Marcelo era un niño especial, era un niño diferente a los demás.
Marcelo nació así, todos los médicos
y profesores ponían nombres raros a su afección, nombres que a él le costaba pronunciar. A Marcelo
no le dolía nada y su apariencia era similar a la de cualquier otro niño, pero su cabeza no parecía
funcionar igual. A Marcelo le costaba más aprender que a los otros niños. Aprender a andar, hablar,
leer y escribir, etc… era para él más complicado que para cualquier otro niño. Pero también Marcelo,
no debía entender algunas cosas y por eso le gustaba sonreír con frecuencia, no se avergonzaba de
dar abrazos ni de decir te quiero a sus familiares y amigos.
Marcelo era diferente y aunque le costase, le encantaba aprender. Marcelo se esforzaba para aprender,
quizás tardaba un poco más de tiempo pero finalmente conseguía alcanzar a sus compañeros.
Pero Marcelo crecía y cada vez eran más difíciles las lecciones en el colegio. Marcelo crecía y sus
muestras de cariño y de inocencia parecían hacer reír con más frecuencia a sus compañeros. Marcelo
crecía y los demás niños no siempre le comprendían. Marcelo no era tonto, solo le costaba un poco
más de tiempo aprender, no era tonto y se daba cuenta de las burlas de sus compañeros, de sus risas
y no entendía porque ahora poco a poco le dejaban solo. Marcelo se ponía muy triste y a veces lloraba
al llegar a casa.
Cada mañana le costaba más ir al cole, sabía que si preguntaba en clase se reirían de él y encontrarían
alguna burla. Sabía que se meterían con él y le llamarían tonto. Intentaba esforzarse en casa para
aprender igual de rápido o más que los demás pero no lo conseguía.
Una noche mientras dormía escuchando una terrible tormenta, tuvo un curioso sueño, un duende le
concedió un deseo. Marcelo pidió ser más rápido para aprender, pidió ser como Pablo. Pablo era uno
de sus compañeros de clase. Pablo había sido su amigo cuando eran más pequeños, pero ahora era el
que más se metía con él.
A la mañana siguiente cuando Marcelo despertó, descubrió algo asombroso. Marcelo no estaba en su
cama, estaba en la cama de Pablo. El duende le había concedido el deseo, el duende le había
convertido en Pablo. Marcelo se puso muy contento pues de este modo nadie se reiría de él.
Rápidamente se vistió y desayuno muy contento, saludo a sus padres alegremente, dejándolos
sorprendidos y se fue al colegio.
Mientras tanto en su cama, Pablo se había despertado convertido en Marcelo. Pablo no entendía nada,
se levantó malhumorado y se fue a clase.
Estando en clase, Marcelo pudo comprobar que era mucho más rápido a la hora de comprender, de
leer e incluso escuchar. Participo en clase, se relacionó con sus compañeros, se lo paso genial….pero
entonces se fijó en Pablo que ahora era él. Pablo estaba solo en una esquina, intentando comprender,
intentando pasar desapercibido mientras otros se burlaban de él. Marcelo supo cómo se sentía Pablo,
pues era como se sentía él cada día. Así que Marcelo se acercó a Pablo, se sentó a su lado y les dijo a
los otros niños:
-Dejadle tranquilo, no os ha hecho nada.
A la mañana siguiente las cosas volvieron a la normalidad. Cada uno volvió a su cuerpo y a su vida.
Marcelo acudía de nuevo apenado al colegio, pero intentaba sonreír para no entristecer a sus padres.
Pero ocurrió que Pablo pudo comprender lo ocurrido el día anterior, pudo comprender como se sentía
Marcelo. Desde entonces Pablo es un gran amigo de Marcelo, ahora entiende sus diferencias, ahora
comprende que éstas no le hacen ni mejor, ni peor, solo diferente