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Características del Sol y su Influencia

El Sol es una estrella de tipo G situada en el centro del sistema solar que constituye la principal fuente de radiación electromagnética. Está compuesto mayormente de hidrógeno y helio y tiene una temperatura superficial de aproximadamente 5500°C.

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Características del Sol y su Influencia

El Sol es una estrella de tipo G situada en el centro del sistema solar que constituye la principal fuente de radiación electromagnética. Está compuesto mayormente de hidrógeno y helio y tiene una temperatura superficial de aproximadamente 5500°C.

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.

Sol

Primera imagen: fotografía de la luz visible del Sol


con un filtro solar en 2013
Segunda imagen: fotografía ultravioleta retocada
de la NASA en 2020

Datos derivados de la observación terrestre

Distancia media desde la 149 597 870 700


Tierra m (~ 1,5 × 1011 m)

Brillo visual (V) −26,8

Diám. angular en
32′35,64″
el perihelio

Diám. angular en el afelio 31′31,34″

Índice color (U-B) +0,10

Índice color (B-V) +0,63

Características físicas

1 391 016 km
Diámetro 9
(~1,4 × 10 m)

Diámetro relativo (dS/dT) 109


Superficie 6,0877 × 1012 km²

Volumen 1,4123 × 1018 km³

Masa relativa a la de la
332 946 X
Tierra

Masa 1,9891 × 1030 kg

Densidad 1411 kg/m³

Densidad relativa a la de
0,255x
la Tierra

Densidad relativa al agua 1,41x

Gravedad en la superficie 274 m/s² (27,96 g)

Velocidad de escape 617,8 km/s

Temperatura efectiva de
5778 K (5505 °C)
la superficie

Temperatura máxima de
1-2×105 K1
la corona

Temperatura del núcleo ~ 1,36 × 107 K

Luminosidad (LS) 3,827 × 1026 W

Periodo de rotación

En el ecuador: 27d 6h 36min

A 30° de latitud: 28d 4h 48min

A 60° de latitud: 30d 19h 12min

A 75° de latitud: 31d 19h 12min

Características orbitales

Distancia máxima al ~2.5×1017 km


centro de la Galaxia ~26 000 años luz

Periodo orbital alrededor


del 2,25 - 2,50 × 108 años2
centro galáctico
Velocidad orbital máxima ~251 km/s3

Inclinación axial con la


7,25°
eclíptica

Inclinación axial con el


67,23°
plano de la galaxia

Composición de la fotosfera

Hidrógeno 73,46 %

Helio 24,85 %

Oxígeno 0,78 %

Carbono 0,30 %

Hierro 0,16 %

Neón 0,12 %

Nitrógeno 0,09 %

Silicio 0,07 %

Magnesio 0,06 %

Azufre 0,05 %

El Sol, derivado del latín solis, que significa 'dios Sol invictus' o simplemente 'sol', es una estrella
de tipo-G de la secuencia principal y clase de luminosidad V situada en el centro del sistema
solar. Esta estrella constituye la principal fuente de radiación electromagnética en el sistema
planetario, siendo una esfera casi perfecta de plasma con un movimiento convectivo interno
que genera un campo magnético a través de un proceso dinamo. La mayor parte de su masa,
alrededor de tres cuartas partes, está compuesta de hidrógeno, mientras que el resto consiste
principalmente en helio, con trazas de otros elementos como oxígeno, carbono, neón y hierro.

Se estima que el Sol se formó hace aproximadamente 4600 millones de años a partir del colapso
gravitacional de la materia en una región de una gran nube molecular. La materia se acumuló
en el centro, formando el Sol, mientras que el resto se aplanó en un disco en órbita que
eventualmente se convirtió en el sistema solar. Con el tiempo, la masa central del Sol se volvió
más densa y caliente, lo que desencadenó la fusión nuclear en su núcleo, un proceso común en
la formación de estrellas. El Sol, en su etapa actual, se encuentra en una fase de edad intermedia
y se prevé que permanecerá relativamente estable durante otros 5000 millones de años más.
Sin embargo, una vez que la fusión nuclear de hidrógeno en su núcleo se detenga, el Sol
experimentará cambios significativos y se transformará en una gigante roja, expandiéndose lo
suficiente como para afectar las órbitas de Mercurio, Venus y posiblemente la Tierra.
Aunque es una estrella enana, el Sol es el único cuya forma puede ser percibida a simple vista,
con un diámetro angular que varía entre 32 minutos y 35 segundos de arco en el perihelio y 31
minutos y 31 segundos en el afelio, lo que proporciona un diámetro medio de aproximadamente
32 minutos y 3 segundos. La combinación de tamaños y distancias entre el Sol y la Luna resulta
en que ambos parezcan tener un tamaño aparente similar en el cielo, lo que facilita la ocurrencia
de diversos tipos de eclipses solares (totales, anulares o parciales).

