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Unidad 2

El documento analiza el concepto de tiempo en historia. Explica que la historia está plasmada en la sociedad humana y que existe una relación indisoluble entre lo social y lo histórico. También discute las diferentes concepciones de tiempo y cómo este ha sido estudiado por historiadores.

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Unidad 2

El documento analiza el concepto de tiempo en historia. Explica que la historia está plasmada en la sociedad humana y que existe una relación indisoluble entre lo social y lo histórico. También discute las diferentes concepciones de tiempo y cómo este ha sido estudiado por historiadores.

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Unidad 2: El problema del tiempo en la Historia.

Capitulo 4 - Arostegui
Julio Arostegui plantea que la teoría historiográfica es la que se ocupa de
analizar la naturaleza precisa de l objeto de estudio, es decir, de aquello que la
historiografía conoce o pretende conocer. Poder establecer qué es la historia
constituye la primera condición para elaborar la parte sustancial de la teoría
historiográfica, es decir para dejar establecida una teoría científico-constitutiva de la
historiografía.
1 Sociedad e Historia
La historia es la cualidad temporal. Ser o tener historia es algo que caracteriza a
todo ser humano y ser social. La investigación de la naturaleza de la historia es sobre
la naturaleza de la sociedad. Varias teorías de lo social se fundamentan en la
indisociabilidad de lo social y lo histórico. Hay 2 conceptos claves: Sociedad y
Tiempo, estas configuran a la historia.
La historia se encuentra plasmada en la sociedad humana, es algo que le ocurre,
que caracteriza a la sociedad o sociedades concretas. Para referirse a la historia es
necesario hablar de sociedad. Existen 3 connotaciones para analizar la dimensión
histórica de lo social: Naturaleza y Sociedad que forman un continuum sin ruptura
insalvable. La segunda es la existencia del movimiento que es una constante
ineludible en la explicación del mundo de la naturaleza así como del mundo privativo
del hombre. La tercera es la idea de sociedad que adquiere un perfil mas preciso al
hablar del sistema social, cuya existencia se puede asimilar a la idea de que la
sociedad en abstracto y las sociedades funcionan como un sistema. El hecho de que la
historia encarna en la sociedad y que todas las sociedades tengan historia es lo que
produce una relación indisoluble.
Según Marx: los hombres entran en relaciones determinadas, necesarias e
independientes de su voluntad; estas relaciones de producción se corresponden a un
grado determinado del desarrollo de las fuerzas productivas materiales. La base, por
tanto, de un modelo de sociedad que fluctúan en función del estado de las fuerzas
productivas sería la existencia de las relaciones de producción (Sociedad =
Relaciones de producción)

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El análisis de la sociedad como sujeto histórico: Las teorías han puesto su
énfasis en una u otra confrontación como: ind/soc - conflicto/orden, etc. Se ve una
clara visión dinámica de la sociedad.
El cabio social no es solo escencial para la historiografía, sino que es en ese nivel
preciso donde la historiografía, sociología, antrop. Entre otras, pueden converger. Si
la historia es el resultado de las sociedades en el tiempo, lo propio de la historiografía
será el análisis de los estadios temporales: cambio y permanencia.
2 - Tiempo y Sociedad
El ser histórico es considerado un “ser del tiempo”. De acuerdo a la realidad
histórica, el tiempo es considerado una variable esencial. El proceso denominado
temporal es el que configura la existencia humana. La temporalidad esta arraigada al
proceso de socialización del ser humano.
Hay una idea errónea de querer clasificar al tiempo en diferentes maneras, sea
tiempo histórico, físico o social, cuando lo cierto es que solo hay una forma de
poderlo clasificar. El tiempo es interesante debido a que para una construcción de la
historia nosotros podemos captar y explicar a este de manera objetiva su significado
como un componente interno, inserto en las cosas: por ejemplo como se lo utilizó,
como actuaba sobre las cosas su manifestación en el proceso histórico.
La historia explicada como una dimensión que tiene que ver con la existencia de
una dimensión previa: todo lo que existe esta inmerso en el tiempo. Toda
investigación sobre la naturaleza de la historia lo es sobre la naturaleza de la sociedad
y del tiempo.
¿Que es el tiempo? De acuerdo a la tradición occidental el origen del
tratamiento filosófico y científico del tiempo se encuentra en Grecia, con Aristóteles a
la cabeza quien consideraba que lo fundamental es que se absolutiza la relación
tiempo y movimiento, y así con otros autores que no van al caso para este resumen.
En definitiva el tiempo no es el cambio, pero no puede ser aprendido sino a
través de algún tipo de cambio.
Tiempo de la historia y de los Historiadores: Los historiadores cometen el
error de asimilar tiempo a la cronología, en el campo historiográfico los estudios se
dirigen a poder captar el tiempo que se presenta en las diversas culturas, a través de
manifestaciones que muestran la forma de interpretar el curso de los acontecimientos.
También se han centrado en poder definir el concepto de tiempo según la
civilización que se estudia y como es tenido en cuenta este (sea circular o lineal).

