Estudio y edición crítica de Fervor de Buenos Aires
TESIS
que para optar por el grado de Doctor en Literatura Hispánica
presenta:
Antonio Cajero Vázquez
Asesor: doctor Rafael Olea Franco
México, D. F. Septiembre de 2006
2
Índice
Introducción…………………………………………………………………………….5
Capítulo 1. una poética, varios estilos de Fervor de Buenos Aires…………25
1. 1. “A quien leyere”: la poética de Fervor………………………………………27
1. 1. 1. El prólogo en la poética bogeana………………………………………..31
1. 1. 2. Fervor por el espacio geográfico…………………………………………43
1. 1. 3. El joven Borges, poeta, y los poetas de Buenos Aires……………...47
1. 1. 4. En defensa de la poesía confesional……………………………………61
1. 1. 5. Disquisición sobre la forma y el lenguaje……………………………..63
1. 1. 6. Mesura de la metáfora…………………………………………………….71
1. 1. 7. El lector como autor……………………………………………………….77
1. 2. Los estilos de un poeta en busca de estilo……………………………….79
1. 2. 1. El estilo barroco de la “perplejidad filosófica…………………………85
1. 2. 2. Estilo epistolar de un enamorado………………………………………109
1. 2. 3. El parco homenaje a los mayores………………………………………125
1. 2. 4. Un poeta en busca de la patria perdida………………………………135
1. 2. 5. El paisaje crepuscular en Fervor……………………………………….147
1. 2. 6. Metapoética de un incipiente poeta……………………………………153
1. 2. 7. Poemas misceláneos de un libro misceláneo………………………..159
Capítulo 2. Arqueología textual de Fervor de Buenos Aires………………..167
2. 1. Las huellas de la reescritura……………………………………………….173
2. 1. 1. “Sala vacía”………………………………………………………………….175
2. 1. 2. “Arrabal”……………………………………………………………………..179
2. 1. 3. “Llamarada”…………………………………………………………………187
2. 1. 4. “La noche de San Juan”………………………………………………….193
2. 1. 5. “Sábados”……………………………………………………………………197
2. 1. 6. “Forjadura”………………………………………………………………….211
2. 1. 7. “Atardeceres”………………………………………………………………..213
2. 1. 8. “Campos atardecidos”…………………………………………………….219
2. 2. De la prosa al verso o los borradores en prosa de Fervor de
Buenos Aires………………………………………………………………… ...227
2. 3. Virtudes de una edición crítica de Fervor………………………………..237
Edición crítica de Fervor de Buenos Aires……………………………….........255
A quien leyere…………………………………………………………………..........265
Las calles……………………………………………………………………………….271
La Recoleta………………………………………………………………………........275
Calle desconocida……………………………………………………………..........279
El Jardín Botánico……………………………………………………………………283
Música patria………………………………………………………………………….287
La plaza San Martín…………………………………………………………..........289
El truco…………………………………………………………………………………293
Final de año……………………………………………………………………………297
Ciudad…………………………………………………………………………………..299
Hallazgo…………………………………………………………………………………301
3
Un patio…………………………………………………………………………….....303
Barrio reconquistado………………………………………………………………..305
Vanilocuencia……………………………………………………………………..….307
Villa Urquiza…………………………………………………………………………..309
Sala vacía………………………………………………………………………………311
Inscripción sepulcral………………………………………………………………..315
Rosas……………………………………………………………………………………317
Arrabal………………………………………………………………………………….323
Remordimiento por cualquier defunción…………………………………........327
Jardín…………………………………………………………………………….……..329
Inscripción en cualquier sepulcro………………………………………………..331
Dictamen……………………………………………………………………………….333
La vuelta……………………………………………………………………………..…335
La guitarra……………………………………………………………………………..337
Resplandor…………………………………………………………………………..…341
Amanecer……………………………………………………………………………….343
El sur……………………………………………………………………………………349
Carnicería……………………………………………………………………………...351
Alquimia……………………………………………………………………………..…353
Benarés…………………………………………………………………………………355
Alba desdibujada……………………………………………………………………..359
Judería.…………………………………………………………………………………361
Ausencia………………………………………………………………………………..363
Llaneza………………………………………………………………………………….365
Llamarada………………………………………………………………………...……367
Caminata……………………………………………………………………………….371
La noche de San Juan………………………………………………………..…….375
Sábados…………………………………………………………………………………377
Cercanías……………………………………………………………………………….383
Caña de ámbar………………………………………………………………………..385
Inscripción sepulcral………………………………………………………………..387
Trofeo…………………………………………………………………………………...389
Forjadura……………………………………………………………………………....391
Atardeceres…………………………………………………………………………....393
Campos atardecidos…………………………………………………………………395
Despedida……………………………………………………………………………...397
Bibliografía…..……………………………………………………………………..…399
Anexos…………………………………………………………………………………..417
4
Introducción
Después del centenario de Jorge Luis Borges abundaron los estudiosos de
su vida y obra; fueron reeditados textos no compilados en las Obras
completas y algunos epistolarios publicados en ediciones decorosas.
Actualmente parece que todo está dicho al respecto; sin embargo, en lugar
de reducirse, el campo de la crítica borgeana se ha ensanchado durante la
última década. Con esta labor de rescate también se ha creado la ilusión
de que, ahora sí, está disponible la obra completa de Borges; pero falta
una rigurosa depuración de los textos recobrados que, en ocasiones, se
repiten o han sido adjudicados a Borges de manera arbitraria.
Además de esa especie de fervor por la obra borgeana, debe
destacarse que ésta se ha convertido en un "clásico" de la literatura
hispanoamericana:
Clásico es aquel libro que una nación o un grupo de naciones o el
largo tiempo han decidido leer como si en sus páginas todo fuera
deliberado, fatal, profundo como el cosmos y capaz de
interpretaciones sin término.1
1 Otras inquisiciones, Emecé, Buenos Aires, 1960, p. 260. El
carácter de clásico, además, no es inmanente a tal o cual obra, sino que
depende "de la excitación o de la apatía de las generaciones de hombres
anónimos que la ponen a prueba, en la soledad de las bibliotecas", por ello
es peligroso afirmar que "existen obras clásicas y que lo serán para
siempre"; en resumen: "Clásico no es un libro (lo repito) que
necesariamente posee tales o cuales méritos; es un libro que las
5
Acaso Borges no cumple con el requisito del "largo tiempo", por lo
cual podría decirse que es un clásico precoz; pero resulta innegable que su
obra ha sido considerada "capaz de interpretaciones sin término".
En 1999, salvo excepciones, la crítica borgeana se dedicó a citar o a
refundir investigaciones previas. Uno de los periodos menos trabajados
durante las celebraciones del centenario fue la década 1920-1930.
Resultaron más fascinantes los laberintos, la filosofía, los espejos y la
erudición, que los experimentos poéticos y ensayísticos del primer Borges.2
Aunado a esto, es preciso señalar que la reedición de la obra borgeana
apenas si mejoró, como Julio Ortega y Elena del Río lo enuncian:
Nuevos y valiosos libros fueron dedicados al análisis renovado de
su obra y, en otras lenguas, nuevas traducciones y estudios.
Notablemente, sin embargo, no se publicó ninguna edición crítica
de esos textos, sino que continuó la reproducción de las mismas
ediciones que, en el peor de los casos, han perpetuado erratas;
aparecieron además nuevas compilaciones, si bien desprovistas de
aparato crítico.3
Ahora bien, no obstante que los tres primeros libros de ensayos de
Borges han recibido cierta atención, hasta donde sé, no hay una sola
investigación que analice, de manera integral, alguno de los libros de
poesía publicados en los años veinte. Por tal razón, considero necesario el
estudio exhaustivo de Fervor de Buenos Aires. Esta labor casi arqueológica
generaciones de los hombres, urgidas por diversas razones, leen con previo
fervor y con misteriosa lealtad" (pp. 261-262).
2 Utilizo esta denominación para referirme al Borges anterior a 1940;
así lo emplean Rafael Olea Franco, Carlos Meneses y Carlos García.
3 En el "Prólogo" de su edición crítica de Jorge Luis Borges, El Aleph,
El Colegio de México, México, 2001, p. 9.
6
permitirá, por una parte, situar el primer poemario de Borges en su
contexto histórico, cultural y literario y, por otra, reconsiderar, y
posiblemente reconstruir, la imagen que de sí mismo promovió Borges:
según él, entre su obra primera y la de madurez habría una suerte de
continuidad sólo separada por los años, como puede corroborarse en
varios escritos y entrevistas, por ejemplo en el “Prólogo” de la segunda
edición de Fervor de Buenos Aires:
he sentido que aquel muchacho que en 1923 lo escribió ya era
esencialmente —¿qué significa esencialmente?— el señor que ahora
se resigna o corrige. Somos el mismo; los dos descreemos del
fracaso y del éxito, de las escuelas literarias y de sus dogmas; los
dos somos devotos de Schopenhauer, de Stevenson y de Whitman.
Para mí, Fervor de Buenos Aires prefigura todo lo que haría
después.4
Y en su autobiografía comenta:
mirándolo ahora en perspectiva, creo que nunca me aparté mucho
de [Fervor de Buenos Aires]. Siento que todos mis textos siguientes
simplemente han desarrollado temas que estaban inicialmente allí;
siento que durante toda mi vida he estado reescribiendo ese único
libro.5
Esta imagen de un Borges que "[ha] estado a punto de escribir lo que
escribiría treinta o cuarenta años después",6 sin embargo, se halla muy
4 Emecé, Buenos Aires, 1969, p. 9.
5 Un ensayo autobiográfico, pról. y trad. de Aníbal González y epíl. de
María Kodama, Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores-Emecé, Barcelona,
1999, p. 57.
6 Así se expresaba en una entrevista con Rita Guibert: "creo que
estoy en ese libro, y que todo lo que he hecho después está entre líneas en
él. Me reconozco más que en otros libros, aunque no creo que el lector
pueda reconocerme. Pienso que ahí he estado a punto de escribir lo que
escribiría treinta o cuarenta años después" (“Entrevista con Borges”, en
Jorge Luis Borges, ed. de Jaime Alazraki, Taurus, Madrid, 1987, p. 338).
7
lejos de aquel joven radical que negaba la existencia de un yo de conjunto
y, por lo tanto, de la individualidad personal.7
Borges dijo en diversas ocasiones que se sonrojaba cuando hablaba
de sus primeros libros,8 y defendía su actitud de corrector obsesivo como
un "derecho a modificar" que todo escritor puede ejercer:
Hay cosas que yo no puedo firmar ahora porque me daría
vergüenza hacerlo. Como decía Lane de algunos cuentos de Las mil
y una noches: ciertos cuentos muy indecentes no podrían ser
modificados sin destrucción. Pero si acaso pueden ser purificados
sin destrucción, si puede mejorarse un epíteto, ¿por qué no
hacerlo?9
Tales declaraciones, por un lado, han influido en los críticos,
quienes han seguido las palabras de Borges al pie de la letra y, por otro,
sirven de velo entre el Fervor de 1923 y el de la Obra poética de 1977.
Eduardo García de Enterría es un ejemplo paradigmático al respecto, pues
niega el valor de la poesía juvenil de Borges y exalta la obra de madurez
sin más argumentos que la descalificación: "la bochornosa flaqueza de sus
7 Véase, por ejemplo, "El cielo azul, es cielo y es azul" (Cosmópolis,
1922, núm. 44): "no hay en la vida continuidades algunas. Ni el tiempo es
un torrente donde se bañan todos los fenómenos, ni es el yo un tronco que
ciñen con intorsión pertinaz las sensaciones e ideas" (cf. Textos recobrados,
ed. de Sara Luisa del Carril, Emecé, Buenos Aires, 1999, p. 157); o bien
"La nadería de la personalidad" (Proa, 1ª ép., 1922, núm. 1): "No hay tal yo
de conjunto. Equivócase quien define la identidad personal como la
posesión privativa de algún erario de recuerdos" (cf. Inquisiciones, Proa,
Buenos Aires, 1925, p. 85).
8 Así lo expresa en su Antología personal, Sur, Buenos Aires, 1961:
"Mis preferencias han dictado este libro. Quiero ser juzgado por él,
justificado o reprobado por él, no por determinados ejercicios de excesivo y
apócrifo color local que andan por las antologías y que no puedo recordar
sin rubor", en clara alusión a sus primeros textos (p. 7).
9 Jorge Ruffinelli, Crítica en marcha, 2ª ed., Premià, México, 1982, p.
12.
8
primeros versos", y contrasta: "en este nuevo Borges no hay delirios, ni
alucinaciones, ni ebriedad, como no fue infrecuente que ocurriese en su
juventud ultraísta"; o bien: "La nueva poesía con que rompe a andar el
viejo Borges, desdeñando el camino de gloria que ha consolidado en su
prosa, es preferible en absoluto a su juvenil actividad poética".10
Mi percepción es distinta, porque en Fervor es posible rastrear lo que
ulteriormente será Borges, no tanto en una relación de causa-efecto o
como si entre sus primeros versos y los últimos apenas hubiera un sesgo
estilístico que se pudiera uniformar con las sucesivas correcciones. Es
preciso hacer un corte sincrónico en 1923 para situar el quehacer poético
del primer Borges en su justa dimensión; de esta manera se descubrirán
los artificios que el Borges maduro empleó para modificar la imagen de sus
inicios, además de que puede estudiarse cada uno de sus primeros libros
de poesía de manera independiente (pues las concepciones estéticas entre
uno y otro saltan a la vista) y no como parte de una obra más vasta a la
que se le quiere encontrar la unidad a toda costa. Lo que hoy debe
entenderse es que cuando alguien se acerca a Fervor en alguna de las
ediciones de Poemas o de Obra poética, apenas si lee fragmentos de la
edición de 1923, junto con las de 1943, 1954, 1958, 1964, 1966, 1969,
1972, 1974 ó 1977 de manera simultánea.11
10 La poesía de Borges y otros ensayos, Mondadori, Madrid, 1992,
pp. 19, 25 y 26.
11 Michel Lafon advierte, con agudeza, cómo los artilugios borgeanos
ponen un velo entre su poesía de los años veinte y los lectores modernos,
ya que aquél autorizó la reedición de Fervor de Buenos Aires, Luna de
9
Borges era consciente de que al modificar su obra también
modificaba su propia imagen, por ello cuando decía que quien escribió
Fervor fue otro Borges sin duda tenía razón; pero asimismo respresentaba
una manera de ocultar la reactualización de su poesía mediante la
reescritura, para volverla cada vez más homogénea y, paradójicamente
diversa, de acuerdo con sus principios estéticos del momento:
El gran poeta William Butler Yeats hacía lo mismo [corregir
sus poemas]. Por eso sus amigos le dijeron que no tenía derecho a
modificar sus older poems, y él les respondió: It is myself that I
remake, es decir, al modificarlos yo mismo me estoy rehaciendo.12
Guillermo Sucre comenta que "lo que asombra en estos textos
iniciales no es, por supuesto, el estilo con frecuencia pintoresco; ni
siquiera el humor. Lo que asombra es la inexorable correspondencia que
tendrán sus ideas con la obra escrita luego",13 porque la mayor parte de
los cambios que Borges practicó en los poemarios de la década del veinte
tienen que ver más con la forma que con el contenido: por una parte, ahí
están ya las preocupaciones metafísicas heredadas de Berkeley y
enfrente y Cuaderno San Martín “con un impresionante acompañamiento
de modificaciones, selecciones, correcciones –hasta tal extremo que, por
ejemplo, el Fervor de Buenos Aires que se publica hoy en la Obra poética
acompañado de la fecha <<1923>> data, en realidad, de los años cuarenta-
cincuenta-sesenta en los que tuvo lugar este trabajo de reelaboración. De
modo que, para el lector de hoy, para el lector que frecuenta la Obra
completa edificada según la voluntad de su autor, se puede decir que,
directa o indirectamente, toda la producción borgeana de los años veinte
ha desaparecido” (“Borges, años veinte: desaparición de una producción”,
Río de la Plata, 1986, núms. 4-6, pp. 105-106).
12 Reina Roffé, “Entrevista a Jorge Luis Borges”, Cuadernos
Hispanoamericanos, 1999, núm. 585, p. 11.
13 La máscara, la transparencia, 2ª ed., FCE, México, 1985, p. 141.
10
Schopenhauer, los héroes familiares, los sitios preferidos como el arrabal y
la pampa, los patios y la inclinación por los hechos pasados; pero, por
otra, según las estadísticas de Tommaso Scarano, Borges suprime casi el
40 por ciento de los versos de la edición de 1923, y eso no es todo: el 46
por ciento de los versos que se conservaron fueron objeto de correcciones
sustanciales, es decir, sólo ha llegado a la Obra poética el 24 por ciento de
los versos de la primera edición; con Luna de enfrente (en adelante Luna)
ocurre algo semejante, porque elimina cerca del 60 por ciento de los versos
de 1925 y de los que sobrevivieron al escrutinio el 45 por ciento sufrió
algún cambio, esto es, sólo mantiene el 23 por ciento de la edición original;
por último, Cuaderno San Martín (Cuaderno) es el que menos alteraciones
presenta, pues conserva el 65 por ciento de sus versos en la lección
original de 1929.14
Ante tal cantidad de modificaciones, que en ocasiones consisten en
suprimir poemas completos, puede decirse que varios adquieren el
estatuto de casi desconocidos; esto también se debe a las tiradas tan
reducidas de las primeras ediciones, pues ninguna rebasó los trescientos
ejemplares. El caso de Fervor es muy particular porque, como refiere a
Jacobo Sureda en carta del 29 de mayo de 1922, Borges pensaba darlo a
la imprenta en Alemania:
Sigo escribiendo el libro metafísico-lírico-gualicheante-
confesional, que pienso imprimir allá en la tierra de don Arturo,
14Para una información detallada al respecto véase: Varianti a
stampa nella poesia del primo Borges, Giardiani, Pisa, 1987, pp. 12-16.
11
alias Schopenhauer. La idea de verte me reconcilia con la vuelta a
Europa.15
En otra misiva del 29 de marzo, Borges había expresado las razones
que lo llevaron a proyectar la edición de Fervor en Alemania; según él, “con
el rebajamiento del marco casi no costará nada hacer imprimir un libro
allí, que luego se pondría a la venta (?) en España” (Cartas, 215). Hasta en
el lugar de distribución había pensado. El plan, sin embargo, tuvo un
desenlace distinto, porque debió imprimirlo unos días antes de partir
nuevamente para Europa. Borges hace un recuento de esta publicación en
Un ensayo autobiográfico:
Escribí esos poemas en 1921 y 1922, y el volumen apareció a
comienzos de 1923. El libro, de hecho, se imprimió en cinco días.
Hubo que apresurar la impresión, pues tuvimos que regresar a
Europa, ya que mi padre quería consultar a su médico de Ginebra
acerca de su vista. Yo había previsto sesenta y cuatro páginas, pero
el manuscrito resultó ser muy largo y en el último momento
debieron dejarse fuera cinco poemas, afortunadamente. No puedo
recordar nada sobre ellos. El libro se hizo con cierto espíritu
infantil. No hubo corrección de pruebas, ni se hizo sumario, y las
páginas iban sin numerar. Mi hermana hizo un grabado en madera
para la portada y se imprimieron trescientos ejemplares.16
Líneas adelante, comenta los métodos de distribución que, sin duda,
buscan borrar la urgencia de fama de quien se convertiría en el escritor
más influyente de la literatura argentina del siglo XX:
15 Cartas del fervor. Correspondencia con Maurice Abramowicz y
Jacobo Sureda (1919-1928), pról. de Joaquín Marco y not. de Carlos
García, Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores- Emecé, Barcelona, 1999,
p. 221.
16 Además, agrega: "en aquellos tiempos, publicar un libro era una
suerte de empresa personal", acaso para justificar la edición de autor
financiada por su padre (p. 57).
12
Nunca se me ocurrió, por ejemplo, mandar ejemplares a los libreros
o a los reseñistas. La mayor parte los regalé. Recuerdo uno de mis
métodos de distribución: habiendo notado que muchas personas
que iban a la oficina de Nosotros [...] llevé cincuenta o cien
ejemplares a Alfredo Bianchi. Bianchi me miró con asombro y dijo:
"¿Espera que venda estos libros?". "No", contesté, "aunque los he
escrito, no estoy enteramente loco. Pensé que podía pedirle que
deslizara algunos en los bolsillos de esos abrigos que están
colgados allí". Generosamente, lo hizo (Un ensayo, 57).
Acaso por la distancia temporal entre estas declaraciones y los
hechos referidos o por una intención deliberada, Borges incurre en
imprecisiones que, de alguna manera, pueden determinar la recepción del
poemario; hace parecer que éste fue resultado de un trabajo unitario; pero
no es así: como muchos de sus libros, Fervor reúne materiales
heterogéneos de diversas épocas, y no sólo de 1921-1922, pues en 1999
Alejandro Vaccaro publicó una nota en la que comenta la existencia de un
manuscrito de 1914 con sucesivas reelaboraciones hasta 1919: se trata de
"Montaña de gloria", un tríptico constituido por "Inscripción sepulcral I",
"Inscripción en cualquier sepulcro" e "Inscripción sepulcral II", poemas que
pasaron a formar parte de Fervor (vid. infra, Capítulo 1); además,
"Llamarada" tiene inscrito al pie la fecha 1919 y fue publicado
originalmente en 1920 con el nombre de "La llama" (Grecia, 1920, núm.
41). Podría decirse, entonces, que entre 1921 y 1922 Borges redactó la
versión definitiva de varios poemas para la primera edición de Fervor; pero
no que hubiera escrito todos los textos durante esos dos años.
También mezcla poemas ya publicados en revistas, aunque con
variantes, con otros totalmente inéditos; entre aquellos que vieron la luz
13
antes de la edición de Fervor se encuentran: "Sala vacía" (Ultra, 1922,
núm. 22); "Arrabal" (Cosmópolis, 1921, núm. 32); "Llamarada" (Grecia,
1920, núm. 41: "La llama"); "La noche de San Juan" (Proa, 1922, núm. 1:
"Noche de San Juan"); tres estrofas de "Sábados": "Sábado" (Nosotros,
1922, núm. 160 y en Manomètre, 1922, núm. 2), "Atardecer" (Manomètre,
1923, núm. 4) y un poema que, curiosamente, ninguno de los estudiosos y
editores del primer Borges había señalado como parte de Fervor, "Tarde
lacia" (Tableros, 1922, núm. 28);17 además, "Forjadura" (Proa, 1922, núm.
2); "Atardeceres" (primera estrofa: Prisma, 1922, núm. 2; segunda estrofa:
Ultra, 1921, núm. 14) y la primera estancia de "Campos atardecidos"
(Prisma, 1921, núm. 1: "Aldea").
Como se observa, de los cuarenta y seis poemas que forman parte de
Fervor, al menos ocho tienen su antecedente en revistas de la época y,
puede decirse, no fueron escritos ex profeso para el poemario, además de
los tres que constituyen “Montaña de gloria”, cuya fecha de composición se
remonta a 1914-1919.
La publicación de este primer libro de Borges no fue "a comienzos de
1923", sino en julio de 1923, según pesquisa de Carlos García,18 pocos
días antes de zarpar hacia Europa (el 21 del mismo mes).19 Ahora bien,
17 Cf. Antonio Cajero, “Un poema olvidado de Fervor de Buenos Aires:
‘Tarde lacia’”, Nueva Revista de Filología Hispánica, 2004, núm. 52, 509-
514.
18 El joven Borges, poeta (1919-1930), Corregidor, Buenos Aires,
2000, p. 3.
19 Aunque no todos están de acuerdo con la fecha, porque Sara
Luisa del Carril propone un mes antes: en junio de 1923 (Textos
14
respecto de los medios de autopropaganda, Borges se aplicó para hacer
llegar ejemplares a sus amigos de Europa, Argentina, Chile y Uruguay, y
hubo hasta un anuncio de venta de Fervor en la revista Inicial; el Borges
maduro, por el contrario, muestra cierta despreocupación cuando habla de
las reseñas que se habían escrito sobre Fervor a su regreso de Europa:
"Cuando volví después de un año de ausencia, encontré que algunos de los
dueños de los abrigos habían leído mis poemas y que unos pocos incluso
habían escrito algo sobre ellos. De hecho, así fue como me labré una
modesta reputación de poeta" (Un ensayo, p. 57). La difusión de su obra
hizo efecto, ya mediante la intervención de Bianchi, ya mediante el envío
de ejemplares a escritores conocidos, pues entre 1923 y 1924 apareció una
docena de reseñas sobre Fervor: Juan Torrendell, Rafael Ortelli, Rafael de
Diego, V. Llorens y un reseñista desconocido escribieron desde Buenos
Aires; Julio J. Casal, desde La Coruña; Pillement, desde París; Salvador
Reyes, desde Santiago de Chile; Pedro Leandro Ipuche, desde Uruguay y
recobrados, p. 440); Carlos Alberto Andreola propone como fecha de
publicación la primera quincena de agosto (cf. Carlos Meneses, Borges en
Mallorca, Aitana, Madrid, 1996, p. 66). Y para abonar más el terreno de las
conjeturas, me gustaría traer a colación un dato distinto que Borges ofrece
a García Venturini: “Y luego, un momento, yo no sé, me parece vanidoso
decirlo, sin embargo lo voy a decir: cuando en la imprenta Balcarce, en el
mes de mayo, me entregaron los primeros ejemplares de mi primer libro
Fervor de Buenos Aires, en el año 23” (Alejandro García Venturini, Borges
por Borges, Ediciones Cooperativas, Buenos Aires, 2001, p. 23). Sin
embargo, es sabido que Borges publicó Fervor en la imprenta Serantes
(aunque algunos escriban “Serrantes”), por el dato que aparece en la
sección de libros publicados por Borges en la primera edición de Cuaderno
San Martín (1929). El hecho de que se hubiera publicado “en el mes de
mayo” me parece más sobresaliente, porque resulta verosímil”; pero
contradictorio respecto de la prisa con que fue confeccionado: sin
paginación, sin índice ni pie de imprenta.
15
desde España Ramón Gómez de la Serna, Enrique Díez-Canedo, Rafael
Cansinos-Assens y Manuel Abril. Aunque podría argüirse que envió el libro
en un plano amistoso, pues casi todos ellos eran sus amigos, la intención
de Borges es clara porque también esas amistades son escritores o críticos
literarios: trascender geográficamente y "labrarse" una fama a partir de
firmas autorizadas como la Gómez de la Serna o la de Díez-Canedo, cuya
reseña envió Borges a Nosotros, después de haber aparecido en Madrid,
para su reproducción.
Hasta hace pocos años casi nadie acudía a las primeras ediciones de
los tres poemarios publicados entre 1923 y 1929, debido principalmente a
su inaccesibilidad. Además no se había hecho énfasis en los cambios que
Borges introdujo en las diversas ediciones de Poemas, Obra poética y
Obras completas a partir de 1943, lo que ha impedido ver el estado original
de los textos; pero como Borges ha dejado múltiples huellas, los estudiosos
recurren a las ediciones princeps con mayor frecuencia, aun en contra de
la decisión de su autor, y han dado cuenta de un Borges otro, del otro
Borges.
Entre quienes se han dedicado al análisis de la poesía borgeana
están Paul Chelseka, en The poetry and poetics of Jorge Luis Borges (1987);
Graciela Esther Tissera, en "El hilo de la fábula": la poesía de Jorge Luis
Borges (1992) y Vicente Cervera Salinas, en La poesía de Jorge Luis
Borges: historia de una eternidad (1992); pero quizá porque Borges los
disuadió de que sólo "había limado asperezas" o porque no les interesaba
16
tanto mostrar la evolución de la poesía borgeana cuanto su unidad
emplearon las ediciones de 1964, 1954 y 1977, respectivamente, de
manera que las sucesivas correcciones, supresiones y hasta anexos de que
fueron objeto Fervor, Luna y Cuaderno desde 1943 son sacrificados en pos
de una revisión diacrónica y totalizadora.
Ulyses Petit de Murat también parte de una edición demasiado
depurada, la de 1969, con lo cual hace decir a Borges cosas que no había
escrito más de cuarenta años antes (Borges, Buenos Aires, 1980); esto, en
alguna medida, redunda en una imagen falsa del joven Borges, porque si
bien cada crítico puede emplear la edición que mejor le parezca o la más a
la mano, es preciso que el lector de su trabajo sepa que se trata de una
versión muy distinta de la original; aunque en algunos casos se justifica
esta omisión, debido a que no es sino hasta 1987 cuando Tommaso
Scarano publica Varianti a stampa nella poesia del primo Borges, con lo
que ofrece al público especializado el estado primigenio de la poesía que
tantas modificaciones sufrió durante casi seis décadas. Después de esta
publicación, me parece, al menos debe justificarse el empleo de una u otra
edición.
Aunque su trabajo ha cambiado la percepción sobre la poesía inicial
de Borges, Scarano no es el primero que ha incursionado en el rescate y
edición de los escritos juveniles de Borges, sino Carlos Meneses, quien en
1978 publicó Poesía juvenil de Jorge Luis Borges; después, también editó
las Cartas de juventud (1921-1922), 1987; en la década de los noventa
17
continuó su preocupación por el tema en Borges en Mallorca (1919-1921),
1996, y en El primer Borges, 1999, además de diversos artículos en
revistas.
Por su parte, Rafael Olea Franco contribuye en este rescate del joven
Borges con El otro Borges. El primer Borges, que a decir del autor
"[replantea] la lectura y ubicación de la obra de Borges dentro [de] y desde
un contexto hispanoamericano", pues sólo desde el ámbito de la realidad
argentina "puede empezar a comprenderse la textualidad borgeana; es
decir, considero equivocado desligar un corpus textual de la realidad
específica con la que éste interactúa porque eso produce una imagen
fragmentaria y a veces desviada".20 El trabajo abarca los primeros veinte
años de la producción borgeana y en él debe destacarse, entre muchas
otras cosas, el manejo de las primeras ediciones de los libros analizados.
En El joven Borges, poeta (1919-1930), Carlos García lleva a cabo lo
que él llama las "biografías" de Fervor, Luna y Cuaderno; asimismo, estudia
aspectos biográficos y bibliográficos relacionados con el Borges de ese
periodo, y aun llega a proponer una "Bibliografía virtual, 1906-1930", que
"aspira a listar la mayor cantidad posible de textos escritos o comenzados
por Borges durante ese periodo en cuestión. Su fin es alentar la búsqueda
de manuscritos y publicaciones aún ignotas. Incluye también alguna carta
de importancia, así como planes sobre libros no realizados" (327).
20El otro Borges. EL primer Borges, FCE-El Colegio de México,
Buenos Aires, 1993, pp. 16-17.
18
La relación de Borges con la vanguardia también ha sido objeto de la
crítica, como lo muestran los trabajos de Guillermo de Torre: "Para la
prehistoria ultraísta de Borges" (1964),21 además de que ya en 1925 había
hecho un somero balance de la trayectoria vanguardista de Borges.22
Running Thorpe también intenta cubrir esta faceta en Borges' ultraist
movement and its poets (1981), libro en el que identifica la vena ultraísta
del primer Borges; cuando cita Fervor, Luna y Cuaderno toma como
referencia las primeras ediciones. En Borges and the european avant-garde
(1996), Linda S. Maier se dedica a desentrañar los componentes
vanguardistas en la prosa y la poesía de Borges: ultraístas, cubistas,
futuristas, creacionistas y expresionistas, si bien en ocasiones me parece
que fuerza su interpretación, porque no encuentra más que una muestra,
por ejemplo, de la influencia cubista o futurista en la producción
borgeana. Los trabajos de René de Costa y Enriqueta Morillas también son
ilustrativos en este sentido: "Militancia vanguardista del primer Borges
(1920-1925)" y "Borges y la marea expresionista".23
21 En Al pie de las letras, Losada, Buenos Aires, 1967, pp. 171-185,
también puede verse del mismo autor Ultraísmo, existencialismo y
objetivismo en literatura, Guadarrama, Madrid, 1968, pp. 114-119. Cabe,
asimismo, recordar que Gloria Videla ha contribuido en el estudio de la
vanguardia española, de la cual Borges formó parte: Ultraísmo, Gredos,
Madrid, 1963.
22 Literaturas europeas de vanguardia, Caro Raggio, Madrid, 1925,
pp. 62-65.
23 Véase Borges: entre la tradición y la vanguardia, coord. de Sonia
Mattalia, Generalitat Valenciana, Valencia, 1990, pp. 65-74 y 75-98,
respectivamente.
19
Sobre los tres primeros libros de ensayo, puede afirmarse que los
estudios se hallan en ciernes,24 pues los únicos trabajos in extenso son los
de Víctor Farías: La metafísca del arrabal (1992), sobre El tamaño de mi
esperanza, y Las actas secretas (1994), sobre Inquisiciones y El idioma de
los argentinos.
Uno de los más completos estudios sobre la vida y la obra del joven
Borges es el de Alejandro Vaccaro, que en 1996 publicó Georgie (1899-
1930). Una vida de Jorge Luis Borges, si bien como precursor de los
estudios biográficos sobre el escritor argentino merece reconocimiento
especial Emir Rodríguez Monegal, autor de Borges por él mismo (1970, en
francés) y Borges. Una biografía literaria (cuya primera edición en inglés se
remonta a 1978).
Como anexo de esta sucinta revisión bibliográfica, debe reconocerse
que los estudios borgeanos se han enriquecido cuantitativa y
cualitativamente por la reciente compilación de las colaboraciones de
Borges en El Hogar (1986), Sur (1999) y Crítica (1995), así como de sus
escritos de juventud, entre los que se encuentran aquellos que fue
desechando de las reediciones de su poesía: los tres tomos de Textos
recobrados, entre 1997 y 2002; también se reeditaron los tres libros de
ensayos de la década del veinte: Inquisiciones (1995), El tamaño de mi
24Por su parte, Carlos García promete dedicarse a los tres libros de
ensayos que Borges publicó entre 1925 y 1928: "He dejado para otra
ocasión el también imprescindible estudio de los tres primeros libros de
ensayos (Inquisiciones, El tamaño de mi esperanza y El idioma de los
argentinos)”, op. cit., p. v.
20
esperanza (1994) y El idioma de los argentinos (1995); asimismo, vieron la
luz cartas que Borges envió a dos de sus amigos de juventud, Maurice
Abramowicz y Jacobo Sureda: Cartas del fervor (1999); también se ha dado
a conocer nuevas pesquisas acerca de manuscritos, datación de obras y
bibliografías más o menos completas como la de Nicolás Helft (1997); por
último, destaca la edición de las Œuvres complètes (1993-1997).
Como se puede deducir de esta sucinta revisión, hay dos hechos que
de alguna manera justifican el estudio del primer Borges: 1) el escaso
trabajo de análisis al respecto y 2) la reciente publicación de materiales
que obliga a replantear la imagen del joven Borges; por estas razones,
considero pertinente, y hasta necesario, el estudio exhaustivo de Fervor de
Buenos Aires, así como una edición crítica que considere como codice
optimus la primera edición del poemario.
En el primer capítulo de esta tesis, “La poética y los estilos de Fervor
de Buenos Aires”, analizo de manera pormenorizada el prefacio de Fervor,
“A quien leyere”, donde pueden hallarse los esbozos de una poética de
juventud. En un segundo apartado, hago una lectura textual de Fervor
para identificar los temas y estilos, así como los nexos de Borges con las
diferentes tradiciones que convergen en el poemario.
En el Capítulo 2, “Arqueología textual de Fervor de Buenos Aires”,
estudio los cambios que sufrieron once poemas que Borges publicó en
revistas antes de incluirlos en Fervor; asimismo, hago un seguimiento de
21
algunos fragmentos en prosa que con el tiempo, en verso, pasaron a
formar parte del poemario en cuestión.
En la tercera parte, se halla el trabajo medular de la tesis: la edición
crítica y anotada de Fervor.
Como anexos, ofrezco el prólogo y los poemas que Borges incluyó en
Fervor de manera extemporánea, en 1969: “El Sur”, “La rosa” y “Líneas que
pude haber escrito y perdido hacia 1922”, con sus respectivas variantes;
también incluyo el prólogo que Borges escribió en 1969 para la segunda
edición del poemario y los índices de Fervor para mostrar los agregados y
omisiones que sufrió entre 1923 y 1977.
Más con el ánimo de resaltar la modestia de los aportes de esta
investigación y en descarga de quienes carecían de las fuentes que hoy
cualquiera puede tener a su alcance con sólo ir a la librería más surtida de
la ciudad, me gustaría decir que la reciente crítica borgeana se encuentra
en una situación privilegiada, a la vez que enfrenta un reto mayor que la
del siglo pasado: fundamentalmente porque hoy la precisión en fechas,
títulos, ediciones, seudónimos, entre muchos otros datos, resulta
imprescindible; tiene, además, la tarea de renovar los estudios sobre la
vida y la obra de Borges a partir de los textos que siguen saliendo a la luz,
trátese de cartas, entrevistas, textos inéditos o desconocidos, apuntes de
clase.
Muchas de las observaciones vertidas a lo largo del presente trabajo
tienen como origen un dato impreciso o vago, no porque intente poner en
22
evidencia los errores de mis colegas, sino con el ánimo de enmendarlo,
como exige una labor de la magnitud que aquí me propongo. A final de
cuentas, mi edición crítica es resultado de la lectura cuidadosa de Fervor,
de los materiales bibliográficos que aparecieron con motivo del centenario
y de estudios críticos que me revelaron la poesía del joven Borges. Es éste,
entonces, producto de su tiempo y, como tal, espera ser pionero en la
edición crítica de la poesía borgeana, con el carácter provisional de los
estudios literarios. Intento, con ello, aligerar el reclamo de Robin Lefere,
quien con justicia escribió hace unos meses: “hay que denunciar una vez
más la ausencia escandalosa de una edición científica de [Fervor de
Buenos Aires] propiamente fundamental”.25
25
“Fervor de Buenos Aires en contextos”, Variaciones Borges, 2005,
núm. 19, p. 209.
23
24
Capítulo 1
Una poética, varios estilos de Fervor de
Buenos Aires
25
26
1. 1. “A quien leyere”: la poética de Fervor de Buenos Aires
A la manera de los escritores del Siglo de Oro, el joven Borges aprovechó el
prólogo de sus primeros libros de poesía para expresar sus juicios sobre la
literatura en general, los escritores de su época, sus temas preferidos, su
concepción del lenguaje (y, por lo tanto, de la poesía), su inserción en una
tradición, en fin, teorizó acerca de su propia poética con la intención de
defender su credo del momento.26 En los prólogos de obras propias y
ajenas, como señala David Lagmanovich, Borges ha dejado sus
impresiones sobre la poesía y el poetizar, por lo que aquéllos deben
considerarse “gérmenes de una poética nunca desarrollada en forma
sistemática, tales textos viven una existencia penumbral y periférica, en
los márgenes de los grandes textos borgeanos con los cuales, a veces,
tienen grandes consecuencias”.27 En el caso de “A quien leyere”, el texto
prologal de Fervor de Buenos Aires, esta última afirmación resulta
26 Véase al respecto Alberto Porqueras Mayo, El prólogo en el
Renacimiento español, C. S. I. C., Madrid, 1965 y El prólogo en el
manierismo y barroco españoles, C. S. I. C., Madrid, 1968.
27 “Los prólogos de Borges, raíces de una poética”, Sur, 1982, núms.
350-351, p. 101.
27
contundente, pues al eliminarlo desde la edición de Poemas (1922-1943)
Borges lo condenó a la marginalidad.
Además cabe destacarse el carácter excepcional de “A quien leyere”,
porque no es común que un libro de poesía inicie con un prólogo, y menos
autógrafo. Más que una preceptiva, en “A quien leyere” Borges explica la
hechura de su poemario, con la intención de informar y formar a sus
lectores, al tiempo que apela a su benevolencia.
Hoy, ese elemento “periférico” deviene un documento esencial;
revela, entre la maraña de una prosa “verbosa y retorcida”, los resortes de
una poética en formación, pues mira hacia atrás cuando alude a los
latinos, Góngora, Quevedo, Browne y Heine; hacia su alrededor presente
con las referencias encubiertas a sencillistas y modernistas (a quienes
usan las “palabras sin paladear el escondido asombro que albergan”, por
un lado; por otro, a quienes “[abarrotan] su escritura de oro y de joyas”);
asimismo, menciona a sus colegas de Europa y América: Rivas Panedas,
Sureda y Lange; por último, Borges también lanza su primer libro al futuro
ante “muchos compañeros sectarios” que, junto con los lectores
desinteresados del libro, acudirán al prólogo ya en descargo del poeta, ya
para recriminarlo. Es igualmente esencial por su inestimable valor
literario, porque deja entrever el barroquizante estilo de Inquisiciones.
La poética de Fervor responde a diversas fuentes que enseguida
pongo a consideración mediante un análisis exhaustivo de “A quien
leyere”, para lo cual recurro a la teoría genettiana del “paratexto”, primero;
28
luego, desmenuzo el texto borgeano al tiempo que lo relaciono con su
contexto.
29
30
1.1.1. El prólogo en la poética borgeana
Acostumbrada a su presencia, a menudo la crítica pasa por alto aquello
que no sólo es un caracterizador del texto, sino uno de sus elementos
constitutivos, el paratexto.28 Pocas veces el texto aparece desprovisto de
marcas paratextuales como nombre del autor, título, dedicatorias,
epígrafes, prefacio, posfacio o ilustraciones. ¿Qué sería un texto sin
paratexto? Según Genette nada, porque entre uno y otro se establece una
suerte de complementariedad, aunque no necesariamente recíproca, pues
"sin duda se puede afirmar que no existe, y jamás ha existido, un texto sin
paratexto. Paradójicamente, existen en cambio, aunque sea por accidente,
paratextos sin texto".29 Como ilustración de esta aserción, puede
mencionarse una obra en que el paratexto sustituye al texto: los 51
prólogos que Macedonio Fernández acumuló en Museo de la novela de la
eterna.30
La función del paratexto está siempre subordinada a su texto; pero,
en sentido inverso, también determina su lectura, porque no es lo mismo
28 En Palimpsestos, Genette decía que el paratexto constituía un tipo
de intertextualidad (“la presencia de un texto efectivo en otro”), con el
sentido de lo que se halla “al lado del texto” y expresaba su inquietud al
respecto: “No es mi intención iniciar o desflorar aquí el estudio, quizá a
futuro, [sobre] uno de los lugares privilegiados de la dimensión pragmática
de la obra, es decir, de su acción sobre el lector […] la paratextualidad es,
sobre todo, una mina de cuestiones sin respuesta” (trad. de Celia
Fernández, Taurus, Madrid, 1989, pp. 11-12).
29 Gérard Genette, Umbrales, trad. de Susana Lage, Siglo XXI,
México, 2001, p. 9.
30 Véase la edición establecida por Ana María Comblong y Adolfo de
Obieta, ALLCA-FCE, Madrid, 1996.
31
leer un libro con epígrafe y prefacio que leer otro sin estos elementos
paratextuales; asimismo, la lectura tendrá diferentes efectos según se trate
de un prefacio autógrafo o alógrafo. El paratexto prepara, de alguna forma,
el ánimo del lector frente al texto: es el primer punto de encuentro entre
ellos, aunque por sus hábitos el lector bien puede pasarlo por alto.
Texto y paratexto se interpenetran tanto que forman un espacio
indefinido, una franja de límites imprecisos. En este sentido, Borges
recuerda el prefacio de Wordsworth a la segunda edición de Lyrical ballads
y el que presenta los Ensayos de Montaigne y muchos otros que el tiempo
no ha querido olvidar —acaso como los que él mismo escribió—, porque
son "parte inseparable del texto".31 Así, aunque el prefacio se halla en los
bordes, influye determinantemente en la recepción y aun en la
interpretación del texto:
El paratexto es para nosotros, pues, aquello por lo cual un texto se
hace libro y se propone como tal a sus lectores y, más
generalmente, al público. Más que de un límite o de una frontera
cerrada, se trata aquí de un umbral o —según Borges a propósito
de un prefacio—, de un "vestíbulo", que ofrece a quien sea la
posibilidad de entrar o retroceder. "Zona indecisa" entre el adentro
y el afuera, sin un límite riguroso... (Umbrales, 7)
Esta imagen del dinamismo paratextual permite suponer, por una
parte, que el paratexto funciona como enlace entre el texto y el lector y, por
otra, representa la búsqueda de eficacia por parte del autor que no se
conforma con ofrecer un texto, sino que incluye diversos elementos
paratextuales con una intención bien definida:
31 Prólogos con un prólogo de prólogos, Alianza, Madrid, 1999, p. 7.
32
Esta franja, en efecto, siempre portadora de un comentario autoral
o más o menos legitimado por el autor, constituye, entre texto y
extra-texto, una zona no sólo de transición, sino de transacción:
lugar privilegiado de una pragmática y de una estrategia, de una
acción sobre el público, al servicio, más o menos comprendido y
cumplido, de una lectura más pertinente —más pertinente, se
entiende, a los ojos del autor y sus aliados (Umbrales, 8).
Por el grado de relación con el texto, Genette clasifica el paratexto en
peritexto y epitexto: el primero correspondería al título, prefacio, notas,
títulos de capítulos, posfacio; el segundo, a entrevistas, correspondencias,
conversaciones, diarios, prólogos, reseñas, manifiestos (Umbrales, 10).
Ambos se hallan en torno del texto y sólo se diferencian por el grado de
cercanía respecto de él. Aquí, sin embargo, solamente destacaré uno de los
elementos del peritexto, el prefacio.32 Debido a que el Tesoro de
Covarrubias y el Diccionario de autoridades toman como sinónimos
prefacio y prólogo,33 emplearé ambos términos para referirme a ese
momento del libro en que el lector "recibe" las instrucciones de lectura.
32 Existen otras maneras de designar el discurso liminar de un texto,
según la época, la moda o la preferencia léxica del autor (introducción,
prólogo, nota, noticia, aviso, presentación, examen, preámbulo,
advertencia, preludio, discurso preliminar, exordio, proemio), todos estos
términos coinciden en una cosa: aparecen al inicio de una obra.
33 Para Covarrubias prólogo es "la prefación o introducción del libro,
para dar claridad de su argumento" (Tesoro de la lengua castellana, ed. de
Felipe C. R. Maldonado, Castalia, Madrid, 2ª ed., 1995, s. v. "Prólogo");
mientras el Diccionario de autoridades dice del prólogo que es "el exórdio ú
prefación, que se pone y coloca al principio de los libros ò tratados, para
dar noticia al lectór del fin de la obra, ò para advertirle de alguna otra
cosa" (t. 3, Gredos, Madrid, 1990, s. v. "Prólogo").
33
En este sentido, Borges fue un prolífico escritor de prefacios propios
y ajenos,34 así como uno de los autores más innovadores del espacio
paratextual: pocas obras borgeanas carecen, por ejemplo, de prefacio,
notas aclaratorias (a pie de página y al final del texto) o epílogo. Escritos
todos estos en los que Borges ejerció los mismos derechos que en la poesía
y la prosa: eliminó, enmendó, agregó, corrigió apreciaciones que no se
llevaban bien con su credo estético de madurez. "A quien leyere", el
prefacio con que iniciaba Fervor, desapareció casi en su totalidad desde la
edición de 1943.35 Hoy, me parece, es necesario leer el poemario con el
prefacio que acompañó la primera edición, pues representa un estadio
particular de la estética borgeana.
En el "Prólogo" de Inquisiciones, Borges señala que "la prefación es
aquel rato en que el autor es menos autor. Es ya casi un leyente y goza de
los derechos de tal: alejamiento, sorna y elogio. La prefación está en la
entrada del libro, pero su tiempo es de posdata y es como un descartarse
de los pliegos y un decirles adiós" (Inquisiciones, 5). En este caso Borges
parece despojar al escritor de toda intención autoral, y hasta autoritaria,
porque lo coloca en el otro lado, como "leyente" de su propia obra: este
intento de deslindarse del poemario, sin embargo, resulta una abstracción
34 Son ilustrativos los cuantiosos prólogos que escribió para
colecciones como la Biblioteca de Babel y la Biblioteca Personal; también
editó un libro hecho de puros prólogos: Prólogos con un prólogo de prólogos.
En sus Textos recobrados aparece algún prólogo casi desconocido, como el
de La calle de la tarde de Norah Lange (1924) o el del Índice de la nueva
poesía americana (1926).
35 Al respecto puede consultarse Poemas (1922-1943), Losada,
Buenos aires, 1943, p. 9.
34
imposible, porque no puede postergarse al autor a un segundo plano y
menos en un espacio de su exclusividad; puede restarse su influencia
pragmática; pero la presencia del autor es decisiva en un prefacio
autógrafo:
La más importante, quizás, de las funciones del prefacio original
consiste en una interpretación del texto por el autor o, si se
prefiere, en una declaración de intención [...] consiste en un
imponer al lector una teoría vernácula definida por la intención del
autor, presentada como la más segura clave interpretativa, y desde
este punto de vista el prefacio es uno de los instrumentos del
dominio autoral (Umbrales, 189).
Hasta cuando Borges quiere ser modesto, como cuando declara que
en el prefacio "el autor es menos autor", manifiesta una clara intención de
influir en el lector, de dirigir la lectura; en este caso no comenta un libro
ajeno, sino uno propio, del cual no puede deshacerse sino en el momento
en que pasa a manos del público y aun después de eso todavía puede
intervenir en ediciones subsiguientes. Con esta aseveración, Borges
pretendía persuadir al lector de que sus prefacios, más que justificaciones
o explicaciones, eran sólo ejercicios de un lector —por llamarlo de alguna
forma— ya distanciado de su obra, fuera del texto; pero la práctica
demuestra lo contrario: Borges sabe muy bien qué función cumple y qué
lugar ocupa ese "zaguán" por el que se accede al libro:
¿Quién se anima a entrar en un libro? El hombre en predisposición
de lector se anima a comprarlo —vale decir, compra el compromiso
de leerlo— y entra por el lado del prólogo, que por ser el más
conversado y el menos escrito es el lado fácil. El prólogo debe
continuar las persuasiones de la vidriera, de la carátula, de la faja,
y arrepentir cualquier deserción. Si el libro es ilegible y famoso, se
le exige aún más. Se esperan de él un resumen práctico de la obra
y una lista de sus frases rumbosas para citar y una o dos opiniones
35
autorizadas para opinar y la nómina de sus páginas más
llevaderas, si es que las tiene.36
La preocupación de Borges por este elemento del paratexto se
mantuvo vigente hasta 1975, por lo menos, cuando señaló la falta de una
teoría sobre el prólogo, así como su postura al respecto, acaso depurada
por los años: "Que yo sepa, nadie ha formulado hasta ahora una teoría del
prólogo. La omisión no debe afligirnos, ya que todos sabemos de qué se
trata. El prólogo, en la triste mayoría de los casos, linda con la oratoria de
sobremesa o con los panegíricos fúnebres y abunda en hipérboles
irresponsables que la lectura incrédula acepta como convenciones del
género" (Prólogos, 7).
Borges aprovecha, entonces, la superficialidad y la irresponsabilidad
que caracteriza a la mayoría de prólogos y prefacios, y la ignorancia de los
lectores "incrédulos" sobre la función cardinal de esta instancia, porque él
tiene bien claro que "el prólogo, cuando son propicios los astros, no es una
forma subalterna del brindis; es una especie lateral de la crítica" (Prólogos,
10); asimismo, saca ventaja de los lectores no avezados (que piensan que
36 "Palabras finales (Prólogo breve y discutidor)", en Antología de la
moderna poesía uruguaya (1926), recogido en Textos recobrados (1919-
1929), p. 330. Nótese la semejanza entre los argumentos de Borges y los
de Genette sobre este punto, principalmente sobre la cualidad persuasiva
del prefacio: "No se trata aquí [en el prefacio] de llamar la atención del
lector, quien ya hizo el esfuerzo de procurarse el libro por compra,
préstamo o por robo, sino de retenerlo con un aparato típico de
persuasión. Este aparato detecta lo que la retórica latina llamaba captatio
benevolentiae, y del cual no desconocía la dificultad puesto que se trataba
aproximadamente, en términos más modernos, de valorar el texto sin
indisponer al lector por una valoración demasiado inmodesta o demasiado
visible, de su autor" (G. Genette, Umbrales, pp. 168-169).
36
el prólogo es el "lado más fácil" o una "convención del género"): guía y
determina su lectura de manera imperceptible y hasta traicionera, ya que
el lector se confía al buen consejo del autor y éste termina por imponerle
una manera de leer y, más aún, elige a quien desea como lector de su
texto.37
La inclusión de un prefacio autógrafo, al parecer, viene del Lunario
sentimental (1909), de Lugones, y Borges lo consideró como una puerta de
salida para exponer el andamiaje de su quehacer poético.38
En este sentido, “A quien leyere” contiene una serie de informaciones
y de disquisiciones críticas y estéticas que no pueden soslayarse, pues sin
duda influyeron en su recepción; es más: puede considerarse como un
intento de crear a sus lectores. Por esta razón considero necesario analizar
exhaustivamente, al mismo tiempo que ilustrar en la medida de lo posible,
las diversas líneas de discusión que se desprenden de "A quien leyere".
Además el prefacio sirve como eslabón entre el texto y sus predecesores,
entre el autor y el texto o entre el texto y el lector, de ahí la trascendencia
37 "Guiar al lector es también ubicarlo y, por lo tanto, determinarlo.
Los autores tienen a menudo una idea muy precisa del tipo de lector que
desean, o que pueden alcanzar; pero también de aquel que desean
evitar..." (G. Genette, Umbrales, p. 181).
38 Sólo en un prefacio pudo desglosar “el andamiaje de los
argumentos edificados a posteriori para legitimar los juicios que hace
nuestra intuición sobre las manifestaciones de arte” (“Anatomía de mi
Ultra”, Ultra, 1921, núm. 11. Cito por la edición facsimilar de José Antonio
Sarmiento y José María Barrera, Visor, Madrid, 1993).
37
de elegir la manera más eficaz de iniciar un libro, con "pararrayos" o sin
él:39
Every writer knows that the choice of a beginning for what he will
write is crucial not only because it determines much of what follows
but also because a work's beginning is, practically speaking, the
main entrance to what it offers. Moreover, in retrospect we can
regard a beginning as the point at which, in a given work, the writer
departs from all other works; a beginning immediately establishes
relationships with works already existing, relationships of either
continuity or antagonism or some mixture of both.40
Si bien Said habla del principio de una obra en el más amplio
sentido y no del prefacio, sus palabras pueden aplicarse a este elemento
paratextual, porque se encuentra indefectiblemente en el umbral. Este
comienzo se convierte en el espacio por excelencia del diálogo entre los
actores de una determinada tradición literaria;41 aun cuando se escriba
para negarla, la tradición se halla en la base de la discusión, porque el
nuevo modelo se nutre necesariamente del modelo que se critica:
Un escritor no puede inventar una lengua completamente
desconocida para sus oyentes y lectores. Del mismo modo, no
39Genette comenta que en la retórica clásica el orador se quejaba de
su incapacidad para presentar un tema con el talento necesario: "Ésa era,
sobre todo, la manera más segura de prevenir las críticas, es decir,
neutralizarlas, incluso de impedirlas tomándoles las delantera.
Lichtenberg expresa a su manera esta función paradójicamente
valorizante: 'Un prefacio podría ser titulado: pararrayos'" (Umbrales, p.
177).
40 Edward W. Said. Beginnings. Intention and method, 2ª ed.,
Columbia University Press, New York, 1985, p. 3. La función del principio-
prefacio sería, en palabras de Said, "the first step in the intentional
production of meaning" (p. 5).
41 Me refiero a ese espacio que Pedro Salinas llamara "la habitación
natural del poeta", porque en "ella nace, poéticamente, en ella encuentra el
aire donde alentar, y por sus ámbitos avanza para cumplir su destino
creador" (Jorge Manrique o tradición y originalidad, Seix Barral, Barcelona,
1974, p. 102).
38
puede prescindir de los géneros y formas vigentes: puede
modificarlos, invertirlos, contaminarlos, fundirlos. Y esto depende
sólo de las necesidades comunicativas: el propio autor forma parte
de una sociedad cultural y razona con sus códigos.42
El prefacio, entonces, deviene escenario de múltiples tensiones:
entre el autor y sus contemporáneos, entre presente y pasado o, en el caso
extremo, entre la teoría que se pregona y la práctica poética. En "A quien
leyere", por su tono polémico, la tensión funciona como rasgo
estructurador. Borges avanza en sus discusiones estéticas por medio de
oposiciones. No sólo es capaz de ir en contra de la lírica vigente, sino de
sus propias convicciones del pasado inmediato. Este hecho certifica el
carácter contradictorio de la personalidad borgeana; también la incansable
búsqueda de la expresión poética más eficaz; de ahí que el prefacio
estudiado represente un corte sincrónico bien delimitado de la cambiante
estética del joven Borges.
Las tensiones en "A quien leyere" son más evidentes por su
parentesco con los manifiestos ultraístas que lo preceden, y porque
Prólogos y manifiestos tienen, sin embargo, su punto de partida
precisamente en una toma de conciencia que considera que el
modelo del mundo vigente es obsoleto y demasiado restrictivo; los
nuevos avances que, en tono unas veces apologético, otras
profético, se promueven, están orientados, frecuentemente, hacia
42 Cesare Segre, Principios de análisis del texto literario, trad. de
María Pardo de Santayana, Crítica, Barcelona, 1985, p. 332. Por su parte
Salinas expresa que ni siquiera los adversarios de la tradición escapan a
su influencia: "A esos hijos pródigos, que la huyen, a esos enemigos que la
hostilizan, ella los espera con paciencia; sabe que en cuanto alcancen la
grandeza de su obra, una especie de ley natural los traerá a su seno" (op.
cit, p. 117).
39
las técnicas, el lenguaje, etc. (y ahora, cada vez más, hacia los
contenidos)...43
Consciente de que los prefacios autógrafos son mal vistos, y más
aún a la luz de su militancia vanguardista, Borges intenta llegar a su
auditorio con una especie de captatio benevolentiae que contrastará con el
tono a veces violento del resto del prefacio: "Suelen ser las prefaciones de
autor una componenda mal pergeñada, entre la primordial jactancia de
quien ampara obra que es propiamente facción suya, y la humildad que
aconsejan la mundología y el uso. A tal costumbre esta advertencia no
desmentirá interrupción".44 El laconismo con que se presenta establece, de
entrada, una relación ambigua con sus receptores, porque apela antes a la
reflexión que a la reacción sentimental que aconsejaban los antiguos;
además sólo reconoce el defecto frecuente de "las prefaciones de autor",
pues por su naturaleza oscilan entre "la primordial jactancia" y "la
humildad que aconsejan la mundología y el uso"; pero en ningún momento
se propone incidir en el lector mediante fórmulas emotivas o de modestia45
sino que, por el contrario, impone una distancia crítica respecto de su
interlocutor.
43 Cesare Segre, Op. cit., p. 332. En este orden de cosas, toda nueva
propuesta se nutre del modelo que critica, pues no parte de la nada, sino
de la negación de algo existente que necesita ser "renovado".
44 Jorge Luis Borges, Fervor de Buenos Aires. Debido a que esta
edición carece de número de páginas, puede consultarse "A quien leyere"
en la edición crítica del poemario; además, afortunadamente ha sido
reeditado al menos en dos ocasiones: Tommaso Scarano, Varianti a stampa
nella poesia del primo Borges, pp. 67-69 y Textos recobrados, pp. 162-164.
45 Sobre las fórmulas clásicas para ganarse la voluntad del auditorio
puede verse Heinrich Lausberg, Manual de retórica literaria, t. 1, trad. de
José Pérez Riesco, Gredos, Madrid, 1990, pp. 242-254, principalmente.
40
Así, Borges no sólo demarca "la tradición literaria dentro de la cual
debe leérselo",46 sino que también selecciona a su público e, incluso,
intenta formarlo.
46 Cf. Rafael Olea Franco, El otro Borges. El primer Borges, p. 125. El
prefacio —agrega— impide "que la propia lectura sea la instancia que
inscriba sus poemas dentro de una tendencia particular".
41
42
1. 1. 2. Fervor por el espacio geográfico
La primera oposición se presenta en el segundo párrafo de "A quien
leyere", entre la patria que los otros cantan y la patria que Borges reclama
para su poesía:
Empiezo declarando que mis poemas, pese al fácil equívoco, que es
motivable por su nombre, no son ni se abatieron en instante alguno
a ser un aprovechamiento de las diversidades numerosas de
ámbitos y parajes que hay en la patria. Mi patria —Buenos
Aires— no es el dilatado mito geográfico que esas dos palabras
señalan; es mi casa, los barrios amigables, y juntamente con esas
calles y retiros, que son querida devoción de mi tiempo, lo que en
ellas supe de amor, de pena y de dudas.
En primer lugar, Borges justifica la unidad del poemario mediante
un tema más o menos acotado: no poetizará el Buenos Aires de "las
diversidades numerosas de ámbitos y parajes", sino "mi patria", la patria
íntima hecha de los espacios familiares y de las experiencias que en ellos
vivió el poeta. Lo extraño es que, por antonomasia, el término patria
excluye el individualismo, porque es la imagen que una colectividad se
forma a partir de elementos que los identifican como integrantes de una
patria bien delimitada geográfica, política y culturalmente. Este gesto
provocador trae a la mesa de discusión un tema polémico que, en el aire
del postcentenario, sigue irresuelto. Mediante este recurso Borges intenta
unificar los materiales heterogéneos que constituyen Fervor.47 Igual que
47 Frecuentemente, los prefacios tienen como función justificar la
unidad de un libro que, en esencia, está hecho de textos heterogéneos: "Un
tema de valoración en los prefacios de recopilaciones (de poemas, de
novelas, de ensayos) consiste en mostrar la unidad, formal o temática, de
43
otros de sus libros, éste es resultado de la compilación de poemas de
diferentes épocas, algunos de ellos sometidos a la reescritura, al cambio de
nombre y hasta integrados a poemas de mayor extensión (vid supra,
“Introducción”).
Por lo visto, difícilmente puede sostenerse que poemas como
"Judería" o "Llamarada" hayan sido motivados por la fascinación que le
produjo su nueva residencia. De la misma manera, poemas como
"Ausencia", "Sábados", "Caña de ámbar", "Trofeo" y "Despedida" apenas
habrían cabido en Fervor si no hubiera agregado "lo que en ellas supe de
amor". Otros poemas hay que indudablemente encajan en la poetización
de Buenos Aires: "Las calles", "Calle desconocida", "Ciudad", "Barrio
reconquistado", "Villa Urquiza", por citar algunos.
Sobre el espacio preferido por Borges, también puede establecerse
un contraste entre un antes y un después en la concepción del poeta:
cuando recibe el anuncio paterno de que volverán a Argentina,
inmediatamente comunica su desacuerdo a Jacobo Sureda. El tono de las
alusiones a Buenos Aires es más que despreciativo. Por ejemplo, el 3 de
marzo de 1921, unos días antes de tomar el vapor de regreso, Borges
escribe:
¡Hermano! —Zarpo mañana hacia la tierra de los presidentes
averiados, de las ciudades geométricas y de los poetas que no
acogieron aún en sus hangares el avión estrambótico del ULTRA...
(Cartas, 193)
lo que a priori corre el riesgo de aparecer como un revoltijo ficticio y
contingente, determinado por la necesidad natural y el deseo legítimo de
vaciar en un cajón" (Umbrales, p. 171).
44
A bordo del barco, el 7 del mismo mes:
Escribe, hombre Jacobo, y escribe largamente. No me abandones
en el destierro de la ciudad cuadriculada y de los jovencitos que
hablan de la argentinidad y del civismo y de lo que significa el
general Bartolomé Mitre para los siglos venideros. ¡Horror! (194)
Y, por último, el 22 de junio emite una manifestación de desagrado
al instalarse en su nuevo hogar:
Nos hemos anclado en Buenos Aires en un barrio geometral, serio y
sosegado [...] Esto no nos entusiasma gran cosa y, en cuanto
hayamos ultimado una serie de asuntos que nos molestan,
volveremos al viejo continente, más nuevo que éste, que esta
América donde todo parece flojo y marchito [...] Contéstame: no me
abandones en este destierro abarrotado de arribistas, de jóvenes
correctos sin armazón mental y de niñas decorativas (198-200).
Con Abramowicz, Borges se muestra más moderado, aun cuando un
tono de inconformidad aflora a primera vista: "Mi partida para Buenos
Aires [...] me preocupa vagamente" (117, sept/1920). O bien: "La vuelta a
Buenos Aires me entristece —¡y cuánto! Voy juntando por aquí y por allá
informaciones sobre ese extraño país" (135, ene/1921).
¿Cómo se operó el cambio entre esta visión negativa de los barrios de
"niñas decorativas" y el fervor por su ciudad natal, más aún, por qué eligió
como parte del título el nombre de una ciudad que tanto descontento le
había producido? Pienso que, por lo menos hasta la publicación de Fervor,
Borges no dejó de sentir cierto repudio por la ciudad en general, y que la
mitificación de los espacios por donde se movieron personajes como
Carriego y Almafuerte le permitió tomar distancia y, a la postre,
45
reconciliarse con "los barrios amigables" y las "calles y retiros" que sus
supuestas caminatas le revelaron. A su vez, de los barrios, calles y retiros
prefirió sólo su imagen del pasado, estática en el tiempo e intocada por la
modernidad.
De tal suerte, Borges desde el primer poema de Fervor acota los
espacios que merecen ser privilegiados:
Las calles de Buenos Aires
ya son la entraña de mi alma.
No las calles enérgicas
molestadas de prisas y ajetreos,
sino la calle dulce de arrabal
enternecida de árboles y ocasos
y aquellas más afuera
ajenas de piadosos arbolados...
("Las calles", vv. 1-8)
Al contrario de algunos de sus contemporáneos, Borges desdeña la
imagen de la ciudad moderna, por ejemplo cuando reseña Andamios
interiores de Maples Arce.48 De esta manera, Borges opone la belleza de lo
marginal ante la fascinación de Maples Arce por la ciudad moderna:
"Siento íntegra toda la instalación estética / lateral a las calles alambradas
de ruido, / que quiebran sobre el piano sus manos antisépticas, / y luego
se recogen en un libro mullido".49
48 "Manuel Maples Arce. Andamios interiores" (Proa, 1922, núm. 1),
en Inquisiciones, pp. 120-121. En el espacio dedicado a las relaciones entre
prosa y verso en Fervor, en el Capítulo II de esta tesis, puede verse un
estudio más detallado.
49 Andamios interiores, en Las semillas del tiempo, est. prel. de
Rubén Bonifaz Nuño, FCE, México, 1981, p. 39. Hasta la fecha, considero
que se ha dado poca relevancia al papel que jugó la obra de Maples Arce
en la formación estética de Borges, aunque sea, como he dicho, por
contraste.
46
1. 1. 3. El joven Borges, poeta, y los poetas de Buenos Aires
El mismo procedimiento que Borges emplea para definir la poesía de
Maples Arce, y por lo tanto para definir la suya propia, le sirve para
establecer distancias con Guillermo de Torre; específicamente sobre
Hélices comenta a Sureda: "Ya te imaginarás la numerosidad de
cachivaches: aviones, trolleys, hidroplanos, arcoíris, ascensores, signos del
zodiaco, semáforos... Yo me siento viejo, académico, apolillado, cuando me
sucede un libro así" (Cartas, 227, mar/1923). Años más tarde, en una
reseña de Calcomanías de Girondo, persistirá en sus apreciaciones:
Es innegable que la eficacia de Girondo me asusta. Desde los
arrabales de mi verso he llegado a su obra, desde ese verso largo
mío donde hay puestas de sol y vereditas y una vaga niña que es
clara junto a una balaustradita celeste. Lo he mirado tan hábil, tan
apto para desgajarse de un tranvía en plena largada y para renacer
sano y salvo entre una amenaza de klaxon y un apartarse de
transeúntes, que me he sentido un provinciano junto a él.50
Y frente a Días como flechas de Marechal: "Mis versos son un
quedarme para siempre en Buenos Aires; los suyos son un continuado
partir. Mis conceptos de la técnica literaria, mis preconceptos son
antagónicos a los practicados por él".51 No obstante las diferencias
expresadas, Borges reconoció en éstos y otros poetas de su generación
(Ipuche o Tallon) su calidad de poetas, así como un parentesco entre las
distintas obras:
50 "Acotaciones: Oliverio Girondo-Calcomanías", Martín Fierro, 1926,
núm., en El tamaño de mi esperanza, Gleizer, Buenos Aires, 1926, p. 92.