La influencia considerable del Sol en la Tierra ha sido reconocida desde tiempos antiguos,
llegando incluso a ser considerado como una deidad por algunas culturas. El movimiento de la
Tierra alrededor del Sol sirve como base para el calendario solar, que es el calendario
predominante en uso en la actualidad.

La física solar es la disciplina científica encargada del estudio completo del Sol. Este astro es una
estrella de tipo-G de la secuencia principal, que representa aproximadamente el 99,86% de la
masa del sistema solar. El Sol tiene una magnitud absoluta estimada en +4,83, lo que lo hace
más brillante que el 85% de las estrellas en la Vía Láctea, la mayoría de las cuales son enanas
rojas. Además, el Sol pertenece a la Población I, o sea, a las estrellas ricas en elementos pesados.
Se ha planteado que la formación del Sol podría haber sido desencadenada por ondas de choque
de una o más supernovas cercanas, dado el alto contenido de elementos pesados en el sistema
solar en comparación con las estrellas de la llamada Población II, que son pobres en estos
elementos. Estos elementos pesados podrían haberse producido mediante reacciones nucleares
endotérmicas durante una supernova, o por transmutación a través de la absorción neutrónica
dentro de una estrella masiva de segunda generación.

El Sol destaca como el objeto más brillante en el cielo, con una magnitud aparente de −26,74, lo
que lo hace alrededor de 13 mil millones de veces más brillante que la segunda estrella más
luminosa, Sirio, que tiene una magnitud aparente de −1,46. La distancia promedio desde el
centro del Sol hasta el centro de la Tierra es de aproximadamente 1 unidad astronómica,
equivalente a unos 150 millones de kilómetros, aunque esta distancia varía a lo largo del año
debido al movimiento orbital de la Tierra desde el perihelio en enero hasta el afelio en julio. A
esta distancia media, la luz del Sol tarda alrededor de 8 minutos y 19 segundos en viajar desde
el horizonte solar hasta el horizonte terrestre, mientras que la luz proveniente de los puntos
más cercanos del Sol y de la Tierra tarda aproximadamente dos segundos menos.

El Sol no tiene un límite definido y su densidad disminuye exponencialmente hacia sus partes
externas a medida que aumenta la distancia desde su centro. Sin embargo, para fines de
medición, se considera el radio solar como la distancia desde su centro hasta el borde de la
fotosfera, la superficie visible aparente del Sol. Basándose en esta medida, el Sol es
esencialmente una esfera casi perfecta con un ligero achatamiento estimado de unas 9
millonésimas, lo que significa que su diámetro polar difiere de su diámetro ecuatorial en apenas
10 kilómetros. Aunque el efecto mareal de los planetas tiene una influencia débil, no afecta
significativamente la forma del Sol. La rotación diferencial del Sol, donde su ecuador gira más
rápido que sus polos, es causada por el movimiento de convección debido al transporte de calor
y al efecto Coriolis producido por su rotación. En un marco de referencia definido por las
estrellas, el período de rotación del Sol es de aproximadamente 25,6 días en el ecuador y de
33,5 días en los polos. Sin embargo, desde la perspectiva de la Tierra en su órbita alrededor del
Sol, el período de rotación aparente del Sol en su ecuador es de aproximadamente 28 días.

La constante solar es la cantidad de energía que el Sol deposita por unidad de tiempo y
superficie, y se expresa como luz solar directa. Esta constante solar es aproximadamente de
1361 vatios por metro cuadrado (W/m²) a una distancia de una unidad astronómica del Sol. La
luz solar que llega a la superficie terrestre se ve afectada por la atmósfera, resultando en una
energía reducida en la superficie, alrededor de 1000 W/m² en condiciones claras cuando el Sol
está cerca del cenit. La luz solar en la parte superior de la atmósfera terrestre está compuesta
principalmente por un 50% de luz infrarroja, un 40% de luz visible y un 10% de luz ultravioleta,
aunque la atmósfera terrestre filtra más del 70% de la radiación ultravioleta solar. La ionización
causada por la radiación ultravioleta solar en la parte superior de la atmósfera terrestre
contribuye a hacer la ionosfera conductora de electricidad.

