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Texto Fernandez

El documento describe la historia del movimiento sindical en Argentina desde fines del siglo XIX hasta mediados del siglo XX, caracterizado inicialmente por el anarquismo revolucionario y luego por diferentes etapas de sindicalismo reformista, sindicalismo integrado al Estado bajo Perón y crisis cíclicas posteriores.

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El documento describe la historia del movimiento sindical en Argentina desde fines del siglo XIX hasta mediados del siglo XX, caracterizado inicialmente por el anarquismo revolucionario y luego por diferentes etapas de sindicalismo reformista, sindicalismo integrado al Estado bajo Perón y crisis cíclicas posteriores.

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Caracterizado por el predominio de los

Industrialización sindicatos anarquistas, utilizando la huelga


incipiente y revolucionaria como arma. El movimiento
obrero era reducido, conformado por
predominio inmigrantes con ideas anarquistas y
socialistas. No existía el sufragio universal
del sindicalismo ni un ordenamiento legal que protegiera a
los trabajadores y no había derechos
“revolucionario” sociales mínimos. Los sindicatos se
debatieron en la semiclandestinidad con
(1878-1919) constantes enfrentamientos globales. En
1878 se produjo la primera huelga
organizada por la Unión Tipográfica, donde
los tipógrafos obtuvieron mejoras de
salarios y horarios de trabajo. El
anarquismo era la corriente ideológica de
mayor aceptación en las organizaciones
sindicales. La acción anarquista condujo a
la organización de la Federación Obrera
Argentina en 1901, con una postura
extrema que produjo su división y dio
pretexto al Estado para reprimir los intentos
de mejoras sociales. En 1919 se dio la
Semana Trágica, que puso fin a la vitalidad
del anarquismo “revolucionario”. Los
partidos y sindicatos obreros deberían
buscar reformas que mejorasen la
condición de los trabajadores y que,
gradualmente, transformaran el sistema
capitalista. El socialismo fue una alternativa
gradualista, opuesta al anarquismo
revolucionario. Por otro lado, se encontraba
la corriente sindicalista, término medio entre
anarquismo y socialismo, menos elitista y
más pragmatista que el socialismo, y
menos extremista, aunque tan “gremialista”
como el anarquismo. La preocupación era
la de formar una unidad organizativa del
movimiento obrero. En 1914 se fundó la
FORA, que se fracturo en 1915 y dio lugar
a una severa represión estatal. El gobierno
de Yrigoyen despertó expectativas de
reformas económico sociales, difíciles de
llevar a cabo en un periodo de crisis, lo que
llevo a grandes huelgas. El radicalismo
mejoro la situación con leyes protectoras
del trabajo y establecimiento de relaciones
con gremios moderados. Con la guerra
incrementó la masa trabajadora y
consecuentemente el sindicalismo.

La crisis del ’29 puso fin al modelo


Expansión industrial y argentino basado en la exportación
predominio del agropecuaria, y la misma oligarquía
terrateniente fue la que inició el proceso de
industrialización por sustitución de
importaciones. Creció la masa obrera y se
sindicalismo reformista dio una ola de inmigración hacia los centros
(1920-1945) urbanos. En el movimiento obrero
predominaron los sindicatos socialistas y el
sindicalismo independiente. El arma
principal fue el uso de las vías
parlamentarias y legales para modificar
progresivamente la situación de injusticia.
Este movimiento gremial moderado
continuo hasta 1925, cuando empezó a
decaer. La prosperidad económica
disminuyó los conflictos sociales y las
divisiones sindicales internas debilitaron las
fuerzas de la clase obrera. En 1922 nació la
Unión Sindical Argentina, con predominio
de sindicalistas puros, y participación
socialista y comunista. Sin embargo, en
1924 se redujo altamente la unidad sindical.
Un intento de detener la división del
movimiento obrero fue el proyecto de
creación de la CGT. Las negociaciones
para crearla fueron lentas, en un contexto
de crisis a nivel mundial, y surgimiento de
un gobierno de facto a nivel nacional. En
septiembre de 1930 se dio la primera
reunión de la CGT, con predominio
sindicalista apolítico. Su regularidad
institucional acrecentó el número y
capacitación de sus cuadros dirigentes.
Otro actor sindicalista importante fue la
Unión Ferroviaria, que en 1935 realizo el
primer golpe obrero. En ambas
organizaciones aumentaba la tendencia de
participación política y sindical, y existía
una mayor conciencia nacional frente a los
efectos sociales de la dominación
económica británica y norteamericana. En
1943 la CGT se dividió en una liderada por
sindicalistas puros, y otra liderada por
socialistas aproximados al no-partidismo
del sindicalismo.