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En definitiva: es el tiempo interno, es decir interno al proceso histórico y a los
sujetos sociales en su historicidad, independiente al tiempo cronológico. Este tiene el
verdadero sentido de la historia y no el externo de la cronología que comúnmente
utilizan los historiadores.
3 - Historia como atribución: La historia existe porque existe un cambio o
varios, y un movimiento, ademas de ser una atribución objetiva que tiene lo social, es
también algo que se puede reflejar en un texto, que se puede enjuiciar e investigar.
Arostegui menciona 3 aspectos: El primero es que la historia existe con
independencia de los sujetos y su voluntad, esta no se confunde con la naturaleza
humana aunque forme parte de ella. Es un ingrediente constitutivo. El segundo es que
la historia es parte de la memoria puesto que lo que somos es el retrato de lo que
fuimos. También habla de una memoria colectiva que para ser un bien social debe ser
externa y pública y así transformarse en un discurso. 3ero plantea que el discurso
histórico lo componen mecanismos culturales. Por su parte el discurso historiográfico
es producto de un conocimiento elaborado, trabajo científico que forma un discurso
histórico.
En resumidas cuentas Arostegui dice que para tener una concepción de la historia
se debe partir de una definición abstracta como que es una proyección externa y
objetiva que derivan de la existencia del cambio del mundo, lo que equivale a decir
también la existencia del tiempo.
La historia es el resultado de que la sociedad humana es una realidad en el
tiempo. Todos los hombres tienen conciencia de su historicidad, creada en el curso de
su propia experiencia.

Fernand Braudel - Biografía y obra

Datos biográficos de Braudel: Fernand Braudel nació el 24 de agosto de 1902


en Luméville-en-Ornois, Francia. En su infancia y animado por su padre, matemático,
estudió lenguas clásicas y humanidades. En un primer momento quiso ser médico
pero su padre se lo impidió y optó por la historia. Antes de la Segunda Guerra
Mundial impartió clases de historia en institutos de Argelia, desde 1923 a 1932, y en
París desde 1932 a 1935, donde conoció a Lucien Febvre. También impartió clases en
la Universidad de Sao Paulo desde 1935 a 1938. Sus continuos viajes por el mundo le

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permitieron tomar conciencia de la visión global de la historia que luego plasmará en
sus escritos.
Una vez iniciada la guerra fue llamado a las filas. En 1940 cayó prisionero de los
alemanes que le trasladaron a un campo de prisioneros donde pasará cautivo el resto
de la guerra. Durante estos años, encarcelado y sin apenas acceso a libros, redactó de
memoria su tesis doctoral dedicada al Mediterráneo. Al concluir la contienda y tras
ser rechazado en la Sorbona, ingresó en 1949 como profesor en el Collège de France.
Más adelante será designado presidente de la sección sexta de la École Pratique des
Hautes Études y fundará la Maison de Sciences de l’Homme.
Toda su concepción de la historia está muy influenciada por la escuela de los
Annales, iniciada a principios de siglo por Lucien Febvre y Marc Bloch. Él mismo
está considerado como figura preeminente de la segunda corriente de esta escuela y en
1956 pasó a ser editor de la revista Annales. Fue doctor honoris causa en más de una
veintena de universidades. Dos años antes de su muerte ingresó en la Academia
Francesa. Falleció el 27 de noviembre de 1985.
Elementos centrales en Brudel
El procedimiento de corta y larga duración en Braudel es uno de los elementos
principales en su obra El Mediterráneo, teniendo a la larga duración como la más
importante. Otro elemento es la transformación en la historiografía, ya que se pasa de
una Historia diplomática a una social, política, económica y hasta geográfica, la
Historia actúa en conjunto con todas estas ciencias para poder captar la realidad
humana a través de ellas y con diferentes abordajes. Utiliza todo tipo de documentos
del pasado, ya no se basa solo en documentos o archivos oficiales sino que registra
hasta los mas inusuales, como el registro oral.
Braudel se había cansado de encontrar documentos que hablasen de los grandes
príncipes y los hombres de poder que rodeaban al mediterráneo, pero que no hablaban
del mar en si, ya que para el, este enorme mar era el personaje principal. Para poder
hacer esto se debía adoptar una Filosofía de la Historia.
Divide al libro en tres etapas:
 Historia inmovil (larga duración): Estudia la relación del hombre con el
medio que lo rodea y dice que es un ciclo sin fin, algo que se repite de forma
constante. Utiliza a la geografía para poder explicar la historia de Larga
Duración. En este nivel todo transcurre más lento, hecho de retornos insistentes,
de ciclos que recomienzan sin cesar y que definen equilibrios frágiles entre los

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hombres y el medio. A este estrato pertenecen los movimientos de las montañas,
la trashumancia, la sedentarización de unas u otras cabañas ganaderas, el
barbecho, el clima y las soluciones fijadas en el marco de las civilizaciones.
 Historia lenta (duración media): Tambien llamada estructural o social,
es la historia que analiza la vida de las civilizaciones en el Mediterráneo. Al
mismo tiempo estudia su economía, sociedad, Estado, etc. Más próximo y móvil,
que engloba la dinámica y la relación conflictiva entre los Estados, las sociedades
o economías.
 Historia de los acontecimientos políticos o historia corta (corta
ducarción): refleja los acontecimientos, los hechos acaecidos en el período
estudiado.
La historiografía debe, a su juicio, estudiar los tres estratos aunque considera que
existe una gradación entre ellos, y debe dirimir qué es lo fundamental y qué es lo
accesorio. Para Braudel el factor esencial de la historia es la larga duración, que
incide de forma determinante en los otros dos. Así lo explica detenidamente en un
artículo publicado en 1958 (que lleva por nombre la Longue durée) donde afirma que
el historiador debe centrarse especialmente en el estudio de los fenómenos profundos
que marcan la evolución del hombre y de su entorno y, por tanto, no debe dejarse
llevar por la agitación visible pero superficial de las acciones de los hombres.

