
del grupo de distinción, de asesinatos y listas de los miembros de las asambleas
departamentales y los concejos municipales, así como miles de noticias íntimas
de la vida local.
Figura 3
Plaza principal de Girón, Santander. Vista de la Basílica San Juan Bautista.
La perspectiva progresista y optimista de los cuatro primeros cronistas
mencionados comenzó a agotarse en José Fulgencio Gutiérrez, quien en sus
relatos del período 1930-1941 insistió en los actos de violencia política que
se habían dado en el seno de la Asamblea Departamental y en Santander, y se
extinguió en la prolongación de las crónicas para el período 1946-1965 en la
pluma de Roberto Harker Valdivieso (Noviembre 12, 1930—Septiembre 24,
2011), tituladas: … y sucedió en Bucaramanga10. Como la fuente de este cronista
fueron los diarios Vanguardia Liberal, El Deber y El Frente, y su perspectiva la de
un militante partidista conservador, devoto del clero refractario, lo que sucedió
en Bucaramanga parece sacado tanto de la página roja como la de sociales, así
como de las notas necrológicas de esa prensa local y del noticiero de la burocracia
gubernamental. Si bien es cierto que esas dos décadas coinciden con el tiempo
de la violencia bipartidista que se hizo frecuente desde el asesinato de Jorge
10
Roberto Harker Valdivieso, … y sucedió en Bucaramanga (1946-1965), (Bucaramanga: Aca-
demia de Historia de Santander, 1977).
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 131 - 147 [139 ]
Armando Martínez Garnica
Eliécer Gaitán, la perspectiva pesimista del texto perdió de vista el desarrollo
de las instituciones y los nuevos emprendimientos de los esforzados hombres
que nos han antecedido en el tiempo.
Antes de esta variación de perspectiva, doña Ana Francisca Barón, directora
de una escuela primaria de varones, había difundido en La Escuela Primaria una
Monografía del municipio de Bucaramanga11, que fue premiada con diploma de
honor y medalla de oro en un concurso abierto por la Dirección de Instrucción
Pública de la Gobernación de Santander, con motivo de la Fiesta de la Raza.
Además de la utilidad de esta monografía para el conocimiento de los edificios,
aguadas, empresas y casas comerciales en la antigua nomenclatura de calles y
carreras, que ella recorrió personalmente, la perspectiva optimista todavía se
mantenía con fervor en su pluma:
Ha querido la Providencia que sus hijos vivan en admirable bonanza y
hayan vuelto sus ojos hacia las industrias, principalmente a la de tabaco, que se
impulsó notablemente desde 1903 y hoy constituyen una verdadera fuente de
riqueza con el establecimiento de numerosas fábricas, que cuentan con famosas
máquinas y en ellas se emplean gran número de señoritas y muchas jóvenes del
pueblo que devengan honradamente su salario.
A pesar del título de su obra, Nuevas crónicas de Bucaramanga12, Ernesto
Camargo Martínez no cubrió un tramo temporal del acontecer de esta ciudad,
pues solo coleccionó arbitrariamente noticias sin perspectiva científica alguna,
dado que su pluma se extravió por las sendas de la literatura.
La trampa de los anacronismos
Recorrer el acontecer de un poblamiento humano durante cuatro siglos es
un camino plagado de riesgos de anacronismos. Un recorrido de cuatro siglos
muestra que Bucaramanga ha sido de todo: pueblo de indios, parroquia de espa-
ñoles, villa de ciudadanos, ciudad capital de uno de los nueve departamentos del
Estado federal de Santander y del propio Estado durante cuatro años, municipio,
y recientemente núcleo principal de un área metropolitana. Así que lo primero
que hubo que hacer fue asegurar una delimitación cronológica precisa de las
11
Ana Francisca Barón, directora de la Escuela de varones del siglo XX. Monografía de Buca-
ramanga, en La Escuela Primaria, 1486 (noviembre de 1923), 559-576.
12
Ernesto Camargo Martínez, Nuevas crónicas de Bucaramanga, (Bucaramanga, Academia de
Historia de Santander, 1986), 36.
[140 ] Boletín de Historia y Antigüedades
El problema de la selección temática en una historia local: el caso de la
historia básica de Bucaramanga.
distintas entidades político-administrativas que se han sucedido en la llamada
meseta de Bucaramanga, tal como queda ilustrado en el cuadro siguiente:
Sucesión histórica de los entes político-administrativos
llamados Bucaramanga
Nombres de los entes Tiempos
Pueblo de indios de Bucaramanga —22 de diciembre de 1622 a 11 de julio de 1778
Parroquia de San Laureano y Nuestra —1º de enero de 1779 a 31 de diciembre de
Señora de Chiquinquirá del Real de 1810, subordinada al cabildo de San Juan Girón.
minas de Bucaramanga —24 de febrero de 1816 a 31 de agosto de 1819,
subordinada a la comandancia de armas de
Piedecuesta.
—1º de julio de 1823 a 30 de junio de 1825, su-
bordinada a la villa de San Carlos de Piedecuesta.
Villa de San Laureano de Bucaramanga —1º de enero de 1811 a 23 de febrero de 1816,
en las provincias de Pamplona, Soto subordinada al gobierno del Estado libre de
o Lebrija. Pamplona.
—1º de septiembre de 1819 a 30 de junio de
1823, autónoma.
—1º de julio de 1825 a 17 de abril de 1850:
cabecera de cantón subordinado a la provincia
de Pamplona.
—18 de abril de 1850 a 21 de abril de 1854 y
septiembre de 1854 a 31 de mayo de 1855: ca-
becera de cantón subordinado a Piedecuesta,
capital de la provincia de Soto.
—1º de febrero a 21 de abril de 1854: cabecera
de cantón subordinado a Floridablanca, capital
de la provincia de Lebrija.
—1º de junio de 1855 a 24 de noviembre de 1857:
cabecera de cantón subordinado a la provincia
de Pamplona.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 131 - 147 [141 ]
Armando Martínez Garnica
Ciudad de Bucaramanga en el Estado —2 de diciembre de 1857 a 14 de septiembre
soberano de Santander y en el Depar- de 1861: ciudad capital del Estado federal de
tamento de Soto. Santander.
—21 de febrero de 1858 a 13 de diciembre de
1859: municipio constitucional.
—1º de enero de 1870: Ciudad por disposición
del decreto del 7 de diciembre de 1869, dado
por el presidente de Santander.
—25 de junio de 1859 a 30 de septiembre de
1887: capital del departamento de Soto.
—24 de marzo a 6 de septiembre de 1886: sede
provisional del poder ejecutivo del Estado de
Santander.
Municipio de Bucaramanga en el De- —7 de septiembre de 1886 a 2022: capital del
partamento de Santander departamento de Santander.
—30 de septiembre de 1887 a 1937: capital de
la provincia de Soto.
Municipio de Bucaramanga como nú- —15 de diciembre de 1981 a 2022: núcleo prin-
cleo principal del Área Metropolitana cipal del Área Metropolitana.
de Bucaramanga
En cada uno estos períodos político-administrativos existió un régimen
público distinto, encabezado por una variopinta cantidad de funcionarios:
alcaldes mayores de minas, curas doctrineros, alcaldes pedáneos, alcaldes
ordinarios, concejos municipales, jefes políticos de cantón, gobernadores
provinciales, presidentes de estado federal, alcaldes municipales y prefectos
provinciales. La exposición tiene que dar cuenta de esos distintos regímenes
y de la crónica aspiración del vecindario a elevar su condición política, dado
que el poblamiento comenzó como una república de indios, siguió como una
república de españoles, pasó a ser una pequeña república de ciudadanos libres
con la independencia de la monarquía y se elevó a cabecera de estado federal
durante cuatro años, para terminar como capital de uno de los primeros nueve
departamentos administrativos del territorio nacional desde 1887.
[142 ] Boletín de Historia y Antigüedades
El problema de la selección temática en una historia local: el caso de la
historia básica de Bucaramanga.
Figura 4
Parroquia de San Juan Nepomuceno, S. XIX. Floridablanca, Santander
Las figuras paradigmáticas de la res-pública
Una historia básica de Bucaramanga, fundada en el concepto de res pública,
no se ocupa de miles de emprendedores privados de negocios e industrias, ni de
profesionales de la política ni de artistas plásticos. Pero la investigación aconsejó
ilustrar cada una de las épocas con individuos seleccionados, figuras paradig-
máticas entre sus contemporáneos. Entre los emprendedores se seleccionaron
una docena de figuras paradigmáticas: Manuel Mutis Bosio, Juan Crisóstomo
Parra, Georg Von Lengerke, David Puyana Figueroa, Reyes González Arciniegas,
Apolinar Pineda Buenahora, Alfonso Silva Silva, Pedro María Buitrago Roa,
Armando Puyana Puyana, Alfonso Penagos Mantilla, Rafael Parra Cadena y
Rafael Ernesto Pérez Martínez. Lo mismo puede decirse de sus políticos de
mayor notabilidad del tiempo republicano del siglo XX, cuando esta condición
significaba velar por los intereses generales de la ciudad y de la región en medio
de un reconocimiento nacional. Tanto los alcaldes como los concejales eran las
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 131 - 147 [143 ]
Armando Martínez Garnica
figuras centrales de la vida política, pero en un mar de nombres es casi imposible
seleccionar los más notables.
Para los propósitos de una historia básica de Bucaramanga solo se selec-
cionó un grupo básico de 20 políticos memorables por el impacto social que
tuvieron entre sus contemporáneos, por su notabilidad y por su relativo buen
nombre, con alguna dosis de arbitrariedad: Adolfo Harker Mutis, Alejandro
Peña Solano, Pedro Elías Novoa Téllez, Alejandro Galvis Galvis, Gabriel Turbay
Abunader, Mario Galán Gómez, Hernando Sorzano González, José Camacho
Carreño, Luis Carlos Galán Sarmiento, Alfonso Gómez Gómez, Luisa Emma
Mantilla de Romero, Abdón Espinosa Valderrama, Enrique Barco Guerrero,
Ciro López Mendoza, Jaime García Parra, Jaime Serrano Rueda, José Manuel
Arias Carrizosa, Jorge Sedano González, Carlos Toledo Plata y Rodolfo González
García. Más fácil fue seleccionar los artistas más notables en la historia de la
ciudad y de mayor impacto entre sus contemporáneos, pues solamente son siete
nombres: Domingo Moreno Otero, Segundo Agelvis, Carlos Gómez Castro,
Oscar Rodríguez Naranjo, Mario Hernández Prada, Jorge Mantilla Caballero
y Beatriz González.
Capítulos de la historia básica
El primer capítulo de la historia básica de Bucaramanga versa sobre el pueblo
de indios de Bucaramanga, una república de indios integrada por cuadrillas de
indios lavadores de arenas auríferas, cuya existencia comenzó el 22 de diciembre
de 1622 y concluyó el 11 de julio de 1778. Fue el tiempo del laboreo de todos
los ríos, quebradas y aventaderos, bien por indios, mestizos o colonos pobres.
El cambio demográfico obligó a ponerle fin a su existencia, pues al cabildo de
San Juan Girón no escapó que solo era de nombre un pueblo de indios.
El primer día del año 1779 comenzó su existencia la parroquia de san
Laureano de Bucaramanga, cuya dependencia política fue disputada, ante la
indiferencia del cabildo de Pamplona, por el cabildo de San Juan Girón y el al-
calde mayor de minas de Vetas y Bucaramanga. El segundo capítulo aborda esta
institución parroquial, las disputas jurisdiccionales que suscitó, una selección
de sus curas párrocos más notables —Miguel de Trujillo, el maestro Adriano
González, el maestro Martín Suárez de Figueroa, el doctor Juan Eloy Valenzuela y
Mantilla, José Ignacio Martínez, Francisco Romero, José María Villalba, Lorenzo
Rivera y José de Jesús Trillos— y las asociaciones de católicos del tiempo de la
romanización de la Iglesia.
[144 ] Boletín de Historia y Antigüedades
El problema de la selección temática en una historia local: el caso de la
historia básica de Bucaramanga.
Cuando el Estado monárquico de los Borbones españoles entró en su
mayor crisis por la invasión de las tropas francesas en 1808, se desencadenó la
revolución en el mundo hispano. La eclosión de juntas de gobierno permitió
la autonomía de los bumangueses, que se declararon villa de San Laureano y se
dieron cabildo propio, cuya existencia sufrió dos interrupciones: el de la res-
tauración monárquica de 1816-1819 y el de la incorporación a la jurisdicción
del cabildo de San Carlos de Piedecuesta entre 1823 y 1825. Como el tiempo
de esta villa se prolongó más allá de 1850, cuando fue incorporada a la primera
provincia de Soto, el capítulo tercero da cuenta de esas vicisitudes.
La declararon ciudad cuando en 1857, los constituyentes del Estado federal
de Santander determinaron que su capital sería Bucaramanga, dado su rango
político preeminente. Esta condición fue conservada cuando lo perdió, pero a
cambio se convirtió en la capital del nuevo Departamento de Soto, en sustitución
de la provincia que desde 1850 llevó este nombre. El capítulo cuarto se ocupa
de esta ciudad durante la experiencia federal, cuando la agenda de escuelas y
caminos le asignó una de las escuelas normales nacionales de institutoras y el
proyecto del ferrocarril que la uniría con el río Magdalena en Puerto Wilches.
Los capítulos quinto y sexto enfrentan toda la abigarrada gama de aspectos
sociales y políticos que acaecieron cuando, como municipio, fue escogida como
la capital del Departamento de Santander. Son muchos los temas examinados,
desde la provisión de todos los servicios básicos, las empresas municipales,
la vocación por la enseñanza técnica de lo práctico, la economía cigarrera, la
urbanización de sus barrios y sus problemas crónicos. Finalmente, un epílo-
go enfrenta los retos de su futuro político como núcleo principal de un área
metropolitana, viniendo de una asociación de municipios y en la perspectiva
de su transformación en una parte de un distrito especial, con Floridablanca,
Girón y Piedecuesta.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 131 - 147 [145 ]
Armando Martínez Garnica
Figura 5
Templo de la Sagrada Familia. Construcción inició a finales del siglo XIX. Bucaramanga.
El resultado de esta investigación, titulado Historia básica de Bucaraman-
ga, fue publicado por la Universidad Industrial de Santander en el año 2021,
un año antes de la conmemoración cuatricentenaria del poblamiento inicial.
Se estuvo atento a esquivar anacronismos y a seleccionar los mejores temas de
relevancia pública, haciendo concesiones a figuras relevantes de su vida políti-
ca, empresarial y artística. Serán las investigaciones temáticas particulares las
que profundizarán en cada uno de los temas aquí seleccionados y en otros que
no lo fueron, muchos de ellos ya en el mercado editorial de las instituciones
universitarias. Y serán los nuevos historiadores los que, a la vista de las insufi-
ciencias y ausencias de esta historia básica, emprenderán nuevos proyectos de
investigación que las resuelvan.
[146 ] Boletín de Historia y Antigüedades
El problema de la selección temática en una historia local: el caso de la
historia básica de Bucaramanga.
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Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 131 - 147 [147 ]
Boletín de historia y antigüedades /Vol. CVI, No 869, Julio - Diciembre de 2019
Los procesos de cambio en
las estrategias y tácticas en
los ejércitos patriotas en la
independencia
Jorge Mauricio Cardona Angarita1
Resumen:
Desde 1810 y hasta 1824, los patriotas adoptaron estrategias y
tácticas regulares para el desarrollo de la guerra civil entre federalistas y
centralistas y las campañas del Sur, Admirable y campaña Libertadora,
mientras que para el periodo de 1816 hasta 1818, debido a la superioridad
de los españoles, se empleó una táctica irregular de mutas, facciones,
mesnadas y guerrillas en los llanos del Casanare. Los oficiales regulares
del ejército neogranadino desde 1810 y hasta 1819, tenían influencia po-
lítica, económica y social europea y la parte militar no era una excepción.
La herencia de los batallones Auxiliares y Fijos del Rey de España, los
cuales tenían doctrina militar europea, fue aprovechada por los jóvenes
oficiales de las élites criollas, quienes a través de las diferentes escuelas de
1
Ph.D Ciencias Sociales y Humanas, Magister en Historia Pontificia Universidad Javeriana.
Línea de investigación historia y sociología. Jefe de Estudios e Investigaciones del Centro de
Estudios Históricos del Ejército. Bogotá, Colombia. Email: [email protected]
Cómo citar este artículo
Cardona Angarita, Jorge Mauricio. “Los procesos de cambio en las estrategias y tácticas
en los ejércitos patriotas en la Independencia”. Boletín de Historia y Antigüedades
106: 869 (2019):149-174
[149 ]
Jorge Mauricio Cardona Angarita
formación lograron perfeccionar la estrategia y la táctica para vencer en
batallas como Calibio, Juanambú, San Mateo, Bárbula, Palacé y Rio Palo.
Palabras clave: Estrategia, Independencia, Nueva Granada, Táctica.
Changes in the strategies and tactics of patriot armies
during the Independence.
Abstract:
The patriots adopted regular strategies and tactics for the develop-
ment of the civil war between federalists and centralists as well as in the
campaigns of the South, Admirable and Freedom from 1810 to 1824. Due
to the Spanish army superiority, the patriot army employed the uncom-
mon tactic of “mutas”, factions, “mesnadas” and guerrillas in the plains
of Casanare from 1816 to 1818. The regular officers of the New Granada
army had European political, economic and social influence from 1810 to
1819 and the military structure was no exception. The creole elites young
officers, who were trained in the Auxiliary and Fixed battalions of the
King of Spain, employed the European military doctrine to win battles
such as Calibio, Juanambú, San Mateo, Bárbula, Palacé and Rio Palo.
Keywords: Independence, New Granada, Strategy, Tactics.
La evolución de la táctica y la estrategia a comienzos del siglo XIX en la
Nueva Granada fue vertiginosa, en comparación con la evolución de todo el
continente europeo, el cual tardó varios siglos en adaptarse debido al empleo de
las nuevas armas. En este sentido, la combinación de la aplicación de la doctrina
militar de Federico el Grande de Prusia, Napoleón Bonaparte de Francia y Carlos
III de España junto con el Essai générale de tactique de Guibert, La petite guerre,
ou service des troupes légéres en champagne del capitán Grandmaison y el Tratado
de táctica de infantería ligera y artillería de 1815, entre otros, permitieron que los
oficiales regulares neogranadinos de bajo rango pertenecientes a los batallones
Auxiliares, Fijos y Milicias Disciplinadas, se convirtieran en grandes estrategas,
lo cual les permitió vencer en la guerra civil entre federalistas y centralistas; las
campañas militares como la del Sur, bajo Magdalena y Admirable; y, batallas
como Bajo Palace en 1811; de Cúcuta y Bárbula en 1813; Alto Palacé, Calibio,
San Mateo, Juanambú y Tacines en 1814; Río Palo y Chire en 1815; Mata de Miel,
el Yagual y Guachiría en 1816, Pore, Tame, Chire y Tocaría en 1817, Mucuritas
[150 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Los procesos de cambio en las estrategias y tácticas en los ejércitos
patriotas en la independencia.
en 1818; y, Queseras del Medio, Paya, Gámeza y Tópaga, Pantano de Vargas y
Puente de Boyacá en 1819.
El Bicentenario de la independencia, o bicentenario de la campaña libertadora
para los miembros del ejército de Colombia, se conmemora para recordar los
sacrificios de los hombres y mujeres que dieron hasta sus vidas por construir la
república de Colombia. Pero, al respecto, los debates sobre esta conmemoración
afloran hoy en día en el sentido de reconocer el nacimiento de la república de
Colombia con la promulgación de la constitución de 1821 en Villa del Rosario
de Cúcuta y no con la creación de la Confederación de Provincias Libres de la
Nueva Granada entre 1810 y 18112. El periodo que abarca desde 1810, año en
que se constituyeron las diferentes Juntas de Gobierno en la Nueva Granada, y
1819, año en que tuvo lugar la batalla de Boyacá que trajo como consecuencia la
huida del virrey Juan Sámano de Santafé de Bogotá, está atravesada por hechos
trascendentales como una guerra civil y varias campañas militares, batallas y
combates, que de una u otra manera crearon una identidad en los neogranadinos
y especialmente en los militares que integraban las unidades patriotas.
Esta investigación se realizó mediante el método inductivo3, revisando las
fuentes primarias y secundarias que en una etapa de substanciación de crítica
documental, permitió llegar a unas conclusiones generales sobre el proceso de
cambio en las estrategias y tácticas de los ejércitos patriotas. Sobre independencia
de la Nueva Granada hay una amplia literatura y en cuanto a la parte militar,
los textos escritos en historia militar siguen la narrativa de las batallas haciendo
alusión a las maniobras de las especialidades o “armas” como la infantería, la
caballería y la artillería, pero sin profundizar sobre el tipo de táctica utilizado.
Dentro del balance historiográfico sobre la conformación de los ejércitos
y aplicación de la estrategia y la táctica en vísperas de la independencia y la
posterior creación de las juntas de gobierno encontramos a Camilo Riaño4,
2
Armando Martínez Garnica, “Confederación de las Provincias Unidas de la Nueva Grana-
da”, Credencial Historia No. 244 (2010) http://www.banrepcultural.org/biblioteca-virtual/cre-
dencial-historia/numero-244/confederacion-de-las-provincias-unidas-de-la-nueva-granada,
consultado el 15 marzo de 2019.
3
Para ello, se consideró una hipótesis explicativa que fue sometida a confrontación de datos,
a la decodificación y al control de autenticidad y veracidad de las fuentes utilizadas. La hipó-
tesis explicativa resulta de una cadena inductiva cuando es una generalización sugerida por la
observación de un número determinado de casos particulares. En Ciro F.S. Cardoso, “Etapas
y procedimientos del método histórico”, Introducción al trabajo de la investigación histórica
(Barcelona: Crítica, 2000), 151-153.
4
Capitán Camilo Riaño, Análisis Histórico - Militar del Combate el Pantano de Vargas Año del
Sesquicentenario de la Independencia Historia, volumen II (Tunja: Imprenta Departamental,
1960); Mayor Camilo Riaño, La batalla de Cachirí, Biblioteca Academia Colombiana de Histo-
ria; Mayor Camilo Riaño, La batalla de Juanambú, Biblioteca Academia Colombiana de Histo-
ria; Teniente coronel Camilo Riaño, La batalla del Río Palo, (Bogotá: Imprenta de las Fuerzas
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 149 - 174 [151 ]
Jorge Mauricio Cardona Angarita
Cayo Leónidas Peñuela5, Héctor Publio Pérez6, Álvaro Valencia Tovar7, Roberto
Ibáñez Sánchez8, Gabriel Puyana García9, Andrés Salamanca10, José Vicente Ro-
dríguez11, Andrés Ricardo Otálora12, Eduardo Gutiérrez Arias13, Allan J. Kuethe
y Juan Marchena14, Pilar Moreno de Ángel15, Delfín Rivera Salcedo16, Miguel
Matus Caile17, Diego Castrillón Arboleda18, Coronel Miguel A. Peña Bernal19,
Carlos Delgado Gómez y Francisco Díaz Márquez20 y Clément Thibaud21. Todos
estos autores a excepción de Kuethe, Marchena y Thibaud, hacen referencia a
la guerra civil entre centralitas y federalistas y las diferentes batallas de las cam-
pañas militares entre 1810 y 1819, haciendo una interpretación de las fuentes
Militares, 1967), Teniente coronel Camilo Riaño, La Campaña Libertadora de 1819 (Bogotá:
Editorial Andes, 1969).
5
Cayo Leónidas Peñuela, Álbum de Boyacá, tomo I, 1969, Boyacá - Colombia.
6
Héctor Publio Pérez, La participación de Casanare en la guerra de independencia 1809-1819
(Bogotá: Editorial ABC, 1987).
7
Álvaro Valencia Tovar, Historia de las Fuerzas Militares de Colombia (Bogotá: Planeta, 1993)
8
Mayor general José Roberto Ibáñez Sánchez, La Campaña Libertadora de la Nueva Granada
de 1819 (Tunja: Academia Boyacense de Historia, 2009).
9
Brigadier general Gabriel Puyana García, Historia de la caballería colombiana, Centro de
Estudios Históricos del Ejército, (Bogotá: Planeta, 2009)
10
Andrés Salamanca “Armas de la independencia”, Javier Guerrero y Juan Sebastián Calderón
Comp. Gentes, pueblos y batallas, Microhistorias de la ruta libertadora (Tunja: UPTC, 2014)
155-185.
11
José Vicente Rodríguez Cuenca, Luis Daniel Borrero, “La batalla del pantano de Vargas, 25
de julio de 1819”, Paipa, Boyacá, Nueva Granada, las Otras Historias del Pasado, Maguaré, Vol
28, No. 2 (Jul -Dic) 2014.
12
Andrés Ricardo Otálora Cascante, “Bajo las alas del Cóndor. La salud de los ejércitos del Rey
y Libertador en el Virreinato de Nueva Granada (1815 -1820)” (tesis de doctorado de historia
Universidad Nacional de Colombia, 2018).
13
Mayor Eduardo Gutiérrez Arias, Guía para el estudio práctico de la historia militar (Bogotá:
Escuela Militar, 1993)
14
Allan J. Kuethe y Juan Marchena, Los soldados del rey. El ejército borbónico en América colo-
nial en vísperas de la independencia (Valencia: Universitat Jaume I, 2005); Juan Marchena, Ejér-
cito y Milicias en el mundo colonial americano (Madrid: Editorial Mapfre, 1992).
15
Pilar Moreno de Ángel, José María Córdova (Bogotá: Instituto Colombiano de Cultura,
1979)
16
Delfín Rivera Salcedo, Ramón Nonato Pérez, El tigre (Bogotá: panamericana formas, 2015).
17
Miguel Matus Caile, Historia de Arauca (Bogotá: Tercer Mundo, 1992).
18
Diego Castrillón Arboleda, La batalla de Calibio, Archivo Academia Colombiana de Histo-
ria.
19
Miguel A. Peña Bernal, La Campaña del Bajo Magdalena, Biblioteca de la Academia Colom-
biana de Historia.
20
Carlos Delgado Gómez y Francisco Díaz Márquez, “La caballería en la marcha por la ruta
libertadora: Morcote – Socha. Una aproximación”. En Javier Guerrero y Juan David Meléndez
Camargo Comp. Gentes, pueblos y batallas, Microhistorias de la ruta libertadora, vol. 2 (Tunja:
UPTC, 2016), 123-146.
21
Clément Thibaud, República en armas, los ejércitos bolivarianos en la guerra de independen-
cia en Colombia y Venezuela (Bogotá: Planeta, 2003).
[152 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Los procesos de cambio en las estrategias y tácticas en los ejércitos
patriotas en la independencia.
primarias de manera muy general, explicando de manera narrativa cómo fue la
maniobra. En el caso de Kuethe, Marchena y Thibaud, sus trabajos profundizan
sobre la composición social, tanto de los ejércitos del rey como de las milicias
indisciplinadas y disciplinadas de la Nueva Granada.
Para esta investigación se partirá del trabajo de Clemént Thibaud22, quien,
como historiador social y cultural, nos da una aproximación a la vida cotidiana
de las tropas regulares e irregulares patriotas, desde antes de la creación de
las Juntas de Gobierno en 1810 hasta la campaña libertadora en 1819. En este
análisis socio histórico, Thibaud logra diferenciar las tácticas y las estrategias
que los oficiales emplearon en las diferentes campañas y cómo se formaron dos
polos antagónicos entre los caudillos y los oficiales regulares que provenían de
las élites, tanto de la Nueva Granada como de Venezuela.
Al trabajo prosopográfico de Thibaud se le realizó el respectivo análisis
crítico con varias fuentes primarias y autores, entre las cuales destacamos las
reales ordenanzas de su majestad Carlos III, las memorias de O’Leary23, el
archivo del general José Antonio Páez24, Henri Antoine de Jomini25, Carl Von
Clausewitz26, Jacobo Antoine Hippolyte de Guibert27, Sun Tzu28, los diarios
de campaña, libros de órdenes y reglamentos militares de Francisco de Paula
Santander29, Santander y los ejércitos patriotas 181930, Santander y los ejércitos
patriotas 1811 – 181931, los documentos del Instituto Colombiano de Cultura
sobre la Revolución del 20 de julio de 181032, las Memorias del General Santan-
22
Thibaud, República en armas.
23
General Guzmán Blanco, Memorias del general O’Leary, tomo XVI, Imprenta de la “Gaceta
Oficial” 1881, Caracas. 1981 Grafesa - Nápoles 249; Barcelona - España.
24
Archivo del general José Antonio Páez 1818 - 1820, tomo primero, prólogo del doctor José
Santiago Rodríguez Embajador de Venezuela ante el Gobierno de Colombia (Bogotá: Editorial
el Gráfico. 1939); José Antonio Páez, Autobiografía José Antonio Páez, tomo I (Medellín: Edito-
rial Bedout S.A. 1973).
25
Henri Antoine de Jomini Compendio del arte de la guerra, (Madrid: Comprint, S.A., 1991).
26
Carl Von Clausewitz, De la guerra, táctica y estrategia (Madrid: Idea Universitaria, 1999).
27
Essai général de Tactique (1770), En Miguel Alonso Baquer, Antonio de Querol Lombarde-
ro, Martin Kutz, Clausewitz y su entorno intelectual, Kant, Guibert, Fichte, Moltke, Schlieffen,
Lenin, (Madrid: Ministerio de defensa, 1990), 32.
28
Jaime Barrera Parra, El arte de la guerra de Sun Tzu (Bogotá: Panamericana, 2014).
29
Biblioteca de la Presidencia de la República, Diarios de campaña, libro de órdenes y reglamen-
tos militares 1818-1834, (Bogotá: Printer colombiana ltda, 1988).
30
Biblioteca de la Presidencia de la República, Santander y los ejércitos patriotas 1819 (Bogotá:
Printer colombiana ltda, 1988).
31
Biblioteca de la Presidencia de la República, Santander y los ejércitos patriotas 1811-1819
(Bogotá: Printer colombiana ltda, 1988).
32
Instituto Colombiano de Cultura, Revolución del 20 de julio de 1810, Sucesos y Documentos
(Bogotá: Imprenta Nacional, 1996).
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 149 - 174 [153 ]
Jorge Mauricio Cardona Angarita
der33, los documentos para la historia de la vida pública del libertador de José
Félix Blanco34, Santander y los Ejércitos patriotas 1811-1819 de la Biblioteca de
la Presidencia de la República35, las memorias de un abanderado de José Ma-
ría Espinosa36, la Reseña biográfica del general Manuel de Serviez de Vicente
Restrepo37, José María Obando38, la campaña de invasión del teniente general
don Pablo Morillo 1815-181639, el correo del Orinoco40 y la iconografía de José
María Espinosa, J. M. Darmet y Pedro Castillo entre otros. En este sentido, lo
que se propone es ampliar la frontera del conocimiento sobre las tácticas y las
estrategias de los ejércitos neogranadinos que combatieron en el proceso de
independencia, el cual se iniciaría con la junta de gobierno en 1810.
El fenómeno histórico de la independencia de la Real Audiencia de San-
tafé, actual Bogotá, ocurrida el 20 de julio de 1810, fue la más significativa en
todo el Virreinato de la Nueva Granada. A altas horas de la noche, el cabildo a
puerta abierta comenzó a sesionar y sus miembros acordaron formar una Junta
Suprema presidida por el virrey Amar y Borbón y compuesta por miembros del
cabildo y del pueblo. Esta Junta negaba la autoridad de Napoleón Bonaparte y
reconocía la autoridad de Fernando VII, quien había sido apresado. El 21 de
julio de 1810 se inició el nuevo gobierno de la Junta Suprema, de la cual fue
presidente el virrey Amar y Borbón quien fue representado por el oidor de la
Real Audiencia, Juan Jurado y el vicepresidente, el exalcalde José Miguel Pey.
El 23 de julio de 1810 la Junta Suprema creó el batallón de Voluntarios de la
Guardia Nacional (nacimiento del actual Ejército de Colombia) cuyo comando
fue designado al teniente coronel recién ascendido Antonio Baraya y como su
segundo comandante al sargento mayor Joaquín de Ricaurte y Torrijos41.
33
Biblioteca del Banco Popular, Memorias del General Santander (Bogotá. Popular, 1973).
34
José Félix Blanco y sus documentos para la historia de la vida pública del libertador (Caracas,
bicentenario, 1983).
35
Andrés Montaña, Santander y los Ejércitos patriotas 1811-1819 de la Biblioteca de la Presi-
dencia de la República (Bogotá: Presidencia República, 1989).
36
José María Espinosa, Memorias de un abanderado, recuerdos de la patria boba 1810 – 1819,
(Bogotá: Imprenta El tradicionista, 1876).
37
Vicente Restrepo, “Reseña biográfica del General Manuel de Serviez”, Revista Literaria. Ju-
nio-Agosto 1891.
38
José María Obando, Apuntamientos para la historia (Medellín: Editorial Bedout S.A., 1973).
39
Jorge Mercado, La campaña de invasión del Teniente General don Pablo Morillo 1815-1816,
Disponible en internet en http://www.bdigital.unal.edu.co/276/71/campa%C3%B1a_invasion_
teniente.html#3c
40
Academia Nacional de la Historia, Correo del Orinoco (París: Descleé de Brouwer & C,
1939).
41
Instituto Colombiano de Cultura, Revolución del 20 de julio de 1810, Sucesos y Documentos,
(Bogotá: Imprenta Nacional, 1996), 96
[154 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Los procesos de cambio en las estrategias y tácticas en los ejércitos
patriotas en la independencia.
Pero el 25 de julio de 1810 es depuesto el mando del Virrey Amar y Borbón
y se decretó apresar al rey en el Tribunal de Cuentas y a su esposa en el convento
de la Enseñanza. En este sentido, se redactó y se firmó otra Acta, en la que se
declaró la libertad absoluta de la Junta Suprema con relación al Consejo de
Regencia de España. Al día siguiente, se fijaron carteles avisando al público de
la organización de las unidades de Voluntarios de los escuadrones de caballería
como de dos compañías de artilleros y la junta asumió su organización interna
en seis secciones: negocios diplomáticos interiores y exteriores; negocios ecle-
siásticos; la de gracia, justicia y gobierno; la de guerra; la de hacienda; y la de
política y gobierno. La sección de guerra fue integrada por el teniente coronel
José María Moledo, el teniente coronel Antonio Baraya, Francisco Morales y
José Sanz de Santamaría.
Con la creación del batallón de Voluntarios de la Guardia Nacional, se inició
un proceso de profesionalización de un ejército que iría a demostrar su experticia
en el arte de la guerra directamente en el campo de combate. Al observar las
diferentes batallas realizadas por los patriotas en los años posteriores a 1810,
se puede observar la cantidad de batallones que fueron creados y organizados
para combatir en cada batalla.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 149 - 174 [155 ]
Jorge Mauricio Cardona Angarita
Fig. 1. Unidades militares de la Nueva Granada entre 1810 y 1813. Cuadro realizado
por el autor42
42
La información de las figuras No. 1, 2, 3, 4, 5, 6 y 7, fueron obtenidas de los partes de batalla
y de varias fuentes secundarias, entre las más importantes, las de Camilo Riaño, Álvaro Valen-
cia Tovar, Roberto Ibáñez Sánchez y Clement Thibaud.
[156 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Los procesos de cambio en las estrategias y tácticas en los ejércitos
patriotas en la independencia.
