Poder ciudadano
Por Armando G. Lagos Barba
y José Manuel Jurado Parres
Cuarta parte
“El elector goza del sagrado privilegio de votar por un candidato que eligieron otros”.
Ambrose Bierce
Candidato cívico, candidato independiente o candidato individual se refiere al
ciudadano que se postula a algún cargo político, sin ser postulado por partido político
alguno. La posibilidad de presentarse como candidato independiente y las condiciones
requeridas para ello dependen de las normas electorales del lugar de su postulación.
En toda democracia, los ciudadanos tienen el derecho inherente, universal e inalineable
de postularse a los cargos de elección popular, aunque generalmente no disponen de los
medios materiales y de propaganda de un partido, ni cuentan con el voto duro de los
mismos.
En el pasado, los ciudadanos disponían del acceso a las candidaturas sin más requisitos
que contar con el apoyo relativo ciudadano. Como ocurrió con Francisco I Madero. Con
posterioridad a la promulgación de la Constitución, fueron candidatos: José
Vasconcelos (1929), Juan Andrew Almazán (1940), Ezequiel Padilla (1946) y Miguel
Henríquez Guzmán (1952), quienes accedieron a sus respectivas candidaturas por la vía
de la formación de un partido.
En nuestro momento histórico, los congresos locales comienzan a activarse hacia una
democracia más directa; se dio el caso en Sonora (2004) y en Yucatán (24 de mayo
2006) donde se aprobó una reforma a la Ley de Instituciones y Procedimientos
Electorales (artículo 28) que reconoce el principio constitucional de candidatos
independientes, a la vez que reguló su procedimiento de postulación, para evitar su
abuso. En Tlaxcala se requiere del 50 por ciento del padrón para su registro como
candidato independiente, o sea, que gane previamente una primera vuelta de la elección.
Ante las controversias presentadas por algunos partidos, los ministros de la Suprema
Corte, ratificaron la constitucionalidad de las candidaturas independientes a cargos
públicos. Este dictamen, en cierta forma rompe el privilegio o monopolio que las
burocracias enquistadas en los partidos políticos les ha llevado a una deformación, la
partidocracia, que centrada en el nepotismo, las cuotas de poder y el autoritarismo,
incluso cierra las oportunidades a sus propios militantes. Especialmente cuando desde la
moderna Tenochtitlan los Tlatuanes divinos de los partidos emiten sus “designaciones
divinas” ignorando el sentir de la militancia local. Así, de alguna forma, las
candidaturas independientes ayudarán a impulsar la democracia interna de los propios
partidos.
La Suprema Corte de Justicia, sin crear una nueva figura o ampliar los derechos
políticos ciudadanos, sólo reafirmó el contenido de la Constitución desde su génesis;
todo ciudadano tiene el derecho de votar y ser votado. Los legisladores, en todo caso,
disponen de la capacidad de reglamentarlos. La sentencia de la Corte permite las
candidaturas independientes en todas las elecciones locales, excepto en las
plurinominales. Así, la candidatura individual requiere la formación de un partido, sea
temporal o permanente, o el cobijo de uno ya establecido.
Los ciudadanos que logren una candidatura independiente, quiérase o no, conformarán
una corriente electoral que funcionará como partido aunque sea coyuntural. José
Woldenberg, señaló: “Esa persona está construyendo una base de apoyo, se tiene que
dotar de un ideario, construir una red de relaciones, y eso en buen español se llama
partido político, aunque ellos le llamen alianza, liga o como le quieran llamar”.
Por su parte, la Cámara de Senadores aprobó (abril de este año) en lo particular y
general, y con modificaciones, la Reforma Política, que incluye la sustitución del
Ejecutivo federal en caso de falta absoluta, la reelección de legisladores y las
candidaturas ciudadanas para la elección presidencial. La iniciativa, fue enviada a la
Cámara de Diputados avalada con el voto a favor de 94 senadores, cinco en contra y
ocho abstenciones.
Es de esperar que los legisladores miembros de la actual Legislatura no estén muy
entusiasmados con estas nuevas enunciaciones, porque reducen la hegemonía, los
controles y privilegios de los partidos a los que pertenecen. Probablemente, sin dejar de
reconocer la jurisprudencia de la Corte, no procederán de inmediato a legislar sobre las
reformas correspondientes en las leyes electorales. Pudiera ser que suceda lo mismo que
sucedió con el voto de los mexicanos en el extranjero, donde después de diez años
nuestros conciudadanos pudieron votar.
Sin embargo, en la reciente reunión que tuvieron los diputados con el poeta y escritor
Javier Cicilia, los legisladores “pidieron perdón a la ciudadanía” por lo que podríamos
resumir como un alejamiento de la ciudadanía en la constatación de sus verdaderas
necesidades. Se comprometieron a aprobar la Reforma Política (que incluye la figura
del candidato independiente) pero, —como las novias de rancho—, no dijeron cuando la
aprobarían. El PRI que tiene la mayoría, expresó en voz de José Ramón Martel:
“Nosotros decimos, en el PRI, sí a las candidaturas ciudadanas, que quede claro, es
nuestra posición, es la posición democrática al interior de nuestra fracción
parlamentaria; nosotros decimos sí a la consulta popular; nosotros decimos sí a la
posibilidad de la iniciativa ciudadana”. El PAN, en voz de Josefina Vázquez Mota,
expresó: “Yo me siento reconocida por un movimiento que nos viene a exigir que
cumplamos con nuestro deber y nuestro trabajo, así debe ser el corazón de nuestra
democracia”.
Por otro lado, la figura de la candidatura independiente, se piensa que pueda correr el
riesgo de no ser tan independiente al estar supeditada a financiamiento indebido, dinero
de procedencia dudosa o simplemente, fondos provenientes de algún poder de facto que
exija más tarde su retribución. También puede suceder que organizaciones sindicales o
de otro tipo, se lancen a la contienda política con miras siniestras o cuando menos no
muy claras.
Otra aspecto de las candidaturas independientes, es que permitirán a militantes
inconformes con los procedimientos de su partido, cuando se sintiesen injustamente
excluidos en las contiendas locales por una designación proveniente del centro (el
antiguo dedazo), salir temporal o definitivamente de los lineamientos de su partido
como una forma de rebelión o simplemente para probar sus posibilidades de acceder a
un puesto de elección popular.
La Constitución pide que se haga uso del “instrumento partido político”; pero no
demanda que quien aspire a cargo de representación popular esté afiliado a un partido
político; en otras palabras, una persona “independiente” puede postularse sin dejar de
ser independiente (quepa la redundancia), cobijado con los colores de un determinado
partido. Continuará.
Mtro. Armando G. Lagos Barba. Director Plantel No. 2 Tlaquepaque CECyTEJ.
Mtro. José Manuel Jurado Parres. Director Escuela Preparatoria No. 5 UdeG.
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