51 "Días como flechas", Martín Fierro, 1926, núm. 36, en Textos
recobrados, p. 274.
47
Estorba en Hélices de Guillermo de Torre la travesura de su léxico
huraño, en Andamios interiores de Maples Arce la burlería, en
Barco ebrio de Reyes la prepotencia del motivo del mar, en la
compleja limpidez de Imagen de Diego la devoción exacerbada a
Huidobro, en Kindergarten de Bernárdez la brevedad pueril de
emoción, en la bravía y noble agua del tiempo la primacía de
sujetos gauchescos y en mi Fervor de Buenos Aires la duradera
inquietación metafísica.52
Estos sucesivos intentos de Borges por definir su poesía tienen su
correspondencia en el prefacio de Fervor, donde rechaza sin ambages "los
vehementes reclamos de quienes en Buenos Aires no advierten sino lo
extranjerizo: la vocinglera energía de algunas calles centrales y la universal
chusma dolorosa que hay en los puertos, acontecimientos ambos que
rubrican con inquietud inusitada la dejadez de la población criolla" ("A
quien leyere"). De lo dicho se deriva una serie de oposiciones que permiten
a Borges amparar su postura estética y hasta cierto punto ideológica:53 por
un lado, se hallan los poetas del centro, lo extranjerizo (incluida su
"universal chusma dolorosa") y de la estridencia citadina; por otro, los
poetas de lo marginal, lo "nacional" y los barrios suburbanos.54 En este
52 "E. González Lanuza. Prismas", Proa, 2ª ép., 1924, núm. 1, en
Inquisiciones, pp. 98-99. Una postura semejante adopta cuando compara
el Lunario sentimental con algunas obras de sus contemporáneos, incluida
Fervor, los mete en un solo cajón: "Examine el incrédulo lector el Lunario
sentimental, examine después Veinte poemas para ser leídos en el tranvía o
mi Fervor de Buenos Aires o Alcándara, y no percibirá la transición de un
clima a otro clima" (Textos cautivos. Ensayos y reseñas en <<El Hogar>>
(1936-1939), ed. de Enrique Sacerio-Garí y Emir Rodríguez Monegal,
Tusquets, Barcelona, 2ª ed., Madrid, 1990, p. 99).
53 Al respecto puede consultarse un extenso estudio sobre la
polémica nacionalista del Centenario, en la que de alguna manera
intervino el joven Borges: R. Olea Franco, op. cit., pp. 23-116.
54 Aunque es preciso anotar que esta recuperación del suburbio
como motivo literario en Argentina no es una empresa individual, porque
48
caso, sin embargo, Borges opone la ciudad real, en constante ebullición, a
un espacio mitificado, estático, porque para las fechas en que publica
Fervor no hay sitio de Buenos Aires que no haya sido refugio de
inmigrantes ni puede hablarse de una dicotomía tan radical, sólo posible
como abstracción; después de todo, como refiere Cansinos Assens sobre el
arrabal: "todo está en él";55 por qué no habría de dar cabida al casi millón
de extranjeros que arribaron a Buenos Aires entre 1869 y 1914, como lo
han hecho notar diversos investigadores.56
El Buenos Aires de Borges, entonces, resulta en buena medida de la
reconstrucción de los restos de una ciudad que le llega mediante las
crónicas familiares, los recuerdos infantiles, las lecturas de Carriego y
Eduardo Gutiérrez: es una idea de la ciudad que opone a la ciudad
concreta. Y en otro orden de cosas, ¿a quién se puede achacar la
extranjerización de la ciudad? Al criollo, a "la dejadez de una población
criolla", como confirmará años más tarde en "Queja de todo criollo": "Ya la
república se nos extranjeriza, se pierde. Fracasa el criollo [ese "extranjero
en su patria"], pero se altiva y se insolenta la patria" (Inquisiciones, 138).
"lo primero que debe entenderse es que en los años veinte, el suburbio se
había convertido en centro de la polémica política, urbana y cultural" en la
que Borges era apenas "uno más de los participantes" ["El color del barrio.
Mitología barrial y conflicto cultural en la Buenos Aires de los años veinte",
Variaciones Borges, 8 (1999), p. 38.]
55 "El arrabal en la literatura", Variaciones Borges, 8 (1999), p. 34.
56 Francisco Javier Mora, "El conventillo como imagen de la
modernidad de Buenos Aires", en Escrituras de la ciudad, ed. de José
Carlos Rovira, Palas Atenea, Madrid, 1999, p. 115. Cf. también: Adrián
Gorelik, “El color del barrio. Mitología barrial y conflicto cultural en la
Buenos Aires de los años veinte”, Variaciones Borges, 1999, núm. 8, p. 40.
49
Después, el mismo Borges desmentirá aseveraciones como "mis
versos quieren ensalzar la actual visión porteña, la sorpresa y la maravilla
de los lugares que asumen mis caminatas" ("A quien leyere"): la actualidad
a la que alude pasaba frente a él en forma de cables eléctricos y
telefónicos, de trolebuses y ruidosas fábricas; él prefirió, sin embargo, no
verla sino recrear "los barrios en que no estuve nunca, [pues] la fantasía
puede rellenar de torres de colores, de novias, de compadritos que
caminan bailando, de puestas de sol que nunca se apagan, de ángeles".57
Algunos de sus críticos más acérrimos tomaron este empeño por una
ciudad ya inexistente como pretexto para atacar a Borges, sin considerar
que se trataba de la apropiación de un espacio poético y, por ello, de una
construcción estética, como el caso de Scalabrini Ortiz:
Muchos paisajes ha visto sin que se adentraran en su pupila. Con
su tranco decidido ha recorrido muchas calles, buscando siempre
la realidad semejante a la ciudad de su recuerdo, donde él vive y
aspira a vivir siempre: una tapia tranquila limitando el cielo, un
almacén color de guindado, una novia de crenchas largas y una
total ausencia de renovación.58
El crítico resulta atinado cuando expresa que Borges "aspira a vivir
siempre" de la memoria, pues de esa manera la escritura se desarrolla con
57 "La presencia de Buenos Aires en la poesía", La Prensa,
11/jul/1926, en Textos recobrados, p. 250. En 1945 reiterará: "Así,
durante muchos años, yo creí haberme criado en un suburbio de Buenos
Aires, un suburbio de calles aventuradas y de ocasos visibles. Lo cierto es
que me crié en un jardín, detrás de un largo muro, y en una biblioteca de
ilimitados libros ingleses" ("Agradecimiento a la Sociedad Argentina de
Escritores", en Borges en "Sur", ed. de Sara Luisa del Carril y Mercedes
Rubio de Socchi, Emecé, Buenos Aires, 1999, p. 301).
58 "Jorge Luis Borges", en Martín Laforgue, Antiborges, Javier
Vergara, Buenos Aires, 1999, p. 23.
50
mayor libertad;59 pero me parece que reduce su crítica a cuestiones de
orden puramente temático que no le permiten ver el logro estético del joven
Borges. Luego Roberto Giusti, en una evaluación de la literatura argentina
escrita en 1941, no desprecia la oportunidad para agredir a la generación
de Borges:
Abusaron un poco los nuevos poetas de su asombrado
descubrimiento de Buenos Aires, la cosmópolis gigantesca,
multiforme, noctívaga, sentimental y viciosa. Carriego había
expresado líricamente los sentimientos primarios de Buenos Aires,
el amor y el sentido de la muerte tal como se viven descarnada y
simplemente en el arrabal; tras él la nueva poesía porteña extremó
esa identificación del alma con la ciudad natal, reviviendo
particularmente las impresiones de la infancia, hasta caer en una
manera sentimental, cuando no sensiblería de tango, que cristalizó
en una retórica construida con imágenes de juguetería, cuyo
horizonte no va más allá del patio, la esquinita, el almacén y la
luna familiares.60
Scalabrini Ortiz y Giusti apenas se percataron de que Borges
buscaba conquistar un espacio en la tradición literaria argentina, en
particular, e hispánica, en general. Que el Buenos Aires de Fervor no
59 En una entrevista con M. P. Montecchia, Borges acepta su
pasatismo: "Yo diría que además de distancia en el espacio puede haber en
el tiempo. Creo que eso es útil al escribir" (Reportaje a Borges, Crisol,
Buenos Aires, 1977, p. 106). Con Jean de Milleret argumenta más
abundantemente su posición: "Si se toma un tema contemporáneo, los
lectores siempre buscan y encuentran errores; mientras que si usted dice
que tal cosa pasó en tal barrio lejano hace cincuenta años, nadie vendrá a
contradecir ni a afirmar sus palabras [...] cuando se trata de temas
actuales, el lector de estas latitudes busca sobre todo la exactitud de los
detalles (o más bien su inexactitud) para basar el meollo de su crítica"
(Entrevistas con Jorge Luis Borges, trad. de Gabriel Rodríguez, Monte Ávila,
Caracas, 1971, p. 93).
60 Roberto Giusti, "Panorama de la literatura argentina
contemporánea", en Rodolfo A. Borello (ant.), La crítica moderna, CEAL,
Buenos Aires, 1968, p. 30.
51
coincidiera con la visión de sus contemporáneos, era algo que Borges
prevenía en "A quien leyere": "habla mi verso para declarar el asombro de
las calles endiosadas por la esperanza o el recuerdo". De esta manera, la
supuesta "actual visión porteña" se disuelve en el tiempo inasible de la
esperanza o del recuerdo. Así Borges renuncia a poetizar la imagen de una
ciudad que lo desalma:
Anuncios luminosos tironeando el cansancio.
Charras algarabías
entran a saco en la quietud del alma.
Colores impetuosos
5 escalan las atónitas fachadas.
De las plazas hendidas
rebosan ampliamente las distancias.
El ocaso arrasado
que se acurruca tras los arrabales
10 es escarnio de sombras despeñadas.
Yo atravieso las calles desalmado
por la insolencia de las luces falsas
y es tu recuerdo como un ascua viva
que nunca suelto
15 aunque me quema las manos.
("Ciudad")
La violencia del paisaje que desencanta al flâneur contrasta con la
quietud de "la dulce calle de arrabal" que, "para el codicioso de almas /
[es] una promesa de ventura" ("Las calles", vv. 5 y 14-15): ésta se convierte
en "entraña de mi alma" ("Las calles") y se adentra "en el corazón
anhelante" ("Calle desconocida", v. 16); aquélla "tironea", "entra a saco" y
"desalma": "Yo atravieso las calles desalmado / por la insolencia de las
luces falsas". El fuerte contraste entre una calle y otra parece, sin
embargo, sólo el ardid de un plan estético bien definido, porque Borges
52
establece claramente los límites de la creación verbal frente a la mutable
realidad concreta:
La ciudad está en mí como un poema
que aún no he logrado detener en palabras.
A un lado hay la excepción de algunos versos
y al otro, arrinconándolos,
5 la vida se adelanta sobre el tiempo
.........................
¿Para qué esta porfía
de clavar con dolor un claro verso
de pie como una lanza sobre el tiempo
si mi calle, mi casa,
15 desdeñosas de plácemes verbales,
me gritarán su novedad mañana?
("Vanilocuencia")
Borges no sólo toma distancia de quienes comparten su gusto por la
ciudad, si bien con las acotaciones pertinentes, sino de quienes dominan
la escena literaria del momento:
esta época, cuya lírica suele desleírse en casi-músicas de ritmo o
rebajarse a pila de baratijas vistosas. No hay odio en lo que
asevero, sino rencor justificado. Cómo no malquerer a ese escritor
que reza atropelladamente palabras sin paladear el escondido
asombro que albergan, y a ese otro que, abrillantador de
endebleces, abarrota su escritura de oro y de joyas, abatiendo con
tanta luminaria nuestros pobres versos opacos, sólo alumbrados
por el resplandor indigente de los ocasos de suburbio ("A quien
leyere").
Nuevamente por oposición, Borges se autodefine mientras declara su
"rencor justificado" contra las tendencias dominantes en la lírica
argentina: la que suele "desleírse en casi-músicas de ritmo" y la que se
rebaja "a pila de baratijas vistosas"; una correspondería al "escritor que
reza atropelladamente palabras sin paladear el escondido asombro que
53
albergan" y otra al "abrillantador de endebleces, [que] abarrota su
escritura de oro y joyas". La idea de construir una estética por medio de
tensiones entre lo que él hace y lo que hacen los demás recuerda el tono de
sus andanzas ultraístas, de donde precisamente Borges retoma el blanco
de sus ataques en Fervor: sencillismo (o anecdotismo) y modernismo (o
rubenianismo).
Aunque algunos críticos sólo han visto en esta cita una declaración
de principios frente a la estética modernista,61 pienso que los sencillistas
también se hallan aludidos por las siguientes razones: porque a pesar de
que no hay una referencia directa a una ni a otra tendencia, es claro que
son dos sus blancos y no uno, como lo confirma el paralelismo entre dos
tipos de lírica y dos tipos de escritores en el fragmento citado; también
porque en varias ocasiones Borges pone a sencillistas y rubenianos en el
mismo cajón: "Mientras tanto los demás líricos, aquellos que no ostentan
el tatuaje azul rubeniano, ejercen un anecdotismo gárrulo, i fomentan
penas rimables que barnizadas de visualidades oportunas venderán
después con un gesto de amaestrada sencillez i de espontaneidad
prevista".62 Y en otro texto igualmente combativo: "Antes de comenzar la
61 Como el caso de Rafael Olea Franco, quien por cierto analiza
abundantemente las observaciones de Borges sobre Darío, en particular, y
los modernistas, en general (op. cit., p. 126). Coincido con él en que esta
declaración es esencial en la estética del primer Borges, pues constituye
"la simiente de una poética distinta".
62 "Proclama", Prisma, 1921, núm. 1, en Textos recobrados, p. 122.
Cabe destacar que este manifiesto fue firmado colectivamente, pero la
coherencia con las ideas borgeanas al respecto permiten descubrir a su
principal ejecutor.
54
explicación de la novísima estética, conviene desentrañar la hechura del
rubenianismo y anecdotismo vigentes, que los poetas ultraístas nos
proponemos llevar de calles y abolir".63 Esta pareja de contrincantes en la
disputa por el espacio literario aparece mejor delineada en el primer
artículo que Borges publicó a su regreso de Europa; del rubenianismo
expresa:
El rubenianismo se ha estancado en una especie de juego de
palabras que baraja las sempiternas naderías ornamentales del
cisne, la fronda, la lira y los pajes, o, cuando es helénico en vez de
versallesco, reemplaza a estos últimos con las hamadriadas o con el
dios bicorne. Otros lo hacen orientalista y entretejen los
crisoberilos, las palmeras, las alcatifas y las cimitarras; sin
olvidarse por supuesto de los siete pecados capitales y del
socorridísimo adjetivo "azul". Muy característico de la peculiar
impotencia de esta casta es su afán mitológico...64
La crítica dirigida contra los sencillistas no puede ser más
despectiva:
¿Y los demás, los susodichos poetas sencillistas que han
despreciado los retablos del novecientos? Éstos tienen también sus
trampantojos y han ahorcado la lírica en un confesionalismo
indecoroso y gesticulante, o en una serie de pueriles anécdotas.
Ellos son los que injertan conscientemente sus frases más
ingenuas justo al final de sus poemas y creen ayudar a la creación
de una poesía recta y verídica cuando escriben. "Negrita es una
criatura / de veinte años argentina". Semejante lenguaje es el de la
conversación, y es sabido que en ella hilvanamos los vocablos de
cualquier modo y empleamos con generosa vaguedad los guarismos
verbales...
Y en novecentistas y sencillistas, la música del verso —ese
aglutinante que valoriza con tanta exorbitancia Manuel Machado—
es el beleño que amodorra al lector y, en su vaivén de hamaca, le
venda los ojos ante el absoluto nihilismo, ante la vaciedad plenaria
de las zarandajas con que engaritan su intelecto (ibid., p. 110).
63"Ultraísmo", Nosotros, 1921, núm. 151, p. 466.
64"Ultraísmo", El Diario Español, 23/oct/1921, en Textos recobrados,
pp. 109-110.
55
Quise reproducir estas largas citas porque permiten ver cómo Borges
sitúa en un mismo plano a rubenianos y sencillistas. El principal motivo
de sendos ataques radica en el lenguaje: en ambos casos denuncia el
retoricismo,65 y más aún los procedimientos gastados del modernismo, la
“automatización”, como la llamaban los formalistas rusos:
La belleza rubeniana es ya cosa madurada y colmada, semejante a
la belleza de un lienzo antiguo, cumplida y eficaz en la limitación de
sus métodos y en nuestra aquiescencia al dejarnos herir por sus
previstos recursos; pero por eso mismo, es una cosa acabada,
concluida, anonadada. Ya sabemos que manejando palabras
crepusculares, apuntaciones de colores y evocaciones versallescas o
helénicas, se logran determinados efectos, y es porfía desatinada e
inútil seguir haciendo eternamente la prueba.66
En este caso sorprende la agudeza de Borges respecto de un tema
que por esos años preocupa a los teóricos de la literatura: la
desautomatización como eje poético. Aunque no aparecen mencionados,
los verdaderos objetivos de Borges eran Baldomero Fernández Moreno y
Leopoldo Lugones, con quienes estableció una relación ambigua durante la
década del veinte: por ejemplo, en 1921 marca una distancia insalvable
65 Por ejemplo, de los sencillistas señala que su miedo a la retórica
los empuja "a otra clase de retórica vergonzante, tan postiza y deliberada
como la jerigonza académica, o las palabrejas en lunfardo que
desparraman por cualquier obra nacional, para crear el ambiente"
("Ultraísmo", Nosotros, 1921, núm. 151, p. 467). Éste será el mismo
pecado que en 1924 imputará a los ultraístas: "he comprendido que sin
quererlo hemos incurrido en otra retórica, tan vinculada como las antiguas
al prestigio verbal" (Inquisiciones, p. 97).
66 Inquisiciones, p. 126, subrayado mío. En otro texto de la misma
época propone "desanquilosar el arte" y “erradicar las flacas ñoñerías i
trampas antiquísimas. Nuestro arte quiere superar esas martingalas de
siempre y descubrir facetas insospechadas al mundo" ("Proclama", en
Textos recobrados, p. 123).
56
con Fernández Moreno:67 "Sencillez, ingenuidad, naturalidad,
dulcedumbre: he aquí el vocabulario en el cual invariablemente reinciden
los definidores de la obra de Fernández Moreno", y denuncia su
"confesionalismo anecdótico y gesticulante o una reedificación trabajosa de
estados de alma pretéritos".68 Años más tarde, Borges encomiará la obra
de Fernández Moreno y lo colocará sobre el mismo Carriego.69
Lugones resulta un personaje medular en la vida literaria del primer
Borges. Con él también mantiene una filiación ambivalente: en un
principio, Borges cita continuamente a Lugones en su correspondencia,
donde relata a Sureda la manera en que Lugones aprueba Prisma (cf.
Cartas, 214). Por supuesto que hay una suerte de ironía, pues se trata del
“mayor taita literario”, no del mejor poeta u hombre de letras. Y en una
entrevista de mayo de 1923 cuenta a Lugones entre "los santos de [su]
67 Por cierto, una de las primeras noticias que Borges da a conocer a
Jacobo Sureda después de su regreso a Buenos Aires tiene que ver con el
sencillismo: "Los poetas argentinos son pésimos, les da por el sencillismo y
hacen unos versitos mansos sobre los niños y las vacas y el lago Nahuel-
Huapi..." (Cartas del fervor, abr/1921, p. 196). Esto quiere decir que sólo
después de marzo de 1921 Borges perfiló una nueva posición estética en
contraste con la lírica vigente en su país.
68 "La lírica argentina contemporánea", Cosmópolis, 1921, núm. 36,
en Textos recobrados, p. 138.
69 "El diez y siete, Fernández Moreno publicó <<Ciudad>>: íntegra
posesión de Buenos Aires en la poesía. Un Buenos Aires padecido y
sentido vive en sus lacónicos versos, un Buenos Aires que le pesa al poeta
con incausabilidad derecha de rumbos, un Buenos Aires en que hasta el
cielo está amenazado. Su visión no está vinculada a lo tradicional como la
de Carriego: es realidad de vida, hecha directamente realidad de arte. Su
libro es íntegra conquista. Es libro desganado, varonil, orgulloso, tal vez
perfecto" ("La presencia de Buenos Aires en la poesía", La Prensa,
11/jul/1926, en Textos recobrados, p. 253).
57
devoción".70 Pero luego vendrá una serie de agresiones de manera
explícita: lo llamará autor del Nulario sentimental71 y en un romance
paródico, "Don Leogoldo Lupones".72
Otra dura referencia contra Lugones aparece en El tamaño de mi
esperanza, cuando Borges reseña el Romancero (1924), cuyo recuento
ofrezco enseguida: "Muy casi nadie, muy frangollón, muy ripioso, se nos
evidencia don Leopoldo Lugones en este libro, pero eso último es lo de
menos". En este momento Borges se percata de que el modernismo tan
vilipendiado sigue vigente todavía, si bien pronosticaba su acabamiento en
1921: "La tribu de Rubén Darío aún está vivita y coleando como luna
nueva en pileta y este Romancero es la prueba de ello. Prueba irreparable y
penosa". No es todo, sin embargo, ya que Borges cierra su reseña
lapidariamente:
Hoy, ya bien arrimado a la gloria y ya en el descanso del tesonero
ejercicio de ser un genio permanente, ha querido hablar en voz
propia y se la hemos escuchado en el Romancero y nos ha dicho su
nadería. ¡Qué vergüenza para sus fieles, qué humillación!73
70 "Encuesta sobre la nueva generación argentina", Nosotros, 17
(1923), núm. 168, p. 16.
71 "De la dirección de Proa", Nosotros, 1925, núm. 191, en Textos
recobrados, p. 207.
72 Se trata de un poema escrito colectivamente, firmado Mar-Bor-
Vall-Men, cuyos últimos versos rezan: "Dijo el Caballero a Borges: / —¡Qué
malo es el <<Roman-Cero>>/De Don Leogoldo Lupones" ("Romancillo,
cuasi romance del <<Roman-Cero>> a la izquierda", Martín Fierro, 1926,
núms. 30-31).
73 J. L. Borges, El tamaño de mi esperanza, pp. 102-106. Ocurre, sin
duda, lo que menciona Olea Franco acerca de la contradictoria relación
Borges-Lugones, que no se queda únicamente en el plano literario: "Por un
lado, Lugones simboliza al maestro y padre de la poesía argentina a quien
se admira, pero, por otro, a quien se debe denostar y tirar del trono para
poder escribir en forma libre y autónoma; en otras palabras, es el rey a
58
Esta posición contrasta con la que Borges expresaría en 1937, donde
confiesa la influencia de Lugones sobre su generación, y con la dedicatoria
de El hacedor (1960), un verdadero homenaje al otrora vilipendiado
maestro.74
La oscilación del gusto borgeano responde, me parece, a dos
motivos: primero a que Borges es un agudo lector cuya perspicacia puede
reconocer un verso logrado, pero también las deficiencias del libro que lo
contiene ("Un verso puede ser muy bello, pero nunca un libro de versos"),75
como lo muestran las diversas reseñas de los años veinte; luego a que se
halla buscando una expresión eficaz y la mejor manera de formarse un
juicio acorde con sus aspiraciones estéticas. De esta sucinta revisión,
puede deducirse que Borges no siempre se refiere a Lugones como poeta,
pues en ocasiones critica el papel que el autor del Lunario ocupa en el
establishment literario; mediante este recurso, Borges asume una doble
perspectiva respecto de un literato, como lo hará con Cervantes, Joyce o
Shakespeare, cuyo mayor mérito consistiría no en haber escrito obras
maestras, sino en representar un modo particular de hacer literatura.
quien hay que derrocar para obtener el poder —poder intelectual en este
caso" (op. cit., p. 122).
74 Véase "Las nuevas generaciones literarias", El Hogar,
26/feb/1937, en Textos cautivos, pp. 97-100.
75 "Crítica del paisaje", Cosmópolis, oct/1921, núm. 34, en Textos
recobrados, p. 101.
59
60
1. 1. 4. En defensa de la poesía confesional
Sorprende que, en "A quien leyere", Borges oponga a la lírica modernista el
confesionalismo (tan criticado por él durante su militancia ultraísta) como
rasgo característico de su poesía: "A la lírica decorativamente visual y
lustrosa que nos legó don Luis de Góngora por medio de su albacea
Rubén, quise oponer otra, meditabunda, hecha de aventuras
espirituales".76 La "lirastenia" antes calificada negativamente adquiere el
estatuto de "profesión de fe" en Fervor.77
76 Borges expresa en diferentes momentos la familiaridad entre
gongorismo y modernismo, como en la "Proclama": "Los poetas sólo se
ocupan de cambiar de sitio los cachivaches ornamentales que los
rubenianos heredaron de Góngora" (Textos recobrados, p. 122). Además,
Luis de Góngora es, junto con Rubén Darío, el blanco preferido del joven
Borges; entre las críticas más notables está la de "Menoscabo y grandeza
de Quevedo", donde dedica unas líneas a Góngora (Inquisiciones, p. 48); en
El tamaño de mi esperanza incluye "Examen de un soneto de Góngora" (pp.
111-116) y en El idioma de los argentinos, "Para el centenario de Góngora"
(pp. 109-110); en este último texto dice que Góngora es símbolo "de esa
melodiosa y perfecta no literatura que he repudiado siempre". Para 1972,
Borges corregirá sus apreciaciones tanto respecto de Góngora cuanto de
Darío: "Es curioso: en aquella época, yo creía que Lugones era superior a
Darío, y que Quevedo era superior a Góngora. Y ahora Góngora y Darío me
parecen muy superiores a Quevedo y Lugones" (véase: Fernando
Sorrentino, Siete conversaciones con Jorge Luis Borges, El Ateneo, Buenos
Aires, 1996, p. 194).
77 Pueden traerse a colación las negativas declaraciones de Borges al
respecto: "Lo bello es lo espontáneo, lo que carece de últimos planos
declamatorios o egocéntricos" ("Crítica del paisaje", en Textos recobrados,
p. 121); "El ultraísmo viene a conjurar toda esa lirastenia. No es
autobiográfico. No es individualista. Es un arte aquilatado, sobrio,
esquemático, que allende las martingalas mezquinas de preparar efectos y
las baratas victorias conseguidas mediante el despilfarro de palabras
auroleadas o extrañas tiende a enunciar, sencilla y fácilmente, las
intuiciones líricas" ("Ultraísmo", El Diario Español, en Textos recobrados, p.
110); "Todos viven en su autobiografía, todos creen en su personalidad,
61
Sir Thomas Browne78 aporta las razones de este cambio que, al final,
contribuirá a definir una nueva posición estética: "Mi vida es un milagro
que antes avecíndase a la poesía que a la historia" ("A quien leyere").
Profesión de fe que alcanza su clímax en El tamaño de mi esperanza: "Éste
es mi postulado: toda literatura es autobiográfica, finalmente. Todo es
poético en cuanto nos confiesa un destino, en cuanto nos da un vislumbre
de él".79 De esta manera el confesionalismo biográfico toma carta de
aceptación en la estética borgeana.
esa mescolanza de percepciones entreveradas de salpicaduras de citas, de
admiraciones provocadas i puntiaguda lirastenia. Todos tienden a la
enciclopedia, a los aniversarios i a los volúmenes tupidos" ("Proclama", en
Textos recobrados, p. 123).
78 Sobre Browne, Borges comentará al final de su vida: "Cuando
empecé a escribir […] intenté ser un escritor español del siglo XVII con
cierto conocimiento del latín [...] Yo me considero un escritor español del
siglo XVII, y mi intento de ser Sir Thomas Browne en español fracasó por
completo" (Arte poética, p. 234). En Inquisiciones incluye "Sir Thomas
Browne" (pp. 33-41). Además en "Tlön Uqbar Orbis Tertius", hay un
personaje que traduce el Urn Burial de Browne.
79 El tamaño de mi esperanza, p. 146. Páginas adelante confirmará
su posición: "He declarado ya que toda poesía es plena confesión de un yo,
de un carácter, de una aventura humana" (p. 152).
62
1. 1. 5. Disquisiciones sobre la forma y el lenguaje
Enseguida, Borges declara su preferencia por el verso libre practicado por
Heine,80 aunque con "algunas diferencias formales": "la inequivocabilidad y
certeza de la pronunciación española, junto con su caterva de vocales, no
sufren se haga en ella verso absolutamente libre y exigen el empleo de
asonancias. La tradición oral, además que posee en nosotros el
endecasílabo, me hizo abundar en versos de esa medida" ("A quien leyere").
Sobre la monotonía a que orillan las vocales del español, Borges reitera su
opinión en 1928: "Esa su misma sonoridad (vale decir: ese predominio
molesto de las vocales, que por ser pocas, cansan) lo hace [al español]
sermonero y enfático" (El idioma, 183). Es más, el endecasílabo resulta tan
abundante que no sólo se encuentra combinado con versos de otras
medidas, sino que hay tiradas completas en la edición princeps de Fervor,
como se muestra en los siguientes ejemplos:
En combinación con otros tipos de verso:
25 íntimo y entrañable
era el milagro de la calle clara
y sólo después
entendí que aquel lugar era extraño,
que es toda casa un candelabro
30 donde arden con aislada llama las vidas,
que todo inmeditado paso nuestro
camina sobre Gólgotas ajenos.
(“Calle desconocida”)
80 En su autobiografía, el poeta argentino dice que se procuró un
ejemplar de Lyrisches Intermezzo (1822-1823) después de fracasar en la
lectura de Kant. Sin embargo, Die Nordsee es el que más se relaciona con
Fervor, porque está escrito en verso libre; aquél sigue un verso regular.
63
Serie de endecasílabos:
El ocaso arrasado
que se acurruca tras los arrabales
10 es escarnio de sombras despeñadas.
Yo atravieso las calles desalmado
por la insolencia de las luces falsas
y es tu recuerdo como un ascua viva
(“Ciudad”)
Después de revisado el poemario para la edición de Obra poética, en
1954, casi un 24 por ciento de los versos conservados eran endecasílabos,
y entre éstos y los de siete y doce sílabas hacían casi un 50 por ciento de
los 850 versos a los que se redujeron los más de mil de la edición de
1923.81
Respecto del verso libre en Fervor, puede decirse que se trata de un
resabio vanguardista, pero también de una convicción sobre el carácter
"clásico" del verso libre que Borges defiende años después: "Debo aclarar,
sin embargo, que el verso libre me parece menos extravagante, menos
inexplicable, más virtualmente clásico, que los estrafalarios rigores
numéricos del soneto".82 En la defensa del verso libre, sin embargo, ya se
le había adelantado Leopoldo Lugones en el prefacio del Lunario
81 Cf. Eduardo López Morales, art. cit., pp. 63-64.
82 "Página sobre la lírica de hoy", Nosotros, 1927, núms. 219-220, en
Textos recobrados, p. 314. Sin embargo la percepción de Borges cambiará
al final de su vida: "Por ejemplo, yo empecé, como la mayoría de los
jóvenes, creyendo que el verso libre era más fácil que las formas sujetas a
reglas. Hoy estoy casi seguro de que el verso libre es mucho más difícil que
las formas medidas y clásicas". Las formas clásicas tienen sobre el verso
libre varias ventajas porque, según Borges, es más fácil seguir un modelo
de rimas, asonancias, aliteraciones, sílabas largas y breves, y después
“sólo repetirlo” (Arte poética, pp. 132-133).
64
sentimental (1909): "Debo también una palabra a los literatos, con motivo
del verso libre que uso aquí en abundancia. El verso libre quiere decir,
como su nombre lo indica, una cosa sencilla y grande: la conquista de una
libertad".83 Hay composiciones en Fervor que no están hechas en verso
libre, sino que asemejan una serie de versículos ("Judería") o se
emparientan con el poema en prosa ("La llama").
Además, lo que extraña a primera vista es que Borges incluya el
endecasílabo en la "tradición oral", hecho que uno de sus primeros críticos
no advirtió, sino que justificó:
Su verso tiene algo clásico también [...] Relacionando las
poesías del Fervor de Buenos Aires con la versificación tradicional
española [...] veremos que, efectivamente, el endecasílabo aparece
informando estas poesías, no sólo de manera ocasional sino de
manera más íntima.
El problema del verso libre en castellano es distinto del que
se plantea, por ejemplo, en francés. El endecasílabo lo rige.84
No es lo mismo "tradición oral" que "versificación tradicional",
porque si bien el endecasílabo fue asimilado en la tradición hispánica
desde el Siglo de Oro, el pie básico de aquélla es el octosílabo.85
A mi juicio, este pasaje puede leerse como un guiño irónico del joven
Borges, pues no hay otra época en que sus lecturas sobre la literatura
83 Gleizer, Buenos Aires, 2ª ed., 1926, p. 9.
84 Enrique Díez Canedo, "Fervor de Buenos Aires", en Jorge Luis
Borges, ed. de Jaime Alazraki, Taurus, Madrid, 1987, p. 22. Tampoco
Cansinos Assens se percató de la incongruencia de esta afirmación, a
pesar de que reproduce el pasaje comentado ("Jorge Luis Borges", en ibid.,
p. 36).
85 En el Lunario, Lugones también hace referencia al endecasílabo y
el octosílabo y los denomina "nuestros versos clásicos", pero no establece
diferencia alguna entre tradición "oral" y tradición "culta" (p. 11).
65
hispánica fueran tan agudas e informadas (si bien regidas por la
iconoclasia), como lo confirman diversos ensayos sobre autores del Siglo de
Oro, además de comentarios como el siguiente: "La famosa disputa entre
los petrarquistas y los partidarios del octosílabo rige aún entre nosotros y,
pese a los historiadores, el verdadero triunfador es Cristóbal del Castillejo
y no Garcilaso. Aludo a la lírica popular, cuyos profundos predios no ha
devuelto hasta hoy eco alguno de la metrificación de Boscán" (El tamaño,
71). Ésta, en un caso extremo, bien puede considerarse una justificación
retrospectiva de la equivocación deliberada de "A quien leyere".86 No
obstante los datos de López Morales, considero que el predominio del
endecasílabo en Fervor apenas es perceptible, porque alterna con versos de
medidas semejantes o compatibles con él, como se observa en "La vuelta":
Después de muchos años de ausencia
busqué la casa primordial de la infancia
y aún persevera forastero su ámbito.
Mis manos han tanteado los árboles
5 como quien besa a un durmiente
y he copiado andanzas de antaño
como quien practica un verso olvidado
y advertí al desparramarse la tarde
la frágil luna nueva
10 que se arrimó al amparo benigno
de la palmera pródiga de hojas excelsas,
como avecilla que a la nidada se acoge.
¡Qué caterva de cielos
86 Además, por una carta dirigida a Abramowicz en marzo de 1920,
se deduce que Borges conocía bien las formas clásicas de versificación y
hasta se atreve a escribir un soneto en alejandrinos, aun antes de la
publicación de Fervor: "Te adjunto un soneto clásico perpetrado —¡oh
crimen inconfesable!— por mí a modo de ejercicio y que requiere ciertas
explicaciones" (Cartas del fervor, p. 77). El soneto adjunto a la misiva es
"Pedro-Luis en Martigny".
66
vinculará entre sus paredes el patio,
15 cuánto heroico poniente
militará en la hondura de la calle
y cuánta quebradiza luna nueva
infundirá al jardín su dulcedumbre
antes que llegue a reconocerme la casa
20 y torne a ser una provincia de mi alma!
Acerca del idioma empleado en Fervor, Borges acude a la etimología,
práctica heredada de Quevedo, y a un reducido número de voces que se
avienen con sus necesidades expresivas:
Acerca del idioma poco habré de asentar. Siempre fue perseverancia
en mi pluma —no sé si venturosa o infausta— usar de los vocablos
según su primordial acepción, disciplina más ardua de lo que
suponen quienes sin lograr imágenes nuevas, fían su pensamiento
a la inconstancia de un estilo inveteradamente metafórico y
agradable con flojedad... Mi sensualidad verbal sólo abarca
determinadas palabras, lacra imputable a cuantos escritores
conozco y cuya excepción única fue don Francisco de Quevedo, que
vivió en la cuantiosa plenitud y millonaria entereza de nuestra
lengua castellana ("A quien leyere", subrayado mío).
El idioma español, como medio expresivo, fue una de las
preocupaciones más recurrentes del joven Borges, por lo que se ensañó
contra el inmenso caudal de voces registradas por el diccionario y el
reducido número de representaciones.87 Ahora bien, entre los medios para
"amillonar" el idioma propuso el uso de la etimología, ese "alarde ocasional
de escritores" (El idioma, 67):
Un goce honesto y justiciero, un poquito de asombro y un mucho
de lucidez, hay en la recta instauración de voces antiguas.
Aconsejado por los clásicos y singularmente por algunos ingleses
87En El idioma de los argentinos expresa que "la numerosidad de
representaciones es lo que importa no la de los signos" (p. 170), y más
adelante: "La gramática se alaba, creo que sin demasiada razón, de ese
surtido de desaires tan cómodo, sin reparar en que las palabras son
muchas, pero la representación es una y variable" (p. 75).
67
(en quienes fue piadosa y conmovedora el ansia de abrazar la
latinidad) me he remontado al uso primordial de muchas palabras.
Así yo he escrito perfección del sufrir, sin atenerme a la
connotación favorable que prestigia esa voz, y desalmar por quitar
alma y otras aventuritas por el estilo.88
No obstante las "aventuritas", Borges acepta subordinarse a la
gramática: "Yo he procurado, en los pormenores verbales, siempre
atenerme a la gramática (arte ilusoria que no es sino la autorizada
costumbre) y en lo esencial del léxico he imaginado algunas trazas que
tienden a ensanchar infinitamente el número de voces posibles".89 Sobre
este punto puede decirse que la restitución del sentido etimológico de las
palabras no incrementa el número de representaciones, como quería
Borges, sino lo que consideraba como el mayor problema del español: las
voces sinónimas, pues de alguna forma el significado etimológico de
alguna palabra corresponderá al de otra ya existente en el vocabulario.
Respecto del léxico limitado a "determinadas palabras", Borges
consideraba que cada generación lleva a cabo esta conquista, sujeta al
desgaste del abuso y el paso del tiempo:
Es cosa averiguada que cada generación literaria tiene sus palabras
dilectas: palabras con gualicho, palabras que encajonan
inmensidad y cuyo empleo, al escribir es un grandioso alivio para
88 El tamaño de mi esperanza, p. 41. Los otros procedimientos son la
derivación de adjetivos, verbos y adverbios de sustantivos; la separabilidad
de las preposiciones inseparables y la traslación de verbos neutros en
transitivos y a la inversa.
89 Ibid., p. 39. Por esta razón, Borges señala como principal función
de los escritores la de enriquecer el idioma: "Lo que persigo es despertarle
a cada escritor la conciencia de que el idioma apenas si está bosquejado y
de que es gloria y deber suyo (nuestro y de todos) el multiplicarlo y
variarlo. Toda consciente generación literaria lo ha comprendido así" (p.
42).
68
las imaginaciones chambonas. Enseguida se gastan y el escritor
que las ha frecuentado (el hombre avanzado, el muy
contemporáneo, el moderno) corre el albur de pasar después por un
simulador o un maniático. Eso suele convenirle: toda perfección,
hasta la perfección del mal gusto, puede ubicar a un hombre en la
fama.90
Aunque sólo se trata de un catálogo de voces al que no puede
reducirse la obra poética del joven Borges, de manera específica destacan
en Fervor, entre otras palabras que colman la "sensualidad verbal" del
poeta: "alma" (y derivados como "desalmar" o "desalmado"), los adverbios
terminados en mente ("conmovedoramente", "taciturnamente",
"familiarmente", "famosamente", "laciamente" y otros), determinados
adjetivos ("primordial", "charro", "gárrulo"), "anhelo" (y sus derivados
"anhelante" y "anhelar"), "pena", "bandera", "vihuela", "guitarra", "arrabal",
"ocaso", "altivecer", "luna", "calle". Un léxico que Borges sólo abandonará,
poco a poco, después de la publicación de Cuaderno San Martín.
90"Las dos maneras de traducir", La Prensa, 1/ag/1926, en Textos
recobrados, p. 257.
69
70
1. 1. 6. Mesura de la metáfora
En cuanto a la metáfora, Borges mantiene una relación hasta cierto punto
contradictoria: como "banderizador del ultraísmo" privilegió la metáfora
sobre otros recursos poéticos,91 como lo expone en "A quien leyere":
"Siempre fui novelero de metáforas".92 Esta afición, según Borges, tiene un
origen "clásico", porque "la tendencia a escribir en sucesión de imágenes
[...] campea en nuestros clásicos, y no sólo en poetas conscientemente
marginales y banderizos como don Luis de Góngora, sino en Calderón, en
Baltasar Gracián, y con principalísimo relieve, en Quevedo".93
El parentesco que Borges halla entre el ultraísmo y la tradición
hispánica responde a la incriminación de Manuel Machado, quien tachaba
a los ultraístas de "tendencia forastera e importada, sin raigambre
española"; poco antes, Borges pensaba precisamente lo contrario, como
refiere a Sureda el 15 de diciembre de 1920: "La metáfora clásica fue ante
91 El primer postulado de la estética ultraísta según Borges propone
la "reducción de la lírica a su elemento primordial: la metáfora"
(“Ultraísmo”, Nosotros, 1921, núm. 151, p. 468). Y en la "Proclama"
(Prisma, 1921, núm. 1) del mismo año: "Hemos sintetizado la poesía en su
elemento primordial: la metáfora, a la que concedemos una máxima
independencia" (en Textos recobrados, p. 123).
92 Éste es otro nexo claro con Lugones, quien más de diez años antes
había expresado que "el verso vive de la metáfora", por lo que "hallar
imágenes nuevas y hermosas, expresándolas con claridad y concisión, es
enriquecer el idioma, renovándolo a la vez" (op. cit., p. 8).
93 "Ultraísmo", El Diario Español, en Textos recobrados, p. 108.
Además añade: "Por paradójico que parezca, es lícito afirmar que el
ultraísmo, al instaurar la imagen como centro nuclear del organismo lírico
y devolverle su primordial preeminencia se ve animado por un espíritu
netamente castizo. (Y hasta escribiría <<clásico>> si no fuera por la
ambigüedad que tal vocablo acarrea)" (p. 109).
71
todo romántica o meramente visual (<<el sol poniente: cadáver de oro en
ataúd de sombras>>, Quevedo...). La metáfora expresionista debe ser
dinámica, en consonancia con el supuesto ritmo occidentalista o yankee
que nos empuja. (<<Ya grita el sol>>-J. L. B.)" (Cartas, 184).
En Fervor, varios poemas están hechos por enfilamiento de
imágenes, como "Alba desdibujada":
Se apagaron los barcos
en el agua cuadrada de la dársena.
Las periódicas grúas relajan sus tendones.
Los mástiles se embotan en el cielo playo.
5 Una sirena ahogada pulsa en vano
las cuerdas de la distancia.
La ceniza de adioses aventados
va agostando el paraje
y es un pañuelo en despedida
10 la gaviota que pasa
rozando con las alas
las hachas de las proas que talan la foresta de los mares.
En previsto milagro
la aurora despeñada
15 rodará de alma en alma.
En "Sala vacía" la serie de metáforas es tan profusa que resulta casi
imposible reconstruir una imagen con claridad:
La actualidad constante
convincente y sanguínea
aplaude en el trajín de la calle
su plenitud irrecusable
20 de apoteosis presente
mientras la luz a puñetazos
abre un boquete en los cristales
y humilla las seniles butacas
y arrincona y ahorca
25 la voz lacia
de los antepasados.
72
Al final, Borges abjurará de este privilegio injustificado, pues "la
metáfora es una de tantas habilidades retóricas para conseguir énfasis. No
sé por qué razón ha de ser puesta sobre las otras"; en el mismo sitio niega
el carácter poético de la metáfora ("creo que la metáfora no es poética; es
más bien pospoética") y finca su valor en la eficacia lograda (que la "hace
funcionar o fallar") antes que en la invención de metáforas inéditas:94
La más lisonjeada equivocación de nuestra poesía es la de suponer
que la invención de ocurrencias y de metáforas es tarea
fundamental del poeta y que por ellas debe medirse su valimiento.
Desde luego confieso mi culpabilidad en la difusión de ese error. No
quiero dragonear de hijo pródigo [...] Ayer he manejado los
argumentos que la privilegian, he sido encantado por ellos; hoy
quiero manifestar su inseguridad, su alma de tal vez y quien sabe.95
Lo que puede derivarse de este pasaje de "A quien leyere" es el
tránsito entre el privilegio exacerbado de la metáfora y la renuncia a este
recurso como único método para hacer poesía. El debilitamiento de una
estética basada en la metáfora desembocará, años más tarde, no sólo en el
descrédito del recurso, sino en la autonegación. Borges, sin duda, es
consciente de que no puede seguir por los caminos del ultra y se anticipa a
sus posibles detractores: "Esto —que ha de parecer axioma desabrido al
lector— será blasfemia para muchos compañeros sectarios".
94 Borges confirmará estas ideas en otro ensayo: "Yo insinuaría —
contra los contemporáneos, contra los antiguos, contra mis certidumbres
de ayer— que la cuestión no es de orden estético [...] la metáfora no es
poética por ser metáfora, sino por la expresión alcanzada" ("El
culteranismo", La Prensa, 17/ene/1927, en El idioma de los argentinos, p.
69).
95 "La metáfora", La Prensa, 31/oct/1926, en El idioma de los
argentinos, pp. 55-59. Cambia de nombre: "Otra vez la metáfora".
73
Aquí solamente he tratado de hacer una lectura textual del prólogo
de Fervor, pero considero pertinente acercarse a los estudiosos que me
precedieron en el estudio de la teoría y la práctica de la retórica borgeana a
lo largo de su vida, pues fue ésta una preocupación que manifiesta como
ultraísta, sui generis si se quiere, y cruza sus escritos de madurez. Entre
ellos destaca Allen Phillips, quien lleva a cabo el primer intento por
sistematizar los papeles dispersos que Borges publicó entre 1921 y 1960,
desde los manifiestos ultraístas hasta la Antología personal;96 luego vienen
Zunilda Gertel y Saúl Yurkievich con sendos estudios sobre la metáfora y
Borges, donde escudriñan no sólo los textos borgeanos, sino la lógica
interna entre los materiales estudiados;97 finalmente, Martha Lilia Tenorio
ha dedicado dos trabajos a dilucidar el carácter epistemológico, más que
retórico, de la metáfora en la estética borgeana, en sus palabras: “la
metáfora en Borges, además de ser un artificio estilístico, es un
instrumento de conocimiento”.98 Interpretación esta última, sin duda,
reveladora, pues más que parafrasear los textos borgeanos, Tenorio
96 Phillips, Allen W., “Borges y su concepto de la metáfora”,
Movimientos literarios de vanguardia en Iberoamérica, Universidad de
Texas, 1965, pp. 41-51.
97 “La metáfora en la estética de Borges”, en Jorge Luis Borges, ed. de
Jaime Alazraki, Taurus, Madrid, 1987, pp. 92-100 y “Metaforicé con
fervor”, Río de La Plata, 1986, núms. 4-6, pp. 89-104, respectivamente.
98“Primeras inquisiciones. Teoría y práctica de la metáfora en el
primer Borges”, en Reflexiones lingüísticas y literarias, t. 2, ed. de Rafael
Olea Franco y James Valender, El Colegio de México, México, 1992, pp.
207-224; “Más inquisiciones. Borges y su concepto de la metáfora”,
Iberoamericana, 1993, núms. 51-52, pp. 21-37.
74
descubre el motor de la metáfora borgeana, en la teoría y en la práctica de
una vida dedicada a la literatura.
75
76
1. 1. 7. El autor como lector
A modo de colofón, Borges incluye una reflexión que podría considerarse
fundamental en su poética de madurez:
Si en las siguientes páginas hay algún verso logrado, perdóneme
el lector el atrevimiento de haberlo compuesto yo antes que él.
Todos somos unos; poco difieren nuestras naderías, y tanto
influyen en las almas las circunstancias, que es casi una
casualidad esto de ser tú el leyente y yo el escribidor —el
desconfiado y fervoroso escribidor— de mis versos ("A quien
leyere").
Se trata del único fragmento que Borges conservó, aunque reescrito,
en las subsecuentes ediciones de Fervor, quizá porque es la parte menos
polémica del prefacio y la que guarda menos relación con el contexto de la
producción del poemario. Por el contrario, el resto de "A quien leyere" está
plenamente enmarcado dentro de la evolución estética de Borges.
77
78
1. 2. Los estilos de un poeta en busca de estilo
Respecto del primer libro de Jorge Luis Borges, la crítica parece haber
tomado una doble vertiente interpretativa: hay quienes, por una parte,
buscan reducir Fervor de Buenos Aires a un común denominador y
quienes, por otra, ven lo heterogéneo del volumen. El hecho de que no
todos los poemas tengan como referencia inmediata la ciudad natal,
Buenos Aires, además de que es posible identificar temas, formas y estilos
varios, obliga a un análisis textual que permita ver los matices de un libro
que, desde su propia concepción, tuvo fuentes de índole diversa: hay
poemas hechos con versos recortados de poemas publicados previamente
(la primera estrofa de “Campos atardecidos”), poemas publicados y
reescritos para la edición de Fervor (entre otros, “Sala vacía” y
“Llamarada”), poemas que se aglutinan para formar uno nuevo (“Campos
atardecidos” y “Atardeceres”), poemas con versos entresacados de una
prosa previa (“Las calles” y “Cercanías”), poemas cuyo manuscrito se
remonta a la adolescencia del poeta (“Remordimiento por cualquier
defunción” e “Inscripción en cualquier sepulcro”) y, por último, poemas
79
escritos ex profeso para este libro inaugural (v. g. “La Recoleta” o “El
Jardín Botánico”).99
Cuando en literatura se parte de una visión uniformadora, con la
intención de hacer tabla rasa de un material en esencia polisémico,
generalmente se llega a callejones sin salida; lo que urge en estos casos es
la demostración de una tesis y, en ese afán, se pierde el detalle o, bien, se
ajusta el texto a una camisa de fuerza de la que siempre quedarán cintas
sin anudar; por ejemplo, Rodolfo A. Borello aplica una fórmula para
explicar Fervor; según él, el criollismo que Borges defenderá abiertamente
desde El tamaño de mi esperanza (1926) y luego en El idioma de los
argentinos (1928) puede identificarse en buena parte de Fervor. Además
pierde de vista que en Borges el criollismo es una construcción paulatina
que abarca temas, formas, lenguaje, entre otras cosas.
Borello avanza en su trabajo por dicotomías, entre las que destaca la
del localismo vs. el cosmopolitismo: “El libro constaba de 38 poemas en los
que no aparecía para nada el cosmopolitismo típico de los poemas
vanguardistas”.100 Extraña la ambigua precisión con que Borello se
99 Para un recuento más detallado de este entramado de textos en
Fervor puede verse la “Introducción” y, por supuesto, el análisis
pormenorizado de las variantes y las relaciones inter e intratextuales de la
temprana producción borgeana en el Capítulo 2 de esta tesis.
100 “El anacrónico Borges de Fervor de Buenos Aires (1923)”, Río de
La Plata, 1986, núms. 4-6, p. 113. El título del artículo sugiere la
preferencia de Borges por un Buenos Aires en plena desaparición, pero no
revela, por ejemplo, que al menos once textos de la etapa ultraísta de
Borges se hallan distribuidos en ocho poemas de Fervor, por señalar
mínimamente cómo la generalización impide dar la justa dimensión al
80
expresa, porque nunca dice qué poemas representan el “cosmopolitismo
típico” que, por cierto, Borges no parece haber privilegiado, hasta donde he
leído, en ninguno de sus manifiestos ultraístas. Sí puede notarse una
lectura retrospectiva de Fervor: se deja llevar por lo que, a posteriori,
Borges comentará de su primer libro (vid. supra).
La dicotomía local/cosmopolita que rige el trabajo de Borello lo
induce a tildar de “costumbrista” este libro primerizo de Borges, y sus
conclusiones tampoco escapan a la visión reductora de la tesis general:
Cuatro aspectos entonces deben ser señalados en este libro:
rechazo absoluto de las fórmulas ultraístas; adelanto —ya
definitivo— de temas que se ampliarán y reiterarán en la obra
futura; valor biográfico de ciertos poemas; la estructura y la
reiteración anecdótica de varios poemas adelantan la forma y hasta
los motivos que darán origen a cuentos más tarde famosos del
mismo Borges.101
El anacronismo que Borello achaca al Borges de Fervor deja fuera,
como mostraré más adelante, el barroquismo del poemario que puede
notarse desde la factura del prefacio, la preferencia por la etimología (como
Quevedo y Lugones), los poemas hechos por “enfilamiento de imágenes” y
las estridentes metáforas que se cuelan por momentos en este libro
criollista y costumbrista.
Otro crítico que, por ver el árbol, pierde la perspectiva del bosque es
Rodrigo Zuleta; éste comenta que en Fervor se hallan los atisbos de una
objeto de estudio. Borello también habla de 38 poemas, pero Fervor sólo se
redujo a esa cantidad en 1943, porque en 1923 constaba de 46.
101 Art. cit., pp. 118-119. Más contundente resulta la afirmación de
Borello en el penúltimo párrafo de su estudio: “En 1923 nuestro escritor
ha decidido agotar las posibilidades del criollismo, pero a la vez ha cortado
toda relación íntima con el propio ruidoso comienzo vanguardista” (p. 119).
81
poética de la humildad; pero sus argumentaciones caen por su propio
peso, pues utiliza una edición del poemario demasiado depurada, la de las
Obras completas de 1989, redición de la de 1974. Desde esta perspectiva,
Zuleta observa atinadamente la poética de “la humildad” de los sucesivos
Borges durante más de cincuenta años y, al menos, ocho intervenciones
en Fervor. Según Zuleta, “El Sur” representa la primera definición de la
“poética humilde” de Borges.102 sin embargo, se trata de un poema
anacrónico agregado a Fervor 46 años después de la primera edición, en
1969, lo mismo que “La rosa” y “Líneas que pude haber escrito y perdido
hacia 1922”, como Borges comenta a Antonio Carrizo, “para levantar un
poco este volumen”.103
Entre quienes han preferido ver la heterogeneidad de Fervor se
encuentra Luis Martínez Cuitiño. A juicio de este autor, en el libro
inaugural de Borges puede seguirse “un yo flâneur que prefiere para su
deambular la hora del atardecer, un yo filosófico que reflexiona sobre los
102 Cf. “Fervor de Buenos Aires o la poética de la humildad”,
Romanische Forschungen, 1994, núm. 106, p. 261. Después de citar “El
Sur”, Zuleta señala que lo esencial en “el poema, pues, no es lo
extraordinario ni lo novedoso, por el contrario, lo habitual que parece
haber estado siempre ahí y que ya ha sido repetido muchas veces. No se
trata de buscar lo absolutamente inédito y presuntamente auténtico sino
de ver cómo, infinitamente, se repiten muchas cosas”. El Borges maduro
no podía ya caer, por su natural pudor, en las excentricidades cuya
ausencia hace notar Zuleta.
103 Sobre “Líneas. . .” Borges expresa: “Ese poema no está en la
primera edición. Yo quise hacer un poema a la manera antigua; es un
arcaísmo deliberado. Se escribió cincuenta años después. Pero yo quise
escribir un poema a la manera antigua, para levantar un poco este
volumen. De modo que hice esa trampa. Y se lo confío a usted; ya que
nadie nos oye podemos hablar” (Borges el memorioso, FCE, México, 1997,
p. 161).
82
problemas de la metafísica, un yo histórico y mitificante que remonta el
pasado y puebla el ámbito vacío con héroes y tiranos, el yo de un poeta
que medita sobre su tarea, con un resto de ultraísmo evidente en el
‘enfilamiento de imágenes’ o en la forma y abundancia de las
metáforas”.104 Esta interpretación menos generalizante ofrece una visión
más fidedigna de Fervor, de sus múltiples planos estilísticos, ya que se
trata del análisis de “la pluralidad de egos del sujeto textual” (“Los ‘Borges’
del Fervor”, 68) y, por ello, de la heterogeneidad de la materia textual y
temática.
Me parece que el mismo Borges sugiere esta convivencia de diversos
planos estilísticos y temáticos en Fervor cuando escribe a su amigo Jacobo
Sureda, el 29 de mayo de 1922, que sigue “escribiendo el libro metafísico-
lírico-gualicheante-confesional” (Cartas, 221).
La misiva, sin embargo, sólo permite entrever una franja del espectro
temático de Fervor, es decir, algunos poemas tenían un tinte más filosófico
o amoroso o personal; también permite fijar las fechas en que el primer
libro de Borges se hallaba en gestación.
En su autobiografía, que data de 1971, Borges también recordaría
de Fervor:
era esencialmente romántico, aunque estaba escrito con un estilo
escueto y abundaba en metáforas lacónicas. Celebraba los
atardeceres, los sitios solitarios, los rincones desconocidos; se
aventuraba hasta la metafísica de Berkeley y hasta la historia
familiar; registraba primeros amores [...] Me temo que el libro fuera
un budín de pasas: había demasiadas cosas allí (Un ensayo, 57).
104 “Los ‘Borges’ del Fervor”, Letras, 1988, núms. 19-20, p. 52.
83
Además de los temas referidos, agrega el de la celebración de los
atardeceres, los espacios preferidos en sus caminatas y el de la historia
familiar. También en una entrevista con Sorrentino, Borges dirá que "en
cuanto a los temas, creo no haber cambiado [...] los temas de la
perplejidad filosófica, la idea del tiempo, la idea del carácter onírico del
mundo ya están en Fervor de Buenos Aires y están también en Elogio de la
sombra, por ejemplo" (Siete conversaciones, 69); Borges está siempre
dispuesto a aceptar la diversidad temática en Fervor, como se observa en
sus declaraciones; al mismo tiempo hace más énfasis en unos temas que
en otros, según la intención del momento.
Ahora bien, la lectura textual de Fervor permite sugerir una serie de
temas que, desde mi perspectiva, se hallan acordes con estilos específicos.
Si bien propondré una clasificación de los poemas que constituyen el
poemario, considero que no existe la mínima intención de encerrarlos en
un cajón de sastre, porque algunos pueden formar parte de dos o más
grupos temáticos. Con el análisis siguiente quiero evidenciar la pluralidad
temática, y la diversidad formal y estilística de Fervor. Así, los poemas de
este libro inaugural pueden agruparse de la manera siguiente: metafísicos,
amorosos, elegiacos, citadinos, paisajísticos, metapoéticos y misceláneos.
84
1. 2. 1. El estilo barroco de “la perplejidad filosófica”
Como dije, el mismo Borges adjetiva su primer poemario como
“metafísico”. En este caso, la influencia del padre es más que evidente,
quizá como un homenaje del joven poeta a las enseñanzas paternas o,
bien, con el afán de desautomatizar la percepción de los lectores. Los
poemas de carácter abiertamente metafísico son “La Recoleta”, “El Jardín
Botánico”, “El truco”, “Final de año”, “Remordimiento por cualquier
defunción”, “Amanecer”, “Benarés”, “Caminata” y “Alquimia”. Son tantos y
tan extensos los poemas en que la metafísica deviene el tema primordial,
que en una reseña sobre González Lanuza, de 1924, Borges lo señala como
un estigma de su primer libro: “estorba […] en mi Fervor de Buenos Aires
la duradera inquietación metafísica”.105
La mayoría de estos poemas tiene una extensión considerable: en
este grupo se hallan los más largos del poemario, como “Amanecer” y
“Caminata”, que constan de 55 y 48 versos, respectivamente, sólo
comparables con los 52 de “Sábados”. Hay, entre estos poemas de cuño
metafísico, dos que no rebasan los 15 versos (“Final de año” y
105
"E. González Lanuza. Prismas", en Inquisiciones, pp. 98-99. Esta
manera de proceder, indudablemente va a contracorriente de lo que Borges
defendía en “Anatomía de mi ultra”: “Yo —y nótese bien que hablo de
intentos y no de realizaciones colmadas— anhelo un arte que traduzca la
emoción desnuda, depurada de los adicionales datos que la preceden. Un
arte que rehuyese lo dérmico, lo metafísico y los últimos planos
egocéntricos o mordaces” (Ultra, 1921, núm. 11).
85
“Remordimiento por cualquier defunción”); los demás oscilan entre los 21 y
los 43 versos.
El juicio de Adolfo Prieto revela cuánto ruido produjo la particular
manera de asumir la filosofía como tema poético, aun en los lectores
especializados; según él, Borges sería un “pensador a mitad de camino de
poeta, [al que] le ha faltado el fuego interior que lo quemase en el logro
total de un poema” (Borges y la nueva, 66).106 A lo largo del capítulo
dedicado a la poesía de Borges, que en ese momento se limitaba a los tres
poemarios de los años veinte, Prieto señala los extremos en que se ubica la
temprana producción borgeana: por un lado, la abundancia de imágenes
desarticuladas (aunque considera algunas rescatables) y, por el otro, el
carácter reflexivo de algunos poemas,107 entre los que destacan “La
Recoleta”: “una difusa reflexión de reflexiones” y “Remordimiento por
cualquier defunción”: “El poema es una reflexión aguda comentada de
imágenes” (51-52).
Los ejemplos que el crítico utiliza para ilustrar las limitaciones del
desmañado poeta coinciden con los poemas que aquí he llamado
“metafísicos”. Acaso el énfasis en el proceso argumentativo que se aprecia
en los recursos estilísticos y en la necesidad de mostrar una idea por
medio del verso motivan esta declaración objetable, porque se enfoca sólo
106 Borges y la nueva generación, Letras Universitarias, Buenos
Aires, 1954, p. 66.
107 Dice Prieto: “Señalando la dicotomía de procedimientos seguidos
por el autor, notamos que aquellos poemas que no fueron redactados
según un conciso esquema mental, no son más que un rosario de
presuntas metáforas y laboriosas imágenes” (Ibid., p. 60).
86
en algunos aspectos y deja otros de lado, que bien podrían sugerir el
esfuerzo del poeta por dar una envoltura poética a sus disquisiciones
filosóficas:
Los versos de Borges ofrecen en buena parte los caracteres de la
prosa, condición desfavorable que se acrece con el hábito de
introducir en los poemas, giros que pertenecen por completo al
dominio de la prosa, como la formulación de definiciones, el
corolario de algún pensamiento, la explicación de un proceso; el
discurso estrictamente lógico, en suma (58).
Me parece que el análisis de Prieto atina a entrever los resortes de
uno de los estilos del joven Borges, pero carece de ecuanimidad: si bien
tiene razón en que es más común hallar definiciones, corolarios y
explicaciones en la prosa, no veo la razón para que éstos sean censurados
en la poesía; más abajo traeré a colación contraejemplos en que Borges
parece buscar un estilo acorde con su asunto; la misma extensión de los
poemas permite desarrollar una idea de manera profusa.
Por lo demás, esta característica fue manifestada por los primeros
comentaristas de Fervor; por ejemplo, Rafael de Diego apuntaba que no se
trataba de “una obra maestra” en sentido alguno, sino de una obra poética
a secas; luego agrega: “respetamos el nombre de poemas aunque debemos
declarar que tal designación no les conviene en general aunque fuere con
el agregado de poemas en prosa; gran parte son poesías traducidas en
prosa”.108
108“Letras argentinas. Verso. Fervor de Buenos Aires”, Nosotros, 173
(1923), p. 220. Al final, parece que De Diego se siente estafado: “Y esa es
en verdad la equivocación del señor Borjes [sic] y de muchos escritores
87
Por su parte, Antonio Aíta sostiene también una opinión negativa
sobre la poesía de temprana de Borges: “La poesía de Borges parece la
poesía de un licenciado de filosofía en trance de escribir versos por puro
ejercicio retórico. Carece de emoción lírica toda la obra poética de este
espíritu tan valioso”.109 Estas primeras críticas, coincidentes en algún
modo, estigmatizaron al joven poeta. Prieto, así, resulta el extremo más
lejano de la cadena.
Los estudiosos de Borges han pasado por alto que Fervor contiene
poemas deliberadamente barrocos, no obstante que Ramón Gómez de la
Serna hiciera notar esta característica en su reseña de Fervor: “un
Góngora más situado en las cosas que en la retórica retiembla en la copa
de Borges. El mundo extraño, que trepida un poco, se refleja en ese fino
cristal removido en al aparador de fino alerce”.110
El mismo Cansinos Assens apunta la tendencia barroquizante en
Fervor: “[incurre] en gongorismos de una gracia arcaica y barroca. La
modernidad exprésase en él por medio de un vehículo anticuado” (La
nueva literatura, 290). Ahora bien, para comprobar, en principio, esta
nuestros que pretenden hacernos pasar por versos algo que no debe ser
considerado bajo este carácter” (p. 221).
109 “La literatura de vanguardia”, Nosotros, 1930, núm. 251, p. 27.
Aunque no adopta la misma actitud de Aíta, Cansinos Assens definía a
Borges como “un poeta con algo de profesor y de filósofo” (La nueva
literatura, t. 3, Páez, Madrid, 1927, p. 287).
110 Revista de Occidente, 1924, núm. 10, p. 125. Gómez de la Serna
exime a Borges de un retoricismo exacerbado, pero enseguida se verá que
hay un concienzudo trabajo retórico en los poemas borgeanos de corte
metafísico.
88
afirmación nada más hay que leer unas líneas de “A quien leyere”, el
prefacio de Fervor.
Los arcaísmos léxicos y la torcida sintaxis, cuya principal
característica consiste en postergar la relación entre los constituyentes de
la oración, o el carácter amplificatorio de la subordinación de
subordinadas delatan la cercanía del joven Borges con los escritores de los
siglos XVI y XVII: la mención de fray Luis de León, Quevedo, Góngora y
Browne en “A quien leyere” no resulta en absoluto gratuita.111
En diversas oportunidades, Borges ha señalado este rasgo distintivo
de su primer libro; por ejemplo, en 1966 escribió:
En 1923 publiqué un libro injustamente famoso, llamado Fervor de
Buenos Aires. En ese libro hay una evidente discordia entre el
tema, o uno de los temas, o el fondo del libro que es la ciudad de
Buenos Aires, sobre todo algunos barrios, y el lenguaje en que yo
escribí, un español que quería parecerse al español latino de
Quevedo y de Saavedra Fajardo. Hay una discordia evidente entre
la imagen de Buenos Aires y el español latinizante de los grandes
prosistas españoles de mil seiscientos y tantos, de modo que ese
libro, para mí, es un libro que entraña un fracaso esencial.112
Y en la segunda edición de Fervor, en 1969:
He mitigado sus excesos barrocos […] Yo, por ejemplo, me propuse
demasiados fines: remedar ciertas fealdades (que me gustaban) de
Miguel de Unamuno, ser un escritor español del siglo diecisiete, ser
Macedonio Fernández, descubrir las metáforas que Lugones ya
había descubierto, cantar un Buenos Aires de casas bajas y, hacia
el poniente o hacia el sur, de quintas con verjas.113
111La mención explícita de estos autores barrocos por excelencia, así
como la de Jorge Manrique y fray Luis de Granada en “La Recoleta”, de
alguna manera, obliga a establecer un nexo estilístico o temático entre el
incipiente poeta y sus precursores, en el sentido borgeano.
