Massot / Monteverde & Asoc. 10/10/17 - Año XV, número 728 [email protected].
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El análisis político y económico de los doctores Vicente Massot y Agustín Monteverde
Hacia el 2019
Cuando faltan menos de catorce días para que se substancien en todo el país las
elecciones legislativas previstas para el 22 de octubre, nadie en el espacio reservado a la política
ni tampoco analista o encuestador alguno —que no se halle ideológica o crematísticamente
vinculado a Cristina Fernández— se llama a engaño respecto del resultado. No sólo en la
decisiva puja que sostendrán en la provincia de Buenos Aires el candidato de Cambiemos,
Esteban Bullrich, y la ex–presidente de la Nación las opiniones son unánimes en cuanto al éxito
seguro del oficialismo. Se descuenta también que en el porcentaje final de los votos —una vez
computada la totalidad de los distritos— la tropa de Mauricio Macri conseguirá superar, en
algunos casos con creces, su performance de las PASO. A esta altura, ningún otro escenario es
concebible y, por lo tanto, comienzan a cobrar forma una serie de reordenamientos que no se
circunscriben a los partidos, movimientos y principales figuras del tinglado político.
Por razones que no es necesario explicar, todo es ebullición en el peronismo.
Tras bambalinas y sin que sea menester esperar a que se abran las urnas, los gobernadores
que responden a esa bandería —con la sola y atendible excepción de Alicia Kirchner—; la
cabeza de la bancada justicialista en la cámara alta; buena parte de los diputados que se hallan
situados en las antípodas de Cristina Fernández; Diego Bossio y quienes le responden en la
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cámara baja; y los dos candidatos del tronco peronista que saldrán más lastimados del trance
electoral —Sergio Massa y Florencio Randazzo— han iniciado una ronda informal de conver-
saciones y de negociaciones con el propósito de recomponer la unidad perdida.
Cuanto era imposible antes de llevarse a cabo las internas del pasado mes de
agosto se ha transformado ahora en obligación para un peronismo que se niega a darse por
muerto pero, al propio tiempo, sabe cuán frágil es su armadura luego de la derrota que le ha
infligido Macri. No hay quien no sea consciente de la debilidad que deberán sobrellevar hasta
tanto no sean capaces de hacer pie y de recomponerse con base en una unidad y un jefe que
—de momento— brillan por su ausencia.
Los de mayor lucidez perciben que el desafío que tienen por delante no sólo
es bien difícil sino que llevará tiempo asumirlo y resolverlo exitosamente. Con todo, han puesto
en evidencia que sus reflejos están intactos. La derrota, sumado al hecho de tener que transitar
el llano, lejos del poder, son realidades que ayudan a disciplinar la voluntad. Por eso, la reacción
que cruza en diagonal los pliegues siempre amplios del peronismo no se ha hecho esperar.
Todos hablan con todos y si bien la lucha de egos y los intereses personales no pueden
disimularse, de este cabildo abierto tácito —por llamarle de alguna manera— nadie ha sido
excluido. Sólo el kirchnerismo fue dejado de lado.
Es de tal magnitud la actual dispersión justicialista, son tantas las facturas que
todavía unos y otros se pasan por rencillas pasadas, y resultan tantos los candidatos con preten-
siones de asumir la jefatura del Movimiento, que la unidad es apenas un proyecto de final
incierto. A los peronistas no los une el amor como el espanto a desaparecer de la faz de la tierra.
Sin la soberbia que los ha caracterizado en las épocas que detentaron el poder y lo ejercieron a
discreción, hoy se han vuelto realistas producto de los golpes que han debido asimilar.