Fig. 2. Unidades militares de la Nueva Granada en 1813. Cuadro realizado por el autor
Fig. 3. Unidades militares de la Nueva Granada en 1814. Cuadro realizado por el autor
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 149 - 174 [157 ]
Jorge Mauricio Cardona Angarita
Fig. 4. Unidades militares de la Nueva Granada en 1814 y 1815. Cuadro realizado
por el autor
Fig. 5. Unidades militares de la Nueva Granada en 1815 y 1816. Cuadro realizado
por el autor43
43
El primer dispositivo para el combate en los llanos orientales se llamaba la muta; se trataba
de una banda de más o menos un centenar de personas, jinetes por lo general, al mando de
un jefe muy poderoso. El segundo dispositivo es la mesnada, la cual actuaba como un montón
de mutas reunidas bajo un personaje fuerte y carismático. En Clément, Thibaud, República en
armas, 282-283.
[158 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Los procesos de cambio en las estrategias y tácticas en los ejércitos
patriotas en la independencia.
Fig. 6. Unidades militares de la Nueva Granada en 1816 y 1817
Fig. 7. Unidades militares de la Nueva Granada en 1818 y 1819
Como se puede observar en los diferentes cuadros, las unidades milita-
res del ejército neogranadino estuvieron en combate permanente y, como se
analizará adelante, su organización, educación y disciplina correspondía a las
enseñanzas obtenidas por los militares que venían de Europa y las experiencias
obtenidas de las unidades españolas que estaban en el virreinato antes del grito
de independencia.
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Jorge Mauricio Cardona Angarita
Estrategia y táctica en los ejércitos neogranadinos
El primer paso es definir qué es una guerra, qué es la estrategia, qué es la
táctica, una campaña, una batalla y un combate. En el análisis crítico de la obra
República en Armas, los ejércitos bolivarianos en la guerra de independencia
en Colombia y Venezuela, Clemente Thibaud hace referencia a Lidell Hart,
Clausewitz, Guibert y Poirier para descifrar la estrategia y táctica usada por
Simón Bolívar44, pero usar teóricos posteriores al siglo XIX parecería anacrónico.
Para ello, en esta investigación se tiene como propuesta usar los teóricos del
momento en que se realizaron los procesos de independencia, es decir, a Jomini
y a Guibert, dejando atrás a Federico el Grande. Al analizar la obra de Guibert,
podemos pensar que su sentido es más de la teoría del soldado ciudadano:
El Essai Générale de Tactique incluye un contenido sorprendente, Guibert habla
de la política en acto. Es la estrategia de una mente que se aplica a lo político con
un espíritu práctico. El vocablo “táctica” prometía un propósito de profesiona-
lidad que Guibert no respetará. La táctica de Guibert no es un edificio inmenso
que abarca dos proyectos constitucionales, uno político y otro militar. La táctica
para Guibert es “base única de la vasta ciencia de la guerra”. Distingue la táctica
elemental de la táctica sublime, pero nunca se refiere al vocablo “estrategia”. Llama
táctica a la ciencia militar válida para todos los tiempos, para todos los lugares y
para todos los ejércitos45.
Para Jomini, el arte de la guerra se componía en aquel entonces, de la es-
trategia, de la gran táctica, la logística, la táctica de detalle y el arte del ingeniero
y del artillero46. La guerra, para Jomini, era necesaria para alcanzar un objetivo,
ya fuera para reivindicar derechos o para defenderlos, para satisfacer grandes
intereses públicos como los del comercio, la industria y todo lo referente a la
prosperidad de las naciones y para ayudar a pueblos vecinos cuya existencia
es necesaria para la seguridad del estado o el mantenimiento del equilibrio
político entre otros47. Las guerras pueden ser ofensivas o defensivas y se hacen
de manera independiente contra otra potencia, o contra varios estados aliados
entre sí, o siendo parte principal o únicamente auxiliar.
Una campaña militar a comienzos del siglo XIX, significaba ejecutar una
serie de actividades operacionales y logísticas para lograr cumplir un objetivo
estratégico dentro de un tiempo y espacio determinado. La estrategia es la for-
44
Thibaud, República en armas, 123-125
45
Baquer, de Querol Lombardero, Kutz, Clausewitz y su entorno intelectual, 37.
46
Jomini, Compendio del arte de la guerra, 99.
47
Jomini, Compendio del arte de la guerra, 49.
[160 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Los procesos de cambio en las estrategias y tácticas en los ejércitos
patriotas en la independencia.
ma como se debe desarrollar esta campaña militar teniendo en cuenta aspectos
macros o generales como la naturaleza de la guerra que se va a hacer, el estudio
detenido del teatro de sus empresas y la elección de la base de operaciones más
conveniente según sus fronteras y las de sus aliados48.
La elección de esta base y sobre todo la meta que se proponga alcanzar contribui-
rán a determinar la zona de operaciones que se adopte. El generalísimo tomará
un primer punto objetivo para sus empresas. Elegirá la línea de operaciones que
le lleve a ese punto como línea provisional o como línea defensiva, empeñándose
en darle la dirección más ventajosa, es decir la que ofrece más posibilidades sin
exponerle a grandes riesgos. El ejército avanzando sobre esa línea tendrá un frente
de operaciones y otro estratégico. Detrás de este frente procurará tener una línea
de defensa que le pueda servir de apoyo en caso de necesidad. Las posiciones
pasajeras que tomen sus cuerpos de ejército sobre el frente de operaciones o la
línea de defensa serán posiciones estratégicas. Cuando llegue el ejército cerca de
su primer objetivo y empiece el enemigo a oponerse a sus empresas, le atacará
o maniobrará para obligarle a retirarse. Adoptará al efecto una o dos líneas de
maniobras que, siendo provisionales, podrán desviarse hasta cierto punto de la
línea general de operaciones con la que no se debe confundir49.
El enfrentamiento del ejército con el enemigo se denomina batalla. En
esta, pueden suceder muchos combates en diferentes puntos o pueden suceder
en un solo punto, lo importante es lograr el objetivo, sobrepasarlo y adoptar
un segundo objetivo, el cual debería ser más importante todavía para lograr
cumplir con el objetivo estratégico de la campaña militar. En esta campaña
se deben tener en cuenta apoyos intermedios, reservas estratégicas, obras de
construcción de ingeniería militar y la logística50.
La actuación de las tropas en la batalla y en los combates se le denomina la
táctica. “Se podría decir que la táctica es el combate y que la estrategia es toda
la guerra antes y después del combate, con excepción de los sitios. La estrategia
determina el lugar de actuación, la logística conduce y coloca las tropas, la tác-
tica decide su empleo y manejo”51. En este sentido, Jomini exponía la necesidad
de estudiar primero la escuela de pelotón, luego la de batallón y finalmente las
evoluciones de línea antes de aprender la táctica. En este aparte se entiende el
por qué de los nombres de los batallones de primera, segunda, tercera y hasta
cuarta línea.
48
Jomini, Compendio del arte de la guerra, 99.
49
Jomini, Compendio del arte de la guerra, 99.
50
Jomini, Compendio del arte de la guerra, 100.
51
Jomini, Compendio del arte de la guerra, 231.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 149 - 174 [161 ]
Jorge Mauricio Cardona Angarita
La táctica y la estrategia en los ejércitos neogranadi-
nos de 1810 a 1819
El proceso de independencia, junto con sus campañas y batallas, permitió
que los ejércitos neogranadinos sufrieran una evolución que a Europa conti-
nental le había llevado varios siglos52. A mediados del siglo XVIII, los ejércitos
en la América colonial estaban conformados por milicias indisciplinadas, uni-
dades militares donde terminaban los indeseables, los vagos y malentretenidos
entre los 15 y 45 años y funcionaban como cuerpos territoriales de defensa no
profesionales, encargados de luchar contra las agresiones exteriores53. Con las
reformas borbónicas de Carlos III, se crearon las milicias disciplinadas para ser
cuerpos auxiliares a las tropas regulares con el fin de ser empleadas contra los
ingleses y en este sentido, las unidades militares en América pasaron a ser tropas
paralelas a las de su majestad el rey. Los rangos de los oficiales de las milicias
eran los mismos de las tropas regulares, desde cadete hasta el grado de coronel
pasando por abanderado, teniente, capitán y sargento mayor, aunque el grado
de coronel daba derecho al tratamiento o título de señoría.
Las milicias eran fundadas en una comunidad de oficio de negros e
indígenas en el Nuevo Reino de Granada54 y para controlarlas, el arzobispo
Virrey Caballero y Góngora había creado el batallón Auxiliar, luego de haber
ocurrido el suceso de la rebelión de los comuneros en 1781 en la provincia del
Socorro55. Los oficiales que conformaban los mandos en este batallón trataron
de educarse a comienzos del siglo XIX en el conocimiento del arte militar con
la información que lograron extraer de las maniobras de Federico II de Prusia y
la táctica militar española de 1806, la cual se encontraba en el Reglamento para
el ejercicio y maniobras de infantería.
Las tácticas a comienzos del siglo XIX se basaban en lo enseñado por
Federico II el Grande y como prueba de ello, en la revista del Regimiento de
Infantería Auxiliar del Nuebo Reyno de Granada, se podía observar cómo era
el entrenamiento de este batallón:
Hizo el exercicio de fuego con quatrocientos hombres, que tubo presentes exclusos
los Reclutas, recien llegados al cuerpo, el qual mandó don Juan Josef Cavallero,
sargento mayor de él, manifestando, tanto los oficiales como la Tropa una buena
instrucción […] El sargento mayor que queda de comandante de este Regimiento
se esmera en el cumplimiento de sus encargos, tiene conducta, desempeño y mu-
52
Thibaud, República en armas, 18.
53
Thibaud, República en armas, 25.
54
Thibaud, República en armas, 27.
55
Thibaud, República en armas, 30.
[162 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Los procesos de cambio en las estrategias y tácticas en los ejércitos
patriotas en la independencia.
cha aplicación, y los demás oficiales desempeñan, completamente, sus respectivas
obligaciones56.
Luego del grito de independencia, la Junta Suprema de Santafé creó dos
unidades militares basados en la estructura del antiguo imperio español: el
batallón de Voluntarios de la Guardia Nacional bajo el mando del Coronel An-
tonio Baraya y el batallón Auxiliar, el cual cambiaría de nombre al de batallón
Provincial bajo el mando del coronel José Miguel Pey y más tarde, este batallón
tomaría el nombre de batallón Defensores de la Patria y luego el de Granaderos de
Cundinamarca57. Los batallones estaban conformados por cinco compañías, una
de ellas era de granaderos, el cuerpo élite en el que todos los militares aspiraban
a servir. Las otras compañías eran de infantería, comandadas por un capitán,
el cual era asistido por un teniente y dos subtenientes y estaban compuestas
por 80 hombres, tal como se establecía en las reales ordenanzas de Carlos III.
Cada Regimiento de Infantería, se compondrá de dos, o tres batallones, según Yo
determine que subsista, o se altere el pie que explica oy mis Reglamentos: cada
batallón, de nueve compañías, inclusa la de Granaderos: esta ha de constar de
un capitán, un teniente, un subteniente, un sargento de primera clase, otro de
segunda, un tambor, tres primeros cabos, tres segundos, y cinquenta y quatro
Granaderos. […]
Cada compañía de Fusileros ha de tener un capitán, un teniente, un subteniente,
un sargento de primera clase, dos de segunda, dos Tambores, quatro primeros
Cabos, quatro segundos, y sesenta y quatro Soldados, siempre que no exceda su
pie de ochenta plazas […]58.
A fecha noviembre de 1810, en Santafé ya estaban formados los regimientos
de voluntarios de Infantería al mando del Coronel don Luis Caycedo con tres
batallones y el Regimiento de Milicias de Caballería al mando del Coronel don
Pantaleón Gutiérrez con cuatro escuadrones59. Ante la necesidad de formar ofi-
ciales para los nuevos batallones, la Junta de Gobierno de Santafé, en diciembre
de 1810 creó la escuela de Formación de Oficiales y aprobó el plan de estudios del
coronel José Ramón de Leyva, a quien nombró como su director60. La instrucción
56
Revista del “Regimiento de Infantería Auxiliar del Nuebo Reyno de Granada”, Santa Fe de
Bogotá, diciembre 19-21. 1787. En Clément Thibaud, República en armas, 38.
57
Revista del “Regimiento de Infantería”, en Thibaud, República en armas, 57.
58
Tratado primero que contiene la fuerza, pie y lugar de los Regimientos de Infantería. Ordenan-
zas de S.M. para el régimen, disciplina, subordinación, y servicio de sus exercitos, (Madrid: Im-
presor de la secretaria del despacho, 1768), 2.
59
Instituto Colombiano de Cultura, Revolución del 20 de julio de 1810, 98.
60
Valencia Tovar, Historia de las Fuerzas Militares, 86.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 149 - 174 [163 ]
Jorge Mauricio Cardona Angarita
de los hijos de la élite urbana fue recibida de los oficiales que comandaban las
milicias disciplinadas de Pardos y de Blancos y del Fijo quienes habían venido
de Cartagena y los jóvenes capitanes de los antiguos batallones tomarían el lugar
de los oficiales superiores y generales. Las clases fueron dictadas en el convento
de las Aguas y en la casa del director de la Escuela61 y la táctica que se empleó
para las unidades militares recién creadas, sería la del antiguo régimen el cual
se vio plasmado en el plan de estudios de la escuela militar: “La gran táctica o
movimiento de un ejército, combinadas sus varias armas por lo regular […] no
ha sido el objeto de la instrucción de oficiales particulares de cuerpo”62.
La incorporación de los hijos de las élites al ejército se hacía sin ningún
conocimiento previo del oficio militar que requería conocimientos de las
técnicas de fuego, del arte del mando y de las evoluciones disciplinadas según
los modelos de organización de la época. Entre estos jóvenes se encontraban
José María Espinosa, Luciano D’Eluyar, Macedonio Castro, Pedro y Atanasio
Girardot, Hermógenes Maza y José Hilario López, entre otros63.
Según los relatos tácticos convencionales, la infantería debe formar frentes de
fusileros en tres líneas de profundidad, y cada línea debe entonces disparar por
turnos una salva contra el adversario. La caballería explota los claros abiertos en
las líneas enemigas y su misión es, en el orden defensivo evitar el desbordamiento
de las alas. Una batería de artillería, provista de cuatro cañones, responde al fuego
de los corianos64.
En marzo de 1811 y luego de estar creados los regimientos de Infantería y
Caballería, y la Artillería como unidad de apoyo, se dio reconocimiento al cuer-
po de ingenieros cosmográficos, nombrando al teniente coronel don Eleuterio
Cebollino como su comandante y a don Francisco José de Caldas como capitán
de ese cuerpo65. Un gran número de granadinos, entre ellos Camilo Torres,
inspirados por el ejemplo de las provincias de Norte América, encontraron en
el sistema federal el más adecuado a los propósitos de independencia, mientras
que Antonio Nariño trató de imponer el régimen centralista, con el fin de tener
un gobierno fuerte y central que propiciara una conciencia nacional dentro de la
naciente República que aspiraba a emanciparse de la Corona española. Esta con-
frontación entre centralistas y federalistas es conocida popular y coloquialmente
como la patria boba66. Esta guerra civil, hizo que la fuerza efectiva del ejército
61
Valencia Tovar, Historia de las Fuerzas Militares, 90.
62
Thibaud, República en armas, 58.
63
José María Espinosa, Memorias de un abanderado, 18.
64
Thibaud, República en armas, 75.
65
Valencia Tovar, Historia de las Fuerzas Militares, tomo I, 90.
66
Hans-joachim König, En el camino hacia la nación. Nacionalismo en el proceso de formación
[164 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Los procesos de cambio en las estrategias y tácticas en los ejércitos
patriotas en la independencia.
patriota compuesta de milicias improvisadas con bajo nivel de entrenamiento,
no llegara a los seis mil hombres, además de estar distribuida y aislada en di-
ferentes guarniciones de la República. De la condición y de la experiencia de
estas tropas, José María Espinosa daba cuenta en sus memorias de abanderado.
A las seis de la mañana emprendió marcha nuestro ejército, y á poco rato vimos al
enemigo formando en batalla en el llano de Calibio. A esta sazón se nos reunieron
los cuerpos que venian picando la retaguardia de Asin desde el Valle del Cauca,
y después de unos momentos de descanso, dispuso la acción don José de Leiva,
é inmediatamente nos formamos al frente del enemigo. Rompió éste el fuego de
artillería, que fue contestado por el fuego de la nuestra, y a pocas descargas dió el
general Nariño la órden de avanzar, y así comenzó á batirse la fusilería de una y
otra parte, lo que duró tres horas largas, y al fin, después de un reñido combate,
se decidió la victoria en nuestro favor67.
En el anterior aparte que corresponde a la batalla de Calibío en 1814 y
analizando los óleos (Ver figura 8) de José María Espinosa como abanderado de
los primeros batallones del Estado de Cundinamarca bajo el mando del general
Antonio Nariño, se observa que efectivamente los oficiales de las unidades mili-
tares tenían previo conocimiento del arte militar. En las maniobras se observa el
correcto uso de la infantería, la caballería, la artillería y las especialidades como
los cazadores, los granaderos y hasta los abanderados con sus correspondientes
niveles de mando. Estas maniobras son repetitivas en las diferentes batallas de
los años 1811 hasta 1815, tanto en la guerra de centralistas contra federalistas
como en las batallas del Bajo Palacé en 1811, Alto Palacé, Calibío, Juanambú
y Tacines en 1814, Río Palo y Cachirí en 1815, y Cuchilla del Tambo y de la
Plata en 1816.
del Estado y de la Nación de la Nueva Granada, 1750 a 1856 (Bogotá: Banco de la República,
1988), 189.
67
Espinosa, Memorias de un abanderado, 46.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 149 - 174 [165 ]
Jorge Mauricio Cardona Angarita
Figura 8 - Batalla de Calibio
Espinosa, José María (1796/1883). Batalla de Calibio, ca. 1845. Colección del Museo de la Independencia,
Casa del Florero.
Si el general Antonio Nariño con sus oficiales educados en las escuelas
militares de José Ramón de Leyva y de Francisco José de Caldas hacían la
guerra en el sur aplicando el arte de la guerra utilizando las herencias de los
españoles; el coronel Simón Bolívar en el nororiente de la Nueva Granada ponía
en ejecución lo aprendido directamente en Europa. Con la campaña del bajo
Magdalena y la campaña Admirable, Bolívar prefirió el acercamiento directo, de
tipo napoleónico. Una estrategia que requería rapidez y brutalidad para lograr
los objetivos. La estrategia de Bolívar no era un efecto de las circunstancias, ya
que su formación cultural era influenciada por autores como Rousseau, Voltaire,
Montesquieu, César, Tácito, Montecuccoli, el mariscal de Sajonia y Bélidor, y su
biblioteca militar contenía grandes clásicos como el Essai générale de tactique
de Guinbert, La petite guerre, ou service des troupes légéres en champagne del
capitán Grandmaison68 y el Tratado de táctica de infantería ligera y artillería de
1815; textos que Bolívar enviaría a José Antonio Páez desde Angostura en 181769.
Consolidado Fernando VII en el trono de España en 1815, el teniente
general Pablo Morillo fue enviado a reconquistar las colonias en América, con
una fuerza expedicionaria experimentada en las guerras napoleónicas de más
de 10.462 hombres en armas y servicios. El 17 de febrero de 1815, Morillo zar-
pó de Cádiz y el 18 de agosto del mismo año llegó a Cartagena luego de haber
pasado por Isla Margarita y Caracas en Venezuela. El 6 de diciembre de 1815
68
Thibaud, República en armas, 297.
69
General Guzmán Blanco, Memorias del general O’Leary, 324. (37).
[166 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Los procesos de cambio en las estrategias y tácticas en los ejércitos
patriotas en la independencia.
Morillo ocupó Cartagena y en una expedición de seis columnas por el Chocó,
Antioquia, río Magdalena, Ocaña, Cúcuta y Pasto, logró llegar a Santafé en
mayo de 181670. Durante todo el año de 1816, el ejército realista ejecutó a los
más ilustres neogranadinos mediante el fusilamiento y la horca, muchos de
ellos juzgados en simples consejos de guerra verbales. Esta fue la característica
principal del gobierno que implantó el Pacificador Morillo, la de ejecutar a los
ciudadanos más brillantes que pudieran llegar a ser líderes en otros intentos
de emancipación.
Los oficiales neogranadinos que lograron escapar al régimen del terror
de Morillo, se exiliaron en los llanos del Casanare y entre ellos se encontraban
Francisco de Paula Santander y el teniente José María Córdova. Con la llega-
da de Morillo, la guerra tomó un giro en la manera de realizar la táctica. Los
ejércitos regulares se convirtieron en ejércitos irregulares conformados por
guerrillas organizadas en mutas y mesnadas71. Los hombres que se alistaban
en estas fuerzas se distinguían en tres tipos: 1) las personalidades que huyen
de las persecuciones y la justicia realistas, quienes forman los cuadros de las
guerrillas y una parte de las tropas más fieles; 2) los antiguos soldados realistas
que fueron licenciados por Morillo; y, 3) los peones de las haciendas, libres o
serviles, que fueron reclutados por sus antiguos propietarios o mayordomos con
rango militar72. Lo característico de esas guerrillas consistía en la flexibilidad
en el reclutamiento, el mando que estaba en manos de caudillos carismáticos,
la manera de aplicar las leyes y observar las costumbres de la guerra.
Tácticas y estrategias de las mutas y mesnadas en los
llanos del Casanare y del Apure
Entre 1816 y 1818, se realizó una serie de batallas y combates en los llanos
del Casanare y del Apure, en los cuales las facciones, las mutas y las mesnadas
van a jugar un papel relevante, especialmente en el uso de una caballería mon-
tada por jinetes avezados en la caza y el manejo de las lanzas. “Es gracias a los
jefes carismáticos que se agrupaban los jinetes locales, y éstos se definen por
un modo de vida, una forma de combatir y una furia particular en las cargas,
heredadas de la vida semi nómada de pastores pero realzadas por el conflicto”73.
70
Álvaro Valencia Tovar, Historia de las Fuerzas Militares, 259-264
71
Ver pie de página número 42 sobre las mutas y las mesnadas.
72
Thibaud, República en armas, 274.
73
Thibaud, República en armas, 176.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 149 - 174 [167 ]
Jorge Mauricio Cardona Angarita
Según John Potter Hamilton en sus Viajes por el interior de las provincias
de Colombia74, describe al jinete local como una raza guerrera miembro de
un pueblo y de una muta de caza de consistencia impermanente, que es astuto
para ganarle en velocidad y atrapar los animales. Estas habilidades junto con
el manejo de la lanza, sería lo que les daría el valor agregado a las múltiples
victorias de los patriotas en los llanos.
Las tácticas desarrolladas por las mutas, en las cuales la disciplina era laxa,
pero de obediencia puntual y sin obligación de estar allí, se sostenían por su fle-
xibilidad en la región, el apoyo de la población y la jerarquía que solo se reducía
a escala de grados asignados por generosidad75. En cuanto a las mesnadas, las
cuales estaban organizadas por varias mutas y por más de un millar de hombres,
éstas podían librar batallas regulares si la situación lo exigía, usaban una táctica
de aproximación indirecta y buscaban evitar al adversario más que enfrentarlo
con el fin de afectar su voluntad, pero si tenía que enfrentarlo, lo hacían76.
La capa más profunda de este ejército irregular estaba formada por las mes-
nadas y por caudillos como Rojas, Cedeño, Monagas y Zaraza, mientras que el
grupo de patricios exiliados se componía de oficiales regulares quienes sostenían
la táctica tradicional y el uso de batallas como Santiago Mariño, Manuel Piar y
Simón Bolívar. En este ambiente de los llanos orientales de 1817, los oficiales
exiliados conservaban sus grados y en medio de las mesnadas, Bolívar nombró
como generales de brigada a José Tadeo Monagas, Pedro Zaraza, Andrés Rojas
y Manuel Cedeño, con el fin de dar un reconocimiento y una apuesta sobre el
futuro y poder limar las asperezas con los caudillos77.
Con la ubicación de las tropas realistas en la Nueva Granada y Venezuela,
los llanos orientales se convertirían en el refugio de todas las tropas patriotas.
Para iniciar una campaña militar definitiva con objetivo de derrotar el dispo-
sitivo más débil de los españoles, se requería un cuartel desde donde lanzar las
operaciones, ese sitio estratégico seria la Guayana. “Guayana es la llave de los
Llanos, es la fortaleza de Venezuela: Guayana ha sido el centro y refugio de los
enemigos: ha sido la fuente que ha derramado la esclavitud en la República.
Ella por su posición está en contacto con los países extranjeros y con todo el
interior: ella está cubierta y defendida por un muro más fuerte que el bronce,
por el Orinoco…”78.
74
Thibaud, República en armas, 125.
75
Thibaud, República en armas, 282.
76
Thibaud, República en armas, 283.
77
Thibaud, República en armas, 297.
78
Thibaud, República en armas, 305.
[168 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Los procesos de cambio en las estrategias y tácticas en los ejércitos
patriotas en la independencia.
Para llevar a cabo la campaña de Guayana, Piar atravesó el Orinoco con
1.600 hombres aproximadamente y en abril de 1817 sitió a Guayana la Vieja y
Angostura, reconoció a Bolívar como jefe de los ejércitos republicanos, se hizo
al control de las misiones del Caroní, que le suministraba los víveres y herra-
mientas y armas a ambas ciudades y con la batalla de San Félix en abril 11 logró
tener el dominio de Angostura79. A partir del 19 de julio de 1817 Angostura y
Guyana la vieja quedaron en manos de los patriotas y del dominio del espacio
guayanés. Ante estas noticias, Francisco de Paula Santander, José María Verga-
ra, Francisco Conde, José María Córdova abandonaron a Páez, mientras que
Antonio José de Sucre dejó a Mariño para unirse a Urdaneta, significando con
esto que, los oficiales de campo regulares escogieron finalmente al hombre que
mejor representaba su concepto de lo que debía ser el ejército80.
En estas condiciones, Bolívar vio la necesidad de hacer la coalición de las
mesnadas para hacerlas converger desde los llanos hasta la capital venezolana81,
pero la gran ofensiva lanzada hacía Caracas en 1818 había fracasado y en este
sentido había que rediseñar la estrategia directa, aunque la estrategia indirecta
había funcionado. Se trataría de formar una fuerza armada en los llanos del
Casanare con el apoyo del gobierno de Angostura, para lanzarlo en ataque de
la Nueva Granada, eslabón débil del dispositivo de defensa realista82.
Las batallas entre 1816 y 1819 como las del Chire, Mata Miel, Yagual, Mu-
curitas y las Queseras del Medio entre otras, tienen las mismas características de
tácticas. Todas tenían como común denominador la supremacía de la caballería.
“La caballería es un cuerpo muy apreciado, que practica el choque y del que a
menudo depende la carga decisiva. La relación con los caballos, lo reducido de
sus efectivos –un escuadrón rara vez tiene más de 100 hombres– le dan a estas
unidades un carácter más independiente y una personalidad más fuerte que
la de los batallones de infantería”83. Pero el éxito de los jinetes dependía de los
caballos de batalla. Caballos que debían ser los más fuertes, diestros y seguros,
diferentes a los de silla, de carga, de abastecimiento o de retaguardia, capaces de
transportar de 90 a 100 kilogramos y recorrer de 20 a 40 km por día, según la
topografía y condiciones atmosféricas y que tenían que estar descansados para
el día del ataque y la retirada. Una caballería que requería de abundantes pastos,
79
Thibaud, República en armas, 304.
80
Thibaud, República en armas, 307.
81
Thibaud, República en armas, 355.
82
Thibaud, República en armas, 356.
83
Thibaud, República en armas, 363
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 149 - 174 [169 ]
Jorge Mauricio Cardona Angarita
forrajes, alimentos ricos en proteínas y agua, sin los cuales se hacía limitada su
vida útil y lento su desplazamiento84.
Evidencias de las tácticas de caballería han sido develadas por varios
historiadores,
Divididos en grupos de a 20 jinetes y con precisión, los lanceros de la caballería
patriota, unas veces contratacaban y otras apresuraban su fuga alejando cada vez
más a sus perseguidores del grueso del ejército enemigo, unas veces golpeaban
al enemigo sobre los flancos, o corrían dispersos y como si estuvieran a punto de
desbandarse, luego, unidos en compacto escuadrón, amenazaban la infantería
o hacían frente a los jinetes, con rapidísimas maniobras. Finalmente, cuando se
percibía que la caballería enemiga formaba un solo cuerpo y que en el ardor de
la persecución había dejado atrás a los fusileros, entonces, se lanzaban sobre los
escuadrones a caballo realistas, los desorganizaban y los hacían retroceder contra
la infantería que había quedado a sus espaldas85.
Esta era la descripción de los ataques de la caballería escrita por el his-
toriador Augusto Mijares86. Estás tácticas de caballería también fueron usadas
en otros combates importantes como el de Chire el 31 de octubre de 1815 en
el actual departamento del Casanare, en el cual Joaquín Ricaurte organizando
una caballería de más de 1.000 soldados enfrentó a 3.000 realistas disponiendo
sus escuadrones a órdenes de Miguel Guerrero, Ramón Nonato Pérez y José
Antonio Páez. En este combate, los patriotas ganaron la contienda con la táctica
de Vuelvan caras:
El comandante general de la caballería Miguel Guerrero, a los pocos disparos de
la artillería enemiga, dio orden para que la caballería siguiera avanzando sobre
la derecha; José Antonio Páez y Ramón Nonato Pérez se pusieron al frente de sus
escuadrones. La caballería enemiga, observando el movimiento de la caballería
patriota, creyó que huía y cargó contra las tropas patriotas, pero un arranque
característico de la caballería llanera logró desorganizarlos y con esta ventaja
los arrollaron, destrozaron y aniquilaron de tal manera que fueron a parar a la
retaguardia de las líneas de Calzada. Ningún esfuerzo del enemigo pudo contener
tan furibunda carga87.
84
Carlos Delgado Gómez y Francisco Díaz Márquez, “La caballería en la marcha por la ruta
libertadora: Morcote-Socha. Una aproximación”, en Gentes, Pueblos y Batallas, Microhistorias
de la Ruta de la Libertad, Comp. Javier Guerrero Barón y Juan David Meléndez Camargo (Tun-
ja: Búhos editores, 2016), 128-129.
85
Delgado Gómez y Díaz Márquez, La caballería en la marcha, 125.
86
Augusto Mijares, El Libertador (Caracas: Italgráfica, 1975), 352-353.
87
Héctor Publio Pérez Angel, La participación de Casanare en la Independencia, 95.
[170 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Los procesos de cambio en las estrategias y tácticas en los ejércitos
patriotas en la independencia.
La táctica Vuelvan caras también fue empleada en los combates de Mata de
Miel a comienzos de 1816 en las sabanas cerca del río Arauca, en Guachiría en
julio de 1816 y Tocaría a comienzos de 181788. La táctica usada por los llaneros
se podría observar en la pintura al fresco de Pedro Castillo89, donde se obser-
van los “soldados desnudos en sus caballos, sin arneses complejos ni montura,
armados con la famosa púa, la larga pica característica de la caballería. El uso
de esta incómoda lanza suponía el dominio profundo del arte ecuestre, sobre
todo en el ataque; dominio del caballo y del grupo formado que demuestra una
fuerte cohesión del conjunto combatiente, y dominio del miedo que inspira el
choque”90.
Con la decisión de Bolívar de iniciar la campaña libertadora hacia la
Nueva Granada, se vio la necesidad de crear un ejército disciplinado en los
llanos del Casanare con la aplicación de las tácticas napoleónicas, las cuales ya
se habían usado antes de 1816. Más adelante, el 25 de agosto de 1818, Francisco
de Paula Santander era enviado desde Angostura hacia los llanos del Casanare
a través del río Orinoco y río Meta con 1.000 fusiles, 25 quintales de pólvora,
40 quintales de plomo, 10.000 piedras de chispa, una pequeña armería y 300
cartucheras en sus portacartuchos, con el fin de organizar y disciplinar una
división con neogranadinos91. Cumplió esta misión a cabalidad, entregando
un ejército de 1.500 hombres en Tame el 12 de junio de 1819 al General Simón
Bolívar, quien sellaría la independencia definitiva de la Nueva Granada en los
campos de Boyacá el 7 de agosto del mismo año, empleando una Vanguardia y
una Retaguardia con batallones de primera línea como el Cazadores, el Rifles,
Bravo de Páez, Barcelona y la Legión Británica.
Conclusiones
Desde 1810 y hasta 1824, los patriotas adoptaron estrategias y tácticas
regulares para el desarrollo de la guerra civil entre federalistas y centralistas; y,
las campañas del Sur, Admirable y campaña Libertadora. Mientras que, para
el periodo de 1816 hasta 1818, debido a la superioridad de los españoles, se
empleó una táctica irregular de mutas, facciones, mesnadas y guerrillas en los
llanos del Casanare.
88
Pérez Angel, La participación de Casanare en la Independencia, 94, 106, 116.
89
Pedro Castillo, Mata de la Miel, pintura al fresco hacia 1830, colección Casa Páez de Valencia.
90
Thibaud, República en armas, 365.
91
Luis Horacio López Domínguez Director, Diarios de Campaña, Libro de órdenes, y reglamen-
tos militares 1818-1834 (Bogotá: Printer colombiana, 1988), 8-14.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 149 - 174 [171 ]
Jorge Mauricio Cardona Angarita
Los oficiales regulares del ejército neogranadino desde 1810 y hasta 1819,
tenían influencia política, económica y social europea y la parte militar no
era una excepción. La herencia de los batallones Auxiliares y Fijos del Rey de
España, los cuales tenían doctrina militar europea, fue aprovechada por los jó-
venes oficiales de las élites criollas, quienes a través de las diferentes escuelas de
formación como la de José Ramón de Leyva en 1810 y la de Francisco de Paula
Santander en 1814, lograron perfeccionar la estrategia y la táctica para vencer
en batallas como Calibio, Juanambú, San Mateo, Bárbula, Palacé y Río Palo.
El éxito de estas batallas se debió a la excelente planeación para la cam-
paña y, en consecuencia, la combinación de la aplicación de la doctrina militar
de Federico el Grande de Prusia, Napoleón Bonaparte de Francia y Carlos III
de España. Una doctrina militar que en su interior detallaba la estrategia y la
táctica de las armas o especialidades de la guerra, como la aproximación directa
e indirecta, el empleo, el movimiento, la ofensiva y la defensiva de las tropas,
y, por supuesto, el empleo de la logística, la cual era importante también para
poder triunfar en cada una de las batallas y campañas, que en conjunto darían
como resultado el triunfo en la guerra.
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[174 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Boletín de historia y antigüedades /Vol. CVI, No 869, Julio - Diciembre de 2019
Historia y arqueología de la
Ferrería de Pacho, Cundinamarca
Roberto Lleras1
Luzed Moreno2
Resumen
La dependencia del hierro y el acero españoles, impuesto por la
metrópoli durante la Colonia, resultaba insoportable para la naciente
República de la Nueva Granada. Esto dio lugar a la temprana exploración
de yacimientos y al establecimiento de los primeros hornos para fundir
mineral de hierro. La ferrería de Pacho, al noroccidente de Bogotá, entró
en funcionamiento con su alto horno en 1837 y desde entonces vivió una
historia particular marcada por dificultades técnicas y económicas hasta
1879 cuando la planta cerró definitivamente. La historia posterior es la
de la fragmentación del predio, el saqueo y la demolición de sus edificios
1
Roberto Lleras, antropólogo Universidad de los Andes, MA en Arqueología University of
Bradford, PhD Arqueología University of London. Subdirector Técnico Museo del Oro 1994-
2010, Profesor Universidades de los Andes y Externado de Colombia. Miembro de Número de
la Academia Colombiana de Historia. [email protected]
2
Luzed Adriana Moreno, antropóloga Universidad Externado de Colombia; realizó su tesis
en orfebrería y arte rupestre. Diplomado en Conservación de Objetos Arqueológicos en Perú.