112 “Poetas de Buenos Aires”, Testigo, 1966, núm. 1, en J. L. Borges,
Textos recobrados III, p. 125.
113 Fervor de Buenos Aires, 2ª ed., Buenos Aires, Emecé, 1969, p. 9.
89
A mi juicio, el barroquismo de Fervor resulta más explícito en los
poemas de tono metafísico, porque este estilo se adecua al espacio que
exige la argumentación filosófica.114
En un primer momento, analizaré los incipit de los poemas
metafísicos para desarticular un estilo que, antes que ocultar, revela la
preocupación por las “tecniquerías” que tanto fustigó Borges en los poetas
modernistas. Después, haré una lectura minuciosa de “La Recoleta” y
“Amanecer”, con el ánimo de mostrar los resortes de su reflexión poética.
En los versos iniciales de “La Recoleta” se lee:
Convencidos de caducidad
vueltos un poco irreales por el morir altivado en tanto sepulcro
irrealizados por tanta grave certidumbre de muerte,
nos demoramos en las veredas
(vv. 1-4)
Las construcciones nominales de los tres primeros versos, que
además cumplen una función anafórica, mantienen en suspenso al sujeto
gramatical que modifican: éste sólo se deduce del verbo principal,
“nosotros”. Además, el sentido intensificador de estos versos pasa por tres
momentos: primero hay un convencimiento de la caducidad, luego un
desvanecimiento del sujeto, “vueltos un poco irreales” ante “el morir
114Concuerdo, por ello, con Laura Milano y Rosa María Ravera,
quienes en un abigarrado ensayo sobre “El barroquismo borgeano”
comentan: Borges funda buena parte de su narrativa en un estilo barroco
que sólo define “en superficie pero lo utiliza en profundidad”. Se trata,
según las estudiosas, de un barroquismo no sólo de formas, sino esencial
que coincide con, por ejemplo, la semiosis ilimitada de Peirce y otras
modernas corrientes de pensamiento (en Fernando de Toro y Alfonso de
Toro, Jorge Luis Borges. Pensamiento y saber en el siglo XX, Vervuert,
Frankfurt, 1999, pp. 321-345).
90
altivado” y, finalmente, una transformación: ocurre un despojo definitivo
del yo lírico, “irrealizados”, frente a la “certidumbre de muerte”.
Estos primeros versos de “La Recoleta” pueden considerarse como
un ejemplo de correlación o, como lo denomina Dámaso Alonso, “de
pluralidad”;115 la estructura paralelística adjetivo + modificador con
preposición hace énfasis no sólo en la relación horizontal entre los versos
comentados, sino también en la vertical, es decir, se trata de un tipo
especial de pluralidad, de “hibridismo progresivo-reiterativo” (Seis calas,
53-57); además de que se nota una progresión gradual en esta reflexión
sobre la muerte, también es perceptible un solo patrón en la estructura
gramatical.
Esta acumulación de elementos que impide la aparición inmediata
del sujeto también puede observarse en el incipit de otros poemas como “El
Jardín Botánico”:
Muy lejos de nosotros
por más que nuestras manos atestigüen los troncos
los árboles que balbucean apenas el ser
sueltan en pos de lo desconocido
5 su vana lumbrerada de hojas ciegas
que en piadosa ficción arriba se abrazan
como dobladas por la combadura celeste.
115 El teórico español señala que “lo plural, en el despliegue de sus
miembros, es una de las inclinaciones constantes de la expresión literaria
de todos los pueblos y todas las épocas”, por ello propone el estudio de
“pluralidades cuyos miembros sean (o puedan ser considerados)
‘semejantes’ entre sí” (“Introducción”, en D. Alonso y Carlos Bousoño, Seis
calas en la expresión literaria española, 4ª ed., Gredos, Madrid, 1979, pp.
14-15).
91
Mediante el hipérbaton, el sujeto gramatical aparece desplazado
hasta el tercer verso; mientras que la subordinada adjetiva que modifica al
sujeto envía el verbo principal hasta el cuarto verso.
También en los primeros versos de “Remordimiento por cualquier
defunción” se aprecia una aglutinación inicial que posterga al sujeto:
Inconmensurable, abstracto, casi divino,
desbaratadas las trabaduras del ser,
el muerto ya no es un muerto: es la muerte.
(vv. 1-3)
En “Amanecer”, también un giro sintáctico desplaza al sujeto hasta
el tercer verso y el verbo al cuarto:
En la honda noche universal
que apenas contradicen los macilentos faroles
una racha perdida
ha ofendido las calles taciturnas
(vv.1-4)
El sujeto lírico prepara el escenario de su experiencia poético-
filosófica y, de esa manera, influye en la recepción del poema: primero
para atraer la atención del lector y luego, ya con la lectura en marcha,
exponer sus argumentos acerca de la muerte, el tiempo o la inconsistencia
de la realidad.
Como puede apreciarse en los primeros versos de los poemas
metafísicos, no sólo se intenta crear una expectativa en el lector, sino
introducirlo en una materia no poética mediante recursos exclusivamente
literarios, esto es, el sujeto lírico reviste los temas del tiempo o la muerte
de un lenguaje poético de la manera más natural posible; si bien esta
92
apariencia de naturalidad no demuestra más que un gran esfuerzo de
artificialidad retórica.116
El barroquismo de estos poemas, además de basarse en el
retorcimiento sintáctico que he esbozado, funciona por acumulación,
principalmente, como se deduce del uso reiterativo de las anáforas, de las
subordinadas y de los múltiples modificadores del sujeto: estos recursos
estilísticos tienen como principal objetivo preparar la recepción del poema,
al tiempo que revelan el tema.
El poeta y la muerte
“La Recoleta” remite de manera inmediata al panteón más famoso de
Buenos Aires y, por lo tanto, a la muerte. Este poema, por ello, resulta
paradigmático: en él se crea una tensión entre vida y muerte que el sujeto
lírico intenta resolver mediante la argumentación que, al final, lo lleva a
pensar en su propia condición de mortal.
Por los testimonios epistolares hoy se sabe que Borges fue un lector
fervoroso de literatura española de todos los tiempos; en sus cartas a
Abramowicz y Sureda aparecen referidos los romances medievales, San
Juan de la Cruz, Cervantes, Quevedo, Góngora, Baroja, Unamuno, Xenius
116Hay que reconocer que “muchas veces sucede que lo que parece
más natural, más espontáneo, es lo más artificioso” (Alonso,
“Introducción”, p. 18).
93
y Pérez de Ayala, entre otros.117 Es más: varios textos incluidos en sus tres
primeros libros de ensayos están dedicados a Cervantes, Góngora,
Quevedo, Torres Villarroel, Unamuno, Cansinos Assens y Jorge Manrique;
asimismo, dedica un agudo análisis del culteranismo.
Destaca entre dichos ensayos “Las Coplas de Jorge Manrique”, por
dos cosas: por una parte, porque Manrique es mencionado en el v. 9 de
“La Recoleta”, lo que sugiere una línea de lectura del poema y, por otra,
porque Borges aprovecha este ejercicio de análisis literario para filosofar
sobre diferentes formas de concebir la muerte. El ensayo inicia con una
afirmación contundente: “La más escuchada voz que verso habló de la
muerte, es la de Manrique” (El idioma, 93). Asimismo, Borges halla en las
Coplas una entonación que coincide con la de “La Recoleta”, es decir, ni en
unas ni en otro aflora el patetismo que la muerte provoca, ni dramatismo
ni sorpresa: al igual que en el poema borgeano se expresa “la forzosidad
del morir, pero nunca lo disparatado de ese acto ni el azoramiento
metafísico a que nos invita ni un esperanzarse curioso en la inmortalidad”
(El idioma, 96). Difiere, sin embargo, en una cosa: mientras para Manrique
y cualquier español la “perdurabilidad es la única forma del ser”, para
Borges “el esqueleto sobrevive a su portador, luego el esqueleto es más real
que el hombre”.118
117 Cartas del fervor, passim. Lecturas estas que el joven Borges
combinaba con las de los expresionistas alemanes, Whitman, Nietszche,
Schopenhauer, Kant y, en menor medida, de autores franceses.
118 Y para seguir con la paradoja de la muerte, agrega Borges: “Yo no
entiendo de estas divisiones jerárquicas de la realidad y no sé por qué
94
Enseguida reproduzco los versos iniciales de “La Recoleta”, con el
ánimo de ofrecer una lectura pormenorizada de este que resulta un poema
ejemplar, más que por su calidad estética, por el estilo barroco mediante el
cual Borges llega a la metafísica:
Convencidos de caducidad
vueltos un poco irreales por el morir altivado en tanto sepulcro
irrealizados por tanta grave certidumbre de muerte,
nos demoramos en las veredas
5 que apartan los panteones enfilados
cuya vanilocuencia
hecha de mármol, de rectitud y sombra interior
equivale a sentencias axiomáticas y severas
de Manrique o de Fray Luis de Granada.
Las coincidencias que presentan los incipit de los poemas de corte
metafísico, tanto en su forma cuanto en su función, también pueden
apreciarse en su desarrollo o, en otras palabras, en el proceso de la
reflexión poética. En “La Recoleta”, por ejemplo en los vv. 4-9 se nota los
rasgos estilísticos que Borges imprimió en los tres primeros versos del
poema y, más todavía, parece obstinado en literaturizar para dar un ropaje
lírico a su reflexión sobre la muerte: las “veredas” son modificadas por la
subordinada “que…” y “panteones”, a su vez, por “cuya…” y, por último,
“vanilocuencia” por “[que está] hecha…”, con lo cual el lector entra en una
especie de mise en abîme a tono con el tema del poema: la complejidad de
la reflexión metafísica tiene su reflejo en su representación formal.
razón la hora de la muerte ha de ser más verdadera que las de vivir y el
viernes y el lunes. Si todo es ilusorio, también la muerte lo es y muere su
muerte” (El idioma, pp. 97-98).
95
Asimismo, el v. 7 se trifurca: “de mármol, de rectitud y sombra
interior”; mientras los vv. 8 y 9 presentan sendas bimembraciones:
“axiomáticas y severas”, “de Manrique o de Fray Luis de Granada”.
Arcaísmo deliberado, este par de bimembraciones emparienta formalmente
el poema de Borges con la escritura barroca, al mismo tiempo que la
mención explícita de dos poetas españoles lo sitúa dentro de una tradición
lírica y dentro de un campo temático; al aludir a Jorge Manrique y fray
Luis de Granada, Borges establece un nexo explícito con la herencia
literaria hispánica: las Coplas a la muerte de su padre y la Guía de
pecadores (principalmente el capítulo II) son libros de sentencias, pues su
principal objetivo consiste en hacer consciente al hombre, primero, de su
perennidad y, luego, de la necesidad de vivir ejemplarmente para morir en
la gracia de Dios y, después de muerto, ser digno de emulación.
Luego viene lo que podría llamarse propiamente el encuentro del
sujeto lírico con la viva realidad de los muertos y la revelación de su propia
condición de mortal:
10 Hermosa es la serena decisión de las tumbas,
su arquitectura sin rodeos
y las plazuelas donde hay frescura de patio
y el aislamiento y la individuación eternales;
cada cual fue contemplador de su muerte
15 única y personal como un recuerdo.
Nos place la quietud,
equivocamos tal paz de vida con el morir
y mientras creemos anhelar el no-ser
lanzamos jaculatorias a la vida apacible.
20 Vehemente en las batallas y remansado en las losas
sólo el vivir existe.
Son aledaños suyos tiempo y espacio,
son arrabales de alma
96
son las herramientas y son las manos del alma
25 y en desbaratándose ésta,
juntamente caducan el espacio, el tiempo, el morir,
como al cesar la luz
se acalla el simulacro de los espejos
que ya la tarde fue entristeciendo.
Es notable un esquema retórico que abunda en el uso de
pluralidades, como en los vv. 10-12 en que un predicativo (“Hermosa”)
modifica triplemente, mediante el hipérbaton, “la serena decisión”, “su
arquitectura” y “las plazuelas”, que a la postre funcionan como un sujeto
compuesto cuyo tercer miembro también se trifurca con la subordinada
adjetiva “donde hay”: “frescura de patio (1) / y el aislamiento (2) y la
frescura eternales” (3); por si fuera poco, el polisíndeton confirma esta
especie de árbol lingüístico en constante crecimiento. Y para subrayar el
barroquismo, otra bimembración se halla en los vv. 14-15: “muerte /
única y personal”.
Este proceso acumulativo o expansivo, así como el tono pensativo
del sujeto lírico, hacen ver el tema de la muerte como algo neutro,
descargado de toda connotación negativa: Borges, se diría, va más allá del
dramatismo y se inclina antes por la argumentación racional que por la
efusión sentimental; es más, halla cierto encanto en la contemplación de la
muerte, como se lee en los vv. 15-35, donde el yo lírico razona la vida y la
muerte al tiempo que disfruta la placidez del cementerio; “Nos place la
quietud”, dice, y en ese estado de gozo, vida y muerte se confunden:
97
“equivocamos tal paz de vida con el morir”. El escenario lo invita a pensar
en su propia muerte, entonces:
30 Sombra sonora de los árboles,
viento rico en pájaros que sobre las ramas ondea,
alma mía que se desparrama por corazones y calles,
fuera milagro que alguna vez dejaran de ser,
milagro incomprensible, inaudito
35 aunque su presunta repetición abarque con grave horror la existencia.
La presunta repetición que abarca “con grave horror la existencia”
resulta ambigua, porque bien puede referirse a la pluralidad de los vv. 30-
32: “sombra sonora”, “viento rico” y “alma mía”; pero también a “milagro
incomprensible”; el posesivo “su”, por ello, también multiplica los
significados. Además, es pertinente anotar cómo en estos seis versos todos
los sustantivos se hallan modificados, ya por un adjetivo a secas (como en
las cuatro estructuras nominales citadas arriba), ya por una subordinada
adjetiva (como “que sobre las ramas ondea” o “que se desparrama por
corazones y calles”), hecho que Borges no vio con buenos ojos en la poesía
gongorina ni en la poesía modernista encabezada por Darío.119 Este
(ab)uso de la adjetivación en varios poemas de Fervor representa la
119 Siempre atento al artefacto retórico que es el poema, Borges
expresó en varias ocasiones su opinión al respecto, como en la reseña que
escribió sobre Andamios interiores, en 1922, donde acusa a Darío de
explotar una adjetivación puramente ornamental mientras exalta la
innovadora adjetivación de Maples Arce: “Generoso en imágenes preclaras,
el estilo de Maples Arce lo es también de adjetivos, cosa que no debemos
confundir con el charro despliegue de epítetos gesteros que usan los de la
tribu de Rubén. Ya que es a todas luces evidente que una adjetivación
laudable no ha de atenerse al prestigio de los vocablos aislados sino a la
conjunción feliz de ambas voces” (Inquisiciones, p. 122).
98
intención expresa de ramificar el pensamiento mediante la ramificación de
la sintaxis.
Sobre el desarrollo expositivo del poema, vv. 10-35, debe decirse que
despliega recursos heterogéneos que revelan una tensión constante entre
forma y contenido: v. g. los vv. 15-19, cuya deuda con el discurso en prosa
es evidente; mientras en los vv. 20-35 el trabajo retórico salta a la vista en
las estructuras bimembres y trimembres, y hasta paralelísticas, así como
en la recurrencia a la adjetivación de manera incisiva. En el primer caso,
la reflexión fluye sin trabas, por lo que el lector fija únicamente su
atención en qué se dice; pero en el segundo se ve obligado a concentrarse
en qué se dice y en cómo se dice.
El final de “La Recoleta” también parece estar sometido a la tensión
general del resto del poema entre la materia poética y su expresión;
asimismo, resulta significativa la manera en que el autor usurpa la voz del
sujeto lírico, porque no solamente pasa del plural mayestático a la primera
persona, sino que hace explícito el carácter meditativo de este texto:
Lo anterior: escuchado, leído, meditado
lo realicé en la Recoleta,
junto al propio lugar donde han de enterrarme (vv. 36-38).
La reflexión sobre la muerte, sin énfasis ni aspavientos, lleva al
poeta a sopesar su propia condición de mortal, no con resignación sino
consciente de que es apenas un eslabón en la cadena de esa “presunta
repetición” que es el género humano. Esta situación placentera también
tiene que ver con el lugar de la meditación sobre la muerte; cuando el
99
sujeto lírico entrevé su entierro en La Recoleta (“junto al propio lugar
donde han de enterrarme”), el cementerio de la aristocracia argentina,
porque la muerte, así, reafirma a una clase social determinada. La
serenidad de la meditación proviene del doble bienestar, presente y futuro.
Para el joven Borges, además, la muerte individual no afecta la vida
colectiva: cada hombre es una suerte de medio, en constante renovación,
que la especie requiere para perpetuarse, por ello el sujeto lírico de “Final
de año” se azora de que a pesar del tiempo, y “sus metafísicas
posibilidades”, “pueda persistir algo en nosotros / inmóvil” (vv. 14-15).
En última instancia, entre vivos y muertos hay un doble hilo
conector: aquéllos disfrutarán del mundo material, las ideas y el tiempo
como un tesoro mal habido que los muertos heredaron, a su vez, de otros
muertos:
Todo se lo robamos,
no le dejamos ni una brizna de cielo:
10 aquí está el patio que ya no palpan sus ojos,
allí la acera donde acechó la esperanza.
Aún [sic] lo que pensamos
podría estarlo pensando él también;
nos hemos repartido como ladrones
15 el asombroso caudal de noches y días.
(“Remordimiento por cualquier defunción”)
El ser y la nada según Georgie
Entre el cúmulo de escritos borgeanos de los años veinte sobresalen los
ensayos dedicados a la defensa del idealismo y, por lo tanto, a la discusión
100
sobre el ser de las cosas: “La nadería de la personalidad” (Proa, 1ª ép., ag-
1922, núm. 1) y “La encrucijada de Berkeley” (Nosotros, ene-1923, núm.
164), que después pasaron a formar parte de Inquisiciones;120 puede
añadirse a la lista “El cielo azul, es cielo y es azul” (Cosmópolis, ag-1922,
núm. 44). El primer ensayo citado se abate contra la porosidad del “yo”,
contra la existencia de un “yo de conjunto”; el segundo se dedica a exponer
los argumentos de Berkeley acerca del ser: “Esse rerum est percipi: la
perceptibilidad es el ser de las cosas: sólo existen las cosas en cuanto son
percibidas”, traduce Borges el principio berkeleyano.121 Por último, “El
cielo azul…” consiste en una defensa del idealismo de Schopenhauer, a
partir de los conceptos de voluntad y representación que rigen el sistema
de este filósofo alemán.122
120 Son éstos los únicos ensayos del volumen que tratan
abiertamente temas filosóficos (véase: pp. 84-95 y 109-119).
121 Ibid., p. 110. Más adelante Borges aceptará la tesis de Berkeley,
pero matizada: “Berkeley afirma: Sólo existen las cosas en cuanto se fija en
ellas la mente. Lícito es responderle: Sí, pero sólo existe la mente como
perceptiva y meditadora de cosas. De esta manera queda desbaratada, no
sólo la unidad del mundo externo, sino la espiritual” (p. 115).
122 La postura mediadora de Schopenhauer, que sostiene “la
imposibilidad de un sujeto sin objeto y viceversa”, impresionó al joven
Borges, quien con estilo didáctico expone la filosofía de aquél: “el paisaje
no puede existir sin alguien que se perciba de él, ni yo sin que algo ocupe
el campo de mi conciencia. El mundo es, pues, representación, y no hay
ligadura causal entre la objetividad y el sujeto.
“Pero además es voluntad, ya que cada uno de nosotros siente que a
la briosa pleamar y envión continuo de las cosas externas podemos oponer
nuestra volición. Nuestro cuerpo es una máquina para registrar
percepciones; mas es también una herramienta que las transforma como
quiere. Esta fuerza cuya existencia atestiguamos todos es la que llama
voluntad Schopenhauer: fuerza que duerme en la rocas, despierta en las
plantas y es consciente en el hombre…” (Textos recobrados, pp. 155-156).
101
Pero la “inquietación metafísica” no se quedó en la labor ensayística,
sino que se extendió a otros géneros como la epístola y la poesía; un
ejemplo del primer caso es la carta que Borges escribió a su amigo Jacobo
Sureda, desde Buenos Aires, en junio de 1921:
Yo, de ti me arrojaría de cabeza en el estudio de la metafísica.
Encuentro que el Libre Albedrío, el Determinismo, el problema de si
existe o no el Yo, el estudio de lo que son Tiempo y Espacio, el
problema del conocimiento, etc… son mucho más interesantes que
lo de oírle a un poeta relatar que la luna parecía una claraboya o
que su novia tiene trenzas rubias. ¿Y qué es la literatura, en
general, sino un barajar de asociaciones o nimiedades como
ésas?123
Como se observa, esta cita anticipa la afirmación borgeana de que la
filosofía es un género de la literatura fantástica.124 A esta invitación,
Sureda objetó la imposibilidad de hablar sobre puntos tan cruciales para
el joven Borges, quien lanza una nueva embestida en carta de c. del 30 de
agosto de 1921:
123 Enseguida, Borges contradice a Sureda con los argumentos de la
filosofía idealista: “Me gustaría discutir intensamente contigo lo que me
dices sobre la Materia. Tú escribes: «Hemos convenido en llamar materia al
conjunto de circunstancias sensoriales». Y después: «Sensación es la
percepción de la materia». Con lo segundo no estoy de acuerdo. Existen
una cantidad de sensaciones desparramadas: colores, ruidos, gustos,
olores, sensaciones de peso y de extensión y resistencia […] la materia la
constituyen una serie de síntesis de percepciones que aunque tiene valor
de símbolos o de puntos de referencia en la vida corriente, carecen en sí de
realidad” (Cartas del fervor, pp. 201-202).
124 “Si nos avenimos a considerar la filosofía como un ramo de la
literatura fantástica (el más vasto, ya que su materia es el universo; el más
dramático ya que nosotros mismos somos el tema de sus revelaciones),
fuerza es reconocer que ni Wells ni Kafka, ni los egipcios de las 1001
NOCHES jamás urdieron una idea más asombrosa que la de este tratado”,
se lee en una nota de factura borgeana que antecede la traducción de un
fragmento de Parerga und Paralipomena, de Arthur Schopenhauer (Anales
de Buenos Aires, 1946, núm. 1, p. 54).
102
Tienes sobrada razón al constatar la imposibilidad de discutir
conmigo Metafísica a tan larga distancia. Únicamente te haré notar
una cosa: es tan difícil suponer un dolor que nadie siente, como un
color que nadie ve o una dureza que nadie palpa. Es decir, no hay
objetividad y la idea materialista de causas y efectos no tiene ni
pies ni cabeza.125
Casado con la idea de que la metafísica puede considerarse una
fuente literaria, Borges en Fervor parte de una experiencia individual para
defender su posición filosófica respecto del ser de las cosas: “Amanecer”
representa el testimonio de una noche en que el sujeto lírico no solamente
asiste a la resurrección del día, sino que se siente cómplice de ello, pues al
mismo tiempo que permanece vigilante, mientras otros duermen, su
percepción salva de la nada al mundo.
Los primeros versos de “Amanecer” constituyen el escenario de la
experiencia metafísica: “la honda noche universal” amenaza la existencia
del mundo circundante; pero, héroe anónimo, el yo poético halla un
momento inmejorable para demostrar, “curioso de la descansada tiniebla /
y acobardado por la amenaza del alba” (vv. 9-10), que Schopenhauer y
Berkeley superan inevitablemente a los filósofos materialistas. Un poco a
la inversa de “La Recoleta”, cuyo final sintetiza y revela el carácter
meditativo del poema, en “Amanecer” se anuncia desde los primeros versos
125 Ibid., p. 204. Por lo que se ve, el esfuerzo de convencer a Sureda
de la superioridad del idealismo sobre el materialismo hizo mella, ya que
un año después Borges escribe al mallorquín (en septiembre de 1922):
“¿Qué me dices de Proa y de esa pelma sobre «La Nadería…» que es otra
carta enderezada a tu conversión al idealismo marca [Schopenhauer]? Te
mando además la añadidura de otra escaramuza mía semi-filosófica que se
publicó en Cosmópolis” (Cartas del fervor, p. 225). La “otra escaramuza” a
favor del idealismo debió ser “El cielo azul, es cielo y es azul”.
103
la intención raciocinante del sujeto lírico, así como el asunto del poema y
sus fuentes autorizadas:
Curioso de la descansada tiniebla
10 y acobardado por la amenaza del alba
realicé la tremenda conjetura
de Schopenhauer y de Berkeley
que arbitra ser la vida
un ejercicio pertinaz de la mente,
15 un populoso ensueño colectivo
sin basamento ni finalidad ni volumen.
Y ya que las ideas
no son eternas como el mármol
sino inmortales como una selva o un río,
20 la precitada especulación metafísica
al atalayar desde mi cráneo el vivir
tuvo una forma inusitada
y la superstición de esa hora
cuando la luz como una enredadera
25 va a implicar las paredes de la sombra,
doblegó mi pensar
y trazó el capricho siguiente:
Como puede notarse, en esta primera parte del poema se impone el
ejercicio reflexivo sobre el aparato retórico, si bien es notable la intención
lírica mediante la comparación en dos versos consecutivos: “no son
eternas como el mármol / sino inmortales como una selva o un río” y, más
adelante: “cuando la luz como una enredadera”; asimismo, el uso de
infinitivos sustantivados como “el vivir” y “mi pensar”, en lugar de “la vida”
y “mi pensamiento”, de alguna manera desautomatizan la percepción del
lector; pero también delatan el afán retoricista del joven Borges.
Ahora bien, en la perspectiva idealista de Schopenhauer y Berkeley
la vida consiste en “un ejercicio pertinaz de la mente, / un populoso
ensueño colectivo / sin basamento ni finalidad ni volumen”, que se
104
impone, más que como un corolario filosófico, como un reto para el yo
lírico que se ve obligado a comprobar tan “tremenda conjetura”. Con el
ambiente propicio para la reflexión, aquél vuelve “la precitada especulación
metafísica” en un “capricho” de su mente: el desvanecimiento de esta
“numerosa urbe de Buenos Aires” entre las sombras coincide con una
progresiva pérdida de las capacidades perceptivas del yo lírico.
Curiosamente, la exposición del “capricho” trazado por éste inicia a la
mitad del poema, en el v. 28, como si el sujeto poético quisiera delimitar la
materia del pensamiento (las ideas) y la materia física percibida (el arrabal
entre las sombras de la noche).
En la segunda parte del poema (vv. 28-55) se aprecia un mimetismo
deliberado: el poeta halla un momento y un espectáculo inmejorables
acordes con su filosofía idealista; a la vez se observa como actor de su
propia “resurrección cotidiana”:
Si están ajenas de sustancia las cosas
y si esta numerosa urbe de Buenos Aires
30 asemejable en complicación a un ejército
no es más que un sueño
que logran en común alquimia las ánimas,
hay un instante
en que peligra desaforadamente su ser
35 y es el instante estremecido del alba
cuando el dormir derriba los pensares
y sólo algunos trasnochadores albergan
cenicienta y apenas bosquejada
la visión de las calles
40 que definirán después con los otros.
¡Hora en que el sueño pertinaz de la vida
está en peligro de quebranto
reducido con angustia forzosa
a la estrechez de pocas almas que piensan,
45 hora en que le sería fácil a Dios
105
matar del todo la amortiguada existencia!
Pero otra vez el mundo se ha salvado.
La luz discurre inventando sucios colores
y con algún remordimiento
50 de mi complicidad en la resurrección cotidiana
solicito mi casa
atónita y glacial en la luz turbia
mientras un zorzal impide el silencio
y la noche abolida
55 se ha quedado en los ojos de los ciegos.
Si como expresa Borges “el barroquismo es intelectual”,126 los versos
anteriores serían el mejor ejemplo de su aseveración; además, resulta
preciso notar dos cosas que lo particularizan: su familiaridad con el
discurso en prosa, por una parte, y el afán explícito de mostrar, de
construir una demostración, por otra.
El sujeto lírico, alter ego de Borges, aparece como protagonista, como
una de las “pocas almas que piensan”; también se asume como
corresponsable de la salvación del mundo ante la impavidez de Dios, por
ello exalta su “complicidad en la resurrección cotidiana”: al salvar el
mundo, se salva a sí mismo. Por cierto, en una carta dirigida a Sureda, de
principios de septiembre de 1922, Borges se refiere a una situación
semejante a la de “Amanecer”:
Hay que pensar en cosas fundamentales. Anoche, arrumbado en
un cafetín de arrabal, mientras un piano, un violín y otras
herramientas de aturdir apaleábanme las orejas con el quejoso
tango Milonguita se me ocurrió que la cesación total de la vida
sería, quizá, más asombrosa, más inexplicable y desatinada que la
idea de la inmortalidad. ¿Cómo puede acabarse el vivir, tan
enrevesado, tan lleno de cuanto Dios creó? (Cartas, p. 225)
126Véase el “Prólogo a la edición de 1954”, en Historia universal de la
infamia, 6ª ed., Alianza-Emecé, Madrid, 1983, p. 9.
106
Esta cita coincide no sólo con el tema, sino con el tono de
“Amanecer”; y aunque resulte un poco aventurado, el texto de la carta bien
podría considerarse una fuente del poema: los dos tienen un marco
común, la noche; ambos, también, se enfrascan en una discusión
metafísica en la que Dios parece un espectador más de lo que sus
criaturas hacen con el mundo.
Otros poemas, como “El truco” y “Benarés”, giran en torno de la
inconsistencia de la realidad: en el primero, por ejemplo, los jugadores
devienen una copia borrosa de otros jugadores de truco que los
antecedieron: al salir del flujo natural del tiempo, de “la maciza realidad
primordial” (v. 4), los jugadores recuperan el momento fundacional del
truco y se trasladan a la época de Rosas y los gauchos; mientras en el
segundo, la imaginación del sujeto lírico recrea una ciudad desconocida,
“que mis pisadas no conocen” (v. 4); luego, se decepciona por la certeza de
que la ciudad imaginada apenas si tiene que ver con la Benarés real,
hermana gemela de Buenos Aires.127 En los dos casos, la realidad es
puesta a prueba; en “El truco” los jugadores, a pesar de su situación en un
tiempo y espacio determinados, parecen estar repitiendo el primer juego de
truco: “a pesar de las apariencias, nada cambia”, dice Iván Almeida.128 En
127 Más aún: el sujeto poético se percata de que mientras “[brujulea]
las imágenes” la ciudad que canta mantiene su “injuriosa miseria”, sus
arrabales y cuarteles con sus hombres miserables (vv. 40-43).
128 “De Borges a Schopenhauer”, Variaciones Borges, 2004, núm. 17,
p. 128. Esta “idea de una inexorable permanencia del ser que trasciende
las individualidades personales” también afecta a los animales y los
107
“Benarés”, el sujeto lírico experimenta la ilusión de un lugar que, a la vez,
se refleja en otro. Al final, este ejercicio, en apariencia inocente, permite al
sujeto lírico poner en tela de juicio la estabilidad del ser.
objetos, como el ruiseñor de Keats y el puñal que es todas las armas de la
historia (pp. 129-130).
108
1. 2. 2. Estilo epistolar de un enamorado
Así como los poemas metafísicos de Borges se hallan en consonancia con
un estilo barroco, los de corte amoroso adoptan a menudo el estilo
epistolar. Habituado desde su juventud a comunicarse con sus amigos por
medio de cartas, como lo atestiguan los epistolarios con Jacobo Sureda,
Maurice Abramowicz, Adriano del Valle, Cansinos Assens y, más tarde,
con Alfonso Reyes y María Luisa Bombal, el autor de Fervor encontró un
estilo ad hoc para comunicar los requiebros de su corazón a la mujer con
quien pensaba casarse y quien se convierte en la destinataria de poemas
como “Trofeo”, “Ausencia”, “Sábados”, “Caña de ámbar” y “Despedida”:
Concepción Guerrrero, dedicataria expresa de “Sábados”.
Borges aprovechó su primer libro de poemas para expresar sus
efluvios amorosos al modo de Maples Arce. En la reseña que escribió sobre
Andamios interiores, Borges desentraña los dos polos que funcionan como
contrapuntos:
El libro “Andamios Interiores” es un contraste todo él. A un lado el
estridentismo: un diccionario amotinado, la gramática en fuga, un
acopio vehemente de tranvías, ventiladores, arcos voltaicos y otros
cachivaches jadeantes; al otro, un corazón conmovido como bandera
que acomba el viento fogoso, muchos forzudos versos felices y una
briosa numerosidad de rejuvenecidas metáforas.129
129 Inquisiciones, p. 120. Aunque Borges anuncia: “La primera parte
de la antítesis no me interesa […] De cualquier manera prefiero hablar de
lo segundo”; luego tímidamente alude al tema amoroso en el ejemplo sobre
las metáforas que apuntan “lo auditivo en términos visuales o a la
inversa”: “Es una clara música que se oye con los ojos / la palidez enferma
de la super-amada” (p. 121).
109
Que Borges haya destacado las múltiples ocasiones en que Maples
Arce menciona a su amada resulta significativo, porque desde mi
perspectiva Andamios interiores representa uno de los libros precursores
de Fervor. Valga este apunte mínimo para motivar algo que está por
hacerse: el estudio de los nexos intertextuales entre este primer libro de
Borges y otros textos de la época.
Acaso en ningún otro texto borgeano como en Fervor podrán hallarse
tantos poemas de tema amoroso ni con tanta expresividad; además, si bien
el poemario inicia con un poema dedicado a las calles de Buenos Aires
(“Las calles”), es claro también que el final está dedicado a la amada
(“Despedida”): esto habla no sólo de la heterogeneidad del volumen, sino de
la intención de volver un mensaje privado en una especie de carta abierta
al público:
Entre mi amor y yo han de levantarse
trescientas noches como trescientas paredes
y el mar será un milenio entre nosotros.
Estos primeros versos de “Despedida” son un adiós a la amada; pero
también una socialización del amor del poeta, quien sabe que sólo después
de un año no volverá a verla.
Antes de conocer a Concepción Guerrero, sin embargo, el joven
Borges expresa en sus cartas a Sureda y Abramowicz una constante visita
a los burdeles y los cafés donde jugaba, bebía y se relacionaba con
prostitutas:
110
…en la ruleta gocé de una suerte inaudita —para mí— (¡60 pesetas
con un capital de una peseta!) que me permitió triunfar 3 noches
seguidas en un burdel. ¡Una rubia suntuosamente cochina y una
morena a la que llamamos La Princesa y sobre cuya humanidad me
enardecí como sobre un avión o un caballo! (¡Una catalana,
perdóname¡)
Ahora la gloria se ha apagado. Me siento «como un huérfano
sin hermana mayor». Verdaderamente he amado a esta Luz que me
trataba como a un niño y cuyos gestos eran una indecencia
ingenua. Parecía una catedral y una perra.130
Pero éstas no eran las únicas mujeres con quienes Borges buscaba
el amor sino que, a medio camino del cielo y el infierno, sus gustos
oscilaban entre mujeres “cochinas” y mujeres de “buena familia”:
“Comparto tu aversión por Hélène. Me ha enviado una carta estilo Jean
Christophe. No es ni natural —como Luz— ni sabiamente artificial como
una joven de buena familia que cortejé en Palma y en quien cada palabra y
cada silencio eran una obra de arte” (Cartas, p. 147).
Ya en Buenos Aires, el joven Borges parece olvidar los excesos
juveniles. A casi un año de haber dejado Europa, Borges comenta a
Sureda sobre su amor por Concepción:
Los últimos dos o tres meses he sumergido el corazón en un asunto
amoroso que ha imantado toda mi atención de una manera que
hasta ahora no había conocido… Ella tiene dieciséis años, se llama
Concepción Guerrero, sufre en un barrio de arrabal la vida
orgullosa y dura y monótona y tímida de una niña bien y pobre, es
muy linda, argentina, de padres andaluces. (¡Y no olvides que
130 Se trata de una carta dirigida a Abramowicz el 2 de marzo de
1921, dos días antes de que Borges emprendiera el regreso a Buenos Aires,
en Cartas del fervor, p. 147. Como la mayoría de los jóvenes, Borges se
refiere constantemente a su relaciones con mujeres: recién llegado a Palma
de Mallorca, el 12 de junio de 1919, le escribe a su amigo ginebrino que
ahí “no hay ni salas de juego ni damiselas” (p. 63); luego, el 1 de
noviembre de 1920: “dos flirteos idiotas”, aunque no dice con quién (p.
125).
111
dieciséis años en Sevilla o en Buenos Aires no son en absoluto eso
insípido, asombrado y boquiabierto de más al Norte!) Pero en fin,
¿cómo hacer que otro sienta a una persona desconocida? Renuncio
y me contento con decirte que estoy enamorado, totalmente,
idiotamente (Cartas, ca. mar/1922, 211)).
En abril de 1922, Borges anuncia a Sureda que pronto volverá a
Europa y que, a su regreso a Buenos Aires, se casará con esta “niña
bien”.131 Por esta razón Fervor será también un tributo a este amor, que
duró al menos hasta 1924, según lo que el mismo Borges de la madurez
dirá: “El libro era esencialmente romántico, aunque estaba escrito en un
estilo escueto y abundaba en metáforas lacónicas”.132
Como dije al principio de este apartado, los poemas amorosos se
caracterizan por lo que he llamado un estilo epistolar;133 en las cartas no
hay un interlocutor inmediato: aunque a veces se le llame una
131 “…es muy posible —¡fuera de broma!— que dentro de dos, tres
meses me encuentre por la Rue de Rhône e incluso rodeado por el viejo
Collège Calvin, ya que quiero hacer prosaicamente mi bachillerato para
volver aquí, entrar a la Facultad de Filosofía y Letras, hacer en dos años el
trabajo de 3, obtener un título y casarme con Concepción. Esto te
sorprende, ya lo veo: pues has de saber que pese a la hostilidad de su
familia y la ignorancia de la mía, nos pusimos de novios ante ese paisaje
mezquino de arrabal que me gusta tanto” (ibid., p. 217). Probablemente
por pudor, como en el caso anterior, Borges escribe en francés esta carta
en que se refiere a su noviazgo.
132 Un ensayo autobiográfico, p. 57. Opinión esta que Borges sostiene
en una entrevista con Jean de Milleret, a quien confiesa: “yo estaba muy
enamorado y era demasiado joven, en consecuencia era romántico”
(Entrevistas con Jorge Luis Borges, p. 81).
133 Sobre la epístola literaria, Federico Sainz de Robles se refiere
tanto a su diversidad temática cuanto formal: “Carta poética en su fondo
es la epístola. Pueden ser asuntos en ella las reflexiones morales, el elogio,
la censura, la pena, el placer y otras ideas y sentimientos de quien la
escribe. Respecto a la forma o versificación, las epístolas se escribieron
entre los latinos en exámetros, y entre los modernos, en tercetos, silvas,
romance, endecasílabo y verso suelto” (Diccionario de literatura, s.v.
“Epístola”.)
112
conversación por escrito, el emisor del mensaje corre con la ventaja de no
ser interpelado de manera expedita y, por ello, con cierto grado de
impunidad; para el joven Borges en las cartas hay, asimismo, la
renovación constante de un fuerte lazo entre emisor y receptor comparable
con un “cordón umbilical”; según esto la correspondencia no sólo está
hecha de palabras, sino de sentimientos: mantener una comunicación
requiere de tiempo y, sobre todo, fidelidad. Las cartas, en este sentido, se
convierten en la voz del corazón y en hilo conector:
Claro que una carta es una cosa bastante absurda: eso de un
señor que va apuntando las casi ideas que le pasan por el cráneo —
y que serían distintas si hubiese compaginado la carta una hora
antes o después— sin que el recibidor pueda decir esta boca es mía
ante los andamios verbales del hombre con la pluma y la cuartilla.
Claro también que una carta es una cosa mística y magnífica:
un cordón umbilical —¿eh, Cansinos-Assens, asno cansino?—
entre dos corazones, un santo y seña de amistad, etc…(Cartas, ca.
6-7/mar/1921, 194)
A Borges le gustaba citar a Guillermo de Torre para referirse a este
ejercicio de comunicación (y hasta de comunión) “entre dos corazones”;134
en una carta del 3 de marzo de 1921, ya con un pie en el barco que traería
a los Borges de regreso a Buenos Aires, después de siete años, Georgie
pide a Sureda que mantenga la correspondencia, con aire casi dramático:
134 Por ejemplo escribe en sendas ocasiones a Abramowicz y Sureda:
“«El momento de reciprocidad epistolar» (¡Torre!) ha llegado” (20/ene/1920)
o, bien, “Disculparás que recién inicie la «reciprocidad epistolar» como
acostumbra a decir nuestro inefable Torre…” (29/mar/1922) [Cartas del
fervor, pp. 135 y 214]
113
“No dejes de escribirme. ¡Qué no se rompa el cable escriptural entre
nuestros dos corazones, sobre el Atlántico”.135
En el caso de los poemas amorosos, considero que es posible hablar
de un solo destinatario aludido explícitamente en la dedicatoria de
“Sábados”: “Para mi novia, Concepción Guerrero”; pero también de manera
implícita como en “Ausencia” y “Despedida” mediante la comunicación
unilateral del “yo” lírico con un “tú”, en una suerte de diálogo inconcluso.
Estos poemas, además, tratan de distintas fases de la relación
amorosa: uno dedicado al elogio de la amada; otro, a momentos gloriosos
de la relación amorosa; otro más, a la ausencia y, por último, a la
despedida.
En “Sábados” el yo lírico habla de las virtudes de la dedicataria, al
tiempo que muestra su estado anímico en permanente cambio, quizá
porque de las cinco estrofas con que cuenta el poema, tres fueron escritas
y publicadas por separado (vid. infra, Capítulo 2), entre febrero y
septiembre de 1922. Si se compara con las fechas en que Borges escribe a
Sureda sobre su noviazgo, marzo-abril del mismo año, puede decirse que
la serie de poemas encadenados en “Sábados” funciona como un
testimonio privado que el poeta registra para, después, hacerlo público.
135Ibid., p. 193. Y el 22 de junio le reiterará: “Esta misiva impar y
hasta fuera de serie, la emproo hacia tus montes con la finalidad […] de
tender hacia tu alma —sobre los hectolitros de Atlántico y el rebaño de
leguas encrespadas que nos separan— muchos millones de calorías
procedentes del dinamo de mi corazón…” (p. 198).
114
Respecto de los poemas metafísicos, los poemas amorosos se hallan
escritos en un estilo más directo y, hasta cierto punto, descriptivo; de la
misma manera, en éstos no hay una postura, por llamarla de alguna
manera, intelectualizada, al contrario: si bien con mesura, el
sentimentalismo aflora en diversos momentos, así como el patetismo del
que carecen, por ejemplo, los poemas sobre la muerte.
En la primera estrofa de “Sábados”, el sujeto lírico alude a una
interlocutora ausente por medio del adjetivo posesivo “tu” (“tu presencia”,
“tu vivir”, “tu hermosura”) y el pronombre personal átono “te” (“te vieron”);
mientras él aparece implícito en la perífrasis verbal (yo) “iré quemando” y
en el adjetivo posesivo “mi” (“mi alma”). Este contraste yo-tú al inicio y al
final de la estrofa, característico de las epístolas personales, simulan un
diálogo inexistente; pero también muestran una tensión entre emisor y
receptor:
Benjuí de tu presencia
que iré quemando luego en el recuerdo (vv.1-2)
............
Siempre la multitud de tu hermosura
en claro esparcimiento sobre mi alma. (vv. 13-14)
Ahora bien, los versos intermedios (5-10) de “Sábados [1]” sirven
para enmarcar esta evocación en el tiempo y en el espacio mediante un
“enfilamiento de imágenes”:
5 Hay afuera un ocaso, alhaja oscura
engastada en el tiempo
que redime las calles humilladas
y una honda ciudad ciega
115
de hombres que no te vieron.
10 La tarde calla o canta.
Se trata de una descripción cuya base retórica consiste en la
combinación de metáforas e hipálages, figura esta que permite a Borges
insertar la presencia humana de manera oblicua, por alusión: las “calles
humilladas” y la “ciudad ciega” contrastan con la vivacidad de la tarde que
“calla o canta”; el espacio adquiere las cualidades de quienes lo transitan y
el tiempo se disuelve entre el silencio y la voz, en un esfuerzo por
literaturizar136 el estado anímico del poeta.
En el mismo tenor de la primera estrofa, “Sábados [2]” combina una
serie de oraciones escritas en orden gramatical lógico y con una intención
descriptiva. Los primeros versos sirven de marco para el encuentro del yo
lírico con su amada:
15 No hay más que una sola tarde
la única tarde de siempre.
Aquí está su remanso. Las palabras
no logran arraigarse en su paraje
y se escurren como agua.
Lo mismo que en la primera estrofa, el diálogo crea una tensión
entre los interlocutores:
20 El corazón refleja
tus labios que una noche serán besos
y mis ojos abiertos como heridas
habrán de sostener otros lugares.
Te traigo vanamente
136 Empleo esta palabra en el sentido borgeano de escribir
literariamente con tal deliberación que los recursos lingüísticos y retóricos
saltan a la vista.
116
25 mi corazón final para la fiesta.
Mientras que la tercera estrofa está casi exclusivamente escrita en
segunda persona: “tu desamor”, “tu hermosura”, “está en ti”, “a tu vera”,
“en ti está”; estas expresiones contrastan con un progresivo despojamiento
del sujeto lírico, quien primero siente su alma apabullada por la
hermosura de la destinataria (vv. 13-14); luego entrega, en un acto
patético, su “corazón final para la fiesta” (vv. 24-25), hasta que, dice, “ya
casi no soy nadie, / soy tan solo un anhelo / que se pierde en la tarde” (vv.
33-35). El crecimiento de la imagen de la amada en estas tres primeras
estrofas hace más patente la autoanulación paulatina del yo poético.
Sólo en la cuarta estrofa se produce el encuentro, que bien se
asemeja a un desencuentro de “dos soledades” cuyo amor deviene pena:137
Nuestras dos soledades en la sala severa
se buscan como ciegos. (vv. 42-43)
...........
En nuestro amor no hay algazara,
hay una pena parecida al alma. (vv. 48-49)
Finalmente, en “Sábados (5)” el yo lírico desaparece de la escena y
sólo puede deducirse de la deíxis del pronombre de segunda persona:
50 Tú
que ayer sólo eras toda la hermosura
eres también todo el amor, ahora.
137Podría decirse que la fuente más remota de esta estrofa se
encuentra en una carta que Borges escribe a Sureda en 1922 y, por ello,
sería eminentemente epistolar (cf. Capítulo 2 de este trabajo, en el
apartado dedicado al poema “Sábados”).
117
La interpelada en “Sábados”, entre el “ayer” y el “ahora”, sufre una
lenta transformación; primero aparece como sinónimo de la “hermosura”
(vv. 13, 26 y 51)138 y, al final, como viva representación del “amor”: el
objeto de contemplación se convierte en objeto de adoración. Aquél, por su
parte, se desvanece para resaltar las virtudes de su amada.
En el poema “Ausencia” puede verse otra fase de la relación
amorosa, pues está dedicado a un momento de separación y de
momentánea ruptura. Así como “Caña de ámbar” y “Trofeo” son registros
de la bonanza del amor, “Ausencia” funciona como testimonio de una
pérdida momentánea de comunicación; en este poema aflora el estado de
abandono en que se encuentra el sujeto lírico, quien desde el primer verso
aparece como actor de una carta desesperada: “Habré de levantar la vida
inmensa / que aún ahora es tu espejo: / piedra por piedra habré de
reconstruirla” (vv. 1-3).
Ahora bien, después de mostrar cómo la ausencia de la amada
afectó hasta el entorno del poeta: “Desde que te alejaste, / cuántos parajes
se han tornado vanos… / cuántas sendas perdieron su fragancia” (vv. 4-5
y 9), “El vivo cielo inmenso / clama y torna a clamar tu dejamiento” (vv.
15-16), surge una pregunta que delata el estado anímico del yo poético,
cuya imagen revela a un ser disminuido y en constante pérdida:
138
También en “Trofeo” se destaca esta cualidad de la amada; al
mismo tiempo, en el v. 6 el yo lírico hace énfasis en su carácter de
contemplador: “yo fui el espectador de tu hermosura”.
118
¿En qué hondonada empozaré mi alma
donde no pueda vigilar tu ausencia
que como un sol terrible sin ocaso
20 brilla, definitiva e inclemente?
Aunque en los versos citados es perceptible un dejo de dolor e
impotencia, nunca llegan al desgarramiento, por el contrario: domina en
ellos una suerte de contención porque, más que en las expresiones
lingüísticas, el ánimo del poeta está impreso en los signos de admiración y
de interrogación. El joven Borges emplea la palabra “alma” para aludir a
sus más profundos sentimientos (el amor, por ejemplo); así, este término
funciona más como un eufemismo en que el poeta se refugia para velar
sus pasiones.
En el dístico final de “Ausencia” aparece sintetizado el difícil
momento, límite si se quiere, por el que pasa el sujeto lírico, sentenciado a
muerte en vida por quien un día fue “todo el amor”:
Tu ausencia ciñe el alma
como cuerda que abarca una garganta. (vv. 21-22)
De la misma forma que en “Sábados”, en “Ausencia” la alternancia
yo-tú vincula el poema con la epístola; pero no se caracteriza por una
expresión directa y llana, sino que se encuentra cruzada por una serie de
metáforas y comparaciones que se mimetizan con el resto del discurso; el
poeta no busca con ellas la estridencia ni lo insólito: “la vida inmensa… es
tu espejo” o “Tardes que fueron nichos de tu imagen”; “parajes… iguales a
luminarias que arrincona el alba”, “tu ausencia… como un sol terrible sin
ocaso brilla”. Al parecer, la abstracción de la ausencia halla
119
correspondencia con expresiones metafóricas o comparaciones, pues el
lector apenas si se percata de la cantidad de recursos retóricos que
sostiene este poema.
Por los testimonios epistolares, puede sugerirse una fecha de la
composición de “Ausencia”, pues en al menos dos cartas dirigidas a
amigos españoles, Borges comunica que no puede encontrarse con
Concepción Guerrero; este acontecimiento indudablemente motivó la
escritura del poema comentado; primero dice a Jacobo Sureda:
Estoy alejado de mi novia, dos eternas semanas pasarán sobre mí
antes que logre verla otra vez, me siento dejado de la mano de Dios,
a mi soledad se le ocurre hablar con tu soledad (Cartas, sep/1922,
225).
Y luego Borges escribe a Adriano del Valle:
¿Te hablé de mi amor por Concepción Guerrero, una niña andaluza
muy linda, muy serena, muy conmovedora? Ya se desmoronó toda
aquello; no la dejan encontrarse más conmigo, y ando desabrido y
triste sin lograr nunca verla.139
Entre la heterogeneidad de Fervor puede notarse que hay un cierto
orden, porque buena parte de los poemas dedicados a las calles y los
espacios queridos por el poeta se ubican en la primera parte del poemario;
los amorosos en la segunda parte; los dedicados a los atardeceres, también
en la segunda, como si Borges buscara, sin agruparlos estrictamente,
139 Rosa Pellicer, “Cartas de Jorge Luis Borges a Adriano del Valle”,
Voz y Letra, 1 (1990), p. 214. Se trata de una carta sin fecha, aunque por
una alusión al segundo número de Proa, en preparación, podría ubicarse
un poco antes de diciembre de 1922.
120
ubicar los poemas de su primer libro según los temas, al menos mediante
una vaga cercanía espacial entre ellos.
En este sentido, el poema que más destaca es “Despedida”, porque
permite imaginar los polos entre los que se enmarcan los demás temas:
Buenos Aires (con sus calles, jardines, panteones, crepúsculos y arrabales)
y el amor por Concepción. Así, el primer poema, “Las calles” resulta un
homenaje a la ciudad natal, así como un rencuentro con las raíces; el
último, “Despedida”, el adiós a la mujer amada ante el inminente regreso a
Europa.
El tiempo de separación es lo primero que salta a la vista, así como
la inmensidad del espacio que mediará entre el sujeto lírico y “su amor”:
Entre mi amor y yo han de levantarse
trescientas noches como trescientas paredes
y el mar será un milenio entre nosotros.
Don Jorge había previsto una estancia pasajera de un año en la que
sería operado nuevamente de la vista, y su hijo, según planes anunciados
a Sureda, completaría su bachillerato en Suiza, volvería para estudiar
Letras en Buenos Aires y se casaría con Concepción. Las “trescientas
noches”, por ello, casi se ajustan a los días del año. Al contrario de los
versos iniciales de Fervor, en que el sujeto lírico manifiesta la profunda
intimidad entre él y el espacio geográfico (“Las calles de Buenos Aires / ya
son la entraña de mi alma”), en “Despedida” todo queda a merced del
tiempo que “arrancará con dura mano / las calles enzarzadas en mi
pecho” (vv. 4-5).
121
Como en otros poemas amorosos, el yo lírico sugiere un destino
común para los momentos gloriosos de su amor: “No habrá sino
recuerdos”; en “Sábados”, hay una voluntad expresa de manipular los
recuerdos: “Benjuí de tu presencia / que iré quemando luego en el
recuerdo” (vv. 1-2), mientras que en “Trofeo” se deja el trabajo a la
selección natural de la memoria:
al volver por la calle cuyos rostros aún te conocen,
se apesadumbró mi dicha, pensando
que de tan noble acopio de memorias
perdurarían escasamente una o dos
15 para ser decoro del alma
en la inmortalidad de su andanza.
La inminente partida produce un sentimiento contradictorio en el
sujeto poético, como se observa en la serie parentética que recoge un
conjunto heterogéneo de recuerdos gratos e ingratos que, en cascada,
constituyen una incipiente enumeración:
(Oh tardes merecidas de mi pena,
noches esperanzadas de mirarte,
campos desalentados, pobre cielo
10 humillado en la hondura de los charcos
como un ángel caído...
Y tu vivir que agracia mis anhelos
y ese barrio dejado y placentero
que hoy en luz de mi amor se resplandece...)
El texto entre paréntesis imprime un contrapunto al poema, una
especie de confesión en voz baja frente a la certera voz de la resignación
que abre y cierra el poema: mientras en estas partes los verbos en futuro
son signo de la seguridad de los hechos, en el balbuceo de la descripción
122
parentética dominan los contrastes del presente140: por un lado la “pena”,
los “campos desalentados”, el “pobre cielo humillado” y el “barrio dejado”;
por otro las “noches esperanzadas”, los “anhelos”, el barrio “placentero” y
la luz del amor: la oscilación entre ambos polos, la pena y el amor, denota
el estado de excitación e inconstancia anímica que padece el sujeto
poético. La marca de una postrera carta amorosa se encuentra en los
versos finales de “Despedida”, donde el yo lírico ve este adiós como la
condena de llevar “tu ausencia”, dice a su amada, adondequiera que vaya
(“otros campos”).
15 Definitiva como una estatua
entristecerá tu ausencia otros campos.
La mejor muestra de que Borges busca un estilo sin alardes y sobre
temas cotidianos se desprende de unos versos de “Caña de ámbar”, poema
de corte amoroso en que se reconoce, como hombre y como poeta:
Esas líneas publican mi secreto
semejante al de todos.
¿A qué apilar altos alardes verbales,
decoro de sentencias y de imágenes,
10 para decirte lo que sabes?
140 De acuerdo con Joaquín González Muela, “el paréntesis, ya sea
con signo convencional () o con la frase entre guiones o entre comas,
produce una ligera, o acaso fuerte, ruptura en la enunciación de lo que se
está diciendo, y se percibe un cambio en la entonación” (Gramática de la
poesía, Planeta, Barcelona, 1976, p. 95).
123
124
1. 2. 3. El parco homenaje a los mayores
Condenado al ejercicio de las letras, principalmente por su proclividad
genética a la ceguera, Borges vio en la afición militar de sus mayores no
sólo un motivo literario, sino un destino glorioso para el que estaba
incapacitado: primero porque ya no era momento para revivir hazañas del
siglo XIX y luego porque al mitificarlos, de alguna forma, el mismo Borges
se inscribe en el mito; en Un ensayo autobiográfico, señala que Fervor se
“aventuraba… hasta la historia familiar”. El espíritu heroico que el poeta
imprime a sus elegías le fue sugerido por Eduardo Gutiérrez; el ejercicio
del valor por el valor, la lealtad y otros rasgos que asumen los personajes
de Borges están presentes en las narraciones históricas de Gutiérrez,
quien por cierto hace un esbozo del coronel Francisco Borges en Croquis y
siluetas militares.
El poema que Borges dedica a su abuelo Francisco recibe el nombre
de “Inscripción sepulcral”; la factura de éste, como se desprende de un
artículo de Alejandro Vaccaro, se remonta a los años de Ginebra. Según
éste, el catálogo de manuscritos del anticuario Víctor Aizenman describe
un manuscrito borgeano titulado “Montaña de gloria”:
Manuscrito de juventud de Jorge Luis Borges, seguramente el más
temprano disponible de un texto poético de su autoría. Iniciado en
1914, registra elaboraciones sucesivas que se extienden hasta
1919, demostrando la continuidad de una obsesión temática que lo
acompañará hasta muy entrada su edad.141
141 Apud Alejandro Vaccaro, “La poética de los años de Ginebra”,
Proa, 3ª ép., 1999, núm. 49, pp. 84-85.
125
El manuscrito mencionado se halla compuesto por el tríptico de
“Inscripción sepulcral I”, “Inscripción en cualquier sepulcro” e “Inscripción
sepulcral II”: “cada una de ellas consagrada a la memoria de cada uno de
sus ancestros militares vinculados con las guerras de consolidación de
país: Isidoro Suárez, Juan Francisco Borges y Francisco Isidoro Borges”.142
Además de los tres poemas mencionados, considero que “Rosas” también
debe incluirse en este grupo, porque éste fue primo del bisabuelo de
Borges y porque el poema no censura al dictador, sino que lo aprecia en su
dimensión humana, como “un accidente intercalado en los hechos”.
El poema en honor del coronel Francisco Borges consta de trece
versos; en los primeros siete se alude metonímicamente a las batallas en
que el coronel tuvo una participación destacada:
INSCRIPCIÓN SEPULCRAL
Para el coronel don Francisco Borges, mi abuelo.
Las cariñosas lomas orientales,
los ardientes esteros paraguayos
y la pampa rendida
fueron ante tu alma
5 una sola violencia continuada.
En el combate de La Verde
desbarató tanto valor la muerte.
142Id. Agrega Vaccaro que “a juzgar por todos estos textos podemos
colegir que Borges tenía plena conciencia de la endeblez poética de los
mismos, ya que no fueron publicados ni siquiera aquellos que intentó
mejorar con sucesivas correcciones” (p. 45); la parte final de esta cita
resulta contradictoria, porque los poemas de “Montaña de gloria”
aparecieron en la edición princeps de Fervor: poemas 16º, 21º y 41º.
126
Unos cuantos pincelazos son suficientes para dibujar el carácter
heroico del personaje, sin exaltaciones ni mayores aspavientos.
Indudablemente, el intertexto de Gutiérrez salta a la vista desde el
principio, porque en “El coronel Borges”, aparte de subrayar las virtudes
morales, habla de los hechos de valor en que el abuelo de Borges participó,
por orden:
1. Gutiérrez menciona las “cariñosas lomas orientales”, Uruguay, para
indicar que ahí arranca la forja de un destino:
El coronel Borges empezó a servir a la causa de la libertad desde
sus más tiernos años.
Oficial de artillería en Montevideo, vino como teniente de esa
arma a la batalla de Caseros, conduciéndose con bizarría y brillo
desde que disparó el primer tiro.143
2. Luego los “ardientes esteros paraguayos”:
Él asistió a todas las batallas de la guerra del Paraguay,
conquistando siempre el aplauso de los jefes superiores (81)
3. Y fue en la “pampa rendida”, acosada por los indios donde el coronel
Borges ofreció su mejor servicio a la patria, como lo demuestra la
encomiosa descripción de Gutiérrez:
Fue en las fronteras que comandó con tanto acierto, donde el
coronel Borges prestó sus más relevantes servicios, mostrando toda
la competencia y tino de que era susceptible.
143 Eduardo Gutiérrez, Croquis y siluetas militares (escenas
contemporáneas de nuestros campamentos), est. prel. de Álvaro Yunque,
Hachette, Buenos Aires, 1956, p. 81.
127
Los indios sometidos estaban siempre tranquilos porque
temían a aquel jefe de una rara integridad, que les cumplía sus
compromisos hasta en el más insignificante detalle.
En el rudo combate de San Carlos [provocado] por Calfucurá,
al frente de más de cuatro mil lanzas, fue la presencia del coronel
Borges la que salvó la situación y el honor del ejército.
Los indios habían doblado los regimientos de caballería y
arrollado los cuadros de infantería, porque combatían con enormes
ventajas y en número infinitamente superior.
La sola presencia del coronel Borges vino a restablecer el
combate… (82)
4. Por último en la batalla de La Verde, donde “desbarató tanto valor la
muerte”, destaca admirablemente la bravura del coronel, aun contra la
decisión del general Mitre:
La verde sucedió a los pocos días, y como siempre, desde el primer
momento, el coronel Borges ocupó el primer puesto de peligro,
después de haber tomado la parte más activa en las conferencias
que precedieron a aquel hecho de armas.
Cuando el general Mitre mandó la retirada del ejército, porque
no quería el sacrificio de un solo argentino más, el coronel Borges
observó que aquella retirada no era oportuna…
El general Mitre desoyó la observación y reiteró su orden.
El coronel Borges, entonces, con la mirada empañada por una
profunda expresión de pena y tristeza avanzó seguido de dos o tres
ayudantes, entre ellos el valiente León Rivera, hasta donde el fuego
era más violento y nutrido.
Y avanzaba tranquilamente, con sus brazos cruzados y la
fisonomía iluminada por una expresión de melancólica bravura.
Algunos pasos más, y el coronel Borges cayó para no
levantarse más, con dos terribles heridas, ambas mortales (84).
Pintoresca si se quiere, la silueta que Gutiérrez ofrece del coronel
Borges debió impresionar a Georgie, quien asume el tono opuesto para
rendir un llano homenaje: el elogio contenido y el diálogo íntimo que
establece con el abuelo muerto, neutralizan el ampuloso estilo del
folletinista.
128
En los restantes seis versos, el sujeto lírico continúa el diálogo con
su mayor muerto; luego, acaso como tributo a tanta caballerosidad y tanto
valor prodigados a lo largo de una vida, lanza un ruego para que éste
reciba justo reconocimiento:
Si esta vida contigo fue acerada
y el corazón, airada muchedumbre
10 se te agolpó en el pecho,
ruego al justo destino
aliste para ti toda la dicha
y que toda la inmortalidad sea contigo.
El coronel Isidoro Suárez nació el 2 de enero de 1799; se alistó como
cadete en el Regimiento de Granaderos a Caballo; en 1817 fue ascendido a
alférez y con los años obtuvo diversas condecoraciones por sus hechos
guerreros. En la batalla de Junín, el 6 de agosto de 1824, la participación
del coronel Suárez fue determinante: la acción emprendida por este
bisabuelo de Borges influyó en la derrota realista y a favor de las fuerzas
libertadoras al mando de Bolívar. Murió el 13 de febrero de 1846 en
Montevideo, paradójicamente, lejos del campo de batalla.144
En el poema borgeano, el coronel Suárez aparece aludido en tercera
persona, con énfasis en la acción, como se deduce de los verbos en
posición anafórica: “Dilató”, “Contrastó”, “Impuso”, “Escribió” y,
finalmente, “Murió”. La estructura del poema es tan concreta que apenas
144Cf. el detallado esbozo biográfico de este personaje en Alejandro
Vaccaro, Georgie, 1899-1930. Una vida de Jorge Luis Borges, Proa-Alberto
Casares, Buenos Aires, 1996, pp. 6-15.
129
si abarca nueve versos, equivalentes a seis oraciones simples y una
compuesta:
INSCRIPCIÓN SEPULCRAL
Para el coronel Don Isidoro Suárez, mi bisabuelo.
Dilató su valor allende los Andes.
Contrastó ejércitos y montes.
La audacia fue impetuosa costumbre de su espada.
Impuso en Junín término formidable a la lucha
5 y a las lanzas del Perú dio sangre española.
Escribió su censo de hazañas
en prosa rígida como los clarines belísonos.
Murió cercado de un destierro implacable.
Hoy es orilla de tanta gloria el olvido.
Como se observa, la tercera persona también funciona como una
forma de respeto: el sujeto lírico no tutea al homenajeado, tampoco lo
elogia estruendosamente, sino que informa sobre las hazañas del héroe
cuya marca personal aparece en el primer verso: “Dilató su valor allende
los Andes”.145
Cabe resaltar que en “Inscripción sepulcral” I y II la dedicatoria, otro
elemento paratextual, sirve de puente directo entre los “personajes” de los
poemas y el yo poético. Aun cuando utilice la segunda y la tercera
personas para referirse a sus familiares, es evidente la ostentación con que
muestra su filiación mediante los posesivos empleados en sendas
aposiciones: “mi abuelo” y “mi bisabuelo”; a mi juicio, la mención del rango
145En el poema dedicado al coronel Francisco Borges, esta cualidad
destaca como una virtud ejemplar frente a la muerte: “En el combate de La
Verde / desbarató tanto valor la muerte”.
130
militar hace énfasis en la profesión de los personajes homenajeados y
contrasta con el oficio del yo lírico, que parece decir “yo también
pertenezco a esa estirpe de héroes”.
Acaso lo más sobresaliente en “Inscripción en cualquier sepulcro”
sea la idea del eterno retorno; según se lee, el hombre se perpetúa en la
especie, no en el individuo: “lo esencial de la vida fenecida […] siempre
perdurará” (vv. 7 y 10); no importan los accidentes de la vida individual,
como el “nombre, la opinión, los acontecimientos, la patria” (v. 4); la
circularidad de la vida, más que la idea de que un hombre es todos los
hombres, priva en los versos que cierran el poema:
Ciegamente reclama duración el alma arbitraria
cuando la tiene asegurada en vidas ajenas,
cuando tú mismo eres la continuación realizada
de quienes no alcanzaron tu tiempo
15 y serán otros a su vez tu inmortalidad en la tierra.
Así, el joven Borges resulta el gastado eslabón de una cadena de
héroes familiares: al poeta le corresponde, si no continuar el camino de las
armas, sí la poetización de esos hechos heroicos que lo justifican; él “[es] la
continuación realizada” de otros, como sus descendientes serán “[su]
inmortalidad en la tierra”: el hombre, de esta forma, es apenas un medio
para la perpetuidad de la especie.
El polémico dictador Juan Manuel de Rosas también se inscribe en
el panteón familiar de Borges. En una nota que éste agregó en la segunda
edición de Fervor, se lee lo que podría llamarse una confesión a destiempo
131
que, en cierta medida, aporta una clave de lectura del poema dedicado al
señor de la horca y el cuchillo:
ROSAS. Al escribir este poema, yo no ignoraba que un abuelo de
mis abuelos era antepasado de Rosas. El hecho no tiene nada de
singular, si consideramos la escasez de la población y el carácter
casi incestuoso de nuestra historia.
Hacia 1922 nadie presentía el revisionismo. Este pasatiempo
consiste en “revisar” la historia argentina, no para indagar la
verdad sino para arribar a una conclusión que de antemano se
conoce: la justificación de Rosas o de cualquier otro déspota
disponible. Sigo siendo, como se ve, un salvaje unitario (p. 151).