La idea que se baraja en las reuniones antedichas es forjar una suerte de confe-
deración de poderes para que la negociación que deberán entablar con el oficialismo desde
principios de noviembre no resulte tan despareja. De buenas a primeras no van a regresar al
seno justicialista en dulce montón. Tratarán —eso sí— de conjugar voluntades sin perder su in-
dividualidad y sin poner el carro delante de los caballos. Dicho de otra manera: lo que se intenta
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es delinear una estrategia de buena vecindad —no de lucha— con el gobierno, sin que ello
suponga abdicar de las responsabilidades propias de cualquier variante opositora. Si prosperase,
sería un primer paso dado en pos de la unidad futura.
Como se comprenderá, Cambiemos mira estas manifestaciones con natural bene-
plácito. Es más, alienta, en la medida de sus posibilidades, los intentos centrípetos de las dife-
rentes ramas del peronismo con la convicción de que nada podría resultarle más provechoso.
Sentarse a negociar civilizadamente con un conjunto de opositores dispuestos a respaldar la
gobernabilidad y a sacarse de encima el lastre del kirchnerismo, representa una ventaja inmensa
para Macri, que —además— comienza a tejer planes para después de 2019.
Una cosa es no trasparentar su euforia antes de tiempo y convocar a sus seguido-
res a no dejarse ganar por un exitismo que podría, a la larga, resultar fatal. Otra es que frente a su
círculo íntimo no exteriorice su confianza en un triunfo contundente y no piense en la reelección.
El presidente sabe que se encuentra en una situación cómoda.
En atención al apoyo de la gente y al cambio de expectativas en los mercados
que ha generado su triunfo, al espacio de maniobra que se le ha abierto debe aprovecharlo
al máximo. En este orden de realidades, ha tomado en las últimas semanas una serie de deci-
siones que delatan su voluntad de utilizar el poder sin que le tiemble el pulso.
Por líneas interiores le ha hecho saber a no pocos popes sindicales que no aceptará
condicionamientos de su parte, como los que enderezaron en décadas anteriores contra los
gobiernos de Raúl Alfonsín y Fernando de la Rúa. El mensaje fue claro y los sindicalistas —que
de zonzos no tienen un pelo y conocen cuándo apretar y cuándo retroceder— han puesto las
barbas en remojo. Habrá en la CGT reacomodamientos que sólo hallan explicación con base en
la victoria que obtendrá Cambiemos el 22 de octubre. Los planes de lucha y las amenazas de
antaño han desaparecido, y en su lugar son los dialoguistas dentro del movimiento obrero
organizado los que llevan la batuta.
El ejercicio de la autoridad llegó también al campo empresario. Como uno de los
banqueros más poderosos de la City, con fluidos lazos primero con Carlos Menem, luego con
Néstor y Cristina Kirchner, y finalmente con Sergio Massa, amenazaba quedarse con la opera-
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ción en nuestro país de una entidad financiera extranjera que vendía sus activos, la Casa Rosada
lo impidió. No por capricho sino por juzgar que el interesado no reunía las condiciones de
idoneidad necesarias. De la misma forma fue claro el presidente con un empresario mendocino, a
quien conoce desde hace tiempo, respecto de la inconveniencia de comprar las empresas que
deseaba venderle Cristóbal López para salir de la calamitosa situación en la cual se encuentra.
Luego de la advertencia presidencial, el negocio en ciernes quedó en la nada.
Andarse con vueltas parece no figurar en la agenda macrista. Hasta la próxima
semana.
Las Lebac
¿Problema o solución?
(sección extraída del Informe de la semana pasada)
• El presidente del BCRA señaló, en un pasaje de su discurso en la Conferencia Anual de FIEL,
que parte de la tasa de interés de las letras del BCRA se ve compensada por la inflación, ha-
biendo resultado que la tasa durante buena parte de 2016 fuese negativa en términos reales.
• Eso lo llevó a afirmar que el BCRA licuó sus tenencias de Lebacs.
Esto nos merece dos comentarios.
• Es cierto que se licuó en pesos constantes el stock, pero sólo limitado a
ese corto período referido.