La Segunda Guerra Mundial aceleró el


Programa de desarrollo proceso de industrialización y la burguesía
por sustitución de industrial nacional adquirió mayor peso. La
Revolución Militar puso fin a la
importaciones y el contradicción de un país en expansión
industrial gobernado por oligarcas
sindicalismo integrado terratenientes, y originó un movimiento
nacionalista popular. Con Perón, en la
al Estado (1945-1955) Secretaría de Trabajo y Previsión en 1943
se inició el periodo que cambiaría las
formas organizativas y la ideología del
movimiento obrero organizado en poco más
de dos años. Se dio una politización de los
sindicalistas, y se hizo posible el dialogo
con militares reformistas con un Estado que
satisfacía viejas demandas obreras. En
esta década peronista se dio la integración
del movimiento sindical dominante a un
sistema de poder que seguía siendo
capitalista, a través de la ley de
asociaciones profesionales de 1945, que
reconocía a los sindicatos como
asociaciones de derecho público y
establecía el control del Estado sobre los
ingresos y gastos de la organización
sindical, a la vez que adjudicaba y retiraba
personerías gremiales. A partir de esta
voluntad del Estado de unificar al
movimiento sindical, impidiendo la
atomización de sus intereses, y su
reconocimiento de participar en política, le
hicieron tomar conciencia al sindicalismo de
su poder, dignidad y su lugar en la historia
nacional, y por primera vez fue participe del
sistema de poder estatal. El poder
económico y político alcanzado por las
conducciones gremiales a partir de su
vinculación privilegiada con el Estado las
expuso a críticas de sus opositores,
quienes creían que la burguesía ahora
dominante no se mostraba capaz de
sostener el desarrollo del país a largo
plazo. Para para explicar la aparición y
permanencia de la CGT influyeron los
siguientes factores:

· La fuerte presencia de sindicalistas puros

· El liderazgo carismático de Perón

· El fracaso del proyecto de formar un


Partido Laborista, opositor al liderazgo
personal de Perón

· La formación de grandes concentraciones


industriales, que determinaron el
predominio de gremios conformados por
bases peronistas

· La ampliación de una red de obras


sociales, con la que asistían a sus afiliados

En un clima de alto odio social, se dio la


conspiración de todos los partidos
opositores y de la Iglesia y en 1955 se
produjo el golpe que puso fin a la
participación del sindicalismo en el
esquema de poder.
Las crisis económicas y políticas cíclicas se
Crisis cíclicas: surgen repitieron desde los años ’50 hasta 1976, y
prácticas sindicales aportaron una inestabilidad general que
hizo imposible encontrar una fórmula
peronistas democrática para neutralizar el apoyo
mayoritario relativo que las clases
participacionistas, subalternas seguían dispensando al
proscrito presidente Perón. Las sucesivas
negociadoras, crisis dieron lugar a planes de estabilización
que deterioraban el salario real y el nivel de
confrontacionistas y empleo, generando tensiones sociales que
no eran canalizadas. El sindicalismo
combativas (1955-1976) peronista tuvo un rol significativo en estos
años de crisis hegemónica, expresada en
debilidad de los gobiernos civiles y
frecuentes golpes militares. Este
movimiento represento una oposición
sistemática a todas las tentativas para
encauzar el país por la vía de un desarrollo
basado en la participación del capital
extranjero. La CGT utilizo para esto la
acción directa, la huelga general, la toma
de fábricas, y a la vez una permanente
negociación con el estado. Este accionar
dividió a los dirigentes sindicales peronistas
en cuatro tendencias:

· Combativos anti-capitalistas

· Confrontacionistas, que privilegiaban la


lucha

· Participacionistas, que usaban la


negociación, en particular con el Estado

· Vandoristas, sector mayoritario, que


utilizaba alternativamente negociación y
lucha

El peronismo sin Perón dividió a la CGT en


dos tendencias:

· CGT “Leales”, liderada por Vandor

· CGT “de pie junto a Perón”, liderada por


Alonso, de apoyo incondicional al líder

En este punto se dio una relativa pausa de


las luchas sindicales, cuando en marzo de
1967 Krieger Vasena definió el plan de
desarrollo del quinquenio siguiente con
caracteres liberales. Ambas alas de la CGT
se unieron en una lucha que fracaso por la
dura represión, y la CGT quedo debilitada.
A partir de este momento comienzan a
gestarse las tácticas y los esquemas de
vinculación con el Estado anticipados
anteriormente. Entonces la CGT se
escindió en:

· CGT “de los argentinos”


(confrontacionistas, minoría combativa)

· CGT de Azopardo (vandoristas y


participacionistas)

Luego de un clima de movilización obrera,


el gobierno logro que los vandoristas
levantasen el paro a cambio de la Ley de
las Obras Sociales (base económica de los
sindicatos) y la vaga promesa de rectificar
las políticas económicas.