Este fantasma volverá una y otra vez. Borges manifiesta una doble
actitud, de admiración y rechazo, de fascinación, se diría, y en ciertos
momentos justifica su deferencia por este personaje "famosamente
infame". El sentimiento de Borges resulta más que ambiguo:
No sé si Rosas
30 fue sólo un ávido puñal como nuestros abuelos decían;
creo que fue como tú y yo
un accidente intercalado en los hechos
que vivió en la cotidiana zozobra
e inquietó para felicidades y penas
35 la incertidumbre de otros ánimos.
("Rosas")
La recurrencia al pasado se manifiesta como añoranza por "el quieto
desgobierno de Rosas", a quien por cierto Borges relaciona a menudo con
Irigoyen.146 Luego, la sombra de Rosas alcanza la jerarquía del parentesco,
146 "Don Juan Manuel, pese a sus fechorías e inútil sangre
derramada, fue queridísimo del pueblo. Irigoyen, pese a las mojigangas
oficiales, nos está siempre gobernando" (Inquisiciones, p.132).
132
una especie de antihéroe en quien Borges arraiga su ascendencia.147 Si
como señala el sujeto poético, “ya Dios lo habrá olvidado”, es absurdo que
los mortales lo recuerden con odio; después de todo, la alusión a Rosas
deviene una “misericordia benévola”; el tiempo resulta un blando juez y
hasta, comparado con la historia humana, minimiza la imagen negativa
del peor de los tiranos:
Hoy el olvido borra su censo de muertes,
pues que son parciales los crímenes
si los cotejamos con la fechoría del Tiempo… (vv. 21-23)
Tan evidente fue el fervor que Borges cultivó por este personaje, que
motivó una “Carta abierta de Juan Manuel de Rosas a Jorge Luis Borges”,
firmada por Antonio Vallejo. En ella, el Restaurador pide al joven poeta que
no tema lo extranjero ni lo moderno, que abandone su manía por el pasado
mediante un reproche:
Tú has creído halagarme con acercar a mi época el motivo de
tus manías; y has hecho de las Villas un apeadero de nostalgias
históricas; y te pasas un libro casi entero jugando al truco con la
baraja criolla de los atardeceres.148
La extensa carta de Rosas a Borges constituye una sarta de
reclamos cuya clausura es una especie de desafiliación por parte del
147 Hay, por cierto, unos versos que podrían entenderse en dos
sentidos, “alguien en queja de cariño / pronunció el nombre familiarmente
horrendo” (7-8): la antítesis de la “queja de cariño” tiene sus
correspondencia, a manera de quiasmo, con el oxímoron “familiarmente
horrendo”; es familiar porque, en Argentina, Rosas se halla en boca de
todos y, luego, porque comparte lazos sanguíneos con los Borges.
148 Revista de América, 1926, núm. 6, en Las revistas literarias, ed.
de Héctor René Lafleur y Sergio D. Provenzano, CEAL, Buenos Aires, 1968,
p. 139.
133
dictador: “Me fastidia ese préstamo de sangre que intentaste en la anémica
gloria del tan poquísimo Carriego” (140).
Finalmente, Borges sabe que nada puede borrar este estigma
familiar y hasta político; por ello prefiere enaltecer la imagen de Rosas,
porque redunda en un pasado mitificado que a ambos justifica.
134
1. 2. 4. Un poeta en busca de la patria perdida
Los poemas en que Borges hace referencia a la ciudad, a sus calles y
plazas, al arrabal, “patria” metonímica del poeta, constituyen un itinerario
de finales del siglo XIX, cuando Buenos Aires apenas podía considerarse
una “gran aldea”; a la vez, representan una búsqueda de la ciudad
perdida. La visión pasatista de Fervor no oculta, sino que destaca la
gestación de otra Buenos Aires, ajena por moderna y por extranjeriza.
“Las calles”, “Calle desconocida”, “Arrabal”, “Un patio”, “Villa
Urquiza”, “La pampa” o “La guitarra” dan cuenta de esa búsqueda; a la
manera del flanêur baudelaireano, el poeta recorre las calles y registra las
huellas de una ciudad cada vez más distante. Mientras se aleja del puerto,
el poeta sufre también un regreso en el tiempo. Busca y encuentra la
imagen viva del recuerdo en el suburbio. Lo paradójico resulta cuando el
viandante huye hacia las afueras de Buenos Aires, lejos de “la vocinglera
energía de algunas calles centrales y la universal chusma dolorosa que hay
en los puertos”, y prefiere un espacio en constante transformación, el
arrabal, refugio de los habitantes marginados del centro:149 “En él —
expresa Cansinos Assens—, en sus vagos campos sin urbanizar, se sumen
y se desfiguran, se hacen imprecisos e incoherentes todos los lineamientos
149 En esta parte utilizaré solamente el término arrabal, porque
conforme pasó el tiempo, Borges fue modificando su concepción acerca de
este espacio citadino; años más tarde lo llamaría suburbio u orillas.
135
arquitectónicos y mentales de la ciudad”.150 El arrabal sirve como crisol de
varios estadios históricos y grupos humanos heterogéneos. Anexo de la
ciudad, el arrabal se caracteriza por su transitoriedad; es, puede decirse,
una ciudad efímera (precaria, transitoria, provisional), la de los
pasajes sombreados, los contornos borrosos y los escenarios que
normalmente servían como fondo de las fotografías de edificios
modernos cuya monumentalidad disfrazaba y solapaba otros
rasgos de igual o mayor importancia en la configuración
significante de la recién nombrada capital federal.151
Como señala Adrián Gorelik, la poesía del joven Borges se inscribe
en una discusión contemporánea acerca del suburbio que,
paulatinamente, avanza sobre el centro. Así visto, Borges es apenas un
participante más en este debate cultural, político y hasta estético.152
Borges se descentra hacia el pasado para ubicarse en el centro de
las modernas discusiones: al tiempo que niega lo extranjerizo de “algunas
calles céntricas”, se empeña por poetizar los arrabales atestados de
150 “El arrabal en la literatura”, Variaciones Borges, 1999, núm. 8, p.
30.
151 Francisco Javier Mora Contreras, “El conventillo como imagen de
la modernidad de Buenos Aires (1880-1930)”, en Escrituras de la ciudad,
ed. de José Carlos Rovira, Palas Atenea, Madrid, 1999, p. 114. Eso que la
fotografía de la época disfraza como fondo de los modernos edificios se
halla en constante movimiento, como expresa Cansinos Assens: “el arrabal
es algo enormemente dinámico, como el mar mismo. ¡De ahí la
multiplicidad de sus matices! En concreto diríase que todo está en él. Así
se explica la diversidad de sus interpretaciones literarias. Y así se
comprende que haya podido tentar a los espíritus complejos que aspiran a
las grandes síntesis” (p. 34).
152 “Contra cualquier impresión de descubrimiento solitario, lo
primero que debe entenderse es que en los años veinte, el suburbio se
había convertido en Buenos Aires en el centro de la polémica política,
urbana y cultural” [“El color del barrio. Mitología barrial y cultural en la
Buenos Aires de los años veinte”, Variaciones Borges, 1999, núm. 8, p. 36].
136
inmigrantes.153 Borges opta por una suerte de conciliación entre la ciudad
y la pampa, el arrabal, más que por la dicotomía decimonónica de
civilización vs. barbarie. Así, deviene protagonista en esta pugna por la
“modernidad periférica”;154 esta aparente fuga hacia el pasado resulta un
rasgo moderno, como el primitivismo o el negrismo en la pintura
vanguardista. Esta vuelta a lo marginal en Borges, sin embargo, asume
matices ideológicos, porque con su preferencia por el pasado niega el
presente de Buenos Aires con su ingente “universal chusma dolorosa”.
Los poemas dedicados a los espacios entrañables, pequeñas patrias
del poeta, están marcados con un dejo de ternura; en ellos se produce una
suerte de comunicación entre el sujeto lírico y los sitios de sus andanzas:
esta apropiación simbólica de las calles, el arrabal y la pampa (con sus
representaciones metonímicas como las plazas y los patios) produce un
estado de satisfacción en el poeta, como puede verse desde el primer
poema de Fervor, “Las calles”:
Las calles de Buenos Aires
ya son la entraña de mi alma. (vv. 1-2)
153 “Desde inicios de siglo, los sectores populares de origen
inmigratorio que se hacinaban en los conventillos del centro habían
comenzado, gracias al abaratamiento del boleto tranviario y la
generalización de los loteos en cuotas, a poblar la vacía grilla amanzanada
que el poder público había trazado sobre el suburbio como expansión
potencial de la ciudad” (ibid., p. 40).
154 Cf. Beatriz Sarlo, Una modernidad periférica. Buenos Aires 1920 y
1930, Nueva Visión, 1988, pp. 43-50.
137
Entre las calles y el alma del yo poético se establece un nexo
sentimental: aquéllas se convierten en un elemento constitutivo del ser. Al
construir el espacio añorado, aquél no únicamente revela sus múltiples
estados espirituales, sino que se construye a sí mismo: esta diseminación
del yo en el no-yo de la ciudad, dice Sylvia Molloy, “concluye en una literal
recolección en la que el yo recompone su unicidad”.155 Esta identificación
deliberada, sin embargo, fue vista por Roberto F. Giusti como una
impostación.156 A mi juicio, Borges volvió de Europa sin arraigo y el apego
a los “barrios amigables” fue un paliativo inmediato que con los años
devino en una callada pasión.
En sus recurrentes paseos crepusculares, el sujeto poético no
transita cualquier calle, porque no todas lo enternecen ni motivan el alarde
descriptivo que permea la mayor parte de las composiciones estudiadas en
este apartado:
sino la dulce calle de arrabal
enternecida de árboles y ocasos
y aquellas más afuera
ajenas de piadosos arbolados
("Las calles", vv. 5-8)
155 “Flanêries textuales: Borges, Benjamin y Baudelaire”, Variaciones
Borges, 1999, núm. 8, p. 18.
156 Aunque sin mencionarlo, es obvio que las palabras siguientes van
dirigidas a Borges: “tras [Carriego] la nueva poesía porteña extremó esa
identificación del alma con la ciudad natal, reviviendo particularmente las
impresiones de la infancia, hasta caer en una manera sentimental, cuando
no sensiblería de tango, que cristalizó en una retórica construida con
imágenes de juguetería, cuyo horizonte no va más allá del patio, la
esquinita, el almacén y la luna familiares” ("Panorama de la literatura
argentina contemporánea", p. 30).
138
Frente a la ruidosa urbe en ascenso, Borges propone la poetización
de un espacio apenas percibido por sus contemporáneos. Para sí, Borges
reclama la poesía de los márgenes, por ello lo marginal se convierte en
centro de su poética de juventud: entre los temas que merecen su atención
están las casas de arrabal, los cafés que frecuenta y el paisaje urbano
incontaminado por los verbalismos.
En Fervor, las calles no tienen siempre un sentido positivo: llevan,
por una parte, "hacia los cuatro puntos cardinales" (hacia la mujer amada,
hacia la plaza, hacia el barrio reconquistado) y, por otra, constituyen el
signo de la "geometricidad persistente"157 y, por lo tanto, de un
permanente ensanchamiento de la ciudad sobre el campo. La reiteración
157 Antes que Borges, Baldomero Fernández Moreno ya había
empleado la imagen de una ciudad geométrica (Antología, 1915-1940,
Espasa Calpe, Buenos Aires, 1941, p. 35):
Tengo el cerebro cuadriculado
como tus calles, ¡oh, Buenos Aires!
En mi cerebro no hay callejuelas,
el sol alumbra, circula el aire.
Si me preguntan por qué mis versos
son tan precisos, tan regulares,
yo diré a todos que aprendí a hacerlos
sobre la geometría de tus calles.
1921
Borges y Fernández Moreno comparten la imagen de la ciudad, pero
no el tono lírico ni la forma de concebir la poesía. Considero que el
contraste se advierte en el léxico lo mismo que en la construcción
metafórica. Además, las intenciones son distintas, porque Borges busca
convocar una nueva manera de ver la ciudad para mitificarla y Fernández
Moreno se conforma con exaltar la regularidad de las ciudades
americanas. Como con Lugones, Borges guarda una relación
contradictoria con Fernández Moreno (vid. infra).
139
de las calles denota una necesidad de búsqueda: los paseos en el espacio
sitúan al yo poético en un doble tiempo, el presente del suburbio que lo
acoge como un hijo pródigo y el pasado que aflora a cada paso en este
espacio marginal.
Ante las calles que se comunican con el alma del poeta, surgen como
una impronta las otras, con sus ruidos y sus luces agresivas:
Anuncios luminosos tironeando el cansancio.
Charras algarabías
entran a saco en la quietud del alma.
(“Ciudad”, vv. 1-3)
El yo poético de “Las calles” transita la “dulce calle de arrabal”, lejos
de las otras, “molestadas de prisas y ajetreos”; pero no puede ocultar estas
otra vías, como tampoco pueden los grandes edificios ocultar los rastros de
una ciudad de techos bajos. Disputa extraña entre las modernas
construcciones verticales y la horizontalidad de la vieja Buenos Aires.
Antes que negar la presencia de las calles otras, el joven Borges manifiesta
un abierto sentimiento de rechazo:
Yo atravieso las calles desalmado
por la insolencia de las luces falsas
(“Ciudad”, vv. 11-12)
El trazo de las calles es una constante que hace recordar la
fundación de las ciudades americanas; al respecto puede descubrirse un
doble sentimiento: ciertamente por ellas se va a los cuatro puntos
cardinales, pero al mismo tiempo la exactitud de la cuadrícula citadina
deriva en una imagen carcelaria:
140
5 y estuve entre las casas
miedosas y humilladas
juiciosas cual ovejas en manada,
encarceladas en manzanas
diferentes e iguales
10 como si fueran todas ellas
recuerdos superpuestos, barajados
de una sola manzana.
("Arrabal")
En esta abundante descripción de las “manzanas” que fragmentan el
espacio citadino, la geometría de las calles, a su vez, redunda en la
monotonía del paisaje; en un texto anterior a Fervor, Borges adelanta su
preocupación por el tema:
Ante la hipnosis rectilínea del caserío y curvilínea del camino,
Sureda y yo somos las dos pirámides del pueblo. Culminantes sobre
la democracia geométrica y encarrilada.158
Las casas también parecen recibir el efecto del diseño de la ciudad:
He mentado las casas. Y es que las casas constituyen lo más
conmovedor que existe en Buenos Aires. Tan lentamente iguales, tan
incomunicadas en su apretujón estrechísimo, tan únicas de puerta,
tan petulantes de balaustrada y de umbralitos de mármol, se
afirman, a la vez, tímidas y orgullosas.159
Al yo lírico no le interesa saber por qué están así las casas,
idénticamente tristes, sino el efecto que éstas producen en su imaginación.
Renuncia a la explicación y se conmueve con la contemplación, pivote de
esta serie de poemas. En ocasiones, también el estado anímico del poeta
158 “Aldea”, Ultra, 1921, núm. 2.
159 "Buenos Aires", Cosmópolis, 1921, núm. 34, en Textos recobrados
I, p.103; en una nota de Inquisiciones, Borges establece el parentesco entre
esta prosa y Fervor: "BUENOS AIRES fue abreviatura de mi libro de versos
y la compuse en el novecientos veintiuno" (p. 176). “Buenos Aires”, así,
resulta una fuente previa de Fervor.
141
incide sobre la percepción del paisaje; mediante la hipálage, las casas
reciben los atributos de su observador o de sus innominados habitantes:
“austeras”, “miedosas”, “humilladas”, “taciturnas”, “sufridas”, “tímidas” y
“orgullosas”.
La ciudad, tal como Borges la vierte en sus poemas, llega al lector
mitificada; desde ese momento esboza la idea del arquetipo que
enriquecerá su obra posterior: una casa parece resumir todas las casas;
una calle, todas las calles; un atardecer, todas las tardes.
Las calles conducen asimismo a las plazas, lugar del remanso e
intersticio de la inmensidad; en ellas cabe toda la tarde ("la tarde toda se
había remansado en la plaza", como expresa en "Plaza San Martín"). En el
texto citado arriba también aparece el tema:
Y en Buenos Aires [...] las plazas son el remanso único donde por un
instante las calles renuncian a su geometralidad persistente y
rompen filas y se dispersan como después de una pueblada.160
Los patios cumplen una función semejante a la de las plazas:
y las plazuelas donde hay frescura de patio
y el aislamiento y la individuación eternales
("La Recoleta", vv. 12-13)
Patio, cielo encauzado,
el patio es la ventana
por donde Dios mira las almas.
El patio es el declive
por el cual se derrama el cielo en la casa.
160 Id. Luego Borges manifiesta una tensión entre dos espacios:
dentro-fuera, casas-plazas, para ahondar más aún en las virtudes del
espacio abierto: “Si las casas de Buenos Aires son una afirmación
pusilánime, las plazas son una ejecutoria de momentánea nobleza
concedida a todos los paseantes que cobijan”.
142
("Un patio", vv. 7-11)
El jardín, el patio y las plazas son el punto de reunión de la calma, el
recuerdo, la inmensidad y la sensación de que en el hombre hay un
pequeño dios que puede caminar y reflexionar a sus anchas, además de
que en estos espacios cielo y tierra se comunican sin traba alguna; especie
de panteísmo que Borges opondrá a sus resabios ultraístas; el tiempo
deviene eternidad; la tierra, cielo:
Todo el jardín es una luz apacible
que ilumina la tarde
y es también una canción conocida
entre la algarabía del paraje.
El jardincito es un día de fiesta
en la eternidad de la tierra.
("Jardín", vv. 13-18)
Los patios agarenos
llenos de ancestralidad y eficacia,
pues están cimentados
en las dos cosas más primordiales que existen:
en la tierra y en el cielo.
("Cercanías", vv. 1-5)
En esos espacios abiertos se augura la presencia de la divinidad, de
su grandeza.161 Posiblemente por esta razón Borges prefiere las plazas, las
calles y los jardines vacíos: los seres humanos están aludidos mediante la
hipálage o la metonimia, y en algún poema aparecen mimetizados con el
161 Aquí es preciso mencionar que en "A quien leyere" Borges
reconocía la influencia de los latinos, aunque en mi opinión también debió
reconocer la deuda con fray Luis de León: "Semejante a los latinos, que al
atravesar un soto murmuraban <<Numen Inest>>. Aquí se oculta la
divinidad, habla mi verso para declarar el asombro de las calles
endiosadas por la esperanza o el recuerdo".
143
paisaje. La ciudad solitaria de Fervor no resulta extraña en lo absoluto: el
joven Borges simpatiza con la Buenos Aires de otro siglo y de ella apenas
quedan unos cuantos compadritos, las historias de los héroes familiares
muertos y una actitud iconoclasta, pues prefirió un espacio semihabitado,
previo al auge inmigratorio, antes que dar cabida a “lo extranjerizo”, cuya
efervescencia vivió a su primer regreso de Europa.
Por su parte, la pampa connota al menos dos cosas en Fervor: la
inmensidad, por un lado, y por otro el territorio perdido ante el crecimiento
de la ciudad; según Borges en la pampa se juntan la tierra con el cielo,
como en los otros espacios abiertos
Quejumbre mora
bordeando oscuramente ambas eternidades
del cielo gigantesco y de las leonadas arenas
("Música patria", vv. 1-3)
La misma idea se encuentra en otro poema:
vi la Pampa.
Vi muchas brazadas de cielo
sobre un manojito de pasto.
("La guitarra", vv. 10-12)
Es más, sólo en la pampa cabe Dios:
vi el único lugar de la tierra
donde puede caminar Dios a sus anchas.
Vi la pampa cansada
("La guitarra", vv. 19-21)
Las distancias en el espacio tienen su correlato en la distancia temporal; a
medida que el poeta se aleja del bullicio del puerto, se desplaza hacia el
144
pasado, y entonces aflora la nostalgia, que se representa por medio del
contraste ciudad-campo (urbe-pampa). La dicotomía sin embargo no es tan
tajante, porque Borges busca la estética donde ciudad y pampa se cruzan.
El tamaño de mi esperanza corrobora esta búsqueda:
Dos presencias de Dios, dos realidades de tan segura eficacia
reverencial que la sola enunciación de sus nombres basta para
ensanchar cualquier verso y nos levanta el corazón con júbilo
entrañable y arisco, son el arrabal y la pampa. Ambos ya tienen su
leyenda y quisiera escribirlos con dos mayúsculas para señalar
mejor su carácter de cosas arquetípicas, de cosas no sujetas a las
contingencias del tiempo (21).
Es preciso notar que aunque Borges hace énfasis en que la pampa y
el arrabal "ya tienen su leyenda" y "su carácter de cosas arquetípicas", en
1928 no responden a una mitología personal como la que él construye.
Borges tiene en cuenta que debe crear a sus lectores y, por ello, insiste en
las particularidades que definen su propia visión poética.
145
146
1. 2. 5. El paisaje crepuscular en Fervor
En el “Prólogo” que Borges anexa a la segunda edición de Fervor, en 1969,
comenta varias de sus juveniles manías poéticas y las compara con las de
su madurez: “En aquel tiempo, buscaba los atardeceres, los arrabales y la
desdicha; ahora, las mañanas, el centro y la serenidad” (9). Atardeceres y
arrabales, con sus calles y sus restos de campo abierto, constituyen temas
recurrentes en la edición princeps de Fervor.
Borges dedica en Fervor varios poemas al atardecer: “Resplandor”,
“Noche de San Juan”, “Campos atardecidos” y “Atardeceres”. A
contracorriente de lo que sostenía en una prosa de 1921, “ni de mañana ni
al atardecer ni en la noche vemos realmente la ciudad”,162 el joven Borges
se deja impresionar por el paisaje, se conmueve ante el crepúsculo, como
un salvaje más de la cultura:
Ir a mirar adrede el paisaje es paralelizarnos con los salvajes de la
cultura, con esos indios blancos que desfilan en piaras
militarizadas por los museos y se quedan con los ojos arrodillados
ante cualquier lienzo garantido por una firma sólida, y no saben
162 “Buenos Aires”, en Textos recobrados, p. 102. Los argumentos de
esta afirmación resultan contundentes: “La mañana es una prepotencia de
azul, un asombro de abiertas claraboyas agujereando el cielo decisivo y
completo, un cristalear y un despilfarro de sol amontonándose en las
plazas y hasta metiéndose en los espejos y en los aljibes. La tarde es el
momento dramático de la jornada: es como un retorcerse y un salirse de
quicio de las cosas, y nos desmadeja y nos carcome y nos manosea.
Después, y ya convaleciente de la tarde, la noche es el milagro trunco… La
madrugada, en cambio, siempre es una cosa infame y rastrera… // No: las
etapas que acabo de enunciar son demasiado literarias para que en ellas
pueda el paisaje gozar de vida propia”.
147
muy bien si están ebrios de admiración o si esa misma voluntad de
entusiasmo les ha inhibido la facultad de admirarse.
Desconfiemos de su indecencia emocional.163
En los fragmentos citados, el paisaje y los atardeceres adquieren
connotaciones negativas: “el paisaje —como todas las cosas en sí— no es
absolutamente nada”;164 además, “para apresar íntegramente el alma —
imaginaria— del paisaje, hay que elegir una de aquellas horas huérfanas
que viven como asustadas por las demás y en las calles que nadie se fija.
Por ejemplo: las dos y pico, p. m. El cielo asume entonces cualquier color.
Ningún director de orquesta nos impone su pauta. La cenestesia fluye por
los ojos pueriles y la ciudad se adentra en nosotros. Así nos hemos
empapado de Buenos Aires” (“Buenos Aires”, 102).
La anterior es una muestra más de que, en Fervor, el joven Borges se
halla en plena experimentación poética: estilos y temas diversos conviven
en este libro dedicado, en apariencia, a Buenos Aires. En esta serie de
poemas dedicados al crepúsculo se produce una constante recurrencia a la
metáfora; lo que Borges llamaba “enfilamiento de imágenes” domina como
procedimiento retórico; véase la primera estrofa de “Atardeceres”:
La vihuela
ya no dice su amor en tu regazo.
15 El silencio que vive en los espejos
ha forzado su cárcel.
La oscuridad es la sangre
163 “Crítica del paisaje”, Cosmópolis, oct/1921, núm. 34, en Textos
recobrados I, p. 100.
164 Id. Además, Borges insiste sobre la vanalidad del propio término:
“La palabra paisaje es la condecoración verbal que otorgamos a la
visualidad que nos rodea, cuando ésta nos ha untado con cualquier barniz
conocido de literatura. Desgraciadamente no hay gran acervo de barnices”.
148
de las cosas heridas.
En el poniente pobre
20 la tarde mutilada
rezó un Avemaría de colores.
Otras marcas textuales revelan la filiación de los poemas dedicados
al atardecer: todos empiezan con una alusión al “ocaso” o al “poniente”;
desde el primer verso, el tema se impone; en “Resplandor”: “Siempre es
conmovedor el ocaso”; en “La noche de San Juan”: “El poniente implacable
en esplendores”; en “Atardeceres”: “Toda la charra multitud de un
poniente” y, por último, en “Campos atardecidos”: “El poniente de pie como
un Arcángel”.
Con excepción de “Resplandor”, cuya sintaxis tiende a ramificarse y,
por ello, a complejizarse,165 los poemas del ocaso siguen un sencillo patrón
sintáctico; es más, debido a que se trata de ilustrar el asombro del yo
poético ante el espectáculo natural, apenas si es perceptible alguna
oración subordinada. En la primera estrofa de “Campos atardecidos”
puede apreciarse la tensión entre la sencillez de la sintaxis y la
abundancia metafórica de esta serie de poemas:
El poniente de pie como un Arcángel
tiranizó el sendero.
165
Así se observa en los primeros versos del poema mencionado:
Siempre es conmovedor el ocaso
por vocinglero o apocado que sea,
pero más conmovedor todavía
es aquel brillo desesperado y final
5 cuya herrumbre avejenta cualquier llanura espaciada
cuando en su horizonte nada recuerda
la vanagloria del poniente.
149
La soledad repleta como un sueño
se ha remansado al derredor del pueblo.
5 Las esquilas recogen la tristeza
dispersa de la tarde. La luna nueva
es una vocecita desde el cielo.
Según va anocheciendo
vuelve a ser campo el pueblo.
Cuatro oraciones simples en serie y una compleja al final conforman
esta estrofa; asimismo, en el plano semántico, ya la metáfora, ya la
comparación afloran en cada verso; el resultado: una cadena de imágenes
a la manera ultraísta, aunque motivada por un tema desdeñado por el
Borges ultraísta. Si se contrastan con los poemas de corte metafísico, los
poemas del ocaso se hallan en el extremo contrario, pues en aquéllos la
reflexión y la complejidad sintáctica funcionan como base retórica. El
dístico con que concluye el fragmento citado aparece en otros poemas,
unas veces resaltado por la sangría (como en “Jardín”, “Forjadura” o
“Despedida”) y otras sin marca especial (v. g. “”Hallazgo”, “Un patio”,
“Ausencia” o “La noche de San Juan”); este rasgo formal bien puede
relacionarse con el dístico con que cierra el soneto inglés, cuyo esquema
estrófico seguirá el Borges en su poesía de madurez.
La contemplación del ocaso ocurre, al parecer, en las afueras,
porque el sujeto poético alude, con nostalgia, a la avanzada de la ciudad
sobre el campo. En “La noche de San Juan” aquél expresa ante el
espectáculo abrumador:
bien recuerdan las calles
que fueron campo un día. (vv. 10-11)
150
Y en los vv. 8-9 de “Campos atardecidos” la dicotomía aflora como
una cicatriz en la voz poética:
Según va anocheciendo
vuelve a ser campo el pueblo.
Hay, indudablemente, una identificación con el espacio despoblado,
el campo, que en Borges a menudo es sinónimo de pampa; pueblo, por su
parte, se identifica con ciudad, como en “Villa Urquiza”, donde por cierto
resalta un idéntico tono de denuncia:
la calle Pampa larga como un beso,
las alambradas que son afrenta del campo
.................................
ayer fue campo, hoy es incertidumbre
de la ciudad que del despoblado se adueña: (vv. 11-17)
Estos poemas también pueden inscribirse a favor de la estética del
arrabal, de los márgenes, que Borges practica en un momento en que sus
contemporáneos miran hacia los cachivaches de la modernidad.
151
152
1. 2. 6. Metapoética de un incipiente poeta
El joven Borges no fue ajeno a las discusiones literarias que se generaban
a su alrededor. Recuérdense sus textos sobre la metáfora, el adjetivo y los
límites del lenguaje, sobre el ultraísmo y el expresionismo, así como sus
pormenorizados análisis sobre los escritores más connotados de la lengua
española: Cervantes, Góngora, Quevedo, Manrique, Unamuno. Además de
que “A quien leyere” representa la defensa de una poética de juventud, en
el mismo poemario Borges incluyó al menos tres poemas de cuño
metapoético: “Vanilocuencia”, “Dictamen” y “Forjadura”, si bien otros se
hallan salpicados de esta preocupación que lo acompañará durante toda
su vida.
El que más claramente habla de los problemas de la representación
poética es “Vanilocuencia”: en este poema el yo lírico expresa la
imposibilidad de “detener en palabras” la cambiante realidad. Si en un
principio decía “las calles de Buenos Aires / ya son la entraña de mi alma”,
los versos iniciales de “Vanilocuencia” funcionan como espejo cóncavo
para contradecir esta certeza:
La ciudad está en mí como un poema
que aún no he logrado detener en palabras. (vv. 1-2)
Acaso “la excepción de algunos versos” justifique el esfuerzo del
poeta por atrapar la vida en ebullición, pero ésta corre siempre adelante:
la vida se adelanta sobre el tiempo
como terror
que usurpa toda el alma. (vv. 5-7)
153
El mismo sujeto poético padece una incesante transformación que el
espejo atestigua:
yo siento el rendimiento del espejo
que no descansa en una imagen sola. (vv. 9-10)
No sólo resulta imposible guardar una imagen idéntica de sí mismo,
sino que desconsoladamente testimonia la imagen pasajera de sus
espacios preferidos. Vanilocuencia, sin duda, vana elocuencia este intento
de fijar la imagen de la ciudad, de las calles, de su casa, de sí mismo; la
poesía, con todo, es un consuelo momentáneo frente al implacable devenir:
¿Para qué esta porfía
de clavar con dolor un claro verso
de pie como una lanza sobre el tiempo
si mi calle, mi casa,
15 desdeñosas de plácemes verbales,
me gritarán su novedad mañana?
Ésta constituye una muestra más del afán pasatista del sujeto lírico,
quien no sólo experimenta la incapacidad de retener una imagen quieta de
sus ámbitos queridos, sino la desesperanza de quien vive las
transformaciones cotidianas de su ciudad.
Luego, en “Dictamen”, el sujeto lírico manifiesta una profesión de fe;
se niega a montarse en la “gloria verbal, grandeza en el estilo y exaltación de
imágenes”; antes bien, se posiciona ante estos recursos poéticos que la mayoría
ve como virtud de un libro:
no limaré mis entusiasmos
y será mi voz viva herramienta de su honra
5 mas no me embaucará mi devoción
154
y silenciosamente
sabré que aquello es artimaña y trampa dichosa.
Contra los artilugios retóricos de los demás (“artimaña y trampa
dichosa”), el yo poético de “Dictamen” ofrece un “libro liso”, que de alguna
manera justifica los otros libros:
Pero si al terminar un libro liso
que ni atemorizó ni fue feliz con jactancia
10 siento que por su influjo
se justifican los otros libros, mi vida
y la propia existencia de las cosas,
con gratitud lo ensalzo, y con amor lo atesoro
como quien guarda un beso en la memoria.
Los últimos versos, en alguna medida, exigen un trato semejante
para el libro que los contiene. Este poema es una justificación y una
autocrítica. Aunque en otros pasajes de esta tesis he mostrado la
abundante elaboración retórica en Fervor, en “Dictamen” pugna por una
poesía llana, como en “Llaneza”,166 donde Borges anticipa el tono de su
posterior obra poética: en 1923 es sólo una promesa. Se trata de un estilo
más en Fervor, no de una dominante.
Como antes anoté, sin embargo, la expresión poética más natural
requiere de un trabajo retórico considerable, por lo que el estilo “llano” sólo
puede llamarse así en la medida en que se opone a otros estilos basados
en esquemas retóricos distintos: la llaneza por la que pugna Borges en los
pasajes comentados depende, indefectiblemente, de un conjunto de
166 No por accidente Borges dijo que “Llaneza” era uno de los mejores
poemas del volumen: "En Fervor de Buenos Aires estimo buenos 'Llaneza',
'Calle desconocida', 'Remordimiento' y 'Trofeo'" (Cartas del fervor, p. 229).
155
artificios que lo diferencian de otros poetas de la época. Por contraste,
Borges manifiesta un doble distanciamiento: por una parte, de sus
resabios vanguardistas y de los modernistas, y de los sencillistas que
ocupan el escenario poético de 1923, por otra.
“Forjadura” es un temprano testimonio revelador porque anticipa el
destino a que el joven Borges se sabía condenado: desde el primer verso
menciona la ceguera que lo someterá a practicar, a tientas, la forjadura del
“duro diamante del poema”:
Como un ciego de manos precursoras
que apartan muros y vislumbran cielos,
lento de azoramiento voy palpando
por las noches hendidas
5 los versos venideros.
No es extraño, entonces, que la portada de la edición de Poemas
(1922-1943) esté ilustrada con un pequeño ángel (acaso como símbolo de
la inspiración) que forja un gran diamante, en clara alusión a este poema.
Decidido a enfrentar el destino literario, el sujeto lírico afirma su fe en la
poesía, aun cuando la vida vaya siempre adelante, el pasado siempre será
un campo abierto:
He de encerrar el llanto de los siglos
en el duro diamante del poema.
........................
Para ir sembrando versos
la noche es una tierra labrantía. (vv. 10-11 y 17-18)
Los años confirmarían que, más que la noche física, la ceguera se
convertiría en esa tierra pródiga para la poesía. En fin, estos intentos por
revelar los motivos del trabajo poético, sus fines y limitaciones, y sus
156
formas de representación son únicamente un esbozo de cuanto el joven
Borges escribió sobre el artefacto literario.
157
158
1. 2. 7. Poemas misceláneos de un libro misceláneo
Llamo “misceláneos” a los poemas de Fervor que no pueden agruparse
mediante un criterio formal o temático. Son, como quien dice, piezas
únicas: “Carnicería”, “Judería” y “Llamarada”. El primero de ellos describe
la macabra escena de una cabeza de vaca expuesta a la vista de los
transeúntes, como un signo metonímico de la Argentina de principios del
siglo XX. El joven Borges registra la que podría ser la imagen más típica de
la época por recomendación de su padre, quien alguna vez le dijo que
"echara una buena mirada sobre soldados, uniformes, cuarteles,
banderas, iglesias, curas y carnicerías, porque todas esas cosas estaban
por desparecer, y yo podría narrar a mis hijos que realmente las había
visto" (Un ensayo, 14).
Respecto de la gestación de este poema, Marcos-Ricardo Barnatán
aventura otra hipótesis: "Por las memorias de Jacobo Muchnik sabemos
que en la esquina de Thames y Nicaragua había una carnicería que
Georgie debió observar con alguna repugnancia en su ir y venir de casa a
la escuela".167 Por una u otra razón, destaca en el poema el procedimiento
mediante el cual concentra con breves trazos el espectáculo cotidiano:
“Más vil que un lupanar / la carnicería rubrica como una afrenta la calle”
(vv. 1-2). Inducido por un pudor insospechado, el joven Borges compara el
espectáculo de la carnicería con un lupanar, como si la carne muerta de
167 Borges. Biografía total, Temas de Hoy, Madrid, 2ª ed., 1998, p.
63.
159
las reses tuviera su correlato en las mujeres que ofertan su cuerpo en los
burdeles, de manera que la relación se puede invertir sin problema: el
lupanar afrenta la calle por su semejanza con la carnicería. Dije que se
trataba de “un pudor insospechado”, porque durante su estancia en
Europa Borges era asiduo visitador de burdeles, como lo hace saber en su
epistolario con Sureda y Abramowicz (vid supra). Al parecer, dicho pudor
irá en ascenso, pues años más tarde Borges dedica un poema a lo que
podría llamarse el rostro decadente de Buenos Aires: en “El Paseo de
Julio”:168 en éste, el yo lírico manifiesta su desagrado frente a las “parrillas
con la trenza de carne de los Corrales, / de prostitución encubierta por lo
más distinto: la música” (vv. 3-4); debido a que se trata de un lugar
decadente, de perdición, el sujeto poético expresa “nunca te sentí patria”
(v. 8), en contraste con el arrabal, la pampa o las plazas tan elogiados en
Fervor. En un sentido más literal, podría decirse que la carnicería era la
rúbrica nacional.
Los diez versos que constituyen el poema son eminentemente
descriptivos, lo cual se confirma con la abundancia de adjetivos:
Sobre el dintel
la esculpidura de una cabeza de vaca
5 de mirar ciego y cornamenta grandiosa
preside el aquelarre
de carne charra y mármoles finales
con la lejana majestad de un ídolo
o con la fijeza impasible
10 de la palabra escrita junto a la palabra que se habla.
168 Cuaderno San Martín, Proa, Buenos Aires, 1929, pp. 49-51.
160
Destaca en “Carnicería” una intención desautomatizadora: el tema
de por sí llama la atención y la crudeza del lenguaje ofrece una imagen
sangrienta en medio de la calle. Después de sucesivas correcciones, este
poema se convertirá en el poema más breve de Fervor, siete versos, en
1977, última vez que Borges expurgó su obra poética.
El 24 de octubre de 1920, Borges comenta a Sureda sobre sus más
recientes conquistas líricas y sobre sus proyectos:
Yo persisto escribiendo. He fabricado dos poemas: el 1º, «Gesta
soviética», muy dinámico, el 2º, «Judería», estilo de salmo bíblico.
Actualmente, ando con un tercer poema ultraísta (bíblico) rotulado
inevitablemente— «Crucifixión». Este poema no se ha cristalizado
aún: algunas metáforas nadan en mi cabeza.169
“Judería” parece haber sido motivado por el entusiasmo que le
produjo a Borges un hallazgo familiar, como se lee en la carta que envió a
Maurice Abramowicz, un amigo de ascendencia judía, el 11 de octubre de
1920:
Primero —y esto halaga mi obsesión judaica que tantas veces me
has señalado— acabo de descubrir en un libro de un tal Ramos
Mejía, historiador grave, muy conocido en Buenos Aires y
completamente idiota y verídico, que los Acevedo (la familia de mi
madre) son sefardíes, judíos portugueses convertidos. No sé bien
cómo celebrar ese arroyo de sangre israelita que corre por mis
venas (Cartas, 11).
Este hallazgo, además, produce una especie de vínculo directo con el
destinatario de la misiva citada, porque unos días más tarde lo saluda:
169
Cartas del fervor, p. 170. El primer poema mencionado se
convirtió en “Rusia”, que apareció en Grecia, 1/sep/1920, núm. 48; de
“Judería” no se conoce ninguna versión impresa anterior a la de Fervor;
mientras que, por último, de “Crucifixión” no se sabe más.
161
“Salve, ¡hermano en la raza y el ultraísmo!”170 El poema también puede
considerarse un homenaje a Rafael Cansinos Assens, a quien aun el
Borges maduro reconocerá como su “maestro”. Tan peculiar es “Judería”
que según Cansinos Assens representaba un “posible anatema de los
compañeros sectarios, la santa blasfemia de una poesía humana, fuerte y
honda” (La nueva, 286).
“Judería” está escrito en versículos sin aparente conexión: se trata
de una sucesión de imágenes engarzadas, cuya parte final denuncia la
persecución cristiana contra los judíos. Véanse algunas metáforas
descoyuntadas al principio del poema:
Quejas que nunca cesan se alzan las anhelantes paredes
Paredes tan escarpadas que han caído en lo profundo los hombres.
Desangradas antaño en vanas palabras hoy se cicatrizaron las bocas
Mudas como el harapo de infinito que las aristas de los aleros
[ahorcan
Y que se arrodilla en los ojos por donde el miedo está espiando…
(vv. 1-5)
Hasta una infracción sintáctica se distingue en el primer versículo, y
en los siguientes resulta difícil reconstruir el discurso: más que avanzar,
por su carácter descriptivo, el poema enfatiza los detalles de un cuerpo
fragmentado. Ahí están, por ejemplo, las bocas cicatrizadas, los “ojos por
donde el miedo está espiando”, “el gesto de la resignación” y “las otoñales
170Ibid., p. 121. Y en otra carta de diciembre de 1920, Borges
confirma su simpatía por los judíos: “…Mientras que en el Tiempo en que
nosotros (étnicamente nosotros) escribíamos los salmos, Europa no era
nada de nada. // Si uno no es griego o español, la única manera de tener
un poco de cultura en los huesos es ser judío como tú. O italiano o moro.
(Los españoles somos medio moros, sobre todo los andaluces. Yo tengo
antepasados de Córdoba y de Málaga)” [p. 131].
162
manos”. Además, la tensión entre sonido y silencio acentúa más el drama
judío, cuyo desenlace anticipa la tragedia:
Ante el portón la chusma se ha vestido de injurias como quien se
[envuelve en un trapo.
Dios se ha perdido y desesperaciones de miradas lo buscan.
Presintiendo horror de matanzas los mundos han suspendido el
[aliento.
Alguna voz invoca su fe: <<Adonái iejad>>—<<Dios es uno>>
Y arrecia la muchedumbre cristiana con un pogróm en los puños.
(vv. 9-13)
Por último, “Llamarada” puede considerarse un poema en prosa con
motivos religiosos, donde el sujeto poético asume al menos tres puntos de
vista: al principio domina la tercera persona (“una llamarada ondula en el
aire pardo”), recurso que permite una descripción detallada del
paupérrimo espectáculo en que se encuentra con la llama, símbolo de la
vida humana (vid. infra, Capítulo 2): “Yo paso junto a la llama”. La
adopción de la primera persona pasa del discurso poético al terreno de la
reflexión, al tiempo que con imágenes fugaces el Cristo crucificado sale a
flote, “la abierta herida de luz en el flanco del aire” o “medito el significado
de tu roja palabra”, que ilustran la presencia del intertexto bíblico. Como
Cristo, la llama deviene “símbolo-de nosotros que inevitablemente
sufrimos”.
Un nuevo cambio de punto de vista, de primera a segunda persona,
imprime un acercamiento más íntimo entre la llama-símbolo y el yo lírico:
“Te siento y paso”. Al final hay una vuelta a la tercera persona, aunque
bien podría tratarse de un desdoblamiento, pues la llama es primero
163
símbolo, pero enseguida se identifica con la voz poética que también se
desperdiga ante la inminencia de ocaso, como el Cristo de la ascensión: “Y
la llama se hunde en el gran crepúsculo enfermo—que en jirones
desgarran los grises vientos”. Desde mi punto de vista, Borges utiliza el
argumento bíblico influido por el poeta alemán Wilhelm Klemm.
A manera de conclusión, me gustaría decir que el análisis textual de
Fervor permite determinar los diversos nexos que el poeta establece con su
contexto literario. De la misma forma, este acercamiento arroja un
conjunto de estilos y formas en tensión que conviven por una suerte de
lazo sentimental que Borges tiende sus experimentos “vanguardistas” y
apropiación de un estilo y un espacio poético que sus contemporáneos
apenas entrevén.
Buenos Aires, por más que se halle en el título, no constituye el
principal tema del poemario; este fervor no se reduce a los espacios
añorados del poeta, “su patria”: el jardín de la casa paterna, las calles, las
plazas y el arrabal. Abarca, entre otros temas, la metafísica, la historia
familiar, el amor. Borges reúne materiales heterogéneos, tanto por el
tiempo en que fueron escritos, como por los temas y los estilos, pero utiliza
el paratexto, en este caso el título y el prefacio, para crear la idea de
unidad en este libro inaugural.
Aunque Borges anticipa que Fervor también abarca “lo que en ellas
[supo] de amor, de pena y de dudas” (“A quien leyere”), no puede deducirse
la diversidad estilística, porque integra no sólo poemas escritos entre 1921
164
y 1923; al contrario, reúne testimonios de un poeta en formación que van
desde la escritura adolescente, pasa por experiencia ultraísta (a caballo
entre Withman y los expresionistas) y llega a una síntesis poética mediante
la que intenta uniformar “sus estilos”. El esfuerzo, sin embargo, no es
siempre afortunado, porque el deliberado barroquismo chocaba, como él
decía, con los temas tratados, por una parte; por otra, con el tan deseado
estilo llano de algunos poemas como “Llaneza” o “Inscripción sepulcral”.
165
166
Capítulo 2
Arqueología textual de Fervor de Buenos
Aires
167
168
En 1984 Gloria Videla señalaba la necesidad de editar la poesía de Borges
mediante un sistema que tomara en cuenta “las versiones intermedias”,
principalmente de poemas aparecidos en revistas y luego incorporados,
con variantes, a algún libro.171 En sus conclusiones señala que “sólo en el
libro de 1923 el historiador, el crítico o el lector común encontrarán la
auténtica expresión de este primer Borges: quien desee estudiar su etapa
martinfierrista deberá acudir a las ediciones de la época” (78).
En su estudio sobre las primeras publicaciones de Borges en
Francia, Donald L. Shaw decía que “despite helpful work by Guillermo de
Torre, Videla, Meneses, Linda Mayer and others, if and when the much-
heralded critical and annotated edition of the complete works of Borges
ever appears (hopefully it will be begun before his centenary) much more
171 Textualmente: “Una edición crítica de la poesía de Borges debería
tener en cuenta versiones intermedias. Algunos poemas de este libro
[Fervor] habían aparecido, previamente y casi siempre con variantes, en
revistas vanguardistas españolas y argentinas” (“El sentido de las
variantes textuales en dos ediciones de Fervor de Buenos Aires de Jorge
Luis Borges”, Revista Chilena de Literatura, 1984, núm. 23, p. 68).
169
research will be required on his early poetry, including that contained in
manuscripts which are still coming to light and in small journals”.172
Shaw tenía razón: el trabajo aún está por hacerse, a pesar de los
esfuerzos de Tommaso Scarano, que editó los tres primeros libros de
Borges en 1987, y de Jean Pierre Bernès, cuya edición anotada resulta un
envidiable y vergonzoso ejemplo para los editores en lengua española. No
toda la culpa es de los editores, sin embargo, porque en su descargo cabe
mencionar el lamentable secuestro a que se hallan sometidos los derechos
de autor de la obra borgeana. Iván Almeida y Cristina Parodi proponen
una “edición de Borges ‘en exilio’”.173 A este llamado a la desobediencia
editorial quiero achacar las siguientes reflexiones. Tomo como punto de
partida la edición princeps de Fervor de Buenos Aires (1923), primer libro
de Jorge Luis Borges.
Los esfuerzos de Scarano y de Bernès, me parece, no han sido en
vano: mi edición crítica de Fervor está en deuda con ellos, porque a más de
que motivaron el titánico trabajo de editar un libro rico en variantes,
constituyen referentes obligados para cualquier trabajo de esta magnitud.
172 Cf. “Manomètre (1922-28) and Borges’s first publications in
France”, Romance Notes, 1995, núm. 36, pp. 33-34.
173 En la propuesta de Almeida y Parodi, la imaginación descuella;
según ellos, “alguna revista especializada podría igualmente tener la
jubilosa y descabellada idea de publicar, libro por libro, las obras
completas de Borges sin el texto de Borges… Es decir, tomar un volumen
tras otro, y tomar los correspondientes glosarios, correcciones, variantes,
apéndices y comentarios, eludiendo sólo, por razones de copyright, el texto
original, que seguiría siendo accesible en las ediciones autorizadas. Sería
algo así como una publicación en bajorrelieve, o como una edición de
Borges ‘en exilio’. Al menos a eso tenemos, por ahora, derecho” (“Editar a
Borges”, Punto de Vista, 1999, núm. 65, p. 29).
170
La diferencia entre mi propuesta y la de ellos radica en que utilizo como
codice optimus la versión de 1923. El argumento: sólo de esa manera
puede tenerse acceso al estado original del poemario y los cambios
posteriores pasan formar parte del sistema de variantes. Scarano toma
como texto base la edición de 1977 de la Obra poética, mientras Bernès, la
de las Obras completas de 1974; por su elección, éste pasa por alto detalles
editoriales significativos, como la supresión de “Las calles”, poema
emblemático con que abría Fervor, y otras variantes menores respecto de
la Obra poética de 1977.
En primera instancia, presento el estudio pormenorizado de las
versiones previas a la edición de Fervor, publicadas en revista, de once
poemas que posteriormente Borges retomó, con variantes, en 1923, si bien
aquéllos se redujeron, por aglutinación, a ocho. En un segundo momento,
doy cuenta de las relaciones intertextuales entre la prosa del joven Borges
y Fervor: este ejercicio sirve para ilustrar cómo prosa y poesía ocupan la
misma materia con fines distintos. Mediante este recurso, Borges parece
anticipar a Pierre Ménard, por una parte, pues muestra cómo el cambio de
contexto imprime nuevos sentidos al texto y, por otra, Borges deviene
precursor de Borges, porque al modificar su obra anterior, modifica su
recepción ulterior:
En el vocabulario crítico, la palabra precursor es indispensable, pero
habría que tratar de purificarla de toda connotación de polémica o
de rivalidad. El hecho es que cada escritor crea a sus precursores.
171
Su labor modifica nuestra concepción del pasado, como ha de
modificar el futuro.174
Al modificar su obra, Borges modifica su propia imagen como autor
doblemente: hacia el pasado y hacia el porvenir.
174 Otras inquisiciones, Emecé, Buenos Aires, 2ª ed., 1970 p. 148.
Una idea semejante expresa en “Nathaniel Hawthorne”: “La deuda es
mutua; un gran escritor crea a sus precursores. Los crea y de algún modo
los justifica” (p. 84).
172
2. 1. Las huellas de la reescritura
El análisis de los cambios entre las versiones de poemas aparecidos en
revista antes de ser parte de Fervor permite acceder a un Borges
preocupado por su breve obra poética, opuesto a la imagen que él mismo
pregonaba en los años veinte: la aparente despreocupación del joven poeta
por su obra contrasta con las múltiples variantes registradas en ocho
poemas de Fervor, si bien pueden relacionarse con muchos otros de la
misma época, como a continuación mostraré. Sigo el orden de aparición de
los poemas en la editio princeps.
173
174
2. 1. 1. “Sala vacía”
Este poema fue publicado en Ultra (15/ene/1922, núm. 22), con variantes
respecto de la versión de Fervor:
PRISMAS: “SALA VACÍA”
A Humberto Rivas
Los muebles de caoba perpetúan
entre la indecisión del brocado
su tertulia de siempre
Los daguerrotipos
5 mienten su falsa cercanía
de vejez enclaustrada en un espejo
y ante nuestro examen se escurren
como fechas inútiles
de aniversarios borrosos
10 Con ademán desdibujado
su casi-voz angustiosa
corre detrás de nuestras almas
con más de medio siglo de atraso
y apenas si estará ahora
15 en las mañanas iniciales de nuestra infancia
La actualidad constante
convincente y sanguínea
aplaude en el trajín de la calle
su plenitud irrecusable
20 de apoteosis presente
mientras la luz a puñetazos
abre un boquete en los cristales
y humilla las seniles butacas
y arrincona y ahorca
25 la voz lacia
de los antepasados
Sobre este poema puede contarse un hecho curioso: Carlos Meneses,
en Poesía juvenil de Jorge Luis Borges, trae la lección de 1969, pero quiere
175
hacerla pasar como si fuera la de la revista Ultra.175 Además, por su parte,
cuando Carlos García comenta las variantes entre esta versión y la de
Fervor, resta importancia a los cambios de puntuación, porque es probable
que “sea más de los cajistas que de Borges”.176 Difiero, sin embargo, de
esta apreciación, porque, si bien Fervor fue publicado de prisa y, como
Borges dice, “sin corrección de pruebas”,177 el poeta conserva el poema sin
cambios desde 1923 hasta 1958, lo que quiere decir que los cajistas
habrían colocado la puntuación de manera adecuada o que Borges no se
empeñó demasiado en modificarla porque no le pareció necesario.178
La falta de puntuación en la versión de Ultra anuncia el espíritu
vanguardista del poema, lo que en Fervor apenas si tendrá relevancia;
paradójicamente, por el momento de efervescencia ultraísta en que fue
publicado por vez primera, este poema contiene una de las imágenes más
asombrosas del poemario: “mientras la luz a puñetazos / abre un boquete
175 Olañeta, Barcelona, 1978, p. 74. Cita como fuente los mismos
datos de Ultra, excepto por el mes: según él, el núm. 22 es de marzo.
176 Después de hablar del título y la dedicatoria del poema, Carlos
García señala: “El resto, sólo concierne cuestiones de puntuación. Por
cierto, no ignoro su importancia para conocer el aliento poético de un
autor. El problema es que, tanto en un caso como en otro, no puede
excluirse que la puntuación sea más de los cajistas que de Borges” (El
joven Borges, poeta, p. 38).
177 “El libro, de hecho, se imprimió en cinco días. Hubo que
apresurar la impresión… No hubo corrección de pruebas, ni se hizo
sumario, y las páginas iban sin numerar” (Un ensayo autobiográfico, p. 57).
Resulta difícil, sin embargo, achacar todo a los tipógrafos, porque
finalmente el joven Borges decidió ponerlo en circulación con todo y lo que
el Borges maduro sostuviera casi medio siglo después.
178 Entre las múltiples variantes que sufrió este poema, a lo largo de
más de cincuenta años, no hay un solo cambio que concierna
exclusivamente a la puntuación: hay, sí, cambios de adjetivos y verbos, así
como supresiones de frases y versos completos.
176
en los cristales”. En general, Borges (o los cajistas, si se acepta la tesis de
García) se ajusta a las normas de puntuación; cuando el corte del verso
coincide con alguna pausa necesaria o con alguna frase incidental, omite
una coma; para indicar la ausencia de un punto, usa la mayúscula que le
habría seguido. Consciente de la artificialidad de la omisión de los signos,
en un artículo de 1937 aclara su proceder, aunque lo adjudique a “uno de
los nuestros”:
En el primer impulso abolimos —¡oh, definitiva palabra!— los
signos de puntuación: abolición del todo inservible, porque uno de
los nuestros los sustituyó con las «pausas», que a despecho de
constituir (en la venturosa teoría) «un valor ya incorporado para
siempre en las letras», no pasaron (en la práctica lamentable) de
grandes espacios en blanco, que remedaban toscamente a los
signos. He pensado, después, que hubiera sido más encantador el
ensayo de nuevos signos: signos de indecisión, de conmiseración,
de ternura, signos de valor psicológico o musical…179
La versión de Ultra también establecía otro nexo manifiesto con la
vanguardia “ultraica” desde el título, porque Borges diferenciaba entre la
estética pasiva de los espejos y la estética activa de los prismas:
Guiado por la primera, el arte se transforma en una copia de la
objetividad del medio ambiente o de la historia psíquica del
individuo. Guiado por la segunda, el arte se redime, hace del mundo
su instrumento, y forja —más allá de las cárceles espaciales y
temporales— su visión temporal.
Esta es la estética del Ultra.180
Borges, por supuesto, en ese momento se suma a la segunda.
179 “La nuevas generaciones literarias”, El Hogar, 26/feb/1937, en
Textos cautivos, p. 98.
180 “Manifiesto del Ultra”, Baleares, 15/feb/1921, en Textos
recobrados (1919-1929), p. 86.
177
Ahora bien, como puede constatarse en una somera mirada, el título
cambia en 1923 a “Sala vacía” y desaparece la dedicatoria a “Humberto
Rivas”, hermano de José Rivas Panedas, cuyo poema “Naufragio” Borges
publicaría en el primer número de Prisma a finales de 1921. También en
1923 Borges restablece el punto de los vv. 3, 9, 15 y 26.
Una sola variante textual puede apreciarse entre ambas versiones:
en el v. 6: “enclaustrada” sustituye a “encerrada”, cambio que, por cierto,
Tommaso Scarano pasa por alto.181
181 Omisión a todas luces perdonable porque, como él mismo
reconoce: “Non conosciamo direttamente il testo di Sala vacía pubblicato
in «Ultra»; ne fornisce la lezione Meneses dichiarandola proveniente dalla
revista madrilena, ma si trata in realtà della redazione di EF1969” (Varianti
a stampa nella poesia del primo Borges, p. 55).
178
2. 1. 2. “Arrabal”
La primera versión de este poema fue publicada en Cosmópolis (ag/1921,
núm. 32), aunque algunos de los principales críticos de Borges han pasado
por alto la fuente original o bien aportan datos vagos. Por ejemplo, Carlos
Meneses no ofrece testimonio alguno en Poesía juvenil de Jorge Luis
Borges182 ni en su más reciente trabajo, El primer Borges.183 Tampoco
Tommaso Scarano utiliza esta primera lectura en su edición crítica de
Fervor.184 Jean Pierre Bernès señala que “le poème, daté de 1921 dans
l΄edition originale, fut écrit par Borges au lendemain de son retour
d΄Europe”,185 sin advertir al lector sobre las múltiples variantes que la
versión de Fervor presenta respecto de la de Cosmópolis; por último, es
preciso comentar que sólo Carlos García edita este poema en El joven
182 Hago esta observación porque el apartado que inicia en la p. 55
se titula “Poemas 1919-1922”, periodo que abarcaría el poema de que
hablo.
183 Fundamentos, Madrid, 1999. “Arrabal” sólo aparece mencionado
en una lista sobre la “obra de Borges no publicada en este libro” (p. 131) y
da como referencia el número 34 de Cosmópolis, y no el 32 como lo
menciona Sara Luisa del Carril en su edición de los Textos recobrados,
Emecé, Buenos Aires, 1997, pp. 99 y 439, así como Carlos García, op. cit.,
p. 38.
En el número 34 de Cosmópolis (oct/1921) Borges publicó dos
textos: “Crítica del paisaje” (pp. 195-196) y “Buenos Aires” (pp. 197-199),
ambos con una errata en su apellido: “Biorges”.
184 Véase Varianti a stampa, donde después de referirse a los poemas
publicados antes de ser incluidos en Fervor agrega que “a questi è
presumibilmente da aggiungere Arrabal, pubblicato, secondo la
testimonianza di G. Videla, tra il 1921 e il 1922 in Spagna, ma non
reperito né da questa né da Meneses...” (p. 55).
185 “Notes et variantes”, en J. L. Borges, Œvres complètes, t. 1, ed. de
J. P. Bernès, Gallimard, Paris, 1993, p. 1289.
179
Borges, poeta; pero desafortunadamente omite algunos cambios que se
produjeron entre las versiones referidas. Considero pertinente reproducir
el texto de Cosmópolis para ilustrar mejor los cambios entre ambos
testimonios:
ARRABAL
A Guillermo de Torre, por contraste
El arrabal es el reflejo
de la fatiga del viandante.
Mis pasos claudicaron
cuando iban a pisar el horizonte
5 y caí entre las casas
miedosas y humilladas
juiciosas cual ovejas en manadas
encarceladas en manzanas
diferentes e iguales
10 como si fuesen todas ellas
recuerdos superpuestos barajados
de una sola manzana.
El pastito precario
desesperadamente esperanzado
15 salpicaba las piedras de la calle
y mis miradas constataron
gesticulante y vano
el cartel del poniente
en su fracaso cotidiano.
20 Y sentí Buenos Aires
y literaturicé en el fondo del alma
la viacrucis inmóvil
de la calle sufrida
y el caserío sosegado.
(Buenos Aires)
En principio, con la dedicatoria “A Guillermo de Torre, por
contraste”, Borges intenta distanciarse de uno de los mayores impulsores
180
del ultraísmo, por un lado, y mostrar esa especie de constante autocrítica
que habrá de marcar al Borges maduro, por otro. En este caso se siente
parte de una gesta literaria, pero al mismo tiempo conserva una
independencia relativa ante sus compañeros de aventura. En la edición de
Fervor, dicha dedicatoria cambia “A Guillermo de Torre”, hecho que
suavizaría la, en ocasiones, ríspida relación que Borges mantuvo con De
Torre, pues a menudo adquirió una doble faz tanto en el plano personal
cuanto en el estético, “por contraste”, que acaso no se resolverá ni cuando
éste se case, en 1928, con Norah, la hermana de Borges.
Al parecer, la tensión entre ambos abanderados del ultraísmo
comenzó cuando “Torre —escribe Borges a su amigo Abramowicz en
noviembre de 1920— me mandó también un número de Cosmópolis con
una antología del ultraísmo (está mi poema «Rusia») y un artículo de
exégesis en el que me nombra muchas veces, llamándome «expresionista
concentrado», lo que recuerda a un caldo, y en él elogia mi temperamento
lírico y mi dinamismo, etc. Además, en una carta, me ruega que escriba
una prosa laudatoria de su «Vertical»”.186 En otro párrafo acepta haber
escrito esa “prosa laudatoria” aunque con un dejo de arrepentimiento y
autocensura: “Qué bajeza, ¿no? He vendido mi alma haciendo un artículo
186 Cartas del fervor, p. 128. Unas líneas antes, con verdadera
acritud Borges había llamado a De Torre “gran visir”, “privado del rey o zar
absoluto”. Por lo que respecta a la visión de De Torre no variará mucho
cuando publique su Literaturas europeas de vanguardia, donde expresa
que Borges “llegaba ebrio de Whitman, pertrechado de Stirner, renuente de
Romain Rolland, habiendo visto de cerca el impulso de los expresionistas
germánicos, especialmente de Ludwig Rubiner y de Wilhelm Klemm” y
enseguida cita versos de “Rusia” (Caro Raggio, Madrid, 1925, p. 89).
181
en el que a veces asoma una ironía contenida y donde elogio a Torre por lo
contrario de lo que ha querido hacer”.187 Y en otra misiva a Sureda
(17/dic/1920), Borges le anuncia la transformación de Grecia en Reflector
y le comunica que en este número hay “una prosa mía encomiástica del
Manifiesto Vertical y plena de una ironía contenida que a veces salta a
chorros grotescamente”.188
Como puede observarse en los comentarios de “Vertical” y Hélices
(casi tres años más tarde), la opinión de Borges se mantiene inalterable,
pues desestima el trabajo de De Torre al decir, primero, que todo
manifiesto, como el de este último, “es algo que grita, pero que grita con
esa ingenuidad gesticulante y espontánea con que discuten en el cenáculo
los compañeros...” y lo hace pasar como discípulo de Stirner pues, según
Borges, en “Vertical” De Torre “literatiza la jubilosa estela stirneriana —la
de aquel hombre que habló de la significación formidable de un grito de
187 Cartas del fervor, p. 129. Sin embargo, Borges oculta este
sentimiento cuando contesta a De Torre sobre la petición de la mentada
“prosa laudatoria”: “Te lanzo mi más sincera enhorabuena por tu
Manifiesto Vertical. Con entusiasmo y grande placer accedo a tu demanda
de una prosa exegética del ideario que explayas en tus columnas. La
escribiré mañana y a mediados de la semana próxima anidará en tus
manos” (carta de diciembre de 1920, reproducida en Cuadernos
Hispanoamericanos, 1992, núms. 505-507, p. 49).
188 Cartas del fervor, p. 186. Por esas fechas De Torre parece haberse
convertido en el principal blanco de Borges, porque se mofa de “un artículo
de Escosura sobre el «gran poeta» Torre”, además de que lo acusa
indirectamente de intervenir en la venta de Grecia, que pasa de manos de
Isaac del Vando Villar a las de José de Ciria y Escalante: “Supongo que
Isaac le habrá vendido Grecia a un buen precio y que Torre es el propulsor
subterráneo de todo el asunto” (misivas a Sureda del 24 de octubre y del
16 de noviembre de 1920, pp. 170 y 181).
182
alegría sin pensamiento”.189 En segundo lugar, Borges se refiere a Hélices
como una “bella calaverada retórica”, hecha con “gran fervor de mocedad”,
en una reseña publicada en Proa (1ª ép., jul/1923, núm. 3).190
Ahora bien, después de esta larga digresión sobre la dedicatoria, las
variantes de “Arrabal” pueden enunciarse en el orden siguiente:
1. En el v. 5 de la versión de Cosmópolis se leía: “y caí entre las
casas”. El verbo caer imprimía una especie de estruendo y acción
exagerada; quizás por ello Borges prefiere una forma menos gesticulante y
anota en 1923 “estuve”, indudablemente una manera más llana de decir
las cosas.
189 Textos recobrados (1919-1929), pp. 76-77. Por lo demás, Stirner
estaba entre las preferencias de los jóvenes ultraístas, como lo muestra la
siguiente cita en que nuevamente De Torre aparece aludido; dice a
Abramowicz el 16 de octubre de 1920: “Por otra parte —para citar una vez
más la frase consagrada a Torre— si quieres desembrollar el fondo de esta
cuestión del yo y del mundo externo te aconsejaría —sin matiz
dictatorial— leer el libro de Stirner” (Cartas del fervor, p. 117).
190 Textos recobrados (1919-1929), p. 174. Sólo aporto un ejemplo de
la descripción que Borges dedica a la peculiar técnica del libro reseñado:
“Apiña un increíble acopio de imágenes en la estrechez de una frase sola y
las deja luchando juntas con esa silenciosa vehemencia de las enredaderas
y malezas que inquietan una selva”. En una carta a Sureda, de c. marzo de
1923 (antes de escribir la reseña mencionada), manifiesta una crítica más
ácida sobre Hélices: “¿Sabes que el efervescente Torre acaba de prodigar
su millarada de esdrújulas en un libro de poemas rotulado Hélices? Ya te
imaginarás la numerosidad de cachivaches: aviones, rieles, trolleys,
hidroplanos, arcoíris, ascensores, signos del zodíaco, semáforos... Yo me
siento viejo, académico, apolillado, cuando me sucede un libro así” (Cartas
del fervor, p. 227). Por último, en otra carta, de c. 15 de noviembre de
1923, al mismo Sureda, escribe Borges: “Roberto A. Ortelli en un artículo
publicado en el 1er número de Inicial (Buenos Aires) contra Guillermo de
Torre, te ensalza tus ‘metáforas intuitivas’ y te indica a Torre como ejemplo
que el susodicho esdrujulista debería imitar” (p. 232).
183
2. El v. 7 originalmente era “juiciosas como ovejas en manadas”. Al
respecto puede decirse que, aunque Carlos García identifica el cambio del
nexo comparativo atinadamente (“como” por “cual”, quizá para darle un
toque de anacronismo al verso), no registra la variante de “manadas” por
“manada,” que también disminuye el énfasis del sustantivo colectivo.
3. En el v. 10 la forma del verbo “fuesen” cambia a su equivalente
“fueran” en 1923.191
4. En el v. 11 no tenía la coma que en la edición de Fervor sigue a
“superpuestos”, un pequeño tributo que Borges pagaba a la vanguardia:
omitir la puntuación, aunque no lo hacía en todos los casos ni, parece, con
un criterio uniforme.
5. En el v. 16 se leía “y mis miradas constataron”, que se transforma
en “y mis miradas comprobaron” en 1923, con un verbo más corriente.
6. En Fervor, Borges elimina el punto que cierra el v.19 de la versión
de Cosmópolis. Respecto de este cambio y el siguiente, bien podrían haber
sido obra del linotipista, pues la presencia del nexo y sustituye el signo de
puntuación la mayoría de las veces.