Arqueóloga en varios proyectos de impacto ambiental. [email protected]
Cómo citar este artículo
Lleras, Roberto y Moreno, Luzed. “Historia y arqueología de la Ferrería de Pacho,
Cundinamarca”. Boletín de Historia y Antigüedades 106: 869 (2019): 175 -215.
[175 ]
Roberto Lleras - Luzed Moreno
y la perdida de sus equipos y maquinaria. A partir de 2014 la Alcaldía
Municipal determino restaurar los remanentes de la Ferrería, proceso
que estuvo acompañado de excavaciones arqueológicas. En este artículo
se da cuenta de la reconstrucción funcional de la planta industrial, tal
como la historia y la arqueología nos lo describen.
Palabras clave: Ferrería, metalurgia, arqueología industrial, alto
horno.
Histor y and archaeology of the Pacho Ironworks,
Cundinamarca
Abstract
The dependence on imported iron and steel, as imposed by Spain
during the Colonial period, was deemed as intolerable by the New Gra-
nada republic. This explains the early efforts to explore ore deposits and
the construction of blast furnaces for iron melting. The Pacho Ironworks,
with its blast furnace started production in 1837 and from them onwards
lived a particular story, marked by technical and economic difficulties
until 1879 when the plant closed definitely. Afterwards the property was
divided, the buildings looted and demolished and the machinery lost.
Starting on 2014 the local authorities decided to reconstruct what was
left of the Ironworks, a process that was accompanied by archaeological
excavations. In this article we offer a functional reconstruction of the
factory, as archaeology and history allow us to describe it.
Keywords: Ironworks, metallurgy, industrial archaeology, blast
furnace.
La Colonia estuvo marcada en lo industrial por el monopolio español del
hierro. La Corona impuso un régimen de importación de este metal que ex-
cluía el abastecimiento desde cualquier territorio distinto a la metrópoli y, por
supuesto, la producción del mismo en las colonias. El hierro y el acero llegaban
[176 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Historia y arqueología de la Ferrería de Pacho, Cundinamarca
desde Vizcaya en lingotes y barras y se sometían al trabajo de forja en minas,
haciendas y talleres urbanos para producir las herramientas, clavos, cerraduras,
adornos, armas y demás objetos que exigía la economía colonial3.
Con la Independencia el abastecimiento de hierro español se suprimió
abruptamente generando no pocos problemas. España conservaba el dominio
del mar, de modo tal que tampoco resultaba factible recurrir a los suministros
de las otras potencias europeas o de los Estados Unidos. Se imponía, por tanto,
buscar la forma de producir localmente el hierro que, por poner solo un ejemplo,
los ejércitos patriotas necesitaban con urgencia.
En medio de este clima, el mineralogista alemán Jacobo Wiesner entró en
contacto en 1814 con Antonio Nariño, por entonces presidente del Estado de
Cundinamarca. Acordaron que Wiesner se encargaría de explorar los alrededores
de Pacho de donde se habían recibido noticias de la existencia de yacimientos
minerales metálicos. Wiesner encontró, en efecto, yacimientos de hierro, plomo y
cobre, y logró fundir algunas muestras en una forja rudimentaria que construyó,
junto con una precaria ramada, en vecindades del pueblo. La reconquista española
y las guerras que siguieron detuvieron el proyecto hasta 1822 cuando el nuevo
gobierno patriota autorizó la formación de una empresa para la explotación
de las minas descubiertas ocho años antes. Un año más tarde Wiesner inició la
producción en firme en su forja catalana. Los resultados fueron regulares pues
el carbón vegetal no daba la temperatura suficiente. Desde los primeros años la
Ferrería fue ubicada al norte del casco urbano de Pacho, en un lugar estratégico
para su operación puesto que allí llegaba el camino que conducía de Pacho a
la hacienda La Mesa de Pacho, por el que probablemente se traía el mineral de
hierro desde las minas al norte del pueblo y que también comunicaba con el
poblado para sacar los productos terminados; discurrían los ríos Batán y de la
Ferrería y otras quebradas que suministraban abundante agua y que, gracias al
fuerte desnivel del terreno podían usarse para generar fuerza hidráulica4.
En 1827 la compañía Egea, Daste y Cía. tomó control de las instalaciones
de Wiesner, las amplió y continúo operando con un nuevo equipo de técnicos
extranjeros. La instalación industrial era aún precaria y el ambiente en el que se
desenvolvía también lo era; los dirigentes nacionales no tenían una conciencia
clara sobre cómo fomentar y proteger el desarrollo industrial. La mayor parte de
los políticos en posición de dirigir el estado venían de familias de latifundistas,
comerciantes y mineros acostumbrados a recibir del extranjero los bienes ma-
3
Roberto Lleras, Metalurgia Colonial en el Nuevo Reino de Granada. Un estudio socio-técnico,
(Saarbrucken: Editorial Académica Española, 2016)
4
Carlos Eduardo Nieto, Aproximación histórica a la antigua Ferrería de Pacho, Cundinamarca
(Bogotá: Manuscrito, 2013)
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 175 - 215 [177 ]
Roberto Lleras - Luzed Moreno
nufacturados. La necesaria protección contra la competencia avasalladora del
hierro y acero británicos tropezó con la doctrina del librecambio; las condiciones
para producir y vender hierro nacional eran abrumadoramente desventajosas5.
En 1833 la compañía trajo al maestro Medardo Merlín para iniciar la cons-
trucción de un alto horno, operación que empezó el año siguiente y concluyó
en 1837; infortunadamente el horno falló al ser prendido por primera vez. En
ese mismo año hubo un relevo en la compañía, Robert Bunch asumió la direc-
ción, reparó y puso en funcionamiento el alto horno y estabilizó la producción.
Incluso en esta etapa de florecimiento el hierro se vendía por debajo del costo
de producción y tenía que hacer frente a las importaciones de mejor calidad.
Entre 1839 y 1845 los conflictos bélicos internos afectaron la producción y las
ventas de la Ferrería. No obstante, Bunch consiguió sostener una producción de
muy buena calidad, diversificó los productos terminados y construyó un horno
de reverbero o pudelaje para la segunda fusión que permitía ofrecer cualquier
tipo de pieza final. Ya para esta época el área principal de trabajo de la Ferrería
se había desplazado desde la zona de la forja catalana (al occidente del predio,
hoy en el lado opuesto de la carretera) hacia el alto horno y su Casa de Trabajo,
en el centro mismo de la planta6.
5
Alberto Corradine Angulo, “De las ferrerías a la siderúrgica” Credencial Historia, N° 262
(2011) https://www.banrepcultural.org/biblioteca-virtual/credencial-historia/numero-262/
de-las-ferrerias-la-siderurgia (14/09/2018)
6
Carlos Eduardo Nieto, Aproximación histórica a la antigua Ferrería de Pacho, Cundinamarca
(Bogotá: Manuscrito, 2013)
[178 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Historia y arqueología de la Ferrería de Pacho, Cundinamarca
Figura 1
La ferrería de Pacho, las estructuras existentes. ©Sergio A. Díaz.
La Ferrería entró en la época de su mayor florecimiento, pero, ni siquiera
entonces, pudo operar al tope de su capacidad. La razón parece ser la escasa
demanda de un país tan escasamente desarrollado que consumía muy pocos
productos industriales, entre ellos el hierro. Para empeorar las cosas este impulso
cesó debido a la muerte de Bunch en 1857; de inmediato la empresa empezó
a decaer y el equipo técnico se desintegro. Es en esta época cuando se tiene el
primer gran registro gráfico y textual de la Ferrería por parte de la Comisión
Corográfica7.
Una reestructuración empresarial iniciada en 1864 permitió reemprender
la producción de hierro en 1870; este impulso, sin embargo, solo duró hasta 1879
cuando la Ferrería cerró definitivamente. Hubo un intento de reorganización
entre 1887 y 1889 que terminó sin éxito; la competencia de las otras ferrerías,
el mal estado del camino de Pacho a Zipaquirá, la baja demanda de hierro y la
guerra de 1885 cerraron cualquier posibilidad de recuperación. Como lo señala
Nieto8, la Ferrería de Pacho no alcanzó a llegar a la época en que la construc-
ción de ferrocarriles y las moderadas actividades exportadoras e industriales
7
Gabriel Camargo, “Descubrimiento y primitiva explotación del hierro en Colombia”. Boletín
de Historia y Antigüedades Vol.: 73. No. 752, (1986).
8
Nieto, Aproximación histórica a la antigua.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 175 - 215 [179 ]
Roberto Lleras - Luzed Moreno
propiciaron un mayor consumo de hierro en Colombia. El terreno de la planta
industrial quedó en manos de especuladores que no tenían interés en la restau-
ración de la empresa y que abandonaron las construcciones que, poco a poco,
empezaron a deteriorarse. No obstante, en las primeras décadas del siglo XX la
mayor parte de los edificios seguían en pie y fueron fotografiados por visitantes
de la capital, como el fotógrafo Gumersindo Cuellar (ca. 1930).
Nieto9, con base en las fotografías aéreas, las láminas de la Comisión Co-
rográfica de 1857 y las fotos de Cuellar de la década de 1930, hizo una recons-
trucción de la Ferrería como pudo haber sido hacia 1857 en la cual identifica: el
alto horno, el taller de arrabio con el martinete principal; el horno de pudelaje;
los depósitos de caliza, carbón y mineral; las estructuras de carga del horno;
el canal de desvío del río que conducía el agua hacia la rueda de paletas; el es-
tanque que recibía las aguas desviadas por el canal; un taller y horno auxiliar;
edificios de administración, entrada principal; bodega de productos terminados
y área de servicios. Es posible que la mayor parte de las construcciones proven-
gan aproximadamente de la misma época; aquella en que se construyó el alto
horno, puesto que su funcionamiento requería de todas las estructuras anexas
– depósitos, canal, estanque, taller, etc. El horno de pudelaje y otras estructuras
menores parecen haber sido posteriores.
El grueso de la destrucción empezó con la construcción de la carretera
Pacho – Coper que cortó en dos el terreno de la planta industrial y ocasionó
la demolición de varios edificios. Para 1940, año de la primera aerofotografía
de la zona, ya es evidente que muchos de los edificios de la Ferrería habían
sido demolidos y los demás estaban cubiertos por vegetación. En 1984 los
propietarios vendieron la parte alta del lote, en donde estaban los depósitos
de mineral, carbón y cal y el canal de entrada al tanque de agua; se empezaron
a construir allí un estadio y casas muy próximas a la estructura del horno10.
El terreno cambió de propietario varias veces y fue usado, entre otras cosas,
para mantener caballos; hasta hace poco quedaban allí algunos abrevaderos.
La vegetación creció incluso sobre el alto horno en el que aparecieron grandes
grietas; parte de sus refuerzos externos, puertas y tapas hierro fueron retirados.
El lugar se convirtió en refugio de vándalos y la chimenea del horno se usaba
como deslizadero deportivo. El daño fue enorme, de la Ferrería sobrevive solo
la estructura central, el alto horno, que quizás representaba un 15% del volumen
de las edificaciones; lo demás fue destruido.
9
Nieto, Aproximación histórica a la antigua.
10
Nieto, Aproximación histórica a la antigua.
[180 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Historia y arqueología de la Ferrería de Pacho, Cundinamarca
Descripción de la planta y reconstrucción funcional de
la Ferrería a partir de los hallazgos arqueológicos
Nieto11, Becerra12 y otros intentaron realizar una reconstrucción descriptiva
de la planta industrial de la Ferrería de Pacho, tal y como debió lucir en el mo-
mento de mayor expansión y plena producción (1837-1857). En general, todos
estos ensayos, más afortunados unos que otros, han utilizado una combinación
de información documental, dibujos, fotografías antiguas y fotografías aéreas.
Nuestra contribución consiste precisamente en aportar los resultados de las
excavaciones de la primera fase de campo; seguimos usando, naturalmente y
en forma paralela, la información documental y fotográfica.
Es posible entender la Ferrería de Pacho, más que como un terreno de una
extensión y configuración dadas, como un complejo que se organiza en torno
a un eje funcional. En el centro de este núcleo se encuentra el alto horno, una
estructura de base rectangular de ladrillo y piedra de 12.17 metros de altura
y 8.0 metros por 8.0 metros en la base. El horno es piramidal; sobre su cara
frontal (este-oeste) y las dos laterales (norte-sur) se abren accesos enmarcados
por arcos de medio punto en piedra. Sobre el arco frontal y a una altura de
5.10 metros hay una especie de terraza sin acceso; su uso es desconocido. La
estructura piramidal termina a una altura de 9.39 metros en otra terraza que
rodea la estructura circular de la chimenea que continúa ascendiendo hasta
12.17 metros. Esta terraza, o balcón, constituía la superficie desde la que se
realizaban las operaciones de carga del horno.
11
Nieto, Aproximación histórica a la antigua.
12
Virgilio Becerra, Dobereiner Chala Aldana y Víctor Caballero, Estudio Arqueológico Prelimi-
nar de la Ferrería del Municipio de Pacho, Cundinamarca, Colombia (Bogotá: Manuscrito, Uni-
versidad Nacional, 2014).
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 175 - 215 [181 ]
Roberto Lleras - Luzed Moreno
Figura 2
Fachada frontal del alto horno, el primer balcón está a la altura del extremo de la escalera. ©Roberto Lleras.
A una altura aproximada de un metro sobre la terraza se encuentra una
abertura rectangular en la chimenea, la boca de carga del horno; más adelante se
explica este rasgo en detalle. En el piso de este balcón, hacia el frente del horno,
hay una abertura rectangular; es la salida de un buitrón que lleva al techo del
arco frontal. Este buitrón auxiliar cumplía la función de evacuar el humo y los
gases calientes que se generaban en los procesos de descarga del horno, cuando
se extraía la escoria y el arrabio hacia esta zona. Sin este buitrón la atmosfera
en este lugar hubiera sido irrespirable.
[182 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Historia y arqueología de la Ferrería de Pacho, Cundinamarca
Figura 3
(Arriba) Salida del buitrón auxiliar en el piso del segundo balcón. (Abajo) El buitrón auxiliar, en el techo del
arco frontal del horno. ©Sergio A. Díaz.
El rasgo más importante en este segundo balcón es la puerta, o boca, de
carga del horno. Se trata de una abertura rectangular situada a 9.39 metros
sobre la base del horno y de 0.87 metros de altura. Está delimitada por cerchas
de hierro y debió tener originalmente una puerta.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 175 - 215 [183 ]
Roberto Lleras - Luzed Moreno
Figura 4
La boca de carga del horno. ©Sergio A. Díaz.
El alto horno es una estructura de funcionamiento continuo; una vez
que se prendía debía mantenerse prendido constantemente, de lo contrario
su interior, en especial el crisol, sufría daños graves y debía ser reconstruido.
El funcionamiento continuo implicaba tareas periódicas de carga y descarga.
Desde la boca de carga se adicionaban mineral de hierro, piedra caliza y carbón.
Un ironmaster determinaba el momento, las cantidades y el orden en que se
cargaban los materiales.
Para que las cargas periódicas se pudieran realizar era necesario que
existiera una estructura de acopio y suministro de carga del horno; esta estuvo
ubicada en la parte alta del predio, sector norte, en el lugar en donde actualmente
existen varias casas particulares. Según Nieto13 hubo un camino que llegaba a la
Ferrería desde el norte, región en donde estaban los yacimientos de mineral de
hierro. Este camino (de herradura) permitía el abastecimiento constante de la
carga del horno. No se pudo localizar una referencia precisa sobre la ubicación
exacta de la mina, o minas, de mineral de hierro que abastecían la Ferrería
durante la época de su funcionamiento. En general se piensa que se trató de las
mismas minas que se siguieron explotando posteriormente durante la fase de la
13
Nieto, Aproximación histórica a la antigua. 41.
[184 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Historia y arqueología de la Ferrería de Pacho, Cundinamarca
Siderúrgica Corradine y hasta hace relativamente poco tiempo, cuando fueron
cerradas por la autoridad ambiental, en 2015. Estas minas se ubican al norte de
Pacho en las veredas Guayabal de Patasía, Guayoque, Llano de Trigo, El Edén,
Saboya y Pan de Azúcar, e incluso en el vecino municipio de Paime. Son tres los
insumos que requería el alto horno para su funcionamiento: mineral de hierro,
piedra caliza y carbón. Fragmentos del mineral de hierro utilizado en el alto
horno de Pacho se pudieron recuperar en las excavaciones.
Figura 5
Mineral de hierro del tipo usado en la Ferrería. ©Roberto Lleras.
Las calizas son rocas blandas que se podían triturar y pulverizar fácilmen-
te; en las excavaciones arqueológicas no se recuperaron trozos de las mismas,
tan solo se detectaron manchas de polvo de cal. El carbón si se encontró en
abundancia, en general en forma de briznas, no como bloques; se trata de
carbón vegetal (o de palo). El uso de carbón vegetal es confirmado por Guerra
Azuola14. Pero es muy posible que la Ferrería usara también carbón mineral, ya
que cuando se hace un inventario para su venta en 1886 se incluyen dos minas
de carbón15. El carbón vegetal y el mineral (no coquizado) no difieren mucho
en su capacidad calórica y, de hecho, la Ferrería podía aprovechar uno u otro
según la disponibilidad. Estos tres elementos de la carga se almacenaban en la
parte alta del predio, de manera tal que se llevaran a la boca de carga del horno
14
Becerra, Chala Aldana y Caballero, Estudio Arqueológico Preliminar. 75.
15
Nieto, Aproximación histórica a la antigua, 41.
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Roberto Lleras - Luzed Moreno
sin mayor esfuerzo. En el grabado de la Comisión Corográfica de 1858 y en
varias fotografías de alrededor de 1930 se pueden ver claramente los edificios
que componían el conjunto de acopio y suministro de carga del horno.
Figura 6
La Ferrería y estructuras aledañas en 1887. Tomada de Ana García de Corradine, Algo sobre la industria del
hierro en Colombia y sus pioneros, (Bogotá:, 1976).
Figura 7
Fotografía antigua; en la parte superior los edificios en los que se almacenaban los materiales de carga. Toma-
da de García de Corradine, Algo sobre la industria, (Bogotá: 1976).
Aparte de los espacios de almacenamiento propiamente dichos (bodegas)
debía existir allí un batán o molino (o varios) en el que se trituraban el mineral
de hierro, la caliza y el carbón mineral16. Este era un proceso necesario puesto
que si el horno se cargaba con bloques gruesos de estos materiales se reducía
16
Guerra Azuola en Becerra, Chala Aldana y Caballero, Estudio Arqueológico Preliminar, 74.
[186 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Historia y arqueología de la Ferrería de Pacho, Cundinamarca
enormemente su eficiencia. Estos materiales triturados se conducían a la boca
de carga por un puente que comunicaba el área de los depósitos con el segundo
balcón del horno. En la fotografía recuperada por García de Corradine (Fig. 7)
se observa un puente cubierto que llega por la fachada posterior del horno a
la altura del segundo balcón. No obstante, los mismos documentos gráficos, y
otro más (Fig. 8) muestran una estructura alta ubicada al oriente del alto horno
y comunicada con él y con el puente de carga:
Figura 8
Fotografía antigua, detrás y a la izquierda de la chimenea se ve la estructura lateral.Tomada de García de
Corradine, Algo sobre la industria, (Bogotá: , 1976).
Figura 9
Lámina de la Comisión Corográfica, 1858. A la derecha, la ubicación de las estructuras de carga. Biblioteca
Nacional de Colombia. Album de la Comisión Corografica, 1858.
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Roberto Lleras - Luzed Moreno
En las exploraciones arqueológicas se registraron ruinas de grandes ma-
chones ubicados donde existía esta estructura lateral.
Figura 10
Machón (derecha) que sostenía una estructura lateral asociada con la carga del horno. ©Roberto Lleras.
Es probable que se hayan usado vagones que corrían sobre rieles o guías para
acarrear los materiales desde los batanes hasta la boca de carga. Dos fragmentos
de canalones de hierro en forma de C fueron encontrados en el segundo balcón
del horno y retirados por los operarios del Consorcio antes de la intervención
del equipo de arqueología; pueden ser rieles o guías de vagones.
[188 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Historia y arqueología de la Ferrería de Pacho, Cundinamarca
Figura 11
(Izq.) Vista lateral del alto horno, el segundo balcón desde donde se realizaba la carga está en el extremo de
la escalera. (Der.) Canalones de hierro encontrados en el segundo balcón del horno. ©Roberto Lleras.
Además de la estructura de carga, el alto horno requería de un sistema de
ventilación. La inyección continua de aire era imprescindible para mantener
una buena combustión y temperaturas constantes que fundieran el hierro. Era
necesario, además, que el aire fuera precalentado para que su ingreso al horno
no produjera un descenso de la temperatura. Para ese efecto se construyó un
sistema de túneles con dos subsistemas de circulación de aire. Los túneles no
han sido objeto de un mapeo completo, así que aún existen muchos detalles de
su configuración que se desconocen. Sabemos, por ahora, que forman una T
con el punto de unión de los dos ejes directamente bajo el crisol del alto horno:
desde este punto se prolonga el eje mayor que llevaba a una cámara en la cual el
aire se calentaba gracias a algún artefacto de combustión (la ubicación exacta
de este sitio aún no se conoce). Este aire caliente debía circular por convección
dentro de los túneles hasta el punto bajo el crisol y desde allí hacia los dos brazos
de la T. En el extremo oriental existía un pozo, con su respectivo brocal, que
permitía la salida del aire caliente.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 175 - 215 [189 ]
Roberto Lleras - Luzed Moreno
Figura 12
Pozo de salida del aire caliente de los túneles. ©Roberto Lleras.
Dentro de este ambiente de aire caliente de los túneles corría una tubería de
hierro de 6”, el segundo sistema de circulación. Un sistema de pistón y embolo
de madera accionado por la rueda hidráulica inyectaba aire a presión en esta
tubería; el aire recorría las tuberías de hierro dentro de los túneles elevando
su temperatura y salía luego por toberas ubicadas a lado y lado del horno. Los
arcos laterales demarcan espacios contra la pared del horno en donde se abren
pequeñas ventanas rectangulares por donde entraban las toberas metálicas
de inyección de aire caliente. El uso de fuerza hidráulica garantizaba un flujo
ininterrumpido de aire al alto horno.
[190 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Historia y arqueología de la Ferrería de Pacho, Cundinamarca
Figura 13
(Arriba.) Arco lateral, ventana al interior del horno. En la parte inferior tubo metálico que se acoplaba a un
codo y una tobera por donde entraba el aire caliente a presión. (Abajo.) Ventana y tubo metálico de inyección de aire
en el otro arco lateral. Se ve como el tubo metálico sale de un túnel de aire. Fotos: Sergio A. Díaz.
El arco frontal cobija un espacio mayor en el que, a nivel del piso, se
encuentra una abertura rectangular con puerta de hierro que corresponde al
dispositivo de extracción de la escoria (bigotera); una estructura de piedras
rectangulares ayudaba a contener y canalizar este fluido. A la derecha, mirando
de frente a la estructura, y al nivel más bajo hay un canal con evidentes signos
de calcinación: la salida del hierro fundido o arrabio (piquera). La descarga
del horno era otra operación compleja. El ironmaster determinaba el momento
en que se descargaba el arrabio; según las fuentes documentales era cada 12
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 175 - 215 [191 ]
Roberto Lleras - Luzed Moreno
horas17. La escoria se descargaba con mayor frecuencia; esta última es menos
densa y flota sobre el hierro fundido, su temperatura de fusión es menor y por
ello podía ser contenida por una puerta de hierro. La escoria está compuesta
de un conjunto de minerales y elementos aportados a la carga por el mineral
de hierro, la caliza y restos de hierro y carbón; debido al alto contenido de sílice
esta es, sobre todo, un vidrio. En el caso del alto horno de Pacho la escoria es
de color gris oscuro (Fig. 15).
Figura 14
(Izq.) La bigotera o estructura de extracción de la escoria. En la parte superior la puerta de hierro deslizante,
centro y abajo la estructura que canalizaba la escoria fundida. Centroizquierda, un fragmento de escoria in situ. (Der.)
La piquera o canal de descarga del hierro fundido. Véase el canal calcinado. ©Roberto Lleras.
17
Guerra Azuola en Becerra, Chala Aldana y Caballero, Estudio Arqueológico Preliminar.
[192 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Historia y arqueología de la Ferrería de Pacho, Cundinamarca
Figura 15
Tipos de escoria procedentes de excavación arqueológica. ©Luzed Moreno
La piquera es simplemente el sitio en donde el crisol del horno se perfora
(pica) para extraer el hierro fundido. Una vez que se ha completado la descarga
se introduce un taco de arcilla refractaria que sella el hueco; con el calor del
horno esta arcilla se endurece. La piquera se prolongaba hacia afuera en uno o
varios canales hasta llegar a un sitio donde el arrabio se enfriaba y solidificaba.
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Roberto Lleras - Luzed Moreno
Figura 16
(Arriba.) Conjunto bigotera-piquera: izquierda bigotera, derecha canal de la piquera. (Abajo.) Bloque de
arrabio en el fondo del crisol (abajo), abertura de la bigotera, al centro. ©Roberto Lleras.
En las excavaciones se encontró gran cantidad de arrabio, tal y como se
solidificó al enfriarse tras la salida del horno. El arrabio (pig iron) es el primer
producto del proceso de fundición-reducción de un alto horno. Química-
mente es hierro con un contenido de carbono que puede llegar al 8% y
[194 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Historia y arqueología de la Ferrería de Pacho, Cundinamarca
que proviene del combustible; es un material quebradizo que no se puede
usar directamente.
Figura 17
Acumulación de arrabio frente al alto horno. ©Roberto Lleras.
La configuración interna del alto horno se obtuvo retirando de su interior
la basura acumulada y tomando todas las medidas internas.
Figura 18
Alto horno, esquema de configuración interna y medidas. ©Sergio A. Díaz
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 175 - 215 [195 ]
Roberto Lleras - Luzed Moreno
Como se mencionó en un capítulo anterior, el alto horno de Pacho no fue
descargado por última vez. En el fondo del crisol se encontró un bloque sólido
de arrabio que constituye la postrera fundición. El nivel del hierro fundido
alcanza el borde mismo de la bigotera, lo que indica que la carga estaba lista
para su extracción.
Figura 19
Muro de ladrillo que recibía los flujos de escoria y arrabio. ©Sergio A. Díaz.
Directamente frente al horno, y contiguo a él, hay una gran estructura
rectangular de 16 por 12 metros, de muros de piedra y ladrillo de aproximada-
mente 35 cms. de espesor en tres de sus lados (en el lado que da frente al horno
no hay muro). Esta estructura recibía los flujos de escoria y arrabio, cuyos
canales de salida se prolongan en su interior. En el interior del taller de arra-
bio se encontraron dos estructuras: un muro que corría en sentido este-oeste,
paralelo a la cara frontal del horno, a una distancia de tres metros del mismo
y sobre una extensión de unos tres metros (Fig. 19). Hacia el sur hay eviden-
cias de cimientos ciclópeos orientados también en sentido este-oeste, con una
longitud aproximada de 4 metros. Estos debieron sostener una estructura de
[196 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Historia y arqueología de la Ferrería de Pacho, Cundinamarca
gran tamaño, posiblemente un conjunto malacate-martinete que se prolongaba
desde la pared este del taller hacia el horno de pudelaje. Seis bases de piedra
(dos hileras de tres), que aparentemente sostenían postes de madera, marcan
la dirección de la estructura que conecta el horno de pudelaje, en el lado este
del taller de arrabio (Fig. 24).
Figura 20
El taller de arrabio o Casa de Trabajo (Workhouse) tal y como lucia antes de su demolición. Tomada de Gar-
cía de Corradine, Algo sobre la industria, (Bogotá: 1976).
En esta Casa de Trabajo se daban varios procesos fundamentales: se recibía
la escoria que debía desecharse una vez se había enfriado, ya que no se tenía
ningún uso para ella; se recibía el arrabio que, en bloques o fragmentos se apilaba
en el taller y se llevaba al horno de pudelaje, cuando este fue construido, un
año después del alto horno, en 183818. Adicionalmente, en esta Casa de Trabajo
existía un conjunto de martinete-malacate que servía para extraer los bloques de
hierro dulce del horno de pudelaje y laminarlos en planchas o barras. La Casa
de Trabajo era una estructura de un solo piso, de gruesas paredes de ladrillo y
piedra y un techo de tres aguas en teja de barro de tipo colonial. Este techo no
remataba en una cumbrera sino en una abertura sobre la cual se construyó un
sobre-techo de teja de barro. Quedaba así un respiradero por el que podía salir
18
Becerra, Chala Aldana y Caballero, Estudio Arqueológico Preliminar.
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Roberto Lleras - Luzed Moreno
el aire caliente, el humo y los gases generados por los procesos metalúrgicos
que se realizaban en su interior (Fig. 20).
Figura 21
Cimientos ciclópeos del conjunto martinete-malacate. ©Sergio A. Díaz.
Figura 22
Fotografía antigua de Gumersindo Cuellar. Interior de la Casa de Trabajo, derecha el conjunto martinete-ma-
lacate; detrás del individuo solo, el muro de contención del arrabio y arrabio al descubierto bajo los pies del niño.
Tomada de García de Corradine, Algo sobre la industria, (Bogotá: 1976)
[198 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Historia y arqueología de la Ferrería de Pacho, Cundinamarca
Figura 23
Fragmentos de maquinaria que pudieron hacer parte del conjunto martinete-malacate. ©Roberto Lleras.
Los procesos que hemos descrito: extracción de arrabio y escoria, y lami-
nado ocurrían en las áreas norte y este de la Casa de Trabajo, es decir aquellas
contiguas al alto horno y el horno de pudelaje. Es posible que el área restante de
este edificio se usara para: el torno para producir moldes de arena y realizar la
fundición de piezas especiales y la acumulación temporal del arrabio y el hierro
dulce; esto solo se podrá comprobar al excavar el área restante.
Figura 24
Resultados de la excavación en la casa de trabajo y horno de pudelaje. ©Sergio A. Díaz.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 175 - 215 [199 ]
Roberto Lleras - Luzed Moreno
La siguiente fase en la cadena operativa, después de la obtención del arrabio
en el alto horno, es su refinación. Esto se logra mediante una nueva fundición
en la cual se elimina el exceso de carbono y en Pacho se hacía en un horno de
pudelaje o reverbero ubicado al costado este de la Casa de Trabajo. La chimenea
del horno de pudelaje era la más alta del conjunto de la Ferrería; era rectangular
y de ladrillo. Infortunadamente esta estructura fue demolida hasta sus cimien-
tos, probablemente en la misma época de la demolición de la Casa de Trabajo.
Figura 25
Fotografía antigua de Gumersindo Cuellar; la chimenea del horno de pudelaje en el extremo derecho. Tomada
de García de Corradine, Algo sobre la industria, (Bogotá: 1976)
No quedaron descripciones ni fotografías del horno de pudelaje, salvo
las de su chimenea, por lo que no podremos conocer las particularidades de
su arquitectura y funcionamiento. Un horno de pudelaje o reverbero funde el
arrabio en una atmosfera de aire super calentado, pero sin que haya contacto
entre el combustible y el metal; el hierro en estado líquido se agita con varillas
introducidas por una o dos ventanas logrando la oxidación y remoción del
carbono; el producto final es hierro dulce, maleable y apropiado para los tra-
tamientos y usos posteriores. Guerra Azuola19 lo describe como “…un prisma
o semicilindro horizontal con una pequeña puerta lateral…” y un dispositivo
19
Becerra, Chala Aldana y Caballero, Estudio Arqueológico Preliminar.
[200 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Historia y arqueología de la Ferrería de Pacho, Cundinamarca
que permitía cerrar la salida de la chimenea, lo que hubiera generado instan-
táneamente una atmosfera reductora en su interior. En las excavaciones se
descubrieron las bases del horno de pudelaje.
Figura 26
Figura 26 - Cimientos del horno de pudelaje y bases de piedra del conjunto martinete-malacate, excavación
finalizada. ©Sergio A. Díaz.
Las bases de piedra del conjunto martinete-malacate (3 por lado, ver Fig
26 ) se prolongan hasta dentro de la estructura del horno: esto es así porque el
laminado del hierro dulce que se producía en este horno tenía que hacerse en
caliente. Tan pronto se extraían los bloques al rojo vivo desde el horno eran su-
jetados por el malacate y el martinete empezaba a golpearlos hasta reducirlos al
espesor y anchura deseados. Este conjunto debió terminar en una guillotina que
cortaba las barras y planchas aún calientes en trozos de las medidas deseadas20.
Cuatro de los procesos descritos hasta ahora: molienda de materiales,
inyección a presión de aire caliente; laminado con martinete y corte con gui-
llotina requerían de energía mecánica. En la Ferrería de Pacho esta energía se
obtuvo por medio de la canalización de un rio y la construcción de una rueda
de paletas. El curso de agua canalizado fue el Río de la Ferrería: la desviación
aún existe, pero se encuentra en terrenos de propiedad privada de las casas
20
Guerra Azuola en Becerra, Chala Aldana y Caballero, Estudio Arqueológico Preliminar.
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Roberto Lleras - Luzed Moreno
construidas. El canal de desvió llevaba el agua a una poceta de la cual quedan
vestigios (también en terrenos privados); desde este punto el agua caía sobre
una rueda de paletas ubicada al costado occidental del alto horno. La caída, de
aproximadamente 7 metros, y un buen flujo de agua habrían garantizado ener-
gía mecánica suficiente para accionar los cuatro mecanismos. La rueda misma
desapareció, al igual que el conjunto de palancas, engranajes, poleas y bandas
que transmitían la energía hasta los dispositivos de inyección, percusión y corte;
se trataba de piezas de madera, tela o hierro y, por tanto, se desintegraron por
estar a la intemperie o fueron sustraídas.
Figura 27
Estructura de la rueda de paletas. Pozo de descarga y machones que sostenían el eje de la rueda (centro).
©Sergio A. Díaz.
[202 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Historia y arqueología de la Ferrería de Pacho, Cundinamarca
El agua del desvío, después de pasar por la rueda de paletas, seguía su curso
por un desagüe que cruza por la mitad del predio en dirección al rio Batán, el
cual cruza por la parte baja del predio.
Figura 28
(Izq.) Canal de desagüe parcialmente descubierto. (Der.) Excavación previa a intervención arqueológica.
©Roberto Lleras.
Antes de salir del predio el flujo de agua se aprovechaba de nuevo: el canal
de desagüe, cuyo desnivel pronunciado generaba un flujo rápido, pasaba bajo
otra rueda de paletas menor que la primera. De esta forma se obtenía otra fuente
de energía mecánica.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 175 - 215 [203 ]
Roberto Lleras - Luzed Moreno
Figura 29
Fotografía antigua; rueda de paletas menor anexa a edificio. Tomada de García de Corradine, Algo sobre la
industria, (Bogotá: 1976).