Desafíos que afrontó la CGT después de


1973:

· Nueva participación en el sistema de


poder entre 1973/1976, en la que debió
afirmar una cierta autonomía política

· Creciente contestación de las bases


radicalizadas, a la que respondió con
represión directa o indirecta

El periodo concluyó con un conflicto


económico-social intenso, con factores
internos:

· Campaña de desprestigio contra el


gobierno peronista

· Parálisis de los partidos políticos

· Acción de grupos armados

Y factores externos:

· Crisis capitalista mundial

Este clima fue el propicio para que se dé el


golpe de las FFAA de marzo de 1976.

El golpe de 1976 contaba con apoyo del


Las prácticas sindicales bloque social dominante. Sin embargo, se
frente al plan neo- generó una transferencia de poder al sector
del capital financiero, principal beneficiario
liberal autoritario y el de las prácticas especulativas, intentando
poner fin a 46 años de regulación
económica estatal. Las exigencias por un
proyecto económico alternativo llevo al
terrorismo de Estado relevo de presidentes y ministros de
(1976-1983) Economía, generando una parálisis
económica. Las decisiones tomadas por
estos regímenes generaron hechos
económicos de indudable trascendencia
histórica, como la desindustrialización, y el
incremento de la actividad especulativa,
con el claro objetivo de desarticular la
estructura sindical. El ataque a la
organización obrera se dio por tres líneas:

· Intervención de la CGT

· Suspensión de actividades sindicales y del


derecho a huelga

· Mecanismo represivo, con el fin de


exterminar a los sectores radicalizados y
paralizar a los moderados

Surge así un sindicalismo “apolítico”,


acompañado de desmovilización obrera y
miedo frente a la práctica de terrorismo de
Estado. En 1977 se conformó la Comisión
de los 25 que obtuvo la flexibilización de la
política salarial y un mejoramiento relativo
del salario real, para disminuir la tensión
social. Por otro lado, se constituyó la
Comisión Nacional de Trabajo, ala sindical
aceptada por la dictadura. El ala
confrontacionista convocó al primer paro
nacional de este periodo, severamente
reprimido y reconstituyo la CGT en 1980.
Con el lento proceso de “re-sindicalizacion”,
en 1982 el gobierno militar inicio la
recuperación de las Malvinas, hecho que
marca el comienzo a la transición de la
democracia. En esos años el ala
participacionsta llevó adelante un dialogo
con el gobierno militar, que le acarreo
enorme desprestigio y culmino en la derrota
electoral del peronismo en 1983, causada
por el gran debilitamiento gremial durante el
periodo, y distintos factores que acentuaron
un rechazo del sindicalismo peronista por
parte de la clase media.

El sindicalismo justicialista asumió la


Los avatares de la derrota y se dedicó a preservar sus
difícil organizaciones, evitar la embestida del
gobierno de Alfonsín y ratificar su
transición a la hegemonía corporativa en las elecciones
sindicales de 1984. El Plan Austral acentuó
democracia y la la acción opositora de la CGT hacia la
política económica alfonsinista. El
contribución del sindicalismo transformaba al justicialismo
sindicalismo a su en el portavoz de los sectores populares.
En los últimos dos años del gobierno de
consolidación Alfonsín la CGT fue normalizada, brindó
apoyo incondicional a la estabilidad
democrática y rechazo el golpismo. Con el
paso del tiempo perdió credibilidad el
Estado, como consecuencia de la propia
movilización social que canalizaba la CGT.
El triunfo de Cafiero como gobernador de
Buenos Aires, sumado a las diferencias
político sindicales facilitaron el ascenso de
Menem en la estructura partidaria
justicialista y la extensión de su
heterogénea alianza al interior de la CGT,
quien compartía con algunos “renovadores”
cierta desconfianza hacia el sindicalismo, al
que pretendía atribuirle un rol subordinado
al Estado. A partir de la asunción de
Menem, y las presiones inflacionarias, viró
su política económica hacia una de carácter
neoliberal, lo que produjo actitudes políticas
divergentes del sindicalismo, que se
dividían entre quienes creían que debían
seguir la disciplina partidaria, y la
resistencia. A pesar del impacto de la
hiperinflación, Menem conservo el grado de
aceptación, ante la falta de proyectos
políticos alternativos. En este periodo el
sindicalismo perdió crecientemente
influencia en las decisiones del Estado. En
1992 se creó el Congreso de Trabajadores
Argentinos que cuestiono la vinculación
CGT-Estado y el modelo sindical peronista,
y luego se fundó la Central de Trabajadores
Argentinos, confrontacionistas y
combativos, primera organización
movilizadora contra el proyecto neoliberal.
Este periodo de confrontación social entre
fracciones del poder económica y sectores
socialmente incluidos y los excluidos
genero un periodo de alta inestabilidad.
Desde mayo de 2003 se impuso una sólida
política laboral del gobierno nacional,
legitimando a Moyano frente a la mayoría
de las organizaciones sindicales.

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