El color del Sol se percibe como blanco, con un índice de color-espacio (CIE) cercano a (0,3; 0,3)
cuando se ve desde el espacio o desde una gran altura. Sin embargo, cuando se observa desde
la superficie terrestre, la dispersión atmosférica del Sol produce colores como amarillo, rojo,
naranja y magenta. Aunque el Sol es clasificado como una estrella G2V, con una temperatura
superficial de alrededor de 5778 K (5505 °C), y es una estrella enana de la secuencia principal,
su luminosidad promedio es de aproximadamente 1,88 gigacandelas por metro cuadrado
(Gcd/m²), aunque esta cifra disminuye a unos 1,44 Gcd/m² cuando se observa a través de la
atmósfera terrestre. Sin embargo, la luminosidad no es uniforme a través del disco solar, lo que
resulta en un oscurecimiento del limbo.

El Sol está mayormente compuesto de hidrógeno y helio, representando el 74,9% y el 23,8% de


su masa en la fotosfera, respectivamente. Los elementos más pesados, conocidos como metales
en astronomía, constituyen menos del 2% de su masa, con el oxígeno siendo el más abundante
con cerca del 1% de la masa solar, seguido por el carbono, neón y hierro, cada uno
representando un porcentaje menor.

La composición química del Sol se originó a partir del medio interestelar a través del cual se
formó. El hidrógeno y el helio en el Sol se produjeron durante la nucleosíntesis del Big Bang,
mientras que los elementos más pesados fueron creados por nucleosíntesis estelar en
generaciones previas de estrellas, cuyos restos enriquecieron el medio interestelar antes de la
formación del Sol. La composición de la fotosfera se considera representativa de la composición
del sistema solar primordial, aunque parte del helio y elementos pesados se han sedimentado
gravitacionalmente desde entonces.

Actualmente, la fusión nuclear en el núcleo del Sol ha transformado su composición al convertir


hidrógeno en helio, lo que hace que la parte más interna del Sol consista aproximadamente en
un 60% de helio, junto con elementos más pesados que no han sido alterados. Dado que el calor
se transfiere desde el centro del Sol principalmente por radiación en lugar de convección, los
productos de fusión nuclear del núcleo no alcanzan la fotosfera.

La zona reactiva del núcleo, donde ocurre la fusión del hidrógeno para formar helio, está
rodeada por un núcleo interno de "cenizas de helio". Este proceso continuará hasta que el Sol
salga de la secuencia principal y se convierta en una gigante roja.

La abundancia de elementos pesados en el Sol se mide mediante espectroscopia de la fotosfera


solar y comparando con las abundancias en meteoritos que nunca han sido calentados a
temperaturas de fusión. Se cree que estos meteoritos retienen la composición del Sol en su
etapa inicial y, por lo tanto, no se ven afectados por la sedimentación de elementos pesados.
Estos dos métodos de medición suelen coincidir.

La imagen detallada muestra un conjunto de manchas solares en el espectro de luz


visible, donde se pueden distinguir claramente la umbra y la penumbra, así como la
granulación solar.

El Sol, al igual que otras estrellas, tiene una forma esférica, aunque debido a su lento
movimiento de rotación, presenta un leve achatamiento polar. La materia que lo
compone es atraída hacia su centro por la fuerza gravitatoria, pero el plasma que forma
el Sol se mantiene en equilibrio debido a la presión interna, generando un equilibrio
hidrostático. Esta presión es producto de la densidad del material en su núcleo y las
altas temperaturas provocadas por las reacciones termonucleares que ocurren allí.
Además de la contribución térmica, la presión de radiación, causada por el flujo de
fotones emitidos en el centro del Sol, también juega un papel importante en este
equilibrio.

Casi todos los elementos químicos presentes en la Tierra han sido identificados en la
constitución del Sol, lo que sugiere que si la Tierra alcanzara la temperatura del Sol,
tendría un espectro luminoso similar. Incluso el helio fue descubierto primero en el Sol
antes de ser identificado en la Tierra.