En el registro de superficie del sitio se ubicaron dos machones semidestruidos:
el primero de 180x150 cms y el segundo de 150x80 cms. Están construidos en
piedra y ladrillo y se encuentran ubicados al sur del alto horno. Nuestra hipó-
tesis, es que se trata de los machones que sostenían la rueda de paletas menor,
adjunta al edificio alargado que se observa en la fotografía antigua.
[204 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Historia y arqueología de la Ferrería de Pacho, Cundinamarca
Figura 30
(Arriba.)Machón 1, vista anterior. (Abajo.) Machón 2, vista anterior. ©Roberto Lleras
Las excavaciones previas a la intervención arqueológica también ubicaron
los cimientos de una estructura rectangular cuya ubicación coincide con la de
la chimenea externa adjunta al edificio con la rueda de paletas menor.
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Roberto Lleras - Luzed Moreno
Figura 31
Posible base de chimenea junto a uno de los machones de la rueda de paletas menor. ©Sergio A. Díaz.
[206 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Historia y arqueología de la Ferrería de Pacho, Cundinamarca
Figura 32
Posible base de chimenea de horno auxiliar. Ubicada al sur del horno. ©Roberto Lleras
Figura 33
Vista occidental de la Ferrería. Chimenea auxiliar abajo a la derecha. Tomado de Becerra, Chala Aldana y
Caballero, Estudio Arqueológico Preliminar, 2014
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Roberto Lleras - Luzed Moreno
Figura 34
Vista nor-oriental de la Ferrería. Al fondo a la izquierda se observa la chimenea auxiliar externa a los edificios
aledaños. Tomado de Becerra, Chala Aldana y Caballero, Estudio Arqueológico Preliminar, 2014.
La existencia de un edificio con un horno auxiliar y una rueda de paletas
para generación de energía sugiere que se trataba del taller de laminación con
rodillos. El horno auxiliar habría permitido recalentar las barras y planchas y
la rueda habría suministrado la energía para mover el laminador. Esta hipótesis
habrá de comprobarse en la siguiente fase de excavaciones.
Los productos del horno de pudelaje parecen haber sido barras gruesas y
chapas como estas:
[208 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Historia y arqueología de la Ferrería de Pacho, Cundinamarca
Figura 35
Barras de hierro dulce recuperadas en las excavaciones. ©Roberto Lleras
En el curso de esta temporada de excavaciones no se recuperaron piezas
claramente identificables como terminadas en el taller de laminación con rodillos.
En los testimonios gráficos antiguos se observa un total de cuatro chime-
neas en la Ferrería de Pacho (ver, por ejemplo, fig. 37). Creemos haber identi-
ficado tres de ellas con respecto a su ubicación original, vestigio arqueológico
y función en la planta industrial: el alto horno, el horno de pudelaje y el horno
del taller de laminación. La cuarta chimenea aún no ha sido identificada como
vestigio arqueológico; inicialmente propusimos como hipótesis que la chimenea
faltante era la que se observa en la lámina de la Comisión Corográfica adjunta a
un edificio pequeño, abierto en la dirección de la Casa de Trabajo; sin embargo
luego de una nueva revisión minuciosa tanto de las fotografías, documentos e
ilustraciones antiguas pudimos esclarecer que las bases de la chimenea hallada
previa a la excavación arqueológica podría corresponder a la chimenea externa
que se observa en las figuras 30, y la chimenea faltante es la que se encuentra
perpendicular al horno de pudelaje y en dirección occidental al alto horno (fi-
guras 9 y 24). Planteamos como hipótesis que este horno y su chimenea hacian
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Roberto Lleras - Luzed Moreno
parte de una forja en la cual los herreros habrían producido piezas terminadas
a partir de las barras, chapas y láminas producidos en los hornos de pudelaje
y el taller de laminación. Aún cuando esta es solo una idea preliminar, resulta
coherente con numerosos hallazgos realizados en las excavaciones que son in-
dudablemente objetos de forja: clavos, palancas, ganchos, argollas, etc. (figuras
31 y 32) y con los objetos que se dice eran fabricados allí: “…balcones, ayunques,
bigornias, pisones de molinos, …”21.
21
Ospina Vásquez en: Nieto, Aproximación histórica a la antigua.
[210 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Historia y arqueología de la Ferrería de Pacho, Cundinamarca
Figura 36
Algunas piezas de hierro recuperadas en la excavación. ©Luzed Moreno
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Roberto Lleras - Luzed Moreno
Figura 37
En esta imagen se aprecian las chimeneas que hicieron parte del complejo industrial de la Ferrería. En la
parte superior izquierda se aprecia la chimenea que aún no ha sido descubierta. Tomado de Corradine 2011.
Este es el estado actual del conocimiento de la planta industrial y su fun-
cionamiento por medio de la arqueología y los documentos de la época. Aparte
de los sitios y procesos descritos solo cabe mencionar pequeñas estructuras que
hacían parte del complejo y que hoy se hallan aisladas. Tal es el caso de la puerta
principal del complejo, que daba hacia el pueblo.
[212 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Historia y arqueología de la Ferrería de Pacho, Cundinamarca
Figura 38
Puerta principal, machones originales y bloqueo posterior con ladrillo moderno. ©Sergio A. Díaz.
Y ruinas de edificios ubicados en una finca al otro lado de la carretera Pa-
cho-Coper, posiblemente edificios administrativos, campamentos o residencias
de los directivos.
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Roberto Lleras - Luzed Moreno
Figura 39
Ruinas de edificios en el sector occidental. ©Roberto Lleras
Bibliografía
Becerra, Virgilio, Dobereiner Chala Aldana y Víctor Caballero. Estudio Arqueológico
Preliminar de la Ferrería del Municipio de Pacho, Cundinamarca, Colombia. Bogotá:
Manuscrito, Universidad Nacional, 2014.
Camargo, Gabriel. “Descubrimiento y primitiva explotación del hierro en Colombia”.
Boletín de Historia y Antigüedades, Vol.: 73. No. 752, (1986): 121-136.
García de Corradine, Ana. Algo sobre la industria del hierro en Colombia y sus pioneros.
Bogotá: 1976.
Lleras, Roberto. Metalurgia Colonial en el Nuevo Reino de Granada. Un estudio socio-téc-
nico. Saarbrucken: Editorial Académica Española, 2016.
Nieto, Carlos Eduardo. Aproximación histórica a la antigua Ferrería de Pacho, Cundinamarca.
Bogotá: Manuscrito, 2013.
[214 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Historia y arqueología de la Ferrería de Pacho, Cundinamarca
Recursos de internet:
Corradine Angulo, Alberto. 2011. “De las ferrerías a la siderúrgica”. Credencial Historia,
N° 262. https://www.banrepcultural.org/biblioteca-virtual/credencial-historia/
numero-262/de-las-ferrerias-la-siderurgia
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 175 - 215 [215 ]
Presentación
Boletín de historia
y antigüedades
Volumen CVI, No. 869
Julio a Diciembre de 2019
Di s c ur s o s , c onver s ator i o s
y c on feren c i a s
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 7 - 11 [217 ]
Boletín de historia y antigüedades /Vol. CVI, No 869, Julio - Diciembre de 2019
Vestigios del derecho indiano en
la sociedad contemporánea o la
postergación de la modernidad en
América Latina 1
Fernando Mayorga García2
Gracias señor Presidente y señores miembros de la Mesa Directiva, cole-
gas de la academia, señores invitados. Especialmente agradezco la compañía
de dos ilustres y nuevos amigos de la Agencia Nacional de Tierras, con los que
hemos venido mirando este problema de la propiedad territorial en la historia
de Colombia.
Lo primero que quiero decir, es una reflexión que quiero compartir con
ustedes. Mi deseo es que haya controversia, que no estén de acuerdo y que llegue-
mos a un sano debate para encontrar respuestas a problemas que yo me planteo
todos los días, ¿Qué problemas me planteo todos los días? A mí me gusta ver
la vida viva, en la vida de los libros todos hemos estado, pero es indispensable
tener una noción de la vida viva, de lo que vive la gente, a qué responde la gente,
1
Conferencia pronunciada en la Academia Colombiana de Historia en 2019.
2
Abogado e Historiador profesional. Docente universitario, autor de varios libros y artículos
sobre Derecho Indiano, historia de la propiedad territorial y otros temas. Académico de Núme-
ro y Secretario Académico de la Academia Colombiana de Historia del periodo 2020-2022.
Cómo citar este artículo
Mayorga García, Fernando. “Los vestigios del derecho indiano en la sociedad
contemporánea o la postergación de la modernidad en América Latina”.
Boletín de Historia y Antigüedades 106: 869 (2019): 219 -225.
[219 ]
Fernando Mayorga García
qué le angustia a la gente, qué reflexiones se hace la gente, que tengan que ver
con la disciplina que uno cultiva; en mi caso la historia del derecho.
De repente en un noticiero lo habrán oído, en los últimos años siempre esto
sucede, con más o menos frecuencia: está la persona a la que le van a poner una
multa y él dice ¿usted no sabe quién soy yo?, y no me puede poner una multa
porque ¿usted no sabe quién soy yo? Y viene la pelea y los de CM&, Caracol o
RCN pues filman y a los seis meses vuelve y pasa lo mismo ante la repetición
de esta situación yo me pregunto: ¿Qué quiere decir esto?
En la familia tuvimos un caso presente y es que un pariente se casaba en
Honduras, yo tenía toda la intención de ir a ese país porque es el único de América
Latina que no he pisado. Decir que uno conoce los países es un atropello, yo he
pisado varios países, pero no he pisado Honduras, quería ir pero finalmente no
se pudo; y en alguna reunión donde estábamos planeando el viaje, comentando
con quién se iba a casar el pariente allá, etc., alguien dijo “me ha impactado
que los hondureños son más indígenas que nosotros”; yo me quedé pensando
y le dije: ¿Y cómo es eso? – “Pues nosotros somos, hay que aceptarlo, indígenas
pero ellos son más”. Entonces estas cosas empiezan a sumar en mi cabeza y me
pregunto: ¿Qué tipo de sociedad tenemos? ¿Cómo nos vemos?
Somos esa sociedad igualitaria y ayer con uno de los temas que tocamos
en la Academia de Jurisprudencia como enlace al nuevo modelo del derecho
de la modernidad, que como ustedes saben es la constitución.
Jurídicamente lo que rompe la barrera, el bien del antiguo régimen, del
nuevo régimen, esa nueva barrera es la primacía de la constitución como ex-
presión de la voluntad popular, teóricamente hablando sobre la voluntad del
rey. En el antiguo régimen, es el rey el que sanciona el orden, no es de discutir
si se quiere. Pero es el orden que sanciona la monarquía, y ese es un orden que
en el caso colombiano yo lo hallo supremamente fuerte, como he dicho más de
una vez, en 1810 este país ya estaba hecho. Santiago Luque ya lo ha demostra-
do, en sus trabajos magníficos que yo no dejo de ponderar sobre la propiedad
territorial de la Sabana de Bogotá. Santiago lo sabe todo y ha hecho la locura
de reducir la crítica y medidas a lo largo de la historia, una tarea de niños. Hoy
podemos saber dónde quedaba el resguardo de Usaquén, Usme, Bosa. Es una
maravilla el trabajo que tiene Santiago, pero lo que quiero decir es que cuando
viene (el tema de) la Independencia que ahora está de moda, justamente estoy
hablando de un momento en que está de moda, y va a estar de moda el año que
viene la constitución, entonces en la imagen colectiva de los colombianos es
como si el país hubiera nacido después de la Independencia y se hubiera armado
jurídicamente con una constitución.
[220 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Vestigios del derecho indiano en la sociedad contemporánea o
la postergación de la modernidad en América Latina
Cuál es la tesis que yo sostengo y que quiero compartir con ustedes: que
esa nación, ese país ya estaba hecho en 1810. Les quiero decir algo más, puede
ser que estuviera mal hecho, seguramente estaba mal hecho; era una sociedad de
castas. Yo creo que ustedes recuerdan los bronces de los gitanos, con las pinturas
de las diferentes castas y las mezclas de blanco, indio, mestizo, zambo, mulato y
viene una serie de láminas. Yo tengo las postales; no hay mejor copia que la que
compré tal vez en México y se alcanza a 32 mezclas raciales. El orden colonial
es un orden jerárquico en donde la primacía se encuentra en el blanco, ojalá de
origen reciente castellano. Está en la punta de la pirámide, y luego esa pirámide
va descendiendo según las mezclas raciales, al ser que no tiene personalidad
jurídica que es el esclavo; esa es la sociedad indiana, la pregunta que yo planteo:
¿Esta Independencia y estos textos constitucionales han logrado modificar la
estructura de la sociedad indiana? ¿Este constitucionalismo copiado que adopta
toda América Latina, responde a esa problemática de una sociedad desigual y
jerárquica?
Porque yo les puedo contar que el constitucionalismo europeo que es un
constitucionalismo nacido de la doctrina del liberalismo, primero radical y
luego moderado, resuelve los problemas de una clase social en frente de otra y
es la burguesía la que habla de la igualdad, pero que no quiere decir igualdad
para todos, habla de igualdad para esa clase previa a la clase nobiliaria, no para
todos. Por eso surgió el marxismo, porque el ideario de la igualdad se agotó
muy pronto, la burguesía triunfante se conservatizó y se inventó un nuevo orden
constitucional donde solo cupieran los propietarios que eran los que armaban el
mapa político. ¿Qué que quiere decir esto? Que si uno habla de orden jurídico
refiriéndose a la constitución está viendo el 10% del problema; la constitución
es apenas la punta del iceberg, la que hay que mirar. Hay que mirar las leyes
electorales. Porque las leyes electorales le dicen a uno que puede elegir y quien
puede ser elegido y generalmente en todas estas constituciones ustedes verán
una base en el poder electoral, una base quiere decir que pueden votar los que
tienen propiedad, incluso los que tienen talento. Pero por ejemplo la mujer,
ni hablar, los esclavos, ni hablar. Cuando viene la abolición de la esclavitud en
nuestro país a mitad del siglo XIX, hablamos mucho de la revolución francesa
de 1789, pero creo que no hablamos lo suficiente de la revolución de la comuna
de París de 1848. Yo creo que eso es tan significativo como cuando hablamos
de la constitución del 86 o de la reforma constitucional de 1936. Se nos olvida
un texto que fue magistral en la historia constitucional colombiana que es el
acto legislativo de 1910. México estaba haciendo la revolución y nosotros es-
tábamos creando el orden republicano en 1910. Entonces, ¿cuál es la hipótesis
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 219 - 225 [221 ]
Fernando Mayorga García
que subyace en esto que les estoy diciendo? La estructura social colombiana
estaba definida en 1810 y ha cambiado mucho menos de lo que quisiéramos
que hubiera cambiado; el criterio de igualdad sigue pendiente.
Permítame decirles que el punto uno del Acuerdo de Paz entre el gobierno
colombiano y las FARC-EP de la Habana habla del tema agrario y todos los
protagonistas –lamento que no esté presente el Doctor Juan Camilo Restrepo
Salazar que es el autor intelectual de ese punto uno del acuerdo–. Él dice que
no. Yo sostengo que sí; él ha dicho “el tema del acuerdo agrario del punto uno
del acuerdo de la Habana que es el tema agrario está pendiente”3. Entonces la
pregunta es: ¿esta loa a la independencia? A estos primeros textos constitucionales
que con bombos y platillos celebraremos el año que viene en Villa del Rosario
de Cúcuta en 1821. ¿Realmente armaron un país distinto o sancionaron el país
existente? Ustedes saben que yo he dedicado mi trabajo al tema de propiedad
territorial indígena y en esa materia quiero decirles que en 1810 –Santiago
Luque lo tiene medido– existían numerosos resguardos a lo largo y ancho del
país. Pues bien, el ideario del hombre público del siglo XIX era que hay que
liquidar la propiedad colectiva. Ese fue el propósito hasta 1940, cuando afor-
tunadamente al presidente Lázaro Cárdenas se le ocurrió hacer un congreso
en ciudad de México e invitó a una figura interesantísima y muy polémica en
la vida pública colombiana: Antonio García Neira. Fue invitado personal del
presidente Lázaro Cárdenas y a partir de ese año 1940, hay un giro en el tema
indígena en Colombia: empieza a resucitar aquello que habían tratado de matar,
por lo menos 25 leyes entre 1820 y 1840, 25 leyes sobre el tema indígena en Co-
lombia. La constitución del 91, por supuesto, es un impulso nuevo a las tierras
comunales de la Costa Pacífica, etc. Pero es el año 40, un año supremamente
destacado. Vuelvo a la pregunta que hice cuando empecé a charlar con ustedes:
¿continuaremos los colombianos teniendo en el fondo de nuestra alma, en el
fondo de nuestra genética, una sociedad estratificada? Y en ese sentido, si la
respuesta es afirmativa, que yo creo que lo es: ¿cuál es el ideario constituyente?
Que por lo menos yo veo venir más cerradas las puertas para la constitución
del 91 ¿Cuál debe ser el ideario del constituyente que venga? ¿Qué tipo de país
queremos tener?
Colombia ha sido construida en los términos de la historiografía europea,
ni siquiera por una burguesía conservadora, sino por una élite conservadora.
Los que pelearon en los campos de batalla al comando de las tropas de esclavos
y de indígenas, eran los jóvenes estudiantes del Rosario y del San Bartolomé,
que eran la élite de esta nación. Entonces, el constitucionalismo de Europa le
3
Restrepo Salazar, comunicación personal.
[222 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Vestigios del derecho indiano en la sociedad contemporánea o
la postergación de la modernidad en América Latina
sirve a la burguesía para ocupar su lugar en la historia y le sirvió a las élites
criollas de aquí, para seguir ocupando el lugar que ya habían venido ocupando
durante la Colonia, por eso América Latina se revuelve, por eso México hace una
independencia en 1821, imponen a un emperador, pero hacen otra revolución.
¿Por qué México hace una revolución? La respuesta es sencilla: porque tenían
un tema pendiente y probablemente lo sigan teniendo y nosotros también. Por-
que ustedes ven las protestas en Chile, Ecuador, Bolivia y qué vamos a decir de
El Salvador, porque eso se calmó en estas dos últimas semanas pero eso es un
polvorín. ¿Qué pasa en América Latina? ¿No habremos copiado un sistema que
no nos ajustaba a nuestra talla? La respuesta es sí, habría otro sistema. América
Latina se debate entre las dictaduras y el estado de derecho constitucional, real
o aparente. Pregunten a los venezolanos: ¿Qué fue del gobierno de Juan Vicente
Gómez? Estás son las reflexiones. Realmente es muy retador hablar delante
de ustedes porque en este recinto están algunas de las cabezas más lúcidas de
este país y ellos saben a quién me refiero y yo los admiro mucho. Por eso quise
compartir con ustedes estas reflexiones, porque considero que son urgentes,
porque creo que si nosotros no hacemos una historia de larga duración, de 500
años, para entendernos como sociedad, nuestro proyecto político al futuro se
quedará estancado.
Espero haberles profundizado un tema técnico de la historia del derecho
constitucional en el sentido en que todos tenemos en nuestra cabeza el libe-
ralismo radical como el modelo constitucional. Sin embargo, ese liberalismo
radical realmente fue efímero, fue un fausto de poca duración. El liberalismo
radical se reemplaza por el liberalismo doctrinal, en el que los ciudadanos no
son tan iguales. Allí hay que participar, pero todos no, solamente el moderadí-
simo español. Cuando se habla de moderadísimo español, parece que se hablara
del constitucionalismo nuestro. Así, un político moderado Joaquín Francisco
Pacheco decía:
El derecho electoral no será un derecho de todos y las ínfimas clases de
cualquier país deberán estar privadas de él por la razón sencilla de que no po-
drán ejercerlo convenientemente, se ha tomado como regla general como base
para la concesión de este derecho en base de cierta renta o en base del pago
de asignada contribución, este principio es racional y aceptado, la riqueza o
por mejor decir, el bienestar en que el trabajo material no es una carga dura,
no es la penosa ocupación de todos los momentos y deja espacio para la con-
cepciones del espíritu de ese bienestar mediano en que puede encontrarse un
contentamiento decente y apacible, ese es el que debe tomarse como condición
de capacidad política, porque es el que da la inteligencia y la abulia en el orden
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 219 - 225 [223 ]
Fernando Mayorga García
social. Llevar afanosamente su sustento de un trabajo improbó y con el sudor
de su rostro y el no poder disfrutar del digno descanso que lo realza tanto a
nuestros ojos a los de la multitud, quien está reducido a un escaso jornal o a una
existencia poco más feliz, semejante a una máquina, semejante a un ser esclavo
maldecido, ese no puede pretender la consideración, ni la estima política que
naturalmente recae en el que le lleva una ventaja de tanto mérito. Una teoría
con la cual los que serán primero siempre serán primero y jamás habrá lugar
para las clases postergadas.
Estas enseñanzas de la historia, queridos colegas que yo estimo, son re-
flexiones armadas desde la historia del derecho, desde la historia del derecho
constitucional y desde el derecho electoral. Yo nunca daré gracias suficientes
por haber tenido la ocasión de acercarme a ese espacio tan definitivo en la
vida pública y política como lo es el derecho electoral. Hoy, cerrado porque la
financiación pública de la campañas es lo que vimos en el noticiero de las 8 de
la mañana, yo no estoy diciendo ninguna novedad, se trata de cerrar el sistema
político para que los capitales buenos y no tan buenos lleguen a donde tienen
que llegar para que todo quede en lo mismo.
Por ahí está circulando y se los recomiendo y un texto titulado “Los 53
ideales políticos en Colombia”, que muestra que pareciera que siguiéramos
en el siglo XVI, entonces aunque vayamos en avión, etc. nuestra cabeza sigue
siendo feudal.
¿Usted no sabe quién soy yo? ¿Usted no sabe quién soy yo? Esto quiere decir
que soy más que usted, porque eso es el orden jerárquico que está establecido y
eso no se puede cambiar. Mucho menos un modesto policía o policía de tránsi-
to. ¿Cómo se va atrever a imponerle al señor Fernando Mayorga una multa de
tránsito un policía de tránsito? Ese es el país en el que vivimos todos los días.
Déjeme contarles algo, muy personal que incluso mi gente no lo conoce.
La última vez que estuve en México, en Puebla, en la casa de mi novia, llegó
la hora de almorzar y la empleada puso la comida y se sentó…Esa práctica en
Colombia nunca la había visto. Así, la señora del servicio se sentó con nosotros
y habló. Debo reconocer que para mí fue un golpe fuerte, pero vino la charla y
hablamos y lo asimilé muy rápidamente, pero me impactó, reconozco que me
impactó. ¿Qué quiere decir eso? Ustedes vieran qué mujer tan inteligente, ¿Qué
quiere decir eso? ¿Cómo será en Suecia? Los parlamentarios van en transporte
público al parlamento; aquí, el señor Tapias tiene casa por cárcel y está en el
Carnaval de Barranquilla. Claro lo mío es envidia por no estar en el carnaval
naturalmente. Adelaida Sourdis, pero lo que yo quiero decir es cómo un señor
que está preso, que le dan casa por cárcel y todavía va a disfrutar del carnaval
[224 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Vestigios del derecho indiano en la sociedad contemporánea o
la postergación de la modernidad en América Latina
de Barranquilla. O sea que aquí hay presos de primera categoría según la teoría.
Entonces qué país tenemos, pero todo esto es muy sutil, todo esto se juega de que
con una mirada con un gesto descalificamos, aceptamos, deseamos ser admitidos.
Me enviaron un texto maravilloso del Archivo General de la Nación que también
se los comparto, se llama “El mestizo mexicano quiere ser blanco”; mexicano,
colombiano, panameño y guatemalteco quieren ser blancos. ¿Por qué?. Porque
dentro de la estructura en la cultura del siglo XVI, en la pirámide, en la cúpula
estaba el blanco. ¿Por qué un mestizo del siglo XXI quiere ser blanco?. Porque
la pirámide continúa, queridos colegas. Estas son las reflexiones que tenía para
ustedes. Hubiera querido que fueran más ordenadas pero hay momentos en la
vida que uno siente que quiere hablar, y hablar con los que es. Yo veo a Rodolfo
Segovia y el respeto que me conmueve y la admiración que él lo sabe. Hace
muchos años Rodolfo fue ministro de obras públicas, uno de los hombres que
más conoce de la industria petrolera de este país. Entonces yo quería compartir
estas reflexiones con ustedes porque creo que debe haber un gran debate sobre
el valor de la independencia, el valor del constitucionalismo y mirar realmente
si la sociedad del siglo XXI continúa teniendo vestigios sociales del siglo XVI
o, queridos colegas, esto ha empezado a cambiar. Como dicen vulgarmente “o
cambiamos o nos cambian”. Entonces señores, el debate está abierto. Por su-
puesto, si a algunos de ustedes les parece pertinente el espacio, podemos volver
a pensar en estos temas. Muchas gracias por esta ocasión señor Presidente y a
ustedes queridos colegas por su presencia.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 219 - 225 [225 ]
Boletín de historia y antigüedades /Vol. CVI, No 869, Julio - Diciembre de 2019
La señora del billete de $10.000
pesos. Virginia Gutiérrez de
Pineda
Ximena Pachón Castrillón,
Roberto Pineda Camacho1
Figura 1
Póster Conversatorio: Virginia Gutiérrez de Pineda: su legado. Universidad Nacional de Colombia.
1
Profesores Departamento de Antropología, Universidad Nacional de Colombia
Cómo citar este artículo
Pachón Castrillón, Ximena y Pineda Camacho, Roberto.
“La señora del billete de $10.000 pesos. Virginia Gutierrez de Pineda”.
Boletín de Historia y Antigüedades 106: 869 (2019): 227 - 254
[227 ]
Ximena Pachón Castrillón - Roberto Pineda Camacho
Presentación
En el año 2016 el Banco de la República de Colombia efectuó una nueva
emisión de billetes de diferentes denominaciones. Dos de ellos fueron ilustrados
respectivamente, con la imagen de Virginia Gutiérrez, antropóloga nacida en la
ciudad del Socorro (Santander) y Débora Arango, reconocida pintora y escul-
tora antioqueña. Esta emisión marcó un hito en el sentido que una científica
social y una artista tuvieran un reconocimiento público y nacional, junto con
el presidente Carlos Lleras Restrepo, y Gabriel García Márquez, nuestro premio
nobel de Literatura.
Con ocasión de ello, el Departamento de Antropología de la Universidad
Nacional organizó un conversatorio entre dos de sus profesores –Ximena Pa-
chón Castrillón y Roberto Pineda Camacho– con el ánimo de explicar, a los
miembros de la comunidad universitaria y a otras personas, la trayectoria de
Virginia Gutiérrez, profesora de la Universidad Nacional desde el año 1955 y
protagonista significativa en el marco de la creación de la Facultad de Sociología
de la Universidad en el año 1959 y del mismo Departamento de Antropología
en 1966. Virginia fue una de las más relevantes profesoras de la Universidad
Nacional de Colombia de la segunda mitad del siglo XX, cuya obra trascendió
la vida académica para influir en las políticas públicas. Ella, con su esposo,
Roberto Pineda Giraldo, también profesor del Departamento de Antropología,
hicieron una obra original que se destacó de diferentes maneras dentro de las
ciencias sociales latinoamericanas.
El siguiente documento es una transcripción revisada de dicho conver-
satorio. Hemos mantenido el tono del encuentro, y con ello el estilo oral del
mismo y hasta cierto punto abierto y condicionado por nuestro auditorio. No
obstante, consideramos que este texto puede ser también relevante para otros
lectores interesados en la historia de la ciencia social y la contribución de la
mujer científica en nuestro país y América Latina.
Roberto Pineda C.2: Vamos a realizar una conversación en torno a la vida
y obra de Virginia Gutiérrez de Pineda, quien es sin duda una de las principales
científicas sociales contemporáneas de Colombia y, yo diría, también de Lati-
noamérica. El homenaje recientemente efectuado por el Gobierno Nacional en
la estampa de la nueva emisión de los billetes de $10.000 pesos, efectuada por
el Banco de la República, refleja la trascendencia de su obra en públicos más
amplios y también en el ejercicio de las políticas públicas.
2
Hemos distinguido claramente las sucesivas intervenciones nuestras, con las siglas XPC o
RPC, correspondientes a cada uno de nosotros.
[228 ] Boletín de Historia y Antigüedades
La señora del billete de 10.000 pesos. Virginia Gutiérrez de Pineda
Con Ximena Pachón hemos elaborado el siguiente esquema de presentación:
en principio voy a efectuar una contextualización del marco de su generación,
particularmente de la generación de las primeras mujeres científicas sociales
de Colombia, algunas de ellas etnólogas y antropólogas; en segundo lugar, des-
cribiremos aspectos relevantes de su perfil de vida, formación y contribución
académica. Finalmente, haremos algunas acotaciones en relación a los estudios
de la familia y la organización social, en la enseñanza de los programas de an-
tropología en la Universidad Nacional, en el cual debe enmarcarse el estudio
de las familias en Colombia. Haré dicha contextualización y luego le dejaré la
palabra a la profesora Ximena que nos profundizará en sus años de estudiante
y de sus ciclos y aportes profesionales.
Quisiera empezar señalando dos puntos de método en torno a cómo vamos
a reflexionar sobre Virginia: en la historiografía en general, pero sobre todo en
la historiografía de las ideas y en la historia intelectual, la idea de generación ha
sido relevante. Cada sociedad, como sabemos nosotros los antropólogos, es en
realidad un proceso de generaciones y de la sucesión de estas; y en este sentido
debemos situar a Virginia Gutiérrez en el marco de la generación de mujeres
que nacen, con mayor o menor precisión en la década del 20 del siglo pasado;
década muy importante para el país: ha sido asociada, un poco de manera
general –las cosas no son tan simples- a un proceso de modernización de la
sociedad y de la cultura colombiana, que arranca probablemente antes, pero que
eclosiona, digámoslo así, en la década del 30 del siglo pasado en lo que se llamó
la República Liberal (1930-1946); y sus innovadoras políticas, particularmente
las reformas educativas que permiten el acceso de la mujer al bachillerato y a la
educación superior, este último a un grupo reducido de ellas.
De otra parte, cada generación, sabemos nosotros, plantea el tema de la
sucesión, que es un tema central en antropología. Cada generación nos deja
también un testamento, que es lo que vamos a llamar un legado, en sentido
vivo, que las generaciones siguientes cosechan, pero otras veces, despilfarran
o revolucionan. Cada generación es hija de su tiempo, aunque tiene variados
vínculos con el pasado; está muy marcada por el tiempo o el clima de su época.
Las décadas del veinte y treinta del siglo pasado fueron períodos condicio-
nados por grandes transformaciones, particularmente en el ámbito femenino,
que expresan el surgimiento de una nueva sociedad, de una nueva división social
del trabajo, etc., que emerge de la Primera Guerra Mundial y termina con la
otra gran guerra Mundial. Hasta 1920, poniendo limites que son relativamente
arbitrarios pero heurísticamente necesarios, la mayoría de las mujeres en Co-
lombia, en términos generales, tenían básicamente –aunque habría que mirar
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 227 - 254 [229 ]
Ximena Pachón Castrillón - Roberto Pineda Camacho
la clase social, región, etc.- tres labores primordiales: ama de casa y madres de
familia - sobre todo las mujeres de clase media y de clase alta pues las mujeres
campesinas o indígenas además de estas funciones tenían otras actividades; o
sea que la esfera social de aquellas mujeres estaba recluida principalmente al
ámbito doméstico, lo cual no quiere decir que esto sea negativo: se preparaban
para ser madres y buenas esposas; asimismo, las mujeres en ciertas regiones
de Colombia (el Gran Cauca, en Antioquia, Santander, Cundinamarca, entre
otras zonas) podían tener otro rumbo incorporándose a la vida religiosa. Las
religiosas fueron las primeras mujeres letradas, por su oficio religioso, como
Francisca Josefa del Castillo (1671-1742), nuestra gran escritora del siglo XVIII.
Ellas estuvieron muy ligadas a las congregaciones religiosas, a la educación de
las niñas de ciudades y aldeas; y también a las misiones - entre ellas, la Madre
Laura. Para otras, había otro rol: se dedicaban al ámbito de la prostitución o de
la iniciación masculina.
En el contexto de los letrados de finales del XIX y principios de siglo XX,
Soledad Acosta de Samper se destacó como la prosista más prolífica y la más
publicada. Fue autora de 35 novelas, la mayoría de índole histórico sentimen-
tal y costumbrista; escribió más de 50 cuentos; publicó numerosos ensayos y
biografías; y, tradujo varias obras extranjeras, entre otras actividades. Soledad
era hija del Coronel Joaquín Acosta y gozó de una educación superior a la de
otras mujeres de su época3.
Durante los años 20, el movimiento de escuela activa, adelantado en algunos
países europeos y en Norteamérica, difundió la importancia de la educación
para el desarrollo de las naciones y la formación de ciudadanos al servicio de
los intereses sociales. En los establecimientos que ofrecían instrucción feme-
nina se fue introduciendo –además de la enseñanza normalista– la enseñanza
comercial, la cual permitió a las mujeres pertenecientes a los estratos medios
desempeñarse como secretarias o empleadas en las oficinas públicas. A partir
de la década del 20, en América Latina, sobre todo en Colombia, una sociedad
relativamente tradicional, surgen otros tipos de oficios, ligados con los proce-
sos de modernización: las secretarias, gracias a la llegada de las máquinas de
escribir. Era una función importante, asociada a la idea de tener que llevar la
contabilidad, o participar en actividades públicas y privadas.
En el campo de la educación normalista se crearon establecimientos rurales
que en sus inicios acogieron sólo personal femenino pues se consideró que la
mujer tenía cualidades especiales para este tipo de enseñanza que se debía im-
3
Isabel Corpas de Posada, Biografía Soledad Acosta de Samper (1833-1913), Biblioteca Digital
(Bogotá: Universidad de los Andes) Soledadacosta.uniandes.edu.co/biografía (recuperado
20/09/2016).
[230 ] Boletín de Historia y Antigüedades
La señora del billete de 10.000 pesos. Virginia Gutiérrez de Pineda
partir en el campo. Las maestras rurales provenían de los estratos medios que
habitaban en pueblos y ciudades pequeñas. El oficio de maestra representaba
la única posibilidad de no ser costurera ni entrar a un convento, nos dice Aline
Helg en su libro sobre la educación en Colombia4; en general el ejercicio del
magisterio constituyó un renglón importante para la vinculación de la mujer
al mercado laboral; la imagen de la mujer como educadora continuaba vigente
en amplios sectores de la población.
En 1936-37 la Universidad Nacional empezó a recibir mujeres en espe-
cialidades como bellas artes, farmacia, enfermería, arquitectura y odontología,
consideradas compatibles con la naturaleza femenina. Para entonces, diversas
mujeres participaban en tertulias culturales y en actividades relacionadas con los
oficios manuales. Y unas pocas, como María Cano, incursionaron en la política.
Surgió una nueva generación de mujeres con unas nuevas sensibilidades.