Resumen del texto


“Este libro se divide en tres partes, cada una de las cuales es, de por sí, un intento de
explicación de conjunto.
La primera trata de una historia casi inmóvil, la historia del hombre en sus relaciones
con el medio que le rodea; historia lenta en fluir y en transformarse, hecha no pocas veces de
insistentes reiteraciones y de ciclos incesantemente reiniciados. No he querido olvidarme de
esta historia, casi situada fuera del tiempo, en contacto con las cosas inanimadas, ni
contentarme tampoco, a propósito de ella, con las tradicionales introducciones geográficas
de los estudios de historia, inútilmente colocadas en los umbrales de tantos libros, con sus
paisajes minerales, sus trabajos agrícolas y sus flores, que se hacen desfilar rápidamente
ante los ojos del lector, para no volver a referirse a ellos a lo largo del libro.”
El siguiente fragmento pertenece a la corriente historiográfica de la “Escuela de
Annales” de Francia más específicamente a la segunda generación. Para esta
corriente, la historia es un estudio científicamente elaborado de diversas actividades y
de diversas creaciones de los hombres de otros tiempos, captadas en su fecha, en el

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marco de sociedades extremadamente variadas y sin embargo, comparables unas a
otras.
Durante la segunda generación de Annales disminuye su combatividad, pues la
escuela metódica ha sido derrotada, y aumenta el eclecticismo teórico, debido en gran
medida al éxito institucional, pues controlan los principales centros de poder
académico y de toma de decisiones en investigación, y al acercamiento mayor a las
ciencias sociales que cada vez adquieren mayor importancia social y potencia
investigadora.
El libro “La Méditerranée et le monde méditerranéen a l’époque de Philippe II”,
es una conjunción de trilogías: tres partes, tres tiempos, tres tipos de hechos, tres
ámbitos, para captar la totalidad de la historia construida en planos superpuestos.

La primera parte: “El medio ambiente”, gira en torno a la larga duración:

La geografía es uno de los pilares de La Méditerranée. El propio Braudel


advierte que no se trata de una de esas “tradicionales introducciones geográficas a la
historia, inútilmente colocadas en el umbral de tantos libros” (p. 17). La obra se centra
en las relaciones dialécticas entre el espacio, que se convierte en protagonista, y la
historia. Un espacio que dentro de unos límites ofrece a los seres humanos multitud de
posibilidades, siguiendo los planteamientos posibilistas de la escuela geográfica
francesa liderada por Vidal de la Blache y que cuenta en esos momentos con figuras
como Demangeon o De Martonne. La geografía será también la base para el análisis
histórico de la larga duración, el tiempo más apreciado por Braudel, y que sirve como
punto de referencia al superar los límites de la temporalidad humana. El Mediterráneo
se convierte en sujeto histórico, un sujeto espacial en lugar, o por lo menos delante del
hombre.
La segunda parte: “Destinos colectivos y movimientos de conjunto”

Se centra en la sociedad y la economía: En esta segunda parte, aborda el


desarrollo económico en ciclos que se mueven en un tiempo lento. Ernest Labrousse,
que había quedado al margen de la revista Annales hasta 1945, fue el gran maestro de
historia económica, cuyos estudios seriales dejan sentir su influjo claramente sobre
esta parte de la obra de Braudel, que se mueve en el tiempo conyuntural y cíclico, en
el ámbito de las fluctuaciones económicas. Braudel se moverá en la segunda parte de

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su tesis en el ámbito de la economía, pero también de la sociedad, que se mueve en
una duración intermedia entre el tiempo geográfico y el tiempo individual.

La última parte: “Los acontecimientos, la política y los hombres”

Se mueve en el tiempo corto de los acontecimientos típicos de la historia factual:


Es el tiempo de los hechos políticos, el tiempo de los individuos sometido a
oscilaciones arrítmicas y breves, el tiempo de las dramáticas confrontaciones bélicas.
Para Braudel, el acontecimiento se mueve en la superficialidad, en la apariencia, y él
lo relega al papel de apéndice, de decorado, que en la historia tradicional ocupa el
medio geográfico y las realidades sociales.
Respecto a las continuidades y rupturas en relación a la primera generación de
Annales, vemos que la segunda mantiene una centralidad en el espacio geográfico que
es propia de Febvre. El estudio de Febvre que retomará Braudel se restringe a un
espacio limitado de Francia, de esta manera se romperá también con las intenciones
de Seignobos sobre escribir una historia universal. Con esta perspectiva se suscitarían
críticas por dejar del lado al hombre; además, se distanciará de las representaciones
colectivas a las que Bloch aludía y se vinculará con una historia económica.
El contexto en el que Braudel escribe es diferente al de sus predecesores –Marc
Bloch y Lucien Febvre–. Mientras los primeros se encontraban en un contexto de
crisis total e inicio del estado de bienestar, Braudel se encontrara en la pos guerra de
la Segunda Guerra Mundial, si bien esta en un relativo orden ya que las potencias
cesaron el fuego, también es cierto que dicha guerra hizo sentir su influencia en la
escuela de Annales, recordemos que lo mismo ocurrió con la primera guerra mundial
la cual fue el factor principal que influyo en el cambio epistemológico que represento
la primera generación de Annales.

CAPÍTULO 5

Hay un primer rasgo que apenas sorprenderá: el tiempo de la historia es el


de las colectividades públicas, las sociedades, los Estados, las civilizaciones. Es
un tiempo que sirve de referencia común a los miembros de un grupo.