La estructura del Sol se describe como una serie de capas esféricas o "capas de cebolla".
Aunque las fronteras físicas y las diferencias químicas entre estas capas son difíciles de
establecer, se pueden determinar funciones físicas distintas para cada una de ellas.
Actualmente, la astrofísica cuenta con un modelo de estructura solar que explica la
mayoría de los fenómenos observados. Según este modelo, el Sol está compuesto por el
núcleo solar, la zona radiante, la zona convectiva, la fotosfera, la cromosfera, la corona,
las manchas solares, la granulación y el viento solar.

La imagen proporciona una visión detallada


de las capas interiores del Sol, abarcando alrededor de 139,000 km de su radio,
aproximadamente una quinta parte del mismo. En esta región se llevan a cabo las reacciones
termonucleares que son responsables de la generación de toda la energía solar. Es importante
señalar que esta energía generada en el núcleo solar tarda alrededor de un millón de años en
alcanzar la superficie del Sol.

El núcleo solar contiene aproximadamente un 49 % de hidrógeno, un 49 % de helio y un 2 %


restante de otros elementos que actúan como catalizadores en las reacciones nucleares. A
principios de la década de 1930, científicos como Fritz Houtermans y Robert Atkinson, junto con
Hans Bethe y Carl von Weizsäcker, descubrieron que las reacciones nucleares, particularmente
el ciclo de Bethe o del carbono, son responsables de la producción de energía en el interior del
Sol. Estas reacciones implican la fusión de protones en núcleos de helio, liberando energía de
acuerdo con la famosa ecuación de Einstein, E = mc².

El ciclo de Bethe implica una serie de etapas en las cuales varios elementos, incluyendo el
carbono y el nitrógeno, actúan como catalizadores para la conversión de hidrógeno en helio. La
energía liberada por este proceso mantiene el equilibrio térmico del núcleo solar a temperaturas
de aproximadamente 15 millones de kelvins.
Además del ciclo de Bethe, también se encuentra el ciclo de Critchfield, o cadena protón-protón,
descubierto por Charles Critchfield. Este ciclo implica la fusión de protones para formar núcleos
de deuterio y helio, liberando energía en el proceso.

Estas reacciones nucleares son fundamentales para la producción de energía en el Sol y en otras
estrellas, y su comprensión es crucial para nuestra comprensión de la física estelar.
1
1H + 1H1 → 1H² + e+ + neutrino electrónico ;
1
1H + 1H² → 2He³ + fotones gamma ;

2He³ + 2He³ → 2He4 + 2 1H1.

también expresada con la notación:

p+ + p+ → H² + e+ + νe ;

H² + p+ → He³ + γ ;

He³ + He³ → He4 + p+ + p+

El primer conjunto de reacciones se produce en estrellas más calientes y más masivas


que el Sol, mientras que la cadena protón-protón tiene lugar en estrellas similares al Sol.
Hasta 1953, se pensaba que la mayor parte de la energía del Sol era producida por el
ciclo de Bethe, pero investigaciones posteriores han demostrado que aproximadamente
el 75 % del calor solar proviene del ciclo protón-protón.

En las etapas finales de su evolución, el Sol también fusionará helio producido por estos
procesos para generar carbono y oxígeno, un fenómeno conocido como proceso triple-
alfa.

La zona radiante, que se encuentra en la parte exterior del núcleo, es donde la energía
generada en el interior se transporta por radiación hasta el límite exterior de la zona
radiactiva. Esta región está compuesta principalmente de plasma, donde los fotones
pueden tardar hasta un millón de años en alcanzar la superficie debido a la densidad del
medio ionizado que los absorbe y reemite repetidamente.

Por encima de la zona radiante está la zona convectiva, donde los gases solares dejan de
estar ionizados y los fotones son absorbidos fácilmente, convirtiendo el material en
opaco al transporte de radiación. Aquí, el transporte de energía se realiza por
convección, con corrientes ascendentes y descendentes de material caliente y frío
respectivamente, que generan turbulencias y movimientos no homogéneos.