7. En el v. 20 “Y sentí Buenos Aires” aparecía con mayúscula inicial
y el nombre de la ciudad en cursivas, y cambia a minúscula inicial y
negritas en la versión de Fervor (“y sentí Buenos Aires”). Como anuncié,
éste pudo ser otro momento de intervención de los linotipistas, porque es
191Inusual en él, nuevamente Carlos García omite esta variante que,
si no afecta el sentido del poema, sí indica la búsqueda de un estilo más
mesurado y natural (cf. El joven Borges, poeta, p. 38).
184
probable que, en lugar de itálicas, sólo tuvieran a mano negritas para
destacar el nombre de la capital argentina.
8. El v. 21 decía en Cosmópolis “y literaturicé en el fondo del alma”,
frente a “y literaturicé en la hondura del alma” de Fervor, lo que muestra la
preferencia de Borges por la palabra “hondo” y sus derivados.192
9. En Cosmópolis, “Arrabal” cerraba con la inscripción “(Buenos
Aires)” y cambia en Fervor por la fecha “1921”, que finalmente
desaparecerá desde las Obras completas de 1974.
Como puede notarse, este poema sufrió cambios en, al menos, una
tercera parte de sus versos originales entre 1921 y 1923. Algunos de ellos,
aunque más bien corresponderían al paratexto que al texto en sí, son de
radical trascendencia, porque la modificación de la dedicatoria sugiere una
especie de tregua entre el poeta y el dedicatario; mientras que el cambio
del lugar por la fecha al final del poema tiene una clara intención de
convertir una referencia específica en una menos asible, la del flujo
temporal, hasta que borra toda marca en la edición de 1974. Después de
todo, Buenos Aires se halla mencionado en el texto.
192 Por ejemplo puede leerse en "Sábados": "y una honda ciudad
ciega"; en "Las calles": "en la honda visión"; en "La Plaza San Martín": "la
honda plaza"; en "La vuelta": "la hondura de la calle" y en "Caminata": "la
ciudad hundida". Es ésta una imagen cara a Borges, quien al comentar
Tierra honda de Ipuche recuerda: "Yo adjetivé una vez honda ciudad,
pensando en esas calles largas que rebasan el horizonte y por las cuales el
suburbio va empobreciéndose y desgarrándose tarde afuera" (Inquisiciones,
pp. 58-59).
185
186
2. 1. 3. “Llamarada”
Este texto apareció como “La llama” (Grecia, 29/feb/1920, núm. 41) y
después Borges lo incluyó en Fervor como “Llamarada”, con las variantes
que apunto más abajo. En este caso, Tommaso Scarano sólo reproduce la
versión de Fervor, sin mencionar la fuente previa,193 mientras que Bernès
lo menciona varias veces en su edición; pero no ofrece ninguna edición
crítica de los dos testimonios.194 Por su parte, Carlos García señala que
“este texto fue revisado por Borges antes de reproducirlo en Fervor, y
aduce numerosas variantes menores”.195
Enseguida, mostraré que si bien se trata de variantes que afectan
mínimamente el sentido general del poema, pueden dar cuenta del proceso
creativo del joven Borges; asimismo, haré un análisis exhaustivo de los
nexos que este poema establece con otros textos y propondré una edición
crítica de ambos testimonios únicamente, porque Borges lo suprimió desde
la edición de Poemas (1922-1943).
El texto de Grecia es el siguiente:
193 Varianti a stampa nella poesia del primo Borges, pp. 101-102.
194 En su edición anotada de las Œuvres complètes de Borges
menciona únicamente que fue publicada en la misma época que “Himno
del mar” (p. 1263) y ofrece el dato de la primera versión de “Llamarada” (p.
1309); otro dato curioso es que incluye este poema como parte del
poemario Rythmes rouges y no entre los poemas no coleccionados en la
edición definitiva de Fervor (p. 36).
195 El joven Borges, poeta, p. 40.
187
LA LLAMA
Bajo la larga urna del cielo—ante los mástiles de invierno que se
alzan sobre las aguas sin ruido—y las luces verdes del puerto que en
amplia inmóvil procesión, anilladas de rojo en la penumbra lo
ciñen,—una llama torva ondula en el aire pardo y pesado a ras de la
5 tierra—en el derrumbamiento de las cosas visibles,—en la
angustiosa espera de la tormenta cercana...
La llama roja salta y chisporrotea.—Yo paso junto a la llama; yo
escucho lo que quiere proclamar su lengua de fuego,—yo doy
palabras y voz a lo que susurra esa llama.
10 Yo, latente bajo todas las máscaras,—nunca apagada y
eternamente acechando,—hermana de la abierta herida de luz en
el desnudo flanco del aire—hermana de lares y piras—hermana de
astros que arden en los jardines colgantes cuya serenidad enorme
yo envidio,—desterrada de las selvas del sol hace abismos de
15 siglos—encarno la grande fatiga, la sed de no ser de todo cuanto en
esta tierra poluta vibra, y sufriendo vive.
Te siento y paso.—Sigo a lo largo de la tarde lenta—y medito el
significado de tu roja palabra—y veo que en verdad eres
símbolo—de nosotros que inevitablemente sufrimos—uncidos al gris
20 yugo del día—o al enjoyado yugo de la noche—y ansiamos como tú
la alta serenidad y el desdén claro de la felina noche...
Espoleados—deseando deslumbrarnos y perdernos en los pasionales
festines—en la crucifixión de cuerpos tremantes (y pienso—que tal
vez no es otra cosa la vida—que el ascua de una hoguera
25 muerta hace siglos—que el último eco de una voz fenecida que arrojó
el azar a esta tierra—algo lejano a este orden de cosas del espacio
y del tiempo)—Y la llama se hunde en el gran crepúsculo enfermo—
que en girones desgarran los grises vientos.
A primera vista puede notarse una de las particularidades de este
texto, porque se trata del único poema en prosa de Fervor, a la manera de
Pierre Albert-Birot, de quien Borges traduce en el mismo número de Grecia
“La leyenda” (Textos recobrados, 37-38). Las variantes y comentarios son
los siguientes:
1. Sobre el título podría decirse que la imagen de “la llama” sirve a
Borges como metáfora de la vida humana, a veces, y de la conciencia en
188
ebullición, otras. Por ejemplo, en “Insomnio” (Grecia, 1920, núm. 41) se
lee: “y en el cráneo sigue vibrando esta lamentable llama de alcohol que no
quiere apagarse” (Textos Recobrados, 58); y en “Calle desconocida”,
también de Fervor, escribe: “que es toda casa un candelabro / donde arden
con aislada llama las vidas”. Por lo demás, Borges pudo tomar la idea de
sir Thomas Browne, quien en Hydriotaphia dice:
La vida es una llama pura, y nos anima un invisible sol interior. Un
escaso fuego basta para la vida; grandes llamas parecieron exiguas
después de la muerte, cuando los hombres vanamente afectaron
hermosas piras para arder como Sardanápalo…196
2. En la línea 1 hay dos variantes: “larga urna” cambia a “dolorida
sombra” y “mástiles de invierno” a “austeros mástiles” en 1923, quizás
para indicar, mediante la hipálage, cómo las carencias del paisaje
muestran el estado anímico del poeta. Este procedimiento, además,
vincula a Borges con los expresionistas, para quienes el estado espiritual
del poeta influye sobre el paisaje y no a la inversa.
3. Lo mismo puede decirse de la sustitución del adjetivo en “luces
verdes” por “luces pobres” de la línea 2, con lo cual ocurre una especie de
paulatino despojo del sujeto y del paisaje a un tiempo.
4. En la línea 4 también hay una variante: la “llama torva” por
“llamarada”; ésta se relaciona con la de la línea 7, donde Borges invierte el
cambio: “La llama roja” de la versión de Grecia se transforma en “La
llamarada” en Fervor.
196Véase “Quinto capítulo de la Hydriotaphia (1658)”, Sur,
ene/1944, núm. 111, pp. 23-24.
189
5. Sobre las líneas 19-20, es preciso decir que Borges juega en
múltiples poemas con la metáfora del destino del hombre uncido al yugo
del tiempo: “uncidos al gris yugo del día-o al enjoyado yugo de la noche”.
Otras expresiones emparentadas con ésta se hallan en “Paréntesis
pasional”: “el yugo de un día nuevo” y “es rojo yugo que unce la llama”
(Textos recobrados, 29); también con alguna línea de “Liberación”; “bajo el
yugo del día” (Textos recobrados, 32) y con un verso de “Norte”: “el yugo de
la noche que me unce” (Textos recobrados, 92).
6. El giro “la felina noche” de la línea 21 aparece en el poema
“Caminata” (v. 14), también de Fervor, con alguna variante: “la flexible
noche felina”; a propósito de éste podría comentarse que Borges adjetiva a
la manera lugoniana. En una entrevista con Jean de Milleret, aquél
comenta sobre esta expresión: "flexible, noche felina. Creo que se parece a
lo peor de Lugones o quizá de Darío. No, creo que no: Darío era menos
preciosista y más poeta que Lugones [...] Sí, creo que en Fervor de Buenos
Aires aparecen versos que son de Lugones, o que podrían serlo. Por
ejemplo, cuando hablo de la noche felina ¡bueno! no sé si eso se encuentra
en Lugones, pero podría encontrase allí... y no sería del mejor Lugones"
(Entrevistas, 78). Borges solamente introduce una paronomasia, porque
Lugones dice en el Lunario "la felona noche".197
197 Lunario sentimental, 2ª ed., M. Gleizer, Buenos Aires, 1926, p. 42.
190
7. En las líneas 22-23, Borges sustituye una expresión metafórica y,
por ello, más sugerente, “los pasionales festines”, por una más cruda y
unívoca en Fervor: “las culminaciones carnales”.
8. En la línea 26, “azar” se transforma en “acaso” en 1923. La
sustantivación del adverbio “acaso” bien puede parecer una errata; pero
según el testimonio previo de Grecia puede colegirse que no se halla en
lugar de “ocaso”, sino de “azar”.198 Asimismo, al final de esta línea, se leía
en Grecia “este orden de cosas” y se transforma en “los dos cauces” en
1923: pasa de una frase denotativa a otra metafórica para ilustrar la
irrevocable condición humana que avanza, como el agua, inexorablemente
por esos “dos cauces del espacio y del tiempo”.
10. La errata de la línea final, “girones” (en lugar de “jirones”), se
mantiene en 1923.
11. Por último, es preciso mencionar que en la versión de Grecia no
aparece la fecha con que cierra la de Fervor: “1919”.
198 Refiero este hecho porque aunque Scarano reproduce fielmente el
texto de “Llamarada”, se confunde en otras dos ocasiones en que sustituye
el original “acaso” por “ocaso: véase el v. 2 de “Hallazgo”: “el acaso alistó
para mi alma”, que desparecerá cuando Borges elimine este poema de
Fervor en 1943 y el v. 27 de “El Jardín Botánico”: “en la manirrota caterva
de estrellas, almas, voces y acasos”, que sólo cambiará a “ocasos” en 1943
(cf. Varianti a stampa nella poesia del pirmo Borges, pp. 100 y 107).
191
192
2. 1. 4. “La noche de San Juan”
Este poema fue publicado en Proa (1ª época, ag/1922, núm. 1), con el
título de “Noche de San Juan”; carece de puntuación y ofrece una
disposición textual un poco distinta respecto de la de Fervor:
NOCHE DE SAN JUAN
El poniente implacable en esplendores
quebró a filo de espada las distancias
Suave como un sauzal está la noche
Rojas chisporrotean
5 las cálidas guitarras de las bruscas hogueras
leña sacrificada
que se desangra en briosa llamarada
bandera viva en ágil travesura
La sombra es apacible como una lejanía
10 bien recuerdan las calles
que fueron campo un día
Toda la santa noche la soledad rezando
el rosario disperso de astros desparramados
Borges normaliza la puntuación en Fervor y corre los vv. 5-8 hacia la
izquierda; si bien no hay más variantes que las mencionadas, sí pueden
establecerse nexos entre “La noche de San Juan” y otros poemas de la
misma época.
En principio, la imagen de los vv. 4-7 en que la guitarra aparece
asociada con el color rojo (y por ello con la sangre) tiene como antecedente
los vv. 8-11 de “Hermanos” (Grecia, jul/1920, núm. 45):
y nuestros corazones fueron guitarras de mil cuerdas
que desangran hoy
en la otra herida
193
de sombras y planetas. (Textos recobrados, 50)
La equivalencia guitarra-corazón y música-sangre es evidente,
porque a su vez la guitarra representa metonímicamente la pampa y, en el
caso de Borges, una nostalgia por el pasado, por la arcadia perdida; lo
mismo puede notarse en los vv. 5-6 de “Último rojo sol” (Ultra, dic/1921,
núm. 20):
(dolorida y desnuda
una guitarra se desangra)
La guitarra en Borges también se halla asociada a dos de sus
mejores amigos, Macedonio Fernández y Ricardo Güiraldes,199 que si bien
no eran duchos para tocarla, a menudo acompañaba sus tertulias y
reuniones sociales. Es más, en el mismo Fervor, puede leerse el poema “La
guitarra”, cuyo incipit establece el nexo directo entre la pampa y la
guitarra:
He mirado la pampa…
Estaba acurrucada
en lo profundo de una brusca guitarra.
199 Por ejemplo, en “La lírica argentina contemporánea” (Cosmópolis,
dic/1921, núm. 36), Borges comenta de Macedonio: “Sus noches las
encierra en un zaquizamí que ensancha apenas un espejo y que mortifican
los muebles entre cuya poquedad resalta la guitarra donde suele
musicalizar sus momentos” (Textos recobrados, p. 133); y de Güiraldes:
“Mientras,… sigan viviéndome / La dicha que la Quica tiene en sus ojos
grandes / Y la guitarra austera de Ricardo Güiraldes)” (“Patrias”, Luna de
enfrente, Proa, Buenos Aires, p. 34).
194
La guitarra y la pampa implican un tercer elemento, la payada, con
lo que Borges se adhiere a la tradición literaria local, a la vez que expresa
la nostalgia por una época dorada de gauchos y compadres.
Los vv. 9-10 de “La noche…” (“bien recuerdan las calles / que fueron
campo un día”), de alguna manera, guardan un lazo semántico con otros
poemas de Fervor; en ellos hay una especie de crítica contra la avanzada
de la urbanización que, poco a poco, gana espacio a la pampa.
Por último, los vv. 12-13 de “La noche…” (“Toda la santa noche la
soledad rezando / el rosario disperso de astros desparramados”) parecen
una reescritura de los vv. 30-31 de “Benarés”, cuya lectura reproduzco
para mostrar la familiaridad entre ambos textos:
y la voz de un almuédano
que ya rezó el disperso rosario de los astros.
Este sucinto análisis de los nexos intratextuales entre “La noche…” y
el resto de la poesía del joven Borges ilustra, por una parte, la complejidad
de la trama borgeana y, por otra, las imágenes que obsesionaron al poeta
desde sus primeros años.
195
196
2. 1. 5. “Sábados”
Este poema originalmente constaba de 52 versos en la edición princeps de
Fervor y se hallaba dividido en cinco estrofas. La primera tenía 14, la
segunda 11, la tercera 12, la cuarta 12 y una coda de tres. Destaca en
“Sábados” una apelación explícita a la amada mediante el adjetivo posesivo
y los pronombres personales en segunda persona (“tu”, “te” y “ti”). Además
del tema amoroso, que se confirma con la dedicatoria, este rasgo
gramatical sirve a Borges para crear la imagen de unidad y continuidad en
el poema. De estas cinco estrofas, al menos tres aparecieron publicadas
como poemas independientes.200 La primera de ellas da nombre al poema,
pues fue publicada como “Sábado” en una pequeña antología de “Poemas
ultraístas” (Nosotros, sept/1922, núm. 160, y Manomètre, oct/1922, núm.
2); la segunda se llamó “Tarde lacia” (Tableros, feb/1922, núm. 4) y la
tercera, “Atardecer” (Manomètre, ag/1922, núm. 4), publicada en versión
bilingüe.
Con el ánimo de ser fiel al texto comentado, explico cada una de las
estrofas de "Sábados" según el orden que guardaban en la primera edición
de Fervor.
De acuerdo con Alejandro Vaccaro, el título del poema "hace una
clara alusión al día de la semana que [Borges] compartía con su novia en
200Empleo esta palabra, a sabiendas de que en la obra borgeana
apenas si puede hablarse de independencia textual en un sentido estricto,
pues está plagada de nexos y alusiones internos desde las fechas
tempranas del poeta.
197
casa de las Lange";201 sin embargo, en dos cartas a Sureda, Borges
comenta no sólo cuándo sino dónde se encontraba con Concepción
Guerrero: "El azar hace que nos veamos todos los días cerca del
crepúsculo, en la casa de Norah Lange"; "Ahora logro verla con mayor
frecuencia a Concepción, dos y a veces 3 veces por semana" (Cartas, 217 y
223). Acaso, en determinado momento de su noviazgo Borges se
encontraba con Concepción los sábados, pero los testimonios indican otra
cosa.
Respecto de la dedicatoria, “Para mi novia, Concepción Guerrero”,
puede decirse que sufrió varias modificaciones; no encabezó ninguno de
los tres fragmentos de "Sábados" que Borges publicó en revistas, sino que
fue incluida en la edición princeps de Fervor. Bernès ofrece el dato a
medias.202 Por su parte, basado en la edición de 1969, Carlos Meneses dice
que "sólo escribió las iniciales 'A C. G.'” la crítica no reparó en ello y tomó
el poema como una despedida de Buenos Aires" (Borges en Mallorca, 68, n.
58). Por último, en un ejemplar de Fervor, refiere Vaccaro, hay una
dedicatoria manuscrita: "A mi dulce y cariñosa Concepción" (Georgie, 193).
201Georgie. 1899-1930. Una vida de Jorge Luis Borges, p. 208. La
conjetura de Vaccaro, sin embargo, se desvanece enseguida porque él
mismo reconoce: “[Borges] afirma pleno de gozo que se veía con mayor
frecuencia con ella, dos y a veces tres por semana”.
202 Bernès alude al cambio del nombre de la dedicatoria por las
iniciales, pero no señala el cambio de la preposición que antecede a la
iniciales: “Cette dédicace sera réduite aux initials «C. G.» dans les versions
de 1943, 1954 et 1969. Pour la présente édition, Borges a souhaité
supprimer toute réference à la dédicataire” (“Notes et variantes”, p. 1302).
En las versiones de Poemas de 1943, 1954, 1958 y 1962, y en Obra poética
de 1964, 1966, 1967 y 1969 se redujo a “Para C. G.”; desde de la segunda
edición de Fervor, 1969, sufrió un nuevo cambio: “A C. G.”
198
“Sábados” [1]
Resulta extraño que Jean Pierre Bernès, en su aparato de notas y
variantes, señale que “la version préoriginale de ce poème paraît sous le
titre «Sábado» («Samedi»), dans la revue Nosotros...” (“Notes et variantes”,
1300) Al parecer Bernès se confunde, porque no se trata de la primera
versión de “Sábados”, sino de la primera estrofa; este malentendido lo lleva
a cometer otro, pues enseguida sostiene que “la première strophe du
poème avait dejà été publiée à Buenos Aires dans la revue Prisma, revue
murale, no 2, avec la declaration suivant de son directeur, le jeune poète
Eduardo González Lanuza...”203
Borges publicó en el segundo número de Prisma el poema
“Atardecer”, que luego pasó a ser la segunda estrofa de “Atardeceres”,
incluido también en Fervor. Por lo que se observa, la reescritura y la
203 Después, aparece citado el texto introductorio de la segunda
entrega de Prisma, cuya autoría, a diferencia de Bernès, Sara Luisa del
Carril atribuye a Borges, aunque no puede descartarse la coautoría. Por
una carta que Borges envió a Adriano del Valle entre agosto y diciembre de
1922, se deduce que el director de Prisma, aunque solapado, era Borges:
“Te agradezco siempre la dedicatoria de tu bello Poema pastoral mas no lo
publiqué por la siguiente razón: Se sabe —en los corrillos literarios a
quienes el Ultraísmo interesa— que yo dirijo Prisma y, como
comprenderás, resulta un tanto enfático y vanidoso que en mi propia
revista salgan poemas dedicados a mí” [Rosa Pellicer, “Cartas de Jorge
Luis Borges a Adriano del Valle”, Voz y Letra, 1 (1990), p. 214]. En la
misma carta, Borges habla de que Proa, cuyo segundo número se halla en
marcha mientras redacta la misiva, sustituyó a Prisma, pero un acto
fallido lo traiciona doblemente, pues en primer lugar sí publicó el “Poema
pastoral” (Prisma, mar/1922, núm. 2) y, en segundo, parece que en el
fragmento citado debió decir Proa en lugar de Prisma, pues comenta el
nuevo proyecto y, por ello, el uso del presente resulta contradictorio: “yo
dirijo Prisma”, que debió decir “yo dirigía Prisma”.
199
repetición de títulos en la poesía borgeana sin duda confunden al más
ducho, es decir, en Borges la voluntad autoral de utilizar varias veces un
mismo título en ocasiones le sirve para crear una imagen falsa de
continuidad, como ocurre con “El Sur”, de Fervor, que mantiene el título,
pero cambia totalmente el texto en la edición de 1969 (vid. Anexo).
Al parecer, Tommaso Scarano no tuvo a su alcance la versión de la
primera estrofa de “Sábados” que apareció en Manomètre,204 como se
deduce de su edición crítica de los tres primeros libros de Borges.
Ahora bien, debido a las variantes cruzadas entre las tres
versiones de esta primera estrofa de “Sábados”, resulta difícil establecer su
cronología. Sin embargo, para ilustrar el modo en que el joven Borges
juega con las variantes, reproduzco en este orden las versiones de
Manomètre y Nosotros, y las comparo con la de Fervor de 1923:
SÁBADO (Manomètre, oct/1922)
Benjuí de tu presencia
que luego he de quemar en el recuerdo
y miradas felices
de ir orillando tu alma
5 Afuera hay un ocaso joya oscura
engastada en el tiempo
que levanta las calles humilladas
y una honda ciudad ciega
de hombres que no te vieron
10 La tarde calla o canta
Alguien descrucifica los anhelos
clavados en el piano
Siempre la multitud de tu hermosura
204Varianti a stampa nella poesia del primo Borges, p. 95. Sólo dice
que “del primo componimento esiste una redazione anteriore ad S in
Nosotros (settembre 1922) sotto i titolo ‘Sábado’”.
200
en claro esparcimiento sobre mi alma
SÁBADO (Nosotros, sep/1922)
Benjuí de tu presencia
que iré quemando luego en el recuerdo
y miradas felices
de bordear tu vivir
5 Afuera hay un ocaso joya oscura
engastada en el tiempo
que redime las calles humilladas
y una honda ciudad ciega
de hombres que no te vieron
10 La tarde calla o canta
Alguien descrucifica los acordes
clavados en el piano
En los testimonios de la revista, se aprecia en un primer momento la
ausencia de puntuación, que Borges restituye en Fervor. A continuación
comento las variantes textuales entre las tres versiones:
1. El v. 2 de Fervor coincide con la versión de Nosotros: “que iré
quemando luego en el recuerdo”.
2. Nuevamente, el v. 4 de Fervor sigue la versión de Nosotros: “de
bordear tu vivir”, acaso como efecto del cambio que impuso en el v. 2, para
evitar otro presente progresivo; al mismo tiempo, suprime la repetición del
vocablo “alma” que aparecía también en el v. 14.
3. El v. 5 de Fervor registra, aparte de la puntuación, dos variantes
que no aparecen en N ni en M: “Hay afuera un ocaso, alhaja oscura”. En
este caso, Carlos García anota la variante de “ocaso joya oscura” (N y M)
por “ocaso, alhaja oscura” (F), pero hay una más al inicio del verso: “Afuera
201
hay” (N y M) por “Hay afuera” (F); por cierto, en la segunda edición de
Fervor (1969), Borges recogerá la versión de N y M.
4. Acaso para disminuir el tono religioso del v. 7 de M, “que redime
las calles humilladas”, en Fervor y N cambia a “que levanta las calles
humilladas”, sin modificar el endecasílabo.
5. En el v. 11 hay una variante común a Fervor y M, “anhelos”,
mientras en N se lee “acordes”.
6. Por último, en el v. 13 Fervor y M coinciden, “hermosura”, ante la
variante de N que decía “belleza”.
Así, de la lectura minuciosa de las seis variantes significativas, tres
son compartidas por Fervor y Nosotros, dos por Fervor y Manomètre y una
más por Nosotros y Manomètre.205 Este acercamiento permite sostener,
junto con Carlos García, que la versión de Manomètre206 es la más remota,
pues las de Fervor y N son cuantitativa y cualitativamente más cercanas;
además hay que señalar que no se trata de una serie de correcciones
progresivas, ya que el poeta incluye variantes de la versión más remota: es
205 En su edición del poema, Carlos García concluye que "cuatro son
comunes a N y F, una a N y M, y una a F y M", porque atribuye la variante
del v. 11 a Fervor y Nosotros en lugar de Nosotros y Manomètre (op. cit., p.
42).
206 "Pero resta aclarar si el primer texto impreso (en N) fue también el
primero escrito. No lo creo. Considerando los datos a mi alcance, y las
variantes aducidas, colijo lo siguiente: que el texto original es el de
Manomètre; que éste fue ligeramente corregido antes de su publicación en
Nosotros; que el texto de Nosotros, a su vez, fue corregido antes de su
adopción en Fervor retornando, en algún caso, a la versión primigenia,
aparecida en Manomètre" (id.). Sin embargo, queda por explicar, por
ejemplo, la mayor familiaridad léxica entre las versiones de Fervor y
Manomètre, como se observa en los vv. 11 y 13: en el mismo "Sábados" las
palabras "anhelo" y "hermosura" aparecen dos veces más.
202
muy probable que Borges trabajara con las versiones de M y N
simultáneamente para componer la de Fervor.
“Sábados” [2]
En 1987, al comentar la cuarta entrega de Tableros, Jorge F. Fernández
hacía notar el olvido en que se encontraba este poema, aunque no se
percató de su inclusión en Fervor: “Ya en su Buenos Aires natal desde el
año anterior, publica esta ‘Tarde lacia’, poema olvidado incluso por
quienes han rescatado sus obras primerizas del olvido” (y enseguida
reproduce la versión de Tableros).207 Asimismo, en la nota 7 comenta: “No
aparece en Poesía juvenil de Jorge Luis Borges de Carlos Meneses,
Barcelona, 1978. En dicho texto, en cambio, sí se reproducen los poemas
de Borges publicados en los anteriores números de Tableros” (159). No
dice, sin embargo, nada más. Es decir, el poema quedó en el medio olvido,
finalmente. A continuación reproduciré las dos versiones, la de 1922 y la
de 1923, para ilustrar algo que, por añadidura, tampoco ha hecho ninguno
de los editores del joven Borges: establecer las variantes entre ambos
testimonios.
207 Véase: “Tableros núm. 4: Salvat-Papasseit, Gutiérrez-Gili y Jorge
Luis Borges”, Hora de Poesía, ene-abr/1987, núms. 49-50, pp. 159-160.
203
TARDE LACIA
No hay más que una sola tarde
la única tarde de siempre
Aquí está su remanso
Las palabras
5 no logran arraigarse en el paisaje
y se escurren como agua
El corazón refleja
tus labios que una noche serán besos
y mis ojos abiertos como heridas
10 aún sostendrán ciudades
El último jardín será el poniente
SÁBADOS [2]
15 No hay más que una sola tarde
la única tarde de siempre.
Aquí está su remanso. Las palabras
no logran arraigarse en su paraje
y se escurren como agua.
20 El corazón refleja
tus labios que una noche serán besos
y mis ojos abiertos como heridas
habrán de sostener otros lugares.
Te traigo vanamente
25 mi corazón final para la fiesta.
En este caso los cambios más abundantes son de puntuación: la
versión de Tableros estaba más acorde con el espíritu de la moda
vanguardista. Los cambios más significativos son los que aparecen en los
vv. 5 y 10-11 de Tableros, que equivaldrían al 18 y 23-25 de “Sábados”.
1. Posiblemente Borges se acordó del escrito que hizo en contra de
los escritores del paisaje (vid supra) y, por ello, en el v. 18 de “Sábados” (2)
204
prefirió una palabra semejante fonéticamente, con un determinante y un
significado distintos (“su paraje”), que produce una percepción ambigua,
porque el “su” puede corresponder al antecedente “las palabras” o, más
atrás, a “poniente” o “tarde”; mientras que con “el paisaje” del v. 5 de la
versión de “Tarde lacia” no había duda de que se trataba de una referencia
al ambiente físico, tan influyente en los escritores de finales del siglo XIX y
principios del XX, y cuyos acercamientos parecían anquilosados al joven
Borges.208
2. La transformación que sufren los vv. 10-11 de “Tarde lacia”
cuando pasan a “Sábados” [2] es más significativa aún pues, por una
parte, son radicalmente distintos y, por otra, compensan la extensión del
poema original, porque con la disposición textual en Tableros se cuentan
once versos, pero en Fervor Borges junta los vv. 3-4 y con la reescritura del
final del poema agrega uno para mantener idéntico número.
Del v. 10 de “Tarde lacia” puede decirse que adquiere una forma casi
imperativa en “Sábados” [2]: “habrán de sostener otros lugares”, antes que
una descriptiva: “aún sostendrán ciudades”, además de que el sustantivo
empleado al final del verso, “lugares”, sugiere una imprecisión geográfica
mayor que “ciudades”.
208 “Hasta hoy —1921— ninguna reacción nueva se ha sumado a la
totalidad de las reacciones ya conocidas: actitud lacrimosa, actitud
panteísta, actitud estoica y antitética entre el —supuesto— lujo ciudadano
y el escueto franciscanismo de la visión rural” (“Crítica del paisaje”, en
Textos recobrados, p. 100).
205
Por último, el v. 11 reescrito, vv. 24-25 de “Sábados” [2], adquiere un
tono casi patético con los cambios efectuados, pues la inmolación del
poeta en una fiesta sugiere mayor fuerza poética que la imagen descriptiva
y sentenciosa de “Tarde lacia”.
Ya como parte de “Sábados”, “Tarde lacia” es absorbida por el nuevo
contexto; mediante los cambios introducidos, Borges uniforma la extensa
composición de Fervor; al mismo tiempo, “Tarde lacia” influye en el nuevo
texto, pues el verso “No hay más que una sola tarde” destaca el arquetípico
encuentro con la amada, su reiteración, pero también la reducción del
fenómeno a un acto inmutable donde el sujeto lírico, como Cristo, se ve
inmolado una y otra vez en “la única tarde de siempre” por amor a otro.
Considero, finalmente, que de alguna manera el contraste entre una
y otra versión no sólo permite observar los cambios en el temperamento
lírico de Borges y, de pasada, esa casi obsesiva necesidad de dejar huellas
bien identificables entre ambos textos, sino que al mismo tiempo hace
parecer que la literatura sigue una lógica independiente del poeta, que
actúa como medio únicamente, mientras el texto genera otros textos: acaso
fragmentos del Gran Libro en constante reescritura.
“Sábados” [3]
La tercera estrofa, en versión bilingüe, fue traducida como "Le soir tombé"
por Émile Malespine para Manomètre. Esta versión sólo varía de la de
206
Fervor por la ausencia de puntuación y un mínimo cambio de disposición
textual; apareció un mes después del poemario que lo recoge:
ATARDECER
A despecho de tu desamor
tu hermosura
prodiga su milagro por el tiempo
Está en ti la ventura
5 como la primavera en la hoja nueva
Quedamente a tu vera
se desangra el silencio
Ya casi no soy nadie
soy tan sólo un anhelo
10 que se pierde en la tarde
En ti está la delicia
como está la crueldad en las espadas
LE SOIR TOMBÉ
E dépit de ton désamour
ta beauté
par le temps son miracle prodigue
Le bonheur est en toi comme
5 le printemps dans la feuille neuve
Quiétement à ton côtè
le silence perd son sang
Déjà presque personne ne suis
Suis seulement un désir
10 qui se perd avant la nuit
La délice est en toi
comme est la cruauté dans les épées.
Cabe destacar, entre las particularidades de esta publicación
bilingüe, que en el v. 2 de Manomètre se halla primero la versión en
francés y luego en español, además de que en las tres ocasiones en que
reproduce la conjugación de estar en tercera persona del singular aparece
207
con el acento agudo, “està”,209 debido sin duda a las vicisitudes
tipográficas. Se trata de la traducción más antigua de la obra de Borges,
como bien lo ha hecho notar Donald L. Shaw.210
“Sábados” [4]
Respecto de la cuarta estrofa no se conoce alguna versión poética previa,
pero sí una muy rudimentaria que funciona como una especie de
antecedente directo, de un préoriginale, como diría Bernès, el cual se
tratará en el segundo apartado de este capítulo, donde comento los textos
en prosa que, reescritos, pasaron a constituir algún fragmento de Fervor.
“Sábados” [5]
De la quinta estrofa, apenas constituida por tres versos, no conozco
antecedente alguno. Tampoco sufrió cambios sustanciales en las ediciones
sucesivas, esto es, la última versión de la Obra poética de 1977 sólo tiene
corridos los versos 51 y 52 hacia la izquierda:
50 Tú
que ayer sólo eras toda la hermosura
209 Cf. edición facsimilar de Manomètre en la Collection des
Réimpresions des Revues D’Avant-Garde, Place, Paris, 1977, p. 71.
210 Me refiero al minucioso trabajo en que, además de ofrecer
detalles sobre las primeras colaboraciones de Borges en Francia, apunta la
necesidad de una edición crítica de la obra borgeana: “Manomètre (1922-
1928) and Borges’s first publications in France”, Romance Notes, 34
(1995), pp. 27-34.
208
eres también todo el amor, ahora.
El análisis anterior permite sostener que desde joven Borges practica
una voluntad correctora que no abandonará durante el resto de su vida;
entre los principales mecanismos que usa para ello están la reescritura,
eliminación o sustitución de versos (y más tarde de poemas completos);
también aglutina textos que, a pesar de que fueron publicados de forma
aislada, comparten un tema común: son, podría decirse, variaciones sobre
un tema; otro recurso consiste en mostrar una especie de permeabilidad
entre verso y prosa: los primeros versos de "Las calles" aparecen
prosificados en una reseña sobre Maples Arce211 (vid infra, apartado 2.2);
después, una nueva lectura de "El truco" aparece en el ensayo homónimo
de 1928 (La Prensa, 1/ene/1928)212 que servirá de base para la versión del
poema de 1943.
211 Véase Inquisiciones, pp. 118-118. La reseña sobre Andamios
interiores es previa a la edición de Fervor: apareció en Proa, dic/1922,
núm. 2.
212 Cf. El idioma de los argentinos, Gleizer, Buenos Aires, 1928, pp.
29-34.
209
210
2. 1. 6. “Forjadura”
Borges publicó este poema en Proa (1ª ép., dic/1922, núm. 2), antes de
incluirlo en la edición princeps de Fervor. Como puede observarse más
abajo, esta primera versión carece de puntuación y en Fervor se colocan
los signos necesarios y se alinean los vv. 9-10. Así apareció en Proa:
FORJADURA
Como un ciego de manos precursoras
que apartan muros y vislumbran cielos
lento de azoramiento voy palpando
por las noches hendidas
5 los versos venideros
He de quemar la sombra formidable
en su límpida hoguera
púrpura de palabras
sobre la espalda flagelada del tiempo
10 He de encerrar el llanto de los siglos
en el duro diamante del poema
Nada importa que el alma
ande sola y desnuda como el viento
si el universo de un glorioso beso
15 aún abarca mi vida
y en lo callado se embravece un grito
Para ir sembrando versos
la noche es una tierra labrantía213
Se trata de un poema cuyo tema apenas he visto destacado por
quienes han analizado el poemario: la metapoética. Éste, junto con
“Vanilocuencia” y “Dictamen”, representa los sentimientos del poeta
213Aunque en Textos recobrados aparece un punto final, considero
que éste no pertenece al poema, sino que fue puesto por la editora, pues el
poema “Sábado”, aparecido en Nosotros en 1922, tampoco tenía esta
marca y se la añadieron en esta compilación.
211
respecto de su poesía. En el apartado dedicado a los poemas metapoéticos
del primer capítulo ofrezco un análisis más pormenorizado (vid supra).
212
2. 1. 7. “Atardeceres”
Este poema está constituido por dos partes que, en un primer momento,
fueron publicadas por separado con el título homónimo de “Atardecer”.214
La primera estrofa de “Atardeceres” apareció en Prisma (núm. 2,
mar/1922), aunque su redacción puede remontarse hasta 1919, quizás
antes de que Borges entrara en contacto con el ultraísmo, como puede
verse en el meticuloso análisis que Carlos García hace de un manuscrito
del poema, cuyas múltiples fechas sugieren la constante búsqueda del
poeta: 1919, 1920, 1921, 1923 y 1943 (El joven Borges, poeta, 43). Un dato
curioso es que García ofrece la referencia correcta de este poema en una
parte de El joven Borges, poeta; en otra, sin embargo, los datos se hallan
entremezclados con los de otras publicaciones. En la entrada 178 del
apartado “Bibliografía 1904-1930”, se lee:
Atardecer [2] (“La vihuela...”): (Ultra, 14, Madrid, 20-VI-21) Prisma 2,
mar. 1922; este poema y “Aldea”, Prisma 1, nov. 1921 y Ultra 21,
Madrid, 1-I-22, pasarían a formar, con variaciones, pasajes de
“Atardeceres”, Fervor, INPA; TR, 151.215
Hay una mezcla de referencias que corresponderían a la primera y la
segunda estrofas de “Atardeceres” (como se deduce de la falta de
correspondencia entre el inicio citado del poema, “La vihuela...”, y las
214 En su trabajo de edición, Bernès no ofrece ninguna lección previa
a Fervor de las estrofas que constituyen este poema (“Notes et variantes”,
p. 1305) y más bien produce una verdadera confusión, pues los datos que
corresponderían a “Atardeceres” son atribuidos a “Sábados” y “Campos
atardecidos” (pp. 1301 y 1306).
215 Ibid., p. 247. También puede consultarse las páginas 44-46 y
241, con lo que se aclara la confusión que esta referencia produce.
213
referencias hemerográficas), además de la primera de “Campos
atardecidos” (por la referencia a “Aldea”, que apareció en Prisma 1 y Ultra
21).
“Atardeceres” [1]
El texto de Prisma carece de puntuación y no ofrece mayores variantes
respecto de la versión de Fervor, salvo el cambio del nexo “y” por “i” en los
vv. 6 y 8. Se trata de la búsqueda de una voz propia, como una marca del
criollismo, si bien en Luna de enfrente esta sustitución es más sistemática.
El texto de la revista editada por Borges es el siguiente:
ATARDECER
Toda la charra multitud de un poniente
alborota la calle
la calle abierta como un ancho sueño
hacia cualquier azar
5 La límpida arboleda
que serena i bendice mi vagancia
se olvida del paisaje
i acalla el barullero resplandor de sus ramas
La tarde maniatada
10 solo clama su queja en el ocaso
La mano jironada de un mendigo
esfuerza la congoja de la tarde
La polémica ha rodeado al primer verso del poema, porque el mismo
Borges lo cita en dos ocasiones; una en “Examen de metáforas [1]” (Alfar,
jun/1924, núm. 41): “Toda la charra multitud de un ocaso”;216 otra en un
216 El ensayo fue incluido posteriormente en Inquisiciones, p. 74.
214
manuscrito de “Examen de metáforas”: “La charra muchedumbre de un
poniente”.217 Borges modifica este verso hasta casi borrar la huella de la
versión inicial: podría decirse que si no fuera por la presencia del adjetivo
“charra” se notaría más una referencia semántica que formal, aunque de
hecho existe un claro paralelismo en la estructura sintáctica, que delata la
cercana familiaridad de estas dos reescrituras del verso de Fervor.
Carlos Meneses, en este caso, prefiere poner en duda una lectura
que Borges mantuvo hasta 1969:
En la primera edición de Fervor de Buenos Aires, se lee charra. No
sabemos si es un error del linotipista o realmente utilizó este
término. Gloria Videla hace notar la sustitución en su “El sentido de
las variantes textuales en dos ediciones de Fervor de Buenos Aires de
Jorge Luis Borges...”218
Apenas si se entera de que entre las dos ediciones que comenta
Videla (la de 1923 y la de 1974) hay muchas otras en que Borges no
corrigió ese supuesto “error del linotipista”, por ello, aunque según él
reproduce la versión de “Atardeceres” de 1923, incrusta un cambio que no
se lee en ninguno de los testimonios que se conocen hasta hoy: “Toda la
clara multitud de un poniente”.219
217 Véase Carlos García, op. cit., p. 45, nota 75. Ahí puede leerse un
cuidadoso seguimiento de los avatares de este verso, así como la evolución
de la polémica a que hice referencia.
218 “Borges, el imberbe poeta ultraísta”, Cuadernos
Hispanoamericanos, 1992, núms. 505-507, p. 127.
219 Id. Véase, por ejemplo, las ediciones de 1943, 1954, 1958, 1964,
1966, 1967, 1969 de sus Poemas y Obra poética. Sólo hasta la segunda
edición individual de Fervor, sustituye “Toda la charra multitud” por “La
clara muchedumbre”.
215
Además, en Fervor de 1923, Borges emplea dos veces más el adjetivo
“charro”: en el v. 2 de “Ciudad” se lee “Charras algarabías”; en el v. 7 de
“Carnicería”, “carne charra” y, por último, Borges sustituye en 1943 el v. 2
de “Resplandor”: “vocinglero o apocado” por “charro o indigente”.
“Atardeceres” [2]
La segunda parte del poema fue publicada en Ultra (jun/1921, núm. 14)
sin puntuación. Al respecto, Borges escribe a Sureda (22/jun/1921) una
carta donde incluye este poema con el rótulo “Vaya aquí mi último
poemático” (Cartas, 200), y luego de reproducir el texto expresa: “Como
ves, sigo barajando los ponientes y las etapas del día”. Esta versión
epistolar, también sin puntuar, difiere de la de Ultra por la disposición de
los versos y porque en lugar de “Avemaría” se lee “avemaría”.
Ahora bien, la versión de Ultra de esta segunda estrofa de
“Atardeceres” sigue la distribución textual de la carta y también carece de
puntuación, como se observa:
ATARDECER
La vihuela
dormida como un niño en tu regazo
El silencio que vive en los espejos
ha forzado su cárcel
5 La oscuridad es la sangre
de las cosas heridas
216
En el poniente pobre
la tarde mutilada
rezó un Avemaría de colores
Entre las particularidades que considero pertinente comentar se
hallan las siguientes:
1. El v. 2 de Ultra y la carta, que dice “dormida como un niño en tu
regazo”, cambia en Fervor a “ya no dice su amor en tu regazo”: Borges
sustituye una frase descriptiva por una oración activa.
2. Curiosamente, cuando Carlos García establece la edición del
poema, a partir de las versiones de Ultra, la correspondencia y Fervor, cuyo
texto base toma de esta última lectura, reproduce los vv. 5-6 como si
fueran uno solo (“La oscuridad es la sangre de las cosas heridas”, con lo
que el poema se reduce a ocho versos) y anota que son “dos versos en
U[ltra] y C[arta] (igual en 1958)”; sin embargo también en Fervor son dos
versos. En una versión desconocida de esta estrofa, aparecida en Cuba, los
versos comentados sí forman uno solo, además de que contiene una
posible errata: “La oscuridad en la sangre de las cosas heridas”.220
3. En otra misiva, Borges hace una confesión a Sureda sobre los vv.
7-9: “Respecto de tu elogio de mi poema <<Atardecer>> (que se publicó en
Ultra) creo sinceramente que de los tres últimos versos, el único que
encarna una intuición verdadera de la realidad es el que dice <<la tarde
mutilada>>. // Lo demás es profesionalismo lírico” (Cartas, 205). Esta
coda permite ver el temperamento, siempre en efervescencia, del joven
220 Cf. “Atardecer”, Grafos, 1934 (13), s. p.
217
Borges; no sólo ofrece la imagen del insatisfecho lector fragmentario que
es, sino la dura autocrítica que lo acompañará durante su vida, por ello
echa el resto al saco del retoricismo (“profesionalismo lírico”), aun cuando
en ese momento se declaraba en contra de esta práctica y en favor de la
intuición poética.
218
2. 1. 8. “Campos atardecidos” [1]
Según testimonia Borges en una misiva enviada a Jacobo Sureda, con
fecha del 29 de marzo de 1922, la primera estrofa de “Campos
atardecidos”,221 cuyo título original fue “Aldea” (Prisma, nov-dic/1921,
núm. 1 y Ultra, ene/1922, núm. 21), habría sido elogiada por Leopoldo
Lugones:
Antiayer le llevamos unos ejemplares de Prisma (1 y 2) a don
Leopoldo Lugones, el mayor taita literario de aquí. Don Leopoldo (el
hombre que dijo: “el jardín, con sus íntimos retiros-dará a tu alado
ensueño, fácil jaula-donde la luna te abrirá su aula-y yo seré tu
profesor de suspiros”) se mostró asaz entusiasmado con Prisma,
aplaudió la idea de una revista mural, encontró bueno tu poema
“Angustia”, “Aldea” mío y los de Garfias y Adriano... (Cartas, 214)
La constitución de la primera estrofa del poema es muy peculiar,
porque se trata de un texto formado por versos “trasplantados”, es decir,
de versos que en determinado momento formaron parte de un poema o
221 Es el penúltimo poema de Fervor, cuyo título se caracteriza por
una composición tipográfica distinta: no aparece en mayúsculas, como el
resto de los poemas, sino en altas y bajas y en tamaño un poco mayor que
la tipografía del texto; quizá por esta razón Alejandro Vaccaro dice que
Fervor “finalmente constó de cuarenta y cinco textos” (Georgie, 1899-1930.
Una vida de Jorge Luis Borges, p. 213).
No obstante, la mayoría de los críticos considera “Campos
atardecidos” como poema independiente, con lo cual serían 46 textos y no
45, si bien todavía deja lugar a dudas, tal el caso de Carlos García: “Este
es el único título del libro que aparece en negrita, pero no en versales. De
no ser error del cajista, como presumo, denotaría que pertenece al ciclo
‘Atardeceres’” (El joven Borges, poeta, p. 47). También Meneses aventura
esta posibilidad cuando dice que este poema, “Campos atardecidos”, y
“Atardeceres” “podrían haberse fusionado y formar uno solo” (“Borges, el
imberbe poeta ultraísta”, p. 129). Sin embargo, Borges mantiene espacios
independientes para ambos poemas en las posteriores reediciones de su
poesía.
219
varios poemas antes de llegar a la versión de Fervor. Por esta razón,
“Campos atardecidos” [1] mantiene numerosas relaciones con otros textos
de la misma época, con lo cual el lector tiene la impresión de que la
escritura establece su propia lógica. Pareciera que las palabras se reúnen
por una suerte de atracción, de simpatías y diferencias, cuyo dominio
escapa a la voluntad del poeta. En este sentido, la poesía borgeana se halla
en constante renovación, como en la Kabala, en busca del Verbo original.
Por mi parte, considero que Borges usa un verso en diversos
contextos con una doble intención: a) para demostrar que un mismo verso
puede evocar diversos significados si se le mueve de un poema a otro y b)
con el ánimo de rescatar los versos que le parecen memorables y, por ello,
perfectibles, aun a riesgo de repetirse.222
Borges, como buen lector fragmentario que es, privilegia siempre un
verso y no un poema, un poema y no un libro de versos, unas páginas de
la obra total de un autor: él mismo es objeto del escrutinio.223
222 El uso de un verso en varios contextos evidencia la vacilante
estética del joven Borges porque, mediante este esfuerzo consciente por
perfeccionar el poema, va a contracorriente de su propias convicciones
(que, por lo demás, son demasiado fluctuantes durante esta fase de su
vida porque se halla en la búsqueda de un estilo personal): él proponía
una poesía de la emoción, siempre renovada y lejos de todo retoricismo.
Por ejemplo, en “Anatomía de mi ‘ultra’” (Ultra, 11, may/1921) sostiene que
las intenciones de sus esfuerzos líricos tienden a buscar “la sensación en
sí, y no la descripción de las premisas espaciales o temporales que la
rodean... anhelo un arte que traduzca la emoción desnuda, depurada de
los adicionales datos que la preceden. Un arte que rehuyese lo dérmico, lo
metafísico y los últimos planos egocéntricos o mordaces”.
223 Véase como ilustración una misiva de diciembre de 1919 a
Abramowicz: “A veces pienso que es idiota tener esta ambición de ser un
hacedor más o menos mediocre de frases” y confiesa al mismo remitente el
220
Hasta donde he revisado, sólo el v. 4 de “Aldea” no tendría nexo
alguno con un texto previo o posterior. Enseguida lo reproduzco tal y como
apareció en Prisma y Ultra para ilustrar cómo Borges introduce variantes
entre la versión de estas revistas y la de Fervor, al tiempo que arma un
rompecabezas verbal que bien merece reconstruirse:
ATARDECER
El poniente de pie como un Arcángel
tiranizó el sendero
La soledad repleta como un sueño
se ha remansado al derredor del pueblo
5 Las esquilas recogen la tristeza
dispersa de las tardes La luna nueva
es una vocecita bajo el cielo
Según va anocheciendo
vuelve a ser campo el pueblo
En Prisma y Ultra aparecen suprimidos los signos de puntuación.
Asimismo, la disposición de los versos sufre ligeras variantes y una lectura
distinta de los vv. 5-7. Véase, ahora, cómo los versos de esta primera
estrofa de “Campos atardecidos” son trasplantados de un poema a otro:
1. Los vv. 1-2, con variantes, formaron parte de “Último rojo sol”: “El
poniente de pie como un Arcángel / tiraniza la calle” (Ultra, dic/1921,
núm. 20). Por la fecha en que se publicaron “Aldea” y “Último...”, puede
deducirse que los poemas fueron escritos contemporáneamente y que
20 de agosto de 1920: “Me hundiré dejando como únicos pecios 2 o 3
metáforas”. El mismo tono adopta cuando, en agosto-septiembre de 1923,
habla de los poemas de Fervor a Jacobo Sureda: “En Fervor de Buenos
Aires estimo buenos ‘Llaneza’, ‘Calle desconocida’, ‘Remordimiento’ y
‘Trofeo’. Los demás que los firme Juan Alomar” (Cartas del fervor, pp. 69,
95 y 229).
221
Borges incrustó ligeros cambios sin importarle que ambos poemas
aparecieran en la misma revista y en números sucesivos. Más bien parece
un reto para los lectores, quienes tendrían que haber sospechado el juego
en que Borges los implicaba.
2. La imagen del verso tres, aunque aplicada a un núcleo nominal
distinto (“la soledad repleta como un sueño”), aparece también en
“Benarés”, contenido en el mismo Fervor: “La ciudad que canto... repleta
como un sueño” (vv. 36-39). Y en el ensayo “La lírica argentina
contemporánea”, publicado también en diciembre de 1921 (Cosmópolis,
núm. 36), dice del título de un libro de H. P. Blomberg, Las puertas de
Babel, que se trata de un “nombre repleto como un sueño” (Textos
recobrados, 141). Por lo visto, al menos dos textos guardan estrecha
relación temporal, “Aldea” y “La lírica...”, lo que nuevamente marca la
permeabilidad de la escritura borgeana, independientemente del género
utilizado.
Asimismo, resulta extraño que Borges haya conservado un verso
casi idéntico después de múltiples reescrituras,224 pues la sustitución de
“repleta” por “poblada” en ambos poemas ocurre en la edición de 1964.
Considero que esta imagen tiene cierto encanto, porque Borges juega con
224 Esto no sucede con otros casos como el del v. 31 de “Benarés”,
“que ya rezó el disperso rosario de los astros”, eliminado desde 1943 de
Poemas, pero conserva el v. 13 de “La noche de San Juan”: “El rosario
disperso de astros desparramados”. También la metáfora “la felina noche”
de “Llamarada” desaparece en 1943, cuando Borges elimina este poema de
Fervor, mientras que conserva el v. 14 de “Caminata”: “la flexible noche
felina” (con posteriores modificaciones).
222
la paradoja de un sueño “poblado”, cuando por contraste el hombre padece
un desprendimiento y abandono del mundo.
Ahora bien, cabe mencionar que Carlos Meneses utiliza los vv. 3-4
para ejemplificar cómo Borges intervino en los poemas publicados en
revistas antes de pasar a formar parte de Fervor:
Dos años después [1923], todo el poema “Aldea” pasó a ser la
primera parte de “Campos atardecidos”, aunque con muy ligeros
cambios. Por ejemplo sustituye «sendero» del segundo verso por
«camino». Los versos tercero y cuarto de “Aldea” dicen:
La soledad repleta como un sueño
se ha remansado al derredor del pueblo.
Y en “Campos atardecidos” se lee:
La soledad poblada como un sueño
se ha remansado alrededor del pueblo.225
Sin embargo, la versión de “Campos atardecidos” que emplea para
ilustrar los cambios no es la de 1923 pues, salvo por la puntuación, estos
primeros versos de “Aldea” pasaron íntegros a formar “Campos
atardecidos” [1]. El cambio de “sendero” por “camino” aparece en la edición
de Poemas (1923-1958); el de “repleta” por “poblada”, en Obra poética
(1923-1964), y el de “al derredor” por “alrededor”, en Poemas (1922-1943).
225 Cf. Poesía juvenil de Jorge Luis Borges, p. 46. Sólo catorce años
después, Meneses parece enmendar su pifia, e invierte su explicación,
porque ahora sí maneja la edición princeps de Fervor y la compara con una
de las últimas, probablemente la de 1969 ó 1972, pues las de 1974 y 1977
tienen nuevas variantes: “En la primera parte del poema los cambios no
son sustanciales. Sólo tres palabras han sido reemplazadas. ‘Camino’ ha
tomado el lugar de ‘sendero’, haciendo más suave la tonalidad del verso.
‘Poblada’ ocupa el lugar de ‘repleta’. Evidentemente es mucho más
apropiado el término de reemplazo. Y para evitar el chirrido de las erres ha
preferido eliminar ‘al derredor’, que también ralentiza la lectura y ha
utilizado ‘alrededor’” (“Borges, el imberbe poeta ultraísta”, p. 130).
223
3. De los vv. 5-6 puede verse su antecedente más remoto en la prosa
poética “Aldea” (Ultra, feb/1921, núm. 2), donde Borges los incluyó con
variantes respecto de “Campos atardecidos” [1]: “Las esquilas reúnen la
tristeza dispersa de los crepúsculos”. Un mes más tarde, en “Prismas
(ACORDES-MENDICANTES-CIUDAD-PUEBLO)” se lee otra versión de los
vv. 5-7: “Las esquilas recogen la tristeza / dispersa de las tardes La luna
nueva / es una vocecita allá en el cielo” (Ultra, mar/1921, núm. 4). Luego,
en el primer número de Prisma, “Aldea” registra la siguiente lectura: “Las
esquilas recogen la tristeza / dispersa de las tardes La luna nueva / es
una vocecita bajo el cielo”. Nótese, también, que Borges modifica los vv. 6-
7 antes de incluirlos en “Campos atardecidos” [1]. En este caso, la
acuciosidad del poeta lo lleva a probar varios conectores en el séptimo
verso, lo cual le permite matizarlo y ajustarlo al nuevo poema y, acaso,
volverlo otro.
Este verso, que asemeja una imagen multiplicada en el espejo,
adquiere diversos sentidos no sólo por la intervención del lector, sino por
los cambiantes contextos en que se le incluye, así como por las variantes
que sufre en el paso de un poema a otro.
De la misma manera, los vv. 6-7 forman parte de “Montaña”, con
variantes: “la luna nueva fue una vocecita en la tarde” (Tableros, dic/1921,
núm. 2). Por último, en el ensayo “La metáfora” Borges ejemplifica el
traslado de “las sensaciones oculares al terreno auditivo” con este mismo
224
verso: “Y este de mi poema ‘Pueblo’: ‘La luna nueva es una vocecita de la
tarde’” (Cosmópolis, nov/1921, núm. 35).226
A más de las variantes que Borges imprime en su obra, puede
decirse que los duendes se esmeran en reproducir nuevas lecturas, porque
García cita de “La metáfora” pero, al mismo tiempo, le atribuye una
variante correspondiente a otro texto: “La luna nueva es una vocecita en la
tarde”; ésta es la versión que recoge De Torre en Literaturas europeas de
vanguardia, pues según puede constatarse en Textos recobrados la versión
de “La metáfora” registra “de la tarde”.
4. Ahora bien, aunque sólo se trata de una alusión semántica
respecto de los vv. 8-9 de “Campos atardecidos”, en otros poemas de
Fervor apunta Borges, con nostalgia, cómo el campo ha sido invadido por
la urbanización; por ejemplo, en “La noche de San Juan” dice: “bien
recuerdan las calles / que fueron campo un día” (vv. 11-12) o en “Villa
Urquiza”: “ayer fue campo, hoy es incertidumbre / de la ciudad que del
despoblado se adueña” (vv. 16-17).
Tantas referencias cruzadas entre los poemas citados hacen pensar
que Borges releía constantemente su incipiente obra, en un esfuerzo
retórico impresionante. Ensayaba varias veces la misma imagen, como si
quisiera mostrar que las relaciones entre un verso y otro fueran
226 Hasta la fecha, no se ha podido dar con el poema titulado
“Pueblo”, luego citado en Guillermo de Torre, Literaturas europeas de
vanguardia, p. 316 y Guillermo Díaz Plaja, “La luna y la nueva poesía”, La
Gaceta Literaria, 1/jul/1929, núm. 61, p. 6; aunque todo indica que
Borges citaba de memoria. Al respecto puede verse la copiosa explicación
aportada por Carlos García, El joven Borges, poeta, pp. 46-47.
225
arbitrarias; sin embargo, considero que más allá de la convergencia
temporal de los poemas, la presencia efectiva de un texto en otro le
permite establecer una filiación semántica y formal intencionada: al
trasplantar un verso de un poema a otro, Borges multiplica los significados
de un verso y más aún cuando inserta alguna variante; al mismo tiempo,
practica una geminación textual que derivará, años más tarde, en su idea
de haber estado reescribiendo un libro desde su primera publicación hasta
la última.
226
2. 2. De la prosa al verso o los borradores en prosa de Fervor de Buenos
Aires
Otra vía para reconstruir la arqueología textual de algunos poemas de
Fervor de Buenos Aires, además de señalar los que fueron publicados en
forma de verso en revistas (la mayoría de las veces con variantes o con
distintos nombres), consiste en rastrear los textos en prosa que Borges
escribió al tiempo que componía los poemas que formarían, en 1923,
Fervor. La tarea de desenmarañar los juegos intratextuales, los vasos
comunicantes entre la prosa y el verso del joven Borges, arroja resultados
que convencen cada vez más de que la tarea del estilista fue una constante
en su escritura temprana.
La recurrencia de algunos versos, poemas, imágenes o guiños
estilísticos convierte la escritura borgeana en un laberinto verbal, cuyas
repeticiones (no siempre idénticas) retan al crítico, impávido Teseo preso
de una elaboradísima trama de relaciones, al mismo tiempo sugiere que
antes de una nueva versión hay otra, manuscrita o impresa, como si el
poeta, precursor de sí mismo, también se multiplicara.
227
Cuando Adolfo Prieto, por ejemplo, comenta la prosificación de “El
truco”, poema de Fervor, cree que verter un género en otro “sería lo mismo
que pretender transvasar colores en sonidos” (Borges y la nueva, 58). La
historia literaria demuestra, sin embargo, que estos transvases a menudo
son más fructíferos que imposibles. La escritura borgeana, palimpséstica
por excelencia, ejemplifica aquello que decía Croce en su Estética acerca de
los escritores originales:227 no se ajustan a la noción tradicional de
género.228 En el texto citado, Prieto también señala como signo negativo la
introducción de giros pertenecientes a la prosa, así como definiciones o
corolarios propios de la filosofía: esto en la poesía borgeana, a la larga,
será considerada una virtud por la crítica.
Por su parte, Borges ve el proceso de su escritura de manera
distinta, por ejemplo, cuando compara sus dos primeros libros de ensayo
le importa cómo la poesía afecta a la prosa:
227 Por ejemplo, en una carta a Abramowicz (20/ene/1921), decía
Borges: “la Estética de Croce es un libro asquerosamente enciclopédico, el
prólogo del irreductible don Miguel de Unamuno está bastante bien”
(Cartas del fervor, p. 135) y en febrero del mismo año: “Mañana te mando
otro paquete de libros: la Estética de Croce, El nuevo tablado del Arlequín y
otros…” (p. 141).
228 “Los artistas, por lo demás, aunque con palabras y fingida
obediencia, han dado a entender que las aceptaban; en realidad, se han
burlado de estas leyes de los géneros. Toda verdadera obra de arte ha
violado un género establecido, contribuyendo así a desbarajustar las ideas
de los críticos, los cuales se han visto obligados a ampliar el género, sin
poder impedir el género así ampliado[sic], no parezca demasiado estrecho,
a consecuencia del nacimiento de nuevas obras de arte, seguidas, como es
natural, de nuevos escándalos, de nuevos desbarajustes y de nuevas
ampliaciones” (Estética como ciencia de la expresión y lingüística general,
pról. de Miguel de Unamuno, Universidad Autónoma de Sinaloa, Culiacán,
1982, pp. 81-82).
228
Te agradezco diversas veces seguidas (y otras intercaladas) lo que
dices del Tamañito de mi esperanza y estoy contento que te haya
gustado. A mí me parece mejor que Inquisiciones: es más calmosa,
piensa más y la prosa no está rellena de versos involuntarios...229
Borges aporta la clave no sólo de los ensayos de Inquisiciones, sino
de otras prosas “rellenas de versos involuntarios”: sólo hay que escarbar
un poco y los versos perdidos entre la selva de la prosa saldrán a la luz.
Entre los versos más citados de Fervor están los que, antes de
formar parte de “Las calles”, poema con que inicia la edición princeps de
1923, pertenecieron a la reseña que Borges escribió sobre Andamios
interiores de Manuel Maples Arce. En “Las calles”, poema que desaparecerá
de la edición definitiva de la Obra poética de 1977, se lee:
No las calles enérgicas
molestadas de prisas y ajetreos,
sino la dulce calle de arrabal
enternecida de árboles y ocasos (vv. 3-6)
Pero en la reseña, publicada en Proa (1ª ép., dic/1922, núm. 2), hay
más detalles, así como los nexos pertinentes para que la prosa fluya:
Permitir que la calle se vuelque de rondón en los versos —y no la
dulce calle de arrabal, serenada de árboles y enternecida de ocaso,
sino la otra, chillona, molestada de prisas y ajetreos— siempre
antojóseme un empeño desapacible (Inquisiciones, 120-121).
Borges parece referirse a esta versión, que pasó íntegra a
Inquisiciones, cuando señala la presencia de “versos involuntarios” en su
primer libro de ensayos. La historia de estos versos de “Las calles”, sin
229 Cartas del fervor, p. 238. El texto corresponde a una carta
dirigida a Sureda de c. de septiembre de 1926.
229
embargo, no acaba ahí, porque Borges los retomará, también vaciados en
prosa, en una carta dirigida a Evar Méndez (4/dic/1924):
De regreso de Europa redescubro la ciudad, en dulces calles de
arrabal enternecida de árboles y ocasos. Yo he estado siempre en
Buenos Aires (apud Carlos García, El joven Borges, 60).
El viaje circular de la palabra se cierra con esta vuelta al principio,
pero también se resignifica porque la cita aparece como testimonio de una
experiencia vivida y no como parte de la elegía in crescendo que es “Las
calles”. Además, Borges siente predilección por estas imágenes porque le
permiten contrastar su poesía con la de sus contemporáneos: canta al
Buenos Aires que ya le queda lejos en el tiempo y apenas puede
reconstruirlo a partir de las fachadas carcomidas y de su memoria
detenida en la infancia. Esta visión idílica de Buenos Aires se halla en
fuerte contraste con la ciudad que canta Maples Arce, cultor de la
máquina y el avance de la modernidad, cuyo advenimiento Borges
experimentaba también en Buenos Aires, pero que prefería disfrazar tras el
velo de un tiempo estancado, como expresa Martínez Estrada:
[las calles] de muchos arrabales, donde un pasado que es el mismo
de algunos ciudadanos se infiltra en el presente. Calles de Evaristo
Carriego y de Jorge Luis Borges; de Fernández Moreno y de
Macedonio Fernández; calles que los ediles y arquitectos desdeñan
y por donde es indispensable andar de vez en cuando, como si nos
pusiéramos a revisar fotografías y flores secas en álbumes y
cofres.230
230 La cabeza de Goliat, Centro Editor de América Latina, Buenos
Aires, 1968, p. 55.
230
Antes de seguir, habría que aclarar que Carriego, Fernández Moreno
y Borges tienen su propia percepción de las calles porteñas: para éste
representan el arquetipo de la horizontalidad, de la visión abierta que, a su
vez, remite al Buenos Aires de casas bajas que le permite imaginar el
pasado arcádico de cuchilleros y malevos; mientras Fernández Moreno
exalta la modernidad de las calles del arrabal que se están llenando de
condominios verticales; a Carriego le corresponde, según Borges, la
invención del arrabal.
Estos ejercicios en que prosa y verso se comunican también
permiten a Borges ensayar variantes, porque, como la última línea citada
de la carta a Evar Méndez, “Yo he estado siempre en Buenos Aires”, se
convertirá en el v. 24 de “Arrabal” (del mismo Fervor) en 1943.
El poema “Cercanías” también mantiene nexos con una prosa previa,
principalmente los vv. 1-5, pues en “Buenos Aires” (Cosmópolis, oct/1921,
núm. 34) se aprecia un esbozo y luego, en 1925, nuevamente Borges
incluirá esta prosa en Inquisiciones con variantes.231
Los versos de 1923 son los siguientes:
Los patios agarenos
llenos de ancestralidad y eficacia,
pues están cimentados
en las dos cosas más primordiales que existen:
en la tierra y el cielo. (vv. 1-5)
Mientras que la versión en prosa rezaba:
231Además, en las notas de este libro, Borges establece una relación
directa entre esta prosa y su poemario (p. 160), aunque omite decir que la
prosa fue reescrita antes de pasar a Inquisiciones.
231
Siempre campea un patio en el medio [de la casa], un patio que
nunca tiene surtidor y casi nunca tiene parra o aljibe; pero que está
lleno de ancestralidad y eficacia, ya que se encuentra cimentado en
las dos cosas más primordiales que existen: en la tierra y el cielo
(Textos recobrados, 103).
Quizá la variante más representativa sea que en “Cercanías” la
pluralización de “patio” enfatiza la mitificación de un espacio que cada vez
es menos común en las casas reales; pero en la escritura borgeana se
multiplica. Luego, cuando Borges publica el texto de “Buenos Aires” en
Inquisiciones, lo somete a una nueva revisión que, al parecer, no toma en
cuenta la de Fervor; es decir, los versos de “Cercanías” adquieren
independencia del texto original que los contiene y no influyen en la
reescritura de la prosa, sino que Borges mantiene como texto base el de
1921. Aquí está la lectura de 1925, que tampoco sirve de antecedente para
la versión de “Cercanías” de 1943; no hay una confluencia después de
1923 entre las versiones en prosa y en verso:
Siempre campea un patio en el costado [de la casa], un pobre patio
que nunca tiene surtidor y casi nunca tiene parra o aljibe, pero que
está lleno de patricialidad y de primitiva eficacia, pues están
cimentados en las dos cosas más primordiales que existen: en la
tierra y el cielo (Inquisiciones, 82).
Como se observa, en la versión de “Buenos Aires” que Borges
modificó para Inquisiciones destaca un afán por adecuar su léxico al
criollismo que en ese momento profesaba, por ejemplo con el uso del
vocablo “patricialidad”, así como una matización adjetiva que, de cierta
forma, despoja a los sustantivos modificados de toda ostentación, para
estar a tono con una visión pasatista: “pobre” y “primitiva”, que parecieran
232
tener una connotación negativa per se, en Borges adquieren, en este
momento, un sentido positivo.