Un grupo de ellas tuvo, como se dijo, acceso a la educación secundaria y luego
a la universidad. En efecto, uno de los méritos mayores de la Revolución en
Marcha del presidente Alfonso López Pumarejo fue abrir la posibilidad para que
las mujeres entraran a estudiar en instituciones o institutos de bachillerato y, al
culminar su formación media, accedieran a la universidad. Virginia Gutiérrez
formó parte de este grupo de mujeres, que tuvieron la oportunidad de acceder
a instituciones pedagógicas, en algunos casos dirigidas por pedagogas catalanas;
y, en segundo lugar, tuvieron el privilegio de entrar a una célebre institución,
como fue la Escuela Normal Superior de Bogotá, fundada en 1936, e inspirada
en las normales alemanas. Parte de sus docentes eran en su mayoría exiliados
alemanes, franceses, españoles o catalanes, que llegaron a Colombia y América
Latina, como consecuencia de la Guerra Civil Española y de la persecución nazi.
Algunas bachilleres, especialmente en Antioquia, Popayán y Bogotá, ingre-
saron a las carreras que existían en ese momento, como Derecho o Ingeniería. Sin
embargo, muchas no ingresaron plenamente a una carrera de ingeniería (como
aquí en la Universidad Nacional) sino a una especie de diseño gráfico, para
apoyo de los hombres. Otras, interesadas en las Ciencias de la Salud, se dedican
a la enfermería, con excepción de la hermana de Camilo Torres, Gerda Winter,
que cursó medicina. Muchas veces, sus padres (algunos eminentes médicos,
como el doctor Roberto Franco, quien fue rector de la Universidad Nacional
por esos años) consideraban que la medicina no era asunto de mujeres, lo que
las conduciría a formar los programas profesionales de enfermería. También
4
Aline Helg, La educación en Colombia: 1918-1957. Serie educación y cultura (Bogotá: Uni-
versidad Pedagógica Nacional, 1987).
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 227 - 254 [231 ]
Ximena Pachón Castrillón - Roberto Pineda Camacho
se abrieron programas de trabajo social, asociados con una labor filantrópica
que congeniaba con la idea del género femenino de entonces.
Retornando a la Escuela Normal Superior de Bogotá, allí se abren los
primeros programas de ciencias sociales, entre otros, que permiten la profe-
sionalización en este nuevo campo de estudios, hasta entonces limitado a unas
pocas cátedras en las facultades de Derecho. En los años 20 y 30 del siglo pasa-
do, hubo gran preocupación sobre nuestra composición “racial” y la influencia
de la geografía y el clima en el “progreso” de Colombia. El doctor Luis López
de Mesa, primer Ministro de Educación de López Pumarejo, pensaba que era
fundamental conocer la antropogeografía de Colombia, y estudiar este país de
aldeas, las células de la vida social. También se había llegado a un consenso sobre
el rol fundamental de los maestros rurales y urbanos en la modernización del
país. En la Normal Superior de Bogotá se formaron, reiteremos, los primeros
científicos sociales –hombres y mujeres– provenientes de diversas regiones del
país. Su rector, el joven médico Francisco Socarrás, graduado de la Escuela de
Medicina de Universidad Nacional con la primera tesis escrita en Colombia
sobre el psicoanálisis, visitó diversas regiones y reclutó a los futuros estudian-
tes. Si realmente la Normal quería tener una dimensión nacional había que
traer jóvenes –hombres y mujeres– de diferentes rincones del país; entrevistó
y sedujo a los egresados(as) de colegios de diferentes regiones de Colombia
y logró reunir un grupo selecto de futuros normalistas. Blanca Ochoa, Edith
Jiménez, Virginia y otros jóvenes5 se incorporaron como estudiantes de la Es-
cuela Normal Superior; todos los cuales fueron los fundadores de las ciencias
sociales modernas del país.
Durante sus años de estudiante de bachillerato en Bogotá, a Virginia le
llama mucho la atención la medicina y la matemática así como las ciencias
sociales, las cuales ha estudiado con profesores de gran excelencia nacional e
internacional; la rectora Esther Aranda, le sugiere, que no sea matemática ni
médica, sino que se dedique a las ciencias sociales: entrará a la ya citada Escuela
Normal y, posteriormente, en 1942, decide convertirse en etnóloga cuando un
año atrás se había fundado –por parte de Paul Rivet y Gregorio Hernández de
Alba– el Instituto Etnológico Nacional y se había abierto un programa de et-
nología. En dicho instituto se les enseñó la Ciencia del Hombre, con una visión
integral de la misma, abarcando los campos de la prehistoria, la lingüística, la
antropología física y la hoy llamada antropología cultural. También se les envió
a realizar trabajo de campo. Virginia participó en 1944 en la célebre expedi-
ción a los Motilones de la Serranía de Perijá, a los hoy llamados Yuko-Yupa, en
5
Como Roberto Pineda G, Jaime Jaramillo, Darío Mesa, Milcíades Chávez, entre otros.
[232 ] Boletín de Historia y Antigüedades
La señora del billete de 10.000 pesos. Virginia Gutiérrez de Pineda
compañía de su novio Roberto y Gerardo y Alicia Dussán de Reichel, ya por
entonces esposos.
Figura 2
Retrato de Virginia Gutiérrez de Pineda. Juan Antonio Roda. 1965.
Ximena Pachón Castrillón: Vamos entonces a contextualizar o a mirar un
poco más detalladamente, en medio de lo que Roberto nos planteó, la vida de
una de estas mujeres que ejemplifica, si ustedes quieren, de la mejor manera
posible, lo que es esta generación, y también, la razón de esta reunión en la que
estamos hoy. ¿Por qué estamos hablando de Virginia Gutiérrez? Yo creo que se
unen varios elementos: en primera instancia y de manera muy inmediata lo que
Roberto planteó, la emisión en la próxima semana del billete de diez mil pesos
del Banco de la República, donde aparece Virginia y otro billete de cinco mil
pesos, donde aparece la imagen de Débora Arango; son dos billetes que rinden
homenaje a dos ilustres mujeres colombianas. Débora Arango, muy destacada
y polémica artista y Virginia, fueron las dos mujeres seleccionadas por el Banco
para representar a las mujeres eméritas. Ellas figuran junto a grandes personajes
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Ximena Pachón Castrillón - Roberto Pineda Camacho
de nuestra historia, presidentes como Carlos Lleras Restrepo; poetas como José
Asunción Silva; novelistas como Gabriel García Márquez. Lastimosamente, la
gran mayoría de los colombianos no tienen ni idea quiénes son estas mujeres.
Muchos se preguntarán: ¿Quiénes fueron esas señoras, que no parecen reinas
de belleza exactamente, para aparecer en los billetes? Posiblemente Virginia sea
menos conocida que Débora Arango, aunque esto nos parezca un poco insólito
aquí en medio de esta Facultad de Ciencias Humanas. Pero, en ese descono-
cimiento se refleja el poco estatus que tienen las ciencias sociales en el país y
también nuestras mujeres artistas o científicas.
Figura 3
Diapositiva, Mujeres retratadas en la nueva familia de billetes colombianos, puesta en circulación en 2016 por
el Banco de la República de Colombia.
Por este motivo consideramos relevante hablarles a los estudiantes de
quién fue Virginia Gutiérrez. Esa es una razón. Otra, tal vez más importante,
tiene que ver con el hecho de que Virginia fue una investigadora pionera en
el país de las múltiples realidades sociales, fundamentalmente la familia. Así
mismo, fue una investigadora muy connotada de la medicina popular, de las
comunidades indígenas, especialmente la Wayuú y la Emberá, y de los proce-
sos de miscegenación que se dieron en el país. La vida de Virginia, como lo
[234 ] Boletín de Historia y Antigüedades
La señora del billete de 10.000 pesos. Virginia Gutiérrez de Pineda
planteaba Roberto, ejemplifica un proyecto de vida compartido con su esposo,
el antropólogo Roberto Pineda Giraldo, a quien de la misma manera que ho-
menajeamos a Virginia, lo deberíamos hacer con él por sus múltiples aportes a
las ciencias sociales del país. Roberto fue una persona muy destacada para las
ciencias sociales y posiblemente, si Virginia no hubiera contado con el apoyo
decidido de su esposo, estaríamos contando otra historia.
Figura 4
Billete donde se aprecia la imagen de la antropóloga Virginia Gutiérrez junto con la rana arborícola y la flor
de la Victoria Regia.
Hoy queremos resaltar, entonces, la trayectoria profesional de Virginia,
porque constituye un testimonio de las transformaciones que se dieron en el
surgimiento y en la enseñanza de las ciencias sociales y humanas del país; y que
consolidaron una manera especial de mirar y analizar las realidades sociales y
culturales. Es decir, nos referimos al nacimiento de lo que hoy denominamos
la Antropología y, que en esos primeros años se denominaba más como Etno-
logía. Su trayectoria ejemplifica estas transformaciones dadas a principios y
mediados del siglo pasado, dentro de las cuales las mujeres tuvieron que romper
los patrones de vida decimonónica en que la sociedad las tenía enclaustradas.
Ellas irrumpieron en la vida académica; irrumpieron en el ámbito universitario
y abrieron el camino para que hoy las mujeres estemos sentadas aquí en este
recinto. Entonces, ese legado de Virginia y las mujeres de su época, no solo lo
tenemos que reconocer, sino tenerlo presente pues constituye el legado de una
generación.
La obra de Virginia, iniciada cuando ella era muy joven, se prolongó a
lo largo de toda su fructífera vida durante la cual, de una manera detallada,
de una manera apasionada y seria, siguió las transformaciones de la sociedad
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Ximena Pachón Castrillón - Roberto Pineda Camacho
colombiana. Ella, de una manera muy propia de su método de trabajo, miró
esas transformaciones de la sociedad a través de su microscopio ubicado en
una institución específica: esa institución fue la familia. Virginia fue la pionera,
en Colombia y puede decirse también en Latinoamérica -como se empieza a
reconocer y como empieza a aparecer en artículos en Argentina, en Chile y en
diferentes países de América Latina- que señalan a Virginia como pionera en
América Latina de los estudios de familia. Los avances que hoy en día se hacen
en relación con la evolución de la familia y las modalidades de familias que se
encuentran, están indudablemente en el camino planteado y abierto por Virginia
Gutiérrez de Pineda.
Otro aspecto que no debemos olvidar y que muchas veces olvidamos, y
que ahora, con la conmemoración de los 50 años, tanto del Departamento de
Antropología como de la Facultad de Ciencias Humanas, es la presencia de
Virginia en el grupo de profesores que iniciaron, no la enseñanza de la antro-
pología, sino la enseñanza de la sociología en Colombia, junto con Orlando Fals
Borda y Camilo Torres. Lo anterior dio inicio al proceso de profesionalización
de esta disciplina en una facultad recién creada (1959) para este fin. Entonces,
el nombre de Virginia Gutiérrez de Pineda es necesario tenerlo en cuenta, no
solamente en los límites de la historia de la antropología, sino de la sociología
y de la Facultad de Ciencias Humanas.
Por todas estas razones queríamos dedicarle una sesión a hablar sobre
Virginia, ¿Quién fue Virginia Gutiérrez de Pineda? Ya nos lo dijo Roberto, fue
una santandereana que, con su energía y su presencia, transmitía de inmediato
su raigambre cultural. Nacida en el seno de una familia de clase media pudiente,
diría yo, tal vez campesina. Vivían en el Socorro, en medio de una familia nume-
rosa, religiosa, con hermano sacerdote; en fin, una familia muy tradicional, de
la cual Virginia se fue apartando desde el punto de vista ideológico lentamente;
su espíritu rebelde, que demostró desde muy pequeña, la lleva a estudiar al
Instituto Pedagógico Nacional de Bogotá -que implicó la independencia de su
familia. Ella llegó a Bogotá muy joven, como interna del mencionado Instituto
Pedagógico Nacional.
Una de sus características que siempre se recuerdan –como ella mencionaba
con frecuencia– era la de ser una atenta observadora de todo lo que pasaba a
su alrededor; y uno de los aspectos que más le atraía era observar cuando era
niña, a las abejas y especialmente las hormigas: cogía con un palito y rompía
esa estructura social, ese orden y miraba cómo recobraban su estructura, su
organización. De tanto verlas, Virginia las clasificó por el tamaño, la forma, por
lo que hacían y se convirtió, a su manera, en una especialista de las hormigas.
[236 ] Boletín de Historia y Antigüedades
La señora del billete de 10.000 pesos. Virginia Gutiérrez de Pineda
Ella contaba cómo tiempo después, adulta y profesional, estando una vez en
Washington, esperando entrar a la biblioteca del Congreso, se sentó junto a una
señora quien sacó un libro de hormigas; ella le armó la conversa y empezaron
a hablar sobre el tema. Virginia, lo haría con tal propiedad, que la señora (una
destacada especialista en el tema) pensó que era una entomóloga colombiana
muy famosa. Eran las observaciones que ella había hecho cuando estaba pequeña.
Después del paso por el Instituto Pedagógico Nacional, donde ella tuvo
profesores muy connotados a quienes siempre les reconoció sus aportes acadé-
micos y pedagógicos, Virginia ingresó –como comentó Roberto– a la Escuela
Normal Superior, centro académico por excelencia en la época, que pretendía
ser el formador de los mejores educadores del país, tema en el que no me voy
a detener, dado que Roberto ya lo hizo. Solamente quiero resaltar que fue en
la Normal Superior, donde Virginia, y todas estas generaciones, no solamente
de mujeres sino de hombres, iniciaron unas carreras brillantes en las ciencias
sociales en el país. Allí Virginia se graduó como Licenciada en Ciencias Sociales
y Etnológicas en 1944.
Esta foto de Virginia (Figura 5) es muy bonita, poco conocida. Ella le
tenía mucho cariño. Es la foto de la Virginia Normalista. Ella recordaba que, a
las primeras clases de la Normal, todas las mujeres que ingresaron debían ir de
sombrero y guantes, como se usaba en la época. Se recomendaba que fueran
del mismo color; en este caso, eran de color amarillo. Esta foto ella la apreciaba
mucho, reiteremos, como el recuerdo de la Virginia Normalista.
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Ximena Pachón Castrillón - Roberto Pineda Camacho
Figura 5
Diapositiva, Virginia Gutiérrez de Pineda Normalista.
Aunque Roberto lo mencionó antes, es interesante preguntarse cómo en
la Escuela Normal Superior, donde Virginia se estaba formando como docente,
docentes que en el futuro se esperaba fueran a transformar las mentalidades de
los jóvenes en provincia, la antropología no estaba dentro del pénsum de estudios
de la Escuela Normal entonces, ¿de dónde surge ese interés por la antropología?
Hay que, posiblemente, remontarse al profesor Justus Wolfang Schotelius,
que ocupaba el cargo de curador del Museo Arqueológico y Etnológico del
Ministerio de Educación y también hacía investigaciones arqueológicas etno-
gráficas en Santander; y quien tal vez era una de las personas más brillantes
que había en la Escuela Normal. De origen alemán, venía huyendo de todos los
acontecimientos que sucedieron en Europa.
En la Normal, dictaba una cátedra de etnografía y prehistoria americana.
No sabemos cuál era el contenido de esa cátedra, sin embargo, tanto Roberto
Pineda Giraldo como Virginia, consideraban que esa cátedra les hizo, en un
primer momento, acercarse a lo que era esta nueva ciencia (la etnología) y, con
ella, a las realidades amerindias que tanto los apasionaban.
Más adelante, insistimos de nuevo, tanto Virginia como Roberto, lograron
entrar al recién creado Instituto Etnológico Nacional. Este se establece en el
seno mismo de la Escuela Normal Superior bajo la dirección del profesor Paul
[238 ] Boletín de Historia y Antigüedades
La señora del billete de 10.000 pesos. Virginia Gutiérrez de Pineda
Rivet, acogido por el presidente Eduardo Santos, con el encargo de fundar aquí
en el país, un Instituto Etnológico al estilo del que se había fundado en París
con Marcel Mauss, en el año de 1925. Aquí, en el Instituto Etnológico Nacional,
entraron a formarse como etnólogos, no todos los que estaban en la Escuela
Normal Superior, sino un grupo selecto. No es clara la selección del rector de
la Escuela Normal, el doctor Francisco Socarrás, lo que sí es conocido es que
Socarrás le dice a Virginia que ella no puede desaprovechar esa oportunidad
y que tiene que formarse con el profesor Rivet y con otros profesores. De esta
manera Virginia y otros de sus compañeros se forman ahí, en el seno de la Es-
cuela Normal Superior y dentro del Instituto Etnológico Nacional bajo la tutela
de Paul Rivet y de su valioso y extenso conocimiento acumulado a lo largo de
su fructífera vida científica.
Figura 6
Diapositiva, Paul Rivet y el Instituto Nacional de Etnología.
Yendo un poco a aspectos más personales –porque los institucionales se
encuentran más fácilmente– valga recordar cómo esta época marcó la vida in-
telectual de Virginia desde su vida independiente en Bogotá, lejos del amparo
familiar, compartiendo las aulas con sus compañeros hombres, admirando los
conocimientos que los sabios europeos transmitían en las clases de la Normal
Superior y de las enseñanzas de los textos de ciencias sociales que allí les hacían
leer. Ella siempre lo reconoció así; siempre que se le preguntaba, volvía sobre
las enseñanzas y la experiencia de la Escuela Normal, hablaba del énfasis en el
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 227 - 254 [239 ]
Ximena Pachón Castrillón - Roberto Pineda Camacho
conocimiento directo, en el manejo de fuentes directas, en el riguroso trabajo
de campo. Todas estas enseñanzas marcaron su vida intelectual y transformaron
indudablemente la joven de provincia que llegó aquí, al Instituto Pedagógico
Nacional y posteriormente a la Escuela Normal.
Esa forma de vida libre de la tutela familiar que vive en la fría Bogotá, le
permite realizar uno de sus primeros descubrimientos, colonizar un nuevo te-
rritorio afectivo: el de la amistad con los hombres, el de la posibilidad de tener
amigos. Hoy en día, cuando compartimos codo a codo con nuestros compañeros
hombres, nos puede parecer esto insólito, pero ella misma lo describe así:
Porque en esa época la mujer tenía o novio, o amante, o hermanos, padres o hijos,
pero no podía tener amigos. Al llegar a la Normal y encontrar compañeros con los
que no teníamos atracción de sexo ni de parentesco, se nos creó un nuevo lazo,
un nuevo territorio afectivo. Nos dimos cuenta de que con el hombre se podía
dialogar, discutir, competir, y así lo hicimos. Competimos, nos quisimos, nos
apreciamos y nos respetamos6.
Esto es algo muy interesante de analizar. Cómo se va transformando sutil-
mente la vida cotidiana, las relaciones sociales y cómo las mujeres de la época
descubren la posibilidad de tener amigos. Por esa misma época, Virginia conoció
a quien se convertiría en su esposo y compañero intelectual de siempre, Roberto
Pineda Giraldo, condiscípulo de la Escuela Normal y del Instituto Etnológico.
Joven antioqueño, inteligente, que poseía una gran inquietud por las disciplinas
del espíritu; y profesaba una fascinación por el campo de las ciencias sociales y
humanas. Los dos compartieron, junto con su notable grupo de intelectuales, los
duros trajines de la formación que se impartía en estas instituciones, especial-
mente en el Instituto. Había que viajar a tierras indígenas y campesinas del país,
conocer los modos de vida de los pobladores y hacer ejercicios de etnografía.
Valga recordarles a los estudiantes que estos viajes no eran como los viajes
de hoy en día; no había un bus de la Universidad esperándolos y llevándolos
hasta las zonas más remotas del país, a donde así nos quejemos, llegan las carre-
teras. No había Google, ni GPS y para muchos de los lugares ni siquiera existían
mapas. Eran realmente expediciones y para las mujeres de esa época, criadas en
ese ambiente donde les hacían usar guantes y sombrero, ustedes se imaginarán,
lo que significaba emprender esos viajes. Voy a mostrarles una foto que es muy
bonita de esa época (Figura 7), donde están Virginia y Roberto, para entonces
6
Martha Cecilia Herrera C, y Carlos Alfonso Low P., “Virginia Gutiérrez de Pineda: una vida de
pasión. investigación y docencia”. Boletín Cultural y Bibliográfico Vol. XXIV, No. 10, (1987): 2.
[240 ] Boletín de Historia y Antigüedades
La señora del billete de 10.000 pesos. Virginia Gutiérrez de Pineda
tan solo novios, en el territorio de los ya citados motilones. ¡Él está enseñándole
a tirar una flecha, pero lo hace con una mirada muy conquistadora!
Figura 7
Diapositiva, Virginia Gutiérrez de P. y Roberto Pineda en territorio de los motilones.
Roberto cuenta una serie de anécdotas sobre estas expediciones, entonces
voy a darle la palabra a él.
RPC: voy a decir una pequeña cosa, para referirme finalmente a la anécdota,
insistiendo en cómo se forma una etnógrafa, que creo que es algo bien impor-
tante y que no es exclusivo de Virginia, pues les ocurre de la misma manera a
las estudiantes de etnología de su generación; Virginia, como dijo Ximena, era
una persona rebelde, una persona que se distancia de las tradiciones de su época
socorrana. Claro, Socorro también tiene una impronta de rebeldía, hombres y
mujeres expresadas en el Movimiento Comunero de 1782. El Estado de Santan-
der tiene también una tradición importante en reformas educativas liberales, en
la segunda mitad del siglo XIX. La joven Virginia leía sobre todo la biblioteca
de su papá, además de observar las hormigas y tal vez de degustar hormigas
culonas; observaba las hormigas y observaba también, las formaciones de las
nubes. Para entonces había una literatura para mujeres y otra para varones. La
literatura para mujeres, se suponía que era una literatura edificante, digámoslo
así. Un día la mamá de Virginia y otras piadosas mujeres socorranas, escuchan
en la santa misa al sacerdote de la parroquia: él asevera en tono grave que las
niñas y jóvenes están realizando lecturas no permitidas, por tanto peligrosas y
quizá pecaminosas. No solamente en esta época vamos a tener anécdotas de ese
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 227 - 254 [241 ]
Ximena Pachón Castrillón - Roberto Pineda Camacho
estilo, algunas antropólogas de la década del sesenta contaban que sus padres
–algunos destacados médicos– les prohibían leer algunos de los libros de sus
bibliotecas personales. El sacerdote les dice, básicamente, que las niñas se están
corrompiendo. La madre de Virginia reacciona vehementemente: bota y quema
los libros del señor Gutiérrez, su esposo. La niña y quizás adolescente Virginia se
queda sin libros, aunque se queda con hormigas y sus casas, ¡los hormigueros!
Esta observación le forja, especulemos con cierto fundamento, en su mente,
la idea de un sistema social –como diríamos ahora– porque las hormigas son
ante todo insectos sociales; nadie le enseña en la Normal Superior, que yo sepa,
entomología de las hormigas. Las hormigas son en otros términos un modelo de
relaciones sociales que luego le servirá para describir la complejidad de la vida
social Wayuú años después, en la famosa expedición de 1947 a la Guajira y, para
entender la complejidad y variedades de las formas y tipos sociales de familia.
En la Normal, como decía Ximena, tiene un novio, Roberto Pineda Giraldo,
joven como ella, un poquito mayor, tal vez dos años. En 1944 se organiza la ya
citada famosa expedición a los Yuko-Yukpas de la Serranía del Perijá, llamados
por entonces motilones, en compañía de los esposos Alicia Dussán y Gerardo
Reichel. No voy a entrar en los detalles de la expedición, que consistió en bajar
en barco por el río Magdalena, llegar a la localidad de Becerril en el Cesar; y
como nadie sabía dónde estaban los Yuko-Yukpas, tuvieron que contratar un
cazador para que los condujera a una localidad motilona. Gerardo y Alicia se
habían casado en el año 1943, eran esposos; pero Virginia y Roberto eran novios:
eso planteaba un problema complicado porque no era bien visto incluso que el
novio visitara a la novia en su casa. Por lo general el novio no pasaba del um-
bral de la casa, y cuando fuese recibido en la sala siempre había alguien mayor
presente, como una chaperona, como aún ocurría en los años sesenta del siglo
pasado. Entonces podemos imaginar lo que significaría irse a una expedición
a un tierra ignota, lejos de la familia, la sociedad, los amigos y todo el mundo.
Antes de viajar, el joven rector de la Escuela Normal Superior, el ya men-
cionado doctor Francisco Socarrás la cita a la rectoría y le pregunta a Virginia
que si su papá sabe del viaje en compañía de Roberto y si está de acuerdo, a pesar
de que Socarrás era un costeño de izquierda y de avanzada. Virginia responde
afirmativamente. Luego le inquiere a Virginia sobre qué piensa ella de viajar
sola con su novio en esa larga expedición: Virginia le responde, sin dudarlo,
“Sí señor estoy de acuerdo porque Roberto es todo un caballero”. Virginia se
va entonces con Roberto a una de las expediciones más importantes de la an-
tropología de su época; llegan a un grupo Yuko de la Serranía Perijá que en ese
momento estaba esperando el ataque de otro grupo Yuko. Pero, en vez de los
[242 ] Boletín de Historia y Antigüedades
La señora del billete de 10.000 pesos. Virginia Gutiérrez de Pineda
enemigos, llegaron de manera inesperada cuatro jóvenes, sobre todo dos de ellos
que no podían identificar, con un pantalón, chaquetas, tal vez botas, vestidas
de hombres. Mientras parte del grupo las apuntaba con sus arcos y flechas, un
Yuko se adelantó a desabotonarles la camisa, para ver qué ( sic) eran, si hombre
o mujer, o qué… y esta situación de tensión causó gran impacto emocional en
la joven Virginia que realizaba su primera expedición de campo; también fue
de gran impacto para la población local la presencia de ellas, que les recordaría
a Elsa la esposa del etnólogo sueco Gustav Bolinder, que los visitó veinte años
atrás, la primera mujer blanca que llegara a visitarlos a sus tierras
XPC.: Como lo ilustra Roberto, las expediciones que se dieron en esta
época marcan un momento muy importante en la historia de la antropología,
que ameritaría que los que nos interesamos por la historia de la antropología, las
tomáramos como objeto específico de indagación y escribiéramos una mono-
grafía o artículos sobre cada una de estas expediciones. Ahondar no solamente
en lo que significó para estas mujeres participar en ellas, sino lo que representó
en la historia de la antropología en el país. En estas expediciones Virginia inició
sus experiencias como etnógrafa. Ella estuvo no solamente con los llamados
motilones, sino también, en la Guajira y en el Chocó donde, junto con su es-
poso, realizó dos fructíferas estadías y, con el material recopilado, escribieron
posteriormente textos pioneros de etnografía indígena.
El trabajo de la Guajira fue recordado tanto por ella como por el doctor
Pineda, por haber sido el primer trabajo profesional que realizaron. De este
trabajo surge uno de los primeros escritos que conocemos de Virginia, sobre la
Organización Social en la Guajira (1948), donde ella se detiene, profundiza y
trata de entender lo que es una sociedad matrilineal, lo que es el clan, lo que es
el pago del matrimonio. El profesor Roberto, por su parte, escribe sobre aspectos
de la magia en la Guajira. Este trabajo, es pionero dentro de la historia de la
antropología y en la formación de ellos como investigadores.
En esta foto (Figura 8), aparece Virginia con unas jóvenes mujeres Wayuú.
Recién casados, ellos van a la Guajira ya como esposos. Por razones de tiempo,
voy a saltar un poquito y me voy a referir a otro aspecto que posiblemente muchos
de ustedes no conocen. Me refiero a esa época oscura que tuvo el desarrollo de
la antropología y de las ciencias sociales en general, cuando todo ese ímpetu
que se desplegó con la Escuela Normal Superior durante la llamada República
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 227 - 254 [243 ]
Ximena Pachón Castrillón - Roberto Pineda Camacho
Liberal, fue frenado y se echaron para atrás muchos de los adelantos y logros
que se habían alcanzado con el cambio de gobierno.
Figura 8
Virginia en medio de grupo de mujeres jóvenes Wayuú.
Ustedes saben que, con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en el año de
1948, el ambiente nacional realmente se enrarece; se da comienzo a la época de
La Violencia, de una guerra civil que arrasó los campos colombianos y acabó con
la posibilidad de exploración que se proponía el Instituto Etnológico, la Escuela
Normal y todos estos jóvenes egresados que pensaban que habían conquistado
el mundo con sus manos.
En los años 50, con el ascenso al poder de Laureano Gómez, se extinguie-
ron totalmente estas posibilidades de hacer ciencia social. La Escuela Normal
Superior se cierra y su proyecto pedagógico fue trasladado a Tunja, a donde
fueron transferidos los estudiantes varones, mientras a las mujeres las instalaron
en el Instituto Pedagógico Nacional en Bogotá, en lo que hoy se conoce como
la Universidad Pedagógica Nacional. Mientras tanto, el Instituto Etnológico
Nacional queda circunscrito a labores principalmente arqueológicas.
Por esta época, ya Virginia era madre de tres hijos y junto con su esposo
compartían las responsabilidades de un hogar, con todo lo que esto implica. Esta
adversidad y los difíciles años de comienzos de la década del 50, hicieron que
tuvieran que buscar otras alternativas de supervivencia, al igual que la mayoría
[244 ] Boletín de Historia y Antigüedades
La señora del billete de 10.000 pesos. Virginia Gutiérrez de Pineda
de los egresados del Instituto Etnológico Nacional. Se vieron en la necesidad
de olvidar la posibilidad de visitar comunidades indígenas, de hacer trabajos de
etnografía como les habían enseñado y tuvieron que buscar otras alternativas.
Virginia y Roberto comentaban cómo ellos vieron truncado un ideal que
los acompañó durante varios años: hacer una tercera salida al Chocó y comple-
mentar el trabajo que ya habían iniciado con los Katíos y con los Emberá en los
años 50. Sus cargos como investigadores y etnólogos del Instituto Etnológico
fueron declarados insubsistentes; los investigadores de este instituto fueron
señalados de comunistas, de librepensadores y su trabajo se hizo prácticamente
imposible. Virginia comentaba al respecto:
Teníamos un estigma, ser normalistas, vale decir comunistas. Haber sido
normalistas era un inri que nos perseguía. El hecho de estudiar ciencias sociales
era una cosa peligrosa, estudiar la problemática era tabú y más si nos atrevíamos
a develar críticamente la realidad nacional7.
Esto, para que vean ustedes, la situación por la que ellos atravesaron. Muchos
de estos investigadores encontraron la salida camuflándose en algunos puestos
burocráticos. Recordemos que en la Normal los prepararon para ser profesores,
para ser maestros. Entonces, muchos de ellos ejercieron la profesión de docentes
en colegios de secundaria. Virginia en esta época se dedicó a la maternidad, fue
cuando tuvo y crió a sus tres primeros hijos.
Los Pineda, Roberto y Virginia, inicialmente pensaron –y esto me parece
interesante y constituye un tema que se podría explorar un poquito más– irse
a Antioquia donde estaba la familia de Roberto. Aquí, entra a colación en este
conversatorio, el profesor Darío Mesa, con quien los unía una amistad muy
entrañable. Ellos se fueron para Antioquia pensando en la posibilidad de abrir
una sucursal del Instituto Etnológico Nacional, como se había hecho en otras
regiones del país. Sin embargo, en Antioquia les cerraron las puertas. Roberto se
quedó entonces, con su familia comerciando legumbres, tomates, y Virginia con
sus pequeños hijos recurre al seno materno en busca del amparo y la protección
para poder sobrevivir en Santander. “No hay pobre más pobre que el que no
tiene familia”, es un viejo refrán español que nos ayuda aquí a contextualizar
esta situación.
Posteriormente, los hombres lograron conseguir trabajo en Bogotá: la revista
Semana los acoge. Un antioqueño liberal, Eddy Torres, tenía un cargo directivo
en la revista y contrató a Darío Mesa para que se dedicara a hacer traducciones;
mientras a Roberto Pineda Giraldo le encargó, como periodista, mirar eventos
internacionales y escribir al respecto. Esta pequeña suma que pagaba Semana
7
Herrera C, y Low P., “Virginia Gutiérrez de Pineda: una vida de”, 9.
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Ximena Pachón Castrillón - Roberto Pineda Camacho
les permite una pequeña subsistencia y la posibilidad de reubicarse de nuevo
en Bogotá.
Sobre toda esta época oscura, estéril y difícil para los investigadores sociales,
hay algo que quiero resaltar: cómo este grupo, esta generación de investigadores
no claudicó, ni abandonó el interés por ese universo que había descubierto y
que tanto le apasionaba conocer. José Fernando Pineda, el hijo mayor de los
Pineda, sociólogo, compañero mío, muy brillante, al respecto dice:
Apoyándose de muy diversas y originales maneras los condiscípulos y los profesores
de la clausurada Escuela Normal Superior, terminaron convirtiendo felizmente
a la todavía ausente comunidad académica del campo de las ciencias sociales en
Colombia, en un sustituto casi perfecto, quizás sin proponérselo del todo, con sus
periódicos encuentros y reuniones informales, muchas en casa de mis padres, cada
sábado por la noche, que dieron en llamar el seminario. Con chocolate hirviendo,
pan francés y mermelada de naranja hecha en casa y servidos a media noche
por mi madre. Allí se sembró y reforzó una amistad y un afecto entrañable que
perdurará hasta el final de los días8.
Virginia también en varias entrevistas habló al respecto:
Nosotros formamos un clan, una tertulia que llamamos seminario en la época de
mayor violencia política. Ello significó nuestra tranquilidad racional para olvidar
y estudiar lo que se nos ocurría a nosotros. Hacíamos una reunión cada semana,
el grupo estaba constituido por Darío Mesa, Julio César Cubillos, Miguelito For-
naguera, Carlos Trujillo, Milcíades Chaves, Roberto Pineda y yo. Nos reuníamos
solos, sin esposas, ni compañeras, para discutir tradicionalmente hasta las dos
de la mañana. Después tomábamos un chocolate con pan y queso y cada uno se
despedía y se iba para su casa, habiendo presentado un tema de profundización
que había hecho y sometido a nuestro discreto parecer9.
Entonces, estos personajes que ven en las fotos eran parte de los contertulios
de este seminario, que le permitió a esta generación de jóvenes investigadores,
no interrumpir su labor académica, investigativa, y donde realmente hicieron
avances muy importantes. Estas tertulias se iniciaron mirando un trabajo sobre
Nariño, de Milcíades Chávez; luego aparecieron muchas otras problemáticas.
Algo parecido se dio también en casa de Ernesto Gulh, que también iba a las
tertulias de los Pineda, donde se hicieron famosas las tertulias vespertinas de
los jueves, que pasaron a ser llamadas el chocolate de los sabios.
8
José Fernando Pineda Gutiérrez. “Roberto pineda giraldo (16 de agosto de 1919 - 27 de julio
del 2008)”, Maguaré, No. 22 (2008): 6.
9
Herrera C, y Low P., “Virginia Gutiérrez de Pineda: una “, 14.
[246 ] Boletín de Historia y Antigüedades
La señora del billete de 10.000 pesos. Virginia Gutiérrez de Pineda
Aquí tenemos una foto en la que aparecen Reichel, Guhl y Pineda debajo
de una carpa. Se trata de la expedición del Yurumanguí; sobre la que Roberto
les puede contar algunas observaciones.
Figura 9
Expedición del Yurumanguí. Campamento No: 3. Reichel, Guhl y Pineda junto a ayudante.