La fotosfera, que es la parte visible del Sol, emite luz visible y se considera su
"superficie". Vista a través de un telescopio, aparece como gránulos brillantes sobre un
fondo oscuro debido a la agitación atmosférica. Aunque el Sol es gaseoso, la fotosfera
es relativamente transparente y puede ser observada hasta una profundidad de unos
cientos de kilómetros antes de volverse completamente opaca. Por lo general, se estima
que la fotosfera tiene entre 100 y 200 k El primer conjunto de reacciones se produce en
estrellas más calientes y más masivas que el Sol, mientras que la cadena protón-protón
tiene lugar en estrellas similares al Sol. Hasta 1953, se pensaba que la mayor parte de la
energía del Sol era producida por el ciclo de Bethe, pero investigaciones posteriores han
demostrado que aproximadamente el 75 % del calor solar proviene del ciclo protón-
protón.

En las etapas finales de su evolución, el Sol también fusionará helio producido por estos
procesos para generar carbono y oxígeno, un fenómeno conocido como proceso triple-
alfa.

La zona radiante, que se encuentra en la parte exterior del núcleo, es donde la energía
generada en el interior se transporta por radiación hasta el límite exterior de la zona
radiactiva. Esta región está compuesta principalmente de plasma, donde los fotones
pueden tardar hasta un millón de años en alcanzar la superficie debido a la densidad del
medio ionizado que los absorbe y reemite repetidamente.

Por encima de la zona radiante está la zona convectiva, donde los gases solares dejan de
estar ionizados y los fotones son absorbidos fácilmente, convirtiendo el material en
opaco al transporte de radiación. Aquí, el transporte de energía se realiza por
convección, con corrientes ascendentes y descendentes de material caliente y frío
respectivamente, que generan turbulencias y movimientos no homogéneos.

La fotosfera, que es la parte visible del Sol, emite luz visible y se considera su
"superficie". Vista a través de un telescopio, aparece como gránulos brillantes sobre un
fondo oscuro debido a la agitación atmosférica. Aunque el Sol es gaseoso, la fotosfera
es relativamente transparente y puede ser observada hasta una profundidad de unos
cientos de kilómetros antes de volverse completamente opaca. Por lo general, se estima
que la fotosfera tiene entre 100 y 200 km de profundidad.

m de profundidad.
El esquema de la estructura de anillo de una llamarada solar y su origen, que proviene de la
deformación de las líneas del campo electromagnético, muestra cómo el borde o limbo del Sol
parece nítido en una fotografía o en una imagen proyectada con un telescopio, pero el brillo del
disco solar disminuye hacia el borde. Este oscurecimiento del centro al limbo se debe a que el
Sol es un cuerpo gaseoso cuya temperatura disminuye con la distancia al centro. La luz que se
ve en el centro proviene principalmente de las capas inferiores de la fotosfera, que son más
calientes y, por lo tanto, más luminosas. Al mirar hacia el limbo, la dirección visual del
observador es casi tangente al borde del disco solar, lo que hace que llegue radiación procedente
sobre todo de las capas superiores de la fotosfera, menos calientes y emitiendo con menor
intensidad que las capas profundas en la base de la fotosfera.

Un fotón tarda aproximadamente 10 días desde que surge de la fusión de dos átomos de
hidrógeno en atravesar la zona radiante y un mes en recorrer los 200 000 km de la zona
convectiva, pero solo unos 8 minutos y medio en cruzar la distancia que separa la Tierra del Sol.
Esto se debe a que en el exterior del Sol, el camino de los fotones no se ve obstaculizado por los
continuos cambios, choques, quiebros y turbulencias que experimentan en el interior.

Los gránulos brillantes de la fotosfera, que a menudo tienen forma hexagonal y están separados
por finas líneas oscuras, son evidencia del movimiento convectivo y burbujeante de los gases
calientes en la parte exterior del Sol. La fotosfera es una masa en continua ebullición, donde las
células convectivas se aprecian como gránulos en movimiento, cuya vida media es de unos
nueve minutos. Además, existen movimientos turbulentos a una escala mayor, conocidos como
"supergranulación", con diámetros típicos de unos 35 000 km. Cada supergranulación contiene
cientos de gránulos individuales y sobrevive entre 12 y 20 horas. La observación de la
granulación fotosférica fue realizada por primera vez por Richard Christopher Carrington en el
siglo XIX, mientras que en 1896 Pierre Jules César Janssen logró fotografiarla por primera vez.