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La observación es tan banal que, para comprender su alcance, resulta
conveniente reparar en aquello que excluye. El tiempo de la historia no es el
tiempo físico ni el tiempo psicológico. No es el de los astros ni el de los relojes
de cuarzo, divisible hasta infinito en unidades rigurosamente idénticas. Se les
asemeja por su continuidad lineal, su divisibilidad en periodos constantes,
siglos, años, meses, días. Pero difiere de ellos porque no es un marco exterior,
disponible para todo tipo de experiencias. «Tampoco es una infinitud de
hechos, a la manera como la recta geométrica es una infinitud de puntos»'. El
tiempo de la historia no es una unidad de medida: el historiador no lo utiliza
para medir los reinados y comparados entre ellos, pues eso no tendría ningún
sentido. La unificación del tiempo: la era cristiana.
El tiempo de nuestra historia está ordenado, es decir, tiene un origen y una
dirección. A este respecto, cumple una primera función, esencial, de
ordenación: permite disponer los hechos y los acontecimientos de forma
coherente y común. Esta unificación se produjo con el advenimiento de la era
cristiana: nuestro tiempo está organizado a partir de un acontecimiento
fundador que lo unifica, el nacimiento de Cristo. Será necesario esperar al siglo
xi para que la era cristiana, datada con el nacimiento de Cristo, triunfe en la
propia cristiandad, y a la expansión de los imperios coloniales,español,
holandés, británico y francés, para que se imponga al mundo entero como
referencia común. Los bizantinos tomaron del Imperio romano un ciclo fiscal
de quince años, la inducción, que a partir de la conversión de Constantino se
convirtió en un modo de contar regularmente los años.

La inclusión de los calendarios litúrgico y civil en la era cristiana


constituye un cambio de primer orden. Esta preocupación era lógica porque la
cristiandad necesitaba dividir el año en periodos litúrgicos. Pero el calendario es
cíclico: no implica la era.
Un tiempo orientado
Proponer un tiempo que condujera hasta nosotros fue una pretensión inaudita
y, más exactamente, supuso su laicización. Cuando los revolucionarios franceses
intentaron hacer del inicio de la República el acontecimiento fundador de una
nueva era, suplantando para ello el nacimiento de Cristo, no sólo modificaron el
origen del tiempo, sino su término. Reemplazaron un tiempo que llevaba al fin del

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mundo por otro que conducía hasta ellos. Era algo que, por sí solo, constituía un
cambio de primer orden, y era posible en aquella época porque respondía al
movimiento mismo de la sociedad y de la cultura «modernas».

Para la cristiandad, y al menos hasta el Renacimiento, el fin del mundo era el


único desenlace verdadero del tiempo. Entre el nacimiento de Cristo y el día del
juicio final, el tiempo de los hombres consistía en una espera de la venida de Dios:
un tiempo sin grosor ni consistencia propias.

«No sabéis ni el día ni la hora...», Dios es el único señor del tiempo. Nada que
fuera importante podía ocurrir, pues, al compás de los días, nada verdaderamente
nuevo para los individuos o para las sociedades. El tiempo cíclico seguía presente
en la era cristiana. El joven difiere del anciano, pero cuando llegue a viejo no se
distinguirá realmente de él.
Tiempo, historia y memoria
Los alumnos representan el tiempo bien con una flecha en ascenso, bien con
un trazo sinuoso o de forma escalonada, aunque igualmente ascendente, pero
nunca con una recta horizontal o descendente.
Esta comparación entre el pasado y el presente implica que el tiempo de la
historia está objetivado. Visto desde el presente, es un tiempo ya pasado, dotado en
consecuencia de una cierta estabilidad, y que se puede recorrer según la
investigación que se emprenda. El historiador se remonta y desciende en el tiempo,
sigue el hilo en los dos sentidos, de acuerdo con su criterio, aunque sepa muy bien
que sólo lo puede recorrer en uno de ellos. P. Ariès anotó con emoción el momento
—la segunda mitad del siglo xviii— en que un historiador de Juana de Arco, reacio
hacia lo maravilloso, escribió sin reparo: Trasladémonos por algún tiempo al siglo
xv" . No se trata de lo que nosotros pensamos actualmente de las revelaciones de
Juana de Arco, sino de la opinión que tuvieron nuestros antepasados, ya que esta
opinión fue la que produjo la asombrosa revolución de la que vamos a dar cuenta.
Mientras que la profecía traspasaba el horizonte de la experiencia calculable, el
pronóstico se sabe vinculado a la situación política. Tan vinculado está que
formular un pronóstico significa ya modificar la situación. El pronóstico es un
momento conocido de acción política. Está referido a acontecimientos cuya
novedad alumbra. Por ello, el tiempo se excluye continuamente del pronóstico, de
una manera que es imprevisible de prever. El pronóstico produce el tiempo desde

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el que se proyecta y dentro del cual se proyecta, mientras que la profecía
apocalíptica destruye el tiempo, de cuyo fin precisamente vive.
Los acontecimientos, vistos desde el horizonte de la profecía, sólo son
símbolos para lo que ya se sabe. Un profeta desilusionado no puede desconcertarse
ante sus vaticinios. Como se mantienen variables pueden prolongar se a lo largo del
tiempo, y lo que es más, con cada expectativa frustrada aumenta la certeza de una
consumación futura. Por el contra rio, un pronóstico desacertado no puede repetirse
como equivocación, pues permanece ligado a sus únicos presupuestos.
Objetivado, situado a distancia, orientado hacia un porvenir que no lo regula
respectivamente, aunque pueda discernir las líneas probables de su evolución, el
tiempo de los historiadores comparte sus rasgos con el de la biografía individual.
Cada uno de nosotros puede re construir su historia personal, objetivarla hasta
cierto punto, recopilan do sus recuerdos, remontándose desde el momento presente
hacia la lejana infancia, o descendiendo desde ésta hasta el momento en el que, por
ejemplo, uno empezó a ejercer una profesión, etcétera.