RPC: La expedición, más épica, en el sentido más estricto de la etnología
en Colombia. Por instrucciones de Rivet van a buscar en el río Yurimanguí,
un río del Chocó, a los indígenas Yurumanguí; sobre ellos solamente se co-
nocía un vocabulario y una corta descripción de aspectos de su vida social de
finales del siglo XVIII elaborados por un misionero: sobre esa etnografía y ese
vocabulario, tenía interés Rivet, porque era su prueba reina de una emigración
polinésica a América. A partir de ese registro de la lengua se podía plantear un
parentesco entre esas lenguas del Pacífico y las lenguas de la familia Hoka de
Estados Unidos y el norte de México: la lengua de los indios yurumanguíes sería
el eslabón perdido. El Instituto Etnológico Nacional organizó dos expediciones
en los años 1945 y 1946 que no lograron localizar el río Yurimanguí y menos
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Ximena Pachón Castrillón - Roberto Pineda Camacho
encontrar a los descendientes de los indios referidos en los documentos de fines
de la Colonia. Hasta hoy en día seguimos buscando a los Yurumanguí. Ojalá
algunos de ustedes, reinicien la búsqueda.
XPC: Estamos mal de tiempo, entonces me voy a saltar la formación de
Virginia y Roberto en Estados Unidos, que es muy interesante. Voy a mencionar
simplemente que, después de su regreso de la Universidad de Berkeley, Virginia
se vinculó en el año de 1956 a la Universidad Nacional. En el año 1957, tanto
Virginia como su esposo se unieron a Orlando Fals Borda, a Camilo Torres y a
otro pequeño grupo de profesores, algunos extranjeros, quienes introducen los
estudios universitarios de Sociología en la Universidad Nacional. Desde esta
época, es decir, desde el año 57, Virginia inició el ciclo docente e investigativo,
donde se centra en los temas de Antropología Médica y organización social.
Para terminar, deseo contarles algo que quizás algunos de ustedes ya se-
pan. Recordemos que ellos fueron entrenados como docentes, como maestros.
La Escuela Normal Superior quiso formar una élite de maestros de provincia a
quienes, además de su formación académica, entrenaron como pedagogos. A
nosotros, a la mayoría de los profesores del Departamento, nadie nos ha entre-
nado como docentes; y les toca a ustedes a las buenas o las malas, aguantarnos
y muchas veces enseñarnos. Los Pineda Gutiérrez habían sido entrenados como
docentes: tuvieron la posibilidad de hacerlo de una manera mucho más profe-
sional, que indudablemente redundó en la calidad de sus clases y seminarios.
Virginia fue docente en la Facultad de Sociología. Estoy hablando de
Facultad y no del departamento. Lo sería después del Departamento de An-
tropología y de Trabajo Social, al igual que de la Facultad de Medicina y de
Enfermería, cubriendo los campos que le apasionaban: la familia y la medicina
popular. Ella, como sus compañeros de la Normal, fueron grandes maestros y
al respecto ella decía:
Nosotros tuvimos que aprender a enseñar y a investigar, Socarrás recalcaba que
uno no podía ser como el catecismo del padre Astete, siempre la misma pregunta,
siempre la misma respuesta. ¿Sois cristiano? Sí, por la gracia de dios. ¡No! Uno
debe hacer siempre programas de clase, por eso yo me acostumbré tanto que
en la Universidad Nacional, yo presentaba unas guías de cátedra cada año y los
quemaba en diciembre, para hacer unas nuevas al año siguiente, de otro modo,
uno se sentía como un disco cantando el mismo bolero10.
Sus estudiantes, tanto de antropología como de medicina y enfermería,
recordamos, –ahí me incluyo– la forma muy especial que adquirían sus clases.
10
Herrera C, y Low P., “Virginia Gutiérrez de Pineda: una “, 3.
[248 ] Boletín de Historia y Antigüedades
La señora del billete de 10.000 pesos. Virginia Gutiérrez de Pineda
Llegaba puntualmente, garbosa y bien vestida, en un carrito Škoda blanco.
Entraba al salón con paso firme a las siete en punto de la mañana y echaba
seguro a la puerta. El que no había entrado, ya no lo podía hacer. Una técnica
recurrente usada por ella consistía en interrogar a sus estudiantes, averiguan-
do de dónde eran, cómo eran sus familias y sus comidas cotidianas o cómo
curaban y a qué se debían las enfermedades. Se paraba frente a alguno de sus
estudiantes y le decía “¿Usted doctorcito, cuénteme, de dónde es, ¿dónde está
su tierra, cómo es su familia?” De esta manera utilizando la experiencia, y las
vivencias de nosotros sus estudiantes, ella ejemplificaba la diversidad cultural que
albergaba el país y nos enseñaba muchos años antes, que la Constitución del 91
lo sancionara, cómo vivíamos en un país multiétnico y pluricultural. Entonces
esto me parece que es un rasgo muy interesante, su función de investigadora,
en medio de la clase siempre estaba presente y en la clase ella vertía todo lo que
iba encontrando en sus investigaciones, en las plazas de mercado, en el campo,
en los archivos, los traía a clase, lo que hacía de la clase, realmente un espacio
de una riqueza muy grande.
Uno de sus principales libros es Familia en Colombia, trasfondo histó-
rico . Para mí es de los libros más importantes, porque es mirar el pasado y
11
de dónde surgen las diferencias familiares que ella encuentra posteriormente.
Después publica Familia y cultura en Colombia12 que es el libro que la lanza a
ella, si ustedes quieren, al estrellato. Donde ella además de todos los hallazgos
que hace sobre la familia, establece los llamados complejos culturales, que son
uno de los grandes aportes de Virginia al conocimiento del país.
11
Virginia Gutiérrez de Pineda, La Familia en Colombia, volumen I, Trasfondo Histórico (Bo-
gotá: Facultad de Sociología, Serie Latinoamericana, 1964).
12
Virginia Gutiérrez de Pineda, Familia y Cultura en Colombia. Tipologías. Funciones y Diná-
mica de la Familia. Manifestaciones múltiples a través del mosaico cultural y sus estructuras
sociales (Bogotá: Coediciones de Tercer Mundo y Departamento de Sociología, Universidad
Nacional de Colombia, 1968).
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 227 - 254 [249 ]
Ximena Pachón Castrillón - Roberto Pineda Camacho
Figura 10
Diapositiva, Familia y Cultura en Colombia.
Posteriormente aparece Estructura, función y cambio de la familia en
Colombia13 que comprende dos volúmenes. Es un texto de carácter mucho más
sociológico, donde ella trata de cuantificar muchos de los hallazgos que había
hecho y había estudiado y expresado de manera cualitativa. Este trabajo fue
financiado por la Universidad de Notredame, en Estados Unidos, que deseaba
tener una mirada comparativa de los cambios familiares ocurridos en América
Latina. Sin embargo, al pasar los años, el único texto que apareció fue el de
Virginia. Seguimos a la espera de los textos sobre Argentina, Brasil, Perú, etc.
Ella exploró también el mundo del gamín, por pedido de UNICEF y el Instituto
Colombiano de Bienestar Familiar, donde se preguntó cuál es la familia que
gesta, pare y socializa al gamín.
Realizó un estudio de caso, que no tiene nada que ver con los estudios de
caso que hacemos nosotros, que nos sentimos muy honrados de haber traba-
jado con una o cinco familias. Ella profundizó su mirada sobre la familia en
uno de los complejos culturales que ella había establecido y que más conocía
indudablemente: el complejo de Santander. Entonces, elaboró el texto que lleva
por título Honor y Familia en la estructura patriarcal, el caso de Santander14,
13
Virginia Gutiérrez de Pineda, Estructura, Función y Cambio de la Familia en Colombia (Bo-
gotá: Asociación Colombiana de Facultades de Medicina, 1973).
14
Virginia Gutiérrez de Pineda y Patricia Vila de Pineda, Honor, familia y sociedad en la estruc-
tura patriarcal: el caso de Santander (Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, 1988).
[250 ] Boletín de Historia y Antigüedades
La señora del billete de 10.000 pesos. Virginia Gutiérrez de Pineda
que algunos de los investigadores, sobre todo los historiadores dicen que es
una obra magistral.
Exploró otras formas de familia y las denominó; son más de cuarenta
tipos de familia que ella alcanzó a diferenciar: la familia padrastral, la familia
superpuesta, las familias de homosexuales y lesbianas, el retorno de la familia
extensa y múltiples versiones de las uniones de facto. Y, por último, vuelve a
trabajar al final de sus días, con su esposo y emprenden una tarea gigantesca que
es Miscegenacion y cultura en la Colombia colonial. 1750-181015 donde analizan
todo el proceso de mestizaje racial, cultural, etc. que se presenta en el país. Es
una obra monumental. Ella muere antes de que saliera el libro a la luz pública.
Figura 11
Diapositiva, Libro Miscegenación y cultura en la Colombia Colonial, 1750-1810.
La obra de Virginia Gutiérrez es muy extensa y profunda; la Universidad
Nacional no le ha rendido el reconocimiento que merece. Es una deuda pen-
diente que tenemos frente a esta maestra que analizó y describió la realidad
colombiana a través del estudio de la familia. Su trabajo, a pesar del tiempo
que ha transcurrido desde que sus textos salieron a luz, no ha sido superado.
15
Virginia Gutiérrez de Pineda y Roberto Pineda Giraldo, Miscegenación y Cultura en la Co-
lombia Colonial. 1750-1810 (Bogotá: Colciencias-Facultad de Ciencias Sociales Universidad de
los Andes, 1999).
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 227 - 254 [251 ]
Ximena Pachón Castrillón - Roberto Pineda Camacho
Debemos recordar, aunque todos ustedes estudiantes del Departamento lo
saben, que el pénsum de Antropología no incluye un curso sobre organización
social y familia. Los cursos dictados por Virginia son muy difíciles de reemplazar:
ciertas personas son muy difíciles de reemplazar, y su salida dejó un vacío en
el Departamento, que muy difícilmente lo podremos llenar. Virginia se retiró
y con ella se fue la Cátedra de familia en Colombia.
RPC: En el campo de la antropología, durante décadas, los estudios de
organización social fueron centrales. Organización social, era en cierta medida,
el estudio de las instituciones sociales, sobre todo las ancladas en el parentesco
y la alianza (el matrimonio); hay toda una gran tradición desde Henri Morgan,
hasta Claude-Levi-Strauss y otros investigadores. Los antropólogos éramos espe-
cialistas en el parentesco, las modalidades de matrimonio, los grupos domésticos
en sus diversas manifestaciones. Me parece que en la década del 90 del siglo
pasado la centralidad de estos cursos de organización social, del parentesco y
la alianza, se pierden o minimizan; quizás porque hay nuevas preocupaciones,
también hay unas nuevas modas. En alguna medida, a mi parecer, el estudiar
la familia, el parentesco y la organización social, se percibió como una especie
de antropología no actualizada. Sin embargo, en el contexto de la Universidad
Nacional, el departamento de Trabajo Social lo retoma y rescata.
El estudio de la familia y de la organización social es fundamental para el
estudio de las sociedades indígenas, campesinas o agrarias y urbanas contem-
poráneas. La última reforma curricular suprimió esa materia y perspectiva; creo
que nos equivocamos. Digo nos equivocamos porque yo también participé en la
reforma. Ello ha generado paradójicamente que el estudio del tema de familia
con todo lo que esto comprende, y los cambios de familia que precisamente
Virginia también vislumbró, sean más fuertes en disciplinas como Trabajo
Social, más que en los departamentos de Antropología; y no hablo únicamente
de nosotros, sino en general, en los departamentos de Antropología del país.
Producción intelectual
En esta sección se presentan algunos de los escritos de la profesora Virgi-
nia Gutiérrez de Pineda, que pueden introducirnos a su relevante producción
académica.
Gutiérrez de Pineda, Virginia. Notas de campo sobre los indios motilones.
Bogotá: manuscrito, 1945.
“Organización social en la Guajira”. Revista del Instituto Etnológico Nacional
Vol.: 3 (1948): 1-258.
[252 ] Boletín de Historia y Antigüedades
La señora del billete de 10.000 pesos. Virginia Gutiérrez de Pineda
“Causas culturales de la mortalidad infantil”. Revista Colombiana de An-
tropología, vol.: IV (1955): 11-83.
“Alcohol y cultura en una clase obrera”. Revista Colombiana de Antropo-
logía, Homenaje al profesor Paul Rivet, en Academia Colombiana de Historia,
(1958): 117-168.
Gutiérrez de P., Virginia y Pineda G., Roberto. “En el mundo espiritual
del indio Chocó”. Miscelánea Paul Rivet, Octogenario Dicadata Núm.: 2, (1958):
435-462.
Gutiérrez de Pineda, Virginia. “El país rural colombiano; ensayo de inter-
pretación”. Revista Colombiana de Antropología Vol.: 7, (1959): 1-125.
“Tensiones de odio en la pequeña comunidad; antagonismos en los estratos
sociales.” Revista Colombiana de Antropología Vol.: 9, (1960): 277-299.
La medicina popular en Colombia; razones de su arraigo. Bogotá: Univer-
sidad Nacional, 1961.
La familia en Colombia; estudio antropológico. Bogotá: Centro de Investi-
gaciones Sociales, 1962.
La familia en Colombia; trasfondo histórico. Bogotá: Universidad Nacional, 1963.
Fals Borda, Orlando, Gutiérrez de P., Virginia, y Zamora K. "Las ciencias
sociales en la enseñanza y en la investigación médica". En Medicina y desarrollo
social. Bogotá: Ascofame-Tercer Mundo, 1964.
Gutiérrez de Pineda, Virginia. Familia y cultura en Colombia. Bogotá: Tercer
Mundo-Facultad de Sociología, Universidad Nacional, 1968.
Tradicionalismo y familia y trasfondo familiar del menor. Bogotá: Ascofa-
me, 1973.
La condición jurídica y social de la mujer como factor que influye en la fecun-
didad. Ponencia, Reunión de países del hemisferio occidental sobre condición
de la mujer, Santo Domingo, 1973.
“Imágenes y papel de hombres y mujeres en Colombia”. La mujer en América
Latina. México: Septentas, 1975 .
Estructura, función y cambio de la familia en Colombia. Bogotá: Ascofame,
1975-1976, 2 vols.
“Status de la mujer en la familia”. En León de Leal, Magdalena (directora),
La mujer y el desarrollo en Colombia. Bogotá: Asociación Colombiana para el
Estudio de la Población (Acep), 1977, pp. 317-394.
El gamín. Su albergue social y su familia. Bogotá: Unicef, 1978, 3 vols.
Medicina tradicional de Colombia; el triple legado. Bogotá: Universidad
Nacional de Colombia, 1985, 2 vols. Antropología médica. Bogotá: 1985.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 227 - 254 [253 ]
Ximena Pachón Castrillón - Roberto Pineda Camacho
Medicina tradicional y salud pública. Bogota: Universidad Nacional, 1986
(Cuadernos de Antropología).
El patriarcalismo, dinámica y conflictos. En preparación.
Referencias sobre Virginia Gutiérrez de Pineda
Echeverri Angel, Ligia. “Virginia Gutiérrez de Pineda: Ve lo que todos han visto pero
piensa lo que otros no han pensado”. Nómadas, Universidad Central Núm. 6,
(Marzo, 1997): 143 - 155.
Guerrero, Elisa. “Mujer y Universidad, Un estudio de caso desde la Historia de Vida
de cinco egresadas de la Escuela Normal Superior entre 1938. 1944.” Tesis de
maestría en Estudios de Género, Facultad de Ciencias Humanas, Universidad
Nacional de Colombia, 1999.
Herrera, Marta Cecilia, y Low, Carlos. “Virginia Gutiérrez de Pineda: una vida de pasión,
investigación y docencia.” Boletín Cultural y Bibliográfico, Biblioteca Luis Ángel
Arango, Vol. XXIV, No 1 (1987): 19-34.
Pachón, Ximena C. “Virginia Gutiérrez de Pineda y su aporte al estudio histórico de la
familia en Colombia”. Maguaré, Núm.: 19, (2005): 245-273.
Vila de Pineda, Patricia. “Virginia Gutiérrez de Pineda 1922 -1999”. Maguaré, Núm.:
19, (2020): 15-16.
Bibliografía
Helg, Aline. La educación en Colombia: 1918-1957. Serie educación y cultura. Bogotá:
Universidad Pedagógica Nacional, 1987.
Herrera C, Martha Cecilia y Low P., Carlos Alfonso. “Virginia Gutiérrez de Pineda:
una vida de pasión. investigación y docencia”. Boletín Cultural y Bibliográfico Vol.
XXIV, No. 10, (1987).
Corpas de Posada, Isabel. Biografía Soledad Acosta de Samper (1833-1913), Biblioteca
Digital. Bogotá: Universidad de los Andes). Soledadacosta.uniandes.edu.co/biografía
Gutiérrez de Pineda, Virginia. La Familia en Colombia, volumen I, Trasfondo Histórico.
Bogotá: Facultad de Sociología, Serie Latinoamericana, 1964.
Gutiérrez de Pineda, Virginia. Familia y Cultura en Colombia. Tipologías. Funciones y
Dinámica de la Familia. Manifestaciones múltiples a través del mosaico cultural y
sus estructuras sociales. Bogotá: Coediciones de Tercer Mundo y Departamento
de Sociología, Universidad Nacional de Colombia, 1968.
Gutiérrez de Pineda, Virginia. Estructura, Función y Cambio de la Familia en Colombia.
Bogotá: Asociación Colombiana de Facultades de Medicina, 1973.
Gutiérrez de Pineda, Virginia y Pineda Giraldo, Roberto. Miscegenación y Cultura en la
Colombia Colonial. 1750-1810. Bogotá: Colciencias-Facultad de Ciencias Sociales
Universidad de los Andes, 1999.
Pineda Gutiérrez, José Fernando. “Roberto Pineda Giraldo (16 de agosto de 1919 - 27
de julio del 2008)”. Maguaré. Núm. 22 (2008).
[254 ] Boletín de Historia y Antigüedades
La señora del billete de 10.000 pesos. Virginia Gutiérrez de Pineda
Boletín de historia
y antigüedades
Volumen CVI, No. 869
Julio a Diciembre de 2019
Re s eñ a s d e libro s
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 227 - 254 [255 ]
Boletín de historia y antigüedades /Vol. CVI, No 869, Julio - Diciembre de 2019
Las batallas de Boyacá: hombres,
mujeres, experiencias
Vanegas, Isidro. Tunja: Ediciones
Plural, 2019, 251 páginas.
Roger Pita Pico1
El tema de la Independencia de Colombia es uno de los de mayor vigencia
y discusión en estos años de conmemoración bicentenaria. Este nuevo trabajo
del historiador Isidro Vanegas se suma a otras reconocidas publicaciones suyas
en torno a esta misma materia. En su libro, el autor se aleja de traer un recuento
lineal y sistemático sobre la batalla de Boyacá y la Campaña Libertadora, ejercicio
que de manera reiterada desarrollaron los primeros estudios en una visión plana
y limitada de la realidad histórica. Su verdadera intención consiste en centrarse
precisamente en aquellos vacíos y en aquellos aspectos poco abordados, incluso
por los historiadores de carrera. Con ello, su pretensión es enriquecer el análisis
sobre esa etapa crucial de la historia nacional.
Vale resaltar que Vanegas hace uso de un esquema innovador y llamativo
en la forma de configurar la estructura de su obra. Se aparta en ese sentido de
los libros previsibles en su desarrollo temático y línea cronológica de aconteci-
mientos. Como primera medida, abre cada acápite con una reflexión, pero busca
Cómo citar este artículo
Pita Pico, Roger. “Reseña: Las batallas de Boyacá: hombres, mujeres experiencias”.
Boletín de Historia y Antigüedades 106: 869 (2019): 257 -260.
[257 ]
Roger Pita
complementarla con una sección a la que denomina Huellas que comprende un
acervo de 24 documentos, cortos y pertinentes, que sirven de ilustración para el
lector. Finalmente, cada capítulo del libro incorpora un novedoso componente
bautizado por el autor con el nombre de Lecturas, en el cual describe las fuentes
utilizadas para la construcción de su investigación, presentándolas a manera
de notas explicativas y ubicándolas en el ámbito en que fueron referidas en el
texto de reflexión precedente. Es de esta manera que están construidos los 9
acápites, resultando en una lectura agradable y variada al pasar de la reflexión
crítica al soporte de la información documental de la época y la guía de fuentes
primarias y secundarias utilizadas.
Las temáticas de los capítulos son variadas y abarcan una multiplicidad de
actores y escenarios. Por un lado, el preámbulo de la preparación de la Campa-
ña Libertadora en los llanos del Casanare y la dinámica misma de la batalla de
Boyacá desde sus momentos previos hasta el desarrollo de esta acción bélica y
los incentivos a los combatientes. En los siguientes tres capítulos se aborda el rol
asumido por tres actores en particular: el soldado en sus rutinas y condiciones de
campaña, las guerrillas y las mujeres2. Los ejes temáticos de los capítulos finales
que, a todas luces, constituyen la mayor contribución de esta obra al debate
historiográfico actual son: las motivaciones para entrar en el juego de la guerra;
la forma como a través de los siglos XIX y XX se ha conmemorado la batalla
de Boyacá y el significado que cada generación le ha conferido a este suceso y;
por último, sus implicaciones internas y externas como hecho transcendental
en el proceso independentista de Colombia.
Resulta necesario precisar además que el libro no se centra en complejas
discusiones de carácter teórico. No es ese el propósito, sino más bien el de plan-
tear una postura revisionista y aclaratoria sobre una etapa decisiva de la historia
nacional, para lo cual se vale de una sólida argumentación y un oportuno apoyo
documental. En la introducción, el trabajo parte de la necesidad de revaluar
la historia del proceso de Independencia, marcada tradicionalmente por los
sesgos, los estereotipos, los falsos hitos y las visiones homogeneizantes o, dicho
mejor en palabras del autor, los “equívocos de la representación social de los
colombianos sobre la independencia”. Un buen ejemplo de ello es la forma como
se ha tratado la fase conocida tradicionalmente como la Reconquista, para lo
cual el autor desmitifica una a una las falsas creencias que se han repetido de
generación en generación. Esta postura revisionista de Isidro Vanegas se suma
2
Este tema de género es uno de los que han adquirido mayor preponderancia en la produc-
ción historiográfica del actual periodo conmemorativo del Bicentenario.
[258 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Las Batallas de Boyacá: Hombres, mujeres, experiencias de Isidro Vanegas, Ediciones Plural,2019
a otras recientes de carácter crítico como la del destacado académico Daniel
Gutiérrez Ardila.
Es preocupación también del autor enfatizar en el hecho de que la historia
del proceso de Independencia no es solo una historia de las batallas y de lo militar,
sino que abarca otros componentes relevantes como el social y el económico
que no han sido tratados a profundidad por la historiografía. Esto hace que su
mirada sea incluyente pues apunta a hacer un sondeo sobre actores que histó-
ricamente han sido invisibilizados como las mujeres o la gente del común y de
esta manera construir lo que el autor denomina como una historia compleja.
Por otro lado, se analiza la Campaña Libertadora y la batalla de Boyacá
como un proceso histórico regional pero no de manera aislada, sino entendido
en un contexto mucho más amplio y dinámico, conjugando su proyección no
solo a nivel nacional sino también externo. Si bien se enfoca en aquella campaña
que abarcó como espacio regional la zona del altiplano cundiboyacense y los
llanos del Casanare, de manera reiterada se reflexiona sobre el impacto de estos
sucesos y sobre el devenir de la guerra en otras áreas del territorio de la Nueva
Granada como Antioquia y la Costa Caribe. Y, particularmente en el último
acápite Ecos internacionales del 7 de agosto, se aborda la dimensión externa de
la batalla más allá del espacio hispanoamericano sino también en Europa. En
cuanto al marco temporal, el profesor Vanegas reitera la importancia de ubicar
la batalla de Boyacá y su verdadero significado, sin olvidar los esfuerzos previos
que se remontan a 1810 y los efectos posteriores cuando se sientan las bases de
la naciente República.
Finalmente, con base en todas estas premisas, el autor reflexiona sobre la
conmemoración bicentenaria e invita a examinar el significado de esos años
cruciales de la lucha emancipatoria en torno al proceso de construcción de una
nación. Quizás el mayor aporte de esta obra es recordar a sus colegas y a los
investigadores en general sobre el reto constante de revisar con sentido crítico
esta etapa histórica sobre la que tanta tinta ha corrido, pero sobre la cual aún
falta mucho por descifrar, aclarar y comprobar.
El manejo de las fuentes es pertinente e incorpora de manera especial
algunos documentos inéditos y otros más que han sido muy poco consultados.
Así entonces, las 24 piezas documentales incorporadas en la sección Huellas y
otras tantas incluidas en Lecturas corresponden a una variada gama de fuentes
primarias: cartas, representaciones, relatos, crónicas, testimonios, procesos
sumariales, folletos impresos y artículos de prensa, entre otros. Con ello, queda
en evidencia un juicioso trabajo de consulta de archivos, particularmente en el
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019 257 - 260 [259 ]
Roger Pita
Archivo General de la Nación3 y otros a escala local como el Archivo Regional
de Boyacá y el Archivo Histórico de Medellín.
Tal como está diseñado el libro, es sin lugar a dudas un aporte historiográ-
fico que puede ser valioso como herramienta pedagógica y como documento
de trabajo, no solo entre los estudiantes y profesionales del área de Historia sino
también entre los niveles básicos de educación. Resulta muy pertinente de cara
a la actual coyuntura en la cual se está implementando la ley 1874 del 27 de
diciembre de 2017 por medio de la cual se restablece la enseñanza obligatoria
de la Historia de Colombia como una disciplina integrada en los lineamientos
curriculares de las ciencias sociales en la educación básica y media. En ese
sentido, la obra puede ser un aporte al reto de implementación del nuevo con-
tenido curricular. Para ello sirve además el hecho de que el libro está escrito
en un lenguaje claro y sencillo, accesible todos los públicos, incluso a aquellos
que no están tan familiarizados con el estudio del tema de la Independencia.
3
Aquí aparecen consultados de manera especial el fondo Secretaría de Guerra y Marina de la
Sección República y el Fondo Historia de la Sección Archivo Anexo que precisamente son los
que más información albergan sobre el proceso de Independencia.
[260 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Las Batallas de Boyacá: Hombres, mujeres, experiencias de Isidro Vanegas, Ediciones Plural,2019
Boletín de historia
y antigüedades
Volumen CVI, No. 869
Julio a Diciembre de 2019
Vi d a a c a d ém i c a
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019 257 - 260 [261 ]
Vida Académica
INFORME DE LABORES
DE LA ACADEMIA COLOMBIANA DE HISTORIA
Periodo de julio - diciembre de 2019
LUIS HOR ACIO LÓPEZ D OMÍNGUEZ
Secretario Académico
Introducción Mosquera. Al concluir el año, el cuatro de
diciembre murió en Bogotá el padre Alberto
Como es tradicional en la sección Vida Gutiérrez Jaramillo S.J quien había tomado
Académica se registran las actividades posesión de la silla 13 como Académico de
institucionales programadas y que en Número en abril de 2018.
este informe van de julio a diciembre de
2019, y las proposiciones aprobadas por
Posesiones de Académicos Honorarios
la Asamblea en el periodo. Se incluye el
y Correspondientes
registro de los académicos fallecidos, la
nómina de los académicos promovidos a Durante este segundo semestre de 2019
Académicos Honorarios y la posesión de tomaron posesión como Académicos
Académicos Correspondientes, así como Honorarios: Don Javier Ocampo López,
una relación cronológica de las sesiones presidente de la Academia Boyacense de
académicas ordinarias y las solmenes, y historia, el ingeniero y astrónomo Jorge
una reseña de actividades de la Academia Arias de Greiff y el diplomático e inter-
en sus vínculos interinstitucionales y otros nacionalista Don Enrique Gaviria Liéva-
eventos académicos. no. En el mismo periodo ingresaron a la
Academia el jurista e historiador Orestes
Obituario Zuloaga Salazar presidente de la Academia
Antioqueña de Historia y el ingeniero e
El dos de julio falleció en la ciudad de Bo- historiador don Carlos Rodado Noriega.
gotá Don Jaime Posada, quien había sido
exaltado a Académico Honorario el año
Sesiones Académicas
anterior y había recibido la condecoración
Orden del Centenario de la Academia A continuación, se registran las sesiones
Colombiana de Historia. El académico ordinarias y solemnes públicas que se
de nacionalidad estadounidense Robert realizaron en el segundo semestre de 2019:
Davis murió el 14 de octubre, un destacado
historiador colombianista que contribuyó Julio 2. Posesión en Tunja, por motivos
a la transcripción y edición del archivo de salud, como Académico Honorario
histórico del general Tomás Cipriano de
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 263 - 289 [263 ]
Vida Académica
del Académico de Número don Javier Septiembre 3. Posesión como Académico
Ocampo López. Correspondiente de don Carlos Rodado
Noriega. Disertación sobre el tema Con-
Julio 9. Posesión como Académico Co- secuencias de la rivalidad entre Simón
rrespondiente de don Orestes Zuluaga Bolívar y Manuel del Castillo.
Salazar Presidente de la Academia Antio-
queña de Historia quien disertó sobre el Septiembre 17. Mesa Redonda Las inde-
tema El Santuario y su entorno histórico pendencias de Colombia y México, pers-
1770-1880. En la sesión se presentó la pectivas comparadas organizada por la
compilación Académicos Numerarios de Academia y la Embajada de México.
Antioquia en la Academia Colombiana
de Historia. Discursos y ensayos históri- Septiembre 19. Posesión como Académico
cos, 1902-2012. Edición conjunta entre la Honorario del Académico de Número
Academia Colombiana de Historia y la don Enrique Gaviria Liévano, y disertó
Academia Antioqueña de Historia. sobre el tema: La inmigración alemana y
la presencia nazi en Colombia.
Julio 23. Posesión como Académico Ho-
norario del Académico de Número don Noviembre 12. Disertación del historiador
Jorge Arias de Greiff. Disertación sobre el y diplomático de la Embajada de Brasil
naturalista Francisco José de Caldas como historiador Helio Franchini sobre el tema
astrónomo. La independencia de Portugal de los terri-
torios de Brasil.
Julio 28. Sesión solemne conjunta de la
Academia Colombiana de Historia y la Diciembre 17. Sesión Solemne Conmemo-
Academia de Historia de Santander en la rativa del bicentenario de la promulgación
Casa de la cultura Horacio Rodríguez Plata de la Ley Fundamental de Colombia en
como conmemoración del bicentenario del Angostura, la designación del general de
fusilamiento de Antonia Santos. Socorro, división Francisco de Paula Santander como
Santander. vicepresidente de las provincias Libres de la
Nueva Granada y el 189º aniversario de la
Julio 30. Mesa redonda sobre La pre- muerte de Simón Bolívar en Santa Marta.
servación de las lenguas originarias de Presentación de nuevos títulos publicados,
México y Colombia, homenaje a Miguel en la Casa Gómez Campuzano del Banco
León-Portilla. Organizada por la Embajada de la República
de México y la Academia.
Sesiones públicas solemnes y participa-
Agosto 7. Ceremonia conmemorativa en
ción en eventos académicos
el Campo de Boyacá del bicentenario de la
Batalla de Boyacá. Asistencia del Presidente En el marco de las actividades académicas
de la Academia. proyectadas y promovidas por la Mesa
Directiva, en fechas específicas, se con-
vocó a sesiones solemnes públicas en las
[264 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Vida Académica
que la invitación se cursó a los integrantes discursos de orden de los presidentes de
de la Corporación, autoridades guberna- la Academia Colombiana Eduardo Durán
mentales, historiadores y académicos de y el presidente de la Academia de Histo-
sociedades históricas. En 2019 estuvieron ria de Santander Miguel José Pinilla. La
relacionadas con las celebraciones bicen- Académica Victoria Peralta participó en
tenarias de la Independencia Nacional. A representación de la Academia en el panel
continuación, se relacionan las sesiones La mujer en el desarrollo de la historia de
solemnes públicas de este periodo: Colombia en la biblioteca Antonia Santos.
Julio 19. Ceremonia eucarística en memo- Julio 30. Mesa redonda: La preservación
ria de los Mártires de la Independencia. Se de las lenguas originarias de México y Co-
organizó con el párroco de La Veracruz, lombia, homenaje a Miguel León-Portilla.
y con asistencia de académicos y partici- Organizada por la Embajada de México y
pación de oficiales militares de diversos la Academia. Con participación en el panel
países. Misa concelebrada por el párroco de la Embajadora Patricia Galeana y los
y los sacerdotes académicos. La ceremonia académicos Inés Arias, Roberto Pineda,
eucarística se realizó en el templo de La y del secretario de la Academia Mexicana
Veracruz, Panteón Nacional. La lectura de la Lengua Rodrigo Martínez Baracs y la
de un obituario por uno de los miembros moderación estuvo a cargo del secretario
de la Academia estuvo a cargo del aca- académico. Con asistencia de diplomáticos
démico de número Luis Horacio López e historiadores invitados.
quien disertó sobre el tema: Dibujando la
senda sangrienta de la libertad de la Nueva Agosto 5-6. Realización del Congreso de
Granada 1816-2019. Historia en Tunja. Organizado por la Go-
bernación de Boyacá y la Academia Boya-
Julio 28. Sesión solemne pública de la cense de Historia. Asistieron los académicos
Academia Colombiana de Historia conjun- Presidente, el Coordinador de biblioteca y
tamente con la Academia Departamental de la académica Magdalena Corradine.
Santander en Socorro-Santander. Conme-
morativa del Bicentenario del fusilamiento Agosto 27-28. Conmemoración del bicen-
de la heroína Antonia Santos, el 28 de julio tenario del ingreso de José María Córdova
de 1819 en Socorro. Los actos que se rea- y el Ejército Libertador a Rionegro con
lizaron en Socorro-Santander y asistieron participación de la Vicepresidenta de la
la Mesa Directiva acompañados de un República, la Ministra de Cultura y el
grupo de académicos de número y corres- Comandante del Ejército Nacional.
pondientes de la Academia Colombiana.
Por primera vez en este siglo la Academia La comisión de miembros de la MD la
Colombiana sesiona con su mesa directiva integraron el académico tesorero, el coor-
y académicos fuera de Bogotá. dinador de biblioteca y el secretario aca-
démico y se realizó una visita de asesoría
La sesión se realizó en la Casa de la Cultura al Museo Histórico de Rionegro.
Horacio Rodríguez Plata del Socorro, con
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Vida Académica
En la ciudad de Medellín, en la Academia des. Hubo varias reuniones de trabajo
Antioqueña de Historia, se realizó el día del presidente con los presidentes de las
anterior una sesión solemne con la pre- academias departamentales, así como del
sentación del libro en coedición titulado vicepresidente y secretario con colombia-
Académicos Numerarios de Antioquia nistas españoles y franceses para gestionar
en la Academia Colombiana de Historia. la participación en el plan editorial de la
Discursos y ensayos históricos 1902-2012. Corporación.
La presentación estuvo a cargo de los aca-
démicos Rafael Iván Toro Gutiérrez expre- Diciembre 17. Sesión conmemorativa de
sidente de la Antioqueña y Luis Horacio la conmemoración de la expedición de
López secretario de la colombiana que la Ley Fundamental de la República de
tuvieron a su cargo la coedición. Colombia, la designación del general de
división Francisco de Paula Santander como
Septiembre 17. Mesa Redonda Las inde- Vicepresidente de Colombia y la muerte
pendencias de Colombia y México, perspec- de Simón Bolívar en 1830.
tivas comparadas. En el panel participaron
la embajadora de México historiadora En la sesión se realizó un panel con los
Patricia Galeana, el historiador mexicano autores y coordinadores de los libros pre-
Raúl Figueroa y de la Academia de Historia sentados. Académicos Roger Pita y Luis
Armando Martínez y como moderador Horacio López del libro América Meridional
Luis Horacio López. Independencias de campañas y batallas de
Colombia, Ecuador y Venezuela a través de
Octubre 1-4. Realización del XIX Congreso campañas y batallas 1813-1823, la coedición
Nacional de Historia en Armenia, Quindío. con textos de los boletines de las Academia
de Historia de Colombia, Ecuador y Ve-
Participación del presidente en el panel nezuela, y del bolsilibro Fechas de Nación
inaugural del Congreso. El vicepresidente por su autor Marcos González.