En seguida, aunque resulta un poco más difícil identificar la relación
por el orden sintáctico del poema respecto de la versión en prosa, pueden
verse los siguientes versos de “Amanecer” (vv. 6-8):
del amanecer horrible que ronda
igual que una mentira
en los arrabales desmantelados del mundo.
Mientras que antes, en “Casa Elena (hacia una estética del lupanar
en España)” (Ultra, oct/1921, núm. 17), se leía: “En los arrabales del
mundo [8] el amanecer monstruoso y endeble ronda [6] como una falsedad
[7]”. Al comparar ambos fragmentos se aprecia que, indudablemente, los
versos de “Amanecer” tienen como fuente previa una versión en prosa que
acaso Borges quiso camuflar con el cambio del orden sintáctico, entre
otras variantes; pero la filiación salta a la vista.
Otros casos en que prosa y verso se emparientan pueden traerse a
colación, como el de “Resplandor”:
que es una alucinación que impone a la vida
nuestro unánime miedo de la sombra
y que se desbarata y cesa de golpe
al advertir nosotros su falsía,
como la validez de un sueño caduca
cuando el soñador advierte que duerme.(vv. 10-15)
Compárense con las siguientes líneas de “El cielo azul, es cielo y es
azul” (Cosmópolis, ag/1922, núm. 44):
El horror de la pesadilla que nos maltrata en la noche no aménguase
en un ápice por la comprobación que al despertar hacemos de su
“falsía” (TR, 157).
233
En ambos textos se habla del despertar de un durmiente: en un caso
sueña un sueño y en otro una pesadilla; por esta razón, cuando advierte
su “falsía”, al despertar, las reacciones son contrarias: en el primero “la
validez de un sueño cesa de golpe”, mientras que en el segundo “el horror
de la pesadilla...no aménguase en un ápice”.
También el incipit de “Llaneza”, uno de los poemas preferidos del
joven Borges, tiene una estrecha filiación con “Casa Elena” (Ultra,
oct/1921, núm. 17):
Se abre la verja del jardín
con esa presteza incondicional de las páginas
que una frecuente devoción manosea
Compárese ahora con el texto en prosa que sugería los elementos
que se hallan en juego en el poema: “y la puerta que cede con esa
sumisión de los libros que se abren en la página manoseada”232. Las
correspondencias entre ambos textos se presentan como sigue: “puerta” y
“verja”, “presteza incondicional” y “sumisión”, “páginas” y “los libros que se
abren en la páginas”, “frecuente devoción manosea” y “manoseada”.
Como había anunciado en el apartado anterior, dejé pendiente el
análisis de la cuarta estrofa de “Sábados” porque, si bien no se conoce
alguna versión poética previa, sí hay una muy rudimentaria en prosa que
funciona como antecedente directo; se trata del fragmento de una carta.
232 Al parecer esta prosa le sirvió a Borges como taller de varios
poemas, porque además de los versos transcritos de “Cercanías” y éstos de
“Llaneza”, también contiene dos de “Norte” (Ultra, abr/1921): “Los carteles
borrachos / saltan de las fachadas”, que en “Casa Elena” eran “Los
carteles borrachos saltan de los balcones”.
234
Me refiero a los vv. 38-49 del poema dedicado a Concepción Guerrero,
cuyo texto dice:
Suave como una rosa fue tu silencio,
mas hoy lo rayan los presentimientos.
Empujando la reja
está la noche dura que desalma la quinta.
Nuestras dos soledades en la sala severa
se buscan como ciegos.
Acallando palabras momentáneas
hablan la angustia y tu pudor y mi anhelo.
Sobrevive a la tarde
la blancura gloriosa de tu carne.
En nuestro amor no hay algazara,
hay una pena parecida al alma.
El de la carta a Sureda:
[...] es una lástima (¡de nuevo la haragana ironía!) que las palabras
inventadas por Dios con la evidente intención de expresar con
felicidad el milagro llamado Concepción Guerrero (Belleza, Delicia,
Hermosura) sean tan comunes. El azar hace que nos veamos todos
los días cerca del crepúsculo, en la casa de Norah Lange, que nos
deja solos en el jardín o en la sala bastante destartalada. Hablamos
muy poco, graves, turbados, con una especie de oscura angustia de
felicidad en la garganta, hasta el momento en que se interpone la
oscuridad de la noche y la cara de Concepción cerca de mí se hace
casi lejana. Cuando la abrazo se estremece toda...233
En este fragmento se halla la fuente remota de los vv. 2 y 3 de la
tercera estrofa del mismo “Sábados”: "tu hermosura / prodiga su milagro
por el tiempo" frente a "el milagro Concepción Guerrero (Belleza, Delicia,
Hermosura)". Mientras las imágenes de la cuarta estrofa que están
233 Cartas del fervor, pp. 217-218. La misiva fue escrita
aproximadamente en abril de 1922 y es la segunda ocasión que Borges
cuenta sobre esta relación a Sureda en la correspondencia que se
conserva.
235
esbozadas en la correspondencia serían las siguientes: "cerca del
crepúsculo" y "hasta el momento en que se interpone la oscuridad de la
noche" se convierten en "Empujando la reja / está la noche"; "nos deja
solos en el jardín o en la sala bastante destartalada": "Nuestras dos
soledades en la sala severa"; "Hablamos muy poco, graves, turbados, con
una especie de oscura angustia": "Acallando las palabras momentáneas /
hablan la angustia y tu pudor y mi anhelo" y, por último, "se interpone la
oscuridad de la noche y la cara de Concepción cerca de mí se hace casi
lejana": "Sobrevive a la tarde / la blancura gloriosa de tu carne".
Puede notarse que la adaptación en el tratamiento de la carta para
referirse a Concepción Guerrero es, necesariamente, en tercera persona y
cambia a la segunda en “Sábados”, con lo que gana en intensidad y se
adecua al tono epistolar del poema.
Lo de los “versos involuntarios” en Inquisiciones resulta una
constante que obliga a leer cada vez más detalladamente los textos
borgeanos, con lupa. En los casos analizados, podría decirse que la versión
en prosa es un borrador o un ensayo de lo que será el poema, que a su vez
será borrador de otro borrador.
236
1. 3. Virtudes de una edición crítica de Fervor
Toda edición crítica constituye un documento fundamental no únicamente
para la historia de la literatura, sino también para la crítica: la
confiabilidad y fluidez del registro de variantes permite situar, comparar,
interpretar, analizar y, en un sentido estricto, juzgar con ecuanimidad, y
dentro del contexto de producción, una obra determinada. En este orden
de cosas, la reconstrucción de los procesos de supresión, modificación y
hasta la adición de poemas completos en Fervor ayudará a evitar pequeñas
y grandes confusiones que la crítica ha difundido, y refundido,
principalmente por el desconocimiento de las diferentes ediciones de
Poemas, Obra poética y Obras completas. Asimismo, al ofrecer los
testimonios conocidos hasta la fecha, la edición de Fervor permitirá llenar
huecos informativos: estudiar la evolución de un poeta con testimonios
parciales o de segunda mano producirá interpretaciones parciales o
tergiversadas; por el contrario: contar con un documento que reúna los
diversos estadios de una obra facilita, en principio, una búsqueda a
237
menudo infructuosa y, luego, la valoración de un escritor en su justa
dimensión.
Esta edición crítica de Fervor tiene el propósito de enmendar errores
de diversa laya:
a) El poemario inaugural de Borges, debido a los textos heterogéneos
que los conforman, ha llevado a los críticos, en el mejor de los casos, a
inferir datos que las fuentes podrían haber aclarado y, en el peor, a
inventarlas. En el primer caso se hallan Eduardo López Morales y Carlos
Meneses y, en el segundo, Benito Varela Jácome y Raymond H. Doyle,
porque permiten apreciar los inconvenientes que produce el manejo
indiscriminado de las ediciones borgeanas. López Morales saca porcentajes
y frecuencias de los tipos de verso que constituyen Fervor en los
siguientes términos:
En primer lugar, se observa que en Fervor de Buenos Aires
los metros van desde el bisílabo hasta el verso de veintitrés sílabas.
Sin embargo, los totales de frecuencia cierran la gama desde el
heptasílabo hasta el pentadecasílabo con la suma de 775 versos, lo
que hace el 91 % del total (850 versos). Los trece tipos de metros
restantes sólo abarcan 75 versos, un obvio 9 %.234
Enseguida señala que más de la mitad del total de versos (498) son
de siete, once y doce sílabas, entre otras cifras, y destaca la preferencia por
el endecasílabo (24 por ciento del total); así, López Morales concluye que
"el verso libre de Fervor de Buenos Aires muestra ya una leve tendencia a
nuclearse en patrones regulares" (65); sin embargo, el propio Borges era
234"Borges: encuentro con un destino sudamericano", en Los
vanguardismos en la América Latina, ed. de Oscar Collazos, Península,
Barcelona, 1977, p. 63.
238
consciente de esto, como lo enuncia en el prefacio de la primera edición:
"La tradición oral, además que posee en nosotros el endecasílabo, me hizo
abundar en versos de esa medida" (“A quien leyere”); con ello quería decir
que el poemario no estaba escrito en "verso absolutamente libre".
Cabe notar que López Morales maneja la edición de Fervor incluida
en Poemas (1923-1953), de 1954, y por ello no se percata de que el
poemario de 1923 constaba de más de un millar de versos más una prosa,
"Llamarada", suprimida en 1943 y no como él sostiene, 850. Esto, me
parece, invalida buena parte de su trabajo y hace más patente la
necesidad de dar a conocer la edición de 1923.
Sin duda la labor de Meneses en el redescubrimiento del joven
Borges es destacadísima; resulta lamentable, no obstante, que no haya
tenido acceso, por ejemplo, a la primera edición de Fervor en algunos de
sus trabajos, como se constata en las citas siguientes:
De poemas como "Crucifixión" y "Judería", que fueron
anunciados por carta a su amigo Sureda, no se conoce ninguna
versión. Pudieron haber perecido en el conjunto de poemas y
prosas que el autor destruyó (Borges en Mallorca, 55).
En Fervor de Buenos Aires, le dedica el poema "Sábados" a
Concepción Guerrero. Sólo escribió las iniciales: "A. C. G.", la
crítica no reparó en ello y tomó el poema como una despedida de
Buenos Aires (Borges en Mallorca, 69).
Si hubiera revisado la edición de 1923 se percataría de que ahí se
encuentra "Judería" (32º poema); en la de 1943 pasó a "Judengasse" y, por
último, desapareció desde la de 1958. Mientras que respecto de la
239
dedicatoria en 1923 rezaba: "Para mi novia, Concepción Guerrero"; en
1943: "Para C. G." y en 1969 se transformó en "A C. G."
Ahora bien, en "Técnicas poéticas en los primeros libros de Borges",
Benito Varela Jácome sostiene que Borges "excluye los poemas ultraístas,
pero desecha, también, composiciones isosilábicas"235 de Fervor, y agrega
que "si nos ceñimos a las dos primeras obras, se presenta, en primer
plano, el problema textual. Para un estudio riguroso, debemos consultar
las primeras ediciones" (100).
El inconveniente radica en que Varela Jácome no aplica esta última
premisa a sí mismo, pues a lo largo de su ensayo cita las ediciones de la
Obra poética de 1964 y 1979 e incurre en sucesivos dislates, entre los más
notables: afirma que "Las calles", el poema con que abría Fervor hasta
1974, fue publicado originalmente en Prisma, en 1921; pero al citar esta
supuesta versión reproduce los versos de la Obra poética de 1972 y los
compara con los de 1964 (101). También dice que Borges prescinde de dos
sonetos en la primera edición de Fervor de manera deliberada, sólo porque
el manuscrito tiene como fecha de composición 1923; al respecto, Carlos
García sostiene que "Villa Mazzini" y "Las Palmas" pudieron ser escritos en
agosto de 1923, poco después de la publicación de Fervor.236 Debido a que
235 En Borges: entre la tradición y la vanguardia, p. 100.
236 "Según mis conjeturas, ['Intentona de soneto', 'Villa Mazzini' y
'Las Palmas'] fueron escritos durante la travesía de Buenos Aires a Londres
(finales de julio a comienzos de agosto de 1923): el primero, y quizás el
segundo, antes de recalar en Las Palmas de Gran Canaria (comienzos de
agosto de 1923); el segundo y/o el tercero poco después" (El joven Borges,
240
hace lo contrario de lo que recomienda, Varela Jácome propone una
lectura sesgada de la poesía del joven Borges; además, en el colmo del
descuido cambia nombres de poemas: a "Calle desconocida" le agrega el
artículo "la"; escribe "Inquisición en cualquier sepulcro" en lugar de
"Inscripción" y "Sur" por "El sur" (que pierde el artículo en 1964 y es
sustituido por un texto homónimo en la segunda edición de Fervor, en
1969).
Raymond H. Doyle, por su parte, cita dos veces los vv. 15-16 de
“Sábados” en un estudio sobre Borges; pero no sólo con variantes, sino
que envía a una referencia apócrifa que Borges habría aplaudido. Me
refiero a los versos siguientes:
No más de una sola tarde
la única tarde de siempre.237
En la versión de 1923 se lee: “No hay más que una sola tarde / la
única tarde de siempre”. Las referencias que Doyle anota a pie de página
son de la edición de Poemas (1923-1958), pp. 133 y 173, las cuales
corresponderían a una página en blanco y al final de “El golem”,
poeta, p. 19). De los tres, sólo permaneció inédito "Intentona de soneto",
mientras que los dos restantes se publicaron en Alfar, 1926, núm. 59.
237 Cf. La huella española en la obra de Jorge Luis Borges, Playor,
Madrid, 1977, pp. 34 y 106. Por lo demás, parece que se trata de un texto
hecho con descuido, pues cambia, al menos, el título de dos obras de
Borges: La casa de arena (en vez de El libro de arena, p. 20) y “El general
Quiroga va en coche a la muerte” (por “El general Quiroga va en coche al
muere”, p. 38).
Considero que Doyle pudo tomar estos versos del artículo de D. W.
Foster. “Borges and dis-realty”, Hispania, 1962, núm. 45, p. 628; pero
debido a que no encontró los versos que Foster cita de la editio princeps de
Fervor se vio obligado a inventar una doble referencia.
241
respectivamente; sin embargo, Borges eliminó la segunda estrofa de
“Sábados”, de la que forman parte estos versos, desde Poemas (1922-
1943). Si hubiera tenido a la mano el Fervor de 1923, no habría caído en la
tentación de justificar una cita extraída de una fuente de segunda mano.
Como coda, me gustaría mencionar otro de los errores que suscita el
desconocimiento de los estadios editoriales por los que Fervor ha pasado:
considerar como inéditos o casi inéditos, textos que alguna vez formaron
parte de este poemario, i. e.: Luis Mario Schneider rescata de El Universal
Ilustrado (10/ene/1924) el poema “Forjadura”; texto que pudo ser recogido
de alguna revista de la vanguardia ibérica, según el estudioso argentino.
No obstante esta posibilidad, afirma contundentemente: “‘Forjadura’ no
aparece ni en los libros de Borges, ni en la compilación de Meneses [Poesía
juvenil de Jorge Luis Borges]. Por lo tanto estamos ante una primicia”.238 El
poema citado, sin embargo, era el 43º de la serie de Fervor de 1923 y
Borges lo elimina desde las Obras completas de 1974.
b) Las múltiples ediciones, también, han producido lecturas
anacrónicas de Fervor. No falta quien acude a la edición de Poemas (1922-
1943), o a otra posterior, para citar los versos finales de “Arrabal” y, a
partir de ello, confirmar el arraigo de Borges a una ciudad que irá
entrando en su corazón paulatinamente. Hay una diferencia radical de
sentido entre la versión de los vv. 20-24 de “Arrabal”, de 1923: “y sentí
Buenos Aires / y literaturicé en la hondura del alma / la viacrucis inmóvil
238De tinta ajena, UAEMéx-Instituto Mexiquense de Cultura, Toluca,
2003, p. 172.
242
/ de la calle sufrida / y el caserío sosegado” y la de 1943: “y sentí Buenos
Aires: / esta ciudad que yo creí mi pasado / es mi porvenir, mi presente; /
los años que he vivido en Europa son ilusorios, / yo he estado siempre (y
estaré) en Buenos Aires” (34). Además, existe una versión epistolar casi
desconocida del v. 24 que sirvió de base a la edición aludida, con alguna
variante: “Yo he estado siempre en Buenos Aires”.239
En este tenor, podría evitarse que “El Sur”, “La rosa” y “Líneas que
pude haber escrito y perdido hacia 1922”, poemas agregados en la
segunda edición de Fervor, en 1969, fueran leídos retrospectivamente. Por
ejemplo, para referirse al tema de Buenos Aires en los inicios de la poesía
borgeana, Carmen de Mora acude a los vv. 7-11 de “El Sur”, un texto que
sustituyó un poema homónimo en 1969.240 Paralelamente, Luis Izquierdo
compara la edición de “Sur”, de 1966, y la de “El Sur”, de la Obra poética,
de 1977, mas no distingue que se trata de dos poemas irreconciliables; ni
siquiera la aseveración de que “es ya otro poema” lo salva, porque
enseguida agrega “y tal vez el mismo”.241
239Cf. carta de Borges a Evar Méndez, fechada el 4 de diciembre de
1924, apud C. García, El joven Borges, p. 60.
240 Cf. “La invención de Buenos Aires en la poesía de Borges”, en
Borges en Bruselas, p. 58.
241 “La suscitación poética urbana en Jorge Luis Borges”, en
Homenaje al profesor Antonio Vilanova, t. 2, coord. de Adolfo Sotelo
Vázquez y ed. de Marta Cristina Carbonell, Universidad de Barcelona,
Barcelona, 1989, p. 283.
243
Más preocupante resulta el hecho de que, por desconocimiento, los
críticos atribuyan al joven Borges la versión modificada de algún poema
sin advertir que no se trata de la primigenia.242
c) La cita equivocada, el gazapo o la reescritura deliberada de algún
verso o fragmento por parte de algunos críticos ha contribuido en la
difusión de erratas relacionadas con la editio princeps de Fervor. Para
ilustrar cómo algunos poemas, y el mismo prefacio, de Fervor han sufrido
cambios cuando han sido citados, ya por algún descuido del impresor, ya
por alguna errata del crítico, enseguida doy al lector una serie de versiones
apócrifas que mi edición enmienda, si bien no se trata de una revisión
exhaustiva. Las versiones no registradas en ninguna lectura anterior o
posterior autorizada habrían impresionado a Borges porque, por fin, se
habría logrado la comunicación, y casi un continuum, entre autor y lector,
que ya anunciaba en el prefacio de Fervor:
Si en las siguientes páginas hay algún verso logrado, perdóneme el
lector el atrevimiento de haberlo compuesto yo antes que él. Todos
somos unos; poco difieren nuestras naderías, y tanto influyen en las
almas las circunstancias, que es casi una casualidad esto de ser tú
el leyente y yo el escribidor —el desconfiado y fervoroso escribidor—
de mis versos (“A quien leyere”).
No todas las variantes apócrifas son de la misma calidad, sin
embargo, ni igualmente significativas: en ocasiones se trata de algún error
de imprenta, más que del estudioso que cita el texto borgeano; otras, de
242V. g. las afirmaciones de Ulyses Petit de Murat: “el poema catorce,
que está dedicado a Guillermo de Torre, se llama Arrabal” y a continuación
reproduce la versión de 1969 [Borges. Buenos Aires, Municipalidad de la
Ciudad de Buenos Aires, Buenos Aires, 1980, pp. 84-85]. En realidad,
“Arrabal” era el 18º poema en la edición de 1923.
244
alguna omisión o de algún agregado que afecta el sentido mínimamente;
unas más se trata de la libre intervención del crítico, quien reescribe algún
verso, aun cuando los diversos testimonios, manuscritos o impresos, no
condigan las variantes impuestas. Así, la intención del presente apartado
radica en ilustrar cómo la manipulación de un texto puede, en ocasiones,
reproducir versiones ajenas a la original; además de que bien merecerían
formar parte de la edición crítica, pues corresponden al paratexto de
Fervor y, por lo tanto, también influyeron en su recepción.
En el orden de aparición en Fervor, traigo primeramente los cambios
impresos en “A quien leyere”. Así, destacan los que Rafael Cansinos-
Assens introdujera en el prefacio aludido,243 para lo cual reproduzco en la
columna de la izquierda el texto enmendado y el original de Fervor en la de
la derecha:
<<Mi patria –Buenos Aires- no es Mi patria —Buenos Aires— no es
un dilatado mito geográfico que el dilatado mito geográfico que
esas dos palabras señalan; es mi esas dos palabras señalan; es mi
casa, los barrios amigables, y casa, los barrios amigables, y
juntamente con esas calles y retiros juntamente con esas calles y
que son querida devoción de mi retiros, que son querida devoción
tiempo, lo que en ellas supe de de mi tiempo, lo que en ellas
amor y de pena y de dudas… Sin supe de amor, de pena y de
miras a lo venidero ni añoranzas de dudas…
lo que fué, mis deseos quieren Sin miras a lo venidero ni
ensalzar la actual visión porteña, la añoranzas de lo que fué, mis
sorpresa y la maravilla de los versos quieren ensalzar la actual
lugares que asumen mis visión porteña, la sorpresa y la
caminatas. Semejante a los latinos, maravilla de los lugares que
que al atravesar un soto asumen mis caminatas.
murmuraban: <<Numen Inest>> — Semejante a los latinos, que al
243 Véase La nueva literatura III. La evolución de la poesía (1917-
1927), Páez, Madrid, 1927, pp. 284-285. Las cursivas son mías en ambos
textos para resaltar los cambios.
245
aquí se oculta la Divinidad—, habla atravesar un soto murmuraban
mi verso para declarar el asombro <<Numen Inest>>. Aquí se oculta
de las calles endiosadas por la la divinidad, habla mi verso para
esperanza o el recuerdo.>> declarar el asombro de las calles
endiosadas por la esperanza o el
recuerdo.
Como puede verse, en la primera línea de la cita se sustituye el
artículo indefinido “un” en lugar de “el” de la lección de Fervor, hecho que
apenas si influye en el sentido original; pero el otro cambio me parece más
significativo, en la línea diez, porque si bien los “deseos” de la lectura de
Cansinos-Assens y los “versos” de la de Fervor a veces coinciden, hay una
distancia tan abismal como entre un plan y su ejecución.
Los demás cambios de este fragmento tienen que ver con la
puntuación, donde el maestro corrige al alumno, me parece, con
atingencia, pues la versión que ofrece Cansinos-Assens resulta más clara
que la de Borges; pero desgraciadamente no condice la versión original al
pie de la letra (principalmente desde “murmuraban” hasta “divinidad”).
<<a la lírica decorativamente visual A la lírica decorativamente visual
y lustrosa que nos legó don Luis de y lustrosa que nos legó don Luis
Góngora, por intermedio de su de Góngora por intermedio de su
albacea Rubén, otra meditabunda, albacea Rubén, quise oponer
hecha de aventuras espirituales>> otra, meditabunda, hecha de
aventuras espirituales
Las variantes introducidas en este fragmento se deben más a la
adaptación del texto borgeano dentro del discurso del crítico; si se aísla
una y otra versión, la de Cansinos-Assens parece más una paráfrasis de la
lección primigenia.
246
<<la tradición oral que posee en La tradición oral, además que
nosotros el endecasílabo me hizo posee en nosotros el endecasílabo,
abundar en versos de esa me hizo abundar en versos de esa
medida.>> medida.
En este caso pienso que el sentido no resulta afectado y el texto se
vuelve más fluido con los “retoques” del maestro, que Borges no habría
mirado con malos ojos, de la misma manera que, por ejemplo, “maquilló”
una traducción de Alfonso Reyes para beneplácito de éste.244
<<Siempre fué perseverancia en Siempre fué perseverancia en mi
mi pluma —no sé si venturosa o pluma —no sé si venturosa o
infausta— usar de los vocablos infausta— usar de los vocablos
según su proverbial acepción, según su primordial acepción,
disciplina más ardua de lo que disciplina más ardua de lo que
suponen quienes, sin lograr suponen quienes sin lograr
imágenes nuevas, fían su imágenes nuevas, fían su
pensamiento a la inconstancia de pensamiento a la inconstancia de
un estilo inveteradamente un estilo inveteradamente
metafórico y agradable con metafórico y agradable con
flojedad… Mi sensualidad verbal flojedad… Mi sensualidad verbal
sólo abarca determinado número sólo abarca determinadas
de palabras, lacra imputable a palabras, lacra imputable a
cuantos escritores conozco, y cuantos escritores conozco y cuya
cuya excepción única fué don excepción única fué don Francisco
Francisco de Quevedo, que vivió de Quevedo, que vivió en la
en la cuantiosa plenitud y cuantiosa plenitud y millonaria
millonaria entereza de nuestra entereza de nuestra lengua
lengua castellana. Siempre fuí castellana.
244 Cuando Borges y Bioy seleccionaron la primera serie de Los
mejores cuentos policiales, insertaron un cuento de Chesterton traducido
por Alfonso Reyes, con enmiendas que éste elogió: se trata de “La honradez
de Israel Gow”, que fue tomado de la traducción que Reyes hizo para la
editorial Calleja y luego “pulido” por Borges y Bioy, a lo que observó el
polígrafo mexicano: “Me ha gustado mucho ver el cuento de Chesterton
convertido ya en un ente estético independiente de los casuales
traductores, y he apreciado como buen gustador los finos retoques.
Gracias otra vez” [cf., James Willis Robb, “Borges y Reyes: una relación
epistolar”, en Jorge Luis Borges, ed. de Jaime Alazraki, Taurus, 1987, p.
311].
247
novelero de metáforas; pero Siempre fuí novelero de
solicitando fuese notorio en ellas metáforas, pero solicitando fuese
antes lo eficaz que lo insólito. En notorio en ellas antes lo eficaz que
este libro hay varias lo insólito. En este libro hay varias
composiciones hechas por composiciones hechas por
enfilamiento de imágenes, método enfilamiento de imágenes, método
que desde luego no es el único. que alcanzó perfección en breves
Esto —que ha de parecer poemas de Jacobo Sureda, J.
desabrido al lector— será Rivas-Panedas y Norah Lange,
blasfemia para muchos pero que desde luego no es el
compañeros sectarios.>> único. Esto —que ha de parecer
axioma desabrido al lector— será
blasfemia para muchos
compañeros sectarios.
Como diría Reyes, el texto de Borges se vio honrado con la corrección
de Cansinos-Assens al cambiar “primordial” por “proverbial”, lo que hace
del poeta un sabio en ciernes y un mesías acaso. El dato más evidente de
que Cansinos-Assens (o el linotipista) reescribió el prólogo borgeano
intencionalmente se observa en la sustitución de “determinadas palabras”,
según el texto de Fervor, por “determinado número de palabras”, como si el
adjetivo a secas fuera insuficiente y la perífrasis volviera más eficaz la
expresión. Creo, sin embargo, que esta corrección —por llamarla de alguna
forma— va en un sentido contrario de las anteriores, porque le imprime
cierto barroquismo a la expresión, y ya es mucho decir en un texto tan
deliberadamente barroco como “A quien leyere”.
Finalmente, cabe mencionar que las omisiones de las últimas líneas
apenas si se justifican y ofrecen una lectura muy distinta, ya que se omite
un procedimiento característico en Borges, que consiste en definir su
poesía o definirse a sí mismo en oposición a otros. Esto puede
248
corroborarse en sus reseñas de poetas de la misma época como Guillermo
de Torre, Oliverio Girondo o Fernán Silva Valdés.
Algunas líneas de esta versión apócrifa de “A quien leyere” han sido
reproducidas, al menos, en una ocasión. Me refiero a la cita que Tomás
Gatica Martínez ofrece en unos escuetos comentarios sobre la poesía de
Borges en 1930; igual que Cansinos-Assens, habla de “proverbial
acepción” y de “determinado número de palabras”, además de que sigue la
puntuación del crítico y políglota español.245 Esto, a mi juicio, se
enmendaría si se diera a conocer la primera edición de Fervor con sus
posteriores variantes.
V. Llorens, uno de los primeros críticos de Borges, también modifica
la versión original de varias líneas de “A quien leyere”. Aludo al fragmento
siguiente: “y juntamente con esas calles y retiros, que son querida devoción
de mi tiempo, lo que en ellas supe de amor, de pena y de dudas ...”, cuya
versión apócrifa reza como sigue: “y juntamente con esas calles y retiros,
que son de pena y de dudas”.246 Por un lado, el cambio de sentido es obvio,
pero también es hasta cierto punto disculpable, porque parece más una
errata de omisión que un cambio deliberado.
245 Ensayos sobre literatura hispano-americana I. La poesía lírica de
Chile, Argentina y Perú, Andes, Santiago de Chile, 1930, p. 256. Además
incluye una errata en el nombre: “José Luis Borges”.
246 “Un poeta de nuestra generación: Jorge Luis Borges”, El Diario
Español, 24/ag/1924, en Carlos García, El joven Borges, poeta, p. 66.
249
Otra variante más del prefacio fue introducida por Luis Martínez
Cuitiño, quien cita “rebajarse a baratijas baratas”,247 acaso porque le
pareció que las “baratijas vistosas” del original creaban un contrasentido
por el verbo “rebajarse” que rige la oración o, bien, porque hubo una
contaminación fónica entre sustantivo y adjetivo. El hecho es que, por una
u otra causa, la variante de Martínez Cuitiño desvirtúa el texto borgeano y
resta encanto a los tempranos ejercicios oximorónicos del joven Borges.
De “Las calles”, enseguida reproduzco tres citas en que el original de
1923 sufre cambios no autorizados por ninguna versión impresa. Aunque
reconozco que no necesariamente imprimen cambios significativos al
original, no coinciden con él. Primeramente, nótese cómo Victoria Ocampo
elimina el artículo en el segundo verso de “Las calles”:
Las calles de Buenos Aires
ya son entraña de mi alma…248
Debería decir “ya son la entraña de mi alma”, con certeza imperiosa
y no con la vaga idea de un alma que parece tener muchas otras cosas en
su entraña, a las que se suman las queridas calles del poeta, como puede
deducirse de la versión “corregida”.
Otro caso es el de los versos que Adolfo Prieto reproduce en uno de
los libros pioneros sobre el estudio de la obra borgeana:
enternecidas de árboles y ocaso
y aquellas más afuera
ajenas de piadosas arboladas249 (vv. 6-8)
247“Borges y el lector”, Proa, 3ª ép., 1999, núm. 42, p. 152.
248 Citado en “Argentinidad de los extranjerizantes”, Arte y Letras
Argentinas, 1959, núm. 5, p. 31.
250
En la editio princeps se lee en el v. 6 “ocasos”, en plural, como signo
de la sucesión temporal, por una parte, y como indicio de algo grandioso,
sin medida,250 por otro. El v. 8 del original dice “ajenas de piadosos
arbolados”. Si bien la semejanza entre “arboledas” y “arbolados” pudo
producir este cambio, no se justifica, porque el poeta mantuvo la versión
de 1923 hasta la edición de 1964 en que cambia a “ajenas de árboles
piadosos”.
Por último, el v. 18 presenta una variante no autorizada en un
artículo de Alejandro Vaccaro, donde éste compara las versiones de 1943 y
1974 de “Las calles”:251
ancla nuestra esperanza (v. 18)
Intuyo que el original “anda” de 1923 se tergiversó por la semejanza
gráfica entre las palabras, aunque hay una verdadera distancia semántica
249 Cf. Borges y la nueva generación, p. 48. No es ésta, sin embargo,
la única vez que Prieto interviene en los poemas de Borges.
250 Al respecto puede verse la importancia que Borges otorga al uso
del plural en “Examen de metáforas” (Alfar, 1924, núm. 41), donde
menciona que una posibilidad metafórica es “la imagen que para
engrandecer una cosa aislada la multiplica en numerosidad” (Inquisiciones,
p. 74); y en el artículo “La pampa” (La Prensa, 27/mar/1927) señala que
“el plural puede indicar lo desmesurado” (Textos recobrados, p. 291).
Además, esta palabra aparece en singular hasta la edición de Obra poética
de 1964 en que se lee: “enternecida de penumbra y ocaso”, con posteriores
variantes.
251 “Cuando Borges se corrige”, Proa, 3ª ép., 1992, núm. 8, p. 15. Al
respecto, en su meticuloso estudio de Fervor, Carlos García anota que ésta
es una “comparación de la primera y la última edición del poema ‘Las
calles’” (El joven Borges, p. 73); pero hay otras variantes que pertenecen a
Poemas (1922-1943) y no a la primera edición.
251
entre andar y anclar, pues se hallan en posición casi antinómica, lo que
afecta el sentido del poema.
Enseguida expongo algunos apócrifos de “La Recoleta”. Iván Almeida
y Cristina Parodi comparan el incipit de “La Recoleta” de la edición de 1923
y la de 1969 para argumentar sobre la necesidad de una edición crítica de
la obra de Borges:
irrealizados por tanta grave incertidumbre de muerte,252 (v. 3)
En la edición de 1923 se lee “certidumbre”; esta variante pudo
filtrarse por una contaminación entre el “irrealizados” con que abre el
verso e “incertidumbre”: el resultado es el sentido contrario de lo que
Borges quiso decir.
Por su parte, Adolfo Prieto modifica la puntuación del v. 36:
Lo anterior: escuchado, ¡leído!, meditado (Borges y la nueva, 58)
El énfasis de los signos de admiración no aparece en el texto de
1923: “Lo anterior: escuchado, leído, meditado”.
Como solamente quise mostrar la manera en que la edición crítica que
presento puede contribuir en los estudios borgeanos, en particular, y en la
promoción de las ediciones críticas en Latinoamérica, en general, deseo
cerrar con el caso de “La Plaza San Martín”.
La primera no es propiamente una variante textual, sino una
omisión paratextual significativa, pues representa un verdadero tributo a
252 Véase: “Editar a Borges”, p. 27. Curiosamente, los autores
advierten: “Es muy posible que en las páginas que preceden se hayan
deslizado más errores que los que pretendemos criticar. Suele suceder” (p.
28).
252
Macedonio Fernández: Tommaso Scarano no reproduce la dedicatoria de
1923:253 “A Macedonio Fernández, espectador / apasionado de Buenos
Aires”.
En el ensayo que Néstor Ibarra escribe sobre Borges en 1930,
aparece más bien una paráfrasis de los vv. 19-20, si bien enmarcada con
comillas como si fuera fiel al original:
desde el fácil sosiego de sus bancos
se ve bien la tarde254
La versión del Fervor de 1923 tiene los versos invertidos, además de
otras variantes de puntuación y sintaxis, como se observa:
¡Qué bien se ve la tarde
desde el fácil sosiego de los bancos!
La ausencia del los signos de admiración y del pronombre
interrogativo del v. 20 disminuyen la intensidad de la voz poética, cuyo
objetivo es, precisamente, mostrar el bienestar que el poeta siente como
espectador de la plaza horizontal: arquetipo de la pampa, como el patio y el
jardín.
Finalmente, quiero decir que, también metido en la vorágine de las
variantes múltiples y en la citación exhaustiva, mi trabajo forma ya parte
de la dinámica que esbozo: en algún momento mis versiones de Borges
serán expuestas en este museo de los apócrifos borgeanos. Además, con el
ánimo de responder a la inminente necesidad de editar a los clásicos de la
253 Cf. Op. cit., p. 73. Por lo tanto, Scarano tampoco recoge la versión
corregida de la dedicatoria en 1943: “A Macedonio Fernández”, a secas.
254 “Jorge Luis Borges, poeta”, Síntesis, 1930, núm. 34, p. 14.
253
literatura latinoamericana, me gustaría decir que si bien esta labor se ha
visto como una actividad de anticuarios, resulta, por el contrario, una
verdadera contribución a los estudios literarios: apoya, por una parte, a la
historia y, por otra, a la crítica literaria. Toda edición crítica, por ello,
permite reformular apreciaciones de una obra determinada y, en
ocasiones, de la obra completa de un autor.
254
Edición crítica de Fervor de Buenos Aires
255
256
Advertencia editorial
Aun en contra de la última voluntad de Borges, para esta edición de Fervor
de Buenos Aires he decidido tomar como codice optimus la de 1923,
primero, porque corresponde a un corte sincrónico bien definido y,
segundo, porque considero pertinente dar a conocer el texto de la editio
princeps. Esta elección se justifica, ya que los esfuerzos de Tommaso
Scarano por editar los tres primeros libros de la poesía borgeana se ven
ensombrecidos por los criterios que ha adoptado: respeta el orden de los
poemas según la edición definitiva de Fervor (1977); pero la lección de las
variantes parte de la de 1923; según sus palabras, se dedica a registrar
"tutte le varianti sostanziali" y pasa por alto algunas versiones de poemas
aparecidos previamente en revistas, ya por desconocimiento, ya por la
inaccesibilidad de los materiales; por último, el sistema que Scarano
adopta para establecer el aparato crítico en ocasiones imposibilita la
lectura de los diferentes estados del texto, además de que apenas incluye
unas cuantas notas marginales.
257
Jean Pierre Bernès coordinó la edición de las Œuvres complètes,
que no puede considerarse en sentido alguno edición crítica, sino anotada,
pues no ofrece todos los testimonios de un poema, al contrario: en
ocasiones reproduce las versiones completas de un poema con la intención
de evidenciar los cambios entre una edición y otra, mientras que en otras
sólo dice que hubo cambios y no los ilustra. Por si esto fuera poco, Bernès
toma como texto básico la edición de las Obras completas de 1974; no
registra cambios significativos en el caso de Fervor, por ejemplo, la
supresión de “Las calles” en 1977; sólo recoge las variantes que le parecen
sustanciales; en cuanto a la anotación, Bernès es abundante, aunque a
menudo rehúye el texto para dar relevancia a hechos secundarios.
Como señala Thomas Tanselle, un autor puede llevar a cabo dos
tipos de revisiones en su obra: “that wich aims at altering purpose,
direction, or character of a work…and that which intensifying, refining, or
improving the work as then conceived”;255 en Fervor de Buenos Aires, en
particular, y en su obra poética de juventud, en general, Borges busca
borrar las huellas del tiempo (estilísticas, temáticas, estéticas y hasta
ideológicas), a la vez que la adecua a sus ideas estéticas del momento,
durante casi cincuenta años. Por esta razón, considero que para mantener
la intención original del poemario, que a tantas modificaciones fue
sometido, es preciso partir de la primera edición y mandar al sistema de
variantes las sucesivas ediciones.
255Textual criticism and scholary editing, University Press of Virginia,
Charlestonville, 1990, p. 53.
258
Más allá del morbo que despierte la obra borgeana de los años
veinte, provocado esencialmente por el propio Borges,256 considero que
una edición del tipo que propongo permitirá ver progresivamente los
cambios, supresiones y hasta adiciones “that alter the tone of the book
and are not in keeping with the spirit of the original version”.257 Así, la
reescritura de Fervor aparecerá en proceso y no de manera retroactiva
Enseguida anoto las abreviaturas de los testimonios utilizados en
mi edición:
A: Fervor de Buenos Aires, 1923.
An: Antología de la poesía argentina moderna (1900-1925), 1926.
B: Poemas (1922-1943), 1943.
C: Poemas (1923-1953), 1954.
Co: Cosmópolis.
D: Poemas (1932.1958), 1958.
E: Obra poética (1923-1964), 1964, 1965.
Ex: Exposición de la actual poesía argentina (1922-1927), 1927.
F: Obra poética (1923-1966), 1966, 1967, 1969.
G: Fervor de Buenos Aires, 2ª ed. 1969.
Gr: Grecia.
H: Obra poética (1923-1969), 1972.
I: Obras completas, 1974.
In: Índice de la nueva poesía americana, 1926.
J: Obra poética (1923-1977), 1977.
M: Manomètre.
256 Después de todo, nada escapa a los críticos curiosos: "The truth
is that nothing can keep a poem once published from the attention of
scholars, and the very fact that it has been suppressed invests it with a
particular interest. If the poet fears, on reflection, that he has left the cat
out of the bag, scholars will delight in the pursuit. If he merely believes
that the poem is a bad poem, then scholars will (quite understandably)
take an interest in the nature of the badness" (Ian Jack, "A choice of
orders: the arrangement of «The Poetical Works»", en Jerome J. McGann,
Textual criticism and literary interpretations, The University of Chicago
Press, Chicago, 1985, p. 141).
257 Thomas Tanselle, ibid.
259
N: Nosotros.
P: Proa.
Pr: Prisma.
T: Tableros.
U: Ultra.
Por cuestiones prácticas, a lo largo del estudio y en las notas de los
poemas utilizo títulos y fechas para referirme a las diversas ediciones de
Fervor, mientras que en el aparato de variantes he preferido asignar una
letra o una abreviatura a los testimonios utilizados, como se desprende de
la lista anterior.
En las páginas pares de la edición, incluyo una mínima nota sobre
cada poema, así como las notas pertinentes sobre léxico, algún verso, un
personaje aludido o, simplemente, para hacer una referencia cruzada.
Considero que esta disposición resulta menos engorrosa que si incluyera
las notas al pie, entremezcladas con las variantes.
Respecto del sistema de variantes, debo aclarar que opté por el
aparato positivo siempre que se trataba del cambio de una sola palabra
entre la versión de 1923 y alguna precedente o posterior, con la condición
de que el verso no se hubiera modificado en más de una ocasión. En caso
contrario, utilicé el sistema negativo que, si bien ocupa un mayor espacio
textual, permite insertar los cambios con claridad.
También recurrí al aparato negativo cuando las variantes incluían
dos o más palabras y, por supuesto, versos o tiradas completas.
260
Por último, sólo me queda advertir que he modernizado la
acentuación y he corregido algunas vacilaciones entre los usos de la g y la
j; conservé, sin embargo, la puntuación original.
261
262
Fervor de Buenos Aires
263
A QUIEN LEYERE
En la edición de 1943, Borges elimina este texto casi en su totalidad: sólo
conserva las últimas seis líneas, aunque reescritas.
1 "prefaciones": arcaísmo que en Borges deviene un neologismo deliberado, en
lugar de "prefacio", pues aplica la misma fórmula en otros sustantivos, por
ejemplo en Inquisiciones: "comentaciones" por "comentarios", "soñaciones" por
"sueños", "apuntación" por "apunte", "inquietación" por "inquietud"; en El idioma:
"efectuación" por "efecto", "quietación" por "quietud"; en "La pampa" (Textos
recobrados), "efectuación" por "efecto". Esta afición por el neologismo, explica
Borges a Jean de Milleret, "era un pecado de juventud" (Entrevistas con JLB, p.
82).
3 "mundología": "Sospecho que la fama es recompensa de la mundología, esto es,
de la destreza general del vivir, y no de una mañita peculiar de urdir versos y de
sazonar oraciones", contesta Borges en la "Encuesta sobre la nueva generación
literaria", Nosotros, 17 (1923), núm. 168, p. 16.
15-18 En estas líneas Borges expresa su preocupación por la extranjerización de
Buenos Aires, como en "Queja de todo criollo": "Ya la República se nos
extranjeriza, se pierde. Fracasa el criollo, pero se altiva y se insolenta la patria"
Inquisiciones, p. 149).
21-24 Borges tiene simpatía por los latinos, porque como ellos cree que los
jardines son anuncio de la divinidad (J. García Font, Historia y mística del jardín,
pp. 58-59).
264
A QUIEN LEYERE
Suelen ser las prefaciones de autor una componenda mal pergeñada,
entre la primordial jactancia de quien ampara obra que es
propiamente facción suya, y la humildad que aconsejan la mundología
y el uso. A tal costumbre esta advertencia no desmentirá interrupción.
5 Empiezo declarando que mis poemas, pese al fácil equívoco, que es
motivable por su nombre, no son ni se abatieron en instante alguno a
ser un aprovechamiento de las diversidades numerosas de ámbitos y
parajes que hay en la patria. Mi patria —Buenos Aires— no es el
dilatado mito geográfico que esas dos palabras señalan; es mi casa,
10 los barrios amigables, y juntamente con esas calles y retiros, que son
querida devoción de mi tiempo, lo que en ellas supe de amor, de pena
y de dudas.
De propósito pues, he rechazado los vehementes reclamos de
quienes en Buenos Aires no advierten sino lo extranjerizo: la
15 vocinglera energía de algunas calles centrales y la universal chusma
dolorosa que hay en los puertos, acontecimientos ambos que rubrican
con inquietud inusitada la dejadez de una población criolla. Sin miras
a lo venidero ni añoranzas de lo que fue, mis versos quieren
ensalzar la actual visión porteña, la sorpresa y la maravilla de los
20 lugares que asumen mis caminatas. Semejante a los latinos, que al
atravesar un soto murmuraban <<Numen Inest>>. Aquí se oculta la
divinidad, habla mi verso para declarar el asombro de las calles
endiosadas por la esperanza o el recuerdo. Sitio por donde discurrió
nuestra vida, se introduce poco a poco en santuario.
265
34 Luis de Góngora es, junto con Rubén Darío, el blanco frecuente de las puyas
borgeanas; entre las más notables está la de la "Proclama": "Los poetas sólo se
ocupan de cambiar de sitio los cachivaches ornamentales que los rubenianos
heredaron de Góngora —las rosas, los cisnes, los faunos, los dioses griegos, los
paisajes ecuánimes i enjardinados— i engarzar millonariamente los flojos
adjetivos inefable, divino, azul, misterioso" (Textos recobrados, p. 122). En
"Menoscabo y grandeza de Quevedo" dedica unas líneas a Góngora (Inquisiciones,
p. 48); en El tamaño incluye "Examen de un soneto de Góngora" (pp. 111-116) y
en El lenguaje, "Para el centenario de Góngora" (pp. 109-110); en este último texto
dice que Góngora es símbolo "de esa melodiosa y perfecta no literatura que he
repudiado siempre". Para 1972, Borges corregirá sus apreciaciones tanto respecto
de Góngora cuanto de Darío: "Es curioso: en aquella época, yo creía que Lugones
era superior a Darío, y que Quevedo era superior a Góngora. Y ahora Góngora y
Darío me parecen muy superiores a Quevedo y Lugones" (véase: F. Sorrentino,
Siete conversaciones con JLB, p. 194).
37-42 Sobre Browne, Borges comentará al final de su vida: "Cuando empecé a
escribir, siempre me decía que mis ideas eran muy superficiales, que si las
conociera el lector me despreciaría. Así que me disfrazaba. Al principio, intenté
ser un escritor español del siglo XVII con cierto conocimiento del latín [...] Yo me
considero un escritor español del siglo XVII, y mi intento de ser sir Thomas
Browne en español fracasó por completo" (Arte poética, p. 234). En Inquisiciones
incluye "Sir Thomas Browne" (pp. 33-41). Además en "Tlön Uqbar Orbis Tertius",
hay un personaje que traduce el Urn Burial de Browne. La cita que Borges
traduce libremente también adquiere una connotación distinta, porque une tres
fragmentos que en el original no se hallan en relación inmediata: “Now for my life,
it is a miracle of thirty yeares, which to relate, were not an History, but a peece of
Poetry, and would sound to common eares like a fable […] There is surely a peece
of Divinity in us, something that was before the Elements, and owes no homage
unto the Sun […] he that understands not thus much, hath not his introduction
or first lesson, and is yet to begin the Alphabet of man” (Religio Medici, pp. 83-84).
45 En su autobiografía, el poeta argentino dice que se procuró un ejemplar de
Lyrisches Intermezzo (1822-1823) después de fracasar en la lectura de Kant. Sin
embargo, Die Nordsee es el que más se relaciona con Fervor, porque está escrito
en verso libre; aquél sigue un verso regular.
49-50 En "La vuelta" y "Resplandor", por ejemplo, abunda el verso endecasílabo.
53-60 La etimología es aconsejada "por los clásicos y singularmente por algunos
ingleses". Sobre el idioma en general, Borges proponía "amillonar el idioma": "Yo
he procurado, en los pormenores verbales, siempre atenerme a la gramática (arte
ilusoria que no es sino la autorizada costumbre) y en lo esencial del léxico he
imaginado algunas trazas que tienden a ensanchar infinitamente el número de
voces posibles"; sus procedimientos: la derivación de adjetivos, verbos y adverbios
de sustantivos; la separabilidad de las preposiciones inseparables (como en
deshombre); la traslación de verbos neutros en transitivos y a la inversa y, por
último, mediante el uso de las palabras según su etimología: "me he remontado al
uso primordial de muchas palabras" (El tamaño, pp. 39-43).
266
25 Entiendo que tales intenciones sonarán forasteras a esta época, cuya
lírica suele desleírse en casi-músicas de ritmo o rebajarse a pila de
baratijas vistosas. No hay odio en lo que asevero, sino rencor
justificado. Cómo no malquerer a ese escritor que reza
atropelladamente palabras sin paladear el escondido asombro que
30 albergan, y a ese otro que, abrillantador de endebleces, abarrota su
escritura de oro y de joyas, abatiendo con tanta luminaria nuestros
pobres versos opacos, sólo alumbrados por el resplandor indigente de
los ocasos de suburbio. A la lírica decorativamente visual y
lustrosa que nos legó don Luis de Góngora por intermedio de su
35 albacea Rubén, quise oponer otra, meditabunda, hecha de aventuras
espirituales y cuya profesión de fe cabe en las razones que copio de
Sir Thomas Browne (Religio Medici, 1643): <<Mi vida es un milagro
cuya relación antes avecíndase a la poesía que a la historia, y
sonaría a guisa de fábula en las orejas del vulgo. Hay sin duda, en
40 nosotros, un trozo de divinidad, algo que precedió a los elementos y no
debe homenaje al Sol. Quien esto no comprendiese, aún habrá de
estudiar la cartilla humana>>.
En lo atañente, no ya a la esencia, sino a la hechura de mis versos,
fue mi propósito darles una configuración semejante a la trazada por
45 Heine en <<Die Nordsee>>. Existen, sin embargo, algunas diferencias
formales. Helas aquí: la inequivocabilidad y certeza de la
pronunciación española, junto con su caterva de vocales, no sufren se
haga en ella verso absolutamente libre y exigen el empleo de
asonancias. La tradición oral, además que posee en nosotros el
50 endecasílabo, me hizo abundar en versos de esa medida.
Acerca del idioma poco habré de asentar. Siempre fue perseverancia
en mi pluma —no sé si venturosa o infausta— usar de los vocablos
según su primordial acepción, disciplina más ardua de lo que
267
61 Según Borges "metaforizar es pensar, es reunir representaciones o ideas" (El
idioma, p. 64). En "La metáfora" (Cosmópolis, 1921, núm. 35) y otro texto
homónimo en La Prensa, 1928, también se dedica al estudio de esta “martingala”.
Además, la metáfora como procedimiento poético es un punto rector del
Ultraísmo, aunque conjeturo que Borges pudo haberlo recibido de Lugones: "el
verso vive de la metáfora" (Lunario sentimental, p. 8).
64-65 Estos escritores fueron compañeros de Borges en su aventura ultraísta.
Con Jacobo Sureda (autor de El prestidigitador de los cinco sentidos) Borges
mantuvo una correspondencia copiosa (cf. Cartas del fervor). Además, cuando los
Borges vivieron en Mallorca, Georgie visitaba con frecuencia a Jacobo, con quien
planeó diversos libros que no se concretaron. Borges dedica a Rivas-Panedas
"Singladura" (Ultra, 1921, núm. 8), quien publicó en 1910 Rimas de silencio y
soledad, además de que colabora asiduamente en Grecia y Cervantes. Norah
Lange fue amiga de correrías ultraístas en Buenos Aires y sobre su libro La calle
de la tarde (1925) Borges escribió un texto que recogió en Inquisiciones (pp. 82-
85).
65-67 Estas líneas indican la tendencia de Borges hacia una nueva estética.
68-73 Aquí aparece ya la idea de que entre escritor y lector hay una frontera
apenas perceptible: "Pierre Menard, autor del Quijote" tiene como fondo dicho
presupuesto.
268
suponen quienes sin lograr imágenes nuevas, fían su pensamiento a
55 la inconstancia de un estilo inveteradamente metafórico y agradable
con flojedad... Mi sensualidad verbal sólo abarca determinadas
palabras, lacra imputable a cuantos escritores conozco y cuya
excepción única fue don Francisco de Quevedo, que vivió en la
cuantiosa plenitud y millonaria entereza de nuestra lengua
60 castellana.
Siempre fui novelero de metáforas, pero solicitando fuese notorio en
ellas antes lo eficaz que lo insólito. En este libro hay varias
composiciones hechas por enfilamiento de imágenes, método que
alcanzó perfección en breves poemas de Jacobo Sureda, J. Rivas
65 Panedas y Norah Lange, pero que desde luego no es el único. Esto
—que ha de parecer axioma desabrido al lector— será blasfemia para
muchos compañeros sectarios.
_____________
Si en las siguientes páginas hay algún verso logrado, perdóneme el
lector el atrevimiento de haberlo compuesto yo antes que él. Todos
70 somos unos; poco difieren nuestras naderías, y tanto influyen en las
almas las circunstancias, que es casi una casualidad esto de ser tú el
leyente y yo el escribidor —el desconfiado y fervoroso escribidor— de
mis versos.
J. L. B.
68-73 Si las páginas de este libro permiten (consienten todas, excepto B y C) algún verso
feliz, perdóneme el lector la descortesía de haberlo usurpado yo, previamente. Nuestras
nadas poco difieren; es trivial y fortuita la circunstancia de que seas tú el lector de estos
ejercicios, y yo su redactor. B, C
269
LAS CALLES
Borges elimina este poema en la edición de 1977. Fue publicado por primera vez
en Fervor y no, como sostiene Benito Valera Jácome, en Prisma, 1921, revista
mural de la que sólo aparecieron dos números ("Técnicas poéticas en los primeros
libros de Borges", pp. 100-101); este dato puede constatarse en la reproducción
facsimilar de Prisma, núm. 1, diciembre de 1921, en René de Costa, "Militancia
vanguardista del primer Borges: 1920-1925" y en Vicente Cervera, La poesía de
Jorge Luis Borges: historia de una eternidad, p. 58.
3-6 En un texto de 1922, después recogido en Inquisiciones, "Acotaciones. Maples
Arce", Borges oponía su estética a la del poeta mexicano; se trata de una especie
de adelanto de "Las calles": "Permitir que la calle se vuelque de rondón en los
versos —y no la dulce calle de arrabal, serenada de árboles y enternecida de
ocaso, sino la otra, chillona, molestada de prisas y ajetreos— siempre antojóseme
un empeño desapacible" (p. 132, vid. supra, Capítulo 2).
5-6 Cuando Milleret lee estos versos en voz alta y sugiere su factura lugoniana,
parnasiana o ultraísta, Borges contesta: “Habría que comparar esos versos con la
última edición de 1966” (Entrevistas con JLB, p. 83)
5 En El tamaño de mi esperanza Borges escribe: "Dos presencias de Dios, dos
realidades de tan segura eficacia reverencial que la sola enunciación de sus
nombres basta para ensanchar cualquier verso y nos levanta el corazón con
júbilo entrañable y arisco, son el arrabal y la pampa [...] Es indudable que el
arrabal y la pampa existen del todo y que los siento abrirse como heridas y me
duelen igual" (pp. 21 y 25). En El idioma de los argentinos puede leerse otra
concepción del arrabal según Borges (pp. 145-146).
9 "casitas": en sus primeros poemas Borges utiliza el diminutivo frecuentemente
como una distinción lingüística, y por influencia de Evaristo Carriego. En
"Buenos Aires" ya aparece este recurso: "casitas de un piso" (p. 103). También
puede verse en otros poemas de Fervor; en "Calle desconocida": "columnitas y
aldabas"; en "Música patria": "de nochecita"; en "Un patio": "Un angelito"; en
"Jardín": "arbolito" y "jardincito", por mencionar algunos ejemplos.
270
LAS CALLES
Las calles de Buenos Aires
ya son la entraña de mi alma.
No las calles enérgicas
molestadas de prisas y ajetreos,
5 sino la dulce calle de arrabal
enternecida de árboles y ocasos
y aquellas más afuera
ajenas de piadosos arbolados
donde austeras casitas apenas se aventuran
10 hostilizadas por inmortales distancias
a entrometerse en la honda visión
hecha de gran llanura y mayor cielo.
Son todas ellas para el codicioso de almas
una promesa de ventura
15 pues a su amparo hermánanse tantas vidas
desmintiendo la reclusión de las casas
y por ellas con voluntad heroica de engaño
anda nuestra esperanza.
2] ya son mi entraña. G, H, I 3] No las calles ávidas calles, G, H, I 4] incómodas de
turba y de ajetreo, G, H, I 5] sino las calles desganadas del barrio, / casi invisibles de
habituales, G, H, I 6] enternecida de árboles y ocaso B, C, D enternecida de penumbra
y ocaso E, F enternecidas de penumbra y de ocaso G, H, I 7 aquellas] aquéllas B, C 8
piadosos arbolados] árboles piadosos E, F, G, H, I 9 aventuran] aventuran, E, F, G, H, I
10] abrumadas por inmortales distancias, E, F, G, H, I 11 entrometerse] perderse E, F, G,
H, I 12] de cielo y de llanura. E, F, G, H, I 13-14] Son para el solitario una promesa G,
H, I 15-18] porque millares de almas singulares las pueblan, / únicas ante Dios y en el
tiempo / y sin duda preciosas. G, H, I
271
19-22 Varela Jácome cita estos versos y remite a la edición de 1964, pero debió
referirse antes a la de 1943; asimismo, atribuye la versión de 1972 a la,
supuestamente, aparecida en Prisma, cincuenta años antes.
20 Este verso tiene sus antecedentes en otro de "Señal": "la luz va abriendo como
ramas las calles" (en el mismo Fervor esta lectura se convierte en el 22º verso de
"Benarés"); en "Prismas" se lee "vamos abriendo como ramas las calles" (Textos
recobrados, pp. 51 y 90, respectivamente).
En la poesía borgeana las banderas aluden al cosmopolitismo de Buenos
Aires debido a la migraciones europeas de finales del siglo XIX: "Ya la república se
nos extranjeriza, se pierde. Fracasa el criollo, pero se altiva y se insolenta la
patria: en el viento hay banderas" (Inquisiciones, p. 149). En La cabeza de Goliat
Ezequiel Martínez Estrada estudia este fenómeno: "El crecimiento de Buenos
Aires, y en ese sentido puede decirse que lo foráneo constituye los pisos altos de
la ciudad, donde flamean las banderas [...] Todas las banderas de todos los países
del mundo ondean y el aire es un tumulto de naciones [...] El hombre humilde,
hijo del país, no gusta de embanderar su casa" (p. 67). Por lo demás, Xul Solar,
compañero de Borges en sus andanzas vanguardistas en Buenos Aires e
ilustrador de El tamaño de mi esperanza y El idioma de los argentinos, adornaba
sus dibujos con banderas.
272
Hacia los cuatro puntos cardinales
20 se van desplegando como banderas las calles;
ojalá en mis versos enhiestos
vuelen esas banderas.
19] Hacia el Oeste, el Norte y el Sur G, H, I 20] se han desplegado como banderas las
calles; B, C, D, E, F se han desplegado —y son también la patria— las calles; G, H, I
21] ojalá en los versos que trazo G, H, I 22 vuelen] estén G, H, I
273
LA RECOLETA
Se trata del cementerio de la elite porteña. Felipe V decretó la construcción de un
convento en 1732, que fue sucesivamente hospital, prisión, lazareto y hotel para
inmigrantes. Sus terrenos fueron utilizados como cementerio público. En
Cuaderno San Martín, Borges le dedicará otro poema, "Muertes de Buenos Aires"
(pp. 39-41).
2 "el morir": Borges achaca la sustantivación de infinitivos a la influencia de
Macedonio Fernández: "Él me dejó ciertas malas costumbres literarias; por
ejemplo, en lugar de decir la vida, que es mucho más simple, ¿no?, en mis
primeros textos yo decía el vivir, le vivre. Esa pedantería pertenece a la manera
oral e incluso escrita de Macedonio Fernández. Él afirmaba que era más expresivo
decir el vivir que la vida, que en vez de decir el amor, por ejemplo, debía decirse el
amar" (J. de Milleret, Entrevistas con JLB, p. 32). Lo mismo puede decirse para
los versos 17, 21 y 26.
9 Jorge Manrique (1440?-1479) escribió en 1476 las Coplas a la muerte de su
padre, don Diego Manrique, maestre de la Orden de Santiago; ejemplo singular de
la elegía en la poesía española. Borges le dedica un ensayo en El idioma (pp. 84-
90).
Fray Luis de Granada (1504-1588) fue un eminente orador y escritor
místico del Siglo de Oro; es autor de, entre otras obras, La guía de pecadores, El
libro de la oración y meditación y El memorial de la vida cristiana.
13 "individuación": por "individualidad"; véase nota 1 de “A quien leyere”.
274
LA RECOLETA
Convencidos de caducidad
vueltos un poco irreales por el morir altivado en tanto sepulcro
irrealizados por tanta grave certidumbre de muerte,
nos demoramos en las veredas
5 que apartan los panteones enfilados
cuya vanilocuencia
hecha de mármol, de rectitud y sombra interior
equivale a sentencias axiomáticas y severas
de Manrique o de Fray Luis de Granada.
10 Hermosa es la serena decisión de las tumbas,
su arquitectura sin rodeos
y las plazuelas donde hay frescura de patio
y el aislamiento y la individuación eternales;
cada cual fue contemplador de su muerte
15 única y personal como un recuerdo.
Nos place la quietud,
equivocamos tal paz de vida con el morir
y mientras creemos anhelar el no-ser
lanzamos jaculatorias a la vida apacible.
1 caducidad] caducidad, B, C, D, E, F 2] om. todas 3] irrealizados por tanta certidumbre
de anulación, B, C, D, E, F por tantas nobles certidumbres del polvo, G, H, I, J 4] nos
demoramos y bajamos la voz G, H, I, J 5] entre las lentas filas de panteones, G, H, I, J
6-7] cuya retórica de sombra y de mármol G, H, I, J 7 interior] interior, todas 8-9]
promete o prefigura la deseable / dignidad de estar (haber G, H, I, J) muerto. B, C, D, E, F
10] Hermosa es la serenidad de las tumbas, B, C, D, E, F Bellos son los sepulcros, / el
desnudo latín y las trabadas fechas fatales, G, H, I, J 11] la conjunción del mármol y de
la flor, B, C, D, E, F la conjunción del mármol y de la flor G, H, I, J 12] y la plazuelas
con frescura de patio todas 13-15] y los muchos ayeres de la historia / hoy detenida y
única. G, H, I, J 14 muerte] muerte, B, C, D, E, F 16] om. G, H, I, J 17] Equivocamos
esa paz con la muerte G, H, I, J 18] y mientras creemos alabar el no ser B, C, D om. E,
F y creemos anhelar nuestro fin G, H, I, J 19] alabamos el sueño y la negligencia. B, C
alabamos el sueño y la indiferencia. D y alabamos el sueño y la indiferencia. E, F y
anhelamos el sueño y la indiferencia. G, H, I, J
275
28 El motivo del simulacro y el espejo anticipan al Borges maduro. Poemas como
"El Gólem" y "Ajedrez" están hechos a partir de la noción de simulacro.
30-32 La sinestesia ("sombra sonora"), así como la imagen del alma
desparramándose por las calles parecen borrar los límites entre dos sustancias
de diferente calidad, como lo proponían los poetas expresionistas. Compárese
también con el v. 20 de "Las calles", donde las que se despliegan son las calles.
En "La metáfora" decía Borges: "Quizá de menos fijación efectiva, pero mucho
más audaces, son las metáforas conseguidas mediante la traducción de
percepciones acústicas en percepciones oculares, y viceversa" (Textos recobrados,
p. 116).
37 "realicé": anglicismo por "descubrí".
276
20 Vehemente en las batallas y remansado en las losas
sólo el vivir existe.
Son aledaños suyos tiempo y espacio,
son arrabales de alma
son las herramientas y son las manos del alma
25 y en desbaratándose ésta,
juntamente caducan el espacio, el tiempo, el morir,
como al cesar la luz
se acalla el simulacro de los espejos
que ya la tarde fue entristeciendo.
30 Sombra sonora de los árboles,
viento rico en pájaros que sobre las ramas ondea,
alma mía que se desparrama por corazones y calles,
fuera milagro que alguna vez dejaran de ser,
milagro incomprensible, inaudito
35 aunque su presunta repetición abarque con grave horror la existencia.
Lo anterior: escuchado, leído, meditado
lo realicé en la Recoleta,
junto al propio lugar donde han de enterrarme.
20] Vehemente en las batallas y apacible en las bóvedas (bóvedas, B) C, D, E, F Vibrante
en las espadas y en la pasión / y dormida en la hiedra, G, H, I J 21] sólo existe la vida.
F sólo la vida existe. G, H, I, J 22] Son proyecciones suyas tiempo y espacio, E, F El
espacio y el tiempo son formas suyas, G, H, I, J 23] om. todas 24] son instrumentos
mágicos del alma, E, F, G, H, I, J 25] y cuando ésta se apaga, B, C, D, E, F y cuando
ésta se apague, G, H, I, J 26] juntamente se apagan el espacio, el tiempo, la muerte, B,
C, D, E, F se apagarán con ella el espacio, el tiempo y la muerte, G, H, I, J 28 se acalla]
caduca todas 29 entristeciendo.] apagando. G, H, I, J 30 sonora] benigna todas 31 rico
en] con G, H, I, J 32] alma que se dispersa en otras almas, G, H, I, J 33 milagro] un
praem. G, H, I, J 34 inaudito] inaudito, B, C, D, E, F om. G, H, I, J 35] aunque su
imaginaria repetición infame con horror la existencia. B, C aunque su imaginaria
repetición infame con horror nuestros días. D, E, F aunque su imaginaria repetición /
infame con horror nuestros días. G, H, I, J 36-37] Estas cosas pensé en la Recoleta, G,
H, I, J 36 meditado] meditado, B, C, D, E, F 37 realicé] resentí B, C, D, E, F 38] junto al
propio lugar en que han de enterrarme. B, C en el lugar en que han de enterrarme. D, E,
F en el lugar de mi ceniza. G, H, I, J
277
CALLE DESCONOCIDA
El poema alude a un espacio todavía intocado por las luces agresivas y el
estruendo de la modernidad que se apodera de Buenos Aires.
1-2 En la 1ª edición de Poemas, en 1943, Borges introduce una nota sobre este
poema:
CALLE DESCONOCIDA.—Es inexacta la noticia de los primeros versos. De
Quincey (Writings, tercer volumen, pág. 193) anota que, según la
nomenclatura judía, la penumbra del alba tiene el nombre de penumbra de
la paloma; la del atardecer, del cuervo (p. 173).
13-15 Para aludir a las calles de su querencia, Borges trae a colación los mismos
recuerdos; por ejemplo, en Inquisiciones: "Los novilunios, las verjas, el color
blando del suburbio, los claros rostros de las niñas" (p. 30); en El tamaño: "[en
Palermo] casi no había casas de alto y detrás de los zaguanes enladrillados y de
las balaustraditas parejas, los patios abundan en cielos, en parras y en
muchachas" y "ese largo verso mío donde hay puestas de sol, vereditas y una
vaga niña que es clara junto a una balaustrada celeste" (pp. 27 y 88); por último,
en "Homenaje a Carriego" dice otra vez de Palermo que "tiene casas art noveau
(¡cruz Diablo!) y niñas balconeras sin trenza y muchachas que han aprendido
saco de pijama y hablan del foba y balaustraditas que parecen peones de ajedrez
y una sola cuadra sin empedrar" (Textos recobrados, p. 289).