La importancia esencial de la periodización se halla en que trata, dentro de la


propia cronología, el problema central de la temporalidad moderna. Dado que el
tiempo es portador de novedades, de sorpresas, la cuestión es articular lo que
cambia y lo que subsiste. De hecho, si el problema de la continuidad/ruptura ha sido
tan manoseado es porque es consustancial a nuestra concepción del tiempo. La
periodización permite pensar ambas a la vez. Ante todo, lo que hace es asignar una
y otra a momentos diferentes: continuidad en el interior de los periodos, rupturas
entre ellos. Los periodos se siguen y no se parecen, periodizar es, pues, identificar
rupturas, tomar partido por aquello que se modifica, datar el cambio y darle una
primera definición. Ahora bien, en el interior de un periodo, es la homogeneidad la
que prevalece. El análisis incluso puede ir un poco más lejos. Toda división en
periodos supone siempre tomar una decisión que tiene algo de arbitrario. En cierto
sentido, todos son «periodos de transición». El historiador que destaca un cambio al
definir dos periodos distintos está obligado a decirnos cuáles son los aspectos en
que difieren y, aun que sea como reverso, de forma implícita o explícita, cuáles en los
que se asemejan. La periodización permite identificar continuidades y rupturas. Abre
la vía a la interpretación. Hace que la historia sea, si no inteligible, al menos
pensable.

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Así pues, a cada objeto histórico le corresponde su periodización específica.
En ese sentido, no resulta pertinente adoptar un marco temporal establecido a partir
de los acontecimientos políticos para estudiar la evolución económica o religiosa, ni
a la inversa. Pero tampoco podemos llevar esta posición a su extremo sin disolver el
tiempo en un conjunto de temporalidades que careciesen de coherencia entre sí.

Por tanto, debemos encontrar el modo de hacer que esta contradicción se torne
sostenible y fecunda. Jerarquizar los tiempos, que son diferentes, puede permitimos
articularlos, los unos en relación con los otros. Esta operación es aproximadamente
semejante a la profundidad de campo que el cineasta emplea para mostrar el mayor
número de personajes, todos distintos, a la vez que logra escalonarlos a una
distancia variable de su objetivo.
Éste es el modelo al que se ciñó Braudel en su Mediterráneo, cosa que hizo
con un éxito de sobra conocido.

Ranke , L. La historia de los Papas

¿Qué se propone investigar?

El historiador Leopold von Ranke se propone investigar el desarrollo histórico


y su acción sobre la historia universal del poder papal desde el siglo XV a la
primera mitad del XIX. donde se contempla al papado en peligro demostrando que
no ha sido tan inmutable como se pretende, después de sus períodos de predominio
indiscutible. Que ha sido removido internamente en no menor grado que otro poder
cualquiera, que sus máximas y sus empeños experimentaron metamorfosis y, sobre
todo, que su influencia ha sido afectada.

Que los papas y sus familias de las diferentes épocas no se diferencian de las
dinastías de un reino; y que para el autor, siendo de origen alemán, de religión
protestante y al margen del mundo romano, puede abordar el asunto de manera
imparcial, sin llamar la atención del poder (más aún en el año 1834 donde reinaba
la paz entre Roma y Alemania), apelando a la corriente historicista, analizando los
hechos hermenéuticamente en la singularidad de su tiempo y espacio, y de manera
positivista, es decir, en su apego fidedigno al documento, a lo empírico.

En tiempos en que el espíritu de las naciones occidentales se ocupa


preferentemente de cuestiones eclesiásticas, atacada por algunos y defendida con

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ardor por otros, el punto de vista del autor se posiciona desde un carácter histórico
puro, porque el poder papal no ejerce en él influencia alguna por su nacionalidad y
por el desarrollo de su pensamiento historicista.

¿Cuáles son las fuentes que menciona? ¿cómo las obtiene? Las fuentes son
empíricas, documentos, archivos, manuscritos, colecciones privadas, sobre los
tesoros del Vaticano, informaciones sobre la administración de las provincias, su
comercio e industria, presupuestos de gastos e ingresos. Las obtiene en Venecia y
en Roma, de las grandes familias de los papas, de las bibliotecas que éstas tenían, y
que su acceso le fue permitido por su condición de extranjero, por ser de una
religión diferente, tampoco se presenta como una amenaza o competencia para
ellos, ni quiere impresionar al público europeo. Y porque todo lo documentado
sobre la religión cristiana es algo sin base, pero admitido, y que el mundo considera
sin más como verdadero.

La crisis socio política europea del momento que acabaron con las estructuras
del Antiguo Régimen desde la Revolución Francesa en 1789 hasta la derrota de
Napoleón en 1815, implicó en los estados alemanes occidentales, la destrucción del
régimen estamental que oprimía al régimen capitalista (los privilegios nobiliarios,
las formas de propiedad feudal, los gremios de oficios) para ser suplantada por los
principios jurídicos y socioeconómicos del Liberalismo burgués a fin de conservar
la aristocracia terrateniente.

Este contexto ayudó a Ranke la libre entrada para descubrir los secretos del
papado en Roma, en tiempos donde este trastabillaba mientras que la aristocracia en
auge, sus familias, que intervenían en negocios públicos, mantenían documentación
de la administración papal. Así como también el excedente del patrimonio publico
que cayo en manos del linaje papal como la galería de la familia Borghese, o los
manuscritos conservados en los palacios Barberini ,Altieri, Corsini, etc.

¿Cuál es la relación entre el historiador y las fuentes? Existe una relación


de análisis imparcial de las fuentes. Se mantiene al margen de los hechos, no venera
ni tiñe de odio su exposición. Mantiene una actitud de indiferencia frente al poder
papal. Las fuentes que son la documentación entregada por estas familias de linaje
papal las utiliza fielmente, neutralizando la subjetividad, libre de juicios,

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reconstruyendo independiente y ajeno de opiniones y creencias particulares. Sigue
una metodología empirista, de naturaleza historicista y positivista.