Fernán González tuvo a su cargo la pre-
sentación del libro Archivo de Monseñor
Eventos realizados en la sede de la Aca-
Guzmán sobre la violencia en Colombia.
demia
En el simposio N° 1. Mesa de trabajo de
Nación a partir su patrimonio una po- VII Congreso Internacional de Platería.
nencia del secretario académico titulada La plata en Iberoamérica, de los orígenes
La impronta de la filatelia conmemorativa al siglo XIX
de Independencia y República de Colombia
1910-2019. Del 16 al 20 de septiembre de 2019 se realizó
en Bogotá el VII Congreso Internacional
Se efectuó una reunión del vicepresidente de Platería. La plata en Iberoamérica, de
y el secretario de la Academia con Elwar los orígenes al siglo XIX. La Academia fue
Figueroa presidente de la Asociación Co- una de las sedes, en la jornada de la tarde
lombiana de Historiadores y los directores del 17 de septiembre donde se presenta-
de revistas de historia de las universida- ron las ponencias sobre el tema Platería
[266 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Vida Académica
hispanoamericana y otros centros plateros las Academias, se editaron varios libros y
americanos. coordinaron actos con la Vicepresidencia
de la República. La Academia fue sede de
Exposición museográfica Bicentenario de la conmemoración del bicentenario de la
la Revolución Mexicana instalación del Congreso de Angostura
el 15 de febrero de 2019 y se presentó la
En el marco de la cooperación con la Emba- edición de la Academia Actas del Congreso
jada de México en Colombia, la Academia de Angostura 1819-1820 con asistencia de
Colombiana fue sede de la exposición la señora Vicepresidente y los presidentes
Bicentenaria de la Revolución Mexicana. del COLMAC. En diciembre de 2019 fue
Esto fue posible gracias al ofrecimiento de elegido el académico Eufrasio Bernal Duffo
la señora embajadora historiadora Patricia presidente de la Sociedad Geográfica de
Galeana, quien permitió que después de Colombia como presidente del Colegio
ser presentada en los actos de celebración Máximo de las Academias y Vicepresidente
del día Nacional de México, la exposición el ingeniero Germán Pardo Albarracín,
fuera enviada a las instalaciones de la Aca- presidente de la Sociedad Colombiana de
demia para que los académicos y el público Ingenieros.
en general pudieran apreciar la muestra
documental. Los paneles fueron instalados
Postulación de académicos de la Corpo-
en el primer piso del patio central.
ración al reconocimiento Investigador
Emérito
Participación en actividades del Colegio
Máximo de las Academias Colombianas Para 2019 la Academia postuló el 12 de
COLMAC noviembre como candidatos a la distin-
ción de Investigador Emérito que antes
El Colegio Máximo de las Academias otorgaba Colciencias y ahora el Ministerio
Colombianas esta integrado por las 10 de Ciencia y Tecnología a los académi-
academias que tienen la función de órga- cos: historiador económico, académico
nos consultivos del Gobierno Nacional y José Antonio Ocampo; al historiador y
reciben a través del MEN un aporte anual docente de la Universidad Nacional de
del Gobierno Nacional para sus programas, Medellín, académico Oscar Almario; a la
en especial las ediciones de la colección historiadora y docente de la Universidad
Bicentenario de la Independencia. Cada de los Andes, académica Diana Bonnet y
una de las academias hace las veces de al académico Malcolm Deas designado
anfitrión en una de las reuniones que los también fue elegido Académico Honorario
presidentes de las academias sostienen de por la Corporación. En años anteriores
manera mensual. La Academia Colombiana la Academia postuló al vicepresidente
en su reunión correspondiente presentó y de la MD, padre Fernán González SJ. y al
distribuyó sus novedades editoriales. Para el académico Álvaro Tirado Mejía y les fue
año del Bicentenario de la Independencia, otorgado este reconocimiento a la vida y
la agenda de labores y participaciones de obra de un científico en ciencias sociales.
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Vida Académica
Donaciones de bienes culturales y ar- Donación óleo Rafael Uribe Uribe por la
tísticos Universidad Libre
Un conjunto de donaciones a la Academia También recibió la Academia la donación de
ha ampliado la colección arqueológica, la parte de la Universidad Libre, por gestión
pinacoteca de la Academia y su colección del académico Julio Roberto Galindo pre-
archivística y bibliográfica sidente de dicha universidad, de un retrato
al óleo del académico Rafael Uribe Uribe.
Donación colección piezas arqueológicas de
culturas Tumaco y la Tolita Donación cuadro Boyacá por su autora
Maripaz Jaramillo
Se encuentran en trámites de inscripción
como colección de piezas del patrimonio Otro tanto la donación de la pintora Maripaz
arqueológico colombiano ante el Instituto Jaramillo de su obra Batalla de Boyacá que
Colombiano de Antropología e Historia, orna la sala de exposiciones Luis Duque
una colección de arqueología de las culturas Gómez. Cuadro que por varios años ornó
Tumaco de Colombia y Tolita de Ecuador los salones de la Casa de Nariño.
donada a la Academia por el ingeniero Car-
los Valenzuela antes de su viaje a Canadá. Participación institucional en entidades
Esta donación entra a ampliar la colección culturales oficiales y en convocatorias del
Putman de la Academia de piezas de ce- alto gobierno
rámica y líticas de Mesoamérica y Andes
Centrales que se conserva en la sala de El Presidente Eduardo Durán Gómez con-
sesiones ordinarias de la Academia y fue currió a las sesiones mensuales del Consejo
catalogada por el académico Gonzalo Co- Directivo del Archivo General de la Nación
rreal y Roger Pita hace varias anualidades. y en su ausencia de la ciudad, asistió el
coordinador de biblioteca y archivo de la
El doctor Carlos Valenzuela hizo adicio- Academia Roger Pita como su delegado.
nalmente una donación bibliográfica sobre
arqueología del suroccidente de Colombia El Secretario Académico asistió como de-
y Ecuador que se encuentra catalogada en legado de la Academia a las sesiones de
la Biblioteca Eduardo Santos y que servi- la comisión de revisión de documentos
rá de apoyo informativa sobre las aéreas para la aprobación de tablas de retención
arqueológicas. Donó también las vitrinas de archivo, de entidades oficiales y del
de exposición y la academia tiene como sector privado, en el Archivo General de
contraparte el compromiso de organizar la Nación. Estas reuniones se realizaron
museográficamente la colección y exhibirla periódicamente lo largo del año.
con los créditos del donante.
[268 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Vida Académica
Reuniones convocadas por la Vicepresi- 1819-1919 y 1929-2019, en prospectiva a
dencia sobre programación de emisiones partir de hitos, procesos multicausales.
sellos conmemorativos.
Instalación de la Comisión Asesora del MEN
La Academia Colombiana de Historia repre- para la reintroducción de la enseñanza de
sentada por Luis Horacio López delegado la historia en la educación básica y media.
por el Presidente, asistió a las reuniones
convocadas por la Vicepresidencia de la La Academia Colombiana de Historia, desde
República para el diseño de las emisiones el inicio del debate, ha venido promoviendo
postales del Bicentenario. el reintegro de esta cátedra en la formación
de los niños y jóvenes en el país. Esto ha
Foro Educativo Nacional Bicentenario 2019 permitido que la Corporación forme parte
del MEN. Historia, ética y ciudadanía en de la Comisión y pueda participar activa-
Colombia. La historia de nuestra diversidad. mente en el diseño del plan de estudio que
se debe elaborar.
El panel inaugural del foro el 8 de octubre
contó con la participación del Presidente de
Publicaciones
la República Iván Duque Márquez, María
Victoria Angulo Ministra de MEN y el En el plan editorial de la colección bicen-
Presidente de la Academia Eduardo Durán. tenario de la Indpendendencia Nacional
de la Academia:
El encuentro Lecciones aprendidas convo-
cado por la Vicepresidencia de la República Nuevas miradas sobre la historia de la in-
se realizó en el hotel Dann Norte entre el dependencia de Colombia. Segunda edi-
7 y 8 de noviembre para trazar líneas de ción financiada con recursos del MEN, la
prospectiva y de análisis de hitos y proce- primera por el Ministerio de Cultura en
sos de la historia de Colombia de 1819 a el marco del convenio 441/2018 y como
1919 y de 1820 a 2019. Con el objetivo de editores el vicepresidente, el coordinador
identificar hitos y tendencias en el tiempo de biblioteca y el secretario académico.
de acontecimientos políticos, económicos y
militares sucedidos en estos 200 años. Por América Meridional, Independencias de
la Academia Colombiana asistió la Mesa Colombia, Ecuador y Venezuela. A través
Directiva y participaron los presidentes de de campañas y batallas 1813 -1823. Este
las academias departamentales de historia, libro fue iniciativa de los presidentes de
docentes universitarios, decanos y profeso- las academias nacionales de historia de
res de universidades que ofrecen progra- Colombia, Ecuador y Venezuela Es una
mas en historia a escala nacional, pública coedición de las academias de Colombia,
y privada y delegados de la Asociación Ecuador y Venezuela con 30 textos seleccio-
colombiana de Historiadores. Certamen nados de los boletines de las tres entidades
académico que permitió un encuentro en académicas.
10 mesas de trabajo, en dos líneas de tiempo
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Vida Académica
Antonia Santos camino hacia la gloria. Del término el impulso al restablecimiento de
académico de la Corporación Gustavo la enseñanza de la historia en los planes de
Gálvis Arenas y también de la Academia de estudio a nivel básico y media así mismo
Historia de Santander, un boceto biográfico intensificar las relaciones con las academias
novelado y corresponde a la colección l departamentales que funcionan en el país.
bolsilibro Nº LXV Por tal motivo desde que se inscribió en el
Congreso de la República como proyecto
Fiestas de Nación Colombia. Del académico de ley el restablecimiento de la enseñanza
Marcos González Pérez. Este bolsilibro hace de la historia de Colombia, la Academia
un recorrido por las fiestas nacionales y las Colombiana de Historia, acompañó a los
bases jurídicas en el tiempo, el autor es un congresistas ponentes y asistieron directivos
investigador experto en fiestas de Colombia a varias sesiones de las comisiones, hasta
y AL. Colección bolsilibros Nº LXVI. que se convirtió en Ley de la República.
Académicos Numerarios de Antioquia en la El siguiente paso se dio con el apoyo del
Academia Colombiana de Historia. Discursos Ministerio de Educación Nacional en la
y Ensayos Históricos, 1902-2012. Coedición preparación del Decreto que estableció el
con la Academia Antioqueña de Historia. órgano consultivo de la Comisión Asesora.
En coordinación con la Mesa Directiva Una vez el decreto 1660 de 12 de septiembre
de la Academia Antioqueña se diseñó un de 2019 fue promulgado por el Presidente
libro compilatorio con los discursos de de la República, la señora Ministra de
posesión como académicos numerarios Educación Nacional comunicó a la Acade-
de los académicos de origen antioqueño mia Colombiana de Historia para que se
que a lo largo de la historia de la Academia designara entre las academias de historia
Colombiana de Historia han hecho parte un delegado ante la Comisión Asesora. La
de la institución. Academia Colombiana de Historia propuso
a las academias departamentales que las
Se realizaron actos de presentación en las personas que podían representarlas serían
instalaciones de las dos instituciones. La el Presidente de la Academia Colombiana
financiación de este proyecto la realizó de Historia Eduardo Durán Gómez como
en su totalidad la Academia Antioqueña. titular y el académico Alonso Valencia
La Academia Colombiana, por su parte, Llano como suplente. Para su aceptación y
suministró el material documental para validación de los nombres, cada presidente
la edición. envió al Ministerio de Educación Nacional
una carta de ratificación de los dos nombres
Participación en la Comisión Asesora como sus delegados. La sesión inaugural
para la Enseñanza de la Historia de Co- se realizó en el MEN el día 3 de diciembre
lombia del MEN de 2019. Por encontrarse en el exterior el
Presidente titular, en representación del
La Mesa Directiva ha tenido como priori- señor presidente en funciones padre Fer-
tarios en su gestión de trabajo en primer nán González de la Academia Colombiana
[270 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Vida Académica
de Historia delegó al académico Gustavo en las reuniones en compañía de los demás
Altamar Laiseca miembro de número de la integrantes de la Comisión.
Academia e integrante de la Mesa Directiva
con el cargo de Tesorero. Desde entonces Bogotá, diciembre de 2019
participa el señor Presidente de la Academia
Colombiana de Historia de manera activa
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 263 - 289 [271 ]
Vida Académica
ACUERDOS Y PROPOSICIONES
Acuerdo número Uno de 2019 Que la amplia difusión de sus escritos y
Por el cual se rinde homenaje la promoción de publicaciones diversas y
a un académico honorario como editor de significativas publicaciones
La Academia Colombiana de Historia seriadas como la Revista América.
Considerando
Que en los anales de la Academia se re-
memora su permanente colaboración a la
Que el martes dos de julio falleció en la
Academia y se destaca el patrocinio cuando
ciudad de Bogotá don Jaime Posada Aca-
fue Gobernador de Cundinamarca a la
démico Honorario.
remodelación del salón de actos sociales
Que don Jaime Posada fue designado aca- de la Academia y erección del busto del
démico correspondiente el 16 de junio expresidente Alberto Lleras del escultor
de 1981. Luis Pinto Maldonado.
Que ascendió a Académico de Número y Que se destaca en su trayectoria académica
ocupó la silla del ilustre académico Abel su actuación como Presidente de la Acade-
Cruz Santos y tomó posesión de la misma mia Colombiana de la Lengua, del Colegio
el 26 de julio de 1985. Máximo de las Academias de Colombia y
su dinámica actividad de gestión cultural,
Que posteriormente sucedió en el cargo de complementan el cúmulo de actividades
Secretario Académico al académico Jaime que desplegó en su larga existencia
Duran Pombo.
Que la Academia destaca sus aportes in-
Que son significativos los múltiples aportes vestigativos, editoriales y literarios y a la
a la vida social, política, educativa y cultural trayectoria como historiador, ensayista,
del país como diplomático, parlamentario, biógrafo y literato, periodista y divulgador
periodista, fundador de la Universidad de de la cultura.
América, como Ministro de Educación
Nacional y Gobernador de Cundinamarca. Que en el académico numerario Jaime Posa-
da convergen diversos intereses disciplinas y
Que fue su empeño la recuperación de va- ejecutorias de su ciclo vital que le distinguen
rios inmuebles del patrimonio de la ciudad y recibió numerosas condecoraciones en
como la Sede actual museo Manuelita Sáenz reconocimiento a su trayectoria de vida.
y la plazuela de Los derechos del hombre, en
el centro histórico de la ciudad de Bogotá Que la Academia Colombiana de Historia
y la residencia del doctor Eduardo Santos lo designó como académico honorario,
entre otros. máxima distinción de esta corporación.
[272 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Vida Académica
Dadas las anteriores consideraciones: Acuerdo número Dos de 2019
Por el cual se rinde un homenaje a la
Acuerda memoria de un académico de número
La Academia Colombiana de Historia
Artículo 1º. A partir de la fecha rendir un Considerando
homenaje a su memoria con el ceremonial
de duelo que establecen los estatutos de
Que el cuatro de diciembre de 2019 falleció
la Corporación, dar el período de duelo
en la ciudad de Bogotá el Académico de
institucional.
Número Padre Alberto Gutiérrez Jaramillo,
Artículo 2º. Presentar sus condolencias S.J. quien había nacido en Medellín el 14
a la señora esposa Maryluz García-Peña de mayo de 1935.
de Posada, a sus hijos, nietos y parientes:
Que en la Pontificia Universidad Jave-
Lorenza Panero e hijos; Alejandro Uribe,
riana en Bogotá obtuvo la licenciatura y
Marcela Posada García-Peña, hijos y nieta;
un doctorado en Filosofía y Letras con
Luis Jaime Posada García-Peña, Patricia
especialización en historia. Luego en la
Salgado e hijos; Diana Londoño e hijo;
Pontificia Universidad Gregoriana en Roma
Vicente Posada García-Peña; Mario Po-
cursó estudios en Historia Eclesiástica;
sada García-Peña, Inés María Miranda e
allí también fue docente por una década
hijo; María Virginia Posada García-Peña;
en cursos anuales de Historia de la Iglesia
Alejandro Osses, Carmen Posada Monroy.
en América Latina y de Música Sacra. Su
Artículo 3º. Enviar en nota de estilo a sus vida sin duda giró en torno a la vida uni-
familiares, a las directivas de la Universidad versitaria, una labor que fue acrecentando
y a las entidades del Colegio Máximo de en el tiempo.
las Academias de Colombia.
Que en la Pontificia Universidad Javeriana
Artículo 4º. Comunicar su deceso a las fue vicerrector Académico y años más tarde
Academias integrantes de la Asociación decano de Estudios lnterdisciplinarios y
Iberoamericana de Academias. luego decano de la Facultad de Ciencias
Sociales. En la carrera de historia en la
Artículo 5º. Publicar en el Boletín de His- Universidad Javeriana de Bogotá impartió
toria y Antigüedades en la sección Vida las cátedras de Historia de Grecia y Roma,
Académica el texto del presente acuerdo. Historia del Cristianismo e Historia de
América. Con posterioridad y hasta su
A consideración de la plenaria el día 9 de muerte fue docente en la Facultad de Teo-
julio de 2019, en Bogotá, D.C. logía de la Universidad Javeriana.
El Presidente, Que como acucioso investigador se orientó
Eduardo Durán Gómez hacia los estudios de la Historia de la Iglesia
El Secretario Académico, y de la Compañía de Jesús y otro tanto a
Luis Horacio López Domínguez sus trabajos sobre el Libertador Simón
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 263 - 289 [273 ]
Vida Académica
Bolívar. Resultado de aquellos estudios Que ingresó a la Academia Colombiana de
se destacan entre sus publicaciones: La Historia como Académico Correspondiente
Reforma Gregoriana y el Renacimiento de en 2006 con la disertación Las opciones
la Cristiandad Medieval, 1983; La Iglesia en del Libertador, en sus escalones en el ciclo
Latinoamérica: entre la utopía y la realidad, vital de Bolívar hacia el juramento en el
2008; ¿Quién dicen los hombres que es el Monte Aventino.
Hijo del hombre? Historia del Cristianismo
desde la experiencia con Jesús hasta la Que sucedió al académico Efraín Otero
formulación del dogma cristológico, 1997; Ruiz en la silla Nº 13 como académico de
La Iglesia católica, desde el Renacimiento número el 16 de agosto de 2016 y disertó
hasta la Reforma (Siglos XIV-XVI), 2009; sobre el tema: El Congreso de Viena y el
La evangelización de los esclavos negros prófugo Jamaica.
en Latinoamérica.
Que se distinguió por la asistencia sos-
De sus investigaciones sobre la Compañía tenida a las sesiones y las colaboraciones
de Jesús las siguientes obras: Arrupe y Amé- en la programación de las actividades de
rica Latina (en colaboración), 2007; Destie- la Academia como par académico y en el
rros, incertidumbres y restablecimientos. homenaje a los mártires en el Templo de
Trayectorias y recorrido de la Compañía la Veracruz Panteón Nacional.
de Jesús (1604-2000), 2015; San Ignacio
y el “dorado apostólico” americano; Los Que entre sus actividades eclesiásticas se
jesuitas que han contribuido a la historia destaca el haber ejercido como rector del
escrita de Colombia. En tres tomos editó, Templo de Nuestra Señora de La Soledad, y
entre 2013 y 2015, en colaboración con el como reconocimiento a su trayectoria do-
Académico Padre José del Rey Fajardo S.J. cente recibió numerosas condecoraciones .
Cartas Anuales de la Provincia del Nuevo
Reino de Granada. Por las anteriores consideraciones la Cor-
poración
Que entre sus estudios sobre Bolívar se
destaca su tesis de doctorado, con dos edi- Acuerda
ciones: en la Universidad Simón Bolívar de
Artículo 1º. La Academia Colombiana de
Caracas, y por la Universidad Javeriana de
Historia deplora la muerte del Académi-
Bogotá, en cuidadosa revisión de la corres-
co de Número Padre Alberto Gutiérrez
pondencia y de los biógrafos del Libertador:
Jaramillo S.J.
La Iglesia que entendió el Libertador Simón
Bolívar, 1982. Como también: Bolívar y Artículo 2º. Rendir homenaje a la memoria
Pío VIII (en colaboración), 1983; Bolívar del ilustre Académico con el ceremonial
y Lasso de la Vega: una amistad fecunda, de duelo que establecen los estatutos de la
1983. En 1985 una obra en colaboración Corporación.
con el Padre Manuel Briceño Jáuregui S.J.
Bolívar y el Campo.
[274 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Vida Académica
Artículo 3º. Publicar en el Boletín de His- sus felicitaciones por el otorgamiento de la
toria y Antigüedades en la sección Vida medalla al mérito cultural por el Ministerio
Académica el texto del presente acuerdo. de Cultura como un reconocimiento a su
labor de toda una vida a la promoción y
Artículo 4º. Comunicar de su deceso a divulgación del teatro en el país.
las Academias Nacionales de Historia de
Iberoamérica, de las cuales fue Académico En Bogotá, D.C., a 9 de julio de 2019.
Correspondiente.
El Presidente,
Artículo 5º. Enviar a los jesuitas de la Pro- Eduardo Durán Gómez
vincia Colombiana las condolencias, por El Secretario Académico,
intermedio del Provincial de la Compañía Luis Horacio López Domínguez
de Jesús Padre Carlos Eduardo Correa S.J.,
del Superior de la Comunidad San Pedro Proposición de Duelo
Canisio de la Soledad, Padre Hernando
Gálvez S.J., del Rector de la Pontificia La Academia Colombiana de Historia en su
Universidad Javeriana Padre Jorge Hum- sesión de la fecha expresa sus condolencias
berto Peláez; a sus familiares, y enviarles por el fallecimiento en la ciudad de Bogotá
el texto del presente acuerdo de duelo, en de la señora Cecilia Caballero de López
nota de estilo, rubricada por el Presidente esposa del académico honorario de la Cor-
y Secretario de la Academia. poración doctor Alfonso López Michelsen,
a sus hijos Alfonso, Juan Manuel y Felipe,
En Bogotá, D.C. a los cinco días del mes a sus nietos y parientes. Por secretaria se
de diciembre de 2019 cursará en nota de estilo.
El Presidente, En Bogotá, D.C., a 3 de septiembre de 2019
Eduardo Durán Gómez
El Secretario Académico, El Presidente,
Luis Horacio López Domínguez Eduardo Durán Gómez
El Secretario Académico,
Proposición de Felicitación Luis Horacio López Domínguez
La Academia Colombiana de Historia en su
sesión de la fecha hacer llegar al académico
de número don Carlos José Reyes Posada
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 263 - 289 [275 ]
Vida Académica
ACADEMIA COLOMBIANA DE HISTORIA
MESA DIRECTIVA
Periodo 2018-2020
Presidente EDUARDO DURÁN GÓMEZ
Vicepresidente FERNÁN E. GONZÁLEZ GONZÁLEZ S.J.
Secretario LUIS HORACIO LÓPEZ DOMÍNGUEZ
Tesorero GUSTAVO E. ALTAMAR LAISECA
Coordinador de Biblioteca y Archivo ROGER PITA PICO
Director de publicaciones EFRAÍN SÁNCHEZ CABRA
ACADÉMICOS HONORARIOS
Diego Uribe Vargas
Antonio Cacua Prada
Eduardo Santa
Adolfo de Francisco Zea
Javier Ocampo López
Jorge Arias de Greiff
Enrique Gaviria Liévano
ACADÉMICOS DE NÚMERO POR ANTIGÜEDAD DE POSESIÓN
Orden Nombre Silla Orden Nombre Silla
1 Camilo Riaño Castro 25 21 Fernán González González 30
2 Gonzalo Correal Urrego 35 22 Benjamín Ardila Duarte 4
3 Alberto Corradine Angulo 27 23 Rodrigo Llano Isaza 3
4 Jorge Morales Gómez 6 24 Roger Pita Pico 11
5 Luis C. Mantilla Ruiz 2 25 Santiago Luque Torres 31
6 Fernando Mayorga García 19 26 Roberto Lleras Pérez 32
7 J. Roberto Ibáñez Sánchez 33 27 Ricardo Esquivel Triana 40
8 Carlos José Reyes Posada 37 28 Rodolfo Segovia Salas 15
9 Luis H. López Domínguez 29 29 Victoria Peralta de Ferreira 34
10 Antonio J. Rivadeneira V. 28 30 Gustavo Altamar Laiseca 21
11 Teresa Morales de Gómez 1 31 Pablo Fernando Pérez 26
12 Pilar Jaramillo de Zuleta 38 Vacante 5
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Vida Académica
ACADÉMICOS DE NÚMERO POR ANTIGÜEDAD DE POSESIÓN
13 Roberto Pineda Camacho 16 Vacante 7
14 Adelaida Sourdis Nájera 20 Vacante 8
15 Napoleón Peralta Barrera 17 Vacante 9
16 María Clara Guillén de I. 22 Vacante 13
17 Efraín Sánchez Cabra 18 Vacante 14
18 Juan C. Rodríguez Gómez 12 Vacante 23
19 Gentil Almario Vieda 36 Vacante 24
20 Eduardo Durán Gómez 10 Vacante 39
[278 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Vida Académica
ACADÉMICOS CORRESPONDIENTES DE NACIONALIDAD
COLOMBIANA POR ANTIGÜEDAD DE POSESIÓN
1. Téllez, Germán. 1971. 16/02. 19. Gutiérrez Velásquez, Amado. 1996.
2. Urrutia Montoya, Miguel. 1974. 26/11.
04/11. 20. Soto Arango, Diana. 1998. 07/07.
3. Londoño Paredes, Julio. 1975. Tunja.
04/02. 21. Espinel Riveros, Nancy. 1999.
4. Dangond Uribe, Alberto. 1980. 23/11. Villavicencio.
19/02. 22. Suescún Monroy, Armando. 2000.
5. Gómez Aristizábal, Horacio. 1983. 18/07. Tunja.
17/05. 23. Cuervo Jaramillo, Elvira. 2001.
6. Rivera Sierra, Jairo. 1985. 03/09. 12/06.
7. Palacios Rozo, Marco. 1986. 20/03. 24. Eastman Vélez, Jorge Mario. 2001.
Ciudad de México. 04/12.
8. Ricaurte Uribe, Alfonso. 1986. 25. Viloria de La Hoz, Joaquín. 2002.
07/09. 05/0. Santa Marta.
9. Galvis Arenas, Gustavo. 1987. 26. Nieto Olarte, Mauricio. 2002.
08/09. Bucaramanga. 11/06.
10. Plazas Vega, Luis Alfonso. 1988. 27. Martínez Garnica, Armando. 2002.
18/10. 17.09.
11. Cuartas Coymat, Álvaro 1992. 28. Gavassa Villamizar, Edmundo.
19/05. Ibagué. 2002. 26/09. Bucaramanga.
12. Ospina Cubillos, Carlos Enrique. 29. Herrera Ángel, Marta Clemencia.
1993. 03/12. 2003. 01/03.
13. Navas Sierras, J. Alberto. 1994. 30. Garrido Otoya, Margarita. 2003.
05/04. Guadalajara, México. 03/06.
14. Huertas Ramírez, Pedro Gustavo. 31. Ballestas Morales, Rafael. 2003.
1994. 04/10. Tunja. 15/07. Cartagena.
15. Uribe Ángel, Jorge Tomás. 1995. 32. Cuellar Montoya, Zoilo. 2004.
07/03. 13/04.
16. Porto de González, Judith. 1996. 33. Ortiz Rodríguez, Álvaro Pablo.
08/08. Cartagena. 2004. 25/05.
17. Restrepo Manrique, Daniel. 34. Meissel Roca, Adolfo. 2004. 18/08.
1996.03/09. Madrid España. 35. Falchetti Monti, Ana María. 2004.
18. Sanclemente Villalón, José Ignacio. 26/10.
1996. 22/09. 36. Muñoz Cordero, Lydia Inés. 2005.
15/03. Pasto.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 263 - 289 [279 ]
Vida Académica
37. Bravo Betancourt, José María. 57. Correa Restrepo, Juan Santiago.
2005. 17/05. Medellín. 2010. 16/11.
38. Pérez Ochoa, Eduardo. 2005. 58. Corradine Mora, Magdalena. 2011.
24/05. Brasil. 22/03.
39. Groot de Mahecha, Ana María. 59. Pinilla Monroy, Germán Mons.
2005. 30/08. 2011. 05/04.
40. Gómez Casabianca, Luis Henrique. 60. Bastidas Urresty, Edgar. 2011.
2006. 28/03. 16/08.
41. Galindo Hoyos, Julio Roberto. 61. Herrera Soto, Roberto. 2011. 06/09.
2006. 29.08. 62. Barbosa Delgado, Francisco Ro-
42. Mejía Pavony, Germán Rodrigo. berto. 2011. 04/20.
2006. 17/10. 63. Santos Molano, Enrique. 2011.
43. Salas Ortiz, Camilo Francisco. 15/11.
2007. 24/04. Medellín. 64. Gutiérrez Ardila, Daniel. 2011.
44. Bonnet Vélez, Diana. 2007. 23/10. 29/11.
45. Múnera Cavadia, Alfonso. 2008. 65. Tirado Mejía, Álvaro. 2012. 28/02.
26/02. Barranquilla. 66. Restrepo Olano, Margarita. 2012.
46. Guerra Curvelo, Wielder. 2008. 03/07. Medellín.
06/0. Riohacha. 67. Abello, Alberto. 2012. 24/07.
47. Restrepo Manrique, Cecilia. 2008. 68. Toquica Clavijo, Constanza. 2012.
27/05. 04/09.
48. Pardo Rueda, Rafael. 2008. 03/06. 69. Almario García, Oscar. 2015.
49. Díaz Díaz, Rafael. Antonio. 2008. 16/05. Medellín.
15/07. 70. Restrepo Salazar, Juan Camilo.
50. Betancourt Mendieta, Alexander. 2015. 07/07.
2008. 9/12. San Luis Potosí, México. 71. Borja Gómez, Jaime Humberto.
51. Garzón Marthá, Álvaro. 2009. 2015 28/07.
14/04. 72. Cardona Angarita, Jorge Mauricio.
52. Ramos Peñuela, Arístides. 2009. Cap. 2016. 06/09.
28/03. 73. Vela Orbegozo, Bernardo Eugenio.
53. Langebaek Rueda, Carl Henrik. 2016. 20/09.
2001. 18/05. 74. Acevedo Tarazona, Álvaro. 2016.
54. Díaz López, Zamira. 2010. 06/07. 04/10. Bucaramanga.
Popayán. 75. Sotomayor Tribín, Hugo Armando.
55. Uribe-Urán, Víctor. 2010. 27/07 2016. 18/10.
Miami. 76. Gómez Gómez, Ignacio. 2017.
56. Báez Osorio, Myriam. 2010. 07/09. 06/06.
Tunja.
[280 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Vida Académica
77. Gómez Gutiérrez, Alberto. 2017. 85. Gutiérrez Jaramillo, Camilo. 2018.
20/06. 17/04.
78. Pabón Cadavid, Jhonny Antonio. 86. Guerrero Barón, Javier. 2018.
2017. 04/07. Nueva Zelanda. 08/05. Tunja.
79. Valencia Llano, Albeiro. 2017. 87. Bermúdez Cujar, Egberto. 2018.
18/07. Manizales. 19/06.
80. Valencia Llano, Alonso 2017. 88. Pérez García, Luis Eduardo. 2019.
15/08. Cali. 04/06, Ocaña, N. de Santander.
81. González Pérez, Marco. 2017. 89. Guerrero Vinueza, Gerardo León.
29/08. 2019. 18/06, Cumbal, Nariño.
82. Arias Arias, Inés. 2017. 12/09. 90. Zuluaga Salazar, Orestes. 2019.
83. Acosta Medina, Amylkar. 2017. 09/07, Medellín, Antioquia.
24/10. 91. Rodado Noriega, Carlos. 2019.
84. Ocampo Gaviria, José Antonio. 03/09, Sabanalarga, Atlántico.
2018. 20/02.
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 263 - 289 [281 ]
Vida Académica
ACADÉMICOS CORRESPONDIENTES
DEL EXTERIOR ELEGIDOS POR LA ACH
ALEMANIA • Luque Alcaide, Elisa
• Moreno Cebrián, Alfredo
• König, Hans Joachim • Peláez del Rosal, Manuel
• Puig Samper-Mulero, Miguel Ángel
CHILE • Quintero Saravia, Gonzalo
• Ruíz Rivera, Julián
• Bravo Lira, Bernardino • Sánchez Aguilar, Federico
• Dougnac Rodríguez, Antonio • Sánchez Bella, Ismael
• Martínez Baeza, Sergio • Saranyana Closa, Joseph Ignasi
ESPAÑA ESTADOS UNIDOS
• Alvar, Manuel • Arbena, Joseph L.
• Borques Morán, Pedro • Beerman, Eric
• Borrego Pla, María del Carmen • Safford, Frank Robinson
• Del Molino García, Ricardo
• Domínguez Ortega, Montserrat FRANCIA
• Lucena Giraldo, Manuel
• Luque Alcaide, Elisa • Baulyn. Olivier
• Moreno Cebrián, Alfredo
• Peláez del Rosal, Manuel GRAN BRETAÑA
• Puig Samper-Mulero, Miguel Ángel
• Quintero Saravia, Gonzalo • Deas, Malcolm Douglas
• Ruíz Rivera, Julián • McFarlene, Anthony
• Sánchez Aguilar, Federico
• Sánchez Bella, Ismael HOLANDA
• Saranyana Closa, Joseph Ignasi
• Szászdi León-Borja, Istvan • Van Hoboken, Willemn Johannes
• Van Lier Rudolf, Assuer Jacob
ESPAÑA
ITALIA
• Borrego Pla, María del Carmen
• Del Molino García, Ricardo • Antei, Giorgio
• Domínguez Ortega, Montserrat • Splendiani de Díaz, Ana María
• Lucena Giraldo, Manuel
[282 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Vida Académica
MÉXICO SUIZA
• Lira González, Andrés • Helg, Aline
• Vásquez, Josefina Zoraida
PORTUGAL
• Verissimo Serrao, Joaquim
ASOCIACIÓN IBEROAMERICANA DE ACADEMIAS ACADÉMICOS
CORRESPONDIENTES DEL EXTERIOR POR CONVENIOS DE
RECIPROCIDAD CON LA ACH
ARGENTINA • Otero, Hernán
• Oyarzábal, Guillermo Andrés
ACADEMIA NACIONAL DE • Páez de la Torre, Carlos
HISTORIA DE LA REPÚBLICA • Rípodas Ardanaz, Daisy
ARGENTINA • Romero, Luis Alberto
• Ruiz Moreno, Isidoro J.
• Amaral, Samuel • Sánchez de Loria Parodi, Horacio
• Aspell, Marcela • Seanz Quesada, María
• Barba, Fernando • Seghesso de López Aragón, Cristina
• Bazán, Armando Raúl • Silva Hernán, Asdrúbal
• Botana, Natalio R. • Soria, Diego A.