Las manchas solares son el signo más evidente de actividad en la fotosfera. En tiempos antiguos,
se pensaba que las manchas solares eran objetos que pasaban entre el Sol y la Tierra, pero
Galileo demostró que eran sustancias en la superficie del Sol. Una mancha solar típica consta de
una región central oscura, llamada "umbra", rodeada por una "penumbra" más clara. Una sola
mancha puede llegar a medir hasta 12 000 km, mientras que un grupo de manchas puede
alcanzar 120 000 km de extensión o más. La penumbra está constituida por una estructura de
filamentos claros y oscuros que se extienden más o menos radialmente desde la umbra.

Imagen detallada de un conjunto de manchas solares observadas en el visible. La umbra y la


penumbra son claramente discernibles así como la granulación solar.

Ambas (umbra y penumbra) parecen oscuras por contraste con la fotosfera, simplemente
porque están menos calientes que la temperatura media de la fotosfera. Así, la umbra tiene una
temperatura de 4000 K, mientras que la penumbra alcanza los 5600 K, inferiores en ambos casos
a los 6000 K que tienen los gránulos de la fotosfera. Por la ley de Stefan-Boltzmann, en que la
energía total radiada por un cuerpo negro (como una estrella) es proporcional a la cuarta
potencia de su temperatura efectiva (E = σT4, donde σ = 5,67051·10−8 W/m²·K4), la umbra emite
aproximadamente un 32 % de la luz emitida por un área igual de la fotosfera y análogamente la
penumbra tiene un brillo de un 71 % de la fotosfera. La oscuridad de una mancha solar está
causada únicamente por un efecto de contraste; si pudiéramos ver a una mancha tipo, con una
umbra del tamaño de la Tierra, aislada y a la misma distancia que el Sol, brillaría una 50 veces
más que la Luna llena. Las manchas están relativamente inmóviles con respecto a la fotosfera y
participan de la rotación solar. El área de la superficie solar cubierta por las manchas se mide en
términos de millonésima del disco visible.

Cromosfera[editar]

Artículo principal: Cromosfera

Eclipse solar del 3 de octubre de 2005.

La cromosfera es una capa exterior a la fotosfera visualmente mucho más transparente. Su


tamaño es de aproximadamente 10 000 km, y es imposible observarla sin filtros especiales, pues
es eclipsada por el mayor brillo de la fotosfera. La cromosfera puede observarse durante
un eclipse solar en un tono rojizo característico y en longitudes de onda específicas,
notablemente en Hα, una longitud de onda característica de la emisión por hidrógeno a muy
alta temperatura.24

Las prominencias solares ascienden ocasionalmente desde la fotosfera, alcanzan alturas de


hasta 150 000 km y producen erupciones solares espectaculares.

Corona solar[editar]

Artículo principal: Corona solar

La corona solar, situada en las capas superiores de la atmósfera solar, destaca por su
temperatura extremadamente alta, en contraste con las capas inferiores como la fotosfera. Esta
disparidad térmica es un misterio intrigante en la investigación solar contemporánea. La elevada
temperatura en la corona se debe a la rápida velocidad de las pocas partículas presentes en esta
región, impulsadas por la baja densidad del material, los intensos campos magnéticos solares y
las ondas de choque generadas por las células convectivas en la superficie del Sol. Estas altas
temperaturas generan una emisión significativa de energía en forma de rayos X desde la corona.
Sin embargo, estas temperaturas no reflejan la agitación térmica habitual debido a la baja
densidad de la corona.
La observación de la corona solar ha sido desafiante a lo largo del tiempo, inicialmente
planteando la hipótesis de un elemento desconocido llamado "coronión", que posteriormente
se demostró que eran radiaciones emitidas por átomos altamente ionizados presentes en la
corona, como oxígeno, hierro, níquel, calcio y argón. Estas observaciones solo pueden realizarse
desde el espacio, utilizando instrumentos que bloquean artificialmente la luz solar directa o
durante eclipses solares naturales desde la Tierra.

Los estudios recientes, como los realizados por Scott McIntosh y colegas, han identificado la
presencia de ondas de alta velocidad en el plasma coronal, transportando energía a través de
las líneas del campo magnético. Estas ondas, viajando a velocidades de entre 200 y 250 km/s, se
estima que proporcionan la energía necesaria para impulsar los rápidos vientos solares y
mantener la corona activa. Sin embargo, se necesita una investigación más detallada para
comprender completamente el espectro de energía irradiada en las regiones activas de la corona
solar.