278
CALLE DESCONOCIDA
Penumbra de la paloma
llamaron los judíos a la iniciación de la tarde
cuando la sombra aún no entorpece los pasos
y la venida de la noche se advierte
5 antes como advenimiento de música esperada
que como enorme símbolo de nuestra primordial nadería.
En esa hora de fina luz arenosa
mis andanzas dieron con una calle ignorada,
abierta en noble anchura de terraza
10 mostrando en las cornisas y en las paredes
colores blandos como el mismo cielo
que conmovía el fondo.
Todo —honesta medianía de las casas austeras,
travesuras de columnitas y aldabas,
15 tal vez una esperanza de niña en los balcones—
se me adentró en el corazón anhelante
con limpidez de lágrima.
Quizá esa hora única
2 judíos] hebreos todas 3 aún] om. todas 5] como una música esperada, B, C, D, E, F
como una música esperada y antigua, G, H, I, J 6] no como símbolo de nuestra esencial
nadería. B, C, D, E, F como un grato declive. G, H, I, J 7 de fina luz arenosa] en que la
luz / tiene una finura de arena, G, H, I, J 8] mis pasos dieron con una calle ignorada, B,
C, D, E, F di con una calle ignorada, G, H, I, J 9 terraza] terraza, todas 10] cuyas
cornisas y paredes mostraban G, H, I, J 11 blandos] tenues J 13] Todo —la medianía de
las casas, G, H, I, J 14] travesura de columnitas y aldabas, B, C, D, E, F las modestas
balaustradas y llamadores, G, H, I, J 15 balcones—] balcones J 16] se me adentró en el
vano corazón B, C, D, E, F entró en mi vano corazón G, H, I, J 18] Quizá esa hora de la
tarde de plata G, H, I, J
279
22 Esta combinación de adverbio más adjetivo ("lejanamente cercana") ilustra la
experimentación con el oxímoron, figura que en años posteriores Borges
manejará con maestría. Además esa combinación es recurrente en Fervor, como
en "Rosas", donde la usa en tres ocasiones (vv. 2, 8y 17). Borges incluye este
recurso dentro de la "adjetivación antitética": "Fórmulas como altanera humildad,
universalmente solo, y aquella línea decisiva de Shakespeare, sobre la obscuridad
que ven los ciegos serían incapaces de suscitar en nosotros idea de comprensión
alguna. En álgebra, el signo más y el signo menos se excluyen; en literatura, los
contrarios se hermanan e imponen a la conciencia una sensación mixta; pero no
menos verdadera que las demás" (Textos recobrados, p.18).
30-32 Son versos alusivos a la muerte de Cristo como símbolo del destino
humano. Borges pudo haber tomado la imagen del poeta expresionista Wilhelm
Klemm, uno de cuyos versos reza: "Flameó sobre su martirizado cabello" (Textos
recobrados, p. 73). "Llamarada", también de Fervor, parte de la metáfora de la
existencia como una llama: "La llamarada salta y chisporrotea.—Yo paso junto a
la llama;—yo escucho lo que quiere proclamar su lengua de fuego, —yo doy
palabra y voz a los que susurra esa llama [...] y medito el significado de tu roja
palabra—y veo que en verdad eres símbolo—de nosotros [...] tal vez no es otra
cosa la vida—que el ascua de una hoguera muerta hace siglos". El Gólgota
("Lugar del Cráneo") es la colina en que, según el evangelio de san Mateo, Cristo
fue crucificado (Mateo 27:33).
280
aventajaba con prestigio la calle
20 dándole privilegios de ternura
haciéndola real como una leyenda o un verso;
lo cierto es que la sentí lejanamente cercana
como recuerdo que si parece llegar cansado de lejos
es porque viene de la propia hondura del alma.
25 Íntimo y entrañable
era el milagro de la calle clara
y sólo después
entendí que aquel lugar era extraño,
que es toda casa un candelabro
30 donde arden con aislada llama las vidas,
que todo inmeditado paso nuestro
camina sobre Gólgotas ajenos.
19] calle] calle, B, C, D, E, F 19-20] diera su ternura a la calle, G, H, I, J 20] ternura]
ternura, E 21] haciéndola tan real como un verso / olvidado y recuperado. G, H, I, J
22-26] om. G, H, I, J 23] como recuerdo que si llega cansado B, C, D, E, F 24 propia]
om. B, C, D, E, F 27-28] Sólo después reflexioné / que aquella calle de la tarde era ajena,
G, H, I, J 29] que toda casa es candelabro B, C, D, E, F que toda casa es un candelabro
G, H, I, J 30] donde las vidas de los hombres arden / como velas aisladas, G, H, I, J 32
ajenos] om. G, H, I, J
281
EL JARDÍN BOTÁNICO
Este poema desaparece de Fervor en la edición de 1969.
5 "lumbrerada", acaso se trate de una errata por "lumbrarada", que vale por
"lumbrada": "exceso de lumbre" (Dicc. Auts.)
9 "conmovedoramente perdido": véase nota al v. 22 de "Calle desconocida".
282
EL JARDÍN BOTÁNICO
Muy lejos de nosotros
por más que nuestras manos atestigüen los troncos
los árboles que balbucean apenas el ser
sueltan en pos de lo desconocido
5 su vana lumbrerada de hojas ciegas
que en piadosa ficción arriba se abrazan
como dobladas por la combadura celeste.
En supremo aislamiento
cada árbol está conmovedoramente perdido
10 y son sus vidas tan incomunicadas y hurañas
cual espejos que profundizan habitaciones distintas
o como el soñar de muchos durmientes
que reúne idéntico techo.
Nosotros mientras tanto
15 a la vera de su primordial existencia,
también oscuramente nos buscamos
con nuestra carne desgarrada e impar:
burdo secreto a voces
que con triste congoja nos arrastra
20 y nos socava el pecho
con la grave eficacia de una pena.
Angustia grande
que sin embargo no es más que una corazonada borrosa
del anhelo y del doloroso entusiasmo
1 nosotros] nosotros, E, F 2] aunque nuestras manos toquen los troncos, E, F 5] su
lumbre de hojas ciegas E, F 7 combadura] curva B, C, D, E, F 10] sus vidas son tan
incomunicadas y hurañas B, C, D, E, F 11] como espejos que ahondan habitaciones
distintas B, C, D, E, F 14] Nosotros, mientras tanto, B, C, D, E, F 15] al margen de su
rudimental existencia, B, C, D, E, F 22] Angustia, D, E, F 23] que sólo es un eco borroso
D, E, F
283
28 "tiempo gárrulo": el adjetivo reaparece en otros poemas de Fervor, como en
"Inscripción en cualquier sepulcro": "gárrulas excepciones". En su Lunario,
Lugones había dicho "El gárrulo caudal de rimas" (p. 85). Además, en El tamaño
Borges reproduce algunos versos de la Epístola moral y comenta: "Hay conmovida
gravedad en la estrofa y los adjetivos gárrula y aparente son las dos alas que la
ensalzan" (p. 53).
284
25 que hubo Dios de sentir antes del génesis,
y que aún no encontró hartazgo
en la manirrota caterva de estrellas, almas, voces y acasos
que grita el tiempo gárrulo
y abarca en ciencia universal el espacio.
30 (Al salir vi en un alboroto de niñas
una chiquilla tan linda
que mis miradas enseguida buscaron
la conjetural hermana mayor
que abreviando las prolijidades del tiempo
35 lograse en hermosura quieta y morena
la belleza colmada
que balbuceaba la primera).
25] que sintió Dios antes del génesis, B, C, D, E, F 26] y que todavía no encontró
hartazgo B, C y que no ha hallado hartazgo D, E, F 27] en diversa profusión de
estrellas, almas, voces y ocasos B, C en infinita profusión de estrellas, almas, voces y
ocasos D, E, F 31 chiquilla] chicuela B, C, D, E, F 32 enseguida] en seguida B, C, D, E,
F 37 primera).] primera.) todas
285
MÚSICA PATRIA
Este poema desaparece desde la edición de 1943.
3 "leonadas arenas": la adjetivación es de influencia lugoniana, como lo sugiere el
siguiente fragmento de El tamaño: "Hace ya más de medio siglo que un paisano
porteño, jinete de un caballo color de aurora y como engrandecido por el brillo de
su apero chapiao, se apeó contra una de las toscas del bajo y vio salir de las
leoninas aguas (la adjetivación es tuya, Lugones) a un oscuro jinete, llamado
solamente Anastasio el Pollo y que fue tal vez su vecino en el antiyer de ese ayer"
(p. 15).
19 "humilladero": "Lugar devoto, en el qual hai colocada alguna imagen de
Christo Señor nuestro, de Nuestra Señora, de algún Santo, ù de la Santa Cruz: el
qual suele estar en los caminos, ò en los extremos de los Lugares. Diósele este
nombre por que alli se postran los passajeros para hacer oración" (Dicc. Auts.). La
analogía borgeana es precisa: "picota de arrufianados vivires"-"lugar devoto", por
un lado, y "malas mujeres"-"passajeros", por otro.
22 Nótese en este verso, primero, el laísmo ("la regala") y, luego, el doble
complemento directo al que Borges no recurre sistemáticamente: "la regala [...] a
la calle".
286
MÚSICA PATRIA
Quejumbre mora
bordeando oscuramente ambas eternidades
del cielo gigantesco y de las leonadas arenas,
llevada con horror de alfanjes heroicos
5 a los límpidos prados andaluces
desgarrándose como una hoguera por las malezas del tiempo,
entre los siglos escurriéndose
quemando las vihuelas en llamarada de jácaras
hasta el milagro de la gesta de Indias
10 cuando los castellanos
saqueadores de mundos
iban robando tierras de albur al poniente.
Desmelenada por la pampa
trasegada de guitarra criolla en guitarra,
15 entreverándose con la pena
de avillanada gente quichua
descoyuntándose con la insolencia del puerto,
hecha otra vez picota de arrufianados vivires
y humilladero de mujeres malas,
20 ha logrado ahondar con tal virtud en nuestra alma
que si de nochecita una ventana
la regala en sonora generosidad a la calle
el caminante
siente como si le palparan el corazón con la mano.
287
LA PLAZA SAN MARTÍN
Se refiere a un lugar público que lleva el nombre del general José de San Martín
(1778-1850), hijo de otro general español. Participa como caudillo en la guerra de
independencia argentina (1816) y en la chilena al lado de O'Higgins (1818);
también proclama la independencia del Perú en 1821. Este personaje será la
figura emblemática del tercer poemario de Borges, Cuaderno San Martín (1929) y
aparecerá como personaje del cuento "Guayaquil".
La primera no es propiamente una variante textual, sino una omisión
paratextual significativa, pues representa un verdadero tributo a Macedonio
Fernández: Tommaso Scarano no reproduce la dedicatoria de 1923, “A Macedonio
Fernández, espectador / apasionado de Buenos Aires”. Por lo tanto, tampoco
recoge la versión corregida de la dedicatoria en 1943: “A Macedonio Fernández”, a
secas (cf. Varianti a stampa, p. 73). En el ejemplar que dedicó a Macedonio,
Borges tacha "Fernández" y "apasionado" (cf. C. García, El joven Borges, p. 30).
5-9 En estos versos hay una serie de predicativos con carácter de hipálage: "la
tarde" se remansa "serena", "bienhechora", "clara", "grave"; además obsérvese el
paralelismo sintáctico de 7, 8, 9.
15 "altiva": forma verbal (ya empleada en Inqusiciones, "se altiva") deriva del
arcaísmo "altivar": "Elevar, ensalzar", "llenarse de altivez" (DRAE).
288
LA PLAZA SAN MARTÍN
A Macedonio Fernández, espectador
apasionado de Buenos Aires.
En busca de la tarde
fui apurando en vano las calles.
Ya estaban los zaguanes entorpecidos de sombra.
Con fino bruñimiento de caoba
5 la tarde toda se había remansado en la plaza,
serena y sazonada
bienhechora y sutil como una lámpara
clara como una frente
grave como ademán de hombre enlutado.
10 Todo sentir se aquieta
bajo la rumorosa absolución de sus árboles
—jacarandá o acacia—
cuyas piadosas combaduras
amortecen la rigidez pueril de la estatua
15 y en cuya excelsitud se altiva
la gloria vespertina de las luces
a igual distancia
del leve azul y de la tierra rojiza.
¡Qué bien se ve la tarde
20 desde el fácil sosiego de los bancos!
5 toda] entera G, H, I, J 6 sazonada] sazonada, E, F, G, H, I, J 7 lámpara] lámpara,
todas 8 frente] frente, todas 11] bajo la absolución de sus árboles B, C, D, E, F, G
bajo la absolución de los árboles H, I, J 12] —jacarandás, acacias— todas 13
combaduras] curvas todas 14] atenúan la rigidez pueril de la estatua B, C, D, E, F
atenúan la rigidez de la imposible estatua G, H, I, J 15] y en cuya red se exalta F, G, H,
I, J 16-17] la gloria de las luces equidistantes todas
289
22 "Ahincado [...] el puerto": hipálage que reforzaría el tono expresionista del
poema.
23 "honda plaza": el adjetivo aparece en "Las calles" ("honda visión") y en
"Sábados" ("honda ciudad") para indicar la aparente inconmensurabilidad de los
espacios amados.
290
Ahincado en la revuelta de un declive
el puerto dice de comarcas hurañas
y la honda plaza igualadora de almas
ábrese como pecho generoso
25 que derrama confianza.
21] Abajo todas 22] el puerto dice de comarcas lejanas D, E el puerto se abre a
latitudes lejanas F el puerto anhela latitudes lejanas G, H, I, J 24-25] se abre como la
muerte, como el sueño. todas
291
EL TRUCO
Sobre "El truco", Borges comenta a Antonio Carrizo: "Ya no recuerdo el poema,
pero el argumento es éste: que ya que las situaciones del truco se repiten, los
jugadores son, mientras juegan, los muertos que han jugado al truco ¿no? De
modo que somos un poco la inmortalidad de viejos y perdidos truqueros. La idea
es ésa, pero posiblemente yo la eché a perder con metáforas" (Borges, el
memorioso, p. 157). Borges también publicó un texto homónimo en prosa, cuyo
inicio recuerda el del poema: "Cuarenta naipes quieren desplazar la vida. En las
manos cruje el mazo nuevo o se traba el viejo: morondongas de cartón que se
animarán, un as de espadas que será omnipotente como don Juan Manuel,
caballitos panzones de donde copió los suyos Velázquez"; y páginas adelante:
"Cuarenta naipes —amuletos de cartón pintado, mitología barata, exorcismos—
les bastan para conjugar el vivir común. Juegan de espaldas a las transitadas
horas del mundo. La pública y urgente realidad en que estamos todos, linda con
su reunión y no pasa; el recinto de su mesa es otro país. Lo pueblan el envido y el
quiero, la olorosa cruzada y la inseparabilidad de su don, el ávido folletín de cada
partida, el 7 de oros tintineando esperanza y otras apasionadas bagatelas del
repertorio [...] todo jugador no hace ya más que reincidir en bazas remotas. Su
juego es una repetición de juegos pasados, vale decir, de ratos de vivires pasados"
(El idioma, pp. 28, 31-32). En Un ensayo autobiográfico recuerda cómo enseñó a
jugar el truco a Jichlinski y Abramowicz: "Les enseñé a jugar al truco, y
aprendieron tan bien y tan rápido que al final de nuestra primera partida me
dejaron sin un centavo" [p. 39].
1 Borges responde a Carrizo: "Bueno, eso me lo dictó mi hermana, que no quería
jugar el truco o al poker, porque todo ese tiempo, cuando uno juega, uno [se]
pierde de vivir. Porque podría estar viviendo y está jugando. De modo que esa
primera línea es un plagio. Cuarenta naipes, claro, han desplazado la vida. Sí"
(Borges, el memorioso, p. 157).
6 "una risueña génesis": Borges en ocasiones, como en ésta, usa la palabra
"génesis" en femenino y otras, como en "El jardín botánico" ("antes del génesis"),
en masculino.
10-11 Respecto de estos versos Borges comenta a De Milleret: "en el poema ‘El
truco’ ya se encuentra esta idea [la de la muerte inexorable], refutada incluso
antes de que la escribiese, por Bergson, de que, en cada momento, somos nuestro
pasado. Pero con un poco de paradoja, Óscar Wilde había escrito que, en cada
instante de nuestra vida, somos todo lo que fuimos y todo lo que seremos;
además, agregaba que somos nuestro pasado y nuestro porvenir" (Entrevistas con
JLB, p.85). Luego, cuando Carrizo le lee la versión de 1969 ("la vida de los otros
se detiene"): "Caramba, es un buen poema. Y usted acaba de revelármelo. Y para
1923 no está mal. Y no se parece a Lugones" (Borges, el memorioso, p. 158);
parece que Borges se divierte con quienes desconocen las primeras ediciones de
sus textos.
292
EL TRUCO
Cuarenta naipes han desplazado la vida.
Amuletos de cartón pintado
conjuran en placentero exorcismo
la maciza realidad primordial
5 de goce y sufrimiento carnales
y una risueña génesis
va poblando el tiempo usurpado
con los brillantes embelecos
de una mitología criolla y tiránica.
10 En los lindes de la mesa
el vivir común se detiene.
Adentro hay otro país:
las aventuras del envido y del quiero,
la fuerza del as de espadas
15 como don Juan Manuel, omnipotente,
y el siete de oros tintineando esperanza.
Una gauchesca lentitud
va refrenando las palabras
que por declives patrios resbalan
20 y como los altibajos del juego
son sempiternamente iguales
los jugadores en fervor presente
2-5] Pintados amuletos de cartón G Pintados talismanes de cartón H, I, J 3-5] nos
hacen olvidar nuestros destinos G, H, I, J 6] y una creación risueña todas 7 usurpado]
robado G, H, I, J 8] con las floridas travesuras G, H, I, J 9] de una mitología casera. G,
H, I, J 11] la vida de los otros se detiene. G, H, I, J 12 otro] un extraño G, H, I, J 14] la
autoridad del as de espadas, G, H, I, J 17] Una lentitud cimarrona todas 18 refrenando]
demorando G, H, I, J 19-21] y como las alternativas del juego / se repiten y se repiten,
G, H, I, J 22] los jugadores de esta noche G, H, I, J
293
13 "del envido y del quiero": según Martínez Estrada, se trata de dos suertes de
naipes: "A cada carta que se exhibe, el azar se reduce, y en esa fase la mano, la
voz, la vista, valen tanto como la baraja. De la primera suerte, del envido, puede
resultar la flor, que son tres naipes de un mismo palo. Flor o envido y truco; nada
más" (La cabeza de Goliat, 185).
Por su parte, Fernández Moreno también se sirve de este juego en "Club
social cosmopolita" (1919): "Se congestiona un viejo, el mejor casinero, / tirando
por baranda un buen golpe atrevido. / En una mesa al lado: —¡Dos reales envido!
/ —Tengo flor. ¡Flor y truco! —Corraló, compañero" (Antología, p. 40).
20-27 En las “Notas” de 1943, Borges escribió sobre este poema:
EL TRUCO.—Los siete versos del final prefiguran uno de mis antiguos
propósitos: aplicar el principio leibneziano de los indiscernibles a los
problemas de la individualidad y del tiempo. Ese propósito resurge en otros
ejercicios; también, en mi Evaristo Carriego (página 46); también, en la
Historia de la eternidad (páginas 30-33); también, en una de las notas de
El jardín de senderos que se bifurcan (página 24). Copio el último texto: “En
el día de hoy, una de las iglesias de Tlön sostiene platónicamente que tal
dolor, que tal matiz verdoso del amarillo, que tal temperatura, que tal
sonido, son la única realidad. Todos los hombres, en el poderoso instante
del coito, son el mismo hombre. Todos los hombres que repiten una línea
de Shakespeare, son William Shakespeare” (p. 173).
Por cierto, en la edición de 1954, cambia la numeración de las páginas de
El jardín…, 37-41, y pone en cursivas el verbo son de la última línea.
La nota de 1972 ofrece otros argumentos sobre el poema y, por supuesto,
otras fuentes, porque responde a la estética del Borges maduro:
EL TRUCO.—En esta página de dudoso valor asoma por primera vez una
idea que me ha inquietado siempre. Su declaración más cabal está en
“Sentirse en muerte” (El idioma de los argentinos, 1928) y en “La nueva
refutación del tiempo” (Otras inquisiciones, 1952).
Su error, ya denunciado por Parménides y Zenón de Elea, es postular
que el tiempo está hecho de instantes individuales, que es dable separar
unos de otros, así como el espacio de puntos (p. 67).
294
copian remotas bazas
cosa que inmortaliza un poco,
25 apenas,
a los compañeros que hoy callan.
23] copian remotas bazas: B, C, D, F copian antiguas bazas: G, H, I, J 24 cosa] hecho
B, C, D, E, F 24-26] hecho que resucita un poco, muy poco, / a las generaciones de los
mayores / que legaron al tiempo de Buenos Aires / los mismos versos y las mismas
diabluras. G, H, I, J 26] a los compañeros muertos que callan. B, C, D, E, F
295
FINAL DE AÑO
A decir de Bernès, este poema sería muestra de la "constante preocupación
metafísica" de Borges. Habría que agregar que hay también una similitud
temática con "El truco".
1 "minucia guarismal": el adjetivo, deriva de guarismo, reaparece en "El cielo es
azul, es azul y es cielo", donde Borges dice que Pitágoras "quiso asentar el mundo
sobre principios guarismales" (Textos recobrados, p. 156), y en Inquisiciones,
"Llego, pues, a su valor guarismal" (p. 110), para referirse a Góngora.
7 "agorería": "El acto de pronosticar ò conjeturar los buenos ò malos sucesos, por
lo que no tiene conexión con ellos. Es voz anticuada. Lat. Augurium" (Dicc. Auts).
296
FINAL DE AÑO
Ni la minucia guarismal de reemplazar un tres por un dos
ni esa metáfora baldía
que convoca un año agonizante y otro que surge
ni el cumplimiento de un enrevesado plazo astronómico
5 socavan con cataclismos de badajadas y gritos
la altiplanicie de la media noche serena
y en agorería fantástica
nos hacen aguardar las doce campanadas oscuras.
La causa verdadera
10 es la sospecha universal y borrosa
de las metafísicas posibilidades del Tiempo,
es el azoramiento ante el milagro
de que a despecho de alternativas tan infinitas
pueda persistir algo en nosotros
15 inmóvil.
1] Ni el pormenor simbólico de reemplazar un tres por un dos B, C, D, E Ni el pormenor
simbólico / de reemplazar un tres por un dos F, G, H, I, J 3] que convoca un lapso que
muere y otro que surge G, H, I, J 4 enrevesado plazo] intrincado plazo B, C, D, E, F
proceso G, H, I, J 5] socavan con cataclismos de badajos y gritos B, C, D, E, F aturden y
socavan G, H, I, J 6] la altiplanicie de la medianoche serena D, E, F la altiplanicie de
esta noche G, H, I, J 7-8] y nos obligan a esperar / las doce campanadas oscuras. B, C,
D y nos obligan a esperar / las doce oscuras campanadas. E, F y nos obligan a esperar /
las doce irreparables campanadas. G, H, I, J 10 universal] general G, H, I, J 11] de lo
enigmático del Tiempo, D del enigma del Tiempo, E del enigma del Tiempo; F, G, H, I, J
12 azoramiento] asombro D, E, F, G, H, I, J 13] de que a despecho de azares infinitos D,
E, F de que a despecho de infinitos azares, / de que a despecho de que somos / las gotas
del río de Heráclito, G, H, I, J 14] persiste algo en nosotros: B, C perdure algo en
nosotros: D, E, F, G, H, I, J 15] inmóvil, / algo que no encontró lo que buscaba. J
297
CIUDAD
Esta composición sale de Fervor en 1943. En ella Borges expresa su rechazo de la
ciudad moderna; los "anuncios luminosos", las "charras algarabías", "los colores
impetuosos", el "ocaso arrasado" y "la insolencia de las luces falsas" contrastan
con lo que escribiera en “A quien leyere”; allí defiende su preferencia por "los
barrios amigables" antes que por el puerto estridente, donde "la vocinglera
energía de algunas calles centrales y la universal chusma dolorosa" dominan el
panorama. Beatriz Sarlo se refiere a las diversas concepciones poéticas de
Buenos Aires en las primeras décadas del siglo XX: "la imaginación diseñó
distintas ciudades: <<las orillas>> de Borges, lugar indefinido entre la llanura y
las últimas casas, a las que se llegaba desde la ciudad, todavía horadada por
baldíos y patios; la ciudad ultrafuturista de Arlt, construida en la mezcla social,
estilística y moral, donde la ficción descubrió una modernidad que no existía del
todo materialmente; las postales y las instantáneas Kodak de Girondo, donde la
superficie de la ciudad se desarticula en bruscas iluminaciones y signos
taquigráficos" (Borges, un escritor de las orillas, p. 19). Habría que decir que
Borges también tenía como contramodelo a Manuel Maples Arce, cuyos Andamios
interiores aquél reseñó en Proa, 1922, núm. 2.
Borges reprodujo “Ciudad”, con variantes, en Exposición de la actual poesía
argentina (1922-1927), ed. de Pedro Juan Vignale y César Tiempo, Minerva,
Buenos Aires, 1927.
2 "Charras": "se usa referido a una persona o una cosa que revela mal gusto por
la combinación de colores chillones o por el exceso de adornos" (Dicc. del español
de Arg.)
3 Compárese con "Las calles de Buenos Aires / ya son la entraña de mi alma" de
"Las calles". La expresión "entran a saco" indica la violencia con que la ciudad se
impone al sujeto lírico.
5 "atónitas fachadas": hipálage en que el sentimiento del sujeto lírico parece,
contra su voluntad, mezclarse con el paisaje desagradable.
11 En este verso se percibe la falta de identificación del sujeto lírico con las calles
atestadas de "anuncios luminosos", de "charras algarabías" y "luces falsas";
mientras que aquellas calles con las que está en consonancia se convierten en "la
entraña de mi alma"; en "El Paseo de Julio" (Cuaderno San Martín, p. 49) también
se puede ver cierta apatía respecto del paisaje citadino: "nunca te sentí patria".
298
CIUDAD
Anuncios luminosos tironeando el cansancio.
Charras algarabías
entran a saco en la quietud del alma.
Colores impetuosos
5 escalan las atónitas fachadas.
De las plazas hendidas
rebosan ampliamente las distancias.
El ocaso arrasado
que se acurruca tras los arrabales
10 es escarnio de sombras despeñadas.
Yo atravieso las calles desalmado
por la insolencia de las luces falsas
y es tu recuerdo como un ascua viva
que nunca suelto
15 aunque me quema las manos.
2 Charras] Charras, Ex 15 quema] queme Ex
299
HALLAZGO
Borges suprime este poema desde la edición de Poemas, 1943.
10 "como quien lleva una bandera": hay otros versos paralelos en Fervor; en
"Barrio reconquistado": "como quien recorre una recuperada heredad"; en
"Dictamen": "como quien guarda una beso en la memoria"; "La vuelta", "como
quien besa a un durmiente" y "como quien practica un verso olvidado", y en
"Trofeo", "como quien escucha y torna a escuchar un acorde".
300
HALLAZGO
¡Cómo entre tanto abatimiento y desgano
el acaso alistó para mi alma
esa música tan cariñosa y valiente,
esa inconfesable racha porteña
5 que resolvió mi pena desparramada en su alarde
de igual manera
que el cielo rinde y abarca en su anchura
los temporales y las quejas.
Yo llevé aquella música a flor de alma
10 como quien lleva una bandera[!]
301
UN PATIO
Este poema resulta emblemático en Fervor, porque igual que la pampa o la plaza
son espacios abiertos que permiten la comunicación directa de la tierra con el
cielo y, acaso, del hombre con la divinidad. Luna de enfrente está lleno de patios.
6 "un angelito": el motivo de los ángeles tiene un fuerte arraigo en Borges;
también los nombra en "Caminata": "como el oscuro plumazón de un Ángel"; en
"Campos atardecidos": "como un Arcángel"; en "Despedida": "como un ángel
caído". En El tamaño, además, incluye "Historia de los ángeles", donde justifica
su afición por estos seres que tienen "dos días y dos noches más que nosotros":
"La imaginación de los hombres ha figurado tandas de monstruos (tritones,
hipogrifos, quimeras, serpientes de mar, unicornios, diablos, dragones, lobizones,
cíclopes, faunos, basiliscos, semidioses, leviatanes y otros que son caterva) y
todos ellos han desaparecido, salvo los ángeles. ¿Qué verso de hoy se atreverá a
mentar al fénix o a ser paseo de un centauro? Ninguno; pero a cualquier poesía,
por moderna que sea, no le desplace ser nidal de ángeles y resplandecerse con
ellos. Yo me los imagino siempre al anochecer, en la tardecita de los arrabales o
de los descampados, en ese largo y quieto instante en que se van quedando a
solas las cosas a espaldas del ocaso y en que los colores distintos parecen
recuerdos o presentimientos de otros colores. No hay que gastarlos mucho a los
ángeles; son las divinidades últimas que hospedamos y a lo mejor se vuelan" (p.
67).
8-11 En el Índice de la poesía americana Borges suprime los vv. 8-9 (Scarano dice
“5 e 6” por su estilo de edición, p. 75). Por estos cambios deliberados, las
confusiones abundan, verbigracia:
Dentro del volumen de Fervor, en el poema titulado “Un patio” se lee
El patio es el declive
por el cual se derraman (sic) el cielo en la casa.
De acuerdo con Ghiano, en una versión primera, esos versos decían
de manera diferente
El patio es la ventana
por donde Dios mira las almas.
En la nueva versión, el Ser Todopoderoso y la evocación de su
paternal providencia han desaparecido para dejar, en su lugar, una imagen
—ese “cielo”— que tiene mucho de descripción astronómica y muy poco de
connotación teológica (Ferrer, Borges y la nada, pp. 26-27).
14-15 En una entrevista con Néstor J. Montenegro, Borges describe la casa en
que nació: "Una casa igual a todas las otras. Pienso en el penúltimo año del siglo
XIX, en 1899. Recuerdo el llamador de bronce, la puerta de la calle, las ventanas
de rejas, la puerta cancel, los dos patios, el aljibe, las habitaciones, el alto cielo
raso, la azotea de ladrillo. Años después, supe que en el fondo del aljibe había
una tortuga. En Montevideo ponían un sapo" (Diálogos, p. 79). Martínez Estrada
recuerda que "antaño las casas comunes tenían tres patios: el primero para la
familia, el segundo para la servidumbre, el tercero para corral y huerta. Aljibe con
brocal, alero interior de tejas, árboles frutales, cancel de hierro, puertas de una o
de cuatro hojas" (La cabeza de Goliat, p. 47).
302
UN PATIO
Con la tarde
se cansaron los dos o tres colores del patio.
La gran franqueza de la luna llena
ya no entusiasma su habitual firmamento.
5 Hoy que está crespo el cielo
dirá la agorería que ha muerto un angelito.
Patio, cielo encauzado.
El patio es la ventana
por donde Dios mira las almas.
10 El patio es el declive
por el cual se derrama el cielo en la casa.
Serena
la eternidad espera en la encrucijada de estrellas.
Lindo es vivir en la amistad oscura
15 de un zaguán, de un alero y de un aljibe.
3-4] Esta noche, la luna, (la luna J) el claro círculo, / no domina su espacio. G, H, I 5-
6] om. todas, excepto In y An 8-9] om. todas, excepto An 12] Serena, E, F, G, H, I, J 14
Lindo] Grato F, G, H, I, J 15] de un zaguán, de una parra y de un aljibe. todas, excepto
In y An
303
BARRIO RECONQUISTADO
En la edición de 1977, cambia por "Barrio recuperado". El poema tiene su origen
en las caminatas por los barrios alejados del puerto, como Borges refiere en El
tamaño: "Yo soy un hombre que se aventuró a escribir y aun a publicar unos
versos que hacían memoria de dos barrios de esta ciudad que estaban
entreveradísimos con su vida, porque en uno de ellos fue su niñez y en el otro
gozó y padeció un amor que quizá fue grande. Además cometí algunas
composiciones rememorativas de la época rosista, que por predilección de mis
lecturas y por miedosa tradición familiar, es una patria vieja de mi sentir" (p.
127).
Estos barrios que no corresponden totalmente al pasado, pero que
tampoco acaban de encauzarse en el presente, escribe Martínez Estrada, son los
de "Evaristo Carriego y de Jorge Luis Borges; de Fernández Moreno y de
Macedonio Fernández, calles que los ediles y arquitectos desdeñan y por donde es
indispensable andar un poco de vez en cuando, como si nos pusiéramos a revisar
fotografías y flores secas en álbumes y cofres" (La cabeza de Goliat, p. 55).
304
BARRIO RECONQUISTADO
Nadie justipreció la belleza
de los habituales caminos
hasta que pavoroso en clamor
y dolorido en contorsión de mártir
5 se derrumbó el complejo cielo verdoso
en manirroto abatimiento de agua y de sombra.
El temporal desaforado
maltrató la humillación de las casas
y aborrecible fue a las miradas el mundo,
10 pero cuando un arco benigno
alumbró con sus colores el cielo
y un olor a inquieta tierra mojada
alentó los jardines
nos echamos a caminar por las calles
15 como quien recorre una recuperada heredad,
y en los cristales hubo generosidades de sol
y en las hojas lucientes que ilustran la arboleda
dijo su temblorosa inmortalidad el estío.
1 justipreció] percibió B, C, D, E, F 1-2] Nadie vio la hermosura de las calles G, H, I, J
4] y dolorido en contorsión de mártir, B, C, D, E, F om. G, H, I, J 5] se derrumbó el
complejo cielo verdoso, B, C, D, E, F se derrumbó el cielo verdoso, om. G, H, I, J 6
manirroto] desaforado B, C, D, E, F om. G, H, I, J 7 desaforado] unánime B, C, D, E, F
fue unánime G, H, I, J 8] golpeó la humillación de las casas B, C, D, E, F om. G, H, I, J
9] y aborrecible a las miradas fue el mundo, G, H, I, J 10 benigno] bendijo G, H, I, J 11]
con los colores del perdón la tarde, G, H, I, J 12 inquieta] om. todas, excepto B 13]
jardines] jardines, todas 15 quien recorre] por todas, excepto B 17] y en las hojas
lucientes G, H, I, J 18 temblorosa] trémula todas
305
VANILOCUENCIA
Este poema es suprimido de Fervor en la edición de 1969. A diferencia de "Las
calles", en éste el sujeto lírico no siente que Buenos Aires sea "la entraña de su
alma", sino que parece detenido a medio camino entre "la excepción de algunos
versos" y "la vida [...] que usurpa toda el alma"; se mira en un constante
movimiento y condenado al fluir de la vida que, como el espejo, "no descansa en
una imagen sola". Sólo le queda esperar el resultado de la "lanza sobre el tiempo",
la novedad.
306
VANILOCUENCIA
La ciudad está en mí como un poema
que aún no he logrado detener en palabras.
A un lado hay la excepción de algunos versos
y al otro, arrinconándolos,
5 la vida se adelanta sobre el tiempo
como terror
que usurpa toda el alma.
Siempre hay otros ocasos, otra gloria;
yo siento el rendimiento del espejo
10 que no descansa en una imagen sola.
¿Para qué esta porfía
de clavar con dolor un claro verso
de pie como una lanza sobre el tiempo
si mi calle, mi casa,
15 desdeñosas de plácemes verbales,
me gritarán su novedad mañana?
Nuevas
como una novia no besada.
2 aún] om. B, C, D, E, F 3 versos] versos; B, C, D, E, F 4 y] om. B, C, D, E, F 5 tiempo]
tiempo, B, C, D, E, F 9] yo siento la fatiga del espejo B, C, D, E, F 15 plácemes] símbolos
D, E, F 16 novedad] novedad, F 18 novia] boca B, C, D, E, F
307
VILLA URQUIZA
Desaparece de la edición de 1954. Existe otro poema, un soneto en alejandrinos
que Borges publicó en Alfar (1926, núm. 59), con el mismo nombre, aunque a
decir de Helft el manuscrito que se conserva lleva el de "Villa Mazzini"
(Bibliografía completa, p. 246). Entre ambos hay muy pocas afinidades.
5 En un ejemplar de la primera edición que pertenece a Juan Manuel Peña "la
palabra <<una>> está sustituida en tinta al margen por la palabra <<con>>" (cf.
edición facsimilar de Fervor, preparada por Alberto Casares en 1993).
Scarano introduce también la lectura del ejemplar anotado de Peña y no
ofrece argumentos para preferirla en lugar de la impresa (Varianti a stampa, p.
103)
6 En este verso podría verse una mínima familiaridad con el poema de Alfar, en
cuyo v. 4 se lee "de arrabal macilento".
9 "los lejos": el adverbio está sustantivado; se trata de otro de los mecanismos de
Borges para enriquecer el idioma que "apenas si está bosquejado", por ello es
deber del escritor "el multiplicarlo y variarlo" (El tamaño, p. 43).
10 Puede decirse que hay una versión previa de este verso en el v. 10 de “Himno
del mar”: “El camino fue largo como un beso”.
12 El motivo reaparece en Luna de enfrente: en "Calle con almacén rosao", "I el
terreno baldío que se deshace en yuyos y alambres" y en "Último sol en Villa
Ortúzar", "Al horizonte un alambrado le duele".
16-17 Compárese con otros versos de Fervor: "bien recuerdan las calles / que
fueron campo un día" ("La noche de San Juan") y "Según va anocheciendo /
vuelve a ser campo el pueblo" ("Campos atardecidos").
308
VILLA URQUIZA
Atendido de amor y rica esperanza,
cuántas veces he visto morir sus calles agrestes
en el Juicio Final de cada tarde!
La frecuente asistencia de un encanto
5 acuña en mi recuerdo una predilecta eficacia
ese arrabal cansado,
y es habitual evocación de mis horas
la vista de sus calles,
el horizonte que se acurruca en los lejos,
10 las quintas que interrumpe el cielo baldío,
la calle Pampa larga como un beso,
las alambradas que son afrenta del campo
y la dichosa resignación de unos sauces.
Paraje que arraigó una tradición de amor en el alma
15 no ha menester vanaglorioso renombre,
ayer fue campo, hoy es incertidumbre
de la ciudad que del despoblado se adueña:
bástale para conseguir las laudes del verso
ser el sitio implorado de una pena.
3 tarde!] tarde. B 5-6] acuña en mi recuerdo ese arrabal cansado, B 9] el horizonte que
se impone a lo lejos, B 11] om. B 12] los alambrados que son afrenta del campo B 15]
no precisa renombre, B 18 conseguir] merecer B
309
SALA VACÍA
Este poema fue publicado por vez primera en Ultra (1922, núm. 22), con el título
de "Prismas: 'Sala vacía'". Además estaba dedicado A Humberto Rivas, hermano
de José Rivas Panedas. Borges recupera un pasaje de su niñez, en el cual se
entrevé ya su fascinación por los espejos. Scarano desconoce la versión de Ultra
(“Non conosciamo direttamente il testo”, dice en Varianti a stampa, p. 55) y, por
eso, no anota este testimonio.
A diferencia de lo referido por Nicolás Helft, Carlos García y Sara L. del
Carril, Bernès sostiene que "Il s'agit mot pour mot, de la version préoriginale paru
le 15 mars 1922 à Madrid, dans le numéro 24 de la revue Ultra" (en su ed. de J.
L. Borges, Œuvres complétes, p. 1287). Descuida la variante del v. 6 y,
posiblemente, el número de la revista sea una errata, porque la fecha coincide
con la aportada por aquéllos.
Sobre los muebles de caoba, Borges recuerda en una entrevista con J. de
Milleret que "es cierto, se trataba de mi cama y de un armario grande... Esos
muebles eran un poco Especulum in ænigmate, eran espejos oscuros. Mi
habitación estaba en la parte alta de la casa. Allí estaban esa cama de caoba y
además ese armario con tres espejos. Entonces, me veía multiplicado, digamos,
cuatro veces porque también me veía un poco a mí mismo reflejado en el espaldar
de la cama. Pero no era precisamente por miedo" (Entrevistas con JLB, p. 22).
16-26 En estos versos hay un fuerte contraste respecto de los precedentes: el
sujeto lírico pasa del interior sosegado de la alcoba al "trajín de la calle" y del
pasado ("en las mañanas iniciales de nuestra infancia") al presente ("La
actualidad constante").
310
SALA VACÍA
Los muebles de caoba perpetúan
entre la indecisión del brocado
su tertulia de siempre.
Los daguerrotipos
5 mienten su falsa cercanía
de vejez enclaustrada en un espejo
y ante nuestro examen se escurren
como fechas inútiles
de aniversarios borrosos.
10 Con ademán desdibujado
su casi-voz angustiosa
corre detrás de nuestras almas
con más de medio siglo de atraso
y apenas si estará ahora
15 en las mañanas iniciales de nuestra infancia.
La actualidad constante
convincente y sanguínea
aplaude en el trajín de la calle
su plenitud irrecusable
20 de apoteosis presente
6] de vejez encerrada en un espejo U de tiempo detenido en un espejo G, H, I, J 7
escurren] pierden G, H, I, J 9] de borrosos aniversarios. E, F, G, H, I, J 10-13] Desde
hace largo tiempo / sus angustiadas voces nos buscan G, H, I, J 14] y ahora apenas
están G, H, I, J 16-23] La luz del día de hoy / exalta los cristales de la ventana / desde
la calle de clamor y de vértigo G, H, I, J 18 aplaude] festeja D, E, F
311
24-25 Borges imprime cambios significativos en la segunda edición de Fervor, lo
que indujo a cometer una errata a Carlos Meneses (Poesía juvenil..., p. 74) y a
Cobo Borda (El Aleph borgiano, p. 17); ambos asimilan los dos versos en uno e
introducen una errata: “luz” por “voz”, acaso para dar un sentido literal al verbo
“apaga” que antecede.
312
mientras la luz a puñetazos
abre un boquete en los cristales
y humilla las seniles butacas
y arrincona y ahorca
25 la voz lacia
de los antepasados.
21] mientras la luz E, F 24-25] y arrincona y apaga la voz lacia G, H, I, J
313
INSCRIPCIÓN SEPULCRAL
Según pesquisa de Alejandro Vaccaro, el anticuario Víctor Aizenman tiene en su
poder el manuscrito "Montaña de Gloria", "seguramente el más temprano
disponible de un texto poético de su autoría. Iniciado en 1914, registra
elaboraciones sucesivas que se extienden hasta 1919"; este poema consta de tres
partes: "Inscripción sepulcral I", "Inscripción en cualquier sepulcro" e "Inscripción
sepulcral II" (“La poética de los años de Ginebra”, pp. 83-85.).
En 1964 la dedicatoria aparece sin el "Don" y en la de 1969 se lee "Para mi
bisabuelo, el coronel Isidoro Suárez". Borges le dedicó otro poema fechado en
1953, "Página para recordar al coronel Suárez, vencedor de Junín", en El otro, el
mismo. La mitificación de sus "mayores" es una línea temática que Borges nunca
abandonará.
El coronel Isidoro Suárez fue devoción de Borges desde los doce años,
cuando escribe: "En Junín no se disparó un solo tiro... Isidoro Suárez, futuro
héroe de Junín, era quien más se lució como enlazador... El día anhelado y la
batalla vinieron"; en otro momento, rememora que el abuelo de su madre (doña
Leonor Acevedo) "fue el coronel Isidoro Suárez, quien en 1824, a la edad de
veinticuatro años, encabezó una famosa carga de caballería peruana y
colombiana que cambió el rumbo de la batalla de la guerra de independencia
suramericana. Aunque Suárez era primo segundo de Juan Manuel de Rosas,
dictador de Argentina de 1835 a 1852, prefirió el exilio y la pobreza en
Montevideo a vivir bajo una tiranía en Buenos Aires" (Un ensayo autobiográfico,
pp. 15-16 y 23).
La ascendencia militar fue un rasgo que lo identificó con Alfonso Reyes,
quien, como testimonia Borges, le escribió en 1923, después de publicado Fervor:
"Me conmueven o me tocan al pasar ciertos nombres de sus antepasados, de sus
mayores militares" ("Cómo conocí a Alfonso Reyes", p. 150).
314
INSCRIPCIÓN SEPULCRAL
Para el coronel Don Isidoro Suárez, mi bisabuelo.
Dilató su valor allende los Andes.
Contrastó ejércitos y montes.
La audacia fue impetuosa costumbre de su espada.
Impuso en Junín término formidable a la lucha
5 y a las lanzas del Perú dio sangre española.
Escribió su censo de hazañas
en prosa rígida como los clarines belísonos.
Murió cercado de un destierro implacable.
Hoy es orilla de tanta gloria el olvido.
1 allende] sobre todas 2] Contrastó montañas y ejércitos. todas 3 impetuosa] om. todas
4] Impuso en Junín término venturoso a la lucha B, C, D, E, F Impuso en la llanura de
Junín / término venturoso a la batalla G, H, I, J 8] Eligió el honroso destierro. G, H, I, J
9] Hoy es un poco de ceniza y de gloria. E, F Ahora es un poco de ceniza y de gloria. G,
H, I, J
315
ROSAS
Borges siempre experimentó cierta fascinación por el dictador Juan Manuel de
Rosas. En Inquisiciones lo nombra, al menos, dos veces: "El silencio arrimado al
fatalismo tiene eficaz encarnación en los dos caudillos que abrazaron el alma de
Buenos Aires: en Rosas e Irigoyen" (p. 143) y más adelante dice "se perdió el
quieto desgobierno de Rosas"; en El tamaño, además, lo denomina "nuestro
mayor varón [...] gran ejemplar de la fortaleza del individuo, gran certidumbre de
saberse vivir, pero incapaz de erigir algo espiritual, tiranizado al fin más que
nadie por su propia tiranía y su oficinismo" (p. 13).
En las “Notas” de la Obra poética de 1972, Borges escribe sobre este
poema:
ROSAS. Al escribir este poema, yo no ignoraba que un abuelo de mis
abuelos era antepasado de Rosas. El hecho nada tiene de singular, si
consideramos la escasez de la población y el carácter casi incestuoso de
nuestra historia.
Hacia 1922 nadie presentía el revisionismo. Este pasatiempo
consiste en “revisar” la historia argentina, no para indagar la verdad sino
para arribar a una conclusión de antemano resuelta: la justificación de
Rosas o de cualquier otro déspota disponible. Sigo siendo, como se ve, un
salvaje unitario (p. 67).
1-6 Estos versos recuperan varios motivos de "Sala vacía".
2 "taciturnamente rendida": la fórmula se reitera en los vv. 8 y 17, lo cual
muestra que la búsqueda borgeana no se quedaba en el plano léxico, sino en la
combinación de palabras con sentido oximorónico, como en los dos casos
últimos.
316
ROSAS
En el ámbito desamorado
de la sala taciturnamente rendida
cuyo reloj austero derrama
un tiempo ya sin aventuras ni asombro
5 sobre la lastimosa blancura
que amortaja la pasión roja de la caoba,
alguien en queja de cariño
pronunció el nombre familiarmente horrendo.
La imagen del tirano
10 abarrotó el instante
no clara como un mármol en un bosque,
antes grande y umbría
como la sombra de una lejana montaña
y conjeturas y recuerdos
15 sucedieron al eventual nombramiento
como sucede a un golpe una lucha.
Famosamente infame
ese nombre fue desolación en las calles,
idolátrico amor entre el gauchaje
20 y horror de puñaladas en la historia.
1-2] En la sala tranquila todas 5 lastimosa] decente G, H, I, J 7] alguien, como reproche
cariñoso, G, H, I, J 8] pronunció el nombre familiar y temido. G, H, I, J 10 instante]
instante, todas 11] no clara como un mármol en la tarde, H, I, J 12 antes] sino todas
13] como la sombra de una remota montaña B, C, D, E, F como la sombra de una
montaña remota G, H, I, J 14 recuerdos] memorias E, F, G, H, I, J 15] sucedieron a la
mención eventual todas 16] como un eco insondable. E, F, G, H, I, J 18] su nombre fue
desolación en las casas, G, H, I, J 19 entre] en todas 20] y horror del tajo en la
garganta. G, H, I, J
317
21 Desde aquí en adelante Borges expresa una especie de simpatía por el
dictador, cuyos crímenes son "parciales"; "fue como tú y como yo". Esta simpatía
trajo a Borges enemistades que se manifestaron de diversas maneras, como en
"Carta abierta de don Juan Manuel de Rosas a Jorge Luis Borges" (firmada por
Antonio Vallejo), Revista de las Américas, 1926, núm. 6, donde parece aludir a los
primeros poemarios de Borges: "Tú has creído halagarme con acercar a mi época
el motivo de tus manías; y has hecho de las Villas un paradero de nostalgias
históricas; y te pasas un libro casi entero jugando al truco con la baraja criolla de
los atardeceres" (Las revistas literarias, p. 139).
37 "cenizal": neologismo derivado de "ceniza".
318
Hoy el olvido borra su censo de muertes,
pues que son parciales los crímenes
si los cotejamos con la fechoría del Tiempo,
esa inmortalidad infatigable
25 que anonada con silenciosa culpa las razas
y en cuya herida siempre abierta
que el último dios habrá de restañar el último día
cabe toda la sangre derramada.
No sé si Rosas
30 fue sólo un ávido puñal como nuestros abuelos decían;
creo que fue como tú y yo
un accidente intercalado en los hechos
que vivió en la cotidiana zozobra
e inquietó para felicidades y penas
35 la incertidumbre de otros ánimos.
Hoy es el mar una separación caudalosa
entre su reliquia cenizal y la patria,
hoy toda vida por lastimera que sea
puede pisar su aniquilamiento y su noche.
40 Ya Dios lo habrá olvidado
22] porque son parciales los crímenes B, C, D, E, F porque son venales las muertes G,
H, I, J 23] si las pensamos como parte del Tiempo, G, H, I, J 27 día] día, todas 30
nuestros] los D, E, F, G, H, I, J 32] un azar intercalado en los hechos B, C, D, E, F un
hecho entre los hechos G, H, I, J 33] que vivió en la zozobra cotidiana G, H, I, J 34] y
dirigió para exaltaciones y penas G, H, I, J 35-36] sin blanco H, I 35 ánimos] om. todas
36] Hoy el mar es una separación caudalosa E, F El mar, ahora, es una separación
caudalosa G, H Ahora el mar es una larga separación I, J 37] entre sus restos y la
patria, G, H entre la ceniza y la patria. I, J 38] Ya (ya G, H) toda vida, por humilde que
sea, I, J 39 aniquilamiento] nada E, F, G, H, I, J
319
320
y es antes una misericordia benévola
que un rencoroso ensañamiento e injuria
el reanimar su obliteración decisiva
con limosnas de odio.
41-42] y es menos una injuria que una piedad todas, excepto B 43] retardar su infinita
disolución C, D demorar su infinita disolución E, F, G, H, I, J
321
ARRABAL
Poema publicado primeramente en Cosmópolis (1921, núm. 32). La dedicatoria
era "A Guillermo de Torre, por contraste". Como Scarano desconoce la versión de
la revista (“pubblicato, secondo la testimonianza di Gloria Videla, tra il 1921 e il
1922”), no habla de la dedicatoria (Varianti a stampa, pp. 55 y 81).
Borges identifica el arrabal con las orillas de la ciudad, en los lindes con la
pampa; en 1926 señala que "no hay un arrabal, hay diez arrabales. El arrabal es
abstracto, arquetípico, tan inventado por las letras de tango, es una haraganería
de la observación, un término hueco. Decimos con nebulosidad las orillas, pero
son una cosa las de Boca, orillas con marinerío, orillas del agua, y otra las que
por Urquiza se alargan: orillas de la tierra, orillas de la nochecita y de la llanura"
(Textos recobrados, p. 252). Luego, en El idioma: "Arrabal es todo conventillo del
Centro. Arrabal es la esquina última de Uriburu [...] Arrabal son esos huecos
barrios vacíos en que suele desordenarse Buenos Aires por el oeste y donde la
bandera colorada de los remates [...] va descubriendo América", y concluye:
"Arrabal es demasiado contraste para que su voz no cambie nunca" (pp. 145-
146).
5-7 La serie de hipálages denota el estado anímico del sujeto lírico, que al final
del poema ve su alma reflejada en el panorama arrabalero (vv. 20-24).
8-11 Estos versos aluden a la geometría de las calles bonaerenses, y sugieren
una idea semejante a otros de Fernández Moreno: "Tengo el cerebro cuadriculado
/ como tus calles, ¡oh, Buenos Aires / En mi cerebro no hay callejuelas, / el sol
alumbra, circula el aire. / Si me preguntan por qué mis versos / son tan
precisos, tan regulares, / yo diré a todos que aprendí a hacerlos / sobre la
geometría de tus calles" (Antología, p. 35). En una carta a Sureda se queja de su
"destierro de la ciudad cuadriculada", y en otra: "nos hemos anclado en un barrio
geometral" (Cartas del fervor, pp. 194 y 198).
322
ARRABAL
A Guillermo de Torre.
El arrabal es el reflejo
de la fatiga del viandante.
Mis pasos claudicaron
cuando iban a pisar el horizonte
5 y estuve entre las casas
miedosas y humilladas
juiciosas cual ovejas en manada,
encarceladas en manzanas
diferentes e iguales
10 como si fueran todas ellas
recuerdos superpuestos, barajados
de una sola manzana.
El pastito precario
desesperadamente esperanzado
15 salpicaba las piedras de la calle
y mis miradas comprobaron
gesticulante y vano
el cartel del poniente
en su fracaso cotidiano
1-2] El arrabal es el reflejo de nuestro tedio. G, H, I, J 5] y caí entre las casas Co y
quedé entre las casas, todas, excepto Co 6] miedosas y humilladas, B, C, D, E, F om. G,
H, I, J 7] juiciosas como ovejas en manadas Co om. todas, excepto Co 8 encarceladas]
cuadriculadas G, H, I, J 10 fueran] fuesen Co 11] recuerdos superpuestos barajados
Co recuerdos superpuestos, barajados, B, C, D, E, F monótonos recuerdos repetidos G,
H, I, J 13 precario] precario, G, H, I, J 14 esperanzado] esperanzado, G, H, I, J 16
comprobaron] constataron Co 16-19] y divisé en la hondura / los naipes de colores del
poniente G, H, I, J 19 cotidiano] cotidiano. Co
323
21 "literaturicé": para C. García este término tendría un sentido peyorativo en
Borges, como se desprende del Diario (1931-1932) de Jacobo Sureda, inédito:
"Literaturizar llamaba yo a eso, palabra que J. L. Borges me aplaudió" (apud El
joven Borges, pp. 39-40). En carta a Sureda, Borges escribe. "Isaac del Vando-
Villar está de paso en Buenos Aires y me comunica que Joan Alomar y otros
literaturizados o literaturizables mozos han sacado una revista ultraísta o cosa
parecida en Palma" (Cartas del fervor, p. 225) y en "La lírica argentina
contemporánea" (Cosmópolis, 1921, núm. 36): "En esta época de los
literaturizados, Macedonio es tal vez el único hombre [...] que vive plenamente su
vida, sin creer que sus instantes son menos reales por el hecho de que no
intervienen en los instantes ajenos en salpicadura de citaciones, libros o fama"
(Textos recobrados, p. 133).
22 "la viacrucis": Borges pudo tomar esta palabra, también en femenino, de
Almafuerte, a quien cita en El idioma: "Yo sé que en la vía crucis larga, muy larga,
/ que hacen los supercuerdos con su demencia..." (p. 35). También en
Inquisiciones: "la viacrucis por donde se encaminan fatalmente los idólatras de su
yo" (p. 99).
324
20 y sentí Buenos Aires
y literaturicé en la hondura del alma
la viacrucis inmóvil
de la calle sufrida
y el caserío sosegado.
25 1921.
20] Y sentí Buenos Aires Co y sentí Buenos Aires: B, C, D, E, F y sentí Buenos Aires. G,
H, I, J 21] y literaturicé en el fondo del alma Co Y literaturicé en la hondura del alma G,
H, I, J 21-24] esta (Esta G, H, I, J) ciudad que yo creí mi pasado / es mi porvenir, mi
presente; / los años que he vivido en Europa son ilusorios, / yo he estado [estaba G, H, I,
J] siempre (y estaré) en Buenos Aires. todas, excepto Co 25] (Buenos Aires) Co
325
REMORDIMIENTO POR CUALQUIER DEFUNCIÓN
En la edición de las Obras completas, 1974, cambia a "Remordimiento por
cualquier muerte". Está emparentado con "La Recoleta" y revela la preocupación
borgeana por la muerte. Cabe mencionar que es uno de los poemas que Borges
reconoce como dignos de memoria en una carta dirigida a Jacobo Sureda (sept-
oct/1923): "En Fervor de Buenos Aires estimo buenos 'Llaneza', 'Calle
desconocida', 'Remordimiento' y 'Trofeo'. Los demás que los firme Juan Alomar..."
(Cartas del fervor, p. 229).
326
REMORDIMIENTO POR CUALQUIER DEFUNCIÓN
Inconmensurable, abstracto, casi divino,
desbaratadas las trabaduras del ser,
el muerto ya no es un muerto: es la muerte.
Como el Dios de los místicos
5 del cual han de negarse todos los predicados,
el muerto ubicuamente ajeno
no es sino la perdición y ausencia del mundo.
Todo se lo robamos,
no le dejamos ni una brizna de cielo:
10 aquí está el patio que ya no palpan sus ojos,
allí la acera donde acechó su esperanza.
Aún lo que pensamos
podría estarlo pensando él también;
nos hemos repartido como ladrones
15 el asombroso caudal de noches y días.
1-2] Libre de la memoria y de la esperanza, / ilimitado, abstracto, casi futuro, todas 3 ya]
om. todas 4 místicos] místicos, todas 5] de quien (Quien G, H, I, J) deben negarse todos
los predicados, B, C, D, E, F 9] no le dejamos ni un color ni una sílaba: todas 10
palpan] comparten todas 11-12] sin blanco E, F, G, H, I, J 12] Hasta lo que pensamos
todas, excepto J Aun lo que pensamos J 13-14] forman un verso H, I 13] podría estar
pensándolo él también; B, C podría estar pensándolo él; J 15] el caudal de las noches y
de los días. G, H, I, J
327
JARDÍN
El poema trata sobre un tema que permea todo Fervor, el amor por los espacios
abiertos y por la casa familiar, como podría desprenderse de los diminutivos de
los vv. 8 y 17. Sobre el viaje de Borges a Chubut apunta Alejandro Vaccaro: "En
enero de 1922, los Borges se ausentaron temporariamente de Buenos Aires.
Viajaron a Chubut para visitar al tío de Georgie, Francisco Eduardo, que se
hallaba destinado en la ciudad de Comodoro Rivadavia como comandante militar
del campamento que se hallaba en ella. Borges recorría los arenales, los cerros,
los trechos de playa, se asombraba ante los pozos de petróleo, y forjó un bello
poema que más tarde incluiría en su primer libro publicado. El jardincito es un
día de fiesta / en la eternidad de la tierra imaginaba el poeta que de a poco, muy
lentamente, intentaba alejarse de la metáfora" (Georgie. 1899-1930, p. 195).
Borges dio noticia de este viaje a Adriano del Valle: "Yo recién vuelvo de
Chubut, de Patagonia, donde he pasado un mes de veraneo entre sierras,
arenales interminables y una ausencia total de la menor vegetación... En esta
semana sacaremos el segundo número de Prisma" (en Rosa Pellicer, “Cartas de
Jorge Luis Borges a Adriano del Valle”, p. 213).
328
JARDÍN
Zanjones
sierras ásperas
médanos,
sitiados por jadeantes singladuras
5 y por las leguas de temporal y de arena
que desde el fondo del desierto se agolpan.
En un declive está el jardín.
Cada arbolito es una selva de hojas.
Lo asedian vanamente
10 los infecundos cerros doloridos
que apresuran la noche con su sombra
y el triste mar de inútiles verdores.
Todo el jardín es una luz apacible
que ilumina la tarde
15 y es también una canción conocida
entre la algarabía del paraje.
El jardincito es un día de fiesta
en la eternidad de la tierra.
Yacimientos del Chubut, 1922.
1] Zanjones, G, H, I, J 2 ásperas] áridas B, C, D, E, F ásperas, G, H, I, J 10] los
estériles cerros doloridos B, C, D, E, F los estériles cerros silenciosos G, H, I, J 14 tarde]
tarde. G, H, I, J 15] y es también un acorde B, C, D, E, F 15-16] om. G, H, I, J 17] El
jardincito en un día de fiesta B El jardincito es como un día de fiesta G, H, I, J 18
eternidad] pobreza G, H, I, J
329
INSCRIPCIÓN EN CUALQUIER SEPULCRO
El poema estaría dedicado a Juan Francisco Borges (1782-1837), bisabuelo
paterno del poeta, como explica Vaccaro (véase el comentario de "Inscripción
sepulcral", "Dilató..."). Según Bernès, "contrairement à beaucoup d'autres, ce
poème n'a subi, de 1923 à 1974, que des transformations de détail", y enseguida
ofrece las variantes de los vv. 2, 13 y 15. Pasa por alto algunas, por ejemplo, la
sustitución del v. 3 y otros detalles que pueden verse en el aparato crítico. Varela
Jácome reproduce mal el título del poema: "Inquisición en cualquier sepulcro"
("Técnicas poéticas en los primeros libros de Borges", p. 109).
5 "la tiniebla": Borges usa el sustantivo en singular, como aparece en una de las
entradas del Diccionario de autoridades: "Carencia, falta, y privación total de luz.
Usase comunmente en plural. Es toma del Latino Tenebre, arum". En "Amanecer"
también es voz singular: "la descansada tiniebla".
9 "asombroso": parece errata por "asombro"; así se corrige en 1954.
330
INSCRIPCIÓN EN CUALQUIER SEPULCRO
No arriesgue el mármol temerario
gárrulas excepciones a la omnipotencia de olvido
conmemorando las prolijidades
del nombre, la opinión, los acontecimientos, la patria.
5 Tanto abalorio bien adjudicado está a la tiniebla
y el mármol no hable lo que callan los hombres.
Lo esencial de la vida fenecida
—la trémula esperanza,
el milagro implacable del dolor y el asombroso del goce—
10 siempre perdurará.
Ciegamente reclama duración el alma arbitraria
cuando la tiene asegurada en vidas ajenas,
cuando tú mismo eres la continuación realizada
de quienes no alcanzaron tu tiempo
15 y serán otros a su vez tu inmortalidad en la tierra.
2] gárrulas infracciones al todopoder del olvido, B, C, D, E, F gárrulas transgresiones al
todopoder del olvido, G, H, I, J 3] rememorando con prolijidad B, C, D, E, F
enumerando con prolijidad G, H, I, J 4 del] el todas 9 asombroso] asombro todas,
excepto B 13] cuando tú mismo eres el espejo y la réplica G, H, I, J 15] y otros serán (y
son) tu inmortalidad en la tierra. todas
331
DICTAMEN
Borges suprime este poema en 1943.
1 "altivecen": del arcaísmo "altivecer": "Ensoberbecer, ocasionar hinchazon y
vanidad, infundir arrogancia y altivez, de cuyo nombre se forma este verbo, que
tiene la anomalía de los verbos acabados en ecer, como Altiveza, &. Es voz
antiquada" (Dicc. Auts.). También en "Cercanías": "Las calles que altivece tu
hermosura"; en Inquisiciones: "Jamás versos tan nobles altivecieron tanta
cotidianidad espiritual" (p. 45).
332
DICTAMEN
Si altivecen un libro
gloria verbal, grandeza en el estilo y exaltación de imágenes
no limaré mis entusiasmos
y será mi voz viva herramienta de su honra
5 mas no me embaucará mi devoción
y silenciosamente
sabré que aquello es artimaña y trampa dichosa.
Pero si al terminar un libro liso
que ni atemorizó ni fue feliz con jactancia
10 siento que por su influjo
se justifican los otros libros, mi vida
y la propia existencia de las cosas,
con gratitud lo ensalzo, y con amor lo atesoro
como quien guarda un beso en la memoria.
333
LA VUELTA
Este poema alude al regreso de los Borges a Buenos Aires. Así lo relata Jorge
Luis: "Volvimos a Buenos Aires en el vapor Reina Victoria Eugenia, hacia fines de
marzo de 1921. Me causó sorpresa, después de vivir en tantas ciudades europeas
—tras tantos recuerdos de Ginebra, Zúrich, Nîmes, Córdoba, Lisboa—, advertir
que mi ciudad natal había crecido y que era ya una ciudad muy grande,
extendida, casi interminable, con edificios bajos de techos lisos, que se estiraba
hacia el oeste: hacia la zona que los geógrafos y literatos llaman la pampa.
Aquello fue algo más que un regreso; fue un redescubrimiento [...] La ciudad —no
toda la ciudad, desde luego, sino algunos lugares que me eran emocionalmente
importantes— inspiraron poemas de mi primer libro editado, Fervor de Buenos
Aires" (Un ensayo autobiográfico, p. 57). También puede verse la carta que Borges
dirige a Jacobo Sureda el 22 de junio de 1921 (Cartas del fervor, p. 198).
9 "luna nueva": motivo que, como en el v. 17, se repite en "Campos atardecidos",
"la luna nueva / es una vocecita desde el cielo" y en algunos poemas de Luna de
enfrente como "Calle con almacén rosao": "la luna nueva de ayer tarde" o
"Singladura": "La luna nueva se ha enroscado a un mástil".
Además, en “Al margen de la moderna estética” (Grecia, ene/1920, núm.
39), escribió sobre la luna nueva: “esa luna que surge tras un azul edificio no es
la circular eterna palestra sobre la cual los muertos han hecho tantos ejercicios
de retórica, sino una luna nueva, virginal y auroralmente nueva” (Textos
recobrados, p. 31)
18 "dulcedumbre": "Dulzúra, suavidad. Viene del Latino Dulcedo, inis" (Dicc.
Auts.). Arcaísmo.
20 Compárese con "las calles [...] ya son la entraña de mi alma" de "Las calles".
334
LA VUELTA
Después de muchos años de ausencia
busqué la casa primordial de la infancia
y aún persevera forastero su ámbito.
Mis manos han tanteado los árboles
5 como quien besa a un durmiente
y he copiado andanzas de antaño
como quien practica un verso olvidado
y advertí al desparramarse la tarde
la frágil luna nueva
10 que se arrimó al amparo benigno
de la palmera pródiga de hojas excelsas,
como avecilla que a la nidada se acoge.
¡Qué caterva de cielos
vinculará entre sus paredes el patio,
15 cuánto heroico poniente
militará en la hondura de la calle
y cuánta quebradiza luna nueva
infundirá al jardín su dulcedumbre
antes que llegue a reconocerme la casa
20 y torne a ser una provincia de mi alma!
1] Al cabo de los años F Al cabo de los años del destierro G, H, I, J 2] volví a la casa
primordial de la infancia B, C, D, E, F volví a la casa de mi infancia G, H, I, J 3] y
todavía me es ajeno su ámbito. G, H, I, J 4 tanteado] tocado G, H, I, J 5] como quien
acaricia a alguien que duerme G, H, I, J 6] y he repetido antiguos trayectos B, C, D, E, F
y he repetido antiguos caminos G, H, I, J 7] como quien recobra un verso olvidado B, C,
D, E, F como si recobrara un verso olvidado G, H, I, J 8 advertí] vi todas, excepto B 10
benigno] sombrío todas 11] de la palmera de hojas excelsas, B de la palmera de hojas
altas, todas, excepto B 12] como avecita que a la nidada se acoge. B, C, D, E, F como a
su nido el pájaro. G, H, I, J 12-13] sin blanco H, I 14 vinculará] abarcará F, G, H, I, J
18 dulcedumbre] dulzura C, D ternura, E, F, G, H, I, J 19] antes de que me reconozca la
casa E, F antes que vuelva a reconocerme la casa G, H, I antes que me reconozca la
casa J 20] y vuelva a ser una provincia de mi alma! B, C, D y vuelva a ser un hábito
del alma! E, F y de nuevo sea un hábito! G, H, I, J
335
LA GUITARRA
Borges elimina este poema en la edición de 1966.