Realiza un esfuerzo metódico de investigación archivística que le permita


establecer los hechos, que hablan por sí solos y reconstruir una imagen objetiva,
propugnando una perspectiva historica universal del asunto.

Fragmento justificando la objetividad: “Un italiano, un romano o un


católico seguramente abordarían el asunto de otra manera. Su veneración o,
acaso, tal como están las cosas en la actualidad, su odio, teñiría la exposición, sin
duda alguna, de colores brillantes y, en mucho pasajes, podría ser más
circunstanciado, más eclesiástico, más local. Un protestante, un alemán del Norte,
mal podria competir con ellos. Mantiene una actitud de indiferencia frente al poder
papal y tiene que renunciar de ante mano al calor que la simpatía o el odio
pudieran prestar al relato y que servirían acaso para impresionar al público
europeo. También en lo que se refiere a este o aquel detalle eclesiástico o canónico
nos encontramos bastante distantes. Pero, en compensación, se nos ofrecen otros
puntos de vista que, si no me equivoco, pueden pretender un carácter histórico más
puro”.- Ranke.

Siguiente fragmento: “Seguramente una parte de la historia de ese tiempo se


esconde aquí para ser descubierta” [...] Ranke

Se refiere al archivo público veneciano, en donde solo quedaron “vegestos”,


porque sus documentos pontificios se dispersaron en las casas de las familias que
tuvieron intervención en los negocios de los Estados papales. Y que solo ese
archivo veneciano es importante en cuanto a su colección sobre la Edad Media que
comprende desde la caída del Imperio Romano en el siglo V hasta el siglo XV,
donde, seguramente, como dice el autor, parte de la historia de ese tiempo se
esconde aquí para ser descubierta.

Es una insinuación de Ranke sobre la privación de archivos reveladores y el


negocio de manuscritos en Roma.

Se esconde, si interpreto bien, la influencia de los estados papales en Roma y


en Europea en general, y que las familias de los respectivos papas que gobernaron,

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intentan minimizar: o por un tema de influencias, porque siguen teniendo
predominio en la sociedad, como se demuestra cuando Ranke dice: “si no he sido
engañado, este archivo resulta insignificante ante las riquezas de las colecciones
privadas”; o económico, porque estas familias llevan monopólicamente el comercio
literario de manuscritos.

¿Cuál es el método que utiliza?

Método historicista de reacción conservadora al racionalismo universalista de


los liberales ilustrados que triunfaron Europa de la Restauración (1815-1848): “los
hechos y situaciones pasadas son únicos e irrepetibles y no pueden comprenderse
en virtud de categorías universales sino en virtud de sus contextos propios y
particulares”. Niebuhr, Savigny y Ranke, difundieron la idea de la historicidad
radical de todos los fenómenos humanos e instituciones (Estados, religiones, etc.):
“todos ellos, únicos e irrepetibles en el tiempo y en el espacio, evolucionaban de
acuerdo con sus propios principios y, por tanto, debían ser comprendidos
hermenéuticamente en su singularidad y no explicados mediante leyes universales:
eran resultado de la razón histórica y no de una atemporal razón ilustrada que
concebía erróneamente el tiempo histórico como una magnitud equivalente al
tiempo físico”.

Y el metodo positivista (lo positum: lo dado y presente ante los sentidos; el


esfuerzo metódico de investigación archivística, la búsqueda de documentos,
reliquias, pruebas).

Ofrece un relato histórico libre de juicios valorativos y lejos de tintes


nacionalistas y constituyentes para la formación de un Estado.

Prost - Los conceptos - Capítulo 6

«No se puede decir que algo es, sin decir lo que es. » De entrada podría parecerlo,
pues el enunciado histórico no se re conoce sólo en aquello que se refiere al pasado y
que comporta fechas.
De los conceptos empíricos

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Dos tipos de conceptos En la frase que acabamos de tomar como ejemplo se
pueden identificar, por un lado, una designación cronológica que se refiere a un
acontecimiento-periodo a partir de una palabra. En cuanto a la expresión Antiguo
Régimen, ésta se introduce en el vocabulario durante el segundo semestre de 1789
para designar aquello que acaba de quedar sumido en el pasado. En este sentido, no
podemos dejar de seguir a R. Koselleck cuando distingue dos planos
conceptuales.
Dos planos conceptuales
En el primer caso, los conceptos tradicionales sirven como acceso heurístico
para concebir la realidad pasada. En el segundo caso, la Historie se vale de
categorías formadas y definidas que se emplean sin poder de mostrar su presencia
en las fuentes. Así, por ejemplo, se formulan premisas teórico-económicas para
investigar los inicios del capitalismo con categorías que en aquel momento eran
desconocidas. O se desarrollan teoremas políticos que se aplican a las relaciones
constitucionales del pasado sin tener que dar lugar por ello a una historia optativa.
Al pensar el pasado con conceptos que nos son contemporáneos, nos
arriesgamos a caer en el anacronismo. Como ya vimos, el trabajo de
distanciamiento, contrapeso necesario al arraigo contemporáneo y personal de las
preguntas que plantea el historiador, comienza precisamente con una verificación
de la validez histórica de los conceptos gracias a los que esas preguntas son
pensadas.
Crisis económica de Antiguo Régimen ofrece una idea aproximada de lo que
pasó, pero no permite conocer si la crisis en cuestión fue larga o corta, si se vio
lenta o no. La abstracción sigue siendo incompleta y no puede evitar referirse a un
contexto localizado y datado.
Los conceptos forman redes
Supone asimismo la presencia de un líder carismàtico, el desarrollo de formas
intensas de adhesión entre sus partidarios, al mismo tiempo que las instituciones
toman a su cargo la totalidad de la vida civil, con el corporativismo, el
encuadramiento de toda la juventud, el sindicato único y el partido único. Esos
rasgos permiten diferenciar los regímenes hitleriano y mussoliniano del de las
dictaduras sudamericanas. Como se puede observar, el concepto de fascismo no
adquiere pleno sentido más que a través de una red conceptual que comprende otros