Vista de la heliosfera
protegiéndonos de las radiaciones provenientes del centro de la galaxia

Se capturó un video de una región activa en la superficie solar utilizando un refractor de 152 mm
y un filtro de cromosfera Daystar Quark. La combinación de estos fenómenos produce líneas
extrañas en el espectro luminoso, inicialmente malinterpretadas como la presencia de un nuevo
elemento llamado "coronium". Sin embargo, investigaciones posteriores revelaron que estas
líneas son radiaciones emitidas por átomos neutros de oxígeno y otros elementos altamente
ionizados presentes en la corona solar, fenómenos difíciles de replicar en laboratorio.

La corona solar solo es visible desde el espacio utilizando instrumentos especiales que bloquean
la luz directa del Sol o durante eclipses solares naturales desde la Tierra. Se cree que las
estructuras observadas en la corona están influenciadas en gran medida por el campo magnético
solar y los movimientos convectivos del plasma.
En 1970, Hannes Alfvén propuso la existencia de ondas que transportan energía a lo largo de las
líneas del campo magnético en la corona solar, pero su detección precisa ha sido desafiante. Sin
embargo, gracias a imágenes de alta definición ultravioleta tomadas por el satélite SDO de la
NASA, científicos como Scott McIntosh y sus colegas han logrado identificar un gran número de
estas ondas, propagándose a velocidades significativas en el plasma coronal en movimiento.
Estas ondas, con un flujo energético de 100 a 200 W/km², son capaces de proporcionar la energía
necesaria para impulsar los vientos solares rápidos y compensar las pérdidas de calor en las
regiones menos activas de la corona.

A pesar de estos avances, McIntosh señala que la cantidad de energía detectada hasta ahora no
es suficiente para explicar completamente las características observadas en las zonas activas de
la corona solar, lo que destaca la necesidad de instrumentos con mayor capacidad temporal y
espacial para estudiar con detalle todo el espectro de energía irradiada en estas regiones.

Una fotografía del 31 de agosto de 2012, tomada por la NASA, muestra un filamento solar. La
eyección de masa solar resultante viajó a una velocidad de 1500 kilómetros por segundo.

Las regiones activas en la atmósfera solar, resaltadas por puntos brillantes y arcos iluminados
de material solar, son áreas de actividad magnética intensa y compleja. Estas regiones pueden
generar erupciones solares y eyecciones de masa coronal, como se observa en una imagen del
Observatorio de Dinámica Solar de la NASA capturada el 20 de abril de 2015.

Las eyecciones de masa coronal (CME) son ondas formadas por radiación y viento solar que se
desprenden del Sol durante el período de máxima actividad solar. Estas eyecciones representan
un riesgo significativo para los circuitos eléctricos, los transformadores y los sistemas de
comunicación, provocando lo que se conoce como tormentas solares.

El Sol experimenta un ciclo de actividad cada 11 años, conocido como Actividad Máxima Solar,
durante el cual es más probable que ocurran tormentas solares. Actualmente nos encontramos
en el Ciclo Solar 25, que comenzó en diciembre de 2019.

Las potentes tormentas solares tienen el potencial de dejar sin electricidad a grandes ciudades
durante semanas, meses o incluso años. También pueden causar interferencias en las señales
de radio, afectar a los sistemas de navegación aérea y dañar los satélites.

Ejemplos históricos de tormentas solares, como la de 1989 en Quebec y la de 1859 que afectó a
gran parte del planeta, destacan los graves impactos que pueden tener en la infraestructura y la
comunicación.
El cambio de polaridad solar, que se produce debido a la formación del campo magnético del
Sol, influye en la dinámica del plasma en sus capas internas, lo que contribuye a la generación
de tormentas solares y otros fenómenos solares.

Una imagen comparativa muestra la clara diferencia de tamaño entre el Sol y la Tierra, con el
planeta en el lado izquierdo y una porción del Sol a la derecha.

El Sol, formado hace aproximadamente 4650 millones de años, cuenta con suficiente
combustible para continuar irradiando energía durante otros 7500 millones de años. Después
de este período, experimentará una expansión gradual hasta convertirse en una gigante roja.
Eventualmente, su propio peso provocará su colapso, transformándolo en una enana blanca, un
proceso que puede llevar alrededor de mil millones de años en enfriarse.