• Por otro lado, lo que debiera quedar claro es que la masa de Lebac ha
crecido dramáticamente, sea en términos de agregados monetarios o
PBI.
• Por último y más importantes, aun cuando no se tomaran nuevos
fondos, el stock valuado en dólares seguiría creciendo por el solo efec-
to de los intereses (positivos respecto a la tasa de devaluación).
• Sturzenegger enfatizó que gran parte del crecimiento de las Lebacs es la
contrapartida de la acumulación de reservas; el objetivo del Central es que
trepen hasta representar 15 % del PBI.
• Al hacer compras esterilizadas de reservas internacionales, el banco central
hace crecer su hoja de balance, aumentando tanto su activo como su pasivo.
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Para la autoridad monetaria, lacumulación de activos externos actuaría como
una suerte de seguro ante fluctuaciones internacionales, una medida prudencial
para consolidar la estabilidad.
• Los bancos centrales, cuando usan metas de inflación, “compran dóla-
res y acumulan así reservas internacionales cuando el tipo de cambio
está sobrevalorado con respecto a su nivel de equilibrio y venden
dólares (y reducen reservas) cuando está subvaluado”.
• Así, “los costos cuasifiscales no son significativos …e incluso, en algu-
nos casos, han generado ganancias para la autoridad monetaria”.
• Absorber la emisión derivada de los pasivos que el BCRA había asumido en el
mercado de futuros y el exceso de pesos que había dejado el cepo cambiario
implicaron aspirar en los primeros tres meses de gestión $ 125000 MM.
El stock al 1º marzo del 2016, efectuada la absorción de esos excedentes,
representaba 7,2 % del PBI.
• Desde ese momento se sumaron reservas por U$ 24000 MM mediante
la emisión de pesos que debieron ser esterilizados.
• Las reservas adquiridas representan un monto cercano a 4,1 % del PBI
mientras que los pasivos no monetarios del BCRA representan 11,1 %.
• Como se puede ver, los pasivos netos de la institución han disminuido
desde entonces a 7 % del PBI, 0,2 p.p. menos que al 1º marzo de 2016.
• Sturzenegger reconoció, de todas formas, que está sujeto a debate el que este
crecimiento de la hoja de balance sea conveniente o no.
• El problema en este punto —sostenemos nosotros— es que estas compras de reservas son
esterilizadas precisamente porque no se efectúan con liquidez genuina sino con emisión
monetaria.
• Y debe tenerse presente que ese crecimiento de su hoja de balance ha sido
desequilibrado y los pasivos financieros del Banco Central ya son un tercio
mayores que las reservas internacionales.
• Por otro lado, si bien es cierto que las reservas resultantes se acumulan en
períodos de revaluación y la necesidad de vender dólares sobreviene en ciclos
inversos, la experiencia muestra que —por distintos motivos— la disposición a
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desprenderse de ellas puede ser menor a la demanda de divisas que sobreviene
en momentos de stress.
• Por último, la historia argentina es concluyente respecto al costo creciente del
endeudamiento cuasifiscal y su crecimiento autónomo, resultado directo de la
necesidad de ofrecer tasas de interés positivas respecto al ritmo de devaluación.
• Si “algunos casos han generado ganancias para la autoridad monetaria”, más
cercanas y frescas en la memoria económica argentina están las crisis a las que
nos empujó el componente cuasifiscal.
• La esgrimida mejora de 0,2 % en la relación Lebac y pases netos respecto a
PBI no debe distraernos del hecho de que la deuda descalzada —el excedente
de esos pasivos financieros sobre las reservas internacionales— ya representa
3 % del PBI.
Secciones del Informe completo
♦ Crónicas políticas
♦ Balanza comercial (I)
El desequilibrio se profundiza
♦ Balanza comercial (II)
El factor Brasil
♦ Balanza comercial (III)
La respuesta oficial
♦ Balanza comercial (IV)
La solución es el comercio
♦ Cuentas externas
Mucho más que un problema comercial