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como democracia, libertades, derechos del hombre, totalitarismo, dicta dura, clase,
nación, racismo, etcétera. " La alemana, más filosófica, es diferente en este sentido
y no es extraño ver un libro de historia que comience con un capítulo consagrado
enteramente a justificar los conceptos que el autor utilizará".
Con el fin de evitar las repeticiones y en aplicación de las reglas escolares de
redacción,los historiadores franceses utilizan a menudo distintas palabras para
designar la misma realidad. Utilizan indistintamente Estado y gobierno, incluso en
ocasiones poder, cuando en realidad esos términos aluden a conceptos diferentes.
Unas veces hablan de clase social, otras de grupos sociales e incluso de sectores.
(Esto en realidad, creo yo, tiene que ver con la ideología y el marco teórico de
cada uno, si es marxista es obvio que se guía por Marx y utiliza “Clase” y no
grupos, por dar un ejemplo).
Las entidades sociales
Tendremos la ocasión de volver sobre este particular. Los sociólogos liberales,
partidarios de reconstituir las conductas colectivas a partir de los componentes
racionales de los actores individuales, tildaron de realismo ingenuo esta forma de
tratar los grupos como personas. Es esta referencia, obligada, la que permite tratar
al grupo como un actor colectivo. Los conceptos que permiten pensar la historia
que se escribe son los mismos con los que se dice la historia que se hace
T omar los conceptos con pinzas históricas
Paradójicamente, los historiadores no lo son bastante cuando tratan de pensar
los instrumentos con los que piensan la historia. El concepto no es la cosa, sino el
nombre con el que se la designa, su representación.
Tomar los conceptos con pinzas históricas
Paradójicamente, los historiadores no lo son bastante cuando tratan de pensar
los instrumentos con los que piensan la historia. El concepto no es la cosa, sino el
nombre con el que se la designa, su representación.
El significado antiguo de los términos requiere su traducción a la lengua
que nosotros conocemos hoy, del mismo modo que, como contrapartida, el
significado de los conceptos actuales debe redefinirse si pretendemos traducir el
pasado a través de ellos. La historización de los conceptos de la historia permite, al
delimitar la relación entre historia y realidad, pensar situaciones dadas de forma

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diacrònica y sincrónica a un tiempo, siguiendo el eje de las preguntas a la par que el
de los periodos, como estructura y como evolución.

La semántica de los conceptos es una parte menor de la lingüística, puesto


que es la más tributaria de las realidades nombradas y, por tanto, la menos formal.
Historizar los conceptos es identificar la temporalidad de la que forman parte. Es
un modo de captar la contemporaneidad de lo no-contemporáneo. Las
designaciones de los grupos sociales son resultado de luchas a través de las cuales
los actores han buscado imponer un reparto de lo social. Así, la ciencia que
pretenda proponer criterios fundados en la realidad, los de mayor fundamento en lo
real, debe de tener siempre bien presente que en realidad sólo registra un estado de
la lucha de las clasificaciones. Es decir, un estado de la relación de fuerzas
maternales o simbólicas entre quienes tienen que habérselas con uno u otro modo
de clasificación, grupos que suelen invocar la autoridad científica para fundar en
realidad y en razón el reparto arbitrario que desean imponer.
Capítulo 7 - La historia como comprensión

Parece constantemente empeñada en conciliar contradicciones. Es necesario


ser ya un historiador para saber qué cuestiones plantear a las fuentes y con qué
procedimientos hacerlas hablar. El método crítico que garantiza el establecimiento
de los hechos supone por sí mismo un saber histórico confirmado. Es decir,
necesitamos ser historiadores para hacer historia. En cuanto al tiempo, la
dimensión diacrònica constitutiva de toda cuestión histórica no es un marco vacío
que rellenamos de hechos, sino una estructura a la que han dado forma la sociedad y
la historia ya escrita.

Debe periodizar y desconfiar de las divisiones establecidas que, con todo,


expresan simultaneidades esenciales. Para pensar la historia debe utilizar, en fin,
los conceptos que la disciplina le transmite o que él toma prestados de otras
ciencias sociales. La historia se presenta más bien como una práctica empírica,
una suerte de bricolaje donde los ajustes varían en cada ocasión y producen una
suma de materiales de textura variada atendiendo de modo más o menos adecuado
a exigencias contradictorias. Lo cual no les impide ser rigurosos y expresarse
recurriendo al léxico científico.

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Los hombres, objetos de la historia
Los historiadores se muestran relativamente unánimes en relación con el
objeto de su disciplina a pesar de las diferencias. Decir que el objeto de la historia
es concreto es decir que está situado en el espacio y en el tiempo.La calidad
literaria, por no decir el lirismo, de los textos de los fundadores de los Annales
provoca la adhesión del lector. El historiador encuentra ahí la expresión misma de
su trabajo cotidiano, la formulación de una experiencia que constituye para él el
precio de la disciplina. Es preciso que la historia deje de aparecer como una
necrópolis dormida por la que sólo pasan sombras despojadas de sustancia. Cuando
un historiador como L. Febvre afirma la necesidad de vivir para hacer historia, es
dificil pensar que hable por hablar.
Explicación y comprensión
Precisamente, el hecho de tomar como objeto a los hombres concretos y a su
vida entraña para la historia un modo de inteligibilidad específico. Establece una
diferencia radical entre las ciencias del espíritu o ciencias humanas y las de la
naturaleza que, en este último caso, venían referidas a la física y a la química de
fines del siglo xix. Es evidente que las ciencias humanas no pueden contemplar este
tipo de inteligibilidad. La acción humana su pone la elección de un medio en
función de un fin, pero no la podemos explicar por causas y leyes, pues sólo
podemos comprenderla. La distinción entre explicar y comprender es muy manida,
e incluso más de un examen de bachillerato nos ha dado su propia versión.