• Burucúa, José Emilio • Tau Anzoátegui, Víctor
• Cortés Conde, Roberto • Ternavasio, Marcela
• Dardo Pérez, Gilhou • Zimmermann Eduardo, Alberto
• De Asúa, Miguel
• De Marco, Miguel Ángel
• Devoto, Fernando BOLIVIA
• Díaz Couselo, José María
• Fernández Latour de Botas, Olga ACADEMIA BOLIVIANA DE LA
• Figallo, Beatriz J. HISTORIA
• Frías, Susana
• Guglielmi, Nilda • Arze, José Roberto
• Gutiérrez, Ramón • Baptista, Gumucio Fernando
• Martiré, Eduardo • Barnadas Andinach, Joseph M.
• Miguez, Eduardo José • Barragán Romano, Rossana
• Moreyra, Beatriz Inés • Bridikhina, Eugenia
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 263 - 289 [283 ]
Vida Académica
• Cajías de la Vega, Magdalena • Corrêa do Lago, Pedro Aranha
• Choque Canqui, Roberto • Da Costa Abreu, Antonio Izaías
• Escobari de Querejazu, Laura • Da Costa e Silva, Alberto
• Gómez de Aranda, Blanca • Da Cunha, Waldir
• Ligerón Casanovas, Arnaldo • Da Silva Telles, Pedro Carlos
• Límpias Ortiz, Víctor Hugo • De Alenca Silva Neto, José Almino
• López Beltrán, Clara • De Mallet Joubin, Pedro Jacinto
• Medinaceli Gonsález, Ximena • De Mello Franco, Affonso Arinos
• Mendieta Parada, Pilar • De Moraes Coutinho Beltrao, Maria
• Mesa Gisbert, Carlos D. da Conceicao
• O’Connor D’Arlach, Trigo • De Oliveira Casadei, Thalita
• Peña Azbun, Paula • De Saxe - Coburgo Braganca, Carlos
• Pinto Parada, Rodolfo Tasso
• Querejazu Leytón, Pedro • De Seixas Correa, Luiz Felipe
• Sandóval Rodríguez, Isaac • De Senna Bittencourt, Armando
• Soux Muñoz, María Luisa • Dias Tavares, Luis Henrique
• Ferreira Dias Junior, Ondemar
• Ferreira Júnior, Mauricio Vicente
BRASIL • Filho, Alberto Venancio
INSTITUTO DE GEOGRAFÍA E • Fragoso Pires, Fernando Tasso
HISTORIA • Franklin Leal, Joao Eurípides
• Frota, Guilherme de Andrea
• Almeida Barata, Carlos Eduardo • Guimaraes Sanches, Marcos
• Apparecida de Siquiera, Sonia • Jaime Antunes da Silva
• Bastos Pereira das Neves, Lucia • Karp Vasquez, Pedro
Ma. • Mendes de Almeida, Cândido An-
• Boechat Rodrigues, Lêda tonio
• Boschi, Caio Cesar • Moreira Bento, Claudio
• Bottrel Tostes, Vera Lúcia • Moreira de Ipanema, Cybelle
• Britto Knox Falci, Miridan • Niskier, Arnaldo
• Cabana de Queiroz Andrade, • Ottoni Wanderley de Araújo Pinho,
Vera Lucia Joao Mauricio
• Cabral de Mello, Evaldo José • Paschoal Guimaraes, Lucia Maria
• Caldas Bertoletti, Esther • Silva, Eduardo
• Cavalcanti de Albuquerque, • Teixeira Vinhosa, Francisco Luiz
Roberto • Viana Lyra, Maria de Lourdes
• Chacon de Alburquerque • Villela de Carvalho, Affonso Celso
Nascimento, Vamireh • Wehrs, Carlos
• Chermont de Miranda, Victorino • Wehling, Arno
Coutinho
• Correa Ciribelli, Marilda
[284 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Vida Académica
ECUADOR • A. Turcios, Roberto
• Ayala Benítez, Luis Ernesto
ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA • Bonilla Bonilla, Adolfo
DEL ECUADOR • Castellón Osegueda, José Ricardo
• Cañas Dinarte, Carlos
• Alarcón Costta, César Agusto • Delgado Acevedo, Jesús
• Ayala Mora, Enrique • Erquicia Cruz, José Heriberto
• Barriga López, Franklin • Escalante Arce, Pedro Antonio
• Borrero Vega, Ana Luz • Franklin Knut, Walter Gallardo Me-
• Bravo Calle, Kléver Antono jía, Francisco Roberto
• Burgos Guevara, Hugo • Gutiérrez Castro, Mauricio
• Cárdenas Reyes, María Cristina • Herodier Samayoa, Gustavo
• Castillo Illingworth, Santiago • Herrera Mena, Sajid Alfredo
• Cordero Iñiguez, Juan • Lindo Fuentes, Héctor
• Escudero Albornoz, Ximena • López Bernal, Carlos Gregorio
• Estrada Guzmán, Eduardo • López Velásquez, María Eugenia
• Estrada Ruiz, Jenny • Lovo Castelar, José Luis
• Freile Granizo, Carlos • Marroquín Maldonado, Víctor René
• Garaicoa Ortiz, Xavier • Orrellana Trigeros, Carlos Antonio
• Gomezjurado Zevallos, Javier • Parker Escolán, Armando
• Hoyos Galarza, Melvin • Pérez Pineda, Carlos
• Jurado Noboa, Fernando • Tovar Astorga, Romeo
• Londoño López, Jenny
• Marcos Pino, Jorge
• Molina Cedeño, Ramiro ESPAÑA
• Moreno Proaño, Agustín
• Muñoz Borrero, Eduardo REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA
• Núñez Sánchez, Jorge
• Paz y Miño, Juan José • Alcalá Zamora y Queipo de Llano,
• Pérez Ramirez, Gustavo José, Q.E.P.D.
• Robalino Bolle, Isabel • Almagro Grobea, Martín
• Rodas Morales, Raquel • Anes y Álvarez de Castrillón, Gon-
• Rosales Valenzuela, Benjamín zalo, Q.E.P.D.
• Rosero Jácome, Rocio • Artola Gallego, Miguel
• Serrano Pérez, Vladimir • Barrios Pintado, Feliciano
• Blázquez Martínez, José María,
Q.E.P.D.
EL SALVADOR • Cañizares Llovera, Antonio
• De Cuenca y Prado, Luis
ACADEMIA SALVADOREÑA Alberto
DE LA HISTORIA • De Salazar y Acha, Jaime
• Díaz Esteban, Fernando
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 263 - 289 [285 ]
Vida Académica
• Diez García, José Luis GUATEMALA
• Enciso Recio, Luis Miguel, Q.E.P.D.
• Escudero López, José Antonio ACADEMIA DE GEOGRAFÍA E HISTORIA
• Fanjul García, Serafín DE GUATEMALA
• Fusi Aizpúrua, Juan Pablo
• Aguado de Seidner, Siang
• García Moreno, Luis Agustín
• Álvarez – Lobos Villatoro, Carlos Al-
• Gil Pujol, Xavier
fonso
• Iglesias Cano, María del
• Anchisi Mencos de Rodríguez, Ana
Carmen
Coralia
• Ladero Quesada, Miguel
• Arroyo López, Bárbara
Ángel
• Asturias de Barrios, Linda María
• León-Castro, Alonso María del
• Bendaña Perdomo, Ricardo
Pilar
• Cal Montoya, José Edgardo
• Marías Franco, Fernando
• Chinchilla Mazariegos, Oswaldo
• Martínez Shaw, Carlos
• Chutan Alvarado, Edgar Fernely
• Menéndez Pidal de Navascués,
• Del Valle Pérez, Hernán
Faustino
• Díaz Romeu, Guillermo
• O’Donell y Duque de Estrada,
• Escobedo Ayala, Héctor Leonel
Hugo
• Fahsen Ortega, Federico
• Ochoa Brun, Miguel Ángel
• Falla Sánchez, Juan José
• Pérez Moreda, Vicente E.
• García Laguardia, Jorge Mario
• Pérez Sánchez, Alfonso, Q.E.P.D.
• Gutiérrez Mendoza, Edgar Salvador
• Puerto Sarmiento, Francisco
• Johnston Aguilar, René
Javier
• Knoke de Arathoon, Bárbara
• Remesal Rodríguez, José
• Lehnhoff, Dieter
• Ribot García, Luis Antonio
• Luján Muñoz, Jorge
• Rodríguez Adrados,
• Mac Donald Kanter, Rodolfo
Francisco
• Molina Calderón, José
• Ruíz-Manjón Cabeza,
• Navarrete Cáceres, Carlos
Octavio
• Ortega Gaytán, Jorge Antonio
• Sánchez Asiaín, José Ángel,
• Pérez de Antón, Francisco
Q.E.P.D.
• Ramírez Samayoa, Oscar Gerardo
• Sanz Ayán, Carmen
• Romero Florian, Sergio Francisco
• Seco Serrano, Carlos
• Torres Rubín, Miguel Francisco
• Sesma Muñoz, José Ángel
• Urruela Villacorta de Quezada, Ana
• Suárez Fernández, Luis
María
• Tedde de Lorca, Pedro
• Von Hoegen, Miguel
• Viguera Molins, María Jesús
• Wagner Henn, Regina
• Vila Vilar, Enriqueta
• Zilbermann de Luján, María Cristina
[286 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Vida Académica
PANAMÁ • Rivarola Paoli, Juan Bautista,
Q.E.P.D.
ACADEMIA PANAMEÑA DE LA HIS- • Rodríguez Alcalá, Guido
TORIA • Rodríguez Alcalá de González Od-
done, Beatriz, Q.E.P.D.
• Alfaro, Rogelio • Salas, José Luis
• De la Guardia, Roberto • Scavone Yegros, Ricardo
• Méndez Pereira, Alejandro • Sosa Costantini, Ángel
• Mendoza, Carlos Alberto • Szaran, Luis
• Moscote, Rafael E. • Telesca, Ignacio
• Osorio Osorio, Alberto • Velilla Laconich de Arrellaga, Julia
• Velilla Talavera, Margarita
PARAGUAY • Verón Maidana, Luis
• Vivieres Banks, Lorenzo, Q.E.P.D.
ACADEMIA PARAGUAYA DE LA • Zanardini, José
HISTORIA
• Acosta Toledo, Gustavo PUERTO RICO
• Bartomeu, Melia, Q.E.P.D.
• Benítez, Luis Gilberto ACADEMIA PUERTORRIQUEÑA DE
• Boccia Romañach, Alfredo LA HISTORIA
• Caballero Aquino, Ricardo
• Alegría, Ricardo E., Q.E.P.D.
• Causarano, Mabel
• Alvarado Morales, Manuel Q.E.P.D.
• De Kostianovsky Olinda, Massare
• Álvarez Curbelo, Silvia
Isasi, Q.E.P.D.
• Álvarez Nazario Manuel, Q.E.P.D.
• Durán Estrago, Margarita
• Arana Soto, Salvador, Q.E.P.D.
• Espínola, Julio
• Barceló Miller, María de Fátima
• Grau, Jaime
• Barbosa V. de Rosario, Pilar, Q.E.P.D.
• Laterza Rivarola, Gustavo
• Bayrón Toro, Fernando
• Mazó, Carlos Alberto
• Canino Salgado, Marcelino
• Meliá, Bartomeu
• Castro Arroyo, María de los Ángeles
• Mendoza, Hugo Ramón
• Córdoba, Gonzalo F.
• Monte de López Moreira, María
• Delgado Sintrón, Carmelo
Graciela
• Fernández, Delfina
• Pastore, Mario
• Gelpí Baíz, Elsa
• Peña Villamil, Manuel, Q.E.P.D.
• González Vales, Luis E.
• Prieto Yegros, Margarita, Q.E.P.D.
• Hernández Cruz, Juan E.
• Pavetti, Ricardo
• León de Szaszdi, Dora
• Quevedo, Roberto, Q.E.P.D.
• Marrero Artiles Levi Q.E.P.D.
• Rivarola, Milda
• Moscoso, Francisco
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 263 - 289 [287 ]
Vida Académica
• Pérez Vega, Ivette • Vega Boyrie, Wenceslavo
• Ramos, Héctor Feliciano • Veloz Maggiolo, Marcio
• Rigau, Jorge
• Rigau Pérez, José Gabriel
• Rodríguez Beruff, Jorge URUGUAY
• Rosario Rivera, Raquel
• Sepúlveda Rivera, Anibal INSTITUTO HISTÓRICO GEOGRÁFICO
• Torres Oliver, Luis, Q.E.P.D. DEL URUGUAY
• V. Dávila Rodríguez, Arturo • Acosta y Lara, Eduardo Federico
• Vivoni Farage, Enrique • Acuña, Ivho
• Acuña Esquivel, Jacinto
• Anastasia, Luis Víctor
REPÚBLICA • Arteaga, Juan José
DOMINICANA • Arocena Olivera, Enrique
• Barrios Pintos, Aníbal
ACADEMIA DOMINICANA DE LA
• Bidegain, Ana María
HISTORIA
• Blíxen, Olaf
• Amadeo Modesto, Julián Cedano • Burbaquis, Enrique
• Avelino García, Francisco Antonio • Canessa de Sanguinetti, Martha
• Balcácer, Juan Daniel • Castagnin Lacassagne, Daniel
• Bernaldo de Quirós, Roberto Cassá • Castellano Christy, Ernesto
• Chez Checo, José • Corrales Elhordoy, Ángel
• Cordero Michel, Emilio • Chebataroff, Fernando
• Dobal Márquez, Carlos Máximo • Daragnes, Ernesto
• Domínguez, Jaime de Jesús • Del Pino, Alberto
• García Arévalo, Manuel Antonio • Domínguez de Minetti, Raquel
• González de Peña, Raymundo • Etchechuri, Carlos Paulino
Manuel • Fernández Parés, Juan José
• Henríquez Vásquez, Francisco A., • Figueira, José Joaquín
Q.E.P.D. • González Lapeyre, Edison
• Landolfi Rodríguez, Ciriaco • Gonzalo Aguirre, Ramírez
• Moreta Castillo, Américo • Gros Espiell, Héctor
• Moya Pons, Frank • Gulla, Walter C.
• Mu-Kién, Adriana Sang Ben • Iturria, Raúl
• Pérez Memén, Fernando • Koncke Miranda, Alfredo
• Pérez Montás, Eugenio • Lamónaca, Víctor H.
• Pichardo Franklin, Franco, Q.E.P.D. • Lazo, José María
• Pichardo, José del Castillo • Loustau Infantozzi, César
• Sáez, José Luis S.J., Q.E.P.D. • Mañe Garzón, Fernando
• Yunén Zouain, Rafael Emilio • Martins Daniel, Hugo
• Vega de Boyrie, Bernardo • Maruri Berterretche, Juan
[288 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Vida Académica
• Mena Segarra, Enrique • Cardozo Galué, Germán
• Monreal, Susana • Carrera Damas, Germán
• Musso Ambrossi, Luis Alberto • Carrillo Batalla, Tomás Enrique
• Mones, Álvaro • Colsalvi, Simón Alberto
• Padrón Favre, Óscar • Cortés Santos, Rodulfo
• Patiño Gardone, Héctor • Cunill Grau, Pedro
• Puiggros, Ernesto • De Veraocechea, Ermila
• Ranguís, Carlos A. • Del Rey Fajardo, José
• Rodríguez Varese, Susana • Donís Ríos, Manuel
• Rovera, Héctor • Duarte Gaillard, Carlos Federico
• Sagrera, Carlos • González Deluca, María Elena
• Santos Pírez, Manuel • Lovera, José Rafael
• Soiza Larrosa, Augusto • Mondolfi Gudat, Edgardo
• Torrendell, Beatriz • Morón, Guillermo
• Vega Castillo, Uruguay • Pino Iturrieta, Elias
• Vélez Iturriaga, Fabián Melogno • Ponce Senior, Marianela
• Quintero Montiel, Inés
• Rodríguez Campos, Manuel
VENEZUELA • Sanoja Obediente, Mario
• Tovar López, Ramón Adolfo
ACADEMIA NACIONAL DE LA • Troconis de Veracoechea, Ermila
HISTORIA - VENEZUELA • Velásquez, Ramón J.
• Zamudio, Eda Ofelia
• Bencomo Barrios, Héctor
• Bruni Celli, Blas
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 263 - 289 [289 ]
Presentación
Boletín de historia
y antigüedades
Volumen CVI, No. 869
Julio a Diciembre de 2019
D el B ol e tí n
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019, 7 - 11 [291 ]
INDICACIONES PARA LOS AUTORES
El Boletín de Historia y Antigüedades, ór- El Boletín contiene artículos, reflexiones
gano oficial de la Academia Colombiana históricas, recensiones y vida académica.
de Historia, desde su fundación en 1902 Para la sección de artículos se reciben
se ha dedicado a fomentar y a difundir la documentos inéditos resultado de inves-
publicación de artículos, documentos y tigaciones, discusiones teóricas y balances
monografías sobre el acontecer histórico de historiográficos. No se aceptan capítulos
Colombia, gracias a las contribuciones de o partes de obras publicadas en cualquier
un sin número de prestigiosos historiadores medio y artículos que se encuentren en
y académicos nacionales y extranjeros. proceso de arbitraje en otras publicaciones.
El Boletín es una de las publicaciones Se podrán incluir algunas traducciones,
periódicas más antiguas de Colombia e como también artículos en otros idiomas.
Iberoamérica en temas referentes a nuestro
pasado. Los artículos publicados se podrán consul-
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acumulada en más de cien años. Promueve de indexación para la divulgación de su
la discusión, el análisis teórico y crítico de contenido a nivel nacional e internacional.
la historia de Colombia, desde los tiempos
prehispánicos hasta el presente, abarcando Una vez los artículos son aceptados para
los temas relacionados con la historia, la su publicación, los autores autorizan por
antropología, la arqueología, la geografía, medio de una licencia de uso la edición,
la ciencia política y la historia económica, publicación, reproducción, distribución y
entre otros relacionados con las ciencias comunicación pública de la obra tanto en
sociales y humanas. El Boletín está dirigido medio físico, como digital. Los autores con-
a estudiantes, profesionales, investigadores servan los derechos de autor y garantizan
e interesados en la historia nacional, como al Boletín el derecho de realizar la primera
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decesos de sus destacados académicos,
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mitidos al menos a dos árbitros externos, órganos editoriales.
quienes darán un primer concepto del
documento. Este proceso de evaluación El Boletín está comprometido con los es-
es anónimo. El resultado de la evaluación tándares internacionales de publicación
será estudiado por el Director y el Comité científica, siguiendo las directrices de
Editorial del Boletín, quienes tomarán la la 2nd World Conference on Research
decisión definitiva sobre la publicación Integrity, Singapur, Julio 22-24 de 2010
del mismo. [http://publicationethics.org/files/Inter-
national%20standard_editors_for%20
La evaluación, que ante todo es un proceso website_11_Nov_2011.pdf]. Las direc-
de retroalimentación y crítica constructiva, trices para autores se pueden consultar
será adelantada por árbitros anónimos de en: [http://publicationethics.org/files/In-
la más reconocida idoneidad académica. ternational%20standards_authors_for%20
Este proceso tarda de dos a tres meses website_11_Nov_2011.pdf], como parte de
aproximadamente. La revista comunicará a su ética y buenas prácticas en publicación.
los autores los comentarios de los examina- A su vez, como parte de su declaración de
dores y mantendrá el carácter confidencial privacidad, la información manejada en
de las evaluaciones. Una vez incluidas en su base de datos (nombres, direcciones de
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rector emitirá la decisión final respecto de para los fines expresados por el Boletín y
la publicación de los artículos. no estará disponible para otro propósito
o persona.
El Boletín se reserva el derecho de hacer
correcciones de estilo, siempre y cuando lo Recepción de artículos y reglas de edición
considere pertinente. De acuerdo con los
Estatutos de la Academia Colombiana de Los artículos deben entregarse en medio
Historia, en el capítulo V: de las publicacio- magnético a los correos del Boletín: bole-
nes, artículo 21, parágrafo b: el contenido tí
[email protected] y boletinaca-
de las publicaciones que realice la Academia
[email protected] Estos deben remitirse
sólo compromete la responsabilidad de sus en formato Word, con una extensión de
autores. Al remitir su contribución, los máximo 25 páginas (resumen, notas al
autores deberán manifestar con claridad: 1. pie, anexos y bibliografía), tamaño carta,
si está de acuerdo con la Política Editorial a espacio sencillo, tipo de letra Times New
del Boletín de Historia y Antigüedades, Roman, tamaño de 12 puntos para el texto y
órgano de la Academia Colombiana de de 10 puntos para las notas a pie de página.
[294 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Las reseñas, deben presentarse a espacio artículo debe llevar su correspondiente
sencillo, letra Times New Roman, tamaño mención en la bibliografía, no se incluyen
de 12 puntos, máximo de 3 páginas y en aquellos que no hayan sido referenciados.
tamaño carta. Todas las páginas deben • La página inicial del artículo
llevar numeración consecutiva. debe incluir título y resumen en español
e inglés, que no supere las 150 palabras,
Como parte de las reglas de edición, tenga palabras clave (de cuatro a seis) en am-
en cuenta que: bos idiomas, nombre del autor o autores,
filiación institucional actual, ciudad, país
• Los títulos y subtítulos deben ir y correo electrónico. Tenga en cuenta que
en negrilla. puede emplear el nombre que aparece en
• Las citas textuales que sobrepasen sus diferentes trabajos académicos y que
los cuatro renglones, deben aparecer en un se encuentra en las bases de datos biblio-
párrafo aparte, a espacio sencillo, tamaño gráficas. Si el artículo es resultado de una
de 11 puntos, en márgenes reducidas, sin investigación financiada, debe incluirse
comillas y sin cursiva. el nombre del proyecto, nombre de la
• Los términos en latín, palabras institución, fecha de aprobación y razón
extranjeras o palabras resaltadas por el de su financiamiento. Para las palabras
autor, deben ir en letra cursiva. clave, se recomienda consultar el tesaurus
• Los documentos, cuadros, foto- BISG – Book Industry Study Group – en
grafías, mapas y gráficos que acompañen el siguiente vínculo: https://www.bisg.org/
el texto deben adjuntarse por separado, complete-bisac-subject-headings-2013-edi-
en formato JPG o TIFF y no sobrepa- tion.
sar la resolución de 300 ppp. Cada uno
debe ir numerada en forma consecutiva, En un archivo aparte, el autor debe anexar
acompañado con su respectivo pie de foto, una breve nota biográfica que incluya su for-
indicando título, fuente y su ubicación mación académica, filiación institucional
dentro del texto. actual, áreas en las que se desempeña, sus
• La bibliografía, ubicada al final últimas publicaciones, correo electrónico
del texto, debe presentarse en letra Times (institucional y personal), dirección de
New Roman, tamaño de 11 puntos, espacio envío y números de contacto.
sencillo, en orden alfabético y organizada en
Documentos y seriados (fuentes primarias Referencias
como archivo, revistas, prensa, y libros
dependiendo de su estado) o Informes El Boletín de Historia y Antigüedades utiliza
y sentencias, Artículos y libros (fuentes una adaptación del Chicago Manual of
secundarias) y Recursos de Internet. Cada Style, en su edición número 15, versión
referencia a nota de pie de página en el Humanities Style [http://www.chicago-
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019 [295 ]
manualofstyle.org/tools_citationguide. S: Apellido y Apellido, ed., una palabra
html]. En el texto, la nota al pie (1), debe del título…
ir después de la palabra o al finalizar la cita B: Apellido(s), Nombre, y Nombre Ape-
sin espacio. Luego de la primera citación, llido(s), ed. Título completo. Ciudad: Edi-
no se utilizan Ibíd, Ibídem, cfr ni op. cit. torial, año.
A continuación se utilizan los siguientes
ejemplos para diferenciar la forma de citar Libro de autor institucional:
en las notas a pie de página (N), la segunda N: Dependencia, País, Título del libro (Ciu-
citación (S) y en la bibliografía (B): dad: Editorial, año), 35.
S: Tres palabras del título…, 35
Libro (de un solo autor): B: Dependencia, País. Título del libro. Ciu-
N: Nombre Apellido(s), Título completo dad: Editorial, año.
(Ciudad: Editorial, año), 35.
S: Apellido, tres palabras del título, 35 Artículo en libro:
B: Apellido(s), Nombre. Título completo. N: Nombre Apellido(s), “Título artículo”,
Ciudad: Editorial, año. en Título completo, ed. Nombre Apellido(s)
y Nombre Apellido(s) (Ciudad: Editorial,
Libro (de dos a tres autores): año), 35.
N: Nombre Apellido(s) y Nombre Apelli- S: Apellido, “dos palabras del título artí-
do(s), Título completo (Ciudad: Editorial, culo”, 35-36.
año), 35-80. B: Apellido(s), Nombre. “Título artículo”.
S: Apellido y Apellido, tres palabras del En Título completo, editado por Nombre
título, 35 Apellido(s) y Nombre Apellido(s). Ciudad:
B: Apellido(s), Nombre, y Nombre Apelli- Editorial, año, 35-80.
do(s). Título completo. Ciudad: Editorial,
año. Artículo en revista:
N: Nombre Apellido(s), “Título artículo”,
Libro (de cuatro o más autores): Título revista Vol.: No (año): 35.
N: Nombre Apellido(s) et al., Título com- S: Apellido, “dos palabras del título artí-
pleto (ciudad: Editorial, año), 35-80. culo”, 35-36.
S: Apellido et al., una palabra del título… B: Apellido(s), Nombre. “Título artículo”.
B: Apellido(s), Nombre, et al. Título com- Título revista Vol.: No (año): 35-80.
pleto. Ciudad: Editorial, año.
Artículo de prensa:
Libro editado: N: Nombre Apellido(s), “Título artículo”,
N: Nombre Apellido(s) y Nombre Apelli- Título periódico, Ciudad, día y mes, año, 35.
do(s), ed., Título completo (Ciudad: Edi-
torial, año), 35-80.
[296 ] Boletín de Historia y Antigüedades
S: Apellido, “dos palabras del título artí- S: Siglas del archivo, Sección, Fondo, vol./
culo”, 35-36. leg./t., f. o ff.
B: Apellido(s), Nombre. “Título artículo”. B: Nombre completo del archivo (sigla),
Título periódico, Ciudad, día y mes, año, Ciudad-País, Sección, Fondo, vol./leg./t.
35-40.
Entrevistas:
Tesis: Entrevista a Apellido(s), Nombre, Ciudad,
N: Nombre Apellido(s), “Título tesis” (te- fecha completa.
sis pregrado/maestría/doctoral/postdoc.,
Universidad, año), 35. Publicaciones en Internet:
S: Apellido, “dos palabras del título artí- N: Nombre Apellido(s), Título completo
culo”, 35-36. (Ciudad: Editorial, año) http://press-pubsu-
B: Apellido(s), Nombre. “Título tesis.” chicago.edu/founders (fecha de consulta).
tesis pregrado/maestría/doctoral/postdoc., S: Apellido, Dos palabras del título artículo,
Universidad, año. 35-36.
B: Apellido(s), Nombre. Título completo.
Fuentes de archivo: Ciudad: Editorial, año. http://press-pub-
La primera vez se cita el nombre completo suchicago.edu/founders.
del archivo y la abreviatura entre paréntesis.
N: Nombre completo del archivo (sigla), Nota: El Director como el Comité Editorial
Sección, Fondo, vol./leg./t., f. o ff. (lugar, no aceptarán artículos que no se sujeten a
fecha y otros datos pertinentes). las normas precedentes.
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been dedicated to promoting and dissem-
inating the publication of articles, papers Published articles will be posted on the
and case studies on historical events in website of the Academy [http://www.ac-
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of a free number of respected historians be sent on magnetic media to the differ-
and scholars and foreign nationals. The ent databases and indexing systems for
newsletter is one of the oldest journals in the communication of its contents at the
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The Boletín is published twice a year (Jan- cation, the authors authorize via a license
uary-June and July-December) in Spanish editing, publication, reproduction, distri-
language has accumulated more than one bution and public communication of the
hundred years tradition. Promotes discus- work both in the physical environment,
sion, theoretical and critical analysis of the and digitally. Authors retain copyright
history of Colombia, from pre-Hispanic and guaranteeing the Gazette the right to
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lated to history, anthropology, archeology, the magazine has a Creative Commons
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and human sciences. The Bulletin is intend- Noncommercial-No Derivative Works.
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as well as Latin America and elsewhere.
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The newsletter contains articles, historical external referees, who will give a first idea
reflections, book reviews and academic of the document. This evaluation process
life. To the articles section unpublished is anonymous. The result of the evaluation
documents resulting from research, the- will be considered by the Director and
oretical discussions and historiographical the Editorial Committee Board of the
balances are received. Chapters or parts of Boletín, who will make the final decision
works published in any medium and items on publication.
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[298 ] Boletín de Historia y Antigüedades
The evaluation, which is primarily a process website_11_Nov_2011.pdf ], as part of
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will be conducted by anonymous referees In turn, as part of its privacy policy, the
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cations. This process takes two to about email addresses, etc.) is used exclusively
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authors of the reviewers comments and will not be available for another purpose
keep confidential evaluations. Once in- or person.
cluded in the text suggested corrections,
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corrections of style as long as it deems ap- miahistoria.org.co and boletinacademia@
propriate. According to the Statutes of the outlook.com These should be submitted
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V: publications, Article 21, paragraph b: of 25 pages (abstract, notes, appendices
the content of the publications that make and bibliography ), letter, a single space,
the Academy only assume responsibility of font Times New Roman, size 12 for text
their authors. By submitting your contri- and 10-point for notes page. Reviews must
bution, authors should state clearly: 1. If be submitted single-spaced, Times New
you agree with the Editorial Policy of the Roman, size 12, maximum of 3 pages and
Boletín de Historia y Antigüedades, organ letter size. All pages should be numbered
of the Colombian Academy of History; 2. consecutively lead.
If your item is unpublished or not; and 3.
that the article is being evaluated in another As part of the editing rules, note that:
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The Boletín is committed to international bold.
standards of scientific publication, follow- • The quotations that exceed four
ing the guidelines of the 2nd World Con- lines should appear in a separate paragraph,
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tors_for%20website_11_Nov_2011.pdf]. words highlighted by the author, should
Guidelines for authors can be found at: be in italics.
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national%20standards_authors_for%20
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• Documents, pictures, photo- In a separate file, the author must attach a
graphs, maps and charts accompanying brief biographical note including your ed-
the text should be attached separately ucational background, current institutional
in JPG or TIFF format and not exceed affiliation, areas in which her latest posts,
the resolution of 300dpi. Each should be email (corporate and personal), shipping
numbered consecutively, its corresponding address and contact numbers is performed.
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location within the text. References
• The bibliography located at the
end of the text should be in Times New The Bulletin of the History and Antiquities
Roman, 11 point, single spaced, in alpha- uses an adaptation of the Chicago Manual
betical order and organized documents and of Style, edition number 15, version Hu-
serials (primary sources such as file, mag- manities Style [http://www.chicagomanu-
azines, newspapers, and books depending alofstyle.org/tools_citationguide.html]. In
on their state) or reports and statements, the text, the footnote (1), must be followed
articles and books (secondary sources) by the word or the end of the appointment
and Internet Resources. Each reference to without space. After the first citation, not
footnote on page in the manuscript should used Ibid, Ibid, cfr., or op. cit. Then the
have the corresponding references in the following examples are used to differentiate
literature, does not include those that have the citation in notes (N), the second citation
not been referenced. (S) and the bibliography (B):
• The home page of the article
should include title and abstract in Spanish Book (one author):
and English, not exceeding 150 words, N: First Name Last Name(s), Complete title
keywords (four to six) in both languages, (City: Publisher, year), 35.
the name of the author, current institutional S: Last Name, three words of the title, 35
affiliation, city, country and e-mail. Note B: Last Name(s), Name. Complete title.
that you can use the name in its various City: Publisher, year.
academic papers and found in bibliographic
databases. If the article is the result of re- Book (two or three authors):
search funded, the project name, name of N: First Name Last Names(s) and First
institution, date of approval and because Name Last Names(s), Complete title (City:
of their funding should be included. For Publisher, year), 35-80.
keywords, you should consult the thesaurus S: Last Name and last name, three words
BISG - Book Industry Study Group - at the of the title, 35
following link: https://www.bisg.org/com- B: Last Name, First Name, and First Name
plete-bisac-subject-headings-2013-edition. Last Name. Complete title. City: Publisher,
year.
[300 ] Boletín de Historia y Antigüedades
Book (four or more authors): Article in Journal:
N: First Name Last Name(s) et al, Complete N: First Name Last Name(s), "Article
title (City: Publisher, year), 35-80. Name", Journal Name Vol: No (year): 35.
S: Last Name et al, title word .... S: Last Name, "Article Name two words,"
B: Last Name(s), First Name, et al. Complete 35-36.
title. City: Publisher, year. B: Last Name(s), First Name. "Article
Name". Journal Name Vol: No (year): 35-80.
Edited book:
N: First Name Last Name(s) and First Press article:
Name Last Name(s), ed, Complete title N: First Name Last Name(s), "Title of
(City: Publisher, year), 35-80. article", Newspaper Name, City, Day and
S: Last Name and last name, ed, a word Month, Year, 35.
from the title.... S: Last Name, "Article Name two words,"
B: Last Name(s), First Name, and First 35-36.
Name Last Name(s), ed. Complete title. B: Newspaper Name, City, Year.
City: Publisher, year.
Thesis:
Book corporate author: N: First Name Last Name(s), "Thesis Title"
N: Dependence, Country, Complete title (Undergraduate/Master's/PhD/Postdoc.
(City: Publisher, year), 35. thesis in, University, Year) 35.
S: Three words from the title ... 35 S: Last Name, "Article Name two words,"
B: Dependence, Country. Complete title. 35-36.
City: Publisher, year. B: Last Name(s), First Name. "Thesis Title".
Undergraduate/Master's/PhD/Postdoc.
Article in book: thesis in, University, Year.
N: First Name Last Name(s), "Article
Name", in Complete title, eds. First Name Archive Sources:
Last Name(s) and First Name Last Name(s) The first time the full file name and ab-
(City: Publisher, year), 35. breviation in parenthesis appointment.
S: Last Name, "Article Name two words," N: Full name of the Archive (abbreviation),
35-36. Section, Background, vol/leg/ t, f. or ff.
B: Last Name(s), First Name. "Article (place, date and other relevant data).
Name". In Complete title, edited by First S: Abbreviation. Section, Background, vol/
Name Last Name(s) and First Name Last leg/ t, f. or ff.
Name(s). City: Publisher, year, 35-80. B: full filename (abbreviation), City-Coun-
try, Section(s), Fund(s).
Vol. CVI No 869, Julio - Diciembre de 2019 [301 ]
Interviews: B: Last Name(s), First Name. Complete Title.
Interview to Last Name(s), First Name, City: Publisher, Year. http://press-pubsuchi-
city, complete date. cago.edu/founders.
Internet Publications: Note: The Director and the Editorial Com-
N: First Name Last Name(s), Complete Ti- mittee will not accept items that will not be
tle (City: Publisher, Year) http://press-pub- subject to the above provisions.
suchicago.edu/founders (date accessed).
S: Last Name, Two words Article Name,
35-36.
[302 ] Boletín de Historia y Antigüedades
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Volumen CVI, No. 869
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