Se originó a partir de nubes de gas y polvo que contenían residuos de estrellas anteriores, y su
disco circunestelar dio lugar a la formación de planetas, asteroides y cometas en el sistema solar.
En su interior, el Sol lleva a cabo reacciones de fusión nuclear, convirtiendo átomos de hidrógeno
en helio y generando así la energía que emite. Actualmente, se encuentra en la fase de secuencia
principal, donde continuará fusionando hidrógeno de manera estable durante unos 5000
millones de años más.

Durante cada segundo, aproximadamente 700 millones de toneladas de hidrógeno se


transforman en helio, liberando una cantidad de energía equivalente a cinco millones de
toneladas de materia. Este proceso hace que el Sol se vuelva gradualmente más ligero.

Eventualmente, el Sol agotará todo el hidrógeno en su núcleo y comenzará a fusionar helio, lo


que conducirá a su transformación en una gigante roja. En esta etapa, su diámetro puede
expandirse hasta superar la órbita de la Tierra, lo que resultará en la extinción de cualquier
forma de vida en el planeta. Después de fusionar helio en carbono, el Sol se contraerá y
aumentará su temperatura, convirtiéndose en una estrella de la rama horizontal. Finalmente,
expulsará parte de su masa en forma de nebulosa planetaria, dejando solo un núcleo que se
convertirá en una enana blanca y, eventualmente, en una enana negra, sin llegar a experimentar
una supernova debido a su masa insuficiente.

Aunque se creía inicialmente que el Sol absorbería a Mercurio, Venus y la Tierra durante su fase
de gigante roja, estudios recientes sugieren que es probable que la Tierra sea absorbida debido
a las interacciones mareales y el roce con la cromosfera solar.

En relación con la vida en la Tierra durante este proceso evolutivo del Sol, se estima que su brillo
aumenta aproximadamente un 1% cada 100 millones de años. Esto significa que tomará al
menos mil millones de años agotar el agua líquida en la Tierra debido a este aumento, lo que
eventualmente conducirá a la extinción de la vida multicelular compleja.

La mayor parte de la energía que sustenta la vida en la Tierra proviene del Sol. Las plantas
capturan esta energía directamente a través de la fotosíntesis, mientras que los herbívoros la
absorben indirectamente al alimentarse de las plantas, y los carnívoros la obtienen en una
cantidad aún menor al consumir a los herbívoros.

La mayoría de las fuentes de energía utilizadas por los humanos derivan indirectamente del Sol.
Los combustibles fósiles, por ejemplo, contienen energía solar capturada hace millones de años
mediante la fotosíntesis, mientras que la energía hidroeléctrica aprovecha la energía potencial
del agua, la cual se condensó en altura después de evaporarse debido al calor del Sol.

Sin embargo, el uso directo de la energía solar para la generación de energía todavía no está
ampliamente extendido debido a que los sistemas actuales no son lo suficientemente eficientes.

La relación entre la materia y la energía explica la potencia del Sol, que posibilita la vida en la
Tierra. Esta relación fue predicha por Einstein en 1905 a través de su famosa ecuación E=mc².
Las continuas reacciones termonucleares en el interior del Sol convierten grandes cantidades de
hidrógeno en helio, generando enormes cantidades de energía solar, una fracción de la cual llega
a la Tierra y sustenta la vida.

Se estima que la potencia del Sol es de aproximadamente 3,8 × 10^26 vatios, lo que equivale a
760,000 veces la producción anual de energía a nivel mundial.

Las observaciones astronómicas del Sol han sido realizadas desde hace siglos, desde las primeras
observaciones de Galileo Galilei en el siglo XVII hasta las misiones espaciales modernas como
SOHO (Observatorio Solar y Heliosférico) lanzado en 1995 por la Agencia Espacial Europea y la
NASA. Estas observaciones no solo buscan comprender mejor la actividad solar, sino también
prevenir sucesos de alta emisión de partículas que podrían ser peligrosas para las actividades
espaciales y las comunicaciones terrestres.

Aristarco de Samos fue uno de los primeros en intentar calcular la distancia al Sol, pero sus
estimaciones erróneas reflejaron la dificultad de medir ángulos tan pequeños en esa época. A
pesar de sus contribuciones, la teoría heliocéntrica no fue aceptada hasta muchos siglos
después, cuando Copérnico la retomó en el siglo XVI. Johannes Kepler y Giovanni Cassini fueron
algunos de los que contribuyeron posteriormente a determinar de manera más precisa las
distancias en el sistema solar.

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