En definitiva la historia tiene por objeto particularizar un modo de


conocimiento que, siendo diferente, no es ni menos legítimo ni menos riguroso ni
menos verdadero, dentro de su ámbito, que el conocimiento objetivo de las ciencias
de la naturaleza.
Comprensión y orden del sentido

Desde este punto de vista, eso es lo que constituye el objeto de la historia, no


el hecho de que sea singular ni que se despliegue en el tiempo.M. Bloch y L.Febvre
muestran claramente su rechazo a transformar el objeto de estudio en una
abstracción desprovista de carnalidad. Para formular una ley, aquél elude todas
las situaciones concretas en las cuales se produce el fenómeno, para no retener más
que una situación experimental, que reduce por abstracción a unos determinados
parámetros. La manzana, cuya caída proporciono a Newton la ocasión de formular

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la teoría de la gravitación, sólo cayó una vez, y esa ley no explica que hubiera caído
precisamente en el momento en el que Newton des cansaba a la sombra del
manzano. Un enunciado es científico si, y sólo si es posible refutarlo lógicamente.
Se podría decir que hay un buen número de batallas cuya historia no merece
ser más recordada que la de una partida de cartas. Eso es lo que significa hablar de
ciencias del espíritu o de ciencias del hombre. El hecho de que la historia no sea
una ciencia no implica que su materia sea cuestión de opinión ni que los
historiadores digan lo que les venga en gana. Entre la ciencia y la opinión, entre el
saber propiamente dicho y tener una simple idea, existen otros modos de
conocimiento riguroso que pretenden la verdad.

Por otra parte, la validez de esta noción pierde fuerza si su campo de acción se
centra sólo en la búsqueda de los motivos que gobiernan las acciones de los
hombres, incluso si eso permite bellos efectos de simetría con las ciencias
propiamente dichas, y desarrollos en los que las causas se oponen a las razones. La
comprensión ahonda en el modo de inteligibilidad de la historia en cuanto se refiere
a los comportamientos investidos de sentidos y de valores, incluso cuando los
hombres no son conscientes y se contentan con adaptarse a la situación.
Experiencia vivida y razonamiento analógico
Si la comprensión pretende alcanzar la verdad de las situaciones o de los
hechos dotados de sentido para los hombres, nos queda dilucidar los modos con que
se pretende lograrlo. Lo que caracteriza a la comprensión es el hecho de estar
arraigada en la vivencia del sujeto, y eso mismo es lo que permite aclarar las
palabras, a primera vista sorprendentes, que los historiadores emplean para hablar
del hombre y de la vida.
Experiencia vivida y realidad
Desde el punto de vista de la lógica, la explicación del historiador no
difiere de la del hombre corriente. La forma de razonamiento utilizada para
explicar la Revolución francesa no es lógicamente distinta de la que emplea una
persona de la calle para dar cuenta de un accidente de tráfico o del resultado de
unas elecciones. Se trata del mismo proceso intelectual, afinado, mejorado por la
toma en consideración de factores suplementarios. De igual modo que uno puede
enriquecer la explicación del accidente recurriendo a la embriaguez del conductor, a
la calidad del asfalto o al desgaste de los neumáticos del coche, factores que, en sí

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mismos, pueden a su vez ser explicados; «Voy a decirles por qué los automóviles
de la marca X frenan mal..».

Se trata, pues, de constatar que no hay método histórico. Hay más bien un
método crítico que nos permite establecer con rigor los hechos para dar validez
a las hipótesis del historiador. Pero la explicación histórica es eso que todos
practicamos diariamente. El historiador no explica la huelga de los ferroviarios de
1910 con razonamientos que sean distintos de los que utiliza el jubilado que les
explica a sus nietos la de 1947
La comprensión histórica como amistad
Si la comprensión consiste en esta dialéctica del Mismo con el Otro que hemos
descrito anteriormente, supone la existencia de una amplia base de comunión
fratema entre sujeto y objeto, entre el historiador y el documento: ¿cómo
comprender, sin esta disposición de ánimo que nos hace naturales con otro, nos
permite volver a sentir sus pasiones, a pensar sus ideas iluminadas, por la misma
luz a las que él las vivió..., en una palabra, sin comunicar con el otro?

Un punto esencial. Nos advierte con toda claridad sobre la imposibilidad de


una historia enteramente fría, aséptica, insensible. El historiador no podría ser
indiferente, so pena de hacer una historia muerta, que no comprende nada y a nadie
interesa. Tras haber frecuentado largo tiempo a los hombres que estudia, el
historiador no puede dejar de experimentar hacia ellos simpatía o amor, incluso
aunque en ocasiones se trate de un amor desengañado. Nuestra historia es una
historia viva que comporta una parte irreductible de afectividad. Ahora bien, todo
eso nos plantea algunos problemas. Por ejemplo el de los límites morales de la
comprensión histórica. Explicar con profundidad y simpatía es, al menos
implícitamente, «disculpar», nos dice B. Bailyn, quien toma el ejemplo de Jefferson
y de los padres de la Constitución americana: ellos tenían razones comprensibles
para no liberar a sus esclavos y para no incluir en la Constitución la abolición de la
esclavitud.

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