En la poesía borgeana, la guitarra aparece como símbolo de la identidad
argentina, pues es el instrumento con que se acompaña el payador de Martín
Fierro; además dos amigos de Borges eran aficionados a ella, Macedonio
Fernández (a quien dice en una carta: "prefiero esperar algún tiempo y decírtelo
en tu camarote de la calle Rivadavia, entre yerba, guitarra y metafisiqueo"
(feb/1924) y Ricardo Güiraldes (en Luna de enfrente, por ejemplo, escribe Borges
"Y la guitarra austera de Ricardo Güiraldes", p. 34; también en Inquisiciones, pp.
21 y 65). Cuando Néstor J. Montenegro le pregunta qué es la patria, Borges
contesta: "Tantas cosas queridas. El joven amor de mis padres, la memoria de
mis mayores, los rostros y sus almas, una vieja espada, las agonías, los
destierros, una mano que templa una guitarra" (Diálogos, p. 15). También dedica
dos "Soleares" de Luna de enfrente a la guitarra (pp. 35-36), aparte de que en este
libro la nombra múltiples veces.
Con frecuencia el poeta coloca la guitarra y la pampa en relación
complementaria, como en este poema de Fervor y "El horizonte de un suburbio"
de Luna de enfrente, cuyo tema es la pampa que el poeta oye "en las mañeras
guitarras sentenciosas"; en "El año cuarenta" pone los dos conceptos en un verso:
"Los redondeles de las duras guitarras daban siempre a la pampa".
1 "la Pampa": "Pampa. ¿Quién dio con la palabra pampa, con esa palabra infinita
que es como un sonido y su eco? Sé nomás que es de origen quichua, que su
equivalencia primitiva es la de la llanura y que parece silabeada por el pampero"
(El tamaño, p. 21). Aparte de "La pampa y el suburbio son dioses", Borges escribió
"La pampa", donde señala que "la expresión de la pampa es adecuada a la música
y a las letras, no a la pintura" (Textos recobrados, p. 292).
2 "Sarandí": nombre de la calle donde se ubicaba el traspatio en que Macedonio
se reunía con Borges y otros prosélitos, según relata María Esther Vázquez
(Borges. Esplendor y derrota, p. 76).
11 "Vi": este verbo con función anafórica anticipa la descripción del aleph en el
cuento homónimo.
12 "manojito de pasto": simboliza la precariedad de la pampa y en "Arrabal",
"pastito precario"; en "Montevideo" dice "pastito humilde" (Luna de enfrente, p.
18).
22 "malones": personas que "irrumpen para molestar" (Dicc. de hisp.).
23 "parvas": "Gran cantidad de aves, especialmente, aves de corral" (Dicc. de
hisp.).
336
LA GUITARRA
He mirado la Pampa
de un patiecito de la calle Sarandí en Buenos Aires.
Cuando entré no la vi.
Estaba acurrucada
5 en lo profundo de una brusca guitarra.
Sólo se desmelenó
al entreverar la diestra las cuerdas.
No sé lo que azuzaban;
a lo mejor fue un triste del Norte
10 pero yo vi la Pampa.
Vi muchas brazadas de cielo
sobre un manojito de pasto.
Vi una loma que arrinconan
quietas distancias
15 mientras leguas y leguas
caen desde lo alto.
Vi el campo donde cabe
Dios sin haber de inclinarse,
vi el único lugar de la tierra
20 donde puede caminar Dios a sus anchas.
Vi la pampa cansada
que antes horrorizaron los malones
y hoy apaciguan en quietud maciza las parvas.
De un tirón vi todo eso
2] desde el traspatio de una casa de Buenos Aires. B, C, D, E 6 desmelenó] reveló D, E
9 triste] aire B, C, D, E
337
.
338
25 mientras se desesperaban las cuerdas
en un compás tan zarandeado como éste.
(La vi también a ella
cuyo recuerdo aguarda en toda música.)
Hasta que en brusco cataclismo
30 se allanó la guitarra encabritada
y estrujome el silencio
y hurañamente tornó el vivir a estancarse.
27 ella] ella, B, C, D, E 30] se apagó la guitarra apasionada B, C, D, E 31 estrujome] me
cercó B, C, D, E 32 tornó] volvió In
339
RESPLANDOR
En 1943 cambia por "Último resplandor" y en 1969 por "Afterglow". Sobre éste
comenta Borges a J. P. Bernès: "Afterglow, c'est la lueur que l'on voit après le
coucher du soleil, c'est très beau, n'est-ce pas? Et puis, c'est aussi le titre d'un
poème de Robert de Montesquieu. Est-ce qu'on le lit toujours?" (Œuvres
complètes, p. 1293).
13 "falsía": "Lo mismo que Falsedád. Yá no está en uso" (Dicc. Auts).
15 La idea del sujeto que sueña que sueña fascinará a Borges y será el núcleo del
relato "Las ruinas circulares".
340
RESPLANDOR
Siempre es conmovedor el ocaso
por vocinglero o apocado que sea,
pero más conmovedor todavía
es aquel brillo desesperado y final
5 cuya herrumbre avejenta cualquier llanura espaciada
cuando en su horizonte nada recuerda
la vanagloria del poniente.
Nos duele sostener esa luz tirante y distinta
esa luz tan sin causa
10 que es una alucinación que impone a la vida
nuestro unánime miedo de la sombra
y que se desbarata y cesa de golpe
al advertir nosotros su falsía,
como la validez de un sueño caduca
15 cuando el soñador advierte que duerme.
2] por charro o indigente que sea, B, C, D, E, F por indigente o charro que sea G, H, I, J
5] cuya herrumbre avejenta la llanura B, C, D que herrumbra la llanura E, F, G, H, I, J
6 su] el B, C, D, E, F 6-7] cuando el sol último se ha hundido. G, H, I, J 8 distinta]
distinta, todas 9] om. E, F, G, H, I, J 10] que es una alucinación que impone al espacio
A, B, C, D, E, F esa alucinación que impone al espacio G, H, I, J 11 nuestro] el todas
12] y que cesa de golpe todas 13] cuando advertimos su falsía B cuando notamos su
falsía todas, excepto B 14] como se desbarata un sueño B, C, D, E, F como cesan los
sueños G, H, I, J 15] cuando el soñador percibe que duerme. B, C, D cuando sabemos
que soñamos. H, I, J
341
AMANECER
Se trata del poema de mayor tinte metafísico en Fervor. Parece haber sido escrito
paralelamente a "El cielo es azul, es cielo y es azul", firmado en "Comodoro
Rivadavia. 1922" (Cosmópolis, 1922, núm. 44), texto donde defiende el idealismo
de Schopenhauer, "el meditador que con más feliz perspicacia y más plausibles
abundancias de ingenios, ha promulgado esta doctrina" (Textos recobrados, p.
155).
11 "realicé": anglicismo por “me di cuenta de”.
12 Además del texto de Cosmópolis, en "La nadería de la personalidad" (Proa,
1922) hace alusión a Schopenhauer, para quien "el yo es un punto cuya
inmovilidad es eficaz para determinar por contraste la cargada fuga del tiempo.
Esta opinión traduce el yo en una mera urgencia lógica, sin cualidades propias ni
distinción de individuo a individuo" (Inquisiciones, p. 104). Berkeley fue uno de
los autores que leyó por intermediación de su padre: "Cuando yo era muy joven,
[mi padre] me mostró con la ayuda de un tablero de ajedrez, las paradojas de
Zenón: la de Aquiles y la tortuga, el vuelo inmóvil de la flecha, la imposibilidad de
movimiento. Más tarde, y sin mencionar el nombre de Berkeley, hizo todo lo
posible para enseñarme los rudimentos del idealismo" (Un ensayo autobiográfico,
p. 14). En 1923, Borges escribiría "La encrucijada de Berkeley", donde lo cita
abundantemente (Inquisiciones, pp. 119-130), además de que lo parafrasea en "La
nadería de la personalidad". La teoría de este personaje también sirve a Borges de
argumento en "Nueva refutación del tiempo" (doble versión de 1944 y 1946).
13-16 Berkeley decía que "ni nuestros pensamientos, ni las pasiones, ni las ideas
formadas por la imaginación pueden existir sin la mente, es lo que todos
admiten"; más adelante, complementa: "es evidente que la extensión, figura y
movimiento no son más que ideas que existen en la mente; y como una idea sólo
puede asemejarse a otra idea, resulta que ni estas ideas ni sus arquetipos u
originales pueden existir en una sustancia que no perciba" (Principios, pp. 64 y
70). Borges parafrasea al filósofo: "Sólo existen las cosas en cuanto se fija en ellas
la mente" (Inquisiciones, p. 125).
21 "atalayar": "Dominar como reconociendo la campaña, observar, reconocer ò
mirar la campáña ò el mar" (Dicc. Auts.).
342
AMANECER
En la honda noche universal
que apenas contradicen los macilentos faroles
una racha perdida
ha ofendido las calles taciturnas
5 como presentimiento tembloroso
del amanecer horrible que ronda
igual que una mentira
los arrabales desmantelados del mundo.
Curioso de la descansada tiniebla
10 y acobardado por la amenaza del alba
realicé la tremenda conjetura
de Schopenhauer y de Berkeley
que arbitra ser la vida
un ejercicio pertinaz de la mente,
15 un populoso ensueño colectivo
sin basamento ni finalidad ni volumen.
Y ya que las ideas
no son eternas como el mármol
sino inmortales como una selva o un río,
20 la precitada especulación metafísica
al atalayar desde mi cráneo el vivir
tuvo una forma inusitada
y la superstición de esa hora
cuando la luz como una enredadera
25 va a implicar las paredes de la sombra,
2 macilentos] om G, H, I, J 7] om. I, J 9] Curioso de la sombra G, H, I, J 11 realicé]
resentí B, C, D, E, F reviví G, H, I, J 13-14] que declara que el mundo / es una actividad
de la mente, todas 15] un sueño de las almas, todas, excepto B 16] sin base ni
propósito ni volumen. todas 19] sino inmortales como un bosque o un río, G, H, I, J 20]
la especulación anterior B, C, D, E, F la doctrina anterior G, H, I, J 21] om. todas,
excepto B 22] asumió otra forma en el alba todas, excepto B
343
344
doblegó mi pensar
y trazó el capricho siguiente:
Si están ajenas de sustancia las cosas
y si esta numerosa urbe de Buenos Aires
30 asemejable en complicación a un ejército
no es más que un sueño
que logran en común alquimia las ánimas,
hay un instante
en que peligra desaforadamente su ser
35 y es el instante estremecido del alba
cuando el dormir derriba los pensares
y sólo algunos trasnochadores albergan
cenicienta y apenas bosquejada
la visión de las calles
40 que definirán después con los otros.
¡Hora en que el sueño pertinaz de la vida
está en peligro de quebranto
reducido con angustia forzosa
a la estrechez de pocas almas que piensan,
45 hora en que le sería fácil a Dios
matar del todo la amortiguada existencia!
Pero otra vez el mundo se ha salvado.
La luz discurre inventando sucios colores
y con algún remordimiento
26 pensar] razón todas, excepto B 29 urbe de] om. F, G, H, I, J 30] equiparable en
complicación a un ejército B, C, D equiparable en complicación a un ejército, E, F om.
G, H, I, J 32] que logran (erigen G, H, I, J) en compartida magia las almas, B, C, D, E, F
35 alba] alba, todas 36] cuando son pocos los que sueñan el mundo todas, excepto B
37 albergan] conservan B, C, D, E, F conservan, G, H, I, J 38 bosquejada] bosquejada,
G, H, I, J 39 visión] imagen G, H, I, J 42] está en peligro de quebranto, B, C, D, E, F
corre peligro de quebranto, 43-44] om. todas, excepto B 44 pocas] unas praem. B 46]
matar del todo su (Su H, I, J) obra! todas, excepto B 47] Pero de nuevo el mundo se ha
salvado. G, H, I, J
345
346
50 de mi complicidad en la resurrección cotidiana
solicito mi casa
atónita y glacial en la luz turbia
mientras un zorzal impide el silencio
y la noche abolida
55 se ha quedado en los ojos de los ciegos.
50] de mi complicidad en el resurgimiento del día I, J 51 casa] casa, E, F, G, H, I, J 52]
atónita y glacial en la luz blanca, E, F, G, I atónica y glacial en la luz blanca, H, J 53]
mientras un pájaro detiene el silencio E, F, G, H, I, J 54 abolida] gastada E, F, G, H, I, J
347
EL SUR
Sale en la edición individual de Fervor, en 1969, y es sustituido por uno
homónimo, no así en la de la Obra poética del mismo año. Cambia a "Sur" en la
edición de 1964. Al respecto, Bernès señala que "l'atmosphère belliqueuse et
métallique, les images, les métaphores et certaines outrances de l'adjectivation
disent la veine ultraïste de ce poème renié, caractéristique de la production des
années 1919-1921 [...] Ce poème évoque sans nul doute le mythique quartier de
Boedo, témoin de l'innocence d'un âge d'or idyllique" (pp. 1280-1281). Borges
también tiene un cuento titulado "El Sur".
6 "pobrería": "El conjunto y agregado de los pobres" (Dicc. Auts).
18 "criminan": de "criminar": "Acusar, delatar, imputar à otros algun crimen ù
delíto, y lo mismo que Acriminar. Es voz de poco uso y puramente Latina
Criminari" (Dicc. Auts.).
19 Véanse los versos iniciales de "Jardín"; "clangores": "El sonído de la trompéta
ò clarin. Es voz puramente Latina Clangor, y solamente usada en lo Poético" (Dicc.
Auts.).
348
EL SUR
Juntamente
caducan la población y la tarde.
Semejantes a ejércitos
por aquí discurren los trenes
5 evidenciando con rudo herraje oficioso
la inmóvil pobrería de las casas
polvorientas de tedio,
que al pie del claro cielo
vertiginosamente dilatado
10 insinúan a la oración su rígida sombra.
¡Qué lastimosas las enaltecidas barreras
sobre la herrumbre del poniente!
En estos aledaños
hay vislumbres de sitios de batalla:
15 tenaces terraplenes
que abaten alrededor los campos serviles,
charcas abandonadas
que las puestas de sol criminan de sangre,
zanjones, humaredas, puentes, clangores
20 y el tajo renegrido de los rieles
apartando las casas
y una precisión militar de tiempo y señales
y un militar desorden de alternativas de lucha.
Todo ello deja un sabor amargo en el alma.
12 sobre] contra B, C, D, E, F 13 aledaños] arrabales E, F 17] charcos abandonados D,
E, F 24] Todo eso deja su sabor amargo en el alma. B, C, D, E, F
349
CARNICERÍA
Respecto de la gestación de este poema, Marcos-Ricardo Barnatán sugiere una
hipótesis: "Por las memorias de Jacobo Muchnik sabemos que en la esquina de
Thames y Nicaragua había una carnicería que Georgie debió observar con alguna
repugnancia en su ir y venir de casa a la escuela" (Borges. Biografía total, p. 63);
pero Borges parece achacárselo a una recomendación de su padre, quien alguna
vez le dijo que "echara una buena mirada sobre soldados, uniformes, cuarteles,
banderas, iglesias, curas y carnicerías, porque todas esas cosas estaban por
desparecer, y yo podría narrar a mis hijos que realmente las había visto" (Un
ensayo autobiográfico, p. 14).
4 "esculpidura": "Lo mismo que Escultúra. Es voz antiquada y la trahe Nebrixa en
su Vocabulario" (Dicc. Auts.).
6 "aquelarre": del vascuence aker, cabrón, y larre, prado: prado del macho cabrío
(Dicc. enc.).
350
CARNICERÍA
Más vil que un lupanar
la carnicería rubrica como una afrenta la calle.
Sobre el dintel
la esculpidura de una cabeza de vaca
5 de mirar ciego y cornamenta grandiosa
preside el aquelarre
de carne charra y mármoles finales
con la lejana majestad de un ídolo
o con la fijeza impasible
10 de la palabra escrita junto a la palabra que se habla.
1 lupanar] lupanar, J 2] la carnicería infama la calle. J 4-5] una ciega cabeza de vaca
todas 8] con la confusa majestad de un ídolo. B, C, D con la remota majestad de un
ídolo. E, F, G, H, I con la crueldad de un ídolo. J 9-10] om. todas
351
ALQUIMIA
Sale de la Obra poética en 1964.
Posiblemente Borges abominó de este poema por la fragilidad de su construcción
y porque el artificio retórico es muy evidente: la comparación introducida por
"como" pesa en los versos 2, 18 y 20; la serie de elementos y el abuso en la
adjetivación también parecen mostrar las "costuras" del poema.
352
ALQUIMIA
Admirable por todos
como la fiel frescura de agua de aljibe
esta musiquilla de siempre
sujeta en dolorido asombro mi alma,
5 que al abrazar su arbitrio
contempla aquilatadas en ella
las propias emociones que la socavan:
congoja varonil, horror de ausencia, renunciación deseosa...
Asimismo en el cielo
10 —con esa palabra quiero nombrar el regalo
que alguna vez ha de responder al ansia entrañable
con venturosa precisión de voces que riman—
no ha de allanarnos
una común excelsitud;
15 perseveraremos con ensalzadas minucias,
levantados a divinidad, trasmutados,
pero inmutablemente individuales,
como la azulenca raya en el mapa
copia los meandros de la limosa corriente,
20 como la turbia pena
vuélvese prez universal en la copla.
2] como el agua profunda del molino, B, C, D 3 musiquilla] música B, C, D 5] que al
abrazarla C, D 9 cielo] Cielo, C, D 10-12] om. C, D 15] perduraremos con exaltadas
minucias, C, D 18] como la línea pura del mapa B, C, D 19 copia] sigue B, C, D 20-21]
como el noble recuerdo / corrige las vergüenzas de los días. B, C, D
353
BENARÉS
Emir Rodríguez Monegal opina sobre el poema: "No es casual que uno de los
poemas exóticos de su primer libro, <<Benarés>>, minuciosa reconstrucción de
una ciudad que sólo ha visitado en las páginas de Kipling, sea al mismo tiempo
una metáfora de su ciudad natal (Benarés es casi Buenos Aires)" (Borges por él
mismo, p. 43).
13 "colores borrachos": el adjetivo puede referirse a las flores y frutos de color
morado (Dicc. enc.), como equivalente de punzó, color intenso que en "A la calle
Serrano" se opone a "las tapias rosadas", porque el "aviso punzó es como una
injuria" (Luna de enfrente, p. 27); "cuarteles borrachos / saltan de las fachadas",
escribe Borges en "Norte" (Textos recobrados, p. 92).
22 Verso cuyo antecedente se encuentra en "Señal": "fuimos abriendo como
ramas las calles" (Grecia, 1920); en "Prismas" hay una variante: "vamos abriendo
como ramas las calles" (Ultra, 1921, núm. 4).
354
BENARÉS
Falsa y tupida
como un jardín calcado en un espejo,
la urbe imaginada
que mis pisadas no conocen
5 entreteje hurañas distancias
y repite sus casas
como una boca que repite plegarias.
El sol salvaje
semejante a la decisiva zarpa de un tigre
10 desgarra la oscuridad maciza
de templos, muladares, cárceles, patios
y ha de estrujar los muros
de colores borrachos
y colgar de los hombros escurridizos
15 mochilas de calor.
Jadeante
la ciudad que oprimió un follaje de estrellas
desborda el horizonte
cual una piedra agujereando un estanque
20 y en la mañana llena
de pasos y de sueño
la luz va abriendo como ramas las calles.
La selva
donde grita el hedor de la alimaña
2 espejo,] espejo B, C, D, E, F 3-4] la imaginada urbe / que no han visto nunca mis ojos
G, H, I, J 5 hurañas] om. G, H, I, J 6 casas] casas inalcanzables. G, H, I, J 7] como la
boca que repite plegarias B, C, D, E, F om. G, H, I, J 8] El sol salvaje, B, C, D, E, F El
brusco sol, G, H, I, J 9] comparable a la decisiva zarpa de un tigre, B, C, D, E, F om. G,
H, I, J 10] desgarra la compleja oscuridad G, H, I, J 12] y escalará los muros G, H, I, J
13-15] y resplandecerá en un río sagrado. G, H, I, J 19] como una piedra agujereando
un estanque B, C, D, E, F om. G, H, I, J 23-27] om. G, H, I, J
355
27 "en jirones": imagen cara a Borges; en "Llamarada", "que en girones
desgarran los grises vientos" (además de que vacila en la ortografía, como puede
observarse); en "Atardeceres", "La mano jironada de un mendigo" y en "La vuelta
a Buenos Aires", de Luna de enfrente, "la ciudad se dispersa en arrabal como
bandera gironada" (p. 24); en "Insomnio", "Son girones vagos de siglos" y en
"Poema", "hace jirones la obra" (Textos recobrados, pp. 58 y 60)
30-31 Seguramente constituyen la reescritura de los versos con que cierra "La
noche de San Juan": "Toda la santa noche la soledad rezando / el rosario
disperso de astros desparramados".
35 "brujuleo": de "brujulear": "También se halla usado por adivinar, discurrir, è
imaginar" (Dicc. Auts.).
356
25 naufraga lejos encallada
contra los arrecifes
de una aurora en jirones,
mientras juntamente amanece
en las persianas todas que miran al oriente
30 y la voz de un almuédano
que ya rezó el disperso rosario de los astros
apesadumbra desde su alta torre
la leve madrugada.
(Y pensar
35 que mientras brujuleo las imágenes
la ciudad que canto, persiste
sobre la espalda del mundo
con sus visiones ineludibles y fijas
repleta como un sueño
40 con agresiones de injuriosa miseria
con arrabales y cuarteles
y hombres de labios podridos
que sienten frío en los dientes.)
27 en] de B 28] Juntamente amanece G, H, I, J 29] en todas las persianas que miran al
oriente todas, excepto J en todas las persianas que miran al Oriente J 31] om. todas
33] el aire de este día / y anuncia a la ciudad de los muchos dioses / la soledad de Dios.
G, H, I, J 35] que mientras juego con inciertas metáforas, B, C, D, E, F que mientras
juego con dudosas imágenes, G, H, I, J 37] en un lugar preciso del mundo, B, C, D, E, F
en un lugar predestinado del mundo, G, H, I, J 38] con sus visiones ineludibles y fijas,
B, C, D, E, F con su topografía precisa, G, H, I, J 39] repleta como un sueño, B, C, D
poblada como un sueño, E, F, G, H, I, J 40 miseria] miseria, B, C, D, E, F 40-41] con
hospitales y cuarteles / y lentas alamedas G, H, I, J
357
ALBA DESDIBUJADA
Borges excluye este poema en 1943, acaso porque se refiere al paisaje porteño y
desentona con el resto del poemario.
4 "playo": adjetivo peyorativo que, como dice el Diccionario de
hispanoamericanismos, podría pasar por "maricón"; en Inquisiciones lo emplea
nuevamente: "Enderecemos el silencio a los playos escritorzuelos" (p. 131).
12 "foresta": puede tratarse de una errata por "floresta" o bien de un anglicismo.
358
ALBA DESDIBUJADA
Se apagaron los barcos
en el agua cuadrada de la dársena.
Las periódicas grúas relajan sus tendones.
Los mástiles se embotan en el cielo playo.
5 Una sirena ahogada pulsa en vano
las cuerdas de la distancia.
La ceniza de adioses aventados
va agostando el paraje
y es un pañuelo en despedida
10 la gaviota que pasa
rozando con las alas
las hachas de las proas que talan la foresta de los mares.
En previsto milagro
la aurora despeñada
15 rodará de alma en alma.
359
JUDERÍA
Desaparece de la edición de 1958. En 1943 cambia de nombre: "Judengasse". Por
las noticias que Borges aporta a Jacobo Sureda, podría fecharse en octubre de
1920: "Yo persisto escribiendo. He fabricado dos poemas: el 1º, <<Gesta
soviética>>, muy dinámico, el 2º, <<Judería>>, estilo de salmo bíblico.
Actualmente ando con un tercer poema ultraísta (bíblico) rotulado
—inevitablemente— <<Crucifixión>>. Este poema no se ha cristalizado aún:
algunas metáforas andan en mi cabeza" (20/oct/1920); dos semanas después:
"Yo terminé hace tiempo mi poema <<Judería>> y ahora forjo un segundo poema:
muy objetivo, muy dinámico y frío, que se rotulará <<Guardia roja>>" (Cartas del
fervor, pp. 170 y 179). Por su parte, Carlos Meneses se equivoca en su
apreciación sobre este poema: "de poemas como Crucifixión y Judería, que fueron
anunciados por carta a su amigo Sureda, no se conoce ninguna versión. Pudieron
haber perecido en el conjunto de poemas y prosas que el autor destruyó" (Borges
en Mallorca, p. 54).
El poema pudo ser producto del hallazgo que Borges comunica por esas
fechas a su amigo judío Maurice Abramowicz, a quien llega a llamar "hermano en
la raza y el ultraísmo": "acabo de descubrir en un libro de un tal Ramos Mejía,
historiador grave, muy conocido en Buenos Aires y completamente idiota y
verídico, que los Acevedo (la familia de mi madre) son sefardíes, judíos
portugueses convertidos. No sé cómo celebrar ese arroyo de sangre israelita que
corre por mis venas" (Cartas del fervor, p. 11).
Scarano lo reproduce sin mayúsculas iniciales, como correspondería a un
poema de arte mayor; además, no identifica la variante de “proclama” en lugar de
“invoca”, de 1943, en el v. 12.
13 "muchedumbre": sustantivo frecuente en la obra borgeana, por ejemplo, en
Fervor: de "Inscripción sepulcral", "la airada muchedumbre" y de "Trofeo", la
muchedumbre del mar". En poemas que corresponderían a Los ritmos rojos o Los
salmos rojos, dedicados a la Revolución Rusa, Borges usa esa palabra: en "Rusia",
"pasan las muchedumbres" y en "Gesta maximalista", "la hirsuta muchedumbre
extática" (Textos recobrados, pp. 57 y 89).
La voz rusa "pogróm" refuerza el término “muchedumbre”, porque se trata
del ataque de una multitud contra personas y propiedades de una minoría
religiosa, racial o nacional. Tolerados por las autoridades rusas, se dirigieron
específicamente contra los judíos.
360
JUDERÍA
Quejas que nunca cesan se alzan las anhelantes paredes
Paredes tan escarpadas que han caído en lo profundo los hombres.
Desangradas antaño en vanas palabras hoy se cicatrizaron las bocas
Mudas como el harapo de infinito que las aristas de los aleros
[ahorcan
5 Y que se arrodilla en los ojos por donde el miedo está espiando,
Mientras en el gesto de la resignación las otoñales manos se aflojan
Y las plegarias rotas se despeñan desde el firmamento implacable.
Con las alas plegadas los kerubim han suspendido el aliento.
Ante el portón la chusma se ha vestido de injurias como quien se
[envuelve en un trapo.
10 Dios se ha perdido y desesperaciones de miradas lo buscan.
Presintiendo horror de matanzas los mundos han suspendido el
[aliento.
Alguna voz invoca su fe: <<Adonái iejad>>—<<Dios es uno>>
Y arrecia la muchedumbre cristiana con un pogróm en los puños.
1 paredes] paredes, B 8 kerubim] querubim B 12] Alguna voz proclama su fe: Dios el
Eterno. Dios de dioses, es Uno. B 13 pogróm] pogrom B
361
AUSENCIA
Poema posiblemente dedicado a Concepción Guerrero (véase "Sábados"), como
sugiere Bernès a raíz de una carta que Borges envía a Sureda en septiembre de
1922: "Perdóname estos renglones locos que iré ensartando sin saber muy bien
qué decirte. Estoy alejado de mi novia, dos eternas semanas pasarán sobre mí
antes que logre verla otra vez, me siento dejado de la mano de Dios, a mi soledad
se le ocurre hablar con tu soledad" (Cartas del fervor, p. 225).
15 "dejamiento": por "alejamiento" o "abandono", como en "Villa Urquiza": "el
turbio dejamiento" (Textos recobrados, p. 248).
362
AUSENCIA
Habré de levantar la vida inmensa
que aún ahora es tu espejo:
piedra por piedra habré de reconstruirla.
Desde que te alejaste,
5 cuántos parajes se han tornado vanos
y sin sentido, iguales
a luminarias que arrincona el alba,
cuántas sendas perdieron su fragancia!
Tardes que fueron nichos de tu imagen,
10 músicas donde siempre me aguardabas,
palabras de aquel tiempo,
habéis de ser quebradas
y a mis manos,
reacias y con dolor.
15 El vivo cielo inmenso
clama y torna a clamar tu dejamiento.
¿En qué hondonada empozaré mi alma
donde no pueda vigilar tu ausencia
que como un sol terrible sin ocaso
20 brilla, definitiva e inclemente?
Tu ausencia ciñe el alma
como cuerda que abarca una garganta.
1] Habré de levantar la vasta vida G, H, I, J 3] cada mañana habré de reconstruirla G,
H, I, J 5 parajes] lugares G, H, I, J 7] a luces en el día. G, H, I, J 8] cuántas sendas
perdieron su fragancia. C, D, E, F om. G, H, I, J 9 nichos] nicho G, H, I, J 10 donde] en
que G, H, I, J 12-14] yo tendré que quebrarlas con mis manos. G, H, I, J 15-16] om. G,
H, I, J 16 dejamiento.] alejamiento[.] F 17 empozaré] esconderé G, H, I, J 18] donde no
pueda vigilarme tu ausencia F para que no vea tu ausencia G, H, I, J 19] que como un
sol terrible, sin ocaso, E, F, G, H, I, J 20] brilla definitiva y despiadada? G, H, I, J 21]
Me rodea tu ausencia B Tu ausencia me rodea todas, excepto B 22] como cuerda que
ciñe una garganta. F como la cuerda a la garganta, / el mar al que se hunde. G, I, J
como la cuerda a la garganta. / El mar al que se hunde. H
363
LLANEZA
En entrevista con Antonio Carrizo, Borges estima este poema como el mejor del
poemario: "Yo creo que en ese libro [Fervor] hay un solo poema. Pero ya es mucho
que haya un solo poema en un libro [...] El poema se titula, Llaneza. Creo que es
el primer poema de veras que yo escribí. Los demás son meros juegos verbales.
Meros reflejos de Lugones. O de Cansinos Assens" (Borges, el memorioso, p. 157).
De los 46 poemas que integran Fervor, éste es el menos cargado de efusiones
sentimentales o de metáforas explosivas; es el más sobrio: el más llano.
364
LLANEZA
Se abre la verja del jardín
con esa presteza incondicional de las páginas
que una frecuente devoción manosea
y adentro mis miradas
5 no han menester fijarse en la casa
que ya está cabalmente en mi recuerdo.
Conozco las costumbres y las almas
y ese dialecto de alusiones y giros
que toda agrupación humana va urdiendo.
10 No necesito hablar
ni mentir privilegios;
bien me conocen cuantos aquí me rodean,
bien saben mis congojas y mi flaqueza.
Eso es alcanzar lo más alto,
15 lo que tal vez hemos de conseguir en el cielo:
no admiraciones ni victorias
sino sencillamente ser admitidos
como parte de una Realidad innegable,
como las piedras y los árboles.
2] con la docilidad de la página todas 3 manosea] interroga todas 4 mis] las todas 5]
no precisan fijarse en los objetos todas 6] que ya están cabalmente en mi recuerdo. B, C
que ya están cabalmente en la memoria. D, E, F, G, H, I, J 8 y giros] om. todas 12
cuantos] quienes G, H, I, J 15] lo que tal vez nos dará el Cielo: F, G, H, I, J
365
LLAMARADA
Originalmente fue publicado en Grecia (1920, núm. 41), con el título de "La
llama"; en la compilación de la primera versión en Textos recobrados no tiene
fecha. Desaparece de Fervor en 1943.
En los tres versos últimos de "Calle desconocida" la llama hace alusión a la
existencia, así como a la idea de que cada hombre encarna a Cristo y sufre igual
que él.
10-16 Desde "Yo, latente..." hasta "...sufriendo vive" en cursivas en la versión de
Grecia.
11 "hermana de la abierta herida": compárese con "En el costado de la abierta
herida" del poema del Klemm y traducido por Borges, "Ascensión" (Textos
recobrados, p. 103).
21-22 "felina noche": adjetivación de cuño lugoniano; en "Caminata" invertirá
solamente los términos "noche felina" (véase nota correspondiente).
24 "tremantes": arcaísmo, "part. act. del verbo tremar. Lo que tiembla. Lat.
Tremens, tis" (Dicc. Auts.).
366
LLAMARADA
Bajo la dolorida sombra del cielo—ante los austeros mástiles que se
alzan sobre las aguas sin ruido—y las luces pobres del puerto que en
amplia inmóvil procesión, anilladas de rojo en la penumbra lo
ciñen,—una llamarada ondula en el aire pardo y pesado a ras de la
5 tierra—en el derrumbamiento de las cosas visibles,—en la
angustiosa espera de la tormenta cercana...
La llamarada salta y chisporrotea.—Yo paso junto a la llama; yo
escucho lo que quiere proclamar su lengua de fuego,—yo doy
palabras y voz a lo que susurra esa llama.
10 Yo, latente bajo todas las máscaras,—nunca apagada y
eternamente acechando,—hermana de la abierta herida de luz en
el desnudo flanco del aire—hermana de lares y piras—hermana
de astros que arden en los jardines colgantes cuya serenidad
enorme yo envidio,—desterrada de las selvas del sol hace abismos
15 de siglos—encarno la grande fatiga, la sed de no ser de todo
cuanto en esta tierra poluta vibra, y sufriendo vive.
Te siento y paso.—Sigo a lo largo de la tarde lenta—y medito el
significado de tu roja palabra—y veo que en verdad eres
símbolo—de nosotros que inevitablemente sufrimos—uncidos al
20 gris yugo del día—o al enjoyado yugo de la noche—y ansiamos
como tú la alta serenidad y el desdén claro de la felina
noche...
Espoleados—deseando deslumbrarnos y perdernos en las
culminaciones carnales—en la crucifixión de cuerpos tremantes
25 (y pienso—que tal vez no es otra cosa la vida—que el ascua de una
hoguera muerta hace siglos—que el último eco de una voz
1 dolorida sombra] larga urna Gr || austeros mástiles] mástiles de invierno Gr 2
pobres] verdes Gr 4 llamarada] llama torva Gr 7 La llamarada] La llama roja Gr 23-24
las culminaciones carnales] los pasionales festines Gr
367
28-29 Desde "Y la llama.." hasta el final puede tener su equivalente en el poema
de Klemm: "El cielo raso del cielo / Se abrió color limón. / Un vendaval aulló en
las altas trompetas. Él, sin embargo, ascendió".
368
fenecida—que arrojó el acaso a esta tierra—algo lejano a los dos cauces del
espacio y del tiempo)—Y la llama se hunde en el gran crepúsculo
enfermo—que en jirones desgarran los grises vientos.
1919.
27 acaso] azar Gr 27-28 los dos cauces] este orden de cosas Gr
369
CAMINATA
El poema evoca las largas caminatas nocturnas de Borges en los barrios
periféricos de Buenos Aires que antes habían cantado Evaristo Carriego y
Almafuerte. Es perceptible el contraste entre las "agrestes lejanías" y la
experiencia presente de las "rigideces de asfalto" y "el apretón del caserío
incontable".
14 "noche felina": al respecto Borges comenta con De Milleret: "flexible, noche
felina. Creo que se parece a lo peor de Lugones o quizá de Darío. No, creo que no:
Darío era menos preciosista y más poeta que Lugones [...] Sí, creo que en Fervor
de Buenos Aires aparecen versos que son de Lugones, o que podrían serlo. Por
ejemplo, cuando hablo de la noche felina ¡bueno! no sé si eso se encuentra en
Lugones, pero podría encontrarse allí... y no sería del mejor Lugones" (Entrevistas
con JLB, P. 78). Borges solamente introduce una paronomasia, porque Lugones
dice en el Lunario "la felona noche" (p. 42).
17 "chacotera": "persona que se burla de todo y no considera las cosas con la
debida seriedad [...] Persona alegre y dada al jolgorio" (Dicc. del español de Arg.).
370
CAMINATA
Olorosa como un mate curado
la noche acerca agrestes lejanías
y fortalece mi jurisdicción de las calles
que laciamente sumisas
5 acompañan mi soledad con la suya
hecha de miedo, sombra y líneas sencillas.
La brisa trae corazonadas de campo,
franqueza de pinares y dulcedumbre de quintas
que harán temblar bajo rigideces de asfalto
10 la detenida tierra viva
que sin tregua de huertas espaciosas
se está muriendo hundida
por el apretón del caserío incontable.
En balde la flexible noche felina
15 inquieta los balcones cancelados
que durante la leve tardecita
enarbolaron chacotera y reidora
la notoria esperanza de las niñas
y hoy austeros como cicatrices se niegan
20 en guardosa hurañía.
También hay gran silencio en los zaguanes
por cuya pausa familiarmente tibia
aturdió el patio alborotado la calle.
3] y despeja de las calles F y despeja las calles G, H, I, J 4] que, laciamente sumisas, B,
C, D, E om. F, G, H, I, J 5] que acompañan mi soledad con la suya F que acompañan
mi soledad, G, H, I, J 6] hechas de vago miedo y de largas líneas. G, H, I, J 8] recuerdos
de los álamos, dulzuras de las quintas, B, C, D, E, F dulzura de las quintas, memorias de
los álamos, G, H, I, J 11-13] que oprime el peso de la casas. G, H, I, J 14] en vano la
flexible noche felina B, C, D, E En vano la furtiva noche felina G, H, I, J 15 cancelados]
cerrados G, H, I, J 16-17] que durante la tarde enarbolaron B, C, D, E, F que en la tarde
mostraron G, H, I, J 18 niñas] niñas. todas 19-20] om. todas 21] También está el
silencio en los zaguanes B, C, D, E, F También está el silencio en los zaguanes. G, H, I, J
22-23] om. G, H, I, J
371
33-34 Recuerdan el tópico berkeleyano de "Amanecer", donde el sujeto lírico se
siente sólo cómplice de "la resurrección cotidiana" y no, como en este caso,
detenta el poder supremo de mantener viva la calle porque es el único que la
percibe.
43 "plumazón": igual que "plumaje".
372
Para enmendar esa taciturna porfía
25 vierten un tiempo generoso e incierto
los relojes de la media noche magnífica,
un tiempo caudaloso
donde todo soñar halla cabida
tiempo de anchura de alma, distinto
30 de las tacañas y apocadas medidas
que con precisión de afrenta regulan
las mezquindades atareadas del día.
Yo soy el único espectador de esta calle,
si dejara de verla se moriría.
35 (Advierto un quieto paredón erizado
de un[a] agresión de insolentadas aristas
que desmintiendo la soledad y la sombra
el cielo bondadoso martirizan
y un foco amarillento que aventura
40 su indecisión de luz sobre la esquina.
También advierto estrellas balbucientes.)
Grandiosa y viva
como el oscuro plumazón de un Ángel
que anonadase con pavor de alas el día
45 la noche pierde las zahareñas calles
de la ciudad hundida
en un borroso recoveco del tiempo
bajo la inmensidad vana y baldía.
24] En la cóncava sombra G, H, I, J 25] vierten un tiempo vasto y generoso G, H, I, J 26
media noche] medianoche todas, excepto B 28 cabida] cabida, todas 30-32] de los
avaros términos que miden / las tareas del día. G, H, I, J 33 calle,] calle; E, F, G, H, I, J
35 quieto] largo G, H, I, J 36 insolentadas] om. E, F, G, H, I, J 37-38] om. todas 39] y un
farol amarillento que aventura G y un farol amarillo que aventura H, I, J 40] su
indecisión de luz. G, H, I, J 41 balbucientes.] vacilantes. todas, excepto B 43] como la
oscura plumazón de un Ángel C, D, E, F como el plumaje oscuro de un Ángel G, H, I, J
44] que anonadase con pavor de alas el día, B, C, D, E, F cuyas alas tapan el día, G, H, I,
J 45] la noche pierde las mediocres calles B, C, D, E, F la noche pierde las mediocres
calles. G, H, I, J 46-48] om. G, H, I, J 47] en uno de los ángulos del tiempo B, C, D, E, F
373
LA NOCHE DE SAN JUAN
Borges publicó este poema por vez primera en Proa (1922, núm. 1), con el título
"Noche de San Juan".
1-2 Imagen que recuerda unos versos en que la luz también se manifiesta con
violencia: "mientras la luz a puñetazos / abre un boquete en los cristales" ("Sala
vacía").
12-13 Son variación de otros que se hallan en "Benarés": "y la voz de un
almuédano / que ya rezó el disperso rosario de los astros".
374
LA NOCHE DE SAN JUAN
El poniente implacable en esplendores
quebró a filo de espada las distancias.
Suave como un sauzal está la noche.
Rojas chisporrotean
5 las cálidas guitarras de las bruscas hogueras;
leña sacrificada
que se desangra en briosa llamarada,
bandera viva en ágil travesura.
La sombra es apacible como una lejanía;
10 bien recuerdan las calles
que fueron campo un día.
Toda la santa noche la soledad rezando
el rosario disperso de astros desparramados.
4 Rojas] Rojos F, G, H, I, J 5 las cálidas guitarras de las bruscas hogueras P las
guitarras calientes de las bruscas hogueras: In las guitarras calientes de las bruscas
hogueras; B las calientes guitarras de las bruscas hogueras; C, D, E los remolinos de
las bruscas hogueras; F, G, H, I, J 7] que se desangra en briosa llamarada P que se
desangra en alta llamarada, E, F, G que se desangra en altas llamaradas, H, I, J 8]
bandera viva y ciega travesura. todas, excepto P 9 lejanía;] lejanía P 10] Bien recuerdan
las calles P hoy las calles recuerdan G, H, I, J 13] su rosario de estrellas
desparramadas. G, H, I, J
375
SÁBADOS
La primera estrofa se llamó "Sábado" (Vaccaro lo menciona como "Sábados"); se
publicó en Nosotros (1922, núm. 160) y en Manomètre (1922, núm. 2).
La segunda estrofa, que desaparecerá desde la edición de 1943,
originalmente se denominó "Tarde lacia", y se publicó por vez primera con
variantes en Tableros (1922, núm. 2).
La tercera estrofa se publicó en versión bilingüe en Manomètre (1922, núm.
4), con el título de "Atardecer" ("Le soir tombé", trad. de Émile Malespine).
1-2 Cuando De Milleret lee estos versos, Borges responde: "creo que es un poco
artificioso" (Entrevistas con JLB, p. 86).
8 "honda ciudad": "Yo adjetivé una vez honda ciudad, pensando en esas calles
largas que rebasan el horizonte y por las cuales el suburbio va empobreciéndose
y desgarrándose tarde afuera" (Inquisiciones, p. 64).
376
SÁBADOS
Para mi novia, Concepción Guerrero.
Benjuí de tu presencia
que iré quemando luego en el recuerdo
y miradas felices
de bordear tu vivir.
5 Hay afuera un ocaso, alhaja oscura
engastada en el tiempo
que redime las calles humilladas
y una honda ciudad ciega
de hombres que no te vieron.
10 La tarde calla o canta.
Alguien descrucifica los anhelos
clavados en el piano.
Siempre la multitud de tu hermosura
en claro esparcimiento sobre mi alma.
15 No hay más que una sola tarde
la única tarde de siempre.
Aquí está su remanso. Las palabras
no logran arraigarse en su paraje
y se escurren como agua.
20 El corazón refleja
tus labios que una noche serán besos
1-4] om. G, H, I, J 2] que luego he de quemar en el recuerdo M 4] de ir orillando tu alma
M 5] Afuera hay un ocaso, alhaja oscura G, H, I, J Afuera hay un ocaso joya oscura N,
M 6 tiempo] tiempo, todas, excepto N, M 7] que levanta las calles humilladas M om. G,
H, I, J 11 anhelos] acordes N 13] Siempre la multitud de tu belleza N Siempre, la
multitud de tu hermosura. todas, excepto N, M 14] om. todas, excepto N, M || alma.]
alma N, M 16 siempre.] siempre T 17 remanso.] remanso T 18] no logran arraigarse
en el paisaje T 19 agua.] agua T
377
378
y mis ojos abiertos como heridas
habrán de sostener otros lugares.
Te traigo vanamente
25 mi corazón final para la fiesta.
A despecho de tu desamor
tu hermosura
prodiga su milagro por el tiempo.
Está en ti la ventura
30 como la primavera en la hoja nueva.
Quedamente a tu vera
se desangra el silencio.
Ya casi no soy nadie,
soy tan sólo un anhelo
35 que se pierde en la tarde.
En ti está la delicia
como está la crueldad en las espadas.
Suave como una rosa fue tu silencio,
mas hoy lo rayan los presentimientos.
40 Empujando la reja
está la noche dura que desalma la quinta.
Nuestras dos soledades en la sala severa
se buscan como ciegos.
Acallando palabras momentáneas
45 hablan la angustia y tu pudor y mi anhelo.
23] aún sostendrán ciudades T 24-25] El último jardín será el poniente T 28 tiempo.] tiempo
M 30 nueva.] nueva M 31-32] om. E, F, G, H, I, J 32 silencio.] silencio M 33 nadie,] nadie M
34] soy tan sólo un deseo B, C, D, E, F soy tan sólo ese anhelo G, H, I, J 35 tarde.] tarde M
37 espadas.] espadas M 38-39] om. todas 40 Empujando] Agravando B, C, D, E, F 40-41]
Agravando la reja está la noche. G, H, I, J 41] está la dura noche que desalma la quinta B, C,
D, E, F 42-43] En la sala severa / se buscan como ciegos nuestras dos soledades. G, H, I, J
44-45] om. G, H, I, J
379
380
Sobrevive a la tarde
la blancura gloriosa de tu carne.
En nuestro amor no hay algazara,
hay una pena parecida al alma.
50 Tú
que ayer sólo eras toda la hermosura
eres también todo el amor, ahora.
48] en nuestro amor hay una pena G, H, I, J 49] que se parece al alma. G, H, I, J
381
CERCANÍAS
En la edición de 1943, el poema se corre hacia el margen izquierdo.
1 "agarenos": gente del desierto que toma su nombre de Agar o Hagar, esclava
egipcia de Sarai, esposa de Abraham. Debido a que Sarai no podía engendrar,
pidió a Abraham que se desposara con Agar, y de cuya relación nació Ismael
(Gén. 16: 1-11).
10 "alancean": en el primero de los mecanismos que Borges propone para volver
"el idioma infinito" expresa: "la derivación de adjetivos, verbos y adverbios de todo
modo sustantivo. Así de lanza ya tenemos las derivaciones lanceolado, lanceado,
alancear, lanzarse, lanzar y otras que callo. Pero esas formaciones en vez de ser
privilegiadas deberían ser extendidas a cualquier voz" (El tamaño, p. 41).
11 "acallamiento": por "silencio".
13-14 Expresan los mismos motivos del incipit de "Sala vacía".
382
CERCANÍAS
Los patios agarenos
llenos de ancestralidad y eficacia,
pues están cimentados
en las dos cosas más primordiales que existen:
5 en la tierra y el cielo.
Las ventanas con reja
desde la cual la calle
vuélvese familiar como una lámpara.
Las encrucijadas oscuras
10 que alancean cuatro infinitas distancias
en arrabales hechos de acallamiento y sosiego.
Las alcobas profundas
donde arde en quieta llama la caoba
y el espejo a pesar de resplandores,
15 es una remansada serenidad en la sombra.
Las calles que altivece tu hermosura...
He nombrado los sitios
donde se desparrama mi ternura
y el corazón está consigo mismo.
1 agarenos] om. B, C, D, E, F 1-2] Los patios y su antigua certidumbre, G, H, I, J 3]
porque están cimentados C, D, E, F los patios cimentados G, H, I, J 4] en las dos cosas
primordiales que existen: B, C, D, E, F om. G, H, I, J 8 vuélvese] se vuelve todas 9-15]
orden: 12-13-14-15-9-10-11 G, H, I, J 10 alancean] lancean todas 11] en arrabales de
sosiego y silencio. E, F en arrabales de silencio. G, H, I, J 14] y el espejo de tenues
resplandores, E y el espejo de tenues resplandores F, G, H, I, J 15] en una remansada
serenidad en la sombra. B, C, D es como un remanso en la sombra. E, F, G, H, I, J 16]
om. E, F, G, H, I, J 18 mi] la todas 19] y estoy solo y conmigo. G, H, I, J
383
CAÑA DE ÁMBAR
Borges descarta este poema en la edición de 1943.
2 "caña de ámbar": reaparece en "Viñetas cardinales de Buenos Aires": "Ésta, que
no es mi tierra, / porque no quiere darme ni un querer ni otra pena, / cuida en
los verdes patios, cedrón y caña de ámbar..." (Textos recobrados, p. 282).
5 "como un beso": esta comparación se halla antes en "Villa Urquiza"; aunque
Borges la utiliza desde su primer poema publicado, "Himno del mar" (Grecia,
1919, núm. 37): "El camino fue largo como un beso", y en "Catedral" (Baleares,
1921, núm. 131): "la catedral sonora como un aplauso / o como un beso" (cf.
Textos recobrados, pp. 24 y 88).
384
CAÑA DE ÁMBAR
He aquí una flor
llamada caña de ámbar.
Es recuerdo querido de una tarde
en que me dio su boca una palabra
5 dichosa como un beso.
Esas líneas publican mi secreto
semejante al de todos.
¿A qué apilar altos alardes verbales,
decoro de sentencias y de imágenes,
10 para decirte lo que sabes?
También tú junto a la esperanza viviste
y hubo en ti dicha dolorosa, desolación de ausencia y gloria
[inconstante
y certidumbre venturosa entre dudas
y amartelada gustación de otra alma.
15 Quiero que ante esta flor y esa palabra
nos reconozcamos iguales
como ante una común música patria.
385
INSCRIPCIÓN SEPULCRAL
Este poema es suprimido en la edición de 1943.
Borges dedica a su abuelo un extenso párrafo en Un ensayo autobiográfico:
"En 1874, durante una de nuestras guerras civiles, mi abuelo, el coronel Borges,
encontró la muerte. Tenía entonces cuarenta y un años. En las complicadas
circunstancias que rodearon su derrota en La Verde, marchó lentamente a lomo
de caballo, envuelto en su poncho blanco y seguido por diez o doce de sus
hombres, hacia las líneas enemigas, donde fue alcanzado por dos balas
Remington. Era la primera vez que los rifles Remington se usaban en Argentina, y
excita mi fascinación el pensar que la marca con que me afeito cada mañana lleva
el mismo nombre que la que mató a mi abuelo" (p. 14). Vaccaro, por su parte,
recrea la batalla en que el coronel Francisco Isidoro Borges muere (Georgie. 1899-
1930, pp. 27-32).
386
INSCRIPCIÓN SEPULCRAL
Para el coronel don Francisco Borges, mi abuelo.
Las cariñosas lomas orientales,
los ardientes esteros paraguayos
y la pampa rendida
fueron ante tu alma
5 una sola violencia continuada.
En el combate de La Verde
desbarató tanto valor de muerte.
Si esta vida contigo fue acerada
y el corazón, airada muchedumbre
10 se te agolpó en el pecho,
ruego al justo destino
aliste para ti toda la dicha
y que toda la inmortalidad sea contigo.
387
TROFEO
El poema correspondería a la serie de "Cercanías", "Sábados" y "Despedida",
además de que es uno de los que Borges salva del escrutinio el mismo año de la
publicación de Fervor (cf. Cartas del fervor, p. 229).
2 "muchedumbre del mar": metáfora que Borges utiliza por el sentido de
abundancia que sugiere la expresión, como en "muchedumbres de mar" (Textos
recobrados, pp. 149 y 154).
6-7 Compárese la semejanza con otros de "Caminata": "Yo soy el único espectador
de esta calle, / si dejara de verla se moriría".
388
TROFEO
Como viandante que recorre la costa
maravillado de la muchedumbre del mar,
albriciado de luz y pródigo espacio
o como quien escucha y torna a escuchar un acorde
5 cuya vehemencia le socava el alma deseosa,
yo fui el espectador de tu hermosura
a lo largo de una sumisa jornada.
Nos despedimos al anochecer
cuando confiesan su abatimiento los campos
10 y en gradual soledad
al volver por la calle cuyos rostros aún te conocen,
se apesadumbró mi dicha, pensando
que de tan noble acopio de memorias
perdurarían escasamente una o dos
15 para ser decoro del alma
en la inmortalidad de su andanza.
1] como quien recorre una costa F, G, H, I, J 3 espacio] espacio, todas 4-5] om. G, H, I,
J 7] durante un largo día. G, H, I, J 9] om. G, H, I, J 12 apesadumbró] oscureció G, H, I,
J
389
FORJADURA
Fue publicado primeramente en Proa (1922, núm. 2). No tenía puntuación y
presentaba ciertas variantes en la disposición textual. Desaparece de la edición
de las Obras completas en 1974.
1 El inicio sigue el mismo patrón de "Trofeo": "Como viandante que recorre la
costa".
6-7 La imagen de la hoguera también es motivo central en "La noche de San
Juan".
390
FORJADURA
Como un ciego de manos precursoras
que apartan muros y vislumbran cielos,
lento de azoramiento voy palpando
por las noches hendidas
5 los versos venideros.
He de quemar la sombra formidable
en su límpida hoguera:
púrpura de palabras
sobre la espalda flagelada del tiempo.
10 He de encerrar el llanto de los siglos
en el duro diamante del poema.
Nada importa que el alma
ande sola y desnuda como el viento
si el universo de un glorioso beso
15 aún abarca mi vida
y en lo callado se embravece un grito.
Para ir sembrando versos
la noche es una tierra labrantía.
2 cielos,] cielos P 5 venideros.] venideros P 6 formidable] abominable B, C, D, E, F
detestada G, H 7 hoguera:] hoguera P 9 tiempo.] tiempo P 10] He de encerrar el llanto
de las tardes B, C, D, E, F, G, H 11 poema.] poema P 15 vida] vida. F, G, H 16] y en lo
callado se embravece un grito P om. F, G, H
391
ATARDECERES
Originalmente, la primera estrofa se llamó "Atardecer" (Prisma, 1922, núm. 2). Se
conserva un manuscrito con tres firmas de Borges y cinco fechas: 1919,
1920/1921, 1923 y 1943 (A. Vaccaro, “La poética de los años de Ginebra”, pp.
83-85).
La segunda tenía el mismo título, "Atardecer" (Ultra, 1921, núm. 14). En
carta a Sureda, fechada el 22 de junio de 1921, Borges reproduce este poema con
ligeros cambios en la disposición tipográfica (Cartas del fervor, p. 200).
Aparecieron juntos por primera ocasión en Fervor; en Índice de la nueva
poesía americana (1926) se reprodujeron por separado y con su respectivo título
de "Atardecer".
13 "vihuela": Borges emplea deliberadamente el término porque le permite
transformar una imagen auditiva en una visual, como señala en "La metáfora":
"Nombrar un substantivo cualquiera equivale a sugerir su contexto visual, y
hasta en palabras de subrayadísima intención auditoria como violín-tambor-
vihuela, la idea de su aspecto precede siempre a la de su sonido y se opera casi
instantáneamente" (Textos recobrados, p. 115). También recuerda los versos con
que principia el Martín Fierro: "Aquí me pongo a cantar / al compás de la vigüela".
19-21 Borges comenta a Sureda: "Respecto a tu elogio de mi poema 'Atardecer'
(que se publicó en Ultra) creo sinceramente que de los 3 últimos versos, el único
que encarna una intuición verdadera de la realidad es el que dice: 'la tarde
mutilada'. Lo demás es profesionalismo lírico" (Cartas del fervor, p. 205). Por lo
demás, la voz "avemaría" se encuentra nuevamente en "Calle con almacén rosao"
y "Al horizonte de un suburbio" (Luna de enfrente, pp. 9 y 11).
392
ATARDECERES
Toda la charra multitud de un poniente
alborota la calle
la calle abierta como un ancho sueño
hacia cualquier azar.
5 La límpida arboleda
que serena y bendice mi vagancia
se olvida del paisaje
y acalla el barullero resplandor de sus ramas.
La tarde maniatada
10 sólo clama su queja en el ocaso.
La mano jironada de un mendigo
esfuerza la congoja de la tarde.
La vihuela
ya no dice su amor en tu regazo.
15 El silencio que vive en los espejos
ha forzado su cárcel.
La oscuridad es la sangre
de las cosas heridas.
En el poniente pobre
20 la tarde mutilada
rezó un Avemaría de colores.
1] La clara muchedumbre de un poniente G, H, I, J 2] enloquece la calle, B, C, D, E, F
ha exaltado la calle, G, H, I, J 4 azar.] azar Pr 6] om. G, H, I, J 7-8] pierde el último
pájaro, el oro último. todas, excepto Pr 9-10] om. G, H, I, J 6 y] i Pr 8] i acalla el
barullero resplandor de sus ramas Pr 10 ocaso.] ocaso Pr 11] la mano jironada del
mendigo B, C, D, E, F 12] agrava la tristeza de la tarde. G, H, I, J 13] La guitarra B, C,
D, E, F 13-14] om. G, H, I, J 14] dormida como un niño en tu regazo U 15] El silencio
que habita los espejos G, H, I, J 16 cárcel.] cárcel U 17 oscuridad] oscuridá todas,
excepto U 18 heridas.] heridas U 19] En el incierto ocaso G, H, I, J 21] fue unos vanos
colores. B, C, D, E, F fue unos pobres colores. G, H, I, J
393
CAMPOS ATARDECIDOS
La primera estrofa apareció con el nombre de "Aldea" (Prisma, 1921, núm. 1;
también en Ultra, 1922, núm. 21). De la segunda no hay antecedente conocido.
1-2 Son una variante de otros de "Último rojo sol": "El poniente de pie como un
Arcángel / tiraniza la calle" (Textos recobrados, p. 143). Sobre ellos Borges
comenta a De Milleret: "no recuerdo por qué ese 'tiranizó' me asustó también un
poco; en efecto, la palabra sendero, esa palabra literaria, la cambié por otra más
simple, mientras que de pie como un Arcángel, creo que pertenece a la buena
retórica, ¿no? Es una bella imagen, como usted dice, pero todo lo que hay allí es
un viejo juego, ¿no le parece?" Y concluye: "está más cerca del Parnaso que del
ultraísmo" (Entrevistas con JLB, pp. 80-81).
5-7 cf. el estudio dedicado a este poema en el Capítulo 2.
394
CAMPOS ATARDECIDOS
El poniente de pie como un Arcángel
tiranizó el sendero.
La soledad repleta como un sueño
se ha remansado al derredor del pueblo.
5 Las esquilas recogen la tristeza
dispersa de la tarde. La luna nueva
es una vocecita desde el cielo.
Según va anocheciendo
vuelve a ser campo el pueblo.
*
* *
10 El poniente que no se cicatriza
aún le duele a la tarde.
Los colores temblando se acurrucan
en las entrañas de las cosas.
Al caminar mis pasos desmienten
15 la fatiga del tiempo
desparramada sobre el campo lacio.
En la alcoba vacía
la noche ajusticiará los espejos.
2 sendero.] sendero Pr y U camino. D, E, F, G, H, I, J 3 repleta] poblada E, F, G, H, I, J
4] se ha remansado alrededor del pueblo. todas, excepto Pr y U 5] Los cencerros recogen
la tristeza I, J 6] dispersa de las tardes La luna nueva Pr y U 7] es una vocecita bajo el
cielo Pr y U 12] Los trémulos colores se guarecen H, I, J 14 caminar] caminar, E, F, G,
H 14-15] om. I, J 15 tiempo] tiempo. B, C, D, E, F, G, H 16] om. todas 17] En el
dormitorio vacío todas 18 ajusticiará] cerrará todas
395
DESPEDIDA
Este poema no sólo cierra Fervor, sino el ciclo de los poemas dedicados a
Concepción Guerrero; como Borges manofestó en varias entrevistas, en el
poemario hay temas recurrentes: "celebraba los atardeceres, los sitios solitarios,
los rincones desconocidos; se aventuraba hasta la metafísica de Berkeley y hasta
la historia familiar; registraba primeros amores" (Un ensayo autobiográfico, p. 54).
Ése parece ser el orden de aparición de los temas en Fervor, y fue el último de la
serie temática el que pudo haber calado más en el joven enamorado al partir
nuevamente hacia Europa el 21 de julio de 1923.
En una carta escrita un mes después de la separación, lo primero que
comunica a Macedonio Fernández es el estado de excitación en que vive: "A qué
puntualizar con intensidad de palabras la caterva de días —ninguno alegre, todos
turbios, alguno angustiosísimo— que han pasado por mí desde que le dije adiós a
Conce y a Buenos Aires" (Correspondencia 1922-1939, p. 3). En otra misiva de
principios de septiembre del mismo año confía a Macedonio: "el 12 de setiembre
estaremos en Ginebra. Voy allá con la temblorosa esperanza de que en el
Consulado tengan alguna carta de C., esperándome. Si por alguna contingencia
satánica sucede lo contrario, no me cabrá tamaño dolor en el pecho..." (p. 4). Ya
pasada la crisis del alejamiento, y de vuelta a Buenos Aires, Borges comenta sus
nuevos planes a Sureda: "Lo de mi casamiento es prematuro, si bien sigo
ennoviado con Concepción" (Cartas del fervor, p. 234).
1-3 Cuando De Milleret lee estos versos en la edición corregida de 1943, el poeta
señala que "es la palabra magia [en lugar de milenio] la que está bien allí. Acaso
la puse porque no podía repetir la palabra pared" (Entrevistas con JLB, p. 87);
pero en ningún momento aclara que había una versión anterior y hace pasar la
última como si fuera la primitiva.
396
DESPEDIDA
Entre mi amor y yo han de levantarse
trescientas noches como trescientas paredes
y el mar será un milenio entre nosotros.
El tiempo arrancará con dura mano
5 las calles enzarzadas en mi pecho.
No habrá sino recuerdos.
(Oh tardes merecidas de mi pena,
noches esperanzadas de mirarte,
campos desalentados, pobre cielo
10 humillado en la hondura de los charcos
como un ángel caído...
Y tu vivir que agracia mis anhelos
y ese barrio dejado y placentero
que hoy en luz de mi amor se resplandece...)
15 Definitiva como una estatua
entristecerá tu ausencia otros campos.
3] y el mar será una magia entre nosotros. todas 4-5] om. G, H, I, J 7] (Oh tardes
merecidas por la pena, B, C, D, E, F Oh tardes merecidas por la pena, G, H, I, J 9]
campos de mi camino, firmamento G, H, I, J 10-14] que estoy viendo y perdiendo... G,
H, I, J 14-15] sin blanco I, J 15] Definitiva como un mármol G, H, I, J 16] entristecerá
tu ausencia otras tardes. G, H, I, J
397
398
Bibliografía
1. Directa
Borges, Jorge Luis, “Acerca de Unamuno poeta”, Nosotros, 1923, núm. 17,
pp. 405-410.
_____, Arte poética (seis conferencias), trad. de Justo Navarro, pról. de Pere
Gimferrer y ed. de Calin-Andrei Mihailescu, Crítica, Barcelona, 2001.
_____, “Atardecer-Le soir tombé”, Manomètre, 1922, núm. 4. [Trad. de
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Anexos
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418
(“Prólogo”, Fervor de Buenos Aires, 2ª ed., 1969)
No he reescrito el libro. He mitigado sus excesos barrocos, he limado
asperezas, he tachado sensiblerías y vaguedades y, en el decurso de esta
labor a veces grata y otras veces incómoda, he sentido que aquel
muchacho que en 1923 lo escribió ya era esencialmente —¿qué significa
esencialmente?— el señor que ahora se resigna o corrige. Somos lo mismo;
los dos descreemos del fracaso y del éxito, de las escuelas literarias y sus
dogmas; los dos somos devotos de Stevenson y de Withman. Para mí
Fervor de Buenos Aires prefigura todo lo que haría después. Por lo que
dejaba entrever, por lo que prometía de algún modo, lo aprobaron
generosamente Enrique Díez-Canedo y Alfonso reyes.
Como los de 1969, los jóvenes de 1923 eran tímidos. Temerosos de
una íntima pobreza, trataban como ahora, de escamotearla bajo inocentes
novedades ruidosas. Yo, por ejemplo, me propuse demasiados fines:
remedar ciertas fealdades (que me gustaban) de Miguel de Unamuno, ser
un escritor español del siglo diecisiete, ser Macedonio Fernández,
descubrir las metáforas que Lugones ya había descubierto, cantar un
Buenos Aires de casas bajas y, hacia el poniente o hacia el sur, de quintas
con verjas.
En aquel tiempo, buscaba los atardeceres, los arrabales y la
desdicha; ahora, las mañanas, el centro y la serenidad.
J. L. B.
Buenos Aires, 18 de agosto de 1969.
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(Poemas intercalados en Fervor en 1969)
EL SUR
Desde uno de tus patios haber mirado
las antiguas estrellas,
desde el banco de la sombra haber mirado
esas luces dispersas
5 que mi ignorancia no ha aprendido a nombrar
ni a ordenar en constelaciones,
haber sentido el círculo del agua
en el secreto aljibe,
el olor del jazmín y la madreselva,
10 el silencio del pájaro dormido,
el arco del zaguán, la humedad
—esas cosas, acaso, son el poema.
3] desde el banco de / la sombra haber mirado I ││ de la sombra] de sombra J
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LA ROSA258
La rosa,
la inmarcesible rosa que no canto,
la que es peso y fragancia,
la del negro jardín en la alta noche,
5 la de cualquier jardín y cualquier tarde,
la rosa que resurge de la tenue
ceniza por el arte de la alquimia,
la rosa de los persas y de Ariosto,
la que siempre está sola,
10 la que siempre es la rosa de las rosas,
la joven flor platónica,
la ardiente y ciega rosa que no canto,
la rosa inalcanzable.
258 En 1977, Borges dedicó este poema “A Judith Machado”, aunque
Scarano no lo señala en Varianti..., p. 98.
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LÍNEAS QUE PUDE HABER ESCRITO Y PERDIDO HACIA 1922259
Silenciosas batallas del ocaso
en arrabales últimos,
siempre antiguas derrotas de una guerra en el cielo,
albas ruinosas que nos llegan
5 desde el fondo desierto del espacio
como desde el fondo del tiempo,
negros jardines de la lluvia, una esfinge de un libro
que yo tenía miedo de abrir
10 y cuya imagen vuelve en los sueños,
la corrupción y el eco que seremos,
la luna sobre el mármol,
árboles que se elevan y perduran
como divinidades tranquilas,
15 la mutua noche y la esperada tarde,
Walt Whitman, cuyo nombre es el universo,
la espada valerosa de un rey
en el silencioso lecho de un río,
los sajones, los árabes y los godos
20 que, sin saberlo, me engendraron,
¿soy yo esas cosas y las otras
o son llaves secretas y arduas álgebras
de lo que no sabremos nunca?
7] esfinge de] esfinge en F, J
259 Este poema fue incluido en El otro, el mismo en 1966 y estaba dedicado
a “Odile Barón Supervielle”, como puede observarse en la Obra poética de este
año y las de 1967 y 1969; pasó a Fervor de Buenos Aires en la segunda edición de
este poemario en 1969. Scarano por su parte señala que “il testo proviene dalla
racolta El otro, el mismo di 1967” (Varianti…, p. 98).
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